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El Efecto Lucifer

El efecto Lucifer de Philip Zimbardo explora cómo la naturaleza humana se revela en situaciones extremas, donde el entorno social influye en la conducta de las personas. Zimbardo argumenta que tanto la bondad como la maldad coexisten en el ser humano, y que la situación puede llevar a individuos a actuar de maneras que contradicen sus valores. El autor enfatiza la importancia de estudiar estos cambios conductuales para prevenir actos inmorales y resalta que todos somos susceptibles a caer en la maldad dependiendo del contexto.
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El Efecto Lucifer

El efecto Lucifer de Philip Zimbardo explora cómo la naturaleza humana se revela en situaciones extremas, donde el entorno social influye en la conducta de las personas. Zimbardo argumenta que tanto la bondad como la maldad coexisten en el ser humano, y que la situación puede llevar a individuos a actuar de maneras que contradicen sus valores. El autor enfatiza la importancia de estudiar estos cambios conductuales para prevenir actos inmorales y resalta que todos somos susceptibles a caer en la maldad dependiendo del contexto.
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Universidad de San Carlos de Guatemala.

Centro Universitario de Occidente.


Maestría de Derecho Penal.
Criminología y Criminalística.
Docente: Dra. Sandra Acán.

“Resumen: El efecto Lucifer de Philip Zimbardo”

Nombre Carné

Cristian Ernesto Castillo Sandoval. 199931125.

Quetzaltenango, Abril 30 de 2020.


EL EFECTO LUCIFER

EL POR QUÉ DE LA MALDAD

PHILIP ZIMBARDO

(RESUMEN)

I. La verdadera naturaleza del ser humano, se revela en situaciones extremas, angustiantes o

inverosímiles, incidiendo de una manera directa, el entorno social y espacial. La

convivencia o segregación, depende de la identidad que el sujeto detente de sí mismo y, de

lo que admita como practicable, mediante la repetición en su círculo.

En el prólogo del libro apuntado, acota: “La psicología social ofrece muchísimas

pruebas de que el poder de la situación puede más que el poder de la persona en

determinados contextos.”

El condicionamiento social, es parte de la naturaleza del rol que una persona

desempeña en un lugar y momento determinado. No es lo único que incide, pero si un

factor preponderante.

Uno de los ejes centrales de Zimbardo, es que quiere “intentar entender las

aportaciones de la situación y del sistema a la conducta de cualquier persona [lo que] no

excusa a la persona ni la exime de responsabilidad por la comisión de actos inmorales,

ilegales o malvados.”

De hecho, la concurrencia de factores favorables o desfavorables en el desarrollo de

la personalidad de un sujeto, son ajenos a la voluntad de asimilarlos o interiorizarlos, pero

esto último depende de la percepción de la realidad. Un árbol no crece de la misma manera

si es irradiado por la luz solar, que si no lo es; el árbol busca la luz del sol para su desarrollo

y crecimiento, si se le limita esa posibilidad, el decrecimiento o falta de crecimiento, es

seguro.

El contexto del crecimiento de un infante, es determinante para forjar su

personalidad, la cual, la acompañará en toda su existencia.


II. Acota el autor, con base a una imagen plasmada en su libro, que “el mundo está lleno de

bondad y de maldad: lo ha estado, lo está y siempre lo estará.” La dicotomía existencia del

bien y el mal, es inagotable y, casi eterna; el ser humano, no puede obviar el

acompañamiento de ambas, en su vida, ya sea de forma directa o indirecta, por lo que,

aprender a vivir con ella, es inherente a su condición.

Asimismo, se anota que “la barrera entre el bien y el mal es permeable y nebulosa.”

Con ello, se proyecta la idea, que la delgada frontera entre ambos polos, es salvable, no

obstante las aristas que puedan encontrarse.

Con base a la mencionada imagen, puntualiza el autor, que “los ángeles pueden

convertirse en demonios y, algo que quizá sea más difícil de imaginar, que los demonios

pueden convertirse en ángeles.” Alude esta parte del texto, que las personas con los mejores

principios y valores, que han demostrado una actitud, tal vez no intachable, pero sí

meridiana y socialmente correcta, pueden, según la situación y el lugar en el que se

encuentren en un momento determinado, variar su brújula axiológica, aceptando y hasta

realizando actitudes censurables o execrables, sin ningún tipo de remordimiento coetáneo o

ulterior.

Esa variación, es la que estima el Autor, que debe ser abordada mediante estudios

científicos con la finalidad de tener mayor certeza, en cuanto a los cambios conductuales de

determinadas personas, en determinadas circunstancias y, con ello, prevenir el acaecimiento

de hechos que sean de un cariz, inmoral, ilegal o malvado.

Particularmente considero que el ser humano es por naturaleza bondadoso,

generoso, benevolente y, toda esa cantidad de atributos que sólo lo hacen ser mejor para

con sus congéneres. Porque en lo más recóndito de su ser, ruge una voz que lo orienta hacia

lo divino; con lo cual, si es admisible, que la situación y las circunstancias, inclinan la

balanza hacia el lado del bien o, hacia el lado del mal.

Menciona el autor, que la “condición espiritual de tener en el interior de uno mismo

un agujero negro tan profundo que nunca se podrá llenar con cantidad alguna de poder o
dinero” determinan la bondad o perversidad de una persona, según, si se intenta llenar de

manera indefinida o, bien, se aprende a vivir con ese agujero negro vacío.

Así, aporta el autor, una especie de esbozo de definición, de lo que él considera

como maldad. Para él: “La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que

dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la

propia autoridad y del poder sistémico para atentar o permitir que otros obren así en

nuestro nombre.”

En un párrafo paradigmático, indica dicho autor: “La mayoría de nosotros nos

escudamos tras unos prejuicios egocéntricos que generan la ilusión de que somos

especiales. Estos escudos nos permiten creer que estamos por encima de la media en

cualquier prueba de integridad personal. Nos quedamos mirando las estrellas a través del

grueso lente de la invulnerabilidad personal cuando también deberíamos mirar la pendiente

resbaladiza que se abre a nuestros pies.”

En otras palabras, como se dice comúnmente en el ámbito penal, la prisión se

encuentra a la vuelta de la esquina, para todos. Caer en ese abismo de sufrimiento y

angustia, está al alcance de todos los seres humanos, no es algo exclusivo de personas

desposeídas o calificadas como proclives a la delincuencia. Transpolando esto, toda

persona es susceptible de hacer el bien o el mal, atendiendo a la situación y, al susurro de la

conciencia.

Puesto que “no somos los mismos cuando trabajamos a solas o cuando lo hacemos

en grupo, cuando nos hallamos en una situación romántica o en un ámbito educativo,

cuando estamos con buenos amigos o entre una multitud anónima, cuando nos encontramos

en el extranjero o en nuestro lugar habitual de residencia”, es que la naturaleza del ser

humano, es condicionada a los factores de ambiente, círculo social o estatus personal.

Subraya Zimbardo, que “el ser humano es capaz de renunciar por completo a su

humanidad por una ideología irreflexiva, de cumplir hasta el exceso las órdenes de unas

autoridades carismáticas de que destruya a todo aquel al que etiqueten como ‘enemigo’.”
Aludiendo a conflagraciones ocasionadas por un odio irracional, sustentado en ideas

insertadas por agentes interesados en el caos y la miseria.

II. Al intentar encontrar las causas que originan la malicia en el ser humano, no obstante, la

existencia de lazos de amistad, nacionalidad o algún otro vínculo que aproxime la

interacción, se encuentra que por la propia naturaleza humana y atendiendo a la fuerza de la

situación, ese nexo, puede ser desconocido, pudiendo derivar, en actos atroces e

inhumanos.

Al exponer el ejemplo de un vehículo abandonado, en dos contextos distintos,

anota: “Curiosamente, esta demostración [vehículo abandonado destruido en un contexto en

el que el anonimato de un denominador común] ha sido la única prueba empírica que se ha

utilizado para apoyar la ‘teoría de las ventanas rotas’ sobre el delito. Según esta teoría, el

desorden público es un estímulo situacional que fomenta la delincuencia (además de la

presencia de delincuentes). Cuando la gente se encuentra en un entorno que fomenta el

anonimato, su sentido de la responsabilidad personal y cívica se reduce.”

De esta manera, inicia un experimento social, mediante el cual, pretende determinar,

que la situación en la que se encuentra una persona, condiciona su personalidad y actitud,

independientemente de los valores éticos y morales que detente; la situación y el contexto,

son más fuertes que la conciencia, por lo general.

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