ANECDOTAS
En prosa y verso
Gustavo De Jesús López Usuga
DEDICATORIA
Esta obra es fruto del amor, dedicación y el esfuerzo, la
dedico de todo corazón a todos los que han sembrado en
mí la semilla de la esperanza, muy en especial mi adorada
esposa e hijos que tan sabiamente han estimulado estos
sueños, llenos de fe de gratos momentos del vivir
cotidiano.
TABLA DE CONTENIDO
BIOGRAFÍA …………………………………………………….. 8
INTRODUCCIÓN………………………………………………..10
Paseo de juventud…………………………………………………12
El campo, un canto a mi tierra…………………………………….18
El entierro de la curvadel roble……………………………………20
La indiesita solitaria de San Pablo………………………………...30
El fiel amigo……………………………………………………….32
Toñilas y el esqueleto del guayabo………………………………..34
El duende que le salió a mi Papá…………………………………..37
El feroz mohan de Beibaviejo……………………………………..39
Recuerdos ..………………………………………………………46
Navegando en los recuerdos ……………………………………...47
Ausentes …………………………………………………………..48
Idiotas ……………………………………………………………..49
Hay ………………………………………………………………..50
Aquel ayer ………………………………………………………...51
A ellos …………………………………………………………….52
No se por qué ……………………………………………………...53
Nos vamos o nos vamos …………………………………………..55
No te ufanes ……………………………………………………….56
¡Y saber que de todo tenemos! ……………………………………57
La experiencia ……………………………………………………..58
Coplas ……………………………………………………………...59
Así llegamos, igual nos vamos …………………………………….60
Dilema ……………………………………………………………..61
Un cumpleaños …………………………………………………….62
Reflexión …………………………………………………………..63
BIOGRAFIA
Gustavo de Jesús López Úsuga:
Natural de cañasgordas (Antioquia). Nació el 29 de Septiembre de 1.937. De
extracción humilde y campesina. Hijos de Belisario López Higuita y de
Evangelina Úsuga Betancur. Tienen once (11) hermanos.
Desempeño todos los trabajos que se efectuan en el campo.
Sus estudios primários los realizó: primero y segundo en la escuela rural “La
manga” en la vereda la Chuza. Tercero, cuarto y quinto en el Pueblo. Los
secundarios venciendo dificultades los inició en el Liceo departamental
Nicolas Gaviria de Cañasgosdas y los terminó en el liceo departamental de
Jesús en el año 1.963 en Concordia (Antioquia). Los estudios Universitarios
los realizó en la Universidad cooperativa de Colombia, en Licenciatura en
ciencias de la educación con especialidad en administración educativa, en el
año 1.988. Un diplomado en território y paisaje en la universidad Nacional y
un posgrado en educación personalizada de la universidad de Manizales.
El 29 de Diciembre de 1.971, contrajo matrimonio con Martha Isabel
Naranjo Monsalve, de cuya unión hay três hijos: Daniel Fernando, Juán José
y Olga Isabel López Naranjo. Cinco nietos: Maria Camila y Juan Manuel
López Marin, Samantha y Simon López Montoya, y Samuel Valencia
López.
Se vinculó a la educación en el año 1.965 en el corregimiento de Nechí,
terminando su carrera como Director Técnico en la escuela Diego María
Gómez Tamayo, Del municipio de Medellín.
INTRODUCCION
Es de suma importancia hacer notar algunas anécdotas vividas en carne
propia por el autor, que a través del presente texto expone, y donde nos
muestra algunas expresiones en las cuales tienen parte las exigencias de la
sociedad.
Con claridad se pueden observar dos formas completamente diferentes,
donde evidentemente se detecta un lenguaje propio de las regiones
montañosas de Antioquia. Aunque dentro del contexto literario se nos
muestra una forma de estilo que va adquiriendo un matiz de perfección
gradual, convirtiéndose poco a poco en un lenguaje culto.
Algunas partes de la obra hacen referencia a la llamada “Epoca de la
violencia”, donde liberales y conservadores se traban en intensos combates,
que traen como consecuencia hambre, muerte, desolación y desintegración
de la familia, mostrándonos al hombre antioqueño como un luchador,
trabajador y forjador de una cultura difícil de arraigar.
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PASEO DE JUVENTUD (1.957)
DESCRIPCION
¡Oh! Ansiedad de futuras expansiones, que se vivirán en paisajes
Antioqueños, allá donde las crestas centenarias visten sus rizos
blanquecinos, donde el aire fugaz acaricia las felpas con su impulso
lisonjero embriagante de azahar y azul del cielo.
Con esto soñábamos todos los alumnos; en un pueblo al nordeste del
departamento, cuna del novelista Tomás Carrasquilla Naranjo, en los
primeros días de Septiembre en 1.954. Santo Domingo, perfume de lirios y
azucenas, ensoñación de brisas mañaneras y de crepúsculos durmientes en
extraños atardeceres: te llevo en mi recuerdo, porque albergo en mi alma las
idílicas quimeras que ayer viví en tu seno.
Hoy es jueves, mañana viernes, pero... mañana es nuestra excursión verdad,
Bernardo?. Dije a mi compañero y callamos luego. Estábamos en clases y
no era para tratar cosas aquellas. Jóvenes, amaneció y es preciso salir
pronto, para llegar temprano; anunció nuestro profesor Rodrigo.
Deberíamos madrugar, para llegar pronto al lugar escogido y para disfrutar
de las frescas brisas de nuestras montañas. Listas ya nuestras viandas para el
día, y después de tomar un humeante posillo de café, tradición de nuestra
raza, emprendimos jornada a eso de las cinco y media (5:30) de la mañana.
Nuestra marcha fue apresurada desde un comienzo, porque cada uno
deseaba llegar en los primeros lugares. Ninguno de los presentes se fatigó.
Era un día de muchachada, que esparcía por el aire todo su bullicio juvenil.
Por doquier, que lanzábamos nuestra mirada saludaba la fronda mañanera,
y las aves con sus trinos nos anunciaban un día feliz. Día de sublíme
recordación en nuestra vida. Anduvimos un buen trecho, por una carretera
que denunciaba la ausencia de la mano del obrero por varias fechas.
Dejamos luego la senda de rueda, para enrutarnos por el camino de
herradura. Camino poco habitado, pero de una misteriosa paz. Fue un viaje
agradable y sosegado. Íbamos a viaje de montaña, donde se contempla a
plenitud; serenidad y tranquilidad. Esos campos eran más elocuentes en la
solemne locuacidad de aquel silencio, con ese incesante arrullar de fresca
brisa y con ese zig-zag del suave viento que grababa en los ramajes, una
canción al vaivén de mariposas y al unísono susurro de una fuente que no
muy lejos deslizaba sus cristalinas aguas. El día seguía espléndido pero aún
eran las siete (7:00 A.M.) y debíamos caminar una hora más. Todos
embriagados de euforia cruzábamos cañauzales, donde sacudidas por el
viento, al vis-vis de sus hojas, esperaban brindar al labriego el suculento
líquido y así premiar las labores campesinas. Allí un potrero donde como
motas de algodón unas, como azabaches otras; inclinaban sus cabezas los
ganados para asir aquella verde hierba, base de su alimentación. No muy
lejos otro crecido número rumiaba, mientras los lecheros despachaban uno a
uno los hermosos becerros. Siguiendo por la hacienda el “Rosario”
Encontramos potrancas chisparosas, y unos pocos caballos viejos
relinchaban quizá de tristezas pues ya habían perdido lo más común de su
casco, sus zapatos, (herraduras) ya sus amos los tenían arrimados, solamente
parecían esperar el paso a mejor vida, a su morada última.
De este modo sucedía nuestra marcha y muy a menudo nos encontrábamos
con portones que al dejarnos pasar, cerrando luego el paso, parecía quejarse
tal vez de honda tristeza, al ver que abandonado; él que tan frágil se había
ofrecido para facilitarnos el viaje, o de su destino, de aquel igual que
centinela, testigo de extraños viajeros no dejaba algo complaciente, si no al
contrario desconcierto al golpearse constantemente. Uno que otro coleóptero
saltaban de lado a lado esquivando el dejarse ver y celosos que le hubieran
invadido sus dominios de armonía y paz, huían a ocultarse en sus escondites
con suma rapidez. Señor, cuan hermosa y sabia es tu creación, en la cual has
colacado cada ser en su lugar, para luchar en una u otra forma el derecho de
conservación.
Por fin divisamos una casa, donde hombres sonrientes y afables respondían
nuestros saludos reflejándose en ellos nuestra alegría. El sol ya había dorado
los riscos próximos de la hacienda, situada en una amplia llanura, bañada
por musitantes riachuelos, que al correr entre la gramilla semejan serpientes
deslisando su ágil cuerpo entre la maleza. El deseo de llegar a los termales
nos abrazaba y el sudor nos corría, como labradores cuando se empeñen en
sus rústicos pero honrados oficios.
Se nos había adelantado un número de excursionistas con un profesor,
quienes después de habersen extraviado, fingían; afirmando que el deseo de
guarapo los había inducido para alejarse del camino verdadero.
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A poco divisamos el río Nare, que con su enorme bullicio sepultaba nuestras
voces, no dejando entrever la sorpresa al tener noticia de que no estábamos
muy distantes del sitio de nuestro destino. Despúes de un corto descanso
reanudámos el viaje. Un cuarto de horas más y estaríamos en la cascada, el
tiempo que realmente fue el empleado. Fue esto lo más atractivo, de todo
pudimos ver. La cascada sorprendente de hermosura; bella por sus brisas,
que al subir en espiral, parecían rendir culto de adoración al supremo
hacedor. Las gotitas entre-cortadas por los rayos del sol, formaban toda
clase de colores, presentándose muy palpable el arco iris que nos brindaba
su alianza y nos enviaba la humedad salpicante. Ante el rugidor peñasco,
por sus agitadas aguas contemplábamos los árboles milenarios que con sus
ramas llorosas y estupefactas parecían victorear a la cascada y meneando
sus follajes asimilaban la dulzura y ámbar que con la fecunda humedad
recibían.
Perdonad, señores que carezca de expresiones uniformes con el paisaje, que
ahora se ha tornado indescriptible. Admitíd pues mis sencillas frases con las
cuales expreso mi admiración. Todo allí invita a la más sublime ensoñación.
El inmenso cielo azul, que cubre la vastedad de las montañas, el campo
engalanado de esperanza, un sol vivificante que viste sus resplandecientes
rubíes y esa flora incomparable, con multitud de ramilletes estáticos y
embriagados de aromas, peden sus corolas en sus abundantes ramas,
pobladas de aves que con sus cánticos tornan el sitio en sortilegio y al pasar
el cierzo se dejan escuchar los madrigales dejando en éxtasis el alma del
viviente.
¿Quién habrá que no se sienta trasladado al mundo sentimental?, ¿ Quién
que no se sienta su fibra vibrar ante tanta magnificencia?, ¿Quién habrá que
ante tanta benevolencia de Dios, no se sienta un diminuto parásito y rinda
entonces una cálida oración a su señor?. – ahora, estimado lector una casa
solitaria, abrigo del viajero ya en su mayor parte cubierta de inquietas
enredaderas que ensortijadas por las barandas del corredor subían
lentamente por la indefensa pared. En los tejados, las plantas dejaban
entrever sus raíces, unas de ellas en posiciones colgantes semejando
cabelleras encanecidas meneantes al impulso del acariador céfiro.
Las madres selvas, lirios y azucenas lloraban en el huerto sus recuerdos. El
San Joaquín, la Dalila y la Begonia ya estaban muertas. Como no evocar un
recuerdo que humedece a las pupilas por causa de la muda incertidumbre.
¿Qué misterios guardas en tu espaciosa soledad? - ¿por qué se fueron tus
querencias? - ¿por qué me haces enmudecer con tus tristezas, pudiendo
sólamente murmurar aquella inmortal página musical? – Las “acasias”,
retrato fiel de sus cadencias solitarias. ¿No es esto un crimen que naufragó
con el tiempo? - ¿O que una ingratitud de los miembros de tu techo? – la
realidad es muchas veces amarga, y nos empozoña el alma. Realidad que
nos hace llorar a tempestades y estremecer con fantasmas nuestras vidas,
vagando débilmente a la deriva en una mar desconocida. Si se permitiera,
diría: Que la vida es un girón de tiempo que sucumbe en el espacio, ante el
transcurrir constante del pasado hacia el futuro. Pero volvamos allí donde
hubo vida. Donde durmió el ensueño al insomnio del crepúsculo y despertó
con el alba la nostalgia del ayer perdido. Allí donde la esperanza colgó
tantos horarios que el tiempo sepultó en el olvido. Ved sus puertas abiertas
de par en par. Al mirarla parecía decirnos, entrad. Entrad y llena este vacío
que me ahoga. Ellos se fueron, me han dejado sola, voltiaron sus espaldas,
más sin embargo; aquí están listos mis brazos, esperando que regrecen a
cuidarme y a consolarme en mi abandono. En veces las fibras del
sentimiento, parecíanme estar presentes a esté diálogo y ser testigo de la
curiosidad del uno como de la realidad del otro. Creí escuchar lo siguiente:
¿Por qué el enjambre y raudal sonoro
Mustio y callado se han tornado?
Do está la fuente evocación de aroma…
¿Qué se hizo el viviente, si te adora?
La casa parece contestar:
Calla, no hables de seres que ausentes
Tienen el recuerdo en la memoria,
Alegres o tristes tienen la mirada en el presente,
Y nunca vuelven a acordarsen de mi historia.
En este momento llegaba el grupo compacto de excursionistas y al escuchar
la elocuente algarabía los dialogantes guardaron el más profundo silencio.
Entramos a sus corredores y como si se tratara de la nuestra, recorrimos en
un momento todos sus aposentos; en los que encontramos señas de una vida
ausente. Cuadros que lucían en la pared recuerdos de tiempos idos,
colchones, vidrios, botellas, calabazos, collabras o totumas de donde una
mano campesina había tomado alimento y luego la dió al olvido. Sí, todo lo
que se diga reliquias de ayer que llegan a zaherir la memoria
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prorrumpiendo en reflexión. Pero regresamos a la mejestuosa cascada que
son su ruido aterrador espanta a momentos, pero luego con su leve
humareda todo lo convertía en admiración y alegría, haciendo meditar en el
autor de las bellezas naturales.
Después del desayuno fuimos al baño los termales. Allí si que se reflejó la
vida del labrador, en aquel lugar encontramos, plataneras, árboles de yuca,
de café y un segundo Isidro escarvando la superficie de nuestra madre tierra
con un viejo calabozo. Era este señor, a la vez; encargado de administrar los
saludables baños, con un lenguaje tímido, francote y ancho como nuestras
montañas, nos exigió una tarifa de 0.20 centavos para tener el derecho de
usar el baño. El viejito recibía el dinero; abría luego un carriel con riata de
cabuya y en un lugar muy secreto depositaba esos riales conseguidos con
gran entusiamo y honradez. Cantamos, cantamos; contamos chistes,
jugamos y nos divertimos sanamente. Pero faltaba lo mejor del día. Y era el
desenvolver y destapar los almuerzos que estaban envueltos en hojas de
plátano ¡Y que manjares! Gallina, yuca calada al estilo costeño, el arroz en
forma igual y la arepa que como antioqueños no puede faltar.
Para mi gran apetito y satisfacción fui invitado por unos compañeros, a los
que acepté muy amablemente. Pues, si de gallina se trata, me comeré hasta
el pescuezo.
Vamos agregaron. Nos dirigimos por un valle sombreado de arrayanes, al
río; con sus orillas nos sentamos, allí al murmullo acariciante de sus
remansos nos dimos a la tarea de consumir rabadillas. Después de ese
opiparo almuerzo, se presentó un partido de balónpié – cuando se había
hecho mucho ejercicio, descansamos un rato para luego a las cinco y media
emprender el regreso. Llegada la hora todos estuvimos listos como soldados
con gran disciplina. Pero todos debíamos dar un adiós a un amigo que se
quedaba. A ese lugar que conocimos, lugar de dicha y de expansión. Todos
con la mano en alto le hicimos señal de complacencia. El río parecía
comprender la retirada y aumentaba su ruido y a medida que nos alejábamos
lloraba de tristeza. Ya era tarde, hora en que tenía término un día de gloria,
de felicidad, de reunión y de encanto. Hora en que despedimos esa casa que
nos brindó su techo para pasar felices. Habíamos caminado algo cuando
llegamos de regreso a la finca El Rosario; donde tomamos una buena
cantidad de guarapo. Ya el manto de la noche cubría las colinas de aquellas
hermosas alquerías y el sol ocultaba tras las montañas sus últimos rayos.
Las aves nocturnas interrumpían el misterioso silencio al posarse en los
robles con sus arrullos quejumbrosos y con sus aleteos para hacer equilibrio
sobre sus nidos y mimar con sus alas a sus hijuelos.
Todo estaba en paz y hasta la arboleda parecía descansar en un sueño
inocente. La noche había entrado en su plenitud y se nos hacía difícil andar
a prisa; para colmo de malos un nubarrón acarbonado nos infundia tedio, se
oyó el primer trueno y creíamos tener el huracán encima, alargamos el paso,
cae uno allí, otro allá; se quejan de un tropezón, o bien de un rasguñón de
rodillas; con este ritmo acelerado nos habíamos adelantado una parte, se
escuchó una órden y pronto fue atendida; hicimos una corta escala y después
de haber revisado si alguien faltaba, hubo convicción de estar completos, ya
que en ese momento había hecho su arrimo el más resagado.
Se ordenó seguir y pronto pareció verse un pequeño tizón a lo lejos, mirad,
ahí tienes el pueblo dijo un experto, y nos fuimos acercando como en un
sueño, cuando despertamos, “permitidme la expresión” estuvimos en el sitio
denominado el Chispero, a las nueve estábamos en la plaza. La ira de las
nubes seguía. Sentimos caer gruesas gotas de agua; al trote, al trote todos a
una, vamos dijimos; pie en el liceo y el aguacero se entronizó. Con esto
termina mi narración del paseo todos mis compañeros y a mí nos ha dejado
recuercuerdos inolvidables.
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EL CAMPO, UN CANTO A MI TIERRA
Evocación de paisaje, de horizonte ilímite, de chirridos y música
camprestre, donde la encina hunde sus raíces y donde el sauce
altanero desafía al cielo con su fecundo ramaje acariciado por el
viento. Es el campo en cuyo seno, fulgen exuberantes los
encantos campesinos. Donde se habla de un bambuco, que nació
al golpe de un machete y al roce acariciante de un carriel,
viajero incansable… en el pentagrama del tiple montañero y en
tonadas de labriegos, que viaja enamorado el alma en el ensueño.
Es hermoso y humilde. Porque se engalana con el ropaje natural,
adornado de sublime florecer. Allí el crepúsculo huele a flor de
caunce, pero es fugaz y pronto tras las copas de los árboles y
verdes montañas, a las cuales tiñe de un color de oro, va a perderse
lejos, dejando la nostalgia en el valle frío. Las fuentes cual serpientes
desprendidas de los altos riscos, llenan el valle de un rumor
quejumbroso dejando delicadas notas en el aire al sumergirse como
en un sueño entre la selva virgen. ¡Que pletórico escenario!, con sus
empinadas montañas que cargan en sus lomos, la flor del alhelí, del
clavel, el roble y la caoba. El helecho, el musgo y el romero con los
cuales se adornan los altares, las ciudades y ciñen sus cabezas las
reinas y los hombres dignos de la fama. Allí en este paisaje yo miro a
mis abuelos, que allá en la selva, cantaron sus dulces esperanzas.
Soñaron con alondras, la mirla y los gorriones. En ese inmenso
campo en medio de los sueños, forjó la lira un día quedando dulce
arpegio entre la brisa hundido y allí murió mi viejo. Por eso yo a mí
alma la cubro de hojarasca y llevo en mi solapa laureles que me
hicieron sentir allá en la cima, cual condor altanero. Antioquia de
mis sueños, abuelos del paisaje no huyas de mis eras que están
cantando ahora, bambucos de mi tierra; y vuelven a escucharse los
versos de Robledo Ortiz el poeta grande de la raza, por quien solloza
el alma que muere de tristeza al recordar del viejo las trovas y su
canto. Adiós, adiós Antioquia la tierra de Epifanio quien inspiró en
sus sierras, tus valles, tus selvas y profetizó en un himno la epopeya
de un pueblo respetuoso de Dios y liberó en su canto al pueblo de la
dura cervíz.
Salve… salve… mi Antioquia, la cuna de Gregorio; quien con su
canto al maíz ennobleció tu encanto y para muchos otros fuiste su
lucha y su estándarte. Adiós, adiós mi Antioquia, la hidalga, la
bravia, me muero, y en tí eterno me quedo “Eterno en tus entrañas”.
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EL ENTIERRO DE LA CURVA DEL ROBLE
1991
Cuéntase que en la curva del roble, en medio de la selva, hace muchos años
don Crispulo Palacio, arriero y comerciente de la época “1.950” decía don
Remigio Antonio Úsuga: muy antes de éste lugar, compadre; en tiempos de
la violencia me hirieron. Traía unas cargas, entre ellas una de gran valor.
Ante la imposibilidad de llegar a un lugar seguro, pues mis agresores me
perseguían; para acabar de ajustar; se me cae la mula de la carga preciosa,
razón por la cual; me ví obligado a dejarla allí a trece pasos del roble. Usted
pariente se encarga de sacarla si yo muero de este percance que me ha
ocurrido.
No compadre, no sea pesimista; cómo puede señor pensar en eso?... “Virgen
del Carmen”, Dios me libre de ir a ese sitio sabiendo que usted ha fallecido.
Hasta luegüito vecino, sea lo que mi Diosito quiera. Que mi Dios lo guarde.
Pasaron los años y creció la familia de don Remigio Antonio, el viejo
caprichoso, misterioso y cascarrabias. Vivía él de las labores arduas
campesinas a las que agregaba las de cacharrero ambulante y veredal, entre
Medellín, Belmira y Sopetran. Dicen que cambiaba retazos por anillos,
cadenas, aretes, etc. Y cuanta joya de valor en esos entornos bajo sus ojos
caía. Minero en Segovia con su hermano Eleazar, oro que guardaban con
cuidado en sus alforjas dentro de unos botellones fuertes. Muere Eleazar y
ese oro queda en manos de don Remigio, quien en justa ley debía compartir
con otras dos hermanas, pero que empleando su agudeza de mente no lo
hizo, más bien les fue suministrando alimentación, cortes y retazos a
cambio. Entre la familia de Remigio había una hija que se había constituido
en la niña de los ojos del viejo “Remigio” para ella eran todas las
atenciones, los mimos, los regalos y los traídos. Para Anatolia quien era la
niña mimada fueron los presentes especiales y los diálogos confidenciales y
permanentes. Estos tratos crearon ciertos celos en la familia, hasta incubar
cierto odio hacia la heredera predilecta. ¡Ay! Mi niña espere le dijo: Allá en
el roble un señor dejó unas bobaditas enterradas y me recomendó sacarlas si
él moría… Entonces papá porqué no vas a sacar eso?. ¡Ay mijita! Tan
amante a la platica. A la platica no papá, al menos saca esa alma de penas,…
no te parece una buena acción?. Pero luego como si no fuera con él se
disimulaba.
¿Y la curva qué?
La curva del roble es un sitio raro, infunde cierto temor, no se explica uno
porqué. Caminando la vega de sur a norte, se entra en un canelon hondo,
ensolvado. La tal curva es de la convergencia de dos filos que se encuentran
en el píe por donde pasa el camino. Ambas cuchillas estan cubiertas de
monte, lindando con unos potreros. Yendo de sur a norte, se llega a un sitio,
donde el camino da un giro circular, un área de unos cinco metros y una
barranca de tres metros de alto, allí está el roble famoso de los espantos.
Corre cerca una quebrada, sobre un lecho escabroso muy peligroso son las
paredes que rodean verticalmente el cañón, sigue un potrero que se ensancha
hacia arriba, pero este guarda un poco de misterio. Además un vallado
bordea el camino dando un tinte como si alguien se escondiera tras de él.
Los helechos son comunes en el sitio. Aquí a quince metros del roble que
hay?, existe algo?. Siento un poco de miedo acordándome de los momentos
vividos allí y sin poder descifrar nada.
Pasaron los años y de esas joyas, cambio de cachivaches, se le desapareción
un anillo grande y de piedra roja, sustraído por su esposa para la hija mayor,
y hasta el sol de hoy que esas joyas desaparecieron de casa como por
encanto. Se le veía al viejo desaparecer con frecuencia horas de la noche en
dirección a tal sitio. Pero nadie pudo imaginar el motivo de estas ausencias,
máxime si agregamos que para desarrollar su función cacharrera debió pasar
por allí.
Muerte de doña Celia Manco
“Esposa de Remigio Antonio”
Señor, señor… porqué será que las tragedias no avisan cuando llegan y
toman a la victima y a sus duelos de sopetón?.
Doña Celia Manco, mujer campesina, hacendosa, como la que más, de una
reicedumbre inigualable, humilde y con esa mansedumbre al estilo de Job,
atendía todos los requerimientos de su familia, animales y enseres. Sujeta a
un trato esclavisante se resignaba ante la indiferencia odiosa y humillante de
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parte de su esposo. Para ella seguramente fue un gran alivio, la sorpresa que
le llegó.
Cualquier día, día que nunca llegó a imaginarse don Remigio Antonio,
encontró a su señora moribunta, frente de su alacena, de pie ante el fogón,
rústico y de tres piedras, fatigada, pues las jornadas eran largas, desde muy
de amanecer, hasta avanzada la noche, su corazón se agotó no palpitó como
antes, con ritmo, con fortaleza y un desfallecmiento, acompañado de
oscuridad la envolvió y un día murió casí sola. La que fue para todos; guía,
el faro iluminante de problemas, se apagó, se extinguió. Vástago de una
gran familia, muere casi sola. El trato duro, despiadado de don Remigio,
requebrajó la unidad familiar, causando profundas desaveniencias en la
(unidad familiar) estabilidad hogareña. Varios hijos ausentes, no llegaron y
doña Celia se enterró en la más notoria soledad.
Murió también Remigio, años después de su esposa, acontecimiento
ocurrido en la casa de su yerno Pedronel y en brazos de su hija Anatolia. En
sus últimos momentos según sus ademanes le quiso comunicar algo pero no
alcanzo a clarificar nada y se fue con su misterio a la tumba.
No tardó mucho tiempo en empezar sus apariciones en sueños, y muy
frecuentemente a doña Anatolia. Salían los dos vega arriba, el viejo delante,
ella detrás; llegaban a la curva y al pie de un vallado, don Remigio se
agachaba estira sus largos brazos y detrás de unas piedras saca un cofre,
color plateado, le entrega a ella y se alejan manga arriba con dirección a
Sopetrán. Intrigada con estos sueños y haciendo relación a los relatos hechos
en vida por su papá, se comunica con sus hermanas: Eva, Elvia y demás.
Les hace saber sus sueños, a la que le contestaron que realmente el cofre
existió, muy coincidente con el que en sueños veía.
Interrogada de que si era capaz de revivir los sueños e identificar el sitio con
exactitud, dijo que si. Convinieron ir. Salieron el día fijado y caminando
vega arriba, llegaron al peñascal, sitio de cuidado, siguiguiendo por un
canalón llegaron a la curva, la cual identifico inmediatamente, buscó el sitio
y se prepararon a cavar. Inicia el joven Carlos, hijo de doña Anatolia, se
canso pronto, como la mamá no estaba en capacidad de trabajar, Eva quiso
ayudar, pero ¡Oh sorpresa! Trata de trepar la barranca, siente que una fuerza
invisible le hace presión en el pecho, un empujon la hace retroceder y un
ave negra con alas gigantes cubre todo el lugar quedando casí en tinieblas.
Se oyen extraños ruidos, los que obligaron a regresar de prisa, no sin antes
sentir gran asombro y temor. Regresemos cuanto antes, dijo alguien; pero
ninguno de los tres, sí estábamos seguros. Llegaron a la carretera y no se
dieron cuenta ni cuendo, ni como. La distancia de allá es de unos cuatro
kilómetros y en tiempo una hora. Principian las cavilaciones y se concluye
que existe algo raro, fuera de que Eva llegó haciendo cuentas de que ahora
si vamos a comprar el carrito, cosas de mal agüero para esos trabajos. Las
cosas quedaron otra vez en suspenso largo tiempo pero siguen las
apariciones en sueños, hasta que le comunicaron a don Cleofas Ochoa,
personaje amante de aventuras, muy crédulo, atisbador de ánimas y
buscador de entierros. Después de muchos ires y venires, se convino hacer
un viaje, el que se realizó de día, para el efecto se contrato un carro,
equipados de barra y pala salieron a las 7 a.m, se dirigeron con paso regular,
vadeando charcos y pantanos, era época de invierno. Allá llegaron a las once
de la mañana, se descansó un rato e inspeccionaron bien el lugar, a las doce
fue el almuerzo, pasado éste se inició el trabajo. Cleofas era el encargado de
cavar, labor que se hacía con mucha inquietud era de día y por allí pasa la
gente. A las dos de la tarde subieron los lecheros, los que se asombraron al
ver los que estaban en la curva del roble. Se siguío trabajando. A las tres de
la tarde paso un señor que resultó ser el dueño de la finca, lograron
esconderse los desenterradores y el señor gritó: van a tapar el camino? qué
personas sin oficio están dañando esto?, el señor siguió hacia arriba. En
vista que nada se encontraba se resolvió dar por terminada la acción de ese
día y volver en otra oportunidad.
Esa siguiente ida sería de noche. Las mismas personas anteriores, a las que
se sumaron doña Tica y un hijo al que llaman Roncancio José. En esa vez la
salida fue a las cuatro de la tarde, para dejar la carretera a las 6 p.m. y estar
en la curva a las siete de la noche. Desde cuando se llegó se empezó a
escuchar cosas raras, se oía gente alegar, en veces como niños y en otras
como adultos. Se sentía un frio de muerte, tropeles que asomaban a la curva
bajando o subiendo, ruidos a orilla del camino, gritos muy cerca a ambos
lados, llega el tedio, todo el mundo está mudo nadie da señales de vida, para
agregarle al morral, a las diez de la noche, de repente se aparece un
caballero, quien bajaba para el pueblo, el que hizo tragar los cabos a los
animeros y apagar totalmente el candíl, si alguna chispa existía. Don
Cleofas sintió que se mojaba el pantalón y que sus botas se llenaban de un
líquido, un poco tibio, los demás nada sintieron, estaban petrificados.
El caballero freno su táparo y en un alarde de valor y de arrojo, grito: hola!
Señores, a cuya exclamación y en coro, y en forma automática se contestó
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como esta señor. Buscando mina o entierro?. Entierro se dijo. Aquí espantan
mucho. Adiós y siguió. Adios señor, quedando más cabezones que el
mostruo de siete cabezas. Con tal suceso se dieron cuenta que a ninguna
hora se estaba solo ni seguro. Cuando volvió el alma al cuerpo, con esmero
y sigilo se siguió buscando. Un trago de aguardiente decía Cleofas, esto no
sabe a nada, parece agua de nevera, se apaga la luz; se oye el trotar de un
caballo y frenar en la curva del camino, las linternas dan nuevamente luz.
Detrás de donde estan las doñas: Anatolia y Tica observan una sombra que
cruza a la espalda de Cleofas y Chepe. Están, para gritar, pero estos
suspenden por un momento el trabajo oh! Son las doce de la noche, el frio es
intenso.
Qué hacemos?... agua bendita por favor, alumbre allí, traiga la santa cruz,
déme otro trago dice don Cleofas. Que frio tan terrible!, sale la luna
argumenta Chepe. Es de madrugada. En un instante doña Anatolia se quedo
estupefacta y mirando al frente, ve la sombra de su padre, parado, el tal cual
era, cerca al roble un poco arriba, papá dejá de ser caprichoso, ayúdeme por
favor, muestra algo, deja de ser cabeza de mula… la sombra desapareció. Se
trabajó otro buen rato. Son las tres de la mañana, vamos dicen a una. ¡Y que
regreso! Doña Anatolia no podía caminar, hacia un frio que quebraba los
huesos, su equilibrió fallaba, es camino peligroso, bastantes recovecos y
despeñaderos abismales.
En tan critica situación, Cleofas optó por cargar a doña Anatolia a la
espalda, caiga allí y descargue allá, vuelva a subir, otro trago, chumblún aun
charco, agua a la cintura, Chepe cae a un pantano, queda como un cerdo y
mojado hasta el alma.
Alguién nos sigue, se sienten las pisadas, siento el salpicar de la brisa
cuando camina tras de mi, decía doña Anatolia que ya caminaba en la vega,
espere… espere… pasemos por aquí, cuidado se atolla allá, ojo es un
charco, desvié ese tragadal. Ladran los perros en una casa a la vera del
camino, canta un gallo a las cuatro y media del amanecer. Falta mucho?. No
vamos llegando. Que viaje! Por fin llegamos, pareció eterno el viaje, ¿sin
trago? Sin trago dijo Chepe, vamos que diablos tan endemoniados…arraca
hombre que tengo miedo… adiós Remigio…
La cosa no para ahí, sobran bríos, a Dios gracias; hay ilusiones, esperanzas,
hay que volver sin remedio, debemos consultar dice alguien, eso es correcto
y necesario contesta chepe… pero volveremos es la idea de todos. Las
consultas disque dieron resultados positivos. No hay primera sin segunda, ni
cuarta sin tercera, se planeó la tercera ida, estamos heridos nada nos podía
detener. Esta vez lo haríamos de día; esta ocasión fue más tranquila según
Cleofas. Se llegó a las nueve a. m., pasaron los lecheros, el señor Nano
Peréz, quien conoció a don Juan Guzmán cuando jóvenes, compañeros de
vereda y caminos, se intaló una carpa. Después del almuerzo doña Anatolia
hizo siesta. Estando allí, sintió que chepe se acostó a sus espaldasy que
igualmente descansaba, pero Roncancio Chepe había estado trabajando y no
se separa ni un momento de don Cleo. Ese mismo día vió a doña Anatolia,
salir de la carpa y dirigirse hacia la manga, él pensó que iba a satisfacer una
necesidad. Temiendo por su equilibrio, casí manda a chepe para ayudarla a
bajar, pero se arrepintió pensando lo que iría a hacer. Al ir a la carpa porque
llovía; se le pregunto para donde iba y ella dijo: de aquí no salí. Que diablos
es esto?. Esa vez; por que fue amaneceida allá se trabajo de noche, se
escucho el caballo llegar, a don Remigio se oyó hablar, se ilumino la carpa y
sonaron como láminas o huesos. En un sueño que tuvo doña Anatolia, vió a
su papá entregar el cofre, y al tiempo le decía: solamente es esta bobaita, se
le movió de sitio y alcanzó a ver dos alforjas y unas botellas, con algo
dentro, pero no fue más. De regreso bajando muy temprano, los alcanzo un
señor de barba, bastante dicharachero.
Pintó minas, tesoros y espantos por todas partes, estaba abusando de la
credulidad de los que había alcanzado. Mientras esto pasaba en la curva del
roble, los que esperaban en la carretera los tenía hilando menudito una luz
que asomaba a un filo y bajaba dando volteretas hasta cerca de ellos y volvía
arepetir la acción, sin dejarlos tranquilos hasta las tres de la mañana.
Creyendo estar en presencia del divino patas, se arrodillaron a invocar al
señor, rezaron la magnífica y allí están rogando junto con don Remigio le
ayuden a cuidar el entierro de la curva del roble.
Nada se encontró, diferente al caballero bajando a la carretera. El mismo de
antes. No hubo saludo, pero si conjeturas… y este caballero otra vez. ¡eh!
Extraño es esto, la gota llega, vuelve a llegar, pero tanta cantaleta, tanto
misterio me esta quemando los sesos. Llegamos, cámbiese, no hubo agua,
está muy enredado todo eso!. Que señor tan duro!... qué sociedad existe
allí?... pues será la sociedad limitada del patas, contestó alguien. Parece que
son tres entierros encargados a un solo administrador… y qué espera?... será
22
que es destinado a doña Anatolia sola y únicamente?. Habrá que volver?.
Pagará hacerlo?. Es posible?
El orientador se lo trago la tierra. Que hacemos?. Encanto?, confusión,
dasliento; pero… habrá otra oportunidad. Que carajo, no es la última vez,
tranquilo don Remigio, y… pronto a los quience días, se armo la más
numerosa expedición de búsqueda del tesoro de la curva del roble, para que
don Remigio pudiera por fin descansar. El personal constaba de don Juan
Guzma, Jorge el espiritista, chepe, Leonel y Cleofas, llegaron a la vega a las
nueve a. m. y a la cueva del roble a las diez de la mañana. Todo fue más
vago que las otras veces, no se podía ubicar, ni concentrar. Don Jorge llevó
una brújula para mostrar donde estaba el entierro. Pero ni señales, ni que
pan caliente, el aparato era un péndulo loco.
Al medio día empezó a bajar y subir gente, los buscadores estaban
resguardados, tras unos árboles, con tan mala suerte que rodó una piedra, e
hizo trotrar a los que por allí pasaban, no sin antes lanzar unos cuantos
improperios, a quienes en forma sigilosa miraban desde la parte alta de la
barranca. A pesar de las precausiones fueron vistos pero no hubo
contratiempos, no se sabe; si por temor o por precaución. A las doce se
escucho un tropel de un caballo que llegaba a la curva, se suspende el
trabajo y se espera a que pase. Nada ni nadie llega. Cleofas dice a Castor
Julio, observe de este sitio a que pase, y nada. Espera allí, corre a ver si
estaba parado en el sitio hasta donde llegó el ruido y absolutamente nada.
¡Caramba!... “Que vaina”, sigue el trabajo… alguien viene dice chepe.
Cleofas manifiesta: no aflojen piedras que de pronto se nos ruedan y ocurre
un accidente, el murmullo llegó al roble. Se asomaron a ver quien era y
nada. Esto está más enredado que un bulto de anzuelos. Esas
manifestaciones dice Jorge, invoque a don Remigio Antonio, dice Chepe.
Pidale que se manifieste. Este se coloca en posición pensativa, se sienta,
hace algunos ademanes y medita. Al rato manifestó que paso veloz, eso fue
lo único que sintió.
¿Por qué? No lo invitó a almorzar? Dijo en tono sarcástico Cleofas. Al señor
Posada en nada le agrado la chanza y se puso muy seriote. En vez de ir al
almuerzo se dedico a coleccionar piedras muy bonitas que por allí existen.
Esto me deja muy verraco. Cómo es que no podemos notar nada?. Qué
misterio habrá aquí?.el regreso se hizo, sin mucho diálogo y cabizbajos en
razón: a que eran muchas veces de este buscar y nada, se creía que era la
última vez, pues yendo con exorcista, se tenía mucho terreno ganado…pero
una cosa piensa el runcho, y otra el matarife. Ya en Medellín, se despidieron
y cada uno cogió una ruta. A los quience días una entusiasta llamada para
Cleofas. No sabe la HP noticia que le tengo. ¿Qué pasa? Agarró a Remigio
Antonio? Al caballero, o que es lo que me tiene? Se acuerda de unas piedras
que le di a Chepe?. Si dijo Cleo, muélelas y verá que cantidad de oro el que
tiene, bendito oro… Ah! Que ingenuidad hermosa! Más sin embargo la
piedra se molió, se lavó y el amarillo metal no se vió, como tampoco el
minero volvió a dar señales de vida. Si señor estamos verracos, dolidos,
como es que don Remigio, nos huye, nos engaña, nos sigue, se burla,
bravuconea y de ahí no pasa?. Que aprenda a ser más serio. Su papá es un
necio, dice don Cleofas a doña Anatolia. Porqué insiste en un sueño y al
momento no se manifiesta?. Porqué no lo hace? Aunque prive a uno?, o que
hable, grite o se queje, pero que deje de joder; ya casí digo no más, yo
también estoy cansada. Mi papá es un cabeza dura, me estoy incomodando.
No se sabe si la ambición, la curiosida, ingenuidad, alucinación o el llamado
de otro mundo, es lo que mantiene la tenue llama en volver. Erá la última
vez y cualesquier día, sin esperar ni pensar mucho se organizá la que se
considera la última ida, se hace de noche y se llega a las seis de la tarde.
Fueron cuatro los que arrimaron al sitio propiamente dicho: don Juan
Guzman, Anatolia, Chepe y Cleofas, se debía trabajar por parejas. Don Juan
y Anatolia, iniciaron. La otra dupla, se ubicó a prudente distancia, pero
desde donde se observaban, por si acaso se presentaba alguna emergencia.
En un simulacro de carpa, instalada al otro lado de la quebrada, aferrados a
la falda como esparadrapo y desde donde se divisa la curva del roble. En
medio del asombro, la sorpresa y la plaidez reflejada en sus rostros, se
presentaron los de la primera jornada. No soy capaz de permanecer allí,
parece que escucho lamentos, lo siento aquí a mi lado decía doña Anatolía.
Por eso le dije a éste que nos viniéramos. Vaya usted don Cleofas y le ayuda
a don Juan. Pero si esto es para que usted únicamente lo haga. El a mí no me
acepta. No… le rogué que lo permitiera que usted fuera a trabajar y asintió.
Pues si esa es su voluntad iré, advirtió no tener más animos que el de
ayudarlos, y se fueron. Se inspeccionó el terreno, se hicieron mediciones y
se inició el trabajo. Pero… cosa rara. A las ocho de la noche; suben dos
personas a caballo, arriando otras bestias. Los vieron. A las diez un
caballero. Carajo, y esto qué? Me parece tremendamente pantalonudo…
atreverse por este lugar y a esta hora y esto aquí iluminado… ni el patas! De
piedra gorda que se pasaba por entre seis esqueletos que le abrían calle de
honor. No, ni Juan si miedo, quien le ofrecía en ofrenda al diablo, un gato
negro quemado vivo, en la cañada del infierno para conseguir hacerse
24
invisible, ganar amores y dinero en los juegos. Compañero son las doce de
la noche. No pudieron trabajar más. Pareció en esa ida un sainete de locos.
Se oyó de todo, conversar, discutir, sombras pasar, ruidos, gritos; pero sin
determinar el sitio. El sudor corria abunadante. Esto no es conmigo. Casí
rodando se lanzaron. No se acordaron del aguardiente, no hubo obstáculo
que valiera, en medio de un espabilazo, estuvieron en el rancho, adentro,
échese la ruana, cubrase con ese costal… extienda esa cobija, veo sombras,
al frente, bultos negros que nos miran, estoy sudando a charcas, no puedo
dormir, alguien baja o sube… cállese. Un ventarron tumbo el rancho…
petrificados vieron subir sombras, en fila, las que ordenadamenta hicieron
un circulo en la curva del roble. Son las tres de la mañana, vámonos,
vámonos… los buscadores tan precipitadamente se fueron, dejando unas
mochilas que, deben cuidar las ánimas que acompañan a don Remigio
Antonio. La sociedad llegó a la carretera y no supo si a caballo, en el diablo
o en las del angel Rafael. Húmedos hasta el pensamiento y con la promesa
de nunca volver subieron muy apresurados al carro, que los esperaba, sin dar
vuelta atrás.
¡Oh! Ambición la del ser humano y torpe como el cochino, pues cambiadas
las circunstancias, el medio, el tiempo se pensó vivir otra experiencia que no
se la deseo ni al peor enemigo… Ahora si vamos seguros decía don Donald;
nos vamos en el Willys de Don Juan Ramón, si… y ya disque va carretera
hasta estos sitios… pues falta ver, si el bulldozer no se llevo la barranca de
los entierros… Donde vamos a buscar entonces?. Hagamos una sesión,
interroguemos sobre este asunto. Que bien… esa es la palabra. Esta se
realizó. Todo estaba allí, la maquina no desacomodo nada, se organizó el
viaje con brujo a bordo. El carro iría hasta la curva exactamente, aunque
Remigio Antonio se había mostrado reacio a la invocación, salió la comitiva
temprano: tres p.m. paso obligado por el pueblo, parecía un viaje de gitanos,
se llevaba cuanto cachivache se imaginen, carpa, ollas, linternas, lámpara de
gasolina, manilas, cobijas, talismanes, perfumes, dizque para ablandar a los
espíritus y muy especialmente al de don Remigio Antonio y sociedad, el
sujeto ánima, dueño de la situación en la curva. Llegamos a las seis, mucho
visaje, y ese animal que…pasó. Brincó y se perdió en la curva. Compañeros:
vienen dos personas, bajan uno mayor y uno joven… van en busca de una
panela, se les agotó y no alcanzó a ir al pueblo. Luego un poco de
tranquilidad, se armó la carpa, se hiecieron los rituales, y nos disponíamos a
comer. Cuando… se nos desmayó la bruja… estamos en apuros, pedimos
auxilio al mentalista don Donald, y manifiesta estar completamente en
blanco. Don cleo pide calma, se prenden velas benditas, se organiza el
crucifijo, se arroja agua bendita en el sitio y se normalizó un poco la
situación. Estaban comiendo, cuando se aparece un señor, habla hasta por
el… dice ser guerrillero… ahora sí se compuso la carga, se le ofreció
comida… comió y casi no se va…llega la buena, se aparece don Remigio
enojado… recrimina a su hija por la mucha gente, se habla de repartición,
por mitad, iguales partes ¡Que tristeza! Repartiendo lo que no se tiene aún.
Esta fue la perdición. Hubo discusión… al fin se fue a trabajar. Vamos al
cofre dijo alguien, precisamente se empezó a cavar… el golpe raro…
cuidado que lo tengo dijo don Donald y golpeaba el cofre con los nudillos
de los dedos, con cuidado, con cuidado muchachos… vienen dos personas
abajo en la travesía, dice la bruja maga con ruanas blancas, escóndanse, nos
escondimos, no paso nadie; y cuando regresamos no se encontró más que
dos piedras… llega el desconcierto. Alguién dice baja mucha gente, cual
gente dice don Cleo, nos están engañando, nos confundimos, nos
asustamos…don Donald haga lo que usted sepa para saber que hacemos,
asustados pronuncian oraciones. Desarmen la carpa que nos debemos ir,
estamos en peligro. Alcanzo a ver gentes que nos espían, lo más pronto
posible. Vámonos… como pudimos desarmamos la carpa. Hoguera y de lo
asustados, no podíamos enrollar las cosas, de modo que cupieran como
cuando íbamos. Suba al carro, esto es muy peligroso, me voy caminando
decían unos. El carro se apaga, empuje, empuje… vuelve a prender…
pasamos por el peñasco, donde cuando íbamos casí nos vamos al abismo, y
no nos percatamos siquiera. El camino que nos gasto tres cuartos de hora, a
la ido nos pareció que lo anduvimos diez minutos, observa esa luz ahí,
cuidado que vamos llegando al pantano… cuál pantano?... estamos en el
pueblo. Cómo?...quién nos trajo? Pues adivínelo, pudo ser Dios, que nos
miro con ojos de misericordia, o el mismo patas que nos traía, en su lomo,
porque el tiempo gastado no es el normal. Nos agarro un miedo que aun se
me traba la mollera y veo cosas raras, escucho voces de toda laya y me
quedo ensimismado y cuando vuelvo en sí, estoy bañado en sudor frio y una
rigidez y palidez que parezco un muerto de ocho días ¡Ah! Señor líbrame de
toda aventura igual… no la soportaré, decía Cleofás.
Aquí termina “El cuento de la curva del roble”, aunque se dice muy
frecuentemente, ver a Remigio Antonio que se pasea de lado a lado,
impaciente, esperando que alguien se arriesgue a rescatar el tesoro que él
dejó entre vallas y tremendos capoteros, cuidado por el “Divino Patas y
empeñada su alma quién sabe hasta cuando”.
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LA INDIESITA SOLITARIA DE SAN PABLO
En lo más profundo de la selva, entre roble, chaquiros, comino y mil
variedades más, entre barranca, la horqueta y el morro San Pablo; existe
como suspendida en la pendiente un plancito que simula una meseta
circular, donde la vegetación no se ve por ninguna parte. El círculo tiene un
diámetro de 6 metros aproximadamente y en su punto medio se nota otro
molde de forma cuadrada de un metro por cada lado. La gente hace tiempos
ya hablaba de un asentamiento indígena en estos lugares. Llendo de cacería
porque dicen que existen buenas piezas, los perros parecen levantar el
animal, salir corriendo y después de muchos rodeos, de un momento a otro,
ver una viejecita delante de los perros y llevarlos hasta el círculo en
mención. Allí la indiesita se pierde y los chandosos no pasan de la orilla del
círculo. Lo intentan y cuando ponen sus patas en el límite, saltan como
quemados por una brasa aullando y una cortina de humo se levanta
cubriendo el sitio de misterio.
Al viejo Tomás Perez, lo sorprendieron las tinieblas allí en una de tantas
correrías y como no pudo regresar tuvo con gran temor pernotar al pie de un
enorme roble. La noche no fue muy azarosa, sólo que muy tarde de la
noche, escucho unos tambores, sonora música y algunos gritos. Cosa rara. Y
el roble lo vió cargado de hermosas frutas amarillas como el sol, pues sus
ojos no resistían el resplandor. Trato de salir y vió un grupo de indígenas
que danzaban, llevando en andas una reina indígena y su gran cortejo. ¡Eh!
Que sueño tan fantástico el que he tenido; se dijo. Pasaron las horas y llegó
la mañana, se retiro de donde estaba, unos cuantos metros hasta una fuente.
Cuando se refrescaba la cara en un charco cristalino, vió allí en el fondo una
india encorvada, que le ordenaba retirarse. Ladraron los perros, fue a su
aviso, y vió en el circulo una choza o bohío iluminado por el sol, en el
corredor una india sentada, en posición de estar tejiendo una manta. El ruido
de sus pasos, la puso en sobreaviso. Al verlo le dice: Qué hace usted por
aquí?. Aquí estan mis antepasados, yo los guardo, nadie puede traspasar esa
línea sin tener un eminente riesgo. No! Mi viejita, no puedo moverme, me
siento incapaz. Mire al suelo, mire sus píes; y se encontró parado sobre unos
bloque amarillos, tan sujeto a ellos, que no se podía mover. No blasfemes
porque te perderás, has irrespetado este lugar, más no tienes la culpa. Solo
que te iras cuando mi jefe lo ordene, pídele a tu jefe, Dios o padre que me
libere de estas ataduras. No busco riquezas, solo andaba de cacería. Esto te
ha beneficiado sobre manera. Mira atrás le dijo, lo hizo… mira acá, y al
hacerlo se encontró solo en medio de la selva, sus perros ladraban a sus
espaldas, los siguió, y los sacaron hasta la trocha llamada del indio y así
logro regresar a casa, sin pieza de caza, si oro, pero con esta maravillosa
historia!. Escuchada esta narración henchidos de entusiasmo y ambición; se
organizó una excursión para buscar el sitio, fuera como fuera se volverían
ricos, decían los de la empresa. Ocho días estuvieron en la selva perdidos y
tuvieron que regresar más pobres y preocupados que antes, agregando que
ese viejo los había engañado y burlado de ellos.
A muchos les ha pasado lo mismo, pero cuando van desprevenidos y en
otros menesteres de un momento a otro se topan con la choza y la indiesita
en un abrir y cerrar de ojos desaparece. Esto es raro verdad?.
28
EL FIEL AMIGO
Y… aquel que estaba allá en a playa, al desemboque del camino real, con
tremenda tormenta que le habrá sucedido. Pues comadre Candela, el arroyo
es mal consejero, y perdición o fracaso de muchos prójimos. La crecida del
río es evidente, no se puede negar que don Fabricio está en peligro con ese
torrencial, aseveró don Lucas. No más terminado el comentario bramó la
borrasca en la parte montañosa, llevando consigo piedras inmensas, lodo y
troncos de toda clase de maderas, camuflados en un mar de ramas y
hojarascas. Qué decir de Sultán su perro, el amigo fiel!...Oh Dios! Que no
ocurra nada terrible. En el sitio aquel, el posible náufrago y su fiel amigo
dormían a pierna suelta, sin sospechar lo más mínimo, la sorpresa por llegar
al profundo charco; una cuadra arriba, llamado el “El remolino de las siete
zambullidas”, llegó donde en un profundo sueño perro y amo estaban
ausentes de tremenda sorpresa, la cabeza de la mortífera borrasca. Allí se
sumergía y se sobreaguaban victimas de toda clase. No hubo forma de dar
aviso, era imposible. Dejémoslo todo en manos de Mi Diosito. Sí señor llega
la avalancha, cubre el rancho, el perro ladra de horror y no quiere abandonar
su amo; éste parece muerto no existe explicación, si es de miedo, o que el
sueño es tan paralizante que ni la muerte lo despierta. Cede la casucha y es
llevada como un papel por la corriente.
Ni perro, ni amo han salido de esta trampa, en la que se ha convertido su
cotidiano albergue, sigue ladrando el animal, el rancho se zambulle, se
despierta el amo, impotente, aterrado, no sabe aún qué pasa, cree seguir
soñando, siente que alguien lo hala de una de las mangas de su pantalón, se
encuentra en medio de muchos animales que giran a su alrededor. El perro
lo hala aún, el hombre vuelve en sí y en su primera impresión lleno de tedio
se va al fondo absorbido por fuerte iman; Sultán lo sigue y lo agarra de una
mano, hace un esfuerzo sobrehumano y logra izarlo en la superficie, pero
¡Oh! Suerte la del viejo Patricio! Va para otra zambullida, pero a propósito
sobreagua una raíz enorme y hombre, y perro se agarran como garrapata
hambrienta a ella, galopa y se tambalea como caballo chúcaro… Ay! Si se
sueltan…no habrá la más mínima esperanza de sobrevivir. En tan trágicas
circunstancias, luchan más de tres cuadras rio abajo. Están por llegar a una
palizada, para luego desprenderse por un salto de más de quince metros
cuya fuerte corriente al despeñarse y su masa de agua; seria capaz de
destruir a un mostruo. El perro gruñe y ahulla, el amo está para desfallecer,
es un momento crítico. El tronco se orilla y se estrella contra una barranca y
los improvisados marineros salen disparados como proyectiles y ganan
tierra seca. Él amo está inconciente, el perro herido una pata delantera, se
está en el momento más azaroso, aunque en lugar seguro. El amo queda
enfermo, lucha en vano durante tres meses contra fríos y fiebres, el can a su
lado se mueve en tres patas sanas, la otra la perdió. Don Patricio come cada
día menos, emperora día a día. El chanda amigo se impacienta cuando su
amigo no come, ladra y parece decirle, en forma de ruego; come que vas a
morir. El pobre enfermo no se sobrepone, su gripa a causa de la mojada se
convirtió en neumonía y después de muchos sufrimientos; expira a los tres
meses, un viernes solo con su amigo. Sultán da aviso a sus vecinos con sus
aullidos, ladridos y visitas a los ranchos vecinos. Lo entierran el sábado en
la más elocuente soledad, su amigo fiel queda en la tumba, de allí no se
separará jamás, y muere igual que su dueño a los tres días.
Allí terminan amo y perro, dando testimonio de fidelidad de amigo sin
tacha.
30
TOÑILAS Y EL ESQUELETO DEL GUAYABO
En Uramita zona rural; existen ciertos lugares que por sus aspectos
excepcionales y por la historia que de ellos se relatan ponen a temblar y a
palidecer hasta el más sonrosado Fulano que se aventure por allí.
Saliendo del pueblo hacia el sitio de este relato, se debe pasar por el barrio
Santa Ana (antes barrio cagao o arrecho, por lo sucio, hediondo y alegre de
sus habitantes) y sigue por la orilla derechade la quebrada la “Encalichada”
hasta poco más arribita, donde en la violencia asesinaron a más de quince
liberales y los dejaron en la enorme raíz de un caracol. Arriba de este lugar
existe un puente que permite cruzar la quebrada y seguir por su lado
izquierdo, hasta los famosos encuentros, asiento de una casa y donde se
bifurca el camino. Toñilas que es el personaje en mensión y digo que es;
porque aún vive, es un hombre de pantalones que nadie le hacia cambiar de
opinión cuando algo se le metía en la cabeza. Una vez bebía como de
costumbre aguardiente en el pueblo en el bar de la bomba. A las diez y
media de la noche, picado por el gusanillo del valor, le dió por irse a estas
horas. No se vaya compadre, no se acose la vida, de las carreras no queda
sino el cansancio le decían los compadres. No hubo ruegos que valiera para
persuadirlo, que no se fuera, que estaba muy jalado (borracho), que el
camino era peligroso, que de pronto se rodaba o que lo asustaban. A mí
compadres; no me asusta ni el diablo, yo soy muy berrraco, además tan feo
que soy. Que más que mi presencia no espanta al espanto? Y si acaso se
enamoran de mí y me sale uno con platica, me saco el entierro. Harta plata
necesito, para el guarapo y tapetusa.
Partió pues envalentonado por sus tantos aguardientes entre pecho y
espalda, más otra botella de reserva. Salió que atajaba pollos, calle arriba. Al
salir de barrio sucio, se rasco la testa, vaciló, pero siguió. Paso por el
caracol, llego al puente; lo cruzó y le dió por pegar un grito. A mi no me
asusta nada, ni nadie, salga quien quiera, que a mi no me tiembla el trasero
por nada. Él que acababa de pronunciar tamaño desafio, cuando le contestan
encimita, en un recodo del camino, pero solo un grito normal. Toñilas se
puso cabezón y alargo el paso. Cuando llegó donde le pareció escuchar el
grito, vió delante de él un hombre. Quiso alcanzarlo, apretó la marcha, pero
la distancia que los separaba, durante un tiempo de veinte minutos era la
misma. Estaba para trastonar en una curva y salir al frente, se paró
esperando verlo al otro lado pero ni pisca del hombre.
Agarró la botella y se hechó un trago triple y continuó su camino. Cuando
trastornó hacia la cañada; observó al que iba delante, lo detalló, lo veía que
se movía, pero que sus píes no tocaban la tierra, solo las mangas del
pantalón se bamboleaban como si ventiara fuerte. Pensó para sus adentros
esto esta raro, pero lo alcanzaré. Estaban para llegar a los encuentros y de
allí se trastorna a una cañada honda y estrecha para luego ascender por un
camino muy empinado y llegar a caracoral. Lo dejaré que se entre en la
cañada y allí lo cazaré. De eso que no quepa la menor duda. Esperó que se
escondiera y arrancó como a mil por minuto, pero cuando llegó a la
quebrada, vió a su perseguido empezar a subir.
Se voltió hasta media botella y arriba que voy. Al coronar la loma existe un
guayabo grande, que da sombra. Desapareció un instante y luego se dejó
ver, parado en la raíz del árbol al perano hombre que iba siguiendo; pensó
que en algún momento que estaría satisfaciendo alguna necesidad.
En ese momento, lo miró y sus ojos; los vió como brazas. Lo enfocó con su
linterna y no dió luz, pero siguió. Estaba cerca!. Cuando se iluminó todo su
cuerpo y ahí sí enmudeció Toñilas. Vió todo un esqueleto, sus costillas,
extremidades superiores e inferiores eran huesos. Solo espantosa osamenta.
32
Con una de las extremidades superiores, le hacía señas de que se acercara,
vió su horrible calavera y dió un grito terrible.
Se devolvió Toñilas un poco, hasta un desecho, y pensó desviar ese
espectáculo tan llamativo, subió en tres brincos. Había que pasar un
alambrado de siete cuerdas y lo paso sin saber cómo, ni cuando. Pensando
que estaba a salvo, pero Oh! Horror… al salir al camino principal, en una
curva vió que bajaba un cortejo de personas vestidas de hábito, llavando un
ataúd, cuyas amarras chirriaban cuando los cargueros caminaban. No hizó
más que correr como loco. En tres saltos, llegó a la casa y desde lejos armó
el vuelo, saltó y chocó con la puerta y los dos calleron en media sala. Se
revolcaba como lombriz en rescoldo, pero no hablaba, solo modulaba; no se
le entendía nada, resoplaba como cerdo y gruñía como perro rabioso. Qué te
pasó? Y solo miraba con esos ojos vidriosos y babas en la boca. Traiga
alcohol caliente, dijo la señora esposa, a una hija, le frotaron, lograron
calmarlo un poco y reanimarlo pero no pudieron subirlo a la cama.
Arrastrado como un cuero viejo, lograron acomodarlo sobre unos costales
en un rincón de la casa. Qué le pasaría a toño! Decía ella, se va a morir mi
papá decía un hijo. Llevémoslo al médico decía otra. Eran momentos
críticos los que se vivían, él no se movía. El pobre borracho tres días
demoró, sin saber quién era. Trascurrido ese tiempo le recomendaron darse
baños de artemisa, vapores de agua con alcohol y un bebedizo de hojas de
nogal, albahaca con miel de abeja. Con esto muy lentamente fue saliendo
del atortolamiento.
Le preguntaban por lo ocurrido, y solo daba muestras de miedo, intentaba
huír pero no podía, daba voces incoherentes, fuera de ser demasiado gago,
tenía la lengua paralizada. Emitía sonidos como de sordomudo, ladraba
como un chandoso de mala calaña. Pobre Toñilas! Repuesto un poco, contó
lo que había pasado, jurando y besando los dedos en cruz, nunca más volver
a pasar por allí. Esto fue una droga efectiva, no volvió a trasnochar, ni a
beber, ni a cañar. Se ausentó de la vereda para no volver a mirar dicho lugar;
pero dicen que el esqueleto cada vez que tiene la oportunidad, lo invita a
que no lo abandone. Que allí esta su tesoro, para que puedan beber guarito y
guandolo. Muchos otros han intentado vivir tamaña odisea, y nada que han
visto o sentido; parece que realmente, tesoro y esqueleto; son de “Toñilas”
pero este en medio de su mutismo no ha tornado por este sendero.
EL DUENDE QUE LE SALIO A MI PAPÁ
Entre las veredas San Agustín y la soledad, en la región de chuzá, existe una
oscura y tetríca cañada llamada “Cañada del Duende”. En cierta ocasión mi
padre, viniendo de alto bonito lo cogió la noche, no llevaba ni fosforos, ni
velas, ni siquiera un tizón, que erá lo que en ese entonces se usaba para
espantar la oscuridad e infundir un poco de ánimo. A tientas entre tropezón
y tropezón, logró llegar a San Agustín. Allí la mamita Polonia, como
cariñosamente le tratábamos; le proporciono con que alumbrar,
aconsejándole más de una vez, no seguir, diciéndole: aloiga mijito, que afán
tiene pues de irse, no ve que esta más oscuro, venga coma y se acuesta. No
ña Polonia; ya me voy. Cómo ha de ser que me pase algo?. Mi diosito lo
acompañe pues; ya que no quiere quedarse. Vusté es tan cabeza de piedra
que ni a palo se le ablanda. Si mi vieja yo me iré. Hasta mañana muchacho y
se fue. No más llegando donde mono Negro, cuando se le empezó a erizar el
pelo. Trató de disimular, y para ello se inventó un estornudo duro y
prolongado, como para destaquiar una cañería, agregando además esta
advocación: “San Antonio bendito favorecéme y damé ánimo”. Llegó al
asomadero, conocido como el barranco, donde se avisaba, todo lo habido y
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por haber a los habitantantes de aquella comarca. De allí se gritaba: venga
donde Toño Ñeque a beber, sabroso guarapo, venga donde Milungo por
carne, la vaca cachibaja rodó y se mató, dentro de ocho días tengo convite,
habrá comida y guarapo, el domingo mato el cerdo gordo, venga a comprar
la garra anuncia a don Toribio. Compadres vengan que se murió misia
Prudencia!, avísele a don Calixto Giraldo, éste a don Lucas, y a su vez,
avisele a los del puerto. Venga ayúdeme a llevar a don Remigio, que esta
muy enfermo, que el viernes viene a la escuela la manga el padre Aniceto y
don Epitasio, saldrá con la vaca loca a divertirnos de lo lindo.
Estando allí sintió como que alguien le seguía. Que hago?. Miró hacia
atrás?. No, no soy capaz, sobreponiéndose, continúo su marcha. Ya próximo
a llegar a la cañada del Duende, empezó a oír un murmullo atrás, a los lados,
adelante. En veces como que lo halaban del trasero, oía que alegaban, se
reían, gritaban, silvaban, se quejaban, parecía un circo de locos, se apago la
vela, y se dijo para si: “Hasta aquí llegó el del tiple, tan bien que lo estaba
sonando”, a tientas se entro hasta una agüita que pasaba por allí, a grandes
sorbos sacia tremenda sed y el sainete seguía, no pudiendo caminar por tanta
oscuridad, trato de encender la vela, sacó la caja de fosforos, se le regaron
más de la mitad de los lucíferos (cerillas), logró rastrillar, cuando ya iba a
tocar el pabilo de la vela con la llama alguien soplo fuo, fuo, fuo y quedó en
tinieblas. Intento otra vez encender la vela y se repitió la acción por tres
veces. Muy alarmado dijo: “Creo en DIOS PADRE TODO PODEROSO”.
Mi Dios y señor aparta de mí a este duende o bruja asquerosa. Arrastrándose
llegó a un filito y de allí grito: oigan… Vengan a encontrarme, traigan luz,
que no veo nada. Estoy con una venda en mis ojos, desen prisa que me
reviento de miedo. Tráigame un farol que tengo en la sala de los trebejos,
dentro del cajón que tiene costales viejos, desen prisa… Lo escucharon y
una legión de familiares fueron a su encuentro. Me hizo tragar los cabos,
este diantre de sinvergüenza. Me venía molestando desde el barranco. A!
si… este es el negrito; ahora me acuerdo; que vi una tarde cuando venía del
trabajo, sentado allé en el filito, antes de llegar a la peña; tenía una gorrita
roja, era flacucho, me mostro esos dientes negros, podridos y encaramados.
Tenía ojos como llorosos, quíen sabe que le habrá pasado al duendesito. Lo
que si le digo es que… no es bruja; se escuchó en ese momento muchas
carcajadas de niños sobre una gran peña, allá en la cañada, carcajadas que
aún, retumban en los oídos de mi papá.
“Este fue el duende que le salió a mi papá”. Esto ocurrio hace más de 60
años.
EL FEROZ MOHAN DE BEIBAVIEJO
En un lugar de mi querida Antioqia, a unos diez kilómetros de la actual
población de Dabeiba, existe una vereda conocida como “Beibaviejo”; allí
hace muchos años existió un caserió indígena, pequeño; de pocos habitantes,
ubicada en un plancito rodeado de montañas de difícil acceso y bordeado
por la quebrada Beibaviejo. El sitio se encuentra, entre las veredas; el Chino
al norte, al sur Botón, al oriente espinazo y al occidente el Accidentado alto
del Mohán. Una de las montañas más altas y escabrosas de la zona. Este
poblado fue el origen de lo que hoy es la población de Dabeiba a su traslado
de allí, y conocida como puerta de Urabá. En ese entonces sus habitantes
eran indígenas. Un día cualquiera, se presenta un hombre que se distingía
por lo descomunal de su figura. Su mera figura causaba temor, repugnacia,
miedo, no respeto. Nadie supo ni el cuándo, ni el cómo llegó a estos lugares.
Hablaba de trabajar muy adentro de la montaña escrutando secretos del más
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alla. Misael Domicó fue el primero que con este personaje viajó a la
montaña como peón.
Las apariciones de éste extraño personaje era por épocas; cada quince o
veinte días y el amigo Domicó fue el primero en morder el anzuelo. En el
diálogo de preparativos, le decía a su trabajador: no llevar ni carne… eso se
encuentra alla en la selva, corren allí toda clase de animales. No llevar grasa,
allá animales del monte proporcionar todo. No llevar sal, hay por allí cerca
un salado, donde se proveen hombres y animales, yo le digo no necesitar
comida. Creáme que usted, no va a comer, no va a tener hambre. Oh! Que
paraíso! Que felicidad decía Misael!, me voy a dedicar a la vida muelle.
Debían salir muy de madrugada.
Así ocurrió, y caminaron por senderos desconocidos, nunca soñados. Para ir
cerca del hombrón, Domicó tuvo que correr, llegó el momento de correr,
llegó el momento que no aguantó más. Más muerto que vivo, a mucha
distancia, muy adentro de la montaña, el gigante se le adelanto y trastornó a
una cañada. Siguió las enormes huellas que dejaban sus pasos, Cuando de
pronto! Se encuentra con su patrón en la puerta de un túnel, acompañado de
una mujerona casí como él, muy espantosa. Su cabeza enorme, ojos
saltones, nariz de bruja hechicera y sus colmillos tan grandes y agudos como
los de Drácula, adelante amigo, no tenga miedo, ella es mi mujer; hermosa
verdad?. El no contestó, estaba muy asombrado, mi bella mujer es la que
nos hace los manjares, con los que llegan aquí. Para hoy nos tiene una de las
sobras de la casería de hace quince días! Eh! Esto me suena mal!. Sí amigo:
siga que esta es su casa y es la mía. La mohana trató de hecharle mano, pero
el trató de evadirla, más no pudo huir porque lo acorralaron, y obligaron a
entrar. Con dos hachones de fuego cada uno, lo guíaron; llegando hasta un
salón donde se leía: “Aquí me tienes”. En un rincón vió plumas gigantes de
aves, osamentas y esqueletos de animales. Que carnicería! Siguieron por un
túnel en pura roca y a los cinco metros, otro salón, más pequeño que el
anterior, en el que decía: por fin llegaste!. En el se dejaron ver calaveras de
animales y humanas, además cuatro serpientes gigantes que sacaban sus
eneormes lenguas y con sus colas al moverse producían un silbido que
ensordecía y quedaba uno como en otro mundo. Abrían sus enormes bocas
como queriendo absorverlo y triturarlo con sus enormes colmillos. Domicó
se estremeció, quizo salir en veloz carrera y se vió imposibilitado por un
circulo de esqueletos que blandían sendas hachas. Una de las serpientes se le
enrrollo en la cintura y lo regreso al salón. Se principió a dar cuenta que de
allí no saldría jamás. Esta no es su habitación, debemos adelantar un poco
más, le dijo alguien. Con un bejuco misterioso, apaciguo las serpientes y
con un femur pequeñísimo, desaparecio los esqueletos. Viédose Domicó
perdido, se dejo guiar sin oponer resistencia. Dieron un giro a la derecha.
Allí confluían cinco tuneles más. Tres que estaban ocupados y dos
desocupados. A él le toco el número cuatro. Caminaron siete metros más y
llegaron a un salón, donde se leía: “El último suspiro”. Un cortejo de indios
con grandes garfios, con gritos lo recibieron. En un rincón una cabeza aún
arrojaba agua sangre. Gigante, poderoso a Qué me traes aquí?, es vil tu
virtud, grande tu cobardía, de que te sirve tu estatura, Cuál es el valor de tu
mujer de aspecto repugnante?, dicho esto sintió que lo asieron por las axilas
y lo levantaron en vilo a una altura de cinco metros y lo estrellaron contra el
piso y no más. Allí terminó descuartizado como una rata por su sanguinario
gato.
Mohan y Mohana, se dieron un carnaval, nunca visto y soñado, durante
quince días, pues Misael el indio; estaba muy repuesto, había engordado
cambiando ese aspecto esquelético que tenía recién pasadas unas fiebres que
casi lo llevan a la tumba. Pues mejor hubiera sido para él y no haberle
tocado sufrir el tormentoso y doloroso calvario de su muerte. Muy poca
gente se dio cuenta, de éste terrible asesinato, pues el señor en mención se
ausentaba por temporadas prolongadas. Los vecinos pensaron que estaba en
una de esas desapariciones. El Mohan no se sabía cuándo volvería, además
tenía una gran extención de territorio, con poblados variados, con un
mercado muy amplio donde concurrir. De esos poblados se relatan: Murrí,
Nutibara, Caráuta, Fuemía, Ríoverde y Santamaría de Ambalema. ¿Dónde
haría su aparición tan elegante y considerado personaje?, sabrá Dios. A los
tres meses clavo su aguijón en “Fuemía, según parece iba con tonga hacia
abajo, seguramente pronto tocaría nuevamente a “Beibaviejo”. Quién sería
la próxima victima?. Se hablaba ya con insistencia y miedo en toda la
región, de las desapariciones tan extrañas que estaban ocurriendo. Llegó el
descomunal personaje a “Fuemía”, si señor. En son de buscar trabajadores,
como todo un potentado, recorrió todos los lugares concurridos por la gente
y como en este encierro de mundo se encuentra carnada, para todo pez, igual
que pez para todo pescador, picaron todos los peces muy selectos. Aquimin
Bailarín Y Santos Majoré. Nos encontramos mañana al amanecer, en el
arenal donde se inicía el cañón de la guerrera. Nada tienen que llevar donde
abunda hasta lo que no se imaginan. El deseo de conocer, la curiosidad y
más que todo, la necesidad los perdió. Muy temprano estuvo el raro
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personaje, se mostró un poco disgustado porque se habían tardado. No es
correcto hacer esperar a un jefe como yo, Estas tardanzas salen caras. Los
trabajadores humildes e inocentes callaron, y presentaron respetuosamente
disculpas.
Vamos!. Dijo no hay tiempo que perder. Caminaron y caminaron. Muy
tarde ya, se les alejó el misterioso patrón, siguieron sus huellas; hasta una
cañada y ante una peñolera, se abrió una puerta, hombre y mujer se
presentaron. Sean muy bien recibidos señores: Bailarín y Majoré; ya ordene
preparar los lugares de sus felices permanencias. Qué asquerosa señora! Es
más fea que una madremonte, dijo el uno.
Siguen por un túnel, en cuyo cauce corre abundante agua, que les llega hasta
las rodillas… dejan el caño; suben por unas escaleras, llegan a un salón
donde se inician otros dos tuneles. Aquí se lee: “No se donde estoy ni a
donde voy”… caramba, esto parece un sueño… este lugar no me gusta ni un
poco… se hacían estas reflexiones, pero cada uno para sí… Temían hablar
ante hechos, ante cosas tan raras; con el Mohan la sorpresa; era la forma de
actuar… En este preciso momento de asombro para los que llegaban…
Aparecen unas momias, de aspecto desagradable y terrible. Hacen muecas,
contorciones tan amenazantes, que los dos obligados visitantes intentan huir,
pero grandes murciélagos, que llevaban en sus bocas grandes lanzas
enrojecidas y humeantes con los que intentaban ensartarlos, como morcilla
en tenedor… Él sólo mirarlas tostaban cuerpo y huesos… perdidos
estamos… bendito el día que nos dejamos engañar de esta bestia feroz y
maldita. La función sanguinaría en la que nos ha embarcado, tarde o
temprano; como hoy nosotros; será tu propia perdición. Te maldigo bestia
inmunda dijo “Majoré”. En medio de los espantosos alaridos, en los que les
dicen: infelices incautos. A qué han venido?. Aquí se han convertido en
apetitoso manjar, para estos sanguinarios. Desgraciados paramudos, sus
tiempos están contados. Así al son de esos sonoros coros, fueron obligados a
seguir por dos tuneles, cada uno por el suyo, muy oscuro y mal oliente, solo
se podían orientar por unos reflejos, que de vez en cuando llegaban, no se
sabe de donde, parecía ser de los profundos infiernos, pues se sentía fuerte
olor a azufre; llegan a un salón no muy amplio, el que estaba cubierto; por
hermosas cabelleras semejantes a melenas, que colgaban desde lo alto del
techo hasta el piso y con su resplandor daban un aspecto de estar apuntando
el sol con sus rayos color oro. En la pared que se miraran se reflejaban
completamente.
Estos eran unos espejos inexplicables, tremendo fue el susto cuando se
lograron ver Bailarín y Majoré, separados por una pared transparente y ellos
en pura almendra (Bola-desnudos), corrían a esconderse y erá inútil. En un
letreo, para mayor angustia de los atrapados se leía: “Pobre de ti, nadie
escucha tus lamentos”. Acosado cada uno en su sala de espejismo, no
alcanzaban a hilar cabos de los que les había pasado, ni que podían hacer
para salir de tremendo, peligroso e inexpicable embrollo; del cual no parecía
que salieran con vida. Se preguntaban; cómo iban a salir para el más allá, sin
nada, sin ceremonia como lo mandaban sus costumbres. Además ellos eran
desendientes de familias de nombradía “Bailarín en tales aprietos”. Qué
estaría pasando?, y un Majoré de los más nobles “guascudos” (termino
indígena). Qué desgracía se lo iría a tragar?. Estando en estas lucubraciones,
una legión de micos muy bravos los rodeó y amenazaban terminar con ellos
en el menor espabileo de ojo.
Los obligaron a entrar en un túnel oscuro, con ventanillas a los laterales, de
donde salían manos descomunales que los golpeaban sin piedad y los
atemorizaban sobre manera, llegaron a un salón inmenso, labrado en roca
con ventanas en cada una de lasque pendían incontables calaveras y restos
humanos, y como si eso fuera poco en una pared se leía “Dale el adiós a tu
vida”, cada uno de ellos recibió tremendo garrotazo, sufrieron tan horrible
muerte que los recogieron en puros flecos. Siguió entonces la comilona más
grande de los mohanes, de los mejores manjares, nunca pasados por sus
grotescas gargantas. Un mes duro la suculenta remesa humana… pero ya
señor lector; sabras que nadie vive infinitamente, que el castigo o el premio
llega porque llega.
Ante tantas desapariciones crece la zozobra y la alarma ronda por todos los
contornos indígenas, más; en este mundo nadie diga que lo puede todo, que
no la ven, que no la oyen. La confianza mata, como la gula a la normal
digestión. Tres errores pierden a la pareja mohanezca.
1. El haber dejado atrás a los que conducían a la muerte.
2. El haber atrapado a dos, en una misma caza-gula.
3. Haberse dejado ver, como persona forastera, falla la malicia.
Ya empezó a organizarse la trampa al cazador humano, quien como patrón
salía a buscar trabajadores y no volvían a sus sitios de salida. Le estaban
contando los días que tardaba entre aparición y aparición, gente de todas las
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comunidades estaban resueltas a morir si fuere necesario, pero tenían que
aclarar lo que realmente estaba ocurriendo y que diezmaba la población por
estos lugares. Eugenio Cholele, indio de armas tomar; andariego,
aventurero, por su propia cuenta hacia averiguaciones en todos los
pobladosy tomando atenta nota de los desaparecidos, faltaban 47 hombres,
se puso en contacto con los jefes de las tribu, los que tenían autoridad sobre
sus gobernados. Acordaron hacer en lugares estratégicos una vigilancia
permanente y constante en todos los caminos que comunicaban los caserios;
no se escaparía ningún detalle.
Tendrían que ser más astutos que quien estaba causando tremendos
desafueros. Apostarían en sitios muy claves, hermosas jóvenes, se ocultarían
muy cerca unas, de otras; para auxiliarse entre sí, si fuere necesario; una
simulaba estar desprotegida, abandonada y presurosa a irse con cualesquiera
y a cualquier sitio. Fueron quince días de espiar día y noche. El cruel Mohan
malicioso, como siempre, aunque la perfección en este mundo nadie la tiene,
vaciló una y otra vez para volver a sus bárbaras andanzas, pero igual que
Domicó lo atrapo el anzuelo, además sus proviciones escasearon y
obligatoriamente tuvo que salir.
Salió el mostruo, muy orondo pensando en dar otro fenomenal zarpazo, pues
ya no pensaba en uno, en dos, sino en lo que pudiera enganchar y pensaba
llevar de todo, pues las mujeres le parceian deliciosas y algún trabajo
inventaría. Toma camino rumbo a Carauta, lugar que hacía mas tiempo no
visitaba; pero ya tenía decenas de ojos vigilando sus movimientos. Lo
dejaron cumplir su cometido, no le permitieron que se diera cuenta, que lo
vigilaban por la gran pericia e inteligencia de los espías destinados para ello.
En esta vez engancho seis trabajadores, rumbo a trabajar donde el oro se
encuentra como arena, que para trasladarlo era necesario muchos
trabajadores. La salida es a la una de la mañana. La paga será triple la
primera semana, mientras los ubicamos en sitios dignos de ustedes. ¡Oh!
Señor tan generoso! Se dijeron ellos. Tu indio manco y solo ojo, vigila al
hombrón muy de cerca, lo haras con estos otros diez que quedan a tus
ordenes, ordeno Cholele… no me fallen amigos la vida peligra, pierda
cuidado mi jefe ya está todo controlado. Esta vez descifraremos el misterio.
A la una de la mañana se reúnen en el bohío… del tambo, parten hacia la
montaña, con su hombrote al frente. Animal feroz, no imaginas que los
ciegos te ven?, que los sordos te oyen?...la naturaleza te espía, para
ti,espantapájaros; también hay sorpresas. Iba muy desentendido, cuando
alguien dice: “camina muy menudito”. Es posible que tu rabo tenga algo de
paja, pareció que nada se escuchaba, pero principiaron las dudas, mira que
te van a asaltar… cuídate monstruo maluco. Más adelante de estos
incidentes, se presento la bella indígena que suplicaba a su señor que la
llevará con él, pues su suerte era miserable y estaba dispuesta al peor de los
suplicios. El no consideró, dicha intromisión como anormal y no quiso
escuchar la solicitud de la joven… retírate de mi camino, las doncellas no
son para este trabajo – yo le serviré a usted, como a mi Dios… calla no
blasfemes… ella se lanzo a sus píes… más con ultrajes la quita de su paso-
me iré con ellos, aunque tu no lo quieras. Enmudecieron todos y como
autómatas lo seguían; estaban para llegar, se les quizo adelantar… dio una
zancada y se posó al píe de la cumbre… pero grande fue su asombro,
cuando en coro le dijeron: los impíos también mueren. Miró donde le
hablaban y vió a su alrededor veinte doncellas desnudas que lo invitaban a
acercarse. Desconfiado quizo huir… pero una enorme red le cayó encima y
lo cubrió dejándolo inmovilizado. Los hombres que estaban cerca, le
cayeron y le propiciarón tremenda garrotera, luchó, se revolcó y logró
romper la red. Con uno de sus manazos, toco una roca y abrió un salón,
apareció su asquerosa mujer que al ver a su elegante mohan en tan difícil
aprieto, va en su auxilio, pero el brujo y poderoso Cholele, le hizo rodar
tremendas piedras que aplastaron a la enorme mujer. Una roca golpea el píe
del Mohan, fue tal su ira y su arremetida, que con ella mato a tres de sus
trabajadores y dos de sus captores. Vuelve a intervenir Cholele y con sus
poderes mágicos lo hace confesar todos sus crímenes y los lugares a donde
ha llevado a sus victimas engañadas. Aprovechando que estaba dominado,
uno de los indios flecheros, le disparó el arco con tanta puntería que le daño
un ojo, fue tanto el dolor que que con su sacudida destrozó lo que a su lado
tocó y su fuerte berrido, se prolongó por todas las comarcas por donde había
pasado, llenando de terror a sus asustados vecinos. Imposibilitado
totalmente fue atado a tres enormes robles y para espiar sus atroces actos,
fue condenado a morir quemado en una hoguera que duró ardiendo veinte
días hasta consumirlo de tal manera que como ironía; el polvo que sobro fue
depositado en un dedal. Ante las lamentaciones del Mohan convertido en
una antorcha, se asomó una anciana mujer a la salida de una de tantas
cavernas, pero fue tanto su impacto que la pobre anciana se desplomó y
dando saltos por la pendiente, se destrozó totalmente cayendo a una
hondonada que hoy se conoce, como el hoyo misterioso de la anciana. Con
mucha frecuencia se escuhca una voz de mujer diciendo: hijo maldito, ve a
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traer el sustento. Tu y esa mujer odiosa, no saben más que hacer el mal
siendo yo madre y suegra, me obligaron a estar aquí, pero no olvides que el
día nos llegará y no habrá escapatoria. El eco de estas lamentaciones se
extendía a varios kilómetros de distancia produciendo espantosos
momentos.
Las malas acciones tienen como resultado, tragedias desagradables, pero al
fin y al cabo, los tiempos cambiaron, pues no hubo más desaparoiciones y se
inició una vida apacible, sin temores ni sobresaltos; esto ocasionó una
estrecha amistad y comunicación constante entre las tribus, para evitar en el
futuro sorpresas como las ya vividas. Cholele y sus hombres, y sus mujeres,
participantes en la acción fuerón declarados héroes de sus respectivas
comunidades.
Hubo festejos durante 75 días, porque igual fueron los que participaron en la
lucha, los 5 sacrificados les erigieron estatuas en todas las tribus. Pues si
señor aquí estoy sentado y este cuento se ha acabado.
RECUERDOS
Recuerdo siempre mi rincón querido,
La dulce infancia, aurora de mi vida;
Hace años ya, que no he vuelto a mi nido,
Posible es que no alcance, a regresar un día.
No se porqué yo vivo, prendido a su recuerdo,
Quemando la memoria, en años de distancia;
No se porqué no olvido, mis juegos, mis sueños
Cargados de nostalgias, surtiendo mi existencia.
Me siento en otros mundos, cuando pienso en mis lares,
Y densos lagrimones, fluyendo van mis ojos;
Me duelen las ausencias, me agobian los pesares
Parezco estar muriendo, entre espinas y abrojos.
Si Dios no me permite, allí volver jamás,
Le ruego no se olvide, de mi cuna natal;
Genuflexo yo le imploro, un regreso fujaz
Y así sea en mi sombra, mi recuerdo dejar.
Junio 20 de 2007
NAVEGANDO EN LOS RECUERDOS
Navegando en los recuerdos
Que dejaron tus amores,
Me siento en otros mundos
Sin dolor y sin sabores.
Me sumerjo en las espumas
De esos mares de cariño,
Y me siento como el viento
Sin lugar y sin destino.
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Ningún espacio lleno,
No veo el horizonte;
Ajeno estoy de forma
Viajando por el éter,
Una estrella me guía;
Risueña, sin amante,
Pero llena de amor
Y el corazón sangrante.
Me lleva y me regresa
En sueños delirantes
Y vuelvo a navegar
En mundos muy distantes.
Septiembre 29 de 2008
AUSENTES
Ya se apagó el cocuyo, en el solar vecino,
No se oyen los gorriones, alondras, ni turpiales,
Se alejan los destellos del sol en el ocaso;
Y yo seguiré aquí, sufriendo lo vivido.
Las flores son hermosas, muy pronto se marchitan,
Así pasa la vida, por un soplo divino,
Signado por un hado, signada por caminos
Que se pierden sin rumbo, sin ruta, sin destino.
No más quedan murmullos de almas que se han ido,
Que vuelven en las brisas, de ese ayer lejano;
Se cruzan en las sombras, se vuelcan en recuerdos,
Cifrando en cada eco, sus notas y su canto.
Deslumbran a distancia, los bellos arreboles,
No se, si son tormentas, no se, si son encantos;
Lo cierto es que refulgen, los cielos y los mares
Y siempre se confunden, las noches con espantos.
Así duermen los sueños, en sábanas de nieve,
Igual duerme la muerte, en lóbregos sarcófagos,
Viviendo en cada sol, muriendo en cada luna;
Rompiendo los silencios, estando moribundo.
Septiembre 30 de 2008
IDIOTAS
A diario nos negamos, a la esencia de la vida;
Hundidos en halagos de falsas vanidades;
Hablamos del amor, y por amor odiamos…
Giramos por los aires, sin ruta ni horizonte.
Soñamos que vivimos, soñamos que no estamos;
Hay veces que no hablamos, y con callar gritamos,
Hablamos de verdad, pero al mentir fallamos;
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Y nos creemos sabios cuando todo ignoramos.
Hay veces que nos llaman; y no los escuchamos;
En veces hay mensajes; y no los contestamos,
Hay llamas que nos queman, y no nos calentamos;
Amores hay ardientes, y nunca los amamos.
Hay vicios que sufrimos, y nos acostumbramos,
Hay cosas que tenemos y no necesitamos;
Hay noches tan oscuras y nos iluminamos,
Y hay días radiantes y así nos ocultamos.
Girando cual ruletas, en estratos separados,
Hediondos o no hediondos, vinagres, perfumados,
Nos arrogamos títulos, deliramos, o soñamos;
¡Oh! Realidad de la vida: saber que nos engañamos.
Toditos somos iguales, en este mundo de idiotas,
Y no es igual uno a uno, por mucho que se parezcan;
Hay un instante común, que nos iguala y nos tranza
Cuando la muerte nos cubra, de la cabeza a las zancas.
Septiembre 5 de 2009
HAY
Hay seres que se quedan para siempre.
Mi Dios, mis padres, mis hermanos,
Y la mujer que se fundió en mi alma
Con el amor que un día nos juramos.
Hay cosas que llegaron, se tuvieron y se fueron,
Hay dolores de recuerdos, que no mueren,
Hay palabras tan punzantes que nos hieren,
Que nos dejan cicatrices; que borrasen no se pueden.
Hay aguas tormentosas y no nos hacen daño,
Hay aires pestilentes que asfixian y envenenan,
Hay cantos que confunden armonias con encantos:
Hay sueños tan profundos que hasta nos anonadan.
Hay noches estrelladas y mares muy serenos,
Que a navegar invitan en naves de emociones;
Hay brisas musitantes que aprisionar queremos,
Y aunque naufragando vivimos de ilusiones.
Septiembre 5 de 2009
AQUEL AYER
De allí surgen errantes, las brisas y los sueños,
Dejando a cada instante, vivencias escondidas;
Se nutren de la vida, se nutren de recuerdos
Dejando a cada paso ilusiones ya perdidas.
El presente y el futuro se nos funde en el pasado,
Dejando hechas trizas, las ilusiones humanas;
No existen espejismos; es un presente cansado,
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Que se vive lentamente, sin carcajadas ufanas.
Todo ayer fue mejor, se nos dice a cada instante,
El presente lo vivimos; del futuro no sabemos.
Dicen de un mundo en paz, oscuro e inquietante;
Y en el vivir sin fe; indecisos nos quedamos.
Los espejismos engañan, las ilusiones se esfuman
Se nutren de vivencias, se mueren de pesares,
Surgen y mueren cual si fuesen espumas
En las gigantes olas, de tormentosos mares.
Diciembre 30 de 2009
A ELLOS
Sentada estas aquí, rosando aquí mi lado;
Vivicas mi esperanza, vivicas mi existencia;
Trinado como el ave, en ese vuelo alado
Que brindan la dulzura, arpegio y armonía.
Te escucho en los mensajes, que dan los campanarios
Henchidos de rumores, tristezas y alegrías,
A ti te siento viva, cual hostia en los sagrarios
Risueña desde el cielo, rezando aves marias.
Igual está mi padre, igual mis dos hermanos,
Brillando como estrellas, en aras de alabanza,
Surcando los espacios, viviendo los arcanos,
Del infinito eterno, cuando por fin se alcanza.
Feliz está mi padre, feliz está mi madre,
A sí está Pablo Emilio y más Ana María,
Viviendo sin afanes, sin penas, sin dolores,
Gozando de la gloria, que Dios da cada día.
Septiembre 4 de 2010
NO SE POR QUÉ
Nada se del misterio de las olas,
Ni de vientos que recorren el espacio,
Solo sé que me estoy mordiendo el alma,
Por tenertejunto a mí, como un sagrario.
Nada sé, de porqué, cantan alondras;
Cuando el sol se refleja en las colinas,
Solo sé que de la luz huyen las sombras
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Como en el invierno vuelan las golondrinas.
No sé porqué, Adán se aburrió en el paraíso,
Teniendo de patrón, al mismo Dios del cielo,
Sé, que la ambición del ser humano; así quiso;
Sin medir las consecuencias, al hundirse en el abismo.
No sé porqué, el hombre se ufana en su grandeza,
Proclamándose señor y Dios de vanidades.
No entiende, que más que él; pesa una pavesa
Que se pierde en el mundo, sin huracán, sin tempestades.
No sé porqué, llegan noches tan oscuras,
Donde se pierden sin sentido las tinieblas;
Hay quien dice también, que amores son locuras;
Parece ser; que olvidamos de Dios: su mensaje y su grandeza.
No se porqué, hay olvido de sí mismos;
Añorando de otros cuerpos sus bellezas,
Puede ser: que negamos autenticidad de lo que somos,
Por navegar en un mar de raras apariencias.
Muchas veces, renegamos de lo que somos;
Como parias transitamos en la vida,
Sin norte, sin brújula cual veletas caminamos;
En este circo, sin un fin; como fieras sin guarida.
No imaginas el tesoro que has perdido;
Por hundirte en este mundo sin sentido,
No olvides aquel “SER”, el ser supremo;
Que en el calvario, murió por tu destino.
Febrero 11 de 2012
NOS VAMOS O NOS VAMOS
Se que voy a morir:
No sé; cuando, donde, ni como;
Pero le pido a Dios,
Lo malo me perdone.
Que me tienda la mano
Igual que a mi padre y a mi madre
Y como a mis dos hermanos
Que como niños, dormidos se quedaron.
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En este mundo errante,
Se vive de ilusiones,
Soñando muy profundo
En muchas ocasiones,
Alegres o tristones
Reimos o braviamos,
Muy ricos o muy pobres
Querramos o no querramos
Nos vamos o nos vamos.
Febrero 11 de 2012
NO TE UFANES
Que no se ufane nadie
Si poder cree tener;
Y que tampoco se humille
Si no tiene poder.
Que viva intensamente,
Así como Dios manda;
Sintiendo íntegramente
Su gloria y su verdad.
No hay vanidad más grande
Que la del pobre humano,
Que siendo tan pequeño
Se crea inmensidad.
Noviembre 24 de 2012
¡Y SABER QUE DE TODO TENEMOS!
Igual que los caminos, que muestran un destino;
El tiempo en cada hora, nos marca un duro adiós,
Llegamos sin pedirlo, nos vamos sin quererlo;
Y como huéspedes estamos, nosotros, tu y vos.
Igual que vil cigarro, en el mundo nos quemamos,
En veces no quedan; ni esencias, ni tristezas, ni dolor;
Cuanto mundo recorremos, sin saber en donde estamos,
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Y cuando menos pensamos, volamos; sin siquiera un adios.
No sabemos que queremos, ni cuidamos lo que amamos;
Somos trinos que no arrullan y palabras sin amor,
Somos luces sin reflejos y muy mudos cuando hablamos,
Y si a alguien alabamos, se hace; por cumplido y sin calor.
Somos llama que no quema, somos brisa que no moja,
Somos hielo que entumece y calor que nos abraza
Así, así, más o menos cual vivientes con mortaja,
Igual. Igual, a cualesquier carta de baraja.
En resumen:
No sabemos quienes somos, ni que queremos;
No sabemos que tenemos, ni a que aspiramos,
Tampoco de donde vinimos, ni para donde vamos,
Ni de que somos capaz, porque no nos valoramos.
Diciembre 2 de 2012
LA EXPERIENCIA
Niño, joven, tú crees que ya no alcanzo a ver el horizonte,
Que ya no tengodistancia, entre hoy y el mañana
Que estoy viejo y vencido, que ya no tengo norte
Y que acabé ya el camino, que inicie mucho antes.
Que ya me ven lento, pesado e irreflexivo;
Que me encuentro confundido, vagando y sin oficio,
Pues me ven un poco cojo, dudoso y pensativo;
Y que muy pronto me enojo, que conmigo es un suplicio.
Que tal que en mi, evaluaran el acervo en mi cabeza,
Que de acuerdo a mis años, pesaran mi experiencia,
Donde acumulo ideas a diario y sin pereza.
De mis años vividos, con honradez y eficiencia.
La práctica hace al maestro en razón de la constancia,
Que fija conceptos valiosos, al trasegar en esta vida,
Y nos da principios e ideas, al igual sabiduría;
Para entender que este mundo, tiene mucha fantasía.
A bueno que es este mundo, viviendo como Dios manda,
Sin odios, sin venganza, hasta en paz consigo mismo;
Con Dios siempre en la conciencia, la fe que nunca se acabe,
Y con mucha sabiduría, el don que poco buscamos.
Diciembre 30 de 2012
COPLAS
Si me quieres yo te quiero;
Si me olvidas yo te olvido,
Si vuelves yo te recibo
Nada por fin se ha perdido.
Dijiste que me querías
Con todito el corazón,
Y ahora que vuelvo dices;
Que ya olvidaste mi amor.
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Muy agrio que es el limón
Muy dulce la miel del panal,
Pero es más amargo el veneno
Que me dío su desamor.
Que importa que seas bonita
O más fea que un espanto
Al fin y al cabo tu y yo
Nos queremos ¡Que carajo!
Diciembre 30 de 2012
ASÍ LLEGAMOS, IGUAL NOS VAMOS
Sumido en los recuerdos, de tiempos ya lejanos,
En medio de la esencia de historias del pasado;
Nos vamos diluyendo, cansados y agotados;
Cumplido en mil de horas, un tiempo ya vivido.
Vivimos muy de prisa, anclados; entre años,
Sufriendo el duro estio, el frío y los inviernos;
Cantamos o reimos, gozamos, sufrimos y lloramos
Y en muy pocos momentos, pensamos en arcanos.
El tiempo ya pasado, nos llena de nostalgias,
Y lágrimas resbalan, al interior del alma;
Ahogan alegrías, sucumben las plegarias,
En un mundo de sombras, muy huérfano de calma.
No somos lo que fuimos, no fuimos lo que somos;
Hoy eres lo que eres, mañana lo que hoy eres,
Disfruta lo que tienes, quizá pronto n os vamos
Y mucho, o poco que tengamos; completo lo dejamos.
Hay días que amanece, susurrando en la llanura;
La fuente cristalina, que nace allá en la cima;
Hay días que yo veo, del amor tanta hermosura
Que todo lo que toca, todito: todito lo sublima.
Igual muere la calma, en días de amrgura;
Y se nublan ideas, que fluyen del destino,
Soñamos que soñamos, soñamos que no somos,
En veces deliramos, y en las mismas quedamos.
El mundo: fue, es y será; siempre mundo,
Paraíso de los hombres mezquinos o haraganes;
De sabios, talentosos, humildes o virtuosos,
E inevitable mortaja: de aquellos, de estos y ladrones.
Agosto 31 de 2013
DILEMA
Hay tiempos que llegaron, tuvimos y se fueron,
Dejando nuestras vidas recuerdos imborrables;
Signando nuestra suerte con sueños que murieron,
Como se aleja el sol, al llegar las sombras nocturnales.
Hay niños que no llegan a ver la luz del día,
Que mueren en el vientre, sin entender porqué;
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Hay notas que no alcanzan a difundir su melodía
Y vibran su silencio, de un tono que no fue.
Hay veces que tú lloras, o en veces también cantas,
Pero sabes: ¿Si lloras cuando cantas o cantas cuando lloras?
A veces se diluyen; palabras en gruesos lagrimones,
Que sacuden el alma, y el porqué; tú lo ignoras.
Que dilema señor; vive este mundo loco,
Pues cuando nada tienes, mucho quieres tener;
Y si acaso, lo que se tiene es mucho o es poco,
Te crees un elegido, y a nadie quieres ya ver.
Septiembre 22 de 2013
UN CUMPLEAÑOS
Setenta y siete años; Dios me ha regalado,
Treinta y nueve de ellos con ustedes he vivido;
Y puedo decir, lo tanto que he tenido
Porque es mucho, lo que he aprendido.
Me han enseñado a navegar en mansos ríos,
En las furiosas olas de mares tormentosas;
En noches muy oscuras de silenciosos frios,
Y a sonreir, el amanecer; de días hermosos.
No somos lo que fuimos, no fuimos lo que somos,
Hoy eres lo que eres, mañana lo que hoy no eres
Disfruta lo que tienes, quizá pronto nos vamos
Y mucho o poco que tengamos; todito lo dejamos.
Presento mis disculpas, sencillas como siempre,
Por los malos momentos presentes o pasasdos;
Por mi genio parejo, acróbata constante,
Bailando al son del ritmo, que a veces me ha tocado.
Septiembre 29 de 2014
REFLEXIÓN
El hombre es la excelsa muestra de la misericordia de Dios al crearlo a su
imagen y semejanza, y darle dominio en el universo. Puede si quiere;
convertirse en fiel émulo de su creador, si lo acepta como: el camino, la
verdad y la vida, obedeciendo sus mandatos (Mandamientos).
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Al contrario puede convertirse en: Un Lucifer, un Iscariote, un Caín, si se
deja llevar; por el odio, la hipocrecia, la venganza, la mentira, la traición, la
falsedad.
Agosto 31 de 2017