Anaximandro de Mileto fue también el primer
pensador griego que puso en prosa sus reflexiones
filosóficas. Su tratado Sobre la naturaleza debió ser una
de las más notables tentativas de sistematización de lo
real anterior a Aristóteles; sólo ha llegado hasta
nosotros un fragmento, pero algunas noticias de
Aristóteles y de Simplicio permiten reconstruir, al
menos en parte, la doctrina del autor.
En su filosofía, Anaximandro coincide con Tales de
Mileto en defender que existe un solo principio básico
(arjé o arché) como generador de todas las cosas, al
que Anaximandro llamó ápeiron (lo indefinido o
indeterminado): una sustancia indeterminada,
ilimitada e infinita, que es a la par eterna. Sólo el
ápeiron es incorruptible e imperecedero. Todos los
seres del universo se derivan de él y están sujetos a
nacimiento y desaparición por la fuerza de los
contrarios presentes en ellos: caliente y frío, húmedo y
seco, etc.
En su intento de determinar el principio primero,
Anaximandro sigue la constante de los demás filósofos
milesios, pero es preciso subrayar que en lugar de
hallar este principio en una naturaleza finita (el agua,
según Tales, o el aire, según Anaxímenes),
Anaximandro lo ve en algo (el ápeiron) que no es
percibido por la experiencia, sino que ha de postularse
como causa permanente y trascendente del
acontecer del mundo empírico; algo indefinible en el
espacio y en el tiempo que es causa y principio de las
cosas perecederas y definidas, las cuales están
destinadas a disolverse de nuevo en el ápeiron. La
novedad de Anaximandro, en cuya doctrina quedan,
sin embargo, muchos detalles oscuros, consiste en
haber buscado el principio infinito de las cosas finitas
fuera de las materias que son objeto de nuestra
experiencia.