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El traje nuevo del emperador: cuento ilustrado

Este documento es el prólogo a una colección de cuentos de Hans Christian Andersen que incluye "El traje nuevo del emperador". El prólogo describe a Andersen como uno de los escritores infantiles más importantes del siglo XIX y cómo sus cuentos se hicieron populares en todo el mundo. También menciona algunos de sus cuentos más famosos y cómo se convirtió en un personaje reconocido a pesar de la falta de reconocimiento inicial en su Dinamarca natal.

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El traje nuevo del emperador: cuento ilustrado

Este documento es el prólogo a una colección de cuentos de Hans Christian Andersen que incluye "El traje nuevo del emperador". El prólogo describe a Andersen como uno de los escritores infantiles más importantes del siglo XIX y cómo sus cuentos se hicieron populares en todo el mundo. También menciona algunos de sus cuentos más famosos y cómo se convirtió en un personaje reconocido a pesar de la falta de reconocimiento inicial en su Dinamarca natal.

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· HANS CHRISTIAN ANDERSEN·

EL TRAJE NUEVO
DEL EMPERADOR
Y OTROS CUENTOS

I L U S T R A D O P O R M A R TA V I C E N T E
4|

PRÓLOGO

Hans Christian Andersen fue uno de los escritores de literatura para


niños más importantes del Siglo XIX. Nació en Dinamarca en 1805 y
desde muy joven ganó prestigio en toda Europa con sus cuentos y novelas
cortas, que se tradujeron a casi todos los idiomas del mundo.

Como escritor trabajó la ironía y las formas burlonas, como en el caso


de estos cuentos que vas a leer, en los cuales él subraya la tontería popular
de los que no quieren ver las cosas como son.

Andersen escribió muchos cuentos de hadas y su fama creció con los


títulos que toda Europa repetía en aquellos tiempos: “El traje nuevo del
emperador”, “La reina de las nieves”, “Las zapatillas rojas”, “El soldadito
de plomo”, “El patito feo”, “La sirenita”, “El ruiseñor” y muchos otros.
Y además empezó a practicar algo que a todos los públicos les encanta:
leer en voz alta, costumbre que él popularizó y que lo convirtió en un
personaje conocidísimo y apreciadísimo en todo el mundo, aunque no en
su Dinamarca natal, que era el único lugar donde no se lo consideraba un
gran escritor. Hasta que en 1866 el rey de Dinamarca le concedió un título
honorífico y lo declaró ciudadano ilustre de su ciudad natal.

Falleció en 1875 y en su honor se concede cada dos años, desde 1956, el


premio Hans Christian Andersen de literatura infantil.

Ojalá disfrutes estos cuentos, como lo hicieron millones de chicos y


chicas en todo el mundo, desde hace casi doscientos años.

MEMPO GIARDINELLI
5 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

EL TRAJE NUEVO
DEL EMPERADOR

ace muchos años vivía un Emperador tan aficionado a


los trajes nuevos que gastaba todo su dinero en vestir con
la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados,
ni le atraía el teatro, ni le gustaba pasear en coche por el bosque,
a menos que fuera para lucir sus atuendos nuevos. Tenía un traje
distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice
de un rey que se encuentra en el Consejo, de él se decía siempre:
–El Emperador está en el ropero.
6|

La gran ciudad en que vivía era visitada a diario por numerosos


forasteros.

Un día, se presentaron dos pícaros que se hacían pasar por


tejedores. Decían a todos que eran capaces de tejer las telas más
espléndidas que pudiera imaginarse. No sólo los colores y los
dibujos eran de una insólita belleza, sino que las prendas con
ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de convertirse
en invisibles para todos aquellos que no fuesen merecedores de
su cargo o que fueran irremediablemente tontos.

La noticia no tardó en llegar a la corte.


7 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS
8|

El Emperador pensó: “¡Deben ser trajes magníficos! Si los


llevase, podría averiguar qué funcionarios del reino son indignos
del cargo que desempeñan. Podría distinguir a los listos de los
tontos. Sí, debo encargar inmediatamente que me hagan un
traje”.

Y entregó mucho dinero a los estafadores para que comenzaran


su trabajo.
9 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

Los pícaros instalaron entonces dos telares y simularon que


trabajaban en ellos aunque estaban totalmente vacíos. Con toda
urgencia, exigieron las sedas más finas y el hilo de oro de la mejor
calidad. Guardaron en sus alforjas todo esto y trabajaron en los
telares vacíos hasta muy entrada la noche.
10 |

“Me gustaría saber lo que han avanzado con la tela”, pensaba el


Emperador, pero se encontraba un poco confuso en su interior
al pensar que el que fuese tonto o indigno de su cargo no podría
ver lo que estaban tejiendo. No es que tuviera dudas sobre sí
mismo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para ver
cómo andaban las cosas.

Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la


particular virtud de aquella tela, y todos estaban deseosos de ver
lo tonto o inútil que era su vecino.

“Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores –pensó


el Emperador–. Es un hombre honrado y el más indicado para
ver si el trabajo progresa, pues tiene buen juicio, y no hay quien
desempeñe el cargo como él”.
11 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS
12 |

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada


por los dos pícaros, que seguían trabajando en los telares vacíos.

“¡Dios me guarde! –pensó, abriendo unos ojos como platos–. ¡No


veo nada!”. Pero tuvo buen cuidado en no decirlo.

Los dos estafadores le pidieron que se acercase y le preguntaron


si no encontraba preciosos el color y el dibujo. Al decirlo, le
señalaban el telar vacío, y el pobre ministro seguía con los ojos
desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había.

“¡Dios mío! –pensó–. ¿Seré tonto acaso? ¿Es posible que sea inútil
para el cargo? No debo decir a nadie que no he visto la tela”.
13 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

–¿Qué? ¿No decís nada del tejido? –preguntó uno de los pillos.

–¡Oh, precioso, maravilloso! –respondió el viejo ministro mirando


a través de los lentes–. ¡Qué dibujos y qué colores! Desde luego,
diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

–Cuánto nos complace –dijeron los tejedores, dándole los


nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo.

El viejo ministro tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones


en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
14 |

Los estafadores volvieron a pedir más dinero, más seda y más


oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Lo almacenaron
todo en sus alforjas, pues ni una hebra se empleó en el telar, y
ellos continuaron, como antes, trabajando en el telar vacío.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su


confianza a inspeccionar el estado del tejido. Al segundo le
ocurrió lo que al primero; miró y remiró pero, como en el telar
no había nada, nada pudo ver.
15 | EL TRAJE NUEVO
15DEL
| ELEMPERADOR
TRAJE NUEVOYDEL
OTROS
EMPERADOR
CUENTOS

–Precioso tejido, ¿verdad? –preguntaron los dos tramposos,


señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

“Yo no soy tonto –pensó el funcionario–, luego, ¿será mi alto


cargo el que no me merezco? ¡Qué cosa más extraña! No diré
nada a nadie. Es preciso que nadie se dé cuenta”.

Así es que elogió la tela que no veía, y les expresó su satisfacción


por aquellos hermosos colores y aquel precioso dibujo.
16 |

Al día siguiente, se presentó ante el Emperador y le informó:

–¡El tejido es digno de admiración!

Todos en la ciudad hablaban de la espléndida tela como si la


hubiesen visto. El Emperador, entonces, también quiso verla
antes de que la sacasen del telar.
17 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

Seguido de una multitud de personajes distinguidos, entre


los cuales figuraban los dos viejos y buenos funcionarios que
habían ido antes, se encaminó a la sala donde se encontraban los
pícaros, los cuales continuaban tejiendo afanosamente, aunque
sin hebra de hilo.
18 |

–¿Verdad que es admirable? –preguntaron los dos honrados


funcionarios–. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos
dibujos –y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás
veían perfectamente la tela.

“¿Qué es esto? –pensó el Emperador–. ¡Yo no veo nada! ¡Esto


es terrible! ¿Seré tonto? ¿O es que no merezco ser emperador?
¡Resultaría espantoso que fuese así!”.

–¡Oh, es bellísima! –dijo en voz alta–. Tiene mi real aprobación


–y con un gesto de agrado miraba el telar vacío, sin decir ni una
palabra de que no veía nada.
19 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

Todo el séquito miraba y remiraba, pero ninguno veía


absolutamente nada. Sin embargo, exclamaban, como el
Emperador:

–¡Oh, es bellísima! –y le aconsejaron que se hiciese un traje con


esa tela nueva y maravillosa, para estrenarlo en el desfile que
debía celebrarse próximamente.

–¡Es preciosa, elegantísima, estupenda! –corría de boca en boca,


y todos estaban entusiasmados con ella.

El Emperador concedió a cada uno de los dos bribones una


Cruz de Caballero para que las llevaran en el ojal, y los nombró
Caballeros Tejedores.
20 |

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos


embaucadores estuvieron levantados, con más de dieciséis
lámparas encendidas. La gente pudo ver que trabajaban
activamente en la confección del nuevo traje del Emperador.

Simularon quitar la tela del telar, cortaron el aire con grandes


tijeras y cosieron con agujas sin hebra de hilo; hasta que al fin,
gritaron:

–¡Mirad, el traje está listo!


21 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS
22 |

A la mañana siguiente, llegó el Emperador en compañía de sus


caballeros más distinguidos, y los dos truhanes, levantando los
brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

–¡Estos son los pantalones! ¡La casaca! ¡El manto!

Y así fueron nombrando todas las piezas del traje.


23 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

–Las prendas son ligeras como si fuesen una tela de araña


–elogiaron los bribones–. Se diría que no lleva nada en el cuerpo,
pero esto es precisamente lo bueno de la tela.

–¡En efecto! –asintieron todos los cortesanos, sin ver nada,


porque no había nada.

–¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a quitarse el traje que lleva


–preguntaron los bandidos–, para que podamos probarle los
nuevos vestidos ante el gran espejo?
24 |

El Emperador se despojó de todas sus prendas, y los pícaros


simularon entregarle las diversas piezas del vestido nuevo,
que pretendían haber terminado poco antes. Luego hicieron
como si atasen algo a la cintura del Emperador: era la cola; y el
Monarca se movía y contoneaba ante el espejo.
25 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

–¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! –exclamaron


todos–. ¡Qué dibujos! ¡Qué colores! ¡Es un traje precioso!
26 |

–El palio para el desfile os espera ya en la calle, Majestad


–anunció el maestro de ceremonias.
27 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

–¡Sí, estoy preparado! –dijo el Emperador–. ¿Verdad que me


sienta bien? –y de nuevo se miró al espejo, haciendo como si
estuviera contemplando sus vestidos.

Los chambelanes encargados de llevar la cola bajaron las manos


al suelo como para levantarla, y siguieron con las manos en alto
como si estuvieran sosteniendo algo en el aire; por nada del
mundo hubieran confesado que no veían nada.
28 |

Y de este modo marchó el Emperador bajo el espléndido palio,


mientras que todas las gentes, en la calle y en las ventanas,
decían:

–¡Qué precioso es el nuevo traje del Emperador! ¡Qué magnífica


cola! ¡Qué bien le sienta!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que no veían


nada, porque eso hubiera significado que eran indignos de su
cargo o que eran tontos de remate. Ningún traje del Emperador
había tenido tanto éxito como aquél.

–¡Pero si no lleva nada! –exclamó de pronto un niño.

–¡Dios mío, escuchad la voz de la inocencia! –dijo su padre.


29 | EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR Y OTROS CUENTOS

Y todo el mundo empezó a cuchichear sobre lo que acababa de


decir el pequeño.

–¡Pero si no lleva nada puesto! ¡Es un niño el que dice que no


lleva nada puesto!

–¡No lleva traje! –gritó, al fin, todo el pueblo.

Aquello inquietó al Emperador, porque pensaba que el pueblo


tenía razón; pero se dijo:
“Hay que seguir en la procesión hasta el final”.

Y se irguió aún con mayor arrogancia que antes; y los chambelanes


continuaron portando la inexistente cola.

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