DOSSE
DOSSE
18
mente complejizarse, al término de una fractura interna del discurso,
HACER LA HISTORIA: UNA HERMENÉUTICA DEL acaba por marcar la diferencia entre una faz de exterioridad y de inte:
OTRO ridad: "La bipolaridad inicial, peligrosa y escéptica (verdades por a,
errores por allá) es sustituida por un esquema circular construido sobr
triángulo de tres referencias", 1 que son Ginebra como punto de partic
de regreso, confrontado a esta naturaleza extranjera y a esta humani<
ejemplar en las que la alteridad del nuevo mundo se encuentra di vid
entre, por un lado, un exotismo y, por el otro, una esperanza ética, se¡
el deseo y la expresión que le da Jean de Léry. Esta alteridad, este tral
del otro en el interior de la escritura occidental desemboca en 1
"hermenéutica del otro. Transporta al Nuevo Mundo el aparato exegé
cristiano".2 Jean de Léry practica ya esta hermenéutica sustituyend1
lenguaje teológico que es el suyo cuando sale de Ginebra, por Ja act
dad traductora de su punto de llegada. En cuanto a Certeau, redobla f
Certeau atravesó el estructuralismo por dentro, apropiándose de lo me actividad traductora en la medida en que se encuentra confrontado
jorque había en ese momento, pero sin compartir las ilusiones cientificistas una escritura sumergida en el siglo XVI de la que hay que rendir cue
de las máximas figuras de la epopeya estructural. Se inspiró de la meto en el siglo XX. Pretende proceder a una nueva operación de trad ucciór
dología estructuralista en el enfoque de los textos, pero también detectó un texto doblemente escindido por la diferencia espacial que obra en
un objetivismo inconsciente del estructuralismo que siempre rechazó. El por la distancia temporal que nos lo vuelve ausente.
problema central que plantea es el de la lectura de los textos del pasado, La comprensión que requiere a la traducción implica una relac
y por consiguiente, su itinerario de investigador lo hace pasar por los tres de diferenciación, preludio de un segundo movimiento que es el d
estratos de análisis de los documentos que logra pensar en su conjunto y apropiación de la visión del otro. Es desde el interior de esta cadena in
no como exclusivos los unos de los otros: el tomar cierta distancia para pretativa que Certeau se sitúa para estudiar cómo funciona en Suri:
objetivizar las fuentes, el sacar a la luz su lógica estructural interna y la referencia a san Juan de la Cruz, no como un simple juego de influen
vuelta al sentido en una hermenéutica del otro. En primer Jugar, está y de préstamos, sino puesto en el marco de una inmersión en la singi
marcado profundamente por las enseñanzas de Jean Orcibal con quien ridad de dos obras que sólo permite "saber quién es el san Juan de la C
aprendió las estrictas reglas de la erudición. La historia se sitúa entonces de Surin".3 Privilegia pues lo que sigue al texto: su recepción. Es torr
en el corazón de la textualidad y la filología clásica sirve de instrumento do en cuenta los diversos alejamientos y reutilizaciones de la obra
esencial para clasificar y dar una coherencia cronológica a la historia de pluralidad de sus lecturas que se puede restituir el afloramiento del
las ideas. Para él, la filología se vuelve un "arte de leer", según la expre creto de la obra. Así es como la tradición puede volver a ser tradic
sión de Mario Roques. En un segundo nivel, Certeau realiza distinciones viva, portadora de prácticas a través de sus diversas metamorfosis y ru1
de inspiración estructuralista en el interior mismo de la unidad del len ras. El decir es pues siempre un volveradecir, diferente, situado en
guaje. Es el caso, especialmente cuando se propone analizar el testimonio configuración inédita. Durante el siglo XVII, las expectativas religi<
recogido por Jean de Léry de su expedición a Brasil en la segunda mitad son puestas progresivamente al servicio de instituciones políticas dei
del siglo XVI y de la cual Oaude LéviStrauss había hecho el "breviario de una sociedad que se está volviendo laica y en la que el Estado mo
del etnólogo". De todo el viaje de Jean de Léry, protestante calvinista que no afirma su primacía. Este cambio surgido en el siglo XVI con Ja Re
salió de Ginebra y descubrió a los tupinambá de la bahía de Río antes de ma, se abre al presente de la modernidad occidental. El trabaje
regresar al punto de donde salió, destaca, en esta relación de viaje, un historiador de Certeau se reduce a hacer ver la actualidad de esta "r u]
descubrimiento esencial: el del salvaje. Esta intrusión y el uso que le da ra instauradora". Ésta provoca el derrumbe de una cosmología de·
Jean de Léry interesan a Certeau, que percibe el relato etnológico corno
un recorrido circular en ambos lados de una división que parte de una 1
M. de Certeau, L'l:criture de l'histoire, op. cit .• p. 231.
visión binaria entre el mundo s~lvaje y el mundo [Link] final 2 iu«, p. 231.
3 M. de Certeau, L'Absent de i'histoire, op. cit .• p. 43.
_ ... ,,
272
273 176
FRAN<;OIS OOSSE MICHEL DE CERTEAU. EL CAMINANTE HERIDO
holístico para dar lugar a una espiritualidad concebida como experiencia número de desplazamientos decisivos que permiten emerger al nuevo
subjetiva que dibuja "el itinerario del sujeto hacia su centro".4 género histórico.
Esta lectura en palimpsesto, gracias a la cual descubrimos las so Durante largo tiempo, Herodoto fue presentado como un fanta
ciedades indígenas del Brasil a través de la mirada de un Jean de Léry a sioso. El trabajo de Francois Hartog permite comprender la pertinencia
su vez transformado por su experiencia y dirigiéndose a sus contempo de dos calificativos aparentemente contradictorios, un Herodoto padre
ráneos para comunicarles lo extraño es portadora de prolongaciones fe de la historia, de la verdad por lo tanto, y al mismo tiempo padre de las
cundas en el ámbito histórico. Llega hasta convertir a antropólogos a la mentiras. Esto nos remite a la ambivalencia del discurso histórico com
historia como es el caso de Francois Hartog, para quien la operación his pletamente en tensión entre lo real y la ficción. Francois Hartog presenta
toriográfica "queda, también, entre la voz (que se calló) y la escritura su tesis en 1979en Besancon. bajo la dirección de Pierre Lévéque. Certeau,
(que se traza en silencio)".5 Francois Hartog conoce a Certeau alrededor miembro del jurado junto con Pierre VidalNaquet, no sólo le expresa su
de 1975 por medio de Marce! Detienne. JeanPierre Vemant y Marcel entusiasmo, sino que intercede ante Pierre Nora para apoyar su publica
Detienne dirigen un pequeño grupo de investigación en el que está ción en la prestigiosa "Bibliotheque des histoires" en Gallimard: "El libro
Francois Hartog. En ese entonces, el grupo trabaja la cuestión del sacrifi me parece muy nuevo, muy estimulante también, y además con un estilo
cio en la Grecia antigua6 y empieza a poner a prueba a la tradición socio muy claro y elegante. A mi parecer, es una obra a la altura de la colección
lógica en el ámbito del estudio del tema del sacrificio. Y sucede que Certeau que permite presentar las problemáticas de una nueva generación".9
vino a participar en estos trabajos. Además, Francois Hartog se entera Certeau también dejó una profunda marca en Arlette Farge, una
por Detienne, en el momento en que prepara su tesis sobre Herodoto, de historiadora innovadora, especialista en el siglo XVIII, aunque sus inves
la versión mecanografiada del estudio de Certeau sobre Jean de Léry que tigaciones la llevaron más cerca de Michel Foucault con qyien publicó
llegará a ser un capítulo de LA escritura de la historia.' eu 1975. En su aná una obra en 1982.10 En su exploración de palabrassingular9'y en su aten
lisis sobre la manera en que Herodoto relata el modo de vida y de creen ción al desorden, al sufrimiento, al padecer sin dolorismo, ya sea en las
cia del pueblo escita, el esquema de lectura de los mitos de LévyStrauss palabras recogidas en la calle, las prisiones, las guerras o atrapadas en los
no le es de gran utilidad ya que se encuentra confrontado a un texto de archivos.'! Arlette Farge recorre la obra de aquellos que se interesan por
orden histórico. En cambio, el estudio de Certeau sobre Léry es decisivo la escritura de la historia: Michel Foucault, Paul Ricoeur, Jean Ranciere y
y le ofrece la posibilidad de conjugar un enfoque de orden antropológico Certeau. Se entusiasma, como historiadora, por el asombro ante la
e histórico: "En el fondo, traté de hacer con Herodoto lo que Certeau ha alteridad, en un movimiento muy certaliano: "El encuentro con los seres
bía hecho con Léry, obviamente en una perspectiva diferente".8 A esto que hablan desde el corazón de los archivos de la policía suscita efectiva
hay que agregar su interés por la lingüística de la enunciación, la de mente alteración. Alteración en los dos sentidos del término: ansioso de
Benveniste, de la que Certeau también defiende la dimensión heurística sentido y transformado por los demás".12 Los desplazamientos suscita
para el historiador. dos por esas alteraciones no llevan a un derrumbe sino a poner en tela de
. La manera en que el historiador Herodoto toma en cuenta la juicio la homogeneidad, la continuidad en un trabajo que alcanza a la
alteridad y habla de ella a sus contemporáneos griegos, la manera en que heterología tal como la concibe Certeau. La palabra ya no viene a ilustrar
se dedica a una retórica verdadera de la alteridad para hablar de hecho un modelo, pero a sacudirlo, a cambiarle los contornos. Si bien explicita
de su presente, el de una ciudad griega que reflexiona sobre las guerras su gusto por los archivos, Arlette Farge no se deja llevar por la fascina
médicas: tales son los ejes de análisis de Hartog sobre aquel quien fuera ción posible: "Hay que mantener esta tensión extrema para hacer que la
presentado como el padre de la historia que innovó procediendo a cierto palabra sea la de una alteridad a la vez separada e igual, extraña y fami
liar, fruto de lo singular y que de todas formas busque la frontera con el
conjunto organizado por los otros seres hablantes ... La palabra es un éxodo
• M. de Certeau, "Cultures et spiritualités", Conciiium, núm. 19, nov. 1966, p. 15. y el historiador debe trazar su viaje, lo inconcluso que va de lugar en
s F. Hartog, "L'Écriture des voyages", en L. Giard (ed.), Miche!de Certeau, Cahiers pour
notre temps, París, Centre Georges Pompidou, 1987, p. 129. 9
M. de Certeau, carta a Pierre Nora, 13 de julio de 1979.
6 M. Detienne, Lo Cuisine du sacrifice en pays grec, París, Gallimard, 1979. 10
A. Farge y M. Foucault, i..l's Désordres desfumittcs. Lettres de cacliet des l\rcl11ues de la
7 M. deCerteau, "Ethnographie. L'oralité, ou l'espace de l'autre: Léry". en L'Écrirure de Bastille, París, Gallimard, col. "Archives", 1982.
11
l'histoire,op. cit., p. 215248. A. Farge, Le Goilt de I'archive, París, Seuil, 1989.
12 A. Farge, Des lieux po11r I'histoire, París. Seuil, 1997, p. 73.
•F. Hartog,entrevista con el autor.
274 275
177
FRAN<;OIS OOSSE MICHEL DE CEKITAU. EL CAMINANTE HERIDO
lugar".13Reconocemosaquí la huella de Certeau, h~sta en :sta escr~tura Certeau, según Arlette Farge, fue la práctica del duelo: "La historiografía
que se codea con la inspiración literaria y la dimensión poética, al nusmo es una manera contemporánea de la práctica del duelo. Se escribe a partir
tiempo que propugna estibar al género histórico con las amarras d~ la de una ausencia y sólo produce simulacros, por más científicos que éstos
ciencia: "Si bien el historiador es un 'poeta del detalle', como escnbe sean".20 En esta función que se le asigna al historiador, se dibuja una ta
Certeau, su escritura debe perseguir obstinadamente la unión de los se rea importante que conlleva una transmisión que compromete aquellos
res y las palabras".14 ., . de los que estamos separados de por vida y que remite a un campo de
Arlette Farge mantiene con Certeau una relación a la vez muy in trabajo indefinido, que se debe siempre volver a tomar, hecho de filiacio
tensa y muy dividida, de hecho lo conoce desde hace mucho: su herma nes y de desafiliaciones: "Buscar la ausencia, decir el otro, fue un impulso
no, Claude Eliet, fue jesuita, cercano a Certeau. Siendo adolescente, que me dio La fábula mística, me dio la fuerza de trabajar con la palabra
escuchaba los debates entre Certeau y su hermano, sin realmente com insignificante de los más humildes" .21
prender lo que estaba en juego: "Recuerdo a un hombre fascinante, ~enía Según Certeau, al implicar la historia una relación con el otro au
una opinión para todo, muy vivo, muy excitado, encantador y al rmsm? sente, la escritura del historiador participa en una práctica de distancia
tiempo muy opaco y así siguió siendo hasta el fin" .15 Después, su recorri miento en la que el sujeto histórico se da cuenta de que realiza un trabajo
do la llevó más bien del lado de Foucault, Ranciere, luego Chartier y sólo sobre un objeto "que retoma en la hjstoriografía".22 Es la pluralidad de
mucho más tarde percibe a un segundo Certeau, lejos de sus recuerdos las sedimentacionesde los sentidos7epositados en el espesor del pasado
de adolescencia, con su obra de historiador. Mantiene entonces una rela donde encontramos el enigma siempre presente de un acceso a lo real
ción muy sugestiva con sus libros "teniendo con él una relación que no que tiene esta dimensión límite de figura perdida. Como en Lacan, quien
era de orden intelectual sino una relación más poética".16 Arlette Farge le asignaba el lugar de lo imposible, lo real está irremediablemente en
encuentra entonces en sus escritos un poder,una energía creativa que se posición del ausente "por doquier supuesto y por doquier faltan te" .23 Sin
vuelve para ella fuente de inspiración: "Antes de ponerme a escribir una embargo,este ausente está ahí enroscado en el interior mismo del presen
obra o un libro, voy a sacar fuerzas de las páginas de La fábula mística. Fui te, no como lo que perdura en una especie de conservación esperando
a sacar de esa percepción, de ese verbo y de esa escritura, una especie de periódicamente ser el objeto de interés, sino accesible a la legibilidad gra
manera de vivir la historia y quizá de escribirla".17 cias a las metamorfosis sucesivas de las que es objeto en una invención
Toma de Certeau algunas de las posturas qu( iefinió del historia perpetuada al filo del tiempo por sucesos antiguos reconfigurados en cada
dor y en primer lugar la capacidad de seguir asombrándose: "Pensar, por ocasión. En este plano, Certeau le da la mayor importancia a la relación
el contrario,es pasar; es interrogareste orden, sorprenderse que esté ahí " . 18 siempre cambiante instituida por el presente con su pasado. "El carácter
Más que fatalizar e incluir la radicalidad del suceso en las leyes causales, histórico del acontecimiento no tiene por rasgo propio su conservación
es necesario restituir el asombro, la sorpresa de las irtUf>c\onesenigmáti fuera del tiempo, gracias a un saber que se mantiene intacto, sino al con
cas en lo que fue un presente. Arlette Farge, en su lecturade los archivos,· trario su introducción en el tiempo de las invenciones diversas a las que
toma de Certeau ese lugar dedicado al asombro, a la construcción de una 'cede lugar'".24 Al establecer una correlación entre el poder de apertura
reciprocidad, el de un encuentro con la alteridad. En el interior de esta del descubrimiento de los inicios del pasado como otros tantos posibles y
aventura hacia el otro es donde se entreteje" ese tipo de vínculo íntimo de las nuevas construcciones elaboradas por los historiadores después de
donde los historiadorespueden intentar comprender mejor lo enigmáti los sucesos, Certeau pone en evidencia la riqueza inmanente del pasado
co y Joinefable"_19 Otra dimensión esencial de la historia que sacó a la luz que sólo puede revelarse con la apertura de un nuevo espacio gracias a la
operación historiográfica. Un vasto continente, inmensos recursos, se ofre
l) [bid., p. 76. cen así, no como puntos de apoyo para la reproducción, sino como otras
,. lbid., p. 80.
tantas fuentes de inspiración para verdaderas creaciones en las fases de
rs A. Farge, entrevista con el autor.
16 A. Farge, seminario del IHTP y de la universidad de SaintQuentinenYvelines, 11
de marzo de 1999.
17 [bid. 20 M. de Certeau, La Fable mystique. París, Gallimard, col." Tel", 1987, p. 21.
is M. de Certeau, Histoire et psychanalyse entre science et fiction, París, FolioGallimard, 21 A. Farge, seminario, op. cit.
22 M. de Certeau, L'Absent de l'histoire, op. cit., p. 173.
1987, p. 52.
19 A. Farge, seminario del IITTP y de la universidad de SaintQuentinenYvelines, 11 23 M. de Certeau, La Faiblesse de craire, op. cit., p. 198.
24 !bid., p. 212.
de marzo de 1999.
276 277
178
FRAN~OIS DOSSE MICHEL DE CERTEAU. EL CAMINANTE HERIDO
crisis y de derrumbamiento de lo instituido, como posible recurso a otra petir, cambia la historialeyenda en historiatrabajo".27 Las dos estrate
gramática de nuestra relación con el mun~o·.. . gias que despliega con el fin de dar cuenta de la pérdida y de señalar la
Desde este punto de vista, Certeau incita a pen~ar de manera dife deuda, se ponen de manifiesto entre presente y pasado con procedimien
rente el momento memorial actual al rechazar cualqwer enfoque que sa tos claros. Por un lado, la historiografía ambiciona salvar del olvido las
liera de una compulsión de repetición del objeto perdido. Por el contra~io, positividades perdidas; tiene por objeto referir contenidos al texto encu
define una historia social de la memoria que vigila cualquier alteración briendo la ausencia de las figuras a las que trata de dar presencia al máxi
como fuente de movimiento de la que hay que seguir los efectos. Tiene mo, engañando así a la muerte, "hace como si estuviera ahí, obstinándose
por objeto un ausente que actúa, un acto del que sólo puede darse fe en construir algo verosímil y llenando las lagunas".28 El historiógrafo ta
cuando es objeto de la interrogación de su otro: "Muy lejos de ser ~l re cha pues su relación con el tiempo aun cuando despliega a la vez su propio
licario o la papelera del pasado, (la memoria) vive de creer en los po~1bles discurso sobre el presente. Podemos oponer el momento del recubrimiento
y de esperarlos, vigilante, al acecho".25 La repetición machacona s~lo es de una historiamemoria que se pensaba en la linealidad de una filiación
aparente y parece reunir la figura del pasado en las co~er~wrac10nes genealógica, a la emergencia de un nuevo régimen de historicidad tal
presentes. Pero, de hecho, tras esta identidad formal, el historiador at~n como se puede concebir hoy partiendo de la problemática freudiana de la
to a las prácticas en su significación para los actores, puede lee_r una dife que se inspira Míchel/de Certeau cuando ve en ella la posibilidad de pen
rencia de naturaleza en el contenido del suceso invocado o reiterado. La sar Jo extraño cuando está marcada por los juegos y contrajuegos de las
historia ya no es entonces concebida como legado o carga, como lo perci supervivencias y de las estratificaciones de sentido en un mismo lugar.
bió y denunció Nietszche, sino un desgarramiento incesante, doble.z en Así es como el doble giro hermenéutico y pragmático iniciado por
la temporalidad. Tiene entonces la función de "desdob~ar lo q':1ee~ tiem Bernard Lepetit en el seno de la revista Annales desplaza la totalidad tem
po endureció" (Alphonse Dupront). No hay ninguna ¡erarqwzac1ón en poral del lado del presente de la acción y pone en evidencia, desde luga
este tiempo estratificado ya que cada uno de los momentos de react~a res estudiados en su singularidad, que el pasado no está cerrado, que no
lización es en sí una ruptura instauradora que vuelve sus consecuencias es cosa muerta para museificar, sino por el contrario permanece siempre
inconmensurables con lo que lo precede. La historia nace de este encuen abierto a nuevos sentidos. El régimen de temporalidades estratificadas le
tro con el otro que desplaza las líneas del pr~sente e~ W:
e~trel.a~amiento parece pues a Bernard Lepetit, especialista en historia urbana, ejemplar
de la historia y de la memoria: "El paralelo memort<>. 1 h~stona [Link]~ r~ en su estudio de la plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México.?"
sonar al dúo 'yo'/ 'tú' que aquel no deja ver. Sugiere al oído una mtirr:i Recuerda que el proyecto que remonta a principios de los años sesenta,
dad subyacente a la oposición visible (legible) que separa de la duración es explícito y yuxtapone las ruinas de una pirámide azteca, un convento
interior (la memoria) del tiempo del Otro (la historia)".26 del siglo XVI y un rascacielos moderno de dimensiones modestas. En un
Certeau no conoció la moda del tema de la memoria cuyo abuso mismo espacio, el habitante de la Ciudad de México es llamado a pene
tiende a reprimir la historia, a hacer coi:o circuito en sus opera~ores crí trar en tres temporalidades diferentes: la de las raíces indígenas, la del
ticos. Sin embargo, reflexionó sobre los instrumentos que permiten con periodo colonial y la de la modernidad contemporánea, reunidas y desti
servar una distancia justa y problematizar estas dos dimensiones, esto nadas a acoger una nueva clase media ascendente, en busca de legiti
gracias a su paso por la obra freudiana ya .qu~ toma en cuen~'. desde el midad y segura de su poder. La plaza de las Tres Culturas da a leer una
interior, "lo que Freud hizo a la historia". Sigtriendo a Preud, as~gna efec página de historia oficial. Sin embargo, este sitio de legitimidad, instala
tivamente al pasado el lugar de lo reprimido que regresa subrepticiamente do en el corazón de la ciudad, se derrumbó dos veces: la primera vez en
en un presente de donde fue excluido de la misma manera que el padre 1968, cuando el ejército disparó a la multitud estudiantil reunida en la
de Hamlet regresa, pero como fantasma. . plaza, provocando cientos de muertos, y la segunda vez en 1985, cuando
Frente al legado memorial, el historiógrafo no está en una actitud el temblor afectó a toda la zona donde hubo más de mil muertos. Estos
pasiva de simple reproducción, de exi:umac~ón de la ~arración de los . dos acontecimientos dan a la plaza un sentido nuevo. Símbolo de la
orígenes. Sus desplazamientos y reconfii;;urac1ones re~t~n a un hacer, a perennidad del poder en el tiempo, se convirtió en un lugar dramático,
una profesión: "Su trabajo es pues también un acontecimiento, Al no re
rr M. de Certeau, L'Écriture de l'hístoíre, op. cit., p. 292.
28
iu«. p. 331.
zsM. deCerteau, L'/nvention d11quotidien1. Artsdefaire,(1980), París,Gallimard, 1990, p. 131. 29
B. Lepetit, ponencia en el coloquio de San Petersburgo consagrada a "Politica y socie
26 M. de Certeau, LA Fable mystique, op. cit., p. 409. dad en Rusia contemporánea" 29 de septiembre de 1995.
278 279
179
MlCliEL DE CERTEAU. EL CAMINANTE HERIDO
FRAN<;OIS CXJSsE
teatro de tragedias colectivas. Con este ejemplo, Lepetit obtiene la ense combinación de un distanciamiento y de una deuda y ve en el trabajo de
ñanza de que el espacio urbano escapa a la intencionalidad funcional de Georges Duby sobre el imaginario en Ja Edad Media, la posible restitu
sus conceptores y reúne dimensiones tanto materiales como inmateriales ción de una dimensión hasta entonces subestimada y dependiente, la de
de ayer y de hoy, que concuerdan y no concuerdan. Al mismo tiempo, el la formalidad de las prácticas, de las diversas formas de simbolización:
lugar urbano está presente por completo, volviendo a componer, volvien "Su investigación abre Ja posibilidad de una formalidad de Ja historia".32
do a apropiarse de los espacios antiguos según nuevas normas: las forti Lo que le interesa particularmente en el análisis de Duby es la implanta
ficaciones se convierten en circunvalaciones, las antiguas estaciones de ción de Jos juegos complejos entre prácticas sociales y prácticas signifi
ferrocarril se convierten en museos; los conventos se usan como casernas cantes en el interior mismo de una conflictualidad social situada. El paso
u hospitales y en el lugar del noviciado de Laval donde ':erteau cursó sus de una visión binaria a una visión ternaria de la sociedad no funciona en
estudios, construyeron un supermercado. El sentido social asignado a tal Duby com_~_simple reflejo de los mecanismos económicos. Designa más
o cual elemento nunca se lleva a cabo de forma idéntica y se refiere siem bien "lo qte una sociedad percibe que falta en Ja organización de sus
pre a una práctica presente. Esta apreciación Uevaa considerar que la ciu prácticas". Este juego interdiciplinario no se da como el punto de apoyo
dad no se puede estudiar como algo inerte, cosificada para siempre por de una totalización sistemática ni como la construcción de un sistema
la ciencia,sino como una categoría de la práctica social. Este enfoque, im globalizante,sino como un trabajo sobre Jos limites que implica una plu
plantado en espacios situados en el tiempo, atento a la significación del ralidad de perspectivas: "Para el historiador, el sacrificio consistiría tam
actor, también privilegia el juego de escala espacial y asimila pues Ja geo bién en el reconocimiento de su límite, es decir, de lo que le quitan.' Y la
grafía en sus últimos avances técnicos relativos a las representaciones. interdisciplinariedad no consistiría en elaborar un arreglo totalizan te, sino
Certeau establece este vínculo necesario entre historia y memoria, al contrario en practicar efectivamente el duelo, en reconocer la necesi
que debe sortear tanto el escollo del recubrimientocomo el de la separa dad de campos diferentes".34
ción radical: "El estudio histórico pone en escena el trabajo de Ja memo La apertura de Certeau a las artes de la memoria'" en sus relacio
ria. Técnicamente,representa en ella Ja obra contradictoria. Efectivamente, nes con la historia, lo llevó a distinguir dos formas de uso del tiempo: una
a_vecesla memoria selecciona y transforma experiencias anteriores para valora los lugares y la otra las combinaciones temporales. El primer uso
ajustarlas a usos nuevos, o bien practica el olvido que deja el Jugar a un tiene por objeto temporalizar un lugar, fijarlo para la eternidad como es
presente; a vecesdeja volver, en forma de imprevistos, cosas que se creían el caso del género hagiográfico en el que de entrada todo se da y sufre un
guardadas y pasadas (pero que pueden no tener edad) y abre en Ja actua proceso de descubrimiento progresivo en una confrontación en la que la
lidad la brecha de un algo desconocido. El análisis científico vuelve a defensa del lugar es el antídoto contra la erosión del tiempo. Pero Certeau
hacer en un laboratorio esas operaciones ambiguas de Jamemoria" .30 Esta percibe otro uso, combinatorio, del tiempo que juega con su pluralidad:
perspectiva abre una posible historia social de Ja memoria cuyos efectos "una especie de tejido entre un tiempo continuo y cisuras, sorpresas"."
sobre la historiografía postulan el renunciamiento a toda posición sobre Certeau sugiere distinguir el "tiempo esperado", aquel del cazador al ace
saliente. Por el contrario, tal interacción se apoya en Ja heterogeneidad de cho pero que también encontramos en las conversaciones ordinarias en
perspectivas siempre en movimiento como tantos otros puestos de ob una símple espera, o aun en psicoanálisis con el fenómeno de latencia
servación destinados a restituir la pluralidad de las miradas posibles. que permite al inconsciente manifestarse al aprovechar ciertas ocasiones.
Certeau permanece atento en una hora en que todavía no llega Ja fiebre La segunda forma de temporalidad sería el "tiempo tejido", entrelazado,
conmemorativa en contra de todas las formas de anquilosamiento en la como es el caso en la conversación común en la que "se teje" a partir de
repetición incansable del pasado. Por ello, sustituye ya, en el diálogo con fenómenos de desaprobación. A esto, Certeau agrega una tercera forma
el medievalista Georges Duby, la noción de deuda con Ja de herencia: con el "tiempo calado" con el que prosigue su metáfora de costura y que
"De esos ancestros, no es el heredero sino el endeudado".31Desde1978,
Certeau define pues el campo de trabajo historiográfico como aquel de Ja 32 tu«, p. 82.
33 lbid., p. 83.
30 M. de Certeau, "Historicités mystiques", Recherches de science religieuse, t. 73, 1985,
34 Ibid.,p. 84.
35 F. A. Yates, L'Arl de la mémoire, Parls, Gallimard, 1975.
p. 326.
31 "Mesa redonda del 7 de enero de 1978 en el College de France entre Georges Duby, 36 M. de Certeau, en École el Cultures: Déplacer les questíons, M. de Cerleau en la FAPSE,
Jacques Bonnet, JeanClaude Bringuier, Hubert Damisch, Julia Kristeva y M. de Certeau", É[Link] conférences et séminaires d'anthropologie, semestre del verano de 1978, Cuader
en Georges Duby, L'Arc, 1978, p. 81. no num. 13, mayo de 1979, p. 47.
califica de "tiempo remendado, es decir tiempo no dominado, desempe la manifestación de un aire de libertad que sopla del sur sobre la capital
ñando una relación entre un proyecto y luego su tropiezo. Fracasa. El para derrumbar cierto número de convicciones demasiado cómodas. Pero
accidente del tiempo programado va a ser el que constituya el sentido" .37 Certeau reprocha a Veyne que denuncie sin darse a conocer, estar en con
Esta equivocidad del tiempo es particularmente perceptible en las tra pero sin estar ahí, y califica este proceder como salido de una "retórica
ciudades nuevas que intentan culturizar sitios con el fin de hacerlos lle de la erudiciónvV Además, le fastidian los enunciados perentorios que
vaderos, dándoles una dignidad histórica artificial, alternando así con dicen que de lo real nada existe si no es por el discurso con las múltiples
dos temporalidades diferentes en una especie de estratificación tempo afirmaciones de Veyne según las cuales "no hay ... ", "no existe._.", tantas
ral. La última forma de práctica del tiempo es el "tiempo sin huella", una fórmulas no demostradas y que instituyen una barrera textual cuyo re
especie de tiempo que no se puede capitalizar dependiendo de la simple sultado es intimidar al lector, sin dejarle ninguna salida. Las posiciones
pérdida y Certeau lo sitúa del lado de la oralidad. La memoria es trans de Ve~ competen a una epistemología en dicotomía total que toma para
formadora de lugares al mediatizar las transformaciones espaciales con sí todas las separaciones antiguas que piensan de manera alternativa lo
un modo de investidura de los momentos oportunos, de las oportunida vivido o lo formal, el hecho o la ley, lo contingente o lo necesario, lo con
des aprovechadas como otras tantas rupturas instauradoras: "En su for creto o lo abstracto ... "Esta filosofía del lenguaje nos vuelve a conducir al
ma práctica, la memoria no es una organización ya lista que se colocaría viejo Aristóteles't.P Sin embargo, Certeau le reconoce a Veyne el mérito
ahí. Se moviliza relativamente según lo que acontezca" .38 Certeau no con de asumir el deseo del historiador en su relación con la fabricación de la
cibe pues a la memoria como una dimensión petrificada, una simple tra historia: "Es una revolución el instalar al placer como criterio y regla, ahí
dición que museograficar. Al contrario, no cesa de trabajar separada de donde reinaron primero, la 'misión' y el papel de funcionario político del
los lugares que no le son propios, quedándose unida a fenómenos de historiador, luego la 'vocación' puesta al servicio de una 'verdad' social y
alteración, naciendo subrepticiamente del otro: "La memoria viene de finalmente la ley tecnocrática de las instituciones del saber".44 Si bien la
más allá, está fuera de sí misma, y desplaza=.'? introducción del "yo" como fundadora de la operación historiográfica se
Ciertas lecturas de Certeau le dieron una importancia particular considera favorablemente, Certeau no oculta sus reservas ante la orienta
como uno de los representantes en Francia del linguisticturn y lo encerra ción de Veyne cuando este último deja en suspenso la cuestión de la rela
ron en un enfoque puramente retórico del discurso histórico dentro de ción entre el trato del discurso histórico y las prácticas de una disciplinando
una concepción exclusivamente discursiva de la historia. De hecho, para invita, a no abandonar uno de los polos constitutivos de la escritura en
Certeau como para Ricoeur, la historia no es pura tro »logfa que haría de historia: "Las cuestiones importantes quedan en suspenso. ¿Cual será la
ella una variante de la ficción. Por el contrario, insiste en la apertura para conexión entre este trato del discurso y, por otra parte, las prácticas deter
la historia de un espacio inédito alrededor de la búsqueda de una verdad minadas por las instituciones técnicas de una disciplina ?"45 Este proble
que Ja distingue fundamentalmente del simple "efecto de realidad" des ma fundamental tiene que articularse tomando en cuenta el deseo en la
crito por Roland Barthes. El objeto de la historia así como la operación escritura de la historia que no puede reducirse, como Veyne dice, a un
misma del historiador remiten a una práctica, a un hacer que va más allá "Yo, el pasado, hablo". La subjetividad individual requiere ser articulada
de los códigos discursivos. La escritura de la historia se sitúa pues en un con las lógicas institucionales, con los lugares y con los medios, con las
intervalo, siempre desplazándose, en una tensión entre un decir y un hacer: convenciones que regulan las prácticas y esta dimensión es un ángulo
"Esta relación del discurso con un hacer es interno a su objeto".40 muerto de la epistemología de Veyne.
El texto del historiador, sin que sustituya a una praxis social o que Respondiendo a la solicitud de Luce Giard justo después de la
constituya su reflejo, ocupa la posición de testigo y de crítico. Lo inspira muerte de Certeau, PierreVidalNaquet expresa en una carta publicada46
la marca del sujeto de su enunciación, es decir, por el deseo inscrito en el su admiración hacia quien recordara en 1975 que el historiador escribe.
presente que retiene la atención de Certeau en el ensayo epistemológico
histórico de Paul Veyne, Cómo se escribe la historia.s) Ciertamente ve en él 42
M. de Certeau,"Une épistémologie de transition: Paul veyne", A"nnlr~, ESC, núm. 6,
noviembrediciembre 1972, p. 1318.
37
lbid., p. 49. •3 /bid., p. 1322.
38 M. de Certeau. L'lnoention du quotidien, t. 1, op. cit., pp. 130131. .. /bid., p. 1325.
J9 /bid., p. 132. 45
lbid.. p. 1327.
40 M. de Certeau, i/Écrirure de /'histoire,op. cit., p. 61. 46
P. VidalNaquet, "Lettre", en L. Giard (ed.). M. de Certeau, Cahiers pour nof re ternps.
" P. Veyne, Comment 011 écríí 1'histoire, París, Seuíl, 1971. París, Centre Ceorges Pompidou, 1987, pp. 7174.
282 283
181
FRAN<;:O!S DOSSE MICHEL DE CERTEAU. EL CAMINANTE HERJDO
Sin embargo, no oculta sus reservas, situando a Certeau del lado de un Certeau da a la noción de práctica una gran importancia que reco
relativismo y de un desconstruccionismo demasiado devastador y aboga rre toda su obra, ya sea cuando escudriña lo cotidiano, el arte de hacer
por su lado por "apegarse a ese vejestorio que es 'lo real"'.47 Además, del siglo XX~ cuando conceptualiza la operación historiográfica. Uno de
VidalNaquet indica que a Certeau le habían preocupado las tesis nega sus textos mas importantes, publicado en La escritura de Ja historia se inti
cionistas y que habían sostenido un intercambio epistolar a este respecto. tula: "La_ formalidad de las prácticas: del sistema religioso a Ja éti~a de la
Sin embargo, sitúa a Certeau del lado de una inquietante desrealización Il_~sh·ac1or: (siglos XVIXVIII)". Las prácticas son objetos que llaman la aten
que corre el riesgo de nublar las fronteras entre ficción e historia. Ahora cion del [Link] y ta:_nbién son constitutivas del trabajo del historia
bien, como lo acabamos de ver en la controversia Veyne/Certeau, las po ~or._ Cer,~eau def~e la prac:1ca d;ntro de una dicotonúa entre estrategia y
siciones de este último no se prestan en absoluto a este tipo de crítica o de táctica: ~lamo estrategia al calculo de las relaciones de fuerza que se
aprehensión ya que siempre están en tensión, en un intervalo entre dos hace posible a partir del momento en que un asunto del querer 0 del
ilusiones: aquella en la que la realidad de la historia se daría en una rela poder se puede aislar_de un 'ambiente'. Postula un sitio susceptible de
ción inmediata y transparente gracias a la escritura; y aquella amplia ser ci;cunscnto en calidad de propio y por ende que sirva de base a una
mente compartida en los años setenta, en la que el historiador debería gestión de sus relaciones con una exterioridad distintiva. La racionalidad
abandonar el relato para acceder a la verdad científica gracias a la cuan política, económica o científica se construyó con este modelo estratégico
tificación, por medio de Ja evidencia matemática. Certeau demuestra en Llamo po:· el contrario '.táctico' a un cálculo que no puede contar con ~lgo
todo momento su preocupación por anclar el discurso histórico en su prop10, n_1 por consiguiente con una frontera que distinga al otro como
materialidad, sus apoyos y sus articulaciones a la masa documental. Asu una totalidad visible. El único sitio de la táctica es el del otro. Se insinúa
parecer, el historiador debe ocasionar desplazamientos y pasar de su sub en él, fragmentariamente, sin asirlo por completo, sin poder mantenerlo
jetividad personal a las lógicas de la institución, tomando igualmente a distancia. No dispone de una_base donde capitalizar sus ventajas ... "51
en consideración la historia de las técnicas, de los procedimientos de es Cuando_ Certeau define la noción de estrategia, designa su exterioridad,
critura de la historia. En este sentido, es portador de una epistemología es~ablec1endo una frontera entre un lugar de conocimiento, de capitaliza
que no puede ser asimilada a la de Veyne, de la que señala las dificulta cron _del po~er y un lugar para apropiarse y conquistar. Toma pues en
des, aunque comparte con él la preocupación de pensar la historia como consideración la existencia de un nivel extradiscursivo en el cual se ins
un relato verídico. criben Y se despliegan las ambiciones estratégicas. Además, si bien la tác
Roger Chartier, por su lado, puso de relieve esta tensión, este inter tica no define runguna exterioridad en la medida en que permaneco interna
valo definido por Certeau y que permite evitar las falsas alternativas.w dentro del lugar del otro, se inscribe, según Certeau, no del lado del dis
Califica la operación historiográfica como Certeau, en tensión entre pen curso por el ~ue se identifica a la estrategia, [Link] del lado de la práctica,
sar la historia como una práctica científica y al mismo tiempo "identifi del hacer, al interior rrusmo de la efectuación del acto.
car las variaciones de sus procedimientos técnicos, las obligaciones que Estas di~~cio_nes están en el centro de Ja problemática que analiza
le impone la institución del saber donde se produce o aun las reglas Certeau como Justonador cuando identifica la creciente distorsión entre
obligadas de su escritura".49 Certeau se mantiene lejos de las ilusiones el decir Y el hacer en la crisis que resienten ciertos espirituales del siglo
cientificistas y recuerda la forma narrativa de la historia. Pero si bien la XVII dentro de _la Comr,añí~ de Jesús. La aspiración mística de aquellos
historia es una narración, montada como intriga, remite a una clase de que_Certeau califica de. san titos de Aqwtania" y sobre todo de JeanJoseph
narración específica inspirada por una búsqueda de la verdad, y con este Surm, cnstabz~ u~a cnsis de conciencia ante una institución que tiende a
motivo, la historia según Certeau "no puede de hecho considerarse como encerrarse ~n sr rrusma y a transformar su mensaje espiritual en escolásti
pura retórica o tropología que harían de ella una ficción, semejante a otras co. Estos místicos viven una división interior, una verdadera separación
ficciones" .50 interna entre las formas de la modernidad social y un decir que ya no
corresponde a un hacer. De esta escisión se da el desgarramiento místico
47 iu«, p. 72. que_ se de¡a ver y se expresa como exigencia nueva, insatisfecha ante las
•s R. Chartier, "L'historien ou Je savoir de l'autre", en L. Giard (ed.), M. de Certeau, op.
cit., pp. 155168; reed. con el título "Stratégies et tactiques. De Certeau et les arts de faire", mstituc10nes existentes que rebasa por doquier. Lo que está en juego en el
en A11 bord de la jalaise, París, Albin Michel, 1998, pp. 161172.
49 R. Chartier, Au bord de la [alaise, op. cit., p. 164. 51
M. de Certeau, L'Jnvention du quotidien,t. 1, Arts defaire, París Gallimard Folio 1º90
so Ibid., p. 168. p. XLVI. ' ' ' , '
que en 1971 califica de "ruptura instauradora". Según Certeau, el trabajo giro de la modernidad que se lleva a cabo, según Certeau, entre el siglo
sobre el pasado es de esta forma análogo al trabajo analítico como opera xvn y el XVIIIpero que se acentúa aún más con la secularización genera
ción presente que se aplica a las ecuaciones personales y colectivas. Ser lizada de la sociedad del siglo XX, es la regresión de la institución eclesial
negligente con el pasado es como dejarlo intacto sin saberlo y vivir pues como lugar de enunciación de lo verdadero: "La vida social y el compro
bajo su tutela, mientras que la operación historiográfica hace posible pen miso científico se exilian poco a poco de las enfeudaciones relígíosasv.P
sar el futuro del pasado: "Paradójicamente, la tradición se da pues un La unidad del marco teológicopolítico se rompe sucesivamente en los
campo de posibles".56 La operación historiográfica encuentra pues su con progresos de la secularización, la afirmación del Estado moderno y el
tinuación en Jos análisis de las maneras de hacer en la vida cotidiana. descubrimiento de la alteridad con el contactode los nuevos mundos. De
Certeau detecta en ellas las manifestaciones polimorfas de la inteligencia estas múltiples fracturas resulta un movimiento de exteriorización de la
inmediata, hábil y hecha de astucias, de tácticas usadas por los consumi categoría de lo religioso que hasta entonces se daba en una coherencia
dores que no se dejan reducir a la pasividad sino que producen gracias a única y totalizante. Se encuentra entonces reducida a una expresión pu
su manera singular de apropiarse de los bienes culturales. Estas técnicas ramente contingente y se expresa en su totalidad. El poder político toma
de reapropiación subvierten las divisiones dicotómicas entre dominantes el relevo y le corresponde incorporar las creencias, El Estado instrumcn
y dominados, productores y consumidores. Representan otras tantas po taliza lo religioso y Jo que se modifica, según Certeau, no es tanto el con
tencialidades creativas. Para calificarlas, Certeau vuelve a tomar lo que tenido religioso sino "la práctica que desde ese momento hace funcionar
Deligny llamaba las "líneas de andanza" es decir los recorridos trazados la religión al servicio de una política del ordenº53
por Jos niños autistas fuera de los caminos ya conocidos, de los itinerarios La enseñanza metodológica que saca Michel de Certeau para dar
solitarios, de Jos vagabundeos eficaces que cortan el camino de los adultos. cuenta de este giro en el plano histórico es esencial por su insistencia en
Tanto en el presente como en el pasado, las prácticas son, según la formalidad de las prácticas. Significa, en efecto, que el cambio no es
Certeau, siempre consideradas como irreductibles a los discursos que las tanto en el contenido discursivo en sí, sino ese intervalo cuya distorsión
describen o las proscriben. Toda la investigación de Certeau está habita se resiente profundamente como la expresión de una crisis que no se pue
da por esta tensión entre la necesidad de pensar la práctica y la imposibi de superar y que es producto de una distancia creciente entre la formali
lidad de su escritura en la medida en que la escritura se sitúa del lado de dad de las prácticas y la de las representaciones: "Existe una disociación
la estrategia. Sin embargo, la narración es la única manera de dar cuenta entre la exigencia del decir el sentido y la lógica social del hacer".54 Entre
de la práctica. Paso difícil, este desplazamiento es el que intenta la opera esos dos polos, la experiencia mística expresa las nuevas formas de
ción historiográfica en su ambición de volver a encontrar la multiplici subjetivación de la fe, buscando mantener juntas las dos exigencias diso
dad de las prácticas dándoles una existencia narrativa. ciadas por la evolución histórica.
La manera en que Certeau logra dar cuenta de las prácticas por Así pues, Certeau nos invita a una travesía vivencial. El hecho de
medio de la escritura, consiste en basarse en lo adquirido por una prag exhumar el pasado siempre es iluminado por el devenir y debe nutrir la
mática del lenguaje inspirada en los trabajos de la lingüística de la enun invención de lo cotidiano. La paradoja de la confrontación de la excep
ciación de Benveniste y en Jos trabajos sobre los actos de lenguaje de Austin ción ordinaria que representa JeanJoseph Surin permite comprender
y Searle. Gracias a la pragmática, Certeau logra restituir la singularidad mejor el movimiento que crea las múltiples formas de la inteligencia as
de los modus loquendi de los místicos, caracterizados por un hablar marca tuta, la profusión de las tácticas, la metis griega que se usa en la vida
do por la alteración, la traducción y el exceso de marcos establecidos. Es cotidiana del siglo XX. Una vez más, como en el caso de Ricoeur, el acon
ta travesía de la experiencia nace de la desontologización del lenguaje Y tecimiento es maestro por su capacidad de alterar y poner en marcha:
de la separación creciente entre la lengua deíctica y la experiencia referen "Lo esencial es volverse 'poroso' al acontecimiento (la palabra aparece
cial propia de la modernidad: "Las maneras de hablar espirituales parti frecuentemente), dejarse 'alcanzar', 'cambiar' por el otro, ser 'alterado'
cipan en esta nueva pragmática. Además, la ciencia mística contribuyó a por él, 'herido"'.55 Todo este trabajo de erudición histórica es inspirado
un desarrollo excepcional de métodos".57 Es en el diálogo, el dialogismo, en Certeau por el deseo de iJuminar su siglo, el siglo XX, elucidando lo
donde se entrelaza ese lenguaje místico. La comunicación designa un acto 52 M. de Certeau, L'Écriiure de l'histoire, op. cit., p. 155.
53 /bid., p. 166.
56 M. de Certeau, Le Christinnisme Éclaié, op. cit., p. 46. 5i lbid., p. 171.
55 L. Gíard, Le Vm;ngemvstíoue, París, Cerf, 1988, p. 166.
57 M. de Certeau, La Fable msjstioue. op. cit., p. 178.
287 286
183
FRAN<;OIS oosss MICHEL DE CERTEAU. EL CAMINANTE HERIOO
que concentra relatos, tratados y poemas: "El nombre mismo que simbo hacer escuchar una voz que Ja escritura escrituraría no pueda reducir,
liza toda esta literatura mística remite al 'acto de habla' (el speechact de J. tomando así vías siempre inéditas.
R. Searle) y a una función 'ilocucionaria' (J. L. Austin): es el Espíritu 'el La cacería furtiva de Certeau atraviesa todas estas tcrnpora l idades
que habla', dice San Juan de la Cruz; es el locutor o 'lo que habla"'.58 tejidas como un recorrido de sí, constituido por el embrollo de relatos. de
De esta travesía de la experiencia interior, resulta un desplazamiento obligaciones que representan otros tantos enredos a través de los que la
de la separación entre lo verdadero y lo falso. La ciencia experimental libertad se fragua su vía por caminos no trazados, aquellos que pcrrniton
que predica Certeau, después de Surin, depende de una indeterminación la constitución de un sí mismo para el otro.
presupuesta de la división entre lo verdadero y lo false. Así es como Surin
no se presenta en una postura de maestría de la verdad frente a Jeanne
des Anges. Si la monja está poseída por los demonios, Surin considera
que "saber cuándo dicen la verdad y cuándo no, resulta delicado dar una
regla segura e indubitable".59
La atención a las diversas modalidades del lenguaje se redobló en
Certeau al tomar en cuenta el soporte del discurso que representa el cuer
po. Efectivamente, todos los sentidos del término están en el corazón de
los análisis de Certeau, ya sea la corporeidad, el corpus, el cuerpo social o lo
que hace cuerpo en tanto comunidad confrontada con la ausencia del cuer
po ... Aquí también podemos identificar una gran proximidad entre los
centros de interés de Certeau y los de Foucault, especialmente en ese mo
mento, en 1976, cuando este último define todo un programa de estudio
histórico de la microfísica perfeccionada por el poder sobre los cuerpos,
lo que califica como "biopoder". en la publicación de su primer volumen
de historia de Ja sexualídad.é? Foucault concibe al cuerpo como algo in
asequible que hace discurrir, como la fuente misma de una suma profusa
de discursos productores de ficciones, de simulacros del cuerpo, desbor
dando la tradición de la modernidad por su separación absolutizada en
tre el discurso por un lado y el cuerpo por el otro. Esta orientación es en
gran medida común a los dos proyectos foucaultiano y certaliano, aun si
Certeau no puede seguir a Foucault con su carga antipsicoanalítica. Pero
sobre todo, una diferencia en la escala de análisis opone Ja primacía de
los modos de control del cuerpo transformado en cuerpo dominado, dis
ciplinado, jerarquizado de Foucault al enfoque de Certeau que, partien
do también de ese descubrimiento de los procedimientos del poder sobre
los cuerpos, saca a Ja luz en cada ocasión las múltiples posibilidades de
escape, las mil y una astucias desplegadas en la práctica. Según Foucault,
el cuerpo es atrapado en la red, prendido con alfileres en la tela de araña
que lo retiene por todos lados, mientras que el cuerpo según Certeau,
remite a los recorridos incesantes que desbaratan las estrategias del po
der, a los trazos inventivos, a los caminos de travesía y a Ja posibilidad de
58 lbid., p. 217.
59 [eanjoseph Suri.n, citado por M. de Certeau, w Possession de Loudun, op. cit., p. 218.
60 M. Foucault, Histoire de la sexualité. La volonté de saooir, París, Gallimard, 1976.
288 289
184