Un Brindis Por La Modernidad Basado en Marshall Berman
Un Brindis Por La Modernidad Basado en Marshall Berman
Todos los hombres y mujeres del mundo comparten hoy una forma de experiencia vital
-experiencia del espacio y el tiempo, del ser y de los otros, de las posibilidades y los
peligros de la vida- a la que llamaré modernidad. Ser modernos es encontrarnos en un
medio ambiente que nos promete aventura, poder, alegría. crecimiento, transformación de
nosotros mismos y del mundo -y que al mismo tiempo amenaza con destruir todo lo que
tenemos. lo que sabemos, lo que somos. Los ambientes y las experiencias modernas cruzan
todas las fronteras de la geografia y la etnicidad, de las clases y la nacionalidad, de la
religión y la ideología: en este sentido, puede decirse que la modernidad une .a toda la
humanidad. No obstante, esta unión es paradójica. es una unión de la desunión: nos arroja a
un remolino de desintegración y renovación perpetuas, de conflicto y contradicción, de
ambigüedad y angustia. Ser modernos es ser parte de un universo en el que, como dijo
Marx: “Todo lo que es sólido se evapora en el aire”.
Quienes están en el centro del remolino tienen el derecho de sentir que son los primeros. y
quizá los únicos, que pasan por él-, este sentimiento produjo numerosos mitos nostálgicos
sobre el premoderno Paraíso Perdido. Sin embargo, incontables personas lo padecen desde
hace unos quinientos años. Y pese a que es probable que muchas experimentaran la
modernidad como una amenaza radical a su historia y sus tradiciones, ella, en el curso de
cinco siglos, desarrolló una historia fértil y una tradición propia. Mi Intención es analizar y
trazar estas tradiciones para entender el modo en que pueden alimentar y enriquecer nuestra
propia modernidad, y en qué forma oscurecen o empobrecen nuestra idea de lo que es y
puede ser la modernidad.
Si nos adelantamos unos cien años o más y tratamos de identificar el ritmo y el timbre
distintivos de la modernidad del siglo xix, la primera cosa que notarnos es el nuevo
panorama, altamente diferenciado y dinámico, en el que se desarrolla la experiencia
moderna. En un paisaje de máquinas de vapor, fábricas automáticas, vías de tren, enormes
zonas industriales; de ciudades hormigueantes que crecen durante la noche, a menudo con
espantosas consecuencias humanas; de periódicos, telegramas, teléfonos y otros medios
masivos que cada dia comunIcan más: de poderosos estados nacionales y acumulaciones
multinacionales de capital, de movimientos sociales masivos que luchan contra estas
modernizaciones provenientes de arriba, con sus propias formas de modernización. desde
abajo; de un mercado mundial siempre en aumento que lo abarca todo, capaz del
crecimiento más espectacular, capaz de ahuyentar el desperdicio y la devastación. capaz de
todo excepto de estabilidad y solidez. Todos los grandes modernistas del siglo XIX atacan
con vehemencia este medio ambiente y se esfuerzan por destruirlo o hacerlo estallar desde
dentro: no obstante, se sienten sumamente cómodos en él, atentos a sus posibilidades,
afirmativos, incluso en sus negaciones más radicales, juguetones e irónicos incluso en los
momentos más serios e intensos.
Para sentir la complejidad y riqueza del modernismo del siglo xix y de las unidades que le
infunden su diversidad, hay que escuchar brevemente a dos de sus voces más importantes:
Nietzsche, a quien se lo considera por lo general como una fuente importante del
modernismo de nuestra época, y a Marx, a quien rara vez se lo asocia con alguna especie de
modernismo.
Este es Marx, hablando un extraño y poderoso Inglés en Londres, 1856. "Las llamadas
revoluciones de 1848 no fueron sino pobres incidentes - comienza-, pequeñas fracturas y
fisuras en la costra seca de la sociedad europea. Pero denunciaron el abismo. Debajo de la
aparente superficie sólida, traicionaron octanos de materia liquida, que sólo necesitaban
expandirse para fragmentar continentes de roca dura". Las clases gobernantes de la década
reaccionaria de 1850 dicen al mundo que todo es sólido otra vez; pero no queda muy claro
si siquiera ellos lo creen así. De hecho, dice Marx. "la atmósfera en la que vivimos pesa
sobre nosotros con una fuerza de 20.000 libras, pero ¿se siente acaso?" Uno de los
propósitos más apremiantes de Marx era que la gente "la sintiera". por esta razón expresa
sus Ideas mediante imágenes tan extrañas e Intensas -abismos. temblores, erupciones
volcánicas, una aplastante fuerza de gravedad-, imágenes que resonarán todavía muchas
veces en nuestro propio arte y pensamiento modernistas. Prosigue Marx: "Hay un gran
hecho, característico de nuestro siglo xix, que ningún partido se atreve a negar". El hecho
básico de la vida moderna, como lo experimenta Marx, es que la base de la vida es
radicalmente contradictoria: "Por un lado, en la vida industrial y científica se ha Iniciado
una variedad de fuerzas que ninguna época de la historia humana sospechó. Por el otro, hay
síntomas de decadencia que rebasan con mucho los horrores de los últimos tiempos del
Imperio Romano. En nuestros días, todo parece estar impregnado de su contrario. A la
maquinaria que tiene el maravilloso poder de acortar y fructificar la labor humana la
mantenemos hambrienta y con exceso de trabajo. Las novedosas fuentes de riqueza se
convierten en fuentes de deseo mediante un extraño hechizo. Las victorias del arte parecen
comprarse con la pérdida del carácter. Al mismo tiempo que los amos dominan la
naturaleza, el hombre parece estar encadenado a otros hombres o a su propia Infamia.
Inclusive la luz pura de la ciencia parece Incapaz de brillar en otra parte que no sea en el
oscuro fondo de la ignorancia. Pareciera que la finalidad de nuestros Inventos y progresos
es dar vida intelectual a las fuerzas materiales y reducir la vida humana a una fuerza
material". Estas miserias y misterios llenan de desesperación a muchos modernos. Algunos
se "liberan de las artes modernas con el fin de eliminar los conflictos modernos"; otros
Intentarán equilibrar el progreso de la industria con una regresión neofeudal o
neoabsolutista en la política. Sin embargo, Marx proclama una fe paradigmáticamente
modernista: "Por nuestra parte, no confundimos el espíritu astuto que marca todavía todas
estas contradicciones. Sabemos que para trabajar bien... las nuevas fuerzas de la sociedad
quieren ser dominadas por nuevos hombres -y eso es lo que son los trabajadores. Son una
Invención de los tiempos modernos tanto como la maquinaria misma.' Así, una clase de
-hombres nuevos-, hombres totalmente modernos, será capaz de resolver las
contradicciones de la modernidad, de superar las aplastantes presiones, sacudidas, hechizos
malignos, abismos personales y sociales, en cuyo centro están obligados a vivir todos los
hombres y mujeres modernos. Después de esta afirmación Marx se vuelve abruptamente
juguetón y relaciona su visión del futuro con el pasado - con el folklore inglés, con
Shakespeare: 'En los signos que aturden a la clase media, la aristocracia y los profetas
pobres de la regresión, reconocemos a nuestro valiente amigo Robin Goodfellow, el viejo
topo capaz de escarbar la tierra con gran rapidez, ese valioso pionero - la Revolución---.
Los escritos de Marx son famosos por sus finales. Pero si lo vemos como a un modernista,
notaremos el movimiento dialéctico que subyace y anima su pensamiento, un movimiento
abierto que fluye contra la corriente de sus propios conceptos y deseos. Así, en el
Manifiesto comunista vemos que el dinamismo revolucionario que ha de derribar a la
burguesía moderna surge de los impulsos y necesidades más profundos de la propia
burguesía: "La burguesía no puede existir sin revolucionar constantemente las herramientas
de producción, y con ellas las relaciones de producción, y después todas las relaciones de la
sociedad... Ualteración constante de la producción, el desorden ininterrumpido de todas las
relaciones sociales, la agitación e Incertidumbre permanentes, distinguen a la época
burguesa de las anteriores."
Esta es probablemente la visión definitiva del medio ambiente moderno, el que desde la
época de Marx hasta nuestros días engendró una sorprendente plenitud de movimientos
modernistas. La visión se desarrolla: -Todas las relaciones fijas, estancadas, con su antigua
y venerable sucesión de prejuicios y opiniones, se desechan, y todas las recién formadas
pierden actualidad antes de cosificarse. Todo lo que es sólido se evapora en el aire, todo lo
que es sagrado se profana, y los hombres, al final, tienen que enfrentarse a... las
condiciones reales de sus vidas y sus relaciones con sus semejantes."
En tiempos como éstos, "el individuo se atreve a individual¡zarse". Por otro lado, ese
individuo necesita desesperadamente de sus propias leyes, de habilidad y astucia para
conservarse, exaltarse, despertar y liberarse. Las posibilidades son grandiosas y aciagas a
un tiempo. *Nuestros Instintos pueden dirigirse ahora en cualquier dirección, nosotros
mismos somos una especie de caos". La Idea que tiene el hombre moderno de sí mismo y
de su historia "significa realmente un Instinto para todo, un gusto y una lengua para todo".
Desde esta perspectiva se abren muchos caminos, ¿Cómo harán los hombres y mujeres
modernos para encontrar los recursos adecuados con los cuales enfrentarse, a su "todo*?
Nietzsche observa que ya hay bastantes pusilánimes cuya solución al caos de la vida
moderna es dejar de vivir: para ellos .ser mediocre es la única moral que tiene sentido".
Hay otro tipo de Individuo moderno que se entrega a la parodia del pasado: 'necesita la
historia porque ella es el almacén en el que se guardan todos los trajes. Se da cuenta de que
ninguno le queda a la medida" - ni el primitivo, ni el clásico, ni el medieval. ni el oriental-,
"de modo que se prueba más y más", Incapaz de aceptar que un hombre moderno -nunca
puede verse realmente bien vestido", porque ningún papel social de los tiempos modernos
podrá ajustar nunca a la perfección. La posición de Nietzsche hacia los peligros de la
modernidad es aceptarlos con entusiasmo: 'Nosotros los modernos, nosotros los
semibárbaros. Estamos en medio de la gloria sólo cuando estamos más cerca del peligro. El
único estimulo que nos agrada es lo Infinito, lo inconmensurable". Sin embargo, Nietzsche
no quiere vivir permanentemente rodeado de ese peligro. Tiene tanta fe en una nueva clase
de hombres como Marx - "El hombre del mañana y pasado mañana*- quien, 'oponiéndose a
su presente". tendrá el coraje y la Imaginación para "crear nuevos valores" que el hombre y
la mujer modernos necesitan para guiar su paso por los peligrosos infinitos en que viven.
¿Qué fue del modernismo del siglo xx en el siglo xx? De alguna manera, prosperó y creció
más allá de sus más desenfrenadas esperanzas. En la pintura y la escultura, la poesía y la
novela. el teatro y la danza, la arquitectura y el diseño, en el conjunto completo de los
medios electrónicos y en una amplia variedad de disciplinas científicas que ni siquiera
existían hace cien años, nuestro siglo ha producido una plenitud sorprendente de trabajos e
1~ de la más alta calidad. El siglo xx puede muy bien ser el más luminosamente creativo en
la historia del mundo, no sólo porque sus energías creativas se revelaron en todas partes del
mundo. El brillo y la profundidad del modernismo actual -que vive en las obras de Grass,
García Márquez, Fuentes, Cunningham, Nevelson, Di Suvero, Kenzo Tange, Fassbindenr,
Herzog, Sembene, Robert Wilson, Philip Glass, Richard Foreman, Twyla Tharp, Maxine
Hong Kingston, y muchos más que nos rodean- nos dan mucho de que estar orgullos<>&,
en un mundo en el que hay también mucho de que avergonzarse y atemorizarse. Aun as!,
me parece que no sabemos usar nuestro modernismo, hemos perdido o roto la relación entre
nuestra cultura y nuestras vidas. Jackson Pollock imaginó sus pinturas goteadas como
bosques en los que los espectadores podrían perderse (y por supuesto encontrarse); pero
hemos perdido principalmente el arte de integrarnos a la pintura, de reconocernos como
participantes y protagonistas del arte y el pensamiento de nuestra época. Nuestro siglo
produjo un arte moderno espectacular, pero pareciera que hemos olvidado cómo
comprender la vida moderna generadora de este arte. El pensamiento moderno desde Marx
y Nietzsche se desarrolló de muchas maneras, pero nuestra concepción de la modernidad
parece haberse estancado y retrocedido.
Si escuchamos con atención las opiniones de los escritores y pensadores del siglo xx sobre
la modernidad y las compararnos con las de hace un siglo, encontraremos una
simplificación radical de la perspectiva y una reducción de la variedad Imaginativa.
Nuestros pensadores del siglo XIX eran tanto entusiastas como enemigos de la vida
moderna, y lucharon exhaustivamente con sus ambigüedades y contradicciones; sus
autoparodias y tensiones interiores eran algunas de las fuentes principales de su poder
creativo. Sus sucesores del siglo xx hacen polarizaciones más rígidas y generalizaciones
categóricas. Se considera a la modernidad con un entusiasmo ciego y acrítico, o se la
condena con una lejanía y un desprecio olímpicos: en cualquier caso, se concibe como un
monolito cerrado, Incapaz de ser moldeado o transformado por el hombre moderno. Las
visiones abiertas de la vida moderna fueron suplantadas por visiones cerradas.
Las polarizaciones básicas se realizaron a principios de nuestro siglo. Aquí están los
futuristas italianos, partidarios apasionados de la modernidad en los años previos a la
primera guerra mundial: "Camaradas, el progreso triunfal de la ciencia vuelve inevitables
los cambios en la humanidad que abren un abismo entre estos dóciles esclavos de la
tradición y nosotros, los modernos libres que confiamos en el radiante esplendor de nuestro
futuro". No hay ambigüedad en esto, "la tradición" -todas las tradiciones del mundo juntas-
equivale simplemente a una esclavitud dócil y la modernidad equivale a libertad, no hay
cabos sueltos. '¡Tomen sus piquetas, hachas y martillos y destruyan, destrocen las ciudades
venerables sin piedad! ¡Adelante, prendan fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desvíen
las aguas de los canales para inundar los museos!... ¡Déjenlos llegar, los felices
Incendiarios con los dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están!" Marx y Nietzsche
también podrían regocijarse con la destrucción moderna de las estructuras tradicionales;
pero sabían cuál era el costo humano de este progreso, y que la modernidad tenía que andar
un buen trecho antes de que sanaran sus heridas. ^Cantaremos a las grandes multitudes
entusiasmadas con el trabajo, el placer y la huelga; cantaremos a las corrientes
multicolores, polifónicas de la revolución en las capitales modernas: cantaremos al fervor
nocturno de los arsenales y astilleros que resplandecen con violentas lunas eléctricas;
voraces estaciones ferroviarias que devoran serpientes emplumadas de humo, fábricas
colgadas de las nubes mediante las líneas torcidas de su humo, puentes que detienen los ríos
como gimnastas gigantes, refulgentes al sol con el brillo de un cuchillo: vehículos
aventureros de vapor... locomotoras amplias... y la lustrosa luz de sus aviones (etcétera,
etcétera).*
Setenta años más tarde, todavía podemos sentimos agitados por el entusiasmo y el vigor
jovial de los futuristas, por su deseo de mezclar sus energías con la tecnología moderna y
de crear un mundo nuevo. ¡Pero faltan tantas cosas en este mundo nuevo! Podemos verlo
inclusive en esa metáfora maravillosa 'las corrientes multicolores, polifónicas de la
revolución". Experimentar un trastorno político de manera estética (musical, pictórica)
significa una expansión real de la sensibilidad humana. Por otra parte ¿qué le sucede a toda
la gente arrastrada por esas corrientes? Su experiencia no forma parte del cuadro futurista.
Parece que algunos sentimientos, humanos mueren mientras las máquinas nacen. De hecho,
en la escritura futurista posterior 'buscamos la creación de un tipo Inhumano en el que el
sufrimiento moral. la bondad del corazón, el afecto y el amor, esos venenos corrosivos de la
energía vital, Interruptores de nuestra poderosa electricidad corporal, sean abolidos". Con
esta observación, los jóvenes futuristas se Lanzaron ardientemente a lo que llamaron "la
guerra, única higiene del mundo". en 1914. Dos años más tarde, sus dos espíritus más
creativos - el pintor y escultor Umberto Boccioni y el arquitecto Antonio Sant'Elia- fueron
asesinados por las máquinas que tanto amaban. El resto sobrevivió para convertirse en
peones culturales de los molinos de Mussolini, pulverizados por la mano muerta del futuro.
Este modernismo subyace a los modelos de modernización que los científicos sociales
estadounidenses de la posguerra, trabajando a menudo para gobiernos pródigos y con
subsidios de apoyo, desarrollaron para exportar al Tercer Mundo. Aquí, por ejemplo, hay
un himno a la fábrica moderna, compuesto por el psicólogo social Alex Inkeles: "Una
fábrica dirigida por políticas modernas de dirección. y personal proporcionará a sus
trabajadores un ejemplo de comportamiento racional, balance emocional, comunicación
abierta y respeto a las opiniones, los sentimientos y la dignidad de¡ trabajador, que puede
ser un ejemplo poderoso de los principios y prácticas de la vida moderna.",
Los futuristas deplorarían la baja intensidad de esta prosa, pero seguramente estarían
encantados con la visión de fábrica como ser humano ejemplar que los hombres y mujeres
deberían tomar como modelo para sus vidas. El ensayo de Inkeles se titula "The
Modernization of Man" y se propone demostrar la Importancia del deseo y la iniciativa
humana en la vida moderna. Pero su problema, y el problema de todos los modernismos en
la tradición futurista, es que al jugar las máquinas y los sistemas mecánicos todos los
papeles principales -así como la fábrica es el tema de la cita superior-, al hombre moderno
le queda muy poco por hacer, tan sólo adaptarse.
Si nos vamos al polo opuesto del pensamiento del siglo xx, a aquel que da un "¡No!"
decisivo a la vida moderna, encontramos una visión sorprendentemente similar a la de los
futuristas. En el auge de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, escrito en 1904
por Max Weber, todo el -poderoso cosmos del orden económico moderno" es considerado
como una "jaula de hierro". Este orden Inexorable, capitalista, legal y burocrático,
'determina el destino del hombre hasta que se queme la última tonelada de carbón
fosilizado". Marx y Nietzsche -y Tocquevil1e y Carlyle y Mill y Kierkegaard y todos los
otros grandes críticos del siglo XIX - entendieron también los modos en que la tecnología
moderna y la organización social determinaban el destino del hombre. Pero todos pensaban
que los individuos modernos tenían la capacidad suficiente para entender su destino y
luchar contra él. Por tanto, Incluso en medio de un presente desdichado, podian Imaginar
un futuro promisorio. Los críticos de la modernidad del siglo xx carecen casi por completo
de esta simpatía por, y fe en, sus semejantes modernos. Para Weber, sus contemporáneos no
son otra cosa que "especialistas sin espíritu, sensualistas sin corazón; y esta carencia
aparece en la Ilusión de que se ha al, alcanzado un nivel de desarrollo nunca antes obtenido
por la humanidad". Así, la sociedad moderna no sólo está encerrada en una jaula, sino que
toda la gente que está dentro vive determinada por sus rejas; somos seres sin espíritu, sin
corazón, sin ¡dentidad personal o sexual (*esta carencia... aparece en la ilusión de lo que
ella ha logrado...-) - casi podríamos decir sin ser. Aquí como en las formas tecnopastorales
y futuristas del modernismo, el hombre moderno como sujeto - como ser viviente capaz de
respuesta, juicio y acción en y sobre el mundo- ha desaparecido. Irónicamente, los críticos
del siglo xx de la "jaula de hierroadoptan la perspectiva de los guardianes de la jaula: como
los que están dentro carecen de libertad interior o de dignidad. la jaula no es una prisión;
sólo les proporciona el vacío que anhelan y necesitan.*
Weber tuvo poca fe en su pueblo , pero todavía menos en sus clases gobernantes, ya fueran
aristocráticas o burguesas, burocráticas o revolucionarias. Así su posición política por lo
menos en los últimos años de su vida fue un liberalismo perpetuamente
Una perspectiva más dialéctica puede encontrarse en algunos de los últimos ensayos de
Weber, por ejemplo 'La política como vocación" y 'La ciencia como vocación", en Hans
Gerth y C. Wright Mills, ed. y t rad.. From Max Weber, Oxford, 1946. Georg Simmel, el
amigo y contemporáneo de Weber, insinúa, pero nunca desarrolla lo que probablemente es
lo más cercano a una teoría del siglo XX de la dialéctica de la modernidad en pie de lucha.
Pero cuando la distancia y el desprecio de Weber por los hombres y mujeres modernos se
separaron de su escepticismo y su perspectiva crítica, el resultado fue una política muy a la
derecha de la política propia de Weber. Muchos pensadores del siglo xx vieron las cosas de
este modo: las masas hormigueantes que nos presionan en la calle y el Estado no tienen una
sensibilidad, espíritu o dignidad como la nuestra: ¿no es absurdo, entonces, que estos
hombres-masa ("hombres huecos") debieran tener no sólo el derecho a gobernarse sino
también, a través de sus mayorías, el poder para gobernarnos? En las Ideas y gestos
intelectuales de Ortega, Spengler, Maurras, T. S. Eliot y Allen Tate, vemos cómo los
mandarines modernos y los supuestos aristócratas de la derecha del siglo xx se apropian,
distorsionan y magnifican la perspectiva neo-olímpica de Weber.
La modernidad está constituida por sus máquinas, de. las que los hombres y mujeres
modernos son meras reproducciones mecánicas. Este es un refrán familiar al siglo xx que
comparten tanto los que aman al mundo moderno, como los que lo aborrecen. También es
un disfraz de la tradición moderna del siglo xix en cuya -órbita decía moverse Marcuse, la
tradición crítica de Marx y Hegel. Invocar a estos pensadores mientras se rechaza su visión
de la historia como una actividad inquieta, una contradicción dinámica, una lucha y un
progreso dialécticos, significa retener poco menos que sus nombres. Mientras los jóvenes
radicales de la década de los sesenta luchaban por cambios que permitieran a la gente
controlar sus vidas, el paradigma "unidimensional" proclamaba que ningún cambio era
posible y que estas gentes ni siquiera estaban realmente vivas. A partir de este punto se
abrieron dos vertientes. Una era la búsqueda de una vanguardia totalmente "fuera" de la
sociedad moderna: 'el sustrato de náufragos y extranjeros, explotados y perseguidos por
otras razas y otros colores, desempleados e inútiles".3 Estos grupos. de los ghettos de
Estados Unidos o las cárceles del Tercer Mundo, podían clasificarse como la vanguardia
revolucionaria por permanecer supuestamente intacta al beso de la muerte de la
modernidad. Por supuesto, esa búsqueda está condenada a la futilidad. Nadie está o puede
estar "fuera" del mundo contemporáneo. Para los radicales que entendieron esto, aunque se
tomaran en serio el paradigma unidimensional, lo único que quedaba era la esterilidad y la
desesperación.
Esto obviamente tiene parte de verdad, pero deja muchas cosas de lado. Descarta el gran
romance de la construcción, una fuerza crucial en el modernismo de Carlyle y Marx, Tatlin
y Calder, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, Mark di Suvero y Robert Smithson. Descarta
toda la fuerza positiva y conservadora de la vida que en los grandes modernistas está
siempre relacionada con ataque y rebeldía: la alegría erótica, la belleza natural y la ternura
humanas de D. H. Lawrence, siempre atrapadas en un abrazo moral con su rabia y
desesperación nihilistas; las figuras del Guernica de Picasso, luchando por mantener viva a
la vida misma, al mismo tiempo que aúllan su muerte. los últimos coros triunfales de A
Love Supreme de Coltrane; Alyosha Karamazov, en medio del caos y la angustia, besando
y abrazando a la tierra; Molly Bloom llevando a su fin el arquetipo del libro modernista con
un 'sí, dije sí quiero Sí".
Aún hay otra dificultad en la Idea del modernismo como un conjunto de problemas: tiende
a plantear un modelo de la sociedad moderna como si careciera de problemas en sí misma.
Elimina todos los 'disturbios ininterrumpidos de las relaciones sociales, la incertidumbre y
agitación permanentes" que fueron hechos básicos para la vida moderna durante doscientos
años. Cuando los estudiantes de la Universidad de Columbia se rebelaron en 1968, algunos
de sus profesores conservadores describieron la acción como -modernismo callejero".
Supuestamente las calles tendrían que ser ordenadas y tranquilas - ¡pese a estar en el centro
de Manhattan!- si la cultura moderna hubiera alejado a los jóvenes de. ellas y los hubiera
confinado a los salones de clase y las bibliotecas universitarias y a los Museos de Arte
Moderno. Si los profesores hubieran aprendido sus propias lecciones. recordarían que
buena parte del modernismo - Baudelaire, Boccioni, Joyce, Mayakovsky, Léger, y otros- se
alimentó del problema real en las calles modernas y transformó su ruido y disonancia en
belleza y verdad. Irónicamente, la ¡magen radical del modernismo como subversión pura
ayudó a fomentar la fantasía neoconservadora de un mundo purificado de subversión
modernista. 'El modernismo ha sido el seductor", escribió Daniel Bell en The Cultural
Contradictions of Capitalism "El movimiento moderno interrumpe la unidad de la cultura,
sacude la 'cosmologia racional' que subyace a la perspectiva burguesa del mundo como una
relación ordenada entre el espacio y el tiempo'. etc., etc. Si la serpiente modernista pudiera
ser expulsada del jardín moderno, el espacio, el tiempo y el cosmos se enmendarían.
Entonces, presumiblemente, volvería una edad de oro tecnopastoral y los hombres y las
máquinas unidos serían felices para siempre.
Casi el único escritor de la década pasada que tiene algo sustancial que decir sobre la
modernidad es Michel Foucault. Y lo que tiene que decir es una serie interminable,
agudísima de variaciones sobre los temas weberianos de la jaula de hierro y la Incapacidad
humana cuya alma está conformada para adaptarse a las rejas. Foucault está obsesionado
con las prisiones, los hospitales, los asilos. con lo que Erving Goffman llamó "instituciones
totales". A diferencia de Goffman, sin embargo, Foucault niega la posibilidad de cualquier
tipo de libertad, ya sea fuera de esas instituciones o dentro de sus intersticios. Las
generalizaciones de Foucault devoran cualquier otra faceta de la vida moderna El desarrolla
estos temas implacablemente, y, con adornos sadistas, encajando sus ideas en los lectores
como barras de hierro, girando cada dialéctica en nuestra carne como si fuera una nueva
vuelta de tuerca.
Foucault reserva su desprecio más violento a la gente que se imagina que la humanidad
moderna puede ser libre. ¿Creemos sentir un ataque espontáneo de deseo sexual?
Solamente nos mueven "las modernas tecnologías de poder que toman a la vida por objeto",
conducidas por "el despliegue de sexualidad mediante el poder, en su control sobre los
cuerpos y su materialidad, sus fuerzas, sus energías, sensaciones y placeres". ¿Acaso
actuamos políticamente, derribamos tiranías, hacemos revoluciones, creamos constituciones
con el fin de establecer y proteger los derechos humanos? *Regresión jurídica" a las épocas
feudales, porque las constituciones y los actos de derecho son sólo "las formas que (hacen)
aceptable un poder esencialmente normalizador".19 ¿Usamos la mente para desenmascarar
la opresión como parece Intentarlo Foucault? Inútil, porque todas las formas de
Investigación de la condición humana 'tan sólo trasladan a los individuos de una autoridad
disciplinaria a otra", y por lo tanto sólo se suman al triunfante 'discurso del poder".
Cualquier critica suena hueca, porque el crítico (a) está 'en la máquina panóptica, cercado
por los efectos de poder que nosotros mismos atraemos, porque somos parte de su
mecanismo".9
Después de estar sujetos durante un tiempo, nos damos cuenta de que no hay libertad en el
mundo de Foucault, porque su lenguaje forma un tejido sin costuras, una jaula mucho más
hermética de lo que Weber hubiera soñado, en la que ninguna vida podría germinar. El
misterio reside en por qué tantos intelectuales quieren ahogarse allí junto con él. La
respuesta, creo, es que Foucault ofrece a toda una generación de refugiados de la década de
los sesenta, un pretexto histórico- mundial para el sentimiento de pasividad desamparo que
nos Invadió a tantos y en los años setenta. No tiene ningún sentido tratar de resistir las
opresiones e injusticias de la vida moderna, ya que incluso nuestros sueños de libertad
solamente endurecen las argollas de nuestras cadenas; no obstante, una vez que
comprendemos. la futilidad total de todo eso, por lo menos podemos relajarnos.
En este estéril contexto, quiero dar vida una vez más al modernismo dinámico y dialéctico
del siglo XIX. Un gran modernista, el poeta y crítico mexicano Octavio Paz, lamentó que la
modernidad "cortada del pasado y lanzada hacia un futuro siempre Inasible, vive al día: no
puede volver a sus principios y así, recobrar sus poderes de renovación".10 El argumento
de este ensayo es que, de hecho, los modernismos del pasado pueden darle sentido a
nuestras propias raíces modernas. raíces que se remontan a unos doscientos años. pueden
ayudarnos a relacionar nuestras vidas con las vidas de millones de gentes que viven el
trauma de la modernización a miles de kilómetros de distancia, en sociedades radicalmente
diferentes de la nuestra, y con millones de gentes que la vivieron hace un siglo o más.
Pueden ilustrar las fuerzas contradictorias y las necesidades que nos inspiran y atormentan:
nuestro deseo de estar arraigados a un pasado social y personal estable y coherente, y
nuestro insaciable deseo de crecimiento -no sólo de crecimiento económico, sino
crecimiento en experiencia, placer. conocimientos, sensibilidad- que destruye tanto los
paisajes físicos y sociales de nuestro pasado, como nuestros vínculos emocionales con esos
mundos perdidos. Del mismo modo, destruye nuestras alianzas desesperadas con grupos
étnicos. nacionales, de clase y sexuales, que esperamos nos den una 'identidad- firme, y la
internacionalización de la vida diaria - de nuestra ropa y cosas del hogar, nuestros libros y
música, nuestras ideas y fantasías- que difunde nuestras identidades por todo el globo.
Destruye nuestros deseos de abrazar las posibilidades ¡limitadas de la vida y la experiencia
modernas que arrasan con todos los valores: las fuerzas sociales y políticas que nos
empujan a conflictos explosivos con otra gente y otros pueblos, incluso mientras
desarrollamos una sensibilidad y una simpatía más profundas hacia nuestros enemigos y
llegamos a darnos cuenta, algunas veces demasiado tarde. de que después de todo se
parecen mucho a nosotros. Experiencias como ésta son las que nos unen al mundo moderno
del siglo XIX: un mundo en el que, como dijo Marx, "todo está impregnado de su
contrar¡o" y "todo lo que es sólido se evapora en el aire". Un mundo en el que, como dijo
Nietzsche, -está el peligro, madre de la moral -gran peligro... que se desplaza hacia el
individuo, hacia lo más cercano y lo más querido, hacia la calle, hacia nuestros propios
hijos. nuestro corazón, nuestros rincones más secretos del deseo y la voluntad". Las
máquinas modernas han cambiado mucho en los años transcurridos entre los modernistas
del siglo XIX y nosotros, pero el hombre y la mujer modernos, tal como los vieron Marx,
Nietzche, Baudelaire y Dostoievsky, sólo hasta ahora empiezan a entrar de lleno a lo suyo.
Puede resultar, entonces, que retroceder sea una manera de ir hacia adelante; que recordar
los modernismos del siglo xix nos dé la visión y el coraje para crear los modernismos del
XXI. Este acto de memoria puede ayudarnos a llevar al modernismo a sus raíces, para que
pueda alimentarse y renovarse, con el fin de enfrentar las aventuras y los peligros del
futuro. Apropiarse de las modernidades del ayer puede ser a la vez una critica a las
modernidades de hoy y un acto de fe en las modernidades -y en el hombre y la mujer
modernos- de mañana y pasado mañana.
NOTAS:
3 Ibid, pp. 256-257. Véase mi crítica a este libro en Partisan Review, otoño de 1964, y el
intercambio que hicimos Marcuse y yo en el número siguiente, invierno de 1965. El
pensamiento de Marcuse se desarrollaría de modo más abierto y dialéctico a finales de la
década del sesenta, y bajo una idea diferente, a mediados de los años setenta. Las
observaciones más sorprendentes están en An Essay on Liberation Beacon, 1969, y en su
último libro, The Aesthetic Dimension Beacon, 1978. No obstante, por alguna ironía
histórica perversa, es el Marcuse rígido, cerrado, "unídimensional" el que ha atraído mayor
atención y ejercido mayor influencia hasta ahora.
5 John Cage, 'Experimenta¡ Music", 1957, en Silence, Wesleyan, 1961, p. 12. "Cross the
Border, Close the Gap", 1970. en Collected Essays, de FiedIer, Stein and Day, 1971, vol. 2;
también en este volumen `The Death of Avant-Garde Literature", 1964 y *The New
Mutants". 1965. Susan Sontag, "Una cultura y la nueva sensibilidad', 1965, 'Happenings",
1962 y 'Notas sobre el 'Camp' ", 1964, en su Contra la interpretación, Seix Barra¡, 1967.
6 Los primeros exponentes más vigorosos del posmodernismo fueron Leslie FiedIer e Ihab
Hassan: FiedIer, `The Death of Avant-Garde Literature", 1964, y `Me New Mutants", 1965,
ambos en Collected Essays, vol. 11; Hassan, The Dismemberment o Orpheus: Toward a
Postmodern Literature, Oxford, 1974, y "POSTmodernISM (dejenlo asi): A Paracritical
Bibliography" en Paracriticisms: Seven Speculations of the Times, Illinois, 1973. Para
ejemplos posmodernos posteriores, Charles Jencks, The Language of Post-Modern
Architecture, Rizzoli, 1977: Michel Benamou y Charles Calleo, Performance in Pbst-
Modern Culture, Milwakee, Coda Press, 1977; y Boundary 2: A Journal of Postmodern,
Literature. Para criticas del proyecto completo, véase Robert Alter, 'The Self-Conscious
Moment: Reflections on the Aftermath of Post-Modernism" en Triquarterly núm 33.
Primavera, 1975. pp. 209-230, y Mate¡ Calinescu, Paces of Modernity, Indiana, 1977, pp.
132-144. Algunos números más recientes de Boundary 2 sugieren algunos de los problemas
inherentes a la noción de posmodernismo. Esta revista tan fascinante con mucha frecuencia
incluye autores como Melville, Poe, las Bronté, Wordsworth y hasta Fielding y Sterne.
Bien, pero si estos escritores pertenecen al período posmoderno ¿cuándo ocurrió la era
moderna? ¿En la Edad Media? En el contexto de las artes visuales se desarrollan diversos
problemas en Douglas Davis, "Post-Post Art", 1 y II, y "Symbolism Meets the Faerie
Queene" en Village Voice, junio 24. agosto 13 y diciembre 17 de 1979. Véase también, en
un contexto teatral, Richard Scechner`The Decline and Fall of the (American) Avant-
Carde" en Performing Arts Journal 14 (198 1), pp. 48-63.
7 La justificación principal por abandonar el concepto de modernización se da más
claramente en Samuel Huntington, *The Change to Change: Modernization, Development
and Politics" en Comparative Politics. 3 (1970-71), pp. 286-322. Ver también S. N.
Eisenstadt, -Me Desintegration of the Initial Paradigm", en Tradition, Change and
Modernity, pp. 98-1 IS. Pese a la tendencia general, algunos científicos sociales de la
década de los setenta afilaron y profundizaron el concepto de modernización. Ver. por
ejemplo, Irving Leonard Markowitz. Power and Class in Africa, Prentice-Hall, 1977.
9 Michel Foucault, VI~ y castigar. Nacimiento de la prisión traducido por Aurelio Garzón
del Camino, Siglo XXI. 1976. Todo el capítulo titulado "Panoptismo", pp. 199-230.
muestra a Foucault con su mayor fuerza. Ocasionalmente en este capítulo aparece una
visión menos monolítica y más dialéctica pero la luz pronto se extingue. Todo esto debe
compararse con la obra anterior y más profunda de Goffman, e.g., los ensayos sobre
"Characteristcs of Total Institutions" y -Me Underlife of a Public Institution", en Asymums:
Essays on the Social Situation of Mental Patients and Other Inmate, Anchor, 196 1.