Arquitectura Bioclimatica
Arquitectura Bioclimatica
Es aquella arquitectura que diseña para aprovechar el clima y las condiciones del entorno con el fin de conseguir una
situación de confort térmico en su interior. Juega exclusivamente con el diseño y los elementos arquitectónicos, sin
necesidad de utilizar sistemas mecánicos complejos, aunque ello no implica que no se pueda compatibilizar.
No. Se puede decir que gran parte de la arquitectura tradicional funciona según los principios bioclimáticos, en el tiempo
en que las posibilidades de climatización artificial eran escasas y caras. Los ventanales orientados al sur en el norte de
España, el uso de ciertos materiales con determinadas propiedades térmicas, como la madera o el adobe, el abrigo del
suelo, el encalado de las casas andaluzas, la ubicación de los pueblos... no es por casualidad, sino que cumplen una
función específica.
Las técnicas tradicionales funcionan: ¿no ha sentido nunca el frescor de una casa de pueblo a mediodía en un día de
agosto?, ¿ha sentido lo agradable que es un patio andaluz en los días calurosos?, ¿ha comprobado como el sol que
entra por una cristalera orientada al sur evita el uso de la calefacción en invierno? Si esto funciona, ¿no cree que será
posible, estudiando cuidadosamente el diseño de la casa, poder ahorrar un importante porcentaje en los gastos de
climatización?
¿Cuánto cuesta?
Una casa bioclimática no tiene por qué ser más cara o más barata, más fea o más bonita, que una convencional. La casa
bioclimática no necesita de la compra y/o instalación de extraños y costosos sistemas, sino que juega con los elementos
arquitectónicos de siempre para incrementar el rendimiento energético y conseguir confort de forma natural. Para ello, el
diseño bioclimático supone un conjunto de restricciones, pero siguen existiendo grados de libertad para el diseño según
el gusto de cada cual.
Hay varias razones para recuperar la arquitectura bioclimática, recuperando viejas técnicas y adoptando nuevas:
Actualmente, la energía es escasa y su producción lleva aparejada muchos problemas. Por ejemplo, la
electricidad, esa energía aparentemente limpia que llega a casa, es "sucia" en su origen: en un gran porcentaje
se produce quemando combustibles (petróleo, carbón, gas natural), con la consiguiente liberación de gases,
como el dióxido de carbono, que provocan el temido y muy hablado efecto invernadero que está recalentando
el planeta, o los óxidos de nitrógeno, que producen la lluvia ácida, que está acabando con los bosques; y otro
importante porcentaje se produce en las centrales nucleares, con el conocido problema de los residuos
radiactivos. Una construcción bioclimática reduce la energía consumida y, por tanto, colabora de forma
importante en la reducción de los problemas ecológicos que se derivan de ello (el 30% del consumo de energía
primaria en los países industrializados proviene del sector de la edificación).
Para ahorrar dinero en la factura de la electricidad o del gas.
Para conseguir una mayor armonía con la Naturaleza. Podemos pasar de la casa - "búnker" que no tiene en
cuenta su entorno climático y utiliza potentes aparatos de climatización para resolver el problema, a la casa
que se integra y utiliza el entorno y el clima para resolver sus necesidades.
A pesar de las esporádicas campañas de concienciación, la publicidad se esfuerza todos los días en asociar el ahorro
con incomodidad y bajo nivel de vida, y el consumo y derroche con el buen vivir y el prestigio. Y lo consiguen: muchos
tienen la idea de que ahorro es sinónimo de privación. La realidad es, sin embargo, que en la sociedad de consumo, éste
debe ser incentivado para que el engranaje siga funcionando. No es posible que las compañías de suministro energético
estén interesadas en nuevas tecnologías de ahorro energético, ni los fabricantes de sistemas de climatización en
sistemas alternativos que desbanquen su tecnología. Los arquitectos y constructores tampoco se preocupan si, hasta
ahora, el negocio va bien, y el consumidor, que no tiene información al respecto, no puede demandar productos
alternativos que no conoce.
Son los gobiernos, conscientes del problema del derroche energético, los primeros que impulsan la investigación y
generan nueva normativa en este sentido. Por ejemplo, algo tan sencillo como aislar bien para guardar el calor, se ha
convertido en objeto de normativa que cada vez toma más importancia. Y en todos los países, hay organismos (en
España el CIEMAT) que investigan y difunden conocimientos bioclimáticos entre arquitectos y constructores. Cientos de
libros se han escrito, y cientos de proyectos se han construido en diferentes partes del mundo, relacionados de alguna
manera con la arquitectura bioclimática, con resultados satisfactorios.
La arquitectura bioclimática trata exclusivamente de jugar con el diseño de la casa (orientaciones, materiales, aperturas
de ventanas, etc.) para conseguir una eficiencia energética. La persona interesada en arquitectura alternativa se
encontrará, sin embargo, con otros términos que pueden tener relación con lo que estamos hablando.
Arquitectura solar pasiva. Hace referencia al diseño de la casa para el uso eficiente de la energía solar.
Puesto que no utiliza sistemas mecánicos, está íntimamente relacionada con la arquitectura bioclimática, si
bien esta última no sólo juega con la energía solar, sino con otros elementos climáticos. Por ello, el término
bioclimático es más general, si bien ambos van en la misma dirección.
Arquitectura solar activa. Hace referencia al aprovechamiento de la energía solar mediante sistemas
mecánicos y/o eléctricos: colectores solares (para calentar agua o para calefacción) y paneles fotovoltaicos
(para obtención de energía eléctrica). Pueden complementar una casa bioclimática.
Uso de energías renovables. Se refiere a aquellas energías limpias y que no se agotan (se renuevan). Para
una casa, además de la energía solar, de la que ya hemos hablado, podemos considerar otros, como los
pequeños generadores eólicos o hidráulicos, o la generación de metano a partir de residuos orgánicos.
Arquitectura sostenible. Esta arquitectura reflexiona sobre el impacto ambiental de todos los procesos
implicados en una vivienda, desde los materiales de fabricación (obtención que no produzca desechos tóxicos
y no consuma mucha energía), las técnicas de construcción (que supongan un mínimo deterioro ambiental), la
ubicación de la vivienda y su impacto en el entorno, el consumo energético de la misma y su impacto, y el
reciclado de los materiales cuando la casa ha cumplido su función y se derriba. Es, por tanto, un término muy
genérico dentro del cual se puede encuadrar la arquitectura bioclimática como medio para reducir el impacto
del consumo energético de la vivienda.
Casa autosuficiente. Hace referencia a las técnicas para lograr una cierta independencia de la vivienda
respecto a las redes de suministro centralizadas (electricidad, gas, agua, e incluso alimentos), aprovechando
los recursos del entorno inmediato (agua de pozos, de arroyos o de lluvia, energía del sol o del viento, paneles
fotovoltaicos, huertos, etc.). La arquitectura bioclimática colabora con la autosuficiencia en lo que se refiere al
suministro de energía.
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Trayectoria solar
Radiación directa, difusa y reflejada
Formas de transmisión del calor
Capacidad calorífica e inercia térmica
Confort térmico
Efecto invernadero
Fenómenos convectivos naturales
Calor de vaporización
Efecto climático del suelo
Pérdida de calor en viviendas (invierno)
Microclima y ubicación
Trayectoria solar
Siendo el sol la principal fuente energética que afecta al diseño bioclimático, es importante tener una idea de su
trayectoria en las distintas estaciones del año.
Como se sabe, la existencia de las estaciones está motivada porque el eje de rotación de la tierra no es siempre
perpendicular al plano de su trayectoria de traslación con respecto al sol, sino que forma un ángulo variable dependiendo
del momento del año en que nos encontremos.
Estas trayectorias solares que acabamos de describir tienen una consecuencia clara sobre la radiación recibida por
fachadas verticales: en invierno, la fachada sur recibe la mayoría de radiación, gracias a que el sol está bajo, mientras
que las otras orientaciones apenas reciben radiación. En verano, en cambio, cuando el sol está más vertical a mediodía,
la fachada sur recibe menos radiación directa, mientras que las mañanas y las tardes castigan especialmente a las
fachadas este y oeste, respectivamente.
La energía solar incidente en una superficie terrestre se manifiesta de tres maneras diferentes:
La radiación directa es, como su propio nombre indica, la que proviene directamente del sol.
La radiación difusa es aquella recibida de la atmósfera como consecuencia de la dispersión de parte de la
radiación del sol en la misma. Esta energía puede suponer aproximadamente un 15% de la radiación global en
los días soleados, pero en los días nublados, en los cuales la radiación directa es muy baja, la radiación difusa
supone un porcentaje mucho mayor. Por otra parte, las superficies horizontales son las que más radiación
difusa reciben, ya que "ven" toda la semiesfera celeste, mientras que las superficies verticales reciben menos
porque solo "ven" la mitad de la semiesfera celeste.
La radiación reflejada es, como su propio nombre indica, aquella reflejada por la superficie terrestre. La
cantidad de radiación depende del coeficiente de reflexión de la superficie, también llamado albedo. Por otra
parte, las superficies horizontales no reciben ninguna radiación reflejada, porque no "ven" superficie terrestre,
mientras que las superficies verticales son las que más reciben.
Para hacerse una idea, en Cáceres, en un día medio de marzo, la energía directa supone 2,09 Kwh/m 2, mientras que la
energía difusa es 1,91 Kwh/m2, es decir, la difusa es un 48% del total, mientras que en un día medio de agosto, la directa
supone 6,00 Kwh/m2, mientras que la difusa es 2,08 Kwh/m2, en este caso, un porcentaje del 25%. Esto se debe a que
en agosto está menos nublado que en marzo.
Es importante tener presentes los mecanismos de transmisión del calor para comprender el comportamiento térmico de
una casa. Microscópicamente, el calor es un estado de agitación molecular que se transmite de unos cuerpos a otros de
tres formas diferentes:
Conducción. El calor se transmite a través de la masa del propio cuerpo.
La facilidad con que el calor "viaja" a través de un material lo define como
conductor o como aislante térmico. Ejemplos de buenos conductores son
los metales, y de buenos aislantes, los plásticos, maderas, aire. Este es el
fenómeno por el cual las viviendas pierden calor en invierno a través de las
paredes, lo que se puede reducir colocando un material que sea aislante. El
coeficiente de conducción térmica de un material es una medida de su
capacidad para conducir el calor.
Radiación. Todo material emite radiación electromagnética, cuya intensidad depende de la temperatura a la que se
encuentre. La radiación infrarroja provoca una sensación de calor inmediata (piénsese en una estufa de butano, por
ejemplo). El sol nos aporta energía exclusivamente por radiación.
Si a un cuerpo le aportamos calor, este eleva su temperatura. Si lo hace lentamente decimos que tiene mucha
capacidad calorífica, puesto que es capaz de almacenar mucho calor por cada grado centígrado de temperatura. Las
diferencias de capacidad calorífica entre el agua y el aceite, por ejemplo, (mayor la primera que el segundo) es lo que
hace que, al fuego, el agua tarde más en calentarse que el aceite, pero también que el agua "guarde" más el calor.
Se llama calor específico de un material (en Kcal/KgºC) a la cantidad de calor que hay que suministrarle a 1 Kg para que
eleve su temperatura 1ºC.
La capacidad calorífica y el almacenamiento de calor traen aparejados ciertos fenómenos. Por ejemplo: en casa, en
invierno, cuando encendemos la estufa al llegar por la tarde, la habitación tarda en alcanzar una temperatura agradable,
y cuando la apagamos, por la noche, la temperatura de la habitación todavía es buena y no se enfría inmediatamente.
Esto ocurre también en las estaciones: en el hemisferio norte, el 21 de abril (equinoccio de primavera) el sol está en la
misma posición que el 21 de septiembre (equinoccio de otoño), y sin embargo, las temperaturas son mayores en esta
última fecha, por la sencilla razón de que la tierra todavía "guarda" el calor del verano, que irá perdiendo poco a poco.
Esta "resistencia" de la temperatura a reaccionar inmediatamente a los aportes de calor es lo que llamamos inercia
térmica.
Muchos tenemos la idea intuitiva de que nuestro confort térmico depende fundamentalmente de la temperatura del aire
que nos rodea, y nada más lejos de la realidad.
Podemos decir que nuestro cuerpo se encuentra en una situación de confort térmico cuando el ritmo al que generamos
calor es el mismo que el ritmo al que lo perdemos para nuestra temperatura corporal normal. Esto implica que, en
balance global, tenemos que perder calor permanentemente para encontrarnos bien, pero al "ritmo" adecuado. Influyen
varios factores:
Actividad física y
mental. Nuestro cuerpo
debe generar calor para
mantener nuestra
temperatura corporal,
pero también es un
"subproducto" de
nuestra actividad física y
mental. Para una
situación de reposo, el
cuerpo consume unas
70 Kcal / hora, frente a
una situación de trabajo,
donde se pueden
consumir hasta 700 Kcal
/ h para un ejercicio
físico intenso.
Metabolismo. Cada
persona tiene su propio
metabolismo y necesita
sus propios ritmos para
evacuar calor.
Aislamiento natural del individuo. El tejido adiposo (grasa) y el vello, son "materiales" naturales que aislan y reducen
las pérdidas de calor. La cantidad de cada uno de ellos depende del individuo.
Ropa de abrigo. La ropa de abrigo mantiene una capa de aire entre la superficie de nuestro cuerpo y el tejido que nos
aisla térmicamente. Aunque la ropa de abrigo provoca una sensación de calentamiento del organismo, en realidad lo
único que hacen es reducir las pérdidas de calor pues, evidentemente, no consumen energía ninguna y, por tanto, no
producen calor. Como no consumen, es el mecanismo más barato energéticamente hablando para regular la temperatura
del cuerpo. En nuestras pretensiones de climatización de la vivienda, debemos considerar esta solución de una manera
razonable, es decir, por ejemplo, en invierno, tan exagerado sería climatizar para estar siempre en camiseta (los costes
energéticos se disparan), como para estar siempre con abrigo (demasiado incómodo). Es absurdo, más que ser un
símbolo de estatus, el pretender tener una casa climatizada donde podamos estar en invierno en manga corta y en
verano con jersey.
Temperatura del aire. Es el dato que siempre se maneja pero, como decíamos, no es el fundamental a la hora de
alcanzar el confort térmico.
Temperatura de radiación. Es un factor desconocido, pero tan importante como el anterior. Está relacionado con el
calor que recibimos por radiación. Podemos estar confortables con una temperatura del aire muy baja si la temperatura
de radiación es alta; por ejemplo, un día moderadamente frío de invierno, en el campo, puede ser agradable si estamos
recibiendo el calor del sol de mediodía; o puede ser agradable una casa en la cual la temperatura del aire no es muy alta
(15ºC), pero las paredes están calientes (22ºC). Esto es importante, porque suele ocurrir en las casas bioclimáticas, en
donde la temperatura del aire suele ser menor que la temperatura de las paredes, suelos y techos, que pueden haber
sido calentadas por el sol.
Movimiento del aire. El viento aumenta las pérdidas de calor del organismo, por dos causas: por infiltración, al
internarse el aire en las ropas de abrigo y "llevarse" la capa de aire que nos aisla; y por aumentar la evaporación del
sudor, que es un mecanismo para eliminar calor (ver más adelante "calor de vaporización").
Humedad del aire. La humedad incide en la capacidad de transpiración que tiene el organismo, mecanismo por el cual
se elimina el calor. A mayor humedad, menor transpiración. Por eso es más llevadero un calor seco que un calor
húmedo. Un valor cuantitativo importante es la humedad relativa, que es el porcentaje de humedad que tiene el aire
respecto al máximo que admitiría. La humedad relativa cambia con la temperatura por la sencilla razón de que la máxima
humedad que admite el aire cambia con ella.
Efecto invernadero
Cuando un cuerpo pasa de estado líquido a gaseoso, necesita absorber una cantidad de calor que se denomina calor de
vaporización. Entonces el agua, al evaporarse, necesita calor, que adquiere de su entorno inmediato, enfriándolo. Por
eso los lugares donde hay agua están más frescos.
Las plantas están transpirando continuamente, eliminando agua en forma de vapor. Por eso los lugares donde hay
plantas están también más frescos.
El agua de un botijo permanece fresca a pesar de que haga calor, gracias a que el barro de que está hecho es
permeable al vapor de agua, permitiendo entonces la evaporación de parte del agua interior, que refresca la masa de
agua restante.
Ya hemos hablado de los tres mecanismos de transmisión del calor. En una vivienda, los tres funcionan para producir
pérdidas de calor. En el interior de la casa, el calor se transmite entre los paramentos (muros, techos, suelos)
principalmente por radiación, y entre los paramentos y el aire interior principalmente por convección. El calor "viaja" a
través de los paramentos por conducción, hasta alcanzar el exterior de la casa, donde se disipa por convección y
radiación. Para reducir las pérdidas de calor, se actúa principalmente sobre el fenómeno de conducción a través de los
paramentos, intercalando una capa de material térmicamente aislante.
Hay que cuidar los llamados puentes térmicos, que son lugares de refuerzo o juntas de los paramentos que pueden
estar construidos con materiales diferentes al resto, existiendo por tanto una discontinuidad de la capa aislante. Estos
lugares pueden convertirse en vías rápidas de escape del calor.
Sin embargo existe otra causa de pérdida de calor: la ventilación. Para que una casa sea salubre necesita un ritmo
adecuado de renovación de aire. Si esta renovación se realiza con el aire exterior, estamos perdiendo aire caliente e
introduciendo aire frío. Hay que llegar a un compromiso entre la ventilación que necesitamos y las pérdidas de calor que
podemos admitir, a no ser que se "precaliente" el aire exterior de alguna manera.
Pero aunque reduzcamos la ventilación al mínimo, una baja
estanqueidad de la casa puede forzar la ventilación aunque no
queramos, especialmente en días ventosos: son las infiltraciones. Por
ello, es importante reducir al máximo este fenómeno, cuidando
especialmente las juntas de cierre de puertas y ventanas.
Microclima y ubicación
El comportamiento climático de una casa no solo depende de su diseño, sino que también está influenciado por su
ubicación: la existencia de accidentes naturales como montes, ríos, pantanos, vegetación, o artificiales como edificios
próximos, etc., crean un microclima que afecta al viento, la humedad, y la radiación solar que recibe la casa.
Si se ha de construir una casa bioclimática, el primer estudio tiene que dedicarse a las
condiciones climáticas de la región y, después, a las condiciones microclimáticas de la
ubicación
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Ubicación
Forma y orientación
Captación solar pasiva
Aislamiento y masa térmica
Ventilación
Aprovechamiento climático del suelo
Espacios tapón
Protección contra la radiación de verano
Sistemas evaporativos de refrigeración
Ubicación
La ubicación determina las condiciones climáticas con las que la vivienda tiene que "relacionarse". Podemos hablar de
condiciones macroclimáticas y microclimáticas.
Las condiciones macroclimáticas son consecuencia de la pertenencia a una latitud y región determinada. Los datos más
importantes que las definen son:
Las condiciones microclimáticas son consecuencia de la existencia de accidentes geográficos locales que pueden
modificar las anteriores condiciones de forma significativa. Podemos tener en cuenta:
La pendiente del
terreno, por cuanto
determina una
orientación
predominante de la
vivienda
La existencia cercana
de elevaciones, por
cuanto pueden influir
como barrera frente al
viento o frente a la
radiación solar
La existencia de
masas de agua
cercanas, que reducen
las variaciones
bruscas de
temperatura e
incrementan la
humedad ambiente
La existencia de masas boscosas cercanas
La existencia de edificios
La elección de la ubicación de la vivienda, si ello es posible, es una decisión muy importante en el proceso de diseño
bioclimático, si acaso tan importante como el diseño de la vivienda en sí misma. Además de seleccionar la ubicación más
adecuada, debemos tener en cuenta que siempre es posible actuar sobre el entorno (añadiendo o quitando vegetación o
agua, por ejemplo), para modificar las condiciones microclimáticas. Es lo que llamamos corrección del entorno.
Forma y orientación
La captación solar.
Normalmente interesa
captar cuanta más
energía mejor porque
es nuestra fuente de
climatización en
invierno (en verano
utilizaremos
sombreamientos y
otras técnicas para
evitar la radiación). En
las latitudes en que
nos encontramos,
conviene orientar
siempre nuestra
superficie de captación
(acristalado) hacia el sur. La forma ideal es una casa compacta y alargada, es decir, de planta rectangular,
cuyo lado mayor va de este a oeste, y en el cual se encontrarán la mayor parte de los dispositivos de captación
(fachada sur), y cuyo lado menor va de norte a sur. Hay que reducir la existencia de ventanas en las fachadas
norte, este y oeste, puesto que no son muy útiles para la captación solar en invierno (aunque pueden serlo
para ventilación e iluminación) y, sin embargo, se producen muchas pérdidas de calor a su través.
La influencia de los vientos dominantes sobre la ventilación y las infiltraciones.
La existencia de suficiente masa térmica para la acumulación del calor dispuesta en las zonas de incidencia de
radiación
La existencia de cerramientos móviles para aislamiento
La orientación, obstáculos y sombreamientos de los espacios de captación, de tal manera que se maximice la
captación de energía en invierno y se minimice la de verano. Repetimos de nuevo que lo óptimo es la
orientación al sur de los sistemas de captación, o con una desviación de hasta 30º.
Ventilación
necesario.
Incrementar el confort térmico en verano, puesto que el movimiento del aire acelera la disipación de calor
del cuerpo humano
Climatización. El aire en movimiento puede llevarse el calor acumulado en muros, techos y suelos por el
fenómeno de convección. Para ello, la temperatura del aire debe ser lo más baja posible. Esto es útil
especialmente en las noches de verano, cuando el aire es más fresco.
Infiltraciones. Es el nombre que se le da a la ventilación no deseada. En invierno, pueden suponer una
importante pérdida de calor. Es necesario reducirlas al mínimo.
Ventilación natural. Es la que tiene lugar cuando el viento crea corrientes de aire en la casa, al abrir las
ventanas. Para que la ventilación sea lo más eficaz posible, las ventanas deben colocarse en fachadas
opuestas, sin obstáculos entre ellas, y en fachadas que sean transversales a la dirección de los vientos
dominantes. En días calurosos de verano, es eficaz
ventilar durante la noche y cerrar durante el día.
Ventilación convectiva. Es la que tiene lugar
cuando el aire caliente asciende, siendo reemplazado
por aire más frío. Durante el día, en una vivienda
bioclimática, se pueden crear corrientes de aire
aunque no haya viento provocando aperturas en las
partes altas de la casa, por donde pueda salir el aire
caliente. Si en estas partes altas se coloca algún
dispositivo que caliente el aire de forma adicional
mediante radiación solar (chimenea solar), el aire
saldrá aún con más fuerza. Es importante prever de
donde provendrá el aire de sustitución y a qué ritmo
debe ventilarse. Una ventilación convectiva que
introduzca como aire renovado aire caliente del
exterior será poco eficaz. Por eso, el aire de
renovación puede provenir, por ejemplo, de un patio
fresco, de un sótano, o de tubos enterrados en el
suelo. Nunca se debe ventilar a un ritmo demasiado
rápido, que consuma el aire fresco de renovación y
anule la capacidad que tienen los dispositivos
anteriores de refrescar el aire. En este caso es
necesario frenar el ritmo de renovación o incluso
detenerlo, esperando a la noche para ventilar de
forma natural.
Ventilación convectiva en desván. Un porcentaje importante de pérdidas de calor en invierno y ganancias de
calor en verano ocurre a través del tejado de la vivienda. Disponer de un espacio tapón entre el último piso de
la vivienda y el tejado (un desván) reducirá de forma importante esta transferencia de calor (ver discusión
sobre el desván en Espacios tapón). En verano, se puede hacer que el desván esté autoventilado por
convección. Es normal que este lugar se convierta en un horno donde el aire alcance una temperatura mayor
que el aire exterior; si se abren registros en su parte alta y en su parte baja, es posible dejar escapar este aire
caliente, que será renovado por aire exterior. En invierno, estos registros deben estar cerrados. Es importante
diseñar el desván para que esta corriente de aire
no sea obstruida.
Pérdidas por ventilación en invierno. Ya
dijimos que, siempre, debemos reducir al mínimo
las pérdidas de calor por infiltraciones. Estas
serán importantes especialmente en los días
ventosos. Sin embargo, un mínimo de ventilación
es necesaria para la higiene de la vivienda,
especialmente en ciertos espacios. En la cocina,
por ejemplo, es necesaria una salida de humos
para la cocina, o para el calentador de gas, o
registros de seguridad para la instalación de gas,
o ventilar para eliminar los olores de la cocina. En
el baño también es necesario ventilar por los
malos olores. La pérdida de calor se verifica
porque el aire viciado que sale es caliente, y el
puro que entra es frío. Ciertas estrategias pueden
servir para disminuir estas pérdidas, como
colocar los espacios necesitados de ventilación
en la periferia de la casa, o tener la mayor parte
de la instalación de gas en el exterior, o disponer
de un electroventilador para forzar la ventilación
sólo cuando sea necesario, etc.
Fachada ventilada. En ella existe una delgada cámara de aire abierta en ambos extremos, separada del
exterior por una lámina de material. Cuando el sol calienta la lámina exterior, esta calienta a su vez el aire del
interior, provocando un movimiento convectivo ascendente que ventila la fachada previniendo un calentamiento
excesivo. En invierno, esta cámara de aire, aunque abierta, también ayuda en el aislamiento térmico del
edificio.
Las cuevas siempre fueron utilizadas como protección frente a las inclemencias del tiempo; los sótanos han sido
conocidos siempre por su frescor del verano, pero las dos grandes desventajas del enterramiento, la ausencia de luz y la
alta humedad relativa, han hecho que cualquier idea de habitar bajo suelo sea infravalorada. Sin embargo, nuevos
diseños pretenden aprovechar los efectos climáticos del suelo sin suponer una merma de iluminación y controlando la
humedad.
Una idea interesante puede ser que ciertas fachadas de la casa estén enterradas o semienterradas. Por ejemplo, si se
construye la casa en una pendiente orientada al sur, se puede construir de tal manera que la fachada norte esté
parcialmente enterrada, o enterrarla totalmente e incluso echar una capa de tierra sobre el techo (que será plano). La luz
entrará por la fachada sur y, si fuera necesario, se pueden abrir claraboyas para la iluminación de las habitaciones más
interiores.
A mí personalmente me gusta la idea de enterrar parte de la fachada norte, pero no en su totalidad, de tal manera que se
puedan abrir algunas ventanas para permitir la ventilación cruzada norte - sur en verano. Tampoco me gusta la idea de
echar una capa de tierra sobre el tejado, lo que supone reforzar la estructura de la casa para aguantar este peso,
además de que prefiero que el techo no sea plano.
Para aprovechar la temperatura del suelo, se pueden enterrar tubos de aire (cuanto más profundos mejor), de tal manera
que este aire acaba teniendo la temperatura del suelo. Se puede introducir en la casa bombeándolo con ventiladores o
por convección.
Espacios tapón
Son espacios adosados a la vivienda, de baja utilización, que térmicamente actúan de aislantes o "tapones" entre la
vivienda y el exterior. El confort térmico en estos espacios no está asegurado, puesto que, al no formar parte de la
vivienda propiamente dicha (el recubrimiento aislante no los incluirá), no disfrutarán de las técnicas adecuadas de
climatización, pero como son de baja utilización, tampoco importa mucho. Pueden ser espacios tapón el garaje, el
invernadero, el desván... Este último es importante que exista. La colocación adecuada de estos espacios puede
acarrear beneficios climáticos para la vivienda.
El solsticio de
verano (21 de junio) no coincide exactamente con los días más
calurosos del verano (segunda quincena de julio y primera de agosto).
Esto significa que, cuando llega el calor fuerte, el sol ya está algo más
bajo en el cielo y puede penetrar mejor por la cristalera sur.
El día tiene mayor duración (hay más horas de sol) y los días son más
despejados que en el invierno
Aunque evitemos la llegada de la radiación directa, hay que considerar
también la radiación difusa y reflejada, lo que puede suponer
ganancias caloríficas apreciables (ver Radiación directa, difusa y
reflejada).
Para hacerse una idea, hemos estimado que la radiación recibida por una fachada sur
en Cáceres es de 2,43 Kwh/m2 en enero y de 4,56 Kwh/m2 en agosto, por término
medio. Esto significa que necesitamos dispositivos de sombreamiento que
impidan a esta radiación llegar hasta nuestra cristalera. Algunos de estos
dispositivos son:
Alero fijo, con unas dimensiones adecuadas que impidan algo la penetración solar en verano y no estorben
mucho en invierno. Para hacerse una idea, un tejadillo situado a 0,5 m por encima de la cristalera, y con 1,3 m
de anchura, en Cáceres, si la cristalera tiene 2 m de alto, hace que la radiación solar incidente sea de 2,24
Kwh/m2 en enero (8% menor que sin alero) y de 2,71 Kwh/m2 en agosto (41% menor), en promedio.
Toldos y otros dispositivos externos, cuya ventaja es que son
ajustables a las condiciones requeridas.
Alero con vegetación de hoja caduca. Debe ser más largo que el alero
fijo y con un enrejado que deje penetrar la luz. Tiene la ventaja de que
las hojas se caen en invierno, dejando pasar la luz a través del
enrejado, mientras que en verano las hojas lo hace opaco. El ciclo vital
de las plantas de hoja caduca coincide mejor con el verano real que
con el solsticio de verano, con lo que no tenemos el inconveniente que
comentábamos con el alero fijo.
Persianas exteriores. Las persianas enrollables sirven perfectamente
para interceptar la radiación.
Contraventanas. Son más efectivas, pero quizá bloquean demasiado la
luz
Árboles. Podemos utilizar varias estrategias. Por una parte, cualquier
tipo de árbol, colocado cerca de la zona sur de la fachada, refrescará el
ambiente por evapotranspiración. Por otra parte, podemos buscar que
el árbol sombree la fachada sur e incluso parte del tejado, si es suficientemente alto, pero debemos evitar que
su sombra nos afecte en invierno. Para conseguirlo, si el árbol es suficientemente alto y está suficientemente
cerca, en invierno, al estar el sol más bajo, la única sombra que se proyectará sobre la fachada sur será la del
tronco, mientras que en verano, será la sombra de la copa del árbol la que se proyecte sobre la fachada sur y
parte del tejado. Por otra parte, un árbol de hoja caduca nos da mayor flexibilidad en cuanto a su posición
relativa respecto de la casa, porque en invierno nunca podrá proyectar la sombra de una copa maciza.
Algunas de las técnicas anteriores
son válidas en general para
proteger también muros, y no sólo
cristaleras, aunque quizá las
mejores técnicas en este caso
sean el disponer plantas
trepadoras sobre los muros y el
utilizar colores poco absorbentes
de la luz solar (colores claros,
especialmente el blanco). Los
espacios tapón también protegen
eficazmente (desván, garage).
Conozca el
clima
Temperatura. ¿Cuánto frío hace en invierno?, ¿hiela a menudo por la noche?, ¿cuánto calor hace en verano?.
Le ayudará a decidir si es un clima donde el principal problema sea la calefacción o la refrigeración, y cuánto
necesitará preocuparse de cada una de ellas. Si el problema es el frío, por ejemplo, tendrá que dar más
importancia a las técnicas de climatización para invierno.
Humedad. ¿Llueve mucho?. Los climas húmedos necesitarán más ventilación y una casa mejor preparada
para evitar las humedades.
Insolación. ¿Suele estar nublado o despejado? (hágase esta pregunta para cada uno de los meses). En
climas menos soleados, la posibilidad de utilizar el sol para climatizar en invierno será menor, por lo que los
sistemas tendrán que ser mejores.
Viento. ¿Cuál es el viento predominante en invierno?, ¿y en verano?. Esto le ayudará a decidir que fachada es
la más vulnerable a las infiltraciones en invierno, y cuál es la mejor orientación para aprovechar las brisas de
verano.
Condiciones microclimáticas. ¿Hay montañas en los alrededores?, ¿con qué orientación?, ¿hay agua cerca
(mar, embalse, etc.)?, ¿hay bosques cercanos? Las montañas actúan como barreras del viento y pueden
obstaculizar también al sol, especialmente en los amaneceres y atardeceres. El agua influye en la humedad y
en que se alcanzan temperaturas menos extremas
Construir
En el diseño de una casa de nueva construcción podemos considerar aspectos bioclimáticos, con mucha flexibilidad, sin
necesidad de incrementar el coste de la vivienda ni sacrificar preferencias de diseño, aunque algunas veces puede surgir
algún conflicto entre lo que se prefiere y lo que es conveniente para el correcto comportamiento térmico. El dueño y
habitante de la casa, por supuesto, tiene la última palabra. Lo importante es ser consciente de las consecuencias
bioclimáticas que tendrán las distintas opciones de diseño. Lo normal es que el arquitecto no tenga conocimientos
bioclimáticos, por lo que el dueño puede participar activamente en las decisiones de diseño para conseguir cierto
comportamiento bioclimático.
1. Clima. ¿Cómo es el clima del lugar? Repase la lista que damos en Conozca el clima y decida cuáles son los
problemas que deben ser resueltos y en qué orden de importancia: frío en invierno, calor en verano, vientos,
humedad, etc.
2. Entorno. ¿Cómo es el terreno y el entorno donde voy a construir? Tenga en cuenta que la elección de la
ubicación de la vivienda puede ser decisivo en su comportamiento bioclimático, incluso tanto como las técnicas
que utilice posteriormente. ¿Tiene pendiente el terreno?, ¿con qué orientación?, ¿hay agua y vegetación
cercana?, ¿pienso modificar este entorno?, ¿hay edificios cercanos?, ¿hay alguna otra construcción o
elemento natural que pueda actuar como barrera frente al viento o como obstáculo frente al sol?
3. Forma y orientación. ¿Puedo y quiero diseñar una casa alargada en la orientación este - oeste, con
superficies de captación solar en la fachada sur?, si no es así, ¿qué desviación tendrá respecto al sur?, ¿será
una casa compacta o tendrá alas, entrantes y salientes? A mayor compacidad, menores pérdidas térmicas.
¿Tendrá un patio interior?, ¿como diseñaré el tejado?, ¿hará este diseño que la vivienda no ofrezca resistencia
frente al viento predominante de invierno, y sí, en cambio, frente al de verano?, y si hay conflicto, ¿qué
solución de compromiso voy a tomar?, ¿cuántos pisos va a tener la casa?
4. Distribución interna. Si hay varias plantas, ¿van a estar convenientemente separadas para evitar la
estratificación térmica del aire?, ¿cuáles van a ser los espacios más utilizados?, ¿están en la zona más
confortable de la casa?, ¿es adecuada la compartimentación para permitir la ventilación natural en verano?
5. Aislamiento y masa térmica. ¿Cuánto voy a aislar la casa? (plantee al arquitecto que desea una casa bien
aislada y que se cuiden los puentes térmicos), ¿cuánta masa térmica va a tener la casa?, ¿de qué material?,
¿puedo ponerla tras el aislamiento?, ¿de qué manera la voy a colocar, para que parte esté estratégicamente
colocada para captar la energía solar?
6. Relación con el suelo. ¿Puedo construir la casa directamente sobre el suelo? (pregunte al arquitecto), ¿se
plantea algún problema (humedad, por ejemplo)?, ¿se puede resolver de manera satisfactoria?, ¿me interesa
construir un sistema de climatización por tubos enterrados? (considere si el rigor del verano y el coste
justificaría tal decisión), ¿voy a construir un sótano?, ¿va a ser habitable?, ¿va a haber alguna parte de la casa
semienterrada? (por ejemplo, en caso de construir en pendiente), ¿qué refuerzos estructurales y protección
frente a la humedad necesito en este caso?, ¿encarece esto mucho?
7. Espacios tapón. ¿Voy a colocar espacios anexos a la casa (garaje, taller, desván)?, ¿cuál va a ser su grado
de ocupación?, ¿dónde conviene colocarlos para que actúen como espacios tapón frente a condiciones
climáticas desfavorables?, ¿el calor del verano justifica la construcción de un desván ventilado?.
8. Captación solar pasiva. ¿Qué superficie de fachada sur dispongo para la captación solar?, ¿qué parte de la
misma voy a acristalar y destinar a este fin (dependiendo del rigor invernal)? (considere la relación superficie
de captación / superficie de la vivienda), ¿qué tipo de captación voy a instalar (directa, semidirecta, indirecta)?,
¿existen posibles obstáculos que intercepten la radiación solar (árboles, edificios cercanos)?, ¿dónde se va a
acumular la energía captada?, ¿qué tipo de acristalamiento voy a utilizar (simple, doble)?, ¿qué problemas
plantea el acristalamiento respecto a la seguridad frente al vandalismo?, ¿cómo lo puedo resolver?, ¿qué
estancias se van a beneficiar de este acristalamiento?, ¿se plantean problemas de iluminación excesiva en las
estancias?, ¿cómo lo puedo resolver?, ¿qué elementos voy a utilizar para aislamiento nocturno (persianas,
cortinas, paneles móviles, etc.)?, ¿qué sistemas de calefacción de apoyo voy a instalar?.
9. Infiltraciones en invierno. ¿Qué dirección tiene el viento predominante en invierno?, ¿con qué fuerza media
sopla?, si sopla fuerte, ¿hay barreras naturales frente al viento?, ¿puedo establecerlas yo (vallas, árboles)?,
¿he diseñado la casa para que sea "aerodinámica" frente a este viento?, ¿qué técnicas voy a utilizar para
conseguir cierta estanqueidad de la vivienda, y así reducir las infiltraciones?, ¿en qué lugar se encuentran la
cocina y el baño, y cómo he resuelto su ventilación?.
10. Protección frente a la radiación solar en verano. ¿En qué condiciones se encuentra la fachada sur en
verano?, ¿qué dispositivos de sombreamiento voy a instalar (alero, vegetación, persianas, toldos, etc.)?,
¿cómo es la vegetación delante de esta fachada?, ¿hay agua?, ¿en qué condiciones se encuentran las
fachadas este y oeste?, ¿existe algún espacio tapón en alguna de ellas?, ¿tendrá el muro un color claro?, ¿hay
acristalamiento en estas fachadas?, ¿cómo lo voy a proteger?, ¿voy a utilizar "fachadas ventiladas"?, ¿voy a
utilizar alguna técnica evaporativa de refrigeración?
11. Ventilación en verano. ¿Está la casa correctamente orientada para aprovechar las brisas de verano?, ¿tiene
las aberturas adecuadas en las fachadas, y una adecuada comunicación interna?, ¿voy a utilizar algún
sistemas de ventilación convectiva?, ¿voy a utilizar el sistema de fachada ventilada en algún lugar?, ¿tengo
entradas de aire fresco proveniente del suelo?, ¿cómo lo pienso "bombear"?, ¿voy a ventilar el ático por
convección?, ¿tengo patios para utilizar su beneficio térmico?
12. Otros dispositivos. Puede que inicialmente, o en un futuro, desee instalar otros sistemas que le ayuden
energéticamente, como por ejemplo colectores solares para agua caliente sanitaria, paneles fotovoltaicos para
energía eléctrica solar, captación del agua de lluvia, etc. En este caso, es importante un buen diseño del tejado
para permitir la instalación de estos sistemas con un mínimo coste, y disponer los espacios adecuados en el
interior o el exterior de la vivienda para alojar los sistemas necesarios.
concreta.