Calificaciones y Deberes del Pastor
Calificaciones y Deberes del Pastor
Contenido
Introducción. Algunas palabras del traductor y El llamamiento Divino al ministerio.
Sección 2 - Establecimiento en el Ministerio
Sección 3 – La Adoración Pública
Sección 4 – Reuniones Sociales y Devocionales
Sección 5 - La Administración de Las Ordenanzas
Sección 6 – El Pastor y La Escuela Dominical
Sección 7 – La visitación Pastoral
Sección 8 – Avivamientos
Sección 9 – La cultivación de la vida social en la Iglesia
Sección 10 – El Pastor como Administrador
Sección 11 – Velatorios
Sección 12 – La Cultivación del Espíritu Misionero
Sección 13 – El Pastor y La Prensa
Sección 14 – Relaciones Con Las demás Denominaciones
Sección 15 – El Cambio de campo
Sección 16 – Ministros Que No están Pastoreando
Sección 17 – El Estudio del Pastor
Sección 18 - La Responsabilidad del Pastor
Sección 19 – El Testimonio del Pastor
Sección 20 – La vida Personal del Pastor
Algunas palabras del traductor
“Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las
congregaciones, dadas por un pastor. Ahora, hijo mío, a más de esto sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y
el mucho estudio es fatiga de la carne” Eclesiastés 12:11-12. Yo soy un gran amante de
libros. Ellos son amigos míos. Hay buenos y malos amigos. Es así también
con los libros. Cuando encuentro un buen libro tengo un anhelo compartirlo
con mis amigos pastores hispánicos. Si por acaso es un libro escrito en
Inglés, no puedo a menos que está traducido a Español. Cuando encontré el
Libro “EL Pastor, Sus Calificaciones y Deberes” yo sabía que era un libro que debe estar en
las manos de mis amigos que son pastores hispánicos. Desde que, a mi
conocimiento, no hay una traducción del libro en Español yo mismo me puse a
traducirlo.
Cada amigo mío tiene algunas creencias y peculiaridades con las cuales
no estoy de acuerdo. A veces tengo que disculparles y espero que ellos me
brinden el mismo favor. Es así también con los libros y este libro no es
una excepción. La única manera de ser un fiel traductor es traducir un
libro tal cual como es. El hecho de haber traducido el libro no quiere
decir que estoy un cien por ciento de acuerdo con todo lo que él dice. En
mí opinión, hay poco o nada en el libro que va a guiar a un pastor por un
mal camino. Hay mucho que va a ser útil en guiarle en el camino recto y
bueno.
Encomiendo este libro a ustedes con la esperanza que sea una gran
bendición en su ministerio.
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El Llamamiento Divino Al Ministerio
Un llamamiento divino al ministerio es un requisito a cumplir con el
ministerio cristiano. Es lógico esperar que Dios, un soberano, elegiría sus
propios siervos y enviarlos como sus embajadores. En el Antiguo Testamento
vemos que Dios llamó a los profetas. Por eso, tenemos razón en esperar que
en la dispensación presente él haría lo mismo. Nadie tenía derecho a
meterse en el oficio de ser profeta. Dios dijo: “El profeta que tuviere la presunción de
hablar palabra en mi nombre, a quien yo no he mandado hablar, o que hablase en nombre de dioses ajenos, el tal profeta
morirá” Deuteronomio 18:20. También Jeremías 23:30 dice; “Yo estoy contra los profetas,
dice el Señor, que hurtan mis palabras”. Vea también Jeremías 1:4-10. La confirmación de
esto se ve en considerar lo siguiente:
1.- Los pastores en el Nuevo Testamento son nombrados como los elegidos de Dios . Es obvio en
cuanto a los apóstoles y los setenta pero se ve en cuanto al ministerio en
general. Los ancianos de Efeso fueron puestos por el Espíritu Santo.
(Hechos 20:28) Arquipo recibió su ministerio del Señor. (Colosenses 4:17)
Pablo y Bernabé fueron llamados por el Espíritu Santo. (Hechos 13:2)
2.- El ministerio es un regalo de Dios, dado a la iglesia . “El mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas;
a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la
edificación del cuerpo de Cristo” Efesios 4:11-12. Los dones para este ministerio son
otorgados por Dios y los hombres están enviados a su obra por Dios mismo en
contestación a las oraciones de los santos. (Vea Romanos 12:6-7, Lucas
12:1-28).
3.- La naturaleza de la obra, como se implica en los términos que se usa en designarla, requiere un llamamiento
divino. Se llama “embajadores de Cristo” que quiere decir que hablan en nombre de
él. Son mayordomos de él, encargados de llevar el evangelio a los demás.
Por eso, el ministerio no es elegido como los hombres eligen un oficio, basado sobre su preferencia o interés
personal. Es algo que uno acepta en obediencia a un llamamiento de Dios. El de
estar consciente a esto es imprescindible calificarse por la obra. La
importancia que las Escrituras ponen en la obra del ministerio implica la
distinción entre el llamamiento al ministerio y el de elegir un oficio. Se
puede expresar esta distinción de la siguiente manera. En cuanto al pastor,
su obra es una en la cual su conciencia le obliga; él siente que es su
deber hacerlo y, al contrario, se sentiría culpable. En cuanto a aquel que
elige un oficio, es un asunto de talentos, preferencia e interés él siente
que es sabio para elegir dicho oficio pero no hay él, sentido de obligación
o de que sería culpable si no lo elige. En el uno hay el sentido de
obligación, como Pablo manifestó cuando dijo; “Me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no
anunciare el evangelio!” 1 Corintios 9:16. En cuanto al otro, hay un sentido de lo
que es recto y sabio y la aprobación divina pero el no hacerlo no sería
rebelión en contra de Dios.
Hay dos extremos que se debe evitar en cuanto a la manifestación del
llamamiento al ministerio. Por un lado están los que piensan que el llamamiento constituye una
preferencia por tal ministerio y resulta porque algunos que están inclinados hacía a la literatura o intereses personales
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buscan la obra del ministerio sagrado sin ser llamados por Dios . Hay otros que piensan que nadie debe entrar
el ministerio sin una manifestación sobrenatural, como una voz del cielo junto con una lucha mental en busca de dirección
divina. Si no pasan por semejantes experiencias piensan que no están
llamados. Resulta que hay los que se equivocan y pierden. Pierden su
verdadera misión de la vida. A la verdad, el llamamiento es divino y lo
mismo pasa con la salvación. Ninguno de los dos es siempre acompañado por
una manifestación sobrenatural. El llamamiento es confirmado por la
oración, nuestra experiencia y estudio de la Palabra de Dios. Debemos
animar un joven creyente a meditar con cuidado y preguntarse si puede ser
que Dios le está llamando al ministerio. Un pastor debe tener sabiduría y
discernimiento de animar y guiar a los jóvenes a buscar la dirección de
Dios en cuanto a su misión en la vida. Así se puede ayudarles a evitar la
tristeza que resulta de no encontrar el plan de Dios para su vida. Es
posible rescatar a algunos de ocupar su vida en un oficio secular cuando
deben estar en la obra del Señor. El llamamiento divino se manifiesta de
tres maneras que vamos a delinear: en el corazón, en la convicción de la iglesia y también en la
providencia de Dios.
El Llamamiento Interno
Lo siguiente está incluido en esto:
1.- Un Deseo fijo y Honesto por la obra. “Palabra fiel: si alguno anhela obispado, buena obra desea”, 1
Timoteo 3:1; hace falta el deseo por la obra. Es cierto que fracasará si él
no tiene un gran entusiasmo por la obra. Es muy necesario que él se encante
de predicar, que le guste componer mensajes, y que el estudiar le sea
placentero. Además, hace falta que también esté plenamente convencido de
que el bienestar eterno de los hombres depende de su relación para con
Dios. El debe tener un gran amor por Cristo y por la obra de Dios. Pablo
dijo; “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que acabe mi carrera con
gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”, Hechos
20:24.
2.- Un pastor llamado divinamente debe sentir de continuo un Anhelo y Obligación de Predicar el Evangelio.
Pablo dijo; “Porque, me es impuesta la necesidad, y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! ” 1 Corintios
9:16. Puede ser que no siempre sentirá el mismo imperativo intensivo por la
obra pero siempre debe sentirlo, lo más que él se acerca a Dios, lo más que
va a sentir la aprobación e impulso de Dios. Por eso, para confirmar su
misión en la vida, hace falta mucha oración y el testimonio del Espíritu de
Dios de que estamos en su voluntad.
3.- Hace falta también un sentimiento de debilidad, de indignidad y de que la realización tiene que depender de
todo corazón en el poder de Dios. Esto, y nada más, es una prueba infalible. Los
jóvenes, por naturaleza, tienen mucha confianza en sí mismo. Muchos
obreros, usados por Dios, han llegados a esta realización después de una
serie de fracasos. Pablo dijo; “Y Tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que
seamos competentes por nosotros mismo para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia
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proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu;
porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.
El llamamiento de la Iglesia
Esto se trata de la aprobación de la iglesia después de haber conocido
bien al joven. La iglesia debe estar de acuerdo con el hombre que tiene y
también con las calificaciones que tiene para el ministerio. El debe llegar
a esta convicción de la siguiente manera:
1.- No hay dudas de su conversión. Esto es lo principal. Una equivocación en este
sentido es fatal. Será fatal para el obrero si el vive y muere inconverso.
Será fatal también para la congregación si su pastor es ciego
espiritualmente. Es hipocresía si el pastor está obrando por la salvación
de los perdidos si él mismo no es salvo. Una iglesia jamás debe aprobar un
hombre para el ministerio si no está plenamente convencido de su
conversión.
2.- El candidato para el ministerio también debe manifestar un grado superior de piedad . El debe ser un
ejemplo “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza ”, 1 Timoteo 4:12. El debe ser un
modelo y por eso debe exceder a los demás en su experiencia y vida
espiritual. Un buen intelecto y facilidad en hablar no es suficiente. Hace
falta también un espíritu devocional y una vida espiritual ejemplar.
3.- El candidato debe estar bien confirmado en cuanto a sus creencias. Él tiene que retener “la
forma de las sanas palabras” (2 Timote 1:13) y hablar “lo que está de acuerdo con la sana doctrina”
(Tito 2:1). Aquel que no está firme en cuanto a sus creencias religiosas o
que se inclina hacía a lo que es nuevo o distinto no tiene un lugar divino
en el púlpito. El resultado de su obra casi siempre es destructivo para la
verdad.
4.- El candidato debe tener capacidad mental y un buen conocimiento de las Escrituras . Él debe
manifestar que es “aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de
verdad”, 2 Timoteo 2:15. Desde que la obra principal del ministro es la
instrucción pública de la Palabra de Dios, él debe tener capacidad mental y
conocimiento adecuado de los temas que ha de tocar. Calificaciones morales
y espirituales, no más, son adecuadas. Él tiene que aclarar y proclamar
verdad espiritual en el púlpito igual que modelarla en su vida personal.
Por eso, la piedad es importante, pero si no es acompañado por dones
mentales y disciplina, no alcanza para demostrar que uno tiene lo que
precisa para servir en el ministerio. Algunos hombres buenos se han
equivocados en asumir la obra del ministerio cuando no tenían el
conocimiento ni la capacidad para estudiar de continuo y producir mensajes.
5.- El candidato debe tener también el don de enseñar . Las Escrituras nos encargan que
tomemos lo que hemos recibido y encargarlos a hombres fieles que sean
idóneos para enseñar también a otros, (2 Timoteo 2:2). Leemos también en 2
Timoteo 2:24-25; que el obrero debe ser “apto para enseñar, sufrido, que con mansedumbre
corrija a los que se oponen”. Gran habilidad y muchos estudios, en si, no es todo
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suficiente. Hace falta también el don de enseñar. Él tiene que saber captar
y mantener la atención de sus oyentes. El mejor sermón falla a menos que la
gente está despierta y atenta. Pablo y Bernabé no únicamente predicaron el
evangelio sino también “hablaron de tal manera que creyó gran multitud de judíos, asimismo de griegos ”,
Hechos 14:1.
6.- El candidato también debe tener sabiduría y conocimiento en liderazgo . Estas calidades son de
suma importancia para el pastor. Él tiene que saber organizar y animar a la
gente en la iglesia para trabajar y usar a lo máximo sus dones. El éxito
del pastor depende en gran parte en su habilidad organizar y dirigir la
obra de la iglesia. Por falta de esto, hombres con gran capacidad mental
han fracasado en el ministerio.
7.- El candidato debe tener un buen testimonio en el barrio . El siervo del Señor, debe serle
fiel a Cristo por lo cual, será muy probable que sea perseguido. 1 Timoteo
3:7 dice: “Es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del
diablo”. 2 Corintios 4:2 dice que el siervo del Señor debe recomendarse “a toda
conciencia humana delante de Dios”.
La aprobación de la iglesia debe estar basada sobre el hecho de que el
candidato llena estos requisitos. Puede ser que él las llene en parte con
una promesa, si él no es maduro. Si él es un mayor, debe llenarlos en todo
sentido. Esta certeza en la mente de los hermanos de la iglesia sirve para
confirmar el hecho de que el candidato mismo no puede juzgarse a sí mismo
en cuanto a su llamamiento. Él debe buscar la aprobación de la iglesia y
aceptar humildemente su juicio.
La llamada Providencial
Es posible que las circunstancias le impiden a uno entrar en el
ministerio pero las dificultades no deben ser interpretadas como una
indicación de que Dios no está llamando. Muchas veces las dificultades
sirven únicamente para humillar, educar y preparar a uno para la obra del
ministerio. Muchas veces el buen carácter e integridad son el resultado de
haber pasado por luchas en prepararse para el ministerio. Dios ha prometido
a guiar a los que buscan su dirección. El Salmo 37:23 dice: “Por Jehová son
ordenados los pasos del hombre”. Santiago 1:5 dice también; “Si alguno de vosotros tiene falta de
sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada ”. Para el hombre
que pasó tiempo en oración, la llamada de Dios viene a través de los
eventos de la vida. La dirección del Espíritu son carteles en el camino que
dice, “Este es el camino. Andad por él”.
Nadie debe entrar el ministerio sin estar consciente de haber tenido
una llamada divina. Aparte de ella, (1) el que se mete en el oficio de ser
un embajador sin nombramiento y es culpable de presunción. Dios no le ha enviado y él
se va sin un mensaje divino. (2) Sin el llamamiento él carece de coraje y el denuedo de
aquel que está consciente de ser el mensajero de un mensaje de Dios. La
valentía en el púlpito exige el estar consciente de ser un mensajero de Dios . (3) Aparte del llamamiento
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divino, uno no va a estar preparado a enfrentarse con las disciplinas y
exigencias del ministerio. Desilusiones y desalientos vienen y el siervo del Señor tiene que apoyarse
sobre la seguridad de haber sido llamado por Dios al ministerio . Si no tiene esta seguridad él
sigue en la obra con un espíritu quebrantado o, más probable, abandonará el
ministerio.
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Sección II
Establecimiento en el Ministerio
Encontrando un Campo
Prudencia para elegir su campo, especialmente su primer campo, es de
suma importancia. El primer campo tiene mucha influencia sobre el
desarrollo del joven pastor. No es que uno debe preocuparse. Junto con el
llamamiento divino vendrá la dirección de Dios para elegir su primer campo.
Por eso, es imprescindible que pase tiempo en oración que el campo sea
abierto por la providencia de Dios. La dirección de Dios vendrá a través de
la obra del Espíritu en el corazón junto con los eventos externos. Las
siguientes son algunas sugerencias para elegir su campo.
1. Cada obrero de Dios debe estar entregado a Dios y dispuesto a ir a un campo misionero si es la voluntad de
Dios. Nadie debe negarse a considerar esto porque su éxito y felicidad en la
obra fluye en gran parte de estar plenamente convencido que está ubicado en
el lugar elegido por Dios. Hay muchos campos misioneros abiertos al
evangelio en el mundo. Aún en nuestro país hay grandes grupos que están
esperando escuchar el evangelio. Es el plan de Dios que muchos de los
llamados por él ocupan un lugar donde hay mucha pobreza e ignorancia. No
está mal anhelar preeminencia en el ministerio pero es una equivocación
pensar que sería más disponible por elegir un campo misionero específico en
vez de otro. Muchas veces los misioneros en el extranjero disfrutan de más
preeminencia que los que sirven en su patria. Muchos de los que disfrutan
de reconocimiento son los que se fueron a un campo misionero lejano donde
lucharon con dificultades y pocos recursos. A través de sacrificios e
incomodidades ellos desarrollaron la madurez y el respeto de los demás.
Algunos de los más útiles y elocuentes obreros de Dios son los que
empezaron en un campo misionero donde experimentaron grandes obstáculos. En
el ministerio igual que en la vida, “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará”, Mateo
10:39. Hay quienes buscan grandes cosas para sí mismo y al final llegan a
la nada.
2. Si un siervo del Señor tiene que elegir entre varios campos debe ser prudente en elegir aquel que ofrece la más
grande posibilidad de crecimiento. Hay pocas cosas más desconcertantes para un joven
pastor que el de encontrarse en una iglesia que no conduce al crecimiento.
Muchas veces es así en comunidades donde ya hay muchas iglesias y poco
aumento de la población. Lo ideal es una iglesia donde la mayoría anhelan
ver crecimiento en la iglesia y donde la población va en aumento. Así fue
el plan de los apóstoles. Ellos se fueron donde había mucha gente. De igual
manera, es posible que Dios nos llama a un campo donde no hay estas
ventajas. En tal caso no se preocupe. Si uno llega al máximo de su potencia
otros campos se van a abrir.
3. El voto de la iglesia al llamar a un pastor debe ser unánime, o si no, la gran mayoría, para asegurar al pastor que
él no va a enfrentarse con mucha oposición. Es importante que sea suficiente tiempo para
ambos, el candidato y la iglesia, a conocerse bien. El candidato debe tener
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la seguridad de que la iglesia va a cooperar con él y ayudarle en llevar a
cabo su ministerio. La iglesia también debe estar segura de que el
candidato va a ser un pastor que pueden respetar y amar.
4. El sueldo debe ser adecuado para sus necesidades y de conforme con lo que la congregación es capaz de
ofrecer. Se espera que el pastor viva sobre un nivel económico más o menos
igual al promedio de los hermanos de la iglesia. Se debe evitar, si es
posible, hacer una ofrenda como sueldo porque entonces él quedará a la
misericordia de la gente y los miembros quedan libre de cumplir con su
deber. El Nuevo Testamento declara que el “obrero es digno de su salario”, Lucas 10:7.
Mejor es aceptar un sueldo fijo que la promesa de ofrendas de vez en
cuando.
Un verdadero pastor siempre está dispuesto tomar en cuenta las circunstancias de los cristianos de la iglesia . Si
hay pobreza o desempleo, el debe estar dispuesto a sufrir con ellos con un buen espíritu . Un pastor debe poner el mayor
ejemplo de acomodarse a sus circunstancias sin rezongarse.
5. Los acuerdos entre el pastor y la iglesia deben estar bien aclarados y definidos . Tal vez no sería
necesario que cada detalle esté escrito pero los asuntos principales sí.
Esto promueve la armonía y evita desacuerdos. Cuando una iglesia extiende
una invitación al candidato deben hacerlo junto con algo escrito que
declara lo que la iglesia está dispuesto ofrecerle. Entre los asuntos deben
estar los siguientes:
El salario y cuando será el pago.
Cuando él puede entrar como pastor de la iglesia.
Tiempos de vacaciones (no debe ser menos que cuatro semanas y él debe estar totalmente libre de
responsabilidad).
6. En toda relación con la iglesia, el pastor debe esforzarse a quedarse digno de alto respeto de la gente . El no
debe buscar el llamamiento de una iglesia como un político. A sí mismo, si
una iglesia extiende un llamamiento a un candidato él jamás debe rechazarlo
de tal forma que indique que él piensa que es digno de un puesto más alto.
También si él está considerado por una iglesia, y luego es rechazado, no
debe ofenderse, sino tomarlo como una indicación de que no era la voluntad
de Dios.
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manera es injusto quedarse en el cargo de la iglesia si no puede defender y
enseñar la doctrina y práctica de la iglesia.
2. Se toma por sentado también que el pastor se encarga del bienestar espiritual de los de la iglesia como un cargo
sagrado de Cristo. Si es así, él se dedicará a obrar y orar por su salvación. La
obra maestra de su vida, a la cual todas sus aptitudes y todo su ser serán
dedicados, será para la salvación de almas y la edificación de la iglesia.
Si él acepta el cargo por un sueldo que ofrece o por la fama que puede
brindarle, o pensando que será un escalón a una posición más exaltada, él
es un falso. Si, mientras que sirve como pastor de la iglesia, él se
permite ocuparse en otros intereses que quitan su energía del cargo
sagrado, él será culpable de infidelidad.
3. Se entiende también que él quedará fiel a su cargo de ser pastor del rebaño, no importa si la iglesia sufre
adversidad o disfruta de prosperidad . Nuestro Señor, en Juan 10:11-12, hace fidelidad al
rebaño la prueba del buen pastor. “Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.
Mas el asalariado, y que no es el pastor de quien no son propias las ovejas, ve venir el lobo y deja las ovejas y huye, y el
lobo arrebata las ovejas y las dispersa”. Cuando una iglesia pasa por angustias, no es
indicación de que ya es tiempo para el pastor despedirse de ella. Al
contrario, puede ser aun más razón por la cual quedarse. No será un buen
pastor, aquel que abandona al rebaño cuando está en adversidad o peligro.
Ordenación
Conforme al Nuevo Testamento, sabemos que los oficiales de una iglesia
están elegidos de entre sus miembros. Por eso, ninguna iglesia tiene derecho a ordenar a uno
que no es miembro de la iglesia. Por eso, si un pastor acepta el cargo de ser pastor de
una iglesia, entre las primeras cosas que él debe hacer es poner su
membresía en la iglesia.
Cuando el concilio se reúne, una de las primeras cosas en la reunión
debe ser el de escuchar el testimonio del joven pastor. Incluido en su
testimonio debe ser un relato de su salvación y su llamamiento al
ministerio. Después él debe presentar un discurso sobre sus creencias.
Normalmente él entrega un bosquejo escrito de sus doctrinas. Después de su
discurso, el que fue elegido a dirigir la reunión preguntará el concilio si
ellos tienen preguntas que quieren hacer al candidato. Él debe estar
preparado contestar las preguntas de la mejor manera.
Normalmente el concilio se constituye de miembros de la iglesia juntos
con otros pastores que fueron invitados a participar. Ellos tienen derecho
pedir que el candidato presente una licencia para predicar, si ésta le fue
otorgada por la iglesia, su diploma del seminario, y otras cosas que
indicarán que él ha hecho un esfuerzo en prepararse para el ministerio.
Al final el concilio se despide del candidato para consultar el uno
con el otro y votar si es prudente aprobarle para el ministerio. Muchas
veces la iglesia ya está preparada para proceder con las formalidades de la
ordenación de manera inmediata. Algunos piensan, razonablemente, que la
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ordenación formal debe ser en otra ocasión por si acaso él no queda
aprobado por el concilio.
La ordenación es un momento solemne en la vida de un pastor . Por eso, debe ser hecho
después de mucha oración y observación del candidato. Constituye un
compromiso por parte de ambos, la iglesia y el candidato. La iglesia se
compromete a apoyarle y animarle. El joven pastor sentirá aún más la
obligación de quedarse fiel al cargo sagrado que le fue dado. “No descuides el don
que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio” 1 Timoteo 4:14.
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Sección III
La Adoración Pública
La calidad de la adoración, en la mayoría de las iglesias, depende en
gran parte en el pastor. Él está encargado de la reunión. Por eso, es de
suma importancia que él dedique tiempo para preparar bien su predicación y
también su espíritu para guiar a la gente en adorar a Dios de corazón.
Informar y educar no son las únicas funciones de la reunión. Es también el
de guiar y animar a las almas a levantar su espíritu a Dios en adoración de
tal forma que sea agradable a él. Para lograrlo se debe prestar una
atención especial a tres cosas:
Un Tema en Particular. Cada reunión debe tener un tema en particular y todo
debe girar alrededor de él. Puede ser que asisten a la reunión no
estarán conscientes del tema pero todo, los himnos, la oración y el
mensaje deben contribuir a la iluminación del tema. No se debe
incluir algo que desviará la atención de la gente del tema. Al
terminar la reunión todos deben salir pensando sobre el tema.
Normalmente es el mensaje que se va a determinar el tema.
Atención Sostenida. La meta del pastor debe ser el de ganar cada vez más la
atención de la gente hasta la culminación con la invitación. El no
hacerlo puede ser por causa de: La falta de preparación. Resulta en una
reunión aburrida. En la edad moderna es más difícil mantener la atención de la gente. Un estilo
defectivo y monótono no mantiene la atención de la gente. El único
remedio por esto es entrenarse a ser más elocuente. Es muy difícil
predicar más de 30 minutos sin perder la atención de la gente. Por
eso, es de suma importancia saber bien lo que quiere decir y elegir
con cuidado sus palabras para aprovechar a lo máximo los 30 minutos.
El pastor debe descansar bien antes de la reunión. Él no debe dejar la preparación del
sermón hasta el último momento. El descanso adecuado deja su cuerpo y mente a la cumbre de
su capacidad. Algunos de los predicadores exitosos dejan el sábado para
descansar y recrearse para tener mayor fuerza el domingo.
Impacto Espiritual. El fin de la adoración es el de hacer un impacto
espiritual sobre la gente. Los que realmente conocen y aman a Dios se sientan un poco
defraudados si la reunión no despierta un interés más profundo en las cosas espirituales . El pastor puede
ser elocuente y capaz de mantener la atención de la gente porque toca
temas de interés personal o porque él es entendido, pero si no ha
inclinado a la gente hacía a Dios, él ha fracasado en dirigir la
congregación en una reunión de adoración.
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A. El pastor debe evitar una manera descuidada en el púlpito . Tal manera puede manifestarse
en su postura, su manera de manejar el himnario y la Biblia y en general en
la actitud que dice: “¿qué me importa?” Otra falta es la de ser mecánico y
artificial. Si él es rígido y formal, la gente no se siente cómoda.
Para evitar esto es imprescindible que el pastor este serio pero, a su vez,
relajado.
B. Mientras que el pastor está en el púlpito, debe estar absorbido en su trabajo y en su mensaje. Si
aparenta tener otras cosas en la mente es muy probable que la gente dejara
desviar su mente en otras cosas también. Él puede manifestar esto por mirar
por la ventana mientras que está dirigiendo la música o por charlar
con otro sentado en la plataforma con él mientras que otro está dirigiendo
la música.
C. En tanto sea posible, el pastor debe tener bien en mente los anuncios para que no sea necesario consultar con
otros en la congregación durante la reunión. Los anuncios deben ser lo más breve y claro
posible. Los anuncios son necesarios, pero a su vez, son un desvío del tema
principal de la reunión. El pastor que tiene un espíritu devoto y reverente
durante la reunión de adoración dejará la congregación consciente de que
están en un lugar sagrado y que es un tiempo solemne.
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lista de himnos conocidos por la congregación y cada tanto enseñar
unos nuevos.
La música en una reunión de adoración debe ser devocional . No es entretenimiento ni un
tiempo para poner en exhibición talentos artísticos. Es un acto de
adoración ofrecido al Ser Supremo. Con palabras sagradas expresamos a
Dios nuestra adoración, agradecimiento y oración. Todos participan,
no importa si están escuchando o cantando. El pastor no debe estar ocupado en otras
cosas durante el tiempo de la música.
La manera de leer
Muchas veces la Biblia no está bien leída en el púlpito. Muchos
pastores fracasan en esto. No se puede leer bien la Biblia sin prepararse
bien para la reunión. El leer la Biblia con la expresión debida es el mejor
comentario sobre las Escrituras. Ningún pastor debe ser negligente en esto.
Los siguientes consejos van a ayudar:
Hace falta estudiar la porción con cuidado para saber bien su sentido . Sin hacerlo, puede ser que
el énfasis estará mal puesto y su verdad obscurecida.
Se debe estudiarla lo suficiente para que la mente capte bien sus pensamientos.
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En algunos casos hay hábitos malos en la lectura. Un pastor debe pedir corrección y
esforzarse a superar sus malos hábitos
Consejos adicionales
Algunos tienen la costumbre de parar cada tanto e interponer su
interpretación al texto.
A veces hay razón por aclarar una palabra no bien conocida pero,
aparte de esto, es mejor dejar la Biblia hablar por sí misma. Parar y
aclarar con frecuencia quita algo de la majestad y autoridad de la Biblia.
El hacerlo alarga el tiempo dedicado a la lectura y así se puede perder la
atención de sus oyentes. También quita tiempo de la escuela dominical o la
predicación. Hay pocos que son capaces de hacerlo bien. El pastor Spurgeon
tenía el don de hacerlo pero, para los demás, es mejor no intentar exponer
la Escritura de esta manera. Es mejor leer la Biblia de la forma más clara
y elocuente posible y dejar la exposición para el mensaje.
La Oración Pública
La oración pública es la adoración de la iglesia en forma audible a
través de su líder. El pastor expresa en palabras audibles la adoración de
la asamblea. Pero, es aun más. Sirve también para estimular los
pensamientos y anhelos de la asamblea y darle forma y dirección a ellos de
manera que sus corazones estén vivificados y transportados hacía a los
cielos. En la oración pública el corazón del pastor toca más íntimamente
los corazones de la gente. Las fuerzas espirituales de su naturaleza se
sienten inspirando, guiando y ayudando a las almas en su acercamiento a
Dios. El poder hacerlo depende en parte en algunas reglas pero aun más en
su comunión a diario con Dios y el estar enterado de las angustias y
necesidades de la congregación. Entre las reglas se surgiere las
siguientes:
La forma de hacerla. Por regla general no debe ser escrita. Las formas
literarias se debe rechazar por las siguientes razones.
No se encuentran ni un solo ejemplo en las Escrituras. Tenían lugar en las iglesias como
resultado de la corrupción de la adoración.
Sirven para frenar un espíritu de adoración entre ambos, la gente y el ministro .
Son en términos generales y no expresan las exigencias especiales de la congregación en el momento .
La oración, que sale en el momento, de la mente y corazón del orador no
es, en todo sentido, sin previo pensamiento. La mente, si es posible, debe
estar ocupada en meditar sobre las peticiones apropiadas. Muy a menudo el
pastor está tan apurado en empezar con su mensaje que deja para la oración
lo que sale de su boca en el momento.
Las peticiones. Las peticiones de la oración deben nacer de las
siguientes fuentes. Pueden ser expresadas en frases bíblicas, especialmente
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las de porciones devocionales. No hay mejor manera de expresar adoración que con las palabras de la
Biblia.
La oración pública es una manifestación de la manera en que el pastor
derrame su espíritu en su oración en privado. Es una vislumbre, no más, de
su oración a diario por el pueblo de Dios y por el bienestar de la iglesia.
La oración pública debe expresar la identificación emocional que el pastor
tiene para con su congregación. El debe estar al tanto con sus tentaciones, angustias, anhelos y
peligros.
La oración del pastor debe manifestar a la congregación que él tiene de continuo su bienestar sobre su corazón.
Únicamente así él los puede guiar y expresar a Dios el deseo de cada uno de
ellos. El recluso que pasa todo su tiempo con libros podrá expresar una
oración elocuente pero será impotente para guiar a las almas en la
adoración que viene de lo más íntimo de su corazón.
En cuanto a la oración pública se ofrece las siguientes precauciones:
No se refiera a sí mismo muy a menudo. La oración pública es para la congregación
y no para sí mismo. No es el momento orar por su salud, su trabajo o
sus necesidades económicas. Tampoco es la ocasión de pedir perdón por
un sermón no bien preparado. Siempre estará bien pedir ayuda divina
en predicar el mensaje y cumplir con la obra del ministerio. Por
supuesto, la congregación debe compartir esta petición.
Ten cuidado de lo que dice de personas o familias en la oración . Si están pasando por un mal
momento está bien orar por ellos. Jamás debemos aprovecharnos de la
oración pública para elogiar o criticar a alguien. Tampoco es un
tiempo apropiado para amonestar o retar a la congregación. La oración es, en
especial, para el oído de Dios y no de los hombres.
La adoración pública no debe ser en forma de enseñanza doctrinal . No nos toca enseñar a Dios.
La oración no es un sermón. Es el derrame de nuestro corazón a Dios.
No es que los oyentes no pueden aprender de la oración pero nuestra
meta jamás debe ser el de enseñar algo.
El orden de la oración el hacer las cosas en orden tiene ventajas. Es
concentrar en una cosa a la vez. Ayuda a la memoria si tocamos a un tema a
la vez. Una oración falta de orden, y no es muy eficaz, si los temas saltan
a la mente en el momento. Sugerimos el siguiente orden en la oración
pública: invocación, adoración, agradecimiento, confesión petición y intercesión. La invocación
reconoce la necesidad de la ayuda del Espíritu Santo. En la adoración
celebramos el carácter, perfección y las obras de Dios. Agradecemos a Dios
por su misericordia y provisión por nuestras necesidades. Confesamos que no
somos dignos de su gran bondad y pedimos perdón por nuestros pecados.
Levantamos nuestras peticiones a Dios e imploramos su intervención. Debemos
pedir a Dios que supla nuestras necesidades tanto físicas como
espirituales. La intercesión se trata en especial de la oración por las personas de la congregación o conocidos de
ellos. Entre ellos sería los que han sufrido la pérdida de un ser querido, los enfermos y internados, otras iglesias,
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misioneros y gobernantes. Normalmente la mayor parte de la oración consiste de
peticiones.
Por supuesto, debemos cambiar el orden de la oración cada tanto para evitar rutina. La
invocación siempre será primero, pero se puede intercambiar los demás
elementos. El pastor debe meditar de ante mano sobre lo que debe estar
incluido en la oración. Aún así es más probable que se olvidará de algo y
otras cosas serán añadidas que saltan a la mente en el momento.
La manera de orar
La manera de orar no tiene menos importancia que la manera de
predicar. Se ofrece las siguientes sugerencias en cuanto a la manera de
orar:
Su Postura. En las Escrituras encontramos ejemplos de gente orando
parados y arrodillados. Siempre debe ser en actitud de reverencia.
Por regla general, debe ser sin movimiento de los brazos. Los ojos
deben estar cerrados y el semblante natural y serio. Debemos tomar en
cuenta que no todos mantendrán sus ojos cerrados.
Se debe expresar en palabras Simples y Reverentes. No es un tiempo para volverse
elocuente. No debemos usar palabras sentimentales ni exclamaciones
como ¡oh! O ¿viste? ni lo que sería grosero o fuera de común. Tales
cosas destruyen el espíritu de la adoración. Puede ser que los que
tienen gran falta de cultura van a aplaudir pero los piadosos estarán
agraviados. Reverencia, Naturalidad y Simpleza son de suma importancia en la adoración pública.
El tono de la voz debe ser la expresión natural de súplica. Se debe evitar las siguientes
fallas: Un tono bullicioso y fatigado; un tono arrogante y autoritario es irreverente; un tono lloriqueo
implica que uno está quejándose de Dios. A veces estos tonos desagradables resultan
de una cabeza fuera de su posición normal. Puede ser por mirar
demasiado hacía arriba o hacía al piso y así uno tiene que esforzar
la voz para hablar. Dolencias de la garganta entre predicadores a
veces resultan de usar mal las cuerdas vocales en la oración. Tenemos
que tener cuidado de no abusar las cuerdas vocales ni orar en un tono que no sea natural .
Es obvio que, en la adoración pública, el espíritu llevado por
adelante por la influencia divina va más allá que reglas humanas. Tenemos que
tomar en cuenta que las peculiaridades mentales y espirituales del hombre así como en la predicación van a moldear su
manera y a veces esto justifica lo que en otro sería ofensivo . El cumplir bien esta parte de la
adoración es de suma importancia. Demasiado a menudo los pastores son negligentes en esto. Por
eso, le conviene al pastor revisar sus oraciones públicas para detectar sus
defectos. Le conviene al joven pastor pedir ayuda de alguno de confianza en la congregación a informarle de sus
defectos y darle consejo en cuanto a maneras de mejorar su oración pública . Al saber sus defectos, hace
falta auto disciplina para corregir lo que está acostumbrado hacer mal. Un
joven es más capaz de corregir defectos que un hombre mayor pero, sea un hombre joven o mayor, debe esforzarse hacer
mejor lo que es una parte importante en la adoración pública de la iglesia .
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La Predicación
Cristo es el tema predominante en el púlpito. Todos los demás temas giran alrededor de
este. El Apóstol Pablo dijo: “Nosotros predicamos a Cristo”, 1 Corintios 1:23. Él
dice que el mensaje del ministerio es; “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al
mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así
que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de
Cristo; reconciliáos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en él” 2 Corintios 5:19-21.
Toda la verdad predicada, no importa cual ancho sea el rango de sus
temas, tiene una relación vital a Cristo, y ningún tema es digno de ser
tocado en el púlpito si no se puede terminar por hablar de Cristo. Los
temas de la predicación han sido iguales en todas las edades. El corazón
humano, en su decadencia y necesidades, no cambie a través de los años y el
remedio de Dios, el evangelio, es siempre lo mismo. Los hombres, las
doctrinas, los deberes, las promesas y las amenazas de la Biblia son los
temas apropiados para el púlpito. No hace falta ningún tema que no se
encuentra en la Palabra de Dios. Los predicadores eficaces en todas las
edades han adquirido a las mismas grandes verdades. Lo que ha sido distinto
ha sido su manera de ilustrar y aplicarlas. Las peculiaridades del
predicador y las circunstancias de su tiempo modifican la forma de
presentarlos pero los temas de sus mensajes no han cambiado
Sermones
El evangelio brinda una fuente inagotable de temas. Cada pastor debe
ser cuidadoso en asegurarse que hay variación en sus temas e ilustraciones.
Las siguientes son sugerencias en tener variación.
Continuamente debemos estar estudiando cuidadosamente la Biblia. Sus
palabras son las Palabras de Dios y, por eso, son vivas y potentes. “Son
espíritu y son vida”, Juan 6:63. El pastor que se dedica estudiar este libro divino
tendrá su mente llena con los vivientes y eternos pensamientos de Dios y no
los pensamientos efímeros, débiles de los hombres. Hay un mundo de
diferencia entre un sermón lleno de los pensamientos de Dios, predicado
como la Palabra de Dios para los hombres y un discurso filosófico entregado
de la mente y basado sobre razonamiento humano. La diferencia no está
únicamente en la inefable grandeza del poder despertar y salvar las almas
de los oyentes sino también en la mayor eficacia del pastor para preparar
sermones de una inagotable fuente de recursos.
Una relación personal para con Dios es de suma importancia. Todos los
corazones son iguales en su naturaleza básica y él que está bien al tanto
con su propio corazón es más capaz de entender los corazones de los demás.
El poder del pastor depende en gran parte en su conocimiento de la influencia que el evangelio tiene sobre el corazón .
Hace falta de más que un conocimiento de la naturaleza humana. Esto se
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puede sacar por estudios de Shakespeare y libros de ficción. Hace falta
conocimiento del alma humana bajo el poder del pecado o la influencia del Espíritu Santo.
Un fiel pastor va a estar en comunión con los de su congregación y así
va a saber acerca de su condición espiritual. Esto va a sugerir los temas
que él debe tocar en su predicación. Casi cada vez que hablamos con otros
sobre verdades espirituales habrán otros temas que vendrán a la mente.
Debemos tener el hábito de leer libros que se tratan de temas
espirituales. Así vamos alimentando nuestra fuente de material.
Nos conviene guardar un fichero en el cual anotamos textos, temas,
pensamientos e ilustraciones. De continuo ellos saltan a la mente en
cumplir la obra pastoral. No debemos perderlos. Debemos guardarlos de tal
forma que estén siempre a nuestro alcance. Sirven para enriquecer y hacer
más eficaz nuestra obra en el púlpito.
Los Temas
Los temas de sermones se puede dividir entre los que son doctrinales, experiencia y los
prácticos. De regla general, un mensaje es una combinación de los tres. Se
puede archivar según lo que es la idea predominante del sermón.
1. Sermones Doctrinales. Hay quienes dicen que debemos predicar a Cristo y no
la doctrina pero, ¿cómo se puede predicar a Cristo sin predicar la doctrina? Cristo no es una
persona imaginaria sino un ser personal viviente. Si predicamos a él, tenemos que predicar
sobre su divinidad, su humanidad, y su intercesión entre Dios el Padre y los hombres. Si predicamos sobre lo que él ha
hecho tenemos que hablar de su humillación, su muerte y la expiación que él hizo por el pecado . Si predicamos sobre lo
que él es, tenemos que hablar sobre su reino en los cielos, su relación para con Dios el Padre y liderazgo sobre la iglesia y lo
que él hace por ella, y si predicamos sobre lo que él será, tenemos que declarar el triunfo final de su evangelio, su venida
eminente, la resurrección, el juicio y la gloria que su pueblo disfrutará junto con él . La verdad es que no se
puede predicar a Cristo sin predicar doctrina. Su encarnación y muerte vicaria presuponen la caída, degradación y
culpabilidad del hombre y su necesidad de la regeneración. Toda la doctrina en las Escrituras
gira alrededor de Cristo y predicamos a él únicamente cuando predicamos a
ellos. En esto se encuentra el verdadero poder del púlpito. El sermón que introduce estas grandes verdades al
hombre le prepare para la salvación. Ellas sirven como el fundamento de la experiencia
genuina. Un ministerio que no es nada más que exhortación es un fracaso. No
pone un fundamento para la vida cristiana. En predicar la doctrina se debe
tomar las siguientes precauciones:
Ten cuidado de parcialidad. Cada pastor tiene sus temas favoritos. Hay peligro
de ocuparse demasiado en una verdad o una clase de verdades. El hacerlo
puede torcer el sentido del evangelio. Por eso, debemos esforzarnos a tocar
todos los grandes temas de la Biblia. Así sus oyentes pueden ver cada
doctrina en su justa relación para con las demás. Es posible predicar la
pura verdad de tal forma que es casi error.
En tanto que sea posible, debemos evitar el presentar temas en forma polémica. Semejante
forma de predicar deja sus oyentes con una actitud antagónica. A veces hace
falta la polémica si predicamos sobre una doctrina que está siendo
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criticada pero, por regla general, es mejor evitar la polémica en la
predicación.
Sobre todo, debemos evitar una forma formal y aburrida. Sus oyentes no
lo van a escuchar. Un sermón no es una disertación teológica. Es nuestro deber satisfacer
almas hambrientas. Juan Newton dijo que debemos saber distinguir ente carne
y huesos.
2. Sermones que se tratan de la Experiencia Cristiana. Hace falta distinguir cuidadosamente entre lo genuino y
lo falso en la experiencia. El bienestar y consolación de las almas depende en esto.
Es un aspecto delicado y difícil en la obra del pastor. A veces la
predicación sobre la experiencia está vituperado porque tiende a dirigir la
mente de la gente hacía a sus propios corazones y no hacía a Cristo. Hay
peligro de esto, especialmente si una gran parte de la predicación es de
esta índole. Hay muchos que andan en busca de experiencia y les hacemos más
mal que bien si concedemos a sus anhelos. Sin embargo, cada pastor debe
predicar, a vez en cuando, mensajes de esta clase. No podemos mirar por
alto el lugar importante que la experiencia tiene en las Escrituras.
Conocimiento de nosotros mismos es de suma importancia, y en el púlpito
debe hacer su contribución. El predicar la verdad objetiva y desatender lo
subjetiva sirve para engañar a sí mismo. La Biblia es rico y lleno de
material que manifiesta el carácter ideal. Un estudio cuidadoso sobre esta
verdad ayudará mucho en discernir entre la experiencia falsa y la genuina.
Los profetas, los Salmos, los evangelios y las epístolas están llenos de
dichos que nos ayudan en delinear entre lo verdadero y lo falso, y entre
las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Además hay libros como el de
Jonatán Edwards sobre los afectos. También nos conviene tener conocimiento
íntimo de nuestro corazón y las experiencias y el carácter de la gente en
nuestro alrededor.
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cristiana. El Nuevo Testamento revela un sistema sublime de normas
cristianas. El hacer caso de ellas sirve para ennoblecer al creyente y su
iglesia. Esta debe ser una de las esfuerzas más nobles y más grandes. La
educación de la conciencia cristiana es una de las funciones
imprescindibles de una iglesia. A pesar de ser renacido y tener creencias
ortodoxas, es posible que tengan muchas faltas en la vida debido a la falta
de instrucción moral. Una vida estará manchada por muchas fallas y
sin atractivo si los ideales verdaderos de la vida cristiana no han sido
desarrollados. Así su vida no es un imán radiante con la belleza de
santidad que atrae a los hombres a Cristo. En los últimos años hemos visto
una desmoralización de los creyentes en su integridad y fidelidad a la
verdad. Nos preguntamos si el púlpito ha declarado adecuadamente la
moralidad del evangelio. Sugerimos lo siguiente: “Cuando presentamos un deber debemos
explicar claramente la base para que todos sepan porque es nuestro deber y las consecuencias de no cumplir con él. Así
despertamos la conciencia y la mente estará iluminada. Nadie permanece en obediencia si él no está plenamente
convencido y comprende la base de la obligación, y los principios morales que exigen su cumplimiento. Un reconocimiento
claro de la base de su deber sirve para purificar y mejorar el carácter. Nuestra meta debe ser el entrenamiento de un
principio ético en la conciencia y no meramente la obediencia ciega”.
Los motivos por cumplir con nuestro deber no deben ser legalistas sino
que deben fluir de la relación que el creyente tiene para con Cristo. El
motivo por obedecer debe ser más bien el amor y no tanto el temor.
La impotencia del creyente que obra únicamente por el impulso de temor
y legalismo se manifiesta con viveza por la experiencia del Apóstol Pablo
en Romanos capítulo siete. Él describe la lucha infructífera para alcanzar
lo bueno cuando su impulso era el cumplimiento de la ley. El quedó
derrotado en desesperación. Únicamente Cristo y fe en él nos da la victoria
sobre el pecado. El anhelo del creyente debe ser el llegar a la “medida de la
estatura de la plenitud de Cristo” Efesios 4:13. Debe ser posible decir; “El amor de Cristo nos
constriñe” 2 Corintios 5:14. La verdadera vida cristiana es el flujo de
gratitud, adoración y amor. Los motivos extraídos de la relación del alma
con él son el impulso del corazón cristiano y tienen el poder para
mantenernos perpetuamente en la santidad.
Esto requiere que el pastor sea fiel en una clara presentación de los deberes y una oposición, sin miedo, del
pecado.Raras veces es sabio usar el estilo de denuncia. La verdadera
voluntad se manifiesta, no tanto en la manera sino más bien en la materia
del sermón. Consiste en la explicación clara y con denuedo de los pecados y
errores más comunes. En hacerlo no debe ser una falta de verdadera denuedo
en la manera pero de tal forma que todos estén persuadidos de su maldad.
Así se acepta la verdad sin provocar el enojo.
21
gente. Un hombre solitario es capaz de malgastar mucho tiempo en el púlpito predicando sobre temas que no
tocan la experiencia verdadera y las vidas de sus oyentes.
Se debe elegir los temas con mucha oración y la búsqueda de la dirección divina . No hay nadie que
sabe mejor que Dios las necesidades de la gente. Cuando elegimos un
tema de esta manera podemos predicar con autoridad porque sabemos que
es un mensaje de Dios. Un sermón debe desarrollar en el alma del pastor y estar lleno de vida y
poder como una obra del Espíritu Santo. Cuando brota de esta fuente llega a ser un
mensaje divino, tal cual debe estar entregado por un embajador de
Cristo.
La Exposición
Este método de predicar no ha sido empleado mucho en estos últimos
años. Tal vez la razón para esto es doble. En parte es porque el mensaje no es lo más
fácil de preparar. Por otra parte, es porque la Biblia no está leída con gran regularidad y no hay tanto interés
en saber lo que la Biblia dice. Sin embargo, la exposición tiene ventajas para ambos,
el pastor y el pueblo, que van más allá de otras formas.
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epístolas. El resultado inevitable de no hacerlo es la ausencia de
profundidad y integridad en la vida cristiana de la gente en nuestras
iglesias.
23
Después de desarrollar el tema por un análisis y exposición de la
porción debemos delinear las inferencias hacía a doctrinas, deberes, y
aplicaciones prácticas al corazón y a la conciencia. Esto es de suma
importancia porque se trata de la aplicación de la verdad al carácter y la
experiencia cristiana. También se puede aclarar errores y pecados. Las
predicaciones exposicionales nos brinda un rango amplio de aplicaciones
prácticas.
En la predicación exposicional debemos evitar la crítica del texto, el
exponer nuestro gran conocimiento y familiaridad con los mejores
comentarios o la crítica de varias interpretaciones del pasaje. Nos
conviene estudiar con un ojo crítico pero no debemos llevarlo al púlpito a
menos que tenemos razón por pensar que alguien de la congregación ha
aceptado una interpretación errónea de la porción. No tenemos que incluir
en el sermón todo lo que hemos aprendido en nuestro estudio. El de
presentar todas las interpretaciones de la porción puede dejar algunos con
dudas de que el pastor tiene la interpretación debida.
Cuesta más preparar un buen sermón exposicional pero es de mucho más valor . No se debe intentar
predicar un sermón exposicional sin esmerada preparación. Si lo hace a
medio será un fracaso. La meta del predicador debe ser tener éxito en todo,
incluso el de predicar sermones exposicionales. El gran poder en el púlpito
de destacados predicadores del pasado como Crisóstomo, Agustino, Lutero y
Calvino fue dado a sus predicaciones exposicionales.
24
Sección IV
Reuniones Sociales y Devocionales
El éxito del pastor depende en gran parte en la eficacia de reuniones
sociales. Hace falta discreción y atención en conducirlas bien. En estas
ocasiones el pastor tiene oportunidades para aplicar personalmente el
sermón y también aclarar lo que no fue bien entendido. El pastor que se
dedica únicamente a su obra en el púlpito y descuida su relación personal
puede ser un buen predicador pero como pastor es un fracaso.
1. La Reunión de Oración
En cuanto a estas se proponen las siguientes sugerencias.
Normalmente el pastor debe conducirlas si son reuniones para toda la iglesia. Él, más que nadie,
debe estar al tanto con las necesidades de la congregación. Además,
la instrucción y espíritu de la reunión de oración debe estar en
armonía con la instrucción del púlpito. Si la reunión es para un
sector de la iglesia, sea los jóvenes o las mujeres, puede ser mejor
que otro la conduzca.
Debemos prepararnos para la reunión en nuestros pensamientos y espíritu . Nadie debe apoyarse en
la inspiración al momento.
Sea puntual en comenzar y concluir a la hora anunciada. La negligencia en esto desanima a
la gente en asistir.
Sea breve en sus palabras y anime a los demás en lo mismo, sea, en sus oraciones, peticiones o en las canciones .
Su mensaje devocional al comenzar debe sugerir un espíritu de
adoración y caridad por las necesidades de los demás.
Debemos tratar de evitar monotonía en las reuniones. Para tener variedad, una reunión
puede ser en especial agradecimiento y adoración, otra para los
enfermos, otra para los ministerios de la iglesia, etc. Si es obvio
que el pensamiento y la preocupación de los demás no embarca el tema
elegido debemos estar prontos en cambiar para seguir el canal de los
demás. Si hay una pausa el pastor debe estar listo con una porción de
las Escrituras o tal vez pedir que uno que está presente comparte una
bendición especial que ha recibido o una necesidad especial que tiene
en este momento. Un pastor con una relación personal con su iglesia
debe estar preparado para conducir la reunión de tal forma que todos
pueden compartir algo de su estado de ánimo. Así todos pueden
compartir gozos y cargas.
En cuanto a la presentación de peticiones en particular, el consejo es que debemos animar a los hermanos hacerlo
porque debemos utilizar todos los talentos en la iglesia. Siempre hay una gran cantidad de
poder latente en la iglesia y el pastor debe intentar desarrollarlo y
asegurar que está sirviendo en la obra de Cristo. Esto no se hace por
retar y rezongar sino en desarrollar en la reunión de oración un
ambiente tranquilo y familiar que desecha vergüenza y que anima libre
expresión. Los tímidos y retraídos pueden ser animados por hacerles
25
una pregunta de vez en cuando. Al contestar las preguntas ellos se
acostumbran al sonido de su voz en público. La reunión de oración es
un tiempo ideal para los hermanos compartir sus experiencias en
cuanto a la manera en que Dios está tratando para con ellos y su
reacción. Así ellos pueden expresar gratitud o pedir las oraciones de
los demás por su lucha en aceptar la voluntad de Dios y su reacción a
la debida manera.
Incluido en la reunión de oración debe ser el canto animado pero no demasiado . Si usted no puede
cantar bien sería mejor pedir la ayuda de otro que tiene el don de
cantar. Aun si usted puede cantar bien es bueno dar la
responsabilidad a otros. Así usted está libre a dedicar todo su
esfuerza en dirigir la reunión. Asegurarse que hay suficientes
himnarios y libros de coros para todos.
Si el salón no está lleno anime a la gente a sentarse juntos y lo más adelante posible . No es una reunión
social si la gente está esparcida por todas partes del salón. Nos
conviene también preocuparnos por la temperatura y ventilación del ambiente . Si no, la reunión
puede ser un fracaso por razones físicas a pesar del gran esfuerzo
del pastor y los hermanos presentes. El preocuparse por el ambiente
es dar atención a las leyes físicas de Dios. Ningún pastor debe ser
negligente en prestar atención a ellas. La reunión de oración debe
ser una reunión social. Debemos eliminar toda formalidad, frialdad y
rutina. Hágala alegre con un ambiente familiar. Es una reunión de los
hijos de Dios. Así, ambos jóvenes y ancianos van a estar atraídos y
sentirán libertad en participar.
I. Una reunión de miembros para reflexionar sobre el convenio de la iglesia . (Nota del traductor: Algunas
iglesias tienen lo que se llama “los pactos y convenios de la iglesia”. El autor de este libro propone que cada tanto la
iglesia debe reunirse con el solo fin de reflexionar sobre el convenio de fidelidad y comprometerse de nuevo a ellos. Puede
ser que hay mérito en semejante reunión pero, desde que no es la costumbre de hacerlo hoy día pienso que no vale la pena
traducir este sector).
II. Una reunión de iluminación. (Anteriormente era costumbre en las iglesias tener una reunión cada semana
con el solo fin de dar a los hermanos una oportunidad hacer preguntas y buscar más iluminación sobre verdades
espirituales). La reunión de iluminación debe estar incluida en la obra
del
pastor. A través de ella el pastor y la gente están más acostumbrados a
esperar resultados de la predicación y enseñanza.
En cada buena iglesia hay gente que tienen preguntas y dudas. Muchas
veces hace falta tacto y sabiduría para animar que la gente se exprese.
Muchos pastores no están conscientes del gran estorbo que la ignorancia y
dudas son a la obra del Espíritu Santo en la vida de la gente. Doy las
siguientes sugerencias.
Si la reunión de iluminación no es en el día del Señor debe ser poco
después. Así los que asistieron la predicación pueden hacer preguntas que
saltaron con resultado de la predicación antes de que son olvidadas.
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Algunos pastores tienen una reunión de oración e iluminación después de la
reunión de oración vespertina. A veces esto ha sido eficaz, especialmente
para los que no son salvos y no están seguros de lo que precisa para ser
salvo.
Debemos animar a los creyentes traer a la reunión de iluminación a los
que están buscando la verdad. En iglesias donde la reunión de iluminación
no es la costumbre puede ser que será difícil empezarla, pero una vez que
llega a ser costumbre llevará mucho fruto.
Hay varias maneras de conducir las reuniones de iluminación. Una es la
de reunir a todos en un salón y conversar con todos. Para tener éxito con
este método el pastor debe tener taco. Si no, él va a repasar, no más,
sobre lo que fue dicho en la predicación y va a ser aburrida. La ventaja de
este método es que los que tienen preguntas van a encontrar a otros con las
mismas preguntas u otros que recién encontraron las respuestas a esas
mismas u otras preguntas. Otro método es el de reunirse con cada uno
personalmente o con todos los que tienen la misma pregunta. Por regla
general, cuando es posible este método es más eficaz. Es bueno orar con
aquel que tiene preguntas y animarle a orar también. Es una ocasión ideal
para ganar a los inconversos a Cristo. A menudo su pregunta inicial será
sobre algo que no tiene nada que ver con la salvación pero es posible
dirigirle a la pregunta; "¿Dónde vas a pasar la eternidad?" Tal vez no hay
un solo método que serviría para cada circunstancia. El pastor debe elegir
el método que sea más eficaz para la ocasión.
El pastor debe ser claro y fiel en tratarse con los que tienen
preguntas. Si no, ellos pueden quedarse con dudas o tomar una decisión sin
ser sincero. No es suficiente decirle no más que tiene que buscar a Cristo.
Hay que explicar claramente lo que significa y la manera de hacerlo. Hágale
preguntas para asegurarse que él está arrepentido por sus pecados y que
está dispuesto echarse solamente y totalmente sobre la misericordia de
Dios.
El pastor debe estar preparado para la reunión de iluminación con oración y
versículos de la Biblia para contestar las preguntas que muy a menudo la
gente hace. Le conviene también tener en mente ilustraciones simples sobre
el arrepentimiento y la fe.
Cuando hablamos con alguien personalmente debemos asegurarle que lo que él
dice será guardado en privado entre ustedes dos. Si la gente sabe que usted
no es fiel en guardar secretos tendrán temor en acercarse en busca de
consejo. Por regla general, es sabio desanimar a la gente de buscar consejo
de varias personas. Así ellos no se quedan confundidos.
Por último, es obvio que el éxito de la reunión depende del tacto del
pastor. Es imprescindible que él sea muy accesible con claridad para la
gente.
I. La reunión con los que quieren ser miembros de la iglesia
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Ningún candidato debe presentarse a la iglesia para membresía sin
previamente reunirse con el pastor. Por eso, a menudo, el pastor debe
anunciar que está dispuesto reunirse con los que quieren ser miembros.
Sugerencias:
El tiempo dado a tales reuniones debe ser adecuado para hacer muchas
preguntas al candidato para asegurar que llena los requisitos de la
membresía. Si es un joven o menor ustedes deben consultar también con sus
padres para estar seguro que ellos están de acuerdo.
Su entrevista con él debe ser completa. La pureza de la iglesia y el
bienestar del candidato depende de esto. Es mejor frenar al candidato en
esta ocasión y no cuando está delante de la iglesia. En el día de hoy es
una vergüenza encontrar gente que fue aceptada como miembro de la iglesia a
pesar de su ignorancia de las verdades básicas de la fe cristiana. "Somos
renacidos por la Palabra de Dios." (I Pedro 1:23) Por eso, es dudoso que
alguien de verdad está renacido si tiene poco conocimiento de la Palabra de
Dios. En tal caso es nuestro deber enseñar y no bautizar o aceptarlos como
miembros.
Debemos asegurarnos que el candidato entiende, no únicamente las verdades
básicas de la cristiandad, sino también las doctrinas específicas de la
iglesia y las obligaciones que él va a asumir al ser miembro de la iglesia.
Únicamente así él puede tomar una decisión inteligente. Por eso, debemos
tener a mano copias de la declaración doctrinal, los convenios de la
iglesia y la constitución que podemos dar a los candidatos. Así podemos
prevenir desacuerdos y que no resulte siendo un mal entendido.
II. La reunión de oficiales de la iglesia
Los oficiales son el equipo del pastor. Debemos compartir con ellos la
responsabilidad del labor de cuidar por el bienestar de los hermanos. El
pastor que sabe compartir responsabilidades con su equipo está aliviado de
muchos cargos que el no tiene que llevar. A su vez, él puede llevar a cabo
una supervisión mejor del bienestar de la iglesia. Ningún pastor es capaz
de cumplir con todo. El pastor que consulta con los oficiales no está tan
inclinado a equivocarse. A su vez, los oficiales disfrutan del gozo de
compartir algo también al bienestar de la iglesia.
Debemos tener una reunión regularmente, sea una vez por mes o cada dos
meses. Cada oficial debe estar invitado y animado a compartir en el consejo
y responsabilidad. De ante mano se debe preparar un borrador de los asuntos
que vamos a presentarle a ellos. Así no habrá mucha pérdida de tiempo.
Después de abrir la reunión con oración se debe leer la lista de los
miembros de la iglesia. Si hay miembros con necesidades especiales se debe
elegir uno o más de los oficiales a preocuparse en ayudar tales miembros en
tanto que sea posible. Si hacemos esto fielmente es posible evitar mucho de
la disciplina pública y la vida de la iglesia será más feliz y tranquila.
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En esta reunión debemos hablar de la condición y bienestar de la iglesia y
planear por la obra y atención de la iglesia. Debemos tener cuidado de no
ocuparnos únicamente con la función de la iglesia y olvidarnos que la
función de la iglesia es el bienestar espiritual de la gente.
III. La reunión de miembros
Es apropiado incluir estas reuniones entre reuniones devocionales porque la
administración de asuntos de la iglesia siempre se debe conducir con un
espíritu devocional. Sugerimos:
El pastor es (ex oficio) el presidente o sea el que conduce las reuniones
de la iglesia. Las siguientes citas de la Biblia indican que el pastor debe
presidir en las reuniones de la iglesia. I Tes. 5:12, I Tim. 3:4-5, Heb.
13:17 El pastor debe estar al tanto con la manera debida de conducir una
reunión de negocios pero en su aplicación el no debe hacerlo de tal forma
que parece que se expone a sí mismo como un administrador profesional.
Debemos conducir la reunión de una forma informal sin mirar por alto las
reglas. Así los hermanos se sentirán cómodos e inclinados expresar sus
opiniones y sentimientos.
En tanto que sea posible, debemos buscar unanimidad en las decisiones pero
cuando no podemos alcanzarla debemos aceptar la decisión de la mayoría. En
cuanto a la aceptación de nuevos miembros la decisión debe ser unánime,
especialmente con relación a su carácter cristiano. Si no, la iglesia va a
tener miembros con los cuales algunos no quieren tener comunión. Por regla
general, es posible evitar semejantes casos por tener cuidado en examinar
los candidatos. Si el pastor anticipa tal problema sería prudente desanimar
el candidato presentarse delante de la iglesia. Así él puede proteger el
candidato de la vergüenza y a la iglesia de discordia.
Anima a todos los miembros asistir la reunión y trate de mantener un
ambiente espiritual. A veces hay mal espíritu en una iglesia porque un
miembro tuvo que ser disciplinado cuando algunos pocos miembros estaban
presentes en la reunión. Cuando es así, no todos comparten la decisión. En
tanto que sea posible, decisiones como, elegir un pastor, disciplinar o
expulsar un miembro debe ser la decisión del cuerpo entero.
Sección V.
La Administración de las Ordenanzas
Debemos explicar claramente a la gente la naturaleza e importancia de las
ordenanzas. Esto es aun más importante desde que el hombre común y
corriente tiende a asociar superstición a ellas. Hay varias maneras de
poner las ordenanzas en su debida perspectiva. Algunos enseñan una clase la
semana antes de administrar la ordenanza. Algunos predican sobre el asunto
el domingo anterior o antes de administrarla. De todos modos, debemos
asegurarnos que todos tienen el concepto debido de la ordenanza. Por falta
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de aclaración hay miembros de la iglesia que nunca disfrutan de la
bendición de las ordenanzas y algunos están dañados por ellas.
El concepto nuestro de las ordenanzas, a distinción de las demás
denominaciones, debe ser declarado sin vacilar. La restauración de las
ordenanzas a su significado primitivo debe ser nuestra prioridad. El pastor
que se calla es negligente en cumplir con su deber. En mi observación, el
éxito espiritual del cual los Bautistas han disfrutado es dado en gran
parte a su fidelidad en cumplir con la misión dado por Dios en aclarar la
función de las ordenanzas. La manifestación más impresionante en nuestra
iglesia, en nuestra patria y en los campos foráneos, ha sido realizada
donde los grandes principios que Cristo nos ha entregado han sido
proclamados fielmente. Siempre debemos tener cuidado en proclamar estas
grandes verdades. Siempre debemos tener un espíritu cristiano y la debida
cortesía. Debemos estar justos y amables con los que no están de acuerdo.
No debemos provocar polémica en el acto de administrarlas. Si es imposible
evitar la polémica, es mejor que sea a través de un sermón o en otra
ocasión. Puede ser provechoso predicar un serie de mensajes sobre las
ordenanzas.
I. La administración del bautismo.
Es imposible representar la verdad simbolizada por el bautismo sin emplear
la debida manera. Por eso, debemos aclarar el símbolo. Debemos evitar
cualquier cosa que oscurece el símbolo del bautismo. La verdad de la
regeneración y nuestra muerte al pecado y resurrección a una vida nueva
deben ser declaradas a los presentes a través del bautismo. Por lo cual,
doy las siguientes sugerencias.
Debemos tener cuidado en prepararnos por la administración del bautismo.
Debemos tener cuidado en elegir los que van a examinar a los candidatos.
Debe ser hecho con bastante anticipación para que no tengamos que hacerlo
apurado. El pastor debe estar bien preparado para la reunión, usando ropa
adecuada. Una vez que está en el agua lleva el candidato cuidadosamente a
un lugar donde el agua es lo suficiente profunda para sumergirle sin un
gran esfuerzo. Pronuncie las palabras con reverencia y después sumergirle
teniendo cuidado de sumergirle totalmente. Aparte de la formula, es mejor
no decir nada más. La ordenanza misma está hablando a la consciencia y al
corazón con una voz más elocuente que la suya.
Sobre todo, mientras que ore por sabiduría y poder en la libertad de
palabras para predicar sobre la salvación en el sermón, también debe pedir
sabiduría y poder en el uso del símbolo para declarar la verdad
imprescindible en la ordenanza. Aquel ayudante divino, cuya presencia nos
sentimos en el púlpito, estará con nosotros también en las aguas del
bautismo.
II. La administración de la cena del Señor.
30
En algunas iglesias es la costumbre predicar lo que se llama "un sermón de
acción" diseñado para traer a la mente, justo antes de la cena, los eventos
del sufrimiento y la muerte de Cristo. Muchas veces es una reunión de mucho
provecho. Mas a menudo la reunión está presidida por algunas palabras con
el fin de fijar la mente sobre los grandes eventos simbolizados. De todos
modos, debemos excluir cualquier pensamiento que distrae la mente de la
solemnidad de la ocasión. Por supuesto, no es la ocasión debida de hablar
de la administración de la iglesia o de retar a la iglesia por sus faltas.
A veces el pastor está tentado aprovecharse de la ocasión por semejantes
asuntos porque muchos están reunidos pero nunca es provechoso. Es el plan
de Dios que, en esta reunión sagrada, cada mente esté fijo en él. La
reunión se debe conducir de la siguiente manera.
tomar el pan, dar gracias, pronunciar las palabras de la ordenanza, romper
el pan y repartirlo a los reunidos.
Tomar la copa, dar gracias, repetir las palabras de la ordenanza y prepare
las copas.
Por regla general se termina la reunión por cantar un himno pero no podemos
estar seguros si esto era la costumbre de la iglesia primitiva. Siempre es
apropiado hacerlo. Debemos tener cuidado en seguir el orden bíblico porque,
si no, desviamos la atención de la gente de la ordenanza. En la oración
debemos tener cuidado de usar palabras que confundan la gente. No pida la
bendición de Dios sobre la copa o el pan con palabras que dan la impresión
de que los elementos están cambiados milagrosamente. No debemos decir nada
que da razón a la gente quedarse con sus conceptos supersticiosos de los
elementos. No tenemos que llenar cada momento con palabrería. Es mejor
dejar momentos de silencio para la gente reflexionar sobre el gran
sacrificio de Cristo. Que calle el hombre mientras que Dios habla a través
del símbolo. Esto llega a ser aun más obvio si recordamos que la ordenanza
consiste de dos parte – la presentación de los símbolos del cuerpo y la
sangre de Cristo y el acto de comer y beber como la aplicación personal del
participante. Administrado debidamente, la cena del Señor es una de los más
grandes esfuerzos de Dios en inspirar y purificar el corazón y elevar la
vida de la iglesia.
Sección VI.
El pastor y la Escuela Dominical
Ningún pastor puede disfrutar de todo el éxito posible sin tener comunión
con la juventud. Él debe ser el pastor de los niños y ser accesible y
respetado a los jóvenes. Para ayudar en esto, el pastor puede hacer una
lista con los nombres de ellos y tratar de asociar cada rostro con su
nombre. Le conviene andar con tarjetas con versículos de la Biblia en su
bolsillo para darles a ellos como un obsequio de su amor. Los ministros más
exitosos en el día de hoy son los que están ocupados en una parte de la
31
escuela dominical. De los más destacados pastores ha sido escrito: "El
venerable Dr. Tyng, como es bien conocido, atribuye su gran éxito en gran
parte a su atención infatigable personal a su escuela dominical. Él nunca
falta su escuela dominical. El pastor S.H. Tyng siempre está encargado de
la clausura de la escuela dominical. A parte de esto, él conduce una
reunión los viernes a la noche para los maestros de sus cuatro escuelas
distintas. Así él tiene parte en alcanzar los 1200 niños enseñados por
dichos maestros." "El Dr. Howard Crosby enseña sobre la lección los
miércoles a la tarde y predica a los niños los domingos a la tarde." "Dr
Ricardo Newton tiene una reputación, casi mundial cono un predicador de
niños. Entre semana él enseña la lección a sus maestros, asiste fielmente
reuniones de sus maestros y predica muy a menudo a los niños." "El Dr. Juan
Hall va a cada clase los domingos a la mañana y personalmente estrecha la
mano a cada maestro y niño. Cada miércoles él enseña a una iglesia llena
sobre la lección que será enseñada el domingo siguiente. Al fin del mes él
va a cada clase y hace preguntas a los alumnos sobre la materia que fue
enseñado durante el mes. Cada mes o cada dos meses él tiene una actividad
social para sus maestros. Cada sábado a la tarde él enseña una clase
bíblica femenina en un salón lleno."
A la verdad, estos son hombres únicos, pero ellos manifiestan el
maravilloso poder que el pastor puede tener por preocuparse por la juventud
y por dirigir la enseñanza de la Biblia entre ellos. La verdad es que la
preparación de una clase de escuela dominical con palabras bien entendidas
y buenas ilustraciones es una buena disciplina para la preparación de
sermones para la congregación. Sugerencias:
Debemos aprovecharnos a manifestar muy a menudo nuestro aprecio por la
parte importante que la escuela dominical tiene en la iglesia. Debemos
hacer mención de ella en nuestras oraciones y también en las reuniones de
oración. Anime a la gente a preocuparse por la provisión de salones
atractivos y adecuados y por los materiales necesarios. Si la congregación
se preocupa por la escuela dominical depende de que el pastor se preocupe
por ella en el púlpito.
Haga un esfuerzo para organizar a los mayores de la iglesia con clases
bíblicas y unir a ellos a la escuela dominical. Esto siempre es provechoso
para la iglesia. Así los mayores van aumentando su conocimiento bíblico y
enriqueciendo su experiencia cristiana. El llevar a la escuela dominical el
apoyo de los mayores sirve también para retener a los jóvenes cuando llegan
a ser mayores.
El pastor debe tener mucha influencia sobre la escuela dominical. Si él
tiene que predicar dos veces el domingo a la mañana es mejor que él no sea
el encargado de una clase ni un maestro. El hacerlo va a quitar tanto de su
esfuerza que no será capaz de predicar bien el segundo sermón. Igualmente
32
él debe estar presente para entrar cada clase cada tanto y decir algunas
palabras y conocer personalmente a cada maestro.
Si es posible, el pastor debe reunirse semanalmente con los maestros para
dar consejo, y si es necesario repasar con ellos la lección que van a
enseñar el domingo siguiente. El pastor debe estar al tanto con los métodos
mejores de conducir la escuela dominical. Si él piensa que no hace falta
repasar sobre le lección que van a enseñar, él puede aprovechar de la
oportunidad a enseñarles algo sobre le educación cristiana. Entre las
materias provechosas serían:
Geografía bíblica
Introducción a los libros de la Biblia
Doctrinas bíblicas
En caso de que él enseñe una clase puede ser provechoso invitar a los demás
de la iglesia asistir la clase y no únicamente los maestros. Así otros
pueden prepararse para servir en la escuela dominical
Tenga cuidado en cuanto a los libros que están puestos en la biblioteca de
la escuela dominical. Hay muchos buenos libros pero, a su vez, hay los que
son despreciables y otros dañinos. La biblioteca de la escuela dominical es
potente en formar opiniones, actitudes y hábitos y comparte al conocimiento
bíblico a la gente. Por eso, es de suma importancia que los libros sean
puros en su contenido doctrinal y sanos en cuanto a lo moral y espiritual.
La reunión en conjunto de la escuela dominical será de mucho provecho si
está bien preparada. Debemos tener cuidado en excluir lo que es sensacional
para atraer la gente, no más. Un espíritu devocional siempre debe dominar.
De vez en cuando sería provechoso predicar un sermón en lugar de las
clases. El sermón debe ser sobre el nivel de todos, simple pero no niñería.
Así los niños y jóvenes llegan a conocer mejor el pastor.
Por último, la cooperación del pastor con los que trabajan en la escuela
dominical va a confirmar a todos que la escuela dominical es una parte útil
de la iglesia. Si todos están convencidos de que la escuela dominical es de
suma importancia ellos estarán más inclinados a asistir a la escuela y
ayudar en lo que pueden.
Sección VII
La Visitación Pastoral
El cuidado de las almas es la obra principal del pastor. El pastor es el
encargado de un rebaño. Es su deber guiar, apacentar y defender a su
rebaño. El mandato divino es; "Por tanto, mirad por vosotros, y por el
rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la
iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre." (Hechos 20:28) Es
para él, ser el guía personal espiritual y un amigo cristiano digno de toda
confianza. Nuestro señor dijo, al describir al buen pastor, "Las ovejas
33
oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha
sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le
siguen, porque conocen su voz." (Juan 10:3-4) Cada miembro de su rebaño es
un alma encargado a su cuidado por el Señor y, si él es digno de la
confianza puesto en él, él será uno de los que velan por las almas como
quien ha de dar cuenta. (Heb. 13:17)
Pablo, cuando estaba en Efeso, enseñaba públicamente y también casa por
casa. En su despedida final de los ancianos de Efeso él les encargó
diciendo, "Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de
día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno." (Hechos 20:31)
El Dr. Cuyler, uno de los pastores más ocupados y más eficaces en Brooklyn,
dice, "Pastores jóvenes, tengan del principio la meta de ser pastores en
todo sentido. Vaya durante la semana a los que quieren que vengan a usted
en el día del Señor. Ocúpase cada mañana en estudiar libros. Por la tarde
estudie puertas de casas y la naturaleza humana. La gente le dará material
para sus mejores sermones prácticos. Después de hacer lo mejor posible el
domingo vaya circulando entre su rebaño como Napoleón andaba a caballo
después de la batalla para saber donde pegaron en el blanco y quienes
fueron los lastimados."
El Dr. Taylor, del Tabernáculo Broadway en Nueva York, en una disertación a
jóvenes pastores dijo, "Ustedes van a ser un gran fracaso si son
negligentes en visitar a los de su congregación. El púlpito es su trono
pero ningún trono es estable que no apoya sobre el afecto de la gente. Para
tener su afecto tendrán que visitarles en sus casas. Había un tiempo
cuando, para mí, la visitación era un trabajo penoso pero ha llegado a ser
mi gozo. Cuando estoy inclinado a estar deprimido me voy para visitar mi
rebaño. Es mi anhelo salvar a ustedes de pasar como yo, por años de poco
gozo. No quiero que ustedes equivoquen como yo."
El Dr. Juan Hall, en una disertación dado a un grupo parecido, dijo;
"Debemos asegurarnos que nada nos impide de la visitación pastoral. Es de
suma importancia que llega a conocer la gente en sus hogares, y que la
gente conoce a usted. Los niños y jóvenes deben conocerle. Los hombres
deben conocerle. Únicamente así se puede entender las necesidades básicas
de la gente y adaptar su predicación a ellas. No rezongue el tiempo
dedicado a la visitación. Al conversar libremente con gente humilde usted
va a ensanchar su concepto de la naturaleza humana y escuchar testimonios
que le harán un hombre más útil en la obra de Dios."
El obispo Simpson, Al hablar de la timidez que muchos pastores jóvenes
sienten en cuanto a la visitación pastoral, nos relata lo siguiente de su
experiencia. "Yo tenía mucho de esta timidez al entrar al ministerio. A
veces las palmas de mis manos ardían al pensar que debía salir y hacer
visitas. Sin embargo, sabía que tenía que ir. Era mi deber hacía a la
iglesia. Había prometido a Dios que iría. Como un soldado en el ejército
34
avance con timidez pero con valentía hacia a la batalla, así yo también iba
en nombre del Maestro. Cuando era posible iba acompañado por un creyente
que tenía experiencia. Yo hablaba con la gente amablemente, tratando de
sacar de ellos algo en cuanto a su relación para con el Señor. Encontré
muchos vagando y otros turbados. Intenté a consolar a los angustiados.
Tales visitas me hicieron bien. Me ayudaron en conmiserarme con la gente y
me dieron la oportunidad abrir la Palabra de Dios con ellos. En una campaña
de avivamiento que tuvimos cerca de 300 personas pasaron adelante. Casi
todos las personas eran las que yo había visitado y conocía personalmente
sus angustias y, por eso, podía conducirles al Cordero de Dios.
El difunto eminente presidente Francisco Wayland, en concluir un discurso a
pastores sobre este tema dijo; "Puede ser que algunos piensan que no se
debe esperar que un hombre educado pase su tiempo visitando mecánico en sus
talleres o amas de casa ocupadas en sus quehaceres domésticos para
conversar con ellos sobre su relación para con Dios. A esta protesta tengo
esta respuesta. Que el que piensa así trate de convencer a Jesús quien, en
su viaje a Galilea, se sentó junto al pozo y hablaba con una mujer
samaritana."
Entonces la visitación pastoral – este cuidado de las almas – es una parte
esencial de la obra del pastor. Ningún pastor cumple con la responsabilidad
del cargo sagrado si es negligente en hacer contactos personales con los
miembros de su rebaño. Para cumplir con este deber es obvio que no hay
reglas universales que se puede aplicar. Cada hombre es distinto en sus
características y manera de ser. Cada pastor tendrá mejor éxito con su
propio método. Las iglesias también son distintas en sus circunstancias y
estilo de vida. Un método que sirve para una iglesia no sirve para otra. Lo
principal es que el pastor tiene que tener comunión personal con los
miembros de su congregación. Él debe tener un plan fijo para hacerlo. Las
sugerencias que doy entonces son generales y tienen que ver únicamente con
los límites de su deber y métodos de llevarlo a cabo y las ventajas de
hacerlo fielmente.
I. Los límites
En el horario del pastor, ¿cuánto tiempo debe ser dedicado a la visitación?
Sin duda, el púlpito debe ser superior. Allá el pastor está rodeado por su
rebaño. Allá él esta puesto delante del mundo como el embajador de Dios y
el predicador de la Palabra de Dios y su defensor. Ningún deber privado
puede superar la dignidad y responsabilidad de esta gran obra pública.
Ninguna súplica de exigencias pastorales puede disculpar el pastor por ser
negligente en prepararse bien para servir detrás del púlpito. Esto es
esencial y principal.
Sin embargo, el pastor debe planear visitar a cada familia y aun cada
persona en la congregación. En la mayoría de las iglesias no hay ninguna
35
razón por la cual él no puede hacerlo, por lo menos una vez cada año. En
algunas, sería posible hacerlo más a menudo. Por tener un plan y por
guardar tiempo en su horario es posible visitar una congregación numerosa.
Supongamos que, aparte de visitas de los enfermos y casos de emergencia, el
pastor hace 6 visitas cada semana. Parece ser pocas pero en tan solo seis
meses él puede visitar más de 150 familias. Por regla general, no hay
tantas familias en una iglesia. Debe ser posible cumplir con esto en dos o
tres tardes por semana. Así el pastor se pone en comunión personal con la
gente de su congregación y añade algo a su predicación que jamás puede
añadir por estudiar. El Dr. Juan Hall dice; "Creo que un ministro, en buen
estado de salud y obrando normalmente, debe hacer algunas visitas por lo
menos cinco días cada semana. Yo lo he hecho por muchos meses. Pasando
algunas horas cada día así nos da ejercicio corporal, intelectual y moral
Estudiamos mejor si lo hacemos."
A la verdad, hay puestos en la iglesia que, por la grandeza de la iglesia y
las exigencias de otros deberes, el pastor no puede hacer mucho más que
visitar a los enfermos o otros casos especiales. Es raro cuando es así y
tales iglesias deben emplear un pastor socio para que la visitación no sea
descuidada. Si no es posible emplear un socio, debe ser que algunos
miembros de la iglesia pueden asumir la responsabilidad.
Cuando el Tabernáculo Bautista, en aquella entonces reuniéndose en la calle
Mulberry, consistía de más de mil miembros, esparcidos por todos lados en
la gran ciudad, el difunto diácono Guillermo Colgate organizó un plan por
el cual la congregación fue divida en zonas. Un hombre, digno de confianza,
fue encargado con el cumplimiento de la visitación en su zona. Por muchos
años este plan fue eficaz para atender las necesidades espirituales de la
gente.
II. ¿Debe el pastor asumir la responsabilidad de visitar a los que no son
miembros de la congregación?
En contestar la pregunta, tenemos que tomar en cuenta la grandeza de su
rebaño, sus talentos y los límites de su fuerza. El Señor no pide más de lo
que podemos cumplir. Si tomamos en cuenta que, en zonas rurales del
estado de Nueve York, menos de la mitad asiste una iglesia evangélica,
tenemos razón por preguntarnos ¿cómo todos ellos que no se preocupan por su
alma pueden ser alcanzados con el evangelio? Un pastor que predica domingo
tras domingo en una iglesia media llena debe preguntarse si es prudente
esperar que estas almas vengan a él o si él debe salir en busca de ellos
con el evangelio. Si él no puede hacerlo, se debe enseñar y organizar
obreros de su congregación a enfrentarse con esta indiferencia en su
alrededor. La inspiración y organización de tal obra enérgica de visitar
casa en casa es entre los deberes más importantes del pastor. Ningún
esfuerzo cristiano es más fructífero y bendecida. Sirve para ayudar a los
36
hermanos de la iglesia desarrollar sus talentos en despertar y convertir a
los perdidos.
37
Una visita pastoral debe ser confidencial. No tenemos derecho de animar a
la gente a que comparta con nosotros cosas privadas y después salir a
compartir el conocimiento nuevo con todo el barrio. Es violar una confianza
sagrada. De tal forma, muchos pastores han destruido su influencia y
cerrado la puerta a la confianza de la gente.
Sobre todo, el pastor debe recordar el interdicto; "Que instes a tiempo y
fuera de tiempo." (II Tim. 4:2) Él debe aprovecharse de oportunidades, en
el negocio, la oficina, el taller, la estancia o al lado de la ruta. Por
todos lados debe ser su anhelo guiar a la gente a Cristo. Si él es
prudente, va a tomar en cuenta límites del tiempo y el ambiente pero no
debe perder ninguna oportunidad hablar de Cristo. El cuidado del alma es la
obra de su vida. La salvación, de continua, debe ser el tema de su
conversación. Por regla general, es mejor hablar con los inconversos cuando
estamos a solas con ellos porque de esa manera ellos estarán más propensos
a expresarse. La falta de dedicación en hablar de la salvación es una de
los defectos más lamentables en la vida del ministro,
Las ventajas
El crecimiento espiritual del pastor está relacionado a su fidelidad en
quedase en contacto con las almas de su iglesia. Siempre hay el peligro de
que él retroceda para ser un profesional. Es posible estudiar las grandes
verdades de la Palabra de Dios únicamente para su preparación de sermones
sin pensar en su aplicación personal para él y para los de su congregación.
Si él no está consciente de su relación personal con Dios él va a leer,
estudiar y orar pensando únicamente en los demás. Es posible aumentar su
conocimiento bíblico y su poder profesional en cuanto a la homilética y
elocuencia y, a su vez, retroceder en su vida personal como creyente.
El contacto personal con las almas en la visitación pastoral trae el asunto
de vivir la vida cristiana delante de nosotros, no tanto como teoría sino
como realidad personal. En esto tenemos que tratar con la vida cristiana en
lo concreto y no en el abstracto. En esto somos testigos del poder de Dios
en consolar las angustiados, fortalecer a los tentados, guiar a los
perplejos y triunfar sobre múltiples tentaciones. Nuestra alma experimenta
todo esto como un hecho vivo. En ministrar a los demás encontramos lo que
nos hace falta para levantar nuestro espíritu y acercarnos más a Dios. Esto
desarrolla en nosotros una caridad más amplia con el fin que somos
creyentes más nobles y genuinos.
La visitación también nos ofrece una oportunidad estudiar la gente en su
vida actual; sus caracteres, opiniones, tentaciones, aflicciones y pecados.
El pastor exitoso tiene que ser un estudiante de su congregación. Un pastor
recluso mal gasta una gran parte de su esfuerzo porque no puede adaptar su
predicación a la vida actual. Puede ser que su sermón es casi perfecto en
que es retórico, lógico, lleno de aprendizaje y ortodoxo pero es impotente
38
para mover a la gente porque no se trata de su experiencia personal. No
quita sus perplejidades, no toca sus pecados en particular, no se trata de
preguntas vitales en su vida. El predicador no está sintonizado con la vida
actual de la congregación y el sermón, aun que está bien preparado, no les
mueve y no les bendice. Tenemos que estudiarla en todas sus múltiples
facetas debajo del poder del pecado y la gracia de Dios. Un anciano antiguo
dijo; "El predicador tiene que estudiar tres libros, la Biblia, a sí mismo
y a su pueblo."
No quiero olvidar decir que la visitación pastoral es un proceso que nos
enriquece mentalmente. En el estudio de la vida y la experiencia, como el
pastor les encuentra en pasar casa en casa de continuo, él está alcanzando
perspectivas nuevas en carácter. En sus conversaciones, vistas nuevas de la
verdad se abren delante de él y de estas vistas él regresa a su estudio con
textos nuevos y nuevos temas para sermones, juntos con ilustraciones nuevas
de experiencia y doctrina.
Además, estas visitas forman una relación espiritual personal entre el
pastor y los de su congregación. Resulta que ellos son mucho más atentos a
su predicación. El hombre con el cual usted ha hablado, con sabiduría y
ternura, sobre verdades espirituales no puede tapar sus odios cuando usted
predica en el día del Señor. Tampoco le escucha únicamente porque él admira
su desempeño en el púlpito. Él tiene un sentimiento más profundo. Él le
presta, no únicamente su oído critico e intelectual sino también su odio
espiritual y le escucha porque es sincero en buscar lo que precisa para su
bienestar espiritual. Esto, sin duda, es el secreto del pastoreado exitoso,
aun cuando no hay gran elocuencia en el púlpito. Es que el pastor ha
establecido relaciones espirituales para con sus oyentes y, para ellos, aun
sus sermones mediocres están llenos de poder sagrado. La predicación
excelente puede atraer la popularidad pero únicamente el vínculo personal
entre el pastor y la congregación rinde fruto eterno.
La visitación pastoral lleva al pastor a la puerta de gente que él no puede
alcanzar a través del púlpito. En cada pueblo hay ancianos que necesitan
ayuda espiritual en su debilidad. Hay también enfermos y angustiados que se
encantan escuchar palabras de consolación y esperanza. Hay también quienes
son indiferentes, los cuales deben tener una invitación y advertencia. El
pastor es el representante de Dios, encargado de hablar con tales personas.
Por último, la visitación pastoral es la manera mejor de bendecir y
cementar la relación pastoral. En estos últimos años los pastores no han
quedado mucho tiempo en la misma iglesia. Un pastor apenas está bien
establecido y obrando bien y ya está pensando en mudarse. ¿Puede ser que la
falta de la visitación pastoral, llevado a cabo tan fielmente por nuestros
padres en el ministerio sería, en parte, una explicación por esto? Los de
la iglesia nunca tienen la oportunidad de sentir la vida espiritual
personal del pastor. Resulta que no tienen confianza en él y su ministerio
39
no está sintonizado con sus necesidades. El único vínculo entre ellos es el
púlpito. Cuando se cansan de su voz, su manera de ser y sus pensamientos,
ellos están listos a cambiar pastores.
Además, cuando el pastor no es fiel a las almas de la gente en privado,
ellos tienen dudas de su sinceridad. En el día del Señor él se presenta y
proclama las verdades solemnes y los anima a tomar una decisión pero
durante la semana él habla con ellos sin ninguna exhortación ni
advertencia. En el púlpito él amenaza al incrédulo con el juicio de Dios
pero le encuentra en su hogar o en la calle sin manifestar ninguna
preocupación por su bienestar espiritual. Tal inconsistencia perjudica la
confianza que la gente debe tener en su pastor y no hay un vínculo para
unir pastor y pueblo.
Pero la relación entre pastor y pueblo, ordenado por Dios, es sagrada y
duradera. Siendo encargado con el cuidado de las almas, él debe circular
entre su rebaño como su guía espiritual y amigo. El confesionario, cual
malvado que es, al principio fue una perversión de la visitación pastoral.
Fue basado sobre una necesidad verdadera y universal. Era la búsqueda, por
parte de almas angustiadas, de dirección y ayuda en volverse a Dios. El
pastor debe llenar esta necesidad como un consejero de confianza y ayudante
de los miembros de su rebaño. Si él es fiel a esta confianza sagrada sus
recursos de poder de continuo aumentan y vínculos nuevos de amor les
sostiene cada año aun más unido a los corazones de los de su iglesia.
La visitación de los enfermos
Esta es una de las responsabilidades más difíciles que caen sobre el
pastor. A veces le toca guiar a las almas que se encuentran en la frontera
de la eternidad. En tal caso, lo que se dice debe ser con franqueza y
urgencia. Por eso he reservado este tema para consideración especial.
Debemos educar a la gente a avisar su pastor cuando alguien está enfermo. A
veces le critican por no visitar a los enfermos cuando él ni aun sabía que
estaban enfermos.
Cuando es posible, debemos visitar a los enfermos después de descansar bien
y después de comer. Así no hay tanto peligro de contagiarse de las
enfermedades. Si se sabe que alguien tiene una enfermedad contagiosa, sería
prudente averiguar sobre las precauciones que se debe tomar. Después de la
visita debemos usar desinfectantes para no poner a otros en peligro. Si es
prudente visitar a alguien, sabiendo que tiene una enfermedad contagiosa,
es una decisión que el pastor tiene que tomar. Sobre el tema, vale la pena
considerar cuidadosamente las palabras de Van Oosterzee en su libro La
Teología Práctica. Él dice "La respuesta negativa, elegida por la teoría
practica de algunos encuentra justificación en el deseo de preservar a uno
mismo y a su familia. En oposición a esto está la teoría que aun el
creyente tiene el deber de poner a riesgo su vida por los hermanos y tanto
más el pastor de las ovejas y que la pérdida de la vida en la obra del
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Señor es el camino que se lleva a la preservación de la vida. Sin duda, el
cumplir nuestro deber en estos casos puede exigir sacrificios dolorosos.
Sin embargo, el Señor tiene derecho de exigir que el deber tenga prioridad
sobre todo. Lutero, en 1527, durante la plaga, quedó con Pomeranus y dos
diáconos en Witenburgo y así contestó la pregunta que él hizo en su
tractate, "¿Se puede intentar escapar de la muerte?" La misma pregunta fue
estudiada en 1574 por él, sínodo de Dort. Su conclusión fue que "Debemos
ir, siendo llamados desde que sabemos que nos hace falta." ¿Qué derecho
tiene el médico de almas esquivarse de su deber del cual aun el médico
incrédulo está dispuesto hacer? El riesgo sufrido en tal ocasión encuentra
una remuneración abundante en la gratitud del rebaño, y la aprobación de la
consciencia y la experiencia que el señor cuida a los suyos. Por supuesto,
nuestra creencia en el poder y la fidelidad de Dios no nos da razón por no
tomar las precauciones que exigen las circunstancias y la ciencia. A veces
esta es una de las más difíciles decisiones en la vida de un pastor.
Siempre existe el peligro de que él tome la decisión basada sobre el temor
en vez de la fidelidad a su llamamiento.
Antes de cada visita debemos prepararnos bien por estudiar y orar. Debemos
tener un buen estado de ánimo espiritual. También debemos tener en mente
porciones de la Biblia que podemos adoptar a las distintas condiciones y
necesidades de los enfermos. Debemos estar equipados con buenas
ilustraciones de la salvación o cualquier estado espiritual del enfermo.
Casi no me hace falta mencionar que debemos tener buen juicio y voluntad a
conmiserarnos con los afligidos. Cuando el pastor está al lado de la cama
de un enfermo él debe ser un amigo compasivo.
En cuanto a su manera de ser, es importante ser natural, simpático y
alegre. Debemos ayudar al enfermo relajarse y animarle a confiar. Nuestra
voz debe ser tierna y dulce, no demasiado fuerte. Excepto en circunstancias
anormales, la visita debe ser breve. La negligencia en estas cosas
destruirá el fruto de la visita y, en algunos casos excluirá al pastor de
visitar a los enfermos.
En cuanto a la conversación con los enfermos, es difícil dar reglas fijas.
El juicio y tacto del pastor sugerirán el método mejor en cada caso. Lo
principal es un buen entendimiento de la condición espiritual del enfermo
porque, aparte de él, el pastor no sabrá como dirigir sus palabras y aún es
posible llevarle a conclusiones erróneas. No debemos tratar de consolar un
corazón en rebelión a Dios. Lo que hace falta es advertencia amable. Por
charlar un poco con el enfermo podemos ver una manifestación de su corazón
y así podemos hablar más directamente a su necesidad. Si el enfermo ya es
creyente debemos intentar saber si tiene paz para con Dios. Si no, debemos
averiguar sobre lo que le impide y intentar guiarle a Dios. Si él no es
creyente debemos averiguar sobre lo que le impide de entregarse a Dios y,
si es posible, ayudarle en ser salvo. Debemos ser claro en nuestra
41
explicación para evitar que él tenga una experiencia religiosa, no más. No
debemos usar palabras vagas como "usted debe acudirse a Cristo." Explíquele
quien es Cristo, lo que él ha hecho y que tenemos que arrepentirnos de
nuestros pecados para poder acudirnos a él para la salvación. En todo caso,
debemos hablar de Cristo y la amplitud de su gracia, poder y la esperanza
que él nos brinda. Debemos guiar los pensamientos del enfermo a él como un
Salvador vivo, personal y un amigo todo poderoso.
Siempre debemos orar por los enfermos. En caso de alguien que esté grave,
es probable que no podamos hacer nada más.
Si él que sufre está a la frontera de la eternidad debemos buscar y esperar
la dirección de Dios en cuanto a las palabras de nuestra petición,
intentando llevar el enfermo al trono de la gracia. Vinet apropiadamente
dijo, "Espera mucho de la oración, eso es no únicamente de su poder con
Dios sino también de su efecto sobre el enfermo. A través de la oración
podemos hacer muchas cosas aceptables. A través de ella podemos abrir
corazones cerrados. Hay algo encantador en la oración y esto encanto tiene
su efecto sobre nosotros. Nos hace más confiados, más gentil, y más
pacientes. A través de ella podemos hacer el enfermo sentir que él está en
la presencia de Dios."
Tiempos de enfermedad brindan al pastor acceso a los hogares y corazones de
su rebaño y, si las aprovechamos bien, pueden añadir en gran manera a su
ministerio y fomentan un vínculo de amor entre él y los corazones de su
pueblo. Si él es negligente en atender a los afligidos y enfermos es
culpable de no cumplir con la obligación sagrada de su oficio y sufre
reproche de ambos los religiosos e impíos. Al fin, destruye también el
poder de su ministerio en el púlpito. Por eso, él debe esforzarse estar al
tanto con los que están enfermos o afligidos y estar puntual en visitarles
con el espíritu de su Maestro y con la caridad tierna y genuina de un amigo
cristiano.
Sección VIII.
Avivamientos
Se puede decir que la historia de la cristiandad es una historia de
avivamientos por los cuales la obra de la redención ha avanzada entre la
humanidad. Hay razón por suponer que será así hasta el fin. El sueño de los
hombres es que el evangelio avanzara a un ritmo firme. Tal pensamiento no
está apoyado ni por la Biblia ni tampoco por la historia de la iglesia. En
el pasado los avivamientos han sido épocas en que el mundo cristiano había
avanzado a un conocimiento más claro de la verdad divina y un nivel más
alto de la experiencia cristiana. Ha sido el proceso divino por el cual el
evangelio ha vencido sobre los errores y pecados de los hombres y ha
encontrado un desarrollo más completo en la conciencia y la vida de la
gente.
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El que estudia cuidadosamente la historia de la iglesia no puede
menospreciar los avivamientos. Esto no quiere decir que un pastor debe
esperar tener éxito únicamente o mayormente en estas manifestaciones de
poder espiritual. Por regla general un avivamiento presupone decadencia, la
cual un buen pastor trata de prevenir. Los pastores son constituidos para
"perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación
del cuerpo de Cristo." (Efesios 4:12) Fidelidad y sabiduría en el pastor
pueden mantener las fuerzas espirituales en la iglesia tan inspiradas que
su vida espiritual no declinará. Así su espiritualidad será desarrollada y
fortalecida de tal manera que habrá crecimiento y progreso de continua. Así
era la iglesia del Pastor Carlos Spurgeon. Una iglesia sana manifestará de
continuo lo que se ve en un tiempo de avivamiento. El Espíritu Santo de
continua manifiesta su presencia y no merma la conversión de las almas.
Esto debe ser la meta del buen pastor. Si es así un avivamiento no será la
recuperación de lo perdido sino una aceleración del progreso espiritual y
una manifestación aun más grande de la obra del Espíritu santo en la
salvación de almas.
Es lamentable pero, en la manifestación común y corriente de la vida
cristiana, la decadencia es muy a menudo un hecho. Por eso, le conviene el
pastor saber promover avivamiento.
Es de suma importancia tomar en cuenta que un avivamiento genuino resulta
de la presencia del Espíritu Santo. Aparte de él, es posible tener gran
excitación pero no será un movimiento espiritual. Zacarías 4:6 dice que "No
con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los
ejércitos." Debemos estar plenamente conscientes de esto y debemos buscar
su presencia. A su vez, el Espíritu obra a través de seres humanos y según
las leyes de la mente humana. Por eso, el uso de métodos débiles también es
imprescindible Por eso, sugiero:
La vida cristiana de la gente raras veces va más allá del nivel espiritual
del pastor. Es imprescindible que el alma del pastor esté en el Espíritu –
humilde y ferviente. Gritería, entusiasmo y buena administración no pueden
sustituir por la obra del Espíritu Santo en el alma.
Por regla general, un despertamiento de los incrédulos resulta de un
avivamiento en la vida de los en la iglesia. Por eso, al principio, la
predicación debe estar con el fin de escudriñar la experiencia y la vida de
los creyentes. Por parte de ellos, hace falta un aumento en la piedad
personal. La iglesia es "la luz del mundo" (Mateo 5:14) El impacto del
evangelio sobre el mundo depende de la brillantez de esta luz.
Debemos animar a los creyentes a testificar fielmente a sus amigos y
parientes inconversos. Con este fin podemos organizar juntas para visitar
los miembros de la iglesia. Por supuesto, debemos tener cuidado en cuanto a
los integrantes de estas juntas y su manera de trabajar.
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Podemos tener reuniones especiales con el fin de despertar el interés de la
gente en el evangelismo. Puede ser que parece que un golpe sobre el bloque
no tiene efecto pero golpes sucesivos en el mismo punto lo rompe.
La manera de conducir reuniones espirituales se puede determinar por la
dirección del Espíritu y la providencia de Dios. Si ya hay una abundancia
de dones en la iglesia muchas veces es mejor no aumentar la predicación,
sino tener reuniones sociales de varios tipos. Si hace falta de
predicación, debemos preguntarnos si vale la pena buscar un evangelista o
si fuese posible pedir la ayuda de otro pastor conocido o si el pastor
mismo puede predicar. Todos estos métodos han sido eficaces. Si buscamos
ayuda de afuera debemos tener cuidado en encontrar un hombre con el
espíritu debido y una buena medida de sabiduría.
Tal vez se pregunta, ¿debemos comenzar una serie de reuniones cuando parece
que no hay mucho interés en las cosas espirituales? Yo digo, a mí me parece
que desde que hay reuniones con el fin de despertar interés en la
templanza, o la política, igualmente debemos tener reuniones para despertar
interés en verdades espirituales. En todo caso, el fin es el de aplicar la
misma ley mental, o sea que lo más a menudo llamamos la atención a la mente
de un asunto lo más probable es que su voluntad estará movida actuar. El
Espíritu Santo obra en el alma de conforme a las leyes mentales. Por eso,
es lógico que si de continuo hablamos de la obra de Cristo, el Espíritu
Santo tiene más facultad para obrar. Desde que el evangelio de Cristo es el
tema más sublime que puede ocupar la mente de la gente, es aun más razón
por aplicar esta ley en llevar a cabo reuniones especiales. Así podemos
fijar las mentes de la gente sobre este tema.
En una serie larga de reuniones espirituales hay algunos peligros serios
que el pastor debe tratar de evitar. Hago mención de los siguientes:
Una excitación, hecha de hombres, con el fin de despertar sentimientos
religiosos y no de profundizar la piedad. Semejante llamamiento a las
emociones, aparte de la naturaleza racional, por regla general, resulta en
una reacción desastrosa en la dirección de indiferencia y escepticismo.
Muchos campos misioneros han sido quemados por estos pseudo avivamientos
con resultado que son entre los campos más difíciles para la obra
cristiana. Resulta que toda la religión es despreciable.
Reuniones especiales no deben ser con un fin secundario, - solventar deudas
de la iglesia o fortalecer la aceptación de un pastor no bien recibido. Un
fracaso es inevitable si buscamos avivamiento sin preocuparnos por la
gloria de Dios o la salvación de almas.
Una tendencia a depender de reuniones especiales y desacreditar la debida
función de la gracia. El hacerlo destruye la vida de la iglesia. El pastor
no debe dar a la gente razón por pensar que un avivamiento es la esperanza
más grande del creyente. Él debe animarles a disfrutar de continua de lo
que la gracia de Dios les brinda. Algunos pastores dan a la gente razón por
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pensar que Dios obra en la salvación y santificación únicamente en tiempos
de avivamiento. El efecto es destructivo. Por eso, no debemos dar a las
reuniones especiales preeminencia.
Muchas veces reuniones especiales resultan en tensión nerviosa en el
extremo y después hay una recaída. Debemos tratar de evitar esto. En la
vida de una planta, el tiempo de mayor peligro es cuando está extraído del
vivero y plantado en la tierra. Al faltar el calor y protección del vivero
y estar expuesto al frío y ambiente del campo, decae y marchita si no tiene
atención especial. La obra más difícil del pastor es después del
avivamiento en el cuidado y instrucción de los conversos cuando faltan el
estímulo del ambiente cristiano. A veces hay males que resultan en este
tiempo que dan a la gente razón por desacreditar reuniones especiales y la
obra de los evangelistas. En realidad, los males son por causa de la
negligencia del pastor y la iglesia. En seguida debemos animar a los
conversos a asistir a la escuela dominical y las reuniones de la iglesia.
El debe llegar a conocer personalmente los miembros de la iglesia. Si hay
un gran número de conversos el pastor debe pedir la ayuda de otros miembros
fieles en dar atención a ellos. También debemos ocupar a los conversos
nuevos en la obra lo antes posible.
Sección IX.
La cultivación de la vida social en la iglesia
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promover conversación, música y entretenimiento inocente y sana. El pastor
debe esforzarse a promover el debido ambiente y prevenir diversiones
dudosas. Cada reunión social debe estar planeada con actividades como
leyendas, poesías, o conversación sobre temas elegidos. Así se puede
controlar el ambiente y, a su vez, dar a todos una ocasión usar sus
talentos y expresarse. Una reunión social que cumple su función exige que
el pastor tenga bien planeado lo que va a hacer.
A veces el objetivo no es únicamente social sino también misionero. Si no
hay un misionero presente, por lo menos pueden ser reportajes de obras
misioneras. Se puede leer cartas de misioneros conocidos. También alguien
puede preparar y presentar un resumen de la vida de un misionero destacado.
También se puede hablar de ocuparse en la obra misionera como, por ejemplo,
buscar niños o jóvenes y traerlos a la escuela dominical.
La actividad social de la iglesia es una fuerza tan potente que el pastor
no puede pasarlo por alto ni pensar que cuidará a sí mismo. Si el pastor no
da dirección a la vida social de la iglesia es casi seguro que irá por un
mal camino y será dañino a su obra. Por eso doy las siguientes sugerencias.
Es mejor que el pastor no tenga ninguna carga oficial en estas
organizaciones. Su relación debe ser el de ser el pastor y, por eso, la
cabeza de todas las organizaciones. Los encargados van a respetar el pastor
y pedir sugerencias y dirección de él.
Es natural que las actividades van a variar para satisfacer las necesidades
de varios grupos en la iglesia. Tenemos que respetar esto. Debemos tener
cuidado que estos grupos no lleguen a ser camarillas que excluyen o
menosprecian a otros grupos. Esto es dañino a la unidad de la iglesia.
Cada casa de Dios debe tener un salón social o, por lo menos, un salón que
se puede convertir fácilmente en un salón social. Debe ser adornado
adecuadamente y equipado con lo básico para servir refrescos. El edificio
de la iglesia será aun más eficiente si tiene una biblioteca y lugar para
leer. Por regla general, la iglesia dará dinero para proveer estas
facilidades si están animados hacerlo. Los padres están agradecidos por una
iglesia que satisface las necesidades sociales de sus hijos y provee
actividades sanas para ellos. Siempre es mejor que los niños y jóvenes
satisfacen sus necesidades sociales en la iglesia en vez de actividades del
mundo.
Sección X
El Pastor como Administrador
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ambos, los que las tienen y por la iglesia. En este aspecto, el pastor es
un teniente encargado de soldados. Es su deber entrenar, organizar y
discipularlos. Si él quiere que los soldados pelean, él tiene que dirigir
la batalla. Algunos pastores diligentes se encargan de cargas que deben ser
llevadas por gente en la iglesia. Así el pastor quede libre para ocuparse
en otras tareas. Es mejor para los miembros también porque tienen la
oportunidad desarrollar y usar sus dones. Uno de los vínculos más grandes
en una iglesia es el sentimiento de ser colaboradores, cada uno con una
carga y una parte en la obra. Ningún miembro debe quedar como recipiente,
no más, siempre recibiendo sin nada que puede compartir. La iglesia llega a
la cumbre de eficacia cuando cada miembro es un obrero consciente de la
importancia de su obra. Mucha de la imperfección de la vida de una iglesia
es dada al hecho de que o esta fuerza en estado latente queda sin
desarrollo o si está desarrollada, está mal dirigido. Por eso, tengo las
siguientes sugerencias:
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iglesia es lo suficiente grande, es posible tener un grupo encargado de
hacer visitas en un sector de la ciudad y otro para otro sector. Un pastor
pensativo, administrando bien su obra, encontrará un sin fin de trabajos en
el cual él puede utilizar los dones particulares en organizaciones de la
iglesia. Hay una bendición doble en llevarlo a cabo. Hay la que los obreros
mismos disfrutan en hacer los creyentes mejores y más felices. Hay también
una bendición para los que reciben el fruto de su obra. Sin embargo, hay
dos cosas que debemos notar.
Sección XI
Velorios
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En los velorios el pastor se encuentra en las relaciones más tiernas e
influénciales con las familias de su congregación. También son algunas de
las relaciones más perplejas y difíciles. Hace falta dirección y consuelo.
Si no, es posible que él pierde su buena enseñanza en el púlpito. En cuanto
a esto tengo las siguientes sugerencias.
Por regla general, es mejor evitar un sermón formal en los velorios. Sin
causa, prolonga la reunión para la incomodidad de la gente. También sobre
carga el pastor en ambos, la preparación del mensaje y el cumplimiento de
su deber. En caso de la muerte de una persona bien conocido en el
vecindario o una con un puesto importante en la iglesia puede ser que sería
apropiado traer un mensaje en el velorio. Aun en tal caso, es mejor
predicar el mensaje el domingo siguiente en la iglesia. También puede ser
apropiado si el velorio está en un lugar público donde la gente raras veces
tiene la oportunidad escuchar a la predicación. Por regla general, es mejor
tener una reunión breve en la casa con expresión de consuelo y caridad.
Normalmente incluida en la reunión será la lectura de la Escritura, algunas
palabras y una oración. Música está bien si es lo que quiere los afligidos
y si hay cantantes presente.
Un laudatorio del fallecido debe ser con pocas palabras, y nunca debe ser
la parte eminente. A pesar de cual bueno que él era, algunos van a recordar
algunas cosas que él hizo que no eran tan buenos. Además, si el pastor
dedica una buena parte de la reunión fúnebre a un laudatorio, tal vez él
sentirá la obligación hacer lo mismo por alguien que no era tan bueno. Si
no, algunos van a estar ofendidos. Un análisis del carácter del difunto en
tal ocasión es delicado y difícil, y no se debe intentarlo a menos que sea
en los casos raros cuando se trata de una persona que todos tenían en alta
estima.
Siempre es conveniente tener cuidado en expresar en el laudatorio o en la
oración una opinión en cuanto al carácter espiritual o destino del difunto
En su gran anhelo de expresar consuelo es posible decir cosas que
únicamente el omnisciente es capaz de saber. De veras, es su deber en el
entierro de uno que tenía un buen testimonio cristiano asumir que Dios ha
cumplido con su promesa a llevar a él a los que han puesto su fe en el
sacrificio de Cristo. Así él puede hablar de lo dichoso que sería estar en
la ciudad celestial. Aun así, él debe hablar con confianza de la esperanza
bienaventurada y no con conocimiento absoluto.
Las circunstancias de la ocasión muchas veces sugieran el tema del
discurso, Aparte de ellas, las siguientes pueden servir.
La abundancia del poder en el evangelio a prepararnos para la muerte por su
gracia que vivifica, justifica y santifica.
La bienaventuranza del creyente más allá de la muerte en la presencia de
Cristo y la belleza y pureza del lugar sagrado donde mora.
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La resurrección gloriosa de los muertos en Cristo que es el cumplimento de
la redención.
La certeza de la esperanza del creyente, basada en las promesas de un Dios
inmutable en contraste con la incertidumbre de las esperanzas mundanas.
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generoso, un amigo no egoísta, un buen marido y padre etc. Si hacemos
observaciones podemos hablar de tales características y honrar su memoria y
decir que su fallecimiento constituye una pérdida para el mundo.
Sección XII
La cultivación del espíritu misionero
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esta influencia general, hace falta también algunos métodos. Tengo las
siguientes sugerencias:
La iglesia debe contribuir regularmente a una obra sin fin de lucro. Se
puede hacerlo por levantar ofrendas o por poner una caja con tal fin en un
lugar conveniente en la iglesia. Muchas iglesias tienen la costumbre
dividir el año en cuatro o seis períodos y dedicar cada período a una o más
obras. Muchas veces esto ha sido exitoso. Con cualquier plan elegido,
debemos conseguir contribuciones regularmente. Debemos alcanzar todo la
congregación, los ancianos, jóvenes y niños y los ricos y pobres. Si no,
algunos pocos, no más, van a compartir en las ofrendas y los demás van a
perder la bendición.
El pastor debe predicar sobre misiones por lo menos una vez en cada período
En estos sermones el debe hacer mención de la gran importancia de estas
obras sin fin de lucro. El debe incluir hechos concretos sobre lo que estas
obras están llevando a cabo en el mundo. No es aconsejable ni necesario
rogar por dinero en estos sermones. Mejor es hacer mención de la enseñanza
del gran Maestro quien dijo, "Más bienaventurado es dar que recibir."
(Hechos 20:35) Así presentamos el dar, no como un deber sino como un
privilegio exhalado cuya recompensa está en sí mismo. Bien preparado, el
sermón misionero puede ser el más atractivo de su ministerio público. Si él
siempre tiene en mente que va a predicar dentro de poco otro sermón
misionero, él va a guardar material de su lectura y reflexiones. Esto
facilitará mucho la preparación del sermón. Un cuaderno especial para
guardar pensamientos personales e ilustraciones para sermones misioneros se
llenará rápidamente de la lectura del pastor.
La iglesia debe tener una reunión mensual dedicada a misiones. Esto es de
suma importancia porque en ella el espíritu misionero encuentra su
expresión devocional. Es una equivocación grave si el pastor falla en esto
y la toma levemente. Ninguna reunión es más provechosa si es debidamente
dirigida. En cuanto a estas reuniones ofrezco las siguientes sugerencias.
No hace falta limitar la reunión a las misiones foráneas. Hay ventajas en
incluir todas las ramas del evangelismo. Se puede dedicar las reuniones a
varias ramas de la obra. Una vez puede ser para la obra en la América del
Sur. Otra vez puede ser para las zonas de mayor emigraciones. Otra para los
que trabajan entre los musulmanes. Así también la reunión hará una
contribución importante al conocimiento de la gente porque ofrece varios
temas para cautivar la atención de la gente.
Para comenzar la reunión, el pastor puede presentar un sumario breve de
todo el campo elegido incluyendo eventos de interés especial. Se puede
pedir que uno o más de los hermanos de la iglesia esté listo a presentar
una obra en particular. Debe quedar tiempo amplio para la oración porque,
más que nada, esto es el propósito por la reunión.
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Las sugerencias arriba son imperfectos y generales. Cada iglesia es
distinta. El pastor tiene que acostumbrarse a los métodos de la iglesia. El
objetivo – el desarrollo del espíritu misionero en la iglesia es de suma
importancia y debemos estudiar métodos con el fin de alcanzar nuestra meta.
Sección XIII
El pastor y la prensa
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El pastor también debe tener a mano folletos que son breves, simples que
claramente explican el pecado, la redención, arrepentimiento, fe y
libertades cristianos. Con ellos él puede despertar los indiferentes, guiar
a los que buscan la verdad y animar a los creyentes que vacilan. Estos
pequeños evangélicos al lado, son ayudantes de gran valor al pastor. El
pastor siempre debe tener una cantidad en su oficina y llevarlos en su
bolsillo cuando sale para hacer visitas. Hay tantos disponibles y tan
económicos que ningún pastor debe ser negligente en usar lo que puede
contribuir a su éxito.
Cada iglesia debe asegurar que su pastor tenga una buena cantidad de estas
publicaciones. Algunas iglesias tienen la costumbre de proveer regularmente
por estas necesidades. Ellos creen que el soldado no debe tener la
obligación comprar sus municiones. --traductor
Sección XIV
Relaciones con las demás denominaciones
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No aislarse, quedándose apartado de la comunidad cristiana en general.
Trata de llegar a conocer a todos los hombres buenos. Tenga un espíritu
amigable y cordial y esté presente en las ocasiones cuando todos se reúnen
públicamente en busca de consejo unido y adoración. Así va a disfrutar de
la simpatía y amor de la comunidad cristiana y en gran manera su comodidad
e influencia será incrementada.
Relaciones amigables entre creyentes con creencias distintas requiere una
clara precognición de su carácter cristiana común y un acuerdo el uno al
otro de su sinceridad y pureza en su posición en su iglesia. Es justo
esperar que otros le respetan aun que tienen creencias distintas y usted
tiene que hacer lo mismo. Tal posición está de acuerdo con los sentimientos
de su denominación y la defensa de sus creencias. No es nada más que un
reconocimiento que hay opiniones distintas entre los hombres cristianos y
que debe ser también un juicio caritativo del carácter, el uno del otro y
un abstenerse cuidadosamente de lenguaje que puede ofender a los que
piensan de otra manera. Yo creo que el respeto genuino y la confianza de
cualquier comunidad cristiana están más bien asegurados por aquel pastor
que tiene un espíritu de caridad y que reconoce la sinceridad e integridad
de los que tienen creencias distintas aunque a su vez él no vacila en
predicar y defender las creencias de su denominación.
El intercambio de púlpitos por pastores evangélicos a vez en cuando tiene
sus ventajas. Es un reconocimiento público de la unidad cristiana. Da al
ministro una congregación más amplia que tendría si siempre estaba limitado
a su propia iglesia y así él aumenta sus conocidos y consigue interés y
confianza de todos. A su vez, hay ocasiones cuando está sobrecargado con su
obra y no tiene tiempo de prepararse bien para su obra en el púlpito. En
tales ocasiones él puede usar un mensaje que ya preparó y predicó en su
iglesia. En semejante intercambio es obvio que él debe conformarse a las
costumbres de la adoración de la iglesia y que el tema del mensaje debe ser
sobre el evangelio, sin tocar temas polémicos.
A veces las iglesias de denominaciones diversas tienen reuniones unidas
para promover avivamiento. En tales ocasiones es entendido que cada iglesia
va a desistir de promover sus creencias distintas y unir su esfuerzo en
proclamar el evangelio. Semejante unión de esfuerzas ha sido benéfico en
comunidades donde la mayoría de las iglesias son débiles. Cuando es así,
hay pocos dones y las esfuerzas cristianas pueden estar concentrados para
mantener el interés. Entre iglesias fuertes y grandes, donde hay una
abundancia de dones, la utilidad de semejantes reuniones es dudosa. A la
verdad, a veces hay desventajas. Ente ellas hay las siguientes:
Los miembros de las iglesias se encuentran en circunstancias difíciles y no
se sienten cómodos en participar. Resulta que algunos pocos, no más,
participan. Al contrario, si fuese en su propia iglesia todos
participarían.
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Según la fe bautista, las ordenanzas claramente proclaman verdades divinas
delante de los hombres. En una reunión unida no se puede hacer mención de
ellas, y aun menos administrarlas. Resulta que este elemento poderoso se
pierda.
Muy a menudo, al concluir las reuniones unidas, hay desacuerdos en cuanto a
cual iglesia los conversos nuevos deben asistir. Resulta en fricción y mal
estar. El mal que resulta puede pesar más que el bien.
Entonces podemos admitir que hay ocasiones cuando las reuniones unidas son
benéficas pero, por regla general, no son aconsejables. Una iglesia va a
desarrollar mejor sus dones y su propio poder espiritual por trabajar a
solo y conforme con sus propios principios y métodos. Su luz brilla más
intensamente y claramente cuando ella enseña y defiende fielmente la verdad
que ha aprendido de la Palabra de Dios. A su vez, sus relaciones con las
demás iglesias en la comunidad no estarán en tanto peligro de estar
amargadas.
Sección XV
El cambio de campos
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Esta inquietud y anticipación de cambiar desanima al pastor de formar un
plan extensivo para la instrucción y el desarrollo de la iglesia. Su meta,
más bien, es tener resultados inmediatos. Por eso, sus sermones son más a
menudo sentimentales y sensacionales, limitados a pocos temas y el
desarrollo de la vida de la iglesia está embromado.
Es más probable que habrá un achicamiento impresionante en el respeto
público por el ministerio. En parte, es el resultado de esta inquietud,
pero también es porque piensan de los pastores como siervos públicos
desinteresados. Tampoco piensan de ellos como una fuerza permanente en el
barrio. Son más bien pasajeros.
II. Causas insuficientes por cambiar de campo
Muchas veces hay causas que sirven para inquietar un pastor que no deben
producir tal resultado. A la verdad, algunas de ellas pueden servir más
bien para fortalecerle en vez de animarle a disolver la relación pastoral.
Por ejemplo:
Depresión mental. Una vida sedentaria estudiosa a menudo induce condiciones
nerviosas anormales y el hipocondríaco mal interprete los sentimientos del
pueblo y desestima los resultados de su ministerio. Si él opta por cambiar
de campo los desarrollos subsecuentes manifestarán que era sin causa.
La falta de popularidad. Muchas veces esto es dado a defectos en el
carácter y la obra del pastor y la solución verdadera no está en un cambio
de campo sino en corregir sus fallas. La falta de preparación, tal vez,
resulta en sermones que no alimentan a los oyentes. Puede ser que él ha
fallado en administrar la iglesia y la iglesia no avanza. En otros casos
hay imperfecciones en su espíritu o en su vida que impiden a la gente
respetarle o confiar en su ministerio. En todos estos casos, la falta de
popularidad no indica que hace falta un cambio de campo sino un cambio en
su espíritu, plan y manera de obrar.
Dificultades en la iglesia. Estas pruebas entran mas o menos en la vida de
cada pastor pero no son una indicación que es tiempo cambiar de campo.
Puede ser que la prueba fue mandada por Dios en forma de disciplina,
diseñada para desarrollar, a través de la fe y paciencia, un carácter más
noble y un aumento de su poder. Cambiar de campo, en tal caso, es un
escapade cobarde del deber y resultaría en el fracaso en lugar de recibir
la bendición subsecuente. Yo temo que muchas veces el rompimiento del
vínculo entre el pastor y la iglesia no es nada más que esquivarse de
pruebas y resulta en pérdida para ambos, el pastor y la iglesia.
Los que buscan un puesto más alto. Hay una ambición, no santificada,
insatisfecha con adelantamiento a través de crecimiento natural que siempre
anhela alcanzar puestos más altos en el ministerio a través de salirse en
el diario, predicar sermones sensacionales o la influencia de amigos.
Cuando hay un púlpito desocupado en una iglesia eminente siempre hay
algunos ansiosos de ser llamados para ocuparlo. Debe ser oavio que tal
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espíritu está lejos de ser el espíritu genuino que debe caracterizar un
pastor cristiano. Al cabo, hace daño a la reputación de aquel que se
permite tener semejante espíritu porque tarde o temprano nuestro egoísmo se
manifestará.
III. Razones válidas por un cambio
A veces un cambio de campo es, sin duda, el deber del pastor. La
Providencia y el Espíritu Santo de Dios que le guió en formar la relación
pastoral le guiará también cuando es tiempo disolverla. Las siguientes son
algunas razones por cambiar de campo.
Crecimiento en habilidad que va más allá de la esfera del campo. Supongamos
que un joven pastor se ha radicado en cierto campo. Su fidelidad en
estudiar y trabajar le ha desarrollado de tal manera que está capacitado
para una esfera más amplia. Si este hecho se manifiesta por el juicio de
los hermanos y la Providencia de Dios, es su obligación, a sí mismo y a la
causa de Cristo, entrar el campo más amplio.
Los límites de salud por parte de él o de su familia. La grandeza de lo que
se requiere del intelecto y tensión nervioso en el día de hoy aveces obliga
a un pastor buscar un campo donde no tendrá que llevar una carga tan
pesada. Allá él puede aprovecharse de lo que él preparó anteriormente para
su obra en el púlpito. Aun que es lamentable para su crecimiento
intelectual, es mejor que un quebrantamiento mental o físico. A veces el
clima no es favorable y en tal caso un cambio es aconsejable
Un salario no adecuado. Las pocas entradas que un pastor recibe de una
iglesia a veces no alcanza para su familia. En tal caso él debe escudriñar
bien sus motivos. Es posible que una iglesia más grande, y un salario mejor
apela a su egoísmo. La necesidad de un salario mejor debe ser verídica y no
imaginaria.
Estar continuamente incómodo en su obra. A veces un pastor se encuentra en
una iglesia donde él ha cumplido lo mejor posible su obra pero hay fuerzas
en la iglesia que siempre se ponen en contra a él. Cada vez que él propone
hacer algo está vencido por una comisión que se le opone. Puede ser que
algunos de los miembros le apoyan pero la mayoría no. Si es imposible
cambiar semejante situación, a mí me parece que sería su deber renunciar y
buscar un campo donde tendría más libertad trabar y usar sus dones.
Por último, quiero decir que un pastor debe esperar pruebas en cualquier
iglesia o comunidad. Un cambio de campo no será nada más que un cambio de
pruebas. Es cuestión seria si, en muchos casos, un cambio simple de fe en
Dios, un poco más paciencia en las pruebas y un poco más de persistencia,
pudieron haber evitado la necesidad del cambio. Estas cualidades siempre
aumentan la fuerza del pastor y desarrollan las fuerzas de su naturaleza
intelectual, moral y espiritual y aumentan su influencia como un ministro
de Cristo. Sin duda, la inquietud que se ve tan a menudo en el ministerio
58
indica que algo está mal en los pastores o en las iglesias y sirve para
debilitar la influencia de ambos.
Sección XVI
Ministros que no están pastoreando
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nacionales y servir como su consejero también. Una mente idealista, no
realística, no sirve en tal situación a pesar de su inteligencia y buena
educación.
Facilidad en aprender un idioma nuevo. Es difícil aprender un idioma nuevo
y en especial uno de los del oriente. Hace falta aprenderlo lo más bien
para que se puede hablar con fluidez. Algunos hombres con mucha habilidad
han fracasado en esto en el campo foráneo. Cuando es así, puede ser que
pueden servir en otras capacidades, pero no pueden predicar ni enseñar. Por
eso, es imprescindible que el candidato tenga una aptitud ordinaria para
lenguajes para asegurar que, con persistencia, él será capaz de dominar el
vernáculo de la gente.
El don de predicar. La predicación a los incrédulos es una manera eficaz de
evangelizar y las condiciones de sobresalir en ella son las mismas por
todos lados. También el misionero debe ser "apto para enseñar." (II Tim.
2:24) Esto requiere que él tenga facilidad para persuadir y ilustrar de
manera que puede declarar la verdad con claridad. En los campos foráneos
muchas veces se requiere que él sabe predicar de una manera conversacional.
En tal caso él tiene que saber refutar argumentos y lidiar con los que
saben llegar a fondo en razonar. Si él fracasa en esto, el evangelio queda
mal estimado.
Fe, energía y perseverancia. En estos puestos alejados, un espíritu tímido,
vacilante, y pusilánime está destinado a fracasar. Coraje, determinación y
esfuerzo son capaces de alcanzar resultados permanentes. Los misioneros
Carey y Judson esperaron años con confianza sin vacilar antes de ver su
primer converso. Requiere las mismas calidades de carácter de los que son
pioneros en campos foráneos. En evaluar las cualificaciones de un joven hay
que tomar en cuanta que él no está desarrollado y las cualidades que tiene
ahora son el principio y la esperanza de lo que desarrollará con poder más
adelante. En un campo foráneo, igual en su patria, las emergencias y
circunstancias sirven para desarrollar a un hombre. Por eso, ningún joven
debe rechazar la llamada a un campo foráneo basado sobre su falta de
cualificaciones. Más bien él debe estudiar su carácter y buscar consejo de
los con habilidad evaluar sus capacidades. Así, en tomar una decisión sobre
un asunto con tantas consecuencias, no estará tan propenso a equivocarse.
Semejante decisión se debe tomar con una vista imparcial y con una
consciencia clara. Debemos tomar en cuanta que hay peligro que, sin darse
cuenta, nuestro egoísmo magnificará las razones en contra a la vida
misionera y apreciará demasiado bajo la fuerza de las razones en su favor.
No voy a tocar la naturaleza de la obra misionera y la manera de llevarla a
cabo. Estos se encuentran abundantemente presentados en los libros "El
Misionero Foráneo" escrito por Rev. M. J. Knowlion D.D. Y "Las Misiones
Foránea, Sus Relaciones y Relaciones" por el Rev. Rufus Anderson. En
60
algunos aspectos, las relaciones del misionero son delicadas y requieren,
por su parte, dirección. Aquí se puede mencionar:
a. Su relación para con su junta misionera.
La junta está encargado con la administración del dinero encomendado a ella
por las iglesias. Por eso, la misión debe tener cierto medida de
supervisión y dirección sobre él en cuanto a su manera de llevar a cabo su
obra. La línea de demarcación entre la autoridad de la junta y la
independencia del misionero en dirigir su obra no es siempre fácil
determinar. Sin un espíritu de gentileza, paciencia y confianza, es posible
que surgen conflictos serios. En la administración del dinero es importante
mantener un balance de las entradas y salidas por parte de ambos, la junta
y el misionero. Así se puede evitar aun la sospecha de ser estafador. En
esto, como en todos los asuntos de la administración de dinero, es sabio
poner por obra el consejo del Apóstol Pablo cuando dijo, "Evitando que
nadie nos censura en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos,
procurando hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor sino
también delante de los hombres." (II Cor. 8:20-21)
b. Sus relaciones para con los pastores nacionales e iglesias también
son delicadas.
Anteriormente la obra del misionero era, más que nada, la supervisión en
general de las iglesias nacionales. En esto el misionero no pudo ejercer un
poder arbitrario. El no es un obispo con autoridad sobre las iglesias,
impidiendo a los pastores ejercer su poder sobre sus iglesias. El no debe
mirar por alto la independencia de las iglesias. Su poder es, más bien,
moral y su obra es la de entrenar a las iglesias y pastores para ser
capaces de cumplir sus funciones independientes del misionero. Por eso, él
debe ser diligente en guardarse de un espíritu arbitrario o métodos que
chocan con la justa independencia de pastores e iglesias. La historia
testifica al carácter alto y la nobleza de los hombres que han salido como
misioneros. A pesar de las relaciones delicadas, raras veces han sido roces
entre las juntas misioneras y los misioneros. Por la mayor parte, las
iglesias foráneas han sido adiestradas de tal manera que son ejemplos de
ellos en su organización y carácter; obrando en la simpleza e independencia
de las iglesias del Nuevo Testamento.
B. Misioneros hogareños.
Esto significa a los misioneros que se ocupan en trabajar en su patria. La
mayoría de estos son pastores en iglesias nuevas o débiles. Su cargo es
distinto de la del pastor común y corriente en el hecho que su apoyo viene
en parte de una organización misionera. Por esto tienen la obligación
rendir cuentas con el cuerpo que ayuda en su sustento. Algunos de ellos
están ocupados en ministerios ambulantes en ghettos urbanos o en suburbios
nuevos o zonas no evangelizadas del país. Su obra consiste en visitar casa
en casa, predicar cuando tienen oportunidad, organizar escuelas dominicales
61
y la formación de iglesias. Hay pocas obras que requieren más fuerza de
carácter, firmeza de juicio, fuerza indomable, abnegación y dedicación.
Entre los que están ocupados en esta obra están algunos de los más nobles
siervos de Cristo. No hace falta tratar de sus deberes que son casi iguales
a los de los demás pastores.
C. Evangelistas que viajen de iglesia a iglesia.
En todas las edades Dios ha dado dones especiales que sirven en el
despertamiento y la salvación de almas. A veces el pastor no tiene estos
dones. Por supuesto, si tiene estos dones son de gran valor. El evangelista
no siempre tiene la educación y habilidad docente del pastor. Puede ser que
falta en el poder de continuamente guiar, organizar y gobernar a una
iglesia. Lo que él tiene a su favor es poder reforzar y amplificar las
verdades que el pastor ya ha enseñado. Él puede desarrollar convicciones
latentes y mover a los hombres a tomar decisiones definidas. Hay pastores
que tienen el don de enseñar pero faltan el poder despertar y mover a la
gente tomar decisiones. Por eso, muchas veces sucede en la obra del Señor
que uno siembra y otro siega. En tal sentido, el evangelista viene como
segador con sus dones de recoger donde el sembrador ha obrado por un rato
largo con paciencia. El pastor ha preparado una cosecha espiritual.
La relación entre el evangelista y el pastor en reuniones especiales es
siempre delicada. Antes de empezar, ellos deben tener un entendimiento
franco y así será cooperación cordial entre ellos. El evangelista debe
guardarse de meterse en lo que pertenece al pastor ni quitar de la estima
que la iglesia tiene por su pastor. A veces hay peligro de esto. El
evangelista puede tener un número reducido de sermones y usarlos una y otra
vez. Él puede predicar con buenas ilustraciones, elocuencia, libertad y
fuerza. Al contrario, el pastor tiene que tocar un amplio rango de temas y
de continuo tiene que preparar sermones nuevos. Hay peligro que algunos
oyentes, menos pensativos, piensen que su pastor es aburrido a comparación
con el evangelista. Si es así el pastor sufre.
Entre los conversos también a menudo hay una atracción hacia a aquel que
fue el agente en su conversión. Ellos miran por alto el esfuerzo largo y
penoso de su pastor en llevarles al punto de estar listo tomar una
decisión. Por eso, es el deber del evangelista reconocer y frenar estas
tendencias y reforzar, de cualquier manera posible, la estima que la gente
debe tener por su pastor. Su ministerio es una bendición permanente si
resulta en reforzar la relación entre el pastor y su pueblo.
Un pastor joven, por supuesto, confiará mucho en el juicio y la experiencia
del evangelista en planear por las reuniones pero es dudoso que el
evangelista debe insistir en el controlar total de ellas o si un pastor
debe concedérsela. En especial el pastor debe mantener control de las
reuniones cuando toca la cuestión de los candidatos por membresía en la
iglesia. Dado a su conocimiento de la gente del barrio, el pastor está más
62
capacitado juzgar el carácter de la gente y no está tan propenso
equivocarse como un desconocido. La tentación a buscar la fama, por ambos,
el pastor y el evangelista, por ver un gran número de miembros nuevos, con
apuro y poca discriminación, puede resultar en daño a la iglesia.
El motivo del evangelista debe ser el despertamiento de almas y un
avivamiento de espiritualidad genuina. Con este fin en mente, él va a
elegir sus temas y desarrollarlos para lograr este resultado. Por eso, hay
un número limitado de temas y la manera de predicar tiene que ser
estimulante y excitante. Su éxito y fama exigen que él tenga resultados
inmediatos. Por eso, hay peligro que él emplea métodos diseñados para
producir excitación religiosa que, más adelante, estará condenado por el
público y la iglesia sufrirá.
Excentricidad en el evangelista, aun que es una parte natural de su
individualidad, puede servirle en darle la capacidad despertar la
curiosidad de la gente y llamar a la gente a la casa de Dios. Pero si él
usa su excentricidad para llamar atención a sí mismo está mal. Temas
sensacionales, frases jerigonzas, dichos groseros, declaraciones exageradas
y una manera de ser rara por el momento pueden excitar la atención y tal
vez los aplausos de la gente pero el resultado final siempre desventaja el
orador y su causa. Aun los incrédulos condenan semejantes cosas en uno que
se trata con las almas de la gente y la religión. Tal vez el evangelista
está en peligro de buscar la ventaja provisorio que él puede efectuar por
su excentricidad porque llama a la gente escucharle pero, cuando él se va,
no se dará cuenta de la reacción negativa que tenía.
Algunos de los evangelistas más eminentes limitaron sus sermones a más o
menos, los mismos temas. A través de su carrera fueron añadiendo a su
claridad, fuerza y viveza de ilustraciones y la eficacia de su aplicación.
El Rev. Jacobo Knapp tenía un ministerio cuyo éxito no fue igualado por
ningún predicador de este siglo. Él adoptó este método. Este escritor
estaba con él en tres series de reuniones. La primera cerca al principio de
su ministerio y la última algunos 30 años más tarde, cerca al fin de su
ministerio. En cada una, él usó, por mayo parte, los mismas temas. Pero era
impresionante ver el avance en su poder y en los resultados. Pocos en la
multitud de los que se reunieron para escucharle en las 6 semanas sucesivas
olvidarán la fuerza de su razonamiento, el poder gráfico de sus
ilustraciones y la gran eficacia de su aplicación de la verdad a la
consciencia y al corazón. Él había juntado en aquella serie de 75-100
sermones los resultados más ricos del pensamiento de por vida. Esta
concentración de toda la fuerza de un hombre sobre algunos pocos sermones
da al evangelista gran ventaja en el púlpito.
En su vida espiritual, el evangelista está en peligro de estar orgulloso de
su piedad. De continuo él experimenta el movimiento del Espíritu en las
almas y está expuesto al peligro de mirar por alto el hecho de que, por
63
mayor parte, él está cosechando lo que otros sembraron y que la conversión
es únicamente la culminación de una larga serie de influencias de las
cuales él fue la última. Es natural que creyentes rescatados de una vida
perdida y almas convertidas tendrán en alto estima a aquel que fuera
instrumental en su despertamiento. El evangelista puede fracasar en la
humildad genuina si no reconoce que cada efecto espiritual es la obra del
Espíritu santo. Si lo hace, él puede asumir una actitud de espiritualidad
superior. Resulta que él pierda poder con Dios y, a su vez, poder para con
los hombres.
No hay carga de más alta responsabilidad ni más grande utilidad que la del
evangelista. La carga ha sido ocupada por algunos de los más nobles hombres
en la iglesia de Dios. Han sido hombres llenos del Espíritu Santo y de fe
cuyos nombres traen una fragancia a la memoria de multitudes como los
heraldos de la salvación. Por regla general, la carga debe ser ocupada
únicamente por los con experiencia porque requiere pureza y fuerza de
carácter, firmeza de juicio y una medida grande de fe, paciencia, sabiduría
y conocimiento de hombres. Son cualidades que se consigue únicamente por la
experiencia.
II. Maestros.
La palabra "maestros" en el Nuevo testamento es reservada para hombres en
la iglesia cuya obra es la enseñanza pública de verdad espiritual. Así se
usa en I Cor. 12:28. "A uno puso Dios en la iglesia, primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros..." Sin duda la palabra
embarca a los pastores y evangelistas pero incluye a todos los que se
ocupan en la enseñanza. También Ef. 4:11 dice, "Y él mismo constituyó a
unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros,
pastores y maestros." Aquí también se trata de hombres que enseñan
públicamente la Palabra de Dios. Hay muchos que tienen el don de enseñar
cuyos dones la iglesia puede utilizar en posiciones aparte de la de ser un
pastor. Algunos de ellos sirven como docentes en facultades, otros como
editores o autores de libros y literatura. Por eso, a menudo son ordenados
como pastores. Sobre esta clase de ministros quiero decir lo siguiente.
Maestros, como evangelistas, no tienen parte en la administración de la
iglesia. Son miembros con todos los privilegios que van con la membresía.
Puede ser que tienen autoridad predicar y administrar las ordenanzas.
Ellos, como los demás, pueden ser disciplinados por la iglesia. Como
miembros, ellos deben cumplir con su deber en apoyar a la iglesia con sus
diezmos y ofrendas, asistir fielmente a las reuniones y ayudar en todo en
la obra de la iglesia.
Muchas veces hay una relación delicada entre esta clase de ministros y el
pastor de la iglesia. Aunque no tienen autoridad oficial, su carácter y
dones les dan mucha influencia en la iglesia y la sociedad. Por eso, ellos
deben guardarse de meterse en las prerrogativas del pastor. Por ejemplo, en
64
casamientos y velorios en la iglesia es correcto que el pastor este
encargado. El maestro debe guardarse de asumir demasiada responsabilidad en
las reuniones de adoración en la iglesia. En todas las relaciones en la
iglesia y la vida social él debe conceder al pastor la preeminencia que le
corresponde y hacer todo lo posible facilitar la obra del pastor. Así
maestros y socios llegan a ser para el pastor, no una fuente de malestar y
estorbo, sino una bendición y fuente de fuerza.
Hay ministros que sirven a las iglesias en general. Ellos viajen de iglesia
a iglesia para ministrar en varias capacidades o como representantes de
organizaciones. En la ausencia de la obligación de servir a una iglesia,
hay peligro de que ellos tengan un espíritu profesional que les debilita en
realidades espirituales y quita su poder en el ministerio del evangelio.
Para prevenir esto, él debe cultivar en su alma un espíritu de siervo y
evitar lazos sociales o comerciales que militan en contra a su vida
espiritual o debilitan su influencia como ministros en la comunidad. Desde
que, para él, es difícil mantener un horario fijo él debe guardarse de
descuidar hábitos de tener un tiempo devocional a diario y de estudiar la
Biblia y obras teológicas. Es posible retrogradar en su condición
espiritual y poder aun en medio de abogar por causas sagradas. En su vida
ambulante, circulando entre las iglesias, el debe guardarse de la tentación
a compartir chismes de una iglesia a la otra. Él está en una posición en la
cual él puede ser un mensajero de bendiciones o maldiciones. Él puede
servir en aconsejar a los pastores jóvenes o perplejos, en sanar divisiones
en las iglesias y en quitar mal entendimientos ente pastores y sus
congregaciones. Ejemplos de tales hombres fueron Alfredo Bennett y Juan
Peck. Fueron hombres cuya presencia fue sentida como una bendición en las
iglesias y cuyas palabras siempre dieron un impulso hacía a la vida
espiritual. Hasta el día de hoy hay los que sirven en dicha capacidad.
III. Los laicos
Hay muchos cuyos dones les capacitan para ser útiles en predicar la Palabra
de Dios pero su edad, debilidad o necesidades les impiden de ser ordenados
para servir tiempo completo en la obra del Señor. A tales persones es
costumbre dar una licencia que les autoriza predicar dentro de la iglesia o
por dondequiera que la Providencia abre una puerta de oportunidad. Las
licencias no les dan autoridad administrar las ordenanzas. Es únicamente
autoridad predicar y conducir reuniones públicas. En cuanto a esto tengo
las siguientes sugerencias:
Es obvio que semejante licencia debe ser dado con sabia y discreción. Un
hombre que no tiene juicio sano ni mucho conocimiento de las Escrituras o
de carácter dudoso moral y espiritual no debe ser nombrado como un
predicador del evangelio. No importa su carisma o popularidad en la
comunidad, al fin y al cabo, él va a hacer más daño que bien.
65
Nadie debe aventurarse a predicar sin una licencia o autorización de la
iglesia. Es cierto que es el deber de cada creyente proclamar el evangelio
pero esto no quiere decir que él tiene autoridad asumir el puesto de
predicar en público. La llamada de Dios en el alma del hombre es
imprescindible en la llamada a predicar. Esto sentir del deber de predicar
debe estar acompañado por la confirmación y autorización de la iglesia. El
de meterse en el ministerio, auto movido y auto nombrado, no está aprobado
por las Escrituras. El hacerlo siempre tiene malas consecuencias.
Iglesias y pastores deben usar discreción sabia en buscar y desarrollar
dones que sirven en el ministerio. Mucho poder queda latente que, con el
cuidado debido, puede ser desarrollado y utilizado en la obra del
ministerio. Muchas veces cristianos, sin desarrollo, pueden ser
engrandecidos en gran manera por ubicarlos en su esfera debida de
actividad. Hay muchos desiertos en nuestras iglesias y comunidades que
pudieren ser desarrollados y hechos fructíferos por cultivar, desarrollar y
utilizar los dones de los laicos. Uno de los deberes más sublimes de una
iglesia es el de reconocer y utilizar los dones que Cristo ha dado a los
suyos.
66
conocimiento y las necesidades verdaderas del mundo activo en el cual ellos
viven.
Por otro lado, un pastor puede ser un hombre desorientado, un chismoso que
anda de casa en casa, ocupado con revistas y diarios, más o menos al tanto
con el pensamiento popular, mientras que descuida el proceso de la
disciplina necesaria para crecimiento mental. La falta de estabilidad en el
pastoreado puede resultar de esto. Frescura y la originalidad en pensar y
expresarse está perdido y la gente, cansada de repeticiones y
trivialidades, dejan de amar y respetar al púlpito. Lo ideal, entonces es
una combinación del alumno y el pastor – una mente creciendo en
conocimiento y poder por el afán habitual administrar y influir por el
contacto constante entre la iglesia y la gente. Hace falta un sistema bien
planeado y continuamente puesto por obra. ¿qué sistema debe ser? En
contestar la pregunta quiero seguir dos líneas de sugerencias; el método de
estudiar y los objetos del estudio.
El método de estudiar
Sea un alumno por dondequiera. El pastor debe ocuparse con la mente humana
y las experiencias de los hombres. Por eso, el debe andar en el mundo con
sus ojos y oídos abiertos, estudiando a fondo la gente y la vida en su
alrededor. En la calle, en la sociedad, en reuniones sociales, la mente
debe estar funcionando continuamente observando carácter, estudiando fases
de la vida y juntando material para su trabajo mental. Muchos de los
mejores razonamientos, puntos de vista de las Escrituras, e ilustraciones
más vívidas se surgen en la conversación o en la reunión de oración. Nadie
debe perderlos porque, desde que saltan de contactos con la gente, es más
probable que tales razonamientos satisfacen las necesidades de la
congregación y tratarán de preguntas de gran importancia para ellos. El
pastor estudioso que preservare estos textos, pensamientos e ilustraciones
se sorprenderá a la rapidez con que ocurren, y la riqueza y frescura que
añaden a sus pensamientos e instrucciones.
Siempre anda con un libro en la mano. Cada vida tiene momentos libres y se
puede añadir mucho a su cultura y conocimiento por aprovecharse de ellos.
Mucha de la literatura de hoy, junto con mucho de la biografía, historia
ciencia, poesía y arte se puede leer de esta manera si tenemos a mano el
libro correcto. En 15 o 30 minutos por día se puede leer una gran cantidad
de libros en un año. Si tenemos cuidado en elegirlos, ellos añadirán en
gran manera a la anchura e inteligencia del ministro y renovarán en vez de
agotar su mente.
Debemos dedicar un tiempo específico cada día a trabajar a solas en el
estudio. El hábito general de observar y leer ya sugerida no es un
sustituto adecuado por esto. El tiempo dedicado al estudio arduo debe ser
tiempo sagrado y no debe ser interrumpido por acontecimientos ordinarios.
Las ventajas son obvias.
67
Una vez que un hábito llega ser fijo es de cada vez más poder. La mente
funciona con más facilidad cuando tenemos la costumbre de estudiar en
períodos que ocurren regularmente. En vez de luchar por horas tratando a
concentrar sobre el tema a mano, la mente entra enseguida con energía para
la obra. Lo más fijo el hábito, lo más fácil, rápido y potente será el
proceso mental. Esto es el secreto del gran importe de trabajo que algunos
hombres ejecutan con la fuerza de su mente. A través de hábitos fijos ellos
pueden concentrar su fuerza mental y trabajar arduamente
Una vez que estas horas están fijas, y la gente lo entiende, por regla
general, serán libres de interrupciones. La congregación conformará al plan
del pastor y respetará su fidelidad en preparar por su instrucción en el
día del señor. No hay ninguna regla para decir la parte del día que debe
ser elegida para estudiar. Depende, en parte, en los hábitos del ministro
y, en parte, en las necesidades de su carga. Por regla general, la mañana
es mejor. No hay tantas interrupciones y deja la tarde y la atardecer libre
para visitar, reuniones y su vida social.
Quiero añadir que, nada menos que un concepto alto del ministerio y un
anhelo alto de cumplir con su deber permitirá el pastor persistir en
semejante disciplina en estudiar. El debe tomarlo como un deber solemne que
él debe a Dios, a su pueblo y a sí mismo. Si no, fracasará. La indolencia a
menudo es llevada por adelante por depender engañosamente en el genio o
esperar que en el momento vendrá lo que precisa para dar eficacia y
brillantez a sus dichos públicos. A veces oyentes desconsiderados
aplaudirán los sermones no bien preparados y así desanimará el pastor de
preparar bien. Aparte de esto, siempre hay obstáculos al estudio en la obra
del pastor. El tiene que atender a los enfermos, los afligidos, los
errantes, junto con la administración de la iglesia. Hay también deberes a
cumplir con la sociedad en general. Muchas veces estas le empujan y hay
peligro que le impiden de cumplir con su deber estudiar. Muchos hombres han
achicado su crecimiento intelectual y poder en el púlpito por permitir
estos quehaceres impedirles de dedicar tiempo adecuado al estudio. La única
cosa capaz de vencer estas tentaciones es la convicción profunda de que el
estudio persistente, regular y de por vida es el deber solemne de cada
hombre que atreve meterse en el púlpito y enseñar a la gente. Deja los
quehaceres tener su lugar pero el primer deber imperativo de aquel que
enseña a los demás es enseñar a sí mismo.
Los temas
Supongamos que el pastor tiene horas fijas sagradas para su obra mental.
¿Qué debe estudiar? Yo contesto: no únicamente para preparar sermones.
Muchos hacen un error grave en esto. Dedican todo el tiempo a la
preparación de sermones sin dejar tiempo para la cultura en general,
conocimiento bíblico y la teología. Resulta que la mente llega a estar
vacía y estéril. No tiene material para pensar. La mente siempre esta
68
rindiendo sin añadir algo y el recipiente se vacía. Siempre está moliendo
sin echar algo en la tolva. Falta frescura. La mente siempre anda en las
mismas ranuras y en el mismo círculo reducido. Al contrario, si estaban
leyendo, investigando, mirando a cosas de otros puntos de vista y siendo
influenciados por otros pensadores, la mente para siempre estaría creciendo
y sus sermones estarían llenos de puntos de vista nuevos, frescos e
interesantes. En el estudio tenemos que buscar tres objetivos; la cultura
general, investigación bíblica y teológica y la preparación de sermones.
La cultura en general. Por esto quiero decir estudios para desarrollar el
hombre entero. El pastor no debe ser, en un sentido técnico reducido, un
mero teólogo. Su anhelo debe ser el de ser un hombre con cultura ancha,
desarrollada en su naturaleza en todo sentido. Para lograrlo hace falta un
rango amplio de estudios. El debe estar expuesto a los grandes rangos de
verdad revelados por la ciencia, la filosofía, poesía y la historia.
La ciencia. Por supuesto, el pastor no debe descuidar su obra sagrada para
estudiar demasiado la ciencia. Pero, en esta edad de investigación
científica, cuando los problemas de la ciencia ocupan tanto los
pensamientos de los hombres, el hombre que predica en público semanalmente
no puede estar ignorante de la ciencia. La ciencia ha transformado
profundamente la civilización y toca cuestiones profundas de la religión y
la vida. La astronomía, la geología, la botánica, la química, cada una abre
un mundo nuevo de verdad y ayudan en la interpretación de la Palabra de
Dios y abundan en ilustraciones ricas de los temas sagrados del púlpito.
Libros en general sobre todos estas ciencias están al alcance de cada
pastor y aun uno de cada una sería suficiente para aumentar en gran manera
su pensamiento.
La filosofía o ciencia de la mente. Ningún pastor debe anhelar ser un
filosofo. Para hacerlo tendría que dejar de tratar con las almas y su
relación para con Dios y perderse en la especulación metafísica. El pastor,
en su trabajo con las almas, trata de influenciarlas por el razonamiento,
persuasión y un orden de motivos. La mente humana entonces y sus poderes y
los métodos mejores de influenciarla debe constituir un estudio de por la
vida. En este estudio le conviene tener conocimiento de algunos de los
espíritus maestros del mundo de pensar. Hay algunas mentes que han
controlado los pensamientos de las edades. Son hombres como Plató,
Aristóteles, Descartes, Bacón Leibnitz y Locke. Con todo lo que un pastor
tiene que hacer, sería imposible leer todos pero se puede elegir a algunos
libros como los de Mansel, McCosh y Porter.
La cultura estética. Dios no nos hizo meros máquinas lógicas sino seres con
gustos, imaginación, capacidad de ser movidos por objetos de belleza. Una
buena parte del libro de Dios es poesía dirigida a la imaginación. El
universo en nuestro alrededor está lleno de formas innumerables de belleza.
Cuando una lógica, fría, e impasible falla, la verdad muchas veces viene a
69
través de la imaginación y los sentidos. Un hombre no puede ser completo
sin cultivar también este aspecto de su naturaleza. Sirve para aumentar
nuestro poder. Uno de las mejores maneras de lograrlo es por leer
cuidadosamente los grandes poetas. Una de las últimas cosas que hizo el
gran hombre, el difunto Dr. Wayland, era leer de nuevo Shakespere y Milton.
Estas maravillosas creaciones de genio sirvieron para amplificar su mente
con rica instrucción y placer.
Historia y literatura en general. El estudio de la historia debe tener un
lugar importante en la formación de nuestra cultura. Sirve para amplificar
el rango entero de pensar, y alumbra el plan vasto de la Providencia y de
la gracia. Tampoco debemos mirar por alto las obras de primera clase de la
literatura, incluso novelas. Muchas veces son de gran valor por lo que
podemos aprender del carácter y también por la contribución que hacen a la
imaginación. Ahora, en cuanto a la cultura en general, quiero dar énfasis
al hecho de que debemos perseguirlo de una forma sistemática y sincera. De
todos los temas debemos elegir únicamente autores de confianza. Semejante
plan de lectura, perseguido fielmente año tras año, desarrollará una mente
para siempre creciendo y formará, de una forma sistemática, un hombre
maduro en todo sentido. Requiere únicamente persistencia consciente y
sincera. El tiempo malgastado por algunos pastores con diarios y novelas
sería suficiente para leer los escritos de las mentes maestros de las
edades y así pudieron conseguir la cultura y la riqueza que se encuentra en
los rangos altos del pensamiento.
La cultura bíblica y teológica. La obra más grande del pastor es educar a
la gente en las verdades de la Biblia. Si llega a fallar en algo, por lo
menos, el debe ser un maestro en el evangelio. La ignorancia en algunos de
los temas ya nombrados, aunque sería lamentable, puede ser tolerado pero en
el hombre que atreve meterse en el púlpito e enseñar la Biblia a la gente
públicamente no puede ser perdonado si falta conocimiento bíblico o si
habla de ella de una manera cruda o equivocada. Poder retórico o lo que
parece ser sinceridad no pueden expiar por una falta de maestría de los
temas del púlpito. Estudios bíblicos y teológicos entonces deben tener un
lugar importante en el plan de estudio del pastor.
De suma importancia es el estudio de la Biblia porque trae la mente a
contacto vivo con la Palabra de Dios. Como alumnos en el hebreo y griego,
debemos dedicar una parte de cada día a un estudio cuidadoso y crítico de
las Escrituras en los originales divinos como fueron editados por el
Espíritu santo. Ninguna traducción, cual perfecta que sea, es capaz de
darnos la impresión de los originales. Un poco de trabajo cada día en la
lectura de los originales, dentro de poco facilitará el proceso y gozo y su
valor es grande. La Biblia es la Palabra de Dios y el gran instrumento de
su poder, "La espada y el Espíritu." El Espíritu Santo obra únicamente a
70
través de la verdad divina y el púlpito más potente es aquel que descubre
más claro y plenamente estas palabras vivientes de Dios.
Como accesorios a la interpretación bíblica, sugiero el estudio de la
geografía y historia de la tierra santa. La habilidad reconocer los
personajes y eventos en las Escrituras y ubicarlos en su ambiente histórico
es de gran valor. Así, al leer el pentateuco, y los primeros libros
históricos, tanto más vividos son los eventos si está al tanto con las
localidades en Egipto y el desierto. Para facilitarle en esto recomiendo
"Old and New Testament History por Smith y el libro escrito por Rawlinson
con título "Five Ancient Monarcies" y el libro de Milman, "Historia de los
Judíos" o el libro de Stanley "Jewish Church." También le hace falta un
buen libro de mapas de la tierra santa.
Sugiero que estudiamos toda la Biblia. El libro de Dios no es completo si
no incluye todo entre Génesis hasta Apocalipsis. Un sistema de verdad y la
manera de la redención se revela en etapas sucesivas. No es una mera
colección fortuita de escritos sagrados sino una sola gran revelación de
Dios. Cada parte se relaciona con la otra y forma parte de la obra
completa. Los tipos y profecías y símbolos en la primera parte son los
gérmenes del evangelio que se revela claramente más adelante. Nadie puede
entender perfectamente un testamento sin un estudio cuidadoso del otro. Hay
algunos libros que ayudan el alumno en comprender esta unión de todo.
Los libros de la Biblia se debe estudiar en su conexión cronológica y
histórica. Supongamos que uno está estudiando la profecía de Isaías. La
entenderá mucho mejor si primeramente ha estudiado sobre la época en la
cual Isaías vivía y los reinos de varios reyes que se encuentran en los
libros de Crónicas. O supongamos que uno estudia las epístolas de Pablo.
Será mucho más fácil si tiene conocimiento del carácter de Pablo y las
circunstancias bajo las cuales él escribió. Este conocimiento se puede
conseguir por leer el libro de los Hechos, las epístolas de Pablo y el
libro escrito pro Conybear y Hawson "Life and Epistles of St. Paul."
También se debe estudiar la Biblia analíticamente. Una lectura rápida de
las Escrituras no sirve para interpretarla. Tenemos que analizarla
cuidadosamente si hemos de penetrar su significado completo. Por ejemplo;
uno está leyendo el libro de Romanos. Empieza por decir "Pablo, siervo de
Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios que
él había prometido antes por sus profetas en las Santas Escrituras, acerca
de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la
carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de
santidad, por la resurrección de entre los muertos." Ahora analice o extrae
las proposiciones que hay. Dice de Pablo que:
(1). Era un siervo de Jesucristo
(2). Que era un apóstol nombrado divinamente.
(3). Que fue apartado para el evangelio de Dios.
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Del evangelio dice:
(1). Que fue anunciado anteriormente en las Escrituras por los profetas.
(2). Que se trata de Jesucristo, nuestro Señor.
De Jesucristo dice:
(1). En cuanto a su naturaleza humana, descendió de David.
(2). En cuanto a su naturaleza divina, se manifiesta como el Hijo de Dios y
fue confirmado por su resurrección.
La preparación de sermones
72
Una gran parte del tiempo que el pastor pasa en su estudio será dedicado a
la preparación de sermones. Sin embargo, este tema pertenece al estudio de
la homolética. Hay libros buenos sobre el tema como las siguientes:
Broadus "The Preparacon And Delivery Of Sermons"
Shedd "Homiletic And Pastoral theology"
Shedd "Yale Lectures On Preaching"
Por eso, sobre este asunto, quiero decir únicamente algo sobre la
importancia de tener en alto estima la preparación por el púlpito. El
sermón es la encarnación del pastor en cuanto a su cultura y lectura y es
la expresión pública de su carácter espiritual e intelectual. Es su deber
presentarse; "Como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad." (II Tim. 2:15) El deshonra a Cristo y a sí mismo si él
tiene la costumbre predicar sin preparase adecuadamente.
El sermón es el mensaje que Dios manda a través de él, a la congregación.
El revela temas santos y sublimes a los cuales los ángeles anhelan mirar.
Son temas que han ocupados con reverencia las mentes más nobles de las
edades. Se tratan de las almas de los hombres y los grandes intereses de la
eternidad. Seguramente el hombre que se atreve levantarse y hablar
ligeramente sobre tales temas ha fracasado en comprender la solemnidad del
gran oficio de ser un pastor evangélico.
Sección XVIII
La Responsabilidad del Pastor
Al pastor, en un sentido verdadero, está encomendado el cuidado de las
almas de su congregación. Por eso, él está bajo obligación hacer todo lo
que puede para su conversión y santificación. "Amonestando a todo hombre en
toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre."
(Col. 1:28) Pablo dijo a los ancianos de Efeso; "Mirad por vosotros, y por
todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para
apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre."
(Hechos 20:28) La razón que él dio a la gente por obedecer a los que se
encontraban en el ministerio se encuentra en Heb. 13:17. "Porque ellos
velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta."" Esta
responsabilidad plenamente incluye:
Una vida personal que es un buen ejemplo. El pastor ha de ser un ejemplo
del creyente. "En palabra, conducta, amor, espíritu fe y pureza." (I Tim.
4:12) Por eso, Pablo aun hizo mención de su propia vida, no como una vida
perfecta, sino como un ejemplo público de carácter cristiano, diciendo a
los en Filipos, "Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en
mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros." (Fil. 4:9) También a
los Tesalonicenses dijo; "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cual
santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los
73
creyentes." (I Tes. 2:10) Una vida irregular, en el pastor, anula los
esfuerzos más grandes en el púlpito y puede resultar en la ruina de almas.
Un trato sabio y fiel para con las almas encargadas por él. Pablo anduvo de
casa en casa, alma en alma. El "No cesó de amonestar con lágrimas a cada
uno." (Hechos 20:31) El propone lo mismo como ejemplo de la fidelidad en el
ministerio, requiriendo que el pastor Insta, " a tiempo y fuera de tiempo."
(II Tim. 4:2) Es obvio que él no pensaba que el ministro cumple todo su
deber en el estudio y en el púlpito. Su trato para con las almas fue
incluido también.
Un esfuerzo sincero para llegar a ser un ministro fructífero del Nuevo
Testamento. El pastor está bajo obligación de esforzarse para lograr el
máximo poder intelectual y en el púlpito. Los temas que él revela son entre
los más grandiosos que pueden ocupara las mentes de hombres y ángeles. El
fin – la salvación de almas – es el más transcendental que ha sido
encargado a un ser finito. Culpable delante de Dios será el pastor
negligente y perezoso, y así pone en peligro las almas de la gente.
La declaración fiel de todo el consejo de Dios. El tiene que declarar
claramente ambos, las amenazas y las promesas del evangelio, los peligros y
las esperanzas del alma. El no puede esquivarse de un tema porque no es de
moda. Ninguna preferencia personal puede impedirle de la clara declaración
de toda la palabra de Dios. Jehová dijo al atalaya; "Si tu no hablaras para
que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su
sangre yo la demandaré de tu mano." (Ezequiel 33:8)
El labor del pastor tiene sus limitaciones. Por supuesto Cristo no exige lo
imposible de sus siervos pero, desde que han recibido talentos, es su deber
usarlos. Si el pastor es fiel a su carga, será "Para Dios un grato olor de
Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden." (II Cor. 2:15) Al
fin, el pastor debe sentir que está; "Limpio de la sangre de todos: porque
no ha rehuido anunciaros todo el consejo de Dios." (Hechos 20:26-27) Así
fue el ministerio de Pablo; un mero hombre, ayudado por la misma ayuda
divina que ha sido prometido a cada siervo de Dios. Es fidelidad, y no
éxito, que constituye el limite de nuestra responsabilidad. El éxito
pertenece a Dios. Pablo plantó, Apolo regó, pero Dios dio el crecimiento.
Jeremías habló con la sinceridad y ternura de labios inspirados pero no fue
bien recibido y, en la vista de los hombres, no tenía éxito. Sin embargo su
nombre figura entre los ancianos destacados porque en aquella edad
degradada él quedó fiel a su carga. Además, no se puede medir el poder del
ministro por los resultados inmediatos. Puede ser que un avivamiento
potente, en el cual cientos entran a las iglesias, sucede bajo el
ministerio y a través de dones de un predicador popular, pero su causa
verdadera se encuentra en la obra paciente, poco conocido, de otros con
dones distintos. Cada uno tiene su don. Uno siembra, otro cosecha, y
únicamente en la cosecha final, al fin del mundo, serán conocidos los
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resultados verdaderos de cada uno. "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré
la corona de la vida." (Apoc. 2:10) Entonces, el límite de la
responsabilidad es la fidelidad. El pastor sincero que, con lealtad a
Cristo, ha ido, hasta el limite de su habilidad y oportunidad, y ha
cumplido su llamamiento, puede saber con seguridad que escuchará su Maestro
decir; "Bien, fiel siervo."
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