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Intimidad y Modernidad

El documento analiza la relación entre intimidad y modernidad en el contexto de México, destacando cómo los cambios demográficos reflejan una mayor autodeterminación en las relaciones personales. A pesar de algunos avances hacia la modernidad, se observa que muchas prácticas tradicionales persisten, lo que sugiere que la modernidad en México se manifiesta de manera única y no lineal. Se presentan tres acepciones del concepto de intimidad que son relevantes para entender su evolución en la sociedad moderna.

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Intimidad y Modernidad

El documento analiza la relación entre intimidad y modernidad en el contexto de México, destacando cómo los cambios demográficos reflejan una mayor autodeterminación en las relaciones personales. A pesar de algunos avances hacia la modernidad, se observa que muchas prácticas tradicionales persisten, lo que sugiere que la modernidad en México se manifiesta de manera única y no lineal. Se presentan tres acepciones del concepto de intimidad que son relevantes para entender su evolución en la sociedad moderna.

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Intimidad y modernidad.

Precisiones conceptuales y su pertinencia para el caso de México


Author(s): Elsa S. Guevara Ruiseñor
Source: Estudios Sociológicos, Vol. 23, No. 69 (Sep. - Dec., 2005), pp. 857-877
Published by: El Colegio de Mexico
Stable URL: [Link]
Accessed: 30-05-2017 03:13 UTC

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Intimidad y modernidad.
Precisiones conceptuales
y su pertinencia para el caso de México*

Elsa S. Guevara Ruiseñor

Introducción

El aumento en la edad del matrimonio, en el número de divorcios, de rema-


trimonios y de uniones consensúales, aunado a una disminución considera-
ble en el número de hijos, es considerado un rasgo característico de las socie-
dades modernas en tanto que expresa las posibilidades de autodeterminación
de varones y mujeres en la esfera de la intimidad. La demografía ha llamado
a este conjunto de fenómenos la segunda transición demográfica.1 Gómez de
León (2001) señala que este concepto no es precisamente un modelo teórico
sino un modelo descriptivo de la experiencia demográfica, una síntesis esti-
lizada del derrotero típico seguido por los países occidentales. La sociolo-
gía, por su parte, empieza a poner atención a este tipo de fenómenos sociales
pues considera que son una expresión de las huevas dinámicas surgidas con
la modernidad tardía que modificaron toda la vida social. Teóricos como
Giddens (1998) y Beck y Beck-Gernsheim (2001) ven en los índices de di-

* Trabajo presentado en el Ciclo de Mesas Redondas: Sociología y Modernidad, en el


marco de las actividades del proyecto papiit, "Sociología, modernidad, tradiciones teóricas y
cambio conceptual", a cargo de la Dra. Gina Zabludovski y la Mtra. Monica Guitian, Progra-
ma de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, unam, noviembre de 2004.
1 La primera transición ocurre en Estados Unidos, Europa y Australia con el baby boom
de la posguerra que ocurre después de la disminución de la natalidad asociada con la gran de-
presión económica de los años 30 y la segunda guerra mundial. Esta primera transición signi-
ficó un aumento en las tasas de nupcialidad, la edad del matrimonio tendió a hacerse cada vez
más joven y se inicia un incremento sostenido en las tasas de natalidad; este patrón prevalece
hasta 1965-1970 cuando se inicia la segunda transición (Gómez de León, 2001).

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vorcio, de uniones consensúales2 y en la marcada red


que se presenta en las sociedades industrializadas un
bilidades de autodeterminación de los individuos, con
librio en las relaciones de poder entre hombres y muj
cratización de la sociedad en su conjunto. Estas nuevas
hecho más frágiles las relaciones íntimas pero al mis
perspectivas más prometedoras para individuos y soc
reducen las asimetrías de poder y aumentan los márg
dual, tanto en el plano personal como en el plano soci
el matrimonio se despojó cada vez más de su carácter
virtió poco a poco en una "relación pura", el amor ro
lugar al "amor confluente" y la sexualidad reproduct
la "sexualidad plástica", de manera que se trasladan
del plano de las instituciones al plano de los individu
ra tienen que ser negociadas y obligan a un proyecto
nuevas posibilidades pero también nuevas incertidum
En ese sentido, alertan sobre las consecuencias no
nidad tardía en la esfera de la intimidad. En esta nuev
reflexiva en la que el progreso puede convertirse en
Beck (1997), surge la sociedad de riesgo,3 una socieda
bre domina el panorama, donde las amenazas o ambiv
antes era posible superar en el grupo familiar, en la c
social, tienen que ser percibidas, interpretadas y m
duos. No se trata de una individualización basada en
de una compulsión que los obliga a diseñar y escenifi
sus compromisos y redes de relaciones de acuerdo a s
nes. Incluso, tradiciones como el matrimonio y la fam
las decisiones individuales y deben ser experimentad
nales. El individualismo exacerbado, la sexualidad co
la ausencia de relaciones profundas son hoy una expr
cias no deseadas de la modernidad. Estas consideracion

2 En Europa, 28% de las parejas menores de 30 años viven en


hay variaciones entre países, pues este porcentaje va de 10% en Gr
ca. Por otro lado, casi la tercera parte de los matrimonios en Euro
aquí también hay variaciones pues en Bélgica, Suécia, Inglaterra
parejas termina en divorcio, mientras que en países como España s
en la materia (Prinz, 1995).
3 "La sociedad de riesgo designa una fase de la modernidad
ha ido produciendo el desarrollo de la sociedad industrial em
1997:19).

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Guevara: Intimidad y modernidad 859

por sectores conservadores quienes, en aras d


dicionales de la sociedad patriarcal, deploran
lismo y la falta de compromiso sustentada p
que promueve una obsesiva autocomplacencia y
yectos amorosos, conyugales o parentales de
plen los libros de consejería dirigidos a las m
promover esta visión conservadora, pues en
que representa para la sociedad el hecho de qu
realización pues, se dice, ello afecta los pilar
(Hochschild, 1994). En otros casos, se señala
elección han agudizado la falta de compromi
nes ahora cuentan con mayor legitimidad par
emocional, aun si choca con las necesidades d
aun si esto lleva a la ruptura del matrimonio
En México, pese a que se sostienen los mis
otra. Por una parte, los fenómenos demográfico
to, y por la otra, obedecen a condiciones his
Gómez de León (2001) considera que las tr
observadas en los últimos 30 años en nuestr
de cambio más lento que, sin embargo, muest
do hacia el mismo patrón, pues hay un ligero
tasas de divorcio y separación, un leve increm
les, una tendencia a la baja en la intensidad de
nución en las tasas de fecundidad. No obstan
que no hay indicios de que se esté produciend
en el sentido que le da Giddens de una unión
la relación misma. Ella señala que si bien dos
nuestro país utiliza métodos anticonceptiv
como un indicador de modernidad en tanto
dad de las personas para planear su descen
cambio se de en el marco de la familia tradicional orientada a la crianza de
los hijos, muestra que no ha habido cambios fundamentales en las relaciones
de pareja, pues en la sociedad mexicana la familia está orientada a la crian-
za de los hijos más que hacia la satisfacción emocional de sus necesidades
como pareja. De esta manera, nuestro país parece haber entrado a la moder-
nidad sin haber dejado atrás muchas de las prácticas tradicionales que ro-
dean a la familia. Evidentemente, en un país como el nuestro la modernidad
y sus consecuencias en la esfera de la intimidad debe considerarse con base
en su propia historia y sus propios procesos sociales, hecho del que nos ocu-
paremos más adelante, pero avanzar en este debate requiere de cuando me-

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nos tres precisiones conceptuales: el significado con


de intimidad, el tipo de perspectiva sociológica utili
consideraciones de género presentes en la reflexión s

La esfera de la intimidad

El significado del concepto de intimidad en sociología tiene cuando me-


nos tres acepciones distintas: a) como una relación cercana y profunda con
otros significantes basada en el conocimiento mutuo; b) como un espacio de
privacidad sustraído de las miradas de los otros; y c) como una esfera social
donde tiene lugar lo personal y el mundo afectivo. Si bien no se trata de sig-
nificados excluyentes, sí tiene implicaciones teóricas y metodológicas el optar
por una u otra acepción cuando se trata de comprender la relación entre in-
timidad y modernidad. Así, Jamieson (2002) utiliza el concepto en su prime-
ra acepción con el propósito de descubrir la forma en que la modernidad ha
modificado las relaciones personales entre cónyuges, padres e hijos/as, parien-
tes o amigos, y de cómo a su vez este hecho ha modificado las expectativas
sociales respecto a las instituciones y la sociedad misma, pues la familia basa-
da en el matrimonio está perdiendo su centralidad como norma e ideal, de ma-
nera que las relaciones conyugales o filiales se sustentan más en los vínculos
cercanos entre las personas que en el control de las instituciones. Para ella, la
intimidad se refiere a un proceso de cercanía entre dos o más personas basa-
do en un conocimiento profundo y una comprensión recíproca que se logra me-
diante un continuo hablarse, escucharse, compartir pensamientos y mostrar-
se mutuamente sus sentimientos. De esta manera, cuando la autora se interesa
por el análisis de la intimidad, se pregunta qué tanto las personas realmente
viven relaciones basadas en la comprensión y el conocimiento mutuo; señala
que este tipo de intimidad se ha convertido en una versión idealizada de las
relaciones personales, sustituyendo a la versión idealizada de la familia que
antes dominó en la sociedad. Para la segunda mitad del siglo xx, añade, eran
tan importantes las relaciones íntimas que se hablaba más de las "buenas"
relaciones familiares que de la familia en sí misma como institución. Con to-
do, no existe una evidencia clara de que este tipo de relaciones sea cada vez
más el principio que organiza la vida personal, concluye.
Esta acepción de intimidad se asocia también con una especie de confe-
sión emocional que permite identificar el grado en que una persona puede expo-
ner sus emociones más profundas ante quienes son significativos en su vida y
de esa manera reforzar los lazos de unión entre unos y otros. Este hecho es con-
siderado de primera importancia para algunos estudiosos de la masculinidad

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Guevara: Intimidad y modernidad 86 1

(Núñez, 1997; Seidler, 2000), pues permite com


enfrentan los hombres para "abrirse emociona
quienes comparten vida amorosa, sexual o conyu
con quienes establecen relaciones cercanas ya se
les. La confesión emocional de los varones es u
que afecta la conceptualización del Yo en la m
ideal de masculinidad racional, autosuficiente,
La segunda acepción de intimidad se sustenta en
vacidad basado en la idea moderna de individua
los individuos de contar con un espacio sustraí
de las miradas de los demás; se trata de un esp
viduos pueden prescindir de las apariencias soci
mente son. Amorós (1994) señala que éste es un
guesa que al separar lo público y lo privado conc
este privilegio, mientras limitó estas posibilidad
en una posición de subalternidad. La intimidad
tá relacionada con la idea de que la vida amoro
en un espacio resguardado de las miradas ajena
producto de los procesos civilizatorios en las so
peas que dieron lugar a los sentimientos de pu
cuerpo y la vida sexual. Se trató de un proceso
transformó en diversas formas de autovigilan
vez por todo el aparato social y que estableció
para la expresión de los impulsos y los afectos,
la vida sexual al ámbito privado. En este proces
un mundo "interior" del individuo y un mundo
se sitúa precisamente en ese mundo interior no
pero autorregulado por principios morales (Eli
La tercera acepción se refiere a la intimidad
social donde tienen lugar las relaciones personal
ca, la conyugalidad y los amores filiales o fratern
(De Barbieri, 1991 ; Giddens, 1998). Es ésta la c
en este trabajo en la medida en que comprende
marco más amplio para el análisis sociológico. E
truir relaciones basadas en la comprensión mu
nal y el compromiso amoroso, pero también rel
tos hostiles o incluso de violencia; de hecho, en
no es la calidad de las relaciones lo que la define
una esfera de la vida social donde se desarrolla
diferente tipo. Es decir, los vínculos amorosos,

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se pueden vivir desde la separación, la distancia emo


cación y de todas maneras pertenecen a la esfera de l
tiene lugar lo personal, el espacio de los individuos
sus compromisos y sus posibilidades de conexión con
ta de relaciones entre individuos pero construidas, de
por las instituciones, por toda la estructura social y
que impone límites y ofrece oportunidades diferenci
res. Este espacio de los vínculos personales como bas
familia surge con la modernidad, con los procesos d
paración entre lo público y lo privado.
Esto es, la modernidad es la primera forma de org
cial que reconoce al individuo como pieza fundamenta
que la libertad individual como ausencia de coerción y
ción se constituyan en sus valores centrales.4 Si bie
zación social, con sus instituciones y modos de compor
ro en Europa en la fase posterior al feudalismo, en el
un carácter histórico mundial y se extendió, con dif
casi todos los países del orbe.5 La modernidad simpl
con Beck (1997), la desvinculación de las formas soci
las formas sociales industriales.6 De manera que las e
dicionales como la Iglesia, la comunidad aldeana y la f
sustituidas por otras como la Ciencia, el Estado nacion
El dogma de la religión fue reemplazado por la racio
en el progreso, el logro individual y el reconocimien
ante la ley. En ese marco, tienen lugar los procesos
cir, el reconocimiento de los individuos como tales c
dentro de la sociedad y reconocidos como sujetos con

4 La libertad como elemento clave en el concepto de indiv


igualdad universal de derechos y la separación entre Estado y socie
tatal del antiguo absolutismo, se concretan hasta finales del siglo xi
de occidente con la libertad religiosa, los derechos humanos, el go
gitimación de la movilidad social (Merquior, 1993).
5 En México, dice Adolfo Gilly (1988), la modernidad llegó de
La primera modernidad, la del renacimiento italiano, llega bajo las
nación española; la segunda modernidad, la de la revolución indu
formas borbónicas; y la tercera, la del progreso, la ciencia, el p
estalla en México con la gran modernización del porfíriato.
6 Sin embargo, señala Beck (1997), en virtud de su propio dinam
derna está minando sus formaciones de clase, familia nuclear, role
gar a una radicalización de la modernidad que quiebra las premis
abre vías a una modernidad distinta, la modernidad tardía.

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Guevara: Intimidad y modernidad 863

pias. En la Europa medieval, el lugar de los in


fijado por el linaje, el género o el rango socia
persona como individuo con carácter único n
de las sociedades modernas y más en concret
bajo, el individuo adquiere presencia social. E
a nuevas formas de cohesión social, nuevas d
ética basada en los derechos del individuo. To
rectas en la esfera de la intimidad en tanto se
determinación personal, así como nuevos refe
relaciones amorosas.
En ese sentido, las transformaciones en la intimidad comprenden el con-
junto de cambios sociales que dieron lugar a nuevas articulaciones entre sexua-
lidad, amor, matrimonio, procreación y familia, al mismo tiempo que abrie-
ron distintas condiciones de posibilidad en hombres y mujeres para tomar
decisiones en estos terrenos. Dos cambios históricos son fundamentales en
estos procesos de transrciönroe^
la sexualidad erótica de la reproductiva; y la otra gran tendencia histórica fue la
declinación del poder de la religión como arbitro de la sexualidad, el amor y
el matrimonio, y el aumento de poder de la ciencia y el Estado laico sobre la
esfera de la intimidad. Ambos factores se potenciaron uno al otro y tuvieron
importantes consecuencias en la vida cotidiana de hombres y mujeres, lo
cual dio lugar a nuevas formas de relación y nuevas formas de ejercicio del
poder que reproducían las asimetrías de género bajo nuevas modalidades,
pues el laicismo no puso en cuestión el dominio del hombre sobre la mujer.
De hecho, el debate entre la ciencia y la religión se da entre dos naturalismos:
el de un orden que postulaba las funciones sexuales y reproductivas como
obra de Dios, y el que se sustentaba en los principios de la biología humana
para explicar estos procesos como funciones del cuerpo. En ambos casos el
eje se encontraba en una "naturaleza" masculina y otra femenina desde las
cuales se legitimaron las asimetrías de género. Con todo, estas nuevas condi-
ciones dieron un vuelco al conjunto de ideas y conocimientos que se crearon
sobre estos ámbitos de vida, de manera que al otorgar a la ciencia el derecho
a intervenir en los terrenos de la intimidad, se abren amplias áreas de conoci-
miento a la reflexión teórica y la práctica científica que contribuyeron signi-
ficativamente a los cambios de mentalidades que se gestan en los últimos
siglos.

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864 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

La perspectiva de la sociología histórica en el aná

El avance del conocimiento en los terrenos de lo que


midad, llevó a crear parcelas de conocimiento separad
ta manera, la sexualidad erótica y reproductiva se colo
dicina con su consecuente vínculo con las enfermeda
salud, mientras que por otra parte se instalaba el matri
ámbito del derecho y la demografía. Esto permitía sit
co del Estado y las instituciones públicas7 al mismo t
nectaba de otros procesos que se consideraban pr
produjo así una fragmentación conceptual de esfera
entre sí, de manera que la sexualidad, el matrimonio, el
tudiaron como ámbitos separados, al mismo tiempo q
dio desde perspectivas que tendían a establecer una d
propio de los individuos y el de la sociedad, entre lo p
tre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo micro y lo mac
Estos planteamientos hoy están siendo revisados po
gicas contemporáneas y se están abriendo nuevas for
partir de la importancia que ha adquirido la esfera de
cación de las sociedades modernas, pues si antes la vid
vilegiado por encima de la esfera privada, ahora se d
personal, la vida cotidiana y las relaciones afectivas
funcionamiento de las sociedades. La literatura femin
esta reflexión y señalado que el amor, la sexualidad y
pos que conectan lo personal con lo político y tienen
pecto de la economía, el Estado y la justicia social. N
cientemente que adquiere otra dimensión este análisis
importantes con respecto a la importancia de las rel
vida cotidiana los encontramos en teóricos como Schü
y Berger y Luckmann (1976), quienes sentaron un im
la sociología para comprender la esfera de las relacio
con los trabajos de Beck y Beck-Gernsheim (200 1 ) y
la sociología empieza a prestar atención al papel de l
prensión de la sociedad y se le reconoce como un elem
ción de las nuevas formas de organización social, en t

7 Además, como muestra Foucault, la relación entre conocimien


dad va creando nuevos poderes en ciencias como la medicina, la
al mismo tiempo que surgen nuevas instituciones y formas de con
las prisiones o las fábricas, y con ello surgen también, viejos y nu

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Guevara: Intimidad y modernidad 865

nuevos problemas que no pueden comprender


micas que se están gestando en esta esfera.
En México, el análisis sociológico sobre el t
te señalar que en una revisión de las publicac
diez años en algunas de las revistas sociológica
país, no se encontró ningún artículo específic
ni en la Revista Mexicana de Sociología ni en
cas y Sociales ni en Acta Sociológica se pub
como objetivo realizar un análisis sobre la esfe
aparecen algunos textos sobre el tema de lo púb
nupcialidad, cuyo objetivo se centra en fenóm
analizan sin establecer vínculos entre unos y o
estudios sobre la familia no incluyan ningún a
lidad, o que la sexualidad se estudie desde sus
ductivas sin ninguna referencia a la forma e
social interviene en estos procesos. Incluso Fo
pues como señala Giddens (1998), inexplicable
las conexiones entre la sexualidad y el amor
ligado con los cambios en la familia y la soci
En el ámbito más amplio de las distintas ci
una abundante literatura sobre el amor, la pa
embargo, cae con frecuencia en un uso atemp
antítesis entre individuo y sociedad que tien
el análisis. Así, es común que se aborde el tem
familia como si estos sentimientos o formas
una naturaleza humana inmutable que se vive
cia clásica, la Roma medieval o el México actu
tos conceptos no existían en ciertas sociedade
diferente al que adquirieron después,9 en virt
tado de las transformaciones en el comportam
ocurridas a lo largo de la historia. Por ejemplo

8 En el caso de las tesis, parece que se empieza abrir


cias Políticas y Sociales de la unam se encuentran dos
Guevara, 2004).
9 En el México del siglo xvii el concepto de amor ten
sentido teológico asociado a lo espiritual y lo divino, y ot
val del amor cortés vinculado a la concupiscencia y la p
afectivas entre hombres y mujeres no se usaba la palabra
to o voluntad. De hecho la frase "mujer enamorada'* se
públicamente en actividades sexuales repetidas (Seed, 1

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866 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

tiguas no sólo tenía un significado muy distinto al q


no que marcaba otras formas de organización simbólic
to del lugar que ocupaban hombres y mujeres en la
posible comprender en el marco de los cambios estruc
ocurrieron en los seres humanos en una fase específi
Lo mismo se puede decir del matrimonio, la familia
to este último que, de acuerdo con Foucault, aparece p
glo xix pues antes la palabra existía sólo en la jerga t
zoología y es hasta 1 889 que emerge ya con el signi
mente. Incluso, se llega a abordar estos temas como s
supraindividuales cuya dinámica ocurriera al marge
amor, la sexualidad o la pareja se convierten en unive
donde los individuos no desempeñan papel alguno, el o
cisamente el amor o la pareja (o incluso dimensiones
der, la infidelidad o la satisfacción marital), no las
que dan lugar a estas relaciones ni tampoco los indiv
estos procesos.
A su vez, existe una tendencia a considerar la rel
dad como términos opuestos donde la sociedad es vist
actúa sobre las personas más allá de los intereses y
de manera que la forma de actuar o relacionarse en l
es producto de fuerzas externas que se imponen a la
sus intereses y deseos, sin tener en cuenta el papel
duos en el mantenimiento o transformación de estas relaciones sociales. Tam-
bién encontramos todas aquellas concepciones donde la sociedad aparece
como un amontonamiento de individuos y entonces el análisis se enfoca al
individuo, prescindiendo por completo de las instituciones y entidades sociales
más amplias que crean las condiciones para determinadas formas de actuar,
de pensar o de sentir; las características sociales se expresan mediante pro-
medios, frecuencias, varianzas que nada dicen de las estructuras sociales que
posibilitan ciertas formas de acción ni tampoco de los individuos con sus
propósitos, sus necesidades y sus redes de interdependencia con las que se
configura una sociedad determinada. Es, dice Elias (1990), como si tratára-
mos de comprender la estructura de una casa haciendo un inventario esta-
dístico de las características de cada uno de los bloques que la componen y
sacando un promedio para obtener así una visión de "conjunto". En estos
casos, el puente entre las acciones o metas individuales y las formaciones so-
ciales o estructuras queda completamente oscuro.
La relación entre el individuo y la sociedad es singular, dice Elias (1990),
no tiene paralelo en ninguna otra esfera de lo existente y para comprender los

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fenómenos sociales es necesario dejar de pens


conglomerados sociales y empezar a pensar e
seres humanos, porque sea cual fuere el com
éste está determinado por las relaciones prese
nas. Mediante la existencia simultánea, median
to de sus relaciones mutuas emerge la socied
individual ha proyectado, premeditado o cread
poco es un producto ajeno a sus acciones, sin
relaciones sociales. Por ello es necesario acercarse a las cadenas de interde-
pendencia que unen a unas personas con otras, lazos que son materiales y
simbólicos, presentes y pasados, afectivos e institucionales. Se trata de una
red flexible y cambiante en incesante movimiento, un tejerse y destejerse de re-
laciones que, aun cuando se rompa una relación particular, pervive como
parte de la historia personal o familiar mediante lazos parentales, legales,
simbólicos o emocionales en un reacomodo constante en esa red de relacio-
nes sociales. Estas cadenas no sólo se refieren a las relaciones que mantiene
un individuo a la largo de su vida, son también las cadenas de interdependen-
cia con los otros grupos humanos que lo anteceden, de manera que siempre
nos topamos con una cadena nunca rota de padres e hijos/as que a su vez se
convierten en padres.
Este es el referente teórico del que se parte para acercarse a la esfera de
la intimidad, pues se trata de colocar en el centro de la reflexión esta red de in-
terdependencias construidas en torno a los vínculos con los otros significantes
y de esa manera conectar conceptualmente distintas esferas de la vida humana
como la sexualidad erótica y reproductiva, el amor, el matrimonio, la fami-
lia, la maternidad o paternidad, los amores filiales o fraternales y la amistad.
Este marco referencial hace posible pensar en cada una de estas dimensiones
no como fenómenos aislados sino como expresiones de las redes sociales y
los vínculos mediante los cuales se forman, se mantienen o se transforman
las estructuras sociales más amplias, al mismo tiempo que las estructuras se
objetivan y cristalizan en las relaciones cotidianas de los individuos. Es po-
sible también romper con la dicotomía micro-macro, público-privado, inter-
no-externo y vincular los ámbitos psicológico, sociológico e histórico, tarea
por demás urgente en un terreno que, tal vez como ningún otro, ha colocado
su eje de análisis en la biología, la naturaleza o la cultura entendida como un
orden social inmutable.
Se piensa sin más que el amor tiene como fin "natural" el matrimonio,
que la atracción entre hombres y mujeres es resultado de la química o las
hormonas, que las mujeres tienen un instinto materno y que la conducta sexual
de los hombres obedece a un impulso sexual irrefrenable, y ya en la lógica

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868 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

parsoniana, que la familia existe por los roles "complem


bres y mujeres. Por esto es necesario dejar constancia d
co, y mostrar, mediante los resultados aportados por la
riográfica, que la intimidad es una esfera de la vida hum
modernidad y que los cambios ocurridos en esta esfera
las voluntades individuales, del azar, de la evolución so
de la naturaleza, sino producto del conjunto de relacione
ron lugar en sociedades específicas. Lo que no significa n
lógica de los individuos, por el contrario, se trata de de
turaleza humana convergen historia y biología mediante
reconstruyen, significan y transforman esa naturaleza bio
dice Bourdieu (1999), de la complicidad de dos estados
ria objetivada en las cosas en forma de estructuras y la
los cuerpos en formas de habitus.
Por ello, la reflexión en torno a la intimidad requiere
ro como un referente central de análisis, pues esta hist
cuerpos tiene como primer eje de articulación social la
decir, el nuevo orden social que emerge con la modernid
racteres masculino y femenino el conjunto de prácticas p
nales con las que se configura la esfera de la intimidad
toria. El hecho mismo que los procesos de individuación
en los hombres mucho antes que en las mujeres y que e
brar arduas batallas para ser reconocidas en su carácter
mucho sobre las condiciones que dieron lugar a nuevas i
de relación en esta esfera de la vida social.

£1 análisis de género en la esfera de la intimidad

La distinción entre lo público y lo privado ha sido una directriz del pensamien-


to social que ha permitido realizar una separación analítica entre diferentes
esferas sociales y lograr con ello una mayor precisión conceptual. Cada dis-
ciplina ha utilizado diferentes criterios para construir esa diferencia; así, existe
un uso jurídico, uno desde la economía, otro desde la sociología, la ciencia
política o la filosofía. Desde la perspectiva sociológica, tiende a aceptarse
que la esfera privada comprende lo doméstico, la vida íntima y lo personal,
mientras que coloca en el ámbito público, el lugar del escrutinio, de las re-
glas, de lo colectivo. Para el análisis de género es especialmente importante
esta distinción por las consecuencias que tiene para la vida social la separa-
ción histórica de los espacios público y privado, así como sus implicaciones

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entre relaciones de parentesco y relaciones


y la esfera social; significa también la asig
público que es el espacio del trabajo remun
to, del prestigio y de las actividades socialm
fína al espacio privado lo femenino.
Estas asignaciones de lo público y lo priv
gimiento y consolidación de la sociedad burg
nización y secularización de las sociedades q
la otra. En las sociedades estatales dinástica
asuntos personales estaban mezclados con lo
to en los espacios físicos como en las relaci
los asuntos políticos y los intercambios pro
físico de negociación la misma casa habit
tiempo que los pactos políticos estaban fue
relaciones personales. Las relaciones matrim
tos privados sino que tenían una fuerte carg
mientos públicos en función de las posicion
trataba fundamentalmente de construir alia
de acrecentar o mantener los poderes polít
ban, por tanto, el matrimonio estaba al serv
tenimiento de las dinastías y de la propiedad
en general, la familia tenía como misión la
práctica de un oficio común y la ayuda mu
mundo donde ninguna persona podía sobre
2001).
Cuando el Estado cambia su definición, dice De Barbieri (1991), y la
soberanía deja de residir en el monarca para asentarse en la ciudadanía, se
verifica la creación de la esfera pública como espacio privilegiado de lo po-
lítico, al mismo tiempo se redefine el espacio doméstico como el lugar de la
familia y se le separa del ámbito público. De hecho, como señala Elias (1 996),
el mismo concepto de familia fue creado por la alta burguesía, pues la noble-
za y la aristocracia utilizaban el concepto de "casa". Esta distinción no signi-
ficaba una diferencia banal, pues detrás de ese uso lingüístico se escondía
una diferencia real en la estructura y conformación de las relaciones entre los
sexos y la legitimación social de sus funciones sociales y sus posibilidades
de acción y decisión. Es en ese contexto que aparece el ámbito privado como el
mundo de lo doméstico, del trabajo no remunerado ni reconocido como tal,
el lugar de las relaciones familiares y parentales, los afectos y la vida cotidia-
na, es decir, el espacio que representa el mundo de lo femenino. En tanto, lo
público se define como el lugar del trabajo que genera ingresos, la acción

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870 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

colectiva, el poder, el lugar donde transcurre la histo


por excelencia. Estas representaciones naturalizaron l
ro y despolitizaron las relaciones sociales que tenían l
da al quedar fuera de las reglas del contrato social qu
entre iguales, de esa manera era posible legitimar la
tadas en la familia especialmente funcionales para la
la modernidad, puesto que sin la familia nuclear no
industrial con su esquema de trabajo y vida. La divisi
sólo representó la especialización de las mujeres en l
de los hombres en las actividades productivas, sino
los espacios, recursos y formas de ejercicio del pode
El surgimiento de esta nueva forma de organización
pañada por la emergencia de otras instancias sociales
escuela, las instituciones jurídicas o sanitarias que se
campos de poder, al mismo tiempo que se va reestruc
dos nuevos sectores sociales que antes fueron casi inv
juventud. Estos grupos adquieren cada vez mayor va
un reacomodo en las funciones sociales de hombres
las mujeres serán ahora las encargadas del cuidado d
bres se ocuparán de proveer el sustento. Con la eme
instituciones y los principios liberales de autodeterm
derrumbar la vieja estructura del patriarcado asentada
señor, pues ahora los hijos varones adquieren cierta
mayoría de edad y esto los convierte en ciudadanos c
sus padres, aunque no ocurre lo mismo en el caso de
mucho más en ser reconocidas como ciudadanas. Con este nuevo orden emer-
gen también otras formas de dominación legitimadas mediante el contrato
matrimonial y el contrato de trabajo, ambos serán los instrumentos que per-
mitirán a los varones redefinir su autoridad en la familia: mientras con el ma-
trimonio aseguran el acceso sexual al cuerpo de su esposa, la paternidad de
los hijos y la herencia del patrimonio, el trabajo permite su acceso al mundo
de lo público, y con ello, el control sobre las fuentes de riqueza, sobre las le-
yes, la economía y la moral (De Barbieri, 1 99 1 ). Pero lo significativo de este
nuevo orden es que ahora estos destinos de género estamentales, como los
llama Beck y Beck-Gernsheim (200 1 ), son mitigados, superados, agudizados y
encubiertos por la promesa de amor.
Uno de los objetivos centrales de los estudios de género y las luchas fe-
ministas ha sido precisamente poner de manifiesto las formas en que se han
redefinido las formas de poder a partir de estas asignaciones entre lo público
y lo privado. Para Teresita de Barbieri (1991), tener como referencia analíti-

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ca la distinción entre estos dos espacios, fue u


un primer momento, pero en la actualidad se
fuerza que impide identificar la forma en que
la forma en que hombres y mujeres participa
tora propone no limitarse a una representación
privado como campo de lo doméstico, es decir
adentro, y lo público como lo que está de la p
Tampoco tomar como referencia las acciones
lo privado como el campo de acción de los part
seis ámbitos distintos: 1) el de la acción y com
esfera pública, 3) el de la sociedad civil, 4) el e
doméstico y 6) el íntimo o personal. De esta m
cada uno de ellos el juego de poderes y contrap
que antes se asignaba sólo a lo privado; permi
de hombres y mujeres en cada espacio social e
legitiman los poderes en terrenos como el cuer
especial, porque en estos terrenos los juegos d
sos o francamente invisibles, pues como seña
otro espacio social las relaciones son tan exten
contacto, tan densas en el entretejido de econo
las que se gestan en la intimidad.
Por ello, una buena parte de los movimient
en las últimas décadas reivindican la esfera de
cha en defensa de la autonomía personal, de la in
todeterminación de las personas en los terrenos
creación. Especialmente los feminismos, han
dimensión política de la intimidad a fin de rei
jeres a la autodeterminación en todas las esfera
de hacer visibles las tramas de poder ocultas en
gitimadas en concepciones naturalizadas de las
o parentales. La frase "lo personal es político"
jeres de conceder a los espacios personales el m
social que tiene la vida pública, y al mismo ti
zar su reconocimiento como ciudadanas y como
que habían estado fuera del escrutinio público
Esta separación entre los espacios público y
rizado a la fase inicial de las sociedades ind
tardía vuelve a ponerse en cuestión pues los c
dernidad misma pusieron en jaque el antiguo o
individuación, el decreciente control de la est

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872 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

creciente reflexividad institucional, no sólo modificaron


naturaleza de la vida social, sino que transformaron la e
la vida personal y afectaron seriamente el orden de géne
que ocupaban los hombres en la sociedad. Hasta el umbr
y bastante más allá, dice Giddens (1997), las diferencias
consagradas en la tradición y estaban en armonía con e
la masculinidad-feminidad no estaban abiertas al escrut
sin embargo, como resultado de profundos cambios estru
ción con las luchas de los movimientos feministas a lo la
das, la división entre hombres y mujeres, incluyendo las m
de género, sexualidad y autoidentidad, son puestas en c
te, y ponerlas en cuestión significa preguntar por su jus
Ya nadie puede decir "soy un hombre y los hombres so
preciso justificar conductas y actitudes cuando se dema
que es necesario dar razones; y cuando es preciso dar ra
de poder comienza a disolverse, o, alternativamente, el p
ducirse en autoritarismo. Estos cambios, como señalan
sheim (2001), no han representado lo mismo para homb
si para ellas significaron mayores posibilidades de auto
ellos han representado un verdadero desafío; no pocos h
rían atrasar los relojes, pero sólo para las mujeres, y esp
se refiere a su capacidad de autodeterminación en la esfe
tismo. Los varones siguen aspirando a lograr intimidad,
de acordar reglas con la misma velocidad con que las ne
Así, la paridad en las relaciones de género constituye
res desafíos para las sociedades industrializadas, en tant
de la esfera privada es hoy una de las condiciones para
ciedades. En países como el nuestro, los retos son aun m
la modernidad abrió posibilidades de mayor equidad, ta
desigualdades en virtud de los factores culturales e inst
yacen a nuestra historia. En ese sentido, necesitamos co
mas específicas que adopta la modernidad en nuestro paí
procesos sociales que permitieron crear nuevas articulac
matrimonio, sexualidad y procreación y preguntarnos si
posibilidades de autodeterminación para los individuos
contribuyó a reducir las asimetrías de género.

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Guevara: Intimidad y modernidad 873

Intimidad y modernidad en el contexto

En México, los procesos sociales que llevaron


sible hacer de la intimidad un ámbito de decisión de los individuos tiene sus
primeros antecedentes en las Leyes de Reforma, a partir de las cuales fue po-
sible la separación formal entre Iglesia y Estado, pero es en los primeros años
del siglo xx con la consolidación del Estado-nación, con las modificaciones
en las políticas públicas y la legislación sobre la familia que se empiezan a
abrir posibilidades reales de autonomía personal en la esfera de la intimidad.
No obstante, es hasta los años setenta, en una etapa que había permitido al
país transitar de una sociedad eminentemente rural a una urbana, de una socie-
dad sin instrucción a una que había ampliado significativamente su matrícula
universitaria, cuando estas posibilidades cristalizan en prácticas cotidianas.
Entonces, se inicia una recomposición de las relaciones de género y se abre un
amplio debate sobre el derecho de las personas, especialmente de las muje-
res, a tomar decisiones en los terrenos de la sexualidad, la anticoncepción, el
matrimonio, el divorcio o las uniones consensúales. Este debate, que formaba
parte de un amplio movimiento a nivel mundial, tiene en nuestro país diferentes
expresiones que van desde las políticas de población orientadas a reducir los
índices de natalidad, la ampliación de la oferta educativa y el ingreso masivo
de las mujeres al mercado de trabajo, hasta los movimientos feministas que
reivindicaban la sexualidad y la reproducción como esferas de decisión per-
sonal. Todo ello modificó los referentes culturales y las prácticas cotidianas, se
transformaron también los imaginarios colectivos sobre el lugar de los hom-
bres y las mujeres en la sociedad y cambiaron muchos patrones que regían la
sexualidad, el amor, el matrimonio y la procreación. Como consecuencia, se
modificaron diversas prácticas y discursos, en ciertos sectores se redujeron
sensiblemente las asimetrías de género y algunos hombres y mujeres empe-
zaron a ensayar nuevas formas de relación en su vida erótica y afectiva, así co-
mo nuevas formas de ejercicio de la paternidad y la maternidad. Todo ello dio
lugar a un nuevo escenario demográfico, donde es evidente una marcada dis-
minución en el número de hijos, un aumento leve pero sostenido de divorcios
y de uniones consensúales, así como una diversidad de arreglos familiares.
Sin embargo, vista la sociedad mexicana en su conjunto no parece que
la modernidad haya permitido alcanzar un verdadero equilibrio de poder
en la esfera de la intimidad. La información con que contamos (inegi, 2002;
Gómez de León, 200 1 ; Salles y Tuirán, 1 998) muestra una sociedad bastante
convencional donde la mayoría de los hogares tiene jefatura masculina, el
matrimonio está orientado en gran medida a fines reproductivos y las unio-
nes consensúales constituyen más una expresión de las costumbres adopta-

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874 Estudios Sociológicos XXIII: 69, 2005

das en las zonas rurales y la falta de poder de las mujer


de la libre elección de las parejas. Incluso, las políticas
cieron del control de la natalidad una política de Estado
la práctica separar la sexualidad erótica de la reproduc
fondo con respecto a los derechos de autodeterminación
po. Se trata de una sociedad que permite a las mujer
tunidades en el campo de la educación y el trabajo, per
sus responsabilidades domésticas; donde las jóvenes pued
antes del matrimonio, pero todavía persiste una moral
diferencias entre mujeres que valen la pena y las que no
pueden optar por la unión consensual, pero es el matrim
la seguridad jurídica y económica de los hijos/as, pues
se pudo desligar de las instituciones, pero la vida reprod
nos encontramos en un escenario donde se han adoptado
un antiguo esquema de valores.
En ese contexto, podemos decir que los cambios en l
midad ocurridos en nuestro país son resultado de una
que por una parte promueve la reducción de las tasas d
tras por la otra coloca estas medidas en los estrechos m
que reconoce el derecho de los individuos a formar un
pero en el marco de fuertes asimetrías de género; que ha
ra jurídica que permite el divorcio, pero en una comuni
ba, además de que distribuye desigualmente los costos m
cos de las rupturas conyugales; una modernidad que ha
métodos anticonceptivos, pero no modificó sustancialm
sobre la maternidad. De manera que nos encontramos c
de se viven las amenazas del mundo industrializado per
inequidades propias de los países pobres producto de un
de las condiciones de vida, un adelgazamiento progresi
agotamiento de las redes sociales. Ello se ve agravado p
Iglesia mantiene un poder que lejos de disminuir se acrec
no de avance de la Derecha que pone en riesgo incluso
Estado laico. Estas condiciones, generan gran incertidum
al mismo tiempo que restringen las posibilidades de au
los individuos, refuerzan los desequilibrios de poder ent
res, además de que promueven la intolerancia y el fanat
Ante un panorama así, conceptos como el de socieda
ren otra dimensión, pues la inserción en un mundo glob
que no han podido consolidar los beneficios de la mode
una posición más vulnerable. Beck (1997) plantea qu

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Guevara: Intimidad y modernidad 875

demás organizadas en tomo al principio básico


jan su paso a la sociedad de riesgo que se rige
de daños donde domina la incertidumbre, el
la ausencia de relaciones profundas. Sin emb
nuestra que todavía no llegaba a concretar su
se ve de pronto inmersa en una nueva fase d
limita en cuanto a los recursos de que dispon
además, se trata de una sociedad donde el con
ciones no ha sido sustituido plenamente por e
viduos. El resultado es que enfrentamos lo
industrializadas con los recursos materiales
bres. Esto ha llevado a los sectores más cons
dad de defender los patrones más tradicional
la vida íntima, pero no es el regreso a las viej
lo que va a llevar a sociedades como la nuestr
nes, por el contrario, hoy más que nunca se
total de su dinámica intema que recoja lo mej
rias y evite sus excesos, tanto en el plano net
corresponde a la lógica intema de los vínculo
A diferencia de las sociedades antiguas, las
den encontrar en la construcción de los vínc
soledad y para desafiar la creciente fragment
dividuos y comunidades. Pero ello requiere q
otro tipo de modernidad, una modernidad en
dice Gilly (1988), permita superar el sentim
humanos a fin de servirse del entendimiento
nidad edificada desde abajo que lleve a cultivar
otra comunidad, la de las libres individualid
que ponga en el centro de sus preocupacione
des. Es ése el reto para un país como el nues
capacidad para hacer de todos los derechos in
tro alrededor del cual giren el conjunto de re
en los espacios de la intimidad su mayor des

Recibido: noviembre,
Revisado: junio, 20

Correspondencia: Facultad de Estudios Super


num. 66, Col Ejército de Oriente/Del. Iztacal
fónico y fax: 56-1 8-35- 17/correo electrónic

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