Análisis del Delito de Difamación en Venezuela
Análisis del Delito de Difamación en Venezuela
GRADUATE STUDIESCENTER
ii
DEDICATORIAS
A mis padres Graudy y Luis, por haberme apoyado en todo momento, por
sus valores y motivación constante y quienes me enseñaron desde pequeña
a luchar para alcanzar mis metas., ¡los amo!
iii
AGRADECIMIENTOS
iv
ÍNDICE
RESUMEN vi
INTRODUCCIÓN 11
CAPITULO I
ORIGEN DEL DELITO DE DIFAMACION
I. 1. Antecedentes históricos. 13
I. 2. Antecedentes del delito de difamación en la legislación
penal venezolana. 15
I.3. El delito de difamación en los Códigos venezolanos a
partir de 1863. 21
I.4. Los Proyectos de Reforma del Código Penal en materia del
delito de difamación. 26
I.5. Las demandas de nulidad intentadas contra la Reforma del
Código Penal de 2005 respecto al delito de difamación. 27
CAPITULO II
ANALISIS JURIDICO DEL DELITO DE DIFAMACION
II. 1. Consagración legal. 35
II. 2. Naturaleza jurídica del delito de difamación. 36
II. [Link]és jurídico protegido por el delito de difamación. 41
II. [Link] de difamación. 52
v
II. 5. Elementos del delito de difamación.
II. 5. 1. La acción:
a) Imputación a algún individuo de un hecho determinado. 55
b) Que ese hecho determinado sea capaz de exponer al
individuo al desprecio o al odio público, o que sea ofensivo a su
honor o reputación. 61
c) La comunicación con varias personas reunidas o
separadas. 62
d) ¿La “comunicación con varias personas, reunidas o
separadas” es un elemento del tipo o una condición objetiva de
punibilidad? 63
II. 5. 2. Sujeto Activo. 64
II. 5. 3. Sujeto Pasivo. 64
a) Personas Físicas 65
b) Los menores 65
c) Los dementes 67
d) Los deshonrados 68
e) Los desconocidos 68
f) Los disminuidos física y moralmente 68
g) Los muertos 69
h) Las personas colectivas 70
i) Las personas morales o jurídicas colectivas 70
j) La autoofensas 76
II. 5. 4. Medios de comisión. 76
II. 5. 5. Elementos normativos del tipo. 77
II. 5. 6. Elemento subjetivo del tipo: el dolo. Análisis del
vi
denominado animus diffamandi o iniuriandi. 78
II. 5. 7. La teoría de los animusexcluyentes del animus
iniuriandi.
a) Animus narrandi. 86
b) Animus jocandi 100
c) Animus corrigendi 101
d) Animus consulendi 102
e) Animusdeffendendi 103
f) Animus retorquendi 106
vii
II. 5. 14. La tentativa y la frustración en el delito de difamación.
Momento consumativo del delito de difamación. 134
II. 5. 15. Penas principales y accesorias en el delito de
difamación. 142
CAPITULO III
OTROS ASPECTOS RELACIONADOS CON EL DELITO DE
DIFAMACION
III. 1. La prescripción de la acción penal en el delito de
difamación. 144
III. 2. La exceptioveritatis en el delito de difamación:
Análisis de los distintos supuestos. 146
III. 3. Diferencias entre los delitos de difamación e injuria. 154
III. 4. Diferencias entre los delitos de difamación y vilipendio. 155
CAPITULO IV
CONCLUSIONES 159
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
viii
REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS
CENTRO DE ESTUDIOS DE POSTGRADO
ESPECIALIZACIÓN EN DERECHO PENAL
RESUMEN
ix
BOLIVARIAN REPUBLIC OF VENEZUELA
CENTRAL UNIVERSITY OF VENEZUELA
FACULTY OF LAW AND POLITICAL SCIENCE
GRADUATE STUDIES CENTER
SPECIALIZATION IN CRIMINAL AND CRIMINOLOGICAL SCIENCES
SUMMARY
The origin of the crime of defamation goes back to the time of the Roman Empire,
where evolved to be a considered an offense against the honor and reputation. The
crime of defamation in doctrine is considered as an offense against the honor, in
Venezuela, however, is located within the offenses against the person, specifically in
article 442 of the Venezuelan Penal [Link] the configuration of the crime of
defamation is necessary, first, that the imputation is a fact specific and concrete and
communicated to several people, which is an objective condition that must be met
within the criminal and secondly, that what has been said will be able to expose you
to the contempt or hatred public or be offensive to their honor or reputation, it is here
where there is the subjective part of this sort of crime or "animus diffamandi", which
is excluded if there is another "animus" in the offending agent, where it is excluded
from the guilt of the agent. The kind of crime is exacerbated by means of advertising
due to the spread to third parties and other media, such as social networks and the
internet. In any event, in the case of circumstantial a crime, the judge must weigh the
circumstances surrounding the fact offensive. The reform of the Criminal Code
introduced in 2005, raised the fines and imprisonment for the crime, in the field of
policy of repression in various media and representatives of the communication,
contrary to the international trend of decriminalization. Additionally, included the
single paragraph of the criminal type where the probative value to the advertising
medium, eliminating the evidential difficulties that previously existed in relation to the
means of proof and freedom of valuation. The overall objective of this research is the
legal analysis of the offense of defamation in the Venezuelan criminal law. The
methodology was implemented in the present investigation was to the research of a
documentary type, using the tabs as the main instrument for data collection. The
theoretical framework was based on the approach of authors as Giussepe Maggiore,
Vicenzo Manzini, Sebastian Soler, Ricardo Núñez, Santiago Rompani had Jose
Rafael Mendoza, Hector Febres, Juan Ramos and Hernando Grisanti.
Key Words: defamation, right to honor, right to privacy, the Right to Information, the
Right to Freedom of Expression, Diffamandi Animus, criminality, imputation, certain
fact.
x
INTRODUCCIÓN
11
sucede en algunos países de Latinoamérica1. En nuestro país los delitos contra el
honor, tales como la difamación e injuria, se encuentran contenidos en los delitos
contra las personas. La figura típica del delito de difamación está establecida en el
artículo 442 del Código Penal venezolano, en donde el legislador venezolano en
la última reforma del Código aparte de aumentar considerablemente las penas a
imponer, a diferencia de lo que establecía la antigua figura prevista en el artículo
444 de Código Penal venezolano de 1964, también adicionó multas en unidades
tributarias que deberán ser pagadas por el sujeto activo, si su conducta
desplegada se ajusta al tipo penal. Es decir, si el sujeto activo comunica a varias
personas la imputación de un hecho determinado, lesivo a su honor o reputación,
con animus diffamandi aunque no logre el resultado antijurídico propuesto.
CAPITULO I
ORIGEN DEL DELITO DE DIFAMACION
1
Ley Orgánica del Código Penal de Colombia. Ley 599 de 2000.
[Link]
[Link]
12
I.1. Antecedentes históricos
“La injurias tenían lugar, por los hechos o por las palabras. Por eso decían las Institutas: Se comete una
injuria, solo dando alguno de los golpes con el puño, con varas o azotándole de cualquier modo, sino
también promoviendo contra el un alboroto, escribiendo, componiendo, publicando un libelo o versos
infamantes, o haciendo que alguno haga esto malamente, atentando al pudor de alguno y por una multitud
de otras acciones.”3
“Según José Santiago Rodríguez, la injuria en el derecho romano de las XII Tablas era puramente objetiva,
era un simple acto material y de violencia, dirigido contra la persona física o contra el esclavo de persona
libre, no contra la dignidad. No se requería pues la intención. Por eso, se traducía en la ruptura de un
miembro o fractura de hueso.
El derecho pretoriano modificó este concepto de la injuria como noción objetiva y abrió paso a la nueva
noción que consistía en la lesión moral al honor de una persona, sin dejar por esto de aceptar los casos
tradicionales. Se dio entonces cabida a una acción injuriarum a estimatoria, y el juez, para imponer la pena
se atenía a la fortuna del ofensor, a la calidad del ofendido y demás circunstancias del hecho. Así, al final
2
Tulio Chiossone: Manual de Derecho Penal Venezolano. Venezuela. Facultad de Ciencias Jurídicas y
Políticas de la UCV. 1992, p. 433.
3
José Rafael Mendoza Troconis: Curso de Derecho Penal Venezolano. Parte Especial. V. 7. 1° Edición.
Caracas. Editorial El Cojo. 1964, p. 159.
13
de la época clásica, había dos acciones.
En la época del imperio continua el movimiento, el delito se veía en su materialidad, pero se crearon
acciones múltiples.
Posteriormente en el derecho español, fue definida la injuria como “la deshonra hecha o dicha a otro”.
Luego se establece la clasificación expresando que las deshonras son muchas, pero descienden de: la
palabra y del hecho. Por eso, en el Código Penal español de 1822 se consideró injuria: “Todo acto, hecho o
palabra, dicha con la intención de deshonrar, afrontar, envilecer, desacreditar, hacer odiosa, despreciable o
sospechosa, o mofar, o poner en ridículo a otra persona”.4
“Ise ha hecho demasiado específico y por eso se han dividido en dos las situaciones: la que va contra la
fama propiamente de la persona, o sea la difamación; y la injuria, la que lesiona, la que hiere en alguna
forma”.5
“Ino es susceptible de apreciación, desde luego que una palabra muy ultrajante puede no ofender en su
dignidad a una prostituta, y una simple frase indelicada puede ofender a una dama histérica súper sensible.
El interés del legislador es social, y no individual, en el sentido de asegurar a todo individuo, un ambiente
seguro y tranquilo para su personalidad moral”.6
4
Ibidem, p. 166.
5
T. Chiossone: “Manual de Derecho...”. Op. cit., p. 434.
6
J. R. Mendoza: “Curso de Derecho…”. Op. cit., p. 493.
14
En 1811 fue promulgada la Constitución Federal y en el Capítulo Octavo
referido a los derechos del hombre, Sección Segunda, Derechos del hombre en
sociedad, el artículo 181 expresa:
“Será libre el derecho a manifestar los pensamientos por medios de la imprenta; pero cualquiera que lo
ejerza se hará responsable a las leyes, si ataca, y perturba con sus opiniones la tranquilidad pública, el
dogma, la moral cristiana, la propiedad, honor, y estimación de algún ciudadano”.7
Esta libertad de imprenta surge a partir de los pasos que sobre el tema
adelantaban las Cortes Españolas desde 1810, en cuyo decreto8 se estableció
que, salvo las restricciones que se mencionaban ahí, cualquier corporación y
cualquier individuo, de cualquier estado o condición, podían escribir y publicar sus
opiniones políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación previas.9
15
puede prohibirlo, pero señala justos términos haciendo a cada uno responsable
de sus escritos y palabras, y aplicando penas a los que lesionen el derecho al
honor, propiedad individual y buenas costumbres.10
10
[Link]
0
[Link]
11
[Link]
[Link]/
12
[Link]
www. [Link]
13
Lucía Raynero: La Noción de Libertad en los políticos venezolanos del Siglo XIX. 1830-1848. Primera
Edición. Caracas. Universidad Católica Andrés Bello. 2011, p. 53.
14
Cuerpo de Leyes de Venezuela. Tomo 1. Edición Oficial en la Imprenta de Valentín Espinal. 1851, p.
48.
15
Ley de Imprenta de 1839
[Link]
[Link]
[Link]
16
Tal vez un par de ejemplos permitan entender el contexto de la época.
Explica Raynero que ya desde 1830 se asentaban cada vez más aspectos
importantes para la libertad de imprenta, siendo una de las decisiones
importantes, el 18 de enero de 1832, cuando el Ministro de Hacienda, Santos
Michelena, decidió demandar por “sedicioso” al periódico la Gaceta Constitucional
de Caracas – que pese a su nombre no era del gobierno- el Ministro estaba
molesto por las críticas que se hacían en su contra y el Jurado de Imprenta
decidió que no cabía acusación en contra de él, pues según la Ley de Sedición
solo se aplicaba en aquellos casos en que se excitara a la rebelión, por lo que
Michelena cambió la acusación y señaló el carácter “infamatorio” de los textos
periodísticos, sin embargo, se declaró sin lugar la imputación. “La decisión del
Jurado fue certera en todos sus aspectos, pues hizo creíble la libertad y la justicia
en la naciente república, y permitió consolidar la libertad de imprenta tan
necesaria para denunciar cualquier extravío de los funcionarios públicos”.16
“Siendo absolutamente libre a todo venezolano la facultad de publicar sus pensamientos por medio de la
prensa, todo obstáculo que se le ponga al impresor, bien amedrentándolo, bien haciendo recaer sobre él
las multas y prisiones, por el hecho de haber llevado a efecto la impresión, es una evidente coartación del
derecho amplio de que gozan los venezolanos para publicar por la prensa sus ideas”.18
16
L. Raynero: “La Noción de Libertad en…”. Op. cit., p. 81.
17
Ley de Imprenta del 27 de abril de 1839 (reformando la del 17 de septiembre de 1821) en Venezuela:
[Link]
18
L. Raynero: “La Noción de Libertad en…”. Op. cit., p. 91.
17
La denominada Ley tercera del Código de Imprenta de 1839,
responsabilizaba de los abusos que se cometían contra la libertad de imprenta a
los autores o editores del escrito y al impresor del mismo:
“Artículo 1.- Será responsable de los abusos que se cometan contra la libertad de imprenta el autor o editor
del escrito, a cuyo fin deberán firmar uno u otro el original que debe quedar en poder del impresor.
Artículo 2.- El impresor con su persona, con la imprenta en que se haya publicado el papel y con los bienes
que posea, está sujeto a la responsabilidad de autor o editor, y la ley le considera como tal en los casos
siguientes:
1° Cuando requerido legalmente para presentar el original firmado por el autor o editor no lo hiciere y
2° Cuando el original resultare firmado por persona o personas en la cual o en las cuales no pueda hacerse
efectiva la responsabilidad que determina la presente Ley, ni al tiempo de la impresión ni al de la
acusación”.19
“En el caso de que el autor o editor publique un libelo infamatorio, no se eximirá de la pena que se
establece en la ley 2-3 aun cuando ofrezca probar la imputación injuriosa, y además de la pena que
corresponda por dicha ley al abuso de la libertad de imprenta, el agraviado después de condenado el
impreso, quedará expedito para ocurrir ante el tribunal o tribunales para deducir la acción de injurias
conforme a la ley común”.21
19
Elke Nieschultz de Stockhausen: Periodismo y política en Venezuela. Cincuenta años de [Link].
Venezuela. Universidad Católica Andrés Bello, Inst. de Investigaciones Históricas, 1981, p. 168.
20
Mariano Arcaya: Código Penal. Tomo II. Caracas. Empresa El Cojo, S.A. 1968, p. 138.
21
Ley de Imprenta del 27 de abril de 1839:
[Link]
18
Para Páez “debían aplicarse penas justas y realizables a los autores o editores de
escritos difamatorios”.22 A fin de cuentas lo que planteaba para ese momento, tal
como lo establecen actualmente las normas, es que las responsabilidades fuesen
ulteriores a la expresión y que la sanción no implicase el cierre del medio.
“Artículo 2.- El abuso de la libertad de imprenta es un delito, que sin excepción de fuero se juzgará con
arreglo a estas leyes.
1° Publicando escritos dirigidos a excitar la rebelión o la perturbación del orden y la seguridad pública, o el
odio contra la autoridad, o la perpetración de algún delito, los cuales se calificaran con la nota de
sediciosos.
2° Publicando escritos que 1° injurien o ultrajen a alguna persona, tachando su conducta privada, o
vulnerando su reputación u honor; y 2° Que atribuyan a algún empleado en ejercicio de su destino hechos
falsos o deshonrosos; los cuales se calificaran con la nota de libelos infamatorios6
Artículo 6.- En el caso de que un autor o editor publique un libelo infamatorio, no se eximirá de la pena que
se establece en la ley segunda, aun cuando ofrezca probar la imputación injuriosa; y cuando resultare
condenado el impreso el agraviado tendrá expedida su acción civil para el resarcimiento de los perjuicios
que haya ocasionado la difamación.
Artículo 7°.- No se calificará de libelo infamatorio el escrito en que se tachen los defectos de los empleados
con respecto a su actitud o falta de actividad y acierto en el desempeño de sus funciones. Pero si en el
impreso se imputaren delitos que comprometen el honor y la probidad de alguna corporación o empleados
con inculpaciones de hechos que estén sujetos a positivo castigo, el autor o editor quedará obligado a la
prueba de sus imputaciones para salvar el escrito de la calificación de libelo infamatorio.”
Los códigos de imprenta de 1849 y 1855 más liberales que los anteriores,
sólo previeron los escritos injuriosos y los que ofendían la religión católica,
eliminándose la prohibición de escritos sediciosos o que excitarán a la rebelión,
siendo que posteriormente en las Constituciones de 1864 y 1874 se dispuso en el
ordinal 6º del artículo 14: “La nación garantiza a los venezolanos la libertad de
pensamiento, expresado de palabra o de la prensa; ésta sin restricción alguna”.24
Vale la pena destacar que al igual que en el Código Penal vigente, las penas
por el libelo calificado de infamatorio eran de prisión y multa y al igual que en el
22
L. Raynero: “La Noción de Libertad en…”. Op. cit. , p. 92.
23
“Cuerpo de Leyes de Venezuela”. Op. cit, p. 681, y ss.
24
Mariano A.: “Código Penal…”. [Link]., p. 138.
19
Código de 1839, la responsabilidad por los abusos de libertad de imprenta recaían
en contra del autor y editor del escrito, así como en el impresor, siendo con la
Constitución de 1864 cuando se estableció la libertad de prensa sin otras
limitaciones que las derivadas de la propia Carta Magna.
20
Primero redactado en 1870.” Agrega además que es posible que haya recibido
influencia del Código Penal boliviano de 1834 “en lo que a penas se refiere”.25
Con el auge de las nuevas doctrinas en materia penal de finales del siglo
XIX, entró en vigencia el tercer Código Penal, bajo la Constitución de 1893,
adoptando como modelo el conocido código penal italiano de 1889, o Código
Zanardelli, que había entrado en vigencia en Italia en el año 1890, rompiendo así
el legislador con la tradición de adoptar modelos españoles para la redacción de
leyes venezolanas y a pesar de que como se verá más adelante se retomó el
modelo español en la Parte General en códigos posteriores de 1904 y 1912, la
orientación del texto italiano se mantuvo casi de manera idéntica hasta nuestros
días.
25
José Luis Tamayo Rodríguez: La Codificación penal en Venezuela. Análisis Histórico-Jurídico. Serie de
Trabajos de Grado N° 25. Caracas. Universidad Central de Venezuela. 2012, p. 144.
21
subdivididos en Capítulos y Secciones, en los que ya no figura el Titulo “De los
delitos contra el honor”, sino que consta de siete Capítulos, en donde el VII se
denomina “De la calumnia, de la difamación y de la injuria”, resaltando que la
calumnia no se encontraba incluida dentro de estas disposiciones en el Código
italiano. Es importante destacar que en la primera parte del encabezamiento del
artículo 40027 se estableció entonces el delito de calumnia en los siguientes
términos:
“Artículo 400.- El que comunicándose con varias personas, reunidas o separas, hubiere imputado
falsamente a algún individuo un hecho determinado capaz de producir contra él un procedimiento de
oficio, será castigado con prisión de tres a diez y ocho meses y multa de cincuenta a mil quinientos
bolívares (I).”
“Artículo 400.- (I) y si el hecho imputado lo expusiere al odio o desprecio públicos, o fuere ofensivo a
su honor o reputación, la prisión será de uno a doce meses y la multa de cincuenta a quinientos
bolívares.”
26
Ibídem, p. 228. De este texto fue tomado la comparación que hace del Prof. Tamayo del Código Penal
de 1897 y del Código Zanardelli, ya que señala que el texto completo aparece publicado en la obra de
Michele Longo Commento al Codice Penales Italiano. Milano. Fretelli Bocca Editori, 1911, a lo largo de dos
Volúmenes.
27
Código Penal de 1897:
[Link]
www. [Link]
22
ordenamiento, pero en el fondo no hace otra cosa que copiar un modelo que
había adquirido fama mundial”.28 Por lo cual fue objeto de posteriores reformas.
“Artículo 417.- El que comunicándose con varias personas, reunidas o separas, hubiere imputado
falsamente a algún individuo un hecho determinado capaz de producir contra él un procedimiento de
oficio, comete el delito de calumnia y será castigado con prisión de tres a diez y ocho meses.
Artículo 418.- El que en la misma forma que prevé el artículo anterior, hubiere imputado a alguien un
hecho determinado que no produzca en él un procedimiento de oficio, pero sí que lo exponga al odio o
desprecio públicos o que sea ofensivo a su honor o reputación, comete el delito de difamación y será
castigado con prisión de uno a doce meses”.30
28
J. L. Tamayo R.: “La Codificación Penal en…”. Op. cit., p. 300, citando al doctor Tulio Chiossone en el
Libro primero del Proyecto de Código Penal venezolano y Exposición de Motivos.
29
El profesor José Luis Tamayo en su Libro “La Codificación Penal en…” Op. cit., p. 375 y ss., citando a
otros autores señala que Alberto Arteaga Sánchez, opina que los Códigos de 1904 y 1912 “Vuelven a la
tradición hispana”, en tanto que Sosa Chacín expresa que el de 1912”Copia nuevamente al Código
Venezolano de 1897” y algo similar asevera Mendoza Troconis cuando dice que el Código Penal de 1912
restituyó la orientación “del italiano de 1889”.
30
Código Penal de 1897:
[Link]
www. [Link].
23
El Código Penal de 1915 fue sancionado luego de la entrada en vigencia
de la Constitución de 1914, en donde figuraban preceptos jurídicos penales
importantes, referidos a la inviolabilidad de la vida y protección de los derechos
políticos, a pesar de que fue dictada bajo la dictadura del General Juan Vicente
Gómez. Este Código adoptó como modelo principal el Código de Zanardelli de
1889 y según Jiménez de Asúa, “sigue también la estructura y contenido del de
1897”31 con algunas diferencias, sobre todo en cuanto a los Títulos, pero al igual
que el italiano se divide en tres Libros, que a su vez se dividen en Títulos
subdivididos en Capítulos, salvo la Parte General, quedando el delito de
difamación definido en los mismos términos expresados y sin modificaciones en
la reforma del Código Penal sancionada y promulgada en 1926.
“Artículo 444.-El que comunicándose con varias personas reunidas o separadas, hubiere imputado a
algún individuo un hecho determinado capaz de exponerlo al desprecio o al odio público, u ofensivo a su
honor o reputación, será castigado con prisión de tres a dieciocho meses.
Si el delito se cometiere en documento público o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público,
o con otros medios de publicidad, la pena será de seis a treinta meses de prisión”.33
31
Luis Jiménez de Asúa: Códigos Penales Iberoamericano. Estudio de Legislación Comparada. V VI.
Caracas. Editorial Andrés Bello. 1946, p. 74.
32
Código Penal. Legislación Venezolana Computarizada:
[Link]/cja/[Link]?option=com_docman&task=doc
[Link]
33
Código Penal Venezolano. Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 915, Extraordinario de fecha
30 de junio de 1964.
24
Penal venezolano específicamente en el artículo 442 redactado de la siguiente
manera:
“Artículo 442.- Quien comunicándose con varias personas, reunidas o separadas, hubiere imputado a
algún individuo un hecho determinado capaz de exponerlo al desprecio o al odio público, u ofensivo a su
honor o reputación, será castigado con prisión de un año a tres años y multa de cien unidades tributarias
(100 U.T.) a mil unidades tributarias (1.000 U.T.).
Si el delito se cometiere en documento público o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público,
o con otros medios de publicidad, la pena será de dos años a cuatro años de prisión y multa de
doscientas unidades tributarias (200 U.T.) a dos mil unidades tributarias (2.000 U.T.).
PARÁGRAFO ÚNICO.-En caso de que la difamación se produzca en documento público o con escritos,
dibujos divulgados o expuestos al público o con otros medios de publicidad, se tendrá como prueba del
hecho punible y de la autoría, el ejemplar del medio impreso, o copia de la radiodifusión o emisión
televisiva de la especie difamatoria”.34
34
Código Penal Venezolano. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 5.768,
Extraordinário de fecha 13 de abril de 2005.
25
I. 4. Los Proyectos de Reforma del Código Penal en materia del
delito de difamación
Por otra parte el artículo 270, sobre “autores desconocidos”, reza que
“si la difamación o la injuria se cometieren por medio de la prensa, la radio o
la televisión y no fueren conocidos los autores, incurrirán en las penas
establecidas en las normas precedentes los directores de las publicaciones
periódicas, radioemisoras o televisoras o el editor de libros, panfletos u hojas
35
De acuerdo con la exposición de Motivos: “Este anteproyecto del Código Penal es liberal porque
no es represivo en exceso sino comprensivo y con una tendencia general de no fijar penas altas. Ello
no es lo más importante sino la certeza de su cumplimiento. Es preferible estipular penas moderadas
y que se cumplan, a fulminar penas severísimas que después resulten incumplidas por cualquier
razón e incluso la de que la ley penal adjetiva, como por desgracia ha sucedido en Venezuela con el
Código Orgánico Procesal Penal, enerve la ley penal substantiva”.
[Link]
[Link]
26
sueltas, por medio de los cuales se perpetró el delito, a no ser de que
prueben quien fue el autor”.
“En cuanto a los artículos 444 y 446 del Código Penal, que tipifican los delitos de difamación e
injuria y que -a diferencia de las normas de desacato- exigen que la expresión sea capaz de
exponer a la víctima al desprecio u odio público, o sea ofensiva a su honor o reputación. Señaló el
accionante que, nuevamente, la ley sustantiva penal impone pena privativa de libertad para
castigar las expresiones genéricas o concretas dirigidas en contra de funcionarios públicos, siendo
que -a su juicio- cualquier denuncia sobre hechos ilícitos o sobre la simple incompetencia de un
funcionario pueda ser calificada por un órgano jurisdiccional como ofensiva al honor y a la
reputación del mismo.
En este sentido, estimó que el honor y la reputación de un funcionario público no podía estar por
encima del derecho constitucional a expresarse y a criticar los agentes de gobierno o personajes
36
Irma Álvarez: “Reforma Penal/Intercepción de teléfonos solo para casos excepcionales. Penas más
altas y multas para la difamación e injuria.” En:
[Link]
[Link]
37
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Exp. 01-0415, 15-07-2003 (Rafael Chavero),
mediante la cual declaró sin lugar la acción en contra de los artículos que nos ocupan.
[Link]
[Link]
27
que pueden servir de modelo a la sociedad. Asimismo, alegó que, en cualquier caso, estas
personas aceptaron voluntariamente acceder a su puesto o posición, lo que -a su juicio- trae
aparejada la posibilidad de ser cuestionado; aunado al hecho de que éstos disponen ampliamente
de acceso a los medios de comunicación para rebatir las informaciones u opiniones difundidas en
su contraI
38
Ibídem
28
juzgador y destaca el Alto Tribunal que la recomendación particular a que se
refiere el accionante, alertando para que, a futuro, deroguen o reformen las
llamadas leyes de desacato, con el fin de adecuarlas a las leyes
internacionales, no es más que un punto de vista y sugerencia de la
Comisión, ya que existe un trámite parlamentario, peculiaridades de cada
régimen, así como la interpretación constitucional que emana del órgano
nacional competente.
29
junio de 2001 (Caso: Elías Santana)39, por lo que concluyó que en el caso
del delito de difamación previsto en el artículo 444 “Se trata de delitos que
generan responsabilidad por exponer a un individuo, mediante la imputación
de un hecho determinado, al odio público. Tal apología del odio contra
cualquier persona o grupo de personas está prohibida por el artículo 13.5 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos”40, siendo que tal
responsabilidad legalmente instituida puede ser penal y, por ello, el artículo
444 del Código Penal, no colide ni con los artículos 57 y 58 constitucionales.
La protección jurídico penal otorgada al honor y a la reputación, en los términos de los artículos 442
y 444 del Código Penal, configuran una limitación contraria al espíritu de la Constitución,
especialmente cuando la aplicación de la sanción correspondiente a las figuras tipo Difamación e
Injuria no estarán precedidas de la ponderación con respecto a intereses generales que poseen la
categoría de valores superiores de la sociedad democrática moderna y que nuestro ordenamiento
39
En la libertad de expresión y comunicación de las ideas como en la de sucesos (noticias), la propia
Constitución dispone responsabilidades para quien opina y para quien comunica. Tal responsabilidad
no cesa, salvo que la normativa así lo señale, porque se ejerza el derecho de réplica y rectificación
expresadas en dicho artículo 58, el cual se ejercerá conforme la Sala lo explicó en la sentencia N °
1013 citada. Esta última decisión, la cual se reitera, señaló los criterios que deben ponderar los
jueces para determinar la responsabilidad de los que ejercen legalmente el periodismo, ya que la
emisión de informaciones y noticias por parte de estos profesionales, cuando obran dentro de los
parámetros del ejercicio profesional, debe ser ponderada por los jueces con laxitud, debido a las
diversas condiciones que gravitan sobre la obtención de la noticia.
40
[Link]
[Link]
41
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Exp. Nº 05-1375, 16-12-2005 (Queremos
Elegir)
[Link]
[Link]
30
les otorga rango constitucional”.
“El criterio de los órganos de protección de los Derechos Humanos en nuestro hemisferio es el de
reconocer la necesidad de que el Estado prevea mecanismos de protección del honor y la
reputación de las personas; empero ello, paralelamente ha sostenido que la sanción penal no es el
único medio para brindar la necesaria protección a estos importantes bienes personalesI
31
En el caso de las leyes penales de desacato, el sistema interamericano
ha sido enfático en afirmar que las mismas son una restricción ilegítima a la
libertad de expresión. Del mismo modo, las normas sobre difamación, injuria
y calumnia son objetadas cuando se aplican para silenciar a personas que
han hecho valoraciones críticas sobre asuntos de interés público.
“Por su parte, el artículo 22 de Código Orgánico Procesal Penal, implementa el sistema de la sana
crítica para la apreciación judicial de las pruebasI”.
Los parágrafos únicos de los artículos 442 y 444 del Código Penal, quebrantan los principios y
garantías constitucionales antes mencionados, puesto que imponen al Juez una disposición que le
vincula al momento de decidir con respeto a la fuerza probatoria de un elemento de cargo en el
proceso y con ello se estaría instaurando una regla con respecto a la carga probatoria de la prueba
documental que se incorpore en los procesos por los delitos de Difamación e Injuria, en los casos
en que se haya empleado un medio escrito para la ejecución del delito.
De acuerdo con esta inclusión hecha en la redacción que históricamente se había mantenido para
estas figuras tipo, bastaría únicamente, para que se tenga como probado plenamente el hecho
punible de que se trate, y la responsabilidad de su autor, la consignación del documento o ejemplar
impreso en donde consta la especie difamatoria.”.
42
El 17 de enero de 2011, el periodista Gustavo Azócar compareció ante los tribunales del Táchira
por el presunto delito de difamación contra el coronel Rafael González, coordinador regional de la
Misión Identidad en el estado Táchira en el 2004, a raíz de una publicación realizada en el diario El
Universal, el 12 de septiembre de ese año, en el cual se vincula al coronel González con hechos de
corrupción y entrega de cédulas venezolanas a extranjeros que no cumplen con los requisitos
legales. También la periodista Ibéyise Pacheco fue por segunda vez a juicio por la presunta comisión
del delito de difamación agravada continuada en contra del coronel Angel Bellorín. Aunque en el
primer proceso Pacheco fue sentenciada a nueve meses con régimen de presentación cada l5 días
por el delito de difamación agravada contra el mismo oficial por supuestos ataques a través de su
columna “En Privado” publicada en El Nacional. Coincide con los diversos ataques y agresiones a
periodistas y medios de comunicación.
32
exceso de pena, así como del atentado contra el debido proceso que ha
determinado el Código Orgánico Procesal Penal en cuanto a las
posibilidades de libertad probatoria, ya que sujeta la prueba a la única
especie que es la consignación del impreso.
“Con esta reforma ocurre, que paradójicamente se tiende a ofrecer un aumento de la represión a fin
de atender más ‘eficazmente’ el delito, pero en la realidad, los aumentos de represión en sí mismos
no hacen más que dispersar los costosos esfuerzos del aparato penal en el control delincuencial,
por lo que disminuye su eficacia. En doctrina se ha planteado esta discusión y la tendencia crítica
se refiere al eficientismo penal como una estrategia expansiva del control, basada supuestamente
en un mejor combate a la delincuencia que en los hechos se traduce en disminución de las
garantías y por tal, en déficit para el Estado de Derecho que no se revierten en mayor seguridad,
sino todo lo contrario, en entropía de esfuerzos y desviación del poder punitivo a extremos incluso
de grave violación de los derechos [Link]. escuadrones de la muerte, autodefensas primitivas, etc.)”.
Que “La línea dominante de esta reforma fue el aumento generalizado de las penas sin ningún tipo
de ponderación o consideración, habida cuenta que el aumento de las mismas no hace más eficaz
al sistema penal ni procura que en momentos de auge delictivo más personas implicadas vayan a
prisión, es decir, no amplía el espectro punible a mayor cantidad de infractores, sino que
simplemente aumenta la estancia carcelaria de la misma clientela, con lo cual, el encarcelamiento
conlleva peores efectos para la población así reducida,I”.
43
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, Nro. 05-2293, 30-03-2006 (Recurso de
Inconstitucionalidad Isaías Rodríguez)
[Link]
[Link]
33
de protección del honor y reputación de los funcionarios públicos y se crean
delitos que vulneran la libertad de expresión. Sin lugar a dudas, lo explicado
anteriormente coloca a Venezuela en contravía con los estándares
internacionales y la tendencia Latinoamérica de derogar las normas penales
que protegen el honor de los funcionarios públicos, porque constituyen una
restricción ilegítima a la libertad de expresión.
En cuanto al nuevo sistema probatorio que adoptó nuestro Código
Penal para el establecimiento del delito de difamación:
“Que “Este artículo contiene dos disposiciones similares que inducen al juzgador a tomar como
prueba, los documentos que contengan las especies difamatorias y además indica cuál es el efecto
tanto para la comprobación del cuerpo del delito como para la culpabilidad del imputado. Lo que
induce a un adelantamiento de las actividades propias del juicio, sin el necesario control de la
prueba que ha de ser presentada antes del juicio”.
Que “Así entonces, al establecerse con antelación que los documentos puestos a circular
públicamente, los dibujos u otros medios de publicidad son suficientes para considerarse como
probados definitivamente todos los elementos del delito, como son la tipicidad, la constatación de la
lesión al bien jurídico y por supuesto, la culpabilidad del sujeto o los sujetos activos, se crea un
atentado contra la legalidad, pues prácticamente se edifica la responsabilidad penal a través de esa
única prueba, que a la postre podría conducir a que se considere irrelevante presentar otros
elementos de convicción para sustentar la ocurrencia del delito y la culpabilidad del acusado. Es
indudable que ello atenta contra la presunción de inocencia consagrada en el artículo 49.1 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, amén de introducir elementos que
distorsionan la actividad jurisdiccional al encausar el criterio judicial antes del debate en juicio,
sobre un tipo de prueba que prácticamente luce indubitable y sin ninguna posibilidad de
contradecirla antes de su admisión y lo más grave es que el juez podría ser influenciado desde el
principio en que comience a conocer”.
“Parágrafo Único.- En caso de que la difamación se produzca en documento público o con escritos,
dibujos divulgados o expuestos al público o con otros medios de publicidad, se tendrá como prueba
del hecho punible y de la autoría el ejemplar del medio impreso o copia de la radiodifusión o
emisión televisiva de la especie difamatoria”
44
Ley de Reforma Parcial del Código Penal. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela,
Extraordinaria Nº 5.768 de fecha 13 de abril de 2005, donde se solicita la reimpresión por error
material de la Ley de Reforma Parcial del Código Penal.
34
Si bien el derecho penal debe castigar las penas penalmente
relevantes, es decir, las conductas que causen daño social, no debería
obedecer a situaciones acontecidas en un momento social o político
determinado, ya que las leyes deben ser presentadas con visión de
permanencia en el tiempo, de acuerdo a las condiciones del país y el
contexto internacional.
CAPITULO II
“Artículo 442.- Quien comunicándose con varias personas, reunidas o separadas, hubiere imputado
a algún individuo un hecho determinado capaz de exponerlo al desprecio o al odio público, u
ofensivo a su honor o reputación, será castigado con prisión de un año a tres años y multa de cien
unidades tributarias (100 U.T.) a mil unidades tributarias (1.000 U.T.).
45
Ibídem
35
II. 2. Naturaleza jurídica del delito de Difamación
Delito de peligro
En el derecho penal italiano, los delitos de peligro son los que, sin
ocasionar lesiones materiales, crean una situación de peligro, una
probabilidad no simplemente posibilidad de que se produzca un daño.
Debemos establecer la distinción entre los dos vocablos anteriores, que no
son sinónimos. La probabilidad está más cerca de la actualización, de la
efectiva realización, que la posibilidad. Ejemplo: "Es posible que Venezuela
gane en el 2006 la posibilidad de ir al mundial de fútbol, pero no es
probable". Lo probable está más cerca de la realización: un hecho es
probable cuando el número de posibilidades de que ocurra es superior al de
las posibilidades de que no ocurra.
46
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 436.
47
Vicenzo Manzini: Tratado de Derecho Penal. Tomo V., Traducción de Santiago Sentis Melendo.
Buenos Aires. EDIAR Soc. Anon. Editores, 1950, p. 298.
48
Henando GrisantiAveledo y Andrés Grisanti Franceschi: Manual de Derecho Penal. Parte Especial.
Caracas. Vadell Hermanos. 1997, p.132.
36
hecho de que el sujeto activo, logre alcanzar el resultado antijurídico
propuesto, el cual es el deshonor del sujeto pasivo. En ese [Link] Sala
de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia.(Caso: Raimundo
Mercado), estableció lo siguiente:
Delito Instantáneo
49
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, Nº 497, 02-10-2008 (Raimundo Mercado).
[Link]
[Link]
50
T. Chiossone: “Manual de Derecho...”. Op. cit., p. 438.
51
Stegania Tabarelli de Fatis: “La controvertida regulación jurídico-penal de la difamación a través de
Internet.” Barcelona, 2001 (ponencia de Jornadas de Responsabilidad Civil y Penal de los Prestadores
de servicios en Internet. En esta ponencia la autora destaca la posibilidad de considerar el delito de
difamación como de naturaleza permanente, ya que “la disponibilidad en red de las comunicaciones
injuriosas representa ciertamente un carácter temporal indudable, cuyo efecto consiste en mantener
37
Delito formal
Así pues, si A le dice a dos o más, personas -bien de una sola vez,
por estar ellas reunidas, o a una persona cada vez- que B es un ladrón
porque robó cien mil bolívares en el Banco en el cual trabaja, puede suceder
que las personas a las que A dio aquella información le presten crédito al
informante y por ello desprecien a B, pero también es posible que no tomen
en cuenta su dicho y, por consiguiente, la reputación y el honor del difamado
queden intactos en el concepto de aquellas. En ambos casos el delito se ha
cometido, se ha perfeccionado, porque como ya se expuso, es suficiente, al
efecto, que el agente comunicándose con varias personas reunidas o
separadas, hubiere imputado a un individuo un hecho determinado capaz de
exponerlo al desprecio o al odio público, u ofensivo a su honor o reputación,
independientemente de que se produzca o no el resultado perseguido por el
agente.
de modo permanente tantas veces como páginas web que contienen la información ilícita estén en
el ámbito de disponibilidad del responsable, de modo que pueda afirmarse que la permanencia de la
situación ofensiva dependa del comportamiento voluntario del agente, en cuanto al único sujeto
legitimado para la interrupción del estado antijurídico…” o “en la hipótesis de un periódico tipo
mural, a copia única, cuya exposición dure tanto tiempo como el responsable lo considere
oportuno”.
[Link]
[Link]
38
Es delito formal, admitiéndose formas de participación y la tentativa
(caso de quien remite, vía correo, una carta conteniendo manifestaciones
calumniosas para su divulgación en algún medio, la que no arriba a destino,
ya sea por un efecto azaroso o por su interceptación por un tercero).
Delito común
Delito principal
39
titularidad y la disponibilidad de la acción penal.
52
Artículos 391 y ss. del Decreto con rango, valor y fuerza de Ley del Código Orgánico Procesal Penal.
Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Extraordinaria Nro. 6.078 de fecha 15 de
junio de 2012.
53
Artículo449. Los delitos previstos en el presente Capítulo no podrán ser enjuiciados sino por
acusación de la parte agraviada o de sus representantes legales.
40
II.3. Interés jurídico protegido por el delito de difamación.
El interés jurídico como “objeto de la tutela jurídica” es el honor y la
reputación de una persona, en cuanto el Código Penal castiga determinados
ataques contra estos bienes.
Derecho al Honor
54
Diccionario de la Lengua Española. Ediciones Espasa. 2004.
41
que han incidido en toda una construcción de variedad de conceptos en
cuanto a su contenido; (I) una abundancia de clasificaciones, apunta
Laurenzo Copello, que si bien se formulan con el objetivo de echar luz sobre
el problema, acaban por superponerse entre sí, aumentando todavía más el
desconcierto a la hora de dotar de contenido a tan complejo bien jurídico.55
El honor como tal, no era reconocido en todos los individuos de cierta
comunidad social, pues es de verse, que en sociedades altamente clasistas,
de raigambre plutocrática, sólo ciertos sujetos eran portadores del “honor”.
Máxime, en el marco de Estados imperiales, como Roma, donde algunas
personas, eran prácticamente considerados como un objeto (esclavos), sólo
sus amos poseían dicho derecho56; es decir, mientras dichas sociedades, se
definían mediando clases sociales verticalizadas, eran propensas a construir
un contenido de este bien jurídico, orientado al honor “merecido”. En efecto,
sólo aquellos que contaban con un reconocimiento social significativo, en
virtud de una posición social o política expectante, eran sujetos que podían
ser tutelados en su “honor”, donde las mismas valoraciones sociales en
cierto modo decidían quienes podían gozar de ciertos estatus, de ser
estimados como “personas honorables”, parte de una construcción pre-
jurídica.57
De entrada debemos señalar lo siguiente: el honor es un derecho
inherente a la condición misma de persona, importa un atributo de los
individuos58, que se encuentra relacionado con la misma dignidad humana59
55
Carmona Carmona Salgado: Curso de Derecho Penal Español. Parte Especial I. Madrid. Marcial
Pons, Ediciones Jurìdicas y Sociales, S.A., 1996, p. 464.
56
Ricardo Nuñez: Derecho Penal Argentino. Parte Especial. T. IV. Argentina. 2da. Edición actualizada
por Víctor Reinaldi Córdoba. Lerner Editor. 1999, p. 22.
57
Juan José Bustos Ramírez: Manual de Derecho Penal. Parte Especial, 2da edición. Barcelona.
Editorial Trotta.1991, p. 164.
58
Manuel Jaén Vallejo: Libertad de expresión y delitos contra el Honor. Madrid. Editorial COLEX.
1992, p. 149; Ramón Maciá Gómez: El Delito de Injuria. España. EDECS. 1997, p. 85; Sebastian Soler:
Derecho Penal Argentino. Buenos [Link] Tipografica Editora Argentina. 4ª edición. 1996, p.
240; J. Bustos Ramírez: “Manual de Derecho Penal”. Op. cit., p. 165; Alfonzo Serrano Gómez: Derecho
Penal. Parte Especial. España, Dykinson Colección, 16 Edición. 2011, p. 271.
59
A. Serrano Gómez: “Derecho Penal”. Op. cit., p. 271.
42
y, con una visión no sólo personalista, sino también social del ser humano,
en cuanto a sus relación con sus congéneres, por tanto, el honor no puede
ser negado desde ningún tipo de clasificación discriminatoria, conforme al
sexo, condición social y/o económica, proyección ideológica, cultural y/o
religiosa, caracterización étnica u antropológica, pues según nuestra Ley
Fundamental rige el principio constitucional de “igualdad” y de tolerancia con
respecto a la diversidad, según los principios de un orden democrático de
derecho. En suma, en una sociedad democrática y pluralista, el honor es
ampliamente protegido, por esta riquísima significación, es decir, toda
persona cualquiera que sea su posición social es igual que cualquier otra.60
“El honor es un bien jurídico de naturaleza especial. No interesa a los hombres en la misma
intensidad y con la misma unanimidad que los demás bienes jurídicos. El bien jurídico de la
integridad corporal y el bien jurídico del patrimonio afectan, casi por igual, a todos los individuos. Las
leyes que los amparan establecen penas graves para las lesiones que ellos pueden sufrir. Son por lo
general, minuciosas y estrictas, porque los hombres se defienden y previenen los males futuros que
puedan acontecer a nuestro cuerpo o a nuestra fortuna. En la defensa al honor no sucede lo mismo.
Algunos consideran al honor como el mayor bien de la vidaIOtros lo aprecian lo aprecian solamente
en lo que tiene de útil para la convivencia social”.61
60
Rafael Peña Cabrera: Tratado de Derecho Penal. Parte Especial I. Lima-Perú. IDEMSA Lima-Perú .
2000, p. 367
61
Juan P. Ramos: Los delitos contra el honor. Segunda Edición actualizada por el Dr. Eduardo Aguirre
Obarrio. Buenos Aires. Editorial Abeledo – Perrot. 1957, p. 11.
43
El honor es parte esencial de la ética de los individuos, la cual se
contempla por medio de los ojos de los demás. El honor está íntimamente
relacionado con la reputación y la respetabilidad, valores éstos que: “Ise
obtienen a partir del juicio de terceros frente a los que se quiere ocupar una
posición superior, ya que se establece una lucha de poder mientras se
cuestiona si los demás disfrutan de la misma integridad”.62 Quiere decir
entonces que no se disfruta de respetabilidad, gloria o buena reputación,
sino existen terceros que así lo califiquen.
62
Freddy Zambrano: La Constitución de la República Bolivariana de 1999 Comentada. Venezuela.
Ediciones Atenea. 2004, p. 396.
63
Manuel De Cossio: Derecho al Honor, Técnica de Protección y de Límites. 1º edición. Madrid. Tirant
to Blach. 1993, p. 45.
44
tres conceptos diferentes:
“En primer lugar al sentimiento de las propia dignidad, fundamentado en la sola conciencia de
nuestros méritos, nuestras capacidades, nuestras virtudes. En segundo lugar, se sitúa la estima o
buena opinión que los demás tienen de nosotros y que se identifica con la reputación.
Comúnmente se define este concepto como la opinión que los demás tienen de las cualidades
morales y corporales que adornan al individuo. Pero no existe en nosotros, sino en la mente de los
demás; no lo poseemos nosotros, como ocurre con cualquier objeto de nuestro patrimonio, aunque
nos beneficiemos de ello. En tercer lugar, habla Carrara, del poder que tiene una buena reputación
de procurar ventajas materiales. Por consiguiente, la pérdida de reputación, puede causar pérdidas
posteriores de bienes deseados por nosotros en virtud del descrédito que se infiere a la persona.
Incluso señala el maestro, todo puede ser una posibilidad cierta deseada por el culpableI”64.
“Artículo 12.-Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio
o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la
protección de la ley contra tales injerencias o ataques”.65
“Artículo 5.-Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra los ataques abusivos a su
honra, a su reputación y a su vida privada y familiar”.66
64
René Buroz Arismendi: Los Delitos de Difamación e Injuria en el Código Penal Venezolano. Caracas.
Editorial El Cojo. 1977, pp. 14 y 15.
65
Declaración Universal de los Derechos [Link] y proclamada por la Resolución de la
Asamblea General 217 A (iii) del 10 de diciembre de 1948.
[Link]
byzn78CFWMQ7AodTzoANA. [Link]
66
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.
[Link]
45
En el mismo orden de ideas otro instrumento internacional como lo es
el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos en su artículo 17
señala en cuanto al derecho al honor lo siguiente:
“Artículo 17.1- Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia,
su domicilio o su correspondencia, ni ataques ilegales a su honra y reputación.
2.- Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques”.67
“Artículo 60.-Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad,
propia imagen, confidencialidad y reputación.
La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de
los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”.68
[Link]
67
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Polí[Link] en vigor: 23 de marzo de 1976, de
conformidad con el artículo 49 Lista de los Estados que han ratificado el pacto
[Link]
[Link]
68
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela publicada en Gaceta Oficial N° 5.453
Extraordinario de fecha 24 de marzo de 2000.
46
limitante para el uso de la informática, con el objeto de salvaguardar el honor
y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el ejercicio de sus
derechos.
“Iun derecho dependiente de las normas, ideas y valores sociales vigentes en cada momento y en
su consecuencia, deberá tenerse en cuenta, en cada caso concreto, las circunstancias y el medio
en el que se producen los hechos y las ideas dominantes que la sociedad tiene sobre la valoración
de aquellos hechos para determinar si se ha producido una intromisión ilegítima y si se ha causado
una lesión”.70
69
Freddy Zambrano: “La Constitución de la República Bolivariana de 1999...”. Op. cit., pp. 398 y 399.
70
M. De Cossio: “Derecho al Honor...”. op. cit., p. 46.
47
1º) Honor subjetivo: es la "autovaloración", la "propia estimación"; es
decir, el juicio que cada uno de nosotros se forma de sí mismo. Soler
expresa que el honor subjetivo puede ser considerado "como una
autovaloración, es decir, como el aprecio de la propia dignidad, como el
juicio que cada cual tiene de sí mismo en cuanto sujeto de relaciones ético
sociales".
71
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor…”. Op. cit., p. 13.
72
Ibídem, p. 13.
48
hombre puede no tener el más mínimo concepto de su dignidad o decoro,
disimulándolo de tal modo, sin embargo, con actos y posturas, que haga
creer a los demás que es un perfecto caballero”.73 No obstante, la ley penal
protege el honor y presume que todos los hombres tienen el bien jurídico del
honor. Vela por el respeto social que la persona merece, aunque realmente
no se lesione el honor del ofendido.74
Sin dudas nuestra ley protege ambos, tanto el honor subjetivo como el
objetivo. El concepto de honor que deseamos construir, ha de coincidir no
sólo con el confín de valores que glosa la Ley Fundamental, sino también
con los principios de legitimidad que deciden la necesidad y el merecimiento
de pena de la conducta penalmente reprobable, de no ser así ampliaríamos
de forma inconmensurable su protección y expresiones de mínima lesividad
social serían reaccionados estatalmente con una pena. No olvidemos que la
persecución penal de los delitos contra el honor se encuentran supeditados
a la voluntad del supuesto ofendido, quien suponiéndose agraviada en dicho
interés jurídico, incoará la denuncia de querella ante el órgano jurisdiccional.
73
Ibídem, p. 19.
74
Por ejemplo, la ley reprime la imputación de hechos inmorales a una persona, aunque sean
verdaderos, porque protege la reputación y también se reprime por expresiones que afecten a
personas que se presume carecen del sentimiento de honor o tienen mala reputación, como una
prostituta, un gay. O cuando se divulgan cualidades o estados que no implican ofensa directa al
sentimiento de honor, por ejemplo: que un comerciante de halla en difícil situación económica; que
un médico se equivocó en su diagnóstico y mató al enfermo.
49
En sentido objetivo el honor constituye una evaluación social de la
persona medible por sus cualidades en el trabajo, la familia, la vida cotidiana
y su participación en la vida política económica y cultural. Es el hombre
quien origina la opinión que de él se tenga, pero tal evaluación proviene de
fuera, es decir, de otros individuos y colectivos.
a) Decoro Físico
Una persona puede tener defectos físicos visibles u ocultos y nadie tiene
el derecho de sacarlos a la luz pública o exponerlos al conocimiento de los
demás. Carrara nos da algunas formulas claras:
“Si se manifiesta con el fin de envilecer a ese infeliz y para producirle aflicción, será menester
acudir al delitoICuando se objetó un vicio corporal, aparentemente a los ojos de todos, una
deformidad que es visible a cualquiera qu mire al ofendido, parecería que se debe decir que no hay
injuria, sea porque su objeto no produce un descredito, sea porque el hecho es palpable. Pero aun
50
en la práctica constante hayo injuria en el motejo de un defecto corporal, por más que fuera
extremadamente visible, justamente por cuanto, como lo hizo notar con agudeza”.75
“El hombre tiene también un decoro en el cual se concreta el derecho a ser respetado en la
integridad de su personalidad en sus diversos aspectos, y que abarca también la idea del honor.
Consiste en la prestancia que tiene el hombre frente a los demás. Esta formado de elementos
físicos como la belleza corporal”.76
b) Decoro Psíquico
c) Decoro Social
75
Ibídem, p. 381.
76
Ibidem, p. 382
77
Ibídem, p. 383: Explica que no se denigra a un hombre negándole sabriduría en cosas que no está
obligado a saber.
51
en cuenta el ánimo que inspiraba al que pronunció las palabras, conforme al
hecho, lugar, cultura y relaciones entre ofensor y ofendido.
II. 5. 1. La acción:
52
objetiva como el núcleo del tipo78, formado por el verbo principal que le da
carácter particular a cada delito y en el delito de difamación consiste en
comunicar a varias personas, estén estas reunidas o separadas, la
imputación a un sujeto pasivo de un hecho determinado, que sea capaz de
exponerlo al desprecio u odio público, u ofensivo a su honor o reputación.
Se evidencia pues que es necesario que el agente del daño se comunique
con varias personas reunidas o separadas. Es por ello que el elemento del
tipo es: “Ila comunicación con personas reunidas o separadas”.79
“la presencia supone que varias personas perciban a un mismo tiempo la ofensa, mientras en la
comunicación las personas pueden oír en momentos distintos la ofensa dirigida al ausente. En el
número de las varias personas no quedan incluidos el ofendido ni los coparticipes del ofensor, ni
78
Jorge Sosa Chacín: Tipicidad. V. XXIII. Caracas. Publicaciones de la Facultad de Derecho de la
Universidad Central de Venezuela, p. 70
79
Violeta González y José Corona: Análisis de las Figuras Delictivas en el Derecho Venezolano.
Venezuela. Ediciones Carjosi. 1991, p. 40.
80
Santiago I. Rompani: Delitos de Difamación e Injuria y Legislación de Imprenta. Montevideo.
Claudio García & Cía Editores. 1943, p. 70.
81
Ibídem, p. 73.
53
menos las personas que no estén en grado de percibir la ofensa (como el extranjero ignorante de la
lengua, un sordo)I
En el caso de que alguna persona este en una habitación vecina de la del que está hablando, y la
otra en la calle, pero pudiendo oír las palabras injuriosas, pues la ley no requiere que esas
personas estén reunidas”.82
82
Giussepe Maggiore: Derecho Penal. Parte Especial. Tercera Edición. V. IV. Bogotá. Editorial Temis.
1986, p. 397
83
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor…”. Op. cit., p. 346: Una persona puede decir a otra en un
momento ladrón, porque cegado por la cólera, solo quiso decirle que había vendido la cosa carísima
o la expresión: es un hijo de las mil putas, aunque quien la profiere sabe que no puede ser hijo sino
de una. Por exagerar el insulto lo transforma en un disparate, pero no deja de ser injuria, solo que
atenderse a cada caso, si la expresión en el contexto tiene aptitud de ofender.
54
persona al negársele el saludo o la mano. En este caso, la acción corrobora
y da sentido injurioso que no se descubre por sí mismo en la omisión”.84
La difamación puede concurrir con otros delitos, por ejemplo con el delito
de lesiones. Cuando la difamación se produce contra varias personas hay
tantos delitos cuantas personas son las ofendidas. En cuanto a los dirigidos
a la misma persona si en un solo acto y sin interrupción se hacen varias
imputaciones injuriosas, existe un solo delito; pero si se hace en momentos
diferentes o en diversos escritos existe un concurso real de delitos.85
“La injuria es la ofensa genérica y la difamación la ofensa específica. Por tanto, la injuria es el
género y la difamación la especie. Esta exige imputación de un hecho determinado, es decir,
detallar esa ofensa, que si no pasa de genérica quedaríase en injuria. Habría que dar pormenores,
habría que matizar esa ofensa genérica con circunstancias de lugar, tiempo, modo, etcIEn la
84
Ibídem, p. 360.
85
Eugenio Cuello Calon: Derecho Penal. Parte Especial I. Barcelona. BOSCH. 1975, p. 577: Las injurias
contenidas en un mismo escrito pero referente a personas distintas, constituyen delitos
independientes.
86
J. R. Mendoza:“Curso de Derecho …”. Op. cit., p. 494.
87
H. Grisanti: “Manual de Derecho Penal…”. Op. cit., p. 130.
88
Héctor Febres: Curso de Derecho Penal Parte Especial Tomo II. Venezuela. Italgráfica. 1993, p. 321.
55
difamación se lleva al extremo el perjuicio que causó en la fama de la víctima, pues se rodeó la
imputación de una apariencia formidable de veracidad dado que se afianzó en supuestos hechos
circunstanciados de lugar, fecha, sitio, cantidad, etcI”.89
“La casación italiana opinó que debe entenderse por tal el hecho concretamente especificado, con
indicación de una o mas circunstancias aptas para dar una noción a la acción u omisión atribuida al
sujeto pasivo del delito. Esta opinión no significa que el hecho sea precisado en todos sus
elementos de lugar y tiempo, siendo suficiente que se de la impresión de un acontecimiento
sucedido.
Explica Altavilla que es indiferente la forma usada cuando se requiere formular un hecho preciso, y
en comprobación de ello cita la jurisprudencia italiana, que ha decidido ser un hecho determinado:
atribuir a una mujer que es mantenida por el hombre; o que ella lo mantiene; o que ella ha sido
poseída por el difamadorI
89
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, N ° 240, Expediente N ° 97-1971, 25-02-
2000 (Caso: Procter & Gamble de Venezuela).
[Link]
[Link]
56
El hecho determinado debe ser deshonroso o degradante, así sea verdadero o falso, delictuoso o
no, pero capaz de exponer al difamado al desprecio publico, u ofensivo a su honor o reputaciónI
por escribir a un inquilino una carta diciéndole que no ha pagado el alquiler no es una ofensa, pero
si lo será decir a un comerciante que no ha pagado sus deudas por su estado de insolvencia.
Ino se concretaría si la atribución del mismo no se hace en forma segura, como si se dijese
que se sospecha de una persona por tal hecho, o que será persuadido de que pudiera haberlo
cometidoI”.90
No por ello ha de ser necesario que el hecho sea precisado con todas
las circunstancias de tiempo y lugar; basta con que sea especificado de una
manera suficientemente neta como para que sea teóricamente posible
probar la verdad o la falsedad de la atribución. La acción humana
constitutiva del hecho, según Altavilla, es determinada, cuando “puede ser
individualizada, cuando ha sido concretamente especificada, con indicación
de una o más circunstancias propias para dar noticia específica de la acción
o de la omisión atribuida al sujeto pasivo del delito. Es suficiente con que de
impresión de un acontecimiento real, que ha sucedido”.91
90
J. Mendoza Troconis.: “Curso de Derecho…”. Op. cit., pp. 172 – 174
91
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e …”. Op. cit., p. 75.
92
V. Manzini: “Tratado de Derecho….” VII. Op. cit., p. 238
93
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e …”. Op. cit., p. 77
57
esposa en determinado lugar, que decirle que la deja morir de hambre
porque no atiende su alimentación”.94 Asimismo, es exigida la determinación
objetiva del hecho, por ende, no es suficiente el conocimiento interno del
ofensor si no hay una manifestación externa de la voluntad de imputación.
En este sentido, se ha tratado de clasificar las formas de difamación,
diciendo que puede ser: i) Directa: Cuando se da la imputación pública de la
persona ofendida e indirecta, si se difama a través de otra persona o
simultánea, si se difama al ofendido y al tercero que éste aprecia; ii)
Explicita cuando la palabra o escrito tienen significación precisa o implícita,
cuando el hecho imputado se deduce de una particular conducta del
individuo, como cuando se dice que la única persona que andaba con María
en su casa cuando le robaron la cartera era José, que es un reconocido
ladrón; iii) Verdadero o inventado con finalidad deshonrosa, pero verosímil,
ya que por ejemplo nadie creería en que una persona practica magia y se
convirtió en bruja.
58
conforme a las circunstancias del caso concreto y, la forma de que como se
profiere la expresión injuriosa, al margen de su contenido veras; [Link]., hablar
en una reunión laboral sobre los defectos físicos de una persona, que se
pretende contratar, no será constitutivo de tipicidad penal, en cuanto es
necesario valorar dicha aptitud para la idoneidad del cargo. Pero muy distinta
es la situación, apunta Soler cuando tales apelativos se enderezan a la
propia persona, de manera idónea y en tono adecuado para herirla,
deprimirla y hacerla sufrir por el recuerdo vivo de su inferioridad.96
Objetivamente considerado, el hecho puede ser difamatorio dada ciertas condiciones concretas, y
así el mismo caso del aborto natural, seria imputación difamatoria si se afirma provocado”.97
“La ciudadana ALBA URIBE dirigiéndose a mi persona el día 17 de marzo de 2010, en compañía
de una persona a la cual desconozco me acusó o mejor me atribuyó el hecho de publicar
información de su vida privada por internetIPese a que juré que yo no era la persona (sin jitsu),
ella insistió al punto de que me amenazó personalmenteIlas personas que me conocen en el
Centro Comercial me observan con desprecio, ella con sus acusaciones me sometió al escarnio
público”.98
96
S. Soler: “Derecho Penal Argentino”. Op. cit., p. 266
97
Ibídem, pp.176 y ss.
98
Tribunal Segundo de Primera Instancia en Funciones de Juicio del Estado Táchira, Nro. 2J-1689-
2010 (Dario Lenin Salgado / Alba Uribe)
[Link]
59
A criterio del Juzgado de Juicio, se consideró que el hecho imputado
por el querellado en contra de la ciudadana Alba Uribe, no reviste carácter
penal, al no reunir el elemento diferenciador de la norma imputada, como lo
es la atribución de un hecho determinado, exacto y concreto; es decir, la
accionante no determinó a qué tipo de comentarios de refirió, además de al
no determinarse el hecho proferido, difícilmente puede conexionarse con los
comentarios de la persona que se identifica a través del seudónimo.
Pero además, debe decirse que, aun comprobada la naturaleza ofensiva de una expresión, podría
no haber delito si tales expresiones quedan amparadas por el cumplimiento de un deber o por el
ejercicio de un derecho, como sería el caso de un Testigo llamado a declarar ante un Tribunal, o
del periodista o cronista que narre un suceso ofensivo, veraz y de interés público, sin exceder los
límites de la necesidad.”99
[Link]
99
Alberto Arteaga Sánchez: Estudios de Derecho Penal. Caracas, Editorial Jurídica ALVA S.R.L. 1997,
pp. 115 y ss.
60
Carlota Gutiérrez (en realidad pseudónimo del Consejo de Redacción de la
revista) aludía expresamente al Secretario del Ayuntamiento, en relación con
el desempeño de su cargo y su compatibilización con el trabajo como
abogado en la defensa de intereses particulares, así como su presencia en
determinadas empresas privadas. El artículo se ubicaba en una carpeta
dedicado al análisis de la corrupción que incluía menciones como
“Ciudadanía y Corrupción”, decidiéndose así:
“La Audiencia estimó íntegramente el recurso, señalando, en primer lugar, que las informaciones
referidas a la actividad profesional del señor Fernández Camero como Secretario de Ayuntamiento
y como abogado en ejercicio que ha prestado sus servicios tanto a diversos Ayuntamientos de las
Islas como a entidades privadas, se consideran veraces y suficientemente contrastadas, tanto por
la documentación obrante en las actuaciones como por el propio testimonio del actor. Recuerda, a
continuación, que los casos en los que entran en conflicto los derechos fundamentales de libertad
de expresión e información, por un lado, y el derecho al honor, por otro, deben resolverse
casuísticamente, teniendo en cuenta en dicha ―tarea de ponderación o proporcionalidad‖, la
prevalencia del derecho a la libertad de expresión e información sobre los denominados derechos
de la personalidad, siempre que: se constate la relevancia e interés general de la información
divulgada; el carácter público de la persona sobre la que versa la información y la veracidad de la
información, entendiendo por tal la información comprobada y contrastada según los cánones de la
profesionalidad informativa.
Por todo ello, la Sentencia recaída en apelación, tras apreciar que en este caso existía un interés
general en la información transmitida y que, además, se refería a un funcionario público que
desempeñaba un cargo de relevancia, concluyó que la utilización del término corrupción se
efectuaba en un sentido coloquial que, al guardar relación con la información que se comunicaba
(veraz y de relevancia pública), no estaba guiada por ―una mera y pura animadversión de índole
personal‖, lo que impedía apreciar la intromisión ilegítima aducida. “.100
“La imputación contra el honor debe ser considerada en sí misma, con abstracción de sus resultados
y de la persona que se pretende víctima de ella. El tribunal debe tener en cuenta, para determinar si
100
Tribunal Constitucional de España, Nro. 10846-2009 (Cuadernos del Sureste)
[Link]
61
hay o no delito, no si el hecho imputado ha producido realmente una lesión sino si era de naturaleza
tal que pudiera producirla”.101
La ley no dice que el hecho atribuido debe tener por efecto cierto
suscitar el odio o desprecio, pero debe tener potencial, es decir, debe poder
suscitar ese odio o ser ofensivo al honor. La imputación debe ser tan grave
que pueda eventualmente exponer al difamado a que lo odien o le
desprecien.
101
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 167.
102
J. E. Fernández Pinos y C. De Frutos Gómez: “Delitos contra el Honor”. Barcelona. BOCSH. 1998, p.
82.
103
S. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria…”. Op. cit., p. 95.
62
La ley también exige que sea comunicándose con varias personas
juntas o separadas. Tienen que ser más de dos. “Si le cuenta a uno, a otro y
a otro por separado, ese es el medio de realización. Este medio de comisión
puede ser también la publicidad, pero entonces constituye un tipo
agravado”.104
104
T. Chiossone: “Manual de Derecho...”. Op. cit., p. 434
105
S. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria…”. Op. cit., p. 65.
63
II. 5.2. Sujeto activo.
Puede ser cualquier persona, pues la ley vale para todos sin
discriminación. Se trata de un sujeto activo genérico porque puede ser
cometido por cualquiera. Una persona natural, ya que el delito no acepta
personas jurídicas, porque si llegare a hacerse a través de una persona
jurídica, como en el caso de la publicación de un escrito difamatorio en el
periódico, será responsable el autor de la nota difamatoria, pero si el artículo o
nota es anónima, habrá que aplicar otras reglas de responsabilidad, en el
sentido de establecer quien aprobó la publicación, ya que la responsabilidad
es personal y de ninguna manera se podrá sancionar al diario.
Según Cuello Calón: “el sujeto pasivo del delito es el titular del derecho
o interés lesionado o puesto en peligro por el delito”108. Para Manzini es “el
titular del interés lesionado o expuesto a peligro con el delito mismo, esto es,
aquel que soporta concretamente las consecuencias inmediatas de la acción
o de la omisión delictiva”.109
106
H. Grisanti y A. Grisanti F.:“Manual de Derecho...”. Op. cit., p. 133.
107
H. Febres: “Curso de Derecho Penal…” Tomo II. Op. cit., p. 316.
108
J. Sosa Chacín.: “Tipicidad…”. Op. cit., p. 114.
109
V. Manzini: “Tratado de Derecho…”. Tomo II. Op. cit., p. 19.
64
La difamación debe ser dirigida a sujetos determinados. No habría
delito si las ofensas van dirigidas a persona o personas indeterminadas, a
menos que éstas puedan identificarse con elementos directos o indirectos que
constituyan la entidad de la ofensa.110
a) Personas físicas:
Puede ser cualquier persona humana, persona natural, pues la ley vale
para todos sin discriminación.
b) Los menores, enajenados y ebrios:
65
es necesario que el sujeto pasivo tenga capacidad para equilibrar la ilicitud
jurídica de la acción, lo que realmente es relevante es el menoscabo social
que la imputación del hecho determinado pueda acarrear. Sin embargo hay
quienes consideran que los menores como se les conocía anteriormente-
hoy niños, niñas y adolescentes-, por carecer de la capacidad de entender y
de querer no pueden ser sujetos pasivos del delito de difamación. No
obstante la opinión generalizada es que: “Ipueden ser sujetos pasivos de la
difamación los inimputables, quienes también tienen una reputación que la
ley ha de proteger”.113
Aunque no todos los autores están de acuerdo con que los menores
puedan ser víctimas del delito de difamación olvidando la idea de
reputación.114 Se considera que los menores de edad sí pueden ser
víctimas del delito bajo estudio, “aunque vivan en la más perfecta
inconsciencia de la edad o del espíritu, porque la ley no se pone en el caso
de que la persona injuriada tenga la capacidad humana de apreciar la ofensa
o sufrir personalmente de ella, sino que esa persona no esté expuesta al
peligro de que disminuya, de algún modo, el bien jurídico honorI”.115 La
cuestión acerca de la inimputabilidad de los menores no cabe en el caso de
la difamación, ya que penalmente la imputación ofensiva:
“Nada importa que el menor no sea capaz de apreciar exactamente la ofensa, porque ésta se
puede prolongar a su reputación futuraITenga o no capacidad un menos para comprender la
ofensa o sentirse herido en su sentimiento del honor, es indudable que por ser un bien jurídico del
individuo, independientemente del individuo mismo, debe ser protegida por la leyI”.116
113
H. Grisanti:“Manual de Derecho Penal…”.Op. cit., p. 133.
114
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor...”. Op. cit., p. 65, citando a Liepmann, ya que éste autor
sólo lo reconoce cuando los menores tienen el discernimiento necesario para comprender el sentido
de la acción que se dirige contra ellos.
115
Ibídem, p. 21.
116
Ibídem, p. 65.
66
coinciden en reputar al menor como sujeto pasivo de esta infracción. Poco
importa que la ley no les reconozca capacidad penal.
c) Los dementes:
“En primer lugar, porque aun cuando el débil mental o un alienado reaccionan, a veces, ante la
injuria, lo mismo que un hombre normal. En segundo lugar, porque si hay personas presentes en el
momento de la ofensa, no tienen siempre el conocimiento de la situación mental del ofendido. En
tercer lugar, porque la inconsciencia del ebrio desaparece en unas horas y las del débil menta o
alienado pueden no existir mañana. En cuarto lugar porque su reputación tiene el mismo derecho
de amparo legal que su honor en sentido subjetivo. Y finalmente porque no hay ley que pueda
distinguir entre ofensas no punibles y ofensas punibles que se dirigen a un individuo en estado de
inconsciencia, es indudable que nunca podrían quedar exentas de pena las que versaran sobre
hechos concernientes a su vida anterior al momento en que cayeron en el estado de inconsciencia
transitorio o permanenteI”.118
Toda persona enferma de la mente, así como los ebrios, gozan del
honor sin excepció[Link] ejemplo, no se justifica que a un ebrio se le causen
agravios por el hecho de que su estima personal sea baja, ya que la vigencia
del honor es patente y de obligatorio respeto.
117
J. R. Mendoza: “Curso de Derecho…”. Op. cit., p. 186
118
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 67.
67
d) Personas deshonestas:
e) Los desconocidos:
119
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria y …”. Op. cit., p. 39
68
situación notoria de inferioridad de condiciones frente a otras personas.
Sería el caso de los sordos, mudos, etc. Para todos estos casos, obran las
mismas consideraciones, en cuanto pueden ser sujetos pasivos del delito de
difamación.
g) Los muertos:
“Ial permitir la ley la persecución de los delitos de difamación o de injuria cometidos contra la
memoria de una persona muerta, se está reconociendo que su personalidad sobrevive en los
parientes o herederos inmediatos y por consiguiente, que el difunto puede ser sujeto pasivo de
estos tipos de delitos”.121
“Artículo 449.- Si esta muere antes de hacer uso de su acción, o si los delitos se han cometido
contra la memoria de una persona muerta, la acusación o querella puede promoverse por el
cónyuge, los ascendientes, los descendientes, los hermanos o hermanas, sobrinos, los afines en
línea recta y por los herederos inmediatos.”
120
Ibídem, p. 42.
121
[Link]: “Curso de Derecho Penal…”. Op. cit., p. 317.
69
a) Que la persona muera sin haber hecho uso de la acción por el
delito de difamación o
70
corporaciones no pueden ser objeto de ofensas al honor”.122 Otros alegan
que: “No pueden ser sujetos pasivos del delito de difamación las personas
jurídicas. El Código Penal venezolano señala claramente que la imputación
debe ser hecha a un individuo y no, a una persona o asociación, como si
aparece en algunos códigos extranjerosI”.123
“La antigua jurisprudencia alemana, decía en términos generales, que las colectividades de
personas solo podían ser protegidas por la ley, en materia de delitos contra el honor, cuando bajo
la designación que se daban a sí mismas, aparecían de un modo manifiesto las personas
particulares a quienes la imputación debía referirse. La nueva afirma: I“No son las compañías o
empresas entidades abstractas a quienes no pueden afectar los atentados personales que con el
carácter de injuriasIsino que, además de constituir una personalidad jurídica con idénticos
derechos, dentro de los límites de su constitución, que las personas naturales, esta clase de
atentados transcienden forzosamente a los individuos que las representan, como que los actos de
éstos los que determinan la marcha, dirección y gestión de las empresas”.125
Entiende Manzini que, siendo los delitos contra el honor delitos contra
las personas, las colectividades no entran en el concepto de la persona
previsto en la ley penal, haciendo excepción en: los cuerpos políticos,
administrativos o judiciales.126
71
comercial también honor, entendida como una reputación que debe ser
protegida. Esta es una solución que deviene de la interpretación
jurisprudencial de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de
Justicia. Existen autores que niegan que la persona jurídica pueda ser sujeto
pasivo de delitos, porque “siendo una persona ficticia carece de un íntimo
sentimiento moral”.127
“En el caso de ofensa contra algún cuerpo judicial, político o administrativo, o contra
representantes de dicho cuerpo, el enjuiciamiento no se hará lugar sino mediante la autorización
del cuerpo o de su jefe jerárquico, si se trata de alguno no constituido en colegio o corporación.
En estos casos, se procederá conforme se ordene en el artículo 225.”
127
J.P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 75.
128
El Vilipendio es un delito de injuria agravado por el sujeto receptor. Actualmente, representa el
hecho de amenazar, calumniar, injuriar o insultar de palabra o, incluso por escrito, en su presencia o
fuera de ella. Constituye una figura penaltipificada en el Artículo 225 del Código Penal Venezolano,
por la que se sanciona a quien difame o injurie a alguien, pero exclusivamente, a funcionarios o
cuerpos públicos. Advierte el Dr. José Rafael Mendoza Troconis que “esta actividad no debe ser
confundida con la crítica política, siempre que no se convierta en escarnio o mofa, y así, demostrar
públicamente que el Gobierno está formado por incapaces, no es vilipendiar”. Esta es una materia
que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha tenido oportunidad de examinar con
especial atención en su Informe sobre la compatibilidad entre las leyes de desacato y la Convención
Americana sobre Derechos Humanos. 1994 y Organización de los Estados Americanos, Washington,
D.C. 1995, p. 209, recomendando a los Estados en que existan estas leyes derogarlas, o reformarlas
con el objeto de adecuarlas a los instrumentos internacionales de derechos humanos.
El delito de Vilipendio en una sociedad democrática.
[Link] y [Link]/investigacion/cddhh
72
de su jefe jerárquico, si se trata de alguno no constituido en colegio. “Esto da
a entender que hay personas jurídicas que pueden ser sujetos pasivos del
delito de difamación, como serían los colegios de abogados, las
federaciones médicas y todas aquellas instituciones colegiadas de carácter
administrativo que tengan personería jurídica”.129 En estos casos como son
colegiados, se procede directamente por querella del cuerpo mismo o jefe
del cuerpo, pero no se necesita autorización para proceder, sí se necesita el
requerimiento al Fiscal del Ministerio Público.
129
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”.Op. cit., p. 435
130
Ibídem, p. 437
131
V. Manzini: “Tratado de Derecho Penal…” V. VII. Op. cit., Nº 2.486
132
J. R. Mendoza: “Curso de Derecho…”.Op. cit., p. 189
73
contra cada uno de sus componentes, cada uno puede querellarse en su
propio nombre”.133
Las teorías que afirman que la persona por el sólo hecho de ser
persona humana tiene honor confunden “la inalienable capacidad para ser
titular de honor con el estatus de honor que se posee en un momento
determinado”.134 Así, la persona tiene la capacidad de poseer honor, ya que
existe un interés público en la comunicación veraz, esto es, que el honor
consiste en que se le imputa a una persona su comportamiento como
meritorio: honor es imputabilidad meritoria135, por el contrario si únicamente
predominan los comportamientos imputables como negativos habrá
deshonor.136
133
G. Maggiore: “Derecho Penal...”. V. IV. Op. cit., pp. 388 y 389.
134
Jackobs Gunther: La misión de la protección jurídico–penal del honor. Madrid. Estudios de
Derecho Penal. Editorial Civitas. 1997, p. 434.
135
Ibídem, p. 434.
136
Ibídem, p. 433.
74
lesionados en cuando a su interés moral y este criterio es el que predomina,
al ser las personas jurídicas entes con reputación que puede ser atacada.
En este orden de ideas, consideramos que todas las personas tienen
la capacidad de ser titular de honor (imputación meritoria), en tanto a través
de su adecuada organización en la interacción social produzcan expectativas
de reconocimiento meritorio, con los cual se puede afirmar que las personas
jurídicas gozan del derecho al honor y reputación.
“Sujetos Delictuales.
1) Sujetos Activos.
Lo pueden ser cualesquiera. Al principiar el Código Penal en el artículo 444 (difamación) con “El
queI”, queda claro que los sujetos activos de dicho delito pueden ser todos los imputables que
desarrollen la conducta prevista en esa disposición penal.
2) Sujetos Pasivos.
Consideró que la norma del artículo 442 del Código Penal no puede ser
interpretada en sentido gramatical o literal en cuanto en lo referente al
137
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, N ° 240…Op. cit., (Caso Procter & Gamble
de Venezuela)
75
“individuo” como sujeto pasivo del delito de difamación, sino que en la
interpretación hay que tomar en cuenta el valor que el legislador busca
proteger, requiriéndose la interpretación teleológica o progresiva, en
búsqueda del fin último que la legislación busca proteger, que en el delito de
difamación es la reputación de las personas.
Quiere decir que las personas jurídicas no gozan del honor subjetivo, el
cual es inherente a la persona humana, el cual está referido a la opinión y
concepto que las personas tienen de sí mismas. Sin embargo las personas
jurídicas si poseen honor subjetivo, ya que tienen una reputación, y la
opinión que tenga la sociedad sobre ellas, puede influir positiva o
negativamente en su desenvolvimiento cotidiano y en la realización de sus
actividades jurídicamente relevantes.
j) La autoofensa:
76
sea a través de la palabra, escritos o dibujos, objetos de arte, ademanes y
gestos, libros, folletos, periódicos, internet, tweeter, facebook.
77
tipo, debe valorar y debe entrar en el ánimo del autor, perdiendo la tipicidad
su función meramente descriptiva.140
“Iel desprecio implica rechazo y produce una actitud de alejamiento de las personas hacia el que
es objeto de este desprecio. El despreciado se expone a padecer la exclusión del grupo social
donde se desenvuelve. El odio, en cambio, implica una actitud activa de las personas hacia el
sujeto odiado. El odiado se expone a ser perseguido y atacado. Es pues un sentimiento, más
negativo que el simple desprecio y afecta más profundamente la personalidad”.141
140
J. Sosa C: “Tipicidad…”. Op. cit., p. 280.
141
R. Buroz A.: “ Los Delitos de Difamación …”.Op. cit., p. 34.
142
H. Febres: “Curso de Derecho…”. Op. cit., p. 320.
78
desprecio o al odio público o de ofenderlo en su honor o reputación. Ese
elemento psicológico es el dolo, porque no existe la forma culposa en los
delitos contra el honor. Los delitos dolosos son aquellos en los cuales el
resultado antijurídico coincide con la intención delictiva del agente. El delito
de difamación es esencialmente doloso, o sea, que no se concibe que se
hayan realizado por simple culpa, porque si existe conciencia del contenido
difamatorio, el delito es perfecto, aun cuando se haya obrado con ligereza o
descuido; y si obra sin consciencia del contenido difamatorio no habría delito
por quedar excluido el dolo por error esencial e invencible, como por ejemplo
el que pronuncia palabras ofensivas en un país extranjero por no conocer el
idioma y ofende a alguien.143
143
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria y …”. Op. cit., p. 195: La doctrina es unánime en
cuanto a lo inconcebible de la culpa en los delitos contra el honor. Para Pili citada por Rompañi es
terminante: “El concepto de dolo de peligro excluye la posibilidad jurídica de la difamación culposa,
porque en el delo de peligro el evento doloso no es querido pero es previsto, mientras que en la
143
culpa no es querido ni previsto: sería la previsión sin voluntad de una lesión al honor”. No
obstante, Altavilla tiene razón cuando señala: “de culpa debe hablarse solamente cuando, faltando la
intención de ofender, se ataca el decoro o la reputación por imprudencia o negligencia” .En síntesis,
aunque en nuestro Código Penal solo es punible la forma intencional de difamación; la forma culposa
es posible, pero no pasible de sanción. Así por ejemplo, existiría difamación culposa cuando se
escribe en un diario íntimo atribuciones denigrantes que son luego divulgadas por haberse perdido
el diario o cuando se escribe una carta insultante que es rescatada por un tercero del canasto de la
basura y se da a conocer el contenido.
144
H. Grisanti: “Manual de Derecho Penal…”.Op. cit., p. 134.
145
Violeta González y José Corona: Análisis de las Figuras Delictivas en el Derecho Venezolano.
Venezuela, Ediciones Carjosi. 1991, p. 40.
79
de realizar el hecho que lo constituyeI”. También establece en el artículo 83
la responsabilidad cuando varias personas concurren a la ejecución en un
mismo hecho punible, disponiendo que tanto los perpetradores como los
cooperadores inmediatos quedan sujetos a la pena correspondiente al delito
perpetrado, así como también el artículo 84 establece la rebaja de pena, a
los que hayan participado “I2. Dando instrucciones o suministrando los
medios para realizarlo; 3. Facilitando la perpetración del hecho o prestando
asistencia o auxilio para que se realice, antes de su ejecución o durante
ellaI”.146
146
Código Penal publicado en la Gaceta Oficial N° 5.768 Extraordinario de fecha 13 de abril de 2005
147
Santiago Mir Puig: “La autoría”. Estudios de Derecho Penal General. Bogotá – Caracas – Panamá –
Quito. Editorial Jurídica Bolivariana. 1997, p. 139.
148
Enrique Bacigalupo: “Autoría y Participación”. Estudios de Derecho Penal General. Bogotá –
Caracas – Panamá – Quito. Editorial Jurídica Bolivariana. 1997, p. 90.
80
ni una definición rígida”.149
Según Carrara, para que exista el dolo en los delitos contra el honor
es suficiente que aquello que se dice o escribe pueda lacerar la reputación
ajena, sin que exista la intención de hacer daño (animus nocendi), ya que el
animus en la difamación consiste en realizar actos con conciencia lesiva y la
intención de inferir con ellos una ofensa, aunque ésta no se verifique
efectivamente.
81
delito contra el honor. Es menester que exista, al mismo tiempo, en el
individuo que profiere la palabra ofensiva o realiza el acto denigrante, la
intención de ofender y dañar con la ofensa a la otra persona. El animus
injuriandi no consiste solamente en decir o en hacer algo injurioso, sabiendo
que es injurioso, sino en hacerlo o decirlo con un fin determinado: para
menospreciar, deshonrar, desacreditar. Es decir, que el animus injuriandi
lleva implícito en sí el animus nocendi (ánimo de producir un daño en el
honor o la reputación)”.152 Pero el animus injuriandi es el animus de injuriar y
no debe confundirse con el ánimo de perjudicar, aunque pueden coincidir.153
“Este delito exige el “animus diffamandi” (voluntad consciente de difamar), por lo cual queda
excluida la respectiva responsabilidad penal al no haber ese ánimo sino otros “animi”: “jocandi”,
“narrandi”, “defendendi”, “consulendi” y “corrigendi”. Están descartados por completo y pos
postísimas razones todos los “animi”, con la excepción del “animus narrandi”I”.155
152
Ibídem, p. 104.
153
Ibídem, p. 161: En opinión de Eusebio Gómez, sostiene que el dolo “no se integra con el propósito
de dañar…El animus injuriandino es el animus nocendi, aunque en la mayoría de los casos sean
concomitantes”. El animus nocendi puede ser consecuencia del anumus injuriandi, la buena fe en
cambio, eliminar el delito, porque no tiene como base el animus injuriandi.
154
Ibídem, p. 105.
155
Sentencia de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia… Op. cit., (caso Procter &
Gamble).
Además se ha establecido tanto en la doctrina como en la Jurisprudencia de nuestro máximo tribunal
(sentencia Nº 497 de fecha 02-10-08, Magistrado Miriam Mirandy Mijares) que en este tipo penal, el
elemento subjetivo es, el animus difamandi, que no es más que la voluntad consciente de difamar, el
querer dañar la honorabilidad de la persona, atribuyéndole hechos determinados que afecten su
reputación, así mismo, el elemento del tipo es la comunicación con personas reunidas o separadas y
82
El ánimo de difamar debe poder deducirse de los hechos. Además el
sentido común, es decir, el hecho imputado debe ser apto para ofender,
independientemente de las consideraciones del ofendido. Así:
“Para la ley, la ofensa es delito, porque tiene la aptitud de poder ofenderILa injuria y la difamación
son delitos formales, por cuanto no exigen para su propia consumación que el ofendido haya
sentido un dolor o que se haya producido su descredito o deshonor. Es suficiente, en
consecuencia, que la apreciación o el hecho determinado tenga la aptitud de poder ofender, por
más que el ofendido se haya reído de la injuria, o que las personas a quienes se comunicó la
difamación no hayan creído en ellaI”.156
“Sin la intención de deshonrar no hay injuria. Es verdad que el texto legal no exige abiertamente
para la existencia del delito un especial ánimo de injuriar, más no puede caber duda acerca de la
necesidad de su concurrencia como elemento integrante de esta infracción, pues no solo los
comentaristas, sino la jurisprudencia de modo repetido y constante ha sentado la doctrina de que el
ánimo de injuriar es elemento esencial de la injuria. Por otra parte, sino explícitamente, de modo
implícito, también requiere el texto legal del especial ánimo de ofender, ya que las expresiones y
acciones para ser constitutivas de injuria han de ser proferidas y ejecutadas en deshonra,
descredito o menosprecio contra la persona”.157
se considera agravada la acción, si se realiza por medio de documento público, dibujos, escritos o
cualquier medio de publicidad.
156
Ibídem, pp. 155 y ss.
157
E. Cuello Calon: “Derecho Penal…”. Op. cit., p. 570.
83
Incluso en los casos en los que la difamación se produzca de forma
anónima, se puede responsabilizar a su autor pues en la red siempre se
dejan huellas por un lado o por otro; por tanto se aplican por igual las leyes
de difamación tanto en la red como fuera de ella.
“Ies necesario el animus diffamandi, el cual supone la voluntad consciente de lesionar a otro en
su honor y es éste un requisito subjetivo fundamental para la existencia del delito de difamación, es
decir, no basta para que exista difamación, que la atribución de un hecho sea capaz de exponer a
la víctima al desprecio público, o que tal hecho le lesione en su honor o reputación, sino que es
requisito sine qua non que el sujeto activo obre con intención de lesionar el honor de la víctima”.159 .
158
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Nro. 1750, 30-07-2002 (Pablo López Ulacio
“La Razón” / Multinacional de Seguros). La acusación se basó en un artículo donde López Ulacio
alegaba favoritismo en la adjudicación de contratos del gobierno a la compañía de seguros de
Carrero, y en la subasta de estaciones estatales de radio a una empresa controlada por Carrero. La
querella fue abandonada, luego de decretado el arresto domiciliario del periodista.
[Link]
159
Sentencia de la Sala Cinco de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Área
Metropolitana de Caracas, Nº 317-09, Expediente Nº S5-2009-2504, 11 -09-2009 (Caso: Hany
Khawan)
84
Quiere decir entonces que el tipo penal exige de parte del sujeto activo,
la intención consciente de afectar a otro en su honor (“animus diffamandi”),
para que el delito de difamación pueda existir.
[Link]
[Link]
160
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 437
85
II. 5. 7. La teoría de los animus excluyentes del animus diffamandi
o iniurriandi.
Existen otros animus con los que puede actuar el sujeto activo de las
palabras, dibujos o escritos que pueden excluir el carácter típico del delito de
difamación. A saber:
a) Animus narrandi
El animus narrandi consiste en contar, relatar o describir hechos que
se atribuyen a una persona viva o muerta. La forma más corriente de narrar
es a través de artículos de prensa, o en un libro, pudiendo ser un relato oral.
Consiste en exponer un hecho o acontecimiento atribuyéndolo a una
persona viva o muerta. En cada caso debe revisarse las circunstancias, ya
que es difícil establecer el lindero cuando los hechos tienen influencia por
ser de interés público. El animus narrandi se relaciona con el derecho a la
libertad de expresión del pensamiento, que, a su vez conlleva deberes
limitados al respeto de otros derechos fundamentales; por esto, no es
posible que “bajo el supuesto de un animus de narrar, por muy noble que
sea, se justifique de modo alguno llegar a la ofensa y es más grave aún
atreverse a pensar que invocando ese animus de criticar o narrar no se
cometa delito alguno contra el honor.161
Aquí el agente si quiere agraviar a alguien se propone narrar hechos
históricos políticos, sociales, militares, literarios o periodísticos, describiendo
y explicando las conductas de los protagonistas que puede llegar a
señalamientos relativos al honor de los personajes, pudiendo verificarse
también en ilustraciones, caricaturas, punturas y esculturas.
Aunque el periodista debe cumplir con el deber de mantener
informado al público acerca de los funcionarios y empleados públicos, este
deber como hemos señalado, encuentra sus limitaciones en el artículo 57
de la Constitución, al empleo de expresiones que no constituyan delito, ya
161
J. R. Mendoza T.: “Curso de Derecho…”.Op. cit., p. 237
86
que para que se consume el delito de difamación es suficiente que el agente
de manera consciente impute a una persona un hecho determinado capaz
de exponerlo al odio o desprecio público.
La doctrina tradicional, al incluir el “animus narrandi” entre aquellos
que excluían el “animus diffamandi” se encuentra en la necesidad y dificultad
de establecer el sentido del mismo, así como las excepciones o
consideraciones que interesan a los fines de precisar que no se está en
presencia de una regla de exclusión, sino que el “animus narrandi” también
encuentra algunos límites.
La intención de narrar no puede alegarse como una fórmula para
lesionar el derecho al honor de las personas, para eximirse del delito de
difamación alegando que lo dicho o informado fue simplemente lo ya
conocido y que fue dicho por otros. Es así como el doctor Mariano Arcaya,
citando a Florian ejemplifica “decir que sea permitido insultar a un
desgraciado por el solo hecho de que ya haya sido el blanco de los insultos
de otro, sería lo mismo que permitir a todos violar a una mujer por la sola
razón de que ella anteriormente había sido víctima de un estupro”.162
En este mismo sentido Arcaya, citando a Carrara, señala “admitir el
animus narrandi como suficiente de modo absoluto para quitar el carácter
criminoso a la injuria, al par que el ánimo de defender, aconsejar, de
corregir, seria sobremanera peligroso, y significaría proceder a una
equiparación inexacta”. Así escribe Maggiore: “Cuando el periodista y el
crítico pasan, de la pura información del juicio sereno, a la injuria, la
contumelia y la denigración no pueden justificarse de ninguna manera. Y
nunca serán justificables cuando hayan creado directamente el hecho,
revistiéndolo de apreciaciones o alusiones vituperiosas”.163 Sin embargo, la
critica que se haga a los funcionarios públicos no configura, por sí sola el
delito de difamación, siempre y cuando lo relatado se haga en ejercicio de la
162
M. Arcaya: “Código Penal…”. Op. cit., pp. 142 y ss.
163
Ibídem, p. 143
87
función informativa de orden objetivo, sin extenderse a valoraciones
subjetivas que impliquen la comisión del delito de difamación por el carácter
ofensivo incompatible con el fin que cumple el rol periodístico en la sociedad
democrática.
Para entender las diversas maneras en que puede presentarse el
animus narrandi, cito la sentencia de la Corte de Apelaciones del Estado
Zulia, en el caso concreto, la denuncia del querellante está referida a que en
el momento de realizar una Inspección Judicial en la Sala 01 de juicio del
Tribunal de Protección de la Circunscripción Judicial del Estado Zulia, el juez
Héctor Peñaranda refirió y dejó constancia en el acto, acerca de un Informe
Médico del estado psíquico y mental del querellante, consignando copia del
referido informe y de los recaudos que acreditan que con base al diagnóstico
médico el querellante obtuvo una incapacitación laboral.
164
Sala Nº 1 Accidental de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Zulia, Nº
3139-2006, 15-11-2006 (Juez Héctor Ramón Peñaranda Quintero).
[Link]
[Link].
88
a los fundamentos legales de los cuales podría emerger una causa de
justificación, por eso, la importancia de tomar en cuenta la naturaleza de los
conceptos que se emiten, el tono que se emplea, la oportunidad, moderación
y necesidad de la difusión.
Al respecto, la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de
Justicia, en el caso Procter & Gamble consideró indefectible para la
determinación del delito de difamación, saber si esa imputación y/o
publicación o comunicación editorial, hubo el ideal de moderación y
veracidad, es decir, la elemental comprobación de lo que se publica, lo cual
señaló de la siguiente manera:
“El qué y el cómo de su proceder lo evidencian así: la imputación fue tan sumamente grave cuan
sostenida a través de una muy intensa y virulenta campaña periodística. Y en consecuencia, no es
aceptable que hubo el “animus narrandi” o de sólo informar, ya que la inmoderación demuestra una
falta al puro ánimo de informar la verdad en la imputación periodística. Sin embargo, lo que
demuestra en forma palmaria esa falta a esa medular obligación de ser veraz, es el hecho de que
la imputación de que la crema dental “CREST” producía cáncer no se ajusta a la verdadera
expresión de la publicación estadounidense citada en las publicaciones del diario “2001”I”.165
“Hay circunstancias en las que es inevitable hacer referencias negativas de algunas personas, y
esto es válido tanto para todos los ciudadanos en general, cuanto para los comunicadores sociales
en particular y en un ejercicio periodístico que no por aquello se degrada: siendo que el hombre se
desenvuelve en sociedad Ia veces está justificado el señalar conductas indebidas y que, por
representar éstas un obvio peligro social e individual, su revelación se impone como un deber
moralIese deber moral de discernir cuando y en qué medida existe, es de particular importancia
en la noble tarea del comunicador social, porque sus opiniones no solo informan, sino que forman o
165
Sentencia de la Sala Penal del tribunal Supremo de Justicia, Exp. Nro. 97-1971… Op. cit. (caso
Procter & Gamble)
89
deforman la opinión públicaIexiste el derecho de ejercer lo que CARRARA llamó el “Derecho de
inspección moral” y que ese ejercicio comporta la posibilidad y un deber de hacer o dejar de hacer
lo que pueda ofender a través del justo menosprecio de otros”.166
“Este derecho, para justificar conductas que aparecen como tipificadas en la Ley como delitos,
debe ser ejercido en forma legítima y ello significa, fundamentalmente, que debe quedar
enmarcado su ejercicio dentro del criterio de necesidad, la cual, según una autorizada corriente
doctrinaria, se da cuando existe un interés público en la información y ésta es objetiva y veraz.
166
Ibídem
167
A. Arteaga Sánchez: “Estudios de Derecho...” op. cit., p. 104
90
La anterior Constitución Nacional en cuanto al derecho a la libertad de
expresión, en su artículo 66 establecía lo siguiente:
“Artículo 66.- Todos tienen el derecho de expresar su pensamiento de viva voz o por escrito y de
hacer uso para ello de cualquier medio de difusión, sin que pueda establecerse censura previa;
pero quedan sujetas a pena, de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito. No
se permite el anonimato. Tampoco se permitirá la propaganda de guerra, la que ofenda la moral
pública ni la que tenga por objeto provocar la desobediencia de las leyes, sin que por esto pueda
168
coartarse el análisis o la crítica de los preceptos legales”.
168
Constitución Nacional de Venezuela. Gaceta Oficial de la República de Venezuela, Nº 662 de fecha
23 de enero de 1961.
169
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.
91
“Artículo 57.- Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos ideas,
opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier forma de expresión y de hacer uso para ello
de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga
uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el
anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la
170
intolerancia religiosa.”
170
Ibídem
171
Zambrano Freddy: “Constitución de la …”. Op. cit., p. 367.
172
José G. Andueza: La libertad de Expresión de Cádiz a Chapultepec. Sociedad Interamericana de
Prensa. 2002, p. 5
92
De igual manera, la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela consagra el derecho a la información:
“Artículo 58.- La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que
indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin
censura, de acuerdo a los principios de esta Constitución, así como el derecho a réplica y
rectificación cuando se vean afectados directamente por informaciones inexactas o agraviantes.
Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo
173
integral.”
173
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.
174
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Op. cit., (Caso: Elías Santana).
93
contenido, pero sí, cómo llegar a determinar de la forma más concreta
posible los límites de su tutela jurídica.
175
C. Carmona S.: “Curso de Derecho Penal Español…”. Op. cit., p. 466.
94
del medio, encontrándose éstos en el deber de revelar el nombre del autor
cuando fuera requerido por la autoridad judicial.
176
Artículo 11, n. 2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos; artículo 17, n. 1 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
177
Héctor Faúndez Ledesma: “Los límites de la Libertad de Expresión”. En la XXV Jornadas “J. M.
Domínguez Escovar” sobre Los Derechos Humanos y la Agenda del Tercer Milenio. Barquisimeto. 06
al 09 de enero de 2000, p. 427-428.
178
Ibídem, p. 430
179
Artículo 23 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
95
entre la subsunción de la conducta dañosa de la integridad moral pública del
agraviado, causada por un agente al que le es legítimamente reconocida la
plenitud del derecho a expresarse y difundir información, en supuestos cuya
calificación preestablece la propia norma, vale decir, “abusividad” e
“ilegalidad” del ataque, arbitrariedad de la injerencia contra la honra del
agraviado, por una parte y, por la otra, la personal responsabilidad del
agraviante por virtud de lo abusivo e ilegal de su ataque.
La ecuación, por tanto, entre libertad de expresión y responsabilidad
personal por su ejercicio, equilibrada in abstracto por el denominado
principio de armonización, tiende a restablecerse –una vez rota por acción
de las predichas conductas típicas y calificadas, naturalmente valoradas en
juicio regular y con las garantías de Ley-, con el establecimiento de
responsabilidad en contra del agraviante. Obviamente, el análisis ahora debe
enfocarse hacia el establecimiento de los parámetros -de acuerdo con
criterios jurisprudenciales internacionales-, que pudieran convertir a una
conducta potencialmente dañosa de la integridad moral pública del
agraviado en un supuesto subsumible en las predichas calificaciones y, por
tanto, generadores de responsabilidad personal, dentro de los límites que al
efecto indica el numeral 2do, del artículo 14 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos180.
En este orden de ideas, la doctrina española siguiendo la
jurisprudencia de su más Alto Tribunal en la materia, paulatinamente
confirmada por las demás instancias judiciales, sigue la tradicional distinción
del texto constitucional, entre libertad de expresión y de información,
coincidente la primera con la manifestación de opiniones o juicios de valor y
la segunda con la imputación o narración de hechos concretos, quedando
180
Artículo 14, ordinal 2º de la de la Convención Americana sobre Derechos Humanos: “Toda persona
afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio a través de los medios
de difusión legalmente reglamentados y que se dirijan al público en general, tiene derecho a
efectuar por el mismo órgano de difusión su rectificación o respuesta en las condiciones que
establezca la Ley … numeral ordinal: En ningún caso la rectificación o la respuesta eximirán de otras
responsabilidades legales en que se hubiese incurrido”
96
establecidos cuatro criterios de ponderación181, que referiré a continuación
como perfectamente aplicables en nuestro sistema:
a) Se exige de forma prioritaria que el ejercicio de dichas libertades
esté al servicio de la opinión pública libre, ligada indisolublemente al
pluralismo político, requisito fundamental del estado de Derecho.
b) Un segundo criterio de ponderación alude a la insuficiencia del
elemento subjetivo del animus injuriandi, tradicionalmente empleado por la
jurisprudencia penal en el enjuiciamiento de los delitos contra el honor como
pauta para la resolución del conflicto suscitado entre el derecho y las
libertades de expresión e información.
c) Un tercer criterio concierne a la relevancia pública de las personas o
asuntos a quienes se dirija el ejercicio de las citadas libertades. Puede
decirse que es en este contexto en el que las mismas alcanzan su máximo
nivel de eficacia justificadora, delimitándose en cambio la tutela del derecho
al honor cuando sus titulares sean personajes públicos o ejerzan funciones o
cargos de esa naturaleza, porque estas personas se encuentran en
posiciones obligadas de soportar cierto riesgo a que sus derechos subjetivos
resulten afectados por expresiones e informaciones de interés general, ya
que así lo requiere el pluralismo político, la idea de tolerancia y el espíritu de
apertura en una sociedad democrática.
d) El último criterio ponderativo se trata del requisito relativo a la
veracidad de la información, a los efectos de entender que solo se
castigarán imputaciones falsas de hechos públicos cuando se lleven a cabo
con conocimiento de la falsedad o manifestando desprecio de la verdad,
181
C. Carmona S.: “Curso de Derecho Penal Español…”. Op. cit., pp. 466-469 y Declaración de
Principios sobre la Libertad de Expresión, aprobada por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos durante su 108° período de sesiones, celebrado en Washington D.C., del 2 al 20 de octubre
de 2000, párrafo 10 de la parte declarativa.
97
expresión ésta que se hecho ha trascendido a la redacción conferida por el
legislador a los delitos de Calumnia e Injuria en el Código Penal español.182
En Venezuela, la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, en
sentencia 240 del 29 de febrero de 2000, mantuvo el criterio de cierto
privilegio del derecho al honor sobre los demás en los siguientes términos:
“El derecho al honor es uno de esos derechos humanos llamados por la
doctrina “derechos naturales”. El derecho al honor, incluso, podría
considerarse como el principal por estar tan consubstanciado (sic) con el
alma humana y por responder a un sentimiento tan hondo. Hay quienes
prefieren la muerte a la deshonra”183. Más adelante, la misma sentencia
estableció que si bien es cierta la libertad de prensa constituye un elemento
fundamental en los regímenes democráticos, porque es “el arma de la
libertad”, los propietarios de medios y los comunicadores sociales no pueden
abusar de este derecho en detrimento del honor y la reputación de las
personas:
“De no haber esta indefectible consideración y de cobijarse ello con un manto de impunidad,
habría que concluir que la prensa es un supra poder integrado por propietarios de medios de
comunicación y profesionales del periodismo, amparados todos ellos en un “sui-géneris” derecho
de rango constitucional a la libertad de expresión que no tienen los demás ciudadanos, lo cual
constituiría una tan flagrante cuan escandalosa impunidad puesto que la Constitución abomina y
prohíbe las discriminaciones y los resultantes privilegios. La democracia es igualdad jurídica y
todos los ciudadanos son sujetos de derechos y obligaciones: tienen derecho a la libertad de
expresión por igual y todos tienen el deber de hacer buen uso de esa libertad de expresión.
También existe y debe respetarse la libertad de no ser sometido a expresiones injuriosas y
difamatorias”.
182
Anton Vives: Libertad de Expresión y Derecho al Honor. Revista de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Granada. II-13. Homenaje al Prof. Sainz Cantero. Granada.1987, pp. 255 y 256. Este
criterio no resulta aplicable a la libertad de expresión, puesto que las opiniones no se prueban, pero
en su lugar opera el principio de necesidad o proporcionalidad, concebido como prohibición de
exceso, en cuya virtud el ejercicio de esa libertad deberá ser necesario, adecuado y proporcionado a
la protección que otorga.
183
Freddy José Díaz Chacón: Doctrina Penal del Tribunal Supremo De Justicia. Caracas. Editorial
LIVROSCA. 2000, p. 233
98
lícitos o justificados, más aun cuando se trata de funcionarios públicos,
dando prioridad al honor sobre otros derechos fundamentales.
De lo expuesto entre las dos secciones precedentes, se deduce que
los dos derechos cuyo conflicto se analiza: el derecho al honor y derecho a
la libertad de expresión e información, son derechos humanos relativos; pero
el primero tiene carácter individual, mientras que los segundos tienen
carácter social y comprometen el interés general, por lo que debe
ponderarse cada situación y aunque en la mayoría de las circunstancias el
interés general debe prevalecer sobre el interés particular, y ende
preponderancia de la libertad de información en caso de que ambos
derechos choquen, solo puede ceder ante el honor, en los casos en que la
información sea verdaderamente de interés público.
En síntesis, quien obra con animus narrandi, no justifica un abuso de la
libertad de expresión del pensamiento o de informar, y como se explicó
antes no se puede decir que obre con ausencia de dolo, de allí que la
evaluación del juez es preponderante, más aun cuando se lesiona
gravemente el honor y la reputación de las personas.
Por todo esto, a pesar de que la prensa está revestida de gran
autoridad moral, todo hecho implica un deber y toda autoridad una
responsabilidad por las informaciones u opiniones que se difunden por este
medio.184 En este sentido, las informaciones suministradas por los medios de
comunicación y periodistas del país en principio no deberían ser delictuosos,
porque se consideran expuestas con “animus narrandi” o intención de narrar
o informar; caso contrario debe comprobarse el “animus diffamandi” para la
existencia del delito.
184
Por eso en los Estados Unidos de América, la jurisprudencia ha asumido la “doctrina de la real
malicia”, en lo concerniente a la responsabilidad de los medios de comunicación, que consiste en no
atribuir responsabilidad a los periodistas por publicaciones inciertas, a excepción de cuando se
determina que actuó a sabiendas de la falta de veracidad.
99
b) Animus Jocandi
Se verifica cuando el autor opera la conducta objetiva con el propósito
de broma. El animus jocandi es el que inspira a diversas revistas
humorísticas que hacen uso de la sátira y la caricatura como medios
habituales, siendo el chiste, la caricatura, la alegoría, medios aptos para
agraviar. “El hecho de que se exprese una idea o se ejecute una de carácter
ofensivo para una persona empleando este tipo de medios para causar
hilaridad no aleja la idea del delito y de nada sirve que se alegue que todo se
hizo con animus jocandiI”.185 En este caso deben apreciarse las
circunstancias de lo dicho y el contexto, para ponderar si efectivamente el
actor actuó con esta intención, que puede operar como excluyente de
responsabilidad. Siendo así, no se comprende en este caso, el de quien por
hacer reír a un tercero somete a otro al escarnio público y burlas,
ofendiéndolo y ultrajándolo, pues en este caso se impondría el animus
diffamandi que reclama el tipo. Exactamente interpretado debe consistir en:
“haber dicho algo, de tal manera, que una vez oído por alguien, no deje en su espíritu la más
mínima sospecha de que fue hecho o proferido en broma. De otro modo, la injuria existiríaILa
broma, burla, el juego, deben resultar del hecho mismo, de la palabra expresada, de la forma en
que fue pronunciada, del ambiente social en que se produjo, etc. SI no resulta del hecho mismo, y
es menester por ejemplo, una aclaración o manifestación ulterior de la persona que lo cometió, es
indudable que hay una injuria en el sentido estricto de la palabra”.186
185
Mario Enrique Garrido Montt: Los delitos contra el honor. Santiago de Chile. Carlos E. Gibas
Editor. 1963, p. 118.
186
J.P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 201.
187
E. Cuello Calon: “Derecho Penal…”. Op. cit., p. 572.
100
la forma en que fue pronunciada, del ambiente social en que se produjo,
etc.”.188
Manzini por su parte opina que el animus jocandi no excluye el dolo,
sino que lo considera como una comisión particular de la difamación, dice, el
fin de bromear, que no se manifieste de forma excesivamente inocua, dada
la modalidad de la acción deja subsistente todo lo necesario para concretar
el delito, tanto en la fase material como en el aspecto moral”.189 En igual
sentido refiere el doctor Buroz Arizmendi, quien sostiene que “implica la
libertad de crítica con intención satírica”.190
c) Animus Corrigendi
Supone el propósito de corregir o enmendar a una persona con
expresiones que tengan el carácter objetivamente agraviante. Se da sobre
todo con base a circunstancias de parentesco, edad, jerarquía, donde se
puede concluir que el propósito del agente no era otro sino corregir o educar.
Aunque no se exige que la finalidad como tal sea correctiva o educativa,
debe ponderarse su correspondencia con ciertos patrones validos en la
comunidad, siempre y cuando el objetivo del actor sea ese y no ofender. El
propósito de corregir se da sobre todo cuando la persona tiene la facultad de
enmendar la conducta de otra, obrando bajo una causa de justificación,
siempre y cuando esa conducta no se extralimite en el derecho que se
ejerce.
El animus corrigendi es la voluntad de reprender, amonestar e
imponer castigos que tienen determinadas personas respecto a otras por su
edad, estado o situación. Mendoza explica “no hay delito, no porque no haya
en las expresiones fundadas en el animus corrigendi el animus diffamandi,
sino porque no deshonran ni desacreditan, cuando se produce dentro de los
188
J. R. Mendoza. “Curso de Derecho…”. Op. cit., p. 270.
189
V. Manzini: “Tratado de Derecho…”. Op. cit., p. 367.
190
R. Buroz Arizmendi: “Los delitos de difamación…”. Op. cit., p. 22.
101
límites de lo que puede entenderse con esa palabra, hay una necesidad
moral de corregir a esa persona”.191 Difamación por ejemplo habría en el
caso del maestro que humille a un niño o a un adolescente, en un lugar
público, atribuyéndole que tiene sida y debe dejar las prácticas sexuales, lo
expone al desprecio público.
El que corrige quiere enmendar, no ofender. “Mientras lo que se diga
sea apto para la enmienda, está absolutamente fuera del ámbito legal de
esta clase de delitos”.192
d) Animus Consulendi
Cuando el ánimo o propósito del actos es aconsejar o advertir. Así un
pariente, amigo, etc., cualquier persona puede aconsejar a otra,
determinadas cosas, siendo que en estas situaciones el aconsejar no está
establecido como una conducta de obligatorio cumplimiento y dependerá de
cada situación la valoración. También se extiende este concepto en la
práctica bancaria o comercial con el “propósito de evacuar una consulta,
como ocurre cuando se facilitan informes acerca de un tercero”.193
En nuestro país, la doctrina ha sostenido que éste se caracteriza por
la libertad de información que se realiza corrientemente, sobre todo “en las
relaciones comerciales bancarias y que requieren el conocimiento de los
antecedentes comerciales de las personas que acuden a la solicitud de
créditos. En estos casos, los malos informes que suministren no constituyen
191
J. R. Mendoza: “Curso de derecho…”. Op. cit., 268.
192
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 201.
193
M. Garrido M.:“Los delitos…”. Op. cit., p. 100.
102
delitos contra el honor”.194 Por lo que se ha considerado que tales
actuaciones se hacen cumpliendo el deber de informar, que de por sí es una
causa de justificación.
e) Animus Deffendendi
194
J. R. Mendoza T.: “Curso de Derecho…”. Op. cit., p. 272.
103
constituyen difamación para el juez, pero concluye que “no se da acción,
bien sea que las ofensas vayan dirigidas a las partes o al juez, porque
precisamente, si hubiera una excepción en este caso, la mente legislativa
quedaría baldía, desde luego que la razón de ser de tal disposición es
asegurar la libertad absoluta de los litigantes y esa libertad se asegura en el
caso de que las ofensas vayan dirigidas al juez”.195El juez tiene muchos
medios para reaccionar frente a las ofensas, con base a su poder
disciplinario, de manera tal que la disposición se aplica para ambos casos.
Un punto importante sería el referente a la publicación de cualquier
informe contentivo de la especie difamatoria que haya sido ventilado en el
juicio. En este caso si hay difamación, porque la ley solamente se refiere a
las ofensas en los escritos presentados por las partes, o sus representantes,
o en los discursos en estrados ante el juez, en el curso de un juicio. Con lo
cual la ley limita únicamente al ámbito del tribunal, pero no la publicidad, por
lo que sería posible acusar por difamación. Sin embargo, hay opiniones
contrarias que sostienen que el escrito queda protegido aunque se publique.
Las ofensas en juicio no dan lugar a la acción penal, porque los hechos
no constituyen delito, aunque pueden constituir un ilícito disciplinario o civil.
No es necesario indagar en el animus deffendendi, ya que la ausencia de
antijuricidad es suficiente para eximir de responsabilidad penal. Las ofensas
evidentemente, deben ser proferidas entre las partes, es decir, querellante y
querellado y sus apoderados. También ampara la inmunidad a los testigos y
expertos que se encuentren en el tribunal informando o declarando con
relación al proceso o a través de escritos consignados ante el tribunal con
relación a la causa, por la necesidad de desarrollar una defensa libre.
195
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”. Op. cit., pp. 443 y 444.
104
imputación, responde que él no ha cometido ningún delito, pues fue María
quien la hurtó. Del mismo modo, quien sufre de una enfermedad mortal y
contagiosa como el VIH, al margen de que sea verdad de que el sujeto
pasivo sea portador de dicha enfermedad, si se le dice “sidoso”, como una
vía de menosprecio, será que duda cabe una conducta constitutiva de
injuria, pues provocara el estigma social, pero si quien se lo dice, fue el
contagiado, por éste, a quien no le había dado conocimiento de la
enfermedad, no se podrá hablar de una afectación personal, si recala en un
mecanismo de reacción inmediata, pero no como una vía de desprestigio
social ante el colectivo.
El juez tendrá que examinar y evaluar la situación, pues puede carecer
de propósito de ofender al hacer uso de un derecho. “El carácter típico del
animus deffendendi es sencillo. Sirve para eliminar la ofensa al honor,
cuando resulta verdaderamente indispensable que el agente recurriera a la
divulgación del hecho lesivo del honor ajeno, para preservarse a sí mismo de
un daño grave y cierto, daño que no hubiera podido evitar de otra
manera”.196 No existe animus deffendendi cuando:
“I El señor CARLOS MARTINEAU infringió los epítetos siguientes al ciudadano ANGEL RAFAEL
MORA le dijo que era amanerado y al manifestarle que la vieja Carmen había criado un
homosexual refiriéndose a ANGEL MORA; así mismo tildo a los ciudadanos Miguel Pérez y Olivia
Mora de ladrones, a la ciudadana Coralia Mora la señalo de puta (sic) cuya imputación es ofensiva
y denigrante capaz de herir el honor de una mujerI
Lo anterior desvanece el argumento evocado por la defensa y referido a la tesitura del “ANIMUS
DEFENDENDI”, pues tal como lo fijara la Jurisdicente en el cuerpo de la sentencia el ánimo del
acusado estuvo dirigido a “injuriar y ofender” sin que se observara algún tipo de excusa absolutoria
en tal sentido”.197
196
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 217. En cuanto a las groserías o impropelios
referidos bajo el animus imprecandi, que constituyen el insulto malsonante, se consideran que casi
nunca constituyen delito por cuanto son producto de reacción explosiva o salida del subconsciente, a
modo de acción de cortociruito, ver J. E. Fernández y C. De frutos Gómez: “Delitos contra el
Honor…”. Op. cit., p. 90.
197
Sala Única de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Bolívar, Exp. Nº FP01-R-
2008-000163 FP01-P-2007-2754, 13-11-2008 (CARLOS MARTINEAU y MARILIN MORENO DE
MARTINEAU)
[Link]
[Link]
[Link]
105
En un primer momento, la jurisprudencia española se negaba a
considerar la legítima defensa en los delitos contra el honor. Para mantener
esta posición contraria o negativa, se basaba en una concepción demasiado
material de la agresión ilegítima y en una confusión entre la legítima defensa
y la retorsión.
f) Animus Retorquendi
La podemos definir como "la respuesta al ataque verbal una vez que éste
ha cesado"198. Por ende, no justifica la conducta porque no es legítima
defensa. En este sentido, la sentencia del Tribunal español de 20 de
junio de 1972 señala que:
"el "animus retorquendi", como uno de los ánimos que desplaza el "infamandi", supone la réplica
injuriosa, efectuada contra injuria precedente, que se pretende impedir en su continuidad o en sus
efectos inmediatos, o incluso que se quiere vindicar reiterativamente, y se justifica, más que en la
devolución del mal por el mal, o del empleo de la injuria contra la injuria, carentes de caridad,
altruismo y eticidad, en atención a la necesaria defensa, adecuada y proporcionada, en el primer
caso, que se admite para todo derecho conculcado, incluso para el honor, pues nada impide que el
ataque verbal, se corresponda con respuesta ideal del mismo tono, originando la legítima defensa
del honor, que actúa como causa de justificación, y también se ampara en el segundo supuesto, en
el justo dolor que causa la injuria, que provoca e impulsa el ánimo del ofendido a la retorsión
difamatoria perturbándolo más o menos profundamente, y dando lugar a la inculpabilidad total o
parcial de la acción, o a la no exigibilidad de otra conducta, de acuerdo a las circunstancias
personales y ambientales".199
198
Luis Serra De Carreras: Régimen jurídico de la Información. Barcelona. Ariel Derecho, 1996, p.
127.
199
La protección penal del derecho al honor en los delitos por injurias y calumnias
[Link]
106
Frente a este pronunciamiento del Tribunal Supremo, VIVES ANTÓN
señala que "en una apreciación crítica, puede decirse que ni el "animus
retorquendi" desplaza al "inuiriandi" (puesto que el que responde a unas
injurias con otras quiere, también, injuriar), ni la retorsión puede identificarse
con la legítima defensa"200 y “podrá apreciarse una eximente incompleta o
una atenuante, pero no resultará totalmente excluida la responsabilidad
criminal". Estando la retorsión prevista en nuestro Código para el delito de
Injuria, en cuanto a las injurias recíprocas.
[Link]
200
T. Vives Anton: Libertad de Expresión y Derecho al Honor. Granada. Revista de la Universidad de
Derecho de la Universidad de Granada. II-13. Homenaje al Prof. Sainz Cantero. 1987, p. 281.
201
H. Fébres:“Curso de Derecho Penal...”. Op. cit., p. 322.
202
María Eva Merlo: Delitos contra el Honor. Buenos Aires. Editorial Universidad. 1995, p. 122.
107
consulendi, jocandi, corrigendi, etc., como situaciones subjetivas que harían
desaparecer el carácter ofensivo y de ciertos hechos, por vía eliminatoria.203
En conocimiento de que el animus diffamandi o iniuriandi conforma el
elemento subjetivo del tipo, entendido como la intención de difamar, en
tanto, la subsistencia de una intención diversa a ésta, determina la ausencia
del dolo especial requerido en el delito de difamación y por lo tanto, ausencia
de dolo, en palabras de Carrara:
203
R. Nuñez:“Derecho Penal Argentino”. Op. cit., p. 70; Edgardo Donna: “Derecho Penal. Parte
Especial”. T. I. 3ª Edición. Buenos Aires. Rubinzal Culzoni. 2007, p. 457; L. Jiménez de Asúa: “Tratado
de Derecho Penal”. T. III. Op. cit., p. 738. Ver al respecto E. Cuello Calón, E: “Derecho Penal…”. T. II.
Op. cit, pp. 698-702.
204
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria y…”. Op. cit., p. 200.
108
actos difamatorios y aún así querer sus resultados, no concurren en tanto
los actos no se dirijan a ofender el honor o reputación.
“Los diversos ánimos pretendidamente excluyentes del utópico animus injuriandi, no excluyen el
dolo de la injuria o de la difamación. Sólo pueden ser considerados como circunstancias en las que
se revela que el acto cumplido no es más que el efecto del cumplimiento de un deber o el ejercicio
de un derecho, en unos casos; en otros, lo que sucede es el mismo tipo del delito es lo que está
ausente o no existe antijuricidad en los medios empleados o media una causa legal expresa”.207
205
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria…”. Op. cit., p. 176.
206
Ibídem, p. 203.
207
Ibídem, p. 203.
109
ofensiva para el honor del sujeto pasivo, y quiere hacerlas, ha querido
necesariamente lesionar el honor de otro y, en todo caso, ha obrado con
dolo208, afectando su participación e integración social, si este ha de haber
actuado amparado en una causa de justificación, dicho fundamento ha de
valorarse en sede de la antijuricidad, bajo parámetros de constatación
objetiva, éste deberá probar que actuó de forma diligente y responsable,
habiendo cotejado y corroborado la información recabada, por lo que ex ante
mantuvo una veracidad subjetiva, que no necesariamente ha de
corresponderse con la veracidad objetiva, para poder amparar el precepto
autoritativo en cuestión.
A favor de la exclusión de la antijuricidad, también esta Eva Merlo,
para quien:
”El mantenimiento del esquema tradicional subjetivista del delito de difamación se presenta como
“político-criminalmente inadecuado y dogmáticamente falso”. Lo primero dice Merlo porque
conllevaría una considerable desprotección del bien jurídico honor, y “reducir el delito a su
elemento subjetivo favorece la manipulación de la prueba en el proceso, produciendo inseguridad
no sólo para la víctima del hecho sino para el propio autor”.209
208
M. E. Merlo: Delitos contra el Honor”. Op. cit., p. 123.
209
Ibídem, p. 123.
210
J. Vallejo M: “Libertad de Expresión…”. Op. cit., pp. 201-202.
110
acto denigrante, la intención de ofender y dañar con la ofensa a la otra
persona. El animus injuriandi, señala, no consiste solamente en decir o en
hacer algo injurioso, sino en hacerlo o decirlo con un fin determinado: para
menospreciar, deshonrar, desacreditar. Es decir que el animus iniuriandi
lleva implícito en sí el animus nocendi (ánimo de producir un daño en el
honor la reputación).211 Conclusión ésta inadecuada, por cuanto el animus
nocendi puede estar presente, pero no es requisito esencial del delito de
difamación, ya que sólo se requiere la presencia del dolo especial “animus
diffamandi”.
Dichos ánimos fueron incorporados en la doctrina por Mezger, quien
profesaba en su teoría un concepto del injusto –objetivado- , en principio,
para luego completarlo con una culpabilidad dígase “subjetiva”, por lo que el
dolo habrá de situarse en el reproche culpable, no habiendo problema,
entonces, de que este “ánimo”, sea incluido en la tipicidad penal, de manera
tal, que no habría una superposición entre uno y otro. Como decía Jiménez
de Asúa, este animus, como cualquier otro elemento subjetivo de lo injusto.
Los partidarios de la exclusión de la antijuricidad, son justamente
quienes critican la existencia del dolo especial en el delito de difamación,
aduciendo que la doctrina más reconocida, pone al desnudo, como la teoría
de los “ánimos”, en el ámbito de los delitos contra el honor, propone
soluciones de “atipicidad penal”, cuando la agresión a dicho bien jurídico es
más que evidente, propiciando a la vez, un debilitamiento significativo de las
tareas tutelares del Derecho Penal, quedando claro, que la lesividad de la
conducta no puede estar subordinada a la “falsedad” del juicio personal y/o a
la atribución del hecho punible, sino que ya el ataque que signifique un
menosprecio a la dignidad personal, afectando la integración comunitaria del
individuo, es merecedora y necesitada de pena, al menos que concurra una
causa de justificación.
211
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor…”. Op. cit., p. 104.
111
Consiento en que existen casos donde queda excluída la antijuricidad
del delito de difamación, en casos donde realmente se esté en presencia del
cumplimiento del deber o del ejercicio legítimo de un derecho, pero la
postura del conflicto en intereses en sede de anti juridicidad penal es
incompatible con la presencia de los ánimos, que precisamente se pretende
llenarlos de contenido, con la intención del agente, de informar, narrar, etc.
La exigencia del dolo especial no permite desglosar esa intención del fin
perseguido por el ofensor, que obra amparado no en una causa de
justificación, sino con un fin distinto al exigido en el tipo penal.
Entonces sólo será eximente de pena, cuando la ley lo establece en
forma explícita por encuadrarse en una causa de justificación, ya que lo que
está en juego es la existencia del delito como tipo legal antijurídico y
culpable.
212
R. Peña Cabrera.:“Derecho Penal...”.Op. cit., pp. 426- 428.
112
actuaciones que realicen dentro de la esfera de cada una de esas
actividades, pero el exceso de estos actos es abuso de autoridad, si obran
con dolo.”213 Así como ejemplo, cita Mendoza en su libro, un caso en donde
él intervino. Se trata de un Inspector de la Escuelas de la Beneficiencia que
se trasladó a Maiquetía en sus funciones de vigilancia, no halló en el local a
uno de los maestros, y al tomar informes acerca de su inasistencia,
comprobó que estaba borracho y así lo informó y el Juzgado Superior en
apelación consideró que actuó en cumplimiento de un deber.
“La cuestión de la legitimidad o ilegitimidad no debe ser confundida con lo concerniente a la
subsistencia del dolo...Los casos subjetivos en lo que la injuria es legítima, surgen por lo común de
una disposición que expresamente consagra dicha legitimidad. La punibilidad desaparece cuando
el deber ha sido impuesto por razones de convivencia social y el derecho es ejercido por medios
que corresponden a las circunstancias del hecho”.214
213
J. R. Mendoza: “Curso de derecho…”. Op. cit., p. 210.
214
S. I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria …”. Op. cit., p. 265.
215
R. Nuñez: “Derecho Penal Argentino…”. Op. cit., p. 92; E. Cuello Calón: “Derecho Penal…” . Op.
cit., p. 698.
113
b) Ejercicio legítimo de un derecho.
Quien obra ejerciendo un derecho, no viola las normas que inspiran la
ley. Tal es el caso de la libertad de prensa con base a la libertad del
pensamiento por medio de la imprenta; la inmunidad parlamentaria; el
ejercicio de la potestad disciplinaria familiar.
La problemática de la concurrencia de las causas de justificación, el
ejercicio legítimo de un derecho (derecho de información) como expone
Nuñez, no faculta la ofensa, sino que, con arreglo a la voluntad del ofendido
de someterse al juicio sustancial de la verdad, excusa al ofensor.216 No
podemos confundir esto, quien profiere la noticia o la divulga, lo realiza en el
marco del ejercicio legítimo de un derecho, en cuanto al derecho a informar,
a fin de formar una opinión pública veraz y objetiva. En esta hipótesis,
habremos de valorar su concurrencia conforme a los presupuestos objetivos
y subjetivos del precepto permisivo, cuya real admisión no está supeditada a
la veracidad de la noticia propalada, bastando que el autor haya contrastado
la presunta veracidad de los hechos, cotejándolas con las fuentes de
información con que contaba cuando recabó la misma, se habla de una
veracidad subjetiva.
Este aspecto debería ser estudiado en relación con los derechos relativos
a la información y delimitado en él. Respecto a este tema, debemos señalar
que visto desde el punto de vista constitucional, la libertad de información es
preferente por ser un elemento ineludible y un presupuesto básico de la
conformación de la opinión pública libre y del Estado Democrático de
Derecho. Visto desde el punto de vista penal, el ejercicio legítimo de un
derecho (libertad de expresión y de información) o de un oficio (periodista)
es una circunstancia que exime de la responsabilidad criminal; sin embargo,
corresponde la juez determinar en primer lugar, si se ha ejercido
legítimamente el derecho a la libertad de expresión o información, ya que de
ser así no existirá delito porque prevalece el interés público de la información
216
Ibídem, p. 112.
114
veraz sobre elanimus diffamandi.
“El honor es un bien jurídico de naturaleza especial. No interesa a los hombres en la misma
intensidad y con la misma unanimidad que los demás bienes jurídicos. El bien jurídico de la integridad
corporal y el bien jurídico del patrimonio afectan, casi por igual, a todos los individuos. Las leyes que
los amparan establecen penas graves para las lesiones que ellos pueden sufrir. Son por lo general,
minuciosas y estrictas, porque los hombres se defienden y previenen los males futuros que puedan
acontecer a nuestro cuerpo o a nuestra fortuna. En la defensa al honor no sucede lo mismo. Algunos
consideran al honor como el mayor bien de la vidaIOtros lo aprecian lo aprecian solamente en lo
que tiene de útil para la convivencia social”.218
217
Así, Vives Antón: “ Delitos contra el honor…”. Op. cit. p. 349, al señalar que pese al
consentimiento, la lesión de la dignidad puede subsistir y, por lo tanto, en tal caso la conducta será
típica, sin perjuicio de que se halle justificada.
218
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., p. 11
115
resultan; por último, encontramos personas que dan tan poco valor a su
honor que no dudan en sacrificarlo ante cualquier ventaja patrimonial.219
“Lo que es injuria para un español, no lo es para un británico, un alemán o un francés, etc., cada
país tiene un repertorio de injurias que no existe en otros. Si una mujer española dijera de otra que
es “una gallina”, la expresión se referiría, ante todo a su valor, entendiéndose que la llamó cobarde.
Si una francesa dice de una vecina: c´est une poule, también se traduce: es una gallina, pero ya no
en el sentido de cobardía, sino de ligereza de costumbres en un sentido especial”.222
“Las palabras deben ser apreciadas no en el sentido más riguroso o más favorable, sino en su
sentido más natural y más evidente, de acuerdo con el significado más corrientemente aceptado en
la ápoca, lugar y circunstancias particulares, en las cuales se escribieron o pronunciaron las
palabras. Es menester tomarlas en el sentido que una sencilla inteligencia pueda hacer comprender
cómo hayan podido ser entendidas por las personas a quienes iban dirigidasIde acuerdo a las
circunstancias especiales que determinan su aplicaciónIporque el sentido de las palabras puede
resultar de la ocasión que las inspiró”.223
219
El honor como bien jurídico
[Link]
[Link]
220
C. Carmona Salgado: “Delitos contra el honor”. Op. cit., p. 465.
222
Ibídem, p. 26.
223
E. Cuello Calon: “Derecho Penal”. Op. cit., p. 570.
116
vida en sociedad. A quien se le condena por un delito y es llamado
delincuente por la víctima en el juicio que ha de verter su testimonio, no
habrá sido afectado en su honor; pero si, éste luego de purgar condena, sale
en libertad y, es llamado así cuando pretende acceder a un puesto de
trabajo, aún por virtud de un beneficio penitenciario, si se habrá lesionado el
honor.
Por todo esto, una de las grandes dificultades consiste en poder
establecer qué conjunto de palabras o conceptos constituyen la ofensa que
configura el delito de difamación. Para que el juez pueda reolver debe tener
en cuenta ciertos principios:
“a) Para considerar si una palabra reviste o no carácter de injuria, débese medir bien el significado
que se le atribute la lengua hablada, con relación al ánimo de quien lo profirió, el tiempo, modo y
condiciones en que fue dicha, y no a su propio sentido gramatical o filológicoI b) Debe tenerse en
cuenta, también, el ambiente en que viven el ofensor y el ofendido, y en algunos casos el ofensor
solamenteI:Dice Manzini que “Cuando se trata de expresiones, gestos, etc., que tienen un
significado unívoco y absolutamente ofensivo, el dolo debe ser considerado como inherente al
hecho, a menos que se demuestre que en el lugar y entre las personas que intervinieron sea usual
emplear tales expresiones sin que el hecho sea tenido como ofensivo. Eso sucede por ejemplo, en
ciertas imprecasiones, en ciertos términos despreciativos que en algunas partes son usados más
bien para cualquier fin que no sea el de injuriar. En Triestre, los muchachos se llaman
generalmente mulos y las muchachas [Link] Venecia la palabra rufián se emplea en sentido
cariñoso...”.224
224
J. P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op. cit., pp. 363 y ss.
117
gran relatividad225 palabras y hechos pueden ser ofensivos en determinadas
ocasiones y frente a algunos sujetos y otros no.
“Si el delito se cometiere en documento público o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al
público, o con otros medios de publicidad, la pena será de dos años a cuatro años de prisión y
multa de doscientas unidades tributarias (200 U.T.) a dos mil unidades tributarias (2.000 U.T.).”
“Ilas circunstancias agravantes del delito, en tal sentido indica que se agrava si se comete en
documento público o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público, o con otros medios de
publicidad. Aquí, lo que pretende castigar el legislador es que el hecho difamatorio puede llegar al
conocimiento de un número ilimitado de personas dado el medio empleado para cometer el
delito”.227
225
E. Cuello Calon: “Derecho Penal”. Op. cit., p. 569: El hecho de ser o no injuriosa una palabra,
depende en gran parte de la opinión, de los hábitos y de las creencias sociales. Lo que en una época
se reputa como muy grave, apenas merece atención en otros tiempos.
226
J. E. Fernández Pinos y C. De Frutos Gómez: “Delitos contra el Honor…”. Op. cit., p. 82
227
V. González y J. Coronado: “Análisis de las Figuras Delictivas en…”. Op. cit., p. 41.
118
subtipo agravado por el hecho de la publicidad228. Dice Manzini que el “delito
agravado que puede ser cometido por cualquiera, así exista esta
circunstancia, que no modifica el tipo en sí”.229
Coincido con Maggiore, para quien el hecho de la publicidad tiene
carácter de circunstancia agravante. Una circunstancia objetiva, por referirse
a la modalidad de la acción.230
El subtipo agravado en la difamación consiste en haber realizado el
delito, no ya comunicándose con varias personas juntas o separadas, sino
realizando la difamación en documento público. Puede cometerse la
difamación también con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público.
Debe atenderse al elemento psíquico presunto: el propósito de
divulgación del escrito. Para que la agravante acaezca es necesario que el
escrito haya sido divulgado públicamente o se haya expuesto al público. Es
por eso que es común en consenso de los penalistas en que “la
consumación de este delito no reside en escribir, sino en el divulgar”.231
Habrá que atender a la intención del agente, pues, puede suceder que
resulte absuelto quien lo escribió y no, quien a sabiendas lo difundió. “La
divulgación no querida por el autor, es responsable no el que lo redactó, sino
el que lo difundió divulgando así su contenido”.232
228
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 438
229
V. Manzini: “Tratado de Derecho…”. Op. cit., p. 365
230
G. Maggiore: “Derecho Penal…”. Op. cit., p. 416
231
S . I. Rompani: “Delitos de Difamación e Injuria …”. Op. cit., p. 321.
232
Ibídem, p. 322.
119
cuales ésta tenga competencia como actuaciones electorales, protestos
cambiarios, etc.”233.
233
T. Chiossone:“Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 437
120
Hablar sobre las consecuencias de manifestaciones contra el honor y
reputación a las personas a través de redes sociales, encontramos que
estas pueden tener mayor envergadura, ya que una difamación producida a
través de medios tradicionales, esta haría que el autor, redactor y editor en
un caso concreto fueran igualmente responsables a contrario de lo que
ocurre con las redes sociales donde toda la responsabilidad recae en el
autor, es decir el titular de la cuenta de la que proviene el agravio.
234
En el caso de Twitter puede ser tuiteando directamente un señalamiento específico contra un
tercero, convencidos de que lo que decimos de él se corresponde con la verdad, o bien haciéndonos
eco en la red mediante retuits de las afirmaciones que hagan terceras personas. En estos casos,
generalmente en nuestro timeline, se asume ligeramente que lo que ellos dicen de los demás es
cierto, independientemente de que tales informaciones o afirmaciones nos consten o [Link] el caso
del columnista del diario británico TheGuardian, George Monbiot, quien tendrá que realizar tres
años de trabajo social como castigo por haber difamado en su cuenta de Twitter al político
conservador Lord [Link] este caso, por cierto, quedó claro que es relevante el público o
audiencia probable que reciba el mensaje difamante.
121
comentario ofensivo235.
En todo caso, existen diferencias entre los comentarios ofensivos y la
libertad de expresión. Es imposible tener el control sobre los datos que
generan unas personas sobre otras, tampoco el contenido de estas
informaciones, teniendo en cuenta los términos legales.
“La Nación garantiza la libertad de pensamiento, manifestado de palabra, por escrito, o por medio de
la imprenta, por medio de la radio u otro sistema de publicidad, sin que pueda establecerse censura
previa; pero quedan sujetas a pena, conforme a las prescripciones legales, las expresiones que
constituyan ofensa a la moral pública, injuria, difamación, desacato o instigación a delinquir. No se
permite el anonimato, ni tampoco la propaganda de guerra o la que tenga por objeto provocar la
desobediencia de las leyes, sin que por éste pueda coartarse el análisis o la crítica a los preceptos
237
legales”.
235
Tal es el caso de Facebook o Youtube. Google también para cada uno de sus productos tiene
regalas de uso y recomiendan que se lean estas políticas para tener en cuenta qué acciones están
estrictamente prohibidas dentro de la plataforma., porque no tienen acceso ni forma de controlar el
contenido que se publica en sitios que no le pertenecen.
236
M. Arcaya: “Código Penal…”. Op. cit., p. 138.
237
Constitución de Venezuela de 1947:
[Link]
[Link]
122
Esta Constitución también estableció en el artículo 30 numeral 2 la
valiosa garantía del proceso en libertad para los delitos de injuria,
difamación, desacato u otras ofensas a los cuerpos judiciales y políticos,
hasta que la sentencia quedara firme238; no obstante, tal disposición no fue
mantenida por las siguientes Constituciones de manera expresa, pero esta
materia se encuentra regulada en el Código Orgánico Procesal Penal por la
pena del delito a imponer que permite para este tipo delitos el proceso en
libertad.
“Todos tienen derecho a expresar su pensamiento de viva voz o por escrito y de hacer uso para
ello de cualquier medio de difusión, sin que pueda establecerse censura previa; pero quedan
sujetas a pena, de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito. No se
permite el anonimato. Tampoco se permite la propaganda de guerra, la que ofenda la moral
pública, ni la que tenga por objeto provocar la desobediencia de las leyes, sin que por esto
239
pueda coartarse el análisis o la crítica de los preceptos legales”.
Artículo 57.- Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos ideas, opiniones
de viva voz, por escrito o mediante cualquier forma de expresión y de hacer uso para ello de
cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de
este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la
propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia
240
religiosa”.
238
Artículo 30 numeral 2 de la Constitución de Venezuela de 1947.
239
Constitución de la República de Venezuela. Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 3.357
de fecha 23 de enero de 1961.
240
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial de la República de Venezuela
Nº 36.860 de fecha 30 de diciembre de 1999.
123
obra “Tratado de Derecho Constitucional Venezolano”, se expresa en los
siguientes términos:
“La Constitución prohíbe el anonimato. Esta disposición también necesita para su cumplimiento una
sanción penal que castigue a la editorial de un libro o al editor de un periódico que publique artículos
anónimos. Actualmente no existe tal disposición penal, de manera que la disposición de la
Constitución es una ley imperfecta, una ley sin sanción. La Ley de imprenta de 1811 había permitido
escritos anónimos con la introducción de la regla que se llama en el Derecho Penal la
responsabilidad de cascada. Con esta regla se entiende que cada folleto o libro debe contener el
nombre de la imprenta. El impresor es responsable del contenido si no puede nombrar al editor o a
la persona que le encargó la impresión. El editor, por su parte, se liberta de la responsabilidad penal
si puede nombrar al verdadero autor. El sistema más liberal es evidentemente el que permite a los
escritores anónimos, con la responsabilidad de cascada; pero si se quiere adoptar este principio en
Venezuela, se recomienda reformar el texto de la Constitución para que corresponda a la
241
realidad”.
“se cometieren por medio de la prensa, de la radio o de la televisión y no fueren conocidos los
autores, incurrirán en las respectivas penas establecidas en los artículos precedentes los directores
de las publicaciones periodísticas, radioemisoras o televisoras o el editor de los libros, panfletos u
hojas sueltas, por medio de los cuales se haya perpetrado el delito, a no ser de que prueben quien
241
M. Arcaya: “Código Penal…”. [Link]., p. 140.
242
Anteproyecto de Código Penal del Tribunal Supremo de Justicia:
[Link]
[Link] y Gonzalo Parra Aranguren: “El Anteproyecto de Código Penal- Comentarios”
Homenaje a Alejandro Angulo Fontiveros. Tribunal Supremo de Justicia. Colección Serie Normativa,
N° 5, 2005.
124
haya sido el autor o autores de los escritos, emisiones o imágenes difamatorios o injuriosos al ser
243
requeridos por la autoridad competente”.
243
“Responsabilidad de Cascada”. La fuente inmediata de esta disposición del Anteproyecto es el
artículo 268 del Proyecto de Código Penal SOSA-TAMAYO de 1984 y se fundamenta en la teoría del
autor del hecho-publicación. La propuesta de 1984 surge por la necesidad de reforma con base a “la
tutela de los derechos humanos y la vigencia del orden constitucional protector” en: Carmelo
Borrego y Elsie Rosales: “Derecho Penal y Constitución, leyes colaterales - Proyecto Sosa – Tamayo”.
Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Nº
84.1992, p. 288.
244
Colegio Nacional de Periodistas:
[Link]
[Link]
245
Jorge Luis Suarez M: “La Libertad de Expresión y el proyecto de reforma de la ley de Ejercicio del
Periodismo”. Revista de la Universidad Católica Andrés Bello. Temas de Comunicación, Nro. 6.
Caracas. 1994, p. 68.
125
que la publicación tenga autor, aunque la fuente sea desconocida, y este
autor será responsable de lo publicado.
246
M. Arcaya: “Código Penal…”. Op. cit., pp. 146 y ss.
126
En relación a la conducta del editor, director o gerente que ha
permitido o autorizado que un escrito o dibujo difamatorio fuese publicado en
el periódico a su cargo, se han formulado diversas doctrinas que tratan de
explicar o justificar la presunción de culpabilidad que establecen algunas
legislaciones y que como vimos el desarrollo de las leyes estuvo prevista en
algunas leyes de imprenta en Venezuela.
“1º) Una primera doctrina o de la complicidad necesaria, según la cual, el sujeto que a sabiendas
suministra al agente de un delito el medio de cometerlo, se reputa cómplice necesario y como tal se
le equipara al autor material del propio escrito, en carácter de co-autor, aplicándose así igual pena.
2º) A tener de la segunda teoría, o de la complicidad correlativa o correspectiva, se afirma que,
cuando un grupo de personas comete un delito, en circunstancias en las cuales se ignora cual de
ellas es el autor material del acto consumativo del mismo, pero sabiendo a ciencia cierta que
necesariamente entre ese grupo de personas, se haya dicho autor material, deben reputarse a
todos como cómplices correlativos o correspectivos, aplicándose a cada uno la misma pena.
3º) Una tercera doctrina o de la culpabilidad culposa, sostiene que la responsabilidad del hecho-
publicación, debe personificarse en el editor, director, redactor o gerente que, en cierto modo,
profesionalmente han prestado su concurso al delito de prensa al autorizar la publicación
[Link] entonces en delito culposo por negligenciaI
4º) De acuerdo a la cuarta doctrina, así como el autor material del escrito original es el sujeto
activo del delito de difamación o injuria, el editor, redactor o gerente es el autor del hecho que
consiste en su publicidad, elemento éste esencial para la existencia del delito de prensa”.247
247
Ibídem, pp. 148 y ss.
248
Art. 424 Código Penal: "Cuando en la perpetración de la muerte o las lesiones han tomado parte
varias personas y no puede descubrirse quien las causó, se castigará a todos con las penas
respectivamente correspondientes al delito cometido, disminuidas de una tercera parte a la mitad.
No se aplicará esta rebaja de pena al cooperador inmediato del hecho".
127
3º) por último, si no está demostrada la complicidad necesaria entre el
autor y quien autorizó la publicación del escrito o dibujo difamatorio, no es
posible considerarlos a todos autores con la aplicación de la misma pena,
pues se trata de un tipo agravado que tiene una penalidad especial.
Se puede revisar el primer capítulo del trabajo, con relación a la
atribución de responsabilidad en la leyes de imprenta, así como la inclusión
de la llamada “responsabilidad de cascada”, en el Proyecto de Reforma del
Código Penal presentado a la Sala Plena, en donde se hace responsable a
los autores principales de los delitos que se cometan a través de la prensa a
los directores de los medios y cómplices a quienes emitan la información; sin
embargo, nuestra normal penal prevista en el artículo 442 nada dice al
respecto.
249
Nadie es responsable penalmente por los hechos de otro.
250
Sala de Incidencias de la Corte Suprema de Justicia de Santo Domingo, Nro. 18-2013 (Caso Ex
Presidente Hipólito Mejía contra el Senador Wilton Guerrero).
[Link]
[Link]
128
ha hecho es recoger lo que otra persona dijo, ajena al periódico, más aun
cuando no es posible asimilar que un director de un medio de comunicación
cualquiera sea responsable directo de un juicio que emita otra persona. Por
ello, uno de los considerandos de la sentencia del Presidente de la Suprema
Corte de Justicia dice:
“Cuando una persona, en su vida pública o en su vida privada, ofrece una declaración y otra se
limita a publicarla, haciendo uso del derecho al acceso a la información y a la difusión de la misma;
ésta no resulta ser autora de la información, siéndolo sólo la persona que ha dado la
declaración; por lo que, en caso de la información atentar contra el honor o la reputación de un
tercero, quién se haya limitado a difundir la información por las vías que establece la Ley No. 6132
no es responsable personalmente de los daños que se pudiesen haber ocasionado al tercero”.
251
Jorge Vázquez Rossi: La Protección Jurídica del Honor. Santa Fé. Editorial Rubinzal-Culzoni. 1995,
p. 85 y Enrique García Vítor: Doctrina de la "Real Malicia". Evolución. Su importancia en la
consideración de los injustos contra el honor. Necesidad de acudir al estándar en el derecho
argentino. En: Derecho Penal. Derecho Procesal Penal, Buenos Aires. Editorial Abeledo-Perrot,
S.A.1997, p. 261.
129
Metropolitana de Caracas, de fecha 30 de noviembre del año 2011,
contra el ciudadano Mario Silva, por los delitos de Difamación e Injuria
Agravada continuad, por cuanto en su programa “La Hojilla” señaló lo
siguiente252:
".... Tú eres asqueroso, te lo vuelvo a repetir, tú eres asqueroso. Yo quiero recordarte algo. Cuando
estaba empezando el gobierno de Chávez, voy a apartar el hecho que tu esposa era Carmen
Ramia, era la, la, la que trabajaba en o hacía las veces de trabajar en lo de, lo de la DCI.... El
Nacional está a punto de quebrar. Porque pa 'eso si eres bueno, pa' quebrar periódicos, pa
'quebrar lo que fue el baluarte de tu papá, que por cierto, fue un buen periódico, hasta que lo
agarraste tu Iomisis.
"( ... ) yo quería aclarar algo, ¿ves? El otro día yo hablaba sobre la editorial del señor Miguel
Enrique Otero alias "bobolongo" de El Nacional, y yo dije en ese momento que el señor bobolongo,
ya había este, primero estaba tratando de cubrirse bajo las faldas de su mamáI
Pero hay otra cosa también, y era para recordar varias cosas que hace Miguel Enriquito, Miguel
Enriquito no solamente estafó a su papá, sino que antes de morir Miguel Otero Silva ya decía que
una de las cosas que lo tenía preocupado era que iba a quedar el periódico en manos tuyas ”( ... )"
o igualmente, "( ... ) primero estaba tratando de cubrirse bajo las faldas de su mamá, cuando el
mismo había irrespetado a su padre, a su difunto padre,... se mete debajo de las faldas de su
mamá, y resulta que su mamá se fue de su casa, se fue a vivir a dónde Ana, su hija, ¿Por qué
Miguel Enrique no lo has dicho? Porque con los reales que había dejado Miguel Enrique Otero
Silva para poder mantener a su señora esposa,I”
252
Sala 2 de la Corte de Apelaciones del Área Metropolitana de Caracas, Nro. 2012-3339, 26-03-2012
(Miguel Enrique Otero y Mario Silva)
[Link]
130
Lo anteriormente señalado se vincula únicamente a un solo fin previsto
en la disposición normativa contenida en el artículo 13 del Código Orgánico
Procesal Penal y que otros ordenamientos jurídicos dentro del derecho
comparado lo atinan como un principio universal, atendiendo el mismo a la
búsqueda de la verdad, utilizando mecanismos justo y adecuados al
ordenamiento jurídico patrio que garanticen un debido proceso y la correcta
aplicación de justicia.
Por ello, el juzgador deberá concatenar y contrastar todos los medios
de prueba que se han obtenido e incorporado lícitamente al proceso para
que, mediante los principios de la lógica, las máximas de experiencia y los
conocimientos científicos, a fin de determinar sí una prueba resulta conteste
con otras o sí por el contrario la excluye, y de esta manera llegar a la
convicción razonada del hecho probado, lo cual debe ser siempre
exteriorizado, a los fines de que las partes conozcan las razones por las que
se le absuelve o se condena según el caso.
A pesar de que la mención del legislador en el parágrafo único del
artículo 442 del Código Penal es clara al señalar que en estos casos se
tendrá como prueba del hecho y de la autoría el documento o medio de
publicidad, conforme a los principios constitucionales y procesales debe
analizarse en cada caso y no solo apreciarse la publicación, por cuanto
estaría regresando al extinto proceso penal, ya que sería un regreso a la
prueba legal del sistema inquisitivo, contraria por demás a los principios de
la sana critica adoptado por el Legislador en nuestro Código Orgánico
Procesal Penal.
Los abogados del querellante a favor de la valoración de la prueba que
contenía el programa “La Hojilla” continuaron argumentando:
“En este orden de ideas, la decisión recurrida al no aplicar el parágrafo único del artículo 442 del
Código Penal vigente ignoró también el valor que debe dársele al hecho público y notorio que el
ciudadano Mario Silva, a través del programa La Hojilla, hizo del conocimiento de todo el público
que escuchó y vio sus programas lo que él pensaba acerca de la actuación de Carlos Tablante,
quien por su parte sintió que tales calificativos dañaron su reputación. Entonces, una vez que este
contenido difamatorio fue divulgado pasó a ser un hecho público, notorio y comunicacional, que no
admite prueba en contrario, ya que se puede acceder a el sin previa autorización o permiso de
ninguna índole pues va dirigido al público en general.
Con el parágrafo único del artículo 442 del Código Penal el Legislador instauró una regla de
131
ineludible cumplimiento sobre la carga y valoración de la prueba. Además, los (2) CD's, contentivos
de las copias de las emisiones televisivas que contienen las especies difamatorias no están
relacionados con comunicaciones obtenidas arbitraria, clandestina o fraudulentamente, sino con lo
difundido por el ciudadano Mario Silva en su programa "La Hojilla", transmitido en Venezolana de
Televisión. De modo pues que es innegable la comisión del hecho punible y la identidad del
acusado.
Cualquier persona puede grabar un programa de radio y de televisión, porque se trata de una
comunicación pública y directa. Y lo puede promover como prueba ante un tribunal; incluso si es
prueba de un hecho delictivo que lo lesiona, como en este caso la difamación.”
132
tribunal corresponden a una interpretación favorable a la libertad de
expresión, el Máximo Tribunal ha sido tajante al avalar las sanciones
penales por perjuicios al honor y justo en este caso hubo otro razonamiento.
El Código Penal Sustantivo establece que si el delito se cometiere en
documento público o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público,
o con otros medios de publicidad, será entonces agravado, en tal sentido es
necesario concatenar y adminicular el contenido del mismo con el resto de
pruebas y no hacer una interpretación cerrada, sino atendiendo a los
principios constitucionales y orientadores del Código Orgánico Procesal
Penal para que puedan quedar establecidos con claridad todos los
elementos del delito de difamación (subjetivo y objetivo). Es así como por
ejemplo, la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado
Portuguesa en un recurso de apelación interpuesto con relación a este
punto, precisó:
“Ia criterio de esta juzgadora no debo apreciar sólo el artículo publicado por cuanto estaría
regresando al extinto proceso ya que sería un regreso a la prueba legal del sistema inquisitivo,
contraria por demás a los principios de la sana crítica adoptada por el legislador en nuestro Código
Orgánico Procesal Penal, considera quien aquí decide que sólo valorar el reportaje de prensa
conllevaría un menoscabo al derecho Constitucional, al debido proceso y a la defensa, al presumir
como hecho cierto la autoría o responsabilidad penal del querelladoI Significa entonces que el
sentido de la norma se dirige hacia la exigencia del documento público impreso o audio difusivo
que permita establecer la existencia del hecho difamatorio, lo que daría lugar al trámite procesal
pues en él se identificaría el sujeto activo y pasivo de la acción así como la circunstancia agravante
de este tipo penal, fuera de esta prueba no podría de modo alguno aludirse esta calificación
jurídica.
253
Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Portuguesa, Exp. 4088-09, 24-05-2010
(Efrén Pérez vs José Ernesto Rodríguez)
133
II. 5. 14. La tentativa y la frustración en el delito de difamación.
Momento consumativo del delito de difamación.
254
M. Arcaya:“Derecho Penal…”. Op. cit., p. 145
255
G. Maggiore: “Derecho Penal…”. Op. cit., p. 392
256
Carlos Blanzo Lozano: “Tratado de Derecho Penal Español”. T. II. España. BOCSH. 2005, p. 356.
134
pues resulta suficiente que sea conocida por terceros257, en cuanto a sus
efectos consumativos. Por consiguiente, son conceptualmente posibles tanto
la tentativa inacabada como la acabada, aunque el castigo, dice Vives
Antón, de una y otra resultan problemáticos, por la incidencia de la libertad
de expresión.258
Manzini enseña que la consumación del delito se verifica cuando la
atribución haya sido hecha en presencia de dos o más personas. Si la
consumación es hecha en tiempos diversos a distintas personas, el delito se
consuma cuando se hace la última. Pero el delito es generalmente
instantáneo y destaca como posible la tentativa “solamente cuando el modo
en el que el agente determinó la ejecución del hecho no consiste en un acto
único de ejecución”.259
“si el propósito de injuriar sólo estuvo en la mente de la persona, no hay delito consumado porque
el propósito no se exteriorizó. Si el propósito de injuriar se manifiesta, desde ese momento hay
injuria, hay delito. La comisión del delito por medio de una carta misiva, no difiere en nuestra ley
penal sino de la formaILa comisión del hecho reprimido ha de estimarse cumplida al escribirse y
enviarse la injuria, y no el momento en que se recibe, se abre y se conoce su contenido. Una vez
entregada por correo queda de manifiesto la injuria escrita, porque ya se ha desprendido el autor
de su carta, porque ya no está a su disposición, porque ya no está fura del conocimiento del
ofendido o de un tercero...La interceptación posterior de la carta haría desaparecer la prueba, pero
no el hechoI”.260
“es uno de los pocos delitos en que ésta no puede existir, porque mientras la injuria actúa sólo en la
mente de su autor no hay delito y una vez que se exterioriza el delito queda consumado. La mayoría
ha querido basar su fallo sobre argumentos que no pueden aplicarse sino a un delito que admita el
grado de tentativa, esto es, que sea un delito materialIEl inconveniente de una solución
jurídicamente exacta del problema, radica en que no se trata de actos preparatorios ni de actos de
ejecución en el envío de una carta que contiene la injuria. El acto del que la manda esta terminado
cuando la pone en el correoIdesdoblar o separar los dos momentos de un hecho que no admite
257
C. Carmona Salgado: “Curso de Derecho Penal…”. Op. cit., p. 480 y R. Nuñez: “Derecho Penal
Argentino”. Op. cit., p. 74.
258
[Link]: “Delitos contra el honor”. Op. cit., p. 355.
259
V. Manzini: “Trattado…” VIII. Op. cit., p. 509
260
J.P. Ramos: “Los delitos contra el honor”. Op cit., p. 90.
135
desdoblamiento ni separación. El derecho no tiene por objeto encajar los hechos, a la fuerza, en las
normas ya existentes en el códigoISiempre queda a mi juicio como consecuencia final ésta: la
diferencia cualitativa que hay entre la injuria oral y la escrita. En aquella, el acto injurioso se
constituye, sin intercriminis, en el instante en que un oído percibe la ofensa salida de una boca. En la
escrita, con intercriminis: buscar un papel, pensar lo que se va a escribir, mojar la pluma en el tintero,
escribir las palabras injuriosas, reflexionar sobre si se firma o no, ponerla en un correo, etc. No es
menester llamar delitos plurisubsistentes a esta suma de actos sucesivos que son necesarios para
que una ofensa escrita llegue a conocimiento de una o más personas”.261
“supónganse que el libelo fuese entregado al correo con el fin de divulgarlo, dado a un mensajero
o enviado a un amigo, y sea interceptado o perdido, o el recibidor no lo divulga. Indudablemente el
delito no podrá llamarse perfecto, porque le faltó la divulgación, pero al mismo tiempo será
suficiente para constituir un principio de ejecución de la misma, es decir, una tentativa”.262
261
Ibídem, pp. 90 y ss.
262
Ibídem, p. 97.
263
M. Arcaya: “Código Penal…”. Op. cit., pp. 145 y 146
136
de material de contenido difamatorio, es de difícil comprobación el hecho de
la percepción o recepción de la ofensa por terceras personas. Sin embargo,
al ser el delito de difamación en nuestro país concebido como un delito de
peligro, en el cual no es necesario la presencia o ausencia directa o
indirecta del ofendido y su percepción sobre la misma para que se verifique
la lesión al bien jurídico protegido, el mismo puede ser encuadrado en la
expresión “otros medios de publicidad” dispuesto en el artículo 442 del
Código Penal, destacando que con el uso de este medio no sólo se difunde
e material difamatorio a un número indeterminado de personas, sino que
además concurre el carácter de la publicidad “permanente que asume la
ofensa, permaneciendo la comunicación denigratoria en el sitio web a
disposición del público, ya que no es cancelada, por lo que puede ser
fácilmente descargada al ordenador por cualquiera que se conecte al sitio
web”.264
Desde este punto de vista, está claro que a los efectos de la
consumación del delito se exige la simple posibilidad de percepción del
material por un número indeterminado de personas que navegan en la red,
debiendo alcanzar al menos dos personas, planteándose el problema para
considerar el momento y lugar de la consumación, partiendo de que la
comunicación se da en tiempos distintos. No obstante, con base a la doctrina
tradicional, al ser considerado el delito de difamación de mera actividad, se
consuma con la simple manifestación de la expresión difamatoria ligada a la
capacidad de exponer al desprecio o al odio público, pero al ser necesario la
percepción por parte de terceros de la expresión ofensiva, pues en estos
casos, “la emisión de los escritos o de las imágenes denigratorias en la Red
no realizarían completamente el delito, como tampoco en la hipótesis en que
nadie visite el sitio web, supuestos ambos en que el hecho permanece en
264
S. Tabarelli de Fatis: “La controvertida regulación…”. Op. cit., p. 5
137
estado de tentativa, consumándose sólo en el momento, cuando terceros se
conectan al sitio web y perciben el mensaje”.265
A pesar que el tema de las telecomunicaciones y difamación a través
de internet plantea algunas interrogantes a nivel consumativo del delito,
puede ser compatible con los aspectos mencionados sobre la difamación a
través de escritos por prensa escrita, entendiéndose como la puesta en
disposición en red, sobre un servidor conectado y abierto al acceso de una
pluralidad de usuarios, de modo que la efectiva percepción del mensaje por
concretos usuarios de la página no puede ser el elemento para determinar si
efectivamente el delito se consuma, ya que el destino del medio empleado
sobre un número indeterminado de personas excluye la necesidad de
verificación, lo cual resultaría diferente si llegara a comprobarse que la
página web nunca entró en funcionamiento.
El Código Penal dispone en el artículo 80 “son punibles además del
delito consumado y de la falta, la tentativa de delito y el delito frustrado...”.266
Hay delito frustrado cuando el culpable realiza todos los actos necesarios
para la ejecución que deberían producir como resultado el delito, sin
embargo, no lo producen por causas independientes a la voluntad del
agente.
Hay tentativa cuando el culpable da principio a la ejecución del delito
directamente por hechos exteriores y no práctica todos los actos de
ejecución que debieran producir el delito, por causa o accidente que no sea
su propio desistimiento.
Toda la técnica del carácter de la tentativa ha de extraerse
dogmáticamente del concepto del delito, desde el punto de vista de la
265
Ibidem, p. 6.
266
Código Penal. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 5.768 Extraordinario
del fecha 13 de abril de 2005
138
concepción de éste. “Del tipo y su estructura depende en cada caso la
determinación del momento en que se empieza y termina la tentativa”.267
En cuanto al delito de difamación, para Chiossone hay posibilidad de
que en determinados casos sea dable la tentativa, aunque no la frustración,
y son éstos cuando la difamación pueda descomponerse en actos sucesivos
cuyo conjunto constituya el delito. Siendo casos difíciles de concretar en la
práctica.268
Para Maggiore, la tentativa no es admisible, por regla general, a
menos que el delito tenga un inter fraccionable en momentos sucesivos,
como por ejemplo a través de escritos. Este autor coloca como ejemplo el
caso de “la carta injuriosa expedida por correo, es interceptada, o se pierde,
o llega a su destino cuando el destinatario ya ha muerto”.269
Sin embargo, en líneas generales se considera que el delito de
difamación admite tentativa, ya que la norma lo que establece es que el acto
sea capaz o pueda causar daño, por lo que la tentativa a la que hace alusión
acabada o inacabada, como por ejemplo hacer un cartel y olvidar poner el
nombre del sujeto pasivo, o tratar de enviar un mensaje por el celular a
diversas personas, pero se cae la conexión en ese instante por falta de
saldo, son ejemplos que aunque de difícil comprobación por lo intangible del
bien jurídico protegido, pudieran llegar a establecerse.
Desde este punto de vista, el ilícito jurídico penal se concreta en la
voluntad contraria a derecho exteriorizada mediante una acción ex ante
objetivamente peligrosa en relación al fin perseguido. En consecuencia,
dicha “prohibición es infringida por cualquier acción que tienda de tal modo a
esta meta”270, ya que “en la tentativa la resolución delictiva es
necesariamente un elemento subjetivo del injusto. Una misma acción será o
267
Luis Jiménez de Asúa: La Ley y el Delito. Curso de Dogmática Penal. Caracas. Editorial Andrés
Bello. 1945, p. 575.
268
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”.Op. cit., p. 438.
269
G. Maggiore: “Derecho Penal…”. Op. cit., 392.
270
María Rosa Moreno-Torres Herrera: Tentativa de Delito y Delito Irreal. Valencia. Tirant Lo Blanch.
1999, p. 199
139
no tentativa de delito, según que esté o no animada por la resolución
delictiva”.271 De esta forma, y tal como sucede en presencia del delito de
difamación (consumado), el dolo se convierte, en un elemento esencial e
irrenunciable a falta de elementos decisivos en la concreción de la tipicidad.
Para concluir, dada la diversidad de situaciones que pueden
presentarse y la entidad del delito estudiado, la decisión sobre si el actor ha
realizado o no todos los actos que le correspondían según su plan de
ejecución para la comisión del delito, debe contemplarse desde el plano
objetivo subjetivo, cuyo conocimiento es esencial para determinar si era
exigible una acción más y resolver el problema de delimitación entre la
tentativa y frustración, ya que no será igual por ejemplo, el autor de un
escrito difamatorio que a través de internet haga todo para ponerlo a
navegar y subirlo en la web, pero se le olvidó pagar la mensualidad a la
empresa donde está suscrito y el agente que habiendo realizado todo lo
necesario para la puesta en red del escrito difamatorio, éste no llega a ser
visto por nadie a raíz de problemas técnicos en la página o aquel que
encontrándose ante un público no llega a difundir las expresiones
difamatorias porque se le va la voz, a diferencia del que logra emitir las
palabras pero nadie las escucha porque en ese momento hay otro ruido
estruendoso. También aquel que hizo todo para la publicación en prensa de
un escrito difamatorio y el editor del Diario suspende la publicación.
Diversas teorías (objetivo-formal, y objetivo-material)272han sido
desarrolladas con relación al fundamento objetivo para la punición de la
tentativa; sin embargo, los criterios para la determinación del comienzo de
realización del hecho punible deben buscarse a través de la mixtura de esas
teorías, apreciando si el acto realizado por el autor o agente representa una
amenaza al bien jurídico protegido dentro de la cadena causal, tomando en
271
José Cerezo Mir: Curso de Derecho Penal español. Parte General. 5 edición. Madrid. Tecnos. 1997,
p. 9.
272
M. R. Moreno: “Tentativa de delito…”. Op. cit., 230 y ss. y Santiago Mir Puig: Derecho Penal. Parte
General. 4º edición, Editorial Livrosca, C.A., Barcelona. 1996, p. 366 y ss.
140
consideración como se explicó anteriormente el aspecto subjetivo, para que
así la conducta pueda subsumirse en el tipo de injusto, lo que supone, que
ha de haber un principio de ejecución en forma de acción peligrosa ex ante
en relación con el bien jurídico protegido en el tipo.273
Tal y como señala Jiménez de Asúa, entendiendo que el IterCriminis
tiene dos fases fundamentales: la interna y la externa274, la fase interna que
sólo existe cuando el delito reside en el pensamiento o mente del autor, aún
no se exterioriza; y estamos frente a la fase externa, cuando esa idea que se
encontraba en la psiquis del autor, se exterioriza, sale a la luz (concepción,
decisión, preparación, comienzo de ejecución, culminación de la acción
típica, acontecer del resultado típico y que el pensamiento no puede ser
penado, mientras la ideación no se manifieste externamente, no es punible
el autor. Es en el momento que estas ideas afloran en la realidad objetiva,
cuando se produce un cambio trascendental en la voluntad del sujeto, y da
paso a una resolución criminal, que no es otra cosa que la decisión de
realizar el hecho punible, dando lugar a la producción de los actos
preparatorios, como presupuestos de los actos de ejecución y posterior
consumación del delito.
Esos actos de ejecución son los que conformarían la tentativa y la
frustración; que normalmente son punibles. Siendo así, si en la realización
de los actos ejecutivos, el agente por causas ajenas a su voluntad, no puede
realizar todo lo necesario para consumar el delito; estaremos delante de un
espécimen del delito imperfecto - tentativa, más si en el recorrido de la fase
externa, el agente realiza todo lo necesario para ejecutar el delito, pero por
razones ajenas a su voluntad falla en su cometido, no pudiendo consumar el
mismo; correspondería a la otra especie del género del delito imperfecto, la
frustración.
273
Santiago Mir Puig.: “Derecho Penal…”. Op. cit., p. 367.
274
L. Jiménez de Asúa: “La Ley y el Delito…”. Op. cit., p.458.
141
Partiendo de esto y del hecho de que solo en los delitos de resultado
admiten tanto tentativa como frustración, mientras que los de mera conducta
solamente tentativa” porque sólo en los delitos de resultado es que podría
hacerse “todo lo necesario” para ejecutar el delito (realización del
comportamiento típico) y no haberlo consumado por una circunstancia
independiente de la voluntad del autor (producción del resultado). En
cambio, en los delitos formales podría comenzar a realizarse la acción típica
por medios apropiados, pero no podría llegar a “hacerse todo lo necesario”, y
no haber consumación, debido a una circunstancia independiente de la
voluntad del agente, ya que de haber ejecutado plenamente la acción típica,
el delito ya estaría consumado. Sin embargo, creo que habría que analizar
cada caso, y excepcionalmente la frustración puede considerarse, pero lo
que resulta obvio es que tanto la tentativa como la frustración son
situaciones que en la práctica presentan dificultades probatorias.
142
con sus fines, ya que en las sociedades modernas construidas sobre la base
de la libertad individual, no cabe duda de que la pena privativa de libertad es
la sanción penal más grave, por lo que tendría que resolverse solo para los
hechos más intolerables dentro del contexto de ultima ratio del Derecho
penal, tomando en consideración la realidad de nuestro país y las tendencias
internacionales sobre la materia.
Penas accesorias
Puede también el juez mandar a suprimir una especie difamatoria, bajo
pena de una sanción disciplinaria; y también, si la parte a la que ha ofendido
lo pide, puede acordarle una reparación pecuniaria al pronunciarse sobre la
causa.
“Artículo 448. En caso de condenación por alguno de los delitos especificados en el presente
Capítulo, el juez declarará la confiscación y supresión de los impresos, dibujos y demás objetos
que hayan servido para cometer el delito; y si se trata de escritos, respecto de los cuales no
pudiere acordarse la supresión, dispondrá que al margen de ellos se haga referencia de la
sentencia que se dicte relativamente al caso. A petición del querellante, la sentencia condenatoria
será publicada a costa del condenado, una o dos veces, en los diarios que indicará el juez.”
275
Corte Interamericana de Derechos Humanos, 02-05-2008 (caso: Kimel vs Argentina)
[Link] [Link]
143
veces en los diarios que indicará el juez. Esta publicación a que se refiere la
ley se hace ante un periódico de la localidad, a costa del condenado.
CAPITULO III
OTROS ASPECTOS RELACIONADOS CON EL DELITO DE
DIFAMACION
III. 1. La Prescripción de la acción penal en el delito de
difamación
El delito de difamación tiene una prescripción especial, o sea, que la
acción penal para su enjuiciamiento no sigue las reglas generales de la
prescripción establecidas en el Libro Primero del Código Penal, sino que el
legislador, por la naturaleza misma de estos hechos, estableció una
prescripción más corta. Es así como el artículo 450 del Código Penal
establece para el delito de difamación la prescripción especial de un (1) año.
La disposición del artículo 450 del código, nos indica que el legislador
consideró que al delito de Difamación no les es aplicable la prescripción
genérica de la acción penal, contemplada en el artículo 108, y es que del
encabezamiento del mencionado artículo se evidencia que sólo son
aplicables tales lapsos cuando la ley no disponga lo contrario.
276
Código Penal… Op. cit.
144
Revista Exceso, que informaba acerca del asesinato del comerciante Casto
Martínez. La acción penal fue ejercida por los abogados de la hija del
fallecido, Ginebra Martínez, quien intentó la querella al ver envuelto a su
esposo en el crimen. Al respecto, fueron varios los recursos planteados por
las partes, en virtud de la entrada en vigencia del Régimen Transitorio del
Código Orgánico Procesal Penal, por cuanto los hechos se encontraban
prescritos y el tribunal remitió el expediente al Juzgado de Juicio sin decidir
la incidencia que pondría fin al proceso por extinción de la acción, por lo que
fue presentado un recurso de amparo ante la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia que fue declarado con lugar en fecha 17 de
mayo de 2000, ordenando resolver sobre la prescripción en los términos
previstos en el Código Penal, a pesar de la solicitud de desaplicación a
través de la garantía constitucional por control difuso presentada por la parte
actora y fue decretado el sobreseimiento de la causa, ya que no se podía
continuar el juicio si éste prescribió.
“No puede esta Sala ignorar en esta oportunidad la comunicación remitida al Presidente del
Tribunal Supremo de Justicia, relacionada directamente con este caso, suscrita por el
ciudadano Raúl Arrieta Cuevas, Agente del Estado de la República Bolivariana de Venezuela
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la cual manifiesta la conveniencia
de “realizar una reunión de los Magistrados a los fines de fijar criterios y asumir posiciones
comunes respecto al sentido y alcance de la aplicación inmediata y directa de los Tratados y
Convenios sobre Derechos Humanos”, la cual rechaza por ser tal sugerencia una inaceptable
injerencia de dicho agente en las funciones jurisdiccionales de este Alto Tribunal, que de
acuerdo con el artículo 254 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es
independiente y le está atribuido el ejercicio exclusivo de la jurisdicción constitucional
conforme al Título VIII eiusdem. Igualmente considera inaceptable la instancia de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos en el
sentido de solicitar la adopción de medidas que implican una crasa intromisión en las
funciones de los órganos jurisdiccionales del país, como la suspensión del procedimiento
judicial en contra de los accionantes, medidas que sólo pueden tomar los jueces en ejercicio
de su competencia e independencia jurisdiccional, según lo disponen la Carta Fundamental y
las leyes de la República Bolivariana de Venezuela, aparte lo previsto en el artículo 46, aparte
b) de la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José (Costa Rica),
que dispone que la petición sobre denuncias o quejas de violación de dicha Convención por
un Estado parte, requerirá que “se haya interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción
interna, conforme a los principios del derecho internacional generalmente reconocidos”, lo cual
fue pretermitido en el caso de autos, por no haber ocurrido retardo judicial imputable a esta
Sala según lo indicado en la parte narrativa de este fallo”.277
277
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Nro. 0216, 17-05-2000 (Revista Exceso)
145
Esta sentencia crea un importante hito en la jurisprudencia del país,
sostiene que las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia están por
encima de los tratados internacionales, cuando nuestra Constitución
establece que las convenciones, pactos y tratados internacionales en
materia de derechos humanos prevalecen sobre el derecho interno,
cuando sean más favorables. No obstante, el fallo afirma que la Sala
Constitucional puede determinar cuáles de esas normas son las que
prevalecen sobre el derecho interno y que la decisión que se contradiga
con las normas constitucionales venezolanas carece de aplicación, ya
que según la sentencia, la soberanía nacional no puede quedar
comprometida por fallos de tribunales supranacionales en cuanto a
normas de convivencia social, reafirmando así la supremacía del
Máximo Tribunal.
[Link]
[Link]
278
M. Arcaya: “Código Penal…”. [Link]., 144
146
legislación venezolana, donde la prueba resulta la excepción en casos
expresamente señalados en el Código Penal.279
En el marco de los injustos que atentan contra el honor, en su análisis
dogmático y encuadre político criminal tiene relevancia en cuanto su
verdadera utilidad, cuando la “búsqueda” de la verdad se antepone al
derecho al honor de algunas personas.
Solamente, por excepción, se puede probar la verdad o notoriedad del
hecho difamatorio. La ley la permite en los siguientes casos que están
descritos especialmente en el artículo 443 del Código Penal:
“Artículo 443.- Al individuo culpado del delito de difamación no se le permitirá prueba de la verdad o
notoriedad del hecho difamatorio, sino en los casos siguientes:
1. Cuando la persona ofendida es algún funcionario público y siempre que el hecho que se le haya
imputado se relacione con el ejercicio de su ministerio; salvo, sin embargo, las disposiciones de los
artículos 222 y 226.
2. Cuando por el hecho imputado se iniciare o hubiere juicio pendiente contra el difamado.
3. Cuando el querellante solicite formalmente que en la sentencia se pronuncie también sobre la
verdad o falsedad del hecho difamatorio.
Si la verdad del hecho se probare o si la persona difamada quedare, por causa de la difamación,
condenada por este hecho el autor de la difamación estará exento de la pena salvo el caso de que
los medios empleados constituyesen, por si mismos, el delito previsto en el artículo que sigue.”
279
Ibídem, p. 145: “aquí está la alta fundamentación moral de la “exceptio veritatis” la persona
difamada, orgullosa de su propia dignidad, tiene, ante la ofensa de la cual haya sido víctima, el
derecho de hacer proclamar públicamente su inocencia, para lo cual promoverá prueba d la verdad,
que siempre le será admitida porque así lo dispone expresamente la ley. De lo contrario podrá el
difamado, siempre que el presunto difamador tampoco promueva dicha prueba, contenerse con
taparle la boca a su denigrador mediante la sentencia pura y simple”.
147
mismos el delito de injuria”.280
“En principio, la verdad o falsedad de la imputación carece de relevancia para la existencia del
delito de difamación, porque el fundamento de la tutela penal no radica sólo en el grado de
dignidad alcanzado por el sujeto pasivo, sino, además, en el mutuo respeto indispensable para la
convivencia”.282
280
H. Febres: “Curso de Derecho Penal…”. Op. cit., p. 323.
281
Ibídem, p. 324.
282
H. Grisanti y A. Grisanti F.:“Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 136.
283
V. González y J. Coronado: “Análisis de las Figuras Delictivas...”. Op. cit., p. 41.
148
culpable de la prueba de la verdad. Estos dos artículos se refieren a la
exclusión de la exceptio veritatis cuando se trata de ultraje a determinados
funcionarios públicos, que es delito contra la cosa pública. En estos casos,
no habrá excepción de la verdad, aunque el ofendido sea funcionario; pero,
por regla general, la hay cuando la difamación afecte a un funcionario
público, porque el Estado está interesado en poder en claro la situación de
ese funcionario. Supongamos que una persona le imputa un hecho
determinado a un Ministro, comunicándose con varias personas juntas o
separadas, o por prensa. El Ministro se siente ofendido por la imputación y
acusa a quien lo ofendió ante la autoridad judicial. En este caso, el ofensor
puede probar en juicio que su imputación al Ministro es verdadera.
“Si el hecho imputado ha dado lugar a un proceso, el interés social de que se guarde silencio
alrededor del asunto desaparece, pudiendo, entonces llevarse al juicio sobre difamación las
pruebas reunidas en el proceso iniciado o pendiente contra el difamado”.284
284
H. Febres:“Curso de Derecho Penal ...”. Op. cit., 328.
149
el difamador”.285
“Por otra parte, se constata de las actas procesales, con vista a los argumentos contenidos en los
escritos de las partes, que previa a la admisión de la presente acción privada, sobre hechos por los
cuales se pretende atribuir responsabilidad penal al ciudadano MIGUEL ANGEL NAZARIO
ALCARAS, como se evidencia del contenido del Oficio Nro. ANZ -05-0001-13 de fecha 02 de Enero
de 2013, que riela inserto al folio 77 de la segunda pieza, y que de acuerdo con los argumentos de la
defensa así como los elementos aportados por el acusador privado para sostener su acción, son
coincidentes con los hechos aquí ventilados, y constituye una de las excepciones en cuanto al sujeto
pasivo del delito de Difamación, conforme a lo establecido en el artículo 443.2 del Código Penal,
“cuando por el hecho imputado se iniciare o hubiere juicio pendiente contra el difamado”
,Imi patrocinado Miguel Angel Nazario Alcaras, a quien se pretende atribuir la difamación que dio
origen a la presente causa, si insto al titular de la acción penal publica a iniciar la investigación por
hechos en los cuales tiene participación activa el hoy acusador privado, y que constituyen hechos
punibles donde la persona ofendida no solo es mi representado sino también el estado venezolano,
y a ello atiende la excepción defensiva que pretendo hacer valer como obstáculo para el ejercicio de
la acción privada toda vez que existe una investigación penal previamente instada e iniciada donde
se señala como investigado al Abogado Jorge Luis Gaviria, lo cual involucra la prueba de la verdad
de los hechos denunciados por mi patrocinado.
De manera que, tal modo de proceder comporta el ejercicio previo de una denuncia efectuada por mi
representado, quien ostenta en la misma la condición de víctima, siendo adelantada la investigación
285
J. R. Mendoza:“Curso de Derecho Penal ...”. Op. cit., p. 498.
150
por parte de la Fiscalía del Ministerio Publico, encontrándose pendiente la formulación de un acto
conclusivo de la misma que permita al titular de la acción penal, a través de los elementos
inculpatorios recogidos en la investigación, solicitar el enjuiciamiento del ciudadano JORGE LUIS
GAVIRIA LINARES, por la comisión de los hechos punibles denunciados y aquellos que surjan como
consecuencia de la acreditación de los elementos de convicción en su contra”.286
“Ien la sentencia del juicio por difamación se establezca pronunciamiento sobre la verdad o
falsedad de la imputación; entonces, si la verdad del hecho es probada, y, por eso, la persona
ofendida resulta condenada, queda exento de pena el enjuiciado por difamación”.287
286
Corte de Apelaciones del Circuito Judicial del Estado Anzoátegui, Nro. BP01-R-2013-000089, 22-
10-2013 (Caso Miguel Angel Nazario)
[Link]
[Link]
287
J. R. Mendoza: “Curso de Derecho Penal ...” . Op. cit., p. 499
151
voluntaria o por medio de apoderado judicial, pero siempre deberá ser
expresa, ya que: “Ila norma penal exige el requisito de que la solicitud
acerca de que en la sentencia se pronuncia también sobre la verdad o
falsedad del hecho difamatorio, sea formal”.288
288
H. Febres:”Curso de Derecho Penal …”. Op. cit., p. 329.
289
Juan Felipe Higuera Gumera: Las Excusas Absolutorias. Madrid. Marcial Pons, 1993, p. 43
152
Esta noción legislativa creada para proteger, por regla general, a la
persona moral. En este sentido destaca Chiossone “No se le puede decir a
la persona ladrón, imputándole un hecho por el cual así se le considera,
porque, aunque lo sea, tendrá la acción para acusar por difamación; y si no
está dentro de los casos de excepción de la verdad, el difamador no puede
probar la verdad o notoriedad de su imputación:”290
La exceptio veritatis es una institución discutida. Fue suprimida en el
Código Penal italiano de 1930, por ser contradictoria a los principios
jurídicos, porque “con la irracional inversión de la situación procesal, el
ordenamiento se convertía en el proceso de difamación en verdadero
imputado, sometido a la desenfrenada actividad inquisitiva del culpable,
quien a su vez, encontraba favor en la morbosa curiosidad de las masas, y
especialmente en la interesada especulación de la crónica judicial”.291
En la calumnia que en un momento estuvo confundida con la
difamación, la prueba de la verdad del delito imputado eximía de pena al
ofensor, y en la injuria solo se permitía cuando era dirigida contra empleados
públicos.
Entendida como motivo de no punibilidad, ya que por efecto de la
excepción de la verdad, el querellante queda condenado por el hecho
imputado y el sujeto activo absuelto por la difamación.
La exceptio veritatis solo excluye la responsabilidad del sujeto por el
delito de difamación en los tres supuestos establecidos en el citado artículo
de nuestro Código Penal. Desde este punto de vista, la demostración de la
verdad del hecho es una causa de exención de pena, es decir, el hecho
realizado por el agente es típico, antijurídico y culpable, aunque el legislador,
por razones de política criminal, consideró que no se deba castigar. Por lo
tanto, operararía como una causal de no punibilidad.
290
T. Chiossone: “Manual de Derecho…”. Op. cit., p. 440
291
V. Manzini: “Tratado …”. Op. cit., p.485.
153
III. 3. Diferencias entre los delitos de difamación e injuria.
Para diferenciar la difamación de la injuria es oportuno transcribir el
texto del artículo 444, el cual está redactado de la siguiente manera:
“Artículo 444.- Todo individuo que en comunicación con varias personas, juntas o separadas,
hubiere ofendido de alguna manera el honor, la reputación o el decoro de alguna persona, será
castigado con prisión de seis meses a un año y multa de cincuenta unidades tributarias (50 U.T) a
cien unidades tributarias (100 U.T).
Si el hecho se ha convertido en presencia del ofendido, aunque esté solo, o por medio de algún
escrito que se le hubiere dirigido o en lugar público, la pena podrá elevarse en una tercera parte de
la pena a imponer, incluyendo en ese aumento lo referente a la multa que deba aplicarse, y si con
la presencia del ofendido concurre la publicidad, la pena podrá elevarse hasta la mitad.
Si el hecho se ha cometido haciendo uso de los medio indicados en el primer aparte del artículo
442, la pena de prisión será por tiempo de un año a dos años de prisión y multa de doscientas
unidades tributarias (200 U.T) a quinientas unidades tributarias (500 U.T.).
PARÁGRAFO ÚNICO.- En caso de que la injuria se produzca en documento público o con escritos,
dibujos divulgados o expuestos al público o con otros medios de publicidad, se tendrá como
prueba del hecho punible y de la autoría el ejemplar del medio impreso o copia de la radiodifusión o
emisión televisiva de la especie injuriante”.292
292
Código Penal... Op.. cit.
293
H. Grisanti:“Manual de Derecho Penal …”. Op. cit., p. 132.
154
de culpabilidad, quedando establecida de la siguiente manera: “Si las
ofensas fueren reciprocas, el juez podrá según las circunstancias, declarar a
las partes o alguna de ellas, exentas de toda pena”.294
155
entre los delitos contra los poderes naciones y de los estados, artículos 147,
148 y 149 del Código.
156
En el vilipendio no se admite la exceptio veritatis, o prueba de la
verdad de la imputación, como causa de exclusión de la antijuridicidad del
hecho, en razón de que el prestigio de la autoridad está por encima del
interés en dilucidar la posible verdad de los hechos imputados y en la
difamación si está prevista para casos excepcionales, cuando se trata de
otros funcionarios.
295
En la última Reforma del Código Penal también se aumentaron las penas para quien pueda
ofender a las instituciones a través de críticas al desempeño de los funcionarios que las encarnan.
Desde 1994, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunció sobre la
incompatibilidad de este tipo de delitos con la Convención Americana de Derechos Humanos, la
mayoría de los países del hemisferio han entendido que se trata de disposiciones legales que
impiden un debate político sin inhibiciones.
157
para determinar sobre la gravedad o sobre la lenidad de las ofensas o del
vilipendio. Sin duda, se trata de delitos de carácter político que tienen hoy
día incidencia directa sobre la vida política de cualquier sociedad y muy
especialmente de las sociedades democráticas.
158
CAPITULO IV
CONCLUSIONES
159
logra alcanzar el resultado antijurídico propuesto.
160
El delito de difamación es un delito circunstancial o relativo, en cuanto
no existe una línea estática para establecer que palabras, gestos o actos son
considerados ofensa, a pesar de existen expresiones que dejan poco
margen de interpretación. Corresponde al juez valorar o apreciar si el hecho
ejecutado o la expresión proferida lo son en deshonra, descrédito o
menosprecio de una persona, tomando en cuenta el ánimo que inspiraba al
presento ofensor, conforme a la jurisprudencia, ocasión, cultura, lugar, y
relaciones entre ofensor y ofendido, ya que hechos realizados en
determinado momento pueden ser entendido de forma diferente en otras
circunstancias.
161
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