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Qué Es La Luz

La luz es esencial para la vida y se compone de una mezcla de colores, como demostró Isaac Newton al descomponer la luz blanca. La física moderna, a través de Max Planck y Albert Einstein, ha establecido que la luz tiene propiedades tanto de ondas como de partículas, siendo los fotones los portadores de la fuerza electromagnética. Además, la radiación electromagnética, que incluye la luz visible, interactúa con la materia y puede tener efectos tanto positivos como negativos en los seres vivos.

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Qué Es La Luz

La luz es esencial para la vida y se compone de una mezcla de colores, como demostró Isaac Newton al descomponer la luz blanca. La física moderna, a través de Max Planck y Albert Einstein, ha establecido que la luz tiene propiedades tanto de ondas como de partículas, siendo los fotones los portadores de la fuerza electromagnética. Además, la radiación electromagnética, que incluye la luz visible, interactúa con la materia y puede tener efectos tanto positivos como negativos en los seres vivos.

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Qué es la luz?

Dr. Hugo Niggli

Todos sabemos la importancia que tiene la luz para nuestra vida. Después del frío
invierno el sol primaveral calienta nuestra tierra y toda la naturaleza comienza a
despertarse y a florecer. Si se hace pasar la luz solar blanca por un prisma esta se divide
en los diferentes colores espectrales: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Isaac
Newton (1642-1727) hizo esta observación con apenas 25 años de edad. Con este
experimento demostró que la luz blanca es una mezcla de los colores del arco iris. El
espectro de la luz se descubre no sólo en el arco iris. Ya en la antigüedad podía
observarse en las forjas que el hierro calentado en el fuego toma primero un color rojo
oscuro, después un rojo más claro, pasando poco a poco al blanco. ¿Qué nos cuenta la
física moderna sobre la luz? Max Planck (1858-1947) y Albert Einstein (1879-1955)
crearon las bases para la moderna teoría cuántica de la luz. Se trata de una combinación
de la idea de ondas y de partículas. La teoría electromagnética de la luz es obra de
James Clerk Maxwell (1831-1879) y constata que la luz es una combinación de campos
eléctricos y magnéticos que se desplazan por el espacio como una ola de agua. La teoría
de las partículas de la luz que nos permite medir los fotones con modernos aparatos
(fotomultiplicadores) fue postulada en 1905 por Albert Einstein (1879-1955). En esa
fecha publicó la teoría sobre el fotoefecto: la luz generada por una corriente eléctrica.
Por este descubrimiento recibió en 1922 a posteriori para el año 1921 el premio Nóbel
de física. Una aplicación práctica de este fotoefecto podemos encontrar, por ejemplo, en
los ascensores automáticos. Un rayo de luz cruza delante de la puerta del ascensor y
alcanza una superficie metálica por la que fluye una corriente eléctrica que hace que la
puerta se cierre. Si una persona que entra, sin embargo, interrumpe el rayo de luz ya no
fluye la corriente y la puerta permanece abierta. Para la descripción de este carácter de
partícula de la luz Einstein empleó la idea determinante de Max Planck del año 1900 en
el sentido que una radiación electromagnética (ilustración 1) sólo puede emitirse en
paquetes de cierto tamaño que reciben el nombre de cuantos.

Ilustración 1: Espectro electromagnético (fuente:[Link])

Sobre esta base se perfeccionó la técnica moderna para la medición de la luz de forma
que se hacía posible medir fotones individuales. Con los fotomultiplicadores antes
mencionados es posible demostrar la presencia de la luz de una vela a una distancia de
20 km.

La radicación electromagnética en la tierra


No somos conscientes de que estamos inmersos en un océano de energía
electromagnética. Como se aprecia en la ilustración 1, la radiación electromagnética,
que procede del espacio y del sol y se dirige en dirección a la tierra, comprende todas
las frecuencias, desde la radiación cósmica con ondas extremadamente cortas pasando
por los rayos X, ultravioletas, la luz visible, el infrarrojo y las frecuencias de radio hasta
las frecuencias de ondas largas. Una gran parte de la atmósfera terrestre absorbe esta
radiación que, por lo tanto, no alcanza la superficie de la tierra. Se sabe, por ejemplo,
que la capa de ozono en la estratosfera absorbe casi por completo la radiación
ultravioleta de ondas cortas. Es importante que esta radiación ultravioleta con una gran
cantidad de energía no pueda penetrar hasta la superficie terrestre o sólo de forma muy
atenuada en forma de ultravioleta B, porque esta radiación provoca alteraciones en el
material hereditario de los seres vivos. Esta banda de absorción es el elemento contrario
a la ventana atmosférica en la franja de la luz visible, que absorbe sólo poca radiación
solar que puede avanzar, en consecuencia, hasta la superficie terrestre. Otras ventanas
atmosféricas existen en la región del infrarrojo y en la franja de las radiofrecuencias.

La historia del éter cuántico


Para poder comprender la biología de la luz es necesario hacer una pequeña incursión en
la historia de la luz anterior a la teoría cuántica de la luz y su medio, el éter. Cuando
Augustin Jean Fresnel (1788-1827) comenzó a trabajar en la teoría de las ondas de la
luz denominó este medio, de acuerdo con el quinto elemento según Aristóteles (384-322
a. C.), éter. Aristóteles había dividido la creación en un mundo terrenal y uno celestial.
El mundo celestial es, según Aristóteles, el mundo del éter, mientras que el mundo
terrenal el de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Aristóteles diferenció el
éter claramente de la materia del mundo elementar al igual que del mundo inmaterial. El
concepto aristotélico del éter es, por lo tanto, claramente el de una materia inmaterial.
En 1881 Albert Abraham Michelson (1852-1931) intentó con la cooperación de Edward
Morley (1838-1923) demostrar ese éter lumínico. Este experimento muchas veces
citado se realizó en 1887. El punto de partida para Albert Abraham Michelson y Edward
Morley era la medición de la velocidad relativa con la que se desplazaba la tierra por el
éter. Los investigadores se imaginaron los efectos del viento etérico sobre las ondas de
la luz con la siguiente imagen: En su opinión el efecto debería ser exactamente igual
que la influencia de una corriente fuerte de un río sobre el nadador que se desplaza a
una velocidad constante entre dos puntos río arriba o río abajo. La corriente del río frena
al nadador al desplazarse río arriba, pero al volver río abajo le acelera. Para este
experimento los dos investigadores construyeron un instrumento de medición
extremadamente preciso, un denominado interferómetro. La velocidad de la luz se mide,
al igual que en la imagen del nadador, en dos direcciones diferentes, por una parte en la
dirección del movimiento de la tierra y por otra en perpendicular al mismo. La luz que
se mueve en la misma dirección que la tierra debería de ser más rápida que la luz
perpendicular. Pero por mucho esmero que aplicaran los dos investigadores no eran
capaces de detectar una diferencia en la velocidad. La velocidad de la luz permanecía
constante. La velocidad etérica era 0, como si el viento etérico no existiera. En este
experimento no era posible demostrar un movimiento relativo entre la tierra y el éter.

En la física existe una opinión ampliamente defendida que este experimento rebate la
teoría del éter. Einstein señaló en su teoría especial de la relatividad que los campos
electromagnéticos no requieren el éter lumínico. En un discurso sobre “Éter y la teoría
de la relatividad” en 1920 en Leiden, sin embargo, expuso que el éter debía de
redefinirse, porque incluso el espacio vacío posee características físicas. La física
cuántica demuestra ahora que incluso en el espacio vacío, sin materia y radiación alguna
– si a la temperatura de cero absoluto (-273° C) sólo queda el vacío – el campo
electromagnético tenía que segur encontrándose en un estado de actividad interminable
y posee, por lo tanto, una energía de punto cero. El principio de la indeterminación
desarrollado por Werner Heisenberg implica, además, que ninguna partícula alcanza
jamás el reposo, sino que todas se encuentran permanentemente en movimiento. Esto
significa que el vacío no está muerto y vacío, sino que existen constantemente
perturbaciones y está lleno de campos cuánticos virtuales en fluctuación (no
mensurables). Con este nuevo éter cuántico se aprecia que el mar de energía sin
sustancia del espacio nunca es cero y que incluso el espacio vacío de un átomo está
lleno de esta energía de punto cero. La enorme importancia de esta energía en el átomo
más simple de hidrógeno puede visualizarse con la siguiente imagen: En el centro de un
campo de fútbol se encuentra colocada una pelota que se corresponde con el núcleo del
átomo. 2.000 veces más pequeño se mueve un grano de arena junto a la portería: el
electrón. El resto del campo de juego está lleno de esta energía del punto cero. Esta
energía es enorme. El físico Archibald Wheeler la calculó en un centímetro cúbico de
espacio vacío (universidad de Texas, [Link].) con 10^115 J – esto es más energía que
la que contiene toda la materia del universo conocido. Aunque otros cálculos arrojaron
valores considerablemente más bajos de la densidad energética el campo de punto cero
en el vacío, concretamente 10^95 J por centímetro cúbico, sigue significando que en un
vaso de agua con espacio vacío existe suficiente energía para conseguir que un océano
como el Atlántico comience a hervir.

Hal Puthoff demostró a mediados de los años 80 en un artículo publicado en Physical


Review, una de las revistas especializadas en física más prestigiosas, que el estado
estable de la materia sólo puede existir si hay una interacción dinámica entre las
partículas subatómicas y el campo de la energía de punto cero que aporta estas
partículas. Podemos imaginarnos este proceso como la espuma de agua que rodea unas
cataratas bramantes. Además, por medio de cálculos físicos demuestra que las
fluctuaciones de las olas del campo de punto cero impulsan los movimientos de las
partículas subatómicas y que todos los movimientos de todas las partículas
fundamentales del universo generan, a su vez, el campo de punto cero que se extiende
por todo el cosmos. Esto significa que nosotros y toda la materia del universo estamos
enlazados, por medio de las olas del campo de punto cero, con los rincones más
recónditos del cosmos.

Interacciones electromagnéticas con átomos y moléculas


Como ya habíamos mencionado, las partículas más pequeñas de la luz, los denominados
fotones, son los portadores y transmisores de la fuerza electromagnética. Esta fuerza se
explicó con los trabajos del americano Murray Gell-Mann, premio Nóbel de Física en
1969, conduciendo, por lo tanto, al modelo estándar de la física de partículas, el modelo
cuántico. Toda la materia se compone de los fermiones fundamentales, es decir los
quarks (subunidades del núcleo atómico (protones, neutrones)) y leptones (electrones
(capa atómica)). Las partículas de intercambio en este modelo estándar de las
interacciones fundamentales se denominan bosones. Uno de ellos, el fotón, transmite,
tal y como hemos descrito arriba, el electromagnetismo y se considera, por lo tanto,
como el portador de las informaciones de la materia, siendo igualmente responsable de
la cohesión entre las piezas modulares de la materia, las denominadas partículas
fundamentales. La clasificación más importante de la radiación electromagnética se
basa en su interacción con los átomos y las moléculas. La radiación de mayor contenido
energético, la denominada radiación ionizante, altera el número de electrones en la capa
atómica, cargando por lo tanto el átomo o la molécula eléctricamente. Entre los rayos
ionizantes se encuentran, entre otros, todos los rayos radiactivos (radiación alfa, beta y
gama), los rayos X, así como la radiación del vacío y UV-C. Como consecuencia de esta
denominada ionización se forman “radicales” que alteran las funciones celulares de los
seres vivos, en el peor de los casos dañándola o destruyéndola. Todos recordamos los
efectos mortíferos de esta radiación a dosis altas en las bombas atómicas de Hiroshima y
Nagasaki. Pero se conocen también efectos positivos a dosis de radiación más bajas, que
encontramos, p. ej. en las fuentes curativas radiactivas.

Hasta la fecha se han realizado sólo pocos trabajos de investigación con el resto del
espectro electromagnético con menor contenido energético, la denominada como
radiación no ionizante. Pero una y otra vez vemos que también estos rayos ejercen unos
efectos considerables sobre las funciones celulares. El investigador celular Klaus
Bayreuther demostró, p. ej. que campos electromagnéticos débiles aceleran el
envejecimiento de las células cutáneas. Tampoco debe de subestimarse la influencia de
la red de telefonía móvil sobre el hombre, como señaló el físico Gerard J. Hyland en una
publicación en 2000 en la revista médica “The Lancet“.

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