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ABC de La Liturgia Pontifical

El Pontifical Romano es el libro litúrgico que contiene las fórmulas y rúbricas para las celebraciones reservadas a los obispos, como la confirmación, las órdenes sagradas y la dedicación de iglesias. Ha sido objeto de varias revisiones a lo largo de los siglos para adaptarlo a las nuevas orientaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II. Contiene los ritos para la confirmación, las órdenes sagradas, la consagración de vírgenes y la dedicación de iglesias y alta

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ABC de La Liturgia Pontifical

El Pontifical Romano es el libro litúrgico que contiene las fórmulas y rúbricas para las celebraciones reservadas a los obispos, como la confirmación, las órdenes sagradas y la dedicación de iglesias. Ha sido objeto de varias revisiones a lo largo de los siglos para adaptarlo a las nuevas orientaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II. Contiene los ritos para la confirmación, las órdenes sagradas, la consagración de vírgenes y la dedicación de iglesias y alta

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Pontifical Romano.

Libro litúrgico

El Pontifical Romano es el libro litúrgico que contiene las fórmulas y rúbricas de las
celebraciones reservadas a los obispos y a quienes tienen la facultad de celebrar
pontificalmente (prelados y abades). Comprende los ritos de confirmación, las órdenes
sagradas, la dedicación de una iglesia y las demás consagraciones y bendiciones propias de
la misión del obispo o de quienes reciben algún encargo en calidad de ordinario. 

Historia del Pontifical Romano

Desde muy antiguo se fueron elaborando libros que contenían las oraciones y las rúbricas
para las celebraciones presididas por el obispo. Con el tiempo se vio la necesidad de
agrupar en un solo volumen todas estas celebraciones. De esta manera el Papa Clemente
VIII (1592-1605), por medio de la bula “Ex quo in Ecclesia Dei”, del 20 de febrero de
1596, promulgó de manera oficial dicho libro, el que desde ese momento llevaría el
nombre de Pontificale Romanun. Esta edición típica substituyó obligatoriamente los
diversos pontificales que venían siendo usados en la Iglesia, los cuales recibían los nombres
más variados (Liber Pontificalis, Liber Sacramentorum, Liber Officialis, Ordinarium
Episcopale e incluso Bendicionale). 

En los siglos siguientes, el Pontifical fue objeto de algunas modificaciones menores bajo
Urbano VIII (1944) y Benedicto XIV (1752). León XIII publicó una nueva edición típica
en 1888. El 20 de febrero de 1950 se incluyeron las reformas correspondientes al rito de la
ordenación que proveían de la constitución apostólica Sacramentum Ordinis (1947),
mediante la cual  el papa Pío XII precisó la materia y la forma del sacramento del orden.
San Juan XXIII promulgó en 1962 una tercera edición típica que estuvo vigente hasta la
reforma litúrgica del Vaticano II.

A propósito de la reforma de la liturgia suscitada por el Concilio Vaticano II, el Pontifical


fue completamente revisado para adaptarlo a las nuevas orientaciones litúrgicas y su
contenido comenzó a publicarse en volúmenes separados, uno para cada sacramento.
Algunas conferencias episcopales han editado en un solo volumen estas celebraciones bajo
el nombre de Pontifical Romano.

En las Iglesias orientales, el equivalente del Pontifical es el Archieratikon. Este libro se


edita habitualmente con un gran formato y contiene los ritos de ordenación y de
consagración de una iglesia, pero también algunas partes de las Vísperas, los Maitines y la
Divina Liturgia que corresponden de forma exclusiva a los obispos.

Estructura del Pontifical Romano

El Pontifical está constituido, como ya hemos visto, por las distintas celebraciones propias
del obispo o de quienes son ordinarios como los abades. Las celebraciones que están
contenidas en el mismo pueden ser ordenadas así:
- Ritual de la Confirmación (1976). Se celebra normalmente durante la misa, o al menos
después de una liturgia de la palabra. La renovación de las promesas bautismales pone de
manifiesto su relación con el bautismo. El ministro es el obispo (o el sacerdote que tiene
licencia especial para ello), pero pueden ayudarle otros sacerdotes en la crismación.

- Ritual de ordenación del diácono, del presbítero y del obispo (1977). Estos son los
ministerios ordenados. El conjunto de los ritos, aunque conserva los textos esenciales de la
tradición, resulta más ordenado, dando mayor relieve a la imposición de manos y a la
oración consagratoria, y menos a los ritos suplementarios. La restauración de la
concelebración hace más sencillos los ritos de la ordenación del obispo y de los presbíteros.
 
- Ritual para instituir acólitos y admitir candidatos al diaconado y al presbiterado, y para la
promesa de observar el celibato. Ritual de la consagración de vírgenes. Ritual de la
bendición de un abad o una abadesa. Se trata de tres ritos diversos. Los ministerios
instituidos son los del lector y del acólito (se han abolido los del ostiario y del exorcista,
como también el subdiaconado). Son dos las novedades a este respecto: a) el ministro no es
ya el obispo, sino el ordinario (esto significa que en las órdenes y congregaciones religiosas
puede serlo el superior mayor); b) los candidatos son laicos (que permanecen tales), los
cuales pueden aspirar o no a las órdenes. La consagración de vírgenes es un rito
antiquísimo y venerable, por el que una virgen (religiosa o no) consagra públicamente su
virginidad como signo de la iglesia virgen que sólo tiene a Cristo por esposo. La bendición
de un abad o de una abadesa se ha creado ex novo, porque en el viejo Pontifical tenía más
el aspecto de una ordenación episcopal. Los nuevos textos expresan mejor la función del
padre y maestro de una comunidad monástica.

- Ritual de la bendición del óleo de los catecúmenos y enfermos y de la consagración del


crisma. Ritual de la dedicación de iglesias y de altares (1980). El primer rito, que se ha de
celebrar durante la misa crismal de jueves santo (mañana) en las catedrales, donde el obispo
concelebra con su presbiterio, trae los textos tradicionales (con ligeras adaptaciones) de la
bendición de los óleos santos. Los otros dos ritos se han renovado y simplificado
sustancialmente, de suerte que forman con la celebración de la eucaristía, que es cumbre del
rito, una sola acción ritual.

Importancia del Pontifical Romano

Dado que las celebraciones litúrgicas presididas por el obispo revisten una particular
importancia en la vida de la iglesia diocesana, conviene que éstas sean convenientemente
preparadas para que se hagan conforme a la normativa eclesial y a la vez expresen el genio
y la manera de ser de la Iglesia local.

Por esa razón conviene que tanto el obispo que va a presidir dichas celebraciones, así como
quienes están involucrados en la realización y preparación de las mismas conozcan las
rúbricas, las paenotandas y los textos de los ritos que se han de desarrollar. El criterio para
la ejecución de dichas celebraciones lo constituye la participación “plena, consciente y
activa” de todos los que constituyen la asamblea celebrativa.
Conocer y usar el Pontifical Romano garantiza la calidad de las celebraciones y es una guía
segura para que las mismas puedan ser celebradas de manera expresiva según la identidad
de cada iglesia local.

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