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Perú y su Rol en la Guerra de Malvinas

La tesis analiza la participación del Perú en la guerra de las Malvinas de 1982 entre Argentina y el Reino Unido. Explora los motivos que llevaron al Perú a apoyar a Argentina, incluyendo vínculos históricos entre los países y tensiones con Chile. El autor entrevistó a figuras clave y revisó documentos para establecer los niveles de apoyo peruano y dar una interpretación de los motivos geopolíticos detrás de esta decisión. La tesis contiene tres capítulos que analizan la historia de la

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Perú y su Rol en la Guerra de Malvinas

La tesis analiza la participación del Perú en la guerra de las Malvinas de 1982 entre Argentina y el Reino Unido. Explora los motivos que llevaron al Perú a apoyar a Argentina, incluyendo vínculos históricos entre los países y tensiones con Chile. El autor entrevistó a figuras clave y revisó documentos para establecer los niveles de apoyo peruano y dar una interpretación de los motivos geopolíticos detrás de esta decisión. La tesis contiene tres capítulos que analizan la historia de la

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TESIS PUCP

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1

INTRODUCCIÓN
El conflicto que enfrentó a Argentina con el Reino Unido de Gran Bretaña en abril

de 1982, ha sido estudiado desde una serie de puntos de vista. Desde la vereda de

enfrente, se ha querido ver como un hecho justo, necesario y sobretodo impostergable

para recuperar la soberanía argentina sobre las islas. Por ello encontramos visiones

vinculadas con posiciones políticas a favor o en contra del régimen que tomó la decisión

de la invasión; intereses académicos, ofreciendo en este caso los más variados análisis de

la guerra, tales como estudios sociológicos de la población, de los conscriptos, de la

guerra misma, análisis militares del conflicto, historias políticas, análisis de las relaciones

internacionales, narraciones históricas, descripciones periodísticas, y un sin fin de

etcéteras. También se ha querido ver al conflicto como una “cortina de humo” destinada a

perdurar la supervivencia del régimen dictatorial argentino denominado “el proceso de

reorganización nacional”.

El presente trabajo persigue dos objetivos: el primero es dar a conocer la real

dimensión de la participación peruana en la denominada guerra de las Malvinas y

establecer los diferentes niveles de apoyo que brindó el Perú a la República Argentina. El

segundo, y el más relevante, es dar una interpretación de los motivos que llevaron al Perú

a tomar una posición de respaldo a la posición argentina.

Existe una “solidaridad imaginaria” para con los argentinos que los peruanos

llevan muy arraigada en su conciencia, quizá debido a vínculos históricos muy fuertes

que durante el siglo XIX nos han ligado al Río de la Plata, desde el Libertador Don José

de San Martín, Álvarez de Arenales, o Necochea hasta Roque Sáenz Peña, Bernardo de

Yrigoyen y demás argentinos desconocidos pero ilustres que colaboraron con la causa

peruana en la Guerra del Pacífico. Existe sin duda un nexo histórico muy fuerte entre los

1
2

dos países, pero que no debería ser lo suficientemente intenso para que el Perú, un país

sin intereses atlánticos, se involucre en un enfrentamiento al cual no fue invitado.

La hipótesis que este trabajo propone es que al estar tanto las relaciones entre Perú

y Chile, como las de Argentina y Chile, bastante deterioradas, el acercamiento peruano

pudo interpretarse como la búsqueda de una alianza discreta ante alguna posibilidad de

conflicto futuro que, además, seguía siendo potencialmente latente. El proceso de

construcción de confianza mutua se había visto interrumpido por las continuas crisis

binacionales que estuvieron a punto de llevar a la región a dos conflictos sucesivos en los

años 1975 (una campaña reivindicatoria de los territorios del norte chileno por parte del

estado peruano), y en 1978 (el conflicto de soberanía sobre el Canal del Beagle entre

Argentina y Chile); por lo tanto, no sería difícil inferir que, ante estas abiertas

posibilidades de enfrentamiento, el gobierno peruano y su par argentino, hayan visto con

buenos ojos este acercamiento estratégico, aprovechando el primero, el respaldo

internacional que ofrecía la buena imagen de una joven democracia latinoamericana y

país de origen del entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de

Cuéllar; mientras que el segundo, ganaba un aliado importante en el marco de la

consolidación de su soberanía litigada en negociaciones con el Ecuador.

Cuando en 1978 el presidente Francisco Morales Bermúdez visitó Argentina para

entrevistarse con el general Jorge Rafael Videla, probablemente además del respaldo que

su visita le concedía al gobernante argentino, respondía ésta a los históricos vínculos de

intercambio académico que existían desde antaño entre los militares peruanos y

argentinos, y que fueron dando forma a una cercanía intelectual e ideológica de ambos

grupos castrenses.

Consideramos primordial para el desarrollo de esta investigación, analizar

comparativamente la historia de los conflictos por soberanía que han enfrentado tanto a

Perú como a Argentina, con Chile. Se hará un recuento de las diferencias en cuestiones

2
3

limítrofes, el origen histórico de las disputas territoriales, una revisión de los vínculos

históricos que ligan a peruanos y argentinos, y la historia de los acercamientos políticos -

estratégicos entre ambos países.

Resulta especialmente interesante analizar el apoyo hispanoamericano a la causa

Argentina en circunstancias en las cuales, la reivindicación de las Islas Malvinas por

parte de los militares rioplatenses, servía como excusa perfecta para países como España,

Venezuela y el mismo Perú en sus ambiciones por obtener una victoria diplomática en

diferendos permanentemente tensos como era el caso de Gibraltar para los hispanos, del

territorio del Esequibo en la zona occidental de la Guayana para los llaneros, y la

justificación de la posesión de Tumbes, Jaén y Maynas, amparados en el “Uti

Possidetis”.

Para el desarrollo del presente trabajo, hemos tratado de ser cuidadosos con no

otorgarles características humanas a los países. Con esto queremos decir, entender las

relaciones entre las repúblicas, no como vínculos entre personas, sino más bien como

relaciones internacionales, basadas no en el sentimiento ni cercanía, sino en lo que la

geopolítica de cada país exige para su desarrollo nacional. La sensación de acercamiento

entre peruanos y argentinos, aunque difícilmente cuantificable y analizable, se tratará en

la parte dedicada al estudio por separado de la solidaridad, considerando que existen

diferentes niveles solidarios, uno “oficial” o “estatal”, que se debe distinguir de la

solidaridad “popular”, asumiendo que esta última se encuentra englobada en el marco de

una cercanía imaginaria producida por una suerte de idea de “comunidad imaginada”, que

de alguna manera nos liga a nuestros “compatriotas latinoamericanos“.

El profundo desconocimiento del tema ha dado lugar a un sinnúmero de versiones

respecto a lo que verdaderamente ocurrió entre Perú y Argentina en la guerra de 1982,

que a su vez ha originado una serie de mitos que casi se han convertido en novelas

fantásticas, y que muchas veces tergiversan diametralmente la verdad histórica.

3
4

Esperamos que el presente trabajo sea capaz de dar una visión imparcial y realista de la

verdadera dimensión de la participación peruana en la guerra de las Malvinas.

Para realizar esta investigación hemos realizado entrevistas a personajes que

como el ex Canciller Javier Arias Stella, César González, veterano de guerra y director

del cuerpo de paz argentino conocido como “Cascos Blancos”, José D’Angelo,

coordinador de las Asociaciones de Familiares de Caídos en el Conflicto del Atlántico

Sur, al Mayor Rafael Milillo, agregado militar argentino en el Perú, entre otros. La

reconstrucción del periodo era algo que inevitablemente se tenía que hacer y aunque las

entrevistas brindaban la posibilidad de comprender cuál era la percepción que se tenía del

conflicto, no podían desprenderse de su carga emotiva, ni eran muy exactas con los datos.

Por ello se recurrió principalmente a las fuentes periodísticas y a las revistas y seminarios

de opinión que circulaban en la capital peruana y argentina. Con tal motivo, se realizaron

investigaciones en las hemerotecas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el

Instituto Riva Agüero, la Universidad Argentina de la Empresa, y la Pontificia

Universidad Javeriana (sede Bogotá).

Por razones de seguridad nacional, los documentos referidos a la época o fueron

incinerados (como nos sugirieron en el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas), o no

se encuentra desclasificados. Recurrimos entonces a fuentes impresas y hallamos una

compilación de los acuerdos bilatareles firmados por Perú y Argentina hasta el 2003

hecha por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Por otro lado,

aunque la búsqueda no fue del todo satisfactoria, si conseguimos algunos documentos

que fueron de mucha utilidad para la investigación, tales como: inventarios de material

bélico adquirido por Argentina durante el conflicto, la posición internacional del gobierno

chileno ante el conflicto (que no circuló oficialmente en Lima), documentos militares

respecto a temas de seguridad nacional y hemisférica, etc.

4
5

El trabajo que presento ha sido dividido en tres capítulos. El primer capítulo hace

un recuento de la historia política de las islas, la normativa legal sobre la que se basa

Argentina para sus reclamaciones así como la que soporta la tesis británica, y una breve

descripción geográfica. El segundo capítulo expone los factores que condicionaron el

acercamiento peruano-argentino durante la guerra de las Malvinas, analizando el

intercambio militar, las relaciones bilaterales, y el papel que la geopolítica peruano-

argentina le ha otorgado a Chile. Por último, el tercer capítulo tiene por objetivo hacer un

recuento de las muestras de solidaridad de la población peruana en todos sus niveles:

político, popular y militar.

No quisiera concluir esta introducción sin agradecer a las personas que han

colaborado directa o indirectamente con la realización de esta investigación que casi ha

coincidido con la finalización de mis estudios de grado. Para mis padres, que aunque

incomprendiendo muchas veces y no estando de acuerdo otras tantas, con mi vocación de

historiador, jamás me negaron su apoyo y por el contrario, me alentaron a terminar este

trabajo.

Quisira también agradecer a las personas que me brindaron su invaluable

colaboración a través de su testimonio oral, a pesar de que no resultaban recuerdos ni

fáciles ni deseosos de evocar. A la Lic. Eliana Díaz, que me ayudó con la recopilación de

material durante mi estancia en Bogotá, al Teniente Coronel Santibañez de la Escuela de

Comandos del Ejército Peruano, al Centro de Altos Estudios Nacionales, especialmente

al Teniente Coronel Alan Torrico Lapoint, quién muy gentilmente intercedió a mi favor

para poder revisar los fondos de la biblioteca de la mencionada institución, y al Dr. Iván

Hinojosa Cortijo quién, a pesar de su escaso tiempo, tuvo siempre alguna sugerencia, idea

y consejo para la investigación.

También agradezco a mi familia y amigos, que estuvieron siempre dispuestos a

brindarme una opinión sincera, realizarme recomendaciones, acercarme artículos y libros

5
6

que consideraban podían serme de utilidad, y sobretodo supieron tolerar con mucha

paciencia mis malas horas. Mención especial para quienes más deben haber lamentado mi

falta de tiempo y paciencia: mi hermano Renato y Victoria.

Para el final, el agradecimiento muy especial a mi asesor, el R.P. Jeffrey Klaiber

S.J., quién a lo largo de estos meses estuvo pacientemente dedicado a aconsejarme,

orientarme y corregirme durante el lapso que duró la investigación que presento.

6
7

CAPÍTULO I
APUNTES SOBRE LA GEOGRAFÍA,
GEOPOLÍTICA E HISTORIA DE LAS ISLAS MALVINAS
(FALKLAND ISLANDS) DESDE SU DESCUBRIMIENTO
HASTA 1982

El 2 de abril de 1982 el mundo se vio sorprendido por un hecho bélico sin

precedentes en la historia sudamericana del siglo XX y que, de alguna forma, enarboló

los más altos sentimientos solidarios latinoamericanos; la junta militar argentina,

encabezada por el General Leopoldo Fortunato Galtieri, informaba al mundo que la

“Operación Rosario”, destinada a retomar el control político y militar de las Islas

Malvinas, Georgias y Sándwich del sur a manos de los ingleses, había sido realizado con

total éxito. Las Malvinas volvían a estar bajo soberanía argentina después de 149 años.

Tremendo acto no podía causar sino estupor y temor entre los argentinos y el resto

de los latinoamericanos. Muy contadas veces en la historia una potencia del hemisferio

sur había desafiado nada más y nada menos que al Reino Unido, la tercera flota más

poderosa de la tierra, la segunda fuerza militar del lado occidental planeta, y por si fuera

poco, el aliado más importante de los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Qué llevó a los militares a tomar una decisión de este tipo? La hipótesis que

algunos grupos prefieren lanzar es que el gobierno se vio acorralado por los movimientos

obreros que estaban paralizando el país, temerosos de que el régimen se desplomara,

decidieron realizar una acción patriótica reivindicatoria, que sirviera como medio de

cohesión nacional, exponiendo a la sociedad lo que hoy comúnmente denominamos

“cortina de humo”. En la opinión de muchos autores y mía propia, esa hipótesis no puede

ser la única que explique los actos del 2 de abril de 1982, ya que los defensores de este

motivo aducen que el 31 de marzo anterior, una huelga que paralizó el país, fue

7
8

suficientemente intimidante como para decidir el ataque 1. No conozco ninguna operación

militar de semejante envergadura que pueda ser diseñada y llevada a cabo con dos días de

preparación, considerando la logística necesaria para invadir un territorio insular situado

a casi 600 kilómetros de la costa, y a más de tres mil kilómetros de Buenos Aires, lugar

donde se realizó la huelga general.

Para no caer en razones etéreas me gustaría en este capítulo hacer una descripción

general de la historia, geografía, geopolítica, y marco jurídico en el derecho internacional,

de las islas Malvinas. Considero que entendiendo el contexto podremos conocer las

negociaciones entre Gran Bretaña y Argentina por la soberanía de las mencionadas islas y

comprender la frustración argentina frente a la intransigencia británica,

redimensionándola –al menos para los fines de este trabajo- como factor detonante de la

guerra.

I.1 El CONFLICTO POR LAS MALVINAS Y EL DERECHO

INTERNACIONAL

La controversia por las Islas Malvinas está directamente vinculada a otro conflicto

de soberanía sobre las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Esta interrelación tiene

su origen en la política seguida al respecto por el Reino Unido desde principios de siglo.

Gran Bretaña por Carta Patente del 21 de julio de 1908, enmendada por Carta Patente del

28 de marzo de 1917 2, incorporó como dependencias de las Islas Malvinas

(“Dependencies of the Falkland Islands”) a las Islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur,

Orcadas del Sur, Shetland del Sur y Tierras de Graham 3.

1
Rossana Guber, ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda (México: FCE, 2001),
Ricardo Quellet, Historia Política de las Islas Malvinas (Buenos Aires: Fuerza Aérea Argentina, 1982),
Mariano César Bartolomé, El conflicto del Atlántico Sur, una perspectiva diferente (Buenos Aires: Círculo
Militar, 1996) entre otros.
2
La primera Carta Patente incluía territorios continentales de Argentina y Chile
3
Quellet (1982) Pág. 59

8
9

Como consecuencia de la entrada en vigor del Tratado Antártico firmado en

Washington en 1959, Gran Bretaña creó en 1962 el Territorio Antártico Británico

(“British Antartic Territory”), incorporando a éste aquellas islas y tierras que se

encontraban al sur del paralelo 60º sur. El ámbito de aplicación del Tratado Antártico está

definido por el paralelo 60º sur, comprendiendo de esta forma a todas las islas, tierras y

aguas al sur de ese paralelo. Así es que, a partir de 1962, solamente quedaron incluidas

por Gran Bretaña como dependencias de las Falklands, las Georgias y las Sandwich del

Sur 4.

El artículo 4 del Tratado Antártico estableció una moratoria del conflicto entre

estados reclamantes de soberanía Antártica y los estados no reclamantes que a su vez

desconocían cualquier pretensión territorial en ese continente. Quedaron así congeladas a

la fecha de la celebración del Tratado todas las reivindicaciones territoriales antárticas,

incluyendo aquellas que geográficamente se superponían como fue el caso de los sectores

antárticos argentino, chileno y británico reclamados con anterioridad a 1959.

I.1.1 ENFOQUE JURÍDICO

El planteo general del conflicto sobre las Islas Malvinas presenta dos momentos

claramente diferenciales: por una parte estamos frente a un problema tradicionalmente

conocido como de soberanía y por la otra, frente a un planteo novedoso de

descolonización dentro del cual subyace aquel primitivo conflicto.

Para el Derecho Internacional tanto clásico como contemporáneo, lo que se

discute en un conflicto de soberanía es la legitimidad de la relación jurídica que vincula a

cada estado parte en la controversia respecto de un territorio determinado. El concepto de

soberanía latente en todo conflicto territorial está directamente asociado con el de la

titularidad para el ejercicio del dominio eminente sobre un territorio. El concepto de

4
Rafael Nieto Navia, “Análisis histórico y político del conflicto de las Malvinas” En: Revista Universitas,
Ciencias Jurídicas y socioeconómicas Nº 62 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1982)

9
10

soberanía comprende a) un aspecto interno que se manifiesta en el ejercicio del poder

supremo o imperium en forma exclusiva, y b) un aspecto externo que se evidencia en el

ejercicio de ese poder exclusive en forma excluyente de todo otro poder o imperium. El

Derecho Internacional distingue dentro del concepto de soberanía, entre el derecho a la

disposición de un territorio por parte de un Estado en forma exclusiva y excluyente, y el

ejercicio de ese derecho a través de la administración y contralor de competencias

soberanas sobre el territorio 5.

El ejercicio de competencias soberanas de un Estado sobre un territorio no


necesariamente implica que ese Estado tiene la titularidad o el derecho a la
soberanía sobre el territorio. Asimismo quien tiene la soberanía o titularidad
puede bien no ejercer en los hechos las competencias soberanas derivadas de
su derecho o titularidad. Por otra parte, el ejercicio de esas competencias
presupone que el Estado que las asegura es el que tiene responsabilidad
internacional sobre el territorio, independientemente de que sea o no el
titular de la soberanía. Es decir que un estado puede ser el titular de una
soberanía territorial sin posibilidad de ejercitarla o bien puede ejercer
competencias soberanas sin ser el titular del dominio eminente. Estas
situaciones en las que se produce un desdoblamiento entre el derecho y su
ejercicio se ejemplifican a través de casos de arrendamientos de territorios,
servidumbres condicionadas o bien de ocupaciones ilícitas. Tanto en casos
en que la titularidad está disociada del ejercicio de competencias como
consecuencia de un acto ilícito o de un acto ilícito, quien en definitiva
controla el territorio es el responsable internacional por el ejercicio de dichas
competencias. 6

I.1.2 NORMAS APLICABLES

Las reglas de juego aplicables a los conflictos de soberanía entre estados no


son otras que las previstas por el Derecho Internacional como los modos

5
Daniel Ávalos, Julio Balestra, María Paula Buontempo, Marta Capará, Vilma Falcón, Viviana Pértile, “El
derecho de autodeterminación de los Kelpers y el derecho territorial argentino en Malvinas” [En línea] En:
Revista: Publicaciones de trabajos de los alumnos (Resistencia, Chaco: Facultad de Humanidades de la
Universidad del Noreste, 2004-2005) URL: <hum.unne.edu.ar/publicaciones/
maes_desarrollo/Kelpers.html> [Consulta: Abril, 2005]
6
Ibíd.

10
11

válidos de adquisición de territorios. La práctica estadual, avalada por una


concordante y sólida jurisprudencia internacional, hace referencia, entre
otros modos válidos a: a) la ocupación inmemorial como ocupación efectiva,
pública, pacifica y continua sobre territorios sin dueño(res nullius); b) la
prescripción, como institución que partiendo de una ocupación efectiva,
inicialmente ilícita, es finalmente saneada en el tiempo a través del fiel
cumplimiento de ciertos requisitos preestablecidos; c) dentro de los modos
derivados, la sucesión de estados, que se define como el traspaso de la
titularidad en el dominio eminente y que involucra en principio el traspaso
de la responsabilidad internacional sobre el territorio objeto de la sucesión. 7

La sucesión de estados como modo de adquisición de territorios se distingue así

de la sucesión de estados entendida como una mera sustitución de un estado por otro en la

responsabilidad de las relaciones internacionales de un territorio. Esta última es la

definición que delimita el ámbito de aplicación de la Convención de Viena sobre

Sucesión de Estados en materia de tratados del año 1978 8.

Estos y otros modos válidos de adquisición de territorios son considerados como

las causas o fundamentos de titularidad territorial. El Derecho Internacional reconoce así

una diversidad de modos válidos que provocan, en consecuencia, un sistema multitular y

no unititular. Esto quiere decir que en un conflicto de soberanía no habría que definir

quien tiene el título sino quien tiene un mejor título.

El siguiente problema que se plantea se relaciona a la reubicación o jerarquización

de esos modos de adquisición con el fin de detectar, en un conflicto determinado, quien

tiene un mejor título. Al respecto, existen dos instituciones reconocidas y aplicadas en la

práctica internacional que fundamentan un criterio objetivo y racional: ellas son la

intertemporalidad del derecho y la fecha crítica.

La intertemporalidad del derecho es la aplicación del derecho vigente al momento

de producirse situaciones que implican el nacimiento, modificación o extinción de

7
Ibíd.
8
Ibíd.

11
12

derechos y obligaciones. Integra el concepto de intertemporalidad, la adaptación o

adecuación del derecho ya adquirido a la evolución del Derecho Internacional general. En

este caso se recurre a la intertemporalidad a los efectos de verificar, a posteriori de su

adquisición, el mantenimiento o subsistencia de un derecho determinado 9.

Por su parte, fecha crítica es la determinación en el tiempo del surgimiento de un

conflicto entre Estados. Esta institución se utiliza, asimismo, con el fin de ubicar

históricamente un hecho o situación que cristaliza o consolida derechos u obligaciones.

En este último supuesto habrá tantas fechas críticas como hechos alegados por las partes

necesiten analizarse a la luz del derecho contemporáneo a su realización. El efecto

inmediato de la determinación de una fecha crítica, en uno y otro supuesto, es el definir

un momento a partir del cual las acciones u omisiones de un Estado en conflicto no

pueden “mejorar” sus derechos oponibles al otro Estado existentes al memento de la

fijación de aquella fecha. Los actos u omisiones imputables a un Estado no pueden

“mejorar” pero si “deteriorar” sus derechos oponibles frente a otro Estado a partir de una

fecha crítica preestablecida 10.

I.2 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA

Las islas Malvinas constituyen un archipiélago de aproximadamente 12,000 11

kilómetros cuadrados situado a 470 kilómetros o 300 millas de la costa argentina sobre el

océano atlántico sur, un poco al norte de latitud de la boca del Estrecho de Magallanes 12.

La situación geográfica del archipiélago está marcada por los paralelos 51 y 53 de

latitud sur y por los meridianos 57º 30’ y 62º 30’ de longitud oeste,

9
Ibíd.
10
Ibíd.
11
Rafael Nieto Navia, “Análisis histórico y político del conflicto de las Malvinas” En: Revista Universitas,
Ciencias Jurídicas y socioeconómicas Nº 62 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1982) Laurio H.
Destafani, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, ante el conflicto con Gran Bretaña (Buenos Aires:
EDIPRESS, 1982), entre otros.
12
Destefani (1982) Pág.25

12
13

donde predominan a primera vista dos islas mayores: la Gran Malvina o Malvina

Occidental y Soledad o Malvina Oriental que están separadas por el Canal de San Carlos,

así como por más de un centenar de pequeños islotes, entre los que figuran las islas de

Águila, María, San José, Danican, San Rafael, Bougainville, Goicochea, De los Leones,

Sebaldinas, y muchas otras.

Figura 1.1 Mapa de las Islas Malvinas (Falkland Islands)

La geología de las islas Malvinas está estrechamente unida a la Patagonia, pero

tiene algunas características propias como la falta de algunos terrenos antiguos. La

mayoría pertenecen al período paleozoico medio y superior, mesozoico y cenozoico 13.

Sobre el duro basamento precámbrico, sólo visible en cabo Belgrano, aparece una

poderosa cobertura de sedimentos que van del devónico al pérmico, faltando el silúrico y

el cámbrico. Tampoco hay del jurásico al terciario, siendo los cuaternarios de poca

significación 14.

13
Ibíd.
14
Ibíd. Pág. 28

13
14

Del período cuaternario o neo-glacial, pueden señalarse las capas de turbas, suelos

vegetales y médanos, además de una característica geológica típica de Malvinas, llamada

“ríos de piedra”. El aspecto genera de las islas es montañoso, con sierras poco elevadas.

La principal cadena orográfica está en la Isla Soledad y se llama Monte Rivadavia

(Serranía Wickham). En la Gran Malvina se encuentra ubicada la mayor elevación,

Monte Independencia (Monte Adams), de 700 metros de altura; siendo seguido por el

Monte María y el Monte Vernet 15.

I.3 HISTORIA POLÍTICA DE LAS ISLAS MALVINAS 16

El descubrimiento de las islas es objeto de discusión, atribuyéndoselo a: Américo

Vespucio en 1501/1502; al navegante francés Binot Palmier de Gonneville en su viaje de

1502/1504; Esteban Gómez, piloto prófugo de Magallanes en 1520; al capitán Pedro de

Vera en 1526; a la nave “San Pedro de la expedición de Alcazaba en 1536; a la nave

“Incógnita” (por desconocer su nombre verdadero) de la expedición del Obispo de

Plasencia, llamada también de Camargo 17 y que comandó en realidad Fray Francisco de

la Ribera; al inglés John Davis en 1592; al capitán inglés Richard Hawkins en 1594 y por

último, al holandés Sebald de Weert en 1600 18. También se disputan el primer

avistamiento y descubrimiento del archipiélago.

I.3.1 DESCUBRIMIENTO, PRESUNTOS DESCUBRIMIENTOS, E HISTORIA

HASTA 1763

15
Ibíd. Pág. 30
16
El artículo de Rolando Laguarda Trias, “El descubrimiento de las islas Malvinas en 1520 y su
predescubrimiento presunto” En: Revista de Historia de América Nº 118 (México: Instituto Panamericano
de Geografía e Historia, 1994), abre nuevas interrogantes respecto al verdadero descubridor de las islas, sin
embargo como escapa a los objetivos de este estudio nos limitaremos a mencionar que existen numerosos
presuntos descubridores, aunque sólo nos limitaremos a dar una relación de los más consensuados.
17
Presumiblemente arribó a las islas el 4 de febrero de 1540. El puerto donde encalló, fue denominado “De
las Zorras”, por la cantidad de animales silvestres tales como lobos marinos, patos y zorros que habitaban el
archipiélago
18
José Arce, Las Malvinas (Las pequeñas islas que nos fueron arrebatadas) (Madrid: Instituto de Cultura
Hispánica, 1950) Capítulo I, Destefani (1982) Pág. 37

14
15

Lo que muchos autores asumen es que lo más probable es que el verdadero

descubridor de las islas Malvinas haya sido la nave “Incógnita” en 1540. Esta expedición

zarpó de Sevilla el 12 de enero de 1540; perdió su nave capitana en el estrecho de

Magallanes. Otra de sus naves consiguió luego de un temporal que la sacó del estrecho,

llegar a una tierra el 4 de febrero de 1540 (Significando esto que estuvieron navegando en

mar abierto, lo cual presuntamente podría desvirtuar el hecho de que hayan arribado a

islotes en el canal del Beagle), donde sus tripulantes permanecieron diez meses. De esta

nave no se conoce ni el nombre ni quien era su comandante, por eso se denomina

“Incógnita” 19.

Alonso de Santa Cruz confeccionó una obra que se conoce como el “Islario de

Alonso de Santa Cruz” o “El islario general de todas las islas del mundo” 20, editado en

1541, un año después del viaje de la Armada del Obispo de Plasencia y en esa

información que señala como de esa expedición establece:

(…) pasado el Cabo del Estrecho torna bolver la costa al sueste hasta dentro
de una gran baya por casi quarenta leguas y desde la baya torna a bolver al
noreste casi por cincuenta hasta un cabo que está junto a una baya dicha de
las Yslas la cual está en medio de dos cabos y delante della dos ysletas. Toda
la costa dicha está llena de bayas grandes y pequeñas, la cual también
descubrió el armada del Obispo de Plazencia, como arriba diximos; el cabo
dicho, está sesenta leguas al es-nordeste de la boca del estrecho, pasado el
qual y Baya de las Yslas torna a bolver la costa al sueste. 21

Los ingleses suponen que Davis descubrió las islas con la nave “Desire”. Davis

era desertor o se había separado de la expedición corsaria de Thomas Cavendish que

había fallecido a bordo del “Leicester”, en el viaje de regreso a Inglaterra 22, y habría

“descubierto el 14 de agosto de 1592, arrojados por un temporal entre ciertas islas nunca

19
Destefani (1982) Pág. 42
20
Publicado por Wieser luego de encontrarlo como manuscrito en la Biblioteca Imperial de Viena en 1908.
21
Alonso de Santa Cruz citado por Destefani, (1982) Pág. 45
22
Arce (1950) Pág. 27

15
16

descubiertas antes, y de las que ningún relato conocido hace mención; yacen a cincuenta

leguas o más de la costa al “este y nortemente del Estrecho”.

Las críticas de los autores argentinos refieren al hecho de que Davis no tuvo la

precaución de arcarse a las mencionadas “ciertas islas”, por otro lado, la distancia que

existe entre las islas y el estrecho de Magallanes es más de cincuenta leguas, siendo,

según el relato de John Jane 23, imposible alcanzar a recorrer dicha distancia en dos días

con la tecnología naval de esa época.

El descubrimiento de Davis parece dudoso por el hecho de que el relato de su

viaje fue publicado por John Jane, uno de sus tripulantes recién en 1600 y ese mismo año

estuvo de regreso en Holanda Sebald de Weert. Por otro lado, en una carta de la famosa

colección de Viajes Ingleses “Hakluyt” de 1599, aparecen las islas Sansón y no las que

había descubierto del desertor Davis. Por último, debemos considerar que la versión

británica es muy similar a la del islario de Santa Cruz de 1541.

El descubrimiento por parte de Sebald de Weert es el más aceptado generalmente

como el primer avistamiento que no tiene objeciones y reflejado en la cartografía

inmediatamente posterior. Se considera con mucha lógica que si Sebald de Weert

descubrió las Sebaldes o Sebaldinas (Islas Jason para los ingleses), con ello descubrió las

Malvinas.

De Weert fue uno de los lugartenientes de Jacobo Mahu, jefe de la expedición

llamada de los “cinco navíos de Rotterdam”. La mencionada expedición partió de

Holanda el 27 de junio de 1598; poco después, a la altura de las islas del Cabo Verde,

Mahu falleció. La flota atravesó el estrecho de Magallanes en septiembre de 1599;

algunos tripulantes fueron asesinados por los araucanos en las costas chilenas. La mala

23
John Jane fue el relator oficial del viaje de Davis. Autores argentinos afirman que es posible que la
necesidad compulsiva de Davis por “descubrir algo”, esté ligada a la necesidad de lograr cierto prestigio de
cara al juicio que le esperaba por su calidad de desertor, por otra parte, Jane no era parte de la expedición
de Cavendish.

16
17

suerte obligó a De Weert al mando del “Geleof” colocar proa hacia el estrecho para

volver a Europa.

El 24 de enero de 1600, el “Galeof” señaló al este una tierra desconocida. Se

encontraban a 50º 40’ de latitud Sur, y según su cálculo a 60 leguas del continente. A

medida que el “Geleof” se acercó a tierra se presentó en forma de tres islas que se

extendían del noreste al sudoeste. Estos hechos fueron consignados en el Diario de

navegación y las islas fueron bautizadas con el nombre de “Sebald de Weert”, nombre del

descubridor, pasando a denominarse Sebaldinas, islas que son parte del archipiélago

malvino 24.

Durante el XVII y principios del XVIII, y luego de varias expediciones piratas,

corsarias, e incluso reivindicadotas 25, el inglés John Strong navegó el estrecho que separa

las dos islas mayores (1690) y lo denominó Falkland, nombre que Gran Bretaña haría

extensible a todo el archipiélago malvino. A partir de 1701 tuvieron lugar diversas

expediciones de balleneros franceses procedentes de Saint-Malo, por lo que se empezaron

a conocer con el nombre de Malouines.

En conclusión, cualquiera que haya sido su nombre, si las islas fueron vistas en

1520 (Magallanes), 1535 (la “San Pedro” y luego en 1540 “la “Incógnita”), es evidente

que existían y que su existencia había sido comprobada. Existían y fueron descubiertas

aún en el caso de que sus descubridores no les hubiesen puesto nombre. Pero el

manuscrito de Santa Cruz comprueba que se las descubrió y se las llamó “Islas de Sansón

y de Patos”; y las cartas náuticas establecían que habían sido descubiertas y los

navegantes de la “San Pedro” y de la “Incógnita” ratificaron el descubrimiento. Los de la

última se limitaron a reconocerlas, puesto que, según afirman, figuraba en la carta de

navegación que tenían a la vista. Por otro lado, ciertamente las islas, y nuevamente

24
Arce (1950) Pág. 30
25
Entre otras las expediciones de Cowley (1683), Le Maire, Schouten (1616) o Dampier (1697), Pedro
Perré (1704), Alain Porée (1708), Brignon (1711), y Frezier (1714)

17
18

cualquiera que haya sido su nombre, recibieron diferentes denominaciones a lo largo de

la historia, Sansón y Patos en el siglo XVI, Sebaldinas en el XVII, y en el siglo XVIII la

historia conflictiva inicia contraponiendo los dos nombres con que hoy conocemos al

archipiélago, Malvinas, otorgado por los ocupantes de la época, y Falklands, nombre con

el que se conoce en la actualidad en los foros internacionales promovidos oficialmente

por el gobierno de su majestad británica.

Nos resulta interesante el análisis preliminar de la historia del descubrimiento,

ocupación efectiva, posesión, y soberanía, porque dichos temas se encuentran

íntimamente ligados a una concepción del derecho de conquista, y por extensión del

derecho internacional, que ha ido evolucionando paulatina pero significativamente desde

los tiempos en que el Papa era la autoridad internacional por excelencia en las cuestiones

relativas a los diferendos (Tratado de Tordesillas), hasta épocas recientes en que el nuevo

orden mundial nos ha obligado, con las limitaciones propias de una realidad belicista, a

organizar centros de discusión y foros de solución de conflictos (Naciones Unidas).

I.3.2 DESDE LA OCUPACIÓN DE 1764 HASTA LA INDEPENDENCIA

ARGENTINA Y LA OCUPACIÓN EFECTIVA DE LAS ISLAS

El conde Antoine Louis de Bougainville equipó una expedición que, bajo su

mando, zarpó de Saint-Malo y llegó a las Malvinas, fundando el 17 de marzo de 1764, en

la Mlavina Oriental, un fuerte que denominó Fort Royal o Fort Saint-Louis, llamado

después Port Louis. Ésta fue la primera ocupación de las Islas 26.

En 1765 John Byron de la Marina Real Británica recibió instrucciones de explorar

las islas Pepys y Malvinas. Byron arribó a la Malvina del Oeste, desembarcando en el

islote Trinidad (Saunders), en el lugar que denominó Puerto Egmont, en honor del primer

26
Quellet (1982) Pág. 29

18
19

Lord del Almirantazgo. El 8 de enero de 1766 una pequeña guarnición es establecida en

Puerto Egmont, 27denominada Fuerte George, en honor al rey Jorge III. 28

Ante esta situación, España protestó ante Francia la cual devolvió en 1767 el

territorio ocupado a los españoles, siendo nombrado el 4 de octubre de 1766 Felipe Ruiz

Puente gobernador de esas islas. El 28 de febrero de 1767 parte de Montevideo la

expedición destinada a tomar posesión de la colonia, arribando a Puerto Saint-Louis el 24

de marzo de 1767, un día antes de la fiesta de la Anunciación, festividad que le daría el

nombre a la isla (Berkeley Sound), tomándose posesión el 2 de abril del año mencionado,

conforme a las distintas relaciones de Bougainville, Ruiz Puente, y Manuel Cornejo,

comandante de una de las naves de la expedición 29, pasándose a llamar la población

“Soledad” 30.

Frente a la Gran Bretaña, España asumió una actitud diferente, ya que sus

reclamos no fueron satisfechos, y se demoró toda resolución que significara el retiro de

una presencia clandestina. Siguiendo órdenes del gobernador de Buenos Aires, Francisco

de Paula Bucareli, de cuya gobernación dependían las Islas por real cédula del 4 de

octubre de 1766, una expedición formada el 26 de marzo de 1770 expulsó por la fuerza a

los británicos en octubre 1770. 31

A pesar de la victoria militar española sobre las fuerzas de ocupación británicas,

España tuvo que dar vuelta atrás y reconocer los derechos británicos sobre la colonia de

Puerto Egmont en virtud del Acuerdo Masserano-Rochford. ¿Qué había sucedido?

Presumiblemente el orgullo militar y diplomático inglés habría llevado a la guerra a la

Europa por un incidente tan “minúsculo” como las islas, por esta razón, España decidió

no permitir que se generalizara un conflicto intra - europeo teniendo la certeza de que su

27
Ibíd.
28
Destefani (1982) Pág. 53
29
Quellet (1982) Pág. 32
30
Destefani (1982) Pág. 55
31
Quellet (1982) Pág. 33

19
20

aliada, Francia, no estaría dispuesta a intervenir en apoyar a los hispanos por una colonia

tan lejana y diminuta como las Islas Malvinas.

Lo que nos parece interesante notar es el hecho de que España reconoció los

derechos de los ingleses sobre Puerto Egmont, más no sobre el archipiélago entero, y esto

en virtud de que aparentemente las protestas británicas se dieron en razón de que si los

franceses habían recibido una reparación económica por parte del estado español, ¿por

qué los británicos no tendrían derecho a recibir algo a cambio?

El Acuerdo Masserano - Rochford es la base de la disputa sobre la cual los

ingleses cimientan los reclamos de soberanía sobre las Islas Malvinas (Falklands). Los

historiadores están de acuerdo cuando afirman que detrás del acuerdo mencionado hubo

una negociación oculta, en la cual aparentemente se decide poner a salvo el honor de

ambas naciones, siempre y cuando Inglaterra retire sus fuerzas, pero España le reconozca

ciertos títulos, los cuales casualmente no hablan en ningún momento de soberanía

efectiva sobre los territorios.

Recién el 20 ó 22 de mayo de 1774 los ingleses evacuaron Puerto Egmont, pero

dejaron una placa en la que decían en inglés:

Sepan todas las naciones, que las islas Falklands, con su puerto, los
almacenes, desembarcaderos, puertos naturales, habías y caletas a ellas
pertenecientes, son de exclusivo derecho y propiedad de su más sagrada
Majestad Jorge III, Rey de Gran Bretaña. En testimonio de lo cual, es
colocada esta placa y los colores de Su Majestad Británica dejados
flameando como signo de posesión por S. W. Clayton Oficial Comandante
de las Islas Falklands. S.D. 1774. 32

En conclusión, España ocupó y mantuvo presencia efectiva en las islas entre 1767

y 1811, y exclusivamente entre 1774 y 1811, colocando gobernadores y demás

32
Destefani (1982) Pág. 59

20
21

autoridades, gracias a la más extensa y completa soberanía política sobre el archipiélago.

Por lo tanto, en virtud del Uti Possidetis, Argentina es la natural heredera de las islas

como heredera es de la superficie que ocupaba el resto del virreinato del Río de la Plata.

Argentina heredó de España sus derechos sobre las Malvinas. Desde 1811 a 1820

las islas permanecieron sin ser ocupadas; luego, el 6 de noviembre de 1820 y hasta 1824

se sucedieron tres comandantes militares argentinos, mientras que el gobierno daba

concesiones a Angel Pacheco y en 1829 nombró a Vernet como primer gobernador

Político y Militar de las Malvinas. Después de recibir un ataque de la fragata

estadounidense “Lexington”, se volvió a nombrar otro gobernador, el mayor Mestivier,

quien fue asesinado por sus hombres, quedando entonces a cargo de las islas el teniente

coronel de Marina José María Pinedo con la goleta “Sarandí”. Finalmente sobrevino el

ataque inglés que terminó con la ocupación de las islas el 3 de enero de 1833 33.

I.3.4 NEGOCIACIONES ENTRE 1833 Y EL 2 DE ABRIL DE 1982

El título de este sub-capítulo resulta pretencioso e inexacto. Inglaterra solamente

accedió a discutir el status de las Malvinas por iniciativa de la ONU en el año de 1965, es

decir, durante más de 120 años, las reclamaciones argentinas respecto de la soberanía de

las islas fueron sistemáticamente rechazadas por parte de Londres.

Al discutirse en San Francisco la estructura que tendría la ONU, antes de

adoptarse la Carta constitutiva, la Argentina, el 23 de mayo de 1845, efectuó clara reserva

en el sentido de que ningún caso acepta que el sistema de fideicomisos pueda aplicarse

a/o territorios que le pertenecen, sea que ellos fuesen objeto de reclamo o controversia, o

que estuviesen en posesión de otros Estados 34.

El proceso de descolonización es uno de los grandes éxitos que ha tenido

Naciones Unidas (ONU) y constituye uno de los hechos más significativos del proceso de
33
Destefani (1982) Pág. 73
34
Quellet (1982) Pág. 51

21
22

la posguerra. El paso dado entre el Pacto de las Naciones y la Carta de la ONU; no se

limita a tratar solamente que el problema del mandato o del fideicomiso sobre las ex-

colonias de las potencias vencidas en la primera y segunda guerra, sino también el hecho

de que las potencias coloniales tuvieron que reconocer la incorporación en dicha Carta,

de normas que les fijaban conductas que deberían seguir en sus colonias. Así, el problema

de las colonias salió de la esfera interna, para transformarse de interés y responsabilidad

internacional.

La Carta que se refiere a los propósitos de la ONU establece como uno de ellos:

"fomentar entre las Naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de

la igualdad de derecho y de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas

adecuadas para fortalecer la paz universal 35". En efecto, el principio de la libre

determinación ha sido ideológicamente la palanca que ha movido todo el proceso de

descolonización y en cuyo nombre ha tenido lugar.

En 1960 la Asamblea General sancionó la Resolución 1514(XV) que determinó

las condiciones y requisitos que deben cumplirse para la concesión de la independencia a

los países y pueblos coloniales. Esta resolución fue redactada teniendo en mira la

situación general de los territorios no autónomos en los que existe una potencia colonial

que detenta la soberanía y un pueblo subordinado no autónomo 36. El caso de las Malvinas

resultó atípico frente a esta disposición. Existía una potencia colonial que detenta la

soberanía, con un derecho bastante discutible, y existe una pequeña población,

introducida y creada por la misma potencia, que impidió, salvo muy contadas

excepciones, el ingreso y el afincamiento de pobladores de otro origen 37.

35
Carta de las Naciones Unidas firmada en San Francisco, CA, Estados Unidos el 26 de junio de 1945
(Entrada en vigor: 24 de octubre de 1945)
36
RESOLUCIÓN 1415(XV) “Declaración sobre la concesión de la Independencia a los países y pueblos
coloniales NACIONES UNIDAS - Resoluciones aprobadas por la Asamblea General durante su
decimoquinto periodo de sesiones. Volumen I, 20 de septiembre-20 de diciembre de 1960, suplemento Nº
16 (A/4684), Págs. 70-71
37
Bonifacio del Carril, El futuro de las Malvinas (Buenos Aires: EMECÉ, 1982) Pág. 34

22
23

Las Malvinas para la República Argentina, son un pedazo de Patria cautiva. En

conceptos más ajustados a una terminología jurídica, el ex canciller argentino, Miguel

Ángel Zavala Ortiz, las definió como un territorio sometido a una administración

ilegítima, que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte ejerce sobre una

parte integrante de nuestro territorio nacional, ocupado por la violencia. Es importante

hacer notar que Argentina no considera a las Malvinas como un territorio colonial, pues

no ha habido siquiera, una ocupación de tal tipo que pudiera transformar el territorio

poseído por la fuerza, de facto, en colonia. Esa ha sido la doctrina y la posición

tradicional de la Argentina 38.

Para la ONU, es un territorio no autónomo, comprendido entre aquellos a que se

refiere la Carta de la Organización en sus artículos 73 y 74, y al que son aplicables las

disposiciones de la resolución 1514 (XV). Entonces la ONU ve a esta área como un

territorio, no una población, que debe ser descolonizado. La Argentina entiende que, pese

a no ser colonia en sentido estricto, la ONU es competente para entender el proceso de

descolonización 39.

Para el Reino Unido, las Malvinas constituyen una colonia. Considera, además,

que son dependencias de dicha colonia las Georgias y Sándwich del Sur. Estos últimos

territorios como hemos señalado, también están en reclamación por parte del gobierno

Argentino.

Entre el 8 y el 18 de septiembre de 1964, el Subcomité III examinó la cuestión del

territorio de las Islas Malvinas, aprobando por unanimidad sus conclusiones y

recomendaciones sobre la cuestión, que, juntamente con su informe, fueron sometidos a

la consideración del Comité Especial (Comité de los 24) 40. Éste, en su 311º sesión,

38
Quellet (1982) Pág. 55
39
Ibíd. Pág. 56
40
La defensa de los intereses argentinos estuvo a cargo del embajador José María Ruda, y se encuentra
documentada en Naciones Unidas bajo el código A/AC.109/SC.4/SR.25. del 9 de septiembre de 1964 en
idioma español.

23
24

celebrada el 13 de noviembre de 1964; “Aprobó sin objeciones el informe del subcomité

III, relativo a las Islas Falkland (Malvinas), con la modificación introducida, consistente

en añadir la palabra “Malvinas” 41 entre paréntesis a continuación de las palabras Islas

Falkland, cada vez que estas últimas apareciesen en el informe” 42

La resolución 2065 (XX), aprobada el día 16 de diciembre de 1965, consideró

todos los aspectos en cuestión. En primer lugar, declaró que el caso de las islas Malvinas

se encuentra comprendido en las disposiciones de la Resolución 1514, o sea, que Gran

Bretaña debe descolonizar las islas aunque la pequeña población que las habita desee

permanecer británica (el caso atípico quedó resuelto con esta declaración de la

Asamblea); en segund lugar, reconoció la existencia de una disputa entre Gran Bretaña y

Argentina sobre la soberanía de las islas, e instó a los gobiernos a resolverla

pacíficamente; finalmente, declaró que la cuestión debe resolverse teniendo en cuenta las

disposiciones y objetivos de la Carta y la Resolución 1514 43.

En enero de 1966, el canciller británico Michael Stewart se trasladó

personalmente a Buenos Aires para iniciar las negociaciones con el canciller argentino.

Las conversaciones se prolongaron hasta 1968 cuando trascendió que se había llegado a

un principio de acuerdo en virtud del cual Gran Bretaña reconocería finalmente la

soberanía argentina sobre las islas 44. Según trascendió el reconocimiento se llevaría a

cabo no antes de los cuatro ni después de los diez años de finalizado el mencionado

encuentro 45.

Cabría hacer una aclaración: la Resolución 1514 autoriza la regulación de los

territorios en estado colonial o dependiente de una potencia extranjera, pero la posible

41
La enciclopedia británica acepta que “algunas” personas conocen a las Falkland como Malvinas.
42
Informe del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la
declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Anexo: Informe del
subcomité III Islas Falkland (Malvinas). A/5800/Add.7 – 15 de enero de 1965. NACIONES UNIDAS -
Asamblea General. Relator: Sr. K. Natwar Singh (India)
43
Del Carril (1982) Pág. 36
44
Ibíd. Pág. 37
45
“Un malogrado acuerdo secreto para recuperar las Malvinas” declaración del ex embajador argentino en
Londres, brigadier Eduardo Mc Loughlin en La Nación, 14 de abril de 1982

24
25

solución de conflictos se encuentra ligada a la satisfacción de los intereses de los

habitantes, entendiéndose por intereses, el respeto a sus propiedades, el mejoramiento de

sus condiciones de vida, la implementación de mejores servicios, y todo aquello que

implique un desarrollo de su economía local. Debemos diferenciar “intereses” (término

que, como hemos visto, está vinculado a condiciones materiales), de “deseos”, que por lo

expuesto, se convierten en una mera relación romántica con la colonia o la metrópolis.

Desde 1968 hasta 1973 el gobierno británico pretendió transformar las

“negociaciones” en “conversaciones”. Argentina denunció ante la ONU este alejamiento

del objetivo central. Frente a esto, la ONU adopta la Resolución 3160(XXVIII), de

diciembre de 1973, donde hace conocer a las partes su preocupación por la falta de

progreso en las negociaciones, instando a continuarlas inmediatamente 46.

En 1970 se inicia conversaciones especiales en Londres, y lo más trascendente se

produce en Buenos Aires, en el marco de la Segunda Rueda de Conversaciones

Especiales, definiéndose la creación de una Comisión Consultiva, y la promoción de

comunicaciones y movimiento de personas, documentación para el traslado de

obligaciones militares para malvinenses nativos; obligación del Gobierno británico para

establecer una línea marítima; responsabilidad del Gobierno argentino para poner en

servicio una línea aérea con frecuencia semanal, entre otros acuerdos 47.

Sin embargo, Gran Bretaña se opuso a negociar el tema de la soberanía,

sosteniendo respecto a la descolonización, el derecho a la autodeterminación de los

malvinenses, así como el respeto por sus deseos. Al final del período, aquella posición

adquirió un nuevo matiz: las negociaciones por la soberanía debían ser sustituidas por

conversaciones o discusiones sobre cooperación económica. La Argentina rechazó

las posiciones británicas basándose en las resoluciones de la ONU, defendiendo además

46
Quellet (1982) Pág. 83
47
Ibíd. Pág. 84

25
26

las tesis de integridad territorial y respeto por los intereses y no deseos de los

malvinenses 48.

En enero de 1976 las relaciones entre Gran Bretaña y Argentina tocaron el punto

más bajo en toda la historia de las negociaciones previas a la guerra. El Buque de la

Armada de la República Argentina (ARA) Almirante Storni interceptó el buque

oceanográfico Shackleton, causando un incidente que produjo el retiro de los

embajadores de ambos países a sus respectivas capitales 49.

Si bien en 1977 se reiniciaron las conversaciones, la percepción que tenía el

gobierno argentino respecto a las actitudes de Gran Bretaña, era que el interés de esta

última era prolongar las negociaciones ad infinitum, desconociendo así los mandatos de

la ONU, sobretodo después de que Ridley realizó la propuesta concreta de congelar las

negociaciones, en la última ronda de negociaciones llevada a cabo en Nueva Cork entre

el 23 y el 24 de febrero de 1981 50.

I.4 LA PERCEPCIÓN INGLESA DEL PROBLEMA

Las Falklands son vistas como propias por los ingleses en virtud del principio de

la autodeterminación de los pueblos. El gobierno de las Falklands ironiza la posición

argentina afirmando que si las Falklands son parte del territorio argentino, éste país

debería iniciar acciones para recobrar la soberanía sobre Uruguay, Paraguay y el Alto

Perú 51.

Sin embargo, el punto más importante sobre el cual los ingleses basan el

fundamento de la posesión y soberanía sobre las Malvinas, es el que afirma que las

Falklands, al momento de la ocupación de 1766, se encontraban en condición de res

48
Ibíd. Pág. 85
49
Ibíd. Pág. 86
50
Del Carril (1982) Pág. 42
51
Material publicado en la página oficial del gobierno autónomo de las Falklands [En línea] URL:
<www.falklands.gov.fk/> [Consulta: Mayo, 2005]

26
27

nullius; por lo tanto, después de su expulsión, en 1833 lo qué hicieron fue recuperar la

soberanía cedida a España durante el espacio de tiempo transcurrido. Reflexionando

brevemente sobre este punto, los ingleses al momento de la expulsión por parte de los

españoles dejan una placa de plomo que hacía constar que esos territorios pertenecían al

rey Jorge III. Los Estados Unidos dejaron una bandera en la luna, ¿Significa eso que

tienen derechos de soberanía por haber dejado una manifestación de una primitiva

ocupación del territorio?

Por otro lado, el paso del tiempo ha hecho, según los ingleses, que prescriba todo

tipo de reclamaciones argentinas, afirmando que en todo este tiempo las Falklands han

sido administradas por ingleses, los habitantes son nacidos o descendientes de ingleses, el

idioma oficial es el inglés, y recientemente, la constitución europea los ha reconocido

como territorio europeo, adjudicándoles los mismos derechos que a los países de Europa

continental.

Aquí nace nuevamente la cuestión de la autodeterminación vinculada con los

deseos de la población. Los defensores de la tesis inglesa argumentan que los argentinos

desean acabar con el colonialismo inglés en el Atlántico Sur basándose en un instrumento

colonialista europeo del siglo XV, el Tratado de Tordesillas 52. Nos encontramos ante una

concepción Lockeana del derecho internacional: tiene mayores y mejores derechos sobre

la tierra, aquel que es capaz de explotarla y trabajarla en su beneficio.

52
Peter Sager, El caso ejemplar de las Falkland. Una pauta de orientación (Berna, I.S.E. Berna, 1983)
Pág.28

27
28

CAPÍTULO II
¿POR QUÉ ARGENTINA?: DESDE SU GUERRA JUSTA
HASTA NUESTRA CAUSA NACIONAL

Responder a la pregunta que titula esta parte del capítulo podría ofrecernos

probablemente un sin fin de respuestas, y todas correctas, vinculadas con el sentimiento

de solidaridad que invadió a casi todos pueblos latinoamericanos. Sin embargo,

asumimos que la “solidaridad” al no ser un elemento material probatorio, subjetivo,

palpable, ni cuantificable, sino más bien un sentimiento vinculado con el afecto y la

cercanía de dos pueblos, no puede ser considerada como un motivo causal objetivo y

práctico para entender la posición parcializada latinoamericana y peruana a favor de la

Argentina.

II.1 LOS LAZOS POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS:

Si bien la república Argentina tuvo un enfrentamiento colateral con el Perú al

combatir a la Confederación Perú Boliviana, este conflicto no estuvo vinculado con un

ataque al proyecto integracionista andino, sino como un reclamo territorial exclusiva a

Bolivia y a Argentina por la zona de Tarija. Esta reclamación se encuentra ligada a la

idea persistente de integración territorial del virreinato durante el periodo de la

Confederación Argentina, y fue sostenida por don Juan Manuel de Rosas en su calidad de

gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores. Rosas no reconoció

jamás la independencia de Paraguay por considerarla una provincia de la Confederación.

Su trato hacia Bolivia fue como si se tratara de una parte constitutiva de ella, y más aún

lo fue hacia Uruguay.

A la relación bilateral entre Perú y Argentina le cabe la caracterización de

“histórica”. No sólo compartimos un pasado colonial hispánico, sino que el proceso de

28
29

independencia tanto de Perú como de Argentina, se encuentra adscrito a la misma

corriente emancipadora.

Recién hacia el año de 1874 Argentina y Perú firmaron su primer acuerdo

bilateral, el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, y la Convención Postal entre la

República Argentina y la República del Perú, ambos en la ciudad autónoma de Buenos

Aires, el 9 de marzo del año mencionado. 53 No existieron acuerdos antes de 1874, porque

entre otras cosas, ambos países no comparten fronteras, y las condiciones políticas tanto

argentinas como peruanas, obligaban a una política casi permanente de sofocamiento de

conflictos internos. Recién se adopta cierta institucionalidad en el Perú con el “boom”

guanero y la Constitución de 1860, mientras que en Argentina, con la caída de Rosas en

1852, y la Constitución de 1853, se funda un estado liberal, moderno y con la capacidad

de mirar fuera de sus fronteras en busca de integración. El modelo agroexportador

argentino exigía la firma de tratados de comercio y la búsqueda de nuevos socios

regionales a quienes exportar sus productos.

En el último cuarto del siglo XIX se dieron una serie de coincidencias

diplomáticas entre peruanos y argentinos, más aún con la propuesta peruana de formar

una alianza defensiva conjuntamente con Bolivia en 1873. El tratado que terminaron

firmando solamente Perú y Bolivia fue el instrumento que reorientó la política regional.

Acaso si Argentina se hubiera plegado al pacto, el destino de Chile ¿hubiera sido el

mismo que el de Paraguay en la guerra de la Triple Alianza?

II.1.1 LA INTERVENCIÓN DE LA DIPLOMACIA ARGENTINA EN LA

GUERRA DEL PACÍFICO

Al iniciarse la guerra entre Perú y Bolivia contra Chile, en Argentina se vivía un

aire de júbilo por la muy probable unión a la causa aliada. La diplomacia peruana se

53
Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y Centro de Estudios de Política Exterior
(CEPE) Argentina – Perú. Acuerdos bilaterales 1874-2000 (Buenos Aires: CARI - CEPE, 2003) Pág. 2-17

29
30

mostraba agresiva tratando de convencer a la Argentina de que se plegara al conflicto,

abriéndole un segundo frente a los chilenos por el sur.

La cancillería peruana derrochaba agilidad (…) el 7 (de marzo de 1879)


ordenaba al ministro Latorre, residente en Buenos Aires, gestionar
nuevamente la adhesión de la Argentina a la alianza. Si la Argentina no
aceptaba, le instruía de pedir que prestara a su nombre para la compra de un
blindado o dos en Europa, bajo pabellón argentino, ofreciendo reciprocidad.
Un día más tarde instruyó a Latorre de ofrecer al gobierno argentino todo el
litoral del Pacífico que quedase frente a la provincia de Salta.54

El polo argentino antichileno estaba muy a favor de una alianza militar con los

países andinos, y veía con malos ojos la posibilidad de entendimiento Pacífico con Chile

a raíz de los problemas limítrofes patagónicos. Por otro lado, se afirmaba que el origen de

las fortunas de las provincias argentinas de Salta y Jujuy formadas antes de 1875,

derivaba casi exclusivamente de la exportación de vacas, mulas, ovejas y caballos al Perú

y Bolivia. 55

Aunque existían polos pacifistas, encabezados por Bartolomé Mitre, Julio

Argentino Roca y Nicolás de Avellaneda, esto no impidió que aparecieran

manifestaciones espontáneas de solidaridad y apoyo a la causa peruano-boliviana. De

hecho, las fuerzas armadas argentinas tenían corrientes pro-peruanas, y más de un

centenar de oficiales y jefes militares se alistaron como voluntarios en la Legación del

Perú, entre ellos, el futuro presidente Roque Sáenz Peña.

Debemos tener en cuenta que antes del inicio de la Guerra del Pacífico, Argentina

tenía intereses en la región, y planes concretos de integración a través de una red

54
Documentos secretos del archivo de la Cancillería peruana, sustraído por el invasor chileno durante la
ocupación de Lima, citado por Pablo Lacoste, La imagen del otro en las relaciones de la Argentina y Chile
(1534-2000) (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, Universidad de santiago de Chile-Instituto de
Estudios Avanzados, 2003) Pág. 304
55
Roberto Payró, En las tierras del Inti (Buenos Aires: EUDEBA, 1909) Pág. 203

30
31

ferroviaria que uniera las provincias del noroeste argentino con el litoral boliviano,

acompañando esta obra con estaciones postales y una línea telegráfica. 56

La posición oficial del gobierno argentino de Nicolás de Avellaneda ante el

conflicto poco tuvo que ver con las ideas americanistas de Sarmiento. 57 La política

argentina hacia los futuros derrotados fue ambigua. En nota diplomática a Luis

Domínguez, ministro argentino en Río de Janeiro, el canciller Bernardo de Irigoyen

manifestaba que:

Este gobierno (el argentino) está resuelto a mantenerse estrictamente


prescindente e imparcial en las agitaciones internas de la República Oriental
y demás Estados vecinos. Ha rehusado y rehusará toda participación en ellas,
limitándose cuando sea oportuno a interponer aquellos oficios amistosos que
aconseja la buena vecindad de pueblos estrechamente ligados por los
vínculos del pasado y los intereses del porvenir. Avellaneda, Bernardo de
Irigoyen. 58

La categórica victoria naval chilena en la guerra del Pacífico había alarmado a la

cancillería argentina. La captura del acorazado peruano “Huáscar”, el asalto triunfal al

morro de Arica y la invasión y posterior saqueo de Lima, les habían otorgado un prestigio

inmenso a las fuerzas armadas chilenas. Por otro lado, estos hechos creaban la sensación

de que se estaba produciendo una ruptura del equilibrio en el cono sur del continente.

Además del peligroso desbalance estratégico, figuraba no el temor de una

invasión, sino la sensación de que Chile se estaba apoderando de espacio boliviano bajo

su órbita de influencia, y que perjudicaba no sólo su posición dominante sobre el sur

andino, sino las relaciones económicas entre Cobija y Potosí, con las provincias
56
Carlos Bulcourf, Diplomacia Argentina en la Guerra del Pacífico (Buenos Aires, Ediciones Cooperativas,
2003) Pág. 22
57
Por “americanismo” entendemos “sudamericanismo” de acuerdo a la vocación de los gobiernos
históricos, y la creciente oposición a los Estados Unidos. Argentina mantiene una tradición de
enfrentamiento con EE.UU. y se define como abanderada de la “latinidad”. Este concepto será mucho más
visible durante el gobierno de Perón, y hasta el gobierno de Onganía.
58
Ministerio de Relaciones Exteriores, comercio exterior y culto, La Política Exterior en la República
Argentina (Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1931) Pág. 337

31
32

argentinas fronterizas con Bolivia. Efectivamente, con la construcción posterior del

ferrocarril que unía el flamante litoral chileno con Uyuni (Bolivia), el comercio entre el

norte argentino y el sur boliviano prácticamente quedó reducido a nada. Ante esta

situación es que el gobierno argentino decide aumentar el gasto bélico, solicitando

créditos y la pronta adquisición de buques y armamento. 59

Ante la tensa situación, la posibilidad de perder hegemonía e influencia sobre la

región, soportar el prestigio ganado de las fuerzas armadas chilenas y sobretodo,

solucionadas las cuestiones del reciente norte chileno, Chile podría iniciar esta vez, con

una tradición vencedora, una negociación desde una mejor posición internacional por los

puntos que dejó pendiente el tratado de 1881. La participación argentina en el conflicto

responde a intereses nacionales, y su mediación es precisamente el acto reflejo por el cual

trata de tomar protagonismo en el conflicto, dejando claramente establecido que tiene

intereses Pacíficos y andinos, y posicionando su tesis de país bi-oceánico. La razón de la

mediación argentina obedece a una causa más estratégica que humanitaria: Chile estaba

ganando la guerra y Argentina no permitiría que un tradicional enemigo se engrandeciera

y enriqueciera de cara a un muy potencial futuro enfrentamiento.

El interés en la mediación respondía también a las expresiones de solidaridad del

pueblo argentino para con Perú y Bolivia. Ayer como hoy, el capital político que produce

el respaldo popular siempre es bien aprovechado por los políticos de turno. Las

expresiones de repudio fueron tales que se llegó a apedrear a la legación chilena en

Buenos Aires el 6 de abril de 1880, sin contar el hecho de que la legación argentina se

había retirado de Santiago aduciendo motivos que dañaban la honra nacional. 60

Desde un punto de vista nacionalista chileno, el triunfo sobre Paraguay,

conseguido sobre la base de alianzas políticas y militares, fue un éxito para los intereses

del expansionismo argentino. Con este antecedente, no fue raro que ocho años más tarde

59
Op. Cit. Bulcourf (2003) Pág. 27
60
Ibíd. Págs. 29-30

32
33

Domingo Faustino Sarmiento repitiera la fórmula suscribiendo un tratado similar, esta

vez con otros actores: los aliados serían Perú y Bolivia, mientras que el enemigo sería

Chile. El motivo que llevaría a Argentina a unirse con países del Pacífico sur sería

consolidar sus aspiraciones sobre la totalidad de la Patagonia, cumpliendo con la

tendencia aliancista connatural de Perú-Bolivia-Argentina en sus conflictos con Chile.

Sobre lo anterior, el Senador chileno Exequiel González Madariaga escribió a

finales del siglo XX:

No se liquidaba todavía la guerra de la Triple Alianza, cuando Argentina,


por recomendación de Sarmiento, negociaba en 1873 el Tratado Secreto con
Perú y Bolivia en contra de Chile. Este tratado lo aprueba con holgada
mayoría la Cámara de Diputados, pero se detiene en el Senado, por los
recelos que despierta la conducta de Brasil. Sin embargo, durante la guerra
del '79 se reanudan gestiones para finiquitar la Triple Alianza del Pacífico,
alentada esta vez por Argentina por su ambición de unos cuantos grados
geográficos de océano, pero hace abortar la maniobra los sucesivos triunfos
militares de Chile. Argentina, impertérrita, siempre aguijoneada por su
sentido imperialista, no cesa en su empeño. Durante la administración de
Pellegrini, consecuencia de la revolución del '90, y siendo Canciller el Dr.
Zeballos, ofrece a EE.UU el paso de sus fuerzas militares por su territorio,
cuando éste proyecta ocupar Antofagasta, con motivo de los incidentes del
Baltimore. ¿Cuál es el precio de esta deslealtad a la fraternidad americana?61

Después de los sucesos del 21 de mayo y del 8 de octubre de 1879 (Combates

navales de Iquique y Punta Angamos), en el que se perdieron sucesivamente a la

“Independencia” y al “Huáscar”, cualquier oportunidad de que Argentina se plegara a la

alianza peruano-boliviana se desvaneció, puesto que sumado al prestigio de la armada

chilena, Argentina ya no vería con tanto optimismo la posibilidad de una victoria aliada

61
Corporación de defensa de la soberanía “¿Argentina una nación “americanista”?: el “caso Baltimore” y
otras alianzas históricas de Argentina contra Chile y sus demás vecinos” [En línea] URL:
<http://www.soberaniachile.cl/argent3a.html#sub2> [Consulta: Junio, 2005]

33
34

sobre Chile. Quizá su intervención se hubiera convertido en una inversión bastante

insegura, teniendo en cuenta que la “cobardía” y la “incapacidad militar”, dos de los

mitos argentinos anti-chilenos, quedaban resueltamente negados en las frías aguas del

Pacífico.

Sin embargo, la no intervención militar en el conflicto y la falta de decisión para

la adhesión a la alianza, no significó de ninguna manera que la posición Argentina se

hubiera reorientado hacia una posición neutral. Por el contrario, las posiciones argentinas

fueron aún más decididas a criticar el derecho de conquista, y el derecho chileno sobre la

provincia de Antofagasta.

No olvidemos que el intento de mediación argentina estuvo necesariamente ligado

a la capacidad de llegar a un acuerdo con el Brasil. Atraer a Brasil a los países

involucrados en la guerra, significaba traer el equilibrio de fuerzas del Atlántico al

Pacífico, cada cual tomando parte por su predilecto. Sin embargo, el acercamiento de

Brasil al Pacífico, también aseguraba tácitamente la neutralización de todo tipo de

problemas pendientes en aras de un interés mayor, como sería la pacificación de la zona,

de esta forma se lograba un triple objetivo: primero abrir una puerta para la intervención

argentina; segundo, eliminar el peligro de una preponderante intervención brasilera, y

tercero, mantener a Estados Unidos de Norteamérica fuera del foco de acción.

Normalmente se afirma que el estado chileno preocupado por consolidar

políticamente su avasallador triunfo militar sobre el Perú y Bolivia, descuidó la

integridad de su sur, cediendo con total facilidad y sin mayores reclamos la Patagonia, un

área de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados, al estado federal argentino.

Evidentemente, Chile no hubiera estado en capacidad de defender esa área de haberla

ocupado efectivamente. Es probable que el gobierno chileno haya querido cerrar o

reducir el litigio y se haya apresurado a firmar un tratado de paz en 1881. Sin embargo

debemos considerar que la Patagonia era un territorio casi desconocido, virgen, y al que

34
35

no se le adjudicaba ningún valor. La élite dirigente chilena, prefería asegurarse los

accesos al Atlántico Norte, centro de la economía mundial; y con el tratado de 1881,

Chile se aseguraba el control del Estrecho de Magallanes, el Canal del Beagle, y la ruta

del Cabo de Hornos. Por otro lado, los títulos jurídicos chilenos sobre esta zona austral

eran demasiado débiles, no mantenía dominio real sobre el área y tenía un interés

centrado en las riquezas del norte.

Más de dos años pasaron entre la ocupación efectiva de la capital peruana y la

firma del Tratado de Ancón. El tiempo transcurrido entre uno y otro hecho son la

contraparte al éxito militar: un fracaso diplomático. Hoy en día las negociaciones por la

paz toman incluso décadas, los procesos de desarme y pacificación pueden tornarse

interminables, pero en el siglo XIX, la ocupación de la capital de uno de los beligerantes

normalmente traía consigo la rendición incondicional. La dilatación de las negociaciones

debió facilitar la posición peruana para la no cesión de territorio, por ello intervinieron

Estados Unidos primero, y la Argentina después.

El general Roca, antes de asumir por segunda vez la presidencia argentina

participó en las negociaciones, tal y como se reflejó en un par de cartas que envió al

ministro Arroyo en Lima. En la primera, fechada el 26 de mayo de 1898, Roca impulsó a

Arroyo a estrechar lazos con Perú. Le aseguró que se encontraban en condiciones de

prestar apoyo “a los débiles que sean ultrajados”. Luego señaló que “Argentina no

permitirá que éste (Chile) continúe su obra de conquista”. Disculpándose por no haber

intervenido entre 1879- 1880, se excusaba afirmando que su intromisión “hubiera traído

como consecuencia una conflagración sudamericana”. 62

Argentina se mostraba entonces como un estado sólido, dispuesto a buscar el

liderazgo regional y sub - continental, jugar un papel decisivo en el Cono Sur, y hacer

sentir su autoridad no solamente en el Atlántico, sino también al otro lado de la

62
Op. Cit. Lacoste (2003) Pág. 311

35
36

cordillera. Argentina atravesaba uno de sus mejores momentos políticos, una estabilidad

envidiable, y un marcado respeto a las instituciones, que le habían permitido superar

problemas internos y externos con el Uruguay y el Imperio del Brasil. Teniendo la

neutralidad de sus vecinos asegurada, ¿qué impedía entonces que jugara un papel

preponderante a favor de Perú para la solución del problema de Tacna y Arica?

¿Sospechaba que las negociaciones por esas provincias se tornarían ad infinitum? El

presidente Roca manifestaba lo siguiente:

Conociendo como conocemos a Chile en sus tendencias de dominio y


absorción y que es un vecino peligroso, es que nos hemos colocado en un pie
de armamento y organización en que nos encontramos actualmente, que si
nos sirven para evitar la guerra con aquel país, nos servirán también para
evitar sus planes de absorción y ensanche de conquista por el norte del
Pacífico. 63

Roca además afirmaba que había llegado el momento de no solamente dejar de ceder

territorios tales como “los puertos que nos correspondían en el Pacífico, más de la mitad

de tierra del fuego, y parte del mismo estrecho”, sino que había llegado el momento de

recuperarlos, siendo su posición en caso de un rompimiento argentino-chileno, el de no

reconocer el derecho de conquista sobre Atacama y Tarapacá. 64

En el año de 1898 el Perú continuaba negociando la pronta realización del

plebiscito que determinaría la suerte de las provincias de Tacna y Arica. Con tal motivo

se encargó a Billinghurst iniciar las negociaciones para el pronto cumplimiento del

tratado de 1883. El diario limeño El Comercio, parodiando las Siete palabras de Cristo en

la Cruz, publicaba Las siete palabras de Tacna y Arica en la Cruz del Calvario,

expresándose así:

63
Carta del presidente argentino Julio Argentino Roca al ministro (embajador) argentino en Perú Agustín
Arroyo. Párrafo citado en Lacaste (2003) Pág. 311
64
Op. Cit. Lacoste (2003) Pág. 312

36
37

I. Argentina; castígalos porque saben lo que hacen.


II. Bolivia; ayer fuiste con nosotros.
III. Perú; he aquí a tus hijos
IV. Chile, inicuo Chile, ¿por qué nos retenéis esclavizados?
V. Sed de libertad tenemos.
VI. El plazo de ocupación está consumado.
VII. Billinghurst; en tus manos encomendamos nuestro rescate. 65

El apoyo argentino a la causa peruana puede ser visto de la misma forma con que

intentamos ver el apoyo peruano a la Argentina durante la guerra de las Malvinas, las

palabras del presidente Roca reflejan claramente el nivel de tensión que habían alcanzado

los dos países en la frontera sur. ¿Filantropía o interés? Argentina, como se ha dicho

líneas arriba, se encontraba en un momento delicado en sus relaciones con Chile, y hasta

los pactos de mayo de 1902, estuvieron más de una vez a punto de enfrentarse

militarmente; esto también explicaría el interés chileno por ponerle una solución al

problema de Tacna y Arica de una vez por todas. Argentina aprovechaba la coyuntura

para ganarse al Perú como aliado en una evidente relación simbiótica, y aunque motivada

por el interés estratégico, no dejó de ser un claro respaldo a los intereses peruanos.

II.1.2 LAS “HISTÓRICAS” RELACIONES BILATERALES

La Argentina y el Perú llevan firmados ciento setenta acuerdos bilaterales en los

últimos 130 años, de los cuales setenta y dos fueron suscritos después de la guerra de las

Malvinas, es decir que alrededor del 43% de los acuerdos se firmaron en los últimos 23

años.

65
El Comercio, Lima, abril de 1898. Fue reproducido por El Morro de Arica en su edición del 16 de abril
del mismo año. Tomado de Raúl Palacios Rodríguez, La chilenización de Tacna y Arica 1883-1929 (Lima:
Editorial Arica, 1974) Pág. 41

37
38

Tratados firmados antes


72 de la guerra de Malvinas
43% (1874-1982)
Tratados firmados
96 después de la guerra de
57% Malvinas (1982-2003)

FIGURA 2.1 Cantidad y porcentaje de acuerdos suscritos antes y después del conflicto

Como se ha mencionado con inmediata anterioridad, el papel de la diplomacia

argentina en el conflicto de 1879 fue uno de los elementos más claros que condicionaron

la amistad peruana-argentina. Como se analizará más adelante, la coincidencia ideológica

de Morales Bermúdez con el general Videla fue otro punto alto de las relaciones

bilaterales, así como el fluido intercambio militar y el común deseo de Belaunde y de los

sectores políticos argentinos de volver a la democracia.

A la luz de los cuadros que mostraremos seguidamente, sería interesante vincular

la cantidad de acuerdos firmados, con la coincidencia política que pudieran tener los jefes

de gobierno de los periodos que se quieren analizar, y contextualizarlos dentro del

escenario latinoamericano y mundial en el que se desarrollan. No deja de ser importante

notar, que desde el año de 1933, el único gobierno peruano no ha firmado acuerdo

alguno con la república Argentina, es el de Manuel Prado Ugarteche.

38
39

Justo - Benavides (1933-


10 9 1938)
9 Perón - Bustamante y
8 7 Rivero - Odría (1946-1955)
7 6 Lonardi - Aramburú -
6 Prado (1956-1958)
5 4 Frodinzi - Prado (1958-
4 1962)
3
3 Guido - Perez Godoy -
2 2
2 Lindlay (1962-1963)
1 Illía - Belaúnde (1963-
1966)
0
1 Onganía - Belaúnde
(1966-1968)

FIGURA 2.2 Acuerdos firmados desde el gobierno de Justo hasta el primer gobierno de Belaunde

Hacia mediados de la década de 1930, los gobiernos autoritarios y nacionalistas

del general Benavides y del general Agustín Justo, transitaron por un camino de

concordancia que en trazos gruesos podría resumirse de la siguiente manera: el general

Benavides había sido distante hacia los Estados Unidos y expresado alguna afinidad hacia

los regímenes fascistas de Italia y España 66; paralelamente, los miembros conservadores

del Senado argentino, enviaron una nota de apoyo a la junta revolucionaria de Burgos,

“por su lucha contra el comunismo, como deber ineludible de nuestra civilización” 67 (lo

cual recuerda de alguna manera la denuncia que hace Sánchez Cerro referida a que

sectores pro-comunistas enemigos del Perú habían promovido la captura de Leticia en

1932).

Ideológicamente, el fascismo y el nazismo tuvieron gran influencia en sectores

nacionalistas de las clases altas argentinas. La aparición de gobiernos de signo autoritario,

tanto en Argentina como en Perú, que imitaban rasgos de la Italia de Mussolini, parecían

testimoniar la “universalidad del fascismo” entre 1933 y 1935. Mussolini, jefe del “nuevo

orden”, declaraba que “la revolución fascista se ha convertido en la consigna y la

esperanza del mundo”. La proyección de este “renacimiento latino” agradaba a muchos

66
Op. cit. St. John (1999) Pág. 175
67
Maria Inés Fernández y colaboradores, Historia Económica y Social mundial y argentina (Buenos Aires:
Librería Editorial Universitaria Kennedy Argentina (LEUKA), 2002) Pág. 266

39
40

descendientes de italianos en la Argentina y Perú, cuyas convicciones democráticas no

fueran del todo sólidas. A su vez, el arribo al poder de los nazis en 1933, el éxito de las

políticas expansivas, el mencionado levantamiento franquista en España y la firma del

pacto Anti-Komintern a fines de noviembre de ese año, fueron otros acontecimientos que

respaldaron a los partidarios de ideas autoritarias y antidemocráticas. 68

Durante el conflicto peruano-ecuatoriano de 1941, Argentina, Brasil y Estados

Unidos demostraron un profundo interés en mediar en la búsqueda de una solución, ante

la categórica victoria peruana, Chile decidió plegarse al grupo que se convertiría después

en garantes del Protocolo de Río de Janeiro. Si bien durante el primer gobierno de Prado,

no se firmó ningún acuerdo bilateral con la Argentina –caso sui generis en nuestras

relaciones bilaterales- la participación de ésta como país garante del Protocolo, creó un

vínculo que integró directamente a la Argentina, y nuestras relaciones con ella, a nuestras

necesidades geopolíticas de mantenimiento del orden e integridad de nuestra frontera con

el Ecuador.

La llegada de Perón al poder como parte de una Junta Militar Argentina en 1943,

y con su Partido Justicialista a partir de 1946, significó la revitalización de la tesis de que

la república del Plata era la abanderada de la “latinidad”, como contrapartida a la

intervención del “imperialismo” norteamericano en esta parte del mundo. Significó

además la ruptura de la tradicional alianza entre las fuerzas armadas y la oligarquía

argentina, ya que parte el plan mínimo peronista implicaba la creación de una “justicia

social” para las clases obreras; mientras que para el peonaje agrícola, significó la

destrucción de las tradicionales relaciones de paternalismo que se encontraban al margen

de la reglamentación judicial. 69

68
Alain Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina (Buenos Aires: Emecé, 1987) Pág. 274-
275
69
Luis Alberto Romero, Breve historia contemporánea de la Argentina (Buenos Aires: FCE, 2001) Pág. 97
- 100

40
41

Existen notables coincidencias entre los mandatos de Perón y el del general Odría

en el Perú. Aunque el tema merece una investigación mucho más profunda, nos

limitaremos a vincular los puntos comunes entre ambos gobiernos. Aunque había llegado

al poder con el presunto apoyo de la clase oligárquica peruana, el gobierno de Odría

demostró ser el principio del fin de tal asociación otorgando un abierto apoyo a los

inversionistas extranjeros a través de la liberalización de la economía. 70 Una vez

“reelecto” presidente en 1950, dio inicio a un programa de populismo militar, modelado

de manera muy similar al de su colega Juan Domingo Perón. 71

Glenn J. Dorn ha manifestado que existieron altas coincidencias entre Perón y los

gobiernos peruanos de Bustamante y de Odría especialmente, aunque con el primero la

relación se deterioró gracias a la concesión del derecho de exploración a la International

Petroleum Company (IPC) en el desierto de Sechura. El decreto de 1947, reclamando

soberanía sobre un mar territorial de doscientas millas marinas frente a las costas

nacionales, estuvo muy de acuerdo con la política “antiimperialista” y no intervencionista

de Perón. La idea de formar un frente antiimperialista o anti-norteamericano, caló fuerte

durante el gobierno del general Odría, cuyo golpe de estado fue respaldado por Perón,

quién habría visto con buenos ojos plegar al Perú al ABC (Argentina, Brasil, Chile) que

imaginaba Perón, como contraparte al poder político, económico y militar

norteamericano. 72

La entonces original idea de la necesidad de una alianza multinacional que más

tarde daría surgimiento al TIAR en 1948, si bien tuvo el claro objetivo de impedir la

intervención soviética en el área de influencia de Estados Unidos, también estaba

vinculada con el hecho de que la administración norteamericana no miraba con confianza

70
Op. Cit. St John (1999) Pág. 178 - 179
71
Peter Clareen, Nación y sociedad en la historia del Perú (Lima: IEP, 2004) Pág. 367
72
Glenn J. Dorn, “Exclusive Domination Or Short Term Imperialism: The Peruvian Response To U.S. –
Argentine Rivalry, 1946 – 1950” En: The Americas (Academy of American Franciscan History) Nº 61
(1ro. de Julio del 2004) Págs. 81 - 102

41
42

a la Argentina, que desde los años veinte, era acusada de ver con racismo a sus vecinos

latinoamericanos y de aspirar a un liderazgo económico en el cono sur. Más tarde,

ingresado Estados Unidos en la guerra a fines de 1941, el no-alineamiento argentino

provocó que encumbrados personajes del gobierno norteamericano hablaran de la

"amenaza fascista" proveniente de la Argentina, de una Tercera Guerra Mundial que

tendría su inicio en este país y del expansionismo argentino. 73 Por otro lado, según el

autor argentino Uki Goñi, existen fundadas sospechas de que después de la Segunda

Guerra Mundial, Perón fue un activo colaborador y formador de la conexión argentina,

para la protección de nazis, acto que evidentemente no sería del total agrado del gobierno

del presidente Truman . 74

La firma del acuerdo de Chapultepec, los pactos de Río, y el posterior

reconocimiento del TIAR, lograron disipar la amenaza de una intervención argentina en

la región. Ciertamente, tanto Brasil como el Uruguay, sobretodo el segundo, temían una

escalada militar en sus fronteras con Argentina. Recordemos además, que es uno de los

momentos en los cuales las tesis fundacionales argentinas tienen un respaldo y un espacio

privilegiado dentro de la sociedad rioplatense. Aunque menos gravitante, Argentina

intentó hacer con sus vecinos, lo que Francia intentó hacer con De Gaulle, ofrecer una

oferta política diferente al menú habitual de disputas entre capitalistas y comunistas en el

marco de “guerra fría”. Estas actitudes de tradicional enfrentamiento con los Estados

Unidos, le jugaron muy en contra a la Argentina de cara a sus reclamaciones pendientes

sobre cuestiones de soberanía tanto con Chile como con el Reino Unido.

73
Op. Cit. Carlos Escudé y Andrés Cisneros (2000) [En línea] Tomo XIII: Las relaciones políticas, 1943-
1966 Capítulo 61: La tercera posición de la era peronista (1946-1955) – La política regional del peronismo
URL: <http://www.argentina-rree.com/home_nueva.htm> [Consulta: Julio, 2005]
74
“El presidente Perón era Odessa” En: La aventura de la historia Nº 42 (Arlanza editores) Págs. 3 y 34 –
43, Abril del 2002. Cfr. Uki Goñi, The Real Odessa: How Perón brought the Nazi war criminals to
Argentina (Londres: Granta Books, 2002)

42
43

30 28

25 "Proceso" - Belaúnde
(1980-1983)
20 18 Alfonsín - Belaúnde
(1983-1985)
15 Alfonsín - García (1985-
9 1989)
10 8
Menem - Fujimori (1990-
5 1999)

0
1

FIGURA 2.3 Acuerdos firmados desde el regreso a la democracia en el Perú hasta el gobierno de
Menem

40 36
35 Gobiernos militares pre
30 Perón (1966-1973)

25 Interrupción Justicialista
20 (1973-1976)
16
15
9 Proceso de
10 reorganización nacional
(1976-1983)
5
0
1

FIGURA 2.4 Acuerdos firmados desde el gobierno de Onganía hasta el gobierno de Bignone

II.2 LOS LAZOS DE COOPERACIÓN, EL INTERCAMBIO MILITAR, Y EL

ACERCAMIENTO IDEOLÓGICO PERUANO - ARGENTINO

Las expresiones del apoyo castrense a la Argentina durante el conflicto se

encuentran íntimamente vinculadas con dos aspectos fundamentales: el primero, el alto

grado de intercambio académico de oficiales peruanos y argentinos formados en las

escuelas militares de ambos países, y en segundo lugar, el acercamiento ideológico y

político del presidente general Francisco Morales Bermúdez, con el presidente argentino

43
44

Teniente General Jorge Rafael Videla, a raíz de la visita que hiciera el primer mandatario

peruano entre el 14 y 17 de junio de 1979.

30 27

25
Militarismo pre Perón -
20 Velásco (1968-1973)
Justicialismo - Velásco
15 12 (1973-1975)
10 Videla - Morales-
7 Bermúdez (1976-1980)
5

0
1

FIGURA 2.5 Acuerdos firmados desde el gobierno de Onganía hasta el de Morales Bermúdez

35
29
30 Gobierno de Videla
25 (1976-1981)
Gobierno de Viola (1981)
20

15 Gobierno de Galtieri
(1981-1982)
10 Gobierno de Bignone
4 (1982-1983)
5 2
1
0
1

FIGURA 2.6 Acuerdos firmados por los presidentes de la Junta Militar Argentina del “Proceso de
reorganización nacional”

El primer punto mencionado podría por sí solo explicar la proximidad entre ambas

fuerzas armadas. Influenciados por la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) 75, que

75
La Doctrina de Seguridad Nacional aparece en la década de los sesenta, y constituye la innovación
teórica militar contemporánea de mayor impacto político en América Latina. Implicó una concepción social
global desde un enfoque primordialmente militar, y militarizó el concepto de seguridad nacional.
"La conclusión principal que se puede sacar de la formulación de la DSN en América Latina es que ésta
fue, ante todo, un planteamiento ideológico y político, operado en la práctica de los golpes de Estado y
formulado desde el punto de vista de una racionalidad eminentemente militar. Como tal no tuvo mayor
importancia en el desarrollo institucional militar."

44
45

constituyó una visión castrense de la seguridad interior que fue la base de la imposición

de regímenes militares en todo el continente, tanto argentinos como peruanos durante la

segunda parte de la “revolución peruana”, compartían casi un furibundo anticomunismo

expresado no sólo en la represión y captura ilegal de “revolucionarios” bajo el ala

protectora de la “Operación Cóndor”, sino también por un nacionalismo y una nueva

reinterpretación de su geopolítica a partir de los problemas fronterizos y discusiones

diplomáticas con Chile.

En junio de 1980, en vísperas de la toma de mando de Belaunde, ciudadanos

argentinos, peronistas de izquierda, fueron secuestrados en Lima por un comando militar

argentino y transportados a su país bajo la sospecha de que estaban preparando un

atentado contra la vida del presidente Videla. 76

Pasando revista a la conferencia de prensa dada por el general Morales Bermúdez,

encontramos que la prensa internacional le preguntó con preocupación acerca de un

posible entendimiento a costa de Chile, a lo que obviamente, el primer mandatario

peruano supo responder con diplomacia. La cuestión que nos interesa no es la respuesta

en sí misma, sino el hecho de que existiera la preocupación por parte de la prensa, de que

existía en el trasfondo una alianza argentino-peruana debajo del papel. 77

La diplomacia militar argentina intentó explotar a su favor la afinidad ideológica

con el gobierno de Morales Bermúdez, una figura que, al asumir la presidencia peruana

en 1975, reemplazó el perfil populista del general Juan Velasco Alvarado por un sesgo

conservador similar al de Videla. También contribuyó al acercamiento con Perú el interés

del gobierno de este país en la política de desarrollo nuclear argentino. En este sentido, el

"Antes, por el contrario, lo desvirtuó. Sí tuvo importancia, y bastante, en el aspecto político. Sus efectos de
distorsión sobre las instituciones militares fueron profundamente negativos puesto que alteraron los
cánones profesionales y desviaron los principios castrenses hacia otras funciones ajenas al quehacer militar.
Las fuerzas armadas del continente se vieron envueltas en un proceso degenerativo".
Fuente: "La memoria y el olvido. Detenidos desaparecidos en Chile". Elías Padilla
76
Susana Villarán, “Operación Cóndor: la conexión peruana” En: Revista Ideele Nº 114 (Lima: IDL, 2004)
Pág. 56
77
Visita oficial a la nación argentina del excelentísimo señor Presidente de la República del Perú general de
división E. P. Francisco Morales Bermúdez Cerruti del 14 al 17 de junio de 1979 (Lima: Perú, 1979)

45
46

gobierno de Videla dio un primer paso en julio de 1976, cuando autorizó por decreto

1214 a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) la instalación de un complejo

atómico en Perú, que incluía un reactor, una planta procesadora de radioisótopos y un

conjunto de laboratorios y dependencias. 78

En agosto de 1976 se realizó la visita a Buenos Aires del canciller peruano José de

la Puente Radbill, quien firmó con su colega, contralmirante César Guzzetti, una

declaración conjunta en la que ambos expresaban sus coincidencias ideológicas al

subrayar el mutuo anhelo de que la Quinta Conferencia de Países No Alineados en

Colombo, que se celebraba ese mismo mes, “supere posiciones extremas que no

favorecen a los países en desarrollo”, en obvia crítica a los intentos soviético-cubanos de

“satelizar” el movimiento. 79

En marzo de 1977, el presidente Videla decidió viajar al Perú respondiendo a la

invitación del general Morales Bermúdez. La afinidad ideológica con el visitante quedó

expresada en la declaración conjunta, donde ambos mandatarios asentaron su mutuo

repudio al fenómeno de la violencia guerrillera, expresándose de la siguiente manera:

Los Presidentes de la Argentina y del Perú expresan su preocupación por el


fenómeno de la violencia que, a través de diversas manifestaciones, amenaza
extenderse en todas las regiones del mundo y que, por atentar contra las
bases mismas de la convivencia humana y comprometer la tolerancia y el
mutuo respeto indispensables para el priores de la humanidad, les merece su
más enérgico rechazo.80

78
José de la Puente Radbill, Cuadernos de un embajador en el campo de las relaciones internacionales y la
diplomacia (Aportes para la historia del servicio diplomático del Perú, 1945-1996) (Lima: PUCP, IDEI,
1997) Págs. 164-168
79
Carlos Escudé y Andrés Cisneros (2000) [En línea] Tomo XIV: Las relaciones políticas, 1966-1989
Capítulo 68: El régimen militar (1976-1983)-Las Relaciones con Perú URL: <http://www.argentina-
rree.com/home_nueva.htm> [Consulta: Junio, 2005]
80
Declaración conjunta de los señores presidentes del Perú, general Francisco Morales Bermúdez, y de
Argentina, general Jorge Rafael Videla. Lima, 5 de marzo de 1977 En: Argentina-Perú. Acuerdos
bilaterales 1874-2000 (Buenos Aires: CARI - CEPE, 2000)

46
47

En dicha declaración conjunta, puesta en manifiesto en la ciudad de Lima el 5 de

marzo de 1977 (una fecha muy cercana al primer aniversario del golpe contra Isabel

Martínez de Perón), se mencionaban entre otros temas “el derecho soberano de cada

pueblo a decidir el sistema político, social y económico que más se adecue a su realidad

nacional”. Por otro lado, “El Presidente de la República Peruana reitera el pleno apoyo de

su Gobierno a la República Argentina en su derecho al ejercicio de su soberanía sobre las

Islas Malvinas, conforme a los principios jurídicos que lo sustentan.”

Como en el caso del viaje a Venezuela efectuado meses después, el periplo de

Videla a Lima tuvo una clave geopolítica: quebrar el aislamiento externo, y aportar

presencia regional al régimen militar. Además, el presidente argentino procuró consolidar

el acuerdo en materia nuclear, apuntando al liderazgo regional en esta materia -que la

Argentina disputó con Brasil. En este punto de la agenda, la visita de Videla logró un

principio de acuerdo entre el Instituto Peruano de Energía Nuclear y la CNEA, con el

objetivo de construir y equipar el Centro Nuclear de Investigación del Perú. El gobierno

argentino procuraba así abrir la puerta a la exploración y procesamiento conjunto del

uranio peruano. 81

Un nuevo paso hacia la cooperación nuclear bilateral se dio a fines de julio de

1978, fecha en que el presidente de la CNEA, vicealmirante Carlos Castro Madero, viajó

a Lima para entregar al gobierno peruano un reactor nuclear de potencia cero para

docencia y experimentación, en sintonía con el acuerdo firmado en marzo de 1977

durante la visita de Videla 82.

81
Muchos editoriales de diarios y revistas argentinos subrayaron el contenido geopolítico del viaje de
Videla a Perú, sustentado en tres ejes: la búsqueda de un nuevo aliado ideológico en la región en la lucha
contra el terrorismo, las posibilidades de cooperación nuclear, y los efectos del acercamiento Argentina-
Perú en los conflictivos vínculos entre la Argentina y Chile, al provocar un “desdibujamiento” de la
amenaza de un conflicto en el Pacífico Sur, o incluso respecto de la presencia regional brasileña.
82
Escudé y Cisneros (2000) Tomo XIV: Las relaciones políticas, 1966-1989 Capítulo 68: El régimen
militar (1976-1983)-Las Relaciones con Perú

47
48

La visita que realizara Morales Bermúdez a su par argentino Videla, fue una

consecuencia natural e inevitable de este intercambio académico-militar fluido que

existió a lo largo del siglo XX, y que tuvo como uno de sus momentos más altos, la

coincidencia en la presidencia de los dos generales mencionados líneas arriba. No debe

resultar sorprendente que Morales Bermúdez haya pasado por las aulas de la Escuela

Superior de Guerra del Ejército Argentino, y que durante su visita haya hecho un

recuento de su paso por esas aulas.

Morales Bermúdez no fue el único militar peruano que pasó por claustros

militares platenses. En 1939 se graduó el subteniente Marco Fernández Baca, peruano, en

el Colegio Militar de la Nación Argentina siendo el primer puesto de su promoción,

recibiendo de manos del presidente Roberto Ortiz el Diploma de Honor que certifica su

altísimo nivel académico. Los generales Rodolfo Robles, José Pastor Vives, Alberto

Arciniega y Carlos Chamochumbi y el coronel Carlos Suárez Ferreyros son algunos de

los que se terminaron de formar en las orillas del Río de la Plata. 83

Por otro lado, muchos argentinos también nos han devuelto la visita cursando en

los claustros de nuestras escuelas armadas. En la Escuela Superior de Guerra del Ejército

encontramos, entre los años 1958 y 2000, la participación de veintisiete oficiales del

ejército argentino en calidad de alumnos del Curso de Oficiales de Estado Mayor

(COEM), y siete del Curso de Comando y Administración (CCA), seis de los cuales

habían realizado con anterioridad el COEM. Asimismo, por lo menos tres oficiales

argentinos han formado parte de la planta orgánica de instructores, el último de ellos, es

profesor actual de la escuela y desempeña a su vez el cargo de Agregado Militar en la

Embajada de la República Argentina. 84

83
“¿Qué Pasó? Hermanos de Fuego. El contrabando de armas argentinas al Ecuador y la persistente
pasividad de las autoridades del Perú”, Caretas Nº 1415, Lima, mayo de 1996
84
Escuela Superior de Guerra del Ejército (ESGE), Historia de la Escuela Superior de Guerra del Ejército:
1904-2000 (Lima: ESGE, 2001)

48
49

No podríamos excusarnos si obviáramos mencionar al comando argentino Mario

Antonio Cisneros, conocido como “El Perro”, que realizó con éxito notable el curso

regular de la Escuela de Comandos del Ejército del Perú, siendo parte de la promoción

XVII graduada en el año de 1979, y que murió heroicamente en la defensa de las Islas

Malvinas en el conflicto del Atlántico sur. El día de hoy figura su nombre en una placa,

acompañando a todos los comandos caídos en acción de armas. Respecto a este hecho,

parte de un ritual ceremonial castrense que obliga diariamente a todos los alumnos de la

escuela, a gritar “¡presente!” cada vez que su nombre es mencionado.

Otro militar argentino notable que pasó por aulas peruanas fue el embajador

argentino ante el gobierno colombiano durante el gobierno de Kirchner, el Teniente

General (r) Martín Antonio Balza, que siendo Mayor de artillería del Ejército Argentino

realizó el CCA en 1977 (promoción I) y el COEM en el año 1979 perteneciendo a la

promoción XXXIX de la mencionada casa de estudios castrense. Martín Balza fue Jefe

del Estado Mayor General del Ejército Argentino entre los años de 1991 y 1999. Además

de su vida académica en el Perú, Balza se encuentra vinculado con el Perú por el

nacimiento de uno de sus hijos en la ciudad de Lima. Por otro lado, durante la jefatura del

general Martín Balza, ocurrieron tres hechos relacionados con el Perú: El tráfico de armas

a Ecuador, la explosión en 1995 de una fábrica militar en Río Tercero (Provincia de

Córdoba) durante el punto más alto de las investigaciones de los envíos de armas a

Ecuador y Croacia, y la caída de un helicóptero el 8 de octubre de 1996 en el que

viajaban personajes vinculados a las investigaciones en el mencionado tema de la venta

de armas, entre ellos el finado general de brigada del ejército peruano Hugo Soto Núñez.

El caso más llamativo sea quizá el del general Luis Cisneros Vizquerra. Como

ministro de guerra en actividad del estado peruano, afirmó: “me gustaría ir a las

Malvinas.” 85 Podemos entender este mensaje como una estrategia para presionar al

85
Entrevista al General Luis Cisneros Vizquerra, Caretas Nº 698, Lima, 17 de mayo de 1982

49
50

presidente Belaunde a que tome una acción más decidida en el conflicto, o podríamos

entenderlo como una forma de sensacionalismo que más que otra cosa, trataba de llamar

la atención de los medios, normalmente preocupados por el manejo económico de

Manuel Ulloa Elías, o los ataques recibía la Guardia Civil por parte de Sendero

Luminoso.

El general Cisneros era apodado “El Gaucho”, y no precisamente por su afición a

las pampas, el mate o los caballos, sino por un hecho determinante: nació en la ciudad de

Buenos Aires en el exilio de sus padres durante el gobierno de Leguía. Realizó los

estudios primarios, secundarios y superiores en Argentina, ingresando a su escuela militar

y graduándose de oficial en el Ejército Argentino, recibiendo su sable de las manos del

presidente Perón, en la misma promoción que el general Leopoldo Fortunato Galtieri.

Aunque este hecho pueda parecer casual y singular, no se puede dejar de percibir como

un hecho importante y trascendental, que definitivamente debió influenciar mucho en las

decisiones y sentimientos de muchos de los altos mandos peruanos en el momento de la

guerra, que aunque no se asentaron definitivamente en el país argentino, si tenían

relaciones amistosas e incluso maritales con mujeres de esa nacionalidad.

En la mencionada entrevista, Cisneros afirmaba que el apoyo peruano debía

materializarse:

(…) En forma efectiva, enviado a la Argentina buques de superficie,


submarinos, aviones, helicópteros, pertrechos militares, tanques, sistemas
antiaéreos, antitanques, personal, todo lo que la Argentina requiera y el Perú
esté en condiciones de aportar.86

Al mismo tiempo de realizar estas declaraciones, afirmaba que no existían planes

concretos de asistencia militar por parte del Perú, puesto que las fuerzas armadas de la

86
Ibíd.

50
51

nación, se encuentran preparadas para labores de agresión vecinal, “nunca han figurado la

posibilidad de apoyar a un país extranjero dentro del área continental”.

No podemos dejar de notar un apasionado y entusiasta discurso por parte de

Cisneros Vizquerra. A lo largo de la entrevista, Cisneros se dedica a ofrecer todo tipo de

justificativos para intervenir en las islas atlánticas. Ciertamente las afirmaciones del

general Cisneros deberían entenderse en el marco de un contexto en el que recién se ha

regresado a la democracia, y casi por “definición”, las fuerzas armadas mantienen cierta

autonomía, adquirida a lo largo de 12 años de gobiernos militares, y que inevitablemente,

no están dispuestas a perder con facilidad. 87

87
Como ejemplos de esta supuesta autonomía por parte de las fuerzas armadas, en momentos en que las
democracias jóvenes empiezan a consolidarse, podemos considerar tres hechos claves en la historia política
de nuestros países: Aldo Rico y los “cara pintadas”, y Mohamed Ali Seineldín. Durante la presidencia de
Alfonsín se produjeron levantamientos militares cuyo objetivo era cambiar la conducción del ejército y
reivindicar la acción de las Fuerzas Armadas en la lucha anti-subversiva.
Si bien se manifestaron como constitucionalistas, la sociedad civil los identificó claramente como intentos
golpistas y les respondió saliendo a la calle en defensa de la democracia.
El 22 de abril de 1985, cumpliendo con el plan de gobierno anunciado, comenzó el juicio público a los
integrantes de las tres primeras Juntas Militares, acusados de violaciones a los Derechos Humanos; según
los Decretos 158/83 y 159/83. El juicio contó con el valioso aporte de la investigación realizada por la
Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por Ernesto Sábato, cuyo
informe fue entregado el 20 de septiembre de 1987 al Presidente de la Nación.
Este hecho ahondó aún más el distanciamiento histórico de los militares con los gobiernos democráticos.
La gravedad de los crímenes cometidos durante el "Proceso de Reorganización Nacional" y el reclamo
popular de justicia, dejaban un estrecho margen al gobierno radical. Fue este escenario el que signo los
momentos políticamente más desestabilizadores del gobierno de Alfonsín. El reclamo popular recorrió las
calles encabezados por los Organismos de Derechos Humanos, principalmente por Las Madres de Plaza de
Mayo con su ronda semanal desde los tiempos de la dictadura. Las Fuerzas Armadas, especialmente el
ejército, respondieron corporativamente expresándose en levantamientos militares y amenazas al orden
constitucional. El 20 de abril de 1987, en Campo de Mayo, estalló en plena Semana Santa el levantamiento
"carapintada" (en referencia a que los sublevados tenían sus rostros pintados con camuflaje de guerra),
liderado por Aldo Rico. En enero de 1988, nuevamente, se levantaron en Monte Caseros. El 4 de diciembre
de 1988 Mohamed Alí Seineldín encabezó el alzamiento de Villa Martelli.
En consecuencia la "Ley de Punto Final" y la "Ley de Obediencia Debida", fueron una concesión al
"Partido Militar" que intentó detener la cadena de juicios, fundamentando la necesidad de un acercamiento
a las Fuerzas Armadas sustentado en la teoría de la "Pacificación Nacional".
Para el ejemplificar el caso chileno, podemos ver claramente las actitudes de los militares inmediatamente
después del 11 de marzo de 1990. El general Parera se hizo conocido públicamente luego de haberse
“saltado” el protocolo durante la primera Parada Militar tras el régimen pinochetista en 1990, y no haber
pedido autorización al entonces presidente, Patricio Aylwin, para dar inicio al desfile. Aunque el agravio le
habría significado su inmediata dada de baja, el entonces comandante en jefe del Ejército, Augusto
Pinochet Ugarte, lo protegió y lo envió durante un año como agregado militar en Sudáfrica para, al año
siguiente, pasarlo a retiro.
Recordemos que con motivo del escándalo de la venta de armas al Ecuador por parte del estado chileno, el
general Augusto Pinochet Ugarte se responsabilizó por la mencionada transacción, en el marco de su cargo
de Comandante General del Ejército, mencionando que fue casi, una venta de ejército a ejército.

51
52

Durante los años ochenta y a inicios de los noventa, el descontento militar con los

gobiernos civiles explosionó en cuartelazos o intentos de golpe en Argentina y

Venezuela, en tanto que los militares en Brasil y Chile pusieron en escena ocasionales

despliegues de fuerza (a la par de un permanente activismo tras bambalinas) para hacer

públicas sus opiniones sobre asuntos claves tales como la reforma constitucional, la

política laboral o los derechos humanos. 88

Debemos entender que estas condiciones son propicias en un contexto de

militarismo, donde en estados patológica y altamente centralizados, es el Ejército el que

decide unilateralmente el carácter de las instituciones básicas, la forma de gobierno, los

derechos y deberes de los ciudadanos (escritos en las “nuevas constituciones”) y la parte

de los recursos nacionales asignados a funciones militares. Algo parecido a lo que

ocurrido en el Chile de Pinochet, donde se da un nuevo “código de derechos y deberes

nacionales” (Constitución de 1980) y se resignan enormes cantidades de dinero (20% de

las exportaciones de cobre) para solventar, no sólo la compra de equipo militar, sino y

sobre todo, financiar al creciente aparato burocrático militar y las pensiones del estado

mayor del ejercito.

Cuando un país regresa a la democracia después de periodos largos y represivos,

el respeto a las instituciones civiles por parte de los militares no es automático, sino que

la primera etapa de la democratización se vive como una nebulosa en la que ni el poder

civil constitucional quiere desafiar al militar, ni el militar puede desarmar rápidamente

todo el aparato burocrático que logró construir.

Por otro lado, esta autonomía militar peruana en política de defensa les permitió a

los militares peruanos mantener algunos privilegios tales como declarar instituciones

militares el Comando Conjunto, la Secretaría de Defensa, el Servicio de Inteligencia, con

las obligaciones y responsabilidades que esto obliga. Por otro lado sus afinidades

88
Kees Koonings y Dirk Kruij (editores), Ejércitos políticos. Las Fuerzas Armadas y la Construcción de la
Nación en la Era de la Democracia (Lima: Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2003) Pág. 39

52
53

institucionales con sus pares de América Latina, especialmente con los argentinos se

mantuvieron intactas. 89

Si bien las declaraciones del general Cisneros podrían parecer desmesuradamente

latinoamericanistas, románticas, como “una oportunidad, dentro de la desgracia de poder

sembrar un espíritu continental”, haber sido prefabricadas para aprovechar la coyuntura,

y “vender” una posición que estaba muy acorde con la posición de la mayoría de los

peruanos, consideramos que deberían interpretarse más como un llamado ligeramente

desafiante tanto a la autoridad presidencial peruana como a la argentina, para mostrar

cual es la posición dominante al interior del ejército y del Ministerio de Guerra, con

respecto a la posibilidad de intervención.

II.3 LAS “HISTÓRICAS” MALAS RELACIONES CON CHILE: LA GUERRA

QUE PUDO SER Y NO FUE

Desde el año de 1952 y hasta las postrimerías del siglo XX, la mutua desconfianza

entre Chile y Argentina se fue acrecentando, producto del sospechoso entendimiento

entre Perón e Ibáñez. Según el historiador Pablo Lacoste, en Chile se vivía un clima de

temor a la posibilidad de que Argentina imitara el estilo del Anschluss alemán en Austria,

con Chile. Con la caída de Perón, el ingreso de los militares al control del estado, se dio

forma a la DSN, que en términos breves significaba la protección de los intereses vitales

del estado, garantizado la supervivencia de éste en el marco de una geopolítica hacia

fuera.

Con un contexto tan hostil para ambas partes, las historiografías chilena y

argentina se volcaron irremediablemente al ensalzamiento de las tesis fundacionales que

recitaban un pasado glorioso y la necesidad de hacer más grande a sus respectivos países,

sobre la base de la búsqueda intelectual del documento que pudiera demostrar la

89
Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), Informe Final (Lima: CVR, 2003) Tomo II (Los actores
del conflicto) Pág. 252

53
54

verdadera dimensión geográfica del “reino de Chile” antes de la Independencia o del

inmenso y ahora reducido Virreinato del Río de la Plata. Chile aparecería entonces en los

textos escolares, y en el imaginario colectivo de casi todos los chilenos, como un país

mutilado por culpa, primero, de la arbitrariedad de la corona española para arrebatarles el

Tucumán y el Cuyo, y luego, en la República, por políticos, desinteresados y

desconocedores del papel preponderante que tendría el que controle el Atlántico Sur, que

no supieron defender sus derechos sobre la Patagonia. Argentina por su parte se convirtió

en un país que había tenido la mala fortuna de tener un vecino ambicioso como Chile,

viéndose a sí misma como un país lleno de oportunidades históricas desperdiciadas para

poner fin a la controversia limítrofe. 90

La persistencia de los reclamos territoriales entre los países del Cono Sur surgidos

en la época colonial queda esclarecida de nuevo por la proyección buscada por la

Argentina y Chile en el área del cabo de Hornos y en la Antártida. El origen de estas

disputas está vinculado con la creencia española del siglo XVI de que el territorio

sudamericano se extendía sin interrupción oceánica hasta el polo sur, no considerando la

condición insular de la zona de la Tierra del Fuego. Herederas de estas concepciones

geográficas y geopolíticas, tanto Argentina como Chile buscaron decididamente tener el

control de esta puerta que une el Atlántico Sur con el Océano Pacífico. La imprecisión de

los límites en la zona de la Patagonia también trajo consigo una serie de disputas

territoriales sobre cuestiones de soberanía, problemas muy similares a los que sufrieron

tanto Bolivia con Chile, o Bolivia con Paraguay durante todo el siglo XIX. 91

No obstante haber firmado en 1881 un Tratado de Límites que parecía bastante

conciliador por la configuración geográfica que otorgaba a ambos países, y que se

mantiene casi sin variantes hasta la actualidad, lo que este Tratado logró fue limitar el

90
Op. Cit. Lacoste (2003) Pág.
91
Philip Nelly y Jack Child (compiladores), Geopolítica del Cono Sur y la antártica, Pág. 16-17 (Buenos
Aires: PLEAMAR, 1990)

54
55

área de disputa territorial, focalizando los esfuerzos militares en un punto más reducido,

dando lugar al inicio de una “pequeña guerra fría” entre los vecinos.

Entre el mismo año de la firma del tratado y los denominados Pactos de Mayo de

1902, el extremo sur del continente vivió una carrera armamentística sin precedentes,

periodo que podría ser visto como una suerte de “Paz Armada”. Los tradicionalmente

reducidos pero efectivos ejércitos de Chile y de Argentina se vieron sistemáticamente

incrementados desde 1891 a la par que iba creciendo el poder de ambas armadas. El

hecho de que la Argentina se viera a sí misma como “el coloso del continente sureño”

destinada a cumplir un papel rector en América del Sur, alimentaba los odios y recelos de

su delgado vecino, sumado al acercamiento diplomático entre Pardo y Sarmiento, al

pedirle el primero, el ingreso a la alianza defensiva que todos conocemos. 92

Argentina y Chile se disputaron año tras año de la primera década del siglo XX, la

supremacía naval del continente sudamericano. El poder naval de estos dos países era tan

alto que al momento de establecerse negociaciones internacionales para el control de las

colonias influía decididamente en el escenario internacional y en el sistema de alianzas 93

y por otro lado, en el aspecto terrestre, el ejército argentino era similar en cantidad al

ejército japonés que se aprestaba al expansionismo colonial en el sudeste asiático. 94

92
Op. Cit. Lacoste (2003) Págs. 295-308
93
Ibíd. Pág. 323
94
Ibíd. Pág. 326

55
56

FIGURA 2.7 El Canal del Beagle


Fuente [En línea] URL: <http://www.saberporsaber.com/web/pueblos/mbeaglemapa.jpg>

II.3.1 LA CRISIS DEL BEAGLE

Es preciso dar una pequeña pauta antes de iniciar con el problema del Beagle: el

presente trabajo no tiene por intención realizar una historia militar de la crisis del Beagle,

ni ofrecer una posición respecto a quién tuvo mejores derechos en el diferendo austral. El

objetivo es hacer una revisión de autores argentinos y chilenos que de alguna manera han

trabajado el tema de la “casi guerra” de la Navidad de 1978. Para fines prácticos, lo

importante es que la posibilidad de una escalada militar estuvo presente en el Cono Sur, y

que mantener el conflicto sin solución, mostró sus secuelas en el año de 1982 como

veremos en el capítulo siguiente.

Tras una serie de incidentes fronterizos en la zona sur, el presidente Onganía

decidió a principios de septiembre de 1966 enviar una carta a su colega Eduardo Frei,

manifestando el propósito de “plantear franca y lealmente” el problema limítrofe a fin de

“evitar e impedir todo acto capaz de alterar los términos en que están planteados los

problemas pendientes de solución”. La carta del argentino provocó una reacción

56
57

favorable en su colega chileno, quien le respondió con un tono parecido de buena

voluntad. El intercambio epistolar tuvo eco positivo en la prensa de ambos países. 95

En 1967, el gobierno chileno, en forma sorpresiva, e invocando el artículo 5º del

Tratado General de Arbitraje de 1902, recurrió unilateralmente al árbitro británico y

comunicó su decisión a la Cancillería Argentina. La Cancillería argentina entregó una

nota al embajador Videla Lira, manifestando sorpresa por la decisión chilena, pues ambos

gobiernos habían decidido en 1964 someter su diferendo limítrofe a la Corte

Internacional de Justicia de La Haya. 96

Designado el general Levingston como presidente, su heterodoxia en la política

exterior con los regímenes socialistas se hizo evidente también en el caso de las

relaciones con Chile. Ante la victoria de la Unidad Popular en Chile en septiembre de

1970, el general Levingston reiteró la política de no-intervención y, un mes después, hizo

referencias comprensivas a los regímenes de Salvador Allende en Chile y del general

Juan José Torres en Bolivia, sosteniendo ante los periodistas que ambos procesos debían

ser analizados “como experiencia histórica contemporánea, incorporándolos a los factores

que debemos tener en cuenta para la solución de nuestros problemas durante el proceso

revolucionario”. 97

La mayor flexibilidad de Levingston fue por cierto correspondida por su colega

trasandino. Ya antes de hacerse cargo del poder, el presidente Allende había prometido

que:

(...) El gobierno popular actuará para resolver los problemas fronterizos


pendientes sobre la base de negociaciones que prevengan las intrigas del

95
“Nuestro país había tomado la iniciativa” y textos de las cartas de los presidentes Onganía y Frei en La
Nación, 4 de septiembre de 1966, Págs. 1 y 15; “Gran repercusión en Chile del intercambio de cartas. Se lo
considera un paso muy útil para prevenir incidentes”, La Nación, 5 de septiembre de 1966, Pág. 1; editorial
“Significativo cambio de notas”, La Nación, 6 de septiembre de 1966, Pág. 6, y “Son elogiados los
mensajes cambiados por Frei y Onganía”, La Nación (una selección de la semana), 12 de septiembre de
1966, Pág. 1.
96
Carlos Goñi, Crónica del conflicto chileno argentino (Santiago de Chile: Ediar editores, 1984) Pág. 32
97
Op. Cit. Carlos Escudé y Andrés Cisneros (2000) [En línea]

57
58

imperialismo y de los reaccionarios, teniendo presentes el interés chileno


y el de los pueblos de los países limítrofes. 98

Finalmente, el 18 de octubre de 1970 el subsecretario de Relaciones Exteriores, José

María Ruda, y el consejero legal de la Cancillería argentina, Julio Barboza, oficializaron

el acuerdo sobre arbitraje con sus colegas diplomáticos chilenos. 99

A pesar de las resistencias de los sectores nacionalistas dentro y fuera del


gobierno, la actitud argentina de negociar una salida bilateral con las
autoridades de Santiago se mantuvo durante la gestión de Lanusse, por varias
razones. Primero, el gobierno socialista de Allende en Chile funcionaba
como un test case de la política exterior argentina de pluralismo ideológico.
Segundo, el acercamiento del gobierno argentino a Chile y otras naciones del
Pacífico contrarrestaba la presencia geopolítica brasileña en el frente
Atlántico (Bolivia, Paraguay, Uruguay). Tercero, Lanusse necesitaba aliados
externos para fortalecer su figura frente a los sectores nacionalistas locales.
Cuarto, la gestión de Allende, compartía la necesidad de Lanusse: necesitaba
un aliado externo para contrarrestar la oposición brasileña a su gobierno y, a
la vez, mitigar la debilidad interna. 100

El Acuerdo sobre Arbitraje en el Beagle fue firmado en Londres el 22 de julio de

1971. Este compromiso arbitral solicitaba la determinación de los límites argentino -

chilenos en el Canal Beagle y la adjudicación de las islas Picton, Nueva y Lennox e

islotes adyacentes. Asimismo, designaba al Gobierno de Su Majestad Británica como

árbitro de la disputa limítrofe, pero éste a su vez debía nombrar un Tribunal Arbitral de

cinco jueces de la Corte Internacional de Justicia.

Las divergencias surgidas entre militares argentinos ideológicamente pluralistas y

los sectores más nacionalistas, sumadas a la llegada al poder de Salvador Allende,

crearon un clima tenso entre ambos países, que llegó al punto más álgido cuando ambos

98
Miguel A. Scenna, “Argentina-Chile: el secular diferendo”, 2ª parte, Todo es Historia, Nº 44, diciembre
de 1970, Pág. 91
99
Op. Cit. Carlos Escudé y Andrés Cisneros (2000) [En línea]
100
Ibíd. [En línea]

58
59

gobiernos decidieron asilar a subversivos perseguidos en sus respectivos países. Por otro

lado, tras la caída del presidente socialista chileno, el gobierno del presidente argentino

Héctor Cámpora se solidarizó con la “causa del pueblo chileno contra el imperialismo”,

lo cual creó no sólo fricciones entre chilenos y argentinos, sino también entre las

facciones civiles y militares del gobierno del justicialista.

Durante los primeros meses que siguieron al golpe militar de marzo de 1976 en la

Argentina, pareció que los vínculos entre la Argentina y Chile iban a transitar por un

camino más cercano a la concordia que al conflicto, debido esencialmente a las

coincidencias ideológicas entre los gobiernos de los generales Jorge Rafael Videla y

Augusto Pinochet. Ambos estaban combatiendo a la subversión dentro y fuera de sus

fronteras, y ambos aplicaban un modelo económico liberal. En este sentido, durante el

proceso militar continuó la cooperación argentino-chilena en materia de lucha anti-

subversiva que se había iniciado durante la etapa de Isabel Martínez de Perón.

El concepto de espacio marítimo como territorio intensificó la larga disputa por el

Canal del Beagle entre la Argentina y Chile, disputa que casi desemboca en una guerra en

la Navidad de 1978. Luego de años el laudo arbitral de Su Majestad Británica, dado a

conocer en 1977, favoreció a Chile con la posesión de las islas ubicadas al sur de la

frontera del Canal del Beagle, razón por la cual Argentina desconoció el arbitraje, y fue

nuevamente sometido, esta vez a la autoridad papal, alcanzando el final de este problema

fronterizo con la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984. 101

El conflicto de las Malvinas está íntimamente ligado a una cuestión de patriotismo

y a una causa nacional. Sin embargo, las islas, como se sabe, tienen una posición

estratégica importantísima como llave del Pacífico sur. Los cuatro puntos que controlan

el tráfico a través del Pacífico sur y el Atlántico sur, son las islas Malvinas (Inglaterra), el

estrecho de Magallanes (Chile), la Antártida, y el Canal del Beagle (Chile). Con lo

101
Cfr. Santiago Benadava, Recuerdos de la mediación pontificia entre Chile y Argentina (1978 – 1985)
(Santiago de Chile: Universitaria, 1999)

59
60

expuesto queremos decir que los problemas de Malvinas están enteramente vinculados no

sólo a una cuestión particular nacionalista sobre ellas, sino a la necesidad geopolítica

argentina de controlar el tráfico marítimo entre los dos océanos en caso de un bloqueo al

Canal de Panamá.

El territorio antártico argentino es reconocido legalmente solamente por Argentina

(y algunos países que también hicieron reclamos sobre el área), en igual status se

encuentra el territorio antártico chileno; sin embargo, no resulta un dato simple el hecho

que incluso en el continente blanco, ambos países han hecho reclamos sobre áreas

geográficas superpuestas, las cuales han generado conflictos que se han visto congelados

preventivamente desde la firma del Tratado Antártico.

No es menester nuestro evaluar la justificación del conflicto, sino más bien,

buscar el origen y las consecuencias que pudo traer en el futuro. Argentina afirmaba que

las aguas del Canal del Beagle desembocaban al suroeste de la isla de Lennox, siguiendo

el curso del lado oriental de la isla Navarino; Chile, en cambio, argumentaba que el Canal

seguía el curso paralelo a la costa de la provincia argentina de Tierra del Fuego e Islas del

Atlántico Sur.

El tratado de 1984 confirma el laudo arbitral de 1977 respecto a las cuestiones de

soberanía de las islas, pero impidiendo claramente la materialización de las aspiraciones a

una zona económica exclusiva y a un mar territorial de 200 millas en el Atlántico por

parte del estado chileno, estableciendo claramente las reglas de navegación para

embarcaciones argentinas, chilenas y de terceros al interior del Canal, y confirmando el

meridiano del Cabo de Hornos (67º 15’ longitud oeste) como divisoria entre el Atlántico

y el Pacífico. 102

102
Artículo 8º del “Tratado de Paz y Amistad” firmado en la Ciudad del Vaticano el 29 de noviembre de
1984 y ratificado el 2 de mayo de 1985

60
61

Artículo 7: El límite entre las respectivas soberanías sobre el mar, suelo y


subsuelo de la República Argentina y de la República de Chile en el Mar de
la Zona Austral a partir del término de la delimitación existente en el Canal
Beagle, esto es, el punto fijado por las coordenadas 55° 07',3 de latitud Sur y
66° 25',0 de longitud Oeste, será la línea que una los puntos que a
continuación se indican…103
(…) Las Zonas Económicas Exclusivas de la República Argentina y de la
República de Chile se extenderán respectivamente al Oriente y al Occidente
del límite así descrito. Al Sur del punto final del límite (punto F), la Zona
Económica Exclusiva de la República de Chile se prologará, hasta la
distancia permitida por el derecho internacional, al Occidente del meridiano
67° 16',0 de longitud Oeste, deslindando al Oriente con el alta mar. 104

La guerra en 1978 estuvo “a la vuelta de la esquina”. No cabe duda que ese

periodo fue el más duro que atravesaron argentinos y chilenos. No podemos finalizar esta

sección sin citar la infeliz frase del general Mario Benjamín Menéndez en ceremonia

militar de septiembre de 1978, expresando su deseo de invadir el territorio chileno:

"Si nos dejan atacar a los chilotes, los corremos hasta la isla de Pascua, el
brindis de fin de año lo haremos en el Palacio La Moneda y después iremos
a mear el champagne en el Pacífico". 105

Existen dos puntos que deben ser por lo menos nombrados para entender cómo se

condujo el proceso de crecimiento de la escalada militar en torno al Beagle. La visión de

103
A partir del punto fijado por las coordenadas 55° 07',3 de latitud Sur y 66° 25',0 longitud Oeste (punto
A), la delimitación seguirá hacia el Sudeste una línea loxodrómica hasta un punto situado entre las costas
de la Isla Nueva y de la Isla Grande de Tierra del Fuego, cuyas coordenadas son 55° 11',0 de latitud Sur y
66° 04',7 de longitud Oeste (punto B); desde allí continuará en dirección Sudeste en un ángulo de cuarenta
y cinco grados, medido en dicho punto B, y se prolongará hasta el punto cuyas coordenadas son 55° 22', 9
de latitud Sur y 65° 43',6 de longitud Oeste (punto C); seguirá directamente hacia el Sur por dicho
meridiano hasta el paralelo 56° 22',8 de latitud Sur (punto D); desde allí continuará por ese paralelo situado
a veinticuatro millas marinas al Sur del extremo más austral de la Isla Hornos, hacia el Oeste hasta su
intersección con el meridiano correspondiente al punto más austral de dicha Isla Hornos en las coordenadas
56° 22',8 de latitud Sur y 67° 16',0 de longitud Oeste (punto E); desde allí el límite continuará hacia el Sur
hasta el punto cuyas coordenadas son 58° 21',1 de latitud Sur y 67° 16',0 longitud Oeste (punto F).
104
Acuerdo del “Tratado de Paz y Amistad” firmado en la Ciudad del Vaticano el 19 de octubre de 1984
105
“Brinzoni llamó al represor por “si necesitaba algo” En: Página 12 (Buenos Aires, 29 de abril del 2000)
Pág. 2

61
62

uno respecto del otro varía entre dos polos opuestos y terminan reconociéndose

mutuamente como prepotentes y a su vez como intransigentes; por el contrario, la imagen

que cada uno tiene respecto de sí mismo, siempre se encuentra vinculada con términos

como: “excesiva permisividad histórica”, y “generosidad en cuestiones de límites”.

Gracias a la intervención oportuna intervención del papa Juan Pablo II, y del

cardenal Samoré se consiguió un plazo de tregua y una posterior negociación mediadora.

Respecto a la participación vaticana en el conflicto, me permitiría reflexionar un poco.

¿Por qué Argentina, un país preparado y aparentemente decidido acepta la mediación

pontificia? Consideramos que tres son los motivos que impulsan esta decisión: primero y

obvio, la seguridad de que el fallo papal los beneficiaría; segundo, negarse a la autoridad

papal sería mal visto por todos los gobiernos del mundo en un contexto en que ya se

empieza a mencionar el tema de presuntas desapariciones de personas y de violaciones

sistemáticas de los derechos humanos; y tercero y más importante, la iglesia católica en la

Argentina tuvo una posición de fuerte respaldo a la alta dirección político-militar durante

todo el proceso. 106 Pensamos que hubiera sido un error político perder el apoyo que una

iglesia católica de línea integrista brindaba al ejecutivo militar.

Tanto las posiciones chilenas como argentinas, de acuerdo a historiadores, y otros

académicos tanto argentinos como chilenos 107, podrían resumirse a continuación:

106
Para mayor profundización del tema consultar: Emilio Fermín Mignone, Iglesia y dictadura: El papel de
la iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen militar (Buenos Aires: Ediciones del pensamiento
nacional, 1986), e Historia general de la Iglesia en América Latina, (Comisión de estudios de Historia de la
Iglesia en América Latina) Tomo IX Cono Sur (Salamanca: Sígueme, 1994)
107
Entre otros: Sergio Villalobos, El Beagle: historia de una controversia (Santiago: Andrés Bello, 1979),
Ramón Salguero, Todo sobre el Beagle (Buenos Aires: Librería del colegio, 1979), Osiris Villegas, El
conflicto con Chile en la región austral (Buenos Aires: PLEAMAR, 1978), Carlos M. Goñi, Crónica del
conflicto chileno argentino (Santiago de Chile: Ediar editores, 1984)

62
63

FIGURA 2.8 Laudo de Su Majestad Británica de 1977


Fuente: Secretaría de Información Pública de la República Argentina

FIGURA 2.9 Propuesta papal en 1980


Fuente: Secretaría de Información Pública de la República Argentina

63
64

FIGURA 2.10 Límite según el Tratado de 1984


Fuente: Secretaría de Información Pública de la República Argentina

En definitiva la posición argentina se define de la siguiente manera:

 El Canal Beagle se extiende sólo hasta Punta Navarro (67º 13.5' oeste) para luego

tomar curso hacia el sur por el Paso Picton para desembocar en el océano entre

Navarino y Lennox, lo que sigue hacia el este no es el Beagle sino el Canal Moat.

 El Meridiano del Cabo de Hornos en los 67º 15.2' oeste marca el límite entre los

océanos Atlántico y Pacífico y tiene valor limítrofe según el Protocolo de 1893.

 El Canal Beagle desemboca en el Atlántico.

 El Protocolo de 1893 es aplicable al Beagle, que en su artículo 2º expresa que

Chile no puede pretender punto alguno sobre el Atlántico así como Argentina no

lo puede pretender sobre el Pacífico.

 El meridiano del Cabo de Hornos sólo juega en mar abierto.

 Las islas Picton, Nueva y Lennox son argentinas por estar en mar abierto y en el

Atlántico al encontrarse al este del meridiano del Cabo de Hornos.

64
65

 El límite en el Canal Beagle no fue trazado, por lo que se debe trazar una línea

media o una línea aceptada por ambos países.

 Las aguas, islas e islotes al norte de la línea trazada pertenecen a la Argentina y

los que se encuentran al sur a Chile.

La posición chilena nace del espíritu del Tratado de 1881, y se sustentaba en los

siguientes puntos:

 Los derechos de Chile en el Beagle los establece el Tratado de Límites de 1881.

 El Protocolo Adicional y Aclaratorio de 1893 no tiene vigencia en el Beagle.

 El meridiano del Cabo de Hornos como delimitador de los océanos Atlántico y

Pacífico no figura en los documentos limítrofes y por lo tanto no tiene valor como

ponencia limítrofe.

 El Canal Beagle utilizado en el Tratado de Límites de 1881 es el de Fitz Roy,

según el cual el Beagle es un Canal recto, de curso oeste-este, extendiéndose por

120 millas marinas desde bahía Cook hasta Cabo San Pío.

 Las islas Picton, Nueva y Lennox e islotes adyacentes, como asimismo todas las

islas e islotes que se encuentren al sur del Canal Beagle hasta el cabo de Hornos

son chilenas por disposición de los artículos 2º y 3º del Tratado de 1881.

 El Canal del Beagle en su totalidad y las islas e islotes que en él afloran

pertenecen a Chile por disposición de los artículos 2º y 3º del Tratado de 1881.

 No hay límite que trazar en el Canal Beagle.

 El océano que baña las islas al sur del Canal Beagle no fue definido en los

documentos limítrofes por lo tanto no puede aceptarse con propiedad que éste

haya sido el Atlántico.

65
66

II.3.2 EL REVANCHISMO DE LA “REVOLUCIÓN PERUANA”

La relación entre Chile y Perú aún está fuertemente condicionada por la herencia

histórica que se evidencia, principalmente, en la existencia de una serie de imágenes

antagónicas. Estas se identifican fundamentalmente con la noción de dos países rivales,

para los que la Guerra del Pacífico fue y es un elemento primordial en la generación de

una identidad nacional. En el caso de Perú, es una herida siempre abierta, que implicó la

perdida de la continuidad Tacna-Arica y que condicionó su vinculación con la antigua

Capitanía.

Como señala acertadamente César Arias Quincot, existen desde antaño grupos

peruanos que tienden a considerar a Chile como el “enemigo eterno”, sin posibilidad

alguna del surgimiento de intereses complementarios; pero aún, existen quienes

consideran que un objetivo nacional debe ser la recuperación de los territorios perdidos a

costa de Chile en la guerra de 1879, idea que viene complementada naturalmente, con la

vocación expansionista de Chile impulsada por sus condiciones socio-económicas. 108

En el caso de Chile, supuso la incorporación de nuevos territorios y la formación

de una identidad orgullosa de los triunfos frente al antiguo virreinato poderoso. Vencer

las percepciones construidas sobre estas imágenes supone un cambio cultural, un trabajo

de más largo plazo que el mero establecimiento de iniciativas comerciales y políticas.

La década del setenta fue el espacio de tiempo en el que las relaciones bilaterales

peruano-chilenas estuvieron en su punto más bajo. Aunque el gobierno del general

Velasco Alvarado mantuvo excelentes relaciones con el de su colega chileno, el socialista

Salvador Allende, a partir del 11 de septiembre de 1973, el enfrentamiento diplomático

con el Chile de Pinochet fue inevitable. Pinochet era pues la antítesis política de Velasco,

un militar fuertemente influenciado por la Escuela de las Amerícas 109, alumno

108
Eduardo Ferrero Costa (editor), Relaciones del Perú con los países vecinos (Lima: CEPEI, 1985) Pág.
130
109
Actualmente denominada "Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica".

66
67

aplicadísimo de la DSN, decididamente anticomunista, y económicamente proliberal. El

conflicto era inevitable, la vía velasquista al socialismo no podía ser más detestable a la

vista del dictador chileno. Los lazos de cooperación militar con la URSS, un presunto

sistemático ingreso de militares cubanos al Perú, además de la proximidad del centenario

de la Guerra del Pacífico, llenaron de tensión la convivencia sudamericana.

Son definitivamente pocos los trabajos que se han hecho respecto a las relaciones

peruano-chilenas entre 1973 y 1980. El último trabajo ha sido el libro de José Rodríguez

Elizondo, Chile-Perú: el siglo que vivimos en peligro (Santiago: 2003). Sin embargo no

es una versión oficial, sino más bien una aproximación a la realidad histórica desde la

experiencia del propio autor que vivió exiliado en Lima durante la década del setenta.

Una suerte de historia oficial tampoco se puede encontrar, ya que por lo reciente de la

época, y quizá por las continuas crisis con Chile, es un tema que está catalogado como

secreto e involucra fuertes intereses con nuestra política de Seguridad Exterior. Por lo

tanto, lo que pretendemos hacer en éstas páginas es describir el contexto de la época,

revisar la poca bibliografía, y en resumidas cuentas hacer un estado de la cuestión.

Consideramos que los dos puntos en torno a los cuales gira la problemática

peruano-chilena de los setenta, son: el enfrentamiento político, militar e ideológico entre

Velásco y Pinochet y en segundo lugar, la mediterraniedad boliviana y específicamente

los problemas surgidos a partir de la conferencia de Charaña.

El Embajador Guillermo Hoyos manifiesta de manera crítica y dura, que el

armamentismo peruano durante los primeros siete años del “Gobierno Revolucionario de

las Fuerzas Armadas”, condicionó una agresiva política exterior hacia el gobierno de

Pinochet que pudo provocar un enfrentamiento armado. En 1975 las relaciones con Chile

presagiaban un enfrentamiento bélico. 110

110
Guillermo Hoyos Osores, Política internacional del Perú (Lima: S/N, 1977) Pág. 201

67
68

Es relativamente difícil rastrear declaraciones oficiales de altos jefes militares y/o

políticos que afirmen que una reedición de la Guerra del Pacífico en los años setenta era

algo viable. La regla del imaginario manual del buen gobernante afirma que las Fuerzas

Armadas se arman para disuadir y proteger, no para agredir. Sin embargo, eventualmente

aparecen declaraciones como las de Fujimori a la televisión uruguaya durante el conflicto

con el Ecuador de 1995, afirmando que el último gobierno militar creía necesario hacerle

una guerra a Chile.

En 1982 el ex embajador peruano en Brasil, Dr. Alberto Ruiz Eldredge-Rivera,

afirmó que “el ejército chileno intentó invadir el Perú hace siete años, “en arreglos” con

el entonces Presidente de Bolivia, general Hugo Bánzer”, en el marco de las sistemáticas

y repetidas mesas redondas sobre el “Mar Territorial” peruano. Realizó tal declaración

con el objeto de demostrar la necesidad de una igualdad jurídica entre el Perú y los países

vecinos, que propugnaban la vigencia del mar territorial de 200 millas, mientras que el

gobierno peruano, a través de la delegación ante la Conferencia de las Naciones Unidas,

aprobaba la Convención que limitaba esa superficie a doce millas, con otras 188 que

conformaban la Zona Económica Exclusiva. 111

La conversación Kissinger-Pinochet del 8 de junio 1976 en momentos en que se

desarrollaba la Asamblea General de la OEA en Santiago, Chile, nos muestra un Pinochet

asustado al referirse al poder bélico peruano:

Perú se está armando. Perú esta tratando de comprar un portaviones de los


británicos por 160 millones También esta construyendo 4 torpederos en
Europa Perú esta rompiendo el equilibrio de armas en el Pacifico Sur.
Tiene 600 tanques de la Unión Soviética. Nosotros estamos haciendo lo
que podemos para mantenernos en pie en caso de una emergencia. 112

111
“Chile quiso invadir el Perú en 1975” En: La República Nº 153 Pág. 6 (18 de mayo de 1982)
112
Memorándum de conversación, Documento desclasificado por el Departamento de Estado. Fecha: 8 de
junio de 1976. Hora: 12, mediodía. Lugar: Santiago, Chile (Oficina del Presidente Pinochet).

68
69

Más adelante en la conversación, Pinochet sugiere el peor escenario internacional para

Chile: ¿qué pasaría si Chile ataca primero? A lo que el secretario norteamericano,

responde afirmando que los EE.UU. sabrían bien quién es el agresor, y que no podrían

tomar partido tan fácilmente por Chile. La única manera en que un enfrentamiento

peruano-chileno no les hubiera sido indiferente, habría tenido que implicar

necesariamente la presencia de un ejército cubano en el conflicto.

En 1995 Augusto Zimmerman, antiguo jefe de la Oficina Nacional de

Informaciones del gobierno de Velasco Alvarado, afirmaba en el diario limeño La

República, que se había proyectado invadir Chile el 6 de agosto de 1975. Velásco,

efectivamente, no quería dejar el poder antes de recuperar el Morro. 113

Aunque la tensión pareció esfumarse en 1976 con la llegada de un militar más

moderado como Morales Bermúdez, en 1978 se reavivaron los problemas entre el Perú y

su vecino sureño. 1978 fue un año muy especial para las relaciones con el Cono Sur, en el

Perú se esperaba el pronto enfrentamiento entre Argentina y Chile, y aunque el Canciller

peruano había garantizado neutralidad en caso de una potencial guerra por el Beagle, los

militares peruanos no verían con malos ojos una intervención rápida sobre Arica y

Tarapacá, si es que las condiciones eran propicias para hacerlo, es decir: Argentina

atacando por el sur y Bolivia luchando por recuperar el litoral perdido. 114 Si Perú

desconocía el tratado de 1929, Ecuador podría desconocer el de 1942, sin embargo,

considero que, en opinión de los militares, era un riesgo que hubiera valido la pena tomar.

A finales de 1978 se descubrió que un sub-oficial en retiro de la FAP le vendió

documentos y planos de bases aéreas a tres extranjeros que resultaron ser funcionarios de

la Embajada de Chile, pero que en realidad eran agentes del Servicio de Inteligencia

chileno. Semanas después de ese incidente, en noviembre de 1978, son detenidos dos

113
Entrevista a Augusto Zimmerman Zavala en: La República No. 4234 Pág. 4 (27 de septiembre de 1995)
114
José Rodríguez Elizondo, Chile-Perú: el siglo que vivimos en peligro (Santiago de Chile: La Tercera,
Mondadori, 2003) Pág. 89-92

69
70

militares de la Armada de Chile, fotografiando el exterior de la base aérea “El Pato”

(Talara). 115

Estos actos de espionaje considerados como muy graves, y quizá algunos años

antes como causus belli, terminaron con una queja formal de la Cancillería Peruana,

expresada en el Comunicado Oficial Np. 007-78 RE, del 27 de diciembre de 1978, y con

el fusilamiento, bajo las leyes del códico militar, del sub-oficial FAP (r)Vargas Garayar.

Si la situación fue tan dramática ¿por qué no hubo una guerra entre Perú y Chile?

Rodríguez Elizondo manifesta que la oposición democrática, liderada por el APRA, no

estaba dispuesta a avalar tal acción, y que por otro lado, la opinión pública estaba más

interesada en una transición efectiva a la democracia y superar la crisis económica, que

en una aventura militar contra Chile.

Perú y Chile, a diferencia de Bolivia, mantienen la posición, con relación a la

temática sobre conflictos fronterizos, de la inexistencia de problemas que los albergue.

Esta convicción deriva del hecho de que las fronteras peruanas y chilenas están

totalmente delimitadas de acuerdo a tratados bilaterales plenamente válidos. Sin embargo,

el problema de la mediterraneidad boliviana no ha sido ajeno a los intereses peruanos,

aunque el “problema boliviano” concierne extraterritorialmente al Perú sólo en el caso de

que la solución al mismo se dé a través de Arica, según el artículo primero del Protocolo

Complementario del tratado suscrito con Chile en 1929. 116 Aunque claro está, es política

del Perú apoyar la “legítima aspiración marítima boliviana”. 117

La década del setenta fue especialmente sensible para los militares peruanos, no

sólo había un gobierno de corte nacionalista, sino que se celebró el centenario de la

Guerra del Pacífico, hecho que muchos en el Perú consideran casi como el más funesto

115
Op. Cit. De la Puente Radbill (1996) Pág. 197-198
116
Artículo I del Protocolo Complementario firmado en Lima el 03 de Junio de 1929: “Los Gobiernos del
Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte
de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas
soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales.”
117
Alejandro Deustua, Tres aproximaciones a la seguridad externa del Perú (Lima: CEPEI, 1990) Pág. 44

70
71

acontecimiento de la historia de ese país. Probablemente Velasco Alvarado, alentado por

el apoyo militar soviético y cubano, hubiera deseado pasar a la historia como el hombre

que recuperó Arica para el Perú.

Tanto Paz Estenssoro como Siles Suazo habían presionado a Chile por una salida

soberana al Pacífico, pero no fue hasta el gobierno de Hugo Bánzer que recién se logró

una negociación seria por la búsqueda de terminar con la mediterraneidad boliviana. La

crisis del Beagle, los problemas económicos chilenos, y el denominado “revanchismo”

peruano, forjaron la idea de resolver la cuestión boliviana con un acuerdo franco y

definitivo que permitiera a Chile estudiar la posibilidad de reestablecer la vía del

"corredor al mar" para Bolivia, al norte de Arica, a cambio de arreglos o cesiones

proporcionales de territorio. Por otro lado, el plan ahogaría los brotes reivindicacionistas

peruanos al bloquearles el camino a Arica con una lengua de territorio de un tercero,

superando a la vez la tendencia aliancista natural de esta nación con Bolivia ante

cualquier eventual conflicto con Chile.

Así el 8 de febrero de 1975, Bánzer y Pinochet se reunieron en la localidad

fronteriza de Charaña con el objetivo de “buscar fórmulas de solución a los asuntos

vitales que ambos países confrontan, como el relativo a la situación de mediterraneidad

que afecta a Bolivia, dentro de recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones

de los pueblos boliviano y chileno” 118

El 19 de diciembre de 1975 el gobierno chileno informó al boliviano que la

negociación se haría sobre la base de la situación actual, sin entrar a reacomodar o revisar

antecedentes históricos y que se discutiría fundamentalmente la cesión de un territorio

soberano para Bolivia que la conecte con el mar. La cesión se realizaría al norte de Arica,

y dentro del siguiente cuadrante: "Límite Norte: el actual límite de Chile y Perú. Límite

Sur: la quebrada de Gallinazos y el borde norte superior de la quebrada del río Lluta (...)

118
Hugo Bánzer y Augusto Pinochet Acta de Charaña, Punto 4 (Charaña, 8 de febrero de 1975)

71
72

hasta un punto en al sur de la Estación de Puquios y luego una línea aproximada recta que

pase por la cota 5.370 del Cerro Nasahuento y se prolongue hasta el actual límite

internacional de Chile con Bolivia". No habría cesiones al sur de esta área ni de ninguna

especie que altere la continuidad territorial chilena y habría un canje simultáneo de

territorios para materializar la cesión al norte de Arica. Por cumplimiento del Tratado de

1929, la cesión estará condicionada a un acuerdo previo con el Perú. 119

El gobierno de Lima no estaba dispuesto a aceptar que se alterare el status

peruano-chileno en la región, puesto que dicha alteración afectaría los intereses

económicos, políticos y sociales en la continuidad territorial Tacna-Arica. El general de

división Víctor López Mendoza, entonces jefe de la Primera Región Militar (Piura), en

comunicación con la Secretaría de Defensa Nacional, manifestaba que “militarmente no

debemos aceptar la propuesta de la salida al mar para “Bo” por el corredor de ARICA.

Debemos sostener que dé salida a “Bo” por territorios que no sean aquellos que

pertenecieron al Perú”. 120

El gobierno peruano respondió el 19 de noviembre de 1976 que Chile debe ceder

a Bolivia un corredor por la misma zona que la propuesta chilena planteaba, que corra por

la línea de la Concordia chileno-peruana desde el este hasta la carretera Arica-Tacna.

Desde la carretera Arica-Tacna hasta el litoral, se fijaría un área territorial tripartita, es

decir, de soberanía compartida por Chile, Perú y Bolivia. Abarcaba unos 66 kilómetros

cuadrados y tiene forma de trapecio, al norte de Arica. Bolivia tendrá derecho a construir

un puerto propio y soberano dentro en la costa de esta área tripartita, y tendrá derechos

exclusivos sobre todo el mar adyacente al litoral que baña esta zona territorial tripartita.

Por último, se planteó la constitución de una administración portuaria tripartita también

119
Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de chile, Nota diplomática No. 685 (19 de
diciembre de 1975)
120
Oficio No. 59-C-2/05.09 Ministerio de Guerra-Ejército Peruano

72
73

en el puerto de Arica y un plan de desarrollo económico trilateralmente concebido para

la zona de soberanía tripartita. 121

Aunque las negociaciones no prosperaron por la negativa de Santiago a si quiera

considerar la propuesta peruana, ésta se convirtió en un aporte novedoso para la solución

del conflicto, sobre la base de la satisfacción proporcional de legítimos intereses comunes

y propios en la zona. Si fuéramos un observador ajeno a la historia fronteriza de los tres

países involucrados, nada podría evitar hacernos pensar en la supuesta maldad peruana,

de no sacrificar sus intereses en Arica en aras de un bienestar mayor, como sugirió

siempre la diplomacia militar chilena 122. Sin embargo, la tradición diplomática boliviana

en lo referido a la mediterraneidad siempre ha visto a Chile como un “usurpador” que

ocupa ilegítimamente el litoral boliviano. Por lo tanto, cualquier cesión territorial de

Chile a Bolivia debía hacerse incondicionalmente sin ningún intercambio territorial como

pretendían Bánzer y Pinochet. 123

II.4 FACTORES QUE CONDICIONARON EL ACERCAMIENTO PERUANO -

ARGENTINO

Un hecho a considerar al formular esta hipótesis, responde a la cantidad de

tratados firmados por Argentina y Perú con Chile. Desde 1881 (Tratado de Límites del 23

de julio de 1881) y hasta 1994 (Controversia sobre el Recorrido de la Traza del Límite

entre el Hito 62 y el Monte Fitz Roy-Sentencia del Tribunal Arbitral Internacional sobre

Laguna del Desierto, de 21 de octubre de 1994) argentinos y chilenos han firmado once

tratados relativos a asuntos limítrofes, lo cual nos lleva a deducir, que la zona fue un área

de intensa fricción diplomática y militar por espacio de más de un siglo. Perú y Chile

121
Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú Comunicado Oficial No. 30-76
122
Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Chile (a través de su Embajador en la Colombia
S.E. Sergio O. Jarpa), Acceso al mar para Bolivia-Posición del Gobierno de Chile (Bogotá: S/N, 1976) Sin
numeración
123
Amado Canelas Orellana, Bolivia: mito y realidad de su enclaustramiento (Lima:S/N, 1977) Pág. 189

73
74

llevan firmados nueve tratados de límites desde 1883 (Tratado de Paz y Amistad entre

las Repúblicas de Chile y Perú, del 20 de octubre de 1883 o Tratado de Ancón) hasta

1969 (Acta de la Comisión Mixta Chileno-Peruana encargada de verificar la posición del

Hito Nº 1 y señalar el límite marino, del 19 de agosto de 1969) 124. Esta sucesión de

tratados, nos lleva a considerar que ambas fronteras podrían ser definidas como

“fronteras calientes”, término usado cuando existe alto riesgo de movilización militar que

crea una pequeña carrera armamentista alrededor de los límites fronterizos.

El conflicto que no se desarrolló en el sur del Perú, se dio en el norte. La guerra

del Falso Paquisha de enero de 1981, tuvo definitivamente todo el apoyo moral, y el

reconocimiento del gobierno de Chile dirigido por el general Pinochet –a la sazón,

organizador de la Academia de Guerra del Ecuador-, el cual consideraba justo el reclamo

ecuatoriano en virtud de que “el Protocolo de Río de Janeiro no dejó satisfecho al

Ecuador que perdió por este concepto doscientos cincuenta mil (250’000) kilómetros

cuadrados y sus derechos amazónicos.” 125

El vicealmirante Gustavo Barragán Schenone, sin pretender dar una visión

institucional, decía:

(…) En 1993 publiqué un artículo en la página editorial de el Comercio en el


que reproduje las confidencias que me hizo un chileno allegado a los
círculos de su gobierno en los que se anticipaba la renegociación del tratado
de Rió de Janeiro concediéndole a Ecuador beneficios territoriales en suelo
peruano y así fue, al extremo que el Congreso aprobó un nuevo tratado sin
conocer su texto. Ahora sabemos quienes fueron los traidores a la patria que
armaron la mano ecuatoriana y se sometieron al mandato norteamericano.126

124
Se mencionan solamente los vigentes al día de hoy, y exclusivamente los relativos a asuntos limítrofes
más no asuntos fronterizos
125
Citado en: Alfonso Benavides, ¿Habrá Guerra próximamente en el cono sur? América Latina: explosiva
caldera geopolítica (México: Siglo XXI editores, 1974) Pág. 40
126
Discurso de orden pronunciado por el Vicealmirante Gustavo Barragán Schenone en la Asociación
Nacional Pro-Marina el 17 de marzo del 2004

74
75

El nacionalismo chileno inspirado en la tesis de Diego Portales, qué originó la

idea de que Chile debe siempre predominar en el Pacífico y no permitir nunca la unión de

Bolivia y Perú, jugó muy en contra de un potencial carácter americanista que lograra

fomentar la construcción de mutua confianza con el Perú. Por el contrario, los éxitos

militares sobre Perú y Bolivia a lo largo del siglo XIX, configuraron a Chile como el

“enemigo natural” del Perú, concepto que está bastante arraigado en ese país.

Aunque la proyección geopolítica histórica y tradicional de Chile desde la época

de Bernardo O’Higgins ha sido controlar los puntos estratégicos del Pacífico Sur, los

pasos interoceánicos, la Patagonia oriental, enclaves andinos orientales y la Antártida, la

Guerra del Pacífico y el crecimiento tanto demográfico como territorial de la Argentina,

terminaron por convencer a los chilenos que algunas de sus ambiciones territoriales jamás

podrían materializarse.

La geopolítica chilena tradicional, basada en la escuela Terra Australis de Ramón

Cañas Montalva, creó cuatro conceptos geopolíticos: 1. El advenimiento de la “Era del

Pacífico”; 2. La importancia de la ubicación geográfica de Chile; 3. La responsabilidad

geoestratégica de Chile en la defensa continental, y 4. Chile como una potencia en el

Pacífico Sur. 127 La geopolítica militar en cambio, se mueve sobre la base de una potencial

agresión por parte de los países vecinos, la temible Hipótesis Vecinal de guerra en tres

frentes (HV3) Inspirada en las ideas del general Pinochet, no sólo concibe las potenciales

necesidades de realizar guerras defensivas, sino campañas ofensivas tipo “blitzkrieg” que

sean disuasivas y destinadas a lastimar el aparto productor de los vecinos. La lectura de

una potencial guerra y de las relaciones interestatales tiene el común denominador de

querer “antropomorfizar” a los estados, viéndolos como seres vivos con necesidades de

expansión natural. 128

127
Op. Cit. Kelly y Child (1990) Pág. 181
128
Augusto Pinochet Ugarte, Geopolítica (Santiago de Chile: Andrés Bello, 1984)

75
76

Cómo ya se ha mencionado con anterioridad, la concepción de la geopolítica

tiende al enfrentamiento irremediablemente con Argentina y con el Perú, tocando

tangencialmente las aspiraciones bolivianas de recuperar el litoral perdido en la guerra

1879. La necesidad de consolidación peruana sobre el Pacífico Sur, su deseable

participación en un sistema de defensa hemisférico, sus aspiraciones antárticas, así como

el revanchismo de las últimas juntas militares que gobernaron el Perú entre 1968 y 1980,

han sido expresadas por diversos autores. 129 La conclusión es la misma: tendemos al

conflicto de intereses.

Algunas vertientes de la historiografía chilena veían al Perú del siglo XIX como

un país asechado por la tragedia de la independencia, que vio como su posición

estratégica de líder continental fue diluyéndose a medida que los ejércitos extranjeros

ingresaban al país para liberarlo del control español. El Gobierno de Lima estaba

entonces aceptando por la fuerza un nuevo status jurídico-político que no deseaba: la

República. Por lo tanto, los vecinos países miraban con recelo al Perú, viéndolo como un

enemigo potencial, deseoso de reconstituir su glorioso pasado colonial. Las victorias

chilenas sobre la Confederación y en la guerra del Pacífico, son vistas como claves para

frustrar el intento de reconquistar el equilibrio perdido.

La política exterior chilena estuvo influenciada por la tendencia de ver al Perú

como un país revanchista y deseoso de recuperar una posición de liderazgo sub-

continental. Si la balanza se inclinara del lado del Perú, Chile quedaría cercado entre dos

vecinos que no verían con malos ojos un posible entendimiento a costa de ellos. 130

Desde mediados del siglo XX se miraba con temor la zona más austral del

continente americano. Para autores como Carleton Beals, Argentina había incurrido en el
129
Edgardo Mercado Jarrín, Perú: Perspectivas geopolíticas (Lima: Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología, Concytec, Instituto Peruano de Estudios Geopolíticos y Estratégicos, IPEGE, 1993), Edgardo
Mercado Jarrín, Un sistema de seguridad y defensa sudamericano (Lima: Centro Peruano de Estudios
Internacionales (CEPEI), 1989), Edgardo Mercado Jarrín, El Perú y la Antártida (Lima: IPEGE, 1984),
Fernando Morote Solari, Geopolítica del Perú (Lima: Morot, 1989), Edgar Oblitas Fernández, Geopolítica
y geofagia en América Latina (Sucre: Tupak Katari, 1983), entre otros.
130
Op. Cit. Goñi (1984) Pág. 13

76
77

error de creer que a ella le corresponde la posición directiva de América Latina, mientras

que Washington consideraba que ese rol le era natural al Brasil, que además había sido un

fuerte aliado en la Segunda Guerra Mundial. La “latinidad” argentina frente al

“norteamericanismo” brasilero terminó por polarizar las relaciones entre Río de Janeiro y

posteriormente Brasilia, con Buenos Aires. Esta situación creó nuevos espacios de

confrontación. Por un lado, las cancillerías de Santiago y Brasilia comulgaban en cierto

rechazo a las pretensiones porteñas, mientras que Quito, Bogotá y Brasilia presionaban al

Perú por la solución de conflictos amazónicos.

Tradicionalmente América del Sur ha funcionado en torno a dos ejes diplomáticos

de los que depende la estabilidad de todo el sistema: las relaciones argentino-brasileras en

el Atlántico y las chileno-peruanas en el Pacífico. Obviamente la estabilidad del Río de la

Plata constituye un factor más decisivo que el entendimiento entre Lima y Santiago, que

en situaciones tensas atlánticas, suele ser secundario. 131 Es por ello que los problemas

entre Chile y Argentina fueron seguidos con especial sensibilidad por el resto del

continente, puesto que una ruptura del equilibrio, implica la polarización del área, y

puede alentar el surgimiento de nuevos conflictos armados. Sugerimos que un país “no

potencia” sin ningún tipo de respaldo internacional, no puede iniciar una guerra ni aspirar

a reivindicaciones territoriales. Bajo esta premisa, ni el Ecuador en 1981, ni Argentina en

1978 y 1982 se encontraban solos, con las consecuencias que puede traer una política

“real politik” de alianzas que estimule la mutua desconfianza y el armamentismo en la

región.

En plena guerra de las Malvinas, el ex canciller José de la Puente hizo ante “Oiga”

un razonamiento similar al del diputado Francisco Belaunde Terry sobre la posibilidad de

concretar la venta de armamento a la Argentina:

131
Ibíd. Pág. 7

77
78

Hay que estar metido dentro del sistema de seguridad nacional, hay que
haber sido alguna vez miembro del gobierno, para saber lo que significa que
en un momento dado nuestro país entre en operaciones bélicas. Somos un
país de capacidad defensiva importante, pero no hay que olvidar nuestra
compleja vecindad. No sé si una ayuda unilateral del Perú pueda ser de valor
teniendo en cuenta nuestra situación fronteriza.132

El doble discurso respecto a una eventual participación peruana está presente en

todo momento. El entonces ministro de Guerra, Cisneros Vizquerra, encabezaba a los

sectores que se inclinaban por la inmediata ayuda militar a la Argentina, mientras que

habría habido dentro del gobierno quienes pedían moderación y “pies de plomo” debido

al “factor norteño” (Ecuador) y al “factor sureño” (Chile)

Efectivamente, después del conflicto del Falso Paquisha en 1981, el Perú pudo

buscar una alianza con Argentina quizá no preocupado en demasía por lo que pudiera

hacer Chile, sino por lo que pudiera hacer Ecuador. En 1982 el Perú no tenía embajador

en Brasilia y ni si quiera tenía conexiones aéreas con Brasil. El entonces presidente del

Ecuador, Dr. Osvaldo Hurtado Larrea, se encontraba realizando giras por los países

garantes del Protocolo de Río de Janeiro, y precisamente el que más entusiasta se había

mostrado era el presidente brasilero, Gral. Joao Baptista de Oliveira Figueredo, que se

encontraba muy interesado en la firma de tratados de cooperación amazónica, protección

de los recursos del Amazonas, y en canalizar el comercio atlántico del Ecuador.

Para el Perú estaba bastante claro que la posición norteamericana respecto al

“litigio” no podría cambiar. Con Pinochet en el poder era muy difícil que Chile tuviera

una iniciativa para favorecer la posición internacional peruana respecto a la Cordillera del

Cóndor y las relaciones con Brasil no estaban precisamente en su punto más alto. El

interés peruano entonces tuvo que necesariamente orientarse por convencer a la

Cancillería Argentina de la validez de la tesis peruana.

132
“Entrevista de la semana” En: Oiga Nº 76 Pág. 28 (10 de mayo de 1982)

78
79

Sin embargo, seguiremos con la propuesta de que el acercamiento peruano con

Argentina resultaba perturbador (cuando no atemorizante) para el gobierno militar

chileno. La revista chilena Que pasa del 13 de mayo de 1982, pasa revista al conflicto

anglo-argentino “con frialdad y distanciamiento”, como si la guerra se estuviera

desarrollando muy lejos de las fronteras de Chile y manifiesta una marcada antipatía

hacia los argentinos (detalles que caracterizaron, según la revista Oiga, a todos los

medios de comunicación chilenos). Si hay un hecho lateral digno de estudio, dice el artículo

titulado “La guerra de Galtieri”, “es el inusitado apoyo que el Perú ha dado a la Argentina. Para

los analistas éste no es simplemente el espaldarazo de una “nación hermana” sino que hay algo
133
más.

El “algo más” para los chilenos sería la existencia de un pacto militar. Dice Que

pasa:

(…) Algunos analistas chilenos, casi tímidamente, han sugerido la posible


existencia de un pacto diplomático sino castrense, que uniría a países con los
que tenemos fronteras comunes. Es difícil predecir la naturaleza del o los
pactos, ya que éstos –como nos ha enseñado la historia- suelen ser secretos
(en referencia a la alianza peruano – boliviana de 1873). 134

El significado era claro: a Chile le preocupaba la amistad argentino-peruana y,

consideraba los vínculos entre Lima y Buenos Aires como “factor de desestabilización”

en el continente. 135

Es preciso entender y enmarcar los conflictos de Perú y Argentina con Chile, en

un contexto en el cual, los tres países se encontraban gobernados por regímenes militares.

Las dictaduras de Pinochet, Videla, Viola, Galtieri, Velasco, y Morales Bermúdez,

133
“La guerra toca nuestra puerta” En: Oiga Nº 78 Pág. 22 (24 de mayo de 1982)
134
Loc. Cit.
135
Un punto para nada poco importante resulta ser el hecho de que el artículo mencionado publicado en la
también ya mencionada revista “Que pasa”, fue enviado a diferentes medios de comunicación por el
mismísimo Agregado de Prensa de la Embajada de Chile, Leopoldo Luisetti Herman, acompañando un
croquis del Cuadrante Antártico Sudamericano en el que aparecen las reclamaciones antárticas de
Argentina y Gran Bretaña superponiéndose al territorio que según la embajada de Chile, le pertenece a este
país.

79
80

influenciadas por la también mencionada DSN, aprendieron prontamente a identificar a

los enemigos internos (los subversivos) y a los enemigos externos. 136 La lógica que primó

las relaciones internacionales con Chile estuvo influenciada por la necesidad argentina de

limpiar una “guerra sucia” y por parte del Perú de satisfacer nacionalismos

revolucionarios primafásicos. 137 Es preciso aclarar que consideramos a la Guerra del

Pacífico de 1879 como quizá uno (sino el más) de los hechos más importantes que han

normado nuestras relaciones internacionales a lo largo de todo el siglo XX.

Consideramos también, que tanto los militares peruanos como los de ambos lados

de la Cordillera de los Andes tenían una concepción fundacional de su gobierno, es decir,

tenían la idea de “re-fundar” la Nación. En primer lugar, el gobierno peruano se califica a

sí mismo como revolucionario, con la consecuente significación de esto, es decir, sobre la

base de un proyecto político fracasado, levantar uno completamente nuevo, eliminando

los antiguos vicios que la precaria institucionalidad democrática y civil había producido.

El gobierno militar argentino se autodenominaba como “Proceso de Reorganización

Nacional”, entonces, inspirados en el principio de la “ineptitud civil”, los militares

decidieron ingresar por la fuerza al espacio político y “colocar las cosas en orden” bajo la

legitimidad que les concedía el hecho de ser la “reserva moral de la nación”. Las fuerzas

armadas chilenas a su vez, se vieron “obligadas” a derrocar al gobierno del socialista

Allende porque “la situación estaba tomando un cause descontrolado”. Tras una serie de

advertencias, y enfrentamientos entre el poder civil y militar, el general Augusto Pinochet

tomó el Palacio de La Moneda, apelando a la integridad moral y patriótica del “ejército

jamás vencido”, teniendo en cuenta además, que Pinochet prácticamente convirtió a

Diego Portales en el santo patrono de Chile. 138

136
Op. Cit. Kees Koonings y Dirk Kruij (2003), Pág. 52
137
Término para definir a la primera fase del “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas” (Juan
Velasco Alvarado, 1968-1975)
138
“Portales y los idus de marzo” En: La Tercera [En línea] Santiago de Chile, 2 de abril del 2005 URL:
<http://www.accp.cl/documentos/RODRIGUEZABRIL2005.htm> [Consulta: Junio, 2005]

80
81

Podemos afirmar que tanto Pinochet como Videla (posteriormente Galtieri) y

Velasco (y en menor medida Morales Bermúdez), tenían un discurso político de corte

nacionalista, apelaban al “principio de primogenitura”, y desdeñaban el reciente pasado

civil que había destruido las bases de la nación 139. Por último, los militares peruanos y

argentinos, consideraban vital la expansión territorial a costa de Chile para la

glorificación de las armas de los cuerpos castrenses, vistas –nuevamente a sí mismas-

como los patrones y guardianes del país.

139
El “principio de primogenitura manifiesta la creencia de que los militares estuvieron presentes en el
nacimiento de la nación, y que sin sus sacrificios ella no se hubiera podido formar o sobrevivir. La
“incapacidad civil” está vinculada con el “principio de competencia”, ante el cual, los militares son más
competentes para tratar temas de interés nacional y por lo tanto de asuntos del estado. Kees Koonings y
Dirk Kruij (2003) Págs. 50-53

81
82

CAPÍTULO III
EL APOYO ESTATAL PERUANO: ¿FILANTROPÍA O
INTERÉS ESTRATÉGICO?

El presente capítulo tiene por intención sugerir una serie de razones vinculadas

con el interés estratégico de la política exterior peruana, tratando de ofrecer una respuesta

satisfactoria que explique el porque de la intervención peruana en la Guerra de las

Malvinas, y como esta participación discreta o directa, pudo potencialmente haber sido

beneficiosa para el estado peruano en su conjunto.

Al estallar el conflicto de las Malvinas el 2 de abril de 1982, el gobierno argentino

encabezado por el general Leopoldo Fortunato Galtieri, ordena a su entonces ministro de

relaciones exteriores, comercio internacional y culto, Dr. Nicanor Costa Méndez, que

convoque la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), por

considerar que se está violando el principio de soberanía de un país americano, poniendo

además en riesgo la seguridad hemisférica.

Nos proponemos en primer lugar exponer los tratados internacionales vigentes al

momento de la guerra, que trataran temas de seguridad, cooperación, e integración, a fin

de entender dentro de qué marco jurídico se apoyaban los estados americanos para apoyar

tanto al Reino Unido como a la Argentina. En segundo lugar, haremos una descripción de

los procedimientos efectivos que realizaron los países americanos, a fin de consolidar la

ayuda física o solidaria con los países enfrentados, dando especial énfasis en conocer en

qué consistió realmente la colaboración peruana durante el gobierno de Belaunde Terry,

con el gobierno argentino de Galtieri, y cuales fueron los instrumentos y condiciones que

hicieron viable este apoyo. Para finalizar, intentaremos ofrecer una explicación que

responda a la pregunta ¿Por qué el Perú apoyó a la Argentina en un conflicto que no le

pertenecía?

82
83

III.1 EL TRATADO INTERAMERICANO DE ASISTENCIA RECÍPROCA

En julio de 1940, durante la Conferencia Interamericana realizada en La Habana,

cuando ya había iniciado la segunda gran guerra en Europa, se firmó la "Declaración de

Asistencia Recíproca" por la que los estados americanos se comprometían a actuar

solidariamente frente al ataque, contra uno o más de ellos, por parte de un estado no

americano. En la Conferencia Interamericana sobre problemas de guerra y paz de 1945

realizada en la Ciudad de México, se firmó el "Acta de Chapultepec", por la cual se

consideraba que un ataque de un estado contra la integridad del territorio de un estado

americano o contra la soberanía o independencia política de este, será considerado como

un acto de agresión contra los otros estados, sumado a que se llamaría a una reunión de

consulta para acordar medidas a tomar con el acto agresivo 140.

Este acuerdo de 1945, amplió la "Declaración de Asistencia Recíproca" de la


Habana de 1940, en el sentido de prever una reacción conjunta en caso de
ataque contra un miembro del TIAR, no sólo de un estado "no-americano",
sino incluso por parte de un estado "americano" o sea desde el hemisferio
mismo. Este último aspecto que aparentemente fue concebido como una
medida de tiempo de guerra, fue dado en realidad por el temor de una
supuesta política expansionista de parte de la entonces neutral Argentina a
expensas de su vecino Uruguay.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca surgió como consecuencia de

la necesidad percibida de un mecanismo que permitiera la seguridad colectiva en el

hemisferio durante la época directamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. Aunque

la función básica del Tratado se planteó durante la Guerra, el Tratado únicamente fue

aprobado en la Tercera Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores

140
Gral. (r) Luis Palomino Rodríguez, “Comentarios sobre la OTAN, el TIAR, y América Latina” En:
Revista del Instituto Peruano de Paleomología, Enero de 1998 (IPP)

83
84

realizada en Río de Janeiro, Brasil, en 1947. El Tratado entró en vigor en 1948. Desde

entonces se ha constituido en uno de los pilares de la arquitectura de la defensa

hemisférica colectiva 141.

El Tratado de Río es un "tratado especial" según dice el Artículo 29 de la Carta de

la OEA. Entre otras cosas, define las medidas y procedimientos que gobiernan la

respuesta colectiva de los estados parte cuando un estado miembro sufre un ataque

armado o una agresión que no es un ataque armado.

El Tratado de Río proporciona un mecanismo de seguridad colectiva. De acuerdo

con sus términos, un ataque armado a uno de sus miembros, dentro del área geográfica

determinada explícitamente en el tratado 142, debe ser considerado un ataque a todos. El

Tratado también plantea medidas para responder a las agresiones que no se consideran

ataques armados, tanto en conflictos extra-continentales como intra-continentales. El

artículo 3º lo manifiesta de la siguiente manera en sus cuatro incisos:

1. Las Altas Partes Contratantes convienen en que un ataque armado por


parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado
como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia,
cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer
frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa

141
“Antecedentes del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca” Departamento de Estado de Estados
Unidos - Oficina del Portavoz, Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica en Bogotá, Colombia (20
de septiembre de 2001)
142
Artículo 4º del TIAR: “La región a que se refiere este Tratado es la comprendida dentro de los siguientes
límites: comenzando en el Polo Norte; desde allí directamente hacia el sur hasta un punto a 74 grados
latitud norte, 10 grados longitud oeste; desde allí por una línea loxodrómica hasta un punto a 47 grados 30
minutos latitud norte, 50 grados longitud oeste; desde allí por una línea loxodrómica hasta un punto a 35
grados latitud norte, 60 grados longitud oeste; desde allí directamente al sur hasta un punto a 20 grados
latitud norte; desde allí por una linea loxodrómica hasta un punto a 5 grados latitud norte, 24 grados
longitud oeste; desde allí directamente al sur hasta el Polo Sur; desde allí directamente hacia el norte hasta
un punto a 30 grados latitud sur, 90 grados longitud oeste; desde allí por una línea loxodrómica hasta un
punto en el Ecuador a 97 grados longitud oeste; desde allí por una línea loxodrómica hasta un punto a 15
grados latitud norte, 120 grados longitud oeste; desde allí por una línea loxodrómica hasta un punto a 50
grados latitud norte, 170 grados longitud este; desde allí directamente hacia el norte hasta un punto a 54
grados latitud norte; desde allí por una línea loxodrómica hasta un punto a 65 grados 30 minutos latitud
norte, 168 grados 58 minutos 5 segundos longitud oeste; desde allí directamente hacia el norte hasta el Polo
Norte.”

84
85

individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las


Naciones Unidas.
2. A solicitud del Estado o Estados directamente atacados, y hasta la
decisión del Órgano de Consulta del Sistema Interamericano, cada una de las
Partes Contratantes podrá determinar las medidas inmediatas que adopte
individualmente, en cumplimiento de la obligación de que trata el parágrafo
precedente y de acuerdo con el principio de la solidaridad continental. El
Órgano de Consulta se reunirá sin demora con el fin de examinar esas
medidas y acordar las de carácter colectivo que convenga adoptar.
3. Lo estipulado en este Artículo se aplicará en todos los casos de ataque
armado que se efectúe dentro de la región descrita en el Artículo 4. ° O
dentro del territorio de un Estado Americano. Cuando el ataque se efectúe
fuera de dichas áreas se aplicará lo estipulado en el Artículo 6.
4. Podrán aplicarse las medidas de legítima defensa de que trata este
Artículo en tanto el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no haya
tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad
internacionales.

Como se puede apreciar, el espíritu del Tratado Interamericano de Asistencia

Recíproca tenía como elementos más importantes “los principios de solidaridad y

cooperación interamericanas; el objetivo de perfeccionar los procedimientos de solución

pacifica de sus controversias; y la obligación de mutua ayuda y de común defensa de las

Repúblicas Americanas se halla esencialmente ligada a sus ideales democráticos y a su

voluntad de permanente cooperación para realizar los principios y propósitos de una

política de paz.” 143

El TIAR es la primera alianza de defensa que aparece durante la “Guerra Fría”. El

objetivo básico era darle a EE.UU. un marco legal en caso de que existieran en

Latinoamérica alguna intervención propiciada por la URSS o garantizarse el apoyo de

toda Latinoamérica en caso de un enfrentamiento directo con la Unión de Repúblicas

Socialistas Soviéticas (URSS). Los Estado firmantes del Tratado de Asistencia Recíproca

143
Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca adoptado en Río de Janeiro, Brasil, el 02 de septiembre
de 1947, entrado en vigor el 3 de diciembre de 1948 conforme al artículo 22 del tratado.

85
86

(TIAR) se comprometían solidariamente a realizar las acciones necesarias para cumplir

con ese objetivo enunciado y la asistencia debía traducirse en apoyo político, militar, y

económico en caso de que uno de los países firmantes fuese atacada por una potencia

extra-continental.

El órgano encargado de la dirección estratégica del TIAR es la Junta

Interamericana de Defensa (JID). La JID se conformó en 1942 y tiene como cede

operativa la ciudad de Washington D.C., Estados Unidos. La presidencia de la JID la

ejerce un general norteamericano de mando medio, y la oficina a su cargo agrupa al

"Consejo de Delegados”, formado por oficiales de alto rango de las tres fuerzas

castrenses de todos los países miembros. Presta asesoramiento a la OEA en asuntos de

carácter militar y actúa como órgano de planeamiento y preparación para la defensa y

seguridad del continente americano. También comprende un "Estado Mayor" formado

por oficiales de todos los países, para desempeñar funciones de asesoramiento y

planeamiento para responder a la evolución en los asuntos relativos a la seguridad

continental, y una "Secretaría", que presta servicios administrativos, logísticos,

financieros, lingüísticos, de enlace, de protocolo y de relaciones públicas. También es

Secretaría del "Comité consultivo de la OEA" cuando es convocado por los estados

miembros, y el "Colegio Interamericano de Defensa" (CID), que es una escuela de post-

grado de defensa para militares, funcionarios gubernamentales y académicos de los países

miembros, en la que se tratan asuntos de defensa continental. 144

III.2 EL APOYO PERUANO Y LA SOLIDARIDAD CONTINENTAL

Desde 1982 en adelante se tuvo la “sospecha” de que el estado peruano había

contribuido materialmente con el gobierno argentino durante la guerra de las Malvinas, a

fin de que este último país mantuviera el control de las mencionadas ínsulas. Se sabía

144
Gral. (r) Luis Palomino Rodríguez, “Comentarios sobre la OTAN, el TIAR, y América Latina” En:
Revista del Instituto Peruano de Paleomología (IPP) Enero de 1998

86
87

ciertamente, del valioso apoyo diplomático que ofreció el gobierno peruano a su par

argentino; la Cancillería Peruana actuó con gran profesionalismo al tratar de lograr una

solución pacífica al conflicto, quizá porque sabían de antemano el desenlace que tendría

la campaña bélica, o quizá por la vocación pacifista que la ha caracterizado a lo largo de

la tormentosa vida independiente iniciada en 1821 con el General José de San Martín. Lo

concreto es que desde el inicio del enfrentamiento militar, el Perú mantuvo una decidida

posición a favor de lograr la paz en la zona, pero siempre respetando y considerando

legítimo el derecho de soberanía que la República Argentina debe ejercer sobre el

archipiélago malvino.

Sobre el mencionado apoyo militar se vinieron tejiendo una serie de historias,

rumores y comentarios, algunos vinculados a un imaginario romántico y solidario

colectivo, más que a una verdadera política del gobierno del Fernando Belaunde Terry.

Los rumores surgían ya desde los meses de abril y mayo de 1982 iban desde el envío de

aviones Sukkhoi - 22 (Su-22), Mirage VP Dassault, misiles Exocet, hasta la orden de

desplegar pilotos de la Fuerza Aérea Peruana (FAP), enviar un contingente de infantería

del Ejército Peruano (EP) a las conflictivas islas, y una serie de elementos que pudieran

hacer viable el triunfo militar argentino.

III.2.1 LAS NEGOCIACIONES POR LA PAZ: LA MISIÓN DE JAVIER ARIAS

STELLA

Durante el enfrentamiento entre Argentina y el Reino Unido por las Islas

Malvinas, el presidente Belaunde simpatizó con la posición argentina e intentó mediar en

la disputa a través de su entusiasta ministro de relaciones exteriores Dr. Javier Arias

Stella, aunque todos sus esfuerzos se hundieron el 2 de mayo de 1982 junto con el

crucero ARA General Belgrano.

87
88

Desde su primer gobierno, las relaciones entre Argentina y el Perú habían

resultado bastante fructíferas en materia de intercambio de bienes y de coincidencias

políticas. Cabe mencionar dos hechos, que si bien no son determinantes, pueden traducir

el sentir personal de Belaunde respecto a la cuestión de las Malvinas. El 15 de septiembre

de 1964 se había firmado el primer acuerdo entre un gobierno peruano “acciopopulista” y

la Argentina. El ministro argentino de relaciones exteriores de ese entonces, Nicolás

Costa Méndez, ejercería en 1982 el mismo cargo durante el conflicto armado. Argentina,

no era un estado ajeno o desconocido para Belaunde, puesto fue el país al cual llegó

inmediatamente en el contexto del exilio al que se vio obligado a causa del golpe de

estado del general Juan Velasco Alvarado, en calidad de asilado político por el gobierno

del general Onganía. 145

En el área económica de la agenda, se destacó la firma de un convenio en 1964 de

asistencia mutua y de un contrato para el intercambio de productos hasta el 31 de

diciembre de 1966, entre las empresas petroleras Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF)

de la Argentina y la empresa peruana equivalente. 146

En el campo político de la relación, como en los casos de Chile y Brasil, las

gestiones realizadas por el canciller argentino Zavala Ortiz a través de la embajada en

Lima para evitar un eventual interés del gobierno peruano a recibir al ex-presidente Juan

Domingo Perón en el marco de la muy hablada “Operación Retorno” a la Argentina.

Sobre esto, Zavala Ortiz admitió que: (La embajada argentina en Lima) “nos ha

comunicado que el gobierno peruano no tiene interés en recibirlo a ese señor, lo cual es

coincidente con lo resuelto por el gobierno chileno. (...) Son decisiones tomadas

espontáneamente y suficientemente persuasivas, para que nadie se haga ilusiones de que


145
Entrevista con el ex – ministro de relaciones exteriores de la República del Perú, Dr. Javier Arias Stella
en los Laboratorios Arias Stella (Jesús María, Lima, Perú) [Abril, 2005]
146
Carlos Escudé y Andrés Cisneros, Historia general de las relaciones exteriores de la república Argentina
[En línea] (Buenos Aires: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), 2000) Tomo
XIII: Las relaciones políticas, 1943-1966 Capítulo 65: universalismo y crecimiento como ejes de la política
exterior (1953 – 1966) – Las relaciones con Perú URL: URL: <http://www.argentina-
rree.com/home_nueva.htm> [Consulta: agosto, 2005]

88
89

puede utilizar a los países amigos como terreno propicio para organizar campañas

subversivas (…)” 147

En el esquema político internacional, el Perú de 1982 asumió un rol dirigente en

la mediación de Malvinas, además de adoptar la actitud de una joven democracia rodeada

de regímenes despóticos y autoritarios que nos obligaban a convertirnos en los redentores

de los pueblos oprimidos y las causas heroicas. El gobierno de Fernando Belaunde Terry

logró que el Perú fuera visto por Argentina como una nación simpática y amistosa,

convirtiendo al país en un estado contundentemente respaldado por los grupos

intelectuales europeos y hasta americanos, que veían a la joven democracia, como un país

“rebelde” frente a las tendencias políticas y militaristas de sus vecinos, sin reparar, claro

está, en la dosis de demagogia que traía consigo nuestra misión pacifista.

La mediación peruana a cargo del ministro Arias Stella no fue la única en entrar

en acción durante el conflicto. Paralelamente, el ex – general en jefe de la OTAN, y

secretario de estado del presidente norteamericano Ronald Reagan, Alexander Haig,

iniciaba conversaciones con Margaret Thatcher y Leopoldo Fortunato Galtieri para lograr

una solución al problema del Atlántico Sur. Decir que la mediación peruana fue una

mediación paralela resulta algo exagerado. A decir verdad, los esfuerzos del gobierno

peruano estuvieron orientados en un principio a lograr no un acuerdo de mediación, sino

un acuerdo de aceptación de mediación, por parte de argentinos y británicos, de la

iniciativa Haig.

La primera acción efectiva con resultados positivos, fue la propuesta de tregua de

72 horas que propuso el Perú el lunes 11 de abril de 1982, buscando que prosiga le

mediación de Alexander Haig. Esta propuesta de tregua tiene una connotación especial, le

dio un papel al Perú en el escenario internacional creado por el conflicto de las Malvinas,

y le abrió la puerta para la intromisión peruana en el conflicto. A partir de ese momento,

147
Loc. Cit.

89
90

el Perú sería un actor importante en la mediación, puesto que se convirtió, junto con

EE.UU., en un efectivo interlocutor entre el gobierno argentino y británico.

Tradicionalmente, las relaciones hemisféricas se desenvolvieron dentro del marco

del Sistema Interamericano, donde la doctrina Monroe, planteada por Estados Unidos,

predominó por sobre la concepción “bolivariana” porque las políticas exteriores de los

estados latinoamericanos priorizaron las relaciones con Europa y Estados Unidos más

que con la región. Luego de la última Guerra Mundial, 148 las relaciones exteriores

latinoamericanas giraron alrededor de hipótesis relacionadas con los intereses y las

problemáticas de seguridad de Estados Unidos. En la década del ochenta, luego de la

posición adoptada por los países latinoamericanos en la XVII Reunión de Consulta de

Ministros de Relaciones Exteriores, en el caso de “la Nicaragua de Somoza”, el

“bolivarismo” aparentó recuperar posiciones frente al “monroísmo”, aunque en forma

desarticulada y sin un proyecto concreto. 149

Retomando la mediación norteamericana, el día 4 de Abril el gobierno británico

obtuvo la autorización y apoyo de los EE.UU. para el uso de la base aeronaval de la Isla

Ascensión, que habría de convertirse en el principal punto de apoyo para todas las

operaciones navales y aéreas en el teatro de operaciones, y que haría posible la presencia

de la "Task Force" en el Atlántico Sur.

En el campo diplomático, Gran Bretaña actuó rápidamente en tres frentes principales:

1. En EE.UU.: el 1º de abril, el embajador Henderson había informado al general

Haig que los servicios de inteligencia británicos aseguraban que estaba en marcha

una invasión argentina al Archipiélago Malvinas. Requirió la intervención de

Estados Unidos y consideró los eventuales apoyos para el futuro en caso de

conflicto.

148
Alberto J. Sosa y Luis Dallanegra, “El Grupo de los Ocho y el Futuro de América Latina” En:
Perspectiva Internacional (Buenos Aires – Argentina) Vol. I, Nº 2, diciembre de 1989
149
Luis Dallanegra, “El Sistema Interamericano y las Relaciones entre EUA y América Latina” En:
GEOSUR Vol. IV, Nº 41, Enero 1983.

90
91

2. Naciones Unidas: el 2 de abril, el embajador británico Anthony solicitó la

convocatoria del Consejo de Seguridad y logró que este organismo emitiera, al día

siguiente, la Resolución 502 150 que exigía el retiro inmediato de todas las fuerzas

argentinas de las Islas.

3. En la CEE y países integrantes de la OTAN.: los países de la Comunidad

Económica Europea condenaron por unanimidad, la intervención armada el

mismo día en que ésta se produjo. Los gobiernos de los diez países aplicaron, a

requerimiento de Gran Bretaña, un embargo completo sobre la exportación de

armamentos con destino a Argentina, y desde el 14 de abril hasta el 17 de mayo

establecieron una prohibición a las importaciones argentinas, con excepción de

aquellas que, a esa fecha, ya hubieran sido despachadas. 151

Después de la Resolución 502, el Canciller Costa Méndez y la delegación

argentina dirigieron sus esfuerzos para comprometer el apoyo de la OEA. y de los países

"No Alineados". El 5 de abril, en un discurso ante la OEA el Canciller fundamentó la

actitud argentina.

El 6 de abril el General Haig se reunió con Costa Méndez para ofrecer la

asistencia de Estados Unidos. El Secretario de Estado aclaró que Estados Unidos no

ofrecía mediación ni buenos oficios sino, simplemente, una cuestión de asistencia a las

partes para la búsqueda de una solución pacífica de la controversia. Los estrechos

vínculos de distinto tipo entre Estados Unidos y Gran Bretaña permitían dudar sobre la

150
La mencionada resolución exigía la cesación inmediata de las hostilidades, la retirada inmediata de todas
las fuerzas armadas de la zona, y exhortaba a los gobiernos de Argentina y el Reino Unido a buscar una
salida diplomática pacífica a sus diferencias.
151
“Informe Rattembach” Capítulo V: Las negociaciones a partir del día 02 de abril de 1982 Párrafos 285 –
300 (La Comisión estaba integrada por el Teniente General (R) Benjamín Rattenbach y el General de
División (R) Tomás Armando Sánchez de Bustamante por el Ejército; el Almirante (R) Alberto Pedro Vago
y el Vicealmirante (R) Jorge Alberto Boffi, por la Armada; y el Brigadier General (R) Carlos Alberto Rey y
el Brigadier Mayor (R) Francisco Cabrera por la Fuerza Aérea. Rattenbach como miembro más antiguo
presidió esa Comisión de oficiales de alta jerarquía y elevó el informe que lleva su nombre. En su edición
Nº 858 del 23 de noviembre de 1983 la revista semanal Siete Días le dedicó su tapa y gran parte del número
a dicho documento, de esa forma éste salía a la luz pública a través de un medio de difusión masivo.) Existe
una versión publicada que no fue publicada, razón por la cual cito tal cual sugiere la copia revisada.

91
92

imparcialidad de la posición que el primero adoptaría en una eventual gestión

negociadora. Habría que recordar además, que el 4 de abril Estados Unidos había votado

a favor del Reino Unido en el Consejo de Seguridad de la ONU, a pesar de que el mismo

día, Harry Schlauderman, embajador norteamericano en Argentina, intentó un principio

de mediación. 152

El límite de presión que Estados Unidos podría ejercer sobre Gran Bretaña, lo

constituía la estabilidad del gobierno conservador. Si a ello se suma la conocida situación

de política interna que enfrentaba dicho gobierno -etapa de menor popularidad del

período de Margaret Thatcher- fácil es concluir que Estados Unidos tenía un escaso

margen para ejercer su “presión". Por el contrario, las posibilidades de presión sobre el

gobierno militar argentino eran superiores -independientemente de que las autoridades

del momento no lo hayan considerado así- y, en caso de deterioro de relaciones, los

problemas resultarían menores y las correcciones más factibles.

De cualquier forma, Haig quiso jugar a ser Kissinger, aunque con menos tacto que

él y sin considerar que las distancias entre Buenos Aires y Londres no eran las mismas

que entre Tel-Aviv y El Cairo. Realizó dos viajes a Buenos Aires, y otros tantos a

Londres, donde se entrevistó con Galtieri y Thatcher en la búsqueda de una salida

pacífica Sin embargo, la propuesta norteamericana no satisfacía las mínimas aspiraciones

nacionales argentinas, puesto que la obligaba no sólo a una retirada de sus fuerzas, sino a

la devolución del archipiélago para iniciar negociaciones donde no se consideraba a

priori, el problema de la soberanía. Por otro lado, la propuesta del gobierno de Reagan

exigía una serie de cumplimientos al argentino, pero no se mostraba igual de categórico

con el gobierno de la Sra. Thatcher.

En una entrevista del 24 de mayo de 1982, el general Haig afirmaba que “Los

Estados Unidos trataron de buscar lo mejor que pudieron una solución equitativa y justa.

152
“Los pacifistas recibirán a Reagan con mitin cuando llegue a RFA”, El Comercio Nº 76866 Pág. B-8 (5
de abril de 1982)

92
93

Ese arreglo hubiera requerido concesiones tanto de Gran Bretaña como de la Argentina.

(…) La respuesta argentina fue negativa.”Más adelante afirmaría Haig, que “esta es una

cuestión vital para los EE.UU., para los intereses occidentales y para los del mundo libre”

y consideraba que lo peor que podría pasar sería que “los británicos extendieran la guerra

al continente argentino.”

Los términos “occidental” y “mundo libre”, hablan claramente de una nueva

bipolarización político-militar del mundo, a través de una lectura de enfrentamiento este-

oeste, en la guerra de las Malvinas. Argentina era curiosamente un país apoyado por la

URSS, la cual se había convertido en el primer destino de sus exportaciones de cereales,

merced de la crisis agrícola soviética y del “boicot cerealero” que Carter había decretado

contra la URSS en 1978. Argentina, a pesar de ser gobernada por una dictadura

furibundamente anti-comunista, se había negado a plegarse a este boicot, desafiando

abiertamente a los Estados Unidos. 153

Haig justificaba su actuar y el de su país, como un sacrificio necesario y que a

pesar de la pérdida de prestigio en Latinoamérica, el apoyo norteamericano a Inglaterra

rendiría réditos a su política exterior. El mantenerse neutrales podría generar la

intervención de la URSS. Si la URSS hubiera intervenido, los Estados Unidos habrían

tenido que intervenir obligatoriamente en el conflicto a favor de su aliado natural, el

Reino Unido, o tomar la decisión de mantenerse completamente neutrales para evitar una

catástrofe nuclear. La mediación de Haig entonces, lograba mantener a la URSS fuera del

Atlántico Sur, a la vez que podían seguir las negociaciones para la reducción de armas

nucleares. 154 Una vez que Estados Unidos se pliega a los intereses de su socio del

Atlántico Norte, el peligro de una intervención soviética abierta termina por diluirse, ya

que como es sabido, en las relaciones de la Guerra Fría, que una de las superpotencias

ocupe un lugar necesariamente obliga a la otra a buscar otra área de influencia para evitar

153
“Haig explica por qué apoya a Inglaterra” En: Oiga Nº 72 Pág 64 – 66, 24 de mayo de 1982
154
Loc. Cit.

93
94

el enfrentamiento directo, y en este caso, no era posible enviar un ejército de cubanos a

pelear en nombre de la URSS como en épocas de antaño.

El temor de Haig no parecía del todo injustificado, la agencia oficial argentina de

noticias TELAM divulgaba desde mediados de abril de 1982, fotos de una serie de navíos

presuntamente soviéticos en el área que estarían desplegando su apoyo a través de lar

recolección y entrega de datos sobre los desplazamientos de las fuerzas armadas

británicas.

El domingo 2 de mayo de 1982, el gobierno peruano encabezado por Belaunde y

representado por Arias Stella, da a conocer a las partes involucradas (mas no a la prensa)

los siete puntos para la paz:

1. Cese de hostilidades

2. Retiro de las fuerzas militares de ambos países

3. Seguridad de que ninguna de las fuerzas beligerantes interferiría en el proceso

4. Retiro de las sanciones económicas

5. Administración provisional de las Malvinas a cargo de Brasil, Perú, Alemania

Federal y los EE.UU.

6. Garantía de los intereses de los “kelpers”

7. Firma de un tratado definitivo, a más tardar, en abril de 1983

Entre las objeciones hay dos puntos claros: el gobierno británico objetaba la

participación peruana, y el gobierno argentino la participación de Estados Unidos. De

cualquier forma, quedó claro que el Perú y los Estados Unidos, fueron como abogados de

Argentina y Gran Bretaña respectivamente.

Belaunde y Arias Stella se comunicaron con el presidente Galtieri el 2 de mayo de

1982, para informarle que se habían puesto de acuerdo con Haig, a lo que el dictador

94
95

argentino respondió que tenía que conversarlo con el “senado” 155, y entendiendo los

peruanos, que si Haig había aceptado el cese de las hostilidades, era evidente que

Thatcher también lo haría. Arias Stella se apresuró a organizar una convocatoria a

conferencia de prensa a Palacio de Gobierno, a llamar a los embajadores de Argentina y

del Reino Unido para la firma de una tregua, y a iniciar todo el ceremonial y preparar el

salón de Palacio que el protocolo demandaba para tan importantísimo evento.

Arias Stella relata que después de conseguir un encargado de protocolo, y visitar

el casi vacío Palacio de Torre Tagle, se comunicaron nuevamente con Galtieri para

esperar su aprobación definitiva. Alrededor de las 15:00 horas (Horario de Lima),

Belaunde se comunica con Galtieri, sólo para recibir la información de que el crucero

ARA General Belgrano acababa de ser torpedeado fuera del área de exclusión y que bajo

esas condiciones su gobierno no podía firmar un cese al fuego. 156 El 4 de mayo, la Fuerza

Aérea Argentina hundiría el HMS Sheffield, complicando aún más la posibilidad de

arribar a la paz.

La propuesta peruana introducía puntos novedosos para la consecución de la paz.

En primer lugar, la sola aceptación hacía contraer obligaciones por igual a ambas partes,

es decir, el cese a las hostilidades, y el retiro inmediato de tropas del escenario. Con esto,

se lograba precisamente frenar la carrera victoriosa inglesa, y por otro lado, se

concretaban las aspiraciones de Costa Méndez: “ocupar y negociar”. A su vez, ninguno

de los dos países, especialmente Inglaterra, podría luego desconocer la tregua puesto que

existía el compromiso explícito de no intervenir militarmente bajo ninguna circunstancia,

además, el hecho de incluir a Estados Unidos como parte de un co-gobierno

multinacional, le daba cierta garantía a Inglaterra, pero la incursión de otros tres estados,

155
Arias Stella manifiesta que tanto él como Belaunde tomaron ese comentario como una burla, dada la
inexistencia de un gobierno democrático con plena separación e independencia de los poderes, sin embargo
Galtieri, aclaró que se refería al Estado Mayor y a su Consejo de Guerra. Entrevista a Arias Stella [Abril,
2005]
156
Entrevista con el ex – ministro de relaciones exteriores de la República del Perú, Dr. Javier Arias Stella
en los Laboratorios Arias Stella (Jesús María, Lima, Perú) [Abril, 2005]

95
96

aseguraba cierta equidad en el manejo de las relaciones, constituyéndose casi en países

garantes.

La historia está llena de ejemplos que enseñan que por más que existan países

garantes, cuando una frontera no se encuentra delimitada, o cuando persisten problemas

unilaterales a de soberanía, los conflictos no terminan del todo. También se sabe que en

el marco de las relaciones internacionales, se premia comúnmente el justo derecho de

propiedad, y no precisamente la prepotencia y el desconocimiento de los acuerdos

firmados, de esto el Ecuador sabe mucho. Bajo esta premisa, Inglaterra no hubiera podido

desconocer su propia firma, y se hubiera visto sometida necesariamente a una evaluación

concienzuda de los derechos que esgrimía para la posesión del archipiélago.

El retiro de sanciones para Argentina implicaba la apertura de una nueva línea de

crédito y capacidad de endeudamiento, muy probablemente para adquirir armamento.

Tanto Brasil, como Venezuela y la URSS habían considerado ser nuevos proveedores de

material bélico. En contra parte, Inglaterra obtenía la protección de los “Kelpers” o

ciudadanos malvinenses de habla inglesa, los cuales habían sido en principio, el punto

discordante de la negociación de la soberanía, ya que cuando Inglaterra reconocía la

voluntad de los habitantes, Argentina reconocía sus intereses, tal como lo sugería

sutilmente la propuesta del Perú.

Por último, el hecho de limitar el espacio de las negociaciones a más tardar a un

año y medio, terminaba con el problema que argumentaba argentina para negociar

eficientemente una transferencia de soberanía, pues recordemos que uno de los pretextos

para iniciar la invasión fue precisamente, la certeza de que el Reino Unido estaba

postergando ad infinitum las negociaciones. Así pues, Argentina perdía un pretexto, e

Inglaterra perdía prácticamente toda posibilidad de frenar las reclamaciones argentinas.

96
97

III.2.2 EL PERÚ CON ARGENTINA

A finales de febrero de 1982 la empresa encuestadora Datum realizó una estudio

sobre la percepción que tenían los peruanos de los países “más amigos”, “menos

amigos”, “parecidos”, etc. del/al Perú, midiendo la opinión pública capitalina de las

relaciones e intenciones de otros países –en particular, los limítrofes.

Los resultados de la encuesta en el grupo de “países más amigos del Perú”

arrojaron que Argentina con 39.5%, Venezuela con 27.6% y España con 26.7% eran

entre otros, los países con los que el Perú tenía mejores relaciones en opinión de los

entrevistados. Así mismo, Chile con un 79.1% y Ecuador con un 78.4% (índice de

recurrencia, se podía elegir varios países), eran los catalogados como países adversos al

Perú. 157

Chile como país, y no necesariamente como régimen, es considerado

avasalladoramente enemigo, aún más definido que el Ecuador con quien se había tenido

un enfrentamiento el año anterior. La idea de que tanto Chile como Ecuador se

preparaban para atacar al Perú estaba arraigada en la población limeña según se

desprende de la mencionada encuesta. El 66.9% parecía convencido de que Chile

pretendía iniciar un conflicto armado, mientras que el 78.6% afirmaba que el Ecuador

intentaría nuevamente negociar con las armas una salida soberana al Amazonas. 158

III.2.2.1 ABRIL DE 1982

Al enterarse el país de la noticia de la toma de las Malvinas, muchos sectores de

primer orden político se plegaron solidariamente a los intereses argentinos. El 2 de abril

de 1982, se comentaba en el Senado peruano la posibilidad de elevar una moción de

respaldo a Argentina. El senador José Carlos Mario de Acción Popular (AP), miembro de

157
“Visión hacia fuera” En: Caretas Nº 687 Pág. 69-70 (Lima, 1º de marzo de 1982)
158
Loc. Cit.

97
98

la Comisión de Relaciones Exteriores, anunció que su cámara elevaría la mencionada

moción. 159

“Perú en el caso de las Malvinas invoca al diálogo”, fueron las primeras palabras

oficiales del Canciller Javier Arias Stella el mismo día de la invasión; manifestando que

“el Perú apoya a la Argentina en la reclamación de la descolonización de las islas

Malvinas por parte de Gran Bretaña” e hizo votos para que la solución a la controversia

entre ambos países llegue de la “manera más pacífica”. El ministro de Industria, Turismo

e Integración (MITI), coincidió plenamente con el canciller, considerando como “justos

los planteamientos de Argentina” 160

El presidente de la Comisión de Relaciones exteriores del senado, Oscar Trilles

Montes (AP), reiteró el 3 de abril de 1982, que toda Latinoamérica está con la Argentina

en el caso de las islas Malvinas. Recordó que Gran Bretaña retenía injustamente, desde

hace más de un siglo, esa porción del territorio hemisférico, en el Atlántico. Al igual que

dicho parlamentario, absolutamente todos los representantes de ambas cámaras, y de

todas las tendencias, entrevistados por el diario El Comercio, tuvieron similares

pronunciamientos a favor de la “descolonización” de esas islas. 161

Paralelamente, la Iglesia Católica del Perú, el representante diplomático de El

Vaticano, y hasta el presidente de la República, habían manifestado la esperanza de la paz

necesaria, una solución definitiva, y lo imperioso de concretar un efectivo proceso de

descolonización en el continente. El Cardenal Juan Landázuri opinó que el diálogo debía

abrirse nuevamente y ofreció su colaboración al presidente para abrir frentes de

negociación. 162

159
“Perú en el caso de las Malvinas invoca al diálogo, dijo Canciller”, El Comercio Nº 76864 Pág. A-4 (3
de abril de 1982)
160
Loc. Cit.
161
“Perú reitera apoyo principista a reivindicación sobre Malvinas”, El Comercio Nº 76865 Pág. A-4 (4 de
abril de 1982)
162
“El Perú es partidario de la descolonización; dijo el Presidente”, “La iglesia y diplomáticos formula
votos por la paz en Malvinas”, El Comercio Nº 76866 Pág. A-1 y A-4 (5 de abril de 1982)

98
99

Finalmente el 6 de abril ambas cámaras aprobaron por separado mociones de

respaldo, solidaridad y apoyo al pueblo argentino en su diferendo internacional con Gran

Bretaña. La moción de la Cámara Alta fue multipartidaria y la presentación estuvo a

cargo del Senador (AP) José Carlos Martins 163, aunque el Partido Popular Cristiano

(PPC) votó en contra. Alayza Grandy (PPC), manifestó entonces que el partido no apoyó

la moción, ya que aunque simpatizaba con su causa, no respaldaba la medida de fuerza

utilizada por los militares argentinos. Diputados aprobó dos mociones de respaldo y

solidaridad que fueron presentadas por Andrés Townsend Ezcurra del Partido Aprista

Peruano (PAP o APRA) y Carlos Roca Cáceres (PAP). 164

El Canciller peruano entre tanto, seguía derrochando apoyo a la República

Argentina, manifestando que el estado peruano respaldaría a la Argentina en la reunión

continental de la OEA, manifestando que “si Argentina solicita la reunión del Consejo

Consultivo de la OEA, el Perú le daría su apoyo en el asunto de las islas Malvinas.” 165

Aunque el conflicto tenía pocos días de desatado, las manifestaciones populares

espontáneas y oficiales de solidaridad para con los argentinos, motivaron que la

Embajada Argentina publicara un aviso en el diario “El Comercio” de la ciudad de Lima,

expresando su

“Agradecimiento por las numerosas muestras de solidaridad que


constantemente y por diversos medios se reciben, tanto de instituciones,
personalidades y ciudadanos peruanos como argentinos residentes en esta
nación hermana.” 166

El senador (AP) Oscar Trelles, presidente de la comisión nacional de defensa y

orden interno del Senado, expresaba su opinión diciendo que Gran Bretaña “retiene las

163
“Diputados y Senadores se solidarizan con Argentina”, La República Nº 119, Pág. 4 (7 de abril de 1982)
164
“Cámaras aprueban mociones de respaldo a argentinos”, El Comercio Nº 76868, Pág. A-1 y A-4 (7 de
abril de 1982)
165
“Perú hará esfuerzos para que negocien”, La República Nº 118 Pág. 7 (6 de abril de 1982)
166
Agradecimiento publicado por la Embajada Argentina en el diario El Comercio el día 8 de abril de 1982

99
100

islas Malvinas desde hace más de un siglo debido a una posesión de facto, ya que nunca

ha habido un reconocimiento de su soberanía sobre dicho archipiélago.” Afirmación que

evidentemente pecaba de exageradamente latinoamericanista, ya que todos los países del

Commonwealth reconocen la posesión inglesa, y que se encontraba enmarcada dentro de

la potencial participación peruana en la defensa continental, en caso de que la Argentina

invocara la actuación del TIAR. 167

El hecho de que el Secretario General del Parlamento Latinoamericano haya sido

el peruano Townsend Ezcurra, le daba a sus declaraciones, y en general al apoyo

peruano, no una dimensión particular, sino por el contrario, una dimensión continental

que de hecho influyó positivamente en las expresiones sudamericanas de adhesión a la

causa platense. El Parlamento Latinoamericano había acordado en 1975 el

reconocimiento de la soberanía argentina sobre las Malvinas de acuerdo a la resolución

1514 de las Naciones Unidas, censurando a su vez la demora británica en la resolución de

las negociaciones por soberanía que venían llevándose a cabo hasta ese momento. 168

Para entonces, Arias Stella no desmentía todavía la proposición de que se forme

una fuerza de paz de la OEA, en tanto se realizaban las negociaciones anglo-argentinas.

Decía el entonces Canciller que “cualquier adelanto o comentario de otras acciones puede

entorpecer la mediación de Haig”, lo cual parecía responder a una política de prudencia,

ya que evidentemente los esfuerzos peruanos por lograr la paz no pasaban todavía de

buenas intenciones, y por el contrario, se tenía cierta esperanza en la consecución de la

solución al conflicto por parte del gobierno norteamericano. El vicepresidente de la

Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, Javier de Belaunde Ruiz

de Somocurcio (AP), comentaba que la idea de ayudar a solucionar el problema le

167
“Posesión de facto en Malvinas tiene Gran Bretaña, señaló Trelles”, El Comercio Nº 76870, Pág. A-4 (9
de abril de 1982)
168
“El dato político”, El Comercio Nº 76871, Pág. A-4 (10 de abril 1982)

100
101

resultaba “buena”, pero manifestaba también su preocupación por la demora de la

resolución. 169

Cabría mencionar además, que la Universidad Nacional de Ica (UNICA), por

intermedio de su Rector a.i. dio testimonio de su plena solidaridad y respaldo al gobierno

y pueblo argentina, “por la justa medida que ha tomado, de recuperar esa parte insular de

su territorio y de afianzar su soberanía nacional en esa zona del continente”. También

expresaba que –a su parecer- el Perú y Argentina, siempre habían permanecido ligados

por comunes ideales, cordiales relaciones y fraterna amistad, muy especialmente la

universidad peruana, que se había visto favorecida “por la influencia de la cultura

argentina, y por sus grandes movimientos a favor de la causa universitaria” (Hace

referencia al movimiento estudiantil que dio origen de la Reforma Universitaria de

Córdoba). 170

De hecho, aunque parezca un tanto singular, no fue el único apoyo que salió de

los claustros estudiantiles de algún centro educativo peruano. Para entender la masiva

solidaridad peruana, como un ejemplo, mencionaremos que el colegio “San José” (Lima)

a través de su director, Henderson Tamayo Ángeles, manifestó al diario La República que

“el problema de las Malvinas ha dejado de ser un problema de Argentina para convertirse

en un problema latinoamericano”, haciendo notar además, que a nombre de todo el

plantel había remitido cartas de apoyo y protesta tanto a la embajada argentina, como a la

británica y norteamericana. 171

La vocación del gobierno peruano quedaba claramente definida cuando Belaunde

afirmaba categóricamente que “el Perú no cejará en su afán por coadyuvar y poner lo que

esté a su alcance, a fin de que se evite un choque, que sería gravísimo para la paz

169
“Perú planeta varias alternativas de solución en problema austral”, El Comercio Nº 76872, Pág. A-4 (11
de abril de 1982)
170
“UNICA apoya a Argentina al retomar soberanía nacional”, El Comercio Nº 76872, Pág. A-17 (11 de
abril de 1982)
171
“Colegio San José apoya a la Argentina”, La República Nº 156 Pág. 5 (21 de mayo de 1982)

101
102

mundial.” 172 Por otro lado, más allá de la invocación, había cumplido con enviarle una

carta al general Galtieri, en la cual le invocaba una honrosa tregua que facilite las

negociaciones entre su país y Gran Bretaña, haciéndole saber que el gobierno peruano se

encontraba muy preocupado por la situación austral, en virtud de que sus problemas eran

comunes “a países hermanos tradicionalmente vinculados a vuestra patria” 173

Algunos partidos políticos como la Izquierda Unida (IU) y el APRA, además de la

evidente simpatía con la reconquista de las Malvinas, vieron la guerra no sólo como una

reivindicación argentina, o una gesta anticolonialista (el propio presidente Galtieri en su

mensaje por el Día de las Américas, y refiriéndose a la recuperación de las Malvinas, dijo

que con ella “se puso fin a los últimos capítulos de la historia colonial en el

continente”) 174, sino que bajo su óptica, las Malvinas representaban casi una “guerra de

liberación” lo cual a juicio menos exaltado, no deja de ser una exageración.

El 12 de abril de 1982 Argentina daba cuenta de que aceptaba la propuesta de

tregua invocada por el gobierno de Belaunde, a fin de facilitar la mediación de Alexander

Haig. 175 Con esta actitud, el Perú fue el primer país del mundo en solicitar un alto al

fuego (sin considerar en este ranking al Consejo de Seguridad y EE.UU. que mediaba en

el conflicto), y el primer país en apoyar activamente el proceso de negociación y paz que

llevaba adelante el gobierno de Ronald Reagan, aunque, su aliada británica daba cuenta

que rechazaba la propuesta de tregua, puesto que era requisito indispensable para

cualquier inicio de negociación, cumplir con la resolución 502 de las Naciones Unidas,

que obligaba al retiro argentino de las islas. El 25 de abril, el presidente Belaunde volvía

a invocar una tregua en el Atlántico Sur, expresándose en términos duros contra el

gobierno de Su Majestad Británica, haciendo hincapié en que el gobierno del Perú

172
“Belaunde exhorta evitar guerra”, El Comercio Nº 76873 Pág. A-1 (12 de abril de 1982)
173
“Nuestro país está decidido a impedir un enfrentamiento”, El Comercio Nº 76873, Pág. A-1 (12 de abril
de 1982)
174
“Siempre lo mismo: polarización EEUU-URSS” En: Oiga Nº 73 Pág. 64
175
“Fue aceptada por Argentina tregua propuesta por Perú”, El Comercio Nº 76874 Pág. A-1 (13 de abril
de 1982)

102
103

consideraría como “un crimen de lesa humanidad” un ataque armado contra la Argentina,

manifestando a la vez, que “el Perú se ofrece para todo lo que sea acercamiento entre los

dos contendientes”, siendo éste, el mensaje que abrió al Perú la participación activa no en

el apoyo a un proceso de negociación, sino en la búsqueda de una solución directa.

Uno de los aspectos más notables del apoyo peruano se tradujo en las constantes

filas de voluntarios peruanos que se formaban en las afueras de la agregaduría militar

argentina, situada en esa época en la cuadra 11 de la Av. Arequipa. Según mencionan

diversas fuentes periodísticas, alrededor de doscientas personas, en su mayoría

licenciados de las Fuerzas Armadas 176, solicitaron su inscripción como voluntarios para

defender las Malvinas. Paralelamente, un grupo de médicos del hospital San Juan de Dios

del Callao, presididos por el cardiólogo Carlos Tapia Acosta, también pidieron su

inscripción señalando que “todos los peruanos debemos mantenernos unidos en estos

momentos en que Argentina reclama nuestra solidaridad”. 177 La Embajada Argentina a su

vez, informaba a la comunidad que ampliaba su horario de atención “por la gran cantidad

de visitas, cartas y llamados solidarios” que recibían, manifestando el agregado militar

argentino, coronel Jorge Anaya, que “el apoyo moral que estamos recibiendo nos

compromete a seguir adelante hasta las últimas consecuencias”. 178

Respecto a este punto, cabe mencionar que el 23 de mayo del 2002 la Asociación

Médica Argentina, a través de su revista institucional, publicaba la trascripción del “Acto

en homenaje a los médicos militares y civiles del frente de guerra de las Islas Malvinas,

Georgias y Sandwich del Sur”. En el acto participaron entre otros el Sr. Jefe del Estado

Mayor de las Fuerzas Armadas, Tte. Gral. D. Juan Carlos Mugnolo, el Sr. Presidente de

la Academia Nacional de Medicina, el Prof. Dr. César Bergada, el Tte. Gral. D. Ricardo

176
“Voluntarios peruanos para ayudar a Argentina pasaban ayer de cien”, El Comercio Nº 76874 Pág. A-5
(13 de abril de 1982)
177
Otros médicos citados son: Rómulo Torres, Francisco Mendoza, Augusto Price, entre otros.
178
“Jóvenes peruanos están listos para pelear en Malvinas”, La República Nº 122 Pág. 15 (13 de abril de
1982)

103
104

Guillermo Brinzoni, el Almirante D. Joaquín Edgardo Stella, el Brigadier General D.

Walter Domingo Barbero, y el Prof. Dr. Elías Hurtado Hoyo (Presidente de la Asociaciòn

Médica Argentina)

En el extenso discurso aparecido en la revista, surgen palabras de agradecimiento

hacia la medicina peruana que repetimos textualmente:

También debemos tener unas palabras de reconocimiento a la medicina


latinoamericana. ¿Por qué? En plena acción bélica vino una delegación de
médicos peruanos a esta institución. Se entrevistaron con la Comisión
Directiva, presidida en ese entonces por Francisco Romano, aquí presente,
con el único objetivo de darnos su total apoyo y a ponerse a disposición de la
Argentina, para que de ser necesario médicos peruanos viajasen a nuestro
país a colaborar en la asistencia de los heridos. (…) 179

A raíz de esta información, surge la pregunta, ¿hubo peruanos prestando

colaboración durante la guerra de las Malvinas o la proposición de ayuda efectiva quedó

en meras palabras? de haberse concretado la propuesta, ¿estuvieron en el frente? ¿En

Puerto Argentino (Port Stanley para los ingleses)? ¿O en la Argentina continental?

Aunque en una entrevista realiada a José D’Angelo, coordinador dela asociación de

veteranos, se mencionó con certeza la presencia de “médicos peruanos en Puerto

Argentino (Port Stanley)”, no fue posible entrevistar a alguno de los mencionados por

D’Angelo.

El 20 de abril, Argentina pide a la OEA que se realice una reunión de cancilleres

para acusar a Gran Bretaña de “poner en peligro la paz y la seguridad del continente”,

con lo cual buscaban poner en vigencia el TIAR. El 26 de abril sesionó la vigésima

reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores de la OEA en Washington para

analizar el problema. Llamativamente, Colombia se abstuvo en la votación que decidió la

179
“Acto en homenaje a los médicos militares y civiles del frente de guerra de las Islas Malvinas, Georgias
y Sandwich del Sur” En: Revista de la Asociación Médica Argentina, Nº 96 Mayo del 2002

104
105

convocatoria del órgano de consulta, y en la reunión el canciller Carlos Lemos Simmonds

sentó la posición colombiana en términos estrictamente jurídicos manifestando que les

“resulta moral, y jurídicamente imposible acompañar a Argentina” en su aventura militar

más no en sus legítimas aspiraciones territoriales. El 28 de abril, la vigésima reunión

aprobó con 17 votos afirmativos y 4 abstenciones (Estados Unidos, Chile, Colombia, y

Trinidad y Tobago), una Resolución en la que se urgía al gobierno británico a cesar de

inmediato las hostilidades que realiza en la región de seguridad definida por el artículo 4º

del TIAR. 180

Contrariamente a lo que se esperaba, Nicanor Costa Méndez, no pidió apoyo

militar, sino un cese “inmediato a la agresión” de Gran Bretaña en el Atlántico Sur,

acusando ésta de “elegir el lenguaje de las armas con total desprecio por las

negociaciones que se hallaban en curso”. El secretario de estado norteamericano,

Alexander Haig, respondía afirmando que “no sería apropiado ni efectivo” que la aguda

controversia por las islas Malvinas fuese considerada de acuerdo con las disposiciones

del TIAR, dejando claro cuales eran los objetivos que la política exterior norteamericana

perseguía en el conflicto armado. 181

Una vez perdidas las Georgias, la opinión pública se volcó definitiva y

abiertamente en contra del Reino Unido y de los Estados Unidos. El senador Alva

Orlandini (AP) afirmaba que “Gran Bretaña debió recurrir a la vía diplomática”

enfatizando que las Malvinas son argentinas y por lo tanto su recuperación no constituía

un acto de agresión, exigiendo en este caso la aplicación inmediata del TIAR, y apoyando

el boicot a las naves inglesas en el Perú. 182

180
“Actuación de la ONU y la OEA en el conflicto de las Islas Malvinas” (Trabajo académico presentado
por Claudia Bernal, Maria Consuelo Castro, Camila Ceballos, Fernando García y Francina Hernández al
Dr. Rafael Nieto Navia de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana el 15 de octubre
de 1991) Págs. 22-23
181
“Latinoamérica respalda la posición argentina”, La República Nº 135 Pág. 14 (27 de abril de 1982)
182
“Alva Orlandini condena ataque a las Georgias”, La República Nº 135 Pág. 2 (27 de abril de 1982)

105
106

A la propuesta peruana de cese de hostilidades, se sumó el Secretario General de

la ONU, Javier Pérez de Cuellar, exigiendo el cumplimiento de la ya famosa resolución

502 del Consejo de Seguridad de la ONU, y ofreciendo sus buenos oficios de mediador.

Inmediatamente después, el gobierno de Brasilia por intermedio del Canciller brasilero,

Ramiro Elysio Saraiva Guerreiro, apoyó en la sesión del órgano de consulta del Tratado

de Río la resolución presentada por Perú, que como es sabido exigía una tregua para

facilitar las negociaciones de Haig. 183

El Senado de la República acordó en la noche del 27 de abril por unanimidad

expresar su enérgica protesta por la agresión armada de la marina británica contra las

Georgias del Sur. El senador Enrique Bernales pidió rechazar lo que consideraba una

posición ambigua del gobierno norteamericano en la crisis de las Malvinas, que según

decía, pretendía sacar provecho del enfrentamiento anglo-argentino. Arias Stella, desde la

vía diplomática, no ocultó su “alegría” por el “triunfo” diplomático argentino en la

reunión de Cancilleres de la OEA, donde se acordó apoyar el derecho de soberanía

argentino sobre las islas, recalcaba además que el Perú honraría sus compromisos con el

TIAR en caso de ser invocado plenamente. 184

Además del apoyo de grupos políticos, del estado peruano como institución, y de

algunas instituciones educativas y/o no gubernamentales, los trabajadores portuarios del

Callao habían decretado un boicot a las naves inglesas, impidiendo su arribo al principal

puerto peruano. El mismo alcalde de Lima, El Dr. Orrego, hacía fuerza para que se

concrete de la manera más extrema el boicot portuario. 185 Aunque no se puede establecer

con exactitud el día del inicio del bloqueo, se sabe que efectivamente se inició el 29 de

abril de 1982, cuando el “Silverfjand” de bandera inglesa, fue obligado a proseguir viaje

183
“Perú con apoyo de Brasil plantea tregua en la OEA”, El Comercio Nº 76888 Pág. A-1 (27 de abril de
1982)
184
“El Perú hará honor a su firma en el TIAR, remarcó Canciller”, El Comercio Nº 76885 Pág. A-4 (24 de
abril de 1982)
185
“Gran Bretaña merece boicot de América declaró ayer Orrego”, El Comercio Nº 76885 Pág. A-4 (24 de
abril de 1982)

106
107

rumbo a Chile con 379 vehículos destinados al mercado peruano. Al respecto, el diputado

Luis Negreiros, secretario general de la Federación de Trabajadores Marítimos y

Portuarios, confirmó la versión de que la nave había seguido rumbo sur, mientras que el

Secretario General del Sindicato de Estibadores y Presidente del comité de Solidaridad,

César Carmelina, reiteraba que la medida de fuerza continuaría en todos los puertos del

Perú, afirmando que pronto arribaría el buque banquero-petrolero “For Stell” que

tampoco pudo llegar a la bahía días después. 186

El 30 de abril, Estados Unidos anunció a través de su Secretario de Estado, su

respaldo político y material al Reino Unido, abandonando su posición neutral en la crisis

de las Malvinas, suspendiendo toda asistencia militar y económica al gobierno de Buenos

Aires, al que acusó de ser culpable del fracaso de sus esfuerzos para evitar la guerra en el

Atlántico Sur. Haig afirmó “que las conversaciones se frustraron por la insistencia

argentina de que se le den garantías previas de soberanía, mientras los británicos

sostienen intransigentemente la necesidad de autodeterminación de los habitantes de las

islas”. 187

III.2.2.2 MAYO DE 1982

El 3 de mayo de 1982 Belaunde recibió a emisarios argentinos en una reunión

confidencial al interior de Palacio de Gobierno. La mencionada reunión se prolongó por

espacio de casi dos horas, y a ella asistieron también Arias Stella, el Primer Ministro

Manuel Ulloa, y el embajador argentino, Luis Sánchez Moreno. Los emisarios argentinos

que visitaron Lima fueron el Secretario General de la Presidencia, General Héctor

Iglesias, y el Jefe de la Casa Militar, Contralmirante Roberto Moya, quienes vestidos de

civil ingresaron a la casa de Pizarro alrededor de las 5:25 p.m. (GMT+5), es decir,

exactamente dos horas después de finalizada la reunión entre Belaunde y el embajador

186
“Callao puerto cerrado a los ingleses”, La República Nº 139 Pág. 7 (30 de abril de 1982)
187
Claudia Bernal, Maria Consuelo Castro… (1991) Pág. 23

107
108

norteamericano Frank Ortiz. Aunque de la reunión la prensa no pudo obtener ninguna

declaración puntual, se especulaba –de acuerdo a medios diplomáticos- que se evaluaba

la inminente ayuda militar peruana, sobretodo después del hundimiento del crucero

General Belgrano. Esta visita “militar” constituyó la primera visita de una delegación

oficial argentina desde el inicio de la crisis de Malvinas. 188

El Premier y Ministro de Economía de Belaunde, Manuel Ulloa lamentó

enérgicamente la posición adoptada por Estados Unidos, puesto que la posición

expresada por Haig contradecía el espíritu americanista y doblegaba la relación que tan

trabajosamente se estaba desarrollando entre Perú y los Estados Unidos. 189

En realidad, la posición peruana se veía decididamente a favor de la Argentina,

pero al interior de los círculos económicos, donde precisamente se desenvolvía Ulloa,

resultaba peligroso entrar en una actitud desafiante al gigante del norte, ya que en esos

momentos el gobierno peruano se encontraba negociando tratados de integración

económica y asistencia tecnológica para la agricultura. Las declaraciones del premier

Ulloa, tienen un discurso más diplomático y menos censor que el de los congresistas de la

República, reitera el apoyo de manera categórica, pero no se dedica a lanzar furibundos

ataques contra el “imperialismo”, “colonialismo”, y demás palabras favoritas de los

políticos de la época.

Alva Orlandini, presidente del Senado, en cambio, no sólo defendía la posición

argentina, sino que atacaba directamente a los Estados Unidos, llegando a proponer la

expulsión del mismo, o en su defecto, trasladar la sede del organismo a una ciudad

latinoamericana por motivos de “dignidad y por conveniencia”, y simpatizó con la

peligrosa afirmación castrista que afirmaba que la OEA no era más que un “ministerio de

188
“Reunión secreta en Palacio”, La República Nº 140 Pág. 2 (4 de mayo de 1982)
189
“Nuestros mejores aliados nos dan ahora la espalda”, La República Nº 140 Pág. 2 (4 de mayo de 1982)

108
109

colonias yanquis” 190, declaraciones que evidentemente no serían del total agrado del

embajador Frank Ortiz.

Cuando comenzaban a llegar las cifras de fallecidos a raíz del ataque y posterior

hundimiento del Crucero General Belgrano, la indignación se generalizó al interior de

todos los círculos políticos, periodísticos, sociales, sindicales, diplomáticos, y hasta

deportivos. La selección peruana, de gira por África y Europa, enviaba mensajes de

solidaridad, o mostraba banderas albicelestes en la previa de los partidos, los

controladores aéreos se plegaron al boicot de sus colegas portuarios saboteando a las

naves de la British Caledonian, y el Canciller Arias Stella, reiteraba que el Perú daría

“todo el apoyo que sea necesario, que requiera y solicite Argentina”. Esta vez el mensaje

no tenía la típica muletilla diplomática que acompañó hasta entonces al intento de

mediación, y que rezaba por la solución pacífica del conflicto. El hundimiento del barco

argentino fuera del área de exclusión, y el posterior ataque a un barco de ayuda y

búsqueda de supervivientes, había logrado reorientar la política exterior peruana hacia un

apoyo que incluya algo más que lo meramente discursivo, precisamente en momentos en

que el Canciller británico, Francis Pym, afirmaba que su país estaba dispuesto a hacer uso

de su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, si éste daba alguna

resolución que no le satisficiera.

Esta información coincide plenamente con lo que el Dr. Javier Arias Stella nos

reveló al momento de la entrevista. En instantes en que la Junta Argentina se encontraba

evaluando el documento de paz enviado por Perú (que no fue una iniciativa

norteamericana como algunos diarios limeños de la época quisieron hacer notar), el

Belgrano fue hundido, con lo cual fue imposible cualquier tipo de negociación pacífica a

partir del 2 de mayo, y mucho peor después del 4, cuando la aviación argentina hundió el

“Sheffield”.

190
“Alva Orlandini criticó duramente a EE.UU.”, La República Nº 140 Pág. 3 (4 de mayo de 1982)

109
110

Al mismo tiempo que el Canciller se plegaba definitivamente a favor del bando

argentino, el gobierno peruano anunciaba que ponía a disposición del gobierno platense

la flota de la desaparecida aerolínea comercial estatal peruana, AEROPERÚ, que

consistía en dos aviones Tristar y un DC8 Súper 62. Los tres aviones transportarían

víveres y medicinas a los combatientes del sur, y su desplazamiento sería coordinado por

el Frente Latinoamericano Malvinas Argentinas (FLAMA). 191

La Cámara de Diputados condenó la agresión británica nuevamente, esta vez

manifestando su posición en cinco puntos:

1. “Condenar la agresión de la Gran Bretaña en agravio de la soberanía argentina

sobre las Islas Malvinas, que ha ocasionado la dolorosa pérdida de vidas, ha

alterado la paz del Hemisferio y ha puesto en peligro la paz en el mundo.

2. Denunciar que la actitud insólita asumida por el gobierno de los EE.UU. de

Norteamérica, al apoyar a una potencia agresora extra-continental, vulnera los

principios de solidaridad hemisférica y desconocer los Acuerdos de “Defensa

Común y Ayuda Mutua” que lo obligan.

3. Recomendar al Poder Ejecutivo para que, en uso de sus facultades

constitucionales y en cumplimiento de los objetivos que la Carta Fundamental

señala en su preámbulo y su artículo 100, sobre Integración Latinoamericana,

convoque a las hermanas repúblicas de América Latina, a una reunión destinada a

replantear el actual sistema de vinculación y defensa hemisférica, así como a

echar las bases institucionales de la Comunidad Latinoamericana

4. Expresar su solidaridad con el gobierno, en la voluntad, que interpreta el sentir de

la Nación Peruana, de ver establecida de inmediato una paz justa en el Atlántico

Sur.

191
“Flota de Aeroperú a disposición de esfuerzo bélico argentino”, La República Nº 141 Pág. 4

110
111

5. Reiterar, en esta hora de prueba, su fraterna solidaridad a la Nación Argentina y

sus votos por la total realización de sus patrióticos anhelos.” 192

Aunque a veces parece que el Congreso peruano no legisla a favor de los intereses

de la mayoría de peruanos, y que pareciera que sus iniciativas son despropósitos, en caso

de pronunciamientos que tienen el tinte de “históricos” o “principistas”, normalmente

responden a la voluntad popular. Deseosos de cierto protagonismo, y de algunos votos

electorales, la simpatía por Argentina era tal, que ningún político con aspiraciones de

reelección podría dejar a apoyar al país sureño. Con esto no tratamos de decir que el

apoyo legislativo fue una expresión de interés electorero, sino que además de un interés

político, respondía a una coyuntura social que virtualmente les exigía una demostración

de solidaridad y apoyo.

El rechazo de la propuesta peruana de paz por parte del gobierno argentino

supuso, en opinión de los británicos el alejamiento de las esperanzas de una solución

diplomática. Para Pym, la actitud argentina había “hecho fracasar una iniciativa

constructiva”, en la que se contemplaba un “alto al fuego”. Ocurrió sin embargo, que el

gobierno argentino, además de no poder aceptar la propuesta gracias al ataque al

Belgrano, interpretó la propuesta peruana como un mandato del Departamento de Estado,

más que una propuesta autóctona. Pym asumía que si los argentinos querían la paz,

debieron haber aceptado la propuesta peruana, la pregunta entonces era ¿Qué paz querían

los argentinos? si alguien dio muestras de querer la paz, fue Galtieri, sabedor de la

desventaja militar, jamás se esperó una respuesta de la envergadura británica, pensando

además que los EE.UU. se mantendrían completamente neutrales.

192
“Diputados condenó agresión histórica”, La República Nº 141 Pág. 3 (5 de mayo de 1982)

111
112

III.2.2.3 EL PUEBLO CON ARGENTINA

En un pronunciamiento con la firma de más de cien personalidades peruanas,

entre los que destacaban Armando Villanueva, Luis Valcárcel, Pablo Macera, Alfonso

Barrantes, Fernando de Szyszlo, Elías Mujica, Luis Lumbreras, Henry Pease, José Matos

Mar, Alfredo Barnechea, Marcos Matos, y Sinesio López, se hizo un llamado a los

“pueblos y fuerzas democráticas de Gran Bretaña y de los Estados Unidos de

Norteamérica para que pongan fin al espíritu belicista de sus gobiernos”, a su vez, los

firmantes hicieron llegar al pueblo de la “hermana República Argentina la solidaridad de

los peruanos en los difíciles momentos que viene viviendo”. Exigían además al gobierno

militar el inmediato retorno al Estado de Derecho, “porque el acatamiento de la soberanía

popular, el respeto de los derechos humanos y de las normas civilizadas de convivencia,

constituyen el único legítimo sustento de la soberanía nacional” 193

La expresión de solidaridad de este grupo de intelectuales y políticos peruanos,

deja claro el verdadero trasfondo de la mayoría de pronunciamientos peruanos. Aunque

algunos altos mandos castrenses habían solicitado un apoyo material a la Argentina, éstos

estaban más vinculados con nexos militares históricos que se explicarán más adelante, y

constituían claramente un soporte al régimen militar argentino para que continúe el

conflicto, como si el régimen fuera representativo de los intereses políticos, militares,

estratégicos, y sobretodo sociales de toda la nación argentina. Por el contrario, los demás

pronunciamientos estipulaban claramente que la solidaridad peruana, no era con el

gobierno de Galtieri, sino con el pueblo argentino y apoyaban su legítima reclamación

que no debía ser manipulada por cuestiones políticas, y menos por un gobierno militar

impopular en todo el mundo y que había hecho de las violaciones sistemáticas de los

derechos humanos, su modus operanti más simbólico y representativo.

193
“Piden cese de fuego en las islas Malvinas” En: La República Nº144 Pág. 2 (8 de mayo de 1982)

112
113

El miércoles 12 de mayo de 1982 se realizó una extraordinaria marcha de

solidaridad con la Argentina. Participaron organizaciones de diferente índole, por los

movimientos sindicalistas marcharon, la Confederación General de Trabajadores del Perú

(CGTP), la Central de Trabajadores de la Revolución Peruana (CTRP), y la

Confederación de Trabajadores del Perú (CTP). La CGTP llamó a “desarrollar la más

amplia solidaridad material y moral con los trabajadores y el pueblo argentino” llamando

además a “aumentar el boicot iniciado por importantes bases y federaciones del país,

contra los agresores”. La Asociación Nacional de Periodistas (ANP), anunciaba el día

anterior a la marcha, por intermedio de su Secretario General, Julio Velardo Moreno que

“el periodista peruano es plenamente consciente de su responsabilidad histórica no sólo

cuando se trata de representar al país y sus más caros derechos, sino igualmente cuando la

solidaridad continental reclama la participación de toda América Latina”. Los estudiantes

universitarios por intermedio de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) y la

Federación Universitaria de San Marcos (FUSM) acordaron activar la multitudinaria

marcha en conjunto con la Universidad Federico Villarreal.

Por su parte, los partidos políticos y organizaciones solidarias también se plegaron

a la organización de la marcha. AP, APRA, IU, FRENATRACA, el flamante PADÍN, la

Democracia Cristiana (DC), el Comité de Solidaridad ocn los Pueblos de América Latina

y el Caribe, la Comisión Peruano-Argentina y los residentes argentinos en Lima,

trabajaron intensamente en la confección de pancartas y lemas alusivos a lo que

consideraban la agresión inglesa. El diputado Eduardo Gamarra Olivares (AP) manifestó

que el gobierno central había ofrecido facilidades de horario a todos los ministerios para

que pudieran participar de la marcha, mientras que los rectorados de la Universidad

Nacional Mayor de San Marcos, y de la Universidad Nacional Federico Villarreal,

aseguraron la suspensión de clases y la puesta en disposición de las unidades para la

movilidad.

113
114

El Comité Organizador dividió la marcha en siete escalones. En primer término

desfilarían las banderas de Argentina y el Perú. La primera fue llevada por representantes

de organizaciones argentinas y residentes argentinos en el Perú, mientras que la segunda,

por los presidentes o secretarios generales de todos los partidos políticos, representantes

del Comité de Solidaridad, religiosos y dirigentes de organizaciones laborales y

universitarias. En el tercer escalón, desfilaron los miembros del Comité de Solidaridad y

miembros del clero; en el cuarto, estuvieron todos los partidos políticos en el siguiente

orden: AP, DC, IU, Partido Socialista de los Trabajadores (PST), FRENATRACA, Jardín

y el APRA. En quinto lugar desfilaron los representantes de las universidades, centros

educativos y organizaciones profesionales y artísticas; en sexto lugar marcharon todas las

organizaciones laborales y campesinas; y cerrando el desfile, marchó el público en

general. 194

El Partido Comunista del Perú, con Jorge del Prado, la DUO, el Partido

Comunista Revolucionario, el PSR, el FOCEP de Genero Ledesma, la Izquierda Unida,

cubrieron varias cuadras de la Av. Nicolás de Piérola, lanzando arengas anti

gubernamentales, tales como “Aprende Belaunde, ¡La Patria no se vende!; ¡La Patria se

defiende!!” o “¡Belaunde, escucha, apoya con acciones y no con papelones!”,

comentarios surgidos a raíz de la política algo ambivalente que había visto la prensa en la

mediación Arias Stella, sobretodo cuando se conoció que la propuesta peruana había

tenido un “especial respaldo” –cuando no se presumía que había sido realizada

directamente por EE.UU.- de Haig.

Pancartas en las que se leía: “¡América Latina jamás será vencida!”, “¡Peruanos y

argentinos, unidos como hermanos!”, “¡Thatcher asesina, fuera de Argentina!”, o “¡Qué

tal pechuga de la Thatcher querer engullirse las Malvinas que es de la Argentina, que se

vaya a su tina con su batallón de triquina!”, son algunos de los mensajes que el

194
“Pueblo de Lima expresó su solidaridad”, El Comercio Nº 76904 Pág. A-1 (13 de mayo de 1982)

114
115

academicismo permite reproducir en estas líneas, pero que de más está decir, son una

muestra mínima del lenguaje y sentir de los peruanos marchantes, y que acompañaron a

una quema de banderas en la Av. “La Colmena”. 195

Un grupo de estudiantes, dirigentes universitarios bastante más radicalizados, y

pertenecientes a la FEP, “tomaron” la Embajada Británica y extendieron las banderas del

Perú y Argentina en protesta por las pretensiones colonialistas inglesas. La acción, que

duró breves minutos, pues los funcionarios llamaron a la policía, terminó con los

estudiantes -Julio Lazo, en ese entonces presidente de la FEP, y Noé Savé, Secretario de

Cultura- en las oficinas de la dependecia de Seguridad del Estado. 196

A mediados del mes de mayo de 1982 Ricardo Obregón Cano, y Oscar Bidegain,

ex gobernadores peronistas de Córdoba y Buenos Aires respectivamente, fundadores del

peronismo, y miembros del proscrito movimiento subversivo “Montoneros”. Visitaron la

capital peruana y fueron recibidos en el aeropuerto Jorge Chávez por algunos líderes de la

Izquierda Unida encabezados por el Dr. Jorge Barrantes Lingán, y el dirigente del PSR,

General (r) Leónidas Rodríguez Figueroa.

Además de los mencionados dirigentes “montoneros”, llegaron Lima Horacio

León Cano, Ana Jaramillo, César calcaña, Luis Arias, y Ricardo Yofré, todos de

nacionalidad argentina, que buscaban una entrevista con el embajador Luis Sánchez

Moreno, a fin de que se les permitiera regresar a su país para colaborar militarmente con

el gobierno.

Durante la permanencia en Lima de los dirigentes mencionados, concurrieron a un

acto de masas de solidaridad con Argentina organizado en la Plaza de Acho. A dicha

manifestación pacífica acudieron representates de las filas de Izquierda Unida, APRA,

Acción Popular, PADÍN, DC, y el Frenatraca, además de algunos dirigentes venezolanos

como Pompeyo Márquez, Senador y Secretario General del Movimiento al Socialismo

195
“Tangos y Huaynos en las calles”, La República Nº 148 Pág. 6 (13 de mayo de 1982)
196
“Estudiantes tomaron Embajada Británica”, La República Nº 148 Pág. 7 (13 de mayo de 1982)

115
116

(MAS), y Américo Martín, líder de la agrupación llanera Nueva Alternativa, quienes

además también se proponían viajar a la capital porteña. 197

Que la primeras propuestas o intentos de propuestas de paz hubieran fracasado, no

desanimaba del todo al gobierno de Belaunde. El 19 de mayo Alexander Haig y Pérez de

Cuéllar, anunciaron que las gestiones de paz habían fracasado nuevamente, lo que motivó

a que el gobierno peruano, esta vez respaldado por el gobierno colombiano y venezolano,

presentara una nueva propuesta de paz a Gran Bretaña y Argentina.

De aquí en adelante, se osciló entre los intentos de mediación peruanos, la

mediación por parte del Secretario General de la ONU, y nuevamente la colaboración

peruana. El gobierno británico hizo sucesivamente uso de su derecho al veto, y cuando no

lo consumó, advirtió repetidasmentes que lo usaría siempre que se tentara una resolución

que no lo beneficiara. Por su parte, la sociedad civil en el Perú, organizaba colectas,

inauguraba monumentos, marchaba, realizaba mítines, se abrieron cuentas bancarias, y

por supuesto, se rebautizaron campos feriales, además de organizarse una “maratón por

las Malvinas”, aunque se especuló con una participación abierta y efectiva en el campo

militar, no se concretó, y aunque parecía que toda ayuda militar material o humana eran

solamente rumores, veremos más adelante que no la prensa internacional no estaba tan

equivocada respecto a la presencia de naves peruanas en la Argentina continental.

18 17
16
14
12 Primer gobierno de
10 Belaúnde (1963-1968)
8 Segundo gobierno de
6 Belaúnde (1980-1985)
6
4
2
0
1

FIGURA 3.1 Acuerdos firmados durante el primer y segundo gobierno de Belaunde

197
“Queremos luchar opr nuestra patria”, La República Nº 152 Pág 14 (17 de mayo de 1982)

116
117

III.3.2.4 REACCIONES INTERNACIONALES

Entre tanto, los gobiernos “amigos” de Argentina empezaron a multiplicarse, los

ayer censores del régimen dictatorial militar, y acusadores de violaciones de derechos

humanos en el Plata, reorientaban sus posiciones bilaterales de acuerdo a sus intereses

nacionales. Juan Ignacio Tena, embajador español acreditado ante el gobierno peruano,

opinaba que su gobierno y su país apoyaron siempre los derechos de la Argentina. Su

posición –explicaba Tena- “respondía a su anticolonialismo y por tanto, no avala los

enclaves territoriales como era el caso de las islas…” y también el de Gibraltar.

Comentaba además, que “Argentina tiene títulos indiscutibles sobre las Malvinas, en

virtud del principio del Uti Possidetis”, por ello, España se abstuvo en la votación del

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que finalmente aprobó la Resolución 502,

“había sido desconocer el derecho que tiene ese país sobre Malvinas”. Por su parte, el

embajador venezolano en el Perú, Ildegar Pérez-Segnini, manifestó que su país apoyaba

toda lucha contra vestigios del colonialismo. 198

Tampoco causó especial sorpresa que el Canciller español, José Pedro Pérez-

Lorea, partiera rumbo a Washington el 3 de abril de 1982, llevando “algunas ideas” pero

negando categóricamente el papel de mediador, manifestando que el sábado 1ro. de abril,

España acusó a Inglaterra de “escalar seriamente” el conflicto con su ataque aéreo al

aeropuerto de la capital malvinense. El gobierno de Madrid además, envió una nota a

Buenos Aires y Londres diciendo que la intensificación de acciones militares británicas

en el área del enfrentamiento fue “un error histórico” 199.

La URSS, para ese entonces uno de los principales socios comerciales de la

Argentina, y principal comprador de cereales del país del Plata, debido a una sucesión de

pobrísimas cosechas, lanzó una campaña de apoyo masivo a la Junta Militar,

198
“La iglesia y diplomáticos formulan votos por la paz en Malvinas” El Comercio Nº 76866 Pág. A-4 (5
de abril de 1982
199
“Canciller español lleva nuevas ideas” En: La República Nº 140 Pág. 14 (4 de mayo de 1982)

117
118

manifestando que respaldaba su posición anticolonialista, que consideraba inadmisible la

restitución del estado colonial en las islas Malvinas, y que tomará medidas para

impedirlo, recordando además que en 1947 los Estados Unidos “convencieron” a los

países americanos a firmar un tratado (TIAR) según el cual “toda agresión contra un

estado americano cualquiera, sería considerada como una agresión contra todos los

estados americanos” 200.

A nuestro parecer la desafiante actitud venezolana al poder británico estaba

relacionada con la necesidad de buscar una suerte de justificativo externo para consolidar

sus reclamaciones internas por el Esequibo Guayanero. El litigio por el Esequibo

comenzó con la publicación de un mapa por el Roberto Shomburgk, bajo auspicio del

gobierno Británico, en 1840. De allí en adelante, Inglaterra fue ampliando su territorio de

manera constante, sin que Venezuela lograra impedirlo. Fue entonces cuando los EE.UU.

decidió intervenir en el asunto en 1895, considerando que la usurpación de territorio por

parte de Inglaterra comprendía una violación de la Doctrina Monroe que estipulaba que

toda incursión por las potencias europeas en el Hemisferio Occidental amenazaba su

propia seguridad.

El gobierno del entonces Presidente Cleveland intentó actuar como mediador

entre dos naciones amigas, proponiendo al gobierno Ingles que el asunto se decidiera por

arbitraje internacional. Sin embargo, la actitud de Inglaterra demostraba que para ella no

había nada que negociar, y que el asunto no era de la incumbencia de los Estados Unidos.

El 3 de octubre de 1899, el Tribunal Arbitral reunido en el Quai D’Orsay en París emitió

su famoso fallo que despojo a Venezuela de 159.500 Km2 de territorio que, en derecho,

le pertenecía.

Hasta la fecha, la Asamblea Nacional (Congreso de Venezuela), expresa

constantemente protestas en razón de la búsqueda de soluciones para terminar con la

200
“Rusia apoya rescate argentino de Malvinas” En: La República Nº 136 Pág. 15 (28 de abril de 1982)

118
119

Zona de Reclamación. La Constitución venezolana de 1999 expresa en el artículo 10 que

el territorio y los demás espacios geográficos de Venezuela son los que le correspondían

a la Capitanía General de Venezuela. Esta definición fortalece la idea del reclamo

venezolano sobre el Territorio Esequibo, pero también podría abrir la posibilidad para

que cualquier gobierno de Venezuela declare como írritos tratados y laudos que

comprometen hoy a la República. 201

El 25 de abril de 1982, Pedro Carmona, miembro del Pacto Andino, condenó

enérgicamente el ataque inglés a las Georgias calificándolo de “deplorable”. “Como

latinoamericano no tengo otra actitud que la de plena solidaridad con el gobierno

argentino, con su gobierno (apoyo sui generis tratándose de un gobierno militar

anticonstitucional con serias denuncias por violaciones a los derechos humanos), y con su

causa anticolonialista”, exigiendo además a la CEE el levantamiento del bloqueo

económico que había impuesto sobre la Argentina. 202

El 13 de mayo, el Pacto Andino, coherentemente con sus apoyos líricos, se reunió

extraordinariamente en Lima para tender una línea crédito especial a la Argentina,

reforzar el intercambio comercial, y reemplazar en la medida de lo posible sus

importaciones europeas por importaciones argentinas, con el único fin de restarle

efectividad al bloqueo comercial que la CEE había decretado sobre los rioplatenses. 203

La solidaridad latinoamericana en pleno, se expresó a través del Presidente del

Parlamento Latinoamericano, el colombiano Gilberto Ávila Bottía, quien declaraba en

nombre del organismo legislativo continental que “los Estados Unidos nos han vuelto las

espaldas olímpicamente, han violado todos los compromisos interamericanos, el TIAR y

hasta la Carta Constitutiva de la OEA”, al referirse al apoyo negado por el país del norte a

201
Carlos A. Romero, María Teresa Romero, y Elsa Cardozo de Da Silva, “La política exterior en las
constituciones de 1961 y 1999: una visión comparada de sus principios, procedimientos y temas” En:
Revista venezolana de economía y ciencias sociales Nº 1 (Vol. 9 enero – abril, 2003) Pág. 175
202
“Miembro del Pacto Andino condena ataque británico” En: La República Nº 134 Pág. 2 (26 de abril de
1982)
203
“Pacto Andino ayudará a contrarrestar boicot” En: La República Nº 148 Pág. 15 (13 de mayo de 1982)

119
120

la Argentina. Denunciaba además a los Estados Unidos ante la comunidad internacional

“por haber permitido que potencias extra-continentales venga a propiciar ataques a países

de Latinoamérica” 204

A pesar de que el Movimiento de Países No Alineados (MPNOAL) fue el foro

donde Argentina desató con más vehemencia y éxito sus reclamaciones por las Malvinas,

el MPNOAL no pareció muy entusiasmado en respaldar su postura con la misma

fortaleza y agresividad que Argentina había mostrado en la búsqueda de apoyo en la IV

Conferencia Cumbre de Argel (Argelia), en septiembre de 1973, en la V Conferencia de

Ministros de Relaciones Exteriores del MPNOAL en Lima (Perú) en 1975, o en la V

Conferencia Cumbre de Colombo (Sri Lanka), entre otras reuniones célebres.

El poco apoyo recibido por el MPNOAL en la ONU se debía al poco entusiasmo

de muchos sectores civiles y militares argentinos con la orientación de la organización. El

acercamiento de Galtieri con la política exterior de Reagan tampoco ayudó mucho a que

el Bloque se solidarizara abiertamente con el país que había enviado asesores militares a

Nicaragua a apoyar la contrainsurgencia. Sin embargo, si bien la agrupación se

pronunciaba ambiguamente, algunos miembros de la organización si tenían posiciones

definidas a favor del lado argentino.

La situación argentina se encontraba comprometida ante los países del llamado

"tercer mundo" por las siguientes causas:

1. Denuncia de Nicaragua ante el Consejo de Seguridad por la presencia de tropas

argentinas en Centroamérica.

2. A principios de marzo, el ex canciller había declarado que no pertenecían al

“tercer mundo”

3. Entre los miembros No permanentes del Consejo de Seguridad había seis países

"No Alineados".

204
“Tenemos que denunciar la traición de EE.UU.” En: La República Nº 140 Pág. 2 (4 de mayo de 1982)

120
121

4. Las representaciones argentinas en Cuba y Nicaragua no estaban cubiertas con

personal del rango de embajador.

La posición argentina dentro del MPNOAL respondía principalmente al interés político

justicialista por revitalizar y repotenciar la “tercera vía peronista”, cuyo punto vinculante

más importante con el “tercer mundo”, fue apoyar los procesos de descolonización. El

MPNOAL fue en definitiva el foro internacional que más atención le puso a la Argentina

en sus reclamaciones territoriales, pero esta ferviente apoyo se vio bruscamente

interrumpido con la dictadura militar, tal es el punto, que el MPNOAL le censuraba a la

Argentina su poca clara posición hacia la ocupación del Golán, y su cercanía con el

régimen sudafricano del apartheid. 205

El ingreso argentino al MPNOAL en 1973 obedeció precisamente al retorno de

los peronistas al poder, los cuales pidieron ser incluidos como miembros plenos bajo la

condición de preservar la identidad nacional; no asumir posiciones ideológicas;

concentrar los esfuerzos en dos temas prioritarios: las Islas Malvinas y la utilización de

los recursos naturales. Esto último, buscando el reconocimiento de las 200 millas marinas

de mar territorial. 206

La respuesta del MPNOAL a la dictadura fue retirarle el apoyo fehaciente, más no

su apoyo “moral”. Dicho sea de paso, la posición ideológica del gobierno militar tampoco

se encontraba muy acorde con la de los “No Alienados”. Desde que Cuba empezó a

presidir el MPNOAL, el gobierno argentino evaluó seriamente la retirada del organismo,

en virtud de que veía a su país presidente como un refugio del terrorismo internacional,

más aún, cuando Cuba le otorgó protección a Mario Fiermenich, terrorista de la

205
Marisol Saavedra, “La Argentina, Los No Alineados y las Malvinas” En: Todo es Historia Nº 395 Págs.
8-9
206
José María Vázquez Ocampo, Política exterior argentina (Buenos Aires: CEAL, 1989) Tomo 1: De los
intentos autonómicos a la dependencia, Págs. 30-35

121
122

organización “Montoneros”. Sin embargo, en plenas negociaciones con Inglaterra, no

pareció adecuado retirarse de un grupo que le brindaba cierto soporte internacional. 207

El gobierno de Galtieri que se había presentado como partidario de un mayor

acercamiento con los Estados Unidos, opuesto a la participación argentina en el

MPNOAL con los países socialistas, encontró hábilmente la forma de ganarse

nuevamente el apoyo del bloque. Apareció encabezando una cruzada anticolonialista que

le ganó el favor político del mundo comunista. Al margen, las “simpatías económicas”

venían profundizándose hace tiempo entre la Argentina y la URSS, convertida ya en el

primer socio comercial del gobierno argentino.

Belaunde probablemente a pesar de ser el líder de un país miembro del MPNOAL,

no se encontraba muy entusiasmado con la idea de ser un abanderado del “Tercer

Mundo”, puesto que el solo alineamiento del Perú con algunas fuerzas más progresistas y

revolucionarias, donde se encontraban además Cuba y Nicaragua, le restaba al Perú

libertad de maniobra internacional para la búsqueda de acuerdos con Estados Unidos. El

gobierno peruano, desde Morales Bermúdez, había iniciado una nueva orientación menos

“tercermundista” y más “latinoamericanista”, alejándose de propuestas demasiado tiradas

hacia la izquierda. Aunque Morales Bermúdez no era un general conservador, tampoco

era un alineado a Cuba y Moscú. Su condición de católico, socialdemócrata, y sobretodo,

la intención de no deteriorar más las relaciones con Chile, seguramente eran conocidas

por Estados Unidos y no inspiraba el temor que sí producía su antecesor en el cargo

presidencial.

III.2.3 EL “PRÉSTAMO” DE MATERIAL BÉLICO

A raíz del escándalo de tráfico de armas de Argentina a Croacia y, muy

especialmente a Ecuador en pleno conflicto del Cenepa, diversos medios de

207
Todo es Historia Nº 395 Pág. 11

122
123

comunicación peruanos quisieron ver esta actitud de empresarios argentinos vinculados

con el régimen justicialista de Carlos Saúl Menem, como un acto de deslealtad y alta

traición hacia el Perú y su pueblo, que durante el conflicto de las Malvinas había jugado

un rol importante en la búsqueda de la paz, y había colaborado materialmente con las

fuerzas armadas argentinas.

La revista Caretas en su edición de mayo de 1996 le dedicó un extenso artículo a

la crisis diplomática surgida entre Torre Tagle y el Palacio San Martín, titulándolo “¿Qué

pasó? Hermanos de Fuego. El contrabando de armas argentinas al Ecuador y la

persistente pasividad de las autoridades del Perú.” En el artículo dio cuenta de la poca

marcialidad y seriedad con que la entonces congresista Marta Chávez había actuado al

momento de entregarle la nota de protesta al ex presidente Menem. De cualquier manera,

la revista también rescata que mientras Ecuador recibía armamento argentino en 1995, el

Perú le envió misiles “exocet” en 1982 para la defensa de las Malvinas.

Además de la revista Caretas, varios diarios locales dieron cuenta del triste

suceso, calificándolo muy similarmente a la manera como los había adjetivado la revista

mencionada. Los diarios limeños El Comercio y La República, le dieron una gran

importancia al asunto del contrabando, siempre realizando un paralelo entre el

comportamiento del ex-presidente Fernando Belaunde Terry y Carlos Menem.

El descontinuado programa “La Revista Dominical” que conducía el periodista

Nicolás Lúcar y que era emitido por América Televisión (Canal 4 de la ciudad de Lima),

presentaba un indignante informe especial sobre la entrega de armas a Ecuador. Daba

cuenta además de que evidentemente existía una participación directa del estado federal,

y que éste no se limitaba a tener conocimiento de los acontecimientos, sino que por el

contrario, era prácticamente parte de una mafia que había otorgado fabulosos dividendos

a altos funcionarios del gobierno de ese entonces. LRD mostraba además la contra cara

del impasse, que era –nuevamente- el Perú, que en al año 1982, en pleno conflicto de

123
124

Malvinas, afirmaba Lúcar, había enviado entre diez y doce aviones Mirage para que

participaran en el conflicto, mientras mostraba una imagen de Belaunde pronunciando un

discurso en el que claramente afirmaba que “hemos decidido respaldar la posición

argentina y apoyarla en todo lo que esté a nuestro alcance.”

Después de la promocionada compra de aviones Lockheed Martin F-16 C/D por

parte del gobierno chileno para la Fuerza Aérea Chilena (FACH), el senador radical

argentino Rubén Martí en el mes de mayo del 2003 advertía sobre la necesidad de

adquirir nuevo equipo para la Fuerza Aérea Argentina (FAA) a fin de renovar el

deteriorado equipo que poseían, con el fin de mantener el equilibrio geoestratégico en la

región, y que se veía desproporcionado en virtud del crecimiento del gasto militar y

modernización de equipos de las fuerzas armadas chilenas, y muy en especial las FACH.

Como parte de su justificación, en su ante – proyecto esgrimía la siguiente razón:

Habiendo concluido el Conflicto Malvinas con grandes pérdidas de su


material -ya en esa época, en su mayoría, bastante antiguo- se abstuvo de
procurar una importante renovación de su material durante los últimos
tiempos del gobierno militar. A excepción de algún material que llegó
durante la guerra, de limitada utilidad (...) 208

La colección especializada en aviones de combate Planes and Pilots afirma que el

en el año 1969 el Perú compró al gobierno francés Mirage 5P fabricados en los talleres

“Avions Marcel Dassault” (por ello a los mencionados aviones también se les conoce

como Mirage V Dassault), y conformaron el Escuadrón de Caza 611 de la FAP ubicado

en la ciudad de Chiclayo. La mencionada revista afirma que Argentina compró los diez

aviones que el Perú le envió en 1982 para que tomen parte del conflicto con el Reino

Unido, sin embargo, no pudieron hacerlo pues llegaron a la ciudad de Río Gallego en los

208
Proyecto de Declaración Nº 355/03 del Senador Rubén Martí (UCR-Córdoba) miembro del Senado de la
Nación Argentina, Secretaría Parlamentaria – Dirección de Publicaciones, bajo la serie (S-0355/03)

124
125

primeros días del mes de junio, cuando la guerra estaba prácticamente finalizando con el

resultado conocido. 209 La misma información nos brinda la colección Osprey Combat

Airfraft, manifestando que en la guerra de las Malvinas, participaron Mirage IIIA,

Dagger, Super Etendard, A – 4, entre otros, pero ningún Mirage V. 210

Recordemos además que la compra de aviones supersónicos por parte del

gobierno peruano en 1969, respondió a la negativa norteamericana para suministrar este

tipo de tecnología a la región. A mediados de la década de los sesenta sólo Cuba poseía

aviones supersónicos soviéticos, muchos países latinoamericanos acordaron ordenar

aviones subsónicos, pero tanto Perú como Chile, y esto es importante recalcar puesto que

la historiografía chilena de la época mira al Perú como el único instigador de una

desproporcionada carrera armamentista en la región, ordenaron la compra de aviones

supersónicos Northrop F-5 A/B Freedom Fighters. Evidentemente EE.UU. se negó a

proporcionarles estos aviones, por lo tanto el gobierno chileno decidió comprar veintiún

aviones Hawker Hunter y el gobierno peruano compró catorce cazabombarderos Mirage

Dassault V que habían demostrado su capacidad y sorprendido al mundo en el conflicto

árabe-israelí. 211

Mucho más atrás en el tiempo, la revisa Caretas del 14 de junio de 1982

informaba que entre cinco y diez cazas Mirage VP peruanos habrían partido el domingo 6

hacia Argentina. Reforzando la FAA, habrían contribuido al fiasco británico en Fitzroy.

No era la primera vez que se difundía la versión de una participación directa de las FAP.

Ya el 13 de abril se había hablado de la presencia de tres de nuestros aviones en Buenos

209
Planes and Pilots (The Mirage III. Mirage 5, 50 and derivatives from 1955 to 2000) Nº 6 Pág. 46 (Paris:
Histoire & Collections, 2004)
210
Christopher Chant, “Air War in the Falklands 1982” En: Osprey Combat Aircraft Nº 28 (Oxford: Osprey
Aviation, 2001)
211
Ronald St. John, La política exterior del Perú (Lima: Asociación de Funcionarios del Servicio
Diplomático del Perú, 1999) Págs. 190-191

125
126

Aires. El Ministro de Aeronaútica, general FAP José García Calderón, indicó que dadas

nuestras relaciones con Argentina, era rutinario encontrar aparatos allá 212.

El 6 de abril de 1982 el embajador argentino en el Perú, Luis Sánchez Moreno,

había manifestado que pensaba seriamente en invocar un apoyo no solamente principista

sino militar en el marco del espíritu defensivo del TIAR. El martes 13 de abril de 1982, el

Ministro de Marina, Vicealmirante de la Marina de Guerra del Perú, José Carvajal Pareja,

salía a desmentir públicamente la posibilidad de que el Perú estuviera enviando unidades

navales a la zona del conflicto. 213

El 14 de abril de 1982, el Perú volvió a desmentir el envío de seis Mig- 25 a

Comodoro Rivadavia, poniendo en conocimiento que en el Perú no existían esas

aeronaves, aunque sí tenían Sukhoi SU-22, que los pilotos argentinos no sabían volar, y

reiterando, el 21 de abril, que era falsa la versión que hablaba de la presencia de 18

unidades en Córdoba 214.

Era tan notoria y clara la adhesión peruana a la causa argentina, que cada día

surgían nuevas versiones sobre el supuesto apoyo militar peruano. No ayudó mucho a

desmentir estas versiones el hecho de que los ministros de la fuerza armada hayan tenido

una reunión extraordinaria el mismo día de la invasión inglesa a las Georgias del Sur, y

hayan apoyado abiertamente el boicot portuario a las naves inglesas. 215 El New York

Times del 29 de abril, afirmó que el Perú habría llevado aviones SU-22, rusos, a

Mendoza, estacionándolos allí como símbolo de solidaridad. Según la versión, los pilotos

volvieron al Perú y no habían argentinos que supieran volar esos aparatos. 216

En todo momento la posición peruana siempre fue la negación del envío de

material bélico a la Argentina. Por su condición de mediador, ni Arias Stella, ni Fernando

212
“Mirage: espejismo” Pág. 63 En: Caretas Nº 702 (14 de junio de 1982)
213
“El Perú no ha enviado barcos a la Argentina”, La República Nº 122 Pág. 1
214
Mirage: espejismo” Pág. 63 En: Caretas Nº 702 (14 de junio de 1982)
215
“Consejo de Defensa vio crisis de las Malvinas” En: La República Nº 129 Pág. 2 (20 de abril de 1982)
216
“Ministros de la Fuerza Armada tuvieron reunión de emergencia” En: La República Nº 134 Pág. 4 (26
de abril de 1982)

126
127

Belaunde Terry, hubieran podido afirmar abiertamente que se estaba negociando la venta

de armamento, primero, porque se arriesgaba a un bloqueo internacional y en segundo

lugar, porque como se ha visto, el primero de mayo de 1982, se había logrado un

principio de acuerdo para el cese al fuego, y no hubiera sido bien visto por la comunidad

internacional que uno de los negociadores estuviera apoyando materialmente a uno de los

contrincantes. De cualquiera manera, el papel de estar jugando a dos bandos recaía sobre

los Estados Unidos, y el Perú no podía arriesgar perder su credibilidad.

Por lo tanto parece perfectamente razonable que el entonces diputado Francisco

Belaunde haya declarado en una entrevista para la revista Oiga, “que el Perú, al no ser un

país productor de armamentos no puede desprenderse de los que ha adquirido para su

propia defensa (¿De Chile? ¿De Ecuador?). Sobretodo porque, como hemos visto en el

año 1980, no puede descartarse algún peligro bélico en el futuro.” 217

Parte de la presente investigación obligó a su autor a visitar la ciudad de Buenos

Aires. En la mencionada capital, gracias a la invaluable colaboración del personal de los

Cascos Blancos, dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior

y Culto de la República Argentina, pude obtener un documento que describía la situación

de los aviones entregados por el Perú en pleno conflicto con Inglaterra 218, y que a

continuación doy a conocer:

El 4 de junio de 1982 las tropas inglesas avanzaban sobre Puerto Argentino, la

capital de las Malvinas. La FAA realizaba junto con las demás Fuerzas Armadas un

máximo esfuerzo para procurar revertir el curso inevitable de la guerra. Ese día, en la VI

Brigada Aérea (VIBA), en la ciudad de Tandil (Provincia de Buenos Aires), diez aviones

Mirage VP de la FAP tripulados por pilotos peruanos, aterrizaron en la VIBA. La

operación de comprar por parte de la Argentina había comenzado a fines de 1981, aunque

217
“FBT Dice: El APRA es la alternativa de AP” Pág. 31 En: Oiga Nº 78 (24 de mayo de 1982)
218
Autores referenciales: Juan Carlos Cicales, César del Gaizo, Santiago Rivas, “Los Mirage 5 Mara en la
Fuerza Aérea Argentina (Versión definitiva - 260105) Mimeo (no publicado)

127
128

aún faltaba tiempo para la entrega cuando estalló la guerra, inmediatamente entraron en

servicio con las matrículas de los Dagger perdidos en la guerra, éstas eran: C-403, 404,

407, 409, 410, 419, 428, 430, 433 y 436, aunque no llegaron a entrar en combate. Todos

estos aparatos habían sido entregados a Perú entre 1968 y 1974.

El 26 de febrero de 1984 había sido creado el Escuadrón X de Caza (llamado Cruz

y Fierro, más tarde conocido como “Los Guerreros de Hielo”) del Grupo 10 de Caza y

con él la X Brigada Aérea, sobre la estructura de la Base Aérea Militar (BAM) Río

Gallegos. Esta Unidad poseía cinco Mirage IIIC que tenían la misión de proteger el

extremo sur de la Patagonia. La conclusión de la memoria anual de la unidad en 1985

explicaba que:

“Considerando las responsabilidades operacionales establecidas en la tarea


de la misión impuesta a la Brigada, se pudo visualizar que con el actual
material aéreo de dotación (M-IIIC) la unidad un reúne las condiciones
operativas necesarias en calidad ni cantidad, razón por la cual se solicitó el
reemplazo del mismo por otro material moderno (M-VP), que posibilite el
cumplimiento de la tarea asignada”.

Esta solicitud fue escuchada por las autoridades de la Fuerza Aérea y se dispuso para

1986 el traslado de los diez Mirage VP a la X Brigada Aérea.

En 1987 se inició el programa de modernización de las aeronaves adquiridas al

Perú en 1982. Ese año comenzó la fabricación local de cúpulas para todo el sistema de

armas Mirage. Paralelamente, se puso en marcha el proyecto FAS-430 “MARA” por

parte de la Dirección General de Sistemas, luego de un requerimiento realizado por el

Escuadrón X para mejorar su capacidades.

El C-630 fue el prototipo del Mirage 5A “Mara”, como fueron rebautizados en

alusión a la liebre patagónica originaria del lugar. En él se realizaron vuelos de

navegación desde Río IV hacia el sur en los cuales se detectaron fallas en el sistema de

128
129

alerta radar. Solucionado los mismos, entre 1987 y 1991 todos los aviones fueron

modificados. Además, en Río Gallegos personal del Área de Material Río IV les instaló

la mira de tiro 97J. Continuando con las mejoras, en diciembre de 1988 se hicieron

planos para construir adaptadores CES-3 y ADP4 para usar misiles MATRA R-55 Magic.

En enero de 1991 fue recibido el C-633 que se convirtió en el último Mara en

entrar en servicio. Ya por ese entonces los recortes presupuestarios de las FAA se hacían

notar y el programa se había retrasado un par de años. Otras falencias eran la falta de

misiles aire – aire, que los receptores de alerta radar no estaban cargados con información

actualizada, que salvo el C – 619 los aviones no tenían cartuchos de chaff y bengalas.

Todas estas falencias marcaban un índice muy bajo de operatividad.

En enero de 1997 la FAA impartió la directiva 01/97 por la cual los aviones C-

604, 610, 619, y 628 fueron destinados a la VI Brigada Aérea y los C-603, 609, 630, 633,

y 636 al ARMACUAR para su posterior inspección y puesta en servicio. El traslado se

concretó durante el año, y con él desapareció el Grupo Aéreo X, símbolo de quienes

pelearon en Malvinas defendiendo el sur argentino. Durante un año los M-5A operaron

en el Escuadrón Instrucción de la VI Brigada Aérea hasta que el 4 de junio de 1998, a los

16 años de la llegada de los aviones, el Escuadrón X Cruz y Fierro (instrucción) volvió a

nacer, pero esta vez dentro de la VI Brigada Aérea de Tandil operando además con los

Dagger biplaza y los Mirage IIIDA.

Hoy, a más de 20 años de su llegada, estos herederos de la amistad del Perú con

Argentina se mantienen en operaciones en el Escuadrón X (instrucción) con el objeto de

formar los nuevos pilotos del sistema Mirage. Si bien todas estas máquinas deben ser

reemplazadas en poco tiempo, y ya no se espera la modernización, los Mara seguirán en

servicio debido a que los recortes de presupuesto impiden por ahora la llegada de un

sucesor.

129
130

FIGURA 3.2 El C-619 fotografiado a su arribo en compañía del C-610. Al día siguiente, ambas
máquinas ingresaron al proceso de inspección y repintado. El C-619 saldría de taller a mediados de
marzo convirtiéndose en el segundo Mara "light gray" (Foto: Mauricio Chiófalo) Fuente: Revista
Vuelo Rasante: noticias e historia de la aviación militar Marzo, 2003

FIGURA 3.3 El C-628 fotografiado antes de su partida hacia la VI Br Aé luciendo el nuevo esquema
"low-viz" del modelo. De ahora en más, su única diferencia externa respecto de los Finger serán las
antenas RWR de la trompa. Nótese que no está instalado aún el contenedor del paracaídas de
frenado. (Foto: Mauricio Chiófalo) Fuente: Revista Vuelo Rasante: noticias e historia de la aviación
militar Marzo, 2003

III.3 CHILE

Señor, tengo más razones que la mayoría para recordar que Chile fue un
buen amigo de este país durante la guerra de las Malvinas.
En esa época era presidente de Chile el general Pinochet. Su intervención
hizo posible que la guerra fuera más corta y que se salvaran muchas vidas de
ciudadanos británicos.
En Chile se cometían efectivamente abusos contra los derechos humanos por
las dos partes enfrentadas políticamente. Sin embargo, la población chilena,

130
131

a través de la elección de sucesivos gobiernos democráticos, determinó


cómo arreglar sus cuentas con el pasado.
Esencial en este proceso fue el rango que se acordó conceder al general
Augusto Pinochet [senador vitalicio con pasaporte diplomático], y no
corresponde ni a España, ni a Gran Bretaña, ni a ninguna otra nación
interferir en lo que es un asunto interno de Chile.
En el proceso de transición de Chile hacia la democracia han tenido que
hacerse equilibrios delicados, en los que estamos interfiriendo, con el riesgo
que esto conlleva.
El general Pinochet debe ser autorizado a volver a su país sin dilación. La
próxima semana, Gran Bretaña recibirá a un líder democráticamente elegido
de un país que invadió ilegalmente el territorio británico (El presidente
Carlos Saúl Menem), hecho que causó la muerte a 250 británicos. Sería
vergonzoso pedir la reconciliación en este caso, mientras mantenemos bajo
arresto a alguien que, durante el mismo conflicto, hizo tanto por salvar las
vidas de los ciudadanos británicos.
Le saluda atentamente.
Margaret Thatcher.219

Cuando el 16 de octubre de 1998 el señor ex presidente y senador vitalicio de la

República de Chile, general Augusto Pinochet, fue detenido en Inglaterra, por presuntas

violaciones a los derechos humanos, la ex–primera ministra de Su Majestad Británica,

Margaret Thatcher, declaró una solidaridad que si bien no fue del todo sorprendente,

venía a confirmar las eternas sospechas sobre la -hasta ese momento- dudosa

participación chilena en el conflicto del atlántico sur.

El 9 de octubre de 1999, durante la conferencia anual del Partido Conservador

británico, la "Dama de Hierro" decidió tomar la palabra para defender al general Augusto

Pinochet, a punto de cumplir un año detenido en Londres. Junto con condenar la actitud

del gobierno laborista de Tony Blair y del juez español Baltasar Garzón, decidió revelar

cómo el régimen militar chileno le había ayudado durante la guerra de las Malvinas. La

219
“Thatcher hablar claro sobre Pinochet” [En línea] (Carta reproducida por el diario inglés The Times el
22 de octubre de 1998, recogida por el diario español El Mundo el 23 de octubre de 1998) URL:
<http://www.ua.es/up/pinochet/noticias/mundo/23N0047.html> [Consulta: Junio, 2005]

131
132

razón: imponer en la opinión pública de su país la idea de que Pinochet había sido un

aliado clave de Inglaterra, y que a los aliados no se los mantiene cautivos.

En un extenso discurso, reveló algunos detalles de la colaboración chilena en el

conflicto: "Chile es nuestro más viejo amigo en Sudamérica. Nuestros vínculos son muy

estrechos desde que el almirante Cochrane ayudó a liberar Chile del opresivo dominio

español. El debe estar hoy revolcándose en su tumba al ver cómo Inglaterra respalda la

arrogante intromisión hispana en asuntos internos chilenos. Pinochet fue un incondicional

de este país cuando Argentina invadió las islas Falklands (Malvinas). Yo sé -era Primer

Ministro en esa época- que gracias a instrucciones precisas del Presidente Pinochet,

tomadas a un alto riesgo, que Chile nos brindó valiosa asistencia. Yo no puedo revelar los

detalles, pero déjenme narrarles al menos un episodio".

"Durante la guerra, la Fuerza Aérea Chilena estaba comandada por el padre


de la senadora Evelyn Matthei, quien está aquí esta tarde con nosotros. El
entregó oportunas alertas de inminentes ataques aéreos argentinos que
permitieron a la flota británica tomar acciones defensivas. El valor de esa
ayuda en información de inteligencia se probó cuando faltó. Un día, cerca ya
del final del conflicto, el radar chileno de largo alcance debió ser
desconectados debido a problemas de mantenimiento. Ese mismo día -el 8
de junio de 1983, una fecha guardada en mi corazón- aviones argentinos
destruyeron nuestros buques Sir Galahad y Sir Tristram. Eran barcos de
desembarco que trasladaban muchos hombres y los ataques dejaron entre
ellos muchas bajas. "En total unos 250 miembros de las fuerzas armadas
británicas perdieron la vida durante esa guerra. Sin el general Pinochet, las
víctimas hubiesen sido muchas más". 220

Un mes más tarde, el 7 de noviembre de 1999, le tocó el turno al mismo Pinochet,

quien en su primera declaración pública efectuada desde que fuera detenido, ratificó esa

colaboración mediante una declaración dada a conocer a través de una agencia de

220
[En línea] URL: <http://www.elchenque.com.ar/his/arg/Malvinas/clavsec.htm> [Consulta: Junio, 2005]

132
133

relaciones públicas, explicando que su país y Gran Bretaña siempre habían mantenido

una franca amistad, la cual “(…) se reflejó cuando Argentina ocupó las islas Malvinas en

1982. Yo di instrucciones para suministrar, dentro de un contexto de neutralidad (sic),

toda la asistencia que pudiéramos a nuestros amigos y aliados ingleses (…) actitud que

considero un honor (…)” 221

Si la ex-primera ministra británica podía tomarse los atributos de hacer este tipo

de declaraciones, evidentemente en algún momento alguien de la parte chilena o

argentina debería salir a respaldar o censurar estos comentarios que creaban un clima

hostil entre las cancillerías de Buenos Aires y Santiago. Efectivamente, en marzo del año

1999 el diario La Tercera de Santiago de Chile, publicaba una extensa entrevista al

general (r) de la FACH, en la cual aceptaba fehacientemente la colaboración efectiva del

gobierno militar chileno con el británico. 222

El general Matthei afirmó en la publicitada entrevista que se enteró del inicio de la

guerra leyendo el diario de la mañana, y que el inicio de las hostilidades lo había tomado

completamente por sorpresa. Reproduciremos parcialmente algunos de los párrafos más

resaltantes de la entrevista, los cuales son de mayor interés académico.

-¿Cuál fue su reacción y la del gobierno (ante la guerra)?


(…)Dos días más tarde se presentó mi oficial de inteligencia, el general
Rodríguez informándome que había llegado un oficial inglés enviado por el
jefe del Estado Mayor de la Real Fuerza Aérea británica. Le dije que lo
recibiría. Se trataba del Wing Commander (comandante de escuadrilla)
Sidney Edwards, un personaje que no parecía inglés para nada y que
hablaba español perfectamente.
¿Cómo lo describiría?
(…) Venía con una carta de Sir David Great, el comandante en jefe de la
Fuerza Aérea inglesa, para ver en qué podíamos ayudarlo. Tenía plenos
poderes para coordinar conmigo cualquier cosa que pudiéramos hacer
juntos, lo que a mí me pareció muy interesante. (…) a ellos más les

221
Todo es historia Nº 395 Pág. 30
222
“Matthei rompe silencio sobre el pacto secreto Chile – Inglaterra en la guerra de las Malvinas”, Diario
La Tercera, Sección Reportajes, 24 de marzo del 2002

133
134

apremiaba era información de inteligencia. Los ingleses no se habían


preocupado para nada de Argentina. Sabían todo lo inimaginable sobre
Unión Soviética, pero de Argentina no sabían nada. Edwards me preguntó
en qué podíamos ayudarlos. Le contesté que no me mandaba solo y que
hablaría con el general Pinochet.
-¿Habló con Pinochet sobre este "ofrecimiento"?
Conversé con él en términos muy generales, informándole que teníamos una
gran oportunidad. A nosotros no nos interesaba que los argentinos les
pegaran a los ingleses, porque entonces -ya lo había dicho Galtieri-
seríamos los siguientes. Recién estábamos digiriendo el discurso de la Plaza
de Mayo, en el cual -rugiendo ante las multitudes- había manifestado que
Malvinas sería sólo el comienzo. Parecía Mussolini.

A esta altura de la conversación conviene recordar que el 6 de abril de 1982, un

vocero de la Cancillería chile salió a desmentir “terminantemente” algunas versiones que

afirmaban que Chile asistiría o estaría asistiendo a la flota de la Armada Británica. Por

otro lado, el entonces Canciller chileno René Rojas además de mostrarse preocupado por

la situación que se estaba viviendo en las islas, aprovechó la oportunidad para reunirse

con sus asesores encargados de la mediación papal por el Beagle, afirmando que en el

país obraría con total cautela en este diferendo histórico. 223

-¿Ese discurso los había dejado preocupados?


Nos preocupó que después de las islas apuntaran hacia acá. Después de
todo, ellos calificaban que territorios nuestros también les pertenecían. En
general, Pinochet estuvo de acuerdo en que yo trabajara con los ingleses,
siempre que no se supiera, y ambos estuvimos de acuerdo en que por ningún
motivo debía enterarse de ello ni siquiera el Ministerio de Relaciones
Exteriores.
(…)
-Aprovecharon los vínculos personales con usted...
Yo había estado visitando sus industrias de material de guerra y tenía
contactos con los altos mandos británicos. Mientras estaba allá, firmé
contratos por seis aviones Hawker Hunter, y compramos también seis
223
El Comercio Nº 76868 – Nº 76870 (7 de abril de 1982 y 9 de abril de 1982)

134
135

aviones de caza Vampire. Me conocían, teníamos una relación fluida.


Estando en Londres, cuando me tocó ir a la Unión Soviética, les pasé a los
ingleses una copia del informe que redacté para la Fach sobre lo que había
observado en materia de armamentos. Ellos sabían que era su amigo, pese a
que Chile -recuerde que estábamos en la Unidad Popular- lo consideraban
parte del bloque del Este. (…) En resumen, tenían bastantes referencias
mías y por eso me llego a mí la petición.
-¿Qué hizo después de reunirse con Pinochet?
Con el general Pinochet quedamos en mantener esto en absoluto secreto, y
luego volví a reunirme con Sidney Edwards, informándole que tenía carta
blanca en el asunto y que operaríamos de acuerdo con mis criterios.
Edwards me dijo que tanto el agregado de Defensa inglés -un marino- como
la Embajada Británica no sabían de su existencia y que no debían enterarse.
Edwards viajó entonces a Inglaterra para analizar qué podíamos hacer
nosotros y a su regreso trajo autorización para que les diéramos
información de inteligencia.
¿Qué recibiría Chile a cambio?
Ellos nos venderían en “one pound” aviones Hawker Hunters, los cuales se
traerían de inmediato a Chile por avión. Y también un radar de larga
distancia, misiles antiaéreos, aviones Camberra de reconocimiento
fotogramétrico a gran altura y también bombarderos. (…) en la Fuerza
Aérea chilena no teníamos ninguno. (…) Además, mandarían un avión de
inteligencia, comunicaciones y espionaje electrónico. (…)
-¿Cómo reunía información de inteligencia sin contar con equipos
sofisticados?
Nosotros habíamos transformado aviones más livianos en nuestra propia
industria y con equipos propios, pero no volaban con la altitud necesaria,
porque eran aviones turbo hélices chicos, del tipo 99 Alfa. Habíamos
transformado dos, con unos equipos llamados Itata, desarrollados en
conjunto por la Marina y la Fuerza Aérea. Dichos equipos, montados a
bordo de estos aviones bimotores livianos, podían detectar todas las señales
de radar, analizarlas y clasificarlas. Pero las señales de radar -al igual que
la luz- se proyectan en línea recta, sin quebrarse. Y no se captan a menos
que se vuele a unos 40 mil pies de altura. Como primera medida, entonces,
los ingleses mandaron ese avión, con el cual realizamos un reconocimiento
completo a nuestro lado de la frontera. Hacíamos vuelos a gran altura sobre
territorio chileno, pero captando señales del otro lado que nuestros equipos
no eran capaces de captar por la cordillera y la baja altura.

135
136

Martin Coppock señala que para que toda la operación tuviera éxito, se requería

perfeccionar los medios de reunión chilenos, la RFA contribuyó con un “préstamo” de

tres aviones Canberra PR-9 del Grupo 18, Unidad Nº 1 de Reconocimiento Fotográfico

de la base de Wyton, provistos con cámaras oblicuas para vigilar el territorio argentino

desde el espacio aéreo chileno, y dos aviones Hércules C-130. 224

-¿Cómo puede llegar un avión de esas características y tamaño hasta el


aeropuerto de Pudahuel o cualquier base aérea, sin que nadie se dé cuenta?
Ese avión venía como cualquier aparato civil, con un plan de vuelo normal.
(…)
-¿Con ese radar espiaban al otro lado?
En un cerrito habíamos instalado un radar de 200 millas de alcance
comprado en Francia. En tierra teníamos puestos de escucha en varias
partes, que captaban todas las señales y comunicaciones radiales
argentinas. También habíamos desarrollado en Punta Arenas, cuando llegué
a la comandancia en jefe, un puesto de mando blindado bajo tierra, bien
protegido, al cual llegaban todas las informaciones graficadas y clarísimas,
como un teatro. En ese puesto se reunían todas las informaciones captadas
por el radar grande y los más chicos, y por los escuchas. Allá se instaló
Sydney Edwards.
-¿Cómo transmitía Edwards esos datos a sus superiores?
Tenía un equipo de comunicación satelital directa con la Marina Real
británica en el comando central de Northwood, cerca de Londres. Lo que
pasaba aquí, de inmediato lo sabían los ingleses.
-Inglaterra no podría haber encontrado un mejor aliado.
Imposible. Nosotros avisábamos, por ejemplo, que desde una base
determinada habían salido cuatro aviones en dirección a tal parte, que por
su velocidad parecen Mirage. Una hora antes de que llegaran, los ingleses
ya estaban informados de su arribo.
(…)
-¿Alcanzaba a contarle a Pinochet el desarrollo de los acontecimientos?

224
Todo es historia Nº 395 Pág. 31

136
137

Nunca le contaba nada. Empecé a no contarle por una sola razón: si


"saltaba la liebre", quería que Pinochet estuviera en condiciones de jurar
que él no sabía nada. De esa forma, podría decir que el culpable era el
imbécil de Matthei y que lo echaría de inmediato. Nosotros siempre vamos a
ser vecinos de Argentina, por eso no podíamos echar a perder para siempre
esas relaciones.
Imagino que, de todas formas, los argentinos sospechaban. Antes incluso de
que llegara Edwards, ya había conversado con el agregado aéreo argentino.
Le dije que pidiera autorización a sus jefes, porque quería mandarlo para
allá con un mensaje. Delante de otras personas, le pedí que transmitiera a
Lami Dozo, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Argentina, lo
siguiente. Primero, que nunca en mi vida pensé que podían ser tan idiotas.
Teniendo todas las posibilidades en mi cabeza, ésta fue la única que no
ingresé en mi computador mental. Segundo, que ante esta situación le
garantizaba que la Fach nunca atacaría por la espalda a Argentina. (…)
Tercero, que cuando hay un incendio en la casa del vecino, el hombre
prudente agarra la manguera y vierte agua en su propio techo. Por eso, en
este momento haría todo lo posible por reforzar la Fuerza Aérea de Chile y
su defensa, porque no hacerlo sería un acto irresponsable de mi parte.
-Pero eso equivalía a alertarlos...
Significaba que compraría aviones, radares y misiles donde me fuera más
fácil y rápido obtenerlos, es decir, en Inglaterra. Lo demás no se lo dije,
obviamente, y nunca lo habría dicho si no fuera porque pasó toda esta
lamentable situación que vivió el general Pinochet en Londres. (...)
-Las negociaciones entre usted y Gran Bretaña ¿tomaron en algún momento
un cariz político?
Nunca hicimos un planteamiento político. Ambas partes estábamos de
acuerdo en que no queríamos "political commitments" (compromisos
políticos) de ningún tipo. No había una mayor alianza, se trataba
estrictamente de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Tan sencillo
como eso: oportunismo. Puro pragmatismo. (...)
-¿Cuánto duró esta situación?
Se extendió durante toda la guerra. Nosotros nos quedamos con el avión,
con los radares, los misiles y los aviones. Ellos recibieron a tiempo la
información y todos quedamos conformes...
(…)
-Mientras sucedía todo esto, ¿alguien más de la Fuerza Aérea y de las otras
ramas de las Fuerzas Armadas se enteró de lo que usted estaba haciendo?

137
138

La Fach, en general, tampoco sabía demasiado. Lo único que se dio cuenta


la Fuerza Aérea fue que había llegado armamento y equipos nuevos.
Llegaron en aviones de transporte ingleses, a través de la Isla de Pascua.
Un día, por ejemplo, apareció un Hércules C-130 que decía Fuerza "Area"
de Chile. Se trataba de un avión que tenía el mismo número de uno de los
nuestros y al cual sólo le faltaba la letra "e" de Aérea. Eso llamó la
atención. Estaba pintado con los colores de la Fach y tenía que llevar el
radar a Balmaceda, donde se instalaría para tener visión hacia las
instalaciones argentinas en Comodoro Rivadavia. Cuando terminó la guerra
lo saqué de ese lugar, porque no era mayormente útil y lo trasladé a otro -
donde funciona hasta el día de hoy- para vigilar el tráfico hacia la
Antártica.
(...)
-¿Por qué cree que la colaboración chilena terminó por saberse?
La destapó la señora Margaret Thatcher, pues ella obviamente lo sabía. El
mismo Sidney Edwards me dijo que la Thatcher estaba muy agradecida
porque conocía en detalle la ayuda prestada por Chile. En julio del '99, ella
le dio públicamente las gracias a Pinochet por haber ayudado a Inglaterra
durante la guerra. (…)

La única prueba palpable de que Chile algo tuvo que ver con Inglaterra durante el

conflicto fue el episodio de un helicóptero británico que cayó a tierra cerca de Punta

Arenas, y cuyos tripulantes fueron rescatados por uniformados chilenos. Respecto a este

incidente nacieron una serie de sospechas, de hecho la prensa peruana se encargó de darle

la repercusión mediática debida a través de dos artículos que tenían un tono bastante

sugerente, respecto a la posibilidad de que el gobierno militar de Chile estuviera

cooperando con el Reino Unido.

Un día llegó Sidney Edwards a confesarme que un helicóptero inglés había


caído en territorio chileno. Le pregunté qué había pasado, en vista de que
habíamos acordado que ellos no efectuarían operaciones militares hacia
Argentina desde territorio chileno, y que ningún avión inglés que hubiera
operado contra Argentina aterrizaría en Chile. Ese era el acuerdo
fundamental al que habíamos llegado.
-¿Qué había sucedido?

138
139

Ellos organizaron una operación -no de comandos, sino de "súper"


comandos- para destruir los aviones Super Etandard franceses de la Marina
argentina, que eran los que portaban los misiles Exocet. Los ingleses sabían
que los argentinos tenían seis Exocet y ya habían comprobado su
efectividad: con uno solo liquidaron al destructor Sheffield, un día después
de que ellos hundieron al Belgrano. Pero los comandos que habían
mandado para allá se perdieron, sin encontrar nada mejor que aterrizar en
Chile. Lo hicieron al oeste de Punta Arenas, cerca de un camino, en el claro
de un bosque. En seguida, decidieron incendiar la nave y aunque nadie los
había visto descender, el humo se propagó en dos minutos, llegaron los
carabineros, en fin.
-¿Qué ocurrió con los comandos?
Tras quemar el helicóptero desaparecieron, comunicándose con Sidney
Edwards por radio para saber qué hacían. Le contesté que llegaran hasta
un determinado punto de nuestra base aérea, donde los esperaba un oficial
de inteligencia nuestro. Allí les darían una tenida de civil y los pondrían a
bordo de un avión Lan Chile o Ladeco hacia Santiago, para que desde aquí
tomaran otro hacia Inglaterra. Eso fue exactamente lo que se hizo. Deberían
haber quedado internados acá, porque esa es la ley, pero les propuse otra
salida. Por eso, la señora Thatcher también mencionó la salvación de vidas
humanas.
(...)

El ex diputado conservador británico Rupert William Simon Allason, quien

escribió bajo el pseudónimo “Nigel West”, La guerra secreta por las Malvinas, menciona

en su sexto capítulo que la Inteligencia Militar del ejército chileno (el G.2), que

controlaba al Centro Nacional de Información (CNI), que era conducida por el general

Humberto Gordon, y la Dirección de Inteligencia de la Defensa Nacional (DiDeNa), que

en 1978 se había hecho cargo de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), y el

servicio de inteligencia militar de la marina y la fuerza aérea, Ancla Dos (A II) y el D.2

139
140

respectivamente, sumaron sus esfuerzos de reunión a los británicos, que estaban ávidos

por obtener y conocer la mayor cantidad de información. 225

Según el Mayor Rafael Milillo, la flota de guerra de ese país zarpó, en abril de

1982, del puerto de Valparaíso con rumbo sur, operando con estricto silencio de radio, en

un esfuerzo por obligar a los argentinos a distraer recursos militares de las islas. Ese mes,

la fuerza de tierra desplazó una reserva estratégica -20.000 hombres según algunos

cálculos argentinos- desde Santiago hacia zonas fronterizas con Río Negro y Neuquén. 226

La movilización de fuerzas terrestres y marítimas chilenas hacia la frontera

argentina no tenía probablemente la intención de abrirle un segundo frente a las fuerzas

armadas argentinas. Sin embargo, sí tenían una clara intención de ser un despliegue

disuasivo, que trajo por consecuencia, la inmovilización de fuerzas terrestres acantonadas

en las zonas de la frontera sur argentino - chilena, y que se encontraban mejor preparadas

para soportar climas patagónicos e inviernos antárticos. Aunque la preparación de todo el

ejército argentino es la misma en cualquiera de las provincias, no se puede negar que el

factor de adecuación al clima, en un contexto tan hostil como el del archipiélago malvino,

jugó en contra de los intereses argentinos. Bajo este punto de vista, efectivamente sí,

Chile cumplió cabalmente con la misión que le había otorgado el Reino Unido, aunque

no fue expresa, tácitamente era, colaborar en todo lo posible para la derrota de sus

vecinos (acaso enemigos) trasandinos. 227

Los militares argentinos habían instalado un sistema de comunicaciones de

frecuencia baja usada comúnmente por radioaficionados para tener contacto con el

conflictivo archipiélago. El 25 de abril, se daba cuenta de que los chilenos estaban

225
“Nigel West”, La Guerra Secreta por las Malvinas, los Exocets y el espionaje internacional (Buenos
Aires: Editorial Sudamericana, 1997) Capítulo 6
226
Entrevista con el Agregado Militar Argentino acreditado en Lima, Mayor de Artillería EA Rafael Milillo
en la oficina de la Agregaduría Militar Argentina [Abril, 2005]
227
A manera de recuento, vale la pena mencionar que el general Juan Guillermo Toro Dávila advertía al
mundo, el 23 de abril de 1982, que “Nosotros (los chilenos) tenemos los medios suficientes para poder
reaccionar frente a cualquier situación que no esperamos por el momento”, cuando versiones periodísticas
chilenas habían descubierto la presencia de unidades militares en Punta Arenas, además de las clásicas
restricciones a civiles en tiempos de preparativos de guerra.

140
141

interfiriendo las comunicaciones con emisiones radiales supuestamente originadas en el

sur de Chile, que consistían en marchas británicas y ruidos de interferencia.

Más allá de estas actitudes castrenses chilenas, la opinión pública tampoco estaba

muy a favor de la defensa de los intereses argentinos. El diario chileno La Tercera

reproducía en su editorial del 14 de abril de 1982, un artículo en el cual señalaba un

“historiador” chileno que “la ocupación inglesa en 1833 del archipiélago que pasó a

denominarse Falklands fue un acto en contra de Chile, a cuyo reino perteneció bajo la

colonia del territorio patagónico”, inspirándose en las declaraciones de Toro Dávila, ex

rector de la Universidad de Chile. 228

La Cancillería chilena dirigida por René Rojas, entre tanto, después de la reunión

de la XX sesión de la OEA en Washington D.C. en abril de 1982, afirmaba muy

diplomáticamente, que Chile recurriría a todos los medios posibles en la OEA para

“ayudar y servir cualquier iniciativa de paz.” Pedro Daza, embajador permanente en la

OEA, declaraba para “El Mercurio” que Chile solicitaría tres días para hacer consultas

necesarias para decidir su voto en la sesión plenaria, tres días para abstenerse de dar

apoyo a la Argentina. 229

III.4 UNA INTERPRETACIÓN DE LA ACTUACIÓN CHILENA DURANTE LA

GUERRA DE LAS MALVINAS

En la entrevista al general Matthei podemos apreciar la excelente predisposición

del gobierno militar chileno para colaborar, en la medida de lo posible, con la campaña

victoriosa de las fuerzas británicas. Quisiéramos hacer un especial hincapié en el

concepto “gobierno militar chileno”. Si bien existen relaciones históricas entre Inglaterra

y Chile, que a nuestro juicio no son más “históricas” que las que existen (o existían hasta

1982) entre Argentina e Inglaterra, no consideramos que en este caso sean las verdaderas

228
“Chilenos reclaman ahora las Malvinas” En: La República Nº 125 Pág. 15 (15 de abril de 1982)
229
“Chile dice que ayudará a buscar camino de paz” En: La República Nº 135 Pág. 15 (27 de abril de 1982)

141
142

motivaciones de una suerte de eje anti-argentino como sí lo pueden ser las relaciones

peruano - argentinas para constituir una alianza defensiva (u ofensiva).

¿Por qué la buena fe hacia el Perú? No se trata de interpretaciones sentimentales,

ni de una suerte de patriotismo efervescente. Si bien algunos historiadores han querido

ver la Guerra del Pacífico como un enfrentamiento entre el liberalismo inglés contra el

estatismo de peruano (aunque el tema no ha sido todavía trabajado ampliamente), y a

Chile como un instrumento de Inglaterra para apropiarse de las salitreras y asegurar el

libre mercado, no consideramos que el acercamiento anglo–chileno haya sido hijo de una

fecunda historia, o de una “relación especial sudamericana” entre Inglaterra y Chile, sino

que mucho tuvo que ver el determinante hecho de que gobernaba el general Pinochet.

Tanto en el Perú como en Argentina se vió la actitud del gobierno chileno durante

las Malvinas como una terrible deslealtad propia de un enemigo y no de un país vecino.

Al respecto, el almirante de la Marina de Guerra del Perú, Gustavo Barragán Schenone,

manifestó alguna vez que:

(...) las negociaciones de Chile con los Norteamericanos (…) habían


determinado hacer de Chile un “Policía regional” para intervenir con las
armas cuando los intereses de ambos así lo requieran. No olvidemos que
Chile apoyó a Inglaterra en la Guerra de las Malvinas y al igual que Judas no
tardó en recibir su recompensa. Ahora la colosal repotenciación de sus
fuerzas armadas goza del beneplácito de los Estados Unidos con la reciente
transferencia de naves norteamericanas, inglesas y holandesas, sin contar los
fabulosos submarinos que construye en España. Chile cumple su parte y
tiene presencia militar en las fuerzas de ocupación en Haití.230

Aunque parezca una visión demasiado tremendista y catastrófica, no se puede negar que

al interior de los círculos castrenses y en la concepción del peruano común, la

participación chilena en Malvinas fue un acto de traición.

230
Discurso de orden pronunciado por el Vicealmirante Gustavo Barragán Schenone en la Asociación
Nacional Pro – Marina el 17 de marzo del 2003

142
143

Partiendo del hecho de que existía un gobierno militar, que para el momento tenía

nueve años en el poder, y durante los enteros nueve años había sufrido una serie de

provocaciones bélicas que casi desembocan en una guerra, no resulta muy ilógico pensar,

que la aproximación chilena al Reino Unido tuvo que ver con algo más coyuntural que

con un verdadero deseo.

Por lo menos de la entrevista realizada al general Matthei, podemos apreciar un

hecho clave: no fue Chile quien sedujo a Inglaterra, sino Inglaterra la que buscó a Chile,

y aunque haya sido un acto desleal y casi traicionero, y que para nada haya desagradado a

las autoridades militares del país del Mapocho, no podemos afirmar que las relaciones

entre Argentina y Chile hubieran podido motivar otro tipo de actitud por parte del

gobierno chileno, menos en su condición de militar, y aún menos siendo presidente

Augusto Pinochet, aquel abanderado de una geopolítica admiradora de la Alemania de

1939, que veía al estado como un ente vivo en permanente crecimiento.

Hasta el momento, el trabajo se ha valido de hechos concretos sin hacer defensas

de la ética ni cuestionamientos morales respecto a la participación peruana o chilena en el

conflicto. No podemos responder hasta que punto existen razones morales que nos

obliguen a intervenir o dejar de hacerlo en una guerra, puesto que las valoraciones

deontológicas respecto a nuestra posición frente a la guerra, deben ser una sola: el total

rechazo al diálogo de las armas.

No es nuestra intención hacer una apología de la actitud chilena de apoyar por

todas las vías posibles a la Task Force inglesa, a fin de garantizar el triunfo de la misma

frente a un “hermano latinoamericano”. Respecto a esto, no sería justo hacer una

aclaración, ¿Hasta qué punto existía una relación de hermandad, acercamiento o cierto

grado de entendimiento entre Argentina y Chile? Si cabe algún tipo de excusa para el

gobierno de Pinochet, está precisamente relacionada con la capacidad de respuesta que

tengamos ante esta pregunta. Efectivamente, hoy en día en vista de los fuertes vínculos

143
144

económicos y políticos que hay entre Argentina y Chile sería impensable una

cooperación chilena con alguna fuerza extra-continental. Pero en el año de 1982,

Argentina y Chile habían pasado por puntos de conflicto muy altos que habían, y como se

ha visto con anterioridad, sembrado la potencial existencia de la duda de que pudo haber

habido un enfrentamiento armado en el Cono Sur, específicamente por el Canal del

Beagle, sin considerar, que incluso el tratado de 1984, no fue definitivo para cerrar el

tema fronterizo respecto a los “Hielos del Sur”, o la “Laguna del Desierto”.

144
145

CONCLUSIONES

Consideramos que son varios los puntos que condicionaron el acercamiento

peruano-argentino durante la Guerra de las Malvinas. Por mucho tiempo se quiso

vincular la cooperación peruana solamente con una tradicional y muy romántica

solidaridad con los argentinos, que habrían nacido por nuestro histórico reconocimiento a

personajes como el libertador Don José de San Martín, Álvarez de Arenales o Roque

Sáenz Peña; también se ha querido ver la figura de Fernando Belaunde Terry como un

latinoamericanista y pacifista interesadísimo por sobre todas las cosas en lograr la paz

entre argentinos y británicos y sobre esa base iniciar la transferencia de soberanía.

Resulta evidente y fácilmente comprobable, que la mayoría de peruanos tenemos

bastante claro que fue un argentino nuestro libertador, que fueron muchos argentinos los

que ganaron nuestra independencia, y quizá en menor medida, conozcan el caso de

Roque Sáenz Peña, luchador heroico de la Guerra que más ha marcado la historia de

nuestro país. Consideramos que todos estos personajes, anónimos o famosos, han

configurado en nuestra conciencia histórica, la noción de que Argentina es un país

íntimamente vinculado con nosotros, razón por la cual, para la nación peruana en general,

la Argentina se convirtió en un país simpático y muy próximo a nosotros.

Aunque estas razones podrían ser válidas, consideramos que la actitud pro-

Argentina del Perú estuvo más bien relacionados con el interés geopolítico y estratégico;

con un permanente e histórico acercamiento a lo largo de todo el siglo XX entre los

gobiernos argentinos y peruanos, que demostraron siempre un alto nivel de coincidencias

ideológicas; por último, el intercambio militar peruano-argentino creó una atmósfera de

cooperación difícil de romper al interior de la tradición y la camaradería militar.

Sobre el interés geopolítico y estratégico hemos afirmado que el interés peruano

de apoyar a la República Argentina tendría por trasfondo una alianza secreta y tácita para

145
146

enfrentar o contener a Chile en un eventual conflicto bélico. Está claro que durante el

siglo XIX hubo una tendencia “aliancista” entre Perú, Bolivia y Argentina, que habría

tenido como fin máximo otorgarle a Chile el mismo lugar histórico que al Paraguay.

Claramente durante la década del setenta las relaciones entre Perú y Chile estuvieron en

su punto más bajo desde la Guerra del Pacífico, crisis que se inició con el ascenso de

Velasco Alvarado al poder, se agudizó con el derrocamiento de Salvador Allende, y

estuvo a punto de estallar durante la dictadura militar liderada por Pinochet. Argentina y

Chile tampoco tuvieron una relación prometedora ni primaveral, los platenses tenían más

de veinte puntos fronterizos en discusión con los chilenos, el más candente fue

definitivamente el relacionado con la posesión de las islas Picton, Nueva y Lennox, en la

boca del Canal del Beagle que casi lleva a una guerra entre ambos países en la navidad de

1978.

El hecho que las relaciones entre argentinos y chilenos se hayan mantenido tensas

por lo menos hasta 1984, y que los militares argentinos hayan desafiado abierta y

constantemente a los chilenos con discursos que hablaban constantemente de recuperar

los puertos en el Pacífico, volver a ser bi-oceánicos, o brindar en La Moneda, hacía algo

más que probable que después de la guerra de 1982, en caso hubiera habido una victoria

argentina, el siguiente país en ser invadido haya sido Chile.

Por otro lado, el escenario político peruano si bien se encontraba con la izquierda

en un proceso de retirada, ésta había tenido una participación más que interesante en la

votación para la Constituyente de 1978, y aunque su performance no fue la que esperaba

en 1980, aún tenía, junto con el APRA, una cantidad bastante respetable de curules en el

parlamento. Consideramos que la izquierda en el Perú, según las votaciones de 1978 y

1980, tenía cierto arraigo en la población peruana. Desde este punto de partida podemos

afirmar que muchos vieron la guerra entre Argentina y la Gran Bretaña como un

enfrentamiento no entre este-oeste, sino un conflicto norte-sur, con todo lo que esto

146
147

representaba. La gran potencia industrial, opresora, y capitalista, cuya lidereza hacía

pocos meses atrás había debilitado los sindicatos, privatizado los servicios públicos, y en

resumidas cuentas, había herido de muerte al estado de bienestar social británico, se

enfrentaba a un país tercermundista, con una clase obrera fuerte y numerosa. Aunque

probablemente pocos conocían aquella cita de Trotsky en la que él sugería que si Brasil,

dominado por una dictadura militar opresora y burguesa se enfrentara (casualmente) a

Inglaterra, él apoyaría a Brasil porque el interés supremo debe ser debilitad al

imperialismo, muchos leyeron la guerra anglo-argentina en clave de materialismo

histórico.

Belaunde tampoco hizo mucho por cambiar esa opinión. Por el contrario,

comúnmente acusado de ser un agente (cuando no lacayo) del “Imperialismo Yanqui”, y

“defensor de los intereses burgueses”, el hecho de ponerse tan a la izquierda, de defender

la posición argentina tenazmente, y de censurar en sus discursos la agresión británica en

los mismos términos en que probablemente lo hubiera hecho Trotsky, le limitó la

movilidad política al resto de partidos y los dejó, en primer lugar, sin otra opción que la

solidaridad con Argentina y en segundo lugar le permitió a Belaunde ganar cierto crédito

político aprovechando el buen momento y la ausencia de críticas que le reditaban el

manejo de la crisis y su posición “antiimperialista”.

Por último, entre 1975 y 1980, es decir, durante los gobiernos de Videla y

Morales Bermúdez, el Perú y Argentina pasaron por la mejor época de sus relaciones

bilaterales. El Perú tenía un fuerte interés en la tecnología nuclear argentina, y los

argentinos buscaban incesantemente gobiernos latinoamericanos que les permitieran

romper el aislamiento internacional que sufrían en el marco de las graves denuncias por

desaparición de personas y violaciones sistemáticas a los derechos humanos. La relación,

nuevamente inspirada en la enemistad mutua con Chile, vinculó a los militares peruanos

con sus pares argentinos, de tal manera que durante la guerra de 1982 las expresiones de

147
148

solidaridad con Argentina dentro de los cuarteles fueron acontecimientos casi diarios. Así

pues, el apoyo peruano a la Argentina en 1982 puede ser considerado como la última

expresión política y la última respuesta militar a los acuerdos firmados durante toda la

década del setenta.

Aunque las negociaciones peruanas no llegaron a buen puerto, y aunque el apoyo

político y diplomático que ofreció el Perú no fue suficiente para torcer el curso de la

guerra, ni las negociaciones surgidas a partir de la derrota argentina, está claro que el

Perú siempre buscó la misma paz que la Argentina. La paz que buscaba Argentina era

aquella que le garantice sus derechos soberanos sobre las islas, derechos respaldados

histórica, jurídica, y políticamente por argumentos aparentemente irrebatibles. Pretender

otra paz, tal como lo había intentado el Secretario de Estado norteamericano, Alexander

Haig, era atentar contra los derechos de la nación Argentina y del resto de los países de

América Latina y respaldar situaciones de colonialismo. Por ello, ante la pregunta -

¿solidaridad o interés estratégico?- consideramos que la respuesta probablemente debe

ser ambas. Solidaridad porque el pueblo peruano espontáneamente salió a las calles a

protestar contra Inglaterra y la Primera Ministra británica, Margerette Thatcher, y a

apoyar la causa nacional argentina e interés estratégico, porque en los sectores

diplomáticos, políticos y militares, si bien simpatizantes con Argentina, primó, como era

evidente (y hubiera sido censurable de cualquier otro modo) el interés nacional.

148
149

BIBLIOGRAFÍA
FUENTES PRIMARIAS

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Relaciones Exteriores de la República de Chile a través de su Embajador en la

Colombia S.E. Sergio O. Jarpa)

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Morales Bermúdez y de Argentina, general Jorge Rafael Videla. Lima, 5 de

marzo de 1977

• Diferendo por el Canal del Beagle: posición argentina (Buenos Aires: Secretaría

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• Memorándum de conversación entre el general Pinochet y Henry Kissinger,

Documento desclasificado por el Departamento de Estado. Fecha: 8 de junio de

1976. Hora: 12, mediodía. Lugar: Santiago, Chile (Oficina del Presidente

Pinochet).

• Nota diplomática No. 685 (19 de diciembre de 1975) Ministerio de Relaciones

Exteriores de la República de chile

• Oficio No. 59-C-2/05.09 Ministerio de Guerra-Ejército Peruano

• Orden del Día No. 479/2002 Comisión de Relaciones Exteriores y Culto –

Mensaje de condolencias por el fallecimiento del excelentísimo señor ex

presidente Fernando Belaunde Terry

149
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• Proyecto de Declaración Nº 355/03 del Senador Rubén Martí (UCR-Córdoba)

miembro del Senado de la Nación Argentina, Secretaría Parlamentaria –

Dirección de Publicaciones, bajo la serie (S-0355/03)

• Tratado de Paz y Amistad firmado en la Ciudad del Vaticano el 29 de noviembre

de 1984 entre Chile y Argentina por el diferendo limítrofe del Canal del Beagle

• Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) adoptado en Río de

Janeiro, Brasil, el 02 de septiembre de 1947, entrado en vigor el 3 de diciembre de

1948 conforme al artículo 22 del tratado.

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14 de mayo del 2005 Entrevista con el Dr. Javier Arias Stella. Lugar: Laboratorios Arias

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21 de mayo del 2005 Entrevista con el coordinador de los Cascos Blancos Argentinos,

Comandante César Gonzalez. Lugar: Cuartel de los Cascos Blancos

(Av. Paseo Colón 1010, Capital Federal, Argentina)

22 de mayo del 2005 Entrevista con el coordinador de la Asociación de Familiares de

Caídos en el Conflicto del Atlántico Sur, José D’Angelo. Lugar:

Asociación de Familiares de Caídos en el Conflicto del Atlántico

Sur (Montevideo 641, 2do. Piso, Capital Federal, Argentina)

23 de mayo del 2005 Entrevista con el Embajador Guillermo Fuchs. Lugar: Cancillería

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S/N, Capital Federal, Argentina)

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