SOBREVIVIENTES ANTOLOGIA 2 Oct 2020
SOBREVIVIENTES ANTOLOGIA 2 Oct 2020
SO B
Antología de distopías
desde el confinamiento
R E V I V I E N T E S
SO B
Antología de distopías
desde el confinamiento
El presente libro contiene memorias del trabajo realizado en el marco del Taller Los Sobrevivientes, con cola-
boraciones de los talleres “Funza para Contar” y “Cartografías del silencio”, programas adscritos a la Escuela
de Literatura de Funza y al Plan Municipal de Lectura Escritura y Oralidad – PMLEO-, con apoyo del Centro
Cultural Bacatá. La compilación da cuenta del trabajo realizado en medio del confinamiento obligatorio de-
cretado por el Gobierno Nacional, realizado con apoyo de estrategias virtuales. Los ejemplares del presente
trabajo serán entregados al núcleo escolar del departamento de Cundinamarca con el propósito de promover
las prácticas lectoras.
La antología ha sido seleccionado como ganadora de la Beca para la Publicación de Antologías de Talleres
Literarios 2020 del Ministerio de Cultura”.
ISBN: 978-958-59067-5-4
Colombia
2020
CONTENIDO
CUENTO
BARDO THODOL 17
Ovidio Posada
LA RESISTENCIA 21
María Victoria Acevedo
EL CAFÉ DE LAS 11 35
Laura Samantha Beltrán
DÍAS 45
Jessica Obando
LA PROHIBICIÓN 47
Jessica Obando
ESCLAVOS DEL TIEMPO 51 NACIÓ ESPERANZA 84
Jimena Bacca Isidro Gómez
LA INVASION 61 YO TE BAILO 88
Carlos Alberto Grillo Nicolle Pére
EL VIAJE 65 MI VENTANA 89
Carlos Alberto Grillo Nicolle Pérez
ONOMÁSTICOS 91
Marian Barreto Garzón
POESÍA Y PROSA POÉTICA
DANZA 77 HOLOGRAMA 92
John Sebastián Martínez Guerrero Marian Barreto Garzón
PATER 80
Nicol Peña HAIKUS
BROTANDO 81 Camila Urrego 97
Miguel Ángel Riveros Nicolle Pérez 98
MELANCOLIA 82 Alejandra Rodríguez 98
Gladys Moreno David Romero 99
CULPAS EN EL TORRENTE 83
Miguel Ángel Riveros
SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
LOS SOBREVIVIENTES:
PRIMER TALLER SOBRE DISTOPÍAS
S
omos proclives a las distopías, a esas historias en donde las reglas normales
de la sociedad se tuercen y ponen al sistema contra las cuerdas, sacando lo
mejor y también lo peor de los seres humanos, eso lo demuestra la gran can-
tidad de historias de ciencia ficción, distópicas la mayoría, que se han escrito y que
se convierten en novelas y películas taquilleras. Sin embargo, nunca pensamos que la
distopía, de la noche a la mañana, pudiera convertirse en una realidad.
Cómo dice Mario Mendoza “La escritura es resistencia”, por ello, nos dimos a la
tarea de convocar a diferentes escritores y contertulios de Funza y Cundinamarca
para crear “Los sobrevivientes”, un taller netamente virtual que ha servido como una
especie de arca para pasar todos juntos al otro lado de las aguas turbulentas de esta
pandemia mundial, expresando y creando historias alrededor de nuestros sentimien-
tos e impresiones sobre la nueva “normalidad”.
El taller funciona con tres estrategias, la primera, un grupo de WhatsApp que nos
conecta en tiempo real y funciona como eje de información, la segunda, un aula
virtual interactiva y la tercera, una reunión semanal por plataforma Zoom.
La distancia de los estudiantes no ha sido una barrera y los ejercicios han ido
avanzando hasta madurar y convertirse en relatos coherentes y llenos de vitalidad
que invitan a seguir resistiendo.
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SOBREVIVIENTES
A la iniciativa se han unido los programas Funza para Contar y Cartografías del
silencio, con el apoyo del Maestro Jorge Valbuena, de la Maestra Aura García y del
equipo creativo del Plan Municipal de Lectura, Escritura y Oralidad -PMLEO- y del
Biblioparque Marqués de San Jorge del Municipio de Funza.
Los textos que usted tiene en sus manos han sido escritos en su mayoría en el
periodo del confinamiento obligatorio ocasionado por la pandemia mundial del virus
COVID-19, son fruto de una reflexión cruda sobre las miles de posibilidades creativas
que producen el encierro y el desconcierto.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
BARDO THODOL
Ovidio Posada
E
n el apartado Tíbet, en un lugar conocido como el Reino Prohibido, un gru-
po de monjes ha cuidado desde siempre un antiguo manuscrito. Se trata del
Libro Tibetano de los Muertos, uno de los más sagrados del mundo; es un
mapa para los moribundos que emprenden el viaje al más allá. El primer manual de
instrucciones de la historia que contiene la sabiduría universal para averiguar lo que
sucede después de la muerte. Describe las experiencias que soportaremos en la otra
vida al pasar por el Bardo Thodol, o vida intermedia, hasta la luz blanca del túnel de
la realidad pura.
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Antología de distopías desde el confinamiento
por extraños fue cuando Thupten Gyatso, el XIII Dalai Lama, en cumplimiento de Galilei. Einstein y Hawking murieron a la misma edad. La fecha del fallecimiento del
compromisos con el gobierno chino, permitió a Walter Evans-Wentz hacer la trans- científico inglés coincide con la de nacimiento del alemán. Terence Tao con coefi-
cripción de los manuscritos. ciente intelectual de 230 nació el 17 de julio, día en que murió Williams James Sidis,
cuyo coeficiente era 250.
A principios del siglo XX, después de un largo tiempo de estudio, se entregó a
la imprenta la primera traducción del Libro Tibetano de los Muertos de manos de En 1945 el Badaldena produjo una nueva anomalía que debió ser sofocada, como
Evans-Wentz, hijo de madre irlandesa y de un negociante alemán de bienes raíces, históricamente se hizo con otras. El astronauta Michael Smith compartía fecha de
quien creció como cristiano bautista, se convirtió al espiritismo y a la teosofía en su natalicio con el fallecimiento de Hitler. En enero 1986 le correspondió a la Theoso-
adolescencia cuando leyó Isis sin velo y La doctrina secreta de Madame Blavatsky en phical Uroboric Society contener el ciclo. Hicieron ceder una junta tórica, el fallo de
la biblioteca de su padre. Ya adulto, viajó a Gales, Escocia, Irlanda y otros lugares; un sencillo orring causó la explosión del Challenger. Henri de La Croix de Castries
recolectó historias sobre hadas y duendes y después de un sueño premonitorio fundó recibió, ese mismo día, una prodigiosa oferta para presidir el más influyente grupo
la Theosophical Uroboric Society TUS, antes de morir, el 28 de octubre de 1965. Su financiero del mundo. Treinta y dos años antes, el domingo 15 de agosto de 1954, en
traducción de El Libro Tibetano de los Muertos fue leída en su funeral. el Hotel de Bilderberg en Oosterbeek, se fundó el grupo que llevaría el nombre del
hotel. El mismo día en Bayona, Francia, unas horas antes, nació Henri.
La reencarnación es la más profunda creencia budista; consideran que solo libe-
rándonos de esta existencia se alcanza la felicidad o el nirvana y podemos hacerlo En el King Park Street, St. James’s de Londres, en la Casa de subastas Christie’s,
como una dócil presa, como un brutal predador o como un hombre rico y poderoso. empieza la puja: en exhibición hay un pequeño objeto con aspecto tubular, elabora-
Según el Samsara, la vida nunca acaba y sigue en constantes restauraciones. do en metal plateado con filigrana, con piedras semipreciosas y algunas inscripciones
en sánscrito. Al fondo del lugar un enigmático hombre de edad ambigua, enfundado
La tradición budista contempla que después de ajustados rituales, un grupo de en un traje irreprochable, a nombre de De La Croix del grupo Bilderberg, levanta la
monjes prepara el cuerpo del muerto; un iniciado pronuncia los versos del libro en paleta para hacer una oferta sin saber que el verdadero poder no está en la trasmu-
presencia del difunto para guiarlo en su camino por la etapa intermedia. Lo trascen- tación, sino en el virus aletargado llegado de las estrellas y que al activarse no atacará
dental es que este bardo de la trasmutación permitiría visionar el destino completo a un anciano en particular sino a todos los ancianos de la especie si el mantra es mal
del cuerpo seleccionado, en el cual habrá de rencarnarse. Se dice que aquel que lea invocado.
el libro, al menos una vez en la vida, se salvará de todos los tormentos de la muerte.
Lo que preocupa profundamente a los lamas es que quien posea el mítico Badalde-
na poseerá la llave, con los mantras correctos y perpetrando el ritual secreto, podrá
alterar los ciclos ancestrales y elegir a voluntad un joven cuerpo de hasta diez años
cumplidos en quien renacer.
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LA RESISTENCIA
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uando llegó el ejército, el tío Alberto empezó a hacer un cambuche en la
mitad del patio. Todos lo miramos con preocupación, ya antes había fraca-
sado la empresa alienígena. La primera vez que inventó lo de las comuni-
caciones interestelares fue hace como 30 años. La tía Eduviges decía que se le estaba
corriendo la teja. Qué eso le había pasado por sin vergüenza, por meter porquerías.
Qué eso de comer pasto silvestre ni siquiera era cuestión de animales si no de seres
sin Dios. Para nosotros, todos los proyectos del tío eran motivo de alegría, incluso
con Pedro nos fuimos a conseguirle unas piezas para la máquina en el centro: unos
paneles solares enormes. Eso era disque combustible limpio, una forma de amigarse
con el planeta.
Con Pedro le hacíamos entrevistas al tío: que si Alf era café, que si era enano
como el de la televisión, que si comía gatos y él terminaba sacándonos del cuarto
furioso. Mi hermana mayor iba un paso más allá y lo saludaba con: Nanu, nanu. Eso
lo hacía por otro programa en el que Robin Williams empollaba un huevo extrate-
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Antología de distopías desde el confinamiento
rrestre. Todos disfrutábamos con la idea de nuestra casa convertida en el portal entre −Son cosas de chinos, no les haga caso.
mundos. Sin embargo, las tías se ponían cada vez más aburridas con la cantaleta:
−¿Es que mijo es raro? ¿Por eso no se casó, cierto?
−Alberto cuide el negocio.
−Cuál raro ni qué nada.
−Alberto deje de gastar plata en esa paila.
Se salió al patio a pintar sus bolas con coronitas y cuando volvió arregló la maleta
−Alberto ¿Qué está haciendo la plata? en silencio. Llamó a mi mamá al cuarto y le entregó un paquete de billetes.
El tío las dejaba que hablaran y al final les contestaba como si fuera Yoda: −Cuide a los muchachos
−La vida un enigma es. La abrazó fuerte y se fue con su enorme morral militar en la espalda.
A mi mamá eso la carcomía por dentro y no lo bajaba de “in-respetuoso”. Él seguía En la familia decían que estaba en el monte, que se había ido para la guerrilla,
como si nada y se pasaba las noches cacharreándole a la máquina. Por la mañana salía a que se había vuelto loco. Nosotros sabíamos que se había ido para Tenjo. Se compró
trabajar. Lo hacía como si se fuera a acabar el mundo. Cada vez tenía más clientes, salían una casita en el campo y cada tanto nos mandaba una nota con sus reflexiones sobre
más negocios, hasta mi mamá dejó de ser la secretaria de la junta comunal para ayudarle. el poder de la fuerza. Por eso cuando volvió no se nos hizo raro. Llegó con el mismo
morral y con unas cajas ovales.
Uno podría pensar que finalmente la vida nos había besado en la boca y todo iba
a ser diferente, pero no. El tío ahorraba hasta el último peso, daba lo necesario para −Acomódese en su cuarto -Le dijo mi mamá.
que no se cayera la casa que habíamos heredado de los abuelos y seguía copiando
los mensajes del “Alf”. Con el tiempo se volvió más hermético y finalmente en una −Ahí está todo como usted lo dejó.
comida de navidad nos reveló que el tiempo se acercaba, debía ir a prepararse, ya
tenía todo arreglado en la montaña, pero volvería. −Pero quíteme esos huevos que dejó votados en el patio.
−¿Y nosotros tío? El tío nos llamó como si todavía fuéramos unos chuecos.
−Ustedes nada, se quedan ayudándole a la mamá. Ni preparados en mil años −Vengan me ayudan, cada uno alce uno, es delicado.
estarían.
Nosotros que ya éramos unos “pollos” de 50, obedecimos en silencio, Con Pedro
A pedro le ofendió el tono del tío y lo interpeló: nos miramos porque las benditas cajas o lo que fuera, pesaban como un muerto.
Alberto las alzaba como si fueran plumas.
−¿Ah, vuelta con creerse Yoda …¿Es que no le caemos bien a Alf?
−Llévenlas al patio − ordenó
−Cuál Alf- gruño mi mamá
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Mi mamá salió como una flecha a pelear por sus matas, pero el tío la miró como El hombrecillo me miró como si hubiera hablado un ser inferior y despareció con
si fuera otro sobrino. mi tío.
−Luego me lo agradecerá Al cabo de los días nos enteramos de que todos estábamos enfermos. Mamá
murió a las dos semanas. Nosotros terminamos alimentándonos exclusivamente de
A los pocos días empezaron a salir unas plántulas muy extrañas y en un mes las plántulas. Luego todo se puso peor. Llegaron las naves y la gente empezó a en-
el jardín parecía sacado de una película futurista. En ese momento empezaron loquecer. Ahora somos más jóvenes y nos han desterrado de nuestra casa. Han in-
con los primeros cierres de la ciudad. El coronavirus se convirtió en el tema de las cautado nuestro jardín porque pertenece a la civilización enemiga, nosotros somos
comidas y todos nos tuvimos que acomodar a eso del teletrabajo. Mamá cada vez sus cómplices. Eso dicen los otros alienígenas. Nos torturan para que hablemos y
estaba más triste y la veía llorando mientras lavaba el mercado. Lo bueno era que nosotros solo atinamos a decir que no sabemos nada. Los enfermos son trasladados
comíamos de esas plantas, aunque las tías se negaban. En pocos días el tío y mi a las neveras y allí son arreglados para consumo. A pesar del covid, seguimos vivos.
mamá parecían de 50. Cierro los ojos y pienso en la fuerza. Resisto…Como quisiera tío haberte creído. Te-
nías razón, esto iba en serio.
Lo peor fue cuando cercaron la ciudad, eso sucedió luego de ocho meses de
infamias. Se fueron de casa en casa poniéndole ese chip a los más viejos. Las tías
duraron días tratando de sacárselo y finalmente decidieron escaparse por la barda.
Más se demoraron en hacerlo que en quedar achicharradas al otro lado. No pudimos
recogerlas. Una fuerza élite las recogió como si fueran una nueva versión de Gregorio
Samsa. Esta escena se empezó a repetir a diario. Los ancianos enloquecían y saltaban
de donde fuera. Luego los desaparecían. Mi mamá y Alberto se salvaron porque él
tío le había hecho unos papeles falsos y con su apariencia mejorada pasaban por jó-
venes. El tío completó su proyecto y finalmente puso en la mitad del jardín su nueva
cacerola celeste.
El sonido de empanadas fritas se volvió a escuchar luego de tantos años. Esta vez
era muy fuerte. “Alf” aterrizó en el jardín y saludó al tío Alberto como si fuera su
hermano.
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Antología de distopías desde el confinamiento
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uando tenía trece años conocí a mis mejores amigas. En esa época era
explotada por un grupo de niñas horribles: yo les hacía las tareas y ellas
me permitían pertenecer a su élite. Todo cambió cuando me pusieron a
trabajar con la flaca. Para mí era una desgracia. Ella no hacía tareas y cada vez que el
profe Millán la pasaba al tablero se quedaba en blanco. No era muy diferente a las
otras que tampoco pensaban, pero era rara y yo no quería ser más rara de lo que ya
de por sí era. Ese día le expliqué y al final de la clase me preguntó que por qué me la
pasaba con esas bobas. Son mis amigas, le contesté.
−¿Amigas? Sí solo la usan ¿No se da cuenta? −Claro que me daba cuenta, pero
no se lo iba admitir así no más.
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−Pues sí −me dijo− pero al menos no voy por ahí haciendo tareas de gratis fícilmente conectan A con B, Mary les enseña a mujeres a reinventarse. Lo hace con
la religión, como si fuera una “influencer” cristiana y Li, si bien jamás pudo estudiar
−Así yo aprendo −le dije resentida. medicina, trabaja en modo médico: 24 horas al día, sin vacaciones, sin amigos, es la
de mostrar del grupo. Yo escribo y hago pomadas y ahora estudio para lo más pareci-
−Pero a la final, ellas van a ser las de mostrar. El único que cree en usted es el do que encontré a ser bruja. Muevo mi cuerpo y hago conciencia sobre él. Mi padre
profe Millán. El resto está convencido que esas momias son unos genios −Cuando las lo supo siempre: iba a ser una hippie y finalmente lo logré.
bautizó de esa forma me reí. Era cierto.
Donde estés debes estar orgulloso de mí y ahora agradezco tu muerte. No sopor-
−Además son brutas, mucho… tarías estos días de encierro y estarías muy viejito para ser el mandadero elegido. A mí
también me sienta mal este tiempo. No nos han invadido lagartos y aunque algunos
Solté una carcajada y la flaca me acompañó. Caminamos por el colegio en silen- dicen que ya han visto a unos ovnis aproximarse a la tierra espero que mis mayores
cio, como si fuéramos hermanas, cómplices. Poco a poco me fui separando de las temores de adolescencia sigan siendo eso. Suficiente tenemos con soportarnos en
explotadoras y la verdad resultó más sencillo de lo que pensaba porque se nos fueron nuestras casas, jugar a la familia feliz y esperar.
pegando otros náufragos del salón. Por primera vez tenía un grupo en la vida y las
otras me miraban con respeto y miedo. Cuando leí La peste hace años jamás pensé que me iba a tocar un mundo dis-
tópico. Aquí no hay ratas o bubas. Todo es silencioso. Si cierro los ojos me imagino
A veces se acercaban y me preguntaban como ahora me podía juntar con “esas” ¿Con al virus con su coronita, como una reina de belleza invisible. Camina por las calles,
esa chusma? No contestaban y eso me empezó a divertir. En ese tiempo no entendí muy repta por mi comida y lavo todo con mi espíritu judío. A veces hablo con las chicas,
bien lo que había hecho. Había renunciado a un tipo de éxito y había elegido otro ca- nos quejamos y cada una a su modo lanza una red para escapar de la soledad, ellas
mino. Ya no aspiraba a ese estatus, me empecé a sentir más cómoda con la ropa que me me rescatan de mí y yo hago otro tanto. Cada una tiene sus hijos excepto Li. Nos
hacía mi mamá y hasta aceptaba de buena gana los regalos de mis primas. Las herencias ocupamos de nuestras casas y somos juiciosas como nunca quisimos serlo. Ninguna
fueron pesando menos y hasta en un momento llegué a pensar que otras puertas se abri- se convirtió en la nueva Simone de Beauvoir. Con todo, cada una repite a su modo
rían para nosotras. Lo teníamos todo para triunfar. La flaca era un genio pintando, Mary ese “estoy harta” de su libro.
iba a ser actriz, Juana una médica excepcional y yo iba a ser bruja o escritora.
Sí papá, seguimos leyendo. No tenemos club de lectura, no fuimos “las artistas”
Nada de eso se cumplió, no al menos cómo lo imaginamos. Íbamos a ser parte pero tal vez si estuvieras aquí te alegrarías de leer nuestros “post”. Esta palabra se la
de la historia porque algo extraordinario nos iba a suceder y claro no pensábamos en aprendí a tu nieta: ahora publico cosas. Sí, es lo más parecido que encontré al graffit-
una tercera guerra mundial o en una amenaza extraterrestre. V, la batalla final o las ti, aunque con menos adrenalina. Escribimos y nos abrazamos para resistir, hablamos
coreografías de Michael Jackson serían solo parte de un decorado, una banda sonora todos los días. Algunos pensarán que somos un poco lesbianas, eso lo pensaron algu-
que recordaríamos al final. Tampoco en eso la teníamos clara. nos de mis novios, también lo piensa en secreto mi esposo. Es tan obvio en sus gestos
que lo sé, igual no me importa ¿Sabes padre? Esa palabra me talla como un grillete.
Ahora cuando hablo con ellas creo que finalmente sí hicimos nuestra propia re- No quiero ser la esposa de nadie, no sirvo para esto y lo he venido ratificando en
sistencia. No luchamos contra alienígenas que nos ven con ojos golosos y quieren este tiempo de desinfección. Cuando esto acabe quiero seguir abrazándome. Me ha
robarse nuestra agua y cultivarnos como nosotros lo hacemos con cuanto bicho hay gustado, necesito fluir y huir de la bestia que está a punto de atacar. Esto se parece a
en el mundo, lo hacemos desde nuestras trincheras: la flaca pinta con niños que di- Thriller, its a thriller night.
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a administración de su conjunto decidió que los domicilios solo pueden lle-
gar hasta la portería. Los vecinos de los pisos sextos han sido los más afecta-
dos. Buitrago se regocija dando la noticia a los vecinos. Sobre todo, a Usted.
Usted tiene tres perros, para economizar, debe comprarles el alimento concen-
trado en cantidades importantes, debe subir sendos bultos, al hombro, del primero
hasta el s e x t o, luego bajar las bolsas con basura y excrementos, debe subir sus
compras y bajar los empaques vacíos, lo único que baja de manera directa son sus
desechos que se deslizan por el sistema de alcantarillado.
Usted firmó una escritura con el oído caliente a causa de la voz chillona de
una vendedora con blusa vaporosa y escotada, “pechugona” diría su abuelita,
usted compró un apartamento en un sexto piso en un edificio sin ascensor, usted
vio un hueco en la mitad de los pasillos y pensó que era un tema provisional, que
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era cuestión de tiempo para que pusieran el ascensor. Usted comprobó luego que Usted usa botas, complicadas de quitar y poner, mientras que sus vecinos andan
eso nunca pasaría. en chanclas, en zapatillas de color fucsia, como si estuvieran de vacaciones.
Usted sube 216 peldaños, encuentra un breve descanso por cada 12. Usted sigue Entra balanceando su cuerpo, procurando no tocar nada, logra atravesar el um-
subiendo, lleva dos bolsas, cuatro bolsas, seis bolsas, atiborradas de cosas, de verdu- bral, logra pasar por encima de una malla mental de rayos láser.
ras, de más bolsas, papel higiénico, panela, harina, papayas ¿papayas?
Empieza a pasar las bolsas, no sin antes rociar alcohol en el suelo. Sigue la desin-
Usted llega al segundo piso, con esfuerzo llega al tercero, empieza a quedarse sin fección, uno a uno, cada producto, cada cosa, cada empaque, el spray se atomiza,
aliento, las piernas tiemblan, corre el riesgo de encontrarse con ese vecino del cuarto deja un halo de alcohol que se filtra por la máscara, usted se marea, se emborracha,
que siempre lo mira desde arriba por la baranda, no le va a dar el gusto de que lo vea se maluquea, Ud. muere un poco.
débil, sudoroso, vulnerable.
Usted lava la máscara, la desinfecta, se desnuda y echa a lavar su ropa, se ducha,
Usted descarga las bolsas, reacomoda las asas entre sus dedos adoloridos, es una se jabona, se echa champú, se siente humano. Sale envuelto en una toalla blanca, se
excusa para respirar, sigue subiendo, llega al quinto, sabe que muy pronto terminará pone su pijama de estampados atigrados, se mete en sus babuchas de felpa, se siente
su tormento … por fin llega al sexto, descarga las bolsas, extenuado, agotado, necesi- un oso consentido.
ta aire, la mascarilla lo ahoga, pero sabe que no debe, que no puede quitársela. Hay
un micromundo dentro de la máscara, una oscura y densa atmósfera de seguridad, Usted está extenuado, le duelen los brazos, le duelen sus dedos enrojecidos, le
una frontera con la muerte. duelen las cuencas de sus ojos, Le duele el tabique de soportar la máscara, se dispone
a sentarse en su sillón, toma el control de la tele, se acomoda, mueve el culo para
Vuelve a su mente Sísifo, a Usted se le ocurre que está siendo víctima de un ajustarlo bien, mira hacia la ventana, se regocija con la vista, piensa que al menos
castigo, de un sortilegio, usted no es Sergio, usted no es Sergio Andrés, es el maldito tiene eso, una vista respetable sobre la sabana, eso había destacado la vendedora del
Sísifo, eso es Usted. escote.
Abre la puerta, saca el spray, rocía las llaves, rocía la chapa, sus manos talladas, Usted prende la tele, respira. Por fortuna pasan el programa del viejo Carini que
enrojecidas por las asas de las bolsas, arden con el alcohol. colecciona autos antiguos, por primera vez en el día sonríe, Carini sonríe con usted,
lo mira desde la pantalla, le dice “Cómo te ves de bien ahí sentado, Sísifo”
Entra, pisa con cuidado el trapo empapado en hipoclorito, una esquina de la bota
de su pantalón se decolora, es un mal menor, la mascarilla lo talla, sus manos pueden Suena el citófono, se oye como una sirena en una fábrica abandonada, llena todo
estar contaminadas, las asas, las asas, podrían estar contaminadas, usted hace recuen- el espacio, los perros ladran, usted se levanta como un resorte, suda, da un salto,
to, ¿a quién tocó? ¿qué tocó? ¿con qué mano? levanta el auricular, es la voz burlona de la portera Buitrago.
Usted se equilibra en un pie mientras rocía desinfectante en la bota que se está Don Sergio, ¡tiene domicilio!
quitando, su guante se vence, es un látex muy delicado, no sirve para subir o bajar
bolsas llenas de bolsas, llenas de cosas, llenas de otras cosas.
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EL CAFÉ DE LAS 11
L
a transmisión estaba a punto de empezar, todos estaban en sus lugares me-
nos la señora de los tintos, como siempre, nadie notaba su ausencia, era
normal que no la tomaran en cuenta, solo estaba ahí a las horas de descan-
so, servía las meriendas y, en ocasiones, se quedaba un poco más para escuchar los
chismes de la oficina, también miraba desanimada a lo lejos, soñando con algún día
poder formar parte de esa horda de reporteros sedientos de poder y amarillismo. Sa-
bía que nunca sería como “esas” de pelo rubio a las que tanto admiraba, le falta ser
más pálida, era demasiado amarilla para los estándares y era muy pequeña, apenas
media la mitad de sus colegas de dos metros, no tenía maneras de aspirar a ello, pero
en el fondo de su corazón mantenía cierta esperanza.
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SOBREVIVIENTES
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“…una pesadilla: los tacones, las salidas a los portales inter dimensionales, las le generaba un miedo insostenible, había olvidado lo aterradores que podían ser
fiestas con los famosos de otros cuadrantes, el acceso a los secretos, la posibilidad cuando no comían a tiempo, quería que la fila acabara pronto para saber qué pasa-
de ser comidilla pública, los bolsos, el café diario que debían dejarles en su escri- ría exactamente con su puesto, por las miradas de todos, las cosas no pintaban muy
torio, los malos comentarios en Ferbook, tener que soportar el arreglo por horas bien. Mientras iban comiendo, sus caras recuperaban el color blancuzco tan caracte-
de tu cabello, uñas y cara solo para salir bien en el televisor de alguien más… rístico de esa especie, nunca entendió muy bien por qué la contrataron sabiendo que
mucha presión, sí, mucha presión, debe ser insoportable, nada que yo pudiera no era muy común que las corporaciones tuvieran empleados de otras razas, pero
manejar en esta vida ni en la otra, me saltaría un ojo de la tensión, no quisiera tenerla allí probablemente los hacía sentir superiores; cuando terminaron, el jefe se
eso…no”. acercó y la contempló de pies a cabeza.
– Señora, su orden está lista, está retrasando la fila. – Entonces, dígame, ¿por qué el retraso esta vez?
Las palabras frenaron en seco su parloteo, miró el reloj, era tarde. – No me dejaban pasar, había una protesta en la calle
Puso la huella sobre el lector, subió corriendo y al atravesar la puerta del estu- – No me diga, interesante, no tenemos ningún reportero informado, no se le
dio principal, se encontró con que los directores habían retomado la grabación, no olvide que no puede engañarnos tan fácilmente, trabajamos con noticias, pequeña,
llegó a tiempo para el primer espacio comercial, el café estaba frío y las miradas de no sea estúpida, piénselo mejor.
desaprobación la hacían sentirse más pequeña, no quería perder otro puesto por
negligencia, no era la primera vez que le ocurría algo parecido con sus jefes y su – Me distraje, lo siento señor
destino pendía de un hilo muy delgado, tenía que pensar rápido en una excusa lo
suficientemente grande como para evitar su despido aunque sentía que este sería un – Eso pensé, usted se distrae a menudo y eso me molesta, nunca debí contratarla,
poco inevitable, había llegado muy tarde y el tiempo no era algo negociable en ese es inútil mantenerla aquí más tiempo si no causa más que problemas, sabe que nos
lugar, no perdían un segundo y ella no era más que la despistada, no encajaba, pero cuesta mantenernos estables, esa responsabilidad recae sobre usted, ¿se imagina que
quería hacerlo con desesperación, solo quería que la aprobaran por un rato para te- pasaría si tardara diez minutos más de lo que tardó hoy?
ner amigos y salir, para ser lo que ellos eran, para tener lo que tenían, para dejar de
decirse mentiras, le molestaba mucho tener que disimular sus celos en las mentiras – No quiero ni imaginármelo señor
que a diario se decía, mataría por un puesto de esos, lo sabía, quería ser importante,
famosa, quería ser viral. – Que bueno, muy consciente usted, yo tampoco quiero hacerlo así que evitemos
problemas y recoja sus cosas
El tiempo pasó, la grabación se detuvo y apenas la luz roja se apagó, el estudio
entero le dedicó una mirada de exasperación, estaban tan hambrientos que podrían – Pero necesito el trabajo…
habérsela tragado en ese momento, la salvó llevar las manos repletas de bolsas, por
suerte, su olor era más llamativo que el de su carne. – Debió pensarlo mejor
Todos se acercaron como aves de rapiña, estaban helados y sus sistemas empeza- – Pero…puedo hacerlo mejor, lo prometo, no tengo a donde ir
ban a fallar por la falta de azúcar, tomaban un pan y seguían, sin embargo, su tacto
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
– No es mi problema, debo volver al aire, venga por su último pago mañana mismo sigilo, se hizo aún más pequeña y, cuando vio el botón de grabado encendido,
disparó el torpedo.
– Si señor
El caos reinó alrededor mientras ella contemplaba el misil despedido por los cie-
Fue a recoger sus cosas al piso de operaciones con algo de torpeza, se despidió los, lo que le parecía extraño era que no explotaba como había dicho el reportero.
de algunos, la verdad es que no hablaba mucho, en operaciones todos hablaban
dialectos tradicionales que le costaba entender, pensaba que lo hacían para no tener – ¿Qué acaba de hacer? El rumbo no estaba fijado, ahora el misil se dirige a la Tierra
que relacionarse con ella, lo entendía, era desagradable y al parecer les daba una
mala reputación a sus congéneres. Cuando estaba a punto de irse, se quedó a mirar – ¿Qué?
la transmisión en vivo por un tiempo más, faltaba poco para que desechara sus espe-
ranzas de ser presentadora, debía atesorarlas. – Covid, ¿qué hizo? Enana estúpida
– Así es, se ha confirmado que el virus que hace unos meses nos estaba Su jefe la miraba con decepción, pero no importaba, ahora sería famosa.
manteniendo a todos confinados ha sido erradicado, al parecer, este habría sido
creado, una vez más, por el sector “Cuarenta Cinco” en su desesperación por una
dominación interestelar, las especies pueden recorrer las calles con tranquilidad ya
que, gracias a los esfuerzos reptilianos, el virus pudo ser contenido en este proyectil
que será eliminado por nuestro grupo de científicos en aproximadamente cinco mi-
nutos en vivo y en directo desde la terraza de nuestro estudio, nos enorgullece tener
el cubrimiento de una noticia tan importante para el bienestar de todos.
Le pareció que ir a ver el lanzamiento podría ser interesante, no era más que to-
mar el ascensor al último piso, después de eso se iría, solo quería verlo en persona,
nunca había visto un reptiliano, ni un proyectil, si no lo hacía en ese momento ya no
lo haría nunca.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
D
espierto confusa y con la cabeza embotada, he perdido la noción del tiem-
po, mi vida se basa en comer, dormir, cagar y repetir la rutina.
Espero, miro por la ventana y ruego porque todo esto no sea más que
una pesadilla. Hay noches en las que, antes de dormir, termino pensando en la po-
sibilidad de que solo continúo dormida, como esas veces en las que soñamos bañar-
nos, ir a trabajar, pero despertamos de golpe dándonos cuenta de que lo único que
ha pasado es que el reloj ha seguido corriendo.
Debo confesar con algo de tristeza que me decepciona la idea de pensar que
el fin del mundo que me tocó no se parece al que me pintaron en Los Juegos del
hambre, que mucho menos se asemeja a una horda de zombies y que no hay nin-
gún escenario en el que pueda fingir ser Lara Croft para salvarlos a todos, no sé si se
pueda tener un favoritismo especial hacia el tipo de muerte o de apocalipsis, pero de
los zombies al menos podría huir, eso ya es algo, ahora mismo me siento inútil, no
colaboro en nada a mejorar esta situación y eso es desesperante.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
creo que si el coronavirus no me mata, los ataques repentinos de estrés lo termi- hacer en todo el día es jugar para ver si se le agota la energía, ni cuando está dormido
narán haciendo. es capaz de contemplar el silencio, grita dormido y, al igual que su secuaz gatuna,
habla aún más duro cuando me dan ganas de tocar el piano, comprendo que él debe
Me siento secuestrada, atada en mi propio hogar, en ocasiones contemplo la idea ser el que suena más alto, gana el que más chirree, hace ruidos de animales para que
de salir corriendo, de fingir demencia o de causar un gran alboroto, supongo que, pensemos que nos han invadido los de campo cercano; no permite que los amigos
con el tiempo y las condiciones necesarias, hasta uno mismo va comprendiendo y se se acerquen a la casa, los espanta con su actitud y posee a la gata para que les bufe
va acercando cada vez más a la mente de los asesinos, no me parece descabellado cuando van a entrar al baño, también es tacaño y se burla cuando deja monedas en
perder la cabeza y terminar arrasando con lo que haya en mi camino. Por el aburri- las mesas de noche a propósito para que pensemos que tenemos más dinero.
miento y el desespero, a veces me divierto al encontrarme a misma llorando en la
ducha, fingiendo que tengo la enfermedad y tengo que ser internada, me divierte el El espíritu se pasea ahora por todo el lugar, si está solo no tiene a quien molestar y
teatro, sobre todo cuando dramatizo mi propia vida hasta un punto shakesperiano. se mantiene tranquilo, si llegamos en la tarde solo nos ignora, pero, con nosotras aquí
todo el tiempo, puede sentirse libre de expresarse para penetrar la delgada línea de
Mi sentimiento solo se acrecienta por El demonio hogareño, como me gusta lla- cordura que hemos construido con esfuerzo en la cuarentena, a través de tutoriales de
marlo de cariño, habita la casa y duerme con mi mamá si está de buenas, pasa por cómo hacer pan y test que nos dicen que tipo de preparación de habichuela seríamos.
encima de los demás, deja los platos mal puestos a propósito para que se caigan en
medio de la noche, no se pregunta si los demás tienen ganas de comer, de hecho, si He considerado seriamente la idea de hacer un ritual para espantarlo, sé bien que
se lo coge de mal humor, puede comerse ocho sándwiches en un día, me imagino no debería meterme en esos terrenos, no debería rebajarme a su círculo porque algo
que, al tener un cuerpo fantasmal, debe haber mucho espacio por llenar. se me podría pegar, pero me invade el espíritu asesino para sacarlo con sal y ajos de
la casa, no lo hago porque me enseñaron que lo que está quieto, se deja quieto; solo
No le gusta el sentimentalismo, es un fantasma fanático de la lógica, por eso, espero que él algún día lo entienda de igual modo, quizás la cuarentena le permita
cuando detecta signos de debilidad o llanto en los baños, se escucha su risa retum- reflexionar y nos deje en paz, no quiero terminar siendo el demonio expulsado de su
bando contra las paredes gastadas, camina y deja su sombra helada por toda la casa propia casa para que él y la gata gobiernen a sus anchas.
para que nos veamos obligados a dejarle algo de comida en la cocina, así no fastidia
por un rato, disfruta del sol y es amigo de la gata, la gata no es amiga de nadie, la
gata no me quiere, no quiere a nadie y yo ya no la quiero a ella. El fantasma no me
quiere, yo no lo quiero.
El ente disfruta gritar para que los vecinos lo oigan, seguramente se divierte pen-
sando en las habladurías que inventan de mí, supongo que le gusta que piensen que
la loca de la casa soy yo y no él, también usa mis cosas, en especial disfruta abriendo
la ducha en la noche y secándose con mi toalla para luego fingir como niño que no
lo ha hecho y permanecer en la sombra por días. El demonio se levanta temprano y
se acuesta tarde, tiene largos horarios para prolongar la irritabilidad de quienes le ro-
dean, a veces hace ayunos para parecer un poco más santo e intentar salir del limbo
en el que se ha quedado desde ya hace un tiempo, le parece que lo único que puede
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
DÍAS
Jessica Obando
L
levó varios días en cuarentena, mis días llevan una rutina sencilla, levantarme
tardísimo, desayunar, bañarme día de por medio, organizar mi cuarto, bailar
por media hora y ver televisión, comer y seguir viendo televisión, series y
películas, comer, y seguir viendo televisión hasta las 3 am, a veces leo, a veces tengo
clases y a veces hago trabajos, casi siempre mientras veo televisión.
Unos días antes de mi cumpleaños tuve que salir de casa a comprar algo de
mercado, antes de salir, mi mamá me dio un pequeño atomizador con alcohol, un
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
tapabocas que ella misma fabricó y uno de mis sacos con capota, no había guantes
de látex por lo que los guantes que dan en las pollerías servirían.
Salí y aunque casi siempre soy una persona laxa, ese día me sentía tensa, nadie
sostenía la mirada y todos se esquivaban bruscamente incluso en los pasillos del
supermercado, nadie quería coincidir con otro en ese mismo espacio, me quedé LA PROHIBICIÓN
pensando tanto en ello que el tiempo de mercar acabó
– Señorita, ya debe salir – Me dice la cajera, que por la forma de sus cejas puedo
ver está molesta. Y yo ahí parada, sintiéndome desubicada y con la lista que mi mamá
Jessica Obando
me había dado en una mano y la otra en el carrito.
L
– Niña, ya es hora, por favor avance. os cirios estaban rebosando sus últimas llamas cuando el ruido empezó a
inundar la iglesia. Las miradas de los feligreses se entrelazaron en un miedo
La ignoré y avancé con la búsqueda de lo que faltaba, eran menos de tres produc- cómplice. Nadie se atrevía a hablar. Dos horas estuvieron cantando y ahora
tos, así que ignorarla parecía una buena opción. que el silencio se convertía en temor, buscaron con los ojos al sacerdote como pi-
diéndole una respuesta ante lo que sonaba al fondo, en la calle.
Cuando llegué a casa mi mamá estaba ahí en la puerta pidiéndome los zapatos y
poniéndole alcohol a todo. –¡Tranquilos!¡tranquilos! estamos en la casa del señor. –Ruidosvanruidosvienen
–¡Podeís ir en paz!
El viernes pasado cumplí 28 años, fue un día extraño, no solo porque siempre
tuve una retorcida fantasía en la que creía que moriría a los 27 convirtiéndome así en – ¡Taita mío!! Esto se llenódiumo!¡Por toas partes! – Gritó Memo levantando las
una joven mártir y haciendo parte del trágico club de los 27, sino que, además, este manos y llevándoselas a la cabeza desde la inmensa puerta del templo.
cumpleaños resultó ser uno de los mejores pese al encierro que esta pandemia nos ha
impuesto. Además, este año como en tres años anteriores me llamaron a ofrecerme Los ruidos cada vez más fuertes fueron llenando la nave de la iglesia como si un ave
servicios exequiales para mí y mi familia lo que reforzaba un poco mi teoría. inmensa y transparente se posara sobre sus vigas. Los fieles se dirigieron a la entrada
dónde Memo se instaló asombrando más por el miedo que por la valentía, y fue cuan-
Hubo torta, empanadas, galletas y varias cosas que mandaron a pedir, incluso había do se escuchó un crujido sobre todas las cabezas de las estatuas de los ángeles. ¡Crash!
cerveza y la sala estaba decorada como si hubiese una fiesta. Mi mamá hizo ajiaco, mi
sopa favorita y por primera vez en muchos años, no hubo una discusión por nada en mi –¡Cuidado! ¡Sempezó a caer el tejao!!Sesgarró el cielo! ...
día. Estuvimos en familia mis papás mis hermanos y yo, y eso es todo lo que importa.
La turba de gente casi no le da tiempo a Memo para abrir las puertas, una vez to-
Hoy, al levantarme una araña recorría tranquilamente mi brazo extendido, mi dos afuera, pudieron evidenciar lo que tanto temían, incluso más. Las calles estaban
cuerpo dormido parecía tener la misma posición por horas, ahora yo hacía parte del en ruinas, solo unas pocas paredes lograban sostenerse en pie, y llamas moradas y
paisaje como un elemento más del lugar, por esa razón la araña se había aventurado azules titilaban en lugares aleatorios de la cuidad.
a recorrerme.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
– ¡Apa! ¿Eso es un avión?, es muy brillante. Ambos se aventuraron a salir de su escondite, ellos junto con las casas y estruc-
turas de la ciudad aún estaban fijos en el suelo, pero había carros, tranvías y algunos
– Mijo, no se quesea esa cosa, pero un avión no es. escombros mezclados con cenizas, flotaban por el aire, todo se dirigía lentamente
hacia un mismo lugar, su casa.
Mientras el caos estaba a su alrededor y la gente corría en todas direcciones, papá
e hijo contemplaron por un momento los destellos en el cielo, jamás habían visto algo – Nos están buscando apito, ¡nos van a castigar!
como eso, era un artefacto de gran tamaño que parecía levitar cerca de una nube. El
encanto se rompió justo cuando de él broto un rayo de un color que no existía para – Pues mijo, vamos, quesos son las autoridades divinas, sieste es el apocalipsis pos
ellos, este impacto sobre lo que quedaba de la iglesia y entre polvo y escombros la tocó ir a ver que nos toca.
cúpula caía casi en cámara lenta.
Ambos caminaron temerosos por las calles destrozadas y cuando iban llegando a
– ¡Tamos Jodios! Córrale mijo quel apocalipsis se soltó, Yo si me las olí, a Diosito su hogar pudieron ver como el cielo estaba plagado de las naves que habían visto jus-
no leiba a gustar que tomáramos esa cosa, ¿Cómo es que le dicen a esa joda? Cerve- to después de huir de la iglesia, todos formando círculos alrededor de casa. Al entrar,
za…, Venga acurrúquese aquí, mijo métase dibajo di mi ruana. el techo había desaparecido lo que les permitía ver el panorama.
Ambos se metieron en una esquinita llena de sillas de concreto que habían forma- Sentado el lado de la gran estufa de carbón había una criatura humanoide.
do un cambuche perfecto, parecía un lugar seguro.
– ¿Dónde está ella?
– Apa, tengo miedo, pero yo no he tomao cerveza, no creo que Dios me vaya a
regañar… –¿Mi ama? Mi ama esta con ustedes, con la gente de dios que vive con él …
– Memito, ese noes problema diosito quiere a toos los niños |–No estoy hablando es eso…. ¿Dónde está la bebida?
– Pero Apito, Si este es el apocalipsis yo estoy salvao, pero y sumercé, yo no me voy – La bebida, ¿De qué habla sumercé? Acá solo somos mijo y ayo.
sin sumercé, porque mi amita ya nos está esperando en el cielo. Yo me lo llevo, yo le
hablo a diosito, apito dime si la embarraste con el de arriba apa, y yo le digo que jue – Hemos venido hasta aquí, en la codificación 941948 y ya no tienen la bebida,
sin culpita. la necesitamos, por esa bebida sanamos nuestras heridas. ¿Por qué ya no hay bebida?
Ambos se durmieron acurrucados en su improvisado cambuche, después de unas – Ahh ¿uste está hablando dela chicha? La chicha la prohibieron ejte año, dizque
horas un silencio perpetuo hizo que ambos despertaran. Memo se asomó por un por quembrutece, pero yo nunca creí esas mentiras, venga hombre baje por esta
agujero y pudo ser testigo de un evento que el nunca olvido, todo levitaba como si tamprilla.
no hubiese gravedad.
Padre, hijo y alien bajaron por la trampilla y encontraron una cocina con varios
– No se ve niun alma, y todo está volando afuera apa. barriles.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
– Somos los únicos que hacemos esta joda, si me pilla la policía toy jodio, pero si
no lo hago no como y no quiero tomar cerveza.
– Esto es todo lo que buscábamos, casi destruimos esta ciudad por este brebaje. ESCLAVOS DEL TIEMPO
Gracias humano, todo estará bien. Vendré en unos meses por más.
– Pero mano, no vayaser too ese desorden por la chicha, solo me busca a media
noche y yo le paso lo que necesite, estamos a sus órdenes, ¿oye?
Jimena Bacca
A
ño 3000. La misma ciudad que hasta hace poco era controlada por el tiempo.
Los barriles empezaron a flotar y en el aire se distribuían en todas las naves, y así Supongo que es temprano, la calle está mojada, seguro llovió hace poco. En un
como todo vino, todo se fue. Memo y su padre caminaron hacia el pueblo y vieron café cercano entra una mujer, solo quiere verlo a él, sabe que al caer la tarde
que las calles estaban como si nada, la gente se asomaba a las ventanas con cara de llegará con esa voz ronca que le agrada. Pedirá un café negro, amargo, puro y se sentará
ensoñación y algunos se levantaban del suelo. a leer el periódico sin fecha. Pocas veces levantará la mirada para observar a través de los
ventanales la calle.
Todo estaba bien, tenían un trato y eso era lo que importaba.
– Buenas Tardes ¿lo mismo de siempre para empezar?
El tiempo transcurre, la mujer mira inquieta una y otra vez hacia la puerta desde
su rincón: un lugar privilegiado, puede estar al tanto de quién llega, quién sale, ami-
gos que se encuentran y que no se ven hace tiempo, se funden en un abrazo de esos
que añora, de los que poco recibe, a pesar de estar casi siempre acompañada. Así
lo revelarían sus fotos, sería difícil encontrar una sola en donde apareciera ella sola.
– Con gusto – dice el mesero, que piensa que no va solo por un buen café.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
– Buenas tardes – dice la voz que esperaba– un café oscuro por favor.
S
que permitiera delimitar el tiempo, se sabe que es de día o de noche por el clima y e aplacan las bocinas, los ruidos, los estruendos y las maquinarias para dar
en los lugares que el sol no asoma, piensan que siempre está de noche. paso al desconcierto. Un caos silencioso. La naturaleza alborozada recuperó
su dominio. Por la mañana una suave brisa, abraza las ramas de los arbustos
Se dejó de usar la energía eléctrica, solo la luz solar. La tecnología es una palabra y produce sonidos mágicos y melodías singulares, que nunca antes se escuchaban,
que ya no existe como solíamos conocerla, no hay teléfonos móviles, los computa- estaban atrapadas en el mundo de los estruendos.
dores son obsoletos, las nuevas generaciones ya no saben que es la televisión, no
hay fotos digitales, las familias contratan un pintor, igual que los enamorados, y los En ocasiones el viento huracanado balancea las ramas que parecen expresar la-
recuerdos simplemente se guardan en la memoria, en el corazón o en el alma. mentos de tristeza, como solidarizándose con la humanidad.
– Ha sido un gusto, George. A lo lejos se oyen los perros, sus latidos estaban silenciados por el mundo estrepi-
toso de los ruidos que permanecían hasta entrada la media noche.
– Lo esperamos siempre Sr Angel.
Se escuchan gallinas, gallos y un sinnúmero de pájaros, la diversidad de trinos
Ella lo ve marchar, toma el periódico que él dejó sobre la mesa solo para sentirlo, produce sensaciones que alivian el desconcierto, todo esto había quedado opacado
sus ojos se llenan de lágrimas, odia sentirse así y aunque sabe perfectamente porque, dentro del bullicio del llamado mundo del desarrollo.
su mente no lo acepta. Sale igual que él, sin prisa, ya el afán no existe. Llega a tomar
un baño, llena la tina con agua tibia que calentó en el fuego…se sumerge mientras El aire es fresco y puro como el de la montaña, las fragancias y aromas de las
piensa, una y otra vez, ¿Qué estará haciendo? flores y de las plantas parecen invadirlo todo. Los árboles están creciendo con mayor
rapidez, con verdor y frondosidad.
Nuevamente se sumerge, piensa que valió la pena cambiar de planeta.
El agua lluvia es cristalina, el tejado está limpio, el polvo ha cesado.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
En este retiro, la naturaleza trasmite su felicidad. Toma su lugar, se recompone, el “Buenos Días, invitamos a todos los habitantes del municipio a que permanezcan
silencio le ayuda a conquistarlo. en sus casas”.
No sé si sobreviviré. En el Oran de Camus no fueron necesarios hipoclorito, gel, Se escucha desde lo alto. Es el ejército nacional. El hecho es distópico, causa
alcohol o guantes. Recibir los artículos que llegan a domicilio con las manos enguanta- pánico. Sentí los ojos aguados y la sensación de estar en guerra, reaccioné y pensé
das me confunde y termino tocando, con esas manos otros artículos no contaminados. en Siria. Pronto cambié mi percepción para seguir retirando las hojas secas en un
rincón del jardín.
No hay tiempo para estar tristes. Solo se vive en el presente como lo hacen nuevas
generaciones.
El hombre jugó a tener felicidad y perdió. Por encima de todos sus encantos, dis-
tracciones, costumbres, bienes, ahora se estremece. Un sismo azota su mente, pero
en medio del desastre, otras preocupaciones no le permiten percibirlo. No entiende
lo inverosímil de un mundo inesperado, no acepta la reclusión, aparecen espantos
fantasmas y sobresaltos. Vienen para azotar sus ambiciones. Sera difícil que los en-
tienda, le darán un plazo, pero volverán.
Tampoco entiende que debe ocultarse para silenciar sus afanes y rutinas, llegar
hasta lo más recóndito de su ser y encontrar una nueva opción de mundo que no
estará dispuesto a aceptar.
Era casi medio día, el silencio y el cielo de verano fueron interrumpidos por el
estruendo que produjo un helicóptero, a poca altura de los tejados:
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
LA METAMORFOSIS
Gladys Moreno
C
uando abrió los ojos, lo primero que vio fue el cielo. Parecía no haber es-
trellas, o eso creía, porque estaba oscuro.
Levantó sus ojos al cielo que se iluminaba con el resplandor que de él surgía, pa-
recía como si se acercaran minúsculas luces a la tierra, aquella que escupía su propia
inmundicia, aquella madre que en otra época paría orgullosa toda la belleza cono-
cida y que ahora languidecía en lo que parecía su último suspiro. Sí, el cielo venía a
sanar a su compañera de siempre.
El pequeño Luis, asombrado, miraba con sus grandes ojos negros aquellas luces
que danzaban hacia los restos de una vida que ya no existía. Él, un insignificante ha-
bitante del planeta, él que tantas noches había pedido a las estrellas ser salvado de su
miseria, a sus 12 años, no sabía qué hacer.
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
botella, tenía nuevamente la sensación de escalofrío que recorría su delgado cuerpo. bían sido más fuertes que los suyos, los habían apagado y como la madre que era, ella
Cómo olvidar el dolor infringido por la hebilla del cinturón, los gritos de su madre, el por mucho tiempo se resignó, pero a tal punto llegó su dolor que la hizo reaccionar y
llanto de sus hermanos. con las pocas fuerzas que le quedaban les recordó a aquellos hijos, sordos a sus gritos
de auxilio, lo insignificantes que podían llegar a ser.
Su madre, incapaz de dejar al viejo, siempre lo justificaba. Entonces llegó el en-
cierro obligatorio. Las palabras de su madre ahora traducidas en razones, eran más Luis no tenía palabras para describir lo que había pasado, su vocabulario era
fuertes, más firmes. ¿Con estas ideas idiotas como quieren que no pase esto? ¿De qué poco, eran tantas emociones encontradas. Era tan abrupto e inesperado lo sucedido
vamos a vivir? ¿Qué vamos a comer? Solía preguntarse, sin embargo, sin comida o que se atragantaban en su garganta las palabras no dichas, los sentimientos no expre-
con algo de ella, la botella de licor siempre permanecía allí, al lado del viejo, quien, sados, los momentos felices no vividos.
al no tener más entretención, blandía nuevamente su cinturón para desquitarse con
el mundo dando latigazos por doquier. Pero claro, divagando sobre la vida de Luis, olvidé hablar de Juan, aquel buen hijo
de Felipe y Blanca y esposo de Martha. Su caso era totalmente diferente. Él había sido
La cama chirriaba con el movimiento de dos cuerpos grasientos que se amalgama- criado con amor, con esperanza, con ilusión. Era un profesional y ejercía su labor de
ban, y él debía, como los demás, escucharlo todo y oler el fétido olor que desprendía manera responsable, cada día se acercaba a la muerte, pero esta no lo tocaba a él;
el sudor de sus cuerpos juntándose, era asqueroso, ya no podía escapar, sí su madre el sanaba, hablaba con desconocidos para darles una chispa de esperanza, de vida,
tenía razón, la culpa era del encierro. tan solo eso.
Una lagrima ardiente corrió por su mejilla. ¿Por qué los demás hombres y mujeres Juan llevaba un año casado y aún amaba a su esposa como el primer día. Que
no podían entender? Él no tenía la culpa. Claro cómo iban a entender, ni el mismo ironía, ahora en tan corto tiempo cuando al fin sentía que tenía su felicidad completa,
podía, aunque se suponía que los demás eran ilustrados, más estudiosos. Si así eran la vida parecía cobrarle el precio de esta, le era arrebatado lo que más quería, la vida
y preferían pasar de largo frente a su tristeza, frente a su dolor; Luis solo era uno más de Martha, su confidente, su compañera inseparable, su esposa.
de los que debían ser ignorados.
¿Todo por qué? porque él era un portador de la enfermedad, él que había sanado
Volvió a la realidad, al final como siempre era un sobreviviente, estaba demostra- a tantos, ahora portaba el arma que mataría a su esposa. No pudo evitarlo, no tuvo
do. Mientras otros yacían muertos a su alrededor llevados por el odio, la codicia, la síntomas solo ocurrió, fue más bien rápido, Martha que era tan vital, tan entusiasta no
indiferencia, por la enfermedad que contagiaba todo el planeta, él seguía allí de pie, resistió. Su vida se apagó en un instante y con ella se llevó la ilusión de Juan.
inmóvil, sentado en primera fila sobre una tierra que moría para volver a nacer, era
el único que vería aquel gran espectáculo de luz y color que llenaría la tierra para Y ahora, mientras Luis con sus ojos iluminados ve el final de su dolor a través de
sanarla, o así lo creía por lo menos, era mejor esto que pensar en su antigua vida. este espectáculo magnifico, en otro lugar Juan con lágrimas en los ojos llora sus muer-
tos. Y allí están los dos, inmóviles ante el fuego que se acerca, uno en su inocencia,
La tierra vomitaba sus promesas, su dolor, su hastío, las locuras de sus hijos. Llo- por primera vez agradeciendo el don de la vida y soñando con llegar a las estrellas y
raba al ver como ellos, sus hijos, la mataban lentamente. Ella había intentado resistir, el otro viendo acabar la suya.
Luis lo sabía, con gritos silenciosos como los de él pedía su sanación, que pararan,
pero los gritos de locura de sus hijos, aquellos que reflejaban vidas descontroladas o
demasiado armadas o peor aún de silencio obligado, aquellos gritos finalmente ha-
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SOBREVIVIENTES
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LA INVASION
M
i casa es agradable, tiene dos pisos, en el segundo piso tres habitaciones,
la mía es amplia con dos grandes ventanales y dos persianas que abro y
cierro si el día esta gris o soleado… llevo mes y medio en cuarentena y
recorro todos los días los mismos trayectos, casi en los mismos horarios.
En una pequeña aldea, cerca de Wuhan, en un mercado del pueblo, todo eran
comidillas y comentarios a baja voz, habían muerto dos personas por una extraña
complicación respiratoria.
Todos suponían que las personas habían muerto por ingerir carne de murciélago
contaminada, aunque el murciélago se consideraba un alimento que daba propieda-
des especiales a quien lo comía y su caldo era uno de los platos más demandados.
Con la pandemia, vino también una epidemia de noticias falsas y distópicas, hubo
una que me sorprendió y hasta me causó gracia, era de un portal ruso y contaba
que un mes antes en un descampado de la localidad y a media noche, un pequeño
haz de luz con forma de plato, volando a velocidades increíbles se abría paso en el
firmamento. Un campesino llamado Chan lee lo observó, aunque llamó su atención
no le prestó mucha importancia. “Estaremos en época de lluvia de estrellas” -pensó-
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SOBREVIVIENTES
Antología de distopías desde el confinamiento
El pequeño plato volador desaceleró a una altura de un kilómetro sobre el des- Chan Lee murió de Neumonía un mes después que las vacas, lo siguieron cientos
campado, comenzó a descender muy despacio hasta posarse completamente sobre de vecinos. La peste se propagó por Wuhan y parte de China, matando a miles.
el prado, su tamaño era pequeño, no mayor al de un auto.
Era una historia increíble, como muchas más que estaban en internet y en redes so-
Una compuerta se abrió y salió una figura casi humana con una pequeña cabe- ciales.
za, unas luces rojas y pequeñas que parecían sus ojos, dos antenas que parecían
sus orejas y algo muy particular, dos gigantescas alas que se asemejaban a las de Hoy me levante más temprano de lo habitual, si se puede llamar habitual levan-
los murciélagos pegadas con membranas al cuerpo. Entró de nuevo en el plato y tarse a las 10 de la mañana. Mi horario cambió desde que todo esto comenzó. Tuve
salió con lo que parecía una jaula no muy grande donde docenas de ojos rojos se la ocasión de salir esta mañana a hacer mis primeros ejercicios después de varios días
movían a grandes velocidades, soltando chillidos intensos, como queriendo salir y me encontré casualmente con un vecino que tiene tierra cerca del páramo donde
apresuradamente de ese encierro. tengo mi finca. Hablamos de la cuarentena y como la estábamos llevando, pero algo
de lo que me dijo me dejó pensativo, me contó que había hablado con su papá, le
La figura extraña abrió una compuerta y cientos de pequeños murciélagos salieron había dicho que hace unas noches había visto, un objeto con forma de plato moverse
volando desplegando sus alas membranosas hacia el firmamento. El extraño hombre- por el oscuro cielo a gran velocidad, hasta que lo vio detenerse como a un kilómetro
cillo volvió al plato sin ruido y de forma casi imperceptible se perdió en la oscuridad de la tierra, descender muy despacio.
del cielo de octubre.
“Mi viejo está tan afectado con esto de la cuarentena” –me dijo- “que ya está te-
Chan Lee, estaba inquieto porque últimamente en su granja se habían visto mur- niendo alucinaciones”. Allí terminó nuestra charla y siguió con su trote cansino hasta
ciélagos volando en pleno día, lo cual no era corriente, pero su preocupación fue perderse en la esquina siguiente de la cuadra.
mayor, cuando dos de sus más apreciadas vacas, las que más leche producían, ama-
necieron muertas una fría mañana. Llegué a mi cabaña un poco pensativo con tanta información, me di un delicioso
duchazo, que en cuarentena se disfruta más y me senté a ver las noticias, otro de los
Estaban bastante infladas, buscó a su vecino para que le ayudara a abrirlas, tenía programas infaltables en esta nueva rutina de mi vida, acomodé un cojín raro pero
curiosidad por conocer la causa de las muertes y saber si se podría utilizar algo de su agradable que había comprado mi mamá para ver la televisión, era muy cómodo,
carne para el invierno. tanto que normalmente me quedaba dormido.
El vecino, un hombre grande, llegó temprano, examinó las vacas muertas y des- Encendí la tele y como siempre recorrí varios canales de noticias francés, alemán,
cubrió dos pequeñas incisiones en uno de sus costados, parecían mordida de mur- gringo, todos en lo mismo, cifras de muertos por el virus, recuperados y estadísticas,
ciélago, ya que era normal que los murciélagos mordieran las reses, no prestó mucha sin duda los mayores de setenta eran los más afectados, y los enfermos con dolencias
atención y siguió con su trabajo. hepáticas, coronarias y cáncer.
Los hombres quedaron asombrados cuando al sacar el tripaje, vieron los pulmo- Era como si el virus se hubiera propuesto hacer una selección natural de los
nes. Estaban completamente negros, calcinados, como si una tormenta los hubiera más débiles. Dentro de tanta información catastrófica, había una grata noticia, los
perforado, no había duda, dijo el vecino a Chan Lee “murieron por Neumonía” “Esta animales habían vuelto a salir de sus madrigueras donde el hombre los había re-
carne se perdió Chan, no se puede consumir”. legado, las playas estaban limpias y el agua del mar era clara y transparente. La
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Antología de distopías desde el confinamiento
Nasa mostraba como la capa de ozono se había recuperado como no se veía desde
cincuenta años atrás.
Han pasado ocho días desde el encuentro con mi vecino, no lo he vuelto a ver,
aunque he salido muy temprano. Sentía curiosidad sobre la historia de la visión de
su padre. Cuando regresaba para la casa me encontré con la aseadora de la urba- EL VIAJE
nización y le pregunté por él. “Luego no sabe la última” -me dijo- “Don Antonio
viajo al páramo, su padre murió hace tres días, parece que de esa neumonía que
viene dando”
Carlos Alberto Grillo
No había noticia más triste para mi regreso a casa, lo hice muy lentamente, des-
pacio, sin querer llegar, me esperaba la ducha que no iba a ser tan gratificante, y la
E
rutina de los noticieros. Pero en mi cabeza solo estaban los pensamientos tristes de l apartamento se encontraba en completo desorden, como la mayoría de las
la partida del padre de Don Antonio y la historia de su padre que no dejaba de dar veces desde que se había trasladado allí. Era un lugar pequeño. Dentro, todo
vueltas en mi mente. era pequeño, el baño, la sala, la alcoba, la cocina. Pero era esa la cualidad
de este pequeño terruño lo que más agradaba a su dueño.
Me duché y me cambié, esta vez no busqué el cojín de mi madre, no lo quería,
encendí la televisión y había una noticia de última hora: La Nasa había localizado Estaba ubicado en el casco antiguo de la ciudad. La pintura del edificio se perdía
miles de pequeños platos voladores en todos los lugares del mundo, cambié rápida- en algunos sitios, y las grietas asomaban por sus muros, mostrando sus cicatrices por
mente las noticias a otro país, Alemania; Francia, Rusia, China… todos transmitían lo el paso de los años. Andrés lo había comprado por un buen precio, desde que lo
mismo, la invasión había comenzado. vio por primera vez, se dio cuenta de que era lo que estaba buscando. Aunque se
encontraba en pleno centro de la ciudad, Andrés disfrutaba de las largas caminatas
por las calles angostas y pedregosas, que otrora sólo caballos recorrían… le gustaba
mezclarse con los estudiantes de las universidades cercanas y recordaba una época
que a él le agradaba bastante.
La sala era pequeña, estaba separada del único cuarto por una corredera hecha
de madera que hacía las veces de puerta. En la sala que hacía de estudio, comedor,
cuarto de huéspedes, había construido una pequeña biblioteca en uno de sus muros.
Pará hacerla compró una revista de manualidades y siguiendo las instrucciones, había
logrado terminarla.
Se había preocupado por recolectar algunos libros, de todos los temas y diversos
autores. Aunque no tenía un culto especial por la lectura, sus continuos momentos
de vivir en soledad le habían inducido a tomar ocasionalmente la costumbre de leer.
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En un rincón tenía un montón de periódicos, había llegado a reunir muchos de dad. En una ocasión le había comentado lo le decía su madre sobre él “Ese mucha-
ellos, por su afición, primero a las tiras cómicas y a la sección de deportes. A medida cho es como un pez en el agua, escurridizo, nunca se casará contigo”
que le fue interesando leer temas de más actualidad fue seleccionando las editoriales
y las críticas que le parecían más interesantes. Cuando Andrés le oyó decir esto, dicho con toda la gracia que ella era capaz de
dar a sus palabras, le contestó con una franca sonrisa.
Repartidos por el salón y por el cuarto, había colgado desordenadamente diver-
sos cuadros. La mayoría los había traído de cada sitio que visitaba. Eran de muchas A veces una nube de oscuridad lo invadía. Nunca le había comentado de sus
formas y colores, más que conservar un estilo, le gustaba admirar en ellos la expresi- negocios. No quería verla sufrir, deseaba casarse con ella algún día, pero no en esos
vidad de cada país, de sus gentes. momentos, no con su trabajó actual.
En el piso y colocados sobre el tapete, varias artesanías lo adornaban. Trabajo Pará ella, Andrés era comisionista de varias empresas, pero lo que nunca le dijo,
realizado por manos laboriosas, principalmente en madera. Todas esas piezas, al era la intermediación que hacía en negocios poco claros. Ese era su secreto.
igual que los cuadros, los consideraba, de incalculable valor, más que el que pu-
dieran tener en el mercado, pues cada una de ellas, significaba una historia, una Habían hecho el amor toda la noche, intensamente, como lo hacían cada vez que
parte de él. se veían y más aún antes de cada viaje de Andrés. Él en su interior nunca sabría si
era la última vez que la podría tener entre sus brazos, y por eso sin decírselo, le hacía
Le agradaba la vida en soledad, tenía su propio concepto de las cosas. No quería sentir todo lo que tenía.
que la gente que lo conocía se preocupara o se esmerara en comprenderlo, lo único
que consideraba como su mayor tesoro era que lo dejaran tranquilo. Esa mañana después de que Ángela saliera, deseó seguir durmiendo, sin embargo,
una fuerte luz penetraba por el ventanal de la sala y atravesaba todo el salón. Sabía
Como persona se acondicionaba a cualquier situación rápidamente, era capaz que ese día tenía que viajar para cumplir una misión crucial en sus negocios.
de vivir en un gran Hotel rodeado de lujos, y al día siguiente cambiarse a una choza
infectada de ratas, sin perder el buen humor. Su única arma y la que más trataba de No podía fallar. Sintió la adrenalina que le daba, el rito de la ansiedad antes de
alimentar era su espíritu. subir al avión, ya lo sabía, su cuerpo y su mente lo sabían, así medio desnudo, medio
dormido se metió en la ducha, necesitaba despertarse totalmente antes de salir para el
Aunque no tenía muchas propiedades se sentía agradecido con la vida, pues el aeropuerto.
vivir a su medida lo consideraba una bendición de Dios, como consideraba un regalo
el poder compartir algunos momentos con Ángela, su hermosa novia y a la que en Llegó al terminal aéreo con tres horas de antelación como estaba previsto, se re-
sus furtivos regresos veía cada vez más linda. gistró en la aerolínea y colocó su equipaje en la balanza, le dieron su pase de abordar
y se dirigió al muelle internacional, un hombre de aspecto rudo, sin mediar palabra,
Por eso al regresar de cada viaje su ser se llenaba de alegría, cuando por la venta- estampó el sello de salida.
nilla del avión podía divisar las luces de la ciudad.
Sentado cómodamente en un sillón de la sala de espera revisó su tiquete y su
Ángela era una mujer muy atractiva, morena y simpática, con un lindo trasero y pase de abordar. Bogotá–Madrid- Estambul–Wuhan. Miró su celular en la sección de
una sonrisa cautivante, que para él era su mayor atractivo. Estudiaba en la universi- noticias, tenía la costumbre de darles una ojeada, una en especial llamó su atención:
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“Tres personas murieron por causa de una extraña neumonía, posiblemente por in-
gerir carne de murcielago” (Wuhan Reuters).
No terminó de leer, cuando los parlantes anunciaron “Pasajeros con destino a Ma-
drid favor abordar en la sala 5 del muelle internacional”. Andrés se apresuró, cogió
su portafolio y su pase de abordar, caminó muy decidido hacia el mostrador número INVASIÓN
cinco, mientras hacía la fila su pensamiento estaba en Ángela. Cuanto la extrañaba y
como deseaba volver pronto.
Gladys Moreno
CAPÍTULO I
Amaneció.
Surgía un nuevo día en la resistencia. Los cuerpos cansados de sus soldados ten-
didos en cualquier parte que pudiera ocultarlos, permanecían inmóviles, solo el casi
imperceptible movimiento de sus pechos al respirar dejaba ver que aún estaban vivos.
Primero fue el alivio de saber que no eran los únicos sobrevivientes, luego el dolor
al recordar las imágenes de muerte que dejó la invasión a su paso, pero al final fue
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ese sentimiento de indignación, o de orgullo tal vez, el que los unió, atado eso si, a Ese fue nuestro primer error, la rutina de la muerte, el punto de quiebre, pensar
ese instinto de supervivencia que siempre ha caracterizado al hombre, esa necesidad que teníamos el poder suficiente para vivir y controlar el mundo. Nuestro segundo
de vivir, que, si se piensa bien, solo puede ser traducida como el miedo a morir. error fue peor: olvidarnos de la incertidumbre que produce lo desconocido, olvidar-
nos del temor o terror que produce la conciencia de nuestra propia muerte. Esa fue
Lo cierto es que ya había pasado algo más de un año desde que estos seres extra- el arma mortal que aprovecharon los extrayess, seres renegados de la galaxia.
ños habían aparecido en la Tierra. Lo tenían todo planeado, nos habían observado
un tiempo, no mucho creo yo, somos tan predecibles. Para cuando despertamos, nos dimos cuenta que estábamos atrapados por la
angustia, la incertidumbre y el miedo a la muerte, precisamente lo que los extra-
Sabían todo de nosotros, qué nos importaba, qué nos hacía felices o qué nos an- yess esperaban. Esa fue su arma más letal, más allá del virus, incluso. Las personas
gustiaba. Los empezamos a llamar los extrayess, entre otras cosas por su tamaño y con morían no solo por el virus, por los síntomas físicos, por el deterioro de sus órganos,
esto no quiero decir que fueran grandes, al contrario, eran seres pequeños, pero muy también estaba el suicidio.
fuertes. Al principio los catalogaron de “amigables”, creímos que por su poco tamaño
y su aparente amabilidad eran inofensivos, controlables, pero que apreciación más Morían por la locura, por el miedo, por el encierro. Caíamos como moscas, su-
alejada de la realidad. cumbíamos ante lo desconocido. Así fue como intentaron conquistarnos, digo inten-
taron, porque aún no lo han conseguido, desconocían un pequeño detalle, propio de
Los extrayess rápidamente entendieron que la angustia y la incertidumbre eran la la naturaleza humana, el miedo también es un arma a nuestro favor.
mejor arma para ablandar a los habitantes del planeta a conquistar.
Todo empezó de manera muy sutil, fue tan pacifico que nadie pensó que pudiera
desatarse una guerra. Empezó como una simple gripa, un leve resfriado, algo a lo que CAPITULO II
no se le daba mucha importancia, para eso estaban las vacunas.
Pero el virus ya estaba allí, los extrayess lo plantaron tiempo atrás en el bosque, en Juana y Miguel formaban parte de la resistencia, se habían conocido unos meses
el agua, en los coliseos, en los colegios. Fue tan fácil para ellos, lo tenían en su ADN, atrás. Ella provenía de las altas montañas de la sierra, él, al contrario, venía de la zona
solo era cuestión de tocar los objetos o las personas para transmitirlo, ellos, con un costera de Honduras, dos mundos bien diferentes.
simple roce de su piel resbaladiza contaminaban todo a su alrededor y con qué rapi-
dez penetraba en los demás, en aquellos inocentes que creían que venían a salvarnos Juana era de estatura baja, uno cincuenta, tez blanca azotada por la inclemencia
de nuestra propia destrucción. de las bajas temperaturas de la sierra, ojos claros, callada; era una mezcla de razas
según le habían dicho.
Los gobiernos peleaban sus propias guerras, contra el terrorismo, el narcotráfico,
la tiranía o simplemente contra cualquiera que se interpusiera en su camino hacia Miguel media uno setenta, su cuerpo era ancho, curtido por el trabajo fuerte, su
el poder, eso, a algunos que no éramos tan confiados, nos había distraído de lo ver- piel tostada por el sol, contrastaba con la de los demás; tenía su estilo peculiar, seguía
daderamente importante, los extrayess. También estaba la rutina, era tan normal la siendo bonachón, aun contaba chistes y a veces holgazaneaba en algún tendido que
muerte, pero la natural o aquella infringida por el arma de los enemigos en la guerra, colgaba de dos cuerdas, estilo hamaca, en su interior no había cambiado nada.
nada comparado con lo que nos esperaba.
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Se habían conocido en una misión donde participaban varios grupos de la resis- no ese tipo de amor, solo mostraba amor por sus hermanos a quienes cada tanto
tencia, eran centinelas, debían estar atentos ante cualquier sospecha de la presencia regañaba por no hacer caso.
de los extrayess; así pasaban la mayoría de su tiempo en turnos de vigilancia.
La idea de estar con Juana cada vez era más persistente, más atractiva. A él no le
Cuando descansaban, Miguel de vez en cuando se recostaba en el tendido estilo había ido muy bien en la vida con ese asunto, pero no importaba, podía volver a in-
hamaca, Juana entre tanto pasaba con sus hermanos enseñándoles a leer y otros tentarlo, siempre había una segunda, tercera o hasta cuarta oportunidad para hacerlo.
quehaceres ordinarios.
Con este pensamiento optimista se levantó para arreglar las cosas antes de ir
Juana tenía 17 años, sus hermanos, que en realidad eran medio hermanos, eran a su turno.
Luis, Santiago y María, críos apenas. Tenían ocho, siete y cinco años. Habían esca-
pado de la infección, mientras su madre y su padrastro sucumbían ante el contagio
masivo de la población en el primer ataque, así que Juana quedó a cargo.
CAPITULO III
Ante la incertidumbre y el hambre, Juana tomó el camino que creyó más seguro,
unirse a la resistencia.
Miguel miraba a Juana insistentemente. Ella no podía evadir su presencia ni su
Los grupos a que pertenecían Miguel y Juana se unieron. Ahora siempre se encon- mirada, los puestos estaban demasiado cerca para evitar que algún punto quedara
traban. Miguel observaba a Juana todo el tiempo, le parecía una muchacha guapa, sin resguardo.
le atraía.
La noche trascurría lentamente, tan lento que Miguel se aventuró a hablar:
Miguel tenía 25 años, la vida lo había tratado bien, pero con rudeza. Desde chico
tuvo que aprender varios oficios para sobrevivir. Su padre creía que el trabajo for- – ¿Que noche no? Hace frío.
maba el carácter, así que lo entrenó con disciplina y lo obligó a valerse por sí mismo.
Juana asintió y lo miró a los ojos, el deseo ardía en su joven cuerpo, se estaba
Sus labios se curvaban en una especie de sonrisa al recordar la imagen de sus mareando. Tratando de controlarse atinó a responder:
amigos cuando iban a la playa, de baile con las muchachas de la isla, mientras él
tenía que irse para servir tragos en el bar. En aquel entonces llegó a aborrecer a su – Es verdad, ¿Qué paso con tu familia cuando llegó la invasión?
padre, pero ahora, allí en ese espacio vacío donde el olor a muerte se esconde en
cada rincón, donde el miedo danza alrededor, lo amaba más que nunca, su rudeza y – No sé dónde están, pero vivos eso sí, nadie se encartaría con ellos –y soltó una risa.
disciplina le habían salvado la vida.
Eso fue suficiente, la tensión aflojó entre los dos. Ya no había prevención ni pre-
Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando recordó que esa noche estaría caución. Ambos sabían que allí, en el silencio de la noche, con este simple cruce de
con Juana nuevamente en el puesto de centinela. Quería pensar que podía llegar a palabras, con esa simple nota de alegría, había nacido para ellos una nueva esperanza.
tener alguna relación amorosa con ella, esa linda muchacha de ojos azules, su cuerpo
reaccionó ante la idea, sonrió, a Juana no parecía importarle el amor, por lo menos Qué importaban los extraterrestres.
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DANZA
Danza plácidamente por los pastizales. Susurra tus más inquietantes secretos
a las copas de los eucaliptos, de los pinos y secoyas y contempla en tu pasado
más próximo cómo se estremecen ante tus secretos sus hojas ¡cómo cantan a
capella! y se unen en bailoteos a tu danza.
Alivia el rostro seco de quien sabe que la muerte acaricia las entrañas, de
quien ve su nacimiento sin haber estado ahí, de quien comprende que aquel
es su recuerdo más lejano y el último que recordará.
Juega con el líder bélico que jamás se olvidará pero que ahora ni siquiera
consigue liderar sus esfínteres. Juega con aquel animal curioso que quemó su
mano con su propia mano por primera vez.
No dejes de disfrutar las caricias, el tacto sin piel, no dejes de vernos con
interés consiente de nuestra insignificancia, que, cuando muera, haremos un
relevo. Seré yo quien vea, quien sople, quien haga.
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El tik Tok,
Bajando las escaleras, con la oscuridad encima
Tik Tok, tik Tok,
y con el increíble miedo a esa oscuridad,
El Eterno tiempo de mi soledad
Buscando con los ojos cerrados y la mano en la pared
una soledad feliz
palpando el marco del interruptor...
Tik Tok, tik Tok
¡LA LUZ!, ¡por fin!
El olor del cuarto de planchado,
Mis papás insistiendo
el olor a pan integral,
-Es hora de dormir
el olor a guiso,
-Es hora de viajar
el olor a mi abuela,
-Es hora de que sueñes.
el olor a mi infancia.
Mi amiga María
enfermera, blanca y pulcra
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PATER BROTANDO
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Noventa y tres formas de querer, De viejas imágenes, de allá por mis tiempos de niño solitario que acompaña
treinta y dos maneras de sonreír, mi añeja fascinación, mi presente guerra favorita,
canas que susurran el paso del tiempo el bello color particular que dejan las videocámaras viejas, me viaja al rostro de
y ojos que desmienten el odio del universo. ojos estallados, me llegan a la sangrienta bronceada mejilla,
el agobio acompaña su rostro de guerrero cabalgante, de indígena delirante
voz que reposa sobre los sueños con cabello lacio, así como me gusta, así como el que añoro todos los días.
y melodía en un estremecedor silencio. La imagen perdura entre el tiempo y los eventos que intentan borrar todo, que
botan miedo y destilan sustos a su propio gusto y su hastiado regocijo.
flor que se expande cuando cae la tarde En ese paso a paso quizá ya van 20 años y la sangre siga brotando sobre la
jardín que se mantiene colorido máquina de aguerrida sincronía, de hermoso andar y de herir todo lo que esté
a su resguardo,
cuando la lluvia quema y arde.
su danza es certera, su ritmo es el resultado demoledor de humanos nacidos
para hacer temblar tierras lejanas y hacer mear rostros blancos paliduchos.
raíz que levanta las certezas del suelo
hoja que baila suavemente al son del viento. Dibujar su mueca en la fuerza, seguir atento su baile en su arma, en su amada.
Un compás delirioso de inequívoca seguidilla de golpe contra acero moldeado,
la máquina encadenada está empuñada para hundir corazones, para quebrar
piernas ¿quién no suspira y piensa en lo que ama después de tanto castigo?
los enemigos se desgarran y su mirada necia es un embellecedor que acompa-
ña esa piel de guerrero chibcha.
El 13 de julio del 85, herrera, Lucho, el jardinerito floreció en Francia, así como
sus puntos rojos sobre la espalda que bailaban cumbia y se antojaban de güavina,
Totalmente he encontrado que el resultado del delirio, es el disfrute de la san-
gre en el exterior y encima de la lata pintada.
Que siguen en mi compañía, abonando la fascinación extraña por mi guerra
favorita, por la sirena varada.
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YO TE BAILO MI VENTANA
Vamos a bailar, vamos a bailar descalzas, hasta sentir el fastidio de la mugre Que alivio tenerla en tiempos de crisis, es amable, me permite ver un ancho cam-
entre los dedos. po, me amplia el pensamiento, me hace elucubrar querer poseer todo, y a la vez
me inspira un aire desalentador... la tierra, el campo que en ella duerme, es tan
Vamos a bailar que estamos juntas, ahora todo está bien. Mientras te bailo me precioso sin mí, y yo en cambio deseo impacientemente verme preciosa en él.
abrazas y pasas tu mano por mi cabello graso.
Es sublime ver como la hierba se alarga, como las plantas salen del sólido es-
Yo te bailo, no hay que tener miedo al frío que sosiega la noche. pesor de la tierra. Ya no tienen miedo, ya no son tan tímidas, pareciese como
si Dios les hiciera cosquillas y las regara con sus lágrimas.
Yo te bailo, mientras miras el techo aterrada por no saber cómo recuperar el sol.
Mi ventana no es muy amplia, pero me permite ver lo necesario. Me sitúa en
Yo te bailo, cojámosle el paso a la rutina.
querer construir un hogar en aquel campo reverdecido, pero, ¿cómo hacer mi
casa? Podría llegar a hacerle daño a aquel majestuoso árbol que me inspira, que
Yo te bailo, ya no embriagues más la almohada con tus lagrimas
me envuelve con sus raíces, que me cubre con sus hojas, que me arrulla con
Yo te bailo, y te cargo en la espalda como lo hacía papá... me adentré en lo sus ramas, que me recita pequeños poemas cuando se hace amigo del viento...
profundo de mi cueva, me apreté la cintura y hacía pequeños círculos con
Me hace pensar que no hay mayor placer que disfrutar de su presencia, de
mis hombros mientras que el resto de mi cuerpo oscilaba. Cerré mis ojos, y
pegar el oído al tronco y escuchar su palpitar, ver como en él se produce vida...
respondí, yo me bailo.
Ahora cierro mi ventana y pienso, ¿podría llegar a herirlo? ¿podría llegar a
lastimarme a mí misma?
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Cama nana de tus hijos, Presiento que el amado Xué aún no ilumina para aquellos a quienes el hombre
cama prisión de tus lágrimas, lánguido mató. Hoy el pueblo celebra en 9su mesa cómo ha nacido un varón
poderoso, Él el fulgor de violentas filantropías fue humillado hasta la muerte,
cama limbo de mejillas y de sabanas,
su poderío fue doblegado con tiranía color malva.
cama trampolín de tus hastíos.
Han pintado nuestras frentes y pulgares con la ceniza de los muertos coterrá-
neos antiguos y de los vivos que aun aplauden.
Cama del pasado
donde otrora maternamos las muñecas… Las fabulas de los venados y los peces libres han sido cambiadas por cátedras
Cama del presente y láminas. Se han romantizado las estatuas y los himnos del moderno campo,
olvidando que todo nos era dado por dadiva.
vasija de aguas amoroso dolorosas…
Cama del futuro Nuestro delirio de hablar con el sol y la luna ha sido encargado a la ciencia que
eterno reposo de las mentes ansiosas… con fervor ha levantado un altar al cosmos y hace que perdure la esperanza.
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Camila Urrego
Tempestad que va
Intensa y austera
Es la tormenta.
Café de noche
Que suspiros conoces
Los más tácitos.
Simple y sagaz
Como el viento sutil
Surge la letra.
La luna se fue
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Negro su velo
Con el tapa el alma
Para no sufrir.
Alejandra Rodríguez
Los azulejos
Cantan al amanecer
Bajo la lluvia.
Cuatro pájaros
vuelan sobre la casa
Llevan la tarde.
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El presente libro se terminó de escribir en
el confinamiento obligatorio ocasionado
por la pandemia del virus Covid 19, 2020.