-1-
SESION 4
Regreso a Japón (1227-1233)
1227 Regresa a Japón con 28 años
Reside en Kennin-ji.
Escribe el Fukanzazengi.
1228 Recibe la noticia de la muerte de Rujing.
1230 Se traslada a la ermita Anyoin, en Fukakusa, alrededores de Kioto.
1231 Escribe el Bendôwa.
Etapa Koshoji (1233-1243)
1233 Se traslada a Uji.
Comienza los trabajos de reconstrucción del Kannon-dori.
1233 Escribe el Genjokoan.
1234 Ejō se convierte en discípulo de Dôgen.
1236 Inaugura oficialmente el Kōshō-ji, en Fukakusa, cerca de Kioto.
1238 Ejo se convierte en primer discípulo de Dôgen con derecho a enseñar.
Ejo termina la recopilación del Shôbôgenzô Zuimonki, Charlas informales
de Dôgen.
1243 Abandona el Kôshôji.
1233-1243: Escribe 60 de los 96 capítulos del Shôbôgenzô.
Regreso a Japón. Primeros pasos. (1227-1233)
No hay muchos datos sobre los primeros años de Dôgen en Japón. En primer
lugar, retorna al monasterio Kennin-ji, en Kyoto. Pero el Kyoto al que regresó
Dōgen estaba lejos de ser una capital pacífica. En Kioto, Kamakura y otras
ciudades, hubo intentos de derrocar sin éxito al nuevo gobierno militar.
Finalmente, la corte imperial perdió gran parte de su poder y comenzó a
congraciarse con la casta guerrera. El poder de la corte imperial y del gobierno
militar pudo contener también a los monjes guerreros que con tanta ferocidad
habían defendido las propiedades de sus templos. No obstante, la hambruna y
el caos reinaban por doquier.
Para aliviar su malestar, la clase alta se entregó al libertinaje. Parte de la nobleza
se absorbió en el juego y se asoció con bandas de ladrones; incluso los hijos de
los regentes y consejeros imperiales lo hicieron. En la ciudad, no había policía
que pudiera contener las bandas errantes de ladrones. Los guardias de la casta
guerrera mataban a cualquiera que capturaran, pero incluso estas tácticas
-2-
opresivas fueron ineficaces para poner fin al crimen. Hubo incendios
provocados, asesinatos y saqueos todas las noches. Incluso los tesoros
imperiales fueron saqueados y, al final, el palacio imperial fue incendiado. La
"Caída de la Corte Imperial" estaba próxima.
Cuando Dōgen regresó por primera vez a Kioto, fue a visitar Kenninji, el templo
de su antiguo maestro. Pero el Kenninji de aquellos días lo incomodaba. Los
monjes no pensaban más que en su propia supervivencia.
Dôgen escribiría más tarde al respecto:
“Los que estudian la Vía deben ser pobres. Cuando uno mira la realidad del
mundo, se ve que los ricos siempre están expuestos a la ira del pueblo y la
desgracia. Si tienes riqueza, la gente intentará robarla, y si intentas evitar que
te roben, te enojarás de inmediato. La gente defiende el derecho de
propiedad y discute la inmoralidad del robo, pero finalmente se recurre a la
lucha.
Los antiguos sabios despreciaron la riqueza y todos los devas se burlan de
los ricos. Si en cambio deseas la pobreza, no solo evitas la ira y la vergüenza,
sino que también complaces a los Buddhas y sabios. Sin embargo, la gente
estúpida atesora riqueza y se enferma por ella. Incluso los monjes están
afligidos. El buddhismo está degenerando ante nuestros ojos.
Esta es precisamente la diferencia que veo en Kenninji ahora en comparación
con la última vez que estuve aquí hace siete u ocho años. Los dormitorios del
templo ahora tienen cajas fuertes para esconder objetos de valor; los monjes
poseen todo tipo de posesiones. Les gusta la ropa fina, acumulan riquezas y
se sumergen en conversaciones libertinas. Debido a esto, sus estudios
buddhistas decaen. Probablemente sea lo mismo en otros lugares.
Originalmente, los monjes budistas no conocían tesoros más altos que los
kesas y los cuencos. ¿Qué pretendes ocultar a otras personas en una caja
fuerte? Si tienes que esconder algo, es mejor no poseerlo. Uno teme a los
ladrones sólo porque tiene algo que esconder de ellos. Tira todos esos
objetos de valor y el miedo también desaparecerá”.
(Shōbōgenzō Zuimonki, 3.4)
Un Kyoto sin policía fue el trasfondo de este discurso. Ante los ojos de Dōgen
había todo tipo de desastres, engendrados por la codicia por la riqueza. Incluso
Kenninji había sido tragado por este torbellino de codicia. Por tanto, alejarse de
esta codicia se convirtió en una condición necesaria para vivir en la verdad.
-3-
Si Dōgen hubiera visto la posibilidad de conseguir una reforma de Kenninji, tal
vez se habría quedado. Pero no se quedó. Con apenas treinta años de edad, era
poco probable que Dōgen hubiera podido cambiar el templo de Eisai, que ya se
había secularizado por completo. En Kenninji ni siquiera practicaban zazen
formalmente. Dōgen, quien consideraba que el zazen era la práctica
incomparable, no tuvo más remedio que seguir su propio camino de forma
independiente.
Antes de partir de Kenninji, escribe el Fukanzazengi (Principios Universales para
la práctica de zazen), que traduje y publiqué hace años en la obra Riqueza
Interior, en Ediciones Miraguano, dentro de la colección De corazón a corazón.
Este fue el primer texto que Dôgen escribió al volver a Japón. Se trata de un
breve tratado de instrucciones para la meditación que va dirigido a un amplio
círculo de estudiantes. El texto se abre con la pregunta que le había perturbado
durante su juventud y que le acompañaría por el resto de su vida:
La Vía es básicamente perfecta. Lo penetra todo. ¿Cómo podría depender de
la práctica y la realización? El vehículo del Dharma es libre y sin obstáculos.
¿Por qué es necesario el esfuerzo concentrado del hombre?i
A lo largo del texto va proponiendo las principales condiciones que favorecen la
práctica de la meditación zazen:
Para hacer zazen conviene un espacio silencioso. Come y bebe sobriamente.
Despréndete de cualquier compromiso y abandona toda preocupación. No
pienses: “Esto está bien, esto está mal”. No tomes partido ni por ni contra.
Detén todo movimiento de tu mente consciente. Nos juzgues los
pensamientos que aparecen. No cultives expectativas. No tengas ningún
deseo de llegar a ser Buda. El verdadero zazen no tiene nada que ver con la
posición sedente ni con la posición acostada. (…)
Estando en Kenninji recibió la noticia del fallecimiento de su maestro Tiantong
Rujing, ocurrida en 1228, y en Kenninji se produjo también el primer encuentro
con el monje Koun Ejô, quien años después se convertiría en su fiel discípulo y
sucesor.
Finalmente, en el año 1230, Dôgen se traslada a una pequeña ermita de
montaña llamada Anyoin en los alrededores de Kyoto. Allí vivió entregado a la
práctica de zazen y a la redacción del primer capítulo del Shobogenzo, titulado
Bendôwa, Sobre la Transmisión de la Vía.
-4-
“Regresé de China con la intención de difundir la verdad y salvar a todos los
seres conscientes. Esto fue como un gran peso sobre mis hombros. Ahora,
sin embargo, mi intención es esperar una buena oportunidad para seguir
enseñando. Mientras tanto, creo que me dejaré llevar como una nube y
practicaré las costumbres de los Ancestros. Sin embargo, no puedo soportar
ver a los malos maestros de hoy confundiendo a los auténticos buscadores
de la verdad. Como siento lástima por estos estudiantes, voy a dejar
constancia de mis experiencias en China”.
(Shōbōgenzō "Bendōwa").
El año en el que Dôgen se instaló en Anyoin se produjo una terrible hambruna,
seguida por una sucesión de desastres. En pleno verano, una ola de frío golpeó
y la gente tuvo que abrigarse como en invierno. La nieve cayó abundantemente
y hubo heladas como si fuera invierno; durante la temporada de cosecha
aparecieron tifones y fuertes lluvias. El país, que siempre había sido
autosuficiente, se vio repentinamente afectado por la sequía y el precio del arroz
se disparó hasta que finalmente se promulgó un precio tope.
La hambruna se alargó, y al año siguiente la pobreza entre la gente se hizo aún
más terrible. Debido al clima caótico, y debido a que la gente estaba debilitada
por el hambre, las epidemias comenzaron a aparecer con fuerza. Tales aprietos
hicieron que incluso los buenos ciudadanos se convirtieran en bandidos. Los
que no recurrían al crimen venían a sus esposas e hijos.
En Kioto, la gente hambrienta deambulaba confundida buscando comida,
mientras un hedor se elevaba de las filas de cadáveres demacrados que se
alineaban en las carreteras. Naturalmente, hubo disturbios debido a esta terrible
situación. La gente formó pandillas y entró en las casas de los ricos, comiendo
y bebiendo lo que encontraban.
Dōgen simplemente se quedó en su templo abandonado en Fukakusa, haciendo
zazen y enseñando la Vía.
No tenemos forma de saber qué hizo durante su estancia en el templo
abandonado de Fukakusa. Sin embargo, sabemos que durante este tiempo
algunos estudiantes prometedores comenzaron a reunirse a su alrededor.
Cuando Dōgen tenía treinta y cuatro años, monjes y laicos comenzaron a acudir
a Anyoin de manera que, en poco tiempo, el pequeño edificio se volvió
insuficiente y en 1233 la incipiente comunidad se traslada a Uji, cerca de Kyoto,
donde comienzan a restaurar un viejo monasterio, ya que una monja decidió
-5-
reconstruir un nuevo templo a partir de las ruinas del antiguo Gorakuji, un templo
situado en el mismo distrito de Fukakusa, y entregárselo a Dōgen como
donación, por lo que Dôgen se mudó allí para comenzar la reconstrucción.
Durante el ango de verano de ese (geango), el retiro de tres meses de sesshin,
Dōgen escribió el segundo capítulo de su Shōbōgenzō, el Maka Hannya
Haramitsu.
Kannon dori-in - Koshohôrinji (1233-1243)
En esa época se une definitivamente a su comunidad Koun Ejo, quien acabará
recibiendo la transmisión del Dharma de Dôgen, y junto a él otros eminentes
monjes tales como Sokai, Sen'e, Ekan, Gikai, Giin, Gien, Gijun, Gizen, and Giun.
algunos de los cuales desempeñarían un rol fundamental en la comunidad
después de la muerte de Dôgen.
Ejo (1198-1280) en particular estuvo siempre desde el principio muy cerca de
Dogen, aunque era dos años mayor que su maestro. Fue él quien se encargó de
recopilar la colección de dichos de Dogen conocida como Shobogenzo
Zuimonki. Más tarde también ayudaría a su maestro a fundar el monasterio de
Eihei-ji y, tras al muerte de Dôgen, se convertiría en su segundo abad.
Dainichi Nonin y la escuela Daruma shu (escuela de Bodhidharma).
La entrada de estos monjes eminentes en la comunidad de Dôgen tendría con
el tiempo unas consecuencias dramáticas después de su muerte, con la llamada
crisis de la tercera generación, y llevarían a Dôgen durante su tiempo de vida a
cambiar su actitud con respecto al maestro chan chino Dahui Zonggao.
Casi todos estos monjes, incluido Ejo, habían formado parte de la escuela
Daruma-shu, fundada por el monje japonés Dainichi Nonin.
Dainichi Nōnin fue un monje budista del que se dice que alcanzó el despertar
por él mismo, sin maestro. En 1189 envió a uno de sus discípulos a China para
que recibiera en su nombre el Sello de Certificación del maestro chan Zhuoan
Deguang (1121-1203), un sucesor inmediato de Dahui.
Aunque los académicos suelen señalar el inicio del Zen en Japón con los viajes
que Myoan Eisai (1141-1215) realizó a China en realidad, algún tiempo antes
Dainichi Nônin (que murió en el 1194, es decir, 6 años antes del nacimiento de
Dôgen) se había autoproclamado a sí mismo como maestro Zen.
-6-
Muchas cosas de la vida de Nônin no están claras, incluidas las fechas de su
nacimiento y muerte. Está registrado que Nônin estudió las escrituras budistas
siendo joven y "su disposición natural le condujo la meditación Zen". Después
de una práctica asidua decidió fundar el monasterio Sambo-ji. Sin embargo, en
vista de que no había recibido el reconocimiento como maestro Zen, en 1189
envió a dos de sus discípulos a China, para que visitaran al maestro chan
Zhuoan Deguang (1121-1203), discípulo del famoso Dahui Zonggao (jp. Daie
Sôkô,1089-1163), y le pidieran un reconocimiento oficial para su maestro.
Deguang tuvo a bien no sólo entregarles el deseado certificado sino que además
le envió varios regalos: un kesa, un retrato propio firmado y una imagen de
Bodhidharma. Después de que los discípulos volvieran, el nombre de Nônin
empezó a extenderse con fuerza por todo lo ancho y lo largo del Japón. La fecha
probable de la muerte de Nônin es 1194 ó 1195.
Su escuela fue conocida como Daruma shu, en recuerdo de Bodhidharma. El
maestro zen Eisai criticó duramente a Nonin y a su escuela:
Los adeptos de la escuela Daruma dicen que “no hay ningún precepto que
seguir, ninguna práctica con la que comprometerse. Desde el origen no hay
ilusión, desde el principio estamos iluminados. Por eso no es necesario
practicar, ni seguir los preceptos. Se come cuándo se está hambriento y se
descansa cuándo se está cansado” ¿Cómo puede ser esto? Uno no debe
hablar o asociarse con ellos y debe de mantenerlos tan lejos como sea
posible.
La crítica de Eisai a la escuela Daruma se centra principalmente en la insuficiente
atención que se prestaba a los preceptos y a la falta de práctica. Al parecer,
Nônin hizo una interpretación libre de las reglas monásticas. Nônin y sus
discípulos fueron generalmente muy mal considerados por el entorno religioso
de la época.
Una de la principales críticas era ¿por qué Nônin no hizo el viaje a China para
practicar con un maestro chino como sí hicieron muchos de sus
contemporáneos? Quizás fue debido a su edad avanzada por lo que sintió que
era suficiente lo que había aprendido, o quizás fuera debido a su posición de
abad en el monasterio Sambo-ji lo que le impidió llevar la deseada y peligrosa
travesía. De cualquier modo, durante aquel tiempo en Japón, la experiencia
personal de práctica Zen bajo un maestro chino reconocido se consideraba
indispensable.
-7-
A pesar de haber recibido el sello de la Certificación en el linaje chan rinzai de
Dahui Zonggao, Nonin no adoptó la forma zen de Dahui, sino que creó su propio
estilo basado en la meditación zen, en el zen temprano dela Escuela china del
Norte, en la escuela Tendai introducida en Japón por Saicho. Por tanto,
incorporó en su doctrina elementos de la práctica esotérica Tendai (taimitsu)
pero no desarrolló el empleó del kôan.
Nonin fundó el templo Samboji en un anexo del centro Tendai del Monte Hiei,
en Kyoto. En 1194, tras la muerte de Nonin, las autoridades de la escuela Tendai
solicitaron al gobierno la prohibición de la escuela Daruma shu y el gobierno la
prohibió, por lo que la escuela pasó a una especia de clandestinidad sin templo
fijo. El sucesor de Nonin fue el monje Kakuan, bajo cuya dirección se formaron
los monjes Koun Ejô y Tetsu Gikai, que más tarde llegarían a ser discípulos
importantes Dôgen. Kakuan confió el legado de Nônin a Ejô poco antes de su
muerte y le instó a unirse a Dôgen tras su desaparició, ocurrida probablemente
en 1234, el año en el que Ejô se unió a Dôgen.
Después de la muerte de Kakuan, el monje Ekan tomó el relevo como cabeza
del linaje Daruma-shu. En 1241, Ekan y el núcleo duro de la escuela entraron en
la comunidad monástica de Dôgen, cuando aún se encontraba en Koshoji.
La escuela Daruma-shu terminó por desaparecer poco después, aunque aún
duraría hasta mediados del siglo XV.
Es probable que los discípulos de Nonin e hubieran dirigido a Dôgen debido al
amplio contacto que Dôgen había tenido en China con los descendientes de
Dahui. Pero Dôgen fue muy crítico con Nonin, al que tacharía de “hereje” y con
su escuela. Fue justo en esta época, 1242, cuando se observa un cambio
repentino de la actitud de Dôgen hacia Dahui, que puede haber surgido en gran
parte por su esfuerzo en convencer a sus discípulos, que habían seguido la
enseñanza de Dahui bajo la dirección de Dainichi Nonin, de que sólo la escuela
Caodong (jap. Soto) de Rujing contenía la auténtica transmisión del Dharma.
Después de la muerte de Dôgen, las tensiones y contradicciones entre el estilo
de practica de Nonin, en el que se habían formado muchos de sus discípulos, y
el estilo propio de Dôgen llevarían a una conflicto y escisión en el monasterio
Eiheiji.
-8-
Dôgen quería completar la reconstrucción del templo Koshoji, pero él mismo
advertía contra contra la construcción de magníficos templos o y de imágenes
de Buddha buscando la fama y la gloria.
En el Shobogenzo Zuimonki dice:
"Hoy en día, la mayoría de la gente piensa que construir imágenes de Buddha
o construir templos es un signo de que el budismo se está extendiendo. Esto
no es cierto. Los templos magníficos, aunque sean obras de arte y estén
decorado con joyas o pan de oro, no garantizan el despertar de los que viven
en él. Es cierto que los laicos se sienten felices cuando donan sus riquezas
al mundo del Buddha y reciben el beneficio de los méritos de su generosidad,
pero esas acciones no son las de los monjes. Los monjes no deben
preocuparse por la propagación del budismo. Deben reflexionar y meditar
sobre las palabras del Buddha y practicar zazen, aunque sea por un corto
tiempo, en una humilde cabaña o debajo de un árbol; silos monjes practican
así, el budismo florecerá naturalmente. Ahora estoy buscando benefactores
que quieran contribuir en la construcción de la sala de meditación. Tengo
mucho que hacer y pocos estudiantes que me ayuden, con lo cual me veo
obligado a perder mucho tiempo. Por lo tanto, espero sinceramente que la
sala de meditación sea construida para que pueda ayudar a las personas a
entrar en contacto con el budismo y enseñarles zazen. Pero incluso si mi
anhelo no se ve realizado, no me sentiré decepcionado. Si puedo dejar
levantado tan solo un pilar, mis sucesores recordarán mi esperanza no
cumplida. No obstante, lo que suceda después de mi no es asunto mío".
En el año 1236 con la culminación de la sala de los monjes (sodo) de
Kannondori-in, verdadero centro neurálgico del complejo monástico, el templo
es consagrado y renombrado tras su ampliación como Kosho-horin-ji
(abreviado: Kosho-ji). Se trata de la primera gran ceremonia realizada
completamente en japonés, dejando atrás el tradicional kanbun chino.
En 1237 se completa la sala del Buddha (hatto) y se agrega un anexo a la sala
de los monjes (juundo). Acaba por hacerse realidad la idea de Dôgen de un
auténtico monasterio Zen con sus tres edificios principales: sala del Buddha
(hatto), sala del Dharma (hondô) y sala de la Sangha (sodo), el primero de este
estilo en Japón. En ese mismo año, su discípulo Ejô fue autorizado a subir a la
estrada y enseñar.
-9-
Con el templo completo en todos sus edificios, Dôgen comenzó a formar
seriamente a los monjes así como a los laicos devotos.
A lo largo de la década de los años 30, los tiempos de hambruna y penuria se
fueron quedando atrás, pero el malestar en el corazón de la gente aún no había
disminuido. Incluso entre la casta samurái en la que se apoyaba la autoridad
militar gobernante, muchos decidieron liberarse de los asuntos del mundo y
volver a los valores del budismo. Pero la autoridad religiosa todavía estaba en
manos de las escuelas antiguas y de los monjes guerreros del monte Hiei, cuyas
demostraciones de poderío militar no se habían detenido. La escuela de la Tierra
Pura, recién surgida fue prohibida. Por lo tanto, la única forma de budismo a la
que los samurais podían recurrir era la nueva escuela Zen.
Dōgen vió esta oportunidad. Algunos de sus discípulos monjes y laicos
influyentes aconsejaron a Dôgen que dejara Kyoto y se trasladara a Kamakura.
Recordemos que en esta época Japón tenía dos centros de poder político:
Kioto, la capital del emperador y la corte imperial; y Kamakura, donde el bakufu,
o gobierno militar, mantenían su centro de gobierno. La respuesta de Dôgen fue:
"No, no voy a ir. Si los samurais tienen realmente la voluntad de seguir la
verdad del Buddha, es mejor que vengan a mí, aunque tengan que cruzar
montañas, arroyos, ríos y océanos para hacerlo. El peor sufrimiento que
puedo imaginar sería predicar la verdad del Buddha para adquirir riqueza y
fama mundana”. (Shōbōgenzō Zuimonki, 2.7)
Dôgen permaneció dieciséis años en los alrededores de Kyoto, tal vez porque
por educación y raíces familiares se sintiera más cercano a la corte real. Por esa
época dirigió al emperador Gosaga un tratado titulado “El método de pacificar
al Estado mediante la verdadera ley” (Gokoku Shobo-gi). El contenido real del
tratado se desconoce pero en base a otros escritos de Dogen se puede suponer
que proponía que el Estado debía regirse por el espíritu del budismo zen, es
decir, el espíritu de la igualdad e identidad de todas las cosas y todas las
personas: un punto de vista que probablemente no complacería a los líderes de
las escuelas más antiguas que formaban parte del establishment, ya que negaba
su posición privilegiada.
En el capítulo Bendowa, el primero del Shôbôgenzô, Dogen describe su visión
de la relación del budismo con el Estado de la siguiente manera:
"Cuando la Verdadera Vía es practicada ampliamente en la nación, los
diversos Buddhas y deidades celestiales protegen continuamente al país y la
- 10 -
virtud del emperador ejerce una buena influencia sobre la gente, trayendo la
paz. Cuando la nación está así pacificada por un emperador sabio y virtuoso,
entonces La Vía del Buddha es fortalecida y puede ser verdaderamente
practicada".
Tal misiva no tuvo respuesta alguna.
Alejado tanto del poder de la corte imperial como de la esfera del gobierno
militar, el decenio que va desde 1233 hasta 1243 fue el más fructífero en la vida
de Dôgen. Durante estos diez años escribió 64 de los 95 capítulos del
Shobogenzo, y en 1238 concluyó el Shobogenzo Zuimonki, iniciado tres años
antes.
Capítulos del Shôbôgenzô escritos en el periodo 1233-1243, por año
1233: 2
1238: 1
1239: 4
1240: 7
1241: 10
1242: 16
1243: 23
En concreto, en el año 1243 escribió 23 capítulos.
Esta etapa tan fértil en Koshoji concluyó a causa de nuevos problemas. Su
creciente fama no solo atrajo a un número cada vez mayor de monjes, laicos y
visitantes, lo cual perturbaba la práctica y el estudio de su comunidad, sino que
también hizo que Koshoki se convirtiera en el objetivo de la persecución de las
escuelas budistas más antiguas y establecidas. Los líderes religiosos del Monte
Hiei, afiliados a la entonces todopoderosa y cada vez más degenerada escuela
Tendai, fueron especialmente hostiles en su condena de Dôgen, celosos de su
creciente influencia. Incluso se dice que ordenaron la destrucción de Kosho-ji.
Se dice también que la necesidad de dejar Kyoto pudo deberse en parte al hecho
de que la escuela Daruma-shu tenía muchos seguidores en esa provincia.
Sea como fuere, Dôgen, alentado por sus monjes y por su protector, el señor
feudal Hatano Yoshishige, decidió abandonar Koshoji en el año 1243 y trasladarse
a la remota provincia de Echizen, frente al Mar de Japón.
- 11 -
Después de la muerte de Dôgen, el Koshoji dejó de existir. Durante la guerra
medieval, el fuego destruyó el recinto y muchos manuscritos valiosos. En 1648,
el gobernante local Nagai Naomasa lo reconstruyó en Uji, su ubicación actual, y
lo puso a disposición de Ban Eishu (1591-1654), quien se convertiría en su abad
y quien restauró la práctica severa y simple del Zen de Dôgen. El templo ha
continuado activo desde entonces hasta la actualidad.
Bibliografía:
- Shôbôgenzô Zuimonki. Enseñanzas zen de Eihei Dôgen. Traducción al
español de Dokushô Villalba. Ediciones Miraguano.
- Shôbôgenzô. La preciosa Visión del Dharma Verdadero, de Eihei Dôgen.
Traducción anotada de Dokushô Villalba. Editorial Kairós.
- Budismo: Doctrina e Historia. Volumen 3: ZEN, de Dokushô Villalba.
Ediciones Miraguano.
- Hokyoki: el diario de Dôgen en China, de Eiehi Dôgen. Traducción,
introducción y notas de Dokushô Villalba. Ediciones Miraguano.
- 12 -