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Autolesiones en Adolescentes: Psicoanálisis

Este documento analiza el síndrome de autolesiones en la piel en adolescentes. Describe el caso de Zoe, una adolescente de 15 años que se cortaba la piel y vomitaba sistemáticamente. Explica que las autolesiones surgen de una "insuficiencia psíquica" causada por una cultura que relega lo psíquico. Las autolesiones producen alivio temporal pero el circuito se repite debido a la angustia subyacente. El documento también analiza cómo las dificultades en el desprendimiento parental complejiz

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Autolesiones en Adolescentes: Psicoanálisis

Este documento analiza el síndrome de autolesiones en la piel en adolescentes. Describe el caso de Zoe, una adolescente de 15 años que se cortaba la piel y vomitaba sistemáticamente. Explica que las autolesiones surgen de una "insuficiencia psíquica" causada por una cultura que relega lo psíquico. Las autolesiones producen alivio temporal pero el circuito se repite debido a la angustia subyacente. El documento también analiza cómo las dificultades en el desprendimiento parental complejiz

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Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes

Año 2015, Nº 16

Cortarse solo: Acerca de las autolesiones en la piel

Susana Kuras de Mauer∗

Noemí May∗

“No es extraño que en este tiempo en el que se nos incita a la acción y


no a la reflexión, se advierta el deseo de recuperar alguna emoción perdida.”

(M. Pelento 2009)

“Grité poque me salió mucha sangre. Se me fue la mano. Por eso se enteró mi
madre…..Sólo me corto algunas veces, cuando no puedo más conmigo”. Así Zoe, de 15
años accede a iniciar un tratamiento preocupada porque se ve gorda, fea y no le gustan
sus piernas. Empezó a rayarse la piel en el colegio con la punta de un compás. Zoe
refiere problemas de relación con sus compañeros, sobre todo con los varones. Mantuvo
ocultas tanto sus lesiones en los brazos como sus comportamientos bulímicos: vomitaba
sistemáticamente varias veces al día. Sólo se aliviaba por momentos, luego la inundaba
el arrepentimiento. Una frustración amorosa que no pudo soportar (digerir) fue el
desencadenante de ambas expresiones de rechazo de sí misma. Lábil, inestable y
carenciada, Zoe necesitaba ser apuntalada en el movimiento de reconstitución de sus
bases narcisistas.
Atrapados en la oscilación entre la angustia de separación y la expectativa de
desasimiento, los adolescentes se someten a una tiranía del cuerpo cuyo sentido último
desconocen...
Una cultura que propicia la acción como lenguaje predominante, relega lo
psíquico a un segundo plano. Se genera así una “insuficiencia psíquica” que reenvía a la
acción en busca de alivio. El cuerpo está marcado por la cultura como el terreno de
operaciones concreto, tangible de las búsquedas, siempre conflictivas, que hacen a la


Susana Mauer, Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. [email protected]

Noemí May, Asociación Psicoanalítica Argentina. [email protected]

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Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes

Año 2015, Nº 16

adolescencia. Es a través del estudio y la interpretación de un síndrome, el de las


autolesiones en la piel, que intentaremos dar cuenta de algunas dimensiones de la
problemática adolescente.
Con algún objeto cortante los adolescentes se bordean las venas de la muñeca,
del antebrazo, de las piernas, profiriéndose un corte. Especulan y deciden su
localización, extensión y profundidad. A veces fallan. Las determinaciones y sentidos de
este síndrome descarnado y silencioso son múltiples y complejos.
Rastrillar, rayar, cortar la superficie del cuerpo, es una acción que se inscribe a sí
misma dejando huellas. La piel como envoltorio, sede de la sensibilidad y el contacto,
escenario primero del encuentro con la madre, se lastima. Esta pizarra donde se
inscriben los intercambios sensuales desde los comienzos de la vida, queda investida
como superficie libidinal. En función de estas experiencias iniciales, en la piel impactan
tanto el amor y la ternura como la sobreexcitación y el trauma. De ahí que textos
mudos de palabra dejen su impronta y sus huellas en la piel. Sus destinos pueden ser
diversos. Quedar silenciado, convertirse en el escenario de alguna afección
psicosomática, soporte de tatuajes y de cortes. La exigencia de las pulsiones del
adolescente se dialectiza a su vez con la redefinición de todos los vínculos en los que se
entrama. Todo esto pone en movimiento la historia libidinal y simbólica, reeditando
viejas carencias narcisistas que no han libidinizado suficientemente los bordes del
cuerpo. Cortarse la envoltura de la piel, cual packaging descartable, testimonia este
déficit.
Este fenómeno se resiste a ser clasificado en forma excluyente, ubicándose en
el entrecruzamiento de varias corrientes activas y reactivas de la adolescencia. El
empuje pulsional avasallante inherente a la adolescencia es el motor de manifestaciones
clínicas entre las cuales se encuentra el fenómeno que nos ocupa. Inicialmente fue
significado como acto con connotaciones suicidas. Su naturaleza paradojal lo enlaza
tanto a la impulsividad como al cálculo, a la omnipotencia y a la impotencia, al
sufrimiento y al alivio.
Frente a sentimientos intensos de anonimato o de inexistencia, la imagen de sí
queda subrayada por el acto mismo de autolesionarse. Por eso produce alivio. El
protagonismo exaltado que conlleva, guarda una estrecha relación con la impotencia
que lo genera.

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Año 2015, Nº 16

Esta coexistencia de alivio y dolor, que Freud llamara “coexcitación libidinosa


provocada por una tensión dolorosa y displacentera”, sería un mecanismo infantil que es
la base fisiológica del masoquismo erógeno¨1
El placer autoerótico que produce el autolesionarse explica el efecto de
apaciguamiento al que está asociado. A su vez la reiteración compulsiva de este
fenómeno, como calmante de la angustia, lo vuelve compulsivo. El circuito de angustia y
alivio en torno al acto de cortarse, queda marcado en la piel impidiendo su desmentida.
La pregunta que nos surge acerca del dolor que tales incisiones producen resulta
inevitable. La impresión que el acto genera es de aprehensión porque se asocia
inevitablemente al acto de cortarse las venas. Las representaciones de piel lastimada
impactan y producen rechazo. El alivio que produce el cortarse es transitorio. El circuito
se repite y la anestesia incita una vez más a buscar adrenalina jugando con el filo y en
el filo. Con una actitud omnipotente, ostentan provocación y a la vez minimizan la
exposición al riesgo.
Asociado a circunstancias psicopatológicas variadas, este síndrome se expresa
en un lenguaje de acción destinado a mostrar y a velar algo que no puede- y no quiere-
discurrir por la vía de la palabra. Las determinaciones inconscientes que lo generan son
desconocidas para el adolescente, pero en tanto acto, responde a una intención
consciente y premeditada. Va en busca de algo cuyos sentidos desconoce; un acto loco y
desesperado, que se le impone con el que intenta evitar una angustia insoportable.
Es una escena épica, solitaria y destinada a un otro a quien cuestiona, rechaza,
convoca, excluye .También en ocasiones puede tomar la forma de un pasaje al acto en el
que el sujeto se siente desechado y apela a este actuar impulsivo inconsciente que se le
impone sin expectativa alguna.
Ej: Damián, de 17 años, tenía estallidos frente al espejo en los que arrebataba su
rostro, lo apretaba, lo lastimaba, lo marcaba. Luego de cada una de dichas explosiones,
Damián se recluía en su habitación durante días esperando que cicatricen sus heridas. Es
esta otra variante de autolesiones en la piel que también alude a una dificultad en la
diferenciación, en este caso de su hermano gemelo. Damián insistía en que por ser
idéntico a su hermano, todos buscaban alguna marca que los distinga. El rostro, era el
blanco donde él sentía que todos, incluso él mismo disparaban.

1 Freud,S: El problema económico del masoquismo, AE XIX, pag 169

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Año 2015, Nº 16

En nuestra experiencia clínica, una variable importante en la conflictiva


intersubjetiva que hace a este fenómeno, es la dificultad que plantea el desasimiento
parental en la actualidad. Renunciar al sostén familiar para insertarse en un mundo
poco consistente complejiza el tránsito a la exogamia .Una intensa frustración,
sensaciones de extravío, y sobredosis de estímulos, entre otros, pueden desencadenar
este acto como manifestación de malestar - o de intolerancia al malestar - . En la
conquista de la autonomía el adolescente trata de “cortarse sólo”.
Phillipe Jeammet sostiene que a mayor inseguridad el adolescente más
necesitará un reaseguro con apoyos externos, recurriendo a las percepciones, a la
motricidad para contrainvestir una realidad que ya no puede controlar. Pero la paradoja
es que tanto la presencia del otro como su ausencia resultan amenazantes. Describe en
la adolescencia dos modos privilegiados de insatisfacción como defensa frente a la
dependencia. Sus dos variantes de expresión son las conductas de oposición y las quejas
corporales.2
Desasimiento de los padres y masoquismo quedan en estos casos
anudados. En la expresión cortarse solo convergen el desgarro del
desasimiento marcado en la piel, la búsqueda y el dolor de estar solo, y la
insuficiencia de recursos narcisistas para construir una nueva imagen corporal,
que inevitablemente resultará insatisfactoria. Una dimensión del aparato psíquico
que irrumpe en busca de una pura descarga, sin representaciones asociadas. Es un
juego de ocultamiento y llamado al otro, a quien convoca sobre todo si “se le va de las
manos”. Una intimidad difícil de habitar se impone por la vía del acting y es vivida con
angustia y con alivio.
Una paciente de 20 años, preocupada por no estar iniciada sexualmente aun,
relata en sesión, que luego de una salida en que sus amigos cuentan experiencias de
encuentros sexuales, llegó a su casa y se lesionó con un cutter. “Se va la angustia
cuando hago esto, y la culpa…La angustia es culpa? Me alivia la culpa”
¿Ritual de iniciación?. ¿Búsqueda de protagonismo? Obviamente hay muchos
puntos de contacto en esta paciente entre la iniciación sexual y la autolesión. En ambas
hay una gotita de sangre, una marca en el cuerpo, un goce…Eludido el otro, se inició
sola, sin encuentro, sin otra presencia.

2 Jeammet P.: La identidad y sus trastornos en la adolescencia. S.e.p.y.p.n.a , Toledo 1994

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La erotización del dolor que producen las incisiones en la epidermis constituye


una forma de deslizamiento del sujeto hacia una patologización de su discurso hecho
acto, o más precisamente hecho piel (Mauer, May 2010).
¿Se trata de una actividad masoquista autoerótica? La piel como zona erógena,
sede del contacto más primario del sostén materno, es, desde un comienzo, receptora
de estímulos que pueden resultar traumáticos por exceso o por defecto.

Sintetizando, este sello en la piel, es una marca autoportante que se constituye


en la intimidad como una heráldica, un “muro para la inscripción”
(Peskin 2013). En el tatuaje tiene cierta pregnancia el contenido de la inscripción
indeleble e irreversible mientras que en las lesiones en la piel, a las que aquí nos
referimos, la acción de cortarse es más relevante que la huella que deja. Sin letra y de
efímera duración, el rayarse lastima la piel generando un goce autoerótico masoquista.
Al ser uno mismo quien ejecuta el corte, coinciden en un único acto sujeto y objeto,
actividad y pasividad, aspectos sádicos y masoquistas.

Hay una innegable distancia entre escrituras como los graffitis en bancos de
plazas, pupitres escolares, paredes públicas y aquellas que tienen como soporte el
cuerpo. Marilú Pelento diferencia la naturaleza fugaz de las trazas borrables y
transitorias del ”block maravilloso” de las marcas indelebles propias de las imágenes
tatuadas en la piel . Pero hay una distancia más radical aun en este otro tipo de cortes
cutáneos autoinfligidos, no figurativos, solitarios, en los que la descarga motriz ocupa el
primer plano. A diferencia del tatuaje cuya marca se ofrece a la vista o a la lectura en
forma más explícita, las cicatrices de las lesiones de piel en cambio, son mudas y más
resistentes a la interpretación. No se trata aquí de resistencias producto de la represión
sino material que carece de inscripción psíquica. Su sentido debe ser fundado no
hallado.
“….Determinadas formaciones culturales, al ofrecerse de un modo casi
compulsivo obstruyen el trabajo del inconsciente.” (M. Pelento 2009).
El psicoanálisis se propone rescatar este fenómeno que transcurre en la piel y en
el límite de lo psíquico y lo social, para volverlo texto significante en lugar de mudo
desgarro.

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Año 2015, Nº 16

BIBLIOGRAFIA

Anzieu D: Las envolturas psíquicas, Amorrortu, 1990, Buenos Aires

Bleichmar, S.: Límites y excesos del concepto de subjetividad en psicoanálisis en “La


subjetividad en riesgo”. Bs.As. Ed. Topia, 2005

Freud S.: (1895) Proyecto de una Psicología para Neurólogos. Vol I. Bs.As. Ed. Amorrortu

_ (1914) Introducción del narcisismo .AE Vol. XIV

_ (1929) El malestar en la cultura AE, Vol. XVIII.

_ (1926) Inhibición, síntoma y angustia AE Vol. XX

Jeammet, Phillipe: Violencia y narcisismo; Revista Núm. 11, 1998, Psicoanálisis con
niños y adolescentes, Buenos Aires.

Mauer, S. Y May, N.: Desvelos de padres e hijos; Emecé, 2008, Bs.As.

Mauer S, y Noemí May: “Escritura psíquica en la infancia” . Rev. de Psicoanálisis,


Asociación Psicoanalítica de Madrid, España

Mauer S y May N: Inquietud por chicos que se tajean la piel. Diario “La Nación”, edición
del 9 enero 2010

Pereda, Myrta Casas de; “Sujeto en escena”; Isadora Ediciones, 2007, Montevideo
Uruguay.

Pelento, Marilú; Adolescencias marcadas; comunicación en la 23 Jornada Anual del


Depto de Niños y Adolescentes "ArmindaAberastury":
El niño como objeto: uso y abuso
2009

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