Jueves Santo: Inicio del Triduo Pascual
Las Normas universales del año litúrgico y el calendario,
documento que rige el ordenamiento litúrgico de la Iglesia
nos instruye:
Ya que Jesucristo ha cumplido la obra de la redención de los
hombres y de la glorificación perfecta de Dios principalmente
por su misterio pascual, por el cual muriendo destruyó nuestra
muerte y resucitando restauró la vida, el Triduo santo pascual
de la Pasión y Resurrección del Señor es el punto culminante
de todo el año litúrgico.
El Triduo pascual de la Pasión y de la Resurrección del Señor
comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, Tiene
su centro en la Vigilia pascual y acaba con las Vísperas del
domingo de Resurrección.
Sentido Litúrgico del Jueves Santo
Nos enseña la Iglesia:
“Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del
jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo
pascual y evoca aquella última cena, en la cual el Señor Jesús
en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta
el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a
Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y
del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen,
mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio
también los ofreciesen” (CE, 297).
Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios
que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la
Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal, y el
mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna.
Sugerencias para la Celebración Familiar
Posible ambientación Tiempo de la oración
Ya que en este momento de Puesto que se hará memoria
oración se hará memoria de de la Última Cena del Señor,
la Última Cena del Señor, se sugiere que este momento
podría realizarse en el de oración familiar tenga
comedor de la casa, en torno lugar hacia las 7 u 8 de la
a la mesa familiar. noche.
En una pared visible a todos Concluida la oración podría
se puede disponer una tener lugar un momento de
imagen de la Última Cena u compartir alimentos.
otra imagen de Jesucristo que
se tenga. También podría
estar la imagen sobre la mesa
o en un mueble cercano,
cuidando que la imagen sea
visible a todos.
Oración familiar
Reunidos todos los que participarán, podría entonarse un
canto que evoque sentido de fraternidad. Se propone Juntos
cantando la alegría o Juntos como hermanos.
Si no es posible cantar, todos pueden recitar juntos:
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección,
por él hemos sido salvados y liberados.
El padre o madre de familia, o quien haya sido escogido para
dirigir el momento de plegaria, dice, mientras todos se
santiguan:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo
Todos: Amén.
El que dirige la oración dice:
Bendito sea Dios Padre, que nos ha dado a su Hijo para
hacernos hijos suyos y hermanos entre nosotros.
Todos: Bendito sea el Señor eternamente.
Uno de los participantes, designado previamente, lee:
Este año, hoy, Jueves Santo, no podemos participar en la
Eucaristía, que actualiza aquella memorable cena en la que
Jesús indicó a sus apóstoles e inició su entrega por nuestra
salvación.
Pero somos Iglesia doméstica, la Iglesia que está viva en los
creyentes, y por eso agradecemos a Dios, porque nos permite
hacer memoria de los acontecimientos de salvación como
familia, en el calor del hogar.
La intimidad familiar nos ayuda a empatizar con la intimidad
del cenáculo, en la Última Cena de Jesús. Abramos nuestro
corazón para acoger la palabra de Jesús. Es la Palabra de
quien, amándonos hasta el extremo, nos hace el legado de
un modo de vida que, en familia, ante todo, hemos de vivir.
Dispongámonos a experimentar la certeza de los cristianos:
Jesús está en medio de nosotros, porque donde dos o más se
reúnen en su nombre, allí está él.
Uno de los presentes lee la lectura de la primera carta a los
Corintios 11, 23-26:
Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios:
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del
Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús,
en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y,
pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es
mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en
conmemoración mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de
cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi
sangre; cuantas veces beban de él, háganlo en
conmemoración mía». Por eso, cada vez que ustedes comen
de este pan y beben de este cáliz, anuncian la muerte del
Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios
Terminada la lectura puede cantarse el estribillo:
Todos: EUCARISTÍA, MILAGRO DE AMOR EUCARISTÍA,
PRESENCIA DEL SEÑOR.
A continuación, alguno de los presentes lee el evangelio de
san Juan 13, 1-15:
Lectura del Santo evangelio según san Juan:
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había
llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo
amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el
extremo. Estaban cenando, cuando el diablo ya había metido
en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de
entregar a Jesús. Jesús, sabiendo que el Padre había puesto
todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se
levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla,
se la ciñe; luego echa agua en un lavatorio y se pone a lavarles
los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había
ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme
los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo
entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le
contestó: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Simón
Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos
y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita
lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También
ustedes están limpios, aunque no todos». Porque sabía quién
lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso
otra vez y les dijo: « ¿Comprenden lo que he hecho con
ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen
bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor,
les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies
unos a otros; les he dado ejemplo, para que lo que hice con
ustedes, ustedes también lo hagan».
Palabra del Señor
En un momento de silencio se puede hacer una meditación en
torno a las siguientes preguntas y se puede poner en común,
libremente, lo meditado. También podría hacerse una puesta
en común acerca de la Palabra de Dios escuchada,
prescindiendo de las preguntas. También podría simplemente
hacerse un silencio breve y continuar con la oración. Esta guía
es una propuesta adaptable.
Preguntas para la Reflexión
¿Valoro el don que Jesús nos ha hecho y ya las primeras
comunidades celebraron, como testimonia la primera
lectura? ¿Es importante para mí la Eucaristía como memoria
de la entrega de Jesús por mí, por nosotros?
¿Qué suscita en mí la imagen de Jesús lavando los pies a sus
discípulos, en actitud de sirviente, según el uso de la época?
“Si yo el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también
ustedes deben lavarse los pies unos a otros”: ¿Entiendo que
ser discípulo de Jesús me compromete a hacerme servidor
de los hermanos, como Él?
¿Percibo la conexión entre participar de la Eucaristía y ser
servidor de los demás?
El amor a Jesús se ha de demostrar en obras. ¿Estoy
dispuesto a seguir su ejemplo, como él lo pide, amando y
sirviendo a los hermanos?
Luego de la reflexión en silencio y/o compartida, si ha tenido
lugar, uno de los presentes dice:
Cuando hemos participado en la misa de Jueves Santo,
veíamos que el sacerdote lavaba los pies a algunos fieles.
Imitando el gesto de Jesús, el sacerdote, lavando los pies, nos
recordaba que si creemos en Jesús hemos de amar como Él,
sirviendo efectivamente a los demás.
En la Última Cena, que fue un momento constitutivo de la
Iglesia, Jesús, nuestro Señor, estableció la norma fundamental
que hemos de vivir quienes en Él creemos: amarnos unos a
otros. Y como lógica consecuencia de ese amor, hacernos
servidores de los demás.
Dijo Jesús a sus discípulos:
«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros
como yo los he amado».
Todos: «En esto conocerán todos que son discípulos míos: si
se aman unos a otros».
Permanecen en ustedes la fe, la esperanza, el amor, estas tres:
la más grande es el amor.
En este momento, los presentes pueden realizar un gesto
simbólico que exprese el deseo de vivir el amor fraterno que
Jesús dispuso como distintivo de sus discípulos
Símbolo de Fraternidad
Puede ser la expresión verbal de un compromiso de amor y
servicio que se hace para con los demás miembros de la
familia. Puede ser un pensamiento escrito que uno entrega
a otro miembro de la familia. Puede ser un gesto de
reconciliación si alguna desavenencia conviene sanarse. O se
puede cantar algún canto que sea compromiso de que se
reafirma la convicción de querer vivir según el estilo de
Jesús, por ejemplo: Un mandamiento nuevo nos dio el
Señor o Amar es entregarse.
Quien dirige la oración comunitaria invita a la plegaria:
En esta noche que introduce el Triduo Pascual, remitiéndonos
al cenáculo, nos adentramos en el misterio de la entrega de
Jesús. La Eucaristía, que Jesús instituyó, es Pan para la vida del
mundo, porque nos hace partícipes del amor de Aquel que se
entrega por todos y nos impulsa a vivir la comunión fraterna
y el servicio solidario.
Agradecidos al Señor, que ha querido quedarse con nosotros
en el misterio eucarístico y que nos permite transmitir su amor
a los demás, cumpliendo el mandato de amar como Él nos
amó, elevemos nuestra alabanza y nuestra súplica.
Lector: Te damos gracias, Señor Jesús, por el sacramento de
la Eucaristía, que nos has dejado como signo eficaz de tu
presencia amorosa.
Todos: Que valoremos ese inmenso don que nos haces y
aprendamos a salir de nosotros mismos, entregándonos a los
hermanos en el servicio fraterno y solidario, aun en las
pequeñas cosas de la vida cotidiana.
Lector: Te agradecemos, Jesús, Señor nuestro, porque nos
dejaste el mandamiento del amor, camino de verdadera
realización humana.
Todos: Concédenos la gracia de reconocer tu rostro en cada
hermano, especialmente en los más pequeños y vulnerables,
y sirviéndoles a ellos, podamos servirte a Ti.
Lector: Te agradecemos porque donaste a tu Iglesia el
ministerio sacerdotal, te agradecemos por el papa Francisco,
nuestro arzobispo Carlos, los demás obispos, los sacerdotes,
en especial por aquellos que nos guían en nuestra comunidad
o son cercanos a nosotros porque nos han ayudado a caminar
en la fe en algún momento de nuestra vida.
Todos: Renueva en ellos la efusión del Espíritu Santo que los
ungió, para que por medio de su testimonio y servicio
ministerial hagan presente tu amor en medio de aquellos a
quienes sirven.
Lector: Te agradecemos, Jesús, porque nos enseñaste con tu
vida entera y con el gesto del lavatorio de los pies, a hacernos
servidores de los demás.
Todos: Te pedimos por el personal médico y de enfermería,
personal técnico, de servicio y mantenimiento de los centros
sanitarios para que continúen trabajando en las circunstancias
de esta pandemia, con entrega generosa, con espíritu fraterno
y solidario. Alivia su cansancio; aviva su solidaridad; sana sus
posibles angustias y temores.
Lector: Te agradecemos, Jesús, porque te entregaste a la
muerte para darnos vida eterna y verdadera.
Todos: Te pedimos hoy que concedas esa vida eterna a
quienes han salido de este mundo en los días pasados a causa
del coronavirus y a quienes ven que se acerca el final de su
existencia, a causa de la enfermedad, concédeles la serenidad
para afrontar el paso de este mundo al Padre como Tú lo
viviste, abandonándote a la voluntad del Padre. Y a quienes
han perdido a un ser querido, confórtalos con la esperanza de
la vida eterna que solo Tú puedes donar.
El que dirige la oración dice:
Con Jesús, hagámonos cargo de las angustias y sufrimientos
de tantos hombres y mujeres en esta hora de la historia. Con
Jesús, renovemos nuestra confianza en el amor del Padre que
no abandona a sus hijos y, fieles a la enseñanza del Maestro,
digamos juntos:
Todos: Padre nuestro...
El que dirige la oración dice:
Jesús, Maestro y Señor, que, habiendo amado a los tuyos, que
somos nosotros, nos amaste hasta el extremo y por eso nos
dejaste el sacramento de tu Presencia viva y verdadera que
nos ayuda a vivir el mandamiento del amor, ayúdanos a
aprender cada día cómo amar y servir a los hermanos, para
transparentar tu amor hacia ellos, haciéndonos verdaderos
discípulos y misioneros tuyos. Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos.
Todos: Amén.
Y santiguándose dicen:
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna. Amén