HORA SANTA
Canto:
¡Oh Señor nuestro Sacramentado! Míranos aquí en tu adorable presencia. Venimos a bendecirte y alabarte en
unión de los ángeles que invisiblemente rodean esa Hostia Divina.
Venimos a consagrarte esta Hora Santa, gozándonos de estar aquí, ante tu divina presencia, a gustar de tu
compañía y a conversar contigo, ya que solo Tú tienes palabras de vida eterna.
Sí, Dios nuestro. Quisiéramos contemplarte a través de esa Hostia Santa con el tiernísimo afecto con que te
miraba tu Madre: con aquella devoción con que te seguían tus discípulos, y muy singularmente el Discípulo
Amado, cuando la noche de la Cena reclinó su cabeza sobre tu ardiente Corazón.
Nos sentimos felices de hallarnos junto a Ti, y queremos aprovechar todos los momentos de esta Hora Santa para
hacerte compañía, que tu presencia nos hace tan agradable. Concédenos, oh Jesús, no dormirnos, como se
durmieron tus apóstoles la noche tristísima de tu agonía en el Huerto de los Olivos.
Míranos, Señor; somos tus hijos, a quienes tantas veces has alimentado con tu dulcísimo Cuerpo y Sangre.
¡Señor! Vuelve hacia nosotros tus ojos misericordiosos; pon en nuestros pensamientos una ráfaga de la luz de tu
Rostro, y en nuestros corazones una pequeña centella del fuego que abrasa tu dulcísimo Corazón.
Concédenos, oh Jesús, sentir hondamente la verdad de aquellas palabras del Real Profeta: "es mejor una hora en
tu Casa, que mil años en compañía de los pecadores".
Canto: El Espíritu de Dios está en este lugar
Invocación al Espíritu Santo
Porque el Espíritu de Dios está aquí, es conveniente que le pidamos su gracia. Pidámosle que guíe nuestra alma a
ese encuentro con Jesús Eucaristía, para que nos muestre cómo en estos momentos Jesús mira nuestro interior e
inclina su oído para escuchar nuestras oraciones y atender nuestras necesidades.
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo,
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia Santificación.
Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén.
Alabanza y Acción de gracias
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. «Tú tienes palabras de vida
eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios». Tu presencia en la Eucaristía ha
comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE. Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para
decirle nuestro Si, unido al tuyo. Contigo ya podemos decir: Padre nuestro. Siguiéndote a ti, «camino, verdad y
vida», queremos penetrar en el aparente «silencio» y «ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para
escuchar la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo».
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los
diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo. Nuestro corazón se llena de gozo
y de esperanza al saber que vives «siempre intercediendo por nosotros». Nuestra esperanza se traduce en
confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre. Queremos sentir como tú y valorar las
cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo. Apoyados en esta ESPERANZA,
queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el
primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y tú comunicas con todo tú que eres. Quisiéramos decir como San
Pablo: «Mi vida es Cristo». Nuestra vida no tiene sentido sin ti. Queremos aprender a «estar con quien sabemos
nos ama», porque «con tan buen amigo presente todo se puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la
voluntad del Padre, porque en la oración «el amor es el que habla». Entrando en tu intimidad, queremos adoptar
determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia
vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que
quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: «Quédense aquí y velen conmigo». Tú superas la
pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el
misterio, amándolo tal como es y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos «gemidos inenarrables» que se
traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu
amor y tu palabra, nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta,
aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o «misterio». Entonces nuestra oración
se convertirá en respeto hacia el «misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertamos en
nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la
contemplación. Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y
de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la
Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre. Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe
meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
-Te alabamos, Señor, por tu grandeza
-Te alabamos, Señor, por tu misericordia.
-Te alabamos, Señor, por tu bondad.
-Te alabamos, Señor, porque es Padre.
-Te alabamos, Señor, por tu gran ternura.
-Te alabamos, Señor, por tu amor sin límites.
-Te alabamos, Señor, por tu creación.
-Te alabamos, Señor, por ser fuente de vida
Oración:
Señor, ante tu presencia amorosa, todos aquí reunidos te pedimos bendigas Señor Jesucristo, a quien esperamos
siempre en nuestras vidas, creemos firmemente que te encuentras presente en el santísimo sacramento del altar
y que quieres venir a nuestro encuentro cada día, te amamos con todo nuestro corazón y deseamos
ardientemente recibirte, pero como no podemos hacerlo en este momento sacramentalmente, te suplicamos que
vengas espiritualmente a nuestro corazón... (Brevesilencio) y porque ya te hemos recibido, no permitas, Jesús,
que jamás nos apartemos de Ti.
Señor Jesús, queremos estar junto a ti. Quizá no se nos ocurran muchas cosas, pero queremos estar, queremos
sentir tu amor, como cuando nos acercamos a una hoguera, queremos amarte, queremos aprender a amar. Lo
importante es estar abiertos a tu presencia. Y agradecer, alabar, suplicar. Y callar, escuchar, no decir nada,
simplemente estar.
Acógenos como discípulos que quieren escuchar tus palabras, aprender de ti, seguirte siempre. Acógenos como
amigos. Y haz de nosotros también tus testigos, testigos del amor.
Señor Jesús, toca nuestro corazón y el de nuestros familiares, amigos y todos aquellos que forman parte de
nuestra vida, danos tu gracia, sálvanos, llénanos de la vida que sólo tú puedes dar.
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan (I Jn 4, 9-15)
“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos
por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y
nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros
debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en
nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en
nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a
su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios”.
Palabra de Dios.
REFLEXION
En efecto, nadie ha visto a Dios tal como es en sí mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo invisible para
nosotros, no ha quedado fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la citada Carta de Juan (cf. 4,
10), y este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho visible, pues « Dios envió al mundo a su Hijo
único para que vivamos por medio de él » (1 Jn 4, 9). Dios se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre (cf.
Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a
nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz,
hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha
guiado el caminar de la Iglesia naciente.
El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a
través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la
Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el
amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida
cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder
también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos
ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este « antes » de Dios puede nacer también en nosotros el amor
como respuesta” .
Sabiendo que Jesús ha, resucitado, debemos de ir delante de la gente que nos rodea a dar testimonio de Fe de un
Dios Vivo, iluminándola con la antorcha de estos momentos de Adoración con los que queremos compartir
nuestra Fe.
Todos debemos ser luz del mundo; nos lo dice Jesús en quien creemos, para que venga a iluminar nuestras vidas.
Por ahí se dice que si no puedes ser estrella, seas al menos una pequeña y sencilla vela encendida que alumbre el
corazón: ¡pero hay que ser luz!
El que ama a los demás y el que ama de verdad, puede preparar el camino del Señor iluminando el corazón de
quienes le rodean, invitándolos a vivir en esperanza la alegre espera del Señor.
Inventa el arte de acercarte a los tuyos y revelarles a Cristo Resucitado que está entre nosotros. Allí tienes una
guía para saber si amas o no, si tu amor es verdadero o ficticio. En un momento de silencio traigamos ante la
presencia del Señor a todos los nuestros y a los más alejados de Dios.
PRECES
LECTOR: Pidamos por la Iglesia para que siempre esté atenta a escuchar la voz del Señor que la llama para estar al
servicio de los demás.
TODOS: SEÑOR MIO Y DIOS MIO
LECTOR: Pidamos a Dios por los jóvenes para que puedan escuchar con claridad la voz del Señor que le invita a
vivir plenamente entregándose por completo a la vocación del matrimonio, de la vida religiosa o del ministerio
sacerdotal.
TODOS: SEÑOR MIO Y DIOS MIO
LECTOR: S e ñ o r J e s ú s , t u e r e s D i o s , t u e r e s n u e s t r o D i o s , q u e n o s anuncia la Buena Noti cia a
nosotros los pobres, a proclamar nuestra libertad, a sanar nuestras enfermedades, otorgarnos la
dignidad que nosotros habíamos perdido y que tu has rescatado y proclamarnos pueblo tuyo, pueblo
santo de Dios, hoy hemos creído tu palabra, Señor.
TODOS: SEÑOR MIO Y DIOS MIO
LECTOR: Si Jesús se llama por mí y para mí: Jesús, Salvador, ¿qué razón de ser ti enen mi desconfi anza, mis
miedos, mis preocupaciones, los mismos pecados que he podido cometer?... Jesús no hubiera sido
J e s ú s , n i s e r í a J e s ú s a h o r a , s i n o h u b i e s e c u m p l i d o n i c u m p l i e s e actualmente la misión
que el Padre le confi ara: salvarme en todo. Entonces, yo debo confiar siempre en Él sin tenerle miedo
alguno. Jesús le confió a un alma santa: “Es cierto que cien pecados me ofenden más que uno. Pero si ese uno
fuera de desconfianza, me dolería más que los otros cien”
TODOS SEÑOR MIO Y DIOS MIO
LECTOR: Ante tanto conflicto de relaciones personales en que se pierde la paz por fricciones ridículas, ¿quién
recordará el mensaje insistente de Cristo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado».
TODOS: SEÑOR MIO Y DIOS MIO
LECTOR,:Hombres y mujeres, que están en la flor de la edad, en la primavera de los años, ¿para qué dejar que tu
corazón se llene de hastío al no encontrar la felicidad que anhelabas? Mira el ancho mundo donde tú puedes
llevar el mensaje de salvación, "Si tu corazón no arde muchos se morirán de frío".
TODOS: SEÑOR MIO Y DIOS MIO
Oración
Padre de bondad, te bendigo y te alabo y te doy gracias
porque por tu amor nos diste a tu hijo Jesús,
gracias padre porque a la luz del Espíritu
comprendemos que él es la luz, la verdad y el buen pastor
que ha venido para que tengamos vida
y la tengamos en abundancia.
Hoy, padre, me quiero presentar
delante de ti, como tu hijo.
Tú me conoces por mi nombre
pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida.
Tú conoces mi corazón
y conoces las heridas de mi historia,
Tú conoces todo lo que he querido hacer
y no he hecho.
Conoces también lo que hice
o me hicieron lastimándome.
Tú conoces mis limitaciones,
mis errores y mis pecados
conoces los traumas y complejos de mi vida.
Hoy, Padre, te pido que por el amor
que le tienes a tu hijo Jesucristo,
derrames tu santo espíritu sobre mí,
para que el calor de tu amor sanador
penetre en lo más íntimo de mi corazón.
Tú que sanas los corazones destrozados
y vendas las heridas
sáname aquí y ahora de mi alma
mi mente, mi memoria y todo mi interior.
Entra en mi Señor Jesús,
como entraste en aquella casa
donde estaban tus discípulos
llenos de miedo.
Tu que apareciste en medio de ellos y les dijiste:
“Paz a vosotros ”
Entra en mi corazón y dame tu paz.
Lléname de tu amor,
Sabemos que el amor hecha fuera el temor.
Pasa por mi vida y sana mi corazón.
Sabemos, Señor Jesús,
que Tú lo haces siempre que te lo pedimos
y te lo estoy pidiendo con María, Tu madre,
la que estaba en las bodas de Cana
cuando no había vino
y tu respondiste a su deseo,
transformando el agua en vino.
Cambia mi corazón y dame un corazón generoso,
un corazón afable, un corazón bondadoso,
dame un corazón nuevo.
Has brotar en mi
los frutos de tu presencia.
Dame el fruto de tu Espíritu que es amor,
paz, alegría.
haz que venga sobre mi
el Espíritu de las bienaventuranzas,
para que pueda saborear
y buscar a Dios cada día,
viviendo sin complejos ni traumas
junto a los demás,
junto a mi familia,
junto a mis hermanos.
Te doy gracias padre,
por lo que estás haciendo hoy en mi vida.
Te doy gracias de todo corazón
porque tú me sanas,
porque tú me liberas,
porque tu rompes las cadenas
y me das la libertad.
Gracias, Señor Jesús,
porque soy templo de tu Espíritu
y ese templo no se puede destruir
porque es la casa de Dios.
Te doy gracias Espíritu Santo por la fe,
gracias por el amor que has puesto en mi corazón,
¡qué grande eres Señor Dios Trino y Uno!
Bendito y alabado seas, Señor.
Canto: Nadie te ama como Yo.
ORACION FINAL:
Señor Jesús que vienes a salvarnos y nos llamas a preparar el camino : ¿Qué quieres que vea con mis ojos?, ¿qué
quieres que hable con mi lengua?, ¿qué quieres que haga con mis manos?, ¿qué quieres que piense con mi
cabeza?, ¿qué quieres que ame con mi corazón?, ¿en qué quieres que emplee mi tiempo, mi dinero y mis
facultades?, ¿cómo cumplo tus mandamientos?, ¿cómo comparto la vivencia de este momento de adoracion a los
que me rodean?
Señor Jesús que vienes a salvarnos: Te adoro como a mi Dios. Te obedezco como a mi Señor. Te amo como a mi
Padre. Te temo como a mi juez. Te pido como a mi Dador. Te doy gracias como a mi bienhechor. ¡Ven pronto
Señor!
Oh, Señor Jesús que ya vienes a nuestro encuentro: Cuando yo dude, aconséjame. Cuando caiga en el error,
desengáñame. Si me pierdo, encuéntrame. Si caigo, levántame. Si me desanimo, aliéntame. El día en que muera,
llévame contigo. Oh, Señor Jesús: Cuando yo te llame, escúchame. Cuando te ofenda, perdóname. Cuando yo te
deje, búscame. Cuando yo te olvide, recuérdame. Cuando te pida, dame. Cuando te pueda servir, anímame.
Amén.
Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres estás día y noche en este sacramento, lleno de misericordia y
amor, esperando, llamando y acogiendo a cuantos vienen a visitarte. Creo que estás presente en el santísimo
sacramento el Altar; te adoro ahí desde el abismo de mi nada; te doy gracias por todos los beneficios que me has
hecho, y especialmente por haberte dado todo a mí en este sacramento, y por abogada a María, tu madre
santísima, y por haberme llamado a visitarte en este lugar santo.
Saludo hoy a tu amantísimo Corazón y es mi intención saludarlo por tres fines: el primero, para darte gracias por
tan insigne don; el segundo, para reparar las injurias que has recibido en este sacramento; y tercero, para
adorarte desde aquí en esta visita, en todos los lugares de la tierra donde estés sacramentado.
Jesús mío, te amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber ofendido tantas veces en mi vida pasada, a tu
bondad infinita. Propongo mediante tu gracia no ofenderte más en adelante, y ahora me consagro enteramente a
ti, renuncio a mi voluntad, a mis afectos, a mis deseos, a todo lo que me pertenece, y te hago de ello donación. En
adelante, haz de mí y de todas mis cosas cuanto te plazca.
No te pido ni quiero otra cosa que tu santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de tu
voluntad. te encomiendo las lamas benditas del purgatorio y en particular las más devotas del Santísimo
sacramento y de María. Te encomiendo también todos los pobres pecadores. Pon fin, oh salvador amantísimo,
uno todos mis afectos a los de tu amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a tu Padre, pidiéndole en tu
nombre se digne aceptarlos y oiga mis súplicas por amor tuyo. Amén.
Reserva del Santísimo