Introducción
El Paraguay, país latino, el corazón de América Latina, se destaca entre sus vecinos por su
cultura bilingüe (español y guaraní) arraigada en prácticamente en todo el país (aunque
algunos lo nieguen, o digan que no sepan hablar en ese idioma). Este bilingüismo se ha
arraigado en nuestra cultura y por consiguiente en nuestra forma de pensar, de actuar; en
una palabra en nuestra moral.
Ya lo mencionaba Saro Vera en su libro de la evangelización del paraguayo: “Una cosa es
el idioma y otra es el lenguaje. El idioma es un conjunto de signos sonoros que responden
a un conjunto de realidades con que el hombre está de alguna manera relacionado. Las
realidades expresadas puden ser de orden social, geográfico, histórico, hidrológico, etc.
De ahí mediante el dinamismo interno, el idioma se convierte en lenguaje. Aquí tendrá
origen la semántica o las modificaciones del significado de las palabras en el transcurso de
la historia de un pueblo.”(1995, p. 99) El idioma de las formalidades del paraguayo es el
español, pero su lenguaje será siempre el del guaraní, con el cual expresa su
pensamiento, emociones, creencias, etc.
Debido a lo mencionado más arriba estaré citando sendos términos en español y en
guaraní para poder explicar cómo vivimos los paraguayos nuestro día a día. Luego añadiré
el punto de vista cristiano y mi opinión de cómo debería ser nuestro país.
Quiero añadir que este trabajo, para que tenga validez hay que tener en cuenta la
dificultad de encasillar una cultura, una antropología: El ser humano es un cosmos aparte,
inacabado, misterioso, incognosible por completo; por consiguiente cualquier trabajo que
se haga sobre el mismo nunca será o describirá el 100 % de la realidad.
Habiendo explicitado estos puntos preliminares es posible comenzar con el tema de la
pirámide de valores de la sociedad del hombre paraguayo.
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Pirámide de valores de la sociedad paraguaya:
I- La base:
En la base de la pirámide de valores, se encuentra tradicionalmente los valores
fundamentales o primeros, sin los cuales no podrían construirse pisos superiores de la
misma. Son los cimientos. Y en el caso de los paraguayos tenemos de forma cada vez más
generalizada el Egoísmo, que va en contraposición del “Jopói” (el tender la mano para
ayudar al prójimo)
El egoísmo, que viene del griego “ego” ya lo define como la tendencia a pensar
solamente en nosotros mismos, en nuestros ideales, en nuestra gente, nuestras cosas, en
lo que nos conviene, descuidando, no importándonos por las necesidades, el “mundo del
otro”. Esto además de ser generalizada en todas las culturas, se está diseminando cual si
fuera virus informático por nuestro país.
La estructura que lo hace crecer atolondradamente probablemente sería la
desigualdad social. “La primera percepción es que la sociedad tiene la forma escalonada
de un populoso gallinero nocturno, organizado con la forma de triángulo erguido. Su
codiciado vértice apunta al lejano cielo, azulosa morada de los dioses, sitio donde se
dispensa la bienaventuranza eterna. A medida que va descendiendo, se alarga la longitud
de los palos y aumenta el número de sus plumíferos habitantes que tratan de equilibrarse
sobre ellos. Allá arriba el palo será coqueto y corto, tal vez hasta cubierto con una
alfombrada mullida y con capacidad de albergue para pocos y selectos inquilinos. Abajo la
multitud inquieta y bullanguera, disputando el espacio, el alimento, el aire, la
ocupación…”1 .
Peará ñamandá” (para eso mandamos) hace parte del vocabulario del paraguayo
que llega a la cúspide o cuando obtiene algún cargo después de haber batallado tanto
para lograr esa codiciada meta. ¿Qué se puede decir sobre estas acciones? Sabemos que
no es justificable su acción porque una concepción distorsionada de tu moral no hace que
tu moral sea buena. El paraguayo hace a sabiendas que está mal lo que hace, pero ¿Se
puede culparlo de algo que aprendió, vivió, masticó desde su infancia a causa de que su
sociedad lo adoctrinó y probablemente no habrá sido catequizado o si fue, no se lo hizo
correctamente (mostrándole a Cristo, haciéndole conocer)
Aquí probablemente nos estaremos encontrando “la piedra angular” que mantiene
el edificio de los desaires, líos que nos aquejan diariamente en el paraguay: la corrupción,
la desigualdad cada vez más creciente, la inseguridad, entre otros.
1 VERA, helio. En busca del hueso perdido. 2010. p 125.
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Recapitulando: el egoísmo base de esta pirámide de valores (o antivalores si se
prefiere)reflejado en la desigualdad social, tiene su sustento y vida en su sociedad
corrompida debida a la falta de catequesis, de evangelización de nuestra gente.
Jopói:
Eso no significa que el paraguayo sea malo de naturaleza, porque cualquier
extranjero que venga a nuestras tierras y necesite algo, si va a una casa paraguaya
encontrará casi siempre una recepción cálida y hospitalaria (jopói). El paraguayo piensa
también en su prójimo, se compadece también de sus semejantes, principalmente ante el
dolor o la muerte. Por eso el paraguayo canoniza a sus propios santos, a aquellos quienes
sufrieron un gran dolor ante la muerte por ejemplo surge el “Kurusu Isabel” Una mujer
que con un niño de pecho, murió penosamente a causa de la sed, uno de los tormentos
más duros para el hombre.2
Es infaltable la ayuda social que el pueblo paraguayo puede proporcionar al que
sufre, o al necesitado. Siempre conseguimos o casi siempre gente de buena voluntad que
done para sus abrigos, sangre, dinero para colaboraciones a centros de asistencia social. El
paraguayo tiende a ayudar si puede y si sabe como hacerlo.
Como decía Jean Jacques Rousseau: El hombre es bueno por naturaleza, pero la
sociedad lo corrompe” y le agregamos “la sociedad lo corrompe si no es evangelizada,
conducida hacia Dios”.
II- Pisos superiores:
Una vez descubierto los cimientos de nuestra pirámide pasamos a la familia,
amigos, conocidos. Parentesco y amistad son dos canales que desarrollan ampliamente la
emotividad y afectividad paraguayas3. En sí no es nada malo el tener un amor hacia ellos,
pero la cuestión se vuelve torcida cuando en nombre de buscar el bien de nuestra gente
pisamos encima de los derechos de los demás. Aquí encontramos el nepotismo, el
amiguismo, etc. Innumerables son los ejemplos que podríamos citar con relación a como
el paraguayo a modo semejante del clan se mueve con su gente. Si el asciende, arrastra a
los suyos hacia la cima. Aquí entra hasta el “jarýi maleta” y todo (la maleta de la abuela,
que normalmente pesa mucho porque se las conoce por ser de cargar muchas cosas)
2 VERA, Saro. La evangelización del paraguayo. 1995. p. 68.
3 VERA, Helio. En busca del hueso perdido. 2010,
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Si alguien denuncia esta irregularidad corre el riesgo del repudio de todo un clan
por detrás. Por eso hay muy pocos quienes hacen papel de profetas ante esta situación
que tanto daña a nuestro país porque al darle privilegios a toda la parentela, alcurnia de
amigos, es casi seguro que se estará atropellando los derechos de otras personas.
Hay que tener en cuenta que los pisos superiores están íntimamente conectados
con los de la base. Eso quiere decir que si se dice que el valor “familia” está aquí es porque
en realidad normalmente se piensa en “Mi familia, mis amigos” y no en las familias y los
amigos de los demás del país. Hay ese egoísmo de transfondo nuevamente.
Por eso viene muy acertado al caso la reflexión de un profesor mío que en el
Paraguay ver la pobreza de algunas personas “se está volviendo parte del paisaje”. Ya nos
estamos acostumbrando con tal de que no sean mis familiares o amigos, pues ahí sí me
importaría o haría algo, aunque sea la más ínfima acción para que tratemos de cambiar
ese negro panorama. Y lo que más me llamó la atención acerca de esto es que es cierto y
está afectando más y más al clero y a los religiosos Iglesia. Suelo tratar de hablar con
algunos compañeros sobre este tema, sobre cómo podríamos resolver los problemas que
persiguen a los indigentes y un número considerable “ni le viene, ni le va” “ni chicha, ni
limonada”.
III- Cúspide:
Finalmente en la cúspide de nuestra pirámide encontramos el ideal más preciado,
lo más buscado, lo más importante que es la felicidad o la autorrealización. ¿Cuáles suelen
ser los cuestionamientos que hace una persona corrompida por la sociedad para juzgar si
debe hacer un acto o no? Si da gusto o no da gusto, si me va a hacer feliz un rato o no, si
me va a calmar mis penas por un rato o no. Es famoso escuchar a los padres ante el
planteamiento de los hijos o entre amigos por una vocación fuera de lo normal, a veces
con un cierto tono de escepticismo, pero fatalista al mismo tiempo: “Y si te gusta; hace,
estudia, lucha por eso”.
El buscar la felicidad no es cosa nueva, es algo humano pero en nuestra sociedad
normalmente se busca de manera desesperada, en el egoísmo, con su “casta social”, pero
de esa manera difícilmente se la halla (para no decir que nunca). Por eso encontramos a
gente violenta, borracha, depresiva, suicida, que teniéndolo todo no se siente
autorrealizada. Todo eso porque la base de su pirámide de valores no está bien hecha.
“No está cimentada sobre la roca” (Mt 7, 24-27) su felicidad y por tal razón no la alcanza.
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La felicidad es realmente un tema muy complicado cuando se quiere englobarlo de
una perspectiva neutral, aceptable para todo ser humano de diferentes credos, naciones,
etc. (En realidad no sé si esto es posible) Por eso voy a hablar de mi punto de vista
cristiano, que para mí la felicidad consiste en estar con Cristo. Cumplir con sus
mandamientos. Ser su amigo. Es un deleite y una paz incomparable el estar con Él. Vale la
pena vender todo lo que uno tiene para encontrar ese tesoro (Mt 13,44).
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Conclusión:
Hemos recorrido esta pirámide de valores desde el punto de vista de un cristiano
que se esfuerza por observar la realidad de su país, no con el rigor de un estructuralista
sino con la fe.
En varias ocasiones he apuntado que este círculo vicioso de males es ocasionado
por la sociedad que corrompe al paraguayo y esta no tendría cabida alguna si la
evangelizáramos con más ahínco y con testimonio de vida. Es obvio que cuanto más
pagana se vuelve nuestra sociedad, cuanto más se aleja de la verdad de los valores y de
Cristo; mayor crueldad, perversión viviremos en nuestros tiempos.
Este ideal no es tarea fácil desde luego pues requiere de indagar por los
acontecimientos que acucian a nuestra sociedad, los cuales para ser interpretados
requiere de una entrega, esmero dignos de héroes. Es eso mismo lo que creo que necesita
nuestra gente: No superhéroes imaginarios con super poderes sino héroes valientes y
humanos “que quieran dar sus vidas” por el bien de la humanidad. Héroes que inspiren a
otros héroes a hacer lo mismo. “VERBA MOVENT, EXEMPLA TRAHUNT”.