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AUTOEXIGENCIA

El documento argumenta que la autoexigencia y necesidad de control excesivas solo producen malestar en lugar de bienestar. Propone analizar si las metas son realistas y deseadas o impuestas, y distinguir entre lo que se debe hacer y lo que se quiere hacer para liberarse de la presión y estrés de las obligaciones autoimpuestas.
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AUTOEXIGENCIA

El documento argumenta que la autoexigencia y necesidad de control excesivas solo producen malestar en lugar de bienestar. Propone analizar si las metas son realistas y deseadas o impuestas, y distinguir entre lo que se debe hacer y lo que se quiere hacer para liberarse de la presión y estrés de las obligaciones autoimpuestas.
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La autoexigencia y la necesidad de control excesivas, lejos de ayudarnos a ir

más allá y procurarnos bienestar, solo nos producen malestar.

La exigencia excesiva
Esa necesidad impuesta por alcanzar una meta nos puede llevar a la creencia
errónea de que se puede y se debe lograr la perfección en todas o la mayoría
de las áreas de nuestra vida.

Plantearnos metas le da sentido a nuestra vida, el problema surge cuando


son metas inalcanzables, ya sea porque se crearon a partir de ideales o
porque los objetivos que nos marcamos no son realistas, “nunca llegaré tarde al
trabajo”.
Debo vs. Quiero, un debate común:
• Comencemos por replantearnos si las metas que nos proponemos dependen
única y exclusivamente de nosotros; es decir, si son asequibles en función de
nuestras cualidades o recursos personales y también de nuestras circunstancias,
el entorno y las relaciones.

• Luego, pensemos si de verdad queremos emprender el camino hacia ese fin o


en realidad o lo sentimos como una obligación impuesta por la sociedad, el
entorno o por nuestras propias creencias sobre ese ideal de excelencia.

META Analiza tus circunstancias, Realmente queremos esa meta o


entorno, relaciones… para nos viene impuesta desde fuera.
conseguirlas En caso afirmativo, para que nos
sirve?

Es bueno que nos animemos a llevar a cabo la siguiente tarea reflexiva: separaremos en
dos columnas las cosas que hacemos al cabo del día, en función de sí las sentimos como
una obligación o forman parte de nuestras elecciones. En la primera, escribiremos “Debo
o tengo que” y en la segunda “Quiero o me gustaría”. Veamos un ejemplo muy sencillo:
“Debo quedarme este fin de semana en casa porque tengo que limpiar, poner lavadoras y
planchar. Sin embargo, quiero irme a la playa porque me gustaría desconectar de toda la
semana de trabajo y tumbarme a descansar”.

Cuando nos encontramos ante esta tesitura, la mente comienza a realizar un balance
de pros y contras por cada una de las opciones “adelantar las tareas de casa ”o“
descansar en la playa“. Y aquí es donde emerge la necesidad de control, de estructurar
nuestra vida en función de lo deseable, de lo que se espera de nosotros o del ideal que
hemos articulado en nuestra cabeza.
Incluso boicoteamos nuestro deseo de ir a la playa con la excusa de que si vamos, el
lunes tendremos mucha más tarea acumulada, la de la casa y la del día a día del trabajo,
colegio, compromisos, etc. Y es esta anticipación ansiosa y negativa la que provoca la
angustia por tenerlo todo atado, la obsesión por aprovechar el tiempo y el miedo a no ser
productivos.

Elegir tomar las riendas de nuestra vida sin autoexigencias nos liberará del estrés, la
presión, la frustración o impotencia que nos generan las obligaciones autoimpuestas a
partir de un ideal de excelencia o perfección.

Al liberarnos de esta carga nos damos permiso para lo siguiente:


•Ser nosotros mismos, sin jueces internos que critiquen lo bien o mal que hacemos las
cosas.
•Querernos tal y como somos, asumiendo los errores que podemos cometer y
valorando nuestras cualidades personales.
•Ser asertivos, diciendo “no” de vez en cuando sin sentirnos culpables.

•Dedicarnos tiempo, cuidando de nuestra salud física y mental.


•Reconocer nuestros logros, valorando el esfuerzo empleado para alcanzarlos.
•Ser nuestra prioridad, escuchando las necesidades que tenemos sin creernos egoístas
por hacerlo.

Emprender el camino hacia el autoconocimiento, entendiendo como funcionamos.

•Trabajar en la gestión emocional, sacando de nuestra vida lo que nos genera malestar.

•Elegir con libertad, equilibrando la balanza de los “debo” y “quiero”.

•Cambiar el enfoque de nuestra vida persiguiendo una felicidad basada en nuestra salud y
bienestar.

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