ESCUELA INTERNACIONAL DE MINISTERIOS
ALUMNO: LUIS ARMANDO OMAR BUENAVENTURA
RAMIREZ
BENDICION O MALDICION, AUTOR: DEREK PRINCE
6TO TRIMESTRE
ESCUELA INTERNACIONAL DE MINISTERIOS, 6TO SEMESTRE.
BENDICIÓN O MALDICIÓN, DEREK PRINCE
ELABORADO POR: LUIS ARMANDO OMAR BUENAVENTURA RAMIREZ
MI RESUMEN
Vamos por la vida, andando de una forma muy superficial, sin darnos cuenta de que existen fuerzas
invisibles, que pueden decidir o ser un obstáculo para cumplir nuestros propósitos en este mundo.
Podemos tomar como ejemplo a dos hombres, con la misma formación, misma educación y mismos
recursos. Después de un tiempo, uno de ellos se encuentra en la cima del éxito, ha logrado todos sus
objetivos, un excelente trabajo, una familia muy unida y amorosa, unos hijos que destacan en su escuela.
Pero al otro lado de la calle, se encuentra un hombre frustrado, a punto del divorcio, el cual tiene una
familia con hijos desobedientes y drogadictos, en el trabajo no ha podido sobresalir, a pesar de tomar todos
los cursos de superación personal. Lo que no sabe este hombre es que quizá se encuentra bajo una
maldición.
Una maldición se puede comparar con un largo y maligno brazo que se extiende desde el pasado. Se
recarga sobre usted con una tenebrosa y opresiva fuerza que inhibe la total expresión de su personalidad.
Siente que dentro de usted hay potencialidades que jamás llega a desarrollar por completo. Hay una
palabra que resume los efectos de una maldición: frustración.
Algunas veces las maldiciones pueden no tener su origen en generaciones anteriores. Pueden ser el
resultado de obras o sucesos a lo largo de nuestra propia vida. Pudiera ser que una maldición de
generaciones previas se haya agravado con sus mismas acciones.
En ocasiones, existen barreras invisibles que no permiten llegar a un estado pleno de bienestar. En algunas
ocasiones debemos investigar y escudriñar por medio del Espíritu Santo, si existe alguna maldición que
impida el avance de una bendición. Si hay alguna maldición de por medio es imposible que llegue la
bendición a la vida del creyente. En muchas ocasiones el Espíritu Santo nos dirige y muestra, cuando una
persona debe liberarse de una maldición antes de accionar una bendición en su vida.
Hay varios ejemplos de este capítulo que muestran que después de orar por liberación de alguna maldición,
de inmediato puede accionarse alguna bendición detenida. Muchas personas por sanidad, otras más por el
avance económico retenido. Incluso se pueden manifestar muchos obstáculos, porque las maldiciones
accionan candados para no desaparecer, esto es una muestra de la importancia de realizar la liberación de
cada maldición presente en nuestras vidas.
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Las fuerzas que determinan la historia se sitúan dentro de dos categorías: las visibles y las invisibles. Es
la interacción de estos dos planos los que determinan el curso de la historia de un cristiano. En el plano
visible pertenecen todos los objetos y sucesos normales del universo material.
Las cosas que pertenecen al plano visible son transitorias y temporales. Es sólo en el plano invisible que
podemos encontrar la realidad verdadera y permanente. Tanto las bendiciones como las maldiciones
pertenecen al invisible plano espiritual. Las bendiciones producen resultados buenos y beneficiosos; las
maldiciones producen resultados malos y dañinos.
Dos importantes características les son comunes. Primero sus efectos rara vez se limitan al individuo.
Pueden extenderse a familias, tribus, comunidades o naciones enteras. Segunda, una vez que se les da
rienda suelta, tienden a continuar de generación en generación hasta que algo suceda que cancel sus
efectos. Esta segunda característica de las bendiciones y las maldiciones tiene importantes implicaciones
prácticas. Pudiera ser que en nuestra vida haya fuerzas actuando que tiene su origen en generaciones
anteriores. El principal vehículo, tanto para las bendiciones como de las maldiciones, son “las palabras”.
Las palabras según la Escritura tienen mucho poder, como se mencionan algunos ejemplos del libro de
Proverbios.
De igual manera, Santiago usa imágenes muy vivas para resaltar el tremendo poder que tienen las palabras
para afectar las situaciones y la vida de las personas, tanto para bien como para mal. Es significativo que
él resalte que ambas, son palabras que pueden estar cargadas con esta clase de poder desmesurado. Además
de las palabras, existen otros vehículos que pueden transmitir las bendiciones y las maldiciones, tales
como objetos o sustancias, como observamos con la unción de aceite. Las bendiciones no son inherentes
a los objetos físicos como tales. Son impartidas solo a aquellos que perciben la voluntad de Dios tal como
está revelada en las Escrituras, y quienes entonces por fe y obediencia personal reciben lo que se les ofrece
por mediación de los objetos físicos. Sin fe y obediencia, no hay bendición.
En ciertas circunstancias, tanto las maldiciones como las bendiciones pueden ser transmitidas por objetos
físicos. Tales como figuras o ídolos, Dios prohíbe expresamente hacer cualquier clase de ídolos o
imágenes con propósitos religiosos, y advierte que quienes quebranten este mandamiento traerán juicio
no solo sobre si mismos sino sobre, por lo menos, tres generaciones de sus descendientes.
La maldición no solo les impide recibir la bendición que Dios les está ofreciendo, sino que tampoco les
permite comprender que la bendición esta ante ellos lista para cubrirlos. Únicamente cuando el Espíritu
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Santo hace brillar la luz de la Escritura en nuestra vida, empezamos a comprender la manera en que el
diablo nos ha engañado y defraudado.
Algunas personas se contentan con aceptar las bendiciones como un hecho valido, pero se muestran
escépticas en lo referente a las maldiciones. Las bendiciones son tan reales así como las maldiciones.
Innumerables son los cristianos que deberían estar disfrutando de bendiciones, cuando en realidad están
soportando maldiciones. Existen dos razones principales para esto: Primera, sencillamente no saben lo
que es una bendición y lo que es una maldición, y como distinguir una de otra. Segunda, si está bajo una
maldición, no comprenden los fundamentos que lo pueden liberar. Dios es la única y suprema fuente de
toda bendición, aun cuando estas lleguen a nosotros por medio de diferentes canales. Con frecuencia,
también las maldiciones pueden proceder de Dios, pero él es el único origen. Las maldiciones procedentes
de Dios son uno de los principales medios para traer juicio sobre los rebeldes, los incrédulos y los impíos.
Por un lado, la misericordia de Dios ofrece su justicia, que él imparte a quienes reciben por fe el sacrificio
vicario de Jesús. Y, al mismo tiempo, este sacrificio es también la revelación fundamental de la ira de
Dios, derramada sobre Jesús cuando él se identifica con el pecado del hombre. Los cristianos que dudan
la realidad del juicio de Dios sobre el pecado, deberían meditar de nuevo sobre el significado de la
crucifixión. Ni siquiera Jesús pudo hacer que Dios aceptara el pecado, sino que tuvo que soportar el pleno
golpe de su ira. Una maldición no puede entrar en efecto a menos que exista una causa para ella. Las
maldiciones no existen sin causa alguna, pueden ser por transmisión hereditaria o autoimpuestas.
Hay dos condiciones para disfrutar de las bendiciones: primera, escuchar la voz de Dios; segunda, hacer
lo que él dice. Escuchar la voz del Señor implica una íntima relación con él en la cual él pueda hablar a
cada uno de nosotros. Su comunicación es de Espíritu a espíritu; es decir, de su Espíritu a nuestro espíritu.
Solo una relación de esta clase con Dios nos prepara de verdad para las bendiciones que él ha prometido
a los que escuchan y obedecen su voz.
La causa de las maldiciones es exactamente opuesta a las bendiciones. Las bendiciones vienen de escuchar
la voz de Dios y hacer lo que él dice. Las maldiciones vienen por “no” oír la voz de Dios y “no” hacer lo
que él dice. Esta negativa de oír y obedecer la voz de Dios puede resumirse en una palabra: “rebelión” no
contra un hombre, sino contra Dios. El autor realizo dos listas que resumen las bendiciones y maldiciones
como lo menciona Moisés en Deuteronomio 28; las bendiciones son: Exaltación, Salud, Reproductividad,
Prosperidad, Victoria, Favor de Dios. Las maldiciones son lo opuesto de las bendiciones, las cuales pueden
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ser: Humillación, Aridez, esterilidad, Enfermedad física y mental, Desintegración de la familia, Pobreza,
Derrota, Opresión, Fracaso, Desfavor de Dios.
Existen siete indicaciones de una maldición: [Link] mental o emocional 2. Enfermedad repetida o
crónica 3. Esterilidad, tendencia al aborto 4. Desintegración del matrimonio 5. Continúa insuficiencia
económica 6. Propensidad a los accidentes 7. Historia de suicidios y muertes prematuras o antinaturales.
La presencia de uno solo o dos de estos problemas no sería necesariamente suficiente, para establecer
conclusivamente la presencia de una maldición. Pero cuando varios de estos problemas se presentan, o
cuando cualquiera de ellos tiende a repetirse, la probabilidad que sea una maldición aumenta
proporcionalmente. En último recurso, sin embargo, es el Espíritu Santo quien puede proporcionar un
“diagnostico” acertado.
Hay dos pecados que Dios no tolera que se mencionan en Éxodo, el primero es reconocer cualquier otro
dios además del Señor. El segundo pecado es hacer cualquier representación artificial de Dios y ofrecerle
adoración. El juicio de Dios por el quebrantamiento de estos dos mandamientos lleva la característica
señal de una maldición que continua de generación en generación, por lo menos hasta la cuarta. Nuestra
mente humana tarda en comprender la horrible perversidad de adorar ídolos. El Dios verdadero, revelado
primero en la creación y después más completamente en la Escritura, es santo, terrible, glorioso,
omnipotente. Representarlo en semejanza de cualquier ser creado es ofenderlo deliberadamente. Es una
provocación a su ira. Como personas y seres humanos, estamos buscando constantemente conocimiento.
La razón es que en el universo hay en realidad solo dos fuentes de conocimiento y poder sobrenaturales a
su disposición: Dios y Satanás. Por consiguiente, toda forma de conocimiento o poder sobrenatural que
no procede de Dios, necesariamente procede de satanás. Puesto que el reino de Dios es el reino de la luz,
sus siervos saben a quién sirven y lo que están haciendo. Al lado opuesto, el reino de satanás es el reino
de las tinieblas, la mayor parte de quienes están en su reino no saben la verdadera identidad de quien
sirven, ni la verdadera naturaleza de lo que están haciendo.
La principal forma de desobediencia que provoca maldición de Dios, está declarada en reconocer y adorar
falsos dioses en Éxodo 20, sin embargo en el Antiguo Testamento también se revela un enorme número
de formas secundarias de desobediencia sobre las que Dios ha pronunciado una maldición. Algunos de
ellos son: Reconocer y adorar falsos dioses, No respetar a los padres, Toda forma de opresión e injusticia,
especialmente cuando la víctima es débil y el indefenso, Todas las formas de sexo ilícito o antinatural.
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Dios pronuncio cuatro promesas de bendición sobre Abraham: “Te bendeciré”. “Serás de bendición”.
“Bendeciré a los que te bendijeren”. “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Sin embargo,
intercalada en medio de estas bendiciones, hay una maldición: “A los que te maldijeran maldeciré”. La
adición de esta maldición tiene un propósito práctico importante. Toda persona sobre quien Dios
pronuncie su bendición queda inmediata y automáticamente expuesta al odio y la oposición del gran
enemigo de Dios y de su pueblo: satanás. Por paradójico que pueda parecer, la bendición de Dios provoca
la maldición de satanás, canalizada a través de los labios de quienes son controlados por satanás. Por esa
razón, cuando Dios bendijo a Abraham, añadió su maldición sobre todos los que pudieran maldecirlo.
Esto significa que nadie podía maldecir a Abraham sin atraer sobre sí la maldición de Dios.
Poner la habilidad humana en el lugar de la gracia divina es exaltar lo carnal por encima de lo espiritual.
Cuando hablamos de carnalidad o carne, no nos referimos al cuerpo humano, sino a la condición heredada
de Adán, de realizar todo lo contrario que habla Dios, con el fin de poner en alto al hombre en vez de
Dios. El “legalismo” se puede definir también como un intento de imponer cualquier condición adicional
para conseguir la justicia más allá de lo que el mismo Dios ha dispuesto. Dios entrego a Jesús a la muerte
por nuestros pecados. Levanto a Jesús de entre los muertos para que pudiéramos ser contados justos. Dios
no pide más que esto, y nadie jamás ha sido autorizado para añadir nada a los requisitos de Dios. Cuando
agregamos más actos o acciones con el fin de alcanzar el favor de Dios, aparte del sacrificio de Jesús, esto
se le llama legalidad o religiosidad.
Muchos cristianos no entregan diezmo o no lo dan completo, tienen la idea de que el diezmo se lo entregan
a personas y no a Dios, y aunque esta revelación en forma es cierta, debemos confiar que Dios puso a
estas personas al frente para dirigir su iglesia. Robar a Dios y tomar o jurar el nombre de Dios en vano, es
un pecado que trae maldición. En los libros de Hageo, Malaquías y Zacarías, hablan más acerca de esta
condición. Para pasar de la maldición a la bendición, Dios requiere de su pueblo dos cosas: arrepentimiento
y restitución.
Tanto las bendiciones como las maldiciones son parte de una vasta e invisible esfera espiritual, que afecta
la vida de todos y cada uno de nosotros. Un factor central y decisivo en esta esfera es la autoridad. En todo
el universo hay una sola, única y suprema fuente de autoridad: Dios el Creador. Sin embargo, por lo
general Dios no ejerce su autoridad directamente, sino que la delega en otros que él escoge. Dios coloco
toda autoridad en las manos de Cristo. Pero Cristo, a su vez, delega en otros la autoridad que ha recibido
del Padre. El único que tiene autoridad “absoluta” es Dios. Todas las demás autoridades están sujetas a
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limitaciones de diversas clases. Cuando no respetamos la autoridad delegada por Dios y la
desobedecemos, estamos pecando contra Dios, y por consiguiente atraemos una maldición.
Debemos de cuidar la forma en que hablamos, cuando no estamos agradecidos con algo que nos pasa, y
hacemos reproches de ello, estamos hablando maldiciones a nuestra vida. Estas son maldiciones
autoimpuestas. Es sorprendente que exista una clase de maldición contra la que ni siquiera Dios puede
proporcionar protección las maldiciones que los cristianos pronuncian sobre sí mismos. Cuando hablan
palabras negativas acerca de sí mismos, cierran el acceso a las bendiciones y se exponen a las maldiciones.
Las personas que usan esta clase de expresiones negativas, están invitado inconscientemente a los malos
espíritus para que tomen posesión de ellas. Hay tres pasos que hacen falta para escapar de esa maldición
autoimpuesta: Arrepentirse – Revocar – Reemplazar. Primero: tenemos que reconocer que hemos hecho
una confesión negativa acerca de nosotros y que debemos arrepentirnos de ella. Segundo, tenemos que
revocarla; ósea desdecirla o cancelarla. Tercero, tenemos que reemplazar nuestra anterior confesión
equivocada con una correcta.
Las actitudes de los cristianos hacia satanás varían entre dos extremos. Algunos totalmente hacen caso
omiso de satanás, y tratan de actuar como si no fuera real. Otros tienen miedo de él y le dan mucha más
atención de la que merece. El nombre satanás significa adversario. Es el inalterable e implacable enemigo
de Dios y de su pueblo y sus propósitos. Se ha propuesto someter bajo su dominio a toda la humanidad y
su táctica principal es el engaño, del cual él es un maestro. Debemos entender que existe un equilibrio
bíblico, para vencer estas maldiciones y evitar los extremos considerados contra satanás. Es importante
no dejarnos engañar, y escudriñar todo a la luz de la Palabra de Dios.
Hay muchos cristianos que se sorprenderían de saber que hay situaciones en que las fuerzas espirituales
que emanan de sus hermanos creyentes también pueden ser dañinas. Comprendamos que existen dos
naturalezas en nosotros, la humana o del alma y la espiritual. Solo el espíritu puede conectarse y tener una
relación directa con Dios. Las personas que no tienen una relación con Dios, ven todo de forma carnal,
pero el espiritual lo juzga todo. Debemos cuidarnos de las personas que se visten de espiritualidad, y en
realidad no lo son. La raíz del problema es la rebelión, que produce rechazo y desobediencia a la autoridad
de Dios. Al mismo tiempo esta alma está expuesta por su rebelión a la influencia de los demonios, pues
sus embotados sentidos espirituales no pueden identificarlos. Esto causaría todo tipo de problemas,
surgiendo la murmuración, la difamación, el engaño y la mentira que provienen de personas dentro de la
iglesia, y que pueden sembrar y confundir a personas inmaduras, acerca de la autoridad de Dios, causando
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a su vez más rebelión. Debemos aprender a protegernos de las heridas y palabras dañinas que otros pueden
hablar sobre nosotros.
Muchos cristianos son sacudidos cuando se les confronta con el daño que causan al hablar indebidamente
entre ellos de otras personas. Sin embargo, el golpe es aun superior cuando confrontan el daño todavía
mayor que pueden causar cuando hablan indebidamente de otros “en sus oraciones a Dios”. Dios ha
establecido en la Biblia los principios de la oración que son aceptables para él. Cualquiera que haga caso
omiso a eses principios y ofrezca una oración que sea opuesta a ellos, disgusta a Dios y provoca su rechazo
de esa oración. Debido a que es tan importante para nosotros orar correctamente, no debemos confiar en
nuestra propia sabiduría. Para ello Dios no nos ha dejado solos. Ha puesto a nuestra disposición un
Ayudador divino: el Espíritu Santo. Capacitados por él, podemos pronunciar oraciones que Dios acepta.
Pero separados del Espíritu Santo somos incapaces de orar de modo que agrade a Dios o que cumpla sus
propósitos. Se deben combinar dos condiciones para que Dios acepte la oración: por medio de Jesús y
por el Espíritu Santo. Debemos de renunciar firmemente a cualquier intento futuro tanto de acusar a otras
personas como de dominarlas por las palabras que pronunciamos en oración.
Todo el mensaje del evangelio gira alrededor de un singular suceso histórico: la muerte en el sacrificio de
Jesús en la cruz. Dios no ha proporcionado muchas soluciones diferentes para los multitudinarios
problemas de la humanidad. En su lugar, nos ofrece una solución que los resuelve todos, es su respuesta
para todos sus problemas. En la cruz tuvo lugar un intercambio ordenado por Dios. Primero Jesús sufrió
en lugar nuestro las consecuencias del mal que merecíamos por justicia divina sobre nuestros pecados.
Entonces, a cambio, Dios nos ofrece todo el bien que merecía la obediencia sin pecado de Jesús. Todo
esto procede únicamente de la insondable gracia de Dios, y se recibe solo por fe. Jesús murió nuestra
muerte para que nosotros pudiéramos compartir su vida. Jesús cargo nuestra vergüenza, para que nosotros
pudiéramos compartir su gloria. Jesús soporto el rechazo que nos tocaba, para que nosotros pudiésemos
tener la aceptación de él como hijos de Dios.
Hay siete pasos para ser libre de toda maldición, esto se muestra en la base que es el intercambio que tuvo
lugar en la cruz. Esto lo podemos ver desglosando todo lo que soporto Jesús: fue castigado y nosotros
perdonados, fue herido y nosotros curados, fue hecho pecado y nosotros justificados, fue pobre y nosotros
ricos, llevo nuestra vergüenza y nosotros alcanzados con su gloria, fue rechazado y nosotros aceptados
como hijos de Dios, fue maldito y nosotros bendecidos. Todas estas acciones y más resumidas en la
palabra salvación. La salvación abarca el total de la persona humana: espíritu, alma y cuerpo; y se consuma
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únicamente con la resurrección del cuerpo al regreso de Cristo. La única manera de ser libre es por medio
del sacrificio en la cruz de Jesús. ¿Cuáles son los pasos para ser libres?: 1. Confiese su fe en Cristo y en
el sacrificio que hizo en la cruz. 2. Arrepentirse de todas las rebeliones y pecados. 3. Reclamar el perdón
de todos los pecados. 4. Perdonar a todas las personas que le hayan herido u ofendido. 5. Renunciar a todo
contacto con cosas ocultistas o satánicas. 6. Hacer la oración de liberación. 7. Creer que hemos recibido
liberación y bendición de parte de Dios.
La transición del territorio oscuro al iluminado por el sol puede tomar muchas formas diferentes. Algunas
personas experimentan liberación casi instantánea y parecen entrar inmediatamente en las bendiciones
que promete la Escritura. Para otros, igualmente sinceros, pudiera haber una larga y dura lucha. Además
y sobre varios factores, estamos frente a la soberanía de Dios. El cumple siempre sus promesas, pero en
la mayoría de los casos hay dos iniciativas que no revela por adelantado: la forma precisa en que obrará
en cada vida, y el tiempo exacto que tomara para hacerlo. Nadie puede dictarle a Dios como debe cumplir
sus promesas. Lo que tenemos que hacer es mantener una actitud de inalterable confianza y fe en que él
lo hará cuando y como lo estime conveniente.
Dios nos asegura que él estará con nosotros y cumplirá todas sus promesas. Al mismo tiempo, nos advierte
que tropezaremos con varias formas de oposición, que probarán nuestra fe y nuestro compromiso.
Cualquier atajo que evite las tribulaciones no nos llevará al reino. Una vez que hayamos dejado bien
sentado esta realidad en nuestra mente, ya las tribulaciones no nos detendrán. Dios nos pide así como a
Josué, en que seamos hombres y mujeres valientes, que arrebaten las bendiciones con valentía y sin temor.
En cada situación que enfrentamos, tenemos que responder con una confesión de las Escrituras apropiada
a fin de invocar en beneficio de nosotros el continuo ministerio de Jesús como nuestro sumo sacerdote.
Las confesiones positivas por medio de la Palabra, activan la soberanía de Jesús y el favor de Dios en
nuestras vidas. La fe genuina reconoce humildemente su total dependencia de Dios. Agradeciendo en todo
momento, y adorando con nuestra forma de vivir diaria. Mientras practicamos la proclamación confiada
de todo lo que Dios nos ha proporcionado mediante el sacrificio de Jesús, eso nos conducirá naturalmente
a otras dos formas de expresión: la acción de gracias y la alabanza. Donde quiera que exista una fe genuina,
la proclamación será seguida siempre por la acción de gracias y la alabanza. Aunque están muy
íntimamente relacionadas, entre la acción de gracias y la alabanza hay una diferencia. En términos
sencillos: Damos gracias a Dios, por lo que él hace; lo alabamos por ser quien es. Unidad la acción de
gracias y la alabanza, nos dan acceso directo a la presencia de Dios.
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Supongamos ahora, después de todo lo que hemos pasado para ser libres, que la gente se nos oponga, nos
ultraje, maldiga o persiga por nuestra fe en Cristo. Supongamos que difundan mentiras maliciosas acerca
de nosotros y se valgan de toda clase de medios deshonestos e ilegales para hacernos daño. ¿Podemos
vengarnos pronunciando alguna clase de maldición contra ellos? A esto la respuesta del Nuevo Testamento
es un claro y enfático NO. Hay un solo poder suficientemente fuerte para vencer al mal, y ese es el bien.
Cualquiera que sea la forma de maldad que se nos enfrente, siempre tenemos que replicar con la
correspondiente forma de bondad. De otra manera, encontraremos que la maldad es demasiado fuerte para
nosotros. Puede ser tentador buscar la gratificación momentánea de algún impulso maligno permitiendo
que una maldición pase por nuestros labios, pero al hacerlo nos ofrecemos como esclavos al autor de la
tentación: satanás. De este modo, el que se vale de una maldición para traer mal sobre otros, trae mucho
mayor y más perdurable mal sobre sí mismo. Es por ello que la Palabra da muchos ejemplos de que
debemos controlar los impulsos, estar sometidos al Espíritu Santo y actuar de manera sabia y amorosa.
Toso esto con el único objetivo de gozar de la liberta que Dios nos dio, por medio del sacrificio de Jesús
en la cruz.
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¿Cómo aplicarlo?
El libro es una manera muy resumida y directa de como reconocer las maldiciones, como ser libre de ellas,
evitarlas y conseguir una verdadera bendición de parte de Dios. El ultimo capitulo me dejo sin palabras y
me llevo a reflexionar. La maldición toca mis labios, cuando voy a pronunciarla, y más profundo aun, al
solo pensar en una maldición para otra persona, ya me estoy contaminando. Ahora sé cómo identificar
maldiciones, no solo mías, sino de mi familia, hay muchas maldiciones que nosotros mismos nos auto
implantamos, y muchas de ellas difíciles de quitar por nuestra propia cuenta. Ahora que ya pude reconocer
donde tengo mis fallas, puedo pedir la orientación del Espíritu Santo para poder, liberarme completamente
de cada maldición tanto heredada y autoimpuesta. El poder de Dios no se limita en este tiempo, sé que al
ser libre de estas maldiciones, estoy protegiendo a mis generaciones futuras. Deseo ser libre, y poder
caminar en el gozo de las bendiciones de Dios, y sobre todo que él pueda usarme con propósito para su
iglesia. Es momento de despertar y ser libre de la tiranía del enemigo, y actuar con amor hacia los demás,
creo que este libro puede mejorar muchas áreas de mi vida, que sin duda están detenidas por alguna
maldición invisible. Es momento de una relación más cercana con Jesús. Es momento de ser libre
completamente.
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