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Miliciades Peña - El Paraiso Terrateniente

El documento analiza las consecuencias de la caída de Rosas en 1852 y la subsiguiente organización de la República Argentina. Resalta que la oligarquía estanciera porteña se opuso a la unificación del país bajo el liderazgo de Entre Ríos buscando mantener el control de la aduana de Buenos Aires. Tras derrotar a Rosas, liberales y rosistas porteños se unieron contra Urquiza para preservar los privilegios de Buenos Aires. No obstante, dentro del partido federal hubo división entre las masas rurales

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Miliciades Peña - El Paraiso Terrateniente

El documento analiza las consecuencias de la caída de Rosas en 1852 y la subsiguiente organización de la República Argentina. Resalta que la oligarquía estanciera porteña se opuso a la unificación del país bajo el liderazgo de Entre Ríos buscando mantener el control de la aduana de Buenos Aires. Tras derrotar a Rosas, liberales y rosistas porteños se unieron contra Urquiza para preservar los privilegios de Buenos Aires. No obstante, dentro del partido federal hubo división entre las masas rurales

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El paraíso terrateniente – Miliciades Peña

(Consideraciones: es un historiador marxista de Argentina – comete varios anacronismos q


omitiré)

- Caseros salva al país de un desmembramiento

Para los rosistas la caída del Restaurador fue una derrota nacional e indica la pérdida del
proceso histórico nacional en desarrollo. En realidad, la caída de Rosas fue precisamente el
resultado del proceso histórico nación en desarrollo. El proceso histórico nacional conducía al
país a su destino nación, es decir a hacer de él un apéndice agropecuario de Inglaterra en
beneficio de la oligarquía estancieril y comercial bonaerense y del Litoral. Rosas fue
absolutamente incapaz de comprender que las fuerzas para quienes trabaja eran las llamadas
a derrotarlo. Cuando el sistema rosista entro en contradicción, cayo.

En cuanto a que la caída de Rosas fue la mayor calamidad de nuestra historia, esta afirmación
obriene una fuerza refleja del hecho de que lo que vino después de Rosas hizo de la Argentina
apenas una semicolonia atrasada. La opresión sobre el litoral llevaba faltamente a la secesión
de esta zona, como ya había llevado a la secesión del Paraguay.
La fuerza centrípeta de mercado mundial atraía irresistiblemente a la Argentina. No había
muralla ni Paso de Obligado capaz de aislar al país para mantener con el capitalismo mundial
solo el intercambio que interesaba a los saladeristas, que era la política de Rosas.

(Anotación: discute con el revisionismo contemporáneo)

El crimen de la política posterior a Caseros es haber percibido al capital extranjero en las


peores condiciones para el país.

La derrota de Rosas abre el periodo de aniquilamiento de la evolución argentina hacia un ciclo


capitalista independiente. Esta afirmación tiene el inconveniente de ser exactamente el
reverso de la verdad. ¿En que se basaba ese ciclo capitalista independiente? ¿En la industria?
No existía ¿En la estancia y el saladero? Pero estos producían para el mercado mundial y
conducía forzosamente a la dependencia. El saladero era menos dependiente del capital
extranjero que el frigorífico, y en ese sentido la economía argentina era más independiente
antes que después de Caseros, pero la economía independiente del rosismo llevaba todos los
gérmenes de la economía dependiente sin comillas que se estructuro después. Bajo Rosas no
había bancos ni ferrocarriles ni otras empresas extranjeras, ni se contrataron empréstitos
extranjeros. Pero tampoco había ese tipo de empresas nacionales.

Caseros inicia la definitiva estructuración capitalista de la Argentina en base a las fuerzas y


potencialidades incubadas bajo la dictadura rosista- las clases dominantes fueron las mismas
que lo habían sido bajo Rosas. Jamás esas clases tendieron a ningún ciclo capitalista
independiente porque su esencia era precisamente la dependencia del mercado mundial. El
drama de la historia argentina seguía en pie: no había ninguna clase con interés en hacer del
país una gran nación capitalista (no existía burguesía). La estructuración capitalista del mundo
planteaba a todos los países la exigencia del desarrollo industrial, y aquellos cuyas fuerzas
internas fueron incapaces de realizar esta tarea debieron pagar el precio de una perdida
menor o mayor de su independencia nacional (tesis principal - no había burguesía nacional que
piensa en el desarrollo independiente (industria) ni en el mercado interno).

- La oligarquía porteña aferrada a su aduana desintegra el frente antirosista


Caído Rosas la desintegración del frente que lo derribo era inevitable. Los productores de
Buenos Aires querían terminar con la política rosista dentro de la Provincia, pero deseaban
continuarla en el sentido de conservar para Buenos Aires la aduana y el puerto único
(alsinistas). La burguesía comercial porteña y su pequeña burguesía, tendían como en los
tiempos de Rivadavia a unificar el país, pero solo bajo el comando de Buenos Aires, y de no ser
así preferían el aislamiento porteño. De modo que sus intereses entraban en relativo conflicto
con los estancieros porteños y en conflicto absoluto con el litoral y el Interior (mitristas).

La desintegración del frente antirosista tuvo su primera manifestación neta e inconfundible


cuando Buenos Aires se negó a participar en la Asamblea Constituyente convocada por
Urquiza. La burguesía comercial y los estancieros bonaerenses se unieron para impedir que la
Republica se organizase bajo la dirección de los productores del Litoral.

Los elevados principios de la oligarquía bonaerense según los cuales el país lo unificaba ella o
no lo unificaba nadie, tuvo dos expositores: Vélez Sarsfield y Bartolomé Mitre.

Vélez Sarsfield (en los debates de junio) explico que Urquiza no era más ni menos que otro
Rosas, y que jamás Buenos Aires podrá tolerar que un tirano pretendiese organizar la nación.
No tuvo una palabra de censura para las atrocidades rosistas mientras vivió en Buenos Aires al
amparo del paternal gobierno de don Juan Manuel.

El otro defensor de las libertades y los principios fue Bartolomé Mitre, quien declaró que “mi
oficio es echar abajo a cañonazos la puerta por donde se entra a los ministerios” y termino su
discurso oponiéndose a la organización del país planteada por Urquiza diciendo “esos
principios son los que forman la moral pública, relajada entre nosotros”. La moral pública esta
caída y es necesario levantarla. La pequeña burguesía porteña se exalto hasta el delirio con las
al escucharlo. Mitre, buscando el apoyo de la pequeña burguesía tenderil y estudiantil de
Buenos Aires, la seducía con el manjar más apreciado por sus paladares: libertad, principios,
moral. Las hazañas de Rosas sobre el caballo y las de Mitre sobre la tribuna y la frase, servían al
mismo objetivo concreto: obtener el favor de las masas para la política antinacional de la
oligarquía porteña, aferrada a su puerto y a su aduana como la garrapata al perro.

Ayer con Rosas, en 1852 con Mitre, la oligarquía porteña se oponía a la organización nacional
impulsada por los ganaderos entrerrianos desde el Acuerdo de San Nicolás.

- Liberales y Rosistas porteños se unen contra Urquiza

Para enfrentar a Rosas la oligarquía porteña cancelo su división entre federales y unitarios, por
la integración en un frente antiurquicista. Este frente fue el que emancipo a Buenos Aires de la
dictadura urquicista, es decir, restituyo a Bs As de su derecho a disponer exclusivamente de la
Aduana, que Urquiza había nacionalizado. La revolución porteña se produjo el 11 de
septiembre, y el 16 del mismo mes, Lorenzo Torres y Valentin Alzina se confundieron en un
abrazo para demostrar la solidez del frente de la oligarquía porteña contra la dictadura
urquicista que la despojaba de sus privilegios en beneficio de todas las provincias.

Este frente único de rosista y antirosista demuestra claramente como por encima de sus
particulares diferencias, los sectores federales y unitarios en que se bifurcaba la clase dirigente
de Buenos Aires era por sobre todo miembros de la oligarquía metropolitana, unidos contra
cualquier intento provinciano de despojarla de sus privilegios. Y demuestra también el carácter
heterogéneo del partido federal dentro del cual se movían un partido federal porteño y el otro
del Interior y el Litoral.
En las elecciones legislativas de abril, la lista popular formada en su mayor parte por unitario,
triunfo por gran mayoría. La llamada Revolución de Septiembre, que como bien dice el mimo
autor desde el principio mostro su verdadero cariz secesionista antinacional” fue dirigida por
los prohombres del federalismo porteño, con Lorenzo Torres a la cabeza. En verdad, la llamada
revolución de septiembre no fue más que un motín más que preparado por unas cuantas
personas que seguras de la defección de fuerzas militares cuyos jefes estaban también en
complot, se apoderaron por sorpresa del poder. Torres, hombre de los más importantes de
Rosas, fue el principal revolucionario de septiembre.

Por otra parte, en el frente antiurquicista figuraban no solo los rosistas, si no otros elementos
que evidenciaban un exaltado antirosista y un odio profundo a toda dictadura. Hemos
mencionado a Vélez Sarsfield y merece consideración especial Elizalde.

El frente único antiurquicista entre federales y unitarios porteños origino una división en el
partido federal porteño, entre su sector capitalista bastante ligado a la burguesía comercial y
su sector popular, con arraigo en la campaña, dirigido por circunstancias militares de la época
rosista. Las masas federales y los estallidos militares que la dirigía estaban dispuestas a
abandonar sus privilegios porteños y aliarse con Urquiza contra los odiados elementos
unitarios afincados en la ciudad. Lagos puso sitio a Buenos Aires en diciembre de 1852,
arrastrando tras de sí a toda la campaña bonaerense y levantando la bandera de la unidad
nacional con Urquiza. Lagos exigía que se enviasen representantes al Congreso de San Nicolás,
convocado por Urquiza. Pero el diario de la burguesía comercial porteña respondió que eso era
crimen de traición a la patria.

El partido federal y el partido federal porteño, se dividían según intereses de clase y regionales
que existían en su seno desde el primer momento. Lagos decía que se había puesto a la cabeza
de las masas para echar abajo al doctor Alsina y pedir la paz y unión con el resto de nuestras
hermanas, las provincias. Este era el sentimiento de las masas rurales de la provincia. Pero los
magnates federales estaban en la posición opuesta, y ellos fueron los principal fuerza de
represión contra el movimiento de Lagos. Los rosistas porteños nada querían saber de
entregar la Aduana, como exigía Urquiza, y por eso se negaban a acompañar al rosista Lagos. Y
el jefe de la resistencia de Buenos Aires era Lorenzo Torres.

Entre sus cargos al gobierno porteño, Lagos señalaba el haber excluido de toda intervención en
política a los ciudadanos que serían con su concurrencia la expresión más significativa del
principio salvador, que realizase la fusión de todos los partidos. Alsina era un hombre
popularmente huérfano. Pero no era verdad que no se realizase la fusión de unitarios y
federales. El acuerdo entre ambos era un hecho pero era un acuerdo en que participaban los
magnates del partido federal porteño, no sus masas.

Entre el gauchaje acaudillado por los ex oficiales rosista que pererian la unicion con la nación a
expensas de sus privilegios particulares y la Aduana, Torres se quedaba con la Aduana, contra
la Nacion y se abrazaba conmovedoramente a los “inmundos salvajes unitarios vendidos l oro
vil de los franceses”. El gobierno delegado presidido por el doctor Torres cupo la gloria de
preparar y llevar a cabo la disolución del ejercito sitiador comandado por el coronel Lagos. El
alma de la política desarrollada fue el doctor Torres. Este, al ver sitiada Buenos Aires por las
fuerzas gauchas de Lagos no vacilo en arreglar con los jefes de las estaciones navales de Gran
Bretaña, Francia, España y Brasil. El comercio británico estaba por ejemplo en contra de Lagos
y a favor del gobierno.
En medio de la lucha contra Lagos, la burguesía porteña no olvidaba su nunca desmentida
vocación librecambista y antinacional y en trance de dominar a todo el país y aislarse, llegaba a
pensar en aislarse, no ya tan solo de las demás provincias, sino incluso de la propia provincia
de Buenos Aires, con tal de conservar su puerto y aduana.

Como ocurre siempre, los elementos de mayor peso capitalista estaban dispuestos a ir hasta el
fin para defender sus intereses, mientras que la dirección cuadillesco-militar con resabios
mazorqueros que con Lagos a la cabeza arrastraba a las masas no se atrevía a ir hasta el fin por
temor a la fuerza explosiva del gauchaje.

Lagos fue derrotado. En un momento, la escuadra de Urquiza bloqueaba por agua a Buenos
Aires y Lagos sitiaba por tierra, de modo que la ciudad no tenía defensa. Sin embargo, Lagos no
intento ningún ataque a la ciudad, aunque el momento era el más oportuno. El como los que
lo acompañaban eran porteños y amaban Buenos Aires; se sentían sin ánimos para una acción
ofensiva contra la ciudad a la que de ningún modo querían exponer a las terribles
consecuencias de la irrupción violenta de gauchos semisalvajes que formaban la inmensa
mayoría. La oligarquía porteña tenia las cartas de triunfo en su mano. Lagos reflejaba
perfectamente la incapacidad histórica de las masas populares que se cuadraban frente a la
oligarquía. Lagos contuvo a las masas, pero poco hubieran sido capaces de hacer aparte de una
escarmentadora e higiénica poda de cabezas oligarcas. Luego, vueltas al campo,
inevitablemente el poder hubiera refluido a manos de la oligarquía porteña.

Pero, el acuerdo entre rosistas y unitarios dentro del frente antiurquicista no excluía roces más
o menos intensos, que se hacían más frecuentes y violentos cuando disminuía el peligro de
una victoria urquicista sobe la plutocracia porteña. Los conflictos eran inevitables, siempre
dentro del marco de la común política antiurquicista, antinacional, en el sentido de oponerse a
la voluntad de la mayor parte del país, que deseaba organizar la nación en pie de igualdad con
la oligarquía porteña y no bajo su dominio. Y tanto más inevitable cuando que habiendo sido el
factor más decisivo en la victoria contra la insurrección de Lagos y contra Urquiza el ex partido
rosista pretendió volver a ejercer el gobierno en detrimento del partido liberal. En 1853 los
representantes de la oligarquía porteña llegaron a elegir Gobernador a Nicolás Anchorena,
máximo inspirador y beneficiario de la dictadura rosista. Y si bien Anchorena no acepto, su
reemplazante, Obligado, fue indicado por él. Des luego, los liberales no podían sentirse
demasiado tranquilos y así lo manifestaban.

- Roses entre la oligarquía rosista y la unitaria

Los roces condujeron a la revancha unitaria contra los favorecidos por Rosas con donaciones
de tierras. Por supuesto, los únicos despojados fueron los elementos más plebeyos e
insignificantes. Los Anchorena y cia, no tenían nada más que temer ni soportaron molestia
alguna. Muchas creaciones y tradiciones del rosismo fueron derrumbados por los liberales
apoderados del Estado, pero la oligarquía terrateniente, quedo integra y más robusta que
nunca.

Detrás de los roses entre liberales y ex rosistas del sector magnate estaban dos concepciones e
intereses distintos en torno a la política de Buenos Aires respecto a la nación. El ala plebeya del
federalismo porteño estaba dispuesta a aceptar la unidad nacional en pie de mas o menos
igualdad con las demás provincias con tal de tener el apoyo de estas para derrotar a la
burguesía comercial porteña. Por el contrario, los grandes estancieros con poderosos intereses
capitalistas que habían apoyado a Rosas preferían la alianza con el partido liberal a fin de
mantener el aislamiento porteño y querían conservar a toda la aduana y el puerto para los
estancieros bonaerenses, temiendo tanto como temía Rosas la competencia de los
productores del Litoral. Su política era que siendo imposible que Buenos Aires tuvieran
embretadas a las provincias entre garrotazos y limosnas como había hecho Rosas,
correspondía aislar a Buenos Aires de la nación llegando incluso a la independencia total
(visión autonomista). En cambio, la burguesía comercial porteña, masivamente agrupada tras
el partido liberal, y reflejada fielmente por los emigrados de la nueva generación, con Mitre a
la cabeza, no podían prescindir del deseo de tener todo el mercado nacional a su disposición.
Por eso prefería seguir la política del completo aislamiento e incluso transformarse en
Republica municipal, prefería en todo caso llevar una activa y enérgica política de conquistar
todo el país y entonces, nacionalizar la aduana, aunque los estancieros bonaerenses perdiesen
sus históricos privilegios. Los grandes estancieros ex rosistas querían la separación de Buenos
Aires. Para ellos Urquiza era el obstáculo de siempre (división autonomista - nacionalista
explicada desde el clasismo). En cambio, para la burguesía comercial Urquiza era solo un
obstáculo ocasional, puesto que ella aspiraba a la organización nacional, pero en base a tres
condiciones: tener ella el poder, destruir la resistencia de los estancieros localista y, en fin,
mediante la guerra civil contra todas las provincias, apoderarse de la presidencia de la nación
ya organizada por ella bajo su dominio. Esta fue en esencia lo que Mitre llamo la gran política
del liberalismo de Buenos Aires.

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