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Amor

El amor es un concepto universal que abarca diversas formas de afinidad entre seres, interpretado como un sentimiento de afecto y apego, y se manifiesta en actitudes altruistas y egoístas. Desde un enfoque científico, el amor se considera un estado evolucionado que facilita la supervivencia y la reproducción, mientras que su complejidad emocional lo convierte en un tema recurrente en las artes. A lo largo de la historia, el amor ha sido entendido de diferentes maneras en diversas culturas y religiones, reflejando la dualidad del ser humano entre el altruismo y el egoísmo.
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Amor

El amor es un concepto universal que abarca diversas formas de afinidad entre seres, interpretado como un sentimiento de afecto y apego, y se manifiesta en actitudes altruistas y egoístas. Desde un enfoque científico, el amor se considera un estado evolucionado que facilita la supervivencia y la reproducción, mientras que su complejidad emocional lo convierte en un tema recurrente en las artes. A lo largo de la historia, el amor ha sido entendido de diferentes maneras en diversas culturas y religiones, reflejando la dualidad del ser humano entre el altruismo y el egoísmo.
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Amor

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Para otros usos de este término, véase Amor (desambiguación).
«Amar» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Amar (desambiguación).

«El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos».


William Shakespeare. Pintura de Frank Dicksee (1884).

El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de


diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista
(artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y
fundamentalmente en Occidente, se interpreta como
un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de
una serie de actitudes, emociones y experiencias. En el contexto filosófico, el
amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y
la compasión del ser [Link]én puede describirse como acciones
dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones
dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto. 1
En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de
sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor
romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor
platónico,2 y hasta la profunda devoción o unidad del amor religioso.3 En este
último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la
manifestación de un estado del alma o de la mente, identificada en algunas
religiones con Dios mismo o con la fuerza que mantiene unido el universo.
Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas,
llegando con frecuencia a ser irresistibles, y pueden ser tanto placenteras como
dolorosas (sobre todo en el mundo occidental). El amor en sus diversas formas
actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a
su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las
artes creativas (cine, literatura, música).
Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser
un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a
los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la
continuación de la especie mediante la reproducción.4
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que
abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo
consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo
una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo
otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele
estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y
el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de
procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del
alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón
y varios cientos de miles de años.5
A menudo, sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su
comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos como hipocresía, y
encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad.
Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un
comportamiento altruista se disfrace de egoísmo: Oskar Schindler proporcionó
un buen ejemplo.
A lo largo de la historia se han expresado, incluso en culturas sin ningún
contacto conocido entre ellas, conceptos que, con algunas variaciones,
incluyen la dualidad esencial del ser humano: lo femenino y lo masculino, el
bien y el mal, el yin y el yang, el ápeiron de Anaximandro.

Índice

 1Dos formas de entender el amor


o 1.1Enfoque científico del egoísmo y el altruismo
o 1.2Concepción altruista
 1.2.1El amor compasivo desde el punto de vista científico
o 1.3Concepción egoísta
 1.3.1El amor en la sociedad capitalista
 2Manifestaciones del amor
 3Simbología
o 3.1Cupido
o 3.2Corazón
 4Superstición
 5Perspectivas sobre el amor
o 5.1Perspectiva popular
o 5.2Perspectiva mística y esotérica
o 5.3Perspectiva espiritual
 5.3.1Judaísmo
 5.3.2Cristianismo
 5.3.3El islam y otras creencias árabes
 5.3.3.1El quinto círculo: el amor hacia el no musulmán
 5.3.4Budismo
 5.3.5Hinduismo
 5.3.6Apego y deseo en las religiones orientales
 5.3.7La religión frente al amor homosexual
 5.3.7.1Cristianismo, judaísmo y homosexualidad
 5.3.7.2Islam y homosexualidad
o 5.4Perspectiva filosófica
o 5.5Perspectiva científica
 5.5.1Aspectos biológicos
 5.5.1.1Modelo tripartito del amor romántico
 5.5.2Aspectos antropológicos
 5.5.3Aspectos psicológicos
 6Diferentes visiones histórico-culturales
o 6.1Cultura persa
o 6.2Cultura china y otras culturas sínicas
 6.2.1Qì xi: el «San Valentín» chino
o 6.3Cultura japonesa
o 6.4Cultura griega
 6.4.1Reseña mitológica sobre el amor: el mito del andrógino
o 6.5Cultura árabe
o 6.6Cultura turca (chamánica e islámica)
o 6.7Antigua Roma (latín)
o 6.8Cultura anglosajona
 7Véase también
 8Notas y referencias
 9Bibliografía relacionada
 10Enlaces externos

Dos formas de entender el amor


Los seres humanos podemos desarrollar en esencia dos tipos de actitudes:
bajo una de ellas somos altruistas y colaboradores, y bajo la otra
somos egoístas y competidores. Existen personas totalmente polarizadas hacia
una de las dos actitudes por voluntad propia; por ejemplo, los
monjes budistas están totalmente volcados hacia el altruismo, y los
practicantes del objetivismo, hacia el egoísmo. Y también existen personas que
combinan ambas formas de ser, comportándose, unas veces, de forma altruista
y colaboradora, otras, de forma egoísta y competitiva, y otras, de forma
parcialmente altruista y competitiva. En algunas partes del mundo predomina el
altruismo (Tíbet), de modo que el egoísmo se ve en general como algo
negativo. Y existen grupos humanos donde sucede lo contrario. Todas las
guerras de la historia nacieron del egoísmo por parte de, al menos, uno de los
dos bandos; todas las situaciones conflictivas del ser humano proceden del
egoísmo.
Enfoque científico del egoísmo y el altruismo
Representación simplificada de la teoría de Dawkins acerca del «egoísmo» de la información
genética. Todos los genes, como unidades de supervivencia, son en sí mismos «egoístas»,
compitiendo entre sí y con los de otros individuos. Una vez alcanzado cierto grado de organización
durante el proceso evolutivo de las especies, la información genética que produzca un fenotipo
egoísta será a la larga autodestructiva a nivel del grupo humano, mientras que la que produzca un
fenotipo altruista (de egoísmo altruista a nivel de gen) facilitará la supervivencia de dicha
información. Con los genes actuando irracionalmente, y bajo la «ley natural del más fuerte», se
producirá inevitablemente una supremacía del «gen de egoísmo altruista». El intercambio de la
reproducción sexual a su vez repartirá dicha información genética entre toda la población. 6

Richard Dawkins interpreta ambas actitudes como las expresiones


del instinto de conservación del individuo (egoísmo) y de la especie (altruismo).
Explica que, según una teoría aceptada por algunos biólogos, heredamos los
genes responsables de tales actitudes de especies antecesoras, y que, antes
de nuestra llegada, la evolución biológica estuvo probablemente controlada por
un mecanismo denominado «selección de grupos»; en virtud de este
mecanismo, los grupos de individuos en los que hubiese más miembros
dispuestos a sacrificar su vida por el resto tendrían mayor probabilidad de
sobrevivir que los que estaban compuestos por individuos egoístas; esto daría
como resultado que el mundo terminase poblado por individuos altruistas. Es
una teoría que, aunque proporciona una explicación para el hecho de que
actualmente el altruismo predomine en el mundo, genera gran controversia en
el mundo científico por contradecir directamente la teoría darwinista; por ello, la
explicación personal del autor acerca de la supervivencia del altruismo en el
marco darwinista del egoísmo individual es que la unidad de supervivencia no
es el individuo, sino el gen; es decir, bajo este punto de vista, los seres
humanos y los grupos de seres humanos somos «máquinas de supervivencia»
«creadas» por los genes en su propio beneficio. 6
En cualquier caso, argumenta Dawkins, por el hecho de ser la primera especie
racional, también somos la primera especie en la historia de la evolución capaz
de elegir entre ambos tipos de comportamiento de forma voluntaria, actuando
por lo tanto de forma «independiente» a nuestra propia
programación genética.6
La evolución parece producirse mediante procesos solapados entre sí y
progresivamente refinados. A un nivel inmediato, funciona mediante un simple,
gigantesco e irracional proceso de ensayo y error; los éxitos de determinado
estado de organización facilitan su continuación. No obstante, a medida que la
organización se va desarrollando cada vez más, aparecen de forma
espontánea métodos de predicción estratégica, que eligen caminos indirectos
que, a corto plazo, incluso pueden parecer un error, pero que, considerados en
conjunto, constituyen un acierto; este tipo de «conductas» han podido
observarse en modelos virtuales de evolución programados en una
computadora; la conducta agresiva y egoísta constituye un primer nivel de
superorganización, en virtud de la cual el individuo «comprende» que para su
supervivencia debe «atacar» a sus rivales antes de acudir directamente a la
recompensa, y la conducta altruista es un segundo nivel que surge en el
momento en que los individuos desarrollan la capacidad de comunicarse entre
sí; en modelos computacionales se ha observado el desarrollo completamente
espontáneo de combinaciones de ambos mecanismos, de tal modo que un
individuo se comunica con otros varios y «miente» al resto en beneficio del
grupo. El egoísmo, de este modo, aparece desde la perspectiva del grupo
como un comportamiento táctico, y el altruismo como un comportamiento
estratégico.
La inteligencia se constituye como un nivel adicional de superorganización que
permite el análisis de la situación global y la predicción del mejor camino a
seguir mediante la sustitución en buena medida del método físico del ensayo y
error por un proceso paralelo y «virtual», también sujeto a evolución, que se
desarrolla íntegramente en el cerebro de los individuos y que se transmite de
forma igualmente «virtual» a las generaciones siguientes mediante
la educación. Según la teoría de la singularidad tecnológica en conjunción con
el concepto de Transhumanismo, se sugiere que pronto tendremos la
posibilidad de programar de forma «artificial» nuestra propia evolución de la
forma más beneficiosa para todos,7 aunque, no obstante, existen críticas al
respecto.8910
Concepción altruista

Trabajadora humanitaria medicando a un niño en Léogâne (Haití), tras el terremoto.

El altruismo puede entenderse como altruismo puro, donde no


existen apego ni deseo, como en el caso del budismo, o bien como «egoísmo
altruista», como en el caso del cristianismo, donde existen apego a un ser
superior y el deseo de obtener la salvación. En la práctica, en ambas religiones
existen apego y deseo, y en el budismo existe una última etapa previa a
la iluminación que consiste en la renunciación a todos los logros conseguidos a
cambio de nada, con el objetivo de destruir el ego completamente. Para el
llamado «altruismo puro», no existe posibilidad de negociación; las relaciones
no son competitivas, sino colaborativas: uno procura el bienestar de los demás
sin esperar nada a cambio, y los demás procuran el bienestar de uno.
El budismo sitúa al apego y al deseo como emociones negativas que también
producen ira y, en definitiva, sufrimiento. Apego, deseo, ira, miedo
e ignorancia (por ejemplo, falta de comprensión de las causas
del Duḥkha ajeno) contribuyen a reforzar el ego. En la filosofía budista, el amor
real es el amor compasivo, y el amor y el ego son incompatibles.11 Recientes
estudios científicos han demostrado que la meditación budista produce un
incremento de la actividad en las zonas cerebrales relacionadas con las
emociones positivas y una disminución de la actividad en las zonas
relacionadas con la ira y la depresión. 1213
El «egoísmo altruista» es la filosofía de las relaciones humanas predicada
por Jesucristo («ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti
mismo»).
El altruismo es la forma de entender el amor para Leibniz, quien cree que, si
uno realmente entiende y busca el amor, siempre obtendrá placer en la
felicidad de otro.14
Amar verdaderamente, y de un modo desinteresado, no es otra cosa que encontrar placer en las
perfecciones o en la felicidad del objeto.15
Gottfried Leibniz

La psicología humanista considera que el amor es indispensable para


conseguir una autoestima saludable.
Es imposible la salud  psicológica, a no ser que lo esencial de la persona sea fundamentalmente
aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma.16
Abraham Maslow

Matthieu Ricard en el Foro Económico Mundial de 2009.

Abraham Maslow sitúa al amor en el estrato de afiliación, entre el


de seguridad y el de reconocimiento, dentro de su jerarquía de las necesidades
humanas.17
Matthieu Ricard, doctor en bioquímica y monje budista, pone como ejemplo los
comportamientos altruistas que existieron entre judíos desconocidos entre sí
durante la ocupación nazi para ilustrar el hecho de que los seres humanos
somos altruistas por naturaleza. «¿Cómo cabe pensar que actuasen por
egoísmo en esa situación?», argumenta.
Gran Pirámide de Guiza. Las pirámides de Egipto son monumentos al narcisismo.

El amor compasivo desde el punto de vista científico


Matthieu Ricard se sometió a un exhaustivo estudio mediante escáneres
cerebrales bajo un estado especial de meditación en el que se genera un
estado de amor y compasión puros y no enfocados hacia nada ni nadie en
particular. Los resultados mostraron un aumento sin precedentes en la
actividad del córtex prefrontal izquierdo del cerebro, relacionado con las
emociones positivas, mientras que la actividad en la zona del lóbulo derecho
relacionada con la depresión disminuía, como si la compasión fuese un buen
antídoto contra la depresión. Y también disminuía la actividad de la amígdala,
relacionada con el miedo y la ira. Por otro lado, un grupo de empleados de una
empresa realizaron 30 minutos diarios de meditación durante 3 meses. A lo
largo del estudio, reportaron un descenso en sus niveles de ansiedad, y se
pudo ver que también se incrementaba la actividad de su córtex prefrontal
izquierdo.1213
Concepción egoísta
La concepción anterior es diametralmente opuesta a la del capitalismo, que
promueve el llamado «egoísmo inherente al ser humano», y sobre el cual se
basa.18 Ayn Rand defiende que el egoísmo es en esencia un sentimiento noble,
y que cada persona es responsable de su propia felicidad y no de la de los
demás. Este pensamiento está íntimamente ligado al capitalismo puro. 19
Juro, por mi vida y por mi amor por ella, que nunca viviré por el bien de otro hombre, ni pediré a otro
hombre que viva por el mío.20
Ayn Rand

El amor sexual, en cualquiera de sus variantes, constituye asimismo un amor


marcadamente egoísta; lo que se manifiesta como un altruismo hacia la pareja
constituye una manifestación de puro egoísmo respecto al resto de la sociedad;
el propio acto sexual se desarrolla bajo un estado de egoísmo personal en el
que el individuo busca su propio placer, ya sea de forma directa o por la
gratificación que le produce el placer de su pareja. En la misma línea, Sigmund
Freud consideraba que todas las motivaciones humanas tenían un
trasfondo libidinoso, y, por lo tanto, egoísta. Al considerar el amor
compasivo sublimado, describe al amor como un comportamiento
exclusivamente narcisista; para él las personas solo aman lo que fueron, lo que
son, o lo que ambicionan ser; distingue, incluso, entre grados saludables y
patológicos de narcisismo. Escribió, entre otras cosas, que el amor
incondicional de una madre lleva a una perpetua insatisfacción: «Cuando uno
fue incontestablemente el hijo favorito de su madre, mantiene durante toda su
vida ese sentimiento de vencedor, mantiene el sentimiento de seguridad en el
éxito, que en realidad raramente se satisface». Es una forma de entender las
relaciones humanas que se ha extendido durante el siglo XX desde Estados
Unidos a otros países occidentales, y actualmente existe una dura pugna entre
sus defensores y detractores. Francia y Argentina son los dos países que más
se resisten a abandonar la cultura del psicoanálisis. En España, más del 9% de
los psicólogos siguen ya este paradigma. 2122
El amor en la sociedad capitalista

Según Deleuze y Guattari, el capitalismo deshumaniza.

El capitalismo sitúa a la sociedad dentro del marco de un proceso de


producción. Con este marco, el amor se convierte en un elemento más de
dicho proceso. Las empresas analizan al ser humano y buscan la forma de
extraer de él la mayor cantidad de consumo, no dudando en utilizar el amor y el
sexo como reclamo de un modo desnaturalizado y grotesco: la empresa evoca
en el consumidor sentimientos amorosos y de deseo, pero su fin último no es
buscar el amor ni el sexo por parte del consumidor, sino su dinero y su trabajo.
Como consecuencia, se produce deshumanización al identificarse el amor a
otro ser humano con el amor a un producto, ya que dicha asociación trae,
inevitablemente, la asociación del propio ser humano con un producto.
Gilles Deleuze y Félix Guattari consideran que el capitalismo produce una
perversión del concepto natural del amor, situando al ser humano como parte
de una máquina productora y destruyendo el concepto del cuerpo y el alma. 23
Escriben, en Anti-Edipo: «el capitalismo recoge y posee la potencia absurda y
no poseída de la máquina. [...] en verdad, no es para él ni para sus hijos que el
capitalista trabaja, sino para la inmortalidad del sistema. Violencia sin finalidad,
alegría, pura alegría de sentirse en un engranaje de la máquina, atravesado por
los flujos, cortado por las esquizias.»24 Michel Foucault, refiriéndose a la
sociedad capitalista, insiste en su prefacio de 1977 para la edición inglesa
de Introducción al esquizoanálisis que se opone «no solo al fascismo histórico,
sino también al fascismo que hay en todos nosotros, en nuestras cabezas y en
nuestro comportamiento diario, el fascismo que nos hace amar el poder, desear
esa misma cosa que nos domina y explota».25 Podemos encontrar una abierta
declaración de muchos de los actualmente tácitos valores del capitalismo
agresivo en el Manifiesto futurista, escrito por Filippo Tommaso Marinetti,
en 1909.
Dentro de la cadena productiva, o, como se la conoce en el mundo anglosajón,
«cadena de comodidad», la mentira también es un elemento válido; de hecho,
es un elemento recurrente y necesario para que el sistema no sucumba. Es,
literalmente, lo que en política se conoce por demagogia; se miente al
consumidor con propósitos egoístas, y ello lleva, según los autores
anteriormente citados, a una «esquizofrenia» de las relaciones humanas a
todos los niveles, haciendo imposible el amor real. 23
Werner Sombart consideraba la desnaturalización del amor en la sociedad
como una última etapa de un proceso destructivo de evolución que no es
privativo de la cultura occidental: En primer lugar, el amor perdió su
individualidad con el cristianismo, que lo unificó y teocratizó: ningún amor era
genuino si no provenía de Dios, si no era aprobado por la Iglesia. Le siguió un
período de «emancipación de la carne», que comenzó con tímidas tentativas y
que se continuó, con los trovadores, con un período de sensualidad más
acentuada, de desarrollo pleno del amor libre e ingenuo. Por último,
aparecieron una etapa de gran refinamiento y, como colofón, la relajación moral
y la perversión.26

Manifestaciones del amor

Admiration maternelle («Admiración maternal», 1869). Óleo de William-Adolphe Bouguereau.

Amor fraterno (figurillas prehispánicas de barro, 250-900 d. C.). Pueblos indígenas del Centro de
Veracruz. Museo de Antropología de Xalapa, México.
Representación del amor
(erastés y erómeno, Siglo V a. C.).

En las relaciones de la persona con su medio, el amor se ha clasificado en


diferentes manifestaciones; en virtud de ello, pueden aparecer una o más de
las siguientes:

 Amor autopersonal: El amor propio, amor compasivo, es, desde el


punto de vista de la psicología humanista, el sano amor hacia uno mismo.
Aparece situado como prerrequisito de la autoestima y, en cierto contexto,
como sinónimo de esta. Es algo positivo para el desarrollo personal e
indispensable para las buenas relaciones interpersonales, 17 y no debe
confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que coincide
con una autoestima baja.27 Para el budismo, que califica al ego como una
mera ilusión de nuestra mente, el amor real, amor compasivo, sólo existe
cuando se dirige hacia otra persona, y no hacia uno mismo. Para
el psicoanálisis, que, de forma completamente opuesta al budismo, califica
al ego como la única realidad, el amor autopersonal siempre es narcisismo,
que puede ser, a su vez, saludable o no saludable.
 Amor incondicional: Es el amor compasivo, altruista, que se profesa
sin esperar nada a cambio. El amor espiritual, predicado por las diferentes
religiones, es el amor incondicional por antonomasia. El amor maternal, o
amor de madre a hijo, se reconoce también como amor de este tipo, y, por
tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace
especialmente intenso; no obstante, hay también quien cuestiona la
existencia de dicho instinto.28
 Amor filial: Entre hijos y padres (y, por extensión, entre descendientes y
ancestros).
 Amor fraternal: En su sentido estricto, es el afecto entre hermanos,
aunque puede extenderse a otros parientes exceptuados los padres y los
descendientes. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y
reconocimiento a la familia, y se manifiesta por emociones que apuntan a la
convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una
estructura de parentesco. Desde el punto de vista del psicoanálisis, el
fraternal es, al igual que el amor filial, sublimado, ya que está fundado en la
interdicción del incesto.
 Amistad: Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la
necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su
vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye
la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo
equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la
frase «amarás al prójimo como a ti mismo».29
 Amor romántico: Nace en la expectativa de que un ser humano
cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento
idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida
en la psiquis.
 Amor confluente: Amor entre personas capaces de establecer
relaciones de pareja, definido a mediados del siglo XX. Aparece por
oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para
siempre, no supone una entrega incondicional, etc. 30

 Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo


sexual, según Helen Fisher, es diferente del amor romántico y del afecto
(véase su estudio al respecto). Desde el punto de vista de la psicología
humanista, el amor romántico —y el amor interpersonal en general— está
relacionado en gran medida con la autoestima.
 Amor platónico: Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste
en la elevación de la manifestación de una idea hasta su contemplación,
que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y
desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que
nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento.31 Vulgarmente, se conoce
como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o este se da
de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física.
 Amor a los animales y a las plantas: Nace de un sentimiento protector.
 Amor hacia algo abstracto o inanimado: A un objeto físico, una idea,
una meta, a la patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la
independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su
sentido filosófico. El patriotismo puede ir asociado a la heroicidad, en cuyo
caso constituye un comportamiento de altruismo respecto a su grupo, que
en esencia es un comportamiento de egoísmo respecto a otro grupo en la
medida en que no se considera al otro grupo de la misma condición.
 Amor hacia un dios o una deidad (devoción): Suele nacer de la
educación recibida desde la infancia, y se basa en la fe. Se considera a
Dios como la fuente de todo amor. En la mayoría de los casos, existe
la creencia de que, tras la muerte, Dios premiará de alguna forma a las
personas que la correspondiente religión considere virtuosas.
 Amor universal: Amor espiritual que, según diferentes religiones, todas
las personas pueden llegar a profesar al medio natural y que los grandes
místicos experimentan como expresión del nirvana, éxtasis o iluminación,
estados de conexión absoluta con el universo o con Dios. Es una
manifestación sublime en la que se eclipsan o confluyen el resto de las
manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo,
aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente.32

Simbología
Desde tiempos inmemoriales, el amor y todo lo relacionado con él se ha
asociado con símbolos e iconos. De los que han sobrevivido hasta la
actualidad, unos son autóctonos de las diferentes culturas o ligados a las
costumbres de determinados lugares geográficos, y otros, con el paso de los
siglos, se han convertido en interculturales o incluso universales en el mundo
civilizado. Las flores, el color rojo, determinados perfumes o la música
romántica, ensoñadora o erótica, son elementos que se repiten en una buena
parte de las relaciones amorosas. En el caso de Occidente, los bombones,
entre otros detalles, se interpretan en ocasiones con un significado amoroso.
De todos los símbolos utilizados, los más característicos en la cultura
occidental son el cupido, y, sobre todo, el corazón.
Cupido
Artículo principal: Cupido

Cupido en la página 708 de la revista Die Gartenlaube (El cenador, Leipzig, 1894).

Templo del Amor, que resguarda en su interior una estatua de Cupido. Petit Trianon, Francia.

La figura de Cupido en forma de putto es una imagen recurrente. En el caso


del amor romántico, suele representarse con un arco y unas flechas, las cuales,
a menudo con los ojos vendados, dispara sobre las personas, produciéndoles
así el enamoramiento.
El origen de Cupido se remonta a la mitología romana, si bien su figura ya
existía en la mitología griega bajo el nombre de Eros, el dios primordial
responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como
un dios de la fertilidad.
La flecha de Cupido también posee orígenes grecolatinos, y su influencia se
hizo notar claramente en la poesía española desde la época medieval, aun sin
la aparición del dios Amor. Bajo múltiples nombres (vira, asta, flecha, saeta,
tiros, arpón, dardo, espina...), aparece en la literatura medieval, renacentista y
posrenacentista con un sentido amoroso que se repite indefinidamente con
pocos matices diferentes y mucha retórica. Sin embargo, el tema de la flecha
alcanza un plano más elevado, teñido de toques conceptuales nuevos con
dimensión trascendente y expresión paradójica, cuando se desarrolla en
versiones a lo divino. De éstas, es significativa la narración de Santa Teresa de
Jesús en un pasaje del Libro de su vida, en el que cuenta
su transverberación en presencia de Serafín.33
A partir del Renacimiento, la figura de los putti llegó a confundirse con
los querubines, confusión que perdura en la actualidad. Tanto los putti como
los cupidos y ángeles pueden encontrarse en el arte religioso y secular desde
la década de 1420 en Italia, desde finales del siglo XVI en los Países
Bajos y Alemania, desde el período manierista y el Renacimiento
tardío en Francia, y a lo largo del Barroco en frescos de techos. Los han
representado tantos artistas que presentar la lista de estos sería poco útil,
aunque entre los más conocidos se encuentran el escultor Donatello y
el pintor Rafael; dos putti en actitud curiosa y relajada que aparecen a los pies
de su Madonna Sixtina son reproducidos con frecuencia.34
Experimentaron una revitalización importante en el siglo XIX, y comenzaron a
aparecer retozando en obras de pintores académicos, desde las ilustraciones
de Gustave Doré para Orlando Furioso, hasta anuncios. Actualmente son un
motivo muy utilizado como representación del amor en imágenes destinadas a
la mercadotecnia; tal es el caso de muchas postales de San Valentín.
Corazón
Artículo principal: Corazón (símbolo)

Forma de la vaina de silfio según su representación en monedas de Cirene del siglo VII a. C.


Postal de San Valentín de 1910.

Primer diseño del Sagrado Corazón de Jesús (Santa Margarita María Alacoque).

El conocido y peculiar corazón actual.

El símbolo del corazón es el que más frecuentemente se relaciona con el amor.


Cuando aparece atravesado por la flecha de Cupido, simboliza el amor
romántico, y es la forma común en la que las parejas adolescentes lo dibujan
en los más variopintos lugares para dejar constancia de su amor. También se
hace alusión al corazón real o al pecho de los amantes como fuente y
receptáculo del amor, y son comunes expresiones como «partir» o «romper el
corazón» como sinónimo de crear desamor, «robar el corazón» como sinónimo
de producir enamoramiento, «abrir el corazón» como sinónimo de ofrecer amor,
y una larga lista con significados en los que los elementos comunes son el
amor y el alma.35
El origen del corazón del amor parece ser incierto, y existen diversas teorías.
La idea del corazón como fuente de amor se remonta como mínimo a hace
varios milenios en la India, China y Japón, con el concepto de chakras como
centros de la «energía vital universal», de los cuales el que se encuentra a la
altura del corazón se manifiesta, según se afirma, en forma de amor y
compasión.
Respecto al símbolo propiamente dicho, hay quien lo atribuye a una planta
originaria del norte de África, conocida como silfio36 (generalmente considerada
un hinojo gigante extinto, aunque algunos afirman que la planta es
realmente Ferula tingitana;37 no confundir con el género actual Silphium).
Durante el siglo VII a. C., la ciudad-estado de Cirene tenía un lucrativo negocio
con dicha planta. Aunque se usaba principalmente como condimento, tenía la
reputación de poseer un valor adicional como método anticonceptivo. La planta
era tan importante para la economía de Cirene que se acuñaron monedas con
la imagen de la vaina o cáscara,38 la cual tenía la forma del símbolo del corazón
que conocemos actualmente. Según esta teoría, dicho símbolo se asoció
inicialmente con el sexo, y, posteriormente, con el amor.39
La Iglesia católica sostiene que la forma del símbolo no apareció hasta el siglo
XVII, cuando Santa Margarita María Alacoque tuvo una visión del mismo
rodeado de espinas. Este símbolo se hizo conocido como el Sagrado Corazón
de Jesús, se asoció con el amor y la devoción, y empezó a aparecer a menudo
en vidrieras y otros tipos de iconografía eclesiástica. No obstante, aunque el
Sagrado Corazón probablemente popularizase el símbolo que hoy conocemos,
la mayoría de los eruditos coinciden en que ya existía desde mucho antes
del siglo XV.39
Existen otras ideas menos románticas acerca del origen. Algunos afirman que
la forma actual del símbolo surgió simplemente de burdos intentos de dibujar
un corazón humano real, el órgano que los antiguos, entre ellos Aristóteles,
creían ser el contenedor de todas las pasiones. Un importante erudito sobre la
iconografía del corazón sostiene que la imprecisa descripción anatómica que
hizo el filósofo, como un órgano de tres cámaras con la parte superior
redondeada y la inferior puntiaguda, pudo haber inspirado a los artistas
medievales a la hora de crear lo que hoy conocemos como la «forma de
corazón».40 A su vez, la tradición medieval del amor cortés pudo haber
reforzado la asociación del símbolo con el amor romántico.3941
Los corazones proliferaron cuando el intercambio de postales de San
Valentín ganó popularidad en Inglaterra en el siglo XVII. En un principio,
las cartas eran simples, pero los victorianos hicieron que fuesen más
elaboradas, empleando el símbolo del corazón en conjunción con cintas y
lazos.39
Actualmente, el símbolo está extendido por todo el mundo civilizado, y puede
encontrarse en los más diversos ámbitos, lugares y momentos, incluyendo
los naipes de diversas barajas, como la inglesa, la francesa o
la bávara, tapices, pinturas,39 y como elemento decorativo en objetos
cotidianos. También constituye el emblema de la Cardiología.42

Superstición

Mapa de las religiones predominantes en el mundo.

El carácter irracional e indescriptible de la atávica experiencia amorosa y,


probablemente, la existencia de un instinto religioso natural, hacen que otro
aspecto íntimamente relacionado con el amor sea la superstición.
El horóscopo, la adivinación, o la utilización de sustancias, objetos y rituales
con cualidades pretendidamente mágicas o milagrosas, son, entre otras,
creencias y prácticas que persisten desde la antigüedad, algunas de las cuales,
como las religiones, están fuertemente arraigadas desde hace milenios (véase
la sección Perspectiva espiritual en este mismo artículo). El advenimiento
del Racionalismo en el siglo XVII y el vertiginoso desarrollo de la ciencia en el
último siglo contribuyeron en gran medida a reducir el impacto de la
superstición sobre el pensamiento. No obstante, aún existen determinadas
culturas, como las de tribus africanas por ejemplo, donde es posible encontrar
el pensamiento puramente mágico, así como significativos sectores de la
población del mundo civilizado que, al margen de las religiones, aceptadas y
asumidas socialmente, todavía relacionan el amor con lo sobrenatural, y
testimonio de ello son las ventas de libros sobre la Nueva Era o el lucrativo
negocio de los adivinadores y cartomantes a través de medios de
comunicación como la televisión o la radio. En palabras de Helen Fisher, el
amor es el resultado de reacciones químicas, y el conocimiento de tal hecho no
es óbice para su disfrute:
Yo tengo que decirles que sí, que todo es química. Cada vez que producimos un pensamiento, o
tenemos una motivación, o experimentamos una emoción, siempre se trata de química. Sin
embargo, es posible conocer todos y cada uno de los ingredientes de un pastel de chocolate, y que
aún nos guste sentarnos y comerlo. De la misma manera, podemos conocer toda la química que hay
detrás del amor romántico –todavía no la conocemos toda, pero estamos empezando a conocerla en
parte- y aun así ser capaces de captar toda su enorme magia.
Helen Fisher, en una entrevista.43

Perspectivas sobre el amor


Perspectiva popular

Courtship (Cortejo). Óleo sobre lienzo de Edmund Blair Leighton, 1903.

Pareja de perros en «situación amorosa».


Pareja ante el mar durante una puesta de sol. La naturaleza constituye un poderoso inspirador del
amor.

Popularmente, el amor se considera un sentimiento. En los casos más


comunes, dicho sentimiento se basa en la atracción y la admiración de un
sujeto hacia otro.
Habitualmente se asocia el término con el amor romántico —una
relación pasional y sexual entre dos personas que produce una influencia muy
importante en sus vidas—, que intensifica las relaciones interpersonales entre
ambos sujetos, quienes, partiendo de su propia insuficiencia, desean el
encuentro y la unión con aquel que han juzgado ser el complemento para su
existencia.
Sin embargo, se aplica también a otras relaciones diferentes —tales como
el amor platónico o el amor familiar—, y, en un sentido más amplio, del amor
hacia Dios, el arte, la belleza, la humanidad o la naturaleza, lo que suele
asociarse con la empatía y otras capacidades. En la mayoría de los casos,
implica un gran afecto por algo que ocasiona felicidad o placer al que ama.
El amor es un concepto en contraste frecuente con el odio, el desprecio o
el egoísmo. No obstante, también está relativamente extendida la idea de que
«solo hay un paso del amor al odio (o viceversa)», y son típicas las «peleas de
enamorados», así como, en algunas personas, las relaciones patológicas de
amor-odio, producidas estas últimas, según un estudio de la Universidad de
Yale, por una autoestima baja.44 Para Helen Fisher, la convivencia del amor y el
odio en las relaciones amorosas es algo que, hasta cierto punto, tiene sentido,
ya que lo sugiere el hecho de que, en muchos
aspectos conductuales y fisiológicos, las respuestas del amor y el odio son
análogas (ver la sección Aspectos antropológicos de este mismo artículo).
Culturas como la budista consideran al apego y al deseo emociones negativas
que producen ira y sufrimiento; el amor y el ego son incompatibles. En la
filosofía budista, el amor real es el amor compasivo. Con independencia de su
origen —incluso en el caso del amor—, el apego produce sufrimiento
(espiritual). El movimiento hippie, surgido en los años 1960, presentaba en sus
inicios un acercamiento similar al apego. Asimismo, este movimiento utilizó el
amor como uno de los principales baluartes de la contracultura de los años
1960, ejemplificado en el eslogan make love, not war ('haz el amor, no la
guerra').
Cabe resaltar el uso actual de la palabra amor para designar tanto el amor
espiritual y el amor romántico como el propio acto sexual —mediante la
expresión «hacer el amor». Hasta mediados del siglo XX, esa expresión estaba
reservada para el galanteo.45
Las personas tienden a aplicar el concepto del amor de un modo intuitivo desde
y hacia otros animales (normalmente próximos en la escala evolutiva o que
muestran signos interpretables como inteligencia) y hacia otros seres vivos
como las plantas. En el primer caso, a menudo se debe a que los signos
externos al ser humano son interpretados de forma antropocéntrica; por
ejemplo, el gesto de un perro que acude a lamer la mano del dueño se
interpreta como una demostración de amor; sin embargo, los
procesos psicológicos que producen ese tipo de comportamientos en el perro
responden, según los conocimientos científicos actuales, a otro tipo de
motivaciones mucho menos complejas que las de los seres humanos, como lo
puede ser, por ejemplo, la necesidad de mantenimiento de la manada,
heredada de su ancestro evolutivo, el lobo.46 En el caso de las plantas, es el
hecho de que sepamos que la planta también es un ser vivo, como nosotros, lo
que la hace objeto de nuestro amor. En ciertos casos, se llega al extremo de
pensar que el amor en sí mismo beneficia a la planta. Y, realmente, la
beneficia, aunque de forma indirecta, a través de nuestras acciones.
Perspectiva mística y esotérica

Cuento de hadas, Toronto.

En Psicología de la posible evolución del hombre y en Cuarto Camino, George


Gurdjieff y Piotr Uspenski distinguen entre «sentir» y la «función emocional
superior» y «función cognitiva superior». El primer caso es el que está
accesible para la mayoría de las personas, y es el que se suele incluir en los
diccionarios, que definen el amor como un sentimiento. No obstante, ese
mundanal sentimiento de apego y deseo difiere mucho de lo que constituye el
verdadero amor, al que sólo se accede escalando en el nivel de conciencia
desde el ordinario hasta uno presente en pocas personas, y aún en menos de
forma permanente, y que en la mayoría de las personas que lo experimentan
sólo sucede una vez en la vida.
La subida del nivel de conciencia produce cambios a nivel de la percepción: de
repente se comienzan a encontrar significados donde antes no se veían, el
encuentro con el ser amado «parece» estar rodeado de una atmósfera de
cuento de hadas (no solo lo parece, realmente lo está pues el mundo real es
así), y el sentido de la vista se vuelve más atractivo; por ejemplo, «da la
impresión» de que se perciben más y mejor los colores, las texturas, las
formas. El ingenio se acentúa, de repente «uno» se sorprende a sí mismo con
expresiones artísticas que por momentos no reconoce como propias, y el ego
se disipa: uno pasa a ver el mundo como si viese una película de cine, de tal
modo que se olvida de sí mismo y de su pareja como cuerpos y los
acontecimientos parecen fluir de un modo más suave, más grácil, el espíritu
florece como un manantial compasivo hacia todas las cosas, y en algunos
casos se llega a la producción de experiencias «milagrosas» (realmente, sin
comillas), en las que se dan coincidencias sorprendentes (amigos que
casualmente aparecen en lugares totalmente inesperados, canciones que
comienzan a sonar en el momento adecuado, y, en general, la «sensación» de
que el mundo se adapta a los enamorados a su paso), lo cual a su vez refuerza
el amor y contribuye a profundizar en el estado aún más. Tal vez por el
implacable escepticismo del ego, y por las numerosas experiencias
microtraumáticas y estresantes que, sobre todo en ausencia del ser amado,
experimentamos en el trabajo, en el hogar, en la calle, termina por aparecer
una «masa crítica» que de forma irreversible e inevitable gana la batalla a la fe
creada en torno a la magia de la relación amorosa, que era precisamente lo
que mantenía el nivel de conciencia elevado. No obstante, son experiencias
que, al evocarlas, y debido a que se fijaron con fuerza en la memoria, aparecen
en el recuerdo, aunque como si procediesen de la nada, como sucedidas en
otro universo inalcanzable. Es lo que los enamorados suelen describir como la
«magia del amor», que suele aparecer de forma más generosa con el primer
amor verdadero de la vida, y que generalmente no dura más de unos pocos
días, y de forma discontinua, para ser sustituida por la experiencia del ego, de
la personalidad: el apego y el deseo. El individuo deja de ser creativo y se
vuelve rutinario y predecible. Desde su nuevo punto de vista en una conciencia
disminuida, y debido a que ha olvidado completamente su reciente vivencia en
un plano superior de la conciencia, él cree continuar viviéndolo como amor
verdadero, pero ya es simplemente un conjunto limitado de emociones,
experiencias y actitudes. La magia (sin comillas) se pierde y lo que antes eran
dos espíritus en uno fundidos con el universo (o con Dios, si se quiere) ahora
son vacío interior, y lo que antes era una visión paisajística, brillante, colorida,
de transparencia en el aire, donde en ocasiones, incluso, se mezclaban los
sentidos entre sí, ahora es la percepción de lo que se cree ser el «yo», que
realmente es la de un animal homínido sujeto a respuestas mecánicas, un «yo»
engañoso, pobre y fragmentado en decenas o cientos de «yoes»
desconectados entre sí.
En cuanto al sexo, en estados evolucionados de la conciencia se produce lo
que llamaremos «sexo espiritual». Es una entrega compasiva al ser amado,
donde la unión carnal constituye un elemento de máxima sacralidad: es, de
hecho, el origen de la creación de la vida. El ego no existe, y como
consecuencia se pierden todos los elementos morbosos, que son sustituidos
por sentimientos de pureza e inocencia. La tensión emocional que existe en el
sexo ordinario es sustituida por una sensación de fluidez, de flotar en el vacío,
acompañada por un flujo suave y sin límites de amor compasivo que energetiza
los cuerpos y que se expande de forma explosiva en el orgasmo.
En la novela Las Nueve Revelaciones, James Redfield explica muchos de los
fenómenos que se producen en el Cuarto Camino, incluyendo la aparición del
amor real.
Helen Fisher indica que durante el enamoramiento pueden producirse de forma
natural sustancias como la dopamina o el bupropión, lo cual podría explicar los
efectos anteriormente citados.
Perspectiva espiritual
En la cultura religiosa monoteísta, el amor suele mencionarse y ser apoyado
por Dios, como es el caso del Islam, el judaísmo y el cristianismo. Aquellas
personas cuyo amor está o se supone que está cercano al Amor Universal, o
a Dios, reciben el nombre de santos. Tanto en el budismo como en el
cristianismo, el islam, el hinduismo o el judaísmo suelen representarse con
una aureola alrededor de su cabeza. Los budas son presentados con aureolas
adicionales alrededor de todo su cuerpo.
Judaísmo

Escultura análoga a la escultura de arte pop LOVE de Robert Indiana (1977) que sustituye la


palabra «love» por ‫אהבה‬ aḥavá, en el Museo de Israel.

En hebreo, ahavá es el término más comúnmente usado tanto para el amor


interpersonal como para el amor de Dios.
El judaísmo emplea una definición amplia del amor, tanto entre personas como
entre los seres humanos y la deidad. Respecto al primer caso, en la Torah se
afirma: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18). Respecto al
segundo, a los seres humanos se les manda amar a Dios «con todo el corazón,
con toda el alma y con todas las fuerzas» (Deuteronomio 6:5), tomado de
la Mishná (un texto central de la tradición oral judía) para referirse a los buenos
actos, la buena voluntad para sacrificar la vida en lugar de cometer ciertas
transgresiones graves, la buena voluntad para sacrificar todas las posesiones,
y el agradecimiento al Señor a pesar de la adversidad (tratado de bərākhāh
9:5). La literatura rabínica se diferencia de lo anterior en cómo este amor puede
desarrollarse: por ejemplo, mediante la contemplación de los bienes divinos o
la observación de las maravillas de la naturaleza.
En lo concerniente al amor entre compañeros de matrimonio, este está
considerado un ingrediente esencial de la vida: «Observa la vida con la esposa
que amas» (Eclesiastés 9:9). El libro bíblico Cantar de los Cantares se
considera una metáfora romántica del amor entre Dios y su pueblo, pero, en su
lectura literal, aparece como una canción de amor.
El rabino del siglo XX Eliyahu Eliezer Dessler es citado frecuentemente como
definidor del amor desde el punto de vista judaico, de «dar sin esperar nada a
cambio» (Michtav me-Eliyahu, Vol. 1).
Cristianismo
La Virgen y su hijo, de Isaac Oliver (f. 1617). Aparecen la Virgen y su hijo representados con rasgos
europeos y con la aureola de santos.

En el cristianismo se entiende que el amor proviene de Dios, porque el amor es


una virtud teologal. El amor de hombre y mujer —eros en griego— y el amor
desinteresado por los demás (agápē) se contrastan a menudo como amor
«ascendente» y «descendente», respectivamente, aunque en última instancia
son una misma cosa.47
Muchos teólogos cristianos ven a Dios como fuente de amor, que es reflejado
en el ser humano y sus propias relaciones amorosas. C. S. Lewis,
influente teólogo anglicano, escribió varios libros sobre el amor,
especialmente The Four Loves. El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus
Caritas Est (o sea, Dios es Amor), también pretendió reflexionar sobre el amor
divino para con el ser humano y la relación entre el ágape y el eros.
Existen varias palabras griegas para el «amor» que se utilizan con frecuencia
en ámbitos cristianos.

 Agape: En el Nuevo Testamento, agapē es caritativo, desinteresado,


altruista e incondicional. Es el amor de los padres, visto como creador del
bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad,
y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes.

 Phileo: También usado en el Nuevo Testamento, es una respuesta


humana a algo que se ha encontrado muy agradable. También conocido
como amor fraternal.

 Las palabras eros (amor sexual) y storge (amor entre hijos y padres)


nunca se usaron en el Nuevo Testamento.
Los cristianos creen que amar a Dios con todo el corazón, mente y
fuerza (sobre todas las cosas) y amar al prójimo como a uno mismo son las dos
cosas más importantes en la vida (el mayor mandamiento de la Torah de los
judíos, según Jesús);48 San Agustín resumió este pensamiento al escribir «ama
a Dios, y haz lo que quieras».
El apóstol San Pablo glorificó el amor como la mayor de las virtudes.
Describiéndolo en el famoso poema Primera epístola a los corintios, escribió:
«El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,
no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,
no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».
1 Corintios 13:4-7.

En la Primera epístola de Juan, capítulo 4, se dice:


«Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha
nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor».
1 Juan 4:7-8.49

El apóstol San Juan también escribió:


«Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no
muera, sino que tenga Vida eterna».
Juan 3.16.

San Agustín dice que es preciso ser capaz de descifrar la diferencia entre amor
y lujuria. Lujuria, según San Agustín, es un gran vicio y pecado, pero amar y
ser amado es lo que este santo ha buscado toda su vida. Él mismo dice: «yo
estaba en el amor con amor». Finalmente, él hace caer en el amor y es amado
de vuelta, por Dios. San Agustín dice que la única persona que puede amarte
verdaderamente y plenamente es Dios, porque el amor de los hombres tiene
muchas fallas, tales como «celo, desconfianza, miedo, rabia y discordia». De
acuerdo con este santo, Dios es amor «para alcanzar la paz». (del libro: Las
Confesiones de Santo Agustín).
La iglesia católica, reafirmando las enseñanzas del su Magisterio y de
la Teología del Cuerpo del Papa Juan Pablo II, afirmó que el amor es una virtud
teologal,50 una «dádiva de sí mismo», y «es lo opuesto al desamor».51 Aplicado
en las relaciones conyugales humanas, el amor verdaderamente vivido y
plenamente realizado es una comunión de dádiva mutua de sí mismos, «de
afirmación mutua de la dignidad de cada pareja» y un «encuentro de dos
libertades en entrega y receptividad mutuas».52 Esa comunión conyugal del
hombre y de la mujer es un icono de la vida de la Santísima Trinidad y lleva no
solo a la satisfacción, sino también a la santidad.53 Ese tipo de relación
conyugal propuesta por la Iglesia exige permanencia y
compromiso matrimoniales.54 Por esa razón, la sexualidad es una fuente de
alegría y placer,55 no ejerce solo la función de procrear, sino que también juega
un papel importante en la vida íntima conyugal. 56 La relación sexual conyugal
es considerada como la gran expresión «humana y totalmente humanizada»
del Amor idealizado por la Iglesia, donde el hombre y la mujer se unen y se
complementan recíprocamente.57 Todo este amor conyugal propuesto por la
Iglesia requiere fidelidad, «permanencia y compromiso», que solo puede ser
auténticamente vivido «en el seno de los lazos del Matrimonio» y en
la castidad conyugal.58
El islam y otras creencias árabes
En cierto sentido, el amor abarca la visión islámica de la vida como una
hermandad universal que se aplica a todos los que mantienen la fe. No existen
referencias directas que afirmen que Dios es amor, pero entre los 99 nombres
de Dios (Allah), existe el nombre de Al-Wadūd (‫)الودود‬, o «el Amante», que se
encuentra en la Azora 11:90 y en la Azora 85:14. Se refiere a Dios como
«pleno de amorosa amabilidad». Todos los que tengan fe tendrán el amor de
Dios, aunque el grado de amor recibido y el esfuerzo puesto para conseguirlo
depende del individuo en sí mismo.
Ishq, o el amor divino, es el tema principal del sufismo. Los sufís creen que el
amor es una proyección de la esencia de Dios sobre el universo. Dios desea
reconocer la belleza, de modo que, cuando, por ejemplo, alguien se mira en un
espejo, es Dios quien se «mira» a sí mismo dentro de la dinámica de la
naturaleza. Ya que todo es un reflejo de Dios, la escuela del sufismo practica
ver la belleza dentro de la aparente fealdad. El sufismo se refiere a menudo a
ello como la religión del amor. Dios aparece en tres términos principales, que
son el Amante, el Amado y el Amor, pudiéndose encontrar el último de estos
términos frecuentemente en la poesía sufí. Un punto de vista común es que, a
través del amor, la humanidad puede volver a su pureza y gracia inherentes.
Los santos sufistas son tristemente célebres por estar «borrachos» debido a su
amor divino; por lo tanto, es constante la referencia al vino en la poesía y la
música sufís.
La palabra «amor» aparece en el Corán más de 80 veces en diferentes formas
y significados; todas las aleyas que incluyen la palabra «amor», sean positivas
o negativas, aseguran la grandeza del valor del amor en establecer las
relaciones en sus diferentes formas y círculos.59
Algunos ejemplos:
«Al·lâh traerá a otros a los que amará y por los que será amado».
TSQ60 La sura de Al-Ma’ida «La Mesa Servida», aleya 54.
«Di: Si amáis a Al·lâh, seguidme, que Al·lâh os amará y perdonará vuestras faltas. Al·lâh es
Perdonador y Compasivo».
La sura de ‘Al ‘Imrân, «La Familia de ‘Imrân», aleya 31.
«Y pedid perdón a vuestro Señor y volveos a Él, pues es cierto que mi Señor es Compasivo,
Afectuoso».
La sura de Hûd, aleya 90.

En el islam, existe una poderosa imbricación entre las leyes de Alá y las leyes
de los hombres. Dentro de este marco, el amor se manifiesta en diversos
círculos: El amor hacia Al·lâh, El amor hacia el Mensajero de Al∙lâh, El amor del
musulmán hacia el musulmán, El amor dentro de la familia musulmana, El amor
hacia el no musulmán, El cariño entre el gobernante y el gobernado. 59
El quinto círculo: el amor hacia el no musulmán
Según el Corán, Al∙lâh es El Afectuoso, El Muy Misericordioso y El Que ama a
los equitativos y detesta a los injustos. La justicia es el mejor pilar para el amor
entre la gente. La misericordia de Al∙lâh y los valores islámicos grandes y
sublimes hacen del amor un espacio amplio que abarca a toda la gente. El
primer paso que conduce a este amor es abrir las puertas del reconocimiento
de los unos a los otros. Al·lâh, Enaltecido y Glorificado dice [lo que podemos
traducir como]: «¡Hombres! Os hemos creado a partir de un varón y de una
hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconocierais
unos a otros. Y en verdad que el más noble de vosotros ante Al·lâh es el que
más Le teme. Al·lâh es Conocedor y está perfectamente informado». 5961 En
otra azora aparecen estas palabras: «Y no te hemos enviado sino como
misericordia para todos los mundos».62
Al∙lâh permite al musulmán casarse con una cristiana o una judía aunque una
parte de sus creencias contradice al islam y a los hábitos de los musulmanes. Y
subraya que los cristianos son una gente digna de cariño: «...mientras que
encontrarás que los que están más próximos en afecto a los que creen, son los
que dicen: Somos cristianos».5963
Existen otras aleyas que avisan de que los casos de rechazo hacia el otro (los
no musulmanes) no son comunes, y que tampoco se aplican todo el tiempo. No
se permite tratar como enemigos a los que no ejercen enemistad contra los
musulmanes, tampoco se permite clasificarles como enemigos. Más bien,
merecen otro tipo de tratamiento: «Al·lâh no os prohíbe que tratéis bien y con
justicia a los que no os hayan combatido a causa de vuestra creencia ni os
hayan hecho abandonar vuestros hogares. Ciertamente, Al·lâh ama a los
equitativos».5964
El Corán abre las puertas del bien, del cariño y del afecto ante los que se
enemistan con los musulmanes: «Puede ser que Al·lâh ponga afecto entre
vosotros y los que de ellos hayáis tenido como enemigos. Al·lâh es Poderoso y
Al·lâh es Perdonador y Compasivo». Y entre los comentarios sobre esta aleya
está la siguiente: «El afecto después del rechazo, el cariño después del odio, y
la concordia después de la discordia. Al∙lâh es El Que Puede unir las cosas
esparcidas y dispersas. Es El Que concilia entre los corazones después de la
enemistad y la dureza y los reemplaza por el encuentro y la concordia». 59
Escribe Mahmud Nacua: «El origen en las relaciones entre la gente, por
diferentes que sean sus nacionalidades y creencias, es el hecho de
reconocerse, de tener misericordia mutua, la cooperación, la amistad y la paz.
La excepción es el estado de guerras y los combates, que son asuntos que
producen odio. Esta excepción es temporal porque el odio no permanece entre
la gente sean cuales sean las huellas de las guerras. El mundo experimentó
tanto en las pasadas épocas como en las recientes muchos ejemplos de
guerras que tuvieron lugar entre las tribus, los pueblos y las naciones. Entre un
pueblo y otro, entre una nación y otra en una cierta época, pero fueron
seguidos por acuerdos de paz, pactos y cooperación… Así es la naturaleza de
la vida, unos ciclos consecutivos. El mejor de la gente es el que utiliza los ciclos
del bien, de los acuerdos y de la paz para el desarrollo de los factores del bien
y del amor inculcándolos entre los individuos y los pueblos. Este es el camino
del Islam y este es el fundamento en el Islam».59

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