Jaime Sabines (Chiapas, 1926 - ciudad de México, 1999) fue
un poeta mexicano perteneciente a la conocida Generación
del Medio Siglo. Escribió tres libros fundamentales señalados
como tales por la crítica
especializada: Horal (1950), Tarumba (1956) y Algo sobre la
muerte del mayor Sabines (1973). Su obra, aunque con
resonancia continental, poco se conoce fuera de México, pero
esto no niega que su poesía ocupe un lugar de privilegio en la
tradición poética de lengua española. Estilísticamente, Sabines
perteneció, dentro del imaginario puramente latinoamericano,
a la vertiente poética denominada “coloquialista” o
“conversaciones” –en la que también podrían clasificarse
poetas como Juan Gelman (Argentina), Ernesto
Cardenal (Nicaragua), Roque Dalton (El Salvador), Mario
Benedetti (Uruguay), Pedro Mir (República Dominicana)
y Roberto Fernández Retamar (Cuba)–; cuyo momento de
mayor importancia se dio en la década de los cincuenta y
sesenta del siglo XX, época histórica que coincidió no sólo con
el triunfo de la Revolución cubana –primer proyecto comunista
en Latinoamérica–, sino también con las dictaduras que
retardaron la evolución democrática de los países
latinoamericanos. La Revolución cubana dejó una impronta
considerable en Sabines, sobre la cual escribiría un poema en
el que graba las impresiones que le dejó su visita a la isla, a la
que lo ligaban lazos sentimentales y filiales. Dentro de la
tradición poética mexicana, Jaime Sabines se inscribe en una
poesía de tono popular, contraria a la vertiente culta
hegemónica del tiempo que le tocó escribir, misma que
impulsaba Octavio Paz a través de su grupo Taller.
Dentro de su propia generación, el autor de Horal encontró
interlocutores de su misma filiación estética, entre
ellos Rosario Castellanos, Eduardo Lizalde y Jaime García
Terrés, así como el Rubén Bonifaz Nuño de Fuego de
pobres, El manto y la corona y Los demonios y los días, y
el Tomás Segovia de los poemas de guiño popular como los
que puede leerse en Bisutería. Estos poetas tuvieron como
referentes visibles, dentro de la geografía mexicana, a poetas
como Renato Leduc (con El aula, etc…) y Juan de Dios
Peza (con sus Cantos del hogar). Una revisión de la poesía de
corte popular en la lírica mexicana seguramente arrojaría
mucha claridad sobre la evolución de esta vertiente escritural
de los últimos dos siglos. Del siglo xx es posible decir que
Sabines es la figura central. Su obra dentro del canon poético
mexicano es imprescindible para entender la evolución que
han tenido las formas de la poesía no culta, su lenguaje y su
universo de temas, la mayoría de ellos en consonancia con las
más grandes preocupaciones del hombre: el amor, la soledad,
la muerte, Dios y, ante todo, el tiempo. Sobre el tema del
tiempo, por ejemplo, Mónica Mansour escribió:
El tiempo, en la obra de Sabines, aparece de todas las
maneras: como tema, dentro de símiles o metáforas, en
verbos y otras formas gramaticales y, naturalmente –es
poesía– en el ritmo y la sonoridad. Tanto en los poemas
escritos en verso como en los escritos en prosa, el ritmo –los
ritmos– está presente: fluye y luego se rompe para volver a
fluir. Y volvemos a la sorpresa que antes mencioné: a veces lo
fluido o quebrado del ritmo sonoro no concuerda con el tema
tratado y entonces cambian el significado y la sensación
producida en el lector, y vuelve a provocarse la tensión.[1]
Para entender a Jaime Sabines hay que poner su obra y su vida
en una misma dirección, pues están estrechamente
relacionadas. Una crónica vital acompañada de un recorrido
bibliográfico y una descripción de su contexto histórico
(social, cultural y político) podrá dibujar el perfil de un poeta
que, como pocos, supo conciliar su concepción ética con su
propuesta estética, esto es, la congruencia entre su
pragmática moral y el ejercicio de su vocación poética, que
mantuvo a lo largo de su vida.