Jedin, Hubert - Manual de Historia de La Iglesia 10-02
Jedin, Hubert - Manual de Historia de La Iglesia 10-02
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afinidades y rasgos tan comunes a todo el continente, que no se agotan ni en Sección primera
una época ni en una región. Tales son el clamor por la justicia o su cultura
popular amasada en catolicismo. PROCESO DE COHESIÓN HACIA LA
Es observable en la historia de la Iglesia católica en América Latina en
qué forma se va tornando incisivo su proceso de cohesión hacia la universa-
UNIVERSALIDAD
lidad. Cohesión lograda por el desarrollo y fortalecimiento de algunas es-
tructuras eclesiales, por el esfuerzo de conservación del alma cristiana de Por Eduardo Cárdenas Guerrero, S.I.
nuestro pueblo, y por la sensibilización del catolicismo ante los problemas Profesor de la Universidad Javeríana de Bogotá
y de la Universidad Gregoriana de Roma
más serios del continente: su progreso técnico y humano, su lucha por la
justicia, su auténtica evangelización. Pero cohesión dinámica, que abre a la
Iglesia a una aspiración de universalidad: la Iglesia latinoamericana que a
Capítulo I
principios del siglo aparecía casi circunscrita al monólogo, se presenta,
ochenta años más tarde, como Iglesia con limitaciones y desfallecimientos, VISIÓN PANORÁMICA D E LA REALIDAD SOCIAL
es cierto, pero con una leal decisión de dialogar y de servir, y con una
tenacidad y originalidad ejemplares, proyectadas a toda la Iglesia universal,
para contribuir a la transformación humana y cristiana del tercer mundo. BIBLIOGRAFÍA: V. ALBA, Le Mouvement ouvrier en Amérique Latine, París
1953; R.J. ALEXANDER, Communismin Latín America, Nueva Brunswick 1957; ANÓNI-
Las tres conferencias generales del Episcopado Latinoamericano, en Río,
MO, un centro americano, La crisis del centroamericanismo, en ECA (1969),
en Medellín y en Puebla, demuestran que esta Iglesia hace suya la consigna p. 417-421; J. ARCOS, El sindicalismo en América Latina, Friburgo - Bogotá 1960; A.
de san Agustín: Dilatentur spatia caritatis! ARDAO, Esplritualismo y positivismo en el Uruguay, Buenos Aires 1950; A. ARDAO,
Por dificultades que no pudimos obviar, nos hemos limitado aquí única- Génesis de la idea y el nombre de América Latina, Caracas 1980; R. ARISMENDI,
mente al mundo iberoamericano. Permítasenos llamarlo simplemente «lati- Lenin, la revolución y América Latina, México 1976; F. BRAUDEL, Las civilizaciones
noamericano», sin que por ello sea nuestra intención monopolizar este, en actuales, Madrid 41973; E. CÁRDENAS, Visión de América Latina (pro manuscripto),
cierto modo, neologismo histórico. Bogotá21973; G. CASSANO, IICardinale Giovanni Caglíero (1838-1926), 2 vols., Turfn
1935; CELAM, «Libros auxiliares para la III Conferencia general del Episcopado
latinoamericano»: I. Iglesia y América Latina en cifras; II. La Iglesia y América
E.C.G. Latina, Aportes pastorales desde el Celam, 2 vols.; III. Aportes pastorales desde las
Conferencias Episcopales; IV. Visión pastoral de América Latina, Equipo de reflexión
del Celam, Bogotá 1978; CELAM, Socialismo y socialismos en América Latina, Bo-
gotá 1977; G. CLARK, The Corning explosión in Latín America, Me Kay, 1962; J.
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Epic ofLatin America (Doubleday), 1946; P.J. CHAMORRO, Historia de la Federación
de la América Central, 1823-1840, Madrid 1959; P. CHAUNU, Histoire de L Amérique
Latine («Que sais-je?» 361), París 1979; W. V. D'ANTONIO, F.B. PIKE y otros autores,
Religión, revolución y reforma, Herder, Barcelona 1967; P. Di MARZIO, Latinoaméri-
ca ieri, oggi domani, Milán, s.a.; «Enciclopedia Internacional de las Ciencias socia-
les», dir. por D. SILLIS, Iberoamérica^', Nueva York 1968; A. ESTRADA MONROY, Datos
para la historia de la Iglesia en Guatemala, t. III, Guatemala 1979; J. FELLMANN
VELARDE, Historia de Bolivia, 2 vols., La Paz 1970; F. FERNÁNDEZ-SHAW, La organiza-
ción de los Estados Americanos, Madrid 1966; E. FINOT, Nueva historia de Bolivia
(Ensayo de interpretación sociológica), La Paz 1954; FLICHE-MARTIN, Historia de la
Iglesia, vol. XXVI, 2 (con un apéndice de Historia de la Iglesia Latinoamericana
[1914-1939], p. 453-691 [de diversos colaboradores]), EDICEP, Valencia 1980; M.
FRAGA IRIBARNE, Sociedad política y gobierno en Hispanoamérica, Madrid 1962; J.
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Instituciones y desarrollo político de América Latina, Buenos Aires 1966; J. GONZÁLEZ
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dictador progresista, ECA, 1964, p. 17-26; El presidente de Guatemala, Manuel Estra-
da Cabrera, ECA, 1964, p. 333-340; La caída del presidente Estrada Cabrera, ECA,
412 413
1965, p 52-58, L GUILAINE, L'Aménque Latine et l'impenalisme amencam, Pans I D E S D E 1900 HASTA 1940 1
1928, T HALPERIN DONGHI, Historia contemporánea de América Latina, Madrid
2
1970, J HARDORY, Las ciudades en América Latina, Buenos Aires 1972, M HERNÁN-
Dentro de un gigantesco cuadro geográfico de más de 21 millones de
DEZ Y SÁNCHEZ-BARBA, Historia universal de América, Madrid 1963, M HERNÁNDEZ Y
kilómetros cuadrados viven en 1980 unos 315 millones de habitantes E s la
SÁNCHEZ-BARBA, Tensiones históricas hispanoamericanas en el Siglo XX, Madrid 1961,
G HOURDIN, A Cuba deux ans aprés Les Catholiques devant l'imposture, ICI, num América Latina 2 con su geografía colosal, anárquica, generosa y tirámca,
137 (17 de febrero de 1961), p 13-26, J HUTEAU, La transformación de América macrocosmos continental que sigue desafiando a todos los esfuerzos huma-
Latina, Caracas 1970, D JAMES, Tácticas rojas en las Améncas Preludio guatemalte- nos
co, .México 1955, S JONÁS - D TOBIS, Guatemala una historia inmediata, México Su potencial humano al empezar el siglo x x llegaba a 65 millones de
1974, CH -D KEPNER Y J H SOOTHIL, El imperialismo del banano, México 1949, R habitantes En 1975 pasaba de 300 México creció en estos años de 13 a
JIMÉNEZ, América Latina y el mundo desarrollado, bibliografía comentada sobre 58 millones, Brasil, de 17 a 107, Argentina, de 6 a 25, Colombia, de 4 a 24,
dependencia e imperialismo, Bogotá, 1977, W KREHM, Democracias y uranias en el
Venezuela, de 2 a 12 E n la segunda mitad del siglo x x el 20 % de la
Caribe, Buenos Aires 1957, J LAMBERT, Amérique Latine structures sociales et insti-
tutionspohtiques, Pans 1963, J DELAUWE,L'AménqueIbérique, París 1937, J LEDIT, población tiene entre 15 y 25 años 3
El frente de los pobres, México 1957, P LERNOUX, Cry of the People, Nueva York Hay una América Latina blanca Argentina, Uruguay, Sur del Brasil y
1980, W LOOR, Eloy Alfaro, 3vols , Quito 1947, A MAGNET, Biografía de tres revolu- regiones de Chile, Colombia, Costa Rica y Cuba Hay una América Latina
ciones México, Bolivia y Cuba, en «Mensaje» 2, (Santiago de Chile 1968),
p 652-666, L MEDINA ASCENSIO, Historia del Colegio Latinoamericano [Roma
1 Tomamos como término cronológico de este apartado el ano de 1940 Se suele hablar de
1858-1978], México 1979, Th -M MELVILLE, Tierra y poder en Guatemala, 1975, T
1930 como ano significativo en la historia política y socioeconómica de América Latina Preferi-
MENDE, L'Aménque Latine entre en scene, Pans 1952, J MEYER, La Cnstíada, 3 vols ,
mos adoptar el ano de 1940 porque ciertos acontecimientos e instituciones de nuestro continente
México 21974, J MEYER, La Révolution Mexicaine, París 1973, J MEYER, Le synar- se definen claramente hacia este ano consecuencias de la segunda guerra mundial, fortalecimien-
quisme, un fascisme mexicain>, Pans 1976, R MILLET, Anastasio Somoza García, to del sindicalismo, crisis de los partidos, afirmación de movimientos populistas, fortalecimiento
fundador de la dinastía Somoza en Nicaragua (trad del ing ), en ECA, 1975, p de la industrialización influencia del urbanismo en la vida de las repúblicas, lucha contra el
725-731, M MOERNER, Historia social latinoamericana (Nuevos enfoques), Caracas analfabetismo cierta afirmación de las clases medias, cambio de la política de los Estados Unidos
1979, C MONGE ALFARO, Historia de Costa Rica, San José 1966, O R MOORE, A hacia Latinoamérica Además la década del 40 puede llamarse aquella en que la Iglesia latino-
history of Latín America, Nueva York 1956, F MORENO, De los Anarco-utópicos y americana «entra en escena» Josué de Castro parece preferir esta década que se inicia en 1940,
Marx a las expresiones actuales del socialismo marxista, en Socialismo y Socialismos por algunos de los fenómenos que acabamos de expresar Véase su prólogo a la obra de E Ruiz
GARCÍA América Latina hoy Anatomía de una revolución, Madrid 1971, p 15 16
en América Latina, CELAM, Bogotá 1977, p 67ss, J A ODDONE, La formación del
2 «América Latina» el intelectual uruguayo (residente en Caracas) Arturo ARDAO ha publi-
Paraguay moderno, Buenos Aires 1966, C PEREYRA, Historia de la América Española,
cado un estudio muy erudito y sugestivo acerca del origen de la expresión «América Latina»
Madnd 1925, R PÉREZ, La Compañía de Jesús en Colombia y Centroaménca, 3 vols , Génesis de la idea y el Nombre de America Latina, Caracas 1980 Según esto, antes de 1830 la
Valladohd 1895-1898, M POBLETE TRONCOSO, El movimiento obrero latinoamericano, región era conocida como «Aménca española», «América del Sur», «América Meridional» Asi
México 1946, E RAVINES, Latinoamérica, un continente en erupción, Lima 1956, M empleó los vocablos el abate De Pradt Pero «Aménca española» no podía cobijar sino a las
RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, América Central El nuevo liberalismo, 1871-1941, México antiguas posesiones españolas y no al Brasil En la década de 1830 el francés Michel Chevaher ya
1967, J L ROMERO, Latinoamérica Las ciudades y las ideas, México 21976, E Ruiz apunta a la latinidad del subcontinente, en oposición al carácter germánico o sajón de los Estados
GARCÍA, América Latina hoy, 21 , Madnd 1971, N SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población Unidos En la segunda mitad del siglo xix fue el colombiano José Mana Torres Caicedo, quien
de America Latina desde los tiempos precolombinos hasta el año 2000, Madnd 21977, «con más temprana conciencia de su porvenir histórico, aplicó a nuestra Aménca - e n español-
J SCHLESSINGER, Revolución comunista Guatemala en peligro, Guatemala 1946, V el calificativo de latina» (p 74) F BRAUDEL escnbe, por tanto erróneamente, que fue Francia «y
no sin segundas intenciones y después toda Europa las que le han concedido el epíteto de latina»
SIERRA, Historia de la Argentina, Buenos Aires 1956, A E SOLARI, Estudiantes y políti-
Las civilizaciones actuales, o c en bibl , p 371 Pero también el adjetivo tiene un cierto origen
ca en América Latina, Caracas 1968, V -M TAPIÉ, Histoire de l'Amérique Latine au eclesiástico, al fundarse el seminano o colegio «Pío Latinoamericano» de Roma en 18S8 Véase
Siécle XIX, Pans 1945, P TEICHERT, Revolución económica e industrialización en L MEDINA ASCENCIO O C bibl p 30 34 En el t IV de la Historia de la Iglesia católica, de
América Latina, México 2 1963, J C VALADES, El Porfirismo Historia de un régimen, B LLORCA y otros autores (BAC 76 Madnd 31963 p 686-687) se lee que las Academias de la
21 , México 1941 y 1948, vanos autores, El Sistema Interamencano Estudio sobre su Lengua Castellana reunidas en Bogotá en 1960 «han desterrado del vocabulano oficial la expre
desarrollo y fortalecimiento, Madnd 1966, vanos autores, Mensaje (Santiago), Revo- sión Aménca Latina» En el correspondiente Boletín de la Academia, 10 (Bogotá 1960), num 36
lución en América Latina, num 115, 3 1963, C VENTURA COROMINAS, Historia de las están las Actas del Congreso pero no hemos encontrado la decisión mencionada El trasfondo
Conferencias Interamencanas, Buenos Aires 1959, J VICENS VIVES, Historia social y histórico afectivo del adjetivo «latino» parece de carácter romántico Juega también su papel la
económica de España y América, vol V, Barcelona 1959, A P WHITAKER Argentina oposición entre lo sajón del Norte y lo latino del Sur En la carta de convocación del Concilio
Plenano de Aménca Latina, firmada por León xm el 25 de diciembre de 1898, el papa habla de
Transformación de un país y el flujo de inmigrantes 1880-1916, México 1966, L ZEA,
«los intereses comunes de la raza latina (lattm nommis) a quien pertenece más de la mitad del
Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica del romanticismo al positivismo, Nuevo Mundo » La traducción «raza latina» es oficial En el cap II hablaremos de la exaltación
México 1949, L ZEA, América en la historia, Madnd 1970 de lo latinoamericano hecha por ese Concilio
3 Un estudio muy completo sobre la población de Aménca Latina y de su evolución, en
N SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de América Launa desde los tiempos precolombinos al ano
2000 Madnd 21977
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india: Perú, Bolivia, Ecuador, México, Centroamérica, regiones de Colom- mo europeo, están entrando en choque con una nueva realidad latinoameri-
bia, Paraguay, Venezuela. Hay una América Latina negra: Centro y Norte cana modernizada e impregnada de orgullo de su nacionalidad5.
del Brasil, Antillas, Guayanas, regiones de Colombia y Centroamérica. De Pasamos por alto la complicada cronología de la revolución mexicana
esta suerte un cálculo para la segunda mitad de nuestro siglo presenta el iniciada en 1911. La Constitución de Querétano (1917) ofrece ya la nueva
siguiente mosaico latinoamericano: 38 % de indios y mestizos; 33 % de problemática socioeconómica que ha de insinuarse en el paisaje ideológico
blancos; 28 % de negros y mulatos y un uno por ciento de asiáticos. Pero en de América Latina: la cuestión agraria, el código obrero, la nacionalización
la década del setenta calculaba el CELAM que la población indígena de de la riqueza natural. La originalidad de la revolución radica en su sentido
gente que convivía con la forma de civilización occidental o pertenecía a social de reivindicación de los derechos del indio y del campesino, aunque
vida de tribu, era de unos 36 millones de personas4. su efectividad vaya a constituir más tarde enormes desengaños, y en su
talante antiimperialista6. Cien años después de la independencia política, se
luchaba contra el colonialismo económico. Ambos caracteres, social y eco-
1. Dos hechos trascendentales nómico, tuvieron su expresión en la solución del problema agrario. Ideal-
mente tomada, la revolución mexicana venía a constituir un replanteamien-
Los primeros decenios del siglo xx constituyen una etapa de transición to estructural y, por ello, estaba llamada a ejercer inmenso influjo, por lo
de la era positivista que caracterizó el siglo xix, a la etapa de modernización menos romántico, en el resto de América Latina. El presidente norteameri-
y planetización de América Latina. Sobresalen dos hechos de fuerte reper- cano, W. Wilson, juzgaba, en cambio, que «sólo se trataba de una lucha por
cusión política, social e internacional: la revolución mexicana y la primera la tierra y nada más».
guerra mundial. Aquélla significa una reacción contra el fracaso ideológico
y político del modelo positivista que, a lo largo del siglo xix, se había pre-
sentado como panacea para los problemas de un continente inmaduro y 2. Renovación del pensamiento antipositivista
dependiente. La gran guerra debe juzgarse como el colapso de una expre-
sión imperialista europea. Aunque América Latina quedó al margen del Se hace presente una generación de hombres nacidos entre 1850 y 1890
inmenso conflicto, no pudo sustraerse a sus repercusiones. que inician un movimiento contra el fracasado intento positivista de respon-
Se empieza a definir así en estos años el esquema de una nueva América der a las necesidades y a las aspiraciones del continente latino. Así, en
Latina, cuya transición se opera en el ámbito político, ideológico y social. México, Pedro Enríquez Ureña y Alfonso Reyes, Antonio Caso y José
En la política permanecen todavía modelos militaristas, que sobreviven con Vasconcelos7. Vibran con las ideas de autonomía absoluta «para evitar las
ciertas modalidades a lo largo del siglo; perduran antagonismos de partido y contaminaciones de la América sajona». En el Perú, Alejandro Deustua,
personalismos de mando. Es el área más inmadura de la historia latinoame- cree que un «orden para la-libertad» puede lograrse si se atiende a la educa-
ricana. En el terreno ideológico el liberalismo empezará a manifestar su ción integral del hombre y si se abandona «el tecnicismo analfabeto» del
contenido connatural capitalista. En el aspecto social, los problemas clasis- positivismo. En Bolivia, Franz Tamayo, se propone estudiar el alma de su
tas, indígenas y populares descubrirán su propia fuerza. Dentro de este tierra «magra, vasta y solitaria» con «sus grandezas, sufrimientos y soleda-
marco van a formarse nuevas modalidades económicas, ideológicas y cultu- des». En Argentina descuellan Alejandro Corn y Conolano Alberini. En
rales, nuevas realidades nacionalistas y sociológicas. En los primeros dece- Uruguay sobresalen Enrique Rodó8 y Carlos Vaz Ferreira, y en Chile,
nios del siglo xx se advierte que las estructuras del siglo anterior con sus Enrique Molina. Sus fuentes de inspiración son Croce, Gentile, Bergson,
caudillismos y la pérdida de identidad nacional provocada por el imperialis-
5 F G GIL, Instituciones y desarrollo político de América Launa, Buenos Aires 1966, p 39ss
6 Sobre la revolución mexicana existe literatura abundantísima Citamos L CABRERA, La
4 Véase una presentación global histórica, sociológica y estadística en CELAM, Visión Pasto- revolución mexicana Orígenes y resultados, México 1955-1972 Historia moderna de México (Co-
mi de América Latina, Libro auxiliar 4, p 277-285 Sobre la población «afroamericanos», legio de México), dir por D Costo VILLEGAS, 10 vols , México 1955-1972, J MEYER, La Révolu-
p 285-287 Habría que señalar también el crecimiento de la población blanca por las comentes non Mexicame, París 1973
inmigratorias europeas al Sur del Brasil, el Uruguay, Argentina y CHile Véase N SÁNCHEZ- 7 Véase el estudio de L ZEA, El positivismo en México, México 1943 Del mismo Dos etapas
ALBORNOZ, o c , p 160-197 Sobre el fenómeno argentino, A P WHITAKER, Argentina Transfor- del pensamiento en Hispanoamérica Del romanticismo al positivismo, México 1949
mación de un país y el flujo de inmigrantes, 1888-1916, México 1966, p 57-85 Es preciso señalar 8 Enrique Rodó (1871-1917) es figura clave de la crítica antipositivista Su obra típica, Ariel,
el excelente estudio de M MOERNER, Historia social latinoamericana (hecho en perspectiva histó- publicada por vez primera en 1900, enjuicia la concepción y la postura anglosajona frente al
rica) y publicado por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, Colección Manoa, Cara- significado de la vida humana y defiende el idealismo y la generosidad latina como actitud
cas 1949 Sobre este tema volveremos nuevamente en los capítulos siguientes (II-V) de este connatural del mundo hispanoamericano Aunque Rodó tiene una formación laicista, propende a
estudio cuando tratemos de la situación de América Latina en el momento de la celebración del una síntesis práctica de laicismo y cristianismo Sobre esto, véase a A ARDAO, Esplritualismo y
Primer Concilio Plenano de América Latina (1899) positivismo en el Uruguay, Buenos Aires 1950, espec , p 175-204
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Boutroux y hasta James. El mérito de esta generación se debe al impulso 4. Sistemas políticos
dado contra el positivismo utilitarista y a la búsqueda solicitada de una
concordancia con el pasado, haciendo luz sobre las realidades vitales del a) Autocracia, militarismo, dictadura. Ante la ruptura del orden por la
hombre latinoamericano, más allá de las meramente económicas. No pro- oposición de ciertos estamentos afectados, aparece el mesías militar, de
pugnan una renovación filosófica de tinte cristiano (sus fuentes son hetero- ordinario con prolongada permanencia personalista en el poder. Hay tres
doxas), pero señalan la ineficacia del mito positivista a través de una in- casos más o menos sincrónicos y sospechosos, en la curva geográfica que
terpretación adecuada de la realidad continental. avanza desde México hasta Venezuela. Porfirio Díaz, en México, desde
1884 hasta 19119; Juan Vicente Gómez10, en Venezuela, desde 1908 hasta
1935 (con intervalos de ausencia hábilmente vigilados), y Manuel Estrada
3. Dispersa ideología política Cabrera, en Guatemala, desde 1898 hasta 1920. Detrás se asientan las es-
tructuras que los sostienen: la preponderancia extranjera, poderosos grupos
Tales figuras son una minoría preocupada por el futuro político de su clasistas, un partido político, la intervención del ejército, la personalidad
propia patria. Aunque sueñan con nuevos proyectos y fórmulas en rebeldía del dictador, la intimidación y el terrorismo, la fatiga y la apatía del pue-
con situaciones vividas hasta entonces por cada nación, no dejan de ser blo11. La sospecha de este sincronismo recae sobre la coincidencia entre la
unidades enclavadas históricamente en alguna de las tendencias políticas consolidación de las dictaduras en la zona del Caribe y la consolidación del
que habían gobernado a los pueblos latinoamericanos: conservatismo, mili- dominio norteamericano sobre la curva geográfica de que hemos hablado12.
tarismo autocrático, liberalismo. No hablan de revolución sino de evolu- b) Sistemas conservadores y liberales. El sistema conservador es de ca-
ción; propenden o al autoritarismo personalista, o al conservadurismo pro- rácter tradicionalista y busca el progreso con énfasis en la Hacienda pública,
gresista, o al liberalismo avanzado. en la construcción de servicios públicos y en el interés de promover, junto
El autoritarismo personalista es defendido por pensadores que ven como con buenas relaciones con la Iglesia, la enseñanza pública. A esta corriente
única solución a los problemas nacionales el poder de la fuerza. No hay sino pertenecieron Colombia, en forma incisiva13, y de algún modo Perú,
un paso hacia la dictadura y no extraña, por eso, la contemporaneidad en Argentina y Chile. Pero cada país tiene su propio período y ofrece su espe-
Venezuela de un Laureano Vallenilla Lanz y de un dictador como Juan cial fisonomía sin que podamos individualizar elementos de homogeneidad.
Vicente Gómez. La corriente conservadora se inclina por una evolución suficientemente
El conservadurismo progresista se caracteriza por una preferencia aristo- gradual como para poder dominar las masas que se van modificando germi-
cratizante, por la defensa de la superioridad de la minoría sobre la masa; nalmente por las nuevas situaciones y las nuevas ideas. El elemento aristo-
por el pesimismo de la potencialidad indígena y mestiza y por la convicción cratizante trata de manejar la coyuntura.
de que la esencia de lo latino reside en una minoría ilustrada. Propende a El sistema liberal es*de carácter reformista, avanzado, romántico. Habla
que el poder se conserve en el grupo patricio y con autoritarismo. Así, de reivindicar a las clases populares y es de orientación marcadamente
Rodó en Uruguay, Cario Bunge en Argentina, Carlos A. Torres en Colom- irreligiosa. Influenciado por profetas humanitarios busca soluciones filan-
bia. trópicas, fourieristas y saintsimonianas. Los países de tendencia liberal son:
El liberalismo avanzado y socializante propugna por la libertad política y
el desarrollo económico y social, recorta las atribuciones del Estado, es de
corte laico e irreligioso. Tales, Ruy Barbosa en Brasil, Joaquín González en 9. Sobre Porfirio Díaz y su época: J.C. VALADES, El porfirismo, Historia de un régimen, 2 t.,
México 1941 y 1948. R. ROEDER, Hacia el México moderno. Porfirio Díaz, 2 t., México 1973.
Argentina, Vaz Ferreira en Uruguay. 10. J.V. Gómez representa uno de los casos más drásticos del tirano tropical. T. ROURKE,
Pero existe también el movimiento de la revolución autóctona, como Gómez, Tirano de los Andes, Buenos Aires 1959. Había nacido en 1859.
esperanza de los grupos más desamparados. En México, Vasconcelos de- 11. Vemos en Iberoamérica, después de la independencia, «dictadores conservadores tradi-
fiende una posición hispanizante, ya que allí la intromisión capitalista sajo- cionalistas y reformadores progresistas; los hay entre los negros (Haití) y los indios, más todavía
entre los mestizos, y mucho más entre los blancos criollos. Junto a satrapías de bárbaros incultos,
na se dejaba sentir inmisericordemente. hallamos, a menudo, las de tiranos cultísimos, pero políticamente corrompidos. Se distinguen
Desde la terminación de la gran guerra hace su aparición un esquema de dictaduras clericales y anticlericales, de generales y civiles, constitucionalistas y anticonstituciona-
revolución importada, de tipo anarquista y comunista, precisamente cuando listas; muchos se comportan como republicanos leales al período presidencial, y otros se ingenian
empieza a desarrollarse el embrión de la clase obrera, si bien sus padres ya para prolongar la presidencia vitalicia con la ayuda de leguleyos hábiles.» Véase LA, 1953, p. 221
con cita de Morales Padrón.
trabajaban desde antes: Ángel Guarello y Luis Emilio Recaberren en Chile; 12. Acerca de la presencia norteamericana en Centroamérica: Ch.-D. KEPNER y J.H. SOOTHIL,
en Uruguay y Argentina, Emilio Frugoni, Juan B. Justo y Alfredo Palacios. El imperialismo del banano, México 1949.
Todas estas tendencias y modelos se traducirán en la práctica a través de 13. En Colombia, el impulso a la educación popular y universitaria se debió más al partido
sistemas políticos. liberal que llegó al poder en 1930.
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Uruguay, con José Batlle y Ordófiez (m. 1929)14, luchador contra toda capitalismo liberal. Allí se encuadra la comprensión de la encíclica Rerum
forma de tiranía y creador de una forma colegiada de poder ejecutivo, para Novarum. Entre tanto América Latina se circunscribía a una economía de
conjurar los antagonismos políticos. Bolivia, donde predomina el signo libe- demanda. La guerra de 1914 reveló su potencialidad industrial. Se aflojó un
ral con romanticismo indígena. En Ecuador sobresalen dos caudillos, entre tanto el atenazamiento de extracción de compañías extranjeras que coinci-
1895 y 1916: Eloy Alfaro15 y Leónidas Plaza. Aquél presidió un gobierno dió con el movimiento nacionalista de la revolución mexicana.
marcadamente irreligioso y en 1906 promulgó la «Constitución atea». Los Incipiente industrialización y sindicalización marchan paralelas. Sus
antagonismos de las corrientes liberales obligaron a que sus oligarquías se fuerzas y tensiones inciden poco a poco en la organización y cohesión del
entregasen a la plutocracia descuidando las necesidades elementales de un mundo proletario, aunque todavía embrionariamente, en algunos países; en
pueblo oprimido y atrasado. Argentina, Brasil, Chile, México, la efervescencia sindical se vitaliza en la
El Brasil contó con gobiernos de corte liberal y civil. Descuella la figura década del veinte, marcada por los éxitos de la revolución rusa. Las oligar-
de José María Da Silva, que sin ser gobernante, vinculará a su país con el quías económicas nacionales y extranjeras aspiran al máximo rendimiento
conjunto de pueblos latinoamericanos. Cuba permanece en posición ambi- de cruel signo liberal, de modo que la grieta entre la masa social y el poder
gua con relación a una doctrina política. En dependencia casi total con los económico ya se presenta insalvable: no hay casos de coherencia entre la
Estados Unidos, sus tensiones son más hacia la derecha o hacia la izquierda clase dominante y la masa.
que al conservatismo o al liberalismo. Santo Domingo se ve gobernado por
generales o militares norteamericanos, y así llega hasta la dictadura de
Trujillo en 1930. 6. Dificultades del proceso inicial sindicalista17
Si en el siglo xix las diferencias entre la corriente liberal burguesa y
conservadora aristocratizante se manifestaron, ante todo, en el terreno polí- Se observa un doble fenómeno.
tico, en el siglo xx van a ahondar sus diferencias dentro del nuevo plantea- 1.°. Los poderes públicos y las minorías económicas infravaloran el sig-
miento social y económico al que ya no podrá sustraerse el continente nificado sindicalista obrero, sobre el que abrigan desconfianza y hostilidad,
latinoamericano. Sin embargo su operatividad se irá esfumando en los dece- especialmente en los regímenes de tipo conservador y personalista.
nios siguientes: nacerá el modelo capitalista y nacerá el modelo socialista 2.°. Las organizaciones obreras carecen de programación y de estructu-
que, hasta 1980, no aparecía realizado históricamente sino en el de Marx y ración interna. Desempeñan apenas un papel de resistencia contra el capital
Lenin o en el de Mao Tse-tung. para mejorar sus condiciones de vida. «Luchan por mejoras inmediatas. El
presente absorbe toda su actividad. En sus programas no se encuentra casi
nunca una afirmación doctrinal, un objetivo final específico. En los partidos
5. Industrialización y proletariado hasta 1930lb socialistas y en los grupos ácratas, los programas son más completos, pre-
sentan, a veces, soluciones concretas a problemas continentales [...], pero
El concepto económico que se había formado el área imperialista acerca en este período su lucha se limita también a casos inmediatos: contra leyes
de América Latina se basaba en su capacidad de consumo y no de produc- represivas, por un sufragio efectivo, por garantías a los derechos civiles y
ción. La expansión inglesa contribuyó al despegue de una incipiente in- por una legislación del trabajo.»
dustrialización, y fue la Gran Bretaña quien descubrió la virtualidad econó-
mica de nuestro continente.
La primera revolución industrial entró en el mundo bajo la preponde- 7. Realizaciones prácticas del movimiento obrero
rancia de Inglaterra. Los abastecedores de la demanda mundial en el s. xix
fueron países europeos. La oferta quedó sometida a los postulados del México es el primer país influido eficazmente por los planteamientos
que impone la clase obrera incipiente. La Constitución de 1917 recoge sus
primeras reivindicaciones. La Argentina se beneficia, entre 1890 y 1920, de
14. J. Batlle y Ordóñez nació en 1856 y murió en 1929. Dio al Uruguay una configuración la ideología importada por los inmigrantes y registra algunos avances: se
laicista. E. RODRÍGUEZ FABREGAT, Batlle y Ordóñez, el Reformador, Montevideo 1942. Escribe A.
WHITAKER que se ha sobrevalorado a Batlle «como exponente de la manera de ser del pueblo fundan la Federación Obrera Argentina (FOA), y la Unión General de
uruguayo». Le parece que E. Rodó no es menos representativo que Batlle. Nacionalismo y
religión en Argentina y Uruguay, en W.V. D'ANTONIO - F.B. PIKE, Religión, revolución y reforma,
Herder, Barcelona 1967, p. 139-141. 17. Dos síntesis del movimiento sindicalista, desde sus orígenes: R.J. ALEXANDER, El movi-
15. W. LOOR, Eloy Alfaro, 3 vols., Quito 1947. miento obrerista laico como instrumento de cambio social en América Latina, en W.V. D'ANTO-
16. P.C. TEICHERT, Revolución económica e industrialización en América Latina, México 21963. NIO - F.B. PIKE, Religión, revolución y reforma, o.c, p. 257-279. ICI, «Le Syndicalisme Chrétien
Una gran visión histórica y estadística. en Amerique Latine» (núm. 146, 15 junio 1961) p. 17-28.
420 421
Trabajadores (UGT). En Bolivia se funda la Federación Obrera Internacio- Pero tales esfuerzos no parecen haber borrado, ni mucho menos, los
nal, inspirada en la Internacional de Londres. En el Brasil se registra una antagonismos históricos y fronterizos de Paraguay, Bolivia, Chile, Perú,
notable integración a través de uniones profesionales y de artesanos, de Ecuador, Colombia y de la América Central. Planeó sobre nuestra historia
ferroviarios y estibadores. Chile presenta el fenómeno de un obrerismo que el espectro del primer Roosevelt con su política del big-stick, contra «los
gradualmente toma conciencia de su miseria y de su fuerza en las minas de latinos decadentes» y «los perros bastardos»; política del garrote de aquel
El Salitre y se organiza en un plan defensivo de sociedades de resistencia. hombre funesto, de modo que -como escribe T. Halperin Donghi- los Esta-
dos Unidos no debían vacilar en aplicarla para imponer la disciplina a las
veleidosas repúblicas del Sur.
8. Ambiguo significado de la primera industrialización
El impacto llegó a América Latina con la electricidad, el motor de ex- II. HACIA LA MITAD DEL SIGLO XX
plosión y de aceite, con el petróleo y el Canal de Panamá y, ya poderosa-
mente, bajo marca norteamericana. Su característica no consiste en los 1. Las contradicciones
instrumentos materiales que también Europa podía proporcionar, sino en la
concepción técnica, pragmática y social. «Los Estados Unidos -escribe E. El hemisferio occidental evoluciona hasta convertirse en el sector más
Ravines- organizaron, cronometraron, convirtieron en sistema el cómo y el dinámico de la tierra. El intercambio del bloque latino y del bloque sajón
cuándo debían realizarse tales trabajos, tales operaciones, tales movimien- supera el ritmo intercambiario del resto del mundo. El crecimiento demo-
tos, para producir más y para vivir mejor [...]. Se ha producido así como un gráfico del mundo latinoamericano va a resultar superior al de los otros
encuentro brusco entre Ford y Huayna Capac, entre Cortés - Moctezuma y continentes, aunque se empezará a advertir una flexión en la década del
la General Motors. Dos edades, dos ritmos, dos estructuras inconciliables setenta, cuando el aumento se deba no principalmente a la fertilidad sino al
han chocado abruptamente, sin posibilidades de armonía, de cadencia, de dominio de la mortalidad infantil y al avance en la expectativa de vida que
tregua.» pasa de los 50 a los 62 años. Los programas antinatalistas propiciados espe-
cialmente por los Estados Unidos («genocidio blanco» como los ha designa-
do el arzobispo don Hélder Cámara) empiezan a manifestar su eficacia20.
9. El movimiento panamericanista18 La urbanización va a tomar ritmos frenéticos con ciudades que, sobre todo
después de 1960 superarán los cinco, los diez, los quince millones de habi-
Movimiento de tipo centrípeta, iniciado en 1890, que refleja una madu- tantes. En la I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de
ración de conciencia intercontinental, por lo menos de coordinación. Era Río de Janeiro (1955) se citó esta predicción de Cari Ackermann: «El si-
natural que la parte del león se la llevaran los Estados Unidos. Las Confe- glo xix, históricamente grande, perteneció a la Gran Bretaña; el siglo xx, a
rencias Panamericanas, iniciadas en 1890, se irán celebrando con relativa los Estados Unidos; el siglo que viene, a la América Latina.» Proliferan las
periodicidad en diversas capitales. Hasta 1954 se habían realizado diez. En consignas optimistas del «continente del futuro» y al Brasil se le designa
1910 se asienta el principio jurídico de igualdad de derecho, porque en la como «el gigante dormido».
práctica existía un desnivel estridente entre el poder de la América sajona y Pero muchos elementos que cualifican al mundo latinoamericano se con-
la vulnerabilidad de la otra América. Paralelamente aparecen otras mani- vierten en contradicciones de naturaleza histórica, social, política, étnica,
festaciones de panamericanismo o de latinoamericanismo con reuniones de geográfica y económica. Entre 1900 y 1980 no hay un solo país libre de
congresos jurídicos, históricos, financieros y sanitarios. Ello significaba un algún golpe de Estado. Uruguay, Chile, Colombia y Costa Rica que han
esfuerzo, un síntoma de nuestro continente latinoamericano de alcanzar disfrutado de bastante estabilidad, no se han ahorrado esta endemia conti-
vinculaciones y coherencias de dimensión continental para superar los na- nental21. Desde 1943 la República Argentina, no obstante su vocación natu-
cionalismos estériles y para crear un clima de colaboración con que alcanzar ral a la prosperidad, ha debido sufrir media docena de cuartelazos. Bolivia
los sólidos objetivos requeridos por el orden social, internacional, político y
científico19. 20 Una crítica a esta política antmatalista en H BORRAT, La svolta Chiesa e política tra
Medellín e Puebla, Asís 1979, cap I Lo sviluppo come aggiornamento La expresión de don
18 C VENTURA COROMINAS, Historia de las Conferencias Interamencanas, Buenos Aires 1959 Hélder Cámara parece que fue pronunciada en una intervención en la II Conferencia del Episco-
19 En América Central se había estimulado un proceso de integración, aunque a veces pado en Medellín, 1968 Ya en 1955 la revista católica LA aducía datos impresionantes acerca de
entendido en forma de absorción, por parte de Guatemala, por ejemplo, desde la época de Justo esta campaña antmatalista, 1955, p. 41-44
Rufino Barrios (1873-1885) F FERNÁNDEZ-SHAW, La integración de Centroaménca, Madrid, espe- 21 Síntesis de A MAGNET, Panorama político de América Latina, en «Mensaje» (Santiago),
cialmente introducción, p 19-100 num 115 (1963), p 38-45
422 423
viene siendo sometida a un ritmo de pronunciamientos y de revoluciones eos, organización sindical, etc. Para ello es necesario el control total sobre
que, a veces, duran entre un día y una semana para estrenar nuevo poder. los sistemas de socialización: educación y medios de comunicación, princi-
Desde 1964 el Brasil se vio gobernado por gobiernos militares. Paraguay, palmente. Este fenómeno contribuye a la formación de una espiral de vio-
Santo Domingo, Cuba, Nicaragua, Venezuela han debido soportar, y algu- lencia, injusticia institucionalizadas, provoca la tentación a la subversión;
nos países aún siguen soportando, interminables dictaduras personalistas subversión y contrasubversión; terrorismo y secuestros, represión y tortura.
que, en ocasiones, asumen un carácter de feroz y prolongada represión22. El desequilibrio entre las aspiraciones desatadas y la lenta capacidad de
satisfacerlas, indefectiblemente ponen el problema de orden político en una
El partido único que gobernó México desde 1920, convirtió en veleidad
coyuntura. La violencia de cualquier signo es una tentación permanente
toda pretensión democrática.
para resolver esta disputa.
En las jornadas de preparación de la Conferencia Episcopal de Puebla,
el equipo de reflexión del CELAM hablaba de un nuevo cuadro político y »E1 comportamiento político, en vez de llevar a una convivencia demo-
de una proliferación de regímenes militares. «Es difícil el diagnóstico políti- crática, deja de ser integrado y se convierte en excluyente, rehuyendo la
co de América Latina estrechamente ligado a la situación socioeconómica. negociación y el arbitraje. De esta manera, el orden político democrático se
La situación de injusticia estructural hace inestable el consenso social nece- desmorona bajo el peso de la violencia y por la ausencia de consenso políti-
sario para la convivencia social.» Habla de la frustración producida por el co real. El abismo que separa a "revolucionarios" y "reaccionarios" se en-
fracaso que han registrado los movimientos políticos de cierto nuevo cuño sancha. La tentación de los extremistas de derecha y de izquierda es sacar la
que irrumpieron en la década del sesenta. Aunque no se nombran, es posi- política del campo del consenso y de la convivencia para expresarla en
ble pensar en «El Frente Nacional» de Colombia, en el gobierno «revolucio- términos de eliminación del enemigo. La participación democrática queda
nario» del Perú, en el post-trujillismo de Santo Domingo, en el desarrollis- debilitada y la fuerza se convierte en argumento decisivo»24.
mo del Brasil. Pero también hay que reconocer que sus fracasos «provienen Desde la mitad del siglo la América Latina vive tal antagonismo que la
en parte de la oposición de los extremistas y de las resistencias de los grupos mantiene en estado continental de prerrevolución. En algunos países, sobre
históricamente dominantes»23. todo de Centroamérica, se vive en los últimos años del setenta en declara-
«Los partidos de inspiración marxista se han caracterizado por la incapa- das revoluciones. El esquema latinoamericano se convierte en un rompeca-
cidad, fuera de ciertas excepciones, para formular un proyecto de reformas bezas con la aparición de estos regímenes de fuerza, de guerrillas de signos
estructurales viable en el cuadro internacional en que se sitúa América marxistas, de dictaduras que aspiran a convertirse en interpretaciones polí-
Latina. Sus dificultades provienen del irrealismo de las estrategias, de la ticas yfilosóficas,como los agonizantes proyectos justicialistas o el modelo
oposición de la oligarquía y del extremismo de algunos grupos.» marxista de Cuba. Las crisis económicas cuando ocurren las bajas del café o
El deterioro del cuadro político se atribuye a la proliferación de los del cobre, y que arrojan sobre los países pérdidas anuales seis veces superio-
regímenes de fuerza que bloquean la participación política de los ciudada- res a los préstamos hechos por los bancos internacionales, acaban de com-
nos y que comparte abusos de poder «propios de los estados fundados en la plicar los intentos de interpretación histórica y social de la realidad de
fuerza» y que «lleva a la violación de los derechos fundamentales de la América Latina.
persona y de los pueblos». Se explica que, en ocasiones, se presente este El potencial económico no ha sido hasta ahora un factor unitivo: la
fenómeno dictatorial-militarista por situaciones de caos y de vacío de poder monoproducción, en parte superada, la producción concurrente, la ausen-
en algunas repúblicas latinoamericanas. cia de mutuo y suficiente abastecimiento, no ofrecen hasta el momento
Desde que el neomilitarismo de visceral talante antiizquierdista ha perspectivas de confianza en la integración del continente. Por los años
ido llegando al poder ha surgido la ideología de «Seguridad Nacional». sesenta la distribución de los productos latinoamericanos sólo favorecía en
CELAM lo presenta así en una Visión Pastoral de América Latina: «Surge un 7 % a estos mismos países; lo demás emigraba a los Estados Unidos
así la ideología de la Seguridad Nacional como intento de aglutinar en torno (60 %), a Europa continental (20 %), y el resto al área esterlina y al Asia.
de un proyecto histórico nacionalista y desarrollista a la mayoría de la po- Pero el beneficio del mercado sólo cobija a una minoría, en tanto que la
blación, proponiéndose como tarea la desarticulación de las sociedades in- masa sufre todas las consecuencias del sistema capitalista, egoísta y rapaz25.
termedias y de toda estructura de participación efectiva en partidos políti-
24 Ibid , p 88
22 A MAGNET califica el régimen de Trujillo (1930-1961) como la dictadura más brutal de
cuantas hablan sufrido hasta 1963 los pueblos latinoamericanos (íbid ) Véase también L'Église 25 Acerca de estos fenómenos existen ensayos, informes, interpretaciones Estamos en la
sous la férulle de Trujillo en ICI.núm 139 (marzo 1961), p 24-26 A LLUBERES, La Iglesia en las exasperación de la economía, de la sociología y de las estadísticas Señalamos dos obras de fácil
Antillas espartólas (1914-1939), en Historia de la Iglesia (FLICHE-MARTIN), vol 262, Valencia 1980, lectura esentas por autores no americanos M. HERNÁNDEZ y SÁNCHEZ-BARBA, Tensiones históricas
p 515-526 hispanoamericanas en el siglo XX, Madnd 1961, P Di MARZIO, Latinoamérica ten, oggi, domam,
Milán (sin fecha) obra escrita con simpatía y cierto optimismo
23 CELAM, Visión Pastoral [ ] «Libros auxiliares» IV, p 87
425
424
2. Continente subdesarrollado' espíritu de potencias medievales y esta potencia es la que constituye y reali-
za la estructura de comunidad, la esencia de la personalidad de América
Las encíclicas Mater et Magistra y Populorum Progressio evitan la expre- Latina.» El proyecto unitario medieval, en su aspecto de fraternidad y de
sión y prefieren emplear caritativamente el eufemismo «en vías de desarro- cohesión, todavía podría ser realizable en un conjunto de países con unidad
llo». Sin embargo, de las diez categorías establecidas por la sociología mo- de tradiciones, de idiomas, de fusión de razas, de unidad religiosa. A estos
derna para determinar la condición de un país subdesarrollado, por lo me- elementos apelaba León xm cuando convocó, en 1898, el Concilio Plenario
nos siete se encuentran verificadas en América Latina. Latinoamericano31.
Alto índice de mortalidad infantil y bajo término de vida. La situación va Esta conciencia de unidad ha sido asimismo provocada por la resistencia
mejorando, como se ha observado anteriormente, y en la década del setenta a la hegemonía y absorción moral pretendida por los Estados Unidos, a la
se ha reducido a 8 por mil. Desnutrición: casi la mitad de los hogares no que se ha respondido con fiero orgullo nacional. Si un día Latinoamérica
satisfacen sus necesidades calóricas; una de cada seis familias latinoamerica- sintiera un atenazamiento análogo de otras áreas imperialistas como la
nas no satisface ni siquiera el 60 % de la recomendación calórica, encon- Unión Soviética, opondría seguramente la misma resistencia32. La actua-
trándose en estado de extrema pobreza. Habitación infrahumana en el cam- ción de las categorías sociológicas, aunque muchas veces resulta ambigua o
po y en la ciudad: favelas o tugurios27. El analfabetismo, que, aunque va ineficaz, contribuye a crear factores de unidad: tales son, por ejemplo, la
siendo derrotado, alcanzaba, en los años sesenta, un 60 % de la población formación de las clases medias y la presencia cada vez más acentuada de
adulta28. En 1965 más de la mitad de la población activa trabajaba en organizaciones sindicales. Elemento importantísimo de cohesión, y que se
actividades agrícolas. Desocupación y subempleo que cada año pasa a en- ha mostrado a veces avasallador, es el irrefrenable impulso que exige cam-
grosar la masa desesperada. Presencia endémica de dictaduras, de que se bios de estructuras: el fenómeno revolucionario común a todos nuestros
habló en párrafos anteriores29. Trabajo de los niños que, aunque legalmente países, que pide la transmutación radical y efectiva en el terreno económico
abolido en casi todos los países latinoamericanos, sigue siendo practicado. y social, y coloca a la América Latina entre la disyuntiva de una evolución
Alta natalidad que, aparte de las consideraciones éticas, puede traducir un radical (expresión inadmisible para la corriente izquierdista cristiana...) o
fenómeno de irresponsabilidad, sobre todo cuando se presenta fuera de la de una revolución sangrienta.
institución familiar.
426 427
1. La explosión demográfica** 3. La industrialización desde 1930
Entre todos los continentes, América Latina es el que ha visto producir- «Éste era el mensaje que estaba aguardando la esperanza de América
se, después de los años veinte y treinta, el más fuerte aumento de pobla- Latina. En un continente abrumado por la quietud, era necesidad urgente el
ción. En 1900, tenía unos 65 millones; en 1920, 94; en 1940, unos 138; en la dinamismo. En un continente abrupto, sin ferrocarriles, con escaso carbón,
década del cincuenta contaba entre 150 y 160 millones; en 1970, llegaba a con debilitante dispersión demográfica, el automóvil resultó más revolucio-
los 265; en 1980, alrededor de 320 y en el año 2000 los cálculos le asignan nario que el hierro [...]. Estalló el dinamismo que está descalabrando viejas
600 millones. La medida de crecimiento entre el fin de la segunda guerra inercias, rompiendo situaciones anquilosadas y produciendo conflictos en
mundial y la formulación de la «Alianza para el Progreso» (1945-1960) fue los que chocan dos formas de vida, dos distintas concepciones de la existen-
de 38 %. La población se halla irregularmente repartida: entre 1960-1970, cia», escribe Revines.
casi diez de los veinte millones de argentinos, se concentraban en el área La guerra mundial de 1914 marcó el ocaso europeo y la ascensión prota-
de la capital. Más de la mitad de la población del Brasil estaba concentrada gónica de los Estados Unidos que abultaron sus desplazamientos a Latino-
al sur del paralelo 20, en 1/6 de la superficie total. américa. La segunda guerra mundial tuvo por efecto reemplazar la importa-
ción de manufacturas europeas y estimuló las exportaciones de América
Latina. Empiezan a surgir fábricas de materiales agrícolas, ferrocarriles,
2. La urbanización: significado y problemas refinerías, fábricas de cemento y de plásticos, industrias textiles, de papel,
de abonos. La competencia de la Europa postbélica y la del Japón estimulan
El desplazamiento a las ciudades es asombroso. La población rural de la implantación de fábricas de automóviles y de cierta industria pesada en
México era del 90 % en 1900, y bajó al 54 % en 1940. La población del algunos países más desarrollados, además de un mejor planeamiento econó-
Brasil aumentó en 28 % entre 1940-1950; al mismo tiempo la población mico y de una producción bastante más diversificada. Van a la cabeza Bra-
urbana creció en un 50 %. Entre las más grandes ciudades latinoamericanas sil, Argentina, México y Venezuela.
23 crecieron entre 1940 y 1950 en un 45 %. Pero como el índice de natalidad
urbano es inferior al rural, el crecimiento de las ciudades ha de atribuirse,
en gran parte, a la incontenible inmigración. La ciudad ejerce un influjo 4. Lo que todavía no ha resuelto la industrialización
magnético sobre el campesino. La ciudad crece inorgánicamente, como
simbiosis de tumores que aumentan artificialmente como un cinturón de No ha vivificado la vieja estructura del continente en el aspecto social y
miseria. Sobreviene el proceso de desadaptación y desarraigue dentro de económico. Persisten muchas veces métodos de explotación que destruyen
aquellas estructuras que el padre Desqueyrat califica como degeneradas y el equilibrio ecológico y sistemas inhumanos de explotación del hombre. La
degeneradoras, con la carga explosiva de la desesperación revolucionaria. miseria de las masas no se ve desaparecer. Tampoco se advierte una posibi-
El 14 de septiembre de 1977 se decretó un paro nacional de protesta por la lidad efectiva de acceso de los estamentos desvalidos a posiciones de nivel
carestía de la vida en Colombia: sus grandes ciudades indicaron lo que superior. La explotación de las materias primas no alcanza a asegurar las
podría ocurrir si esta clase de protestas se hubieran organizado mejor. Se vicisitudes económicas, de suerte que a un abaratamiento del 40 % de nues-
calcula que la capital de México tendrá el año 2000 unos 30 000 000 de tras materias primas, no corresponde el abaratamiento de los productos ya
habitantes. Las ciudades latinoamericanas obtienen el crecimiento urbano elaborados, que han sido sólo del 5 %. Cualquier desnivel, por pequeño
más veloz del mundo. que sea, registrado en los Estados Unidos acerca de un producto latinoame-
ricano, significa una catástrofe en América Latina. Bajo la industrialización
late un drama social, ya que casi la mitad o más del continente vive de los
trabajos agrícolas; y un drama económico, porque la industrialización está
concentrada en inmensa proporción en la explotación y exportación de ma-
turistas, que pasean por América Latina y luego se sientan a escribir un tratado. Recordamos terias primas.
T. MENDE, L'Amirique Latine entre en scene, París 1953, y trad. cast. Santiago de Chile 1953.
Véase el juicio ácido que le hace J. Álvarez Mejía en LA, 1954, p. 54-56. N.B.: Cuando la
numeración de las pág. de una revista es consecutiva durante el transcurso del año, nos ha
parecido innecesario citar el número de la revista. 5. Cultura y universidad
34. Véase N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de América Latina, o.c, p. 199-233.
35. Libro muy sugestivo, J. HARDORY, Las ciudades en América Latina, Buenos Aires 1972.
E. Ruiz GARCÍA, América Latina hoy, II, o.c, p. 157-177, con datos muy elocuentes y cuadros Un experto en asuntos educacionales latinoamericanos escribía: «Nues-
estadísticos. tro mayor capital es la inteligencia, el impulso, la capacidad creadora de
428 429
nuestros pueblos. Y precisamente ese capital, por falta de educación ade- sas denominaciones protestantes habían fundado, especialmente en el Bra-
cuada, no lo hemos aprovechado durante años.» A su vez, Jorge Sol, subse- sil, centros de estudios universitarios. En este período los universitarios
cretario para Asuntos económicos y sociales de América Latina afirmaba: pasaban de 600 000, demasiado ligados a la trilogía de medicina, derecho e
«Qué diferente sería nuestra América Latina, si [...] se lograse que todo ingeniería38. Un político colombiano escribía: es hora de que la universidad
niño latinoamericano, al llegar a la edad escolar, tuviera por lo menos el eche «a andar camino adentro del cuerpo de la patria para indagar sus
ciclo de la educación primaria.» Es cierto que el analfabetismo va siendo urgencias y, de acuerdo con ellas, abra nuevas especializaciones; la cultura
derrotado, y en este sentido la experiencia cubana y, desde 1979, la expe- no entrará furtivamente, ni se colará por sus grietas, ni se medirá por la
riencia nicaragüense, son un reto al sistema imperante en el resto de Améri- cantidad de conocimientos que se posean». La universidad necesita de una
ca Latina. En la década del sesenta había países, como Bolivia, El Salvador, renovación funcional para orientarse hacia profesiones necesarias a un con-
Guatemala, Haití y Nicaragua, con más del 60 y 70 % de analfabetos36. Los tinente en ebullición. Se está dando importancia a la ictiología y a las cien-
países mejor librados eran Argentina y Uruguay con menos del 20 %. El cias ecológicas; la sociología se ha politizado en sentido marxista y puede
«Almanaque Mundial» suele mostrarse más optimista. Cuatro personas de perder una visión original en una inmensa comunidad cuya interpretación
cada diez, mayores de quince años, no sabían leer ni escribir, mientras que pretendiera encerrarse solamente en el molde marxista. El bajo índice de
en los Estados Unidos eran dos por cada ciento. El término medio de matrículas universitarias, la deficiencia académica, la beligerancia política
educación primaria que tenía hace algunos años el niño latinoamericano se de los centros estatales o el academicismo de las universidades privadas, el
reducía a dos años; en el Japón alcanzaba a siete. En 1970 asistían a la problema económico de la mayor parte de los estudiantes, son circunstan-
escuela primaria unos 26 millones de alumnos de entre siete y catorce años, cias altamente negativas de la universidad latinoamericana.
de los 38 millones de niños y jóvenes existentes; pero sólo el 11 % termina- Tantos problemas acumulados significan un derroche de capital huma-
ban el período completo de seis años. no. La desnutrición, el analfabetismo, las enfermedades, producen un alto
La educación secundaria constituye en América Latina una plataforma porcentaje de población vegetativa, según algunos de hasta un 70 %, peso
de lanzamiento de la clase media en búsqueda de mejoría de posiciones. No muerto constreñido a seguir actuando con procedimientos tradicionales.
obstante los esfuerzos de los gobiernos, que en algunos casos como el de Una población funcionalmente analfabeta (ya que sólo saber leer y escribir
Venezuela, México, Argentina, Cuba, son sorprendentes, la educación se- no lleva necesariamente a actitudes críticas) es fácil blanco de la demagogia.
cundaria es tachada todavía de falta de ramificación y de originalidad. Tien- «Casi todo el aumento de la mano de obra -dice un informe de la CEPAL
de demasiado al enciclopedismo y resulta poco articulada con la escuela en 1962-, tanto en el presente como en los próximos años, se deberá casi
primaria y con la universidad. La «Revista Interamericana de Educación», exclusivamente a la mano de obra no calificada; por esto el problema de la
publicaba en 1963 un estudio de J. Cambell con datos deprimentes: de cantidad no resuelve el de la calidad.»
cuatro y medio millones de niños que concluyen la enseñanza primaria, sólo No puede negarse, sin embargo, que muchos gobiernos han tomado
se matriculan en la secundaria tres millones y medio; de éstos, dejan de seriamente la tarea de planeamiento y de programación. Si en 1900 el nú-
terminarla un 78 %; hasta pocos años antes sólo 25 % de los matriculados
recibían un entrenamiento práctico y vocacional37.
38 I QUILES, El problema de la universidad Latinoamericana, en LA (1956), p 502-508
En la década del sesenta funcionaban en América Latina más de cien Véase un cuadro estadístico de las preferencias universitarias en 1960, en E Ruiz GARCÍA, Améri-
universidades estatales o autónomas. La Iglesia Católica dirigía 25 y diver- ca Latina hoy, o c , II, p 344 Por ejemplo el derecho tiene el 20 % de los universitarios, la
medicina, el 21 % En cambio la agricultura sólo el 2 % y las ciencias exactas y naturales el 4 %
Los datos son de 1960 A fines de 1962 se reunieron en Lima universitarios católicos de todos los
36 Datos muy impresionantes de la situación en Centroaménca en 1958, en LA, 1958, países de América Latina para estudiar el tema Hacia una reforma de la universidad en América
p 156-159, y sobre el analfabetismo de la población indígena, íbid , p 198-201 Latina. El resumen de la parte critica suena así «La crisis por la que pasan las universidades
37 Si en 1952 la revista LA afirmaba que los analfabetos eran 70 000 000, etc (cf antes, latinoamericanas puede resumirse en la ausencia de una conciencia vital de su ser, por no haber
nota 28) y había 19 000 000 en edad escolar sin escuela, en 1960 había algo más de 30 000 000 de sido capaz de encontrar su propia definición Esto explica que no estén cumpliendo cabalmente su
niños matriculados dentro de 75 000 000 en edad escolar Esto significa que frecuentaban la función educadora y formadora de hombre, ni estén dando respuestas a lo que la sociedad pide
escuela un poco más del 40 % Lo afirmaba el colombiano Gabriel Betancur Mejía, en la Unesco Pasan a señalar objetivos concretos sobre las funciones primordiales de la universidad latinoame-
Véase J CONSIDINE, The Church in the New Latín America, o c , p 68-71 Otras estadísticas en ricana "Crear conciencia de la situación revolucionaria que vivimos, investigando en forma
«Revista Interamericana de Educación» (Bogotá), num 121 (1963), p 16 El estudio de J coordenada los problemas del país y dándoles una solución a nivel científico Formar profesiona-
CAMBELL, La educación católica en América Latina, traducido en esta misma revista provocó les humana y técnicamente aptos, de acuerdo con las necesidades nacionales, para los cambios
numerosas rectificaciones de carácter ideológico Cambell asegura que en 1900 sólo frecuentaban que deben efectuarse Diversificar las posibilidades al final de la educación secundana promo-
la escuela un 4,5 % de los niños de América Latina, que en 1930, el porcentaje se había elevado a viendo colegios e institutos parauniversitanos Elaborar una cultura y un humanismo auténtica-
un 30 % y en 1960 a un 70 % En los mismos años la educación secundana aumentó en 63 % y la mente latinoamericano "» Véase «Mensaje» (Santiago de Chile 1963), p 328 En el aspecto
universitaria en 20 % Reconoce que la educación universitaria y secundana también han crecido pastoral véase el estudio de la CIF, La universidad en América Latina en «Boletín Informativo»
en calidad, ibid , p 6-7 Véase también E Ruiz GARCÍA, o c , II, p 340-348 (tELAM), núm 67, Bogotá 1963 (separata), p 1-11
430 431
mero de niños, matriculados en escuelas primarias, era sólo del 4,5 % (!), hacer de amortiguador sino de fuente de inquietud y aun de agitación conti-
sesenta años más tarde era del 70 %. Entre 1945 y 1960, mientras la pobla- nental40.
ción escolar aumentó en un 15 %, la matrícula alcanzó un 45 %. Se saltará En el decenio de 1970 se ha agudizado el problema de las llamadas
de un 38 % de población escolar en 1960 a un 50 % diez años más tarde. «clases emergentes» o nuevos ricos, alimentados por una enorme fuerza
Pero el plan ambicioso de la «Alianza para el Progreso» de que en 1970 económica subterránea procedente del contrabando y de la droga. Países
todos los niños latinoamericanos tuvieran un mínimo efectivo de seis años como Colombia, Bolivia, Ecuador y Panamá se sienten gravemente afecta-
de educación, ha distado mucho de hacerse realidad. Se ha de advertir que dos por este fenómeno que, incontrolable hasta el momento, tiende a pro-
la oferta educativa estatal y privada aumentó en los años sesenta a setenta, ducir desequilibrios fatales.
de 1850 millones de dólares a 470039. El gran aporte de las clases medias a la vida social de América Latina ha
sido el de la incorporación de la mujer a las actividades políticas y sociales.
432 433
brotadas a su sombra, abolición de sistemas primitivos de mercado, asisten- sus productos con desmedro de los nuestros, el cobro de licencias, "regalías", que
cia médica, elevación del nivel sanitario y educativo, lucha contra enferme- debemos pagar por la fabricación de sus productos en nuestras naciones En una
palabra, la dependencia tecnológica y científica y del mercado A lo largo de la
dades tropicales Tal vez les sean aplicables las consideraciones que hace la
historia se puede decir que, en parte, el desarrollo económico de esos países se ha
encíclica Populorum Progressio, núm 7, refiriéndose a la colonización y al hecho a costa de la explotación de los nuestros Esta dependencia esta relacionada
colonialismo con el endeudamiento progresivo, el sistema de créditos internacionales hace que
En los últimos años se ha hecho presente, casi obsesivo, el tema de las nuestra deuda externa sea un peso difícil de sobrellevar»43
Empresas transnacwnales o multinacionales, por la importancia que el argu-
mento ha adquirido en la economía mundial El Documento de Trabajo El CELAM advierte acerca de las consecuencias de semejante depen-
previo a la Conferencia Episcopal de Puebla aporta el juicio siguiente Se dencia dependemos cultural y politicamente Podríamos afirmar que se
estima que el 50 % de la producción mundial, en el área de las economías ataca la identidad y el conjunto de valores autóctonos, sobre todo por los
de mercado, proviene de ellas Las más importantes tienen una producción medios de comunicación social Mano Hernández no vacila en denominar
que supera la producción total de una nación Para tener un juicio objetivo esta situación como «un autentico feudalismo»
sobre ellas hay que ir a las causas que explican su surgimiento Sobre todo
en ciertas ramas industriales, la coordinación de las empresas, por encima
de las fronteras, es una necesidad vital Han dado ongen, pues, potentes 9 La revolución mexicana44
conjuntos industriales, comerciales, agrícolas, que reúnen centenares de
empresas ligadas entre sí por vínculos financieros, personales, contractua- «Fue la primera revolución agraria del mundo, y México el primer país
les 41 -antes que Rusia- que inscribió en su Constitución los derechos del traba-
No se desconocen sus beneficios, como los producidos anteriormente jo» 45 La revolución mexicana, de que hemos hablado en las primeras pagi-
por los consorcios extranjeros de que hemos hablado En el área socialista, nas de esta visión global, ocurrió cuando América Latina vivía el sopor de
la concentración es todavía más avanzada burocratización y politización, y estructuras anticuadas, cuando carecía de organización obrera y apenas
extendida a un número importante de empresas, confiere al Estado un despertaba al movimiento de industrialización Se comprende la fascinación
poder económico creciente, que puede amenazar el ejercicio de las liberta- que pudo haber suscitado en los decenios subsiguientes esta revolución, con
des públicas y el derecho sindical de los mismos trabajadores su prologo social definido y con tan acentuados perfiles nacionalistas
Pero, no existiendo organismos jurídicos internacionales que puedan No entramos en la enumeración matemática de sus realizaciones Pero
luchar contra poderes tan fuertes, la actividad de tales empresas se va cons- es preciso enumerar, por lo menos, algunas características Tales fueron la
tituyendo en una nueva forma de imperialismo que va a condicionar la reforma agraria, su intenso nacionalismo, su naturaleza autóctona, su origi-
libertad y la independencia de muchas naciones nalidad como fenómeno inédito en la historia latinoamericana, el impulso
dado a la constitución de una nueva burguesía y el ímpetu que imprimió al
nacimiento y crecimiento de fuertes movimientos de obreros y campesinos
8 La dependencia externa
Es bien sugestiva la interpretación que nos trae el padre José Miguel
Romero de Solís, acerca de un aspecto de la lucha cnstera, en su colabora-
«Esos pueblos de América Latina, teóncamente soberanos», dice Crou-
ción para la presente obra ademas de la protesta armada contra la persecu-
zet en su Historia General de las Civilizaciones*2 El Equipo de Reflexión ción religiosa, los cnsteros habrían pretendido recuperar la revolución para
del CELAM, en un estudio muy completo de la situación social y pastoral el pueblo, traicionada y malgastada por los gobernantes de México 46
de América Latina, previo a la Conferencia de Puebla, escribe Empero ningún gobierno, dicen los entendidos, ha cometido el error de
abandonar el plan agrario Hasta 1960 se habían distribuido casi 40 millones
«La dependencia externa es uno de los factores mas importantes, si bien no es el
de hectáreas a casi un millón de beneficiados El economista Edmundo
único Hay una interdependencia desigual con los países metropolitanos La depre
elación relativa de los términos de intercambio de nuestras materias primas con
relación al costo de los productos manufacturados provoca gran detnmento para
nuestros países La legislación arancelaria de los países desarrollados sobreprotege 43 Vision Pastoral [ ] «Libros auxiliares» iv p 91
44 Véase antes la bibliografía de la nota 6
45 V ALBA La introducción a la Historia del Comunismo en América Latina en «Estudios
41 Números 326-331, p 59 sobre el Comunismo» (Santiago abril jumo de 1955) p 111112
42 Citamgs la traducción italiana Storta Genérale delle Civiltá VIII, Florencia 1959 La 46 Véase del mismo autor J M ROMERO DE SOLÍS Iglesia y revolucionen México (1910 1940)
sección correspondiente a Latinoamérica la coloca bajo el titulo de Países dependientes, p en Historia de la Iglesia (FLICHE MARTIN) o c XXVI 2, p 465 505 con amplia bibliografía
Destacamos el estudio de J MEVER La Cristiada 3 vols México 21974
459 485
434 435
Flores estima que se había distribuido más del 50 % del área productiva Un informe de la I Asamblea Sindical Interamericana (ORIT), reunida
total. El conjunto resultante es que los países latinoamericanos tuvieron un en Sao Paulo en agosto de 1960, declaraba que de un 3 a un 8 % del total de
espejo en que mirarse: un fenómeno que mostraba seriamente un deseo de terratenientes latinoamericanos poseían entre el 60 y 70 % del conjunto de
renovación profunda al identificar dentro de la misma confusión revolucio- tierras productivas. Por su parte, otro informe de la CEP AL de los mismos
naria estos hechos: planteamientos de problema agrario social; nacionalis- años afirmaba que en ningún otro sector de la economía latinoamericana se
mo rebelde a cualquier suerte de imperialismo económico. daban las mismas profundidad y magnitud de desequilibrio entre las fuerzas
Pero el movimiento no ha dejado de tener aspectos negativos: la existen- del trabajo y las del capital.
cia de un partido único, inoperancia parcial en contraste con la pompa y A este drama colosal se añaden nuevos problemas: el problema de la
circunstancia con que se consagró oficialmente, provocación a crear nuevas ocupación de la tierra, como en Panamá y Venezuela, donde el 80 y el 56 %
formas de latifundio y carácter violentamente antirreligioso, o mejor, anti- -respectivamente- de los ocupantes no son dueños de las parcelas; o del
católico47. Paraguay y del Uruguay, donde los datos son del 70 y del 32 %. En Colom-
bia existían en 1960, entre millón y medio y dos millones de campesinos sin
tierra, y 700 000 agricultores poseían extensiones menores de 50 hectáreas.
10. El hombre y la tierra Había además cerca de medio millón de parcelas menores de cinco hectá-
reas. Otro problema es el de la baja productividad. A éste se añade el de la
Decir «América Latina», es decir «agro», «continente agrario», civiliza- predisposición psicológica del campesino a escala continental: parece increí-
ción ligada a la tierra. Posiblemente ningún otro elemento material ha in- ble el fenómeno del Brasil, en el decenio del setenta. Allí, cuando el país
fluido tanto en nuestro continente, en sus enfoques vitales, en sus estructu- andaba por los 60 millones de habitantes, 62 000 personas copaban el 60 %
ras, en la misma vida política, como el suelo. Para los ricos, pocos en de la tierra cultivable, que equivalía a dos veces el territorio de Francia. De
conjunto, la tierra ha sido, desde los días de la colonia, un signo de prestigio ese 60 % sólo tenían en producción el 4 %.
y la base del poder político; para los pobres, que constituyen la inmensa La miseria del campesino es, entonces, el mayor problema. Radomiro
mayoría, poseer un poco de tierra es realizar un anhelo de seguridad. Pero Tomic escribía en 1963: «Esta noche, esta misma, 130 millones de hombres,
en este continente agrario se presenta una paradoja, parecida, quién lo mujeres y niños latinoamericanos se han acostado con hambre, con hambre
creyera, a la paradoja de la Unión Soviética. Concretándonos, como ejem- física de pan.» Semejante miseria compele al campesino a emigrar a las
plo, sólo a Colombia, transcribimos una cita: «Un país cuya población está ciudades. Refiriéndose a Colombia, escribía hace algunos años el padre
dedicada en un 50 % a labores campesinas, pero que importa alimentos Jaime Martínez Cárdenas: «El campo sufre igualmente de un desempleo;
[...]; que tiene un 55 % de sus mejores tierras en manos de un 3 % de no hay cifra al respecto, pero si se parte de que hay 300 000 propietarios con
propietarios, mientras un 55 % de sus habitantes deben contentarse con un menos de una hectárea y aceptando el cálculo de unos 80 días de trabajo al
3 % de esas tierras; que pierde por erosión el equivalente de 583 hectáreas año en promedio por hectárea, suponiendo que también consiguen trabajo
arables cada año; que apenas utiliza el tractor en un 7 % del territorio capaz a jornal en tierras de otros, llegamos fácilmente a la conclusión de magnitu-
de ser arado por este medio; que compra productos agrícolas que exportaba des de más de 50 millones de días de trabajo que el campesino, aun querién-
anteriormente; que donde debía presentar agricultura presenta ganadería y dolo, no puede trabajar por no tener dónde»50.
viceversa [...]; que deja arruinar unas veces a sus agricultores en unas zo- No entramos en la consideración de ciertos intentos de reforma agraria
nas, mientras al mismo tiempo arruina a los consumidores de otras regiones adelantados con cierta eficacia en Bolivia a partir de 1952, y que se han
[...], ese país puede aparecer como una utopía al revés, o declarar legenda- quedado casi sin efecto en Venezuela o en Colombia. La «reforma agraria»
na su existencia» . cubana no ha sido sino una colectivización de la tierra de acuerdo con las
teorías socioeconómicas del marxismo.
Todavía en la década de 1960-1970, cerca del 60 % de la población
latinoamericana dependía de la tierra y vivía en el campo. Y allí era donde
se presentaba el problema de la tenencia de la tierra con el dualismo dramá-
tico del latifundio y del minifundio49.
47. La revolución tuvo también un carácter anticatólico. J. GARCÍA GUTIÉRREZ, Acción anticató-
lica en México, México 21956. El Documento del Congreso de Acción católica celebrado en
San Luis de Potosí en 1964, reconoce algunas realizaciones y méritos de la revolución. A.
MAGNET, habla de «revolución frustrada». Véase: Biografía de 3 revoluciones: México, ¡Solivia y 49. E. Ruiz GARCÍA, América Latina hoy I, p. 232-361, con datos pormenorizados sobre la
Cuba, en «Mensaje» (Santiago de Chile 1968) 2, p. 652-666. tenencia de la tierra.
48. RJ (1961) 2/2, p. 273-277. 50. RJ, l.c.
436 437
11. La clase obrera y el sindicalismo' una conciencia de clase. La solidaridad demostrada en 1978 y 1979 con la
insurrección de Nicaragua es, por lo menos, un síntoma de semejante con-
Su definición tiene orígenes remotos en la inmigración de obreros de ciencia.
cierta cualificación que llegaron de Europa al cono Sur y junto con la técni-
ca trajeron la ideología. Venían de una Europa que contaba ya con setenta
años de industrialización y de conflictos. Hacia 1950 podía calcularse en 12. «La extrema pobreza»
unos diez millones el número de obreros de América Latina, cuando toda-
vía la mitad del continente era campesino. De esos diez millones muchísi- En el estudio sobre una Visión Pastoral de América Latina, que ya
mos constituían un medio-artesanado, y la masa proletaria sufría el analfa- hemos citado, realizado por el CELAM como preparación a la Conferencia
betismo y la falta de especialización. Por otra parte, las diferencias raciales de Puebla, se reconoce que «en términos cuantitativos ciertamente ha habi-
pesaban en las características del movimiento obrero latinoamericano con do un progreso económico durante estos diez últimos años (1968-1978) en
las consecuencias de inestabilidad y disponibilidad a la demagogia. Desde todos los países. La producción global ha aumentado, debido a la diversifi-
principios del siglo se advierte ya el influjo del socialismo, como era el de cación de la producción y un crecimiento relativo del proceso de industriali-
aquellos años, especialmente en Argentina, Chile, Bolivia, México y Cuba. zación, lo cual significa que, por una parte, las economías latinoamericanas
La masa obrera organizada en movimientos podría significar para la se ven menos afectadas que antes por los impactos del exterior y que, por
América Latina en el terreno social y político, un instrumento con que otra parte, los lazos de interdependencia con los países ricos se vean perma-
alcanzar independencia económica y estabilización de su historia. Política- nentemente reforzados no siempre en sentido positivo». «El desarrollo lati-
mente podría proporcionar a los gobiernos surgidos de las clases medias un noamericano, pues, comienza a ser un proceso continuo. La cantidad de
apoyo cuantitativo y cualitativo para mantenerse en el poder. Socialmente, bienes que la región producía en 1950 casi se cuadruplicó en 1975»53.
para llevar a la práctica programas de reivindicación; nacionalmente, para Pero la Visión desemboca en la presentación trágica de una acentuación
enfrentarse, con bastante eficacia, a los consorcios extranjeros (Mario Her- de la brecha entre ricos y pobres. «Sin embargo -se dice- a pesar del creci-
nández). miento global, no se ha llegado a una distribución más equitativa del ingre-
El sindicalismo aparece embrionariamente, como se dijo al principio de so. El acento se ha puesto en el aumento de producción, descuidando su
estas páginas, por los años de la primera guerra mundial, y sólo en algunos adecuada distribución. La brecha entre pobres y ricos, ya señalada por la
países. Su fuerza se registra a partir de 1930. La CGT argentina contaba en Conferencia de Medellín, se ha acentuado. El nivel de vida de los grupos de
1955 con tres millones de afiliados; la CTM mexicana, con unos dos millo- bajos ingresos aumentó muy lentamente, mientras que el enriquecimiento
nes. El sindicalismo panamericano se ha agrupado en grandes organizacio- de la mayoría más favorecida se produjo en forma rápida. Esta situación de
nes continentales como la CTAL (1938), definida por Ravines como «una injusticia constituye una amenaza real y potencial para la estabilidad social
trinchera comunista», o en la ATLAS peronista, ambas fracasadas porque, y crea una situación insoportable para las grandes masas de la población.
en el fondo, vinieron a convertirse en instrumentos de los intereses «justi- Los estudios realizados por distintas organizaciones internacionales nos di-
cialistas» de Lázaro Cárdenas en México o de Juan Perón en la Argentina. cen que el 20 % más pobre de la población recibe apenas el 4 % del ingreso
En oposición a la influencia marxista han aparecido la CLASC y la ORIT. total. La distribución del ingreso en nuestros países es muchísimo más des-
El sindicalismo latinoamericano tropieza con grandes problemas. Tales igual que la de los países desarrollados capitalistas y los países socialistas. Si
son la pequeña proporción relativa de la población económicamente activa; a esto se agrega que los países desarrollados tienen mecanismos de pagos,
la falta de educación para pensar en el porvenir personal de cada obrero; la de transferencias (subsidios, sistemas tributarios rígidos, seguridad social
burocratización, la falta de conciencia política y la tendencia a la escisión avanzada), se puede ver que las diferencias entre sus grupos sociales es
ideológica52. Un estudio del episcopado colombiano, aparecido en 1974, mucho menor. Tal situación de injusticia nos lleva a denunciar la situación
registraba una flexión del entusiasmo sindical en Colombia. A pesar de de extrema pobreza, en que viven vastos sectores de nuestros países y nos
todo, la clase obrera va formando un verdadero proletariado creativo de coloca ante el reto de crear políticas de desarrollo integral justas, que miren
a la sociedad integral y no sólo a ciertas capas sociales.
51. V. ALBA, Le mouvement ouvrier en Amérique Latine, París 1953. J. ARCOS, El sindicalismo «De los 207 millones de habitantes de los seis países más poblados de
en América Latina, Friburgo - Bogotá 1960, M. POBLETE TRONCOSO, El Movimiento obrero latino- América Latina (Argentina, Brasil, Colombia, México, Perú y Chile) hay
americano, México 1946. R.J. ALEXANDER, El movimiento obrerista laico como instrumento de un total de 52,7 millones de personas con ingresos inferiores al establecido
cambio social en Latinoamérica, en W.V. D'ANTONIO - F.B. PIKE, Religión, revolución y reforma,
o.c, p. 257-286.
en una hipotética línea internacional de pobreza. Es decir, casi el 26 % de la
52. Véase la critica a la politización y burocratización en M. POBLETE TRONCOSO, o.c, p. 9;
también Le Syndicalisme Chrétien en Amérique Latine, en ICI, núm. 146 (15 junio 1961) p. 17-20. 53. L.c, p. 77.
438 439
población de esos países tiene menos de 75 dólares de ingreso por habitante
Perú, Brasil y Argentina. En otras repúblicas han sido causa de una profun-
al año [...]. La extrema pobreza está, por lo general, concentrada en los da desorganización política, traducida en disensiones internas, en fomento
grupos marginados, urbanos y campesinos, y en los indígenas del continen- de la burocracia y en una recíproca implacabilidad sangrienta, como fue el
te. Estos últimos son la porción más abandonada de muchas naciones» . caso colombiano hasta 1960.
Otras estadísticas de la década del sesenta nos hablan de que unos cinco Los partidos de derecha luchan por la conservación del orden estableci-
millones de familias emigradas del campo vivían en condiciones de absoluta do; los de izquierda, y no precisamente los marxistas, acondicionan el clima
miseria y que 110 millones de habitantes subsistían con un ingreso inferior a para la infiltración comunista: tal ha ocurrido en México, Colombia, Vene-
los cien dólares55. zuela, las Guayanas, Bolivia, el Ecuador. Es cierto que el panorama es
sumamente cambiante, sobre todo desde la llegada del marxismo al poder
en Cuba; la Acción Democrática venezolana, aunque se declare izquierdis-
13. Los partidos políticos en función de las soluciones sociales ta, lucharía contra una cubanización de Venezuela. Otro tanto ha ocurrido
con el liberalismo colombiano, tan de izquierda por los años treinta, que
Es bien sabido el aspecto positivo que desempeñan, porque fundamen- ahora denuncia clamorosamente la marxistización de la universidad.
tan el voto y son órganos naturales de la expresión popular. La democracia
En Colombia puede apreciarse el descrédito de los partidos tradiciona-
no puede funcionar sin esta mecánica. En América Latina se formaron, a lo
les a través del abultado abstencionismo electoral. En México sólo existe el
largo del siglo xix, los tradicionales partidos conservador y liberal, que, al
partido único. América Latina ha estado buscando una salida a la crisis de
parecer, sólo siguen sobreviviendo con cierta fuerza en Colombia y, a su
los partidos en los movimientos «justicialistas». Se les da el nombre, a veces
modo, en Uruguay. Hasta cerca de la mitad de nuestro siglo solamente
anacrónicamente, a partir del creado por Perón después del golpe de 1943
México, Chile, Uruguay y Colombia vivían una estabilización política. En
en Argentina. Su dirección corresponderá a las clases medias aliadas con la
otras repúblicas se sufría de regímenes totalitarios o golpistas. En la Argen-
masa popular, en parte organizada y pensante merced al trabajo de los
tina y en el Perú afloraron los justicialismos, a los que cabría asignar igual-
sindicatos. Entre éstos habría que registrar dos movimientos más antiguos:
mente, al menos en parte, el régimen político de México.
el cardenista mexicano y la Alianza Popular Revolucionaria Americana
Desde 1950 se registra una insatisfacción del sistema político: los parti- (APRA) fundada en el Perú por Raúl Haya de La Torre en la década del
dos no han acertado con la fórmula política adecuada a su situación de zona veinte. Respondían germinalmente a necesidades auténticas, pero se han
subdesarrollada. Se ha calificado la democracia latinoamericana, donde dejado contaminar de caudillismo y de idolismo. Tales movimientos, que,
funciona, como abstracta, raquítica y formulista. De este modo, el inmenso en un momento, trataron de conservar equidistancia entre el capitalismo y
continente latino no pesa internacionalmente. Los partidos políticos latino- el socialismo marxista, se han frustrado también por una carencia de cuerpo
americanos, no sólo el conservador y liberal, sino los que han surgido al ideológico, por actitudes demagógicas y por cierta ingenuidad en las pers-
caer las dictaduras o al producirse cambios internos, han producido concen- pectivas de las leyes o de las coyunturas económicas. Su mejor paradigma es
traciones de poder, han permanecido en manos de dinastías y de familias y quizás en este aspecto, el justicialismo peronista56.
no se han sobrepuesto a la dictadura del pensamiento impuesta por la «gran
prensa» y por los medios de comunicación social. En Venezuela y en Chile han cobrado fuerza significativa los partidos
democristianos, que no son propiamente confesionales, bien organizados y
Muchos partidos tradicionales o emergentes sufren de ideologías po- que han logrado galvanizar una bien importante parte de la ciudadanía,
bres, indefinidas, emocionales, «fabricantes de grandes sentencias vacías, especialmente juvenil57.
capaces de hacer hervir la irracionalidad emotiva de las multitudes». Puede
Más grave para el porvenir democrático del continente es la participa-
pensarse en los justicialismos, en la república de Santo Domingo, en el
ción política de las fuerzas armadas, cada vez más creciente, de modo que
Ecuador de la postdictadura militar de los años setenta. Los partidos se han
hecho sospechosos y han aparecido muchas veces en alianza con los intere-
56. No puede desconocerse que los nuevos partidos querían responder a nuevas ansias nacidas
ses económicos nacionales y extranjeros; su dirección descansa en el grupo en el decenio de 1920, o más tarde. Así el Movimiento Nacional Revolucionario, MNR, de
dé grandes propietarios o de poderosos consorcios económicos: el connubio Bolivia; el Partido de Unión Nacional, en Costa Rica; el Movimiento Cívico Democrático del
de política y de poder del dinero perpetúa la dirección nacional en manos de Ecuador; están en vigor el PRI de México, la Acción Democrática de Venezuela y el APRA del
minorías. Los partidos tradicionales entraron en crisis desde 1930, en el Perú. Su mérito ha consistido en la voluntad de vincular a todos los estamentos populares y
medios en el proceso político. El aprismo peruano tuvo una gran intuición y originalidad indige-
nista iberoamericana. VéaseM. HERNÁNDEZ Y SÁNCHEZ-BARBA, Tensiones históricas hispanoameri-
canas, o.c, p. 95-96, y la crítica que hace a las equivocaciones económicas del peronismo, en el
54. Visión pastoral de América Latina [...] «Libros auxiliares» IV, p. 78-79. penúltimo capítulo.
55. Otros datos sobre la estridente injusticia en los ingresos, P. Di MARZIO, América Latina,
57. R. CALDERA, La Democracia Cristiana en Latinoamérica, en RJ (1962)
o.c., p. 192-193.
Chile aparece la notable revista «Política y Espíritu» como órgano de la ideólo
440
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ya no es posible considerarlas como grupo apolítico. «En todas las naciones estrategia de bloqueo y juntamente con los demás Estados latinoamerica-
están incorporadas al juego político como grupo de presión, pero no como nos, excepto México, decidieron aislar completamente al gobierno revolu-
los otros, ya que posee la fuerza de las armas. En algunas circunstancias han cionario en la Conferencia de Punta del Este, en 196161. En abril de 1961 se
autodefinido su papel no como guardianes del orden interno (p. ej., la presentó la invasión de Bahía de Cochinos, cuyo patrocinio se atribuye sin
seguridad nacional), sino también como colaboradores y garantes de un dificultad a los Estados Unidos. Pero la invasión tenía sus antecedentes que
modelo de desarrollo económico. En otras partes mantienen su importancia no fueron improvisados. Desde mayo de 1959 se advertía la infiltración de
como poder de veto o como fuerza definitoria del conflicto social»58. personal comunista en los organismos de la reforma agraria (INRA). Co-
Se registra en algunas regiones un retorno a los esquemas democráticos: munistas especializados venidos de Chile y llamados por el doctor Ernesto
así en Santo Domingo, Ecuador, Perú. La fugaz primavera boliviana de Guevara, fueron colocados en puestos administrativos. Se fue procediendo
1979 apenas alcanzó a durar pocos meses. En el Brasil y en el Cono Sur el por pasos a la nacionalización de la tierra. El doctor Raúl Castro, hermano
ejército, dueño del poder desde hace años, bloqueó, frecuentemente en de Fidel, designó a un conocido comunista, Osmani Cienfuegos, como «di-
forma de violenta represión, los intentos de regreso a la democracia. Tales rector cultural», mientras el mismo Raúl ocupaba el cargo de ministro de las
regímenes justifican su intervención por la actividad de los grupos y movi- fuerzas armadas. Un compañero de lucha, Hubert Matos, fue a la cárcel y
mientos izquierdistas y por el rumbo resueltamente marxista imprimido en desapareció otro, Camilo Cienfuegos, cuyo destino sigue incierto. Elimina-
Chile por el presidente, doctor Salvador Allende. do de la presidencia de la nación Manuel Urrutia, fue designado un comu-
nista, el doctor Osvaldo Dorticós. Desaparecieron los diarios independien-
tes «Avance», «Excelsior», «El País», «El Mundo», «Prensa Libre» y «El
14. Cuba y Nicaragua Diario de la Marina».
Con la visita de Anastas Mikoyan, en 1960, empezó el intercambio de
La revolución cubana y la revolución sandinista de Nicaragua constitu- todo género, entre la Unión Soviética y la isla. En 1961 quedó nacionalizada
yen seguramente los dos acontecimientos sociopolíticos más significativos toda la educación. Al frente de la Universidad de La Habana se puso al
de la historia de América Latina en la segunda mitad de nuestro siglo, conocido marxista doctor Juan Marinello. Cuba entra así a formar parte de
aunque todavía queda mucha historia por vivir en los casi veinte años que la órbita socialista. Su significado para las expectativas revolucionarias de
restan para llegar al siglo xxi. América Latina no merece comentario62. La década del sesenta registra
Fidel Castro se mantiene en el poder desde 1959, después de la lucha
armada contra el régimen dictatorial y corrompido de Fulgencio Batista59. pensamiento vivo y concreto de la revolución » El número 121, correspondiente a marzo de 1959,
Castro fue aglutinando en torno de su fuerte personalidad y de sus ideales de la misma revista traduce el articulo de la revista «America» de los jesuítas norteamericanos,
escnta por el P Eugene Culhane, bajo el titulo Lo que está pasando en Cuba Es una fuerte
proclamados de abatir la tiranía a todos los estamentos sociales. Durante la defensa del proceso revolucionario contra una inicial opinión desfavorable que se empezaba a
lucha y en los primeros tiempos de la victoria, el Partido Comunista se formar en Cuba y fuera de Cuba Véase I c , p 26-28
mantuvo al margen de la colaboración. En abril de 1960 la revolución empe- 61 Escribe A MAGNET, 1 c , p 666 «Sena un error creer que la conducta de Castro estuvo
zó a proclamarse socialista y en diciembre del mismo año Castro se declaró determinada por la política norteamericana con respecto a Cuba antes y, sobre todo, después de
la revolución Pero mucho más grave fue el error de los que, apenas corridos unos meses de 1959,
abiertamente marxista leninista60. dieron por sentado que Castro era comunista y debía ser combatido o mirado con insuperable
Cuba había dependido normalmente de los Estados Unidos. Cuando se desconfianza » Sin embargo E Ruiz GARCÍA afirma, al parecer fundado en el libro del senador
advirtió el giro marxista de la revolución, los Estados Unidos iniciaron una norteamericano W FULLBRIGHT (The Arrogance of Power), que «encerrada en los estrechos cauces
de una posición estrictamente contrarrevolucionaria, la política internacional de Washington
favoreció, en su base misma, el proceso político cubano hacia su socialización política y económi-
58 CELAM, Visión pastoral de América Latina, «Libros auxiliares» IV, p 89. ca » America Latina hoy, o c , 2, p 127 Entre los primeros juicios sobre el comunismo de
59 Sobre la deplorable situación política y social en que se encontraba la Cuba de Batista, F Castro, véanse J DEMUR, Cuba (l'Atlas des voyages, dir Ch -H FAVROD), París 1962,
puede verse una reseña bien elocuente en el estudio de A. MAONET, por otra parte muy critico de p 152-153, T H DRAPER, El comunismo de Castro en «Cuadernos», París, marzo 1962 Con el
la revolución de Fidel Castro, Biografía de tres revoluciones [ . ], «Mensaje» (Santiago de Chile tiempo la historia dirá otra cosa
1963) 2, p. 663-664. 62 Además del articulo de A MAGNET citado anteriormente citamos otros dos, escritos en
60. El despiste inicial en que muchos cubanos y no cubanos se encontraban en relación con las 1961 y 1962 Cuba bajo el dominio comunista, en RJ (1962) 1/1, p 269-291, y A Cuba deux ans
intenciones de Fidel Castro, tiene una expresión gráfica, y hasta pintoresca, en la portada que apres Les catholiques devant l'imposture, en IC1, num 137 (17 de junio de 1961) p 13-26
dedicó la revista católica «Latinoamérica» (febrero 1959, núm. 120) al triunfo de Castro. Apare- Sorprende que su redactor, G HOURDIR, incluso llegue a insertar una columna bajo el título de
cen éste, en traje de campaña, y el nuevo presidente, Manuel Urrutia, conversando. La leyenda Etapas de la degradación También en esos años, M HERNÁNDEZ Y SÁNCHEZ-BARBA dedica un
que acompaña la fotografía dice. «Una vez consumada felizmente la gesta armada, el líder de ultimo capítulo de su obra, Tensiones históricas hispanoamericanas a la revolución cubana, bas-
la liberación nacional, doctor Fidel Castro, que todavía conserva los atributos simbólicos de la tante negativo E Ruiz GARCÍA hace una síntesis de los logros y deficiencias en sus diez primeros
campaña, hunde su mirada serenamente pensativa en el futuro fértil de la nueva patria, mientras años, dentro de un estudio global de toda la historia de Cuba, América Latina hoy, o c, 2,
a su lado, el presidente provisional de la República, doctor Manuel Urrutia Lleó, interroga el especialmente p 110-156
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entonces una enorme actividad guerrillera en muchos países, bajo la inspi- que, colocados en la alternativa de escoger entre el pan y la libertad, escogen lo que
ración del modelo cubano. Su impacto no podía menos de abrigar confiadas es más urgente, el pan. No se pida un ideal a un estómago vacío. Los responsables de
esperanzas, porque un pequeño país, a un centenar de kilómetros de los estos sistemas injustos son los que colocan a la gente en una alternativa tan dolorosa:
poderosos Estados Unidos, había sido capaz de instaurar un régimen anta- el pan sin libertad, o la libertad sin pan»64.
gónico y altivo. La consigna de Ernesto Guevara, de crear en América
Latina cinco, diez, quince Vietnam, no dejaba de fascinar a amplios secto- Palabras que equivalen al juicio de Tocqueville: «Los pueblos democrá-
res a quienes poco importaba que el experimento cubano estuviera protegi- ticos tienen un gusto natural por la libertad, pero tienen por la igualdad una
do y alentado por otro imperialismo; de todas formas el pueblo latinoameri- pasión ardiente, insaciable, eterna, invencible. Quieren la igualdad dentro
cano también sufría desnutrición, enfermedad, pobreza e ignorancia bajo el de la libertad, y si no pueden obtenerla, entonces la quieren aun en la
sistema capitalista. esclavitud.»
Nace entonces, bajo el gobierno de Kennedy, el proyecto de la «Alianza El otro gran acontecimiento a que nos referimos es la revolución sandi-
para el Progreso». Los gobiernos intentan desarrollar planes de reforma nista de Nicaragua. En la imposibilidad de expresar un juicio acerca de lo
agraria, que se han quedado en buenas intenciones. Cuba, en cambio, podía que será su futura evolución, aducimos aquí la interpretación que sobre su
mostrar grandes realizaciones, como la liquidación del analfabetismo, la significado ha querido dar el episcopado nicaragüense, que se mantuvo
socialización de la salud, la elevación del nivel de vida de las masas proleta- junto al pueblo a lo largo de su proceso. En carta pastoral a la comunidad
rias, la solución del problema de la vivienda popular y una generalización católica del país, los obispos se expresaban así 65 :
del acceso a la cultura.
La revolución cubana suele ser tratada con temor reverencial por mu- «...Queremos comenzar con una palabra sobre los logros del proceso revolucio-
nario que nos llevan a:
chos escritores no marxistas, temerosos de aparecer como reaccionarios de
»á) Reconocer que nuestro pueblo ha venido acumulando, a través de años de
derecha. Se ha ganado la simpatía y entusiasmo de amplios sectores juveni- sufrimiento y marginación social, la experiencia necesaria para convertirla ahora en
les latinoamericanos, y hasta de sectores católicos y clericales. Pero no una acción amplia profundamente liberadora.
pueden silenciarse las libertades cercenadas o suprimidas. Erradicado el «Nuestro pueblo luchó heroicamente por defender su derecho a vivir con digni-
analfabetismo y promovido el pueblo a la educación superior, quienes no dad, en paz y justicia. Éste ha sido el significado profundo de esa acción vivida contra
simpatizan con el partido o no pertenecen a él, no disfrutan de la mismas un régimen que violaba y reprimía los derechos humanos, personales, sociales. Así
garantías que los comunistas, ni de los mismos derechos 63 . En un régimen como en el pasado denunciamos esa situación como contraria a las exigencias evangé-
donde el partido lo es todo, es ingenuo pensar que se pueda proceder de licas, queremos ahora reafirmar que asumimos la motivación profunda de esa lucha
manera diferente de como actúan los partidos comunistas de la Unión So- por la justicia y por la vida.
viética, Vietnam o Checoslovaquia. El comunismo cubano se solidarizó con »b) Reconocer que la sangre de aquellos que dieron su vida en ese prolongado
la ocupación de este último país en 1968. No se ve por qué Cuba pueda combate, la entrega de una juventud que desea forjar una sociedad justa, así como el
papel sobresaliente de la mujer -secularmente postergada- en todo este proceso,
alegar títulos de su presencia en África, más inocentes que los alegados por significan el despliegue de fuerzas nuevas en la construcción de una nueva Nicaragua.
los Estados Unidos en Nicaragua o Santo Domingo en pasados decenios. La Todo esto subraya la originalidad de la experiencia histórica que estamos viviendo.
opresión de los creyentes se ilustrará en los capítulos de la sección segunda Por otra parte, la lucha de nuestro pueblo por ser el artífice de su propia historia, ha
de este estudio. sido caracterizada profundamente por el pensamiento y la obra de Augusto César
Pero el argumento de la supresión de derechos y libertades no tendrá Sandino, lo que acentúa la originalidad de la revolución nicaragüense, dándole un
fuerza psicológica en las masas latinoamericanas que poco ganan con decir- estilo propio y una bandera muy definida de justicia social, de afirmación de los
se libres mientras mueren de hambre. Es muy pertinente a lo que estamos valores nacionales y de solidaridad internacional.
diciendo lo que escribía en 1962 el obispo de Tacuarembó (Uruguay), mon- »c) Ver en la alegría de un pueblo pobre que, por primera vez en mucho tiempo,
se siente dueño de su país, la expresión de una creatividad revolucionaria que abre
señor Parteli: afirmaba que en muchos lugares del Uruguay el ganado era
mejor tratado que los niños pobres.
64. Extracto de su carta pastoral sobre la reforma agraria én ICI, núm. 160, 15 enero 1962,
«Las gentes que experimentan en su carne el sufrimiento nacido de necesidad y en p. 15.
su alma la amargura de las injusticias sociales, no pueden lógicamente amar las 65. Publicada en Eccl, 22 diciembre 1979. Fue reproducida íntegramente por la revista fran-
instituciones que protegen semejantes sistemas. No es que no amen la libertad, sino cesa «La Documentation Catholique», núm. 1779, 3 febrero 1980, p. 136-140. Debe tenerse
en cuenta el juicio favorable que daba a este documento la revista ECA (Estudios Centroame-
ricanos) dirigida por los jesuítas de la Universidad salvadoreña «José Simeón Cañas». Véase
63. En 1963 la Comission Internationale des Juristes publicó un amplio informe sobre la G. SELSEK, Centroamirica entre la atrocidad y la esperanza, núm. 380 (1980), p. 568-584. La cita en
violación de los derechos humanos en la Isla: Cuba et la Primante du Droit, Ginebra 1963. las p. 580-581.
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espacios amplios y fecundos al compromiso de todos los que quieren luchar contra un camine firmemente hacia una sociedad plena y auténticamente nicaragüen-
sistema injusto y opresor y construir un hombre nuevo. se, no capitalista, ni dependiente, ni totalitaria.»
»d) Valorar la determinación de comenzar desde el primer día del triunfo a insti-
tucionalizar el proceso revolucionario sobre una base jurídica. Como se demostró en
la decisión de mantener los programas anunciados con anterioridad al triunfo, por
ejemplo: la promulgación del Estatuto sobre los Derechos y Garantías de los Nicara- 15. El Salvador
güenses, la práctica consecuente de las libertades de información, de organización
política partidaria, de culto, de movimiento, las nacionalizaciones que recuperan En una época, como la actual, en que los conflictos se planetizan es-
para el país las riquezas, los primeros pasos de una reforma agraria, etc.; así como en pontáneamente, y en que las políticas gigantes invaden impúdicamente la
la capacidad de lanzarse desde los primeros días del proceso, a planificar y organizar vida y las decisiones de los pueblos débiles, qué difícil resulta a éstos ser
una cruzada nacional de alfabetización que dignifique el espíritu de nuestro pueblo, «protagonistas libres de su propia historia». La situación de la pequeña y
lo haga apto para ser mejor autor de su propio destino y participar con mayor respon-
sabilidad y clarividencia en el proceso revolucionario. ensangrentada república de El Salvador, «entre la atrocidad y la esperan-
za», ha polarizado en el decenio del setenta, las miradas y las expectativas
»e) Reconocer la existencia en el país de conflictos entre intereses opuestos,
motivados por la reforma agraria, las expropiaciones de grandes propietarios, etc.; de América Latina 66 . Estrategas y politólogos predicen una vietnamización
conflictos que pueden ser agravados por un proceso de cambio de estructuras econó- del conflicto, manipulado por los imperialistas contra la voluntad del pue-
micas, sociales, políticas y culturales. blo. Un sector extremista impone plazos para una insurrección general; otro
»/) Reconocer también los riesgos, los peligros y los errores de este proceso igualmente extremista, aprovecha las circunstancias para vengarse, multi-
revolucionario, conscientes de que en la historia no hay procesos de pureza humana plicando el terror y los asesinatos.
absoluta, y en tal sentido valorar la libertad de crítica y de expresión, como un medio Monseñor Arturo Rivera y Damas, administrador apostólico de la ar-
insustituible para señalar y corregir los errores y perfeccionar los logros del proceso quidiócesis de El Salvador, a quien no se podría acusar de parcialización o
revolucionario.» desconocimiento de la situación y de sus motivaciones más profundas, se
expresaba así en la homilía pronunciada el domingo 18 de enero de 198167.
Los obispos pasan luego a reconocer la existencia de algunos abusos que
se han presentado en el trato dado a los prisioneros, y de un cierto caos
«De acuerdo con la moral de la Iglesia, la insurrección es justa sólo y cuando se
inicial administrativo, explicable en «días de creatividad y transición». den cuatro factores: que haya abuso grave del poder político; que se haya recurrido a
Quieren que en la construcción de una nueva Nicaragua participe activa- todos los medios pacíficos y que ninguno de ellos haya llegado a buen término; que
mente todo el pueblo a través de los canales democráticos y reconocen que los males que vendrían después de la insurrección no fueran mayores que los ya
«el Frente Sandinista de Liberación Nacional tiene logrado un lugar en la existentes, y que el pueblo vea que existen las posibilidades de que la insurrección
historia». tendrá éxito.
A propósito del viraje hacia el «socialismo» que no deja de preocupar a »Es cierto que ha habido abusos, y muy serios, y que a pesar del golpe de Estado
algunos, hablan de esta manera: del 15 de octubre de 1979, la Junta Cívico-Militar no ha conseguido arreglarlos. Pero
no se han agotado los medios pacíficos, aunque desgraciadamente los dirigentes
políticos se han negado a buscar posiciones pacíficas y se han atrincherado diciendo
«Si como algunos piensan, el socialismo se desvirtúa usurpando a los hombres y a que sólo queda la salida militar. Tampoco está claro para el pueblo salvadoreño que
pueblos su carácter de protagonista libre de su historia; si pretende someter al pueblo una instauración de carácter socialista será mejor. El pueblo sabe que la izquierda
ciegamente a las manipulaciones y dictados de quienes arbitrariamente detentarían el tiende siempre al comunismo, lo mismo que la derecha tiende hacia el egoísmo y la
poder, tal espurio o falso socialismo no lo podríamos aceptar. Tampoco podríamos injusticia.
aceptar un socialismo que extralimitándose pretendiera arrebatar al hombre el dere- «Tampoco el pueblo salvadoreño ve ahora posibilidades reales para la insurrec-
cho a las motivaciones religiosas de su vida o de expresar públicamente esas motiva- ción, a la que ellos** tratan de llevar al pueblo, pueda tener éxito. El salvadoreño se
ciones y sus convicciones, cualquiera que sea su fe religiosa. Igualmente inaceptable muestra reservado y comprende que la lucha actual es de índole política en la que hay
sería negar a los padres el derecho de educar a sus hijos según sus convicciones o dos partes: unos, los que quieren tomar el poder, y otros, que quieren mantenerse en
cualquier otro derecho de la persona humana.»
Establece una distinción entre la lucha de clases entendida como un 66. Véase la nota inmediatamente anterior, con el estudio de G. SELSER.
hecho dinámico que debe llevar a una justa transformación de las estructu- 67. El texto fue publicado por la agencia EFE y divulgado en diversos órganos de expresión.
ras, y el odio de clases que se dirige contra las personas. Los obispos nicara- Lo tomamos de un suelto mimeografeado. Aunque este estudio quiere detenerse en 1980, lo
güenses ponen de presente que el proceso revolucionario debe conservar su aducimos aquí por ser del mes de enero de 1981 y porque es un documento muy apreciable y, en
las circunstancias de quien lo produjo, objetivo e imparcial.
originalidad, su creatividad y su carácter nacional y de ninguna manera 68. Las fuerzas guerrilleras habían convocado a una insurrección general antes de la toma de
imitativo. «Con las mayorías nicaragüenses pretendemos un proceso que posesión del presidente norteamericano R. Reagan.
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él. Exhortamos al pueblo a que permanezca sereno; no es la Iglesia quien debe «Deseo dirigirles una invitación a la comprensión. Nada violento puede ser dura-
decirles que vayan o no a la insurrección. Pero si, por desgracia, el conflicto se ble Todavía hay perspectivas humanas, soluciones racionales, y sobre todo, por
internacionaliza, la guerra dejaría de ser civil, y estaríamos ante una situación distinta encima de todo, está la Palabra de Dios, que hoy nos invita, nos ha gritado: ¡Reconci-
que exigiría nuevas posturas y nuevos compromisos. Mientras tanto, sigamos juntos liación!»71
por medio del diálogo por los caminos de la paz, de la justicia y de la libertad.»
«Me gustaría -continuó diciendo monseñor Rivero y Damas- señalar algunas En otra entrevista concedida a periodistas venezolanos, monseñor Ro-
cuestiones que he observado: mero, de acuerdo con la propia doctrina de la Iglesia, confesó que también
»1) Una guerra psicológica y una reserva, por parte del pueblo, con relación a lo se daban situaciones, podrían ser las de El Salvador, en que se ha llegado al
que oye. Se tiene la impresión de que el destinatario no es el pueblo salvadoreño. El caso de la ética de la insurrección 72 .
destinatario es el extranjero. Y la verdad es esencial para conseguir la paz.
»2) He visto el sentido práctico del salvadoreño. Esta semana lo ha demostrado al Por otra parte, un comunicado del arzobispo administrador apostólico
desoír el llamado a la huelga general y a atender a las exigencias de la vida, que les de El Salvador, monseñor Rivero y Damas, encargado de la arquidiócesis
dicen más que la huelga, la insurrección y la ofensiva general. después del martirio de monseñor Romero, firmado conjuntamente con sus
»3) Pero he visto también el temor a la represión y a ser sancionado por las leyes sacerdotes y religiosos, refiriéndose a las ayudas que pudieran prestar países
de excepción. Esto coarta la libertad, que es también pilar básico para lograr la paz. extranjeros, como los Estados Unidos, puntualiza en qué no deben consistir
»4) El pueblo salvadoreño está cansado de tanta violencia. Al mismo tiempo que semejantes ayudas:
se desoyen las instrucciones de la Radio Liberación para construir armas, tampoco
acepta el crimen político ni la represión. «Por eso exigimos del gobierno de los Estados Unidos, como lo ha pedido en un
»5) Está claro que la lucha tiene como objetivo la toma del poder político por gesto profético nuestro arzobispo Mártir, monseñor Romero, que no proporcione
parte de unos y el mantenimiento del mismo por parte de otros. Con lo que se ayuda militar a nuestro gobierno Efectivamente, a pesar de las declaraciones sobre
corrobora la práctica de que en todas aquellas guerras civiles en las que sólo se busca sus objetivos, la ayuda militar facilita la represión del pueblo y la persecución de la
el poder, el último en participar fue siempre el pueblo.» Iglesia»73
Nos hemos permitido aducir esta larga cita porque parece responder a
una apreciación muy justa de lo que está viviendo la república de El Salva- 16. El comunismo en América Latina74
dor. Estando la situación en carne viva, es imposible predecir la evolución
lógica de los acontecimientos. Cae de su peso que no se puede subestimar la seducción y la fuerza que
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en marzo de 1980, días antes de su ejerce el comunismo en América Latina. Se presenta como la alternativa y
heroica muerte, conservaba todavía alguna esperanza de una salida pacífica la revolución contra males verdaderos, no imaginarios. Sobresale la figura
a la sangrienta emergencia de su patria. En entrevista concedida a la revista legendaria de Ernesto Guevara: muchos comunistas viven para su causa y
italiana «Famiglia cristiana» 69 , a la pregunta de si en El Salvador había una están resueltos a morir por ella. En este sentido el comunismo aparece
violencia sin remedio, respondió: «Espero que haya todavía un camino como una «religión».
pacífico: el diálogo entre los que quieren el bien del pueblo. También hay
hombres de buena voluntad en el ejército y el gobierno.»
Como se le insistiera si era lícito recurrir a las armas a un cristiano, 71 Reproducido en «L'Avvenire», diario católico italiano, 11 de abril de 1981
cuando ya no bastaban las denuncias, contestó: «La Iglesia debe siempre 72 En La voz de los sin voz La Palabra viva de monseñor Romero, San Salvador 1980,
buscar la paz, pero, con todo, querría recordar las palabras de Medellín: p 438
quien defiende celosamente los propios privilegios, y sobre todo quien los 73 Texto completo en Eccl, núm 2013 (10 enero 1981)
defiende empleando la violencia, se hace responsable ante la historia, de 74 Sobre el comunismo en América Latina sobra decir que existe infinita bibliografía Señala-
mos los artículos de la publicación «Estudios sobre el Comunismo», que empezó a aparecer en
provocar la revuelta explosiva de la desesperación» 70 . Santiago de Chile en 1953 Su ideología es anticomumsta Véase V ALBA, La Introducción a la
En una de sus últimas homilías, el 16 de marzo, había dicho a quienes Historia del Comunismo en America Latina, en la misma publicación, abnl-jumo de 1955,
propugnaban soluciones violentas: p 108-114, ¿Que desea encontrar el Comunismo en América Latina'', en RJ (1961) 2, p 304-319,
E RAVINES, Latinoamérica, un continente en erupción, Lima 1956 Como visión comunista
R ARISMENDI, Lemn, la Revolución y América Latina, México 1976; vanos autores, Revolución
en America Latina visión cristiana, «Mensaje» (Santiago de Chile, diciembre de 1962), numero
69. Edición del 16 de marzo de 1980. extraordinario (ha tenido vanas ediciones), Comunismo en México (investigación realizada por la
70 El texto de Medellín, atado por monseñor Romero, puede verse en los documentos de Asociación de Estudios e Informaciones Internacionales de Parts, 1958), en LA, 1959, núm 119,
Medellín, II. Conclusiones, 2 Paz, núm. 17. Las últimas palabras de la cita son textuales de Pa- p 29-32 y núm 120, p 5 a 27 (intercaladas), CELAM, Penetración comunista en América Latina,
blo vi en la alocución en la Misa del Día del Desarrollo, pronunciada en Bogotá el 23 de agosto de mayo 1958, p 1-28, P SCHNEYDER, Les efforts depénetration de l'axe Moscou-Pekín en Amérique
1968. Latine, en «Etudes» (París 1960) 4, p 50-65
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Por otra parte, Latinoamérica es un mundo, quizás el mas importante, de éxito y que conduce al mas alto nivel de progreso, de técnica y de
cuyo dominio el comunismo aspira a conquistar, para éste sus masas tienen bienestar77
el significado de un «contenido humano» y sobra hablar aquí de la tentación Los partidos comunistas latinoamericanos Su fundación y organización
que constituye para las potencias comunistas, sobre todo para la Umón constituye la primera etapa de la expansión marxista en America Latina De
Soviética, la nqueza fabulosa del continente latinoamericano los 88 partidos existentes en la decada del sesenta, 23 correspondían a
Para las masas y para su situación concreta, el comunismo se presenta Latinoamérica El mas antiguo era el argentino (1918), seguían los de Mexi
como la respuesta adecuada de todos sus problemas La ideología y la co y Chile (1920) y el de Cuba (1923) Según E Ravines, la formación de los
política se anudan el comunismo internacional conoce que América Latina partidos comunistas se opero en tres tiempos se organizaron partidos de
es la fuerza y la debilidad de sus mayores advérsanos, los Estados Unidos extracción autóctona, contemporáneos y sucedáneos del movimiento sovié-
Cuando, en 1954, Guatemala75 parecía convertirse en el primer Estado tico, entre 1918 y 1929 Vino después la intervención rusa en los partidos ya
marxista en América Latina, un militar argentino comentaba «¿Qué podrá formados (Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Uru-
sobrevenir a la instalación de un Estado soviético en América Latina, y guay) que quedaron sujetos a los dictados ideológicos y prácticos de Moscú
máxime, si éste se encuentra a dos mil kilómetros del Canal de Panamá7» Finalmente se concentro el esfuerzo sobre las agrupaciones obreras y las
La hipótesis se ha hecho realidad en Cuba Por eso el panamericanismo reglones indígenas
constituye un enemigo peligrosísimo del comunismo, y debido a ello la Desde entonces los partidos comunistas latinoamericanos «se han deba-
estrategia adoptada es tan intensamente política tido entre la permisividad y la ilegalidad clandestina En Chile es puesto
Para inmensos sectores latinoamericanos, el comunismo se presenta co- fuera de la ley en 1949 [ ] mediante la ley de defensa de la democracia,
mo un humanismo refractario y combativo de las injusticias sociales, que en abolida en 1957 En Bohvia y Ecuador el Partido Comunista es una vez mas
nuestro continente revisten caracteres insultantes76 Es un idealismo «Su- prohibido en 1965 Mas tarde lo sera en Uruguay y volverá a serlo en Chile
giero -escribía K Devaraja- que el secreto de la atracción universal y (1973), por ejemplo»78
poderosa del marxismo, reside en su elemento utópico e idealista su visión Los efectivos Los partidos comunistas nunca han sido partidos de mayo-
de una sociedad igualitaria y sin clases, donde todas las distinciones odiosas rías, pero su impacto da la sensación de responder a cifras mucho mayores
habrán desaparecido » En el mundo subdesarrollado de Latinoamérica el de adherentes No interesa el numero sino la calidad y la efectividad
comunismo aparece como increíble realización practica que convirtió, en McLaunn asignaba para toda Latinoamérica, en 1954, unos 460 000 miem-
menos de medio siglo, a la retrasada Rusia zarista, en la segunda potencia bros, en cambio la revista «Newsweek» (1960) hablaba de 250 000 miembros
mundial, aparece como un movimiento internacional, organizado, inteli- activos En el decenio de 1950 las estadísticas de algunos países eran las
gente, que ofrece emancipar de imperialismos extranjeros, cargados de sen- siguientes
timientos y reivindicaciones nacionalistas, aparece como doctnna filosófica, Argentina, 80 000, Brasil, 150 000, Colombia, 25 000, Cuba, 30 000,
perfectamente científica, comprobada, basada en experiencias coronadas Perú, 20 000, Chile, 60 000, México, 30 000, Venezuela, 45 000
Como etapas sucesivas de penetración en America Latina, se enumeran
75 Sobre el fenómeno guatemalteco de la época de J Arbenz(1951 1954) D JAMES, Tácticas
rojas en las Americas Preludio guatemalteco México 1955 (visión norteamericana, pero libro en este orden formación de partidos, formación de bloques ínfluenciables,
muy documentado) La colaboración sobre Centroaménca en este volumen completa la exposi infiltración dentro de bloques mas amplios, hasta una profunda influencia
ción y la bibliografía en los gobiernos (p ej , en Chile, 1938-1947, Brasil, durante los años de
76 F NIEDERMEYER, Comunismo en Sudaménca, escribe (citando a Billekamps) «Sólo donde J Goulart, 1961-1964), hasta llegar casi al dominio total en Guatemala,
los caudillos se convierten al comunismo existe y existió en Sudaménca algo asi como un peligro
comunista», véase LA, 1953 p 221-223 Puede discutirse esta afirmación, pero no puede admitir 1951-1954, o en Chile, en los anos de Allende (1970-1973) Una cuarta
se una posición meramente anticomumsta que traduce, no pocas veces, un egoísmo radical En la etapa vendría constituida por la marcha hacia el régimen de democracia
década de 1950 muchos episcopados latinoamericanos pusieron en guardia contra esta solapada popular Pero se ha vanado de táctica y, después de la desestalmizacion, se
actitud La misma revista «Latinoamérica» escribió en diversas ocasiones contra semejante mime- ha dado mayor importancia al trabajo ideológico antumpenahsta (=anti-
tismo que escondía no la búsqueda de soluciones audaces, sino la defensa obstinada de los
privilegios Asi, por ejemplo en 1954, p 196, Latinoamérica, un continente campesino Reden norteamencano), exasperando los sentimientos nacionalistas
ción o catástrofe se lee «Si América Latina es el mejor caldo de cultivo para el comunismo, que Se hace notar, asimismo, que «la determinación ideológica marxista
se nos diga dónde hay una situación más propicia, pues hay que añadir que el campesino latino- leninista encuentra un complemento en la sujeción al Partido Comunista
americano tiene unas nociones de justicia y de libertad muy arraigadas y, dada su ignorancia,
puede ser arrastrado y de hecho lo está siendo, [al comunismo] que alza las banderas de la justicia
contra la explotación » En la misma revista el dirigente católico, J I Lasaga, que hubo de aban
donar su patna cubana más tarde, analiza la realidad latinoamericana y la obstinación de algunas 77 M HERNÁNDEZ y SÁNCHEZ BARBA Tensiones históricas hispanoamericanas o c p 94
élites católicas, para concluir que nuestro continente constituye un clima propicio para una revo- 78 Seguiremos empleando en gran parte en los párrafos siguientes la síntesis de F MORENO
lución comunista Véase LA, 1958, p 161 162 Historia y tipología de los socialismos en Socialismo y socialismos en America Latina (CELAM
30) Bogotá 1977 p 13 66
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Soviético, común a los partidos comunistas de América Latina. Todos ellos norteamericana en sus relaciones con nuestro continente. En esta fase el
son moscovitas: su metrópoli y centro político administrativo, cultural y comunismo hace jugar un papel importante al movimiento indigenista: mar-
financiero, es Moscú, lo que no impide las eventuales y aun necesarias chas indigenistas de Bolivia, Perú, Guatemala, el Ecuador. Quizás el Apris-
variantes en el interior de un mismo molde ideológico-político» (F. More- mo peruano no acertó a calcular el servicio que prestaba al comunismo
no). internacional.
La filiación moscovita, la sujeción a Moscú, es la expresión y la garantía En nuestros países atrasados, donde la industrialización no ha alcanzado
del internacionalismo y de la fraternidad de los partidos latinoamericanos a producir un vasto proletariado, la etapa revolucionaria se presenta incisi-
con el resto del movimiento proletario. Pero tal unidad es indeclinable para vamente nacionalista. El Manifiesto Comunista planteó la lucha de clases
derrotar al imperialismo. F. Moreno, citando al marxista R. Arismendi, entre burguesía y proletariado; entre capitalismo y socialismo. Tal lucha no
pone presente cómo, en este punto, interviene un juego dialéctico entre la tiene plena vigencia en América Latina donde no existe ese tipo de clase
sobredeterminación internacionalista y trascendente del marxismo soviéti- proletaria, ya que el campesinado, como tal, no sería considerado como
co, y los problemas estratégicos y tácticos a que tendrán que acomodarse los proletario en la concepción soviética y donde la división fundamental radica
partidos dentro de cada circunstancia cultural y nacional en América Lati- entre «oligarcas» y «pueblo», o si se quiere, a la manera aprista, entre ricos
na. De allí se explica «la particular flexibilidad estratégica que ha venido y pobres, o a la manera peronista, entre «descamisados» y oligarquías.
caracterizando al comunismo en América Latina, hasta el punto de aceptar «"Oligarca" es un término -dice Ravines- que corresponde a un conte-
que la historia de cada pueblo y las correlaciones de fuerzas sociales y políti- nido de elasticidad asombrosa. Oligarca puede ser un poseedor de una
cas pongan su sello al curso de los acontecimientos, condicionando las vías cuantiosa fortuna o un elemento de clase media no afortunado, pero adver-
de aproximación del pueblo al poder, y determinando la dureza de la lu- so al comunismo.» Entre los oligarcas se encasilla cómodamente a todo el
cha de clases, el grado de radicalización del proceso, la singularidad de las que se oponga al comunismo. En Colombia la palabra tiene significados
fases de acercamiento o ingreso en la revolución nacional liberadora y... su efectistas desde los años de actividad del caudillo liberal Jorge Eliécer Gai-
tránsito al socialismo» (se cita el Informe del Comité Central del Part. C. tán, asesinado el día del «Bogotazo», 9 de abril de 1948. La campaña contra
del Uruguay, XIX Congreso, 1966). la Iglesia Católica concentrada contra los obispos, a la que se ha sumado un
Se trata, por tanto, de una capacidad de flexibilidad u oportunismo en grupo de sacerdotes «de izquierda», ha explotado con efectividad el vocablo
vistas a un objetivo: entrada en los parlamentos, creación de acción política presentándolos como «oligarcas» o aliados de las oligarquías.
como el Frente Popular Chileno (1938) o el creado en 1958. «Para los A medida que nuestros países atrasados progresan, se advierte en gran-
comunistas de América Latina la conquista del poder pasa por la alianza des sectores, no sólo populares sino burgueses, una corriente que trata de
con las otras fuerzas "progresistas" -incluso con los grupos guerrilleros co- reformar Q de cambiar estructuras desuetas. Las reformas de este género
mo en Guatemala, Colombia o Venezuela- así como por la aceptación del parecen al comunismo0una complicidad del régimen capitalista, y lo son
juego y de la institucionalidad democráticos» (F. Moreno). cuando con ellas no se ataca el núcleo de los problemas. Los comunistas
No entramos aquí a determinar las diferencias y sus realizaciones, entre luchan contra todo sentido de «reforma» a través del descrédito, la crítica y
la visión, la concepción y los procedimientos de la estrategia soviética y la aun el terrorismo.
maoísta. En conferencia pronunciada en el IDES de Bogotá el padre Ro- El comunismo internacional, ruso o chino, tiene un criterio definido
bert Bosc en mayo de 1973 ponía de relieve que una de las causas de sobre la necesidad de formar, más allá de los propios partidos, otra serie de
antagonismo de la Rusia Soviética y la China maoísta era precisamente que grupos e instituciones que, sin aparecer abiertamente como comunistas ni
esta última se presentaba como el modelo propio del tercer mundo, donde estando constituidas en su mayoría por militantes, puedan hacer el juego a
se podía pasar de una situación rural no proletarizada a una sociedad socia- los intereses del partido. Para este fin se crean los que se han denominado
lista. Entraba allí, del mismo modo, la explotación intensa del sentimiento «organismos de fachada»: frentes sociales, culturales y políticos, que abar-
nacionalista, como se hizo en la conquista de China bajo el signo del antini- can toda clase de actividades en el mundo sindical, juvenil, universitario y
ponismo. cultural profesional y femenino, de salud y de medios de comunicación.
De hecho se ha explotado en América Latina todo motivo que ha provo- Naturalmente el mundo universitario es objetivo primordial del proseli-
cado desconfianza, resentimiento, odio, exacerbación contra los Estados tismo. El 24 de febrero de 1960 se anunciaba la fundación de la «Universi-
Unidos; así se explica esa fervorosa exaltación que se nace de los valores dad de la Amistad» en Moscú, para «hacer frente a las necesidades de Asia,
culturales, autóctonos, inclusive religiosos, a condición de que se canalicen África y América Latina». De 40 000 peticiones llegadas en 1963 para obte-
en contra de los intereses norteamericanos. Puede ya calcularse el provecho ner un puesto en esta fundación, la mitad provenían de América Latina, de
y el impacto que espera el comunismo internacional de los desaciertos eco- las que fueron aceptadas dos mil. Mientras los comunistas han podido, es
nómicos, de las intromisiones y abusos cometidos por la política exterior decir, donde no hay regímenes militares, o donde no han existido, los parti-
452 453
dos comunistas han creado organismos aglutinantes del mundo estudiantil o dados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un
se han infiltrado en ellos. Mencionemos, a modo de ejemplo, la Confedera- enemigo brutal».
ción de Educadores Americanos (CEA) con profesorados de unos ocho Se trata, sin embargo, de una lucha organizada, estratégicamente plani-
países. Se organizan, se anarquizan, desaparecen y vuelven a vivir organiza- ficada; «acción práctica y violenta de las masas (y se cita a Marx), única que
ciones universitarias marxistas que frustran sus posibilidades en razón de las puede resolver» los conflictos fundamentales de la historia. La guerrilla, la
disidencias internas; pero no mueren. violencia se piensa en términos de política: «La guerra como continuación
Se da mucha importancia a las alianzas obrero-campesinas. Una de las de la política» (se cita a Lenin). De acuerdo con la estrategia de Guevara
consignas del castrismo ha sido ésta: «Alianza entre la clase obrera, los «aparecen claramente las características generales que dan forma a la gue-
pequeños y medianos campesinos, los círculos radicales revolucionarios rrilla: predominancia estratégica del campo sobre la ciudad (el movimiento
antiimperialistas, y la pequeña burguesía.» El Partido Comunista colombia- de liberación Tupamaros, de Uruguay, constituye aquí una excepción
no ha atacado las iniciativas de reforma agraria y el venezolano combate «el importante); apoyo y alianza progresiva con la población; espontaneidad de
camino pacífico de la evolución gradual» abogando por «una vía revolucio- acción (más que simple improvisación); rapidez en asestar los golpes; utili-
naria, unidas las masas obrero-campesinas». zación del efecto de sorpresa; hostigamiento constante del enemigo; prácti-
El comunismo encuentra tres estamentos potencialmente revoluciona- ca de emboscada y sabotaje».
rios en América Latina. El primero es el nuevo proletariado sin raigambre, Se habla de un «voluntarismo», lo que significa que la acción armada no
sin propiedad y sin dirección. Los que nada tienen que perder ni defender. tiene que deberse precisamente al estímulo y hostigamiento de una violen-
El segundo está compuesto por intelectuales, estudiantes, profesionales cia contrarrevolucionaria. Tal voluntarismo acentúa el momento de la con-
(periodistas, escritores, artistas), que forman un grupo inquieto. El tercero ciencia revolucionaria eficaz, provoca la creación política de las condiciones
pertenece a los campesinos sin tierra, elemento muy prometedor y dinámico subjetivas y objetivas de la revolución. «Un pueblo resuelto a conquistar su
según la teoría y la experiencia de Mao Tse-tung. independencia, no puede limitarse a los métodos convencionales.»
En América Latina han funcionado tres centros principales de propa- F. Moreno analiza brevemente el papel divisionista, pero lógico y cohe-
ganda: en México, desde la década del veinte, aunque más tarde se sintie- rente, desempeñado por el maoísmo en América Latina dentro de las estra-
ron bastante reprimidos por los gobiernos; en Montevideo, hasta la década tegias de los partidos comunistas; pero lo que, a su parecer, ha dado in-
del 70, y desde donde se dirigía una red de 85 casas culturales extendidas fluencia determinante en la revolución armada de América Latina ha sido la
por todo el continente; y ahora en La Habana, cuya actividad es obviamen- experiencia cubana. Desde 1960 Castro (con Guevara) ha fluctuado entre la
te comprensible. provocación y el apoyo de las guerrillas, hasta el regreso «al redil oficialista
La guerrilla. Sintetizando el estudio de F. Moreno, «existen al menos moscovita quitando, al menos oficialmente, su apoyo a la guerrilla».
cuatro casos en América Latina en que el marasmo se ha expresado más El experimento chileno de Allende19 se inició con su elección a la presi-
intensamente: los partidos comunistas, Cuba, las guerrillas y la experiencia dencia de la nación en 1970. Pretendió hacer una síntesis política de «refor-
chilena de Unidad Popular.» La guerrilla inspirada por la visión de Engels, mismo», utopía y materialismo histórico: este último terminó por engullir a
Lenin, Trotsky, Mao, Castro y Guevara, «define su especificidad a partir de aquéllos. El «Estado justo», de que hablaba, se entendía como Estado
un doble objetivo y de una doble implementación en el orden de los medios: transferido a los trabajadores y la libertad pregonada, poco a poco fue
liberación y destrucción del "imperialismo yanqui" (objetivos), y lucha apareciendo como libertad entendida a la manera marxista, en que la liber-
armada y voluntarismo político (medios)». Los «frentes de liberación» tie- tad económica tiene un papel preponderante: no dependencia; había que
nen como objetivo una «liberación», cuyos puntos de interés convergen en «reemplazar el modo capitalista de producción por medio de un cambio
que, según palabras de las grandes figuras guerrilleras, «todos derivan de la cualitativo en las relaciones de propiedad y de una redefinición de las rela-
situación real de un continente que lucha por su liberación». La liberación ciones de producción». El marxismo de Allende tuvo que cargar con el
apunta a la destrucción de las oligarquías y del imperialismo norteamerica- lastre de dos antagonismos de izquierda: «Tanto la anarco-utopía marxista,
no. El gran objetivo, según Guevara, y toda su acción «es un grito de guerra como la relacionalidad pausada y proyectiva del Partido Comunista.»
contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el Allende llegó al poder por medio de una votación regular y merced a un
gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica». compromiso político en el Congreso, donde los senadores y diputados de la
El medio está constituido por la lucha armada, por la violencia, «la Democracia Cristiana pusieron sus votos a disposición de Allende, candida-
partera de las sociedades» de acuerdo con la expresión de Marx. Su ley to de la Unión Popular que no había tenido la mayoría absoluta sobre los
profunda es «el odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, demás partidos. Con Allende subió al poder una ideología que agrupaba
que impulsará más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo
convierte en una efectiva, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros sol- 79. Ibid., p. 57-63.
454 455
*. a. u i i v i i u m v a VÍV- xa. i t a i l u a U &(JUdl
únicamente la tercera parte del electorado. El origen del golpe de septiem- dica al gobierno de incapacidad en atender y extender a las clases sociales
bre de 1973 habría que atribuirlo, en gran parte, a las circunstancias mismas las ventajas de las reformas. Allende no empleó los medios para inducir a
de la posesión presidencial: el complejo de minoría lleva consigo la tenta- razón a las dos extremas, y la impaciencia de la Unidad Popular para im-
ción de servirse de la fuerza y de proceder con impaciencia. plantar medidas necesarias, no tuvo en cuenta que era preciso recorrer un
Las elecciones de marzo de 1973 dieron a la izquierda casi un 44 % de proceso gradual y no frenético.
los votos, aunque la oposición denunció fraude. Tal resultado radicalizó aún El error fundamental de Allende, según algunos, debe asignarse a no
más la lucha política. La izquierda radical (MIR) no aceptaba los caminos haber cumplido las promesas hechas a la oposición democrática, que exi-
del reformismo y los métodos democráticos; la extrema derecha «Patria y gían el retorno a la total constitucionalidad y a la fijación de la norma que
Libertad», con un obcecado egoísmo, se oponía a las transformaciones ne- estableciera exactamente el modo y los límites con los que deberían estable-
cesarias: el país marchaba al borde de la guerra civil. Testigos de la época cerse las tres áreas económicas, la social, la mixta y privada y un arreglo de
hablan de la atmósfera de odio social que se respiraba, confirmado cada día los problemas por que atravesaban los transportistas.
por los asesinatos y las venganzas. Piensan otros que Allende, aunque fogueado en largas luchas políticas,
Las medidas de orden económico y social llevaron a una disminución de había sido bueno como candidato pero no como presidente. Se dice que no
los alimentos, en forma impresionante: su importación que costó al país fue el jefe capaz de hacer frente a la desunión de la izquierda y a la oposi-
200 millones de dólares en 1970, subió a 500 en 1972 y a 750 en 1973. Tal ción de las demás fuerzas políticas. La preponderancia del secretario del
carestía se atribuye a la precipitación y demagogia con que se procedió en la Partido Socialista que andaba pregonando que «el choque era inevitable»,
aplicación de medidas de reforma agraria. Se critica, asimismo, la falta de llevó al golpe del 11 de septiembre de 1973.
objetividad en el proceso de nacionalización de las minas, que acompañado
de huelgas hizo decrecer la renta comercial de sus productos hasta un déficit
de 600 millones de dólares en 1972. No son ajenas a esta crisis las grandes 17. La Organización de los Estados Americanos (OEA)80
potencias, y aquí concretamente, los Estados Unidos, que regulan los pre-
cios de los mercados para su propia ventaja; pero tampoco debe olvidarse Forma parte del sistema interamericano. Su origen remoto ha de atri-
que el gobierno de Allende actuó con formas de precipitación y de violen- buirse al libertador Simón Bolívar, que soñó en una confederación latina, y
cia. aun panamericana a poco de cumplirse la independencia total de América
Entre junio y septiembre de 1973, el gobierno reiteraba sus ofrecimien- Latina española. La fundación de la OEA ocurrió en la IX Conferencia
tos de diálogo con la Democracia Cristiana, pero en términos de «un último Panamericana celebrada en Bogotá en 1948 y se suscribió la Carta de la
esfuerzo para evitar la guerra civil». Esto dejaba entrever las probabilidades Organización de Estados Americanos que ratificaba la unión hasta entonces
cercanas de un enfrentamiento de fuerzas. Tampoco era un secreto la for- existente y la constituía como un organismo regional dentro de las Naciones
mación de ejércitos paramilitares revolucionarios y la organización de «cor- Unidas. La Carta fue suscrita por todos los países latinoamericanos; a medi-
dones industriales» de obreros y de «comandos» de estudiantes y campesi- da que se ha ido produciendo la autonomía de otras regiones, éstas han
nos. No consta hasta qué punto la Unión Popular tolerase o apoyase tales solicitado el ingreso en la Organización.
organizaciones armadas. Los propósitos fundamentales de la OEA son: mantenimiento de la paz
En abril de 1973, los obispos de la región de Santiago denunciaron la entre sus miembros; acción conjunta en caso de agresión; solución de pro-
falacia de una división del país entre socialistas y capitalistas. El último año blemas políticos, jurídicos, sociales y económicos que afecten el bienestar
de gobierno (1973) se vio marcado por frecuentes huelgas, entre ellas la de de los pueblos; cooperación en el impulso del desarrollo económico social y
los transportadores, que encarecieron aún más la vida y contribuyeron al cultural de la región. Aunque la idea y los objetivos de esta organización
desarrollo galopante del mercado negro. Se tenía la impresión de hallarse son en sí nobles y ambiciosos, habría que reconocer que ha sido poco opera-
ante un desastre social y económico y ante una degradación cívica. Cada
cual aduce y analiza la causa o las causas del golpe militar desde su propia
óptica. La izquierda lo sindica como acto impúdico, apoyado por el imperia- 80. F. FERNÁNDEZ-SHAW, La Organización de los Estados Americanos, Madrid 1959; INSTITUTO
lismo, que vino a bloquear un proceso necesario en América Latina. En la lNTERAMERiCANODEEsTUDiosJuRfDicoslNTERNACiONALES,£/5¿síema/n(eramericano. Estudiosobre
su desarrollo y fortalecimiento, Madrid 1966. En las páginas de introducción, xxm-XLvm, una
derecha fue saludado como acto liberador de una aventura totalitaria. ¿Pu- reseña histórica muy completa y sintética del panamericanismo. Desde el punto de vista de la
do haberse evitado? Iglesia, el secretario del CELAM, monseñor Julián MENDOZA GUERRERO (luego obispo de Buga, en
Es evidente que hubo lentitud y retraso en establecer un diálogo entre el Colombia) tuvo una amplia disertación «sobre la responsabilidad y posición de la Iglesia ante la
labor presente y la evolución real y jurídica de las instituciones panamericanas», en la tercera
gobierno y la oposición. Se politizaron los medios de reformas sociales, por reunión del CELAM, celebrada en Roma en noviembre de 1958. Una síntesis en «Boletín In-
ejemplo agraria, con sus consecuencias económicas concomitantes. Se sin- formativo» [del CELAM], núm. 21,1959, p. 34-40.
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tiva y eficaz, como ha podido verse en las tensiones intralatinoamericanas y nes de más de cinco millones de habitantes, que tiene en cuenta indicacio-
en una inflación burocrática que no corresponde a lo que esperan los latino- nes más profundas que el simple ingreso por habitante, clasifica netamente
americanos de este esfuerzo continental. a la Argentina entre los países desarrollados. Se encuentra en el rango 17
del mundo y otras siete naciones latinoamericanas ocupan lugares situados
en la primera mitad de la clasificación: Chile, 23; Cuba, 24; Venezuela, 29;
IV. OTRA CARA DE LA MEDALLA
México, 30; Brasil, 33, y Colombia, 2A»M.
Globalmente, América Latina vendría a constituir una suerte de clase
1. Otra idea de subdesarrollo media internacional. En 1963, el presidente de la Democracia Cristiana de
Chile, Eduardo Frei, no obstante el aire pesimista de su intervención en un
Al término de esta presentación de la realidad del continente latinoame- coloquio celebrado en Washington, admitía y destacaba un conjunto de
ricano, puede hacerse este reproche: la visión que se ofrece es demasiado datos favorables que llevaban o podían llevar a nuestro subcontinente por el
negativa e injusta. No todos los que han estudiado diversos aspectos del camino de un correcto cambio social: la renta per capita de 300 dólares era
subcontinente estarían simplemente de acuerdo con ella. En justicia hay superior cinco o seis veces a muchos países de Asia o de África; la tradición
que escucharlos. cristiana y occidental que «aun bajo la más opresora tiranía conserva el
Cuanto escribe un sociólogo europeo acerca del Perú, puede hacerse sentido de la libertad y el significado de los valores que implica la dignidad
extensivo, más o menos, a una amplia zona de América Latina81: el que humana»; la existencia de «un estrato social con formación universitaria
visite una nación latinoamericana (en este caso el Perú) puede llevarse un que, si se orienta bien, puede ser un elemento activo y dirigente»; la exis-
esquema prefabricado «de miseria de masas analfabetas, egoísmo de la tencia de una clase media que a veces constituye el 20 % de la población; la
oligarquía, sable al servicio de los poderes del capital, los progresistas en la riqueza y espacio capaces de absorber una población mucho mayor que la
cárcel», etc., y puede concluir que lo que ve corresponde al esquema. Pero existente, aun teniendo en cuenta el aumento demográfico85.
si se estudian las cosas detenidamente, «se puede uno dar cuenta de que el
esquema es inaplicable de puro grosero». América Latina no es unívoca-
mente subdesarrollada como la mayor parte de los pueblos de Asia o de 2. Precisiones sobre la realidad política de América Latina
África.
«La América del Sur merece atención por ofrecer un orden social distin- Con relación a los procesos políticos, no faltan politólogos y sociólogos
to cuyas propiedades y peculiaridades se iluminan por comparación con que ofrecen interpretaciones favorables y poco tremendistas. El político
otras culturas regionales o con otras civilizaciones complejas», anota la español Manuel Fraga Iribarne, en su meritorio estudio Sociedad, Política v
Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales (V, p. 566), y añade esta Gobierno en Hispanoamérica, si bien reconoce que la investigación del
notable observación: «Clasificar estas naciones como subdesarrolladas o constitucionalismo latinoamericano es tarea colosal, cuyo cuadro «desborda
sociedades de transición es ignorar sus cualidades distintivas y simplificar al por su vertiginosidad», observa que no en todos nuestros países ha impera-
extremo la descripción de un sector extraordinariamente complejo del mun- do la manía constitucionalista. Francia, España, Italia y Canadá han modifi-
do contemporáneo.» Tal juicio es compartido por otros estudios sociológi- cado o cambiado sus constituciones muchas veces. Las crisis de este género
cos de valor: si bien América Latina aún está lejos de alcanzar los niveles de no se han de atribuir simplemente a la idiosincrasia de los pueblos latino-
desarrollo del primer mundo, «no cabe asimilarla sin más al amplio y hete- americanos, sino, en mucha parte, al origen postizo de las constituciones
rogéneo mundo de las denominadas regiones subdesarrolladas»82. implantadas como cuerpo extraño por la filosofía decimonónica86. Fraga
No puede hacerse una tipología uniforme de América Latina. Dentro de Iribarne hace caer en la cuenta de que estas repúblicas están buscando su
su unidad histórica, cultural, religiosa y lingüística, los sociólogos distin- propio camino y cita la expresión comprensiva de lord James Bryce: «Los
guen, de acuerdo con variadas categorías de apreciación, entre cuatro y seis
realizado por R. VEKEMANS y J.L. SEGUNDO, Essay ofa socio-economic Typology of the Latín
grupos regionales clasificables merced a los indicadores de desarrollo acep- American Countries, v. I, p. 67-93 en Expert Working Group on social aspeas of Economic
tados por las ciencias sociales83. «Un estudio reciente [1966] sobre 68 nacio- Development in Latín America, Meeting, México 1960; F. GIL, Instituciones y desarrollo político
de América Latina, Buenos Aires 1966, p. 59-72.
84. J. HUTEAU, O.C, p. 87, citando a G. GEKMANI, América Latina y el Tercer Mundo, en
«Aportes» núm. 10, París 1968.
81. F. BOURRICAUD, Pouvoir et societé dans le Pérou contemporain, cit. por J. HUTEAU, La
transformación de América Latina, trad. castellana, Caracas 1970, p. 102. 85. W.V. D'ANTONIO - F.B. PIKE, Religión, revolución y reforma, Herder, Barcelona 1967,
p. 65-66.
82. B. CABEZAS, América Latina una y múltiple, Herder, Barcelona 1968, p. 33.
83. Sobre los estudios tipológicos de las naciones latinoamericanas consúltese B. CABEZAS, 86. M. FRAGA IRIBARNE, Sociedad, política y gobierno en Hispanoamérica, Madrid 1962,
p. 57-144.
o . c , con un análisis de la tipología de la OEA (Organización de Estados Americanos); trabajo
458 459
problemas de gobierno son mucho más difíciles de lo que creían nuestros para los países en desarrollo y representa un mejoramiento significativo con
abuelos. Siendo esto así, ¿no debería ser menos severo nuestro juicio sobre respecto al incremento que registró la producción global en los años 60, de
los hispanoamericanos? Sus dificultades fueron mayores que las soportadas 5,4 y 5,9 % en el primero y en el segundo quinquenio.» Tales datos inducen
por ningún pueblo de Europa y no hay razón para desconfiar de su futuro.» a modificar la visión unilateral de explicar todas las desventuras de América
Existen, por lo demás, países políticamente estables que tienen el 70 % Latina bajo el criterio de la «dependencia»89.
de la población subcontinental. Es cierto que hacia 1970 tal estabilidad En páginas anteriores presentamos el gran esfuerzo hecho en el campo
sufría quebrantos, pero hay motivos para esperar que la tradición democrá- de la escolaridad. Es oportuno aducir algunos datos más concretos. De 1964
tica de naciones como Uruguay y Chile eliminará las dictaduras surgidas a 1977 la mayor parte de los países latinoamericanos hicieron grandes pro-
precisamente como recurso contra otros elementos desestabilizadores. gresos en la erradicación del analfabetismo. Bolivia pasó de 32 % de pobla-
Sin pretender la defensa del militarismo, J. Huteau87 invita a no concluir ción alfabetizada a 63 %; Perú, de 47 a 72; Colombia, de 62 a 81; Venezue-
indistintamente que los militares se hacen siempre al poder sin motivo algu- la, de 52 a 82. El ritmo de escolaridad se acelera continuamente.
no. Los golpes se dan porque muchas veces hay vacíos de poder y situacio- A partir del decenio de 1950 la inscripción en educación primaria, secun-
nes intolerables. Habría que eliminar o corregir el estereotipo de que el daria y de universidad ha aumentado en un 7 % por año, lo que significa
militar latinoamericano es siempre «el bruto fascista con galones». Intervie- una de las más altas tasas del mundo. La frecuencia a la universidad es un
nen en política porque pertenecen a cuadros técnicos preparados. Muchos índice y un estímulo de la formación de clases medias ya que esta oportuni-
fueron grandes administradores en empresas petroleras y siderúrgicas, co- dad es uno de los mejores medios para consolidar un nuevo status y progre-
mo en el Brasil. No son necesariamente de extrema derecha, son fuerte- sar en él. En América Central en 1962 el 43 % de los universitarios eran
mente nacionalistas, poseen programas y por ello emergen partidos milita- hijos de padres que sólo habían hecho estudios primarios, y en Montevideo
ristas. el 12 % provenían de hijos de obreros, mientras el 40 % pertenecían a
familias pobres o muy modestas90.
El universitario latinoamericano interviene en política más que en nin-
3. Otra visión de la situación económica y cultural guna parte del mundo, y aunque la eficacia de tal actividad pueda conside-
rarse dudosa, es la universidad la que produce líderes. El aprismo peruano
Ateniéndonos a la renta per capita que siempre es tomada en cuenta por fue ante todo un movimiento universitario. La mayor parte de los dirigentes
los sociólogos y economistas para medir el grado de desarrollo, hay que de la revolución guatemalteca de 1944, que determinó la caída del dictador
[Link] observaciones. Eduardo Frei, en el coloquio antes mencionado, Jorge Ubico, eran hombres entre 19 y 37 años, mestizos, más bien pobres,
afirmaba que eran necesarios cuarenta años para que América Latina do- pero de un nivel de educación muy superior al promedio. Aunque el núme-
blara su actual (1963) renta per capita, mientras que los países europeos en ro de universitarios constituye una minoría privilegiada y «aunque el movi-
veinte años doblarían la suya de 900 dólares. Sin embargo, aun teniendo en miento estudiantil ha sido mucho menos dinámico, mucho más ligado al
cuenta los factores de inflación y devaluación, muchos países latinoamerica- statu quo y a su afirmación dentro de él que lo que podía deducirse de sus
nos la duplicaron en diez años, de 1967 a 1977. Argentina pasó de 950 declaraciones y de su radicalización política aparente, no es fácil encontrar
dólares a 2767; Bolivia, de 203 a 630; Brasil, de 379 a 1360; Colombia, de grupos en América Latina, que hayan sido más dinámicos que los estudian-
367 a 720 y a 1010 en 1979; Chile, de 671 a 1160; México, de 667 a 1120; tes»91. Ellos constituyen un poderoso grupo de presión que, aun dentro de
Venezuela, de 878 a 266088. su frecuente desorganización y emocionalidad, hacen de conciencia crítica
América Latina, según algunos economistas, no ha sufrido un subdes- al estancamiento social.
arrollo continuado, ni se ha estancado, como eran los pronósticos del secre- Otro aspecto de progreso logrado por América Latina desde la década
tario general de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), del 60 ha sido el aumento de la esperanza de vida. En 1979, doce países lo
Raúl Prebisch. En 1975 el EID (Estrategia Internacional del Desarrollo) tenían entre los 60 y los 70 años, y Argentina y Uruguay se equiparaban a
afirmaba que en el quinquenio de 1970 a 1975 se advertía en toda la región los países desarrollados.
una clara tendencia al crecimiento económico. Entre 1970 a 1973 se registró
un incrementó del producto interno bruto de 6,7 % anual, con tendencia al
7 %. «Este ritmo global de crecimiento regional, que en verdad pocos paí-
ses han alqanzado, es superior a la tasa mínima de 6 % postulada por el EID
89. R. JIMÉNEZ, América Latina y el Mundo desarrollado. Bibliografía comentada sobre de-
pendencia e imperialismo, Bogotá 1977.
87. J. HUTEAU, O.C, p. 109-111. 90. J. HUTEAU, o.c, p. 106-107.
88. Banco Mundial, Informe sobre desarrollo mundial, Washington 1979. 91. A.E. SOLARI, Estudiantes y política en América Latina, Caracas 1968, p. 9-110.
460 461
4. Las clases medias. Otra interpretación «ciudad masificada». Pues bien, aun con todas sus lacras y sus taras, las
ciudades latinoamericanas que eran antes «islotes de modernismo», poco a
Otra circunstancia que pesa positivamente en el proceso social y político poco se convierten en factores de integración. Las avenidas de inmigrantes
de América Latina, y es abordado en forma más bien optimista por algunos no se resignan a continuar en la miseria y, aunque la desigualdad de oportu-
estudiosos, es el crecimiento de las clases medias92. Si a fines del siglo xix nidades continúa gravando por largo tiempo, así sea por un proceso lento y
constituían una delgada franja de intelectuales, burgueses y comerciantes, doloroso de propia promoción, los hijos y los nietos de los que llegan por
propensa a aliarse con los aristócratas, veinticinco años más tarde se ha vez primera, terminan consiguiendo mucha parte de sus aspiraciones97.
expandido y democratizado por la infiltración y ascensión de sectores popu-
lares. Esto produce su gradual autonomía de las élites. En 1960 la clase
media ejerce un fuerte poder político en Argentina, Brasil, Chile, México, 5. Cambio de mentalidad y partidos políticos del siglo XX
Uruguay y Venezuela, países que equivalen al 70 % de la extensión y pobla-
ción del subcontinente y al 75 % del producto bruto. Una de las más visibles transformaciones de América Latina se ha verifi-
Su presencia no es igual en todos los países. A principios del siglo xx cado en el campo de la política. «La democracia ateniense para ricos y
llegaba a un millón de unidades en México, o sea, el 7 % de la población; en adultos» (Fraga Iribarne) del siglo xix ha desaparecido. Hoy se busca la
1940 era ya el 15 %, equivalente a dos millones. En 1960-1965, sus 12 mi- democracia económica. Una de las mejores contribuciones de la clase me-
llones formaban el 20 % de los habitantes93, y aun se afirma que eran el dia a la historia latinoamericana ha sido precisamente un cambio efectivo de
33 % en los años cincuenta94. En el Uruguay, Argentina y Chile la clase mentalidad política. Los movimientos positivistas del siglo xix no pretendie-
media puede representar a la mitad de la población. ron transformaciones estructurales profundas. Los del siglo xx son de carác-
Los líderes políticos provenientes de los sectores medios han podido ter social: la revolución mexicana, el batllismo uruguayo, el aprismo perua-
abogar por soluciones a diversos problemas de interés fundamental para la no, el peronismo, el castrismo, el recién nacido sandinismo de Nicaragua, la
misma clase media y para los trabajadores industriales. Tales son la demo- democracia cristiana, sea cual fuere el modelo de sociedad que quieran
cratización de la enseñanza, el impulso dado a la industrialización incluso instaurar, propugnan resueltamente por una reivindicación social . Por
pesada, la transformación del concepto abstracto de nacionalismo en una ello las ideologías y comportamientos tradicionales pasan apuros: no corres-
ideología política y operativa que interesara a todas las masas, como ya ha ponden a la visión de lo que tendría que ser a los ojos de la inmensa
ocurrido en Uruguay, México, Argentina, Brasil y Chile; el fomento del mayoría.
dirigismo e intervencionismo estatal para superar los monopolios de influjo Los partidos o movimientos de nuestro siglo presentan programas de
capitalista, la apertura de oportunidades de participación en el poder políti- nacionalización, de recursos naturales, de industrialización, de indigenismo
co a otros movimientos sociales diversos de los clanes familiares95. y de reforma agraria. Se ha agotado la paciencia y es imposible dar marcha
El fenómeno urbanístico, que en América Latina adquiere expresiones atrás después de la revolución mexicana, de la revolución boliviana o de la
de terrible crueldad para las oleadas de inmigrantes desarraigados, también revolución casuista. En 1959 lo que interesó al pueblo cubano no fue tanto
adquiere con el tiempo aspectos menos dramáticos y más positivos, porque el cumplimiento de promesas sobre futuras elecciones cuanto la ejecución
estimula la movilidad social, el cambio de estructuras, la conciencia de de una reforma agraria. Después de la caída de Perón, el presidente Fron-
progreso y la formación y consolidación de nuevas clases medias. «El éxodo dizzi fracasó porque ignoró el despertar de las masas.
rural deshiela la situación secular del campesino sin esperanzas de promo- La nueva conciencia política alienta una ruptura con el sustrato que aún
ción en una sociedad rígida»96. La «ciudad patricia» del siglo xix se ha pueda sobrevivir de la herencia colonial, y cada nación trata de transformar-
convertido luego en «ciudad burguesa» y, a partir de los años treinta, en se según las capacidades de su desarrollo social y económico, pero siempre
bajo la inspiración de que el signo del cambio es signo social. Se han hecho
92. F. GIL, O.C, p. 115. Remite a J.J. JOHNSON, Political change in Latin America; trad. castell. diversos intentos de clasificación de los nuevos partidos que no es del caso
La transformación política de América Latina, Buenos Aires 1961.
presentar aquí99. Todos quieren responder de manera realista y radical a
93. J. HUTEAU, o . c , p. 105-108.
94. M. FRAGA IRIBARNE, o . c , p. 123-124, citando a J.E. ITURRIAGA, La estructura social y cultural
una situación que presiona continentalmente y en forma irresistible. Aun-
de México, México 1951. Compárese lo que estamos diciendo con esta otra afirmación abrupta: que algunos movimientos latinoamericanos hayan fracasado parcialmente,
«Las clases medias no existen como tales», en la colaboración de R. VENEGAS y F. FIALLO, Princi-
pales requisitos para la integración popular en el desarrollo en América Latina: América Latina y 97. Amplia presentación de estos aspectos en la obra de J.L. ROMERO, Latinoamérica: las
Desarrollo social II, Santiago 1966, p. 352. ciudades y las ideas, México 21976.
95. F. GIL, O.C, p. 117-120. 98. Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, dir. por David Sillis, vol. V, Nueva
96. J. HUTEAU, O.C. , p. 98-100. Se cita el estudio de G. GERMANI, Emigración a la ciudad y sus York 1968, voz Iberoamérica, p. 555-583. Cita p. 576.
causas, en «Sociedad, Economía y Reforma agraria», Buenos Aires 1965. 99. Una síntesis en F. GIL, o . c , p. 97-131.
462 463
también en parte han conseguido sus objetivos. J.D. Cochrane , contra el
pesimismo manifestado sobre los resultados de la revolución mexicana, afir-
ma que «los objetivos políticos se han cumplido y se han conseguido cam-
bios sociales fundamentales». La industria, el comercio, las finanzas logra-
ron sobreponerse a las élites terratenientes; la masa se ha beneficiado, así
sea limitadamente; se ha abierto el cauce a una movilidad ascendente, se ha
mejorado el nivel de vida y se ha conseguido la estabilidad política.
También a la revolución boliviana se le puede abonar la abolición de la
oligarquía latifundista y la extinción del pongueaje, degradante sistema de
servidumbre. En 1967 se redistribuyeron seis millones de hectáreas que
Capítulo II
beneficiaron nominalmente a casi 200 000 familias, y en 1971 se entregaron
un millón y medio de hectáreas a 35 000 familias101.
EL PRIMER CONCILIO PLENARIO D E LA AMÉRICA LATINA,
El movimiento político iberoamericano cuyo crecimiento e influencia ha
1899
sido más rápido es la democracia cristiana. De origen europeo, inspirado en
la doctrina social católica, ha plasmado una ideología de centroizquierda
adaptada a Iberoamérica. Aparece en el decenio de 1930 con cuadros de BIBLIOGRAFÍA: A. ACERBI, La Chiesa nel tempo. Sguardi sui progetti di rela-
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contrapuesto a la descripción anterior de tinte harto pesimista, puede con- Nuevo documento de los cristianos por el socialismo, en «Medellín» (Medellín 1976),
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468 469
subsiguiente al movimiento de emancipación, complicada por las condicio-
desempeñarán un papel de defensa contra los vientos de irreligiosidad, aun-
nes geográficas, a la hostilización de gobiernos de inspiración liberal y ma-
que esta situación artificial irá demostrando su precariedad, sobre todo
sónica, y a su propia debilidad institucional. La Iglesia dio pruebas de heroi-
desde la segunda mitad del siglo xx con el desarrollo de las comunicaciones
ca fortaleza en los difíciles años, sobre todo desde la segunda mitad de este
y la invasión de la radio.
siglo, frente a la persecución sistemática, al despojo de sus bienes, al desco-
El inmenso Brasil sólo contaba con unos 14 millones de habitantes;
nocimiento de sus derechos, al desmantelamiento de sus recursos y a la
Argentina con aproximadamente cuatro, y México con algo más de trece5.
soledad de sus obispos y de su clero, cada vez menos numeroso.
Las caóticas megalópolis de 1980 eran entonces concentraciones relativa-
En 1892 se cumplieron los 400 años del llamado descubrimiento de
mente modestas, a excepción de Buenos Aires, con 664 000 habitantes; Río
América. A cuatro siglos de distancia de la primera presencia de la Iglesia
de Janeiro, con 430 000; ciudad de México, que alcanzaba los 345 000;
en América Latina, su influjo social se había reducido a proporciones de
Montevideo, Santiago de Chile y La Habana, que andaban entre los
escasa significación en los núcleos de las decisiones históricas, pero aún
236 000 y 268 000 pobladores. Bogotá y Lima tenían 100 000 habitantes,
contaba con la fidelidad de la masa rural. La acción pastoral de los obispos y
mientras que Santo Domingo y Managua se reducían a proporciones de
la incidencia del catolicismo se veían bloqueados por la inmensidad geográ-
gran aldea, con unos 15 000 habitantes cada una6.
fica y la escasez de las diócesis, por la falta de comunicaciones y por la
ignorancia religiosa de los pueblos. Todo esto exigía pronto remedio para Si Fernando Braudel ha podido escribir en 1966 que «la población de
contrarrestar un proceso de descristianización. Fue entonces cuando León América Latina flota en un traje que le queda desmesuradamente ancho»,
xin convocó el Concilio Plenario de los obispos de América Latina en la donde «el espacio es superabundante y esta superabundancia emborracha a
Navidad de 1898. los hombres»7, piénsese en la condición humana del hombre latinoamerica-
no hace casi cien años.
El crecimiento biológico se vio engrosado por «el aluvión migratorio».
«Al terminar el siglo se asiste a una seria reanudación de la inmigración
2. La situación demográfica española y portuguesa, pero el hecho nuevo está constituido por la llegada
en masa de alemanes y sobre todo de italianos. La antigua América Latina,
Al concluir el siglo xix la población latinoamericana superaba, verosí-
desde el punto de vista étnico esencialmente india, mestiza y negra, se
milmente, los 60 millones. En nuestro estudio atenderemos a la América
escinde definitivamente en dos zonas distintas; por una parte, la intertropi-
hispana y portuguesa, a Iberoamérica, prescindiendo de la América del Sur
cal, donde continúa afirmándose la preponderancia de la sangre mixta y de
de lengua francesa (Guayana)2. Puede afirmarse que la totalidad moral de
los indios; por otra, una segunda América blanca, simétrica a la primera,
la población seguía perteneciendo por bautismo a la Iglesia Católica3. La
más pequeña y menos poblada, reproducción de las colonias del Cabo y de
expansión demográfica de nuestras 17 repúblicas (Panamá todavía formaba
Australasia. Esta nueva conquista europea se efectúa entre 1890 y 1914 y
parte de Colombia) iberoamericanas se aproximaba ya a la población de los
contrapone a la Argentina, al Uruguay, a Chile, e incluso a una parte del
poderosos Estados Unidos4.
Brasil meridional, al resto del mundo latinoamericano»8.
Sesenta millones de habitantes en un espacio de más de 21 millones de
El Atlas Geográfico Universal9 editado en París en 1888, ya pone de
kilómetros cuadrados, suponía una dispersión desesperante de la población
relieve que para una población de dos millones y medio de habitantes, Chile
vinculada muy débilmente a la acción pastoral de la Iglesia, en fuerza de las
contaba con 45 000 extranjeros; para 12 333 000 del Brasil, 270 000 eran
colosales dimensiones geográficas. Pero también los diafragmas geográficos
inmigrantes, y que de los 3 207 000 habitantes de la república Argentina,
730 000 provenían especialmente de Italia, España y Francia. La pequeña
gués, había crecido no sólo al margen del catolicismo europeo, sino también del influjo de la Sede
romana.
5. N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, l.c, p. 194.
2. Las cifras demográficas varían de acuerdo con los Atlas y Geografías de la época. El Atlas
de J. PERTHES asigna a nuestras repúblicas, junto con Cuba y Puerto Rico, un poco más de 6. Los datos anteriores en SÁNCHEZ-ALBORNOZ, l.c., p. 195. Los referentes a Santo Domingo y
58 millones: Gotha 1894, p. 30-35. El estudio fundamental sobre la población de América Latina, Managua, que curiosamente no menciona este autor, los tomamos de J. PERTHES, l.c, p. 33,
que seguiremos normalmente en este tema, se debe a N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de referentes a 1894.
América Latina desde los tiempos precolombinos hasta el año 2000, Madrid 1977, p. 160-198. En 7. Las civilizaciones actuales (trad. de Le monde actuel, histoire et civilisation) 4." reimpr.,
el cuadro de la pág. 182, se da el número de 61 120 000 habitantes incluido Haití con 1 270 000. Madrid 1973, p. 372.
8. R. SCHNERB, Storia genérale delle civiltá (trad. del orig. Histoire genérale des civilisations),
3. P. TERMOZ aduce una tabla estadística, muy incompleta, según la cual los católicos de
vol. 6, // XIX Secólo, Apogeo dell'espansione europea, Florencia 1957, p. 293-294. Habría que
Iberoamérica eran a fines del siglo xrx 55 millones. Véase DTC I, París 1909, cois. 1101-1106.
indicar que aun antes de 1890 había empezado a llegar el flujo migratorio. Véase, por ej., A.P.
4. J. PERTHES le asignaba en 1894,63 millones, l.c, p. 34. P. TERMOZ habla de 72 millones, de WHITAKER, Argentina. Transformación de un país y el flujo de inmigrantes. 1880-1916, México
los que diez pertenecían a la Iglesia católica: l.c, col. 1062. En 1907 se habla de 14 millones 1966, p. 57-85. N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, l.c, p. 160-182, con numerosos cuadros estadísticos.
«aproximadamente». Véase The Catholic Encyclop. I Nueva York 1907, p. 416.
9. Ed. GARNIER, París 1888, xxxvi.
470
471
república del Uruguay contaba con 150 000 inmigrantes europeos dentro de 4. Las estructuras eclesiales
una población, entonces, de 600 000 habitantes. En 1900 podrían ser
780 000. Al concluirse el siglo xix, el número de jurisdicciones en América Latina
se repartía en 20 sedes metropolitanas y 93 diócesis14. A excepción de
México, que tenía seis arzobispados, y del Brasil, que tenía dos, los demás
3. Continente incomunicado países constituían, cada uno, una sola provincia eclesiástica, de suerte que
la reunión de sínodos provinciales debía de resultar extremadamente difícil
El continente latinoamericano continuaba geográficamente desvertebra- por la enorme distancia a que se encontraban las sedes sufragáneas. Hubo,
do, con un insignificante kilometraje de comunicación moderna, reducido con todo, algunas reuniones episcopales en México, Ecuador, Colombia,
en el interior de cada república a algunos centenares o millares de kilóme- Brasil (después de la proclamación de la república en 1889). Toda la Améri-
tros de ferrocarril. Los países que estaban desarrollando un poco tales posi- ca Central (sin contar a Panamá) dependía de la sede metropolitana de
bilidades eran el Brasil, con casi 8000 kilómetros de vías, la Argentina y Guatemala y la diócesis de Asunción era sufragánea de Buenos Aires.
México con más de 6000 kilómetros cada una; Chile y el Perú, con 2600. En De acuerdo con los cuadros estadísticos de P. Termoz, citado en notas
cambio, territorios vastísimos como los de Colombia y Venezuela apenas anteriores, era ésta la situación de la Iglesia en Iberoamérica a fines del
alcanzaban a disfrutar de 200 ó 300 kilómetros de ferrocarril10. Es notable el siglo xix:
esfuerzo del gobierno liberal guatemalteco de Justo Rufino Barrios
(1873-1885), que desarrolló considerablemente el sistema ferroviario de su País Sedes metropolitanas Sedes diocesanas
país. En vista de esta imposibilidad de comunicaciones, León xm había Santo Domingo 1
renovado la concesión de ciertos privilegios y excepciones a los obispos Cuba 1 2
latinoamericanos mutuamente aislados por insuperables circunstancias geo- México 6 20
América Central 1 4
gráficas11. Colombia 1 11
Esta coyuntura explica igualmente uno de los factores del analfabetismo Ecuador 1 6
de la población, eminentemente rural. Se calcula que en 1900 sólo el 4 % Bolivia 1 3
frecuentaba la escuela12. No conocemos estadísticas de la escolaridad se- Perú 1 7
cundaria y universitaria, pero no existiendo grandes ciudades y con la masa Chile 1 3
dispersa en el campo o en pequeñas aldeas, puede inferirse que una franja Argentina - Paraguay 1 8
muy reducida de la población se beneficiaría de la educación secundaria y Uruguay 1
superior. La solicitud por esta situación se refleja en los decretos del Conci- Brasil 2 15
lio Plenario que señalaremos a su tiempo. La Iglesia no contaba con univer- Venezuela 1 5
sidades propias, si exceptuamos la Universidad Católica de Santiago de
Chile fundada en 1888. Esfuerzos hechos en Colombia a fines del siglo no se Esto significa que, por división numérica, a cada diócesis correspondían
habían hecho realidad. El catolicismo no tenía fuerza para competir con el un poco más de 592 000 habitantes, suponiendo que la población iberoame-
Estado, hostil o reticente en la mayor parte de las repúblicas, a la enseñanza ricana pasaba de 60 millones en 1900. Encontramos diócesis, como las de La
religiosa. De acuerdo con los artículos del Concilio Plenario se advierte que Habana, León (México), Santiago de Chile, Mariana, Petrópolis, Río, Sao
más bien se había preferido el trabajo dentro de la universidad oficial donde Paulo, Río Grande, con bastante más de un millón de católicos. Las de
esto fuera posible13. Bahía y Río de Janeiro pasaban de los dos millones. Únicamente Puerto
Rico, Colima (México), El Socorro (Colombia), Guayaquil y Portoviejo
(Ecuador), Chachapoyas (Perú), aparecen con menos de 100 000 habitan-
10. Ibid.
11. Carta Trans Oceanum de 18 de abril de 1897. Texto en Appendix ad Concilium Píen.
tes. Significan asimismo estos guarismos que, nominalmente, la extensión
Amencae Latirme, p. 608-614. Por ejemplo: la facultad de recibir la consagración u ordenación de cada diócesis era de 203 883 kilómetros cuadrados. Qué poco había
episcopal sin asistencia de otros dos obispos; la celebración de concilios provinciales cada 12 años;
el empleo de crisma y óleo de años anteriores en las parroquias. Como anécdota señalamos que
todavía en 1922, el obispo de Manizales (Colombia), monseñor Tiberio Salazar, fue ordenado en otros mismos nuestras obras.» La «Intención» del apostolado de la oración de ese momento
Medellín con la asistencia del sólo arzobispo de esa ciudad. rezaba así: «La fundación de Universidades Católicas», p. 193-199. Sobre el trabajo dentro de las
12. J. CAMBELL, CIF, Reports, 1962, reproducido en «Revista Interamericana de Educación» universidades estatales, véase más adelante, cuando comentemos sobre los artículos 692-697 del
(Bogotá 1963), núm. 121, p. 7. Concilio Plenario.
13. Ya en 1874 escribía «El Mensajero del Corazón de Jesús» de Bogotá: «Decididamente ha 14. Véase La Gerarchia Cattolica, 1899, Tipogr. Vaticana, p. 43-46. P. TERMOZ, o.c, cois.
llegado el caso de acostumbrarnos a crear nosotros mismos nuestros recursos y a ejecutar nos- 1101-1106. No contamos aquí un pequeño número de vicariatos y prefecturas apostólicas.
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cambiando la situación desde un siglo largo anterior, cuando los padres del les acuerdos y donde más tarde la Iglesia habría de conocer épocas extrema-
IV Concilio mexicano escnbían a Carlos m en 1771 que las diócesis del damente sombrías18.
virreinato eran grandes como un reino y que ni los propios obispos conocían
sus límites.
A lo largo del siglo xix se habían erigido 65 diócesis y cinco vicariatos 5. Las constantes del liberalismo decimonónico
apostólicos. La mirada a la densidad demográfica de las diócesis latinoame-
ricanas nos pone en presencia de un urgente problema pastoral, que ha La acción pastoral de la Iglesia y sus preocupaciones pueden parcial-
acompañado fatalmente la vida de nuestra Iglesia: el número inmenso de mente deducirse de las Actas del Concilio Plenario. Es legítimo, sin embar-
fieles a que ha de atender la acción pastoral del obispo y el corto número de go, admitir que este Concilio no es instrumento plenamente adecuado para
sacerdotes, fenómeno este último, que empieza a agobiar en la segunda lograr un diagnóstico exacto de la realidad católica de América Latina.
mitad del siglo xix15. Desde el comienzo del pontificado de León XIII hasta Nuestra Iglesia parecía pesar poco en el conjunto del catolicismo como aún
1900 se erigieron cinco arquidiócesis y 23 diócesis, siendo las naciones más hoy se echa de ver en los estudios globales que se hacen sobre la historia de
favorecidas México y el Brasil. la Iglesia en el pontificado de León xin19. La sociedad latinoamericana
Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Uruguay y Venezuela se vie- continuaba sometida al sistema golpista y revolucionario en lo que éste
ron privadas de seminarios en los últimos decenios del siglo xix, sobre todo contiene de más deletéreo y negativo. Se ha escrito que frente a los podero-
por la intromisión persecutoria de los gobiernos que hacía imposible su sos Estados Unidos las repúblicas latinoamericanas contrastaban como «los
existencia. A la confiscación de los seminarios en México, a partir de la Estados Desunidos» del hemisferio. En todos nuestros países se desarrolla-
legislación anticatólica de 1857, siguió después durante los años de calma ban, y a veces con qué sospechoso sincronismo, procesos sociopolíticos que
del gobierno de Porfirio Díaz (1884-1911) una notable recuperación de el catolicismo sentía como violencia hecha a su buen derecho. La situación
intenso y animoso esfuerzo para reconstituir centros auténticos de forma- de la Iglesia en nuestro continente latino debe considerarse, durante el
ción sacerdotal16. pontificado de León xm, a la luz de la reacción liberal del siglo xix. En la
En el momento de celebrarse el Concilio Plenario, el Papa estaba repre- literatura católica de la época se describe y se ataca el laicismo liberal con
sentado por una nunciatura en el Brasil y por delegaciones apostólicas (de intolerancia, muchas veces con virulencia, con exclusivista intransigencia
acuerdo con el sentido de la época) en Bogotá, Santiago de Chile, San José religiosa de todo pluralismo. Mas no debe pasarse por alto la todavía más
de Costa Rica, Lima, con extensión a Quito y a la capital de Bolivia, y en agresiva intolerancia del laicismo que el siglo pasado quiso desconocer la
Caracas con extensión a Santo Domingo y a Haití. A su vez, los gobiernos realidad social católica de Iberoamérica20.
de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Haití, Hondu-
ras, Perú, Santo Domingo tenían, al menos de iure su representante ante la
Santa Sede17. 18 El texto de estos concordatos en A MERCATI, Reccolta di Concordan I, Aed Vaticams
1919, p 800ss El texto de los concordatos, cotejado con el aspecto religioso de las constituciones
Mantenían concordatos efectivos con la Santa Sede, precariamente Ni- civiles de las repúblicas latinoamericanas, en J TORRUBIANO RIPOLL, LOS Concordatos de la post-
caragua, Colombia y Haití. Con la subida del liberalismo al poder en el guerra, p 305-407 Refiriéndose a los concordatos del siglo xix, P DUDON escribe: Pío ix hizo
Ecuador en 1895, el concordato garciano y su reestructuración posterior ocho concordatos con países latinoamericanos «calcados en los mejores concordatos europeos»
empezaron a dejar de ser operantes. Entre 1852 y 1862, Costa Rica, Guate- En todos ellos se acuerda a los jefes de Estado la presentación de los obispos Dictionnaire
Apologetique de la Foi Catholique I, París, 1925, col 646
mala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, y el Ecuador, habían 19 G JARLOT en su bien estructurado estudio, Doctrine Pontificóle et Histoire [ ] 1878-1922,
estipulado asimismo diversos concordatos con la Santa Sede, para luego Roma 1964, dedica, dentro de 252 páginas de texto consagradas al pontificado del papa León
romperlos o para no cumplirlos. Sorprende que hubieran sido los países (5-257), solamente dos (') a una panorámica del catolicismo en Latinoamérica El excelente
centroamericanos precisamente quienes habían firmado, de preferencia, ta- Manual de Bihlmeyer-Tuchle (ed ital), vol IV, Brescia 1962 para los pontificados de León xm
y Pío x, asigna, así mismo, dos páginas El Manual de Historia de la Iglesia, dirigido por H JEDIN,
ed castellana, tomo VIII, Herder, Barcelona 1978, dentro de 491 páginas que engloban la
historia del pontificado de León xm, otorga nueve a la historia de la Iglesia en Iberoamérica, en
is Véase un intento de reconstrucción parcial de la situación en W PROMPER, Pnesternot in tanto que a la del catolicismo en los Estados Unidos le concede 20 páginas (233-253) El DHGE
Lateinamenka, p 38-53 y 88-91 en los tomos hasta ahora publicados, aunque dedica buen espacio a buenas síntesis de la historia
16 Véanse multitud de datos sobre el origen, las vicisitudes y estadísticas de los seminarios en católica de Argentina, Brasil, Ecuador, ni siquiera nombra a Colombia o a Chile Hace mayor
América Latina, en Seminaria Ecclesiae Catholicae (ed por Sacra Congregarlo de Seminarns) justicia el DTC I, París 1909 (el imprimatur es de 1902), que emplea 25 columnas en la descripción
Vaticano 1963, p 1375-1630 Cuando hablemos de los decretos conciliares mencionaremos el histórica de la Iglesia de los Estados Unidos (1049-1074), y un número semejante en la de
Colegio Pío Latinoamericano de Roma América Latina (1081-1107)
17 Desde San José de Costa Rica se ejercía algún influjo sobre las repúblicas vecinas No
mencionamos ninguna representación del Ecuador, porque, desde 1897, el gobierno de Eloy 20 Cada país ha producido su propia literatura y su propia historiografía católica en el si-
Alfaro empezaba a hostigar la existencia misma de una representación pontificia glo xix Señalamos, como ejemplo, el estudio de J P RESTREPO, La Iglesia y el Estado en Colom-
bia, Londres 1885, en que el autor expone los pasos obligados de todo régimen liberal latmoame-
474
475
«Lo que une a este hervidero de pueblos y estados -se escribía en 1901- son los témala o en Venezuela, y mucho más tarde en el Ecuador, supuso una
intereses superiores de la religión católica que, pese a los esfuerzos desintegrantes de nueva forma de persecución contra una comunidad totalmente destituida de
la francmasonería y del liberalismo, ha sido y es hasta el momento, con mucho, la apoyos legales.
confesión de la mayoría de los Estados americanos»21. Se explica honradamente la Existe por ello una propensión a plantear la historia catóüca en nuestro
exasperación de los católicos contra esas fuerzas hostiles y poderosas que legislaban y continente en términos de relaciones de Iglesia y Estado: tal estatuto reper-
manipulaban haciendo violencia a la historia y a la dinámica de América Latina Para
cutía con mucha intensidad en la marcha de la sociedad latinoamericana
nosotros semejante violencia mutiló en gran parte la originalidad histónca a que
estaba llamada América Latina Aquello ya ocurrió y la histona no vuelve atrás, pero extremadamente dependiente de la coyuntura política. Como en el resto de
nos parece que la histonología debe pensar en nuevas interpretaciones del siglo los países católicos de Europa, la Iglesia en América Latina había pasado
liberal22 del regalismo del siglo xvra al anticlericalismo del xrx, agravado entre nos-
otros por la desproporción entre los medios de defensa y la capacidad agre-
El liberalismo latinoamericano era ideología, actitud y política. Su acce- siva de los gobiernos. Que la batalla se hubiera podido evitar, pertenece a la
so al poder suponía forzosamente el choque con la Iglesia y la opresión del hipótesis: de hecho fue el siglo de la masonería y fueron los tiempos de
catolicismo con un sistema uniforme en todas las repúblicas, articulado en Pío ix 24 . Entre muchos católicos existía la convicción de que operaba un
ciertas medidas que se convierten en consigna: separación de la Iglesia y del liberalismo internacionalmente organizado. «Todos los liberales de Colom-
Estado, libertad de cultos, educación laica, secularización del matnmonio, bia, del Ecuador, de Venezuela y de Nicaragua, pueden considerarse como
legalización del divorcio, libertad de prensa, abolición de los recursos eco-
nómicos de la Iglesia, laicización de los cementerios, expulsión de los obis- 24 Pero los tiempos de Pío ix fueron también tiempos de una gran decisión y paciencia del
pos, expulsión de los jesuítas y supresión de las comunidades religiosas. papa Mastai para defender a las Iglesias de América Latina de los infinitos abusos y atropellos de
Donde existía, se denunciaba el concordato. La lucha se adelantaba contra los gobiernos Creó 27 nuevas diócesis en América Latina En no pocas bulas de creación de estas
diócesis expresa su satisfacción pastoral por el progreso de la religión en algunas de nuestras
la «teocracia», contra el «clericalismo» y el «ultramontanismo», en nombre repúblicas Véanse los textos en F J HERNÁEZ, Colección de Bulas, Breves y otros documentos
de la libertad y de la soberanía popular 23 . relativos a la Iglesia de América y Filipinas II, Bruselas 1879 En más de una ocasión menciona a
Con incoherencia sorprendente algunos de estos gobiernos, denuncia- este propósito el recuerdo de su visita a los países del Cono Sur entre los años 1823-1825, por
ejemplo, pág 262 Siendo aun joven sacerdote, Pío ix acompañó al vicario apostólico Giovanm
dos los concordatos, o establecida la ley de separación, resucitaron las leyes Muzi en la visita organizada por los papas Pío vn y León xn al Uruguay, Argentina y Chile Véase
de patronato o de tuición. La separación de la Iglesia y del Estado constitu- P DELETURIAYMIGUELBATLLORI.S I , La Primera Misión Pontificia a Hispanoamérica, 1823-1825
yó para la Iglesia del Brasil en 1890 una auténtica liberación; pero en Gua- («Studí e Testi» 229), Vaticano 1963 En las páginas 437-440 aparece la carta del futuro papa,
firmada en Montevideo en enero de 1825 y dirigida al Secretario de Estado, en que manifestaba,
entre otras cosas, su deseo de permanecer en América Latina El célebre escritor y político
ncano, o la obra del obispo de Belem do Para, don Antonio Macedo Costa, A Questáo religiosa argentino, Domingo Faustino Sarmiento cuenta, asi mismo, el grato recuerdo que conservaba Pío
no Brasil perante a Santa Séou a Missáo Especial a Roma en 1873 á luz de documentos públicos e ix de los países americanos, como lo pudo comprobar personalmente en audiencia tenida con el
inéditos [ ], Lisboa 1886 papa (cit por C BRUNO, Historia de la Iglesia en Argentina, vol ix, Buenos Aires 1974, p 70, nota
21 Citado en MHI VIII, p 212, nota 48 10) No es impertinente recordar aquí la admiración y devoción que profesó Juan xxm por Pío ix a
22 Nos remitimos aquí al estudio de L ZEA, America en la Historia, Madrid 1970 Allí se quien llamaba «el Papa angélico» El 22 de agosto de 1962, menos de dos meses antes de la
afirman cosas como éstas «Tanto el español como el portugués son pueblos marginales a esa apertura del concilio Vaticano n, Juan xxm decía en audiencia pública «Pío ix, el papa de la
cultura [occidental de cuño sajón], y con ellos los pueblos que fueron colonizados por España y Inmaculada Concepción, alta y admiradafigurade Pastor, del que también se ha escrito, estable-
Portugal, esto es, los pueblos hispanoamericanos y el Brasil Algo separa a estos hombres, algo ciendo una aproximación con nuestro Señor Jesucristo, que nadie fue a la vez tan amado y tan
les impide incorporarse a ese mundo nuevo, a la modernidad, a la cultura occidental, algo que no odiado por sus contemporáneos Pero cuanto él hizo, su consagración a la Iglesia, hoy brilla más
han podido vencer todos los esfuerzos que en este sentido han hecho liberales de la península que nunca La admiración por él es unánime y [el Papa] quiere confiar a sus oyentes una cara
Ibérica y la América por ella formada La conciencia que sobre la marginahdad de los pueblos esperanza que abriga en su corazón que el Señor le conceda esta grande gracia de poder decretar
iberoamericanos, que en el pasado tomaba un signo negativo, ha tomado en nuestros días signos el honor de los altares, durante el xxi Concilio ecuménico, a aquel que convocó y celebró el xx
positivos Los pensadores iberoamericanos empiezan a no dolerse ya de no ser ciento por ciento Concilio ecuménico» (publ en «L'Osservatore Romano», 23 de agosto de 1962) Juan xxm había
occidentales y ven, por el contrario, en ese tanto por ciento que tiene sus pueblos de no occiden- expresado el año anterior un deseo semejante Mons Lons Capovilla, secretario personal de
tales, la base para la participación de Iberoamérica en la creación de una cultura más amplia y Juan xxm, tiene un estudio a este propósito Pío IX nel pensiero e nel cuore di Giovanm XXIII
más auténticamente universal», p 209 Léase todo el capítulo (p 209-256) y se encontrarán Véase «Studí Pianí» 3 Pío IX nel primo centenario della sua morte Vaticano 1978, p 734-757
muchos puntos de convergencia con lo que estamos afirmando Una apreciación global de la evolución ideológica de los gobiernos y de algunos sectores sociales
latinoamericanos puede leerse en F B PIKE, La Iglesia en Latinoamérica de la Independencia a
23 El pensamiento católico e intransigente de aquellos tiempos puede sintetizarse en el nuestros días, en Nueva Historia de la Iglesia, t V, dir por L J ROGIER y otros, 1977, p 309-315
pequeño libro del obispo de Portoviejo (Ecuador), monseñor Pedro Schumacher, nacido cerca de Siguen cuatro capítulos en que se hace una presentación sumaria de los siglos xrx y xx, p 316-370
Colonia en 1835 y que había venido al Ecuador como sacerdote lazansta Lleva por título, La PIKE no tiene sino un párrafo sobre el Concilio Plenano, pág 338, con una sola referencia
sociedad civil y ensilaría según la doctrina de la Iglesia Romana, editado por lo menos anco veces bibliográfica No obstante la escasez de datos bibliográficos, F B PIKE se acredita por una gran
en pocos años, por Herder, en Fnburgo de Bnsgovia La quinta edición fue preparada cuando se perspicacia en la comprensión de muchos problemas del catolicismo en el continente latinoameri-
hallaba desterrado en 1898 y 99 en el pequeño pueblecillo indígena de Samamego, al sur de cano
Colombia
476 477
miembros de una misma dilatada familia, y cuando algunos de los de estos del Soberano para promover cuanto conduzca al mejor orden civil y político
países empuñan las armas contra los compatriotas conservadores, tienen la de nuestra diócesis»27.
ayuda visible de los gobiernos liberales limítrofes» se escribía en 1902 en Cuando el patronato pasa a manos republicanas se advierte, y ya desde
una corresponsalía a la CivCatt de Roma25. los comienzos, que los obispos autóctonos que se van nombrando para las
diócesis americanas reaccionan contra la prolongación de tan embarazosa
tutela. La situación polémica que se va fraguando especialmente desde 1830
6. El funesto «Patronato» ya no es patología que procediera de la Iglesia, sino de los gobiernos. A lo
largo del siglo xrx la Iglesia ofrece el ejemplo de valientes obispos, intrépi-
Al pretender ahora aproximarnos globalmente a la situación de la Igle- dos y resistentes frente a los desmanes cometidos contra la libertad religio-
sia en América Latina en los últimos decenios del siglo xrx, para compren- sa. Se convierte en expediente de ordinaria administración la expulsión de
der así mejor el momento histórico en que se celebró el Concilio Plenario, obispos en México, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Venezuela, el Ecua-
incurriremos en una limitación que hoy suele merecer justas críticas: la de dor; dos van a la cárcel en el Brasil, uno es envenenado en Quito y otro
presentar desequilibradamente en relación con otros aspectos de la vida fusilado en el Paraguay. Entre 1852 y 1877 fueron desterrados de la patria o
eclesial, los problemas planteados por las relaciones de la Iglesia y del confinados lejos de su diócesis, 17 obispos colombianos28: no eran éstos,
Estado. Ya hemos dicho que en nuestras repúblicas era éste un capítulo procedimientos excesivamente cordiales y democráticos para resolver las
determinante: la marcha civil y religiosa estaban profundamente condicio- situaciones de conflicto. Que la mayor parte del pueblo apoyaba a sus
nadas por la situación política y no es simple impresión afirmar que la obispos, se echa de ver en el recibimiento tumultuoso que se les tributaba
actividad de la Iglesia dependía (piénsese de ello lo que se quiera), en gran cuando lograban regresar a sus diócesis, como ocurrió, por ejemplo, en
parte, del favor o de la hostilidad del Estado. Dentro de la inmadurez Guatemala, con monseñor Ricardo Casanova, o, en Costa Rica, con mon-
política generalizada, ambiente fecundo, que explica el torbellino de revo- señor Bernardo Thiel. Otros obispos murieron en el destierro29.
luciones, el Estado era omnipotente, y así como podía garantizar espacios La historiografía, incluso de algunos católicos, que se exaspera por la
propicios y a veces exclusivos a la acción positiva del catolicismo, podía terquedad de la jerarquía en su oposición al liberalismo decimonónico, no
también hacer saltar sus capacidades de influjo. es del todo justa con la conducta de la Iglesia. No parece reconocer que
El catolicismo del siglo xrx había heredado del período colonial una gran ésta, entre otros motivos, luchaba contra una situación anacrónica. El pa-
homogeneidad continental y el enraizatniento tenaz en el alma del pueblo; tronato español o portugués se habían otorgado a potencias católicas, con
pero la iberización de la Iglesia, cuya manifestación seguramente más abul- finalidades bien precisas. El adueñamiento con que de él se apoderaron los
tada había sido la dependencia de la Corona por fuerza del patronato, gobiernos republicanos de Hispanoamérica (el caso del Brasil tiene otra
llevaba consigo funestas proyecciones para los nuevos tiempos laicistas. Los historia) y las deducciones abusivas a que se llegó, parecen desconocer
gobiernos republicanos no hacían otra cosa sino heredar una tradición a precisamente el cambio operado en los tiempos. Las concesiones hechas por
cuya radicalización habían contribuido no pocos obispos de los últimos
tiempos borbónicos. Fueron generalmente celosos pastores, pero de una
27. «Carta Pastoral» firmada en Santa Fe de Bogotá, «en el día del santo rey don Fernando y
actitud mental totalmente entregada a los monarcas españoles. En 1796, de nuestro amado soberano, su nieto, el señor don Fernando vn». Se encuentra copia en la
por ejemplo, el bibliotecario de Santa Fe de Bogotá, el cubano D. Manuel Biblioteca Nacional de Bogotá, Fondo Pineda, 202. Afirma el padre Pedro de LETUWA que hasta
del Socorro Rodríguez, en memoria dirigida al Príncipe de la Paz, escribe 1820 la Santa Sede no conocía la organización de la Iglesia en América bajo el patronato español
que los obispos indianos se olvidan «de que su ministerio es puramente (Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica, vol. m, Roma 1960, p. 236). A lo largo del siglo
xix la anormal situación de la Iglesia se tradujo en un caso de conciencia para muchos episcopados
apostólico y de ningún modo político, como por lo común lo hacen apare- en América Latina. El padre Francisco Javier HERNÁEZ, en la obra citada en la nota anterior,
cer»26. Un excelente prelado neogranadino, español de nacimiento, don núm. 24, publica parte del carteo entre los obispos de Chile y el papa en 1852 y 1859 referente a
Salvador Jiménez de Enciso, obispo de Popayán en los años de la emancipa- los pretendidos derechos de patronato gubernamental, p. 416-427.
ción y más tarde, irrestricto admirador de Bolívar, no titubeó en escribir 28. D.M. GÓMEZ, Desterrados Ilustres o Confesores de Cristo, Pasto (Colombia) 1942. Habría
durante su período de exasperación fernandina que venía a la Nueva Grana- que decir que en más de una ocasión faltó flexibilidad a algunos prelados colombianos y que
abundaron sacerdotes y laicos más papistas que el Papa, sobre todo en el decenio de 1860-1870.
da «ya como pastor de la Iglesia para trabajar sin intermisión en reponer y Se exasperaron así las premisas de una historia futura, demasiado llena de equívocos, en que los
fomentar cuanto pertenece a la religión de Jesucristo, y ya como ministro «conservadores» pretenderían el monopolio de la ortodoxia y a los «liberales» se los miraría como
católicos tolerados.
29. Aludiremos a estas circunstancias más adelante, en el rápido recorrido que hagamos de las
25. Véase la serie XVIII, vol. VII, 1902, p. 249-250. repúblicas latinoamericanas. No falta en alguna historiografía reciente la acusación de complici-
26. Hemos consultado este documento en el Archivo de Indias, Sevilla, Estado, Santa Fe, dad entre los obispos y «el sistema». Pensamos que convendría revisar ciertas posiciones históri-
legajo 53. cas con criterios desprevenidos.
478 479
Pío ix en sus concordatos con algunas repúblicas de Centroamérica, o en nio del siglo xix de una paz de hecho, como resultado de la política persona-
forma personal a los presidentes del Perú30, tienen en cuenta la existencia lista de Porfirio Díaz. Durante los años del llamado «porfiriato»34 la Iglesia
de gobiernos favorables a la realidad católica de los pueblos y señalan las se halló a la expectativa de la voluntad del gobernante que tuvo el buen
circunstancias de dignidad y competencia que habrían de revestir los sacer- sentido de no agredir al hecho católico de la nación:
dotes presentados al episcopado. «Persecución a la Iglesia (entren o no entren los curas) significa guerra,
Más allá del simple patronato, los gobiernos mantienen y defienden el y guerra tal, que sólo pueda ganarla el gobierno contra el propio pueblo,
placet gubernamental a todos los documentos de la Santa Sede o de los mediante el apoyo humillante y despótico, costosísimo y peligrosísimo de
Concilios, y de este modo la relación del Papa con las Iglesias particulares los Estados Unidos»35.
queda paralizada. T. Halperin Donghi describe con mucho acierto el anta- Que dentro de su política de conciliación, «Porfirio Díaz, a pesar de los
gonismo surgido entre el liberalismo y la Iglesia en nuestro continente en el masones, tenía planes positivos de arreglo con la Iglesia, fue cosa pública y
siglo xix, por la radicalización del regalismo frente a la Iglesia y por la notoria»36. Pudo así el catolicismo reponerse de los golpes asestados por las
reacción defensiva del ultramontanismo: la revolución hizo sentir de mane- Leyes de Reforma de 1859-1863. La estructura eclesial se robusteció con
ra nueva la tutela estatal, «al cargar de sentido político un nexo que antes la creación de tres nuevas sedes metropolitanas y de ocho diócesis y con la
era sobre todo administrativo»31. A distancia de un siglo lamentamos que apertura de nueve seminarios, la fundación de congregaciones religiosas y
las tensiones, las mutuas incomprensiones, los endurecimientos de cada la organización de la escuela católica.
parte hubieran desembocado en rupturas muchas veces catastróficas. Pre- En el decenio de 1890 a 1900 hubo bastante actividad sinodal hasta con
tender de la Iglesia un estado de perpetua clarividencia puede traducir un la celebración del V Concilio Provincial Mexicano en 190037, y a lo largo del
complejo de triunfalismo. Acusarla de oposición sistemática puede reflejar prolongado período de Porfirio Díaz, la Iglesia pudo lanzar el movimiento
una disposición no histórica sino sectaria. social y preocuparse conscientemente de la evangelización del pueblo que
en el terreno religioso (como también en el social) se hallaba extremada-
mente desamparado. Todo ello manifiesta que los obispos que «habían
7. «Christianitas afflicta» heredado una Iglesia demolida y se habían lanzado a rehacerla» no observa-
ban simples actitudes de condescendencia con el régimen y eran conscientes
Juzgamos necesario presentar ahora un cuadro panorámico de la situa- de la precariedad y de la ambigüedad del porfiriato. Sobre la Iglesia pesaba,
ción del catolicismo latinoamericano que preludia a la convocación hecha sin embargo, como espada de Damocles, la legislación anterior nunca supri-
por León xm del Primer Concilio Plenario de América Latina. Cuando a mida38.
esta situación la llamamos «cristiandad en aflicción», no pretendemos iden- Las estadísticas de P. Termoz39, si bien incompletas, nos dan un número
tificarla anacrónicamente con la historia católica de pasados siglos. Habla-
mos del conjunto de nuestra sociedad humana latinoamericana y católica, poderoso y respetado Fue una desventura que a su sensibilidad patriótica se juntara una obsesión
de nuestro «universo» continental, con sus estructuras, sus instituciones, antirreligiosa, sobre cuyos orígenes se dan diversas explicaciones, desde sus años de seminarista
con las expresiones de su fe sometida a la fuerza de los hechos, que se en Oaxaca hasta la hostilidad confesional de conservadores e imperiales
mostró tantas veces hostil, dura y hasta sangrienta con ellas32. 34 Me he servido en gran parte, para la redacción de estos párrafos, de una muy buena
síntesis del período, escrita por mi alumno en la Universidad Gregonana, presbítero José Miguel
ROMERO DE SOLÍS El Porfiriato y la Iglesia de México, 1979, inédita -que sepamos- hasta el
momento
México 35 M CUEVAS, o c , p. 408
36 Ibid , p 412
La Iglesia mexicana, atropellada de manera violenta desde la llegada al 37 J M ROMERO DE SOLÍS, indica que las Actas del Concilio se hallan en el Archivo Vaticano,
poder de Benito Juárez ([1857] 1861-1872)33, disfrutaba en el último dece- Congr del Concilio Cita a L PASZTOR, Gutda delle Fonti per la Storiadelf America Latina Véase
antes la nota 34 Sería muy interesante estudiar estas Actas para conocer el influjo ejercido por el
30 Carta Praeclara mter, de 7 de marzo de 1874, ASS VIII, Roma, p 365-368 reciente Concilio Plenario Suponemos que copias de las mismas se encuentran en algunas cunas
31 Historia contemporánea de América Latina, Madrid 1970, p 228-229 diocesanas de México
32 El término lo tomamos de la obra de H LUTZ, Christianitas afflicta [ ] 1552-1556, Gotinga 38 Sobre la época de Porfirio Díaz, J M ROMERO DE SOLÍS ofrece entre otras obras, la
1964, con una introducción aclaratoria, p 15-33 siguiente bibliografía R ROEDER, Hacia el México Moderno Porfirio Díaz, 2 t México 1973
33 La bibliografía sobre Juárez es inmensa Nos reducimos a dos citas A. TARACENA, Juárez K SCHMITT, The Mexican Positivtst and the Church-State Question, 1876-1911, en «A. Journal
Católico, Apostólico, Romano, México 1948 M CUEVAS, Historia de la Iglesia en México, t V, of Church and State», 8 (1966) 200-213 (s 1) M GONZALEZ RAMÍREZ, La Revolución social
El Paso (Texas) p 309-382 Estas páginas están escritas con explicable enardecimiento de parte en México, I, Las Ideas, la violencia, México 1974 J GARCÍA GUTIÉRREZ, Acción anticatólica en
del historiador jesuíta, que en los años de la redacción de su Historia sufría los rigores de la México, México 1956 L J DE LA PEÑA, La legislación mexicana en relación con la Iglesia, Univer-
persecución iniciada ya desde 1911 No se pueden ignorar las virtudes patrióticas de Juárez «,La sidad de Navarra, Pamplona 1965
patria1 -decía-, porque contra ésta nunca tenemos razón » Soñó en sus luchas por un México 39 Véase antes, nota 14
480 481
de 2585 sacerdotes de ambos cleros hacia 1900. El número es aproximado, romana, se practica con mayor fuerza en los países donde por existir la
ya que faltan datos de cinco diócesis que sumaban entonces 2 311 000 feli- libertad religiosa, tiene la competencia de los otros cultos»43. Este celo de
greses. Quedando con el número de fieles cuyas diócesis presentan un cua- Barrios por la fe católica no merecería comentarios si no fuera por su cinis-
dro completo de sacerdotes, se tendría que a fines del siglo xrx había un mo. ¿A qué venía decretar la libertad de cultos donde no existía sino el
sacerdote por 4600 católicos. Promper habla de 5000 sacerdotes para 15 católico, ya que toda la población era católica? La Guatemala de Barrios no
millones en 191040. Pero ya entonces se va presentando, en toda su trage- era una Arcadia democrática, y por otra parte se iba ahorcando a la Iglesia
dia, la desproporción de sacerdotes y de fieles en muchas de las diócesis de modo que ni siquiera podría acogerse a la dichosa libertad que se le
mexicanas. La diócesis de Tehuantepec tenía 16 sacerdotes para 150 000 concedía. A poco de este decreto (1873), uno nuevo venía a declarar las
fieles; la de Sonora, 24, para 130 000; la arquidiócesis de Michoacán, 17, bondades del anterior: el 2 de julio de 1873 aparecía el siguiente: «Se ex-
para 101 000. Aparecen en mejores condiciones la de la capital, México, traña perpetuamente de la República al Señor Gobernador del Arzobispa-
con 600 sacerdotes para 779 000 habitantes y la de Guadalajara (que ha sido do, presbítero don Francisco A. Espinosa y Palacios»44. La razón: su pro-
tierra de vocaciones) con casi 500 para 811 000. testa por las acusaciones que se hacían al clero católico de connivencia con
Pero en general, a fines del siglo, la situación debía de parecer bonanci- revueltas facciosas. Siguiéronse el decreto de desamortización, la clausura
ble, pues, como lo veremos a su tiempo, hubo varios obispos que insinuaron del seminario dirigido por los padres vicentinos, la prohibición de las proce-
a la ciudad de México como posible sede para la celebración del Concilio siones fuera de las iglesias (en 1882).
Plenario. La Iglesia no permaneció callada ante semejante cadena de atropellos.
A cada medida se sucedía una protesta, único medio que se dejaba a los
Guatemala católicos. Es memorable el mensaje dirigido a la diócesis (Guatemala cons-
tituía una sola jurisdicción arquidiocesana) por el administrador apostólico
Hacia 1873 la Iglesia en Guatemala entró por el camino de la persecu- y obispo auxiliar electo, don Juan Bautista Raull y Beltrán, en marzo de
ción inaugurada por los crueles golpes que durante 12 años le reservó el 1876. En ella se da la única respuesta cristiana de una Iglesia perseguida a
caudillo Justo Rufino Barrios41. Su obra descristianizadora perduró por lo sus perseguidores: saber amarlos y saber perdonarlos. Su autor, por otra
menos hasta 1944. A imitación de Juárez, a quien admiraba, organizó un parte, asienta un principio de sagacidad cristiana para evitar que los enemi-
sistematizado asedio al catolicismo42. Ya desde 1871 el liberalismo triunfan- gos del gobierno iniciaran una revuelta bajo capa de guerra religiosa:
te había expulsado a los jesuítas por medio del presidente provisorio, Mi-
guel García Granados. El mismo año fue expulsado de un plumazo el meri- «Una resistencia pasiva -escribe- sostenida dentro de los términos de la ley para
torio arzobispo de Guatemala, don Bernardo Pinol y Aycinena junto con su no faltar a los mandamientos y principios divinos, es santa y laudable, como dicen las
obispo auxiliar, don Mariano Ortiz Urruela. En diciembre del propio año se Sagradas Escrituras, puesto que primero es obedecer a Dios que a los hombres; pero
suprimieron los diezmos y se fueron acumulando las medidas de represión: rebelarse a mano armada contra las autoridades constituidas, tal vez por fines e
confiscación de los bienes de los jesuítas, extinción de los oratorianos de intereses bastardos, tal vez por satisfacer pasiones de soberbia y orgullo, será siempre
San Felipe Neri, supresión de todas las comunidades de religiosos «por un hecho reprensible y origen de efectos desastrosos»45.
carecer de objeto en la república [...] por su naturaleza refractarias a las
reformas conquistadas por la civilización moderna». La reforma de la cons- Que el pueblo conservaba su fe profunda puede comprobarse por el
titución llevaba el decreto 92 con que se declaraba la libertad de cultos crecido número de confirmaciones que hizo el administrador apostólico,
«porque la experiencia ha demostrado que la religión católica, apostólica, don Juan Bautista Raull, autorizado por su desterrado arzobispo: en el sólo
distrito de la capital, entre 1875 y 1885, confirmó a 150 600 fieles. No se
incluyen -escribe Estrada- las confirmaciones que realizó en sus extensos
40. Cita la revista «Latinoamérica» 2 (México 1950), p. 556. Nos parece que muy difícilmente
el clero mexicano hubiera pasado de unos 2800 ó 3000 sacerdotes en 1900 a 5000, diez años más
viajes pastorales. La razón por la que no se publicara contra él ningún
tarde. Las estadísticas de pasados tiempos, si no consta que están hechas puntualmente, han de bando de extrañamiento debe atribuirse a la amistad personal que logró
manejarse con cautela. Nos movemos en la aproximación. mantener con Barrios y al tino con que supo llevar las tensiones hasta el
41. Nacido en 1835, inició una insurrección en 1871; se consolidó en 1873 y murió combatien- punto de planearse y redactarse las formulas de un convenio con la Santa
do en 1885. Su manía anticatólica no nos ha de llevar a desconocer ciertas realizaciones de
progreso. Sin embargo, su política agraria constituyó un atropello contra la mayoría indígena del
Sede. La muerte de Barrios truncó esta posibilidad, ya «que de no haber
país (véase C. RUBIO, Barrios a través de la historia, Guatemala 1935; M. RODRÍGUEZ, América
Central. El Nuevo liberalismo, 1871-1941, México 1967, p. 125-172, sobre Barrios, p. 125-140).
42. Véase R. PÉREZ, La Compañía de Jesús en Colombia y Centroamérica, vol. III, p. 163-241 y 43. A ESTRADA MONROY, O . C , p. 150-151.
627-635. Muy completa documentación en la obra de A. ESTRADA MONROY, Datos para la historia 44. Ibid., p. 161.
de la Iglesia en Guatemala, p. 13-217. 45. Ibid., p. 177-179.
482 483
ocurrido la muerte súbita del Presidente, hubiera alterado totalmente la
Sinibaldi, y enseguida, Manuel Lisandro Barillas. Fue entonces cuando la
historia de Guatemala» 46 .
Asamblea legislativa aplazó la consideración del Convenio celebrado con la
En efecto, después de 13 años de vejaciones, Barrios aceptó llegar a un
Santa Sede, no obstante la protesta del administrador apostólico, don Juan
entendimiento con la Iglesia en 1884. Quien desempeñó el papel de conse-
Bautista Raull, muerto en julio siguiente.
jero y mediador fue el celoso sacerdote, padre Ángel María Arroyo, que
Las tribulaciones de la Iglesia conocieron nuevas formas y modalidades.
con un bien entendido oportunismo influyó para que no se siguieran todas
A principios de 1886 un decreto «prohibe de una manera absoluta el ingreso
las consecuencias que podían temerse de los liberales extremistas 47 . Se fir-
al territorio de la República, de los ministros del culto católico pertenecien-
mó, por tanto, un «Convenio» entre la Santa Sede y el gobierno de Guate-
tes a otras nacionalidades» y se propaga un movimiento de literatura anti-
mala el 2 de julio de 1884. El encabezamiento del Convenio decía que el
rreligiosa. León xm designó como arzobispo al nuevo administrador apostó-
Papa tomaba en consideración «la triste condición en que se encuentra la
lico, don Ricardo Casanova y Estrada 50 . Fue consagrado en julio por el
Iglesia de Guatemala» y que el Presidente se manifestaba «dispuesto con
obispo de San José de Costa Rica, monseñor Bernardo Thiel, de origen
mucho gusto a remover los obstáculos que se oponen a la concordia y buena
alemán, y no sabemos qué pasos se dieron para que se permitiera su ingre-
armonía de las dos supremas autoridades».
so. Casanova y Estrada supo estar a la altura de su ministerio: trató con tino
La lectura del texto 48 deja francamente satisfecho a quien quiera encon-
la situación política, pero no pudo callar ante la difusión de libros pernicio-
trar un camino de solución en las tensiones religiosas y políticas de las
sos, como las Cartas a Eugenia, impuestos como texto de lectura en las
repúblicas latinoamericanas del siglo xix. Desaparece el temible placel gu-
escuelas. En agosto de 1887 el gobierno prohibió toda publicación de pasto-
bernamental que impedía la libre comunicación del Papa con la Iglesia; se
rales y edictos eclesiásticos que no hubieran sido previamente presentados
restablece el seminario, el gobierno renuncia a sus interferencias en el nom-
al gobierno 51 .
bramiento del arzobispo metropolitano, se resarce por medio de compensa-
La respuesta del arzobispo brilla por su claridad y valentía:
ciones hechas a la Iglesia, de la privación de sus bienes a que había sido
sometida. Pero la muerte de Barrios, ocurrida en abril de 1885, y la sucesión
«Para cumplir este decreto en toda su extensión, yo debería transferir al Ministe-
del designado, Manuel Lisandro Barillas, impidieron que se firmara y apro- rio del Interior todo el régimen del eclesiástico, la Curia Metropolitana vendría a
bara el Convenio por parte de la Asamblea legislativa49. quedar reducida a una oficina administrativa y el Poder Ejecutivo (como en los países
A Barrios sucedió, por decreto del Consejo de Ministros, Alejandro protestantes menos en los Estados Unidos) constituido en Pontífice de la Iglesia de
Guatemala. Veo con dolor que, prestando oído a pérfidos consejos y llevado de una
especie de vértigo, el Gobierno avanza sobre la Iglesia y debo advertírselo con respe-
46. Ibid., p. 192. to, pero también con firmeza. En lo temporal soy y seré siempre el primer subdito de
47. Ibid. los poderes legítimos de mi patria; en el régimen espiritual de mi Arquidiócesis no
48. Bajo el título de Concordato en A. MERCATI, Raccolta I, p. 1018-1021. El texto castellano dependo más que de Dios y del Romano Pontífice. El Gobierno ha legislado sobre un
en ESTRADA, o.c., p. 193-196. J.L. MECHAM, Church and State in Latín America, o.c., p. 319, asunto que no le pertenece y no debe esperar que me someta a una servidumbre
olvida que el convenio, al fin, no fue firmado. La nota siguiente, puramente anecdótica, demues- vergonzosa y culpable. Protesto solemnemente contra el decreto antes dicho. Protes-
tra a cuántas imprecisiones estamos sometidos cuando tratamos de hacer historia de campos
demasiado vastos. to de antemano contra cualquier vejación y exacción que con pretexto de aquél, se
49. O. KOEHLER, en MHI VII, p. 210, escribe: «El arzobispo Casanova y Estrada fulminó en pretenda imponerme, como atentado a la propiedad o a la libertad personal y, por
tono profético la excomunión contra el presidente Justo Rufino Barrios.» En la nota 45 de la tanto, como abusos de la fuerza»52.
misma página aduce parte del texto de la excomunión «profética»: «El llamado Justo Rufino
Barrios está excluido de nuestra bendita comunión. Desde hoy le prohibo llevar el nombre de uno El abuso de la fuerza ocurrió al día siguiente con un decreto:
de nuestros mártires romanos. Advertimos a los fieles que se guarden de tratar con el llamado
Justo Rufino Barrios, al que ha sido sustraída la gracia de Dios.» Este anatema más visigótico que
profético está a su vez, tomado parcialmente de W. VON SCHOEN, Geschichte Mittel- und Südameri- «Se expulsa del territorio de la República por todo el tiempo que el Poder Ejecu-
kas, Munich 1953, p. 419. Consultamos el texto de VON SCHOEN con la fórmula completa del tivo lo juzgue indispensable al arzobispo don Ricardo Casanova y Estrada.» El cum-
curioso anatema, dividido en 4 parágrafos, citado en traducción alemana entre comillas y sin plimiento de la medida se encargó al ministro de Guerra. Se le concedieron tres horas
indicación de fuente alguna. Este historiador no lo atribuye al arzobispo Casanova y Estrada, que para salir al Puerto de San José y embarcarse a Panamá53.
fue preconizado como arzobispo de Guatemala en enero de 1886, nueve meses después de la
muerte de Justo Rufino Barrios, sino «al obispo de Teya». Era obispo de esta sede titular y
auxiliar del arzobispo de Guatemala, Don Mariano Ortiz y Urzuela, desde junio de 1866; fue Desde aquel día (4 de septiembre de 1887) Guatemala quedó sin arzo-
expulsado con su arzobispo en octubre de 1871 y murió en el destierro poco después, en junio de bispo, sin cabildo eclesiástico, sin religiosos ni religiosas, sin medios con los
1873. Tampoco hemos encontrado en la documentación copiosa de A. ESTRADA MONROY, frecuen-
temente citado, alusión a tal anatema, ni en V. VILANOVA, Apuntamientos de Historia Patria
Eclesiástica, San Salvador 1911, no obstante referir con detenimiento la expulsión y vicisitudes de 50. El arzobispo residencial, Bernardo Pinol y Aycinena había muerto en 1881 en el destierro.
los dos obispos guatemaltecos, Pinol y Ortiz. 51. A. ESTRADA MONROV, o.c, p. 245-247.
52. Ibid., p. 248-249. 53. Ibid., p. 250-252.
484
485
jranc xx. n u i t u b a "nú»»
que la Iglesia pudiera comunicarse, y no obstante repetidas instancias he- expulsados los jesuítas y «sincronizada con este ambiente antijesuítico, la
chas por los guatemaltecos ante el gobierno, la respuesta era la misma: «No enseñanza superior de Granada y León se entregó a elementos liberal-ma-
se permite el regreso al país del señor licenciado don Ricardo Casanova y sónicos, traídos de España, que debían ser los creadores del futuro radica-
Estrada, arzobispo de Guatemala.» lismo antirreligioso que sucedió dialécticamente, a los 30 años».
Cambiaron un poco las circunstancias y, por fin, en 1897, diez años En 1894, se decreta la expulsión del obispo, monseñor Francisco UUoa
después de su destierro, el presidente Reina Barrios concedió el retorno del y, en 1899, se suprime toda orden religiosa. Poco después la Asamblea vota
arzobispo, que regresó el 19 de marzo dentro de una «indescriptible mani- y ejecuta la desamortización de los bienes de la Iglesia. El despotismo
festación espontánea y ruidosa» que le deparó el pueblo guatemalteco. «Ja- antirreligioso de Zelaya repercutirá de manera deletérea en la descristiani-
más se había visto en Guatemala tanto entusiasmo popular»54. Al año si- zación de un gran sector de la clase culta. P.A. Cuadra coincide, a su
guiente el presidente Reina Barrios fue asesinado y llegó al poder Manuel manera, con la apreciación (no propiamente religiosa, si se quiere, pero
Estrada Cabrera: heredero de Justo Rufino Barrios, su gobierno de más de verídica) de Leopoldo Zea: se sigue pasando una antorcha de odio contra la
20 años iba a significar nuevas persecuciones contra la Iglesia55. Iglesia de generación en generación, y así «valiosos elementos de la intelec-
tualidad y de la sociedad nicaragüense han perdido lo mejor y lo más fecun-
-Nos hemos detenido en la reseña de estos acontecimientos porque mani-
do de lo que la cultura patria posee en sus dramáticas entrañas»59. Es
fiestan vivamente la común suerte de otras comunidades católicas de Amé-
curiosa y actual la observación que sobre el país y sus gobernantes hace el
rica Latina. El enigma histórico reside en la persistencia de la religión a biógrafo del delegado apostólico, monseñor Giovanni Cagliero, que lo visi-
pesar de tantas opresiones e injusticias. tó en 1909: regía Zelaya «los destinos [de Nicaragua] considerándola ni más
ni menos que una inmensa hacienda \fattoria] a órdenes de un patrón abso-
El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica luto, el presidente Santos Zelaya»60.
La república de El Salvador constituía desde 1842 una dilatada diócesis Desde 1880 estaban en vigor en Honduras las leyes de tuición de cultos,
sufragánea de la de Guatemala. También aquí la Iglesia sufría fuertemente lo que equivalía al desconocimiento del concordato firmado en 186161. A
el impacto de un laicismo hostil, y aunque se había celebrado un concordato par que en las repúblicas vecinas fueron prohibidas las comunidades religio-
en 1862, la constitución de 1886 había impuesto el matrimonio civil, la sas en 1880, se suprimieron los diezmos, se introdujo el matrimonio civil y
educación laica, prohibía «el establecimiento de congregaciones conventua- se secularizaron los monasterios. La mentalidad que inspiró estas medidas
les y toda especie de instituciones monásticas» y legalizaba el divorcio. A la persistía a fines del siglo, y se prolongó por muchos años después. Pero el
Iglesia se le había privado de personalidad jurídica. Tal constitución tenía clima general en torno de la vida católica no se manifestó con la virulencia
su preludio en la administración del mariscal Santiago González que podía esperarse de un período laicista62.
(1871-1876) que «mal aconsejado por gobiernos vecinos comenzó a buscar En los decenios anteriores al Concilio Plenario las perspectivas para la
medios para perseguir a la Iglesia, expulsando nuevamente en 1875 a los Iglesia en Costa Rica no presentaban un cuadro mejor. La borrasca del
religiosos y al obispo coadjutor recientemente nombrado, quien algunos cuatrienio de 1882 a 1886 produjo las temibles «leyes liberales» con la de-
meses más tarde pudo volver a su diócesis para gobernarla ya como su nuncia del concordato que se había firmado en 1852 y la extinción del
tercer obispo». La Iglesia contó desde 1888 con la presencia de un gran estatuto nacional de 1871, que reconocía la confesionalidad del Estado.
obispo, monseñor Antonio Adolfo Pérez, «cuyo gobierno marcó una nueva Fueron expulsados los jesuítas, se suprimieron las congregaciones religiosas
época en el desarrollo de la Iglesia en el país»56. y se expulsó al insigne obispo de San José, monseñor Bernardo Thiel63.
También Nicaragua tenía concordato desde 1858. En 1893, llegó al po-
der José Santos Zelaya57 y se mantuvo en él hasta 1909. Las medidas antica- 58. Sobre historia eclesiástica de Nicaragua pueden consultarse con datos de la época:
tólicas que adoptaría Zelaya tenían ya una larga incubación. Nicaragua no A. AGUILAR, Reseña histórica déla diócesis de Nicaragua, León 1927. P. A. CUADRA, Nicaragua, en
R. PATTEE, El catolicismo contemporáneo, espec. p. 336-340 y 348-351.
podía escapar al influjo de la masonería guatemalteca58. En 1881 fueron 59. O.c, 340. La alusión a L. Zea, en la nota 22.
60. G. CASSANO, // Cardinale Giovanni Cagliero, t. II, p. 654. La observación parece provenir
del mismo don Cagliero.
54. Ibid., citando el diario «La República» del 20 de marzo de 1897. 61. J. TORRUBIANO RIPOLL dice, con demasiada benignidad, tanto de Honduras como de los
55. El arzobispo murió el 14 de abril de 1913, próximo a los 70 años y mientras verificaba una otros países centroamericanos, que «conservaba la vigencia del concordato, aunque restringida-
penosa visita pastoral. No asistió al Concilio Plenario de 1899, creemos que por razón de la mente practicado». Véase Los Concordatos de la postguerra, p. 339.
inestabilidad política en que se hallaba el país. 62. J.F. DURON, Honduras, en R. PATTEE, O.C, p. 278-280.
56. Véase E. SIMAN, El Salvador en R. PATTEE, El Catolicismo contemporáneo, p. 235-236. 63. Véase la biograña escrita por V. SANABRIA, Bernardo Augusto Thiel, segundo obispo de
57. Véase M. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, América Central, México 1967, p. 140-153. E. AQUINO, Costa Rica, San José de Costa Rica 1941. Había nacido en Elberfeld, cerca de Colonia en 1850.
La personalidad política del General José Santos Zelaya, Managua 1944. Había nacido en 1853 y Pertenecía a la Congregación de la Misión (padres lazaristas o vicentinos) y había venido a Costa
murió exiliado en Nueva York en 1919.
486 487
Fueron, asimismo, expulsados los padres lazaristas-(1885), que desde hacía desmesuradas del arzobispado69, puede asignarse plausiblemente al sentido
algunos años regentaban el seminario diocesano. de identidad nacional y al carácter pacifista de la población70.
Afortunadamente en Costa Rica pesó para los gobernantes el «hecho En la enmienda constitucional de 1896 se escribía: «La religión católica,
católico» de la nación. En 1886 regresó el obispo de su destierro: el gobier- apostólica, romana es la religión del Estado. Los demás cultos se ejercerán
no liberal se sentía demasiado desprestigiado por esta medida de intoleran- libremente en sus respectivos templos.» No obstante, en 1895 se había pre-
cia, y años más tarde, durante el gobierno de Rodríguez Zeledón sentado ya una ley que autorizaba el divorcio.
(1890-1894), la legislación anticatólica perdió gran parte de su fuerza. Fenó- Cuba no estuvo representada en el Concilio Plenario de América Lati-
meno muy interesante para la historiografía católica fue el de la creación de na. En el mismo año de su celebración (1899) la isla consumaba su indepen-
un partido político cristiano, «La Unión Católica», al que se vincularon dencia de España. Todavía en aquel año la Santa Sede la designaba como
clero y parroquias en forma militante y hasta llegó a alcanzar un triunfo en colonia española71. La Iglesia se hallaba desarmada y un complejo de culpa-
las elecciones municipales de 189164. Este movimiento político constituyó bilidad o de inferioridad la acompañarán todavía en por lo menos los 25
«un fenómeno de simple defensa de la religión profesada por la casi totali- primeros años del siglo xx. La excesiva vinculación del clero con la causa de
dad de los costarricenses»65, pero no puede negarse el influjo y la visión de España desde 1868 produciría el distanciamiento de gran parte de la pobla-
monseñor Thiel, que conocía bien, tanto los orígenes del catolicismo social ción: «A sus ojos, la Iglesia aparecía enfrentada al ansia de libertad nacio-
alemán, como la actividad de los católicos germanos en los preludios del nal, al par que sin prestigio solido en su misión sobrenatural»72.
Kulturkampf.
En Costa Rica se aseguró la posibilidad de una cierta coexistencia entre Colombia
Iglesia y sistema liberal, y aunque las leyes estuvieron vigentes hasta la
década de 1940, no se esgrimieron con actitudes de virulencia. Empero el Frente al marco persecutorio de México y de América Central, la Iglesia
laicismo hará mella profunda en las franjas socialmente influyentes de la en Colombia aparece disfrutando de un clima de paz y de seguridad, garan-
nación66. tizado por el concordato firmado en 188773, y por una constitución que
reconocía amplia libertad y ventajas a la religión católica desde 188674. La
nueva situación venía a subsanar los traumatismos causados por más de
Santo Domingo y Cuba treinta años de tensiones y de vejámenes inferidos al catolicismo.
Al finalizar el siglo xrx la República Dominicana experimentaba, no «La persecución a la Iglesia de Cristo, desencadenada en 1861, vive en el
obstante, su autonomía formal, el incisivo influjo de los Estados Unidos, recuerdo de los colombianos, como si el tiempo que todo lo borra y debilita
auspiciado por los propios gobernantes de la isla. Baste pensar en Ulises no hubiera pasado sobre esos hechos [...]. La manía filosófico religiosa que
Heureaux («Lilis»), omnipresente desde 1882. Toda la república constituía animaba al liberalismo desde 1850, se convirtió en 1861 en delirio extermi-
una sola jurisdicción eclesiástica67 con 600 000 habitantes y apenas con 64
sacerdotes68. El abandono religioso anterior a 1880 se debe atribuir, en 69. Hasta 1953 no se crearían dos nuevas diócesis (!).
parte, a una larga vacante en el arzobispado; en este año ocupó la presiden- 70. «Los dominicanos nos sentimos orgullosos de nuestra procedencia hispana.» «Entre nos-
otros no ha existido jamás problema alguno. [...] Existe la más amplia libertad de conciencia y por
cia del país el sacerdote Fernando Arturo Merino, quien cinco años más la mente de ningún dominicano ha pasado nunca la tentación de restringirla en forma alguna.»
tarde fue preconizado arzobispo. La persistencia del catolicismo, a pesar de L.E. Pou ENRÍQUEZ, República Dominicana en R. PATTEE, o.c, p. 406-408.
las adversas condiciones provocadas por el influjo de los Estados Unidos, 71. La Gerarchia Cattolica, 1899, p. 185 y 235.
por la pobreza de medios, por la escasez de sacerdotes y las proporciones 72. G. AMIGÓ, Cuba en R. PATTEE, O.C, p. 172.
73. Existe abundante literatura sobre la situación religiosa de Colombia en el siglo xrx. Cita-
mos: Antología del llustrtsimo Señor José Manuel Mosquera, Arzobispo de Bogotá y escritos sobre
él mismo, Bogotá 1954; J.I. CADAVID, Los fueros de la Iglesia ante el liberalismo y el conservatis-
Rica con el grupo de lazaristas que se encargarían de revitalizar el seminario. A los 30 años de mo, Medellín 1956; A. CARNICELLI, Historia de la Masonería colombiana, Bogotás.f.; J.A. EGUREN,
edad fue preconizado obispo de Costa Rica y fue el único prelado centroamericano que asistió al Derecho concordatario colombiano, Bogotá 1960; J. JARAMILLO URIBE, El pensamiento colombiano
Concilio Plenario. en el siglo XIX, Bogotá 1968; A. MARTÍNEZ CUESTA, El Beato Ezequiel Moreno. El camino del
64. V. SANABRIA, O.C, 341ss. deber, Roma 1975. T. MINGUELLA, Biografía del Ilusivísimo Señor Fray Ezequiel Moreno y Díaz,
Barcelona 1909; R. PÉREZ, La Compañía de Jesús en Colombia y Centroamérica, 3 vols., Vallado-
65. M. PICADO, La Iglesia en Costa Rica, de 1914 a 1939, en Historia de la Iglesia (FLICHE- lid 1895-1898. J.P. RESTREPO, La Iglesia y el Estado en Colombia, Londres 1885. G. MOLINA, Las
MARTIN), t. XXVI, 2, p. 510. ideas liberales en Colombia, t. I, Bogotá 1970 (hay nuevas ediciones).
66. Al referirnos a los decretos del Concilio Plenario, haremos mención de la obra social de 74. Como síntesis de la tensión entre la Iglesia y el Estado en el siglo xrx y solución a través de
monseñor Thiel. un concordato, véase A. GUTIÉRREZ JARAMILLO, Relaciones Iglesia-Estado en Colombia, en J. TERAN
67. Sobre la historia de la Iglesia en Santo Domingo, C. NOUEL, Historia eclesiástica de la DUTTARI, Simposio Sudamericano-alemán, p. 269-313, con amplia bibliografía acerca del primer
Archidiócesis de Santo Domingo, 3 vols., Roma - Santo Domingo 1913-1915. concordato.
68. P. TERMOZ, l.c, 1101-1102.
488 489
que en las repúblicas limítrofes se estaban viviendo años extremadamente
nador»75. Esta cita de un defensor confeso del partido conservador está de duros para el catolicismo. Por eso la asoladora contienda civil conocida
acuerdo con otra reminiscencia de otro conservador nada simpatizante con como «guerra de los mil días» (1899-1902) responde a un forcejeo del parti-
el giro religioso que habían tomado las relaciones con su propio partido o do contrario para hacerse con el poder, aferrado tenazmente por los conser-
contra el partido contrario de parte de la Iglesia: vadores.
Con realismo un tanto cínico, el político liberal, Aquileo Parra, que fue
«Recordamos con qué profunda impresión presenciamos de niños la salida de las
venerables monjas de sus asilos seculares, entre filas de soldados, y con qué intenso presidente entre 1876 y 1878, escribía: «Preciso es reconocer que lo único
recogimiento íbamos acompañando a nuestra madre a oír misa que, en las primeras que hay verdaderamente difundido y profundamente arraigado en nuestras
horas de la mañana se decía, misteriosa y sigilosamente, a puerta cerrada, en alguna masas populares, y aun en la casi totalidad del sexo femenino de las clases
casa amiga, cuando podía conseguirse un cura no juramentado»76. educadas es la creencia católica»79. Lo que olvida Parra es cuánto represen-
taban numéricamente «nuestras masas populares».
El autor de tales líneas, consciente de la posibilidad de deslindar las Por cierto que las guerras civiles de Colombia en la mitad del siglo xix y
responsabilidades del catolicismo y de la política, tal vez no estaba, absolu- la de «los mil días» con que se cerró aquél y se abrió el siglo xx, tuvieron una
tamente hablando, dando palos de ciego. Pero ello en teoría. La dinámica fuerte connotación religiosa, con la desdichada consecuencia de un enfeu-
histórica de América Latina habíase embrollado de tal modo, que parecía damiento de la causa católica a los reclamos de la política. Hubo en ambos
que una fatal necesidad llevaba consigo a la polémica. Desde 1853 hasta partidos algunos espíritus perspicaces que alertaron sobre semejantes con-
1886 estuvo en vigor la absoluta separación de la Iglesia y del Estado. En su dicionamientos80, pero en la borrasca y en la situación concreta de la na-
momento (1853) los católicos la acogieron como una liberación de tantas ción, no todos estaban en disposiciones de distinguir sus responsabilidades.
abusivas intromisiones seculares, protagonizadas también, y antes de esas El asentamiento del liberalismo en casi todas las repúblicas latinoamerica-
fechas, por elementos conservadores. Años más tarde los gobiernos libera- nas aparecía como una conjura evidente y continental contra la fe y la
les se darían maña para seguir interviniendo con las llamadas «leyes de respuesta de los conservadores obedecía a la fuerza del asalto81.
tuición». Hasta 17 obispos fueron o desterrados del país o de sus diócesis77 y Carecemos de estadísticas completas sobre el número de sacerdotes ha-
se acumularon las leyes antirreligiosas que hemos mencionado al hablar de cia 1900. Las tablas de P. Termoz nos dan la cifra de 844 para 3 220 450
otras repúblicas latinoamericanas. habitantes, pero faltan los datos de 3 diócesis. W. Promper aduce la noticia
La constitución de 1886, sin embargo, dice en su artículo 38: «Se entien- de que a principios del siglo xx había un sacerdote para cada 3200 ó 3700
de que la religión católica no es ni será oficial.» De todos modos, en el habitantes. Según Termoz existían 865 parroquias en 10 de las 12 diócesis
último decenio del siglo pasado, Colombia constituía una excepción dentro colombianas82; hemos podido verificar a través de la revista «El Mensajero
de la situación generalizada dé nuestro continente78. del Corazón de Jesús», de aquellos años, que, en general, en las parroquias
El inmenso territorio eclesiásticamente formaba una sola provincia con se vivía una intensa vida cultual y que las misiones populares removían
la sede metropolitana en Bogotá y once sufragáneas. Tres de éstas habían profundamente la conciencia de los fieles83.
sido erigidas por León xm. Había además un vicariato y una prefectura
apostólica. En 1899, dominaba hegemónicamente el partido conservador
79. Memorias, Bogotá 1912. Recuérdese la expresión de Porfirio Díaz que hemos citado
desde hacía 15 años, demasiado identificado con «la Iglesia» y contaba con anteriormente, correspondiente a la nota 35.
personas de gran talla intelectual y cristiana. Los largos años de hegemonía 80. Por ej., entre los liberales, Santiago Pérez, autor del Manuel del Ciudadano, reimpreso
liberal (prácticamente desde mitad del siglo, con alguna excepción entre con un siglo de posterioridad en Bogotá (1974), o el conservador C. Martínez Silva (cf. nota 76).
1857-1861) habían producido en el clero y en el laicado una notable capaci- 81. Un corresponsal colombiano escribía a «La Civiltá Cattolica» en 1902, que los dos partidos
se enfrentaban «senza sfumature di colore»; deberían llamarse «jacobinos y ultraconservadores».
dad de resistencia y de agresividad, de suerte que los conservadores no Recordando los nombres de Guzmán Blanco, en Venezuela, de Francia, de Barrios, y de otros
estaban dispuestos a dejarse arrebatar sus conquistas; tanto menos cuanto «schifosi [!] tiranni in altre repubbliche», afirma que «todos los liberales de Colombia, del Ecua-
dor, de Venezuela y de Nicaragua, pueden considerarse como miembros de una misma dilatada
familia». Añade que en Colombia, debido a la guerra, se cometen excesos de cada parte, se
margina del poder al adversario, no se respeta la libertad electoral y se imponen contribuciones
75. L. MARROQUIN, Las cosas en su punto. Ojeada sobre la situación de la Iglesia en Colombia, injustas. Véase la revista mencionada, serie XVIII, vol. vn, 1902, p. 249-250. Podríamos añadir
Bogotá 1898. que hay una concomitancia anticatólica también con Julio A. Roca en la Argentina, con Eloy
76. C. MARTÍNEZ SILVA, Puente sobre el abismo, en El repertorio colombiano, vol. XV, 1.° de Alfaro en el Ecuador y, en la época del Imperio y luego de la República, en el Brasil. La piadosa
enero de 1897, p. 110. «Cura juramentado» se refiere a la exigua porción del clero que aceptó los revista colombiana «El Mensajero del Corazón de Jesús» escribía en 1874: «Si el liberalismo nos
decretos de tuición de 1862. ha hecho tanto daño es que lo hemos mimado mucho», p. 81-88.
77. D.M. GÓMEZ TAMAYO, Desterrados ilustres o Confesores de Cristo, Pasto 1942. 82. Véase la nota 3.
78. La llamamos excepción sin desconocer que en Perú, Bolivia, Paraguay, no existía hostili- 83. Véase la Biografía de Mons. Luis Javier Muñoz, S.J., Arzobispo de Guatemala, escrita por
dad sistemática contra la Iglesia.
490 491
Venezuela Ecuador
Las condiciones de la Iglesia en Venezuela por la misma época equiva- El decenio de 1890 marca el comienzo de un largo período de persecu-
lían a una postración, provocada especialmente por el largo régimen de ción contra el catolicismo en el Ecuador. Vientos de tempestad empiezan a
Guzmán Blanco (1870-1887)84, y también por los gobiernos que le siguie- contrastar en forma cada vez más estridente con los años de privilegio y de
ron. «La aurora del siglo xx encuentra al catolicismo venezolano en estado bonanza de las presidencias de Gabriel García Moreno (1861-1865 y
de coma»85. 1869-1875). «El régimen de García ofreció a la historia el tipo de un Estado
«Guzmán Blanco -escribe C. Maradei-, que entre los venezolanos ha católico, no por fidelidad al pasado, sino por la eficacia de una fe viva que
pasado como un abanderado de la cultura -y lo fue en parte-, debe ser animaba un programa coherente y doctrinal»89.
también tenido como el más intolerante de todos los gobernantes de Vene- Los años de García Moreno coinciden con una época de generalizada
zuela»; su hostilidad contra la Iglesia parece que nacía, más que de convic- hostilización al catolicismo desde México hasta el Brasil: era obvio que los
ciones anticlericales, de la «manía de endiosarse y magnificarse»86. La for- creyentes de Europa y de América Latina consideraran el concordato gar-
taleza pastoral del arzobispo de Caracas, don Silvestre Guevara y Lira, le ciano celebrado en 1862 y la república del Ecuador, como un «concordato
valió el destierro, si bien el inspirador y ejecutor directo fue el doctor Diego modelo» y «un Estado modelo». Cuando todos los estados callaron por la
Bautista Urbaneja. Entre 1872 y 1874 se extinguieron los seminarios, se invasión de los Estados pontificios, el único gobierno capaz de protestar fue
suprimieron los conventos, fueron expulsadas de sus conventos las religio- el de la lejana república del Ecuador90.
sas de clausura, se estableció el matrimonio civil, se legalizó el matrimonio Pero después del asesinato de García Moreno, en agosto de 1876, el
de los sacerdotes y algunos templos fueron destinados a usos profanos. dictador Ventimilla rompió los convenios con la Santa Sede e inauguró un
Resulta un tanto delirante su pretensión de formar una «Iglesia Nacional» período de dificultades para el catolicismo; si no que en 1880 el propio
cuando pide al Congreso «la ley que independice a la Iglesia venezolana del dictador reanudó sus relaciones con el Papa y firmó una versión del concor-
obispado romano»87. dato garciano, de modo que hasta 1895 las relaciones con la Iglesia fueron
Los dos gobernantes inmediatos cejaron bastante en el hostigamiento de entendimiento. Pero el episcopado avizoraba un cambio de situación y
irreligioso, pero, al concluir el siglo, la comunidad venezolana había sido por esto publicó en junio de 1892 un «Manifiesto colectivo» para prevenir a
fuertemente golpeada en el concepto cristiano de la sociedad familiar, se la república sobre la liberalización que se dejaba sentir. Se trata de «uno de
había laicizado la beneficencia y la Iglesia, desde hacía 30 años, no poseía los más notables documentos que aparecieron en América en el curso del
un solo seminario; sólo en 1900 pudo reabrirse el de Caracas. Este año el siglo pasado acerca del liberalismo»91.
número de sacerdotes era de unos 340 para cerca de dos millones de habi- El triunfo de la revolución liberal con Eloy Alfaro92 introdujo una nueva
tantes repartidos en 6 diócesis y 415 parroquias (faltan datos de la diócesis constitución y, aunque en ella se reconoce el catolicismo como religión
de Maracaibo)88. oficial, «el espíritu de la ley no era conforme a ella; se permitía el ejercicio
La Iglesia venezolana tendrá que sufrir, por otra parte, las consecuen- de todo culto a pesar de la unidad religiosa del país y se prohibía la entrada
cias de una tradición de ausencia de educación católica prolongada por todo de comunidades religiosas en el Ecuador»93. La consigna agitada casi desde
el siglo xrx republicano.
Desde 1872 solamente la Universidad Central estaba autorizada para 89. V.M. TAPIÉ, Histoire de l'Amérique Latine, p. 125. Como síntesis de la persona y obra de
dar grados en teología. García Moreno, dentro de la enorme bibliografía existente en favor y en contra de él, citamos a
un juicioso conocedor del tema: F. MIRANDA, Lafigurae la morte di García Moreno alia luce dei
documenti originali, en «La Civiltá Cattolica» (1976) 3, p. 248-261.
el padre Carlos Salcedo, Medellín 1944, donde pueden encontrarse pasajes de esta actividad 90. Sobre la Iglesia ecuatoriana, B. ECHEVARRÍA, La Iglesia en El Ecuador, Quito 1949;
religiosa y popular en algunas regiones de Colombia, p. 41-49. J. TOBAR DONOSO, La Iglesia ecuatoriana en el siglo XIX, 2 vols., Quito 1934-1936; id., El primer
84. J.A. COVA, Antonio Guzmán Blanco. Su vida y su obra, Caracas 1950; C. MARADEI D., concordato ecuatoriano en Monografías históricas, Quito 1938; id., Ecuador en R. PATTEE, O.C,
Venezuela, su Iglesia y sus Gobiernos, Caracas 1978; N. NAVARRO, Anales eclesiásticos venezola- p. 210-214. Estudio de síntesis sobre el concordato y las relaciones de Iglesia y Estado, J. LARREA
nos, Caracas 1951; id., El Arzobispo Guevara y Guzmán Blanco, Caracas 1932; La Masonería en HOLGUIN, Ecuador, Relaciones Iglesia - Estado en J. TERAN DUTTARI, Simposio Sudamericano-
Venezuela, Caracas 1928; M. WATTERS, A History ofthe Church in Venezuela, 1830-1930, Chape! alemán, p. 343-358.
Hill, 1933, trad. cast.: Historia de la Iglesia Católica en Venezuela, Caracas 1951; C. SÁNCHEZ 91. J. TOBAR DONOSO, en R. PATEE, O.C, p. 212. Puede consultarse su texto en «El Mensajero
ESPEJO, El Patronato en Venezuela, Caracas 1955. del Corazón de Jesús», Bogotá 1895, en diversas entregas.
85. G. BARREGALES. Venezuela Católica de ayer y de hoy, en LA (1953), p. 204-208. 92. Sobre la personalidad de Alfaro, M.A. GONZÁLEZ PÁEZ, Memorias históricas, Quito 1934;
86. O.c, p. 103. W. LOOR (católico), Eloy Alfaro, 3 vols., Quito 1947.
87. N. NAVARRO, Anales, p. 435-436. Esto no impedirá que, en su último bienio, se aporten 93. J. LARREA HOLGUIN, cf. antes, nota 90. Las expresiones de la cita no obedecen a una manía
12 000 bolívares, para ofrecer a León xm un precioso cáliz de oro en el cincuentenario de su de fanatismo religioso; se está simplemente registrando un hecho. Por otra parte hemos visto la
sacerdocio. terquedad .con que muchos gobernantes latinoamericanos de la época cerraban los ojos a la
88. TERMOZ, O.C, col. 1106 y W. PROMPER, O.C, p. 49, coinciden bastante en el dato del clero. realidad social e histórica de América Latina.
492 493
los años de Ventimilla (1884) era la de «ponerfina la teocracia» (Schuma- ció, el doctor Julio María Matovella»97. La república había sido consagrada
cher): «Mientras la ley suprema de la república establecía el catolicismo del al Corazón de Jesús y en 1892 a la Virgen María. La población católica era
Estado, la soldadesca vituperaba o infamaba el culto, o asesinaba a sus sumamente sensible a estas manifestaciones de fe, pero todo quedó barrido
ministros; mientras se preconizaba la libertad de pensamiento y se estable- con la llegada al poder de Eloy Alfaro, hasta el punto de derogar estas leyes
cía un jurado especial para las infracciones de imprenta, los talleres enemi- de culto «en un afán incomprensible de sectarismo»98.
gos eran asaltados»94.
En 1896 fueron expulsados los jesuítas de sus misiones del Ñapo, pero Perú y Bolivia
León xm, en espera de una solución, envió al Ecuador a monseñor Guidi,
que hubo de salir a los tres meses sin haberla encontrado. En 1899 se En el Perú y Bolivia no se presentaban las circunstancias de tensión o de
restableció arbitrariamente la ley del patronato de 1824. Nuevamente en persecución oficial que hemos observado en la historia de las demás repú-
1899 y en 1901 visitaron el país otros representantes del Papa: monseñor blicas.
Pietro Gasparri y monseñor Bavona, sin resultado alguno. En 1901 se rom- Estaba en vigor en el Perú la ley de 1860 que declaraba la religión
pieron las relaciones con la Santa Sede, y desapareció el concordato que católica como religión del Estado. La situación era tan favorable que el
llamaban «padrón de ignominia». La nueva situación aún se agravaría más arzobispo'de Lima, don Manuel Tovar, por sugerencia del célebre presiden-
con la llamada «constitución atea» de 1906 y en estas condiciones permane- te Nicolás Piérola (1895-1899), había propuesto a la capital del Perú como
cería la Iglesia por más de treinta años95. posible sede del Concilio Plenario. En 1875 Pío ix había concedido una
Hacia 1900 existían siete diócesis para una población aproximada de forma de ejercicio de patronato al presidente de la república pro tempore, a
1 138 000 habitantes. Los sacerdotes debían de llegar a cerca de 50096, lo condición de ciertos reconocimientos hechos al catolicismo por parte del
que significa un sacerdote por 2200 fieles aproximadamente. Teóricamente Estado99.
la desproporción no es exagerada y es verosímil que los años privilegiados Las doctrinas positivistas con su carga naturalista y anticristiana llegaron
de las presidencias de García Moreno hubieran alentado un relativo creci- relativamente tarde al Perú y se ha señalado que más bien recibieron un
miento de vocaciones sacerdotales y religiosas. cierto impacto cristiano. Descuella, con todo, la figura de Manuel González
El cambio casi repentino de situación debió de repercutir violentamente (1848-1919), profundamente anticatólico y anticlerical, que ejerció influjo
en una comunidad católica, como la ecuatoriana, habituada a una posición en algunos sectores cultivados intelectualmente.
privilegiada. Se habían creado, a partir de 1893, cuatro vicariatos apostóli- El Perú se benefició por la llegada de nuevas congregaciones religiosas
cos, se había celebrado el IV Concilio Provincial de Quito y, en 1886, el (lazaristas, redentoristas) pero los gobiernos no renunciaron al manteni-
Congreso Eucarístico Nacional, el primero realizado en América Latina. miento de ciertos abusos regalistas, sobre todo del placet o autorización que
De 1861 a 1895, salvo algún breve intervalo, el catolicismo experimentó su debían recibir los documentos de la Santa Sede para su publicación. No
máximo esplendor religioso, no obstante el asesinato del arzobispo de Qui- conocemos documentos excepcionales del magisterio episcopal que más
to, monseñor José Ignacio Checa, envenenado un viernes santo (1877), bien «se mantuvo a la defensiva»100.
verosímilmente por su oposición al liberalismo. En 1884 nació un movi- En el momento de celebrarse el Concilio Plenario la nación tenía una
miento original de lo que sería luego la Acción Católica «con el estableci- sede metropolitana y siete diócesis con 628 parroquias y unos 900 sacerdo-
miento de la Asociación de la Juventud Católica por un sabio jurista y tes101, de modo que había un sacerdote por 3000 habitantes. En este sentido
elocuentísimo orador parlamentario, poco tiempo antes elevado al sacerdo- la Iglesia peruana estaba en mejores condiciones que Colombia, pero no se
puede saber sólo por estos datos el número de clero autóctono. La arquidió-
cesis de Lima, con algo más de 600 000 habitantes contaba con 310 sacerdo-
94. Así escribe el historiador liberal Efrén REYES en Historia de América, dir. por R. LEVENE,
t. X, p. 281-282. El mismo historiador afirma poco antes: «Era el liberalismo radical, cuyas bases tes y 111 parroquias más unas 500 iglesias y capillas; para la situación a que
de sustentación se encontraban en aspiraciones y fuerzas populares», p. 278. Pero esto no pasa de ha estado sometida la Iglesia en nuestro continente, la desproporción entre
ser una afirmación porque se jugaba fácilmente entonces, como hoy, con el concepto de «fuerzas sacerdotes y fieles no resultaba todavía excesivamente dramática.
y aspiraciones populares».
95. El obispo de Portoviejo, monseñor P. SCHUMACHER, que hubo de huir al sur de Colombia
poco después de la subida de Alfaro, escribe páginas, en que recoge su propia experiencia. Véase 97. J. TOBAR DONOSO, Ecuador, en R. PATTEE, O.C, p. 212-213.
La sociedad civil cristiana según la doctrina de la Iglesia Romana, Herder, Friburgo de Brisgovia 98. Ibid.
5
1900, p. xin-xvm. Hay que tener en cuenta esta situación para explicarse asimismo la militancia 99. Carta Praeclara Ínter mencionada en la nota 30. Véase C. AROSPIDE, Perú en R. PATTEE,
antiliberal del obispo de Pasto (Colombia, región limítrofe con el Ecuador), monseñor Ezequiel o.c, p. 382.
Moreno, a quien mencionaremos en el capítulo correspondiente a Colombia en este mismo tomo. 100. Lo reconoce el historiador y actual obispo de Cajamarca, monseñor J. DAMMERT. Véase
96. De acuerdo con las estadísticas de P. TERMOZ, o.c, col. 1103-1104, son 453 faltando la su estudio La Iglesia en el Perú en Historia de la Iglesia (FUCHE-MARTIN), t. XXVI, 2, p. 610.
diócesis de Cuenca. 101. Coinciden bastante los datos de P. TERMOZ, O.C, y de W. PROMPER, o.c, p. 43.
494 495
En Bolivia ni los gobiernos ni las constituciones civiles intranquilizaron El ascenso de los liberales al poder, al terminar el siglo, abre una época
la vida católica102. Infortunio de la Iglesia en Bolivia fue la vigencia abusiva notable en obras de adelanto material, e inaugura también veinte años «del
del patronato que se enuncia desde 1844 con fórmulas de desaforado tenor período más funesto y difícil que ha tenido que afrontar hasta la fecha
regalista. Las tentativas de un concordato en 1851 y en 1884, que hubiera (1951) el catolicismo y la Iglesia en el curso de la historia de Bolivia»107. La
librado a la Iglesia de esta fatigosa coyunda, nunca llegaron a efecto «por el Iglesia boliviana contaba entonces con cerca de 500 sacerdotes108 y, si la
empeño de fuerzas secretas que paralelamente al desarrollo de la minería se población aproximada de católicos era un millón y medio, el promedio de
multiplicaban, extendían y alcanzaban el control de los centros de decisión y fieles por sacerdote venía a ser de uno por tres mil. Permítasenos adelantar
de poder que surgían en el país en función de dicha actividad produc- un dato que se ha de tratar mucho después: en 1964 había 764 sacerdotes,
tiva»103. en gran parte no nacionales, y de allí resultaba el promedio de un sacerdote
Las palabras del historiador boliviano interpretan adecuadamente una por 4529 católicos109. Materia de estudio sociológico y pastoral que empeza-
debilidad endémica de la vida católica latinoamericana: su impreparación rá a interesar hondamente a la sociología religiosa en la segunda mitad de
para insertarse en la marcha cada vez más acelerada de la vida cívica y social nuestro siglo y extendida a toda la América Latina.
del continente. El régimen conservador que se estructura después de la
guerra del Pacífico (1879-1883) favoreció ampliamente a la Iglesia, pero Chile
cerca de los años noventa «empezó a preocupar intensamente la cuestión
religiosa» que anteriormente apenas se había asomado. Enrique Finot104 La polarización de los partidos conservador y liberal en favor o en con-
afirma que la actitud del clero, preponderante entonces en la dirección tra de la Iglesia se acentúa en Chile en la década de 1870. Una vez más
política, contribuyó a consolidar las fuerzas conservadoras «en pugna con hemos de llamar la atención sobre la alerta que hemos dado desde el co-
los elementos liberales de la oposición». Reconoce que «las creencias reli- mienzo de estas páginas: la vida católica de nuestras repúblicas no se agota
giosas se hallaban profundamente arraigadas en el alma colectiva, poco o en este género de tensiones; sin embargo la prepotencia de los gobiernos, la
nada inclinada al examen filosófico» de las divergencias doctrinales de los inermidad o la inmadurez de la masa y la propia impreparación de un
dos partidos emergentes. «El genio político de Baptista, verdadero funda- catolicismo medio tomado de sorpresa frente a nuevas condiciones, consti-
dor, con monseñor Taborga105, de la tendencia conservadora en el país, en tuyen en América Latina razones, casi siempre decisivas, en la marcha de la
parte por convicción y en parte por conveniencia, supo aprovechar la opor- Iglesia110.
tunidad que le brindaban las corrientes radicales, a las que se apresuró a Al tiempo de la elección de León xm (1878), la Iglesia en Chile se
oponerse, calificándolas como peligrosa "empresa jacobina", con lo que dio encontraba en tensión con el gobierno por la pretensión de este último de
a su partido un sentido social de que carecía, desde el momento en que la imponer como arzobispo de Santiago al presbítero Francisco de Paula Tafo-
divergencia sobre política internacional había quedado borrada por el pacto ró. La molesta situación se prolongó durante algunos años en los que el
de tregua. El partido constitucional se transformó y se reforzó con los atri- gobierno entorpeció, de diversos modos, la acción de la Iglesia111. Fue
butos de defensor de la fe y campeón de las creencias del pueblo boliviano, prácticamente despedido el delegado apostólico, monseñor Celestino del
por lo que empezó a llamársele "conservador".» Frate, que había venido en nombre del Papa para contribuir a la búsqueda
Ahora en Bolivia empiezan a agitarse los temas que, como consignas, ya de una solución, y en 1883 la nación llegó a encontrarse con un solo obis-
eran casi obsoletos en otras repúblicas: «Libertad de cultos, separación de po112. Se establecieron leyes de genuino cuño laicista, de las cuales, dos
Iglesia y Estado, enseñanza laica, matrimonio civil.» La supremacía de la eran gravemente nocivas: la del matrimonio civil (1885) que siguió en vigor
tendencia conservadora favoreció la actividad de la Iglesia con la llegada de aun después de pasada la borrasca, y la de laicización de la enseñanza. A la
los salesianos, a quienes se encomendaron las escuelas de artes y oficios ley de secularización de los cementerios que, como en todas las demás
para obreros; la presencia de los salesianos significó ya desde entonces «un
paso de gran trascendencia para el futuro del catolicismo boliviano»106.
107. Ibid., p. 60.
108. Siempre de acuerdo con los datos de P. TERMOZ, l . c , col. 1105-1106.
102. Síntesis por R. GRIGORIOU DE LOSADA, en J. TERAN DUTTARIS, Simposio Sudamericano-ale- 109. W. PROMPER, O . C , p. 36.
mán, p. 251-268. Acerca de la historia nacional: J. FELLMANN VELARDE, Historia de Bolivia, t. II, 110. Sobre la Iglesia en Chile, véanse, por ejemplo: C. SILVA COTAPOS (obispo de La Serena),
La Paz 1970, p. 311-368, con la descripción dramática de sus revoluciones y peripecias electorales. Historia eclesiástica de Chile, Santiago 1925; J. JIMÉNEZ BERGUECIO, Relaciones Iglesia-Estado en
103. R. GRIGORIOU DE LOSADA, l . c , p. 261.
Chile, en J. TERAN DUTTAIU, Simposio Sudamericano-alemán, p. 232-341, con amplia bibliografía.
Pero no hay allí dato bibliográfico sobre el notable arzobispo de Santiago, don Mariano Casa-
104. Nueva Historia de Bolivia (Ensayo de Interpretación sociológica), La Paz 1954,
nova.
p. 319-320.
111. Se proveyeron en 1882 y 1883 las sedes vacantes de Ancud y de Concepción.
105. Monseñor Miguel Taborga fue preconizado arzobispo de La Plata o Charcas en 1898.
112. C. SILVA COTAPOS, O . C , 314-327.
106. R. GRIGORIOU DE LOSADA, Bolivia en R. PATTEE, o . c , p. 58-59.
496 497
repúblicas, hería vivamente el sentimiento cristiano, se respondió, en oca- Argentina
siones, con escapatorias increíbles113.
Pero la situación mejoró durante la presidencia de José Manuel Balma- En el extremo austral de Suramérica se dilataba en una extensión impo-
ceda (1886-1891, en que murió) cuando se designó para la arquidiócesis de nente de casi 2 800 000 kilómetros cuadrados la república Argentina. Había
Santiago a un prelado valioso, monseñor Mariano Casanova, que precisa- encontrado la solución de sus pugnas federalistas con la creación de Buenos
mente propuso a León xm, en 1892, la conveniencia de celebrar un Concilio Aires como capital, independiente de la provincia de su nombre. En 1900 se
Plenario de los obispos de América Latina. No progresó un proyecto consti- calculaba su población en cuatro millones, aunque otros datos la hacen
tucional de separación de la Iglesia y del Estado, arduamente combatido subir a cuatro y medio millones. En 1862 llega el régimen liberal que se
por Casanova. Sólo en 1925 se llegará a la separación con acuerdo de ambas consolida especialmente con los presidentes Bartolomé Mitre, Domingo
partes y sin traumatismo alguno. Una de las mejores iniciativas de la Iglesia Sarmiento y Julio Argentino Roca (1886). Estos años responden a un perío-
chilena, que se ha distinguido en el continente por su espíritu clarividente, do de enorme progreso, así como el trienio de José Uriburu (1895-1898),
fue la fundación de la Universidad Católica inaugurada en 1889. pero para la Iglesia constituye un período de dificultades y hostilidad estatal
Es preciso mencionar aquí la triste experiencia bélica que envolvió a tres «paralela y muy similar a la que sufrió en otros países de América»116.
naciones hermanas: Chile, Perú y Bolivia en 1879. Se firmó la paz con el Hacia 1900 la Iglesia estaba estructurada en una arquidiócesis y ocho
Perú en 1884 y con Bolivia hasta 1904. En esta guerra el clero chileno prestó diócesis, incluyendo la de Asunción, en Paraguay. Tres de éstas y dos terri-
abnegados servicios espirituales. En otra contienda interior, 1891, los parti- torios misionales fueron creados en el pontificado de León xm. Salta a la
dos opuestos buscaron los buenos servicios pacificadores del arzobispo Ma- vista el problema pastoral con tan pocas jurisdicciones en un territorio tan
riano Casanova. vasto117. Tres de éstas son macrodiócesis: Buenos Aires con 1 153 000 habi-
Es ejemplar la actividad de los católicos en los últimos decenios del tantes, La Plata con 1 000 000 y Santa Fe con 816 000118. Al ser erigidas las
siglo: fundación de seminarios, desarrollo de prensa católica, de asociacio- nuevas diócesis, León xni habla de un subsidio que aportaría el Ministerio
nes y círculos de obreros, promoción de misiones en Araucania y Valdivia. de Cultos, lo que dignifica la existencia de un acuerdo verbal con la Santa
Se fundó la «Unión Católica de Chile» como instrumento de defensa ante Sede, ya que la constitución no lo reconocía a la Iglesia argentina.
los amagos de hostilidad gubernamental; se promovió la educación católica Debido a la fuerte corriente inmigratoria, el clero empezaba a reclutarse
a través de la «Sociedad del Centro Cristiano» y se dio vida a agremiaciones de las familias inmigrantes, pero no faltaron sacerdotes de procedencia
obreras. Es igualmente notable la actividad de los obispos con frecuentes extranjera que venían sobre todo a probar fortuna119. Las relaciones entre
visitas diocesanas y el impulso dado al ingreso de numerosas congregaciones la Iglesia y el Estado estuvieron reglamentadas por textos constitucionales
religiosas. El Sínodo de la Arquidiócesis de Santiago, celebrado en 1895, de 1853 y de 1860, pero fueron relaciones de espíritu regalista, «El Gobier-
abordó ampliamente problemas canónicos y disciplinares, de modo que se no Federal -se decía- sostiene el culto de la Iglesia Católica, Apostólica,
adelantó, en algunos aspectos, al propio Concilio Plenario114. A fines del Romana», más aún, el artículo 76 imponía, entre otras, la condición de
siglo xix, la Iglesia en Chile disfrutaba de un período de tranquilidad; su pertenecer a la Iglesia católica a quien desempeñara el cargo de presidente;
episcopado atendió con prontitud a frentes de importancia, como la univer- mas ello estaba contrabalanceado por un exigente patronato y por la suje-
sidad, la escuela y la prensa. A ello se ha debido «que la nación conserve, en ción al pase o placet de todo documento pontificio.
general, los sentimientos católicos y que hayan sido muy contados y sin La crisis religiosa que dura 30 años (1860-1890), además de estas mani-
influencia, los que entre nosotros han hecho franca profesión de persegui- festaciones de jurisdiccionalismo estatal, se traduce en una serie de medidas
dores del catolicismo»115. Con unos tres millones de habitantes Chile tenía anticatólicas, entre las que aparecen, de especial gravedad por su naturaleza
entonces 4 jurisdicciones eclesiásticas y cerca de mil sacerdotes muy des- y su duración, casi hasta la mitad del siglo xx, la laicización de la enseñanza
igualmente repartidos porque, mientras la diócesis de Ancud sólo contaba pública y del matrimonio. El presidente Julio Argentino Roca (1880-1886)
50 para 849 000 fieles, la de La Concepción tenía 190 para 835 000fielesy la no titubeó en «destituir» a obispos incómodos y en romper relaciones con la
arquidiócesis metropolitana 673 para 1 154 000.
116. G. FRANCESCHI, Argentina, en R. PATTEE, o . c , p. 24-39; C. BRUNO, Historia de la Iglesia en
113. «La policía se dedicó a la caza de los cadáveres que se sospechaba habían de llevarse a los Argentina, Buenos Aires 1960; N. AUZA, Católicos y liberales en la generación del Ochenta,
cementerios benditos. A un profesor del seminario de Santiago, fue preciso llevarlo sentado en un México 1966; V. SIERRA, Historia de la Argentina, Buenos Aires 1958; A.P. WHTTAXER, Nacionalis-
carruaje, como si estuviera vivo, para sepultarlo secretamente en el cementerio parroquial de mo y religión en Argentina y Uruguay, en Religión, Revolución y Reforma, dir. por. W.V.
Renca», ibid., p. 328. D'ANTONIO y F.B. PIKE, Herder, Barcelona 1967, p. 133-163.
114. Ibid., passim. Pero no recordamos que este sínodo se cite mucho en las Actas del 117. P. TERMOZ no aduce estadísticas del número de sacerdotes en la provincia eclesiástica.
Plenario. 118. Otras estadísticas de W. PROMPER, O.C, difieren un poco, p. 49.
115. Ibid., p. 369. 119. P. TERMOZ, l . c , col. 1097.
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Santa Sede, expulsando al delegado apostólico, monseñor Matera, en 1884. contra la religión. Contribuyó también al mantenimiento y revigorización
Solamente en 1900, y en su segunda presidencia (1898-1904) ofreció una de la fe la presencia de algunos obispos de valía, como el metropolitano de
reparación restableciéndolas120. Buenos Aires, Federico Aneiros, «prelado superior, estudioso, ilustrado,
Argentina -escribe Whitaker-121 no ha sido tradicionalmente ni clerica- respetado aun por quienes no participaban de su fe, prudente, firme, capaz
lista ni violentamente anticlericalista, pero ha identificado bastante el nacio- de jugarse todo entero en cualquier instante»126. En la crisis política de 1890
nalismo y el catolicismo122. Sin embargo, prendió un trabajo de descristiani- se unieron a favor de la constitucionalidad del Estado, católicos y liberales,
zación de las masas a través «del liberalismo callejero» (Franceschi) y por la lo cual repercutió favorablemente para la Iglesia.
fuerza de una cultura laica cuyos exponentes fueron Sarmiento y Wilde, así Por otra parte el catolicismo argentino contó, como en Colombia, en el
como por la presencia de una prensa hostil, la laicización de la universidad y Ecuador, en el Brasil, en Chile, con algunas figuras destacadas del laicado
la burla que se ventilaba en la calle. Palpó el grado de abandono espiritual católico. Tales, entre otros, Manuel Estrada, profesor y dirigente de la
de algunas regiones el obispo salesiano, don Giovanni Cagliero, en su paso Universidad y miembro del Congreso. «Si era un nacionalista, también fue
por Bahía Blanca en 1885, y allí mismo, dos años más tarde, el activo un acérrimo defensor de la fe. Al ver que la posición de la Iglesia estaba
arzobispo de Buenos Aires, monseñor Aneiros, fue abucheado123, manifes- amenazada en 1880 por la legislación anticlerical sobre la educación y el
tación sintomática de una hostilidad popular, quizá no generalizada. matrimonio, sacrificó su cargo universitario antes que someterse a esas le-
Después de la crisis política y económica de 1890, las condiciones reli- yes y fundó y dirigió el primer partido político de orientación católica que
giosas mejoraron, si bien permanecieron las leyes de secularización de los existió en Argentina, la Unión Católica»127. Se señaló igualmente, desde el
cementerios y de enseñanza laica; no se suprimieron las referentes al matri- lejano 1853, Félix Frías, creador de una corriente de periodistas y oradores
monio, pero su aplicación se fue atenuando y el espíritu regalista se olvidó católicos, fundador del diario «El Orden», cuyo título es por sí solo un
paulatinamente. «La influencia anticlerical de 1880 desapareció junto con la programa, y de la Asociación Católica que trabajará admirablemente en sus
década y no resurgió durante los sesenta años siguientes»124. En cambio el congresos nacionales católicos (el primero, celebrado en 1884) y en el des-
socialismo arraigó fuertemente en estos años, importado por emigrantes arrollo del catolicismo social.
alemanes expulsados por Bismarck y se aclimató, hasta volverse criollo, A principios del siglo la república aparecía muy vulnerable al comunis-
favorecido por la industrialización. A fines del siglo xix logró situar a varios mo y al anarquismo. Fue, pues, providencial la llegada del redentorista
representantes en la Cámara de Diputados. europeo, P. Federico Grote, que inicia el movimiento social con la funda-
El catolicismo también supo defenderse. No en vano el sustrato del ción de sus círculos de obreros y establece en 1902 la Liga Democrática
pueblo era católico. En la segunda mitad del siglo xix «algunos de los más Cristiana128. La Iglesia se benefició, por lo demás, con el ingreso de nume-
influyentes dirigentes católicos desempeñaron una importante función en la rosas expediciones de religiosos, especialmente salesianos, que traían todo
promoción del catolicismo argentino; lo bendijeron con la religión y, usan- el entusiasmo de que son portadoras las nuevas fundaciones. Poco después
do una frase de Ernest Barker, identificaron la ciudadanía con la religiosi- de la celebración del Concilio Plenario, los obispos argentinos se reunieron
dad»125. La inmigración europea en Argentina y en el Brasil tuvo también para estudiar la forma de llevar a la práctica las conclusiones de los Congre-
efectos positivos para el catolicismo, porque no todos los europeos que sos Católicos que se habían desarrollado en años anteriores, para fomentar
llegaban a las costas atlánticas de América Latina venían traumatizados un movimiento de periodismo cristiano y para crear una universidad cató-
lica.
120. Cuando en 1880 el obispo salesiano, don Giovani Cagliero, se presentó al presidente
Roca, éste «altanero y resentido se dirigió, sin más, al obispo: -¿Usted es obispo? -¡Sí, Exce- Uruguay y Paraguay
lencia! -¿Y no sabe usted, replicó sonoramente el general, que el Papa no puede mandar obispos
a esta República sin permiso del Gobierno? -Señor Presidente, respondió monseñor Cagliero. El Uruguay, con unos 187 000 kilómetros cuadrados, podría tener hacia
hemos sabido siempre que la Argentina es una república abierta a cuantos quieren venir a 1900 unos 780 u 800 000 habitantes y eclesiásticamente constituía una redu-
trabajar». G. CASSANO, // Cardinale Giovanni Cagliero, t. I, p. 396-397. Estudio de conjunto:
N.T. AUZA, Católicos liberales en la generación del ochenta, 2 vols., Cuernavaca 1967. cida provincia eclesiástica con el arzobispado de Montevideo y dos sedes
121. L.c, p. 135.
122. Ibid., 145-146.
123. CASSANO, o.c, p. 523-524. Consúltese como visión de conjunto, C. BRUNO, La situación 126. G. FRANCESCHI, en R. PATTEE, O.C. p. 26. Monseñor Arneiros fue arzobispo desde 1870
religiosa y moral de Buenos Aires a la llegada de los primeros salesianos, en «Salesianum» 38 hasta el año de su muerte, 1895.
(Roma 1976) p. 939-957. 127. A. WHITAKER, ibid.
124. A. WHn-AKER, l.c, p. 147. 128. Estos movimientos no pueden desvincularse del movimiento originario europeo. Véase
125. A. WHITAKER, l.c., 145-146, con citas bien sintomáticas de esta identificación de religión y MHI VIII, Los Movimientos sociales, p. 323-341, y G. JARLOT, Doctrine Pontificóle et Histoire,
patria. p. 174-257.
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sufragáneas129 creadas, curiosamente, «por ley de la república» en 1896 .
Los sacerdotes eran 125 repartidos en unas 40 parroquias131. idiosincrasia nacida del aluvión de inmigrantes llegados de España y de
En la constitución de 1830 se había reconocido la primacía de la Iglesia Italia135, naciones en que «la influencia de la Iglesia era mínima entre los
católica, si bien la misma constitución avanzaba en la aceptación de la grupos sociales menos favorecidos, de los cuales procedía la mayoría». «De
libertad de cultos. El movimiento laicista empieza a dejarse sentir en 1865 la misma manera que la élite del Uruguay, muchos de ellos estaban bajo el
con el asentamiento de los «colorados» en el poder, en el que se manten- influjo de las ideas positivistas y materialistas importadas de Europa en el
drán, como caso único en la historia de los partidos latinoamericanos, du- último tercio del siglo»136.
rante 93 años, hasta 1958. Dejaron fuerte huella de laicismo los gobiernos La Iglesia, como estructura, no tenía la tradición ni el prestigio histórico
de Pedro Várela (1868 y 1875-1876) y de Máximo Santos (1882-1886), con que podía ostentar en otras naciones latinoamericanas: de 1830 a 1878 Mon-
las leyes de matrimonio civil obligatorio a que se añadía la prohibición de tevideo no fue más que vicariato apostólico; en este último año fue elevada
bautizar a los niños que no hubieran sido anotados previamente en el regis- a diócesis y sólo en 1897 fue designada como sede arzobispal. Pero también
tro civil; con la hostilidad ejercida contra las comunidades religiosas, vetán- el catolicismo uruguayo contó con algunas figuras de relieve, tales en el
dose por constitución pronunciar votos religiosos antes de los 40 años de laicado, como Juan Zorrilla de San Martín (1857-1931), «el poeta nacional»
edad; con la secularización de los cementerios y, en general, con el influjo del Uruguay. Su periódico «El Bien Público», fundado en 1878, combatió
ideológico de los colorados que defendían la separación de la Iglesia y del violentamente por la causa católica durante la dictadura de Santos. Mon-
Estado, el divorcio, la secularización de la beneficencia y de la educa- señor Mariano Soler, obispo, y luego primer arzobispo de Montevideo, que
ción132. Sin embargo no todo «colorado» era forzosamente anticatólico. había sido elegido para la Cámara de Representantes en 1891, desarrolló una
notable actividad a través de círculos de obreros, de un club católico y de su
Como ocurría en otros países del continente la Iglesia se veía de este
magisterio social. Tuvo que sortear una dificultad cuando en 1897 el presi-
modo marginada por la fuerza concurrente del Estado que, en el Uruguay,
dente Juan Lindolfo Cuestas retiró su ministro ante la Santa Sede. La Igle-
instituyó en 1870 «un sistema de escuelas públicas, que ofrecían una instruc-
sia uruguaya quedará marcada por el estilo y el espíritu del arzobispo no
ción laica inspirada en el modelo de los Estados Unidos, con los que no
obstante los años de tribulación que le aguardaban en el período bat-
podía competir» el catolicismo133. Aunque la constitución de 1870 todavía
Uista137.
mantuvo las cláusulas de 1830 según las cuales se apoyaba a la Iglesia, sin
embargo esto «se interpretó como si [la Iglesia] significase un grupo finan- El Paraguay se presentaba en un Estado en desolación, diezmado en sus
ciero, y a partir de 1900 ese apoyo fue disminuyéndose hasta casi des- habitantes, destruido en sus estructuras, en los últimos treinta años del si-
aparecer»134. glo xix. Enclavado mediterráneamente en la entraña de Suramérica, sin
salida al mar, tenía la ventaja de disponer de dos grandes arterias fluviales,
El positivismo ejerció, como en pocos países, un influjo extremadamen-
los ríos Paraguay, que aún hoy lo atraviesa centralmente, y el Paraná, que le
te incisivo, entre otros ambientes en el de la universidad marcada de agnos-
sirve de límite oriental y meridional con dos poderosos vecinos, el Brasil y la
ticismo. Ello explica la reacción de un literato no católico, como Enrique
Argentina.
Rodó, con su famoso Ariel que mencionamos anteriormente en el capítulo
primero. El Uruguay parece salirse del esquema casi estereotipado de las Entre 1865 y 1870 arrostró con intrepidez la llamada «guerra de la triple
demás repúblicas latinoamericanas (no absolutizamos la afirmación), sobre alianza», en la que el Brasil, la Argentina y el Uruguay lo atenazaron y,
todo en cuanto concierne a la tradición religiosa autóctona generalizada en merced a la aplastante superioridad bélica, lo derrotaron. El presidente
nuestro continente. La explicación ha de buscarse, sin duda, en la nueva Solano López (1862-1869) que murió combatiendo épicamente, había ha-
blado de que se quería «cortar la mano a un hermano»138. La guerra fue de
129. Una visión panorámica de la historia eclesiástica del Uruguay: D. REGULES, en R. FAITEE, tal suerte implacable, que los cálculos en pérdidas humanas hablan de un
o.c, p. 427-449. Sobre la historia de la nación. 1. PTVEL DEVOTO y Alcira RANIERI DE DEVOTO, millón de muertos, de modo que, diezmada la población, en 1870 contaba
Historia de la República Oriental del Uruguay, 1830-1930, Montevideo 1945. un ínfimo número de varones139. Se perdieron además 150 000 kilómetros
130. D. RÚCELES, l.c, p. 428. Figuran ya oficialmente en el anuario de la Santa Sede, La
Gerarchia Cattolica, 1899. 135. Véanse estadísticas en N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de América Latina, o.c.,
131. P. TBRMOZ, l.c, col. 1105-1106. p. 169-174.
132. Como síntoma de que tales tentativas no eran populares y de que los gobiernos infravalo- 136. A. WHITAKER, l.c, p. 138-139.
raban la fuerza del sentimiento religioso, puede citarse el recibimiento, no oficial pero sí cordial, 137. Véase la síntesis de A. METHOL FERRÉ, La Iglesia Uruguaya, en Historia de la Iglesia
que se tributó en 1876 al obispo salesiano misionero, don Giovanni Cagliero, que pasó por (FLICHE-MARTIN), p. 630-632. Sobre monseñor Soler, J. M. VIDAL, El Primer Arzobispo de Monte-
Montevideo rumbo a la Argentina. Véase G. CASSANO, O.C, I, p. 378-380. Pero la tradición video, Doctor Don Mariano Soler, Montevideo 1935.
religiosa de adhesión al catolicismo será tal vez desbordada en los años siguientes por obra del
138. Sobre esta guerra, véase: E. CARDOZO, Vísperas de la Guerra del Paraguay, Buenos Aires
flujo inmigratorio.
1954; J. THOMPSON, La Guerra del Paraguay, Buenos Aires 1910.
133. A. WHFTAKER, l.c, p. 138. 139. E. CARDOZO, citado en la nota anterior lo afirma en sus colaboraciones para la Gran
134. Ibid. Enciclopedia Rialp, t. XVII, Madrid 1973, p. 792-793, y para la The New Encyclopaedia Britanni-
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cuadrados de territorio. Como episodio de triste recuerdo para la historia Blas, patrono de la diócesis y de la república. El escudo del nuevo obispo
de la Iglesia habría que recordar el fusilamiento del obispo de Asunción, tenía la divisa pro aris et focis. Por la religión y por la patria. La pasión
don Antonio Palacios, ordenada por el presidente Solano López, cuyo espí- unificada de su vida. Un obispo joven de 31 años. El más joven de América
ritu se había envenenado de tal suerte por las amarguras de la guerra, que Latina. Murió el 25 de febrero de 1949, a los 85 años, con 63 de sacerdote y
no titubeó en dar este paso contra el prelado, su amigo y consejero, por la 54 de episcopado»141.
sospecha que abrigaba contra cuantos le iban pareciendo adversarios y que
hablaban de paz. Brasil
A la terminación de la guerra se siguió un período de inestabilidad por
las contiendas de los partidos políticos. «La derrota impregnó toda la vida La evolución del proceso político y religioso del Brasil en los últimos
del país con su desmoralización, su pobreza, anarquía y falta de horizon- treinta años del siglo xix es ejemplarizante del conflicto provocado por los
tes140. Se promulgó entonces una constitución que, aunque de corte liberal, endurecimientos y forcejeos vividos y propugnados por la sociedad civil y
y ulteriormente inspirada en las leyes argentinas, consideraba la religión por la Iglesia en las repúblicas latinoamericanas142. Sólo que el Brasil había
católica como religión del Estado y exigía que el obispo de Asunción fuera tenido un proceso político de autonomía sin traumatismos en los primeros
de nacionalidad paraguaya, admitía la libertad de cultos, proclamaba la decenios del siglo xix, como prolongación del régimen monárquico de Por-
vigencia del patronato, la tuición de cultos y, obviamente, el pase a los tugal, pero al mismo tiempo había importado toda la crudeza regalista y
documentos pontificios. Todo esto obedecía a una tradición antirreligiosa anticlerical del «rey fidelísimo» acuñado en la época del absolutismo y de la
del Paraguay independiente, inaugurada y sostenida desde 1814 por el céle- Ilustración. La dinastía era Braganza pero sin depender de la antigua me-
bre Doctor Francia. trópoli143.
La Iglesia se fue recuperando lentamente, y así pudo inaugurar un semi- Las estructuras políticas conservaron a lo largo del siglo xix toda la
nario en 1881, confiado a los lazaristas por el obispo, monseñor Pedro Juan tradición regalista y absolutista del siglo anterior144, con el agravante de
Aponte; en los primeros 30 años pudo ordenar a 60 sacerdotes. Pasada la que, si el estatuto patronalista en los demás países latinoamericanos obede-
guerra estuvo algún tiempo como delegado apostólico, monseñor Angelo cía a un abuso, salvo los casos de explícita concesión pontificia145, en el
Di Pietro, lo que resultó una experiencia positiva, porque él fue uno de los Imperio del Brasil constituía un derecho reconocido por la Santa Sede en
componentes de la comisión que preparó los esquemas del Concilio Plena- 1826 y 1827146 y convertido hasta su abolición, en 1889, en eficaz instrumen-
rio. to para timonear y paralizar la acción de la Iglesia. Gran parte de la clase
La Iglesia contó providencialmente con una gran figura episcopal, así cultivada, propensa al pensamiento liberal por obra del precedente pensa-
como había ocurrido en Guatemala, con monseñor Ricardo Casanova; en miento ilustrado, evolucionará, sobre todo desde 1870, hacia el positivismo
Costa Rica, con monseñor Bernardo Thiel; en Santo Domingo, con mon- de Comte, de Haeckel o de Spencer. Es verosímil que algunos aspectos del
señor Antonio Arturo de Merino; en Chile, con monseñor Mariano Casa- positivismo de Comte, como el de su admiración por la Virgen María,
nova; en Buenos Aires, con monseñor Federico Aneiros; en Bogotá, con contribuyeran a darle crédito en algunos sectores pseudorreligiosos de la
monseñor Bernardo Herrera; en Montevideo, con monseñor Mariano So- sociedad brasileña147. El reinado de Pedro n (1840-1889), persona sabia y
ler, por nombrar aquí aquellos que, a nuestro juicio, descuellan en el epis- respetada, verá la alternancia de gabinetes conservadores y liberales; pero
copologio de fines del siglo pasado. El obispo de Asunción fue don Juan
Sinforiano Bogarín, una de las figuras excepcionales en toda la historia
eclesiástica de América Latina. «Todo este período, más aún, la íntegra 141. Ibid., p. 618.
primera mitad del siglo xx paraguayo, está abarcado por el obispo Juan 142. Véase Julio MARÍA, O Catolicismo no Brasil. Memoria histórica, Río de Janeiro 1950.
Obra meritoria, escrita por este sacerdote, que vivió, en gran parte, las vicisitudes religiosas de la
Sinforiano Bogarín, reconstructor moral de la nación [...]. En cierto sentido, nación. La primera edic. es de 1900.
la acción de monseñor Bogarín casi coincide con la de la Iglesia paraguaya 143. Como visión general de la historia del Brasil, véase Ch. MORAZE, Les trois ages du Brésil,
en todo este tiempo. El 21 de septiembre de 1894, el papa León xm París 1954.
designó obispo a Bogarín. Fue consagrado el 3 de febrero de 1895 por 144. J. Lloyd MECHAM, Church and State in Latin America, Chapel Hill 1934, p. 305-330.
Existe otra ed. revisada, 1966, que no hemos podido consultar.
monseñor Luis Lassagna, el obispo salesiano, en Asunción, el día de san 145. Concordatos con algunas repúblicas centroamericanas, con el Ecuador y con el presiden-
te del Perú.
146. C. SANTINI, S.I., De regio Patronatu in Brasilia [...] 1514-1889, Porto Alegre 1934. Sobre
ca, vol. 13, Chicago 1974, p. 991. Las diversas ediciones del «Almanaque Mundial» hablan de el patronato brasileño consúltese a J. DORNAS Fimo, O padroado a la Igreja brasileira, Sao Paulo
500 000 muertos paraguayos, «la mitad de la población total y nueve décimas partes de la pobla- 1939.
ción masculina». 147. En el Brasil su apóstol fue Benjamín Constant (Botelho de Magalhaes). Véase síntesis de
140. A. METHOL FERRÉ, o.c, p. 617. L. ROURE en Dictionnaire d'Apologetique de la Foi Catholique IV, París 1928, col. 27-52.
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la ideología liberal y la masonería, sumamente fuerte en el Brasil, a la Se comprende la reacción vehemente del gobierno «compuesto en su
sombra del sistema regalista bloquean el desarrollo de las estructuras ecle- mayor parte por personas afiliadas a la masonería». El gobierno jugaba al
siales. En el siglo xix, antes de la revolución republicana (1889) sólo se equívoco de que se estaba interfiriendo en la autonomía del Estado, invadi-
erigieron cinco diócesis en aquel inmenso territorio, dos de las cuales ya do por el magisterio de los papas, especialmente de Pío ix, cuyas decisiones
eran prelaturas en el siglo anterior. En la gigantesca extensión del imperio sobre la masonería no habían recibido el placet imperial, y por la posición
brasileño no existió sino una sede metropolitana hasta 1892. firme de los obispos, que no reconocían la competencia civil en asuntos
Por tradición dieciochesca y por una exasperación propia del siglo xrx, puramente religiosos152. Don Vital y don Antonio de Macedo fueron con-
los gobiernos se mostraron sistemáticamente hostiles a las órdenes religio- denados a cuatro años de prisión con trabajos forzados, que el emperador
sas, de suerte que, a mitad del siglo xix, se encontraban en agonía. Es cierto conmutó por cuatro años de prisión simple.
que tanto en el Brasil como en otras repúblicas latinoamericanas necesita- No obstante su prepotencia, el Estado provocó una situación cargada de
ban de profundas reformas: la solución a que se apuntaba en el Brasil eran dificultades: de los doce obispos del imperio, cinco, por lo menos, eran
la aceleración de su muerte; se limitó el número de novicios cuya entrada considerados «ultramontanos» y siete habían participado en el reciente
quedó sometida a autorizaciones civiles. Concilio Ecuménico de 1870. No estaban dispuestos a plegarse fácilmente.
A corto o largo plazo sus bienes pasarían al tesoro del Estado148. «Ra- El emperador percibía la seriedad de aquella coyuntura. Una ruptura con la
cionalistas, materialistas y escépticos, tales eran, en su mayoría, los hom- Iglesia, en concreto la separación de Iglesia y Estado, significaba la abdica-
bres que dirigían la sociedad brasileña durante los últimos años del Impe- ción al derecho de patronato, «cárcel de oro» en que podía encerrarse al
rio», dice Julio María. Aparte de un desarrollo «verdaderamente prodigio- episcopado. El liberalismo apretaba con la aplicación del placet como ins-
so» de la beneficencia católica, «que revela el corazón del pueblo trumento indispensable para interferir en cualquier intervención pontificia y
brasileño», «el catolicismo no toma, durante la monarquía, ningún ímpetu, planteaba el problema en términos de «regalismo o teocracia», «soberanía
ni siquiera iniciativa alguna, fuera de los actos individuales de la fe y de las oficial o teocracia romana»153. Por esta razón, partió en 1873 para Roma el
ceremonias de culto»149. Los ilustrados y los espíritus fuertes profesan un embajador del Imperio en Londres, barón de Penedo, y con mucho sigilo
profundo desprecio y hacen burla de la religiosidad del pueblo, juzgada para evitar que se interpretara su viaje como un doblegamiento del gobier-
como grosera superstición150. no frente a la Santa Sede. Se buscaba una desautorización papal a la actitud
En tal clima se presentó la célebre «cuestión religiosa» en 1872. La de los dos obispos, a lo que se negó Pío ix. De todos modos el embajador
confusión ideológica en que se hallaban algunos eclesiásticos masones que presentó a la opinión pública su gestión como un triunfo, afirmación des-
no titubeaban en tomar parte en actos de la secta (como el padre Almeida mentida más tarde por el obispo, don Antonio de Macedo; se había afirma-
Martins), y la extraña situación de algunas hermandades o cofradías cuyos do que todo el asunto había constituido una maquinación contra el Estado:
miembros estaban afiliados a la masonería, provocó la reacción de los obis- el obispo, don Vital, por su parte, rebatía que había sido una maquinación
pos de Río de Janeiro, don Pedro María de la Cerda, de Olinda, el joven de la masonería contra la Iglesia154.
capuchino, don Vital de Oliveira, y de Para, don Antonio de Macedo Cos- En 1875 una amnistía concedida por el emperador a los dos obispos
ta. Estos dos últimos prelados «se encontraban ante el dilema de, o esquivar prisioneros, y sin la cual el Papa no se hubiera prestado a una composición,
la lucha sacrificando los intereses espirituales de la Iglesia, o aceptarla con significa el comienzo del deshielo. Pío ix persistió en los principios defendi-
todas sus consecuencias inevitables. Aceptaron valientemente esta última dos por ambos prelados: la masonería es una secta anticristiana y el poder
solución: exhortaron a los eclesiásticos y miembros de las cofradías, afilia- secular no tiene competencia en los asuntos religiosos155.
dos a la masonería a abandonar una secta que la Iglesia había condenado
tan claramente». Frente a la renuencia de algunas hermandades, se lanzó el
entredicho, se les prohibió asistir al culto como asociaciones religiosas, y se 152. En la carta de Pío rx al episcopado brasileño, Exortae in isla ditione, del 9 de febrero de
1885, cuando la cuestión religiosa había entrado en una etapa de enfriamiento, se leen estas
les vetó la admisión de nuevos cofrades. «Para evitar toda complicación de palabras: «Non enim laici homines a Christo positi sunt rerum ecclesiasticarum rectores, sed ü,
parte del gobierno los obispos declararon que obraban desde el punto de pro sua utilitate et salute legitimis pastoribus subesse debent [...], non autem sese inmiscere in iis
vista exclusivamente religioso»151. rebus quae sacris Pastoribus sunt a Christo concreditae», ASS IX, 1885, 321-324.
153. S. BUARQUE, o.c, 343.
154. Agradezco al padre Eloi Dionisio Piva, O.F.M., mi alumno en la Universidad Gregoria-
148. J. SERRANO, Brésil, en DHGE, col. 578. na, quien me proporcionó fotocopias de parte de la extensa obra de don Antonio Macedo: A
149. Ibid., col 579, con algunas reservas a este juicio. Questáo religiosa no Brasil perante a Santa Seou Missáo especial a Roma en 1873 á luz dos
150. Véase, por ej. el jucio de Rui Barbosa, o de Saldanha Marinho en S. BUARQUE DE documentos públicos é inéditos, Lisboa 1886.
HOLLANDA, Historia Gerál da Civilizacao Brasileira, t. II, O Brasil Monárquico, vol. IV, Declinio e 155. Véase antes, nota 151 con la cita de la carta papal al episcopado. No sabemos por qué
queda do Imperio, Sao Paulo 1971, con una presentación general de esta situación, p. 320-355. afirma M. Moreira Alves lo siguiente: «L'empereur amnistía les evéques et le Saint-Siége publia
151. J. SERRANO, l.c, 579. une lettre incriminant de manque de modération envers les confréries.» L'Église et la politique au
506 507
Don Vital, «quien de los obispos brasileños más se distinguió en la ordenado levantar el entredicho: «El jesuitismo cedió tarde, bien tarde,
reacción contra la política masónica del Segundo Imperio, muere en 1878 y pero al fin cedió»160. «El Diario de Campiñas», haciendo burla de la su-
ofrece un raro ejemplo de valentía apostólica en la defensa de los derechos puesta claudicación del Papa, escribía: «Ha vencido, pues, la Masonería
de la Iglesia». Pertenecía a los capuchinos y había sido designado obispo que disputó palmo a palmo el terreno de sus ideas y no retrocedió un solo
cuando apenas tenía 28 años de edad156. La célebre «cuestión religiosa» paso del pórtico de sus glorias.» «O Liberal de Para» decía: «Cayendo a los
puede ser diversamente interpretada. Como ejemplo de una imposibilidad pies de Pío rx para besarle las sandalias con aire de contrición, el monarca
(no digamos incapacidad) de llegar a distinciones y arreglos, o de una irre- brasileño rasgó las páginas de la Constitución y arrastró por el suelo de los
ductibilidad de posiciones. Al regalismo implacable, impregnado de libera- salones del Vaticano la dignidad nacional.» Más violenta se muestra la
lismo masónico del Imperio, respondió una actitud intransigente del reduci- publicación «Familia Masónica» que llama a Pío rx hombre «perverso, acre-
do episcopado brasileño, si bien no todos los obispos sufrieron las conse- ditado por la imbecilidad de la hipocresía», «el más célebre criminal de
cuencias padecidas por quienes fueron a prisión. La cuestión surge después nuestros días, ante quien se inclinan esas miserables cofradías católicas,
del Concilio Vaticano y de la supresión del poder temporal del Papa, mien- apostólicas, romanas, embrutecidas por la vergonzosa creencia de adora-
tras la Iglesia se halla en un climax de obsesión persecutoria y de martirio. ción a pedazos de madera que se llaman imágenes». No se puede permitir
En 1872, cuando en el Brasil se inició el desencadenamiento de estas vicisi- que las conciencias lleguen «al estado de putrefacción del fraile regordete
tudes, Pío ix podía hablar a los cardenales de una hostilidad generalizada en [do bojudo fradalháo], del Apóstol y de la del Papa rey». La infalibilidad
Italia, Alemania, Suiza, España y Turquía157. Un año más tarde en la en- del Papa, «hombre carcomido por los vicios y crímenes» se ve secundada
cíclica Etsi multa, el Papa evoca una vez más la generalización de esta «por esa cáfila de bonzos que trafican con la estúpida credulidad», etcétera.
conjura y refiriéndose a nuestro continente dice: No se acredita, pues, la masonería, por un lenguaje sereno y así aparece
menos inocente de cuanto se ha querido defender161.
«Tampoco en América los tiempos son más bonancibles. Allí existen regiones de Después de un preludio en que el positivismo cobra fuerza juntamente
tal suerte hostiles a los católicos, que sus gobiernos parecen negar con los hechos la fe con el descontento por el régimen imperial, entre otros motivos por los
católica que profesan. Porque allí, desde hace algunos años se ha comenzado a mover desastres económicos a causa de la guerra de «La Triple Alianza» contra el
una guerra muy cruel (asperrimum bellum) contra la Iglesia, sus instituciones y contra Paraguay (1864-1870, anterior a la cuestión religiosa), el 15 de noviembre
los derechos de esta Sede Apostólica»158. de 1889 un golpe de militares y civiles derrocó al emperador e instauró la
república. Es interesante comprobar que León xra reconoció al año siguien-
Por ello, en la carta que el Papa envió al emperador del Brasil en 1875 te al nuevo gobierno, y aunque el golpe fue protagonizado por liberales
expresamente le recuerda: radicales, no se originaron tensiones con la Santa Sede, «debido en gran
parte a la diplomacia del Papa que, por otra parte, no había tenido la menor
«Vuestra Majestad se ha inspirado en el ejemplo de un Estado de Europa Central simpatía por el emperador Pedro n y por su tolerancia de cultos no católi-
extraviado por las pérfidas sugerencias de la masonería y ha descargado el primer cos»162.
golpe contra la Iglesia»159. Se abre ahora, paradójicamente, un capítulo histórico de «libertad» para
la Iglesia con la extinción del patronato decretada el 7 de enero de 1890 y la
En el mismo año de la amnistía concedida a los dos obispos, 1875, la
separación dictada por decreto de la Iglesia y del Estado. Especialmente el
prensa liberal y masónica proclamaba su victoria atribuyendo al Papa una
elemento militar veía como su norte el estatuto republicano y federal de los
decisión contraria a la de los obispos. Se decía que, sin más, Pío rx les había Estados Unidos. Teóricamente la situación de la Iglesia quedaba equipara-
da a la que se vivía en la Unión Norteamericana, pero ello no impidió que el
Brésil, París 1974, p. 24-24. La carta pontificia no tiene ninguna incriminación. Si el autor men- episcopado presentara una protesta al presidente del gobierno provisional,
cionado se refiere a otra del cardenal Antonelli del 18 de diciembre de 1873, o a una anterior, del
29 de mayo del mismo año, se ha de tener en cuenta que el papa no conocía todavía la prisión de en agosto del mismo año163 de la que son éstas las ideas principales: se
los dos obispos. La carta de diciembre remitida por medio del nuncio Domenico Bruschetti llega
cuando don Vital se encuentra preso en Río. El obispo de Río la hace conocer privadamente a
don Vital, pero Pío IX manda destruirla. Acerca de la «Questáo religiosa» puede leerse una 160. Esta y las siguientes citas en MACEDO, o.c., p. 276-277.
síntesis en DHGE X, París 1938, col. 579-580. Véase M.C. THORNTON, The Church and Freema- 161. Un estudio sobre la masonería en el Brasil se debe a B. Kloppenburg, Petrópolis 1963.
sonry in Brazil, 1872-1875. A Study in regalism, Washington 1948. 162. MHI, t. VIII, p. 207.
163. «La Civiltá Cattolica», serie XIC, vol. VIH, 1890, p. 370-374, ofrece sus principales
156. J. SERRANO, l.c, 858.
apartes que resumimos en el texto y con esta introducción de la misma revista: «Caído el imperio
157. Alocución del 23 de diciembre, ASS VII, Roma, p. 151. masónico y proclamada la república masónica, el episcopado brasileño no tenía razón ni de
158. 21 de noviembre 1873, ASS VII, Roma, p. 465-479. deplorar el ocaso de aquél, ni de festejar el nacimiento de éste.» Digamos que pronto la Iglesia se
159. Debo el texto al padre Eloi Dionisio Piva, O.F.M., mencionado en la nota anterior sentiría mucho más a gusto con la nueva situación.
núm. 154.
508 509
elabora una constitución laicista en la que la Iglesia queda excluida del libres para la organización y multiplicación de sus estructuras. Años antes
Estado [de la vida pública], de la enseñanza; la Iglesia queda desmantelada de la caída del Imperio, el sacerdote Joaquín Arcoverde, futuro arzobispo
y despojada, y equiparada a cualquier religión, con una legislación exclusi- de Río de Janeiro y primer cardenal latinoamericano [1905], había fundado
vamente laica del matrimonio. «El Brasil será, desde que existen sociedades la Federacao Católica de Sao Paulo que llegó a publicar 3000 ejemplares
humanas, la única colectividad política que se constituye sin Dios.» Se mar- semanales de su boletín, en que se defendía el buen derecho de la Iglesia y
gina al clero de la capacidad de tomar parte en los cargos públicos, se se mantenía la tensión militante del catolicismo. Por lo demás, el Brasil se
proyecta la expulsión de los jesuítas y la prohibición de que las órdenes estaba beneficiando de la emigración de italianos septentrionales y de ale-
religiosas puedan establecerse en la nación y va a decretarse la ley de manos manes católicos que aportaban nueva fuerza ilustrada y dinámica167 y que
muertas. Por otra parte se cae en la incoherencia de que se proclama la constituirían en el siglo xx un enclave envidiable de vocaciones sacerdotales
separación de Iglesia y Estado y sin embargo se conminan penas al sacerdo- y religiosas. Hay que recordar con toda justicia, la publicación católica
te que presida un matrimonio religioso antes de la ceremonia civil. «Nos- «O Apostólo» (1866-1901), que se batió con mucho denuedo en favor de su
otros -dicen los obispos- no temblaremos en la lucha. El futuro no podrá propia causa, especialmente durante la crisis de la «cuestión religiosa».
ser menos de la verdad, de la justicia y de Dios.» El 2 de julio de 1894, León xra dirigió a los obispos del Brasil su carta
La posición del episcopado se mostró lúcida y realista en una carta Litteras a Vobis sobre el fomento y formación de las vocaciones eclesiásti-
colectiva del 19 de marzo del mismo año dirigida a los fieles: «No tratemos cas. Creemos que la Iglesia del Brasil, como las demás comunidades católi-
ya más de la herida. Tenía la Iglesia derecho a la protección y a la libertad. cas de América Latina, tropezaban con una seria dificultad que analizare-
Si le arrebataron lo primero, no hemos cooperado a ello. El Brasil ya no es mos ulteriormente: la franja social de la que podían esperarse candidatos al
una potencia católica: es un hecho. ¿Qué hemos de hacer? Apreciar la sacerdocio era extremadamente reducida. En 1872 el número de sacerdotes
libertad tal como nos es reconocida; hacer votos para que ella se complete y en el Brasil era apenas de unos mil168, y en 1900, de acuerdo con datos de
se torne efectiva. Cumplir nuestros deberes cristianos en la nueva era que se P. Termoz, llegaba a los dos mil169. El analfabetismo de la población se
inaugura para el cristianismo católico de nuestro Brasil»164. Este singular elevaba a casi 80 %170. Cuando el Papa dirigía su carta, existían parroquias,
documento ha sido llamado con razón «La carta de la Independencia de la por ejemplo en la diócesis de Goyaz que contaba 600 000 habitantes, de 20
Iglesia brasileña»165. Es un folleto de 86 páginas, cuyo inspirador fue el y 30 leguas de extensión y con un solo sacerdote; en el sur de la nación las
arzobispo Don Antonio Maredó. había a 300 y 400 leguas de distancia de los centros urbanos, a las que, como
El sectarismo de la nueva constitución residía, como en las constitucio- dato dramático, la harina para las hostias llegaba ya descompuesta171.
nes de otras repúblicas latinoamericanas, en que se desconocía injustamen- La Santa Sede erigió a partir de 1892 una nueva sede metropolitana, Río
te la imponente realidad cuantitativa católica del Brasil. Sin embargo, de de Janeiro, y otras siete diócesis hasta el momento de la celebración del
acuerdo con el juicio del padre Julio María, que conoció con gran clarivi- Concilio Plenario (1899). En aquel primer decenio republicano se empezó,
dencia la situación y vivió la doble historia del Brasil regalista y del Brasil finalmente, a registrar un hondo movimiento de renovación católica cuyo
liberal, las nuevas circunstancias constituían «incontestablemente la liber- máximo promotor fue el insigne sacerdote, Julio María, que en 1904 ingresó
tad restituida a la Iglesia brasileña después de su larga y triste esclavitud. a la Congregación de los Redentoristas. La tensión con el gobierno fue
Fue entonces cuando apareció el error de una unión a la que se sacrificaron apaciguándose sensiblemente. A la designación hecha el año siguiente por
durante largos años los intereses religiosos del país. Así se realizaba la el papa Pío x del arzobispo de Río de Janeiro, don Joaquín Arcoverde,
ardiente aspiración de los católicos puros y fervientes, que admitiendo en como cardenal, el barón de Río Branco, ministro de Asuntos Exteriores,
teoría la verdad de la unión entre el Estado y la Iglesia, pero ante la servi-
dumbre de la Iglesia a que se había llegado en el Brasil, preferían, sin exhortarlos, entre otras cosas, a poner su confianza en la providencia de Dios que no desampara-
embargo, a los privilegios y a los subsidios bajo los que se enmascaraba la ría a la comunidad católica del Brasil en sus mismas necesidades materiales. El Papa hace énfasis
opresión, este régimen de derecho común»166. Ahora la Iglesia tenía manos en que es él, quien lo dice, «a quien la injusticia de la situación lo obliga a pedir de continuo la
limosna de Pedro». Véase Appendix ad Concilium Plenarium, p. 728-733.
167. Véase el comentario de «La Civiltá Cattolica», l.c, 254-255.
164. Uno de los redactores de estas cartas fue precisamente don Antonio de Macedo que 168. MHI, t. VIII, 207.
había experimentado en los años de la «cuestión religiosa» lo que era el patronato masónico. En 169. Véanse otras estadísticas parciales en W. PROMPER, Prieslernot in Lateinamerika,
1894 «La Civiltá Cattolica» ya reconocía las ventajas de la nueva situación: véase serie XV, p. 90-91.
vol. xi, 1894, p. 249. 170. Así en «Storia Genérale delle Civiltá» (trad. de la ed. francesa Hostoire Genérale des
165. M. BARBOSA, A Igreja no Brasil, Río de Janeiro 1945, p. 31. Civilisations), VI, Florencia 1957, p. 300.
166. Cit. por J. SERRANO O.C, col. 581. Sobre la personalidad y la obra del gran apóstol 171. «La Civiltá Cattolica», l.c., p. 252-254. Más adelante veremos que al tiempo del Vaticano
católico, Julio María, y su Memoria histórica, ibid., col. 582-583. El 18 de septiembre de 1889, II muchísimas diócesis continuaban en la misma situación por el crecimiento demográfico mons-
León xra dirigió una bella carta a la jerarquía y a losfielesdel Brasil, Patemae providaeque, para truosamente desproporcionado con el del crecimiento de las vocaciones sacerdotales.
510 511
«se encargó de que esta distinción tuviera su adecuada correspondencia. La
«Hoy, realizando lo que hace tiempo deseábamos con ansia, queremos daros una
república, agitada constantemente por desórdenes, envió al Papa un lujoso nueva y solemne prueba de nuestro amor hacia vosotros. Desde la época en que se
volumen encuadernado en oro macizo, con el anagrama del pontífice graba- celebró el cuarto centenario del descubrimiento de América, empezamos a meditar
do en piedras preciosas y su busto coronado con 90 diamantes» 172 . seriamente en el mejor modo de mirar por los intereses comunes de la raza latina, a
Había cambiado la historia. Menos de 30 años atrás un periódico masón quien pertenece más de la mitad del Nuevo Mundo. Lo que juzgamos más a propósi-
formulaba este deseo: «Dios inspire a Víctor Manuel para que en el más to fue que os reunieseis a conferenciar entre vosotros, con nuestra autoridad y a
breve tiempo posible, en nombre de Dios y para el bien de la humanidad, nuestro llamado todos los obispos de esas Repúblicas»178.
mande recoger los escombros del Vaticano» 173 .
El Concilio se celebró, pues, en las postrimerías del pontificado de
León xm, cuando sólo restaban cuatro años para su muerte. La asamblea
II. E L PONTIFICADO DE LEÓN XIII COMO MARCO DEL CONCILIO PLENARIO
está, por tanto, marcada por el sello de las experiencias, las aspiraciones y
las solicitudes de aquel largo pontificado que ya llevaba 21 años de dura-
1. León XIII mira a la América Latina ción 179 .
512 513
León xm manifiesta una amarga postura ; la masonería aparece como El arzobispo, don Bernardo Herrera Restrepo, respondió con una
instrumento organizado de combate contra el catolicismo. La encíclica Hu- extensa carta en que señalaba la necesidad de distinciones para poder even-
manum genus (20 de abril, 1884) no es un alarde de tremendismo, aunque el tualmente llegar a una concordia. Pero siempre, de acuerdo con el prelado,
lenguaje empleado nos parezca hoy superado184. En América Latina causa- la historia concreta del liberalismo en Colombia (y diríamos en América
ba estragos y empleaba un estilo a veces virulento y sacrilego185 el liberalis- Latina) había manifestado otras intenciones190. Sorprende que la encíclica
mo, que, como actitud práctica y como interpretación de la vida personal, Libertas no aparezca en el Apéndice editado como subsidio de las actas
social y política, proclamando la emancipación de toda autoridad religiosa, conciliares.
había mostrado su capacidad descristianizadora. Pero en este campo el papa León xm hubo de recoger el pesado lastre de un catolicismo a la defensi-
se movió con sagacidad y prudencia, tanto que la encíclica Immortale Dei va, replegado intemporalmente y sin audiencia en el mundo positivista y ya,
(1.° de noviembre, 1885) sobre la constitución cristiana de los Estados, en gran parte, tecnócrata. «El positivismo -escribe A. Acerbi- ennoblecía
desconcertó a los católicos más reaccionarios, impermeables al entonces el impulso anticlerical, ofreciéndole el apoyo de una Weltanschauung, en
llamado «liberalismo católico»186. Apareció dos años y medio más tarde la que la liberación del espíritu humano coincidía con la desaparición de las
encíclica Libertas, «magnífico tratado filosófico y teológico de la libertad religiones y de las Iglesias tradicionales. Se presentaba, efectivamente, co-
humana ante todo, luego del liberalismo»187. El papa matiza, exponiendo mo una explicación global de la realidad del hombre y del universo en
los aspectos admisibles de la libertad de prensa, de culto, de conciencia. Al términos científicos, destinada a sustituir en las conciencias y en las estruc-
concluir el pontificado de León xm la doctrina liberal hacía crisis en la turas sociales el papel jugado hasta entonces por la religión»191.
conciencia europea, pero en sus manifestaciones anticristianas se mostraba El papa Pecci quiso, pues, responder a las necesidades de la época,
en íntima colusión con la masonería en las repúblicas latinoamericanas, con apoyado en la convicción de que la fuerza moral de la Iglesia y del pontifica-
una historia de persecución contra la Iglesia Católica188. do romano eran bastantes para recuperar e instaurar los valores religiosos y
El liberalismo en América Latina se había presentado más con su fisono- humanos, cuya supresión arrastraba al mundo a una catástrofe espiritual. El
mía política que con sus postulados económicos, ya que nuestro continente empeño en realizar tales convicciones es lo que algunos historiadores lla-
apenas iniciaba los pasos de la industrialización y había liberales segura- man «el proyecto de León xm»192. La historiología del papa León le lleva a
mente bien intencionados, que sin percibir el ocaso de la dinámica económi- interpretar su momento como una reedición exacerbada del antagonismo de
ca que se perfilaba en Europa, pensaban en la perennidad de su ideología las Dos Ciudades de San Agustín: su protagonista es la Iglesia, su antagonis-
global. Un célebre político de Colombia escribía en 1898 al arzobispo de ta, la anudación de fuerzas anticristianas que opera la masonería. Pero es
Bogotá: una Iglesia militante y gloriosa, «realidad cumplida y perfecta, el regnum
immobile opuesto a las fluctuaciones del mundo y sustraído al riesgo de la
«Dentro de poco no quedarán sino dos grandes fuerzas: la Iglesia y el Liberalis- historicidad»193. Tal concepción generosa, apologética, polémica, deja su
mo. ¿Por qué considerarse comorivales?¿Por qué no sentar las bases de una armonía marca bien profunda en las Actas del Concilio Plenario. Tal vez la experien-
que será el asombro del porvenir por su inmenso poder civilizador?»189 cia histórica de ese siglo explica el acento de nuestro Concilio, cuyos actores
fueron protagonistas acosados a lo largo y ancho de América Latina, pero
también es verosímil que tal condición impidiera apreciar la naturaleza es-
catológica de la Iglesia' en el todavía no que había de desarrollarse como
183. Encíclica Diuturnum, sobre el origen del poder; ACERBI, ibid., p. 49-50; G. JARLOT, Doctri- principio histórico-teológico en los años del Concilio Vaticano n.
ne pontificóle, p. 80-84, donde se recoge la buena acogida que obtuvo el documento pontificio.
Fechado el 29 de junio, 1881. Todavía en 1934 se recogía la misma idea, de una filiación de la
Revolución francesa con relación a la Reforma. Llama la atención que fuera la revista de los
jesuítas «Études» la que se conservara en tal convicción. Véase G. NEYRON, La Reforme et la 3. El centro es Roma
Révolution, en «Études» (1934) 4, p. 424-435.
184. Texto en Appendix, p. 421-445. Amplio comentario en G. JARLOT, O.C, p. 84-99. Los años de León xm se caracterizan por el robustecimiento de la cen-
185. Véase anteriormente, en el caso del Brasil, nota 160.
186. G. JARLOT, o . c , p. 107-110. tralización de fuerzas en torno del Papa. El episcopado latinoamericano,
187. Ibid., p. 110.
188. El pequeño texto del obispo alemán de Portoviejo, en el Ecuador, monseñor P. SCHUMA-
CHER, La Sociedad civil cristiana [...], o la vehemencia antiliberal del obispo de Pasto (Colombia), 190. Véase B. HERRERA RESTREPO, Pastorales y Documentos, t. I, Bogotá 1898, p. 459-489.
monseñor Moreno y Díaz, en sus cartas pastorales de fines del siglo y principios del xx, no 191. O . c , p. 20.
parecen hacer distinciones. Véase, del mismo obispo, E. MORENO, Cartas Pastorales I, Madrid 192. A. ACERBI, O.C, p. 58-73; MHI, t. VIII, p. 35-66; P. DE LAMBIER, Un ideal historique
1908, p. 210-273. concret de Societé. Le projet de Léon XIII, en «Révue Thomiste» 86 (1978) 13, p. 385-402.
189. «El Autonomista», periódico bogotano, octubre 1898, núm. 38. 193. A. ACERBI, o . c , p. 32 y nota 33.
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numéricamente débil, y el primer campo de la falange en recibir los golpes dad, a menos que dominio se entienda en esa mutua compenetración de
hostiles, no se mostró reacio contra tal estrategia. Sólo que León xra atem- conceptos religiosos y políticos que era característica de la teoría política de
pera el efecto polémico con un procedimiento irénico y pastoral: buscar el Occidente hasta su disolución al final de la edad media»199. En la visión que
reconocimiento por parte de los Estados de la necesidad de la autoridad de el papa tenía de su época alentaba igualmente una candente inquietud pas-
la Iglesia, y así se explica su política extremadamente paciente con los toral: el papa, no obstante «su personalidad, aristocrática por naturaleza»,
diferentes gobiernos. propendía cada vez más «a apoyarse en las masas para presionar a los
El Papa se muestra asimismo persuadido sobre la necesidad de que el gobiernos en favor de la Iglesia»200 y era consciente de que un pavoroso
papado recupere la hegemonía espiritual de la civilización occidental, singu- movimiento de descristianización trabajaba desde hacía ya demasiado tiem-
larmente en su papel de conciliador y orientador. Tiene una comprensión po contra la fe de las masas populares201.
de la Iglesia rígidamente unitaria, jerárquica, centralista, como aparece en Cuando expiraba con su larga vida aquel activo y noble pontificado que
la encíclica Satis cognitum (30 de junio, 1896), en la que no hay confusión de humanamente no alcanzó a responder a la grandeza del proyecto, León xm,
unidad y uniformidad, y donde se reconoce la colegialidad del magisterio de a los 21 años de su elección, podía cumplir uno de sus designios: la celebra-
los obispos y del papa. ción del Primer Concilio Plenario de América Latina.
Roma es para el Papa la ciudad santa y el centro coordinador y hegemó-
nico de la Iglesia194. Los nuncios están considerados «en todos sus aspectos
como los órganos de ejecución de aquella plena autoridad con que el papa III. LA CELEBRACIÓN DEL CONCILIO
regía, de manera centralista, la Iglesia universal»195. Sin embargo fue cons-
tante preocupación de su pontificado poner la Iglesia al ritmo de los tiempos 1. El proyecto y los preludios
para que ella recuperara su sitio social. Esto le llevó a hablar de su «gran
política», «fórmula con que se vuelve a tomar el sentido de aquella acción Por primera vez en su historia la Iglesia de América Latina iba a tener la
de amplio horizonte tendiente a la recuperación de la influencia social de la experiencia de un concilio de todo su episcopado. Oportunidad extraordi-
Iglesia que el papa persiguió a lo largo de todo el pontificado»196. naria para reflexionar acerca de la situación religiosa de las 18 repúblicas
Sería abusivo afirmar que León xm fomentara un simple retorno a la latinoamericanas en que entonces se dividía el continente latino. Panamá
edad media o a la reconstitución de un modelo social anclen régime. Busca- aún pertenecía a Colombia y Cuba, en cambio, acababa de independizarse
ba «un retorno a los principios cristianos actualizables en formas nuevas y a de España.
un reconocimiento del papel público de la Iglesia, adecuado y compatible La iniciativa se debió, en gran parte, al arzobispo de Santiago de Chile,
con los desarrollos institucionales de la edad moderna»197. Mariano Casanova, que lo propuso a León xni en la visita ad limina realiza-
En la alocución pronunciada en 1892, cuando se trasladaron de Perusa a da en 1892202. Años antes, en 1888, el obispo de Montevideo Mariano
Roma los restos del papa Inocencio m, decía el Papa: Soler, buen conocedor de toda Iberoamérica, había sugerido al Papa esta
convocación. El Concilio tuvo «una preparación asombrosamente profun-
«En medio de estas nuevas condiciones del siglo xix, ¿será acaso un despropósito da», según Schmidlin203 y estuvo a cargo de la Congregación del Concilio,
desear nuevamente, no ya la tosca civilización ni las defectuosas instituciones de la quien redactó un esquema previo de temas, estructurados en más de mil
edad media, sino aquella fe robusta entrañada en la conciencia de los pueblos, que artículos que formaban un grueso volumen. Sus redactores debieron de ser
disputaban, en último término al mal, la victoria final y por eso mismo hacía más los cardenales Rampolla, Vannutelli y Angelo Di Pietro. Los dos últimos
curables las naciones?»198 poseían un conocimiento directo, al menos parcial, de los problemas de
nuestras iglesias; Di Pietro había representado a la Santa Sede en el Para-
Si los objetivos de León xm estaban marcados de grandeza, no es lícito guay, después de la terrible guerra de la triple alianza, en la Argentina
sostener que aspiraban a «un dominio de la Iglesia católica sobre la humani- (1877-1879) y en el Brasil (1879-1881), y Vannutelli había desempeñado un
cargo análogo en el Ecuador, Perú, Colombia, Costa Rica, El Salvador y
194. MHI, t. VIII, p. 57.
195. Ibid., p. 63.
196. A. ACERBI, o.c, p. 73.
197. Ibid., p. 57. MHI, t. VIII, p. 58. A. AUBERT dice que en lo que concernía a la grandeza de 199. MHI, t. VIII, p. 65.
la idea italiana y a la mística del Risorgimento, León xra «era más bien un hombre del pasado y un 200. R. AUBERT, O.C, p. 23.
papa del antiguo régimen». A continuación explica tal actitud por la convicción que tenía de la 201. Sobre la encíclica Rerum Novarum, véaseG. JARLOT.O. c.,p. 177-225 y amplia bibliografía
necesidad de la independencia política del papa, que le garantizaba su independencia religiosa. en p. 456-459.
Véase Nueva Historia de la Iglesia V, p. 20-21. 202. Véase «La Civiltá Cattolica», serie XVII, vol. vi, 1899, p. 725.
198. Cit. por ACERBI, o.c, p. 41, nota 56, remitiendo a Acta Leonis XIII, vol. XII, p. 385. 203. Cit. por MHI, t. VIII, p. 203-204.
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Honduras (residiendo en Quito), en un período de ocho años, de 1869 a El estudio de Flavia Morando nos transmite informaciones de interés. El
1877204. obispo de Medellín, monseñor Joaquín Pardo Vergara208, opinaba que no
En diciembre de 1897 se remitió el Esquema, por lo menos a los metropo- era oportuno entonces un «Concilio» en Roma, sino que prefería una «adu-
litanos y delegados apostólicos. Seguramente llegó también a los otros obis- nación» de uno o más obispos de cada provincia eclesiástica para lograr
pos porque se conocen sus observaciones. La Santa Sede invitaba a los alguna síntesis en el estudio de los problemas de la Iglesia20*. Roma le
prelados a formular su parecer, a lo que se respondió con 454 observaciones, parecía demasiado distante y se corría el riesgo de que por ello no conocie-
lo que no significa que necesariamente todos hubieran intervenido. Con ran con precisión las condiciones de nuestro continente por la diversidad de
todo, el esquema se remitió con casi un año y medio de antelación a la regímenes y situaciones210. También algunos obispos mexicanos se mostra-
celebración conciliar. Desde una exigencia actual, centrífuga, sensibilizada ron un poco reticentes a la celebración de un concilio. Les parecía que la
por la especificidad de lo latinoamericano, el procedimiento adoptado en- heterogeneidad de situaciones de América Latina, la distancia y la edad de
tonces, aparece inadecuado en su principio. Las condiciones de la época, la algunos prelados no era propicia al proyecto210". Los prelados de Santo
falta de comunicaciones y de recursos, y otras circunstancias desfavorables Domingo, México, Cuernavaca y Querétaro, propusieron la capital mexica-
impedían al episcopado latinoamericano la preparación in situ de una espe- na; los de Chile y Argentina se inclinaban por Santiago; el de Lima ofrecía
cie de previo «documento de trabajo», además de que la Iglesia carecía en esta capital en nombre de su gobierno. Las sesiones empezaron el 28 de
América Latina de un organismo eficaz de coordinación, impensable en- mayo de 1899, día de la Santísima Trinidad y concluyeron el 9 de julio; la
tonces por múltiples razones. sede del Concilio fue la amplia capilla del Colegio Pío Latinoamericano que
Se invitaba también a los obispos a sugerir un lugar y una fecha adecua- podía albergar hasta 400 personas211. El papa hubiera querido hospedar
da para la reunión. La mayor parte escogió a Roma. Se han señalado dos generosamente a los obispos, pero lamenta que «por la estrechez a que las
motivos: el primero, el deseo de manifestar su adhesión al Papa205, y el adversas circunstancias nos han reducido», no pueda brindarles una mejor
segundo, «porque a casi todos era mucho más fácil el viaje a Roma que a hospitalidad212.
alguna otra ciudad de América, por sus dilatadas distancias y difíciles vías «Concilio Plenario»: sobre su naturaleza jurídica ha escrito un estudio el
de comunicación»206. Pero también pudo influir, aunque no se dice, la canonista y obispo colombiano, monseñor Pablo Correa León (t 1980)213.
inseguridad política de algunas regiones y el riesgo de herir sentimientos No es un Concilio nacional, al que concurren los obispos de una nación; ni
nacionales; el peligro de interferencia gubernamentales y la escasez de per- es Concilio provincial, formado por los obispos sufragáneos con su metro-
sonas preparadas en cuestiones canónicas y teológicas. polita; ni es Concilio diocesano. Pero el término «plenario» es fluctuante: a
La actitud de los gobiernos (al menos de muchos) con relación a la veces a los concilios nacionales se les dio este apelativo. A los concilios de
celebración del Concilio, satisfizo al episcopado y a la Santa Sede, como
expresamente se hace constar en el artículo 763 de las Actas2m. primer tomo le acompaña un segundo Apéndice que contiene documentación pontificia y conci-
liar, así como declaraciones de las congregaciones romanas y del que se hicieron otras ediciones.
Quiere ser un subsidio para ilustrar auténticamente las declaraciones conciliares. Parece que a
204. Estas y otras noticias directas acerca del esquema previo, de las observaciones enviadas algunos obispos mexicanos no les pareció oportuna la publicación del Apéndice (Morando).
por los obispos a Roma, etc., las tomamos de la tesis de la señorita F. MORANDO, trabajada en la 208. Véase una semblanza de su persona en J. RESTREPO POSADA, Arquidiócesis de Bogotá,
Universidad de Roma: // Primo Concilio Plenario Latinoamericano, Universitá di Roma, Matr. Cabildo eclesiástico, Bogotá 1971.
núm. k/20242, 1980, que nos ha facilitado su director, el doctor Gian M. Vian, y con cuya 209. En la carta apostólica lesu Christi Ecclesiam con que León xm promulga los decretos del
autorización podemos hacer uso de sus noticias. Cuando citemos este trabajo no daremos más Concilio, se lee: «Unánimes estuvieron los obispos con respecto a la celebración del Concilio»,
indicaciones que el nombre de su autora, sin paginación, por tratarse de una tesis inédita. Ella Actas, p. xv. Parece que en 1890 los obispos del Brasil no estaban de acuerdo en la convocación
misma reconoce las forzosas limitaciones de su investigación que no ha acudido sino a fuentes- de un concilio latinoamericano. Debo esta noticia al P.E. Piva, O.F.M., encontrada por él en el
fácilmente accesibles del Archivo Vaticano. Sin embargo nos transmite datos que sin su colabora- Archivo Vaticano.
ción serían desconocidos. 210. Uno de los consultores romanos ha anotado al margen de esta interesante observación,
205. Lo agradece León xm en la carta de convocación, Diulurnum, 25 de dic. 1898; en la otra, que ésa era una razón de más para celebrarlo en Roma.
Iesu Christi Ecclesiam, 1." de enero 1900, y en la carta de los padres conciliares a León xm, 29 de 210a. Noticia que me ha proporcionado el presbítero Eduardo Chávez, arquidiócesis de Méxi-
mayo de 1899. Véanse Actas y Decretos, p. xv ss; xxn ss; xxvn ss, respectivamente. co, que actualmente investiga sobre el Concilio Plenario en el Archivo Vaticano. Señala los
206. Así la carta Cum diuturnum. legajos (Buste) xni y xrv de la visita apostólica de monseñor Niccoló Averardi.
207. El texto definitivo de los documentos conciliares se editó en Roma en 1900 con el original 211. Noticias interesantes en L. MEDINA ASCENSIO, Historia del Colegio Pío Latinoamericano,
latino y la traducción oficial al castellano: Actas y Decretos del Concilio Plenario de la América p. 87-91; en «La Civiltá Cattolica», reseña de la apertura, serie XVII, vol. VI, 1899, p. 725-728.
Latina celebrado en Roma el año del Señor de MDCCCXCIX. Consta de 593 páginas impresas. En la inauguración actuó por vez primera el célebre maestro Lorenzo Perosi como director de la
Aquí usamos la reimpresión de 1906. El traductor fue don José María Ignacio Montes de Oca, Cappella Pontificia.
obispo de San Luis de Potosí (México). Sobre este prelado véase la biografia esbozada por 212. Actas, p. xxn-xxm.
A. JUNCO, Monseñor Montes de Oca en «Ábside» 35 (México 1971). Era un prelado señorial y 213. «El Concilio Plenario Latinoamericano de 1899 y la Conferencia episcopal Latinoameri-
solemne. De vez en cuando la traducción parece decir más de lo que dice el original latino. A este cana de 1955», en Cathedra, vol. xi (Bogotá 1957), núm. 1, p. 47-55.
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¿ i . L i i i u ^ i V^JIIV,IIIU x i t a i a i i i i
Baltimore, por ejemplo, que congregaron en la segunda mitad del siglo pero de toda Centroamérica sólo acudió monseñor Bernardo Thiel, obispo
pasado a los obispos de las diversas provincias eclesiásticas de los Estados de Costa Rica216.
Unidos, se les llamó «plenarios». La peculiaridad de nuestro concilio reside Hay que decir una palabra sobre los límites existentes hasta ahora en el
en que estuvo conformado por los episcopados de todos los países latino- estudio de este Concilio. Tenemos la edición de las Actas, pero, a excepción
americanos por convocación hecha por el Papa; y tenía que serlo por él, ya del trabajo de F. Morando, no conocemos estudios basados en las fuen-
que ninguna otra autoridad en la Iglesia hubiera podido hacerlo. Por otra tes217. Es por tanto imposible, hasta el momento, conocer los criterios que
parte, siendo Concilio, revestía autoridad legislativa sobre todo el continen- guiaron a los miembros de la Congregación del Concilio en la redacción del
te latino, mientras que las futuras conferencias generales del episcopado Esquema previo remitido al episcopado Latinoamericano en 1897 que ya
latinoamericano (Río, Medellín, Puebla) no han tenido esta autoridad ca- estaba bastante esbozado en 1894. Como dijimos anteriormente, el Esque-
nónica. Una circular de la Congregación del Concilio214 determinaba que ma mereció 454 observaciones; respondieron, siempre de acuerdo con la
deberían asistir todos los arzobispos y aquellos obispos «que son únicos en información de F. Morando, once obispos de México, cuatro de Colombia,
una república: Costa Rica, Comayagua (Honduras), Nicaragua, El Salva- tres de Venezuela, tres del Brasil y tres de Haití, y uno de Guatemala, el
dor y Paraguay». Como no era conveniente que, durante el Concilio, que- Ecuador, Argentina, Uruguay y Chile.
dara «absolutamente sin pastores esa vastísima parte del mundo», el papa Tampoco se conocen los criterios según los cuales cada provincia ecle-
no imponía la obligación de asistir a cada obispo sufragáneo. El metropoli- siástica escogió a los participantes; habría que completar el marco teniendo
tano debía reunir a los mismos para elegir, con ellos, a uno o varios que los en cuenta su personalidad, su formación teológica, experiencia pastoral y su
representaran. edad218.
Por el párrafo 5.° de la circular mencionada se sigue que ya habían Reducimos nuestra noticia a los años de edad y de ministerio episcopal
llegado a Roma las observaciones hechas al esquema inicial remitido a los de los participantes en el Concilio Plenario de América Latina219:
obispos latinoamericanos en 1897, pues se les pide los examinen cuidadosa-
mente, para lo cual se les envían juntamente con la circular. Edad Episcopado
No sabemos en qué países fue posible celebrar esta reunión previa. Más
bien creemos que todo debió de hacerse por cartas como lo prevé también De 31 a 40 años: 3 obispos De 1 a 5 años: 14 obispos
la misma circular, tanto en lo referente a la designación de los asistentes De 41 a 50 años: 17 obispos De 6 a 10 años: 26 obispos
De 51 a 60 años: 20 obispos De 11 a 15 años: 8 obispos
como de las nuevas observaciones que ocurrieran. En efecto, esta circular De 61 a 70 años: 7 obispos De 16 a 20 años: 3 obispos
se envió el 7 de enero de 1899 y la inauguración del Concilio estaba prevista De 71 a 73 años: 3 obispos De 21 a 25 años: 1 obispo
para fines de mayo. Es impensable que en tan escaso tiempo pudiera llegar Total: 50 obispos De 26 a 30 años: 1 obispo
el correo a los metropolitanos, y que los sufragáneos lograran reunirse, a Total: 53 obispos
más tardar, en abril, en repúblicas de enorme vastedad, como Colombia,
Venezuela, Perú, Argentina, Chile, Bolivia, que no constituían sino una Este cuadro estadístico puede ayudarnos a comprender mejor la compo-
sola provincia eclesiástica215. En México, debido al progreso de las comuni- sición del Concilio. En cuanto a la edad, el mayor número está situado entre
caciones, sí se reunieron los obispos de las diversas provincias eclesiásticas los 51 y los 60 años y le sigue el de quienes tenían de 41 a 50. Llama la
para designar a los que debían asistir. atención la presencia de tres septuagenarios en razón del esfuerzo que hubo
Concurrieron 13 arzobispos y 40 obispos. De los arzobispos faltaron los de suponer un viaje tan dilatado. Es también sorprendente que casi la mi-
siguientes: el de Guatemala, Ricardo Casanova, seguramente por la agita- tad de los obispos lleve relativamente poco tiempo de ministerio, y por
ción política del país en aquellos momentos; el de Charcas o La Plata (Su- tanto, de experiencia episcopal; hay 26 obispos entre seis y diez años de
cre, Bolivia), Miguel Taborga, por razones análogas; el de Caracas, Críspu-
lo Uzcátegui, que, aunque no tenía sino 55 años, se hallaba bastante afecta- 216. Elenco en Actas, p. XLvra-XLix.
do de salud, y el de Santo Domingo, Fernando A. de Merino, al que una 217. No hemos podido consultar el estudio del historiador mejicano, F. Cejudo, y sabemos
enfermedad detuvo en París. Los países numéricamente más representados que en Lovaina se ha escrito recientemente una monografía.
fueron México, con 13 prelados; Brasil, con 11; Colombia y Argentina 218. En el marco histórico inicial han aparecido ya algunos nombres notables: Mariano Casa-
nova (Chile), Bernardo Herrera (Bogotá), Mariano Soler (Montevideo), Joaquín Arcoverde
enviaron seis cada uno; Chile, cinco. Las demás repúblicas, tres o menos; (Río de Janeiro), Bernardo Thiel (Costa Rica), Sinforiano Bogarin (Asunción), Fernando de
Merino (Santo Domingo).
219. En la estadística de edades sólo aparecen SO porque la fuente de consulta, La Gerarchia
214. Actas, p. xxiv-xxv. Cattolica 1899, no presenta el dato completo de tres de estos prelados. Manifestamos nuestro
215. No hemos leído nada acerca de tal reunión, por ejemplo en Bogotá, y sabemos que el agradecimiento al profesor Humberto Rayo Aguilera (Bogotá), que elaboró este cuadro estadís-
arzobispo de Bogotá y el obispo de Medellín salieron para Roma en abril. tico.
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r o l l e 11. ^Vllicin-a ijfliuio
episcopado y 14 entre uno y cinco años. Los «patriarcas» entre 21 y 30 años americana. En la carta de convocación del Concilio, el papa hacía énfasis en
de ministerio episcopal son únicamente dos. Pero de los 50 obispos de su preocupación de mirar «por los intereses comunes de la raza latina a
quienes se tienen datos completos, 30 pudieron tener experiencias persona- quien pertenece más de la mitad del Nuevo Mundo». En nuevo documento
les de los cambiantes sistemas políticos, sin duda intensamente vividas. con que promulga las Actas del Concilio, afirma que en ningún momento ha
Sólo se han publicado las síntesis de las 29 congregaciones generales y de permitido «que a las escogidas repúblicas de la América Latina falten los
las nueve sesiones solemnes. Es indispensable conocerlas completas para cuidados y los desvelos que hemos prodigado a las demás naciones católi-
225
tener una idea adecuada acerca de la marcha del Concilio, de los focos de
cas» .
interés, y de los temas que debieron de suscitar un más intenso debate. El
La convicción exaltante de los valores cristianos del alma latinoamerica-
conocimiento del epistolario de los obispos, de sus escritos y notas persona-
na se pone de manifiesto en el sermón de apertura predicado por el arzobis-
les, de las cartas pastorales dirigidas a sus diocesanos después del Concilio,
po de Montevideo, don Mariano Soler: «Quiera Dios todopoderoso -decía-
serán instrumento de máxima importancia para conocer el ambiente que
que esta nuestra asamblea sirva para estrechar cada día más los fuertes lazos
imperaba, así como sus impresiones personales. Por cierto que la celebra-
de fraternidad y cortesía que unen a las repúblicas de la América Latina.»
ción de esta asamblea episcopal pasó inadvertida en su momento, hasta el
Palabras tanto más significativas cuanto que en muchos participantes aún
punto que aún «La Civiltá Cattolica» le dedicó escasas páginas de eró-
estarían vivos los recuerdos de las contiendas internacionales entre las repú-
nica220. blicas centroamericanas; de Chile, Perú y Bolivia; de Argentina, Uruguay,
Las 29 congregaciones generales fueron presididas por turno por los Brasil y Paraguay226.
arzobispos participantes, en calidad de delegados apostólicos del Papa. Con A su vez, la oración fúnebre pronunciada por el obispo de San Luis de
este gesto León xm quería subrayar el carácter latinoamericano de esta Potosí, don Ignacio Montes de Oca, en la conmemoración exequial de los
asamblea y, como lo destaca «La Civiltá Cattolica»221, crear un clima de obispos muertos en esos cuatrocientos años de Iglesia, el 4 de julio, evoca la
gran libertad. A las nueve sesiones solemnes asistieron, como presidentes gloria de la evangelización ibérica227. Se advierte hoy el contraste entre el
puramente honorarios, algunos cardenales de la curia222. Aunque algunos acento nostálgico y fogoso con que se describe la obra de España conquista-
obispos llevaron sus propios consultores o compañeros, entre los ocho con- dora y la reticencia observada por Juan Pablo n en su visita a Santo Domin-
sultores oficiales no hay latinoamericanos. No es impensable que nuestras go y a México (enero, 1979), quien se refirió únicamente a la obra evangeli-
diócesis carecieran de personas especialmente cualificadas por su compe- zadora de los misioneros hispanoportugueses. Pero se ha de explicar el
tencia canónica y por el conocimiento del más reciente magisterio pontificio talante del orador como un eco a las corrientes de búsqueda de los valores
o de los decretos de las congregaciones romanas. Entre los consultores se originarios hispanizantes, y como reacción contra el influjo positivista y
destacó, por su influjo personal, el capuchino José de Calasanz de Llavene- foráneo con sus interpretaciones despistadas de la naturaleza indoibérica de
ras (su nombre de pila era José Vives y Tuto), creado cardenal durante la América Latina228. El sustrato africano no es mencionado.
celebración del Concilio, quien «desde 1884 sostenía en la curia un declara- El tono del discurso se vuelve patético al describir el cambio operado en
do antiliberalismo», «procedente del grupo de integristas españoles del que
surgió el libro El Liberalismo es pecado»223. En la exposición que hizo a Pío ix el sacerdote José Ignacio Víctor Eyzaguirre en 1856, para
proponer la fundación, habla de las «provincias de la América española y portuguesa», o.c,
p. 30-36. Todo parece resuelto con el trabajo de A. ARDAO que citamos en la nota 2 del cap. I.
2. La exaltación latinoamericana del Concilio 225. Actas, p. xrv. El término latino reza: caeteras calholicorum nationes. ACERBI, asegura que
para León xm la era del absolutismo político estaba irrevocablemente terminada. «Como prueba
está la ausencia en su magisterio de un papel religioso de las naciones cristianas», o.c, p. 39 y
«América Latina» es una denominación con origen también eclesiástico, nota 51.
y antes de que lo empleasen los franceses en México, lo había empleado 226. El discurso inaugural lleno de brioso orgullo latino, en Actas, p. LXIV-LXXIV. Quizá el
Pío ix en la fundación del seminario o Colegio Pío Latinoamericano en representante más hispanófobo del siglo xrx haya sido el chileno Francisco BILBAO. En El Evange-
lio americano editado en 1864 en Buenos Aires, execra el origen hispánico de nuestros pueblos, se
1858224. León xin quería reafirmar los valores de nuestra Iglesia, latina y extasía ante el progreso de los Estados Unidos y sueña en una desespañolización de Hispanoamé-
rica.
220. Véase anteriormente, nota 202. 227. Ibid. cn-cxxv. El tono es de tal naturaleza que los antropólogos o sociólogos modernos
elevarían más de una protesta.
221. Ibid.
222. Di Pietro, Cretoni, Gotti, Jacobini, Agliardi, Ferrata. 228. Ya en 1881 y en 1886, el historiador católico mexicano, J. García Icazbalceta, había
223. MHI, t. VIII, p. 203-204 y 545-546, con bibliografía. publicado notables estudios históricos que venían a contrabalancear las interpretaciones tenden-
224. P. TERMOZ, que escribe a principios de este siglo y que vivía en Roma, trabajando en la ciosas de la historiografía no católica. Pío XII tiene diversas referencias exaltantes del carácter
Curia Romana, asegura el origen eclesiástico del término. DTC I, o.c, col. 1081. L. MEDINA católico ibérico de América Latina (véase JUAN TERRADAS SOLER, Una epopeya misionera. La
ASCENSIO no aporta ningún dato acerca de cómo emergió este nombre al fundarse el «Pío Latino». conquista y colonización [...] vistas desde Roma, Madrid 1962).
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el siglo liberal. Desfilan las figuras de los obispos víctimas de su intrepidez personas eclesiásticas; IV. Del culto divino; V. De los Sacramentos; VI. De
en luchar por la identidad y la libertad de la Iglesia: perseguidos, despoja- las Sacramentales; VIL De la formación del clero; VIII. De la vida y hones-
dos, desterrados, difamados y aun muertos. Se comprende el estado de tidad de los clérigos; IX. De la educación católica; X. De la Doctrina Cris-
ánimo con que habían abordado los problemas planteados por el laicismo, tiana; XI. Del celo por la Salvación de las almas y de la caridad cristiana;
el liberalismo, la masonería, causantes externos de las tribulaciones de la XII. Del modo de conferir los beneficios eclesiásticos; XIII. Del derecho
Iglesia. No hemos de desconocer la presencia actuante de una nostalgia que tiene la Iglesia de adquirir y poseer bienes temporales; XIV. De las
ilusoria de los tiempos idos: «Podemos alimentar la esperanza -decía mon- cosas sagradas; XV. De los juicios eclesiásticos; XVI. De la promulgación y
señor Montes de Oca- de que, a vuelta de algunos años, la misma religión ejecución de los decretos del Concilio.
nos restituya el vigor de nuestros abuelos y otra vez confiera a nuestra El objetivo del Concilio quedó ya propuesto en la sesión inaugural: «La
estirpe la hegemonía de hace cuatro siglos»229. mayor gloria de Dios; la defensa y propagación de la fe católica; el aumento
En la Carta Sinodal al Clero y al Pueblo de la América Latina, firmada el de la religión y la piedad; la salvación de las almas; el esplendor de las
9 de julio, día en que se clausuró el Concilio, los obispos consideran como Iglesias; el decoro y disciplina del clero, y la dignidad, defensa y ampliación
«especial favor divino» el haber poblado «prodigiosamente la América de del [...] Orden Episcopal.»
raza latina y católica»230. Emerge, es cierto, en esta carta el sentido de Todo el texto está ordenado en 998 artículos. Las fuentes están consti-
evangelización que tuvo también la presencia de España y Portugal en el tuidas por el magisterio de León xm (casi cien citas), por el Concilio de
Nuevo Mundo. Si tales expresiones pueden parecer a algunos historiadores Trento y el Concilio Vaticano i, por el magisterio de Pío ix y el Syllabus, por
la traducción de un romanticismo de «Cristiandad», admiten igualmente las declaraciones de sínodos antiguos y recientes y de las congregaciones
otra explicación: la reacción contra el despojo de valores cristianos que romanas, por el Catecismo Romano y otros documentos canónicos.
había pretendido imponer en América Latina la onda retrasada de la ilus- Sorprende que el Concilio no cite explícitamente los Concilios y Sínodos
tración antirreligiosa llegada después de la independencia. A esa exaltación indianos, si bien el obispo Montes de Oca en la oración fúnebre que men-
de la latinoamericanidad responderá en la segunda mitad del siglo xx, otra cionamos anteriormente, dice que no pocos de los decretos del Plenario
convicción, expresada en términos más matizados por Juan xxni, Pablo vi y concordaban al pie de la letra con aquellos «llenos de prudencia y sabidu-
Juan Pablo n, por Medellín y por Puebla, acerca de la original vocación ría»231. Se mencionan allí mismo los sínodos de Quito y de Bogotá, celebra-
histórica de América Latina. dos algunos decenios atrás: «Mucho se ha hablado de ello en nuestras con-
gregaciones y por cierto con grandes elogios»; pero su empleo efectivo, si
nos atenemos a las citas, es extremadamente reducido232."
3. Los decretos del Concilio ¿Habría que concluir, entonces, que no alienta una especificidad latino-
americana? Como la entendemos hoy, seguramente no, ni en las posibilida-
Los decretos conciliares están comprendidos en 16 títulos: I. De la fe y des y en la mentalidad de la época esto era atendible. El rigor técnico de la
redacción, el argumento excesivamente canónico, la orientación y el tono
de la Iglesia Católica; II. De los impedimentos y peligros de la fe; III. De las
de los documentos, parece indicar más bien el influjo apremiante de las
grandes preocupaciones que agobiaban homogéneamente a la Iglesia uni-
229. El sermón de monseñor Montes de Oca, dentro de su fogosidad hispanizante y latino- versal. Por otra parte el esquema fue preparado por técnicos romanos, y
americana, podría tener una explicación también táctica. De acuerdo con una noticia de CivCatt aunque recibió numerosas observaciones, éstas parecen haber sido, en ge-
(serie XVII, vn, 1899, crónica del 23 de junio al 6 de julio de 1899, p. 225-226), un corresponsal
del «New York Herald», bajo el título Existence of dissensions, envió a la edición de París del neral, de carácter formal: el episcopado latinoamericano observaba con
mismo periódico, con fecha de 18 de junio, chismes de disensiones entre obispos que favorecerían reverente actitud cuanto había recibido de Roma.
el «americanismo» de los Estados Unidos y entre los que estarían por el «latinismo» de Iberoamé- No eran tiempos maduros todavía para que un Concilio se preocupara
rica. El corresponsal afirma que tuvo un coloquio con el antiguo rector del Colegio Norteamerica- en reflexionar sobre las realidades temporales y los problemas estructurales
no, mons. O'Connell, a quien el periodista habría referido ciertas expresiones oídas personal-
mente al arzobispo de Bogotá, mons. Herrera Restrepo en estos términos: «Yo deseo que se sepa de la sociedad, aunque en el Vaticano i ya habían aflorado estas preocupa-
que los miembros del Concilio Latinoamericano no son españoles sino americanos; que su afecto, ciones233. El arzobispo de Montevideo decía en la sesión inaugural que la
sobre todo en materia de religión, no es por España, sino por el Americanismo, como éste se
entiende y se practica en los Estados Unidos, y que esta verdad será, tarde o temprano, reconoci- 231. Actas, p. cxxrv-cxxv. E. DUSSEL, no compartía demasiado este escrúpulo en 1967, puesto
da también por el Vaticano.» A lo cual mons. O'Connell habría respondido: «Podrá ser así. que escribe: «Este Concilio viene a renovar lo decretado por los Concilios del siglo xvi.» Véase
Monseñor Herrera, por cierto, es muy inteligente, serio y es un liberal; pero los otros, y cierta- Hipótesis para una Historia de la Iglesia en América Latina, Barcelona 1967, p. 135.
mente la mayoría, piensa diversamente.» CivCatt añade que el arzobispo de Bogotá la ha autori- 232. Véanse, por ej., los núms. 417, 463, 481, 531, etc.
zado a desmentir tales informaciones, tanto más que él no había tenido ningún encuentro con tal 233. E. CÁRDENAS, Problemas sobre el Hombre en el I Concilio Vaticano, en «Universitas»
periodista. (Bogotá 1970), núm. 38, p. 231-251.
230. Actas, p. CXLIV-CLX.
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gran preocupación estaba constituida por la «discusión de aquellas materias está señalando a extremistas ultracatólicos latinoamericanos que quisieran
que más hayan de fomentar en nuestras regiones, la disciplina, la santidad, heroísmos estériles.
la doctrina y celo del clero; y la moralidad, la piedad, el conocimiento más A un continente católico donde los gobiernos habían introducido el ma-
sólido de nuestra santa religión y la represión de perversas doctrinas en los trimonio civil, el divorcio, el Concilio propone una vez más la doctrina
pueblos a nuestro cuidado sometidos; y de esta suerte, como es evidente, católica sobre la familia (núm. 74-78). Es interesante observar que el tema
trabajaremos en favor de la paz y prosperidad de los pueblos que estriban de la familia se trata precisamente en el título referente a la Iglesia.
principalmente en la religión católica [...]. Seremos por tanto, beneméritos La exposición del pensamiento de la Iglesia acerca de la sociedad civil
de la sociedad civil, puesto que la religión para todo es útil»234. (núm. 79-88) se apoya, de preferencia, en el magisterio de León xm. Se
Tal lenguaje manifiesta que los obispos quieren hablar a una sociedad reafirma la neutralidad de la Iglesia ante las formas de gobierno pero no
cristiana que los entienda; pero ¿y qué pensar de los sectores irreligiosos ante su indiferencia por el bien común o ante las tiranías, o ante el «indife-
influyentes por el poder y por otros medios? rentismo civil» en materia religiosa. La enseñanza se inspira en la encíclica
Las palabras que transcribimos a continuación descubren cierta perpleji- Immortale Dei (1.° de noviembre de 1885), que el papa había dirigido
dad acerca de la incidencia efectiva del Concilio en la marcha histórica de propiamente a los católicos con gran valentía. La exposición de la tesis
nuestro continente: pontificia sobre la incoherencia de una neutralidad estatal frente a Dios o
sobre la indiferencia religiosa, dice G. Jarlot, «suponía gran energía y gran
«Pero ¿qué pensará el mundo entre tanta variedad de opiniones, acerca de nues- coraje de parte de un pontífice cuya ambición residía en conquistar el mun-
tras reuniones pastorales? Las declarará tal vez fórmulas yritosestériles, vanas decla- do moderno, de reconciliar la Iglesia con su tiempo»237. Con mayor razón
maciones, proyectos inútiles, sentencias sin fruto. Pero esto nada nos importa, por- tenían que hablar los obispos latinoamericanos que habían sido testigos de
que hasta la historia profana demuestra cuánto yerran los que de tal manera opinan.» esta ruptura impuesta a repúblicas de tradición cristiana. Basado también
en el magisterio del papa León, el Concilio estimula a que la acción de los
En la segunda congregación general (30 de mayo) se insistió en «la laicos intervenga en la política estatal de la educación y salga a campos más
plenísima libertad» de opinión y de palabra con que debía procederse235, así vastos y «se extienda al gobierno del Estado», aspirando a los puestos públi-
como de la libertad para servirse de los consultores que los obispos tenían cos para «introducir en las venas del Estado, a guisa de sangre y de jugo
consigo. salubérrimo, la sabiduría y la virtud de la religión católica» (núm. 87).
Es extraño que en este punto no se cite la encíclica Sapientiae christia-
a) La fe y la Iglesia nae238 acerca de los deberes cívicos de los católicos. No hay alusión alguna a
la creación de partidos de inspiración cristiana, aunque el catolicismo de
El título i sobre la fe y la Iglesia sólo reafirma la doctrina tradicional del Costa Rica ya había hecho un positivo ensayo auspiciado por monseñor
Concilio Vaticano, del Syllabus y de las enseñanzas de León xm. Pero se Thiel239. En América Latina los partidos conservadores habían apoyado y
recuerda a los católicos que están llamados a «confesar paladinamente su apoyaban a la Iglesia; habían producido figuras de talla cristiana; pero sus
fe», y se reprueba «la inacción de los cristianos» (núm. 17). Era oportuno programas y muchos de sus conductores no eran cristianos a secas, sino
tal estímulo para una comunidad por tantas causas acobardada e imprepara- cristianos conservadores, y estos ingredientes políticos no podían ser asumi-
da ante el asalto del laicismo. dos impunemente por la Iglesia. De hecho, en la historia del siglo xrx no
El tema de la Iglesia no se presenta en forma original. Campea la ecle- hubo distinciones entre «católicos» y «conservadores» y la falta de discerni-
siología tradicional236 pero se insiste en la autonomía de la Iglesia frente al miento, explicable en medio de las borrascas, llevó consigo lamentables
poder temporal. Es, por lo menos, una reafirmación doctrinal recordada a confusiones que perjudicaron con el tiempo a la causa neta de la Iglesia240.
tantos gobiernos abusivos, que hostigaban de continuo al catolicismo latino-
americano.
Sobre la política pontificia de los concordatos (núm. 70) se previene que 237. Doctrine Pontificóle et Histoire, o.c., p. 104. El Concilio Vaticano n, mientras reconoce la
no han de ser juzgados como «una infausta y excesiva condescendencia con sana autonomía de la ciudad terrena, enseña que «se debe rechazar la funesta doctrina que
los poderosos de este mundo». La Santa Sede no transigiría jamás con las pretende construir la sociedad prescindiendo en absoluto de la religión y que ataca y elimina la
libertad religiosa de los ciudadanos.» Lumen gentium, 36d. Cita las encíclicas Immortale Dei y
pretensiones indebidas e injustas de la potestad civil. Cabe suponer que se Sapientiae Christianae de León xm. La declaración conciliar es tanto más importante cuanto que
es uno de los pocos pasajes condenatorios del Concilio Vaticano n.
234. Actas, p. ucvn. 238. Véase G. JARLOT, l.c, p. 115-139.
235. Actas, p. LXXVI. 239. Lo mencionamos en el marco histórico.
236. Llama la atención la ausencia de las encíclicas Satis cognitum y Divinum illud que son 240. Es preciso no contentarse con juicios simplistas al analizar la situación concreta del
típicas de la eclesiología de León xm. catolicismo en América Latina, donde la democracia efectiva estaba en pañales. Al margen de la
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Se presentó también, sobre todo en Centroamérica, el fenómeno de la último término, no desconociéndose el heroísmo de los obispos, vinieron a
amalgama de un conservadurismo o tradicionalismo social con una actitud perjudicar al pueblo católico por la instauración de un laicismo desaforado.
más o menos hostil hacia la religión entre los grupos económicamente po- Todo se plantea en el nivel de las posibilidades. Tal podría considerarse el
derosos. caso de la Iglesia en México, cuando en 1856 empezó el proceso oficial de
El pasaje conciliar encierra una idea noblemente cristiana: el poder no desamortización de bienes que poseía. Se ha escrito que su riqueza era
está por encima del hombre y a Dios hay que atribuir el origen del poder. fabulosa y que una política de magnanimidad y comprensión, empezando
El capítulo dedicado a las relaciones de la Iglesia y del Estado (núm. por el propio papa, hubieran evitado las rupturas funestas que siguieron a
89-96) apunta derecho a una de las patologías más agobiadoras de los esta- las medidas adoptadas por el ministro de Hacienda, Miguel Lerdo de Teja-
dos de tradición católica y de las repúblicas latinoamericanas con que tanto da. Sin eludir la suposición, y sin atribuir, por principio, terquedad y obce-
se había mortificado y exasperado una relación de concordia: el jurisdiccio- cación persecutoria a los gobiernos y actitud martirial a la Iglesia, es preciso
nalismo, las pretensiones patronalistas, el monopolio de la educación. Por manejar los datos históricos con extrema cautela. Cuando hablamos de una
el estudio de F. Morando, conocemos la preocupación que habían demos- Iglesia despojada no siempre debemos entender su absoluta inocencia so-
trado el arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova, y el de Barquisimeto cial; tampoco absoluta inocencia en los gobiernos242.
(Venezuela), monseñor Gregorio Rodríguez, en sus observaciones al es-
quema previo (recibido con bastante anticipación a la convocación del Con-
cilio), en lo que se refiere a la rigidez con que se abordaba el tema de b) Las amenazas a la fe. Un catolicismo asediado
relaciones entre la Iglesia y el Estado y el estatuto patronalista vigente en la El título II trata «de los impedimentos y peligros de la fe». Se enumeran
mayoría de las repúblicas latinoamericanas241. El número 92 declara que el las graves desviaciones de la época con un lenguaje tajante:
patronato no es por sí un derecho de la potestad civil; sin embargo, no
menciona, ni siquiera globalmente, las concesiones hechas por Pío ix a «Nos horroriza y añige en extremo el recordar los monstruosos errores, los varia-
algunas repúblicas centroamericanas o al Ecuador y al presidente del Perú; dos e innumerables artificios para hacer daño, las asechanzas y maquinaciones con
se puede pensar que, habiéndose roto aquellos concordatos unilateralmen- que estos enemigos de la verdad y de la luz, y hábiles inventores de engaños, traba-
te, y habiéndose restablecido abusivamente en el Ecuador (1897) la ley jan [...]» (núm. 97).
patronalista de 1824, el Concilio no quiere dar pie a nuevas interpretaciones
ni reclamaciones. F. Morando ha comparado el texto primitivo del esquema Se condenan el ateísmo y el panteísmo, el racionalismo, el naturalismo y
con el texto que salió del Concilio, y en este punto los encuentra idénticos. el positivismo, origen de «todos los errores del liberalismo», cuyo «peor
A las observaciones de los dos obispos que habían solicitado una redacción carácter y la mayor degeneración de la libertad, consiste en desconocer por
más atenuada, había anotado uno de los consultores romanos que las cosas completo la soberanía de Dios y en rehusarle toda obediencia, así en la vida
tenían que ser llamadas por su nombre. El Concilio no podía desaprovechar pública como en la privada y en la doméstica» (núm. 104). Se está hablando
esta ocasión solemne para descalificar el endémico abuso de nuestros go- del laicismo y del liberalismo en su grado de mayor radicalidad. También la
biernos herederos del regalismo dieciochesco de entrometerse en todos los reprobación de la indiferencia religiosa (núm. 108) toma por el camino de
campos de la vida eclesial. la intransigencia y rigorismo: leída en su tenor literal parecería contrade-
A manera de inquietud histórica, podría hacerse hoy la pregunta de si cir la doctrina del Concilio Vaticano n243. Se distingue, sin embargo, la
una mayor flexibilidad por parte de la Iglesia, de haber sido posible, no doble vertiente del liberalismo, porque existe uno mitigado, formulado por
hubiera evitado en más de una ocasión, las rupturas y tensiones que, en Cavour bajo la fórmula de «La Iglesia libre en el Estado libre». El Concilio
sigue, como es evidente, la enseñanza de León XIH: una interpretación libe-
ral lleva a desconocer la misma existencia de la Iglesia por parte del Estado;
Iglesia se fueron constituyendo dos corrientes: la liberal nutrida en principios laicistas; la conser-
vadora, en principios tradicionalistas, algunos de cuyos postulados coincidían materialmente con
principios cristianos. Fortalecidas las dos corrientes, el partido conservador tomó un aire confe- 242. Compárese el juicio perentorio dado por E. Ruiz GARCÍA a este problema en su América
sional, y siendo la única fuerza política efectiva en esas circunstancias, contra todo cuanto signifi- Latina hoy, o.c, 2, p. 11-22 y la relación de los hechos escrita por M. CUEVAS, en Historia de la
caba «liberalismo», es explicable la identificación que se hace entre «partido conservador» y Iglesia en México V, o.c, p. 281-336.
«partido católico». Un estudio sobre este proceso en Europa del siglo xrx ha aparecido en el 243. Para comprender la evolución doctrinal, véase J.C. MURRAY, Vers une intelligence du
reciente libro de J.M. MAYEUR, Des Partís catholiques á la Démocratie chrétienne XIX-XX" sueles, developpement de la doctrine de l'Église sur la liberté religieuse, en Vatican II, La Liberté religieuse
París 1980. En copia de una carta a la Santa Sede, que tenemos en nuestro poder, el arzobispo de («Unam Sanctam» 60), París 1967, p. 111-147. No debe olvidarse un pasaje de la Declaración
Bogotá, Vicente Arbeláez (1874) afirma que muchos conservadores eran tan liberales como los sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano n, donde se dice que este Concilio «deja íntegra la
liberales' doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la
241. Ninguno de los obispos asistió al Concilio. Ya dijimos anteriormente que monseñor verdadera religión y la única Iglesia de Cristo.» Véase el núm. 1, párr. 3. En el núm. 2, nota 2, se
Casanova se vio seguramente impedido por la situación política de Guatemala. cita la encíclica Libertas de León xra con el lugar adecuado, Acta Leonis XIII8 (1888) p. 237-238.
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otra, aun reconociéndola, quiere relegarla a sociedad puramente privada así debió de ser puede colegirse por el hecho de que en circunstancias
sin poder legislativo sobre sus miembros y aun pretende sujetarla a las leyes mucho más favorables, más de medio siglo después, los obispos reunidos en
del Estado; otros, finalmente, sin estar de acuerdo con la separación, bus- la Conferencia de Río de Janeiro (1955) deploran la situación de inferiori-
can una actitud acomodaticia de la Iglesia (núm. 106-107)244. dad de la prensa católica.
La enseñanza del Concilio Plenario cita el Syllabus (núm. 15-17) y, El capítulo ni sobre «Las escuelas heterodoxas y neutrales» no estaba
refiriéndose al protestantismo (núm. 110), del que «han emanado todos los señalando riesgos imaginarios. Uno de los objetivos perseguidos con mayor
errores politicosociales que perturban las naciones», acude a una página empeño por el laicismo era la secularización educativa. No hay un solo
agria de la encíclica Diuturnum de León xm245. Habla también el Concilio gobierno liberal que deje de tomar en cuenta este principio. Las expulsiones
del comunismo, del socialismo, del nihilismo y del anarquismo, cuyos efec- de los jesuitas de Centroamérica, Colombia, el Ecuador se explican por este
tos en aquella época se dejaban sentir ya de algún modo, importados por motivo. La preocupación del Concilio era seriamente fundada y la futura
emigrantes anarquistas de Europa246. descristianización de grandes sectores de la clase culta en México, Centro-
Merece una lectura detenida el número 111: cierto que el acento es américa, Venezuela, Argentina, Uruguay, le da plenamente razón. El libera-
«triunfalista», pero contiene un tema caro a la visión histórica de aquellos lismo radical, por su historia pasada, y por las consignas que estaban por
años sobre el orden ideal del mundo, sobre la Iglesia madre de la civiliza- venir, daba a entender que uno de los campos de influjo mayormente decisi-
ción y barrera contra las tiranías. vos en la configuración de la sociedad latinoamericana era el de la educa-
Entre los impedimentos y peligros de la fe se señalan «los libros y perió- ción. En el Primer Congreso Liberal celebrado en San Luis de Potosí (Méxi-
dicos malos» (capítulo n, núm. 112-113): «Es necesario oponer escritos a co) en 1901, los liberales se comprometerán a no enviar a sus hijos a las
escritos, en competencia no desigual.» El único obispo de Centroamérica escuelas católicas, esforzándose en oponer a éstas, escuelas gratuitas, obli-
presente en el Concilio, monseñor Bernardo Thiel, tenía un amargo recuer- gatorias y laicas248.
do a este propósito, cuando, visitando una biblioteca pública, en 1882, la Se pasa a tratar en los capítulos v y vi de la ignorancia religiosa y de la
halló dotada de obras de Víctor Hugo, Dumas, Kock y de escritos de otros superstición. Se considera el problema a partir de una experiencia indiscuti-
autores prohibidos. Declaró que ningún católico podía ser miembro del club da, pero no se analizan sus causas: no había nacido la sociología religiosa,
de la biblioteca; como el ambiente anticatólico se había caldeado por el de forma que se aborda el tema demasiado en abstracto, con citas de síno-
sectarismo de ciertos grupos liberales, después de una dura campaña contra dos europeos y de constituciones pontificias de pasadas épocas. La generali-
«la teocracia» y los jesuitas, monseñor Thiel fue expulsado en 1884. zación de la ignorancia religiosa en los decenios subsiguientes constituirá
Existían en las repúblicas latinoamericanas algunas publicaciones heroi- uno de los lugares comunes más socorridos, y a veces tratados con simplis-
camente sostenidas, muchas de vida efímera, en que se defendía y se propo- mo y desdén por católicos europeos, arsenal de nuestros «visitadores» nor-
nía la fe. Por ejemplo en El Salvador se publicaba ya desde 1866 «La teamericanos o europeos sobre el «mito» del catolicismo latinoamericano.
Verdad», «de mesuradas y elocuentes polémicas hasta que fue disuelta por El Concilio habla, entonces, de la instrucción religiosa. Pero su metodo-
disposición oficial»247. Hemos mencionado ciertas publicaciones que los logía se presenta demasiado confiada en la memorización y con gran des-
católicos sostenían en el Brasil. En Colombia aparecía y ya desde 1867, confianza en nuevas formulaciones: «No permitan los obispos que las anti-
cuando la acerbidad antirreligiosa recrudecía, el célebre «Mensajero del guas y bien probadas fórmulas de los rudimentos de la fe se cambien en lo
Corazón de Jesús». Pero la primera impresión que causa un recorrido su- más mínimo, so pretexto de un lenguaje elegante y castizo, porque esto no
perficial e incompleto del periodismo católico es su extrema debilidad; que podría llevarse a cabo sin graves inconvenientes y escándalo» (núm. 155).
El Catecismo de Ripalda campeaba en México, el Astete, en Suramérica
244. Véase G. JARLOT, O.C, p. 111-115. Léase el discurso de Pío xn a los juristas italianos, 6 de
española; los obispos previenen contra la introducción de nuevos catecis-
diciembre de 1953, con nuevas precisiones y perspectivas a este propósito, para que se entienda el mos. No puede negarse que estas prescripciones estaban inspiradas por una
contexto en que hablaban León xm y los obispos latinoamericanos, con un juicioso comentario de preocupación pedagógica pastoral de respeto por el pueblo, naturalmente
G. WEIGEL en «Mensaje» (Santiago de Chile), núm. de marzo-abril de 1954. apegado a su tradición catequética. Hasta los años en que la sociedad,
245. Esta comprensión del protestantismo, según A. ACERBI, O.C, p. 49, constituye un lugar especialmente la rural, se vio invadida por los medios de comunicación, las
común de la historiografía reaccionaria que concatena la Reforma con el racionalismo, la revolu-
ción francesa y el ateísmo. Compárese con la anterior nota 183.
246. El positivismo mexicano, por ejemplo, veía en otra forma la anarquía. «Gabino Barreda, 248. J.M. ROMERO DE SOLÍS, El Porfiriato y la Iglesia, véase antes, nota 34. El liberal costarri-
característico exponente [del positivismoj y discípulo de Comte, decía (1877): "La anarquía en cense, José M. Castro, respondía a un ataque dirigido desde Guatemala contra su gobierno en
todas sus formas, la anarquía intelectual, política y moral, la anarquía personal, doméstica y civil, 1879: «No hay monje alguno entre nosotros ni Costa Rica es tierra para claustros ni para ninguna
ése es el único monarca que queremos abatir" [...].» Citado por J.M. ROMERO DE Soiis, El de esas instituciones cancerosas que, aunque se extingan, queda su carcoma en el espíritu de
Porfiriato y la Iglesia en México, o.c, de acuerdo con la nota citada en páginas anteriores. algunos pueblos» (cit. por V. SANABRIA, Primera Vacante de la Diócesis de San José, San José de
247. E. SIMAN, El Salvador en R. Pattee, o.c, p. 239. C.R. 1935, p. 121-122).
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fórmulas catequéticas lo habían nutrido, aun dentro de sus limitaciones, en c) El clero, el culto y los sacramentos
la vida de la fe, como pueden atestiguarlo las viejas generaciones todavía
sobrevivientes y el esfuerzo de muchos celosos párrocos y religiosos249. El título ni, «de las personas eclesiásticas» (núm. 179-337) es el más
El problema de la masonería se trata con inexorable rigor en el capítu- extenso de todas las Actas. No se ha de buscar en él ningún vuelo teológico.
lo vm (núm. 166-178). F. Morando señala que algunos obispos, como los de Es de naturaleza excesivamente jurídica y exhortativa y se inspira en los
Guatemala y Venezuela, abrigaban temor sobre la forma como el esquema decretos reformatorios de Trento. Se insiste en la obediencia y respeto
que se había enviado antes del Concilio enjuiciaba a la masonería. Creían debido a los obispos y en la armonía que ha de reinar entre éstos, su clero y
que condenaciones tajantes equivalían a una descalificación de los mismos los religiosos. Es inexplicable que no se dedique, excepto cierta brevísima
gobiernos de muchas repúblicas latinoamericanas, con lo que se corría un alusión que está fuera de este lugar (véase el núm. 577), una reflexión al ya
serio riesgo de exacerbarlos. Sin embargo, la mayor parte de los episcopa- gravísimo problema de la escasez de sacerdotes, que va a convertirse pronto
dos compartía una mentalidad antimasónica; y parece que cierta indecisión en el más grave de nuestra Iglesia latinoamericana. Constituye un enigma la
de alguna minoría de obispos detectada antes de la celebración del Concilio ausencia, si no de esta preocupación, al menos de su consignación. A mane-
fue de lo que determinó a la Santa Sede a publicar, junto con las Actas, un ra de hipótesis podríamos imaginar que, careciendo muchas naciones de
Apéndice250 que contenía la documentación indispensable del magisterio buenos seminarios, o en absoluto de ellos, se prefirió no exponer el tema
eclesiástico, no del todo conocido en América Latina. para evitar iniciativas peligrosas que habrían llevado a multiplicar ordena-
ciones precipitadas sin crear previamente el medio de cultivarlas. El obispo
La masonería se había mostrado profundamente anticatólica en Améri-
de Cartagena (Colombia), en unas Instrucciones al clero de Cartagena,
ca Latina, y, al presentarse la «cuestión religiosa» en el Brasil, que reseña-
1900, expone que mientras se celebraba el Concilio, el arzobispo de Bogotá
mos en el marco histórico, Pío ix, escribiendo a aquel episcopado, manifes-
había expuesto a la Santa Sede que en su vasta arquidiócesis había sacerdo-
taba su extrañeza por la opinión sostenida de que la masonería existente en
tes que tenían que atender a dos, a tres, a veces a seis y siete parroquias.
el Brasil (in istis plagis) escapaba a las condenaciones de la Iglesia251. A
¿Por qué no se refleja tal situación en los documentos conciliares? Diez
principios del siglo xx la masonería estaba organizada en Argentina, Brasil,
años antes del Concilio, «El Mensajero del Corazón de Jesús» de Colombia
Chile, Cuba, Colombia, Santo Domingo, Guatemala, el Ecuador, México,
(1889), hablando de Honduras, designaba la enorme escasez de clero como
Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela; y en el mundo latino de Europa y
«calamidad de que se resienten todas las repúblicas hispanoamericanas»
Latinoamérica con 2500 logias y unos 120 000 miembros252. La reacción
(p. 106).
católica contra la masonería ha de medirse a partir de la fuerza de la agre-
sión y de la percepción que de todo el problema tuvo León xin. Su encíclica Pero en el ya lejano 1863, don Jacinto Vera y Duran, primer obispo de
Inimica vis de 1892 a los obispos de Italia está en gran parte comandada por Montevideo, escribía a Pío ix una angustiosa carta exponiendo el agudo
otro de los lugares comunes en que se apoya para describir e interpretar su problema de la falta de sacerdotes así como de su poca formación en el
época: el espíritu de todas las sectas hostiles al catolicismo que han tenido Uruguay253".
vida en el pasado, vuelve a vivir en la secta masónica253. La actitud frente a la actividad de los religiosos es sumamente favorable:
los obispos eran testigos de las persecuciones sufridas por ellos en casi todos
los países. Se reconoce paladinamente que «toda nuestra América [fue]
249. En el Sínodo Romano de 1977 sobre la catequesis, se registró la inconsistencia a que se
había llegado en muchas regiones por la alergia a las fórmulas. El cardenal J.L. Suenens se engendrada a Cristo y a la Iglesia, e iniciada en la cristiana evangelización,
expresaba en esta forma: «Los obispos desean que se mantenga cierto espacio para la memoriza- principalmente por las familias religiosas» (núm. 2S9)254. El Concilio pone
ción en el seno de la catequesis. Deseo con ellos que se confie a la memoria un mínimo de textos, de relieve la ofensa que se infería a la Iglesia con los vejámenes a que eran
y ante todo a la memoria del corazón [...], a la memoria de la fe. De lo contrario exponemos a los sometidos los religiosos (núm. 290) y traza normas a los mismos para situa-
jóvenes, una vez llegados a adultos, al riesgo de no disponer ya de puntos de referencia para su
fe» (Intervención del 4 de octubre de 1977, «La Documentaron Catholique», núm. 1729 [1977], ciones que todavía podían repetirse, así como recuerda el sentido y los
p. 921-923). límites que tiene la exención de los religiosos de la jurisdicción de los
250. La primera ed. en 1900, y más tarde otras con nueva documentación. obispos.
251. Carta Exortae in isla ditione, de 29 de abril, 1876, ASS IX, Roma 1885, p. 321-324. El título rv, sobre el culto divino (núm. 338-473) recoge las nobles y
Curiosamente esta carta no figura en el Apéndice, como tampoco la encíclica Libertas. En el
Apéndice hay diez documentos referentes a la masonería. clásicas exhortaciones a la santidad de vida del clero y desciende, en ocasio-
252. The Catholic Encyclopedia IX, Nueva York 1910, p. 771-778. Sobre el tema general de
Masonería e Iglesia, véase J. BERTELOT, Franc-Maconnerie et Église Catholique, 1.1. Perspectives 253a. A. PONS, Biografía del limo, y Rvmo. Señor Don Jacinto Vera y Duran. Primer obispo
de pacifieation; II. Motifs de condamnation, Lausana - París 1947. Véase también G. JARLCT, de Montevideo, Montevideo 1930, p. 103-104.
Doctrine Pontificóle, o.c, p. 84-99. 254. Cuando se preparaba la Conferencia de Puebla en 1979, se hizo notar por parte de la
253. A. ACERBI, La Chiesa nel lempo, o.c, p. 49-50 y nota 81; MHI, t. VIII, p. 320-323, con Iglesia colombiana que el Documento de Consulta no hacía plena justicia a esta realidad. El texto
una alusión a América Latina. Para el Brasil, M.C. Thornton, cit. en bibliografía. siguiente o Documento de trabajo corrigió la falla.
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nes, a pormenorizados detalles de disciplina y de rúbricas255. Dentro de las gue en ella. Se adelanta así a la encíclica Mirae Caritatis del papa León xin
circunstancias históricas de nuestro continente, que conservaba con tenaci- (1902) y a la Quan singulari de san Pío x (1910). El Concilio ve con optimis-
dad sus tradiciones, hay que mencionar los decretos relativos al culto euca- mo pastoral la capacidad cristiana aun de los más rudos campesinos para
ristía) y al del Corazón de Jesús. Aquél seguía respondiendo al alma latino- participar en la comunión eucarística (núm. 527).
americana con sus exuberantes manifestaciones del Corpus Christi (núme- En su enseñanza sobre el sacramento del matrimonio, se fustiga con
ro 369). duras expresiones «la malhadada ley del matrimonio civil» (núm. 589);
Hablando de lasfiestaspatronales, el Concilio descubre, sin quererlo, la «cualquier otro enlace de un varón con una mujer, fuera del sacramento,
índole festiva de nuestro pueblo, que, desde la época colonial, asociaba aunque lo autorice la ley civil, no es más que un torpe y pernicioso concubi-
tumultuosamente el recuerdo de los patronos celestiales con el esparcimien- nato» (núm. 588). Durus sermo, pero los obispos latinoamericanos en-
to de las sufridas gentes de la tierra. La fiesta religiosa desempeñó en Amé- tendían que se trataba de un combate contra el laicismo y contra una legisla-
rica Latina un desconocido papel de educación social y de terapia en la ción anticristiana que desconocía el derecho y el sentimiento religioso de los
rutina agobiadora de la vida256. pueblos. Lo cual no es intransigencia sino seria conciencia del deber pasto-
El capítulo dedicado a la música sagrada hoy causa una impresión deso- ral y una decisión profética en la defensa de la familia cristiana.
ladora. El cántico religioso popular se somete a licencia eclesiástica; se
prohibe que las mujeres canten en el coro, etc. (núm. 439-450). No es que
todo sea negativo, tanto que en la introducción al capítulo, citando a san d) La imagen del sacerdote
Agustín, se dice que «los que eliminan el canto eclesiástico empañan la Dos títulos (vil y VIII) se consagran a la formación de los sacerdotes y a la
espléndida gloria de Cristo». santidad de su vida. Se afirma que la preparación de sus ministros es una
Un conjunto de prescripciones, tomadas simplemente de Actas de síno- necesidad que «angustia a la Iglesia de Dios en nuestras vastísimas regio-
dos europeos o norteamericanos, manifiestan el formalismo de la pastoral nes» (núm. 605). Para ello se han establecido los seminarios mayores y
litúrgica de pasadas épocas y una gran falta de imaginación; pero está fuera menores, sobre cuya legislación se dedica amplio espacio.
de su lugar exigir del siglo xix lo que no acabamos de lograr al finalizar el En 1899 había en América Latina, al menos de nombre, 57 seminarios.
siglo xx. El número causa sorpresa porque supone que la mitad de las diócesis tenía
Los artículos siguientes (núm. 451-473) conciernen a prácticas religiosas, su centro de formación clerical258. Los países de mayor número eran Méxi-
como el vía crucis, el ángelus, el rosario, que sobreviven heroicamente en co, con 16; Brasil, con 11, y Colombia, con 9. Seguían Perú, con 6; Argenti-
enclaves cristianos del continente. El culto de los difuntos que ha conocido na, con 3; Chile, con 3; Bolivia, con 2. Cuba, Uruguay y Venezuela no los
desarrollos e interpretaciones asombrosas en América Latina, recibe una tenían debido a las circunstancias políticas y sociológicas o a la persecución
legislación sobria y severa, y se prescribe la catequesis del pueblo acerca de de pasados decenios. Las repúblicas centroamericanas tenían tres. No cabe
las postrimerías. duda que muchos de los seminarios latinoamericanos llevaban una vida
El título v sobre los sacramentos, aparte de la reflexión teológica tradi- lánguida por la escasez de profesores y de alumnos. La Iglesia de México
cional (núms. 474-604), y su tono jurídico, refleja en gran parte, la realidad había hecho un heroico esfuerzo por restablecerlos y organizarlos, ya que
complicada de nuestro continente con sus inmensas distancias y la casi total todos sus antiguos edificios, a veces de espléndida arquitectura colonial y
ausencia de una pastoración personal (véase por ej., núm. 474 y 490), de con ricas bibliotecas, fueron confiscados por las leyes persecutorias de 1857;
modo que después de más de tres siglos de legislación, aún había que em- el movimiento de fundaciones durante la tregua del porfiriato no significaba
plear las concesiones de Paulo III a los misioneros del Perú257. una recuperación del todo brillante: «No podemos poner muy por las nubes
Se exhorta, de acuerdo con Trento, a que se asista a la misa y se comul- a los seminarios de la república», escribe un historiador de la época259. De
todos modos, la Iglesia de América Latina trataba de atender bien que mal,
a esta radical exigencia de su acción pastoral; de allí, el llamamiento que
255. Así, el núm. 353 habla del mínimo de ayudantes, de velas, etc. «No se atrevan [!] las debieron hacer no pocos obispos a los eudistas y vicentinos para la dirección
mujeres a servir al altar; y aléjeseles inexorablemente de este ministerio.» Con ello, el título de los seminarios; encontramos por ejemplo que nueve seminarios eran
carece de acento teológico y pastoral; todavía se estaba a distancia del ímpetu con que renovaría a
la Iglesia el movimiento litúrgico. dirigidos por estos últimos.
256. El autor que escribe esto tiene ya en prensa un estudio sobre la religiosidad popular El Concilio apunta a niveles de alta competencia teológica, pero la
colonial en Colombia. Las prescripciones del Concilio Plenario hubieran podido darse siglo y
medio antes sin ningún resultado. Fiesta patronal y cofradía sin banquete es algo que no se
entiende, decía Muratori en el siglo xvrn. 258. Tomamos los datos recorriendo las diócesis de la época en Seminaria Ecclesiae Catholi-
257. Indicaciones sobre esto pueden verse en el extraordinario Itinerario para párrocos de cae, publ. por la Congregación de Seminarios y Universidades, Vaticano 1963, p. 1375-1630.
Indios, escrito por el celoso obispo de Quito, Alonso de La Peña y publicado en 1726, p. 359. 259. M. CUEVAS, Historia de la Iglesia, o.c, p. 411.
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orden dada en el núm. 623, de que cada diócesis tuviera su seminario, era y dicción». La base de la argumentación reside en que «Jesucristo... ha cons-
siguió siendo impracticable. tituido a su Iglesia, maestra infalible de religión»262. El Concilio se coloca
El capítulo m del título vm (núm. 636-638) contiene una disposición en el plano de los hechos: el hecho social es que América Latina es católica;
memorable: «Movidos del singular amor y veneración que nos inspiran se hace valer su condicio possidentis, y, de ser verdadera nuestra interpreta-
estos hermanos, los sacerdotes viejos y enfermos, ardientemente deseamos ción, no se hacen concesiones: la educación ha de ser católica. Frente a la
que, del mejor modo que se pueda, se provea a su alivio y provecho.» existencia de centros donde la autoridad de la Iglesia queda suprimida,
Sesenta años más tarde, cuando se preparaba el Vaticano n, el octogenario asume una actitud de intolerancia263.
obispo de Chihuahua (México) escribía que había visto morir en la indigen- Las motivaciones de esta posición se apoyan en el presupuesto de que la
cia a muchos ancianos sacerdotes. Y el de Tacna (Perú), en forma más educación, para ser tal, debe estar inspirada por la religión, y en el principio
patética, observaba que muchos sacerdotes en América Latina morían «co- de que la educación es, ante todo, educación en la fe264. El Concilio exige
mo soldados desconocidos»260. La historiografía de la vida del párroco ru- que se reconozca a la Iglesia el derecho de intervenir en la educación públi-
ral, solamente conocido como «cura de pueblo», a cuya abnegación y silen- ca, y cita, por lo menos seis veces, los compromisos concordatarios de los
cio se debe singularmente la conservación de la fe en las vastas zonas cam- países latinoamericanos265. Todas estas disposiciones se habían evaporado
pesinas, está todavía por escribirse. en América Latina al advenimiento de las borrascas laicistas, y práctica-
Los padres conciliares señalan en seguida cuánto deben evitar y cuánto mente sólo funcionaba el concordato con Colombia. Al hablar de esta com-
deben practicar los sacerdotes, y, aunque el lenguaje se exprese en formas petencia de la Iglesia, el Concilio señala una situación ideal para el catolicis-
de prohibición o de alerta, se está apuntando a un ideal de santidad. Entra mo de la época, pero no tiene en cuenta las situaciones históricas que eran
allí el tema del celibato sacerdotal y de «una castidad angélica, que es la más tan aleatorias como las del Ecuador, que había pasado de la «teocracia» de
preciosa joya del orden sacerdotal»261. El Concilio quiere que el párroco García Moreno, como la designaban los liberales, al virulento laicismo de
conserve su independencia y su vida privada ante las intrusiones de mujeres Eloy Alfaro; o de la Argentina, cuya legislación laicista en materia de en-
mandonas en las casas cúrales (núm. 646); lo representa templado, frugal, señanza era ya de vieja data y se prolongaría hasta casi la mitad del siglo xx,
ajeno a tabernas, juego, espectáculos y diversiones, desinteresado del dine- o de Guatemala, que expulsó a su arzobispo Ricardo Casanova por haberse
ro, piadoso, estudioso, humilde, mesurado (núm. 647-662). Se hacen dos opuesto a la difusión de textos procaces como paradigmas de literatura en
observaciones que parecen típicas de nuestro mundo latinoamericano: la las escuelas de la república.
independencia del sacerdote de los antagonismos políticos y la integridad de Con todo, los decretos conciliares acusan una sobrevaloración del real
costumbres, ya que el sacerdote relajado ofrece una «tristísima situación, influjo de la Iglesia en los gobiernos latinoamericanos, que no iban a hacer
sobre todo por las peculiares circunstancias de nuestras regiones» (núm. caso de las condenaciones del Syllabus, que se citan a pie de página (véase,
660). Esta última expresión es, de suyo, un poco enigmática. por ej., el núm. 675).
El interés del Concilio por la existencia de una educación propia de la
Iglesia se detiene más bien en el campo de la escuela primaria. Se quiere
e) La educación responder a «la plaga moral del indiferentismo y a la corrupción de las
El título ix (núm. 673-697) aborda un argumento de importancia decisi- costumbres que provienen de una mala educación», multiplicando la funda-
va para la vida católica de América Latina: la enseñanza primaria, la escue- ción de escuelas primarias parroquiales (núm. 676-679) que han de ser «la
la secundaria y la universidad. Pero el Concilio parece que está hablando no niña de los ojos» de los párrocos, ponderando altamente el apostolado laical
acerca de los centros educativos de la Iglesia, sino de todo centro de en-
señanza que, en nuestro continente, habría de tener orientación católica. La 262. El texto latino dice religionis christianae; el traductor suprime el adjetivo. ¿Por qué?
Iglesia no sólo tiene derecho a erigir su propia escuela, «sino que le ampara ¿Para diluir la interpretación de una exclusión de la Iglesia de centros acatólicos?
igual derecho de exigir que en todas las escuelas, así públicas como priva- 263. No debe olvidarse la prehistoria inmediata a los decretos de este Concilio latinoamerica-
das, la formación y educación de la juventud católica esté sujeta a su juris- no, a la luz de lo que había ocurrido en Bélgica y de las drásticas medidas tomadas por sus
obispos. Véase MHI, t. VIII, p. 178ss; o en Francia, donde la lucha entre república e Iglesia se
planteó en el terreno de las congregaciones y de la escuela (ibid., p. 167ss).
260. Repetiremos las referencias cuando hablemos de los obispos latinoamericanos ante el 264. Sobre la cuestión escolar en Europa, véanse las observaciones que hace KOEHLER en MHI,
Vaticano II. t. VIII, p. 311-315.
261. A lo largo del siglo xix hubo ataques contra el celibato sacerdotal en diversos países de 265. Así, por ej. el de Costa Rica, art. 2; 7 de oct. 1852, MERCATI, O.C. 1,800-801; Guatemala,
América Latina. En la década de 1830, en el Brasil, protagonizados por el sacerdote Diego art. 2; 7 de oct. 1852, ibid. 810-811; Honduras, art. 2; 9 de jul. 1861, ibid., 937; Nicaragua, art. 2;
Antonio Feijó. En Colombia el arzobispo Manuel José Mosquera hubo de salir en defensa del 2 de nov. 1861, ibid., 949-950, etc. El concordato con el Ecuador, de 26 de sept. 1862, es de lo
celibato en 1839. En 1873, la constitución venezolana suprimió el impedimento de la ordenación más favorable a la enseñanza católica, artículos 3 y 4, ibid., 984-985; otro tanto se advierte en el
para contraer matrimonio. La situación en México tampoco era edificante a fines de siglo. concordato con Colombia, 31 de dic. 1887, arts. 12-14, ibid., 1054-1055.
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de los maestros (núm. 682) y preparando «un número suficiente de maes- Los obispos manifiestan el deseo de que «cada república o comarca de
tros y maestras a quienes, sin dificultad, pueda entregarse la dirección de las América Latina tenga su Universidad verdaderamente católica». En todo el
escuelas católicas». El Concilio señala un proyecto de amplia resonancia: la continente sólo existía en ese momento una: la de Santiago de Chile, inau-
fundación de escuelas normales que podrían «confiarse con gran provecho a gurada en 1889. En Bogotá había surgido una iniciativa análoga pero nunca
los hermanos de las escuelas cristianas o a otros institutos análogos». eficaz. La de Buenos Aires, creada más tarde (1910), tuvo que cerrarse,
No creemos que sea desproporcionado afirmar que si esta indicación se porque la universidad oficial le negó su incorporación. Tardarán muchos
hubiera realizado, en la hipótesis de una tolerancia o de un apoyo de los años todavía para que la Iglesia se decidiera a fundarlas y encontrara, a
gobiernos, la plaga del analfabetismo habría empezado a combatirse con veces con cuántas dificultades, el clima propicio. Por el momento, los obis-
oportunidad y eficacia. pos se atienen bastante irrealmente a lo que hay: «Las universidades que ya
No se determina exactamente el estatuto de las escuelas secundarias. Se existen deben reglamentarse y dirigirse conforme a las reiteradas promesas
hechas a la Sede Apostólica por los gobiernos en los concordatos» (!) (nú-
toma cuenta del hecho de la existencia de colegios católicos (núm. 686) y se
mero 696).
afirma, sin más, la competencia jurídica de la Iglesia para vigilar la educa-
ción religiosa en los centros públicos, exhortando a los gobernantes católi-
cos a procurar «con todas sus fuerzas que el sistema general de educación en f) Predicación y catcquesis
todos los colegios de segunda enseñanza sea conforme a la fe católica, y se
defienda y lleve adelante por los gobiernos locales y municipios» (núme- El título x versa sobre el ministerio de la predicación y de la catequesis.
ro 687). Llama la atención la escasez de referencias a las fuentes del magisterio, y
La marcha de los colegios de enseñanza secundaría se considera con parece, de esta suerte, que el Concilio quisiera enfocar el argumento con
criterio todavía tan «confesional», que se pide a los alumnos la asistencia una óptica específicamente latinoamericana. Sin embargo, la parte doctri-
nal permanece en el nivel exhortativo ponderando la necesidad y la excelen-
diaria a la misa y la práctica periódica de los ejercicios espirituales. Se
cia de la transmisión auténtica de la fe.
aprueba «el afán de hacer adelantar también a las niñas en el estudio de las
ciencias y en la educación civil», e indícase la preferencia por los colegios Nos fijaremos en estos puntos, que respondían de manera particular a
fundados por «señoras verdaderamente católicas o por monjas». Se prohibe las necesidades concretas de nuestra Iglesia. El primero (núm. 699) concier-
ne a la inmensa masa de fieles carentes de sacerdotes y dispersos en todo el
«terminantemente» frecuentar colegios en que se eduquen «promiscuamen- continente:
te» alumnos no católicos o cometer «la atroz aberración» (summus abusus)
de asistir a los colegios superiores «que son comunes a los varones» (núme-
ro 690)266. Finalmente la competencia científica de los colegios católicos267 «... tome el obispo sus medidas, con aquel celo por el bien de las almas que ha de
animarlo como pastor, para que entre tanto no carezcan aquellos pobres campesinos
ha de probar que supera «a los demás en las letras, las artes y las ciencias» de todo auxilio religioso. Dedique por tanto, algunas personas competentes que, en
(núm. 691). los días defiestao en otros que convenga, enseñen a aquellos infelices268 las cosas
El capítulo ni acerca de las universidades y facultades mayores (núme- necesarias para la salvación, es decir, que lean al pueblo reunido el catecismo aproba-
ro 692ss) se mueve en la misma visión. Se parte de una afirmación histórica, do en la diócesis o por lo menos lean, repitiéndolo los oyentes lo que en el artícu-
ineficaz para la época de regímenes laicistas: que el origen de las universida- lo 711 mandamos que rece el sacerdote cuando va a decir misa a las capillas u
des se ha debido a las iniciativas de los papas. Como evocación histórica, oratorios rurales.»
quizá su eficacia residía en recordar al mundo positivista que tanto acusaba
a la Iglesia de complicidad en el atraso científico de América Latina. En la Tenemos aquí un reconocimiento del hecho y del derecho de una coope-
práctica sólo resultaba efectiva la prescripción de no reconocer como facul- ración laical que ya era antigua en la América española269. El segundo
tades de estudios eclesiásticos a las que no hubieran sido erigidas por la punto que merece nuestra atención es la preocupación reflejada por el
Santa Sede. Recuérdese que Guzmán Blanco en Venezuela había secuestra- Concilio acerca de la autenticidad de la predicación (núm. 704). Es verosí-
do esta capacidad a la Iglesia y la había adscrito a la universidad oficial. mil que dejaba mucho que desear «por causa de los abusos y defectos de los
268. Curiosa paráfrasis que hace el traductor: el texto latino dice simplemente, íncolas.
266. Esta mentalidad se prolongó hasta más allá de la mitad del siglo xx. Los obispos bolivia- 269. Tal era por ejemplo la de los «fiscales», quienes al principio celaban todo brote idolátri-
nos reunidos en Sucre en 1954 decían: «La Jerarquía [...] repudia enérgicamente como una ofensa co. Evolucionaron a convertirse en repetidores de la doctrina. En el Archivo Nacional de Bogotá,
a Dios, a la sociedad, a la conciencia y a los derechos innatos de los padres de familia, la escuela sobre todo en el fondo «Curas y Obispos», hemos encontrado numerosas referencias del si-
laica, neiltra o coeducativa, que mella totalmente la formación religiosa, moral y social de los glo xvm. Véase también J.B. OLAECHEA, Participación de los Indios en la tarea evangélica, en
educandos.» Véase LA (1954), p. 223-224. «Missionalia Hispánica» 26 (1969), p. 242-256. C. MESA, La enseñanza del Catecismo en el Nuevo
267. Sin duda se sigue refiriendo a los colegios oficiales de inspiración y metodología católica. Reino de Granada, ibid., 30 (1973), p. 5-40.
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predicadores». Los templos seguían siendo aún la gran caja de resonancia sobre los periódicos católicos, el Concilio emplea los términos más enfáti-
en la transmisión y en el cultivo de la fe, y la impreparación del clero o la cos, pues en este terreno, como en el de la enseñanza, se libraba un desigual
intromisión en temas políticos desacreditaba el ministerio de la Palabra. Por combate. El capítulo vin, «de los escritores católicos», reconoce la nobleza
ello los obispos amonestan, «con todo ahínco», para que los predicadores y la dificultad de este servicio y los exhorta a la rectitud de intención, a la
conformen sus sermones a un decreto de la Santa Sede expedido en 1894 competencia científica, a la ortodoxia, al equilibrio y a la caridad. Tal estí-
para toda Italia270. mulo obedecía, sin duda, a algunas excelentes iniciativas que habían surgido
Un tercer punto merece nuestra atención y es que el capítulo ra (núme- en no pocos países latinoamericanos. Así florecían en el Brasil, y en Argen-
ro 711) tiene un título que no corresponde a la expectativa que provoca: tina desde antiguos años bajo la decisión de un obispo como el de Buenos
«De los catequistas rurales.» Pero de acuerdo con lo que allí se prescribe, el Aires, monseñor Federico León Aneiros. Laicos resueltos y preparados
oficio de catequista, donde no existe sacerdote estable, se reduce a leer o hicieron frente a los embates del laicismo. Especialmente desde 1890 hubo
recitar durante la celebración de la misa, «los actos de fe, esperanza, cari- una gran reacción católica misionera y periodística, con grandes polemistas
dad y contrición, la oración dominical, la salutación angélica, el símbolo de que ya trabajaban desde mucho antes: Tristán Achával, Santiago Estrada,
los apóstoles, los preceptos del decálogo y de la Iglesia y los sacramentos». Félix Frías, padre del periodismo católico, José Manuel Estrada y otros.
Esto se hacía también en la época colonial y su cumplimiento era condición Ellos insistieron en el apostolado de la prensa, de las organizaciones socia-
para pagar la «congrua» al párroco. Pero lo que aquí interesa es verificar el les y de las asambleas católicas argentinas.
hecho del desamparo en que va quedando la instrucción religiosa de los «En materia de política -dice el núm. 736- distingan ésta de la religión, y
campesinos y la pobreza del concepto que, a juzgar por este pasaje, se tiene no consideren a los afiliados en diversos partidos, como renegados del cato-
del catequista rural. licismo, introduciendo indebidamente las facciones políticas en el augusto
No decimos que, en efecto, la función del catequista se entendiera en la campo de la religión»271.
forma enunciada; mucho antes, en el artículo 154, el Concilio se expresa en
términos más elaborados, pero admira que una asamblea de obispos, veni-
dos de una Iglesia en emergencia, no hubiera desarrollado con perspectivas g) La Iglesia y las necesidades espirituales de América Latina
más amplias el papel del catequista rural. El título xi trata «del celo por el bien de las almas y de la caridad
La legislación sobre la enseñanza del catecismo reviste una presentación cristiana», tema que se expone a partir del deber que tiene la Iglesia de
más positiva; insiste en la claridad de la exposición y recomienda que «siem- luchar contra todas las perversiones de la dignidad humana. No sabríamos
pre que se presente la ocasión, hable el catequista de la infinita bondad decir si la enumeración de ciertas lacras sociales se debía referir especial-
divina para con nosotros, y del amor de Jesucristo». No es entonces muy mente a Latinoamérica, pero ya en este Concilio se insinuaba, por lo me-
fundada la queja que se oirá en nuestros años de que al pueblo se le infundía nos, la condenación de la incipiente sociedad de consumo: se deplora «el
la idea de un Dios vengativo y pavoroso (véase el número 710). desenfrenado deseo de goces temporales» y la conducta de muchos a quie-
Los demás capítulos se refieren a la diversidad de iniciativas en el anun- nes lo único que importa es «atesorar riquezas y amontonarlas sin medida,
cio de la fe: las misiones populares, los libros católicos, para cuya redacción nadar en comodidades y lujos, y buscar tan sólo los deleites de los sentidos»
se estimula a «los seglares católicos dotados de las necesarias cualidades»; (núm. 748).
El Concilio pone su atención, de manera particular, en la práctica de la
usura, el juego, la embriaguez, la lujuria, el concubinato generalizado en
270 Esta prescripción lleva al señor Hernán Parada al siguiente comentario: «En lo tocante a ciudades y aldeas, el adulterio, la procacidad, el duelo, el homicidio. No se
predicación, nuestra condición de colonia romana aparece con toda claridad » Véase Crónica de
Medellín («Colección Iglesia Nueva», 17), Bogotá 1975, p 21 Lo que aparece con toda claridad mencionan aquí los pecados de injusticia cometidos con los jornaleros o
es que el escritor desconoce el decreto mencionado, publicado en el Apéndice, p 557-567, cuyas peones; podrían formularse diversas hipótesis para encontrar explicación a
normas están impregnadas de sentido pastoral y de prudencia Precisamente allí se pide no este silencio; más adelante hablarán de las relaciones entre obreros y pa-
convertir la predicación en un instrumento de polémica; se advierte que las desviaciones en la fe tronos.
proceden, dentro de la masa popular, más de una generalización de la inmoralidad, que de una
aberración de la inteligencia Se previene, asimismo, que la defensa genuina de la fe, necesaria en
circunstancias de lucha, requiere una gran preparación intelectual y que el abuso de la actitud
polémica deja intactos los problemas que se quieren resolver Se recuerda que la fuente primera 271 Es obvio que el Concilio no es indiferente a cualquier partido, descalifica los monopolios
de toda predicación es la Sagrada Esentura, y que el pulpito es tribuna de apostolado, no de de ortodoxia entre católicos Se cita la encíclica Cum multa, de 8 de diciembre de 1882, a los
política. El señor Parada ha quedado impresionado por la expresión conciliar. «Allí verán cuáles católicos españoles sobre la concordia (texto en M CASTRO I, p 198-212, latín y castellano). Sobre
asuntos deben escogerse» (núm 704 del Concilio). El decreto a que nos referimos, en ningún la situación en España, véase G JARLOT, o c , p 126-127, también, Historia eclesiástica dp
modo detalla temas concretos, sino que enuncia aquellos que son propios de la predicación dir por R GARCÍA VILLOSLADA, t V, La Iglesia en la Época Contemporánea (BACy
auténtica de la Palabra de Dios en todo tiempo y lugar 1979, p 289 304
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El abuso del poder ya había sido denunciado anteriormente al tratar de co, por ejemplo, a través de una monstruosa desproporción de la distribu-
la sociedad civil272. El título considera las relaciones que vinculan a cuatro ción de la tierra operada en la época del porfiriato. A fines del siglo xrx los
categorías de personas que pertenecen a la sociedad civil: los gobernantes, peones seguían ganando el mismo salario que en 1810273. Esta situación
los obreros, los indios que aún no han sido evangelizados y los inmigrantes. no se ve contemplada en los decretos conciliares, siendo así que de los
La reflexión consagrada a los gobiernos contiene una manifestación de 53 obispos participantes en la asamblea, el grupo más numeroso era el
agradecimiento «porque mirando al decoro de la religión han favorecido mexicano.
abiertamente [el viaje de los obispos] a esta Ciudad Eterna» (núm. 763). No Con todo, en México ya se había realizado «el lanzamiento del catolicis-
tenemos noticia, desafortunadamente, de las concretas razones que impi- mo social, inspirado por la encíclica Rerum Novarum. La fecunda labor de
dieron a los obispos de Nicaragua, El Salvador y Honduras estar presentes; concientización social se impulsó en los años noventa y en el comienzo del
tampoco conocemos los términos de «abierto favor» que hubiesen podido siglo xx a múltiples niveles, siguiendo las pautas de análogos movimientos,
prestar los gobiernos laicistas de Venezuela, Ecuador, Brasil, Uruguay y como, sobre todo, el italiano, el belga, el francés y el alemán. Lasfigurasde
Argentina. El artículo está redactado en tono respetuoso, cordial y latino- Toniolo y de Ketteler son bien conocidas. Con esta inspiración se organizan
americano: congresos y semanas sociales, se extienden las cajas populares y las coope-
rativas, se piden mejoras para el obrero, el campesino, el indio, la mujer, el
Los gobiernos «con tan feliz y fausto comienzo auguran para sí y para todas las 274
naciones latinoamericanas una estrecha unión, no sólo de la potestad civil y la ecle- nmo»z .
siástica en cada una, sino de las mismas naciones entre sí, conservando cada cual El obispo de San José de Costa Rica, Bernardo Thiel, quien por su
incólume su independencia política y su libertad cristiana, para que permanezcan origen alemán debía de conocer bien el «catolicismo social», un año después
siempre intactas las constituciones civiles y religiosas de toda la América Latina, que de la publicación de Rerum Novarum publicó una carta pastoral sobre el
estriban en su filial amor a la Iglesia católica y en la unidad de la fe católica y justo salario de los trabajadores. Quería especialmente defender a los cam-
apostólica, fuente de la verdadera [Link] las naciones». pesinos y artesanos que se estaban convirtiendo en un proletariado inerme
por la disminución y depreciación de la pequeña propiedad a causa de las
El número 765 concierne a las relaciones entre obreros y patronos. La reformas implantadas por el liberalismo.
única referencia doctrinal la constituye la encíclica Rerum Novarum, con En septiembre de 1891 el arzobispo de Santiago de Chile, Mariano Ca-
una exhortación a los deberes de la justicia y la caridad. El tono es de sanova, escribió también un documento pastoral acerca de la misma encícli-
naturaleza paternalista; más adelante (núm. 769) se habla de la constitución ca. C. Silva Cotapos la llama «notabilísima pastoral». Leída 80 años más
de «hermandades», «llamadas círculos de obreros», regidos por estatutos tarde nos parecería inadmisible si no tenemos en cuenta la mentalidad sur-
aprobados por la autoridad eclesiástica. Su finalidad no se centra en la americana de la época.
defensa de los derechos de los trabajadores, sino únicamente «para prote- «Los espíritus ligeros, dice el arzobispo Mariano Casanova, se conven-
ger como a cristianos corresponde, a toda la clase operaría contra las ase- cen fácilmente de la aparente injusticia que creen descubrir en el hecho
chanzas» que con frecuencia la asedian y que poco a poco pueden conducir- providencial de que hombres iguales en naturaleza sean desiguales en con-
la al socialismo. dición social, y esta falsa creencia va engendrando un funesto antagonismo
Quisiéramos encontrar fuerza y nervio en las palabras conciliares; quizá entre los ricos y los pobres, los patronos y proletarios, los favorecidos por la
no se percibía en razón de las circunstancias históricas aún inmaduras de fortuna y los desheredados de ella.» Más adelante escribe: León xm deja oír
nuestro continente, la trascendencia que para el futuro de América Latina su voz «en medio de esta tempestad social» para indicar que el remedio
iba a adquirir el movimiento obrero. contra el socialismo «se encuentra en el Evangelio, que enseña a los ricos el
Las «asociaciones obreras» ya habían hecho su entrada bastante tiempo desprendimiento y a los pobres la resignación, que obliga a los unos a mirar
atrás en los medios católicos de América Latina. En 1874, por tanto, 25 a los pobres como a hermanos [...], y que impone a los otros el deber de
años antes del Concilio Plenario, la revista católica «El Mensajero del Cora- buscar en el trabajo honrado y en una conducta arreglada los recursos
zón de Jesús», de Bogotá, dedicaba un amplio comentario a este argumen-
to, señalando, en particular, la descristianización del mundo obrero en los 273. Datos aportados por J.M. ROMERO DE SOLÍS (véase antes la nota 34), que cita Seminario de
países desarrollados, y cómo éste debía de constituir el objeto de mayor Historia Moderna. Estadísticas económicas del Porfiriato, México 1965, p. 25-27.
solicitud de la Iglesia. 274. Ibid. ROMERO DE SOLÍS, continúa escribiendo: «Esto ayuda a elevar el prestigio de la
misma Iglesia. Los hombres de Iglesia parecen despreocuparse de lo inmediatamente político,
La injusticia estructural de nuestro continente se manifestaba, en Méxi- para procurar dar una respuesta concreta a las urgentes necesidades del pueblo hambriento...»
Cita el estudio de i. MEYER, Le Catholicisme social mi Mexique jusqu'en 1913, en «Revue Histori-
272. Núm. 81: «Si los que mandan se precipitan en la tiranía, si pecan por soberbia o falta de que», 260 (1978), p. 143-159. Tal preocupación desafortunadamente no está reflejada en los
tino, si no miran al bien de su pueblo, sepan que alguna vez han de dar cuenta a Dios...», etc. documentos conciliares.
542 543
necesarios para la vida»275. Claro está que la carta pastoral no se reduce a lizar el siglo xix . El 5 de mayo de 1888, León xm había escrito una carta
esta interpretación simplista, pero es significativa de una mentalidad corres- de congratulación y agradecimiento a los obispos del Brasil por el anuncia-
pondiente a las circunstancias sociales y psicológicas entonces imperantes. do decreto promulgado el 13 de mayo, de la libertad otorgada a los escla-
El capítulo m, dedicado a las misiones entre infieles, urge a la conciencia vos; el gesto del emperador Pedro n estaba vinculado a la celebración del
de la Iglesia latinoamericana para que no se sienta tranquila mientras en el jubileo de oro, sacerdotal, del papa277. Como los negros ordinariamente
continente subsistan enclaves indígenas sin evangelizar. Se acude a la cari- convivían con la población sujeta a los censos, es verosímil que el silencio
dad de los fieles para que sostengan, con su limosna y su oración, la obra acerca de su situación religiosa y social quedara englobada, en la mentali-
misional y es de gran interés el encargo que se hace de que los misioneros dad de los obispos, dentro de las normas generales que se dan acerca de la
aprendan las lenguas indígenas. A fines del siglo eran contados los territo- conservación de las masas en la fe.
rios misionales: «La Gerarchia Cattolica» (1899) señala siete vicariatos y En los Estados Unidos, por el contrario, sobre todo después de la Gue-
una prefectura apostólica. Carecemos de datos exactos de la población abo- rra de Secesión (1861-1865), la Iglesia se muestra consciente de esta circuns-
rigen aún sin evangelizar, sobre las que las Geografías de la época apenas tancia. El II Concilio Plenario de Baltimore (1866) dedica un entero capítu-
dicen nada. lo de sus Actas a tratar del argumento, a saber, de la promoción cristiana del
El capítulo refleja de algún modo las preocupaciones y la metodología negro. Procede sin prejuicios racistas, con realismo pastoral, con gran soli-
ofrecidas por los concilios indianos; merece atención, por lo demás, una citud por multiplicar misioneros numerosos y excelentes que trabajen con la
expresión muy moderna: «Gravísimo deber de la autoridad eclesiástica [ . ], población de color y por crear escuelas católicas donde ella pueda
es procurar llevar la civilización, por medio de la predicación evangélica.» educarse278. Puesto que el Concilio de Baltimore es citado vanas veces por
Y la llamamos moderna, porque se esgrimió frecuentemente en los debates el Plenario Latinoamericano, hay lugar a que pensemos que nuestros obis-
del llamado «Esquema xra» del Concilio Vaticano n. La expresión conciliar, pos enfocaron el problema en forma diversa porque eran diversas las cir-
atribuida a Pío xi, decía: «La Iglesia civiliza evangelizando.» Cómo era cunstancias.
entendida en 1899 por los obispos latinoamericanos, no sabríamos acertar, Por otra parte, resultaría anacrónico exigir para aquellos tiempos la
pero, al menos como expresión, resulta feliz. presencia de pastorales especializadas; queda, con todo, el escrúpulo de que
En cambio, el historiador queda perplejo ante la ausencia del mundo el negro, por una parte, es considerado entre los grupos que deben ser
negro en las preocupaciones conciliares. El índice final, en la palabra «Ne- evangelizados (véase el índice, vocablo «Negro», a que hemos aludido ante-
gro» (pág. 589), remite a «Aborígenes» y de allí a los números que estamos riormente), y, por otra, ni siquiera es mencionado en los lugares de referen-
analizando. En estos números no se habla para nada del negro. Desconoce- cia. Más tarde, en la I Conferencia del Episcopado celebrada en Río de
mos también la proporción de habitantes negros en América Latina al fina- Janeiro (1955), el obispo de Aracajú, monseñor Fernando Gomes, tendrá
una inteligente ponencia en torno a la evangelización del negro en el Brasil,
275 Obras Pastorales del limo y Rmo Señor Dr Don Mariano Casanova Arzobispo de que el lector puede conocer en resumen en páginas ulteriores. La amarga
Santiago de Chile, Herder, Fnburgo de Bnsgovia 1901 Texto completo, p 210-224 Cita,
p 210-211 Debe leerse el texto íntegro para no precipitarnos en una apreciación injusta J J
CONSIDINE se muestra casi airado por las palabras de Casanova, The Church in the New Latín 276 En la época de la emancipación la población negra de América Latina podría calcularse
America, Umv Notre-Dame, Indiana 1964, p 42 Ignoramos si el doctor E DUSSELL conocía el en un 8 % de la población total, concentrada particularmente en el Caribe, parte de la Costa
texto, ya que en sus conferencias sobre Desintegración de la Cristiandad Colonial y Liberación, pacífica y el Brasil Véase M HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, La sociedad colonial americana en el
Salamanca 1978, p 74, escribe «El gran símbolo del siglo xix es, por ejemplo, monseñor Casano- siglo XVIII, en Historia social y económica de América IV, dir por J VICENS VIVES, Barcelona
va», alineado con Las Casas y santo Tonbio de Mogrovejo En sentido análogo hablará, por los 1957-1959, p 320-336 Es de gran interés el capítulo III, Los Negros Esclavos y libres, de la obra
años de 1920 o siguientes un gran prelado mexicano, Orozco y Jiménez, de Guadalajara, que en de M MOERNER, Historia Social Latinoamericana (Nuevos enfoques), Caracas 1979, p 235-291
la Semana Social de Zapopan, condena la demagogia y dice entre otras cosas «El Salvador ama a 277 Carta In plunmis, en ASS X (1888), p 545-559 León xm ya había manifestado su
los pobres resignados y conformes, sufridos y llenos de paciencia Es por consiguiente, el primer satisfacción en enero del mismo año al embajador imperial, De Souza Correía
deber de los pobres conformarse con la voluntad divina y resignarse con su condición humilde, 278 Véase Collectio Lacensis III, col 530-531 Se trata del capítulo IV del título X, núm
que el divino Maestro consagró haciéndola suya » «Una sola cosa pido a los ricos, amor, a los 483-491 Llama la atención el título latino De Nigrorum salute procuranada, que evoca la célebre
pobres, resignación Y la sociedad se salvará » Cit por J M ROMERO DE SOLÍS, Iglesia y Revolu- obra del padre Alonso de Sandoval -que trabajó en Cartagena (Colombia) en el siglo xvn y fue
ción en Mixteo, en Historia de la Iglesia (FLICHE-MARTIN) XXVI/2, p 477, con la nota 47, p 502 maestro espintual de san Pedro Claver-, De procurando Aethiopum salute R AUBERT, que
«A pesar del tono de estas instrucciones el arzobispo Orozco fue uno de los grandes impulsores estima la población negra en ese momento en un 10 % de la población de los Estados Unidos,
del movimiento social, y llegado el momento difícil de la lucha armada, aunque sin aprobarla, afirma que, debido a las consecuencias de la Guerra de Secesión, «los negros prácticamente
escogió la vida difícil de acompañar a su pueblo en el sufrimiento » Ocurre que León xm en la se perdieron para la Iglesia » Véase Histoire de l'Église (FLICHE-MARTIN) XXI Le Pontifical de
carta Permotí Nos habla de esa como forzosa disparidad de clases, Acta Leonis XIII, xv, 1895, Pie IX, 1846-1878, Saint-Dizier 1952, p 432-433 Un estudio muy juicioso sobre la actitud de las
p 259, que recoge, a su vez Juan xxni en la encíclica Ad Petn Cathedram, de 29 de jumo de 1959, Iglesias frente a la esclavitud en los Estados Unidos, es el de J AUPING, The relative Efficiency of
AAS 1959, p 505, con la adición de que León xm había hablado ture mentoque Será preciso Evangelical Nonviolence The Influence of a Reviva! of Religión on the Abolition of Slavery in
aplicar las leyes de la hermenéutica North América, 1740-1865, Roma 1977
544 545
expresión del Documento de Trabajo, preparatorio para la Conferencia de 608 alumnos de los que 19 eran ya obispos , y el primer cardenal latino-
Puebla279, donde se dice que se desconoció la cultura de los negros y sus americano, Joaquín Arcoverde, arzobispo de Río de Janeiro desde 1897,
expresiones religiosas, parece que aún era válida al terminar el siglo xix había sido su alumno. Parece que hubo cierta oposición de algunos obispos
(véase núm. 27 del mismo). mexicanos en la redacción de estos artículos (núm. 797-798) por la autosufi-
Por el contrario se nota gran solicitud en torno a los problemas religiosos ciencia con que regresaban los «piolatinos» a México y por la consiguiente
y humanos de los inmigrantes. De acuerdo con las observaciones de insumisión a la diócesis283.
F. Morando, el texto del esquema previo tenía mucha mayor mordiente e
incidencia, pero en los debates de las congregaciones generales fue reforma- h) Los beneficios eclesiásticos
do. Responde a los núm. 767-769. El Concilio registra la situación de «los
pobres emigrados» (Miseri advenae) embaucados por «seductores impíos y Se trata el punto en el título XII. Su tenor es estrictamente jurídico, pero
sin conciencia» [...] «que les prometen inmensas riquezas y fortunas colosa- se esconde entre líneas un doble problema. El Concilio se muestra rígido en
les, y al ver que la realidad no corresponde a las esperanzas, quedan los excluir a los clérigos indignos de los beneficios eclesiásticos. De acuerdo con
infelices sumergidos en mayores angustias y dificultades.» Como dato no el estudio de F. Morando conocemos que los decretos salieron todavía más
sólo pastoral sino sociológico e histórico, la cita reviste gran interés porque robustecidos en comparación con el texto del esquema previo. El arzobispo
es una asamblea episcopal la que confirma la noticia de una explotación de de Guatemala, en sus observaciones por escrito, había expuesto el proble-
los inmigrantes. No debe olvidarse, sin embargo, que los gobiernos del ma de aquellas regiones, donde el clero escaseaba y causaba escándalo con
Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, fomentaron por múltiples causas el sus ejemplos. Los obispos recuerdan no sólo la necesidad de excluir a los
flujo inmigratorio, lo que era justo ante la desolación demográfica de nues- indignos sino la obligación de elegir sólo a los más dignos. En la dramática
tro continente. El Concilio invita y exhorta a los inmigrados católicos a que situación pastoral de América el Concilio apunta a la calidad, no al número.
conserven su fe y a que se «unan amigablemente» a los católicos de las Por ello se pedirá a la Santa Sede que todas las parroquias se confieran a
repúblicas adonde llegan, para formar una unidad y defenderse «de los título amovible en las regiones donde el concurso sea difícil de realizar. Al
enemigos de la fe de nuestros padres y de la civilización cristiana»280. año siguiente se concedió lo que se pedía284.
El capítulo v de este título xi aborda un apostolado que la Iglesia ha Otra preocupación de los obispos la constituye la libertad e independen-
llevado siempre en el corazón: la caridad y la beneficencia. En no pocos cia de la Iglesia frente a las intromisiones de «los poderosos y magnates de
países se había secularizado la beneficencia católica, única durante los años este mundo». Aunque los concordatos ya no estaban en vigor, sí lo estaba el
de la colonia, agriamente perseguida después de la emancipación. Los obis- ejercicio abusivo del patronato; y aunque no era éste directamente el pro-
pos piden su restablecimiento, a pesar de haber sido «destruidas y reducidas blema, se previene «a los magistrados u otros, si los hubiere, a quienes
a la pobreza» «por las vicisitudes de los tiempos». Piadoso eufemismo que compete el derecho de patronato»285 a prescindir de favoritismos y de consi-
encubre la más despiadada hostilidad de los gobiernos (núm. 790). Se gol- deraciones políticas y a atender únicamente «al honor de Dios y al provecho
pea también a la puerta del afecto filial de los católicos latinoamericanos de la Iglesia» (núm. 813-815).
para que quieran socorrer «la augusta pobreza del Sumo Pontífice» (núm.
793-796). El capítulo vil trata «de la protección al Seminario Pío Latino- i) Los bienes de la Iglesia. Los dos últimos títulos
americano de Roma y su sostenimiento»281. En 1899 habían pasado por él
El título xm, «sobre el derecho que tiene la Iglesia de adquirir y poseer
279. Preparado en los meses de julio y agosto de 1978 en base de las observaciones que bienes temporales» quiere, por una parte, unificar la disciplina y urgir su
llovieron sobre el Documento de Consulta. cumplimiento, pero también recordar que la libertad y la autonomía de la
280. En pocos párrafos como en éstos, se ha acumulado una fraseología tan recargada de
tintas negras para describir la situación: «Malitia impiorum et seductorum», «nomines flagitiosi»,
Iglesia exige que se le reconozca su derecho a adquirir y conservar bienes
«fallaciae seductorum», «insidiae inimicorum», «pestilentiae sedes», «impiorum et vafrorum raíces. Allí estaba vivo el recuerdo de los despojos a que había sido someti-
fraudes». Tal vez traduce la alarma de los obispos del Cono Sur por una realidad que se presenta- da desde los años de la emancipación, y en algunas repúblicas como en
ba cada vez más seria. Años más tarde el arzobispo de Medellín, don Manuel José Caycedo,
rogaba al presidente de la república, general Rafael Reyes, durante su visita al departamento de
Antioquia, que no permitiera la entrada de extranjeros: veía un problema para la fe, las costum-
bres y las posibilidades de trabajo de los habitantes. Pero, en este caso se trataba del rumor de 282. «La Civiltá Cattolica», serie 17, vol. vi, 1899, p. 726.
una posible inmigración de japoneses o de chinos que se habían ido asentando desde el siglo 283. Así, F. MORANDO, y léanse las primeras páginas con sus notas, de la colaboración en este
anterior en el Perú. Esta situación ofrecía fuerte contraste con la atención brindada a los emigran- volumen del padre J.M. ROMERO DE SOLÍS.
tes católicos a los Estados Unidos. Véase MHI, t. VIII, o.c, p. 234-235. 284. Actas, p. CLXXX.
281. Véase L. MEDINA ASCENSIO, Historia del Colegio Pío Latinoamericano, México 1979, con 285. Recuérdese que los concordatos con las repúblicas centroamericanas, con el Ecuador y la
mucha bibliografía y basado en fuentes. concesión a los presidentes del Perú, les conferían este derecho.
546 547
México, Guatemala, Colombia, Venezuela, del modo más implacable y deberían prepararse espiritualmente y en las ciencias eclesiásticas de acuer-
rapaz. do con la doctrina de santo Tomás291. El Papa quería asimismo la fundación
Sigue el título xrv sobre las cosas sagradas en el que se desciende a de seminarios centrales de gran altura académica.
circunstancias tan minuciosas que hace pensar que en no pocas parroquias Habló después de la preocupación que habían de mostrar los obispos
campeaban el desgreño y la arbitrariedad286. También se dedica un capítulo por su clero, especialmente parroquial, y por el trabajo de los párrocos en la
a los cementerios (cap. m, núm. 913-929). La religiosidad popular latino- catequesis de los niños. En tercer lugar señaló la importancia pastoral de las
americana se ha mostrado siempre extremadamente sensible al carácter sa- misiones rurales. «Nosotros sabemos, dijo el Papa, que los habitantes de
grado del campo santo. Los gobiernos laicistas, dondequiera que llegaban al Colombia, Brasil, México, etc., son sencillos y buenos. Sabemos que de-
poder, tomaban, como una de sus medidas la secularización de los cemente- sean ardientemente la Palabra de Dios»292. Finalmente recomendó a los
rios. Ello era, por una parte, coherente: la separación de la Iglesia y del obispos la obligación de convocar periódicamente a su clero para los ejerci-
Estado tenía como consecuencia la nivelación religiosa de la comunidad, sin cios espirituales.
discriminaciones. Pero también era dable pensar en otro procedimiento, sin Un juicio actual del Concilio Plenario de América Latina podría estable-
el atropello de los derechos y de los sentimientos católicos. El Concilio cerse a partir de su incidencia en la vida del catolicismo latinoamericano. La
defiende este derecho y exhorta a los fieles a que «con todas sus fuerzas y impresión que se recoge de nuestra historia es que tal incidencia ha sido
por todos los medios legítimos eviten la usurpación y profanación de los mucho menor de lo que auguraba el entusiasmo de los primeros tiempos. La
cementerios» (núm. 914). visión histórica del Concilio y la forzosa limitación de sus intuiciones no
El título xv versa sobre los juicios eclesiásticos referentes al matrimonio crearon el instrumento eficaz para que la Iglesia tuviese una capacidad de
o a las causas de los clérigos (núm. 930-993) y se concluyen las Actas con un respuesta suficientemente adecuada a los problemas, que ya hervían para
título único (xvi) acerca de la promulgación y ejecución del Concilio, cuya explotar en nuestro continente. Lo que diremos en seguida tiene en cuenta
legislación empezará a regir un año después de su promulgación por la las exigencias de interpretación que se piden a todo juicio histórico. Hemos
Santa Sede. de leer el Concilio en el contexto de sus protagonistas y de la época eclesial
y latinoamericana de hace ochenta años. Tampoco los concilios plenarios o
Conclusión regionales celebrados en Europa o en Norteamérica el siglo pasado fueron
más originales que el nuestro293. Para hablar con el lenguaje de Medellín o
Los sentimientos de los obispos que tomaron parte en el Concilio están de Puebla era preciso esperar entre 70 y 80 años; que la Iglesia latinoameri-
consignados en los discursos de apertura287 y de clausura288, así como en la cana saltara de 100 a 600 diócesis; que en Roma se sucedieran ocho papas;
Carta Sinodal al Clero y al Pueblo de América Latina2*9. En ella se dice que que existiera el CELAM y que se hubiera celebrado un concilio ecuménico
«a los cuatro siglos del descubrimiento y conversión de la América, el Con- en la era de las velocidades.
cilio Plenario viene como a ser corona y cúmulo de las innumerables merce- Con este salvamento, nos permitimos hacer una evaluación del Concilio,
des que, desde las auroras de la predicación evangélica, Cristo Redentor en la esperanza de no ser injustos ni anacrónicos. «Este Concilio Plenario al
[...] ha derramado sobre nosotros.» final del pontificado de León xin -escribe O. Koehler- abordó, sin duda
El 10 de julio los obispos fueron recibidos en audiencia de despedida por alguna, los problemas centrales de la Iglesia en los países de América
León xin290. El anciano pontífice les manifestó que había seguido, día a día, Latina»294.
el desarrollo del Concilio y dijo que las palabras que pronunciaría quería Podríamos admitir este juicio optimista del historiador alemán. Pero el
que fueran como su testamento para la Iglesia de América Latina. Su pri- modo como tales problemas fueron abordados deja insatisfecho a quien
mera solicitud versaba sobre la formación de los futuros sacerdotes, para lo hace su historia, porque tal modo se habrá de mostrar más tarde inadecua-
que era preciso establecer o mejorar los seminarios, donde los alumnos do. En el discurso de apertura decía el arzobispo de Montevideo:
286. Por ejemplo, se legisla sobre las imágenes, el lugar del tabernáculo, el bautismo y los 291. Véase acerca de este punto, MHI, t. VIII, p. 437-452.
confesionarios, los vasos y ornamentos sagrados, etc. 292. Así lo refiere monseñor Brioschi, según indicación que hemos hecho poco antes en nota.
287. Actas, p. LXIV-LXXTV. La evocación de Colombia debía de tener para León xm una significación singular: había canoni-
288. Ibid., p. cxxxv-cxxxrx. zado en 1888 a san Pedro Claver, cuya vida admiraba de modo especial. Sin duda el papa se
289. Ibid., CXLIV-CLX. refirió nominalmente a algunos otros países.
290. Las Actas traen una versión abreviada de las palabras del papa. Hemos encontrado un 293. Así, por ejemplo, el Concilio II Plenario de Baltimore, en 1866, aborda idénticos o
texto más amplio en el mensaje pastoral que envió desde Milán a sus feligreses, el obispo de semejantes temas teológicos y condena con lenguaje análogo las mismas desviaciones filosóficas.
Cartagena (Colombia), monseñor Pedro Adán Brioschi. Es un folleto de 50 páginas publicado en Enfoca de modo parecido cuanto concierne a la vida eclesiástica. Véase Collectio Lacensis III,
la Editorial San Giuseppe, el 10 de agosto siguiente. Emplearemos también esta noticia para 1875, col. 325-574.
completar el texto de Actas, CLXV-CLXIX. 294. En MHI, t. VIII, p. 204.
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«Volando a las alturas de la Sión celestial, es decir, de la Verdad divina, dejare- también de algunos silencios inexplicables. Nada o poco se dice de la esca-
mos de propósito esas minuciosidades que se llaman cuestiones de la política militan- sez de sacerdotes, o de la evangelización del mundo negro; no se desarrolla
te, alentados por más sublimes aspiraciones.» el estatuto eclesial del catequista laico ni el tema de la religiosidad popular.
Las Actas conciliares constituyen un apretado acervo doctrinal en que cam-
El vuelo «a las alturas de la Sión celestial» no estaba reñido con el pea la sobrevaloración del influjo eclesiástico en las estructuras sociales y
rastreo por el mundo de los hombres concretos: para los años del Concilio la políticas y en que se acentúa sobremanera la confianza en la eficacia de las
América Latina era menos estática de cuanto pudiera imaginarse. Hemos garantías que los gobiernos podían o debían ofrecer a la acción de la
de señalar que el arzobispo Soler se distinguió a lo largo de su episcopado Iglesia296.
por una gran clarividencia y audacia de planteamientos pastorales, y desco- A esta sobrevaloración eclesiástica respondía el error paralelo de las
lló por su percepción del problema social. Un error de apreciación en tal corrientes hostiles al catolicismo. El Concilio estaba en la razón cuando
terreno pudo llevar a los obispos a no interpretar correctamente las varia- defendía las consecuencias del estatuto católico de la sociedad latinoameri-
ciones de la brújula histórica. «Iglesia» y «mundo» fueron realidades con- cana. La evolución ulterior de la Iglesia en el continente le daría la razón.
ceptualizadas en término de «poderes», que de hecho se combatían o se «La Iglesia iba a experimentar pronto -escribe F. Pike- una renovación,
distanciaban, se confundían o se subordinaban; hay que esperar aún 30 ó 40 debida en gran parte al hecho de que, pese a las apariencias contrarias, los
años para que en la teología se abra campo el planteamiento de una polari- valores espirituales que suelen ir asociados al catolicismo latinoamericano
dad equilibrada entre «evangelización» y «civilización». En nuestras repú- no estaban desacreditados como temían sus amigos y esperaban sus enemi-
blicas el poder político era y se presentaba como poder concurrente. La gos»297. Que la Iglesia conservaba todavía una incidencia profunda en las
Iglesia veía sus estructuras objetivamente amenazadas, y, al identiñcarse masas, puede colegirse del ensañamiento con que seguía y seguiría siendo
demasiado con ellas, se arriesgaba en una tensión que, por salvar lo acci- hostilizada en algunas repúblicas y de la respuesta espontánea que daba el
dental o lo que parecía más urgente, abandonaba lo más importante. Den- pueblo ante el regreso de sus pastores perseguidos, como en el caso de
tro del marco de la doctrina clásica, nuestro Concilio parece, a veces, defen- monseñor Casanova en Guatemala, o de monseñor Thiel en Costa Rica, o
der con tanta decisión la tesis, que prohibe ensayar la prueba de las bonda- al paso de don Giovanni Cagliero por la Argentina, o de la solidaridad
des de la hipótesis. Así en el campo de las relaciones entre la Iglesia y el demostrada por el pueblo ecuatoriano con sus obispos ultrajados o con los
Estado, por señalar el caso más abultado. Claro está que muchos gobiernos religiosos perseguidos.
habían de entender la hipótesis como opresión o supresión del cato- Al despedir a los obispos León xm había afirmado: «Consideramos el
licismo295. Concilio Plenario Latinoamericano como la página más gloriosa de nuestro
Queda la impresión de que la solicitud constante del Concilio residiera pontificado»298. Estas palabras pudieron responder a un cumplido cordial
en la preservación del sitio social del que la Iglesia rehusaba a ser desaloja- y espontáneo del papa. El Concilio, no obstante las limitaciones que puedan
da: la transformación vertiginosa de Europa había cumplido una tarea de atribuírsele, provocó una primera experiencia de cohesión continental en
descristianización; un fenómeno de esta naturaleza todavía no debía drama- el interior de la Iglesia y del episcopado, y produjo un cuerpo disciplinar
tizarse en nuestro continente. Aquí se luchaba por el derecho que asistía a y doctrinal, expresado con gran coraje y sinceridad, que venía a fortifi-
la Iglesia a ser reconocida por el poder político. El «hecho católico» de car la conciencia unitaria de la Iglesia latinoamericana. Con su sola cele-
América Latina, al que hemos aludido en el marca histórico, autorizaba al bración ya se había logrado mucho, como lo puso de manifiesto el mismo
episcopado para exigir su reconocimiento y los obispos no se presentaban a papa.
pedir una limosna. El Concilio enjuicia la realidad de América Latina den- Otro aspecto meritorio fue la decisión de los artículos 208 y 288, confir-
tro de una visión eclesiástica y, por eso, está seguro de pisar tierra firme: allí mada y explicada por la Secretaría de Estado299, sobre la celebración de
puede, tal vez, descubrirse la fuerza y la debilidad de sus decisiones. frecuentes reuniones (consessus) en cada provincia eclesiástica. Esta pres-
La actitud que presidió aquel mes y medio de reflexión respondió a una cripción -no muy fácil de cumplir- evolucionó pronto en algunas repúblicas
teología y a una práctica pastoral de conservación y de defensa. Se siente
una sobrecarga clericalista mientras el papel de los laicos aparece borroso y
sin nervio. La estructura y la entonación de los decretos es pesadamente 296. No estamos de acuerdo con la afirmación de F. PIKE: «Hacia 1900, los eclesiásticos
latinoamericanos, excepto en Colombia, difícilmente podían pretender que la institución divina a
jurídica. Por otra parte, las reservas que provoca en el lector de hoy surgen que pertenecían constituyese con el Estado uno de los polos del influjo temporal», etc. Véase
ROGIER, Nueva Historia de la Iglesia V, p. 236.
297. Ibid.
295. Lo que no ocurría, en cambio, en los Estados Unidos, cuya constitución parecía al 298. Esta expresión no se encuentra en la reseña hecha por las Actas; la refiere el obispo de
cardenal Gibbons «una especie de Sagrada Escritura secular», escribe O. KOEHLER, MHI, t. VIII, Cartagena en la pastoral que hemos mencionado antes en la nota 290.
p. 238-239. 299. Instructio circa conventus Episcoporum Americae Latirme, Actas, p. CLXXXI-CLXXXII.
550 551
hacia la forma de conferencias episcopales nacionales, que se fueron estruc-
turando con mucha técnica con el correr de los años. En la experiencia
conciliar de 1899 se habían puesto las bases de las futuras conferencias
generales del episcopado latinoamericano, de Río, de Medellín y de Puebla.
Capítulo III
I. ARTICULACIÓN DE LA HISTORIA
1. Véanse los datos que hemos presentado en los dos capítulos precedentes.
2. Empleamos los datos del Annuarium Statisticum Ecclesiae Catholicae, 1978. Hay que reba-
jar un poco los números ya que en el Annuarium se registran también las poblaciones de origen
inglés y francés. Véanse p. 30 y 37-39.
3. En 1900 había 20 arquidiócesis, 93 diócesis y unos 10 territorios misionales. Annuarium, p.
23, con la observación de la nota anterior.
552 553
fía acerca de nuestra Iglesia se ha convertido, a veces, en tan abundante En 1962 la revista «Estudios Centroamericanos» 6 publicaba un artículo
producto de mercado, que lo aparentemente fácil de su manejo tiene el titulado En Europa se habla hoy de Latinoamérica, del que son líneas como
peligro de privarla de seriedad 4 . éstas:
De todos modos el interés despertado en las áreas católicas por la vida
de la Iglesia en América Latina es síntoma, por lo menos, de que el eje «Latino-América, como tal, no existía hasta hace poco en la conciencia del mundo
eclesial mediterráneo se está desplazando a las áreas occidentales: a Ibero- europeo. Para Europa, para su conciencia de veterana existía simplemente Norte
américa. La celebración del Concilio Plenario de 1899 transcurrió práctica- América, o quizá más escuetamente Estados Unidos, considerando el resto del conti-
mente inadvertida en Europa. CivCatt le dedicó escasa crónica y la revista nente como el "pariente pobre", por no decir, "el sirviente de casa" del gran Palacio
francesa «Études», entonces tan católica, lo pasó en silencio. Por el contra- estadounidense.»
rio, Medellín y sobre todo Puebla constituyeron noticia literalmente ecu-
ménica 5 . Con todo, si hemos de ser justos, el desconocimiento de la Iglesia en
América Latina a principios del siglo no era absoluto. De cuando en cuando
«La Civiltá Cattolica» recogía informaciones, a veces de gran interés, acerca
4 Aun historiadores de fama como SCHMIDLIN y R AUBERT incurren eventualmente en juicios
de la suerte del continente católico. Algunas de nuestras escasas revistas,
inexactos y aun descomedidos SCHMIDLIN en su Papstgeschichte i, p 314, escribe en referencia al
catolicismo iberoamericano de los años de la emancipación «En el sur y centro latino [había] una como «El Mensajero del Corazón de Jesús» (Bogotá), o los boletines dioce-
Iglesia, por regla general cristianizada y catolizada extenormente, pero interiormente casi total- sanos reproducían ensayos y publicaciones hechas en Europa sobre el cato-
mente degenerada y próxima a la disolución» (') R AUBERT comenta que tal apreciación «ha licismo latinoamericano. Las revistas «Razón y Fe», de Madrid, y «Améri-
caracterizado muy acertadamente ['] la paradoja del catolicismo latinoamericano» (H JEDIN y
ca», de Nueva York, también muestran interés por la marcha de nuestra
K REPGEN, Handbuch der Kirchengeschichte, Herder, Fngurbo de Bnsgovia, vn, p 282 La parado-
ja no es del catolicismo latinoamericano sino de estos dos historiadores Tomemos tres regiones Iglesia.
de América Latina como ejemplo no había, ni mucho menos, «degeneración ni proximidad de Creemos que ya para 1960, la Iglesia latinoamericana era tomada en
disolución» en México estudiado por M CUEVAS, Historia de la Iglesia en México, T V, El Paso, mucha consideración: no en vano se había celebrado el Congreso Eucarístico
Texas, 1928, p 176-182 Tampoco en Colombia sobre cuya situación religiosa en la época ha sido
estudiada en la tesis doctoral del autor de estas páginas Tampoco en el Cono Sur, véase Internacional de Río en 1955 con la subsiguiente Primera Conferencia
C BRUNO, Historia de la Iglesia en Argentina, vol ix (1824-1840), Buenos Aires 1974 Lacras y General del Episcopado Latinoamericano, y se había creado el CELAM;
deficiencias existían como en todas partes pero, no estábamos «totalmente degenerados y próxi- además la resonancia se había producido por el avance del protestantismo
mos a la disolución» Los juicios negativos expresados por el primer enviado pontificio a Hispa- en nuestro medio. El interés tomado por la Santa Sede en favor de América
noamérica, Giovanm Muzi, que visitó el Uruguay, la Argentina y Chile entre 1823 y 1825, se
refieren especialmente a la descnstiamzación de reducidos grupos ilustrados El pueblo, en medio Latina, las fundaciones de la OCSHA y del Colegio Latinoamericano de
de sus patologías, se conservaba profundamente religioso y receptivo de las exigencias de la fe Lovaina, el giro cada vez más realista del magisterio episcopal y el creci-
cristiana Sobre la misión de Muzi P DE LETURIA y M BATLLORI, La Primera Misión Pontificia a miento numérico de las diócesis, contribuían a que nuestro catolicismo «en-
Hispanoamérica, 1823-1825 (=«Studi e Testi» 229), Vaticano 1963 Por otra parte no se explicaría trara en escena».
cómo pudo sobrevivir el catolicismo en tales condiciones, al impacto laicista que los golpeó tan
duramente a lo largo del siglo xix SCHMIDLIN cita dos fuentes realmente parcializadas las Noticias
secretas de América, de Antonio de Ulloa y la obra del primer internuncio en Colombia, Gaetano
Baluffi, que llegó a Bogotá en 1837 y partió en 1842, titulada UAmerica un tempo spagnuola [ ], 2. Perspectiva histórica
Ancona 1843 Hemos visto toda la correspondencia de Baluffi en el Archivo Vaticano y en la
Congregación de Asuntos Ecl Extraordinarios Poco segura es la obra de Baluffi sus noticias
conservan bastante interés descriptivo y estadístico, pero sus interpretaciones son desconfiables Al pretender hacer historia de la Iglesia latinoamericana en el siglo xx
A Baluffi le fue bastante mal en Colombia Desde sus primeras comunicaciones a la Santa Sede tropezamos con la dificultad de la perspectiva histórica. Es tarea difícil
respira muy poca simpatía por Hispanoamérica Sobre su gestión de internuncio se escribió una lograr una reconstrucción adecuada de los acontecimientos, a veces tan
valiosa tesis aún inédita A M PINILLA COTE, La Internunciatura de Monseñor Cayetano Baluffi,
primera en Hispanoamérica (1837-1842), Universidad Gregoriana, Roma 1953 Otro autor suda- cercanos a nosotros y frecuentemente tan tumultuosos, como para alcanzar
mericano citado por Schmidlin es el obispo C Silva Colapos, a partir de la página 163 Allí no se
traza ningún cuadro de degeneración de la Iglesia «América» (Washington), «Onentierung» (Suiza), y se advertirá que la Iglesia latinoamericana
5 En 1922 una de las llamadas «Intenciones del Apostolado de la Oración» fue la de «orar por constituye forzosamente «noticia» «Nuestra Iglesia latinoamericana -escribe el uruguayo Alber-
los intereses religiosos de America Latina» Los comentarios de las revistas llamadas «Mensajero to Methol- nunca había estado en semejante escenario como protagonista. Sólo había des-
del Corazón de Jesús» que se publicaban en diversos países, a propósito de esta intención se empeñado papeles muy secúndanos Pero ahora noticias y augurios atraviesan los cinco continen-
quedan todavía en consideraciones generales acerca de América Latina Remitimos, por ejemplo, tes Se escribe y anuncia en numerosos idiomas, se discute, se denuncia, se difama Se inventan
al «Mensajero» de Colombia (Bogotá 1922, p 333-344) y al de Bilbao (1922, p 561-576) Treinta rumores que recorren el mundo y hasta se elogia» (A. METHOL FERRÉ, Puebla, proceso y tensiones,
años más tarde la situación ha cambiado ábranse las paginas de «L'Actuahté rehgieuse» (luego, p 1 y p 139-140, sin lugar ni fecha)
«Informations Cathohques Internationales»), de «La Civiltá Cattohca», de «Ecclesia» (Madrid), 6 XVII (San Salvador 1962), p 190-197 En artículo que está firmado por J B. ARRIEN.S I ,
de «Rélations» (Montreal), con sus crónicas tan abundantes sobre el catolicismo latinoamericano reconoce, sin embargo, la superficialidad del catolicismo en muchas regiones de América Latina y
debidas al experto sociólogo y teólogo, Joseph Ledit, S I , y más tarde las de «Etudes» (París), otras desventuras sociales.
554 555
la presentación e interpretación de los hechos en su sentido más exacto. Si De acuerdo con la preocupación que emergió en el Concilio Vaticano n,
miramos especialmente a cuanto ha ocurrido en estos últimos años empleamos otro criterio de periodización en la historia católica latinoameri-
(1960-1980), nos encontramos en la situación de quien contempla un fresco cana del siglo xx. En el Concilio la solicitud pastoral estuvo comandada por
a dos palmos de distancia. El historiador habrá de entrar a menudo en zona la idea de una Iglesia servidora de la humanidad9. Por eso se habló durante
de tempestades, dentro de la cual tiene que conducirse con extrema circuns- el Concilio de una doble actitud eclesial: la de la Iglesia que mira hacia su
pección para no distorsionar ni la verdad de los hechos, ni sus motivaciones, propio interior, ad intra, y a la de la Iglesia que reconoce la consistencia y
ni el cálculo sobre su futuro desarrollo. especificidad de los valores mundanos y se preocupa por el hombre ciudada-
«El catolicismo latinoamericano se nos presenta [...] tan lleno de con- no y también de la ciudad terrena, ad extra. Aunque la formulación maneja-
trastes como la sociedad que lo compone y ofrece posición tan paradójica, da mecánicamente puede conducir a interpretaciones históricas y teológicas
que resulta operación bien delicada tratar de describirlo con plena obje- incorrectas, el proceso de nuestra vida católica en América Latina, en gran
tividad»7. parte paralelo al de otras latitudes, corresponde, más o menos, a esta doble
Por otra parte, una historiografía nacida por el decenio de 1960, procede actitud eclesial.
o de ámbitos ajenos a la Iglesia,- o de católicos con cierta exasperación Podría decirse que, durante los primeros 40 ó 45 años del siglo xx, la
contra el pasado histórico de la Iglesia o contra su jerarquía, a la que se Iglesia en América Latina vive y actúa todavía dentro de un contorno social
presenta como responsable de no pocas desventuras del catolicismo. En una incisivamente marcado por el signo religioso10. La religión, la catolicidad,
atmósfera polvorienta o, como está ocurriendo, en ambientes de virulencia, constituye un hecho prácticamente unánime y un dato cultural que se viene
de una y otra calle proceden juicios históricos que el tiempo, la verdad y la recibiendo por herencia de generaciones; es atávico. En tales condiciones la
buena fe se encargarán de decantar, de justificar o de excluir. Iglesia difícilmente se ha de sentir problematizada para pulsar los síntomas
Toda esta visión que precede a los estudios particularizados de cada de una marcha inicial hacia cambios fundamentales. A la condicio possiden-
república pretende ofrecer un cuadro global de los problemas y de los moti- tis responde un sistema pastoral de conservación y defensa; la unanimidad
vos de esperanza comunes al catolicismo latinoamericano y de aquellos de la fe como realidad social confirma el complejo de autarquía vivido por
fenómenos o acontecimientos que conciernen también en forma común a la la Iglesia. Se protege tenazmente el aparato temporal juzgado de antemano
vida de nuestra Iglesia en el siglo xx. Algunos historiadores contemporá- apto o necesario para el ejercicio de la misión eclesial y como la idea de
neos han optado por una periodizacióri histórica de este siglo articulada en pluralismo aún no encuentra lugar en la eclesiología, se exagera el ejercicio
tres tiempos: el de la cristiandad conservadora que llegaría hasta los años de la sospecha, y las realidades humanas, desde la política hasta la vida
treinta; el de la nueva cristiandad, más o menos hasta la época del Concilio
Vaticano n, y el del período profético a partir de entonces8.
aménca, El Caribe, Colombia, Venezuela La historia de la Iglesia en Chile sigue caminos diferen-
tes a los de México El desarrollo de la Acción Católica en los años treinta se presenta relativa-
mente vigoroso en Argentina, Chile, Colombia, México, y muy enteco en Perú, Ecuador, Vene-
7 J ALVAREZ MEJÍA, en LA, 1954, p 107-108 Es muy significativo el testimonio de Ronaldo zuela o las Antillas El esquematismo de la periodización señalada se hace más patente si se
MUÑOZ, representativo más tarde de la teología de la liberación, que en 1964 escribía lo siguiente considera otra división interna del catolicismo latinoamericano estudiada por J COMBLIN: existen
«No caigamos en el anacronismo de juzgarnos padres en la fe según la situación histórica y las tres tipos de semejante catolicismo Al primero pertenecen las masas indígenas y campesinas que
luces que se nos han dado a nosotros, ni menos aún, pretendamos que se apliquen hoy literalmen- viven dentro de modelos de cristianismo colonial, al segundo, un grupo de católicos de fe indivi-
te las normas que fueron dadas en otra época con menor [">] lucidez y en un contexto histórico dualista, ajenos a las exigencias de cambio, aferrados a un cristianismo maleable y garante del
muy diferente». Véase La Tolerancia del Católico, en «Revista Interamencana de Educación», orden estableado, al tercero pertenecen aquellos católicos que buscan «la autenticidad del cristia-
(Bogotá 1964), p 189-208 nismo, dando la prioridad a los cambios sociales» Pero esta tercera categoría se subdivide, a su
8 Así, por ejemplo, el doctor E DUSSEL en diversas publicaciones Véase Desintegración de la vez, en el grupo de quienes propugnan una revolución dentro de los marcos de la doctrina social
Cristiandad colonial y liberación, Salamanca 1978, passim Fue publicado anteriormente con otro católica, y en quienes, convencidos de que la doctrina social resulta ineficaz para el momento, han
título Caminos de liberación Latinoamericana, Buenos Aires 1972 Permítasenos pensar que una acudido al análisis marxista Ahora bien, todos estos grupos están divididos y bloqueados entre sí
división histórica de este género ha de hacer frente a dos dificultades La primera sería de Véase La Chiesa Cattolica m America Latina e i suoi tre tipi di religiositá en IDOC Internazionale
método supone una clarificación previa y satisfactoria de los elementos específicos de tales La Fede come prassi di liberazione Incontri a Santiago de Chile, Milán 1972, p 19-34 Por todo
cristiandades, así se habla de que la nuestra fue colonial y no bizantina ni latina ¿Hasta qué punto ello, y por otras situaciones heterogéneas (por ejemplo, el desigual florecimiento vocacional, el
son de tal especificidad que no aparezcan desdoblados o camuflados en modo alguno en los crecimiento desigual de estructuras eclesiásticas, la diversidad de incidencia en la cultura, etc.)
tiempos subsiguientes o actuales'' ¿Hasta qué punto tales elementos llegan a ser tan caducos que hay que atender al peligro de esquemas uniformes Creemos que no se dan todavía las condicio-
no puedan revitalizarse como nuevos auténticos valores que readquinr o conservar'' La segunda nes para un juicio seguro del período que estamos viviendo Esta opinión que aquí exponemos no
dificultad concierne a la actitud del historiador que adopte esta cronología- aparece el peligro de quiere sobrepasar una simple indicación, que en modo alguno está cerrada al acierto que pueda
cierta artificiahdad o esquematismo en que no estarían ausentes apreciaciones o preferencias tal descubrirse en el sistema adoptado por esos historiadores
vez demasiado subjetivas La historia de la Iglesia en las repúblicas latinoamericanas no es tan 9 Discursos de Pablo vi, 21 de nov de 1964 y 7 de dic de 1965
homogénea como para ofrecer un proceso común de etapas claramente diferenciables Así las 10 Ya encontramos aquí una dificultad ¿qué significa «religioso»'' Podría decirse globalmen-
ideas de Mantain pudieron influir en el Cono Sur, mientras fueron casi desconocidas en Centro- te, «confesional»
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conyugal o el estatuto de la escuela, se enfocan con una visión de sobrecarga tema del subdesarrollo cobra fuerza como campo en que también la Iglesia
eclesiástica o religiosa. Descuella más la actitud del exorcismo, el interés se debe decir su palabra; los estudios del padre Lebret sobre el Brasil y Colom-
concentra en el aspecto casi puramente religioso de los problemas. Todo bia12 invitan y urgen a la Iglesia a encarar las nuevas condiciones de compe-
esto se refleja en la insistencia desplegada sobre la ignorancia religiosa y la tencia científica. En la Conferencia Episcopal de Río, que hace de bisagra
desmoralización de las costumbres, sobre las obligaciones del cumplimiento entre los dos momentos de la historia eclesial latinoamericana, se tiene
pascual y dominical, sobre la promoción de la vida sacramental y de culto, conciencia de las graves ausencias del catolicismo. Llega providencialmente
sobre la conservación de un marco devocional a veces hipertrofiado. La la creación del CELAM (1956) y el Concilio Vaticano n, y ya es perfecta-
organización eclesiástica tiende a llenarlo todo. mente observable el giro de la Iglesia «hacia afuera», «a los de lejos», o, si
Dentro de tales condicionamientos la formación del clero se orienta a la se quiere, ad extra. Tal actitud queda también favorecida por otros movi-
conducción y defensa de este universo religioso. No obstante la aparición de mientos internos del ámbito estrictamente religioso, como el litúrgico, vigo-
movimientos de Acción Católica y de Acción Social desde los tiempos de rizado desde la encíclica Mediator Dei (1947) y por la preocupación de una
san Pío x, el papel del laicado es muy raquítico, aunque no están ausentes revitalización del estudio y de la aplicación de la teología pastoral, que se
algunas iniciativas de alto mérito adelantadas por laicos. beneficia con las visitas del canónigo Boulard.
No puede darse una explicación adecuada de este período histórico sin También merece registrarse como hecho sintomático el enervamiento de
tener en cuenta la herencia del siglo xix y las condiciones peculiares de la agresividad laicista en casi todos los estados, que coincide con la conclu-
América Latina, continente rural, en muchos aspectos todavía somnoliento, sión de la segunda guerra mundial. El caso de Perón en los años cincuenta
pero ya en vísperas de una evolución acelerada e impuesta por fuerza de no pasó de ser un episodio.
presiones indeclinables. Con relación a este primer momento se han de El período inmediatamente postconciliar coincide con la irrupción secu-
buscar los motivos que llevaron a privilegiar métodos y sectores de aposto- larista y con el desarrollo de nuevas visiones teológicas: encuentran gran
lado, como la beneficencia, la educación, el mundo campesino, y a descu- resonancia las obras de Cox, de Metz, de Moltmann, de Comblin.
brir la eficacia de estas preferencias; se ha de investigar la razón de las Creemos, pues, que en el siglo xx pueden descubrirse dos etapas de fácil
grandes ausencias, como la prensa, la universidad, el naciente mundo sindi- caracterización. Sólo que en los años subsiguientes al Concilio, el historia-
cal, que tal vez más tarde no se han podido llenar. De la misma manera se dor, entre otros, requerirá mucho equilibrio y discernimiento para no dejar-
deben conocer los criterios mantenidos para reclutar el personal ministerial, se sofocar por el diluvio y la amalgama de ideas, y no poca humildad para
la formación que ha recibido y la postura adoptada por la Iglesia frente al relativizar su competencia con la que se crea capaz de descifrar los datos
Estado y al poder político. acumulados a través de un nuevo nominalismo, que lleva el riesgo de vaciar
Pasados los primeros 40 ó 45 años se advierte en la Iglesia latinoamerica- el lenguaje interpretativo de la realidad13. El embrollo y la inflación de
na un intento de respuesta paulatinamente sensibilizada a las nuevas situa- terminologías, el desbordamiento de datos y de problemas hacen difícil la
ciones. El hombre latinoamericano ya no tiene como única interlocutora a organización clara y objetiva de la verdadera historia de la Iglesia. Más
la Iglesia; hay otros espacios donde puede encontrar soluciones ofrecidas grave resultaría que la polarización hacia el campo de la justicia llevara a
por las ciencias humanas. Se hacen clásicas en manos del clero y de no pocos interpretaciones malévolas o parcializadas de amplias realizaciones logradas
laicos las obras del cardenal Suhard, Essor ou déclin de l'Église; del padre por la Iglesia en siglos o en decenios pasados.
Voillaume, En el corazón de las masas; del abate Godin, France pays de Empero la periodización no puede estar sometida al artificio de una
mission; del padre Lombardi, Por un mundo mejor. El padre Lombardi fecha o de un acontecimiento. Cuando hemos hablado de un ad intra y de
recorre las plazas latinoamericanas11 discretamente apoyado por Pío xn. En un ad extra, de un antes y de un después de la Conferencia Episcopal de Río,
Chile aparecerá aun antes que France pays de mission, el libro del padre sobra decir que no entendemos el proceso de la vida católica latinoamerica-
Alberto Hurtado, ¿Es Chile un país católico?, preludio de futuros escritos, na partido de un tajo en 1955. Ciertos caracteres distintivos de los 40 ó 50
debates, estudios y panfletos acerca de la autenticidad del catolicismo masi- primeros años de este siglo, continuarán apareciendo después, así como
vo de América Latina. otras peculiaridades posteriores a los años cincuenta o sesenta, abultadas a
Contemporáneamente el magisterio episcopal va cambiando de orienta- partir del Concilio, se anunciaban, a veces ya incisivamente, con 15 ó 20
ción y de tono. Se está comprendiendo que el reto está lanzado por la años de anticipación. Empleando las indicaciones del historiador español,
injusticia estructural y que la fe no podrá perdurar largo tiempo si no se
contribuye a crear las posibilidades para una opción cristiana. Por eso, el 12. Estudio sobre las condiciones del desarrollo de Colombia, 2 vols., Bogotá 1958.
13. Piénsese en lo que se quiere afirmar con expresiones como estas: sagrado, consagración,
Iglesia con I grande o pequeña, liberación, cautiverio, pobre, pobreza, cristiandad, nueva cris-
11. En la Conferencia de Río de Janeiro (1955) y en las observaciones enviadas por los obispos
tiandad, institución, compromiso, opción, identidad, opresión, sistema, lucha, inserción, etc.
latinoamericanos al Concilio, no están ausentes diversas referencias a las ideas de Lombardi.
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padre Ricardo García Villoslada, a propósito de la periodización medieval, cerbado. La homogeneidad doctrinal y militante contra el liberalismo que
se ha de aclarar que ni el Concilio, ni las conferencias episcopales de Río de se vive en Colombia, en el Ecuador, en Centroamérica, hasta mitad del
Janeiro y de Medellín, deben entenderse como «si la Iglesia en aquel mo- siglo, difiere de la postura antilaicista asumida en Chile, en Cuba o en el
mento preciso girara sobre sus goznes» y emprendiera rumbos u orientacio- Brasil. La etapa de bonanza y privilegio vivida por la Iglesia en Colombia
nes antagónicas14. hasta 1930 coincide con la persecución de la Iglesia en México y en el
En el desarrollo ulterior de nuestro estudio el lector tendrá que aceptar Ecuador.
esta flexibilidad impuesta por la naturaleza de la historia para lograr una Dentro de las mismas repúblicas existen profundas diferencias, sociales
mayor claridad y lógica redaccional. y religiosas. Hay un Brasil Nordeste y un Brasil Sur. Existen enclaves católi-
cos en México, Brasil, Colombia, comparables a Irlanda, a Bretaña o a
Navarra; y en aquellos mismos países se albergan zonas de estridente relaja-
3. Una historia homogénea y fragmentada ción moral, que apenas alcanzan a ser atendidas por un clero escaso y
disperso. Tomando dos diócesis mexicanas y dos de distintos países, tene-
En líneas generales la caracterización histórica de la Iglesia ad intra y ad mos en 1960 el siguiente cuadro de acuerdo con el «Anuario Pontificio»:
extra corresponde respectivamente a los años anteriores a la Primera Confe-
rencia General del Episcopado Latinoamericano de Río de Janeiro (1955) y
al período que le sigue. A. Methol Ferré habla de una conciencia fragmen- Habitantes Sacerdotes dioc. Seminaristas Ordenaciones
taria y estática vivida por la Iglesia hasta mitad del siglo xx y de la evolución Guadalajara: 1 925 000 767 234 26
a una conciencia totalizante ulterior, capaz de abarcar en síntesis a la Iglesia Tabasco: 480 000 26 21 4
latinoamericana Una y múltiple15. A propósito de ciertas afirmaciones for- Medellín: 900 000 240 143 18
muladas por un investigador norteamericano en 1963, escribía la «Revista La Habana: 1542 000 63 34 1
Interamericana de Educación»:
Esto significa que la arquidiócesis mexicana de Guadalajara tenía en
«La llamada América Latina casi no es una sino en el mapa y poco más [...]. Por 1960 un sacerdote diocesano por 2509 habitantes, en tanto que la de Tabas-
eso la peligrosidad e inexactitud de las generalizaciones. Problemas planteados en co tenía uno por 18 461. Medellín contaba un sacerdote diocesano para
base de estadísticas, sin matizaciones y soluciones de conjunto, no son aceptables 3150 habitantes, y La Habana, uno para 24 416. En 1963 había un sacerdote
sino con muchísima reserva»16. para 11 044 católicos en Honduras, y uno para 2 692 en Chile18.
La homogeneidad ha de buscarse en el sustrato y en la memoria católica
Aunque el Concilio Plenario Latinoamericano significó ya un principio
de América Latina, que se traduce en una actitud existencial todavía pro-
de cohesión, factores insuperables continuaron bloqueándola. La geografía
fundamente religiosa de la población. La religión popular más allá de su
y la fragmentación política de nuestros pueblos a partir de la emancipación
especificidad ha constituido un vínculo cultural del continente con tenaces
de España levantaron barreras de separación y de aislamiento también en-
características de uniformidad y resistencia. Aún es legítimo hablar, aunque
tre las diversas Iglesias. La condición política y social de nuestros países
sea en términos cuantitativos, de un continente católico. Por ello sólo en
condicionaron, en forma incisiva, el ser y el quehacer de la Iglesia: era muy
América Latina han podido celebrarse dos acontecimientos de la significa-
diferente su situación en México y en Colombia, en Centroamérica y en
ción de Medellín y de Puebla19 y se ha desarrollado con tal vigor y naturali-
Argentina. Mientras la separación de la Iglesia y del Estado se verificó en
dad un organismo de coordinación continental como el CELAM20. A partir
forma honrosa y pacífica en Chile (1925), en el Ecuador había revestido
de su fundación, sobre la que tendremos que hablar más tarde con cierta
caracteres de atropello. En el Brasil se vivía esa separación como una situa-
amplitud, puede afirmarse que la Iglesia latinoamericana toma conciencia
ción de libertad para la Iglesia, mientras en Guatemala o en el Uruguay
unitaria de su identidad, de sus problemas y de sus posibilidades. El movi-
correspondía a una campaña de descristianización.
Una es la América Latina de Uruguay, Argentina y el Sur del Brasil, y
otra la de Bolívia, el Perú o México, con un nacionalismo indigenista exa- 17. Con todo, la Argentina blanca y europea abrigaba también sentimientos nacionalistas
atizados en los aflos de Perón contra los Estados Unidos.
18. W. PROMPER, Priesternot in Lateinamerika, o.c, p. 48.
14. Véase del autor mencionado en el texto la «Introducción historiológica» en Historia de la 19. Lo ha indicado con entusiasmo Juan Pablo n en el discurso pronunciado ante el Simposio
Iglesia Católica II (BAC 104), con bibliografía acerca de los criterios de periodización. de Obispos europeos, de 20 de junio de 1979, AAS (1979), p. 979-983.
15. De Río a Puebla. Etapas históricas de la Iglesia en América Latina (1945-1980). CELAM 20. Una interpretación «laica» del hecho católico latinoamericano, históricamente considera-
(«Colección Puebla» 36) 1980, p. 5-7. do, pero con matices interesantes, en el capítulo x, Catolicismo y modernismo en la conciencia
16. Núm. 121 (1963) p. 24. iberoamericana, de la obra de L. ZEA, América en la Historia, o.c, p. 209-256.
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miento de unidad y de cohesión aparece irreversible, y es él quien sacará al Ya desde los años cuarenta, la Iglesia latinoamericana empezaba a to-
catolicismo de sus complejos de inferioridad y de aislamiento. mar contacto con el resto de la Iglesia, como formando un solo frente. En
1942, por ejemplo, se reunió en Washington el Seminario interamericano de
Estudios Sociales compuesto por obispos, sacerdotes y laicos de Norte y
4. Del aislamiento a la universalidad Suramérica, y formuló una declaración de principios en que se analiza con
perspectiva teológica la crisis del mundo contemporáneo. Se presentaron
Hasta la mitad del siglo xx, parecía que la Iglesia universal solamente las bases para una solución que consistía en el reconocimiento de la igual-
respiraba por el pulmón europeo, norteamericano y de las vivaces cristian- dad jurídica de todos los hombres y de todos los pueblos, y condenaba, por
dades misioneras. El otro pulmón parecía atrofiado. Es verdad que el he- tanto, las empresas de dominación, el racismo y la situación de dependen-
roísmo de los católicos mexicanos o la celebración del Congreso Eucarístico cia. Rechazado el totalitarismo, se propuso un modelo de democracia de
de Buenos Aires en 1934 recordaron al mundo católico la existencia de una signo cristiano, es decir social, no individualista. Se proyectó un esquema
inmensa masa que vivía fatigosamente su fe en la desconocida América social corporativo, contra la lucha de clases, inspirado en la doctrina de la
Latina21. Iglesia25 y se proclamó la necesidad de