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La Prueba de Las Escrituras: A Unidad en La Diversidad

Este documento presenta varias razones para considerar que la Biblia es la Palabra de Dios. Primero, las propias afirmaciones de la Biblia de ser la Palabra de Dios. Segundo, el testimonio de Jesús, quien consideraba a la Biblia como la autoridad final. Tercero, la superioridad doctrinal y ética de la Biblia frente a otros libros. Cuarto, el poder transformador de la Biblia en las vidas humanas. Además, señala la asombrosa unidad de la Biblia a pesar de haber sido escrita por

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La Prueba de Las Escrituras: A Unidad en La Diversidad

Este documento presenta varias razones para considerar que la Biblia es la Palabra de Dios. Primero, las propias afirmaciones de la Biblia de ser la Palabra de Dios. Segundo, el testimonio de Jesús, quien consideraba a la Biblia como la autoridad final. Tercero, la superioridad doctrinal y ética de la Biblia frente a otros libros. Cuarto, el poder transformador de la Biblia en las vidas humanas. Además, señala la asombrosa unidad de la Biblia a pesar de haber sido escrita por

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5.

LA PRUEBA DE LAS ESCRITURAS

LA EVIDENCIA MAYOR DE QUE LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS está dada por el testimonio interno del
Espíritu Santo que así lo afirma. Sin dicho testimonio, la veracidad de la Escritura nunca podrá registrarse
satisfactoriamente en el lector. Tanto el cristiano maduro como cualquiera que recién comienza a estudiar las
aseveraciones del cristianismo deberían conocer los argumentos racionales.
¿Cuáles son estos argumentos? Algunos ya han sido sugeridos. Primero, están las aseveraciones que las
Escrituras hacen de sí mismas. Los libros de la Biblia afirman ser la Palabra de Dios, y, mientras esto por sí solo
no prueba que lo son, sin embargo es un hecho a tener en cuenta. Debemos preguntarnos cómo es posible que
los libros que parecen ser tan ciertos en otros aspectos puedan estar equivocados con respecto al punto crucial
sobre sí mismos. Segundo, está el testimonio de Jesús. Su testimonio es el argumento fundamental. Porque aun
si Jesús hubiera sido sólo un gran maestro, no podríamos dejar de ver que Él consideraba la Biblia como la
autoridad final en la vida. Tercero, está la superioridad doctrinal y ética de la Biblia frente a todos los demás
libros. La superioridad de la Biblia ha sido reconocida en varias oportunidades aun por lo no creyentes y sólo es
negada por muy pocos de los que realmente han leído y estudiado sus páginas. Cuarto, está el poder de la
Biblia que nos afecta mientras la leemos. ¿Qué puede producir tales resultados si la Biblia no es divina, tanto en
su origen como en su operación en las vidas humanas?
Thomas Watson, uno de los grandes puritanos ingleses, escribió:
Me pregunto de dónde podría provenir la Biblia si no proviene de Dios. Los hombres malvados no
podrían ser sus autores. ¿Cómo podrían sus mentes redactar tales líneas santas? ¿Podrían condenar tan
fieramente al pecado? Los hombres buenos tampoco podrían ser los autores. ¿Podrían escribir bajo
tanta tensión? ¿Podrían plagiar el nombre de Dios y escribir así dice el Señor, en un libro que ellos
están componiendo?1
Tenemos aquí cuatro buenas razones para considerar la Biblia como la revelación de la Palabra de Dios; y otra
quinta razón que surge del argumento de Watson: los escritores bíblicos no podrían haber alegado un origen
divino para un libro que ellos consideraban propio. A continuación tenemos otras cinco bases para la misma
conclusión.

LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD
Una sexta razón para considerar la Biblia como la revelación de la Palabra de Dios es la asombrosa unidad del
libro. Este argumento no es nuevo, pero sin duda es bueno. Es un argumento que se toma más fuerte en la
medida que más se estudian los documentos. La Biblia está compuesta por sesenta y seis partes, o libros,
escritos en un período que abarca alrededor de mil quinientos años (entre aproximadamente 1450 a.C. hasta
alrededor del año 90 d.C), por más de cuarenta personas distintas. Estas personas no se parecían entre sí.
Provenían de distintas clases sociales y las circunstancias que las rodeaban eran diferentes. Algunas fueron
reyes. Otras fueron estadistas, sacerdotes, profetas, un recaudador de impuestos, un médico, un
confeccionador de carpas, pescadores. Si se les hubiera preguntado sobre cualquier tema, habrían tenido
puntos de vista tan dispares como las opiniones de las personas contemporáneas. Pero juntos produjeron un
volumen de una unidad maravillosa en cuanto a su doctrina, su perspectiva histórica, su ética y sus
expectativas. En resumen, se trata de una sola historia de la redención divina que comenzó con Israel, se
centró en Jesucristo y culminará con el fin de la historia. La naturaleza de esta unidad es importante. Para
comenzar, R. A. Torrey señala:
No se trata de una unidad superficial sino profunda. Superficialmente, a veces nos encontramos con
aparentes discrepancias y contradicciones; pero, en la medida que la estudiamos, estas aparentes
discrepancias y contradicciones desaparecen, y aflora la profunda unidad subyacente. Cuanto más a
fondo estudiamos, más completa se nos presenta esta unidad. Además, esta unidad es orgánica -es
decir, no se trata de la unidad de algo muerto, como una piedra, sino de algo que está vivo, como una
planta. En los primeros libros de la Biblia, tenemos el pensamiento germinante; a medida que
avanzamos, tenemos la planta; y luego, el pimpollo; y luego, la flor; y por último, la fruta madura. En la
Revelación tenemos la fruta madura del Génesis.2
¿Cómo es posible explicar esta unidad? Existe una sola explicación posible: detrás de los esfuerzos de más de
cuarenta autores humanos está la perfecta, soberana y conductora mente de Dios.

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