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Teoría de la Deriva Continental

La teoría de la deriva continental fue desarrollada por Alfred Wegener en la década de 1900. Propuso que los continentes se habían unido en un supercontinente llamado Pangea hace aproximadamente 300 millones de años, y que desde entonces se habían separado y movido hasta sus ubicaciones actuales. Wegener presentó evidencia geográfica, geológica y paleontológica para apoyar esta teoría, aunque inicialmente fue rechazada. Más tarde fue reemplazada por la teoría moderna de la tectónica de plac
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Teoría de la Deriva Continental

La teoría de la deriva continental fue desarrollada por Alfred Wegener en la década de 1900. Propuso que los continentes se habían unido en un supercontinente llamado Pangea hace aproximadamente 300 millones de años, y que desde entonces se habían separado y movido hasta sus ubicaciones actuales. Wegener presentó evidencia geográfica, geológica y paleontológica para apoyar esta teoría, aunque inicialmente fue rechazada. Más tarde fue reemplazada por la teoría moderna de la tectónica de plac
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Deriva continental

La hipótesis de la deriva continental se desarrolló a principios del siglo XX,


por Alfred Wegener quien dijo que los continentes se movían en la superficie de
la Tierra hasta llegar a unirse como un único supercontinente. La deriva
continental es una teoría que se encarga de explicar la manera en cómo
los continentes logran cambiar de posición en la superficie de la Tierra.
También explica por qué aparecen ciertos fósiles de animales y plantas,
y formaciones rocosas similares, en diferentes continentes. Igualmente,
describe una de las primeras formas en la que los geólogos pensaban que los
continentes se movían con el pasar del tiempo de un lugar a otro. En la
actualidad, la teoría de la deriva continental ha sido reemplazada por la teoría
de la tectónica de placas.

¿Qué es la deriva continental?

Fue una teoría científica desarrollada en los años 1908-1912 por Alfred


Wegener, meteorólogo, climatólogo y geofísico alemán, que planteó
la hipótesis de que los continentes habían sido originalmente parte de
un supercontinente hace aproximadamente 240 millones de años antes de
separarse y encontrar sus ubicaciones actuales.

Teoría de la deriva continental

En su época, Alfred Wegener era muy conocido por su trabajo en el campo de


la meteorología e investigación polar, pero hoy en día es mejor recordado por
sus aportes al desarrollo de la teoría de la deriva continental. Sus primeras
ideas vinieron cuando notó que los continentes de la Tierra encajaban muy de
cerca, pero no a lo largo de sus costas debido a la erosión y al desgaste.
Entonces se dio cuenta de que, en las plataformas continentales, todas las
grandes masas de la Tierra encajan casi a la perfección. Realizó varias
expediciones a ambos lados del Océano Atlántico para analizar el tipo de roca y
la distribución de fósiles, y encontró una coincidencia importante entre los
lados Este y Oeste del Océano Atlántico. Logró entonces demostrar que rocas
de 2 mil millones de años eran continuas de un continente a otro.

Wegener dedujo que los continentes debieron de haber estado conectados en


un solo súper continente llamado Pangea, hace aproximadamente unos 300
millones de años y que de esta masa los continentes se
separaron, fragmentándose en dos bloques capaces de moverse: Laurasia, que
daría luego origen a América del Norte Europa y Asia; y Gondwana, que daría
origen a África, América del Sur, Australia, Antártida e India, hasta que los
continentes lograr adquirir y posiciones en los lugares donde se encuentran en
la actualidad. Presentó sus ideas a la Asociación Geológica Alemana en 1912, y
escribió un libro titulado “El origen de los continentes y los océanos” en 1915.
Durante sus estudios logró recabar pruebas geográficas, geológicas y paleo
climáticas, paleontológicas, que sustentaban su teoría, aunque tiempo después
fue descartada por los científicos.

Evidencias

En sus estudios, utilizó varias pruebas o evidencias que a continuación


detallamos:
Pruebas geográficas: Pensaba que los continentes habían estado unidos ya
que había muchas coincidencias en sus costas, principalmente en Sudamérica y
África. Para él, era lógico que al haber estado unidas anteriormente
compartieran características.

Pruebas paleontológicas: Los fósiles fueron una de las pruebas más


importantes para demostrar que los continentes habían estado unidos. Los
estudios indican que los animales prehistóricos pudieron cruzar los mares que
hoy en día son los que separan los continentes. Esto indica que los continentes
estuvieron unidos.

Pruebas geológicas y tectónicas: Los continentes tiene los mismos tipos


de rocas, minerales, cadenas montañosas en común que indican que, en la
antigüedad, existió un cinturón de montañas continuo y en común el cual
probablemente se separó hace millones de años.

Pruebas peleo climáticas: Esta fue una de las pruebas más importantes. Se
descubrió que había diferentes zonas en la tierra en las cuales los climas de la
actualidad no coincidían con los que habían tenido en un pasado, ya que en
varias regiones donde había calor, hoy hay nieve y viceversa.

Etapas de la deriva continental

Las etapas de la deriva continental fueron:

Pangea: La cual existió aproximadamente hace unos 225 millones de años en


el periodo Pérmico.
Triásico: Formado por Laurasia, Gondwana y Antártica los cuales estuvieron
presentes durante el período Triásico hace aproximadamente 200 millones de
años.

América, África, Asia, India, Australia y Antártica: que permanecen hasta el día
de hoy.

Jurásico: Que existió hace 145 millones de años

Cretáceo: Que tuvo su papel hace 65 millones de años.

Importancia de la deriva continental

La teoría de la deriva continental es y ha sido importante porque ha ayudado a


los científicos a explicar las diferentes formaciones de montañas y cordilleras.
Además, logró cambiar la perspectiva de cómo el mundo se inició pues al
principio se pensaba que se había originado de una gran masa fusionada.

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La Teoría de la Tectónica de Placas y la Deriva Continental

Antecedentes históricos

En 1885 y basándose en la distribución de floras fósiles y de sedimentos de


origen glacial, el geólogo suizo Suess propuso la existencia de un
supercontinente que incluía India, África y Madagascar, posteriormente
añadiendo a Australia y a Sudamérica. A este supercontinente le denominó
Gondwana.
En estos tiempos, considerando las dificultades que tendrían las plantas para
poblar continentes separados por miles de kilómetros de mar abierto, los
geólogos creían que los continentes habrían estado unidos por puentes
terrestres hoy sumergidos. El astrónomo y meteorólogo alemán Alfred Wegener
(1880-1930) fue quien propuso que los continentes en el pasado geológico
estuvieron unidos en un supercontinente de nombre Pangea, que
posteriormente se habría disgregado por deriva continental. Su libro Entstehung
der Kontinente und Ozeane (La Formación de los Continentes y Océanos; 1915)
tuvo poco reconocimiento y fue criticado por falta de evidencia a favor de la
deriva, por la ausencia de un mecanismo que la causara, y porque se pensaba
que tal deriva era físicamente imposible.

Los principales críticos de Wegener eran los geofísicos y geólogos de los


Estados Unidos y de Europa. Los geofísicos lo criticaban porque los cálculos que
habían llevado a cabo sobre los esfuerzos necesarios para desplazar una masa
continental a través de las rocas sólidas en los fondos oceánicos resultaban con
valores inconcebiblemente altos. Los geólogos no conocían bien las rocas del
hemisferio sur y dudaban de las correlaciones propuestas por el científico
alemán. A pesar del apoyo de sus colaboradores cercanos y de su reconocida
capacidad como docente, Wegener no consiguió una plaza definitiva en
Alemania y se trasladó a Graz, en Austria, donde fue más ampliamente
reconocido.

En 1937, el geólogo sudafricano Alexander Du Toit publicó una lista de diez


líneas de evidencia a favor de la existencia de dos supercontinentes, Laurasia y
Gondwana, separados por un océano de nombre Tethys el cual dificultaría la
migración de floras entre los dos supercontinentes. Du Toit también propuso
una reconstrucción de Gondwana basada en el arreglo geométrico de las masas
continentales y en correlación geológica. Hoy en día el ensamble de los
continentes se hace con computadoras digitales capaces de almacenar y
manipular enormes bases de datos para evaluar posibles configuraciones
geométricas. Sigue habiendo cierto desacuerdo en cuanto a la posición de los
distintos continentes actuales en Gondwana.
La glaciación de Gondwana

La expansión de los casquetes polares durante las glaciaciones deja huellas en


el registro geológico como lo son depósitos de material acarreado por el hielo y
marcas de abrasión en rocas que estuvieron en contacto con las masas de hielo
durante su desplazamiento. Ambos de estos tipos de evidencia de un evento
glacial pérmico (hace 280 millones de años) han sido reportados en
Sudamérica, África, India, Australia y Antártida. En las reconstrucciones de
Gondwana, las áreas afectadas por la glaciación son contiguas a pesar de
ocupar lo que hoy en día son distintos continentes. Inclusive las direcciones de
flujo del hielo, obtenidas a partir de las marcas de abrasión, son continuas de
África occidental a Brasil y Argentina así como lo son de Antártida a India.
 

Datos litológicos y estructurales

Las distribuciones de rocas cristalinas, rocas sedimentarias y yacimientos


minerales forman patrones que continúan ininterrumpidos en ambos
continentes cuando Sudamérica y Africa son restituidos cerrando el océano
Atlántico. Por ejemplo, las cadenas montañosas orientadas E-W que atraviesan
Sudáfrica continúan cerca de Buenos Aires, Argentina. Los estratos
sedimentarios tan característicos de sistema Karoo en Sudáfrica, que consisten
en capas de arenisca y lutita con mantos de carbón, son idénticos a los del
sistema Santa Catarina en Brasil.

Datos paleontológicos

Estudios de la distribución de plantas y animales fósiles también sugieren la


existencia de Pangea. Impresiones de hojas de un helecho, Glossopteris, están
ampliamente distribuidas en rocas de África, Sudamérica, India y Australia. La
reconstrucción de Gondwana restringe el área de influencia de Glossopteris a
una región contigua del supercontinente. La distribución de fósiles de
vertebrados terrestres también apoya esta interpretación. La existencia de
tetrapodos en todos los continentes durante el Triásico es una indicación de
que había conexiones terrestres entre las masas continentales. En particular la
distribución del reptil fósil Mesosaurus en África y Sudamérica, dadas sus
características tan distintivas y la ausencia de especies similares en otras
regiones es un fuerte indicio de una continuidad entre estos continentes
durante el Pérmico.

Hoy en día la idea de que los continentes actuales estuvieron unidos formando
Pangea en el Permo-Triásico, y que empezaron a disgregarse a partir del
Jurásico, es aceptada con pocas reservas. Examinaremos ahora los mecanismos
para la deriva continental.
El rompecabezas de placas tectónicas

Después de que los geofísicos habían sido los más asiduos críticos de la
hipótesis de deriva continental, es curioso que la evidencia más contundente
que finalmente se acumuló a favor de la hipótesis haya sido precisamente de
índole geofísica. En los años 30 el geofísico japonés Wadati documentó el
incremento en la profundidad de los sismos en función de la distancia tierra
dentro hacia el continente. Al mismo tiempo el sismólogo Hugo Benioff
documentaba la misma variación y resaltaba el hecho de que las zonas de alta
sismicidad no estaban distribuidas de manera uniforme sobre el globo
terráqueo, sino que éstas se alojaban en fajas más o menos continuas
asociadas a algunas márgenes continentales.

 
Después de la Segunda Guerra Mundial, y en gran medida por razones
militares, se desarrolló la nueva ciencia de la oceanografía, durante los años 50.
Los oceanógrafos documentaron la presencia de una enorme cadena
montañosa submarina en el medio del Atlántico Norte que se levantaba más de
2,000 m sobre los abismos de aproximadamente 4,000 m de profundidad a
cada lado. A principios de los años 60 el geofísico H.H. Hess sugirió un
mecanismo que podría explicar la deriva continental, basándose en las
variaciones topográficas de los océanos. Hess propuso que las rocas de los
fondos marinos estaban firmemente ancladas al manto que les subyacía.
Conforme se apartaban dos enormes masas de manto, acarreaban pasivamente
el fondo oceánico y surgía de las profundidades terrestres material fundido que
formaba una cadena volcánica y que rellenaba el vacío formado por la
separación de los fondos oceánicos. Si esto fuera cierto, razonó Hess, para
evitar un crecimiento indefinido de la Tierra era necesario que en alguna parte
de ella fuera consumido material cortical. Propuso entonces que los sitios donde
esto ocurría eran las profundas fosas oceánicas que bordeaban algunos
continentes y arcos de islas.
En 1963, los geofísicos ingleses Frederick Vine y Drummond Matthews, de la
Universidad de Cambridge, publicaron un artículo en la revista Nature donde
presentaron datos a favor de la brillante pero especulativa idea de Hess. En
este artículo, Vine y Matthews reportaron mediciones de anomalías magnéticas
en los fondos marinos al sur de Islandia, obtenidas mediante un magnetómetro
muy sensible remolcado por un buque. Los registros magnetométricos
indicaban patrones lineales muy claros de anomalías magnéticas positivas
(donde la fuerza magnética era mayor que el promedio) y negativas (donde la
fuerza magnética era menor que el promedio). Las anomalías magnéticas eran
también simétricas con respecto al eje de la cadena montañosa del fondo
marino.

Esta observación encajaba con la del francés Bernard Bruhnes, quien en 1906
había propuesto que el campo magnético terrestre se invertía más o menos
cada medio millón de años. Vine y Matthews concluyeron que las rocas
volcánicas de los fondos marinos estaban registrando la polaridad del
magnetismo terrestre en el momento de su cristalización; conforme se invertía
esta polaridad cada 500,000 años, las rocas que se formaban constantemente
en las dorsales oceánicas iban registrando los cambios de polaridad. De esta
manera propusieron que la anchura de las franjas magnéticas debería ser igual
a la velocidad de separación de las placas, multiplicada por la duración del
intervalo de tiempo entre inversiones de polaridad.

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