0% encontró este documento útil (0 votos)
297 vistas50 páginas

El Camino de La Salvacion 2 - San Alfonso M de Ligorio

Libro

Cargado por

Pilar Pardo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
297 vistas50 páginas

El Camino de La Salvacion 2 - San Alfonso M de Ligorio

Libro

Cargado por

Pilar Pardo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
* RR No, Dios mio, no quiero morir en este estado de frialdad y desamor para con Vos y de zozobra y an- siedad respecto de mi suerte eterna, en que ahora morirfa, si me saltease la muerte: quiero mudar de vida, quiero Hlorar amargamente las injurias que os tengo hechas, quicro amaros muy de veras. Valedme, Seftor: haced que antes de morir haga algo por Vos, por Vos, digo, que os habéis dignado morir por mi. 3. El tiempo es corto. (43) Tal es el aviso que nos da a todos el Apéstol: corto es el tiempo que, para ajustar las cuentas, nos queda. Que por eso nos ex- horta a aprovecharlo el Espiritu Santo, al decirnos: Todo cuanto de bueno pudieres hacer, hazlo sin de- mora (44) Lo que puedes hacer hoy, no lo dejes para majiana; porque el dia de hoy se te va, y mafana puede sorprenderte la muerte atajandote los pasos y no dejéndote ni practicar bien alguno, ni reparar el mal obrado. ;Desventurados de nosotros, si, al ver- nos en brazos de la muerte, nos hallamos atin ape- gados al mundo! ok ok ok (43) Tempus breve est. (I Cor., VII, 29.) (44) Quodcumque facere potest manus tua, instanter operare. (Eccl., 1X, 10.) Sl iCudntos afios he pasado, joh, Dios mio!, lejos de Vos! Y ,c6mo habéis podido ser tan sufrido y paciente conmigo, esperandome y convidéndome a penitencia? , Os doy las gracias por ello, Salvador mio, y espero ir a la Patria Bienaventurada a daroslas por eternidades sin fin. Cantaré eternamente las misericordias del Sefior. (45) En aquel tiempo no os amaba, y bien poco me cuidaba de ser amado de Vos; ahora os amo con todo mi coraz6n, os amo so- bre todos los bienes, mds que a mi mismo, y no ten- go otro anhelo que ser amado de Vos; mas: al recor- dar que he llegado a menospreciar vuestro amor, quisiera morir de pena y sentimiento. Jestis mio, otorgadme la santa perseverancia. Maria, Madre mia, alcanzadme la gracia de guar- dar fidelidad a Dios. MEDITACION XIV. De las penas que sufrira el condenado en las potencias del alma. 1. El réprobo sera atormentado en la memoria. En aquel abismo de penas tendra siempre el des- venturado ante los ojos, para mayor tortura suya, el (45) Misericordias Domini in eternum cantabo. (Ps. LXXXVIII, 2.) 52 tiempo que se le dio en vida para practicar el bien y reparar el mal; y conocera que ya no hay ni habra nunca esperanza alguna de remedio. Se acordara de todas las gracias que le prodigé la Divina Largue- za: luces, Ilamamientos amorosos, perdones ofreci- dos y siempre despreciados; y vera que se acabé ya con todo, y sélo le quedan, para mientras Dios fuere Dios, tormentos y desesperacién. HOR OK Vuestra sangre, Jestis mio, y vuestra muerte son mi esperanza. Por favor, no permitdéis que vaya a maldecir en el infierno las mismas gracias que me ha dispensado vuestra liberalidad. 2. El réprobo sera atormentado en el entendimiento. Este tormento consistird en el continuo pen- samiento del Paraiso malogrado, y malogrado vo- luntariamente. Tendra sin cesar a la vista la inmen- sa dicha de que gozan los Bienaventurados en aque- Ila patria de delicias; y este pensamiento recrudece- rd los tormentos de la vida infelicisima que lleva y llevar por siempre jamas en aquella horrenda maz- morra, morada de la desesperaci6n. a oR ok wn o Asi, pues, joh, Redentor mio!, de haber muerto cuando estaba en pecado, no me quedarfa esperan- za de gozaros en la Gloria. Vos habéis sacrificado vuestra vida para comprarme el Cielo. jy yo por una nonada lo he malogrado, perdiendo vuestra gracia! Sefior, os amo, me arrepiento de haberos ofendido y espero por los méritos de vuestra Pasién ir a amaros eternamente en el Cielo. 3. El réprobo seré atormentado en la voluntad. Y lo sera atin mas terriblemente que en la memo- ria y el etendimiento, al considerar que se le rehusa todo cuanto quiere y se le tortura fierfsimamente con todo cuanto detesta. En el infierno, pues, no tendra el muy desdichado nada de cuanto desea, y tendré siempre todo lo que abomina: quisiera salir de aque- llos tormentos para hallar la paz; pero nunca tendra paz, y serd siempre atormentado. La misma perver- sidad de su voluntad sera su mas fiero e implacable verdugo: aborreceraé a Dios al mismo tiempo que comprende que es el Sumo Bien, digno de infinito amor. eR ok Si, Dios mio, sois Bien infinito, que merece infini- to amor, jy yo os he vendido por una nonada! ;Ojala 54 hubiera muerto antes de inferiros tamajfia injuria! Os amo, Soberano Bien mio; apiadaos de mi y no permi- tdis que prosiga siéndoos ingrato. Renuncio a todos los placeres de la tierra, y os escojo por mi tinico Bien: yo siempre seré vuestro, y Vos seréis siempre mio. Asi lo espero, mi Dios, mi Amor, mi Todo. (46) jOh, Marfa! Vos, que todo lo podéis con Dios, hacedme santo. MEDITACION XV. De la devoci6én a la Santisima Virgen. 1. Jestis es Mediador de justicia, Maria es Medianera de gracia; y, segtin ensefian San Bernardo, San Bue- naventura, San Bernardino de Sena, San German, San Antonino y otros, es voluntad de Dios que por manos de Maria sean dispensadas todas las gracias y mercedes que su bondad quiere otorgarnos. En el Divino Acatamiento, los ruegos de los Santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de Maria son rue- gos de Madre. ;Dichosos los que con entera con- fianza recurren sin cesar a esta Divina Madre! De todas las devociones la mas grata a Nuestra Sejiora es invocarla en todo tiempo diciéndole: jOh, Maria! Rogad a Jestis por mi. (46) Deus meus et omnia. 2. Asi como Jestis es omnipotente por naturaleza, asi lo es Maria por gracia; por lo cual, alcanza cuanto pide. Es imposible -escribe San Antonino- que la augusta Madre de Dios pida algo a su Hijo, en favor de sus devotos, y no sean atendidos sus ruegos (47) Gézase Jestis en honrar a su Madre no negandole nada de cuanto le pide. Por eso, nos exhorta San Bernardo a buscar la gracia, y a buscarla por medio de Maria; pues, sien- do Madre, no puede quedar desairada: «Busquemos la gracia -dice el Santo Doctor- pero busquémosla por mediaci6n de Maria; porque Marfa es Madre, y sus ruegos no pueden ser desatendidos. (48)» Si que- remos, pues, salvarnos, no cesemos de recurrir a Maria pidiéndole interceda por nosotros, ya que sus ruegos todo lo alcanzan. ok ok Compadeceos de mi, joh, Madre de misericor- dia!; y, pues hacéis gala de ser Abogada de los pecadores, socorred a un pecador, que; en Vos, confia. (47) Oratio Deipare habet rationem imperii; unde impossib le est eam non exaudiri.(P.IV, tit XV, cap. XVIII, par. 4.) (48) Queramus gratiam, et per Mariam queramus; quia Mater est, et frustrari non potest. (Serm. De Aqued.) 56 3. Ni hay que recelar por ningtin caso que la Celes- tial Madre no despache favorablemente las stiplicas que le dirigimos; porque cabalmente para alcanzar- nos cuantas gracias desedremos, complacese la benignisima Sefiora en ser tan poderosa cerca de la Divina Majestad. No hay mas que pedir gracias a Marfa, para conseguirlas: si de ellas somos indig- nos, la excelsa Reina con su omnipotente interce- sién nos hace dignos, y tiene vivisimos deseos de que acudamos a Ella, para poder Ilevarnos a puerto de salvacién. ,Hubo jamas pecador que, habiendo acudido a Maria con confianza y perseverancia, se haya perdido? Sdlo se pierde el que no invoca la proteccion de Maria. oh oK Ok jOh, Maria, Madre y esperanza mia! Bajo vues- tro manto me refugio; no me desechéis, como lo tengo merecido. Miradme y compadeceos de mi mi- seria. Alcanzadme el perd6n de mis pecados, la santa perseverancia, el amor de Dios, una buena muerte, el Cielo. De Vos lo espero todo, ya que sois todopoderosa cerca de Dios. Hacedme santo, pues estd en vuestra mano. j;Oh, Maria! Mirad que todo lo fio a Vos, en Vos tengo cifradas todas mis esperanzas. 57 MEDITACION XVI. Jesus pagé la deuda de todos nuestros pecados. 1. Viendo Dios a todos los hombres perdidos por el pecado, determin6 hacerles gracia; pero, como su divina justicia reclamase cumplida satisfaccién, y no hubiese quien pudiera darsela, ,qué hizo? Envié a la Tierra a su Hijo, para que tomara la humana naturaleza, y le carg6 con todos nuestros, pecados, como lo asegura el Profeta: El Sefior puso en El to- das nuestras maldades, (49) a fin de que, pagando por nosotros, quedase satisfecha la divina justicia y salvada la humanidad. oe ok ok jOh, Dios eterno! y ,qué mas pudierais haber he- cho para inspirarnos confianza en vuestra misericor- dia y granjearos nuestro amor, que darnos vuestro mis- mo Hijo? Y ,cémo, después de recibir tan soberano don, he tenido osadia para ultrajaros de la manera que lo he hecho? jAy, Dios mio! Por amor a ese Divino Hijo, tened piedad de mi. Pésame sobre todo mal de haberos ofendido; y, si mucho os he ofendido, mucho (49) Posuit Dominus in Eo iniquitatem omnium nostrum (Js., LI, 6.) 58 quiero también amaros: dadme la fuerza que he menestar para cumplir esta mi resolucién. 2. Al ver el Eterno Padre a su Hijo cargado con to- das nuestras culpas, no se dio por satisfecho con tal cual satisfacci6n, -si bien cualquiera hubiera sido suficientisima para saldar todas nuestras deudas- sino que, como prosigue el Profeta, quiso el Sefor quebrantarlo en la flaqueza, (50) esto es: quiso verlo despedazado y como aniquilado con azotes, con es- pinas, con clavos, con tormentos, hasta el punto de expirar a puros dolores en un infame patibulo. oO jAh, Sefior! Si la fe no nos certificase de ello, {quién fuera capaz de creer semejante exceso de vuestro amor al hombre? jOh, Dios, Amabilidad infinita! No permi- tdis que en adelante seamos desagradecidos: dadnos luz, dadnos fuerza para corresponder en lo que nos queda de vida a tanto amor. Hacedlo por amor de este mismo Hijo, que nos habéis dado. 3. Ved al Hijo inocente, que, conociendo la volun- tad de su Padre de verlo asf inmolado por nuestras (50) Dominus voluit conterere Eum in infirmitate. (/s., LIT, 10.) 59 iniquidades, rendido en un todo al querer soberano del Padre y abrasado en amor nuestro, se abraza con aquella vida de penas y aquella amarguisima muer- te. Se humillé a Si mismo -dice el Apéstol- hacién- dose obediente hasta morir muerte de cruz. (51) ok Ok Dulcisimo Salvador mio, os diré, pues, con el rey Ecequias, penitente: Mas Ti, Seftor, has librado de la perdicién a mi alma, has arrojado tras de tus es- paldas todos mis pecados olviddndote de ellos. (52) Yo, con mis pecados, habia ya arroyado mi alma a los infiernos para abrasarse en sus inextinguibles llamas, y Vos, otorgéndome el perdén, como asi lo espero, me habéis sacado de ese abismo de tormen- tos. Yo ultrajé a la Majestad Divina, y Vos tomando por vuestra cuenta mis culpas, !habéis llevado vues- tra dignaci6n hasta pagar todas las deudas que yo tenfa contraidas con la divina justicia! Si después de tantas finezas de amor, volviese a ofenderos, 0 no os amase de todo corazon, {habria pena que cas- tigara lo bastante tamaiia ingratitud? ok ok ok (51) Humiliavit Semetipsum, factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis (Philip., II, 8.) (52) Tu autem eruisti animam meam, ut non periret projecisti post tergum tuum omnia peccata mea. (/s., XX XVIII, 17.) 60 Amado Jestis mio, Amor de mi alma, duélome sobre todos los males de haberos ultrajado: sin re- serva ni restricci6n alguna me pongo en vuestras manos, aceptad esta total entrega que de mi os hago, y no permitdis que vuelva a perderos. Virgen Santa, Madre mia, Maria, pedid a vuestro Divino Hijo que me acepte, benigno, y me haga todo suyo. MEDITACION XVII. Que es necesario salvarse. 1. Si, es necesario salvarse; mas: salvarse -dice Je- sucristo- es la tinica cosa necesaria. (53) No es ne- cesario ser grande en este mundo, ser noble, ser rico, gozar de buena salud; pero salvar el alma es nece- sario. Dios nos ha puesto en el mundo, no para gran- jear honores o allegar riquezas o nadar en placeres, sino para conquistar a poder de buenas obras el Rei- no eterno, destinado a los que combaten y vencen en la presente vida a los enemigos de la salvaci6n. ORK jAy, Jestis mio! jCudntas veces he renunciado al Cielo renunciando a vuestra gracia! Pero, Sefior, mas (53) Unum est necessarium. (Le., X, 42.) 61 me desconsuela y desagrada haber perdido vuestra amistad que haber perdido el Cielo. Dadme, Jestis mio, un vivo dolor de mis pecados, y perdonadme. 2. {Qué va en que uno haya vivido en pobreza y abatimiento, torturado por la enfermedad y menos- preciado, si, tras esto, viene a morir en gracia de Dios y se salva? ;Qué digo? A mayores -tribulacio- nes, pacientemente sobrellevadas, mas alto trono de gloria correspondera en el Cielo. Por el contrario, ,de qué servird haber uno vivi- do en la opulencia y colmado de honores, si, al cabo, muriendo en pecado, se condena? Si Ilegamos a con- denarnos, todos los bienes de que hayamos gozado en vida, s6lo valdran para acrecentar con su recuer- do nuestro eterno penar. ee Enviadme, joh, Dios mio!, un rayo de vuestra luz soberana haciéndome comprender cémo toda mi des- dicha consiste en ofenderos, al paso que en amaros esta cifrada toda mi dicha: dadme fuerza para emplear en vuestro servicio lo que me resta de vida. 3. Es necesario salvarse; porque, no hay medio: si no logramos salvarnos, nos condenamos sin remedio. No 62 vale decir: «Me basta con no ir al infierno; verme excluido del Cielo no me da cuidado». No: 0 Cielo o infierno; 0, anegados en un piélago de delicias, goza- remos para siempre de Dios en el Cielo, 0, abismados en un mar de fuego y de tormentos, gemiremos para siempre bajo los pies de los demonios en el infierno; 0 elegidos, 0 condenados, no hay medio. RR En lo que Ilevo de vida, joh, Jestis mfo!, heme escogido el infierno, y si no estoy en él ya desde largos afios, débolo a la piedad y misericordia con que me habéis sufrido. Gracias os doy por ello, amado Salvador mio; mas que de cualquier otro mal me pesa de haberos ofendido. Espero que, con la ayuda de vuestra gracia, no continuaré de aqui en adelante por el camino del infierno. Os amo, Bien Soberano, y quiero amaros eternamente. Otorgadme la santa perseverancia y salvadme por la Sangre que habéis derramado por mi. jOh, Maria, esperanza mia! Interceded por mi. MEDITACION XVIII. EI pecador se niega a obedecer a Dios. 1. Cuando Moisés intimé a Fardon, de parte de Dios, que diese libertad al pueblo escogido, respondidle 63 el temerario principe: Y gquién es ese Sefior, para que yo haya de escuchar su voz...? No conozco a tal Seftor? (54); que fue decir: ;Habré yo de obedecer a un Sefior, a quien ni siquiera conozco? - Tal es también el impio lenguaje del pecador cuando, al intimarle la conciencia la ley divina que le prohibe tal accion, responde: En el presente caso, no conoz- co a Dios; bien sé que es mi Sefior, pero no quiero obedecerle. ok OK Asi os he hablado, joh, Dios mio!, cada vez que he pecado. De no haber muerto por mi Vos, joh, Redentor mio!, no me sentiria con valor ni para pediros perd6n; pero Vos mismo me brindais con él desde lo alto de la Cruz, si, yo lo quiero; jOh! Sf, lo quiero: pésame de haberos menospreciado, Bien So- berano. ;Antes morir, que ofenderos de nuevo! 2. Quebraste mi yugo... y dijiste: no quiero servir (55) Al saltearle la tentacion, oye el pecador la voz de Dios, que le dice: Hijo, no te vengues; private de ese inmundo placer; fuera con esa hacienda, que no te per- (54) Quis est Dominus, ut audiam vocem Ejus...? Nescio Dominum (Ex., V, 2.) (55) Confregisti jugum meum.. et dixisti: Non serviam. (Jer., Il, 20) 64 tenece. - Y él, cediendo a la tentaci6n y cometiendo el pecado, le replica: Sefior, no quiero obedeceros: Vos me prohibis que haga esto, pues yo quiero hacerlo. se ok jAy, Sefior y Dios mio! ;Cuantas veces, si no con mis palabras, pero si con mis obras y voluntad, os he hablado, temerario, de esta suerte! Por favor, no me arrojéis de vuestra presencia (56) Ya compren- do cudn mal me hube con Vos trocando vuestra gra- cia por viles gustillos y satisfacciones. jOjala hu- biera muerto antes de ofenderos! 3s jOh, no pensada maravilla! Dios es el soberano Duefio de todas las cosas, por haberlas sacado de la nada. Todo, Senor, -dice el Sagrado libro de Ester- se halla sometido a tu poderio, ni hay quien resista atu soberano querer (57) Todas las criaturas: cielo, mar, tierra elementos, animales, obedecen a Dios. Dije mal: juna sola, y la mas amada y favorecida por Dios: el hombre, se niega a obedecerle, y no pasa cuidado por perder su gracia! ek (56) Ne projicias me a facie tua. (Ps. L, 13.) (57) In ditione enim tua cuncta sunt posita, et non est qui possit tux resistere voluntati. (Esth., XIII, 9.) 65 jBendita sea, Dios mio, vuestra bondad que me ha esperado hasta ahora! jAy! {Qué fuera de mi, de haberme hecho morir en alguna de aquellas noches que pasé en desgracia vuestra? Y, pues que me ha- béis esperado, sefial es que me queréis perdonar. Perdonadme, pues, Jestis mio; que ya me arrepiento sobre todo mal de haberos tantas veces faltado al respeto. jAh! En aquel tiempo no os amaba; pero ahora os amo mas que a mi mismo y estoy pronto a perder mil veces la vida antes que perder vuestra amistad. Habéis dicho que amais a los que os aman: Yo amo a los que Me aman (58). Pues yo os amo, amadme también Vos, y dadme gracia para vivir y morir amandoos, a fin de amaros eternamente. Maria, refugio mio, con vuestra ayuda, espero guardar fidelidad a Dios hasta la muerte. MEDITACION XIX. Que Dios amenaza a los pecadores, a fin de no castigarlos. 1. Por ser Dios bondad infinita, nada desea tanto como hacernos dichosos comunicandonos su pro- pia felicidad; y, si castiga, hacelo forzado por nues- tros pecados: que por ello asegura el profeta Isaias (58) Ego diligentes Me diligo (Prov. VIII, 17). 66 que el castigar es obra de todo en todo ajena de la inclinacién de Dios: Se enojard, para ejecutar sus venganzas, obra muy ajena de El..., obra a El muy extrafia; (59) por cuanto la obra propia de Dios es perdonar, hacer bien y tener contentos a todos. * KOK jOh,Dios! Esta es la infinita bondad tan ofendida y hollada por los pecadores, que tanto la provocan a cas- tigo. ;|Desdichado de mi, que también la ultrajé! 2. Entendamos, pues, que, al amenazarnos el Senor con su ira vengadora, no lo hace por placer de casti- gar, sino por excusarnos el castigo: amenaza, por- que arde en deseos de dar paso a su misericordia: Te has enojado, joh, Dios!, y Te has compadecido de nosotros. (60) Pero, ;jcémo! ; Esta airado contra no- sotros, y hacenos misericordia? - Si, muéstranos eno- jo, a fin de que, volviendo nosotros sobre nuestros pasos, pueda E] otorgarnos perd6n y salvarnos. Mas: si en esta vida nos castiga por nuestros pecados, ese castigo, misericordia es, que nos libra de los eter- nos tormentos. jAy del pecador que no es castigado en este mundo! (59) Alienum opus Ejus..., peregrinum opus Ejus ab Eo. (/s., XXVIII, 21.) (60) Deus,... iratus es, et misertus es nobis. (Ps.LIX, 3.) 67 ae ok ok Ya, pues, joh, Dios mio! que tante os tengo ofen- dido, castigadme en esta vida para asi poder perdo- narme en la otra. Sé de cierto que he merecido el infierno; acepto gustoso cualquier trabajo con tal de recobrar vuestra gracia y verme libre del infier- no, donde estaria para siempre separado de Vos. Dadme luz, Sefior, dadme fuerza para arrostrarlo todo a trueque de daros gusto. 3. El que no hace cuenta para nada de las divinas amenazas, mucho debe temer no le alcance de im- proviso el temeroso castigo de que se habla en los Proverbios: Al hombre obstinado, que no hace nin- gun caso del que le corrige, le sorprenderd de re- pente su total ruina; y no tendrd remedio (61); 0, en otros términos: El pecador que desprecia los avisos del Cielo, se vera asaltado por muerte repentina, que no le dara tiempo de reparar su eterna ruina. 2 OK ok Esto, Jestis mio, ha sucedido a tantos desdicha- dos, y esto mismo me tenfa yo merecido; pero Vos, Redentor mio, os habéis dignado tener conmigo una (61) Viro qui corripientem dura cervice contemnit repentinus ei superveniet interitus, et eum sanitas non sequetur. (Prov., XXIX, 1). 68 misericordia que no habéis usado con muchos otros, que, con haberos ofendido menos que yo, estén ahora sepultados en el infierno sin esperanza de poder re- cobrar nunca jamds vuestra gracia. Ya veo, Sefior, que queréis que me salve, y yo, por daros gusto, me quiero salvar. A todo doy de mano para volverme a Vos, que sois mi Dios, mi tinico Bien. Creo en Vos, espero en Vos, y os amo a Vos sélo, joh, Bondad infinita! Tengo el mayor pesar de haberos ul- trajado tan descaradamente en la vida pasada; quisiera haber sufrido todo género de trabajos antes que haberos ofendido. Por favor os lo pido: no permitais que haya de volver a separarme de Vos; quitadme la vida antes que vuelva a injuriaros de tan horrenda manera. Jestis mio crucificado, en Vos confio. jOh, Maria, Madre de Jestis! Encomendadme a este vuestro Divino Hijo. MEDITACION Xx. Dios espera, pero no siempre. ih. Cuanto mayores hayan sido las misericordias que ha usado Dios con un alma, tanto mas debe temer ésta proseguir abusando de ellas; porque, si no hace alto en el camino del mal, llegara el tiempo de los divinas venganzas, y nada quedara sin el merecido castigo. Mia es la venganza -dice el Sefior- y a su tiempo Yo 69 les daré el pago. (62) Cuando el hombre se obstina en seguir pecando, ya sabe Dios poner un término. jAh, Sefior! Os doy gracias por haberme sopor- tado tan largo tiempo después de haberos traiciona- do tantas veces. Haced que conozca el gran mal que hice abusando asi de vuestra paciencia, y dadme sin- cero dolor de todas mis culpas: no, no quiero abu- sar mds de vuestra misericordia. «Comete este pecado; que luego lo confesards»: tal es el ardid con que ha arrastrado el demonio al infier- no a un sinntimero de almas. Cuantos cristianos se hallan ahora sepultados en ese abismo de fuego, todos han sido victimas de esa ilusién y engafio. El Sefor espera -dice el profeta- para poder compadecerse de vosotros. (63) Dios va dando largas al pecador, para que, convirtiéndose, pueda hacerle misericordia, mas cuando ve que el tiempo, que se le concede para hacer penitencia, sdlo le sirve para multiplicar los pecados, ya no le da més largas, sino que lanza sobre él los ra- yos de su justicia, segtin que lo tiene merecido. * OK Perdonadme, joh, Dios mio!, que no quiero ofenderos mas. ,Qué? ,Aguardaré acaso a que me lancéis al infierno? Ya veo que no podéis soportar- me por mas tiempo. Basta con lo que os ultrajé: sien- (62) Meaest ultio, et Ego retribuam in ternpore. (Deut., XXXII, 35). (63) Exspectat Dominus, ut misereatur vestri. (Is. XXX, 18.) 70 to sumo pesar de todo ello. Por los merecimientos de aquella Sangre que os habéis dignado derramar por mi, espero que me perdonaréis. 35 Misericordia del Seftor es que no hayamos sido consumidos. (64) Asi ha de hablar quien haya tenido la desgracia de ofender repetidas veces a la Divina Majestad; déle gra- cias por no haberle hecho morir en pecado y guardese de ofender de nuevo a ese Dios amorosisimo: pues, de lo contrario, le dard el Sefior en rostro con su criminal proceder: Y ;que mds debia hacer por mi vifa de lo que he hecho? (65) Ingrato -le dira- si al hombre mas vil y abatido del mundo le hubieras injuriado como ti Me has injuriado a Mf, a buen seguro que por ningtin caso lo hubiera sufrido. Y Yo jqué de misericordias no le he prodigado! j|Cuantos llamamientos, cudntas lu- ces no le he dispensado! | Qué de veces no lo he otor- gado perdén! Y ahora qué es lo que pretendes? Ha Ilegado el tiempo de castigar, no hay mas perd6n. - Asi ha hablado el Sefior a tantos desventurados que se hallan al presente en los infiernos, donde lo que mas que otra cosa alguna atenacea su coraz6n y como pone (64) Misericordiz Domini quia non surnus consumpti. (Thr. III, 22.) (65) Quid est quod debui ultra facere vinew mez, et non feci? Us., V. 4.) 71 el sello a sus tormentos es el recuerdo de las miseri- cordias que de la Divina Largueza recibieron. OK jOh, Jestis, Redentor mio y juez mio! Esta mis- ma reconvencién y sentencia tenia merecido ofr de vuestros divinos labios; pero estoy oyendo, por el contrario, que me brinddis con el perd6n, al decir- me: Vuélvete al Senor, Dios tuyo. (66) Pecados mal- ditos, que me habéis hecho perder a mi Sefior, os detesto y aborrezco. Por completo me vuelvo y con- vierto a Vos, que sois mi Sefior y mi Dios. Os amo, Sumo Bien mio, y, porque os amo, rne arrepiento con todas las veras del alma de haberos menospreciado tanto en lo que Ilevo de vida. Dios mio,nunca mas quiero disgustaros: dadme vuestro amor junto con la perseverancia. Maria, refugio mio, venid en mi socorro. MEDITACION XXI. La muerte es el transito de esta vida a la Eternidad. Io Es de fe que mi alma es eterna y que, cuando menos lo piense, he de abandonar este mundo. Fuer- (66) Convertere ad Dominum, Deum tuum. (Os., XIV, 2.) 72 za eS, por consiguiente, granjearme y atesorar cau- dales, que no acaben con mi vida, sino que sean eter- nos como yo. Riquisimos caudales atesoraron y go- zaron por algtin tiempo sobre la tierra un Alejandro Magno, un César Augusto; pero tan brillante fortu- na desvaneciése como humo desde muchos siglos, y comenz6 para ellos una vida infelicisima, que nunca jams acabara. ROK iAh Dios mio! Y jquién siempre os hubiese ama- do! |Qué me queda de tantos aiios empleados en pecar, sino zozobras y remordimientos de concien- cia? Mas, ya que me dais tiempo para remediar mis yerros, aqui me tenéis, Sefior: decidme qué he de hacer para agradaros; que todo quiero ponerlo por obra. Estoy firmemente resuelto a pasar lo que me quedare de vida Ilorando las amarguras y disgustos que os he causado y amandoos hasta donde alcan- cen mis fuerzas, joh, Dios mio y todo mi Bien! 2. Y {de qué me servirfa ser dichoso en este mundo (si es que sin Dios puede haber verdadera dicha) si al cabo me viera reducido a ser inmensamente des- dichado por toda la eternidad? Pues qué linaje de locura es saber con toda certidumbre que he de mo- rir y que, en muriendo, me ha de tocar en suerte o 73 una eternidad de dichas y delicias, o una eternidad de tormentos y desventuras; saber que de la buena o mala muerte depende ese gozar o penar eterno..., y, tras esto, no tomar todas las precauciones para ase- gurarme una buena muerte? KK Enviadme, joh, Espiritu Divino!, un rayo de vues- tra luz soberana, dadme la fuerza de vivir siempre en adelante en vuestra gracia hasta la muerte. Reco- nozco, Bondad infinita, lo mal que obré al ofenderos, y detesto mi proceder: reconozco que sélo Vos me- recéis ser amado, y os amo sobre todas las cosas. 3. En fin de cuentas, todas las dichas y bienandan- zas de este mundo vienen a parar en un entierro, en la lobreguez y corrupcién del sepulcro. La sombra de la muerte cubre y obscurece todo el brillo de las grandezas terrenas. Sélo, pues, es dichoso quien sir- ve a Dios en este mundo, y, sirviéndole y amandole, se granjea la eterna Bienaventuranza. kok Ok Duélome, Jestis mio, sobre todos los males de haber tenido, en lo pasado, tan poca cuenta con vues- tro amor: ahora os amo sobre todas las cosas, y nada mas deseo que amaros. En lo venidero, Vos sdlo 74 seréis mi amor y mi todo; y la Gnica dicha que pido y espero es poderos amar en esta vida y en la eter- na. Por los merecimientos de vuestra Pasidén, otorgadme la santa perseverancia. Maria, Madre de Dios, Vos sois mi esperanza. MEDITACION XXII. Que se ha de enmendar la vida antes que llegue la muerte. 1. Todos desean morir santamente; pero no es posi- ble que muera santamente quien lleva hasta la muerte vida descompuesta; que muera unido a Dios, quien siempre vivid alejado de El. A trueque de asegurar- se una buena muerte, no vacilaron los Santos en dar de mano a las riquezas, los placeres y las esperan- zas todas, con que les brindaba el mundo, y abra- zarse con una vida pobre y mortificada. Mas: sepultdronse vivos en este mundo, para no correr riesgo de ser sepultados muertos en el in- fierno. RK jAy, Sefior mio! ;Desde cuanto tiempo merecia yo estar sepultado en el abismo del infierno, sin esperanza alguna de perdon, ni de poder nunca ja- mas amaros! Pero Vos me habéis venido dando lar- 75 gas, para perdonarme. De todo coraz6n me arre- piento de haberos ofendido, Soberano Bien mio; tened compasi6n de mi, y no permitdis que vuelva a ofenderos. 2. Amenaza Jesucristo a los pecadores con que le han de buscar en la muerte, y no le han de encon- trar: Me buscaréis, y no Me hallaréis. (67) Y es asi; porque no buscaran entonces a Dios por amor, sino s6lo por temor del infierno: y, buscando a Dios de esta suerte, conservando el afecto al pecado, por ningun caso lograran dar con El. oe Rk No, Dios mio, no quiero aguardar al trance de la muerte para buscaros: ahora mismo os busco y de- seo. Siento haberos causado tantos disgustos en mi pasada vida, joh, Bondad infinita!, por ir en pos de mis gustos y satisfacciones. Duélome de todo ello; confieso que obré mal. Pero Vos no queréis que se desespere, sino que se regocije, el corazén que os anda buscando -como lo dice el Salmo-: Alégrese el coraz6n de los que van en busca del Sefior. (68) Si, Sefior: os busco, y os amo mas que a mi mismo. (67) Queretis Me, et non invenietis. (Jn., VII, 34.) (68) Letetur cor querentium Dominum. (Ps. CIV, 3). 76 3. jAy de quien no hubiere gastado una buena par- te de sus dias en llorar sus pecados! Posible es, no lo niego, que se convierta en los tiltimos momen- tos y se salve; con todo, en el trance de la muerte, la obscuridad y tinieblas en que esta envuelta la mente, el endurecimiento del coraz6n, los malos habitos contraidos, las pasiones que le tienen es- clavizado, le pondran en la imposibilidad moral de morir bien. Hariale falta para ello una gracia ex- traordinaria; pero ,acaso esta Dios obligado a dis- pensar tan sefialada merced a quienes hasta la muer- te han correspondido con ingratitud a sus bonda- des? ;Oh! Y ja qué extremidad se ven reducidos por su culpa los pecadores para precaver su eterna ruina! ok oR ok No, Dios mio, no quiero esperar a la muerte para detestar mis culpas y amaros: ahora mismo me arrepiento de haberos ofendido; ahora mismo os amo de todo corazén. ;Ah! No permitdis que de nuevo os vuelva las espaldas: quitadme antes la vida. jOh, Santisima Madre mia, Maria! Alcanzadme la santa perseverancia. 77 MEDITACION XXIII. El Cordero de Dios quiso ser sacrificado para obtenernos perd6n. 1. He aqui el Cordero de Dios. (69) A si Ilam6 el Bautista a nuestro amable Salva- dor: Cordero Divino que derramé su sangre y sacri- ficé su vida para alcanzarnos el perd6n y la salva- ci6n eterna. Vedlo en el pretorio de Pilatos cémo, a manera de inocente corderillo, se deja, no ya tras- quilar, sino arar las carnes con azotes y espinas. Cual cordero ante el que le trasquila, -habia profetizado Isafas- enmudecerd, y no abrird la boca (70). No abre la boca, ni profiere una queja, por haberse vo- luntariamente ofrecido a pagar con sus tormentos los que nosotros tenfamos merecidos. ok Ok Ok Ensalcen y bendigan los Angeles y todas las cria- turas, joh, Redentor mio!, vuestra infinita miseri- cordia y ese amor inmenso que habéis demostrado ala humanidad: nosotros habfamos cometido el de- lito, jy Vos os dignasteis expiarlo! (69) Ecce Agnus Dei (Jn., I, 29,) (70) Quasi agnus coram tondente se, obmutescet, et non aperiet os suum. (/s., LIT, 7.) 78 2. Contemplad luego cémo, atado por los verdugos, es conducido a la cumbre del Calvario para ser Victi- ma en el gran Sacrificio con que se consuma la obra de la Redencién: Y Yo, cual manso cordero, que es llevado al altar para ser en él sacrificado (71). Decidme, Jestis mio: ;Ad6nde os arrastran esos sacrilegos, cargado con esa cruz, después de haberos atormentado tan fiera y despiadadamente. -Me Ile- van a la muerte -oigo que me respondéis- y Yo ca- mino muy contento, pues voy a morir por salvarte y descubrirte el amor que te tengo. KK Y yo, Sefior, ,cémo os he manifestado el amor que os debia? Bien lo sabéis: con injurias y ultrajes, menospreciando veces sin cuento vuestra gracia y vuestro amor; pero vuestra muerte es mi esperanza. Arrepiéntome, Amor mio, de haberos ofendido, me arrepiento y os amo. 3. Cuando San Francisco de Asfs veia llevar al ma- tadero un corderillo, decfa, sin poder contener las lagrimas: «De la manera que llevan a la muerte este (71) Et ego quasi agnus mansuetus, qui portatur ad victimam. (Jer., XI, 10.) 79 corderito, llevaron un dia a mi inocente Salvador a morir por mi amor». # KOK {.Conque Vos, Jestis mio, no os negiis a ir a sacrifi- car vuestra vida divina por amor mio, y me habria de negar yo a consagraros todo mi amor? Que esto es lo que me pedis diciéndome: Amaras al Sefior, Dios tuyo; (72) y esta, y no otra cosa, deseo yo: amaros y amaros con todo mi coraz6n. Sin restriccién me habéis ama- do, sin restriccién quiero también amaros. Duélome de haberos ofendido. joh, Cordero Divino!, y me doy a Vos por entero. Aceptad este don, Jestis mio, y, con vuestra gracia, haced que os sea fiel. jOh, Marfa, Madre de mi Redentor! Alcanzadme con vuestros ruegos que sea enteramente suyo. MEDITACION XXIV. Valor del tiempo. 1. E] tiempo es un tesoro que no tiene precio; por- que, a cada instante de tiempo, podemos adquirir tesoros de gracias y de gloria eterna. Laméntanse los condenados en el infierno, al ver que se les acabé el tiempo de remediar su eterna ruina y desventura. ;Qué no darian por una hora de (72) Diliges Dominum, Deum tuum. (M1., XXII, 37.) 80 tiempo, en que pudieran hacer un acto de dolor y reparar asi su eterna perdicién!... En el Cielo no hay lamentos, pues no se compadece el Ianto con las inefables dichas de la Gloria; pero, si pudieran Ilorar los Bienaventurados, sdlo lorarian por haber malbaratado en esta vida tanto tiempo, que po- dian haber empleado en adquirir mas alto grado de glo- ria, y por ser ya esta pérdida de todo punto irreparable. 2 oR Ok Gracias os doy, joh, Dios mio!, por el tiempo que me concedéis para Ilorar mis pecados y resarcir con mi amor las ofensas que os tengo hechas. 2. Nada hay, pues, mds precioso que el tiempo; y, sin embargo, ,c6mo es que no hay cosa que miren los hombres con mayor desprecio? - Este se entre- tiene cinco o seis horas jugando; aquél se esta largo rato a la ventana en medio de la calle, mirando quién pasa; preguntadles qué hacen, y os responderan que estan matando el tiempo. ;Tiempo menospreciado! Tui serds lo que mas de- seen esos tales en el trance de la muerte ;A qué precio no comprarfa cualquiera de ellos una hora de tanto tiempo malgastado! Pero en vano suspiraran por esa hora; pues se intimaré a cada cual aquel Proficiscere, anima christiana...: «Sal de este mundo, alma cristia- 81 na (73):» pronto, pronto a partir, sal presto de esta tie- rra, pues para ti se acab6 ya el tiempo. Entonces exclamaran esos desventurados entre gemidos y amargas lagrimas: ;Ay! jToda mi vida esta perdida! Tuve a mi disposici6n tantos afios, en que podia haberme santificado...: no lo hice, y aho- ra ya no es tiempo. - Pero {de qué serviran entonces tales suspiros y lamentos, cuando ya se llega a mas andar para el moribundo aquel formidable «momen- to de que depende la eternidad?» (74) 3. Caminad -nos dice Cristo- mientras tenéis luz (75). La hora de la muerte es la noche de que habla el Sefior en el Evangelio, en la que ya nada se ve, ni se puede hacer cosa alguna: Cierra ya la noche, cuando nadie puede trabajar. (76) Por eso nos advierte el Es- piritu Santo que caminemos por las vias del Sefior mientras tenemos luz y no ha anochecido atin. ;Cémo! Vemos que se va acercando el momento en que se ha de fallar la causa de nuestra eterna salvaci6n. jY per- demos el tiempo! |Ea! | Pronto, pronto! Tengamos bien ajustadas las cuentas; porque, cuando menos lo pen- (73) Proficiscere, anima christiana, de hoc mundo (Ordo Comrn. An.) (74) Momentum, a quo pendet eternitas. (75) Ambulate dum lucem habetis. (Jn., XII, 35.) (76) Venit nox, quando nemo potest operari. (/bid., IX, 4). 82 semos, vendra Jesucristo a juzgarnos: A la hora que menos penséis vendrd el Hijo del Hombre. (77) Apresuraos, pues, Jestis mio, sf, apresuraos a per- donarme. ,A qué espero? ,Espero acaso a verme sepultado en aquella eterna mazmorra, donde, a una con los demas condenados, haya de lamentarme por siempre jamas, diciendo: Pasado es el estio, y no- sotros no nos vemos en salvo. (78) #OK OR No, Sefior, no quiero resistir mas a vuestras amoro- sas voces. |Quién sabe si la meditacién que acabo de leer no serd para mf el ultimo Ilamamiento de vuestra gracia! Duélome, Sumo Bien, de haberos ofendido, os consagro el tiempo que me queda de vida y os ruego me concedais el don de la santa perseverancia: no quie- ro disgustaros mas, sino amaros siempre. ;Oh, Maria, refugio de pecadores! En Vos confio. MEDITACION XXV. Espanto del moribundo a la proximidad del Juicio. 1. Pondera el terror y espanto que infunde en el moribundo el pensamiento del Juicio, al ver que se (77) Qua ‘hora non putatis, Filius hominis veniet.(Lc., XII, 40.) (78) Finita est estas, et nos salvati non sumus.(Jer., VIII, 20.) 83 le avecina la muerte, y al reflexionar que muy en breve ha de comparecer ante su Soberano juez Je- sucristo a rendirle cuentas de toda la vida. Es llega- do el solemne momento del gran transito: si, fuerza es pasar de este al otro mundo, de la vida presente a la Eternidad. Lo que mas lacerara entonces su cora- z6n sera el recuerdo de sus pecados. Hallandose enferma, temblaba Santa Maria Mag- dalena de Pazzi al pensar en el Juicio; y, como le dijese el confesor que se sosegara y no tuviera mie- do: «| Ah! Padre -repuso- es cosa terrible tener que presentarse ante Cristo Juez». - Asif hablaba esta inocentisima virgen, que desde la mas temprana edad fué Santa; pues ,cémo habrd de hablar el que infi- nitas veces merecié el infierno? 2. Tras largos afios de penitencia, estremecfase de es- panto el abad Agatén y exclamaba: jAy! ;Qué sera de mi, cuando sea juzgado? Y {cémo no tiemblan los que han ofendido a Dios mortalmente, y no han hecho atin penitencia? ;Oh! Y jen qué deshecha tempestad de con- fusi6n y terror les ha de sumir, frente ya por frente de la muerte, la vista de sus pecados, el rigor de los divinos juicios y la incertidumbre de la sentencia que les va a caber en suerte! - Abracémonos a los pies Ilagados de Jesucristo, y veamos de asegurarnos el perd6n antes que nos alcance aquel temeroso dia de las cuentas. 84 RR jAh, Jestis mfo y Redentor mio, que un dia ha- béis de ser mi Juez! Tened piedad de mi antes que Hegue aquel dia de las justicias. Aqui tenéis a vues- tros pies al traidor que tantas veces os prometié fi- delidad, y después os volvié de nuevo las espaldas. No, Dios mfo, no merecfais ser tratado como os tra- té en mi pasada vida. Perd6n, Sefior; que ya quiero mudar de vida. Arrepiéntome, Bien Soberano, de haberos menospreciado; apiadaos de mi. 3. En aquel punto tiene que fallarse la causa de nues- tro porvenir eterno; y de este fallo depende que sea- mos para siempre del ntimero de los predestinados 0 del ntimero de los réprobos, felices 0 desdichados, mientras Dios sea Dios... jOh, cielos! y ,quién hay que lo ignore? {Quién que no confiese ser asi? Pues, si asi es, ,cOmo no nos desentendemos de todo para ocuparnos tnicamente en el negocio de nuestra santi- ficacin y poner en cobro nuestra salvacién eterna? KK Gracias, Dios mio, por la luz que me acabdis de comunicar. Acordaos -por favor os lo pido- acor- daos, joh, Jestis mfo!, que habéis muerto por mi: haced que la primera vez que os vea, no see, con rostro encendido en ira. Si en lo pasado menospre- 85 cié vuestra gracia, ahora la estimo sobre cualquier otro bien. Os amo, Bondad infinita, y porque os amo, sien- to en el alma haberos ofendido. En la vida pasada os abandoné, mas ahora os deseo y os busco: dadme que os halle, joh, Dios de mi alma! Marfa, Madre mia, recomendadme a Jesus. MEDITACION XXVI. Del fuego dei infierno. 1. No puede caber la menor duda: el infierno es un abismo de fuego, donde son y seran atormentados por eternidades sin fin los desventurados réprobos. Aun aca, entre todos los tormentos, el del fuego es el mas fiero y acerbo; pero como el fuego del infierno ha sido criado por Dios de intento para atormentar y ser el ver- dugo de los que se alzaron en armas contra El, tendra para atormentarlos una fuerza y virtud harto mas cruel y espantosa. Id, maldito, al fuego eterno -tal sera la sentencia contra los réprobos. Y pues en ella, entre todos los suplicios, se hace especial mencién del fue- go, fuerza sera confesar que de todos los tormentos que padecera el condenado en los sentidos, este del fuego ha de ser el mayor. * ROK 86 jAh, Dios mfo! ;Cuantos afios ha que deberia yo estar ardiendo en ese fuego! Pero Vos me habéis sufrido hasta hora, porque no queriais que ardiera en ese horrible fuego, sino en la dulce hoguera de vuestro santo amor. Sf, os amo, Sumo Bien mio, y quiero amaros eternamente. 2. En este mundo, el fuego sdlo atormenta al cuerpo por defuera, sin llegar a lo interior de él; pero, en el infierno, penetra el fuego por todas las partes del con- denado, para torturarle en todas ellas. Hards de ellos -dice el profeta- como un horno encendido. (79) Cada réprobo se convertira en un como horno ardiente; de suerte que el coraz6n arderd en el pecho; las visceras, en el vientre; el cerebro, en el craneo; la sangre, en las venas; la médula, en los huesos. {Qué os parece, pecadores, qué os parece ese fue- go? Vosotros que no podéis sufrir una chispa que os salte de la lumbre, ni un aposento demasiado ca- liente, ni un rayo de sol que os hiera la cabeza, {como podréis vivir anegados en un piélago de fue- go, donde estaréis muriendo continuamente, sin aca- bar nunca de morir? 2k Rk (79) Pones eos ut clibanum ignis. (Ps. XX, 10.) 87 jAh, Redentor mio! No quede para mi sin fruto la Sangre preciosa que habéis derramado por amor mio: junto con el dolor de mis culpas, otorgadme vuestro santo amor. 3. Y quien de vosotros -pregunta el profeta Isaias,- podra habitar con el fuego devorador? (80) Bien asf como la fiera devora al cabritillo, asi devoraran al desventurado réprobo la llamas del infierno le de- voraran, si pero sin darle muerte. Sigue, pecador - exclama aqui San Pedro Damian sigue, deshonesto, contentando tu carne y satisfaciendo sus apetitos; que dfa vendra, mejor diré, vendra una noche en que tus torpezas y deshonestidades se tornen en pez en- cendida dentro de tus entrafias, que avive las llamas que lo devoraran por toda la eternidad. (81) iOh, Dios mio, a quien he menospreciado y per- dido! Perdonadme, y no permitdis que torne a perderos. Siento sumo pesar de haberos ofendido. Recibidme en vuestra gracia y amistad; pues quiero amaros, y Os prometo no amar sino a Vos. Virgen Santisima, libradme del infierno. (80) Quis poterit habitare de vobis cum igne devorante. (/s., XXXII, 14.) (81) Veniet dies, imo nox, quando libido tua vertetur in picem, qua se perpetuus ignis in tuis visceribus nutriat. (De caelib, sacerd., c. IID 88 MEDITACION XXVII. Vanidad de los bienes de este mundo. L. {Qué es nuestra vida, sino un vapor que momenta- neamente aparece, sin que luego quede rastro de é1? Pues, qué es vuestra vida? -escribié el Apéstol San- tiago- Un vapor que por un poco de tiempo aparece, y luego se desvanecerd. (82) Los vapores que exhala la tierra, si acaso se alzan por los aires y los embiste el sol con sus rayos, ofrecen vistosisimo espectaculo; pero basta que sople un vientecillo para que todo desapa- rezca y acabe. Asi son las grandezas de este mundo. Mira a ese poderoso de la tierra, temido hoy, agasaja- do, casi adorado por infinidad de gentes; morir4 ma- fiana, y seré menospreciado y maldecido de todos. En suma, con la muerte acaban todos los bienes de la tie- rra: honores, riquezas, diversiones, todo. 2k oR ok jOh, Dios mio! Haced que conozca cuén inmen- so Bien sois, a fin de amaros a Vos s6lo y nada mas. 2, La muerte despoja al hombre de cuanto en este mundo posee. Qué triste espectaculo ver como, lue- (82) Quid est enim vita vestra? Vapor est ad modicum parens, et deinceps exterminabitur. (Jac., IV, 15.) 89 go en muriendo, sacan a ese hacendado de su pro- pio palacio, cuyos umbrales no volveré a pisar, y ver entretanto c6mo toman otros posesién de sus haciendas, de sus caudales, de cuanto le pertenecia. Los criados le acompaiian hasta el sepulcro, donde luego lo dejan abandonado para ser pasto de gusa- nos: allf ya no hay quien de él haga aprecio, ya no hay quien le adule. Poco ha de todos era obedecido a la menor sefial, ahora nadie hace caso de lo que tiene mandado, ORK jDesventurado de mi, que he andado tantos afios tras las vanidades del mundo, abandondndoos a Vos, Bien infinito! Pero de hoy en adelante, Vos sdlo, Dios mio, seréis mi tinico tesoro, el tinico amor de mi alma. 3. ¢Como te engries, polvo y ceniza? (83) iNo ves, oh, mortal -dice el Sefior- c6mo, a vuelta de poco tiempo, vendrds a ser polvo y ceniza? Pues {en qué pones tus pensamientos y tus amores? Piensa que dentro de poco la muerte te despojara de todo arrancandote de este mundo. Y, si al rendir cuentas (83) Quid superbit terra et cinis? (Eccli, X, 9.) 90 de tu vida, te hallares alcanzado, qué sera de ti por una eternidad?... 2k ok Ok Gracias, Sefior: me hablais de este modo, porque queréis que me salve. Vos me abris el tesoro de vues- tras misericordias: ya que habéis prometido perdo- nar al que se arrepiente de haberos ofendido, perdonadme luego al punto, pues me arrepiento de todo coraz6n; y, ya que tenéis prometido amar al que os ama, yo os amo sobre todas las cosas, amadme por tanto Vos y no me aborrezcais, como lo tengo merecido. jOh, Marfa, Abogada mia! Vuestra proteccién es mi esperanza. MEDITACION XXVIII. Del nimero de los pecados. 1. Ensefian muchos santos y doctores, sefialada- mente San Basilio, San Jerénimo, San Ambrosio y San Agustin, que, asi como Dios tiene determina- dos, para cada hombre los grados de talento, los bie- nes de fortuna, los dias de vida que quiere otorgar- le, asf también a cada cual tiene determinado el nu- mero de pecados que quiere perdonarle; por manera que, cumplido el nimero, echa mano al castigo y ya 91 no perdona ninguno mas. «Nos importa mucho sa- ber -dice San Agustin- que la divina paciencia tole- ra al pecador hasta cierto determinado punto; pasa- do el cual, no hay que esperar el perd6n.» (84) ok Rk Ya veo, Dios mio, que en lo pasado he hollado e insultado por demds vuestra paciencia; pero ahora veo que vuestra bondad aun no me ha desampara- do, pues que me pesa haberos ofendido: y este pe- sar sefial es de que todavia me amais. No quiero volver a disgustaros; por favor, no me abandonéis. 2. El Senor da largas -dice la Divina Escritura- es- perando y sufriendo ahora con paciencia a las na- ciones, para castigarlas en el dia del Juicio, col- mada que sea la medida de sus pecados. (85) Asi, pues, Dios tiene paciencia y va dando largas al pecador; pero, llegado el dfa en que la medida de los pecados queda colmada, no aguarda ya mas, sino que castiga sin piedad. (84) Illud sentire nos convenit, tamdiu unumquemque a Dei patientia sustentari quamdiu nondum repleverit; quo consummato, nullam illi veniarn reservari. (De vita Chris ‘ap. ITI) (85)Dominus patienter exspectat, ut eas -nationes-, cum judicii dies advenerit, in plenitudine peccatorum puniat. (JJ Mach., VI, 14.) 92 jAh, Sefior! No me cortéis atin la corriente de vuestras misericordias abandonaéndome en mi peca- do; que yo, con vuestra gracia, espero no provocar mas vuestro enojo. Pésame, Bondad infinita, haberos ofendido; os prometo que nunca mas os haré trai- ci6n: prefiero vuestra amistad a todos los bienes del mundo. 3. Pecamos sin parar mientes en el peso de nuestras iniquidades, que vamos constantemente agravando; mas temblemos, no nos suceda lo que al impio rey Baltasar, a quien fud dicho: has sido pesado en la balanza, y has sido hallado falto. (86) No escuches nunca al demonio cuando te diga al ofdo que un pe- cado mas 0 menos es cosa que poco importa; no, no escuches al tentador, pues te engafia: un pecado mas aumenta el peso y hard inclinar la balanza de la Di- vina justicia, y ti seras condenado a los eternos su- plicios del infierno. Si no vives, Hermano mio, te- meroso de que, con un nuevo pecado mortal afia- dido a los que has cometido, te cierras para siempre la puerta de la Divina Misericordia, si a tal pensa- miento, digo, no te estremeces de espanto, corres gravisimo riesgo de perderte. (86) Appensus es in statera, et inventus es minus habens. (Dan., V, 25.) 93 ak ek No, Dios mio, harto me habéis soportado ya, no quiero seguir abusando de vuestra bondad. Os doy gracias porque me habéis esperado hasta ahora. j Ay! Hartas veces he renunciado a vuestra amistad, no quiero volver a renunciar a ella; y, pues aun no me habéis abandonado, dadme que os encuentre. Os amo, Dios mio, y de todo corazén me arrepiento de haberos vuelto las espaldas. No, ya no quiero perderos mds; asistidme con vuestra gracia. Y Vos, Reina y Madre mia, Maria, ayudadme con vuestra intercesién. MEDITACION XXIX. Locura del que vive en desgracia de Dios. 1. Tachan de locos los pecadores a los Santos por es- quivar en este mundo los honores, las riquezas y los placeres del sentido y abrazarse con la pobreza, las humillaciones y la penitencia; pero, en el dia del jui- cio, habran de confesar que los locos fueron ellos, al tener por locura y desvario el proceder de los Santos. jInsensatos de nosotros! -rugiran los malaventurados- Por locura teniamos su tenor de vida. (87) Y {puede (87) Nos insensati vitam illorum zstirnabamus insaniam. (Sap., Vv, 4.) 94 darse mayor locura que vivir lejos de Dios, condenan- dose por el mismo caso a una vida desdichada en este mundo y a una eternidad aun mas desdichada en el infierno? OR OK No quiero, joh, Dios mfo!, esperar a reconocer y confesar mi locura hasta aquel dia postrero, sino que desde ahora la confieso: loco fuf al ofenderos, joh, mi Bien Soberano! Padre mio -os diré con el Hijo Prédigo-.,...no soy digno de llamarme hijo Tuyo. (88) No merezco, Padre mio, perdén; mas lo espero de la Sangre preciosfsima que habéis derramado por mf. Arrepiéntome, Jestis mio, de las ofensas que contra Vos he cometido menospreciandoos, y os amo sobre todas las cosas. 2. jDesventurados pecadores! Cegados por el pe- cado, pierden el juicio. {Qué dirfamos de quien por unos centimillos vendiera un imperio? Pues {qué hemos de decir de los que por un gustillo, por un humo de vanidad, por un antojo, venden el Cielo y la divina gracia? Tienen puestos todos sus pensa- mientos en la presente vida, que bien presto ha de acabar, y al propio tiempo hacense acreedores al in- fierno para aquella otra que nunca jamas acabara. (88) Pater,.. non sum dignus vocari filius tus. (Lce., XV, 19.) 95 ok ok jAh, Dios mio! No permitdis que siga andando a ciegas por el camino de la vida como en lo pasado, cuando, perdido tras mis gustos y aficiones, por ellos os menosprecié a Vos, Bien infinito. Ahora los de- testo, y os amo sobre todas las cosas. 3. jDesdichados mundanos! Dia vendré en que Ilo- raran su locura; pero, ,cuéndo? Cuando su yerro y desgracia no tengan ya remedio. Entonces exclama- ran: jAy! ¢De qué nos ha servido la soberbia? 0 équé provechos nos ha traido el fausto y la vana ostentacion de las riquezas? Todo ello pasé como sombra (89) Si, ved cémo de todos nuestros goces y devaneos, que pasaron como una sombra, no nos queda mas que Ilanto y eterno penar. KK Carisimo Jestis mio, compadeceos de mi; heme, sf, olvidado de Vos, pero bien veo que Vos no os habéis olvidado de mi. Os amo, Amor mio, con to- das mis fuerzas, con toda la ternura de mi corazén, y detesto sobre todo mal las ofensas que os he he- cho. (89) Quid nobis profuit superbia? aut divitiarum jactantia quid contulit nobis? Transierunt omnia illa tamquam umbra (Sap., V, 8.) 96 Perdonadme, Sefior y Dios mio, y echad en olvi- do todos los disgustos y sinsabores que os tengo causados. Y, pues tenéis conocida mi flaqueza, no me dejéis de la mano: comunicadme las fuerzas que he menester para hacer frente a cuantas dificultades se atraviesen de por medio, a fin de daros gusto. jOh, Maria, Madre de Dios! En Vos tengo cifra- das todas mis esperanzas. MEDITACION XXX. Jestis llagado Ilaga los corazones. 1. Asegtiranos San Buenaventura que las llagas de Cristo Ilagan los corazones mas duros y enardecen las almas més heladas. «jOh, llagas -exclama el Santo Doctor- que, a manera de dardos, traspasan los corazones mas duros que las rocas, y, a manera de llamas, inflaman en divino amor a las almas mas frias que el hielo.» Y es asi; porque ,c6mo es posi- ble creer en un Dios que llevé su dignacién hasta querer ser abofeteado, azotado, coronado de espi- nas y morir, al cabo, por amor nuestro, sin amarle? El glorioso San Francisco de Asis recorria los cam- pos llorando la ingratitud de los hombres, y exlamaba: «jEl Amor no es amado! jEl Amor no es amado!» * KOK 97 Vedme aqui a vuestras plantas, Jestis mio: yo soy uno de esos ingratos, que, en tantos afios como llevo en el mundo, no os he amado. Pero jhabra de ser siempre asi, joh, Redentor mio! No, no; que antes de morir quiero amaros, quiero consagrarme del todo a Vos; acogedme, benigno, y prestadme vuestra ayuda. 2. La Santa Iglesia, mostrandonos a Jesucristo cru- cificado, exclama: «Toda su figura respira amor y nos convida a amarle: la cabeza inclinada, los bra- zos extendidos, el corazén abierto. (90)» Quiere decirnos: Contemplad, joh, mortales!, contemplad a este vuestro Dios muerto por amor vuestro; mi- rad que tiene los brazos extendidos para abrazaros, la cabeza inclinada para daros el beso de paz, el costado abierto para recibiros en su corazén, si queréis amarle. ok Si, yo os quiero amar, mi tesoro, mi amor, mi todo. Y {a quien amaria, de no amar a un Dios, que muri6 por mi? (90) Omnis figura Ejus amorem spirat, et ad redamandum provocat, caput inclinaturn, manus expanse, pectus apertum. (Offic. Dol. B. M. V., resp. 1.) 98 2. El amor de Cristo -dice el Apost6l- nos hace fuer- za. (91) jAh, Redentor mio! Vos habéis muerto por amor a los hombres, y los hombres no os aman, porque viven olvidados de la muerte que, por su amor, su- fristeis: si en ella pensaran, {c6mo pudieran vivir sin amaros? «Saber -escribe San Francisco de Sales- que Je- sucristo, nuestro verdadero Dios, nos am6 hasta morir por nosotros en una cruz, {no es sentir como prensados nuestros corazones y fuertemente apre- tados para exprimir de ellos el amor, con violencia tanto mas fuerte cuanto mds amable y deleitosa.» (92) Que es cabalmente lo que declaré San Pablo por las citadas palabras: La caridad de Cristo nos apremia, nos hace fuerza, conviene a saber: el amor en que por nosotros se abrasa nos fuerza a amarle. KK jiAmadisimo Sefior mio! En la vida pasada os menosprecié, pero ahora os aprecio y amo mas que a mi vida, ni hay dolor que asf me apene como el recuerdo de tantos disgustos como os tengo causa- dos, joh, Amor de mi alma! Encarecidamente os ruego que me los perdonéis, Jestis mio, y atraig. (91) Caritas Christi urget nos. (II Cor., V, 14) (92) El Am. de Dios, 1. VII c. 8 99 Vos todo mi corazon, de tal suerte que no desee ni busque sino a Vos, y seais Vos el tinico blanco de mis anhelos y aspiraciones. jOh, Marfa, Madre mia! Ayudadme a amar a Je- sucristo. MEDITACION XXXI. Del gran negocio de nuestra salvacion. 1: No hay negocio que mas nos importe que el ne- gocio de la salvacién eterna. Esto asi, {c6mo expli- carse el proceder de los hombres? En los negocios de este mundo, no perdonan diligencia a trueque de que no les fallen: no queda piedra por mover para escalar aquel puesto honroso, para ganar ese pleito, para concertar ese enlace... |Qué de consejos, qué de trazas y precauciones no se ponen en juego! Ni se come, ni se duerme. Y, en cambio, para granjear la eterna Bienaventuranza, {qué se hace? Absoluta- mente nada. Digo mal: ponese todo en juego para malograrla, como si Infierno, Cielo, Eternidad, no fueran verdades de fe, sino fabulas y patrafias. #4 * jAh, Dios mio! Comunicadme un rayo de vues- tra luz soberana: no permitdis que ande mas a cie- gas, como he andado hasta aqui. 100

También podría gustarte