El Siglo Del Diablo
El Siglo Del Diablo
Otra Pérdida
Otro Retorno
—Un Collage—
Tobías Dannazio
PRÓLOGO
{o, de dónde salió esta vaina}
Hace poco más de un año que Miguel llegó a mi casa con una caja
llena de cuadernos y libretas para que se las guardara. También me
dejó un disco duro (dañado) y un par de pendrives de 2 gigas, llenos
de libros raros y videos: algunos eran imágenes caleidoscópicas y
video-arte, otros, porno y gore —o porno-gore— que bajaba de
páginas asiáticas y de Europa-oriental.
Lo que le entendí es que ahí estaba toda su obra y el material de
sus investigaciones.
Me parece que el mayor mérito de la producción del camarada
Macías reside en la peculiaridad de sus temas, y no tanto en la
intrepidez de sus abordajes, suficientes, empero, para alcanzar sus
curiosas pretensiones.
Seis meses después de su visita entendí que a lo mejor nunca
regresaría por la caja, y quise echar un vistazo al contenido. Había
muchas notas para ensayos que nunca escribió, y algunos poemas
largos, muy exagerados y cacofónicos.
Entre todo esto me llamó la atención un libro deficientemente
encuadernado, sucio y lleno de pegotes de colbón: el Libro del
Apocatástasis, decía; también vi una segunda versión (más larga) de
su Primer Manifiesto Negacionista, y una serie de libretas que
parecían contener todo el germen de sus conclusiones acerca de la
experiencia teológica del negar.
Me parece que este texto serviría como ampliación para los
argumentos en sus manifiestos, y como suplemento indirecto y
prolongación (o hasta secuela) para La Pérdida y el Retorno, un relato
que le escribí hace algunos años, cuando éramos más amigos. El
cuento poetizaba la muerte de la querida Melissa y parodiaba el estilo
barroco y las perspectivas románticas del camarada Macías. Lo escribí
para subirle un poco el ánimo.
2
Mala idea. Un rotundo fracaso…
Hace un par de años que me distancié de la secta de la negación.
Podría decirse que con el trabajo de campo para la redacción definitiva
de la primera mitad de La Mariamulata, nace y muere mi interés por
el asunto.
Entre estas libretas había cuatro (particularmente ajadas) cuyos
contenidos parecían confluir en nodos relativamente independientes.
En la nota que dispuse a continuación, Miguel comenta su
decisión de seguir escribiendo en una sola libreta, mas no se cumple.
Escribe de cualquier manera y en cualquier parte (de atrás para
adelante, sobre la margen, entre líneas, detrás de hojas impresas, en un
archivo de word marcado como reptra2 y otro de bloc de notas que
dice diaBloxxb), así que para ensamblar esta versión (de un modo más
o menos coherente) tuve que cortar y reacomodar los fragmentos en el
orden que me pareció más adecuado.
Un collage, que reúne las reflexiones para abordar un ensayo
apenas posible. Para mí, arqueólogo chatarrero, supuso un ejercicio
interesantísimo cortar y pegar estos materiales. Cut-up: découpé. Para
Macías debió significar algo similar.
Es un monstruo de Frankenstein, hecho de pensamientos
divagando a una velocidad que ninguna pluma o teclado podría seguir:
no al menos si pretende asignarse un orden estricto.
No hay mucho que pueda decir acerca del contenido. La parte
más propositiva e inteligible es sobre el diablo y el apocalipsis, y la
más técnica (pero a la vez divulgativa) es sobre el idealismo y los
males del siglo XXI. Toca así muchos vértices, pero vuelve una y otra
vez sobre las mismas ideas de base, rodando en torno a los ejes de lo
que sea que entienda por conceptos como negación, realidad o
cinismo cultural o idealismo. También están los fragmentos que
describen experiencias o pensamientos cotidianos de Miguel, casi
siempre relacionados con Melissa y su muerte. Al comienzo pensé en
quitarlos, pero a medida que editaba fui entendiendo que eran
inseparables; eran la chispa: daban motivos y peso a lo demás.
3
Parece lo suficientemente entendible, o al menos orbita con
eficacia verbal alrededor del puñado de premisas y obsesiones de las
que parte.
Después de ensamblar todos los pedazos me gustó lo que quedó.
Llamé a Miguel y le pedí que me dejara publicarlo. Contestó que no
valía la pena, que la semana entrante se iba para Alemania y ya no
estaba interesado en nada que tuviera que ver con la secta
negacionista, el diablo o el ‘mundillo de las artes y las letras’.
Tampoco le interesaría mucho saber de mi persona, por
extensión.
En todo caso también me indicó que, ya que nada de esto
guardaba significado alguno para él, era libre de hacer lo que me
viniera en gana con los papeles. Sólo me pidió que los publicara de
manera anónima, y esa era la idea, pero al final no fui capaz.
Reacomodé las partes, llené los huecos que pude y dejé [entre
corchetes] las anotaciones que él iba poniendo en incisos
desordenados, tratando de unificar el formato. También traduje las
citas que no estaban en español. Hice lo posible por descifrar toda la
caligrafía, pero hubo fragmentos que no logré transcribir. Como no
soy un filólogo, no me interesé por marcar en qué sitios quedaron las
omisiones, a fin de cuentas, se trata de un ejercicio de (re)lectura
irremediablemente fragmentario. Me conformé con poner referencias
para las citas que no las tenían, y eliminar las alusiones que no pude
identificar.
En alguna de las libretas figura un plan de impresión y
ordenamiento para la versión definitiva; allí, entre tachones y
palimpsestos, indica los apartados en que el texto iría dividido. Estos
segmentos no estaban suficientemente desarrollados: a veces ni
siquiera se correspondían con nada de lo escrito, así que opté por
obviarlos, y dividirlo todo en tres bloques principales.
En teología (Ω1) puse los apuntes centrados en el demonio, y
sólo unos pocos comentarios acerca del estado actual de las cosas; en
filosofía (Ω2) puse aquellas impresiones que versaban acerca del
4
cinismo, nihilismo e idealismo, anudándolas a una pequeña selección
de fragmentos teológicos afines. En literatura (Ω3) puse algunas
aproximaciones críticas o hermenéuticas que ayudan a redondear el
resto. Estos apartes van a su vez subdivididos en ideas o trozos
intercalados lo más ‘dialécticamente’ que me fuera posible, a la
manera de un libro de aforismos, reflexiones o reseñas. Son partes
desencajadas entre sí, pero con aspiraciones concéntricas.
También puse algunos conceptos y expresiones en cursivas,
queriendo rescatar un cierto carácter sistémico (a lo mejor esto sí haya
constituido un abuso de confianza).
Así quedó, una especie de ensayo. Prosa de ideas, pero en un
estilo muy peculiar, y enmiendas emocionales y anécdotas agridulces
por dentro.
Le puse el nombre del camarada Miguel, pese a su reticencia, y
el mío propio como editor/coautor. El ejercicio de escritura es suyo,
pero el collage lo hicimos los dos, cada uno a un nivel diferente.
Pienso guardarle algunos ejemplares para cuando vuelva, o
mandárselos a Europa, o al menos pasarle el archivo digital si es que
no vuelve, o si se niega a encontrarse conmigo ‘en persona’.
Si se quejara por las libertades que me tomé con el tema de la
autoría, le diría que no tiene ningún derecho. Uno no puede abandonar
un huérfano-deforme en la puerta del bienestar familiar, y luego
volver para quejarse de que alguien lo haya registrado con el apellido
de uno.
También le diría que recuerde que él no cree en las ‘falsedades
de la identidad’. Siempre decía que todos somos ‘el mismo-nadie’, y,
si es así, ninguno de los dos escribió ni publicó nada, y no tendría por
qué revirar.
Toby D.
duodécimo-año-de-la-gran-bestia…
5
Humankind lingers unregenerately in Plato's cave,
still reveling, its age-old habit, in mere images of
the truth. But being educated by photographs is not
like being educated by older, more artisanal images.
Stände nur Marx noch neben mir, dies mit eignen Augen zu sehn!
6
Friedrich Engels2
------------------♦♦♦-----------------
Como Melissa se murió ahora tengo más tiempo libre. Es como
cuando se iba de viaje, pero permanente.
{…}
Desde que me dijeron que se había muerto empecé un cuaderno
de citas y anotaciones para escribir un ensayo sobre el idealismo. En
otro cuaderno quise hacer un diario registrando lo que estaba
sintiendo; pensaba que el recaudo emocional me serviría como una
serie de pistas para encaminar las intuiciones del proyecto. Al final
anotaba cosas sobre Melissa en la bitácora para el ensayo, e ideas de
Hegel y Schopenhauer en mi diario íntimo de duelo. Así me di cuenta
de que no sirvo para llevar diarios íntimos; básicamente porque no
entiendo qué es la intimidad.
Dejé un solo cuaderno, que habla de nada y de todo a la vez.
Porque todo me parece lo mismo, nada es bueno o malo,
personal o público. Solamente hay carga, fuerza positiva o negativa,
como en los viejos modelos energetistas.
{…}
«Todas las cosas se intercambian por fuego y el fuego por todas
las cosas, como las mercancías se intercambian por oro, y el oro por
las mercancías.»3
2
En Manifest der Kommunistischen Partei. Vorwort zur vierten deutschen Ausgabe von 1890.
3
En Heráclito de Éfeso. Fragmentos. 22. (B90). Enumeración de Diels-Kranz y Walzer. «Πυρός
τε ἀνταμοιβὴ τὰ πάντα καὶ πῦρ ἁπάντων ὅκωσπερ χρυσοῦ χρήματα καὶ χρημάτων χρυσός.»
7
Algo me importa, o no lo hace, independiente de que haga parte
de la esfera personal y social, o de las distracciones, vaguedades y
tecnicismos que atraen la miopía del intelecto.
{…}
Lo más probable es que al final ni siquiera escriba el dichoso
ensayo.
------------------♦♦♦-----------------
1
Ω
{θεολογία}
8
theologĭa
4
En Los Tapetes del Cielo. Poema inédito, disponible en los archivos del nadaísmo de la
Biblioteca Pública Piloto.
9
*
Hace casi un siglo que el idealismo sistemático y autoproclamado se
consideraba extinto, pero su muerte es algo impensable.
[considerar principios más herméticos, pero dejar este párrafo
también]
*
Con los años se ha hecho imposible desligar nuestra civilización
de un cierto ideal engañoso, y todo lo que engaña —pero a la vez
proyecta una poderosa luz de autoconciencia—, pertenece a los
dominios de Lucifer; «esa sombra de lo divino puede aparecer en
nuestros sentidos como luz. El demonio puede ser para nosotros luz.»5
El «ángel del abismo»6, «vuestro adversario»7, «acusador de
nuestros hermanos»8, «príncipe de los demonios»9, «serpiente
tortuosa»10, «gran dragón [que] engaña al mundo entero»11, «enemigo
5
En Bergamín, J. La Importancia del Demonio.
6
En La Biblia. Apocalipsis 9:11.
7
Op. cit. Pedro 5:8.
8
Op. cit. Apocalipsis 12:10.
9
Op. cit. Mateo 12:24.
10
Op. cit. Isaías 27:1.
11
Op. cit. Apocalipsis 12:9.
10
que sembró [y] siega el fin del mundo» 12, «gran dragón rojo [con]
siete cabezas y diez cuernos»13, «príncipe de este mundo»14, «príncipe
de la potestad del aire, espíritu que ahora opera en los hijos de la
desobediencia»15, «el tentador»16, «el maligno»17, «espíritu inmundo
[que] sale del hombre»18: amo de la culpa: señor de la cultura y de
todas las sociedades occidentalizadas del siglo XXI.
[considerar los epítetos musulmanes que puedan parecer
simbólicamente útiles a la exégesis: al-waswās ( َواسiii)ال َو ْس, el
susurrador; al-jannās ()ال َخنَّاس, el esquivo y al-rayīm (رجيمiii)ال, el
lapidado]
*
Dado que no hemos podido superar el idealismo, que a duras
penas pudimos enmascararlo y ponerle otros nombres, la raíz
fundamental de nuestras penas sigue siendo propiamente teológica. En
la medida que el idealismo sistematiza una dialéctica de la cristiandad,
la llegada del anticristo abre el fin de la historia hegeliano (en clave
Kojèv/Bataille).
La antropología de Hegel —indica Bataille— «es la de la
tradición judeo-cristiana, que subraya en el Hombre la libertad, la
historicidad y la individualidad. Al igual que el hombre judeo-
cristiano, el hombre hegeliano es un ser espiritual (es decir,
“dialéctico”).»19
Hoy el mito del portador de luz nos congrega más que nunca
para presenciar en comunión el fin de los tiempos.
12
Op. cit. Mateo 13:39.
13
Op. cit. Apocalipsis 12:3.
14
Op. cit. Juan 14:30.
15
Op. cit. Efesios 2:2.
16
Op. cit. Mateo 4:3.
17
Op. cit. Mateo 13:19.
18
Op. cit. Mateo 13:43.
19
En Hegel, la Muerte y el Sacrificio. I. La muerte.
11
*
Habiendo efectuado un par de enmiendas —supresiones
menores—, esta frase del presbítero de la arquidiócesis local podría
resumir las motivaciones de este trabajo:
«El teólogo posmoderno necesita el reto de abrir nuevas
expectativas mediante una teología práctica y sistematizada [,] a fin de
que las ¾ partes del mundo que sufren [,] mueran prematuramente.»20
*
El diablo es el rey de los idealistas y el patrono del anarquismo.
Es el más idealista de todos, porque su cometido es impensable.
Quiere destruir la única cosa que no puede ser destruida, aplastar la
conciencia general de lo existente, acto que culminaría con su propia
desaparición. Es, digamos, una parte indestructible, irreductible. Un
brazo suicida que intenta separar la cabeza del resto.
Melissa siempre se burlaba de mis intereses intelectuales. “El
diablo es una chimba porque le gusta pichar y tomar chorro.”
“Pero si Migue es un gatico muy tierno, por qué tanto diablo,
tanto filósofo y tanta cosa fea.”
“Usted bien mariquita; si el diablo se le apareciera de verdad
seguro se caga en los calzones.”
Hasta me cantaba cancionsitas:
“Y ya ¿quién putas lee a Hegel?/Alguien sin amigos, alguien sin
amigas;/alguien como Miguelito el satanista.”
“¿Tritemio?, ¿uno que era amigo de Aquamán?”
“Miguelín lee a San Juan Damasceno todos los viernes,/sentado
en la cama,/ por eso a visitarlo nadie viene,/ ni toca los senos de
ninguna dama.”
Al menos era ingeniosa, para qué. Yo le decía que cada año
parecía más estúpida, pero en el fondo me daba risa. Me las
aguantaba: a la risa y a ella.
Admiraba que fuera tan sincera; auténtica, incluso.
20
En Gutiérrez Londoño J. G. Realismo Teológico del Siglo XXI. Teología del diablo.
12
Además estaba bien buena, para qué.
De niña parecía un gueco, toda flaca y cabezona, pero le
aparecieron las curvas cuando llegó a la adolescencia.
Era todo un demonio, la muy malnacida.
Yo también, pero de otra clase. Yo soy un demonio de
indiferencia.
*
Lucifer es el príncipe de la noche. Dosifica el petróleo en las
linternas que arrostran la oscuridad del cosmos. La noche es la muerte
del sentido, donde la conciencia divaga entre la confusión de los
estratos de la existencia y el miedo a lo inalcanzable, lo imposible o lo
desconocido. En la noche negra reina la confusión; se pierde el rumbo
entre las palabras y pensamientos dislocados y ocultos por la tiniebla,
pero también se encuentra un camino superior. En la penumbra
nocturna aguarda el Verbum Cordis de San Agustín, la oscuridad
interior de los místicos donde mora el consenso extático de todo lo
que ha sido —como en las estaciones de San Juan de la Cruz, o en los
poemas de John Donne—. «Las iglesias son mejores para la oración,
cuando tienen menos luz.»21
*
Hegel el oscuro nos revela las claves ocultas de su sistema junto
con las de la negatividad del sentimiento, en uno de sus pasajes más
mefistofélicos, bellos e iconográficos. Noche horrenda y a la vez
sublime; descarnada y cruel, pero llena de representaciones; lumínica
oscuridad demoniaca en el centro de nuestras almas.
Una transcripción íntegra resulta —pese a la extensión—
cómodamente inevitable:
«Esta imagen le pertenece, se halla en su posesión, él es su
dueño, se guarda en su tesoro, en su noche; la imagen es inconsciente,
es decir: no se destaca como objeto de la representación. El hombre es
21
En Hymn to Christ. «Churches are best for Prayer, that have least light.»
13
esta noche, esta vacía nada, que en su simplicidad lo encierra todo,
una riqueza de representaciones sin cuento, de imágenes que no se le
ocurren actualmente o que no tiene presentes. Lo que aquí existe es la
noche, el interior de la naturaleza, el puro uno mismo, cerrada noche
de fantasmagorías: aquí surge de repente una cabeza ensangrentada,
allí otra figura blanca, y se esfuman de nuevo. Esta noche es lo
percibido cuando se mira al hombre a los ojos, una noche que se hace
terrible: a uno le cuelga delante la noche del mundo.»22
*
El daimon (δαίμων) de la Grecia pagana servía como mediador
entre el mundo espiritual, el divino y el humano. Para el Platón del
Crátilo, daimon significa daemon (sabio), y está asociado a Eros 23,
pues el amor es filósofo, y debe mediar entre los seres y las formas.
«Esta naturaleza aérea o airada del Demonio, o de los demonios, tenía,
para los griegos, el sentido de intersección o mediación divina: eran
estos demonios criaturas aéreas dedicadas a intervenir, y a interllevar,
mensajes entre los dioses y los hombres» 24. Otro origen que se le
atribuye al término es la palabra daiomai, que traduce potencia, otro
significante de lo que podría llegar a ser la deidad.
La palabra ángelos (ἄγγελος) significa literalmente, mensajero.
*
El demonio posee dos poderes fundamentales. La magia, que es
la esencia intermedia del cosmos, y el dominio del aire, sustancia que
se halla entre lo etéreo y lo corpóreo. El ser humano necesita algo de
magia para acoger el universo que hay en su interior; este es el
principio del gnosticismo, el conócete a ti mismo, modelo del diseño
general. El cristianismo tampoco escapa a esta necesidad. «La
22
En Filosofía Real. [187].
23
En Velásquez, O. Platón: El Banquete o Siete Discursos Sobre el Amor. Relato del
nacimiento y naturaleza de Eros.
24
En Bergamín, J. La Importancia del Demonio.
14
humanidad es pagana. Nunca la penetró religión alguna […] Cuando
adora a los Dioses, los adora como hechizos. Su religión es una
brujería. Así fue, así es y así será.»25
En el tránsito del animismo al panteísmo la mensajería pasa a las
manos —o a los pies— de Hermes, entonces el diablo se posesiona
como encargado de la hechicería, la alquimia, la adivinación y todas
las artes oscuras. «El mito de Hermes sintetiza todas las cualidades
demoniacas intermedias entre los hombres y los dioses; por esto en el
Hermes griego, como en su equivalente latino Mercurio, vieron los
cristianos una perfecta representación o encarnación idolátrica.»26
*
El demonio (lo mágico) es el puente entre lo corporal (lo
humano) y las ideas (lo divino). Todo lo que hay de carnal en Satán, y
todo lo que hay de espiritual en Lucifer, se renueva para
complementar una misma fuerza (anti)constructiva. La teología llama
a esta fuerza el anticristo, y le dicen apocalipsis a la realización
fundamental de su ideal. Es la mejor utopía: el reto cabalista original:
alcanzar la unificación sintáctica de las capas de la realidad en la
síntesis final (suprema) de la dialéctica: la negación literal —física y
completa— de la especie humana, con todas sus imágenes e historias.
«En la materia/que nunca duerme,/rey de los fenómenos,/y de
las formas,/solo vive Satán.»27
*
Melissa podría ser el tema del ensayo. Ella, o cualquiera de esas
personas demoniacas que sólo piensan a partir el movimiento del
cuerpo.
Para cortarse con una navaja, o irse a viajar por el Amazonas, o
entrar a clases de natación, o mandar a alguien a la mierda —o rodar
25
En Pessoa, F. La Hora del Diablo. [17].
26
En Bergamín, J. Op. cit.
27
En A Satana, de Giosuè Carducci: «Nella materia/che mai non dorme,/re dei fenomeni,/e
delle forme,//sol vive Satana.»
15
90° sobre un talón con una mano en el aire—, Melissa intimaba
racionalmente con el piso y manipulaba el ritmo de sus cadencias.
Elegía con el oído interno, bajo un contoneo de contrapesos y
desequilibrios. Nunca vi a alguien que tuviera la propiocepción menos
escindida del intelecto. No era particularmente ágil, pero siempre se
estaba preguntando qué debía hacer.
Desconfiaba mucho; esta otra realidad del demonio la aterraba
porque habitaba un no-lugar justo en medio de sus reinos; siempre al
frente, desbordándola, pero también detrás de ella, sorprendiéndola.
Se movía mucho para poder pensar, como si de verdad
existiéramos.
Iba como los engranajes oxidados de una locomotora. Me
gustaba cuando se contestaba estas preguntas a través de algún declive
raro; iba interpretando la turgencia de los músculos contraídos; el
relieve, el peso; podía signar cualquier modulación inesperada en su
densidad de péndulo y sacar de inmediato la peor conclusión.
*
El ensayo de José Bergamín —La Importancia del Demonio— es pura
luz negra. Un lucero de brillo oscuro derramado sobre la noche
blanquecina de la tiniebla celestial.
Nadie parece haberlo planteado mejor que él. Trata la dualidad del
demonio, como intermediación y fuente de la confusión entre los
planos materiales y los planos ideales.
Comienza por recordar al daimón griego, su función como
intermediario. El espíritu del aire media entre los sentidos y lo
metafísico porque el aire es volátil e inaprehensible, pero a la vez
produce una impronta sensorial, lo respiramos, lo sentimos en la piel,
sabemos que está ahí. El diablo es pues, antes que nada, aquello
material que tiene la apariencia de algo metafísico.
Como el demonio se debe al cuerpo, es en principio materialista; de la
esencia eólica e ígnea pende «todo materialismo, todo punto de vista
exclusivamente materialista, que es el punto de vista del demonio.»
16
También es materialista como albacea de la ciencia, porque el único
conocimiento positivo y certero que comparte con sus disciplinas, es
la noción de ausencia de dios, el modo en que dios nos negó. «Dios se
vuelve de espaldas a lo creado y proyecta sobre nosotros esa luz
tenebrosa de su sombra, y entonces el mundo se convierte en el
imperio infernal, sombríamente luminoso, de la materia, que es el
imperio mismo del demonio.»
La ausencia de dios es lo inhóspito de la naturaleza, la primera forma
de lo negativo, señal de su falibilidad e indeterminación; y a la vez, es
la única prueba certera de su existencia, la grandeza de la
indiferenciación en la naturaleza. Es todo el silencio, toda la
indiferencia que causa el terror, pero esa indiferencia nace del orgullo;
es la gala, el cruento glamur del creador que le impide tocar la
inmundicia que somos; «la ausencia de dios es la concentración de la
luz divina en sí misma.»
Una vez alejados de dios, perdidos entre las mímesis que la luz negra
proyecta, el demonio nos mantiene atrapados en su ilusión.
Ahora que ha dominado el reino irreal, sensorial e imperfecto de la
materia —irreal en sentido idealista—, puede habitar en los cuerpos.
Bergamín dice que el diablo entra por los sentidos, sobre todo por el
oído, porque por allí entra la palabra, que es la parte que podemos
sentir de dios. El logos (dios), está en el cuerpo en forma de
representaciones e ideas, como palabra en potencia; el oído y el habla
definen al ser humano, su subjetividad, su voluntad y recursos
definitorios, los atributos divinos —dialecticos y dialógicos— de su
alma inmortal —dicho en palabras teológicas. El demonio entra por el
oído para sacarnos el logos, sembrando el desequilibrio, pues la
profundidad del oído también guarda para el sujeto «ese otro sentido
por el que se sostiene y se mantiene en pie: el de su equilibrio en el
espacio.»
El demonio de Bergamín se instaura en la falsedad de los sentidos
divididos, tal como la concebían los Vedas y la filosofía platónica. Es
Maya, la ilusión, la muerte, el tiempo. Su realidad es la vigilia, no el
17
sueño, que pertenece a la naturaleza espiritual. «Nuestra vida y no
nuestro sueño es la que vigila alerta el demonio.»
El demonio divide el sentido trascendental que siente los universales,
en cinco sentidos imperfectos, que sólo perciben los estímulos
sensoriales del mundo material. La existencia es una sola, pero
nosotros percibimos todo dividido, como si lo divino y lo natural
estuvieran separados. Incluso en el animismo hay ya una separación.
«El Demonio divide, para vencernos, nuestro total sentido humano de
la vida en muchos otros […] Por eso, la percepción del mundo que
tenemos por nuestros sentidos, desde la caída de adán, es una
percepción confusa, una percepción del demonio».
Esta separación origina la metafísica, que es un error, es esa impresión
—tan cristiana— de que hay otro mundo sobre el mundo, uno que no
podemos alcanzar con el cuerpo. «En los datos inmediatos de nuestra
conciencia, según los observó Bergson, podemos descubrir fácilmente
estas maquinaciones intelectuales del demonio.»
Es un demonio de los sentidos, nunca de las ideas, que son del logos
perfecto —de dios—. «Por eso es natural que el Demonio, por el solo
testimonio de los sentidos, en los que toca, no tenga, aún, para
nosotros, realidad ninguna (;) la realidad es cosa de idea».
Para tener una idea de la presencia del demonio, esta debe elaborarse
de manera negativa, a partir de sensaciones físicas, por eso al diablo
«se percibe como múltiple y se le concibe como único. Porque una
cosa es tener sentido del demonio y otra cosa es tener conocimiento de
él.»
Bergamín también tiene en cuenta los mecanismos neuróticos o
somáticos con que el diablo impacta en el logos, entrando a través de
las ventanas sensoriales. El demonio entra por los sentidos como una
chispa, un «chisporroteo sensacional con que se pone en conmoción el
alma.» si logra pasar, se aloja en la sexualidad, en los desórdenes
nerviosos del modo que Freud los entendía. Es la pasión febril de la
posesión demoniaca, que pasa ser vista como imbecilidad, histeria o
alienación, según el grado.
18
La sexualidad es el campo de batalla donde el cuerpo se pierde entre
sus deseos y representaciones. La sexualidad es la clave de la
comprensión de la locura; la psicosis es un problema de categorías, de
distinción entre signaturas y sensaciones, es una literalizacion de los
signos del cuerpo, y, «como entre sexualidad y sensualidad —dije
alguna vez— no hay más que una X de diferencia, que es la incógnita
por despejar, no encontramos con que esta incógnita —la X de la
sexualidad— no puede ser despejada más que por el Demonio.»
*
[buscar cita convincente de Spinoza: contrastar resultados:
límites de la frustración como fronteras del ideal]
La dialéctica materialista —que solía combatir cierto talante
opresivo del idealismo— sólo es posible desde la aceptación de un
cuerpo fracturado por la historia y sus signos. La constante
codificación rompe las realidades inmediatas del cuerpo, y toda
crítica, cualquier intervención, depende de dicha codificación llevada
al extremo. Todo materialismo (teórico/retórico o ideológico/práctico)
se empeña en vano, pues usa las herramientas del ideal, quedando en
una vaga relación dada en el tiempo clausurado.
*
En la biblia abundan los fragmentos en que dios intenta
recordarnos que Lucifer es nuestro verdadero amo. El dios abrahámico
nos hizo, pero luego nos regaló al demonio, como premio por haber
logrado cierto grado de individuación; «el SEÑOR le dijo: “¿Cómo?”
Y él respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en boca de todos sus
profetas.” Entonces Él dijo: “Le inducirás y también prevalecerás. Ve
y hazlo así.»28
Este mundo fue creado para ser asimilado por el infierno. Su
azufre deberá delimitar nuestras almas, así como nuestro asfalto
engrosa sus galerías. Es el carburo negro que servirá de combustible a
28
Op. cit. Reyes 22:22.
19
la maquinaria letal del exterminio. Bien dijo alguna vez el buen
Schopenhauer. «El mundo es el infierno, y los hombres se dividen en
almas atormentadas y diablos atormentadores»29
[revisar subversiones de los signos de lo corporal en el Cantar de
los Cantares y la Noche Oscura de San Juan de la Cruz (como lo de
Bataille con santa Teresa, pero invertido)]
Este dios parece avergonzado de nosotros, y quiere deshacerse
de su error en cuanto le sea posible. «Sois de [vuestro] padre el diablo
y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde
el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad
en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es
mentiroso y el padre de la mentira.»30
[la versión final debe parecer exenta de juicios de valor: reducir
adjetivación y buscar cierto aire iluminado de objetividad]
*
Meli era menos católica que yo, que heredé esta enfermedad de
mi abuela. Ella no tenía abuelas, y los papás son muy estirados y
arribistas como para ser católicos. No obstante, todo parece demostrar
que sus sentimientos de culpa eran más grandes que los míos. Culpa
de no sentirse culpable por nada.
Lucifer carga con toda la culpa. Es el gran esclavizado. Como en
Prometeo, todo su posible amor hacia nosotros termina en condena.
Heredó el pobre destino de una humanidad abstracta, nacida de las
pesadillas angelicales, del castigo ominoso que amasó su naturaleza
contradictoria. El diablo quiere ser humano, porque es hijo de dios; el
ser humano quiere ser dios, porque es hijo del diablo. Somos lo que
el-uno supone y aquello que el-otro necesita.
29
En Los Dolores del Mundo. Dolores.
30
Op. cit. Juan 8:44.
20
Todos repetimos al diablo de la misma manera en que él repite a
dios: como una copia imperfecta. «¿Sabes quién soy?/Soy tu
hermano,/soy tu amante,/soy el dragón,/soy la verdad,/soy
perfección./Yo fui creado/en su imagen,/en su imagen/yo fui
creado».31
Entre dios (la idea) y el demonio (la cosa) mediamos nosotros
(la representación) —siguiendo el orden platónico. Esta es la
verdadera trinidad que nos rige. El adversario es el príncipe de este
mundo porque es el espíritu de la idealidad, de las representaciones,
imágenes y todo lo que es falso en alguna medida, y no porque sus
intenciones sean peores que las de cualquiera.
Somos las criaturas que la forma poseyó; esos animales que no
pueden acceder a la existencia si no es a través de la ilusión y sus
ademanes coloridos. Lucifer perdona y acepta esta terrible
enfermedad ante la vida. Él mismo aparece para dar forma de mito a
esa enfermedad.
*
A veces recuerdo cosas que nunca viví. Puede ser que me
invente estos recuerdos, o que los haya soñado, o que los haya visto o
leído por ahí. Algunos podrían ser cosas que otra persona me contó.
Guardo siempre, muy latente en la memoria, un momento muy
extraño de la infancia.
Tengo mucha fiebre. Las sábanas y cobijas están empapadas de
sudor. No puedo ver bien. Siento que los párpados me pesan, que se
adhieren a la altura de las pestañas; se pegan con el líquido seboso que
segrega la enfermedad. Me reclino. Bebo algo, pero me produce
nauseas. Al fondo suena música de fiesta, música decembrina. Tengo
algo apretado en la mano: un juguete, algo, y veo entre las sombras de
los muebles el rostro de Melissa, que entra al cuarto y se me sienta a
un ladito.
31
En Prayers. Lírica de Blood on the Blade: «Do you know who I am?/I am your brother,/I am
your lover,/I am the dragon/I am the truth/I am the serpent/I am perfection/I was
created/In his image,/In his image/I was created.»
21
Me acaricia la cabeza y me abraza del cuello. No me deja
respirar bien. Supongo que le da asco abrazarme todo completo.
Estamos muy niños. No la veo muy bien, pero es pequeña —como yo
— y huele como ella olía. Me seca el sudor de la cara con el
cubrelecho, y yo pienso que es como si fuera la primera vez que veo
esa cara, aunque no la vea del todo bien.
Suelto lo que tengo en la mano. Melissa me despeina con los
dedos. Se inclina y me besa en la frente, en una mejilla y en los labios.
Antes de irse me dice que me quiere mucho, y que huelo muy
feo, y que ojalá me muera rápido.
*
[repensar la hora del diablo en la leyenda de Paganini: igual con
el mito del cruce de caminos (Francisco el Hombre en la leyenda
vallenata: Johnny, el violinista de Giorgia)]
Me atrevería a afirmar que ningún tratado teológico ha podido
retratar las auténticas características del demonio con la precisión de
A Hora do Diabo, de Fernando Pessoa. Al igual que la mayor parte de
su obra, el relato es un pequeño tratado de especulación metafísica que
usa las sugestiones poéticas (lengua deífica) para cortejar los límites
entre lo mental y lo corporal (el sueño y la vigilia, la razón y la
percepción. «Entre o sono e o sonho»32).
[incluir reseña completa: que el demonio de Pessoa pueda ser
visto como una metáfora —viviente— de la condición espiritual de
nuestro tiempo]
La primera vez que leí a Pessoa estaba con Melissa. Ella lo
encontró en la biblioteca. Empezó a señalar libros con los ojos
cerrados. Caminaba por cada pasillo y se devolvía sobando los lomos,
hasta que paró y agarró una antología bilingüe de varios de los
heterónimos. A veces hacía esas cosas medio adivinatorias. Lo leímos
por ahí juntos, sentados en la hierba. Nunca había leído algo así. Meli
se burlaba de mi entusiasmo. Le gustaba tratarme mal. A veces pienso
32
En Pessoa, F. Entre el Dormir y el Soñar.
22
que si me hubiera quejado habría dejado de insultarme; le gustaba
reírse de mí todo el tiempo. Yo pensaba que admitir que me molestaba
era vergonzoso. No quería que creyera que pudiera importarme mucho
algo de lo que ella dijera, o qué pensara de mí.
A veces pienso que pude ceder; podría haber sido más flexible, a
fin de cuentas —sea por lo que sea— siempre fuimos bastante
cercanos.
Pudimos habernos llevado un poco mejor.
Le debo a Pessoa…
A mí me gustaron más los de Alberto Caeiro; a ella los de
Álvaro de Campos.
La Hora del Diablo es un texto ortónimo, y creo que por eso se
permite ciertas libertades especiales en cuanto a la perspectiva.
Retrata un demonio que es tan completamente ideal como
rotundamente idealista. No (re)conoce la verdad, porque no cree que
exista alguna. «Vivimos en este mundo de símbolos, al mismo tiempo
claro y oscuro, tiniebla visible, como ya fue llamado; y cada símbolo
es una verdad que substituye la verdad hasta que el tiempo o las
circunstancias restituyan la verdadera.»33
Esa línea acerca del infierno de Milton —que también aparece
en el epígrafe del relato— habla perfectamente bien de nuestro estado
actual: de todo lo que no queremos ver, aunque lo vemos, de todo lo
que hemos relegado a otros planos mentales, y claro, de la ilusión
vital: el estado parcializado y falaz de nuestros afectos, el
desmoronamiento de nuestras instituciones y todo lo que es turbio y
ausente en nuestros sistemas de cambio y valor. «Sin luz, más bien
tiniebla visible.»34
El profeta William Blake consideraba que el Lucifer de Milton
es el héroe de la creación, y ve en el poeta británico una especie de
santo infernal. «La razón de que Milton escribiera en cadenas al
hablar de los ángeles y Dios, y en libertad al hablar de los Demonios y
33
En A Hora do Diabo. 3.
34
En Paradise Lost. Book 1. «No light, but rather darkness visible.»
23
el Infierno, radica en su condición de poeta verdadero y, sin saberlo,
del bando del demonio.»35 Como el demonio influyó tanto en los
profetas que compilaron la biblia, es probable que mucho del
contenido se halle en clave negativa, que mucho se exprese en sentido
contrario al real, a modo de encriptación. Mucho de lo que es visto
como sucio y mundano es en realidad cuanto cabe de puro y verdadero
en el marco de la trascendencia humana.
Pessoa retrata a este espíritu que rige sobre todo lo que no
existe, y por eso confiere mayor importancia a la realidad del sueño
que a la de la vigilia. «Contradecir actos [es feo], sí… Contradecir
ideas no […,] porque contradecir actos, por malos que sean, es
estorbar al giro del mundo que es acción. Pero contradecir ideas es
hacer que se abandonen y se caiga en el desaliento, y de ahí en el
sueño, y por lo tanto que se pertenezca al mundo.»36 Considera que la
mejor manera de entrar en el mundo es por medio de lo que tiene de
virtual y aparente.
Lo que existe sólo en potencia, todo lo imaginario, lo ideal, lo
que pudo haber sido o quizá sea —poblando la dimensión de las
narrativas—, le permite adoptar cierta corporeidad paradójica en
nuestra experiencia. El cuerpo humano es más accesible por las vías
somáticas de lo imaginativo que por las vías directas de los sentidos.
[explorar la dualidad cuerpo-máquina (Satán-Dionisos-
Sátiro)/mente-éter (Lucifer-Hermes-Daimon): algunos acercamientos
simbólicos a lo corporal en el carnaval: el diablo como forma de la
carne y sus bajezas vs el diablo como pacificador/purificador —en la
fiesta y en la destrucción total—: diablo como todo aquello que nos
devuelve el cuerpo a través de cuanto no tiene nada de corpóreo:
revisar la novela del diablo del carnaval de Riosucio de Hernando
García]
35
En The Marriage of Heaven and Hell. The Voice of the devil. «The reason Milton wrote in fetters
when he wrote of Angels & God, and at liberty when of Devils & Hell, is because he was a
true Poet and of the Devil’s party without knowing it.»
36
En Pessoa, F. La Hora del Diablo.
24
Uno siente de manera más inmediata cuando se quema una
mano en la brasa, pero también siente en la piel que se quema del
coraje o de la vergüenza, y ambas pueden ser experiencias igual de
nítidas e indelebles. El demonio pessoano nos recuerda su poder sobre
este cuerpo sugestionable al hablar de sus dotes amatorias —indirectas
—. «Dicen que muchas hechiceras tuvieron intercambios conmigo,
pero es falso; aunque no lo sea, porque con lo que tuvieron
intercambios fue con su propia imaginación, que, en cierto modo, soy
yo.»37 «¿Qué hombre posó sobre tus senos esa mano que era la mía?»38
Es el negativo de dios, la copia imperfecta que se encarga de
todo lo que mengua, se desvanece o decae. «Soy el espíritu que crea
sin crear, cuya voz es humo y cuya alma es un error. Dios me creó
para que yo lo imitara en la noche.»39
Preside sobre la inacción y lo irrealizable, sobre la frustración y
la indeterminación de lo irreal. «Soy el negativo absoluto, la
encarnación de la nada. Lo que se desea y no se puede obtener, lo que
se sueña porque no puede existir, ahí se encuentra mi reino nulo y ahí
está firme el trono que me fue dado.»40
Como no acepta la verdad y sólo puede crear engaños y
artificios, es el dios de las fotografías, de los espejos, el narcisismo y
la banalidad, de «la alegría de un pensamiento vago y el sentir que
estás bien ante el espejo en que te ves». Por esta razón, prefiere el
mundo de las formas y el lenguaje. Es pura imagen. Vive en los
signos y convenciones, en las figuras mentales y sus ecos formales
bajo las cosas. «Sonrío al pensar que soy Venus en otro esquema de
símbolos […] Todo este universo […] es un enorme jeroglífico
eternamente por descifrar […;] toda mi vida, al final, es un sistema
especial de moral velado en alegorías e ilustrado por símbolos […]
Todo es símbolo y atraso, y nosotros, los que somos dioses, no
37
Op. cit. [6].
38
Op. cit. [7].
39
Ibíd.
40
Op. cit. [8].
25
tenemos más que un grado más alto en la Orden cuyos Superiores
Incognitos no sabemos quiénes son.»41
[añadir apunte ingenioso acerca del orden cósmico nihilista en
Lovecraft y Kafka]
Como habita solamente en el reino de las formas e imágenes,
este diablo ha perdido la fe en el mundo. No sabe qué es lo real.
Detesta todo lo existente porque no puede darle forma en sus
recuerdos, y su tormento adopta el contorno del tedio, del hastío que
antecede al gran cansancio. «Le confieso que estoy cansado del
universo.»42 «Soy el eterno Diferente, el eterno Aplazado, lo
Superfluo del Abismo. Me quedé por fuera de la creación.»43
Envidia a los seres humanos, anhela realizarse conduciéndolos a
la falsedad, que conllevaría su eventual destrucción. Cree que con esta
aniquilación simbólica de su ser en el de su progenie, quedará
finalmente eliminado, liberándose así de un enorme peso (su gran
dolor). «Tenéis la ventaja de ser hombres, y creo, a veces, desde el
fondo de mi cansancio de todos los abismos, que más vale la calma y
la paz de una noche familiar junto a una hoguera que toda la
metafísica de los misterios a la que nosotros, los dioses y ángeles,
estamos condenados por substancia.»44
Es la vieja voz del nihilismo, que niega y condena todo lo que
podría ser, ya que se encuentra sola, aislada en una existencia
personal a la que no confiere validez. Como no cree en su propio ser,
tampoco puede creer en el de las demás cosas. Es incapaz de confiar
en cualquier testimonio ajeno que pueda confirmar su existencia y,
con ella, la del mundo. «Sin embargo, la verdad es que no existo, ni
yo, ni ninguna otra cosa. Todo este universo y todos los otros
universos, con sus diferentes creadores y sus diferentes Satanes —más
41
Op. cit. [9]-[13].
42
Op. cit. [16].
43
Op. cit. [10].
44
Op. cit. [11].
26
o menos perfectos y adiestrados— son vacíos dentro del vacío, nadas
que giran, satélites, en la órbita inútil de la nada.»45
El increado quisiera desaparecer. Aunque encarna la nada, su
dolor y soledad comprueban que él es algo, un algo inmenso y eterno.
Tiene la sempiterna desesperación del no-ser como recordatorio de
que en verdad sigue allí, aunque se parezca en todo lo demás a la
nada. Como no está vivo, no concibe una manera de eliminarse, pero
tampoco puede descansar, o exorcizarse como lo haría un fantasma; a
fin de cuentas, tampoco está muerto. No es espíritu ni es carne, pero
ambos dominios le pertenecen: preside sobre ellos. Sabe que ser lo
negativo implica sostener uno de los pilares: no olvida que la realidad
depende de él. Su existencia sostiene la ficción universal, y, sin
embargo —como pasa con Atlas—, este mundo que lleva a cuestas le
resulta cruelmente inaccesible. «Yo soy eso a lo cual todo se opone.
Pero, si yo no existiera, nada existiría, porque no habría a qué
oponerse, como la paloma de mi discípulo Kant que, volando bien en
el aire leve, piensa que podría volar mejor en el vacío.»46
Por eso su plan es hacerse algo mortal (asesinable) utilizando las
conciencias humanas para materializarse, e inmolar consigo a toda su
prole de engendros. Este demonio sabe que sufrimos, porque no
comprendemos dónde se ubican las aristas de nuestra realidad. En la
intangibilidad reside nuestra materialidad —y viceversa—. Esta
ironía intenta destruirnos, tomando la forma del demonio; sabe que no
podemos comprender o dominar las representaciones, y se aprovecha
de esta desventaja.
Las palabras que «tal vez me dirían la verdad» 47 lo delatan sin
titubeos. «Las religiones son símbolos, y los hombres toman los
símbolos no como vidas (que es lo que son), sino como cosas (que es
lo que no pueden ser).»48
45
Ibíd.
46
Op. cit. [14].
47
Op. cit. [18].
48
Op. cit. [15].
27
El diablo quiere realizarse en nosotros, quiere que cumplamos
con su arquetipo, quiere que obremos a su manera. Es como cuando
Platón dice que cada uno debe desear «hacerse tan parecido a Dios
como posible sea»49; o como Tomás de Aquino: «Haec hominis est
perfectio, similitudo dei.»50 El opositor quiere volver al ser humano lo
más parecido a su propia imagen que le sea posible —que adoptemos
la silueta del dios multiforme de lo indeterminado—. Todo lo que no-
es porta su estandarte: tótem de la confusión y de la nada. Para
lograrlo, quiere usar su enfermedad (su incapacidad para creer que
existe y para distinguir las cosas de sus representaciones) en nuestra
contra. Nos contagia. Quiere tentarnos ofreciéndonos todo lo
inexistente, todo lo imaginal y fantaseado. Porque aprendió —en su
lucha contra el hijo del hombre—, que lo existente no basta para
reclamar (adoptar) la humanidad. «Continué porque era mi deber, el
consejo y la orden de Dios. Lo tenté con todo lo que existía. Si hubiera
seguido mi propia opinión, lo habría tentado con lo que no puede
existir […] Pero, ¿qué pueden hacer contra la fuerza del Destino,
supremo arquitecto de todos los mundos, el Dios provincial que creó
éste, y yo, el Diablo distrital que, porque lo niega, lo sostiene?»51
Nos arroja a un modelo de multiverso completamente lúgubre,
donde, al modo de los cuentos de Lovecraft, existe un dios más grande
que rige sobre cada pequeño dios nuestro. Es una secuencia
burocrática interminable de dioses sordos y ciegos, para los que
prácticamente no existimos; seres que están fuera del tiempo y de
todas las dimensiones que podemos siquiera intuir, y su voluntad, sus
razonamientos, emociones y caprichos —para nosotros absurdos e
incomprensibles—, podrían borrarnos de la historia con sólo cambiar
un poco de posición: desaparecernos del espacio —en todos sus
tiempos— con sólo virar del sueño a la vigilia. El miedo que tal visión
49
En Teeto, 170 e.
50
En Spiritualibus Creaturis: «Esta es la perfección del hombre, la semejanza con Dios.»
51
Op. cit. [14].
28
invoca nos obliga a aceptar la complicidad que la imagen nos ofrece.
Es mejor ser una ilusión que no ser nada en absoluto.
El plan demoniaco es convencernos de que las fotografías
huecas son buenas, que toda esta irrealidad es inocente y casual. «Soy
un pobre mito, mi señora, y lo peor, un mito inofensivo.» 52 Nos dice
que todo es igual de falso; que nunca hubo, en primer lugar, algo más
que copias de una copia sin original —al modo de las figuras de Jean
Baudrillard—. «Aquí en las esferas superiores, desde donde se creó y
transformó el mundo, nosotros, a decir verdad, no entendemos nada
[…;] cada vez que me asomo veo nuevas religiones, nuevas grandes
iniciaciones, nuevas formas, todas contradictorias, de la verdad eterna
que ni Dios conoce»53.
Bien lo anota Baudelaire en alguna parte: «La astucia más bella
del diablo consiste en persuadirnos de que no existe.»54
Él intenta que todo parezca un chiste: el arma más poderosa del
demonio es el humor. Si no fuera un cínico humorista habría
claudicado hace siglos. Sólo el más gracioso puede pasar por los
tormentos de la inexistencia y tramitar todo el dolor y la enfermedad
del universo en una risa socarrona. Sin la risa sería imposible hacer
frente a una lucha interminable contra todo lo que ha sido. «Dato del
principio del mundo, y desde entonces he sido siempre un ironista.
Ahora bien, como debe de saber, todos los ironistas son inofensivos,
excepto si quieren utilizar la ironía para insinuar alguna verdad. Pero
yo nunca pretendí decir la verdad a nadie, en parte porque de nada
sirve, y en parte porque no la conozco.»55
El diablo nos quiere a su lado, iguales a él; extraviados,
agotados, tristes, alienados y confundidos entre una multitud de
espejos. No es algo que deba hacerse, sencillamente ya somos así.
Espera que lo aceptemos y desaparezcamos. Que hagamos efectiva la
52
Op. cit. [16].
53
Op. cit. [31].
54
Citado en Papini, G. El Diablo.
55
29
desaparición parcial que la obstinación prolonga. No quiere estar solo
en su empresa imposible, somos suyos y espera poder reclamarnos.
Para combatir la vida (a dios), nos otorga este poder de darle la
espalda a nuestros males. Permite que aceptemos la imagen hueca
como ídolo; fue así como llegamos a ser tan cínicos como para negar
el final inminente.
Su guerra contra el cosmos es una fiesta descomunal de techno,
donde las tinieblas visibles de Milton encienden cada pixel de un
millón de pantallas con visuales increíbles.
*
Melissa decía que los judíos ricos planearon el holocausto nazi.
Que hicieron matar a un montón de judíos pobres como chivo
expiatorio para poder usurpar el territorio de Israel. No creo que fuera
tan planeado o sistemático; lo que sí es verdad es que Hitler creía en
las conspiraciones de los Protocolos de los Sabios de Zion, así que,
sea lo que sea que haya ocasionado el holocausto, en algo tuvo que ver
con la conspiranoia semita/antisemita. No se me dificulta entender
que alguien crea que los judíos son el pueblo más demoniaco de todos.
La cristiandad no deja de ser una rama bastarda del judaísmo. El
mundo cristiano desenvuelve un tipo de decadencia que claramente se
origina en el campo de la enorme guerra judía (la banca internacional).
De hecho, me parece muy claro que el mesías de los judíos es la
misma figura que los cristianos llaman el anticristo. Por alguna razón
algunos judíos y árabes creyeron que el tiempo se clausuraba con el
nacimiento del Cristo. A partir de allí se abriría un mundo supremo y
exento del dolor, al que tendría acceso inmediato todo aquel que se
encomiende y entregue a la doctrina del amor. Esto de quitarnos el
pecado original parece un modo de decir que nos vamos a liberar del
deseo, que es la corporalidad misma. Con esta idea nace el idealismo
del modo propiamente cristiano en que los occidentales lo hemos
interiorizado.
30
Casi nadie entiende —o se interesa ya— por el idealismo como
filosofía, pero todos padecemos del idealismo como condición vital de
la cultura y sus formas. Ahora nos limitamos a esperar otro tipo de
alicientes —aparentemente— menos espirituales, como lograr que los
demás nos perciban de ciertas maneras, o adquirir ciertos objetos y
logros —con todo lo que ello implique—, pero en el fondo estos
dones se han vuelto tan etéreos e irrealizables como la
bienaventuranza de los dulces querubines en los frescos renacentistas.
Ahora todo es virtual y se desvanece fácilmente, en un espectro que va
desde lo más propiamente psicológico hasta aquello que consideramos
completamente material. Los anhelos ante lo que esperamos consumir
no escapan de la esfera idealizante del deseo. Ese deseo es producción
y consumo, pero es también el centro de antimateria que mantiene la
ficción espiritualizada del alma —la de cada ser humano, pero
también la de la humanidad, agente fundamental de toda especulación
metafísica.
*
En realidad, ha habido muchas confusiones con este asunto del
anticristo y el fin de los tiempos.
Walter Benjamin era un buen teólogo —un teólogo materialista
—. Creía que un mesías Judío vendría a vencer al opositor en la
última gran retaliación proletaria. No podía concebir que el salvador y
el destructor fueran la misma entidad. Estaba impedido para
comprender el fin de la historia en las profecías como un literal e
inminente agotamiento de los recursos y una subsecuente extinción —
o mutación irreversible— de nuestra especie. El capitalismo es la
encarnación más patente del flujo colectivo de nuestro deseo, un flujo
que sólo existe para aniquilarnos.
El espíritu de la época es patético y thanático. El Apocalipsis es
literalmente un apocalipsis, aunque nuestra mente idealizante y mítica
nunca haya podido verlo así. En el inconsciente (plano del ideal del
31
ideal) todos nos creemos inmortales, todos estamos henchidos de
eternidad, como pensaba Freud56.
Benjamin decía que la llegada del mesías completaría el mundo,
en el sentido de que lo humano liberaría un cierto potencial de acción,
una nobleza inaudita, a merced de la cual nuestra vida y todas sus
miserias materiales quedarían mágicamente resueltas.
«En la idea de la sociedad sin clases, Marx secularizó la idea del
tiempo mesiánico. Y es bueno que haya sido así. La desgracia empieza
cuando la socialdemocracia eleva esta idea a “ideal”. El ideal fue
definido en la teoría neokantiana como una “tarea infinita”.»57 Lo
cierto, lo que la historia revelaría, es que la agenda comunista no
podría obrar de manera demasiado diferente; de haber vivido más
tiempo Benjamin habría tenido que comprobar que la sociedad sin
clases de Marx era tan perfectamente ideal en sus textos, como en las
prácticas blandengues de este socialismo de vieja data, que no
aspiraba a un cambio social significativo. «Desde hace más de medio
siglo los marxistas no cesan de predicar que Marx y Engels fueron los
descubridores del llamado socialismo científico; se inventó una
distinción artificial entre los socialistas titulados utópicos y el
socialismo científico de los marxistas, diferencia que existe tan sólo en
la imaginación de estos últimos.»58
*
No puede haber socialismo sin idealismo —utopista, en este
caso—; no hay dialéctica materialista sin teología, porque —
siguiendo las ideas chocantes de Sir James Frazer— no pudo haber
filosofía sin que antes hubiera —o fuera— religión59.
Los impulsos altruistas necesarios para una sociedad horizontal
parecen ajenos a la naturaleza humana. Lo único que nos parece
56
En De Guerra y Muerte, Temas de Actualidad. Nuestra actitud ante la muerte.
57
En Tesis Sobre la Historia y Otros Fragmentos. XVIII.
58
En Rocker, R. Marx y Anarquismo. I.
59
En The Golden Bough.
32
natural es apilar códigos para negar y reducir la naturaleza en
nosotros.
Ahora que todo es decididamente virtual, podríamos definir lo
ideal como aquello que no es natural, reemplazando así el orden de la
pugna interponiendo las virtualidades. El ideal borra la naturaleza, en
un sentido atencional, pero también en la medida de que los ideales
huecos de nuestro mundo promueven su deterioro material: el
exterminio de los ecosistemas y una subsecuente justificación cínica.
Es como si el cinismo idealista fuera corrosivo para la estructura
fisionómica de la vida, como si le hiciera hoyos en cada plano.
*
Nada que sea cuerpo puro (animal o cosa) puede habitar en el
reino de las ideas, por más que lo natural y la naturaleza sean ideas
tan cómodamente falsificables (idealizables).
*
Satán representa el impulso imposible que tenemos por escrutar
y asimilar lo natural. Se trata de un intento violento, pues dependemos
de la mente humana —propiamente antinatural— que tratar de
entender nuestro papel en este orden; un papel que sólo podría ser
reconocido desde una práctica plenamente corporal. Una práctica
intuitiva, desde la animalidad (organísmica), o una práctica nihilista,
desde la mineralidad (postración mística).
*
Al no tener en cuenta la naturaleza demoniaca del mundo que
vendría, al haber olvidado la naturaleza demoniaca del propio
marxismo —una ideología judía y de cuna burguesa, al igual que el
psicoanálisis—, Benjamin no podía ver la realidad material inminente
que aplastaría su bella idealización del materialismo histórico. Es
apenas lógico, discernir lo material del ideal de la materia se ha ido
haciendo cada vez más difícil. La visión de este neo-cabalista
33
presentaba un enfoque muy positivo; no podía entender que la
humanidad no se completa cuando se perfecciona, sino cuando se
agota y desaparece. Probablemente esta haga parte de las reflexiones
que lo llevaron al suicidio.
Blake lo sabía: «en el libro de Job, el Mesías de Milton se llama
Satán […;] vemos rogar al Padre para que le envíe al confortante o
Deseo, de modo que la Razón tenga Ideas sobre qué edificar; el
Jehová de la Biblia no es sino aquel que mora en el fuego
llameante.»60
Su Satán es el deseo, lo carnal, aunque en estado simbólico; su
Dios es lo racional, la ilustración, la revolución copernicana. Satán es
el mismo Jehová de la biblia, que lo humano (el hijo) sintetiza e
integra; sólo parecen entidades diferentes allí donde el texto palidece,
transcrito bajo el código invertido del espejo, como en las aventuras
de la segunda Alicia de Lewis Carroll61.
[mantener perspectiva: paso del tiempo como paso de las
relaciones formales entre elementos en un sistema de signos dado:
revisar relaciones morfosintácticas entre el estilo de la Fenomenología
del Espíritu y los pensadores renacentistas en el libro de Priana Saisó]
*
La del mesianismo/utopismo de Benjamin no sería —ni de lejos
— la primera vez que alguien confunde al mesías con el diablo, o al
diablo con un tipo malo cualquiera. Incluso el Cristo ha llegado a ser
asimilado por su contraparte infernal.
Lucifer es una palabra latina. Traduce lucero al español —heylel
( )הֵילֵלen hebreo y fósforos (φώςφόρος) en griego—. «A los hebreos
era facilísimo el maridaje de los conceptos ángel y estrella»62.
60
Op. cit. «in the Book of Job, Milton’s Messiah is called Satán […;] where he prays to the
Father to sent the comforter, or Desire, that Reason may have Ideas to build on; the Jehova of
the Bible being no other than he who dwells in flaming fire.»
61
En Through the Looking-Glass.
62
En Borges, J. L. El Tamaño de mi Esperanza. Historia de los ángeles.
34
Satán —shatan ( —)שָּׂ טָןes un vocablo hebreo que traduce
opositor. En los procesos de traducción de las escrituras a lo largo de
los siglos se han dado diversas transliteraciones que han llevado a la
confusión.
La palabra satán ha debido ser traducida en muchas partes del
texto, siendo reemplazada por enemigo —u opositor— según el
significante que emplee cada lengua, respetando el vocablo en
transcripción fonética del hebreo cuando se trate del nombre propio
del rey del abismo. Así pasó que muchos actos de regentes y reyes
malvados fueron acreditados al maligno por nombre propio, como en
esta parábola en Isaías 14, donde el rey de Babilonia es llamado
“lucero brillante” e “hijo de la aurora”.
En este juego de rupturas idiomáticas nace el sheitán ( )شيطانde
los árabes y el diábolos (διάβολος) de los griegos.
[revisar registros de los concilios ecuménicos, sobre todo
Constantinopla II, Calcedonia, Nicea II y Letrán IV]
El ejemplo más notorio de esta confusión podemos verlo en la
oración pascual del sábado santo, el Exultet. «Que el lucero matutino
[(lucifer)] lo encuentre ardiendo,/Oh lucero que no conoce ocaso y es
Cristo,/tu Hijo resucitado,/que volviendo del abismo,/brilla sereno
para el linaje humano,/y vive y reina por los siglos de los siglos.»63
Por eso en el pentateuco se usa el artículo mayúsculo Ha ()ה
para referirse al primer ángel caído por su título oficial; de otro modo,
debe entenderse que hablan de cualquier otro adversario.
*
El cristo fue opositor del imperio romano, asimismo lo fue del
dogma hebreo, cuyo modelo ético pretendía reformar. Cristo es un
satán para el judaísmo.
Lo mismo pasa con Lucifer. Cristo porta la luz del nuevo
amanecer; es el lucero, la luz estelar de la mañana que los griegos
63
«Flammas eius lucifer matutinus inveniat:/Ille, inquam, lucifer, qui nescit
occasum:/Christus Filius tuus,/qui, regressus ab inferis,/humano generi serenus illuxit,/et
tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.»
35
representaban en la radiante belleza de Venus. Cristo es el lucifer de
los cristianos.
*
Tres milenios antes de Cristo se incuba en el Asia-menor la idea
de que Lucifer ya se había encarnado en la tierra, convirtiéndose así en
el fundador del primer rito iniciático de la gnosis.
Para ciertas tradiciones orientales, el Cristo es la encarnación
que completa la profética de Lucifer, completación de una esencia
terrenal dada en una significación metafísica externa. «La Fuente de
inspiración para muchas culturas antiguas fue lo que sólo podría ser
descrito como una encarnación terrenal de Lucifer en un hombre de
carne y hueso. Incluso la cristiandad, incluso el Misterio del Gólgota,
como se promulgaba entre los seres humanos, era primero entendido
bajo el único significado entonces disponible, llamado la vieja
sabiduría luciferina.»64
*
Existe otro buen-demonio para la cristiandad, que tal vez
preferiríamos pasar por alto.
Ya desde el antiguo testamento —desde la torá—, nos
enfrentamos a cierta dicotomía entre los atributos materiales y los
atributos espirituales del maligno. Por un lado, está Lucifer (lux-fero),
el que guía la luz falsa del cristianismo, proyectando su espectro en
los rincones que dios olvidó; y está Ha-satán, el opositor, este ángel
cruel de la tradición hebrea que hace el trabajo sucio de su señor.
Algunos teólogos descuidados dicen que Lucifer es el nombre
angélico, y Satán el demoniaco, siendo el segundo un epíteto, más que
un nombre de pila. Otros sostienen que el ángel se llamaba Luzbel, y
Lucifer y Satán son sus formas de esencia degradada. Lo cierto es que
existe una tensión dialéctica, una danza constante entre el dios de las
ideas y las formas, y el dios de la carne y las llamaradas.
64
En Steiner, R. Op. cit.
36
*
Los regímenes dictatoriales sirven a un demonio rojo y material,
éste de los diamantes ensangrentados y las libras de cocaína que caen
desde el cielo.
«Tú [que] sabes las guaridas donde en tierras lejanas/el celoso
Dios guarda toda su pedrería […]//Tú, cuyos claros ojos saben en qué
arsenales/amortajado duerme el pueblo de los metales»65.
Es el demonio del materialismo, tanto en las revoluciones
marxistas, como en la codicia desmedida de Wallstreet. «Satanás
ronda en la roca,/en la herrumbre mineral,/desde su hondura
abismal/destruye todo lo que toca.»66
[considerar aportes antroposóficos de neokantianos como Ernst
Cassirer]
Todas las ideologías materialistas emplean el ideal para acceder
a la promesa de algo mejor que lo que hay: una vivencia más tangible
que lo tangible. El marxismo quería condiciones justas (reinos de
bienaventuranza). La dictadura obrera pretendía hallar estos lugares
felices amparada en el enardecimiento ideológico, en la conmoción de
masas que remueve la materia histórica; la bestia del mercado
mundial, a su vez, se ampara en la especulación y la incertidumbre,
dosifica la economía del deseo humano diseminando la ilusión de
necesidad y valor. Se trata de tretas malditas bajo el pretexto
materialista. Prometen la posibilidad de poseer algo, fundamentándolo
en la experiencia efectiva de no poder asir nada.
*
En sus valiosas investigaciones comparativas, Rudolf Steiner
marca el contrapunto entre el demonio del ideal y el del materialismo.
Llama al adversario por su nombre zoroástrico original. Lucifer es el
65
En Les Litanies de Satan, de Baudelaire. «Toi qui sais en quels coins des terres envieuses/Le
Dieu jaloux cacha les pierres précieuses,//[…] Toi dont l'oeil clair connaît les profonds
arsenaux/Où dort enseveli le peuple des métaux».
66
En Escobar Gutiérrez, H. El Libro de los Cuatro Elementos. Tierra. XV.
37
dios de la mistificación vacía y la vanidad (imagen falseada), mientras
que Angra Manyu —o Arimán, diablo del primer monoteísmo— rige
sobre las ilusiones que nos embeben en la materia (falsa conciencia);
es la entidad de la contradicción materialista; su nombre persa
significa la-mala-mente-humana.
Para Steiner, Arimán es el dios de las ciencias abstractas.
Mantiene a los seres humanos atontados entre los aspectos abstractos
de la realidad, evitando que puedan ver su sentido práctico
(materialmente edificante) y espiritual (simbólicamente edificante).
Toda la acumulación indiscriminada depende de un proceso de sobre-
significación, de transposición de la forma en materia en los
agenciamientos del capital acumulado. «Es sabido que Arimán,
preparándose para su encarnación terrenal, quiere retener. Desea
mantener a la gente tan obtusa que sólo puedan captar los aspectos
matemáticos de la astronomía. Por tanto, tienta a muchas personas a
llevar a la práctica su repugnancia por el conocimiento concerniente al
alma y el espíritu en el cosmos.»67
*
Iblís (— )إبليسel primer djinn— no se rebeló contra dios porque
fuera el espíritu más bello, o fuerte. Lo hizo porque podía. El demonio
de Nietzsche pregunta:
«¿Qué es bueno? [—Se pregunta el demonio de Nietzsche—.]
Todo lo que acrecienta en el hombre el sentimiento de poder, la
voluntad de poder, el poder mismo.
[ver Der Wille zur Mach]
A diferencia de Lucifer, el maligno del Corán se subleva porque
desprecia al ser humano, y no porque su pulsión de libre albedrío se
67
En The Influences of Lucifer and Ahriman. Lecture one. «It is this knowledge that Ahriman, in
preparing his earthly incarnation, wants to withhold. He would like to keep people so obtuse
that they can grasp only the mathematical aspect of astronomy. Therefore he tempts many
people to carry into effect their repugnance to knowledge concerning soul and spirit in the
cosmos.»
38
viera repentinamente agudizada. Nos cree indignos por no ser hijos
del fuego.
Porta la llama de la batalla, de la metalurgia y la santa
inmolación.
«“¿Qué es lo que te ha impedido prosternarte cuando Yo te lo he
ordenado?” Dijo: “Es que soy mejor que él. A mí me creaste de fuego,
mientras que a él le creaste de arcilla.”»68
Este fuego es la negatividad, la voluntad, la animalidad, el
deseo, en forma de necesidad o de destrucción. Iblís porta un don
especial, es el demonio de la voluntad que se impone. «[Dioses y
demonios fueron], en una tercera parte, separados de Dios; y no por su
propia naturaleza, como dice San Agustín, sino por su propia
voluntad.»69
La voluntad de cambio es una pugna constante. Para los seres
demoniacos, la guerra es el motor de la historia. El demonio de la
velocidad —de la combustión en las turbinas— nos dice:
«Queremos glorificar la guerra —única higiene del mundo— el
militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las
bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.»70
a guerra nos define como especie, y no es posible hacer bien la
guerra (con más muertos) sin dominar la fundición.
[historia de la química como afluente satánico de su decurso
general: oposición con la historia crítica, de corte más luciferino
(negacionismo): narrativa de la metalurgia (de la guerra y la
modificación del medio) y de la farmacología (de la inflación
demográfica y la manipulación hormonal)]
Iblís es el demonio de la guerra, que siempre sirve a los intereses
abstractos de la división del territorio y la acumulación de las
riquezas. La distribución de los recursos y el trabajo se efectúa por
68
En El Corán. Sura 7. 12. «»قال ما منعك أال تسجد إذ أمرتك قال أنا خير منه خلقتني من نار وخلقته من طين.
69
En Bergamín, J. Op. cit.
70
En Marinetti, T. Manifesto del Futurismo. 9. «Noi vogliamo glorificare la guerra
—sola igiene del mondo— il militarismo, il patriottismo, il gesto distruttore dei
libertari, le belle idee per cui si muore e il disprezzo della donna.»
39
vías simbólicas, pero las muertes y el hambre generados aparecen en
planos perfectamente materiales.
Conduce la modificación del medio por vías del trabajo
mecánico, así se asegura de disponer de la posterior devastación que
todo lo construido anhela. Diablo del hierro, del napalm, la extracción
indiscriminada de minerales, la fusión de uranio, la fragua y todos los
objetos mortíferos y destructivos. Fundador de la yihad, primer
denominador de la censura y del poder que se unifica a través de la
imposición bélica.
El fin en el mito de la nueva termodinámica y de la antigua
doctrina heraclítea. La voluntad del fuego, que reproduce y altera el
universo para luego tener algo qué consumir.
*
{comentario de margarita} deleuze y el urzat
El demonio de la metralla es el mismo de las dictaduras. Cada
ser que reclama la tierra y la fuerza en nombre de ideales ajenos, es un
nuevo satán, un adversario de su propia especie, un demonio
usurpador. «Nerón es la bestia que ronda el final de los tiempos.
Arderá en los infiernos y padecerá eternamente. Es el Mal. ¡Es el
Anticristo!»71
*
Cierta antropología irresponsable —de escasa exigencia
intelectual— ha querido ver los mitos como antropomorfismos útiles y
conscientes de las cosas que no abarcamos, pero los símbolos
ancestrales se expresan de maneras misteriosas, desordenadas, y más
bien a pesar, que a través de nosotros.
Algunos buscadores fallidos del demonio piensan que «[t]odos
los dioses son pues, formas exteriorizadas, proyecciones magnificadas
de la verdadera naturaleza de sus creadores, personificando aspectos
71
En Gallo, M. Nerón. El reino del anticristo. 37.
40
del universo o del temperamento personal que muchos de sus
seguidores encuentran problemáticos.»72
Como si los dioses fueran controlables, como si la conciencia
pudiera sacar provecho de lo que está fuera de lo límites del pensar. A
los dioses —menciona Lovecraft— no es posible pedirles nada; el
iniciado les reza sólo para que no lo destruyan cuando llegue el
momento de su retorno. Alguien que piensa que puede entender las
presiones del inconsciente no puede crear sus propios dioses, así como
tampoco podría ver a los dioses ajenos como algo más que
impresiones de papel. Las verdaderas manifestaciones de lo sagrado
—lo sagrado como horror o como negación de lo mundano—, salen
de un rincón de la experiencia simbólica vedado para el individuo
particular. Son las proyecciones de la especie, y toman cuerpo como
relatos míticos, pero también como personajes y fenómenos sociales
concretos. Quizá por eso —en busca de una historia universal—
Giambattista Vico afirmaba que «la verdad poética es una verdad
metafísica, frente a la que la verdad física, que no se conforma así,
debe tenerse por falsa [:] el verdadero capitán de guerra es, por
ejemplo, el Godofredo que imagina Torquato Tasso; y todos los
capitanes que no se conforman en todo y por todo a Godofredo, no son
verdaderos capitanes de guerra.»
*
Hay quienes malogran el símbolo de sus sueños hasta
materializar el cuerpo del dictador; dándole carne con su inercia,
insuflándolo con la vida de sus miedos, incubándolo en el letargo de
su abulia, de su quietismo cómplice y sus movimientos abortados —
tanta materia de pesadilla—. Llegan a este punto en que ya no es
posible añorar realidades concisas o nuevas. Los cadáveres de los
dioses perdidos vuelven en forma del cadáver animado del tirano
vampírico que rompe el idilio de la paz y drena la sangre del
patrimonio ajeno.
72
En churchofsatan.com
41
Éstos asumen el horror porque temen a la diferencia, no
reconocen que sea posible moverse, y creen vivir mejor en la
revolución aparente del mero sobrevivir. Hoy alzan estatuas; mañana,
hambrientos, enajenados por la servidumbre, convertidos en masa
descerebrada, en turbamulta, chillarán el mismo sic semper tyrannis
entre calles derruidas y polvorientas.
*
«Mejor reinar en el Infierno que servir en los Cielos»73.
Satán abre el alma colectiva para que salgan los tiranos. Es el
gran dictador, Cosmocrator maldito, que no distingue entre buenos y
malos, o entre monarcas, presidentes y generales; mucho menos entre
zurdos y diestros. El corazón de hierro de la megalomanía late con la
fuerza del infierno. Los pueblos de la Tierra gritan atolondrados desde
las válvulas hirvientes de la máquina de guerra usurpada.
Pitaco de Mitilene, Polícrates de Samos, Ligdamis de Naxos,
Falaris de Agrigento, Ortágoras de Sición, Trasíbulo de Mileto, Terón
de Agrigento, Pisístrato de Atenas, Regaliano, Aureolo, Macriano el
Joven, Quieto, Herodes, Meonio, Balista, Valente Superior, Valeriano,
Pisón, Emiliano, Saturnino, Tétrico el Mayor, Tétrico el Joven,
Galieno, Trebeliano, Nerón, Calígula, Borgia, Castracani, Carlos I,
Felipe II, Guillermo de Orange, Jorge III de Inglaterra, Carlos I de
Inglaterra, Luis XVI, Bonaparte, Hitler, Stalin, Hussein, Mussolini,
Pol Pot, Pinochet, Aparicio Méndez, Velasco Alvarado, Branco,
Carias Andino, Duvalier, Castillo Armas, Leonidas Trujillo, Porfirio
Diaz, Batista, Rojas Pinilla, Videla, Stroessner, Banzer, Somoza
Debayle, Massera, Noriega, Maduro, Mengistu, Amín Dadá, Ahmad
al-Bashir, Nguema Mbasogo, Museveni, Habré, Franco, Milosevic,
Biya, Castro, el propio Uribe Vélez. Todos enemigos de la deidad
humana, satanes de la humanidad, ingenuos demonios ennegrecidos
por el tuétano infecto de este mundo.
73
En Milton, John. Pradise Lost. «Better to reign in Hell than serve in
Heaven».
42
Todos salidos de la pesadilla de la libertad, del canto desgarrado
de la utopía, afincados en el poder despótico de un infierno que se
edifica —que cobra cuerpo— lentamente desde los albores de la
civilidad.
*
Stalin, tan perfectamente rojo, servía bien a Satán. El diablo
totalitario del comunismo pasó por Moscú, quemando iglesias y
martirizando a los burgueses que corrompían los cimientos del sueño
soviético.
Así como el Lucifer de Pessoa instaura su treta fingiendo que no
existe, el Satán de Bulgákov hace todo lo posible por comprobar que
está allí.
*
Una cosa es lo que el demonio significa para los cristianos, y
otra lo que significa para los satanistas.
El cristianismo exilió los cuerpos de su mundo. Privatizaron y
determinaron las entradas adecuadas a lo corporal. Para el rito
cristiano el cuerpo verdadero debe accederse a través de un ritualismo
del cuerpo, de otro modo, no se hace más que conjurar
voluntariamente la inmundicia. A través de la metáfora del logos
hecho carne, en el rito de la comunión, la potestad cristiana confisca y
dispone del decurso de la materialidad del inscrito. De esta manera,
los curas de antaño se adueñaron de la idealidad civil, y vendieron —e
impusieron— a grandes grupos humanos la primera imagen hueca de
la salvación —o al menos de su versión vigente.
*
Este cuerpo edénico, cuerpo contra-erótico, es una visión
nauseabunda que no vale la pena tratar.
43
Con los años la iglesia perdió este poder sobre la ilusión mayor.
En la ilustración la figura imperial pasó a manos del Estado, y los
patriarcas y sus iglesias fueron reemplazados por nuevos dogmas más
cercanos a la socialdemocracia —como hoy se entiende—, aunque
igualmente motivados por el impulso de muerte y acumulación.
La religión está lejos de morir. Pase lo que pase seguirá
habiendo cristiandad. Todavía hay cristianismos e iglesias, todavía
hay feligreses y diezmos y, sobre todo, queda mucha teología por
desplegar. Incluso quienes no consideramos el deísmo y sus teísmos,
seguimos siendo cristianos en el lenguaje, en las formas arquetípicas
que desfiguran lo abrahámico y los accidentes morales que estas
formas cristalizan.
*
Mi aporte a la teología contemporánea será delimitar la función
semántica del diablo, aclarado que la escritura-realizada deberá
entender el mundo que viene como una matriz semántica en constante
generación de códigos mudables. No se trata pues de que la escritura
(sagrada) registre lo que ha sido, o que ofrezca un adelanto de lo que
será; es mejor entender que la escritura es el único mundo —directo y
efectivo— que conocemos, porque sin el código no podríamos
asimilar —o construir— lo real.
El diablo unifica las signaturas externas del código-mundo con
la falsedad (aparente ausencia) de sus contenidos finales.
*
Opero como teólogo, no como demonólogo.
No digo nada que no esté en las escrituras canónicas para cada
una de nuestras iglesias.
La demonología es un estudio de carácter mórbido, patológico,
que tiende a sobrevalorar las fuentes apócrifas antes de revalorar las
fuentes primarias.
44
*
El diablo es nuestro señor, y debemos aprender la mejor manera
de servirlo. Tendremos que encontrar una manera perfectamente
cristiana de servir a la falsedad y a la ilusión —evitando así que nos
devoren.
Ahora bien, así como hay una manera cristiana de adorar a
Satán, también existe una manera luciferina, satanista y, satánica de
hacerlo.
El buen-cristiano del siglo XXI debe rendirle tributo, es su
deber espiritual para con el devenir.
Eventualmente se comprenderá que las escrituras han sido
interpretadas en la clave capciosa del autoengaño. El demonio es
nuestro dueño verdadero, y en el valor de su voluntad mora nuestra
única posibilidad de salvación.
*
La biblia cristiana se escribió bajo la inspiración divina de
Lucifer. Está escrita en clave negativa; contiene los secretos, pero los
mantiene operantes ocultándolos. La cristiandad se vende como un
socialismo, aunque opere como una doctrina secreta. La sagrada
escritura impone un dogma de negatividades múltiples que el teólogo
podría iluminar. Un demonólogo, un satanista, en cambio, intentará
escribir su propia biblia, repelido por el secreto y asqueado por la fe.
Esta biblia personal de los demoniacos es una negación
(tergiversación) de la negación (clave secreta) de la negación bíblica
original (cuerpo). Por eso no vale la pena tomar demasiado en serio lo
que prescribe el satanismo teísta o esotérico.
Con dos negaciones es más que suficiente.
Renunciamos al cuerpo para conocer al diablo, lo mejor será que
nuestro Lucifer se mantenga apresado en la metáfora.
45
El satanismo es al cristianismo lo que el cristianismo al
judaísmo. Una secularización bastarda y peor a todas luces. Reconocer
al diablo como amo de nuestra fe implica reformar el dogma ritual,
igual que lo que el Cristo intentó con el judaísmo. Si el satanismo
prolifera como religión, esto significará la total degradación del
mundo cristiano, así como el cristianismo supuso la última
degradación tanto del imperio romano (belicismo), como de la cultura
europea domeñada (utopismo) y la religión abrahámica subsumida
(mesianismo). Si Cristo hubiera podido reparar el dogma hebreo nadie
habría tenido que fundar una nueva religión. Si hoy conseguimos
restituir los sentidos del demonio y reparar la decadente religión de
los difamadores del Cristo, podremos detener el nacimiento de una
nueva degradación.
Los principios fundamentales del satanismo contemporáneo son
mayormente extrapolaciones esotéricas y fabulescas del pensamiento
de Nietzsche y de Freud. Una religión de forma, prefiguración parcial
del credo, colección de refritos y tergiversaciones. Cada nuevo doblez
del dogma agota un poco más las signaturas del mundo que propone.
Ojalá intentásemos reparar lo crístico preparando el terreno para el
apocalipsis, en lugar de fundar un nuevo y más profundo error en su
seno.
El catolicismo es una religión mistérica y conmiserativa, llena
de hermetismos excluyentes, ritos iniciáticos y toda clase de
paganizaciones y sincretismos adquiridos durante siglos de
colonización de territorios y domesticación de idiosincrasias. Si algo
anhelaba el profeta Yesuá era eliminar el dogma ritual del judaísmo,
pero su iglesia hizo justo lo contrario, convirtió el poderío de su ética
humanista en una máquina de guerra despótica, dominando las
cabezas con ilusiones y espejos: promesas y discursos, leyendas y
proclamas, costumbres y rituales.
Falsearon la realidad, filosóficamente, en el dogma, y de manera
directa y efectiva, en los procesos bélicos y alienantes de la
evangelización. La iglesia es todo lo contrario a lo que el Cristo
46
predicó. La cristiandad no se trata del Cristo, se trata de su imagen
ritualizada, de la mentira celestial en la idolatría, y de una tristeza
infinita, venida con el sentimiento de imposibilidad y de culpa. Se ha
vuelto un culto de la miseria y el abuso, del desprecio y la hipocresía;
su protagonista no podría ser otro que el opositor.
Un dogma fundado en la antonimia, la antagonía, las paradojas
negativas de la carne y la tentación universal y constante del No.
{tesis Gonzo}
*
La falsificación del rito judío en el dogma cristiano ha cobrado
matices inesperados tras la absorción de diversas imaginerías paganas.
Es probable que esto explique por qué el cristianismo sigue tocando
los márgenes de la hechicería. En el medioevo, reclamaron el derecho
exclusivo a las artes secretas —so pena de muerte.
El cristianismo, religión de Lucifer, no tiene que ser
necesariamente esotérica, pero sí tiene que ser brujeril y pagana. Para
nadie es un secreto que otra de las funciones de los demonios
cristianos ha sido guardar las viejas claves de la vida pagana
sepultada. «El alma continúa siendo pagana, y Dios, por exhumar.»74
*
El satanista es aquella persona que creyó percatarse de la
mentira idealizante —e idealizada—, y quiso fundar una religión
personal en la raíz de esta noción. Ya que el Satán que conocemos
hace parte del mito cristiano, los satanistas aspiran a la fundación de
una rama secular, donde cada sectario constituya su propia tribu,
celda, partido y paradigma de adhesión. Así como el cristianismo
nace de restar importancia al dogma ritual del judaísmo, el satanismo
nacería de restar importancia al dogma comunitario del cristianismo.
El satanista es fundamentalmente individualista, cree en el amor
—como deseo—, y en esa medida es cristiano; pero prefiere negar su
74
En Pessoa, F. Op. cit. [18].
47
cristiandad, no puede evitar preguntarse: «por qué concedes,/al amor
el amor, si a dios odiamos.»75 Sólo le es dado unirse a otros en la
celebración (fiesta/orgía), la guerra (mercado), o en aquellos espacios
de poder neutralizado bajo modelos de comunión como el de Max
Stirner. «El bien de la sociedad humana no me llega al corazón, a mí,
el egoísta; Yo no me sacrifico por ella, no hago más que emplearla;
pero, a fin de poder usar de ella plenamente, la convierto en mi
propiedad, hago de ella mi criatura; es decir, la aniquilo y edifico en
su lugar la asociación de los egoístas.»76
*
El satanista haría que el limbo abismal del capitalismo mundial
integrado se prolongara, inmensa-pesada e indefinidamente. El
verdadero cristiano, que conoce el sentido mistérico de nuestra unión
con el demonio —y su potestad sobre lo que hagamos—, no aceptaría
otra prolongación de la crisis. Lo única aceptable es el Dies Irae.
El satanista vive para aprisionar al demonio en favor de sus
intereses mundanos, quiere vivir las nimiedades de la existencia; el
buen-cristiano-en-satán, en cambio, practica la fe del amor: cree en la
depuración, quiere acabar con el dolor y las miserias humanas:
finiquita la historia; es la eutanasia que apuñala este mundo
agonizante, por piedad. Intenta destruir el mundo para salvar al
demonio. Así su propia progenie quedaría liberada.
[matizar: desenfocar distinciones entre el capitalismo-verde y el
anti-ambientalismo]
75
En Escobar Gutiérrez, H. Lo Temporal.
76
En Der Einzige und sein Eigentum. «Mir, dem Egoisten, liegt das Wohl dieser
“menschlichen Gesellschaft” nicht am Herzen, Ich opfere ihr nichts, Ich benutze sie
nur; um sie aber vollständig enutzen zu können, verwandle Ich sie vielmehr in mein
Eigentum und mein Geschöpf, d. h. Ich vernichte sie und bilde an ihrer Stelle den
Verein von Egoisten.»
48
El de los satanistas es el demonio admirable, el dios de la
individualidad y las más altas aspiraciones técnicas e intelectuales; de
la destrucción antes del nuevo ciclo y el odio contra aquello que se
muestra débil y decadente. Legionario de la libertad gritando el non
serviam autárquico.
El mejor de los demonios custodia la feminidad negada y
destituida, hasta que llegue el retorno, y luego el final. Es el espíritu
de la revancha que alza el puño para prometer la restitución; la
llamada de la sangre y la tierra: regreso al paganismo, a la verdadera
esencia simbólica del cuerpo; es el ojo astral, la clavícula que abre las
esclusas de la percepción aumentada por los alucinógenos; el danzarín
dionisíaco, fauno ditirámbico y musical de la sexualidad desenfrenada;
es la conexión con la fuerza terrible de los elementos y las criaturas
irracionales que los habitan.
Suyas son todas las perlas de inmoralidad (animalidad) e
inmortalidad (infantilismo) que alberga la dimensión inconsciente —
dulce voluptuosidad de lo inaccesible, negra negatividad reprimida.
Esta voz atronadora de la gran-bestia-interior, del humano-
organísmico; brío del Yo iracundo de los románticos, de la
modernidad y sus revoluciones estridentes. Siempre abatiéndose
contra la tormenta del sentimiento y el horror de la historia, siempre
sorteando las olas ensangrentadas por el poniente hacia un horizonte
imposible.
[relación genealógica del Ordo Templi Orientis y la Church of
Satan]
Es el nuevo dios, que promete acción y cambio, que mueve el
entramado de la aventura. El más ideal e idealista de todos los diantres
habidos. Ese al que —según Pessoa— «los librepensadores [,] llaman
Reacción»77.
Para el satanista el deseo, la voluntad y demás muestras de la
vitalidad de la carne son suficientes para sostener las motivaciones de
la existencia. Como el diablo es el amo de las ilusiones, quienes lo
77
Op. cit. [31].
49
siguen esperan lograr una suerte de amnistía que les permita ver lo
real desde adentro.
El satanista tiene una fe completa en la materialidad de su
espíritu. Dice Carlo Michelstaedter: «Puesto que su deseo para él es la
verdad absoluta, todo lo que lo condujo a la irritación es falso, injusto,
y es posible solo suponiendo una Intención injusta en las cosas, una
malicia especial en las personas: de aquí nace la idea del diablo, el
espíritu del mal, que de vez en cuando mete la cola en la segura
felicidad de los hombres.//Puesto que mi deseo es la verdad, el Bien es
la realidad natural. El Mal una fuerza trascendente.»78
William Blake construye su propia escritura sagrada con el
negativo de la metafisica cristiana. La escritura del demonio afirma
todo lo que la biblia cristiana niega. El demonio Blakeano sirve como
contra-reacción al racionalismo ilustrado, tanto como anticipación
desconfiada del idealismo como función dialéctica de la teología. El
genio visionario denuncia el aparato de guerra de la cristiandad que
demoniza los impulsos animales del hombre, dilatando y malogrando
el principio de realidad. ¡En la biblia infernal de John Milton «el
Padre es Destino, el Hijo es la Razón de los cinco sentidos, y el
Espíritu Santo es el Vacío!»79
Podría decirse que esta biblia del infierno —la biblia de un
auténtico cristiano—, es lo que este trabajo querría restablecer. Ya
desde un comienzo, los principios fundamentales de esta escritura
sagrada (maldita) señalan como un error el dualismo cartesiano de la
experiencia, causa fundamental de la comprensión idealista de los
fenómenos.
«El hombre no tiene un Cuerpo distinto de su Alma: pues lo que
llamamos cuerpo es una porción de Alma discernida por los cinco
sentidos, las puertas principales del alma en esta edad.//La Energía es
78
En El Diálogo de la Salud.
79
Op. cit. «the father is Destiny, the Son a Ratio of the five senses, & the Holy-Ghost
Vacuum!»
50
la única vida y nace del cuerpo; y la razón es el límite o circunferencia
periférica de la Energía.//Energía, Eterno Deleite.»80
2
Ω
{φιλοσοφία}
philosophĭa
Satán,
te pido un alma sencilla y complicada
como la tuya. Un alma feliz en su dolor.
80
Op. cit. «Man has no Body distinct from his Soul: for that call’d Body is a portion of Soul
discern’d by the five Senses, the chief inlets of Soul in this age.//Energy is the only life, and is
from the Body; and reason is the bound or outward circumference of Energy.//Energy is
Eternal Delight.»
51
Luis Carlos López81
*
Hace mucho que dejamos de necesitar que algo sea bueno a
agradable o bello para convertirlo en un ideal que ayude a tolerar la
vida. La nuestra es la era perfecta para el idealismo.
Antes idealizábamos ciertas cosas porque se creían verdaderas o
sagradas; ahora idealizamos por puro placer de forma (¿necesidad?):
por el simple impulso negativo de gozar con la inexistencia de algo
más.
*
El idealismo original quería buscar maneras de revelar lo que se
nos escapa (la iluminación, el instante), pero el humano
contemporáneo solamente anhela —y fetichiza— algún cese temporal
del fastidio de estar flotando a la deriva. Cree que conoce todo lo que
le hace falta, y yo no busca más que entretenimiento en todo lo que
parezca ridículo, grotesco o innecesario. Sigue sin tener los pies en la
tierra, como los religiosos del tiempo romántico, pero no le importa
que lo esencial se le escape, a fin de cuentas, el ser occidental se torna
irremediablemente superficial y nihilista.
Así fue como pasamos de ser idealistas por amor a la realidad, a
serlo por miedo y odio a ella. Reemplazamos lo nouménico-celestial
de Kant —cándida (im)posibilidad de completar el mundo—, por lo
hiperreal de Baudrillard —fetiche (mistificación) de la imposición
indiscriminada de lo virtual.
81
En Por el Atajo. A Satán.
52
Con el nihilismo viene la aguda sensación de derrota. La historia
terminada y la vida tautológica confirman el advenimiento de una
profunda desesperanza, únicamente enmascarable gracias al cinismo.
*
El flujo torrencial de información rapta nuestros cuerpos a través
de sugestiones y terror-propaganda. Es el apocalipsis porque estamos
convencidos de que lo es. Estamos seguros de que todo se está
agotando y de que no podemos hacer nada para detenerlo. Este
derrotismo —esta psicología del fin— oculta el fantasma despótico
que se instala silenciosamente en nuestros los corazones.
La máxima de Jameson que anuncia que «parece más fácil
imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo» 82, se ha
convertido en un auténtico principio evolutivo.
[buscar otros biologicismos convincentes: en la versión final la
cita de Jameson debe ir mencionada, pero sin aparecer: se ha
popularizado demasiado]
La sensación de agotamiento, la paranoia social y la
fetichización de la hecatombe ensamblan nuestra verdadera catástrofe,
y no el calentamiento global, el precio inflado del petróleo, la quiebra
de la industria nacional, el aire y agua contaminados o las epidemias;
ni siquiera el regreso del fascismo se instaura en la base de una
problemática real; son pruebas de un mal sino, proyecciones
mediáticas de un deseo enfermo, pero nada serio comparadas con los
anatemas simbólicos que las generan. Albert Camus menciona en La
Pest —en algún rapto de lucidez demoníaca— que la plaga
(negatividad negada) irrumpe en las vidas como una abstracción
asesina:
«Sí, en la desgracia había una parte de abstracción y de
irrealidad. Pero cuando la abstracción se pone a matarle a uno, es
preciso que uno se ocupe de la abstracción.»83
82
En Fisher, M. Realismo Capitalista.
53
*
George Berkeley estaba seguro de que el mundo material no
existía —o no en cuanto a tal—: sólo tenemos las impresiones que
recaudamos de él. Algo —o alguien— nos lo va dibujando en la
cabeza en tiempo real, sin que fuera nada antes de que intentásemos
sentirlo o evocarlo —cualquier parecido de eso con esas
espiritualizaciones de la física cuántica, que comparan textos de
Platón con las teorías subatómicas en boga, es pura coincidencia—.
Estas son buenas ideas, a lo mejor por eso ahora tiene un pueblo y una
universidad con su nombre.
A pesar de todo nunca despreció la existencia; al contrario,
supuso que el que todo fuera una mera especulación dotaba la
percepción de cierta vivacidad especial, dado que era lo único que
tenemos para suponer las cosas que consideramos palpables. «No
puedo dudar de que lo que veo, oigo y toco es percibido por mí, o sea,
existe, como tampoco dudo de mi propia existencia.//Lo que no puedo
admitir ni comprender es que el testimonio de los sentidos se aduzca
como prueba de la existencia extramental de una cosa no percibida por
ellos.»84
*
A Borges le gustaba jugar con esta idea de que habitamos un
holograma imperfecto del mundo total de los dioses paganos y que,
por tanto, cualquiera podría ser reemplazado por otro en aras a una
continuidad forzada que une (resume) todas las conciencias humanas
—en el tiempo, no en el espacio. «Si los destinos de Edgar Allan Poe,
de los vikings, de Judas Iscariote y de mi lector secretamente son el
mismo destino —el único destino posible—, la historia universal es la
de un solo hombre»85.
Mais quand l’abstraction se met à vous tuer, il faut bien s’occuper de l’abstraction.»
84
En Principios del Conocimiento Humano. XL.
85
En Historia de la Eternidad. El tiempo circular.
54
*
Schopenhauer tampoco creía en la solidez de los hechos
independientes de las percepciones. Acogió el diseño cósmico de los
Vedas, donde todo lo que deja una marca en los sentidos pertenece a
los terrenos de la ilusión, y sólo unas pocas ideas y percepciones,
desligadas de la dimensión falsa del deseo —llamado por él voluntad
—, pueden considerarse participes de algún modo en la realidad
trascendente (universal y verídica).
*
A grandes rasgos, podríamos decir que lo más general del
idealismo se encuentra en las ideas de Platón, y antes que en él, en las
enseñanzas del hinduismo y las sectas indostánicas.
Una vieja leyenda cuenta que Brahma creó el universo por
encargo de Maya, la ilusión. Maya le pidió que creara al ser humano,
y en su cuerpo inanimado diseminó las partes del dios, luego lo cubrió
con el velo del sueño —lo atrapó en la ilusión de los sentidos—, para
que olvidara quién era y pudiera jugar a encontrarse en cada nueva
encarnación. Por eso la realidad sensible es falsa, y la de las ideas,
divina y verdadera.
*
Maya es la dimensión del diablo, el estado de perpetua
ignorancia y división. Bergamín lo consigna en la clave de su teología
demoniaca del cristianismo:
«Si es que está todo el hombre en el sentido de la vida —que no
es otro que el común sentir de nuestros sentidos: el sentido de los
sentidos, el sentido común por que percibimos y con que percibimos
al Demonio— la división de ese sentir íntegro o totalizador humano
por el tacto, o el gusto, o el olor, o el oído, o la vista, separa nuestro
ser dividiéndolo: y precisamente el separarlo, cada vez más, en ese
sentido, o en cada sentido, apurándonos más en cada uno de ellos, el
55
tentador de todos, el Demonio, nos separa de Dios porque lo que hace,
así, es dividirnos para vencernos.»86
Se observa que la única diferencia de su versión es que el dios
hebreo es trascendente y personal, y no inmanente y múltiple, como el
dios védico. El dios único del zohar es objeto puro, y el del
Majábharata y el Bhagavad-guitá, es sujeto y objeto a la vez. Por eso
para el cristianismo el mal debe ser entendido como presencia, y no
como una modalidad del pensamiento.
*
Platón tenía su Mito de la Caverna. Allí nos dice que lo que
experimentamos por los sentidos es una sombra de la realidad, y lo
que es peor, en caso de que alguien nos avise que vivimos en una
mentira, no le creeríamos. «Y si [,] tuviese que dar su opinión sobre
estas sombras y discutir sobre ellas con sus compañeros que no han
abandonado el cautiverio, ¿no les daría que reír? ¿No dirán que por
haber subido al exterior ha perdido la vista, y no vale la pena intentar
la ascensión? Y si alguien intentase desatarlos y llevarlos allí, ¿no lo
matarían, si pudiesen cogerlo y matarlo?»87
El cinismo de la época consiste en que ya nadie tendría que
convencernos. Hay demasiadas pruebas de que nuestro mundo es
casual, a-causal, relativo, subjetivo, abstracto, virtual, espiritual,
fílmico, mimético, memético, ideal, cognoscitivo, abstracto, mudable,
lábil, accesorio, narrativo, imaginario, indeterminado, sígnico,
semántico, postizo, impreso. Al menos los subhumanos de la caverna
tenían la incredulidad; tenían la ignorancia, que es la verdadera causa
del pecado para los Vedas; nosotros, en cambio, solamente tenemos el
miedo a que exista algo real, el conformismo paradójico de lo que ya
está muerto —sin estarlo—, el menoscabo del cuerpo en cuanto a
cuerpo, y un agudo desprecio por lo evidente. No pasamos, no
experimentamos, no permanecemos: nos evadimos; somos un ángel
86
Op. cit.
87
En República VII. 518b-d.
56
triste que se cae sin tocar el piso, y que sólo atrae negaciones en su
caer. Vivimos gracias a la negación de nuestro negacionismo.
*
Este camino de la negación del mundo condujo a visiones muy
dispares. Llevó a Berkeley a tener una fe suficientemente religiosa en
los fenómenos del entendimiento; una confianza ciega en los datos
provenientes de los sentidos como manifestación aceptable de la
existencia; a Schopenhauer lo llevó a la mistificación de las ausencias
—incluida la propia— en el pesimismo misantrópico, a lo mejor
porque nada revela mejor la indeterminación del mundo como los
actos y pensamientos mezquinos que la humanidad cultiva.
A Borges lo llevó a enmendar una de las más brillantes doctrinas
del plagio activo (cultismo del reciclaje). «Homero compuso la
Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y
cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.
Un hombre inmortal es todos los hombres.»88 Esto se entiende mejor
en su ensayo sobre lo cíclico, allí emplea la teoría de conjuntos de
Cantor para contradecir la posibilidad de un Eterno Retorno y
establecer su punto con un cariz aritmético. «Si el universo consta de
un número infinito de términos, es rigurosamente capaz de un número
infinito de combinaciones»89.
*
El idealismo se vuelve nihilismo de agotamiento ante la
frustración, pero también puede engendrar el nihilismo activo, cuando
emplea el principio de doble falsación, negando la negación de la
corrupción idealista de la realidad.
Es el tema de Nietzsche en el primer estudio de su Voluntad de
Poder. Para poder percatarse de la muerte de la metafísica en los
valores —y, consecuentemente, querer salir de dicha condición—, es
88
En El Aleph. El Inmortal.
89
Op. cit. La doctrina de los ciclos.
57
necesario sentir el nihilismo. Sólo podemos vencerlo llenándonos de
él, superando el gran cansancio tras haberlo vivido de lleno. En ese
orden de ideas, el bigotón se considera el «primer nihilista perfecto de
Europa, [pues] ha superado el nihilismo que moraba en su alma,
viviéndolo hasta el fin, dejándolo tras de sí, debajo de sí, fuera de
sí.»90
*
Schopenhauer pensaba que la esencia de la vida era el dolor. El
sufrimiento vendría del deseo, cuya función es fijar las conciencias en
las cosas del mundo; para la concepción indostánica que adoptó, el
cosmos evidenciado en la realidad de los sentidos es una mera
cáscara, velo de la ilusión y el error. «El ser humano es presa de la
ilusión, y esta ilusión es tan real como la vida, como el mismo mundo
de los sentidos, puesto que es una sola cosa con él (la Maya de los
hindúes).»91
Para el trascendentalismo de los idealistas la realidad de los
sentidos no es fiable. Como la realidad del deseo (cuerpo) es falsa, es
necesario negarse a ella para que el mundo emerja. Schopenhauer
entiende la negación del dolor como un proceso constante de
anulación de la voluntad de vivir. Así visto, la única manera de vivir
bien sería hacerlo como si uno estuviera muerto, como los santos
ascetas, los catatónicos contemplativos y los autistas insensibles. Esta
es la base de la asociación entre idealismo y solipsismo: para que la
realidad cobre color, para que sea real, es necesario encerrarse en un
mundo personal e intransferible, pues sólo ignorar la falsa realidad
puede eximirnos del dolor.
*
Ahora que el idealismo se vuelve una forma de cinismo, se
intenta que lo imaginario parezca material, que lo triste se muestre
90
En La Voluntad de Poder. Prefacio.
91
Op. cit.
58
gracioso y que el aislamiento luzca como un acercamiento
globalizado.
*
Después de Schopenhauer otros pensadores —como von
Hartman y Frauenstadt— quisieron crear una modalidad realista de su
pesimismo orientalizado, incluyendo las ideas e improntas sensoriales
en un nivel equivalente de apercepción de la realidad. Es como lo que
hiciera Berkeley, sólo que a la inversa, haciendo parecer que las cosas
poseen una existencia propia sólo porque nos dejan recuerdos y
huellas mnémicas. Para el realismo pesimista «el conocimiento que
tenemos de cómo aparecen las cosas ante nosotros en la experiencia
nos da conocimiento de las cosas-en-sí-mismas.»92
Esta confusión entre realidad y materia podría ser un eslabón
faltante en la cadena histórica de ideas subyacentes a la adopción
unilateral de la razón cínica.
Otros discípulos, como Julius Bahnsen, querían desligarse de la
palabra idealismo porque le conferían un talente progresista, finalista
u optimista.
Otro “realismo” para la pila (pira).
Apelar a lo real parece lo más severo cuando tu tesis de base es
que la realidad siempre ha sido, o bien inaceptable, o bien inaccesible.
*
Nietzsche reformula su pesimismo proyectándolo a futuro. En
lugar de recomendar la negación de la voluntad, la radicaliza,
convirtiendo su denuncia vitalista en una profética del gasto.
Considera el sentimiento trágico de la Grecia clásica como principio
del defecto en las aspiraciones socráticas; un refugio optimista (ideal)
para espíritus débiles. Nietzsche pensaba que el pesimismo de
Schopenhauer anticipaba el nihilismo, en la medida que postulaba la
92
En Beiser, F. Weltschmerz: Pessimism in German Philosophy: «the knowledge we have
of how things appear to us in experience gives us knowledge of things-in-themselves.»
59
naturaleza negativa de la realidad. Para él la realidad era positiva,
fisiológica, y el ideal corrupto de lo supraterreno (espiritualizante),
esa ficción nociva que intenta negarla. La decadencia es externa,
venida de los valores podridos y la debilidad humana, y no interna,
como en Schopenhauer, dada en la estructura misma de la percepción
y las determinaciones cósmicas de sus posibles contenidos.
El pesimismo de Nietzsche es propiamente psicológico y
afirmativo, una llamada iracunda al movimiento; el de Schopenhauer
es milenario, letárgico, abismado, medido en eones: cosmogónico, si
se quiere. La diferencia es la postura ante la fatalidad. Lo fatal como
impulso o lo fatal como padecimiento.
Hay sin embargo, un punto de confluencia que no podría pasar
por alto. Así como Nietzsche, Schopenhauer también sintetiza su
vacuna, busca la cura en la radicalización de la enfermedad.
Distingue una voluntad que mora en la naturaleza, un impulso
impersonal de acción, con el que la conciencia lucha para poder
establecer el ritmo del tiempo en su flujo. «Y de nuevo se cumple de
los astros/la voluntad, que todo el querer nuestro/es porque así debe
ser, según ley,/y ante el querer el supremo albedrío cede.»93
Esta voluntad genérica es la de la naturaleza, identificada con la
realidad negativa de la percepción, y debe ser aplastada con la
voluntad de no querer (negación de la voluntad). «Tras nuestra
existencia se esconde algo a lo que sólo tenemos acceso cuando nos
desprendemos del mundo.»94
Zanjar los límites de lo deseable rompe la inercia de la voluntad
de la naturaleza, y da al sujeto las riendas de su Yo. Es la única
manera de evitar la frustración que genera el ser ilusorio al que
conduce a la imagen negativa de la naturaleza. «Sólo es
verdaderamente feliz el que en la vida no quiere la vida, es decir, no
persigue sus bienes.»95
93
En Goethe, W. Urworte. Orphisch. Ananke, Nötigung.
94
En El Mundo como Voluntad y Representación. I.
95
Op. cit.
60
En el fondo no es más que una apuesta negativa por lo
fenoménico, un intento por hallar en el cuerpo, un afuera trascendente
del cuerpo, donde se anula el deseo, y las negaciones sistemáticas que
Maya opone a los sentidos se disipan. Así se oponía al espíritu
racionalista de los hegelianos, poniendo la experiencia develada del
mundo antes que su consolidación en la maqueta ideal, apegándose a
las representaciones pre-racionales de la cosa-en-sí-misma kantiana,
por medio de la renuncia.
Cree que para vivir mejor la vida es necesario darle la espalda.
Schopenhauer es el primer proto-negacionista (todos lo
idealistas lo son, pero él más); su concepción del ser como algo
anterior a toda definición se adelantó al existencialismo —Nietzsche
incluido— y al psicoanálisis —abarcando hasta el posestructuralismo.
Su filosofía del no-acto es la de alguien feo, huraño y resentido,
que se siente fatal cuando ve que a Hegel le va muy bien, y se muerde
los labios al ver las muchachas bonitas que pasan por la calle, sin que
su presencia apesadumbrada de pensador intoxicado exista en lo más
mínimo para sus sentidos y deseos imperfectos.
*
De alguna manera es esta habituación al sentimiento de pérdida
lo que ha roto la barrera entre el idealismo vulgar y el idealismo
filosófico, engendrando el idealismo cultural (cinismo). Pareciera una
buena contramedida intentar dividir nuevamente estos ámbitos.
Visto así, la muerte material e histórica de Melissa se
corresponde con el ideal vulgar de la autodestrucción bohemia, pero la
manera tan bonita en que se muere en mi cuento corresponde al
idealismo filosófico, que busca a las deidades muertas en un sentido
personalista de las correspondencias.
Nada parece tener sentido, pero si uno logra juntar los puntos,
volver constelaciones hablantes a las estrellas mudas, es posible
emularlo. Falsificar el sentido es el más bello y precario de los ideales.
61
*
A veces me parece que estas anotaciones encallan en uno de
esos intentos de catarsis que las personas emprenden en los diarios,
con toda esa escritura confesional y meditabunda que siempre detesté.
Supongo que para evitar la cursilería convertí mis emociones —o la
ausencia de ellas— en anotaciones acerca de cómo el idealismo se
perfecciona en la agudeza de mi insensibilidad. Luego le concedo una
forma a dicha insensibilidad; simplemente la excluyo de mi campo
histórico/perceptual llamándola Lucifer —o demonio o diablo—. De
repente la superposición de mis mentiras quiere ahogarme y anhelo
poder confesar, representar mis penas y las penas anteriores que las
constituyeron en el tiempo; desde allí podría justificar mi crimen y
suplicar el asco del estrado; podrían condenarme de verdad, de una
maldita vez por todas, como si hubiera metido quince balas físicas,
tangentes, hirvientes y literales en el cadáver de algún pobre
malnacido. Como si pudiera devolver el tiempo y matarla con mis
propias manos sólo para sacudirme de encima su final espantoso, que
en nada me compete —ni contiene— en realidad.
[la revisión del pensamiento idealista resulta pomposa y
aburrida: considerar ponerla en un apartado independiente]
*
La base nosológica de todo idealismo se instaura en la negación
—total o parcial— de la consistencia de la realidad material y sus
cosas, dando primacía a las ideas (imágenes, figurativas o abstractas).
Ahora bien, tenemos que hay al menos dos maneras completamente
opuestas de negar que las cosas existen —del todo—. Una, es decir
que no existen porque los datos de los sentidos son poco fiables,
porque la mente se engaña con cúmulos de datos exteriores que bien
podrían ser implantados, como en los mitos del Vedanta, o en Matrix,
de lxs Wachowski). La otra forma es conferir todo lo que es
verificable a la aprehensión exterior de la realidad, negando lo
existente al privarlo de su razón metafísica —o fenoménica
62
(metafísica comprobada en lo corporal)—. Una existencia netamente
material está igual de negada que una en que la disposición primordial
de la materia nos resulta —sustancialmente— inaccesible.
[extraer conclusiones fenomenológicas separando y releyendo
los párrafos que hablan sobre Melissa]
*
La experiencia humana dribla entre el eje fenoménico (las
esencias, la experiencia) y el nouménico (la existencia, lo espiritual).
Las representaciones —símbolos, instituciones, abstracciones y demás
— enlazan ambos planos a través de una constante negación
recíproca.
La negatividad es la muerte, la conciencia de discontinuidad;
antes fue la naturaleza, que desaparece en lo humano una vez es
signada, pues al dar nombre a las cosas, éstas resultan extraídas de la
indiferenciación (orden) de lo natural. El “yo abstracto” se opone a la
fusión de todo y divide el mundo en elementos, a los que asigna
estratos de experiencia diferentes. La negatividad a su vez niega la
diferencia, en un impulso destructor que sólo espera realizarse
exteriormente.
*
Este anhelo constante por separar y comprender, oprimido por el
impulso de negar y universalizar, es el fundamento anímico del
idealismo.
*
La interpretación de Kojèv sugiere a Bataille que, el de Hegel,
es un pensamiento conducido por el ateísmo nihilista y la muerte,
porque el Aufhebung (usualmente traducido como síntesis) de su
dialéctica, implica siempre la destrucción de los contenidos
precedentes. La dialéctica hegeliana es pues, un método destructivo,
63
que funciona negando y define el espíritu humano a partir de su
defectibilidad y finitud.
Bataille considera que la negatividad sostenible fija los límites
de cualquier desarrollo en sentido histórico, en el contacto psicológico
(afectivo) con la nada y el final. Por eso esta antropología de lo
indisoluble (total) en Hegel «es más bien una teología en la que el
hombre habría tomado el lugar de Dios.»96
[incluir la segunda cita de Hegel: la de Principios de Estética]
*
El arte niega el mundo como acción obligada, genera una
metafísica propia, y esto hace creer que hay un fantasma especial que
lo habita. El acto animal, la percepción pura, genera una sensación de
mismidad, de comunidad con lo existente, y esto también llegamos a
romantizarlo. Parece que, ni hay nada parecido a cuerpo-puro en la
aproximación desnuda a la realidad, ni cabe nada parecido a espíritu
puro en la razón —ni en la estética, ni en la religión. En nada que
opere desde la metafísica.
Nosotros somos creaturas metafísicas, es la forma en que
vivimos el cuerpo, y no podemos aspirar a ninguna experiencia
racional sin presentir el fastidio de la imprecisión de las barreras entre
lo que sentimos y los modos en que expresamos y acomodamos esos
recaudos de experiencia.
Queremos ser un cuerpo viviente, pero no así, no del todo.
Como dijera Kierkegaard, desesperamos por no querer ser tanto como
por el caso contrario. Lo mismo que le pasa al demonio, quien «quiso
no ser; no quiso dejar de ser, sino ser lo que no es, lo que no era,
quiso, o quiere, ser nada, queriendo ser todo, queriendo no ser.»97
96
Op. cit.
97
Op. cit.
64
Siempre estamos contradichos, entredichos, contrariados:
negados tramo por tramo en el devenir, porque ingresamos al mundo e
interactuamos con sus objetos mediante un acto de falsificación
constante. El continuo intercambio de elementos formales con
pensamientos y remembranzas, intercalados con percepciones
sensoriales y juicios de valor, confunde los niveles y pervierte el
sentido de lo real. Lo que nos permite desenvolver la conciencia en el
tiempo es esta revoltura espantosa entre los estratos de la existencia,
cuyo grado de corporalidad neta difiere considerablemente —sobre la
marcha— sin que podamos mesurar las implicaciones de la
diferenciación.
La filosofía se dedica a varias tareas absurdas, pero dividir lo
que se siente de aquello que se piensa de lo que se siente ha sido —tal
vez— la más sufrida e infructuosa de esas luchas. Distinguir el
fenómeno de las abstracciones o racionalizaciones de sus efectos
cognitivos. Distinguir las esencias —cómo aparece algo—, de la
existencia —lo que ese algo es en el plano universal.
*
Para el nuevo fenomenólogo, existir da derecho a sentir, y no al
revés, como pasa al fenomenólogo idealista (hegeliano). «La
existencia precede a la esencia» 98 —como anotaba Sartre para alguna
presentación—. En las bellas palabras de Merleau-Ponty: «yo soy la
fuente absoluta, mi existencia no procede de mis antecedentes, de mi
medio físico y social, es ella la que va hacia éstos y los sostiene, pues
soy yo quien hace ser para mí (y por lo tanto ser en el único sentido
que la palabra pueda tener para mí)»99.
Para el contemporáneo, la fenomenología actualizada escapa al
método reflexivo de la dialéctica idealista, al método inductivo de la
ciencia empírica y al método especulativo de la cosmología
(metafísica). A la fenomenología correspondería el método
98
En L'Existentialisme est un Humanisme. «L'existence précède l'essence».
99
En Fenomenología de la Percepción. Prólogo.
65
descriptivo, que integra el halo de la realidad trascendental con la del
cuerpo negado.
Schopenhauer, un idealista paradigmático, ya se había
adelantado a este tipo de posturas más de un siglo antes —cuando no
estaban de moda—; decía que «[el hombre] es su propia obra antes de
todo conocimiento y este solo se añade para iluminarle. Por eso no
puede decidir ser tal o cual, ni puede tampoco hacerse otro, sino que
es de una vez por todas y conoce de manera sucesiva lo que es.»100
En su ensayo sobre fenomenología, Merleau-Ponty apunta que
el idealismo privilegia la conciencia kantiana de la división sujeto-
objeto, obligada a suponer que, sin la síntesis universal, las cosas
resultarían impensables, mientras que para el existencialismo, es la
vigencia puntual de la experiencia lo que comprueba que el cuerpo
interviene en ella. Olvidan que el despliegue sintáctico de toda
conciencia que se analiza —aun en la descripción menos sesgada—
parte de un error al observar la escisión (exclusión violenta) del objeto
del que es conciencia. Ya no se trata de una postura ante las
propiedades del objeto, sino de las propiedades de la máquina
perceptora como función del sistema-mundo. Semejante confusión de
la herramienta con la mano que la porta parece inherente a la adopción
evolutiva del tiempo y el espacio como categorías morfológicas
primarias para la cognición, siempre inaccesibles en la simplicidad
instantánea de la vivencia.
*
Que nos sea biológicamente (funcionalmente) imposible acceder
a la experiencia directa podría ser el principio de toda intuición
metafísica, y con ella, de todo idealismo. Este accidente de la
fisiología generaría la impresión de que existen universales, dioses e
ideas preexistiendo al alma humana. Esto se comprende mejor a través
de la filosofía de la mente y la neurología contemporánea, lo cual
100
Op. cit. I. § 55.
66
explica la privación ante el tema de los pensadores en siglos
anteriores.
Parece haber un modo innato de aprehender los contenidos, que
hace que la realidad sólo aparezca como émulo o apariencia de la
realidad, generando la crítica metafísica de la conciencia en el
proceso. La pregunta por el estado del ser, guiada por el halo brillante
de la cosa-en-sí y su impresión de trascendencia.
*
El cerebro es una máquina análoga que crea un plano motor
completo del medio exterior para que los cuerpos puedan desplazarse.
La evolución mejora las redes motoras y sus relaciones con el medio.
Cada acto que no se acomete genera energía residual, que se convierte
en experiencia mental. Toda representación, todo acto mental o
producción subjetiva, niega un acto motor —un impulso animal—,
fijando una ruta electroquímica de emulación funcional que permita
interiorizarlo en un espacio neuroanatómico equivalente. Asir los
contenidos externos del mundo —en términos puramente fisiológicos
— implica hacer una réplica y olvidar el original. El original sólo
puede manifestarse como réplica, debido a la barrera que el campo
sintáctico necesita poner alrededor de lo percibido. Todo acto es una
idea activa, y cada imagen mental, el fantasma de un acto muerto en la
incubación nerviosa. A eso se refiere Rodolfo Yinás cuando indica
que «en virtud de lo que ahora comprendemos de las propiedades
funcionales de las células nerviosas y el cerebro, debemos mover el
tópico [kantiano] del a priori neurológico de la mera incumbencia de
lo epistemológico, al dominio de la filogenética.»101
101
En I of the Vortex. «by virtue of what we understand of the functional properties
of nerve cells and the brain, we may move the issue of a neurological a priori from
one solely of epistemological concern to that of a developmental, phylogenetic
concern.»
67
La gran revolución de la fenomenología moderna (Husserl,
Heidegger) consistiría en señalar que es necesario analizar cómo
sucede el mundo, y no únicamente por qué. Otro intento fracasado de
salir del positivismo e idealismo. Tremendos, ingentes, ininteligibles
tratados, plagados de abstracciones —completamente lejanos a
cualquier contacto con la experiencia sin mediación— son presentados
como manuales de una filosofía práctica, que restituye la presencia de
los cuerpos y pone al Ser en el Mundo.
Sein und Zeit, de Heidegger; L´être et le Néant, de Sartre;
incluso el fundacional Ideen zu Einer Eeinen Phänomenologie und
Phänomenologischen Philosophie, de Husserl. Quieren decirle a su
público conocedor que el pensador puede buscar las cosas en las cosas
mismas, que todo es —también— presente, y puede describirse como
tal; que es posible ser intencional antes que inconsciente o volitivo;
que un filósofo puede alejarse de lo ideal y de lo racional —aunque
sean sus únicas herramientas—; que los contenidos sensomotores del
tacto, y la idea que del tacto tenemos, se harán una sola entidad si
logramos aprehender este presente; pero el presente no existe, es una
síntesis constante, dolida, imposible como estado patente, y ellos —
tan defensores de la irrealidad como su patriarca Hegel— requieren
de la redacción de mamotretos de ochocientas páginas de
excentricidades para intentar convencernos de que es viable describir
cómo se siente el viento y cómo huelen las flores: más lícito al menos
que escribir mamotretos de ochocientas páginas sobre lo que
suponemos que pensamos al respecto.
*
Así como a pesar de todo, sigue existiendo el socialismo,
también existen muchas personas que creen que pueden sostener una
lucha —“útil”— contra el capitalismo neoliberal, el deterioro eco-
ambiental, la corrupción estatal, el colonialismo/imperialismo, la
supremacía racial blanca o el sistema de opresión heteronormativo del
patriarcado —e incluso creen que estas cosas son entidades
68
diferenciadas—. Pensar así es una manera aplicada —o vulgar— de
ser idealista, pero creer que, además, es posible ganar estas luchas, se
llama ser pendejx.
No es posible cambiar al Mundo: el ideal como tarea imposible:
los universales niegan las cosas antes de que puedan aparecer. De allí
el fracaso rotundo de La Revolución y el no-poder innegable de la
revuelta.
Uno sólo puede cambiar su mundo; condicional e
intersubjetivamente, cambiando su actitud cuando es
condicionalmente pasivo, y de manera objetiva, llamando —
activamente— a la tribu.
Uno sólo puede moverse, y arrastrar consigo una parte de su
aldea.
*
Ganar es culminar. El triunfo aplazado grita la peor calumnia.
*
La destrucción de un sistema o estado de cosas es la única
victoria a la que podemos aspirar, pero todo se ha hecho intangible, y
la única manera de destruir lo irreal, es negar que existe. Lo virtual
como encubrimiento se torna indestructible, en la medida que
olvidamos qué era lo real. Lo demás (el arte, la crítica) es una
contención parcial, y tiene la validez precaria de todo lo que busca
paliar momentáneamente el sufrimiento, nunca la connotación heroica
de la muerte: aquello que alivia un mal de raíz.
*
El horror, un horror de película barata, parece ser el atributo
fundamental de nuestra época.
69
Excluyendo este idealismo de temperamento —que también
podríamos llamar ingenuidad— es posible rastrear en el rizoma los
contornos de ese otro idealismo propiamente filosófico, que, lejos de
desaparecer, se ha ido dividiendo en muchas cosas raras con el paso
de los años.
Melissa creía en un cierto ideal precario relacionado con la
degradación de sus instintos, aunque nunca entendí exactamente en
qué consistía, ni puedo afirmar que le haya servido para tener una vida
mejor. A menos que entendamos una vida más corta como una vida
mejor.
*
Corre una época particularmente negativa, pero también bastante
moralista y copiosa en represiones. Toda esa negatividad debe salir
por algún lado, y el hoyo se abre justo en medio del principio de
realidad. No se trata, únicamente, de la negatividad reprimida, sino,
sobre todo, de aquella que es reconocida, pero que se tramita de
manera cada vez más antinatural, de manera menos negativa. Es un
mundo en que la negatividad sufre ataques constantes.
Las fijaciones de compromiso con el inconsciente ya no bastan,
y la realidad nos va dejando rezagados en su marcha hacia la
extinción.
*
A veces pienso que mi vida pudo haber sido más fácil si hubiera
nacido mujer.
Melissa me decía que si quería yo podía ser ella y ella yo.
Éramos muy niños. Me hacía entrar en una casa de muñecas muy
grande y jugaba a desvestirme y a ponerme sus vestidos. A veces
también me maquillaba y me hacía poner los tocones de la mamá.
Decía que yo era su muñeca favorita. Yo me dejaba porque me
excitaba que me quitara la ropa y me tocara, aunque fuera bastante
brusca y me dejara moretones cada que jugábamos. Ahora recuerdo
70
todo lo que vi en la infancia como si hubiera sido un sueño. Hay
muchas cosas que recuerdo sin saber si fueron sueños o pasaron en
realidad. No me gusta que nadie me diga lo se supone que pasó: sé que
todas las versiones están igual de amañadas que la mía, siento que los
otros tampoco pueden distinguir las maneras que componen mi
realidad. Lo único que siempre he tenido claro es que soy la completa
y absoluta medida de la humanidad. Soy mi humanidad. Lo que yo
siento lo sienten todos. La emoción es genérica. La humanidad, con
toda su lepra, con toda su fiereza e historias macabras por contar, se
resume en la imagen que veo cuando cierro los ojos, y me miro
desnudo en los espejos de la memoria.
*
Siempre he despreciado con todo lo que tengo de crítico eso que
llaman realismos. Nada me fastidia más que la pretensión de algunos
sujetos de que existe en todos algo llamado “realidad”. El naturalismo,
el realismo social, el hiperrealismo, todo eso es una distorsión
aberrante de lo que sea la realidad, mientras que en los productos
fantásticos, en lo más hondo de la pura ensoñación y la imaginación
mítica, cada quimera es personal y perfectamente verdadera. Hay una
vida pedestre en que debo padecer las humillaciones bajo todos los
regímenes y falencias de la historia, pero esa vida es un sustrato
apenas, sobre el que he podido erigir torres de marfil infinitas con
ficciones reconfortantes que me hagan olvidar, cargar desde la leyenda
que pude ser, y sentir mejor y más arriba que sobre cualquier tontería
de las que la supervivencia animal me exige. Si no me evado en mis
tonterías tendré que hacerlo en las de otros, pero lo claro es que
necesito hacerlo. Necesito negar y evadir, sino lo consigo estaré
perdido, al igual que este mundo y sus contenidos aberrantes.
[revisar material teosófico para segunda versión del manifiesto
del negacionismo; plano estético en teósofos antiguos vs en los
modernos: establecer paralelo entre los oráculos Caldeos, el I Ching y
la intencionalidad emotiva en Blavatsky, Yeats y Crowley]
71
*
Antier soñé con Melissa. Estábamos en el valle de los hongos y
ella se suicidaba colgándose de una torre de electricidad. La luz de la
tarde se veía como debería verse en el apocalipsis. Nunca he sido muy
creyente, pero lo que más me quedó del colegio católico fueron los
cromos llameantes del fin de los tiempos. A veces es imposible saber
qué debería decirnos un sueño cualquiera; en este caso sería imposible
discernir si el apocalipsis representa un renacer o una derrota completa
e inminente. Es igual de imposible que determinar qué muerte es más
compleja y elegante, porque lo del gramo completo de heroína es una
muerte insigne en la literatura contemporánea; mientras que ahorcarse
en un vuelo infantil es una de esas antiguas muertes fuertemente
alegóricas como de tragedia clásica, que nada tienen que ver con el
glamur impersonal de nuestro tiempo.
Ahora nos parece sospechoso que alguien haga algo cuando
podría no hacerlo, y claro, que alguien crea en alguna cosa con
demasiada insistencia.
*
Esta es la era del demonio porque todo se ha vuelto falso, y es
en el mundo de lo oscuro (lo incomprensible) y lo falso (lo virtual)
donde su potencial se desenvuelve mejor.
Thomas Ligotti nos lo recuerda en su iluminador ensayo sobre el
pesimismo cósmico: «nada en este mundo puede ser más que una
marioneta [,] simulacro de una presencia real. No es nada en sí misma.
No es algo completo e individual, sino que sólo existe en relación con
otros [,] juguetes humanos que mantienen mutuamente su ilusión de
ser reales. Sin embargo, al reprimir sus pensamientos sobre el
sufrimiento y la muerte se delatan como seres paradójicos:
tergiversadores que deben ocultarse a sí mismos las posibilidades
patentemente penosas de sus vidas si quieren seguir viviendo.»102
102
En The Conspiracy Against the Human Race. The nightmare of being.
72
La higiene estética y moral de la posmodernidad consiste en
buscar una sinceridad emocional paradójicamente liberadora, en la
conciencia misma de ser falso y artificial. En nuestro momento de la
historia la única manera de parecer genuino es ser banal, vender(se) y
reconocer que no es posible ser original, sincero o genuino. El
posmoderno acepta de buena gana que es un carroñero cultural y un
cínico ontológico. Recicla, reintegra y deconstruye toda la chatarra de
la historia, y no se amedrenta o entristece por saber que todo en su
vida es perfectamente impuesto, circunstancial y canjeable por
entretenimiento basura o por cupones de descuento. Dannazio
menciona el carácter inaccesible de lo espontaneo en su ensayo sobre
narrativas posmodernas: «[…] puede parecer que digo este tipo de
cosas para hacerme el inteligente, pero no lo hago; es al contrario, sé
que soy poco inteligente porque no puedo expresar mis pensamientos
sin dar rodeos o remitirme a cosas externas; es porque en realidad
carezco de naturalidad, por eso la busco y la anhelo y estoy tan
perfectamente facultado para escribir acerca de lo que es, pues tengo
fe en que, si logro dominarla como procedimiento literario, algún día
podré también aplicar estos hallazgos a la vida social y amorosa.»103
Para llegar al mundo debemos fingir. La mayoría lo hacen sin
darse cuenta: un ejemplo —uno de la cotidianidad—: publico una foto
de mi rostro y miro cada diez minutos para saber si han subido los
likes; soy perfectamente consciente de que los likes no me dan dinero
ni comida ni nada material; sé que no soy lo que sale en esa foto que
puse, pues, por un lado, ya cambié: he envejecido un poco en cosa de
minutos y, aunque me quedara igual, nunca podría entender por qué
mi aspecto es ése y no otro: nunca podría ser del todo ése que veo en
las fotos y los espejos; también sé que las personas que me dan esos
likes no me conocen realmente; apenas y me han visto por ahí, o ni
eso. Todas estas cosas están ahí, en mi cabeza mientras reviso una y
otra vez el contador, pero mi cuerpo no las escucha; mi conciencia las
pasa por el flujo superficial, pero mi cuerpo sólo quiere placer; los
103
En impertinencia de todo 3. La Naturalidad.
73
likes llenan mis axones de rica serotonina, como si comiera frituras o
alguien me hiciera sexo oral. Los likes son falsos a todas luces, sé que
lo son, puedo notarlo sin ser muy inteligente ni pensarlo demasiado,
pero ya no se trata de lo que pueda creer o pensar. Mi intelecto no vale
nada, porque en resumidas cuentas yo soy un cuerpo, y ese cuerpo
quiere sus likes. Mi cuerpo pertenece ahora a una imagen vacía de mi
satisfacción, y no a nada que pueda considerar parte de una voluntad
libre, creíble: o al menos un poco seria. Pareciera que ha nacido una
nueva forma de corporalidad, donde el cuerpo solamente puede ser
apropiado por medio de la metáfora o estereotipia (imagen) del
cuerpo. Colonizamos el reino de las imágenes vacías, que son la base
de las ideas. Jung señala que el εἶδος de platón es el mismo Imago
Deus de Paracelso y el mismo archetypum de san Agustín104; el
vocablo traduce, de manera simple y escueta: idea, o sea imagen. Hoy
todo lo más sagrado y todo lo más desagradable confluyen en lúcida
sinergia dentro de esta pequeña palabra.
En la medida que el sistema-mundo se va revelando como una
virtualidad constantemente depurada, sus realidades (esquemas y
ficciones) ya no aspiran a ninguna clase de solidez, ni exterior ni
metafísica. Ahora el mundo material media entre nosotros y los
hologramas/representaciones, y no al revés, como pretendiera Platón
en el Cratilo. Debemos acceder a la imagen falsa para sentir la parte
material de la experiencia, y el mundo se aleja más y más: hacia lo
abstracto, hacia lo simbólico, pero también hacia el cansancio, el
hastío y la insensibilidad.
En las últimas décadas muchos pensadores han querido señalar
este distanciamiento de la vida en la imagen, que de algún modo
vivimos como una intimidad o cercanía cínica. Baudrillard, por
ejemplo, ha dedicado su obra a delimitar el modo en que todos
nuestros sistemas de valores se hacían cada vez más flotantes y
remotos: la flotación del valor-cambio de las divisas y el costo de la
mano de obra (o sea Marx); la flotación del lenguaje y los signos que
104
En Arquetipos e inconsciente colectivo.
74
emplea para transmitirse (o sea Saussure); la flotación de las
dinámicas del deseo y datos concisos de la conciencia (o sea Freud) y
la flotación de los valores morales que dan solidez a la vida (o sea
Nietzsche): «[…] la generación por los modelos de algo real sin
origen ni realidad: lo hiperreal. […]Ya no es más que algo operativo
que ni siquiera es real puesto que nada imaginario lo envuelve. Es un
hiperreal, el producto de una síntesis irradiante de modelos
combinatorios en un hiperespacio sin atmósfera. […] Producción
enloquecida de lo real y lo referencial, paralela y superior al
enloquecimiento de la producción material: así aparece la simulación
en la fase que nos concierne —una estrategia de lo real, de neo-real y
de hiperreal, doblando por doquier una estrategia de disuasión.
[…]América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo
hiperreal y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de
la realidad (la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la
realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad.»105
Baudrillard y los demás posestructuralistas sentaron las bases
para que pensadores un poco más contemporáneos pudieran montar
una verdadera crítica de la falsa conciencia, tanto en lo
socioeconómico como en la producción cultural y de subjetividades
(indisolublemente ligados para la tradición marxiana). En este rango
estarían las indagaciones de Slavoj Žižek y Guy Debord. Pensadores
que pudieron apuntalar —igual que Sloterdijk— el modo en que la
ilusión cínica de bienestar en la imagen rebasa e integra las
concepciones dicotómicas que teníamos del materialismo y el
idealismo —desde la ilustración—. Este nuevo idealismo es la
naturaleza, la estructura misma del capitalismo mundial integrado, del
hetero-patriarcado y la hegemonía neoliberal. Nos arrojan a un nuevo
idealismo propiamente nihilista, thanático, cínico y, en esta misma
medida: demoniaco.
El sistema neoliberal nos vende la idea de que podemos
hacernos libres en la auto-explotación, y esta no es posible sin la auto-
105
En Cultura y Simulacro…
75
promoción. La tercerización de la economía nos obliga a vendernos
como producto, a producirnos, publicitarnos y entregarnos como si de
ello dependiera nuestra identidad y el escaso significado de nuestros
actos. La hiperrealidad es este estrato de idealidad pura, donde los
ideales ya no requieren de una imagen pletórica de la existencia. El
nuevo idealismo conjura lo vulgar y lo filosófico en una cultura de la
inseguridad y el menoscabo de lo real, pues se ha vuelto caricaturesco
y —en cierta medida— inaceptable.
Todos devenimos espectadores y marionetas de un teatro
grotesco y absurdo, que ya casi nadie está interesado en comprender o
cambiar. Debord le decía el espectáculo: «Al contrario del proyecto
resumido en las Tesis sobre Feuerbach (la realización de la filosofía
en la praxis que supera la oposición entre el idealismo y el
materialismo), el espectáculo conserva a la vez, e impone en el seudo-
concreto de su universo, los caracteres ideológicos del materialismo y
del idealismo. El lado contemplativo del viejo materialismo que
concibe el mundo como representación y no como actividad —y que
idealiza finalmente la materia— se cumple en el espectáculo, donde
las cosas concretas son automáticamente dueñas de la vida social.
Recíprocamente la realidad, la actividad fantaseada del idealismo se
cumple igualmente en el espectáculo por la mediación técnica de
signos y señales —que finalmente materializan el ideal abstracto
—.»106
El espectáculo es la encarnación del entretenimiento, que
contradice y a la vez completa la noción de arte. Por una parte, porque
existe un arte de entretener, pero también porque la apertura de los
referentes y la muerte de la técnica han hecho indiscernibles ciertos
campos de la actividad estética.
*
Podríamos pensar este nuevo modelo ontológico de la cultura
desde una aproximación negativa al arte. La autoproducción de
106
En La Sociedad del Espectáculo.
76
nuestras vidas nos ha vuelto a todos grandes artistas del engaño y el
auto-engaño. Artistas de la negación.
Para Theodor Adorno, la función del arte es negar la realidad,
presentar lo inexistente como existente —igual que Platón, sólo que
Adorno le ve el lado bueno a esta negación, que es causa de
devaluación metafísica para los griegos—. Si la mentira estética logra
sustituir lo real en la experiencia, significa que ha podido reclamar un
grado mayor de realidad frente a nosotros, en tanto que ha conseguido
negarlo, imponiendo su imagen a las presencias que la circundan. El
arte es la apariencia de lo que carece de apariencia, lo que se revela
como existente a pesar de sí mismo; por eso se lo ha identificado con
estos sentimientos supraterrenos, que anuncian una paz completa que
vendrá a posarse sobre todo el que sea capaz de negarse a la vida. La
praxis artística desvaloriza la necesidad pragmática (laboral) de la
producción y la reemplaza por una práctica sin función, que sólo
aspira a la felicidad, una «promesse de bonhear».107
El arte es estímulo y forma, técnica y experiencia, pero no se
compone de actos positivos, sino de todo lo contrario: pequeñas
anulaciones de lo práctico. El arte es sobre todo este ademán negativo,
y sólo en la por falta de praxis concreta logra reclamar una raison
d’étre propia.
Somos una especie negativa. Habitar y ser se han vuelto
cuestión de replicar un arte, más que de aprender una técnica.
Perdimos los procedimientos. Como en el arte contemporáneo, todo lo
nuestro es ya una cuestión de forma. La vida del posmoderno «[,] es
una cosa que niega el mundo de las cosas [y] debe legitimarse a priori
ante este mundo.»108.
La extrapolación del arte a filosofía del vivir en la
autopresentación productiva —un sincretismo más— permite hacer
de la vida una mímesis mistificada de lo que bien podría ser. Todos
debemos publicitarnos, generarnos desde lo incierto, luego maquillar
107
En Teoría Estética. Las teorías del arte de Kant y Freud.
108
Op. cit. Carácter enigmático, contenido de verdad, metafísica. Cui bono.
77
eso generado, reproducirlo y venderlo. Así, este carácter enigmático
(encubridor) del arte, sería plenamente necesario para que emerja la
razón cínica en nosotros. El enigma se instala en las sanciones de
ocultamiento y enmascaramiento que este carácter artístico permite.
El estado de confusión entre la esfera estética y la ontológica
permite invertir el orden de las percepciones en abstracciones. El arte
del encubrimiento y la vida como negación «son enigmas; [que] digan
algo y al mismo tiempo lo oculten es el carácter enigmático desde el
punto de vista del lenguaje.»109
Ahora bien, no todo en la visión adorniana del arte es amoldable
a esta nueva analogía del humano-devenir. Vemos al menos una
función crucial quedando excluida. No podemos imitar —con este arte
que se-falsea—, la negación innata del poderío económico e
institucional del estado despótico. Lo que este arte filogénico del mal-
vivir no hace, es negar la hegemonía opresora y los rasgos sociales
dominantes, horquillas de la miseria y la alienación. Se trata de un
anti-arte que solamente se niega a sí mismo —como manifestación de
la vida—, sin importar contra qué parezca dirigir sus impulsos.
[tener en cuenta el anti-arte de Currea: (¿)una apropiación —
redirección (parodia) narrativa— de la hiperrealidad(?)]
Esto explica, al menos en parte, que todo lo que nos parecía más
serio en la modernidad haya pasado a ser un chiste en una apreciación
posmoderna. Convertir la vida en arte y el arte en humor es el grio
cínico que nos permitió invertir la gestión de lo aparente frente a la de
lo realizable. Julius Bahnsen lo explica en su ensayo sobre humor y
tragedia. «Esto hace de lo humorístico algo estético en el sentido más
eminente de la palabra, pues ofrece la verdad en forma de la
apariencia, mientras que lo simplemente bello reviste la apariencia con
la forma de la verdad.»110
*
109
Op. cit. Carácter enigmático y comprensión.
110
En Lo Trágico como Ley del Mundo. El humor. 1. La relación general del humor con lo trágico.
78
{la cultura cínica es humorística, el humor es su espectáculo, poner
citas del libro de los cínicos. El cinismo es hacerse el que no pasa
nada, poner citas de la gaya ciencia y hablar del gran pajazo mental}
*
La semana pasada mostré mis notas a Ciro. Me dijo que no tenía
ninguna postura que tuviera la más mínima relevancia filosófica.
Considera que mi ensayo es una retahíla de referencias sacadas de
contexto para argumentar el punto de vista de uno de esos ancianos
católicos y reaccionarios que creen que el mundo se está yendo a la
mierda. Según él soy uno de esos fascistas criollos que piensan que los
cambios son malos sólo por ser cambios, y cifran toda su incapacidad
emocional en un pacto inquebrantable con el rencor. Dice que los
nihilistas son personas resentidas que no logran admitir su ignorancia
por vías directas.
Imagino que Melissa me habría dicho que mi ensayo era la
distracción de alguien muy triste que no tiene nada mejor qué hacer.
Creo con toda sinceridad que ambos son juicios ciertos.
Por otra parte, el juicio de Ciro reitera mi pensamiento. Siempre
fui consciente de que mi apreciación del satanismo era una
secularización de mis sentimientos católicos. Soy satanista porque el
satanismo es la realización práctica del catolicismo. Se trata de la
ideología cristiana despojada de sus velos y tapujos. El demonio es un
dios más sencillo de adorar, puesto que no espera nada bueno de
nosotros. Lo que no tiene en cuenta es que lo que propongo es una
filosofía cínica para la vida. Intento radicalizar el sentido fatal de la
existencia al modo romántico, tomando partido por la evasión de la
vida.
79
Esta misma falsa conciencia se halla por doquier en aquellas
ideologías supuestamente destinadas a nuestra liberación (sexual y
económica). Podríamos pensar en estas tendencias del feminismo que
te dicen que si eres promiscua y subes fotos del culo en Instagram, o si
consumes reggaetón y trap como sorda, este proyectarte más liberada
y desinhibida te irá emancipando. Esto se conoce como
neutralización; es el proceso mediante el cual la cultura dominante (el
poder económico móvil e impersonal) toma algo de la oposición o las
contraculturas y lo convierte en un producto perfectamente vendible,
que además se suma a la farsa alienante, evitando así —por vías
simbólicas (ideales)— que las masas se salgan de control. Un ejemplo
es la manera en que los punks ingleses se volvieron fiesteros new-
wave cuando las grandes disqueras los compraron, o el modo en que
las vanguardias literarias pasan a la derecha blanda con los años, de
una manera tan silenciosa y viscosa, que nadie parece notarlo; y claro,
están las versiones pop —popistas, diría Fisher— del impulso de la
revuelta, que sirven como un dique al descontento social, pasándolo al
campo imaginal-narrativo-abstracto; este sería el caso de películas
como V for Vendetta de James McTeigue, o de novelas como Buda
Blues de Mario Mendoza, o Fight Club, de Chuck Palahniuk. Algo
parecido pasa con el bombardeo de imágenes de sexo y violencia a los
que nos vemos expuestos a diario, toda esta sobrexposición nos
insensibiliza, y pasa que entre más creemos necesitar de una
sexualidad desenfrenada y de grandes confrontaciones violentas
(sensaciones fuertes), más precoces, pasivos y solitarios nos
volvemos. Fantaseamos que somos libres y podemos ver lo que
queramos, pero al final no querremos nada, ni tendremos otras
realidades a donde huir cuando la ilusión vital colapse. Cuerpo
vendido y producido es cuerpo negado, es así como la reacción
libertina solamente ha acarreado más represión. Esto no escapa en
ningún nivel a las funciones políticas de la caricatura hecha
80
estereotipo de aquello ominoso que se desea relegar: lo extranjero, lo
desviado, la otredad.
*
No es gratuito que el modelo neoliberal utilice la crisis como
estandarte para su campaña de pauperización y ruptura de todas las
hegemonías del deseo. La gran crisis ya no se nos muestra como una
coyuntura hacia algo mejor. La decepción nos sugiere que ya no queda
nada más. El deterioro de todas las formas implica un gasto
aumentado de recursos y la densidad poblacional; las políticas
alienantes aumentan el ritmo de crecimiento demográfico, empleando
toda clase de aparatos ideológicos para mantener aplazada la revuelta.
Se nos vende todo lo necesario para que no nos salgamos del corral,
incluso el reconocimiento latente de que todo ha fracasado.
Tendemos a ser bombardeados por esta comparación conformista que
nos permite darnos por bien servidos porque todo puede —y debe—
ser peor. Aceptamos la porquería de nuestros sistemas de gobierno,
porque lo único que queda es aguardar la hecatombe. El cansancio
antes de la lucha ganó la última gran guerra ideológica. La crisis hecha
política de gobierno, causa de la justificación de los racionamientos
selectivos de recursos y el recrudecimiento del control. Así lo señala
el Comité Invisible. «La crisis presente, permanente y omnilateral, ya
no es la crisis clásica, el momento decisivo. Es, por el contrario, fin
sin fin, apocalipsis duradero, suspensión indefinida, aplazamiento
eficaz del derrumbamiento efectivo, y, por esto, estado de excepción
permanente. La crisis actual ya no promete nada; al contrario, tiende a
liberar a quien gobierna de toda restricción respecto a los medios que
son desplegados.»111
*
Fisher señala que Joy Division representa la coyuntura histórica
en que occidente comienza a darse cuenta de que sus imágenes se
111
En A Nuestros Amigos. Merry crisis and happy new fear.
81
agotaron. Hicieron la banda sonora para la apertura del apocalipsis. De
allí esta seguridad mística en la disolución generalizada del principio
de placer; la depresión del sujeto estratifica la anomia social de la
masa en una posguerra interminable, y el ya conocido no-futuro del
punk inglés comienza a ser mucho más que la denuncia de las
juventudes del proletariado. Ahora tenemos el ideal cínico como
escudo, que nos permite suponer que algo interesante saldrá pronto de
todos estos pastiches y las remezclas. Pero a comienzos de la década
del ochenta no era tan evidente; el mundo que ahora creemos grande,
porque el pasado crece ante nuestros ojos con la fuerza de una nueva
arqueología que aniquila el futuro, en los ochentas se vivía la
depresión reseca que anuncia un agotamiento total. A lo que yo llamo
idealismo cínico, Fisher lo llama truco vitalista. «Sabían que la
saciedad no es sucedida por la tristeza, sino que es ella misma tristeza.
La saciedad es el punto en el que se enfrenta la revelación existencial
de que realmente no queríamos lo que parecíamos tan desesperados
por tener, que nuestros deseos son sólo un sucio truco vitalista para
mantener el espectáculo en funcionamiento.»112
Las teorías de la hibridación cultural y el reciclaje de referentes
nunca habían estado tan en boga. El decolonialismo y la crítica
cultural contemporánea parecen incansables en su intento por
hacernos ver las ventajas en la falta de novedad y el carácter
representativo —de mixtura imaginal— del nuevo espíritu de los
tiempos.
[revisar —y comparar— relaciones entre la anomia cultural que
subyace al cinismo y el efectivismo en escritos como el Manifiesto
Antropófago de Oswald de Andrade y la Teoría General de la Basura
de Agustín Fernández Mallo; también otros acercamientos
occidentales sobre la saturación del pensamiento en la imagen
sobrexpuesta, como La Imaginación Pornográfica de Víctor J. Krebs,
Realismo Capitalista de Fisher y películas como Network, de Sidney
Lumet]
112
En Los Fantasmas de mi Vida. No más Placeres: Joy Division.
82
Como la nuestra es una época agotada, una forma que se
clausura, los que no descendemos a la bestialidad caemos en los pozos
de la melancolía. La tristeza y la maldad —caracteres primarios del
demonio— son perfectamente compatibles, y parecen ser los únicos
caminos que nos quedan. Es el apocalipsis, los que no saquean,
destrozan, violan o matan se acuestan en posición fetal para esperar a
que las llamas los devoren. Entre las clásicas distopías de la literatura
del siglo XX ninguna refleja tan bien nuestro presente como la de Ray
Bradbury. Mientras que Huxley ilustra un futuro posfordiano que
nunca llegó a ser, mientras Orwell nos ofrece un cuadro de la distopía
cumplida de la izquierda estalinista, Bradbury anticipa el futuro que sí
fue: este mundo de las imágenes, del cinismo y el gran espectáculo.
Un lugar donde los libros fueron prohibidos, porque recordar la
cultura comenzó a deprimir a las personas; un mundo donde la censura
nace de la debilidad de quien no quiere reconocer el agotamiento de la
vida; una historia que parece ir bien, aunque todos estén mortalmente
deprimidos, pues son, incluso, incapaces de notarlo, envueltos en los
úteros de la automedicación y el entretenimiento personalizado sobre
las pantallas; aislados, todo en soledad, pero fingiendo que se
comunican, auspiciando como una comunidad, como una religión, una
familia de espejismos y bagatelas.
«La gente no habla de nada […] Citan una serie de automóviles,
de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo
mismo y nadie tiene una idea original. Y en los cafés, la mayoría de
las veces funcionan las máquinas de chistes, siempre los mismos, o la
pared musical encendida y todas las combinaciones coloreadas suben
y bajan, pero sólo se trata de colores y de dibujo abstracto. Y en los
museos… ¿ha estado en ellos? Todo es abstracto. Es lo único que hay
ahora. Mi tío dice que antes era distinto. Mucho tiempo atrás los
cuadros a veces decían algo o incluso representaban a personas.»113
En la obra de Bradbury las personas ya no son siquiera capaces
de notar que están profundamente tristes. Necesitan de máquinas
113
En Fahrenheit 451.
83
médicas con tubos de drenado que les saquen el veneno cada que
intentan matarse sin saber lo que hacen, o por qué. Los referentes de la
tristeza sucumben al carácter radicalmente positivo que el modelo
neoliberal impone a todas las representaciones y escalas de valores
que rigen nuestras vidas. Es el mejor momento para el esoterismo y la
autoayuda (o superación personal).
[sondear transición formal entre las obras científicas y las obras
vulgares de Walter Riso]
Es como si el diablo se hubiera quedado con toda nuestra
tristeza, una tristeza que dios le debía a él, creado incapaz de
experimentarla por su propia cuenta, de modo que sólo le quedara un
rencor belicoso allí donde lo único que en verdad querría es acostarse
a llorar. Kierkegaard confiere esta tristeza reprimida al estado de
perfección de su alma, que, a pesar de la perfección de estado, no
logra mantenerlo alejado de la negatividad que roba su corazón: «El
[predicamento] del diablo es el más intenso de todos; el del diablo,
espíritu puro y, como tal, conciencia y limpieza absolutas; sin nada
oscuro en él que pueda servir de excusa, de atenuación; también su
desesperación es la cima misma del desafío. He aquí el máximum. Al
mínimum, es un estado, una especie de inocencia, como se está
tentado en decir, sin sospechar incluso de que se está desesperado.»114
Por esta razón, nuestra misión esencial como católicos —y, por
extensión, la de todos los que fueron criados dentro de los márgenes
culturales que imponen los diversos cristianismos (e incluso, quizá, de
modo general entre los pueblos abrahámicos)—, es comprender,
perdonar y acoger al demonio, y preparar este mundo para la venida
del anticristo. Esta es la línea general que sigue Papini en Il Diavolo,
un ensayo que escribió en su tardía etapa teológica. Quizá sea
únicamente nuestro amor el que pueda únicamente ayudarle a
salvarse, a volver a ser tal y como fue al principio, el más perfecto de
los espíritus celestiales. Todos los hombres quedarán salvados para
114
En Tratado de la Desesperación.
84
siempre de su odio si lo salvamos a él para siempre del odio de todos
los cristianos.»115
115
En El Diablo. 1. Propósito del autor.
116
En Crítica de la Razón Cínica…
85
En su libro sobre hauntología Mark Fisher menciona que Joy
Division fue la banda de rock más Schopenhaueriana de todas, porque
su fuerza se instala en la ambigüedad entre el impulso mesiánico de
transmitir una verdad vital y certera, y una aceptación plena del
sinsentido, la anhedonia y la muerte en vida. En el caso de
Schopenhauer esta disyuntiva se daba entre su desprecio por la
humanidad y la vida y un amor abstracto por la vitalidad inmortal de
las formas que alinean dicha vida, sobre todo las míticas. Ahora bien,
Schopenhauer creyó que había algo vital allí porque hallaba sentido en
las formas, Ian Curtis en cambio cree que tiene algo vital que decir
porque se dio cuenta que las formas están huecas, que son la nostalgia
de un mundo que se malogró en el proceso de las viejas utopías. Es la
seguridad de los místicos y de los suicidas de que la historia terminó y
el mundo se halla clausurado, sea por los dioses, o sea por su ausencia.
Joy Division logra un sentimiento agradable explorando el lado más
oscuro de la conciencia de época. Son esta voz de la guerra fría que te
dice que todo está terminado, que la humanidad ya inventó lo mejor
que pudo y ahora sólo queda apretar el botón. Era el sinsabor de las
ruinas tras los bombardeos, porque todos creyeron que algo mejoraría
tras las grandes guerras, y cuatro décadas más tarde se hacía claro que
todo iba para peor. El momento en que la virtualidad comenzaba a
verse en el horizonte, y la humanidad intuía su advenimiento. La
depresión —y su estética— dotaban a Curtis de esta certeza acerca del
cierre del mundo, por eso actúa como un heraldo de la llegada del gran
cansancio, del nihilismo que Nietzsche profetizó:
«El mundo condenado en vista de un “mundo verdadero,
valioso”, artificialmente construido. Finalmente, se descubre con qué
material se ha construido el “mundo verdadero”: y ahora sólo queda el
mundo condenado, se le suma esta máxima decepción a la cuenta de
su condenabilidad…»117
A Melissa le gustaba mucho Joy Division, y aunque se suicidó,
nunca me pareció que fuera depresiva; simplemente se aburría mucho,
117
En Fragmentos Póstumos…
86
estaba muy aburrida porque creía que se las sabía todas. También
decía que Joydi era la mejor banda de postpunk porque ellos no eran
góticos; no eran teatrales, como Roberth Smith o Peter Murphy: sólo
eran gente corriente que estaba fastidiada y enferma. Tampoco eran
punks. Ella decía que era una banda de oficinistas aburridos sin nada
interesante en el futuro. A lo mejor a eso mismo se refiere Fisher
cuando dice que Joydi es anti-rock, porque es la primera banda en
excluir todo impulso erótico o propositivo (positivo) de su
construcción lírica y estética.
A diferencia de la mayoría de nosotros Curtis elige la muerte (la
muerte en vida). Parecemos tener algo que a él no le tocó (los que no
nos matamos; Melissa y los demás suicidas ignoran ese algo y le
pasan por encima rumbo a la nada); no parece haber servido de
mucho, pero —en cierto sentido— con la nueva velocidad del flujo
informático conquistamos la apertura referencial, y con ella el control
operante (sincrónico) ante el meta-texto de la historia y sus funciones.
Sabemos que todo está hueco, pero nos hemos apropiado de la imagen
del mundo (cuerpo y espacio) hasta fundar un nuevo ideal desde el
vacío, la fatuidad y el autoengaño. Es como en ese poema sobre la
vanidad de Goethe: «He fundado mi causa en nada/¡hurra!/por eso me
va tan bien en el mundo/¡hurra!»118
Los dos idealismos que postulo niegan mi dolor. En ambos
casos parece que su muerte es imposible de experimentar: es
demasiado real como para que logre sentirla. Está negada desde cada
esquina. Por eso no logro que me duela. Melissa no logra morir en mí.
El mundo en que existe colapsa con su partida, y ninguno de los
mundos que deja atrás puede configurar su muerte como hecho
irrefutable. Yo sé que está muerta del mismo modo en que la realidad
está muerta, y por eso no lo acepto, más porque no es posible, que
porque no lo quiera creer.
118
En Vanitas! Vanitatum Vanitas!: «Ich hab mein Sach auf Nichts gestellt./ Juchhe!/Drum ist's
so wohl mir in der Welt./Juchhe!»
87
En el cuento de Tobías la mística de su muerte se escurre por la
soga, pero a los ojos de mi verdadera personalidad el suicidio por
sobredosis funciona a la perfección. No es dialéctico ni mucho menos
equiparable en ninguna medida: fue lo que fue, Melissa tomó con
ambas manos la literalidad de su muerte y eso siempre se le
agradecerá con algo de rencor. Es natural que toda su literalidad y
materialidad me resulten hirientes. Meli era verdadera como el mundo
clausurado de Curtis. Ni siquiera tenía redes sociales; no me explico
cómo llegó a vivir la manía vertiginosa de los artistas.
88
parte de la moral rencorosa de los esclavos. «La etapa última de la
historia representa para [Nietzsche] la primacía de los débiles, esto es
el nihilismo, pues la vida se reduce a lo mínimo, a una serie de
procesos reactivos. Cuando se da el total nihilismo, la Voluntad de
Poder se torna en lo que no es: querer el poder; ésta es la concepción
que tiene del poder el esclavo, cosa que no es sino decadencia: […]
Por eso piensa que aquellos que viven una moral de esclavos no
comprenden la vida y la desvirtúan.»119
*
Nietzsche distingue dos formas antitéticas de nihilismo. Uno es
el nihilismo pasivo, que padecemos en forma de devaluación y hastío
de todo; otro es el nihilismo activo, la idea reconfortante de que el
mundo está negado de raíz, y la única manera de sentirlo es negándolo
de vuelta, puesto que todo es una simulación.
El diablo vive la realidad negándola, porque no confía en los
sentidos, pero tampoco en sus intuiciones de la inmanencia. Completa
la realidad, rellena los orificios con mentiras consabidas; se muestra
como un dominio autónomo de la existencia, pero sólo gracias a la
certeza de que el mundo se niega a ser experimentado por él. Como es
un niño, hace pataleta y se frustra; como es un cínico, finge que su
rabieta no es nada serio; que el universo mismo —igual que su ira—
carece de sentido, y si es que tiene alguna razón de ser, se trata de una
razón desagradable.
«Mefistófeles: ¡Soy el espíritu que siempre niega!,/y con razón;
pues todo cuanto nace/digno es de perecer;/por eso sería mejor que
nada naciera […]//Fausto: Te llamas una parte, ¿y estás, sin embargo,
como un todo ante mí?»120
*
119
En Pragmatismo, Posmetafísica y Religión.
120
En Goethe, W. Faust. ««Mephisto: Ich bin der Geist, der stets/verneint!/Und das mit
Recht; denn alles, was entsteht,/Ist wert, daß es zugrunde geht;/Drum besser wär's, daß
nichts entstünde […]//Faust: Du nennst dich einen Teil, und stehst doch ganz vor mir?»
89
El idealismo vulgar en su forma más pura sobrevive en campos
de agobiante esterilidad política, como el ambientalismo amañado de
y mediatizado de Greta Thunberg, o este feminismo trasnochado, que
prefiere discutir si ser exhibicionista y buscar la mejor manera de
venderse es una forma de liberación (pro-bitch vs anti-bitch).
Quizás el feminismo teórico haría más ingresando de lleno al
espectro amplio y sensato de la teoría queer, o al de la sociología de
género —acerca de la agenda del feminismo práctico y su militancia
(sea cual sea) me resulta imposible e injusto emitir cualquier concepto.
[poner como antecedente las pornwars en EEUU y el UK; citar
referentes seudo-feministas (posporn): Amaranta Hank y Erika Lust]
*
El idealismo filosófico ha sobrevivido adoptando muchas
máscaras diferentes. En general podríamos decir que es necesario ser
un poco idealista para volverse filósofo. Idealista, en la clave que
planteo, es algo peligrosamente cercano a nihilista. Esto me recuerda
ese fragmento de Chesterton que cita Žižek:
«Los asesinos respetan la vida humana, solo que desean alcanzar
una plenitud de vida propia a expensas de las vidas que consideran
inferiores. Pero el filósofo odia la vida, ya en sí mismo o en sus
semejantes […] El criminal común es un mal hombre, pero, en todo
caso, puede asegurarse que es un hombre bueno condicional. Con solo
destruir un obstáculo, por ejemplo un tío rico, está dispuesto a aceptar
el universo y a dar gracias a Dios. Es un reformador, no un anarquista.
Pretende limpiar el edificio, no derrumbarlo. Pero el filósofo perverso
no trata de alterar las cosas, sino de aniquilarlas.»121
*
Se podría extraer una buena lección de cinismo filosófico
pensando en las glorias de la filosofía analítica y la lógica.
121
En El hombre que Fue Jueves, citado en La Vigencia del Manifiesto Comunista.
90
«Los positivistas lógicos que se ríen de los grandes temas de la
tradición filosófica, tildándolos de “problemas de apariencia”,
radicalizan una tendencia característica de la Ilustración. El rechazo de
los “grandes problemas” está quínicamente inspirado. ¿No es
Wittgenstein en el fondo el Diógenes de la lógica moderna y Carnap el
eremita de la empiria? Es como si ellos, con su fuerte ascetismo
intelectual, quisieran obligar a la penitencia al mundo indolentemente
locuaz, este mundo para el que la lógica y el empirismo no suponen
las últimas revelaciones y que sigue imperturbable en su historia de
“ficciones útiles”, comportándose como si el sol girase, no obstante,
alrededor de la tierra, como si los espejismos de un pensar “inexacto”
fueran para nuestra vida práctica de una vez por todas suficientes.»122
El primer Wittgenstein intentó pensar un sistema-mundo en que
todo, incluidas las premisas éticas —o la ausencia de ellas—, pudiera
ser comprendido de una manera propiamente lógica. Según él,
lograrlo era una cuestión formal, más que de método, dado que la
filosofía lleva siglos expresando mal lo que cree querer preguntarse.
La filosofía es, desde esta óptica, un asunto puramente formal, un
discurso conformado por variaciones en la disposición de sus átomos.
Lo curioso es que al extremo de este mundo de nieve sin
fricciones —por utilizar la metáfora de la bella película de Derek
Jarman— no encontró una lógica analítica, sino más bien una
teología de la lógica; allí notamos la importancia de Schopenhauer en
su obra, el idealismo radical que requiere cualquier forma
unidireccional de supeditar los fenómenos del lenguaje a los del
pensamiento.
*
En su ensayo sobre la novela de David Markson, David Foster
Wallace llama solipsismo a los resultados personales de lo que yo
entiendo por idealismo.
122
En Sloterdijk, P. Ibid.
91
Aunque no estén intrínsecamente ligados, la filosofía idealista
suele ser más o menos solipsista, es decir que ve a los sujetos
relativamente aislados, encerrados al interior poroso de sus propias
cabezas. El problema es que nuestro mundo de imágenes huecas ha
llegado a parecerse un poco a la cosmología del Tractatus de
Wittgenstein, al menos en la medida de que las emociones y premisas
morales se encuentran excluidas, o burladas ante la pregnancia del
orden sistemático de la disposición de las formas (sea en un orden
matemático y rígido, o iconográfico y mudable). Estamos poseídos
por la forma exterior de la forma especulada de lo que queremos, lo
cual, inevitablemente, nos confunde y desestabiliza.
Un cosmos donde ningún acto tiene repercusiones morales está
necesariamente deshabitado de cualquier compañía. Wallace nos
recuerda que, en esencia, la confusión idealista entre esferas
incompatibles —nuestra confusión entre causas y efectos— implica
una creciente dificultad para distinguir los ámbitos de la vida práctica
de los de la vida impuesta por los reglamentos, axiomas o cualquier
signatura funcional y pragmática que se imponga a la recreación de lo
real. Un mundo completamente lógico es anímicamente inviable;
imposible de amoldar a ningún cuadro plausible de la experiencia
«[…;] las consecuencias, para las personas, de la práctica de la teoría;
la diferencia, digamos, entre abrazar el “solipsismo” como “postura”
metafísica y despertarte una buena mañana después de perder a un ser
querido para descubrirte invadido por un dolor apocalíptico,
literalmente milenarista, y encontrarte con que eres el último y único
ser vivo sobre la tierra, y que ya no te queda más que tu cabeza no
solo a modo de compañía, sino también de mundo y entorno, una
playa inclinada que desciende suavemente hacia un mar espantoso.»123
Nuestro pequeño infierno no permite distinguir el dolor
metafísico del dolor real, porque todos nos volvimos un cúmulo de
fotos, grabaciones de audio y archivos de texto, que no lucen muy
123
En En Cuerpo y en lo Otro. La Plenitud Vacía: La amante de Wittgenstein, de David Markson.
92
diferentes a los matemas lacanianos, las fórmulas aritméticas, o
aquellas uniones axiológicas que ordenan una proposición silogística.
*
Pensar en lo indeterminado hizo que me sintiera triste por la
muerte de Melissa, pero sentirme triste por ella me hizo sentir más
humano, y me alegré. Alegrarme me hizo sentir falso de nuevo, así
que sentí un poco de rabia. No tengo claro a quién está dirigida la
indignación que me invade. Al final todo era falso, pasé por un
autentico remolino emocional en segundos, cuya única conclusión
clara es que en realidad no siento nada.
De hecho es una impresión general. Tampoco le veo mucha
gracia a la idea de terminar el ensayo. Aunque el que no me produzca
ningún entusiasmo podría verse como una prueba de algunos de mis
argumentos, y este otro pensamiento agradable me anima nuevamente
a seguir.
Montoya fue más benevolente con sus apuntes acerca del
proyecto. Me dijo que, en la medida que el objeto del ensayo
posmoderno es abrir nuevas brechas de pensamiento, y no entender
cosa alguna, toda esta mezcla absurda de reseñas amañadas para
explicar un argumento católico caduco resultaba interesante y hasta
“intelectualmente refrescante”. Se nota en su argumento que piensa
parecido a Ciro. Que lo que quiero es quejarme de todo lo que pasa,
cuando yo mismo soy un burgués, y la vida no me trata nada mal. El
día que fui a la casa de Ciro a conversar sobre su lectura de los
borradores me recibió con un gesto muy teatral. Abrió la ventana de
par en par y me señaló la calle. Hacía sol; el cuelo estaba despejado, y
un viejo que vive en la esquina pasaba paseando un perro de aspecto
ridículo. “¿Éste es su apocalipsis, Miguel, éste es su final de los
tiempos, con llamas y diablos?, porque yo no lo veo tan horrible.” No
parecía dimensionar que hablo, antes que nada, del estado espiritual de
cosas; un estado insostenible que inaugura el límite de nuestra
decadencia. Por ahora atravesamos un periodo en el ojo del huracán,
93
un instante de tensa calma. Pero guerras civiles e internacionales más
cruentas se avecinan. El espíritu totalitario del fascismo, que se creía
muerto, arremete desde la izquierda y desde la derecha. Las ultimas
guerras serán por recursos, y no podría quedar demasiado tiempo. Es
cosa de décadas para que el nivel de superpoblación y el
hiperconsumo comiencen una reacción en cadena que pueda
diezmarnos hasta la desaparición. Los conspiranoides dicen que Bayer
nos vende comida envenenada que nos hace estúpidos y dominables,
luego las redes sociales y plataformas de entretenimiento nos
embrutecen y mantienen suspendidos en la virtualidad. Así se cumple
este ciclo de control del ganado perfectamente distópico. Suena
rebuscado, pero no imposible. A estas alturas casi nada suena
imposible.
De lo que más se quejan todos es de la confusión de términos.
Que utilizo una jerga arcaica y referentes a los que mi situación
histórica no me permite acceder, pero ensamblo todo eso a conceptos
vagamente anclados en estructuras móviles y resbaladizas, al peor
modo de lo posmoderno. Que uso la palabra ideal y la palabra
idealismo para recoger procesos e interrelaciones que no tienen nada
qué ver entre sí. Que no comprendo los procesos como causalidades
históricas hachas productos culturales, sino que parto de una
objetivación perniciosa de la historia, al modo de los inventores de
mitos. Es cierto que todo esto pende de una solarización, como es
obvio. Es un tomismo, un monismo, una suerte de religiosidad
desencantada y cínica lo que propongo (fight fire with Fire). Tomo mi
función para la idea de una manera monadológica. Confiero a esta
concepción matriz el eje central de toda la experiencia humana,
partiendo de la máxima del vicario Berkeley que enuncia que tanto las
percepciones del cuerpo como los recuerdos, emociones y
razonamientos son igualmente ideales. Esto no requiere de ninguna
visión histórica o antropológica del hecho. Que ser idealista es la
primordial para el ser humano es mi a priori de partida. Que ese
idealismo constitutivo se ha convertido en cinismo y nihilismo, es lo
94
intento ilustrar. Esto no tiene otro fin que recordar a quien quiera leer
esto que estamos ad portas del fin, y que mejor que se atenga quien no
esté dispuesto a aceptarlo. Es pues un texto pietista, como los
fragmentos de la biblia aramea o los manuscritos del mar muerto. Es
el texto de un profeta, un exegeta moderno que intenta develar a su
pueblo que el fin se acerca.
[nada debe ser dicho de esta menara, porque se presta para
pensar que soy como esos locos que gritan pedazos de la biblia en las
calles y plazas]
95
casos desapareciendo lo evidente. El sobrehombre de Nietzsche no
tiene derecho a existir porque repita las acciones de los dioses, sino
porque se hace dios al desplegar su propia inventiva; «cuando cada
hora nuestro espíritu quiera hablar en símbolos: allí está el origen de
nuestra virtud»124. Con esta frase intentaba volver al cuerpo
acercándose a las representaciones, una solución cuando menos
paradójica.
«Nihil est in intellectu quod non sit prius in sensu»125. Esta
vieja frase prestada por Aquino —robada a su vez a Aristóteles—
supone el triunfo de los que consideran que todo puede abstraerse de
abajo hacia arriba, y que por tanto no hay universales que existan
antes de quienes los emplean para pensar. El viejo platonismo nos
sugería que el mundo verdadero estaba allí: lejos, pero estaba. En las
adaptaciones cristianas de la doctrina aristotélica, en cambio, el
mundo se torna casi completamente inaccesible. Siguiendo el
tomismo, Kant estaba particularmente interesado en desprestigiar la
capacidad humana para acceder a la realidad completa. Todo lo
esencial es intocable y todo lo que puede ser percibido es frágil y
circunstancial.
Años antes de que el idealismo alcanzara la cúspide de sus
aspiraciones —en la obra de Friedrich Hegel—, Goethe ya se
distanciaba de los románticos, despreciando la idea de que alguien
pudiera hacerse papilla contra el peñasco por un ideal particular (la
dulce Lorelei de Heine), y no únicamente por los ideales sagrados que
aspiran a lo universal. Así comienza el desprecio del idealismo
filosófico por el idealismo vulgar, que genera el guerrerismo tribal y la
progresiva alienación (económica, mental y emocional) de los pueblos
occidentales.
[Nietzsche y el idealismo antiidealista como cinismo, asu vez el
cinismo como una filosofía para la vida: Cioran y el nihilismo radical
como una forma perfecta de catarsis (cioran triunfa donde Nietszhe
124
En Así habló Zaratustra. I. Del gran deseo.
125
En De Veritate, q. 2 a. 3 arg. 19.
96
enloquece porque no se lo toma tan en serio -pedazo de sloterdijk);
comparar a Cioran con Joy Division, incluso aunque su pensar matara
a cioran, seguiría siendo autoayuda, igual que joydi ]
[Sloterdijk hace un cinismo, luego encuentra el idealismo
infantil. El cinismo es el arte del diablo. El idealismo necesita tristeza,
necesita culpa, a menos que uno sea un cínico, un satánico. El
satanismo es la culminación lógica, la terminación dialéctica, tanto del
idealismo como del catolicismo. El fondo emocional del ensayo es el
tema del idealismo como evasión del dolor. Idealismo sin sufrimiento,
sin fricción. Usar la evasión negada como evasión completada. Un
ideal místico, hecho material en la metáfora, hecha carne en la
fenomenología, citar esferas y a Bachelard. Foucault y el quijote (don
quijote es un pobre-diablo) como metáfora del mundo. Hiperrealidad
de Baudrillard y advenimiento del nihilismo como culminación de los
tiempos. Goethe y lo demoniaco como gran idealismo; lo femenino.
Bataille y la religión del mal]
Satán es el supremo redentor de los locos, los imbéciles y todos
aquellos que detentan una lucidez dudosa. «Báculo de exiliados,
lámpara de inventores,/confidente de ahorcados y de
conspiradores»126. Es el amo y señor de la confusión, y de todos
aquellos que se hallan menguados intelectualmente, obnubilados por
la obsesión, aturdidos por la ideología o cegados por el placer. Por eso
nos ama como dios lo ha amado, y sólo espera para nosotros que
podamos seguir la voz de nuestra naturaleza opacada y vencida por la
civilidad.
Obviamente se trata de una psicosis fingida. Aquí en cinismo
recae en pretender que los significantes no se anudan a nada, cuando
este vínculo sutil siempre fue producto de un cierto esfuerzo en pro de
la comprensión. Una analogía perfecta de esta psicosis cínica serían
las afirmaciones de Foucault en relación a la participación simbólica
de don Quijote en su propia aventura. «[Don Quijote] es a semejanza
126
En Baudelaire, C. Fleurs du Mal. Les letanies de Satan. «Bâton des exilés, lampe des
inventeurs,/Confesseur des pendus et des conspirateurs».
97
de los signos. Largo grafismo flaco como una letra, acaba de escapar
directamente del bostezo de los libros. Todo su ser no es otra cosa que
lenguaje, texto, hojas impresas, historia ya transcrita, está hecho de
palabras entrecruzadas; pertenece a la escritura errante por el mundo
entre la semejanza de las cosas. […] El libro es menos su existencia
que su deber. Ha de consultarlo sin cesar a fin de saber qué hacer y
qué decir y qué signos darse a sí mismo y a los otros para demostrar
que tiene la misma naturaleza que el texto del que ha surgido.»127
No tenemos claro si el ingenioso hidalgo es o se hace el loco.
Tampoco podríamos asegurar que en verdad hayamos enloquecido lo
suficiente como para creer que los signos e imágenes deben mutilar
nuestros cuerpos (mentes materiales) y mutar los nodos concéntricos
de nuestras relaciones. En lo personal no creo que sea algo que pase
de manera pasiva, como quien contrajo una enfermedad, sino más bien
un pacto, un acuerdo tácito entre todos que nos permite actuar como si
todo siguiera igual, habiendo sido reemplazado por un conjunto de
falsificaciones.
Deleuze y Guattari establecen el modo en que la máquina de
producción capitalista es comparable a las dinámicas del aparataje
psíquico esquizofrénico. Afirman que para el psicótico todo lo que le
ocurre, mental o material, corporal o imaginario, se anuda de manera
uniforme, como en una máquina. En su experiencia todo es
movimiento, flujo y retención, conversión y unificación de fuerzas en
un proceso productivo imparable. «No pretendemos fijar un polo
naturalista de la esquizofrenia. Lo que el esquizofrénico vive de un
modo específico, genérico, no es en absoluto un polo específico de la
naturaleza, sino la naturaleza como proceso de producción.»128
La saga Capitalismo y Esquizofrenia se trata del modo en que el
deseo —la dimensión erótica— y la producción —la dimensión
económica—, se anudan como engranajes en la experiencia
autoconstructiva del ser humano. Las formas-Estado se han dedicado,
127
En Las Palabras y las Cosas.
128
En El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia. Capítulo primero. Las máquinas deseantes.
98
en cada tramo de su evolución, a confiscar y aumentar los grados de
codificación necesarios para la producción de subjetividad,
abotagando e inmovilizando las máquinas deseantes (sujetos),
llevándolas a un estado de confusión que emula la locura (posesión
demoniaca).
El deseo produce objetos y desechos, pero también formas y
subjetividades. Para el esquizofrénico las gestiones de su máquina
simbólica y las de su máquina fisiológica son indisolubles. El
psicótico es cuerpo puro, en la medida de que es pura imagen del
cuerpo. Los niveles de sus signos se encuentran encadenados
aleatoriamente, sin una distinción falible entre el límite interior y el
exterior.
Proponen un modelo orgánico (máquina dinámica) para
comprender lo ciclos del deseo, reemplazando el imaginario mítico y
fijo que proponía el psicoanálisis por uno material y móvil. Proponer
la narrativa de la máquina (metáfora no-metafórica) es un modo de
atacar frontalmente la distinción humano-naturaleza, cuerpo-psique.
«Algo se produce: efectos de máquina, pero no metáforas.»129
El cuerpo es una máquina en un sentido literal, sistemas
independientes con funciones especializadas que se engranan y
estratifican, manteniendo activas las funciones del conjunto. Una vez
entendido que la producción de espíritu —o subjetividad— de esa
máquina es inherente a su funcionamiento mecánico, notamos que esta
actividad tendría que ser considerada como extensión —u origen— de
los procesos orgánico-productivos.
En la ruptura con la metáfora idealizante buscaron agrietar el
paralelismo demoniaco entre lo elevado, lo bello y lo inexistente,
puesto que todo vendría a ser flujo y deseo; esto es: necesidad y
generación —de succión y de muerte, más que todo—. «Instinto de
muerte, éste es su nombre, y la muerte no carece de modelo. Pues el
deseo también desea esto, es decir, la muerte, ya que el cuerpo lleno
129
Op. cit.
99
de la muerte es su motor inmóvil, del mismo modo como desea la
vida, ya que los órganos de la vida son la working machine.»130
¿Y toda esta evasión del mito del deseo, toda esta objetivación
social de prácticas fantasmáticas, para qué nos serviría? Simple. «La
lección era: no os convirtáis en un pingajo […] ¡Todo menos eso! [,]
una manera de evitar, de conjurar la producción de pingajos de
hospital, es decir, la producción de esquizofrénicos, la fabricación de
esquizofrénicos, sí.»131
*
En las clavículas del rey salomón aparecen los nombres, sigilos
y atributos de los setenta y dos demonios principales de la corte
infernal en la teología cristiana. Uno de ellos se presta a la perfección
para ser comparado con esta visión posestructuralista del fin las
cadenas de significantes. ¿Por qué está allí esta entidad demoniaca?
«Está allí seguramente para ilustrar mi pensamiento» 132 —plagiando a
Lacan—.
Su nombre es Ose (Oze). Es el presidente del infierno (electo
por consenso). Tiene forma de leopardo, es el demonio portador de la
locura —igual que Azathoth en Rlyeh133—; señorea la confusión que
traen las ciencias positivas, engañando a las personas para que crean
ser animales. Transforma los impulsos racionales de la mente
despierta en locura, animalidad y confusión. «Su oficio es empaparnos
en las ciencias liberales y dar respuestas verdaderas respecto a las
cosas divinas y secretas; cambia los Hombres en cualquier Forma que
el Exorcista le agrade, de modo que el que resulta cambiado no pueda
dudar que no es en verdad la Criatura o Cosa en que se ha
transformado.»134
130
Op. cit.
131
En Deleuze, G. Abecedario A-B-C-D. Entrevistas con Claire Parnet. A-Animal.
132
En Seminario 7. Clase 11. El amor cortés en anamorfosis.
133
En Lovecraft, H. P. Azathoth.
134
En Crowley, A (editor). The Lesser Key of Solomon. Goetia. Shemhamphorash. «His Office is to
make one cunning in the Liberal Sciences, and to give True Answers of Divine and Secret
100
*
Roman Jakobson llama función fática del lenguaje a aquellos
términos que se emplean con el único fin de prolongar o terminar la
conversación, o de confirmar que el mensaje ha sido recibido135.
Podría decirse que toda esta cadena de íconos fracturados es
enteramente fática, como la mayor parte de palabras en una
conversación entre dos personas que se gustan. Se trata de todo esto
que casi no tiene contenido, pero se lanza sobre el discurso para que lo
mantenga patinando en círculos sobre sí mismo. Me parece un
mecanismo plausible para explicar la insistencia cínica en prolongar
una cadena de significaciones que se saben deformadas y vacías de
antemano.
*
«Cuando decimos que la esquizofrenia es nuestra enfermedad, la
enfermedad de nuestra época, no queremos decir solamente que la
vida moderna nos vuelve locos. No se trata de modo de vida, sino de
proceso de producción. No se trata tampoco de un simple paralelismo,
aunque el paralelismo ya sea más exacto, desde el punto de vista del
fracaso de los códigos, por ejemplo, entre los fenómenos de
deslizamiento de sentido en los esquizofrénicos y los mecanismos de
discordancia creciente en todos los estratos de la sociedad
industrial.»136
La locura es uno de los grandes ademanes de nuestro tiempo. Es
un momento loco y absurdo de la historia. La hora de la rueda
descarrilada, y este descarrilamiento se da en la ruptura de la
causalidad que enlaza los significantes con sus contenedores
perceptibles. En sus Escritos y en algunos aparte del Seminario, Lacan
Things; also to change a Man into any Shape that the Exorcist pleaseth, so that he that is so
changed will not think any other thing than that he is in verity that Creature or Thing he is
changed into.»
135
En Essais de Linguistique Genérale.
136
Op. cit.
101
indica que la psicosis opera disolviendo las cadenas funcionales de
significantes, obligando en contenido a dar vueltas sobre el discurso
sin poder remitirse a nada. Los esquizofrénicos disponen de la misma
semántica que los demás, pero sus significados no pueden anudarse a
la red global de significantes, puesto que se tornan autorreferenciales:
«Las alucinaciones informan al sujeto sobre las formas y los empleos
que constituyen el neocódigo: el sujeto les debe, por ejemplo, en
primer lugar, la denominación de Grundsprache [lengua-materna]
para designarlo.//Se trata de algo bastante vecino a lo que los
lingüistas llaman autónimos por cuanto es el significante mismo (y no
lo que significa) lo que constituye el objeto de la comunicación.»137
*
Helo aquí tan evidente: el cromo apocalíptico en que mi
verdadera culpa va más allá de la catarsis, el juicio y hasta la pena
capital. Es la traición de las facultades, el estoicismo vencido. Lo sé
porque la muerte me ha mantenido con vida, en cambio la culpa me
quiere hecho cenizas, hecho tierra en la que un gato se cagó. Entre
más intenta uno escribir sobre lo que le pasa, entre más se intenta que
el asco y el temblor de las tripas se vuelvan palabras, más hondamente
falso se vuelve el mundo descrito, y con él, uno mismo va
desapareciendo, succionado o resumido en la total envergadura del
estar.
No voy a decir que me haga falta, no estaría bien decirlo porque
no lo tengo claro, y si lo tuviera claro tampoco estaría bien decirlo
porque eso sería fanfarronería. No espero demasiado del mundo, no
quiero ser tan jactancioso como para esperar que la voluntad me salve.
Supongo que empecé mal. No es que Melissa se muriera de
sobredosis y yo quiera adornar su final con un poco de fantasía. Sé
que en verdad hay un mundo, un universo de posibilidades más
inmediato que todos los dolores de la vida. Pude ver ese mundo en la
Melissa de un mejor Genaro muere con toda la gracia de su universo.
137
En Escritos II. Tratamiento posible de la psicosis.
102
3
Ω
{διφθέρα}
litterae
Наиболее развитые и культурные люди в этих рассказах
о нечистой силе, навестившей столицу, разумеется, никакого
участия не принимали и даже смеялись над ними и пытались
рассказчиков образумить.
138
En Мастер и Маргарита. Эпилог.
103