Creaciones Literarios - 5
Creaciones Literarios - 5
SAN MARCOS
FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
CREACIONES LITERARIOS
5
Poesía y Crónica
CONTENIDO
1. POESÍA Y CRÓNICA
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1.1. Poesía
1.2. Crónica
1.3. Poesía como crónica durante la guerra civil española
ANEXO:
- Bibliografía
- Examen
1. POESÍA Y CRÓNICA
1.1. POESÍA
Señoras, señores:
El panteísta irlandés Escoto Erígena dijo que la Sagrada Escritura encierra un número
infinito de sentidos y la comparó con el plumaje tornasolado del pavo real. Siglos
después un cabalista español dijo que Dios hizo la Escritura para cada uno de los
hombres de Israel y por consiguiente hay tantas Biblias como lectores de la Biblia.
Lo cual puede admitirse si pensamos que es autor de la Biblia y del destino de cada
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uno de sus lectores. Cabe pensar que estas dos sentencias, la del plumaje tornasolado
del pavo real de Escoto Erígena, y la de tantas Escrituras como lectores del cabalista
español, son dos pruebas, de la imaginación celta la primera y de la imaginación
oriental la segunda. Pero me atrevo a decir que son exactas, no sólo en lo referente a
la Escritura sino en lo referente a cualquier libro digno de ser releído.
Emerson dijo que una biblioteca es un gabinete mágico en el que hay muchos espíritus
hechizados. Despiertan cuando los llamamos; mientras no abrimos un libro, ese libro,
literalmente, geométricamente, es un volumen, una cosa entre las cosas. Cuando lo
abrimos, cuando el libro da con su lector, ocurre el hecho estético.
Y aun para el mismo lector el mismo libro cambia, cabe agregar, ya que cambiamos,
ya que somos (para volver a mi cita predilecta) el río de Heráclito, quien dijo que el
hombre de ayer no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana. Cambiamos
incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro, que cada relectura,
cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto. También el texto es el cambiante río
de Heráclito.
Esto es algo que nos cuesta admitir: el concepto de que el lenguaje es un hecho
estético. Casi nadie profesa la doctrina de Croce y todos la aplican continuamente.
En cuanto a la palabra luna, esa hermosa palabra que hemos heredado del latín, esa
hermosa palabra que es común al italiano, consta de dos sílabas, de dos piezas, lo
cual, acaso, es demasiado. Tenemos lúa, en portugués, que parece menos feliz; y
lune, en francés, que tiene algo de misterioso.
Hay una metáfora que he tenido ocasión de citar más de una vez (perdónenme la
monotonía, pero mi memoria es una vieja memoria de setenta y tantos años), aquella
metáfora persa que dice que la luna es el espejo del tiempo.
En alemán, la voz luna es masculina. Así Nietzsche pudo decir que la luna es un monje
que mira envidiosamente a la tierra, o un gato, Kater, que pisa tapices de estrellas.
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También los géneros gramaticales influyen en la poesía.
Decir luna o decir “espejo del tiempo” son dos hechos estéticos, salvo que la segunda
es una obra de segundo grado, porque “espejo del tiempo” está hecha de dos
unidades y “luna” nos da quizá aún más eficazmente la palabra, el concepto de la
luna. Cada palabra es una obra poética.
Se supone que la prosa está más cerca de la realidad que la poesía. Entiendo que es
un error. Hay un concepto que se atribuye al cuentista Horacio Quiroga, en el que dice
que, si un viento frío sopla del lado del río, hay que escribir simplemente: un viento frío
sopla del lado del río.
Quiroga, si es que dijo esto, parece haber olvidado que esa construcción es algo tan
lejano de la realidad como el viento frío que sopla del lado del río. ¿Qué percepción
tenemos? Sentimos el aire que se mueve, lo llamamos viento; sentimos que ese viento
viene de cierto rumbo, del lado del río.
Y con todo esto formamos algo tan complejo como un poema de Góngora o como una
sentencia de Joyce. Volvamos a la frase “el viento que sopla del lado del río”. Creamos
un sujeto: viento; un verbo: que sopla; en una circunstancia real: del lado del río. Todo
esto está lejos de la realidad; la realidad es algo más simple.
Tomemos el famoso verso de Carducci “el silencio verde de los campos”. Podemos
pensar que se trata de un error, que Carducci ha cambiado el sitio del epíteto; debió
haber escrito “el silencio de los verdes campos”.
Astuta o retóricamente lo mudó y habló del verde silencio de los campos. Vayamos a
la percepción de la realidad. ¿Qué es nuestra percepción? Sentimos varias cosas a un
tiempo. (La palabra cosa es demasiado sustantiva, quizá.) Sentimos el campo, la
vasta presencia del campo, sentimos el verdor y el silencio.
Ya el hecho de que haya una palabra para silencio es una creación estética. Porque
silencio se aplicó a personas, una persona está silenciosa o una campaña está
silenciosa.
Tenemos otro ejemplo famoso de hipálage, aquel insuperado verso de Virgilio “Ibant
oscuri sola sub nocte per umbra”; “iban oscuros bajo la solitaria noche por la sombra”.
Dejemos el per timbra que redondea el verso y tomemos “iban oscuros [Eneas y la
Sibila] bajo la solitaria noche” (“solitaria” tiene más fuerza en latín porque viene antes
de sub).
El lenguaje es una creación estética. Creo que no hay ninguna duda de ello, y una
prueba es que cuando estudiamos un idioma, cuando estamos obligados a ver las
palabras de cerca, las sentimos hermosas o no.
Al estudiar un idioma, uno ve las palabras con lupa, piensa esta palabra es fea, ésta
es linda, ésta es pesada. Ello no ocurre con la lengua materna, donde las palabras no
nos parecen aisladas del discurso.
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La poesía, dice Croce, es expresión si un verso es expresión, si cada una de las partes
de que el verso está hecho, cada una de las palabras, es expresiva en sí misma.
Ustedes dirán que es algo muy trillado, algo que todos saben.
Pero no sé si lo sabemos; creo que lo sentimos por sabido porque es cierto. El hecho
es que la poesía no son los libros en la biblioteca, no son los libros del gabinete
mágico de Emerson.
La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro. Hay otra
experiencia estética que es el momento, muy extraño también, en el cual el poeta
concibe la obra, en el cual va descubriendo o inventando la obra.
Según se sabe, en latín las palabras “inventar” y “descubrir” son sinónimas. Todo esto
está de acuerdo con la doctrina platónica, cuando dice que inventar, que descubrir, es
recordar. Francis Bacon agrega que, si aprender es recordar, ignorar es saber olvidar;
ya todo está, sólo nos falta verlo.
Cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Parto de un
concepto general; sé más o menos el principio y el fin, y luego voy descubriendo la
parte intermedias; pero no tengo la sensación de inventarlas, no tengo la sensación de
que dependan de mi arbitrio; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi
deber de poeta es encontrarlas.
Bradley dijo que uno de los efectos de la poesía debe ser darnos la impresión, no de
descubrir algo nuevo, sino de recordar algo olvidado.
Cuando leemos un buen poema pensamos que también nosotros hubiéramos podido
escribirlo; que ese poema preexistía en nosotros. Esto nos lleva a la definición
platónica de la poesía: esa cosa liviana, alada y sagrada.
Como definición es falible, ya que esa cosa liviana, alada y sagrada podría ser la
música (salvo que la poesía es una forma de música). Platón ha hecho algo muy
superior a definir la poesía: nos da un ejemplo de poesía. Podemos llegar al concepto
de que la poesía es la experiencia estética: algo así como una revolución en la
enseñanza de la poesía.
Si estos textos les agradan, bien; y si no les agradan, déjenlos, ya que la idea de la
lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria.
Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen
sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después,
el autor no ha escrito para ustedes. Déjenlo de lado, que la literatura es bastante rica
para ofrecerles algún autor digno de su atención, o indigno hoy de su atención y que
leerán mañana.”
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Soy casi incapaz de pensamiento abstracto, ustedes habrán notado que estoy
continuamente apoyándome en citas y recuerdos. Mejor que hablar abstractamente de
poesía, que es una forma del tedio o de la haraganería, podríamos tomar dos textos en
castellano y examinarlos.
Elijo dos textos muy conocidos porque ya he dicho que mi memoria es falible y prefiero
un texto que ya está, que ya preexiste en la memoria de ustedes. Vamos a considerar
aquel famoso soneto de Quevedo, escrito a la memoria de don Pedro Téllez Girón,
duque de Osuna. Lo repetiré lentamente y luego volveremos a él, verso por verso:
Lo primero que observo es que se trata de un alegato jurídico. El poeta quiere defender
la memoria del duque de Osuna, que según él dice en otro poema “murió en prisión y
muerto estuvo preso”.
El poeta dice que España debe grandes servicios militares al duque y que le ha pagado
con la cárcel. Estas razones carecen de todo valor, ya que no hay razón alguna para
que un héroe no sea culpable o para que un héroe no sea castigado. Sin embargo,
Estos dos versos no tienen mayor resonancia poética; fueron puestos por la necesidad
de elaborar un soneto: están, además, las necesidades de la rima. Quevedo seguía la
difícil forma del soneto italiano que exige cuatro rimas. Shakespeare siguió la más fácil
del soneto isabelino, que exige dos. Agrega Quevedo:
Podemos pensar en los campos de Flandres, en las campañas militares que libró el
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duque. “Y su epitafio la sangrienta Luna” es uno de los versos más memorables de la
lengua española. ¿Qué significa? Pensamos en la luna sangrienta que figura en el
Apocalipsis, pensamos en
la luna debidamente roja sobre el campo de batalla, pero hay otro soneto de Quevedo,
dedicado también al duque de Osuna, en el cual dice: “a las lunas de Tracia con
sangriento / eclipse ya rubrica tu jornada”.
O sea que al Vesubio lo encendió Ñapóles y Sicilia al Etna. Qué raro que haya puesto
estos nombres antiguos que parecen alejar todo de los nombres tan ilustres de
entonces. Y
Aquí tenemos otra prueba de que una cosa es la poesía y otra el sentir racional; la
imagen de los soldados que lloran hasta producir un diluvio es notoriamente absurda.
No lo es el verso, que tiene sus leyes.
Luego:
Tampoco, lógicamente, podemos justificarlo; no tiene sentido alguno pensar que Marte
alojó al duque de Osuna junto a César. La frase existe por virtud del hipérbaton. Es la
piedra de toque de la poesía: el verso existe más allá del sentido.
Yo diría que estos versos que me han impresionado durante años son, sin embargo,
esencialmente falsos. Quevedo se dejó arrastrar por la idea de un héroe llorado por la
geografía de sus campañas y por ríos ilustres.
Sentimos que sigue falsa; hubiera sido más verdadero decir la verdad, decir lo que dijo
Wordsworth, por ejemplo, al cabo de aquel soneto en que ataca a Douglas por haber
hecho talar una selva. Y dice, sí, que fue terrible lo que hizo Douglas con la selva, que
había derribado una noble horda, “una fraternidad de árboles venerables”, pero, sin
embargo, agrega, nosotros nos dolemos de males que a la naturaleza misma no le
importan, ya que el río Tweed y las verdes praderas y las colinas y las montañas
continúan.
Sintió que podía lograrse un mejor efecto con la verdad. Diciendo la verdad, nos duele
que hayan talado esos hermosos árboles, pero a la naturaleza nada le importa. La
naturaleza sabe (si es que existe un ente que se llame naturaleza) que puede renovarlos
y el río sigue corriendo.
Es verdad que para Quevedo se trataba de las divinidades de los ríos. Quizá hubiera
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sido más poética la idea de que a los ríos de las guerras del duque no les importara la
muerte del de Osuna. Pero Quevedo quería hacer una elegía, un poema sobre la
muerte de un hombre.
¿Qué es la muerte de un hombre? Con él muere una cara que no se repetirá, según
observó Plinio.
Cada hombre tiene su cara única y con él mueren miles de circunstancias, miles de
recuerdos. Recuerdos de infancia y rasgos humanos, demasiado humanos. Quevedo
no parece sentir nada de esto.
Pasemos a otro, de Enrique Banchs, Sería absurdo decir que Banchs es mejor poeta
que Quevedo. Además, ¿qué significan esas comparaciones?
Podemos recordar a Plotino. Quisieron hacerle un retrato y se negó: “Yo mismo soy
una sombra, una sombra del arquetipo que está en el cielo. A qué hacer una sombra
de esa sombra.”
Qué es el arte, pensaba Plotino, sino una apariencia de segundo grado. Si el hombre
es deleznable, cómo puede ser adorable una imagen del hombre. Eso lo sintió Banchs;
sintió la fantasmidad del espejo.
Realmente es terrible que haya espejos: siempre he sentido el terror de los espejos.
Creo que Poe lo sintió también. Hay un trabajo suyo, uno de los menos conocidos,
sobre el decorado de las habitaciones.
Una de las condiciones que pone es que los espejos estén situados de modo que una
persona sentada no se refleje.
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Lo vemos en su cuento William Wilson sobre el doble y en el cuento de Arthur Gordon
Pym. Hay una tribu antártica, un hombre de esa tribu que ve por primera vez un espejo
y cae horrorizado.
Nos hemos acostumbrado a los espejos, pero hay algo de temible en esa duplicación
visual de la realidad. Volvamos al soneto de Banchs. “Hospitalario” ya le da un rasgo
humano que es un lugar común.
Sin embargo, nunca hemos pensado que los espejos son hospitalarios. Los espejos
están recibiendo todo en silencio, con amable resignación:
Vemos el espejo, también luminoso, y además lo compara con algo intangible como la
luna. Sigue sintiendo lo mágico y lo extraño del espejo: “como un claro de luna en la
penumbra”.
Luego:
La “flotante claridad” quiere que las cosas no sean definidas; todo tiene que ser
impreciso como el espejo, el espejo de la penumbra. Tiene que ocurrir en la tarde o en
la noche. Y así:
... la flotante
claridad de la lámpara, y tristeza
la rosa que en el vaso agonizante
también en él inclina la cabeza.
Para que todo no sea vago, tenemos ahora una rosa, una precisa rosa.
Aquí llegamos al tema del soneto, que no es el espejo sino el amor, el pudoroso amor.
El espejo no espera ver reflejadas frentes juntas y manos enlazadas, es el poeta quien
espera verlas.
Pero una suerte de pudor lo lleva a decir todo eso de manera indirecta y esto está
admirablemente preparado, ya que desde el principio tenemos “hospitalario y fiel”, ya
desde el principio el espejo no es el espejo de cristal o de metal.
Hay una diferencia esencial con el soneto de Quevedo, y es que sentimos de inmediato
la vivida presencia de la poesía en aquellos dos versos
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y su epitafio la sangrienta Luna.
He hablado de los idiomas y de lo injusto que es comparar un idioma con otro; creo
que hay un argumento que es suficiente y es que, si pensamos en un verso, una
estrofa española, por ejemplo, si pensamos
No importa que esa ventura fuera un barco, no importa el conde Arnaldos, sentimos
que esos versos sólo pudieron haberse dicho en español. El sonido del francés no me
agrada, creo que le falta la sonoridad de otros idiomas latinos, pero ¿cómo podría
pensar mal de un idioma que ha permitido versos admirables como el de Hugo,
Que malamente se traduce por “y sacudir de nuestra carne harta del mundo el yugo de
las infaustas estrellas”. En español no es nada; es todo, en inglés.
Si tuviera que elegir un idioma (pero no hay ninguna razón para que no elija a todos),
para mí ese idioma sería el alemán, que tiene la posibilidad de formar palabras
compuestas (como el inglés y aún más) y que tiene vocales abiertas y una música tan
admirable. En cuanto al italiano, basta la Comedia.
Nada tiene de extraño tanta belleza desparramada por diversos idiomas. Mi maestro, el
gran poeta judeo-español Rafael Cansinos-Asséns, legó una plegaria al Señor en la
que dice “Oh, Señor, que no haya tanta belleza”; y Browning: “Cuando nos sentimos
más seguros ocurre algo, una puesta de sol, el final de un coro de Eurípides, y otra vez
estamos perdidos.”
Yo debí estudiar más las literaturas orientales; sólo me asomé a ellas a través de
traducciones. Pero he sentido el golpe, el impacto de la belleza. Por ejemplo, esa línea
del persa Jafez: “vuelo, mi polvo será lo que soy.”
Está en ella toda la doctrina de la trasmigración: “mi polvo será lo que soy”, renaceré
otra vez, otra vez, en otro siglo, seré Jafez, el poeta. Todo esto dado en unas pocas
palabras que he leído en inglés, pero no pueden ser muy distintas del persa.
Mi polvo será lo que soy es demasiado sencillo para haber sido cambiado.
Creo que es un error estudiar la literatura históricamente, aunque quizá para nosotros,
sin excluirme, no pueda ser de otro modo.
Hay un libro de un hombre que para mí fue un excelente poeta y un mal crítico,
Marcelino Menéndez y Pelayo, que se titula Las cien mejores poesías castellanas.
Encontramos ahí: “Ande yo caliente, y ríase la gente.”
Si ésa es una de las mejores poesías castellanas, nos preguntamos cómo serán las no
mejores. Pero en el mismo libro encontramos los versos de Quevedo que he citado y la
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“Epístola” del Anónimo Sevillano y tantas otras poesías admirables. Desgraciadamente
no hay ninguna de Menéndez y Pelayo, que se excluyó de su antología.
La belleza está en todas partes, quizá en cada momento de nuestra vida. Mi amigo
Roy Bartholomew, que vivió algunos años en Persia y tradujo directamente del farsí a
Ornar Jaiam, me dijo lo que yo ya sospechaba: que, en el Oriente, en general, no se
estudian históricamente la literatura ni la filosofía.
De ahí el asombro de Deussen y Max Müller, que no pudieron fijar la cronología de los
autores. Se estudia la historia de la filosofía como diciendo Aristóteles discute con
Bergson, Platón con Hume, todo simultáneamente.
Concluiré citando tres plegarias de marineros fenicios. Cuando la nave estaba a punto
de hundirse estamos en el primer siglo de nuestra era, rezaban alguna de esas tres.
Dice una de ellas:
El hombre no concibe otro destino; y asoma la idea del tiempo cíclico. Por último, ésta
que es harto conmovedora y que es distinta de las otras porque no implica la
aceptación del destino; es el hecho desesperado de un hombre que va a morir, que va
a ser juzgado por terribles divinidades y dice:
He leído esas tres plegarias de marineros fenicios en el cuento de Kipling “The Manner
of Men”, un cuento sobre San Pablo.
¿Son auténticas, como malamente se diría, o las escribió Kipling, el gran poeta?
Después de formularme la pregunta sentí vergüenza, porque ¿qué importancia puede
tener elegir? Veamos las dos posibilidades, los dos cuernos del dilema.
En el primer caso, se trata de plegarias de marineros fenicios, gente de mar, que sólo
concebían la vida en el mar. Del fenicio, digamos, pasaron al griego; del griego al
latín, del latín al inglés. Kipling las reescribió.
Todo ocurrió en el pasado: los anónimos marineros fenicios han muerto, Kipling ha
muerto. ¿Qué importa cuál de esos fantasmas escribió o pensó los versos?
Una curiosa metáfora de un poeta hindú, que no sé si puedo apreciar del todo, dice:
“El Himalaya, esas altas montañas del Himalaya [cuyas cumbres son, según Kipling,
las rodillas de otras montañas], el Himalaya es la risa de Shiva.” Las altas montañas
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son la risa de un dios, de un dios terrible.
Voy a concluir con un alto verso del poeta que en el siglo diecisiete tomó el nombre
extrañamente poético, real, de Ángelus Silesius. Viene a ser el resumen de todo cuanto
he dicho esta noche, salvo que yo lo he dicho por medio de razonamientos o de
simulados razonamientos: lo diré primero en español y después en alemán, para que lo
oigan ustedes:
Die Rose ist ohne warum; sie blühet weil sie blühet.
1.2. CRONICA
Qué es Crónica:
La crónica es una narrativa histórica que expone los hechos siguiendo un orden
cronológico. La palabra crónica viene del latín chronica, que a su vez se deriva del
griego kronika biblios, es decir, libros que siguen el orden del tiempo, según el término
griego chronos que significa tiempo.
En los periódicos, las revistas y la televisión, la crónica es una narración corta escrita o
hablada por el mismo autor y publicada en una sección habitual del periódico, de la
revista o del programa de televisión, donde son relatados hechos cotidianos y otros
asuntos relacionados con el arte, el deporte, la ciencia, etc.
Estado de la cuestión
Periodismo y Literatura
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serie de principios determinantes en la definición de uno y otro campo.
Desde una instancia epistemológica, López Alcón (2015) enuncia cómo el Periodismo
ha reivindicado tradicionalmente su posición objetiva mientras que la Literatura se ha
asociado a una vertiente de ficción y ficción realista.
La autora declara que el Periodismo aborda aquella realidad compuesta por “un reflejo
de sujetos que la imaginan y la crean a través de un lenguaje que empalabra lo
existente”.
Pero el periodista, como explica Gil González (2004), procede a la interpretación tras
realizar la “operación lingüística” de adaptar lo sucedido a palabras “en un espacio
periodístico previamente elegido” (p.31).
Por otra parte, Genette (1993) apunta cómo “la triada épico-dramático-lírico” trata de
repudiar el monopolio ficcional.
Puede entonces deducirse que la distinción primaria entre Periodismo y Literatura, por
la cual se considera que el primero retrata una realidad, mientras que la segunda
expone hechos ficticios, queda descartado al abarcar la Literatura no solo ámbitos
ficcionales sino también comprender terrenos poéticos o no ficcionales.
Los trabajos que “no simulaban una realidad mediante la ficción, sino que daban
carácter de ficción a la realidad” (p.337), utilizaban los mismos métodos de
observación y pesquisa que podían emplearse para la elaboración de aquellos textos,
que, por su propia naturaleza, debían responder al carácter de veracidad.
Aunque, cabe añadir que, las relaciones de hibridación entre ambos campos,
Periodismo y Literatura, en el ámbito de la prosa, no se produjeron por primera vez en
el contexto del Nuevo Periodismo. El ejemplo más antiguo de esta hibridación
corresponde al Siglo de Oro, concretamente a Andrés de Almansa y Mendoza,
considerado uno de los fundadores del Periodismo, y a quien se le atribuyen rasgos
posteriormente presentes en el Periodismo de Larra.
Este fenómeno logra visibilizar, por un lado, que Periodismo y Literatura han estado
asociados desde un primer momento (Gutiérrez Carbajo, 2007), y, por otro, que el
Nuevo Periodismo, aquella actitud estilística enmarcada en el ámbito de la prensa
británica y norteamericana desde la década de los 60 hasta mitad de los 70, puede
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incluirse como una rama dentro del periodismo literario, ya que rescató, y no inventó,
herramientas de expresión (Cuartejo, 2017).
Con ello, la autora se refiere a la convicción de que en Periodismo “se debe contar
noticias y no crearlas” y que el “periodista ha de aplicar una mirada que no esté
condicionada por una excesiva especialización”.
Durante la Guerra Civil, relatan Casciani y Mare (2016) que “el carácter espasmódico y
discontinuo de la redacción contribuyó a la generalización de la prosa breve y la
poesía”, convertida en “el género literario por excelencia de la hora”. Su perfil de
denuncia produjo el arranque de una “literatura de memoria histórica, que respondía
con la agilidad propia del periodismo” (Riaño, 2011). Así, la poesía se convirtió “en un
arma cargada de presente” (Domínguez, 2014), pasando de hermética (abstracta e
intimista) a militante (Bertrand de Muñoz, 2001, p.91).
La exhibición más popular del género fueron las coplas y los romances, de hecho, se
despertó “un torrente de expresión poética que se materializó en una inmensa
producción conocida como el Nuevo Romancero” (Domínguez, 2014) que, según
cuenta Vicente (1994), realmente no cumplía con el esquema formal del romancero.
Con este movimiento, explica Riaño (2011), surge una “literatura de circunstancia”
causante del fenómeno sociocultural por el cual los libros perdieron protagonismo
mientras que las revistas tomaron el frente y la retaguardia.
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frases enteras de los telegramas y partes de guerra, con el objetivo de narrar los
episodios acontecidos. El poeta, afirma Martínez (2014), “podía ser un combatiente
más, escribir durante los descansos entre batallas, situarse en la retaguardia o bien
alejarse de España y referirse al conflicto bélico desde la lejanía”.
La poesía se manifestaba por diversas vías, ya fuese en los recitales emitidos por la
radio, los actos públicos, o las publicaciones de los periódicos o las de las trincheras.
Recitaban poesía escritores de oficio, como Miguel Hernández, o milicianos y
soldados. Incluso, explica Soira (2016), “se llegaron a hacer concursos de poesía en
las trincheras, especialmente durante el asedio de Madrid”. Así, en los diarios y
boletines comenzó a publicarse una poesía que ya no cumplía únicamente con un valor
estético, sino que priorizaba el conflicto de la contienda.
Afirmar de manera categórica que existen una serie de rasgos inapelables en torno a la
crónica, sería imposible considerando las nutridas aportaciones sobre el género
realizadas desde la Academia.
Es decir, el autor radiografía la noticia, brinda hechos objetivos, y conecta con el lector
mediante aportes subjetivos sin que se resuma en un ejercicio donde simplemente se
añadan a una noticia comentarios y juicios de valor que han sido adornados con
literatura. Sin embargo, en sus inicios, la crónica solo se utilizaba para la transmisión
de acontecimientos históricos.
En España, la mayoría de los estudiosos sitúan sus orígenes en las crónicas de Indias.
(p.132) Estos relatos, según apunta Cabrol (2009), “son escritos por emisores que
protagonizan simultáneamente los acontecimientos”.
Añade que la “necesidad informativa” inducía a un cariz expresivo porque “en aquel
contexto, el asombro y el "yo lo vi" se traducen por medio de la metaforización
discursiva, sin un propósito estético, aunque sí pragmático, pues sus fines no eran
literarios” (p.1).
El texto de Gil González (2004) señala que el término crónica comienza a emplearse
con una voluntad histórica tras la redacción, en 1275, de la Primera Crónica General.
Y, afirma que “el gran desarrollo de la crónica como fuente de conocimiento histórico
se produjo entre los siglos IX y XIV, siendo los monjes los encargados de su cultivo”
(p.27).
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Esto produce que la historiografía se erija “como uno de los pilares de la formación de
los nobles, que buscan en las crónicas ejemplos del pasado, justificaciones del
presente y, en algunos casos, entretenimientos dignos" (Alvar, citado en Gil González,
p.28).
En 1906, Mainer (citado en Martín Vivaldi, 1973) declara que “la crónica es comentario
e información”, es decir, “la referencia de un hecho en relación con muchas ideas”.
Años después, Martín Vivaldi (1973) la define como “la valoración del hecho al tiempo
que se va narrando” donde el cronista “pone en su narración un tinte personal” (p. 128)
mientras que, Martínez Albertos (2007), alude al manual de Graña González (1930)
para explicar la narración característica de este formato.
La autora explica que el ejercicio de este segundo tipo supone la expansión del
ejercicio periodístico al unificar en una misma imagen información con experiencia.
Esta situación, bien la explica Borrat (2002) al afirmar que el Periodismo no es “una
disciplina científica y autónoma”, sino que “se nutre de abordajes múltiples,
complementarios o contradictorios que investigan la comunicación y teorizan sobre ella
con paradigmas alternativos” (p.55).
Es por ello que las prácticas periodísticas “y por ende sus productos, los géneros
periodísticos, no permanecen invariables en el tiempo, sino que van transformándose a
medida que cambia la realidad que constituye su materia prima” (p.11).
Con ello, Mejía Chiang (2012) declara que sin haber “un panorama anárquico en la
clasificación de los géneros, es innegable la existencia de ciertas variaciones en el
orden y colocación de las especies estilísticas”.
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Con la Revolución Industrial, explica Humanes (1997), “los periódicos dejaron de ser
pequeños negocios para convertirse en empresas capitalistas”, con lo que el hecho de
que España demorase su modernización produjo un consecuente retraso en el proceso
de profesionalización, pues, a pesar de que “siempre han existido oficios relacionados
con la recopilación y difusión de información, es dudoso que esas tareas se realizasen
profesionalmente”.
Con ello, la autora de la tesis deduce que en el decenio de 1930 aún no podía
calificarse al Periodismo como profesión. Asimismo, Auber (2010) alega que el
Periodismo, a pesar de tomar un cariz industrial, no podía sentenciarse de “más
profesional” pues su ejercicio tenía principalmente una motivación política.
Afirma que en los periódicos escribían jóvenes con deseos de convertirse en literatos
“hasta tal punto que la obra de casi todos los escritores importantes de la época está
hecha de artículos de prensa”.
Las facultades periodísticas se concebían como aptitudes innatas, con lo que había
una generalizada oposición al “establecimiento de una instrucción regulada a través de
escuelas especiales” (Humanes, 1997, p.108).
No obstante, los cursos organizados a finales del siglo XIX en Salamanca o en Madrid
por la Asociación de la Prensa, muestran la pretensión por construir algún tipo de
institución formativa. No es hasta 1926 cuando “surge la escuela libre del diario
católico el debate, dirigido por herrera oria” y ya, en “1932, se inician los cursos
normales de cinco años de duración en dicha escuela, ciclo que no pudo llegar a
completarse porque el debate y su escuela de periodismo fueron suprimidos por el
gobierno del frente popular al declararse la guerra civil” (Fernández, 1993, p.152).
Teniendo en cuenta las características que dicta Humanes (1997, pp. 47-57) para
considerar al Periodismo una profesión, es decir, ser servicio a la sociedad, controlar el
propio trabajo y ofrecer un sistema de formación profesional; puede afirmarse que,
durante el periodo analizado, la profesión periodística aún no estaba constituida.
[...] no hay poder alguno que limite la facultad de hablar a un hombre adinerado. Por
añadidura, la Prensa está generalmente organizada como una industria vulgar, cuyo fin
consiste en vender, sea como fuere, el mayor número posible de ejemplares.
[...] los periódicos nacen para ponerse al servicio de los intereses comunes. Pero en
realidad, la opinión pública no tiene control alguno sobre esos periódicos que
constantemente hablan en su nombre. [...] Precisamente, uno de los problemas que
ha de resolver todo periódico es el de fijar en qué medida debe transigir con los
gustos, frecuentemente turbios y necios, del público para no perder la popularidad [...]
| POESÍA Y CRÓNICA
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Ambos comentarios incitan a pensar que, durante el contexto analizado, tanto la
deontología periodística, como la perfilación del estilo, aún no estaban constituidas a
pesar de que ya hubiese instaurada toda una práctica mercantil en torno al periódico.
Se trata de un momento en el que se trabaja por definir y modelar la figura del
periodista para que el “obrero intelectual” (Graña, 1930, p.47) poseyese tanto cultura
general, como nociones pertenecientes a los tres pilares sobre los que se constituía el
periódico: la Administración, la Imprenta y la Redacción, que abarcaba tanto la
composición como la interpretación.
A principios del siglo XX tan solo Manuel Graña (1930) y Nicolás González (1953)
examinaron las prácticas periodísticas en España estableciendo relaciones entre
Periodismo y Literatura. Describe Lopez Alcón (2015):
Estos dos autores distinguieron las composiciones periodísticas que reclaman el uso de
la Literatura (los recursos estéticos del lenguaje) y aquellas que se prestan para la
cobertura de temas de interés humano, categoría envolvente de lo literario, en cuanto
permite profundizar en la condición humana. Sin embargo, el resto de manuales de
periodismo ignoraron estos temas.
Por esta razón, y teniendo en cuenta el periodo temporal de análisis de este trabajo,
puede asistirse al tratado de Graña González La escuela de Periodismo. Programas y
métodos publicado en 1930. En el noveno capítulo del manual, el autor declara que “la
crónica admite una gran variedad de fondo y forma” (p.204) y afirma que alberga “una
significación tan vaga y genérica que no es posible fijar sus límites” (p.203).
Graña señala cómo las crónicas pueden tener un formato literario o informativo, no
tanto por el contenido sino por la elocución (p.204), y manifiesta que la necesidad de
separar estos dos tipos solo es por una cuestión didáctica ya que, en este caso,
“tampoco es posible señalar la línea divisoria entre ambas”.
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19
Graña cuenta que “las crónicas de tipo expositivo pueden dotarse de una manera más
“pintoresca de representar la realidad” cuando se “dramatiza por medio de ficciones
literarias” al facilitar la lectura con diálogos y figuras descriptivas (p.209). En cuanto a
la forma de trabajar la crónica, desarrolla una serie de puntos como son: los materiales
de trabajo, la finalidad, la planificación, los párrafos, el principio, el estilo y los títulos.
En referencia a los materiales, manifiesta que han de tener interés informativo para el
lector, aunque se añadan “otros más sutiles como el del valor del comentario, del
estilo, de la oportunidad, de la autoridad de la firma, etc.”
Eso significa que “la idea más importante” o “la frase más saliente” irán al principio. La
extensión de estos dependerá del asunto, tono, forma retórica o contenido, e irán
acorde a los “grupos naturales” de asociación de ideas, solo que estas serán
plasmadas siguiendo un proceso dialéctico (p.210). Con respecto al principio de la
crónica, se relata su relevancia al expresar que supone “reclamo, promesa y noticia
completa a la vez, aun formando parte integral del conjunto”
En cuanto al título, Graña observa que “ha de ser una promesa halagüeña pero
honrada” de la lectura (p.219). La redacción del mismo se logra al sintetizar el
contenido en “una expresión sugestiva, concisa y concreta”, pues, esta práctica, no se
basa en condensar la crónica en una frase que caiga en generalidades “por el deseo
de ser conciso”.
Referido al estilo, Graña opina que “no se pueden dar reglas para este arte
personalísimo e inimitable” (p.213) puesto que el “splendor ordinis” y el “dinamismo
emotivo” constituyen perspicacias del artista (p.214). También cuenta que la
composición periodística se configura con la cultura, las noticias y las ideas; y que “sin
este fondo de realidad, que por serlo es verdadero, no hay estilo periodístico, aunque
se hagan con el idioma y la imaginación todas las filigranas inimaginables”
Pero, a pesar de esta situación, “en los pasajes de exaltación lírica o de tensión
dramática, en un dialoguito o discusión animada, en las transiciones, en un final
enérgico, las frases cortas, incisivas, esplendentes de claridad, de intensidad
comprimida, son el más apropósito”
RESULTADOS
| POESÍA Y CRÓNICA
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civil”. Pero, a diferencia de los “artículos de primera necesidad” como los diarios, las
proclamas, los carteles y las hojas volanderas; busca transmitir los hechos a los
“camaradas o simpatizantes esparcidos por el mundo” en un tono literario.
Y, de esta manera, plasmar la “creación artística en medio del conflicto”. Es así como,
partiendo de la declaración de intenciones de la revista, puede pluralizarse tanto la
finalidad de cada poema publicado durante el primer semestre de la revista, como la
técnica narrativa empleada.
Para verificar o refutar las hipótesis planteadas se examina la presencia de los demás
rasgos definitorios de la crónica periodística, según el manual de Graña González, a
partir del análisis de los 38 poemas (véase Tabla 2.) publicados en la sección Ensayos
y Poesía, crítica al servicio de la causa popular, colocada al inicio de la revista y
decorada por una viñeta de Ramón Gaya, diferente en cada número.
El mes en el que más composiciones se divulgan es abril, con nueve poemas; mientras
que los meses con menor número de publicaciones, cinco, son febrero y junio. Graña
González declara que la crónica no ha de ser un relato impersonal o anónimo, con lo
que cabe señalar que todos los poemas de la muestra presentan autoría.
Un detalle relevante ya que, durante el contexto de la Guerra Civil, la figura del poeta
desterró la concepción clásica de literato; originando así publicaciones con poemas
anónimos u obras de poetas desconocidos.
En el caso de Hora de España, la última hoja de cada fascículo contaba con el nombre
de todos los integrantes de la revista, tanto el de los redactores del número, como el
de los miembros del Consejo de Colaboración (Benci, 2003).
Así, el resultado del análisis del primer semestre de Hora de España se expone por
autores según una relación de cantidad. De manera que en primer lugar se comentan
las composiciones de Arturo Serrano Plaja, al contener la revista diez de sus poemas,
y, en último, el poema de Rosa Chacel, pues, aunque otros poetas cuentan con una
sola pieza en la revista, esta composición es la última publicada. Con lo que, para
aquellos autores con un solo poema, se ha seguido un orden dictado por su aparición
en la revista.
Arturo Serrano Plaja (San Lorenzo del Escorial, 1909- California, 1979)
Serrano Plaja, como narra Provencio (1944), estuvo ligado a la ciudad de Madrid desde
su infancia y, así, cuando en noviembre de 1936 el Gobierno y los intelectuales se
trasladan a Valencia, el poeta permanece en la capital para luchar contra su asedio.
Además, López García (2008) cuenta que el madrileño participó activamente en los
frentes bélicos e intelectuales de la Guerra, por lo que se alistó en el Quinto Regimiento
y colaboró con numerosos artículos y poemas en las principales publicaciones
antifascistas.
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21
verso dos del canto VI. Con lo que Serrano Plaja desarrolla esta idea a lo largo de las
siete partes, otorgando unidad temática al Canto completo.
En oposición, tanto en Los impresores, Los albañiles o Pueblo traicionado con “¡Qué
norma inolvidable sube de nuestro pueblo como un vapor de tierra mojada en la
tormenta!”; la frase inicial no supone resumen alguno de la composición.
En las composiciones de junio las oraciones albergan menos de veinte palabras, pero
los poemas de abril presentan frases de dilatada extensión. Ninguno de los textos de
Serrano Plaja constituye material de interés informativo o describe una realidad visible.
En consecuencia, tampoco proceden ni a la descripción del ambiente ni a la
interpretación del contexto.
Sin embargo, las ideas se van encadenando, configurando proposiciones en las que se
distinguen comentarios valorativos del autor. Ocurre en el canto V, “¿Quiénes son
hombres libres sino los opulentos?”; el VI, “[...] venid hacia nosotros y olvidaréis lo
triste porque no hay tristeza entre nosotros sino profundo duelo, patética alegría”, el
VII, “Mueran los sentimientos filiales y paternos”; Los impresores, “[...] llegan hasta
nosotros [...] de vuestra noble mano solidaria”; Los albañiles, “[...]
tienen que comenzar y han comenzado las obras de los hombres [...]”; o en Pueblo
traicionado, “Tocarse era sentirse llagado eternamente [...]”.
El título de los poemas de abril resulta una elección coherente y anticipativa del
contenido, del mismo modo que sucede con las composiciones de junio pues, en los
poemas del libro El hombre y el trabajo, son precisamente los oficios de impresor y
albañil la materia de discurso sobre la que el autor plantea la consagración del trabajo.
Con lo que tanto Los impresores como Los albañiles disponen de un título sintético en
cuanto a la materia expuesta. Por otro lado, Pueblo traicionado revela en el propio
texto la misma oración que lleva por título cuando tras la redacción del planteamiento,
en el verso 45 con “¡Oh malvenida España, oh pueblo traicionado!”, el autor llega al
núcleo de la composición.
De modo que también resulta un adelanto sobre el contenido del poema. En todas las
composiciones las ideas se van desarrollando, aunque en Canto a la libertad la idea
vertebral del texto surge tras la lectura conjunta de cada Canto.
Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902 - ibídem, 1999)
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Alberti, que manifiesta un cambio en su obra a partir de su acercamiento a la política
(Jiménez Gómez, 2003), funda la revista Octubre en 1933, junto a su esposa, María
Teresa León. “La primera revista literaria que mantuvo una estrecha vinculación con la
Unión Internacional de Escritores Revolucionarios” (Sobrino Vegas, 2012, p.658).
Los ocho poemas publicados de Alberti se agrupan bajo el título Capital de la Gloria,
tanto en el número de febrero como en el de mayo. En la extensión de las frases
prevalece la oración corta, aunque en algunos casos el número de palabras por frase
es similar por una mera cuestión de exaltación lírica. Los párrafos acogen una idea
individual, salvo en De río a río donde el texto no dispone de separaciones.
También ocurre en Los campesinos, “Se ven marchando, duros, color de la corteza
que la agresión del hacha repele y no se inmuta”, y en Lejos de la Guerra, o A las
Brigadas Internacionales donde se exhibe cómo la causa republicana toma una
extensión internacional a pesar de que los voluntarios hayan asumido un compromiso
que les conduzca a morir en una tierra que les es desconocida, “Venís desde muy
lejos… Mas esta lejanía ¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras?”
En A Niebla, mi perro el título resulta bastante verídico en cuanto a la razón del texto,
pero la primera frase no actúa como un compendio del poema, sino que se limita a dar
paso a las sucesivas reflexiones sobre la manifestación de la dicha y el pesar social. El
título de Vosotros no caísteis está vinculado al clímax de la composición, donde el
poeta expone su propia deducción sobre los hechos, con lo que puede afirmarse que
es una promesa certera de la lectura.
Cabe mencionar que el título del poema se contrapone a la primera frase: “¡Muertos al
sol, al frío, a la lluvia, [...]!”. De esta forma, el primero trata sobre la vida eterna de
los fallecidos en tanto que la segunda aborda la muerte. Esta primera frase, opuesta a
la conclusión del texto, “A los vivos, hermanos, nunca se les olvida. [...] No sois la
muerte [...]”, no logra resumir la pieza completa, como tampoco sucede en Monte de
El Pardo o De río a río
El título que presenta Madrid-otoño concuerda con el asunto tratado ya que, en él, la
ciudad se equipara con la estación a través de una serie de metáforas. Es decir, hace
referencia al aspecto alegórico del texto, pero no a las descripciones objetivas de
Madrid o al resto de interpretaciones que el autor ejecuta a partir de su realidad visible.
En consecuencia, puede afirmarse que, la concisión del título origina un enunciado
genérico que resulta superficial al no referirse a las demás dimensiones del texto.
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23
Esta práctica también se manifiesta en Los Campesinos, donde la riqueza social del
testimonio a partir de una realidad observable genera un material informativo de interés
humano que define y analiza la realidad, “[...] van los hombres del campo como
inmensas simientes a sembrarse en los hondos surcos de las trincheras”. Así, estos
dos poemas, tienen interés informativo. Por otra parte, la descripción del ambiente es
visible tanto en Madrid-otoño, como en Monte de El Pardo, “Tanta lumbre
desparramada a carros por valles y colinas”; o en Los campesinos, “Huelen los
capotones a corderos mojados [...] uncido a los estiércoles [...]”.
La valoración personal queda visible tanto A Niebla mi perro, “[...] nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada, la fe, que es alegría, [...]”; Vosotros no
caísteis, “Cantad ya con nosotros, con nuestras multitudes [...]”; A las Brigadas
Internacionales, “Quedad, que así lo quieren los árboles [...] ¡Hermanos!”; en De río a
río, “Le dije, aprovechando su inmóvil apariencia [...]”; o en Monte de El Pardo, “[...]
todo esto me remuerde, me socava, me quita ligereza de los ojos [...]”, aunque
también tenga características descriptivas.
En Lejos de la Guerra, donde hay descripción del entorno sin ambiente, pero con
valoración personal; se compara el paisaje parisino con el madrileño para denunciar la
ausente intervención francesa en el conflicto español, “[...] os traigo [...]
desangradas orillas del pobre Manzanares, un saludo enramado de sus libertadoras,
destrozadas encimas [...] se me angustian las venas subiendo a mis pupilas caras
desenterradas [...]”. En todos los poemas, salvo en De río a río, se plasma
claramente una frase a modo de remate. Por ejemplo, en Madrid-otoño, “Ciudad,
quiero ayudarte a dar a luz tu día”; o en A las brigadas internacionales, “Madrid con
vuestro nombre se agranda y se ilumina”.
Uno de los temas abordados es el paso del tiempo, tanto en el primer poema, donde
Altolaguirre narra las emociones que le provoca el transcurrir del tiempo en una
atmósfera donde reiteradamente se manifiesta la muerte; como en el segundo, que
asocia la consumación de la guerra al fin de un periodo cuyo desenlace no beneficiará
a todos los intereses. La cuarta pieza aborda los efectos de la guerra y declara que,
tras su estallido, el empleo del lenguaje se ha modificado al adquirir implicaciones de
carácter político.
Otro núcleo temático es la muerte, así, el tercer poema explica cómo las últimas bajas
producidas al final de la contienda significan la consumación de un periodo y la llegada
de una fase cuyo desarrollo es desconocido. Igual ocurre con el quinto, que vincula la
paz con la muerte, al ser esta un fenómeno cuya experimentación supone un suceso
de dicha. Además, cabe señalar que, la oración con la que se inicia esta pieza, “La
última muerte de esta guerra se desprendió de su ruina”, lleva integrada el título de la
sección.
Se observa cómo todos los poemas están vinculados al título de la sección, incluso el
| POESÍA Y CRÓNICA
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cuarto, donde Altolaguirre trata la extinción del lenguaje y de su propia lírica como otra
forma de muerte. Las composiciones presentan claridad y la extensión de sus frases es
reducida, salvo en el cuarto poema.
En el caso de la primera pieza, existe contraste entre el grupo de oraciones breves y el
de las extensas puesto que el primero pretende crear tensión dramática, mientras que
el segundo tiene una función incisiva.
En el cuarto poema, el texto aparece seguido y sin divisiones. Sin embargo, no supone
un impedimento para el progresivo desarrollo de las ideas del texto. Los párrafos
presentes en todo el poemario aportan información individual a la idea de conjunto
transmitida salvo en el tercer poema, ya que tres párrafos, desde el verso 21 al 32,
hacen referencia a la misma noción.
Es decir, el autor interpreta el contexto, pero no a partir de sucesos visibles, sino que
desarrolla su opinión crítica. Ocurre en la composición II, la IV o en la III, donde se
narra cómo los voluntarios que defendían la causa republicana celebran no haber
fallecido, pero temen por su futuro, pues no desean someterse a quienes vencieron en
la batalla.
La I, sin embargo, tiene un cariz más íntimo al abordar su anhelo por morir al haberle
sido arrebatado su estilo de vida. Lo mismo sucede en la V y la VI, la elegía a Lorca,
pues, aun partiendo de un hecho informativo, supone un espacio donde se plasma la
interioridad del autor, “No es dolor fraternal, no es pena humana, es parte mi pesar del
sentimiento que hace de las estrellas pensativas flores sobre la noche que te cubre”.
En cuanto al inicio de los textos, se observa una síntesis del contenido en la primera
frase en el poema II, el III, el V que es un poema circular, “Ultima muerte: la paz”; y el
VI, “Me olvido de vivir si te recuerdo, [...] y te incorporo a mí como lo hace la parte
más cercana de tu tumba.” Contrariamente, todas las composiciones presentan un
remate, como, por ejemplo, la del cuarto poema, “Canto el odio de un pueblo que
renace desgarrando una entraña de verdugos.”
En la segunda década del siglo XX se instala en Madrid para publicar sus primeros
poemas e iniciar su labor como crítico de arte. Allí, se aloja en la Residencia de
Estudiantes de manera casi ininterrumpida hasta el estallido de la guerra (García
Alonso y González Presencio, 2017, p.216). En 1937 viaja al continente americano
para impartir una serie de conferencias por encargo de la Junta de Cultura del Gobierno
de la República. Sin embargo, al llegar a México, adelantó el exilio que se prolongaría
hasta su muerte ya que nunca más volvió a España (Mora Valcárcel, 1987, p.99).
El primer texto describe los efectos visibles de la Guerra Civil en la ciudad de Madrid y,
posteriormente, interpreta las consecuencias que el conflicto generará en la ciudad. El
otro enumera las actividades propias de la contienda y valora que el instrumento más
importante en la guerra no es la palabra sino el raciocinio.
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El segundo poema de la serie, Revelación, señala que la realidad de la contienda
provoca que el individuo conozca lo que realmente ama en la vida. Además, relata
cómo las motivaciones durante la guerra se convierten en consuelo o estímulo.
Puede observarse, por tanto, cómo los cuatro poemas están íntimamente ligados al
tema de la guerra, siendo el primero una descripción de sus efectos en Madrid, el
segundo una muestra de sus repercusiones personales, el tercero una imagen de la
rutina que genera, y el cuarto una representación sobre las prácticas que origina. En
todos los poemas el título individual resulta concreto en relación al asunto tratado, a
excepción del segundo que es más ambiguo.
El escritor publica un total de cuatro poemas, el mismo número que Moreno Villa, con
la salvedad de que lo hace de forma fraccionada; es decir, dos en la revista de enero,
reunidos bajo el título Poemas de la revolución; y otros dos en la de mayo. Aunque
durante los años de la República la obra de Gil-Albert fue más conflictiva (Peña,
2004), se caracteriza porque en su literatura de las memorias presenta un carácter
meditativo en el que pretende estudiarse a sí mismo como individuo (Bellveser, 2004).
En todos los poemas se manifiesta progresión de las ideas, por ejemplo, en A una
casa de campo (Elegía) primeramente se hace referencia a la casa, un símbolo que
representa lo conocido. El hecho de que esté deshabitada implica la pérdida de su
finalidad, pues la ausencia de las personas que vivían allí, de aquellos para los que
tenía sentido llamar hogar a ese entorno, hace de la casa un lugar exánime.
Después, el poema aborda el estallido de la guerra, momento del verano en que los
jóvenes se marchan en un camión de la milicia. El autor comenta que el entorno natural
es ajeno a las determinaciones de los hombres y, sin embargo, las próximas
estaciones serán distintas de las acostumbradas ya que los acontecimientos
relacionados con desastres sociales provocan una fuerte sensación de inestabilidad.
Por último, el poeta explica que el hecho de modificar su estado metafísico no será
relevante para el resto de personas, pues su muerte será tan natural como la
irremediable actitud de supervivencia que caracteriza al ser humano.
El segundo poema de enero, Despedida de un año, versa sobre cómo finaliza el año
que ha producido una alta mortandad en la población, aquel en el que se inicia la
guerra civil española. El tiempo representa la libertad para los muertos y un presente
para los vivos. Además, permite a las personas sanar tanto sus daños físicos como los
mentales. Se narra cómo, con el paso del año, se ha comprobado que España,
aunque sus ciudades estén destruidas y sus campos devastados, no pierde la
esperanza de abandonar la melancolía que asola un día tras otro.
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En Palabras a los muertos, del ejemplar de mayo, se tratan las cuantiosas y continuas
bajas en la guerra, ya que estas, inevitablemente, crean conciencia sobre la
destrucción y el fin de la vida. Tal es el punto de empatía que, se afirma, podría
sentirse el instante en el que alguien más muere en una batalla que se prolongará
durante años. Gil-Albert añade que siempre habrá quien, distraído por la victoria, evite
pensar en las recientes muertes, al tiempo que otros honren la memoria de quien yace
sobre la tierra que intentó defender. Con ello, puede observarse cómo los tres poemas
abordan la Guerra Civil, concretamente, los dos primeros desde su inicio hasta la
última manifestación del conflicto durante el periodo de 1936.
En los tres casos también se tiene presente la perspectiva de la muerte, pues todo el
mundo llega a ella, aunque no haya combatido en la guerra. En el último poema de
GilAlbert, El campo, también se relaciona con la temática; sin embargo, esta se
aborda de una forma más lateral, “[...] algo que no estaba en los últimos años
modifica la fisionomía impávida de la naturaleza, [...]”.
El poema muestra cómo en las labores ordinarias relacionadas con el ámbito rural se
revelan las mudanzas sociales. El poeta declara, por un lado, que, a pesar de
aparentar una presencia inalterable, la naturaleza no es indiferente a los
enfrentamientos del hombre; y, por otro, que la tierra es de los que entregan su vida
trabajándola, aunque acudan forasteros para descansar o refugiarse.
Solo disponen de remate final Despedida de un año y Palabras a los muertos, “Nadie
acierta a vivir mientras no cumple la pavorosa deuda contraída”; pero todos albergan
párrafos independientes y frases de dilatada extensión, por ejemplo, una oración de A
una casa de campo supera las ochenta palabras, y otra de El campo alcanza las
ciento veintiuna.
Por otro lado, A una casa de campo, aunque también retrata y describe el ambiente,
“[...] la ligereza de las doradas mariposas, el zureo de los palomos y la ardiente
cigarra del olivo, dan el espacio frágil donde la vida como otros años transcurre”,
realiza una interpretación de los acontecimientos, “¿[...] en qué frágiles andas
navegaba la vida, si las ineptas carabinas de esos muchachos han disipado como el
humo un palpitante juego?”.
Durante su primer año estudiando Derecho, recibió un curso sobre los escritores de la
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generación del 98 impartido por Pedro Salinas, lo que, como explica Valender (2002)
“le ayudaría a interesarse más en serio por la literatura” (p.44). En 1938 Cernuda
acudió a Inglaterra para pronunciar una serie de conferencias a favor de la República y,
aunque en principio solo estaría fuera un par de meses, nunca regresó a España
(p.295).
Cernuda publica dos elegías, una en abril y otra en junio. La primera, Elegía España.
1937 presenta un título que no corresponde plenamente con el texto ya que el adjetivo
español puede referirse al conjunto de la población de España, y, sin embargo, se
trata de un texto sobre España en base al pensamiento de Cernuda. Con lo que, si
hubiera querido hacer referencia únicamente al país, podría haber indicado a quién va
dirigido, como hace en su segundo poema Elegía a un poeta muerto.
En Elegía a un poeta muerto los temas presentes son la libertad y la muerte, mientras
que en Elegía española. 1937 además de la muerte, a parecer España como núcleo
temático, “Háblame, madre; y al llamarte así, digo que ninguna mujer lo fue de nadie
como tú lo eres mía [...] Eres tú, son tus ojos lo que busca quien te llama luchando
con la muerte [...]”. Los párrafos transmiten una idea concreta, y en los poemas se
plasma la progresión de las mismas, por ejemplo, en Elegía a nuestro poeta
inicialmente se realiza un retrato de Lorca, a continuación, se narra las implicaciones
de su ausencia, después cómo fue asesinado y, por último, se evoca su vida tras su
muerte.
Tanto en el poema de abril, “Dime, háblame tú, [...] hálito creador de los hombres
hoy vivos, a quienes veo laborados del odio hasta alzar con su esfuerzo la muerte
como paisaje de su vida”; como en el de junio. Ocurre porque en ninguno de los textos
Cernuda procede a describir o comentar un suceso concreto, sino que expone sus
meditaciones.
Por otro lado, Elegía a un poeta muerto aunque parte de un hecho verídico, el
fusilamiento de García Lorca, también se basa en la reflexión y el comentario sin
narración del suceso, “La sal de nuestro mundo eras, vivo estabas como un rayo de
sol, y ya es tan sólo tu recuerdo quien yerra y pasa [...]” o “[...] el triste odio de los
hombres, que en ti señalar quiso por el horrible acero su victoria [...] bajo la luz
tranquila de Granada, distante entre cipreses y laureles [...]”.
Ante tal estructura y a pesar del claro desarrollo de las ideas, no puede afirmarse que
el contenido de los textos tenga interés informativo. Tampoco las extensas oraciones
con las que terminan los poemas suponen una conclusión final con la que cerrar la
pieza.
En marzo, Hora de España publica un poema del soviético Puschkin para conmemorar
el centenario de su muerte. Un significativo poeta para la tradición literaria y dramática,
aunque en 1833, enuncia Vallejo Murcia (2012) “fue nombrado miembro de la
Academia Rusa, junto con algunos hombres de ciencia”. Además, Kuzmina (2012)
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cuenta que estuvo “perseguido por el gobierno, a causa, tanto de sus vínculos de
amistad con miembros de las sociedades revolucionarias secretas, como de su poesía
irreverente”.
El texto La aldea realiza una descripción paisajística al tiempo que critica la imposición
de la servidumbre en la población rusa, por lo que el título resulta demasiado genérico,
sin embargo, al tiempo que se refleja el ambiente, “[...] el rumor de la fuente medio
oculta entre ramas y la muelle pradera que desciende con un heno fragante [...]”; a la
descripción del espacio le acompaña una interpretación de los acontecimientos, “[...]
descarga despiadada sobre nucas humildes un yugo ignominioso [...] el joven,
arrancado de la casa paterna, la ayuda de sus campos, condenado a aumentar en los
palacios la temblorosa banda de los siervos”.
Es, por tanto, una composición que aborda tanto la libertad como el poder. La oración
inicial del poema no resulta representativa sobre el conjunto del texto, donde priman las
frases breves y la última sirve como conclusión final, “¿Cuándo, por fin, surgirá sobre
mi Patria la hermosa Libertad de una aurora segura?”
En abril, Hora de España divulga su poema titulado, únicamente, Elegía. Dado que la
pieza trata la inexplicable desaparición de un joven marinero que viajaba en un buque,
no contiene un título que revele información acerca del texto pues no adelanta el
asunto del lamento.
Sin embargo, la primera frase sí logra resumir la composición: “¿A qué lejanos
bosques te incorporas, que ni el eco en su lista puede hallarte, [...]?”. La mayoría de
las oraciones del poema son extensas, siendo la última el remate de la pieza, “Mira, mi
soledad ya está contigo con mi dolor sobre tu tumba alerta.”
El tema del poema es la muerte, además, los párrafos forman grupos de ideas que
avanzan a lo largo del texto, relatando inicialmente el momento en que el marinero cae
al agua, y finalizando con el afán de que el joven, en caso de haber fallecido, haya
encontrado la paz. El material aportado es de interés humano, pero se limita al
comentario, la especulación y la expresión del autor.
Por ejemplo, “El fuerte buque en que tu pie desnudo sintió primeramente su destino,
sin tu calor en su lamento mudo, gime en el agua y tiembla por tu sino”; “¿Qué dura
travesía con la sombrea tu timón y tu sombra va enredado” ?; o “[...] quizás tu pecho
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va nadando por las aguas profundas de la tierra [...]”. Con ello, se observa que de la
trama no surge una descripción o interpretación del suceso.
Tras regentar una farmacia, comienza una nueva etapa como traductor y poeta.
Cuando la Guerra Civil estalla, regresa desde México a España para conocer, de
primera mano, cómo se desenvolvía el conflicto (Sadia, 2018) y defender activamente
la República. Ejecuta así su máxima personal, por la cual, el poeta adquiere
responsabilidad social tanto en su obra como en su pensamiento (Puche Gutiérrez,
2009).
El título es, por tanto, acorde al motivo del texto porque, sin entrar en detalles, avanza
la materia expuesta al tratarse de una carta que enuncia la correcta forma de obrar,
tanto en la vida individual como en la colectiva.
Los párrafos transmiten una idea y contienen extensas oraciones, no sirviendo la última
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como remate para el texto al apoyarse en la oración anterior: “Busca sólo en el centro
de tu pecho ese lugar o nido preparado para mecer al sueño de la vida la dulce sien
del hijo o del amante. Ese lugar o abismo en que está escrito el sagrado secreto que
escuchaste dentro del seno donde amaneciste”.
RESULTADOS GENERALES
Por otro lado, más de la mitad de las composiciones (55,3%) presentan frases ágiles,
mientras que la totalidad de los poemas muestra claridad y originalidad, tanto por la
forma literaria del mensaje y la riqueza social transmitida, como por la información
añadida en las descripciones gracias a los recursos semánticos presentes en los
poemas que, sin restar claridad, añaden adornos que amenizan la lectura o facilitan la
recreación de la imagen transmitida.
En el 94,7% de los poemas las ideas van desarrollándose desde el inicio hasta el final
del texto, en un 89,5% se observa una idea en cada párrafo de la pieza, y en un 65,8%
las composiciones presentan un título que evoca correctamente la información
contenido por el texto. En cuanto a las oraciones del texto, el 63,2% generan una
última idea a modo conclusivo, mientras que el 55,27% de las frases iniciales actúan
como síntesis del contenido global.
CONCLUSIONES
H1: Los poemas publicados en Hora de España durante el primer semestre de 1937
son una forma de crónica porque cumplen una función periodística y testimonial que
visibiliza la responsabilidad cívica del autor, además de la función estética de este tipo
de textos.
La primera hipótesis planteada se refuta puesto que el 73,7% de los poemas del primer
semestre, albergan exclusivamente una función expresiva. Es el caso de Revelación,
Despedida de un año, A Niebla, mi perro, Vosotros no caísteis, las seis piezas de
Ultima muerte (Líneas de fuego), Elegía española, las siete partes de Canto a la
libertad, A las Brigadas Internacionales, De río a río, Palabras a los muertos, La
insignia, Elegía a un poeta muerto, Los impresores, Los albañiles, Pueblo traicionado,
Epístola moral a Serpula y Elegía.
H1.1: Los poemas de la revista en los que se describen sucesos, son de interés
informativo.
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La primera hipótesis secundaria se refuta ya que entre el grupo de poemas con rasgos
descriptivos (26,3%), el 80% refleja el entorno en el que sucedía el hecho noticioso, el
70% interpreta el origen o la transcendencia de los acontecimientos y, menos de la
mitad, el 40% son de interés informativo.
Estos datos implican que solo el 10,5% de las composiciones del primer semestre
aúnan, en el mismo poema, una descripción de acontecimientos con interés
informativo, donde se retrate el contexto físico en el que suceden y se analicen sus
repercusiones. Es el caso de Frente, Madrid-otoño, Los campesinos y Madrid, frente
de lucha. De las restantes, el 67% encierran valoraciones personales, estas son Monte
de El Pardo, La aldea, Lejos de la Guerra y El Campo (Véase Tabla 3).
Por otra parte, teniendo en cuenta que todos los parámetros de la crónica periodística
mencionados por Graña González están presentes en más de la mitad de los poemas
del primer semestre de Hora de España, aunque en solamente el 31,6% de la muestra
analizada contenga todas estas características en una misma pieza (Véase Tabla 4),
se comprueba que únicamente tres poemas del primer semestre reúnen todas las
propiedades estilísticas y cualidades de la crónica citadas por Graña González: Madrid,
frente de lucha; Frente, y Los campesinos. Es decir, dos poemas de José Moreno Villa
del ejemplar de enero, y otro de Rafael Alberti publicado en febrero.
La segunda hipótesis secundaria queda refutada puesto que las temáticas más
abordada por la revista estos seis primeros meses son la muerte y la Guerra Civil, pues,
ambas cuestiones, tienen una presencia del 44,7%. Por otro lado, el 15,8% se muestra
tanto Madrid como el cambio, aplicado bien a las mudanzas sociales, bien a los
efectos producidos por el paso del tiempo. Un 7,9% aparecen el contraste, España o
el trabajo; mientras que la igualdad, el poder y la verdad se muestran un 5,3% de las
veces.
Téngase en cuenta que ninguno de los tres poemas con propiedades periodísticas,
Frente, Los campesinos y Madrid, frente de lucha; albergan este recurso.
Sin embargo, los resultados indican que en el primer semestre de Hora de España
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apenas hay ejemplos de crónica poetizada, lo que no implica la nulidad de su
existencia en otros ejemplos más allá de esta muestra teniendo en cuenta que la
crónica “admite una gran variedad de fondo y forma” y puede tener “un formato
literario o informativo, no tanto por el contenido sino por la elocución” (Graña, 1930).
Este tipo de crónica, que emplea recursos estéticos del lenguaje, permite “profundizar
en la condición humana” (López Alcón, 2015) al poner las herramientas literarias “al
servicio de la narración de un hecho” y expandir un ejercicio periodístico que unifica en
una misma imagen información con experiencia (Poblete, 2013).
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BIBLIOGRAFIA
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1. Significados, Significado de Crónica. Disponible
[Link]
1. Que es poesía
2. Cuales son los tipos de poesía
3. Menciona un ejemplo de poesía
4. Que es crónica
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5. Existe relación entre la literatura y la poesía
6. Que entiendes por poesía social
7. Que es crónica de guerra
8. Que entiendes por crónica: ecos y exposición
9. Como fue el periodismos y crónica a principios del siglo XX
10. Elabora un mapa conceptual solo el tema aprendido
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