IntroSE Completo
IntroSE Completo
INTRODUCCIÓN A LA
SAGRADA ESCRITURA
PROF. D. AGUSTÍN GIMÉNEZ GONZÁLEZ
Con Licencia Eclesiástica del Arzobispado de Madrid con fecha 23 de octubre de 2015
I.S.B.N.: 978-84-15027-86-7
DEPÓSITO LEGAL: M-30212-2015
Este trabajo ha sido realizado con la ayuda del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anejo a la Iglesia Nacional
Española de Santiago y Montserrat en Roma, en el marco de los proyectos de investigación del curso 2014-2015
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CONTENIDO
INTRODUCCIÓN GENERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
INTRODUCCIÓN GENERAL
La 1ª U.D. es una amplia introducción de tres temas donde se abordan las cuestiones más
generales de la Biblia: su lugar en la teología y su relación con la revelación, los textos de la
Biblia, la literatura en torno a la Biblia, su geografía y su historia.
BIBLIOGRAFÍA
• Enquiridion bíblico, (BAC 2010): Este volumen contiene todos los documentos
magisteriales referentes a la Biblia hasta la fecha de publicación.
• Sacrosanta, Concilio de Trento (1546).
• Dei Filius, Concilio Vaticano I (1870).
• Providentissimus Deus, León XIII (1893): PD
• Divino Afflante Spiritu, Pío XII (1843): DAF
• Dei Verbum, Constitución Dogmática sobre la divina revelación, del Concilio
Vaticano II (1962): DV
• La interpretación de la Biblia en la Iglesia, Pontificia Comisión Bíblica (1993)1: PCB1
• El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana, Pontificia Comisión
Bíblica (2002): PCB2
• Verbum Domini, Exhortación apostólica postsinodal de Benedicto XVI (2010):
VD
• Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura, Pontificia Comisión Bíblica (2014):
PCB3.
Desde aquí animamos a los alumnos a adentrarse con ilusión en el estudio de esta
asignatura, y a realizar todas las actividades propuestas responsablemente. Estamos
convencidos de que será de gran provecho al alumno de cara a la interiorización y
asimilación de la asignatura.
1. Al no tener una numeración interna, citaremos las páginas de PCB1 publicado por PPC (Madrid 21994). Los demás docu-
mentos serán citados por su propia numeración.
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UNIDAD DIDÁCTICA 1
Contenido
INTRODUCCIÓN
El objetivo es que el alumno conozca en primer lugar la relación entre la Biblia y la revela-
ción de Dios, pues ambos conceptos no se identifican. Esta comprensión es fundamental
para la correcta asimilación de todo lo demás. Tanto los cristianos como los no cristianos,
cuando hablan sobre la Biblia, suelen equipararla a la revelación; su punto de partida es,
por tanto, equivocado, por lo que cualquier reflexión posterior estará viciada de raíz. Así
pues, esta cuestión abordada en el tema 1 es fundamental. Los temas 2 y 3 ofrecerán una
serie de datos históricos y textuales que ayudarán a situar qué es la Biblia en su realidad
formal e histórica.
Tema
La Sagrada Escritura, la Revelación, la
Iglesia y la Palabra de Dios
1
Por lo general designamos a los textos sagrados del cristianismo con el nombre de
“Biblia”, “Sagrada Escritura”, o incluso “Palabra de Dios”. Consideramos estas
expresiones como básicamente sinónimas entre sí en nuestro lenguaje común.
Ellas mismas nos indican la importancia que tienen estos textos así denominados:
• Biblia significa etimológicamente “los libros (o libritos)”, es decir, los textos que
están por encima de todos los demás escritos para un cristiano. El libro --o la
colección de libros-- por excelencia. Son un total de 73 libros, 46 del Antiguo
Testamento y 27 del Nuevo Testamento.
• Sagrada(s) Escritura(s) indica que estos textos son del ámbito divino, de lo sagra-
do, y no meros escritos humanos o profanos. Hace referencia sobre todo a su
contenido, que es “sagrado”.
• Palabra de Dios es otro nombre frecuente que se da a la Biblia, especialmente
después de ser proclamada en la liturgia. Nos indica principalmente que el autor
de la misma, aquel que nos habla, es el mismo Dios.
• Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. También con estos nombres nos referi-
mos a los textos bíblicos. Son las dos grandes partes en que se divide la Biblia, y
hacen referencia a las dos grandes alianzas (testamentum, en latín) que hizo Dios
con el pueblo, primero en el Sinaí a través de Moisés, después por medio de
Jesús en su misterio pascual.
Una vez que el Concilio había subrayado que el núcleo de la revelación era el miste-
rio pascual de Cristo (cap. I), en el cap. II quiso mostrar cómo Jesús funda la
Iglesia para transmitir este acontecimiento a todas las edades. De lo contrario
sólo podrían haber accedido a la plenitud de la revelación los afortunados que hubie-
sen vivido en el año 33 d.C. en Palestina, y hubiesen coincidido con los apóstoles el
día de Pentecostés. ¡Pero no! la Iglesia, con toda su vida trae el acontecimiento de la
revelación a todas las épocas, para que todo hombre pueda recibir la autodonación
de Dios en Cristo. Esto lo hace especialmente en los sacramentos y de modo sublime
en la Eucaristía, actualización del misterio pascual. Y todo ello es posible por la suce-
sión apostólica, cadena ininterrumpida de ministros de Cristo que le hacen presente
y nos unen a Él como garantía de pertenencia a su Iglesia. Ésta, en definitiva, es con
toda su vida la transmisora de la revelación en la historia. Y para mantenerse siempre
fiel a los orígenes, cuenta con la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, dos ele-
mentos más de su propia vida, que están indisolublemente unidos (DV 9).
2. Cf. I. DE LA POTTERIE, “La exégesis bíblica, ciencia de la fe”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e
interpretación. Los fundamentos de la interpretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003), 59: “Por esto quiso el Concilio reintegrar
la Escritura en la Revelación”.
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Así, una vez que el Concilio situó la Sagrada Escritura en el contexto de la revela-
ción de Dios (cap. I) y de su transmisión (cap. II), pudo hablar de los demás
aspectos de la Biblia en los siguientes capítulos. Pero nótese que la estructura jerár-
quica de los capítulos de la Dei Verbum es fundamental. El primer capítulo (la
revelación en sí misma) da sentido a todos los demás. Y el segundo (la transmisión
de la revelación), a su vez, da también sentido a los que le siguen, a los que hablan
específicamente de la Biblia.
Así, el Concilio logró que la Sagrada Escritura quedase entroncada en su lugar origi-
nal y verdadero, en el proceso de transmisión de la Revelación de Dios, “mediante el
cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en
el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina” (DV 2). Por lo tanto,
la función última de la Biblia es colaborar dentro de la Iglesia a que los hombres
alcancen este destino. Ahora bien, ¿cómo colabora? Dando testimonio del acon-
tecimiento mismo de la revelación.
3. Por supuesto, un no bautizado puede ser “tocado” por la gracia divina al leer la Biblia, pero esta misma lectura, si hace sur-
gir en él la fe, le llevará a vincularse con la Iglesia, que es donde puede encontrarse vivo al Dios de la Biblia.
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Si la Biblia fuese un libro caído del cielo, como se afirma vulgarmente del Corán, o
si identificásemos la Biblia con la revelación, entonces el cristianismo sería otra reli-
gión del libro y no habría necesidad de interpretarla: bastaría tomar cada afirmación
como absoluta, como sucede con el Corán5. Pero no, la Biblia testimonia a Cristo y
su acción salvífica a través de la toda la historia de la revelación. Por esto mismo,
tampoco podemos identificar absolutamente a la Biblia con la Palabra de Dios, la
cual, propiamente dicho, es la segunda persona de la Trinidad 6.
De hecho el Concilio Vaticano II no define la sacra Scriptura como Verbum Dei, sino
como “el hablar de Dios”, “locución de Dios” (locutio Dei) en cuanto consignada
por escrito por inspiración del Espíritu divino (DV 9). Aunque en otros números la
constitución dogmática se refiere a la Biblia como verbum Dei, a la hora de definirla
evita esa expresión y usa una semejante, pero diversa: locutio. Seguramente quiere así
4. J. RATZINGER, “La interpretación bíblica en conflicto. Sobre el problema de los fundamentos y la orientación de la exégesis
hoy”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la interpretación bíblica (LiP
42; Palabra, Madrid 2003), 51. También RATZINGER, “La relación entre Magisterio de la Iglesia y exégesis”, 179: “[la DV] ante
todo define el concepto de Revelación, que no se identifica en absoluto con su testimonio escrito, que es la Biblia”.
5. Cf. G. PAOLUCCI– C. EID, Cien preguntas sobre el islam. Entrevista a Samir Khalil Samir (Ensayos 219; Encuentro, Madrid
2003) 25-27.
6. Cf. A. VANHOYE, “La recepción en la Iglesia de la Constitución Dogmática Dei Verbum”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C.
GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la interpretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 151: “Las
Escrituras son ‘Palabra de Dios’ [sin artículo]; no son toda la Palabra de Dios, sino sólo la Palabra de Dios escrita”.
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subrayar que la Palabra de Dios (Verbum) no es un libro, sino una persona, aunque a
través de los libros bíblicos Dios hable (locutio) a los hombres 7. Esta intención del
Concilio se manifiesta también en otro detalle: en todo el documento el término
Verbum es utilizado con mayúscula sólo cuando se refiere a Cristo. Por tanto, pode-
mos decir que la Biblia es palabra de Dios no por la materialidad de sus letras, sino
porque encierra el misterio de Cristo –la verdadera Palabra divina– y es testigo de la
manifestación de Dios a los hombres.
La Dei Verbum subraya que la Tradición y la Escritura no se oponen sino que, como
ya hemos señalado, están indisolublemente unidas: brotan de la misma fuente, de la
revelación (ambas son de hecho “tradición en sí misma”), corren por el mismo cau-
dal (viven en la misma Iglesia), tienden al mismo fin (transmitir la revelación). Por la
relación intrínseca de ambas realidades, queremos profundizar aquí en la Sagrada
Tradición, para comprender mejor la Sagrada Escritura.
La tradición en el judaísmo
7. Cf. VANHOYE, “La recepción en la Iglesia de la Constitución Dogmática Dei Verbum”, 149: “Cuando el Concilio define la
Escritura (DV 9) no dice ‘Sacra Scriptura est verbum Dei’, como dejan pensar las traducciones […]. Parece que el Concilio
haya querido evitar una identificación demasiado estrecha entre la ‘Sagrada Escritura’ y el ‘verbum Dei’”.
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Había dos tipos de escuelas para el estudio de la Ley oral: la elemental (beit sofer) y
la superior (beit hamidrash). En la primera los niños (desde los 5/7 años) aprendían a
leer el texto sagrado de modo correcto, preparándose así a la lectura en el culto
público; y también les hacían aprender de memoria enseñanzas y material oral. No
se les ofrecía explicaciones; esto era propio de la escuela superior. Dado que todo
este material no estaba escrito, sino aprendido de memoria, en la escuela había
hombres que tenían la función de repetir, según la necesidad de la clase, el material
oral; eran como libros vivientes.
1) Memoria.
2) Primero aprender, luego comprender.
3) Conservar la formulación auténtica: “es una obligación el formular una tradición
con las palabras de su maestro”. Para ello el maestro repetía cuatro veces.
4) Brevedad y concisión. Por ello se buscan formulaciones concisas y mordientes, el
uso de las leyes mnemotécnicas.
5) El uso de “cuadernos de notas” para uso privado.
6) Repetición constante, que se hacía en voz alta y canturreando.
La tradición en el cristianismo
Dentro del judaísmo nace el cristianismo, que sigue utilizando la misma dinámica de
enseñanza y aprendizaje. Las cartas de Pablo ejemplifican muy bien esta realidad.
Pablo subraya en varias ocasiones que la comunidad cristiana tiene unas tradiciones
fundamentales, como la institución de la Eucaristía en 1 Cor 11,2; o la tradición de
las apariciones del resucitado en 1 Cor 15 (también 2Tes 3,6), que se transmiten y
reciben con absoluta fidelidad (léase 1 Cor 11,23; 15,1.3; Gál 1,9; Flp 4,9; 1Tes
2,13;2Tes 3,6). Es obligación de las comunidades cristianas guardar, conservar y
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proteger estas tradiciones, que forman la gran Tradición cristiana (cf. 2 Tes 2,15; 1
Cor 11,2;15,1; 1 Tm 6,14; 5,21; etc.); también se encuentra la expresión “caminar
según” la tradición (2 Tes 3,6).
Esta Tradición, además, tiene transmisores oficiales, con una autoridad interpretati-
va de cada una de las tradiciones (cf. Gal 2, cuando se acercan a “las columnas de la
Iglesia”, para que garanticen la correcta interpretación del mensaje evangélico). El
mismo Pablo se dice transmisor de esta tradición. Incluso reclama que sus comuni-
dades lo imiten, al estilo de los maestros judíos (cf. 1 Cor 4,16s; 2 Tes 2,15; Flp 3,17;
4,9). La imitación de Pablo es, por tanto, una manera de recibir la tradición. Esta
tradición tiene un origen claro: Jesús de Nazaret. Se trata de la tradición de Jesús, y
es sobre Jesús. Su origen es Jesús: se trata de una tradición nueva porque Él es su
contenido.
b) Colocó a la Sagrada Escritura como único principio y norma del actuar cristiano,
desvinculado de la Iglesia, la comunidad donde se sigue dando la autodonación
de Dios a los hombres, la revelación, de modo culminante en la Eucaristía.
Ahora bien, no es sólo una fuente a la que acudir para obtener conocimientos teoló-
gicos, pues como muestra su lugar en la Dei Verbum, no sólo es testigo, sino que
también es transmisora de la revelación, y cumple una función dentro del plan
mismo de Dios de revelarse al hombre. Está por tanto llamada a vivificar la teología,
haciendo que no sea solo teoría, sino vida, vivencia de la autodonación de Dios, que
se deja conocer teológicamente para poder ser amado. Ésta es también la función
del alma en el cuerpo: darle vida, aliento.
En efecto, la Biblia es parte del cauce por el que llega hasta el presente la revelación
de Dios, pero inseparable del único cauce: la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, el Pueblo
de Dios, el Templo del Espíritu Santo. Por eso, sólo leída en su seno vivificará a la
teología.
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Para comprender todavía mejor qué es la Biblia para el cristiano, resulta muy útil
compararla con otros libros sagrados de otras religiones, y qué suponen éstos para
sus respectivos seguidores. De este modo se captará con más lucidez la concepción
cristiana y católica de la Biblia, así como su peculiaridad.
Englobamos en esta comparación a todos los textos de culturas antiguas, como pue-
den ser las mesopotámicas (por ejemplo, el Enuma Elish), las mitologías griegas o los
libros sagrados del hinduísmo, sin mayor pretensión que abarcar sus generalidades.
Veamos las principales diferencias “formales” de la comprensión de estos textos
dentro de su propia religión, con la Biblia tal como es concebida por la Iglesia:
- Para los judíos, la Biblia está formada sólo por los libros escritos en hebreo de
nuestro AT. Y no lo llaman “Biblia”, ni todos los libros tienen la misma impor-
tancia (como tampoco para los cristianos). La dividen en tres partes: Ley (Torá),
Profetas (Nebiîm) y Escritos (Ketubîm); la división cristiana del Antiguo
Testamento, en cambio, es en cuatro partes: Pentateuco (que coincide con los
libros de la Torá), libros históricos, proféticos y sapienciales. Mientras que el cris-
tianismo subraya las acciones salvíficas narradas en estos libros, y las promesas
hechas por Dios para el futuro, el judaísmo se centra fundamentalmente en las
leyes que Dios ha dado el pueblo en esas acciones. De ahí que la preeminencia la
tenga la Torá. Para los cristianos, en cambio, el centro está en los evangelios, cri-
terio último de interpretación del resto de libros bíblicos, también los del AT.
- Para el judaísmo, sus textos no son un Testamento Antiguo, sino el Único
Testamento. Esta diferencia es esencial con respecto al cristianismo. Mientras
que el cristiano lee el AT considerándolo el testigo de una etapa preparatoria y
transitoria, y no ve en él la plenitud, el judío lo interpreta como el escrito que
manifiesta la única alianza de Dios con los hombres.
- El judaísmo, al no reconocer las Escrituras cumplidas en Cristo, sigue esperando
un Mesías y el cumplimiento de las promesas hechas por Dios. El cristiano, en
cambio, ve en Cristo cumplidas todas las Escrituras.
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Pentateuco
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Josué
Jueces
Rut
1Samuel
2Samuel
1Reyes
2Reyes
1Crónicas
2Crónicas
Esdras
Nehemías
Tobías
Judit
Ester
1Macabeos
2Macabeos
El tercer grupo lo forman los libros sapienciales, que recogen la sabiduría y la ora-
ción desarrollada durante siglos en el pueblo de Israel:
Job
Salmos
Proverbios
Eclesiastés (Qohelet)
Cantar de los Cantares
Sabiduría
Sirácida (Eclesiástico)
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Por último están los libros proféticos, que a lo largo de los acontecimientos narra-
dos en los libros históricos, anuncian la nueva salvación de Dios, que llegará con
Jesucristo. En negrita señalamos los llamados “profetas mayores”:
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
Baruc
Ezequiel
Daniel
Oseas
Joel
Amós
Abdías
Jonás
Miqueas
Nahúm
Habacuq
Sofonías
Ageo
Zacarías
Malaquías
El Nuevo Testamento lo forman 27 libros. Los más importantes son los cuatro
evangelios, donde se testimonia el acontecimiento de la revelación, cuyo culmen es
el misterio pascual de la pasión, muerte, resurrección y envío del Espíritu Santo:
Corpus paulino
Carta a los Romanos
1.ª Carta a los Corintios
2.ª Carta a los Corintios
Carta a los Gálatas
Carta a los Efesios
Carta a los Filipenses
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Cartas católicas
Carta de Santiago
1.ª Carta de Pedro
2.ª Carta de Pedro
Carta de Judas
Apocalipsis
CONCLUSIÓN
Hemos visto en este tema la relación fundamental de la Biblia con la revela-
ción, con la Iglesia, con la tradición y el Magisterio. La Biblia no es la
revelación, sino testigo de la misma. Ha nacido de la Iglesia y sólo en ella
puede cumplir su función de ser transmisora en el presente de la revelación
de Dios, su autodonación. Por ello, está en absoluta armonía con la tradición,
pues de hecho la Biblia también es un fenómeno de tradición eclesial, pero
con la peculiaridad de estar divinamente inspirada. Por eso, la misión de cus-
todiarla y mantener siempre fiel su mensaje a los orígenes es del Magisterio, el
único con la capacidad de realizar tal misión, con la autoridad recibida de
Jesucristo.
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Ejercicios
• Define lo que es Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, revelación, tradición, magis-
terio, Biblia.
• ¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Escritura? ¿Qué es lo más novedoso
de su enseñanza?
Tema
El texto de la Sagrada Escritura
2
I. Textos y Versiones de la SE
Las versiones de la Biblia que todos nosotros leemos son obviamente traducciones
a nuestro idioma. Ahora bien, ¿de dónde toman los traductores el original? ¿en qué
lengua están? ¿dónde se encuentran?
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Como es natural, los textos originales escritos de la mano del autor humano inspira-
do por Dios –técnicamente llamado “hagiógrafo”— no han llegado hasta nosotros,
pues siendo muy antiguos no resistieron el paso del tiempo. Sin embargo, el conte-
nido sí lo tenemos porque la comunidad que los generó y recibió, el pueblo de Dios,
lo ha ido copiando y conservando. A este proceso se le llama comúnmente la
“transmisión textual”.
Al inicio, los materiales sobre los que escribir eran escasos, caros, y por lo general
poco duraderos 8. Lo más usado en el mundo antiguo fue el papiro, procedente de
Egipto (especialmente en la zona del Delta del Nilo) y elaborado a partir de los
tallos de las plantas del mismo nombre (de hasta 6 metros de altura), cortados en
tiras finas, y superpuestas en capas cruzadas, prensadas con agua. Se escribía sobre
las fibras horizontales una vez lijadas, que quedaban por la parte interior del rollo de
papiro, una vez enrollado; si hacía falta se escribía también por el revés. Las “hojas”
formadas se podían unir o pegar a otras formando rollos de 10 metros. Para escribir
sobre el papiro se utilizaba en la época griega una caña con punta y una tinta gene-
ralmente negra de carbón, goma y agua.
Su principal problema era la conservación, pues la humedad los destruía con el paso
del tiempo. Los textos bíblicos más antiguos que se han conservado en papiro per-
tenecen al AT, datan del siglo primero, y se encontraron casualmente en Qumrán,
junto al Mar Muerto, en el siglo XX. Pudieron conservarse gracias a la sequedad del
desierto, y a permanecer escondidos durante siglos en las cuevas. Más adelante
abordaremos este importante descubrimiento.
8. Es bien sabido que en la antigüedad se han usado materiales diferentes para escribir: piedras, metales, barro, madera, papi-
ros, pieles de animales. La naturaleza del material ha determinado el estilo y la técnica de la escritura. Los sumerios,
inventores de la escritura, lo hacían sobre tablillas de arcilla con un estilete de madera o metal, que luego se secaban o cocían,
de modo que se conservasen estas tablillas de modo indefinido. Este tipo de escritura se llama cuneiforme.
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Mucho más caro era escribir sobre pergamino (piel de animal) 9, pues fácilmente un
libro requería un rebaño entero, y el tratamiento de la piel era más lento y complica-
do. Para preparar, por ejemplo, un códice de un grupo de escritos neo-testamentarios
(200-250 folios de 25x19 cm) se necesitaban al menos la piel de 50-60 cabras u ove-
jas. Los manuscritos más antiguos del NT en pergamino son posteriores al s. IV. Un
manuscrito neo-testamentario, en aquella época, podía costar una fortuna, porque los
pergaminos eran sólo una parte del trabajo. Tras prepararlos se necesitaba transcribir
el texto, usar el color para las iniciales, y a menudo adornar también el códice con
miniaturas de artistas.
El pergamino se usó como material de escritura durante mucho tiempo. Pero a partir
del s. XIII se difundió el papel: del s. XII es el manuscrito más antiguo del NT en
papel. Los chinos inventaron el papel ya en el s. I d.C., y los árabes lo difundieron en
todo el territorio dominado por ellos, a partir del s. VIII. Pero en el ámbito que nos
interesa el papel no adquiere importancia antes del s. XII. De los cerca de 5300
manuscritos del NT conservados hoy, sólo unos 1250 están escritos en papel.
Pero gradualmente desde el siglo primero el rollo se fue sustituyendo por el códice,
primero en papiro y luego en pergamino. El códice consistía en una serie de papiros
plegados por el medio en forma de “libro”; era más duradero que el rollo, y más mane-
jable, con tapas de madera o de piel. En el s. II los cristianos empezaron a usarlo para
los textos sagrados, distanciándose de los judíos que sólo admitían el rollo. De aquí
datan los fragmentos bíblicos más antiguos del NT (p. ej., el P45, de inicios del s. II).
Las versiones modernas de la Biblia suelen ser traducciones de las “ediciones críti-
cas”, es decir, reconstrucciones del supuesto texto original a partir de todas las
9. Después de que el animal era despellejado (en teoría se podía tratar de cualquier animal, pero generalmente eran ovejas o
cabras), se depilaba y se eliminaban todos los restos de grasa mediante la inmersión en un baño de cal, después se cortaba en
trozos regulares, se lijaba y se preparaba para el uso con un tratamiento a base de arcilla y pómez.
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copias del mismo que han llegado hasta nosotros. Estas ediciones críticas, obvia-
mente, están en la lengua del original: hebreo, arameo o griego.
El hebreo fue la lengua que Israel adoptó al entrar en la tierra prometida, pues era
lo que se hablaba en Canaán. Fue el idioma común de Israel hasta el destierro de
Babilonia (587 a.C.), y en el que se escribieron la mayoría de los libros del AT.
Gráficamente se escribe de derecha a izquierda y está compuesta por 22 consonan-
tes, pues las vocales no se escribían (éstas empezaron a utilizarse sólo a partir del s.
V-VI d.C. para no olvidar la exacta pronunciación del texto bíblico) 10.. Después del
destierro, el hebreo bíblico sobrevivió como lengua hablada y escrita sobre todo en
Palestina hasta casi la época romana, pero en círculos reducidos. Después evolu-
cionó hacia el hebreo rabínico y moderno.
Al ser deportado a Babilonia, el pueblo de Israel adoptó el arameo, que sería la len-
gua oficial de los grandes imperios mesopotámicos (asirio, neobabilónico y persa).
Suplantó poco a poco al hebreo en el habla ordinaria hasta tal punto que en las sina-
gogas, cuyo germen está precisamente en el exilio, tras la lectura del texto bíblico en
hebreo se hacía necesaria una traducción del mismo en arameo para que los asisten-
tes lo entendiesen. En el AT sólo algunas secciones están en arameo (Jr 10,11; Esd
4,8-6,18; 7,12-26; Dn 2,4b-7,28), que fue la lengua de mayor difusión en Oriente --
incluso después de la llegada del helenismo—y la predominante en tiempos de
Jesús.
Cuando Alejandro Magno conquistó todo el Oriente, desde Grecia y el río Nilo
hasta el río Ganges, introdujo una nueva lengua, el griego, que iba acompañado de
toda una cultura, el helenismo. Se convirtió en la lengua común con el Imperio
romano, pues posibilitaba entenderse con todos los pueblos occidentales y del
oriente medio. Los últimos libros del AT 11, y el NT completo, están escritos en grie-
go. Ahora bien, el griego bíblico no es pura y simplemente el griego común, sino
griego común semitizado. Porque ha recibido de los escritores bíblicos y de su
ambiente una ‘forma mentis’ y un bagaje de ideas, imágenes y procedimientos,
característicos de las lenguas semitas. Esto justifica el significado extraño dado a
algunos términos, el uso indistinto de términos propios de la prosa o de la poesía, la
acuñación de neologismos, etc...Términos como doxa, sôma, kosmos añaden sentidos
nuevos y diferentes respecto al significado que tenían los términos hebreos corres-
pondientes.
evangelio de Mateo (p. ej. Papías de Hierápolis). La hipótesis del original semítico
(sea éste hebreo o arameo) para los evangelios ha sido propuesta de un modo u
otro sin solución de continuidad en el curso de los siglos. Pero hasta ahora no nos
ha llegado ningún testimonio directo de un original en lengua semítica. Lo que
resulta evidente es que el griego en el que se conserva el NT está plagado de semi-
tismos y a veces es difícil de entender. Este dato, reconocido por todos los
estudiosos, puede ser objeto de una doble interpretación. Se podría pensar que los
textos se escriben directamente en griego, si bien por mano de autores palestinos,
cuya lengua madre es el arameo, que no pueden no dejar su huella en una lengua
que no dominan a la perfección. La otra posible interpretación es que el griego
difícil del NT fuera un griego de traducción (desde un original arameo o hebreo).
Tampoco el griego del NT es homogéneo, sino que varía mucho por el estilo y las
características de un libro a otro. El libro más “incorrecto” es el Apocalipsis; entre
los que tienen mejor griego están Hechos de los Apóstoles y la carta a los Hebreos.
Los estudiosos han señalado tres periodos en la fijación del texto del AT:
• Una primera época que va desde que se comienza la redacción de los libros hasta
finales del [Link] a.C. o comienzos del s. II a.C. En este periodo la transmisión del
texto sufre cambios, añadiduras y variaciones. Como muestra de ello basta com-
parar duplicados en pasajes paralelos: Sal 14=Sal 53; Sal 18=2Sm 22; Is
2,2-4=Miq 4,1-3; etc. Las diferencias en el texto se ven en los testigos más anti-
guos del texto hebreo que tenemos, de los que luego hablaremos: el Pentateuco
samaritano (siglo V a.C.), la Septuaginta (siglo III-II a.C.) y los manuscritos de
Qumrán (siglo III a.C.-I d.C.).
• Una segunda época que va desde el [Link] a.C. hasta el 500 d.C. En este tiempo se
va fijando el texto y se intenta impedir tradiciones textuales diversas. Esta bús-
queda de la uniformidad textual fue favorecida sobre todo por los rabinos,
después de la destrucción de Jerusalén el 70 d.C. Se puede afirmar que el texto
consonántico quedó definitivamente fijado a finales del siglo I d.C.
• La tercera época va desde el 500 al 900 d.C. Se fija no solo el texto consonántico
sino también la pronunciación, introduciendo los puntos masoréticos. El texto
vocalizado adquirió su punto de estabilidad a finales del s. X d.C. El término
masorah significa “tradición”. Designa el conjunto de notas que acompañan al
texto y en las que los masoretas recogieron el cúmulo de tradiciones rabínicas
relativas al propio texto bíblico. Su trabajo era doble: ponían los signos vocálicos
en el texto consonántico y hacían observaciones sobre palabras o frases 12. Las
anotaciones constituyen la masorah magna, con indicaciones en los márgenes
superiores e inferiores, la masorah parva, al lado y entre las columnas del texto, y
la masorah finalis, al final del manuscrito. El texto masorético, por tanto, es el
texto consonántico hebreo que los masoretas vocalizaron, acentuaron y dotaron
de masorah. Hubo dos grandes centros masoréticos: Babilonia y Palestina. El sis-
tema de vocalización que se encuentra en los manuscritos principales es el
12. Las anotaciones masoréticas se refieren generalmente a la frecuencia de un palabra, a la escritura y a eventuales divergen-
cias entre lo que está escrito (ketib) y lo que se lee (qere).
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 28
El descubrimiento de Qumrán
Sin duda el descubrimiento de los manuscritos de Qumrán, cerca del Mar Muerto,
ha sido el acontecimiento más importante del siglo pasado por lo que respecta al
texto del Antiguo Testamento. Antes del descubrimiento de estos textos, los manus-
critos bíblicos más antiguos disponibles con toda la Biblia databan del s. X-XI d.C.,
aunque se conservaban algunos fragmentos del s. V d.C.
La mayor parte de los documentos del Mar Muerto se remontan al s. I a.C. y algu-
nos al s. II-III a.C. Gracias a este descubrimiento podemos tener una visión directa
sobre el estado del texto bíblico en este período. La importancia de este descubri-
miento no se limita a aportar un mayor conocimiento del texto bíblico, sino
también de la comunidad que custodió esos manuscritos.
13. Existían también el babilónico u oriental (s. VIII), supralineal; y el palestinense u occidental (s. VIII-IX) que evolucionó
hasta asemejarse al tiberiense.
14. Este descubrimiento tuvo lugar el año 1896. Se hallaron miles y miles de fragmentos de manuscritos viejos. Uno de los
hallazgos más importantes fue el texto hebreo del Eclesiástico, que hasta entonces se conocía sólo en versión griega. La
mayoría de estos fragmentos son del siglo VI-VII d.C.
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 29
Del estudio de los textos hallados en Qumrán y su comparación con otros textos, se
deduce que los copistas de Qumrán eran muy cuidadosos y respetuosos cuando
copiaban el texto sagrado; más incluso que cuando copiaban sus propios textos de
la comunidad. También resulta llamativo ver la proximidad de los textos del AT
hallados en Qumrán con el texto masorético, lo cual nos confirma la fiabilidad que
se ha dado en la transmisión del texto veterotestamentario.
Biblioteca de Alejandría
La gran biblioteca de Alejandría fue creada por Ptolomeo I Sóter al inicio del siglo III
a.C.; llegó a contener unos 700.000 volúmenes. Esta biblioteca existió hasta la con-
quista musulmana bajo el mando de Amr ibn al-As (642). Según las
crónicas musulmanas, este preguntó al califa Omar qué hacía con la biblioteca, el cual
respondió: “Con relación a los libros que mencionas, aquí está mi respuesta. Si los
libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si
los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”.
Obedeciendo la orden del califa, la biblioteca fue destruida. El origen de la traducción
de los LXX es probable que esté vinculado a la existencia de la biblioteca.
Esta versión griega fue tan importante que en grandes sectores del judaísmo se le
otorgaba el mismo valor sagrado que a la versión hebrea. Permitió la difusión del
judaísmo y el cristianismo por todo el imperio romano.
Los manuscritos más importantes de la Biblia griega son los llamados unciales (todo
el texto en letras mayúsculas), escritos sobre pergamino en forma de códice. El uso
del uncial bíblico comenzó en el s. IV y se extendió hasta el s. X 16. Los más impor-
tantes de éstos (que contienen el AT y el NT) son:
Orígenes las compiló en su importante obra Hexaplas, donde junto a las cuatro ver-
siones griegas añadió el texto hebreo y una transliteración del hebreo en griego.
Esta obra se perdió y sólo nos han llegado fragmentos. El testimonio más completo
de su texto es una traducción siríaca del s. VII d.C.
La Biblia griega, a su vez, fue traducida al latín (Vetus latina, [Link] d.C.), al copto en
cuatro dialectos (sahídico, bohaírico, acmimico y faiumico; s. III-IV d.C.), al etiópi-
co (s. IV d.C.) y al armenio (s. V. d.C.).
El Pentateuco samaritano
El Pentateuco Samaritano es la Biblia de la comunidad samaritana antes y después
del cisma de los judíos (s. IV a.C.). Los samaritanos conservaron el Pentateuco como
único cuerpo de Escritura inspirada, mientras los judíos habían añadido los libros de
los profetas y los hagiógrafos (los “escritos”). Comparando el Pentateuco Samaritano
con el Texto Masorético se encuentran más o menos 6000 variantes; cerca de 1600 de
estas variantes concuerdan con los LXX. La mayor parte de las variantes son de tipo
ortográfico o morfológico. Hay sin embargo otras variantes que indican los intereses
teológicos de los samaritanos.
Existen también traducciones arameas a los profetas en el targum Babilónico, del [Link]-
IV d. C. (en arameo babilónico), así como a los Escritos, en el targum a los quetubim,
del s. III-IX d. C., traducido en diversos dialectos de arameo.
Hasta ahora nos hemos referido a traducciones que afectan sólo al AT (excepto al
presentar los códices unciales). De cara a las versiones que incluyen toda la Biblia,
destacan las de lengua latina: la Vetus latina y la Vulgata. La primera, ya mencio-
nada más arriba, es la más antigua (ca. s. II d.C.), traduce en latín popular un texto
griego del AT arcaico, y apenas nos han llegado algunos manuscritos fragmentarios.
Fue sustituida en toda la Iglesia por la Vulgata, traducción realizada por san
Jerónimo a finales del s. IV. a partir de los textos originales, por encargo del Papa
San Dámaso. Por lo que respecta al NT, parece que más que una traducción hizo
una revisión de la traducción latina que circulaba en su época.
Con el tiempo, los libros traducidos desde el hebreo por San Jerónimo, junto con
aquellos libros traducidos desde el griego por ser ésta la lengua original (ej.
Sabíduría, en el AT, o todo el NT) se agruparon en lo que con el tiempo recibió el
nombre de traducción Vulgata, es decir, la simple, la más extendida, la común. Con
una excepción: la traducción de los Salmos que entró en dicha recopilación no fue
la que realizó San Jerónimo desde el hebreo sino la que él mismo realizó desde el
griego. Hay que tener en cuenta que en varios libros del AT San Jerónimo hizo una
doble traducción, desde el hebreo y desde el griego. Por influjo de la lectura de los
Salmos de los monjes, especialmente en Galacia, acabó teniendo más aceptación la
traducción de los Salmos hecha desde el griego ya que era más acorde con la teo-
logía cristiana. Como ya vimos al hablar de los LXX, gran parte de la teología
cristiana del NT se construye a partir de los Salmos de la versión griega, algo dife-
rentes a los de la tradición hebrea.
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 33
Será esta versión latina, la Vulgata, de la que el Concilio de Trento partirá para fijar
elcanon del AT y del NT, así como la extensión de los textos canónicos.
Traducción copta
S. III
Hexaplas de Orígenes
Traducción Vulgata
S. IV
Traducción Etiópica ?
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 34
Los originales de los libros del NT también se han perdido, no sólo por la poca
duración del papiro, sino también por incendios, persecuciones, o invasiones. Hasta
el presente, el número de manuscritos del NT es muy grande: 98 papiros provenien-
tes de Egipto; 301 códices en pergamino (unciales) escritos durante los siglos III-X;
2811 códices escritos en minúscula desde el siglo IX en adelante; 2279 leccionarios.
No todos los manuscritos contienen la totalidad del NT. Lo que más se copió fue-
ron los evangelios. Los papiros más antiguos son: P45 (finales [Link]: evangelios y Hch);
P46 (finales [Link]: cartas de Pablo); P52 (año 125 o quizá anterior: Jn 18,31-33.37-38);
P66 (año 150: Jn); P90 ([Link]: contiene partes de Jn 18,36-19,7). De los unciales, las
copias más importantes son las mencionadas al hablar del AT:
• el Codex Sinaítico (א, S) del siglo IV, descubierto por von Tischendorf en
1844, en Londres;
• el Codex Vaticano (B), de comienzos del siglo IV;
• el Codex de Beza (D), del siglo V, en Cambridge;
• el Codex Alejandrino (A), también del siglo V, en Londres;
• Palimpsesto del siglo V (C), en París.
A toda esta documentación habría que añadir también las citas bíblicas que
encontramos en las obras de los Padres Apostólicos (siglos I-II) y de los Padres de
la Iglesia (siglos II-V).
Esta cantidad inmensa de copias no tiene parangón con ninguna obra no cristiana
de la antigüedad. Hay un intervalo de más de 1000 años entre la fecha de
composición de los originales de Eurípides, Sófocles, Esquilo, Aristófanes,
Tucídides y Demóstenes y los manuscritos más antiguos de sus obras. Los escritos
de Virgilio (70 a.C.-19 d.C) son los mejores conservados, y tenemos 600
manuscritos de sus obras, pero de fecha muy tardía; los más antiguos son del [Link]-V.
Por eso se ha tenido como un gran descubrimiento el papiro de Masada, con una
línea de la Eneida (año 73 d.C.). A su vez, Julio César (s.I a.C.) nos ha dejado varias
obras, cuyos manuscritos más antiguos son del s.X d.C., unos 11 siglos después de
ser escritas; Platón Homero ([Link] a.C.), el manuscrito más antiguo que contiene
sus obras es del [Link] (más de 19 siglos después de su muerte); Tácito (s.I d.C.), los
primeros seis libros de sus Anales dependen de un manuscrito del 1510, unos 14
siglos después de su muerte.
Comparación entre NT y AT
A diferencia del AT, los testimonios que tenemos del texto del NT indican que
desde muy pronto existieron variantes, lo que muestra un cierto descuido a la hora
de escribir. Esto no ocurría con los escribas del AT. Probablemente fue debido a la
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 35
Por otra parte, como ya hemos dicho, mientras el AT se desarrolló a través de varios
siglos, el período de formación del NT es de sólo unos decenios. Por añadidura, los
papiros y manuscritos del NT son muy antiguos. La mayor parte del texto del NT
está atestiguada en diferentes manuscritos del siglo III. Pero los grandes códices
unciales que contienen la Biblia entera, tanto AT (en griego) como el NT son del
siglo IV. Estos códices son la base de las ediciones críticas del NT.
Con la invención de la imprenta (aprox. 1440 por Gutenberg) se inicia una nueva
era. A comienzos del s. XVI aparecieron las dos primeras ediciones impresas del
texto griego del NT:
La edición de Erasmo, aunque preparada más tarde, obtuvo el título de primera edi-
ción (editio princeps) del Nuevo Testamento griego, pues el último volumen de la
Políglota fue terminado el 15 de julio de 1517. La edición de Erasmo, además de
muchos errores, se basó fundamentalmente en códices del s. XII, los cuales, en su
conjunto, tenían el texto de la edad bizantina (a partir del s. V), el más reciente y el
peor de los diversos tipos de texto en los que nos ha llegado el Nuevo Testamento.
Los manuscritos utilizados por la Políglota Complutense, en cambio, eran mucho
mejores.
Hasta el s. XIX se creyó que el textus receptus reproducía exactamente el texto del
Nuevo Testamento inspirado por Dios. La batalla decisiva por la restauración del
texto original fue llevada a cabo en el s. XIX, por Karl Lachmann (1793-1851),
profesor de filología clásica en Berlín. En 1830 propuso volver al texto de la Iglesia
de finales del siglo cuarto. Este proyecto fue llevado a cabo por Constantin von
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 36
Después de todo lo dicho hasta ahora, podríamos preguntarnos: ¿es posible recons-
truir el texto original, depurando todos los errores, añadidos y lagunas ocasionados
en su transmisión a través de la acción de copiar?; ¿es posible reconstruir la historia
del texto de cada libro bíblico? A estas cuestiones intenta responder la crítica tex-
tual, cuya misión es doble:
a) restaurar el texto original del autor, o por lo menos la lección más próxima posi-
ble;
b) descubrir la historia de la transmisión y del desarrollo del texto escrito del que
hoy tenemos varias formas.
La crítica textual, algo que se aplica a toda obra literaria antigua, se realiza tanto con
los manuscritos antiguos como con las versiones. Se trata de reconstruir el supuesto
texto “original” mediante los diferentes testimonios que nos han llegado. Las dos
etapas necesarias para la reconstrucción del texto original son:
La corrección del texto, siempre hipotética, se realiza para restituir la forma original,
o al menos, la más próxima al supuesto original, según la mentalidad y estilo del
autor. La historia nos muestra que los textos del AT han conocido un período de
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 37
Entre los siglos II a.C y II d.C surgieron multitud de escritos en el mundo judío
en torno a la literatura bíblica, bien porque se atribuían pseudo-epigráficamente a
autores importantes mencionados en la Biblia, bien porque narraban de nuevo los
acontecimientos bíblicos, actualizándolos y detallándolos. Abarca principalmente la
basta colección de libros apócrifos, de diferentes fechas, autores, ideologías, lugares,
y concepciones teológicas, así como la literatura de Qumrán.
Resulta muy útil conocer estos escritos, pues ayudan a comprender cómo los diver-
sos grupos judíos de esta época (más o menos contemporáneos de Jesús)
imaginaban e interpretaban los textos bíblicos. Muchas de sus ideas influyeron fuer-
temente en la concepción cristiana. Hay apócrifos procedentes del judaísmo y
previos a Jesús, y por lo tanto centrados en la temática del AT ([Link]. la Vida griega y
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 38
Asimismo, hay dos autores judíos del s. I especialmente importantes para el estudio
de la Biblia, a saber, Filón de Alejandría y Flavio Josefo. El primero nació ca. 20
a.C. en Alejandría y es el escritor judío más importante de su época. Supo adoptar la
filosofía griega y emplearla para expresar su fe judía, a través de la interpretación
alegórica de los textos. Josefo, posterior a Filón, es imprescindible para el conoci-
miento de la historia del NT, pues fue el historiador y apologeta judío de la época,
especialmente de las guerras contra Roma.
Ahora bien, la obra más importante del judaísmo rabínico es la Misná, de Rabí Judá
el Patriarca a finales del s. II d.C., que recoge la legislación judía contenida en la tra-
dición oral y la organiza por temas (productos agrícolas y diezmos; fiestas; mujeres;
derechos de propiedad y procedimientos legales; sacrificios y ofrendas; leyes de
impureza). Inmediatamente adquirió autoridad para toda decisión legal y se convir-
tió en la base de todo el desarrollo posterior del judaísmo.
Como obra complemetaria a la Misná se compiló la Tosefta, mucho más amplia que
la Misná, pues recogió en una colección complementaria las tradiciones legales exis-
tentes y secundarias que no se incluyeron en la Misná. Se atribuye a Hiyya bar Abba,
y puede considerarse como el gran apéndice de ésta, pues está organizada de la
misma manera.
CONCLUSIÓN
En este capítulo hemos adquirido una visión de conjunto del mundo literario
en torno a la Biblia. Nos ayudará a conocer mejor su realidad textual y a tener
cierta familiaridad con las obras antiguas del mundo bíblico, necesaria para
una comprensión mejor de la Biblia y lo que se escribe sobre ella.
Por otra parte, hay otra literatura no bíblica, pero contemporánea o posterior,
muy útil para la mejor comprensión de la misma Biblia. Por una parte, la lite-
ratura intertestamentaria, tanto judía como cristiana, así como la tardía
literatura judía.
IntroSE_ud 12:ud [Link] 26/09/2017 10:59 Página 40
Ejercicios
• Define los siguientes conceptos o describe la importancia de los mismos: papiro, per-
gamino, rollo, códice, lengua hebrea, lengua griega, Septuaginta (LXX), Vetus latina,
Vulgata, Qumrán, versiones del AT, Peshita, Targumim, Neofiti, crítica textual,
Talmud, Tosefta, Misná, Masorah, crítica interna, crítica externa, Hexaplas, textus
receptus, Pentateuco samaritano, Codex Vaticano, Codex Sinaítico, unciales.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 41
Tema
La Biblia, la historia y la geografía
3
Egipto es una tierra fértil por las aguas del Nilo, a la que acudían en busca de ali-
mento los pueblos de alrededor cuando arreciaban las frecuentes carestías. Era un
lugar clásico al que emigrar desde la tierra prometida. Mesopotamia también es fér-
til por los dos ríos que la cruzan, Tigris y Éufrates, a lo largo de los cuales se
construyeron grandes ciudades. De norte a sur podemos mencionar Nínive (capital
asiria), Babilonia y Ur (ciudad natal de Abraham). El único camino desde
Mesopotamia era recorrer hacia el norte los dos grandes ríos, alcanzar la costa
mediterránea al norte, y descender hacia el sur pasando por Canaán. Este recorrido
abarca lo que se llama el Creciente fértil, o la media luna fértil. Nos centraremos, sin
embargo, en la tierra de Canaán, que geográficamente está marcada por el río
Jordán, que deja a este y oeste dos territorios importantes.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 42
Describiremos el recorrido del Jordán de norte a sur. Nótese que nos encontramos
en la superficie más baja de la tierra, y que conforme se avanza hacia el sur crece el
desnivel respecto al nivel del mar, hundiéndose cada vez más.
El río Jordán nace de tres arroyos procedentes de la cadena montañosa del Líbano,
que se unen a la altura de Cesarea de Filipo. El naciente río enseguida encontraba el
pequeño lago Hule (de 4 Km de eje), hoy inexistente. Tras 16 Km de recorrido hacia
el sur está el Lago de Genesaret, también llamado Mar de Tiberíades o de Galilea,
de 21 Km de largo y 12 Km de ancho en su zona más amplia. Su superficie está a
211 m bajo nivel del mar, y el lago alcanza hasta 40 m de profundidad. Es de agua
dulce, de mucha pesca, y son características las repentinas y violentas tormentas.
A continuación está la Fosa del Jordán, de unos 100 Km de norte a sur, pero llenos
de vericuetos (hasta el punto de triplicar la distancia que recorre su cauce). El
Jordán recibe sus principales afluentes por el oeste, y desemboca en el Mar
Muerto, el lugar más bajo del planeta, a 403 m bajo el nivel del mar. Tiene 85 Km
de largo por 15 Km de ancho, y una profundidad máxima de 400 m de profundi-
dad, que va decreciendo conforme se va hacia el sur. En él no hay vida posible por
la concentración altísima de sales. Al sur continúa el desierto salínico de la Arabá.
La región cisjordana
Por el oeste, en cambio, el descenso del nivel es suave, dando lugar a colinas, hasta
alcanzarla Sefelá, una llanura costera sin buenos puertos naturales al Mediterráneo.
Desde las montañas desembocan pequeños ríos en el Jordán, como el Yarqón.
Según avanzamos hacia el sur, las colinas y la llanura se ensanchan, hasta formar el
desierto del Negueb.
Al norte de las montañas de Samaría, pasada la cadena montañosa del Carmelo, que
va de la costa mediterránea hacia el Jordán, está la llanura fértil de Yizreel o
Esdrelón, escenario de grandes batallas. Más al norte está la baja Galilea, llena de
colinas y montes de mediana altura, como el Tabor, de 588 m. La baja Galilea está
enmarcada al oeste por los puertos de Haifa y San Juan de Acre, en el Mediterráneo,
y al este por el lago Genesaret. Por el norte está la alta Galilea, un paisaje abrupto,
donde se yerguen cimas como las del Merom, de 1208 m.
La región transjordana
Transjordania, al este del gran río, es una inmensa meseta, atravesada por los princi-
pales afluentes del Jordán, que se eleva bruscamente desde el río. Al norte de la
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 43
meseta están los altos del Golán. Es una meseta llana y fértil, que conforme avanza
hacia el este se va transformando en zona inhóspita y volcánica. Estuvo tradicional-
mente poblada de norte a sur por los amonitas, moabitas y edomitas.
Clima y vegetación
La ribera del Jordán, en cambio, tiene un microclima tropical, muy verde, propicia-
do por el aislamiento que implica la enor me depresión. Este clima va
desapareciendo al dirigirse hacia el sur. También hay algunos oasis, como el de
Jericó, cerca de la desembocadura del Jordán en el Mar Muerto, o el de Engadí, al
oeste del citado Mar.
Principales ciudades
Por otra parte, las ciudades más significativas en la vida de Jesús fueron las siguientes:
La arqueología ha pasado por distintas fases en su peculiar relación con los estu-
dios bíblicos. En los primeros momentos en los que se quiso emplear para
contrastarla con la Sagrada Escritura, los biblistas miraron con recelo los trabajos
arqueológicos, como si no tuviesen autoridad sobre la Biblia o si se usasen para ata-
car a la Biblia. Sin embargo, en un segundo momento se pasó al polo contrario, al
ver que mucho de lo que se iba descubriendo estaba en armonía con lo que narraba
la Escritura. Entonces se llegó a pensar que la función de la arqueología era consoli-
dar puntualmente cada uno de los datos presentes en la Biblia.
Por eso, la arqueología nunca podrá hacer afirmaciones del tipo “Abraham nunca
existió”, “Israel no salió de Egipto, no entró en la tierra prometida”, o “esto que
narra la Biblia no pudo pasar”. Nada de eso puede apoyarse en mero hecho de que
no haya huellas arqueológicas del acontecimiento en cuanto tal. Cuando un arqueólogo o
historiador, que los hay, llega a alguna de estas consecuencias tras su estudio, es por-
que ha sobrepasado los límites de la propia ciencia y concluido más de lo que puede.
Otro error común entre los profanos es pensar que la arqueología es una ciencia
exacta que arroja resultados puramente objetivos. Esto es simplemente falso: los
yacimientos arqueológicos sólo ofrecen datos que luego hay que interpretar,
y en dicha interpretación influyen se quiera o no factores subjetivos. La obje-
tividad pura ni siquiera se da en las llamadas “ciencias puras”, pues también en ellas
hay interpretación humana. Todas aquellas ciencias que cuentan con la decisiva
intervención humana tienen siempre un grado de implicación del sujeto que influye
en los resultados. La misma datación de los objetos o ruinas que se descubren es
muchas veces muy discutida. Por ejemplo, en Meguido se encontraron los restos
arqueológicos de las caballerizas de Salomón, datadas en el s.X a.C., que de algún
modo confirmaba el esplendor que alcanzó Israel en su reinado. Sin embargo,
recientemente I. Finkelstein, en contra de la opinión de los demás arqueólogos, las
data más tardíamente. ¿Hasta qué punto influye en su “resultado supuestamente
objetivo” su interés por demostrar que Israel no tuvo el esplendor que describe la
Biblia? A veces la propia ideología influye demasiado en la interpretación de los
datos, y los medios de comunicación sensacionalistas lo venden siempre con los
mismos titulares: “la arqueología ha demostrado por fin que…”, cuando la arqueo-
logía por sí misma no puede demostrar casi nada.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 46
Por eso, tanto la geografía como la arqueología bíblicas son imprescindibles, porque
determinan las condiciones ambientales dentro de las cuales tiene sentido la literatu-
ra y las referencias históricas del texto bíblico. En este sentido pueden aportar
mucha luz para comprender mejor la incidencia que pudieron tener ciertas ideas o
ciertos relatos bíblicos en su cultura y ambiente.
A continuación vamos a presentar las grandes etapas históricas en las que se desa-
rrolla la historia que es escenario de la revelación de Dios. Recordemos que, como
señala Verbum Domini 32, “La historia de la salvación no es una mitología, sino una
verdadera historia y, por tanto, hay que estudiarla con los métodos de la investiga-
ción histórica seria”.
Para una mejor asimilación y más fácil consulta en el futuro, presentaremos las eta-
pas esquemáticamente, subrayando las fechas principales de los acontecimientos
más decisivos. El alumno profundizará esta historia en el estudio concreto de las
asignaturas de AT y NT.
Los Patriarcas
Son los antepasados del pueblo de Israel, los primeros a los que Dios habla, bendi-
ciendo y prometiendo plenitud: son Abraham, Isaac, Jacob y sus doce hijos,
entre los que destaca José (Gn 12-50). Eran nómadas, con sus raíces en Ur de
Caldea, y se instalaron primero en Canaán y más tarde en Egipto durante la primera
mitad del IIº milenio antes de Cristo (2000-1650 a.C.).
Egipto y el desierto
Tras más de cuatro siglos de estancia en Egipto, y muchos de dura esclavitud, Dios
suscitó a Moisés para sacar a través de él a su pueblo, probablemente durante el rei-
nado de Ramsés II y su hijo Merneptá (Ex, Lv, Nm y Dt). La salida de Egipto
habría sido alrededor del 1250 a.C., después de una acción poderosa y liberadora de
Dios a favor de Israel. Posteriormente, en el Sinaí Dios estableció a Israel como “su
pueblo” por medio de una gran alianza sellada con las doce tribus de Israel. En el
centro de esta alianza estaba la celebración de la Pascua como memorial de la libera-
ción de Egipto y el cumplimiento del decálogo. Tras muchas pruebas por el
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 47
desierto, mucha rebeldía por parte del pueblo, y unos cuarenta años de vagar por el
desierto, en torno al 1200 a.C. Israel entró en la tierra prometida.
Del 1200 a.C. al 1000 a.C. Israel se fue instalando poco a poco y con mucho esfuer-
zo en la tierra de Canaán, viviendo cada tribu independientemente, sin unidad
política (Jos, Jue). En los momentos de mayor aprietos y necesidad Dios suscitaba
jueces (caudillos militares) para librarlos de los enemigos. Poco a poco, el pueblo
filisteo se va perfilando como el principal enemigo. Para luchar contra los filisteos se
unge rey de todas las tribus de Israel a Saúl, con el cual se alcanza por primera vez
la unidad política de Israel. Saúl será sustituido por David (ca. 1000 a.C.), el cual
afianzará las fronteras de todo Israel venciendo definitivamente a todos los pueblos
enemigos. Le sucederá su hijo Salomón, que se dedicó al comercio y las grandes
construcciones, entre las que destaca el Templo de Jerusalén. Tras su muerte (931
a.C.) el reino se dividirá: su hijo Roboán quedará en el sur, y Jeroboán, ex ministro
de Salomón, gobernará las diez tribus del norte (1-2 Sam; 1 Re).
Desde la salida de Egipto no había habido ningún pueblo que predominase claramen-
te sobre los demás. Esto va a cambiar radicalmente tras el siglo X a.C., y los grandes
imperios se van a suceder unos tras otro. El primero que comenzará su expansión
será en el s. IX a.C. el imperio asirio (cuya capital es Nínive), que acabará llegando
hasta la tierra prometida y destruirá el reino de norte a finales del siglo VIII a.C.
En el reino del norte, mientras existió, la inestabilidad política fue la nota predomi-
nante, por los continuos golpes de estado y cambios de dinastías reinantes. Veamos
los principales acontecimientos y personajes bíblicos del reino del norte (Israel) hasta
su destrucción:
• 931 a.C.: Jeroboán, sucede a Salomón recibiendo del profeta Ajías de Silo, en pri-
mer lugar, el gobierno (1 Re 11, 29s) y, posteriormente, el castigo por su
idolatría(1 Re 13,1-14; 14, 2).
• 875 a.C. (aprox): el profeta Elías predica durante el reinado de Ajab (casado con
la fenicia idólatra Jezabel) contra los cultos cananeos (1 Re 17 19; 21 y 2 Re 1 2).
Le sucede el profeta Eliseo (2 Re 2,1-9.13; 13,14-21).
• 750 a.C. (aprox): el profeta Amós, predica en el santuario de Betel contra el culto
pagano y la injusticia social. Poco después le sigue el profeta Oseas, denunciando
la traición del pueblo al amor de Dios.
• 722 a.C.: Sargón II, rey asirio, conquista el reino de norte, destruye su capital
Samaría. Como consecuencia de la destrucción, muchos son deportados y dis-
persados por ciudades del imperio asirio, mientras que otros huyeron a Judá.
Asiria, a su vez, repobló Samaría con paganos traídos de otras zonas de su impe-
rio, especialmente de Babilonia.
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En el reino de sur, más pobre y discreto a nivel internacional que el del norte, se
mantuvo siempre la dinastía del rey David, hasta la deportación de Babilonia a ini-
cios del [Link] a.C. Sin embargo, a excepción de un par de reyes, al igual que los del
norte, todos fueron infieles a Dios y causa de desgracia para su pueblo. Los princi-
pales acontecimientos en el reino del sur (Judá) en este período de dominación asiria
fueron los siguientes:
• 740 a.C. (aprox): comienza la predicación del profeta Isaías (Is 1 39), que desa-
conseja al rey Acaz aceptar la propuesta de Siria e Israel. Éstos pretendían una
coalición militar para enfrentarse juntos a Asiria. Acaz, sin embargo, rechaza la
oferta y es atacado por Siria e Israel por negarse a colaborar, dando lugar a la
guerra siro-efraimita. Judá, al verse atacado por Siria y Efraím (reino del norte),
rinde vasallaje a Asiria a cambio de su ayuda. Posteriormente Isaías será conseje-
ro del piadoso rey Ezequías, que iniciará una importante reforma religiosa en el
719 a.C., así como obras de ampliación y defensa en la ciudad de Jerusalén.
• 701 a.C.: Ezequías se subleva contra Asiria dejando de pagar tributo y
Senaquerib, rey asirio, asedia Jerusalén, que resiste “milagrosamente” (2 Re 19).
• Contemporáneo de Isaías es el profeta Miqueas, campesino de Judá que denun-
cia la explotación que sufren los refugiados a manos de los jerosolimitanos.
Anuncia la ruina inevitable del pueblo corrompido, y también la esperanza: la
gloria vendrá sobre Belén.
• 693 a.C.: Muere el rey Ezequías, por lo que se acaba la reforma religiosa, y le
sucede su impío hijo el rey Manasés, que promocionará el paganismo.
• 640 a.C.: Muere Manasés. Predica por entonces el profeta Sofonías, anunciando
el día del Señor: en tal día sólo se librará un resto, los que buscan la justicia.
• 630 a.C.: Comienza el declive del imperio asirio, frente al crecimiento de
Babilonia.
Babilonia y el destierro
• 626 a.C.: El profeta Jeremías recibe la llamada de Dios para denunciar la corrup-
ción moral y religiosa del pueblo.
• 625 a.C.: Babilonia se levanta contra Asiria.
• 622 a.C.: El rey israelita Josías inicia una reforma religiosa con motivo del libro
de la ley encontrado en el Templo de Jerusalén (2 Re 22).
• 612 a.C.: Nínive es destruida por Nabucodonosor, rey de Babilonia; lo narra el
profeta Nahún, subrayando que Dios ha castigado a los enemigos de Judá.
Jeremías aconseja en nombre de Dios sumisión a Babilonia.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 49
• 609 a.C.: Egipto quiere aliarse con Asiria contra Babilonia, y el faraón Necao sale
con su ejército hacia el norte, atravesando la tierra de Judá. Josías le sale al paso
al faraón y muere en la batalla de Meguido (2 Re 23). Los demás reyes de
Jerusalén serán favorables a Egipto y contrarios a Babilonia, a pesar de la predi-
cación de Jeremías.
• 605 a.C.: Victoria de Nabucodonosor en Cárquemis frente a Egipto, avanzando
así hacia Palestina. El profeta Habacuc se queja a Dios por las victorias de los
malos, y Dios le pide paciencia.
• 597 a.C.: Nabucodonosor vence a Israel, toma Jerusalén, impone altos impuestos
y realiza una pequeña deportación de las clases altas de la sociedad llevándoselos
a Babilonia. Entre los deportados va el joven Ezequiel, que ejercerá su predica-
ción desde Babilonia.
• 587 a.C.: Ante una nueva sublevación de Jerusalén contra Babilonia, desoyendo
la predicación de Jeremías, Nabucodonosor vuelve a la tierra prometida y esta
vez destruye la ciudad y el Templo dejándolo todo en ruinas. Hace una deporta-
ción masiva del pueblo a Babilonia (2 Re 24).
El pueblo estará en Babilonia medio siglo, llorando sus pecados, recopilando la pre-
dicación de los profetas, reeditando los libros bíblicos y manteniendo su fe en torno
a la palabra de Dios, ya que todo lo demás lo han perdido: la tierra, la monarquía, el
Templo, los sacrificios, el sacerdocio… De hecho, no perderán la fe gracias a los
profetas, y a que Dios ya les había anunciado que todo esto pasaría.
La benevolencia persa
• 539 a.C.: Los persas toman la gran Babilonia dando inicio a la dominación persa,
que tendrá una política de sometimiento diferente y más benévola para con sus
súbditos. El imperio persa intentará que sus pueblos vasallos estén satisfechos,
para que no tengan deseos de sublevarse. Por eso, les darán todo tipo de facilida-
des, como veremos a continuación.
• 538 a.C.: Ciro promulga un edicto por el que se permite a los judíos volver a
Jerusalén y se ordena reconstruir el Templo. Sale hacia Jerusalén un primer
grupo, poco numeroso (principalmente sacerdotes y servidores del Templo), con
el príncipe de Judá Sesbasar a la cabeza. En Judea, sin embargo, tendrán proble-
mas con los que quedaron allí y con los samaritanos.
• 520 a.C.: Un segundo grupo más numeroso vuelve también a Jerusalén, con un
descendiente davídico, Zorobabel, y con el sacerdote Josué (Josías). Con ellos se
logra reconstruir el Templo, gracias también al papel de los profetas Ageo y
Zacarías.
• 515: Queda reconstruido el 2º Templo.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 50
A la vuelta del destierro se puede decir que nace el judaísmo propiamente dicho.
Durante la dominación persa los judíos vivirán con cierta tranquilidad, lo que per-
mitirá también la recopilación y plasmación de la sabiduría tradicional en los
primeros libros sapienciales, que recogerán tradiciones antiquísimas. La paz acabará
con el siguiente imperio.
El dominio griego
En el 338 a.C. el rey Filipo de Macedonia unió toda Grecia bajo su mando y dos
años más tarde entregará el poder a su hijo Alejandro Magno, que hará la conquis-
ta más fulgurante conocida hasta entonces. En el 333 a.C. obtiene la famosa victoria
de Issos contra Darío III el persa, que le abría las puertas del Oriente. Éste fue con-
quistado, desde Egipto hasta el Ganges, en apenas diez años. Alejandro murió
prematuramente en el 323 a.C. repartiendo el imperio conquistado entre sus genera-
les, que se dedicaron a luchar entre sí para obtener mayor poder. Finalmente será
Tolomeo I Lago, el general griego que gobernó en Egipto, el que tomará el poder
sobre Palestina en el 301 a.C. Su dinastía, los Lágidas –o Tolomeos--, serán los
que dominen a los judíos hasta el 198 a.C.
Éste será un período de paz (firmada con el seléucida Antíoco II, descendiente de
Seleuco, el general griego que gobernará Siria). Los griegos respetarán la religión
judía, que seguirá arraigándose, evolucionando en su sabiduría y meditando en sus
promesas. Los griegos trajeron consigo su cultura, el helenismo, que poco a poco
irá entrando en el judaísmo. Habrá también desarrollo de la economía, afianzamien-
to de la aristocracia en el pueblo a la vez que el pueblo llano empeora. Sin embargo,
los judíos pronto pasarán al dominio de los griegos de Siria, teniendo lugar los
siguientes acontecimientos:
En el 164 a.C. Judas Macabeo vence a Lisias, general de Antíoco IV Epífanes. Judas
recuperó Jerusalén, restauró el monte Sión e hizo la nueva dedicación del Templo.
Acordó con Lisias (que cede por las luchas internas sirias) el respeto al culto del
Templo. Al morir en batalla Judas (160), le sucede su hermano Jonatán, que se pro-
clama Sumo Sacerdote, provocando la irritación de los hasidim (“los piadosos”, la
facción más conservadora y anti-helenista). A su muerte le sucede su hermano
Simón, que se proclama jefe, a la vez que Sumo sacerdote, dando comienzo a su
dinastía, la dinastía asmonea, reconocida internacionalmente por las demás poten-
cias. Será una dinastía corrupta que llevará al traste el último período de
independencia judía. Veamos los hechos principales:
• 134 a.C.: Simón fue asesinado y le sucedió su hijo Juan Hircano, lleno de ansias de
poder, que también se proclamó sumo sacerdote, y fue muy helenizante.
• 128 a.C.: Juan Hircano destruyó el Templo sobre el monte Garizín por conflictos
con los samaritanos. También rompió relaciones con los fariseos y se unió a los
saduceos. Le sucedió Aristóbulo, que encarceló a sus parientes para que no le
usurparan el trono. Helenizó más al pueblo y, sólo por contentar a los hasidim,
obligó al pueblo a la circuncisión.
• 103 a.C.: Al morir Aristóbulo su pariente Alejandro Janneo, tras ser liberado, tomó
el poder y se proclamó sumo sacerdote. Su nefasto gobierno produjo revueltas,
desapareciendo toda cohesión social. Llegó a crucificar 800 fariseos por dar un
escarmiento, y provocó la aversión de todo el pueblo. Le sucedió su mujer Salomé
Alejandra, que nombró sacerdote a su hijo Hircano II, e intentó reconciliarse con
los fariseos. Se crea entonces el órgano del sanedrín.
Las tensiones internas siguieron creciendo hasta que entra en acción el imperio
romano.
Entonces Cesar Augusto cogió el poder en Roma y nombró al judío Antípatro procu-
rador de Judea. Éste compartía el territorio con sus dos hijos, Fasael y Herodes.
Mientras tanto los partos lograron tomar Jerusalén y capturaron a Hircano II y a
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 52
CONCLUSIÓN
Dentro de esta fluctuante historia, llena de heroísmo, pecados, tragedias,
esperanzas, promesas… tendrá lugar la revelación de Dios a los hombres. A
lo largo de ella Dios va despojando al pueblo de todas sus seguridades, a
través de una sabia pedagogía, de tal modo que el pueblo vaya estando prepa-
rado para acoger, cuando llegue el momento, la encarnación del Verbo de
Dios. El Hijo de Dios no podía encarnarse directamente en un pueblo cual-
quiera, porque no habría servido de nada. Debía nacer en un pueblo donde
después de años y siglos de pedagogía divina surgiese una doncella con sufi-
ciente pureza y amor a Dios como para acoger en su seno al Hijo eterno y ser
su digna morada. Debía predicar a un pueblo que tuviese los mínimos ele-
mentos religiosos para acoger su mensaje y entenderlo. Debía instaurar una
nueva alianza en un pueblo que hubiese experimentado la primera alianza y su
ineficacia a lo largo de los siglos. Debía morir por un pueblo en el que al
menos algunos fuesen testigos de su resurrección y extendiesen la buena
nueva por todo el orbe, incluso con la entrega de su propia vida.
Ejercicios
• Memoriza las principales fechas de la historia de Israel (las que aparecen en negrita), y
si puedes, también las secundarias (las subrayadas).
• Señala los profetas que Dios suscitó en cada siglo.
• Bajo qué Imperios estuvo dominado el pueblo de Dios?
• ¿Cuál es la función de la arqueología? ¿Qué puede y qué no puede hacer esta ciencia?
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 55
CONCLUSIÓN
UNIDAD DIDÁCTICA 1
En el tema 2 hemos visto cómo este testigo escrito ha recorrido la historia desde su
nacimiento hasta hoy, por cauces humanos (no podía ser de otro modo): a través de
unos idiomas concretos, en materiales y formatos particulares, sufriendo innumera-
bles avatares a lo largo de los siglos. El texto en cuanto tal ha ido acompañando
todo este tiempo al pueblo de Dios que lo ha conservado, y lo ha ido transmitiendo
de generación en generación. Hace 2000 años, en papiros y pergaminos… hoy a
través de ediciones digitales y la web.
ACTIVIDADES
• Lee uno de los artículos propuestos para profundizar y haz un comentario del mismo.
• Dibuja dos mapas mudos, uno de Mesopotamia y el creciente fértil, y otro de la tierra
prometida. Puedes hacerlo a mano alzada o calcándolo de uno ya impreso. Después
haz copias de tu mapa mudo y consérvalas para cuando estudies los distintos libros
bíblicos. Para esta asignatura en dos mapas mudos señala el nombre de las principales
ciudades, ríos y lugares.
• Busca información sobre los distintos imperios que sometieron a Israel, añadiendo
fotos e imágenes de los lugares y de posibles yacimientos arqueológicos.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 57
LECTURAS RECOMENDADAS:
MAGISTERIO:
TEMA 1:
CCE 51-73; 101-104.
DV I y II (2-10).
VD 6-31, 50-56, 72.
PCB3 I.1 (nótese que la PCB ya no es Magisterio)
TEMA 3:
VD 89.
PARA PROFUNDIZAR:
TEMA 1:
D E LA P OTTERIE , I., “La exégesis bíblica, ciencia de la fe”, en: L. S ÁNCHEZ
NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la inter-
pretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 55-98.
VANHOYE , A., “La recepción en la Iglesia de la Constitución Dogmática Dei
Verbum”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación.
Los fundamentos de la interpretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 147-173.
GIMÉNEZ GONZÁLEZ, A., “La sinfonía de la Palabra”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO
(ed.), Escudriñar las Escrituras. ‘Verbum Domini’ y la interpretación bíblica (Presencia y
Diálogo 32; Publicaciones San Dámaso, Madrid 2012) 31-46.
MANUALES:
TEMA 1:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
31992) 15-57.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo I.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
25-55.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 19-50.
TEMA 2:
CARBAJOSA, I. – GONZÁLEZ ECHEGARAY, J. – VARO, F., La Biblia en su entorno (IEB
1; Verbo Divino, Estella 2013) 431-698.
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J. et al., La Biblia en su entorno (IEB 1; Verbo Divino,
Estella 1990) 367-574.
IntroSE_ud 13:ud [Link] 26/09/2017 11:00 Página 58
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
81-105.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 225-292.
TREVIJANO ETCHEVERRÍA, R., La Biblia en el cristianismo antiguo. Prenicenos. Gnósticos.
Apócrifos (IEB 10; Verbo Divino, Estella 2001).
TEMA 3:
ARTUS, O., Geografía de la Biblia (CuaBi 122; Verbo Divino, Navarra 2005).
CARBAJOSA, I. – GONZÁLEZ ECHEGARAY, J. – VARO, F., La Biblia en su entorno (IEB
1; Verbo Divino, Estella 2013) 5-430.
GONZÁLEZ ECHEGARAY, J. et al., La Biblia en su entorno (IEB 1; Verbo Divino,
Estella 1990) 19-365.
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 59
UNIDAD DIDÁCTICA II
Contenido
INTRODUCCIÓN
El objetivo de esta Unidad es que el alumno sepa la respuesta a estas preguntas. Debe
entenderse por qué los libros inspirados por Dios como palabra divina son sólo estos 73, y
no otros contemporáneos suyos o quizá más religiosos o teológicos. Debe conocerse la historia
de formación de esta colección de libros canónicos, y los avatares que han sufrido en la histo-
ria, especialmente durante la reforma protestante, momento en que Lutero sacó del canon
algunos libros bíblicos. Además, es fundamental para esta Unidad Didáctica comprender el
fundamento teológico del canon: éste sólo puede sostenerse gracias a la Iglesia y su
Magisterio. De otro modo no se puede basar en sí mismo, como veremos. Antes de dialogar
con cualquier no católico sobre la Biblia habría que hacerle una pregunta previa: “¿tú por
qué aceptas esos libros como sagrados?, ¿cómo has llegado a saber que estaban inspirados?,
¿quién te lo dijo?”
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 61
Tema
La cuestión histórica del canon bíblico
1
En este primer tema de la U.D. 2 abordamos las cuestiones más propiamente histó-
ricas del canon. El alumno encontrará una serie de datos fundamentales que
deberá asimilar y comprender.
Llamamos “Canon bíblico” a la lista de 73 libros que componen la Biblia. Por eso,
los libros bíblicos reciben también el nombre de “libros canónicos”, en cuanto que
pertenecen al Canon, o forman el Canon de las Sagradas Escrituras. Los libros
canónicos son por tanto aquellos que la Iglesia ha reconocido como palabra de
Dios, frente a todos los demás libros, considerados “no canónicos”, porque no
forman parte de la Biblia (por ejemplo, 3 y 4 Macabeos, 3 Esdras, 1 Henoc; el
Pastor de Hermas o la epístola de Bernabé).
I. Aclaraciones terminológicas
El término “canon” procede del griego (kanon), y es usado ya por San Pablo con el
significado de “norma” o “regla que se debe seguir” (cf. Ga 6,15: “Y para todos los
que se sometan a esta regla [canon], paz y misericordia”). A partir del siglo II se
encuentra empleado como sinónimo de “criterio de fe”: un kanon es algo que sirve
para discernir si algo pertenece a la fe apostólica o no.
17. Con este sentido lo utiliza el Concilio de Laodicea de Frigia, en torno al año 360: “En la asamblea no deben recitarse sal-
mos privados o libros no canónicos, sino solamente los libros canónicos del NT y del AT” (canon 59, EB 11). El mismo Concilio
da una lista de estos libros canónicos (canon 60, EB 12-13). San Atanasio, en torno a la misma época, afirma que El pastor de
Hermas “no forma parte del Canon” (cf. EB 15). Es a partir de esta fecha cuando los libros inspirados que forman parte de la
Biblia cristiana pasan a llamarse canónicos, siempre ligado al hecho de que, por una parte, han sido reconocidos por la Iglesia
(que es quien establece la norma) y, por otra, en ellos se encierra la norma de la fe. La lista de estos libros canónicos pasa, por
tanto, a llamarse Canon.
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 62
A los libros “deuterocanónicos” del AT los protestantes suelen llamarlos “libros apó-
crifos”. En cambio llaman Pseudoepígrafos a los que los católicos llamamos apócrifos.
Éstos son textos de la literatura intertestamentaria con una forma literaria semejante
al AT o al NT, pero que no son bíblicos, es decir, que no están en el canon.
18. Sixto de Siena (1569) acuñó los términos protocanónicos y deuterocanónicos considerando a los primeros como los libros
que habrían entrado desde el primer momento en el Canon (que serían los aceptados por los protestantes) y a los segundos
como los que lo habrían hecho más tarde. Pero este significado etimológico de proto y deutero-canónico no se ajusta a la rea-
lidad. Una terminología quizá más adecuada fue la utilizada por algunos autores cristianos griegos, como Eusebio de Cesarea,
que llamaron homologoumenoi a los libros unánimemente reconocidos y antilegomenoi (contradichos) o amphiballomenoi (discuti-
dos) a los que fueron objeto de controversia.
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 63
Dentro del judaísmo siempre hubo varias sectas o grupos religiosos. En tiempo
de Jesús éstos eran numerosos: saduceos, fariseos, herodianos, esenios, qumránicos,
celotes, samaritanos, nazarenos, seguidores de Juan Bautista… cada uno con sus
creencias particulares y con su propio canon, aunque todos admitían los cinco libros
de Moisés (la Torá).
Tras la destrucción de Jerusalén por los romanos el 70 d.C. la mayoría de estos gru-
pos desaparecieron. A parte de los dos grandes grupos, cristianos y judíos de corte
fariseo, quedaron unos pocos samaritanos, que perviven hasta hoy, y que desde el s.
III a.C. sólo admiten como libros sagrados el Pentateuco. Los demás judíos que
sobrevivieron procedían de la rama farisea y dieron lugar al rabinismo, que en opo-
sición al cristianismo y su uso del Antiguo Testamento, debió limitar su canon de
libros sagrados en el s. II d.C. a los escritos en hebreo. Excluyeron, por tanto, a los
demás libros judíos, a pesar de haber sido abundantemente usados previamente
entre los judíos. Sin embargo, propiamente nunca hubo una decisión oficial en el
judaísmo al respecto, aunque durante mucho tiempo se creyó que ésta se tomó en
una reunión de rabinos en Yamnia.
En las iglesias ortodoxas nunca se ha tomado una decisión oficial de cuál es la lista de
libros canónicos. Por otra parte, al no tener una cabeza visible no hay nadie que
tenga una autoridad reconocida por todas estas iglesias como para tomar esa deci-
sión. Por eso, en la práctica, cada iglesia ortodoxa tiene su propio canon.
Por lo que respecta al AT, la mayor parte de iglesias ortodoxas emplea el canon cató-
lico de 46 libros, aunque alguna, como la iglesia ortodoxa rusa, usa el llamado “canon
corto” que incluye sólo los textos en hebreo. Con el NT también la mayoría admite
el canon católico de 27 libros, aunque por ejemplo la iglesia ortodoxa siria excluye los
deuterocanónicos. Otras, en vez de acortar el canon lo alargan, introduciendo más
libros en él, como la iglesia ortodoxa etiópica, que tiene 35 libros en el NT.
Entre los protestantes, la mayoría aceptan sólo los libros en hebreo por lo que respec-
ta al AT (es el llamado “canon corto”). Ahora bien, en el NT –aunque varía de una
confesión protestante a otra, e incluso dentro de la misma confesión—lo más
común es tener el mismo canon católico, pero otorgando menor peso a los deutero-
canónicos. Así, en sus biblias suelen aparecer los 27 libros del NT, aunque con
frecuencia los deuterocanónicos se colocan en apéndices finales y son considerados
de menor categoría.
En los primeros siglos de la Iglesia sólo hubo puntuales discusiones sobre la cano-
nicidad de algunos libros deuterocanónicos. El concilio de Roma del año 382, siendo
Papa San Dámaso, podría considerarse el primer acto magisterial al respecto. Las
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 64
actas del concilio ofrecen una lista oficial de los libros canónicos (cf. Decretum
Damasi: DS 179). Posteriormente hubo concilios locales, especialmente en el norte
de África, donde San Agustín defendió la canonicidad de los deuterocanónicos,
frente a las sospechas de San Jerónimo, que defendía solo la canonicidad de los
libros en hebreo para el canon del AT.
Siglos más tarde, en el Decreto contra los jacobitas, el concilio de Florencia del año
1441-1442 volvió a señalar la lista de libros canónicos (DS 1334-1336). Pero el acto
oficial donde se considera definitivamente zanjada la cuestión sobre el canon de la
Sagrada Escritura en la Iglesia católica es el Concilio de Trento, en 1546 (DS
1501-1504). La postura de los protestantes, que excluía radicalmente los libros deu-
terocanónicos, exigió por parte del Concilio la declaración solemne que confirmaba
la canonicidad de todos y cada uno de los libros, con todas sus partes, de las listas
anteriormente mencionadas. Así, en la sesión cuarta del 8 de abril, leemos:
La lista que ofreció el Concilio de Trento fue exactamente la misma que se dio en el
Concilio de Florencia. Posteriormente no hubo necesidad de volver a repetir la fija-
ción del canon, aunque el Concilio Vaticano I, en el documento Dei Filius (año
1870) tuvo que corregir errores. Respondió a dos teorías teológicas heréticas que se
estaban extendiendo, aunque no cuestionaban la lista de libros canónicos:
En su integridad son recibidos como sagrados y canónicos, no porque compuestos por la sola
industria del hombre, hayan sido aprobados por la autoridad de la Iglesia, ni sólo porque con-
tengan sin error la revelación, sino porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen
a Dios por autor y como tales han sido entregados a la Iglesia.
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 65
El canon del AT
La primera dificultad que afrontamos es que no sabemos con certeza cuándo se ter-
minaron de escribir definitivamente los libros del AT. Hay hipótesis de lo más
variadas entre los estudiosos actuales.
Ahora bien, ¿qué sucedió en el s. VII para que tengamos este dato de conciencia canó-
nica? Tras los largos años de gobierno del impío rey Manasés, se descubre en el
Templo el texto perdido de la Ley. Éste es llevado al rey Josías que, consciente de
que el pueblo ha sido infiel a dicho texto, lo toma como “sagrado” y base de su
reforma religiosa del 622 a.C. Del pasaje se deduce que el texto era previo a
Manasés, y por lo tanto contemporáneo al menos de su padre Ezequías, en cuyo rei-
nado y reforma religiosa ya se debió considerar como texto canónico (s. VIII a.C.).
A la vuelta del destierro, Esdras y Nehemías imponen como ley de estado a los
judíos la Torá o ley de Moisés (s. V a.C.), que podemos sustancialmente identificar
con los libros del Pentateuco, que desde el principio fueron acogidos como canóni-
cos por el judaísmo. Con respecto a los libros de los Profetas y a los Escritos es más
difícil sugerir fechas, pero probablemente en los siglos siguientes fueron acogidos
por el pueblo judío, aunque nunca alcanzarán el status de la Ley de Moisés 19.
19. Las primeras noticias sobre un proceso de formación de un “Canon” más allá de la Ley entre los judíos las tenemos en el
prólogo (no canónico) a la traducción griega del libro de Sirácida, que debe situarse en torno al año 132 a.C. (cf. prólogo Sir
27). Allí se alude por tres veces a un corpus de Escritura formado por “la Ley, los profetas y los otros libros que les han segui-
do (o: los otros libros de los antepasados) prólogo Sir 1-2.7-10.24-25]. Ésta es la primera mención explícita de un corpus que...
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 66
b) En el siglo I
La situación del Canon judío del AT en el tiempo de Jesús y del Nuevo Testamento
no presenta grandes novedades con respecto a lo visto en los siglos II-I a.C. Las dos
primeras partes (La Torá y los Profetas) están bien definidas, mientras que la tercera
y última (los Escritos) todavía no tiene contornos claros. En muchas ocasiones se
presenta el binomio la Ley y los profetas para abarcar toda la Escritura santa y nor-
mativa (Mt 5,17; 7,12; 11,13; 22,40; Lc 16,16; Jn 1,45; Hch 13,15; 24,14; 28,23; Rm
3,21). La mención de estas dos primeras partes no implica la exclusión de la tercera,
los Escritos. De hecho, bajo la expresión “los profetas” se encuentran no sólo parte
de los libros históricos (Jos, Jue, 1-2 Sam, 1-2 Re) sino probablemente los Salmos,
atribuidos al profeta David, y otros libros que reciben esa denominación genérica
por el mero hecho de estar fuera de la Ley. En Lc 24,44 ya aparece la triple división,
bajo la peculiar fórmula “la Ley, los profetas y los Salmos”. Los Salmos darían título
a la tercera gran parte de la Biblia, sin que se deba necesariamente entender como la
referencia a un único libro.
Un signo claro de la conciencia canónica que el pueblo tenía de estos textos es, por
una parte, su uso litúrgico en las sinagogas, y por otra parte, que se tradujesen al
griego (versión de los LXX). La Septuaginta, y la tradición que la acompaña de
que los traductores fueron divinamente inspirados a la hora de traducir, es claro
reflejo de la conciencia canónica de estos libros. Posteriormente, por el uso masivo
que los cristianos hicieron de la LXX, deducimos que la gran mayoría de la Iglesia
adoptó el canon del AT presente en la versión griega --que incluye a los deutero-
canónicos-- prácticamente desde el inicio.
c) Los cristianos y el AT
Por lo que respecta a las afirmaciones explicitas en torno a la extensión del Canon
entre los cristianos, éstas llegan de la mano de la polémica con el judaísmo que,
poco a poco comienza a cerrar su Canon dejando fuera libros que la Iglesia utilizaba
públicamente. Uno de los primeros escritores cristianos, Justino (en torno al 165
d.C.), en sus discusiones con los judíos prefiere usar únicamente los libros que ellos
aceptan (protocanónicos), si bien afirma que se debe considerar Escritura todo lo
que se encuentra en la versión de los LXX, incluso aquellas partes que los judíos
arbitrariamente han rechazado (Diálogo con Trifón, 71s). Melitón de Sardes (en
torno al 193 d.C.) es el primero en proporcionarnos una lista de los libros del AT
usados por los cristianos que, sin embargo, coincide prácticamente con el Canon
restringido de los judíos (cf. Eusebio de Cesarea, Hist. Eccl., IV, 26, 12-14).
Las discusiones con los judíos jugaron un papel fundamental en la elección de los
textos sobre el que basar la defensa de la fe cristiana y la apologética. Decisiva en
... sería “normativo”. Todo parece indicar que para esa fecha (132 a.C.) las dos primeras partes del Canon judío estaban cerra-
das. La Ley (los cinco libros del Pentateuco) debió recibir su forma definitiva probablemente a la vuelta del Exilio, bajo
Esdras (inicio s. IV). Del mismo modo, el corpus de libros proféticos (entre los que se encuentran los llamados profetas anterio-
res: Jos, Jue, 1-2 Sam, 1-2 Re, es decir, parte de nuestros libros históricos) debía estar cerrado ya en el 180 a.C., cuando se
escribe el libro de Sirácida (en hebreo), pues en Sir 44-50 se evocan los principales personajes y episodios de la historia hebrea
siguiendo el orden de los profetas (anteriores y posteriores). La tercera parte, los otros libros, no parece, sin embargo, que en
el 132 a.C. tuviera unos contornos demasiado definidos, como da buena prueba de ello el nombre genérico utilizado para
referirse a ellos. De hecho 2Mac 15,9 no alude a ellos (s. II a.C.).
IntroSE_ud 21:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 67
En la Iglesia Católica, los grandes defensores de los deuterocanónicos del AT, fueron
los obispos de Roma y del norte de África, especialmente San Cipriano y San
Agustín 20. En Oriente, el Concilio de Laodicea de Frigia (364) defendió el Canon res-
tringido hebreo (canon 60), mientras que en Occidente el Concilio Romano (382),
bajo la autoridad del Papa San Dámaso, y la carta a Exuperio, obispo de Toulouse, del
Papa Inocencio I (405), presenta la lista larga. El Canon largo será también refrendado
por los Concilios africanos de Hipona (393) y I y II de Cartago (397 y 419) 21.
20. En la polémica entre San Jerónimo y San Agustín se enfrentan dos modos diferentes de acercarse a la Escritura.
Podríamos sintetizarlos en el acercamiento textual y el acercamiento tradicional. Jerónimo opta por el texto hebreo por ser el origi-
nal. Agustín opta por el texto griego (y el Canon amplio de los LXX) por ser el que los “apóstoles”(e incluso “el mismo Jesús”)
han utilizado en el NT y el que la Iglesia ha conservado y transmitido en los primeros siglos. Este diálogo permanecerá como
paradigmático y dará sus frutos más adelante, cuando la Iglesia cierre su Canon siguiendo la lista de libros de los LXX, ¡pero
según la tradición textual hebrea tal y como quedó reflejada en la traducción latina de Jerónimo! “Desde entonces ,la Iglesia en
Occidente reconoce una doble tradición bíblica: la del texto hebreo para los libros del canon hebreo y la de la Biblia griega para
los demás libros, todos en traducción latina” (PCB, El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana, 18).
21. En el canon 47 del Concilio celebrado en Cartago el 397 leemos: “… que en la Iglesia, fuera de las Escrituras canónicas,
nada sea bajo el nombre de ‘Escrituras divinas’. Ahora bien, las Escrituras canónicas son: Génesis, Exodo, Levítico,
Números, Detuteronomio, Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de las Crónicas, Job, Salterio de David,
cinco libros de Salomón (Prov, Ecle, Ct, Sb, Eclo), doce libros de los profestas (los menores), Isaías, Jeremías, Daniel,
Ezequiel, Tobías, Judit, Ester, dos libros de Esdras, dos libros de los Macabeos. Del Nuevo Testamento: cuatro libros de los
Evangelios, un libro de Hechos de los Apóstoles, trece cartas de Pablo Apóstol, del mismo una a los Hebreos, dos de Pedro,
tres de Juan, una de Santiago, una de Judas, el Apocalipsis de Juan”.
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...
Parece claro que la traducción original de los LXX consistió en una versión del
Pentateuco. A dicha versión, con el paso de los siglos, se añadirían traducciones de los
libros proféticos y otros libros, a la vez que composiciones escritas directamente en grie-
go. Finalmente, los grandes códices de la LXX no siempre contienen los mismo libros
(ej: Vaticanus no contiene los libros de Macabeos; Sinaiticus contiene sólo 1 y 4, mien-
tras que Alexandrinus tiene los cuatro). Por otro lado la distinción drástica entre la
comunidad judía griega de Alejandría y la comunidad judía de Palestina, en lo que a
lengua se refiere, se reveló como inexacta. En efecto, tanto los descubrimientos del Mar
Muerto, como de numerosas inscripciones, nos muestran que la Palestina de los siglos I
a.C. – I d.C. era bilingüe, y que el griego era utilizado por la población. A ello se
añade la constatación de que la versión griega de los LXX circulaba en Palestina (se
han encontrado copias en las cuevas del Mar Muerto) e incluso parece que ya en
Palestina se llevó a cabo una primera revisión de los LXX muy parecida a la que uti-
lizó Justino en su discusión con Trifón o a la utilizada por el NT.
La conclusión más probable es que en Alejandría, al igual que en Palestina,
las dos primeras partes del Canon ya se habían cerrado, mientras que la tercera parte
estaba todavía sin definir. Los judíos de Alejandría siguieron la decisión de los judíos
de Palestina cuando se decidió cerrar el Canon dejando fuera los libros deuterocanónicos.
d) Los judíos y el AT
“No existe entre nosotros una infinidad de libros discordantes y contradictorios, sino solamente
22 que abarcan la historia de todos los tiempos y que con justicia son considerados como divi-
nos. Entre ellos se encuentran los cinco libros de Moisés, que contienen las leyes y la narración
de los acontecimientos que van desde la creación del hombre hasta la muerte del legislador de
los hebreos (…). Desde la muerte de Moisés hasta el reinado de Artajerjes [es decir, del s. XIII
hasta el s. V a.C.], los profetas que sucedieron a Moisés narraron en 13 libros los hechos que
tuvieron lugar en su tiempo. Los otros cuatro libros contienen himnos en honor a Dios y pre-
ceptos sumamente utilísimos para la vida humana. Desde Artajerjes hasta nosotros, los sucesos
se han ido asimismo poniendo por escrito: pero tales libros no han alcanzado la misma autori-
dad de los precedentes, debido a que la sucesión de los profetas no fue bien establecida. La
veneración de que rodeamos estos libros se pone de manifiesto por el hecho de que durante
tantos siglos, nadie ha osado añadir, quitar o cambiar nada. Se inculca a todos los judíos, al poco
22. A lo largo del primer siglo d.C., las dos famosas escuelas rabínicas, la de Shammai y la de Hillel estaban en desacuerdo
respecto a la canonicidad de Qohelet (Misná,Yadaim III5).La primera lo rechazaba y la segunda lo aceptaba. Por otro lado en
esta misma época el libro de Baruc parece que se leía en las sinagogas de la diáspora durante la fiesta de las Tiendas. Hasta
que los rabinos palestinos no se pusieron de acuerdo respecto a la canonicidad de algunos libros (como Qohelet, Cantar,
Tobías o Ester) no se pudo elaborar un “leccionario” litúrgico que, traducido al griego, pudiera suplantar la lectura de Baruc
en la fiesta de las Tiendas en la diáspora.
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de nacer, que es preciso creer que en ellos se hallan los mandamientos de Dios, que hay que
observar, y si fuera necesario, dar la vida de buena gana por ellos” (Contra Apionem 1, 8, 38-42).
• 5 libros de la Ley
• 13 libros de los “Profetas”: Jos/Jue-Ruth/1-2 Sam/1-2 Re/Is/Jr-Lm/Ez/12
• Profetas menores/Job/Est/Dn/Esd-Neh/1-2 Cr
• 4 libros con “himnos y preceptos”: Sal/Pr/Ct/Qo4
Este sería, de hecho, el actual Canon judío. Sin embargo, la última afirmación de
Flavio Josefo, respecto a los libros que narran los episodios desde Artajerjes, arroja
algunas dudas sobre la clausura de la tercera parte del Canon o, al menos, sobre el
proceso que llevó a excluir del Canon unos libros que estaban en proceso de ser
aceptados, por el hecho de que la “sucesión de los profetas no fue bien establecida”.
Éste parece ser el criterio “teológico” que lleva a cerrar el canon judío: se ha inte-
rrumpido el flujo de los profetas que eran inspirados por el Espíritu Santo. La
Tosefta (Sota XIII 2) dice que “después de que murieran Ageo, Zacarías y Malaquías,
los últimos profetas, el Espíritu Santo se interrumpió en Israel”. Del mismo modo
el Seder Olam (Rabba 30) dice a propósito de la aparición en escena de Alejandro
Magno: “Hasta entonces hubo profetas que profetizaban por el Espíritu Santo. A
partir de entonces y en adelante, inclina el oído y escucha las palabras de los
sabios”.
Durante mucho tiempo se dio crédito a la idea de que en Yamnia, en torno al 90-
100 d.C., se había producido una asamblea o concilio de rabinos que había tomado
la decisión de cerrar el Canon judío. Sin embargo tal afirmación tiene un fundamen-
to muy débil. En efecto, en Yamnia, en la segunda mitad del siglo I d.C., existía una
escuela rabínica muy importante, pero no tenemos noticia alguna de que en ella se
hubiera discutido y aprobado una lista de libros canónicos. Una discusión de este
tipo está documentada únicamente para los libros de Qohélet y Cantar de los
Cantares, pero la discusión sobre estos dos libros continuó en el judaísmo después
del periodo de Yamnia.
2. La aceptación de un Canon más amplio, llevada a cabo por los cristianos a través
de la versión griega de los LXX pudo ser el motivo último, e incluso el criterio
definitivo, para que el judaísmo limitase el Canon del AT a los libros más anti-
guos y solamente a aquellos que de hecho circulaban entonces en la lengua original
hebrea o aramea.
El canon del NT
El proceso de elaboración del NT fue mucho más rápido que el del AT, pues antes
de acabarse el s. I d.C. ya estaban escritos y circulando por las comunidades cristia-
nas los libros del NT.
En segundo lugar, nótese la labor que vamos a hacer a continuación: indagar en los
textos cristianos, rastreando cuándo aparece la conciencia de que un texto del NT es
considerado palabra de Dios, o equivalente al texto sagrado del AT. No bastará por
tanto encontrar que un pasaje neotestamentario es citado por un autor. Para consi-
derarlo canónico, además de ser citado ha de ser tomado como sagrado. Señalemos
cuatro períodos principales:
Como textos concretos de este período cabe destacar los siguientes testimonios:
• En 1 Tim 5,18, Pablo equipara un dicho del evangelio de Lucas (Lc 10,7) con Dt
25,4, lo que implica otorgar al evangelio de Lucas el mismo status de texto sagra-
do que a la Ley de Moisés, la Torá.
• En 2 Pe 3,16, al hablar de las cartas de Pablo que circulan por las comunidades,
dice que son útiles “como las demás Escrituras”, utilizando el termino propio
para designar un judío el AT. Por lo tanto, la segunda de Pedro otorga la misma
canonicidad al corpus paulino que al AT, pues lo equipara a las Escrituras.
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Durante los años siguientes las distintas comunidades cristianas fueron recopilando
sus textos neotestamentarios. No sabemos cuando serían reconocidos los 4 evange-
lios en todas ellas, pues además se cree que cada comunidad tendría predilección
por un evangelio escrito, más empleado que los demás. Los testimonios más signifi-
cativos de este período son:
• San Justino (ca. 100-168) nos dice que en la liturgia de los cristianos se leen las
memorias de los apóstoles y los dichos de los apóstoles, lo cual equivale a decir
que estas memorias escritas son consideradas textos canónicos, pues sólo la pala-
bra de Dios se leía en la liturgia. Por otra parte, de sus escritos deducimos que
conoció los tres evangelios sinópticos. Resulta especialmente significativo cómo
Justino de la autoridad de los apóstoles (ahora ausentes por la muerte) pasa a la
autoridad de la Escritura (presente en los textos), precisamente porque ha sido
compuesta por ellos o por sus sucesores. Esto les otorga su misma autoridad.
• El caso de ciertos herejes es significativo, pues abordaron directamente la cues-
tión canónica, obligando a la Iglesia a tomar una postura. Por una parte tenemos
a Marción (ca. 95-161), que fue el primer autor en elaborar un canon bíblico, en el
que excluía todo el AT (considerado impropio del dios verdadero). Su canon de
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En Oriente, la primera lista completa de los 27 libros del NT aparece en la carta pas-
cual 39 de Atanasio de Alejandría (367). En ella, después de haber dado la lista de
los libros canónicos, afirma: “Estas son las fuentes de la salvación, hasta tal punto
que el hombre sediento puede beber hasta saciarse de las palabras que se encuentran
en ellas; sólo por medio de ellas se puede anunciar la doctrina de la piedad; que
nadie añada ni quite nada de ellas”. Por lo que respecta a Occidente, una lista oficial
de los 27 libros aparece mencionada en los concilios de Cartago (397 y 419).
23. Es la lista de libros del NT más antigua, dentro de un documento encontrado en Milán en 1740 y fechado en torno a los
años 170-190. Se llama así en honor de su descubridor: Luigi Antonio Muratori. Esta lista representa la tradición de lectura de
la Iglesia romana a fines del siglo II.
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CONCLUSIÓN
La Biblia es una colección de 73 libros sagrados, escritos en distintos momen-
tos y circunstancias, pero todos ellos con todas sus partes están inspirados,
aunque algunos de ellos hayan sido cuestionados en el pasado. Desde el siglo
II la Iglesia ha tenido prácticamente cerrado y claro su canon del AT y del
NT, aunque sobre algunos libros concretos ha podido haber mayor discusión.
Un momento decisivo fue la reforma protestante, que obligó a la Iglesia a
confirmar solemnemente cuál era la lista de libros bíblicos, en 1546 durante el
Concilio de Trento.
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Ejercicios
• ¿Por qué es importante la segunda mitad del siglo II en la formación del canon?
• ¿Qué pasó en el [Link] a.C. de cierta relevancia para el canon del AT?
Tema
La reflexión teológica sobre el Canon
2
Al estudiar el desarrollo histórico del canon en el tema anterior, muy probablemente
se han planteado cuestiones cruciales en la mente del lector: ¿por qué son canónicos
estos libros y no otros? ¿cómo y por qué escogió estos libros la Iglesia? ¿quién tiene
la autoridad para decir qué libros son canónicos y por qué?
La primera pregunta que debe hacerse cada uno de los que aceptamos la Biblia
como palabra de Dios es… ¿cómo he llegado yo a saber que esos libros son
sagrados? ¿por qué lo sé? ¿quién me lo ha enseñado? Para todos la respuesta es la
misma: la Iglesia es quien nos lo ha dicho. Ella, a través de un sacerdote, de un
catequista, de nuestros padres, de un cristiano cualquiera, es la que un día nos dijo:
“Este libro es la Biblia, la palabra de Dios”, y nosotros lo acogimos sin plantearnos
más cuestiones, por la confianza depositada en la persona que nos lo entregaba.
A su vez, la persona que nos transmitió la Biblia la recibió de otro cristiano, vivien-
do el mismo proceso que nosotros. Así, podríamos remontarnos… ¿hasta cuándo?
Precisamente hasta el concilio ecuménico que confirma cuáles son los libros bíbli-
cos. E incluso antes de esos concilios, desde que existen los libros sagrados, se vivía
el mismo proceso: es siempre la Iglesia la que entrega los textos bíblicos a los cris-
tianos. Ningún cristiano se ha dado a sí mismo la Biblia; tampoco los protestantes.
Nadie ha puesto ante sí todos los libros del mundo y tras analizarlos ha selecciona-
do los que él considera palabra de Dios. Nadie por sí mismo tiene esa capacidad de
reconocer cuál es el “canon” de la sagrada Escritura. Sólo la Iglesia, gracias a su
Tradición, ha transmitido de generación en generación el canon, y sólo ella tiene la
autoridad para hacerlo, recibida de Cristo.
Así lo confirma Dei Verbum 8: “Es la misma Tradición la que hace conocer el
canon íntegro de la Sagrada Escritura”. En efecto, la Tradición eclesial --de veinte
siglos-- es la que nos da la garantía de que los libros que están en nuestras Biblias
son sagrados e inspirados. Ella es el criterio objetivo que garantiza el canon. Sin
IntroSE_ud 22:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 76
Tradición de la Iglesia, todo el que quisiera tener una Biblia tendría que indagar
entre los millones de libros existentes para juzgar, con la única luz de su intuición,
cuáles considera inspirados, dignos de pertenecer a su Biblia. El Magisterio de la
Iglesia, sin embargo, que con su vida ha generado esos libros, puede reconocer por
la acción del Espíritu Santo los libros inspirados y enseñarlo así a los hombres.
Por otra parte, como señalaba el Concilio Vaticano I, los libros sagrados no son
canónicos porque los haya acogido la Iglesia, sino porque tienen a Dios por autor, y
como tales han sido entregados a la Iglesia.
En este punto veremos cómo los diversos intentos protestantes por fundamentar
objetivamente el canon han sido inútiles, lo cual nos confirmará que sólo el
Magisterio y la Tradición pueden garantizar dicha objetividad y salvarnos del peren-
ne peligro del subjetivismo. Constataremos cómo al querer quitarle a la Iglesia la
autoridad de reconocer el canon, al final exige otorgar dicha autoridad a cada sujeto,
haciendo imposible la existencia de un canon objetivo.
Nos adentramos, por tanto, en el problema teológico del canon, a partir del cual
concluiremos la imposibilidad de justificar el axioma de la sola Scriptura, pues la pro-
pia Escritura requiere una voz externa a sí misma que diga: “éstos, y sólo estos
libros, son la Sagrada Escritura”. Esa voz, por la naturaleza eclesial de la Escritura
que ya vimos en el tema 1, sólo puede ser la de la Tradición y el Magisterio.
Veamos las propuestas de Lutero y otros teólogos protestantes del s. XX para inten-
tar justificar la objetividad de su canon:
dio la inspiración del Espíritu Santo, que sin duda iluminará al fiel cristiano en su
tarea.
- A la propuesta de Lutero cabría objetar que, de hecho, hay libros canónicos que
no nos acercan especialmente a Cristo… como quizá el libro hebreo de Ester
(menos piadoso que el Ester griego), o los libros de las Crónicas, y sin embargo
están en el canon.
- Por otra parte, tal criterio obligaría a hacer una jerarquía de libros más o menos
inspirados, de mayor o menor inspiración dependiendo de que me acerquen más
o menos a Cristo. Sin embargo, un libro o es palabra de Dios o no lo es, pero no
puede serlo más o menos.
- Además, salta a la vista que dicho criterio es subjetivo: no a todos los hombres
les acercan a Cristo los mismos libros. El libro de Job puede que a unos les una
mucho al Señor y a otros no… entonces, ¿entra en el canon o no?
24. ¿Y cuál sería el corazón del Canon dentro del Canon? Según Lutero, como hemos visto, “aquello que empuja hacia
Cristo”. Según Marxen, “el Kerigma primitivo inmediatamente posterior a la Pascua” (criterio cronológico). Según Käsemann
y Conzelman es “la justificación del pecado en virtud de la fe” (criterio temático típicamente protestante). De modo coherente
Käsemann no cree que el Canon dentro del Canon sea el fundamento de la unidad de las Iglesias (como pretendía Lutero): él
mismo ve que el NT tiene más de un canon dentro del canon. Los cuatro evangelios, y el NT en general, de hecho, fundamen-
tan ara los protestantes la diversidad de las iglesias. “La época en que se podía oponer al Catolicismo todo el conjunto de la
Escritura es posible que haya quedado definitivamente sepultada” afirma Käsemann ([Link], Das neue Testament als Kanon.).
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- A Käsemann cabría objetarle… “¿por qué debo buscar mi canon dentro de ‘ese’
canon oficial? ¿No implica eso mismo un reconocimiento de ese canon? ¿No es
darle ya una autoridad objetiva? ¿No sería más coherente con el principio protes-
tante buscar mi canon entre la literatura universal?” Por otra parte, afirmar “un
canon dentro del canon” diverso para cada creyente es ya renunciar a un canon
objetivo del que se pueda afirmar que es palabra de Dios, pues cada canon sería
diferente. Habría tantos como personas.
Por otra parte, pensar que para ser cristiano sólo se necesita la Sagrada Escritura
resulta absurdo. Pensemos en los primeros cristianos, antes de que estuviesen escri-
tos los libros del NT. ¿No podían ser cristianos por no tener Escritura?
Precisamente son ellos el modelo de la vida cristiana. ¿O diremos que por no tener
evangelios escritos no podían seguir a Cristo y ser creyentes? Precisamente los após-
toles lo hacían posible llevándoles el evangelio vivo, como en Pentecostés. Y, ¿no es
eso mismo Tradición apostólica? Recordemos, además, que el NT es la cristaliza-
ción de la Tradición: cada evangelio, cada carta, cada texto ha sido escrito por un
cristiano autorizado (apóstol o colaborador directo) a otros cristianos (individuos o
comunidades).
vación del canon bíblico. Los tres se necesitan mutuamente: Tradición, Escritura y
Magisterio. Sólo la misma Tradición, en un acto de ejercicio magisterial, hace cono-
cer el Canon íntegro de la Sagrada Escritura, que es Tradición hecha letra y
divinamente inspirada. Una y otra no se pueden separar, pues pertenecen al mismo
fenómeno 25.
P. Grelot (1917-2009) subraya que el sujeto que recibe la inspiración del Espíritu
Santo es la Iglesia, tanto al escribir los libros bíblicos como al reconocerlos como
canónicos. El “yo individual”, por el bautismo, es un “yo eclesial”, por lo que
podemos afirmar que es la Iglesia de todos los tiempos la que reconoce los libros
sagrados. El Magisterio de la Iglesia no es algo puramente humano, pues la infalibi-
lidad la da el Espíritu Santo a través de los carismas. El Espíritu ha asistido siempre
y continúa asistiendo a la Iglesia, para que conserve y transmita la revelación en su
integridad.
25. Esta evidencia, en cierto sentido, es la que llevaría en los años 50 al famoso exegeta protestante H. Schlier a su conversión
al catolicismo: “lo que me ha llevado a la Iglesia (Católica) ha sido el Nuevo Testamento tal como se presentaba si era analiza-
do históricamente sin prejuicios”. En este sentido, el suyo es “un camino auténticamente protestante de acercamiento a la
Iglesia”. El principio Sola Scriptura conduce paradójicamente a la Iglesia Católica.
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Las reflexiones anteriores nos permiten captar con mayor profundidad la intrínseca
relación que hay entre los diversos elementos de transmisión de la revelación pre-
sentes en la Iglesia (cf. DV 7-10). Nótese cómo el elemento central en torno al que
gira la transmisión de la revelación, y por lo tanto la Iglesia, es el colegio apostóli-
co. Como señala DV 7, los apóstoles “con su predicación, sus ejemplos, sus
instituciones, transmiten de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras
de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó”: ellos son los transmisores de la
revelación, por haber sido los testigos y receptores directos de la misma.
Por eso “nombraron sucesores a los obispos, para que el Evangelio se conservara
siempre vivo y entero” (DV 7). Gracias a la sucesión apostólica el indispensable minis-
terio de los apóstoles sigue presente en la historia, y por la Sagrada Tradición la
Iglesia hace posible su misión, pues “la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto,
conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree” (DV 8). Como
hemos dicho, la Escritura es parte de su propia vida, y por tanto inseparable de esta
Tradición. Así, como dice DV 9,
ambas manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin. La
Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo. La
Tradición recibe la Palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apósto-
les, y la transmite íntegra a los sucesores […] de donde se sigue que la Iglesia no saca
únicamente de la Sagrada Escritura la certeza de todo lo revelado. Por eso se han de recibir y
venerar ambas con un mismo espíritu de piedad.
Por supuesto, “el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su ser-
vicio” (DV 10), pues como hemos visto, es él quien nos enseña cuál es el canon de
la Escritura y quien la rescata de la subjetividad de cada individuo, para que siga
siempre siendo la palabra de Dios viva y eficaz. “Así pues, la Tradición, la Escritura
y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados,
de modo que ninguno puede subsistir sin los otros” (DV 10).
Ireneo subraya que tener las Escrituras, al margen de esta tradición apostólica,
puede ser absolutamente estéril –como de hecho lo es para los gnósticos--. Ilustra
este dato aludiendo a los cristianos bárbaros, que no saben leer y no tienen Biblia,
pero sin embargo, por haber acogido la predicación apostólica, llevan el evangelio
de Jesús escrito en los corazones, y si oyesen las enseñanzas de los gnósticos,
saldrían corriendo tapándose los oídos.
Pero lo que se ataca es la fe, y el objetivo común de todos los adversarios y enemigos de la doc-
trina salvífica es derribar el pilar de la fe en Cristo, haciendo desaparecer por asolamiento la
tradición apostólica. Por esta razón, como si fueran deudores de buena fe, se socorren con las
pruebas tomadas de las Escrituras, rechazando como si no tuviera importancia alguna el testi-
monio no escrito de los Padres (De Spiritu Sancto X,25)
Por último, estudiamos qué criterios utilizó la Iglesia para descubrir los libros canó-
nicos y normativos. Antes de mencionarlos, nótese que la norma última de la fe y la
vida de la Iglesia fue siempre, es y será Jesucristo. Él es el verdadero canon en el que la
Iglesia busca la voluntad de Dios y la palabra del Padre. Se trata por tanto de una
persona, no de un libro. Y quién es Cristo llega a los hombres a través de los apósto-
les, primero por la predicación (transmisión oral), luego por tradición escrita. Por
tanto, como veremos, será reconocido como canon aquellas obras que reflejen con
fidelidad y garantía la enseñanza de Cristo transmitida por los apóstoles.
Para conocer los criterios de canonicidad es necesario estudiar a fondo los primeros
siglos de la Iglesia y deducir de sus escritos, testimonios y concilios, qué criterios se
fueron aplicando para descubrir el canon. Nos basaremos en la trabajo de Karl H.
Ohlig (1938-), que investigó las razones y criterios que usó la Iglesia en cada
momento para inclinarse por unos libros u otros. El clasificó los criterios que des-
cubrió en tres grupos:
a) Criterios externos
26. Aunque la mayoría de los evangelios apócrifos se atribuyeron a diferentes apóstoles, la Iglesia reconoció de origen apostó-
lico solamente los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, aunque curiosamente dos de ellos no se atribuían a apóstoles.
IntroSE_ud 22:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 83
b) Criterios internos
Estos son los criterios que dan los autores cristianos para aceptar un texto como
canónico, pero que son internos a los propios textos, no visibles ni constatables.
Son en el fondo los que fundamentan la normatividad de la Sagrada Escritura:
• Se reconocen como canónicos los libros inspirados por el Espíritu Santo, que
por lo tanto tienen a Dios por autor.
• Dicha inspiración, sin embargo, no es comprobable externamente, aunque algu-
nos Santos Padres hablan de cierta experiencia espiritual/pneumática en relación
con algunos libros, que les confirmaría esta inspiración.
• El reconocimiento de este criterio sólo es garantizable por la Iglesia, a quien
Cristo ha entregado su Espíritu, que hace reconocer el canon.
c) Criterios eclesiales
Estos criterios surgen de estudiar las relaciones que las distintas comunidades ecle-
siales han tenido con cada uno de los libros bíblicos:
27. Valga como muestra el siguiente ejemplo: en algunas iglesias de Asia Menor se leía el Evangelio de Pedro durante las asam-
bleas. Un obispo, llamado Serapión, cayó en la cuenta de que contenía afirmaciones incorrectas y escribió a todas estas
comunidades informándoles de que tal evangelio no era conforme a “la verdadera enseñanza del Salvador”, por lo que dejó
de usarse (Eusebio de Cesarea, Hist. Eccl. VI,12,3-6).
28. Eusebio de Cesarea, por ejemplo, hablando de los apócrifos de los herejes, después de decir que ningún autor eclesiástico
los ha utilizado o citado, añade que “las características del estilo son muy diferentes a las de la costumbre apostólica, y las
ideas y el sentido de lo que contienen distan completamente de la armonía con la verdadera ortodoxia, mostrando claramente
que se trata de falsificaciones de los herejes”.
29. Cf. San Agustín: “[el lector de la Escritura] debe preferir aquellos [libros] que son recibidos por todas las Iglesias Católicas
frente a aquellos que algunas de ellas no aceptan. Entre aquellos que no son recibidos por todas, se deben preferir los que......
IntroSE_ud 22:ud [Link] 26/09/2017 11:01 Página 84
• Citación por autoridades eclesiásticas como Sagrada Escritura: los libros más citados
“como Escritura” por los Santos Padres más importantes, tenían muchas
garantías de entrar en el canon.
• Empleo en la liturgia: que un libro se usase en la liturgia, que se leyese como pala-
bra de Dios en las celebraciones, era un criterio definitivo de canonicidad cuando
su empleo era universal.
Podemos concluir con Ohlig que los criterios eclesiales fueron el criterio práctico de
la Iglesia para reconocer el canon. Al fin y al cabo, la misma vida de la Iglesia era la
que mostraba por el soplo del Espíritu cuáles eran las Escrituras Sagradas.
CONCLUSIÓN
El estudio teológico del canon nos ha confirmado la intrínseca relación que
hay entre la Sagrada Escritura y la Iglesia, no sólo por lo visto en el tema 1,
sino también porque el mismo hecho de que exista una Escritura Sagrada es
insostenible si no es porque una comunidad, con su autoridad recibida de
Dios, la reconoce como tal. Biblia, Magisterio y Tradición, en efecto, se recla-
man mutuamente; se necesitan mutuamente para el correcto cumplimiento de
su función en el plan salvífico de Dios. Un pueblo así no se improvisa, sino
que Dios lo fue preparando a través de una historia en la que fue forjando
con el sufrimiento y el despojo este pueblo. Le fue instruyendo poco a poco
en la sabiduría a través de los profetas, y el pueblo, a través de esta historia,
creyó en el único Dios verdadero, creador de todo, y esperó a su Mesías pro-
metido.
... un mayor número de Iglesias y, a su vez, las más importantes, reciben, frente a aquellos que aceptan pocas Iglesias y de
poca importancia. Pero si, con todo, el lector encuentra algunos escritos sostenidos por una mayoría de Iglesias y otros escri-
tos sostenidos por las Iglesias de mayor autoridad (aunque esto es difícil que suceda), creo que en ese caso, todos deben ser
considerados con la misma autoridad” (Doctr. Christ. 2.12).
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Ejercicios
CONCLUSIÓN
UNIDAD DIDÁCTICA 2
Tuvo una importancia grande la tradición y sucesión apostólica, como hemos visto
en la reflexión teológica sobre el canon. De hecho, es la Iglesia aquella que nos hace
saber, por el soplo del Espíritu Santo, cuáles son los libros bíblicos. Las iglesias pro-
testantes, al negar toda autoridad a la tradición de la Iglesia, no pueden “justificar”
la elección de los libros canónicos como tales.
ACTIVIDADES
• Busca cinco Biblias publicadas por distintas editoriales, y haz cinco columnas con la
lista de libros bíblicos de cada una. Señala luego las diferencias en el orden de libros y
en la agrupación de los mismos. Intenta que una o dos de esas Biblias no sean católi-
cas, para notar mejor la diferencia.
LECTURAS RECOMENDADAS:
MAGISTERIO Y PCB:
TEMA 1:
CCE 120.
PCB3 I.4.4 y 5.
TEMA 2:
DV 7-10.
CCE 120.
PATRÍSTICA:
SAN IRENEO DE LYON, Adversus Haereses III, 1- 5.
MANUALES:
TEMA 1:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 59-100.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo IV § 1.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
183-209.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 177-211.
TEMA 2:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 101-132.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo IV § 2.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
211-223.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 213-223.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 89
Contenido
INTRODUCCIÓN
Si algo hace a la Biblia un libro --o una colección de libros-- muy especial, es el hecho de que
los cristianos la consideramos la palabra de Dios. ¿Qué queremos decir exactamente con
esta expresión? Fundamentalmente, que los libros tienen a Dios por autor, a pesar de ser
también obra humana. Pero esto hay que entenderlo bien y profundizar en su significado,
algo que haremos en el tema 1.
Por su origen divino, porque Dios no puede mentir, afirmamos también que en ella encon-
tramos la verdad. Sin embargo, a veces se escucha hablar de los errores de la Biblia. ¿En
qué sentido está presente la verdad en la Biblia? Lo abordaremos en el tema 2.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 91
Tema
La inspiración divina de la
Sagrada Escritura
1
Uno de los rasgos fundamentales de los textos bíblicos es que están divinamente
inspirados. Se trata de una inspiración especial, distinta a cualquier otro tipo de ins-
piración que el Espíritu Santo pueda realizar en la historia de la Iglesia. Afirmamos
con razón, por ejemplo, que Dios inspiró a tal o cual santo para fundar una orden, o
realizar tal acción, o incluso que le inspiró al escribir la regla de la comunidad o una
carta importante; también se sostiene, con verdad, que Dios ilumina, inspira o guía
con su luz a los obispos de un concilio para que plasmen la verdad que quieren
transmitir.
Sin embargo, en todos estos casos estamos hablando de una inspiración divina distin-
ta a la inspiración de los libros sagrados. En este caso, la naturaleza de la inspiración
es tal que, a diferencia de cualquier otro tipo de escrito, podemos llamar a Dios
“autor” de tales escritos. Algo que sólo podemos afirmar de los libros canónicos:
son palabra del mismo Dios. Ningún otro texto, por venerado, verdadero o hermo-
so que sea, por iluminado que haya estado su autor al componerlo, tiene esta
característica. Ningún texto conciliar, ninguna plegaria eucarística u oración devota,
ninguna revelación mística, ningún canon del derecho canónico o número del
Catecismo, aún siendo profundamente cristiano y ortodoxo, es palabra de Dios.
I. Testimonio bíblico
En primer lugar, vamos a rastrear qué dice la Biblia sobre la inspiración. Este tema
no es muy tratado en los libros bíblicos, pero los pasajes que mencionan la inspira-
ción de los libros sagrados son significativos.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 92
¿En el AT se explica de algún modo cómo Yhwh inspira sus palabras para que sean
escritas? Ciertamente no. Lo que sí se describe con un cierto detalle es la inspira-
ción profética, es decir el proceso por el cual el profeta recibe el influjo divino y se
le capacita para hablar palabras de Yhwh, o dichos con otras palabras, es constituido
profeta (cf. Zac 7,12; Is 1,1-2; Jr 1,1-4; Ez 2,1-5; etc).
Por otra parte, la carta a los Hebreos introduce en varias ocasiones, con la fórmula
“Dios (o el Espíritu Santo) dice”, pasajes del AT que formalmente han sido dichos
por los hagiógrafos y no por Dios (cf. Heb 3,7; 4,4; 9,8; 10,15). De ahí deducimos que
el autor de Hebreos considera todo el AT como palabra de Dios.
Más allá de estos textos, hay dos momentos en los que el NT menciona más
explícitamente el fenómeno de la inspiración:
ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, pues nunca fue proferi-
da profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos (pheromenoi) por el Espíritu Santo,
hablaron los hombres de parte de Dios (apo theou) (2 Pe 1,20-21)
Por una parte indica que nadie puede interpretar la Escritura por su cuenta y riesgo.
Pero lo que nos interesa ahora no es hablar de la interpretación (cf. U.D.4) sino el
motivo que da 2 Pe para prohibir la interpretaciones personales y subjetivas: las pro-
fecías de la Escritura no son obra humana; si lo fueran, sí podría interpretarlas un
hombre cualquiera. Sin embargo, han sido escritas por unos hombres especiales, de
los que se afirma:
30. El término theopneustos era usado, junto con otros términos, en la profecía mántica (“adivinación”) pagana. La mántica era
un don de los dioses que se otorgaba a videntes, sacerdotes y sacerdotisas.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 94
capaces de interpretar los textos proféticos aquellos que tengan la autoridad del
Espíritu Santo. Éstos, en el NT, no son otros que los apóstoles.
Hasta ahora hemos visto lo referido a la inspiración divina del AT. Del NT es difícil
encontrar afirmaciones en el mismo NT, como es lógico, pues son textos escritos
en un lapso de tiempo muy corto, y no hay apenas ocasión material para que hablen
unos libros de otros, salvo en los textos mencionados al hablar del canon. Allí
vimos, en 2 Pe 3,16 y 1 Tim 5,18, que se equiparaban pasajes del NT con el AT,
recibiendo su misma autoridad. Por ello deducimos que les otorgarían la misma ins-
piración, aunque ésta no se mencione explícitamente.
Hay sin embargo, un texto neotestamentario que sí habla de su propio origen divi-
no. En el inicio del Apocalipsis, san Juan señala cuál es la fuente de lo que escribe:
Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que
suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la
palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y
los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito (Ap 1,1-3)
No se refiere a todos los libros del NT, sino sólo al propio Apocalipsis, pero cree-
mos que lo que se dice de la inspiración de este libro se puede predicar de los demás
libros bíblicos.
Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se
consignaron por inspiración del Espíritu Santo. La santa Madre Iglesia, según la fe apostólica,
tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 95
partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales
se le han entregado a la misma Iglesia.
Nótese que en la Dei Verbum no se habla nunca de libros inspirados, sino de libros
sagrados, canónicos, santos…pues lo que se inspira es la acción de poner por escri-
to la palabra divina.
El planteamiento de la cuestión
• Dios inspirando, y
• el hagiógrafo recibiendo la inspiración.
Durante el período patrístico, los Padres ponían de relieve sobre todo que Dios era el
autor de la Sagrada Escritura 31. Alonso Schökel indica que en la época patrística
había varias imágenes, analogías o símbolos para presentar el fenómeno de la inspi-
ración 32. Pero estas imágenes no competían entre sí, como si fuesen hipótesis de
31. Los primeros Padres hablan del fenómeno de la inspiración sin usar este término. Excepción a la regla es Hipólito
Romano, que utiliza la expresión theopneustos en una ocasión. Tertuliano parece ser el primer Padre que introduce la corres-
pondiente expresión latina inspiratus dentro del lenguaje de la teología, adquiriendo, desde entonces, el valor de un término
técnico dentro de la literatura occidental.
32. Cf. ALONSO SCHÖKEL, La palabra inspirada, 56-76.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 96
explicación alternativas, sino que son símbolos complementarios que nos acercan al
misterio de la inspiración, como un haz de imágenes convergentes. Veámoslas:
33. Así Teófilo de Antioquia escribe: “Pero Moisés, que existió muchos años antes que Salomón, o más bien el Logos de
Dios, habla por medio de él como por medio de un instrumento” (Ad Autol. 2,10). Más allá va Atenágoras comparando el
éxtasis del profeta con una “flauta en manos del flautista” (Leg. pro christianis 9). Por otro lado, los textos que se refieren
directa y exclusivamente al carácter inspirado de la Escritura son pocos y especialmente sobrios. Así la primera carta de
Clemente dice: “Vosotros habéis escudriñado las Sagradas Escrituras, que son veraces y [fueron dadas] por medio del
Espíritu Santo. Sabéis que nada injusto ni falso está escrito en ellas”.
34. Casi 17 siglos más tarde, el Magisterio usa la misma expresión de instrumento, sin negar la implicación viva y racional del
autor humano: “Partiendo del hecho de que el hagiógrafo, al escribir su libro, es instrumento del Espíritu Santo, instrumento
vivo y racional” (DAF).
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 97
estilo. La melodía resultante es de los dos: del Espíritu y del inspirado, una e indivi-
sible, perfectamente humana y misteriosamente divina”.
Otra analogía es la del dictado, presente en algunos Padres latinos, como si Dios
fuese sugiriendo en la conciencia del hagiógrafo el texto sagrado. Usan el verbo
“dictar” aplicado a la acción del Espíritu sobre el autor humano, por ejemplo, San
Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno… Schökel, a raíz de la evolución
semántica del término “dictare”, propone entenderlo flexiblemente, como una cola-
boración inteligente del que recibe el dictado 35.
“Con toda exactitud ha colocado intencionadamente el Espíritu Santo el versículo del Salmo
(11,7) por medio de sus ministros de la palabra, a fin de que tampoco para vosotros permanez-
ca oculto el fundamento según el cual la Sabiduría de Dios ha concebido toda la Escritura
inspirada hasta la letra casual. Quizá dijo por ello el Redentor: «ni una iota ni ápice desaparecerá
de la Ley hasta que todo se cumpla»... Por ello aceptamos, acerca de todo lo que ha sido escrito
por la inspiración del Espíritu Santo, que la santa Providencia, que concede una sabiduría supe-
rior a la del hombre, ha sembrado en el género humano palabras de salvación por medio de las
Escrituras, y, por así decirlo, a cada una de las letras, según su propia capacidad, huellas de la
sabiduría” (In Psalmos I,4).
Por otra parte, son interesantes las aportaciones de estos dos Santos Padres:
al modo de los hombres, porque también nos busca con tal lenguaje” (De civitate
Dei, 17,6). “Ni siquiera Juan ha hablado como es, sino como pudo, porque como
hombre ha hablado de Dios, ciertamente inspirado por Dios, pero a pesar de ello como
hombre. Porque estaba inspirado dijo algo, y si no hubiera estado inspirado no
hubiera dicho nada. Pero porque era un hombre inspirado no ha dicho todo lo
que es, sino que ha dicho todo lo que podía decir como hombre” (In Joanem 1,1).
La reflexión posterior
Así, en el s. XVI Melchor Cano (1509-1560) mantiene que los libros se compusie-
ron “bajo el dictado del Espíritu Santo”, extendiendo la actividad divina hasta las
más pequeñas verdades. Respecto al evangelio, dice: “Éste fue escrito con gran
esmero y bajo la inspiración de la asistencia divina, de modo que no existe ninguna
palabra en él, ni un ápice siquiera, que no haya sido aportado por el Espíritu Santo”
(De locis theologicis II,16). Ahora bien, al intentar precisar cómo se realiza la inspira-
ción en el hagiógrafo, introduce una distinción novedosa entre la “revelación” y la
“inspiración” del hagiógrafo. La primera era la “manifestación de verdades sobrena-
turales”, y la segunda el “carisma redaccional de los libros sagrados”. El hagiógrafo
siempre estaba inspirado por Dios al escribir, pero no siempre recibía revelación
divina:
“Los hagiógrafos, para poner por escrito las partes pequeñas concretas de la Biblia, no necesita-
ron una revelación propia y expresa, más bien todo fue puesto por escrito gracias a un estímulo
e inspiración especial del Espíritu Santo (…). Nada escribieron a ciegas, sino que el Espíritu
36. En la manualística del siglo XVII, por ejemplo, leemos: “La causa eficiente principal (causa efficiens principalis) es el Dios
trino y uno, que inspiró, no sólo el contenido (res) de la Escritura, sino incluso sus palabras en cuanto tales (…) La causa efi-
ciente ministerial (causa efficiens ministerialis) son los profetas, evangelistas y apóstoles, que no podían cometer error alguno
directamente en el acto de escribir a causa de la iluminación inmediata de Dios” (Juan Federico König, Teología positiva acro-
amática, §86).
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 99
mismo dirigía su pluma para que no se desviaran al escribir (…). Sin embargo, no afirmamos
que cada parte de la Sagrada Escritura haya sido compuesta por una revelación inmediata el
Espíritu Santo (…). Porque en lo que los hagiógrafos escribieron hay dos tipos de cosas. Unas
que conocieron sólo por revelación sobrenatural, y éstas proceden, según las palabras de
Basilio, del Espíritu Santo; pero otras las habían visto con sus ojos y palpado con sus manos, y
las poseían, por tanto, por conocimiento natural. Y para escribir estas últimas no necesita-
ron, como dijimos arriba, ninguna luz sobrenatural ni revelación expresa, sino la
presencia del Espíritu Santo y su ayuda especial para que lo que era humano y conocido por el
entendimiento natural, fuera consignado sin error por la ayuda de Dios” (De locis theologicis
II,18).
Cano sostenía que bastaba que el Espíritu Santo excluyera todo error de los enun-
ciados que el hagiógrafo iba escribiendo para hablar de “inspiración”. No era por
tanto necesario que se diese el carisma de revelación en la elaboración de los libros
sagrados. La acción de Dios en esta concepción de la inspiración queda reducida,
por tanto, a ser un mero “corrector de herejías”.
Aunque Báñez no llega a afirmar que esta teoría de la inspiración verbal es doctrina
de fe, la considera más segura que la teoría de la inspiración real (véase el siguiente
párrafo). Si no fuera por ella, no habría diferencia entre la Sagrada Escritura y las
definiciones infalibles de los Concilios. La teoría y formulación de Báñez sobre la
inspiración verbal obtuvo la aprobación y el reconocimiento de la escuela tomista
hasta más allá del siglo XIX, así como la importantes teólogos jesuitas como
Roberto Belarmino y Suárez 37.
“1. Para que algo sea Sagrada Escritura no es necesario que sus palabras concretas estén inspira-
das por el Espíritu Santo.
2. No es tampoco necesario que las verdades y sentencias concretas estén inmediatamente ins-
piradas al autor mismo por el Espíritu Santo.
3. Algún libro (como quizás el segundo de los Macabeos), escrito por diligencia humanas inasis-
tencia del Espíritu Santo llega a ser Escritura sagrada si el Espíritu Santo testifica después que
no hay en él nada falso”.
37. Suárez, sin embargo, cuando debe explicar el proceso en sí, matiza: “Cuando un autor de la Escritura canónica escribe
algo que de suyo corresponde al ámbito humano y es accesible a los sentidos, entonces parece bastar que el Espíritu le preste
una asistencia especial y le preserve así de todas las palabras equivocadas, falsas e inconvenientes a esta Escritura (…), y en lo
demás permite que el escritor utilice, al escribir, las imágenes de su memoria y su propia diligencia” (De Regulis fidei III,5).
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 100
Las dos primeras tesis respaldan la teoría de la inspiración real, algo que la Iglesia no
había censurado en ningún momento, por más que en esta época no encontrara
defensores. El verdadero problema lo presentaba la tercera tesis, que proponía una
nueva teoría de la inspiración: el influjo divino en la composición de la Escritura
queda desplazado a la mera aprobación posterior por parte de Dios, lo cual puede
suscitar numerosos problemas. De entrada, una posición así sólo es compatible con
una teoría real de la inspiración y contradice frontalmente la teoría verbal. El hecho
de que Lesio se atreviera a nombrar un libro sagrado (2 Mac) hizo que la cuestión se
presentara con tintes más graves. En las Universidades de Lovaina y de Douai hubo
una reacción de extraordinaria violencia. El mismo Lesio, ante las reacciones contra-
rias, tuvo que matizar sus tesis, aunque manteniendo sus aspectos fundamentales.
“Es posible que alguna Escritura haya sido primeramente compuesta de modo totalmente
exclusivo por las fuerzas humanas ordinarias, y que sólo por el hecho de haber entrado en el
canon habría sido elevada a palabra de Dios y, también por ello, haya sido hecha inspirada (ins-
piratio subsequens)” (Versuch einer Geschichte der biblischen Offenbarung)
Como se ve, las hipótesis era cada vez más alarmantes. Frente a tal caos, en 1870
Franzelin propuso una solución aparentemente más sensata: en la inspiración Dios
era el autor de los conceptos e ideas que transmitía al hombre, el cual ponía las
expresiones concretas que daban cuerpo a las ideas inspiradas. Sin embargo, ya el P.
Lagrange mostró que eso no era posible, pues no se pueden pensar los conceptos
sin las palabras mismas.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 101
• Providentissimus Deus (1893): el Papa León XIII presentó la inspiración como una
triple acción del Espíritu en el hagiógrafo (y no en el texto escrito), que movía el
empleo de la inteligencia, la voluntad y los órganos ejecutorios 38.
• Divino Afflante Spiritu (1943): Pío XII indicó que en la redacción de los libros
sagrados, el hombre actúa con plena libertad y uso de sus capacidades. No es por
tanto anulado por la acción divina de la inspiración.
• Dei Verbum 11: El Concilio Vaticano II llevó hasta el final las enseñanzas del
Magisterio anterior, dejando atrás definitivamente la idea de que el hagiógrafo es
38. “Él de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras
escribían, que ellos concibieran rectamente todo y sólo lo que El quería, y lo quisieran fielmente escribir, y lo expresaran apta-
mente con verdad infalible”. Se trata del modelo leonino o modelo psicológico de inspiración: concebir en la mente
(entendimiento) – decidirse a escribir un libro (voluntad) – expresión escrita (ejecución). La inspiración opera en esos tres
niveles. Este es un modelo que se repetirá en los manuales clásicos hasta el Vaticano II.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 102
Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus
propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos 39, escribieron, como
verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería.
La Dei Verbum habla por tanto de dos autores verdaderos de la Biblia 40: Dios, y la
multitud de hagiógrafos que han intervenido en la elaboración de los 73 libros
canónicos. Sin embargo, no entra a describir cómo es la relación entre ambos en la
inspiración. Deja esa tarea a los teólogos, aunque dejando bien marcado el camino.
Por una parte, era necesario abandonar el modelo excluyente que había dominado la
reflexión de siglos anteriores. Por otra parte, se debía encuadrar el problema en el
contexto más amplio de la relación hombre-Dios. Dios y el hombre no están en
rivalidad, sino que una mayor presencia de Dios en el hombre lleva a una mayor ple-
nitud de la humanidad, también cuando Dios inspira su palabra al hagiógrafo.
Decir que el hagiógrafo está inspirado supone, por tanto, decir que su libertad y su
entendimiento alcanzan --gracias a esa inspiración-- cimas de por sí inaccesibles al
hombre por sus propias fuerzas. El hagiógrafo es llevado por la gracia a una pleni-
tud insospechada, que le permite penetrar del modo más verdadero posible en la
plenitud de lo real, y poner por escrito “todo y solo lo que Dios quería”, conforme
a su tiempo y a su situación, que no son eliminadas por la inspiración.
39. La fórmula ut Ipso in illis et per illos agente constituyó una gran novedad respecto a los primeros esquemas de la DV. En
efecto, en los primeros esquemas aparecía una formulación más clásica centrada en la “causalidad principal / causalidad ins-
trumental”. El problema fundamental de esta última expresión estaba en el término “instrumento” que a muchos Padres
conciliares les parecía reducido para describir tanto la acción de los hagiógrafos como su libertad y personalidad. Entre las
virtudes de la nueva fórmula estaba el origen bíblico de la expresión “(Dios actúa) en y por medio de (los hombres)”.
40. También la fórmula “verdaderos autores” (veri auctores) aplicada a los hagiógrafos supone una novedad. Ciertamente tiene
sus antecedentes en los Padres de la Iglesia, pero se había abandonado en la reflexión teológica dominante, sustituyéndola por
el término instrumento. La insistencia sobre el carácter de verdaderos autores se juzgó necesaria para contrarrestar la idea de un
autor secundario o instrumental, casi un secretario, que en realidad no es un verdadero autor.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 103
CONCLUSIÓN
Todos los libros del AT y del NT han sido escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, teniendo por tanto como verdaderos autores a Dios, que es
quien toma la iniciativa, y al hagiógrafo, que pone todas sus cualidades al ser-
vicio de esta misión divina. A lo largo de la historia de la Iglesia se han
presentado muchos modelos de inspiración, cada uno con sus puntos fuertes
y sus flaquezas. En el siglo XX, con el Concilio Vaticano II se han consegui-
do superar esquemas deficientes y se ha aportado una guía segura para seguir
profundizando teológicamente en la cuestión de la inspiración.
“Un concepto clave para comprender el texto sagrado como Palabra de Dios en pala-
bras humanas es ciertamente el de inspiración. También aquí podemos sugerir una
analogía: así como el Verbo de Dios se hizo carne por obra del Espíritu Santo en el
seno de la Virgen María, así también la Sagrada Escritura nace del seno de la Iglesia por
obra del mismo Espíritu. La Sagrada Escritura es «la Palabra de Dios, en cuanto escrita
por inspiración del Espíritu Santo». De ese modo, se reconoce toda la importancia del
autor humano, que ha escrito los textos inspirados y, al mismo tiempo, a Dios como el
verdadero autor. Como han afirmado los Padres sinodales, aparece con toda evidencia
que el tema de la inspiración es decisivo para una adecuada aproximación a las
Escrituras y para su correcta hermenéutica, que se ha de hacer, a su vez, en el mismo
Espíritu en el que ha sido escrita. Cuando se debilita nuestra atención a la inspiración, se
corre el riesgo de leer la Escritura más como un objeto de curiosidad histórica que
como obra del Espíritu Santo, en la cual podemos escuchar la voz misma del Señor y
conocer su presencia en la historia”.
IntroSE_ud 31:ud [Link] 26/09/2017 11:02 Página 104
Ejercicios
• ¿Qué decían sobre la inspiración los siguientes autores? Orígenes, San Agustín,
Melchor Cano, Lesio, Pío XII, Haneberg, León XIII.
IntroSE_ud 32:ud [Link] 26/09/2017 11:03 Página 105
Tema
La verdad de la Sagrada Escritura
2
En este tema abordamos una cuestión central de la Biblia: en ella está la Verdad.
Ahora bien, no es fácil definir la verdad en cuanto tal. Ya Pilatos se lo planteó al
mismo Cristo: “¿Y qué es la verdad?”.
En, cierto sentido es algo que todos sabemos lo que es, pero que a la vez se nos
escapa cuando queremos encerrarla en conceptos. Si esto sucede con la verdad en
general, tanto más cuando hablamos de la verdad de la Biblia.
El concepto semita de verdad es el que predominaba en Israel, y por tanto entre los
primeros cristianos, que eran de origen judío. Era también la concepción que veían
reflejada en la Biblia, y con la que leían la Sagrada Escritura. La verdad semita
subrayaba el carácter de cumplimiento de una palabra dada, de una “promesa”.
Es el tipo de verdad que subyace a las palabras que se dirigen las personas en una
relación interpersonal: una promesa, una declaración de amor o fidelidad, unas pala-
bras de ánimo, un anuncio de que algo va a pasar… todo ello, que conforma
nuestros diálogos cotidianos, es verdadero, si de hecho en el tiempo –por seguir con
los ejemplos indicados-- cumplimos la promesa, amamos, somos fieles, alentamos o
sucede lo que hemos anunciado.
Pongamos un modelo bíblico para entenderlo mejor: las palabras que Dios dirige a
Moisés, y éste en nombre del Señor al pueblo, anunciando que les va a sacar de la
esclavitud de Egipto (cf. Ex 3-6). Son palabras cuya verdad tiene unos rasgos funda-
mentales del concepto semita de verdad que conviene señalar:
• Esta verdad llega hasta ellos sólo porque otro se la anuncia: Dios a Moisés, y
Moisés a sus hermanos. A este tipo de verdad sólo se accede a través de otro
que me habla. Por eso es siempre un don inesperado, y que no se puede deducir
por sí sólo. Implica, además, un intrínseco carácter interpersonal.
• Además, una vez que esta verdad llega hasta mí, no puedo verificarla metiéndo-
me en un laboratorio. Para comprobar si es verdadera o falsa necesito
implicar toda mi persona, jugarme la vida (cuando esa verdad afecta a toda mi
existencia), siguiendo al que testimonia esa verdad y fiándome de él. En el caso
de los israelitas, para comprobar si Dios iba a salvarles o no, tuvieron que ir
detrás de Moisés arriesgándolo todo para experimentar si la palabra era verdade-
ra. Tuvieron que implicarse, corriendo el peligro incluso de morir ahogados o
asesinados por los egipcios. Los israelitas que decidieron quedarse en Egipto, si
hubo alguno, no corrió ese riesgo, pero tampoco comprobó la veracidad de la
palabra divina.
La respuesta cristiana vino de los defensores de la fe, los padres apologetas, que
para dar respuesta a tales ataques se vieron obligados a entrar en la cultura helenista
con su concepto de verdad. De lo contrario cualquier diálogo habría sido imposible.
Tuvieron que dar razón de su fe en el terreno de la “verdad griega”, que venía a
coincidir con la definición clásica que nos ofrece la filosofía: correspondencia entre
la realidad y el pensamiento.
Es un concepto que se ciñe a la verdad de las cosas, de lo que ven nuestros ojos y
es constatable. Es el aspecto más estático y permanente de la verdad, que afecta
sobre todo a las afirmaciones empíricas. Por ejemplo: “El agua hierve a 100ºC”,
“este jersey es rojo”, “en esta casa hay diez piedras”. Estas frases son verdaderas si
se corresponden con la realidad, es decir, si de verdad el agua hierve a esa tempera-
tura, el jersey es de ese color… etc. Cuando la afirmación de lo que se piensa
coincide con la realidad, tal afirmación es verdadera. El helenismo solía identificar la
verdad con afirmaciones universales, es decir, cosas que siempre sean verdad, como
por ejemplo las leyes de la naturaleza ([Link]. el hervir del agua a 100ºC) o de la filo-
sofía ([Link]. “lo que es, es”).
La característica principal de estas verdades es que las puedo adquirir por mí mismo,
por el uso de mi razón, que investiga y analiza lo permanente e inmutable de la
naturaleza. No es necesario, por tanto, que otro me la transmita.
Pues bien, en su diálogo con los paganos, los apologetas abandonaron el concepto
semita de verdad asumiendo mayormente el punto de partida del helenismo: el con-
cepto griego. Éstos, a su vez, tomaron como blanco preferido de sus críticas a la
Biblia, que según los cristianos contenía la verdad sin error. Así, poco a poco, se
empezó a leer la Sagrada Escritura desde esta perspectiva helenizante y filosófica,
sobre todo para defenderse de los ataques paganos. Lo malo es que una vez adopta-
do este presupuesto, no se va a abandonar y se convertirá en el modo habitual de
leer la Biblia. Lógicamente, esto provocó muchos problemas, de los que ya San
Agustín alertó, subrayando que la Biblia dice cómo se va al cielo, no cómo va el cielo 41.
El Magisterio más reciente fue poco a poco dando luz al problema con sus inter-
venciones. Así, León XIII en Providentissimus Deus (1893), subrayó que era
necesario diferenciar lo que el Espíritu Santo quería enseñar (la salvación) de lo que
había asumido para realizar tal enseñanza (los enunciados literales de cada frase
bíblica). En efecto, el hagiógrafo y el Espíritu Santo no tenían la intención de hacer un tra-
tado de cosmología, sino de transmitir la salvación de Dios en la historia, con el lenguaje de su
tiempo. Por eso, indica León XIII, alcanzamos la verdad que quiere transmitir la
Biblia estudiando la intención del autor al decir lo que dice y el modo en que lo dice.
41. “En el Evangelio no se puede leer que el Señor haya dicho: Yo os envío el Paráclito, que os instruirá sobre el curso del sol
y de la luna. Él quería hacernos cristianos y no astrónomos (mathematicos)” (De actis cum Felice Manichaeo 1,10). “(…) El
Espíritu de Dios, que habló por ellos (los auctores de la Escritura) no quiso instruir a los hombres acerca de aquello que no
tiene ninguna utilidad para la salvación” (De Genesi ad litteram 2,9; citado en DV 11).
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Ante cualquier afirmación bíblica hay que preguntarse qué busca el autor transmitir,
por qué y para qué lo dice.
Cincuenta años más tarde, Pío XII en la Divino Afflante Spiritu (1943) habló por pri-
mera vez de la importancia de los géneros literarios para interpretar cualquier texto
bíblico:
Por esta razón, el exegeta católico, si quiere responder a las necesidades actuales de la ciencia
bíblica, al exponer la Sagrada Escritura, y para demostrar su absoluta inerrancia, debe utilizar
con discreción este medio e intentar indagar qué aporta la forma de decir o el género literario
empleado por el hagiógrafo a una verdadera y genuina interpretación; debe tener además la per-
suasión de que esta parte de su tarea no puede descuidarse sin daño considerable para la
exégesis bíblica católica
Ahora bien, ¿qué entendemos por género literario? El género literario es lo que me
indica la intención con que un autor escribe un texto. Hay infinidad de géneros litera-
rios: histórico, poético, fábula, filosófico, apocalíptico… Si, por ejemplo, un autor
emplea un género histórico, quiere decir que los hechos que narra los considera
realmente acaecidos. Si en cambio emplea el género fábula, significa que no narra
sucesos históricos, como por ejemplo el cuento de Caperucita roja. Este género no
es histórico, pues el papá que cuenta a su hija la historia no pretende que la niña se
crea que los lobos hablan; ¿cuál es su intención? Pues la de toda fábula: entretener y
enseñar una moraleja. En este caso la enseñanza es que los niños no deben hablar
con los desconocidos.
¿Cómo saber el género literario de un texto? Muchas veces el autor lo dice explícita-
mente (en la introducción, como por ejemplo Lucas o Marcos en sus evangelios), y
otras hay que deducirlo de la lógica interna del texto (especialmente en los libros
más antiguos). Aquí es donde surgen los problemas de interpretación, cuando los
autores no se ponen de acuerdo en el género literario de un texto.
Pues bien, volviendo a Pío XII, la DAF concluye que hay que buscar la verdad del
texto bíblico en lo que éste quiere enseñar, y no en cada afirmación que contiene
tomada como una verdad absoluta separable de su relato y contexto próximo.
En los inicios del Concilio Vaticano II, tras la renovación vivida por la actualización
de estudios bíblicos y patrísticos, finalmente se puso sobre la mesa la raíz de la cues-
tión: el concepto de verdad que presupone la Biblia. ¿Por qué modelo de verdad
debía optar la Iglesia para explicar la Palabra de Dios? O. Loretz propuso un retorno
puro y simple al concepto semítico de verdad. Su propuesta no fue aceptada, por-
que suponía una contraposición demasiado “excluyente” entre la llamada verdad
griega y la semita, pero su intervención contribuyó decisivamente a la elaboración
final de la Dei Verbum.
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La DV, a la vez que mantiene las ideas de Pío XII y León XIII sobre la verdad de lo
que la Biblia quiere enseñar, subraya que la verdad bíblica es una verdad salvífica:
“los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad
que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación” (DV 11). El
Concilio asumió así que la naturaleza de la verdad bíblica no es ni estrictamente
semita ni puramente griega. Ambas verdades tienen una unidad de fondo (de lo
contrario caeríamos en el relativismo). La DV asumió la llamada “verdad cristiana”
o “verdad de salvación”, que es en el fondo la realización de todas las promesas de
Dios en Cristo.
CONCLUSIÓN
Al presentar la verdad de la Biblia, la Dei Verbum se mantiene dentro del
marco hebreo, donde lo fundamental es una palabra de Dios dirigida al hom-
bre prometiendo fidelidad, amor y salvación. Esta verdad, por lo tanto, tiene
todas las características que explicamos de la verdad semita. Pero a la vez, el
Concilio introduce elementos nuevos en la comprensión de la verdad (que
incluyen lo característico de la verdad griega sin eliminar lo semita).
La verdad hebrea miraba siempre al futuro, a una promesa que debía cumplir-
se. Esta es la verdad que encontramos básicamente en el AT. Pero la Biblia
incluye también el NT, el testigo de la plenitud de la revelación, donde ya lo
prometido es una realidad presente. Por eso, la verdad cristiana puede sinteti-
zarse así:
• Esta verdad es de tal hondura que hace libre al que la acoge: “conoceréis la
verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8,32).
• Frente a la verdad cristiana, todas las demás verdades (griega y semita) las
presenta Pablo como “ignorancia” (especialmente si llevan a rechazar la
verdad de Cristo): “los griegos buscan sabiduría, y los judíos piden signos,
pero nosotros anunciamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y
necedad para los griegos, pero para los que creen en Él, fuerza de Dios y
sabiduría de Dios” (1 Cor 1,22-24).
• Esta verdad no es una verdad que se pueda plasmar sin más en un libro,
sino que es una verdad viva, y que sólo se puede acoger en la propia vida
poniendo ésta en juego, arriesgando toda la verdad, confiando en la pro-
mesa que conlleva.
Ejercicios
• ¿En qué coinciden y en qué se diferencian los conceptos griego y semita de verdad?
• ¿Cuál fue el principal problema a la hora de abordar el conflicto histórico entre biblia y
ciencia? ¿qué soluciones se dieron? ¿por qué no eran válidas?
• ¿Cómo aborda la Dei Verbum el tema de la verdad bíblica? ¿Qué hay de novedoso?
CONCLUSIÓN
UNIDAD DIDÁCTICA 3
“Además, los Padres sinodales han destacado la conexión entre el tema de la inspiración y el de
la verdad de las Escrituras. Por eso, la profundización en el proceso de la inspiración llevará
también sin duda a una mayor comprensión de la verdad contenida en los libros sagrados”.
Por ser obra de Dios, la Escritura contiene la verdad que Dios ha querido manifes-
tarnos, con el fin de que alcancemos la salvación. Esta verdad es Cristo, que vive en
la Sagrada Escritura, que sigue dándose al hombre en la verdad bíblica. Es la verdad
d el testimonio fidedigno de la revelación de Dios en la historia, que incluye en sí el
concepto griego y hebreo de verdad y va más allá de ellos.
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ACTIVIDADES
• Redacta una oración personal dirigida al Espíritu Santo, en la que le pidas todo lo nece-
sario para poder leer la Biblia con fruto. Empléala siempre que vayas a leer o rezar con
la Sagrada Escritura.
• Lee, sintetiza y esquematiza todas las lecturas del Magisterio de estos tres temas, y
memoriza tus propios resúmenes.
• Escoge tres pasajes cualesquiera del AT e intenta detectar en ellos la pedagogía divina,
elementos perfectos e imperfectos, y la progresión hacia el NT que percibas en ellos.
• Lee todos los pasajes del NT indicados en el tema 10 y desarrolla siete de ellos en un
trabajo.
• En el PCB3 hay una extensa sección sobre interpretación de pasajes difíciles. Léela,
selecciona los cuatro pasajes cuya interpretación más te haya gustado y escribe un
comentario sobre cada uno.
LECTURAS RECOMENDADAS:
MAGISTERIO Y PCB:
TEMA 1:
DV 11.
CCE 105-106.
VD 19.
PCB3 I.4.1,2 y 3.
TEMA 2:
DV 11.
CCE 107-108.
VD 19.
PCB3 II.1.
MANUALES:
TEMA 1:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 133-215.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo II.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
119-179.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 71-120.
Con especial interés recomendamos para esta U.D. el siguiente libro, mencionado en
el tema 1:
ALONSO SCHÖKEL, L., La palabra inspirada. La Biblia a la luz de la ciencia del lenguaje
(Cristiandad, Madrid 31986).
TEMA 2:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 217-241.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo III.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
225-249.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 131-172.
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UNIDAD DIDÁCTICA IV
La interpretación de la Biblia
Contenido
INTRODUCCIÓN
La U.D. tiene tres temas. El primero se centra en la enseñanza del Magisterio sobre la
interpretación bíblica y sus grandes principios, tras un breve recorrido histórico previo. El
segundo tema presenta la diversidad de métodos interpretativos que han ido apareciendo en
los últimos tiempos, así como la metodología que más se adapta a los principios exegéticos
del Magisterio. El tercer y último tema aborda la interpretación concreta del AT por una
parte, y la del NT por otra, adentrándonos en su misteriosa unidad, clave de toda la
Sagrada Escritura.
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Tema
La exégesis y el Magisterio
1
Iglesia 42. Nació a partir del ala secularizada del protestantismo, y se caracterizaba por
una supuesta lectura desde la razón, utilizando todos los recursos de las ciencias para
interpretar la Biblia. Acusaba a la Iglesia de hacer una lectura ingenua de la Biblia, con-
traria a la razón.
León XIII, como respuesta a esta situación, pidió en la PD a los exegetas adquirir la
competencia científica necesaria para interpretar adecuadamente la Sagrada
Escritura. Debían estudiarse las lenguas originales del texto bíblico y ejercerse la crí-
tica científica. Gracias a estas medidas, medio siglo más tarde Pío XII constató que
“un buen número de cuestiones hoy se han aclarado y solucionado”.
León XIII, que exhortaba a adoptar sin demora todo lo útil que cada momento
aporta a la exégesis bíblica, subrayaba también que no bastan los aspectos humanos
del texto para captar la Palabra de Dios, si el trabajo no está sostenido por un
impulso de vida espiritual. Los textos bíblicos, al haber sido inspirados por el
Espíritu Santo, para comprenderlos y explicarlos tenemos siempre necesidad de la
venida del mismo Espíritu. Por eso es necesario pedir su gracia con oración humilde
y vida santa.
43. DAF15: “Este literal significado de las palabras es necesario que con toda diligencia lo averigüen por el conocimiento de
las lenguas, por el examen del contexto y por la comparación con los lugares semejantes; pues de todo esto suele hacerse uso
también en la interpretación de los escritos profanos, para que aparezca clara la mente del autor. Pero teniendo siempre en
cuenta el exegeta de las Sagradas Letras que aquí se trata de palabra divinamente inspirada, cuya custodia e interpretación ha
sido por el mismo Dios encomendada a su Iglesia, atienda con no menor diligencia a las explicaciones y declaraciones del
magisterio de la Iglesia, a las dadas por los Santos Padres y también a la analogía de la fe, como sapientísimamente lo advierte
León XIII en su encíclica Providentissimus Deus”.
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Juan Pablo II, en el centenario de la PD, decía a los exegetas: “Pedid el amor, única
realidad que nos hace capaces de comprender el lenguaje de Dios, que es Amor”.
También recordaba otra disposición necesaria para la recta interpretación de los tex-
tos: la fidelidad a la Iglesia, pues la Biblia ha sido confiada a la Iglesia de Cristo, para
conservar e interpretar la Palabra de Dios.
El gran reto que tuvo que afrontar el concilio fue dar respuesta a la exégesis liberal,
que desde hacía más de un siglo venía cuestionando la interpretación cristiana de la
Sagrada Escritura. Ya hemos mencionado al inicio del tema esta corriente de pensa-
miento. Adentrémonos ahora en su postura.
Con la nueva libertad de pensamiento a la que la Ilustración había abocado, el dogma aparecía
como el verdadero obstáculo para lograr una recta comprensión de la Biblia en sí misma.
Liberados de este inadecuado presupuesto y armados con un instrumental metodológico que
garantizaba una estricta objetividad, parecía que se podría ahora, finalmente, oír de nuevo la
voz clara e inalterada del origen 46.
44. Muchos son los antecedentes que conducen al cambio de mentalidad que trajo consigo la Ilustración. Por un lado, el giro
antropológico del Renacimiento, que ensalza la naturaleza humana de la mano de los clásicos. Por otro, la gran crisis en el
seno de la Iglesia, con la división que provoca la Reforma protestante, y las guerras de religión que le siguen. Todo ello fue el
caldo de cultivo que favoreció el nacimiento de un nuevo paradigma: la razón como medida de todas las cosas, única capaz
de unir en la objetividad a facciones divididas por la religión, factor, este último, de división. No la religión (teología), sino la
razón (filosofía), será el nuevo principio de unidad. En consecuencia, la teología y la razón se separan: “La teología no debe
servir a la razón, ni la razón a la teología; cada una tiene su propia esfera” (B. Spinoza).
45. Es paradigmático el caso de H.S. Reimarus, deísta (cree en Dios pero no en la revelación, en los milagros o en interven-
ciones sobrenaturales) que se dedicó a atacar la historicidad de los relatos bíblicos (sea del AT, como el paso del Mar Rojo;
sea del NT, como los relatos de la Resurrección). Desde un punto de vista racionalista saca a la luz las contradicciones y la no
plausibilidad histórica de los mismos. Su finalidad era destruir el cristianismo tradicional basado en la revelación bíblica y en
los milagros, y sustituirlo por la religión natural y racional que profesaban los intelectuales de la Ilustración o de la “edad de la
razón”. La conclusión de su estudio fue que los mismos discípulos robaron el cuerpo de Jesús para no volver a trabajar ni ser
el hazme reír de la gente. Así inventaron toda una historia, reforzándola con citas del AT y presentando a Jesús como uno
que se había autoproclamado mesías sufriente. Además, inventaron un final inminente y anunciaron el mal que les sobre-
vendría a los que no creyeran.
46. RATZINGER, “La interpretación”, 19-20. También de la POTTERIE, “La exégesis”, 57.
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Por lo tanto, para estudiar la Biblia seriamente, con rigor histórico y científico, había
que prescindir de la Iglesia y de la fe. Así, se podría hacer un estudio “objetivo”, y por
medio de métodos histórico-críticos llegar a lo que realmente había sucedido en la
historia del cristianismo, que evidentemente sería opuesto a las insostenibles
enseñanzas la Iglesia.
“Resulta más razonable imaginar en este caso mil posibilidades para explicar cómo Jesús pudo
disponer de tal cantidad de pan y confundir con su distribución entre la gente la falta de
valentía de sus discípulos [que desconocían las maquinaciones de los esenios], que suponer que
se trató de un milagro” 47.
Según Bahrdt, lo más razonable parece excluir a priori el milagro. La razón de ello es
muy sencilla: no puede “imaginarse” la existencia de un milagro y por ello lo excluye
a priori. Lo que Bahrdt “puede imaginarse” “se convierte en la medida de lo que
puede suceder en la realidad. Todo lo que no cabe en la medida de su imaginación
hay que desecharlo como absurdo” 48.
“[Las afirmaciones de] que los milagros referidos por los Evangelios no han tenido realidad,
que los Evangelios no son libros escritos con la participación de la Divinidad, no son para
nosotros el resultado de la exégesis; son anteriores a ella. Son fruto de la experiencia que nunca
ha sido desmentida. Los milagros son de esas cosas que no ocurren nunca; sólo las gentes cré-
dulas creen verlos; no se puede citar uno solo que haya ocurrido ante testigos capaces de
comprobarlo” (RENAN, E., Vida de Jesús (Madrid 1985) 19.)
Así, el racionalismo intentará explicar todos los textos bíblicos ofreciendo hipótesis
de lo que ha sucedido, en las que cualquier intervención divina queda excluida.
Podemos imaginar a qué tipo de conclusiones llegarán estos estudios. Tomemos
como botón de muestra la conclusión de Strauss en su investigación sobre la vida
de Jesús:
“Los resultados de la investigación que ahora llega a su término, aparentemente han destruido
la mayor y más valiosa parte de lo que los cristianos estaban habituados a creer respecto a su
Salvador Jesús, han arrancado de raíz todos los motivos que les animaban y que sacaban de su
fe, y han hecho desvanecerse todas su consolaciones. La inagotable reserva de verdad y de vida
que durante 18 siglos había sido el alimento de la humanidad, parece irremediablemente dilapi-
dada; lo más sublime ha sido derruido y convertido en polvo”.
Nótese que en este planteamiento liberal está el reto profundo que nuestro mundo
lanza al cristianismo. En el fondo, ¿de qué serviría estudiar el canon, que esté inspi-
rado y que contenga la verdad, si al final se somete todo a la razón (entendida en
este sentido racionalista)? El desafío de la exégesis liberal es una cuestión decisiva
que afecta a toda la Escritura y a la vida cristiana.
a todo fenómeno extraordinario porque habían establecido como regla suprema que
el milagro estaba excluido de antemano” 53. El racionalismo, por tanto, se vuelve
irracional, dado que, en palabras ya citadas de Guitton, “razonable es aquel que
somete su razón a la experiencia”.
Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para
que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso comunicarnos, debe inves-
tigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios
manifestar con las palabras de ellos.
Por una parte, el Concilio reconoció los elementos positivos del método históri-
co-crítico (que era el método que traía la “objetividad” y la razón al estudio de la
Biblia, el buque insignia de la exégesis liberal) y exhortó a su utilización, dedicando
a ello el §2 de DV 12.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a los “géneros
literarios”. Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de
diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además,
que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada cir-
cunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados
en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escri-
tos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas de pensar, de hablar o de narrar
vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato
mutuo de los hombres.
Por otra parte, el tercer párrafo (DV 12§3) queda consagrado a la dimensión
teológica de la interpretación, inseparable de la dimensión humana:
Pero como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se
escribió, para obtener rectamente el sentido de los textos sagrados, hay que atender no menos
diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la
Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según
estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que,
como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Porque todo lo que se refiere
a la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido en última instancia a la Iglesia, que
tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.
Afirma que “para sacar el sentido exacto de los textos sagrados”, es decir, lo que
Dios quiere transmitir, era necesario dos cosas:
• En primer lugar, “leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escri-
bió”, es decir, con el Espíritu Santo. El mismo Espíritu en el que se han escrito
los textos (cf. teoría de la inspiración) alcanza hoy al intérprete y al lector dentro
de la Tradición eclesial. Esta tradición, con sus instituciones, es el contexto ade-
cuado para la adecuada interpretación de la Biblia. Es ese Espíritu el que hace
posible hoy una experiencia de vida como la que testimonia la Escritura y, por
ello, capacita al hombre para entender esa Escritura.
• En segundo lugar, “atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad
de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la
Iglesia y la analogía de la fe”. Lo fundamental del método teológico es por tanto
el contenido y unidad de la Biblia, la analogía de la fe, y la Tradición:
1. Contenido y unidad de toda la Escritura: a través de los hombres es Dios
el que habla en la Escritura, por tanto todos y cada uno de los libros de la
Biblia son expresión de una palabra de Dios, una palabra que no es contradic-
toria en sí misma sino que, de diferentes modos, pretende decir algo. Por ello
es esencial el criterio de contenido y unidad de toda la Escritura. La palabra
de un determinado libro debe leerse dentro de un determinado contexto (el
resto de los libros de la Biblia) ya que ha sido escrita en función de una volun-
tad que se expresa polifónica y armónicamente en un corpus más amplio.
Este principio resulta decisivo, por ejemplo, para la interpretación de obras
como Qohélet. De un modo concreto, es el Canon de la Escritura el que
exige que cada página de la Biblia se lea a la luz de todo el mensaje bíblico.
2. Tradición viva de la Iglesia: esta expresión significa, en el fondo, que la
Escritura debe leerse en la Iglesia. Hay un único pueblo de Dios, portador de
la Escritura, y su tradición es la que abre el acceso a sus textos sagrados, que
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Por tanto, el concilio enseña que la exégesis ha de ser a la vez crítica y dogmática, pues
la fe y la razón (que es “apertura a la realidad”) no se oponen entre sí, no se exclu-
yen, sino al contrario: unidas, ambas de la mano, son capaces de penetrar la realidad
de un modo más verdadero.
Sin embargo, con el paso del tiempo los resultados divergentes del positivismo
histórico manifestaron la dificultad de obtener dicha objetividad, no sólo en los
escritos bíblicos, sino en cualquier obra literaria 55.
Desde la distancia, el observador comprueba con asombro que las interpretaciones que en apa-
riencia eran rigurosamente científicas y puramente “históricas” reflejan “el espíritu de los
intérpretes”, más que el espíritu de épocas pasadas 56.
¿Por qué el positivismo había dado tan buenos resultados en la ciencia empírica y
tan desconcertantes frutos en la ciencia histórico-literaria? La razón está en la natu-
raleza del objeto estudiado. Mientras que en la primera se estudian objetos con
características exclusivamente físicas, en la segunda se analizan obras humanas subje-
tivas 57 –que no se pueden “medir” sino sólo “leer y estudiar”– cuya valoración está a
su vez teñida de la subjetividad del propio intérprete 58. Por tanto, no se puede elimi-
nar del estudio literario ni la subjetividad del autor ni la del lector. Esto
explica la aparición de resultados tan dispares: como ningún crítico literario puede
prescindir de su propia subjetividad al estudiar un texto, diversos puntos de partida
produjeron distintas valoraciones de los mismos textos, especialmente cuando éstos
contenían elementos religiosos 59. Al final fueron precisamente los descendientes 60 del
historicismo –los representantes de la hermenéutica filosófica– los que descubrie-
ron la imposibilidad de eliminar la influencia del sujeto en cualquier área del
conocimiento histórico y literario.
55. Cf. CARRÓN PÉREZ, Acontecimiento, 30: “Pese al uso de métodos que prometían tal objetividad, la divergencia de los resulta-
dos mostraba que había sido imposible eliminar al sujeto que usaba el método”. También RATZINGER, “La interpretación”, 20.
56. RATZINGER, “La interpretación”, 30. Véase también GRELOT, Sentido, 416.
57. Entiéndase subjetividad en sentido amplio, como la expresión de la interioridad humana, de lo perteneciente al sujeto,
dotado de una intencionalidad, de una precomprensión de la realidad…, en oposición a lo objetivo en cuanto físico, medible,
tangible…
58. Cf. RATZINGER, “La relación”, 181: “La mera objetividad del método histórico no existe. Es sencillamente imposible
excluir del todo la filosofía, o sea, la precomprensión hermenéutica”.
59. Cf. GRELOT, Sentido, 418.
60. Cf. CARRÓN PÉREZ, Acontecimiento, 31: “Fue, pues, el mismo desarrollo de la investigación el que forzó a reconocer la
imposibilidad de eliminar la participación del sujeto en el uso del método” En n. 72 se lee: “En realidad, cada uno descubría
sólo lo que estaba predispuesto de antemano a reconocer en los hechos narrados”.
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En un primer momento, “se creyó salir del atolladero pensando que por el mero
hecho de hacer consciente los propios presupuestos era posible liberarse de ellos” 61.
Sin embargo, esta postura se manifestó ineficaz y continuaron dándose los mismos
resultados 62.
El intérprete debe entrar en diálogo con la realidad de la cual se trata en el texto. La compren-
sión se opera en la fusión de los diferentes horizontes, del texto y de su lector, y no es posible si
no hay una pertenencia, es decir, una afinidad fundamental entre el intérprete y su objeto
(PCB1 72).
Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana para ilustrar esta necesidad que tiene
todo intérprete de una experiencia afín a lo que narra el texto. Imaginemos una
carta de amor: ¿podrá comprender su significado profundo alguien que nunca haya
estado enamorado? Ciertamente no, porque le falta esa afinidad con la experiencia que
ha tenido el autor. Podrá hacer un magnífico estudio sobre la carta a nivel literario, e
incluso desear ardientemente enamorarse de alguien ante la belleza de lo que lee,
pero si no ha tenido la experiencia del amor, el justo conocimiento del texto le queda
vetado.
Dicho con otras palabras: como indicaba DV 12§3, sólo cuando uno vive inserto en
la tradición viva de la Iglesia, en la misma tradición en la que ha nacido la Biblia y en
la que se ha transmitido 64, en la misma tradición en la que siguen sucediendo los
acontecimientos expresados en la Biblia, sólo entonces se es capaz de comprender
Es el acontecimiento de Cristo muerto y resucitado, que por obra del Espíritu se hace presente en
la Iglesia y a través de la Iglesia, comunicándose a la razón y a la libertad del hombre, el que hace
posible una experiencia que permite comprender tanto el AT como el anuncio cristiano y decidir
en cada momento frente a las distintas interpretaciones que de él aparecen en la historia humana.
El acontecimiento cristiano, que la Iglesia sigue transmitiendo a lo largo de la historia “con su
enseñanza, su vida y su culto”, por emplear una expresión de la Dei Verbum (nº8), hace posible a
todos aquellos que, por gracia, aceptan participar libremente en su vida [la de la Iglesia] aquella
experiencia que les permite alcanzar la certeza sobre la verdad de lo que ella [la Iglesia] anuncia.
Esto les permite acercarse a la Escritura con esta experiencia en sus ojos. “In manibus nostris sunt
codices, in oculis nostris sunt facta”, dirá más tarde san Agustín. Por eso, la Iglesia se ha relaciona-
do siempre con la Escritura en el marco de la Tradición en la que había nacido y que constituía el
lugar de transmisión del acontecimiento cristiano, del que la Escritura es su testimonio66.
Lejos de ser anticientífica, esta toma de posición corresponde a las exigencias de la hermenéuti-
ca moderna en materia de precomprensión. Para interpretar un texto se parte necesariamente
de una cierta precomprensión. Al adoptar como precomprensión aquella que ofrece la tradición
viva de la Iglesia, la exégesis católica se sitúa en la posición más favorable para la interpretación
auténtica de los textos, ya que estos son fruto de etapas anteriores de la misma tradición 70.
En efecto, “si nos damos cuenta de que las sagradas Escrituras provienen de Dios a
través de un sujeto que aún vive –el pueblo de Dios peregrinante–, entonces tam-
bién racionalmente resulta claro que este sujeto tiene algo que decir sobre la
comprensión del libro” 71.
65. Cf. PCB1 75. RATZINGER, “Las dimensiones”, 25: “esta fe, sólo ella, produce aquella ‘contemporaneidad’ con la palabra
de entonces, sin la que no hay intelección alguna. La actual discusión hermenéutica ha inculcado en la conciencia, de nuevo y
en cierta medida, que no se puede sustituir esta ‘contemporaneidad’ por método formal alguno”.
66. CARRÓN PÉREZ, Acontecimiento, 28.
67. Afirmaba con belleza VON BALTHASAR, Gloria, 15: “si el hombre debe escuchar y comprender verdaderamente la palabra y
la comunicación excelsa de Dios, esto ciertamente no puede deberse a una precomprensión neutral de lo que significan las
‘palabras’, [...] sino que sólo se cumple a través de un primigenio ser tocado por el supuesto no dialógico ya entablado, que es
lo mismo que decir por la divinidad o gloria de Dios. Si no se diera este impacto, todo el diálogo se apoyaría sobre una base
de no-verdad”.
68. CARRÓN PÉREZ, Acontecimiento, 34. También p. 21: “Pero la experiencia cristiana no es sólo indispensable para que se ‘des-
vele’ el AT, sino también para la auténtica interpretación del NT”.
69. Cf. VANHOYE, “La recepción”, 169: “Para interpretar correctamente la Biblia, que relata experiencias religiosas y apela a la
capacidad religiosa de las personas humanas, el punto de partida más indicado es una experiencia de fe situada en la Tradición
religiosa de la que proceden los textos”.
70. VANHOYE, “La recepción”, 156. También RATZINGER, “La interpretación”, 54: “Pero, si la exégesis pretende ser teología,
debe dar un paso más: debe reconocer que la fe de la Iglesia es aquella forma de ‘simpatía’ sin la cual el texto no se abre.
Debe reconocer esta fe como una hermenéutica, como lugar de la comprensión; que no violenta dogmáticamente la Biblia,
sino que le ofrece la única posibilidad para permitirla ser ella misma”.
71. RATZINGER, “La relación”, 186-187.
IntroSE_ud 41:ud [Link] 26/09/2017 11:04 Página 130
Ciertamente, los Santos Padres son un punto de referencia obligado para la exégesis
de todos los tiempos, pues ellos son los testigos privilegiados de la tradición apostó-
lica, ya que la recibieron de primera mano. Fueron los primeros receptores de los
textos bíblicos (del NT), y por lo tanto no sólo sus primeros intérpretes, sino los
más autorizados intérpretes. Su acogida de la Palabra configuró a la misma palabra
escrita, de tal modo que la Iglesia ya nunca podrá prescindir de su respuesta a
la Palabra de Dios al acercarse a la Escritura.
En sus seis primeros capítulos va interpretando los mandamientos con unos crite-
rios que ningún eclesiástico de la época podría condenar. Tolomeo se apoya en las
IntroSE_ud 41:ud [Link] 26/09/2017 11:04 Página 131
palabras de Cristo y citando los evangelios y san Pablo, atribuye unas leyes del AT a
los ancianos, otras a Moisés, y otras a Dios mismo.
Una interpretación tal será rechazada por los santos Padres, porque es contraria a la
regla de la fe, según la cual el Creador (Dios del AT) es también el Padre de Cristo y
único Dios supremo. San Ireneo mostró en Adversus Haereses III (cf. UD2-Tema 2)
que el criterio fundamental de interpretación es pertenecer a la tradición de los
apóstoles, que se mantiene en la Iglesia, teniendo como norma que Cristo es la
Verdad y no puede mentir, como tampoco los apóstoles pueden mentir. El único
acceso seguro y firme hasta esta Verdad encarnada son los apóstoles, y sus suceso-
res, que han recibido de estos apóstoles la misma Verdad que se les manifestó.
¿Cuántos sentidos tienen los textos bíblicos? Hay autores que hablan de cuatro sen-
tidos de la Escritura, otros de dos…, es un tema complejo en el que no se llega a un
acuerdo unánime. El documento PCB1 en el capítulo II.B, aunque no es claro y pre-
ciso 72, presenta tres sentidos posibles en un texto bíblico. Nosotros presentamos
aquí uno más, por su frecuente uso en la historia de la interpretación:
El sentido literal es “el sentido directamente expresado por los autores humanos”.
Es un sentido también querido por Dios, autor principal del texto bíblico. Su
importancia es fundamental, y no hay que confundirlo con el sentido literalista. Para
descubrirlo es necesario acudir a los géneros literarios, ya explicados previamente.
En general es el único sentido de un texto, aunque hay que tener en cuenta que
todo texto puede referirse al mismo tiempo a varios niveles de realidad, como por
ejemplo la poesía. Además, aun cuando parezca tener un solo significado, la inspira-
ción divina puede guiar la expresión de modo tal que se produzca una ambivalencia.
Los textos continúan hoy siendo portadores de luz y de vida. Por eso, el sentido
literal está desde el comienzo abierto a desarrollos ulteriores, que se producen gra-
cias a relecturas en contextos nuevos.
El sentido espiritual es “el sentido expresado por los textos bíblicos, cuando se los
lee bajo la influencia del Espíritu Santo, en el contexto del misterio pascual de
72. Remitimos al capítulo 1 del manual sobre AT, donde se estudia los sentidos del AT y la tipología.
IntroSE_ud 41:ud [Link] 26/09/2017 11:04 Página 132
Cristo y de la vida nueva que proviene de Él”. Este sentido se apoya en el hecho de
que la muerte y la resurrección de Jesús ilumina de modo nuevo los textos antiguos, y les hace
sufrir una mutación de sentido. De hecho, es lo característico del NT al interpretar el
AT: reconoce en Cristo el cumplimiento de las Escrituras.
Nótese que no hay una necesaria distinción entre este sentido y el literal. Además,
éste es siempre la base indispensable del sentido espiritual, pues para que haya cum-
plimiento es esencial que haya una relación de continuidad y conformidad entre lo
anunciado y lo realizado. No se debe confundir el sentido espiritual con las interpre-
taciones subjetivas dictadas por la imaginación, ni se debe encontrar este sentido
espiritual en cada detalle del texto bíblico, ni siquiera por medio de métodos rabíni-
cos o del alegorismo helenístico. Hoy no se puede aceptar como válida esta
interpretación.
El sentido pleno es el “sentido profundo del texto, querido por Dios, pero no cla-
ramente expresado por el autor humano”. Este sentido se descubre cuando se
estudia un pasaje a la luz de otros textos bíblicos que lo utilizan, o en su relación
con el desarrollo interno de la Revelación (en la tradición doctrinal auténtica, en una
definición conciliar que lo emplea, etc). Es un modo de designar el sentido espiri-
tual, cuando éste se distingue del literal. El fundamento de este sentido es que el
Espíritu Santo, autor principal de la Biblia, puede guiar al autor humano en la elec-
ción de sus expresiones, de tal modo que en ellas se exprese una verdad de la cual él
no percibe toda su profundidad.
El sentido tipológico (no mencionado por la PCB1) se da cuando una realidad del
AT (personaje, institución o acontecimiento) prefigura a otra del NT, y aunque no
pertenezca a la Sagrada Escritura misma, sí pertenece a las realidades expresadas
por la Escritura, y por lo tanto, se trata propiamente de un sentido de la Escritura.
CONCLUSIÓN
Concluimos con algunas palabras de Verbum Domini, que recogen lo estudia-
do en este tema:
“San Jerónimo recuerda que nunca podemos leer solos la Escritura.
Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos fácilmente en el error.
La Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo
la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el Pueblo de
Dios podemos entrar realmente, con el ‘nosotros’, en el núcleo de la verdad
que Dios mismo quiere comunicarnos. El gran estudioso, para el cual ‘quien
no conoce las Escrituras no conoce a Cristo’, sostiene que la eclesialidad de la
interpretación bíblica no es una exigencia impuesta desde el exterior; el Libro
es precisamente la voz del Pueblo de Dios peregrino, y sólo en la fe de este
Pueblo estamos, por decirlo así, en la tonalidad adecuada para entender la
Escritura. Una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre
armónicamente con la fe de la Iglesia católica” (30).
IntroSE_ud 41:ud [Link] 26/09/2017 11:04 Página 133
Ejercicios
• ¿Qué encíclicas sobre Biblia escribieron León XIII y Pío XII? ¿Cuáles eran sus circuns-
tancias históricas?
Tema
Métodos de interpretación
2
Empezaremos este capítulo presentando brevemente los diversos métodos de inter-
pretación de la Escritura que han ido apareciendo en la historia. Seguiremos,
guiados por el documento PCB1, haciendo una síntesis de los métodos actuales de
interpretación, y valorando cada uno de ellos. Por último, describiremos un método
exegético conforme a lo que pide el Magisterio según hemos visto en el capítulo
anterior.
Los exegetas del siglo III y IV heredaron una serie de actitudes o métodos ante la
Escritura, fundamentalmente el que venía del mismo NT: interpretar el AT como
profecía o anuncio que se cumple en Cristo.
1. Orígenes atribuye la lectura “literal” (es decir, al pie de la “letra”) a los judíos y
considera que los cristianos deben ir más allá de la mera letra y llegar al significa-
do espiritual.
2. Para él la Escritura tiene tres niveles de significado, análogamente a los tres nive-
les cuerpo, alma y espíritu. Estos tres sentidos son: literal, moral y espiritual. Los
creyentes más sencillos pueden permanecer en la letra, pero los avanzados deben
alcanzar los niveles más altos.
4. Partiendo de la postura judía de que hasta la última yod (la letra más pequeña del
alefato) tiene significado, Orígenes llegaba a explicar con alegorías muy forzadas
algunos detalles que aparentemente no requerían un significado espiritual.
74. Por ejemplo, Eustaquio de Antioquía, Teodoro de Mopsuestia, San Juan Crisóstomo o San Jerónimo.
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 137
Exégesis medieval
La Edad Media, desde el punto de vista de la exégesis, fue una etapa de transición,
sin grandes contribuciones. Característico de esta época es la presentación del mate-
rial exegético precedente (es decir, los comentarios de los Padres) en forma de
catena. Normalmente se sigue a una autoridad, como San Juan Crisóstomo, a la
que se añaden fragmentos de comentarios de otros autores. Sin embargo las catenae
medievales ya no gozan de la variedad y riqueza que tuvieron en su inicio. En su
mayoría se basan en Padres latinos (Ambrosio, Hilario, Agustín, Jerónimo), mientras
que la rica exégesis de los griegos se deja de algún modo de lado.
Tomás de Aquino será el exponente principal de una exégesis más literal que corrija
los excesos de la exégesis alegórica anterior.
Exégesis protestante
La exégesis nacida del principio “Sola Scriptura” fue, al menos al principio, de natu-
raleza histórica y literal, como no podía ser de otro modo, visto que se necesitaba
una nueva objetividad que sustituyera al magisterio. Pero este principio pronto se
reveló problemático.
Cuando en 1517 Lutero rompe definitivamente con la Iglesia Católica deja de usar
el método alegórico buscando un “único sentido, sólido y sencillo”. Pero, evidente-
mente, el sentido histórico o literal no le bastaba para vivir su fe cristológica. Es el
Espíritu el que debe iluminar la mente del exegeta que está buscando el sentido cris-
tocéntrico de la Escritura: “Dios debe decirte en tu corazón: Esto es palabra de
Dios”. Se diluye así la objetividad, y crece una subjetividad. A pesar de todo Lutero
estaba convencido de que se podía alcanzar una unanimidad a la hora de considerar
Rm y Ga, Jn y 1Pe como el corazón del mensaje cristológico.
Calvino, por el contrario, mantuvo una mayor coherencia con respecto al principio
“Sola Scriptura” y no quiso restringir su valor con el criterio cristológico. La autori-
dad de la Escritura, para él, es anterior a la de la Iglesia ya que el apóstol [Pablo]
dice que la Iglesia está construida sobre los cimientos de los apóstoles y profetas. La
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 138
doctrina de estos [Escritura], por tanto, es más antigua que la Iglesia misma, y debe
tomarse literalmente.
En cierto modo, aunque podamos pecar de simples, podemos decir que el funda-
mentalismo bíblico hunde sus raíces en Calvino, mientras que el dualismo exégesis
histórica – exégesis espiritual debe remontarse hasta Lutero.
El documento empieza presentando una historia del método. Algunos de sus ele-
mentos ya se dieron en la antigüedad y en el período patrístico. Sin embargo nace
en el s. XVII cuando Richard Simon se pregunta por las divergencias y duplicados en
el Pentateuco, y en el s. XVIII Jean Astruc lo explicó diciendo que Moisés había
usado distintas fuentes escritas al escribir el Pentateuco. A partir de ahí surgió la crí-
tica literaria y se empezó a hablar de las fuentes que habían usado los distintos
redactores de la Biblia. La exégesis histórico-crítica se limitaba a un trabajo de dis-
tinguir fuentes, sin atención al mensaje y estructura final del texto. Aparecía como
una exégesis disolvente y destructiva.
Con Herman Gunkel se dio un paso más en la crítica literaria. Puso la atención en el
texto de las distintas unidades literarias, fijándose en los géneros literarios de cada
unidad, e hipotetizando cuál podría haber sido su ambiente de origen.
• Histórico: Debe dilucidar los procesos históricos de producción del texto bíblico,
a veces complicados y de larga duración.
• Crítico: Debe utilizar criterios científicos tan objetivos como sea posible.
• Analítico: Debe comentar el texto bíblico sólo como lenguaje humano, del
mismo modo que otro texto de la antigüedad.
El método queda descrito con los siguientes pasos, cuando sean necesarios y/o
posibles:
1. Crítica textual: Establecer un texto bíblico tan próximo al texto original como sea
posible.
2. Análisis lingüístico y semántico, utilizando la filología histórica.
3. Crítica literaria: Discernir el comienzo y fin de las unidades textuales y verificar la
coherencia interna de los textos.
4. Crítica de los géneros: Buscar el género, ambiente de origen, rasgos específicos y
evolución del texto.
5. Crítica de las tradiciones: Situar los textos en las distintas corrientes de tradición.
6. Crítica de la redacción: Ver la modificación de los textos antes de quedar fijados en
su estadio final, y analizar tal estadio final, es decir, el texto en sí mismo.
7. Crítica histórica: Si el texto pertenece al género histórico, precisar su alcance
histórico.
El documento termina haciendo una evaluación del método. Reconoce que en sus
comienzos el método hizo abstracción de la fe, y hasta se opuso a ella, como hemos
descrito en el capítulo anterior. Pero utilizado de un modo objetivo no implica de
por sí ningún a priori, aunque sus orientaciones hermenéuticas pueden ser tenden-
ciosas y hay que controlarlas. Por su naturaleza se restringe al sentido del texto
bíblico, sin ver otras posibilidades de sentido.
El análisis sincrónico que hace del texto es legítimo, porque es el texto en su estadio
final, y no una redacción anterior, el que es expresión de la Palabra de Dios. Por otra
parte, el estudio diacrónico (la historia de formación del texto hasta llegar a su estado
final) muestra el dinamismo histórico que anima a la Escritura y su rica complejidad.
Por último, aunque su finalidad es muy positiva, el método no basta por sí mismo,
pues deja en la sombra numerosos aspectos ([Link]. toda la dimensión teológica).
75. Nótese que el documento de la PCB no distingue adecuadamente entre método histórico y método literario, que es más
bien lo descrito aquí. Quede claro que un método literario no puede obtener de su trabajo consecuencias históricas.
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 140
a) Métodos de análisis: Investiga el modo cómo se cuenta una historia para implicar
al lector en el mundo del relato y en un sistema de valores. Un texto sigue ejer-
ciendo su influencia en la medida en que los lectores reales pueden identificarse
con el lector implícito (el que el texto presupone y produce).
Este método estudia la coherencia de cada texto bíblico como un todo y es positivo.
Debe estar, evidentemente, abierto a los otros estudios.
• Un texto es obra literaria sólo cuando hay lectores que se apropian de él.
• Tal apropiación hace comprender mejor el texto mismo.
• el acercamiento sociológico,
• el acercamiento por la antropología cultural y
• el acercamiento psicológico y psicoanalítico.
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 142
Buscan leer el texto desde la perspectiva de cada una de estas ciencias aportando
luces nuevas al texto. Pueden resultar útiles en ciertos casos, pero son claramente
insuficientes.
Acercamientos contextuales
El documento indica que es inevitable que los exégetas adopten puntos de vista
nuevos, en función de las corrientes del pensamiento contemporáneo. Dos acerca-
mientos recientes son el liberacionista y el feminista, que leen el texto influenciados
por estas ideologías, con los valores y riesgos que ellas implican.
Lectura fundamentalista
En los albores del concilio Vaticano II había mucha expectativa en el mundo bíblico
católico, pues se sentía cierto complejo frente a los exegetas protestantes, que tenían
absoluta “libertad” para investigar con todo tipo de métodos y ofrecer los más
variados resultados en sus publicaciones. Especialmente algunos sectores católicos
percibían que el Magisterio les impedía desarrollarse totalmente. De hecho con el
concilio se vivió como una liberación y la exégesis católica sufrió un movimiento
pendular que la llevó al otro extremo, adentrándose sin criterio en la exégesis histó-
rico-crítica y aparcando los criterios teológicos como vestigios del pasado.
Al repasar todos los métodos que han florecido recientemente, llama la atención la
poca presencia que hay en ellos de los elementos teológicos que DV 12 presenta
como necesarios para descubrir la intención divina del texto bíblico. Casi todos los
esfuerzos se focalizaron en intentar descubrir la intención humana, que es
indispensable, pero no suficiente. Pues aunque Dios asume lo que dice el hombre,
no se limita a su sentido literal, sino que va mas allá.
Verbum, casi no aparece. Y esto tiene consecuencias más bien graves”. Asimismo,
mencionó la exégesis canónica como la vía más plausible de renovación bíblica:
El Concilio dice, siguiendo una regla fundamental para la interpretación de cualquier texto lite-
rario, que la Escritura hay que interpretarla en el mismo espíritu en el que fue escrita y para ello
indica tres elementos metodológicos fundamentales cuyo fin es tener en cuenta la dimensión
divina, pneumatológica de la Biblia: es decir se debe interpretar el texto teniendo presente la
unidad de toda la Escritura; esto hoy se llama exégesis canónica; en los tiempos del Concilio
este término no había sido creado aún, pero el Concilio dice la misma cosa: es necesario tener
presente la unidad de toda la Escritura 76.
Lectura histórico-literaria
d) Análisis del texto o crítica de las formas: es un tratamiento del texto en sus
aspectos formales, para el cual se deben analizar los siguientes campos:
f) Mensaje teológico: se debe presentar el mensaje teológico del texto, que poste-
riormente habrá que confrontar con la totalidad del mensaje bíblico.
g) Historia de los efectos del texto: consiste en estudiar los efectos que la lectura
del texto ha provocado en la historia. Los producidos en los primeros oyentes
son especialmente valiosos, por ser los más cercanos al emisor y, por tanto, los
más capacitados para entenderle por pertenecer a un contexto semejante 77.
Lectura teológico-canónica
Una vez que se ha profundizado en el sentido que el texto tiene para su autor
humano –que no olvidemos, es directamente querido por Dios–, se puede proseguir
con el estudio teológico (cf. DV 12§3). Ahora se debe interpretar el texto considerando
el contenido y la unidad de toda la Escritura. Esta mirada hacia la totalidad de la Biblia
no debe ser ingenua y sin criterio, sino habida cuenta de toda la tradición eclesial y la
analogía de la fe.
Habrá que investigar, por tanto, cómo el texto funciona en cuanto canónico: qué
valor tiene y por qué está en ese lugar del canon, donde finalmente ha encontrado
su puesto en la totalidad de la sagrada Escritura. Será especialmente útil para esta
tarea prestar atención a los siguientes elementos:
77. El sentido que tiene un estudio de este tipo en el análisis literario se basa en la filosofía del lenguaje: una palabra no es
completa en sí misma hasta que llega a un receptor que la acoge. Haciendo suya esta palabra hace posible el acto comunicati-
vo. Por eso, la primera acogida que se hizo de la palabra de Dios en la Iglesia primitiva es de algún modo constitutiva de esta
misma palabra.
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 146
tiene un valor fundamental atender a la perspectiva teológica con que los judíos del
s. I y posteriormente los cristianos leyeron los textos. Se debe, en la medida de lo
posible, descubrir cómo un texto del AT, o del NT, ha alcanzado un estado tal de
ser capaz de testimoniar el plan de salvación de Dios a todas las edades. Para llevar a
cabo la tarea de este tercer punto, será de ayuda seguir los siguientes pasos:
Finalmente, y en el contexto del punto anterior, toda exégesis cristiana debe valorar
cada texto desde un punto de vista fundamental, a saber, su relación con Cristo y con
la voluntad divina. Este es precisamente el objetivo del estudio bíblico: descubrir el
sentido que alcanza el texto en el contexto del canon, cómo testimonia la divina
obra de la salvación en Cristo, cómo las distintas voces dentro de toda la Biblia son
testigo del único Señor Jesucristo.
En este momento podremos también preguntarnos por los distintos sentidos del
texto, pues cuando leemos un texto desde el punto de vista aventajado de un enten-
dimiento más pleno de la verdad cristiana, pueden aparecer con derecho, y sin
maltratar el sentido literal, sentidos figurativos o tipológicos.
CONCLUSIÓN
La Sagrada Escritura es un texto con mil caras, como dicen los rabinos, y
ningún método puede agotar todas las interpretaciones y mensajes que Dios
puede comunicar en un texto bíblico. En este capítulo hemos visto los princi-
pales métodos existentes, sus puntos fuertes y débiles, y cómo poder
aplicarlos en un estudio profundo de un texto. Finalmente, hemos descrito
los pasos concretos que pueden seguirse al interpretar un texto, aunando las
directrices conciliares y la metodología moderna.
IntroSE_ud 42:ud [Link] 26/09/2017 11:05 Página 147
Ejercicios
Tema
AT y NT: unidad e interpretación
3
Hasta ahora hemos visto los rasgos comunes de AT y NT: ambos están en el canon,
ambos testimonian la revelación, ambos están inspirados, ambos son palabra de
Dios, ambos deben interpretarse desde la fe de la Iglesia a la luz de la tradición, etc.
Sin embargo, también son diferentes, como señalábamos en el tema 1, pues cada
uno testimonia una etapa distinta de la revelación.
I. Características teológicas de AT y NT
El rasgo más peculiar del Antiguo Testamento es precisamente ser antiguo respecto
a otro posterior, el llamado Nuevo Testamento. Con el adjetivo antiguo no se quiere
“sugerir que las Escrituras del pueblo judío hubieran caducado y ahora se pudiera
prescindir de ellas” (PCB2 19). Al contrario, los libros del AT mantienen su valor,
en primer lugar porque “manifiestan la verdadera pedagogía divina” (DV 15). Pero,
¿qué debemos entender por pedagogía divina? Podemos definirla como el método uti-
lizado por Dios en la historia para preparar a los hombres a recibir la revelación
(AT) y para de hecho recibirla (NT).
Por tanto, el AT responde a un plan divino de educar a los hombres para que lle-
guen a ser capaces de acoger a Cristo: “sacando a unos hombres del nivel moral y
religioso del paganismo oriental (cf. Jos 24,7) los va a elevar poco a poco a un nivel
tal que Cristo puede aparecer en medio de ellos, enseñarles el Evangelio y fundar su
Iglesia. Esta es la pedagogía divina, en el sentido estricto de la palabra” 78. Como dice
P. Grelot, Dios en el AT
revela positivamente su existencia. Comienza incluso a dar a conocer sus estructuras fundamen-
tales. Y más aún: mientras se espera el día en que vendrá la salvación, dota a su pueblo de
78. GRELOT, Sentido cristiano del Antiguo Testamento, 205. Este progreso, sin embargo, no es uniforme (p. 208: “La ley va edu-
cando progresivamente al pueblo de Dios. Desde luego, no hay que imaginarse el progreso moral del Antiguo Testamento en
forma de ascensión constante y continua. Históricamente hubo avances y retrocesos. Con todo, en su conjunto, se advierte
un progreso”).
IntroSE_ud 43:ud [Link] 26/09/2017 11:06 Página 150
instituciones que tienen una relación intrínseca con la salvación misma y dirige su historia de tal
modo que prepara directamente el advenimiento de la salvación en la tierra. Estas característi-
cas son las que definen el Antiguo Testamento propiamente dicho y forman un conjunto aparte
en la historia religiosa del género humano. Forma parte, a título de disposición “provisional”,
de la economía de la salvación, que encuentra su consumación en el misterio de Cristo 79.
Dios va revelándose poco a poco, en la medida en que los hombres pueden asimi-
larlo. Por eso el modo de hablar en los libros del AT no es definitivo y contiene,
como veremos, elementos temporales e imperfectos junto con otros perfectos y
perennes.
Así pues, Dios no se ha manifestado repentinamente y sin previo aviso, sino que lo
ha hecho en dos etapas. Una primera de preparación —la testimoniada en el AT—,
larga, ardua y progresiva, que existe en función de la segunda —la del evangelio—,
donde se realiza en plenitud el designio salvífico y la revelación completa (cf. DV 3
y 15). Por tanto, la finalidad de cada etapa, aunque orientadas al mismo plan
de salvación, en sí misma es diversa. La primera se hizo “para que [el pueblo] lo
reconociera a Él como Dios único y verdadero, como Padre providente y justo juez,
y para que esperara al Salvador prometido” (DV 3), preparando así la segunda
etapa, cuyo fin es manifestar la revelación plena de Dios en Cristo.
El designio salvífico de Dios, efectuado en estas dos etapas, tiene tres característi-
cas esenciales:
• es unitario,
• se realiza progresivamente en la historia, y
• culmina en Cristo (cf. PCB2 21).
Estos aspectos unitario y gradual de la Escritura provocan una triple relación entre
el AT y el NT: de continuidad en unos elementos, de discontinuidad en otros, y de
un progreso continuo que desde el principio tiende a la plenitud definitiva (cf.
PCB2 64-65).
Por eso, las primeras realizaciones, las presentes en el AT, aunque provisorias e
imperfectas, dejan entrever algo de esta plenitud. Lógicamente, sólo podemos perci-
bir cómo el AT camina hacia ella cuando tenemos delante todo el plan de salvación,
del mismo modo que sólo comprendemos la función de los distintos elementos del
plano de un edificio cuando contemplamos el proyecto completo.
Por eso, aunque toda la economía del AT está en movimiento hacia Cristo, este
movimiento sólo se percibe retrospectivamente, una vez que se ha llegado a la
meta del recorrido, a Cristo mismo (cf. PCB2 21). Ciertamente no es tarea fácil detec-
tar este avance en la revelación de la primera etapa, pues el progreso en el AT ha sido
lento y difícil. Cada texto está situado en un punto del camino y, junto con una aproxi-
mación hacia la plenitud de la segunda fase (Cristo) se mantiene una distancia.
79. Cf. GRELOT, Sentido cristiano del Antiguo Testamento, 136.
IntroSE_ud 43:ud [Link] 26/09/2017 11:06 Página 151
El modo de hablar de Dios en las dos etapas, evidentemente, ha sido diverso y adapta-
do a la naturaleza de cada fase. En la primera lo hizo “en distintas ocasiones y de
muchas maneras” (DV 4) y, por motivo de la misma pedagogía utilizada, con “ele-
mentos imperfectos y pasajeros” (DV 15). Sin embargo, en la segunda etapa Dios
nos ha hablado de un modo definitivo, “nos ha hablado en el Hijo” (DV 4), aquel
que es “mediador y a la vez plenitud de toda la Revelación”. Por tanto, en Él res-
plandece “la verdad íntima de Dios y de la salvación de los hombres” (DV 2). Sólo
Él ha sido enviado para narrarnos “lo íntimo de Dios” (DV 4).
Que Dios haya elegido este modo de revelarse trae unas consecuencias claras sobre
el AT, pues “en sus libros se encuentra la economía de la salvación anunciada, con-
tada y explicada” (DV 14), pero no realizada ni consumada. Por tanto, no se debe
leer el AT como si manifestase la plenitud de la revelación —aunque la contenga de
un modo escondido—, pues de lo contrario traicionaríamos la intención misma con la
que Dios nos ha entregado el AT.
• Con anuncios proféticos. Algunos textos hablan del futuro salvador de Dios en
diversos modos: en forma de oráculos proféticos, de anuncios, de descripciones,
de enseñanzas… Sin embargo, no todos los textos del AT son anuncios proféti-
cos, sino sólo los que tengan la intención de hablar de la futura historia de
salvación, bien sea prometiendo, enseñando o describiendo.
• Con distintos typos o figuras. Hay otros textos, más variados y complejos, que de
alguna manera representan los misterios que más tarde se manifestarían en el mis-
terio de Cristo y de la Iglesia. Se les suele llamar textos tipológicos o
prefigurativos.
IntroSE_ud 43:ud [Link] 26/09/2017 11:06 Página 152
En todos estos modos de realizarse la pedagogía divina en los escritos del AT, sigue
manifestándose la naturaleza de estos textos: preparan, anuncian y significan a
Cristo de un modo verdadero, pero no evidente –y esta es la paradoja–.
En efecto, aunque los autores veterotestamentarios pudiesen percibir algo del miste-
rio de Cristo, éste les sobrepasaba con mucho. Por eso el AT no presenta una
descripción detallada de los acontecimientos de Cristo –como si el hagiógrafo
los hubiese contemplado en una fotografía anticipada–, ya que ni el ojo vio, ni el oído
oyó, ni la mente del hombre pudo pensar lo que Dios había preparado para los hombres,
hasta que Él no lo reveló en el Hijo por el Espíritu (cf. 1 Cor 2,9 10). En efecto, el
cumplimiento del AT que se da en Cristo no es como la representación de una obra
de teatro en la que el guión ya está escrito. Es su realización de un modo imprevisi-
ble, alcanzando una plenitud inimaginable:
Sólo el que inspiraba a los hagiógrafos conocía en profundidad el plan divino y por
tanto, que las palabras hablaban del Cristo futuro y verdadero. La gran peculiari-
dad del NT, de hecho, es ver en Cristo el cumplimiento de lo que ya habían
expresado los escritos sagrados y Dios había prometido en ellos. Como afirma la
PCB, “una doble convicción se manifiesta en otros textos, […] la vida, la muerte y
la resurrección de Cristo corresponden plenamente a lo que habían dicho las
Escrituras” (PCB2 6). Esta lectura del AT no es original de los autores del NT, sino
que ellos la tomaron del mismo Cristo: “Jesús de Nazaret tuvo la pretensión de ser
el auténtico heredero del Antiguo Testamento (de la ‘Escritura’) y de darle la inter-
pretación válida” (PCB2 prefacio).
El que el sanedrín se decida a entregar a Jesús a los romanos para su ejecución radica precisa-
mente en esto, ya que la interpretación de la voluntad de Dios y de su promesa que hace Jesús
es sentida como una blasfemia y como una falsa interpretación de la Escritura. La experiencia
de la resurrección significa para los creyentes que en el proceso entre Jesús e Israel Dios se ha
colocado del lado de Jesús. De esta forma queda decidido que su interpretación del Antiguo
Testamento es legítima a diferencia de la del sanedrín, que en nombre de la Torá había recusa-
do a Jesús. Esto se constituyó en un conocimiento o idea fundamental de la primitiva Iglesia,
pues significa el fin de la interpretación política del Antiguo Testamento (en el sentido de la
línea davídica sustentada hasta entonces), y el reto para una interpretación cristológica englo-
bante, que lee con ojos nuevos todo el Antiguo Testamento a partir de la figura de Jesús 80.
80. J. RATZINGER, “Las dimensiones del problema”, en: COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL (ed.), El pluralismo teológico
(BAC 387; BAC, Madrid 1976) 20-21.
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Vamos a subrayar este punto fundamental con el testimonio del mismo Cristo en
los evangelios, y del NT, señalando unos textos a modo de ejemplo, donde se mues-
tra cómo el acontecimiento de Jesucristo estaba ya presente de algún modo en el
AT:
- La carta a los Hebreos critica la ineficacia del sistema legislativo y ritual del AT, y
manifiesta que ya los profetas advirtieron su caducidad al anunciar una Nueva
Alianza. El AT en cuanto institución ha perdido su valor y anuncia su fin, pero
mantiene su vigencia en cuanto anuncio y prefiguración de la Nueva y definitiva
Alianza en Cristo. Es paradigmático su uso del Sal 110 (109) aplicado a Cristo,
como Mesías-Rey, y como Sumo Sacerdote.
no siempre las Escrituras que se consideran como cumplidas son predicciones, oráculos pro-
nunciados con vistas al futuro. Se dan entre ellas textos legislativos (Jn 19,36), versículos de
salmos (Jn 13,18) y hasta evocaciones de la historia de Israel (Mt 2,15). Lo esencial, pues, no es
que algunas cosas del nuevo Testamento acontezcan tal como ellas fueron predichas. Lo esen-
cial es que el misterio de las relaciones entre Dios y los hombres evocado en los textos bíblicos
[...] se consume efectivamente en la vida, muerte y resurrección de Jesús y en la vida de su
Iglesia 81.
Este cumplimiento nos hace sospechar una vinculación todavía más profunda entre
el AT y el NT de lo visto hasta ahora: ¿qué relación existe entre ambos para que el
AT sea capaz no sólo de preparar históricamente, sino también de anunciar y repre-
sentar de un modo imprevisible lo que encontramos en el NT? La respuesta ya la
hemos insinuado: la presencia del misterio de Cristo en ambos Testamentos
–aunque de diverso modo– es lo que les confiere su profunda unidad. Si considera-
mos teológicamente la historia del AT,
Esta presencia misteriosa, fue dispuesta tan sabiamente y de tal modo por el inspira-
dor de ambos Testamentos “que el Nuevo estuviese escondido en el Antiguo, y en
el Nuevo, el Antiguo se hiciese patente” (DV 16). Hay una profunda dependencia
entre AT y NT que los hace inseparables, de tal modo que el AT encuentra su signi-
ficado completo en el NT, y es a la vez la luz que permite entenderlo 83. En efecto,
81. GRELOT, Sentido cristiano del Antiguo Testamento, 33.
82. GRELOT, Sentido cristiano del Antiguo Testamento, 329. Cf. RATZINGER, “La interpretación bíblica en conflicto. Sobre el pro-
blema de los fundamentos y la orientación de la exégesis hoy”, 48: “Pero el principio que crea la unidad de toda la historia
pasada y presente y ‘que la llena de sentido es el acontecimiento histórico de Cristo, que da también al futuro su unidad’ […].
Toda la historia y toda la Escritura se deben considerar a partir de esta acción. Esto significa, por tanto, que las acciones reali-
zadas en el Antiguo Testamento se basan en una acción futura, y que solamente a partir de ella pueden ser comprendidas
rectamente”.
83. Cf. RATZINGER, “Las dimensiones del problema”, 27: “Así, por una parte, el Nuevo Testamento es realmente ‘nuevo’; no
una mera extrapolación de la suma de lo precedente, sino realmente una nueva acción de Dios; pero por otra parte, este
‘nuevo’ absorbe lo antiguo y queda como el centro, en el que todo lo anterior encuentra su lugar y sentido correspondientes”.
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Antiguo y Nuevo Testamento son inseparables […]. Es a la luz del Antiguo Testamento que el
nuevo comprende la vida, la muerte y la glorificación de Jesús (cf. 1Cor 15,3 4). Pero la relación
es recíproca: por una parte el Nuevo Testamento reclama ser leído a la luz del Antiguo, pero
también invita, por otra parte, a “releer” el Antiguo a la luz de Cristo Jesús (PCB2 19).
Este es el gran secreto del AT. Por eso los libros del AT deben ser asumidos por la
predicación del evangelio y buscar su significado pleno en el NT. En consecuencia,
si no se acepta la buena nueva de Cristo, un velo impide la correcta lectura del AT.
Sólo volviéndose hacia la gracia que trae el NT se abre el entendimiento del sentido
pleno del AT (cf. 2 Cor 3,14). La implicación que este dato teológico tiene para la
interpretación del AT es decisiva: hay que iluminarlo con el NT. Quedarnos en un
significado cerrado en el propio AT sería reductivo y traicionaría su íntima esencia.
Los lectores cristianos están convencidos de que su hermenéutica del Antiguo Testamento […]
corresponde sin embargo a una potencialidad de sentido efectivamente presente en los textos.
A la manera de un “revelador” en el procesamiento de una película fotográfica, la persona de
Jesús y los acontecimientos que se refieren a ella han hecho aparecer en las Escrituras una ple-
nitud de sentido que anteriormente no podía ser percibida (PCB2 64) 84.
84. Cf. RATZINGER, “Las dimensiones del problema”, 21: “En un nuevo y decisivo giro de la historia, como si un velo se des-
corriese delante de sus palabras [las del AT] para dejar ver su faz verdadera, esas palabras se comprenden a partir de Jesús en
un sentido nuevo, reciben una cohesión inesperada y ofrecen una inesperada luz”; RATZINGER, “La interpretación bíblica en
conflicto. Sobre el problema de los fundamentos y la orientación de la exégesis hoy”, 48: “Cuando las cosas han alcanzado su
meta se puede descubrir su verdadero sentido, que permanecía como oculto en ellas. Este sentido, que se manifiesta sólo al
final del movimiento, supera aquel sentido que uno podía determinar en cada una de las etapas del recorrido”.
85. Esto es posible porque –como ya hemos señalado (cf. DV 12)– en el mismo texto existe un doble nivel de lectura: el sen-
tido originario del texto querido directamente por el hagiógrafo, y el sentido ulterior que aparece al leerlo desde Cristo (cf.
PCB2 19).
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Es importante subrayar que esta lectura del AT es una profundización del dato ori-
ginal del hagiógrafo (cf. PCB2 19). Por tanto, no lo niega ni lo violenta, sino que lo
presupone y lo necesita –a diferencia de la lectura alegórica, cuyo sentido nuevo
hace desaparecer el sentido primitivo–. Lo que afirman los autores del AT, “aun no
atestiguando explícitamente ‘verdades’ que serán reveladas ulteriormente, está posi-
tivamente ordenado a expresarlas algún día” 86.
Habrá que tener muy en cuenta las características del AT y del NT (sintetizadas en
el cuadro adyacente) a la hora de interpretarlos, aplicando las directrices de DV 12,
válidas para ambos testamentos. Analicemos bajo esta perspectiva lo explicado en el
tema 1 de esta unidad. En el primer párrafo (DV 12§1) se señala la tarea funda-
mental del intérprete, a saber, investigar atentamente dos cosas:
Desde el principio, el texto nos obliga a distinguir dos planos: por una parte, “lo que (Dios)
mismo quiso comunicarnos”, “lo que agradó a Dios manifestar con sus palabras (de los hagió-
grafos)”; por otra parte, lo que los hagiógrafos quisieron verdaderamente decir. Estos dos
niveles, que no son idénticos, serán retomados y desarrollados en los párrafos siguientes: el
párrafo 12, 2 indica lo que hay que hacer “para comprender rectamente lo que el autor sagrado
quiso afirmar por escrito”. A su vez, el párrafo 12, 3 comienza con “Pero” (hay, por tanto, una
cierta oposición entre los dos): este párrafo explica que es necesario leer e interpretar la
Escritura “con el mismo Espíritu con que fue escrita”; [...] el verbo “interpretar” aparece sólo
en 12, 3, en conexión con la mención del Espíritu, y, por tanto, con el carácter inspirado de la
Escritura 87.
Ahora bien, con estos métodos de las ciencias únicamente humanas, ¿qué aspectos
propios del contenido del AT (cf. DV 15) podremos descubrir? Solamente enseñan-
zas sublimes sobre Dios, sabiduría salvadora acerca del hombre, tesoros de
oración... Sin embargo, el método por sí mismo no será capaz de distinguir lo pasa-
jero de lo perenne, ni lo perfecto de lo imperfecto. Tampoco podrá decirnos qué
función cumple ese texto en la pedagogía divina ni cómo se realiza en él la finalidad
propia del AT. Finalmente, también será ineficaz para determinar si lo que Dios
afirma en el texto lo hace con la misma intención que el autor humano. Todo esto
podrá descubrirse sólo con la metodología teológica adecuada.
Acoger la Biblia como una realidad implica también reconocer que esa colección
de libros es testigo de una historia con una cohesión interna, de una tradición
que ha ido avanzando en la historia, que a su vez ha generado esos libros y los con-
cibe como una unidad (cf. PCB1 48) 91. Supone igualmente asumir la inspiración de
los mismos: son un solo libro porque tienen un único autor, y expresan un único
plan de salvación 92. Por último, asumir esta visión es reconocer que “esta religión
[de Israel], al igual que la historia cuyo sentido revelaba, tenía como centro real un
acontecimiento final (el esjaton), a saber: la venida de Dios a la tierra, su entrada en
nuestra experiencia sensible, su llegada en el tiempo, gracias a la encarnación del
Verbo” 93.
De cara a los textos del AT, al comparar un pasaje con el resto de la Escritura
podrá verse qué elementos son perennes (aquellos que se repiten en todos los tex-
tos bíblicos) y perfectos (los que quedan confirmados en el NT), frente a los
temporales (los que se abandonan conforme la revelación avanza en el tiempo
hacia el NT) y los imperfectos (los que son corregidos o rechazados por Cristo).
CONCLUSIÓN
El gran misterio de la Sagrada Escritura es la unión entre AT y NT en la per-
sona de Cristo. Ambos Testamentos son inseparables, son el testimonio
completo de la historia salvífica de la revelación, de Cristo mismo. El AT tes-
timonia la etapa de preparación y el NT la etapa de plenitud. Por eso el AT
contiene elementos imperfectos y pasajeros, junto a otros perfectos y peren-
nes, entre los que sobresalen la existencia de un único Dios bueno y justo, y la
promesa de un Mesías salvador. El NT, a su vez, necesita del AT, donde tiene
sus raíces, para ser comprensible a los hombres. Todo esto debe tenerse en
cuenta a la hora de interpretar cualquier texto bíblico.
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Ejercicios
CONCLUSIÓN
UNIDAD DIDÁCTICA 4
Todo cristiano debe acercarse a la lectura de la Biblia, sin miedo, sabiendo que ya
tiene en sí la interpretación fundamental de la Escritura en el mismo Credo apostó-
lico. A su vez, debe saber que si quiere hacer una interpretación a fondo de un
pasaje bíblico, eso le exigirá una lectura atenta de toda la Biblia comparándola en
todo momento con el pasaje a interpretar. Sólo así encontrará todos los elementos
necesarios para una recta comprensión del texto, guiado siempre del Magisterio,
último intérprete de la Escritura.
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ACTIVIDADES
• Redacta una oración personal dirigida al Espíritu Santo, en la que le pidas todo lo nece-
sario para poder leer la Biblia con fruto. Empléala siempre que vayas a leer o rezar con
la Sagrada Escritura.
• Lee, sintetiza y esquematiza todas las lecturas del Magisterio de estos tres temas, y
memoriza tus propios resúmenes.
• Escoge tres pasajes cualesquiera del AT e intenta detectar en ellos la pedagogía divina,
elementos perfectos e imperfectos, y la progresión hacia el NT que percibas en ellos.
• Lee todos los pasajes del NT indicados en el tema 10 y desarrolla siete de ellos en un
trabajo.
• En el PCB3 hay una extensa sección sobre interpretación de pasajes difíciles. Léela,
selecciona los cuatro pasajes cuya interpretación más te haya gustado y escribe un
comentario sobre cada uno.
LECTURAS RECOMENDADAS:
MAGISTERIO:
TEMA 1:
DV 12.
CCE 109-119.
VD 32-38.
TEMA 2:
VD 44.
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TEMA 3:
DV 14-20.
CCE 121-130.
VD 39-42, 57.
PARA PROFUNDIZAR:
TEMA 1:
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, La interpretación de la Biblia en la Iglesia (ColDoc 5;
PPC, Madrid 21994) 71-127.
CARRÓN PÉREZ, J., Acontecimiento y razón. Principio hermenéutico paulino y la interpreta-
ción moderna de la Escritura (CSub 1; Facultad de Teología “San Dámaso”, Madrid
2001).
D E LA P OTTERIE , I., “La exégesis bíblica, ciencia de la fe”, en: L. S ÁNCHEZ
NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la inter-
pretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 55-98.
GIMÉNEZ GONZÁLEZ, A., “Cristo, Llave de las Escrituras”: Toletana 25 (2011) 9-23.
RATZINGER, J., “La interpretación bíblica en conflicto. Sobre el problema de los fun-
damentos y la orientación de la exégesis hoy”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C.
GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la interpretación bíblica
(LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 19-54.
VANHOYE , A., “La recepción en la Iglesia de la Constitución Dogmática Dei
Verbum”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación.
Los fundamentos de la interpretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 147-173.
TEMA 2:
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, La interpretación de la Biblia en la Iglesia (ColDoc 5;
PPC, Madrid 21994) 33-70 [capítulo 1].
BENEDICTO XVI: intervención oral del Papa en el sínodo de los obispos sobre “La
Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, el martes 14 de octubre
2008.
SANECKI, A., La Biblia: entre Historia y Teología. La metodología canónica de B. S. Childs
(Estudios y Ensayos. Teología; BAC, Madrid 2012).
G IMÉNEZ G ONZÁLEZ , A., "Si el justo es Hijo de Dios, le socorrerá" (Sab 2,18).
Acercamiento canónico a la filiación divina del justo perseguido en Sab 1-6 (ABE 48; Verbo
Divino, Estella 2009) 21-68.
GIMÉNEZ GONZÁLEZ, A., “Lectura canónica de la Escritura: aproximación meto-
dológica”, en: A. GIMÉNEZ GONZÁLEZ – L. SÁNCHEZ NAVARRO (eds.), Canon, Biblia,
Iglesia. El canon de la Escritura y la exégesis bíblica (Presencia y Diálogo 30;
Publicaciones San Dámaso, Madrid 2010) 69-87.
RATZINGER, J., “La interpretación bíblica en conflicto. Sobre el problema de los fun-
damentos y la orientación de la exégesis hoy”, en: L. SÁNCHEZ NAVARRO – C.
GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la interpretación bíblica
(LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 19-54.
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TEMA 3:
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia
cristiana (Documentos Vaticanos; Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano
2002).
R ATZINGER , J., “La relación entre Magisterio de la Iglesia y exégesis”, en: L.
SÁNCHEZ NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos
de la interpretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 175-187.
COSTACURTA, B., “Exégesis y lectura creyente de la Escritura”, en: L. SÁNCHEZ
NAVARRO – C. GRANADOS (eds.), Escritura e interpretación. Los fundamentos de la inter-
pretación bíblica (LiP 42; Palabra, Madrid 2003) 117-125.
MANUALES:
TEMA 1:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 243-363.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo V, VI y VII §1.
MANNUCCI, V., La Biblia como Palabra de Dios (Desclée De Brouwer, Bilbao 61997)
259-328.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 301-336, 395-430.
TEMA 2:
ARTOLA, A. M. – SÁNCHEZ CARO, J. M., Biblia y Palabra de Dios (IEB 2; Estella
3
1992) 365-410.
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo VII §2 y 3.
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 339-393.
TEMA 3:
GRELOT, P., La Biblia, Palabra de Dios. Introducción teológica al estudio de la Sagrada
Escritura (Herder, Barcelona 1968) capítulo VII §2 y 3.
GRELOT, P., Sentido cristiano del Antiguo Testamento. Bosquejo de un Tratado Dogmático
(BMD 2; Desclée De Brouwer, Bilbao 21995, 11962).
TABET, M. A., Introducción a la Biblia (Palabra, Madrid 2003) 121-136.
La Iglesia Católica determina el canon de las Sagradas Escrituras a través de la Tradición y el Magisterio. Los libros canónicos son aquellos que la Iglesia, guiada por el soplo del Espíritu Santo, reconoce como inspiración divina. Esta autoridad es fundamental para distinguirlos de otros escritos no canónicos . Históricamente, la formación del canon ha estado marcada por la tradición apostólica y la sucesión apostólica, confirmada por diversos concilios como el de Trento en 1546, que reafirmó el canon católico incluyendo los deuterocanónicos, frente a las objeciones protestantes . Los concilios desempeñaron un papel crucial en la formalización del canon .
Las resoluciones de los concilios influyeron de manera significativa en la formación y definición del canon bíblico al establecer criterios claros sobre qué libros debían ser considerados sagrados. Los primeros concilios locales, como los de Cartago (397, 419), confirmaron la totalidad de los 27 libros del Nuevo Testamento, reflejando la tradición de las iglesias fundadas por los apóstoles y la aceptación de la autoridad del Magisterio . Este proceso culminó en el Concilio de Trento en 1546, que señaló oficialmente los libros canónicos y reiteró la posición de la Iglesia católica sobre la integridad del canon, incluyendo los deuterocanónicos, que fueron discutidos durante la Reforma protestante . Los concilios como el de Laodicea también habían jugado antes un rol en delinear el canon, influyendo en qué textos eran leídos como normativos . Estos esfuerzos contribuyeron a fijar el canon que reconocemos hoy en el ámbito católico y a responder las dudas generadas por distintas herejías y reformadores que proponían listas diferentes de textos sagrados ."}
Según los documentos del Concilio Vaticano II, la relación teológica entre la Iglesia y la Sagrada Escritura es profundamente interconectada. La Sagrada Escritura y la Tradición son vistas como provenientes de la misma fuente, fluyendo juntas hacia el mismo fin, y son fundamentales para la transmisión de la revelación dentro de la Iglesia . La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, conserva y transmite la revelación mediante su enseñanza, vida y culto, asegurando que la Sagrada Escritura permanezca viva y entera a lo largo del tiempo . El Magisterio de la Iglesia, iluminado por el Espíritu, es esencial para reconocer los libros canónicos, reafirmando que sin la Tradición, no es posible determinar el canon de la Sagrada Escritura . La Escritura es considerada la palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo, y su comprensión plena es accesible solo a través de la afinidad vivida con la tradición de la Iglesia . Ambas, Escritura y Tradición, son indispensables y no se pueden separar, ya que juntas facilitan la comprensión de la revelación divina .
La Sagrada Escritura es considerada por "Dei Verbum" como transmisora de la revelación porque es el testimonio escrito e inspirado de la misma, respetando su carácter histórico, que se desarrolla en dos etapas: una de preparación y otra de plenitud en Cristo . La Escritura y la Tradición están al servicio del acontecimiento de la revelación, que es Cristo mismo, y son inseparables de la Iglesia, que también juega un papel fundamental como transmisora de la revelación a lo largo de la historia . Además, la Sagrada Escritura es vista como transmitidora de la revelación porque da testimonio del acontecimiento de esta revelación en la historia . La "Dei Verbum" subraya que tanto la Escritura como la Tradición surgen de la misma fuente y son ambos elementos indisolubles de la transmisión de la revelación divina . Por tanto, la Biblia, al ser escrita dentro de y para la comunidad de la Iglesia, sólo tiene sentido en ese contexto, funcionando como testimonio privilegiado pero no como la revelación misma .
La Dei Verbum del Concilio Vaticano II establece que la Sagrada Escritura y la Tradición están indisolublemente unidas, ya que ambas brotan de la misma fuente, que es la revelación divina, y ambas colaboran en la misión de transmitir la revelación dentro de la Iglesia . Específicamente, la Tradición y la Escritura no se oponen, sino que se completan mutuamente; la Tradición recoge la Palabra de Dios y la transmite a sus sucesores, asegurando que el Evangelio se conserve vivo y entero . La Sagrada Escritura es vista como el testimonio escrito de esta revelación, en tanto que la Tradición incluye todos aquellos elementos que la Iglesia ha recibido desde Cristo y los apóstoles, transmitidos a lo largo de los siglos .
La variedad de estilos literarios en el Nuevo Testamento se explica por su desarrollo a lo largo de un corto periodo de tiempo y por la diversidad de autores y contextos en que fue escrito. El Nuevo Testamento incluye géneros como evangelios, cartas y apocalipsis, cada uno con estilos y propósitos distintos, reflejando diferentes aspectos de la vida, muerte y resurrección de Cristo y su significado para la salvación . Esta variedad implica que su interpretación debe considerar el contexto histórico y literario, así como la relación con el Antiguo Testamento, que proporciona un trasfondo necesario para entender plenamente el mensaje cristiano . El Nuevo Testamento no sólo cumple las profecías del Antiguo, sino que también las reinterpreta a la luz de la revelación de Cristo, lo que exige un análisis coherente que considere ambas partes de la Biblia .
Los documentos eclesiales desempeñan un papel crucial en la enseñanza y comprensión actual de la Biblia al proporcionar un marco de interpretación autorizado y revelado. La constitución dogmática 'Dei Verbum' del Concilio Vaticano II es uno de los textos más fundamentales que la Iglesia utiliza para enseñar sobre la Sagrada Escritura, reforzando su naturaleza de revelación divina . Además, el Magisterio de la Iglesia regula la exégesis bíblica en armonía con la tradición, asegurando que la interpretación sea coherente con el depósito de fe, como se detalla en documentos como 'La interpretación de la Biblia en la Iglesia' por la Pontificia Comisión Bíblica . Los documentos eclesiales, al enmarcar la Biblia dentro de la tradición viva de la Iglesia, facilitan una comprensión más profunda y fiel al mensaje original, permitiendo que las experiencias y enseñanzas de Cristo sean accesibles hoy . Estos documentos, en combinación con la enseñanza del Magisterio, ayudan a clarificar la inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, asegurando su interpretación en su contexto teológico e histórico preciso .
El principio fundamental en la "Dei Verbum" es que la Sagrada Escritura tiene a Dios como autor, ya que las verdades reveladas por Dios fueron consignadas por inspiración del Espíritu Santo. Sin embargo, se reconoce al hagiógrafo como verdadero autor, utilizando sus propias facultades para escribir todo y solo lo que Dios quería . La interpretación correcta de la Escritura debe hacerse en el mismo Espíritu en que fue escrita. Esto es esencial para evitar tratar la Escritura como un simple objeto de curiosidad histórica y para captar la voz y presencia del Señor . El Concilio Vaticano II destacó la importancia de la inspiración como un componente clave para la comprensión adecuada de los textos sagrados y su correcta hermenéutica .
La consideración de la Biblia como "alma de la teología" se justifica porque es el vehículo principal de la revelación divina, esencial para comprender la naturaleza de Dios y su plan para la humanidad . La Biblia es vista como parte integral de la Tradición de la Iglesia, lo que le da su verdadero valor y sentido al ser leída en este contexto . Este enfoque permite vivificar la teología al mantenerla conectada con la experiencia viva de la fe y la revelación continua de Dios, cumpliendo así un papel similar al del alma en un cuerpo: darle vida y significado . Además, la interpretación y exégesis de las escrituras, integradas en las enseñanzas del Magisterio y los principios de la tradición apostólica, son fundamentales para una adecuada comprensión teológica, que busca que la Escritura se convierta en vida y testimonio ."}
El método de interpretación bíblica conocido como "historia de los efectos" se centra en estudiar el impacto que un texto bíblico ha tenido a lo largo del tiempo sobre sus lectores. Este enfoque parte de la premisa de que un texto solo se convierte en una obra literaria cuando es apropiado por sus lectores, lo cual a su vez permite una mejor comprensión del texto mismo . Este método evalúa tanto la evolución de la interpretación del texto en función de las preocupaciones de los lectores a lo largo del tiempo como la importancia de la tradición en clarificar su significado .