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Conocimiento de Sí Mismo

La lección se centra en el conocimiento de uno mismo y la importancia de discernir entre los movimientos del Espíritu Santo y los carnales. Se enfatiza que el entendimiento de nuestro origen, naturaleza, propósito y destino es crucial para vivir con sentido y evitar la desesperación que lleva a problemas como el suicidio. La revelación cristiana y la figura de Cristo son presentadas como la clave para comprender nuestra existencia y el propósito de la vida.
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Conocimiento de Sí Mismo

La lección se centra en el conocimiento de uno mismo y la importancia de discernir entre los movimientos del Espíritu Santo y los carnales. Se enfatiza que el entendimiento de nuestro origen, naturaleza, propósito y destino es crucial para vivir con sentido y evitar la desesperación que lleva a problemas como el suicidio. La revelación cristiana y la figura de Cristo son presentadas como la clave para comprender nuestra existencia y el propósito de la vida.
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Introducción al Segundo Bloque: Conocimiento de sí

mismo.
¿Quién soy yo?

Empezamos la lección número 13, empezamos el segundo


bloque de la consagración. Es una lección muy bonita porque
empezamos ese bloque que se llama conocimiento propio,
conocimiento de sí mismo. Terminamos las dos primeras
lecciones que era el bloque del conocimiento del espíritu del
mundo y aprendimos a discernir qué es lo mundano; Ahora
vamos a aprender a discernir en nosotros mismos qué
movimientos interiores son del Espíritu Santo y qué
movimientos son propiamente carnales. Vamos a aprender a
discernir eso con mucha claridad en todo este segundo
bloque. Esta primera lección del segundo bloque se llama
“¿Quién soy yo?” Vamos a reflexionar sobre nosotros mismos
a la luz de la fe, a la luz de Dios, a la luz de la revelación
cristiana. ¿Quién soy yo? Hay muchas maneras de responder:
depende el ambiente en que te encuentres vas a responder yo
soy el hijo de tal persona, yo soy el ingeniero tal, yo soy el
futbolista tal, yo soy el trabajador tal, yo soy el estudiante tal.
Más o menos las personas van definiendo su propia
naturaleza en virtud de lo que hacen, de las cosas que van
dejando como herencia en la vida. Pero en realidad, eso no es
lo que somos eso; es lo que hacemos. Hay una máxima latina
que dice que el hacer sigue al ser, ¿qué significa eso? Que lo
que tú eres va a determinar lo que tú haces, no al revés, no
es lo que tú haces lo que determina lo que tú eres, sino lo que
tú eres lo que determina lo que tú haces. Uno tiene que
conocer muy bien la naturaleza de la persona o tiene que
entender bien quién es uno. Uno tiene que cultivar a la
persona, cultivarse como sujeto, cultivarse como cristiano
porque de eso dependerá nuestras acciones, por eso hay que
comprender muy bien quiénes somos en realidad para poder
comprender lo que debemos hacer. Entonces vamos a ver con
un ejemplo sencillo de qué estoy hablando. De todas las cosas
o de prácticamente todas las cosas conocemos el origen,
conocemos la naturaleza, la funcionalidad, para qué sirve y
conocemos el destino, dónde termina. Más o menos de todos
conocemos eso, por ejemplo, computador: sabemos que el
origen de una guitarra, que salió de la madera de un árbol.
Sabemos que la guitarra sirve para tocar música, pero si yo
desconozco todo esto de la guitarra y si yo creo que eso sirve
para pegar clavos en la pared y comienzo a martillar con ella,
pues la voy a dañar porque no la estamos utilizando para
aquello que fue creada. Si es que uno tiene duda sobre cómo
se usa una cosa, uno lo que hace es averiguar, leer el manual
de instrucciones o se mete a internet y así de sencillo. Pero
resulta que nosotros mismos nos hemos preguntado por
nuestro origen, por nuestra naturaleza, por nuestra misión, o
sea la función que venimos a ejercer acá. Y lo primero que
hay que hacer cuando se habla del ser humano es entender
estas cuatro cosas:
1. ¿De dónde provenimos?
2. ¿Qué es lo que somos?
3. ¿Para qué servimos?
4. Y ¿Para dónde vamos?
Una vez entendamos eso con claridad, toda nuestra vida se
ordenará conforme a eso que entendimos y si no,
encontramos una vida sin propósito y eso es lo que vemos
hoy por todas partes: gente cuya vida no tiene propósito,
gente que no sabe por qué existe, y cuando no saben por qué
existe, ¿Qué terminan haciendo? Suicidándose. El suicidio ha
aumentado en gran cantidad en los últimos años, pero
además de eso, las personas que no se han suicidado, están
sumidas en el licor, sumidas en las drogas, acabando su
matrimonio, y uno dice “pero, ¿por qué está pasando esto?
¿Por qué los matrimonios de antes duraban tanto y hoy todos
se acaban tan fácil? Porque hemos desconocido el propósito
de nuestra existencia, porque vemos personas en redes
sociales todo el tiempo amenazando con que se van a matar,
con que se van a suicidar, porque vemos pelados de 13 y 14
años atentando contra su propia vida en una serie de juegos
lo más estúpidos que se puedan imaginar. Ya en otra época
un juego de esos que te va poniendo unos retos cada vez más
suicidas, en una persona con un dedo de frente, de
inteligencia, simplemente se burlaría de eso, lo tiraría a la
basura. Hoy no, hoy ese tipo de juegos sádicos, asesinos, que
inducen al suicidio encuentran respuesta en el corazón de
nuestros jóvenes ¿Por qué sucede eso? Porque desconocemos
el propósito de nuestra vida, porque desconocemos para qué
existimos y porque desconocemos hacia donde tiende nuestra
existencia. Al desconocer todo esto, vamos a tratar de darle
sentido a nuestra vida en cualquier otra cosa y hoy
encontramos gente a la que su vida depende de su celular y si
no tiene este aparato consigo se quiere morir. Su vida
depende de los “me gusta” que les den a sus publicaciones de
Facebook, su vida depende de lo que las personas le escriban
en su Instagram, su vida depende de que alguien le responda
o le retuitee alguna frase que escribió. ¿Por qué una mujer se
medio desnuda o se desnuda en medio en una red social para
pedir, para suplicar, para mendigar un me gusta? Porque no
conoce para que existe, porque perdió el sentido de la
existencia, porque cree que el sentido de la existencia es
agradar a los demás y por eso me indica ese agradar como
sea y si se tiene que prostituirse, se prostituye en redes
sociales para agradar. Perdió el sentido de su vida, o tal vez
no lo perdió, simplemente nunca lo ha conocido nunca ha
entendido. Para eso el Señor nos dio inteligencia; los seres
humanos estamos dotados de una facultad que se llama la
inteligencia para poder comprender, pero como el Señor sabía
que después del pecado original la inteligencia nuestra quedó
ofuscada y ya no encontramos tan fácilmente la razón de
nuestra existencia y el propósito de nuestra vida, Dios mismo
se reveló y nos reveló lo que somos y Él mismo se hizo
hombre, se encarnó para mostrarle al hombre lo que es el
hombre, o sea que en Cristo Jesús, Nuestro Señor, Dios hecho
hombre. El ser humano encuentra las respuestas a todas sus
preguntas y cuando tenemos una pregunta, cuando queremos
saber por nosotros mismos, miramos a Cristo y en Cristo
entendemos todo lo que necesitamos entender. Cristo es la
respuesta a todas las preguntas que tenemos.
Una vez uno entiende ese propósito, pero no solo lo entiende
acá, sino que ese propósito de la vida se lleva a lo profundo
del corazón. Y para eso se requiere no solamente un ejercicio
de la razón, sino que se requiere que la Gracia de Dios
permee en mi alma, porque eso no es simplemente un
conocimiento intelectual del ser humano, sino que esto es
fundamentalmente un encuentro con la persona de Jesús.
Cuando uno se enamora de Jesús, cuando uno entiende quién
es Jesús, cuando uno entiende que en Él está la respuesta de
todas las preguntas que tenemos, entonces inmediatamente
nuestra vida se ve iluminada, inmediatamente asume sentido
todo lo que hacemos, inmediatamente comenzamos a
comprender para qué existimos, para qué nos movemos, para
qué vivimos. San pablo diría: en Cristo nos movemos,
vivimos y existimos; porque en Él lo entendemos todo y
empezamos a entender hasta el dolor, y empezamos a
comprender hasta el sufrimiento. No estamos diciendo que
nos empiece a agradar sufrir, eso sería masoquismo, pero
empezamos a entender que hasta ese dolor, hasta ese
sufrimiento tiene un sentido, un sentido sobrenatural. Una vez
nos damos cuenta de que hay una vida más allá de esta vida,
cuando entendemos que estamos llamados a la eternidad,
comenzamos a darle la verdadera importancia a esta vida
terrena. No es huir de la vida terrena, es un darle una
dimensión eterna para comprenderla mejor.
Te vamos a dar una serie de respuestas sencillas porque es
que Dios no iba a complicar lo que necesitábamos saber para
poder existir y para podernos salvar. Todas estas preguntas,
él nos las respondió de manera absolutamente clara y sencilla
a través de su revelación. Empecemos:

1. El origen del hombre.


¿Cuál es el origen del hombre? el origen del hombre es Dios.
Fuimos creados por Dios. Los dos primeros capítulos del
Génesis son nada más y nada menos que la explicación
teológica del origen del hombre. Dios nos creó. Nosotros no
somos producto de la casualidad; somos producto del Corazón
Amoroso de un Dios que te pensó y que quiso que existieras
tal y como eres. “Edwar, ¿y si mis papás me concibieron en
medio de una traba o en medio de una borrachera?” Tus
papás son simplemente instrumentos de tu creación, pero
ellos no son la Voluntad Creadora. La Voluntad Creadora es
Dios, independientemente de la circunstancia en que hayas
sido concebido. Y eso nos tiene que llenar de esperanzas, eso
nos tiene que llenar y maravillar el corazón porque es que en
medio de esa borrachera pudiste no haber sido concebido, en
medio de esa violación pudiste no haber sido concebido, en
medio de esa traba de tus papás pudiste no haber sido
concebido; y, sin embargo, Dios quiso que existieras. No
estoy diciendo que Dios quiso la manera en que te concebiste.
Esa manera que en ocasiones pudo ser brutal, por ejemplo,
una violación, Dios nunca quiso esa violación, pero Dios es
capaz de sacar de lo malo, como la crucifixión de su Hijo, algo
bueno, como la redención de la humanidad; fue capaz de
sacar de esa violación o de esa relación irresponsable de tus
padres, algo bueno que es tu vida, que es una bendición, que
es una maravilla. Existir es un regalo de Dios. Entonces
somos criaturas de Dios. Eso significa que no somos Dios,
pero además significa que, al ser creados, le debemos a ese
creador, no solamente la existencia desde el primer
momento, sino la existencia permanente. Es decir, Dios
sostiene tu existir. Si Dios dejara de pensar en mí o en ti un
instante, no es que tú te mueras, sino que dejas de existir. si
Dios dejara de pensar en ti por una milésima de segundo,
haga de cuenta que desaparecerías de todas las fotos donde
estás. Toda huella que hayas dejado en la creación, se
extinguiría. Eso lo que se llama la providencia de Dios: Dios
sostiene nuestra existencia. Dios piensa todo el tiempo en
nosotros y eso es muy lindo saberlo porque en los momentos
de mayor depresión, de mayor tristeza, de mayor angustia,
saber que sigo existiendo es tener la certeza de que Dios
sigue pensando en mí.

2. ¿Qué es lo que somos?


Somos una unidad sustancial de cuerpo y alma. El cuerpo y el
alma forman en el hombre una unidad: el hombre es alma y
el hombre es cuerpo, no es que sea una parte alma y una
parte cuerpo, sino que él es una unidad de cuerpo y alma. Ser
católico significa entender que tanto mi cuerpo como mi alma
son un regalo de Dios. Pero, además, hay que decir que nos
dotó de entendimiento. Los seres humanos tenemos
capacidad de comprender. Dios nos dio inteligencia para
encontrar la verdad. También, Dios nos dio voluntad, o sea,
nosotros no solamente pensamos, sino que también
queremos. Tienes voluntad para amar el bien. Con la voluntad
amamos el bien y con la inteligencia buscamos la verdad.
Entonces, Dios nos dio todas estas facultades superiores, pero
además nos dotó de unas facultades inferiores que son:
emociones, sentimientos y pasiones. Nos apasionan las cosas:
vemos un partido de fútbol y nos emocionamos. Las
emociones son buenas, los sentimientos son buenos. ¿A quién
no le gusta sentir las maripositas en el estómago cuando ve a
la muchacha que le gusta? Yo todavía veo a mi esposa y me
dan maripositas en el estómago, no sé si es por el hambre o
porque todavía sigo sintiendo aquello que sentí la primera
vez, pero las mariposas están. Todo esto es un regalo de
Dios, pero las pasiones, emociones y sentimientos son
facultades inferiores que deben estar ordenadas por la razón
y ordenadas por la voluntad. Por ejemplo, un hombre casado
empieza a tener un sentimiento hacia una mujer tan guapa,
que no es su esposa, sino la compañera de trabajo. Los
sentimientos no son malos, sino que se deben ordenar. Ese
sentimiento aparece, entonces tu razón te dice “tienes una
mujer que se ha partido el lomo, que está toda rajada de
cesáreas para darte hijos, que se ha esforzado por levantar la
empresita que están haciendo, que ya no tiene el cuerpo
espléndido que tiene esta nueva compañera tuya porque es
que ella no ha logrado todo lo que tu pobre esposa ha hecho”.
Eso te lo dice la razón mientras te das cachetadas y te dice
“no seas estúpido, ¿cómo vas a desperdiciar esa mujer fiel y
buena que ha estado ahí todo el tiempo”. Eso te lo dice la
razón, pero ese sentimiento es una cabra salvaje y el
sentimiento dice “¿Qué va? No pasa nada una, eso es una
canita al aire”. Ahí es donde la voluntad dice NO, pero la
voluntad sola no es capaz. Si usted no está en vida de
oración, si usted no está rezando el rosario, si no se está
confesando, le falta la gracia que recibimos en los
sacramentos, que recibimos en la oración, que recibimos
cuando vamos a misa y comulgamos, que recibimos cuando
nos confesamos, que recibimos cuando rezamos el rosario.
Ahí es donde uno entiende “esto está mal”, pero no soy capaz
de dejar de hacerlo porque no tengo la gracia, porque en mi
corazón todavía hay inclinación desordenada debido a que me
falta vida de oración. Pero cuando tú empiezas a orar, te das
cuenta de que la tentación está ahí, pero tú eres más fuerte
que la tentación y ordenas esa tentación, la sometes a la
voluntad de Dios y una vez sometida esa tentación a lo que
Dios quiere, entonces esa tentación no tiene fuerza contra ti.
Además de todo esto, hay que entender quiénes somos
dentro de nuestra naturaleza: que Dios nos hizo hombres y
mujeres, maravillosamente diferentes para que nos
complementemos entre sí. Sin embargo, si fuera solo lo que
les acabo de decir estaríamos condenados al abismo, porque
Adán y Eva, nuestros primeros padres, pecaron y al pecar
hirieron nuestra naturaleza humana, por lo tanto, el ser
humano ya no era capaz de encontrar esa huella que Dios
había grabado en el corazón del hombre para que le
encontrara. Estaba perdiéndose y vino Cristo y con la
redención de Nuestro Señor, a esa naturaleza nuestra le
dieron un plus adicional que se llama la naturaleza divina,
porque la vida de la gracia es la naturaleza divina en el
hombre. Dios no quiso dar al hombre simplemente una
naturaleza humana sino que, además, nos dotó de una
naturaleza divina, nos dio como regalo la gracia y ¿Qué es la
gracia? Es que participemos de lo que Dios es. Somos divinos
por la gracia y eso sí nos define. Ahora sí, cuando alguien te
diga “¿Quién eres?” Tú le puedes responder sin temor: SOY
UN HIJO DE DIOS POR LA GRACIA.

Ya dijimos que el origen del hombre es Dios, hablamos de la


naturaleza del hombre y dijimos que tiene una naturaleza
material y una naturaleza espiritual (cuerpo y alma) y dijimos
que en esa naturaleza material-espiritual hay unas facultades
superiores: la inteligencia y la voluntad; también hay unas
facultades inferiores (pasiones, emociones, sentimientos) que
se deben ordenar. Y finalmente, que por la gracia fuimos
elevados a la dignidad de Hijos de Dios.

3. La misión, ¿para qué servimos?


En el hombre, no podemos hablar de función. Las máquinas
funcionan, en el hombre se llama misión. ¿Cuál es la misión
del hombre? se lo voy a decir así de sencillo: conocer amar y
servir a Dios. Para eso viniste, para eso estás acá. Tu misión
en la tierra es conocer amar y servir a Dios. Conocer: con el
entendimiento, amar: con la voluntad y servir con el cuerpo y
el alma. En pocas palabras, la misión del hombre es ser
santo. El Papa Francisco dice: usted no está llamado a ser
ingeniero, médico, abogado, doctor, futbolista, nada; está
llamado a ser santo, para eso existes. Y tal vez no vas a ser
un santo de la clase alta como un san Francisco de Asís con
quienes uno se compara y no le da a uno sino ganas de llorar.
Te comparas con Madre Laura y ves lo que escribió, lo que
hizo, y uno es un polluelo. Pero el Papa dice: tal vez tú no
estás llamado a ser un santo de esa talla, pero sí un santo de
clase media, y de clase media sería como Santa Ama de Casa,
San Chofer, San Papá, Santa Mamá, San Ingeniero, San
Estudiante, San Trabajador, San Cereteano… un santo de la
vida ordinaria, un santo cotidiano, un santo que en su
realidad sea capaz de irradiar a Dios en todo lo que hace, por
su manera de ser; y dice el Papa una cosa muy linda: el
termómetro de la santidad es la caridad con el prójimo. La
caridad no necesariamente es dejarlo todo como san
Francisco de Asís y servir a los pobres, puede que alguno
sentirá ese llamado y es maravilloso, pero la caridad es la
manera como atiendes a tus clientes, la manera cómo tratas a
tus hijos, la manera como amas a tu esposo, a tu esposa, la
paciencia que le tienes a tus hijos cuando te irritan, cuando
comen y devuelven la comida, cuando no quieren hacer
tareas, cuando no se quieren levantar, a tu esposa o tu
esposo cuando esté irritado, cuando llega del trabajo
exhausto, la manera como tratas a la gente que te rodea,
como aconsejas a tus amigos, la compasión con que miras a
las personas que están en la calle y que te piden una
monedita, que aunque no tengas siempre para darle una
moneda, por lo menos una palabra cortés, una palabra dulce,
una palabra salida del corazón. Que haya caridad, que se note
en tu mirada, en tus palabras, en tus gestos, que Dios está
allí. Pero es que eso no se logra gratuitamente, eso se logra
con una sólida vida de oración porque lo primero que sale de
nosotros en medio de la irritación es el grito, es la burla, es la
condena, es el juicio contra ese que es un drogadicto que me
va a ir a pedir, es el juicio contra ese esposo sinvergüenza
que no sabe que estoy todo el día acá matándome criándole
los hijos, es el grito contra esa mujer loca que no sabe que
estoy todo el día partiéndome el lomo en la calle para traerle
comida a ella y a los niños. Es lo primero que sale del corazón
herido por el pecado original. Una vez uno entiende, uno dice
“Claro, por eso es que yo me comporto así, me falta oración”,
y usted se da cuenta de que ahora es más virtuoso, más
paciente, es capaz de soportar con mayor valentía los
obstáculos de la vida; pero cuando se descuida en oración,
empieza a sentir que es absolutamente irritable, que cualquier
cosa le saca de quicio, cuando dejamos de ir a la eucaristía,
cuando dejamos de rezar el rosario, cuando llevamos dos o
tres meses sin confesarnos, cuando no hemos vuelto al
santísimo, uno se da cuenta de que es más frágil y que esa
lujuria vuelve a despertarse y que le empieza otra vez a bailar
el ojo por la secretaria y que empieza otra vez a tentarse con
su novio, con su novia. Usted se da cuenta inmediatamente,
¿por qué? Porque lo que nos transforma es la gracia y cuando
esa gracia falta, entonces somos débiles y perdemos el
camino de la santidad. Y los consagrados a la Virgen María,
tenemos una ayuda muy especial porque nadie se ha
identificado con Cristo como la Virgen María, y nadie como
ella nos puede enseñar a identificarnos con Cristo. Cuando tú
estás consagrado, te das cuenta de que ella te va llevando
por el camino. Es una belleza cuando uno se consagra, uno se
da cuenta de que la santidad propia no depende tanto del
esfuerzo personal, sino de la docilidad de dejarse conducir por
una madre que siempre va a proporcionar todo lo que
necesitamos para encontrar esa santidad.

4. El destino del hombre.


¿Cuál es nuestro destino? El cielo. Nacimos para la eternidad,
nacimos para el cielo. Si entendiéramos eso, todo sería
distinto porque haríamos aquello que nos lleve al cielo y
dejaríamos de hacer aquello que nos aleja del cielo. Eso
determinaría nuestra vida. Cuando se vive de cara a la
eternidad, cuando se vive de cara al cielo, entonces las cosas
asumen el sentido real, porque una persona, antes de morir
ve tan lúcidamente su vida y entiende en realidad qué vale y
qué no vale, porque sabe que está cerca el juicio de Dios y
sabe que está cerca el momento en que se debe presentar
ante él para saber si va al cielo o no. Si uno hiciese las cosas
pensando que nos espera un cielo eterno, un gozo
bienaventurado, una alegría sin precedentes; cualquier
sacrificio, cualquier acto de amor por duro, que fuera
cualquier renuncia por terrible que nos pareciera, sería
pequeña. Ustedes se dan cuenta que la gente se esfuerza
tanto por recompensas tan pasajeras tan temporales. Yo veo
gente acabando con todo por lograr un cuerpo espléndido y
sacrifican todo: comida, tiempo, ambientes, convirtiendo el
cuerpo en una idolatría; otros que sacrifican tanto por el
estudio, pero hay cierta idolatría hoy a los títulos. Cosas tan
pasajeras que, cuando están ordenadas, cuando eso hace
parte del camino que Dios quiere para llevarme a la santidad,
¡Maravilloso! Pero hay gente que sacrifica su vida espiritual,
su familia, todo. Si entendieran que el cielo es todo lo que
hemos anhelado durante nuestra existencia, que en el cielo
está todo lo que deseamos, lucharíamos con frenesí y
lucharíamos con mucha más energía y vitalidad para
alcanzarlo y haríamos todo para entender, para lograr llegar a
esa meta a la que Dios nos ha llamado. Terminamos con esto
la primera parte de la charla. ¿Quién soy yo? Respondimos en
general todas las preguntas.
¿Nuestro origen? Dios nos creó.
¿Nuestra naturaleza? Somos hijos de Dios.
¿Nuestra misión? La santidad.
¿Nuestro destino? El Cielo.

ORACIÓN FINAL.

PRÁCTICA:
Empezar a hacer las oraciones del consagrado.

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