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Institucionalismo Neoliberal

Este documento describe el debate entre el neorrealismo y el neoliberalismo que ocurrió en las décadas de 1980 y 1990. Explica que el neoliberalismo surgió como una perspectiva que enfatizaba la cooperación interestatal a través de instituciones internacionales. Luego, profundiza en el institucionalismo neoliberal, que argumenta que las instituciones pueden facilitar la cooperación entre los estados, aunque reconoce que los estados siguen siendo los actores principales en las relaciones internacionales. Finalmente, resume los hitos claves que

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Institucionalismo Neoliberal

Este documento describe el debate entre el neorrealismo y el neoliberalismo que ocurrió en las décadas de 1980 y 1990. Explica que el neoliberalismo surgió como una perspectiva que enfatizaba la cooperación interestatal a través de instituciones internacionales. Luego, profundiza en el institucionalismo neoliberal, que argumenta que las instituciones pueden facilitar la cooperación entre los estados, aunque reconoce que los estados siguen siendo los actores principales en las relaciones internacionales. Finalmente, resume los hitos claves que

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Institucionalismo Neoliberal

El debate –considerado un verdadero diálogo– entre el neorrealismo y el


neoliberalismo, durante las décadas de 1980 y 1990, implicó la convergencia entre
una perspectiva del mundo, basada en los intereses y en el poder de los Estados, y
otra en la que la cooperación interestatal, a través de instituciones internacionales,
es posible y deseable. Para entender las profundas consecuencias que tuvo dicho
debate para las relaciones internacionales, en esta lectura, nos enfocaremos en
analizar cómo y por qué se produjo, cuáles son los ejes específicos que supone su
desarrollo y cuáles han sido sus principales legados. Dado que el neorrealismo ya ha
sido estudiado en otra lectura, profundizaremos aquí en el estudio del otro término
de la discusión: el neoliberalismo, y su versión más significativa, el institucionalismo
neoliberal. 

Neoliberalismo

Video conceptual

Referencias
Lección 1 de 3

Neoliberalismo

Diálogo neorrealismo-neoliberalismo: temas centrales, puntos


en común y divergencias subsistentes

Ya estudiamos que uno de los modos en que puede abordarse la evolución


histórica de las relaciones internacionales es a través del estudio de los
‘grandes debates’, entendidos como un proceso en el que la aproximación
dominante es cuestionada por una nueva aproximación (o varias
aproximaciones) que ha sido capaz de detectar los fallos o limitaciones de la
visión predominante y que, además, propone una explicación alternativa a
los fenómenos o comportamientos observados. Tal proceso –reiterado en al
menos cuatro ocasiones–   no solo ha permitido el avance de la disciplina,
sino que, fundamentalmente, ha sido el mecanismo de construcción de los
discursos dominantes que han definido los límites y la agenda de las
relaciones internacionales desde su surgimiento (Barbé Izuel y Soriano,
2015). Tal como vimos en el módulo 1, el cuarto debate comprende al menos
dos dimensiones centrales: el diálogo neorrealismo-neoliberalismo y la
fractura entre racionalismo y reflectivismo. La primera dimensión del debate,
que es la que aquí nos interesa, se trató de un verdadero intercambio
sistemático de argumentos, que ocupó una buena parte de las más
prestigiosas revistas estadounidenses de relaciones internacionales como
International Security (de tendencia neorrealista) e International Organization
(de tendencia neoliberal), y que aún hoy persiste de modo marginal.
Sabemos de dónde proviene el neorrealismo, ya que hemos abordado las
características de dicha escuela en otra lectura. La pregunta es, entonces,
¿de dónde proviene el neoliberalismo que constituye el otro elemento de la
díada? 

Para rastrear su origen, debemos remitirnos al tercer debate o debate


interparadigmático de los años 70, en ese marco, se desarrollarían los
argumentos liberales que, debidamente reformulados (si se asume una
mayor dosis de presupuestos realistas), conformarán la aproximación
neoliberal que será parte del cuarto debate. Ese tercer debate puede ser
representado utilizando la figura de un triángulo en el que los tres vértices,
constituidos por el realismo, el estructuralismo y el liberalismo (este último
también denominado paradigma transnacional o de la interdependencia,
como vimos en el primer módulo) se mantienen equidistantes e
incomunicados (Barbé Izuel y Soriano, 2015). 

Ahora bien: ¿cómo pasamos de ese tercer debate al debate neo-neo? En


términos simples, podemos decir que hubo un acercamiento de los vértices
realista (convertido en neorrealismo) y liberal (convertido en neoliberalismo);
mientras que el tercer vértice se reformula, de manera más amplia, como
teorías críticas. Tal paso significa, a su vez, la ampliación del discurso
dominante –hasta entonces constituido solo por el realismo–, que pasa a
incorporar, a partir de los años 80, también al neoliberalismo, tal como se
muestra en el siguiente gráfico.
Figura 1: Paso del tercer debate al debate neo-neo

Fuente: elaboración propia con base en Barbé Izuel y Soriano, 2015, p. 6.

De acuerdo con Barbé Izuel y Soriano (2015), existen cuatro momentos o


hitos claves que permiten explicar ese acercamiento. 

Tabla 1: Momentos o hitos claves que permitieron el acercamiento neo-neo

Título Contenido
Abandono por parte de los En su obra Poder e Interdependencia (1977),
liberales de la idea de Keohane y Nye –a diferencia de lo que
construir un paradigma inicialmente había propuesto el
que sustituya al realismo transnacionalismo– afirmarán que no buscan
(fines de los 1970) reemplazar a la teoría realista, sino limitar
temáticamente su ámbito de análisis. En esta
nueva versión del liberalismo (a diferencia del
clásico), las instituciones no tienen el
potencial de transformar radicalmente la
anarquía del sistema. Este alejamiento del
carácter normativo del análisis institucional
fue clave para el desarrollo del nuevo
liberalismo racionalista de Keohane en los
años 80, que es el que realiza la convergencia
con el nuevo realismo de Kenneth Waltz.
Convergencia entre El neoliberalismo institucional de Keohane
neoliberales y enfatiza los intereses de los Estados, a los
neorrealistas en el estudio que considera actores centrales de las
de los regímenes relaciones internacionales, al igual que los
internacionales neorrealistas, a la vez que enfatiza la
(comienzos de los 80) cooperación y las instituciones
internacionales, al igual que los liberales.
Tales postulados permitieron el desarrollo de
una agenda de investigación común entre
neorrealistas y neoliberales sobre
instituciones internacionales, a partir de una
definición común sobre regímenes
internacionales. 
Deslegitimación Keohane plantea una división disciplinar en
académica de las dos campos: los racionalistas (neoliberales y
aproximaciones neorrealistas) y los reflectivistas (enfoques
reflectivistas por parte del críticos con el racionalismo). Según los
racionalismo (a fines de racionalistas, los reflectivistas no tenían un
los 80) programa de investigación que pudiese ser
evaluado científicamente y no trabajaban con
las preocupaciones del mundo real. Por ello,
permanecían en los márgenes de la disciplina,
dominada por investigadores empíricos
racionalistas. Con estos argumentos, le
restaban legitimidad científica a las
aproximaciones reflectivistas y definían así
las fronteras de la disciplina. 
Incorporación de variables El debate entre racionalismo y reflectivismo
constructivistas en la tuvo como uno de sus resultados la
agenda de investigación redefinición del discurso dominante,
racionalista (década del mediante una ampliación del racionalismo
1990) para incluir al constructivismo más
racionalista. De ese modo, el mainstream
(sobre todo el neoliberalismo) asumió la
importancia de analizar la identidad y las
normas, el papel de las ideas y la importancia
de otros actores, junto a las dinámicas
materiales centradas en el Estado. 

Fuente: elaboración propia con base en Barbé Izuel y Soriano (2015).

Profundicemos ahora en qué consistió el diálogo. Para ello, empezaremos


por caracterizar brevemente a cada una de las corrientes participantes.
Recuperemos aquí las consecuencias que el neorrealismo tuvo para la
configuración del discurso dominante de las relaciones internacionales
(Barbé Izuel y Soriano, 2015):

prioriza una explicación del comportamiento del Estado a partir de


determinantes externos (sistémicos), y no de sus características
internas (domésticas);

produce un giro hacia el minimalismo teórico (reducción máxima


del número de variables) y el racionalismo cientificista para el
desarrollo disciplinar:

se establece como el pilar fundamental del pensamiento realista,


sobre todo entre especialistas en seguridad, y reafirma su liderazgo
teórico;

se constituye como la teoría a la que otras aproximaciones tenían


que derrotar, o ante la cual se tenían que medir en términos
científicos.
Respecto al neoliberalismo, y como veremos en el próximo apartado, aunque
incluye a varios autores, sin duda fue Robert Keohane quien más contribuyó
a su articulación y defensa como un programa de investigación liberal sobre
las instituciones internacionales fundamentado en principios racionalistas.
Para Keohane (1993), la cuestión central era identificar las condiciones bajo
las cuales los Estados cooperan para establecer instituciones internacionales
y las funciones que los Estados les asignan a estas. 

Para ello, tiende puentes con el neorrealismo, ya que considera de igual


manera que las instituciones internacionales tienen sus raíces en las
realidades del poder y los intereses; que los estados son egoístas y
racionales que operan en un mundo en el que los acuerdos no se pueden
hacer cumplir jerárquicamente; y que la cooperación interestatal se produce
solo cuando los Estados tienen suficientes intereses en común. Sin embargo,
y he aquí el componente ‘liberal’, considera que las instituciones
internacionales tienen un papel central en la evolución de las interacciones
de los Estados, dada la capacidad de dichas instituciones para conformar y
modificar las percepciones, expectativas y comportamientos de los Estados
(Barbé Izuel y Soriano, 2015). 

En cuanto a las consecuencias del neoliberalismo para la configuración del


discurso dominante de las relaciones internacionales, Barbé Izuel y Soriano
(2015) señalan las siguientes:

Al asumir que el concepto de cooperación de una aproximación


liberal normativa no es necesariamente positiva, se aleja de esta, lo
que puede implicar que una de las partes se aproveche de la(s)
otra(s). Esto facilitó el acercamiento al neorrealismo.

Al limitar las tradicionales preocupaciones normativas liberales a


cuestiones puramente empíricas, ya no plantea una
transformación radical de las relaciones internacionales.

Al igual que el neorrealismo, se convertirá en una teoría utilitarista y


racionalista.

Este último punto es fundamental para la evolución del diálogo: la lógica


utilitarista y racionalista compartida permitirá que el debate neorrealismo-
neoliberalismo desemboque en una convergencia o síntesis intelectual entre
ambas aproximaciones, facilitada por el uso de la teoría de juegos, de la
teoría de la elección racional y la demostración de que la cooperación
institucional podía ser explicada desde la lógica del poder y de los intereses
de actores independientes (los Estados). 

Sin embargo, la utilización de un mismo marco analítico no cerró la puerta a


un conjunto de discrepancias importantes, que constituyeron el corazón del
debate neo-neo en las décadas de 1980 y 1990 y que Baldwin (1993) resume
en seis temas centrales. 

El primero se refiere a la naturaleza y a las consecuencias de la anarquía. Si


bien ambas aproximaciones reconocen que el sistema internacional es
anárquico, el neoliberalismo no le atribuye efectos tan determinantes, ya que
considera que permite varios patrones de interacción entre los Estados. Los
neorrealistas, por el contrario, plantean que los neoliberales subestiman la
preocupación de los Estados por su supervivencia como fuente de
explicación de los comportamientos estatales. 

El segundo tema del debate hace referencia a la cooperación internacional.


Tanto neorrealismo como neoliberalismo están de acuerdo en que esta es
posible, pero, para este último enfoque, es menos difícil de conseguir y
mantener y depende menos del poder de los Estados de lo que plantea el
neorrealismo. Este sostiene, por su parte, que los Estados, concentrados en
la consecución de sus intereses buscan su seguridad y bienestar económico
en un contexto de anarquía internacional que hace de la cooperación
interestatal algo deseable, pero difícil de lograr y mantener en el tiempo. 

El tercer tema del debate es la importancia de la distribución de las


ganancias derivadas de la cooperación. De acuerdo con la teoría
institucionalista neoliberal, los Estados firman acuerdos, cooperan, se
integran, intercambian información, negocian y se congregan en foros
internacionales. Esta densidad en la relación afecta la forma en que se
comportan: los Estados que cooperan no se preocupan tanto por las
ganancias o pérdidas relativas en tanto el mismo proceso cooperativo
produzca ganancias absolutas. Por el contrario, el neorrealismo señala que
en un sistema de autoayuda las ganancias relativas cobran mayor
importancia que las absolutas, ya que, cuando los Estados se enfrentan a la
posibilidad de cooperar para obtener ganancias mutuas, aquellos Estados
que se sienten inseguros deben preguntarse cómo serán distribuidas las
ganancias. Se ven obligados no a preguntar ¿ganaremos los dos?
(preocupación por las ganancias absolutas) sino ¿quién ganará más?
(preocupación por las ganancias relativas). Ello es así en cuanto que si el otro
Estado gana más, puede traducir esa brecha a su favor en una política que
amenace la seguridad de aquel Estado que gana menos y que, por lo tanto,
pasa así a estar en una situación relativa más desfavorable en términos de
poder. 

El cuarto tema de discusión versa sobre los objetivos del Estado. Si bien
ambas perspectivas teóricas acuerdan en que tanto la seguridad como el
desarrollo económico son importantes, difieren en la prioridad que le
asignan. Así, mientras los neorrealistas afirman que la primera meta de todo
Estado es siempre la seguridad nacional, los neoliberales llaman la atención
sobre el bienestar económico. Por ello es que el neoliberalismo rechaza una
estricta jerarquía de temas de agenda, con la seguridad al tope de esta.
Observa, además, que donde la importancia de la fuerza militar disminuye,
los objetivos referidos al desarrollo económico reciben más atención
(Baldwin, 1993).

El quinto tema es la importancia asignada a las capacidades, intenciones y


percepciones. Los neorrealistas enfatizan la importancia de las capacidades;
como los Estados nunca pueden tener certeza respecto a las intenciones
futuras de los demás, deben prestar atención a las capacidades, que son las
únicas que pueden garantizar su seguridad e independencia. Los
neoliberales, por su parte, señalan que la preocupación de los Estados por las
ganancias relativas depende, en gran medida, de la percepción que estos
tengan respecto a las intenciones de los demás. Es decir, los Estados se
preocupan mucho más por las ganancias relativas de sus enemigos que de
sus aliados (Baldwin, 1993).

Por último, ambas escuelas difieren en la influencia que le asignan a las


instituciones internacionales en el comportamiento de los Estados o, más
precisamente, el papel de las instituciones internacionales en la cooperación
internacional como mitigadoras de la anarquía. Este será el aspecto
probablemente más significativo en el que persistirán las diferencias entre
neorrealismo y neoliberalismo. Profundizaremos en él en los próximos
apartados. 

La siguiente tabla resume los aspectos centrales del debate.

Tabla 2: Acuerdos y divergencias entre neorrealistas y neoliberales 

Tema Acuerdo Divergencias


Neorrealismo Neoliberalismo
Naturaleza El sistema La anarquía impone La importancia de la
y internacional severas anarquía ha sido
consecuenc es anárquico  restricciones al exagerada por el
ias de la comportamiento del neorrealismo a
anarquía Estado  expensas de la
interdependencia
El neoliberalismo
subestima la
importancia de la La anarquía permite
supervivencia como distintos patrones de
motivación del interacción entre los
comportamiento Estados
estatal
Cooperació Es posible  Es más difícil de Puede facilitarse
n lograr, más difícil de mediante
internacion mantener y más instituciones y
al dependiente del estrategias de
poder de los Estados reciprocidad
de lo que el
neoliberalismo
sostiene
Ganancias La Enfatiza las Enfatiza las
absolutas cooperación ganancias relativas ganancias absolutas
versus internacional
relativas impone su ¿Quién ganará más? ¿Ganaremos todos?
consideración
 
Prioridad La seguridad La anarquía les La cooperación
de los nacional y el impone a los internacional es más
objetivos bienestar Estados la probable en áreas
del Estado económico preocupación por el económicas que en
son poder relativo, la materia de
importantes seguridad y la seguridad
supervivencia
Intenciones Ambas Enfatizan Enfatizan
versus influyen sobre capacidades sobre intenciones,
capacidade el intenciones intereses e
s comportamie información y
nto del Estado subestiman la
distribución de
capacidades
Institucione Reconocen El neoliberalismo Son significativos en
s y los exagera la medida la política mundial e
regímenes numerosos en la que las influyen en el
internacion regímenes e instituciones pueden comportamiento de
ales instituciones mitigar los efectos los Estados
existentes de la anarquía sobre
desde 1945 la cooperación 

Fuente: elaboración propia en base a Baldwin (1993).

Como cierre de este análisis, señalaremos que, hacia mediados de los años
90, ambas aproximaciones veían el mundo de las relaciones internacionales
de manera muy parecida, compartían una misma visión racionalista sobre
cómo investigar y sus programas de investigación casi no diferían.

En el marco del debate entre neorrealismo y neoliberalismo, ambos


enfoques coinciden en:
El carácter anárquico del sistema internacional.

La superioridad otorgada a la economía por sobre la


política

La creencia en la imposibilidad del cambio en la


política internacional

La importancia asignada a las ganancias absolutas

SUBMIT

El institucionalismo neoliberal

E G O Í S M O RA C I O N A L D E LO S RE LE V A N C I A D E L N I V E L
C E N T RA LI D A D D E L E S TA D O
A C T O R. . . SISTÉ M IC O

Los Estados son los actores principales del sistema internacional. El análisis
neoliberal de la cooperación se centra en los Estados.

E G O Í S M O RA C I O N A L D E LO S RE LE V A N C I A D E L N I V E L
C E N T RA LI D A D D E L E S TA D O
A C T O R. . . SISTÉ M IC O
Los Estados actúan racionalmente y de manera utilitarista en la defensa y
promoción de sus intereses.

E G O Í S M O RA C I O N A L D E LO S RE LE V A N C I A D E L N I V E L
C E N T RA LI D A D D E L E S TA D O
A C T O R. . . SISTÉ M IC O

Se parte del concepto de estructura neorrealista: los patrones de cooperación


y de conflicto están determinados por la posición de los Estados en el sistema
internacional y por la distribución de las capacidades materiales entre los
Estados.

Esta última premisa, en realidad, solo es aceptada parcialmente, para el


neoliberalismo, el concepto de estructura es muy estrecho, por lo que se
prefiere una noción diferenciada que ponga de manifiesto que, en el sistema
internacional, puede haber varias estructuras diferentes, según las áreas
temáticas y los tipos de recursos que puedan movilizarse (Sodupe, 2004). 

A partir de estos supuestos, se plantea una pregunta que introduce la


variable central de la propuesta: “¿cuál es el efecto de las instituciones
internacionales en el comportamiento de los Estados, en una situación de
anarquía internacional?” (Keohane, 1993, p. 14). Se trata de una variable
sistémica relativa al contexto institucional de la acción, que implica
cuestionar el supuesto realista de que el sistema está compuesto
exclusivamente por elementos estructurales (Sodupe, 2004). Si para Waltz el
sistema internacional está hecho de poder material, Keohane sostiene que,
en tal sistema, también existen instituciones internacionales, que atenúan
los efectos de la anarquía: al socializar la información y ofrecer espacios
públicos para la cooperación y coordinación de políticas ayudan a disminuir
los niveles de incertidumbre. De esta forma, esperar lo peor de los otros
Estados ya no rige como norma en un sistema con instituciones y el dilema
de seguridad se vuelve obsoleto.

A los fines de comprender el rol de las instituciones internacionales en clave


neoliberal, vamos a utilizar como caso de estudio a la Organización Mundial
del Comercio (OMC) y su antecedente institucional inmediato, es decir, el
GATT o Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. El
propósito de la OMC es servir como un foro para que los Estados negocien
acuerdos de libre comercio y resuelvan disputas comerciales. Esta formalizó
su existencia formal en 1995 y hoy forma parte de un régimen internacional
consolidado en el área del libre comercio global. Este régimen consta de
numerosas organizaciones y acuerdos de libre comercio y supone una serie
de fundamentos ideológicos y legales, basados, a su vez, en el presupuesto
de que es normativamente valioso y beneficioso participar en la actividad
global del libre comercio. De allí que declare como su objetivo principal
“garantizar que los intercambios comerciales se realicen de la forma más
fluida, previsible y libre posible” (OMC, 2020, [Link]

De acuerdo con el neoliberalismo, los Estados se dan cuenta de que un


comportamiento únicamente basado en la consecución de sus propios
intereses puede ser problemático y, por tanto, optan por construir
instituciones internacionales que los ayuden a resolver los problemas
derivados de la acción colectiva y que les permitan alcanzar resultados
mutuamente beneficiosos. Así, las instituciones serían capaces de cambiar
el comportamiento estatal y contribuir a generar condiciones de mayor
cooperación internacional, al convencer a los Estados de no comportarse
como egoístas racionales que buscan maximizar su poder (Barbé Izuel y
Soriano, 2015). 

¿Cómo se presentan estos problemas para la acción colectiva y de qué modo


las instituciones pueden ayudar a resolverlos? El neoliberalismo ha recurrido
a la teoría de los juegos (entre otras herramientas de la microeconomía) para
intentar dar respuesta a esta pregunta. Veamos una aplicación de ello con
relación a nuestro caso de estudio. 

A pesar de los beneficios colectivos que se pueden obtener al eliminar las


barreras comerciales, la coordinación de la liberalización comercial puede ser
relativamente difícil de lograr y mantener. Los productores nacionales a
menudo presionan a los gobiernos para que se adopten medidas
proteccionistas, particularmente, en tiempos de crisis económica y estas
presiones son difíciles de ignorar por parte de los tomadores de decisiones. 

Un juego adecuado para ilustrar las dificultades involucradas en este proceso


es el de la ‘caza del ciervo’. En el juego, los cazadores deben cooperar para
matar a un ciervo que les proporcionará a todos una ganancia considerable.
Sin embargo, los cazadores individualmente pueden verse tentados a
desertar y perseguir unilateralmente a otra presa más pequeña, lo que haría
que la caza del ciervo fracase. La deserción proporcionaría al cazador
ganancias personales más inmediatas, pero, en última instancia, estas
serían de corta duración y comparativamente menores (Sterling-Folker,
2013).

La liberalización del comercio opera de acuerdo con una lógica similar: todos
los participantes pueden obtener una riqueza agregada comparativamente
mayor si se reducen las barreras. Sin embargo, ante las presiones internas,
un Estado puede verse tentado a recurrir al proteccionismo, lo que hará que
otros Estados inevitablemente sigan su ejemplo. El resultado final es que, al
perseguir sus intereses individuales a corto plazo, todos los Estados
terminen estando económicamente peor a largo plazo, a medida que los
efectos del proteccionismo se multipliquen a través del sistema económico.
Este patrón de comportamiento se pudo ver durante la Gran Depresión, en
políticas como el Arancel Smoot-Hawley de 1930, que cerró los mercados
estadounidenses a los bienes importados y provocó que otros Estados
siguieran su ejemplo. La llamada ‘guerra comercial’ o de aranceles entre
Estados Unidos y China de los últimos años es también un claro ejemplo de
ello. 

Otro juego que ha sido muy utilizado por los autores neoliberales para
explicar las dificultades que enfrentan los actores internacionales al
momento de cooperar es el ‘dilema del prisionero’. Si quieres conocer en qué
consiste dicho juego y cómo se aplica para explicar situaciones complejas
propias del ámbito de la cooperación internacional, haz clic en el siguiente
video:
Video 1: ¿Qué es el dilema del prisionero?

Fuente:  Think Twice Show [Think Twice Show]. (17 de septiembre de 2017). ¿Qué es el dilema del prisionero?

(Teoría de juegos) [YouTube]. Recuperado de [Link]  

Video 2: Dilema del prisionero en Relaciones Internacionales


Fuente: Caballero, A. [Adrián Caballero]. (11 de abril de 2018) Dilema del prisionero en Relaciones Internacionales

[YouTube]. Recuperado de: [Link]

Mientras que el realismo estructural pone el acento exclusivamente en la


descentralización del sistema internacional, el institucionalismo neoliberal
intenta mostrar que la institucionalización del sistema también importa. Su
argumento central es que “las variaciones en la institucionalización de la
política mundial ejercen significativo efecto en el comportamiento de los
Estados” (Keohane, 1993, p. 16), al llevarlos a definir de manera diferente sus
propios intereses y afectar los incentivos que motivan sus acciones. 

Las instituciones son definidas como “conjuntos de reglas (formales e


informales) persistentes y conectadas, que prescriben papeles de conducta,
restringen la actividad y configuran las expectativas” (Keohane, 1993, p. 17).
Estas influyen en las acciones estatales, en cuanto que afectan lo siguiente:

los flujos de información y las oportunidades de negociación:

las posibilidades de control del cumplimiento de los compromisos


internacionales de los demás y la capacidad propia para cumplir
con los compromisos asumidos;

la credibilidad de las promesas realizadas a otros actores del


sistema; y
las expectativas sobre la solidez de los acuerdos internacionales.

Una manera simple de entender cómo se concreta la influencia de las


instituciones en los comportamientos estatales es analizando el rol del GATT
que, como dijimos, constituye el antecedente directo de la OMC. 

Hasta la creación de esta última, la necesidad de contar con un marco y un


foro de negociaciones comerciales llevó a los Estados Unidos y a otros
países comerciales a recurrir al GATT, que había entrado en vigor en 1948. El
GATT representaba la primera ronda de negociaciones comerciales y
reducciones arancelarias después de la Segunda Guerra Mundial, y si bien no
era en sí misma una OIG formal, permitió establecer un conjunto de reglas
comerciales provisionales y crear mecanismos básicos para resolver
controversias relacionadas con el comercio. De hecho, este acuerdo
comercial sirvió como columna vertebral institucional para sucesivas rondas
de negociaciones comerciales que abordaron las nuevas dificultades a las
que se enfrentaban los Estados en función del desarrollo de la tecnología, las
prácticas económicas y los eventos políticos durante el período de la Guerra
Fría. 

Cada ronda duraba varios años, mientras los delegados trabajaban en los
detalles de la reducción de barreras comerciales particulares (a menudo
producto por producto en particular para cada Estado miembro), se
abordaban nuevos tipos de barreras y prácticas. La Ronda Kennedy a
mediados de la década del 1960 se centró en las prácticas antidumping; la de
Tokio, en la década del 1970, en las barreras comerciales no arancelarias,
como los subsidios gubernamentales para industrias incipientes y las cuotas
de importación. La Ronda Uruguay, a fines de la década del 1980, fue una de
las más completas, ya que incluyó negociaciones sobre múltiples temas,
desde la agricultura hasta los derechos de propiedad intelectual.

De esta manera, el GATT se constituyó en la base institucional y legal para el


mantenimiento y expansión del libre comercio. Su membresía creció
exponencialmente, ya que aumentó de veinte Estados a fines de la década
del 1940 a más de cien a principios de la década del 1980. La consecución de
sus objetivos fue apoyada por una variedad de otras instituciones
internacionales y regionales, como el FMI, que supervisó el sistema de tipo
de cambio fijo; o la UE, que promovió la integración económica regional. En
ese contexto, también se desarrollaron otras instituciones más informales,
como el Grupo de los 7, que permitió a los líderes de las principales
democracias industrializadas reunirse anualmente para discutir temas de
interés mutuo. 

En todos estos esfuerzos, las instituciones internacionales sirvieron como


foros para la interacción reiterada entre los Estados miembros, y reforzaron
así las intenciones y comportamientos colectivos, al permitirles intercambiar
información, abordar nuevos problemas a medida que surgían, alcanzar
acuerdos multilaterales respecto a ellos y reducir los costos de transacción
asociados a los acuerdos comerciales bilaterales. Por esta razón, no fue una
sorpresa que los mercados de los miembros del GATT se volvieran cada vez
más interdependientes a medida que avanzaba la Guerra Fría.
De acuerdo con Keohane (1993), es posible distinguir tres tipos de
instituciones. En primer lugar, tenemos las organizaciones
intergubernamentales como la OMS o el FMI y las organizaciones no
gubernamentales, como Greenpeace, Amnesty International o Médicos sin
Fronteras. Estas instituciones tienen burocracias considerables, reglas
explícitas y asignaciones específicas en cuanto a sus funciones. 

En segundo lugar, tenemos a los regímenes internacionales, que son


“instituciones con reglas específicas, en las cuales han coincidido los
gobiernos, que son pertinentes en conjuntos específicos de temas de las
relaciones internacionales” (Keohane, 1993, p. 17). Existen regímenes de
seguridad, de comercio, de medioambiente, de comunicación, etc. 

Finalmente, tenemos las convenciones, que son instituciones informales, con


reglas y entendimientos implícitos que configuran las expectativas de los
agentes. Un ejemplo es la reciprocidad (los líderes políticos esperan un
tratamiento recíproco, tanto positivo como negativo). Antes de ser codificada
en dos acuerdos internacionales, la inmunidad diplomática tradicional
también constituía un ejemplo de convención.

El nivel de institucionalización crece a medida que nos alejamos de las


convenciones y nos acercamos a las organizaciones internacionales, tal
como se representa en el siguiente gráfico:

Figura 2: Tipos de instituciones internacionales 


Fuente: elaboración propia en base a Keohane (1993).  

Keohane (1993) señala que el nivel de institucionalización puede medirse a


través de tres variables: 

En qué medida se comparten


las expectativas y
Nivel de comunidad
entendimientos entre los
agentes.
Cuán especificadas están las
Nivel de especificidad
reglas institucionales.

Posibilidad de que la
institución altere sus propias
Nivel de autonomía
reglas sin esperar que los
agentes lo hagan.

Dado que el nivel de institucionalización constituye la variable central de


análisis neoliberal y que dicho nivel depende del tipo de institución que se
considere, vamos a reflexionar sobre la base de nuestro caso de estudio
respecto a cómo una mayor institucionalización puede favorecer los
procesos cooperativos en situaciones de intereses mixtos. 

Más allá de los importantísimos beneficios que el GATT proporcionó a los


Estados Unidos y sus socios, la capacidad relativa del primero para controlar
unilateralmente los resultados económicos comenzó a menguar. Como
consecuencia de las dificultades económicas de la década del 1970, era cada
vez más difícil para la superpotencia occidental ofrecer y mantener un
mercado abierto para los productos de sus socios. Aunque este declive
relativo no debe exagerarse, la percepción de este –en relación con sus
socios comerciales– impactó en la política y Estados Unidos comenzó a
presionarlos para que asumieran costos mayores por el mantenimiento del
sistema de libre comercio, sintiéndose cada vez más insatisfecho con el
GATT y su ausencia de mecanismos de cumplimiento más sólidos.

La estructura institucional del GATT se estaba convirtiendo en un problema


también en otros sentidos. La flexibilidad del diseño institucional y el entorno
informal había sido propicio para las negociaciones comerciales mientras
que la membresía del GATT se había limitado a las economías industriales
avanzadas y a unos pocos Estados más (numerosos Estados recién
independizados no se habían incorporado al optar por políticas de desarrollo
aislacionistas). Sin embargo, esto comenzó a cambiar a principios de la
década del 1980, cuando las economías en crecimiento de Asia y América
del Sur solicitaron su membresía. La tendencia hacia un número cada vez
mayor de miembros –que volvieron a aumentar después de la finalización de
la Guerra Fría–, ejerció una presión considerable sobre la estructura
institucional del GATT y sus procedimientos. Con más miembros y un
conjunto de problemas más complejos en las mesas de negociaciones, cada
ronda y los comités de miembros que las supervisaban se volvieron más
difíciles de gestionar. Así, aunque el GATT había servido como marco
institucional apropiado para las negociaciones de libre comercio durante gran
parte del período de la Guerra Fría, su diseño institucional se tornó ineficaz a
partir de los años 80. Estos problemas, combinados con el creciente
descontento de los Estados centrales con el cumplimiento y la aplicación del
GATT, llevaron a la reforma institucional y al desarrollo de la OMC en su
reemplazo.

La OMC se diferencia del GATT en sus fundamentos legales, sus parámetros


estructurales y sus propósitos y funciones sustantivas. Como señalamos al
presentar el caso, se trata de una organización intergubernamental (OIG)
formal, con una secretaría y una estructura institucional amplia, diseñada
para atender todos los aspectos del comercio y no simplemente los bienes
comercializados. Cuenta, a diferencia del GATT, con un alto nivel de
especificidad de los procedimientos y cronogramas de negociación, los
requisitos organizativos y los procedimientos para la adhesión de nuevos
miembros y observadores. Contiene, además, uno de los mecanismos de
resolución de disputas más desarrollados que se pueden encontrar en una
institución internacional. Dado que su creación fue el resultado del consenso
y la voluntad colectiva de los Estados, está dotada de un mayor nivel de
comunidad respecto al GATT, como así también, ha demostrado su mayor
autonomía a través de las diferentes reformas que han intentado mejorar su
diseño institucional a través de los años. 
En síntesis, la OMC implica, respecto al GATT, un mayor nivel de
institucionalización, como resultado, por una parte, de la transformación de
un régimen altamente informal en una organización de elevada formalidad y,
por otra, en virtud de estar dotada de mayores niveles de especificidad, de
comunidad y de autonomía en términos relativos. De acuerdo con el análisis
neoliberal, esto es uno de los factores que explican el hecho de que la OMC
se haya convertido, desde su creación, en la principal institución internacional
a través de la cual se han extendido y afirmado las expectativas normativas y
de comportamiento del libre comercio capitalista global.

Vamos a detenernos ahora brevemente en los regímenes internacionales


dada la importancia que Keohane les asigna en el marco de su teoría. Estos
argumentos resultan aplicables también a otros tipos de instituciones. De
acuerdo con el autor, estos son útiles para corregir dos defectos
institucionales de la política mundial: los costos de transacción y las
imperfecciones en la información. 

Respecto al primer defecto, a través del establecimiento de normas y reglas,


los regímenes internacionales alteran los costos relativos de las
transacciones y disminuyen, así, los de llegar a acuerdos legítimos a la vez
que aumentando los de llegar a acuerdos ilegítimos. Ello es así porque tales
reglas y normas pueden aplicarse a una amplia variedad de puntos
particulares, al evitar la necesidad de su renegociación. Además, en áreas de
alta densidad temática, el costo marginal de cerrar un acuerdo sobre un
tema adicional será más bajo que en el caso de que el régimen no existiera.
Estos menores costos, derivados de las economías de escala, suponen
‘estructuras de inserción’ en los que acuerdos específicos se insertan dentro
de otros más generales y que se relacionan, a su vez, con los existentes en
otras áreas temáticas. La agrupación de temas diversos dentro de un
régimen facilita los pagos laterales entre ellos, lo que conduce a acuerdos
más equilibrados entre los países e incrementa las posibilidades de
cooperación (Sodupe, 2004).

Con relación al caso de estudio, la cuestión de los pagos laterales ha sido


particularmente importante para el avance de las negociaciones comerciales
relativas al sector agrícola. Los autores neoliberales señalan que la
negociación multilateral en el GATT/OMC condujo a una mayor liberalización
en esta área porque permitió la vinculación entre los temas, lo que les dio a
los tomadores de decisiones mayores elementos para influir en las
posiciones de los grupos domésticos más recalcitrantes. A la vez, pudieron
demostrar que, en las negociaciones, estaban en juego intereses
económicos colectivos más amplios.

En relación con el segundo defecto, es claro que las imperfecciones o


asimetrías informativas –al generar incertidumbre respecto al
comportamiento futuro de los socios potenciales– se erigen en un obstáculo
para la cooperación. Los regímenes internacionales ayudan a atenuar este
problema con la mejora en el nivel general de la información disponible que
su creación supone. Esta información se refiere no solo a los recursos
gubernamentales y las posiciones de los participantes en una negociación,
sino que también tiene que ver con un conocimiento preciso respecto a las
posiciones futuras, es decir, a las posibilidades de cumplimiento de los
compromisos que se asuman. En efecto, las instituciones permiten
contrastar los comportamientos de los Estados con los modelos y pautas de
conducta que suministran, lo que a su vez impacta en las reputaciones
(positivas o negativas) de los gobiernos, que son tenidas en cuenta a la hora
de pactar con ellos (Sodupe, 2004). 

Este segundo aspecto también resulta relevante en el marco de la institución


que analizamos. La secretaría de la OMC prevé el examen sistemático de las
prácticas de cada miembro, lo cual es particularmente importante para un
área tan problemática como el comercio mundial. Esto quiere decir que
existe un fuerte interés de los países exportadores en poder contar con
información fidedigna sobre el cumplimiento de los tratados comerciales por
parte de sus eventuales compradores, debido a que la deserción afectaría
directamente a las ganancias proyectadas. 

Mediante las funciones reseñadas, los regímenes internacionales


promueven la cooperación y alargan ‘la sombra del futuro’. Al aumentar las
expectativas de futuro, se acrecienta la valoración de mayores ganancias a
largo plazo en relación con las ventajas presentes a corto plazo, con lo cual
disminuyen los incentivos para defeccionar o no cooperar. Aún más, aun
cuando estos últimos sean altos respecto a ciertas reglas o áreas temáticas,
es posible que las ‘estructuras de inserción’ aludidas actúen desincentivando
las infracciones: los Estados cumplirán por temor a las represalias de sus
socios en otras áreas temáticas en las que participan los mismos socios. 
Las instituciones internacionales resultan cruciales para alcanzar o facilitar
los procesos de cooperación: reducen costos de verificación, promueven el
aprendizaje, dispersan información, crean reglas y sancionan a quienes no
las cumplen. Si la anarquía y la autoayuda son procesos constitutivos, las
instituciones pueden romper el círculo inseguridad-egoísmo, al disminuir la
incertidumbre entre Estados y al promover espacios multilaterales de diálogo
y cooperación.

Ello nos lleva a retomar y cerrar el apartado con la dimensión liberal del
pensamiento de Keohane: 

De forma coherente con el liberalismo, me niego a asumir, ya


definiciones inmutables del interés en términos de ganancias
relativas, ya modelos permanentes de conflicto entre los
Estados. Para mí la política es abierta y potencialmente
progresiva, más que desoladoramente crítica. (1993, p. 28) 

Son tales convicciones las que determinarán el carácter diferencial de las


hipótesis neoliberales a la hora de explicar la cooperación en situaciones de
anarquía (Sodupe, 2004).

Principales críticas
Comenzaremos analizando las críticas que el neorrealismo realiza al
institucionalismo neoliberal, para luego centrarnos en las críticas al debate
neo-neo en sí mismo. Como señalamos anteriormente, el efecto de las
instituciones internacionales en el comportamiento estatal es una de las
principales diferencias que subsisten entre neorrealismo y neoliberalismo, a
pesar de la convergencia o síntesis alcanzada a mediados de los años 90. De
acuerdo con el autor realista, John Mearsheimer (1995), son tres los
aspectos más importantes en los que neorrealistas y neoliberales
desacuerdan respecto al rol de las instituciones: 

Mientras los neoliberales sostienen que las instituciones pueden


alterar los intereses y preferencias de los Estados y, por
consiguiente, cambiar sus conductas, los neorrealistas consideran
a las instituciones como un mero reflejo de la distribución del poder
mundial, creadas por los poderosos para servir a sus intereses.

Los neoliberales consideran a las instituciones (o al nivel de


institucionalización del sistema) como una variable independiente,
a diferencia de los neorrealistas que suponen que aquellas no
tienen efectos independientes sobre el comportamiento de los
Estados.

A diferencia de los neoliberales, que creen en el poder de las


instituciones para evitar el conflicto entre los Estados, los
neorrealistas sostienen que las instituciones no sirven para
promover la paz de un modo significativo.
Por eso es que las instituciones internacionales, según los neorrealistas,
aparecen en áreas temáticas poco relevantes (low politics) en términos de
política internacional, tales como el comercio, el transporte, las
comunicaciones, la salud y la pesca y no en las áreas clave de las relaciones
internacionales (high politics) relacionadas con la seguridad y la defensa
nacional. 

La tesis central de Mearsheimer (1995) es que las instituciones tienen una


influencia mínima en el comportamiento de los Estados y, por ende, no
implican una promesa realizable de garantizar la estabilidad en el mundo de
la posguerra. No pueden prevenir el conflicto armado al modificar el
comportamiento de los Estados, ni los puede alejar de la lógica del equilibrio
de poder o de un comportamiento de cálculo estratégico sobre la distribución
del poder. Si el institucionalismo sostiene lo contrario, es porque presenta
fallas graves en dos dimensiones: su lógica causal y el soporte empírico para
sus afirmaciones. 

Para comprender las fallas en la lógica causal que el neorrealismo le


atribuye, empezaremos por recordar cuáles son los dos obstáculos más
importantes para la cooperación en cuya existencia –si bien no en sus
posibilidades de superación– coinciden ambas escuelas:

Tabla 3: Los dos obstáculos más importantes para la cooperación

Título Contenido
Miedo al engaño o Los Estados son reacios a cooperar porque temen que
a la trampa los otros Estados no cumplan con los compromisos
asumidos, al desertar los procesos cooperativos luego
de haberse beneficiado con el cumplimiento ajeno.
Dado que es imposible estar seguro de las
motivaciones de los demás, el riesgo del engaño
siempre está presente.
Problema de las Los Estados no van a cooperar con otros si consideran
ganancias que las ganancias del esfuerzo cooperativo
relativas beneficiarán más a otros Estados que a sí mismos, en
cuanto que tal ventaja puede convertirse en poder
militar y, por ello, en una amenaza a su seguridad.

Fuente: elaboración propia.

Según el análisis de Mearsheimer (1995), las instituciones permitirían


superar el primer obstáculo a la cooperación: el miedo al engaño o a la
trampa, en tanto que, como vimos, generan incentivos para que los Estados
cumplan con los compromisos asumidos (y, por consiguiente, desincentiva la
posibilidad del engaño). Ello resulta del aumento del número de
transacciones entre los Estados y, con ello, de los costos del incumplimiento.
Una institución supone mecanismos de control y sanción de las conductas de
los miembros que se aparten de lo acordado y recompensa a los cumplidores
con una reputación que favorezca el establecimiento de nuevos
compromisos.  
Otro modo en el que las instituciones evitarían el miedo al engaño o a la
trampa es mediante la vinculación de temas, esto es, al atar las
interacciones de los Estados en diversas áreas: los Estados serán reticentes
a incumplir en un área determinada si eso puede generar represalias de los
perjudicados en otras áreas. Además, al aumentar la información disponible,
la institución permite un monitoreo más preciso de los comportamientos de
los Estados, lo que permite realizar advertencias a los incumplidores y a las
víctimas. Todo ello redunda en una reducción de los costos de transacción,
con lo que aumenta la eficiencia y, con ella, los beneficios para todos los
participantes. 

La falla en esta lógica, de acuerdo con Mearsheimer (1995), reside en ignorar


el otro obstáculo a la cooperación y que, a su entender, es aún más
importante que el miedo al engaño: la preocupación de los Estados por las
ganancias relativas. Estas importan y las instituciones nada pueden hacer
para evitarlo. Los neoliberales responden a esta crítica arguyendo que la
teoría institucionalista sirve para explicar la cooperación fundamentalmente
en el ámbito económico, en donde la preocupación por las ganancias
relativas es menor. Sin embargo, para los neorrealistas, aún en este campo
las ganancias relativas son esenciales para que un Estado tome la decisión
de cooperar, en cuanto que más poder económico puede fácilmente
traducirse en poder militar y, con ello, amenazar la seguridad estatal. 

Otra defensa neoliberal a la crítica neorrealista señala que, una vez que se
resuelve el temor al engaño, el problema de las ganancias relativas se torna
irrelevante: cuando los Estados no temen ser engañados, no se preocupan
demasiado por las brechas en los resultados de la cooperación. Los
neorrealistas contra argumentan sosteniendo que tal preocupación siempre
subsiste, ya que existen evidencias empíricas que demuestran que aún entre
aliados comerciales de larga data como Estados Unidos y Japón las
ganancias relativas son un factor de conflicto en las negociaciones
(Mearsheimer, 1995). 

Reflexionemos acerca de estas argumentaciones a partir de nuestro caso de


estudio. Más allá de los efectos positivos del GATT/OMC que hemos
analizado, es claro que la organización no ha estado exenta de críticas y que
presenta numerosas falencias. Veamos algunas de ellas.

Sobre todo en sus primeras etapas, una serie de decisiones


adoptadas en el marco de las disputas comerciales calificaron a las
normas nacionales adoptadas por los Estados para proteger al
medioambiente y a los trabajadores, como ‘prácticas comerciales
desleales’. Esto motivó la formación de una coalición de activistas
ambientales y sindicatos que protestaron en la Conferencia
Ministerial de Seattle en 1999, y acusaron a la OMC de ser una
institución antidemocrática que representaba exclusivamente a los
intereses corporativos.

Otra dimensión cuestionada son los procedimientos de la OMC


para la resolución de disputas que han sido objeto de críticas
crecientes por ser ‘demasiado’ efectivos (en contra de la protección
del trabajo o el medioambiente) o por no ser lo ‘suficientemente’
efectivos (inicialmente, los Estados podían vetar una decisión que
les era desfavorable).

Las divisiones norte-sur también han generado numerosos


problemas entre los miembros de la organización, por ejemplo, en
torno al tema de los subsidios agrícolas, cuestión que generó la
paralización de la ronda de negociaciones de Doha que había
comenzado en el año 2001.

Si bien los procedimientos más sofisticados de resolución de


diferencias de la OMC han beneficiado, en alguna medida, a los
países más pequeños y en desarrollo que los vienen utilizando de
modo creciente, la capacidad de litigar ante este foro y, más aún,
de involucrar a expertos y juristas en la defensa de sus
pretensiones, puede estar directamente relacionada con el poder y
los recursos relativos de los actores implicados.

Todos estos problemas demuestran que las críticas realizadas por el


neorrealismo a las instituciones internacionales son, al menos parcialmente,
válidas para la OMC: sus obstáculos y dificultades se relacionan con los
intereses de los actores de mayor poder económico y político, que intentan
mantener o expandir sus privilegios a través de la institución. En otras
palabras, para los neorrealistas, la OMC sería un reflejo más de la distribución
del poder mundial, creada por los poderosos para servir a sus intereses, lo
que hace evidente su imposibilidad de resolver el problema de la distribución
de las ganancias relativas.
En ese sentido, y para reforzar lo expresado, destacamos que, como parte de
su embestida contra las instituciones multilaterales, el presidente de los
Estados Unidos, Donald Trump, apuntó sus cañones contra la OMC en
reiteradas oportunidades, y hasta llegó a amenazar con retirar a su país del
organismo. De hecho, logró paralizar el Órgano de Solución de Diferencias
(OSD), considerado ‘la joya de la corona’ por ser la piedra angular del sistema
multilateral de comercio. El retiro de su apoyo se relacionaría con una serie
de resoluciones de dicho órgano que habrían sido desfavorables a los
intereses estadounidenses, como así también, en virtud de sus políticas
proteccionistas, que van en contra de los principios promovidos por la
institución. La imposición de reglas comerciales a fuerza de tuits o al
imponer condiciones a socios comerciales, como en el caso del T-MEC con
Canadá y México, el nuevo acuerdo comercial con Japón y la aplicación de la
sección 232 de la ley de comercio del año 1974 (referente a la protección de
la industria local contra las importaciones) como base para imponer
aranceles a los productos chinos son ejemplos claros de tales políticas. Estas
acciones por parte de los Estados Unidos –si bien no han llegado a poner en
duda la continuidad de la OMC– han significado un fuerte golpe a su
legitimidad (y, sobre todo, a la del OSD), ya que logró afectar la capacidad de
la institución para incidir en el comportamiento de sus miembros. En
términos neorrealistas, las instituciones, en definitiva, subsisten en la medida
en que sigan siendo útiles para satisfacer los intereses de sus miembros
poderosos; cuando dejan de hacerlo, pierden importancia y se tornan
ineficaces o son reemplazadas por otras. 
Respecto a los problemas empíricos del institucionalismo neoliberal,
Mearsheimer (1995) señala que no existe evidencia empírica suficiente
sobre la influencia que las instituciones ejercen en la promoción de la
cooperación entre los Estados. Para este autor, la teoría requiere evidencia
de situaciones de cooperación que no hubieran ocurrido en ausencia de
instituciones, por miedo al engaño, o bien casos en los que la cooperación
fracasó por esta causa en ausencia de instituciones. Los casos que
presentan los autores neoliberales no responderían a estas pautas, por lo
que no pueden servir de sustento a sus tesis. 

Como respuesta a estas críticas, los neoliberales produjeron estudios que


analizaban, desde el punto de vista de los regímenes de seguridad, la
contribución de la OTAN a la paz durante la guerra fría o que abordaban la
diversidad y los procesos de transformación histórica de las instituciones
internacionales de seguridad. Algunos prominentes académicos neoliberales
reconocieron inclusive que faltaba más trabajo empírico para generar
evidencias definitivas sobre la relevancia de las instituciones internacionales
y que, si bien algunas veces estas son importantes para la política estatal,
aún no se entendía adecuadamente sobre qué temas de la agenda estatal
eran más importantes y bajo qué condiciones y de qué forma los Estados
utilizaban sus efectos (Barbé Izuel y Soriano, 2015).

¿Cuáles de los siguientes argumentos refieren al pensamiento del


neorrealismo sobre las instituciones internacionales?
Las instituciones internacionales reflejan los
intereses de las potencias centrales.

Las instituciones internacionales no resuelven el


problema de las ganancias .

Las instituciones internacionales sirven como foros


para resolver conflictos.

Las instituciones internacionales son claves para


garantizar la estabilidad luego de la Guerra Fría 

Las instituciones internacionales reflejan los


intereses de la comunidad internacional en su
conjunto.

SUBMIT

Finalmente, plantearemos brevemente en este apartado las críticas al


debate neorrealismo-neoliberalismo en sí mismo, cuyo contenido y
resultados han sido cuestionados desde distintas aproximaciones y por
diversos motivos. Veamos algunas de las más importantes (Barbé Izuel y
Soriano, 2015):
Dados los supuestos epistemológicos y metodológicos de ambas
aproximaciones, el debate contribuyó a rectificar el concepto de
causalidad.

El debate minusvaloró enormemente la importancia de la


construcción del discurso político en el análisis de las relaciones
internacionales.

Tanto neorrealismo como neoliberalismo fueron incapaces de


entender la importancia de los significados que los actores asignan
a las normas y a los comportamientos.

Tras su acercamiento al neorrealismo, el neoliberalismo se ha


situado en el extremo más conservador del liberalismo, lo cual ha
generado que, al igual que el neorrealismo, tenga una concepción
muy limitada del bienestar y la cohesión social.

El esfuerzo compartido de crear una ciencia de las relaciones internacionales en clave


positivista generó un poderoso motivo para rechazar consideraciones éticas, al suprimir toda
evaluación o juicio de las metas perseguidas por los actores estatales.

La convergencia entre ambas aproximaciones tuvo como resultado


una visión limitada de lo que son las relaciones internacionales y la
disciplina académica que las estudia, al dejar afuera un amplio
conjunto de procesos políticos, económicos, sociales e identitarios
en los que el Estado no es el actor principal.

El papel del debate neo-neo fue fundamental en la (re)construcción


y legitimación del discurso americanocéntrico dominante en las
relaciones internacionales contemporáneas.

C O NT I NU A R
Lección 2 de 3

Video conceptual

Video format not supported.

C O NT I NU E
Lección 3 de 3

Referencias

Baldwin, D. (1993). Neoliberalism, Neorealism and World Politics. En: D. Baldwin (ed.) Neorealism and
Neoliberalism: The Contemporary Debate (pp. 3-25). New York, Estados Unidos: Columbia University Press.

Barbé Izuel, E. y Soriano, J. P. (2015). “Del debate neorrealismo neoliberalismo a la (re) construcción del
discurso dominante en relaciones internacionales”. En Del Arenal, C. y Sanahuja, J. A. [coord.]. Teorías de las
Relaciones Internacionales. Madrid, España: Tecnos.

Caballero, A. [Adrián Caballero]. (11 de abril de 2018) Dilema del prisionero en Relaciones Internacionales
[YouTube]. Recuperado de: [Link]

Keohane, R. (1993). Instituciones Internacionales y Poder Estatal. Buenos Aires, Argentina: Grupo Editor
Latinoamericano. 

Mearsheimer, J. (1995). The False Promise of International Institutions. En International Security, 19(3), 5-
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OMC, (2020). La OMC [web institucional]. Recuperado de


[Link]

Sodupe, K. (2004) La Teoría de las Relaciones Internacionales a comienzos del siglo XXI. Euskadi:
Universidad del País Vasco. 

Sterling-Folker, J. (2013). Neoliberalism. En: En: T. Dunne, M. Kurki, and S. Smith (Eds.). International
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Think Twice Show [Think Twice Show]. (17 de septiembre de 2017). ¿Qué es el dilema del prisionero?
(Teoría de juegos) [YouTube]. Recuperado de [Link]  

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