Facultad de Psicología
Universidad de La Habana
Apoyo Social: su significado para la
salud humana
Dr. Miguel Roca
INDICE
A modo de presentación............................................................. 3
Introducción .................................................................................... 4
Capìtulo I: El concepto "Apoyo Social"................................... 8
1.1 Esbozando una historia del concepto.................................... 8
1.2 Conceptualizaciòn del apoyo social ....................................... 18
1.3 Diferentes sistemas de apoyo social .................................... 22
Capítulo II: Dificultades teòrico-metodològicas en el
estudio del apoyo social ..................................................................... 35
II.1 Problemas Conceptuales ............................................................. 35
II.2 Perspectivas de estudio del apoyo social ................................. 45
II.3 El apoyo social, )cómo medirlo? ................................................ 49
Capítulo III: El Factor Humano en el proceso de apoyo social ..... 59
III.1 Apoyo social y personalidad .......................................................... 59
III.2 Apoyo social y procesos de afrontamiento ................................. 69
III.3 Apoyo social y ciclo vital ................................................................... 74
Capítulo IV Apoyo social y salud humana ........................................... 96
IV.1 Apoyo social y enfermedad ................................................................ 96
IV.2 Formas de operar del apoyo social ................................................. 102
IV.3 El aspecto negativo del apoyo social .............................................. 109
Bibliografía ..................................................................................................... 111
Introducción
A pesar de que la interrelación existente entre los factores psicológicos y
sociales y el proceso salud enfermedad ha sido reconocida ontológi-
camente, ésta no puede considerarse como novedosa o privativa del
desarrollo científico actual. Sin embargo, la importancia y las
particularidades que caracterizan esta relación ocupan día a día un
espacio mayor en el contexto investigativo, en lo que a salud humana se
refiere. Las últimas décadas han sido testigos de este creciente interés en
la comprensión del papel de los procesos psicológicos y sociales en la
salud humana.
Los avances científico técnicos alcanzados en el campo de la salud
humana le han permitido al hombre descubrir y controlar la influencia de
numerosos factores patológicos nocivos, tales como los microorganismos
y agentes virales e infecciosos que tradicionalmente mutilaban un número
elevado de vidas o conspiraban contra su calidad. Así, mediante el
desarrollo de medicamentos antibióticos (como la penicilina) o vacunas
profilácticas (como la antipoliomelítica o antituberculosa) se reduce la
posibilidad de enfermar por la vía de múltiples agentes patógenos,
elevándose así la esperanza y calidad de vida. De alguna manera ésto
contribuyó a poner en primer plano la importancia, muchas veces
subvalorada, que otros factores -sociopsicológicos, culturales,
epidemiológicos, económicos, etc.- tienen para el proceso salud-
enfermedad.
Sin pretender restar valor a los factores anátomo y fisiopatológicos es
válido afirmar que en el origen de muchas enfermedades los factores
psíquicos y sociales ocupan un lugar, no sólo relevante, sino en ocasiones
decisivo, lo que puede comprobarse al analizar los cuadros de morbi-
mortalidad a nivel mundial, y sobre todo los de los países con niveles
aceptables de salud, que se caracterizan por un predominio de las
llamadas Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) entre lass
cuales se incluyen las enfermedades cardiovasculares, tumores malignos,
enfermedades cerebrovasculares, diabetes, etc. en las cuales el factor
humano ocupa un lugar primordial, así como otras problemáticas no
referidas a enfermedades (accidentes, suicidio), pero en las cuales
también el factor humano resulta decisivo.
El cuadro de morbi-mortalidad de Cuba del año 1994, (anexo # 1) con un
claro predominio de enfermedades estrechamente asociadas al factor
humano, ejemplifica claramente este planteamiento.
De igual manera, la acción de estos factores sobre la salud humana no se
limita (o circunscribe) a intervenir sobre la etiología de la enfermedad, sino
que su espectro de acción deviene mucho más amplio creando,
favoreciendo o limitando la predisposición a enfermar y mediando de
manera positiva o negativa sobre todo el curso o pronóstico de la
enfermedad.
La sociedad y el papel activo del individuo (objetivamente observable en
las conductas y estilos de vida que asume) desempeñan un
importantísimo papel en el cuidado y mantenimiento de la salud y el
bienestar. De manera especial, están presentes e influenciando la
etiología, profilaxis, tratamiento y recuperación de los daños causados por
las enfermedades, pues a pesar, de no estar claramente explicada la
forma en que los factores sociales y las características personales influyen
en este proceso, si resulta un hecho indiscutible, que su presencia marca
significativamente este proceso.
En un inicio, el surgimiento del término estrés, constituyó el puente de
unión entre estos factores y la enfermedad; y aunque con su sola
presencia se pretendía explicar las complejas relaciones entre los factores
psicosociales y el mundo biológico, el creciente interés científico y el auge
de investigaciones realizadas en el área de la salud, permitieron verter luz
sobre otros factores (componentes) cuya acción resulta decisiva en los
resultados del proceso salud-enfermedad y que, a su vez, constituyen
mediadores psicológicos a través de los cuales los individuos amortiguan
o refractan el estrés.
Este descubrimiento despertó gran interés desde el punto de vista
psicológico, al quedar demostrado que el estrés -en apariencia un
supraconcepto capaz de explicar todos los aspectos referidos al proceso
salud enfermedad- por sí mismo no resulta un factor suficiente para
provocar la enfermedad en una persona.
Dentro de estos factores, los procesos de afrontamiento (Lazarus, 1986),
ocuparon durante mucho tiempo el lugar central de las investigaciones,
debido en parte, a su capacidad potencial para influir en el curso y
desarrollo de las enfermedades, jugando un papel esencial en el debut,
manifestaciones, duración, intensidad e incluso pronóstico de algunas
patologías donde el factor humano desempeña un lugar esencial (tal
como ocurre con las ECNT). Este término destaca fundamentalmente el
proceso mediante el cual un individuo en particular, poseedor de recursos
personales, interactúa con un ambiente específico ante acontecimientos
particulares, así como, la puesta en marcha de diferentes estrategias para
hacerle frente al suceso. Tal vez lo esencial de este término radica en el
énfasis que pone en el individuo en tanto ente activo y responsable de su
propia salud.
Desde una óptica igualmente centrada en el individuo; el grado de control
constituyó también una de las variables principales a estudiar. El control
que el individuo cree tener sobre los acontecimientos y sobre su propia
relación con el medioambiente devino en un importante mediador de la
respuesta o reacción de un individuo ante una situación. Numerosos
investigadores, entre ellos Lazarus, sustentaban que aquellos sujetos
capaces de controlar los estímulos provenientes del ambiente y capaces
de responder de forma adecuada a ellos consiguen mantener un óptimo
funcionamiento psicológico y la actividad fisiológica regulada, y
consecuentemente se adaptan mejor a las cambiantes condiciones del
medioambiente.
Los términos de Locus de Control interno y externo descritos por Rotter
(citado por Lazarus, 1986) enfatizan el papel del control y las creencias
acerca del mismo en los resultados sobre la salud humana. El concepto
de desesperanza o indefensión aprendida ("Learned Hopelessness")
resulta un buen ejemplo de cómo la ausencia de control puede afectar
muy desfavorablemente la salud.
A pesar de lo útil y multilateral de estos enfoques, centrados en lo esencial
en el componente individual, no lograban abarcar en su totalidad, las
diversas formas en las que el proceso salud-enfermedad podía ser
afectado.
Posteriormente, el desarrollo del enfoque comunitario y la comprensión de
que la salud no es sólo un problema individual sino también de los grupos
y de la sociedad condujo a una ruptura con los modelos tradicionales de
análisis e investigación -centrados en el individuo- dando lugar a la
aceptación del papel que los factores sociales juegan en el desarrollo de
la salud.
Como resultado de investigaciones realizadas en esta dirección surge un
gran interés en el polémico, a la par que atractivo, concepto de Apoyo
Social ("Social Support") que ha logrado acaparar la atención de
numerosos investigadores y especialistas, a pesar de su insuficiente
planteamiento teórico-metodológico. Muchos autores esperaron que este
concepto se constituyera en un supra concepto, al igual que hubo de
suceder con el concepto de estrés psicológico tal vez el más popular
término en la explicación del papel de los factores psicológicos en el
proceso salud-enfermedad.
Sin embargo, la heteregenoidad y variedad de definiciones ofrecidas, de
formas de operacionalizarlo, y de medidas utilizadas en su investigación
ponen de manifiesto que se trata de un término que, aunque
potencialmente útil, aún tiene que demostrar su validez en el plano de la
investigación y la práctica. Lo expuesto constituye una fiel expresión de la
necesidad objetiva de profundizar en el estudio de este constructo, con
fines investigativos, asistenciales y prácticos, tanto como conceptuales
para su comprensión teórica.
A pesar de lo anterior se trata de un concepto que puede resultar de sumo
interés para los que desarrollan su quehacer profesional en el campo del
proceso salud-enfermedad. Y aunque el concepto de apoyo social no
abarca la totalidad de vías en que la sociedad puede influir sobre la salud
y bienestar del individuo, si representa una importante dimensión, sin cuya
consideración resultaría sumamente difícil hablar sobre la salud humana.
Por todo lo antes planteado es que se convierte en un importante objetivo
sistematizar a través de un trabajo monográfico la información existente
en torno al concepto de apoyo social haciendo enfásis en sus aspectos
esenciales, entre los que se incluyen: aspectos conceptuales, aspectos
metodológicos, aspectos referentes a los factores personales que influyen
y los aspectos referentes a su implicación en la salud humana. Es ese el
propósito del presente trabajo.
CAPITULO I: El concepto "apoyo social".
I.I Esbozando una historia del concepto...
Al surgimiento del término apoyo social le antecede un númeroso y
variado grupo de trabajos e investigaciones dedicadas al estudio y
comprensión del papel de los factores psicológicos y sociales sobre la
salud y el bienestar de las personas.
Ya desde finales del siglo XIX, Durkheim (citado por Musitu, 1993) puso
de manifiesto la importancia que poseen el establecimiento y
mantenimiento de las relaciones interpersonales para el logro y
optimización de la salud. Al respecto realizó estudios sobre el valor de
estas relaciones en el ajuste psicosocial de los individuos, e introdujo el
concepto de anomía, tratando de demostrar que la sociedad industrial,
como responsable de la ruptura de las conexiones sociales de los
trabajadores inmigrantes en las ciudades, constituía un factor causal de la
desintegración entre los individuos y sus comunidades, de la reducción
del apoyo, de la pérdida de las relaciones sociales basadas en los roles y
en las normas sociales adoptadas por estas personas, y del malestar
psicológico.
Posteriormente, en su estudio realizado sobre el suicidio, Durkheim
comprobó que mayormente esto ocurría entre los individuos con menor
cantidad de lazos sociales, y observó que resulta más frecuente que
ocurra entre los hombres y mujeres solteros que en los casados (Musitu,
1993). Diaz-Veiga (citado por Musitu, 1993) comenta que "desde estas
ideas se perfila ya el inicio de la investigación epidemiológica sobre apoyo
social, que vincula las relaciones interpersonales con la aparición de
trastornos psíquicos".
De manera semejante, en la década del 20, Thomas y Znaniecki, (citados
por Musitu, G.,1993) observaron los efectos y las consecuencias que traía
para los inmigrantes polacos la integración a la ciudad. Ellos pudieron
comprobar que cuando estos individuos abandonaban la cohesión social
existente en sus áreas rurales y se incorporaban a las ciudades
americanas industrializadas daba como resultado la desorganización
social y el surgimiento de númerosos problemas conductuales.
Aportes importantes para el desarrollo del constructo, fueron ofrecidos por
la Escuela de Chicago, la cual aportó elementos esenciales en el
desarrollo de trabajos sobre lo que con posterioridad se definiría como
ecología humana. Basados en esta perspectiva ecológica, Parrk,
Burguess y Mckensie (1976 citados por Musitu, 1993) analizaron que el
surgimiento de muchos problemas sociales estaba influenciado por el
contexto sociocultural en que se manifestaban. Encontraron que los más
altos índices de desequilibrio social se ubicaban en zonas en proceso de
cambio de área rural a zona industrial, y que la creación de industrias
rompía la unidad social existente en la comunidad, produciendo por esta
vía, problemas conductuales y sociales tanto en el contexto individual
como en el comunitario.
Farish y Dunhan, epidemiológos, realizan investigaciones en esta misma
línea en los años 30. Estos autores estudiaron la relevancia de factores
ecológico-ambientales en la incidencia de la esquizofrenia en la ciudad de
Chicago y sugirieron que las redes de apoyo podrían ejercer una función
protectora ante esta patología. (Musitu, 1993).
En sentido general, puede afirmarse que los estudios precedentes se
caracterizaron por establecer una asociación entre los problemas
psíquicos y las variables sociales genéricas tales como la desintegración
social, la movilidad geográfica o el estado civil teniendo todos ellos como
base común la ausencia de lazos o apoyos sociales adecuados o la
ruptura de las redes sociales previamente existentes (Kessler et al., 1985
citado por Musitu, G.,1993).
En la década de los 50, resultaron relevantes los trabajos realizados por
Hinkle y Wolff. Desde una perspectiva evolutiva, ellos investigaron la
relación entre cambios vitales y psicopatología y utilizaron el concepto de
lazo social para explicar las diferencias individuales en la vulnerabilidad a
los estresores ambientales (Musitu, 1993).
No obstante estos valiosos antecedentes, es sólo en los años 60 cuando
la temática del apoyo social comienza a constituirse en un área relevante
de investigación dentro de la ciencia psicológica. El interés y el atractivo
despertado por el término trae consigo en la década de los 70 el
surgimiento e incremento de trabajos cuyo tema esencial de investigación
era el apoyo social y su aplicación concreta en la salud humana.
Un elemento clave para el desarrollo de estos estudios fue el concepto de
"causación multifactorial" (Price, 1974 citado por Heller, Swindle and
Dusenbury, 1986) multifactorial causation, en el cual la etiología de las
enfermedades fue vista como una función de múltiples factores de riesgo
interactuando, tales como agentes infecciosos interactuando con el propio
organismo y con los factores medioambientales nocivos o protectores
(Swindle, Heller y Dusenbury, 1986). La literatura sobre los eventos
estresantes de la vida fue usada para operacionalizar los factores
medioambientales nocivos y el apoyo social fue elegido como el
representante apropiado de los recursos o ventajas psicosociales
(Swindle, Heller y Dusenbury, 1986).
En esta década númerosos trabajos presentaron la tesis de que las
variables sociales y medioambientales eran importantes factores de riesgo
en la etiología de un número de desórdenes físicos y psicológicos,
argumentando que los factores sociales podían influir el curso y la
duración de muchos desórdenes, y que las relaciones interpersonales
pueden proteger a los individuos de los efectos deteriorantes del estrés.
La hipótesis de que las relaciones sociales pueden ser protectoras de la
salud generaron una intensificación marcada de la actividad investigativa,
J. Cassel, S. Coob, y G. Caplan estuvieron dentro de los principales
investigadores dedicados al estudio de este proceso.
Los trabajos de Cassel y los de Coob fueron derivados de supuestos
epidemiológicos. En lo esencial el objetivo de sus estudios coincidía, pues
resultaaba necesario, para ambos, comprender por qué algunos
individuos afrontaban sin dificultades las experiencias estresantes,
mientras que otros parecían tener menos capacidad para movilizar
recursos y adaptarse a una situación que amenazaba o desafiaba su
bienestar. Intentaron explicar estas diferencias partiendo de los "nichos
ecológicos" de los individuos y de la manera en que estos influyen en el
acceso a los recursos que facilitan el ajuste. La idea clave que ellos
defienden es que los individuos que experimentan situaciones estresantes
no sufrirán las consecuencias negativas del estrés si se encuentran en
presencia de "otros significativos" o si tienen la seguridad de poder
acceder a relaciones sociales de apoyo. (Musitu,1993). Esta afirmación,
como es posible observar en el presente trabajo, se refiere en lo esencial
a lo que se ha denominado en la literatura sobre apoyo social, “hipótesis
de amortiguación o buffer”.
Cassel identificó como "protectores de la salud" a determinados procesos
psicosociales que desempeñan un papel esencial en la etiología de las
enfermedades, especificando que el apoyo social proveniente de los
grupos primarios ofrece al individuo una retroalimentación que corrige sus
desviaciones cognitivas, comportamentales y emocionales (Cassel, 1976;
Musitu,1993).
Cassel consideraba que si se producían cambios en el ambiente social
próximo se podría alterar la resistencia de los individuos a la enfermedad
por las alteraciones metabólicas que se desencadenan. Consideraba
(Musitu, 1993 p. 282) que “la ruptura de lazos sociales y la falta de
señales o de información relevante de los otros significativos pueden
constituir el origen de la enfermedad, sobre todo si esa ruptura tiene lugar
en situaciones estresantes. La vulnerabilidad aumentaría más cuanto más
próxima e importante fuera la relación que se ha perdido”.
Por su parte Coob (1976) le concedió una mayor importancia al proceso
de retroalimentación y de recepción de la información proveniente de las
relaciones primarias. Definió el apoyo social como la información que lleva
al sujeto a creer que es querido y cuidado, que es estimado y valorado y
que pertenece a una red de comunicación y de obligaciones mutuas
(Musitu 1993). Es interesante apreciar como esta conceptualización, une
el apoyo social desde una dimensión afectivo-emocional a la noción de la
significación de la información destacando la base cognitiva del apoyo
social.
Caplan (1974 citado por Musitu, 1993), también destacó la importancia
que tienen las relaciones sociales para el bienestar del individuo. Sin
pasar por alto la importancia de las relaciones afectivas, prioriza los
aspectos cognitivos dentro del apoyo. Concibe el apoyo como la guía y la
retroalimentación proporcionada por otros y que facilita a la persona el
dominio de sus emociones ante un episodio estresante de la vida. Incluye
además, el apoyo instrumental definido como la provisión de recursos
tangibles tales como cuidar a un niño, brindar dinero u otro tipo de ayuda
de carácter práctico u operativo.
Caplan notó que las diferentes formas de apoyo, no tienen lugar en
contextos únicos, sino que pueden encontrarse tanto en los sistemas
institucionales de apoyo, como en los sistemas más espóntaneos de
ayuda que surgen en la comunidad y en la vida cotidiana. Este autor, no
obstante, le concede una importancia fundamental a los sistemas de
apoyo que operan desde la espontaneidad y que en este sentido resultan
más naturales para el individuo.
Los trabajos de Cassel, Coob y Caplan, aunque caracterizados como
defectuosos conceptual y metodológicamente (en revisiones realizadas
por Cohen y Mckay, 1984; Heller, 1979; Heller, Swindle y Dusenbury,
1986), despertaron aún un mayor interés por el apoyo social en el área
investigativa, contribuyendo así a que el tema adquiriera definitivamente
un lugar privilegiado dentro del panorama de las ciencias psicosociales y
de la salud.
A partir de aquí, el auge de trabajos e investigaciones que se han desarro-
llado en el área tratan de dar una fundamentación empírica a este
constructo, y determinar la real influencia de las relaciones sociales en la
adaptación psicológica y social. Muy a pesar de ello, los resultados
obtenidos por estos estudios no han conducido a una congruencia teórica,
ni han utilizado medidas homógeneas de evaluación, generando en
realidad una diversidad considerable tanto de teorías y
conceptualizaciones, como de procedimientos de medición que limitan y/o
impiden un rápido avance científico. Paradojalmente, esta limitación se
convierte en un estímulo para múltiples especialistas interesados en
perfilar el constructo y sus posibilidades de estudio.
La explicación del apoyo social como un factor causal tanto en la
prevención de la enfermedad como en el fomento de la salud ha sido
ofrecida por diferentes modelos. Existen dos modelos tradicionales:
Uno de ellos sugiere que las relaciones positivas entre apoyo social y
salud ocurren porque el apoyo realza la salud y el bienestar
independientemente del nivel de estrés que vivencie el individuo; este
modelo es conocido como la hipótesis de los efectos principales o directos
("main effects").
El otro modelo, posiblemente el más estudiado y referido en la literatura,
sugiere que el apoyo protege a las personas de los efectos patógenos de
los eventos estresantes y es conocido como la hipótesis amortiguadora
("buffer").
En los momentos iniciales, estos modelos se consideraban opuestos y
excluyentes. Los partidarios de una u otra hipótesis trataban,
unilateralmente, de demostrar que sólo su explicación era correcta, sin
embargo, investigaciones posteriores han demostrado que el apoyo social
tiene tantos efectos directos como amortiguadores sobre la salud y el
bienestar de las personas (Kessler y McLeod, 1985) y que además ambos
procesos -amortiguadores y directos- pueden encontrarse unidos en
diferentes concepciones; y por tanto, en medidas de apoyo social. Esta
afirmación resulta coherente con el presupuesto de que el proceso salud-
enfermedad resulta una unidad en que sus componentes no son
excluyentes, sino que coexisten a pesar de sus potenciales
contradicciones.
La hipótesis de los efectos directos sostiene que siempre que exista
apoyo social, este potenciará la salud y fomentará el bienestar de los
individuos, con independencia de que este último vivencie o no estrés, y
del nivel del mismo.
Vista desde la sociología, esta hipótesis, puede ilustrarse con
afirmaciones de P.Thoits quien sugiere que entre el desempeño de los
roles cumplidos en la vida cotidiana -principalmente los asumidos- y la
salud existen puntos de unión: Según esta autora, el desempeño de un rol
proporciona identificación consigo mismo, resulta fuente de evaluaciones
sobre sí positivas y deviene la base para un sentido de control y dominio.
La salud sería beneficiada entonces porque el desempeño del rol y las
satisfacciones derivadas de su cumplimiento le dan sentido y objetivos a
la vida, reduciendo, por tanto, la ansiedad y la desesperación que
pudieran experimentarse (Cohen y Syme, 1985), y deviniendo -por ende-
en un importante facilitador de salud.
El modelo descrito, sugiere en lo esencial que el apoyo y la salud están
relacionados linealmente; es decir, un incremento en el apoyo será
beneficioso para la salud independientemente del nivel de apoyo
existente. Podríamos ampliar esta afirmación hipotetizando -desde este
modelo- que todo estado de bienestar facilita la salud humana, y de aquí
que todo apoyo que facilite el bienestar humano, también influirá
positivamente sobre la salud.
Aunque compartimos el hecho de que el apoyo social puede influir en el
bienestar y la salud, aún en la ausencia de estrés, no coincidimos en que
un aumento del apoyo social sea definitivamente beneficioso para el
individuo en todos los momentos.
La hipótesis amortiguadora ("buffer"), por el contrario, sustenta, que el
apoyo sólo ejerce sus efectos beneficiosos en la presencia del estrés,
protegiendo a las personas de los efectos patógenos de tal estrés: de
acuerdo a lo planteado hasta aquí, si la hipótesis de efectos principales
enfatiza el componente promotor de la salud humana, la hipótesis de
amortiguación enfatiza el componente restaurador de la salud amenzada.
Esta hipótesis plantea que el apoyo puede ejercer su influencia en dos
momentos diferentes de la relación estrés-patología (Cohen y Mckay,
1984; House, 1981; Cohen y Syme, 1985), aunque sus vías de acción
pueden ser esencialmente similares.
En un primer momento, el apoyo puede intervenir entre el evento estresor
o las expectativas de ese evento y la expectativa de la experiencia
estresante como tal, mediante la atenuación o la prevención de una
respuesta de estrés. En este sentido, los recursos proporcionados por
otros pueden redefinir y reducir el potencial de daño planteado por una
situación y/o reforzar la habilidad de hacer frente a demandas impuestas;
por lo tanto, pueden tanto preveer la evaluación de una situación como
estresante, como facilitar los recursos de afrontamiento para dar
respuesta eficaz a la amenza.
En un segundo momento, el apoyo puede intervenir entre la inminencia de
la experiencia de estrés y la ocurrencia de los resultados patológicos,
mediante acciones contribuyentes a la reducción de la experiencia de
estrés o acciones que influencien directamente sobre los
comportamientos responsables de la enfermedad y/o procesos
fisiológicos. Los mecanismos son similares, los momentos distintos.
Los mecanismos, mediante los cuales operan estos modelos se explican
en el epigrafe IV. 2 de este mismo trabajo.
Es a partir de estos modelos que empiezan a surgir explicaciones
alternativas que se proponen la búsqueda de una solución más
convincente al cómo opera el apoyo social. Entre ellos podemos señalar
el modelo atenuante llamado "supresor" que planteaba que el apoyo
puede atenuar el estrés mediando o impidiendo estresores o moderando
sus efectos. (García y Cunill, 1995).
Se modifica el modelo amortiguador, planteando esta vez que el apoyo
social reduce el estrés cuando la conducta de apoyo coincide ("match" es
la expresión utilizada para referirse a ésto, es decir la adecuación del tipo
de apoyo ofrecido con los requerimientos concretos de la situación) con la
estrategia de enfrentamiento requerida por el estresor (Hobfoll y Vaux,
1993).
Dentro de los modelos más "específicos" se encuentran aquellos que
tratan de responder preguntas de cuándo, por qué y cómo el apoyo social
influye en el proceso de estrés: entre éstos encontramos el propuesto por
Cohen y Mckay, 1984, donde se plantea la búsqueda de qué estresores
particulares suscitan diferentes demandas de enfrentamiento. Estos
modelos intentan ajustar el apoyo a las necesidades que elicita el
estresor, se cuestionan las diferentes vías a través de las que el apoyo
puede afectar el proceso de estrés, y pretenden identificar las
características del contexto en que esto ocurre (Cutrona, C. E., y Russell,
citados por Hobfoll y Vaux, 1993).
En 1986, Thoits reconceptualiza el apoyo social como una ayuda o
recurso para el enfrentamiento. En su conceptualización el enfrentamiento
es visto como las acciones individuales realizadas ante las demandas del
medioambiente, mientras el apoyo es visto como lo que otros hacen para
ayudar al individuo a enfrentar. Considera esta autora que a través del
enfrentamiento es como único el apoyo social influye en la salud.
Heller, Swindle y Dusenbury (1986) plantean en su modelo que el apoyo
social sólo influye en la salud a través de los procesos evaluativos.
Explican que esta actividad social, en sí misma, no es protectora de la
salud, sino que lo significativo resulta de cómo esta actividad es percibida
e interpretada por el individuo que recibe el apoyo de los demás, lo que
apoya la perspectiva funcional en el estudio del apoyo social y que
describimos en este propio trabajo. Estos autores consideran que las
evaluaciones acerca del apoyo recibido que realzan la autoestima, son el
medio más eficaz y a través del cual se obtiene un mayor beneficio.
En 1993, Gonzalo Musitu desarrolla una nueva posición considerando al
apoyo social un acto comunicativo donde los individuos reciben los
mensajes a través de dos canales, el verbal y el no verbal y dichos
mensajes pueden analizarse en dos niveles, el de contenido y el de
relación. Describe la conducta de ayuda como una interacción dinámica
que tiene lugar entre personas que se influyen mutuamente en sus
comportamientos, creencias y emociones.
Diferentes conceptualizaciones de apoyo social.
Hasta aquí hemos abordado diversos momentos en el estudio del apoyo
social, pasemos a continuación a referir algunas de las más frecuentes
definiciones de apoyo social encontradas en la literatura especializada, en
algunas de ellas se reiteran elementos, en tanto en otras aparecen
componentes más originales y específicos. Así el apoyo social ha sido
catalogado como:
"...El sentimiento subjetivo de pertenencia o de ser aceptado, querido o
necesitado tanto por uno mismo como por lo que uno puede hacer..."
Moos, citado por Musitu (1993)
"...Agregados de relaciones sociales que aportan al individuo
oportunidades de retroalimentación sobre sí mismo y sobre la validación
de sus expectativas respecto de los otros, lo que podría compensar las
deficiencias en estas comunicaciones en su contexto comunitario más
amplio" (Caplan, 1976)
"...Información transmitida a partir de la cual el sujeto cree que es
apreciado y querido, estimado y valorado, y que le supone la pertenencia
a una red social de comunicación y de obligación mutua..." (Coob, 1976)
"...El apoyo social son los contactos personales disponibles para un
individuo a partir de otras personas, grupos y sociedades..."
(Meichembaun, 1977 Citado por Bages, Nuri, 1990)
"...Cualquier acción o conducta que sirve para ayudar a la persona (focal)
en el logro de sus objetivos personales o afrontar las demandas de
situaciones particulares..." (Tolsdorf, 1976, citado por Musitu, 1993)
"...El apoyo social puede ser definido como el apoyo accesible a un
individuo a través de sus ataduras sociales a otros individuos, grupos y a
la gran comunidad..." (Lin, Simone, Ensel y Kuo, 1979 citados por Musitu,
1993)
"...El apoyo social se define a través de tres elementos: afecto, afirmación
y ayuda... El apoyo puede comprometer la expresión de cariño e intimidad
emocional (afecto); la provisión de información sobre lo correcto o
incorrecto de las acciones del sujeto o pensamientos (afirmación), y la
disponibilidad y el uso de ayuda directa a través de dinero, tiempo,
esfuerzo, y la atracción..." (Kahn y Antonucci, 1980 citados por Musitu,
1993)
"...Lazos expresivos y afectivos esenciales para mantener la integridad de
uno mismo y los sentimientos de solidaridad grupal".(Bharadwaj y
Wilkening, citados por Musitu)
"...Cualquier factor existente en el medio ambiente que fomente un curso
favorable de la enfermedad..." (Beels, citado por Leavy, 1983)
"...Una estimación o evaluación de cómo y en qué grado una interacción,
esquema de interacciones o relaciones, sirve o no de apoyo..." (Schaefer
citado por Musitu, 1993)
"...Recursos proporcionados por otras personas (información
potencialmente útil o cosas) que puede tener efectos tanto negativos
como positivos en la salud y el bienestar..." (Cohen y Syme, 1985)
"...Información y recursos de otras personas del entorno que minimizan la
percepción de amenaza, maximizan la percepción actual de dominio y
facilitan la acción directa y anticipatoria de los modos de afrontamiento..."
(Eyres, citado por Musitu 1993)
"...Se refiere a las funciones ejecutadas, para un individuo distresado, por
otras personas importantes para él, tales como: un miembro de la familia,
compañero de trabajo, pariente o vecino. (Thoits, 1986)
"...Se refiere al acceso y uso de individuos, grupos y organizaciones al
lidiar con las viscisitudes de la vida..." (Lourdes García, 1988)
"...El apoyo social consiste en la presencia de otros o los recursos
brindados por ellos ante, durante o después de un evento estresante..."
(Ganster y Victor, 1988 citados por Bages, N.,1990)
"...Las relaciones que proveen a las personas de un apoyo emocional,
material o ambos en su interacción con el medio, sus funciones incluyen
el mantener una identidad social positiva, proveer apoyo emocional,
ayuda material y servicios concretos así como el acceso a nuevos
contactos y funciones sociales..." (Alvarez, Miguel Angel, 1989)
"...Proceso transaccional y simbólico de influencia mutua entre dos o más
individuos que alteran, consecuentemente, los estados afectivos,
cognitivos y comportamentales de éstos. Esta interacción se produce en
una red de relaciones que condiciona el tipo específico de ayuda, los
estilos de interacción y el grado en que los seres humanos tienen acceso
a vías de ayuda, a través de otros contactos..." (Musitu, 1993)
Como puede apreciarse las definiciones anteriormente referidas, abordan
distintas aristas, de la multiplicidad de ellas, a las que puede hacerse
referencia en el constructo apoyo social: La connotación percibida del
apoyo social aparece reflejada en las conceptualizaciones de Moos y
Schaefer quienes destacan la significación del componente evaluativo, es
decir, como el sujeto percibe el apoyo social que le está siendo tributado.
La dimensión positiva del apoyo social también se constituye en un
elemento clave de algunas de las conceptualizaciones, entre estas las
referidas por Beels, y por Bharadwaj y Wilkening se destacan. Gran parte
de estas conceptualizaciones están enmarcadas dentro de la hipótesis
amortiguadora. Investigadores como Thoits, Eyres y Lourdes García,
definen parcialmente el constructo, ofreciéndole al término apoyo social la
posibilidad única de ayudar a enfrentar los problemas de individuos
estresados.
Lo anterior nos demuestra que a pesar de existir toda una serie de ideas
comunes, respecto al concepto, subsisten contradicciones y el poco
acuerdo al definir el apoyo social.
I. 2: Conceptualización del apoyo social
Para emitir una conceptualización sobre el apoyo social resulta necesario
detenerse, primeramente, en los aspectos esenciales que forman parte e
identifican a este concepto.
El apoyo social está formado por dos componentes interrelacionados
(estructura y contenido) los cuales interactúan con un tercero: el proceso
(Leavy, 1983).
1.-En primer lugar, el apoyo social posee una estructura. En lo
fundamental, el apoyo parece estar constituido por recursos que están
"fuera" del individuo: los vínculos disponibles con otros, las características
y la naturaleza de estos vínculos. La estructura del apoyo incluye el
tamaño, contexto, reciprocidad, accesibilidad, y la estructura de las
relaciones interpersonales (Leavy, 1983).
La red social se refiere a las "lazos o ataduras" que tiene un individuo con
un determinado grupo de personas y el tipo de vínculos que desarrolla
dentro de este grupo (Leavy, 1983). La existencia de la red permite
"medir" objetivamente la estructura de los recursos sociales de una
persona y examinar como varían éstos a través de diferentes etapas y
situaciones de la vida.
Seeman y Berkman (1988) observan que muchas veces las medidas de
red se han confundido con las de apoyo social y han sido usadas indistin-
tamente, debido a que las "ataduras sociales" han sido generalemente
vistas como vínculos interpersonales caracterizados por intercambio de
recursos materiales y no materiales.
Sugieren, que una red social está compuesta de relaciones voluntarias y
no voluntarias (por ejemplo, existen compromisos que limitan el campo de
la elección e imponen ciertas relaciones no voluntarias tales como
aquellas que se establecen con los miembros de la familia), lo cual indica
que no necesariamente algunos miembros de la red pueden ser
funcionales en su rol de apoyador.
Estos autores, afirman además que los riesgos de mortalidad y morbilidad
aumentan entre aquellos individuos que no tienen o prácticamente no
tienen contactos interpersonales, cuando se les compara con individuos
socializados. En un estudio realizado por Kaplan y cols (1994) se reporta
que en los hombres el riesgo de morir aumenta coincidentemente en
aquellos que reportan tener pocas personas a quién dar y de quién recibir
apoyo, poca participación en organizaciones, un pequeño número de
amigos, no estar casado y mantener relaciones sociales de poca calidad.
Tolsdorf (1976 cit. por Musitu, 1993) ofrece una interesante aproximación
al acercamiento estructural o de red. Este autor comparó las redes
sociales de diez esquizofrénicos con la de diez enfermos físicos, e
identificó las siguientes variables:
El tamaño o estructura de la red, que se refiere exclusivamente a un
componente cuantitativo, al número de individuos listados por la persona y
a los que considera parte de su red social de acuerdo a algún criterio
previo, como por ejemplo, que se conocieran por su nombre, que tuvieran
una relación personal previa o que tuvieran contactos al menos una vez al
mes.
El contenido de las relaciones entre la persona y los miembros de su red,
utilizado para especificar los aspectos esenciales que constituyen la
relación. En ese sentido se señalan doce áreas de contenido que
incluyen: pariente primario, pariente secundario, amigo primario, amigo
secundario, economía, recreación, política, religión, sexualidad,
fraternidad, ayuda mutua y servicio. Como puede apreciarse, se trata de
contenidos no excluyentes y que complejizan su comprensión al
enriquecerse los tipos de contenido. De esta manera: las relaciones
múltiples son aquellas que contienen más de un área de contenido,
asumiendo que tales relaciones son más significativas para el individuo.
Funciones de la red: considera que la red cumple tres funciones
específicas: apoyo, consejo y retroalimentación.
Tolsdorf, citado por Musitu (1993), ofrece una tabla donde agrupa los
componentes medibles en cada una de estas variables:
ESTRUCTURA CONTENIDO FUNCIóN
Densidad adya- Densidad de la relación Recepción de apoyo
cente Relaciones múltiples Provisión de apoyo
Parientes Relaciones asímetricas
Vínculos con parientes Personas funcionales
Densidad adyacente de
personas funcionales
Densidad de las relacio-
nes de las personas fun-
cionales
2.-En segundo lugar, Leavy se refiere al contenido de las relaciones de
apoyo, en tanto no sólo es necesario conocer quién es capaz de
proporcionar ayuda, sino que forma o tipo de ayuda ofrece. En este
sentido, númerosos autores han postulado la existencia de tipos
diferentes de apoyo social. No insistiremos más en este aspecto pues el
mismo es abordado con mayor detenimiento en epígrafes posteriores.
Se ha demostrado que en dependencia de otros factores (contextuales,
temporales, personales, demográficos, etc), estos tipos de apoyo tienen
efectos diferentes sobre la salud y bienestar del individuo.
3.-El tercer elemento al que se refiere Leavy y que afecta a los otros dos,
se refiere a su connotación de proceso: el proceso de connotación
dinámica mediante el cúal un individuo desarrolla, modifica, y utiliza las
relaciones de apoyo. Aquí se incluyen los numerosos factores condicio-
nantes que influyen en la movilización y la efectividad del apoyo social, y
que pueden sesgar su comprensión, como es el tipo de problemas que se
enfrenta, el contexto concreto en que está inmerso el individuo y el
momento del ciclo vital en que se encuentra; etc.
En síntesis, el apoyo social incluye tanto la estructura como el contenido
de las relaciones de ayuda disponibles en el medioambiente, y el proceso
mediante el cual los individuos hacen uso de estas uniones.
A continuación, sin pretender establecer definiciones lapidarias, y en el
ánimo de tener un concepto operativo que resulte hilo conductor de
nuestra exposición a lo largo del presente trabajo, consideraremos el
apoyo social tal y como aparece definido en la tabla que aparece a
continuación:
Apoyo social: Recursos sociales accesibles y/o disponibles a una
persona, encontrados en el contexto de las relaciones interpersona-
les y sociales y que pueden influir tanto de forma positiva como
negativa en la salud y bienestar de los individuos implicados en el
proceso. Su característica distintiva radica en su carácter
interactivo, dinámico y extensible a lo largo de la dimensión
temporal.
Como puede apreciarse, esta definición aborda toda una serie de
aspectos que de una u otra forma hemos abordado en lo referido hasta
aquí. No obstante, consideramos pertinente precisar en qué consisten
dichos componentes:
Recursos sociales disponibles: Son los medios externos al individuo
proporcionados por otros y que él puede o no reconocer y/o utilizar,
incluye, además, las funciones realizadas por las personas en aras del
bienestar "de un individuo distresado".
Concebidos en el contexto de las relaciones interpersonales y sociales: El
apoyo social por sí mismo, no es intrínsecamente social e interaccional, él
toma lugar y adquiere significación sólo dentro de la estructura social y el
contexto cultural. Estos contextos ayudan a formar el carácter y resultado
del apoyo. Entenderlo así, implica conocer la organización social, las
relaciones interpersonales, las normas, la cultura, los valores que regulan
el comportamiento de una sociedad y de individuos específicos y los
cambios que se produzcan en estas dimensiones. A nuestro juicio, resulta
imposible hablar de apoyo social sin un "otro". En tanto proceso que
presupone al menos dos personas que interactúan, de una u otra manera,
no está aparte de la vida social.
Carácter dinámico: El apoyo social no constituye una respuesta fija: puede
considerarse como una variable que puede ocurrir, pero no como algo
prestablecido. No todos los individuos encuentran apoyo social, ni todos
los problemas son susceptibles de resolverse en alguna medida a través
de la influencia del apoyo social. Tampoco el apoyo social aparece
siempre, ni igual: es cambiante, no estático, no fijo.
Carácter interactivo: El apoyo social puede ser visto como un proceso
interaccional entre proveedores y receptores. Verlo como la acción de
individuos separados y no relacionados es ignorar la complejidad del
problema. Pensar en él como respuestas fijas a las necesidades de los
receptores o como un reflejo de la habilidad de estos para formar y usar
sistemas de apoyo sería algo muy ingenuo y que dificultaría enormemente
la comprensión de la disponibilidad, duración y eficacia del apoyo social.
Estos aspectos no son sólo determinados por las acciones de los
receptores, ni por el estatus del proveedor, sino por la naturaleza de sus
relaciones y de sus interacciones.
Extensible a lo largo de la dimensión temporal: El apoyo social no
permanece invariable durante todo el tiempo de la vida de un individuo.
Como resultado de las interacciones sociales, de su carácter interaccional
y de su dinamismo, él puede actuar con eficacia en determinados
momentos y períodos, en tanto en otros momentos puede no ocurrir así.
De igual forma, en función de su duración, puede clasificarse en apoyo a
largo plazo y apoyo a corto plazo. El apoyo a largo plazo es de naturaleza
continua, extendido en el tiempo, mediado por relaciones permanentes
que ayudan al individuo a enfrentarse a situaciones problemáticas a largo
plazo o a problemas generales de la vida. El apoyo a corto plazo es
intermitente, utilizado por el individuo en casos necesarios o momentos de
crisis.
Consecuencias negativas o positivas: Tal vez por la propia connotación
semántica del concepto ("apoyo") existe un fuerte preconcepto acerca de
los efectos positivos del apoyo social que lejos de ofrecer objetividad y
cientificidad, contribuyen al poco esclarecimiento de los mecanismos y los
efectos reales del apoyo social, de hecho los efectos del mismo pueden
ser negativos para la salud y el bienestar,... sobre todo si somos
consecuentes con el carácter dinámico referido con anterioridad.
Salud: Dado que a lo largo del presente trabajo nos hemos estado
refiriendo constantemente a la relación del apoyo social con la salud y el
bienestar, consideramos pertinente precisar que en el contexto del
presente trabajo -y en relación con el término de apoyo social-
concebiremos a la salud como un complejo proceso cualitativo que define
el funcionamiento integral del organismo y que se expresa en el completo
bienestar físico, mental y social del individuo (O.M.S.). Aunque este
concepto ha sido sumamente polemizado, nos referimos al mismo, en
tanto sus componentes (biológico, psicológico y social) pueden verse
influidos, tanto positiva como negativamente por el proceso de apoyo
social.
Como puede apreciarse, cada uno de estos componentes contribuye en
algún sentido a una mejor comprensión del proceso de apoyo social.
I.3 Diferentes sistemas de apoyo social.
La definición de sistema de apoyo que ofrece Gerald Caplan (1974), y que
resulta de sumo interés, considera que un sistema de apoyo puede ser
concebido como "un patrón duradero de lazos continuos o intermitentes
que desempeñan una función notable en el mantenimiento de la
integridad psicológica y física del individuo en el transcurso del tiempo.
Los diferentes elementos del sistema de apoyo pueden ser espontáneos,
es decir, no organizados en forma planificada por alguien interesado en
estimular la salud del individuo y de las respuestas biosociales naturales
de los individuos, de su comunidad, o a partir de los valores, las
tradiciones de su cultura y sociedad".
Caplan señala que los grupos sociales que constituyen sistemas de apoyo
frente al estrés y que tienen, por ende, la propiedad de amortiguar la
enfermedad, mantienen un tipo de interacción particular y poseen
características específicas que los hacen útiles para estos fines. Estos
grupos se identifican por las cualidades particularmente protectoras sobre
la salud, que caracterizan las relaciones que ellos establecen con cada
individuo en concreto. En sus relaciones, las personas son consideradas
únicas, de importancia para el grupo; donde los demás miembros se
interesan por él, por sus problemas, hablan su lenguaje, le manifiestan lo
que se espera de él y lo guían en su labor, vigilan lo que hace y juzgan su
conducta, le dejan saber su opinión acerca de como actúa, le estimulan
espíritualmente por sus éxitos, lo apoyan si fracasa.
Pero resulta mucha más importante, en mi opinión, la marcada
sensibilidad que muestra el grupo ante las necesidades personales del
individuo, las cuales son consideradas dignas de respeto y satisfacción.
Se trata, en este caso, de sistemas que resultan eficaces y eficientes para
hacer frente a las necesidades presentes del individuo.
Los sistemas de apoyo modulan las respuestas que emiten las personas
ante eventos de la vida. Ellos están constituidos por aquellas relaciones
sociales que le ofrecen al individuo ayuda material y/o espiritual. Estas
interacciones posibilitan la reafirmación personal y el incremento de la
creencia de dominio y control sobre el medioambiente. Son relaciones con
las que el individuo se identifica de manera positiva. Visto desde este
ángulo, el sistema de apoyo social debe ser comprendido desde su
connotación positiva sobre el bienestar y la salud,... no obstante, en este
mismo trabajo, nos referiremos a los posibles efectos negativos del apoyo
social sobre el bienestar y la salud.
El sistema de apoyo constituye un espacio de relaciones interpersonales
donde el individuo puede identificar recursos personales y sociales y
donde encuentra retroalimentación de sus actos y pensamientos.
Pealin (1985) considera que la clasificación más común de los sistemas
de apoyo social es la que distingue (de manera implícita o explícita) entre
redes, grupos afiliativos e interacciones interpersonales.
La perspectiva de la red es la más amplia. Esta perspectiva presta
atención al conjunto total de relaciones de las cuales los individuos forman
parte directa o indirecta. La sociología moderna ha dedicado un gran
esfuerzo investigativo y de elaboración conceptual a los estudios de redes
en que está inmerso un individuo, aunque menos al componente
subjetivo, individual.
Pearlin, 1985 define la red como los límites exteriores de la estructura en
la que un individuo puede aspirar al apoyo. Considera que las personas
no alcanzan al mismo tiempo la totalidad de recursos ofrecidos por sus
redes; y que además, no son capaces de utilizar muchos recursos que
son proporcionados por su red.
Este autor considera que desde el punto de vista sociológico, el concepto
de red es de gran importancia, ya que incluye, en su definición, los
recursos institucionales y organizacionales que las sociedades ofrecen a
sus miembros; demostrando de esta manera, que de la misma forma en
que la distribución de riquezas, poder y estatus ocurre desigualmente en
las sociedades, la extensividad y recursos de las redes son desigualmente
distribuidos también. Esto es, la extensión de las redes y lo que ellas
pueden ofrecer a sus participantes varía de un estrato de la sociedad a
otro.
Verdaderamente, variaciones en la extensión y riqueza de las redes
puede ser tan importante en el estudio de la estratificación social como en
el estudio del apoyo social. Los cambios significativos en la estructura y
funcionamiento de las redes pueden tener -y de hecho tienen- un impacto
significativo sobre las vidas individuales a pesar de su carácter "macro" en
cuanto a sus efectos.
Perspectiva centrada en las afiliaciones activas. Esta perspectiva de
estudio se ubica dentro de las redes sociales aunque está mas cercana a
la dimensión del individuo, en tanto se centra en la investigación de los
grupos a los cuales pertenece el individuo y donde éste exhibe un nivel
activo de integración y membresía (centrada en los grupos con los que el
individuo tiene un enlace activo). Esta es, posiblemente, la perspectiva
más adoptada en investigaciones (Pearlin en Cohen & Syme, 1985).
El estudio de las relaciones sociales activas de los individuos ofrece una
visión mas cercana a la perspectiva individual, acerca de la
representación que se hacen las personas de aquellos que tiene a su
alrededor y de los cuales puede esperar apoyo, Es decir, el apoyo al cual
ellos suponen que tienen la posibilidad de acceder cuando enfrenten
dificultades, a diferencia de la perspectiva de la red, que solamente
informa sobre la existencia de posibles apoyadores.
Pearlin explica que mientras mayor sea el nivel de ataduras e
interacciones con grupos, mayor será la probabilidad de que ellos
proporcionen la más fértil cosecha de apoyos de varios tipos. Por esta
razón es que cuando se trata de identificar afiliaciones activas dentro de
los límites de la red, no sólo se pregunta con quienes las personas
interactúan (familiares, amigos, compañeros de escuela, y socios) sino
también su proximidad residencial al sujeto, la frecuencia de visitas cara a
cara con ellos, los patrones de comunicación, y otros índices que revelan
el tipo de interacción establecida.
Dentro de una red personal, el grupo de relaciones donde las
interacciones son más directas, activas, y presumiblemente intensas
representan la más viable fuente de apoyo.
Así, por ejemplo, en la familia -posiblemente la más importante
afiliación activa en que se inserta un individuo en todo su ciclo vital-
, las interacciones devienen sumamente dinámicas y cambiantes
asumiendo los más diversos contenidos y funciones que le ofrecen
una riqueza excepcional: afiliación, información, apoyo material,
etc.
A pesar de ello, estar insertado en una red social, no garantiza que el
apoyo sea recibido cuando se necesite. Leonard I. Pearlin (1985) explica
que si el apoyo es recibido o no, depende en última instancia de la valora-
ción que realice el proveedor de la situación de necesidad y de la persona
que pide ayuda. Propone que receptores efectivos de apoyo son aquellas
personas quienes tienen la habilidad para formar y sostener relaciones
marcadas por intercambios íntimos y por establecer una comunicación
capaz de penetrar niveles superficiales de interacción. En este tipo de
relaciones las personas, a menudo, se convierten en receptores de apoyo
sin tener necesidad de salir a buscarlo, ni ser necesariamente conscientes
de que reciben ayuda.
La tercera perspectiva se ubica dentro de las afiliaciones activas, e intenta
distinguir entre las propiedades cualitativas y cuantitativas de las
relaciones establecidas por determinados miembros del grupo. Se centra
en el estudio de las propiedades cualitativas de determinadas relaciones
que se desarrollan dentro de grupos de afiliaciones activas.
Esta perspectiva centrada fundamentalmente en la búsqueda de las
cualidades que están asociadas a relaciones de ayuda, presta una
atención más directa a individuos en específico, a aquello que estos
demandan de sus afiliaciones activas o redes, que a las características de
los grupos. Por ejemplo, hay algunos indicadores de que el apoyo de
carácter emocional, es más encontrado en relaciones interpersonales
marcadas por la confianza y los cambios íntimos que en cualquier otro tipo
de relación (Pearlin, 1985).
Estos tipos de cualidades son usualmente encontradas en lo que Cooley
(1915 citado por Pearlin, 1985) denominó como relaciones primarias:
aquellas que resultan de importancia para las personas por razones no
instrumentales, que no son especializadas, ni continuas, y que abarcan
amplias áreas de interés y concernimiento. Tales cualidades, por
supuesto, son a menudo, encontradas en las relaciones esposo-esposa, o
en amigos de cercanía especial. En estas relaciones distinguidas por la
intimidad y la confianza, los receptores de apoyo pueden ser
completamente inconcientes de lo que ellos son en realidad, tanto de
cuánto reciben como de cuanto brindan. Así Brown (1978 cit. por Pearlin,
1985) expresa que las personas integradas a relaciones primarias a
menudo piensan que ellos son completamente confiables, sugiriendo que
el apoyo emocional es una cosa construida dentro de tales relaciones más
que algo que necesite ser concientemente ofrecido y/o buscado por ellos.
Existen otros acercamientos a este mismo aspecto, por ejemplo,
Henderson (citado por Jung) habló sobre la existencia de vías informales
de ayuda, denominando "fuentes difusas" a los contactos interpersonales
establecidos por la persona fuera de su red de apoyo social y a lazos del
individuo con organizaciones comunitarias.
A nuestro juicio, resulta válido afirmar que en fuente o sistema de apoyo
social puede convertirse cualquier entidad que ofrezca ayuda. Los
sistemas de apoyo pueden clasificarse en formales e informales. Entre los
sistemas formales, se encuentran los servicios institucionales y la labor de
profesionales y especialistas. Dentro de los sistemas informales se
agrupan todas aquellas relaciones espóntaneas y no institucionalizadas
que mantiene el individuo y con las cuales se identifica positivamente.
Dentro de esta clasificación se encuentran: grupos de ayuda mutua,
asociaciones voluntarias (ambas sin dirección profesional), relaciones de
amistad, familiares, pareja, figuras prestigiosas de las comunidad,
compañeros de trabajo, de estudio, etc. Las asociaciones religiosas
también constituyen un importante sistema de apoyo. Un ejemplo de ello,
lo constituye el estudio realizado por Leyser (1994) donde numerosas
familias de niños discapacitados nombran la religión como una de las más
importantes fuentes de apoyo.
No sería absurdo incluir dentro de los sistemas de apoyo social al uso de
las figuras de referencia, aún cuando no medie la presencia física de
dichas figuras. Una figura de referencia podría ofrecer un modelo de
actuación, de base para que las personas construyan sus posteriores
esquemas conductuales y formas de enfrentar situaciones vitales. Podrían
ser fuente donde las personas evaluarían el significado de sus problemas.
Cuando una persona modela su comportamiento, su actuación en
la vida cotidiana, a partir de lo que esperaba de ella una figura
ausente o idealizada, dicha figura constituye para este individuo
una poderosa fuente de apoyo social, aún y cuando no le brinde el
apoyo de una manera tangible, en tanto refuerza conductas
deseadas ("...mamá siempre quiso que yo luchara por lograr lo que
me proponga...") y sirve de valioso recurso amortiguador en
momentos de estrés ("...ella siempre me dijo que tenía que ser
fuerte ante las adversidades...").
Coincidimos con Pearlin (1985) en que muchas formas de apoyo social, a
menudo, se confunden con procesos sociales normales: Resultados
naturales de la actividad social, como la integración a un grupo, la
solidaridad y las normas grupales son elementos constitutivos del apoyo
social, a pesar de que en uno u otro momento el individuo devalúe sus
efectos benéficos. Se encuentran inmersos en la cotidianidad y su
presencia sobrepasa los niveles de conciencia, a diferencia del apoyo que
es buscado, reconocido y contraído en respuesta a problemas concretos.
La simple existencia de relaciones donde las personas sienten que son
una parte importante de ellas y con las cuales se identifica positivamente,
son por sí mismas, facilitadoras de la salud y del bienestar con
independencia relativa de los problemas concretos que puedan estar
afrontando las personas.
Por otra parte, la literatura más reciente encontrada sobre el tema habla
de nuevas modalidades de sistemas de apoyo social. La creación y
práctica de programas que educan y guían a las personas con problemas
fue utilizada por Ray N., Rubenstein H., Russo N. (1994) para proporcionar
asistencia y entrenamiento directo a padres de niños retrasados mentales.
La utilización de la computación fue utilizado por Bricker y cols.(1994) en
personas con SIDA.
La familia ha sido considerada como uno de los sistemas de apoyo más
importantes y efectivos en el mantenimiento del bienestar y la salud. De
igual manera que esta afirmación resulta incuestionable en tanto la
presencia de una familia sólidamente conformada potencia el bienestar y
la salud, resultados de númerosas investigaciones aportan que la
ausencia de apoyo familiar es causante de diversa sintomatología.
Leavy (1983) refiere diversos estudios realizados por diferentes autores en
el campo de la salud mental que así lo demuestran: Garrison encontró que
los cuadros más floridos de esquizofrenia los exhibían enfermos que
dependían absolutamente de personas que no eran miembros de su
familia, mientras que los sujetos más adaptados poseían un importante
número de recursos familiares. Froland et al. reportan que los individuos
que expresaban que su sistema de apoyo estaba compuesto en mayor
medida por miembros de la familia (esposo, parientes, etc.) y a los cuales
les daban mayor importancia como apoyadores, reportaban menos
síntomas de distress psicológico; por el contrario, las personas que
relativamente tenían mayor vinculación con amigos, conocidos o parientes
que con sus familiares estaban asociados con un mayor distress. Cohen y
Sokolovsky (1979) reportaron que entre los ancianos residentes de
hogares para ancianos (SRO hotels) aquellos con síntomas psiquíatricos
tenían pocas ataduras con sus parientes.
Según Cowen (Cowen, 1982 citado por Jung) "La ayuda está allí donde tú
la encuentres". resulta imposible clasificar por orden de importancia o
efectividad las diversas fuentes de apoyo social. Su función sólo puede ser
evaluada dentro de un contexto en específico. Mitchell, Billings, y Moos en
sus investigaciones, (1982) citados por Jung, demostraron que diferentes
fuentes de apoyo social pueden tener incomparable efectividad ante
problemas distintos.
En el contexto de problemáticas específicas, grupos de ayuda mutua
pueden fácilmente desplazar a los familiares como proveedores de apoyo
social, especialmente cuando estos últimos son incapaces de descubrir las
necesidades reales del individuo o han fracasado reiteradamente en su
intencionalidad de satisfacerlas. Por el contrario cuando es necesitado el
apoyo emocional, los familiares, generalmente, resultan apoyadores más
efectivos que desconocidos o miembros de grupos de ayuda.
Problemas diferentes elicitan necesidades que no pueden ser resueltas
igualmentes por diversas fuentes. En un estudio conducido por Bloom
(1981) en pacientes con cáncer, se halló que el médico era valorado como
un proveedor de apoyo más importante que los familiares y amigos.
Investigaciones realizadas en Cuba, en poblaciones infantiles (Roca,
1994) han encontrado resultados similares: la significación del médico
como la más importante fuente de apoyo social durante las fases críticas
de la enfermedad.
Una misma conducta puede ser percibida como apoyadora o no, en
dependencia de quién la proporcione. En trabajos de Dunkel-Shetter (1981
citado por Wortman y Conway, 1985) se señala que en personas
enfermas, un consejo ofrecido por un médico puede ser percibido como
útil, pero cuando es dado por parientes o amigos es valorado como
insignificante. De forma semejante Wortman y cols. (cit. por Wortman y
Conway, 1985) encontraron que un comentario como "yo sé como tú te
sientes" ofrecido a una persona enferma puede resultar muy alentador
cuando proviene de una persona con un problema similar, pero puede
engendrar hostilidad y resentimientos cuando es expresada por una
persona saludable. En este mismo trabajo nos referimos a la importancia
de las vivencias de afinidad y puntos referenciales comunes que optimizan
la eficacia del apoyo social.
La efectividad de la fuente o sistema también se hace depender del
contexto social en el cual está insertado el receptor del apoyo. Holahan y
Moos (1982, citado por Jung), encontraron que ante situaciones
conflictivas, el apoyo de la familia resultó extraordinariamente beneficioso
para las mujeres amas de casa, y a su vez, las relaciones establecidas en
el medio ambiente laboral resultaron una fuente importante de apoyo
social para hombres empleados.
Las fuentes o sistemas de apoyo social no son intercambiables o
equivalentes, no todas logran beneficiar al sujeto necesitado.
La acción conjunta de varias de ellas ante la misma situación puede
cumplir tres funciones diferentes:
- Función aditiva: ocurre cuando la ayuda proporcionada por
diferentes fuentes no es contradictoria, sino que sus acciones se
dirigen en una misma dirección.
- Función complementaria: Las acciones realizadas por algunas
fuentes complementan la realizada por otras. Una acción solo
resulta ser eficaz si ocurre en presencia de otra,... por separado
cada una de ellas resulta poco eficaz.
- Función contradictoria: Cuando las diferentes fuentes evalúan y
reaccionan de manera desigual ante una misma problemática.
Esta situación puede acrecentar más que reducir los problemas
de las personas. Un ejemplo pueden ser las contradicciones que
encuentran los adolescentes entre el apoyo y las perspectivas
de sus familiares y las de sus amigos.
Una persona puede estar inmersa en los más diversos sistemas de apoyo
social, desde aquellos más generales e impersonales hasta aquellos más
específicos y en los que el individuo está sumamente implicado o
comprometido. Su contenido puede ser sumamente variado, pero mientras
mayor sea su nivel de intimidad, su grado de significación personal, mayor
será su efecto sobre el bienestar y la salud del individuo.
En sentido general, resulta posible afirmar que la fuente o sistema de
apoyo social efectiva es aquella que reúne condiciones básicas como: ser
accesible, aceptada y positivamente valorada por la persona necesitada,
competente en su función, conocedora de las reales necesidades del
individuo y capacitada para ofrecer lo que realmente se espera de ella.
CAPITULO II: Problemas teórico-metodológicos en la investigación del apoyo
social.
II.I Problemas conceptuales:
El apoyo social deviene un concepto de gran interés para un amplio número de
disciplinas vinculadas al estudio del factor humano; una consecuencia de ello, es
que su conceptualización y metodología se hallen enlazadas al objeto de estudio de
cada una de estas disciplinas en particular, lo que da lugar a una gran amplitud de
conceptualizaciones, medidas y procedimientos metodológicos. A ello se añade que
ésta variedad de conceptos y medidas también se encuentra dentro de una misma
ciencia, dando lugar a la heteregenoidad de significaciones y formas de
operacionalizarlo existentes en la literatura.
La popularidad y consecuente difusión que ha ganado el término ha traído consigo
numerosas discusiones teóricas y revisiones de la literatura -algunas de ellas
esbozadas en el primer capítulo del presente trabajo- que tratan de esclarecer el
concepto. Entre los investigadores que se han dedicado a ello y que más relevancia
han alcanzado se encuentran Caplan (1974), Cassel (1976), Cobb (1976),
House(1981), Thoits (1986).
Heller (1979) comenta sobre los problemas en la conceptualización del término al
observar que en una de sus acepciones se considera a todas las formas de relaciones
interpersonales cercanas como apoyo social, explicando que si esta estrategia es
adoptada, el término se convertiría en sinónimo de relaciones interpersonales positivas,
perdiendo probablemente la diversidad, especificidad y utilidad que tiene.
Según Manuel Barrera y Sheila L. Ainlay (1983) la categorización de conceptos
aparecidos en la literatura ha utilizado guías generales, encontrándose cada una de
ellas relacionada a un punto importante dentro de la literatura actual del apoyo social.
Ellas son:
-La adopción de una amplia definición de apoyo social, que incluye
diversidad de funciones que van desde la ayuda más tangible hasta la
más intangible.
-El diseño de categorías que reflejan más las acciones comprometidas
en la provisión de recursos que las respuestas cognitvas o afectivas a
los cambios sociales.
-La inclusión de conceptos relacionados con ambas hipotesis del rol del
apoyo social (rol amortiguador y de efectos directos).
La definición de apoyo social, es por tanto, la primera gran dificultad metodológica;
en tanto el término ha sido usado por diferentes investigadores para referirse a
procesos desiguales. Esta extensión y diversidad conceptual que posee el apoyo social
reúne aspectos muy distantes que han permitido el surgimiento de variadas
taxonomías que intentan reunir los componentes comprometidos en este proceso. Así,
por ejemplo, en una de las más divulgadas clasificaciones, House (1981), distinguió las
siguientes categorías apoyo emocional, apoyo evaluativo, apoyo instrumental y apoyo
informacional. Otros autores establecen clasificaciones similares donde utilizaron otros
términos refiriéndose en esencia a las mismas dimensiones.
Los estudios realizados, no poseen homogeneidad en cuanto al criterio de apoyo social
utilizado. Diversidad de procesos son vistos de forma separada o combinados en una
sola definición, ofreciendo resultados no adecuados a fines investigativos.
De forma semejante ocurre cuando se trata de identificar y evaluar la efectividad de las
fuentes de apoyo social. Este aspecto también constituye un gran problema
conceptual, y por ende, con implicaciones en la metodología. Lo referente a él ha sido
explicado en el capítulo anterior. Los tipos de apoyo social que resultan
beneficiosos, constituyen otro aspecto de interés y polémica en el estudio e
investigación del apoyo social.
La literatura actual se caracteriza por referirse a una gran variabilidad de tipos de apoyo
social existentes, sin que necesariamente exista un total acuerdo entre sus diferentes
exponentes. Así, númerosas clasificaciones han sido reportadas que reflejan distintos
tipos de apoyo.
Weiss citado por Lazarus (1986) enumera seis funciones esenciales: vinculación,
integración social, posibilidad de nutrición, reafirmación del valor de uno mismo,
sensación de alianza segura y posibilidad de obtener consejo. Dean y Lin, (citados por
Lazarus, 1986) identifican sólo dos tipos: el apoyo expresivo y el apoyo instrumental;
considerando al primero como el tipo más importante y el que más beneficios reporta.
Esta es posiblemente la característica más distintiva de autores que explícita o
implícitamente adoptan una posición fenomenológica y resaltan aquel tipo de apoyo
que, además de ser percibido, gratifica necesidades emocionales y/o espirituales.
Schaefer y sus colaboradores en 1982 (citado por Lazarus, 1986) distinguieron tres
funciones o tipos diferentes: Apoyo emocional (donde incluyen la vinculación, la
reafirmación, y la posibilidad de contar con y confiar en alguien) capaz de fortalecer la
sensación de que uno es amado y cuidado. Apoyo tangible (donde incluye la ayuda
directa material o de servicios) y el Apoyo informacional como el proporcionador de
información, avisos, consejos, y retroalimentación del comportamiento.
Barrera y Ainlay, 1983 distinguieron seis categorías de apoyo social:
1.-ayuda material, como la provisión de materiales tangibles en forma de
dinero u otros objetos físicos.
2.-asistencia conductual, el compartir tareas a través de la labor física.
3.-interacción íntima, comportamientos de ayuda tradicional no-directiva,
tales como escuchar, expresar estima, cariño y comprensión.
4.-guía, ofrecer aviso, información o instrucciones.
5.-retroalimentación, proporcionar a los individuos retroalimentación sobre
sus conductas, pensamientos o sentimientos.
6.-interacción social positiva, interacciones sociales que permitan divertirse y
relajarse.
Por su parte, Pattison (1977 citado por Barrera y Ainlay, 1983) sólo distinguió entre el
apoyo emocional y el instrumental.
Gonzalo Musitu (1993) resume de la siguiente manera las principales funciones del
apoyo social:
Instrumental: Apoyo tangible, apoyo material.
Emocional: Afectivo, expresivo, sustento emocional.
De estima: Valoración, reconocimiento, afirmación.
Informativo: Enseñar, guiar, orientar, aconsejar.
De compañia: Proximidad, disposición, interacción social positiva.
Motivacional: Animar, estimular, reafirmar.
Como puede apreciarse, la mayoría de las tipologías propuestas tienen diferentes
aspectos en común, sin embargo muchos investigadores han propuesto variadas
clasificaciones de los tipos de apoyo social, que a nuestro juicio lejos de clarificar las
funciones propias del constructo, complejizan la literatura diversificando términos, que
en última instancia -como puede apreciarse en la anterior revisión-, revelan las mismas
dimensiones.
Al respecto, consideramos que la clasificación propuesta por Thoits (1986) abarca, de
manera integradora, la diversidad de funciones descritas, y ayuda a evitar la
proliferación de términos. Esta autora identifica tres funciones básicas:
Apoyo instrumental: Se refiere a las acciones o ayuda material proporcionada por otros
que facilitan la realización de las responsabilidades de sus roles ordinarios. Desde el
punto de vista de la vida cotidiana serían ejemplos de ello la ayuda financiera que
ofrece la familia a un estudiante universitario para que culmine su formación, el cuidado
de los hijos pequeños para que uno u otro -o ambos- de los padres puedan llevar a
cabo determinada actividad o cualquier otro tipo de ayuda cuya característica esencial
sea la concreción u objetividad.
Apoyo socioemocional: Se refiere a la aseveración o demostración de amor, cariño,
estima, simpatía y pertenencia al grupo. En este caso se refiere a un componente
donde lo primordial es el vivencial subjetivo: hacerle sentir al otro que es apoyado,
querido o respetado, a pesar de no tener efectos objetivamente visibles, si contribuye a
realzar la autoestima y los sentimientos de valía personal.
Apoyo informacional: Se refiere a la comunicación de opiniones o hechos relevantes a
dificultades corrientes, tales como aviso, retroalimentación personal e información que
puede mitigar circunstancias de la vida, ayudar a tomar decisiones u ofrecer vías
acertadas para enfrentar uno u otro tipo de problemática.
Para resumir los tipos de apoyo social más frecuentemente descritos en la literatura,
ofrecemos una tabla (anexo # 2)1 que resume como abordan los tipos de apoyo social
los diferentes autores consultados y otros citados por éstos. Las categorías referidas
por los diferentes autores son agrupadas en conceptos abarcadores más generales
(como los referidos por Peggy Thoits); así por ejemplo, conceptos tales como ayuda
tangible, servicios prácticos y ayuda material son susceptibles de resumirse en el
concepto más general de apoyo instrumental, en tanto categorías tales como refuerzo
social, sostén emocional y apoyo afectivo pueden resumirse en el concepto más
general de apoyo socioemocional.
Resulta evidente que problemas particulares pueden necesitar tipos específicos de
apoyo social; a la vez que la ausencia de estos y/o la provisión de otro tipo de ayuda,
lejos de beneficiar al individuo pueden aumentar las vivencias displacenteras y el grado
de estrés percibido. A este último aspecto nos referiremos en detalle al hablar de los
potenciales efectos negativos del apoyo social.
El tipo de apoyo social productor de efectos positivos no es identificable por sí; él sólo
puede ser explicable en determinada relación con un problema y con el estado de ese
problema. Quiere esto decir, que la efectividad del tipo de apoyo social no depende de
un tipo en particular; sino del tipo que, en particular, satisfaga las necesidades del
individuo.
Incluso, durante el progreso de un problema, nuevos tipos de apoyo social pueden ser
necesitados quedando inefectivos los actuales, o aún peor, generando consecuencias
negativas. Dunkel y Schettert (1981 citado por Wortman y Conway, 1985) encontraron
que el apoyo emocional, en el 90% de una muestra de población enferma, resultó ser
el más útil para la salud posterior de las personas que cualquier otro tipo de apoyo.
Valdría la pena referirse al respecto, a lo que con frecuencia ocurre tanto en
la práctica profesional psicoterapeútica, como en las relaciones
interpersonales en la vida cotidiana, cuando alguien desea contar un
importante problema -sobre todo aquellos que entrañan lo que se define
como daño o pérdida- y su interlocutor ofrece respuestas de matiz
marcadamente racional, con un predominio del componente cognitivo, el
sujeto que demanda el apoyo no percibe la respuesta como "apoyativa", y
posiblemente hasta se sienta defraudado, pues lo que el busca es
solidaridad y resonancia emocional con su problema, y no una valoración
fría y racional valoración con lo que le ocurre en el aquí ahora (comentario
de los autores).
En cualquier caso, el apoyo social efectivo para un problema determinado puede
resultar completamente inadecuado para otro y aún para ese mismo problema en
otro contexto o momento determinados. Así, Schaefer, Coyne y Lazarus (1986)
postularon que el apoyo instrumental es más importante que cualquier información o
apoyo emocional en personas mayores con depresión. Un interesante estudio
realizado por Friedman y King (1994) en mujeres mayores con enfermedades del
corazón demostró que diferentes tipos de apoyo (en este caso, emocional y tangible)
pueden afectar aspectos diferentes del bienestar psicológico de estas mujeres.
Encontrar el tipo de apoyo social que resulte adecuado para una persona en
específico, es una labor complicada, si conocemos además, que raras veces los
problemas serios en la vida de las personas aparecen solos, separados de otros
problemas2. Regularmente dificultades en un área aparecen asociadas o condicionan
dificultades en otra(s), de aquí la importancia de comprender las diversas formas
(aditiva, complementaria, contradictoria, etc. a las que nos referimos con anterioridad)
en que el apoyo social puede actuar sobre la problemática general que presentan los
individuos.
Otro aspecto polémico en el estudio e investigación del apoyo social es el referente a
las cantidades de apoyo social que han sido igualadas por diversos autores al
número de contactos sociales o al tamaño de la red social de una persona y al
presupuesto de que a mayor cantidad de apoyo, mayor efecto sobre el bienestar y la
salud. Esta concepción no brinda una idea real de las interacciones sociales de un
individuo en tanto la mayor cantidad de interacciones sociales no asegura, por sí sola,
efectos positivos del apoyo social e incluso, una red extensa y compleja puede tener
exigencias mayores sobre un individuo y en consecuencia ser nocivas para su
salud y bienestar. Al respecto, Leavy (1983) demostró que un sólo confidente íntimo
puede resultar la cantidad adecuada en algunas circunstancias.
Varias fuentes brindando apoyo social a una persona en un mismo período de tiempo,
pueden llegar a convertirse en un elemento generador de nuevas tensiones que se
adicionan a las originadas por el problema inicial. La diferencia de criterios y la ayuda
de origen diverso, a menudo, intensifica la problemática del individuo mas que ayudarlo
a un enfrentamiento efectivo..
Conductas sociales como tiempos pasados juntos o ayuda material proporcionada,
pueden resultar de vital importancia para mantener el bienestar del individuo
independientemente de el número actual de fuentes que proporcionen apoyo social.
La "cantidad" de apoyo social efectiva es aquella que coincide exactamente con
la "cantidad" que necesite una persona; esta varía con la situación/problema
particular, con las necesidades que elicitan estas situaciones, con las características
propias de ese individuo, y con la o las fuentes capaces de detectar y satisfacer estas
necesidades. Mayor cantidad de apoyo, por ende, no es sinónimo de mayores
beneficios. Como puede apreciar el lector, aunque hablemos de cantidad no nos
referimos a ningún problema cuantitativo ni de fácil fórmula; la respuesta depende, en
este caso, de situaciones particulares y de individuos únicos.
Uno de los mayores obstáculos para el estudio e investigación de los efectos del apoyo
social sobre la salud y el bienestar son los problemas y su naturaleza.
En la sabiduría popular hay un refrán que dice que "si los problemas vienen solos, bienvenidos sean!",... casi
siempre vienen acompañados y uno conduce al otro.
3
Los problemas han constituido, frecuentemente, el punto inicial de investigaciones
que tratan de demostrar la influencia que puede tener el apoyo social, como mediador
psicológico en la salud de las personas.
El apoyo social media la relación problemas-resultados, lo que ha permitido comparar
el bienestar entre las personas con problemas equivalentes y diferente apoyo
social. Los resultados de esta comparación, supuestamente, arrojarían diferencias en
el bienestar que se atribuirían al apoyo social que disfrutan las personas.
La gran dificultad estriba, sin embargo, en demostrar cuando en verdad los problemas
de las personas son equivalentes. Los problemas engendran problemas, forman
constelaciones de ellos, que se interrelacionan y que unidos a otros estresores inciden
sobre el bienestar físico y/o psicológico de las personas. Por ejemplo, la pérdida del
trabajo en dos empleados de un mismo centro laboral, que aparentemente es el mismo
problema, se tornaría una situación completamente distinta para cada uno de ellos, si
conocemos que, uno de los afectados es padre de familia, tiene hijos enfermos y mala
situación económica; y el otro, es soltero, con posibilidades de obtener un nuevo
empleo y con una situación económica cómoda. El tipo de apoyo social que en esta
situación mediaría de forma exitosa entre el problema y sus resultados para uno, no
necesariamente ofrecería el mismo efecto para el otro.
De esta manera, investigar el efecto del apoyo social para un problema en particular
implica poseer un conocimiento general sobre las particularidades de la vida del
individuo y de su problemática.
Problemas diferentes necesitan tipos y cantidades desiguales de apoyo social,
de fuentes también distintas. Es lógico asumir que situaciones tan distantes como la
de un adulto que se divorcia y la de una mujer que sufre una enfermedad crónica
necesitarán formas y cantidades desiguales de apoyo social. Cada problema (esté solo
o formando parte de una constelación) puede movilizar fuentes distintas para obtener
diferentes tipos de ayuda.
El apoyo social ofrecido para un problema en particular puede resultar inadecuado para
otro; incluso, el mismo problema, observado longitudinalmente, puede evocar
diferentes tipos y cantidades de apoyo social a través de las diferentes etapas. Por
ejemplo: una persona con una enfermedad seria puede necesitar mucho apoyo
emocional inicialmente. Si ocurren progresos la necesidad de apoyo informacional
puede tomar preferencia. Con una recuperación rápida y completa, una reducción del
apoyo puede ser deseable para evitar sobredependencia, la secuencia exacta puede
variar con el tipo de aflicción y la personalidad del individuo (Jung).
La naturaleza y el carácter de los problemas también pueden cambiar en el tiempo,
cambiando a la par, la naturaleza y carácter del apoyo necesitado.
3
Para los lectores conocedores de los modelos cognitivos en psicoterapia, resulta familiar el término "target"
para referirse al problema identificado con el que se pretende trabajar.
Los problemas, su forma y contenido, así como sus vías de solución mantienen una
relación interactiva con el apoyo social. Ellos establecen diferencias en el acercamiento
y la efectividad de los posibles apoyadores. A nuestro juicio, el apoyo social necesitado
y/o efectivo no será el mismo en:
-Problemas circunstanciales o de fácil solución vs problemas prolongados.
-Enfermedades agudas vs enfermedades crónicas.
-Problemas inducidos voluntariamente (abuso del alcohol, drogas) vs
problemas impuestos desde el exterior.
-Problemas que comprometen la autoestima del individuo (enfermedades
venereas, etc) vs problemas que no comprometen la autoestima
Los problemas crónicos y que los se prolongan en el tiempo, atentan contra la
disponibilidad del apoyo social. Los proveedores de apoyo pueden sentirse frustrados,
con el decursar del tiempo, al comprobar que sus esfuerzos no ofrecen mejoría o
resultados positivos y ya queda poco o nada por hacer, o cuando el sujeto se percibe
como poco competente para brindar la ayuda necesaria y de esta manera el daño que
recibe su autoestima contribuye a que se aleje del individuo al que "debería" apoyar.
Por otra parte la creencia de que ningún intento de ayuda resolverá la situación (en el
caso de enfermedades terminales) favorece el retiro del apoyo y la soledad del
individuo.
Las enfermedades serias, sobre todo aquellas de larga duración temporal e impacto
sobre la imagen corporal (deterioro, mutilaciones, presencia de "aparatos", etc.)
pueden engendrar miedo y repulsión física en los apoyadores potenciales. O`Brien,
(1980, citado por B. Wortman y Conway, 1985) estudió la calidad de las interacciones
sociales en pacientes con enfermedades nefrológicas sometidos a hemodialisis,
encontrando que la calidad de estas disminuía con el transcurso del tiempo, mientras
que los sentimientos de alienación y estrañeza de los pacientes iban en aumento.
Los problemas que son inducidos por las propias personas y aquellos que
comprometen la autoestima limitan las posibilidades del individuo de movilizar y
obtener apoyo social, en tanto tienen una connotación paralizante de la iniciativa
personal.
Los problemas de fácil solución, atraen mayor cantidad de apoyadores. La solución del
mismo no sólo es gratificante para el que recibe el apoyo, sino también para el que lo
proporciona: los proveedores elevan su autoestima; lo contrario ocurre cuando sus
esfuerzos no acarrean resultados positivos o cuando se produce cansancio debido a la
duración temporal del problema.
En sentido general, afecciones diferentes optan por tipos y cantidades desiguales de
apoyo social en momentos diferentes en el progreso de un problema. La relación que
se establece entre el problema y el apoyo es única para cada individuo en particular.
Si quisiéramos resumir las dificultades en el estudio del apoyo social, derivadas de los
problemas de conceptualización valdría la pena sintetizar las interrogantes de Pearlin
(Pearlin, en Cohen y Syme,1985) esquematizadas en la siguiente tabla, y plantearnos:
Quién ofrece el apoyo social, a quién se le ofrece, qué tipo de apoyo social se
ofrece, para que tipo de problemas, cuándo y bajo qué circunstancias...?
II. 2 Perspectivas de acercamiento al estudio del apoyo social.
Mas allá de los aspectos conceptuales, en el estudio del apoyo social existen dos
perspectivas o acercamientos metodológicos que resultan significativos para su
comprensión: La perspectiva estructural y la perspectiva funcional. La utilización
de uno u otro acercamiento depende de en que términos haya sido conceptualizado el
apoyo social; es decir, si este ha sido concebido en términos de la estructura de una
relación interpersonal o red social o en términos de las funciones de una relación o los
servicios de la red.
El acercamiento estructural se centra en los aspectos estructurales y formales de las
redes de relaciones sociales en que se encuentra inmerso un individuo, en tanto el
acercamiento funcional centra su atención en aspectos referentes a la calidad, que
incluye la valoración subjetiva, de las relaciones de las personas su percepción y grado
de satisfacción con el apoyo recibido. Resulta así evidente que cada perspectiva
requiere de tipos diferentes de medidas para la investigación del apoyo social.
Las medidas estructurales se caracterizan por describir la existencia de relaciones
sociales y las interconexiones entre ellas (ejemplo: estado matrimonial, número de
relaciones, etc). Generalmente se centran en la apreciación de características objetivas
de las redes sociales. Estas medidas proporcionan información sobre las propiedades
objetivas de las redes en que está inmerso un individuo, independientemente de las
características personales de éste (Hammer, 1983 citado por Cohen y Syme,1985).
Los índices estructurales de la integración social incluyen el número de contactos con
la familia, amigos y la comunidad, así como el número de (integración) membresía
activa en grupos formales e informales. Ofrecen de esta manera indicadores de
pertenencia a un sistema o estructura social dada. Tras esta caracterización se
encuentra el presupuesto de que pertenecer a un determinado sistema implica recibir
retroalimentación de otros que ayudan a conformar su identidad, sentimientos de
estabilidad, predictibilidad y control sobre su vida (Cohen y Syme, 1985).
Las características estructurales de la red social de un individuo (tamaño,
densidad,etc.) pueden analizarse a un nivel tanto grupal como comunitario. El estudio
del apoyo social desde una dimensión estructural valida su utilización en estudios
epidemiológicos, que abarquen grandes grupos, y también pueden ser utilizadas para
especificar las características sociales de un grupo con determinada enfermedad, o en
riesgo de contraerla.
De esta manera, las medidas estructurales se caracterizan por hacer referencia a la
composición y estructura de las redes sociales al tiempo que presuponen que tener
una relación equivale a obtener apoyo de ella. Sin embargo, estas medidas de apoyo
social (utilizadas tanto en forma individual como grupal) no son eficaces para evaluar
todos los recursos disponibles y en particular sus mecanismos internos. La existencia
objetiva de contactos sociales, no constituye por sí mismo un recurso potencial de
apoyo social con efectos beneficiosos sobre la salud y el bienestar; estas relaciones
pueden inclusive crear demandas adicionales en el tiempo a un individuo e incrementar
la probabilidad de conflictos interpersonales.
A pesar de ser indiscutible el hecho de que la soledad constituye un factor de riesgo
para numerosos problemas físicos y psicológicos (Cassel, 1976), y que el hombre
como ser social satisface sus necesidades básicas en la relación con el "otro", que le
proporciona bienestar y del cual resulta sumamente difícil prescindir, resulta criticable
en estas medidas el hecho de no valorar los aspectos estresantes de las relaciones
sociales, las demandas que imponen estas interacciones y, tal vez uno de sus mas
importantes componentes, la forma en que resultan evaluadas y consecuentemente
afrontadas por los individuos concretos.
El pertenecer a una amplia red social, no asegura ni el funcionamiento óptimo de la
misma, ni, -en consecuencia- el bienestar psicológico para sus miembros; es justo, no
obstante, admitir que estar insertado en una estructura social amplia ofrece, numérica-
mente, más posibilidades de encontrar fuentes de apoyo potenciales y beneficiosas
para la salud y el bienestar que estar insertado en una red pequeña.
Tal vez lo más importante, al referirse al acceso de un individuo a estructuras sociales,
radica en tener presente que "...las relaciones sociales crean problemas y
constituyen una parte importante, probablemente la mayor de las causas de
estrés en la vida" (Lazarus, 1986) en la misma medida en que constituyen fuentes de
recursos para su afrontamiento. El bienestar del individuo no es absolutamente
dependiente de la cantidad y características de los miembros de su red, sino de la
habilidad que éste posea para reconocer y manejar tanto las demandas
medioambientales como los recursos sociales disponibles.
Otra de las limitantes de las medidas estructurales del apoyo social radica en que
tampoco toman en cuenta la calidad del apoyo recibido por el individuo de los
miembros de su red social. Es posible que un individuo tenga fácil acceso a su red de
relaciones interpersonales y que incluso éste perciba a la misma como adecuada y
gratificante, sin embargo los resultados adaptativos derivados pueden no ser los
idóneos para los requerimientos de determinada transacción del individuo con su
entorno e influir desfavorablemente sobre el bienestar y la salud del individuo ya sea
de manera inminente o a largo plazo.
Es aceptado el elemento cuantitativo del apoyo social, pues la presencia o ausencia de
amigos o familiares a los cuales acudir en casos necesarios, obviamente indica
características objetivas y esenciales del apoyo social del que un determinado individuo
dispone para hacer frente a las transacciones estresantes (hipótesis buffer ) de la
vida cotidiana. Pero no sólo la densidad o el tamaño de una red resultan suficientes
para dar una conclusión acabada sobre el apoyo social; una red como una familia
extensa puede ser movilizada para el apoyo pero, también puede ocasionar daños y
consecuencias negativas (Lazarus, 1986). Al respecto resulta sumamente interesante
la afirmación de Richard L. Leavy (1983), acerca de que el "apoyo social puede ser
visto como la disponibilidad de relaciones de ayuda y la calidad de esas
relaciones". En esta afirmación puede apreciarse tanto la estructura como el
contenido y la dinámica del proceso, y es entonces que adquieren significación las
medidas de carácter funcional.
Hablar de seres humanos no sólo implica su existencia real objetiva, inmersa en un
conjunto de relaciones interpersonales, implica también, y tal vez sobre todo, hablar de
su subjetividad, de su mundo interno. Las medidas funcionales subjetivas aprecian
el cómo es percibido el apoyo social, cómo las personas evalúan la naturaleza de las
interacciones que tienen lugar en las relaciones sociales y presuponen que los mejores
resultados adaptativos se obtendrán en las personas que reciban o crean recibir apoyo
social cada vez que lo necesiten.
Muchos investigadores consideran que el verdadero apoyo social es el percibido,
argumentando que si el sujeto no percibe la ayuda ofrecida o los recursos externos que
están a su disposición, estos difícilmente influirán sobre su salud y bienestar.
Esta percepción no tiene que estar basada en una relación específica, ni tiene que
referirse a la percepción de una ayuda efectiva en una situación particular de estrés.
Un sentimiento de apoyo social puede desarrollarse del compañerismo y la
socialización cotidiana más que de una historia de transacciones relacionadas al estrés
(Heller, Swindle y Dusenbury, 1986). Es decir, puede tener una connotación de
expectativa, de convicción anticipada de que tendrá accesible a su disposición, el
apoyo requerido en caso de necesidad; como puede observarse, esto tiene un efecto
sumamente favorable sobre el bienestar, la autoestima y la seguridad del individuo.
El apoyo social percibido está -evidentemente entonces- mediatizado por la
subjetividad, y aunque su medición no refleja objetivamente la cantidad y calidad de las
relaciones de ayuda con que cuentan las personas, si ofrece una medida del apoyo
"que realmente existe" para ese sujeto, que aunque no tiene que ser necesariamente el
único que influye sobre su estado de salud, sí es el más efectivo,... al menos para él.
Las medidas funcionales nos permiten conocer si las relaciones interpersonales de que
dispone un individuo son evaluadas por éste como aquellas que proporcionan
funciones particulares, o satisfacción a determinadas necesidades (afecto,
sentimientos de pertenencia o ayuda material, etc.). Son consideradas medidas
subjetivas porque estas se basan en las respuestas que dan las personas sobre su
percepción de la disponibilidad o adecuación de los recursos proporcionados
por otros,... y no necesariamente de su efectividad real. Estas medidas nos informan
de las representaciones psicológicas que tienen los individuos sobre sus sistemas de
apoyo, más que de la existencia objetiva de los mismos. Estas percepciones están
afectadas por las características personales y medioambientales, más que por la
estructura objetiva de la red, y pueden o no correlacionar con las medidas objetivas.
Es decir, esta perspectiva considera que la relación entre apoyo y salud está
mediada, en lo esencial, por las representaciones psicológicas del apoyo
disponible y no por las relaciones objetivas de apoyo. Para muchos autores, las
medidas funcionales son consideradas como mejores predictores de la salud y de
comportamientos saludables (Cohen y Syme, 1985).
Las medidas funcionales independientes, de determinados tipos de apoyo (apoyo
emocional, ayuda material, etc.) tal y cómo es percibido por el individuo, para hacer
frente a determinada transacción entre el individuo y su ambiente, pueden ayudar a
determinar los recursos particulares que afectan la salud y la conducta y vierten luz
sobre los mecanismos que unen el apoyo social a la salud. Schaefer, Coyne y Lazarus
(1981), encontraron que el apoyo instrumental fue más importante que el informativo o
emocional en predecir la depresión en ancianos. Cohen, Mermelstein, Kamarck, y
Hoberman, citados por Lazarus (1986), encontraron que el apoyo instrumental no fue
un amortiguador efectivo para proteger a estudiantes de enseñanza media de los
efectos potencialmente patógenos de los eventos estresantes, mientras que el apoyo
emocional y el informacional si resultaron efectivos. Es decir que estas medidas de
funciones independientes pueden ayudar a aislar los mecanismos potencialmente
operativos del apoyo social y demostrar además que ellos pueden diferir dependiendo
de las situaciones en particular y la población.
La perspectiva del desarrollo
Además de las perspectivas estructurales y funcionales, la literatura sobre Apoyo
Social hace referencia a la llamada "perspectiva del desarrollo" (Musitu, 1993). Esta
perspectiva de estudio se centra fundamentalmente en los cambios y variaciones que
sufre el apoyo social a lo largo del desarrollo vital, en tanto no se trata de una categoría
que pueda comprenderse estáticamente sino que es necesario concebirla desde una
perspectiva evolutiva, dinámica y cambiante. Este acercamiento posibilita la
vinculación con áreas tradicionales de la psicología.
El estudio de los roles y de la conducta del rol ha sido una de las áreas más
estudiadas. Aquí se insertan varios trabajos realizados por Kahn y Antonucci; estos
autores suponen que la variabilidad de la necesidad de apoyo está intimamente
relacionada con los cambios de roles que se producen a lo largo del ciclo vital en
las diferentes esferas de la vida: matrimonial, laboral, familiar, etc.; y que las
relaciones interpersonales desarrolladas en cada uno de estos escenarios vitales le
permiten desarrollar al individuo un sentido de pertenencia y de identidad propio para
cada área.
La satisfacción del individuo con su desempeño en las diferentes relaciones sociales
que establece, constituye un importante determinante para la salud, para el bienestar
psicológico y, en particular, para lograr un sentimiento de satisfacción con la vida. De
igual manera, la no satisfacción en el sistema de relaciones interpersonales en que
está inmerso a lo largo de su ciclo vital puede producir efectos desfavorables sobre
dicho bienestar.
Una importante idea desarrollada por Kahn y Antonucci (1980 citados por Musitu,
1993); sobre las redes sociales es la del "convoy a lo largo del desarrollo vital".
Estos autores consideran que la persona está integrada a un convoy -grupos
específicos de personas-, y que de esta manera es que logran ser apoyados y transitar
a través del tiempo.
Los miembros del convoy no son permanentes, estos
pueden ser sustituidos por otros conforme se transitan
momentos diferentes del período vital: en algunos casos
le corresponde ofrecer el apoyo social y en otras
ocasiones recibirlo.
Estos autores representan el convoy a través de tres círculos concéntricos alrededor
de la persona. El más próximo al individuo expresa las relaciones que son más
importantes para este, que supuestamente proporcionan mayor apoyo y a su vez son
las menos dependientes de las diferentes posiciones del rol; es decir, son las
relaciones más estables y las que su pérdida se sentiría de una manera muy especial.
En los círculos más alejados del centro se encontrarían aquellas relaciones vinculadas
directamente a los roles actuales de la persona, como vecinos o compañeros de
trabajo, y que por supuesto, son más vulnerables a los cambios de rol, dada su mayor
connotación situacional.
Esta forma de interpretar las relaciones sociales (convoy), permite el análisis del apoyo
social desde una perspectiva dinámica y acepta la ocurrencia de cambios (tanto en el
apoyo como en la red social) a lo largo del tiempo; relaciona al apoyo social y los roles,
y además permite analizar la estructura del apoyo social incluyendo la percepción y
experiencia de las personas con sus relaciones sociales. Esto puede apreciarse en la
literatura sobre ciclo vital de la familia y los cambios de roles a lo largo del mismo; a ello
nos referiremos en mayor detalle en el capítulo III.
Desde esta perspectiva, el análisis de la red de una persona, no se limitaría solamente
al trabajo con la persona particular, usando medidas individuales; (que ha sido hasta el
momento la forma más común de hacerlo), sino incluiría el exámen en su totalidad de
las estructuras de las redes en las que se encuentra insertado el individuo, pues se
considera que si el análisis se centra únicamente en el individuo, se desprecia
información muy valiosa de la estructura social para la comprensión del apoyo social y
la salud.
Al mismo tiempo, resulta sumamente interesante el hecho de que cada una de estas
redes no es absolutamente dependiente de las otras, sino que entre ellas se
producen diversas interacciones que también evolucionan y cambian a lo largo
de la dimensión temporal:
De esta manera, un individuo puede ser sumamente dependiente de su
entorno familiar y ello afectar su integración en la actividad laboral, en la
misma medida en que su progresiva "adaptación" a este último contexto
puede favorecer su independencia del medio familiar y su progresiva
incorporación a otros grupos humanos.
Lo antes explicado, permite sugerir que, en tanto no hablemos de una perspectiva en
desarrollo del apoyo social, las medidas estructurales y las funcionales a las que nos
referimos con anterioridad, utilizadas individualmente, resultarán insuficientes para
lograr captar las particularidades de tan complicado proceso. Producto de ello es que
numerosos autores han recomendado un acercamiento combinado -estructural y
funcional- que permita abarcar en toda su complejidad las características y
propiedades de las relaciones sociales de apoyo.
Acercamiento estructural-funcional
Este tipo de acercamiento posibilita examinar las propiedades de las redes sociales y al
mismo tiempo el contenido y funciones de las relaciones integradas dentro de ellas.
Las relaciones sociales de apoyo descansan en la existencia de una estructura de red,
capaz de sostener las interacciones que dan lugar al apoyo, pero que no garantizan,
por sí mismas, la recepción del apoyo, ni la percepción del mismo. Esto quiere decir,
que resulta imprescindible, para el bienestar de la persona formar y conservar sus
redes sociales, el disponer de una estructura encargada de suministrar ese apoyo,
pero con ello no se asegura que el apoyo adecuado sea recibido cuando se necesite,
pues para ello dicho apoyo debe ser funcional.
Por tanto, el aspecto cuantitativo referido a la dimensión estructural, y el cualitativo
referido a la dimensión funcional del apoyo social, no deben ser apreciadas de manera
independiente si se pretende realizar un adecuado análisis de las características del
apoyo social que garantizan con efectividad el fomento del bienestar y/o la
amortiguación del estrés. Su diferenciación sólo puede obedecer a una intencionalidad
didáctica, pero por si solas estaríamos viendo solamente un aspecto del problema y
perderíamos su comprensión integral.
II. 3 El apoyo social,... Como medirlo?
La evaluación del apoyo social resulta de esta manera sumamente compleja en el
plano metodológico e instrumental dada la estrecha interacción entre sus dimensiones
objetiva y subjetiva. Es por ello que consideramos de fundamental importancia la
utilización de medidas tanto de carácter objetivo, estructural (tamaño de la red,
accesibilidad de la misma, tipo de nexos entre sus miembros, etc.) como subjetivo,
funcional (percepción de la disposición y eficacia de la red a la cual el individuo tiene o
pretende tener acceso) ya que ambas, en su conjunto proporcionan datos sobre
aspectos diferentes -aunque no excluyentes, sino por el contrario complementarios- del
apoyo, permitiendo la comparación de los resultados obtenidos por ambos métodos.
Esta forma de investigar el apoyo social ofrece una interesante información sobre las
particularidades que asume el proceso en función de condicionantes como estilos de
afrontamiento y características personológicas. Discrepancias en los resultados
obtenidos entre una y otra medida, como puede ser mucha percepción de apoyo
(dimensión funcional) y poco apoyo real u objetivo de la red, entre otras posibles
discrepancias y contradicciones pueden ser explicadas por medio de estas
condicionantes observadas en el proceso.
Coincidimos con Jung, en que las medidas utilizadas deben ser capaces de diferenciar
las conductas de apoyo actuales, ofrecidas por proveedores reales en el aquí-ahora,
de otras formas de apoyo social, y de apoyos de otra época, ya que de esta manera se
obtendría una interesante información, fundamentalmente en cuanto al componente
subjetivo, acerca de las características que el apoyo social asume para determinados
individuos concretos.
Es interesante señalar que las medidas sobre los resultados del proceso deben tener
presente que: aunque en la evaluación del apoyo social puedan observarse resultados
inmediatamente, no necesariamente ocurre así en cuanto a su efectividad real; la
comprensión completa puede presuponer la valoración de los resultados a lo largo de
la dimensión temporal. Así, un apoyo que se brinda en la actualidad puede ser muy
valioso para satisfacer las necesidades presentes, pero al mismo tiempo comprometer
tanto la salud del individuo como su bienestar en el futuro.
Por otra parte los resultados del apoyo social no necesariamente son homogéneos en
cuanto a todos los aspectos de la vida del individuo, sino que pueden existir
necesidades gratificadas en determinadas áreas a expensas de la satisfacción -e
incluso la frustración- en otras áreas.
Las medidas de evaluación del apoyo social deben discernir claramente entre los
efectos del apoyo social y los del enfrentamiento, así como definir y controlar las
características personales y sociodemográficas que influyen en el proceso y que son
necesarias para estudiar los efectos del apoyo social en el enfrentamiento con el
estrés.
Es necesario tener presente cuando se construyan medidas de apoyo social que este
es un proceso interactivo, cambiante, donde las necesidades de apoyo varían al igual
que los problemas de las personas y su duración.
Determinar que función específica del apoyo debe medirse en una situación particular
es imprescindible para poder controlar posteriormente la efectividad de ese aspecto y
saber como actúa ante un problema concreto. Diferentes tipos de apoyo social son
efectivos (como ha sido explicado) en momentos y situaciones diferentes de la vida de
una persona, pero no necesariamente tienen el mismo grado de efectividad en otras
situaciones u otros contextos.
-Estrategias investigativas utilizadas en el estudio de la relación apoyo social-
desórden psicológico:
Además de las diferentes medidas, el estudio e investigación del apoyo social
presupone diversas estrategias. Leavy (1983), distingue cinco estrategias
investigativas utilizadas para el estudio de la relación apoyo social- desórden
psicológico:
1-) comparar los sistemas de apoyo social de poblaciones clínicas y
poblaciones no clínicas. Este diseño presupone que las poblaciones
clínicas reportarán de manera diferente y posiblemente inadecuada su
estructura de apoyo social, en comparación con la población no clínica. A
nuestro juicio, realizar este tipo de estudios presupone esclarecer algunos
aspectos referentes a la polémica de las hipótesis "buffer" y de "efectos
principales".
2-) investigar muestras de personas con formas específicas de desórden
psicológico. En este método se presupone que el apoyo social es capaz de
diferenciar a los menos de los más sintomáticos, es decir la expresión
cuantitativa del síntoma y podría responder a interrogantes tales cómo
" qué papel juega el apoyo social en la magnitud e intensidad de una
sintomatología tal como la histeria o la esquizofrenia?"; no obstante, también
podría referirse a la expresión cualitativa de diversas sintomatologías y
responder a interrogantes tales cómo " juega un papel distinto el apoyo
social en las depresiones que en las ansiedades, o en la timidez y la
agresividad?".
3-) investigar el sistema de apoyo de la población general. Estos estudios
ofrecen un insight acerca de los efectos separados o interactivos del apoyo
y el estrés de la vida cotidiana en las formas menos severas de dificultades
(o desajustes) psicológicos. Se refiere de esta manera, no necesariamente
a la psicopatología, sino a las dificultades cotidianas que enfrentan los
individuos y el estilo de vida que asumen en determinado contexto.
4-) investigar fundamentalmente las características de la muestra.
Presupone que ante situaciones similares de la vida, aquellos que posean
más y mejores recursos apoyativos manifestarán menos sintomas
psicológicos. Examina las respuestas de enfrentaminento, como cambian de
individuo a individuo, ante un mismo evento estresante.
5-) investigar sobre como las características personales o demográficas
pueden diferenciar los niveles de apoyo alcanzados por las personas.
Otro de los aspectos a los que debe prestarse atención en el estudio del apoyo social
es el concerniente a los tipos de diseño investigativo utilizados para su estudio, y el
alcance y limitaciones de los mismos. Así, puede señalarse la existencia de
diferentes diseños:
Diseños transversales:
Las investigaciones transversales en el área de Psicología de la Salud, examinan la
posible relación entre resultados de salud y variables psicosociales en un momento
dado. Las variables seleccionadas para el estudio son apreciadas en su contexto
habitual, es decir, tal y como ellas existen en una población definida en el momento en
que se está realizando la investigación.
De esta manera, el estudio de las variables psicosociales se realiza en un sólo punto
en el tiempo, generando en consecuencia, dificultades para el establecimiento de
posibles relaciones causa-efecto. Contrada y Krantz (1987), consideran que como
consecuencia de las limitaciones que impone esta condición, los datos obtenidos
pueden revelar una asociación (o no hacerlo) independientemente de la naturaleza real
de los procesos etiológicos bajo estudio, y consideran un problema aún mayor la
posibilidad de que las medidas psicosociales estén sesgadas y no reflejen el estado
real del factor de riesgo antes del surgimiento de la enfermedad; o más
específicamente, que la enfermedad, o algún factor relacionado con ella, halla afectado
el factor de riesgo estudiado o las apreciaciones realizadas sobre él.
Los estudios epidemiológicos transversales comienzan su investigación cuando ya
existen efectos, es decir cuando la enfermedad o los resultados relacionados a la
salud en las personas ya constituyen un hecho. Es a partir de aquí, que intentan
descubrir las posibles causas. Tal es lo que ocurre con las clásicas formulaciones de
Patrón "A" de riesgo coronario y el intento de definir un Patrón "C" de riesgo
oncológico; a pesar de lo interesantes y atractivas que puedan resultar estas
proposiciones, las poblaciones estudiadas ya eran portadoras de la problemática en
cuestión (del supuesto efecto) y no se puede especificar entonces si las supuestas
características son causa, consecuencia, o mera correlación de la enfermedad.
La selección de los sujetos que constituyen la muestra del estudio constituye un
aspecto esencial en los diseños transversales, constituyendo el factor determinante en
el momento de realizar las interpretaciones de los resultados. Muestras incompletas y
no representativas no ofrecen resultados confiables e introducen numerosos sesgos en
la interpretación. De igual manera, una selección inadecuada de los sujetos "casos" y
los "controles" con respecto a los factores de riesgo seleccionados y establecidos para
determinada enfermedad, de acuerdo con el objetivo del estudio, puede producir falsas
diferencias entre los grupos (o diferencias reales confusas y no definidas), para el
factor de riesgo examinado.
La característica retrospectiva de estos diseños, posibilita el incremento de errores y
sesgos, en la interpretación de los resultados finales. La utilización de medidas
subjetivas, no garantiza la obtención de datos confiables, pues las respuestas ofrecidas
pueden encontrarse sesgadas por diferentes factores: experiencias personales,
características de personalidad, estado actual de salud, entre otras.
Leavy (1983) considera que uno de los mayores problemas que presenta la literatura
de apoyo social es la confianza depositada en los resultados obtenidos de diseños
retrospectivos. Adiciona que los datos de estos estudios son propensos a reportar
considerables sesgos debido a la selectividad o deficiencia de la memoria, en tanto se
trata de un evento ocurrido en el pasado pero que es reconstruido en el presente,
desde la perspectiva actual del individuo que refiere los datos.
"Hay algo curioso en la autobiografía. Es un relato efectuado por un
narrador en el aquí ahora sobre un protagonista que lleva su nombre y que
existía en el allí y entonces, y la historia termina en el presente, cuando el
protagonista se funde con el narrador..." (Bruner, 1991)
De esta manera, en investigaciones relativas al estudio del apoyo social, cuyo objetivo
sería determinar el verdadero rol de las variables psicosociales en la etiología de la
enfermedad, las conclusiones obtenidas podrían ser un resultado de la subjetividad
individual. En este sentido, Contrada y Krantz (1987), consideran que las respuestas
individuales, pueden estar afectadas por diferentes variables, que se encuentran
relacionadas con la propia enfermedad. Plantean, que tales variables pueden tener
efectos sobre los factores de riesgo psicosociales o sobre su medición, pues pueden
producir asociaciones entre estos factores de riesgo y la enfermedad, que
incorrectamente interpretados, podrían reflejar un efecto causal de estos sobre la
salud. Por esta razón, es que los estudios que emplean una metodología transversal
retrospectiva, no son los más deseables si lo que se persigue es investigar el problema
de la causalidad.
Las variables referidas por estos autores son:
El conocimiento de la enfermedad
Los efectos de las experiencias con el sistema de salud
Cambios fisiológicos asociados con la enfermedad
1.) El conocimiento de la enfermedad.
Saberse portador de una enfermedad amenazante para la vida, constituye por sí
mismo un evento estresante. Unidos al malestar físico y al miedo a la muerte, las
personas confrontan incertidumbres sobre su empleo, familia, y calidad de la vida; por
lo que no resulta sorprendente la aparición de afectos negativos que influirán sobre su
percepción de la realidad. Estas condiciones, no pueden ser tomadas como causa
de la enfermedad, a menos que haya sido posible constatarlas antes de la
manifestación de la sintomatología (Contrada y Krantz, 1987).
El conocimiento de la enfermedad, también puede influir en el proceso de medición.
Las personas pueden magnificar el significado de eventos pasados o reinterpretarlos
de manera más agresiva, posibilitando, que el investigador obtenga datos que no
reflejen los cambios reales que pudieran provocar los factores de riesgo.
Contrada y Krantz (1987) consideran que el reporte ofrecido por terceras personas
cercanas al individuo (familiares y amigos) y que en ocasiones ha sido utilizado para
dar una mayor objetividad a lo que se pretende estudiar, está sujeto no obstante a los
mismos procesos que mediatizan la respuesta individual, y por tanto, no pueden ser
asumidos como objetivos, sin tener en cuenta la posibilidad de que se encuentren
sesgados por este mismo conocimiento.
2.) Los efectos de las experiencias con el sistema de salud:
El tipo de relación establecida y las experiencias vivenciadas con el sistema de salud,
pueden tener efectos sobre las características conductuales y psicológicas de los
pacientes. Contrada y Krantz (1987) consideran que dentro de las posibles fuentes de
influencia, se encuentran: la relación médico-paciente, ciertos aspectos del
medioambiente del hospital y los tratamientos terapeúticos.
3.) Cambios fisiológicos asociados con la enfermedad:
La mayoría de las investigaciones centradas en la etiología de las enfermedades, en
Psicología de la Salud, ignoran los posibles efectos que sobre la conducta y el mundo
interno del paciente puede ejercer la enfermedad. El curso de la enfermedad y sus
tratamientos, con toda su carga de efectos (fisiológicos, endocrinos, metabólicos,
bioquímicos, etc.) puede tener un impacto directo sobre las esferas cognitivas,
afectivas y conductuales del funcionamiento individual; mas aún cuando es afectado en
uno u otro grado el Sistema Nervioso Central (SNC).
Se ha comprobado que ciertos tipos de cáncer, tales como la leucemia y el cáncer del
pulmón, pueden tener efectos directos sobre el cerebro y la conducta de las personas,
a menudo, antes de la formación de metastasis (Bunn, Schein, Bankes, and De Vita,
1976; Lister, 1977; Mitchell, 1967; Sklar y Ainsman, 1981; citados por Contrada y
Krantz, 1987). También han sido sugeridos efectos indirectos sobre procesos
psicológicos, resultado de los cambios hematológicos, endocrinos y metabólicos, que
ocurren aún cuando el cáncer no ha sido clínicamente evidente (Sklar y Ainsman,
1981; Mitchell, 1967 citados por Contrada y Krantz, 1987).
A pesar de que no ha quedado claramente establecida la real importancia y/o influencia
de los efectos directos e indirectos del cáncer sobre la conducta de las personas antes
del diagnóstico de la enfermedad, esta relación no puede ser catalogada, de manera
sobresimplificada, como un posible mecanismo "somatopsicológico" capaz de
establecer correlaciones entre variables psicosociales como el apoyyo social y la
enfermedad neoplásica.
En adición a lo anterior, podemos añadir que existen evidencias que demuestran que
algunos cambios en la personalidad pueden ser resultados directos de procesos
biológicos derivados de la propia enfermedad (Costa y cols, 1980 citados por Contrada
y Krantz, 1987). La hipertensión ha sido relacionada con daños leves en el funciona-
miento intelectual y capaz de afectar la velocidad de resolución de test complejos
(Hertzog y cols., 1978; Spieth, 1964 citados por Contrada y Krantz, 1987).
El uso de determinados medicamentos, generalmente los utilizados durante el curso de
enfermedades cardiovasculares, pueden producir efectos adicionales en el estado
cognitivo, emocional y conductual de los pacientes (Contrada y Krantz, 1987).
Otras posibles fuentes de sesgos pueden intervenir en la interpretación del rol causal
de los factores psicosociales en la etiología de las enfermedades. Un problema
metodológico, frecuente en las investigaciones de Psicología de la Salud ocurre
cuando el supuesto factor de riesgo (su presencia o ausencia en el caso del apoyo
social) es correlacionado con la enfermedad, a pesar de no existir un efecto directo,
causal en esa dirección.
Diseños prospectivos:
En este tipo de diseños, la muestra está compuesta, en un inicio, de sujetos saludables
(muestra cohorte). Esta muestra, comienza a ser estudiada junto a los potenciales
factores de riesgo, seleccionados por el investigador, y seguida por un cuidadoso
monitoreo capaz de controlar a los sujetos y a la nueva enfermedad.
Las características de estos diseños -cuando resulta posible llevarlos a cabo con
rigor-, permiten la obtención de resultados más confiables con respecto al
establecimiento del orden temporal del binomio causa-efecto.
Estos estudios, generalmente, incrementan la confianza en la significación etiológica de
los factores de riesgo psicosociales. Según Contrada y Krantz (1987) esto se debe a
que los métodos de investigación empleados disminuyen considerablemente la
posibilidad de que variables relacionadas con la enfermedad, o las llamadas "terceras
variables", estén afectando al factor de riesgo o su medición; y explican, además, que
mientras que los factores seleccionados no puedan ser eliminados, resulta posible
evaluar el grado de sesgos que ellos producen.
Por otra parte, estos diseños están más dirigidos hacia la identificación de factores
predisponentes relativamente estables, o de factores precipitantes, los cuales son
producidos por condiciones medioambientales estables o características de
personalidad; prestan menos atención a las variables que operan a través de efectos
agudos, y que pueden presentarse poco tiempo antes de la manifestación de la
enfermedad (Kasl, 1985 citado por Contrada y Krants, 1987).
En el contexto del presente trabajo, resulta válido afirmar que las investigaciones
longitudinales permiten apreciar la estructura y contenido de los sistemas de apoyo,
como varían a través de diferentes etapas y circunstancias de la vida. Permiten, en
esencia, apreciar el carácter dinámico y procesal del apoyo.
En comparación con la metodología transversal, los diseños prospectivos representan
un substancial paso de avance en la investigación epidemiológica debido a la
capacidad que poseen para establecer en el tiempo, el orden de las causas y los
efectos. La posibilidad de apreciar el estado de los factores de riesgo antes del
desarrollo de una enfermedad reduce enormemente las posibilidades para que factores
relacionados con la enfermedad puedan haber influenciado al factor de riesgo o su
apreciación (Contrada y Krantz, 1987) y ofrecen una medida mas adecuada de la real
influencia que pueda tener el factor de riesgo en la etiología de la enfermedad. Estos
diseños, pueden eliminar o, al menos, minimizar los efectos que arrojan las
evaluaciones retrospectivas subjetivas, utilizadas en los diseños transversales.
Una desventaja de los estudios prospectivos es que a menudo, les resulta muy difícil
determinar precisamente como el factor de riesgo -identificado anteriormente- se
relaciona con los mecanismos causales productores del posterior curso de la
enfermedad en los sujetos estudiados. Las medidas pueden demostrar que los factores
de riesgo se encuentran muy lejos de los procesos etiológicos, además de que el factor
de riesgo puede o no representar un punto de unión dentro de la cadena causal que
culmina con la enfermedad (Contrada y Krantz, 1987).
Otro de los problemas presentes en estos diseños, radica en la apreciación del estatus
de "salud inicial". Individuos, considerados inicialmente saludables pueden estar siendo
víctimas de un silencioso proceso de enfermedad. Numerosas enfermedades se
caracterizan por un comienzo insidioso; por ejemplo, el cáncer puede tener un
desarrollo gradual que comienza con el surgimiento de células pre-cancerosas, por lo
que entre la enfermedad y la detección clínica transcurre un intervalo de tiempo, en el
cual podrían adjudicarse los cambios ocurridos en la salud a la única influencia de
"sospechosos" factores de riesgo, cuando en realidad estos factores sólo serían
elementos precipitantes del evento clínico (Contrada y Krantz, 1987).
Aunque los diseños prospectivos representan un mejoramiento considerable sobre los
acercamientos transversales, permanecen, sin embargo, siendo correlacionales en su
naturaleza. Como una consecuencia, la evidencia prospectiva por si misma, no puede
ser tomada como prueba de una relación causa-efecto. Tales inferencias usualmente
requieren investigaciones colaterales (que incluyen los ensayos clínicos controlados)
que aprecien los efectos de la reducción de los factores de riesgo, y un análisis
experimental de los mecanismos causales que subyacen a la relación entre el factor de
riesgo y la enfermedad (Schlesselmen, 1982 citado por Contrada y Krantz, 1987).
Coincidimos con Contrada y Krantz (1987) en que la validez de los estudios
epidemiológicos (prospectivos y transversales), depende, en un inicio, de los
procedimientos utilizados tanto en la selección de los sujetos que formarán la muestra
del estudio, como en la clasificación de estos con respecto a la presencia-ausencia de
enfermedad, y la presencia-ausencia de factores de riesgo.
Leavy (1983) propone que una adecuada apreciación de la comprensión acerca de
cómo el apoyo social actúa en las personas, afectando el enfrentamiento a través del
tiempo y las circunstancias, es sólo posible utilizando diseños transversales y
longitudinales combinados.
Instrumental utilizado
Un aspecto de suma importancia en el estudio del apoyo social, mas allá del tipo de
diseño utilizado, es lo referido al Instrumental con que se realizan las mediciones o
evaluaciones. Resulta significativo que a pesar de existir una enorme cantidad de
instrumentos para evaluar el apoyo social, existen muy pocos datos sobre las
propiedades psicométricas de los instrumentos utilizados para su medición.
Muchos instrumentos -tal vez la mayoría- son confeccionados y/o utilizados para dar
respuesta a preguntas específicas del apoyo social ( quién es la persona que
brinda el apoyo social?, qué tipo de persona será la que lo recibe?, qué tipo de
apoyo es el requerido para este contexto?, etc.). Resulta por ello imprescindible definir
claramente sobre qué componente del proceso de apoyo se quiere investigar?
para realizar una selección adecuada no sólo del instrumento, sino de los aspectos que
evalúa el mismo.
Los instrumentos difieren en múltiples dimensiones, Cohen y Syme (1985), explican
que ellos se diferencian por los aspectos que aparecen a continuación:
1.- estructura y función.
2.-apoyo objetivo o apoyo subjetivo.
3.-disponibilidad o adecuación del apoyo.
4.-estructura individual o funciones o índices globales.
5.-diversidad de estructuras o funciones individuales o el estudio de una sola
de ellas.
6.-el rol de las personas proporcionando apoyo o simplemente si el apoyo
es disponible.
7.-el número de personas disponibles para proporcionar el apoyo o
simplemente la disponibilidad de apoyo (independientemente del número de
personas).
No es intención del presente trabajo evaluar todos y cada uno de estos aspectos, sólo
pretendemos exponer lo complejo de encontrar el instrumento adecuado al momento
de realizar una investigación. Para los lectores interesados, ponemos a su
consideración el resumen que ofrece K. Orth-Gomér y Anna Lena Undén (1987) quien
refiere diversos instrumentos utilizados en la investigación del apoyo social, haciendo
referencia a las dimensiones del apoyo social que miden esos instrumentos y el
número de items por instrumento.
Resumen.
El apoyo social ha devenido un concepto de sumo interés para las disciplinas
vinculadas al estudio del factor humano, lo que ha dado lugar a una gran cantidad de
conceptualizaciones, medidas y procedimientos metodológicos para su estudio,
condicionando el hecho de que posiblemente la primera gran dificultad metodológica
sea la propia definición del concepto apoyo social; concepto que implica aspectos tan
disímiles como las fuentes de apoyo social, los tipos de apoyo social, la naturaleza de
los problemas que requieren de apoyo social para su solución, así como las
circunstancias y el momento del ciclo vital en que tiene lugar el proceso de apoyo
social.
Existen diferentes perspectivas para el acercamiento a la comprensión de los procesos
de apoyo social: una perspectiva estructural centrada en la apreciación de las
características objetivas de las redes sociales, y una perspecitva funcional con un
mayor énfasis en los aspectos de la subjetividad, en la percepción que tiene el
individuo de la eficacia y adecuación del apoyo social a sus necesidades específicas.
No obstante, algunos autores han propuesto un acercamiento estructural/funcional que
recoja las ventajas de ambas perspectivas a la vez que elimine sus inconvenientes.
Se ha desarrollado también la llamada perspectiva del desarrollo que enfatiza los
aspectos evolutivos dinámicos y cambiantes de los procesos de apoyo social.
Cualquiera de las perspectivas que se asuma tendrá un efecto directo en la
implementación y construcción del instrumental y las medidas diseñadas para estudiar
los procesos de apoyo social.
La medición de los procesos de apoyo social adquiere, por ende, una extraordinaria
complejidad no sólo en cuanto al instrumental utilizado sino también en cuanto a los
diseños investigativos utilizados. Así, se han utilizado diseños transversales cuya
característica es el establecimiento de variables de salud y variables psicosociales -en
nuestro caso el apoyo social- en un momento dado, con las consecuentes dificultades
para el establecimiento de relaciones causa-efecto, los diseños prospectivos cuya
característica -y ventaja- distintiva es cu carácter longitudinal que permite establecer
relaciones causales pero que resultan sumamente difíciles y costosos a la par que
susceptibles de la aparición fortuita de variables contaminantes.
Existen muchos cuestionarios que intentan estudiar el proceso de apoyo social, pero
mas que en el carácter global u holístico del proceso, insisten en la búsqueda de
respuestas a problemáticas específicas presentes.
Afortunadamente, las dificultades teóricas y metodológicas presentes en el proceso de
estudio del apoyo social, lejos de desestimularlo, han multiplicado el interés en su
estudio y a pesar de la diversidad de enfoques, son múltiples los autores que insisten el
la investigación de la relación entre las redes de apoyo social y la salud y el bienestar
humano.
CAPITULO III: El factor humano en el proceso de apoyo social.
III.I Apoyo social y personalidad.
A pesar que desde su definición, todo puede hacer pensar que lo determinante en el
apoyo social se refiere al aspecto externo, no puede afirmarse que la disponibilidad y
efectividad del apoyo social estén totalmente determinadas por el medio ambiente
social. Las características individuales, tanto del que tributa como del que se beneficia
del apoyo, también -y en ocasiones sobre todo- explican cambios en el proceso de
obtención y mantenimiento del apoyo social y, en consecuencia, de la salud.
De esta manera, los recursos externos utilizados y/o percibidos por las personas en el
contexto del proceso de apoyo social, no pueden ser interpretados como
completamente independientes del funcionamiento personal. El hombre, ser activo,
desempeña una función esencial en el desarrollo, mantenimiento y movilización de
estos recursos. Su acción objetiva, unida a su subjetividad y sus características
personales, son responsables en gran medida de la expresión, o no, de una respuesta
de ayuda por otros.
Determinadas características individuales pueden facilitar o entorpecer la habilidad de
dar o recibir apoyo, y aunque por sí mismas no explican una mayor o menor efectividad
de este, si juegan un rol esencial en la determinación de los niveles de ayuda que
pueda alcanzar un individuo en particular. Sobre todo, las características personales
relacionadas con la sociabilidad influyen significativamente en el desarrollo de redes
sociales, en las percepciones del apoyo disponible y en el mantenimiento y
movilización del apoyo social. (Cohen & Syme, 1985).
Investigaciones realizadas han demostrado que algunas características estables de la
personalidad explican diferencias entre los niveles de apoyo social y de salud
alcanzados por personas enfermas. Heller (1979) sugirió que la competencia social
afecta estos dos niveles. Durante la enfermedad, individuos competentes socialmente,
harán uso de sus habilidades sociales para obtener un acceso más rápido a las
diversas fuentes de apoyo social, lo que se traducirá rápidamente en un factor positivo
para la salud, el bienestar y su calidad de vida. De esta manera, estos individuos,
consolidarán con mayor facilidad las relaciones con los miembros del sistema de salud
asegurando tratamientos y cuidados óptimos, y por otra parte las relaciones con otros
sistemas que contribuyen a su bienestar emocional y personal. Estas condiciones que
favorecerán su recuperación, son recursos que difícilmente podría utilizar un sujeto
neurótico; sobre todo si se toma en consideración que la neuroticidad ha sido
considerada un determinante esencial de la calidad de la relaciones interpersonales
(Costa, Zonderman & Mc Crae, 1983 citados por Wortman and Conway, 1985).
Desde el punto de vista de la experiencia cotidiana en instituciones de salud
en que se realiza tratamiento hospitalario, resulta sumamente interesante
que hay cierto tipo de paciente que desde que ingresa establece fáciles
relaciones interpersonales con el personal de la Sala, el resto de los
pacientes e inclusive personas de otros servicios; este tipo de paciente es
muy atendido y se beneficia extraordinariamente con el apoyo social que le
brindan,... inclusive los demás también se benefician con la presencia de
este tipo de sujetos. Por el contrario, los llamados "neuróticos" se muestran
pesimistas, desesperanzados, convocan de forma demandante y constante
el apoyo de los demás y ello conduce en su conjunto al efecto opuesto: los
demás esquivan su presencia incluso cuando sus reclamos resultan líci-
tos,... todo ello en su conjunto conspira contra su salud y su bienestar y
confirma las expectativas de desamparo y aislamiento con que viene el
paciente.
La sociabilidad, la asertividad, las habilidades para intimar
con otros, para ser empáticos, son aspectos que determinan
la calidad de las interacciones dentro de una red social (Heller
& Swindle, 1983 citados por Wortman y Conway, 1985).
Estudios realizados sobre atracción interpersonal han sugerido que individuos tensos,
fácilmente irritables, con tendencia a la depresión o nerviosos resultan menos
atractivos a los otros y por tanto tropiezan con dificultades mayores para conformar y
movilizar sistemas eficaces de apoyo (Marcelissen y cols., 1988), que aquellos
receptores optimistas, alegres, hábiles que generarán mayor satisfacción y bienestar
en sus proveedores; mayor interacción social y en consecuencia mayores esfuerzos de
ayuda.
Estas afirmaciones no deben ser cinscuncritas a lo puramente personológico, Boyce,
Kay y Uitti, en un estudio realizado en 1988, explicaron como las habilidades
cognitivas influyen en la obtención de ayuda. Estos autores encontraron que mujeres
jóvenes con deficiencias en el funcionamiento cognitivo tienen peores resultados en el
proceso de obtención del apoyo social debido a que están menos capacitadas para
organizar y movilizar redes sociales; además al utilizar estilos inadecuados de enfrenta-
miento y escasas habilidades para resolver problemas prácticos, se convierten en
personas poco atractivas y por tanto evitadas por los demás.
Eckenrode (1983, citado por Wortman y Conway, 1985) incluyó a los valores y
creencias de las personas como factores importantes que aceleran o limitan el
acercamiento a otros en busca de apoyo social. El autor mencionado encontró que las
personas con la creencia de locus de control interno son mucho más eficaces en
movilizar apoyadores disponibles en respuesta al estrés que las personas con la
creencia de locus de control externo. El resultado de un estudio realizado por Sandler y
Lakey, 1982 coincide con estas conclusiones expuestas por Eckenrode a pesar de
reportar que las personas con creencia de locus de control externo refirieron mayor
número de amistades.
Es válido también aclarar que estados emocionales específicos pueden atentar
contra el uso efectivo de las habilidades sociales requeridas para la búsqueda y
obtención del apoyo social. Aún aquellos individuos competentes socialmente, pueden
en determinado momento no ser capaces de usar eficazmente sus habilidades, cuando
sus estados anímicos presentes interfieren en la movilización de los recursos
necesarios. La depresión, la ansiedad y la cólera, por sólo citar algunas
manifestaciones emocionales pueden, ocasionalmente o de manera mucho mas
estable, interferir con el proceso de "dar-recibir" apoyo social.
Un individuo irritado, que maltrata de acción o palabras a aquellos que le
brindan apoyo, hará que éstos se alejen o dilaten el momento de ofrecerle el
apoyo que tanto necesita; de igual manera un individuo deprimido y
desesperanzado puede irritar a aquellos que le brindan apoyo y éstos
negarle el soporte que tanto necesita.
Marcelissen y cols. (1988), plantearon que individuos caracterizados por sentimientos
de ansiedad, depresión e ira tenían niveles muy bajos de apoyo social debido a que el
miedo de ser evaluado negativamente los restringía de buscar apoyo social.
Algunas características personales en el contexto del proceso de apoyo social pueden
perjudicar más que ayudar a algunas personas. En un individuo dependiente, el exceso
de apoyo social puede constituirse en una vía reforzadora de sus rasgos personales,
que limita o paraliza su independencia y autonomía. Así, cualquier ayuda que reciba
traerá consigo un menoscabo en la posibilidad de lograr o reafirmar su independencia,
entorpeciendo o imposibilitando su desarrollo personal.
Hasta aquí, resulta evidente que los factores referidos a la persona y sobre todo
aquellas características relacionadas con las habilidades sociales resultan imprescindi-
bles para el análisis y comprensión de los efectos del apoyo social, en tanto ellas
median junto a otras condicionantes, no sólo los niveles y la calidad de apoyo social
alcanzados por cada individuo en particular, sino inclusive la efectividad del apoyo.
Wells y cols. (1994) han afirmado que en las características personales, más que en
las de la situación, subyacen la relación existente entre apoyo social y adaptación a
enfermedades.
Ahora bien, no es sólo la personalidad del receptor de la ayuda la que influye en este
proceso, ya que rasgos propios del proveedor contribuyen ineludiblemente a la
obtención de resultados positivos. El estatus, la imagen pública, la flexibilidad, la
perseverancia, la credibilidad, entre otros, son elementos que van a estar presentes e
influenciando en los resultados que se obtengan en el bienestar y la salud del individuo.
La persona que necesita del apoyo social está más dispuesta a recibirlo de aquellos en
quienes deposita cierta creencia de que "este individuo si me puede ayudar!" ya sea
por su estatus social o el "poder" que ostenta, por sus dotes "sugestivas" que ofrecen
cierta confiabilidad y seguridad, o porque ha atravesado situaciones similares a las que
ahora enfrenta aquel que necesita del apoyo y da credibilidad a lo que éste afirma.
Las creencias del proveedor sobre el mundo (su filosofía de vida o cosmovisión)
mediatizan la valoración que pueda éste formarse sobre la enfermedad, problema o
individuo que necesite de su ayuda, y de esta manera adjudicarle una explicación a la
causalidad, curso, características de la situación o posibilidades de solución. Estas
variables resultan importantes y van a influir decisivamente sobre las características
que adopte el proceso de "apoyo social" por y para cada individuo, lo que pudiera llegar
incluso a traducirse, en el peor de los casos, en conductas de no apoyo.
Lerner y cols. (citados por Wortman y Conway, 1985) han sugerido que existen
personas con la creencia de que ellos viven en un mundo justo donde las personas
reciben lo que merecen y merecen lo que reciben. Esta creencia puede ser la causa de
que personas seriamente enfermas o con problemas no reciban apoyo; pues los
proveedores potenciales podrían valorar su situación como resultado de algunas
conductas realizadas por esta persona en el pasado, o como consecuencia de sus
características personológicas.
Creencias existenciales (religiosas como la existencia de un Dios que dispone y manda
y contra el cual no hay nada que hacer, sólo esperar lo que él decida, o creencias de
cualquier otro tipo acerca la vida o referidas a filosofías existenciales de cómo
"deberían" comportarse los seres humanos) inmovilizan a las personas y detienen o
entorpecen el proceso de apoyo social, al menos en cuanto a los requerimientos
concretos que demanda la problemática a enfrentar.
A pesar de resultar indiscutible la importancia que tienen las características personales
(tanto del que lo ofrece como del que se beneficia de él) en la explicación y compren-
sión de las formas que adopta el proceso de apoyo social para algunos individuos y
situaciones particulares, ellas no constituyen, en modo alguno, el único factor
determinante en este proceso. En diferentes individuos o en diferentes contextos, el
papel y la función de las características personales asumen diversas formas y niveles
de expresión: ser muy sociable y extrovertido puede ser muy beneficioso en un
contexto relativamente informal y, por el contrario, muy poco conveniente en un con-
texto más rígido y formal.
Resulta válido, hasta aquí, afirmar que el proceso de apoyo social resulta más
complejo que la mera referencia a las características personales tanto de aquel que lo
ofrece como del que lo recibe y que llega a incluir las características de los grupos
humanos (familia, vecinos, grupos específicos, etc.) en que está inmerso el individuo
en cuestión. Esto conduce a pensar en un enfoque sistémico del apoyo social, en que
el resultado de la interacción de sus componentes resulta mucho más complejo que la
simple sumatoria de los mismos.
Aspectos interaccionales del apoyo social.
De esta manera, dejar de pensar en el apoyo social como en la ayuda ofrecida o
recibida por individuos no relacionados durante el acontecer de los eventos vitales, y
tener una visión mas amplia y sistémica del mismo, se convierte en un punto obligado
para la adecuada comprensión de las características y particularidades de tan
complicado proceso, resultando esencial tanto para el logro de resultados investiga-
tivos objetivos como para la concreta labor asistencial.
El apoyo social tiene una connotación esencialmente interactiva que emerge de las
relaciones interpersonales. Constituye un proceso sometido a normas grupales,
culturales y sociales. Resulta imposible admitir que este es sólo la acción separada de
individuos no relacionados, sin una historia, sin intereses, sin necesidades comunes o
complementarias; el estudio del apoyo social demanda de la atención sobre procesos
interaccionales, dinámicos y no debe ser concebido como el estudio de individuos por
separado.
"Si el apoyo social tieene efectos positivos, nosotros necesitamos conoceer
sus ingredientes mas potentes y críticos, las condiciones sociales bajo las
cuales los efectos positivos son facilitados, y los tipos de personas para
quienes el apoyo social sería beneficioso o contraindicado..." (Heller, 1979
en Bennett & Morris, 1983)
En el marco mas estrecho, la efectividad del apoyo social debe tener en cuenta el
proceso interactivo que se produce entre aquel que lo brinda y aquel que lo recibe. El
nexo afectivo entre ambos, la confiabilidad y credibilidad que uno le atribuye al otro, las
características y experiencias personales de cada cual y la forma en que las mismas se
complementan, etc. son formas de expresión de dicho proceso.
Thoits (1986) afirma que el apoyo social tiende a ser más efectivo, cuando existen
similaridades socioculturales y situacionales entre proveedores y receptores
(cuando las personas inmersas en el proceso vivencian las mismas situaciones, o
cuando al menos, una de ellas ©el proveedorª ya lo ha experimentado).
La autora argumenta la anterior afirmación explicando que ambas similaridades
potencian las posibilidades para percibir y recepcionar la ayuda ofrecida como más real
y útil, además de percibir, que existe una comprensión hacia él y su situación, por parte
del proveedor.
Similitudes sociales y en los valores, estimulan la confianza de los individuos para
expresar sus sentimientos y las valoraciones formadas acerca de su situación y de su
persona; permiten, además comparar su propia evaluación con la que los demás tienen
acerca de él, y de esta manera se incrementan las posibilidades de que se muestren
receptivos ante la guía y las sugerencias de otros.
Estas similitudes incrementan la probabilidad de que una u otra persona "importante"
sugiera técnicas de enfrentamiento o intentos para influenciar circunstancias de modo
tal y a través de vías que sean vistas por el individuo como aceptables, reduciendo así
la probabilidad de que otros ofrezcan una ayuda al enfrentamiento que resulta
inapropiada o inaceptable.
Por otra parte, coincidimos con Thoits (1986), en que más importante aún que las
similitudes socioculturales, es la similitud de la experiencia situacional estresante.
Los individuos tienden a compararse y afiliarse con aquellos que han experimentado
las mismas circunstancias estresantes de aquí que aquellos individuos distresados
sienten que otros quienes han experimentado la misma situación son los que más fá-
cilmente pueden entenderlos.
La proliferación de grupos de ayuda a sí mismo, centrados en problemas específicos
ilustra este fenómeno: El grupo, ha devenido en los últimos tiempos en una atractiva y
efectiva modalidad terapéutica, lo que ha condicionado la extensión de su uso para
diversos fines, entre los que se encuentran: el ofrecer guía y dirección a determinada
población, fomentar el crecimiento personal, fomentar el bienestar individual, etc.;
encontrándose aquí la justificación para el auge y la proliferación de grupos de ayuda
en los últimos tiempos. Los grupos de ayuda tienen un impacto beneficioso en la salud
mental de los participantes y apresuran el proceso de ajuste a cambios estresantes en
la vida (Gottlieb, 1985), por lo que constituyen importantes sistemas de apoyo social.
En consecuencia con ello, Gottlieb (1985) sugiere que las intervenciones que se
proponen la creación de grupos de apoyo llevan a cabo dos metas:
1. Alterar la estructura de las redes sociales del individuo. Generalmente,
comienzan a interactuar con personas que enfrentan eventos y/o crisis
situacionales similares.
2. Proporcionar el desarrrollo de un proceso de comparación social que
facilita la ventilación de sentimientos de miedo, la validación de
identidades sociales y la minimización de evaluaciones amenazantes
del presente y el futuro. Epley (1974 citado por Gottlieb, 1985) considera
que el proceso de comparación social forma parte esencial del rol
mediatizador, sobre el estrés, del apoyo social y que es principalmente res-
ponsable de la producción de varios efectos facilitadores de la salud en el
funcionamiento cognitivo, afectivo y fisiológico.
En este sentido los sistemas de apoyo comunitario satisfacen necesidades humanas
básicas en tanto contribuyen a la formación de un sentido de pertenencia, identidad,
dignidad propia e interdependencia confiable al establecerse relaciones recíprocas.
La anterior aseveración ha conducido a que numerosos programas y trabajadores de la
salud se hayan propuesto la creación y/o fortalecimiento de sistemas de apoyo,
basados en esta perspectiva grupal, con el objetivo de fomentar la salud individual y
comunitaria.
Por otra parte, en el decursar del proceso de apoyo social, receptor y proveedor, a
menudo, es la misma persona. El apoyo generalmente transcurre como resultado de
relaciones continuas, ubicadas en el tiempo, en las cuales la delimitación de los roles
de receptor y proveedor se hace difícil, a la vez que sus funciones son recíprocamente
intercambiables, tanto a lo largo de la dimensión temporal como en un mismo momen-
to.
El proveedor del apoyo, puede resultar, al mismo tiempo, un receptor de ayuda,
aunque no necesariamente el tipo de apoyo recibido tenga que coincidir con el que se
ofrece. Un ejemplo de ello pueden ser las relaciones que se desarrollan entre dos
compañeros de trabajo, donde uno de ellos convertido en el proveedor de
conocimientos y de ayuda práctica, sea a la misma vez, un receptor de apoyo, al recibir
constantemente de su compañero evaluaciones que realcen su autoestima y fomenten
su bienestar. De esta manera el que brinda apoyo, también lo recibe y aquel que
supuestamente se benefició del apoyo facilitó su propio apoyo -aunque tal vez de forma
no consciente- a aquel que se lo brindó. En esta situación, ambos individuos están ejer-
ciendo, en una misma situación, los dos roles (proveedor y receptor) y obteniendo
beneficios.
A pesar de ello, situaciones donde los roles están firmemente delimitados; la
interacción social derivada ofrece pocas posibilidades de variación a dichos roles y el
"intercambio de ayuda" es poco.
Lo expuesto hasta aquí, conduce a pensar que el apoyo social presupone no sólo un
proceso de "dar" o su opuesto de "recibir", sino que se trata de un complejo proceso
interactivo de "dar y recibir" (give and getting). Esta naturaleza interactiva y dinámica
del apoyo constituye una rica fuente de información y facilita una mejor comprensión de
la disponibilidad, duración y eficacia del proceso. La reciprocidad de las relaciones
de apoyo, constituyen un importante factor interactivo (Leavy, 1983) para la optimiza-
ción del proceso de apoyo social.
Hablar del apoyo social como algo interactivo presupone que el apoyo social se rige
por normas, de igual manera que en cualquier otro proceso en que estén implicados
dos o más personas aparecen siempre criterios normativos de dichas relaciones.
Numerosas relaciones de ayuda resultan el producto concreto de las normas que rigen
los grupos en los cuales está insertado el individuo, aunque estas no tienen necesaria-
mente que ser conscientes. Pearlin (1985) explica que muchas de estas normas
descansan sobre el conocimiento del proveedor de la ayuda, de que él también puede
necesitar apoyo posteriormente, y que aunque las personas no calculen consciente-
mente el ejercicio de su rol, ser un proveedor disponible y efectivo ofrece mejores
posibilidades de recibir apoyo cuando este sea necesitado.
También explica que muchas de las normas que se encuentran en la base de
comportamientos de ayuda no sólo persiguen el bienestar de la persona en problema,
sino constituyen normas que sustentan la integración y calidad en la permanencia de
los grupos, aún en contextos no problemáticos (hipótesis de efectos principales).
La connotación interactiva del proceso de apoyo social permite comprender el hecho
de que aunque la atención especializada se ha centrado fundamentalmente en las
consecuencias que para el receptor del apoyo presuponen los servicios del apoyo
social, existen otros componentes importantes que también ayudan a definir la calidad
y la efectividad del proceso, ellos son, el proveedor del apoyo y la relación en sí misma.
Los costos y consecuencias que se derivan de la relación para el proveedor del apoyo,
el impacto que sufre la relación, las características que asume el proceso cuando no
existe reciprocidad, el tipo de interacción que toma lugar entre proveedores y
receptores, la frustración del proveedor ante esfuerzos infructuosos, entre otros, son
aspectos que cada vez cobran mayor importancia en el logro de una explicación
acertada de tan complicado proceso.
De la misma manera que la recepción del apoyo está condicionado por determinados
factores presentes -personales o contextuales- en el receptor del mismo, el apoyo
puede ser ofrecido por un individuo obedeciendo a las más diversas razones. Sin
pretender agotar la variabilidad y complejidad de las mismas, exponemos lossiguientes
fafctores que pueden ser incluyentes entre sí:
El proveedor puede:
-Sentirse responsable del problema.
-Vivenciar sentimientos de culpa, o presiones externas.
-Mediar cercanía familiar.
-Sentir agradecimiento por haber sido ayudado antes.
-Cumplir ciertas normas sociales de apoyo.
-Presentar una situación similar.
-Identificarse con el receptor.
-Poseer características personales que lo predispongan a ofrecer ayuda.
Como puede apreciarse, el proceso de "dar-recibir" apoyo social resulta sumamente
complejo y en él juegan un importante papel tanto las características y necesidades del
receptor, como las características y necesidades del proveedor, así como las
complejas interacciones entre ambos.
Factores Sociodemográficos y Apoyo Social.
Numerosos estudios han demostrado que las características sociodemográficas
están relacionadas con los niveles de estrés y de apoyo social (Mitchel and Moos,
1984, Boyce,W.T,1985).
La cultura, el estado civil, la edad, el sexo, la etnia, las creencias, el nivel educacional,
la clase social y el ingreso económico imponen diferencias en los resultados de salud y
bienestar. Dentro de estas variables se ha prestado mayor atención en la literatura
sobre apoyo social al sexo y a la edad, aunque, a nuestro juicio, el resto de las
variables no son menos importantes.
Resultados de varias investigaciones realizadas, tomando en consideración la variable
sexo, han arrojado que, las mujeres disfrutan de mejores redes de apoyo que los
hombres y que a su vez, son más elegidas como figuras de apoyo (Hombrados y cols.,
1993, Leavy, 1983). Sin embargo, se ha encontrado que las mujeres jóvenes parecen
menos satisfechas con su nivel de apoyo que los hombres jóvenes (Burke y Weir,
1978; Hirsh, 1979 citados por Leavy,1983).
Numerosas investigaciones centradas en el análisis del efecto que tiene sobre el apoyo
social la variable de género, han concluido, que al menos en parte, las diferencias
encontradas están mediadas por los roles sexuales (Leavy, 1983).
Posiblemente en ello se reflejen las expectativas culturalmente establecidas
para uno u otro género, en tanto del hombre se espera su fortaleza ante los
problemas y se considera como un signo de debilidad el hecho de estar
buscando ayuda y apoyo en los demás, en tanto el rol asignado a las
mujeres es no sólo de mas dependencia, sino -y tal vez paradojalmente- de
ser la persona que ayude o "consuele" a aquellos que están en problemas
(su esposo, hijos, padres etc.).
Estudios diferentes han analizando la relación apoyo social-sexo unida a otras
variables. Caldwell, Pearson y Raymond, 1987 (citados por Hombrados y cols.,1993);
observaron que los hombres con locus de control externo eran menos capaces de
utilizar los recursos del apoyo social que el resto de los grupos en su investigación.
Phillips (1987) sugirió que los tradicionales estereotipos sexuales parecen establecer
diferencias en los componentes del apoyo social asociados con el bienestar emocio-
nal en cada sexo. Otros han demostrado que el apoyo social está compuesto de forma
diferente para hombres y mujeres. House (1981) y Leavy (1983) han sugerido que el
medio-ambiente laboral cumple una función de apoyo considerada &especial para los
hombres, y por otra parte, Brown et al., 1975; Paykel et al.,1980; Roy,1978 (citados por
Leavy, 1983); han encontrado evidencias donde la depresión en mujeres ha estado
muy relacionada con el pobre apoyo de la familia.
La mayoría de los estudios que analizan la edad se han apoyado en las teorías que
establecen una relación entre el apoyo social y el ciclo vital, planteando que las
necesidades y las características de las redes sociales, y por tanto de los sistemas de
apoyo, varían a través de las diferentes etapas de la vida. Numerosos
investigadores se han detenido en las necesidades de apoyo social de la niñez,
adolescencia, juventud, adultez y vejez (Boyce, 1985; Kasl y Wells, 1985; Minkler,
1985).
El valor de otra variables sociodemográficas ha sido también puesto de manifiesto en
diversas investigaciones, aunque en muchos casos aparecen matizadas por el
contexto socioeconómico y sociopolítico en que son realizadas de aquí lo
polémicas que pudieran resulta. Moos y Mitchel (1987) demostraron que quienes
tienen menos nivel educacional tienden a experimentar más tensiones, a evaluar
pocos eventos de forma positiva y a tener menos apoyo familiar que las otras
personas; Ferraro, Mutran y Barresi (1984), concluyeron que hombres blancos, con
mayores niveles de educación e ingresos económicos reportan mejor salud que
hombres no blancos con bajos niveles de educación y pobres ingresos económicos.
Con respecto al estado civil, los resultados han sostenido que el estar casado
constituye un determinante muy importante del bienestar mental. Pearlin y Johnson
(1977, citados por Gove, Hughes,and Style, 1983); sugirieron que el matrimonio juega
un rol importante en producir o mantener bienestar psicológico bajo condiciones de
estrés. La proposición inicial de que las personas solteras y pertenecientes a clases
sociales bajas están expuestas a un número grande de estresores y experimentan
superiores niveles de estrés ha sido apoyada por numerosos estudios.
La literatura concerniente a eventos de la vida ha encontrado que la muerte de un
esposo, el divorcio y la separación matrimonial son tres de los más serios y difíciles
eventos a enfrentar y que se encuentran relacionados con pobre salud mental (Gove,
Hughes, and Style, 1983). Aunque ésto podría ser polémico pues habría que
interpretarlo desde la situación y el contexto personal y único de cada individuo en
cuestión en que incluso puede resultar sumamente estresante la presencia de una
relación de pareja conflictuada, dichas afirmaciones (léase literatura referida a Eventos
Vitales cuyos autores principales son Holmes y Rahe) significan la importancia de tener
accesible a otra persona con la cual establecer una estrecha relación de apoyo mutuo.
Otras investigaciones, sin negar lo anterior, han demostrado que son las cualidades del
matrimonio y no el matrimonio por sí, las que influyen en el bienestar de un individuo.
Así, Renne (1971 citado por de Gove, Hughes and Style, 1983) encontró que personas
insatisfechas en su vida matrimonial son más susceptibles que otras personas casadas
o divorciadas (de la misma raza, sexo, y aproximadamente su misma edad), a pro-
blemas de salud física y fisiológica.
Se ha encontrado que la relación entre satisfacción matrimonial y salud mental
adquiere significación diferente en dependencia del sexo. El estatus matrimonial ha
sido señalado como una variable más importante para los hombres que para las
mujeres, mientras que las cualidades afectivas del matrimonio resultan más
significativas para mujeres que para hombres. Esto puede ser debido a que los
hombres ganan más beneficios instrumentales del matrimonio, mientras que las
mujeres tienden a invertir más emocionalmente en el matrimonio que los hombres
(Gove, Hughes y Style, 1983).
A modo de muy breve conclusión resulta válido afirmar que la comprensión del apoyo
social exige del análisis detallado de las características personológicas y sociode-
mográficas que influyen, y en ocasiones determinan, particularidades del proceso.
III. 2: Apoyo social y procesos de afrontamiento.
Al hacer referencia a las relaciones entre características de personalidad y apoyo social
en el contexto de la salud humana, es frecuente tropezar con el concepto de
afrontamiento en tanto éste es expresión del papel activo del ser humano ante los
requerimientos de la vida cotidiana. Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre
estrés, apoyo social y procesos de afrontamiento, reflejan claramente las dificultades
conceptuales y metodológicas que existen para medir la influencia (por separado) de
estos constructos sobre la salud, y -más aún- apreciar las relaciones que entre sí y con
la salud tienen los recursos individuales de afrontamiento y el apoyo social. Este tema
ocupa actualmente un lugar destacado en el campo de la psicología; y aunque desde
distintas áreas (clínica, comunitaria y social) se ha llegado a la conclusión de que si
existen relaciones entre ellos, no se han logrado esclarecer con claridad los
mecanismos que sustentan estas relaciones.
La existencia de relaciones entre adaptación, distintas formas de apoyo social y
estrategias de afrontamiento utilizadas, brindan una nueva línea para la investigación
donde se pueden encontrar trabajos que hipotetizan, incluso, sobre la posible
existencia de relaciones causales entre procesos de afrontamiento y apoyo social.
Según algunos estudiosos del tema (THOITS), el apoyo social es un recurso más
que utiliza el individuo para el afrontamiento y la adaptación a circunstancias
estresantes; lo cual resulta coherente con la "hipótesis amortiguadora" y en este caso
el concepto prevalente sería el de afrontamiento y el apoyo social un recurso o
asistencia para afrontar. En este sentido, puede intervenir en dos momentos diferentes
del proceso de enfrentamiento (Susan Gore, 1985).
1.- Afectando la definición del estimulo estresante (amenazante o no), lo que
ha sido llamado por Lazarus (1986), evaluación primaria y que House (1981)
ha denominado estrés percibido.
2.- Afectando la evaluación que realiza el individuo sobre las posibilidades
individuales de enfrentar tal estrés. Esto ha sido definido por Lazarus (1986)
como evaluación secundaria.
A través del apoyo informacional, un individuo puede aclarar incógnitas acerca de su
situación, de lo que está ocurriéndole y de los sentimientos asociados con esta
situación. De esta forma la ayuda de otras personas importantes para el sujeto, puede
influir directamente sobre la evaluación de la situación estresante y finalmente, sobre el
tipo de estrategia de enfrentamiento que utilizará. El apoyo informacional también
puede ayudar a través de la sugerencia de nuevas alternativas de acción con respecto
a una situación determinada, pudiendo influir directamente en la selección de la
conducta asumida ante el problema.
El apoyo emocional, que potencia la autoestima y las sensaciones de control, le facilita
al individuo de manera indirecta, la puesta en marcha de sus estrategias de
afrontamiento. Jung prefiere pensar en términos de recursos totales para el enfrenta-
miento mas que en enfatizar en uno u otro tipo (apoyo social o recursos individuales).
Opina que la capacidad para manipular el estrés puede ser medido por la suma total de
apoyo social y recursos individuales de enfrentamiento, aunque acepta la posibilidad de
que existan situaciones donde no exista una relación aditiva entre apoyo social y
recursos individuales. Ejemplifica que para algunos individuos buscar solución a su
problema "con otros" compromete la confianza en sí mismo, y piensan en el apoyo
social como último recurso. Para este tipo de personas, los recursos individuales y el
apoyo social pueden ser vistos como soluciones alternativas más que como recursos
aditivos.
Los descubrimientos en esta línea parecen sugerir que los individuos que poseen
recursos personales adecuados suficientes pueden enfrentar su estrés sin necesidad
de apoyo social, pero que para las personas carentes de recursos personales, el apoyo
social puede resultar esencial en contrarrestar el estrés. No obstante, nos parece
pertinente no ser absolutos en esta afirmación y no magnificar el papel de los
recursos individuales, pues por muy bien que afronte un individuo las demandas de
su vida cotidiana, el apoyo de los demás puede optimizar y hacer más eficaz su
afrontamiento; de igual modo, un individuo no enfrenta siempre de igual manera a
lo largo de su ciclo vital y hay momentos en que lo hace de una manera sumamente
eficiente y otros momentos en que no ocurre igual,... en estos momentos el apoyo
social puede devenir en una formidable ayuda.
Los recursos individuales de afrontamiento y el apoyo social, pueden encontrarse
unidos en el manejo del estrés en algunos contextos; pero en otros no. Diferentes
investigaciones han mostrado que la coincidencia o no de ellos ante una misma
problemática se hace depender de otras variables, destacándose entre estas las
características personales.
Existen diferencias individuales tanto en la intencionalidad de buscar apoyo como en la
disponibilidad de recibirlo. Brown (1978, citado por Jung), realizó un estudio con una
muestra de 1000 adultos de la población general de Chicago donde encontró que la
mayoría de las personas buscan ayuda cuando enfrentan grandes problemas, pero que
hay una minoría considerable de "no buscadores" que no lo hacen y señalan diferentes
razones para ello; un tercio aproximadamente de esta minoría no sienten la necesidad
de buscar ayuda, confían en sus posibilidades y el resto permanecieron "renuentes" o
incapaces de buscar ayuda.
Al respecto, existe una aceptada clasificación de las personas con respecto a la
posición asumida ante el apoyo social:
1.) Los no buscadores de ayuda: son aquellas personas que por lo regular no buscan
apoyo social, aún cuando enfrentan situaciones verdaderamente difíciles. Esto puede
ocurrir por disímiles causas:
Razones como la necesidad de ofrecer una imagen pública muy elevada, unida al
temor a ser rechazado o valorado como incapaz de solucionar sus conflictos, la dificul-
tad en el establecimiento de relaciones interpersonales que hace parecer a los demás
como poco deseables o la sensación de poca valía personal que lo haga a uno digno
del crédito y valoración de los otros, alejan a los individuos de las relaciones interper-
sonales y por consiguiente de los beneficios de apoyadores potenciales.
Di Matteo y Hays (1981 citados por Wortman y Conway, 1985) resaltan que algunos
que podrían beneficiarse con el apoyo social no lo piden ni lo aceptan por temor a ser
valorados como "confianzudos" o a que se les pueda acusar de débiles. Greenberg,
1980, plantea que esta negación ocurre también porque los supuestos beneficiados no
desean contraer obligaciones o deudas con las fuentes de apoyo social, o
incomodarlas. Posiblemente en ello sea importante conocer, no sólo las características
personales que llevan a un individuo a comportarse de esta manera -egocentrismo,
desconfianza, evitación de lazos sentimentales profundos con los demás, etc.-, sino las
determinantes existentes en su historia personal, las experiencias anteriores que en
este sentido pudo haber tenido y que lo hacen evitar o evadir "deudas" de uno u otro
tipo con los potenciales facilitadores de apoyo.
También encontramos aquí a aquellos individuos autosuficientes que confían en sus
posibilidades, y que no sienten necesidad de buscar ayuda.
2.) Los buscadores de ayuda: son aquellos que no sólo ante situaciones difíciles, sino
ante las mas elementales problemáticas buscan apoyo en los demás con el objetivo de
resolver las mismas. Las personas que exageradamente hacen uso de esta categoría
devienen personas sumamente dependientes, pierden competencia social, y de esta
manera lejos de encontrar ayuda, alejan a los potenciales proveedores. Gore (1985)
considera que esta es una pésima estrategia de enfrentamiento, aunque la práctica
asistencial evidencia que hay sujetos que -de una u otra forma- se valen de
subterfugios para tener a su disposición personas que le ayuden y de esta forma
construyen toda su existencia, tal vez porque su educación así lo condicionó.
Posiblemente esta afirmación deba conducir a la polémica reflexión, a la
cual no pretendemos dar respuesta, de cuál es el límite -si es que existe-
entre qué necesidades deben convocar al apoyo de los demás y cuáles
deben ser resueltas a través de la propia intencionalidad?, y hasta que
punto su no comprensión puede influir negativamente sobre el bienestar
personal?.
Por otra parte, el enfrentamiento exitoso, no puede hacerse depender directamente de
la presencia o ausencia de apoyo social, pues las relaciones entre ellos resultan ser
sumamente complejas y contradictorias; el enfrentamiento exitoso puede ocurrir en
individuos autosuficientes (gracias solamente a sus recursos personales), pero también
ocurre teniendo menos recursos personales y, si, un apoyo social efectivo.
No nos parece oportuno continuar, sin enfatizar que lo anterior no quiere decir que
siempre que un individuo esté en problemas y exista suficiente apoyo social, logrará
enfrentar adecuadamente la situación. Enfrentamientos inadecuados e inefectivos
pueden ocurrir aún contando con disponibilidad de apoyo social, cuando los recursos
personales resultan ineficientes para hacer un óptimo uso del apoyo social disponible,
aún y cuando este sea percibido como eficaz.
Peggy A. Thoits (1986), sugiere la reconceptualización del apoyo social como una
ayuda al enfrentamiento, para de esta forma integrar los procesos de enfrentamiento y
los procesos de apoyo en una sola teoría más general, de amortiguación al estrés. En
su conceptualización, el enfrentamiento es visto como lo que hace un individuo ante las
demandas medioambientales, mientras el apoyo es visto como lo que hacen los otros
para ayudar a ese individuo a enfrentar, sugiriendo de esta manera que el impacto del
apoyo social sólo influye en la salud a través de sus efectos en el enfrentamiento.
Desde su punto de vista, la autora explica que el apoyo social y el enfrentamiento
tienen un número de funciones en común y que ambos utilizan los mismos
métodos en respuesta a los estresores. Expresa que el apoyo puede trabajar del
mismo modo que el enfrentamiento en ayudar a las personas a cambiar la situación, el
significado de la situación, las reacciones emocionales causadas por la situación o a
cambiar las tres.
Explica que las personas importantes para el sujeto pueden sugerir técnicas de manejo
del estrés o pueden participar directamente en estos esfuerzos, que de ese modo
facilitarían y reforzarían los intentos de enfrentamientos propios del individuo, pues con
sus acciones podrían alterar aspectos amenazantes de la situación, las reacciones
emocionales amenazantes asociadas a ella o ambas cosas, y que en esencia el apoyo
social al igual que el enfrentamiento trabaja por el cambio o la eliminación de las
fuentes primarias de amenaza al individuo (la situación y las reacciones emocionales a
la situación) y que indirectamente restaura la autoestima dañada, potenciando
sentimientos de dominio e identidad.
Considera que los intentos de ayuda dirigidos a fomentar y restaurar la autoestima
dañada, por sí solos, son insuficientes para resolver una situación problemática, y que
deben ir unidos a los esfuerzos directos de "otros" en corregir o cambiar la situación y/o
las reacciones negativas derivadas del encuentro del individuo con tal situación.
Consideramos que la ayuda al enfrentamiento (aunque muy importante) es sólo una de
las funciones del apoyo social, enmarcada dentro de la hipótesis de los efectos
amortiguadores que sobre el estrés tiene este constructo. Preferimos pensar de
acuerdo con Heller, Swindle y Dusenbury, (1986), que aunque enfrentamiento y apoyo
se influyen mutuamente y pueden tener influencias comunes sobre el bienestar y la
salud, ambos tienen también impactos independientes en la salud.
Las distintas modalidades del apoyo social, pueden de manera diferente ejercer
influencia sobre los procesos de enfrentamiento, la posterior adaptación y los resultados
de salud, pero ésto no quiere decir que sólo a través del proceso de enfrenta-
miento es que el apoyo social puede ejercer su influencia sobre la salud y el
bienestar de las personas. Además, aceptamos que la combinación de la ayuda
práctica con el fomento de la autoestima, puede ser una ayuda muy efectiva en el
enfrentamiento con el estrés, pero esto es muy diferente de negar, o subvalorar los
efectos positivos que, por sí mismos, pueda ofrecer el fomentar y restaurar la
autoestima dañada.
De manera semejante a como el apoyo social puede tener efectos beneficiosos sobre
el enfrentamiento y la adaptación del sujeto, la habilidad de éeste en la utilización de
sus estrategias, puede favorecer la existencia y el mantenimiento de relaciones sociales
que le provean de apoyo. Los sujetos con acertadas estrategias afrontativas, con
habilidades para el manejo de situaciones problemáticas y con éxitos en el enfrenta-
miento con eventos difíciles de la vida, se convierten en personas más atractivas para
los demás, trayendo consigo un aumento de la disponibilidad de la red y del apoyo
potencial.
Además el éxito alcanzado en el enfrentamiento del individuo con sus problemas
contribuye a que la valoración positiva que hacen los proveedores de apoyo sobre sí
mismo sea motivo de regocijo, realce de su satisfacción y, por tanto, se muestren más
dispuestos y a gusto con sus receptores de apoyo, y en mayor disposición de continuar
brindando apoyo.
Por el contrario, los individuos que fracasan en sus enfrentamientos con el problema o
empeoran su estado de salud encontrarán un descenso gradual en el apoyo social
ofrecido, pues los familiares y amigos pueden desalentarse, sentirse fracasados en sus
intentos de enfrentamiento y por tanto evitar al individuo, con lo cual validan sus propios
sentimientos de ineficacia en la intencionalidad de apoyar al sujeto. Estas afirmaciones
explican el porqué, en ocasiones, es muy probable que las personas que estén más
necesitadas de la ayuda de otros, sean los que menos lo reciban, resultando paradojal
que sean ellos mismos quienes alejen a aquellos de quienes tanto necesitan.
El éxito alcanzado por un individuo en el enfrentamiento a sus problemas, contribuye a
la valoración positiva que hacen de él los proveedores del apoyo que necesita, los que
al sentirse mas satisfechos con los resultados se encontrarán en una mayor disposición
de continuar brindando apoyo -ahora o en otra ocasión- a una persona que ha
demostrado ser capaz de utilizar con eficacia los recursos que se le ofrecieron.
De forma general se puede plantear que el apoyo social desde el "modelo
amortiguador" facilitará los procesos de enfrentamiento cuando ante una situación
estresante logre:
-Aumentar la autoestima del sujeto.
-Percibir de manera menos estresante la situación que posibilita reducir o
manejar el nivel de amenaza
-Ayudar a regular respuestas emocionales negativas.
-Ofrecer información adecuada y valiosa sobre la problemática actual.
-Reforzar iniciativas de enfrentamiento efectivo.
-Ofrecer alternativas de respuesta adecuadas y de manejo de las
situaciones.
-Reforzar la moral y el sentido del bienestar.
-Mostrar los aspectos positivos de la situación.
-Fomentar la actitud de enfrentamento activo.
-Ser deseada la ayuda ofrecida.
-y de esta forma influir sobre los procesos evaluativos, elección y ejecución
de estrategias efectivas de enfrentamiento.
De igual manera, la utilización de diferentes estrategias de afrontamiento favorecerán el
mantenimiento de apoyo potencial cuando las personas:
-Resuelven de manera airosa su problemática.
-Superen crisis.
-Se tornen más atractivos.
provocando en sus apoyadores:
-Sentimientos positivos.
-Estimulación de sus acciones.
-Valoración positiva y fomentadora de autoestima.
-Confirmación de su valía personal.
En sentido general, podría sintetizarse que el apoyo social desde el "modelo amortigua-
dor" asume una función de enfrentamiento activo en que el apoyo social puede
sostener la actividad de enfrentamiento.
No obstante, si bien la relación entre apoyo social y enfrentamiento la hemos reducido
al análisis de la hipótesis "buffer" -y desde el punto de vista conceptual ello resulta
coherente, en tanto el enfrentamiento se define en su relación con el estrés psicológico-
no por ello debe demeritarse el papel de la hipótesis de efectos principales, en que el
individuo actúa ante su vida cotidiana, aún en la ausencia de grandes niveles de estrés.
En cualquier caso, el estudio de la influencia del apoyo social sobre la salud demanda
de una especial atención a la relación que existe entre el apoyo social y los procesos de
afrontamiento. Los procesos de afrontamiento no son, sin embargo, procesos estáticos
invariantes, sino que asumen determinadas formas de expresión a lo largo de la
existencia del individuo concreto, de su ciclo vital.
III. 3: APOYO SOCIAL Y CICLO VITAL
El paso del hombre a lo largo de su ciclo vital se caracteriza en lo fundamental por
cambios en los roles, relaciones y conductas. En concordancia con esto, se producen
cambios tanto sutiles e imperceptibles como objetivos y profundos en el estado de
salud. Ello presupone complejas interacciones en las que está implicada tanto la salud y
la edad, como las relaciones humanas y el apoyo social.
Posiblemente, uno de los aspectos más importantes y útiles para la comprensión
adecuada del proceso de apoyo social, estriba en su condición de proceso sujeto a
cambios a lo largo de la dimensión temporal en tanto las particularidades distintivas de
cada una de las etapas de la vida del hombre imponen diferencias peculiares a la
expresión del proceso de apoyo social:
El niño pequeño, por ejemplo, tiene (o "debe" tener) a su disposición, el apoyo y el
cuidado de sus familiares incondicionalmente; durante la juventud y la adultez, ya el
individuo es -supuestamente- en medida creciente responsable en muchas
circunstancias de la calidad y cantidad de apoyo recibido y de la ampliación o
reducción, así como de la funcionalidad de sus redes sociales; la vejez, por otra parte,
constituye una etapa especial donde numerosos cambios ocurren rápidamente en la
vida de las personas, ocurriendo cambios similares en sus sistemas de apoyo, en
muchos casos, de manera análoga a lo que ocurre con el niño, en tanto los ancianos
devienen, también aparentemente, crecientemente dependientes de sus redes de
apoyo.
Desde esta perspectiva del ciclo vital, podríamos hipotetizar que las necesidades de
apoyo y la probabilidad de recibir tipos específicos de apoyo varían como función de la
ubicación temporal del individuo en el ciclo vital. Podríamos así esperar que un
estudiante de colegio tenga mayores necesidades de ayuda tangible y reciba más
ayuda tangible, que un adulto de edad media.
"...la habilidad y el conocimiento son adquiridos a través de la socialización,
la motivación para actuar tiene su origen en las sanciones sociales que
regulan los intercambios interpersonales dentro y a lo largo de
generaciones: Se supone que los padres ayuden a sus hijos en edad
escolar, que los esposos ayuden a sus esposas durante el embarazo y el
nacimiento de un hijo, que los hijos ayuden a sus padres cuando estos
declinan, y así sucesivamente,... Como resultado, puede no haber muchos
beneficios relativos a la salud asociados con recibir apoyo, pero pueden
aparecer efectos negativos asociados con no tenerlo" (Schulz & Rau,
1985)
Uno de los conceptos que más contribuye a la comprensión del proceso de apoyo
social a lo largo del ciclo vital es el concepto de rol. A lo largo de la vida el ser humano
asume una serie de roles en los cuales está presente -aunque no convencionalmente
escrito- qué es lo que un individuo debe brindar y qué lo que debe recibir en el entorno
del apoyo social: un niño "debe" recibir afecto, orientación o consejo, ayuda material,
etc., en tanto a él le "toca" brindar afecto y conductas gratificantes para los adultos tales
como disciplina, buenos resultados escolares, cariño, hábitos, etc., así, convencional-
mente, el niño sería en lo fundamental un receptor de apoyo. De manera muy similar
ocurre con el anciano, en que recibe una buena cantidad de cuidados (funda-
mentalmente del tipo instrumental) y de él se pide muy poco,... aunque tal vez desde la
perspectiva del anciano se le pide demasiado. El adulto sería, entonces, un proveedor
por excelencia de apoyo, tanto en lo que respecta a su descendencia como a sus
padres. Aunque con variaciones en función de individuos y contextos concretos; lo
anterior puede sintetizarse -o mas bien simplificarse- de la siguiente manera:
Variación temporal en el ciclo vital Rol
Estadios iniciales (niñez, adolescencia, juventud) Receptor de apoyo social
Adultez Proveedor de apoyo social
Tercera edad (senectud) Receptor de apoyo social
No obstante, resulta pertinente alertar que lo anterior es sólo una afirmación general,
pues de igual forma que el niño y el anciano -receptores de apoyo por excelencia-
pueden devenir una importante fuente de apoyo para el adulto, éste último no es sólo
un simple proveedor, sino que él también demanda apoyo de los demás; su propio rol y
las grandes cantidades de esfuerzo que realiza en aras de brindar apoyo a los demás lo
llevan en ocasiones a niveles de detrimento para su propia salud (Schulz y Rau, 1985).-
...y en ese caso requiere del apoyo de los demás.
Indiscutiblemente, cada etapa de la vida y cada momento de transición, llevan implícitos
cambios en los sistemas de apoyo de los individuos, en los roles asumidos, en las
posiciones desarrolladas ante la vida, en las exigencias y responsabilidades y, por
tanto, cambios en el individuo mismo y en sus condiciones de vida.
La infancia, la adultez y la vejez, se diferencian en cuanto a los
tipos de problemas que confrontan, las fuentes de apoyo que
le son disponibles, el tipo y la naturaleza del apoyo necesitado
y/o recibido, la habilidad para reciprocar el rol de proveedor e
incluso en los efectos del apoyo.
De manera especial, el abandono de viejos roles y estatus y la realización (adquisición)
de nuevos, tiene lugar de manera muy rápida en las fases temprana y tardía de la vida
adulta. Estos cambios y movimientos, dentro de roles y estatus, obviamente repercuten
sobre los sistemas de relaciones interpersonales y, en consecuencia sobre los
sistemas de apoyo.
Ejemplo de estas transiciones son ilustradas por Pearlin (1985), en un escenario
hipotético de la vida de una persona:
"Una persona se casa, se integra a una fuerza laboral, cambia de trabajo,
tiene hijos, comienza a ser reconocida como adulto por sus padres (quizás
la transición que más rápido toma lugar), eventualmente se muda para otro
lugar, tiene nietos, renuncia a un club, se integra a otro, se retira, se muda a
otro estado porque muere su esposo, sin desearlo va a vivir con un hijo
adulto, y finalmente, cuando su estado de salud no es el mejor ingresa en
una casa de cuidados para ancianos".
Pearlin (1985) explica que en cada momento descrito de este ciclo vital, puede
ocurrir una contracción, expansión o sustitución del apoyo social. Así el apoyo no
sólo es movilizado en respuesta a crisis inesperadas, sino que los cambios esperados y
construidos a lo largo del curso de la vida también actúan como fuerzas en la
estructuración y reestructuración de cada aspecto del sistema de apoyo.
A pesar de las numerosas variables que pueden ser tomadas en consideración para
explicar los grandes cambios que se producen en el curso de la vida, la mayor parte de
los estudios, como señalábamos al hablar de factores epidemiológicos, se han
realizado a partir de la consideración de dos variables fundamentales: la edad y el
género/sexo.
Según Pearlin (1985), los estudios dentro de la variable edad, se han enmarcado
fundamentalmente en la transición de roles que ocurre entre los padres ancianos y los
hijos adultos, donde pueden ocurrir dos situaciones:
1-El cambio de apoyo que se produce al mantenerse intactos los roles
mientras la distribución de las tareas y responsabilidades entre ellos sufre
una dramática alteración, y
2-Las interacciones que conducen a un movimiento fuera y dentro de los
roles de ambos (padres e hijos).
Ambas situaciones, a menudo, traen consigo un viraje gradual de las funciones de
apoyo. En un inicio los padres eran los guías, pilares emocionales, y proveedores de
apoyo material de sus hijos, luego estas funciones inexorablemente son tomadas por
los hijos quienes "invaden" la fragilidad física y económica de sus padres, hecho que
por lo regular no transcurre excepto de contradicciones.
Esto no sólo significa que los antiguos proveedores de apoyo se conviertan
primariamente en receptores de ayuda, sino que la transición ( pérdida!) del rol, por sí
mismo, se puede convertir en una tensión en contextos para los cual el apoyo social es
necesitado. En estos casos, por tanto, las relaciones familiares, en aparente
contradicción, devienen fuente de tensión y malestar en la misma medida en que son
una fuente de alivio para el distrés. Es importante, no obstante, puntualizar que las
transiciones de roles a través de la dimensión temporal no constituyen la única causa
de este fenómeno tan aparentemente paradojal: la naturaleza y la fuente de ambos
procesos pueden ser (también) la consecuencia de otras razones más profundas que
el cambio de roles.
Existen también, desde un punto de vista genérico, evidencias de cambios de
roles entre hombres y mujeres a lo largo del ciclo vital. Es aceptado que el apoyo
social está sometido a normas que son construidas dentro de las relaciones interper-
sonales. Existen normas que gobiernan esta relación entre hombres y mujeres,
esposos y esposas. Según Belle y Zelditch (1955, citados por Pearlin, 1985), es
aceptado dentro de la teoría social la suposición de que la mujer es el miembro
responsable de la educación y el apoyo de la familia, mientras el hombre es
considerado el proveedor instrumental. De acuerdo con esto, con respecto al apoyo
emocional, el hombre es más beneficiado que proveedor. Sin embargo, con el
transcurso del tiempo, estas funciones de apoyo cambian entre hombres y mujeres.
Después que los hijos son adultos y los padres ya cumplieron su función como
modelos socializadores, los hombres comienzan a ser más expresivos y afectivos,
mientras las mujeres comienzan a ser más asertivas sobre sus propias necesidades y
disposiciones (Gutmann, 1975 citado por Pearlin, 1985).
Desde el punto de vista empírico, en la vida cotidiana, resulta curioso
apreciar que durante la juventud y prácticamente toda la adultez al observar
una pareja caminar por las calles, el hombre asume un rol protector, de
elemento predominante ( al parecer en concordancia con lo que cultura
espera del "macho"!), sin embargo, al arribar a la tercera edad, al observar a
esta misma pareja, parece como si los roles se hubieran invertido y fuera la
"señora" quien ahora tiene el rol de proteger a su "viejito".
APOYO SOCIAL EN LA NIÑEZ
El apoyo social constituye una relevante dimensión epidemiológica en la vida de los
niños. Durante la infancia el medioambiente social y familiar representan un
determinante importante de la salud del niño. Las condiciones medioambientales
desfavorables influyen en la aparición de enfermedades infantiles y aumentan el riesgo
de mortalidad, ejemplo de ellas son: las condiciones socioeconómicas bajas y el
inadecuado funcionamiento familiar.
Brenver, 1973 y Mare, 1982 (citados por Boyce, 1985) han confirmado que las
diferencias socioeconómicas han incidido significativamente como elemento causal en
los niveles de mortalidad de los niños en las sociedades modernas. Niños de familias
pobres experimentan significativamente el riesgo de muerte desde todas las causas y
son particularmente más vulnerables a la muerte como resultado de heridas,
envenenamiento o violencia.
Estudios de Starfield, 1980 y Egbuonu y Starfield, 1982 citados por Boyce,1985,
demostraron la existencia de un incremento severo de todas las enfermedades
pediátricas, al igual que de enfermedades de otro tipo, entre niños estadounidenses de
bajo estatus socioeconómico.
Estos trabajos apoyan la influencia de los efectos macroeconómicos sobre la morbi-
mortalidad infantiles y los factores de riesgo sanitario en la población pediátrica, pero
aún mucho más significativa, desde una dimensión psicosocial, resulta la influencia que
el medioambiente familiar puede ejercer sobre la salud y el bienestar de los niños.
El microambiente familiar, influye de manera decisiva en los niveles de salud y
desarrollo que alcancen los niños. La familia deviene en el componente fundamental
del mundo social de estos y resulta, en consecuencia, la máxima responsable de los
resultados que se obtengan en su bienestar tanto físico como emocional. La calidad
de las interacciones, los patrones de comunicación, y las normas establecidas
por la familia, incluidas las acciones educativas encaminadas a la socialización
dejan de ser sólo eso y pasan a convertirse, de acuerdo con su contenido y
características en agentes de salud, o en el peor de los casos, cuando son inexistentes
o inadecuadas, en promotores de la enfermedad.
El funcionamiento familiar inadecuado o inexistente ha sido fuertemente
relacionado con un amplio rango de enfermedades infantiles e incapacidades.
El medioambiente familiar es la fuente principal de apoyo social en los niños. La familia
constituye el contexto social donde el niño experimenta las relaciones sociales y las
propiedades de estas por vez primera. Estas relaciones son responsables, en lo
esencial, del adecuado desarrollo psicológico e integración social del niño. Se destaca,
por su importancia, dentro de estas interacciones y en un nivel privilegiado, la relación
madre-hijo, la cual ha sido considerada, en casi todas las culturas, una de las
interacciones sociales decisivas en el ciclo de la vida humana (Wolff, 1976 citado por
Boyce, 1985).
La literatura sobre Psicoterapia Infantil, fundamentalmente desde una óptica
psicoanalítica, ha documentado extensamente el impacto de la relación madre-hijo en
la etiopatogénesis de algunas enfermedades mentales proponiendo conceptos, como
el de "madre esquizofrenizante". Algunos de estos trabajos resultaron pioneros del
pujante movimiento de Psicoterapia Familiar que se desarrollara con posterioridad y
que ponen el énfasis en el sistema familiar en su conjunto.
Las relaciones inadecuadas entre madres e hijos pueden generar consecuencias
deteriorantes importantes para el bienestar y la salud de los pequeños en su vida
presente y futura. Sus daños podrían ser vistos mucho tiempo después y acompañar al
individuo de manera lesiva a lo largo de toda su vida. Hartup (1981) revisó la literatura
de socialización y concluyó que el contexto familiar produce un fuerte efecto en la
adaptación a las relaciones posteriores con sus semejantes.
Así, númerosos estudios han demostrado que la calidad de los lazos familiares, la
"atadura" fuerte y feliz de un niño a sus familiares, parece estar entre los determinantes
importantes de resultados sociales de desarrollo psíquico y biológico tanto en la niñez
como en la vida posterior (Boyce, 1985).
La relación de un niño con su familia es considerada como un proceso crítico en la
evolución del apoyo social. La ausencia de estas "ataduras" puede traer consecuencias
profundas y dañinas para la salud, desarrollo y capacidad para establecer interacciones
sociales exitosas en los niños, deviniendo un estigma o limitante para el desarrollo
posterior.
Una de las razones que explica lo importante de una adecuada relación entre madres e
hijos ha sido expuesta por Bolwby y Rutter (citados por Boyce, 1985), quienes
hipotetizan que en la relación temprana, la "atadura" de un niño con su madre repre-
senta la base primitiva fundamental para todas las subsiguientes relaciones sociales en
que este niño resulte inmerso. Se destacan entre las características de esta relación, el
desarrollo de la interacción, la reciprocidad, la sensibilidad, etc. Estos autores
consideran esta "atadura" como el elemento precursor del apoyo social en tanto
es capaz de fomentar la seguridad en el niño y la confianza en sus propias
potencialidades. La seguridad es considerada como una propiedad "base" esencial
para el posterior desarrollo de todas las relaciones sociales futuras.
La temprana relación madre e hijo también -y tal vez sobre todo- estimula el desarrollo
de la afectividad, propicia el aprendizaje de las sutilezas y las convenciones de la
interacción humana, que tanto favorecen las relaciones interpersonales. Un individuo
entrenado desde estadíos tempranos de su existencia en el complejo ejercicio de
"dar y recibir afecto" tiene muchas más probabilidades tanto de recibir como de
brindar apoyo social efectivo que un individuo que no posea este recurso.
El desarrollo social e intelectual del niño no está solamente determinado por la relación
madre e hijo: los niños, además, se relacionan con una variedad de personas que
también forman parte de su amplio entramado social. Relaciones no maternales,
pero si enmarcadas en el ámbito más íntimo y cotidiano del niño, tienen efectos
directos e indirectos sobre su desarrollo y salud.
Las figuras paternas (durante mucho tiempo subvaloradas en cuanto a su importancia)
por ejemplo, pueden influir directamente en el bienestar de sus hijos a través de
actividades padre-hijo y patrones de interacción, pero pueden también ejercer efectos
indirectos a través de su influencia en la relación matrimonial. Lynn (1974, citado por
Boyce, 1985) sostiene que con proveer apoyo emocional y tangible a su esposa, un
padre puede tener efectos secundarios importantes en la salud y el desarrollo de sus
hijos,... mas aún si esto resulta apreciable por los hijos.
Si retomásemos la afirmación de que el apoyo social no es un asunto unilateral, sino
bilateral de "dar y recibir", los niños a su vez devienen una importante fuente de
estímulo y apoyo social para sus mayores, constituyendo un determinante en la
salud social y psicológica de los adultos. El niño no sólo es afectado, él también
afecta el mundo social, económico y biológico de los adultos que lo cuidan.
Hoffman y Manis (1978) presentaron datos sugiriendo que en general los niños
parecen realzar la proximidad matrimonial y la estabilidad de la vida familiar.
Resulta válido afirmar que el nacimiento de un niño tiene efectos sobre las diversas
redes sociales de los padres, observándose una tendencia a alterar el carácter y
cantidad de conexiones de dichas redes. De esta manera, la presencia de un hijo
puede conducir a un incremento en las interacciones, no sólo desde un punto de vista
cuantitativo sino incluso cualitativo, con parientes y personas cercanas al niño, pero
producir una reducción concomitante en el número de contactos con contemporáneos
u otras interacciones no familiares. Esta afirmación parece adquirir significación
especial cuando se producen en un contexto en el cual la existencia del niño o la
calidad de la misma parecen estar amenazadas (enfermedades, accidentes,
desplazamiento a otras localidades, etc.) (Roca, 1994).
No sería desacertado afirmar que la calidad de las redes sociales en que está inmerso
un individuo durante su infancia, resultan sumamente importantes para la calidad de su
existencia en los estadíos posteriores del ciclo vital: las relaciones familiares positivas
le permiten al niño la adquisición de confianza, seguridad, el desarrollo de un sentido
de continuidad y predictibilidad sobre el medioambiente, así como una positiva
autoestima, siendo estos, elementos esenciales para el posterior desarrollo de las
relaciones sociales.
Además, en el apoyo social operan componentes preventivos a través de la promoción
de un sentido individual de estabilidad y continuidad, dados por el hecho de la
expectativa presente en el individuo de que tendrá a su disposición una eficaz y
eficiente red de relaciones interpersonales a la cual acudir en caso de afrontar una
situación que comprometa su salud y/o bienestar: en esta afirmación están presentes
los efectos protectores de las redes sociales, las afiliaciones culturales, y de las
relaciones interpersonales en tanto las mismas promueven y sustentan un sentido de
permanencia y estabilidad.
Si los efectos en la salud de la experiencia social en la niñez dependen en parte del
sentido de estabilidad y sus componentes, entonces ciertos aspectos importantes de la
vida de la familia pueden figurar prominentemente en la salud de los hijos y su
bienestar. Inestabilidad matrimonial, movilidad residencial y carencia de organización
de la vida cotidiana en el sistema vida familiar son, por ejemplo, tres situaciones de la
familia con posibilidades de tener efectos deteriorantes sobre la salud del niño en tanto
socaban su sentido de estabilidad y permanencia (Boyce, 1985).
Jellink y Slovik (1981, cit. por Boyce, 1985) en revisiones sobre la literatura del divorcio
concluyeron que los niños, casi universalmente, experimentan el divorcio como una
pérdida profunda, en un nivel personal, familiar y social. En esta misma literatura se ha
sugerido que el divorcio es uno de los eventos más destructores que los niños
experimentan y que tales eventos pueden estar asociados con alteraciones en la salud
biológica.
Si bien resulta obvio que no todos los niños experimentan este evento con las mismas
reacciones y el mismo grado de distrés, la continuidad de la estabilidad y rutinas
hogareñas, el desarrollo de una adecuada relación padre-hijo, la continuidad de otras
relaciones, y las propias características personales, que por lo general resultan
laceradas durante el proceso de divorcio, cuando éste se ve matizado por severos
conflictos entre los padres, son determinantes de sus efectos. Wilcox (1981) ha
indicado que el mantenimiento de lazos sociales extrafamiliares juega un rol importante
en el ajuste de la familia en el período posterior al divorcio.
La pérdida de relaciones sociales y geográficas, que implican el desarraigo del
vecindario con el cual se ha convivido, puede tener un poderoso efecto distresante.
Aunque este es un fenómeno que se ha detectado fundamentalmente en los ancianos
y que se asocia con un incremento en la morbimortalidad de este grupo etáreo, su
impacto no es menos significativo sobre el niño:
La relación con el lugar de residencia es una de las dimensiones críticas de
la experiencia humana y que se relaciona con la sensación de identidad y
permanencia que tan importantes resultan para el desarrollo de la personali-
dad; especialmente para los niños, la identificación estable con un lugar
y una casa constituyen un importante protector de la salud. El niño que
ha desarrollado su sociabilidad en un determinado contexto -en el caso
cubano la barriada- y tiene que mudarse a un lugar distante, establecer
nuevas redes de relaciones interpersonales ("amiguitos") y reestructurar un
estilo de vida previo al cual ya estaba acostumbrado resulta más vulnerable
al estrés y a la repercusión del mismo sobre su salud y biienestar.(Nota de
los autores)
La organización de la vida cotidiana de una familia es otra importante dimensión que
afecta el sentido de estabilidad y permanencia del niño. Una familia desorganizada y
sin pautas habituales de comportamiento, constituye una amenaza potencial, pues
podría realzar la vulnerabilidad a la enfermedad y conducir a fluctuaciones en el
bienestar, en tanto el niño no percibe la estabilidad de su red de apoyo social. En este
sentido, los resultados de estudios realizados por Boyce (1985), sobre rutina familiar y
enfermedades sugieren que la rutina de la familia constituye un moderador importante
en la relación general entre estrés y enfermedad:
APOYO SOCIAL EN LOS ADULTOS
Durante mucho tiempo el interés e inclusive los contenidos que se enseñaban en las
carreras de Psicología se referían al desarrollo temprano (infancia, adolescencia,
juventud) y aquí concluía la visión del desarrollo del hombre, concluían como si ya todo
estuviera conformado en el psiquismo individual y no se produjeran mayores cambios
en las complejas formaciones psicológicas adquiridas.
El propio ejercicio profesional de la Psicología, su connotación aplicada, ha conducido
a revalorar esta posición dándole un peso importante al hecho de que durante toda la
vida adulta de un individuo se producen cambios importantes en su validismo,
desarrollo y expresión de las potencialidades intelectuales y cognitivas, emoción,
autoestima, etc., consolidando la opinión de que era necesario estudiar y prestar
atención a toda la existencia del hombre y no sólo a sus estadíos tempranos.
Esto ha conducido a una impresionante explosión de trabajos, muchos de ellos
referidos en el presente epígrafe, que se proponen estudiar la llamada tercera edad,
donde son más evidentes los cambios que se producen en todas las esferas del
hombre (biológica, psicológica y social) y que ha conducido incluso al desarrrollo de
nuevas especialidades médicas como la geriatría y la gerontología.
Posiblemente el énfasis en las primeras y terceras edades radica en que los cambios
parecen ser mucho más regulares y homogéneos, susceptibles de ser estudiados con
mayor sistematicidad. Sin embargo, una buena parte de la vida, tal vez la mas
productiva, transcurre en la menos estudiada "segunda edad": la adultez desde sus
estadíos más tempranos hasta sus estadíos más avanzados, en que el hombre es
altamente productivo y autónomo.
En esta edad sin embargo los cambios que se producen son mucho más irregulares y
heterogéneos. A diferencia de los primeras y terceras edades, los adultos son mucho
menos dependientes y asumen un rol mucho más activo en el diseño de sus vidas
individuales,... de aquí que sea mucho más difícil el establecimiento de regularidades y
por supuesto el definir como opera el apoyo social en esta época, en que (al menos en
apariencia) el sujeto deviene más en proveedor que en receptor de apoyo social.
En la intencionalidad de poner un cierto orden en esta situación Schultz y Rau (1985)
proponen una tipología conceptual de los eventos que ocurren a lo largo del ciclo vital,
apoyándose en categorías fundamentales y la expresión de las mismas: lo estadístico
y la temporal.
La estadístico se refiere a aquello que por lo regular ocurre a la mayoría de los
individuos en un contexto sociocultural dado, y lo temporal se refiere a aquello que
ocurre dentro de un rango limitado de edad, predecible ya sea a causa de las
restricciones biológicas o a causa de las normas culturales establecidas. Ambas
categorías pueden expresarse de forma regular o normativa o de forma atípica o no
normativa:
Tipología de eventos del ciclo vital (Schulz y Rau)
Temporalidad.
Normativa No normativa
Normativa Ej. jubila- Ej. enviudar a los 30
Estadística. ción años
No norma- Ej. Exito Ej. Desastre natural
tiva profesio-
nal
Las características individuales, sin ignorar la significación de la forma en que un
evento es clasificado, tienen importantes implicaciones para el apoyo social,
fundamentalmente en lo referido a su carácter normativo o no: Un suceso que le
ocurre a un individuo de manera no normativa puede requerir elevadas dosis de
apoyo social, de igual manera que la ocurrencia de un evento normativamente
esperado o deseado puede demandar iguales o mayores dosis de apoyo social
cuando no ocurre.
"Los eventos del ciclo vital que son inesperados, ya sea porque ocurren
fuera de tiempo o porque son estadísticamente no frecuentes tienen una
mayor probabilidad de ser problemáticos. A causa de que el individuo a
menudo no tiene la oportunidad de prepararse para ellos, tienen la
probabilidad de ser inherentemente más estresantes. Más aún, los
miembros de la red social tienen menos probabilidades de poseer las
habilidades o el conocimiento apropiado para ofrecer el apoyo,..."
"Aquellas transiciones de la vida que son experimentadas por la mayoría
de las personas y que ocurren dentro de rangos estrechos de edad
probablemente no resulten problemáticas en tanto son predecibles -y de
esta manera el individuo tiene una oportunidad de prepararse para ellas-
pero también porque la red social tiene la habilidad, el conocimiento y la
motivación de ofrecer el apoyo..." (Schulz y Rau, 1985)
Si partimos de que la comprensión del apoyo social en el adulto presupone el
conocimiento y la comprensión de aquellos eventos que atraviesa un individuo y los
contextos en que los mismos se ubican, para estudiar el apoyo social en el adulto
debemos partir de las dos esferas en que prácticamente se desarrolla todo su
quehacer en estos años: el trabajo y la familia.
Stanislav V. Kasl y James A. Wells (1985), consideran que la satisfacción tanto en el
medioambiente laboral, como en el familiar constituyen importantes variables para el
mantenimiento del equilibrio psíquico y social en la mediana edad. A pesar de las
diferencias impuestas por los roles sexuales, en la importancia que los escenarios
laborales y familiares tienen para el mantenimiento de la salud en hombres y
mujeres, estas dos dimensiones, constituyen (para ambos sexos) factores
esenciales y determinantes en los niveles de salud y bienestar obtenidos en la vida
adulta.
En cualquier momento del ciclo vital, y sin magnificar este tipo de apoyo, resulta
importante partir del presupuesto de que el tener acceso al apoyo emocional y a
vivencias de intimidad constituye un componente fundamental de los efectos
facilitadores y protectores de la salud durante todo el curso de la vida. De aquí que
mucha literatura de apoyo social y recursos de afrontamiento al estrés refieran las
relaciones maritales y familiares como las más importantes: su presencia y
funcionabilidad (la calidad de la relación) contribuyen al bienestar psicológico, su
ausencia o disfuncionabilidad pueden devenir una fuente adicional de estrés. Es ello
lo que explica la gran cantidad de literatura existente referida a los efectos del
estatus marital sobre la salud, en que se examina el "impacto de las pérdidas de la
pareja ya sea a través de la muerte o el divorcio".
"...dicha pérdida puede ocurrir en puntos inesperados como esperados
del ciclo vital. La muerte de un esposo es inesperada cuando ocurre
temprano en la adultez y esperado cuando ocurre mucho más tarde en la
vida. Lo inverso es cierto para el divorcio. Los divorcios tardíos en la vida
son muy raros, (aquí nuevamente están presentes las diferencias
socioculturales en la comprensión del apoyo social4) mientras que los
divorcios durante los primeros cinco años de matrimonio son
relativamente comunes..."(Schulz y Rau, 1985).
Investigaciones realizadas donde se aprecia el impacto de las exigencias laborales
en las relaciones familiares y el apoyo social, demuestran la existencia de una fuerte
relación entre estos elementos y el estado de salud posterior de las personas y la
calidad de sus relaciones matrimoniales.
Por otra parte, las más importantes fuentes de estrés laboral ocurren como
consecuencia de dificultades en las interacciones sociales -las relaciones
interpersonales- en el contexto laboral: las pocas posibilidades de interactuar con los
compañeros, grandes grupos poco cohesionados, el poco reconocimiento a las
buenas ejecuciones laborales, direcciones ineficaces y/o poco accesibles, etc., en
su conjunto tienen un efecto negativo sobre el bienestar personal y la salud humana.
Existe, además, una importante relación entre el rol del trabajo, el rol de la
familia y el apoyo social; esta relación ha sido abordada en diversas
investigaciones, aunque resulta difícil encontrar estudios que focalicen de
igual manera en ambos roles.
Comentario de los autores.
Incluso, la sabiduría popular ha dicho en alguna ocasión que la clave de
la felicidad radica en querer llegar pronto al trabajo cuando se sale del
hogar, y en querer regresar pronto al hogar cuando se concluye la
jornada laboral,... a pesar de las diversas interpretaciones que a esta
afirmación podría hacer un lector agudo.
Una línea de investigación muy atractiva en esta área, es ocupada por los llamados
efectos "Spillover" del trabajo en la familia. Este término explica en que medida el
estrés del escenario laboral influye sobre las relaciones familiares al punto de que la
capacidad de la familia para el apoyo social es disminuida y el impacto diario de las
demandas de la situación laboral se convierten en acumulativas (Kasl y Wells,
1985). Este resulta un concepto muy importante para entender los efectos de
enfermedad derivados de condiciones de trabajo estresantes.
Lo anterior, posiblemente se refiera al hecho constatable de que los problemas en la
esfera laboral pueden ser amortiguados por los recursos del ambiente familiar
(apoyo social familiar), pero su permanencia en el tiempo puede agotar dicho apoyo
-en tanto la propia vida familiar comienza a verse agobiada por el estrés laboral del
individuo en cuestión- y puede conducir al surgimiento de problemas familiares que,
a manera de círculo vicioso, agudizan mas aún los problemas laborales,... todo ello
con un notable impacto sobre la salud del individuo.
La transición de roles (familiares y laborales) durante esta etapa de la vida son
considerados eventos merecedores de especial atención, la alternativa de cambio o
variación impone al individuo la necesidad de reestructurar sus sistemas de apoyo,
tales eventos pueden ser: el divorcio, la maternidad, el desempleo, ascenso o
descenso del puesto de trabajo, la integración laboral de la mujer, etc.
Numerosas investigaciones han sido realizadas sobre divorcio y desempleo. La
investigación del apoyo social unida a eventos de este tipo requiere de especial
consideración dada su complejidad; el evento por sí mismo, puede resultar muy
estresante y la ruptura o desaparición de fuentes de apoyo existentes hasta el
momento pueden afectar adversamente la salud,... pero esto no es lo mismo que
asegurar, de manera simple, que la existencia de apoyo social influirá de manera
positiva sobre el bienestar y la salud de esas personas.
En síntesis, la comprensión del apoyo social en la adultez presupone el conoci-
miento de los eventos o desafíos a los cuales el adulto se ve enfrentado,... y que no
siempre resultan fácilmente normativos en uno u otro momento del ciclo vital: entre
estos eventos puede indicarse la inserción en la vida laboral y la creciente
asimilación de responsabilidades, el matrimonio y la conformación de una nueva
familia, el nacimiento de los hijos y las preocupaciones para con los mismos
(desarrollo físico y nutrición, ingreso a la escuela y rendimiento en la escuela,
relaciones interpersonales que establece fundamentalmente amigos y pareja, etc.,),
las consecuencias de deterioro, el "síndrome del nido vacío" (cuando los hijos se
casan y salen del hogar para construir su propia vida familiar), la jubilación, etc.
Todos estos eventos demandan de uno u otro tipo de expresión del apoyo social.
APOYO SOCIAL EN LA VEJEZ
La problemática del apoyo social adquiere un especial interés en el período de la
"tercera edad", la vejez. El importante rol que juega el apoyo social en el
mantenimiento de la salud y en la disminución de la vulnerabilidad a enfermedades en
los ancianos ha sido sugerido por númerosos autores (Minkler, 1985; Ferraro, Mutran y
Barresi, 1984; Berkman y Seeman, 1988; Stoller, 1984).
En la vejez se producen importantes cambios que pudieran considerarse de riesgo
para la salud, pues tienen la propiedad de aumentar la susceptibilidad a la enfermedad
mediante la ruptura de relaciones estables y/o la eliminación de fuentes tradicionales
de apoyo social. La viudez, la jubilación y los repentinos movimientos geográficos
involuntarios, son tres sucesos característicos de esta etapa, referidos en la literatura,
capaces de la lacerar la salud y el bienestar de quién los experimente.
Datos derivados de estudios transversales (Abeles, 1981; Kahn,1979; Wan, 1982
citados por Minkler, 1985) sugieren que las redes de las personas mayores son más
pequeñas que las redes de las de personas jóvenes, con una mayor significación
alrededor de los setenta años. Además, las propias características de las personas en
este período hacen que se desarrollen relaciones asimétricas, (donde reciben mucho
apoyo, disminuyendo la posibilidad de reciprocarlo) y donde lo que se recibe es
fundamentalmente apoyo instrumental, tangible, disminuyendo las demostraciones de
afecto y la reafirmación.
Estas desventajas, pueden conducir a que la vivencia y la percepción de eventos
estresantes sea mucho más agresiva y produzca mayores consecuencias negativas en
la salud y el bienestar de los ancianos. De esta manera, resulta especialmente
importante el estudio del apoyo social como variable facilitadora para fomentar la
calidad de la vida y la salud de las personas en esta etapa del ciclo vital.
Según Eleanor Palo Stoller (1984) la dependencia de los ancianos, asociada con la
asistencia recibida que no pueden reciprocar, puede acentuar aún más los efectos
psíquicos y sociales de deterioro físico, percibiendo de manera más negativa el estado
de salud real. Esta autora ha comprobado que la "ayuda" ofrecida puede tener un
impacto negativo indirecto en la autovaloración a través de sus efectos sobre la moral
psicológica, cuando los resultados de la misma -aparentemente positivos en un
sentido- pueden contribuir a sentimientos de minusvalía y disminución de la autoestima
en el anciano.
Grandes niveles de ayuda, que desconozcan o no utilicen el
potencial humano5 presente en el anciano, pueden generar un
receptor dependiente. En lugar de disminuir o cambiar la
percepción estresante del medioambiente, la ayuda de redes
informales que contribuyen a la dependencia, puede acentuar
la percepción de la carencia de recursos y el disminuido
nivel de competencia con que cuenta el anciano para
enfrentar las demandas del medioambiente.
Stoller (1984) concluye su estudio afirmando que las presiones
medioambientales y el apoyo informal pueden influir en la valoración que sobre la salud
realizan los ancianos. Explica que mientras la ayuda de familiares y amigos puede
facilitarle objetivamente a las personas ancianas el poder vivir en escenarios donde las
demandas medioambientales exceden su capacidad funcional, el conocimiento de que
esta ayuda es necesitada puede, paradojalmente, socavar su salud subjetiva. Opina
que el efecto de compartir la misma casa deviene en un efecto negativo cuando las
demandas sobre el anciano son excesivas y desbordantes de sus posibilidades reales;
puede, sin embargo, ser menos dañino cuando los proveedores potenciales del apoyo
eliminan algunas de estas demandas en lugar de convocar a las personas ancianas a
enfrentar las presiones medioambientales en un nivel similar a las personas de menor
edad.
En la recepción del apoyo social del anciano resulta imprescindible partir de un análisis
intergeneracional, de los intercambios de apoyo entre generaciones a lo largo del ciclo
vital. En consecuencia con ello, Brody (citado por Schultz y Rau, 1985) estimó que el
70-80% de los cuidados de salud que reciben los ancianos son ofrecidos por sus hijos.
La afirmación anterior hace pensar en lo que Antonucci (1984, citado por Schultz &
Rau, 1985) llamó "banco de apoyo", una idea que expresa la suposición de que un
individuo almacena una cantidad de apoyo similar al que ha provisto con anterioridad.
Aunque interesante desde su formulación, hay autores -sobre todo desde la óptica de
los terapéutas cognitivos (McKay, y cols, 1984)- que rebaten esta idea considerándola
una "falacia de la recompensa divina" en tanto no necesariamente una persona recibe
en la vida una proporción similar de apoyo a la que brindó,... a pesar de que le parezca
"justo" recibirlo.
Por otra parte, en el estudio de personas de la tercera edad ha sido ampliamente
aceptado por la mayoría de los investigadores que la viudez, la muerte de un
integrante de la pareja, constituye un elevado riesgo para la mortalidad y/o morbilidad
Este potencial, dados los significativos incrementos en la esperanza de vida, ha
recibido una mayor atención en los últimos años en que se reconoce la productividad
presente en el anciano y se llega incluso a hablar de una "cuarta edad" para referirse a
un nivel mayor y mas significativo de deterioro físico y psíquico. Ello en su conjunto nos
conduciría a replantear muchas de las afirmaciones del presente epígrafe.
de la persona sobreviviente.
Los primeros estudios realizados en esta dirección han demostrado tasas superiores
de mortalidad en ancianos viudos que en los casados y divorciados; pero según Kasl
(1977 citado por Minkler, 1985) estos estudios no evalúan el efecto que produce el
tiempo de viudez. Este autor considera que los efectos de pesadumbre y desesperanza
suelen ser más pronunciados en los primeros dos años, y probablemente en los
primeros seis meses posteriores a la muerte del cónyuge.
Investigaciones posteriores, realizadas con métodos y medidas más sofisticadas han
indicado que aunque existen significativamente mayores razones de mortalidad para
los hombres viudos que para los casados en todos los grupos de edades, estas no
suelen ser mayores (no hay evidencias de ello) en los primeros dos años y
particularmente en los primeros seis meses posteriores a la muerte del cónyuge.
Helsin, Szklo y Comstock, 1981 (citados por Minkler, 1985) reportan que el riesgo de
mortalidad incrementado entre los hombres viudos no fue confinado a los primeros seis
meses de la pérdida, sino que persiste a lo largo de diez años!. Estudios más
recientes confirman este descubrimiento, considerando a la viudez como una situación
estresante crónica, en lugar de atribuir el incremento de la mortalidad a los efectos
agudos de la muerte del esposo.
Al respecto, resulta interesante que el incrementado riesgo de muerte no fue
observado en sólo una o dos causas de muerte aisladas, sino que fue extendido a
través de muchas causas: Incrementos notables fueron encontrados para
enfermedades infecciosas, accidentes y suicidio para los hombres y cirrosis
hepática para las mujeres (Helsin, Szklo, y Comstock, 1981 citados por Minkler,
1985).
No obstante, resultaría necesaria la realización de investigaciones para determinar si
las características del período previo a la pérdida -tanto inmediato como a más largo
plazo retrospectivamente- y el posterior impacto sobre la vida emocional, pudieran
ayudar a explicar declives en el estado de salud posterior. Cuando el sobreviviente era
muy dependiente del miembro fallecido de la pareja, cuando se trata de largas
enfermedades terminales o sencillamente cuando se magnifica uno u otro hecho en
relación al fallecido, pueden ser ejemplos de cómo, no sólo el impacto de la pérdida en
si, sino toda la historia precedente pueden influir sobre la morbimortalidad.
La soledad -tal vez la más evidente ausencia de apoyo social- y la poca o ninguna
realización de actividades que mantengan la vitalidad del anciano que por lo regular se
le asocia, aparecen relacionadas con una mala salud psicológica -amargura, resenti-
miento, apatía, desesperanza, deterioro de la autoestima, etc.- que fácilmente
repercuten sobre la salud en su conjunto. La poca estimulación social y el aislamiento,
actúan como estresores psicofisiológicos para muchos ancianos institucionalizados.
(Beng, 1983).
Si retomásemos una idea reiterada en el curso del presente trabajo, aquella en la cual
el proceso de apoyo social es considerado como un proceso de "dar y recibir", es
posible apreciar un proceso en el cual el anciano aislado resulta atrapado en un círculo
vicioso que lo sume en la mayor soledad: Su soledad lo amarga, lo irrita y lo hace ser
poco deseable a los demás, ésto conduce a un mayor aislamiento,... y un incremento
de la irritación y la amargura.
El retiro, otro de los eventos reconocidos como altamente estresantes durante la
tercera edad, por sí mismo parece no afectar adversamente la salud. Su potencial
estresor está relacionado con otras variables en las que evidentemente está presente
el componente del apoyo social: retiro obligado vs retiro voluntario, etapa de la vida en
que ocurre, estatus socioeconómico del trabajador, y ruptura de relaciones sociales,
etc.
Por tanto considerar el retiro como un mayor inductor de estrés o un evento estresante
apunta a la necesidad de observar el grado de control de la persona sobre el evento
(obligatorio vs voluntario) y la etapa de la vida en que esto ocurre, así como el costo
que tiene en su sistema habitual de relaciones interpersonales.
Numerosas investigaciones observan mayores razones de mortalidad y/o morbilidad de
retirados, dentro de los trabajadores de bajo estatus socioeconómico lo que puede ser
debido a: la disminución con la satisfacción de la vida, el abandono de contactos
sociales con personas más significativas, cambios en la vida, pérdida del sentido
existencial y la consecuente disminución de compromisos y de actividades que
disminuyen el lapso de existencia (Minkler, 1985).
No obstante, en sentido general, los individuos que experimentan eventos con
potencial estresante de la vida tales como viudez o retiro tienen más probabilidades de
experimentar un debilitamiento o fortalecimiento de sus vínculos sociales. Eventos
como la viudez y el retiro, traen implícito el cambio de roles. En cualquiera de los dos
casos el abandono de viejas responsabilidades, tipo de interacciones, posición ante la
vida, sentimientos de identidad, etc., afectan al apoyo social.
Al respecto, podría afirmarse que el estudio sobre eventos de la vida ha acumulado
numerosas investigaciones centradas precisamente en como los cambios de
roles afectan al apoyo social. Ferraro, Mutran y Barresi (1984) plantean que dos
modelos conceptuales han sido utilizados, de manera explícita o implícita, por los
investigadores en esta temática:
a) Modelo de la Disminución (decremental model), que enfatiza en la naturaleza
estresante de la pérdida de roles la cual provoca una atenuación del apoyo social y la
ruptura de la identidad. Basado en la premisa de que las consecuencias de los eventos
estresantes de la vida son acumulativos o aditivos, este modelo sugiere que los efectos
de la perdida de roles son más agudos en la edad media y en la vejez.
Este modelo ha sido criticado por su simplicidad. Palmore (citado por Ferraro, Mutran y
Barresi, 1984) ha mostrado que los adultos compensan su pérdida de una forma de
actividad social por aumentar su actividad en otras redes sociales.
b) Modelo de la Compensación (compensation model) de ajuste a eventos de la
vida que sugiere que los individuos intentan alcanzar un nuevo equilibrio personal en
sus redes sociales.
Numerosos estudios (Bock y Webber, 1972; Lopata, 1973, 1979; Pihlblad y Adams,
1972 citados por Ferrari, Mutran y Barresi, 1984) han mostrado que muchos individuos
después de viudos aumentan algunos tipos de relaciones sociales mientras
experimentan un descenso en otros. Así, por ejemplo, relaciones como la participación
en asociaciones formales tiende a ser atenuada, mientras aquellas relaciones que
ofrecen intimidad y apoyo tienden a aumentar. De esta manera, más que concluir que
los eventos de la vida reducen el apoyo social, parece más apropiado concluir que
individuos que experimentan eventos tales como la viudez, compensan su pérdida de
integración social aumentando sus relaciones en otras dimensiones. (Ferraro, Mutran y
Barresi, 1984).
Resulta importante destacar que en la vejez, etapa de la vida en que, como hemos
señalado, ocurren eventos que conllevan a la pérdida de muchos roles, como pueden
ser la viudez, el retiro, etc.,
La salud, no sólo es un producto, sino se erige como
uno de los más importantes recursos para el
mantenimiento y consecución de actividades sociales.
Arling (1976 citado por Ferraro, Mutran y Barresi, 1984), encontró que la incapacidad
física influye negativamente en la habilidad de los viudos para contactar
frecuentemente con los amigos; la simple realidad física, la capacidad de movilidad
y validismo para cultivar y mantener redes de relaciones interpersonales
previamente existentes o fomentar y propiciar otras nuevas, impacta
decisivamente sobre la capacidad de funcionar en los más diversos roles
sociales (amigo, familiar, miembro de una u otra organización, etc.).
A modo de comentario ilustrativo en el contexto cubano, piense solamente
en el número enorme de redes de relaciones interpersonales en que está
inmerso aquel "ancianito" lleno de virilidad, que hace visitas, que se desplaza
por si mismo, que se "hace todas sus cosas". Esta persona deviene no sólo
en abundante receptora de apoyo social, sino que ella misma es una eficaz
proveedora del mismo,... y todo ello a su vez repercute beneficiosamente
sobre su salud.
Los movimientos residenciales involuntarios (al igual que ocurre con los niños)
pueden tener efectos negativos en la salud de los ancianos. Estos movimientos pueden
ocurrir dentro de la comunidad o hacia instituciones, y pueden traer consigo una
disminución del contacto con los amigos y la ruptura con la anterior red social a la cual
estaba integrado, y en consecuencia una disminución y/o variación del apoyo social.
Es importante tener presente que determinadas variables alcanzan una importante
relevancia en este proceso tales como el grado de control de la persona sobre el
evento (si se trató de una decisión suya o en contra de su voluntad), variables
contextuales que median el efecto de la reubicación, elección del nuevo lugar,
satisfacción con el cambio (si el nuevo lugar amplía la posibilidad de satisfacer uno u
otro tipo de necesidades que compensen la magnitud de la "pérdida"), etc.
Schultz y Brenner, (citado por Minkler, 1985) sugieren que la transferencia
cuidadosamente planeada y programas de preparación para la reubicación, pueden
disminuir las tasas de morbi-mortalidad post desplazamiento de lugar de residencia en
tanto logran incrementar el control o percepción del sentido de control entre los
reubicados.
En el caso del grupo etáreo correspondiente a la tercera edad, se adicionan a los
problemas metodológicos de la investigación del apoyo social, el hecho de que en esta
etapa resulta sumamente difícil diferenciar claramente entre los procesos de
enfermedad, los procesos propios del envejecimiento y los resultados de la
enfermedad, o exacerbaciones asociadas con un proceso o evento estresante. Resul-
ta, entonces, un reto aún mayor el refinamiento y los cuidados en la selección y
utilización de medidas capaces de reflejar las dimensiones reales de los efectos del
apoyo social en la salud de los ancianos.
En sentido general, Schultz y Rau (1985) ofrecen algunas sugerencias que resumen el
intercambio de apoyo para el curso normativo del ciclo vital, a partir del uso de tres
categorías genéricas de apoyo (apoyo tangible, apoyo informacional y apoyo
socioemocional) y tres estadíos (adultos jóvenes, edad intermedia y ancianidad).
1-Para los adultos más jóvenes, los padres son la fuente primaria de ayuda
tangible y los amigos son la fuente de apoyo informacional y emocional,
mientras que otros adultos juegan un rol secundario.
2-Para los adultos de edad intermedia, el esposo es proveedor primario de
tanto la ayuda tangible como de apoyo emocional, en tanto los amigos,
colegas y vecinos ofrecen la mayoría del apoyo informacional.
3-En los adultos ancianos, los hijos adultos y la pareja -si aún vive- lo
proveen de la mayor ayuda tangible. El apoyo informacional y emocional es
provisto por una variedad de fuentes que incluyen la descendencia,
organizaciones formales, tales como las religiones organizadas, grupos de
apoyo especializados (Ej. "clubs de viudos") y las amistades.
Por último y a manera de síntesis, la mayor parte de los estudios sobre apoyo social se
encuentran en la población infantil-adolescente y en la población anciana (la "primera" y
"tercera" edad) por razones aparentemente lógicas: se trata de personas que dada su
"indefensión" parecen ser los lógicos tributarios de apoyo social, aquellos que reciben
sus beneficios. Sin embargo, tal como afirmamos al inicio del presente trabajo el apoyo
social no es sólo un asunto de "recibir" apoyo sino que presupone también a aquel que
lo "da", aquel que lo ofrece: De igual manera que los niños y los ancianos al recibir
apoyo lo están brindando, también el adulto ( la "segunda" edad?) al brindar apoyo
también lo recibe,... al margen de que en múltiples momentos también necesita recibirlo
dados los requerimientos del momento existencial que esté atravesando.
Comprender el apoyo social de una forma dinámica, en su relación con el Ciclo Vital
resulta de suma importancia para los que se dediquen al estudio de este importante
constructo.
RESUMEN
Desde su misma definición todo puede hacer pensar que lo esencial en el apoyo social
se refiere al aspecto externo. No puede, sin embargo, afirmarse que la disponibilidad y
efectividad del apoyo social estén sólamente determinadas por el medio ambiente
social. Las características individuales, tanto del que tributa como del que se beneficia
del apoyo, pueden explicar cambios en el proceso de obtención y mantenimiento del
apoyo social y, en consecuencia, de la salud.
Investigaciones realizadas han demostrado que algunas características estables de la
personalidad, como la sociabilidad, la asertividad, las habilidades para intimar con otros,
para ser empáticos, las habilidades cognitivas, los valores y creencias de las personas
(p.ej. locus de control), así como los estados emocionales son aspectos que determinan
la calidad de las interacciones dentro de una red social que explican diferencias entre
los niveles de apoyo social y de salud alcanzados por personas enfermas.
Al hacer referencia a las relaciones entre características de personalidad y apoyo social
en el contexto de la salud humana, es frecuente tropezar con el concepto de
afrontamiento en tanto éste es expresión del papel activo del ser humano ante los
requerimientos de la vida cotidiana. Algunos autores consideran que el apoyo social es
un recurso más que utiliza el individuo para el afrontamiento y la adaptación a
circunstancias estresantes
Por otra parte, la connotación interactiva del proceso de apoyo social permite
comprender al mismo como un proceso de "dar y recibir" (give-and-getting) que se
refiere tanto a las consecuencias que para el receptor del apoyo presuponen los
servicios del apoyo social, como a otros componentes importantes que también ayudan
a definir la calidad y la efectividad del proceso como son el proveedor del apoyo y la
propia relación entre ambos en sí misma. De esta manera, se toman en consideración
tanto las características y necesidades del receptor, como las características y
necesidades del proveedor, y las complejas interacciones entre ambos.
En el marco mas estrecho, la efectividad del apoyo social debe tener en cuenta el
proceso interactivo que se produce entre aquel que lo brinda y aquel que lo recibe. El
nexo afectivo entre ambos, la confiabilidad y credibilidad que uno le atribuye al otro, las
características y experiencias personales de cada cual, así como las similaridades
socioculturales y situacionales entre proveedores y receptores y la forma en que las
mismas se complementan, etc. son formas de expresión de dicho proceso.
Numerosos estudios han demostrado además que las características
sociodemográficas están relacionadas con los niveles de estrés y de apoyo social
Un buen número de estudios establecen una relación entre el apoyo social y el ciclo
vital, planteando de que las necesidades y las características de las redes sociales, y
por tanto de los sistemas de apoyo, varían a través de las diferentes etapas de la
vida. Numerosos investigadores se han detenido en el estudio de las necesidades de
apoyo social de la niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez.
Posiblemente, uno de los aspectos más importantes y útiles para la comprensión
adecuada del proceso de apoyo social, estriba en su condición de proceso sujeto a
cambios a lo largo de la dimensión temporal. Ello se debe a que las particularidades
distintivas de cada una de las etapas de la vida del hombre imponen diferencias pecu-
liares a la expresión del proceso de apoyo social, siendo uno de los conceptos que más
contribuye a la comprensión del proceso de apoyo social a lo largo del ciclo vital el
concepto de rol. El paso del hombre a lo largo de su ciclo vital se caracteriza en lo
fundamental por cambios en los roles, relaciones y conductas y en concordancia con
esto, se producen cambios tanto sutiles e imperceptibles como objetivos y profundos en
el estado de salud, lo cual presupone complejas interacciones en las que está implicada
tanto la salud y la edad, como las relaciones humanas y el apoyo social.
Cada etapa de la vida y cada momento de transición, llevan implícitos cambios en los
sistemas de apoyo de los individuos, en los roles asumidos, en las posiciones
desarrolladas ante la vida, en las exigencias y responsabilidades y, por tanto, cambios
en el individuo mismo y en sus condiciones de vida.
La mayor parte de los estudios sobre apoyo social se encuentran en la población
infantil-adolescente y en la población anciana por razones aparentemente lógicas en
tanto supuestamente se trata de personas que dada su "indefensión" parecen ser los
lógicos tributarios de apoyo social. Sin embargo, resulta de suma importancia abordar al
adulto en toda su dimensión, tanto en su aparentemente "lógica" función de brindar
apoyo, como en sus necesidades de recibirlo.
CAPITULO IV: Apoyo social y salud humana.
IV.I Apoyo social y enfermedad:
Desde los primeros estudios epidemiológicos (realizados antes y durante los años 70)
que trataban desde un punto de vista sumamente optimista de explicar y demostrar la
función de las redes sociales y el apoyo en la salud y el bienestar del individuo, se
sugería que algunas personas estaban o resultaban aparentemente protegidas del
impacto de potenciales desórdenes sociales (desorganización social, rápidos
cambios sociales, emigración) a través de otros recursos también sociales. Estos
recursos han sido calificados de diversa forma, resaltando en última instancia, el papel
de las interacciones humanas en la salud y el bienestar individual: recursos de
resistencia (Antonovsky, 1974 citado por Berkman, 1985); ventajas psicosociales
(Nuckolls, Cassel y Kaplan, 1972 citado por Berkman, 1985) y apoyo social (Cassel,
1976) (Berkman, 1985). El elemento fundamental en común de estos recursos lo
constituyen las ataduras comunitarias y sociales.
A pesar de no existir un acuerdo común en la conceptualización y en las medidas
utilizadas de estos recursos (este sigue siendo en la actualidad uno de los más
importantes problemas en el estudio e investigación del apoyo social como vimos en el
Capítulo II) los estresores estudiados fueron vistos como agudos y los recursos de
resistencia o apoyo social fueron vistos como una amalgama de muchas condiciones y
estados psicológicos, económicos y sociales, lo que permitió llegar así a una primera
conclusión donde el apoyo social era visto como un amortiguador, no teniendo efecto
bajo condiciones de poco estrés.
Producto de la ambigüedad en las medidas y en los resultados de los estudios,
numerosos investigadores insatisfechos (Ej. Jenkis, 1976; Syme y Berkman, 1985,
citados por Berkman, 1985) se propusieron determinar objetivamente qué
características de los fenómenos macrosociales pueden ser productoras de
enfermedad. Encontraron que la carencia de ciertas conexiones sociales, la soledad, la
ruptura de relaciones sociales importantes, etc. pueden tener consecuencias
deteriorantes sobre la salud. También fenómenos como la migración, la movilidad, los
cambios sociales y la urbanización fueron puestos de manifiesto como poderosos
elementos que influyen y desafían la habilidad para mantener ataduras sociales
efectivas y duraderas.
De esta manera, se llega a la conclusión de que las ataduras sociales (o la carencia de
ellas), no resultan amortiguadores per se, sino que pueden resultar estresoras bajo
determinadas circunstancias. En otras palabras, desde esta perspectiva las relaciones
sociales (o la carencia de ellas), pueden devenir tanto productoras de estrés como
promocionadoras de salud.
Estas dos perspectivas; una en la cual las redes sociales y el apoyo son vistos como
amortiguadores y la otra, donde se consideran estresores, no son necesariamente
excluyentes. Dadas las contradicciones inherentes al psiquismo humano, algunos
aspectos de las relaciones sociales pueden resultar amortiguadores del estrés y sus
consecuencias en un sentido, y en otro ser capaces de tener consecuencias directas
negativas sobre la salud; ambas posibilidades en su conjunto pueden formar parte de
un modelo causal de la enfermedad.
Partiendo de estos modelos causales, y motivado por el gran entusiasmo e interés que
despertó el apoyo social como elemento relacionado con la salud y el bienestar del
individuo- y como concepto que parecía ser el "comodín" ideal para explicar el impacto
del estrés sobre la salud- no se hizo esperar el auge de investigaciones y estudios, así
como el incremento en el número de programas de tratamiento e intervención que
intentaban utilizar al apoyo social como ayuda terapeútica.
Esta idea, originalmente centrada en los aspectos causales, se hace con posterioridad
extensiva a cualquier momento del proceso salud enfermedad, tanto en lo referente
a la salud en general como a la llamada salud psíquica o mental, de aquí que los
efectos del apoyo social en la salud han sido examinados en diferentes fases del
proceso: prevención, enfrentamiento y recuperación, estadíos terminales, etc.
Fuertes evidencias se han encontrado para el establecimiento de una asociación entre
salud mental y apoyo en una revisión de estudios realizada por Kessler y McLeod
(1985), en la que sólo se consideraron los resultados de las investigaciones realizadas
con una adecuada metodología:
En los estudios considerados metodológicamente "fuertes", que toman como punto de
pártida cualquiera de las dos hipótesis fundamentales existentes (la amortiguadora y la
de efectos directos), ambas correlacionaron indistintamente con resultados de salud
mental; es decir el apoyo social amortigua el impacto del estrés sobre la salud mental,
pero además, influye en la salud independientemente de la existencia o no de estrés.
Numerosos estudios que comparan población clínicas y población normales parecen
indicar, con cierto grado de claridad, una relación entre carencia de apoyo y serios
desórdenes psicológicos.
Muchos trabajos sobre la depresión clínica y su relación con el estrés y el apoyo social
han seguido la posición de G. Brown (citado por Leavy, 1983) y sus asociados en Gran
Bretaña, quienes han estudiado extensamente los mediadores del estrés y los
desórdenes psicológicos. Estos autores sustentan que a pesar de que muchos eventos
de la vida (estresantes) pueden provocar desordenes psíquicos, existen factores
contextuales que pueden inmunizar a los individuos contra los síntomas o por el contra-
rio, incrementar la vulnerabilidad a ellos, posición ésta que se acerca a la hipótesis de
amortiguación.
Estos autores reportan que en las mujeres el factor más poderoso que media entre los
cambios negativos de la vida y la depresión clínica resulta el hecho de tener una
relación confidencial íntima con un novio o esposo. Las mujeres, sin una relación
íntima, que experimentan estrés tienen casi diez veces más probabilidades de manifes-
tar depresión que aquellas similarmente estresadas, pero que tienen un confidente.
Cinco estudios posteriores sobre depresión en hombres y mujeres (Miller y Ingham,
1976; Paykel, 1980; Roy, 1978; Slater y Depue, 1981; Surtees, 1980 citados por Leavy,
1983) coinciden en que tener una relación confidencial correlaciona con una menor
depresión, aunque el confidente no necesita ser del sexo opuesto en algunos
casos. Otros estudios refieren que la depresión fue particularmente mayor en las
mujeres donde el apoyo emocional e instrumental de los esposos era inadecuado o no
existía (Leavy, 1983).
Esto resulta coherente con lo referido en otro momento de este mismo
trabajo acerca del carácter potencialmente negativo del "apoyo", en tanto no
se trata de la presencia o ausencia del mismo sino de la medida en que su
presencia pueda cumplir con los requerimientos de la situación: una
presencia inadecuada, lejos de facilitar, puede entorpecer el enfrentamiento
eficaz a la problemática presente (Comentario de los Autores).
Un estudio realizado por Turner (1979, citado por Leavy, 1983) investigó el apoyo
social en 103 esquizofrénicos hospitalizados pertenecientes a una zona rural. Este
estudio apoya la sugerencia de que la carencia de apoyo social es asociada con
síntomas y disfunción psicológica: los esquizofrénicos incapacitados (aquellos que
presentaban extremos problemas conductuales tales como mutismo o agresión) no se
diferenciaron de los no discapacitados por el número de hospitalizaciones, variables
sociodemográficas o la cantidad de cuidados recibidos en consulta externa. Sin
embargo, si se diferenciaron radicalmente en cuanto al nivel de apoyo social, donde los
discapacitados tenían menos.
En este estudio, el apoyo fue definido en términos de tener confidentes, estar
satisfecho con sus interacciones de apoyo, y no experimentar un sentido de estigma en
la comunidad. Los pacientes más funcionales reportaron sentirse más satisfechos con
sus apoyos, en cualquiera de las formas de expresión referidas. Resulta sumamente
interesante en este estudio, que la mayor cantidad de confidentes reportados por los
sujetos mas incapacitados son sujetos no miembros de su mundo familiar. Esto resulta
coherente con la idea expuesta en el presente trabajo acerca de que la familia resulta
la mas importante red de apoyo social en que está inmerso un individuo a lo largo de
todo su ciclo vital.
Una interesante investigación realizada por Davidson (1979 citado por Leavy, 1983)
estudió a sobrevivientes de los campos de concentración nazi quienes variaban en el
grado de síntomas postliberación (ejemplo: pesadillas, irritabilidad). Estos sujetos
fueron entrevistados sobre sus experiencias en los campos de concentración y en los
años después de la liberación; y aunque el autor ofreció pocos datos sobre la
metodología utilizada, reportó que aquellas personas que fueron trasladadas
continuamente de campo durante y después de la guerra, y de esta manera fueron
privadas de establecer relaciones emocionales estables y de formar un "sentido de
lugar", experimentaron más síntomas después de la liberación.
Esta idea de "sentido de lugar" ha sido sumamente estudiada en la literatura de apoyo
social, resaltando la importancia de tener un lugar o contexto de referencia, al cual se
pertenece, sea el país, la barriada, el centro de trabajo o estudios, el grupo o la familia.
La pérdida de este referencial puede devenir en uno u otro tipo de alteración
psicológica.
Esto sugiere que, en adición a la depresión y a la esquizofrenia, las neurosis
traumáticas o situacionales pueden estar fuertemente influenciadas por la presencia o
ausencia de apoyo. Otros desórdenes tales como el alcoholismo, desórdenes
ansiosos, dificultades sexuales y personalidad antisocial podrían mostrar patrones o
condiciones similares.
De esta manera, las comparaciones realizadas en el contexto de la salud mental entre
poblaciones clínica y normal claramente indican una relación lineal entre carencia de
apoyo y serios desórdenes psicológicos.
En el caso de la salud física, las investigaciones realizadas no ofrecen datos
convincentes con respecto al carácter causal del apoyo social en la etiología de la
enfermedad. Una revisión de estudios presentado por Berkman (1985) demostró que
las investigaciones realizadas en esta área presentan dudosas metodologías y escaso
control de variables. Sin embargo, Eriksen (1994) revisó la literatura relacionada con el
rol del apoyo social en la patogénesis de la enfermedad cardiovascular y encontró la
existencia de una relación entre ellos.
Ha podido evidenciarse no obstante una importante relación entre apoyo social y la
adaptación y recuperación de la enfermedad física. Estudios realizados (Broadhead
et. al., 1983; DiMatteo y Hays, 1981; Mumford et. al., 1982 y Wallston et. al., 1983
citados por Wortman y Conway, 1985) proporcionan claras evidencias de que el apoyo
social facilita la recuperación de los problemas de salud. Además, un estudio
realizado por Moser (1994) demostró que el apoyo social constituyó un factor
significativo en la recuperación de personas que habían sufrido de enfermedades
cardiovasculares.
Esta relación puede estar mediatizada tanto por los efectos, más directos y evidentes
desde el punto de vista comportamental, del apoyo sobre conductas potencialmente
restauradoras de la salud como por la movilización, de forma menos directa y evidente,
del sistema inmune en la optimización del enfrentamiento del organismo a la
enfermedad. En el caso de las conductas de salud, la información de otros acerca del
cuidado de la propia salud y la potenciación de conductas de enfrentamiento a la
enfermedad pueden influir sobre la habilidad actual y percibida, influyendo sobre el
estado de salud.
La ayuda instrumental -tal como el cuidado y atención de los pacientes en momentos
de menor validismo- puede tener un impacto directo sobre el bienestar de los
pacientes, y la familia de este. La vivencia de sentirse ayudado por otros puede facilitar
en el paciente la motivación para restaura su salud, movilizar sus procesos de
afrontamiento y consecuentemente incrementar el cumplimiento con los régimenes
médicos (adherencia terapeútica) y la adopción de conductas beneficiosas para la
salud.
Sentimientos de pertenencia, autoestima elevada y seguridad engendradas por el
apoyo social pueden ayudar directamente en la recuperación de los enfermos físicos
porque facilita la movilización del sistema inmune (Cohen and Syme, 1985). El apoyo
que induce elevaciones en la autoestima, habilidad para enfrentar y motivación para
estar bien, pueden similarmente ayudar en la recuperación de los problemas de salud
mental en tanto pueden influir directamente sobre el estado cognitivo y emocional
asociado con el desorden o por contribuir a aumentar el cumplimiento con los
régimenes médicos.
Según Cohen y Syme (1985) el rol del apoyo social tanto en la etiología como en la
recuperación, podrían ser en algún grado similares. En ambos casos, el apoyo puede
influir la salud a través de la promoción del cuidado de uno mismo y la promoción de la
competencia inmunológica.
Muchas investigaciones sobre la etiología de la enfermedad se han centrado más en
los reportes de síntomas que ofrecen los sujetos que sobre la patología clínica. Sin
embargo los reportes de los sujetos no pueden ser tomados como medidas objetivas
de la sintomatología de la enfermedad: la conciencia y referencia de sensaciones
internas y el reporte de síntomas no necesariamente representan una correspondencia
exacta con el estado fisiológico actual. El reporte de síntomas está influenciado por una
variedad de factores culturales, sociales, personales y fisiológicos (Cohen y Syme,
1985), entre ellos los procesos de apoyo social.
El apoyo social puede afectar el reporte de síntomas por alterar el estado fisiológico,
o por afectar factores psicosociales. Por ejemplo: el apoyo puede influir en las
percepciones acerca de si reportar mayor sintomatología elicitará el reforzamiento o el
rechazo de los demás. También puede afectar la autoimagen, lo cual a su vez puede
influir en que tipo de síntomas son susceptibles de ser reportados tomando en cuenta
la valoración u opinión de los demás. De esta manera las medidas de síntomas no
pueden ser vistas como medidas directas y propias de patología clínica. Según Cohen
y Syme (1985) en cierto sentido, la evaluación de la asociación entre apoyo social y
enfermedad desde una connotación mas rigurosa, debería incluir nuevas
investigaciones usando medidas más objetivas de patología,... sin que ello pretenda
devaluar la significación del componente subjetivo en el proceso.
Es importante destacar que los estudios sobre apoyo social y enfermedad no se limitan
al componente diagnóstico y explicativo, sino que han tratado de demostrar los
efectos de las intervenciones facilitadoras del apoyo social en aras de restablecer
u optimizar la salud. Aunque hay excepciones y polémicas al respecto (ej. Caplan,
Harrison, Wellins y French, 1976; Spiegel, Bloom y Yalom, 1981 citados por Wortman y
Conway, 1985), la mayoría de los estudios dirigidos al componente interventivo,
restaurador del bienestar, proporcionan claras evidencias que el apoyo facilita la
recuperación de los problemas de la salud (Broadhead, 1983; DiMatteo y Hays,
1981; Mumford, 1982 cit. por Wortman y Conway, 1985).
En un estudio de pacientes que sufren un primer ataque al corazón, (Gruen,1975 cit.
por Wortman y Conway, 1985) se encontró que los pacientes que han recibido una
psicoterapia de apoyo (ej: desarrollo de un interés genuino en el paciente,
retroalimentación positiva, y aliento), permanecen menos días en la Unidad de
Cuidados Intensivosd (UCI), en el monitor cardiovascular y en el propio hospital,
mostraron menos evidencia de fallas congestivas del corazón y arritmias
supraventiculares, y fuern evaluados como portadores de menos ansiedad y con
menos retardo de la actividad en los cuatro meses siguientes a la entrevista.
De manera general en los estudios realizados sobre apoyo social y establecimientos de
vínculos estrechos y comprometidos, las conductas de apoyo no son controladas ni
monitoreadas, por lo que sin tal información no queda claro si las conductas de apoyo
tales como el recordatorio de lo que se debe hacer, el reforzamiento sistemático o
alguna otra en especial, son responsables de los efectos sobre la salud (Leavy, 1983).
Según Wortman y Conway, 1985, otros estudios que especifican con mayor claridad
las conductas de apoyo, son multifacéticos; es decir, muchos aspectos del apoyo son
medidos simultáneamente y se dificulta entonces determinar cual aspecto del
apoyo en particular produjo el impacto en los resultados, o si se trata de una
acción sinérgica donde el efecto de uno solo puede entenderse en función de las
acciones de los otros.
En muy pocos estudios los investigadores han seguido una metodología experimental
(Cohen and Syme, 1985) -a pesar de que esta es un área en que, por razones obvias,
la investigación debe tener una connotación mucho mas naturalística que de
laboratorio-, manipulando varios tipos diferentes de apoyo para determinar cuales son
los más eficaces. Aún en estos estudios, las intervenciones comparadas continuan
siendo multifacéticas.
A pesar de ser mucho menos frecuente su presencia en la literatura e investigaciones
revisadas por nosotros, el apoyo social debe jugar un papel importante en las acciones
de Atención Primaria de Salud (APS): la prevención de enfermedades y promociónde
mas altos niveles de salud. La prevención de la enfermedad, en el caso particular del
apoyo social, implicaría la modificación de las características de "apoyo" del
medioambiente social. Las intervenciones irían dirigidas a la creación de nuevos
sistemas de apoyo social o al fortalecimiento de sistemas ya existentes, ya sea a nivel
macro como a nivel microsocial. Una evidencia de este tipo de intervenciones es la
realizada por Lierman y cols. (1994), donde utilizaron el apoyo social para la promoción
de la autoexaminación de los senos.
Por último, el entrenamiento de los individuos en habilidades sociales que puedan
ayudar a alcanzar, conservar y fortalecer sus propios sistemas de apoyo podría ser una
importante estrategia desde la dimensión individual. Indiscutiblemente, este tipo de
intervenciones resulta sumamente costoso, comparado con las intervenciones que se
realizan después de ocurrida la enfermedad tal y como se postula en la hipótesis
amortiguadora (Wortman y Conway, 1985).
A pesar de ello, Kiesler (citado por Cohen y Syme, 1985) ha argumentado que los
datos existentes no han convencido del todo acerca del hecho de que las
intervenciones de apoyo social resulten un modo efectivo de promocionar salud. Este
autor ha explicado que no sólo son pocas las investigaciones realizadas con una
intencionalidad profiláctica sobre intervenciones desde una perspectiva científica, sino
que también faltan evidencias sobre el impacto de las intervenciones de apoyo social
sobre variables importantes como la reducción de la incidencia de la enfermedad,
disminución de los costos médicos, reducción de la mortalidad, etc.
En resumen, a pesar de lo difícil que resulta su demostración empírica sistemática,
todo apunta al hecho de que el apoyo social juega un importante papel tanto en la
promoción de la salud y la prevención de las enfermedades como en la mejoría,
restablecimiento u optimización de la salud, una vez que ya el individuo enfermó.
IV. 2: Formas de operar del apoyo social.
A pesar del valor concedido, en la literatura, al apoyo social para enfrentar el estrés y
alcanzar mejores resultados sobre la salud y el bienestar, resultan poco frecuentes los
estudios en que se explicitan los mecanismos y las formas en que opera el apoyo
social. No obstante, diversos autores han propuesto diversas formas de operar del
apoyo social:
Cohen y Syme (1985) exponen los mecanismos operadores del apoyo social en el
marco teórico de la hipótesis de los efectos directos:
1.) El apoyo social influye en la salud a través de la percepción que tiene un individuo
en concreto sobre la disponibilidad de ayuda de otras personas ante cualquier evento
estresante que potencialmente pudiera ocurrir, o como resultado de la positiva vivencia
de pertenencia a la red social a la que está integrado.
La percepción de que otros están dispuestos a ayudar puede tener efectos positivos en
el individuo, mediante la elevación de la autoestima y de los sentimientos de estabilidad
y control sobre el medioambiente. Este estado psicológico favorable, a su vez, puede
influir sobre la vulnerabilidad a enfermedades físicas a través de sus efectos en el
funcionamiento de los sistemas inmunológicos y/o endocrinos. De igual forma posibilita
un incremento del sentido de bienestar social y una mayor adaptación al entorno
favorecedor del sentimiento de identidad personal, convirtiéndose en un elemento
promotro de las evaluaciones que pueden realizarse sobre eventos sociales,
potencialmente estresantes, que ocurran.
Los efectos principales del apoyo social pueden propiciarse también -mediante
acciones educativas directas- a través de la incentivación de las conductas que
promueven salud, y la erradicación de aquellas que constituyen factores de riesgo de
determinadas enfermedades como son, una disminución de la cantidad de cigarros
fumados, una disminución del uso del alcohol, y la promoción de la dieta o patrones de
ejercicios (Cohen y Syme, 1985). La pertenencia a un grupo de personas con una
sólida cultura sanitaria facilita la asimilación de patrones y conductas saludables en
cada uno de sus miembros, ya sea por la simple imitación o por la propia instrucción
directa.
2.) La integración a una red social también puede incrementar el sentido de
predictabilidad, estabilidad y control del individuo sobre el medioambiente en
tanto estos elementos permiten reducir la incertidumbre y la ambigüedad acerca de los
potenciales estresores. Las redes sociales proporcionan de esta forma la oportunidad
para regular la interacción social y ofrecer la retroalimentación a fín de permitir la
adopción de roles y conductas apropiadas (Cassel, 1976; Cohen y Syme, 1985) acorde
a las exigencias situacionales. Los estados psicológicos de aquí derivados pueden
influir, así, sobre la salud a través de su influencia en la respuesta conductual y
fisiológica de los individuos.
Saber que se tiene acceso a personas competentes y que ofrecerán la ayuda precisa,
en el momento preciso, y que cuando así no ocurra sabrá qué es lo que se debe hacer,
deviene en un importante elemento facilitador de la salud humana. En otras palabras,
la orientación, retroalimentación y la dirección de otros -e incluso el simple saber que
los otros estarán "ahí" para cuando resulten necesarios- contribuyen a evitar o atenuar
estresores, que de otra manera podrían incrementar el riesgo de desórdenes físicos y
psicológicos.
De manera general, estos autores (Cohen y Syme, 1985) proponen que los efectos
del apoyo social en la salud y el bienestar están mediados por cambios
conductuales, cambios fisiológicos, cambios perceptuales, o algunas
combinaciones entre estas tres alternativas.
Por su parte, House (1981) propuso vías en las que puede operar el apoyo social
dentro del marco teórico de la hipótesis amortiguadora. Este autor explicó que el apoyo
puede reducir la importancia surgida de la percepción de una situación como
estresante, lo que a su vez puede, de alguna manera, "tranquilizar" a los sistemas
neuroendocrino y neuroinmunológico, logrando así que las personas devengan menos
reactivas a la percepción del estrés y de esta manera facilitar conductas saludables
tales como la práctica de ejercicios, la atención de la higiene personal, una nutrición
adecuada y el descanso suficiente.6 Estos efectos beneficiosos se producirán como
resultado de la percepción que tiene el sujeto sobre otras personas y sobre la
disposición de las mismas a proporcionarle ayuda ante cualquier evento estresante que
potencialmente pudiera ocurrir, o como resultado de la positiva vivencia de pertenencia
a la red social a la que está integrado (Cohen y Syme, 1985).
Rock (1984) sugirió que el apoyo social puede operar, al menos, en cuatro vías
diferentes:
1.- Incrementando la motivación de los individuos para enfrentarse con los
6
En estas tres formas, como puede apreciarse, están presentes aspectos tales
como la reevaluación cognitiva de la situación, la disminución de la vulnerabilidad
psicofisiológica y la viabilización de comportamientos saludables, conceptos todos
sumamente utulizados en el área de la Psicología de la Salud.
estresores.
2.- Alterando el análisis cognitivo de los individuos sobre los problemas
actuales y las posibles soluciones.
3.- Generando consecuencias afectivas beneficiosas: tales como reducir la
ansiedad y la amenaza a la autoestima.
4.- Incrementando los recursos para el enfrentamiento (servicios y ayuda
material, proporcionados por la red social a la cual está integrado).
Berkman (1985) sostiene que las redes sociales están relacionadas con el estado de
enfermedad porque estas pueden influir de determinadas formas sobre los
mecanismos biológicos, y de esta manera aumentar la vulnerabilidad del individuo ante
determinadas condiciones. Esto puede ocurrir por diferentes vías:
1.- A través de la provisión de información, servicios y acceso a nuevos contactos
sociales. A una persona que se le explica cual es su problemática de salud (o de otro
tipo) actual, se le brinda información clara y precisa sobre a quién y dónde dirigirse, al
tiempo que se le viabiliza el acceso a las instituciones o lugares autorizados, tiene una
mayor probabilidad de obtener resultados positivos de salud que alguien que no tiene
acceso a estas facilidades.
2.- Ofreciendo provisión directa de ayuda, servicios y ayuda económica o tangible
(independientemente de los servicios médicos-profesionales). A una persona que se le
brinda ayuda para que su hogar se mantenga funcionando normalmente cuando está
enfrentando un problema de salud, o se le garantiza seguridad financiera familiar y
personal, se le están quitando preocupaciones importantes que pueden interferir
negativamente con su salud y bienestar personal.
3.- A través de la integración social a un grupo. Una persona integrada a un grupo
puede asumir las normas y los patrones de conductas establecidos por el grupo con el
fin de mantener su identidad personal y grupal. Estos patrones pueden fomentar la
salud (prácticas deportivas o dietéticas) o perjudicarla (hábito de fumar o ingerir
alcohol).
4.- A través de una vía más directa fisiológicamente. La ausencia de relaciones
interpersonales, y del sentido de pertenencia a un grupo pueden ser experimentados
como sucesos estresantes en tanto tienen un efecto nocivo sobre el psiquismo
individual. Algunos individuos pueden reaccionar ante los cambios en sus redes de
apoyo social, con cambios en el estado psicológico que consecuentemente provocarán
cambios en el funcionamiento fisiológico. El estado psicológico cumple aquí una
función mediatizadora.
5. Las condiciones estresantes pueden alterar directamente patrones fisiológicos,
independientemente de la existencia de cambios en el estado psicológico. Las redes
sociales pueden influir en la susceptibilidad a determinadas enfermedades (Cassel,
1976), (Berkman y Syme, 1979, Antonovsky, 1972 citado por Lisa F. Berkman, 1985) o
pueden afectar el curso de muchas enfermedades a través de múltiples mecanismos.
Cassel (1976) explicó que los factores sociales podían incrementar la susceptibilidad a
la enfermedad en la siguiente forma: Los factores psicosociales influyen en las
reacciones fisiológicas por actuar como signos y símbolos del peligro. Estos símbolos y
signos tienen la propiedad de alterar el sistema neuroendocrino, y por tanto de
incrementar la susceptibilidad a agentes de la enfermedad. Los últimos años han sido
testigos de un creciente interés en esta dirección a la que se añade ahora la significa-
ción del sistema inmunológico.
Desde otra posición, Krause (1987), asegura que el apoyo social no afecta
directamente al estrés. Considera (en aparente coherencia con las teorías cognitivas
que resaltan el papel de la evaluación cognitiva -"appraisal-") que la ayuda y la guía
proporcionada por otros debe ser filtrada y procesada en relación con las
características individuales o intrapsíquicas de la persona estresada. Apunta que una
adecuada comprensión de la forma de operar del apoyo social no sería posible si no se
comienzan a unir las conductas de apoyo interpersonales con las características
intrapersonales del individuo.
En sus investigaciones afirma que el apoyo social amortigua el impacto del estrés
mediante el reforzamiento de la creencia de locus de control. Considera la existencia
de un nivel umbral para los efectos positivos del apoyo social, explicando que más allá
de ese punto, el incremento de la ayuda, erosiona el sentimiento de internalidad.
John Jung (1984), sugiere la existencia de una variedad de mecanismos mediante los
cuales opera el apoyo social. Estos mecanismos, añade, pueden actuar solos o en
combinaciones.
1.- Esperanza y Fe, que puede ser generada en los individuos, gracias a los esfuerzos
alentadores de otros.
2.- La sola presencia física de otros puede activar o estimular al individuo (Zajonc, 1965
citado por John Jung).
Tal vez sería válido señalar que esta afirmación puede operar de diferentes
formas: La presencia de un padre puede incentivar a un hijo a comportarse
de determinada manera en un contexto competitivo o adaptativo, de igual
manera que el mero recuerdo del mismo puede cumplir una función similar
aún cuando esta figura esté ausente por una u otra razón. De igual manera,
el padre puede ser estimulado de manera similar cuando siente que lo que
hace redundará en beneficio de su hijo. En ambos casos, ha estado
mediando una categoría de singular importancia en la literatura psicológica:
los compromisos personales (Lazarus, 1986).
3. La interacción social puede distraer a la persona de elaboraciones cognitivas
destructivas, o de la vivencia excesiva del problema o enfermedad de igual manera
que La demostración de comprensión, puede proporcionarle al individuo un sentimiento
de importancia y así elevar la autoestima, con un beneficioso efecto sobre la salud y el
bienestar.
4.- De igual manera, no se trata sólo de transmitirle al individuo la sensación de que es
apoyado o de tranquilizarlo en cuanto a la magnitud de su problemática;
proporcionarle al individuo el conocimiento de algunas inquietudes (sin una
connotación "alarmista") puede convertirse en fuente de motivación para la realización
de esfuerzos en vías de solucionar el problema.
Ello tiene relación con algo que con frecuencia encontramos en los textos de Psicología
de la Salud, cuando insisten en que el individuo deje de ser un "paciente" (visto desde
la raíz "pasividad") y asuma un rol activo ante el cuidado de su salud, que devenga
responsable ante el mantenimiento, optimización o restablecimiento de su salud (Costa
y López, 1986).
Según Jung (1984), la afiliación puede reducir la ansiedad (Schaefer, 1959) o
proporcionar la oportunidad para la comparación social (Festinger, 1954) cuando el
apoyo viene de grupos de ayuda compuestos por personas que enfrentan una
misma problemática: Resulta mas "creíble" el apoyo que brinda una persona que ha
enfrentado situaciones similares, que el brindado por aquel que sólo la conoce de
referencia o muy indirectamente.
Jung, considera que además de estos mecanismos afectivos-emocionales, el apoyo
social, opera a través de procesos cognitivos, tales como: La información específica,
los conocimientos, las alternativas de solución, y las alertas transmitidas, en tanto las
mismas pueden facilitar el enfrentamiento o la resolución de problemas que desde la
perspectiva del receptor resultan insolucionables. Según este autor, el apoyo social
puede auxiliar al individuo en el momento de realizar interpretaciones de un evento
estresante, logrando que la situación sea valorada como menos dolorosa o más
aceptable.
A pesar de que en algunos momentos, la interacción social puede generar conflictos,
estos necesariamente no tienen que ser destructivos o perjudiciales, sino que por el
contrario, en un lapso mayor de tiempo, resultan beneficiosos, pues ayudan al individuo
a reexaminar metas, valores y principios. Esta afirmación reviste peculiar interés en
tanto apunta al hecho de que el apoyo social no implica sólo facilitar al individuo
soluciones a sus problemas, brindarle ayuda o demostrarle afecto unido a una total
tolerancia, sino que una vía importante de objetivar el apoyo social es poner de
manifiesto las situaciones conflictivas que a la larga pueden tener un impacto negativo
sobre la salud, a la par que se incentiva al individuo a enfrentar su problemática desde
uns postura activa y responsable sin depender única y exclusivamente del apoyo que
se le brinda.
Heller, Swindle y Dusenbury (1986) consideran que el apoyo social influye en la
salud a través de los procesos evaluativos. Sostienen que la actividad social, por sí
misma, no es protectora de la salud, sino como esta actividad es percibida e
interpretada, y que los efectos positivos o negativos de la actividad social dependen de
como las acciones de otros son percibidas y evaluadas (satisfactorias o no
satisfactorias, eficaces o ineficaces, etc.). Estos autores apoyan la idea de Lazarus
(1986) de que las relaciones sociales son procesadas a través de un filtro cognitivo-
emocional que asigna valores tanto a los intentos de enfrentamiento personal como a
la actividad de otros. Las evaluaciones de este tipo ayudan al individuo a determinar
cuando y bajo que condiciones, es necesitada nueva ayuda.
Estos autores, aseguran que el apoyo social puede afectar la salud y el bienestar de
las personas tanto, de manera directa como a través de procesos amortiguadores
Consideran que existen dos componentes claves mediante los cuales actúa
fundamentalmente el apoyo social, estos son: las evaluaciones individuales
fomentadoras de autoestima (basadas en la percepción que tiene el individuo de cómo
los otros lo valoran a él) y las transacciones interpersonales relacionadas al estrés.
Muchos consideran que las valoraciones que potencian la autoestima son más
importantes en el mantenimiento de la salud (Cohen y cols., 1985; Thoits, 1985 citados
por Heller, Swindle y Dusenbury, 1986) que el componente más práctico relacionado
relacionado directamente con el estrés. Según (Kahn y Antonucci, 1982 cit. por Heller,
Swindle y Dusenbury, 1986) puede suceder que aunque la ayuda práctica es muy útil
puede ser ofrecida de "mala gana" o de manera dañina para el receptor. Las
alternativas sugeridas por otras personas, a pesar de resultar objetivamente
beneficiosas, pueden no ser consideradas más efectivas que las soluciones ya
analizadas (Heller, Swindle y Dusenbury, 1986) en dependencia de la evaluación
subjetiva que se haga acerca de la fuente.
Las personas significativas para los individuos distresados pueden
resultar fuentes de apoyo más efectivos cuando controlan o entienden
las reacciones emocionales de sus receptores que cuando tratan de dar
solución a los problemas.
Coincidimos con Thoits (1986) en que cuando la ayuda práctica está combinada
con valoraciones potenciadoras de la autoestima o con una comprensión
empática del proveedor hacia el receptor y viceversa, resulta una condición muy
importante para un enfrentamiento efectivo. Posiblemente sea esto lo que ocurre en
el proceso terapeútico cuando el terapéuta deviene empático en su atención con el
usuario.
Kontrada y Krantz (1987) consideran que los mecanismos a través de los cuales los
factores psicosociales y conductuales están unidos a la enfermedad física son los
siguientes:
1.- Los estímulos psicosociales pueden tener un efecto directo sobre el sistema
fisiológico (el cual sostiene la salud). Este mecanismo abarca los cambios ocurridos en
el organismo sin la intervención de agentes externos tales como el fumar o factores de
riesgo dietéticos. Resulta central en este mecanismo el concepto de estrés, el cual, es
usado, a menudo, para explicar como los eventos medioambientales son traducidos
por el cerebro a través de complejos entramados psicológicos en complejas reacciones
neurales, hormonales y metabólicas que presumiblemente dañan la salud (Baum,
Grunberg y Singer, 1982: Mason, 1972)
2.- Los hábitos y estilos de vida adoptados por el individuo, potenciados en uno u otro
sentido por su pertenencia a determinada red de apoyo social, pueden resultar dañinos
para la salud. El hábito de fumar, el consumo de alcohol, el descuido en la dieta, etc.
son ejemplos de estos hábitos, considerados como factores de riesgo mayor para
determinadas enfermedades crónicas de riesgo para la vida (cáncer, patologías cardio
y cerebro vasculares, etc.) que en su origen tienen con frecuencia determinantes
psicosociales (conductas imitativas, incentivo a comportarse de determinada manera,
etc.).
3.- La percepción que realizan los individuos que componen la red de apoyo social,
sobre los síntomas y las reacciones propias del rol de una persona enferma. Por
ejemplo: Factores psicosociales que contribuyen a retrasar la búsqueda de atención
médica y la no aceptación de tratamientos médicos, ciertamente ponen en riesgo los
resultados de salud.
En síntesis, la inmensa mayoría de los autores coincide en que resulta posible apreciar
que el apoyo social puede operar de las más diversas formas sobre el bienestar y
la salud, tanto desde una forma sumamente objetiva, comportamental, en que se
estimulan comportamientos saludables o se facilita el acceso a los servicios de salud,
como desde una dimensión sumamente subjetiva en que la facilitación del bienestar
personal y el fortalecimiento de la autoestima se traducen en un óptimo funcionamiento
de los sistemas endocrino e inmunológico que hacen al individuo más resistente y
menos vulnerables a la enfermedad.
IV. 3: Aspectos negativos del apoyo social.
La mayor parte de la literatura científica actual dedicada a la investigación y explicación
del apoyo social destaca las propiedades amortiguadoras y/o benefactoras del proceso
en su enfrentamiento con el estrés y en su relación con la salud.
apoyo=algo bueno?
La propia connotación semántica del término, cuya formulación conduce a pensar de él
en términos positivos: contribuye a reforzar la idea de su efecto favorable sobre la
salud. Sin embargo, el apoyo social puede y de hecho asume connotaciones negativas
bajo determinadas condiciones. En otras palabras, aunque ha sido comprobado que
constituye un potente recurso contra el estrés (Caplan, 1974) también se han advertido
consecuencias y efectos negativos del apoyo social en algunos de sus resultados
(Coates y Wortman, 1980 citados por Jung; Suls, 1982 citado por Lazarus, 1986).
El apoyo social no sólo puede dejar de producir beneficios, sino también ante
determinadas situaciones, momento temporal y tipos de individuos, puede constituirse
en una fuente de tensión; generadora de mayor distrés y portadora de consecuencias
negativas sobre la salud y el bienestar.
Variables relacionadas con el apoyo social, tales como; el tipo de apoyo, la cantidad
ofrecida o el momento de proporción pueden engendrar, por sí mismas, y en relación
con otras variables, efectos tanto beneficiosos como dañinos.
En situaciones peculiares de salud, tales como la de ser portador de una enfermedad
terminal, donde la mejoría no es posible, la presencia de apoyo social que no se ajusta
a los requerimientos del paciente concreto, puede ser contraproducente: Las excesivas
expectativas de recuperación -que son fácilmente descalificadas por el paciente, capaz
de evaluar objetivamente, sin muchas dificultades, su precario estado de salud- , el
fomento de falsas esperanzas, la minimización del estado actual, una ayuda mucho
mas racional que emocional, etc. pueden condenar al receptor a la desilusión, a
vivencias de fracaso, a la depresión, a una valoración errada sobre su persona donde
podría culparse a sí misma por su imposible mejora, e incluso a manifestaciones de
agrasividad y hostilidad hacia aquellos que tratan de servirle de apoyo. Esta afirmación
es coherente con algo a lo que nos hemos referido en mas de una ocasión en el
presente trabajo que es aquello que tiene que ver con la importancia de la percepción y
satisfacción individual con el apoyo recibido,... mas allá de las buenas intenciones de
aquellos que intentan recibirlo.
Consecuencias negativas pueden ocurrir porque los familiares y amigos fomentan
seguridad y falsas esperanzas, especialmente cuando es prevenido de seguir
determinados tratamientos y cumplir con acciones positivas (JUNG). El disciplinado
cumplimiento de las prescripciones y el constatar que no se obtiene el efecto deseado
puede devenir sumamente contraproducente y devenir en desilusión y hostilidad hacia
aquellos que tratan de apoyarlo; derivado de ésto pueden surgir sentimientos de
desesperanza que tan negativamente influyen sobre la salud. Algo semejante puede
ocurrir cuando los proveedores de apoyo ofrecen informes erróneos o retienen
información.
Rook (citado por Jung,1984) realizó un estudio con ancianos viudos donde controló las
variables salud, educación y edad. La autora encontró que fuentes de interacción
social, que pueden ser consideradas como negativas, tuvieron una poderosa influencia
-también negativa- sobre el curso y pronóstico de enfermedades físicas en estos
ancianos. Dos estudios adicionales que comparan los elementos negativos y positivos
de la interacción social concluyeron que los elementos negativos resultaron estar más
consistentemente relacionados con los resultados de la salud mental que los
elementos positivos de las relaciones sociales (Fiore, Becker y Coppel, 1983; Rook, in
press citados por Wortman y Conway, 1985).
Es importante señalar que los proveedores de apoyo pueden tener concepciones
erróneas sobre los problemas o tareas adaptativas más importantes que enfrentan los
individuos y pueden errar en la proporción de un apoyo apropiado, por esta razón
(Conway y Wortman, 1985). Esta afirmación se relaciona con el hecho de que al hablar
de apoyo es necesario tener en cuenta "qué" es lo que se brinda como apoyo, cuál es
su contenido y en que medida gratifica las necesidades presentes de aquel que
supuestamente se beneficiará del apoyo.
En situaciones, donde el tipo de apoyo social que es ofrecido no es el que
precisamente demanda la persona necesitada o es ofrecido por una fuente irrelevante
para esa persona, los efectos que producirá esta relación obviamente serán negativos;
y quizás aún más dañinos si el receptor del apoyo no expresa sus verdaderos
sentimientos por temor a lastimar o herir al proveedor de la "ayuda",... con lo que se
enrarece el proceso de interacción social y los efectos, aún sin proponérselo ninguna
de las partes implicadas, pueden resultar sumamente nocivos para la salud y el
bienestar.
El apoyo ofrecido a determinado tipo de personas portadoras de determinadas
características personales (como pueden ser la susceptibilidad exagerada, una historia
personal de haber sido siempre quien tributara su apoyo a los demás, una elevada
autovaloración, una concepción del mundo inflexible en cuanto a la posición de ser
receptor de la ayuda o compasión de los demás, etc.), aún encontrándose
severamente enfermas, puede socavar la autoestima y sentimientos de valía personal
de estas si la ayuda ofrecida conduce a percibirse como una persona devaluada, o a
pensar que los otros suponen que es incapaz de resolver sus propios problemas.
Es interesante señalar que el apoyo social puede adquirir una connotación
negativa cuando las creencias y expectativas del que lo brinda y el que lo recibe
no coiniciden o son francamente contradictorias. Al respecto, Wortman y Conway,
1985, reportaron que la mayoría de las personas saludables tienen conceptos erróneos
sobre como comportarse y tratar con sujetos distresados y se creen capaces de
mantener el optimismo de los enfermos físicos. Las concepciones erróneas (de los
proveedores) sobre los procesos de enfrentamiento a las enfermedades pueden
resultar en conductas inapropiadas y de no apoyo tales como "animar" o "minimizar"
los problemas.
En un estudio realizado por Peters-Golden (1982 citado por Wortman y Conway, 1985),
se encontró que aunque la mayoría de los sujetos saludables reportan la creencia de
que son capaces de levantar el ánimo de una persona con cáncer, los pacientes con
cancér percibieron el "implacable optimismo" de los otros como no auténtico y molesto.
El estudio también reporta que la mayoría de las personas saludables consideró como
perjudicial el hecho de que los pacientes discutieran sobre sus sentimientos y
situaciones, e incluso referían que las personas que lo realizaban estaban menos
ajustadas a su situación. Sin embargo, los pacientes reportaron que se sentían
incomodos por esta prohibición en la comunicación y referían sentirse confundidos por
la suposición de los demás -sin tomar en cuenta sus propios puntos de vista- de que
evitar el asunto podía ser mejor para ellos.
Similarmente, Dunkel-Schetter (1981, citados por Conway y Wortman, 1985),
encontraron que decirle a las personas que " no te preocupes que las cosas van a salir
bien!" o el hecho de "minimizar los problemas y sentimientos de los pacientes sobre el
cáncer", fueron comunmente juzgados como de poco o ningún valor de ayuda por los
pacientes con cáncer estudiados por ellos.
Por otra parte, y en aparente paradoja, House (1981) planteó que algunas conductas
que pueden ser juzgadas como contrarias a la filosofía del apoyo social, porque en
apariencia resultan dolorosas en el momento actual (tales como la retroalimentación
honesta que obliga al paciente a encarar ciertas realidades, a pesar de que las mismas
resulten sumamente impactantes) puede ser beneficiosa posteriormente.
Los proveedores de apoyo pueden carecer del conocimiento imprescindible sobre la
enfermedad del paciente (receptor) y de esta manera los "bien intencionados" deseos
de ayudar pueden resultar dañinos. Alentar a una persona que ha sufrido un ataque al
corazón utilizando comentarios como "tomalo con calma", no sólo pueden ser
fastidiosos al paciente, sino que constituyen consejos médicos errados, porque en
muchos casos la incorporación a la realización de actividades formales es no sólo
deseable y factible (Wortman y Conway, 1985), sino necesaria para el restablecimiento
del bienestar personal.
Conductas negativas como la desaprobación de pensamientos personales, creencias y
sentimientos pueden socabar la percepción de control y dominio sobre el
medioambiente, generar inseguridad, y por tanto, fracasos en los intentos de
enfrentamiento. Este tipo de interacciones, constituye, por sí mismo, una fuente de
experiencias estresantes.
Wortman y Conway (1985) explican que el estatus de enfermo crónico, generalmente
evoca sentimientos negativos en las personas saludables, por lo que los enfermos
físicos encuentran que sus relaciones más importantes y cercanas son aquellas
caracterizadas por elementos positivos y negativos. Bloom (1981) reportó que en el
estudio realizado con mujeres con cáncer de seno, los médicos fueron evaluados, al
mismo tiempo, como la mayor fuente de estrés y la más importante fuente de apoyo.
Dunkel-Schetter y Wortman (1982 citados por Conway y Wortman, 1985) han
encontrado evidencias que indican que los proveedores de cuidados de salud,
miembros de la familia y amigos pueden tener sentimientos negativos sobre
enfermedades como el cáncer que tienen un evidente efecto sobre la existencia del
paciente, su calidad de vida e incluso sobre su imagen física- los cuales pueden
conducir a un comportamiento contradictorio, del tipo aproximación-evitación, cuando
tratan con los enfermos que requieren de su apoyo.
De esta manera, resulta lógico que los pacientes pueden recibir mensajes mixtos en
tanto los "proveedores" de apoyo por una parte, en la superficie intentan estimularlos y
darle confort, sin embargo por otra expresan un repertorio de comportamientos que
transmiten mensajes negativos, fundamentalmente a través de vías no verbales.
Además las conductas realmente positivas evidenciadas por los proveedores de
cuidados pueden ir evolucionando a lo largo del proceso -en ocasiones sumamente
prolongado y complejo- en que el paciente demanda y requiere del apoyo adquiriendo
un carácter mixto en la medida en que el que brinda los cuidados está siendo sometido
al prolongado estrés que se presupone:
A modo de comentario, resulta válido señalar la profunda contradicción a
que está sometido una persona que cuida a un ser querido en estadío
terminal, pero que no sabe cuánto va a durar este proceso -nada sencillo,
por cierto, en tanto no sólo implica la carga física para aquel que tributa el
apoyo, sino la carga psíquica de ver cómo se deteriora progresivamente
aquel a quien se le está dedicando tanto esfuerzo-. Es frecuente en estos
casos que aparezcan pensamientos contradictorios como " lo mejor que
podría pasarle es morirse...!" y al mismo tiempo " pero yo no quiero...!",...
resulta fácilmente comprensible que estas contradicciones no pasan
inadvertidas para aquel que recibe el apoyo.
Los enfermos, por lo regular, se encuentran inmersos en relaciones no igualitarias y no
reciprocas de aquí que la posibilidad de elegir las personas con quien establecer
relaciones se reduce; de esta manera puede estar interactuando con personas (tanto
del ámbito profesional como médicos, enfermeras, etc. como personas de su vida
cotidiana) que no satisfacen sus expectativas y que -por una u otra razón- le generan
malestar. Estas relaciones, de connotación distresante a pesar de su intencionalidad de
apoyo, pueden mantenerse en el tiempo resultando sumamente difíciles de controlar, lo
que puede conducir a efectos nocivos sobre la salud del paciente (Conway y Wortman,
1985).
Diversos autores (Hansson, Jones y Carpenter, 1984 citados por Marcelissen,
Winnubst, Bunk y De Wollf, 1988) también han notado que el apoyo social no es
necesariamente "apoyativo" sólo desde los puntos de vista que hemos comentado en
este epígrafe, sino incluso en lo referente a la medida en que la presencia del apoyo
puede contribuir o no a movilizar al individuo, desde una postura activa hacia el
restablecimiento u optimización de su salud:
Así, por ejemplo, fácil disponibilidad de apoyo puede frenar en el individuo su
motivación hacia el desarrollo de habilidades sociales que contribuirían favorablemente
al desarrollo de su salud y bienestar. En este sentido Suls (citado por Lazarus, 1986)
distingue entre los efectos positivos y negativos del apoyo social en la prevención, el
afrontamiento y la recuperación de la enfermedad, señalando indicadores que -como
puede apreciar el lector adquieren su significación de manera contextual.
Efectos positivos Efectos negativos
Prevención .Reducción de incerti- .Creación de incertidumbre y
dumbre preocupación
.Poner un buen ejemplo .Poner un mal ejemplo
.Participación en los .Creación de nuevos
problemas problemas
.Modelo de tranquilidad .Modelo de intranquilidad
.Distracción .Distracción
Afrontamiento .Etiqueta útil .Etiqueta negativa
.Proporcionar simpatía .Sujeto irritado y resentido
.Información útil sobre .Información engañosa
flexibilidad sobre flexibilidad
Recuperación .Mantener el régimen .Desistir del régimen
.Contraste con la salud .Contraste con la salud
(estimulante) (depresivo)
.Creación del deseo de .Creación de necesidad
eliminar la molestia en el poder/dependencia
sujeto
Es interesante también reflexionar en los efectos a corto y largo plazo del apoyo
social pues una relación de apoyo actual, bien valorada tanto por el proveedor como
por el receptor del apoyo, puede ser muy gratificante en el aquí ahora, pero al no
ajustarse a los requerimientos y exigencias de la problemática de salud, pueden traer
consecuencias muy nefastas a largo plazo.
Así, fácil disponibilidad de apoyo, por ejemplo, puede ser excepcionalmente
beneficioso en un corto período, en estadíos críticos, pero puede estimular a la
dependencia o la pasividad a la larga, si dicha situación se mantiene. Cuando ésto
ocurre, el "apoyo" puede restringir al receptor de asumir una postura activa,
encaminada a la adquisición de habilidades para solucionar problemas y contribuir a su
propio bienestar.
De igual manera, la ayuda ofrecida, pero que considera a la persona un pobre diablo,
un incapaz o un inutil -y que de manera muy sutil, aunque no intencional, se le
transmite a la persona-, también resulta perjudicial, en tanto refuerza sus creencias de
poca eficacia personal, no incentiva ni moviliza al individuo y con ello se ve lacerada su
salud y su bienestar personal.
También resulta sumamente interesante el hecho de que los estudios realizados en
torno a los efectos negativos del apoyo social, generalmente se centran en los efectos
del apoyo para el receptor ignorando las consecuencias del apoyo para sus
proveedores (Pealin, 1985).
La salud y el bienestar del proveedor de apoyo social puede verse afectada de las más
diversas formas: en el desgaste físico y psíquico de una prolongada ayuda a la
persona que reclama su atención, en la disminución y/o abandono de sus actividades
cotidianas, en el disgusto de no ver gratificadas sus acciones con los resultados
esperados, en el "pago" poco agradecido de aquel al que le ofreció su ayuda, etc. En
todos los casos, si somos consecuentes con la concepción del apoyo social en tanto
proceso de "dar y recibir" (give and getting), los efectos negativos del apoyo social
pueden apreciarse tanto en aquel que lo brinda como en aquel que lo recibe.
De esta manera, cuando el apoyo es movilizado en respuesta a problemas de
personas resistentes al cambio y a las intervenciones, los proveedores de apoyo
pueden ser sujeto de frustración, sentimientos de impaciencia, pérdida de poder,
dominio y burnout. Bajo estas condiciones, es probable que cualquier beneficio que
disfrute el receptor será a expensas del bienestar del proveedor.
Queda así demostrado que la mezcla de efectos favorables-no favorables del apoyo
social puede ser apreciada tanto entre proveedores como entre receptores. La
comprensión de esta afirmación sólo es posible desarrollando estrategias investigativas
que abarquen al proceso en su conjunto y a no procedimientos que focalizan sobre una
de sus partes.
Al respecto, coincidimos con Pearlin (1985) en que los efectos del apoyo social son
apreciados de una manera más precisa en investigaciones que se expanden sobre
períodos de tiempo (diseños prospectivos, a los que nos referimos en este mismo
trabajo). Este tipo de diseños permite captar el carácter dinámico y en constante
movimiento del proceso y la apreciación de las diversas consecuencias que produce el
apoyo social sobre todas las partes implicadas,... incluso aquellas que no están
directamente implicadas en el proceso como las personas afines tanto al receptor
como al proveedor de apoyo.
Los familiares de un sujeto que recibe ayuda eficaz en una Sala de
Cuidados Intensivos pueden sentir que pierden o tienen limitada la
posibilidad de ser ellos quienes apoyen directamente a su miembro enfermo
y ésto repercutir desfavorablemente sobre su bienestar emocional. De igual
manera, la consagración de una madre al cuidado de un hijo enfermo puede
contribuir a una mejoría sensible en el estado de salud del mismo, pero
puede afectar muy desfavorablemente a los otros hijos que se pueden ver
privados de la atención de la madre para con ellos, no solo en cuanto a
tiempo, sino también en cuanto a la calidad de la misma: no por gusto en la
atención al niño con cáncer se insiste en la necesidad de implicar a los
hermanos en el proceso terapeútico.
En síntesis, al hablar del apoyo social, es necesario no dejarse arrastrar por la
aparente connotación semántica positiva del término, sino que deben tomarse en
cuenta sus posibles efectos negativos sobre el bienestar y la salud de los individuos
implicados en el proceso.
Resumen.
Los estudios epidemiológicos han tratado de demostrar la relación existente entre la
presencia y funcionalidad de las redes de apoyo social por una parte, y sus efectos
sobre la salud y el bienestar humano por la otra. Esta relación puede apreciarse no
sólo en la etiología de cualquier problema de salud, sino en cualquier momento del
proceso salud enfermedad: la prevención, el afrontamiento y recuperación, los estadíos
terminales, etc.
El apoyo social tiene diversas formas de operar sobre la salud humana y el bienestar,
que pueden estar mediadas tanto por los cambios conductuales, los cambios
fisiológicos, los cambios perceptuales, o alguna combinación entre estas tres alternati-
vas, que se pueden expresar a través de las mas diferentes vías, teniendo uno u otro
efecto sobre la salud y el bienestar.
Resulta, así, posible apreciar que el apoyo social puede operar de las mas diversas
formas sobre el bienestar y la salud humana, lo que puede observarse, tanto desde
una óptica sumamente objetiva y conductual, a través de la estimulación de
comportamientos saludables o la viabilización para la accesibilidad a las instituciones
de salud, como desde una óptica mucho mas subjetiva, en que la facilitación del
bienestar personal y el fortalecimiento de la autoestima se traducen en un óptimo
funcionamiento de los sistemas endocrino e inmunológico, que hacen al individuo mas
resistente y menos vulnerable a la enfermedad.
Por último, a pesar de que por su propia connotación semántica, la formulación del
término puede contribuir a reforzar la idea de su efecto favorable sobre la salud,el
apoyo social -aunque parezca paradójico- no sólo puede no producir beneficios sobre
la salud, sino que ante determinadas circunstancias, ubicación temporal y tipos de
individuos, puede constituirse en una fuente de tensión, generadora de mayor distrés y
portadora de consecuencias negativas sobre la salud y el bienestar,
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