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UNA ETNOHISTORIA DEL CHACO BOLIVIANO - Isabelle Combès

Cinco siglos de historia separan los actuales pueblos indígenas del Chaco boliviano de aquellos que nos dan a conocer crónicas y documentos antiguos. Cinco siglos hechos de contactos amistosos o bélicos, de relocalizaciones, de alianzas y trueques, de mestizajes, de huidas, de cambios. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, quiero empezar afirmando lo innegable: los indígenas tienen historia, el Chaco indígena tiene historia –y queda en nuestras manos la tarea de reconstruirla. Este libro ser
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Cinco siglos de historia separan los actuales pueblos indígenas del Chaco boliviano de aquellos que nos dan a conocer crónicas y documentos antiguos. Cinco siglos hechos de contactos amistosos o bélicos, de relocalizaciones, de alianzas y trueques, de mestizajes, de huidas, de cambios. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, quiero empezar afirmando lo innegable: los indígenas tienen historia, el Chaco indígena tiene historia –y queda en nuestras manos la tarea de reconstruirla. Este libro ser
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UNA ETNOHISTORIA

DEL CHACO BOLIVIANO


Isabelle Combès

UNA ETNOHISTORIA
DEL CHACO BOLIVIANO

Santa Cruz de la Sierra


2021
984 COMBÈS, Isabelle
Una etnohistoria del Chaco boliviano, Isabelle Combès / Colección
Ciencias Sociales e Historia Nº 49, El País / Santa Cruz de la Sierra: 2021
268p.: 21cm

DL: 8-1-1330-2021
ISBN: 978-99974-19-07-1

<ETNOHISTORIA><CHACO BOLIVIANO><ETNÓNIMOS>

Cubierta: Fotografías de tapa: J.-B Vaudry (Combès y Salaun eds. 2018).

1ª edición 2021

En coedición con:

© Isabelle Combès
kunhati@[Link]
© Editorial El País
© Heterodoxia

Impreso en Imprenta Imago Mundi Ltda.


Cronenbold Nº 9
Telf.: (591–3) 336 3730
imprentaimagomundi@[Link]
Santa Cruz de la Sierra

Impreso en Bolivia - Printed in Bolivia

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en el todo ni en sus
partes, ni registrada en (o transmitida por) un sistema de recuperación de información, en ninguna
forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro-óptico,
por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la autora y de las editoriales.
SUMARIO

Agradecimientos ................................................................................... 9
Verdad de Perogrullo .......................................................................... 11

Capítulo 1
Noticias periféricas
1.1. El escenario ................................................................................... 21
1.2. La historia detrás de la etnohistoria .......................................... 23
1.2.1. Las entradas paraguayas ................................................... 25
1.2.2. Desde Charcas ...................................................................... 30
1.2.3. Desde Bolivia ........................................................................ 35

Capítulo 2
Desde el frente oeste
2.1. Los chanés ..................................................................................... 42
2.1.1. Un caso paradigmático ........................................................ 42
2.1.2. Los chanés de los primeros conquistadores ..................... 46
2.1.3. Señores del metal ................................................................ 53
2.2. Llegan los chiriguanaes .............................................................. 58
2.2.1. “Guaraníes” al occidente del Paraguay ............................ 61
2.2.2. Vinieron allí del río de La Plata .......................................... 68
2.2.3. Fechar las migraciones ....................................................... 73
2.3. Esclavos, mestizos y fugitivos ................................................... 79
2.3.1. Los tapii de los chiriguanaes ............................................... 79
2.3.2. El Chaco como refugio ........................................................ 85

Capítulo 3
Desde el frente norte
3.1. El lado chaqueño de Santa Cruz la Vieja .................................. 93
3.1.1. Las encomiendas chaqueñas ...............................................95
3.1.2. Efervescencia étnica en Santa Cruz la Vieja ................... 103
3.1.3. Los gorgotoquis .................................................................. 108
3.1.4. Los penoquíes y el Chaco ................................................. 114
3.2. Los zamucos ............................................................................... 118
3.2.1. Los grupos zamucos .......................................................... 120
3.2.2. Los destinos de los zamucos ........................................... 134

Capítulo 4
Desde el frente sur
4.1. Hacia el Pilcomayo ..................................................................... 149
4.1.1. Noticias filtradas ............................................................... 150
4.1.2. Se derrumba la Cordillera ................................................. 157
4.2. La gente del Pilcomayo ............................................................. 163
4.2.1. Noctenes, huennéyei y güisnayes .................................... 167
4.2.2. Tobas y chiriguanos ........................................................... 175
4.2.3. Los tapietes y Cayuguari .................................................. 183
4.3. Rumbo al sur ............................................................................... 187

Capítulo 5
Desde todos los frentes
5.1. Del centro a la periferia ............................................................. 195
5.1.1. De yanaiguas, moros y demás guarañocas ..................... 196
5.1.2. Los otros yanaiguas ............................................................ 200
5.2. De la periferia al centro ............................................................. 203
5.2.1. Fortines y caminos .............................................................. 203
5.2.2. En la zona de Ingavi ........................................................... 207
5.3. Después de la guerra ................................................................. 211
5.3.1. Mbaemegua ............................................................................ 211
5.3.2. Surgen los ayoreos .............................................................. 214

Continuará… ..................................................................................... 219

Índice de etnónimos y lenguas ........................................................ 225


Siglas de archivos ............................................................................. 233
Bibliografía ......................................................................................... 235
Lista de figuras

Fig. 1. Mapa de ubicación general ...................................................18


Fig. 2. India chiriguana .................................................................... 41
Fig. 3. Tejido isoseño en estilo karakarapepo ................................... 58
Fig. 4. Tapuis o tapietes, Cabayu igua, Gran Chaco .................... 87
Fig. 5. El frente norte ........................................................................ 94
Fig. 6. Salinas de Santiago de Chiquitos ...................................... 126
Fig. 7. Indios chorotis. Caiza. Gran Chaco ................................. 164
Fig. 8. Indios matacos, colonia Crevaux ..................................... 171
Fig. 9. Indios tobas de Teyu, orilla izquierda del Pilcomayo .... 183
Fig. 10. Dispositivo militar en el Chaco boreal:
caminos y fortines (hacia 1931) ......................................... 294
Fig. 11. Ángel Ayoroa delante de una choza ayorea .................... 207
Fig. 12. Marca del clan ayoreo chiqueno grabada en un árbol ... 215

Lista de cuadros

Cuadro 1. Principales expediciones bolivianas al


Chaco boreal (s. XIX) ....................................................... 37
Cuadro 2. Migraciones chiriguanaes coloniales
confirmadas (siglo XVI) .................................................. 74
Cuadro 3. Grupos chaqueños encontrados por la
expedición de Irala en 1548 ............................................ 96
Cuadro 4. Frecuencias de las terminaciones de nombres
de parcialidades en el padrón de 1561 ....................... 107
Cuadro 5. Repartición de los grupos zamucos en las
misiones de Chiquitos en 1766 ..................................... 146
Cuadro 6. Número de parcialidades en las
misiones de San José, San Juan, Santiago
y Santo Corazón en 1767 .............................................. 141
Agradecimientos

Debo la elaboración de mapas y la diagramación de este libro respectiva-


mente a Alberto Preci y Alejandro Ibáñez: miles de gracias por su aporte
y su trabajo.
Todos los artículos y libros que sirvieron de base para este texto han
recibido el apoyo de muchas personas, cuyos nombres llenarían muchas
páginas. Aquí, quiero agradecer a aquellos que acompañaron todo el pro-
ceso o gran parte de él, ya sea con sus conocimientos, sus comentarios o,
simplemente, con su amistad. En el frente norte, a Luca Ciucci, Bernd Fis-
chermann, Catherine Julien (†), Cecilia Martínez y Roberto Tomichá. Des-
de el frente sur recibí, como siempre, el apoyo de Lorena Córdoba, Cecilia
Gómez, Rodrigo Montani, Diego Oliva, Eduardo Trigo, Alba van der Valk
y Diego Villar. Desde la Cordillera chiriguana y más allá me ayudaron
Erick Langer, Máximo Pacheco, Paula Peña, Francisco Pifarré, Ricardo Se-
rrano y Judith Terán. Desde el este, Edgardo Cordeu (†), Adelina Pusineri,
Nicolás Richard y Raquel Zalazar.
Desde todos los frentes, quiero dar las gracias a Graciela Chamorro, Pi-
lar García Jordán, Anna Guiteras Mombiola, Albert Meyers, Paulo Cimó
Queiroz y –last but not least– al fantasma de Branislava Susnik.
En el epicentro, es decir en casa, a Marcelo y la jauría felina de hoy y
de ayer.

9
Verdad de Perogrullo

A mediados del siglo XVI, los españoles de la primera ciudad de


Santa Cruz de la Sierra se reparten los grupos indígenas de los
alrededores. Entre ellos figuran núcleos llamados capayjoros, que
viven al sur de la ciudad en el Chaco boreal, y que varios indicios
convergentes permiten identificar como locutores de una lengua
zamuca. Más tarde en el siglo XVIII, y en la misma región, aparece
una miríada de grupos llamados genéricamente “zamucos”, que
ingresan en gran número a las misiones jesuíticas de Chiquitos.
Todavía más tarde, en la época republicana, se señalan indígenas
guarañocas, moros o yanaiguas, todos de habla zamuca. En los años
1940 finalmente, surgen en los pueblos de la franja chiquitana gru-
pos ayoreos, cuya lengua es el zamuco.
¿Podemos concluir, entonces, que los capayjoros “son” los zamu-
cos jesuíticos, que “son” los guarañocas y que “son” los ayoreos?
¿Es legítimo hablar, como hacen algunos, de “zamucos-ayoreos”
o, directamente, de “ayoreos” en contacto con los jesuitas del siglo
XVIII? Responder por la afirmativa a esta pregunta tiene tanto sen-
tido como afirmar que los antiguos galos “son” los franceses de hoy:
es decir, muy poco. Más allá de cierta continuidad biológica que
queda por calibrarse, el territorio de la actual Francia ha sido ocu-
pado por Roma por un largo tiempo, ha sido invadido en repetidas
ocasiones por hordas “bárbaras” llegadas de Alemania y de Europa
Central –entre ellas, la tribu de los “francos”–, ha acogido vikingos,
ha visto a los árabes llegar hasta Poitiers en el centro del país; por su
posición geográfica, este territorio siempre ha sido el paso obligado
entre la Europa del norte y la del sur, hasta el Mediterráneo. Hoy,
los franceses viven en el antiguo territorio galo, llevan un nombre
germánico y hablan una lengua latina. Con toda evidencia, no sólo
el nombre los diferencia de las tribus galas encontradas por Julio
César hace más de 2.000 años. De la misma manera, y volviendo
al Chaco, afirmar una identidad entre gente tan lejana en el tiempo

11
Isabelle Combès

como los capayjoros y los ayoreos equivale a asumir que nada pasó,
que nada cambió en los cuatro o cinco siglos que los separan; o que
el compartir una misma lengua basta, y sobra, para identificar a una
cultura y a una etnia.
Sin embargo, la historia indígena adolece a menudo de postula-
dos similares, que sencillamente obvian o niegan lo que debería ser
una evidencia. Aunque no se trate del tema principal de su investi-
gación, Enrique Finot dedica en 1939 un capítulo entero de su libro a
los indígenas de la región de Santa Cruz la Vieja. Para hablar de los
grupos del Chaco, utiliza citas sacadas de la obra del jesuita Lozano,
escrita en el siglo XVIII. Para describir a los chiriguanos, el mismo
autor cita al franciscano Corrado, quien escribió a finales del siglo
XIX, con el argumento de que “por el hecho de haber sido siempre
refractarios a aceptar la sociedad de los blancos, seguramente sus
costumbres se mantuvieron casi inalterables por varios siglos”1.
Por su parte y más recientemente, Alcides Parejas utiliza el mismo
“método” para acercarse a los pueblos indígenas “en la época de su
contacto con los españoles”, echando mano de datos de los siglos
XVII y XVIII para hablar de los mojeños, incluso utilizando citas de
las obras de Nordenskiöld que describen la realidad de inicios del
siglo XX2. En otros términos y dicho más claramente, en esta pers-
pectiva los indios no tienen más historia que la de su contacto con
los blancos; caso contrario, se mantienen inalterables en el trascurso
de los siglos. Otro caso es el de los estudios “etnohistóricos” desti-
nados, sobre todo en las últimas décadas, a comprobar la ocupación
antigua de una región por parte de tal o cual grupo, para dar curso
a las reivindicaciones de territorios indígenas. Más allá de las nece-
sidades actuales del grupo en cuestión, de su tamaño, de su modo
de vida, una garantía histórica debe existir. Lo que obliga a suponer,
primero, que este grupo “siempre” ocupó el mismo territorio y, se-
gundo, que es posible rastrearlo en la historia tal y como se presenta
en la actualidad. En otras palabras y una vez más, que los indígenas
de hoy son “los mismos” que los de antes.

1 Finot 1978 [1939]: 62.


2 Parejas 1976.

12
UNA ETNOHISTORIA DEL CHACO BOLIVIANO

Mal encaminados desde un inicio, esta clase de estudios de his-


toria indígena o de “etnohistoria” pretenden construir una historia
al mismo tiempo que asumen que nada pasó. Por eso, y aunque pa-
rezca una verdad de Perogrullo, quiero empezar estas páginas afir-
mando lo innegable: los indígenas tienen historia, el Chaco indígena
tiene historia –y queda en nuestras manos la tarea de reconstruirla.

***

Hoy viven en todo el Chaco boliviano cuatro o cinco grupos in-


dígenas, pertenecientes a tres grupos lingüísticos. A orillas del río
Pilcomayo están establecidos los weenhayek (aprox. 3.300 personas
según el último censo3), del grupo lingüístico mataco-mataguayo
(también llamado mataco-maká). En el Pilcomayo también reside
un grupo muy reducido (apenas un centenar de personas) de ta-
pietes, de habla guaraní. Otros miembros de la familia lingüística
tupí-guaraní son los guaraníes, en los límites occidentales del Cha-
co, es decir el piedemonte andino. A menudo incluidos dentro del
conjunto guaraní, los isoseños viven más al este, en el bajo río Para-
petí (región del Isoso), en la provincia Cordillera. Ambos, guaraníes
e isoseños suman unas 59.000 personas. Finalmente, se suele incluir
a los ayoreos entre los grupos chaqueños de Bolivia aunque, en la
actualidad, sólo los ayoreos paraguayos viven en el Chaco propia-
mente dicho: en Bolivia, los grupos están ahora establecidos más al
norte, en la región chiquitana al norte del Chaco. Sólo una pequeña
fracción del grupo de los totobie-gosode permanece en el Chaco,
y se desplaza entre Paraguay y Bolivia4. Los ayoreos bolivianos
suman 1.800 personas aproximadamente, y son de habla zamuca.
Cabe agregar que, al igual que los ayoreos, los otros grupos cha-
queños de Bolivia están presentes en los países vecinos: existen nu-
merosos guaraníes y tapietes en el noroeste argentino y en el Chaco
paraguayo, y los weenhayek son parientes de los wichís argentinos.

3 Instituto Nacional de Estadísticas de Bolivia 2012 : 31.


4 Fischermann 2006.

13
Isabelle Combès

Ahora bien, quien consulta un mapa del siglo XIX o lee alguna
antigua crónica sobre la misma región puede pensar encontrarse en
un país diferente. En el siglo XIX el viajero francés Alcide d’Orbigny
habla de una “maraña” de naciones5 y se señala en esta época la exis-
tencia de yanaiguas, potoreras, tobas, noctenes o guarañocas de los
que no parece quedar rastro en la actualidad. Un siglo antes, los jesui-
tas a su vez evocan la “confusión de Babilonia”6 reinante en el Chaco y
las fuentes arrojan, por ejemplo, nombres como penoquíes o matacos
que hoy han desaparecido, mientras los tapietes parecerían no existir
todavía. Eso sin hablar de la Colonia temprana con sus gorgotoquis,
payzunos y demás comiches, de los cuales no existen más rastro.
Desde el siglo XVI y las primeras noticias escritas hasta la guerra
boliviano-paraguaya (1932-1935), nombres van y nombres vienen
en el Chaco. Los pocos que se mantienen por más tiempo, como
“chiriguanos” que perdura hasta el siglo XX, en general cambian de
sentido. De ahí la pregunta: ¿qué es lo que cambia? Los etnónimos,
o el panorama que nombran?
Para muchos, esta pregunta carece de importancia e incluso de
interés. Sabemos, al menos en parte, por qué existieron tantos nom-
bres étnicos en el Chaco:
La multitud de estas naciones no es tanta cuanta fingen los geó-
grafos y historiadores poco sinceros, o ponderativos. Éstos sue-
len poner como nombres de diferentes Naciones los que no son
sino nombres de distintas Tribus o Parcialidades pequeñas de
una sola Nación […] Sucede también que a una misma Nación le
dieron los Españoles antiguos un nombre, y los más modernos
otro; o los de una Provincia la llamaron con uno, y los de otra
con otro nombre; o las Naciones confinantes que la conocen, le
dan cada una un nombre distinto según su lengua; el historiador
o geógrafo poco práctico de esas tierras, recoge todos esos nom-
bres contando bajo cada uno una Nación distinta7.

5 D’Orbigny 1839: 229, nota 1.


6 Caballero 2011 [1707]: 79.
7 Camaño 1955 [1778]: 116-117. En todo el texto actualizo la ortografía de los do-
cumentos antiguos, a excepción de los nombres étnicos, topónimos y nombres
personales.

14
UNA ETNOHISTORIA DEL CHACO BOLIVIANO

De ahí que procurar entender la nomenclatura indígena sea, para


algunos, un esfuerzo “perfectamente inútil”, una tentativa “pueril”,
digna de “algunos pisahormigas”8. Un dolor de cabeza innecesario
en el mejor de los casos, o una traba para la investigación en el peor.
No lo creo. Esta maraña de etnónimos, rara vez (casi nunca) propios
sino atribuidos por otros y luego deformados por cuantos españoles,
criollos y exploradores pasaron por la región, que cambian de siglo
en siglo y vuelven a surgir en contextos completamente diferentes no
son una traba sino, primero, un objeto de investigación. Más aún: de
supuesta traba, pueden pasar a ser herramientas de investigación.
Para dar un sencillo ejemplo propio de Bolivia, el término “colla”
pasó de designar primero a los señoríos aymaras del lago Titicaca a
ser una palabra genérica, y a menudo despectiva, utilizada por los
habitantes de los llanos del Oriente del país para nombrar a todos los
andinos. A la inversa, la palabra “camba”, antaño de corte despecti-
vo para designar genéricamente a los indígenas de las tierras bajas,
es hoy el nombre adoptado por los cruceños y más generalmente la
gente del Oriente, en un sentido valorizante. Detrás de estos cam-
bios que podrían parecer anecdóticos está el antiguo clivaje entre
tierras altas y tierras bajas, están las reivindicaciones identitarias y
políticas de Santa Cruz, están las masivas migraciones de las déca-
das recientes desde las tierras altas hacia el Oriente: está, pues, toda
una historia que puede rastrearse y dar cuenta de los cambios de
significado y valoración de estos dos términos. Lo mismo pasa pues
con los nombres étnicos, y creo posible utilizar la etnonimia, junto
con otras herramientas, para reconstruir su historia.
Para Nicolás Richard quien, desde el Chaco paraguayo, trabaja
sobre temas similares, los nombres étnicos no son inocentes9. Son
las huellas de una relación, entre quien nombra y quien es nom-
brado; de esta manera, nos enseñan más sobre el que nombra y sus
criterios que sobre la gente así designada. Así por ejemplo, veremos
en estas páginas que “chiriguano” es un equivalente de “chuncho”

8 Finot 1978 [1939]: 49, 51. La expresión de “pisahormigas” es de Paul Groussac,


al que cita Finot.
9 Richard 2008 y 2011.

15
Isabelle Combès

para los andinos, un término genérico para gente de las tierras bajas,
equivalente de nuestros “salvajes” o “bárbaros”, que deja traslucir
el poco caso que hacían de ellos los quechua-hablantes. De la misma
manera, los “yanaiguas”, literalmente “los que viven en el monte”
en guaraní, son por así decirlo los chunchos de los propios chiri-
guanos, y expresan un franco desprecio hacia la gente del Chaco
adentro. El nombre también puede ser huella de varias relaciones
superpuestas, como “noctenes”, que pasó de los chorotes a los chi-
riguanos y de ellos a los criollos, dejando constancia de contactos
y relaciones entre los diversos grupos. Por ende, el cambio de los
etnónimos tampoco es inocente ni carente de interés. Testimonia a
su vez del cambio de una relación, es huella de historia.
Esta historia es lo que aquí me importa: es que, más allá de los
nombres, las relaciones y contactos, las alianzas matrimoniales, los
préstamos lingüísticos, mestizajes, trueques y guerras cambian a lo
largo de los siglos la conformación misma de los grupos étnicos y
hacen, pues, que un capayjoro no sea un ayoreo. Cinco siglos de
historia indígena y de contactos, rara vez amigables, entre indígenas
y “blancos”, los separan. Cinco siglos de historia que cambiaron el
Chaco y su gente hasta llegar a la situación contemporánea, y que
me propongo reconstruir en estas páginas.
Este libro será tal vez demasiado antropológico para muchos
historiadores, y contendrá demasiada historia para otros tantos
antropólogos –no es, pues, la peor definición que pueda darse a la
“etnohistoria”. Poco hablaré de las formas de vida, de las creencias
o de la organización política de los grupos que aparecerán. Tampoco
haré una “historia de los indígenas” en el sentido que no rastrearé
todos los acontecimientos y eventos que marcaron el pasado de cada
grupo –aunque sí estos acontecimientos, y las fuentes correspon-
dientes, serán una herramienta para la investigación. Finalmente,
tampoco haré “etnohistoria” en el sentido que otros dan a la palabra,
definiéndola como la historia que cuentan los propios indígenas, su
visión de su pasado10, aunque también estos relatos son herramien-

10 Así por ejemplo, para Frank Salomon, la historia en la concepción indígena


es “etnohistoria en el sentido estricto”: “es decir, historias indígenas en tanto
opuestas a ‘historias de los indios’” (2008: 57). Para expresar la misma idea,

16
UNA ETNOHISTORIA DEL CHACO BOLIVIANO

tas. La etnohistoria que propongo aquí es –entre otras posibles– la


antropología histórica de los procesos de formación, “de-formación”
y trans-formación, o de “etnogénesis” para emplear un término más
de moda, que moldearon el paisaje étnico del Chaco boliviano.
A lo largo de las últimas dos décadas he venido trabajando en
estos temas, dedicando por ejemplo artículos a los tapietes o a los
gorgotoquis, libros a los zamucos o a los isoseños. Cada uno de es-
tos textos puede ser considerado como un retazo del rompecabezas
más amplio que es el Chaco boliviano en su conjunto. El reto es pre-
sentar ahora el cuadro, si no entero y mucho menos definitivo (no
soy tan optimista ni tan ilusa), al menos lo más completo posible.
El marco será el Chaco boliviano, pero un Chaco indígena al que
poco o nada importan las fronteras nacionales, recientes además, y
cambiantes según los tratados. De esta manera desbordaremos en
ocasiones, poco o mucho según los casos, hacia el norte argentino,
hacia el Chaco paraguayo, hacia Chiquitos o los valles andinos.
Descarté, de entrada, una presentación “por etnias” que volvería
a cortar el rompecabezas en pedazos independientes, cuando la idea
es por el contrario evidenciar de qué manera se relacionan, se confor-
man y cambian. Así como es preciso, para desenmarañar una pelota
de lana, encontrar un hilo conductor, en estas páginas el hilo de la
narración será a la vez geográfico y cronológico. El Chaco de la actual
Bolivia empieza a ser conocido desde el este con las expediciones de
los españoles de Asunción en el siglo XVI, pero su colonización se
inicia luego desde otros frentes: el oeste, desde la “Cordillera chiri-
guana” y, más allá, desde los Andes; el norte, desde la Chiquitania,
con la primera ciudad de Santa Cruz en el siglo XVI y las misiones
jesuitas de Chiquitos en el siglo XVIII; el sur, ya en la época republi-
cana, cuando los criollos avanzan sobre el río Pilcomayo. A inicios del
siglo XX, en las décadas previas a la guerra del Chaco y durante el
conflicto mismo, estos diferentes frentes se juntan, chocan, se compe-
netran, y alcanzan finalmente el centro del Chaco boreal.

otros acuñaron expresiones como la de “ethno-ethnohistory”: “entender en qué


términos otras culturas han formulado sus interacciones históricas con nuestra
propia sociedad es entender sus etnohistorias de nosotros –hacer etno-etnohis-
toria, por decirlo así” (Turner 1988: 242).

17
Isabelle Combès

Fig. 1. Mapa de ubicación general

Realización Alberto Preci. La ubicación de los pueblos indígenas es la


actual. Los emplazamientos de la Nueva Asunción y de Santo Domingo
de la Nueva Rioja son aproximados.

18
UNA ETNOHISTORIA DEL CHACO BOLIVIANO

De esta manera, después de un primer apartado destinado a es-


tablecer el marco cronológico de la colonización del Chaco bolivia-
no y presentar las fuentes que sustentan este trabajo, los capítulos
siguientes se abocarán a los diversos frentes de colonización y a su
avance histórico, que se traduce en noticias sobre los moradores
indígenas de la región. Si, en 1978, Branislava Susnik –a cuya obra
entera este libro debe muchísimo– dedicó un libro a la historia y
la etnología del Chaco boreal “y su periferia”, propongo aquí una
etnohistoria del Chaco boliviano, desde su periferia.

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