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Desestabilización Del Orden Sexo Género Sexualidad

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Desestabilización del orden sexo/género/sexualidad

Desestabilización del orden sexo/género/sexualidad

Sexo/género/sexualidad

Queer

Video conceptual

Revisión del Módulo

Referencias
LECCIÓN 1 de 6

Desestabilización del orden sexo/género/sexualidad

En la unidad anterior, planteamos las rupturas y debates entre el feminismo de la segunda ola y el de la tercera ola
con relación al concepto de género. Retomamos este debate para dar cuenta de los movimientos que el concepto ha
tenido a lo largo del desarrollo del pensamiento feminista y por la diversidad sexual.

En esta lectura retomaremos una discusión abierta por una campaña publicitaria de la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación Argentina en marzo de 2018, donde se afirma que la heterosexualidad es parte de la
diversidad sexual. Allí, emerge el debate con relación a qué significa tal afirmación, si es equivalente ser
heterosexual a ser lesbiana, gay, bisexual (y más), y qué papel juegan las relaciones de poder en el contexto de
gobierno de la sexualidad.

Figura 1: Título Diversidad sexual


Fuente: Captura de pantalla Twitter Oficial Secretaria DDHH.
LECCIÓN 2 de 6

Sexo/género/sexualidad

Hemos mencionado hasta ahora una base de pensamiento, de praxis de la subversión de identidades, del género, de
las normas del sexo y del disciplinamiento de la sexualidad, que surgió no solo como ruptura con las ideas del sexo o
el género utilizadas por las feministas de la segunda ola, sino que, a la vez –no en un lugar secundario, sino
igualmente primario–, formó parte de las disputas sobre la cohesión identitaria gay/lesbiana, que fue fragmentándose
a través de su cuestionamiento esencializante, poscrisis del VIH sida (Unidad 1, Lectura 3).

Para poder comprender un poco más las implicancias teóricas, políticas y


epistemológicas de las ideas sobre la matriz heteronormativa y la
performatividad del género como formas de inteligibilidad de los cuerpos,
la identidad y el deseo, necesitamos volver a analizar una relación opositiva
que hemos mencionado anteriormente, la que se presenta en el par
jerarquizado heterosexualidad/homosexualidad.

Sabemos ya que en la construcción de una dicotomía de un par opositivo es necesaria la existencia de una
jerarquización que dé sentido a la oposición que expresa, donde el término jerárquico –en su lado visible–define por
su falta al término bajo o inferiorizado, pero a su vez la función que esta operación realiza –en su lado oculto– es
anular la comprensión de que la jerarquía solo podría existir y ser valorada en su amplitud necesariamente por la
existencia y depreciación del término que define como lo otro. Lo otro constituye y habilita la existencia de lo
mismo, en una operación de borramiento y exclusión (que) constituye la viabilidad de(l) término jerarquizado, pues
este tiene contenido al definirse por la oposición y la falta del otro: heterosexual/homosexual, hombre/mujer,
razón/emoción, cultura/naturaleza, público/privado, universal/particular.
También sabemos, a partir de un análisis de la historicidad del sexo, o mejor aún, de la sexualidad, que los términos
heterosexualidad y homosexualidad responden a la construcción de relaciones de saber/poder en el campo de la
regulación de la normalidad y normativización de la sexualidad, el género y el sexo. La homosexualidad es acaparada
por los discursos médicos, religiosos y jurídicos para definir la contextualidad de lo anómalo, lo perverso, lo
prohibido y lo patológico, la demarcación de una particular frontera de sujeción de la subjetividad. Un marco de
definición de que lo somos (o no somos) dentro de la estabilidad natural del sexo/género/deseo. Un marco político de
legitimidad de la familia patriarcal y del orden del deseo, una regulación de la policía del género.

Si volvemos al caso presentado, aparece como primer problema del posteo de la secretaría la omisión de esta
jerarquía, es decir, aparece como equivalente ser heterosexual a ser lesbiana, gay, bisexual y más. El cuestionamiento
radica no en el deseo de que efectivamente cada expresión sexo-afectiva tenga la misma legitimidad, el mismo
acceso a derechos y el mismo respeto, sino que, en las praxis sociales, políticas, económicas e institucionales, la
jerarquía y la consecuente desigualdad se manifiestan y se reproducen. Este es el sentido de una de las repuestas
publicadas frente a la campaña:

Nunca escuché a nadie gritar “hetero” como insulto… Todxs quienes nos corrimos de los
privilegios de la heterosexualidad aprendimos a convertir la injuria en orgullo… Entonces hoy,
cuando desde la cuenta de Twitter de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación dicen que
“la heterosexualidad es parte de la diversidad sexual”, a mí me arden las cicatrices que dejó en mí
el no ser esa “hetero”. (Fauno Gutiérrez, 2018, [Link]

Entonces, incluir como equivalentes la heterosexualidad a las expresiones erótico-afectivas (y) otras implica
invisibilizar las relaciones de poder y de gobierno que se tejen en la sexualidad. Por ello, la campaña reabre
cicatrices, en tanto que podría indicar que es lo mismo cumplir con la heteronorma o transgredirla y sufrir esas
consecuencias. Por lo tanto, quienes viven al margen de la norma entienden que: “Quienes pulsamos con un ritmo
que desencaja con la coreografía de la heteronorma quedamos descalificados de ese tablero del ‘juego de la vida
normal’ y debimos aprender a sobrevivir con otras reglas” (Fauno Gutiérrez, 2018, [Link]

Por ello, si podemos efectuar un análisis histórico de la homosexualidad


en el surgimiento de diversos discursos de verdad que la moldearon,
definieron y analizaron, desde una práctica corporal pecaminosa hasta
la constitución de un individuo tipificado no ya por su conducta sino
por su ser, por una condición de subjetividad sujeta a los discursos que
la constituían, ¿por qué razón suele presuponerse que la
heterosexualidad es una condición natural, una marca de una
sexualidad normal, sin historia? (Spargo, 2004).

El hecho de que una posición de sujeto o identidad se construya, no la hace menos real para el
identificado. El homosexual ingresó en la patología como una clase perversa o anómala, un caso
de desarrollo detenido digno de tratamiento; en suma, una aberración de la norma heterosexual.
En su condición de tal, estaba sometido a los efectos del control social que lo disciplinaban,
marginalizaban y subordinaban. (Spargo, 2004, p. 31).

En caso de la campaña que venimos analizando, aparece una incomodidad fundamental a partir de marcar como
necesaria la inclusión de la heterosexualidad en la diversidad. Por ello, nos interesa resaltar la voz de un miembro del
colectivo LGBTIQ.

Mientras nos desfiguran a trompadas por PUTOS, nos llevan presas a las lesbianas por besarnos,
nos invisibilizan por ser bisexuales, mientras no nos dan trabajo por ser TRANS, desde la
Secretaría de Derechos Humanos se les habla a los HETEROS para decirle que son parte. Aunque
no los maten, ni los apresen, ni los ninguneen por heterosexuales, ellos, igual son parte. (Fauno
Gutiérrez, 2018, [Link]

Aquí se cuestiona fundamentalmente la prioridad, es decir, ¿es prioritario resaltar la heterosexualidad? ¿Acaso la
heterosexualidad como sistema político no es un espacio hegemónico? Y, por lo tanto, ¿la resistencia no debería
provenir de aquellas expresiones que desafían o se corren de la norma? En la misma línea, Bimbi (2018),
introduciéndose en el debate, considera que el tuit de la Secretaría de Derechos Humanos es una manifestación de la
heteronorma, aunque sea inconsciente. Por ello, pone en cuestión fundamentalmente la consigna de visibilizar. Así,
afirma enfáticamente “no hay nada más visible que la heterosexualidad: por donde uno mire, hay parejas
heterosexuales viviendo su sexualidad libremente en público” ([Link] Incluso, agrega que “son tan
visibles los heterosexuales que, hasta para hablar de diversidad sexual, los han elegido para ser los únicos
protagonistas de su insólita campaña de comunicación sobre el tema” ([Link]
Su argumentación no se desentiende de la idea de que una campaña contra la discriminación por orientación sexual
incluya a los heterosexuales, pero en el sentido de que se debe concientizar de los problemas, las violencias y las
desigualdades que aún continúan, y no “para decirles que está todo bien” (Bimbi, 2018, [Link] En
su mirada visibilizar la heterosexualidad es absurdo, en tanto que, por su orientación sexual, no han sufrido
discriminación alguna, ya que cumplen con la norma.

Nunca un heterosexual fue asesinado por serlo, o golpeado en la calle, o encarcelado en algún país
porque sus leyes criminalizan la heterosexualidad, o condenado a muerte, o insultado en nombre
de Dios, o despedido de su trabajo, o humillado por sus compañeros en la escuela, o rechazado
por su familia. Ningún político de ningún país trata de ganar votos oponiéndose a los derechos
civiles de los heterosexuales. Ninguna ley de ningún país les niega a las parejas de hombre y
mujer el derecho a casarse. Ninguna iglesia considera que la heterosexualidad sea pecado. No, no
es lo mismo. (Bimbi, 2018, [Link]

No, no es lo mismo significa poner en primer plano la jerarquía, la desigualdad y las violencias que se ejercen sobre
los cuerpos que no cumplen con la heteronorma. Cuando nos referimos a la sexualidad como un sistema político de
gobierno, se busca resaltar justamente las relaciones de poder que posibilitan estas praxis sociales, económicas,
políticas, judiciales e institucionales que subalternizan estas subjetividades. Por ello, la sexualidad forma parte de un
orden de regulación y control que crea una jerarquía en los diferentes tipos de vínculos sexo-afectivo que se
distribuyen de un modo desigual derechos y privilegios, por un lado, y exclusiones y violencia, por otro.

Hay parejas heterosexuales en el cine, en la televisión, en la publicidad, en los discursos políticos


y religiosos, en los cuentos infantiles con príncipe y princesa, en los dibujitos animados y hasta
las frases para analizar sintácticamente que la profesora de Lengua escribe en el pizarrón: “Pedrito
ama a María”, nunca “Jorgito ama a Rodolfo”… Nunca una pareja hétero tuvo miedo de darse
un beso en un determinado lugar por ser hétero. Nunca nadie le dijo a una pareja de chico y chica
que “hagan lo que quieran, pero entre cuatro paredes”… las cuatro paredes de los heterosexuales
son el mundo entero… Nunca nadie preguntó, al ver una pareja hétero besándose: “¿Cómo le
explico esto a mi hijo?” –y nunca nadie imaginó que tal vez a su hijo le gusten los varones.
(Bimbi, 2018, [Link]

La construcción de la dicotomía adentro/afuera y heterosexualidad/homosexualidad, sin embargo, también habilitó la


identificación y circulación del ser homosexual, que reapropiado y subvertido por los propios subalternizados y
subaltenizadas, configuró una identidad gay y lesbiana afirmativa de la diferencia (ver Unidad 1, Lectura 3), la cual,
con posterioridad a la crisis del VIH sida, comienza a ser cuestionada dentro del mismo movimiento por considerar
que esencializaba la expresión de diversas identidades a la par que reafirmaba el mismo orden sexual (heterosexual)
que pretendía modificar. Es decir, se propendía a homogeneizar en algunas identidades de la diferencia todas las
disidencias, y el mismo solipsismo blanco que atravesó al sujeto político universal del feminismo también se advierte
en esta identificación de un real gay o lesbiana, como identidad fija que en el acto de homogenizar las identidades
sexuales también lo hacía por raza y por clase sobre el binarismo hombre/mujer.
LECCIÓN 3 de 6

Queer

“El término ‘Queer’ puede funcionar como sustantivo, adjetivo o


verbo, pero en todos los casos se define en contraposición a lo ‘normal’
o normalizador” (Spargo, 2004, p. 15).

Teoría queer

“La Teoría Queer… describe una diversidad de prácticas y prioridades


críticas: análisis de las relaciones sociales y políticas de poder dentro de la
sexualidad; críticas al sistema sexo-género” (Spargo, 2004, p. 15).

El quiebre con las estrategias asimilacionistas y el marco de lucha con relación a la crisis del VIH sida fue el campo
de generación del pensamiento queer. Lo queer (que no tiene una traducción propia al castellano) significaba un
insulto, una forma peyorativa de referirse a las personas que no se acomodaban a las normas de la heterosexualidad
obligatoria, en todas sus expresiones (sexo/género/deseo), lo raro, lo marica, lo anormal. La toma y repolitización de
esta nominación como una marca de orgullo, más transgresora, perturbadora del statu quo, incluso, frente a
determinadas identidades gay y lesbianas, se convierte en la expresión de la diferencia “que no quería ser asimilada
ni tolerada” (Spargo, 2004, p. 50).
La “teoría Queer” se asignó la tarea de pensar ese sujeto político de la sexualidad y de interrogar
al sujeto homosexual como implícitamente gay, blanco y económicamente acomodado… Lo que
se trata de interrogar, pues, es no solamente la cuestión de la articulación entre sexualidad y
racismo, sino también aquella entre el sexo, el género y la sexualidad… Así la praxis queer
suscita la cuestión de la subversión de las identidades sexuales y la formula de una nueva manera.
El desafío puede ser pensado en términos de epistemología política de las prácticas de
resistencia… el concepto queer de subversión supone que no hay posición fuera del poder, sino
más bien ejercicios múltiples de resistencia… Las prácticas de resistencia, pues, no remiten a la
utópica abolición del “sexo”, sino más bien a la subversión del sistema dominante, fundado en el
dimorfismo (macho/hembra, masculino/femenino), el causalismo (anatomía/ethos, sexo/género –
entendido aquí como las acepciones cultural y socialmente admitidas del femenino y lo
masculino–) y el heterosexismo (heterosexualización del deseo y falocentrsimo). (Dorlin, 2009,
pp. 94-96).

Figura 2: Activistas Queer Nation en la marcha de New York en Octubre de


1990

Fuente: Neipris, s. f., [Link]


La teoría queer es disonante frente a la norma/normalidad tanto de la heterosexualidad hegemónica como de las
posibles hegemonías gais o lesbianas; es un término desestabilizador de una dinámica del “ser y el hacer sexuado y
sexual” (Spargo, 2004, p. 53). Busca no determinar al sujeto como depositario de una identidad estable, inmanente o
esencial, completamente independiente de las dinámicas de su constitución, entre ellas, el lenguaje, y en él los
discursos arraigados en las relaciones de saber/poder. Estos discursos y saberes posibilitan el pensamiento sobre la
identidad, mi identidad (así como el género parece ser determinante de mi identidad, así también el deseo sexual o la
orientación de su práctica) y, a la par, regulan, controlan y disciplinan la relación que trazo entre el dar cuentas de mí
–de mi identidad–, el género y la sexualidad (Spargo, 2004).

Las palabras que uso, los pensamientos que albergo, están indisolublemente ligados a mis
construcciones, socialmente determinadas, de la realidad; así como veo los colores definidos por
el espectro, también percibo mi identidad sexual dentro de un conjunto de “opciones” establecidas
por una red cultural de discursos. (Spargo, 2004, p. 66).

Lenguaje:

entendido como sistema –verbal o no– que constituye sentido mediante la organización de significados y
prácticas culturales a través de los cuales las personas simbolizan la representación y entendimiento de su mundo.

Discurso:

entendido como práctica material, histórica y social que produce relaciones de poder y jerarquizaciones de
saberes que institucionalizan verdades, categorías y creencias.
Es por todo ello que forma parte de una creencia común considerar que el orden del sexo/género/deseo/sexualidad
pertenece al ámbito de lo privado, de lo más íntimo. Sin embargo, como apuntan estas teorías, esta creencia no es del
todo correcta, ya que vemos que todo este orden se encuentra atravesado por un set de mecanismos de control y
disciplinamiento, a la par de discursos que producen, incitan y constituyen la sexualidad. Estas herramientas sirven y
han servido a lo largo de nuestra historia como mecanismos de gestión de las poblaciones, de habilitación y
circulación de cuerpos y de prácticas sexo-afectivas, delimitando lo legítimo de lo ilegítimo.

Vimos anteriormente la reformulación que Judith Butler enuncia en torno al género, exponiendo que la perspectiva
heterocentrada que concibe una coherencia entre el sexo/género/deseo requiere de una matriz de inteligibilidad, una
matriz que permita comprender y dar sentido a los mismos cuerpos que nombra y que habilita. El género en disputa
es uno de los textos más influyentes en la teoría queer, ya que aborda la problematización del género –y su vuelta
sobre el binarismo biológico– en el entramado de mecanismos naturalizados de heterosexualidad. El análisis de la
matriz heteronormativa le permite advertir la constitución de un régimen de regularidad y causalidad presupuesto
para el entendimiento del orden obligatorio del sexo/género/deseo, que lejos de ser algo natural, es el producto
contingente (y, por tanto, subvertible) de una “rejilla de inteligibilidad cultural a través de la cual se naturalizan
cuerpos, géneros y deseos” (Butler, como se cita en Mattio, 2012, p. 90). La matriz heteronormativa desprende su
análisis como una frontera de lectura y legitimación de cuerpos, sexualidades e identidades, reservando el lugar de lo
abyecto a quienes no pueden encarnar esas normativas que regulan el género y la sexualidad. El género, por tanto, no
hace base en un cuerpo anterior a su lectura; no hay un cuerpo anterior al proceso en el que es nombrado, leído y, por
ende, comprendido.

El género, argumenta Butler, no es la extensión conceptual o cultural del sexo


biológico/cromosomático (una lectura feminista establecida), sino una práctica discursiva
permanente estructurada hoy en torno al concepto de heterosexualidad, entendida como la norma
de las relaciones humanas. La heterosexualdiad compulsiva se afinca en el género mediante la
producción de tabúes contra la homosexualidad, cuyo resultado es la falsa coherencia de los
géneros aparentemente estables, unidos a los sexos biológicos adecuados… Para Butler es
mediante la repetición estilizada de actos, gestos y movimientos corporales específicos como se
crea el efecto de género, entendido como “temporalidad social”. No nos comportamos de cierta
manera debido a nuestra identidad de género, sino que obtenemos dicha identidad mediante esas
pautas culturales, que sustentan las nomas del género. El proceso de repetición es “una
reconstrucción y, al mismo tiempo, una reexperimentación de un conjunto de significados ya
establecidos socialmente; y es la forma mundana y ritualizada de legitimarlos”. (Spargo, 2004, pp.
68-70).

Los sujetos políticos de la diversidad

La potencia político-epistemológica de la praxis queer de la subversión (queering) se asienta en la posibilidad de


estallar, perturbar, trastocar los regímenes de saber/poder en las relaciones de oposición binaria que se ocultan dentro
del orden de lo normal (hombre/mujer, macho/hembra, heterosexual/homosexual, etc.). La frontera de inteligibilidad
de cuerpos y subjetividades que se teje en el entramado de una matriz heteronormativa deja un tendal de abyecciones
ante la no-adecuación a la norma. El sujeto “como figura de abyección, el paria está obligado a edificar su propia
subjetividad deshumanizada en la tiranía de la heterodefinición” (Dorlin, 2009, p. 122).

El orden que estructura la medida de lo humano implica no solo exclusiones sociales y políticas, sino que arroja una
duda hiperbólica sobre la humanidad misma de quien rebasa los límites de aquella medida. En esta legitimación de la
más extrema violencia sobre el derecho a ser (o no ser), las praxis de resistencia transfeministas han marcado un
rumbo radicalmente crítico a los límites de la aceptación (que muchas veces implica una mera tolerancia dentro de
los marcos de sentido hegemónicos). Son hoy las personas trans quienes cuestionan la binariedad del género, del
sexo, en un rechazo a la patologización de su identidad, un absoluto rechazo al sometimiento del enfermo, a las
maquinarias de arreglos físicos o psíquicos, para adecuarse al sistema binario. Por el contrario, lo que se reclama es
una readecuación de lo social para pensar el sistema de género (Dorlin, 2009). La impugnación del integracionismo
lleva a cuestionar ¿cuáles son los requisitos del integracionismo?, ¿cuáles son sus límites?, ¿qué es lo se está
dispuesto a integrar? Y con mayor énfasis aún, ¿integrar a dónde?, ¿a la misma matriz de inteligibilidad que
condiciona las posibles lecturas, que polariza la existencia, que oprime y constituye la otredad para su propia
existencia?

Figura 3: XXVIII Marcha del Orgullo en la ciudad de Buenos Aires 2019


Fuente: Luna, Althabe, Escandar, Fafasuli y Gavotti, 2019, [Link]

Figura 4: XXVIII Marcha del Orgullo en la ciudad de Buenos Aires 2019


Fuente: Luna et al., 2019, [Link]

Figura 5: XXVIII Marcha del Orgullo en la ciudad de Buenos Aires 2019


Fuente: Luna et al., 2019, [Link]

corriente dentro del


feminismo que cuestiona el
heteropatriarcado,
Transfeminismo: transversalizando el
feminismo a quienes se
encuentran subalternizados
por aquel, pero que no
necesariamente son o se

1 of 1
Los cuestionamientos a los límites del reconocimiento, a las fronteras dentro de la matriz heteronormativa, a la
esencialización del género/sexo/sexualidad nos demuestran que estas praxis de resistencia buscan desencializar los
límites de las identidades sexo-genéricas en la disputa frente a una heterosexualidad obligatoria.

No se trata de producir un futuro para géneros que todavía no existen, escribe Judith Butler. Los
géneros que tengo en la cabeza, concluye, existen desde hace largo tiempo, pero todavía no fueron
admitidos en los términos que gobiernan la realidad. Se trata de desarrollar, en la ley, en la
psiquiatría, en la teoría social y literaria, un nuevo léxico que legitime la complejidad del género
en la que siempre hemos vivido. Como las normas que gobiernan la realidad no admitieron que
dichas formas son reales, las llamaremos, por necesidad, “nuevas”. (Dorlin, 2009, p. 123).
LECCIÓN 4 de 6

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LECCIÓN 5 de 6

Revisión del Módulo

Hasta acá aprendimos...

Epistemologías feministas

En la lectura Epistemologías feministas, se aborda el modo en que el feminismo ha intervenido en la construcción
del conocimiento, para exponer las formulaciones androcentristas de la ciencia, sus sesgos y obstáculos que
implican para el desarrollo científico.

Arqueología del género



En la lectura la Arqueología del género, se aborda el origen del concepto a partir de las intervenciones del
paradigma biomédico como un ingreso a las problematizaciones del cuerpo sexuado y de la sexualización.

Deconstrucción del género



En la lectura La deconstrucción del género, se trabaja, por un lado, la necesidad de la interseccionalidad de género,
raza y clase para comprender los procesos de subalternización en cada contexto sociohistórico, y, por otro lado, la
naturaleza performativa del género y sus posibilidades de subversión.
Desestabilización del orden sexo/género/sexualidad

En la lectura la desestabilización del orden sexo/género/sexualidad justamente se revisa críticamente el orden
tradicional de la sexualidad que obliga una coherencia con el sexo y el género. Por ello, se trabajan las teorías
queers de la matriz heteronormativa y la agencia política, social y cultural de las disidencias sexuales.
LECCIÓN 6 de 6

Referencias

Bimbi, B. (2018) ¿La heterosexualidad es parte de la diversidad sexual? Recuperado de [Link]


heterosexualidad-es-parte-de-la-diversidad-sexual_859059

Dorlin, E. (2009). Sexo, género y sexualidades: Introducción a la teoría feminista. Buenos Aires, AR: Claves.

Fauno Gutiérrez, L. (2018). ¿Hetero es diverso? Una campaña peligrosa del gobierno. Recuperado de
[Link]

Luna, M., Althabe, L., Escandar, A., Fafasuli, F. y Gavotti, G. (2019). Las mejores fotos de la XXVIII Marcha del
Orgullo en la ciudad de Buenos Aires [Fotografías]. Infobae. Recuperado de
[Link]
buenos-aires/

Mattio, E. (2012). ¿De qué hablamos cuando hablamos de género? En J. Morán Faúndes, M. Sgró Ruata y M.
Vaggione (Edits.), Sexualidades, desigualdades y derechos: Reflexiones en torno a los derechos sexuales y
reproductivos (pp. 85-103). Córdoba, AR: Ciencia, Derecho y Sociedad. Recuperado de
[Link]

Neipris, E. (s. f.). Queer Nation activists at a “Take Back the Night” march in New York City in 1990 [Fotografía].
Recuperado de [Link]

Spargo, T. (2004). Foucault y la teoría queer. Barcelona, ES: Gedisa.

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