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¿Qué debo estudiar para la prueba Poma?
Poma y Curso de Nivelación
Conceptos verbales o palabras.
Conceptos matemáticos o numéricos.
Conocimientos de ciencias sociales.
Conocimientos de ciencias naturales.
Niveles perceptivos o figurativos.
Valoración de comportamientos humanos.
Cuántos puntos vale la prueba Poma?
Objetivo de la prueba
La puntuación criterio que el estudiante debe alcanzar en la Prueba POMA, será
mayor o igual a 450 puntos.14 nov 2018
¿Cuántas preguntas tiene el examen PAA?
LA PAA se componían de dos secciones, de carácter obligatorio su rendición:
Prueba de Aptitud Verbal (75 preguntas; 2 h) Prueba de Aptitud Matemáticas
(60 preguntas; 1:45 h)
alabra
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Para otros usos de este término, véase Palabra (desambiguación).
Códice Claromuntanus escrito en latín con caracteres irlandeses.
En gramática tradicional, una palabra (del latín parabŏla) es una unidad de significado que se
separa de las demás mediante pausas potenciales en el habla y blancos en la escritura. Es una
unidad de la lengua que resulta muy fácil de identificar, tanto en el habla, en las señas, como en
la escritura.1
Lingüísticamente, el concepto de palabra es mucho más problemático de lo que la definición
anterior sugiere. En efecto, determinar qué constituye fonéticamente o morfosintácticamente una
palabra es un problema abierto; así, por ejemplo, junto a los morfemas ligados y las palabras
léxicas existen los clíticos cuyo estatus de palabra es discutido. En la cadena hablada
ordinariamente no existen pausas, y la prosodia es un factor clave para que el oyente perciba la
segmentación de palabras de cada frase.
La rama de la lingüística que estudia la composición y estructura interna de las palabras es la
morfología. La palabra puede dividirse en otras unidades menores que también tienen
significado, los morfemas, que son unidades lingüísticas más pequeñas con significado. De la
misma manera, los morfemas se pueden dividir en otras unidades aún menores, como los
fonemas, pero que no tienen significado.
En el habla y en la escritura se combinan unas palabras con otras, formando unidades mayores y
complejas denominadas grupos sintácticos, tales como los sintagmas, pero aún se puede ampliar
más, alcanzando las oraciones y el discurso.
Índice
1 Perspectivas de estudio
2 Clases de palabras
2.1 Clasificaciones morfosintácticas
2.1.1 Según su categoría gramatical
[Link] Clases de palabras variables
[Link] Clases de palabras invariables
2.2 Clasificaciones fonológicas
2.2.1 Según su acentuación
2.2.2 Según su número de sílabas
3 Morfología y componentes de la palabra
3.1 Clases de morfemas
3.2 Formación de palabras
4 Semántica léxica
4.1 Semántica tradicional
5 El concepto palabra y sus problemas de delimitación
5.1 Problemas del uso de la palabra
5.2 Problemas de la definición fonológica-ortográfica
5.3 Problemas morfosintácticos
5.4 Problemas morfológicos
5.5 Problemas semánticos
6 Familia de palabras
7 Véase también
8 Referencias
9 Bibliografía
10 Enlaces externos
Perspectivas de estudio
La palabra puede ser estudiada desde distintos enfoques:
Criterio fonológico: Segmento limitado por junturas morfológicas, pausas que constituyen el
núcleo posible de un grupo acentual. En muchas lenguas la palabra presenta patrones tonales o
acentuales específicos, que facilitan a los hablantes el reconocimiento de las palabras.
Criterio formal o morfológico: Mínima forma libre, caracterizada por la posibilidad de aparecer
libremente en cualquier posición de la cadena hablada. Nótese que de acuerdo con este criterio
los clíticos no constituirían palabras morfológicas.
Criterio funcional: Unidad dotada de una función, aunque hay unidades mayores y menores que
la palabra. Para muchos lingüistas la posibilidad de un determinado morfema de ser un
constituyente sintáctico lo convierte en una palabra, si bien este criterio dependerá del número de
sintagmas funcionales que se considere.
Criterio semántico: Asociación de un sentido dado y un conjunto de sonidos dado dentro de una
función gramatical. Este criterio permite identificar términos con sentido referencial como
verbos, adjetivos, nombres y más difícilmente elementos de otras categorías funcionales.
Clases de palabras
Las palabras poseen rasgos que permiten clasificarlas en diferentes grupos, llamados categorías
gramaticales o clases de palabras, tales como los sustantivos. adjetivos, pronombres,
determinantes, verbos, adverbios, preposiciones, postposiciones, partículas, clasificadores,
conjunciones o interjecciones.
Las palabras también pueden clasificarse según criterios morfosintácticos (categoría sintáctica y
tipo de flexión), fonológicos (acentuación, número de sílabas) o funcionales.
Clasificaciones morfosintácticas
Según su categoría gramatical
Típicamente los adjetivos, sustantivos, verbos y adverbios pertenecen a la categoría léxica; los
demás tipos de palabras pertenecen a la categoría funcional.
Clases de palabras variables
En el caso de las lenguas flexivas, las palabras variables son aquellas que pueden variar en su
flexión (género, número, tiempo, etc.); suelen ser de este tipo los sustantivos, los adjetivos, los
pronombres, los determinantes y los verbos. También existen palabras que pertenecen a estas
clases y no flexionan o solo lo hacen en parte, como por ejemplo en español el sustantivo crisis,
el adjetivo feliz (invariable para el género), el pronombre nadie y el determinante mi.
Adjetivo, que se refiere a propiedades, estados de una entidad o a características que permiten
asignarlo dentro de una determinada categoría semántica. En algunas lenguas la mayoría de
adjetivos son verbos estativos.
Sustantivo o nombre, es una categoría léxica que tiene como referente una entidad o elementos
de un conjunto de entidades, ya sean abstractas o concretas.
Verbo, designan relaciones entre las entidades, así como estados, procesos o sucesos.
Pronombre, es elemento sin referente fijo. Sintácticamente debe distinguirse propiamente entre
pronombres auténticos y anáforas, ambos se encuentran en distribución complementaria.
Determinante, que marca alguna propiedad gramatical de un referente (usualmente un nombre),
como la posición respecto al hablante, si ha sido referido previamente, o incluso si es indefinido,
al cantidad (para el caso del plural), etc.
Clases de palabras invariables
En el caso de las lenguas flexivas, las palabras invariables no llevan morfemas flexivos,
incluyendo los adverbios, las preposiciones, las posposiciones, las partículas, las conjunciones y
las interjecciones.
Adverbio, es modificador de elementos predicativos como el verbo o el adjetivo.
Preposición, usualmente introduce adjuntos sintácticos, aunque en casos como el complemento
directo de persona en español, o el complemento de régimen marca argumentos sintácticos.
Conjunción, es un nexo sintáctico que tiene funciones semánticas y pragmáticas.
Interjección, no cumple una función propiamente gramatical sino más bien de orden pragmático.
Clasificaciones fonológicas
Según su acentuación
En ciertas lenguas con acento de intensidad fonológico, la posición del acento de intensidad no
está fijado siempre en la misma sílaba; dichas lenguas se denominan lenguas de acento libre. En
lenguas de acento libre como el español puede hacerse las siguientes clasificaciones:
Las palabras agudas, llamadas también oxítonas, son aquellas en la que recae el acento en la
última sílaba de la palabra. Estas palabras solamente se tildan cuando terminan en n , s, o vocal.
Por ejemplo: salchichón, camión.
Las palabras llanas o graves, llamadas también paroxítonas, son aquellas en las que el acento
recae en la penúltima sílaba. Estas palabras se tildan cuando no terminan en n y s o vocal. Por
ejemplo: camilla, árbol, María.
Las palabras esdrújulas, llamadas también proparoxítonas son aquellas en las que recae el acento
en la antepenúltima sílaba, todas las palabras esdrújulas llevan tilde. Por ejemplo: esdrújula.
Las palabras sobreesdrújulas, llamadas también preproparoxítonas, son aquellas en las que recae
el acento en cualquier sílaba anterior a la antepenúltima. Por ejemplo: rómpeselo.
Fonológicamente el acento ayuda a segmentar la cadena hablada en grupos fónicos o en palabras.
En lenguas de acento en posición fija como el francés donde el acento cae al final de cada
sintagma, la identificación de la posición del acento permite segmentar en palabras (exceptuando
las palabras clíticas).
Según su número de sílabas
En español el concepto de sílaba no es problemático y puede hacerse recurriendo a criterios
estrictamente fonológicos: la posición de las vocales determina qué otros fonemas son inicio de
sílaba (ataque silábico) o final de sílaba (coda silábica). En español son frecuentes las palabras de
entre 1 y 4 sílabas, siendo bastante menos frecuentes palabras de 5 o más sílabas. Muchas de las
palabras de 5 o más sílabas de hecho son palabras que involucran composición de diferentes
lexemas o raíces cultas. De acuerdo con el número de sílabas las palabra se pueden clasificar en:
Palabra monosílaba: aquella palabra con una sola sílaba. Por ejemplo: sol, buey.
Palabra bisílaba: aquella palabra con dos sílabas. Por ejemplo: nube, bolso.
Palabra trisílaba: aquella palabra con tres sílabas. Por ejemplo: huracán, teclado.
Palabra tetrasílaba: aquella palabra con cuatro sílabas. Por ejemplo: catálogo, escopeta.
Palabra pentasílaba: aquella palabra con cinco sílabas. Por ejemplo: oficialidad.
Palabra hexasílabas: aquella palabra con seis sílabas. Por ejemplo: responsabilidad.
Palabra heptasílabas: aquella palabra con siete sílabas. Por ejemplo: piripitiflaútica.
Palabra octosílabas: aquella palabra con ocho sílabas. Por ejemplo: epigramáticamente.
Palabra eneasílabas: aquella palabra con nueve sílabas. Por ejemplo: otorrinolaringólogo.
Palabra decasílabas: aquella palabra con diez sílabas. Por ejemplo: electroencefalografista.
Palabra dodecasílabas: aquella palabra con doce sílabas. Por ejemplo:
Electroencefalográficamente.
Aunque en español y muchas lenguas el concepto de sílaba no es problemático, en otras lenguas
el concepto de sílabas es mucho más problemático y no existe acuerdo entre los especialistas
sobre como construir segmentaciones en sílabas. Un ejemplo muy claro son por ejemplo las
lenguas salish, que admiten grupos conosonánticos de enorme complejidad, entre los cuales no
hay ninguna vocal o sonorante que permita establecer núcleos silábicos claros. El análisis
convencional de las sílabas presenta algunas dificultades en varias de estas lenguas. Algunos
ejemplos de palabras largas en estas lenguas son:2
sčkʷkʼkʷƛ[Link] 'ojos pequeños' (spokane, salish de Montana)
xłp̓x ̣ʷłtłpłłskʷc̓ [xɬpʼχʷɬtʰɬpʰɬːskʷʰts͡ʼ] 'ha tenido en su poder una planta de cornejo (Cornus
canadensis)' (bella coola)
Newman (1947) sugirió que el bella coola carecía de sílabas, aunque Hoard (1978) hace un
análisis diferente y sostiene que cualquier consonante puede ser núcleo silábico en esa lengua (en
esa interpretación las reglas de silabificación son muy ambiguas).
Morfología y componentes de la palabra
Artículo principal: Morfología
Los componentes inmediatos de la palabra son los morfemas, que son las unidades con
significado más pequeñas que con ellas se forman las palabras y representan las unidades
gramaticales mínimas. El nivel superior es el de los monemas, y el inferior a su vez se divide en
fonemas.
Clases de morfemas
Raíz: La raíz es la parte fundamental de una palabra, tiene significado léxico definido por
conceptos y entidades tanto reales como imaginarias que se recogen en el diccionario, que
explica a qué se refieren dichas raíces. En ocasiones la raíz constituye la palabra entera, pero en
otras aparece algún morfema más.
Las palabras que a partir de las cuales se crean otras se denominan bases léxicas. Raíz no es lo
mismo que base léxica. Por ejemplo, en frutero, la raíz es frut- y la base léxica es fruta.
Morfema flexivo: Los morfemas flexivos van situados al final de las palabras y permiten que las
mismas se presenten en sus distintas formas. Indican el género y el número en los sustantivos y
en los pronombres, y en el caso de los adjetivos y los determinantes indican la concordancia.
En alumn-a-s, la a indica género femenino y la s indica número plural.
En el caso de los verbos, los morfemas flexivos indican tiempo, modo, aspecto, persona y
número.
Morfema derivativo: Los morfemas derivativos van unidos a raíces, y modifican su significado.
Son los morfemas derivativos los que derivan las palabras. Según la posición de los morfemas
derivativos se distinguen tres tipos de palabras:
Prefijos: Los prefijos se sitúan delante de la raíz.
Sufijos: Los sufijos se sitúan detrás de la raíz. Existen una clase de sufijos, los apreciativos, que
expresan valoración y aprecio de una palabra. A su vez, los sufijos apreciativos se distinguen en
tres tipos:
Diminutivos: Los sufijos apreciativos diminutivos expresan afecto o señalan un rasgo de tamaño
pequeño.
Aumentativos: Los sufijos apreciativos aumentativos expresan una valoración negativa o señalan
un rasgo de tamaño grande.
Despectivos: Los sufijos apreciativos despectivos expresan una valoración negativa.
Interfijos: Los interfijos son elementos de unión que no poseen ningún significado.
Formación de palabras
Artículo principal: Formación de palabras
Las palabras que forman parte de las categorías léxicas pueden combinarse entre sí para dar lugar
a nuevas palabras, para ello las lenguas del mundo usan diversos procedimientos. Siguiendo su
estructura, las palabras se pueden clasificar en diferentes tipos:
La composición, probablemente el proceso más universal en las lenguas del mundo.
La derivación, disponible en las lenguas sintéticas.
La parasíntesis es la combinación de ambos procesos.
En cambio las categorías funcionales se consideran clases cerradas que no resultan
explícitamente ampliables mediante ningún proceso productivo de formación de palabra. Sin
embargo, en la evolución histórica de una lengua el inventario de palabras funcionales varía
porque se ganan o se pierden elementos, el proceso más importante de creación de nuevas
palabras funcionales es la gramaticalización.
Semántica léxica
La semántica léxica es el estudio de lo que denotan las palabras de una lengua natural.3 Las
palabras pueden o bien denotar entidades físicas del mundo, o bien conceptos. Las unidades de
significado en la semántica léxica se denominan unidades léxicas. Las lenguas naturales tienen la
capacidad de añadir nuevas unidades léxicas a medida que surgen cambios históricos y nuevas
realidades en las comunidades de hablantes que las usan.
La semántica léxica incluye teorías y propuestas de clasificación y análisis del significado de las
palabras, las diferencias y similiaridades en la organización del lexicón de los diversos idiomas y
la relación entre el significado de las palabras y el significado de las oraciones y la sintaxis.
Una cuestión importante que explora la semántica léxica es si el significado de una unidad léxica
queda determinado examinando su posición y relaciones dentro de una red semántica o si por el
contrario el significado está localmente contenido en la unidad léxica. Esto conduce a dos
enfoques diferentes de la semántica léxica. Otro tópico explorado es la relación de representación
entre formas léxicas y conceptos. Finalmente debe señalarse que en semántica léxica resultan
importantes las relaciones de sinonimia, antonimia, hiponimia e hiperonomia para analizar las
cuestiones anteriores.
Semántica tradicional
Las palabras son símbolos. Esto quiere decir que tienen como referente objetos del mundo,
externos al lenguaje. Las palabras son un cierto tipo de representación cognitiva con las que
convencionalmente se asocian los referentes. Tradicionalmente, en la relación entre una palabra
(forma fonológica) y el mundo exterior es necesario estudiar tres aspectos:
la expresión de la palabra
el concepto con el que se asocia o significado.
la cosa a la que se refiere o referente.
El referente de una palabra puede ser múltiple, debido a que en el mundo puede existir una gran
cantidad de objetos denotados por la misma palabra. Sin embargo, el significado de la palabra es
único.
El valor semántico de una palabra es el conjunto de objetos o situaciones a los que se puede
referir, esto es, su ámbito referencial (que sería una clase de objetos, mientras que el significado
sería la propiedad que comparten esos objetos, la idea o representación mental que se tiene de
ellos).
Tradicionalmente, se ha considerado que los significados de las palabras son entidades
conceptuales compuestas de otras entidades. Los conceptos en que se pueden dividir los
significados se denominan semas o componentes semánticos. Los semas de un significado son
las propiedades implicadas o evocadas por ese significado. Así pues, los significados son
unidades complejas. A partir de los semas se ha tratado de definir un tipo de entidad más
problemática llamada semema.
El significado de una palabra es el concepto del que es portadora; cuando definimos su
significado, precisamos las propiedades de ese concepto. El significado es definido de manera
ligeramente diferente dentro de cada teoría semántica. Para algunas teorías sería una especie de
abstracción sobre el conjunto de referencias evocadas por la palabra. Otras teorías han tratado de
concertar el significado mediante la teoría de prototipos, o mediante agregados de rasgos
semánticos o semas.
Los rasgos semánticos típicos de una clase son aquellas propiedades que son frecuentes en los
objetos de esa clase y que marcan el mayor contraste con otras clases. Así, pues, el significado de
las palabras no es un concepto que se refiera por igual a todos los objetos que se puedan nombrar
con esa palabra, sino que caracteriza solo a los ejemplares típicos.
La concepción del significado de la palabra como una unidad que comprende tanto el
pensamiento generalizado como el intercambio social, es de un valor incalculable para el estudio
del pensamiento y el lenguaje; puesto que permite realizar el verdadero análisis causal-genético,
el estudio sistemático de las relaciones entre el crecimiento de la capacidad de pensamiento del
niño y su desarrollo social. Es por ello que los lingüistas modernos utilizan el fonema, “la más
pequeña unidad fonética indivisible que afecta al significado” y es, por tanto, característica del
habla humana, distinta de otros sonidos (Vygotsky, 1977; Bruner, 1998).
El concepto palabra y sus problemas de delimitación
Problemas del uso de la palabra
Ambigüedad de término por su uso polivalente y no siempre especializado.
Distintas aproximaciones al problema:
Definición fonológica-ortográfica de palabra (definición tradicional de palabra): unidad fónica
entre dos pausas delante y detrás cada una de ellas, que en la escritura se visualizan por medio de
espacios en blanco.
Desdoblamiento de palabra en forma de palabras y expresión de palabras (referencia de los
estructuralistas).
Abandono del término palabra en favor de ítem (referencia de la gramática generativa).
Uso del término neutro unidad léxica.
Problemas de la definición fonológica-ortográfica
Hay problemas de aplicación a distintos casos de las lenguas naturales, la definición no se
verifica en todas las lenguas naturales y también se encuentran problemas ortográficos que van
en contra de esta definición tradicional.
Existen lenguas que tienen una escritura continua, no espaciada, como es el caso del griego
clásico y el latín.
También por fluctuaciones en la escritura de algunas palabras compuestas (con unidades
independientes o amalgamadas). Ejemplos:
Español: aguanieve o agua nieve, guardia civil o guardiacivil , así mismo o asimismo
(actualmente se prefieren las palabras amalgamadas).
Italiano: perlomeno o per lo meno, vafanculo o va a fare in culo.
Inglés: land owners, land-owners o landowners.
En todas las lenguas nos encontramos con posibilidades diversas de escritura, con lo que la
definición de palabra como una unidad entre dos espacios en blanco no abarca la mayoría de los
casos y por lo tanto no puede mantenerse.
Palabras que se pueden separar, como por ejemplo en alemán: el verbo einladen (invitar), wir
laden Sie herzlich ein. ¿Es einladen una palabra o dos?
Problemas morfosintácticos
También tenemos problemas morfosintácticos de delimitación de la palabra:
Hay unidades que exceden los límites de la palabra: las unidades pluriverbales. Estas son
construcciones que contienen más de una palabra pero mantienen una unidad funcional y de
significado. Sintácticamente se comportan como una única palabra y semánticamente su
significado no se obtiene por la suma de significados parciales y remiten a un único referente de
la realidad extralingüística. Ejemplos:
Español: "subió por la escalera de mármol" y "subió por la escalera de caracol". En el primer
caso tenemos un sintagma preposicional donde el núcleo es "mármol". Tenemos un sintagma
nominal en sintaxis libre que tiene un complemento que es un sintagma [Link]
embargo, escalera de caracol no se constituye de la misma manera ya que es un tipo de escalera,
ahí el sintagma preposicional no es un complemento del sintagma nominal. Así, "escalera de
mármol" es un sintagma en sintaxis libre y "escalera de caracol" es un compuesto nominal que
funciona como una unidad y tiene un significado único. "Escalera de caracol" sería todo una
unidad, un único elemento. No se trata de una escalera que sea de un caracol o que esté hecha de
caracol.
Francés tenemos pomme d’Adam y en inglés guinea pig.
También existen unidades menores que la palabra, como morfemas o clíticos. Desde la
definición que hemos visto sí que serían palabras (desde el punto de vista ortográfico al verlo por
escrito). Son unidades que no son palabras desde el punto de vista morfosintáctico pero que se
pueden ajustar a la definición ortográfica de palabra, lo que hace que su estatus resulte dudoso
para los hablantes. Son unidades con apariencia de palabra pero que en realidad son unidades
menores que una palabra.
Problemas morfológicos
Nos encontramos con varios problemas que están ligados a la estructura visual o a la estructura
fonológica. Pero hay más problemas que no se aprecian en la ortografía que dificultan la
definición y delimitación de palabra. Por ejemplo, el desdoblamiento de la misma, teoría
elaborada por John Lyons, del término palabra en forma de palabra (digamos, las palabras vistas
en sus distintas formas, en plural, singular, caso, tiempo… lo que son las “palabras” tal y como
pueden aparecer en un texto o conversación) y expresión de palabra (las palabras más como
conceptos, como vienen en el diccionario, a modo de forma de cita que en vez de aparecer
resistiré aparece resistir). En la identificación de unidades que consideramos palabras nos
encontramos con otros problemas de orden, fundamentalmente, morfológico y semántico, los
cuales dificultan la asignación al concepto palabra las variantes morfológicas:
Flexión: ¿son estar, estamos, estuve, estuviera… palabras distintas o son la misma palabra? En
las lenguas tenemos variantes morfológicas de las palabras que nos indican tiempo, persona,
aspecto, género, número… Tendríamos que decidir si niño es una palabra y niña es otra palabra
distinta.
Derivación: cuando se parte de una palabra y se le añade algo para modificarla.
Derivación afectiva: casa, casita, casucha, casona… ¿son palabras distintas? En alemán tenemos
entchen, en francés chaton o en ruso домчик. La derivación afectiva no varía el contenido
semántico de la palabra, pero sí que varía algo el significado, ¿se considera o no como palabras
iguales o distintas?
Otros procesos:
Truncamiento: se cortan las palabras, ejemplo: cole o boli.
Siglas: algunas son palabras ya, como la ONU o las ONG, y tienen tratamiento de palabra, pero
otras se usan siempre como siglas, como BBC.
Acrónimos: chupóptero o docudrama, que se forman con el inicio y final de otras palabras.
Teleñeco, ofimática…
Problemas semánticos
Las diferencias existentes entre sintaxis libre, colocaciones y fraseología.
Problemas de polisemia y homonimia, por ejemplo: banco. Si vemos el banco de la calle y el
banco del dinero, ¿Son una palabra con varios significados o son dos palabras homografas? Si se
busca coca en la Real Academia Española, existen entradas distintas. Sin embargo, banco, solo
viene como una con varios significados. Tenemos por un lado palabras de distinto origen que han
confluido en la misma forma, y por otro, una palabra que ha ido variando su significado por su
similitud.
Familia de palabras
Una familia de palabras es un conjunto de palabras que comparten la misma raíz, y constituyen,
como su propio nombre indica, una familia de palabras, ya que presentan esa idéntica raíz, lo que
explica los rasgos comunes en su significado.
Véase también
Área de Wernicke
Lexicología
Lexicografía
Holofrase
Lingüística
Significante
Significado
Lenguaje
Lista de palabras largas
BÁSICOS DE LAS MATEMÁTICAS
Diez conceptos matemáticos que deberías conocer
Los números primos, los irracionales, los imaginarios, Pi y E, el 0 y el infinito, los fractales y la razón
áurea. Son algunos de los conceptos matemáticos básicos que todo el mundo debería conocer. Aquí tienes
un breve repaso a su historia y utilidad.
AgenciasAlgoritmo matemático
Jose A. Pérez | @mimesacojea | Madrid
| 23.01.2015 14:31
Hay cosas que todos recordamos del colegio. Por ejemplo, que es primo cualquier número mayor que 1
que cumpla una norma: solo puede ser dividido por sí mismo y por 1. Es el caso del 2. Y del 3, del 5, del
7, del 11…
Eratóstenes, un matemático y astrónomo griego, ideó una manera sencilla para buscar números primos.
Dibuja una tabla con todos los números que quieras a partir del 2. Luego ve tachando todos aquellos que
sean múltiplos del 2. Luego los que sean múltiplos del 3. Luego del 5, del 7, y así sucesivamente. Los que
queden sin tachar son todos primos. A esta técnica se le llama “criba de Eratóstenes”.
Los números primos, que llevan fascinando a los matemáticos desde su descubrimiento, se usan hoy
como técnicas de cifrado (algo de lo que ya os hablamos). Imagina un número absurdamente grande, algo
como:
[Link].[Link].[Link].[Link].[Link].239
Ahora supón que este número es el producto de dos números primos, y que solo descubriéndolos tendrás
acceso a, por ejemplo, mi base de datos. El cálculo es extraordinariamente laborioso, incluso para un
ordenador. Este sistema criptográfico se llama RSA y fue empleado por Estados Unidos y Rusia durante
la Guerra Fría.
El cálculo de números primos sigue siendo un reto matemático hoy en día. En 2013, un matemático
estadounidense encontró el número primo más grandes calculado hasta ahora. Tiene 17 millones de
dígitos, así que entiende que no lo copiemos aquí.
El cero
El cero es un número de valor nulo. Entre otras curiosas peculiaridades, el 0 reduce a la nada cualquier
número con solo multiplicarse por él.
No es su única excentricidad. En contra lo que nos dice la intuición, el 0 es par… porque es múltiplo de 2.
Para comprobarlo, basta con multiplicar 2 x 0 = 0.
Como todo lo que aprendimos en la infancia, la existencia del 0 hoy nos parece una obviedad, pero el
descubrimiento de este número no fue tarea sencilla. Se cree que fue formulado por primera vez en la
India, aunque aparece en varias culturas antiguas, más o menos simultáneamente, sin que llegara a
asentarse hasta el siglo XVII.
El 0 es fundamental en nuestro mundo por muchas razones. La más obvia probablemente sea su papel
clave en la era digital. Nuestros ordenadores funcionan en una base binaria, donde 1 significa “señal” y 0
“ausencia de señal”. Sin el 0, por tanto, ni siquiera podrías encender la luz.
El infinito
El infinito es una cantidad sin límite que se representa con ∞. Este símbolo deriva de una ecuación
llamada 'lemniscata', que significa “cinta de lana”. Infinito no es un número real (es decir, que no es
positivo, ni negativo ni tampoco 0).
El filósofo griego Zenon de Elea perfiló una serie de paradojas para ilustrar conceptos matemáticos, entre
ellos el de infinito. Una de las más famosas es la de Aquiles y la tortuga.
Aquiles, conocido por su ferocidad guerrera pero también por su velocidad, retó a una tortuga a una
carrera. Para no abusar, el guerrero dio una gran ventaja al animal y luego echó a correr. Cuando Aquiles
llegó a la posición que ocupaba la tortuga cuando éste empezó a correr, ella ya no estaba ahí porque,
lógicamente, había avanzado un pequeño trecho. Aquiles corre entonces hasta esa nueva posición, pero,
cuando llega, la tortuga ha avanzado otro pequeño trecho. Y así sucesivamente, de manera que Aquiles,
según la paradoja de Zenon, jamás conseguiría alcanzar a la tortuga. El guerrero seguirá acercándose a
ella… hasta el infinito.
Los números imaginarios En 1777, un matemático suizo llamado Leonhard Euler (que tenía una fórmula
propia) se cabreó con un número. Concretamente, con éste: √-1. No le gustaba, según parece, porque “no
existía”. De modo que, en un arrebato de desprecio, lo llamó “número imaginario” (o “número i”)
Un número imaginario se define como un número complejo cuya parte real es 0. A los matemáticos esto
les sirve para solventar aquellas operaciones que los demás números complejos no pueden resolver. Por
ejemplo, la raíz cuadrada de -1. No puede ser 1 (porque 1x1=1) ni -1 (porque -1x-1=1). Así que la raíz
cuadrada de -1 solo puede ser… i.
La utilidad matemática de los números imaginarios es fundamental. Algunas operaciones matemáticas
serían mucho más laboriosas sin la ayuda de este tipo de números (por ejemplo, en el campo de la
telemática).
Números irracionales
Un número racional es todo aquel que puede ser expresado como el cociente de dos números enteros. Un
número irracional, por consiguiente, es justo lo contrario: aquel que no puede expresarse por medio de
una fracción. Pi, el número e y el número áureo son todos irracionales.
Cuenta la leyenda que fue un matemático griego llamado Hipaso de Metaponto quien los descubrió. Y no
le salió gratis. Hipaso pertenecía a la Escuela Pitagórica, un grupo que sostenía que toda la realidad puede
reducirse a números. Cuando comunicó su descubrimiento a sus compañeros, ellos le pidieron que lo
mantuviese en secreto, pero Hipaso no lo hizo. Se dice que tal agravio le costó la vida, y que Hipaso
acabó ahogado en un río de Grecia en circunstancias poco claras.
Curiosamente, la Escuela Pitagórica acabaría pasando a la Historia, entre otras cosas, por descubrir los
números irracionales.
Pi
Es, probablemente, el número irracional más famoso del mundo y su valor es bien conocido: 3.14159…
El nombre se lo puso un matemático inglés llamado William Oughtred en el siglo XVII, tomando la
inicial de la palabra griega περίμετρον, que significa “perímetro”.
Pi expresa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Este número fue
profusamente estudiado por los pensadores griegos, obsesionados con la geometría, aunque no llegaron a
formularlo con precisión. Tampoco Arquímedes dio con el número exacto, aunque estableció una
aproximación. En su obra 'Sobre la medida del círculo' escribió que el valor de Pi es mayor que 223/71 y
menor que 22/7.
No fue hasta el siglo XIX que un matemático amateur llamado William Shanks se empeño en calcular el
número con neurótica precisión. Llegó hasta los 527 decimales. El hombre dedico casi toda su vida a esta
obsesión y fue necesario un siglo y un ordenador para superar sus cálculos.
Número e
Conocido como el número de Euler, se trata de un número real cuyo valor corresponde a 2’7182… y es la
base de los logaritmos naturales.
Fue descubierto por un matemático escocés llamado John Napier, que formuló, a su vez, los logaritmos.
Quien lo popularizó, sin embargo, fue Leonhard Euler, el mismo que años antes se había cabreado con √-
1 descubriendo así los números irracionales.
El número E es clave en cálculo y tiene multitud de aplicaciones en nuestro día a día: se emplea en banca,
para calcular el interés continuo, en ingeniería, e incluso en las dataciones con carbono 14.
El número áureo
También llamado número de oro, es un número irracional cuyo valor aproximado es 1’618033…
Se simboliza con la letra griega Fi (φ) y expresa la proporción entre dos fragmentos de una recta. La
proporción áurea se representa con este rectángulo:
Este rectángulo respeta las proporción áurea. Si dibujas un cuadrado a partir de su lado mas pequeño (a) y
lo eliminas, el rectángulo resultante (coloreado en rosa) sigue respetando la proporción áurea.
Lo llamativo de esta proporción es que aparece en multitud de elementos de la naturaleza; está en los
pétalos de las flores, en las hojas de un tallo y en los caracoles.
Muchos artistas, fascinados por este misterioso número, han reflejado las proporciones áureas en sus
cuadros. Es el caso de Dalí y su 'Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de
longitud'.
La proporción áurea también esta presente en algunas obras arquitectónicas. El edificio de la ONU en
Nueva York es el ejemplo más célebre.
Media y mediana
La media y la mediana son dos conceptos clave en estadística, a pesar de lo cual suelen confundirse (muy
particularmente, todo sea dicho, en los medios de comunicación).
La media corresponde a la suma de una serie de cifras dividida por el número de sumandos. La mediana,
por su parte, es el valor central en un conjunto de datos.
Existe un ejercicio imaginario que ilustra de forma muy clara la diferencia entre ambos conceptos.
Imagina que estás en tu salón con un amigo. Tú ganas 1.100 y tu amigo 1.300, de forma que el suelo
medio en la gente que hay en salón es de 1.200.
Pero entonces aparece por allí Bill Gates. Resulta que Gates cobra 1.000.000 de euros al mes, por lo que
sueldo medio aumenta, de golpe, hasta los 334.133 euros. Alguien que desconozca los datos individuales
pensará que tu salón está lleno de gente rica cuando, de hecho, no es así.
La mediana, por su parte, corresponderá con el valor central. En este caso serían 1.300 euros, que es el
sueldo de tu amigo.
La confusión entre estos dos conceptos permite a la administración emplear uno u otro en función de sus
intereses (que, como es sabido, poco tienen que ver con las matemáticas).
Fractal
Un fractal es un objeto cuya estructura se repite a distintas escalas.
Fue formulado por el matemático Benoit Mandelbrot, conocido sobre todo por su investigación del
llamado conjunto de Mandelbrot.
Existen (aproximaciones a) fractales en la naturaleza, como los copos de nieve o las líneas costeras. De
hecho, fue precisamente la costa de Gran Bretaña la que empleó Mandelbrot en uno de sus más populares
artículos sobre fractales, como ya contamos.
El matemático descubrió que el perímetro de Gran Bretaña cambiaba sustancialmente en función de la
unidad de medida elegida. Cuanto más pequeña era la escala de medida elegida, mayor era el perímetro
obtenido. Era como si el perímetro de Gran Bretaña fuese infinito (cosa que probablemente encantó a los
políticos de la época).
Hoy estamos bastante seguros de que Gran Bretaña es finita, pero este juego matemático sirvió a
Mandelbrot para afirmar que existe un comportamiento fractal en las costas.