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Reflexión sobre el Cántico del Éxodo

El documento habla sobre el cántico del éxodo que conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. También reflexiona sobre el significado de este cántico para el pueblo de Dios a través de la historia y su importancia para los cristianos.
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Reflexión sobre el Cántico del Éxodo

El documento habla sobre el cántico del éxodo que conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. También reflexiona sobre el significado de este cántico para el pueblo de Dios a través de la historia y su importancia para los cristianos.
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Año de San José

Año de San José


Cántico del Éxodo
Éxodo 15,1-4. 8-13. 17-18

Presidente: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Todos: Amén
Oremos
Señor, Tú que en la resurrección de tu hijo has manifestado la sublimidad de tu victoria. no
olvides de guiar con misericordia a tu pueblo rescatado; tú que en otro tiempo quisiste que el
Faraón y su Ejército se hundieron como plomo en las aguas formidables, destruye también el
poder de nuestros enemigos, la muerte y el pecado, a fin de que tu pueblo alcance victorioso
el santuario que fundaron tus manos y pueda cantar eternamente que tú, Señor, reinas por los
siglos de los siglos. Amén

SALMO
1 Cantaré al Señor, sublime es su victoria, 10 Pero sopló tu aliento, y los cubrió el
caballos y carros ha arrojado en el mar. mar,
se hundieron como plomo en las aguas
2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, formidables.
él fue mi salvación.
El es mi Dios: yo lo alabaré; 11 ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. ¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de
3 El Señor es un guerrero, maravillas?
su nombre es «el Señor».
4 Los carros del faraón los lanzó al mar, 12 Extendiste tu diestra: se los tragó la
ahogó en el mar Rojo a sus mejores tierra;
capitanes. 13 guiaste con misericordia a tu pueblo
rescatado,
8 Al soplo de tu ira, se amontonaron las los llevaste con tu poder hasta tu santa
aguas, morada.
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar. 17 Lo introduces y lo plantas en el monte de
tu heredad,
9 Decía el enemigo: «Los perseguiré y lugar del que hiciste tu trono, Señor;
alcanzaré, santuario, Señor, que fundaron tus manos.
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi 18 EI Señor reina por siempre jamás.
mano».
Año de San José
Reflexión

El cántico del éxodo, cántico de Moisés o cántico del mar Rojo nos introduce en el corazón,
en el momento culminante de la experiencia pascual del pueblo del antiguo testamento que,
tras más de cuatrocientos años de esclavitud, por orden de Dios, sale de Egipto y bajo la
guía de Moisés atraviesa el largo desierto, aprende el arte de la guerra contra enemigos
internos y externos y llega finalmente a la tierra que Dios había prometido a Abraham y a
sus descendientes. Nos hallamos en el momento culminante de la primera pascua, la pascua
judía, cuando el pueblo atraviesa el mar y el mar devora a los ejércitos de Faraón que salieron
en persecución de los esclavos para obligarlos a volver a Egipto. Se trata nada menos que de
la epopeya del pueblo de la primera alianza, de la conmemoración del acontecimiento
fundante en el que, por intervención amorosa de Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob, pasa de la esclavitud a la libertad, de la servidumbre al servicio. De ese pueblo
proceden Cristo, la Virgen María y los apóstoles, nuestros hermanos mayores como quiso
llamarlos san Juan Pablo II. Este canto, entonado por Miriam (María) la hermana de Moisés
y acompañado de palmas y panderetas es danzado festivamente por las jóvenes de Israel que
pasaron el mar rojo y es entonado con el corazón entre los labios cada año en la celebración
de la pascua familiar judía, que encuentra en la liturgia doméstica la esencia de su identidad
más profunda: «somos el pueblo de Dios».

Cuando los caminantes cruzaron el río Jordán, bajo la guía de Josué, sucesor de Moisés,
entendieron el profundo sentido de ese viejo himno cuya letra data del siglo XIII a. C.
Acababan de entrar, para tomar posesión de la tierra que Dios mostró a Abraham y le
aseguró que sería suya y de su descendencia. Los que vencieron la bestia de la muerte se
reúnen en el cielo al lado del trono y del cordero y entonaron el cántico de Moisés, el siervo
de Dios (Ap. 15, 2.3). Es que ese canto atraviesa toda la Escritura y toda la experiencia de
fe, desde el Génesis hasta el Apocalipsis y por eso es también nuestro cántico, el cántico del
nuevo pueblo de Dios que ha vencido la esclavitud de la muerte y del pecado y conducido
por el cordero sin mancha, el nuevo Moisés, Jesucristo, el Señor de la muerte y la vida, el
vencedor de la bestia y del dragón, el que con su muerte destruyó la muerte y nos dio nueva
vida y nos introduce en la patria definitiva, en la casa del padre Dios en la pascua definitiva
y eterna.

También nosotros cada año, en la vigilia del domingo de resurrección, cantamos y danzamos
el cántico de Moisés y el cántico del cordero que se ha inmolado por nosotros y por muchos.
Recordemos nuestra pascua terrenal y preparemos nuestra pascua definitiva mientras
entonamos este cántico de Moisés invitando a participar de nuestra alegría a los hijos de la
primera pascua y a todos los que se encuentren en tinieblas y en sombra de muerte.
Año de San José
Terminado la reflexión, el que dirige invita a decir en voz alta las intenciones o
peticiones por la que se realizará el Santo Rosario. (Una de ellas el fin del Coronavirus y
por los médicos y personal de Salud)

Se inicia el Santo Rosario como de Costumbre repartiendo entre varios miembros de la familia
cada uno de los misterios que corresponden a cada día. (Lunes y Sábado: Misterios Gozosos,
Martes y Viernes: Misterios Dolorosos, Jueves: Misterios Luminosos, Miércoles y Domingo:
Misterios Gloriosos.) Al finalizar se hace la siguiente Oración:

Oración del Papa Francisco a San José


Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti
María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia,
misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén

Juntos dicen: El Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la Vida Eterna.
Amén.

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