Introducción
Tradicionalmente, a los principios rectores del proceso civil se les ha concebido
como algo de poca utilidad; como un aspecto del derecho procesal puramente
teórico y, por ende, carente de aplicación práctica para la tramitación de los
procedimientos en materia civil: nada más distante de la realidad.
Muchas de las soluciones procesales que cotidianamente se adoptan en los
tribunales de la República, a fin de resolver situaciones planteadas en cada
caso en concreto, justamente son concebidas mediante el empleo de principios
del proceso, los cuales no necesariamente están taxativamente previstos en la
ley. Verbigracia: la posibilidad de disponer simultáneamente varias medidas de
instrucción: comparecencia personal de las partes; informativo testimonial,
peritaje, mediante una misma sentencia. La Ley No. 834 del 15 de julio de 1978
en ninguna parte prevé esta posibilidad; es una aplicación a ultranza de los
principios de concentración y economía procesal que fundamenta dicha
posibilidad; por citar uno de los innumerables casos.
Doctrinariamente se han denominado principios orgánicos o directivos del
proceso aquellos que son propios de un subsistema jurídico en concreto: penal,
civil, laboral, etc. Verbigracia: principio dispositivo, de inmediación, etc. Y, por
otro lado, se han definido los principios constitucionales generales, como
aquellos que se encuentran en la Constitución y aplican a todas las materias,
como los principios de acceso a la justicia, defensa, derecho a recurrir, etc.
La tendencia moderna es desarrollar en la parte inicial de los códigos
procesales, los principios que regirán todo su contenido. Esto así, a causa del
fenómeno de la constitucionalización de los procesos, que fuerza a concebir la
normativa procesal bajo el prisma de los principios y garantías constitucionales
que son consustanciales a la teoría general del debido proceso.
Así las cosas, resulta de extremado interés práctico el estudio de los principios
del proceso civil, al tiempo de crear conciencia en el sentido de que no se
trata de una cuestión aérea, puramente teórica: manejando adecuadamente los
principios se logra agilizar los procesos y, consiguientemente, optimizarlos
significativamente
desarrollo
3.1.1 ¿Qué es un principio?
Un principio, concretamente, es una idea genérica que subyace en el derecho
previsto para ser ley, como derecho positivo, pero forma parte del derecho
natural y, por ende, debe entenderse como componente del ordenamiento
jurídico.
Refiriéndose a los principios, el procesalista Jorge W. Peyrano, ha sostenido:
“Son construcciones normativas de índole subsidiaria, producto de la más
cuidadosa decantación técnico-sistemática de las normas que regulan un
proceso civil dado; no excluyentes, en general, de sus antítesis lógicas o de las
consecuencias de éstas; que contribuyen a integrar los vacíos que presente la
regulación normativa donde ven la luz; pero cuya primera misión
es la de servir de faro para que el intérprete, sea juez, legislador o tratadista, no
equivoque el camino y olvide que toda solución procedimental propuesta debe
armonizar con ellas, so pena de introducir la incoherencia allí donde resulta
más nefasta; es decir, en el ámbito del proceso”1[Sic].
Para ilustrar acerca de lo que es un principio, visto desde la óptica procesal,
reflexionemos sobre el hecho de que no está taxativamente establecido en el
Código de Procedimiento Civil, modificado por la Ley No. 834, un apartado
llamado principio de economía procesal2 ; esa idea genérica se deriva,
concretamente, de los conceptos de justicia pronta, para evitar llegar a la
denegación de justicia, con una dilación innecesaria de un procedimiento; de
concentración del proceso, para lograr con el menor número de actos
sustanciar eficazmente el proceso, etc.; preceptos que – a su vez- encuentran
razón de ser en el carácter justo y útil de la ley: pilares en los que reposa el
principio de la razonabilidad instituido en el artículo 40.15 de la Constitución
proclamada el 26 de enero de 2010.
Modernamente, se estila desarrollar en el frontispicio de los códigos los
principios conforme a los cuales habrá de interpretarse todo su contenido. Así,
el anteproyecto más reciente del nuevo Código Procesal Civil, incluye en su
primera parte los principios rectores del proceso. Asimismo, constituyen
ejemplos de este formato vanguardista, el Código Procesal Penal, el cual
enuncia en sus artículos del uno al veintiocho los principios que rigen ese
proceso; la Ley No. 108-05 sobre jurisdicción inmobiliaria, también prevé los
principios rectores de ese proceso; la Ley No. 136-03 que instituye el Código
para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas
y Adolescentes, por igual.
De lo anterior se concluye que, hoy día, los principios, como ideas genéricas,
pudieran perfectamente estar positivizados en el ordenamiento jurídico, y esta
circunstancia no hace que pierdan su condición de principios, propiamente
dicho. Con lo cual, a diferencia de lo que sostienen algunos autores,
actualmente no constituye una característica consustancial de los principios del
derecho, el no estar incluidos en la legislación positiva: en el derecho moderno
existen principios expresamente previstos en leyes, incluso, en la ley de leyes,
que es la Constitución.
7 El tribunal debe estar establecido previo a la configuración del hecho
ventilado; por imperativo lógico-jurídico dicho tribunal deberá ser afín con la
naturaleza de la cosa juzgada.
8 El primero implica que el juez debe tratar a ambas partes igual, de manera
objetiva. Si el juez estima que respecto de él se verifica alguna circunstancia
que dificulte su imparcialidad, está llamado a inhibirse; si las partes son las
que entienden que dicho juez tiene razones para no ser imparcial, entonces
deberán éstas proceder a recusar a aquél. Por otro lado, el segundo
(Independencia) quiere decir que el juez debe actuar sin presión, con único
apego a su conciencia; tiene dos vertientes: La interna, cuando se refiere a los
estamentos internos del Poder Judicial (Primera instancia, respecto del juez de
paz; Cortes de Apelación, respecto de Primera Instancia; Suprema Corte de
Justicia, en relación a las Cortes de Apelación) y, por otro lado, la externa,
proveniente de órganos externos al poder judicial: Poder Ejecutivo, Legislativo;
de un sector empresarial determinado, etc.
9 Este derecho no es ponderable, conforme al método de ponderación
propio de los derechos fundamentales; irremediablemente los jueces debe
tutelar que las partes estén debidamente citadas, si no lo estuvieren, es
inevitable subsanar esa situación, bien sea reaper turando los debates, si ya
está en estado el asunto; aplazando la audiencia, si está en la fase de
instrumentación el proceso, etc.. Todo ello, en acopio y aplicación,
esencialmente, del artículo 69 de la Constitución, atinente a la tutela judicial
efectiva a un debido proceso.
10 Las partes tienen que tener garantizada su prerrogativa de promover prueba
en el proceso; “alegar no es probar”, ya que “todo el que alegue un hecho en
justicia debe probarlo” . Así, el juez que no tutele este derecho estaría
incurriendo de irregularidades que viciarían de nulidad su decisión.
11 Es vial que las partes cuenten con una vía recursiva para que las decisiones
sean reformadas, si se trata de un recurso de reformación, ante un tribunal
superior, o bien que se retracten, si se tratase de recursos de retractación ante
el mismo juez que decidió.
12 Implica que todas las partes deben tener el mismo trato: si se le da la
oportunidad a una para hacer algo, debe en igual medida dársele a la otra.
13 Es otra vertiente del principio general de igualdad ante la ley, en esta parte
más dirigido al ámbito probatorio: deben crearse la igualdad de condiciones
para que las partes promuevan las pruebas que estimen de lugar.
14 Trata de un lapso justo y útil, dependiendo de la especie. El plazo razonable
no será igual para todos los casos. A nivel internacional se ha dicho sobre el
tema que el plazo razonable dependerá de las particularidades del caso, su
complejidad, etc.; asimismo, serán indicadores de éste las actuaciones del
demandado, si incidente él el proceso, entre otros parámetros para saber la
longitud de un plazo razonable en cada caso.
Que no necesariamente todos los autores autorizados en la materia coinciden
con la nominación de cada principio, ni son congruentes con el número de
éstos: puede ocurrir que unos citen más principios que otros. Sin embargo, en
este capítulo se enunciarán y estudiarán aquellos que han sido más aceptados
universalmente.
No resulta ociosa la aclaración precedente, ya que el estudio de los principios
rectores de todo proceso, constituye un elemento consustancial al derecho
constitucional 15, habida cuenta de que este último es el que funda el
fenómeno imparable, llamado “la
constitucionaliz16ación de los procesos” , que inició en nuestro derecho
nacional en el áre aprocesal penal , y hoy día ha ido impactando otros
subsistemas jurídicos, como es el civil yel comercial.
Los principios orgánicos o directivos mayormente tratados en materia civil son:
1.- El principio Dispositivo; 2.- El Principio Inquisitivo; 3.- El principio de
Autoridad; 4.- El Principio de Contradicción; 5.- El Principio de Moralidad; 6.- El
Principio de Economía Procesal; 7.- El Principio de Inmediación Procesal; 8.-
Principios de Escritura y Oralidad; 9.- Principio de Publicidad; 10.- Principio de
Adquisición Procesal; 11.- Principio de Preclusión; 12.- Principio de
Congruencia; 13.- Principio de Concentración; 14.- Principio de la
Razonabilidad (incluidos por algunos dentro de los principios constitucionales
generales)
Principio Dispositivo: Es aquel conforme al cual, en suma, las partes son las
que promueven las pretensiones que delimitan el poder dirimente de los jueces.
Son ellas las que, en principio, están llamadas a someter a la consideración del
tribunal todo cuanto estimen pertinente para una eficaz tramitación de la causa.
Este principio sufre atenuaciones, ya que el juez tiene algunas facultades
oficiosas que puede ejercer cuando no lo hayan solicitado las partes, o aun
cuando éstas estuvieren en desacuerdo. Por ejemplo, si el juez estima útil para
edificarse sobre la religión del caso disponer la comparecencia de una parte
determinada, puede ordenarlo sin que nadie se lo solicite, porque la ley lo
facultad para ello (Art. 60 Ley No. 834). Igual, no obstante las partes
–todas-estar de acuerdo en que se tramite un informativo testimonial en
materia de cobro de dineros, por ejemplo, si un juez constata que la especie se
trata de un asunto que versa sobre puros actos jurídicos y, por ende, la prueba
por escrito siempre prevalecería.
Existe una gran discusión en la actualidad, a nivel internacional, en relación a si
es recomendable que el juez adopte medidas de manera oficiosa, o si es
preferible que éste sea totalmente pasivo. Pero lo cierto es que,
independientemente de que –en honor a la verdad- la génesis de la tendencia
oficiosa se contrae a normas de origen fascista, la experiencia ha
Un caso muy recurrente en la práctica, en que se incurre en desacato de las
sentencias judiciales, es en materia de familia, específicamente en lo que tiene
que ver con rectificaciones de actas de nacimiento. Con gran frecuencia se ve
cómo Oficiales del Estado Civil se niegan a acatar las decisiones judiciales que
ordenan alguna rectificación, llegando dichos funcionarios extrajudiciales hasta
a mandar al tribunal, mediante la parte interesada, un “papelito” manuscrito,
indicando lo que ellos estiman que debe incluir la decisión; esto así, no
obstante éstos carecer de Jurisdicción y, por tanto, están impedidos de decir el
derecho17.
En aras de dotar de aplicabilidad el principio de autoridad en nuestro derecho,
estimamos pertinente recomendar que nos hagamos eco de la postura
generalizada en el derecho comparado, en el sentido de instituir en las diversas
materias que integran el ordenamiento jurídico, la figura del juez de ejecución.
Con ello se lograría que la autoridad
Las decisiones dictadas por el hoy tribunal Superior Administrativo18, por estar
dirigidas esencialmente a entidades estatales, son las que con mayor
frecuencia se han venido desacatando: Es muy fuerte la costumbre en
nuestro país, de interpretar que el
17 Se registran casos en que tribunales civiles han ordenado la
rectificación de actas de nacimiento y, no obstante, el oficial civil llamado a
acatar la decisión se ha negado a rectificar; por tanto, los beneficiarios han
recurrido, exitosamente, a la vía del amparo para que, bajo astreinte, se ordene
el cese del desacato denunciado y, consecuentemente, se proceda a la
rectificación ordenada mediante imperio judicial.
Este tribunal se llamaba Tribunal Contencioso Tributario y Administrativo, pero
a partir de la proclamación de la Constitución del 26 de enero de 2010, pasó a
llamarse Tribunal Superior Administrativo, reconociéndosele rango de segundo
grado, al tiempo de crearse una jurisdicción de primera instancia en esa
materia. Pero por la precariedad económica que desafortunadamente afecta en
estos momentos al Poder Judicial, todo parece indicar que –entretanto- dichas
atribuciones de primer grado serán endosadas al tribunal de derecho común, el
cual pasaría de ser “Tribunal Civil y Comercial” a ser “Tribunal Civil, Comercial
y Administrativo”. Ejecutivo es el primer poder del Estado y, por ende, se ha
pensado: “quién es el Poder Judicial para decirle al Ejecutivo qué hacer” .
Se trata de una aberración que, Dios mediante, iremos superando.
Principio de Contradicción: Este principio supone que todos los petitorios que
someta una parte del proceso a la consideración del tribunal, debe ser
contradicho por la contraparte. Así, en caso de que el demandante solicite, por
ejemplo, que se ordene un informativo testimonial, necesariamente el juez que
presida deberá conferir la palabra al demandado para que opine al respecto.
De no hacerlo, la decisión preparatoria al efecto dictada estaría viciada de
nulidad, justamente por desconocimiento del principio de la contradicción.
La dinámica del contradictorio se cubre dando oportunidad para que cada parte
opine sobre el punto propuesto. Luego de ahí, entra en la soberana apreciación
del juez volver a dar la palabra a cada una para referirse nuevamente sobre el
mismo asunto. De tal suerte, que el magistrado que esté dirigiendo el juicio
perfectamente tutela el principio que ocupa nuestra atención, dando una sola
oportunidad para que cada parte opine sobre el pedimento de que se trate.
Evidentemente, atendiendo a las particularidades del caso, el sentido común
indicará si es menester o no retornar la palabra para que cada barra replique y
contrarreplique, a reserva siempre de otorgar plazos para que sean ampliadas
las motivaciones sobre cada asunto: Si quien preside el proceso no tiene
prudencia, una de dos: o se quedan puntos sin aclarar por no darse la palabra
nueva vez a alguna de las partes para que explique adecuadamente su
pedimento, o se torna innecesariamente prolongada la audiencia, producto de
alegatos redundantes sobre un mismo punto vicioso; el juez debe ser cauto
para evitar uno u otro extremo. Recordemos el emblemático pensamiento
aristotélico: “La virtud está en el punto medio”.
En la práctica es notoria la confusión de muchos abogados en torno a quién
debe tener la palabra primero en el juicio civil. La tendencia es interpretar,
incorrectamente, que – siempre- el demandante habla primero. Pero lo cierto
es que la prelación en el turno para el uso de la palabra va a depender de la
naturaleza del petitorio que al efecto se esté formulando.
En principio, efectivamente, el demandante debe hablar en primer lugar, ya que
éste es el que está lanzando una demanda en contra del demandado, quien en
una secuencia lógica procesal, debe tener la última palabra para defenderse de
los alegatos desarrollados en la demanda. Sin embargo, no debemos perder de
vista que en la tramitación de los procesos, por norma general, se someten
pedimentos incidentales, o bien medidas de instrucción. Las máximas de
experiencia nos han indicado que en la gran mayoría de los juicios civiles se
formulan conclusiones incidentales.
Por tanto, a la hora de estudiar sobre cuál parte (demandante o demandado)
debe tener prioridad para hacer uso de la palabra, el juez cauto pondera la
naturaleza del pedimento que se esté sometiendo a su escrutinio: siempre un
pedimento sobre una excepción debe ir primero que otro relativo a un fin de
inadmisión y, a su vez, siempre un petitorio sobre un fin de inadmisión debe ir
primero que uno sobre medidas de instrucción.
El quid del asunto es tener clara la filosofía del proceso civil, en lo que tiene
que ver con su trámite: primero se conocen las excepciones, luego los
fines de inadmisión, después las medidas de instrucción y, finalmente, el
fondo.
Así las cosas, en caso de que, por ejemplo, al mismo tiempo solicitan la
palabra el demandante y el demandado; el primero peticiona una medida de
instrucción y el segundo una excepción de incompetencia. En esta hipótesis, el
demandado debe tener prelación en el uso de la palabra: la lógica indica que el
juez debe, primero, revisar su competencia antes de iniciar la instrucción del
caso, que es justamente lo que pretende el demandante con su medida de
instrucción. Igualmente, si en el proceso hubiera una intervención voluntaria, y
al mismo tiempo piden la palabra dicha interviniente, el demandante y el
demandado. La primera pide la nulidad de la audiencia por falta del
correspondiente avenir a todas las partes; el segundo demanda una
comunicación de documentos y el último un informativo testimonial, debe
dársele la palabra en primer lugar al interviniente voluntario, ya que si la
audiencia es nula, procesalmente todo lo demás sucumbe con dicha nulidad: Si
la audiencia no es válida, entonces no están las condiciones procesales para,
si quiera, postular ante el tribunal.
Cada juez debe ser cauto en la administración de este principio, a fin de lograr
el efecto positivo de él, impidiendo que tergiverse su esencia, provocando
laceraciones a la correcta administración de justicia.
Finalmente, resulta de interés destacar que el principio de publicidad se cubre
satisfactoriamente cuando se crean las condiciones de accesibilidad al juicio.
Así, poco importa que en el salón de audiencia hayan o no personas ordinarias
o periodistas en el momento de instrumentarse el caso; con que las puertas
estén abiertas, o disponibles para ser abiertas por cualquier persona en todo
momento, es más que suficiente.
Principio de Adquisición Procesal o de comunidad de pruebas: Este principio
establece que las pruebas son del proceso, por lo que cualquiera de las partes
puede valerse
Así las cosas, en caso de que una parte aporte un contrato, la contraparte
puede perfectamente elaborar argumentaciones a favor de sus intereses en
base a esa prueba escrita. Igual, si un testigo ha sido admitido, la contraparte
que le ha contra interrogado puede válidamente incluir en sus medios de
defensa todas las contradicciones que pudo derivar de dicho testimonio
mediante su contra interrogatorio20.
Principio de Preclusión: Este principio consiste en que cada petitorio tiene su
momento procesal idóneo para ser sometido; y cuando no se hace así, se
cierra la posibilidad de promoverlo. En ese caso, se dice que ha precluido el
momento procesal para someter a la consideración del tribunal tal o cual
planteamiento.
Principio de la Razonabilidad (incluidos por algunos dentro de los principios
constitucionales generales): Este principio nace del espíritu del artículo 40.15
de la Constitución proclamada el 26 de enero de 2010, que a su vez se
encontraba en el artículo 8.5 de la Constitución anterior. Emerge del carácter
justo y útil de ley. Así, la normativa sólo debe disponer para lo que sea de
utilidad, esto es, lo que sea razonable.
Se trata de un principio cardinal para una concepción constitucionalizada de la
norma. En suma, se ha dicho que consiste en llevar a cabo el ejercicio de
interpretación del ordenamiento jurídico, haciendo acopio de las
particularidades del caso, enlazadas con las características de la realidad
histórica en que se esté llevando a cabo la administración de justicia. Así, por
ejemplo, no resulta razonable al día de hoy promover exitosamente una
exclusión de un testigo de suma utilidad para la causa, sobre la única base de
que el objeto de la demanda supera los RD$30.00 que indica actualmente la
norma procesal civil para admitir testigos; o entender que no es posible declinar
un caso de una sala a otra, dentro de una misma cámara, porque la Ley No.
834 exige para que se verifique una conexidad o una litispendencia, que se
trate de jurisdicciones diferentes, etc.
Aplicación práctica de los principios rectores del proceso civil
A diferencia de lo que a simple vista pudiera creerse, el dominio pleno de los
principios rectores del proceso civil coadyuva para una ágil tramitación de cada
procedimiento en concreto, tanto en lo que tiene que ver con los abogados
litigantes, como con los jueces; los primeros para que, en aplicación del
principio dispositivo, peticionen medidas tendentes a agilizar los trámites y, los
segundos, para administrar una justicia pronta y evitar dilaciones innecesarias
que pudieran desencadenar en una denegación de justicia.
Por ejemplo, en el estado actual de nuestro derecho, para que aplique la
litispendencia y la conexidad debe tratarse de asuntos ventilados en tribunales
distintos; pero ocurre que a partir del año 2000, por efecto de la Ley No. 50-00,
en las jurisdicciones divididas en salas, ha sido juzgado que no aplican las
referidas excepciones declinatorias. Por tanto, se ha impuesto que el ingenio
de los litigantes elabore la solución procesal de peticionar la declinatoria, sólo
que absteniéndose de nominarla como litispendencia o conexidad.
Conclusión
Conscientes de que la ley sirve de insumo elemental para administrar justicia,
no debe nunca perderse de vista que el legislador no es capaz, ni es tampoco
su tarea, prever todas las casuísticas posibles. Por tanto, siempre debe formar
parte del acervo de todo letrado, el conocimiento de los principios
constitucionales y principios del proceso civil genéricos (orgánicos o directivos)
propios de cada proceso (civil, penal, laboral, etc.), a fin de encontrar la
solución procesal de situaciones que no estén expresamente contempladas en
los diferentes instrumentos normativos.
El artículo 4 del Código Civil manda a los jueces a decir el derecho aun en caso
de oscuridad o ambigüedad legal, bajo pena de incurrir en denegación de
justicia. Así, constituye un mandato legal el resolver cada caso que sea
sometido al escrutinio de un tribunal de la República; y para ello –
definitivamente- los principios resultan esenciales. Y en casos donde se
verifique alguna antimomia entre dos o más principios, pues entonces acudir al
mecanismo de la ponderación23, conforme al cual, en suma, procede sopesar
cada principio envuelto en la controversia, a fin de decidir cuál debe prevalecer
en cada caso concreto.