La desnudez de Adán
Cuando Juanito y Estelita escucharon por primera vez en la clase bíblica
el relato de la creación, les causó extrañeza que Dios hubiera hecho a
los primeros seres humanos desnudos; le preguntaron a la maestra que
por qué Dios los había hecho así ya que iban a tener frío si no tenían
nada con qué taparse.
A partir de la reflexión de Juanito y Estelita podemos reflexionar acerca
de este hecho a la luz de las Sagradas Escrituras.
El autor del Libro del Génesis, en el Capítulo 1, versos 26 y 27 nos dice:
“Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen,
para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las
aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de
la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo». Así que Dios
creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó;
hombre y mujer los creó”. (Génesis 1:26-27)
Esta es una declaración muy importante porque nos dice cómo fue
nuestro origen pleno, completo: cuerpo, alma y espíritu. Así es como
Dios nos creó, a su imagen y semejanza: Él es Padre, Hijo y Espíritu.
Esta declaración complementa la que nos dan los científicos, quienes
sólo se refieren al cuerpo físico, con actividad sensorial y psíquica,
como el resultado de la actividad química de las neuronas, sin llegar a
comprender que tenemos entidades invisibles tan importantes que
complementan nuestro verdadero ser.
Veamos lo que Dios inspiró al autor del Génesis como el sustento del
conocimiento revelado por el Creador en cuanto a nuestro origen.
“Ahora bien, el hombre y su esposa estaban desnudos, pero no sentían
vergüenza”. (Génesis 2:25)
Esta es quizá la declaración que ocupa nuestra atención en este
momento y lo que hizo reflexionar a Juanito y Estelita.
¿Qué significa la desnudez de los cuerpos de Adán y Eva?
Como sabemos, el ser humano es una unidad compuesta por cuerpo,
alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23), así que si el cuerpo estaba
desnudo, así también lo estaban el alma y el espíritu. (Ver también mi
reflexión: “Mi identidad en Cristo”)
El autor del Génesis nos dice que “… no sentían vergüenza”.
Esta oración gramatical tiene relevancia en cuanto a que anuncia un
estado futuro, que nos muestra que hay algo irregular. Pero
regresaremos a este punto.
Hemos experimentado la desnudez en la más primordial intimidad como
cónyuges; así que, a partir de esta situación, veamos ciertos aspectos
importantes:
1.Al estar desnudos corporalmente, no ocultamos absolutamente
nada; nos mostramos tal como somos, aunque a veces estemos en
desacuerdo con nuestro cuerpo, porque le encontramos
imperfecciones, pero Dios no las encuentra, para Él somos sus
Hijos Amados, así, como somos, la misma imagen que nos devuelve
un espejo. Este es el preludio de la entrega más sublime y excelsa.
2.Nuestros pensamientos y sentimientos también se manifiestan
sin ocultar nada, un cónyuge conoce lo que el otro piensa y siente,
porque nada impide su manifestación en el marco del amor
conyugal. Cada uno se esfuerza por complacer al otro.
3.Ante Dios estamos desnudos de cuerpo, alma y espíritu, Él nos
conoce porque nos hizo en una relación de tú a tú. Conoce nuestro
cuerpo, por dentro y por fuera, conoce nuestro carácter y
personalidad, nuestros pensamientos y sentimientos; nada de
nosotros se oculta a sus ojos.
4.Esta es la manifestación que más se acerca a la vida pericorética
de Padre, Hijo y Espíritu. Así es como Dios nos concibió: “a su
imagen y semejanza”.
5.Esta es la vida que podemos experimentar en todas las
manifestaciones de la vida, conyugal, familiar, social, eclesiástica;
cuando creemos en Jesús y Dios viene a vivir dentro de nosotros.
Así nos concibió nuestro amoroso Padre.
[pullquote]Ante Dios estamos desnudos de cuerpo, alma y espíritu, Él
nos conoce porque nos hizo en una relación de tú a tú.[/pullquote]
Lo antes expuesto es demasiado hermoso y para muchos de nosotros
nos parece muy lejos de alcanzar. Veamos por qué; la Palabra de Dios
nos revela este hecho al hacer acto de presencia la desobediencia de
Adán, el querer vivir sin la autoridad de su Creador: “En ese momento, se
les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez.
Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse”. (Génesis 3:7)
Cuando Dios nos revela que los primeros seres humanos “sintieron
vergüenza por su desnudez”, nos revela también que, como resultado del
pecado, el alma de Adán sufrió una mutación, una transformación que
produjo sentimientos que causaron daño a su ser total y sus ojos
humanos captaron imperfecciones en el cuerpo que el Padre había
creado perfecto, con cuánto amor y delicadeza. Sintió vergüenza a tal
grado que se cubrió con lo que encontró a la mano, utilizando sus
propios medios, olvidándose de quien es su proveedor. En este estado
Adán no pudo ser capaz de tener una relación con su amoroso Señor:
salió huyendo de quien lo ama sin tomar en cuenta la gran ofensa,
porque el amor cubre el pecado, sin quitarle su magnitud.
Si Adán y Eva hubieran confesado su pecado y aceptada su impotencia
para remediar las cosas, solicitando a su Creador su guía y dirección
para salir adelante, estoy seguro de que Dios les habría
contestado: “Dejen todo en mis manos, sólo mi amor les basta y yo
pondré el remedio”. Pero no fue así; sin embargo, más tarde nos revela a
nosotros la solución: “Sólo cree en Jesús y serás salvo”. (Hechos 16:31).
Pero Adán y Eva veían en su mejor amigo a un dios severo, que exigía
pago de dolor por la falta; ese era su miedo.
La desnudez de cuerpo, alma y espíritu produce en el corazón del ser
humano miedo y miedo de quien nos ama, de quien se preocupa hasta lo
sumo por sus Hijos Amados (Juan 3:16-17). Ante Dios y ante los demás
seres humanos mostramos nuestra desnudez fácilmente identificable
porque nuestra alma manifiesta actitudes y sentimientos de
desconfianza, hasta de nuestro cónyuge; rompe la relación de amor en
unidad con el Creador y vemos en cada ser humano un potencial
enemigo, siendo que somos hermanos, hijos de un mismo Padre. La
oscuridad cubre nuestro ser y no nos deja ver nítidamente la verdad de
nuestra existencia, contenida en Jesucristo.
Cuando Dios se acerca confiado a sus Hijos Amados, se encuentra con
que se han escondido; su amor inmenso lo mueve a acercarse al
medroso Adán y lo conmina amorosamente: “El hombre contestó: —Te oí
caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo porque estaba
desnudo. —¿Quién te dijo que estabas desnudo? —le preguntó el Señor
Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te ordené que no
comieras?” (Génesis 3:10-11)
Este no es un reproche, es una invitación a reconocer a través de la
oscuridad, el vislumbre de la Luz Verdadera, pero Adán no pudo verla;
tenía “carnosidades espirituales” en sus ojos que impidieron notar la
presencia de su amoroso Padre y su ser reaccionó con un acto reflejo de
defensa: “Tuve miedo porque estaba desnudo”.
Esa es la verdadera desnudez, producto del rechazo de nuestro amoroso
Padre; estamos expuestos ante sus ojos tal como somos: transformados
por el pecado; sin embargo, en su amor nos ha vestido con vestiduras de
santidad, representadas por el sacrificio de seres inocentes que se
sacrificaron en el Edén para vestir a Adán y Eva, anticipando
proféticamente las vestiduras de santidad para toda la humanidad que
ahora vestimos, por obra y gracia de nuestro Salvador Jesucristo.
2014.Baxter Kruger lo expresa maravillosamente: “El Señor aceptó a
Adán con su vergüenza y se relacionó con él tal como era. Lo
vistió”. (C. Baxter Kruger. “El Regreso a la Cabaña”. Edit. Diana.
México, 2014. Pág. 185). Este acto refleja el amor, la aceptación y
la relación verdaderos que emana desde dentro del corazón amante
de nuestro Padre. Así nos ha aceptado y nos ha vestido.
Como consecuencia del pecado no queremos estar desnudos, ni siquiera
ante nuestro Creador, pero cuando nos damos cuenta de que el Padre
nos ama con un amor sin límites, anhelamos, como los héroes de la fe,
estar ante Él, tal como somos, sin ocultarle nada de cuerpo, alma y
espíritu, disfrutando de la relación perfecta de amor con y en Padre, Hijo
y Espíritu, en la que nos ha incluido nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Dios no pasa por alto la magnitud del pecado, pero su amor lo lleva a
pagar él mismo su precio; cuando comprendemos la grandeza y
majestad de su amor, comprendemos quiénes somos, porque conocemos
que a Dios sólo lo mueve su amor: “Pues Dios amó tanto al mundo que
dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que
tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para salvarlo por medio de él”. (Juan 3:16-17).
Alegrémonos y alabemos a nuestro amoroso Padre por su Amado Hijo
Jesucristo en la presencia y el poder del Espíritu Santo y preparemos
nuestro corazón para discernir la celebración que se avecina de la
muerte y resurrección de nuestro Salvador.
Cubriendo la verguenza
Continuamos entonces con nuestro estudio de la santidad de Dios
manteniendo nuestro enfoque en lo que hemos estado viendo en los
últimos mensajes sobre el trauma de la santidad de Dios, cuán
espantosa es la santidad de Dios producto de nuestra caída.
En nuestra última sesión vimos la respuesta de Simón Pedro al milagro
de Jesús al llenar con peces, de manera que Simón Pedro le dijo a
Jesús, “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Así es como
en nuestra culpa y pecaminosidad nos sentimos incómodos en la
presencia del santo. Buscaremos algún refugio, algún lugar donde
ocultarnos, alguna defensa que nos cubra del vistazo descubierto de
Dios.
En el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis, leemos de un
incidente extraño e inusual que tuvo lugar en la vida de Noé. Después
que las Escrituras registran la rectitud de Noé, la expresión noble de fe
que lo caracterizó a lo largo de su vida y por la cual Dios redimió a Noé y
su familia de los estragos del diluvio, nos encontramos con un episodio
desagradable en su vida que sucedió un tiempo después.
En el capítulo 9 del Génesis, en el verso 20, leemos esto: “Después
comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se
embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. Y Cam, padre de
Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que
estaban fuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron
sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la
desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la
desnudez de su padre. Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que
le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de
siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea
Sem, y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las
tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo”.
Esta historia suena un tanto extraña. Ha sido sujeta a muchas
especulaciones por los estudiosos bíblicos. ¿Qué es lo que está
pasando? Tenemos esta extraña historia de Noé embriagándose y
quedándose dormido en su tienda, sus vestidos se le han caído, hasta el
punto en que está acostado desnudo. Está borracho. Y leemos que su
hijo entró, su hijo Cam entró en la tienda y vio la desnudez de su padre.
Aparentemente salió y fue a decirle a sus otros hermanos acerca de esta
posición comprometedora en la que había encontrado a su padre.
Como he dicho, algunos estudiosos leen algo más en el texto. Dicen que
el término, “vio la desnudez de su padre” es un eufemismo judío para
algún tipo de acto sexual, por lo que sugieren que lo que el hijo había
hecho era un asalto sexual innombrable con su padre. Esto podría ser, y
podría darse en las pistas del lenguaje, pero no tenemos que llegar hasta
algo tan radical como eso para poder ver lo que está pasando en la
historia.
En cualquier caso, los hermanos no participaron en el acto de Cam de
mirar abierta y escandalosamente el pecado de su Padre. En vez de eso,
Sem y Jafet trajeron ropas, distribuyéndolas entre ellos, entraron en la
tienda caminando de espaldas para no ver la desnudez de su padre, y lo
que me hace pensar que el verdadero pecado fue mirarlo y no estar
envuelto en algún tipo de pecado sexual se debe a que estos hombres
actuaron con mucho cuidado para no mirar a su padre en ese estado
expuesto, avergonzado y humillado.
Esos hijos de Noé tuvieron la gracia de cubrir a su padre. Esto fue un
cubrimiento, no un encubrimiento dirigido por el pecado, sino un cubrirlo
con gracia. Y así ellos van y toman una manta o sus ropas y caminan de
espaldas y cubren la desnudez de su padre. Ahora, cuando Noé se
despierta y se da cuenta de su propia tontería y vergüenza, oye lo que
Cam ha hecho al crear un espectáculo de su propio padre.
Es entonces que Noé pronuncia una maldición de juicio contra Cam que
incluiría sus futuras generaciones, “Maldito será Canaán” el hijo de Cam.
Al mismo tiempo, él pronuncia la bendición patriarcal sobre Sem y sobre
Jafet. “Bendito por Jehová mi Dios sea Sem… Engrandezca Dios a
Jafet…”
¿Qué es todo esto? Una vez hice un estudio del porqué de este texto y
del concepto de desnudez en la Escritura. La palabra griega para
“desnudez” es la palabra “gumnas” y la encontramos con frecuencia en
la literatura de los judíos. Y la idea que está detrás de la respuesta del
pueblo judío a la desnudez humana debe ser encontrado en sus raíces en
la historia de la Caída en Génesis 3.
Tomemos un momento para mirar este texto juntos. Al final del capítulo
2 del Génesis en el cual recién se ha contado la historia de la creación
de Adán y Eva, y la unión de los dos hasta llegar a ser una sola carne,
hay un comentario final al terminar el capítulo 2 que parecer estar
pendiendo allí sin ninguna importancia particular.
Leemos al final del capítulo 2 las siguientes palabras: “Por tanto, dejará
el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una
sola carne”. Y luego tenemos ese tipo de afirmación colgante:“Y estaban
ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.
Desmond Morris escribió hace algunos años atrás un libro titulado, “El
Simio Desnudo”. Allí observó que en el reino animal hay como 80
variedades particulares de primates, diferentes clases de simios, gorilas
y chimpancés. Él dijo que en esa amplia clase, el ser humano es
asignado como uno de los primates, pero lo que distingue al ser humano
del resto de los primates es que el ser humano está desnudo, que no
está cubierto de pies a cabeza con un manto de pelaje como se
encontraría en un gorila. El ser humano es la única especie que usa
vestimenta artificial, no solo entre los primates, sino entre todos los
animales.
Uno no encuentra una industria del vestido entre las hormigas, los
pelícanos o los caballos. Algunas veces veremos vestiduras sobre
animales, en caballos, perros, mulas, pero ¿de dónde vienen esas
vestiduras? Vienen de nosotros. Les hacemos pequeños suéteres, ropas
pequeñas para las mascotas, o le ponemos sombreros a las mulas; pero
por naturaleza los animales no usan ropas. Ellos pertenecen a una
colonia natural nudista universal.
Pero de todas las especies en el mundo, solo una camina por allí vestida
con camisas, vestidos, pantalones y zapatos. Y decimos bien que la
razón por la que nosotros hacemos esto debido a que nuestra
inteligencia avanzada tenemos una ventaja para estar abrigados del frío
y así sucesivamente.
Pero protegernos a nosotros mismos de los elementos no es la única
razón por la que usamos ropas. Una razón para hacerlo es por una razón
estética, por la belleza, como adorno. Tratamos de mejorar nuestra
apariencia natural al usar vestimentas hermosas. Pero quizás la más
profunda motivación para vestir ropas humanas es para cubrir nuestra
desnudez.
Y hay algo que es profundamente no natural en todo esto. Al ver en
Génesis que cuando Dios creó al hombre y Dios creó a la mujer y los
juntó para que llegarán a ser una sola carne, leemos que ellos estaban
desnudos. Y no solo estuvieron ellos desnudos al ser creados, sino que
no estaban avergonzados de su desnudez. Ellos estaban cómodos al
estar desnudos.
¿Qué pasó? Bueno, si vemos el capítulo 3, leemos el relato bíblico de la
Caída. En el verso 6 del capítulo 3, leemos: “Y vio la mujer que el árbol
era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable
para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su
marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de
ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de
higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se
paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se
escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él
respondió: Oí una voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo;
y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?
¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”
Y luego, por supuesto, todas las respuestas, que la mujer me hizo comer
y me metió en esto, y que la serpiente nos engañó y todas las excusas
fueron dadas. Pero, ¿puedes ver en este encuentro, en este episodio el
enfoque dramático en el cambio de la condición, actitud humana y la
sicología con respecto a la desnudez?
La primera experiencia emocional y sicológica que la humanidad tuvo
con el primer pecado los llevó a tomar conciencia de la desnudez. Fue
una experiencia de vergüenza, una experiencia de culpa. La culpa
provoca vergüenza y humillación. Y no hay nada que protejamos más
cuidadosamente que nuestras reputaciones, porque hay un sentimiento
verdadero y real, amados, en el cual no queremos que la gente conozca
lo que realmente somos en secreto.
Todos tenemos puertas en nuestras casas y cortinas en las ventanas, Sí,
estamos viviendo una era donde hay mayor obsesión con la desnudez
que quizás ninguna otra generación en la historia de Estados Unidos. La
pornografía está por todas partes, pudiendo ser vista en cada rincón del
mundo virtual, hay páginas que son gratuitas y otras que se pagan para
ver exclusivamente gente desnuda.
Los estilos de vestimentas son cada vez más reveladores, y en casi cada
ciudad encontramos locales que presentan espectáculos con gente
desnuda realizando diferentes actos. Tenemos aún un fenómeno que ya
tiene muchos años, de gente que corren desnudos por las calles o en
medio de un juego deportivo.
Algunos dicen que lo hacen para manifestarse a favor de una causa o en
contra de algo que poco tiene que ver con una desnudez. Ellos arriesgan
a la humillación pública al salir desnudos por las calles. Es su forma,
dicen, de manifestar su opinión. Todavía tenemos esa sensibilidad a ser
visto desnudo. Y todavía tenemos esa sensación de estar desnudos y
avergonzarnos. Y todavía anhelamos un lugar donde podamos estar
desnudos y sin estar avergonzados una vez más.
Y el Señor ha provisto un lugar—el matrimonio, donde dos personas
pueden conocerse uno al otros tan íntimamente, sin adornos y sin
limitaciones hasta donde sea humanamente posible. Hay una razón por
la que Dios requiere un juramento solemne y votos delante de otras
personas al entrar en una relación, porque quiero saber que si voy a
estar desnudo, totalmente desnudo, no solo físicamente, sino también
emocional y espiritualmente, intelectualmente desnudo delante de otra
persona, no voy a ser masacrado en el proceso.
Todos desean que seamos abiertos, y la razón por la que son cerrados es
porque ellos tratan de ser abiertos, y cuando revelan sus pecados más
profundos, son aplastados y por eso debemos aprender a ser muy, muy
cuidadosos acerca de nuestra desnudez, la desnudez espiritual, la
desnudez intelectual, la desnudez ética y física.
Si observas a lo largo de tu Biblia, por todo lugar en la Escritura, la
experiencia de desnudez está relacionada con la humillación. Cuando
los ejércitos en el Antiguo Testamento capturaban soldados del ejército
enemigo, a ellos se les exponía en cautividad y los llevarían desnudos,
porque un prisionero desnudo es un prisionero dócil. Una vez que se le
han quitado sus ropas, se le ha quitado su dignidad y es reducido a un
sentimiento de impotencia.
Era la práctica de los romanos el crucificar desnudas a las personas. Y
es muy probable que Jesús haya sido crucificado desnudo. Él fue hecho
un espectáculo público delante de los ojos de aquellos que lo tenían
como motivo de burla. Era un castigo en la antigüedad despojar a las
personas de sus vestimentas. Ninguno de nosotros quiere caminar por
las calles desnudo. Ninguno de nosotros desea que, todo lo que alguna
vez hayamos dicho o hecho, sea expuesto al mundo entero.
Lo que queremos cubrir más que cualquier otra cosa es nuestra culpa. Y
la primera experiencia de la humanidad con el pecado fue huir cuando
Dios estuvo cerca. Y Adán y Eva huyeron al bosque para cubrirse a sí
mismo de su desnudez. Lo que ellos estaban cubriendo o tratando de
cubrir no eran sus cuerpos, sino su culpa. Y cuando Dios vino y les
preguntó, ¿por qué se están ocultando? Adán le dijo que era porque
estaban desnudos. ¿Cómo sabes que estás desnudo? Tú estuviste
desnudo ayer, y no huiste. ¿Comiste del fruto del árbol? Sí.
Ahora, esto es crucial porque quisiera que veamos lo que Dios hizo. Dios
maldijo a Adán y maldijo a Eva, maldijo a la serpiente. Maldijo la tierra.
Dios maldijo al mundo que había caído en pecado. Dios no iba a negociar
su santidad por Adán, por Eva, por la serpiente o por nadie más. Pero en
medio de todo esto, ¿Qué más hizo Él? Hizo túnicas para sus criaturas
avergonzadas, atemorizadas, humilladas, pecadoras y caídas. Y Él cubrió
su desnudez.
La gran tragedia hoy en día, amados, es que la gente sigue corriendo y
sigue ocultándose de la santidad de Dios por temor a que sean
encontrados desnudos delante de Dios. Lo que se han perdido es que
todo lo que la Biblia trata, que todo el simbolismo de la Biblia cuando
describe la obra de Jesús para nuestro bien es que Jesús provee una
cubierta a nuestra desnudez. Tú y yo sabemos que toda nuestra rectitud
es como trapos de inmundicia delante de Dios, y que nunca podré
soportar la mirada de un Dios santo. Y tú tampoco podrás. Necesito
estar cubierto, necesito vestirme.
Y la misma esencia del evangelio, la cual hace a Jesús amigo de los
pecadores es que Jesús ha conseguido la perfecta santidad y rectitud, la
cual Él ha tejido en una túnica que Él ofrece para darte y para cubrirte
en la presencia de Dios con su justicia. Entonces, una vez que estamos
cubiertos por la justicia de Cristo, podemos estar desnudos una vez más
en la presencia de Dios y no estar avergonzados. Podemos dejar de huir,
dejar de ocultarnos, porque hemos sido adornados con la vestidura de la
perfecta justicia si ponemos nuestra confianza en Él.
CORAM DEO
Al considerar el pensamiento Coram Deo de hoy, quisiera recordar el
significado del término Coram Deo. Este significa “delante del rostro de
Dios”. Significa “delante de la presencia de Dios”.
Y lo que hemos aprendido hoy es que no hay lugar en el que una persona
desnuda esté más incómoda que en Coram Deo, en la presencia de Dios,
delante del rostro de Dios.
Y lo que quisiera que entienda hoy es que así como los hijos de Noé
hicieron todo lo posible para proveerle una cubierta a la desnudez de su
padre, ellos no inventaron excusas para la desnudez de su padre, su
padre había pecado, su padre había violado la ley de Dios, pero los hijos
no estuvieron interesados en condenar a su padre.
Ellos estaban interesados en su redención. Y así, humanamente, ellos
proveyeron una cubierta para el padre que amaban.
Y al hacerlo, ellos estaban simplemente repitiendo lo que Dios mismo
había hecho por sus criaturas caídas en el Jardín del Edén cuando Dios
se compadeció e hizo túnicas para sus criaturas desnudas.
Y lo que ha hecho en la cruz de Jesucristo, cuya sangre cubre el
propiciatorio, cuya sangre cubre nuestros pecados, cuya sangre cubre
nuestra culpa, y cuya justicia cubre nuestra desnudez, con el fin de que
podamos estar cómodos en la presencia de Dios.
CUBRE TU DESNUDEZ.
© Pastor Iván Tapia Contardo
Lectura bíblica: “8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el
huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la
presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. / 9 Mas Jehová
Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / 10 Y él respondió: Oí
tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me
escondí.”(Génesis 3:8-10)
Idea central:Descubrir y cubrir nuestra desnudez.
Objetivos:a) Identificar las tres mentiras del diablo; b) Identificar las tres
tentaciones al pecado; c) Reconocer nuestra desnudez espiritual; y 4)
Recibir la vestidura del Señor.
Resumen: Adán y Eva, al caer en pecado, fueron “desvestidos” de su
pureza e ingenuidad. El hombre está desnudo ante Dios. La desnudez
simboliza nuestra condición de pecadores necesitados de una
cobertura. Jesucristo es la única Vestidura que puede cubrir esa
desnudez.
a desnudez siempre ha sido un tema álgido en la vida social.
L Mostrar el cuerpo en esta sociedad es sinónimo de inmoralidad,
lujuria, tentación, pecado. Hay pueblos que cubren el cuerpo de la
mujer totalmente, con ropas oscuras, para evitar su propia inmoralidad,
para evitar la tentación de la lujuria, el adulterio, la fornicación. Sin
embargo en el Arte, el desnudo es visto como motivo de belleza, pero
muchas veces se evita mostrar los órganos sexuales. La desnudez, se
enseña, no debe descubrirse delante de otros, salvo en la intimidad del
matrimonio. Algunos están obsesionados con ver desnudos a otros seres
humanos y esto es motivo de la pornografía y desviaciones sexuales.
Pero finalmente el desnudo es cuestión de la cultura en que vivimos;
algunas religiones castigan duramente el desnudo, mas el problema no
está en el desnudo mismo sino en el ojo del que mira, más propiamente
en el corazón del observador. Si mi ojo es lujurioso miraré con lujuria,
pero si mi ojo es limpio miraré limpiamente. El problema no es mirar,
sino mirar con deseo. En un campo nudista nadie se extraña de ver
cuerpos desnudos; como estar en las duchas del gimnasio o en un baño
sauna; un médico mira a la enferma desnuda como una paciente
necesitada de ayuda, pero a su esposa desnuda la mira como su mujer.
El artista no ve con deseo a la modelo, sino como un objeto estético.
Depende del contexto es como vemos la desnudez.
En la Biblia se nos presenta por primera vez la desnudez en las personas
de Adán y Eva, nuestros primeros padres. Mientras ellos permanecieron
en la gracia no se percataron de que estaban desnudos, no le daban
importancia a algo tan evidente, como que los animales tampoco usaban
vestidos, salvo su piel, pelaje, escamas o plumas. Pero bastó que
desobedecieran al Señor para que se dieran cuenta de su desnudez y
aquella comenzara a ser un problema para ellos. Adán cuando pecó
conoció su propia desnudez y sintió culpa; entonces quiso vestirse.
Tontamente pensó esconderse de Dios, Aquél de quien nadie puede huir
porque Él es ELROÍ, el Dios que todo lo ve (Génesis 16:13)
La pareja que siempre conversaba con el Señor, que se paseaba en el
huerto de Edén, al aire del día, ahora se escondía de Dios, pues el
pecado nos aleja de nuestro Creador y avergüenza.
En el Edén no necesitaban vestidos para cubrir sus cuerpos porque
estaban vestidos de pureza e ingenuidad. Esta última característica es
la del ingenuo, el cual es sincero, candoroso y sin doblez y actúa sin
tener en cuenta la posible maldad de alguien o la complejidad de una
situación. Así eran ellos: de un corazón sincero, sin doblez y sin malicia.
Por tal motivo pudo el diablo aprovecharse de ellos y conducirlos a la
desobediencia. Fueron demasiado ingenuos. Al caer en pecado fueron
“desvestidos” de su pureza e ingenuidad, se sintieron impuros y
procuraron vestirse de algún modo físico, pero no espiritual.
Del mismo modo el pecador trata de vestirse de justo y bueno ante sí
mismo, los demás y el dios que tenga, si lo tiene. Pero en verdad, sea lo
que nos pongamos para cubrirnos, nada podrá tapar nuestro pecado,
sólo el arrepentirnos y volvernos a Dios para recuperar aquel estado de
gracia en que estaban nuestros primeros padres antes de pecar.
Necesitamos entender que estamos desnudos ante Dios; necesitamos
descubrir nuestra desnudez espiritual. Si aceptamos las debilidades,
errores y pecados que tenemos, entonces podrá Dios cubrir nuestra
desnudez, pero si pretendemos cubrirla nosotros, seguiremos muy lejos
de Él, tanto como lo estuvieron Adán y Eva después de la caída.
¿Cómo podemos cubrir nuestra desnudez?
1. Identificando las tres mentiras del diablo.
“1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo
que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha
dicho: No comáis de todo árbol del huerto? /“2 Y la mujer respondió a la
serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; / 3 pero
del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis
de él, ni le tocaréis, para que no muráis. / 4 Entonces la serpiente dijo a
la mujer: No moriréis; / 5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él,
serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el
mal.”(Génesis 3:1-5)
La serpiente, con la astucia del diablo, trató de desorientar a la mujer en
cuanto a la orden de Dios, quien le había dicho que podía comer de todos
los árboles del huerto menos del árbol de la ciencia del bien y del mal
(Génesis 2:17) La mujer recordaba y entendía perfectamente la orden de
Dios. Entendía que si lo hacían morirían, pero fue débil a los argumentos
de Satanás.
La mentira de la serpiente contiene las aseveraciones:
1)“No moriréis” Es una mentira que pretende inyectar desconfianza
contra el Señor. A nosotros nos dice: nada te sucederá si haces lo
que te gusta.
2)“El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis
como Dios,” En cierto modo era cierto, pues al rebelarse contra
Dios entraría la corrupción diabólica en ellos y tomarían conciencia
del bien y el mal. Pero no serían como Dios. “Ser como Dios” es la
tentación con que el diablo siempre trata de hacer caer al ser
humano, que tenga poder y dominio sobre muchos. Lo hizo con
Jesús cuando le ofreció este mundo:“8 Otra vez le llevó el diablo a
un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la
gloria de ellos, / 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me
adorares.”(San Mateo 4:8,9) A nosotros nos dice: Si haces lo que te
gusta te sentirás realizado y será una gran persona.
3)“sabiendo el bien y el mal.” Cuando Adán y Eva obedecían en todo a
Dios, desconocían lo malo como el robo, el asesinato, la lujuria, la
ambición y cualquier pecado. Al desobedecer a Dios y dar paso a la
ambición y el desengaño, además de entrar la culpa en ellos,
conocieron la diferencia entre obedecer y desobedecer, hacer lo
bueno y hacer lo malo, entre pecar y no pecar. En otras palabras,
ellos antes de desobedecer estaban en la Gracia de Dios. El “árbol
de la ciencia del bien y del mal” es como la Ley que nos da a
conocer lo bueno y lo malo. Cuando Adán y Eva comieron de su
fruto, desobedecieron a Dios y despertaron al pecado. A nosotros
nos dice: Has lo que te agrada y verás que tendrás mucha
experiencia conociendo lo bueno y lo malo de la vida.
2. Identificando las tres tentaciones al pecado.
“6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable
a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su
fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como
ella.”(Génesis 3:6)
Tres características, tenía el “árbol de la ciencia del bien y del mal”:
1)“Árbol era bueno para comer” retrata la tentación de la carne. El
diablo, en la tentación de Jesús en el desierto, le incitó a comer
convirtiendo piedras en panes: “2 Y después de haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. / 3 Y vino a él el
tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan.(San Mateo 4:2,3) La tentación de la carne
apunta a las necesidades más básicas del ser humano: comer,
dormir, tener sexo; de allí la importancia del ayuno, la vigilia y la
continencia en el camino de santificación. La lujuria, la gula y la
pereza son pecados que nacen de estas tentaciones de la carne.
2)“Agradable a los ojos” retrata los deseos superficiales, lo mundano.
Un ardid satánico es tentarnos con lo superficial, frívolo, vano,
como preocuparnos del qué dirán, de nuestra apariencia, de seguir
la moda exageradamente, el sentido estético por sobre lo ético. La
avaricia, la envidia y la ira son pecados relacionados con el
“mundo”, el deseo de los ojos.
3)“Codiciable para alcanzar la sabiduría” muestra la tentación de ser
“dios”, retrata la tentación del diablo; el pecado fundamental de
Lucifer y de todo hombre pecador: la vanagloria de la vida, el
pecado de soberbia u orgullo del corazón rebelde contra Dios.
San Juan resume esta condición del pecador en estas palabras:“ Porque
todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los
ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1
Juan 2:16) La carne, el mundo y el diablo son nuestros principales
enemigos.
3. Reconociendo nuestra desnudez.
“7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que
estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron
delantales.”(Génesis 3:7)
Cuando Adán y Eva consumaron su pecado, es decir comieron del fruto
prohibido desobedeciendo la orden de Dios, conocieron el bien y el mal,
y se dieron cuenta que estaban desnudos. Antes no les preocupaba
andar desnudos por el huerto de Edén, como todas las demás criaturas.
Pero cuando pecaron descubrieron su desnudez, se sintieron sucios y
quisieron cubrirse. Sobre todo cubrieron sus sexos, se avergonzaron de
mostrar su intimidad, ya que los órganos sexuales son lo más íntimo que
tenemos en el cuerpo“y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos
dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son
menos decorosos, se tratan con más decoro.”(1 Corintios 12:23)
Nosotros también cuando pecamos descubrimos nuestra desnudez, la
debilidad de la carne y del alma que nos hace caer en la maldad y
ofender al Señor. Nuestros primeros padres quisieron cubrir esa
desnudez con hojas de higuera. Este es el primer árbol nombrado en la
Biblia, después del árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del
mal. Las hojas de la higuera, arrancadas del árbol, ásperas y
malolientes, pronto se marchitan, así es que serán un vestido de muy
poca duración. Simbolizan la religión hecha por el hombre y la falsa
justicia, que procura encubrir nuestra miseria. Es sabido que la higuera
representa a Israel, el pueblo de Dios. La religión legalista que pretende
justificarnos por obras humanas, no quita la culpa ni liberta al ser
humano.
Dos situaciones se dan cuando caemos en pecado:
1)Son abiertos los ojos; reconocemos el error y sentimos dolor por
haber pecado.
2)Conocemos que estamos desnudos; nos percatamos de la debilidad
humana.
La solución al problema no es cubrirnos con nuestras pobres “hojas de
higuera” como:
a)Negar el pecado.
b)Buscar una justificación o pretexto.
c)Hacer un sacrificio para agradar a Dios.
d)Hacer buenas obras para sentirnos buenos
El inicio de la solución es reconocer que estamos desnudos frente a
Dios, es decir que somos pecadores.
4. Recibiendo la vestidura del Señor.
“8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire
del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de
Jehová Dios entre los árboles del huerto. / 9 Mas Jehová Dios llamó al
hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / 10 Y él respondió: Oí tu voz en el
huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Génesis
3:8-10)
La solución a nuestra desnudez espiritual y moral es aceptar la vestidura
que Dios nos da. Él con misericordia por la primera pareja humana en
pecado, mató un animal para hacerles vestiduras:
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los
vistió.”(Génesis 3:21) Fue el primer sacrificio de sangre; asimismo lo ha
hecho por nosotros: envió a Su Hijo a morir en la cruz para cubrir nuestra
desnudez.
Los cristianos necesitamos cubrirnos con Cristo como si fuera un
vestido:“pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.” (2 Corintios
5:3);“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y
vestidos con la coraza de justicia” (Efesios 6:14);“Y como un vestido los
envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no
acabarán.”(Hebreos 1:12)
Nos cubrimos de Cristo en oración, dando los siguientes pasos:
1)Reconociendo el pecado ante Dios
2)Doliéndonos por ofender la santidad del Señor
3)Pidiendo perdón al Señor
4)Acudiendo a la sangre de Jesucristo derramada en la cruz
5)Aplicando la Palabra de Dios
La desnudez del pecador sólo puede ser cubierta por la sangre de Jesús.
Hoy otro tipo de hojas cubre nuestra desnudez: las hojas del árbol de la
vida que es Cristo:“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado
del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada
mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las
naciones.”(Apocalipsis 22:2)
El ser humano pecador tiene miedo de Dios porque conoce Su severidad;
sabe que Dios es un Ser moral con una Ley estricta. A veces opta por
negarlo, decir y pensar que Dios no existe; o bien vestir a Dios con un
traje distinto, hacerse un dios a su medida. Muchas veces prefiere
esconderse de Dios y justificarse a sí mismo con todo tipo de obras y
buenas intenciones. Pero Dios siempre nos está mirando y nos
pregunta¿Dónde estás tú?Como hijos de Adán, siempre tememos a Dios
y Su castigo. Mas Él nos llama a Su lado para perdonarnos, para decirnos
cuánto nos ama, para que conozcamos Su gran amor en Jesús y para
que cubramos nuestra desnudez.
Queridos hermanos: No nos engañemos, estamos desnudos. Somos
pecadores,“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él
mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”(1 Juan 1:10) Todos en esta
Iglesia necesitamos descubrir nuestra desnudez (pecado, debilidad) ante
Dios, para que Él la cubra con la vestidura de Cristo.
CONCLUSIÓN.
Es necesario que todo ser humano reconozca su desnudez, que es un
pecador. Los cristianos también debemos comprender que estamos
desnudos ante Dios y que no somos superiores a los demás. Esa
desnudez de alma y espíritu debe ser cubierta, pero no por hojas de
higuera o falsas vestiduras, sino por las hojas del árbol de la vida que es
Jesucristo. El camino correcto para cubrir nuestra desnudez es:
1)Identificando las tres mentiras del diablo, No moriréis, serán abiertos
vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal ; 2)
Identificando las tres tentaciones al pecado, los deseos de la carne, los
deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida ; 3) Reconociendo nuestra
desnudez; y 4) Recibiendo la vestidura del Señor