HOJA DE PUNTOS DEL RETIRO.
Estos materiales son de apoyo. No hay que usar todo. No hay que agotar
todo en una mañana. Pueden servir para distintos momentos a lo largo de
las próximas semanas, en nuestro camino hacia la Pascua. Si los vas a
usar, céntrate en algo que te haya resonado especialmente durante la
presentación, alguno de los puntos, y trata de llevarlo ahora a tu vida.
PREÁMBULOS.
Tres actitudes necesarias. Frenar, hacer silencio, y la desconexión.
Soledad y comunidad, dos caras de la misma moneda.
¿Cuaresma es todo el año?
La sed…
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Tiene sed de Dios del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen y me conduzcan
hasta tu monte santo, hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
(Salmo 41)
1
UN ESCENARIO: EL DESIERTO
Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado
por el Diablo. Guardó un ayuno de cuarenta días con sus noches y al final
sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, di que
estas piedras se conviertan en pan. Él contestó: —Está escrito: No sólo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Luego el
Diablo se lo llevó a la Ciudad Santa, lo colocó en el alero del templo y le dijo: —
Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus
ángeles acerca de ti; te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en
la piedra. Jesús respondió: —También está escrito: No pondrás a prueba al
Señor, tu Dios. De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le
mostró todos los reinos del mundo en su esplendor, y le dijo: —Todo esto te lo
daré si postrado me rindes homenaje. Entonces Jesús le replicó: —¡Aléjate,
Satanás! Que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto. Al
punto lo dejó el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle. (Mt 4, 1-11)
LA LUCHA: NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
«Un pozo muy profundo hay dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. A veces me
sucede alcanzarle, más a menudo piedra y arena le cubren: entonces Dios está
sepultado. Es necesario que lo vuelva a desenterrar» (Diario, 97).
Orar con las bienaventuranzas en esta clave
Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los
discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos: Dichosos los
pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece. Dichosos los que
lloran, porque serán consolados. Dichosos los mansos, porque heredarán la
tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán
saciados. Dichosos los misericordiosos, porque serán tratados con
misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos
los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. Dichosos los
perseguidos por causa del bien, porque el reinado de Dios les
pertenece. Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien
de todo por mi causa. Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo
es abundante. (Mt 5, 1-12)
Los pobres à la tentación de la riqueza
Los que lloran à la tentación del bienestar
Los mansos àla tentación de la violencia
Los que tienen hambre y sed de justicia à La tentación de la distancia
Los misericordiosos à La tentación del juicio
Los limpios de corazón à La tentación del corazón de piedra
Los que trabajan por la paz à La tentación de la discordia
Los perseguidos por causa del bien à La tentación de la vida sin moral
Los perseguidos por mi causa à La tentación del anonimato
2
CONVERTIRSE
Yo, pecador
Señor!.
Cuando me encierro en mí,
no existe nada:
ni tu cielo y tus montes,
tus vientos y tus mares;
ni tu sol,
ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás
ni existes Tu,
ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo.
Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada
y no oigo nada.
Cúrame, Señor, cúrame por dentro,
como a los ciegos, mudos y leprosos,
que te presentaban.
Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale,
lo que otros padecen
y donde llevo mudo y reprimido
El amor tuyo, que les debo.
Despiértame, Señor, de este coma profundo,
que es amarme por encima de todo.
Que yo vuelva a ver (Lc 18, 41)
a verte, a verles,
a ver tus cosas
a ver tu vida,
a ver tus hijos....
Y que empiece a hablar,
como los niños,
-balbuceando-,
las dos palabras más redondas
de la vida:
¡PADRE NUESTRO!
(Ignacio Iglesias, sj)
3
HERRAMIENTAS: AYUNO, ORACIÓN Y LIMOSNA
Entresaco algunos fragmentos del mensaje del papa Francisco para la cuaresma,
donde apunta al ayuno, la oración y la limosna…
El mensaje entero se puede encontrar aquí: [Link]
Queridos hermanos y hermanas:
En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el
“agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que
nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo.
El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación
(cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la
pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre
herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar
una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.
El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de
corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de
criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo
la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y
“acumula” la riqueza del amor recibido y compartido.
Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la
saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para
abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero
«lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.
En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración
y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es
fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de
la ternura.
La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro
está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La
caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita
el vínculo de la cooperación y de la comunión.
«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que
todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede
construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera
de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).
Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se
transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite
de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los
panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre
la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si
la damos con gozo y sencillez.
4
LA BATALLA NUESTRA DE CADA DIA
Es una guerra que dura una vida
la que enfrenta, en mí, dos mundos.
Entre el algo y el todo,
entre el “por ahora”, y el “para siempre”,
entre “yo” y “Tú”…
La seguridad se enfrenta al riesgo,
las garantías a la confianza,
el ruido a un silencio no siempre poblado,
las pequeñas miserias se oponen al Amor
y el orgullo quiere pisar a la verdad.
Dame, Señor, capacidad para luchar.
Toca pelear cada día,
hasta esa jornada última
en que Tú vencerás por los dos.
Dame fe para no rendir el evangelio,
la bondad, el sacrificio o la cruz.
Dame alegría para sobrellevar
cada revés, cada caída,
cada tormenta.
Yo, por mi parte, aquí estoy,
dispuesto a seguir remando
con mis pocas fuerzas,
con mis pobres brazos.
No sé si basta,
pero hay que intentarlo.
José María Rodríguez Olaizola, sj
Retiro de cuaresma
Iglesia de San Francisco de Borja. Jesuitas. Madrid
27 de febrero de 2021