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La soberanía de Dios

Rick Wade

¿Cuál es el problema?

¿En quién o en qué ponen su confianza las personas en estos días?


¿En el dinero? ¿En su grupo social? ¿En ellas mismas? Algunos usan
el ejercicio para mejorar su bienestar físico, mental y emocional, y
tal vez llegar a agregar unos años a su vida. Algunos buscan
prácticas espirituales, o trabajo, o un entorno más seguro. Este tipo
de cosas tiene su lugar adecuado, pero ¿deberían ser nuestra fuente o
fuentes de confianza? Todos vivimos con una inseguridad básica que
nos lleva a buscar algo estable a lo cual aferrarnos. Es obvio que hay
fuerzas en este mundo más fuertes que nosotros, algunas de las
cuales no tienen ningún interés en nuestro bienestar. Así que nos
adherimos a algo que nos ayude a atravesar los problemas que
podrían cruzarse en nuestro camino.

Si bien los cristianos deben prestar atención a su bienestar financiero,


físico y social (entre otras cosas), deben acudir a Dios en última
instancia para su seguridad. Hay quienes nos ridiculizan por buscar
una "muleta" o una "frazada de seguridad", pero todos buscan apoyo
en un lugar u otro. La pregunta es: ¿Qué muleta o frazada de
seguridad es verdadera y suficiente para nuestras necesidades? Los
cristianos acuden a un Dios verdadero que ha prometido ser "nuestro
pronto auxilio en las tribulaciones".

Debido a nuestras diferentes personalidades y situaciones en la vida,


buscamos diferentes cosas en Dios. ¿Qué quiere usted en un Dios?
¿Qué necesita en un Dios? ¿Amor? ¿Justicia? ¿Misericordia? No
importa lo que podamos necesitar en un Dios, si ese Dios carece de
una cosa en particular, las demás servirán de poco. Este es el poder
de "lograrlo", de ejercer su amor, justicia y misericordia, y de hacer
todas las cosas que dice que hará sin una oposición suficientemente
poderosa como para impedírselo. Necesitamos que nuestro Dios sea
soberano; que sea, como dijo Arthur Pink, "el Todopoderoso, el
Poseedor de todo poder en el cielo y en la tierra, de forma que nadie
pueda vencer sus consejos, frustrar su propósito o resistir su
voluntad". {1}

A menudo, cuando surge el tema de la soberanía de Dios entre


cristianos, es en el contexto del debate de la soberanía y el libre
albedrío o libre voluntad. Si bien trataré ese tema en un punto
posterior, mi deseo es que veamos la soberanía de Dios como un
fundamento para la confianza en vez de simplemente un tema para el
debate.

La soberanía de Dios tiene una inmensa importancia práctica. Por un


lado, lo convierte a Él en nuestro objeto de adoración correcto. Él es
el Dios todopoderoso y omnipotente, el creador y sustentador de todo
lo que existe. No hay nadie más elevado, nadie más digno de
adoración y honor.

Por otro lado, que Dios sea soberano significa que podemos confiar
en Él, porque nada puede resistirlo. Podemos confiar en Él para
nuestra salvación. Podemos confiar en Él para llevarnos a través de
tiempos de dificultad de forma que nada nos toque que no esté de
acuerdo con los deseos que Él tiene para nosotros. Y podemos
confiar en Él para que cumpla con todas las promesas que nos ha
hecho.

Características de la soberanía

¿Qué dice la Biblia acerca de Dios que nos lleva a creer que Él es
soberano? Por una parte, Dios es llamado con nombres que
transmiten el significado de soberanía. En el Antiguo Testamento, se
lo llama Adonai. Segunda de Samuel 7:22 dice: "¡Qué grande eres,
Señor omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay
nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios". En el Nuevo
Testamento, a Dios se lo llama despotes , de donde obtenemos
nuestra palabra "déspota". Esta palabra denota al señor como dueño
y amo en las esferas de la familia y la vida pública. "El término suele
ser usado en oposición a la palabra doulos , o "esclavo". {2} En
Apocalipsis 6:10, leemos que los muertos por su testimonio
"Gritaban a gran voz: '¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz,
seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra
muerte?'".

Otra cosa que vemos en las Escrituras es que Dios tiene


características que exigen que le atribuyamos soberanía a Él.
Primero, Dios ejerce una autoridad legítima. Él tiene el derecho de
hacer con la creación lo que desea, porque es su creación. Él está
activo también en su creación, en contra de la comprensión deísta
que dice que Dios creó el universo y luego lo dejó funcionar de
acuerdo con las leyes naturales, con poca o ninguna intervención de
su parte.

Segundo, Dios tiene el poder para hacer lo que Él quiere con su


universo. "Ninguno de los pueblos de la tierra merece ser tomado en
cuenta. Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los
pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le
pida cuentas de sus actos" (Daniel 4:35).

Tercero, Dios tiene el conocimiento que se requiere para gobernar


sobre todo. Él sabe lo que sucede y sabe exactamente lo que tiene
que hacerse. Él conoce el pasado, el presente y el futuro
perfectamente.

Cuarto, Dios tiene la voluntad para hacer lo que Él desea. Él hace lo


que dice que hará (Isaías 46:9, 10; 55:11).

Ejemplos bíblicos

Estos atributos se ven tanto en el Antiguo como en el Nuevo


Testamento. En el Antiguo Testamento, Dios mostró su soberanía en
la experiencia de Moisés y los israelitas en el éxodo de Egipto.
Mostró su autoridad cuando simplemente intervino y dijo a Moisés
lo que haría por su pueblo y, más tarde, cuando pasó por encima de
la determinación del faraón y mostró quién estaba al mando
realmente. Demostró su poder al convertir la vara de Moisés en una
serpiente, al hacer que la mano de Moisés tuviera lepra y luego
curarla, al enviar las plagas a los egipcios, y luego al partir el mar
ante los israelitas en fuga. "El Señor dice: '¡Ahora vas a saber que yo
soy el Señor!'" (Éxodo 7:17). Dios tenía conocimiento perfecto de la
difícil condición de los israelitas (3:7, 9), y sabía lo que haría con y
por ellos (3:12, 19, 20, 22). Finalmente, fue fiel a sus promesas; su
voluntad no fue frustrada.

Dios mostró su gobierno soberano en el Nuevo Testamento también


en la experiencia de María. Mostró su autoridad sobre esta joven
cuando simplemente irrumpió en su vida y le dijo lo que Él iba a
hacer (Lucas 1:26ff). Dijo tener el poder de hacer lo que Él quería:
"Nada hay imposible para Dios" (v. 37). Dios conocía a María (v.
30), y conocía lo que tenía en su futuro porque tenía planes para ella
(vv. 31, 35). Y cumplió fielmente sus promesas, de acuerdo con su
voluntad , tal como María sabía que lo haría (1:42; 2:6, 7; ver
también su exclamación de alabanza en 1:49-55).

Estas son solo dos de las numerosas ilustraciones de la autoridad


soberana de Dios en las Escrituras. Podemos leer acerca de
demostraciones similares en la vida de otras personas como Job (Job
38-41; 42:2), Nabucodonosor (Daniel 4:31, 32, 34, 35), José
(Génesis 50:20) y Jesús (Hechos 2: 23, 24). Y esto es sólo una
pequeña muestra.

Pero el gobierno soberano de Dios no finalizó con la escritura de la


Biblia. El Dios que es el mismo ayer, hoy y para siempre sigue
estando soberanamente activo en su creación. Dios es "solo
Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores", que pondrá fin a la
historia, tal como la conocemos, "a su tiempo" (1 Timoteo 6:15). Él
determina los tiempos y las fronteras de las naciones (Hechos 17:26).
Él no sólo creó todas las cosas, sino que Pablo escribe que "todas las
cosas en él subsisten" (Colosenses 1:17). Note el tiempo presente en
Efesios 1:11, que dice que Dios es quien "hace todas las cosas según
el designio de su voluntad".

La soberanía y el libre albedrío

El problema de la tensión entre el control soberano de Dios y el libre


albedrío humano es una cuestión perenne entre cristianos,
¡especialmente entre estudiantes de teología! Si bien este es un
debate interesante (para algunos), oscurece fácilmente toda discusión
sobre los beneficios de la soberanía de Dios. Se marcan las líneas de
batalla y comienza el debate, con el resultado que la soberanía se
convierte en un tema de discusión antes que un tema de consolación.
No obstante, parece inadecuado ignorar el tema en una discusión
sobre la soberanía. Así que sólo ofreceré unos pocos comentarios, no
para intentar dirimir la cuestión sino para traer a luz algunos pocos
puntos para que usted, el lector, considere.

De nuestra discusión anterior ya tenemos una comprensión básica de


lo que es la soberanía. ¿Y el libre albedrío? Note que no estamos
hablando de la libertad que surge cuando somos liberados del poder
del pecado a través de la fe en Cristo. Según la Biblia, somos
esclavos del amo que escogemos seguir. Pero ser "esclavo" de Cristo
es ser libre para ser y hacer aquello para lo que fuimos hechos para
ser y hacer.

Hablamos aquí acerca de la libertad de la voluntad, la capacidad de


escoger o determinar las acciones propias sin coerción. Dado que
nuestras acciones están tan fuertemente influenciadas por nuestra
crianza, creencias religiosas, circunstancias de vida, etc., nuestra
situación nunca podrá ser de indeterminación completa. {3} Por lo
tanto, el tema en cuestión no confronta la libertad completamente
libre con el control de Dios. En realidad, se trata de nuestra
capacidad para hacer elecciones no obligadas y significativas ante las
que podemos ser hechos responsables: se trata de la soberanía de
Dios y la responsabilidad humana.

Así como leemos que Dios está al control de la historia de su


creación a lo largo de las Escrituras, también observamos que las
personas hacen elecciones por las que son recompensadas o
castigadas. Parece suficientemente claro en la Biblia que podemos
hacer elecciones no obligadas. Jesús lamentó la condición de
Jerusalén en su tiempo: "¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,
como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!"
(Mateo 23:37). Los judíos son culpados por su elección, o su falta de
elección. Hasta se nos ordena que hagamos elecciones: "Elijan
ustedes mismos a quiénes van a servir", ordenó Josué (Josué 24:15).
Jesús nos dijo: "¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!" (Marcos
1:15), como si pudiésemos elegir hacerlo. Abraham recibió lo que
Dios prometió porque escogió obedecer a Dios (Génesis 22:15-18).

Pero, si tenemos la libertad de escoger, ¿cómo puede Dios ser


verdaderamente soberano sobre el curso de la historia? ¡Qué enigma!

Un principio que debe permanecer absolutamente supremo es que la


Biblia es nuestra autoridad final, y no la razón. Esto no quiere decir
que la posición escritural está en contra de la razón; simplemente es
una afirmación de que nuestra razón no logra comprender
plenamente a Dios y sus caminos. Tenemos que conformarnos con lo
que Él nos dice; toda especulación más allá de eso es meramente ...
especulación.

¿Qué leemos en la Biblia? Leemos tanto que Dios está al control


como que podemos ser hechos legítimamente responsables de
nuestras elecciones. ¡Y no tenemos que encontrar un versículo en
apoyo de una postura y otro en apoyo de la otra! En Génesis 50:20,
José dijo a sus hermanos, que lo habían vendido como esclavo: "Es
verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese
mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de
mucha gente". Pedro reprendió a los judíos en Pentecostés: "Éste
[Jesús] fue entregado según el determinado propósito y el previo
conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo
mataron, clavándolo en la cruz" (Hechos 2:23). Que los verdugos
tenían al menos parte de la culpa está claro a partir del hecho de que
Jesús pidió el perdón de ellos en la cruz (Lucas 23:34). En Isaías
leemos que fue Dios quien envió a los asirios para castigar a Judá,
¡pero luego los castigó a ellos por hacerlo con una actitud incorrecta
(Isaías 10:5-15)!

Este problema surge típicamente en discusiones sobre la cuestión de


la elección para la salvación. Jesús y los apóstoles hacían la oferta
como si los oyentes (o lectores) pudieran aceptarla o rechazarla. Dios
no juega juegos; el llamado al arrepentimiento y la salvación se
volvería una farsa si nuestra elección no tuviera nada que ver con él.
Se nos dice "¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!" (Marcos
1:15). Pero también se nos dice que es Dios quien escoge (ver Juan
15:16; Romanos 9:14-22).

Esta dualidad también se ve en nuestra vida de oración. Se nos


enseña que todas las cosas ocurren de acuerdo con la voluntad de
Dios, pero también que nuestras oraciones hacen una diferencia.
Pablo dijo que Dios "hace todas las cosas conforme al designio de su
voluntad" (Efesios 1:11). Pero, a través de Ezequiel, Dios dijo: "Y
busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la
brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la
destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el
ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su
propia cabeza, dice Jehová el Señor" (Ezequiel 22:30, 31). Alguien
podría decir que es Dios quien nos impulsa a orar, pero eso no
disminuye el hecho de que podemos ser recriminados por no orar
como si fuera nuestra la responsabilidad de hacerlo (Santiago 4:2).

Las personas que pasan demasiado tiempo pensando en este tema


tienden a inclinarse más hacia un lado que el otro. Sin embargo, es
importante notar que no perdemos un ápice de tensión al enfatizar un
aspecto por sobre el otro, sea la soberanía de Dios o la libre voluntad
del hombre. Si exageramos la soberanía de Dios, tenemos la
dificultad de entender el juicio de Dios contra los que no fueron
elegidos. {4} ¿Cómo encaja esto con la enseñanza bíblica de que
Dios no muestra favoritismos, o el mandato de amar a todas las
personas, aun nuestros enemigos? Por otra parte, si exageramos el
libre albedrío del hombre, ¿cómo podrá un hombre ser salvo jamás?
"Un arminianismo excesivamente estrecho", dice Mark Hanna,
"recae en el sinergismo (la unión del esfuerzo o la voluntad humanos
con la gracia divina)". Reduce el poder esclavizante del pecado, y
nos da el poder de limitar a Dios. {5}

Debido a estas tensiones, tiendo a estar de acuerdo con Donald


Carson, quien dice que "la tensión soberanía-responsabilidad no es
un problema a ser resuelto; más bien, es un marco a ser explorado".
{6} En un asunto que he tenido que dejar a un costado
personalmente sin ninguna esperanza real de una solución final.
Algunos podrían considerar que esta es una postura cómoda, pero me
conformo con considerar que esta es una de las "cosas secretas" que
menciona Deuteronomio 29:29.

Sin embargo, eso no significa que la cuestión de la soberanía de Dios


no sea importante. Tal como lo veo yo, la pregunta importante es:
¿Cómo conviviré con ambas verdades bíblicas a la vista: que Dios es
soberano sobre todo y que yo seré responsabilizado por mis
elecciones? Creo que el viejo himno "Obedecer y confiar en Jesús"
lo resume. Se me ha dado la responsabilidad de obedecer a Dios.
¡Pero estoy agradecido de que la carga final de cumplir su voluntad
no descansa en mí! En eso, debo confiar en Él. Este es el punto
crucial de la cuestión soberanía-responsabilidad, en lo que a mí
concierne. Si bien tenemos la capacidad y la responsabilidad de
elegir, podemos tener confianza en que el plan de Dios será
realizado, que sus promesas se cumplirán y que finalmente todo
saldrá perfectamente.

La importancia de la soberanía en nuestra vida

Concluyamos esta breve reseña con una mirada a algunas


aplicaciones de la soberanía de Dios en nuestra vida.

Primero, el hecho de que Dios sea soberano deja en claro quién debe
ser el centro de nuestra adoración. Toda la gloria está dirigida a Él. A
Jesús "sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén", dijo
Juan (Apocalipsis 1:6). "El Cordero que fue inmolado es digno de
tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la
gloria y la alabanza" (Apocalipsis 5:12), cantaban los ángeles.
Cuando adoramos individualmente y colectivamente, nuestros ojos
deben estar en el Dios soberano antes que en nosotros. Si bien
compartiremos las glorias de Cristo (Romanos 8:17; 2
Tesalonicenses 2:14; 1 Pedro 5:1), Dios no entregará su gloria a otro
(Isaías 42:8; 48:11). Él es quien debe recibir todo el crédito.

Que Dios sea soberano significa que los propósitos redentores de


Dios no serán frustrados. Él edificará su iglesia (Mateo 16:18), y
podemos saber que formamos parte de ella. Nada nos puede separar
de su amor (Romanos 8:38, 39).

También significa que todo lo que Dios predijo se cumplirá


seguramente. Él está obrando sus planes (Isaías 42:5-9), y nada podrá
quitar lo que Dios tiene para nosotros. Nadie puede retener su mano
(Daniel 4:35). Él puede cumplir sus promesas y, dado que es fiel a su
palabra, podemos confiar en que él las guardará (Isaías 55:11; 2
Timoteo 2:13; ver Apocalipsis 3:14; 21:5; 22:6).

Además de esto, dado que el Dios soberano es también un Dios de


amor, podemos confiar en Él en el sentido más completo. El
tremendo poder de Dios es algo temible para sus enemigos
(Mateo10:28; Hebreos 10:31). Pero para quienes lo aman, la
combinación de su soberanía y amor posibilita que verdaderamente
descansemos, que vivamos sin temor. Esto es un marcado contraste
con los dioses de otras religiones que tienen que ser aplacados
constantemente para impedir su ira, o aun con los dioses de nuestra
sociedad secular, como el dinero, el poder, la salud y el prestigio,
todos los cuales nos pueden desilusionar.

Finalmente, que Dios es soberano significa que Él terminará por


vencer sobre el mal. Se nos dice que al final el gran enemigo, la
muerte, será eliminado (1 Corintios 15:26, 54, 55). "Enjugará Dios
toda lágrima de los ojos de ellos", escribe Juan, "y ya no habrá
muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras
cosas pasaron" (Apocalipsis 21:4).

Anteriormente, señalé que el tema de la soberanía de Dios se vuelve


fácilmente un tema de discusión en vez de consuelo. Así como la
doctrina de la perseverancia de los santos debería servir para traer
consuelo a quienes a veces dudan de su capacidad de aferrarse a
Dios, la doctrina de la soberanía debería servir de consuelo para
quienes tienen temor, para alentar a lo que entienden claramente sus
propias limitaciones, y para contrarrestar el pesimismo de nuestro
tiempo. Si bien estamos plenamente conscientes de la futilidad del
curso de este mundo, deberíamos seguir siendo personas optimistas,
porque Dios nos ha prometido un futuro glorioso, y Él tiene el poder
para hacer que ocurra.

Notas

1. A.W. Pink, The Sovereignty of God (Grand Rapids: Baker, 1982), 19.
2. Colin Brown, ed., New International Dictionary of New Testament
Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1978), s.v. "Lord, Master," by H.
Bietenhard.
3. Webster's New World College Dictionary ,4th ed., s.v. "free will." Ver
también Dagobert D. Runes, ed. Dictionary of Philosophy (New York:
Philosophical Library, 1983), s.v. "Free-will," by Ledger Wood.
4. Mark M. Hanna, Crucial Questions in Apologetics (Grand Rapids: Baker,
1981), 60.
5. Hanna, 59.
6. D.A. Carson, Divine Sovereignty and Human Responsibility: Biblical
Perspectives in Tension (Eugene, Ore.: Wipf and Stock Publishers, 1994),
2.
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[Link] – Se permite reproducir este material siempre y cuando no se


venda.

Usado con permiso

Traducción: Alejandro Field

Acerca del autor

Rick Wade se graduó de Moody Bible Institute con un B.A. en Comunicaciones


(radiodifusión) en 1986. Se graduó con honores en 1990 de Trinity Evangelical
Divinity School con un M.A. en Pensamiento Cristiano (teología/filosofía), donde
sus estudios culminaron en una tesis sobre la apologética de Carl F. H. Henry. Rick
y su familia viven en Rowlett, Texas. Si usted tiene algún comentario o pregunta
sobre este artículo, envíelo por favor a espanol@[Link]. Por favor indique a
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