Cabrera Ramírez Karla Rocío.
Grupo: 2211
De Animales A Dioses
Resumen.
Es un libro escrito por Yuval Noah Harari, publicado originalmente en
hebreo en 2011, y traducido a otros idiomas a partir del año 2014. En él, señala
nuestras diferencias con otras especies, también se pregunta por qué a pesar
de que no somos el ser vivo más grande o fuerte, nos encontramos en la cima
de la cadena alimenticia.
Harari divide el libro, al igual que nuestra historia, en 4 momentos:
La revolución cognitiva.
La revolución agrícola.
La unificación de la humanidad.
La revolución científica.
Revolución cognitiva.
Aquí nos habla de las distintas especies de homo que se generaron a
partir de la evolución y el desplazamiento del Australopithecus (simio austral),
por ejemplo, el Homo neanderthalensis (hombre del valle del Neander) mejor
conocidos como neandertales, o el Homo erectus (hombre erecto), también
está el Homo soloensis (hombre del valle del Solo) que vivió en Indonesia, en
la isla de Java, entre otras tantas especies.
Además, nos habla de cómo, por muchos años, los humanos no fuimos
muy distintos a otras especies animales, pues cazábamos, comíamos y
dormíamos, así como nuestras relaciones eran parecidas a las de otras
especies, pero la diferencia radicaba en el tamaño de nuestro cerebro, este
era, o es, más grande, lo que marca como una debilidad, señalando que el
funcionamiento de este al ser más grande requería tanta energía como la que
requería la sobrevivencia.
Hace aproximadamente 70,000 años atrás, no se sabe cómo
exactamente, empiezan a crear herramientas que facilitarían su vida,
ayudándola a ser la especie dominante. Al respecto, Harari dice “Fue la
combinación de un cerebro grande, el desarrollo y empleo de herramientas, sus
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habilidades de aprendizaje, y una estructura social compleja lo que cimentó el
ascenso del hombre a la cima de la cadena alimenticia.”
Revolución agrícola.
El inicio de la agricultura se dio entre los años 9,500 y 8,500 a.C.,
después de más de 2.5 millones de años durante los cuales los humanos se
alimentaron de las plantas que recolectaban y los animales que cazaban.
Harari piensa que los humanos eran mucho más sanos y felices cuando
eran cazadores y recolectores que cuando se convirtieron en agricultores, ya
que pasar de un estilo de vida independiente a una rutina hizo que los
humanos tuvieran menos iniciativa para explorar, trabajando más horas y
teniendo menos horas de ocio, además de las consecuencias que el trabajo de
campo les acarreo al cuerpo, afectando principalmente las rodillas, la columna
vertebral, el cuello y el arco del pie.
Junto con la agricultura, surgieron las aldeas, con las que tenían
protección contra animales salvajes, el frío y la lluvia. También surgió la
domesticación de distintos animales.
El futuro cobró más importancia gracias a la revolución agrícola, ahora
los agricultores trabajaban a su servicio. La economía agrícola se basaba en un
ciclo estacional de producción, que comprendía largos meses de cultivo
seguidos de períodos de cosecha cortos e intensos. La preocupación por el
futuro se basaba no solo en los ciclos estacionales de producción, sino también
en la incertidumbre fundamental de la agricultura. Puesto que la mayoría de las
aldeas vivían cultivando una variedad muy limitada de plantas y animales
domesticados, se hallaban a merced de las sequías, las inundaciones y la
peste. Cuando la revolución agrícola abrió oportunidades para la creación de
ciudades atestadas e imperios poderosos, la gente inventó relatos acerca de
grandes dioses, patrias y sociedades anónimas para proporcionar los vínculos
sociales necesarios. A esto se le llamó orden imaginario, las normas sociales
que sustentaban a grandes sociedades como Jericó, Babilonia, Roma y Egipto
se basaban en la creencia en mitos compartidos. Los ejércitos, las fuerzas
policiales, los tribunales y las prisiones trabajan para obligar a la gente a actuar
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de acuerdo con el orden imaginado. La violencia es la más difícil de controlar
de todas las actividades sociales.
Las humanidades y las ciencias sociales dedican la mayor parte de sus
energías a explicar exactamente de qué manera el orden imaginado está
entretejido en el tapiz de la vida. En el espacio limitado de que disponemos
solo podemos arañar la superficie. Hay tres factores principales que impiden
que la gente se dé cuenta de que el orden que organiza su vida existe
únicamente en su imaginación:
El orden imaginado está incrustado en el mundo material.
El orden imaginado modela nuestros deseos.
El orden imaginado es intersubjetivo.
Cuando empezaron a aparecer sociedades particularmente complejas
como consecuencia de la revolución agrícola, se hizo vital un tipo
completamente nuevo de información: los números. Los cazadores-
recolectores no se vieron nunca obligados a manejar una gran cantidad de
datos matemáticos, de modo que el cerebro humano no se adaptó a almacenar
y procesar números. Pero para mantener un reino grande, los datos
matemáticos eran vitales. Nunca fue suficiente legislar leyes y contar relatos
acerca de dioses guardianes. También había que recaudar impuestos. Con el
fin de exigir impuestos a cientos de miles de personas, era imperativo acopiar
datos acerca de sus ingresos y posesiones; datos acerca de los pagos
efectuados; datos acerca de atrasos, deudas y multas; datos acerca de
descuentos y exenciones. Todo esto sumaba millones de datos, que había que
almacenar y procesar. Sin esta capacidad, el Estado nunca sabría de qué
recursos disponía y qué otros recursos podían obtener.
Esta limitación mental restringía gravemente el tamaño y la complejidad
de los colectivos humanos. Cuando la cantidad de gente y de propiedades de
una determinada sociedad cruzaba un umbral crítico, se hacía necesario
almacenar y procesar grandes cantidades de datos matemáticos. Puesto que el
cerebro humano no podía hacerlo, el sistema se desplomaba. Los primeros en
superar el problema fueron los antiguos sumerios, que vivieron en el sur de
Mesopotamia. A medida que aumentaba el número de habitantes, también lo
hacía la cantidad de información necesaria para coordinar sus asuntos. Entre
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3500 y 3000 a.C., algunos genios sumerios anónimos inventaron un sistema
para almacenar y procesar información fuera de su cerebro. De ese modo, los
sumerios liberaron su orden social de las limitaciones del cerebro humano,
abriendo el camino a la aparición de ciudades, reinos e imperios. El sistema de
procesamiento de datos que los sumerios inventaron se llama «escritura».
Unificación de la humanidad.
Harari cree que lo que diferencia definitivamente al homo sapiens de
cualquier otra especie es su capacidad de reunirse en grandes grupos. Señala
nuestra habilidad única de creer en cosas que únicamente existen en nuestra
imaginación, lo que nos permite formar dichas agrupaciones y colaborar en la
búsqueda de progreso. Son estas ideas lo que da forma a nuestra cultura, a
pesar de estar llenas de inconsistencias, y es precisamente la búsqueda de la
verdad lo que estimula el cambio constante.
Después de la revolución agrícola, las sociedades humanas crecieron
más y se hicieron más complejas. Los mitos y las ficciones acostumbraron a la
gente, casi desde el momento del nacimiento, a pensar de determinada
manera, a comportarse de acuerdo con determinados estándares, desear
ciertas cosas y observar determinadas normas. Por lo tanto, crearon instintos
artificiales que permitieron que millones de extraños cooperaran de manera
efectiva. Esta red de instintos artificiales se llama «cultura». Toda cultura tiene
sus creencias, normas y valores, pero estos se hallan en un flujo constante. La
cultura puede transformarse en respuesta a cambios en su ambiente o
mediante la interacción con culturas vecinas.
El teísmo (del griego theós, «dios») es la idea de que el orden universal
se basa en una relación jerárquica entre los humanos y un pequeño grupo de
entidades etéreas llamadas dioses. Es ciertamente verdad decir que los
agriculturalistas premodernos tendían a ser teístas, pero esto no nos dice
mucho acerca de los detalles.
El primer milenio a.C. contempló la aparición de tres órdenes universales
en potencia, cuyos partidarios podían imaginar por primera vez a todo el mundo
y a toda la raza humana como una única unidad gobernada por un único
conjunto de leyes. Todos eran «nosotros», al menos en potencia. Ya no había
«ellos». El primer orden universal que apareció fue económico: el orden
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monetario. El segundo orden universal fue político: el orden imperial. El tercer
orden universal fue religioso: el orden de las religiones universales, como el
budismo, el cristianismo y el islamismo.
El dinero se basa en dos principios universales:
Convertibilidad universal: con el dinero como alquimista, se puede
convertir la tierra en lealtad, la justicia en salud y la violencia en
conocimiento, ya que es un constructo psicológico.
Confianza universal: con el dinero como intermediario,
cualesquiera dos personas pueden cooperar en cualquier
proyecto, tales como el comercio o la industria.
Pero estos principios también tienen su lado negativo, cuando todo es
convertible y cuando la confianza depende de las monedas, esto corroe las
tradiciones locales, las relaciones íntimas y los valores humanos y los sustituye
por las leyes de la oferta y la demanda.
Revolución científica.
Los últimos 500 años han sido testigos de un crecimiento vertiginoso y
sin precedentes del poder humano. En el año 1500, había unos 500 millones
de Homo sapiens en todo el mundo. En la actualidad, hay 7.000 millones. Se
estima que el valor total en bienes y servicios producidos por la humanidad en
el año 1500 fue de 250.000 millones de dólares de hoy día. En la actualidad, el
valor de un año de producción humana se acerca a los 60 billones de dólares.
En 1500, la humanidad consumía unos 13 billones de calorías de energía al
día. En la actualidad, consumimos 1.500 billones de calorías diarias.
Antes del siglo XVI, ningún humano había circunnavegado la Tierra. Esto
cambió en 1522, cuando la expedición de Magallanes regresó a España
después de un viaje de 72.000 kilómetros. Les había llevado tres años y había
costado la vida de casi todos los miembros de la expedición, incluido
Magallanes. En 1873, Jules Verne pudo imaginar que Phileas Fogg, un rico
aventurero inglés, podía dar la vuelta al mundo en 80 días. Hoy en día,
cualquier persona con ingresos de clase media puede circunnavegar la Tierra
de manera segura y fácil en solo cuarenta y ocho horas.
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Durante la mayor parte de la historia, los humanos no supieron nada del
99,99 por ciento de los organismos del planeta, a saber, los microorganismos.
Y esto no era porque no fueran motivo de preocupación por nuestra parte.
Cada uno de nosotros porta en su interior miles de millones de organismos
unicelulares, y no solo como polizones. Son nuestros mejores amigos y
nuestros enemigos más mortíferos. Algunos digieren nuestra comida y limpian
nuestro tubo digestivo, mientras que otros causan enfermedades y epidemias.
Pero no fue hasta 1674 que un ojo humano vio por primera vez un
microorganismo, cuando Anton van Leeuwenhoek echó una ojeada a través del
microscopio casero que él mismo había fabricado y se sorprendió al ver un
mundo entero de seres minúsculos que se movían dentro de una gota de agua.
Durante los 300 años siguientes, los humanos han conocido un número
enorme de especies microscópicas.
El momento único, más notable y definitorio de los últimos 500 años
llegó a las 5.29.45 de la mañana del 16 de julio de 1945. En aquel preciso
segundo, científicos estadounidenses detonaron la primera bomba atómica en
Alamogordo, Nuevo México. A partir de aquel momento, la humanidad tuvo la
capacidad no solo de cambiar el rumbo de la historia, sino de ponerle fin. El
proceso histórico que condujo a Alamogordo y a la Luna se conoce como
revolución científica. Durante dicha revolución la humanidad ha obtenido
nuevos y enormes poderes al invertir recursos en la investigación científica. Se
trata de una revolución porque, hasta aproximadamente 1500 d.C., los
humanos en todo el mundo dudaban de su capacidad para obtener nuevos
poderes médicos, militares y económicos.
Los humanos han buscado comprender el universo al menos desde la
revolución cognitiva. Nuestros antepasados invirtieron una gran cantidad de
tiempo y esfuerzo en intentar descubrir las reglas que rigen el mundo natural.
Pero la ciencia moderna difiere de todas las tradiciones previas de
conocimiento en tres puntos fundamentales:
La disposición a admitir ignorancia.
La centralidad de la observación y de las matemáticas.
La adquisición de nuevos poderes.
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Con esta revolución, también llegaron la revolución industrial y la
revolución en la conversión de energía y con estas se solucionó el problema de
la escases de las materias primas. La revolución industrial produjo energía y
materias primas abundantes y baratas, esto favoreció principalmente a la
agricultura, con esto apareció el consumismo el cual se ha vuelto incluso
nuestro peor enemigo ya que de cierta manera nos está llevando hacia la
extinción. La revolución industrial también confirió a los mercados poderes
nuevos e inmensos como medios de comunicación y transporte. Pero uno de
los mayores daños que nos ha hecho la revolución industrial es el cambio de la
característica más fundamental del orden social, la familia nuclear ya que ahora
solo dependemos de ella de manera emocional.
Harari propone que una vez que el hombre aceptó que no sabía todo,
empezó a observar, experimentar y adquirir conocimientos nuevos. Fue la
ciencia el estímulo que permitió que se desarrollaran el imperialismo, el
capitalismo y la revolución industrial.
Conclusiones.
En este libro, Harari toca muchos aspectos y hace muchas preguntas
que dejan pensando a todo aquel que lo lee. Es increíble tratar de comprender
la historia de la humanidad desde la perspectiva del autor, sin duda sus
propuestas nos hacen ver los grandes avances por los que ha pasado nuestra
especie y dejando la historia en continuará, pues gracias a los avances
científicos tenemos aun mucho camino por recorrer.