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GOLSE Cap. - 7 - Desarrollo - Emocional - y - Afectivo - Del - Infante

El documento discute la complejidad del desarrollo psíquico infantil y las interrelaciones entre el desarrollo emocional y cognitivo. Señala que aunque tradicionalmente se han descrito estos desarrollos de forma independiente, en realidad están profundamente ligados a niveles neuroanatómico, funcional y dinámico. También distingue los conceptos de "estado" en los modelos psicoanalíticos y piagetianos, señalando que los estados psicoanalíticos implican conflicto intrapsíqu

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GOLSE Cap. - 7 - Desarrollo - Emocional - y - Afectivo - Del - Infante

El documento discute la complejidad del desarrollo psíquico infantil y las interrelaciones entre el desarrollo emocional y cognitivo. Señala que aunque tradicionalmente se han descrito estos desarrollos de forma independiente, en realidad están profundamente ligados a niveles neuroanatómico, funcional y dinámico. También distingue los conceptos de "estado" en los modelos psicoanalíticos y piagetianos, señalando que los estados psicoanalíticos implican conflicto intrapsíqu

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DESARROLLO EMOCIONAL Y AFECTIVO DEL INFANTE

BERNARD GOLSE(2008) :
LE DÉVELOPPEMENT AFFECTIF ET INTELLECTUEL DE L’ENFANT-
Editor : Elsevier – Masson – France
(quien quiera fotocopiar el texto en francés, sólo debe solicitarlo)

DESARROLLO EMOCIONAL Y AFECTIVO DEL INFANTE

CAP. 7 INTELIGENCIA Y AFECTIVIDAD. (Traducción no oficial del cap 7 y 10: Alicia


FAGLIANO Realizado para uso exclusivo de su tesis doctoral y facilitado para su lectura
a los maestrandos cohorte 2016)

Complejidad de los modelos del desarrollo.

Es sabido que las descripciones clásicas y habituales del infante, generalmente


consideran diferentes sectores de su desarrollo, como por ejemplo: la inteligencia
(desarrollo cognitivo), el lenguaje y la psicomotricidad. Esta presentación sectorial tiene,
obviamente como interés principal, un interés didáctico o pedagógico ya que nosotros
mismos las hemos “sacrificado” centrándonos principalmente sobre los dominios de la
inteligencia y de la afectividad. Desgraciadamente este tipo de presentación, también tiene
la desventaja de una simplificación y de una reducción (incluso de una cosificación) que
enmascara la complejidad de los procesos en cuestión y que ponen en riesgo de diluir la
noción de la unidad del infante, persona en formación con todo aquello que tiene de
complejo, de imbricaciones y de interrelaciones recíprocas entre los diferentes sistemas y
aparatos psíquicos.

Los modelos wallonianos y gesselianos escapan un poco a esta crítica en el sentido de


que tienden a una descripción más global de la personalidad. De todos modos, no se debería
pasar por alto el hecho de que los diferentes ejes de desarrollo, se mencionaron
independientemente en función de presentarlos con la mayor claridad, pero en realidad
están cercanos y profundamente ligados e interdependientes. Y esto se pone en evidencia en
varios niveles.

a) En el plano neuroanatómico y neurofisiológico por ejemplo, la organización


cerebral y la arquitectura neurotisular muestran claramente que existen numerosas
conexiones específicas entre las zonas corticales y subcorticales por una parte, entre el
sistema límbico y el cortex (especialmente frontal) por otra, por no citar que las
asociaciones que revelan mejor las articulaciones funcionales entre las zonas de la
afectividad y aquella que se supone que reglan los automatismos posturales- motores y
organizan la estrategia de las decisiones voluntarias.
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b) En el nivel funcional y dinámico por otro lado, la mayor parte de las grandes
funciones neuropsicológicas se enraízan simultáneamente en varios ejes de desarrollo.

Dos ejemplos permitirán una mejor comprensión.

* la aparición de la respuesta de la sonrisa necesita una maduración neuromotriz


suficiente (funcionamiento e inervación de los músculos labiofaciales), un nivel de desarrollo
cognitivo que le permita al infante reconocer y seleccionar en el medio el estímulo al cual se
dirige específicamente su respuesta para la sonrisa (por ejemplo rostro humano sonriendo
visto de frente) y finalmente una relación libidinal de objeto suficientemente elaborada
(parece que un numero de infantes autistas no pueden establecer este esquema de
comportamiento).

* así mismo, la instauración del lenguaje que tiene valor comunicacional supone la
organización psicomotriz satisfactoria al nivel del aparato fonador (órgano de la palabra), un
desarrollo intelectual que permita al infante acceder a la doble articulación del lenguaje
(fonemas y monemas) y de disponer de un acopio de vocabulario (elección de sintagmas
entre todas las posibilidades paradigmáticas) y finalmente una maduración afectiva lo
suficientemente afinada como para sostener la intención comunicativa (deseo de una
relación por el lenguaje que a la vez reconozca al otro como distinto de sí y tratando de
llenar simbólicamente esta brecha interindividual) y para modularla causa, el momento y la
modalidad del enunciado.

Concepto de estado en el desarrollo psíquico del infante.

El uso del concepto de estado en las descripciones del desarrollo del infante
constituye una práctica bastante general y espontanea. A propósito de la psicología de los
infantes, Wallon escribía en 1956: “no hay quien no haya utilizado en su descripción los
términos de etapas, estados períodos o de fases que indican todos ellos la constatación de
costes disímiles en el curso de la psicogénesis. “. Para nosotros no es una cuestión, en el
marco de esta obra, retomar - incluso en el resumen- todas las reflexiones que ya ha
inspirado la noción de estado. Sobre este tema, nos permitimos reenviar al lector a una obra
muy detallada que hace un análisis crítico de este concepto, especialmente a partir de
sistemas de Freud, Piaget, Wallon y Gesell (Tran-thong, 1967).

Quisiéramos solamente llamar la atención sobre el hecho tan importante a nuestra


mirada de usar el mismo término de “estado” en sistemas tan diferentes como el
psicoanalítico o el sistema piagetiano por ejemplo, a riesgo de dar lugar a una cierta
confusión conceptual.
Tres distinciones especialmente, nos parecen esenciales:
a.- Ante todo, la noción de conflicto intrapsíquico impregna la génesis y la
sucesión de estados psicoanalíticos mientras que esa noción está completamente ausente
3

en el sistema piagetiano. Por lo tanto, la concepción de estados es radicalmente diferente


en Freud y en Piaget.
Los estados freudianos están caracterizados por un nivel de maduración pulsional, una
zona erógena específica y un tipo de relación de objeto, mientras que los estados
piagetianos están caracterizados por las estructuras de acción o de operaciones de
composición reversible de naturaleza lógico matemática. Para Piaget no hay estado más que
cuando hay estructuras, o según él, los que pertenece a la inteligencia. El paralelismo que
Piaget intenta establecer entre estados intelectuales y estados afectivos por lo tanto,
conduce a una dilución de etapas emocionales y etapas intelectuales y a una extrapolación
de los fenómenos afectivos que incluyen convirtiéndose así en etapas de personalidad.

Sin siquiera abordar el problema de una comparación entre los dos sistemas de
etapas, ya podemos señalar que las etapas psicoanalíticas se apoyan en la noción de
conflicto intrapsíquico mientras que las etapas piagetianas se apoyan en las de las
estructuras cognitivas. De este modo, las etapas piagetianas pueden ser conceptualizadas
como fase intermediaria de estabilidad en equilibrio dinámico, refiriéndose cada una a los
datos de las estructuras cognitivas dadas, se superponiéndose ligeramente sin dejar rastros
aparentes, cuando estas han sido superadas, mientras que las etapas freudianas, debido al
conflicto, están en estado de organización y desorganización permanente, se interpenetran
mutuamente y dejan detrás de ellas sedimentos: los puntos de fijación.

b.- La segunda distinción fundamental pertenece a la brecha que existe entre la


regresión  emocional y el deterioro  intelectual.

- En efecto, el desarrollo intelectual se efectúa en el infante de manera lineal,


continua o con algunas pausas pero normalmente no hay retorno hacia atrás. Así mismo en
casos de lesión cerebral o de encefalopatías orgánicas, se puede asistir a un deterioro de las
facultades intelectuales (pérdida de adquisiciones más recientes, fenómenos amnésicos y
debilitamiento de las capacidades de aprendizaje) pero el sujeto excluye los patrones de
pensamiento que una vez habían sido suyos durante su ontogenia. En el modelo piagetiano el
infante atraviesa sucesivamente las etapas descritas, pero este progreso es irreversible y por
ejemplo, alguna agresión orgánica no podrá hacer volver al niño a una etapa del
pensamiento mágico que ya había superado.

- Por el contrario, en el dominio afectivo, se ha visto la importancia de los


movimientos regresivos, transitorios o permanentes (ver Cap. Anna Freud) que pueden
conducir a que el infante en dificultades efectúe un retorno 240 hacia las posiciones o
estados anteriores (tanto en lo que concierne a la elección de objeto como al nivel de su
relación objetal). Freud distingue la regresión tópica, formal o cronológica y el infante
regresa preferentemente hacia sus puntos de fijación personales, es decir hacia los estados
de su desarrollo psico-afectivo que habían sido los más investidos por razones
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constitucionales, biográficas o interrelacionales. Así mismo, fuera de toda patología, este


desarrollo en diente de sierra (y no solamente en pasos de escalera) es extremadamente
frecuente y probablemente necesario. Hemos visto que en el curso de tales movimientos
regresivos en el plano afectivo, puede parecer que el infante “regresa” también en el plano
intelectual, pero esto nos parece un abuso del lenguaje porque si el infante –ocupado en un
costoso movimiento regresivo- ya no utiliza la mejor energía a los fines intelectuales, no
retomaría por esa razón, los mecanismos intelectuales ya abandonados.

c.-El tercer elemento de distinción entre los estados afectivos e intelectuales


concierne a la ontología de la génesis psíquica o más exactamente al orden y sucesión de los
diferentes estados. En el campo de lo intelectual, el infante puede ir más o menos lejos en
su progresión hacia el pensamiento formal pero, aún en casos de patologías (estructuras
deficitarias), ningún infante por ejemplo llega a la etapa preoperatoria antes de haber
atravesado el estadio sensorio motor (Se refiere a un orden de sucesividad que, por las
características de los procesos constructivos, es imposible de alterar.)

En el terreno afectivo por el contrario, si los infantes llamados normales cruzan,


todos, los diferentes estadios en el mismo orden, si los niños neuróticos se apoyan más o
menos en los conflictos de la fase edípica, parece que algunos niños psicóticos y
particularmente pre-psicóticos pueden vivir una cierta anarquía en el orden de investimento
de sus diferentes zonas erógenas y entonces en la suce3sión de sus estados de desarrollo (D.
Widlöcher).

Por ejemplo, hemos visto de que en esos casos aparecen temáticas pseudo-fálicas
precoces o de la coexistencia heterogénea de investiduras de niveles diferentes (orales,
anales o fálicas) pudiendo conducir a fenómenos apariencia edípica.

d) Recordemos para concluir que A. Freud, sin rechazar los estadios psicoanalíticos
del desarrollo afectivo, ha aclarado sin embargo el concepto de “línea de desarrollo” que
encara la elaboración y la progresión gradual de ciertas actitudes psicosociales
relativamente globales. Esto le permite no sólo evitar el corte sectorial del infante del que
hemos hablado más arriba, sino también para comprender que cada punto de estas líneas de
desarrollo es la resultante de un equilibrio entre las diferentes instancias intrapsíquicas
(Ello, Yo, Superyó) en su nivel madurativo específico. 241

Desde esta perspectiva, la emergencia del pensamiento es concebido como un


derivado y una transformación progresiva de las mociones pulsionales afectivas, como se
evidencia por ejemplo la línea de desarrollo llamado “cuerpo en el juguete y el juego en el
trabajo”
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Conceptualización de las energías psíquicas en proceso

Dos debates diferentes infiltran esta cuestión, pero el primero entre ellos nos parece
muy mal hecho.

a.- Es primero la controversia que ha opuesto y no cesan de oponer los partidarios de


la psicogénesis y los del organicismo tanto en lo que concierne al desarrollo psicológico del
infante como su patología. Aunque el repetido impulso a este debate es estéril y anticuado,
sigue siendo sin embargo difícil de esquivar completamente, ya sea para influir o corregir
ciertos a priori. Está claro que los procesos intelectuales y afectivos- por intangibles que
puedan parecer- son sin embargo en un cierto sentido realidades materiales ya que tienen
lugar en un órgano preciso (el cerebro), que presta los circuitos anatómicos en parte
reparables (fascículos neuronales) y utilizan una energía teóricamente mensurable (influjo
nervioso).

Todo esto ha sido difícil de descubrir y de admitir, la localización del pensamiento y


de los sentimientos durante largo tiempo han estado situados en el exterior del cerebro, de
esto nos quedan los rastros en expresiones como “tener corazón” por ejemplo.

Los partidarios de las teorías organicistas frecuentemente han acusado a los


psicoanalistas de concebir al cerebro como una caja negra con una entrada y una salida pero
con un contenido cuya mecánica sería indiferente o inexistente. Esta es una concepción
evidentemente errónea de las teorías psicoanalíticas las que jamás han negado la existencia
de una energía biológica en curso en los procesos psíquicos pero solamente consideran que la
naturaleza íntima de esta energía no sería totalmente aprehensible en el actual estado del
conocimiento.

También es necesario precisar que la noción de pulsión “en los confines del soma y de
la psiquis” presupone contrariamente una energía pulsional (quantum de afecto) que se
constituye en el objeto de estudio desde el punto de vista dinámico de la teoría freudiana.
A la vez, no se le puede reprochar a Freud tener y de tener una visión puramente inmaterial
de los procesos psíquicos y de haber elaborado una teoría muy impregnada de los modelos
biológicos, psíquicos y termodinámicos de su época!

En cierta medida, este primer debate es por lo tanto un señuelo y en el fondo – si se


ha descartado toda polémica y todo sectarismo- existe un amplio 242 consenso entre los
autores de diferentes campos del pensamiento para admitir la necesidad conceptual de una
energía psíquica material en la base de todos los procesos psíquicos tanto intelectuales como
afectivos.

b.- El segundo debate es más cualitativo y concierne a la naturaleza de las energías


psíquicas en curso. La cuestión central puede ser enunciada de la siguiente manera: los
procesos intelectuales y afectivos ¿están fundados sobre diferentes energías psíquicas o
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sobre una única fuente energética, y en este último caso, cuales son los lazos energéticos
que relacionan estos dos tipos de procesos?

Muchas respuestas fueron históricamente aportadas a este problema:

- En su segunda tópica del aparato psíquico (ello- yo-superyó), se puede decir que
Freud atribuye la afectividad al Ello (Procesos Primario) y el pensamiento intelectual
racional al Yo (percepción, memorización y Procesos Secundario), lo que no es enteramente
posible de superponer a los de la primera tópica (Inconciente- Preconciente- Conciente)
puesto que los mecanismos de defensa del Yo por ejemplo, son en gran parte inconcientes.

De todos modos, en su primera teoría pulsional (antes de Introducción del narcisismo),


Freud consideró la posibilidad de dos fuentes energéticas diferentes: una para el Yo y las
pulsiones de autoconservación, la otra por el Ello y las pulsiones sexuales (“libido”). Después
de la conceptualización del narcisismo, la segunda teoría pulsional va a continuar siendo
dualista pero oponiendo de aquí en adelante la pulsión de vida (Eros) y la pulsión de muerte
(Thanatos) identificando respectivamente como energía constitutiva la “libido” y la
“destrudo”. (Es el término opuesto a libido. Fue introducido por el psicoanalista italiano
Edoardo Weiss en 1935. Es la energía que incita a destruir todo lo que está a su alcance). En
esta segunda etapa de la teoría pulsional, los procesos de pensamiento intelectual y racional
(campo cognitivo) reconocen la misma fuente energética que los procesos Primarios pero
para desarrollarse, el pensamiento cognitivo debe progresivamente desexualizarse o
deserotizarse, lo que se hace, entre otras cosas, gracias a la derivación objetal del sado-
masoquismo primario y a las sublimaciones del período de latencia. Existe también un
equilibrio cuantitativo entre libido narcisística y libido objetal (y se podría reconocer el
mismo fenómeno al nivel de las pulsiones de muerte).

Agreguemos finalmente que en este modelo, la curiosidad intelectual (pulsión


epistemofílica) deriva de la curiosidad sexual (pulsión escoptofílica especialmente) con
todos los riesgos que la inhibición de una de ellas le hace correr a la otra.

-Algunos psicoanalistas- a diferencia de Freud quien sobre todo conceptualizó el


desarrollo y el funcionamiento de la vida afectiva- han centrado más sus trabajos sobre el
YO y los procesos intelectuales. Entre ellos, autores como Kris, Hartmann o Lowenstein 243
han desarrollado verdaderamente un psicoanálisis del ego y han traído la concepción de un
Yo autónomo alimentado por una energía neutra, escapándose de alguna manera a la
dinámica del conflicto intrapsíquico. Desde esta perspectiva, y para el Yo autónomo, por lo
tanto no se agita solamente una energía neutralizada o desexualizada (como acabamos de
verlo previamente) sino de una energía que es desde el inicio, de naturaleza no libidinal.

-Detalles que Bion y su escuela han estudiado menos la naturaleza de las energías
psíquicas en cuestión que la manera en que el aparato psíquico del infante estaba en cierta
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clase de actividad gracias a la madre que permite que los “elementos impensables” del niño
se transformen en elementos de pensamiento, gracias a la puesta en marcha de un
verdadero “aparato para pensar los pensamientos”. No se trata entonces de una
transferencia de energía sino de una transformación de la capacidad operacional del infante
gracias a la empatía y la rêverie maternales, es decir que en última instancia gracias al
investimento narcisístico mutuo de la madre y del infante.

-En cuanto a Piaget, él mismo ha estado interesado en los vínculos recíprocos de la


inteligencia y la afectividad, estimando que ellas eran inseparables y que la afectividad
juega “el rol de una fuente energética” de la que depende el funcionamiento de la
inteligencia pero no sus estructuras (1954). Esto plantea el problema de las motivaciones
afectivas de los actos de pensamiento pero esto no resuelve el problema cualitativo de las
energías en juego.

“La energía de la conducta depende de la afectividad mientras que sus estructuras


dependen de las funciones cognitivas”. Y para mayor claridad en el análisis de las conductas,
Piaget recomienda sustituir la dicotomía inteligencia/afectividad por medio de la distinción
entre conductas que se relacionan con los objetos y conductas que se relacionan con
personas. Para el propósito que nos interesa aquí, el aporte de Piaget parece bastante
convencional y relativamente poco heurístico.

Aptitud y funcionamiento: el problema de las estructuras (MUY IMPORTANTE)

a.- Más allá del problema de la energía psíquica que venimos delineando se extiende
también sobre el problema de las eventuales estructuras que sostienen el establecimiento
de los procesos intelectuales y afectivos.

El estructuralismo, que en el curso del último siglo ha impregnado fuertemente el


enfoque de la psicopatología adulta tiene un poco abandonado al niño- su desarrollo
psicológico, su psicología y sus problemas psiquiátricos- en la medida en que el movimiento
propio del niño en formación implica reordenamientos permanentes y modalidades
adaptativas sucesivas que van en contra de la noción de estructura fija o anclada. 244

b.- A pesar de todo, quien dice estructura no dice más que cristalización o
enquistamiento obligatorio y algunos autores como Piaget están interesados en el
establecimiento de las estructuras cognitivas y lingüísticas. (Coloquio de Royaumont, 1975).
De esta discusión, se conservará esencialmente la oposición entre una visión constitucional
de las estructuras innatas y presentes de entrada (Núcleos fijos innatos de N. Chokmsky) y
una visión más dinámica, evolutiva y “constructiva” (epistemología genética de J. Piaget).

-En la primera hipótesis, las estructuras funcionales están presentes y maduras desde
el nacimiento (donde por ejemplo, la lógica de la gramática generativa es común para el
sostenimiento de las diferentes sintaxis); en la segunda hipótesis, existe una dialéctica
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constante entre estructura y funcionamiento, la estructura de base permite los primeros


ensayos que a su turno especifican o afinan la estructura y etc.

- Actualmente los trabajos de J. P: Changeux sobre la plasticidad neuronal y la


evolución progresiva de los primeros circuitos neuronales hacia una menos redundancia ,
gracias a la puesta en función, se inclinan más bien a favor de una construcción progresiva
de las estructuras cognitivas (por un proceso de estabilización y de selección)

- Por el contrario insisten mucho en los trabajos de T. Wiesel y D. Hubel (Premio


Nobel, 1981) sobre la visión insisten más bien a favor de las estructuras histológicas
queestán de estrada, maduras y programadas ( “columnas corticales”) pero es
necesario tomar en cuenta aquí, una parte que hace que la instalación de los aparatos
receptivos precede siempre a la de los aparatos efectores y por otra parte el caso muy
particular de la visión en la especie humana cuya instalación parece anticipada y prematura
por relación a los otros órganos sensoriales en el bebé humano ( ver el estadio del espejo,
J.Lacan).

- Es necesario decir finalmente que el enfoque etológico de los procesos del desarrollo
sobre los cuales reposan ciertos trabajos mencionados en esta obra (J. Bowlby) han
conducido a la noción de comportamientos estables adquiridos precozmente (huellas,
agresividad, apego…). Estos esquemas comportamentales podrían reflejar las estructuras
neurofisiológicas especificadas desde el inicio de la vida desde períodos llamados “críticos”
(eventualmente intrauterinos) y orientadores entonces de ciertos tipos de respuestas y de
reacciones del individuo adulto

c.-De todos modos, todo esto no resuelve el problema de las estructuras que podrían
sostener eventualmente el desarrollo afectivo del infante. Este campo de investigaciones
está apenas esclarecido y según el punto de vista que se adopte, psicoanalítico o
comportamental, evidentemente, las hipótesis pueden ser muy divergentes.

Los trabajos actuales, en pleno auge, sobre las interacciones precoces en el seno de
la díada madre- infante (S. Lebovici, D. Stern) deberían sin embargo, poco a poco, permitir
un mejor “objetivo” las discusiones mediante la liberación de una parte de 245 de las
aptitudes y competencias del bebé para inscribirse en una interrelación afectiva y señalando
por otra parte el hecho de que las estructuras, lo estructurado y lo estructurable no pueden
ser conceptualizados al nivel de la entidad- infante abstraída de su medio ambiente. Dicho
de otra manera, las eventuales estructuras afectivas a investigar están más en el plano de
de las interacciones que al nivel de de los diferentes integrantes interactivos. Por otra
parte, en el campo de la psicología o de la psicopatología infantil, se prefiere hablar de
estructuración más bien que de estructura, porque ese término introduce una plasticidad y
un movimiento que deja sutilmente entreabierta la cuestión del pronóstico: el hecho de que
una estructuración afectiva no se congele, no se cristalice de manera fija, no excluye sin
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embargo por todo lo que sus fundamentos no existen, lo que de todos modos está
claramente mostrado por la neurosis infantil, cuyo devenir habitual no es el de la neurosis
clínica.

La cuestión de fondo es saber si de un síntoma o de una constelación de síntomas, hay


derecho de inferir la existencia una estructura subyacente. Este es un problema teórico que
puede ser puesto en términos un tanto diferentes en el adulto y en el niño.

Decimos simplemente que la clínica psicopatológica infantil proporciona bastante


pocos argumentos a favor de las estructuras afectivas fijas cuando se conoce la fluidez
evolutiva de los núcleos clínicos eventualmente reparados (neuróticos, psicóticos, perversos,
límites…) 246-

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