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Reflexiones Zen sobre la Percepción

Este documento presenta varias historias cortas y diálogos zen que exploran temas como la naturaleza de la percepción, la realidad y la ilusión. En una historia, dos sabios debaten si es posible saber lo que da alegría a los peces. Otra historia trata sobre un hombre que sueña que es una mariposa y se pregunta qué es real. Finalmente, una historia trata sobre un campesino que olvida comprarle un peine a su esposa y en su lugar le compra un espejo.
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Reflexiones Zen sobre la Percepción

Este documento presenta varias historias cortas y diálogos zen que exploran temas como la naturaleza de la percepción, la realidad y la ilusión. En una historia, dos sabios debaten si es posible saber lo que da alegría a los peces. Otra historia trata sobre un hombre que sueña que es una mariposa y se pregunta qué es real. Finalmente, una historia trata sobre un campesino que olvida comprarle un peine a su esposa y en su lugar le compra un espejo.
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EL SABOR DEL MELÓN

Un maestro zen ofreció un melón a su discípulo y le preguntó:


-¿Qué te parece este melón? ¿Está bueno?
-Sí, sabe muy bien -contestó el discípulo.
-¿Dónde está ese sabor? -le preguntó luego el maestro-. ¿En
el melón o en tu lengua?
El discípulo reflexionó y se lanzó a dar complicadas explica-
ciones:
-Este sabor procede de una interdependencia entre el melón y
mi lengua, porque mi lengua sola, sin el melón, no puede...
El maestro lo interrumpió bruscamente:
-¡Idiota! ¡Más que idiota! ¿Qué pretendes? Este melón está
bueno. Eso basta.

33
LA ALEGRÍA DE LOS PECES

A propósito de la evidencia del mundo, un célebre diálogo, que


ya encontramos en Chuang-tzu, ha recorrido todas las tradi-
ciones orientales. En Carea, donde es muy popular, enfrenta a
dos sabios, Zhuangzi y Huizi. Viajaban juntos y tuvieron que
cruzar una pasarela situada sobre un riachuelo. Allí vieron unos
peces que saltaban fuera del agua.
Zhuangzi se detuvo un instante para decide a su compañero:
-¡Mira cómo saltan de alegría esos peces!
-Tú no eres un pez -dijo Huizi-. ¿Cómo puedes saber lo que
da alegría a los peces?
-Tú no eres yo -le dijo Zhuangzi-. ¿Cómo puedes saber que
ignoro lo que da alegría a los peces?
-Es cierto que yo no soy tú -dijo Huizi- y que no sé lo que sa-
bes y lo que ignoras. Pero sí sé una cosa y es que tú no eres un
pez. Y que, por consiguiente, no sabes lo que da alegría a los
peces.
-Vuelvo a tu primera pregunta -dijo entonces Zhuangzi-. Tú
me has preguntado: «¿Cómo puedes saber lo que da alegría a los
peces?». Al plantearme esa pregunta has admitido que yo
conocía la respuesta. Si no, no me lo habrías preguntado.
-Y bien, ¿cómo la has sabido? -le preguntó Huizi.
-Pues muy sencillo. ¡Cruzando la pasarela!

34
EL SILENCIO DE LA NOCHE

En algún lugar de Arabia, un maestro y su discípulo caminaban


lentamente por un bancal, en plena noche.
De repente el discípulo dijo a media voz:
-Qué silencio...
-No digas: «Qué silencio» -le aconsejó el maestro-. Di: «No
oigo nada».

53
EL SUEÑO DE LA MARIPOSA

La idea de que toda vida es cuestionable, de que toda percep-


ción puede ser engañosa, de que todo juicio puede rebatirse, de
que toda afirmación que parece objetiva encierra una parte
secreta de arbitrariedad, dicha idea corre por el mundo desde
que el pensamiento dejó sus primeras huellas.
Una historia china muy célebre trata de lleno de estas dudas
del espíritu. Chuang-tzu nos la ha transmitido.
Un hombre sueña que es una mariposa. Revolotea con gracia
de flor en flor, abriendo y cerrando sus alas, sin el más mínimo
recuerdo de su naturaleza humana.
Cuando despierta, se da cuenta con sorpresa de que es un
hombre. Pero ¿es un hombre que acaba de soñar que era una
mariposa? ¿O una mariposa que sueña que era un hombre?
Dicen que nunca pudo responder a esta pregunta.

75
EL ESPEJO CHINO

El espejo es a menudo accesorio del sueño.


Un campesino chino se fue a la ciudad para vender su arroz.
Su mujer le dijo:
-Por favor, tráeme un peine.
En la ciudad, vendió su arroz y bebió con unos compañeros.
En el momento de regresar, se acordó de su mujer. Ella le había
pedido algo, pero ¿qué? No podía recordarlo. Compró un espejo en
una tienda para mujeres y regresó al pueblo.
Entregó el espejo a su mujer y salió de la habitación para volver
a los campos. Su mujer se miró en el espejo y se echó a llorar. Su
madre, que la vio llorando, le preguntó la razón de aquellas lá-
grimas.
La mujer le dio el espejo diciéndole:
-Mi marido ha traído a otra mujer.
La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:
-No tienes de qué preocuparte, es muy vieja.

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