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Jenkins: Poder y Filantropía

Este documento es la introducción de un libro que investiga la vida y el papel de William Oscar Jenkins, un estadounidense que llegó a México sin recursos y se convirtió en el empresario más rico del país. Mientras que oficialmente Jenkins es conocido como un gran benefactor, la autora sospecha que esta imagen no cuenta toda la historia. Su investigación explora el origen de la fortuna de Jenkins, su participación en la Revolución Mexicana y su influencia política. El documento también reconoce las limitaciones de la investigación y la necesidad de una bi

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Jenkins: Poder y Filantropía

Este documento es la introducción de un libro que investiga la vida y el papel de William Oscar Jenkins, un estadounidense que llegó a México sin recursos y se convirtió en el empresario más rico del país. Mientras que oficialmente Jenkins es conocido como un gran benefactor, la autora sospecha que esta imagen no cuenta toda la historia. Su investigación explora el origen de la fortuna de Jenkins, su participación en la Revolución Mexicana y su influencia política. El documento también reconoce las limitaciones de la investigación y la necesidad de una bi

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1

El secuestro del poder. El caso de William Oscar Jenkins


2ª edición
Ma. Teresa Bonilla y Fernández

Introducción

William Oscar Jenkins es conocido como el estadunidense rico que heredó su fortuna a una
institución de beneficencia, la cual ha aportado recursos económicos para la salud, la
educación, el deporte, la religión y el rescate de obras arquitectónicas de Puebla y otros
estados de la república mexicana. Su nombre aparece en innumerables discursos que
destacan su altruismo, en placas inaugurales y conmemorativas, y designa al Centro de
Convenciones de la ciudad de Puebla, construido por el gobierno del estado.
Surge de la descripción anterior la curiosidad sobre quién fue realmente este extranjero
¿cómo un hombre, que dedicó toda su vida a hacerse rico, dejó su fortuna a nuestro estado
y a nuestro país para la beneficencia pública?, ¿quién dirige la institución creada por él? Y
otras preguntas más que se originan de la resolución de las primeras, las cuales en su
conjunto orientan mi investigación. Adelanto las búsquedas descritas porque llenan el
sentido de mis afirmaciones, considerando que, según escribió Hans-Georg Gadamer:
"cada enunciado no posee simplemente un sentido unívoco en su estructura lingüística y
lógica, sino que aparece motivado". Cada pregunta que subyace en cada enunciado
confiere su sentido. La función hermenéutica de la pregunta hace a su vez que el enunciado
sea respuesta1.
Ante la inquietud que despierta la personalidad de William Oscar Jenkins inicié la
investigación sobre el origen y desarrollo de su fortuna. En el proceso de la investigación
corroboré que él desde el comienzo del siglo XX, jugó un importante papel en el desarrollo
capitalista de nuestra región y del conjunto el país. Empero, la información que obtuve
rebasaba mis planteamientos: aparte de la vida del personaje cuyo conocimiento se hace
cada vez más interesante por sus vínculos con el dominio económico y político en México,
y la buena imagen que oficialmente se ha dado a conocer sobre su persona2, encontramos

1
Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método II, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1994, p. 175.
2
Después de la publicación de la Primera Edición de este texto han aparecido por lo menos dos libros de
académicos con la postura de ponderación del papel jugado por Jenkins en el desarrollo económico del país y

1
2

la memoria de una parte de la población que lo recuerda en un sentido completamente


opuesto.
William Oscar Jenkins llegó a México en 1901, un país atrasado en el que se gesta la
primera gran revolución del siglo XX, aunque todavía no se tiene conciencia de ello. Vino
de los Estados Unidos sin recursos económicos, trabajó como asalariado y en el curso de
diez años llegó a ser el principal empresario textil en el ramo de la calcetería económica en
el país. Esto, evidentemente, nos lleva a plantear ciertas interrogantes puesto que fue
protagonista de un sonado secuestro en 1919, el cual puso en riesgo a nuestra nación de
sufrir una intervención armada por parte de los Estados Unidos, incógnita que trato de
resolver en el presente trabajo. Nuestro personaje también tuvo la habilidad de relacionarse
con el ala triunfadora de la revolución mexicana y de incorporarse a la esfera más alta del
poder político. Con los años obtuvo la fortuna más grande que en nuestro territorio hubiera
estado hasta entonces en manos de una persona. Su actuación dejó profundas huellas en la
historia de nuestra sociedad, al grado de que actualmente, a cuarenta y nueve años de su
fallecimiento, todavía se realizan actos en su memoria, se pronuncian discursos de
admiración que recuerdan sus dotes de benefactor, se construyen obras públicas con
recursos de la institución que él fundó; asimismo, miembros del grupo económico que se
formó a su alrededor, aún figura en las listas de los principales inversionistas mexicanos.
Este aspecto es tratado en este libro, en particular la vinculación política de Jenkins para
promover su fortuna, pero no profundizo en las ramificaciones de su grupo económico
después de su muerte.
Estos elementos me llevan a la conclusión de que la historia de la vida del personaje en
cuestión nos permitiría entender mejor nuestra realidad actual. Considero que una biografía
debe ser el resultado de una investigación documental e historiográfica mucho más
profunda, así que me dediqué a la tarea de construir una base firme sobre la cual,
posteriormente ésta pueda escribirse. El fruto de dicho propósito es este trabajo. Empero,
debo precisar que me encontré con dificultades para llevarlo a cabo de manera total, dado
que el material que logré reunir no es lo completo que hubiera deseado.
Por ejemplo, en la búsqueda de información que permitiera aproximarnos a lo que fue su
vida, encontré obstáculos para acceder a su archivo personal y para obtener las memorias

de la región, postura respetable y aparentemente verdadera, pero incompleta, y por lo tanto, engañosa en
cuanto a la importancia del personaje en el conjunto de la sociedad mexicana.

2
3

de sus sucesores. A pesar de haber entablado una conversación con su hija Jane, no logré
obtener de ella la relación de sus recuerdos, los cuales quizá reafirmarían y/o cambiarían
opiniones que tenemos sobre la persona de Jenkins, su conducta familiar, su preparación
académica y sus costumbres. Por otro lado, fuentes documentales que contienen importante
información de identidad personal, como acta de nacimiento, certificados escolares,
actividades de sus padres, etcétera, así como su comportamiento públicos como ciudadano
norteamericano, se encuentran principalmente en archivos de Estados Unidos, los cuales
por el alcance de mi investigación, no visité.
No obstante, creo que la averiguación que realicé sobre sus actividades económicas,
políticas y sociales en Puebla ofrece mayor claridad no solamente sobre el origen de su
fortuna, sino sobre quién fue William Oscar Jenkins y qué papel jugó en la historia regional
y en la nación.
Para definir esto último ha sido necesario abordar esas historias y ofrecer una interpretación
de ellas. Del mismo modo, ha sido preciso conocer el entorno en el cual se formó su
carácter, adquirió sus primeros conocimientos, sus objetivos vitales y el lugar donde vivió
la mayor parte de su vida. Por eso hago una breve reseña histórica de su estado natal
Tennessee, así como de Puebla, señalando las diferencias entre ambos sitios y ubicando su
existencia en los diversos contextos históricos. Así, examiné documentos comprobatorios
de lo que ocurría en esos momentos, comparando la propia versión de Jenkins sobre el
origen y crecimiento de su fortuna, y recabé testimonios de personas (ahora ya expiradas en
su mayoría) que de alguna manera estuvieron involucradas en la vida del personaje y de
quienes obtuve una valiosa información sobre su forma de ser.
El libro contiene dos partes de cuatro capítulos cada una. En el primer capítulo trato de
explicar quién es William Oscar Jenkins, hablo de su mundo en Tennessee, donde recibió
las decisivas formas de su carácter. En el segundo capítulo describo el ámbito al que llegó y
en el que desarrolló actividades económicas y políticas de gran influencia, es decir, nuestro
país y, sobre todo, Puebla, donde comenzó a acaudalar su riqueza.
Hasta aquí, hablo, en primer término, de la historia del lugar donde se formó un joven
norteamericano de espíritu y cultura protestantes, y luego de la historia del lugar al que
llega, porque me parece imposible conocer un país sin revisar, aunque sea brevemente, su
historia.

3
4

En el tercer capítulo muestro cómo Jenkins se percató de la revolución que se gestaba, al


tiempo que aprovechó la inestabilidad social para hacer jugosos negocios que le llevarían a
subir en la escala de los afortunados. Mantengo la hipótesis de que su ingreso al sector
empresarial se realizó en esa época.
El capítulo cuatro es una interpretación de cómo se vivió en el estado de Puebla la
revolución mexicana, qué personajes actuaron en ella y, entre ellos, quiénes lograron
obtener el mando, cómo se relacionó Jenkins con los protagonistas y cómo actuó durante el
conflicto para acrecentar su fortuna hasta 1919.
La segunda parte trata del cambio producido en sus ocupaciones desde el hecho decisivo
que fue el autosecuestro. A partir de ese momento incursionó en la esfera política
mexicana, fortaleció sus relaciones con prominentes revolucionarios que en breve llegarían
a gobernar y facilitarían aún más su ya considerable enriquecimiento. Muestro cómo
Jenkins formó y encabezó uno de los grupos económico-políticos más poderosos de nuestro
país.
El quinto capítulo trata, por lo tanto, del plagio de su persona y su consecuente ingreso en
la esfera política de nuestra sociedad. En el siguiente relato cómo formó su emporio
azucarero en Atencingo. En el séptimo capítulo planteo cómo se consolidó en el negocio
del azúcar y se hizo el monopolio de la industria cinematográfica. El capítulo octavo aborda
la Fundación Mary Street Jenkins, creada con el objetivo primordial de "lavar" su
deteriorada imagen y al mismo tiempo incrementar sus ganancias gracias a que el capital
endosado a esta institución fue dispensado de pagar impuestos. Este capítulo también da al
tanto la influencia de Jenkins en la creación y funcionamiento de la Junta de Mejoramiento
Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla (JMMCMP), organismo privado que
ejerció parte del poder público en Puebla por casi cuarenta años.
En relación con las fuentes utilizadas, cabe mencionar que los datos fueron obtenidos en las
fuentes primarias del Archivo del Registro de la Propiedad y del Comercio (ARPPC), del
Archivo General del Ayuntamiento del Municipio de Puebla (AGAMP), del Archivo de la
Confederación Revolucionaria de Obreros de México (ACROM), del Archivo del Instituto
Cordero y Torres, en fuentes hemerográficas de El Monitor, El Renovador, Excélsior, La
Jornada, El Financiero, El Sol de Puebla, Ferronales, Futuro, Deslinde, Nexos, Proceso, y
sobre todo, en los libros y artículos de Miguel Contreras, David Ronfeldt, Miguel Espinosa,

4
5

Enrique Cordero y Torres, Beatriz Trueblood, Manuel Espinosa Yglesias3, Rafael Ruiz
Harrel y otros más cuyos nombres aparecen en la bibliografía, pero cuyas opiniones -al
igual que las de los autores mencionados arriba- no siempre comparto, no olvido a las
personas que aceptaron ser entrevistadas sobre el caso, quienes reconozco por la valiosa
colaboración que me brindaron con amabilidad y confianza.
Cuando comencé este trabajo me dejé guiar por el prejuicio de que todo prejuicio es malo,
me serví de las fuentes de primera mano y otras; sin embargo, la lectura de Hans-Georg
Gadamer me hizo comprender que es imposible suprimir todo pre-juicio. Decía H-G
Gadamer que "Los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad
histórica de su ser"4. Tanto en la investigación historiográfica como en la vida histórica
real, pues los pre-juicios forman parte del suelo histórico mismo, lo que según el propio
autor, no nos impide, sino que más bien nos obliga, a quienes nos dedicamos a la
investigación historiográfica, a asumir nuestros propios pre-juicios, a ponerlos en la
balanza, a desecharlos por otros mejores, o si es posible, a mejorarlos, a afinarlos en una
hipótesis explicativa que se confronte de una manera más adecuada (que otros pre-juicios) a
los hechos que deben verificarla. Es así que decidí tomar en cuenta mis propios pre-juicios
sobre Jenkins y su fortuna, probarlos y afinarlos confrontándolos con las fuentes y con la
literatura examinada y desechándolos en caso necesario. Compruebo que el resultado
logrado ha modificado mi conocimiento sobre la vida de este personaje.
La información obtenida en las fuentes me proveyó de elementos para reafirmar mis pre-
juicios sobre los aspectos negativos de Jenkins, pero también me hizo ver que esta persona
realmente donaba recursos de su peculio privado para obras de carácter público; es decir,
también actuaba en beneficio de la población. Así, por ejemplo, en el caso del AGAMP, su
nombre aparece innumerables veces relacionado con las actividades de la Junta de Mejoras,
con la exención de impuestos por sus propiedades y actividades económicas por parte del
gobierno municipal y con solicitudes, de dicha institución, de donación de recursos
dirigidas al norteamericano para la realización de obras. Los documentos de este archivo
aclaran la gran influencia de Jenkins en la esfera política.

3
En algunos archivos como el ARPPC y AGMP, así como algunos textos escriben el apellido Iglesias con "I"
refiriéndose a Manuel Espinosa, sin embargo, él utilizaba la "Y", yo sigo esta segunda forma.
4
Gadamer H-G. Verdad y Método , Gráficas Ortega, España, 1988, pp. 337 y 344.

5
6

Por otra parte, la hemerografía y la bibliografía que mencionan a nuestro personaje remiten
a la investigación de primera mano de los momentos en los cuales se comprobó su actuar
delictivo en función de atesorar su fortuna, como son el litigio sobre el autosecuestro y el
encarcelamiento por transportar clandestinamente alcohol; sin embargo, los documentos en
los archivos correspondientes fueron desaparecidos por él con la complicidad de los
responsables de su conservación (como lo mencionan algunos de sus biógrafos). Lo
anterior demuestra una intención consciente de ocultar esos hechos5, pero, surgen
inmediatamente las preguntas: ¿cuál fue esa intención, con qué sentido la llevó a cabo?
Por lo tanto, si nos basamos en la postura de la Ilustración de no aceptar ningún pre-juicio,
no podríamos hablar del sentido de la vida de Jenkins, de las motivaciones y los métodos
que aplicó para hacer de la riqueza su objetivo vital y, en segundo término, de los motivos
que lo llevaron a crear la institución de beneficencia que lleva el nombre de su esposa,
porque todo lo que hizo estuvo motivado por los pre-juicios, es decir, por las opiniones
recibidas en el medio cultural en el que se formó, por aquella forma de ser de los
protestantes estudiada por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo,
que hacen de la profesión, del prestigio moral y de la austeridad los principales objetivos de
su vida.
Los resultados basados exclusivamente en los datos verificables obtenidos en las fuentes,
no satisfacían la expectativa que me llevó a estudiar a dicha persona y a comprender su
actuación especial en el seno de nuestra sociedad. Ante la carencia de mayor información
me apoyé en la hermenéutica, el análisis lingüístico y la semiótica, elementos que
proporcionaron la posibilidad de un examen más provechoso de los documentos relativos a
la vida del personaje. Empero, la hermenéutica, y particularmente el estudio del
pensamiento de Gadamer, influyó no sólo a interpretar más a fondo su vida y su relación
con la historia, sino también a concientizar lo que yo misma hacía en este trabajo de
investigación, al ayudarme a comprender la inevitabilidad de los pre-juicios en la existencia

5
La mentira no es solamente la afirmación de algo falso, trata de un lenguaje encubridor que sabe lo que dice.
Por eso la tarea de la exposición lingüística en el contexto literario es el descubrimiento de la mentira o, más
exactamente, la comprensión del carácter falaz de la mentira en cuanto que ésta responde a la verdadera
intención del hablante. Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método II, Op. Cit, pp. 176-177.

6
7

histórica humana6. Pude ver así, de un lado, que mi objeto de estudio era un objeto de
estudio histórico en el sentido de que el propio Jenkins vivió su vida determinado por
ciertas opiniones y pre-juicios y que, por otro lado, yo misma, como estudiosa de esta vida
y sus efectos, estaba sujeta en el movimiento de esta historia y sujeta en mi acercamiento al
tema por pre-juicios que determinaban mi comprensión de manera poco reflexiva.
Conocí el nombre de Jenkins todavía en mi infancia, mencionado algunas veces por mi
padre, a quien escuché decir que las tierras a las que Jenkins llegaba eran regadas de sangre.
Posteriormente, como estudiante universitaria y partícipe del movimiento democrático de la
Universidad Autónoma de Puebla, me enteré de que al iniciarse la lucha por la reforma de
la institución, el estadunidense decidió suspender el apoyo económico ofrecido para la
construcción de Ciudad Universitaria, debido a que grupos estudiantiles se manifestaron en
apoyo a la revolución cubana. Los escritores Miguel Contreras, Miguel Espinosa, David
Ronfeldt, así como Juan Andreu Almazán, Vicente Lombardo Toledano y otros más de la
misma tradición, quienes han basado sus planteamientos en sus experiencias y en estudios
científicos y tienen autoridad en lo que dicen7, dejan ver al personaje como un ser dañino
para nuestra sociedad.
Por otro lado, el estudio de El capital y de La llamada acumulación originaria, de Karl
Marx, enseñó que las grandes fortunas tienen su origen en la explotación y la violencia, en
la llamada acumulación originaria de capital, por lo que no podía creer en un Jenkins self-
made man (hombre hecho a sí mismo, quien, partiendo de cero y gracias a sus propios
6
Gadamer destaca que Dilthey cree en la posibilidad de que la comprensión se libere del conocimiento por
conceptos. La comprensión histórica presume de su falta de prejuicios. Pero ¿esa falta de prejuicios no está
siempre condicionada por algo? ¿no tiene siempre esa pretensión el polémico sentido de estar libre de éste o
aquel prejuicio? ¿no encubre la pretensión de una falta de prejuicios (como nos enseña la experiencia de la
vida humana) la tenaz persistencia de unos prejuicios que nos determinan oscuramente? Lo sabemos bien por
el estilo de trabajo de los historiadores. Ellos intentan ser críticos, es decir, acoger las fuentes y los
testimonios sobre una cuestión histórica con la imparcialidad de un juez para llegar al fondo del asunto. Pero,
en esa crítica supuestamente imparcial subyace siempre la influencia latente de unos prejuicios. Al término de
toda crítica de las fuentes y los testimonios hay siempre un criterio último de credibilidad que sólo depende de
lo que se considera posible y se está dispuesto a creer. La historia sólo nos interesa cuando nos remite a
nuestro juicio previo sobre las cosas, los hombres y las épocas. Toda comprensión de algo significativo
presupone que aportamos un conjunto de tales prejuicios. Heidegger llamó a esta situación el círculo
hermenéutico: comprendemos solo lo que ya sabemos; percibimos solo lo que podemos. Esto parece
inadmisible si se mide con el criterio del conocimiento de las ciencias naturales, pero solo así es posible la
comprensión histórica. Ibid., pp. 39-40.
7
La autoridad es un acto de reconocimiento, se reconoce que el otro está por encima de uno en juicio y
perspectiva, y que en consecuencia su juicio es preferente o tiene primacía respecto al propio. Tiene que ver
con el conocimiento. Obedecer a la autoridad significa entender que el otro puede percibir algo mejor que uno
mismo. Gadamer, Verdad y Método, Tomos I y II, Op. Cit., pp. 347 y 46 respectivamente.

7
8

esfuerzos, consigue una buena posición económica y social), enriquecido exclusivamente


con el producto del ahorro de su salario. Lo anterior representa mis prejuicios y me niego a
aceptar que hayan sido desmentidos; en parte han sido confirmados por mi investigación y
en parte se han modificado.
Ahora comprendo que Jenkins inició su fortuna con una acumulación originaria de capital
porque se había formado en un medio regido por la moral protestante que inculca el hábito
de trabajo y del ahorro, así como de hacer de la profesión el objetivo vital. En ese sentido
fue un rico al modo del self-made man, logró sus metas gracias a su "propio esfuerzo", para
lo cual utilizó todos los medios a su alcance, incluso, el poder político; es decir, se sirvió de
éste para consolidar e incrementar su fortuna. Logrado ya su primer gran anhelo, quiso
gozar del respeto de la mayoría de la población, como se lo enseñó el medio donde fue
formado, y creó la Fundación Mary Street Jenkins.
Entre quienes lo presentan como benefactor, se encuentra el propio Jenkins; su carta
autobiográfica escrita en 1939 al recaudador de impuestos de Los Angeles California
(Anexo 1) y los balances contables de los años 1917, 1925 y 1938 (Anexo 2) enviados a la
misma autoridad fiscal para justificar su falta de activos y de pago de impuestos a su país
de origen,i así lo dejan ver. Además, a través de los medios informativos se ha vertido la
versión oficial sobre el personaje como un hombre acaudalado y uno de los más
importantes altruistas, benefactor que heredó su riqueza a la institución mencionada.
Esta parte de su obra es verídica, y se destaca porque a simple vista no estaba obligado a
ello, como es el caso de la mayoría de los ricos, quienes han recurrido a métodos similares
a los de nuestro personaje para hacer sus fortunas (las cuales han heredado totalmente a sus
familiares), sin siquiera tratar de cubrir las apariencias con donaciones a la población. Sin
embargo, es incompleta; destaca sus rasgos positivos, pero oculta consciente e
intencionalmente el verdadero origen y desarrollo de su fortuna, así como su participación
en el poder político y el objetivo por el cual creó la institución mencionada. Esta es la
imagen que ha convenido divulgar a los grupos que han ejercido el mando de nuestro país,
de los que Jenkins formaba parte, e incluso, llegó a encabezar.

8
9

Primera parte

Capítulo I

Su mundo

En el ánimo de entender la historia y la situación actual de nuestro entorno, es decir, el país


al que pertenecemos, inicié el estudio de la vida de William Oscar Jenkins, un hombre que
llegó a México al iniciarse el siglo XX, con una formación completamente diferente a la
nuestra, quien jugó un papel determinante en el desarrollo capitalista en la región que
comprende el estado de Puebla.
El interés de estudiar este personaje surgió porque fue un estadunidense cuyo nombre ha
permanecido en la memoria de nuestra entidad e influyó en gran medida en las decisiones
de las cúpulas del dominio económico y político de nuestro país. Sin embargo, para
conocerlo y entender cómo llegó a ser un hombre poderoso, debemos enterarnos sobre el
mundo de donde vino y su historia, sobre todo, aquellos aspectos relevantes que
conformaron el carácter de la mayoría de los ciudadanos de Norteamérica: la temprana
rebeldía ante la corona británica, el apego fanático a las nuevas formas religiosas, el
racismo y el gran complejo de superioridad, producido, entre otras cosas, por su convicción
de creerse cerca y semejantes al Señor, rasgos asimilados por nuestro personaje y que le
permitieron, en un medio diferente, en pugna y en renovación, tener ventajas para acelerar
su carrera como capitalista.
Cuando Jenkins llegó al norte de México venía influenciado por su medio y convencido de
la política expansionista estadunidense. Encontró un país atrasado con relación al suyo, en
el que se gestaba la primera gran revolución del siglo XX y se percató de cuáles eran los
pasos a seguir para hacer fortuna. Jenkins, aceptando la concepción que Dilthey tiene de la
biografía, durante los veintitrés primeros años de su vida recibió las acciones del mundo
histórico de los Estados Unidos, donde formó su carácter y sus objetivos primordiales.
Posteriormente, durante las seis décadas que residió en México, actuó de acuerdo a su
formación y constituyó el conjunto de su personalidad. Su proceder dejó profundas huellas,
giró principalmente alrededor de los negocios en conexión con la ideología y el poder, y

9
10

tuvo una intensa participación públicai.


La vida de Jenkins representa un nexo entre dos culturas distintas, él tomó el liderazgo
económico y posteriormente político, se relacionó con personajes importantes de la época y
participó en la implantación de una nueva forma de producción capitalista, la monopólica, a
la cual había tenido acceso de manera indirecta en su tierra natal. Nuestro personaje reunía
las características que le permitieron realizar sus objetivos vitales tal y como los efectuó.
Por tal razón, el estudio de su vida nos aproxima a un conocimiento histórico general de los
años que vivió en nuestro país.
Jenkins cumplió las metas que desde muy temprana edad se planteó; no obstante, si
queremos pensar lo que realmente sucedió durante su vida, tenemos que apelar
necesariamente a su obra, entendiendo ésta como un conjunto de elementos que nos remiten
a su persona: lo que se ha escrito sobre él, lo que él mismo escribió, las placas
conmemorativas que lo mencionan, los títulos de propiedad de sus bienes y lo que han
dicho de él sus contemporáneos, periodistas, socios, amigos y enemigos. Homenajes en su
memoria y denuncias de su proceder astuto y delictivo; es decir, las huellas o vestigios
dejados por el pasado, lo que está en su lugar Vertretung y lo representa, de acuerdo con
Paul Ricoeuri.
Con base en lo anterior y a fin de explicar la procedencia de William Oscar Jenkins esbozo
un panorama de la historia del lugar donde recibió sus primeras enseñanzas. Nació el 18 de
mayo de 1878, en Shelbyville, Tennessee, Estados Unidos, hijo de los granjeros John
Jenkins y Elizabeth Biddle. En 1939, a los 61 años de edad, había vivido en su país de
origen 23 años y en México 38, aunque como él mismo reconoció, consideraba de valor
primordial su nacionalidad estadunidense.
Esta actitud refleja en nuestro personaje el profundo apego a su país, lo cual remite a
escudriñar el origen de éste. Norteamérica surgió después del tratado de Tordesillas hecho
en 1494, en el cual el papa otorga la colonización del continente americano a España y
Portugal, afectando con su decisión a Inglaterra. En consecuencia, la corona inglesa
(enemiga de la España católica), envió a Giovanni Caboto al norte de América.
Posteriormente durante los primeros años del siglo XVI, desarrolló el comercio marítimo y
colonial e inició la expansión ultramarina.
Los historiadores difieren respecto a la fecha exacta del origen de los Estados Unidos de

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11

América, aunque en 1607 un grupo colonizador inglés formó una pequeña aldea en
Jamestown, Virginia, misma que sobrevivió y en 1614, sus miembros empezaron a enviar
tabaco a Inglaterrai, la historiografía tradicional la ubica con la llegada de los padres
peregrinos (puritanos británicos) en 1620, quienes consideraban la Biblia como la única
fuente legítima de doctrina y se distinguían por su exagerada escrupulosidad en el proceder.
Los estadunidenses son un pueblo conquistador de origen inglés y de religión
mayoritariamente anglicana. En sus inicios dominaba la iglesia puritana, cuyos jefes
representaban el máximo poder. Algunos autores sostienen que esa sociedad estricta que
subordinaba el individuo a la comunidad, se encargaba de la seguridad y restringía
oficialmente las ambiciones económicas predicando trabajo y austeridadi.
Con el tiempo proliferaron otros credos protestantes, dispersos y diseminados por la vasta
región que llegaron a poblar hasta que en la tercera década del siglo XVIII se dio el
movimiento religioso llamado Gran Despertar. Una amplia gama de creyentes reformistas
tomó parte y llevó a cabo exitosas tareas de proselitismo y unificación en torno a la propia
religión. Aunque la pluralidad de creencias era y es muy grande, su base cristiana luterana
logró unificarlas.
La historiografía de los Estados Unidos comenzó con un documento legal, su constitución.
Con su paradójica idea de igualdad, escrita en los años en que los habitantes de la colonia
eran propietarios de esclavos, y comprensible solo en un contexto colonial de rebelión
contra Inglaterra, los pobladores de la colonia "solo se tuvieron en cuenta a sí mismos,"
como grupo auto-marginado que se había liberado del yugo inglési.
Los nacidos en los Estados Unidos tuvieron su primera experiencia histórica compartida en
el Gran Despertar, cuyo mensaje fue individualista y autoritario, atrajo gente inclinada a
desafiar a la autoridad eclesiástica en una primera instancia, actitud que a la larga se
extendió a motivos políticos. El tener un juicio religioso independiente sentó la base que
reclamaría un criterio político libre. En cambio, en colonias como Nueva España la unión
de la Iglesia y el Estado inculcó en la sociedad el cuidado de la primera y la preservación de
su acervo doctrinal, se conservó un mundo religioso monolítico, en el cual la educación de
la élite hispanoamericana -que en su mayor parte estuvo en manos de los jesuitas- ofreció,
según Octavio Paz, "no un método para investigar lo desconocido, sino un sistema para
defender lo conocido y lo establecido". En estas colonias se impuso el catolicismo

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prohibiéndose a su vez cualquier otro tipo de culto.


Mientras los estadounidenses fueron formándose en un ambiente crítico dentro de los
límites religioso y político, los pueblos colonizados por España y Portugal asumieron
características de defensa de lo impuesto, fueron asimilados por la iglesia católica a través
de la fuerza de las armas y por el paternalismo que una parte del clero ejercía sobre los
indígenas; este último se oponía al trato cruel de los vencedores, y a diferencia de ellos,
consideraba a los nativos como seres humanos y los atendía en sus necesidades más
apremiantes.
A pesar de las difíciles condiciones de los pueblos indígenas, no les impidió que
continuaran manteniendo sus creencias, formándose una combinación de cultos que
caracteriza hasta la actualidad el catolicismo mexicano. Los católicos requerían conversos y
no pureza de raza, ellos se mezclaron con los nativos, a diferencia de los protestantes que
trajeron a mujeres de su estirpe.
Enrique Krauze describe a la iglesia católica como complejas facciones en pugna y una
complicada relación con respecto a España y la sociedad criolla. Nos explica cómo los
indios y los mestizos se adaptaron de manera superficial al catolicismo, sin dejar a sus
propios dioses caídos, por la vergüenza de haber sido derrotados y la persistencia de sus
ancestrales costumbresi.
A principios del siglo XIX apareció en los Estados Unidos otro movimiento religioso
conocido como Segundo Gran Despertar, el cual en 1800 provocó fervor por todo el país de
tal manera que el protestantismo evangélico sirvió nuevamente para unificar a la
comunidadi.
En aras de capacitar creyentes, diversas vertientes protestantes fundaron innumerables
academias, seminarios y universidades, como la de Oberlin en Ohio. Además, impulsaron
la reforma social contra la desintegración de la familia, la adoración de lo material y
trataron de prevenir lo que consideraban males sociales.
El estado de Tennessee, donde nació Jenkins, está situado en el centro del sector oriental de
ese país del norte, entre el río Mississippi al oeste y los montes Apalaches al este, se
extiende en 109,152 kilómetros cuadrados. En su relieve se distinguen dos regiones: la
oriental, en donde se alzan las estribaciones de los Apalaches y la meseta de Cumberland, y
la occidental, donde se encuentran el valle del río Tennessee y la llanura del Mississippi.

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Además del Tennessee, destaca el río Cumberland, afluente del Ohioi.


A Tennessee también se le conoce como el "estado de los voluntarios", porque fue allí
donde los llamados voluntarios casi exterminaron a las tribus indias que habitaban la
región.
Es un hecho que la ascendencia mayoritaria de los pobladores de Estados Unidos vino de
Inglaterra y su composición se debe, en primer término, a la colonización de la región. Sin
embargo, el asentamiento blanco en el estado de Tennessee lo hicieron escoceses,
irlandeses, ingleses y alemanes, por lo que sus tradiciones y costumbres derivan de una
variedad de creencias y formas de vida. Las religiones dominantes son la presbiteriana, la
bautista y la metodista; solo una pequeña minoría profesaba el catolicismo.
Las distintas confesiones protestantes tienen en común la creencia de que la fe es el único
medio de salvación, procede solo de la gracia y se funda únicamente en la lectura de las
Sagradas Escriturasi; una de las razones de sus diferencias se debe a las distintas
interpretaciones que pueden darse de la Biblia.
Respecto a la economía de la Unión Americana, entre 1860 y 1914 se dio un gran
crecimiento en la inversión y en la productividad; surgieron los grandes trusts y los
complejos industriales; el descubrimiento de oro en California aceleró el proceso de
colonización de la costa oeste, el cual culminó con la construcción del Ferrocarril del
Pacífico en 1869. Posteriormente, durante la presidencia de Theodore Roosevelt de 1901 a
1909, se intensificó una progresiva intervención en política internacional, iniciada en 1898
con la guerra contra España, la anexión de Hawai y Filipinas, la beligerante actuación
militar en el Caribe y Centroamérica, el dominio del canal de Panamá y demás
intervenciones bélicas. La política de los estadunidenses se había definido totalmente como
expansionista, crecía a causa de imponer su fuerza sobre países débiles, como el nuestro,
que recientemente se había liberado de la colonia española.
En lo que se refiere a Shelbyville, es una ciudad capitalista moderna de los Estados Unidos,
cerca de las aguas del Mississippi, donde relegaron a los indios de la parte del territorio
arrebatado a los mexicanos. A finales del siglo XIX, esa región era primordialmente regida
por la moral de las iglesias protestantes dominantes y en ese medio vivió Jenkins hasta
1901, cuando se trasladó a México.
Nuestro personaje se crió en el seno de una familia de granjeros protestantes, en un medio

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regido por la moral y el entorno metodista, durante su formación esencial en la infancia y la


juventud, esto marcó los caracteres de su personalidad, los cuales dieron el significado de
su existencia. William Oscar llegó a hacer estudios de ingeniería en la universidad privada
de Vanderbilt, en Nashville, Tennessee, y en el curso de su vida se distinguió por las
características estudiadas por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del
capitalismo: personalmente, bajo el influjo de un ambiente religioso, tanto patriótico como
familiar, se adiestró en la habilidad que determinó su elección profesional y,
consecuentemente, el rumbo que seguiría.
Jenkins salió de los Estados Unidos de América cuando el capitalismo en este país estaba
altamente desarrollado, los grandes trusts llevaban la delantera en la producción nacional y
sus tradiciones y costumbres denotaban un sentimiento de superioridad con respecto al
resto del mundo. Llegó a México durante el mandato del expansionista Theodore Roosevelt
e influenciado por el momento histórico que se vivía en su patria, con el firme propósito de
hacer fortuna.
Enriquecerse fue el oficio que orientó la mayoría de sus actividades vitales, con lo que
rendía tributo a su religión y justificaba los medios para lograrlo.

Capítulo II

La riqueza potencial de Jenkins

Nuestro personaje llegó de un país con acelerado ritmo de desarrollo capitalista a un lugar
atrasado, con fuertes reminiscencias feudales, que había atravesado un siglo de guerras y
cuya economía se hacía cada vez más dependiente de las naciones desarrolladas. Vino
cuando se iniciaba el siglo XX, al mismo tiempo que se consolidaba la política
expansionista de los Estados Unidos dejándole grandes frutos. En cambio, nuestro país se
encontraba en una pésima situacióni. Al llegar a México gobernaba una dictadura que
privilegiaba a las clases pudientes e impedía, a fuerza de una represión brutal, cualquier
tipo de mejora para los trabajadores del campo y de la ciudad.
Al comenzar la centuria en nuestro país se gesta una revolución. El cambio era inevitable a
los ojos de algunos observadores, entre los que se encontraba William Oscar Jenkins,
formado en un ambiente imperialista, con tradiciones, costumbres, creencias, y la

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preparación que le permitieron seguir los pasos adecuados para lograr sus objetivos. Para
él, en México se daban las condiciones necesarias para enriquecerse y, posteriormente,
hacerse poderoso.
De 1835 a 1848 el vecino del norte no cejó en su afán de hostigamiento bélico a nuestro
territorio hasta que terminó por despojarnos de más de la mitad del mismo. De una primera
parte, la correspondiente a Texas, los estadunidenses se apoderaron mientras México se
confrontaba con Francia; el resto lo obtuvieron por una invasión armada en un momento en
que nuestra nación todavía no se consolidaba como tal y en el que las luchas anteriores la
habían debilitado seriamente. Sin embargo, a pesar de la derrota que nos impusieron, los
estadunidenses se encontraron con una fuerte resistencia y no lograron (en ese momento),
anexarse al país completo, como ha sido su permanente deseo.
El pueblo mexicano se unió en la defensa de su territorio y esa experiencia fortaleció el
espíritu nacionalista que en años posteriores marcaría sus luchas. En la segunda mitad del
siglo XIX sufrimos la dictadura de Antonio López de Santa Anna y comenzó la guerra de
Reforma encabezada por el gobierno liberal de Benito Juárez (1858-72), quien después de
vencer a los conservadores y repeler la invasión francesa, en 1867 sentó las bases para un
creciente y moderno desarrollo económico que se reafirmó durante la dictadura de Porfirio
Díaz, de 1877 a 1911.
Cuando por fin se logró la Independencia, el país se encontraba en una posición de
desventaja con cualquier otro territorio ya organizado. Para constituirnos en nación era
urgente resolver ese estado de cosas. Así se inició la lucha por la formación de México, que
en un principio abarcaba la tercera parte de la extensión actual de los Estados Unidos y una
porción de Centro América.
El capitalismo ya estaba cimentado en Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España y sus
gobernantes vieron en nuestro país una fuente de riqueza. España trataba de colonizarnos
nuevamente; Estados Unidos consiguió anexarse la mitad de nuestro territorio y nos declaró
la guerra con el fin de apoderarse de California y los estados fronterizos; Francia deseaba
obtener ventajosos privilegios e Inglaterra consideraba a México como un excelente
comprador de sus productos.
Nuestros vecinos reconocieron nuestra independencia hasta 1823; ese mismo año se originó
la famosa doctrina Monroe, que se oponía a cualquier intervención europea en el continente

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americano y se resumía en la frase: "América para los americanos". Noam Chomsky


explica:
el significado operativo de la doctrina Monroe es que 'Estados Unidos considera
sus propios intereses. La integridad de otras naciones americanas es un incidente,
no un fin'. Wilson, el gran apóstol de la autodeterminación, estuvo de acuerdo en
que el argumento era 'irrefutable', aunque fuera 'impolítico' presentarlo
públicamentei.

También en 1823 Fernando VII de España intentó la reconquista, multiplicando sin cesar
las agresiones contra nuestra aún joven nación. Además, el primero de junio Centroamérica
votó su separación de México, y en septiembre de 1824, Chiapas hizo lo mismo.
Unos meses antes, en febrero de 1824, Agustín de Iturbide (emperador que llegó al poder el
24 de febrero 1821 tras la firma del Plan de Iguala), convocó a un Congreso Constituyente.
Aunque en septiembre del mismo año fue fusilado, su muerte no impidió que éste se llevase
a cabo en octubre y se firmara la Constitución en la que se adoptó el sistema
presidencialista, fijando en cuatro años el periodo de ejercicio de las funciones del
presidente. Con esta carta magna se inauguró la República Federal, con 19 estados y cuatro
territorios; Guadalupe Victoria fue nombrado presidente de la república.
Cuando esto sucedió, el único grupo político organizado que existía era el de los masones
escoceses, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVII y que en el nuevo gobierno
independentista influyó para seguir bajo el poder de la corona española i. En 1825
Guadalupe Victoria quiso hacer contrapeso a la fuerza de la logia escocesa, para lo cual se
apoyó en el ministro norteamericano Joel R. Poinsett y en Lorenzo de Zavala, Miguel
Ramos Arizpe y Vicente Guerrero; en breve se fundó la logia de York, que enarbolaba el
anti-hispanismo.
Desde el inicio de la República Mexicana el primer embajador norteamericano en México,
Joel Robert Poinsett (lo fue de 1825 a 1836), en 1825, 1826 y 1827 intentó inútilmente
rectificar a favor de los Estados Unidos la línea fronteriza, es decir, intentó anexar a su país
varios de los estados fronterizos norteños. Al no lograr sus objetivos, su gobierno tuvo que
buscar vías más confrontadas para conseguirlos.
El surgimiento de la nueva nación, después de la prolongada guerra de independencia, hizo
que en la práctica gubernamental los gobiernos federal y de los estados pasaran por

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penurias económicas. Aunque la mayoría de los políticos eran católicos, algunos veían la
solución de sus problemas en los bienes de la Iglesia, aduciendo que la riqueza eclesiástica
no era explotada adecuadamente; otros, al contrario, sostenían que dichos bienes eran
intocables. Estas posiciones originaron a lo que más tarde sería la lucha entre los liberales
que levantaron la bandera de la "libertad y el progreso", y los conservadores que levantaron
la del "orden público y religión".
Hacia fines de 1827, después de una frustrada conspiración contra el gobierno
constitucional, se decretó la primera expulsión de españoles. Ante esta medida el general
Nicolás Bravo, vicepresidente y jefe de la logia escocesa, se pronunció contra el gobierno,
pero fue derrotado por Vicente Guerrero bajo las órdenes de Guadalupe Victoria y
condenado al exilio, lo que significó el debilitamiento de su grupo.
El primero de septiembre de 1828 se efectuó en el Congreso la elección para la presidencia
de la república. El presidente electo fue Manuel Gómez Pedraza, candidato de los yorkinos
elitistas y de los escoceses sin candidato. Sin embargo, apenas dos meses más tarde los
partidarios de Vicente Guerrero lo obligaron a renunciar. El 9 de enero de 1829 ese mismo
órgano de gobierno resolvió que el triunfo de Gómez Pedraza no expresaba la voluntad
popular y anuló la votación que lo había llevado a la presidencia declarando al mismo
tiempo como vencedores a Vicente Guerrero, presidente y a Anastacio Bustamante,
vicepresidente. Ese mismo día se extendió el segundo decreto de expulsión de españoles.
Mientras tanto España, en aras de la reconquista, preparó una invasión. El 6 de julio de
1829 partieron desde Cuba hacia México tres mil españoles al mando de Isidro Barradas.
Después de serios percances, la expedición desembarcó finalmente en Tampico el día 24
del mes mencionado, pero los españoles fueron víctimas de fuertes epidemias y capitularon
el 11 de septiembre del mismo año. Según el historiador Lucas Alamán, los españoles
fracasaron porque el intento de invasión fue el producto de una conspiración demente.
El primer tratado de paz y amistad entre México y España fue firmado hasta el 29 de
septiembre de 1833, después de la muerte de Fernando VII ocurrida ese año. El primer
embajador español, el marqués Calderón de la Barca, llegó a nuestro país en 1839.
La anexión de gran parte de nuestro territorio por parte de los Estados Unidos tuvo su
origen cuando el gobierno español concedió a su súbdito Moisés Austin, establecerse en
Texas con trescientas familias, después de la obligada venta de Las Floridas a los

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estadunidenses en 1819, con el supuesto fin de hacer productiva la región. Al triunfo de la


independencia de México, el permiso fue ratificado a Esteban Austin, hijo de Moisés, y las
concesiones para él y otros colonos fueron ampliadas por las recientes autoridades
mexicanas. Las restricciones mínimas dictadas para los colonos nunca se llevaron a cabo.
Ya en la práctica independentista, el presidente Vicente Guerrero en 1829 firmó la
abolición de la esclavitud, esta medida generó el descontento de los colonos de Texas,
quienes en su mayoría eran dueños de esclavos. El gobierno estadunidense vio en estas
circunstancias la ocasión para implementar una agresiva política anexionista.
Los colonos texanos encabezados por Samuel Houston (oriundo de Tennessee), con la
ayuda abierta del gobierno norteamericano, se levantaron en armas contra el gobierno
mexicano en noviembre de 1835. El 2 de marzo de 1836, Texas se declaró república
independiente. Un ejército mexicano, al mando de Santa Anna, trató de impedir el
levantamiento y venció a los colonos en El Álamo, para posteriormente ser destruido por el
ejército estadunidense en San Jacinto, el 21 de abril de 1836. Texas fue independiente de
1836 al 21 de junio de 1845, año en que fue anexado a los Estados Unidos. México quiso
evitarlo, iniciando una guerra que le resultó desfavorable y Texas pasó a formar parte de la
Unión Americana por el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. Una de las consecuencias
de esta anexión fue que los aborígenes, que por siglos habían habitado en dichas tierras,
fueron despojados de ellas y confinados a orillas del Mississippi, en donde finalmente
fueron casi aniquilados.
A pesar de lo anterior, Estados Unidos todavía no estaba satisfecho. La anexión de Texas
no le bastaba y mantenía su afán de agredir a México con el fin de despojarlo de la mayor
parte de su territorio. En mayo de 1846, después de enviar su ejército a nuestro país, sin
más nos declaró la guerra.
Una gran cantidad de mexicanos luchó en el ejército voluntario y en las guerrillas contra el
invasor, pero la superioridad en provisiones, armamentos y otros recursos, así como la
unión de grandes terratenientes y prelados de la iglesia católica mexicana en favor del
enemigo, provocaron la victoria de Estados Unidos. En esos años todavía no existía un
espíritu nacionalista en el conjunto de la población, a pesar del arraigo del ideal libertario;
al nacer la nación, la postura a favor de la misma entre los pobladores estaba en proceso de
formación.

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Pese a que el sentimiento independentista se había enraizado en la conciencia de los


mexicanos, nuestro país nacía como algo nuevo, las razas mezcladas conjugaban dos
culturas diferentes, las tradiciones religiosas de pobladores prehispánicos se habían
adecuado al culto impuesto por los conquistadores, sin dejar de practicar sus antiguas
creencias; la alimentación se complementaba entre los productos americanos y los de
origen europeo; el vestir tomó elementos de ambos continentes, y así la gente vivía en un
ambiente mucho más complejo y rico que cuatro siglos antes, e incluso con relación a la
propia España. Nacía un nuevo país y la tarea ahora era organizarlo, dirigirlo e identificarlo
como patria.
México estaba inmerso en dicha problemática cuando fue derrotado por los Estados Unidos
y obligado a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo. El vencedor se adueñó de 2.3
millones de kilómetros cuadrados. A pesar de la derrota, esta guerra extendió la semilla del
nacionalismo y ayudó a la maduración de la política mexicana; a partir de ahí en el país se
tomó conciencia de la soberanía nacional y se inició la lucha por su defensa, la cual se
irradia hasta la actualidad.
En lo que se refiere a Francia, el rey Luis Felipe reconoció la independencia de México en
1830, ante lo cual quiso exigir un trato de nación favorecida, privilegios especiales como la
indemnización a sus súbditos por pérdidas durante las revueltas. Los franceses hicieron
reclamaciones al gobierno mexicano desde 1828, entre las que destacaba la exagerada
petición de 60 mil pesos de un pastelero, motivo por el cual se nombró "guerra de los
pasteles" a la que más tarde tendría efecto.
El presidente mexicano Carlos María de Bustamante, en septiembre de 1837 declinó la
responsabilidad de pagar tales adeudos, pero como respuesta a su postura el 27 de
noviembre de 1838 la flota francesa rompió fuego sobre San Juan de Ulúa. Sin capacidad
de respuesta, las fuerzas mexicanas tuvieron que emprender la retirada, acción que
provocaría la consecuente salida de Bustamante de la presidencia; fue relevado por Antonio
López de Santa Anna, quien llegaba al mando por cuarta vez.
La guerra contra Francia había perjudicado considerablemente el comercio inglés con
México. Como a Gran Bretaña le convenía la resolución del conflicto, propuso al ministro
británico Pakenham como mediador. El 6 de marzo de 1839 se reunieron en la fragata
inglesa "La Madagascar" los ministros plenipotenciarios de México Manuel de Gorostiza y

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Guadalupe Victoria, de Francia Baudin y el inglés Douglas para formular un tratado de paz
y una convención que fueron firmados tres días después.
Durante el lapso que se extiende entre el 22 de agosto de 1846 al 20 de abril de 1853,
conocido como la Segunda República Federal, el país vivió la dictadura santannista y fue
aquejado por una serie de males. Después de la guerra con los Estados Unidos, en 1848
sobrevino una grave crisis económica que afectó lo hacendario y la deuda externa. La
política de pacificación del territorio, el desarrollo del aparato burocrático y los despilfarros
de Santa Anna, habían dejado al gobierno prácticamente sin recursos para resolver los
problemas más apremiantes.
Por si fuera poco, los estados comenzaron a declararse "libres y soberanos" y amenazaban
con la separación. Al mismo tiempo que se daba este peligro de desmembramiento del país,
se multiplicaron las insurrecciones indígenas en Yucatán, Chiapas, la Sierra Gorda,
Tehuantepec y la Huasteca. Durante esta época, la profundización de la crisis política dio
margen a la creación del partido conservador que desde su nacimiento entraría en serias
contradicciones con los gobernantes de corte "moderado". Estos últimos trataban
inútilmente de establecer un equilibrio de fuerzas entre los "liberales" y los
"conservadores", pero con su actitud solo se consiguió facilitar el surgimiento del
militarismo y la dictadura.
Fueron estos años de hambre y miseria para la población, ni siquiera faltaron las epidemias
como la del cólera morbo, terrible enfermedad que produjo gran mortandad. De 1848 a
1853 el presidente de la república era elegido por el Congreso entre sus miembros, hubo
grandes diferencias entre los poderes ejecutivo y legislativo hasta que el presidente de la
Suprema Corte de Justicia Juan Bautista Ceballos (ante la renuncia del presidente de la
república Mariano Arista, ejerció las funciones presidenciales desde enero al 7 de febrero
de 1853) disolvió el Congreso con ayuda del ejército y admitió el Plan del Hospicio, que
exigía el retorno de Santa Anna. Su sucesor, Manuel María Lombardini, entregó el poder a
Santa Anna ese mismo año. Se iniciaba así la dictadura santannista, la cual habría de durar
alrededor de tres años y provocó el descontento de la mayoría de los mexicanos.
Contra la dictadura, combatientes nacionalistas e intelectuales, encabezados por Juan
Álvarez e Ignacio Comonfort, prepararon el plan de la Revolución de Ayutla. Nuevamente
el país se vio inmerso en una guerra civil hasta la destitución de Santa Anna en octubre de

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1855.
Juan Álvarez asumió entonces la presidencia e Ignacio Comonfort lo sucedió, hasta que en
1858 se sufriría un gobierno dual y confrontado en la guerra de Reforma. Liberales y
conservadores se ostentaban como gobernantes, a los primeros los encabezaba Benito
Juárez, quien permaneció en el mando de ese año hasta su fallecimiento en 1872; y a los
segundos los dirigió un conjunto de presidentes y un emperador extranjero, hasta el triunfo
liberal de 1867.
Durante la época de Juárez se procedió a transformar profundamente del país, se adoptaron
medidas financieras y de política económica que permitirían aprovechar los ingresos del
gobierno en la iniciación de obras públicas y el control adecuado del comercio externo e
interno; se protegió a la iniciativa privada nacional y extranjera para que emprendieran
negocios prósperos en beneficio de los capitalistas; se planearon e iniciaron las nuevas
comunicaciones, especialmente ferrocarriles, con compañías internacionales inglesas,
francesas y norteamericanas; se proyectó la colonización de las zonas despobladas y la
ocupación de los baldíos; se organizó la administración pública de acuerdo con las técnicas
de la propia Reforma; se integró el sistema de la educación pública con miras a lograr
profesionales con nueva mentalidad respecto a los problemas nacionales; se trató de
unificar la educación elemental y se buscó la amistad de las naciones externas sobre la base
de un México moderno.
Sin embargo, en el ejercicio del poder se encontraron numerosos obstáculos que impedían
el buen desarrollo del país, entre los que destacaron las formas de economía cerrada y de
autosuficiencia como las haciendas y los cacicazgosi, los que desde la revolución
desquiciaron la minería y el comercio; también se anota la inexistencia de mercados
internos y externos que absorbiesen una posible nueva producción, la falta de capitales
privados que se arriesgasen en nuevas empresas y la ausencia de reservas de divisas para la
adquisición de recursos necesarios.
En esta dinámica de modernización, se estipuló la desamortización de bienes de
corporaciones eclesiásticas y civiles, la llamada Ley Lerdo del 25 de junio de 1856: Ésta
perjudicó la posesión territorial de pueblos que desde antes de la Conquista y durante toda
la época colonial fueron protegidos por la legislación de Indias; es decir, los nativos habían
conservado la forma colectiva de la propiedad territorial a consecuencia de haber hecho

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prevalecer su antigua organización dentro del clan llamada calpilli, con lo que pudieron
repeler el despojo por parte de españoles y criollos.
Con la Ley Lerdo se autorizó la denuncia de las posesiones de las comunidades indígenas y
su adjudicación a particulares, del mismo modo que podían serlo las propiedades de los
conventos, iglesias u otras corporaciones. La mayoría de las expropiaciones se entregaron a
particulares, los cuales formaron nuevas haciendas o ampliaron las ya existentes; es decir,
se implementó la economía cerrada y de autosuficiencia, que obstaculizaba las labores del
Estado. Se entienden que tal legislación fue el resultado de compromisos del gobierno, la
cuota de poder de los aliados en la guerra de Reforma, cuyo costo todavía aqueja al pueblo
mexicano.
Ahora bien, desde los inicios de la época colonial se generó la situación de los peones
acasillados, quienes eran obligados a permanecer dentro de las haciendas sin poder emigrar,
en virtud del derecho de retención por las deudas adquiridas mediante anticipos
prolongados en razón del crédito en las "tiendas de raya" de las haciendas; estos adeudos
eran heredados a sus hijos. El procedimiento descrito se desarrolló principalmente en el
siglo XVIII, por la preferencia de esta forma de explotación de mano de obra rural por parte
de los hacendados. Gracias a la Ley Lerdo, muchos de los antiguos pequeños propietarios
pasaron a formar parte del peonaje acasillado.
Debido a la nueva situación de los trabajadores del campo, éstos se vieron necesitados de
sustento y obligados a trabajar como peones en las haciendas o como obreros en las minas,
ingenios, tiendas e industrias, tal y como sucedió en el estado de Puebla, particularmente en
la región de Atencingo, donde posteriormente Jenkins inició su fortuna.
Otro aspecto de la política de la época durante la presidencia de Juárez fue recurrir a las
inversiones extranjeras, principalmente de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Su interés
estaba en el desarrollo de la industria y las redes de comunicación, minas y ferrocarriles.
Sebastián Lerdo de Tejada, sucesor de Juárez en la presidencia, siguió la misma política,
aunque él prefirió los capitales europeos.
Desde esa época, y en respuesta a la política económica basada en la inversión extranjera,
apareció una tendencia nacionalista contra la extranjerización que asumió la representación
de sus propios intereses. Los nacionalistas, y otras actitudes de carácter cultural de la
población, inauguran una corriente espiritual adversa al afrancesamiento característico de

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las clases acomodadas. Los intelectuales más cercanos al pueblo, como Guillermo Prieto y
Vicente Riva Palacio, se preocuparon por estudiar la situación nacional socioeconómica y
cultural, así como por expresar el valor de sus creaciones.
En 1877, Porfirio Díaz, después de otra confrontación bélica, llegaría a la presidencia por
primera vez, iniciándose lo que se ha dado llamar el porfiriato, que con un solo intervalo de
cuatro años dominó al país por más de tres décadas. Desde su segundo arribo a la
presidencial, en 1884, se formó el partido de los políticos "científicos", el cual delinearía el
desarrollo liberal del país. La dictadura representó, para las clases burguesas y medias, la fe
en las ventajas de la paz, el orden y la marcha hacia el progreso, entendido como
crecimiento económico. Asimismo, el acceso de las capas altas de la sociedad a los bienes
de la civilización moderna, a los valores de la cultura occidental, en parangón constante con
la situación de los países desarrollados. El dictador se había distinguido en la guerra de
Reforma y contra el invasor extranjero, tenía el carisma de caudillo progresista y supo
mantenerse como jefe político con alianzas con sus antiguos opositores. En el tiempo que
gobernó se inició la verdadera era capitalista en México, a través de una profunda
penetración de recursos extranjeros y de la superexplotación de mano de obra mexicana.
El capitalismo nacional también salió beneficiado de manera secundaria como
consecuencia del progreso industrial por medio del capital extranjero. El desenvolvimiento
económico trajo consigo transformaciones materiales y sociales: aparecieron zonas
industriales dentro y fuera de las ciudades; una gran extensión de las comunicaciones como
los ferrocarriles, puentes, acueductos y carreteras; una nueva actividad urbanística, oficinas
administrativas, fábricas, electrificación, drenaje y agua potable, colonias residenciales,
escuelas, institutos de investigación y enseñanza. La población indígena fue excluida de los
beneficios de la modernización y relegada a los terrenos de concentración de la miseria.
A partir de 1888, la educación se rigió por la ley propuesta por el intelectual Justo Sierra el
7 de abril de 1881; la instrucción pública, que se había orientado a la uniformidad en la
época de Juárez, pasó a ser federal, laica (entendida ésta, a la manera de Justo Sierra, como
neutral), gratuita y obligatoria. Con este concepto educativo, para 1891 salió la primera
generación de profesores normalistas, quienes se extendieron por todo el país. En Puebla,
en 1890, las leyes sobre la enseñanza se igualaron a las del Distrito Federal, Guillermo
Prieto hizo el reglamento para la formación de la Normal y él fue su primer director. Con

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estas medidas se extendió la educación elemental y superior.


Sin embargo, la población en su mayoría era de origen indio, se concentraba en las labores
del campo como peones acasillados o como gañanes en las ciudades, en fábricas, minas,
talleres, construcciones, tiendas y en los demás centros de concentración industrial. No
tenía los más elementales derechos, como el de un salario mínimo suficiente para subsistir
o el de organizarse libremente; tampoco tenía acceso a la educación, y vivía en pésimas
condiciones. Las familias de los obreros cohabitaban galerones con baños comunes, sin
rincones para la intimidad; los varones trabajaban desde la niñez y no tenían oportunidades
para mejorar su condición.
Los campesinos estaban todavía peor y los patrones, arrogantes y crueles, se sentían
propietarios de sus trabajadores, a quienes maltrataban. Al final de la dictadura porfirista, la
burguesía beneficiada por el régimen se imponía ante el pueblo en el que día con día crecía
la indignación.
El porfiriato favoreció a la burguesía liberal, a la clase media burocrática, militar e
intelectual, al caciquismo rural y a la burguesía internacional. El grupo gobernante fue
transformando los principales artículos de la Constitución emanada de la Reforma, con el
fin de evadir las promesas de democracia, antirreleccionismo y crear las bases para la
constante repetición en el poder de Porfirio Díaz. El pueblo no tuvo derecho como tal, ni
siquiera a expresarse libremente y mucho menos a ejercer su voluntad, lo que acentuaba el
sentimiento contra el gobierno.
En 1883, cuando se preparaba la tercera reelección de Porfirio Díaz, también se iniciaba la
lucha de los estudiantes contra el continuismo constituyéndose el Centro Antirreleccionista,
del que formó parte Ricardo Flores Magón, quien lanzó por primera vez las consignas
antirreeleccionistas que fueron hito durante la revolución. Para 1903 esta corriente había
cobrado carácter de masas.
En cuanto a las relaciones internacionales, Porfirio Díaz prefirió el capital europeo, a fin de
mermar el poderío norteamericano; sin embargo, a pesar de las fuertes inversiones del viejo
continente, solo Gran Bretaña competía en algunas ramas con los Estados Unidos, situación
desagradable para las ambiciones de este último país, que aprovechaba cualquier
oportunidad para debilitar al gobierno porfirista y dominar en el comercio con México.
En síntesis, el siglo XIX tuvo en su haber dos emperadores, dos triunviratos, una junta de

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gobierno y 49 veces fue ocupada la presidencia con 33 personas, 15 de ellas repitieron una
o varias ocasiones en el cargo y los dos dictadores, Antonio López de Santa Anna y Porfirio
Díaz, ocuparon el mando siete y cinco veces, respectivamente.
En 1900 el dictador fue reelegido por quinta vez y se iniciaba una política todavía más
excluyente con la cual grandes terratenientes y prósperos industriales también serían
negativamente afectados. Además, en México se había manifestado una tendencia de rápido
desarrollo de la clase media; la cual comenzaba a buscar mayores poderes político y
económico, no encontrados durante la dictadura.
Ese mismo año se organizó el Club Liberal Ponciano Arriaga, dirigido por los hermanos
Ricardo y Jesús Flores Magón, quienes fundaron el periódico de oposición Regeneración.
William Oscar Jenkins llegó al norte de nuestro país en 1901, año de la celebración del
Primer Congreso Liberal en San Luis Potosí, que sentó las bases de una lucha permanente
contra el porfirismoi.
Como podemos apreciar, si los Estados Unidos consiguieron su independencia en 1783,
obtuvieron cohesión nacional gracias a los movimientos religiosos y al iniciarse el siglo
XIX se había consolidado su sentimiento nacionalista; en cambio, en México, que inició su
emancipación en 1810, solo la logró hasta 1821, todavía con serios conflictos con países
europeos y con el ya poderoso vecino del norte, sin que se hubiera desarrollado todavía un
sentimiento de identidad nacional.
Al finalizar la guerra contra los Estados Unidos, México logró su consolidación; los
principales actores iniciaron una lucha política por dirigir al país, al mismo tiempo que éste
contendía en otros conflictos internacionales. Fue hasta el triunfo de la guerra de Reforma,
en 1867 que empezó el desarrollo económico, pero con fuertes trabas y ya dependiente de
los países desarrollados. El porfiriato incrementó la "modernización", de principios
positivistas y con las características propias del capitalismo "salvaje", en el cual la pobreza
extrema de gran parte de la población no representa obstáculos para la creciente
acumulación de una pequeña minoría.
Al iniciarse el siglo XX, Estados Unidos había penetrado en el camino del monopolismo y
los grandes trusts dominaban su economía. La desventaja económica de México con los
norteamericanos era abismal, fue entonces cuando el norteamericano William Oscar
Jenkins, influido por el ambiente triunfalista de su país, cruzó la frontera y se trasladó al

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estado de Nuevo León. Hace cien años llegó a Monterrey (la revista Time lo ubica el
Aguascalientes) sin capital.
completamente en la chilla tomó un trabajo como mecánico ferrocarrilero ganando
50 centavos por día. En 1906, un grupo misionero estadunidense le confió capital
suficiente para lanzar un negocio de la camisería ambulantei.

En el norte de México el primer lustro del siglo pasado, viendo y viviendo el auge del
monopolismo de su país e influenciado por la moral protestante de su estado natal, W.O.
Jenkins no pudo dejar de percatarse de la potencial riqueza de nuestro territorio, de la
inestabilidad del régimen de Porfirio Díaz, de la necesidad de industrialización y de las
grandes posibilidades de enriquecerse. Minuciosamente analizó la situación y esbozó sus
futuras actividades para lograr su objetivo de hacer fortuna.

Capítulo III

El ajedrez del vicecónsul


En este apartado veremos algunas de las características de la ciudad de Puebla de 1905 a
1910, es decir, del año en el que Jenkins llegó hasta el inició de la revolución armada.
En 1905 México estaba en vísperas de la revolución, su sociedad en conflicto,
desestabilizada ante los cambios que se generaban. Cuando el emprendedor estadunidense
llegó a radicar a la ciudad angelopolitana, tenía la experiencia de haber vivido en un país
desarrollado, el interés de llegar a ser rico y la preparación necesaria que le permitiría ser
acertado en sus transacciones económicas.
El propio Jenkins relata:
Vine a México sin capital. Trabajé asalariado por cuatro años en el norte del país y
después vine a la ciudad de Puebla en 1905, con un capital de 13,000 pesos, que
representaba mis ahorros durante esos cuatro años de trabajo. ( Ver Anexo 1)
Era residente extranjero y conocía la problemática del norte del país, en donde había
radicado alrededor de cinco años. Sabía sobre los intereses no ocultos de Estados Unidos
para dominar el comercio y, el continente americano y por el hecho de ser norteamericano,
tenía oportunidad de participar a favor de su país en la rivalidad de éste contra Europa.

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Sin embargo, al llegar a Puebla, la situación del centro y sur le era desconocida, en esta
región Porfirio Díaz aplicó tenazmente la política de expropiación de las tierras comunales
y el sometimiento de los pueblos indígenas. Cuando a principios de siglo el despojo
comenzó a afectar a los estados de Morelos y Guerrero, el descontento que produjo sentó
las bases de la mayor rebelión campesina en el México independientei.
La expropiación de las tierras comunales de los indígenas campesinos en el centro y el sur
de México fue uno de los motivos del movimiento revolucionario; esta región incluye la
zona azucarera de Puebla en la que años más tarde William O. Jenkins fundaría su emporio
agroindustrial.
Los hacendados, quienes en su mayoría eran de origen español, fueron los beneficiarios de
dichas medidas. Los latifundios eran trabajados principalmente por los peones acasillados
que recibían una miseria para su subsistencia y estaban atados al patrón por las eternas
deudas en las tiendas de raya. En cambio, en las tierras de las comunidades indígenas,
donde la propiedad era colectiva, a pesar de la política porfirista los antiguos propietarios
conservaron su forma de organización, algunas características tradicionales y un grado de
autonomía interna desconocido por los trabajadores de las grandes haciendas.
En esos años, el descontento contra el porfirismo se generó por diversas causas en todo el
territorio nacional y como consecuencia se formaron organizaciones contrarias al régimen
de Díaz. El más radical de los movimientos nacionales de oposición era el promovido por el
Partido Liberal, fundado en 1901 por los hermanos Flores Magón, de fuerte tendencia
anarcosindicalistai. Como era de esperarse, sus dirigentes fueron perseguidos, obligados a
ocultarse y huir a los Estados Unidos, donde establecieron una Junta Organizadora del
Partido Liberal Mexicano en septiembre de 1905, en la ciudad de Saint Louis. En la nueva
organización ellos continuaron su lucha, principalmente a través de su periódico
Regeneración, editado a partir del 7 de agosto de 1900. A pesar de que el régimen
prohibiera su circulación, este medio informativo llegó a tener más de 25 mil lectores y se
mantuvo durante 18 años; su objetivo principal era hacer la revolución.
Al tiempo de iniciarse la publicación de Regeneración se presentó como "periódico jurídico
independiente", cuyo lema versaba "contra la mala administración de la justicia". El 31 de
diciembre del mismo año la publicación propuso un cambio de personas y de métodos en el
aparato estatal; en otros términos, el restablecimiento de la democracia a través de una

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innovación de la presidencia de la república. En noviembre de 1904 el magonismo pasó a


pregonar abiertamente la revolución política y social hecha por el pueblo, y así mantuvieron
sus principios hasta su desaparición en 1918, cuando Ricardo y Enrique Flores Magón
fueron nuevamente encarcelados en los Estados Unidos. Ricardo murió en la cárcel cuatro
años después. Los últimos números del órgano informativo se dedicaron a subrayar la
necesidad de un nuevo proceso revolucionarioi.
Los hermanos Flores Magón comenzaron desde muy jóvenes su lucha contra el porfirismo,
por lo que los encarcelaron en diversas ocasiones, junto con otros liberales enemigos de la
dictadura. En mayo de 1902 fueron detenidos y en junio de 1903, el periódico suspendió su
circulación ante la amenaza de encarcelar o asesinar a sus dirigentes en caso de aparecer un
número más. Ese año el Partido Liberal, a través de Regeneración, promovió por primera
vez masivamente las consignas anti reeleccionistas.
La publicación anarcosindicalista reapareció con una nueva orientación hasta noviembre de
1904; la lucha por la transformación revolucionaria del Estado mexicano, se encaminó a la
revolución popular, política y social. El 28 de septiembre de 1905 fundaron la Unión
Liberal Mexicana y se constituyó la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano sobre
nuevas bases. En julio de 1906 salió publicado el Programa del Partido Liberal Mexicano
que definía una nueva posición.
Los magonistas se plantearon hacer una organización amplia de carácter nacional, para tal
cometido fundaron el Club Mineral de Cananea, el cual meses después dirigiría una de las
huelgas más significativas de la historia de México. Su política se orientaba a organizar y
como ya dijimos, la lucha por la transformación revolucionaria del Estado mexicano: ya no
era solo el gobierno de Porfirio Díaz el que tenía que ser derrocado, era el sistema social en
su conjunto el que debía transformarse desde sus raíces. El programa formulaba
reivindicaciones de contenido social propias de una revolución burguesa radical; además,
desde el punto de vista político, proponía una vía democrática revolucionaria, fundada en la
acción del pueblo, el ejercicio del civismo, la intervención de todos en la cosa pública.
Así, la táctica y la línea magonistas sufrieron profundas modificaciones: de los llamados a
luchar en 1901, "por todos los medios permitidos por las leyes", y a organizarse de manera
amplia y abierta, a las directivas para combatir "por todos los medios" y constituir
"agrupaciones secretas" en 1905. Un año más tarde, el magonismo llegó por primera vez a

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la conclusión de que era posible y necesario pasar a la contienda armada. El Partido Liberal
dirigió las huelgas de Cananea y Río Blanco, de 1906 y 1907 y otras luchas de Orizaba y
Puebla de esos años. Entre 1906 y 1908 intentó realizar insurrecciones armadas (la última
de ellas en Orizaba, Veracruz), que fueron frustradas por el descubrimiento de sus planes
por parte de la dictadura. También realizaron innumerables acciones en la frontera norte y
las zonas fabriles del paísi.
Durante esos años conatos de liberación empezaron a surgir por todas partes y el régimen,
al sentir el peligro de la crítica y la libertad, recurrió a la represión de los disidentes, de las
opiniones e ideas peligrosas, de la prensa inconforme y de las asociaciones de resistencia.
Mientras se gestaba la rebelión, la Constitución de 1857, que tanto esfuerzo y sangre había
costado al pueblo mexicano, se reformaba con el fin de invalidar las garantías personales y
sociales, hasta casi ser completamente anuladas. Ante este modo de gobernar creció la
oposición al régimen de Díaz después de 1900, cuyas manifestaciones más dramáticas
fueron las huelgas y masacres de Río Blanco y de Cananea. Empero, la feroz represión
gubernamental desatada contra los huelguistas intensificó enormemente el descontento
popular.
Como ya dijimos, William Oscar Jenkins se formó en un mundo en el cual el desarrollo
capitalista había avanzado hasta su etapa monopólica, con un régimen expansionista hacia
el resto del globo terráqueo, con costumbres y tradiciones derivadas del conjunto de las
religiones protestantes que juzgan el valor humano con relación a la posesión de bienes
materiales. Llegó a nuestro país impregnado de las principales características de los
ciudadanos estadunidenses de la época, se percató de la evidente inestabilidad de nuestro
sistema político, económico y social, así como del atraso agroindustrial. En fin, observó la
posibilidad de aprovechar dichas circunstancias para hacer su fortuna.
Cuando se trasladó a la ciudad de Puebla, dijo haber traído trece mil pesos, producto de sus
ahorros durante los años que trabajó en el norte de México, lugar donde llegó sin capital
alguno. Así justifica el origen de su fortuna, a partir de un argumento tradicional en
concordancia con el análisis de los teóricos del capitalismo: el ahorro. De lo anterior se
entiende que el trabajo constante y la abstinencia en sus gastos personales le dieron el
privilegio de iniciar una buena posición económica en nuestra sociedad.
Ahora bien, veremos cómo este concepto no corresponde a la realidad. De acuerdo con el

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análisis marxista el trabajo es la manifestación de una fuerza natural, es un proceso entre la


naturaleza y el hombre en el que éste último realiza, regula y controla su propia acción en
intercambio de materias con el orden naturali. Según el grado de desarrollo de cada
sociedad, podemos apreciar la división social del trabajo y, en lo que respecta al
capitalismo, el obrero vende al capitalista (dueño de los medios de producción) su
mercancía, fuerza de trabajo, por una determinada remuneración (salario). El asalariado
está obligado a producir los bienes materiales para lo cual fue contratado, a la vez que con
la retribución que recibe se reproduce a sí mismo; es decir, reproduce la mercancía fuerza
de trabajo. El salario que percibe lo gasta en su manutención y en su reproducción, solo
obtiene lo necesario para reproducirse. Por otro lado, la noción de “ahorro” se refiere a la
diferencia entre los ingresos y los egresos de un particular, cuando aquellos se atesoran.
Un hombre como Jenkins, que llega a México sin recursos y trabaja como empleado, no
tenía la posibilidad de ahorrar en cuatro años esa suma de dinero; sobre todo, si tomamos
en cuenta su paga de 50 centavos diariosi. Ese salario no alcanzaba para obtener los trece
mil pesos que dice haber llevado a Puebla, aunque él no hubiera gastado un solo centavo en
su subsistencia. Los cuatro años de salario suman un total de 730.50 pesos, el 5.62% del
monto que manifestó haber ahorrado. En esta lógica, ese dinero tuvo otro origen.
México, a principios de siglo, era parte del capitalismo internacional. La revolución
mexicana aceleró el desarrollo capitalista y rompió con algunas de las formas tradicionales
de la economía nacional, como la organización en las haciendas.
A partir del movimiento revolucionario la inversión industrial se vuelve el factor dominante
de la producción y, con las reservas del caso, se repiten algunas de las características del
origen del capitalismo en Europa, entre las que destacan las formas de acumulación de
riqueza a través de la expropiación de tierras, la usura y demás métodos violentos.
Las pequeñas y grandes fortunas que se invirtieron en la producción industrial también
tuvieron un origen, fueron producto de una acumulación originaria, llamada así por Karl
Marx, quien la analiza minuciosamente y nos entera que en el capitalismo el proceso
productivo está determinado por la propiedad de los medios de producción.
Para que el dinero y la mercancía sean capital, han de concurrir una serie de circunstancias
concretas, han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de
mercancías: los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo,

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deseosos de explotar la suma del valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena
de trabajo; y los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo, y por tanto, de su
trabajo. El proceso que engendra el capitalismo es el mismo de la disociación entre el
obrero y la propiedad de las condiciones de su trabajo. Marx nos dice que para que se lleve
a cabo
Sabido es que en la historia real ha desempeñando un gran papel la
conquista, el esclavizamiento, el robo y el asesinato, la violencia, en una
palabra, y que los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse
remontándolos como una anécdota del pasado, en la cual había, de una parte,
una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un
tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún
más...
Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos
acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja De este pecado
original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo
mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza
de los pocos, riqueza que no cesa de crecer aunque ya haga muchísimo
tiempo que sus propietarios han dejado de trabajari.

Este proceso de acumulación originaria convierte en capital los medios sociales de vida y
de producción al mismo tiempo que vuelve obreros asalariados a los productores directos.
Es el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de produccióni.
Jenkins llegó a México como trabajador asalariado sin poseer medios de producción, arribó
a un país cuyo cambio estructural se gestaba en el seno de su sociedad y en el que el
despojo progresivo a las comunidades agrarias por parte de los hacendados se había
iniciado hacía nueve lustros, sin que dicha forma de explotación (semejante a la feudal)
incrementara sustancialmente el desarrollo económico. No obstante, al poco tiempo de su
llegada despegó como capitalista. Respecto a este cambio de clase social, Miguel Espinosa
contador del Ingenio de Atencingo escribió en su novela sobre la historia de Atencingo
(Zafra de odio, azúcar amargo), que cuando el norteamericano llegó a Puebla no contaba
con dinero alguno, pero en complicidad con el velador de la fábrica donde trabajaba -

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propiedad de León Razt-, robó una carreta cargada de algodón y máquinas, con lo que
montó una factoría clandestina de calcetines en la calle de Calavera (ahora 9 Poniente y 7
Sur) cerca del mercado de El Parral. Asimismo al poco tiempo, como consecuencia con su
tradición protestante, regresó a su país a casarse con Mary Street, quien según el mismo
autor, aportó dinero al matrimonioi. Afirma, también, que Jenkins ya casado regresó a la
ciudad, en compañía de su esposa Mary Street, Elisabeth (la hija de Mary) y su cuñado
Donald. Al principio, él mismo y dos trabajadores más, repartían los calcetines hechos en
su pequeña fábricai.
El artículo de la revista Time mencionado describe que en 1906, un grupo misionero
estadunidense le confió el suficiente capital a nuestro personaje para poner en operación un
negocio ambulante de mercería, ropa para caballero y otras mercancías. Si Jenkins se
dedicó al ramo de los servicios como se menciona, recibía una parte del dinero obtenido por
la venta de la mercancía, y por lo tanto sus ahorros no eran producto de su salario. El que se
haya dedicado a este tipo de actividades se ve confirmado en diferentes textos escritos
sobre su persona, así como en las entrevistas a los hermanos Aurelio y Quitín Corralesi.
El caso es que Jenkins se inició como capitalista con una pequeña fortuna que no pudo ser
el producto de su trabajo como asalariado. No obstante, con esa cantidad de dinero muy
bien podía comprar una fábrica, como al parecer sucedió; es decir, despegó como
empresario con un capital inicial, una “previou accumulation” de acuerdo con Adam
Smithi.
En fin, si damos por cierto que Jenkins trajo consigo los trece mil pesos, no era un hombre
rico, pero tenía la suficiente solvencia económica que le permitía moverse en el ambiente
de los altos sectores de la comunidad poblana, a la cual inmediatamente empezó a analizar.
Pronto pasó a ser bien visto por aquella parte de la sociedad enraizada en profundas
diferencias de clase y de raza, con aspiraciones aristocráticas y apego peninsular.
Durante los años 1907 y 1908, ya en la dinámica de actividades del estadunidense, se dio la
crisis cíclica en los Estados Unidos con un efecto devastador para México; por las
repercusiones de ésta, a él se le presentó la posibilidad de hacer ventajosas transacciones
con la deteriorada burguesía poblana.
El empleado ferrocarrilero, el dependiente textil y el comerciante de maquinaria agrícola,
mercería, ropa y otros bienes, asumió su nueva condición de empresario con la ventaja de

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haber sido asalariado, y por lo tanto, saber en sí mismo de la mentalidad de la clase


trabajadora. Además, era conocedor del amplio territorio aledaño a la ciudad, de las
condiciones socioeconómicas del país, de la posición al respecto de los Estados Unidos, y
de los gustos y debilidades de la aristocracia poblana.
Con estas ventajas arriba mencionadas, de ser vendedor de fuerza de trabajo pasó a ser
comprador de la misma, como todo buen capitalista.
Hasta aquí tenemos cuatro posibles causas del origen de su fortuna, sin considerar el ahorro
de su salario: la novela de Espinosa sugiere dos formas distintas (aunque no incompatibles),
el robo y la aportación de dinero por parte de su esposa; la revista Time menciona su
incursión en el comercio; y la carta enviada a Jack M Stanford en 1939, deja ver que se
dedicaba al préstamo de dinero con interés, era usurero. Cualquiera de estas posibilidades
nos indican que Jenkins se inició como empresario al estilo europeo, a partir de diferentes
maneras de acumular originariamente capital.
Sobre el robo de maquinaria y materia prima, Espinosa no presenta pruebas suficientes para
considerar el caso verdadero, aunque persiste con mayor fuerza la duda sobre el origen de
su capital. Respecto a la aportación monetaria por parte de su esposa, era del conocimiento
de los hacendados de la región del sur de Puebla que la dueña del dinero era Mary Street.
Quintín Corrales, propietario de la hacienda de Santa Lucía que posteriormente compró
Jenkins, nos dice que el dinero de la compra pertenecía a la señora Mary Streeti.
Sin embargo, es un hecho, confirmado en su carta, que el norteamericano al llegar a Puebla
se incorporó a trabajar como empleado en una industria textil, es decir, continuó con su
categoría de asalariado y más tarde se inició como capitalista al establecer una fábrica de
calcetería.
Al poco tiempo agregó otra factoría de hilados e instaló otras más en México y Querétaro:
para 1910 ya era todo un empresario que ocultaba parte de sus actividades productivas: al
decir de la revista Time, Jenkins oficialmente declaró una serie de negocios de su
propiedad, indudablemente lucrativos, pero ha encubierto sus operaciones con tanta reserva
que una mezcla de intrigas, de hechos y leyendas se han originado en torno a su edificio
imperial.
En 1910 el estado de Puebla contaba con un millón cien mil habitantes, se comunicaba a
través de cinco líneas férreas, la red telegráfica unía la mayoría de los pueblos, muchos de

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los cuales tenían contacto telefónico con sus respectivas cabeceras y capitales de distrito.
Las relaciones con la capital de la república se hacían mediante el telégrafo, el correo
ordinario y el ferrocarril (Interoceánico y Mexicano)i.
En lo que se refiere a las haciendas de Atencingo y otras aledañas, eran en su mayoría
propiedad de ricos españoles o descendientes de éstos, como los Pagaza, Díaz Rubín, De la
Hidalga, De Velazco, Conde, Mier y otros. En esta región la Ley Lerdo, aplicada en gran
medida durante el porfiriato, condujo al despojo de las antiguas tierras comunales de los
pueblos indígenas, en aras de una concentración de propiedades rurales en un reducido
núcleo de hacendadosi, quienes junto con algunos empresarios de la región gozaban de
exención de impuestos.
Recién afloraba el capitalismo en México cuando estos pueblos indígenas conocieron sus
sinsabores; desposeídos de sus tierras, y por lo tanto, de su sustento, se vieron en la
imperiosa necesidad de vender su fuerza de trabajo a precio de esclavitud. Sus tradiciones
de autonomía interna habían sobrevivido al régimen colonial, a la guerra de Independencia
y a la guerra de Reforma. En el periodo que siguió a la independencia, gracias al
debilitamiento del gobierno central, ellos mejoraron en cierta medida su situación política y
económica, pero la dictadura porfirista los arrojó a la miseria.
Las regiones más afectadas fueron las del centro y sur del país, porque en ellas el aumento
de la producción para el mercado y los nuevos ferrocarriles habían disparado el valor de la
tierra. La mayoría de las comunidades campesinas que se incorporaron a la revolución se
encontraban en esas regionesi.
Miguel Espinosa narra cómo durante esos años Jenkins conoció la región y el Ingenio de
Atencingo, propiedad de Pedro Díaz Rubín, en los recorridos que hacía como vendedor de
maquinaria agrícola norteamericana; visualizó su enorme riqueza, la mano de obra barata y
"sumisa" y desde aquel entonces se interesó en poseerla.
Es muy probable que a partir de la llegada de nuestro personaje a Puebla, éste comparó las
características de la propiedad de la tierra en el estado con las que conocía en la zona norte,
las ventajas subsidiarias que ofrecía el gobierno a los hacendados sureños, así como la
debilidad económica de éstos últimos a causa de la recesión iniciada en 1907; tomando en
cuenta estos hechos luchó perseverantemente hasta que después de unos años logró hacer
suya una vasta extensión de tierras de la región de Atencingo, además de otros lugares.

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Recién introducido en sociedad, con una buena posición económica y debido a su gran
interés por enriquecerse, buscó la manera de relacionarse con los personajes importantes de
la economía de la región. El ajedrez (así como el tenis en otros momentos) le ofreció una
buena posibilidad de conseguirlo y muy pronto ya se le veía jugar, entre otros, con el
propietario de la hacienda e ingenio de Atencingo, con quien entabló una amistosa,
duradera e interesada relacióni.
Entre 1905 y 1910 William Oscar encaminó sus actividades a establecer relaciones
amistosas con ricos industriales y latifundistas y a obtener la representación de su país en
nuestro estado. Eso le permitió conocer las condiciones económicas en el corazón
empresarial, incrementar su dinero e invertirlo en propiedades textiles y (como él mismo
relata en la carta anexa) en hacer préstamos con intereses a quienes la fortuna desfavorecía
por el eminente conflicto social. En 1910 consiguió la representación viceconsular
norteamericana en Puebla, cargo inmediatamente inferior al de cónsul que ostentaba el
señor William Chabers.
El modelo de desarrollo económico elegido para el Estado por la dictadura porfirista
marginaba a los trabajadores y a un amplio sector de las clases altas, que para frenar la
injusticia y las desigualdades impulsaban el cambio de gobierno, por lo que eran reprimidos
(cárcel, asesinatos, expulsiones del país). La dictadura se aislaba de la mayoría de la
sociedad mexicana y en el conjunto de ésta se gestaba la revolución, se vivía una encubierta
inestabilidad en la que las huelgas de trabajadores y las organizaciones independientes
sufrían violentas represalias. La mayoría de la población se ocupaba en buscar mejores
condiciones para la realización de sus ocupaciones y con ello mejorar sus niveles de vida.
En tanto, sin comprometerse con alguna de las facciones en lucha en este país que se
desangraba, no dejaba pasar la más mínima oportunidad que esta situación caótica
presentaba para hacer buenos negocios. En 1910 se inició en México la primera revolución
del siglo XX, cuando esto sucedió nuestro personaje controlaba el mercado nacional de uno
de los productos de la industria textil.

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Capítulo IV.

Un americano impasible

La sociedad mexicana en su conjunto fue afectada en su estabilidad al tiempo que se daba


la lucha por el poder, hasta conformarse las diferentes fuerzas que se enfrentarían en la
contienda armada iniciada en 1910. Puebla participó de estos sucesos que determinarían
finalmente a los grupos que llegaron a gobernar el estado. Aquí reseño las principales
corrientes revolucionarias que participaron en los hechos y cómo se desarrollaron éstas en
el territorio poblano hasta erigirse en la facción gobernante. Asimismo, analizo el papel
jugado por Jenkins en torno a lo mismo, en función de cumplir su objetivo. En su calidad
de extranjero, durante el curso de la lucha armada no tomó una posición pública al respecto,
aunque se permitió aprovechar la situación de cambio constante para enriquecerse.
En 1910, México, con dos millones de kilómetros cuadrados, tenía una población de quince
millones de habitantes, diez de los cuales vivían en la meseta central, donde la densidad
demográfica era alta y la población estaba enraizada milenariamente. El norte y la tierra
caliente del país estaban poco poblados.
El estado de Puebla se encuentra actualmente situado en la meseta central, al sureste del
Distrito Federal; consta de alrededor de 24 261.200 kilómetros cuadrados y el primera
década del siglo XX contaba con un millón cien mil habitantes. En 1910 producía tabaco,
azúcar, tenía plantas de energía eléctrica y su industria textil era la más importante.
El 84% de la población vivía en las áreas rurales, en las cuales la monopolización de la
tierra a costa de las pequeñas tenencias comunitarias había despojado a la mayoría de los
trabajadores de sus terrenos, por lo que estuvieron obligados a trabajar en las alrededor de
cuatrocientas haciendas del estado.
Por aquellos años en México los extranjeros desempeñaban un papel cada vez más
importante en la estructura económica y social. Como ciudadano estadunidense William
Oscar inició su carrera capitalista en el sur del estado de Puebla, ubicado a una altura
promedio de dos mil metros; esta zona es más cálida y seca que el resto de la entidad, y se
caracteriza por sus montañas áridas y cuencas fluviales donde la cosecha dominante es la
caña de azúcar.

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En esta región se conservaba el ideal comunitario de los indígenas campesinos ligados a su


tierra, muchos de los cuales nutrieron las filas de los combatientes revolucionarios.
Mientras, el norte de México se caracterizaba porque no había pasado por el mestizaje,
consecuencia de los permanentes combates contra los nómadas guerreros; era territorio de
grandes rebaños y minas, débilmente poblado, repartido en posesiones amplias. La zona
fronteriza de México conjuntaba una diversidad de clases y estratos sociales que también se
unieron al movimiento revolucionario.
La estructura agraria basaba su actividad en las haciendas que en el centro de México
habían surgido desde el siglo XVII; la encomienda colonial se había eclipsado y el
repartimiento forzoso de indios había conducido a la reestructuración económica y política
de sus pueblos, lo cual permitió una repartición general de recursos entre indios. Los títulos
de los indígenas conservarían su naturaleza de concesiones públicas, aunque la mayor parte
de la tierra dejó de estar bajo su posesión y su control. También se dio la propiedad privada
indígena, los pillalli y los tecuhtlalli. Los españoles respetaron en términos generales esas
pertenencias, siempre y cuando se demostrara la herencia de la posesión privada indígena
desde los tiempos anteriores a la conquistai.
En el sur de Puebla, durante el porfiriato, los hacendados privaron a los campesinos de sus
tenencias. Cada hacendado adquirió un grupo de peones (acasillados), obligados a vivir y a
trabajar en la hacienda, forzándoles a largas jornadas y a respetar ciertas costumbres, como
la de cantar una copla religiosa en honor del santo del patrón antes de iniciar las labores de
cada día. Los peones desobedientes o rebeldes eran inmediatamente consignados al ejército
o a duros trabajos de construcción para el gobierno en Valle Nacional, Oaxaca.
El ingenio de Atencingo, en el municipio de Chietla, tenía el trapiche más grande de la
regióni, fue construido durante la Colonia y fue el primero del actual estado de Puebla. Se
incorporó a la producción agroindustrial propia de la modernización implementada por el
régimen dictatorial.
La aplicación de la Ley Lerdo en el porfiriato condujo al despojo de las etnias indígenas en
aras de una concentración de propiedades rurales entre un reducido núcleo de hacendados i,
quienes además gozaban de exención de impuestos. Los indígenas se incorporaron a la
producción agroindustrial.
Los hacendados contaban con el apoyo del gobierno federal contra cualquier disturbio serio

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en sus dominios. Muchos de ellos ejercían importante influencia económica dentro del
estado y algunos desempeñaban altos cargos políticos. Acumulaban grandes fortunas al
tiempo que en los campesinos (despojados de sus tierras) y en los pequeños propietarios
crecían fuertes deseos de cambiar la situación.
Porfirio Díaz, ya lo dijimos, en el esfuerzo de modernizar la economía, cerró filas con los
hacendados locales, quienes sometieron políticamente a los pueblos; el despojo se dio
principalmente en el centro y sur del país, porque allí el aumento de la producción para el
mercado y los nuevos ferrocarriles habían disparado el valor de la tierra. También fue allí
donde la mayoría de las comunidades campesinas se incorporaron a la revolucióni.
No obstante, la crisis económica de 1907 hizo bajar las utilidades de los terratenientes y el
porfiriato dejó de garantizarles su continuidad en la élite de la sociedad, así como el alto
nivel de vida al que estaban acostumbrados, debido a las deudas y a la disminución de su
solvencia económica. En la zona una gran parte de los terratenientes no resistió los efectos
modernizadores. Tanto los hacendados, como campesinos e indígenas de la región,
precisaban innovar la dirección de la sociedad.
El modelo de desarrollo económico elegido por el régimen porfirista solo garantizaba el
bienestar económico a un puñado de privilegiados y marginaba a los trabajadores y a un
amplio porcentaje de las clases altas. En dichos sectores, con el fin de frenar la injusticia y
las desigualdades, se impulsaba el cambio en el gobierno.
El dictador también tuvo que enfrentar la presión de Estados Unidos; hizo frente a su
hostilidad porque supuestamente encarnaba el nacionalismo y porque el grupo dominante
de los "científicos" impulsaba una política económica favorable a Europa, sobre todo
después de 1900. En 1910, aunque el porfirismo daba la preferencia a los inversionistas de
Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, los estadunidenses poseían cerca de 40 por
ciento de las inversiones extranjeras.
Una de las características de la primera década de nuestro siglo era que numerosos
extranjeros radicaban en territorio mexicano, entre ellos se cuentan siete mil quinientos
estadunidenses, en su mayoría ferrocarrileros y petroleros. En ese año Jenkins obtuvo la
representación del viceconsulado de su país en nuestro estado y sus negocios se
encontraban en auge; él sabía de los intereses de sus compatriotas en México y acariciaba la
idea de ser parte de los grandes inversionistas.

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La dictadura porfirista había estabilizado al país después de casi un siglo de guerras; ésta
siguió el camino de la modernización con base en la revolución industrial que acentuó la
polarización entre las diferentes clases y grupos sociales. La enorme desigualdad entre las
clases trabajadoras y los propietarios del campo, la industria y el comercio fue el punto de
partida del movimiento revolucionario que en 1908 se preparaba para propiciar el cambio
en el poder político de México. Ese año, Díaz concedió una entrevista al periodista
norteamericano James Creelman, en la que afirma que el pueblo mexicano estaba apto para
la democracia y daba luz verde para la conformación de partidos políticos que contendieran
en las elecciones.
Es evidente que Díaz tenía una apreciación acertada sobre la necesidad de abrir la
intervención política de otros sectores de la población, pero no estaba dispuesto a ceder el
mando. Además, los intereses de los grupos en el poder actuaron en función de evitar una
posible apertura, puesto que una participación más amplia en las decisiones estatales
disminuiría sus privilegios.
Dos años después se viviría una nueva reelección del dictador. No obstante, la falaz
declaración periodística dio margen a la organización de diferentes partidos políticos para
contender en las elecciones presidenciales. Entre los participantes del norte encontramos
una clase media insatisfecha que resentía estar excluida del poder y tener escasa
intervención en el auge económico mexicano.
Fueron los años en los que en Nuevo León surgió el movimiento reyista, aglutinado en el
Partido Democrático, encabezado por el cacique Bernardo Reyes, general porfirista y
gobernador del estado que deseaba ocupar el lugar del dictador. Enfrentado a "los
científicos" en la lucha por la sucesión presidencial, él era un profundo conocedor de la
situación socio-política y económica de México. Hacia fines de 1909 se había fortalecido
en varias ciudades y se autopropuso ante Díaz para la vicepresidencia en la fórmula
electoral de 1910.
Bernardo Reyes estaba de acuerdo con las formas de gobernar del porfirismo, de las cuales
era partícipe, aunque tenía diferencias con el grupo de "los científicos". Él era parte de la
oligarquía y no tenía intención de cambiar el sistema, solo deseaba la presidencia de la
república. Llegó a contar con una importante fuerza, que de haber llegado al poder, hubiera
oxigenado al régimen y prolongado el tiempo de su caída.

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Díaz por su parte, con su proceder maquiavélico sabía con anterioridad que Reyes y José
Ives Limantaur (líder de "los científicos") ambicionaban sucederlo cuando todavía se sentía
capaz de permanecer en el cargo y procedió a enfrentarlos entre sí, para quedar él mismo
como el hombre fuerte y el único capaz de gobernar. Con esas medidas consiguió que las
elecciones de 1910 fueran a su medida; él necesitaba en la vicepresidencia a una persona
incondicional y totalmente de acuerdo con sus intereses, por lo que propuso a Ramón
Corral. Bernardo Reyes, en cambio, de llegar a ocupar ese puesto, hubiera dirigido sus
esfuerzos a lograr su propio cometido, utilizaría su posición para satisfacer sus
conveniencias y haría de lado las aspiraciones del dictador. Sin embargo, su exclusión en la
fórmula electoral como vicepresidente ocasionó una profunda división entre los partidarios
del régimen dictatorial.
En 1909 la fuerza del reyismo era contundente, pero el general conocía la furia popular que
despertaría una confrontación con Díaz, misma que pondría en riesgo el sistema con el que
concordaba. Por ello, ante la invitación del dictador a realizar estudios militares en Francia
y a olvidarse de la elección, no tuvo otra alternativa que salir del país.
Al frustrarse el deseo de los reyistas de llevar a su líder al poder, gran parte de ellos decidió
apoyar el movimiento maderista que se formaba al mismo tiempo, organizado bajo las
siglas del Partido Antirreleccionista y cuyo programa proponía cambios más profundos.
Francisco I. Madero se destacaba como el dirigente aglutinador de diferentes sectores de la
sociedad en contra de la dictadura; él provenía de una de las familias más ricas del norte del
paísi. Su familia se oponía activamente al dominio de Estados Unidos, país que intentaba
monopolizar la productividad agrícola e industrial de México.
Los estadunidenses, entre otras cosas, habían introducido la industrialización del caucho en
la región y aspiraban a tener el monopolio de la mismai. Los Madero, por su parte,
producían un sustituto de ese producto, el guayule, sin participación de los vecinos del
norte.
Alrededor de esta familia se fue formando una importante fuerza opositora a la dominación
de estadunidenses. Francisco I. Madero, al regresar de sus estudios de administración en los
Estados Unidos, se unió a su padre en contra de los monopolios norteamericanos, al tiempo
que aplicaba métodos novedosos para el desarrollo de sus propiedades: utilizaba
maquinaria moderna y pagaba los mejores salarios en el campo; implantó servicios médicos

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gratuitos que abarcaban a los trabajadores permanentes y eventuales, de quienes él mismo


era su médico de cabecera, y en general, mejoró las condiciones de trabajo y de vida de sus
asalariados. Él consideraba que el desarrollo capitalista del país podía realizarse con mucho
menor sufrimiento por parte del pueblo mexicano.
Su inquietud política lo llevó a formar, en 1903, el Club Democrático Benito Juárez, a
través del cual inició su actividad electoral con fin de abrir paso a la democracia en México.
En Cohahuila, su estado natal, se conocía su postura ante el capital estadunidense y su
proceder humanista con los trabajadores, así como su oposición al régimen de Díaz, lo cual
se propagaba en la región norteña. Esas fueron algunas de las razones por las que en
diciembre de 1908, cuando publicó su libro La sucesión presidencial de 1910, tuvo gran
aceptación por parte del pueblo mexicano. Un año más tarde Madero, el rico hacendado
agroindustrial, médico homeópata y político, era digno representante de las clases media,
acomodada y alta con deseos de acceder al poder, posibilidad que les estaba vedada en el
porfirismo, Ese año, él ya era una figura nacional y su prestigio llevó al Partido
Antirreleccionista, surgido de los clubes del mismo nombre, a postularlo como candidato a
la presidencia de la República en 1909i. Al principio, el gobierno vio en la nueva
organización un contrapeso del reyismo, así como un factor de división de la oposición, con
lo cual dejó prosperar su candidatura sin siquiera imaginarse las dimensiones que obtendría
su fuerza.
En La sucesión presidencial de 1910, Madero afirmaba que los problemas fundamentales
de México eran el absolutismo y el poder de un hombre sin apego a las leyes. Propuso la
introducción de la democracia parlamentaria como solución, un sistema de elecciones
libres, libertad de sufragio, la no reelección de altos funcionarios públicos, la independencia
de la prensa y tribunales capaces de transformar al país en un estado democrático moderno.
Asimismo, expuso su crítica al sistema porfirista y se pronunció en contra de las
concesiones excesivas a los extranjeros. Reprocha a Díaz su blandura con los Estados
Unidos. Sus postulados enarbolaban un cambio total en la estructura política del país, para
un mejor desarrollo capitalista. Su opinión sobre la problemática industrial era clara, en el
sentido de buscar una mejora material para la clase obrera y los trabajadores. Sin embargo,
apenas tocó el tema social y no se refirió a la reforma agraria, además, alababa las
cualidades personales del dictador, tal vez en función de no frustrar la divulgación del

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documento y porque Díaz como persona gozaba de una amplia reputación entre las clases
privilegiadasi.
Ese texto fue la primera publicación permitida por el Estado en que se ataca abiertamente al
sistema político, tuvo una amplia difusión y su objetivo principal fue el llamamiento a la
formación de un nuevo partido antirreeleccionista. De suyo despertó gran interés entre la
población, que sumado al tesón y a los poderes de persuasión de su autor, y sobre todo al
gran descontento contra la dictadura, facilitaron la creación del Centro Antirreeleccionista
de México, en mayo de 1909.
Francisco I. Madero, unido a otros dirigentes revolucionarios, difundieron sus postulados
políticos al resto del país. En Puebla, por ejemplo, el 19 de julio del mismo año se fundó el
Club Luz y Progreso, cuyo presidente fue Aquiles Serdán, quien se dio a la tarea de hacer
crecer rápidamente el movimiento revolucionario. Con los esfuerzos de Serdán y los demás
maderistas poblanos se logró fundar noventa clubes en el estadoi.
Otra importante fuerza opositora a la dictadura era el magonismo, del cual hemos escrito
arriba. Tanto en lo político como en las formas de lucha que se llevaron a cabo, el
anarquismo magonista fue el verdadero iniciador de la revolución mexicana; su
participación fue determinante en la contienda.
Magonismo y maderismo eran diferentes a los maderistas en lo político y en lo ideológico.
Las páginas de Regeneración de 1907 muestran que el antirreeleccionismo dejaba de lado
las principales reivindicaciones sociales y se orientaba hacia un simple cambio en el
gobierno. El Partido Liberal analizaba en su órgano informativo los intereses y la política
de un grupo de la burguesía y de terratenientes más o menos modernos que había entrado
en conflicto con el sector hegemónico de "los científicos" y aspiraba a tomar el aparato del
Estado, o por lo menos, compartirlo. Consideraba que Madero no se proponía ninguna
alteración profunda de la estructura social, por lo que posiblemente llegaría a conciliar
intereses y lograría reformas hechas desde arriba, sin la participación popular.
En 1910, unos días antes del levantamiento maderista, la dirección magonista envió una
circular donde establecía las demandas del Partido Liberal: libertad política, libertad
económica por medio de la entrega al pueblo de las tierras que detentan grandes
terratenientes, el alza de los salarios y la disminución de las horas de trabajo; en
discrepancia con el Partido Antirreeleccionista que solo quería la libertad política, sin tocar

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a los latifundistas y sin cambiar sustancialmente la situación de los trabajadoresi.


En la sociedad mexicana se gestaba la revolución mientras se vivía una aparente estabilidad
en la que las huelgas de trabajadores eran masacradas, las organizaciones independientes
sufrían violentas represalias y sus dirigentes eran encarcelados, exiliados o asesinados.
Durante esta gestación los mexicanos arriesgaban sus posiciones sociales y sus vidas en
aras de un cambio que a la postre los podría beneficiar, a la vez que William Oscar Jenkins
estuvo ocupado en la compra de propiedades industriales y agrícolas a los dueños en
quiebra, lo que le permitió un rápido enriquecimiento.
El primer centenario de nuestra independencia se conmemoró en 1910, para ello se dieron
una serie de festejos en todo el país que denostaron una falsa solidez del régimen ante
nacionales y extranjeros. Por ejemplo, el historiador Manuel Cosío Villegas recuerda que
las fiestas septembrinas los había hecho palpar la consagración universal de Porfirio Díaz; y
el ministro alemán en México, Karl Bünz, escribió a su gobierno: "Considero, al igual que
la prensa y la opinión pública, que una revolución general está fuera de toda posibilidad"i.
Empero, ese año Madero recorrió el territorio nacional en su campaña por la presidencia y
fue positivamente acogido por la población: en Guadalajara lo recibieron 10 000 personas,
un número similar en Monterrey, en el Distrito federal más de 50 000 y en Puebla, se
calculan más 25 mil, en esta ciudad participaron múltiples sectores sociales, entre los que se
cuentan obreros, estudiantes, comerciantes, empleados del gobierno, eclesiásticos
convencidos de que Madero pugnaba por la "libertad de enseñanza", amas de casa y
mujeres acomodadasi.
Porfirio Díaz al percatarse e la creciente fuerza del maderismo tomó medidas drásticas
contra el movimiento e intensificó la persecución: Madero fue aprehendido el 13 de julio en
Monterrey y llevado a la cárcel de San Luis Potosí. En Puebla, el dirigente Aquiles Serdán
fue aprehendido en los primeros días de octubre.
La elección presidencial de 1910 en este estado fue presidida por el gobierno de Mucio P.
Martínez, personaje ampliamente conocido como corrupto y asesinoi. En ella se vieron todo
tipo de fraudes; y el triunfador fue el dictador Díazi.
Porfirio Díaz, nuevamente en el poder, se consideraba lo suficientemente fuerte para
consolidar su postura. Contrariamente, el 5 de octubre, Madero huyó de San Luis (ciudad
que tenía por cárcel después de conseguir su libertad bajo fianza) a San Antonio Texas,

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desde donde hizo un llamado de rebelión a los mexicanos. Él, junto con Juan Sánchez
Azcona, Federico González, Roque Estrada, Enrique Bordes y Ernesto Fernández Arteaga
redactaron el Plan de San Luis Potosí, fechado el día mencionado.i
Este plan refleja las aspiraciones de la burguesía opositora a Díaz, de la cual formaba parte
Madero, quien al decir de Womack, no era revolucionario, pero sí subversivo; y llenó de
ánimos y esperanzas a los pobres de México con sus propuestas de ampliación del poder
político, introducción de la democracia parlamentaria y limitación de los derechos de los
extranjeros. El documento adolece de interés sobre las cuestiones sociales, aunque a
diferencia del libro anterior de Madero, el artículo tercero plantea la restitución de las
tierras comunales a sus antiguos propietariosi.
La afiliación del movimiento campesino morelense y del sur de Puebla a la causa maderista
fue, sobre todo, por la esperanza de recuperar sus tierras.
En el plan se declara depuesto a Díaz y Madero se autonombra presidente provisional de
México, se enarbola el principio de no-reelección presidencial y del sufragio libre y secreto.
Destaca el llamamiento a la rebelión.
Ahora bien, las fuerzas maderistas planearon el levantamiento armado para el 20 de
noviembre de 1910, y en la tercera de las siete zonas en las que dividió al país, en la que se
encuentra Puebla, Madero nombró jefe de la revolución a Aquiles Serdán dirigente de gran
capacidad, de formación anarquista influenciado por los postulados magonistas.
Su actividad política se enfocaba primordialmente al convencimiento de los obreros,
artesanos y estudiantes progresistasi, es decir, estaba ligado a la clase obrera y a sectores de
intelectuales y trabajadores. Asimismo, por su convicción revolucionaria entraba en
constante contradicción con sectores de la clase media de la región que también
participaban en la insurgencia porque querían acceder al poder.
El 13 de noviembre, en el cumplimiento de su cargo, Serdán reunió a un gran número de
conspiradores, militantes de los diversos clubes, con el fin de ultimar los detalles del día 20.
Los revolucionarios se proponían estratégicamente tomar la ciudad y tenían todo preparado;
sin embargo, el gobierno encontró correspondencia que contenía los planes de la
conspiración en Puebla y capturó a dos líderes con documentos sobre las rebeliones de
Puebla, Veracruz y Tlaxcala.
El gobernador Mucio P. Martínez ordenó atacar la casa de la familia Serdán para frustrar el

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levantamiento dos días antes de la fecha acordada para la insurrección. La familia Serdán y
un puñado de revolucionarios repelieron el ataque, pero fueron derrotados por la policía,
con el consecuente asesinato de Máximo y Aquiles Serdán; otros combatientes también
resultaron muertos y Carmen Serdán, Filomena del Valle y Carmen Alatriste (hermana,
esposa y madre de Aquiles) fueron encarceladas hasta el 4 de mayo de 1911i.
La revolución había estallado el 18 de noviembre de 1910 en Puebla y Chihuahua y no
obstante la fuerte represión sufrida por los revolucionarios poblanos, lejos de amedrentar a
la población, exacerbó los ánimos en el conjunto del territorio mexicano. El levantamiento
en el ámbito nacional estalló poco después, se expandió por todo el país y ya no fue posible
aplastarlo.
Al ser asesinados los hermanos Serdán y demás dirigentes de su corriente el 18 de
noviembre de 1910, los líderes de la clase media cercanos a Madero, tomaron el mando del
movimiento. De esta manera el carácter radical de la lucha revolucionaria en el estado de
Puebla, con excepción del zapatismo, se transformó en mera pelea por el poder con fines
reformistas.
El estallido del movimiento armado impulsó a los hacendados afectados desde la crisis
económica de 1907 a defender sus patrimonios ante el conflicto. Entre otras cosas, en el sur
de Puebla, insurgentes locales y fuerzas zapatistas incendiaron los trapiches, saquearon las
haciendas e hicieron huir a una parte de los terratenientes; el resto, se definió ante la
disyuntiva de apoyar a los rebeldes con medios materiales o ser expropiados por los
mismos y perderlo todo.
La violencia desatada por la insurrección armada indujo a muchos terratenientes a huir al
extranjero o a otras ciudades del país, como la de México. Con el fin de evadir la realidad
de la época, dejaron caer la economía y la productividad de sus haciendas más allá de lo
obligado por la contienda. A los pocos años, cuando regresaron a sus propiedades, no
tuvieron capacidad económica para salvarlas y éstas cambiaron de propietarios.
En cuanto a la revolución iniciada en noviembre de 1910, se sucedieron una serie de
batallas de las que resultaron triunfadores los grupos revolucionarios unidos. En 1911 se
firmó el Tratado de Ciudad Juárez entre el gobierno de Díaz y los maderistas. En éste se
reconocen las renuncias de Porfirio Díaz y Ramón Corral a la presidencia y
vicepresidencia, respectivamente; se otorga el cargo de presidente interino al porfirista

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León de la Barra, quien asumió el mando el 26 de mayo; y se acuerda el licenciamiento de


las tropas revolucionarias, que Emiliano Zapata y Francisco Villa no acataron.
El tratado de Ciudad Juárez y el exilio de Porfirio Díaz el 25 de mayo de 1911, concluyeron
la primera etapa bélica de la revolución mexicanai. Sin embargo, a pesar de la gran fuerza
del movimiento revolucionario, la sustitución de Díaz se hizo conforme al viejo régimen de
derecho. Con la firma del tratado, Francisco I. Madero legitimó la estructura social de la
dictadura, entró en arreglos con la oligarquía con el fin de lograr la paz necesaria para la
inversión de capital nacional y extranjero. Estos objetivos fueron los que lo llevaron a tratar
de desmovilizar al campesinado comandado en el norte por Pancho Villa y Pascual Orozco
y, en el sur por Zapata.
Como era de esperarse, la presidencia interina del porfirista León de la Barra (del 26 de
mayo al 5 de noviembre de 1911) se distinguió por su continuidad represiva contra las
fuerzas revolucionarias, política asumida con la pasividad e incluso la justificación de
Madero.
Estas actitudes presagiaron que las anunciadas reformas a la Constitución de 1857
expresadas en el Plan de San Luis Potosí, el Programa de Gobierno de la Asamblea
Nacional Antirreeleccionista y la Ley Electoral, donde se proclamaba la restitución de las
tierras a sus antiguos propietarios, la libertad de enseñanza y de opinión, la mejoría material
e intelectual del empleado, del obrero y del indígena en general, y la democracia política,
no se llevaron a cabo a pesar de la renuncia de Porfirio Díaz.
En las elecciones del primero y el 15 de octubre de 1911 triunfó la fórmula de Francisco I.
Madero y José María Pino Suárez, candidatos del Partido Constitucional Progresista;
fueron electos presidente y vicepresidente constitucionales a partir del 6 de noviembre del
mismo año y fueron despojados de sus cargos por un golpe de Estado el 19 de febrero de
1913.
En el tiempo que se mantuvo en el mando Francisco I. Madero, ejerció éste como los
anarquistas habían anunciado. Fue víctima de su propia política y de la traición de antiguos
porfiristas que colaboraban con él, con la oculta intención de retomar el poder total.
Demostró su convencimiento de gobernar en conciliación con los grupos dominantes; se
enfrentó a los diversos contingentes de tropas revolucionarios como los de Emiliano
Zapata, Francisco Villa y Pascual Orozco, que esperaban se hicieran transformaciones de

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tipo social. A ellos los combatió con las armas bajo el mando de antiguos militares de la
dictadura. Con el fin de derrotar a Zapata envió al general Victoriano Huerta, quien en
menos de un año encabezaría el golpe de Estado y gobernaría México.
Madero llegó a la presidencia debilitado internamente porque la actitud de buena parte de
los rebeldes al porfirismo rebasaba sus posiciones, como lo demuestra el Plan Político
Social, proclamado poco antes de su mandato, en los estados de Guerrero, Michoacán,
Tlaxcala, Campeche, Puebla y el Distrito Federal, y las acciones armadas de los
floresmagonistas Benito Ibarra, José Inés Salazar, Praxedis Guerrero y Francisco Manrique
en el norte de la república. Ambos grupos actuaban en el mismo sentido que Zapata en el
sur, es decir, en cumplimiento de las demandas populares.
El 2 de noviembre de 1911 fue promulgado el Plan de Ayala por Emiliano Zapata, los
generales, coroneles y capitanes del Ejército Insurgente; en el desconocen a Madero como
Jefe de la Revolución, proponen una reforma agraria y se constituyen en Junta
Revolucionaria.
En el documento se acusa a Madero por tratar de
eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de San
Luis Potosí... nulificando, persiguiendo, encarcelando o matando a los elementos
revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de Presidente de la
República.

Lo culpan, además, de condenar a una guerra de exterminio a los pueblos que le piden,
solicitan o exigen el cumplimiento de las promesas de la revolución.
Ante la continuación de la deplorable situación en el cambio, la nulidad de cambios en la
cuestión agraria, continuó el movimiento campesino, sobre todo las fuerzas zapatistas en
Morelos y el sur de Puebla, y por parte de Villa y Orozco en el norte del país. La mejoría
material de los trabajadores del campo (70% de la población que en enero de 1911 se
calculaba en 15 160 369 habitantes), obreros y demás asalariados hubiera afectado a los
hacendados y demás ricos, con los que Madero negoció su ascenso al poder, objeto
fundamental de su lucha.
Como el presidente Madero no cumplió lo pactado, la Junta Revolucionaria de Morelos
hizo el primer reparto de tierras en la república en abril de 1912, las cuales fueron

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restituidas al pueblo de Ixcamilpa, Morelos. La respuesta de las tropas federales fue la


masacre de zapatistas en Puebla, el 12 de julio de ese mismo añoi.
Francisco I. Madero era consciente de la merma de su fuerza al tomar dicha actitud contra
el campesinado levantado en armas; por ello, mientras golpeaba a los trabajadores rurales,
concedía algunos derechos a los obreros, con el fin de aplacarlos. El 15 de julio de ese año
se fundó la Casa del Obrero, de ideario anarcosindicalista, influenciada por el magonismo;
y en breve se aprobaron la jornada de diez horas y la abolición de las multas, lo que no
implicaba dejar de reprimir huelgas y expulsar del país a pensadores progresistas como el
colombiano Juan Francisco Moncaleano, fundador del periódico Luz, órgano de la Casa del
Obrero.
El presidente había apostado a la negociación con los miembros de la oligarquía y había
abandonado los postulados por los que se habían unido los destacamentos revolucionarios;
no obstante, no era grato al gobierno de los Estados Unidos y sus viejos enemigos
porfiristas también preparaban las condiciones para apoderarse nuevamente de la
presidencia. El pueblo, comandado por los diferentes dirigentes revolucionarios, se
encontraba en franca rebeldía y quería hacer cumplir lo estipulado en el Plan de San Luis,
el cual, de llevarse a cabo, rompería los frágiles lazos establecidos con la oligarquía.
Además, el imperialismo estadunidense, en velado intervencionismo, trataba de imponer a
un gobernante acorde con sus intereses.
El 9 de febrero de 1913 los generales Bernardo Reyes, Manuel Mondragón y el sobrino del
dictador, Félix Díaz, realizaron el golpe de Estado que inició la Decena Trágica; Reyes
murió ese mismo día frente al Palacio Nacional, defendido por las tropas leales a la
presidencia, los otros dos golpistas se refugiaron en La Ciudadela. El 18 de febrero, el
recién nombrado (11 de febrero) general en jefe de las fuerzas del gobierno, Victoriano
Huerta, traicionó a Madero y se unió a los golpistas; el presidente y el vicepresidente Pino
Suárez fueron apresados al día siguiente.
Fueron diez días de agresión militar contra la población de la Ciudad de México, tuvieron
como saldo el asesinato de Gustavo Madero (9 de febrero), Francisco I. Madero y José
María Pino Suárez (22 de febrero), así como el derramamiento de sangre que
desencadenaría nuevamente la lucha armada hasta 1920.
El 19 de febrero de 1913 la Cámara de Diputados aceptó las renuncias de Madero y Pino

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Suárez y nombró presidente interino a Pedro Lascuráin, hasta ese momento secretario de
Relaciones Exteriores; éste a su vez nombró a Victoriano Huerta secretario de Gobernación
y media hora después renunció a la presidencia, ocupada por Huerta hasta su derrota en
julio de 1914, en la cual tomó parte activa el gobierno de Estados Unidos.
Contrariamente a lo narrado por la historia oficial. Desde el principio de su mandato fue
hostil a la subordinación norteamericana por sus simpatías con Alemania. Por este motivo y
porque Madero no había cumplido lo planteado en el Plan de San Luis, una parte de los
jefes revolucionarios como Pascual Orozco, le dieron su apoyo. En su régimen, La Casa
del Obrero se transformó en La Casa del Obrero Mundial, que pronto, por la represión, se
vio obligada a dejar de funcionar.
Apenas iniciado el golpe, Carranza encabezó el Plan de Guadalupe, firmado el 26 de marzo
de 1913 en Guadalupe, Cohahuila, en el que se desconoció al gobierno de Huerta, los
poderes legislativo y judicial y los gobiernos de los estados que no se unieran a la rebelión.
Allí se formó el Ejército Constitucionalista al mando del mismo y fue inmediatamente
apoyado por Álvaro Obregón, Benjamín Hill y Plutarco Elías Calles; Francisco Villa y José
María Maytorena (dirigente sinaloense) se lanzaron contra Huerta en forma independiente,
aunque posteriormente se adhirieron al constitucionalismoi.
Victoriano Huerta fue el encargado de reprimir al zapatismo durante el gobierno de
Madero. Cuando usurpó el poder, bajo la premisa de la confrontación maderista contra el
movimiento campesino, trató de conseguir el apoyo de Zapata, quien le rechazó
contundentemente en su respuesta del 11 de abril de 1913, en la que le recriminó su traición
a la revolucióni. Los zapatistas repelieron la agresión huertista; Zapata desconoció a Huerta
y se dio a la tarea de combatirlo por las armas.
Como consecuencia del conflicto social de 1913 se originó la fuerte crisis del sistema
bancario mexicano que obligó al gobierno huertista a rechazar el ajuste al patrón oro. El
tipo de cambio del peso mexicano en el mercado mundial descendió bruscamente, por lo
que la dictadura tuvo que enfrentar una crisis económica. William Oscar Jenkins tenía
reservas en dólares y en el cambio obtuvo excelentes ganancias. Además, a falta de bancos
aumentó su clientela de dinero a rédito ( ver Anexo 1)
La derrota del huertismo se hizo evidente cuando las fuerzas de Álvaro Obregón entraron a
la Ciudad de México a mediados de agosto de 1914. Tras él llegó Venustiano Carranza,

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quien organizó de inmediato el nuevo gobierno conforme a lo previsto tanto en el Plan de


Guadalupe como en el Pacto de Teoloyucan. Uno de los factores que contribuyeron a la
derrota de Huerta fue el rechazo de Estados Unidos a su gobierno. El presidente Woodrow
Wilson embargó la exportación de armas a México y le advirtió que suspendería toda ayuda
presionándolo a renunciar. El mandatario estadunidense no cejaba en su interés de influir en
el siguiente jefe del ejecutivo mexicano, puesto que Huerta no cubría el requisito de
sumisión para ser aceptado y presuntamente simpatizaba con Alemania en el conflicto
internacional. Además, en vista que la lucha de la oposición contra el usurpador se
desplegaba vencedora por todo el territorio mexicano, el gobierno estadunidense intervino
en aras de acelerarla y de apoyar al caudillo más apropiado para sus intereses. El 21 de abril
de 1914 la marina estadunidense ocupó beligerantemente el puerto de Veracruz, con el
pretexto de impedir que un barco alemán descargara armas para Huerta.
Por su parte el dictador no tuvo capacidad de repeler la ofensiva antigolpista ni de
conseguir una alianza bien cimentada con los enemigos europeos de los norteamericanos.
Seriamente debilitado, presentó su renuncia el 15 de julio de 1914.
Ese año se caracterizó por la unidad de las fuerzas revolucionarias en contra de la dictadura
de Victoriano Huerta, el divisionismo del as mismas ante la jefatura del país y el apoyo del
gobierno estadunidense a los carrancistas, quienes finalmente obtuvieron el triunfo de la
contienda armada. Cabe recordar que esta fuerza fue la heredera del maderismo en cuanto a
los interese de poder de las clases altas cuyo acceso estaba negado durante el régimen de
Díazi.
Villa y Zapata no se sometieron a Carranza, la Convención de Aguascalientes, realizada del
10 de octubre al 13 de noviembre, destituyó a este último como Jefe del Ejecutivo y
nombró a Eulalio Gutiérrez presidente provisional, quien tomó posesión el 6 de noviembre.
Desde el inicio de la confrontación contra la dictadura, las fuerzas revolucionarias aliadas
reflejaban su coyuntural unión y su pronta división en la contienda por el poder. Wilson
tenía que decidir entre los dirigentes de primera línea que se perfilaban para el mando en
México: Zapata, Villa y Carranza, y solo este último garantizaba una buena cobertura de
negociación por sus intereses monopólicos. Después de la renuncia de Huerta se endureció
la contienda para la sucesión en el mando entre Villa y Zapata, por un lado, y Carranza por
el otro. El presidente estadunidense entregó a Carranza el puerto de Veracruz; el 23 de

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noviembre de ese mismo año, su gobierno ya había decidido a quien apoyar.


Wilson conocía la situación del país a través de sus informantes connacionales, entre los
que se contaban diplomáticos de todos los niveles. Sobre la supremacía de los grupos en
pugna, cada uno de los comunicadores tenía sus apreciaciones personales, según sus
conocimientos y su ubicación territorial. Jenkins, por su lado, había entablado relaciones
con los antiguos hacendados del porfirismo, los nuevos jefes surgidos del maderismo y con
actores del movimiento campesino zapatista, con quienes compartía la interpretación
triunfalista y veía en puerta el fracaso de sus enemigos constitucionalistasi. Zapata y
Jenkins se entrevistaban a través del Dr. Sergio B. Guzmán.
El vicecónsul de los Estados Unidos en Puebla tenía un amplio conocimiento de los
problemas del estado, así como de las relaciones entre los gobernantes mexicanos y su país.
Como parte de sus labores diplomáticas informaba de la situación mexicana a su gobierno,
sobre todo, de los estados de Morelos y Puebla, influenciados fuertemente por el zapatismo.
A pesar de ostentar un cargo de carácter honorario, los diplomáticos que prestaban este tipo
de servicio recibían regalías de diferentes formas, además de entablar relaciones con los
personajes políticos de su país, que con el tiempo a él le redituarían ventajas sobre sus
competidores en las ramas económicas a las que se dedicaba. Por otro lado, la caída del
peso mexicano en 1913, le permitió multiplicar su capital por medio de inversiones en
préstamos hipotecarios y la compra de bienes raíces e industrias en Puebla y otros estados
(Anexo 1) y sobre todo en pagos por las adhesiones a sus actividades ilícitas no declaradas
que finalmente, como veremos adelante, serían las que más utilidades le dejaran.
Mientras se desarrollaba la lucha por la sucesión del poder en México, las relaciones entre
Estados Unidos y las fuerzas armadas del movimiento campesino se mantenían cordiales y
existía cooperación en algunos aspectos, como la dotación de armamento y negociaciones
que según Miguel Espinosa, David Ronfeldt, Luis Sánchez Pontón, Luis Castro y Enrique
Cordero y Torres -entre otros- también desempeñaba el vicecónsul, quien con su
amabilidad ganaba fácilmente la confianza de las personas con las que trataba en sus visitas
mercantiles en toda la zona.
Jenkins no quitaba el dedo del renglón para incursionar en el negocio más moderno y
productivo de México en esos años: la producción, industrialización y venta de la caña de
azúcar y sus derivados. En el trato con la gente se desempeñaba como un agudo analista de

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los caracteres y motivos personales. En poco tiempo intuía cuáles eran los intereses, las
posibilidades, enterezas y debilidades de sus conocidos, a quienes escogía para cada una de
las acciones que requería: protegidos, socios, cómplices, influencias políticas y enemigos,
todo con el primordial objetivo de hacer dinero.
Una parte de la región en la que Jenkins implantó su imperio azucarero corresponde al
municipio de Chietla, otra a Atencingo, donde acumuló once haciendas. También adquirió
bienes inmuebles en otros lugares de la república y del estado de Puebla, como en
Huaquechula, donde compró la hacienda de Santa Lucía, un poco antes de que el general
constitucionalista Rafael Rojas García llegara a la gubernatura en 1920.
La propietaria de la hacienda era la suegra de Rojas, Diega Huerta, quien debido a un
adeudo con el fisco temía que su yerno, el ya poderoso general carrancista, transfiriera sus
bienes a su nombre y tuvo que vender dicho predio al estadunidense, aunque aparece como
comprador su cuñado Donald Street.i
Por esos años William Oscar Jenkins, con su creciente fortuna y su incansable afán de
enriquecimiento, entabló relaciones con los hacendados de la región, algunos de ellos
ligados al zapatismo en forma de colaboradores, como Emilio Bonilla Huerta i, otros
agrupados entre las fuerzas carrancistas, como el general Rafael Rojas García, esposo de
Helena Bonilla Huerta; y por último, terratenientes que después de la derrota de Victoriano
Huerta no tomaron parte en el conflicto y temerosos de las acciones revolucionarias se
dieron a la fuga. Estos últimos, pasado el tiempo regresaron a salvar sus propiedades, a
punto de quebrar a causa de su abandono.
Entre los hacendados había quienes estudiaban o habían estudiado en el Colegio del Estado
(actualmente Universidad Autónoma de Puebla); algunos de ellos asumieron las posturas
revolucionarias, puesto que habían adquirido una cultura universal inspirada en un
humanismo que consideraba al hombre y el cultivo de todo lo humano por encima de
cualquier otro valor y, enseñaba la independencia de la razón frente a la autoridad. Otros
hacendados se acomodaron entre el grupo ganador, pero la mayoría, tuvo la necesidad de
pedir préstamos o de vender sus bienes. Los carrancistas, al triunfo del constitucionalismo,
se incorporaron al gobierno o estuvieron muy cerca de éste.
Jenkins, el estadunidense emprendedor, a diferencia de otros hombres de negocios de la
época tenía experiencia como prestamista y contaba con la capacidad económica necesaria

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para continuar con sus actividades financieras en la difícil situación económica del país
legada por la lucha armada. Esto se puede comprobar en el caso de los hacendados del sur
de Puebla. A unos les prestó dinero en efectivo bajo hipotecas, pero al no cumplir éstos los
contratos, las haciendas pasaron a sus manos. A otros simplemente les compró sus
propiedades.
La precaria situación de los hacendados, quienes se encontraban constantemente asediados
por los zapatistas y por las deudas, les obligó a vender sus propiedades rurales a precios sin
actualizar de acuerdo al tipo de cambio. Esta situación permitió al estadunidense
multiplicar su fortuna en bienes mexicanos. Muchas de las compras las hizo en papel
moneda de la época, como él mismo explica en su carta al fisco de su país. El dinero en
papel tuvo primero una circulación de acuerdo con su valor real y después se depreció hasta
descartarse definitivamente en 1916. Es necesario aclarar que ese año en Puebla, y
seguramente en el resto del país, el peso simple se estimaba, según los contratos de compra-
venta, al 10 % del peso oro nacionali.
El vicecónsul contaba con la información que le permitía caracterizar a la corriente
triunfadora del movimiento porque sabía lo que acontecía en México y orientó sus dotes
para hacer amistades en los núcleos potenciales de poder. Conocía el proceso de
industrialización de su país y tuvo la visión de la futura riqueza que representaban esas
tierras al hacerlas industrialmente productivas.
En 1913, cuando Victoriano Huerta anunció el descenso brusco del tipo de cambio del peso
mexicano en el mercado mundial, el agente consular se encontraba en una condición
financiera muy satisfactoria: sus fábricas operaban al máximo y tenía alrededor de un
millón de dólares, cuando un dólar se cambiaba por cinco pesos mexicanos (anteriormente
el cambio era de dos pesos por dólar). Inmediatamente invirtió ese dinero en bienes raíces,
cuyo precio en ningún caso llegó a la proporción con el tipo de cambio, al respecto declaró
“En algunos casos pagué precios más altos, pero nunca en proporción a la diferencia del
tipo de cambio [...] trabajando con grandes ganancias.” (Ver Anexo 1)
En 1914 el presidente Carranza requería el reconocimiento en el ámbito internacional y el
agente consular ideó aprovechar esa necesidad del gobierno a su favor. Entabló litigio
contra éste, al denunciar una confiscación de quince cargas de algodón de su propiedad. El
eminente industrial textil hizo una declaración en contra del general Villa como responsable

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del acto y reclamó al gobierno de Carranza el pago de lo confiscado. Aunque la demanda


fue desestimada "por insuficiente para determinar una justificación"i, muestra el ahínco de
Jenkins por retener sus propiedades y la aspereza con la que iniciara sus relaciones con ese
grupo en el poder.
Más tarde, también en 1914 el agente consular se vio involucrado en varios asuntos serios.
Un grupo de soldados de Carranza cayó en una emboscada fraguada por los zapatistas
frente a una de sus fábricas, La Corona. Las bajas fueron numerosas para los carrancistas,
quienes estaban convencidos que el mayor daño causado a sus hombres se debió a una
ametralladora colocada en el techo de la factoríai.
Jenkins no sería ajeno al hecho, puesto que creía en el triunfo del movimiento zapatista y
tenía tratos con algunos de sus dirigentes. Mantenía desavenencias con el carrancismo y
relaciones amistosas con algunos de los jefes zapatistas, por lo cual trabajaba en la
realización de una estrategia considerando el triunfo de Zapata, al mismo tiempo que
preparaba el terreno para actuar en el caso de ganar Carranza, alternativa más acorde con
los intereses de su país.
En realidad la relación de fuerzas en el ámbito nacional se definía a favor del gobierno de
Carranza. En 1915 la inclinación del presidente estadunidense Wilson por controlar el
proceso mexicano en favor de los intereses de los grandes monopolios de su país, se hizo
todavía más explícita al proponer a las facciones en pugna, por medio de un enviado
especial, una terna para elegir mandatario:

el señor West, enviado especial del señor Presidente Wilson, vino a México
con la misión de tratar con los Jefes de las facciones revolucionarias, para que se
escoja persona que, con el carácter de Presidente Permanente en el período
preconstitucional, ocupe dicha presidencia, proponiendo en terna a los señores
Generales Don Felipe Ángeles, Roque González Garza y Samuel Cuéllar... Además
hay que tener presente, y esto juzgando según mi humilde criterio, que no debemos
admitir en manera algunas proposiciones hechas por el señor presidente de los
Estados Unidosi.

Aunque en la terna propuesta dominan los villistas, existen evidencias de que la política de

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Wilson favorecía al interinato carrancista, sobre todo después de que su enviado especial
visitara a las facciones en pugna y el letrado poblano Luis Cabrera fuera a Washington para
expresar que la política constitucionalista no había tenido ni tendría un carácter
confiscatorio, menos tratándose de las compañías extranjeras.
En cambio, los proyectos de gobierno zapatista afectarían negativamente los intereses
estadunidenses. Aspectos sobresalientes de la Ley Agraria emanada del Consejo Ejecutivo
de la Convención de Aguascalientes, como la restitución de sus tierras a las comunidades e
individuos que conservaran sus títulos de propiedad anteriores a 1856, el derecho de las
comunidades a poseer y administrar sus tierras y la creación paralela de la pequeña
propiedad rural con suficiencia para la manutención de una familia, eran disposiciones
contrarias a las conveniencias de los caciques, los grandes terratenientes y los monopolios
de la producción agrícola, tanto de nacionales como de extranjeros.
El movimiento campesino encabezado por Zapata y Villa no respondía a las aspiraciones de
los monopolios estadunidenses, razón suficiente para brindar el apoyo a los enemigos del
mismo Carranza quien garantizaba la modernización capitalista en el campo y en la ciudad
y entre sus simpatizantes se encontraban caciques y terratenientes seguidores de Madero;
además, los miembros de su grupo no estaban dispuestos a perder su posición privilegiada
en aras de mejorar sustancialmente el nivel de vida de los campesinos. El fondo de la pugna
definía el carácter del futuro Estado mexicano, al triunfar el carrancismo llegaron al poder
miembros de las clases sociales medias y altas, cuyo principal interés era enriquecerse
individualmente. Fue a partir del triunfo constitucionalista que muchas de las grandes
fortunas iniciaron su despegue.
Las fuerzas revolucionarias avanzaban triunfantes por todo el territorio mexicano hasta que
Victoriano Huerta presentó su renuncia a la presidencia y salió del país. Su lugar fue
ocupado por Francisco S. Carbajal, secretario de Relaciones Exteriores, quien el 13 de
agosto de 1914 también abandonó el cargo y posteriormente el territorio mexicano. Ese día
se disolvieron los poderes Legislativo y Judicial y el 20 de agosto entró a México
Venustiano Carranza como jefe del Ejército Constitucionalista y asumió el poder ejecutivo.
El año de 1914 se caracterizó por la unidad de las fuerzas revolucionarias en contra de la
dictadura de Victoriano Huerta, el divisionismo de las mismas ante la jefatura del país y el
apoyo del gobierno estadunidense a los carrancistas, quienes finalmente obtuvieron el

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triunfo de la contienda armada. Cabe recordar que esta fuerza fue la heredera del
maderismo en cuanto a los intereses de poder de las clases altas cuyo acceso estaba negado
durante el régimen de Díazi.
Villa y Zapata no se sometieron a Carranza, la Convención de Aguascalientes, realizada el
10 de octubre al 13 de noviembre, destituyó a este último como Jefe del Ejecutivo y
nombró a Eulalio Gutiérrez presidente provisional, quien tomó posesión el 6 de noviembre.
Por su parte, Carranza desconoció los acuerdos de la Convención y manifestó seguir al
frente del Ejecutivo. La lucha por el poder entre las distintas facciones revolucionarias se
agudizaba cada vez más, hasta que el 19 de octubre de 1915 Estados Unidos reconoció al
gobierno de Carranza y con ello inclinó el fiel de la balanza en contra del movimiento
campesino.
Pancho Villa había sido derrotado por Álvaro Obregón en las batallas de Celaya de abril de
ese año, entre otras causas porque Estados Unidos enviaba armas y parque defectuosos a
los villistas. Desde entonces se dedicó a comandar guerrillas, pero ya no pudo recuperar su
dominio. Zapata siguió en pie de lucha y representó una oposición organizada en el sur del
país, principalmente en Morelos y Puebla; su fuerza era realmente peligrosa para los
carrancistas hasta que lograron asesinarlo el 10 de abril de 1919.
El zapatismo desde su origen ha combatido a los terratenientes. Sus demandas principales
como la recuperación de las tierras comunales y la autonomía de su administración, fueron
el motor de la revolución y no han sido saldadas hasta la fecha. El poder cambió de
personas, pero de hecho, su carácter de clase, su política y sus métodos para llevarla a cabo
solo se han modernizado.
El gobierno carrancista se distinguió por reprimir al movimiento campesino en 1915 por
medio del Ejército Constitucionalista y de los Batallones Rojos, cuando los dirigentes de la
Casa del Obrero Mundial fueron infiltrados por elementos reformistas que empujaron al
movimiento obrero hacia esa actitud. Un año más tarde, Carranza sofocó brutalmente a los
electricistas, a los tranviarios y, sobre todo, a la Federación de Sindicatos Obreros del
Distrito Federal, en su huelga iniciada el 31 de junio de ese año. Un mes después, el
primero de agosto, don Venustiano decretó pena de muerte a los huelguistas y a los demás
trabajadores que los apoyaran. Aunque no se llegaron a concretar las ejecuciones, unos
meses antes de dar inicio el Congreso Constituyente el flamante presidente de la república

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mostraba claramente para qué parte de la sociedad había tomado el poderi.


Sin embargo, para Carranza no todo andaba sobre ruedas; aunque el zapatismo y el villismo
estaban retraídos, todavía en septiembre de 1918 había una fuerte resistencia al triunfo
carrancista, sobre todo en los estados de Chihuahua, Chiapas, Tabasco, Tamaulipas y
Morelos. Además, desde 1917 comenzó a volverse evidente la irreparable escisión entre
Venustiano Carranza y el llamado Grupo Sonora, del cual formaba parte Álvaro Obregón,
astuto general con fuerza política y militar que sabía adueñarse de los elementos positivos
de las acciones constitucionalistas y enfocar hacia sus enemigos aquello que causaba
descontento. Así, los logros obreros y campesinos reflejados en la Carta Magna eran puntos
a su favor, la represión al pueblo se abonaba a Carranza.
Siete años de sangrienta guerra civil conformaban a las masas con los avances
constitucionales plasmados en la ley; empero, la realización de la misma en la vida nacional
no ha llegado a su término. El mejoramiento sustancial en la forma de vida de los indígenas
mexicanos no fue aceptada por las fuerzas triunfadoras de la revolución, México es uno de
los países donde la fuerza de trabajo es de las más baratas, y los grandes monopolios son
los que rigen la economía y la política.
Los zapatistas iniciaron su lucha para recuperar las fuentes de subsistencia de los
campesinos; no aspiraban a gobernar al conjunto del país, solo querían condiciones para
vivir dignamente y en paz, es decir, recuperar sus tierras comunales para trabajarlas
libremente, sin ataduras a quienes se las habían expropiado, por eso hicieron una
revolución:
lo único que querían era permanecer en sus pueblos y aldeas, puesto que en ellos
habían crecido y en ellos, sus antepasados, por centenas de años, vivieron y
murieron: en ese diminuto estado de Morelos del centro-sur de Méxicoi.

Al triunfo de los constitucionalistas, el villismo quedó como hueste sin bandera y el


zapatismo se acercaba a una mera guerrilla de resistencia en el interior del estado de
Morelos. El interés de Zapata por reformar la estructura de la propiedad agraria y conseguir
la emancipación económica de obreros y campesinos, que se daría paralela con la reforma
política, i no se realizaría después de la revuelta armada de la segunda década de nuestro
siglo.
La lucha zapatista abarcó las entidades sureñas del estado de Puebla y en ella participaron

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además de los campesinos, los obreros influenciados por el magonismo que no militaban en
los Batallones Rojos, estudiantes, intelectuales y algunos hacendados.
Jenkins era una persona de mucha energía y capacidad de trabajo, persistente y observador;
cuando se presentaba alguna oportunidad que le redituara ganancias, la utilizaba sin
titubeos, y si no, él trataba de sacar provecho de cada situación, tal y como apareciera.
El gobierno de Carranzai, ante la necesidad de ser reconocido por los Estados Unidos, cedía
ante algunas exigencias de dicho país; los estadunidenses como Jenkins, residentes en
México, eran los privilegiados de esta relación.
Antes de la Asamblea Constituyente de 1916-1917, Carranza ya se había consolidado en la
presidencia; sin embargo, la contienda armada continuaba. En el año de 1919 los sectores
sociales altos y medios denegados del poder durante el porfiriato, asumieron el mando y se
afianzaron como la clase política dominante, como consecuencia del debilitamiento del
movimiento campesino revolucionario, del control de la naciente clase obrera, del desgaste
del pueblo mexicano después de la prolongada guerra civil y del intervencionismo del
gobierno de los Estados Unidos, aunque en breve el mandatario y la élite política
norteamericanos se disgustarían por la postura pacifista de Carranza en la contienda
internacional y la posible aplicación de los postulados constitucionales relacionados con la
tenencia de la tierra, los derechos laborales y el recurso de amparo.
De 1913 a 1919 la situación cambiante sobre los avances de las facciones en pugna, el
conocimiento de la situación nacional y los intereses de los Estados Unidos, configuraron
condiciones propicias para hacer los excelentes negocios lucrativos en los que se involucró
el agente consular norteamericano en Puebla, William Oscar Jenkins, el que durante el auge
de la lucha revolucionaria visitaba la zona sur de nuestro estado, poblada por numerosos
revolucionarios zapatistas, conocía la posición de bancarrota de los hacendados poblanos,
de quienes obtuvo la mayor parte de sus haciendas. Nuestro personaje acumulaba
propiedades rurales y urbanas e iniciaba la modernización industrial en las mismas en un
momento crítico para México. Mientras los mexicanos se jugaban la vida para definir su
futuro, el vicecónsul obtenía ventaja de todas las partes y se enriquecía a costa de ellos.

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SEGUNDA PARTE

William Oscar Jenkins y el poder político en México

La relación entre el delinquir, el allegarse al poder político (a través de la amistad, el


compadrazgo, el juego, la corrupción y más actitudes) de Jenkins, fue la manera como él
formó y encabezó al grupo económico-político de gran dominio de la época
posrevolucionaria mexicana que se extiende hasta la fecha. Dicho trato se repite y pesa
negativamente en la conformación de la clase política y la cascada humana que de ella se
desprende en la pirámide económica y social, caracterizada por una creciente desigualdad y
la carencia de democracia.
El caso Jenkins desvela el temprano abandono de los principios inscritos en la Carta
Magna de México, enarbolados por la Revolución de 1910-1917.

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Capítulo V.

El secuestro del poder

En este capítulo se comenta lo relacionado con los hechos ocurridos a partir de la desaparición del cónsul
norteamericano William Oscar Jenkins el 19 de octubre de 1919, así como la postura del gobierno carrancista
de considerar el suceso como autosecuestro, actitud que en un primer momento influyó para agravar las
divergencias entre México y los Estados Unidos, pero finalmente, cuando Carranza tuvo evidencias de su
previa consideración y el presidente estadunidense (después de una corta enfermedad) se reincorporó al
mando político de su país, disminuyó la importancia del suceso y con ello se eliminó un pretexto para una
nueva invasión a nuestro territorio.
Al aminorar las tensiones entre los dos países, Jenkins adquirió un gran desprestigio en el ámbito nacional
debido a la publicidad de su participación en el plagio; sin embargo, a partir de entonces tuvo oportunidad de
iniciar relaciones duraderas con algunos políticos de la época, los cuales en breve se encumbrarían en la
administración del país y le servirían en su afán de llegar a ser el hombre más poderoso.
La polémica respecto a si fue secuestro o autosecuestro se ha prolongado hasta la actualidad, por lo que se
reseñó las posturas de algunos de sus biógrafos. Aunque advierto que en lo personal comparto la que muestra
su participación en el plagio y planteo que, a partir de éste, William Oscar Jenkins incursionó en la esfera
política mexicana.
En 1919, el grupo gobernante surgido de la médula del maderismo, iniciaba una profunda fisura que
terminaría con la exclusión de importantes dirigentes revolucionarios y la concentración del dominio en una
nueva agrupación que dirigió al país por más de catorce años consecutivos.
Ese año también marcó un momento de profundo debilitamiento del movimiento
revolucionario representante de las grandes masas de campesinos. Emiliano Zapata y Felipe
Ángeles, dos de sus destacados jefes, fueron asesinados por órdenes de Carranza el 10 de
abril y el 26 de noviembre respectivamente. La clase obrera iniciaba un proceso de
reorganización independiente, en el que los comunistas y los anarquistas se disputaban la
estrategia partidista a seguir para la emancipación del proletariado, mientras los reformistas
se aglutinaban en la Confederación Regional Obrera mexicana (CROM), primera central
obrera de México reconocida por el Estado, de carácter reformista, bajo la dirección de Luis
N. Morones, quien fue secretario de Estado durante los gobiernos de Obregón y Calles. El
reformismo ejerció un férreo control de la clase obrera desde el origen del gobierno
carrancista hasta 1928i, año en el que sufrió un desmoronamiento que dio origen a una
temporal desorganización del movimiento obreroi.
Durante la coyuntura electoral de finales de 1919, Carranza propuso para la presidencia a su candidato
Ignacio Bonillas y otras fuerzas de su antigua corriente presentaron a Álvaro Obregón.
El proceso relativamente pacífico de la campaña electoral fue interrumpido a principios de 1920 cuando
Carranza, consciente de la incapacidad de su candidato para obtener el triunfo, decidió aplicar medidas
represivas, sobre todo al gobierno del estado de Sonora, encabezado por Adolfo de la Huerta.

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En esta dinámica Carranza acusó a destacados obregonistas de realizar actividades subversivas contra su
gobierno y los encarceló. En abril ordenó a Obregón regresar de su campaña para rendir testimonios sobre el
brote rebelde, con el fin de encarcelarlo y anular su candidatura. En respuesta a las medidas represivas, el día
11 de ese mismo mes se produjo la ruptura entre el gobierno carrancista y la mayoría de las fuerzas
constitucionalistas; el gobernador de Sonora desconoció la autoridad de Carranza, adhiriéndose a esta
posición los gobiernos de Zacatecas y Michoacán. Obregón huyó de la capital el 13 de abril y con el apoyo
zapatista llegó a Chilpancingo de los Bravos, en el estado de Guerrero, donde el 20 de abril anunció su
decisión de unirse a la rebelión obregonista.
La participación en la lucha unificó temporalmente a todas las fuerzas disidentes del carrancismo, incluyendo
al movimiento obrero y campesino, a la mayoría del ejército y de los funcionarios estatales. El 23 de abril
Plutarco Elías Calles publicó el Plan de Agua Prieta, en el cual se desconocía a Carranza y se nombraba
presidente provisional al gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, especificando que en cuanto se tomara
la ciudad de México, éste debería realizar la elección del nuevo presidente de la república i.
El 17 de mayo de 1920 Carranza huyó hacia Veracruz, pero fue asesinado el día 21 de
mayo en la sierra norte de Puebla. El 24 de ese mismo mes, el Congreso de la Unión eligió
presidente provisional a Adolfo de la Huerta, quien asumió el cargo el primero de junio.
Obregón reinició su campaña por esas fechas, ganó las elecciones el 5 de septiembre y el
primero de diciembre de ese año tomó posesión de la presidencia.
Estos son algunos de los elementos que condicionaban al país a seguir por la vía de las
reformas sin resolver de fondo los grandes problemas causantes de la lucha armada,
principalmente los relacionados con la tenencia de la tierra y los derechos laborales
inscritos en los artículos constitucionales 27 y 123 respectivamente, que no se habían
llevado a la práctica y que la clase en el poder no tenía intenciones de hacerlo.
Durante ese tiempo decisivo para el rumbo que seguiría la política nacional, en el contexto
conformado con los elementos mencionados, el lunes 20 de octubre de 1919, los periódicos
de Puebla informaron a ocho columnas la desaparición del cónsul estadunidense. En
general, la prensa nacional habló del plagio y del rescate de trescientos mil pesos.
De acuerdo al diario El Monitor, la acción fue ejecutada por cuatro individuos elegantemente vestidos,
quienes entraron a los terrenos de la fábrica La Corona (que Hugo Leich ubica en la calle 11 poniente, entre la
13 y la 15 sur, llamada en esa época calle del Pensador Mexicano)i, el domingo 19 de octubre por la tarde,
después de inaugurarse un nuevo salón de la empresa. A dicho acto asistieron el arzobispo de Puebla y una
importante cantidad de invitados de las clases altas de nuestra sociedad.
Los testigos del delito (familiares y sirvientes de Jenkins) declararon que los bandidos, ya dentro del
inmueble, sorprendieron al velador, lo amarraron y le introdujeron algodón en la boca. Jenkins se encontraba
en sus habitaciones, escuchó ruidos extraños y ante la tardanza de su empleado, a quien le había ordenado dar
una vuelta por las instalaciones, salió al segundo patio de su casa, donde fue atrapado por sus plagiarios,
maniatado y obligado a abrir la caja fuerte, de donde extrajeron cerca de ocho mil pesos y algunas prendas de
vestir.
Varias horas después llegó al lugar del delito el secretario de la Inspección General de Policía, Antonio
Muñoz, quien fue informado por la señora Jenkins “que los apaches se llevaron la suma de sesenta mil pesos
en monedas de oro, y algunos documentos” i. Según El Monitor “Los asaltantes, que vestían correctamente,
notificaron a la esposa del plagiado, que debía entregar la suma de 300,000 pesos oro por el rescate de su

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esposo” y amenazaron con asesinar a la víctima “si las autoridades emprendieran una persecución en contra
de ellos”. Asimismo, “uno de los asaltantes preguntó insistentemente a la señora por el domicilio de Mr.
Hardaker", cónsul de Inglaterra” La redacción del diario expuso la sospecha de que los plagiarios eran
rebeldes, oficiales del general Juan Ubera, y que además del plagio efectuado planeaban secuestrar a otras
personalidades, como la mencionada.
También se sospechaba que se lo habían llevado rumbo a los terrenos de El Batán, El Gallinero, Castillotla y
San Baltazar; es decir, al sur de la ciudad. El diario referido también menciona que seguramente habría algún
conflicto de carácter internacional en vista del cargo del plagiado i. A partir de ese momento, se sugirió la
posibilidad de que los enemigos del carrancismo realizaran el rapto con el fin de extremar la mala relación
prevaleciente con los Estados Unidos, al hacer aparecer a México en la situación de gobierno insostenible por
la falta absoluta de garantíasi.
A la redacción de El Monitor le parecía natural que fuera el Estado mexicano quien respondiera a los
requerimientos de los secuestradores, debido a que “el gobierno de México tiene contraído el compromiso
con los Estados Unidos, de satisfacer todos los daños y perjuicios que sufran los extranjeros, cuando sean
víctimas de malhechores”i.
Al día siguiente, este diario menciona que otro periódico publicó una acusación de autosecuestro contra el
cónsul norteamericano:
El formidable cargo lanzado sobre una persona tan honorable como el Cónsul Jenkins, de haberse
ocultado preconcebidamente, para aparecer ante el público como víctima de un secuestro y ocasionar
así un conflicto más entre los Estados Unidos y México.

El Monitor informa que la publicación referida tiene nexos con el gobernador de Puebla, Alfonso Cabrera, y
con su hermano Luis Cabrera, secretario de Hacienda y Crédito Público, persona de la más amplia confianza
del presidente, subraya la honorabilidad del cónsul y da a conocer la protesta hecha a Carranza por el
encargado de la embajada estadunidense, el señor George Summerlingi.
Al respecto Miguel Contreras, miembro del grupo de la Legión de Honor Mexicana, auspiciada por la
Secretaría de la Defensa Nacional, miembro también de la Unificación Nacional de Veteranos de la
Revolución, militares e intelectuales carrancistas, escribió en su libro que Alfonso Capetillo y Miguel Gil (ex
militar revolucionario poblano, partidario de De la Huerta, expulsado por ese motivo del país, periodista y
literato), periodistas del diario poblano La Tribuna pusieron al descubierto el autoplagio con un reportaje
obtenido en la guarnición zapatista de Malacatepec. Posteriormente, Contreras entrevistó a Alfonso Capetillo
sobre la veracidad del documento y ésta fue ratificada y confirmada por el general de división Francisco Coss,
jefe de Operaciones Militares en el estado de Pueblai.
Miguel Gil se encontraba en Puebla cuando el suceso; fungía como jefe de información del diario La Tribuna
e intuyó la importancia del mismo en el Teatro Variedades, donde se encontraba platicando con el
comandante de la policía, porque un gendarme se acercó al funcionario y este último se despidió para atender
el caso. El periodista siguió al comandante hasta el domicilio de Jenkins, donde se hablaba del plagio; después
de unos días, sintió la necesidad de buscar al cónsul entre los rebeldes zapatistas.
El gerente de La Tribuna, León de Garay, también planteó la urgencia de acudir al campo rebelde y Gil se
propuso para hacer la visita, pidió un automóvil, una bandera blanca, cincuenta pesos, un pasaporte militar y
que lo acompañara un fotógrafo.
Pese al riesgo que corrían sus vidas, el 23 de octubre los reporteros fueron hacia Malacatepec, pueblo situado
al sur de la capital del estado, entre Chipilo y Atlixco (actualmente se llega por medio de una desviación en la
carretera federal). En el camino fueron detenidos por hombres armados, de los cuales uno de ellos acompañó
a los periodistas. Nuevamente en marcha entablaron conversación, le invitaron a tomar tequila, y al calor de
las copas les confesó ser coronel zapatista y la manera como Jenkins había salido por su propia voluntad de
Puebla para trasladarse al campo rebelde.

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Al llegar a Malacatepec fueron recibidos por el capitán de la guarnición, con quien pronto entraron en
confianza. Ante la pregunta por el norteamericano, el rebelde les manifestó que el cónsul y el general Ubera
acababan de marcharse, el primero de ellos a la hacienda de Santa Lucía, de su propiedad.
Al regresar, en las instalaciones del diario, se procedió a turnar la noticia al presidente y a preparar su
publicación para el día siguiente. La información obtenida por Carranza le permitió dar a conocer al gobierno
estadunidense su certeza de la participación complaciente del cónsul en los hechos y la amenaza de invasión a
nuestro territorio, por ese pretexto, perdió su fuerza.
El fotógrafo tomó impresiones de la guarnición y de los rebeldes zapatistas que fueron publicadas en La
Tribuna junto con el reportaje de Gil el día 24 de octubre. Por su parte, El Monitor informó que a los cuatro
días del suceso, el 23 de octubre, una persona advirtió a las autoridades la presencia del señor Jenkins en
Malacatepec junto con los generales Juan Ubera y Gil Reyes. Desde el 23 de octubre de 1919 se supo con
certeza que el coronel zapatista Federico Córdova, persona cercana a los generales Caraveo y Ubera i, estaba
implicado en el secuestroi.
El norteamericano, en su cautiverio, escribió cartas a su esposa y a otras personas de nuestro país y de los
Estados Unidos, como al pastor metodista Wolf y la señora Betz, encargada del colegio metodista i. La
correspondencia fue recogida y enviada a la Ciudad de México, en ella le hizo saber a su cónyuge que se
encontraba bien de salud, dándole indicaciones de que dejara en claro que el secuestro lo habían realizado
rebeldes anticarrancistas y no delincuentes, que era producto de un problema político: la incapacidad del
régimen de ofrecer garantías a los ciudadanos norteamericanos radicados en México i.
El 25 de octubre el gobierno estadunidense a través del secretario de Estado Robert Lansing, emplazó al
gobierno de México a que rescatara a Jenkins en un plazo perentorio i. Ese día, fue rescatado. Su apoderado, el
licenciado Eduardo Mestre, arribó al lugar del canje que le habían informado por teléfono había recibido el
dinero del señor Federico J. Miller, socio de Jenkins en la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa y otros
negocios y, entregó el adelanto a los secuestradores.
William Jenkins fue llevado por varios zapatistas a la planta eléctrica La Carmelita de la fábrica El
Mayorazgo, al sur de la ciudad y cerca de Malacatepec. Los rebeldes informaron al administrador que allí se
encontraba el cónsul norteamericano y de inmediato los señores Rivero Quijano informaron a Federico J.
Miller, quien mandó a un empleado por el presunto secuestrado.
De la fábrica El Mayorazgo, el señor Miller lo acompañó hasta la ciudad. El cónsul fue recibido en el Hospital
Latinoamericano por su hija Maggie, su hermana Ana, los señores Hanna y Woodward, de la embajada
estadunidense, el cónsul Hardaker y el licenciado Mestre. El nosocomio, también de su propiedad, fue cerrado
para tranquilidad de Jenkins, quien se mostró agradecido por las relativas consideraciones de los
secuestradores hacia su personai. Ese mismo día, el senador del estado de Fontana de los Estados Unidos,
Myers propuso en el Congreso de su país, una invasión a nuestro territorio para rescatar a su connacional.
Por otra parte, el 27 de octubre su apoderado, el licenciado Mestre, fue detenido junto con tres trabajadores
del estadunidense, acusados de falsedad en sus declaraciones. El día del rescate Mestre declaró que por la
mañana él salió solo de Cholula rumbo a Chipilo, que ignoraba cómo se obtuvo el monto del mismo, aunque
tenía la seguridad de que fueron 300 mil pesos, que tampoco sabía cómo se llevaron el dinero al campo
rebelde y a quién fue entregado. En cambio el señor W. Woodward declaró que Jenkins fue liberado porque
prometió que pagaría la cantidad fijada en un plazo determinado, pues lo que llevaban sus enviados sería
máximo 30 mil pesos, los cuales fueron entregados a Mestre cuando éste prosiguió su viaje a Chipilo (desde
Cholula), acompañado de unos “indios”, del chofer que conducía el automóvil y de un cochero que conducía
una volanta. Asimismo, declaró que ignoraba a quién se entregaría el dinero.
Mestre fue liberado, previa fianza pagada por el señor Enrique Villar (no se informa de los trabajadores). Al
apoderado de Jenkins se le dictó auto de formal prisión y fue detenido nuevamente el día 30 del mismo mes,
por los delitos de falsedad en las declaraciones y complicidad en el plagio. Sin embargo, fue liberado casi
inmediatamente porque Woodward se retractó de lo dicho el 26 de octubre, respecto a la cantidad del rescate,
a la partida de Mestre para entregar el dinero a los plagiarios, a la compañía de más personas en la operación
y a las otras contradicciones. Las autoridades mexicanas no pusieron en duda su segunda versión, quizá por su
categoría de funcionario de la embajada estadunidense.

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A su debido tiempo, la señora Mary Street Jenkins mostró a la prensa un enorme legajo de telegramas y cartas
recibidas de todas partes de la república y de los Estados Unidos, pidiendo informes y felicitando el feliz
regreso del cónsul. Entre ellas destaca la del secretario de Estado estadunidense Robert F. Lansing, a nombre
de Wilsoni.
Jenkins regresó a Puebla el día 26, fue resguardado por el personal del hospital y solo rindió declaración hasta
el 31 de octubre, días después de su rescate. No hizo ninguna denuncia legal en contra de sus raptores, fue
sujeto a un proceso que solo tuvo efecto durante el gobierno carrancista, estuvo preso unos días y se le retiró
el exequátur por acuerdo del presidente Carranza el 30 de enero de 1920.
Ese año, a mediados de mayo de 1920, después del asesinato de Carranza, Obregón era el hombre con mayor
fuerza política para llegar a la presidencia; no obstante, quiso llegar a través del voto, por eso influyó para que
el Congreso de la Unión nombrara presidente sustituto a Adolfo de la Huerta. El primero de junio se llevó a
cabo la toma de protesta del nuevo mandatario. Ese día, nos narra Ruíz Harrel, Marcelo Caraveo y Federico
Córdova entraron triunfantes a la ciudad de México tras la famosa figura de Álvaro Obregóni.
El gobernador de Puebla y la mayoría de sus funcionarios huyeron de esta ciudad recién asesinado Carranza.
Como gobernador interino ocupó el puesto el general Rafael Rojas García, quien de inmediato giró
instrucciones para resolver el caso Jenkins y éste a su vez aprovechó la oportunidad para "limpiar su nombre y
aclarar todos los detalles del secuestro", según le informó por esos días a Matthew Hanna, encargado de la
embajada desde principios de abril. Finalmente, ante el Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Jenkins
resultó ser inocente. Es decir: fue secuestradoi.
Ahora bien, ha quedado claro que para 1919 el agente consular William Oscar Jenkins era ya un exitoso
fabricante textil, dueño de haciendas, ranchos, fábricas e inmuebles en el estado de Puebla, la Ciudad de
México, Querétaro, San Luis Potosí y en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos. Además, su negocio
como prestamista iba en ascenso, entre otras cosas porque los inversionistas de la época preferían endeudarse
con particulares como él, ya que por el conflicto, los bancos dejaron de funcionar. El territorio mexicano le
representaba una mina de oro que recién había empezado a explotar.
Por si fuera poco, su actividad económica abarcaba más allá de sus propiedades agrícolas, industriales, bienes
raíces y de dinero, también explotaba en su provecho las ambiciones de poder de diversos jefes políticos. En
este rubro, las desavenencias con Carranza iniciadas en 1914 no eran del dominio público, pero sí de los más
encumbrados políticos de México y los Estados Unidos. Algunos de estos últimos no toleraban la postura
neutral del gobierno carrancista ante el conflicto internacional después de su declaración de guerra a
Alemania en 1917, y miraban nuestro territorio con su tradicional óptica expansionista. Por ello, en el seno
del Congreso estadunidense se manifestaban dos posturas respecto al gobierno mexicano. Si una de ellas era
moderada respecto a la política del gobierno mexicano, la otra era totalmente adversa e influía negativamente
en las relaciones con nuestro país.
El estudioso estadunidense Charles C. Cumberland relata la polémica entre las dos versiones al momento del
presunto secuestro. La relación de las dos naciones carecía de cordialidad, por lo que la noticia difundida en
su país por The New York Times, produjo insinuaciones políticas beligerantes nacionales e internacionales en
función de una intervención armada, e hicieron una "causa célebre" del incidente que nos llevó al borde de
una guerrai.
Es curioso que Jenkins aparentemente fuera objeto de un secuestro, fuera aprehendido indebidamente para
obtener dinero por su rescate o para otros fines. Este hecho se refiere a la pérdida de libertad en un momento
de la vida, lo que para cualquier persona sería significativo, pero para el afectado no ameritaba mención en su
carta de 1939 al fisco su paísi.
Vale recordar que para esa fecha había mostrado su gran apego al dinero, actitud loable en su formación
protestante, como lo destaca Max Weber al hablar sobre la moral de ese sector religioso que considera el
tiempo como dinero y acumular, sin llegar al goce inmoderado y su mira no utilitaria, un deber profesional.
Para nuestro personaje, el hacer fortuna ocupaba el primer lugar en sus valores personales, por lo tanto, la
distracción de sus tareas, derivada del sospechoso secuestro, le habría acarreado pérdidas materiales, muy
oportunas para justificar su escasez de recursos ante la declaración de bienes i.

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Después de que Jenkins recobró su libertad, en julio de 1920, "demandó al gobierno mexicano por un total de
$390 851.90: 300 mil pagados a Córdova; $4 265.25 extraídos de la caja de La Corona la noche del secuestro,
aparte de $45 261.65 de su caja particular, $1 220.00 de gastos médicos; $6 900.00 de gastos jurídicos y, por
supuesto, $33 205.00 de intereses a razón del 6 por ciento anual." En su carta a Stanford no menciona el
"secuestro", no por olvido, sino intencionalmente.
En el caso de que la carta hubiera sido traducida completamente, entonces William Jenkins, a 34 años de
residir en México y a 20 años de la privación de su libertad, tenía el interés de ocultar ese episodio de su vida
por varias razones: primera, pudo ser el motivo de una guerra entre los dos países involucrados y en 1939 él
tenía muy buenas relaciones con políticos prominentes del sistema mexicano, por lo que no le interesaba abrir
viejas heridas del orgullo nacional; segunda, si él fue el actor intelectual del secuestro, el decirlo removería la
duda de sus declaraciones, sería una especie de recordatorio de su imagen delictiva y para ese entonces ya
figuraba como el hombre más rico del país, además, tenía el deseo de aparecer con una estampa de benefactor
y borrar cualquier elemento de su pasado bochornoso para continuar con sus negocios en todos los niveles i;
tercera, si él recibió dinero por su rescate en complicidad con el plagio, su mención daría una pauta de su
rápido enriquecimiento y de la misma forma saldría afectada su reputación.
Las tres opciones que a mi parecer pudieron motivar el intencionado olvido, tienen en común el presentar una
imagen respetable de su persona. El influyente hombre de negocios, amigo de la burguesía, de militares en
proceso de enriquecimiento y de políticos en el poder, no podía darse el lujo de recordar a la sociedad una
actitud que puso en peligro la paz de los mexicanos para acrecentar su ya cuantiosa fortuna.
En el caso de la omisión del suceso hecha por su socio y editor del libro sobre la Fundación, Manuel Espinosa
Yglesias, también refleja el objetivo de mantener la imagen respetable del personaje y de su fortuna.
La omisión del autosecuestro en la carta autobiográfica de Jenkins evidencia al autor como persona que
realizaba actividades no confesables, al menos en lo que se refiere a sus negocios en nuestro país. Si el suceso
fue suprimido en la publicación de dicho documento por el editor, cabe recordar que es la misma persona que
heredó su cargo en la Fundación Mary Street Jenkins, y por lo tanto, la administración de su fortuna.
El autosecuestro fue una noticia de orden internacional recogida por la prensa y por la historiografía, tiene que
ver con las relaciones entre México y los Estados Unidos, así como con la solidaridad de países de América
Latina con nuestra nación. Hay fuentes originales que lo prueban, en los archivos nacionales de Estados
Unidos, en el Archivo de Relaciones Exteriores de México, en el Archivo de la Defensa Nacional y en el
Archivo General de la Nación. Muchas de esas evidencias han sido recogidas por sus biógrafos. Quienes han
estudiado su caso han colocado el hecho en el meollo de la vida del millonario, han difundido las
declaraciones provocadas por el suceso y los expedientes sobre el mismo, entre los que se encuentran su
propia versión, el comunicado a su embajada por parte de su secuestrador, el coronel Federico Córdova y, las
cartas de Jenkins a su esposa y a sus amigos en su país natal.
Nuestro personaje declaró que en la noche del 19 de octubre de 1919, Córdova se introdujo en su fábrica,
saqueó la caja fuerte y lo capturó, diciéndole: "que el propósito del secuestro era para originar un conflicto
entre los Estados Unidos y México", que su rescate sería de trescientos mil pesos, pagadero solamente por el
gobierno mexicano y no por él o por cualquier otro partido privado. Luego trató de inculpar indirectamente al
Estado mexicano para que su país tomara represalias contra el gobierno de Carranza en un momento crítico de
las relaciones entre ambas naciones. El coronel Córdova, por su parte comunicó a la embajada norteamericana
que el secuestro no era un acto de bandolerismo, sino una prueba de que Carranza no podía ofrecer protección
a ciudadanos extranjeros y mucho menos a los propios mexicanos i.
Durante el tiempo que el estadunidense permaneció secuestrado, Jenkins instruyó a su esposa en el sentido de
telegrafiar: al secretario de Estado Robert Lansingi, al respecto nos dice Matute que entre este funcionario y
Wilson hubo diferencias en cuanto a la concertación del Tratado de Paz de Versalles y, sobre todo, en cuanto
a la organización de la Liga de las Naciones, posturas que los llevaron a romper, Lansing no quiso acatar la
línea de Wilson y cambió de partido, se alió al clan Fall-Dohey, no por sus principios, sino por sus intereses;
al senador y presidente del Senado Albert Fall, quien instó al congreso a invadir militarmente a México a
través del Comité de Relaciones Exteriores; a varios congresistas y a un extenso número de amigos y
parientes, para urgir una acción oficial por parte de Estados Unidos con el fin de forzar a México a gestionar

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su libertad inmediata. A su vez, trabajó para presionar al gobierno mexicano: Quiero hacer responsable al
gobierno, y, esto puede ser hecho, solamente si los rebeldes son la causa, así que, no falles en aclararlo" i.
Lo anterior muestra la actitud del agente consular acorde con la postura beligerante de una
parte del Congreso estadunidense en contra de nuestro país. El senador Myers, de Montana
presentó el 25 de octubre un proyecto de resolución al Departamento de Estado:
es el sentir de este organismo que el Presidente de los Estados Unidos y la
Secretaría de Guerra, inmediatamente deberían usar todas las fuerzas armadas, así
como el poder de los Estados Unidos para rescatar enseguida, y tener vivo al
susodicho Jenkins, o a sus secuestradores muertosi.

Al concluir la primera Guerra Mundial, Estados Unidos ejerció una fuerte presión contra
México. A lo largo del año 1919 realizó diversos actos, como la expedición de una lancha
perteneciente al buque Cheyenne, que podría haber repetido la situación provocada en
1914, pero que no fructificó; asimismo, la expedición punitiva en busca del rebelde Jesús
Rentería, quien había secuestrado a unos pilotos norteamericanos que se internaron en
territorio chihuahuense. Sin embargo, esos acosos no fueron suficientes para desencadenar
un conflicto diplomático entre ambos países. Las acciones más sólidas fueron el caso
Jenkins y la constitución del llamado Comité Falli.
El senador Albert B. Fall, quien tenía intereses en México y era cercano al petrolero
Edward L. Doheny, de la Huasteca Petroleum Company, organizó un comité dentro del
Senado de los Estados Unidos, encargado de investigar las acciones antiestadunidenses
emprendidas por la revolución mexicana, para reclamarlas y sancionar a México. Para ello
se alió con todos los enemigos del gobierno de Carranza, tanto exiliados en los Estados
Unidos como presentes en territorio mexicano, en lucha contra el gobierno. El resultado fue
un enorme documento conocido como el Informe Fall, que reúne cientos de testimonios de
carrancistas contra su país, destinado a buscar el apoyo del gobierno para derrocar a
Carranza e instaurar un gobierno dócil a los deseos y presiones de los petroleros y mineros
estadunidenses, empeñados en eliminar los daños que les causaba el artículo 27 de la nueva
Constitución Política mexicana. Fall era republicano y con la acción de su pro comité
propiciaba un excelente apoyo a su partido para desacreditar al presidente demócrata
Woodrow Wilson.
Al respecto escribe Álvaro Matute:

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Enlazado con lo anterior fue el incidente provocado por el cónsul honorario de los
Estados Unidos en Puebla, William O. Jenkins, quien planeó su propio secuestro a
manos del rebelde Federico Córdoba para obligar al gobierno de Carranza a pagar
un rescate que, al parecer, sería usado para cubrir el déficit de una deuda que tenía
Jenkins con la Iglesia metodista, la cual le había confiado bienes en custodia, que él
había invertido en negocios de interés personal. Carranza no cayó en la trampa y se
le procesó, dándole la ciudad de Puebla como prisión. El hecho fue aprovechado por
Fall para presionar personalmente al presidente Wilson, que, después de haber
recibido la noticia de la libertad de Jenkins, casi echó fuera de la casa Blanca a Fall.
Wilson terminó impidiendo que los republicanos y los petroleros se salieran con la
suya en cuanto a la intervención en los asuntos mexicanosi.

Aunque a diez días de haberse efectuado el plagio, Jenkins declaró al New York Times que
"quería perjudicar a Carranza y a Cabrera"i, los senadores republicanos Fall y Lodge se
encontraban en la disposición de hacerle la guerra a México obedeciendo intereses de
petroleros y mineros norteamericanos con inversiones en nuestro territorio. Sin embargo,
no todos los miembros del gobierno estadunidense tenían esas intenciones; por ejemplo, el
propio presidente Wilson tenía una postura diferente, misma que hizo valer decidiendo la
política a seguir en el caso Jenkins, por una vía dialogada, como se reflejó en el documento
oficial dado a conocer a su embajada. En México, el 24 de octubre del mismo año, por
medio George Summerlin, encargado de negocios en nuestro país, quien comunicó a
nuestras autoridades que el gobierno de Estados Unidos esperaba que México tomara las
medidas pertinentes para obtener la libertad sano y salvo del agente consular
Usted (George Summerling) insistirá en que el gobierno mexicano le informe
definitivamente qué medidas se habían tomado para lograr la liberación de Jenkinsi.

A los pocos días del secuestro el coronel Córdova aceptó el pago del rescate por parte de
fuentes privadas y no por el gobierno, como lo había manifestado en un inicio. ¿Se
quebrantó su ideal político en tan poco tiempo? ¿El objetivo del secuestro ya se había
logrado, o intervinieron factores imprevisibles que pusieron en riesgo el plan inicial? El
militar zapatista argumentó hacia su postura la posibilidad de una invasión armada por

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parte de Estados Unidos. No obstante, el aceptar la retribución de personas ajenas a


Carranza, sugiere la posibilidad de interpretar que su interés principal no era precisamente
denunciar la falta de seguridad de ciudadanos extranjeros y mexicanos ofrecida por dicho
gobierno, sino la obtención de dinero. Asimismo, se aclara que la relación de Fall era solo a
través de Jenkins, quien sí estaba interesado en que se declarara la guerra a México.
Miguel Contreras en su libro transcribe las "Memorias" de Juan Andreu Almazán publicadas en El Universal,
los días 4, 5 y 6 de julio de 1958i, en las que señala que la verdad del auto-plagio de Jenkins la conocía
directamente de numerosos jefes revolucionarios como Caraveo, Córdova, Ubera y otros, de los cuales fue
compañero de armas durante los años de la contienda.
Miguel Espinosa, por su parte, dice que Jenkins tenía como objetivo explotar la industria
del azúcar, por lo que contaba con datos y cifras de las fincas azucareras de la región de
Izúcar de Matamoros. Quienes le proporcionaban la información sobre las mismas eran
Julián Corrales, de Jantetelco, residente en Atlixco y Luis González, de San Salvador el
Seco. Cuando sucedió el presunto secuestro, los generales Ubera y Camacho, disfrazados
de carboneros, llegaron arreando burros a la plazuela de El Parral guiados por Corrales.
Después de dos horas de discusión a puerta cerrada, regresaron a sus bases, satisfechos y
sonrientes.
Dice Espinosa que en una mula marcada con fierro de la hacienda de El Tajonar, Luis
González, tenía por las riendas a un caballo que montó una persona cubierta con un
sobretodo gris y se fueron hacia Atlixcoi.
El cónsul había desaparecido, su ama de llaves avisó a las autoridades, continúa Espinosa,
"Entre tanto, escondido en un pajar de la hacienda de Santa Lucía, William sólo era visitado
por Corrales"i.
Cabe mencionar que la novela histórica de Espinosa se basa en la vivencia del autor como
contador del ingenioi, empleado de Jenkins. En realidad las haciendas de El Tajonar y Santa
Lucía tienen la particularidad de haber pertenecido a la misma propietaria, Diega Huerta de
Bonilla. Como hemos visto arriba, Santa Lucía fue vendida por intervención de Julián
Corrales, un poco antes del incidente al estadunidense (a nombre de un familiar).
Al respecto, Julián Anselmo Corrales Bonilla, hijo de Julián Corrales, relata que él tuvo una
fuerte enemistad con Miguel Espinosa, lo cual pudo ser motivo para dar el nombre de su
padre como cómplice del plagioi. Además, Julián Corrales, en 1929, una década después
del autosecuestro, cuando trabajaba como tesorero del ingenio de Atencingo pidió un

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aumento de sueldo al administrador Manuel Pérez y éste le contestó que tomara lo que
quisiera, que tenía manos libres con el dinero, pero que un incremento al salario como tal
no se le podía otorgar. Corrales tomó lo dicho por Pérez como una invitación a delinquir y
su respuesta fue renunciar al empleo. Durante el resto de su vida trabajó en varias empresas
y su nivel de vida fue el correspondiente al de cualquier asalariadoi.
No obstante, hecho este relato, las versiones de Miguel Gil y Miguel Espinosa clarifican la
acción como un autosecuestro, descubierto por la osadía del periodista y por la intervención
del gobierno carrancista para argumentar ante los representantes del gobierno
norteamericano. Ruiz Harrell considera que Jenkins sí fue secuestrado y que el gobierno de
Carranza inventó lo del autosecuestro para calmar la beligerancia del vecino del norte, al
mismo tiempo que reprimía al estadunidense con el que tenía diferencias.
Después del reportaje del diario La Tribuna, mencionado por Contreras y Ruiz Harrell,
Jenkins apareció en público y el tenso pretexto de parte de los Estados Unidos perdió su
fuerza sustancial.
Cumberland escribe que el rescate de Jenkins fue pagado por la Compañía de Luz y Fuerza,
de la cual era socio. Como hemos visto, el empresario demandó al gobierno mexicano por
su reembolso, pero este último negó responsabilidad de su parte para pagarlo,
argumentando ante la embajada estadunidense, por medio del ministerio de Asuntos
Exteriores, que "ningún país, incluyendo a los Estados Unidos, estaría de acuerdo en (pagar
rescates) ya sea por principio o por norma". El secretario de Estado Robert Lansing estuvo
de acuerdo y Jenkins prefirió posponer la discusión sobre el tema, para retomarlo cuando
las condiciones políticas estuvieran a su favori. El dinero fue pagado a Jenkins durante el
gobierno de Maximino Ávila Camachoi.
Cumberland ilustra, con este caso de Jenkins, el sentimiento antiestadunidense durante el
periodo de Carranza. Describe al personaje en cuestión no solamente irascible y más
interesado en el dinero que en principios. J. S. Creighton, agente del Tesoro en San Antonio
Texas, en un comunicado al secretario del Tesoro del 26 de noviembre de 1919, comunicó:
"De hecho es muy común observar que el Señor Jenkins siempre está interesado en casi
cualquier tipo de negocios que pareciera lucrativo en la región"i.
El autosecuestro pudo ser el elemento iniciador de una guerra entre ambos países, los
congresistas interesados en ello hicieron su labor en las sesiones del Congreso, en la prensa

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estadunidense y entre mexicanos anticarrancistas. Exageraron al máximo el suceso con el


fin de romper el hilo de las relaciones diplomáticas con Carranza, las cuales no solo
dependían de dicho organismo, sino de una serie de intereses que involucraban a un número
mayor de personas en tan importante decisión. Descubierta la farsa del plagio, la
declaración de guerra a nuestro país no fue aceptada por el gobierno de Wilson.
El escándalo internacional derivado del autosecuestro, debido a la situación conflictiva en
el interior del país, y las contradicciones con los Estados Unidos, fue con cargo al prestigio
del grupo carrancista. Este último, considero, era el objetivo principal de Jenkins, quien no
concordaba con Carranza y necesitaba un presidente afín a sus propias metas e intereses.
Según Cumberland, en el momento del secuestro, Jenkins aparentemente no tenía
desavenencias en sus relaciones con el gobierno carrancista, ni con los revolucionarios. Sin
embargo, vale recordar que en 1914 reclamó un cargamento de mercancía confiscado por
Francisco Villa, y ese mismo año también se vio involucrado en una emboscada fraguada
por los zapatistas frente a la fábrica La Corona, contra un grupo de soldados carrancistas.
Ambos incidentes no tuvieron solución favorable para nuestro personaje, el primero no fue
tomado en cuenta por Carranza como deuda de su gobierno, y el segundo, quedó marcado
como una participación del estadunidense en contra de su gestión.
Cumberland plantea que el caso Jenkins causó escándalo y confusión, motivo por el cual
Luis Cabrera, ministro del Exterior, instruyó al gobierno del estado, encabezado por su
hermano Alfonso Cabrera, a hacer lo necesario para restar fuerza a lo sucedido.
Inmediatamente éste respaldó la opinión de que el secuestro había sido originado por el
propio Jenkins y emitió la orden de arrestar a su abogado. Asimismo, el ministro del
Exterior ordenó a los funcionarios poblanos que prepararan un proceso contra el agente
consular, con el propósito de minimizar los efectos del golpe rebelde.
Por otro lado, El Demócrata publicó una carta firmada por Federico Córdova, en la cual
establecía que Jenkins había fraguado el rapto para debilitar al gobierno de Carranza, y que
el dinero el norteamericano lo había ofrecido voluntariamente. Los gobiernos federal y
estatal inculparon al agente consular y consideraron la posibilidad de su expulsión del país.
En los primeros días de febrero de 1920, el fiscal de Puebla Julio Michell entregó a la
prensa una declaración en el sentido de que no había ninguna duda de la culpabilidad de
Jenkins por los cargos de perjurio, contumacia, y por tratar de defraudar al gobierno;

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además, agregaba nuevos cargos de rebelión y soborno de testigosi.


En esa época los agentes consulares todavía no gozaban de inmunidad diplomática, por lo
que el 14 de noviembre de ese año Jenkins pudo ser careado con once peones de Santa
Lucía, la hacienda que previamente había adquirido a través de su cuñado Donald M.
Street. Los escuchó testificar que ellos lo habían visto en trato amistoso con los zapatistas
Federico Córdova y Juan Ubera, los dos oficiales rebeldes involucrados en el plagioi.
Al día siguiente fue detenido dos horas, rechazó la solicitud de fianza a la cual tenía
derecho por temor a admitir tácitamente su culpabilidad. El 19 de noviembre fue
nuevamente encarcelado, por lo que el gobierno de Estados Unidos a través de Robert
Lansing y de éste a Summerlin, planteó:
en vista de las pérdidas y dificultades ya sufridas por Jenkins, como resultado
de su secuestro originado por la negligencia del gobierno mexicano en
proporcionarle la protección adecuada [...] es sorpresivo y colérico saber que
otra vez ha sido encarcelado. Y que su rearresto a este gobierno le parece por
las evidencias en su poder, completamente sin garantía, así como un ejercicio
arbitrario de la autoridad pública [...] persecución o importunidad que se
ocasione a Jenkins más adelante; no podrá ser tomada sino como un efecto
muy serio en las relaciones entre ambos países, de lo cual, el gobierno
mexicano será el único responsablei.

El subsecretario del Ministerio de Asuntos del Exterior, Hilario Medina, declaró que el
primer arresto de Jenkins había sido de carácter preventivo, pues durante él se había hecho
una investigación; en cambio, el segundo fue formal, resultado de evidencias acumuladas
durante la investigación. El arresto como tal no presuponía culpa, pues ésta tendría que ser
establecida en un juicio; mientras, Jenkins podría quedar en libertad bajo fianza si así lo
deseara.
El gobernador del estado insistió a Jenkins que aceptará la libertad bajo fianza, pero él se
empeñó en no aceptar las presiones oficiales y rechazó su liberación a no ser que le fuera
concedida su total exoneración. Sin embargo, su "actitud general de enconada superioridad
y arrogancia, no valieron de mucho para hacer que los funcionarios retiraran los cargos"i.
Ante la respuesta del subsecretario Medina, el secretario de Estado Robert Lansing increpó

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al embajador mexicano Ignacio Bonillas en una entrevista personal que terminó con la
siguiente declaración:
la paciencia de este país (Estados Unidos) estaba casi exhausta y que el caso
había alcanzado el punto de rompimiento, que la ola de indignación entre la
gente americana podría arrollar, y posteriormente impedir discusiones
diplomáticas y obligar un rompimiento, casi inevitablemente podía significar la
guerra [...] (la cual) sería llevada hasta el fin con todo el poder de esta nacióni.
Lansing también expidió una nota en la cual acusó a México de tener mala fe con Jenkins, de perversión de la
justicia en ocultar la realidad de que Puebla puede ser tomada por los rebeldes y de indiferencia intencional.
Finalmente demandó la inmediata libertad del cónsul i. En esa dinámica, Carranza aclaró públicamente al
ministro chileno que se ofreció como intermediario entre México y los Estados Unidos, que el gobierno
mexicano no se inmiscuiría en el asunto de Jenkins, un elemento más en la disposición de los Estados Unidos
contra México.
Otros países americanos y España tuvieron una posición a favor del gobierno mexicano.
Entre el 15 y 19 de noviembre, fechas de sus arrestos preventivo y formal, Jenkins trató de
hacer lo imposible para aparecer inocente; se quejaba con su gobierno y se presentaba
diariamente en los tribunales con veinte testigos a su favor, pero a pesar de las presiones de
los estadunidenses, no fue liberado hasta que finalmente un americano llamado J. Walter
Hansen pagó la fianza por correo y el agente consular salió en libertad el 5 de diciembre de
1919.
Julio Michell a su vez acusó a la embajada estadunidense de mala fe por tratar de engañar
al gobierno mexicano cuando proporcionó una copia falsa de una carta que Jenkins había
escrito a dicho organismo y que todavía estaba en manos de Córdovai.
Para los oficiales estadunidenses la imputación de mala fe salió del Ministerio de Asuntos
Exteriores y trataron de exigir a este organismo que publicara una justificación a la
representación oficial de su país. Sin embargo, la declaración de Mitchell se apegaba a la
verdad porque la embajada tenía en custodia una carta que Jenkins había escrito y al hacer
una copia para el gobierno de México suprimió la sentencia siguiente:
Los periódicos de Puebla dicen que eran bandidos los que me habían secuestrado;
hubiera sido mejor decir que fueron rebeldes para que la responsabilidad del
gobierno mexicano pudiera ser mayori.
Al tiempo que esto sucedía, el presidente Wilson salía de una enfermedad que lo había
postrado en la cama y al tomar directamente el mando, cargó el peso de la balanza política a

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favor de la negociación y no de la guerra con nuestro país.


En esta nueva situación, el gobierno estadunidense demandó una explicación por las
acusaciones hechas por Mitchell. En respuesta el Ministerio de Asuntos del Exterior
mexicano no mencionó la carta; solo hizo notar que la apreciación de Mitchell carecía de
importancia, y comparó las palabras de éste con las del senador Albert Fall, quien
anteriormente había acusado a la embajada mexicana de difundir propaganda socialista.
Ante la desaprobación del gobierno a las palabras del funcionario mexicano, los
estadunidenses no insistieron más sobre el asunto. El caso Jenkins dejó de ser un problema
candente por el cambio de actitud en las relaciones diplomáticas entre los dos países.
La mayoría del Congreso de los Estados Unidos decidió no tomar en cuenta la postura
beligerante contra México de los senadores encabezados por Fall y Myers. Asimismo, el
gobierno carrancista limó las asperezas en las relaciones con su similar estadunidense,
aunque internamente siguió con su postura de considerar el caso como autosecuestro.
Jenkins siguió con su actitud negativa para la solución del conflicto: primero exigió que su
fianza fuera cancelada y que se le concediera volver a prisión, lo cual no fue admitido;
enseguida, escribió largas cartas a sus amigos en los Estados Unidos, quienes a la vez
publicaron los relatos en la prensa de ese país. Fue tal su extremismo que el secretario de
Estado estadunidense le sugirió a Summerlin que debía ser amonestado para que terminara
con semejantes tácticas. En los días navideños Jenkins se reunió con Córdova en la Ciudad
de México con el pretexto de completar el pago del rescate; ese encuentro sirvió para
fortalecer las acusaciones previas en su contra. La opinión pública mexicana estaba
convencida del autosecuestro.
El factor más importante para impedir el arreglo amistoso entre los dos países sobre el caso
Jenkins, fue la actitud del agente consular para con las autoridades judiciales. Éste se
quejaba amargamente del trato recibido, acusó al juez Gabriel González Franco de tomar
una decisión política en lugar de una judicial, y cuando fue llamado a comparecer para
establecer la acusación, no lo hizo. El funcionario fue reemplazado y el estadunidense
acusó al nuevo encargado de hacer justicia de haber usado coacción para obtener evidencias
adversas a sus intereses; además, manifestó su desconfianza en la imparcialidad de las
futuras audiencias.
Después de los acontecimientos surgidos por el autosecuestro, el 30 de enero de 1920 el

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presidente Carranza retiró a Jenkins el exequátor como cónsul; en 1921 el gobierno


mexicano se lo otorgó nuevamente y Jenkins renunció al mismo en 1924.
Enseguida del asesinato de Carranza el 21 de mayo de 1920 y la consecuente sustitución de
los funcionarios poblanos en junio del mismo año, Jenkins actuó de acuerdo a las
indicaciones de Summerlin acerca de tomar ventaja de la situación sobre el gobierno
mexicano en lo referente a los detalles del secuestro con respecto a los archivos y a las
actitudes de los jueces que lo inculparon. Así, el caso de los peones de Santa Lucía fue
tratado por el Tribunal Primero de lo Criminal y el testigo contra el juez Fernando Guzmán
fue escuchado en el Tribunal Tercero de lo Criminal; en ambos departamentos se
empeñaron en limpiar el honor del secuestrado.
En lo relacionado con los peones de Santa Lucía, presentó una larga lista de testigos, entre
los que se encontraba Córdova, el general Ubera, Mitchell, el secretario del tribunal donde
fungía Guzmán y un buen número de peones, quienes testificaron que todas las
aseveraciones de Jenkins eran correctas. En noviembre de ese año, el caso fue transferido
para el Tribunal Federal, para que en diciembre se dictaminara un fallo eximiéndolo
completamente de la acusación de autosecuestroi. Carranza había sido asesinado y Jenkins
tenía amistad y negocios con personas del nuevo grupo en el poder político de México.
Ya con nuevas autoridades en Puebla, en un simulacro de asalto con pistoleros a su
servicio, Jenkins hizo desaparecer el documento original del juicio entablado en su contra
por el gobierno de Carranza por autosecuestroi. Las pruebas de la culpabilidad de Jenkins
con relación al secuestro, la venta de armas y municiones a Córdova y otras personas,
acusación hecha con anterioridad, fueron desaparecidas, gracias a la corrupción de las
nuevas autoridades, fenómeno arraigado en la vida burocrática de México desde el término
de la contienda armada de 1910-1920 hasta nuestros días. Personas como Jenkins han
impulsado esos vicios en nuestras autoridades con la evidente compra de políticos y
funcionarios que le fueron favorables a sus negocios durante el resto de su vida.
Charles Cumberland sostiene la presunta inocencia de Jenkins al afirmar que la
declaraciones en su contra fueron inventadas; además dice que la carta de Córdova
publicada en El Demócrata establecía la participación de Jenkins en el secuestro para
debilitar al gobierno de Carranza, y que el dinero, él mismo lo había pagado
voluntariamente. Posteriormente plantea que Córdova negó haberla escrito, ante el

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encargado de Negocios de Estados Unidos, Summerlin, y que hubo un intento de soborno


de un funcionario a Córdova para testificar contra el secuestrado.
A mi parecer los argumentos esgrimidos por este autor confirman la hipótesis de que
Jenkins tuvo una participación activa en cuanto a intervencionismo estadunidense en lo que
a nuestro país se refiere, primero con el envío de información sobre la situación política de
México a Estados Unidos, concretamente al senador Fall, con quien se le vio en la ciudad
de Los Ángeles poco antes del suceso; y segundo, porque contribuyó a crear un conflicto
entre ambas naciones que puso en riesgo la soberanía nacional. Al respecto, la Prensa
Asociada Mexicana denunció por aquellos días que su homóloga americana preparaba a la
opinión pública para una posible invasión al territorio mexicano, con el objetivo de crear
una mala opinión del gobierno emanado de la revolucióni. Además, el haber sido él mismo
quien pagara el rescate prueba que el autosecuestro no se hizo con fines financieros
inmediatos, sino con objeto de arribar al poder político a través de su investidura
diplomática, en un momento de fuertes contradicciones entre la clase política
revolucionaria encumbrada en el poder.
Con el pretexto del secuestro, Estados Unidos aplicaba su política bélica contra México, la
cual no pudo concretar porque el presidente Wilson tenía otra manera de tratar los asuntos
internacionales y porque se formó una corriente de varios países en contra de la
intervención; pero sobre todo, porque el autosecuestro fue desenmascarado. Sin embargo, el
presidente adverso fue asesinado en Tlaxcalaltongo; al respecto, Horacio Labastida
comentó que "Obregón miró con buenos ojos el drama" i y al reemplazar a Carranza fue
más agradable a los americanos.
También Juan Andreu Almazán en sus Memorias señala que el imperio de Jenkins arrancó
del autosecuestro, del cual conocía la verdad por las afirmaciones de numerosos jefes
revolucionarios que fueron testigos del suceso. Estados Unidos tomó el caso de Jenkins
como instrumento de justificación de su política beligerante hacia los mexicanos, en una
época de suma tensión en las relaciones entre ambos países. El agente consular aprovechó
perfectamente bien la situación para su beneficio personal. Además, por si no se daba la
invasión, como sucedió, de todos modos su acción desviaría la atención del gobierno
carrancista, con quien no tenía la confianza para influir en sus decisiones, es decir, en el
poder, y así lograr sus aspiraciones. Ante la lucha interna librada en ese momento en

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México, la publicidad anticarrancista derivada por el presunto secuestro daba ventajas a los
enemigos del presidente, algunos de los cuales eran conocidos y amigos de Jenkins, con
quienes tiempo después hizo grandes negocios, y sobre todo, tuvo acceso para intervenir en
el diseño de la política de nuestro país.
Sin lugar a dudas ese hecho fue el preámbulo de su estrategia para conquistar mayor
riqueza y poder. Para 1920, la inflación y el alza del costo de la vida habían reducido el
valor del peso simple en relación con 1916; los dueños de dólares, oro y bienes raíces
vieron multiplicar el valor de sus propiedadesi. Jenkins fue de los afortunados, en poco
tiempo, como lo constatan la hemerografía y sus biógrafos, sería el hombre más rico de
México y uno de los más ricos del mundo, además de ser el empresario con mayor
injerencia en las decisiones políticas del Estado mexicano.
Los asesinatos de Zapata y Ángeles dejaban a las fuerzas revolucionarias en manos de
aquellos rebeldes surgidos de las clases altas y medias, a quienes en el poder no les interesó
mejorar sustancialmente la situación de los trabajadores del campo y la ciudad. "Así se
escribe la Historia, como la Revolución Mexicana, que no fue más que revolución política
de quítate tú para ponerme yo, y el que tenía el poder ya no lo quería soltar"i.
Las relaciones de Jenkins con jefes militares anticarrancistas y con algunos miembros del
Congreso estadunidense, le permitieron pactar sobre su secuestro y al ser derrotado
Carranza mejoró su posición de poder; es decir, a través de sus cómplices, en el
cumplimiento del pacto, accedió a la toma de decisiones políticas, orientadas a la creación
de su emporio económico, sin formar parte del grupo visible en el poder.
Jenkins estaba muy bien informado de las tensiones entre el gobierno mexicano y los
Estados Unidos, de la lucha a muerte que libraban los caudillos revolucionarios y de las
perspectivas económicas que se vislumbraban con el cambio de régimen. Sin embargo, su
actitud proestadunidense no fue por amor a su patria. Su supuesto patriotismo nunca
existió; su colaboración para debilitar al gobierno mexicano ante el de su país la realizó con
el fin de enriquecerse personalmente, además de ser parte de una intriga contra México para
iniciar una intervención armada.
La participación en el secuestro, enfrentando al gobierno carrancista, la hizo en el ámbito
de una estrategia de relaciones comprometidas con los enemigos del presidente, quienes
posteriormente le rendirían los frutos de su colaboración y le abrirían el acceso a su

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posición de líder tras el telón de la política económica de México. Como consecuencia del
autosecuestro él inició el desarrollo de una vasta y complicada red de relaciones y
actividades en los campos político y económico que le redituarían con la supremacía
financiera a nivel nacional.
Ahora bien, en su texto Cumberland destaca la fragilidad de la paz en función de un suceso
sin la importancia suficiente para llegar a una disensión entre naciones, pero considera que
Jenkins sí fue secuestrado. En el mismo sentido se manifiesta la novela de Rafael Ruiz i,
cuya trama se desarrolla a partir de los planteamientos de Cumberland sobre la posible
conflagración y la lucha interna entre los revolucionarios llegados al poder. Asimismo, esta
novela considera que Jenkins sí fue secuestrado por la facción revolucionaria contraria a
Carranza, encabezada por el general Manuel Peláez, levantado en armas en Tamaulipas, y
ejecutada directamente por el coronel Federico Córdova. Este autor dice que la versión del
autosecuestro surgió de la presidencia de la república, en venganza de la supuesta
participación de Jenkins a favor de los zapatistas.
A mi parecer la intención de Cumberland es la de demostrar su hipótesis de que el gobierno
carrancista tenía una fuerte dosis de "anti-americanismo", que el plagio fue realizado por
los enemigos de Carranza y que Jenkins, aunque tenía relaciones y correspondencia con el
Senado y el secretario de Estado de su país, no intentó influir en las tensiones entre ambas
naciones.
En el caso de Ruiz Harrel, éste inculpa al gobierno carrancista de una injusticia cometida
con el famoso empresario norteamericano. Ambas interpretaciones son factibles, surgen de
información de fuentes de primera mano, se apoyan en serias investigaciones
historiográficas realizadas en los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores en
México y los archivos nacionales en la capital de Estados Unidos, además de consultas
hemerográficas y en una serie de libros ya clásicos sobre la historia de México y de Estados
Unidos en ese periodo.
Por otra parte Miguel Gil, Miguel Contreras, Juan Andrew Almazán y Miguel Espinosa
consideran el autosecuestro con base en su conocimiento personal de William Jenkins, de la
historia de México vivida por ellos mismos y por la política de Estados Unidos acorde con
los intereses del agregado consular. Ronfeldt se apoya en la versión del autosecuestro por la
seriedad de las fuentes que consultó en su investigación, tanto en los archivos

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estadunidenses como en los mexicanos; por las entrevistas con personas que de una u otra
manera fueron partícipes del momento histórico relatado, y por su compromiso de ser
imparcial ante las conclusiones del estudio realizado sobre el ingenio de Atencingo. Yo
coincido en la versión en cuanto a su participación en el plagio, no para obtener el dinero
del rescate, sino para ganar una buena posición entre las fuerzas contendientes por el poder.
David Ronfeldt, Miguel Contreras, Miguel Espinosa y Juan Andreu Almazán coinciden en
dos hechos de gran importancia para la comprensión de tan singular multiplicación de sus
bienes: el supuesto secuestro de su persona, y la consecuente compra del terreno azucarero
más grande del país, la hacienda y el ingenio de Atencingo.
Por su parte Ruiz Harrel dice que Jenkins no poseía dinero en efectivo, sino inversiones; era
un hombre rico, pero sus raptores no le exigieron a él el pago de su rescate porque querían
demostrar la ineptitud del gobierno carrancista. Asimismo, considera que el norteamericano
todavía no figuraba entre los más acaudalados mexicanos.
En lo personal considero que Jenkins contaba con una considerable fortuna. Según el
mismo en 1913 trabajó con grandes ganancias, especuló con el cambio de valor de nuestra
moneda hasta 1916, compró bienes raíces a precios anteriores con dinero devaluado; es
decir, con sus dólares obtuvo una mayor cantidad de moneda mexicana con la que compró
inmuebles a precios de 1910. Él afirma que nunca pagó por arriba en proporción a la
diferencia del tipo de cambio. En 1916, cuando el peso se estabilizó, vendió parte de sus
propiedades y volvió a obtener rendimientos favorables; en 1917 poseía, de acuerdo con sus
declaraciones, más de 10 millones de pesos completamente libres. Su participación en el
autosecuestro no fue por la urgencia de obtener dinero, sino para obtener poder.
En relación con la opinión de los autores mencionados, respecto a la gran ampliación de su
fortuna a partir del autosecuestro, cabe mencionar que su carta a Jack M. Stamford del 19
de abril de 1939, fue dirigida al recaudador de impuestos estadunidense con el fin de
justificar la falta de pago de los mismos en su país de origen. Pero repito: no menciona la
pérdida de su libertad en 1919 y confiesa no tener documentos que prueben lo escrito, ya
que intencionalmente se deshizo de los libros contables. Todos estos elementos hacen
pensar que la misiva contiene declaraciones falsas y que la obtención de su fortuna la hizo
en gran parte por su intervención en el plagio; sin embargo, la cantidad de 350 mil pesos,
obtenida por el rescate de su persona, es insignificante en correspondencia con las

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operaciones monetarias hechas por Jenkins a partir de 1920, como es el caso del préstamo
hipotecario a Pedro Díaz Rubín y la casi inmediata creación de la Compañía Civil e
Industrial de Atencingo, patrocinadora de múltiples negocios en el país y en los Estados
Unidos, ocupándose él mismo de su dirección.
Desde mi punto de vista la fortuna se logró por sus movimientos económicos y políticos
durante la revolución: la obtención de intereses e inmuebles por sus préstamos hipotecarios,
hechos gracias a las ventajas de ostentar el cargo de agente consular; especulaciones con los
cambios de moneda, y las utilidades de sus industrias y comercios productivos.
A partir del autosecuestro él despegó en la gran acumulación de riqueza, pero sobre todo, se
inició como poseedor de un progresivo poder.

Capítulo VI

Atencingo, emporio azucarero

El ingenio de Atencingo está ubicado en el municipio de Chietla, contó con el trapiche más
grande de la regióni, fue construido durante la Colonia y fue el primero del actual estado
de Puebla.
Jenkins dirigió sus actividades hacia la producción de azúcar dentro de la que sería el
complejo agro-industrial más grande del país, la hacienda e ingenio de Atencingo y las
haciendas aledañas; al mismo tiempo, mantenía amistosas relaciones con personas ligadas
al gobierno y pertenecientes a los grupos económicamente encumbrados, es decir, con los
representantes de los poderes de nuestra entidad, e incluso, nacionales. A partir de 1920
inició la conformación del grupo de mayor supremacía del país.
Así, tenemos que recién liberado del supuesto secuestro, realizó las operaciones
empresariales más audaces de la época, al mismo tiempo que trataba de borrar el
desprestigio a su persona y conseguir la autoridad que le permitiera un mayor despliegue de
sus actividades financieras.
A pesar de contar con inmensos recursos económicos, era portador de una ambición
desmedida, por lo que continuaba en su tarea de acumular riqueza, para lograrlo tuvo que
cambiar su antigua confrontación con las autoridades del estado y del país por convenientes
relaciones amistosas en los campos político y económico, con el fin de obtener supremacía

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y así facilitar el crecimiento de su fortuna.


Al triunfo de la revolución y al tiempo que Jenkins se enriquecía, los hacendados apelaban
a las personas que prestaban dinero o tenían recursos para comprar sus propiedades en
quiebra, puesto que los bancos todavía no se recuperaban de su caída durante el
movimiento revolucionario. Entre los prestamistas nuevamente se encontraba el
estadunidense, quien aparecía como "salvador", les proponía la compra de sus terrenos, o
bien, les prestaba dinero para que salieran de la bancarrota.
Los hacendados del sur de Puebla habían sido afectados en su poder adquisitivo y requerían
de préstamos que utilizaban para proteger sus bienes, en tanto que la estructura de la
propiedad se encontraba en pleno cambio. Sólo los más ricos podían salvar su estatus,
acomodarse a la nueva situación sociopolítica y seguir perteneciendo a la clase dominante;
en cambio, muchos de los terratenientes afectados en sus pertenencias veían repartir sus
antiguas haciendas entre los campesinos en forma de ejidos, o pasar las mismas a manos de
los nuevos gobernantes y sus cercanos.
En esos momentos críticos del país, Jenkins deseaba el dominio que le permitiera mayor
enriquecimiento, para ello diseñaba estrategias como la de enfrentar a campesinos contra
hacendados, de los cuales ya formaba parte y aspiraba encabezar. Los trabajadores del
campo dirigían sus fuerzas contra otros terratenientes para conseguir tierras que no eran del
interés inmediato del estadunidense, mientras él se apropiaba de las más productivas para
su negocio.
En los inicios de su carrera como capitalista, nuestro personaje se dedicaba a la usura y al
agio; ofreció la plata a los necesitados terratenientes con la consecuente apropiación de las
tierras, tal es el caso de la hacienda e ingenio de Atencingo, el más moderno de la región,
que según su carta autobiográfica, esta extensa propiedad la adquirió como pago:

en 1919, cuando por incumplimiento a mi préstamo a Díaz Rubín fue caso


necesario disponer de la propiedad azucarera de Atencingo, [...] (la
propiedad de Atencingo era de mucho mayor valor que mi hipoteca de
$1´200,000.00 de pesos)i.

Pedro Díaz Rubín, lejos de poderle pagar se encontró en la ruina y su prestamista

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oportunamente entabló un juicio hipotecario haciéndose dueño de su hacienda e ingenio en


1921i.
William Jenkins analizó hábilmente el estado de la relación de fuerzas entre los
revolucionarios y los hacendados, y la posición de los nuevos gobernantes y de los
campesinos en lucha. Se percató de que el sistema seguiría su estructura capitalista y
aprovechó el momento de cambio del porfirismo al régimen surgido de la revolución para
influir en la canalización indirecta a su favor del descontento entre los distintos sectores. Su
perseverancia lo llevó a ocupar el puesto de poder anhelado i. Asimismo, tuvo la destreza de
entender la situación sociopolítica del país y de la región, la relación de fuerzas entre los
revolucionarios del estado y del gobierno central. Por ello conocía la fortaleza de los
agraristas del sur de Puebla y la incipiente consolidación del gobierno central. En efecto,
fue hasta 1927 que este último, encabezado principalmente por los caudillos, pudo gobernar
Puebla.
Al concluir la revolución iniciada en 1910 se dio el momento de cambio de la estructura de
la propiedad de la tierra; el capitalismo en México se iniciaba en una fase de
modernización. Los campesinos eran los actores primordiales en el campo rural e
impulsaban al gobierno en turno para que concretara la reforma agraria.
En el caso de Puebla las autoridades estatales se conformaban, con algunas excepciones, de
caudillos agraristas o caciques regionales; los primeros accedían en buena medida a repartir
terrenos, y los caciques, en la confusión posrevolucionaria veían la posibilidad de adquirir
más propiedades para acrecentar sus pertenencias.
Jenkins se arriesgó a comprar algunos terrenos mientras los lugareños, instigados por él,
presionaban a los demás hacendados de la región a abandonar sus tierras; asimismo
cultivaba buenas relaciones con el gobierno en turno, con caudillos y caciques, lo que le
daba una imagen de invulnerable ante la reforma agraria y sabía que, al fin y al cabo, la
nueva Constitución (1917) también garantizaba la propiedad privada.
Una de sus ventajas fue observar la ambición de los nuevos jefes políticos, quienes
buscaban la oportunidad de convertirse en ricos; en este rubro, tuvo el tino de diseñar una
táctica para dirigirlos, satisfacer los deseos de enriquecimiento de dichos personajes, al
mismo tiempo que él obtendría la mejor parte del negocio, es decir, no escatimaba recursos
para obtener voluntades y consecuentes acciones a su favor de personas que le servían para

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lograr sus objetivos. Claro está, todo ello en detrimento de los desprotegidos.
Al mismo tiempo que se alió acertadamente a ciertos grupos de campesinos en contra de
algunos terratenientes, combatió a los trabajadores del campo que le hicieron frente y se
asoció con algunos exhacendados. En estas actividades sobresale la crueldad con la que
enfrentó a los rebeldes en sus propiedades, así como la oportuna inclusión, a través de
sociedades empresariales, de antiguos propietarios en algunos de sus negocios, como los
Díaz Rubín, los Conde y Conde, el francés Reynaud y otros. Sus actitudes demuestran su
amplia visión capitalista.
El emprendedor norteamericano tenía los conocimientos para realizar inversiones
monopólicas de grandes alcances, no obstante para lograr su meta requería poseer enormes
extensiones de tierra, precisamente cuando ésta era peleada por los campesinos ante el
nuevo régimen.
Al término de la revolución se presentó el momento en el cual los nuevos funcionarios
públicos maniobraban para quedarse con las viejas haciendas, los indígenas luchaban para
recuperar las propiedades comunales y Jenkins, que también conocía la situación entre los
diversos intereses encontrados, jugaba con ambas partes hasta que finalmente consiguió su
objetivo.
Fue en 1919, cuando el líder económico William O. Jenkins comenzó a irradiar su poder a
las decisiones políticas en las formas estudiadas por los teóricos del Estado; es decir, tuvo
la capacidad de realizar sus fines, con base en el dominio sobre otros y consiguió tener los
factores reales condicionantes de la efectividad del derecho a su favor, como resultado de
su actividad en el lapso histórico que le correspondió vivir en nuestra sociedadi.
Visto desde la perspectiva weberiana, el poder real y concreto dado en las diferentes escalas
de la sociedad es, por lo general, de naturaleza mixta y se halla articulado por formas de
dominación, autoridad y dirección en proporciones variables. En Jenkins se dieron esas tres
modalidades: dominó, llegó a tener autoridad y supo dirigiri.
Desde otra perspectiva, la teoría marxista del poder desarrollada por Gramsci se refiere a la
supremacía de un grupo social sobre otros que se manifiesta de dos maneras: como
dominación o coacción, cuyo caso límite es la dictadura; y como dirección intelectual y
moral por vía del consenso. En este sentido, un grupo social dominante de los grupos
adversarios, tiende a liquidar o a someter aun con la fuerza armada, y es dirigente de los

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grupos afines y aliadosi.


La hegemonía gramsciana es un hecho político, cultural y moral que pone en juego una
concepción del mundo e implica una comunicación pedagógica. De esta manera, la
sociología marxista inicia su análisis a partir de la colectividad, agrega las características de
la estructura social organizada en clases, comprende la eficacia del poder visto de arriba
hacia abajo y viceversa, de los lugares estructurales de la subalternidad, definida
esencialmente como resistencia que tiende a mantener dentro de límites tolerables la
subordinación o a intervenir en la correlación de fuerzas sostenedoras del orden
establecido. El ejercicio del poder es el requisito indispensable para la regulación y la
reproducción de un micro o macro-orden de naturaleza esencialmente disimétrica y
contradictoria. No obstante, en todo caso el poder es la predominancia del fuerte sobre el
débil, implica injusticiai.
William Oscar Jenkins, en 1919, originó nuevas relaciones político-económicas con
personas ligadas a la oposición carrancista, que para ese entonces su fuerza crecía y en
breve serían gobernantes del estado de Puebla, cuando su poderoso enemigo Carranza se
encontraba a la baja en cuanto a la relación de fuerzas.
Para bien de un determinado grupo de poder y para Jenkins, el 21 de mayo de 1920
Carranza fue asesinado. A partir de este acontecimiento desaparecieron los obstáculos a la
actividad empresarial de dicho estadunidense.
En ese año Jenkins inició la formación de su grupo de poder, pues tenía una incuestionable
capacidad de imponer su disposición a otros; se hacía su voluntad por medio de la fuerza
física y del convencimiento. Desde esos años se procuró el acceso a los espacios
hegemónicos para llevar a cabo sus objetivos, en esa directriz trató a cada sector de clase de
acuerdo con sus intereses y su fuerza, con la previa observación de sus dirigentes. A
quienes le representaban problemas los reprimía, o bien los incorporaba en sus planes, y
quienes veían en él a su maestro, seguían sin dificultad sus directrices; es decir, a cada
individuo lo trataba de acuerdo con la utilidad que le representara, ya fuera de
incorporación o de rechazo, y para este último utilizó el vigor con el fin de controlar o
aniquilar, según el grado de resistencia de los rebeldes.
Hasta aquí podemos ver que su fortuna se inició a partir de su arribo a Puebla en 1905,
sobre todo durante la revolución mexicana, a cuyo término ya se encontraba involucrado en

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la política estadunidense respecto a México y fomentó seguimiento a sus relaciones con


personajes del poder en nuestro país. El autosecuestro se llevó a cabo en un momento
sumamente conflictivo entre el estado mexicano y el estadunidense, tuvo como protagonista
visible a dicho personaje y tras el telón, a las corrientes anexionistas del vecino país del
norte.
El riesgo de guerra entre las dos naciones satisfizo a la parte más beligerante del Congreso
estadunidense, el auto-secuestro representó un pretexto para una nueva intervención armada
en nuestro país, lo que deja ver indicios de que Jenkins bien pudo recibir gratificaciones y
compromisos de importantes políticos de su país. Inmediatamente después del suceso se
expandió en los ramos económicos a los que ya se dedicaba y en otros nuevos.
Además de contar con excelentes recursos económicos y su capacidad de dirección, era una
persona preocupada por conocer los acontecimientos de ambas naciones, tarea que se le
facilitaba por su amistad con políticos relevantes de las mismas, lo que le daba cierta
ventaja con relación a la mayoría de los empresarios mexicanos. Esa postura le permitió el
privilegio de ocupar un lugar preponderante en el poder del México posrevolucionario.
En síntesis, Jenkins despegó como gran inversionista inmediatamente después del
autosecuestro de 1919, durante el cual entabló una serie de relaciones con los nuevos
personajes del poder de nuestro país y consolidó sus lazos con políticos de los Estados
Unidos. Ese año la lucha revolucionaria conformaba el carácter por el cual se regiría el
nuevo régimen, la modernidad del desarrollo económico y los paliativos del desarrollo
social. Los nuevos funcionarios públicos (y sus familias) que se enriquecían bajo su cobijo
se convirtieron en empresariosi, al tiempo que continuaban sus carreras políticas; algunos
de ellos han tomado las decisiones del Estado mexicano.
Fue en el estado de Puebla donde Jenkins obtuvo la mayor parte de su riqueza. De 1920 a
1927 se ha caracterizado a la entidad como el tiempo de los caudillos, de repartición de
tierras y de expropiación a los terratenientes. En estos ocho años se sucedieron en el mando
quince gobernadores, la mayoría de ellos relacionados con el movimiento campesino. En
1920 se presentaron frecuentes protestas de los hacendados ante las invasiones a sus
propiedades, y se alternaron en el gobierno el doctor Alfonso Cabrera, el general Rafael
Rojas García y el licenciado Luis Sánchez Pontón.
Enseguida veremos un ejemplo de cómo fue provechoso para Jenkins el mandato de los

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caudillos: el general Rafael Rojas García se había iniciado como revolucionario desde 1910
con las fuerzas de Francisco I Madero, en 1913 secundó al constitucionalismo, peleó en
Atozatempan contra los huertistas, ascendió a coronel y se unió al Plan de Agua Prieta, por
lo que llegó a general de brigada, fue diputado al Congreso de la Unión del primero de
mayo de 1917 al 8 de mayo de 1920, ocupó la gobernatura interina del 8 de mayo al 16 de
junio de ese año (cuando Alfonso Cabrera abandonó el cargo, recién asesinado Carranza) y
un mes después, del 16 de julio al primero de septiembre de 1920 terminó su periodo como
diputado federal. Durante su gestión gubernamental se abrió nuevamente el caso del
supuesto secuestro y Jenkins fue eximido de toda culpabilidad.
Rojas García encontró la muerte el 5 de septiembre de 1926 en un pleito por la posesión de
las haciendas de la familia de su esposa, Helena Bonilla Huerta.
Días antes Rafael Rojas habló con Julián Corrales (esposo de Trinidad), le dijo
que era tiempo de acabar con sus cuñados (los hermanos Bonilla Huerta) de las
haciendas Tajonar, Santa Lucía y Santo Domingo Atozatempan, repartidas
entre los siete: El Tajonar correspondía a Mauro y a Trinidad; Santo Domingo
era de Helena, Emilio, Aurelio y Cruz. Julián habló con Diega Huerta y ella
decidió vender Santa Lucía, debido a la incapacidad económica de absorber las
deudas y a la falta de dinero en efectivo. El trato se hizo a través de Julián,
quien advirtió a su suegra de las intenciones de Rafael Rojas [...] Julián quedó
como administrador. Cuando W. O. Jenkins compró Atencingo (1921) llamó a
Julián para que trabajara con él. Julián Corrales trabajó como cajero o
purgadori.

Emilio, Aurelio y Mauro Bonilla Huerta habían apoyado a Madero, fueron cercanos a
Aquiles Serdán, colaboradores de la Junta Revolucionaria de Puebla, cuya presidenta
honoraria fue Carmen Serdán, Rafael Rojas García fungió como organizador de la misma i,
sin embargo, los hermanos Bonilla posteriormente colaboraron con los zapatistas en la
dotación de víveres y su cuñado Rafael Rojas siguió bajo las órdenes de Carranza.
Políticamente Rojas y Bonilla estaban en bandos opuestos, motivo por el cual el problema
se tornó tan violento. El pleito Rojas-Bonilla le dejó al estadunidense una nueva haciendai.
Jenkins, al mismo tiempo que tejía la red de poder y entablaba acciones para lograr sus

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objetivos, iniciaba una política para limpiar su imagen del escándalo del autosecuestro y el
desprestigio de su integridad moral. Él tenía como uno de sus objetivos aparecer ante la
sociedad como un individuo recto y de buena voluntad; por tal motivo, empezó a cubrir sus
actividades ilegales, e hizo aparecer a ciertas personas de su confianza como propietarias de
sus bienes, es decir, utilizó prestanombres, como su cuñado Donald Street, sus socios
Gabriel Alarcón, Manuel Espinosa Yglesias, Manuel Cabañas Pavía y Federico J. Miller.
La situación sociopolítica de Pueblai le favorecía en la consecución de sus objetivos
financieros. La problemática de la propiedad de la tierra en el estado había orillado a
Obregón a emitir un decreto en diciembre de 1921 que facultaba a las comisiones locales
agrarias y al gobierno estatal para llevar a cabo dotaciones provisionales de terrenos. Este
decreto benefició a los caudillos, quienes expropiaban a los hacendados y repartían los
predios entre sus allegados, algunas de las haciendas eran invadidas violentamente, lo que
les valía el encono de diversos sectores de la sociedad.
Los caudillos se distinguieron también por demostrar su incapacidad de gobernar para el
conjunto de la población, y como era de esperarse, esa situación derivó en el inicio de una
profunda división entre los personajes del poder político en Puebla.
Además de la problemática planteada, entre la sucesión de gobernadores caudillos se dio
una excepción, Froilán C. Manjarrez, nombrado por el Congreso de la Unión el 2 de marzo
de 1922, cuya posición en la contienda nacional contribuiría a la profundización de la crisis
en los ámbitos del poder de la entidad.
Fue el tiempo en que De la Huerta organizó una auténtica sublevación militar con el 60 por
ciento del ejército a su favor en los estados de Puebla, Veracruz, Jalisco, Campeche,
Tabasco y Yucatáni. El gobierno de Manjarrez tomó las armas a favor del delahuertismo,
pero el 7 de diciembre fue derrotado por el general Juan Andreu Almazán, jefe de
Operaciones Militares en el estado; el 9 de diciembre del mismo año fue sustituido en el
cargo por el gobernador provisional Vicente Lombardo Toledano, quien gobernó hasta el
21 de marzo de 1924.
Finalmente, el 22 de diciembre de 1923, el delahuertismo sucumbió en la ciudad y en el
estado, con el saldo de una fuerte crisis política que se prolongó hasta los primeros meses
de 1925, cuando ocupó la gobernatura Claudio Nabor Tirado. La fisura entre los
gobernantes surgidos de la revolución siguió ensanchándose durante varias décadasi.

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Los caciques y caudillos que gobernaban Puebla coincidieron en apoyar a Tirado. Al


parecer el nuevo gobernante tenía consenso, llegaba en buenas condiciones para ocupar el
cargo; empero, en la práctica gubernamental tuvo que enfrentarse a serias dificultades
derivadas del carácter conservador de los primeros y el radicalismo de los segundos, ambos
grupos lejos de conciliarse enconaron sus relaciones y obstaculizaron las actividades del
gobierno.
Cuando Tirado tomó el mando, Obregón había otorgado poder a los caudillos respecto a la
reforma agraria, lo que constituía la parte fundamental de su fuerza, pero al asumir la
presidencia Plutarco Elías Calles (1924-1928) éste concentró las decisiones en torno a su
persona, se preocupó por fundar instituciones de crédito para la asistencia productiva de los
campesinos, aceleró el reparto agrario e inició la centralización de las autoridades del ramo.
Su política movió el sostén del mandato de Tirado, quien no supo adaptarse a las nuevas
condiciones y el gobierno de Puebla continuó a la deriva.
Obregón tenía serias diferencias con Calles en la lucha por el poder; no obstante, se
mantenía como uno de los hombres fuertes de la política mexicana y era una pieza clave en
el nombramiento del Ejecutivo en Puebla.
Con relación a la gubernatura poblana, Obregón consintió en apoyar el interinato del
general callista Donato Bravo Izquierdo, como consecuencia de la imposibilidad de los
agraristas de gobernar al conjunto de la sociedad. Bravo Izquierdo se comprometió a
otorgar garantías a los obregonistas; sin embargo, al llegar al mando, desató una fuerte
embestida contra ellos. Uno de los primeros en caer asesinado fue el general Manuel P.
Montes, destacado obregonista, combatiente del delahuertismo.
Por las características de Puebla de esos años, el estado no se había insertado en las
políticas del centro, hasta que el primero de julio de 1927 llegó Bravo Izquierdo al gobierno
y comenzó a orientar su mando bajo la dirección callista.
Este gobernador interino permaneció en el poder hasta enero de 1929, se distinguió por
reprimir a los agraristas, retardar la solución de los asuntos agrarios, aliarse a los laboristas
de la CROM y actuar a favor del gran capital en el estado; fortalecía a sus aliados cromistas
en contra del movimiento obrero independiente al tiempo que los subordinaba al capital. En
lo que se refiere a los empresarios, entre otras cosas, continuó con la condonación de
impuestos a la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, iniciada desde el gobierno de

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Cabrera: contrató la compra de todo el cemento utilizado en obras estatales y municipales a


la Fábrica de Cementos Portland Landa; se contrató con la sociedad anónima de esta última
un pago insignificante de impuestos de producción, 50 pesos bimestrales por 25 años;
nombró las primeras juntas de Mejoramiento y Pavimentación en 1927, formadas
fundamentalmente por empresarios y cónsules extranjerosi; decretó que el Departamento de
Tráfico fuera dependencia gubernamental en lugar de municipal. En general, su política
prodigó concesiones contra intereses colectivos y tendió a fortalecer el proyecto del
gobierno federal.
Uno de los empresarios más favorecidos esta actitud fue el ya famoso William Oscar
Jenkins, quien tenía participación en la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, en la Fábrica
de Cementos Portland Landa y fue miembro de la Primera Junta de Pavimentacióni.
El arribo de Bravo Izquierdo a la gubernatura permitió la intervención directa del gobierno
federal en la política de la entidad, impulsó el proyecto de Reconstrucción Nacional, cuyos
ejes principales eran: la subordinación de los poderes locales; la contención de la
movilización campesina; el control oficial de la clase obrera a través del laborismo de la
CROM y el desarrollo económico basado en la protección e impulso de la iniciativa
privada. Con ello fortaleció las condiciones apropiadas para el crecimiento capitalista en el
estado. Su mandato sirvió a los intereses económicos de los potentados e incorporó al poder
político a William Oscar Jenkins. Sobre este aspecto, se dice que el estadunidense tuvo una
influencia decisiva en la gestión estatal en calidad de prestamista del gobiernoi.
Jenkins tuvo tino en tratar a los actores de la política y a los inversionistas del estado,
además de conocer las situaciones de México y los Estados Unidos, todo esto le permitió
urdir el enjambre de posiciones, relaciones y acciones con las que obtuvo un poder único de
control económico y político que ejercería durante es resto de su vida. El emprendedor
estadunidense supo actuar firmemente y con decisión en cada momento para realizar sus
objetivos: en las crisis, aprovechó la desesperación de los afectados; en las recesiones
produjo, acaparó y distribuyó bienes entre quienes podían pagarlos; en los momentos de
auge, motivó la ambición de quienes con sus cualidades y su acceso al mando le facilitaban
el arribo a las posturas deseadas. En este sentido, fue un genio de las finanzas.
A partir del momento de la adquisición de la hacienda de Atencingo y los demás terrenos
cañeros de los municipios de Atencingo y Chietla, se inició como gran productor de azúcar

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y sus derivados, mieles y alcoholes. En su cometido de modernización del emporio


azucarero requirió aumentar las tierras de siembra, adquirir maquinaria procedente del
extranjero, mejorar la calidad de la caña, y sobre todo, contratar al personal que lo llevara a
cabo, su equipo.
Para poseer enormes extensiones de tierra recurrió a todos los medios a su alcance; por
ejemplo, las tierras de Ximila, Matarrubia, Viborillas y Palma Morada, fueron afectadas por
la Ley Lerdo, expropiadas por el gobierno y entregadas al español Francisco de Velasco,
motivo que originó una fuerte lucha dirigida por doña Lola Campos, quien solicitó a las
autoridades estatales la restitución de los terrenos comunales. Los antiguos comuneros
también denunciaron permanentemente las formas ilegales de la apropiación de tierras por
parte del empresario estadunidensei.
Ya con autoridades surgidas del triunfo revolucionario, Lola Campos y un numeroso grupo
de campesinos pidieron al presidente municipal de Chietla tomara cartas para la devolución
de las tierras expropiadas; dicha autoridad turnó el caso al ministerio público, el cual a su
vez lo envió a un juez menor; finalmente, los gobernantes corruptos fueron sobornados por
De Velasco y desconocieron la personalidad jurídica de los integrantes de la agrupación
solicitante.
Francisco de Velasco también explotaba el cultivo de la caña de Jaltepec, anteriormente
destinada al ingenio de Oacalco, Morelos, pero que la cedió a Atencingo debido al decreto
del gobernador interino Donato Bravo Izquierdo, quien prohibió la salida de este estado,
para cualquiera de los limítrofes, de materias primas susceptibles de ser empleadas en
industrias básicas de la entidad, medida anticonstitucional presentada como de utilidad
pública, resultado del poder que ya ejercía Jenkins.
Durante la revolución los demás ingenios de la región fueron quemados; en cambio, el
ingenio de Atencingo siguió en funciones y al pasar a las manos del estadunidense fue
modernizado con fuertes incrementos de capital; su nueva capacidad productiva requería de
enormes cantidades de caña y su dueño se dio a la tarea de adquirir la mayor parte de los
terrenos para sembrarlos: tierras particulares, ranchos, ejidos, montes, pastizales y baldíos
pasaron a ser de su propiedad, a través de todos sus recursos de poder disponibles en ese
lapso. Para 1931 Atencingo tenía la fama de ser el ingenio más productivo de México y el
de más alto rendimiento en América Latinai.

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A quince años de hecha la revolución, los indios, legítimos dueños de esas tierras, sufrían
un nuevo tipo de despojo. Los zapatistas, pertenecientes a las comunidades y pueblos
indígenas de Morelos y el sur de Puebla lucharon en una primera instancia por recuperar las
tierras expropiadas, pero las autoridades, hasta 1927, en su mayoría agraristas, no
satisficieron sus demandas. Al ver que no volverían a ser los propietarios de sus antiguos
terrenos, porque las haciendas en quiebra eran compradas por nuevos ricos, o eran
adquiridas por los políticos en el poder, doña Lola dirigió a su grupo para solicitar ejidos y
al mismo tiempo alentó a quienes trabajaban en el gran ingenio para organizarse en
sindicatosi.
Ella tuvo la osadía de enfrentarse al monopolio y fue reprimida con cárcel, el asesinato de
su hijo Rafael y finalmente el suyo. El conflicto de las expropiaciones de tierra había
orillado a esos campesinos a combatir en la revolución, sin embargo, dos décadas después
éstos seguían esperanzados con recuperarla, eran terrenos de siembra de caña que pasaron a
ser poseídos por Jenkins.
Un factor de suma importancia en la formación del emporio azucarero fue el equipo de
trabajo de Jenkins, el cual inicialmente se conformó con el gerente del ingenio, Diego L.
Kennedy, el encargado de las oficinas, Julián Corralesi y José Sánchez, exadministrador de
la propiedad de Díaz Rubín, quien siguió en su cargoi.
Sánchez y Kennedy entraron en contradicciones en cuanto a la forma de administrar la
propiedad, inhibiéndose con su actitud el pronto desarrollo de la misma; por esa razón,
alrededor de 1927, cuando Jenkins ya vivía en el edificio de la calle 2 Oriente i, decidió
contratar como administrador al español Manuel Pérez Pehna, recomendado por sus amigos
Manuel Álvarez, Pedro Díaz Rubín y Carlos Coutolenc. Pérez Pehna era de origen español
y gozaba de prestigio profesional entre sus paisanos, además tenía una gran ambición por el
dinero y carecía de principios; a poco tiempo de fungir en su empleo supo de los negocios
secretos de su patrón, se implicó en ellos con gran eficiencia convirtiéndose en su socio, en
el brazo armado del emporio. Desde ese momento participó de las ganancias y se
comprometió a vigilar la continuidad del negocio por medio de la violencia.
Jenkins tuvo la habilidad de formar un equipo caracterizado por su astucia, adicción al
dinero y por su falta de principios. Su gran ambición por hacer fortuna y sus formas de
hacerla lo llevaron a ocupar el número uno entre los hombres más ricos del país, así como

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de tener un fuerte desprestigio ante la población, en contra de lo que aspiraba hacer sentir
respecto a su persona; es decir, su anhelo de ser reconocido y recordado como personaje
emprendedor, recto y benefactor aún no lo lograba.
Ahora bien, con el fin de cambiar su imagen, a partir de sus experiencias en el auto-
secuestro y la expulsión de nuestro país en 1934, delegó el trabajo sucio a sus más cercanos
colaboradores, quienes veían en él un ejemplo a seguir; era rico y no tenía vicios, lo
respetaban como su padre espiritual. Al respecto, José Manuel Pérez Vega, dirigente de la
organización popular Pueblo Unido de Puebla, hijo de Francisco Pérez La Madrid y nieto
de Manuel Pérez Penha, recuerda que la escuela de Atencingo, de la que su abuelo formó
parte, se distinguía por su conducta hacia la producción de dinero y su respeto a don
Guillermo (William), en cuya presencia cuidaban su lenguaje y maneras de comportarse
(entre otras cosas, no tomaban alcohol). De esa agrupación salieron Gabriel Alarcón,
Rómulo O´Farril, Manuel Pérez Artasánchez, Manuel Espinosa Yglesias y otros más que
consideraban al norteamericano como su dirigente anímicoi.
En lo que se refiere a la construcción del ingenio de Atencingo, donde se originó el
poderoso grupo, se utilizaron cuadrillas de trabajadores procedentes de Morelos, Oaxaca y
Guerrero para efectuar la mano de obra. La refinería de azúcar fue montada por
estadunidenses que desmantelaron una grúa en Rijo y la erigieron en el patio de Atencingo
para hacer más fluida la descarga de caña y alimentar mejor la mesa (burro) del trapiche.
Agregaron dos juegos de mazas y una picadora o desmenuzadora; ya existía una
machacadora Krajewski. Con los cambios produjeron azúcar blanca granulada en vez de
marqueta o pilón, pero no se mejoró el rendimiento en la fábrica por el insuficiente
abastecimiento de materia prima. Atencingo estaba previsto para multiplicar su producción
en cuanto a cantidad y calidadi.
Por tal motivo, Jenkins persuadió a los propietarios de predios de riego para que sembraran
caña y la vendieran a su empresa; asimismo, se planteó comprar las tierras de Jaltepec, de
siembras cañeras en la faja que comprendía: Tezoquipa, Ximila, San Manuel, Matarrubia,
Paso del Coyote y Palma Morada, extensión tan grande como la de Atencingoi.
No fue suficiente dicho terreno, por lo que se propuso la consecución de otros más; él y sus
empleados sabían cómo su proveedor Francisco de Velasco se había adueñado de las tierras
que habían sido propiedad de los campesinos organizados con doña Lola y que estaban

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todavía en pie de guerra para recuperarlas, así que aprovechó los problemas legales y
económicos del español y en poco tiempo apareció como el nuevo amo.
Al unísono, Atencingo se nutrió de extranjeros en aras de su modernización: Pierre
Weltens, belga, se encargó de la casa de locomotoras; Barrow fue nombrado mecánico jefe;
Cecil Basset, canadiense, químico laboratorista; Sandrock, de Lousiana y Hill, inglés en la
refinería; para tacheros y azucareros, Aucoin, Derjean, Parenton, también de Lousiana.
Nuestro personaje vio cumplido su objetivo de productividad en Atencingo alrededor de
diez años después de su compra, lo cual quiere decir que además de contar con los recursos
para adueñarse de las tierras productivas, pudo y supo invertir en la infraestructura del
ingenio y mano de obra, sin recibir utilidades, por lo menos durante esa década, lo cual
demuestra que su fortuna no se originó precisamente en la explotación azucarera de
Atencingo.
Ya en plena producción azucarera en su propiedad, los reportes del ingenio diarios,
semanarios y quincenales (corridas de molienda, del laboratorio y otros), desde 1923 hasta
1946, cuando pasó a ser propiedad de Manuel Espinosa Yglesias, Lorenzo Cué y Moisés
Cosío (socios comerciales del millonario), son una serie ininterrumpida de documentos de
carácter semioficial con datos falsos, acogidos por las oficinas gubernamentales como
verídicos debido a la corrupción de los funcionarios encargados del asunto, como los jefes
de zona de la Unión Nacional de Productores de Azúcar, SA (UNPASA), quienes
asentaban en las partes volúmenes de caña mucho mayores que los que realmente existían,
para poder adquirir anticipos de refacción y avío más amplios y jinetear esos dineros.
Miguel Espinosa explica detalladamente lo anterior y de qué manera se producía en secreto
el alcohol en Atencingo: acumulaban diariamente la materia prima, hasta cincuenta
toneladas de mieles finales. La empresa declaraba paros ficticios sábados y domingos; en
cuarenta y ocho horas se fabricaban alrededor de veinte mil litros de líquido que
almacenaban en tanques subterráneos ocultos, e incluso, en los revelados oficialmente, con
diferencias en el nivel -o desnivel- de los pisos, o columnas descritas con mayor volumen
que el verdadero y otros detalles más que alteran la capacidad denunciada. El grupo
Atencingo sobornaba jefes de Hacienda y de la Sociedad de Productores de Alcohol, así
como a sus inspectoresi.
William Jenkins, en complicidad con Luis González, almacenista de azúcar y alcohol,

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escondió grandes cantidades de esos dos productos. Los compradores de la mercancía


clandestina eran: Gómez de la tienda de raya; Cuesta y Sánchez, tenderos de Chietla;
Antonio Alonso (hoy millonarios de Atlixco); Gabriel Alarcón y Manuel Espinosa Yglesias
de Puebla. La transportación ferroviaria se hacía de acuerdo con empleados ferrocarrileros
constantemente sobornados, como es el caso de Guillermo Flores Amayo. Es evidente que
el negocio de alcohol originó grandes fortunasi.
Otro de los eslabones usados por el estadunidense para acrecentar su fortuna fue el de
realizar operaciones comerciales con los Estados Unidos; se dedicó al negocio del alcohol
con su país natal al mismo tiempo que allí se decretó la llamada Ley Seca por parte del
presidente W. Wilsoni. Su desprecio hacia las leyes rebasó la frontera mexicana.
En lo que respecta al negoció de alcohol, Jenkins incluyó a Gabriel Alarcón, especialmente
en su tráfico. En septiembre de 1934 fue encarcelado junto con su apoderado, el contador y
catedrático del Colegio del Estado, Manuel Cabañas Pavía, por transportar
clandestinamente alcohol, pero Gabriel Alarcón se adjudicó la propiedad del producto y
quedaron en libertad después de una "mordida" de cien mil pesos al entonces funcionario
público Aarón Saensi.
El magnate estadunidense se involucraba prudentemente en una serie de negocios y
actividades ilegales tanto en México como en Estados Unidos, entre los que se encuentra la
producción y contrabando de alcohol, cuya fabricación y comercialización con su país la
hacía en forma clandestina, y por lo tanto, no pagaba impuestos por la misma. Su venta se
realizaba en secreto en Estados Unidos, con la complicidad de miembros del mundo del
hampa, en el que también participan políticos, y con ganancias extraordinarias i. Al
respecto, Noam Chomsky muestra que el gobierno estadunidense ha estado comprometido
principalmente con la empresa privada, por lo que los derechos de los inversionistas han
sido salvaguardados, aun con asesinos y torturadoresi. La venta clandestina del producto
mencionado también originó enormes fortunas de empresarios estadunidenses.
El grupo Jenkins se vio fortalecido desde la presidencia de Álvaro Obregón, gozó de la
anuencia y complicidad de las autoridades para su beneficio. Lombardo Toledano recuerda
que en su mandato en el estado de Puebla, Jenkins ya poseía una fuerte influencia en el
poder políticoi; Claudio N. Tirado y Donato Bravo Izquierdo fueron sus grandes aliados.
Durante la gubernatura de José Mijares Palencia, su cercanía con el gobierno sufrió un

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pasajero revés; después de su aprehensión, en noviembre de ese mismo año, fue expulsado
del país por el presidente Abelardo L. Rodríguez, quien le aplicó el artículo 33
constitucional, por contrabandista y extranjero pernicioso y por transportar
clandestinamente alcohol en la ciudad de Pueblai.
Unos meses antes, Jenkins había participado en la propagación de una amenaza de paro
empresarial en el estado, en contra del fallo de legalidad de la huelga del sindicato de la
Fábrica de Cementos Portland Landa, durante la cual se presentó pistola en mano, se
introdujo a las instalaciones y sacó documentación. Cabe mencionar que su nombre no
aparece entre los accionistas de dicha empresa, pero sí el de los hombres que le servían para
tal efecto como Manuel Cabañas y Federico J. Milleri.
Nuestro personaje se ligó fuertemente al poder político recién iniciada la segunda década de
nuestro siglo, entabló relaciones con los políticos del grupo avilacamachista y con su
dirigente y futuro gobernador del estado de Puebla, Maximino Ávila Camacho, quien antes
de ocupar el mando, actuaba como jefe de la 19ª zona militar y cuyo mandato marcó una
época en torno a su persona y manera de gobernar de triste memoria para la población.
El general Maximino Ávila Camacho nació el 23 de agosto de 1891 en Teziutlán, Puebla,
fue hijo de Manuel Ávila y Eufrosina Camacho, arrieros que trabajaban en la propiedad de
la familia Lombardo Toledano, laboró en la profesión de sus padres y posteriormente fue
vaquero de las haciendas Cerro Viejo, Santa Domitila, La Vizcaya y Santa Lucía. Estudió
en el Liceo Teziuteco y en 1913 ingresó en la Escuela Militar de Aspirantes, de la que
desertó un año después para incorporarse a la revolución constitucionalista con el general
Antonio Medina. Obtuvo los siguientes ascensos: teniente coronel en 1922, coronel en
1923, general brigadier en 1926, y general de brigada el 10 de septiembre de 1929. Fue jefe
de operaciones en los estados de Aguascalientes, Querétaro, Puebla y Oaxaca, entre otros;
fue nombrado jefe de la 19ª zona militar en 1935 y ascendió a general de división en 1940.
Fungió como gobernador del estado de 1937 a 1941 y murió el 27 de febrero de 1945i.
Maximino Ávila Camacho desde 1928 ya actuaba en grupo con Gonzalo Bautista Castillo y
Rómulo O'Farril, aliados a la CROM en el Congreso local. Se opusieron, junto con el
entonces gobernador Donato Bravo Izquierdo, a la candidatura de Leonides Andreu
Almazán, quien a pesar de los avilacamachistas ocupó el cargo de febrero de 1929 a enero
de 1933 y dio un giro radical al gobierno poblano.

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Leonides Andreu Almazán era médico y no había participado al mando de las fuerzas
militares. A diferencia de los caudillos tradicionales, tenía una conducta honesta y
nacionalista. Fue partidario de impulsar el desarrollo interno a partir de la instalación de un
gobierno fuerte y socialmente responsable, comprometido con la voluntad del pueblo y
dispuesto a dictar las reformas emanadas de la Constitucióni. Por lo anterior, su forma de
gobernar trataba de combinar una política renovada y progresista; difería, en suma, con el
proyecto del gobierno central. Consecuente con su modo de pensar, su discurso era
igualitario y su programa era verdaderamente social; buscaba crear una nueva relación entre
gobernantes y gobernados, entre Estado y sociedad, trataba de controlar desde arriba los
movimientos sociales y cumplir los preceptos revolucionarios en cuanto al reparto agrario,
la resolución del problema obrero y el fomento de las fuentes productivas. Se enfrentó al
gobierno federal, a los caciques y caudillos, a un sector de la clase media, a una parte de los
empresarios y a los políticos profesionales. Sin embargo, contó con la simpatía de las clases
populares.
Las fuerzas en su contra fueron superiores y le propiciaron una derrota, aunque su
actuación e influencia permanecieron durante la década de los treinta, como lo muestra la
candidatura a gobernador de Gilberto Bosques en 1932i, y a la presidencia de la república
de Juan Andreu Almazán, su hermano, en 1940.
Gilberto Bosques tenía su propio prestigio, estaba ligado al almazanismo y tenía simpatía
en la mayoría de la población. Él ganó las elecciones en el momento que se
institucionalizaba el fraude electoral que tanto daño ha hecho a nuestro país; su derrota fue
el inicio de la imposición de gobernantes estatales desde arriba, a través del uso del poder y
de la impunidad a quienes lo ostentan.
El triunfo avilacamachista fue obtenido por medio de la violencia y el fraude, con la
anuencia y apoyo del entonces presidente de la república, Emilio Portes Gil. Esa fue la
forma como José Mijares Palencia ocupó el cargo de primer mandatario en el estado, de
febrero de 1933 a enero de 1937. Portes Gil era parte del callismo con sus sangrientos
métodos de dominio. En cambio, la fuerza de Almazán y Bosques estaba en los obreros de
la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC), la Alianza Revolucionaria
de Obreros y Campesinos del Estado (AROCE) y el diario La Opinión.
Gilberto Bosques (1892-1995), pertenecía al ala izquierda del Congreso de la Unión, junto

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con los diputados federales poblanos Leobardo Coca, dirigente obrero de la FROC, y
Eduardo Guerra; fue coautor del proyecto de ley de educación rechazado por los puntos
radicales de reforma, y fungió como primer presidente de la Cámara por parte de su
corriente, a cuyo cargo corrió el desafuero de los 17 callistas en 1935, durante el gobierno
de Cárdenas.
En el ámbito nacional el mando de Plutarco Elías Calles continuó durante las presidencias
de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez; a este periodo se le
conoce como "El Maximato". Cuando Lázaro Cárdenas asumió el cargo el primero de
diciembre de 1934, Calles lo presionaba con el fin de continuar su dominio, hasta que seis
meses después el expresidente fue exiliado al extranjero.
En la esfera local, la izquierda del Congreso del Estado la constituían Luis Cruz Manjarrez,
Filomeno Escamilla y Pelegrín Castro, quienes estaban aliados a la misma corriente en el
Congreso de la Unión. Estos tres diputados apoyaron el proyecto de Cárdenas, sin
imaginarse que al poco tiempo en el estado de Puebla, éste preferiría al grupo
avilicamachista, que lo había combatido y en la práctica llevaba a cabo una política
conservadora y opuesta al cardenismo.
La derrota de Bosques representa el inicio de una era de dominio dictatorial del gobierno
del estado por parte del grupo avilacamachista, donde la presencia de Jenkins siempre
estuvo en la primera línea, en la presentación de directrices sobre la política económica,
campesina, obrera y social, y sobre todo en el ejercicio del poder a favor del empresariado y
sus huestes.
Cabe decir que la decisión política de Cárdenas de exiliar a Calles y ejercer el mando
conferido por la ciudadanía, contó con el apoyo del ejército, obtenido en gran parte por la
colaboración de Manuel Ávila Camacho, quien había sido ratificado como subsecretario de
Guerra y Marinai. Además, en el combate contra Calles, Maximino Ávila Camacho, actuó
afín a Cárdenas, por lo que en 1935 fue nombrado jefe de la 19ª zona militar. Desde su
nuevo cargo fortaleció su red de relaciones clientelares; siempre ejerció una fuerte
influencia sobre su hermano menor Manuel; se hizo compadre de Cárdenas y de otros
políticos relevantes; emparentó políticamente con famosos empresarios poblanos, estimuló
la creación de "guardias blancas", y atrajo hacia sus posiciones oportunistas a miembros del
ala derecha del Congreso del Estado, con quienes formó el núcleo de su poderosa

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agrupación. Por supuesto, inició una estrecha amistad y se hizo compadre de William
Jenkins, con quien diseñó y dirigió al grupo de poder que dominaría la región hasta los
primeros años de los setenta.
Maximino Ávila Camacho pudo conjuntar a todos aquellos elementos de la política poblana
prestos a la corrupción; por ejemplo, el caso de Gonzalo Bautista Castillo, quien apoyó a
Mijares Palencia, en junio de 1933 era diputado de la fracción mayoritaria de la legislatura
local, prodigó felicitaciones a Plutarco Elías Calles por sus declaraciones en contra de la
presidencia cardenista, pero meses después, tras la expulsión de Calles, él y su grupo se
constituyeron en el Bloque Cardenista, sin dejar su postura conservadora. Gracias a la
intervención de Maximino Ávila Camacho esta agrupación fue la reconocida por el
presidente y sus miembros pasaron a fortalecer al avilacamachismo.
El grupo de poder encabezado por Jenkins y Ávila Camacho fue el principal soporte de la
élite de la iniciativa privada de la cual formaban parte. Al respecto, el licenciado Alejandro
C. Manjarrez, sobrino del gobernador, nos dice que el gobierno poblano concesionaba
cuotas de poder al sector privado a partir de 1940i. Empero, se observa que la cúpula
empresarial ha ejercido el mando directamente, los empresarios poblanos han sido
gobernantes del estado, de los municipios y han fungido en los principales cargos públicos;
su organización se inició durante el gobierno de Alfonso Cabrera Lobato (1917-1920),
vivió sus mejores días durante el gobierno de Gonzalo Bautista Castillo (1941-1944) y
todavía es parte fundamental de las decisiones gubernamentales.
El grupo avilacamachista empezó a ganar posiciones a partir de los años veinte, se
fortaleció durante el cardenismo y siguió en la cúspide hasta los primeros años de los
setenta. Su política ha favorecido a una parte de la burguesía en México a costa del
empobrecimiento de la mayoría de la población.
Ejemplos de lo anterior los tenemos en 1921 durante la gestión de Claudio N. Tirado, al
estallar la primera huelga electricista de la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, se
paralizaron las actividades de Puebla y Tlaxcala, y como respuesta a las demandas de los
huelguistas, el presidente Álvaro Obregón decretó una solución favorable al capital. Esa fue
la tercera ocasión en que el dueño de la empresa, Federico J. Miller, disolvió el Sindicato
de Electricistasi.
En cambio, unos años más tarde el gobierno de Leonides Andreu Almazán entabló un

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juicio contra esta Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, desconoció el contrato entre la
empresa de capital inglés y al exgobernador interino Bravo Izquierdo, en consecuencia
demandó el pago de siete millones de pesos por el adeudo de los impuestos al Estado. La
Suprema Corte de Justicia falló a favor del demandante, aunque sólo obligó a los
empresarios a pagar dos millones y medio de pesos que sirvieron para la construcción de
dos escuelas en 1931i.
Sobre este asunto, Donato Bravo Izquierdo en sus Memorias trata de justificarse, e incluso
niega tal actuación; según él, al darse cuenta de la pequeña cantidad de impuestos pagada
por la empresa, procedió a demandarla, pero la Suprema Corte de Justicia sentenció a favor
de la misma. Sin embargo, no presenta pruebas sobre la veracidad de sus declaracionesi.
El grupo de Maximino Ávila Camacho respondía a la dirección de Jenkins como su cabeza
económica, y hacía negocios al tiempo de ejercer el poder, como ejemplo, el empresario
Gonzalo Bautista Castillo fue senador mientras Maximino Ávila Camacho gobernaba y,
cuando este último salió del cargo, sucedió a Bautista en la legislatura, de 1941 a 1945.
Asimismo, Maximino Ávila Camacho seleccionó a los dos siguientes gobernadores:
Gonzalo Bautista Castillo y Carlos I. Betencourt (1945-1951), a este último poco antes de
su muerte en 1945. Cuando esta acaeció, su grupo estaba fortalecido en el ámbito nacional,
la presidencia de la república se encontraba en manos de su hermano Manuel (1940-1946),
y su otro hermano, Rafael, continuó en el gobierno del estado (1951-1957) Este dominio
prevaleció hasta 1973, una década después del fallecimiento de Jenkins.

Capítulo VII

El ingenio y el cine

William Oscar Jenkins llegó a tener gran influjo en los políticos y militares partícipes de las
decisiones económicas del Estado, en un momento en que este último se apoyaba en la
fuerza de las organizaciones populares y de trabajadores para ejecutar su política respecto a
la Reforma Agraria y, en general, para satisfacer las demandas de los asalariados, como lo
había determinado la legislación constitutiva.
En la década de los veinte Jenkins se dedicó a obtener la supremacía entre los industriales
poblanos y en influir a aquellos políticos emanados del proceso revolucionario que

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denotaban fuertes ambiciones económicas y de poder. Sin embargo, las características del
nuevo régimen incluían en las decisiones a los dirigentes de las organizaciones de los
trabajadores, sobre todo a partir de 1934, cuando Lázaro Cárdenas arribó a la presidencia de
la república, por lo que el empresario norteamericano requirió de su influencia entre esas
personas.
Por esta razón, Jenkins y su grupo se orientaron a conquistar a los líderes sindicales. Tenía
él la buena experiencia de haber entablado amistosas negociaciones con empresarios y
políticos que redituaban en su beneficio personal, al mismo tiempo que enfrentaba con sus
amigos en el poder a quienes no aceptaban sus condiciones. Esta estrategia de inclusión o
enfrentamiento la empleó recién iniciado el emporio azucarero y posteriormente la aplicó
con una parte de los líderes campesinos y obreros.
El norteamericano se entendió maravillosamente con los dirigentes de la CROM y la
Central de Trabajadores de México (CTM). Sus relaciones derivaron en conjurar huelgas y
reprimir laboral y físicamente a los trabajadores, a cambio del enriquecimiento ilícito de sus
dirigentes, quienes han recibido dádivas y sobornos por su fidelidad al Estado, y por ende a
los empresarios, su actuación ha sumido al movimiento obrero mexicano en el oficialismo.
La alianza de Jenkins con las élites dominantes le permitió constituir al grupo financiero
más poderoso de esos años a costa de la explotación, el despojo, e incluso la vida de
innumerables mexicanos.
En 1937 el primer secretario general de la CTM, Vicente Lombardo Toledano, influyó en la
política agraria cardenista sobre la implantación de cooperativas campesinas. En el caso de
Atencingo, las tierras se entregaron a los obreros y peones que venían de otros lugares del
país y trabajaban para la empresa. Ante esta decisión, los lugareños, anteriormente
despojados de las mismas, tomaron algunas haciendas, pero fueron repelidos con armas de
fuego por administradores y obreros del ingenio, pistoleros de Manuel Pérez, la policía
estatal, soldados federales, bomberos y peones residentes, como en el caso de la hacienda
Lagunillas en 1939, donde 400 insurgentes fueron detenidos y trasladados a Puebla. Dicha
toma de tierras fracasó, murieron algunos hombres de ambos bandos y la cooperativa se
conformó con elementos oficialistas.
A pesar de la creación de la cooperativa el emporio azucarero continuó en las manos de
Jenkins, como lo demostró Rubén Jaramillo en su carta al presidente Lázaro Cárdenas,

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fechada el 19 de mayo de 1939, en la que explica, como testigo presencial en el complejo


de Atencingo en ese mismo año,
el triste estado de vida que se pude observar entre los trabajadores de ese lugar, me
convence de que no hay tal cosa (se refiere a la cooperativa), y que el comisionado
no es otra cosa que un ciego petiche (sic) del hacendado Jenkinsi.

Ese funcionario era Aarón Merino Fernández, quien posteriormente (1964-1969) fungió
como gobernador del estado.
En esa misiva Jaramillo denuncia la farsa de la supuesta cooperativa, el desconocimiento de
ésta por parte de los asalariados (supuestos cooperativistas), las pésimas condiciones de
trabajo y vida de los mismos y, la paupérrima situación de los lugareños. Cárdenas y sus
funcionarios no pudieron, o no quisieron, hacer nada para remediar la situación de los
campesinos, desenmascarar a Jenkins y corregir la actitud de las autoridades respecto al
incumplimiento de la reforma agraria.
Posteriormente Porfirio Jaramillo, hermano de Rubén y dirigente de un conjunto de
campesinos opositor a la agrupación de Jenkins-Ávila Camacho en Atencingo, envió una
carta abierta al entonces presidente de la república Adolfo Ruiz Cortines, en la que
denunció las pésimas condiciones de vida de los campesinos, las irregularidades de la
aplicación de la reforma agraria en la región y la complicidad de funcionarios del estado,
incluido el gobernador, Rafael Ávila Camacho. En febrero de 1954 Porfirio Jaramillo y su
compañero Fausto Calixto viajaron a la Ciudad de México para consultar a funcionarios del
Departamento Agrario, con el fin de resolver la problemática planteada. Fueron asesinados,
"por desconocidos", en el hotel donde se hospedaron.
Rubén Jaramillo fue ajusticiado por el ejército en 1962, durante el gobierno de Adolfo
López Mateos. A continuación transcribo parte de una carta de reciente publicación sobre
este caso:
El pasado 21 de mayo se cumplieron 36 años de la muerte del líder campesino
morelense Rubén Jaramillo, asesinado junto con su esposa -embarazada- y sus
cuatro hijos. Este crimen político lo perpetraron elementos del Ejército Mexicano
sin que mediara orden de aprehensión o sentencia condenatoria que dispusiera la
pena de muertei.

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De acuerdo con Ronfeldt, la masacre de Jaramillo, su familia y campesinos que los


acompañaban fue producto de una confabulación de la oligarquía mexicanai.
Otro caso evidente de corrupción es el de Facundo Sánchez, capataz de Jenkins, encargado
de la Sociedad de Crédito Ejidal y pistolero que se encargaba de pagar salarios a los
supuestos ejidatarios, de excluirlos de la presunta cooperativa, de incluir a personas ajenas
a la misma y de reprimir por medio de violencia e incluso asesinar a quienes protestaban.
Jenkins puso de presidente municipal de Izúcar de Matamoros a su hermano Manuel
Sánchez, en la elección llevada a cabo el 4 de noviembre de 1953, quien también fue
diputado y dirigente sindical; su otro hermano, llamado Jesús, era dueño de camiones
foráneos. Facundo recibió el cine de Izúcar de Matamoros como recompensa por su
trabajoi.
Atencingo tenía su propia administración, conformada por los empleados de la empresa, el
personal técnico y de seguridad, es decir, pistoleros que mantenían bajo terror a los
trabajadores, sobre todo si éstos intentaban organizarse; ellos se encargaban de la vigilancia
de los pobladores, de excluir del trabajo a quien les parecía y de asesinar a los rebeldes.
Ahora bien, la propuesta de Lombardo Toledano de hacer de Atencingo una cooperativa,
incluía la expropiación total del complejo azucarero; sin embargo, el representante de la
FROC-CTM en Puebla, Blas Chumacero, asistente de Jenkins para agrupar a los obreros y
ejidatarios en el Sindicato de Obreros y Campesinos de Atencingo, organización oficialista
que enfrentaba a los zapatistas lugareños seguidores de doña Lola, argumentó que la
propiedad privada de la empresa debería permanecer y dar crédito a los ejidatarios
azucareros, como finalmente sucedió. Su posición estuvo completamente de acuerdo con
los intereses del grupo Jenkins, y como es del dominio público, Blas Chumacero fue uno de
los dirigentes vitalicios de la CTM (murió como tal en 1997). Finalmente se llegó a la
creación de una sociedad de crédito.
Después de sangrientas confrontaciones entre la CTM y la CROM, en la década de los
cincuenta, esta última organización dominó la organización laboral de la región en estrecha
colaboración con Jenkinsi. El líder vitalicio de la CROM, conocido por su apego al régimen
y por el control represivo que ejercía en obreros y campesinos, Antonio J. Hernández,
sostuvo relaciones amistosas con el norteamericano y su equipo fundamental; también le

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guardaba respecto y lo consideraba un guía espiritual.


El ingenio y las tierras azucareras siguieron en posesión de Jenkins con la complicidad de
las autoridades poblanas y nacionales, además de los dirigentes campesinos y obreros
oficialistasi. La confabulación del grupo avilacamachista en el poder propició obligar por
ley, a los recientes ejidatarios, a producir exclusivamente caña de azúcar para el ingenio de
Atencingo y, a conformarse con la mala paga y el mal trato a sus personas.
Los ejidatarios que no obedecían las normas impuestas eran expulsados de la región o
asesinados. Hubo tantos homicidios que, desde esos años, cada 16 de agosto, se lleva a
cabo en Ahuehuetzingo la Procesión de las Viudas. Mujeres vestidas de negro, con velas
encendidas, marchan al atardecer para rogar a la virgen de La Soledad por sus maridos
asesinados, como única forma de protestar contra la injusticia. La marcha luctuosa todavía
se mantiene como una tradicióni.
Distraigamos, ahora nuestra atención en otro asunto. La incursión de Jenkins en la industria
cinematográfica en el ámbito nacional se inició en 1938. Fue el más productivo de sus
negocios, según narra su socio Manuel Espinosa Yglesias. El norteamericano llegó a poseer
casi la totalidad de las salas de exhibición en el país, la producción y la distribución de
películas, la mitad con él mismo en la Operadora y Constructora de Inmuebles y la otra
mitad con Gabriel Alarcón en la Operadora de Teatros.
Los tres empresarios, para lograr el monopolio de la cinematografía mexicana, recurrieron a
todos los medios a su disposición: recursos económicos, influencias gubernamentales,
amagos, atropellos, e incluso asesinatos, los mismos métodos que habían utilizado para
dominar las finanzas y el poder político en Puebla y una parte del estado de Veracruz.
La política del grupo Jenkins o avilacamachista respecto a su control en la industria del cine
se ilustra con el caso de Jesús Cienfuegos, español que gozaba de un contrato/concesión
otorgado por el gobernador José María Sánchez (mandatario de abril a noviembre de 1924),
el cual lo eximía de pago de impuestos al Ayuntamiento por un lapso de 50 años. Durante
la campaña de Maximino Ávila Camacho, el empresario se negó a apoyarlo, como
consecuencia al quinto mes del mandato de Maximino, el Congreso estatal aprobó el
decreto del gobernador de obligar a Cienfuegos a pagar impuestos con siete años de
retroactividad, 115 mil 598 pesos, más lo que correspondía al estado y a la federación.
Cienfuegos apeló por la compra del terreno por 300 mil pesos, el gobierno le denegó el

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contrato y el empresario se fue al amparo. La solución del conflicto legal no llegó a


concluirse, es decir, la justicia no determinó cuál de las partes tenía la razón.
Ávila Camacho no pudo quitar la concesión al español Jesús Cienfuegos, quien además no
hizo caso de las amenazas del gobernador para aceptar las ofertas de compra por parte de
Jenkins, entre otros motivos por la baja cantidad de dinero ofrecida por las salas
cinematográficas. Jesús Cienfuegos fue asesinado, por "desconocidos" el primero de enero
de 1941, su viuda, ante el conocimiento del motivo del crimen no pudo resistirse a las
demandas de Jenkins y obligada por la inseguridad le vendió sus propiedadesi.
Otro de los métodos utilizados por el grupo Jenkins lo ilustra el caso del propio cineasta y
periodista Miguel Contreras. En Puebla, cuando ya casi todos los cines eran propiedad del
trío mencionado, sólo el Cine Colonial pertenecía a los señores Arellano, quienes
contrataron tres de sus películas, estrenadas en Puebla por los cines de Cienfuegos. Alarcón
venía actuando para apropiarse del negocio mencionado y, por medio de su gente, ofreció
reiteradamente a Contreras alquilar las mismas películas, amenazándolo con "no pasar"
ninguna de sus cintas en sus salas exhibidoras de no aceptar su oferta de dinero. Contreras
cumplió su contrato con el Cine Colonial y Alarcón no volvió a pasar los trabajos del
cineasta en sus propiedades de Puebla y Veracruz, lo mismo que la Operadora de Teatros
de Manuel Espinosa Yglesias. Recordamos que en ambas empresas Jenkins era dueño de la
mitad de las acciones.
A partir de 1940, durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho, Maximino pasó a ser
ministro de Comunicaciones y las películas de Contreras no tenían cabida en los estados
donde existía el monopolio que en breve abarcó la Ciudad de México y todo el país. La
carrera del productor de películas, militar revolucionario, pionero del cine mexicano,
guionista y actor, vio su fini.
Los negocios de William Oscar Jenkins florecieron en el periodo de Manuel Ávila
Camacho: azúcar y sus derivados, vainilla, harina, alimentos enlatados, productos
químicos, fábricas textiles, cemento, maquinaria, automóviles, emisoras radiofónicas,
periódicos, televisión y cine. Su alianza con Espinosa Yglesias y Alarcón se expandió a la
banca y a la industria de la construcción por medio de su sociedad con el avilcamachismo;
su consorcio con Rómulo O´Farril en la armadora Packard en Puebla, culminó con la
entrada de ambos en la más potente estación de televisión en México: Televicentro.

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Posteriormente ampliaron la empresa con la inclusión de Emilio Azcárraga Vidaurreta


(expropietario de la Cadena de Oro, de la que formaba parte el cine Alameda, que pasó a
ser de Jenkins), Maximino Ávila Camacho, varios ministros y senadoresi. Su agrupación
había llegado a la cima del poder económico y político.
Gracias a las concesiones gubernamentales durante la presidencia de Manuel Ávila
Camacho, Jenkins y Espinosa Yglesias controlaban el Banco de Comercio; las acciones de
esta institución fueron entregadas a Espinosa Yglesias como pago por su parte en la
industria cinematográfica en 1954. Asimismo las acciones del Banco Nacional
Cinematográfico, en la gestión de Miguel Alemán, convergieron en la Nacional Financiera
SA. Además de la banca, el grupo Jenkins dominaba en los medios masivos de
comunicación a través de la televisión, la radio y la prensa, esta última con los diarios
Novedades, El Heraldo, El Sol de Puebla y otros de cobertura regional y nacional. Con esto
último dirigían la información a la ciudadanía, ocultaban y desvirtuaban hechos que
conformaban la opinión pública, como el de la falsa Cooperativa de Atencingo, que en
realidad nunca existió, y posteriormente, sobre el movimiento estudiantil de 1968, así como
muchos otros hasta la actualidad.
Sobre el conflicto de 1968 tenemos como muestra la siguiente carta enviada por Gabriel
Alarcón, director del periódico El heraldo de México al presidente Gustavo Díaz Ordaz:

Antes que nada, deseo expresar a usted que la amistad y lealtad que le profeso, la
antepongo a todo, y al exponerle seguidamente mi actuación en los problemas
estudiantiles lo hago para que no exista duda de mi buena fe y entrega a su
gobierno, y muy especialmente que respaldo abiertamente su actuación valiente
sensata y patriótica... Estoy lo mismo que mis hijos, con usted... pero le pedimos su
orientación... (al referirse al Lic. Luis Echeverría) el pasado domingo le avisé de un
movimiento promovido por redactores de El Día y Excélsior por el cual pretendían
publicar en los diarios de la capital un desplegado firmado por los redactores de
todos los periódicos. El mismo era de reproches al gobierno, por lo que procedí a
advertir al Güero O'Farrill y convencí a mis reporteros de lo desorientadora y
antipatriótica que resultaría esa publicación y que no la apoyaran. El Lic. Echeverría
me dijo que gracias a la información que en detalle le di se paró a tiempo este

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asunto y además se logró que un grupo de redactores amigos, hicieran una


publicación de apoyo al régimen. En ocasiones la orientación que me da nos da la
guía para la noticia de ocho columnasi.

No es casual que a partir de la monopolización de los principales medios de comunicación


impresos en manos del grupo Jenkins, los defensores de los derechos sociales: políticos,
obreros, campesinos, estudiantes y demás, se convirtieran ante la opinión pública en
delincuentes, agitadores, provocadores de la inestabilidad y peligrosos comunistas
merecedores de la cárcel y de la represión del Estado. Estas publicaciones, faltas de ética
profesional, han contribuido en gran medida a la creación de las condiciones propicias para
ejercer el terror por parte del gobierno y de las agrupaciones dominantes como la de
Jenkins; como ejemplos tenemos: las guardias blancas en la Sierra Norte de Puebla y los
sindicatos blancos en todo el país (enfrentados con las organizaciones obreras
independientes), cuyos resultados son un sinnúmero de asesinatos, despojos, despidos y
todo tipo de violaciones a los derechos humanos en los lugares donde han aparecido, es
decir, en la mayor parte del territorio nacionali.
Existe una lista, obtenida principalmente de la información de los textos de Contreras y de
Ronfeldt, de trabajadores honestos que luchaban por hacer valer sus derechos, periodistas
por cumplir con su labor informativa, líderes campesinos y obreros, empresarios,
profesionistas del derecho y militares que no sucumbieron a las presiones de la agrupación,
pero todos ellos asesinados por los conocidos "benefactores de nuestra nación", Jenkins y
su grupo: María Dolores Campos viuda de Espinosa (1945, dirigente campesina); Rafael
Espinosa Campos (hijo de doña Lola y también dirigente campesino); Victoriano Romero,
Jesús Ramírez, Samuel Zorrilla, Rosendo Campos, Alberto García (diputado local),
Teodoro Sánchez (1954, dirigente campesino), Ernesto Zorrilla, general Juan Herrera,
Telésforo Salas, Filomeno Escamilla (1941, dirigente obrero y cabeza del único
Ayuntamiento Obrero de Puebla), José Trinidad Mata (periodista), Lic. Alfonso León de
Garay (periodista, gerente del diario La Tribuna que denunció el autosecuestro), Lic.
Gustavo Ariza, Francisco Domínguez, Hilario Galicia "Gato Prieto" (periodista), Lic.
Pacheco, Luciano Sánchez, Telésforo Mora, Leobardo Coca (1941, periodista y dirigente
obrero), Antonio López, Jesús Cienfuegos (1941, empresario), Alfonso Romano, Porfirio

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Jaramillo (1955, hermano de Rubén Jaramillo y también dirigente campesino), Alfonso


Mascarúa Alonso (10 de agosto de 1954, líder del Sindicato de Trabajadores de la Industria
del Cine), Fortunato Calixto (1955, dirigente campesino), Francisco Bello, Victoriano
Romero, Sánchez de la Junquera, Esteban Tecanhuey, Chato Guerrero, Hilario Flores,
Lorenzo Flores, Aurelio Ramírez, Pablo Ibáñez, José Salasi.
Esta lista sólo es una muestra del terror que emanaba del grupo Jenkins, asesinos a sueldo
con impunidad en cuanto a sus crímenes, incluso en los casos en que de alguna manera se
probaba su autoría, como sucedió con el asesinato de Alfonso Mascarúa, por el cual se
acusó como autor intelectual a Gabriel Alarcón Chargoy, quien encargó a Alejandro Ponce
de León para que éste a su vez contratara a Antonio Trujeque y a Joaquín Vigueras para
asesinar al sindicalista (según la confesión publicada en La Prensa, transcrita por Miguel
Contreras, aunque posteriormente se retractaron). El juez Castañeda del Villar dictó prisión
para Gabriel Alarcón, pero el Juez Segundo en Materia Penal dictó la contraorden,
liberando más tarde a Ponce de león, a Trujeque y Vigueras. Hubo cuatro testigos que
vieron a los asesinos materiales, uno de ellos apareció más tarde asesinado en las afueras de
Puebla, lo mismo que uno de los asesinos materiales.
El país y principalmente el estado de Puebla, vivió con el grupo de Jenkins-Ávila Camacho
más de tres décadas de intenso terror gubernamental. En la actualidad, la participación en
las decisiones públicas de sus sucesores es todavía de la mayor importancia.

Capítulo VIII

Fundación y consolidación

Hemos visto como Jenkins era conocido por su destreza para conseguir dinero a costa de
cualquier cosa, razón por la que gozaba de desprestigio ante la población. Empero, su
educación, en un medio de hegemonía puritana, una moral que surgió del rompimiento con
la jerarquía católica, en la cual el prestigio personal es de primordial importancia, le impuso
la necesidad de cambiar su efigie. Por eso, en la década de los cincuenta, al mismo tiempo
de imponer su voluntad a través del terror, cuando rebasaba las siete décadas de edad, y
posiblemente se imaginaba próximo a la muerte, se dedicó con objeto de aparecer un
hombre honorable, para lo que intentó con ahínco el lavado de su figura.

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Don Guillermo, como Joseph Cartaphilus en El inmortal de Borges, tenía la convicción de


que cuando el fin se acerca no quedan imágenes del recuerdo, sino sólo palabras. En
consecuencia actuó en el sentido de comprar discursos que lo presentaran como benefactor,
puesto que en nuestro sistema las palabras también suelen ser mercancías. Los últimos años
de su vida, con el fin de ser recordado por su bonhomía, siguió las lecciones del San
Ciappelletto de Bocaccio e intentó hacerse pasar como un hombre de honor.
Con este afán confió a su socio Manuel Espinosa Yglesias, la intención de dejar sus bienes
para obras de beneficencia en nuestro país. Según palabras de este último, Jenkins no
consideraba adecuado dejar el total de su fortuna a su familia, pues creía en la
obligatoriedad de toda persona de trabajar para obtener y gozar riqueza continua.
Me contó que -dice Espinosa Yglesias-, de acuerdo con su esposa, decidió dejar
todo su capital en México para una institución de beneficencia que se dedicara a
diversas obras. Él había pensado dejarlo especificado así en su testamento. Yo le
sugerí que lo hiciera en vida, pues el testamento iba a ser atacado y posiblemente
tendría que pagar pensión de herencias, ya que el gobierno de México exigía
entonces ese requisito y también el gobierno americano. Él se animó a constituir la
Fundación Mary Street Jenkinsi.

La herencia del hombre más rico de México era codiciada por quienes se encontraban cerca
de su persona. Al crearse la fundación, su también amigo Manuel Espinosa Yglesias se
inició como segundo patrono de la misma, tenía así participación, la cual le posibilitaba
dirigir hacia sus propios intereses los movimientos contables de la institución benefactora.
La Fundación Mary Street Jenkins se creó en octubre de 1954, los integrantes del patronato
fundador fueron: W. O. Jenkins (fundador y presidente), Manuel Espinosa Yglesias
(patrono), Manuel Cabañas Pavía (secretario), Felipe García Eguiño (patrono), William
Anstead Jenkins (patrono), y Sergio B. Guzmán (patrono suplente). Su primer asiento
contable fue el traspaso de la Compañía Constructora y Operadora de Inmuebles, la mitad
de la cual pertenecía a Espinosa Yglesias, quien cambió su parte, como ya vimos, por las
acciones de Jenkins del Banco de Comercioi.
Nuestro personaje, penetrado por la mentalidad del mundo de los negocios, pensaba que
para obtener una imagen renovada de su persona requería de una inversión inicial que le

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redituaría jugosas utilidades; en este tenor, la creación de la fundación cambiaría su efigie y


aumentaría sus ganancias. El 2 de julio de 1954, tres meses antes de crear dicha institución,
escribió una carta al licenciado Antonio Carrillo Flores, secretario de Hacienda y Crédito
Público, en la que le manifiesta que tenía el propósito de establecerla,

con el objeto de hacer el bien en esta ciudad y estado por tiempo indefinido […]
(comenzaría con) el traspaso de todas las acciones de la Compañía Constructora y
Operadora de Inmuebles S.A. con capital de 90 millones de pesos, cuyo activo está
representado por treinta y cinco edificios en las ciudades grandes de la República y
con una renta garantizada de ocho millones de pesos anuales con contrato largo de
arrendamientoi.

El contrato mencionado en la misiva se hizo con el gobierno federal, en esta también


expone su preocupación porque la Compañía Constructora y Operadora de Inmuebles tenía
que pagar el impuesto de ingresos Income Tax, y por la imposibilidad de la fundación de
adquirir o poseer inmuebles, estipulado en el artículo 27 de la Constitución Mexicanai. Ante
tales obstáculos le solicitó interpretar la ley en el sentido de que la fundación mantuviera
como necesarios para su objeto todos los bienes raíces y empresas de la compañía referida,
pues de lo contrario tendría que pagar esos impuestos y dificultaría el fin de su origen.
Evidentemente el secretario de Hacienda concedió lo solicitado: a la naciente fundación se
le permitió conservar las empresas que la conformaban y se estipuló para ella exención de
impuestos por diez años. De esta manera, Jenkins antes de morir pudo gozar de mejores
prerrogativas y trato por parte del Estado, lo cual le benefició con mayor margen de
ganancias por sus actividades industriales, respecto a otros empresarios.
Carrillo Flores, considerado como uno de los hombres con más influencia en las redes del
poder político mexicano desde la presidencia de Emilio Portes Gil (1928-1930) hasta el
mandato de Adolfo López Mateos (1958-1964)i, jugó un papel fundamental en la creación
de la Fundación Mary Street Jenkins, concediendo las ventajas mencionadas. El influjo del
funcionario fue de gran utilidad para los dos primeros grandes beneficiados de la
institución.
Si bien es loable que una institución particular cree instancias de beneficencia, quizá no sea

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tanto que sean negocios que representan utilidades y sólo una parte de la población tenga
acceso a ellas, como es el caso de la Universidad de las Américas, uno de los centros de
educación superior más costosos del país, cuyos edificios han sido pagados por la
Fundación y realizados por las compañías constructoras de Espinosa Yglesiasi. Ese es el
caso también de los deportivos Clubes Alpha, iniciados con el Club Alpha 1 en 1952, en
1962 se inauguró el número 2 y en 1971, posterior al fallecimiento de Jenkins, dio inicio el
número 3
En julio del 2004 cierra sus puertas el Club Alpha 1 para ser donado como centro de
desarrollo deportivo a la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla [...]
un mes después, se inician operaciones en el Deportivo Cholula i,

La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), propiedad privada del
grupo Jenkins, se creó como alternativa a la Universidad Autónoma de Puebla, institución
pública, gratuita y de enseñanza crítica que albergaba a los jóvenes de todas las clases
sociales con deseos de hacer estudios superiores.
Las universidades y los mencionados centros deportivos han dejado jugosas utilidades con
las cuotas de los estudiantes y de los "socios", ahora usuarios, ya que funcionan como
negocio y no como instituciones benefactoras. Además, los mismos pertenecen a la familia
Jenkins bajo la dirección del Sr. Jenkins, nieto del personaje en cuestión, lo que muestra el
verdadero destino de la herencia de su fortuna.
Asimismo, la mayoría de las empresas iniciadas por la Fundación son útiles a quienes
detentan su dirección, se encargan de divulgar su ideología y de preparar mano de obra
calificada para incorporarla en sus negocios particulares. Por ejemplo, las inversiones que
hizo han apoyado a la iniciativa privada, como es el caso de la Universidad de las Américas
y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla; así como las becas en el
extranjero, preferentemente otorgadas para los Estados Unidos, donde se forman
profesionistas con una visión muy american way of life, modelo de vida del grupo Jenkins.
En el inicio de los años sesenta, como un ejemplo, el grupo financiero tenía proyectado
colaborar con la Universidad Autónoma de Puebla en la construcción de su Ciudad
Universitaria; sin embargo, al comenzar el movimiento estudiantil en apoyo a la revolución
cubana en 1961, retiró su prometida aportación y se iniciaron los preparativos para formar
en Cholula la Universidad de las Américasi. Posteriormente, de 1964 a 1973, la fundación

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entregó parte de lo proyectado (sólo las construcciones ya realizadas), al gobierno del


estado y éste a las autoridades universitarias.
A partir del surgimiento de la Fundación en 1954, nuestro personaje trasladó sus
propiedades a la misma, y a su muerte, en 1963, dice Espinosa Yglesias que su socio
estadunidense dejó "su fortuna entera de 750 millones de pesos (60 millones de dólares a la
paridad del año) a la fundación para beneficio de su país adoptivo". Su amigo hizo publicar
en el libro de la Fundación Mary Street Jenkins parte del testamento oficial de William
Oscar Jenkins, quien fuera su patrono principal y presidente mientras tuvo vida. A su
muerte, la presidencia del patronato la ocupó Manuel Espinosa Yglesias, y el nieto del
fundador, William Anstead Jenkins, pasó a cubrir el puesto de segundo patrono.
Es curioso que el multimillonario dispusiera que ninguna de sus cinco hijas formara parte
del patronato de la fundación creada con su fortuna; sólo su nieto varón William Anstead
Jenkins fue incorporado a la institución, lo cual revela también el origen puritano y
machista relativo a Jenkinsi.
Desde la muerte de nuestro personaje hasta 1997, Manuel Espinosa Yglesias dirigió a la
fundación. Al renunciar dejó en el cargo a su hija Ángeles Espinosa Rugarcía, no sin antes
expulsar al único descendiente de su creador y a la esposa de éste. Ante estos hechos se
exacerba la suspicacia: ¿esa cuantiosa fortuna ha servido principalmente para engrosar los
bolsillos de su administrador, quien también llegó a ser el hombre más rico del país, según
sus propias palabras, en 1977? "Fui [...] el mejor banquero mexicano", declaró en 1998,
permanecí en la cima hasta el 1º de septiembre de 1982"i.
Por la expulsión, los esposos Jenkins Landa, interpusieron el 27 de febrero de 1997, un
juicio ordinario civil que dos años después ganaron hasta el juicio de amparo interpuesto
por Espinosa Yglesias, Ángeles Espinosa, Guadalupe Espinosa de Cosío y Álvaro Conde y
Díaz Rubio (sic). El alegato estribaba en que la constitución de la Fundación de la
Universidad de las Américas donó el campus universitario a la Fundación Mary Street
Jenkins, que según el juez de la causa del Distrito Federal en el expediente 315/97 resolvió
como acto ilegal, pero el ocho de diciembre de 1998, la Junta para el Cuidado de las
Instituciones de Beneficencia Privada resolvió no ejecutar la sentencia y reinstalarlos en el
patronato de las fundaciones. La decisión fue tomada por el entonces gobernador del estado
Manuel Bartlett Díaz, una semana antes de abandonar la gubernatura poblana. Ángeles

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Espinosa aparece en el listado de empresarios que financiaron la campaña de Bartlett para


la candidatura presidenciali.
Espinosa Yglesias, segundo presidente de la fundación, ejerció el poder político tras el
telón, gracias a su fabuloso poderío económico. Se destacó también como empresario de la
construcción, las industrias cinematográficas, textil, de la comunicación, la minería, y
muchos otros productos y servicios. Asimismo, era de facto consejero presidencial, labor
interrumpida en los últimos meses del mandato de José López Portillo, sobre todo en el
aciago septiembre de 1982, cuando éste "expropió" la bancai.
Respecto a la Fundación, Espinosa Yglesias vendió parte de las empresas que la
conformaban, como es el caso de "una enorme cantidad de hectáreas de bosques en
Apatzingán" que Jenkins había desmontado para transformarlas en fértiles tierras
algodoneras. Al morir el norteamericano, los terrenos fueron comprados por el gobierno de
Méxicoi. También se distinguió por aniquilar numerosos bienes creados por Jenkins para
prestar servicio a la población de medianos y escasos recursos, como el Hospital
Latinoamericano; y por convertir otros, como los Clubes Alpha y La Universidad de las
Américas, en lucrativos negocios que en nada cumplen los objetivos planteados por su
fundador.
La inversión del producto de las ventas se hizo fundamentalmente en bancos, fuera del
estado de Puebla, incluso extranjeros. Es decir, se llevó el capital y con ello afectó
negativamente el desarrollo económico e industrial de la región.
Sin lugar a dudas, la Fundación Mary Street Jenkins le sirvió a su creador al otorgarle un
prestigio desconocido por él hasta antes de la aparición de la misma, porque en ciertos
aspectos ha contribuido a mejorar las condiciones de vida de algunos sectores de la
población: una parte de los impuestos no pagados por las empresas que a lo largo de su
existencia la han conformado, ha servido para crear centros educativos, recreativos,
culturales y de salud; de igual manera ha realizado obra pública, aunque selecta.
Sin embargo, es cierto también, esas obras benéficas se han construido en su mayor parte
con el erario, el dinero de los impuestos gastado directamente en ellas a través de la
Fundación, la cual sin haber sido electa para tal efecto, ha ejercido directa y
discrecionalmente un aspecto del poder político de nuestro país. Hay que señalar que si el
gobierno realiza ese tipo de gastos, lo hace en la menor medida posible, haciendo otras sus

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prioridades financieras, durante décadas no consideró el desarrollo social entre sus


objetivos inmediatos. De haberlo hecho, el aparente altruismo de Jenkins y su grupo no
tendría razón de ser.
Con la creación de la institución nuestro personaje incrementó su capital; la exención de
impuestos sirvió para pulir su bruñida conducta anterior y así mejorar su imagen, el
segundo gran objetivo de su vida. Su existencia se llenaba de sentido, empero, a diferencia
de San Ciappelletto, el mercader santificado que murió en el extranjero, donde no lo
conocían, Jenkins vio sus últimos días en Puebla, donde vivió cerca de sesenta años e hizo
su mala fama y su fortuna. Los poblanos de aquellos tiempos lo conocieron, muchos de
ellos sufrieron sus injusticias y a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho su grupo para
que sea recordado como altruista, en la población sigue presente su gran ambición por el
dinero y su crueldad para conseguirlo.
San Ciappelletto, a la hora de su muerte, sacrificó su fortuna y sus bienes con el fin de no
causar problemas a sus cómplices; al ser santificado pasó a cumplir el papel de
intermediario entre los creyentes y su dios. Jenkins, en cambio, al aparentar ser benefactor
se hizo todavía más rico. Hasta el último momento de su vida obtuvo ventaja de su fingido
sacrificio; como líder empresarial, supo hacer el negocio de limpiar su imagen.
En su afán por enriquecerse, su socio, amigo y cómplice Manuel Espinosa Yglesias lo
emuló, al alimentar el ego puritano para evitar que dejara su fortuna a su familia. Así supo
encauzar las acciones financieras del millonario hacia donde él podría controlarlas,
excluyendo del patronato al único descendiente del norteamericano, logró la libertad en
cuanto a la disposición de los bienes implicados, obtuvo privilegios propios de la fortuna en
cuestión y heredó a su familia el poder que anteriormente recibiera del fundador de la
institución.
En síntesis, las amistades más cercanas de Jenkins eran los miembros de su agrupación:
Maximino Ávila Camacho, su brazo político-militar, fallecido en 1945; Manuel Pérez
Penha, su más cercano colaborador, consejero y cómplice, murió en 1946, un año después
del asesinato de su hijo; Manuel Espinosa Yglesias (fallecido en el año 2000) y Gabriel
Alarcón Chargoy (fallecido en 1986), quienes superaron al millonario en su ambición
monetaria; Rómulo O'Farril, cuya descendencia sigue en la cúspide de los negocios; Emilio
Azcárraga Villaurreta, él y sus descendientes directos han encabezado a la empresa

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televisiva más poderosa de México. Los demás empresarios poblanos agrupados a su


alrededor hacían negocios bajo su cobijo, se enriquecían sin mirar más allá de lo que el
norteamericano les concedía ver, en la actualidad siguen agrupados y mantienen una fuerte
presión reaccionaria sobre el Estado.
Jenkins tuvo como mérito haber invertido buena parte de su capital en el estado de Puebla,
con lo que impulsó el desarrollo económico regional, con la consecuente creación de
empleos y el mejoramiento de las condiciones de vida de algunos pobladores, actitud que
no se observa en los demás miembros de su grupo nuclear de poder, y en consecuencia
otros empresarios de origen nacional. Nuestro personaje murió el 4 de junio de 1963, nueve
años después de creada la Fundación, hasta entonces se dedicó a la consolidación de su
grupo económico y a ejercer su poder político. Con el fin de darle continuidad a este último
aspecto, influyó y formó parte en la creación de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y
Material del Municipio de Puebla (JMMCM), cuyas actividades se prolongaron hasta enero
de 1995, treinta y dos años después de su fallecimiento.
Recién creada la Fundación Mary Street Jenkins, su presidente avizoró las ventajas de la
misma; no obstante hacía falta un organismo privado similar que cumpliera directamente
algunas de las funciones del Estado, que decidiera sobre los dineros de los contribuyentes
sin desviarlos hacia objetivos que en nada beneficiaran a su grupo. Él tenía la experiencia
de la Primera Junta de Pavimentación de 1927, en la que participó y de la cual se benefició,
por lo que influyó en la creación de la JMMCM.
Este organismo se instauró por decreto gubernamental el 7 de marzo de 1958, como una
cuota de poder dada al grupo Jenkins. Sus dirigentes fundadores fueron: presidente,
Domingo Taboada; vicepresidente, Marcos Mastretta; secretario, Cayetano Cosío; Lorenzo
Aispuru, José Antonio González, Carlos J. Arruti, Rafael Munguía Baltazares, Armando
Guerra, Miguel López Rodríguez, y Carlos Alonso Miyar, la mayoría identificados como
miembros de la agrupación del norteamericano.
La Junta de Mejoramiento siempre estuvo representada por personajes sobresalientes en los
negocios. Cámaras de industria, comercio y banca, y líderes obreros de centrales
oficialistas, por lo regular en los cargos de menor importancia. Algunos de esos hombres
alternaban, hasta el último momento entre la Junta y cargos oficiales en el Ayuntamiento
del Municipio de Puebla. Hasta la fecha ejercen el poder desde posiciones

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gubernamentales, a pesar de que el ayuntamiento poblano, ha estado en manos del Partido


Acción Nacional, opuesto al llamado partido oficial.
El mismo día que se instauró el organismo de marras, también por decreto gubernamental,
la ciudadanía poblana fue obligada a pagar el 25 por ciento adicional de impuestos
municipales, como cuota de cooperación a la Junta de Mejoramientoi. Desde su fundación y
hasta el derogamiento del decreto de instauración hizo las veces del poder municipal y
apoyó básicamente a la burguesía poblana.
La Junta de Mejoramiento impulsó el condicionamiento moral y cívico de la población
como refuerzos ideológicos, y el material, como agente modernizador de la infraestructura
necesaria para el mejor desarrollo capitalista de la región, encabezado por el grupo
económico y político dominante en Puebla.
En otras palabras, las obras realizadas condicionaron el mejoramiento de la infraestructura
para la realización de plusvalía: pavimentación, alumbrado público, mejoramiento de
escuelas, iglesias, caminos, etcétera. Igualmente, la censura de aquellas ideas democráticas
y la libre expresión en aspectos políticos, sociales y culturales. En este sentido, los
miembros de la Junta de Mejoramiento se esforzaron para ser aceptados en la mentalidad de
la población, para mantener e impulsar el sometimiento a la antidemocracia, el estado
propicio para la continuidad en el poder del selecto grupo Jenkins y Ávila Camacho.
Como ejemplo de lo anterior exponemos que en marzo de 1959, cuando el organismo
realizó "una limpia" de pequeños comercios fijos y semifijos de la ciudad de Puebla, en la
avenida 10 Poniente y en los portales del centro de la capital. Estos pequeños negocios
aparentemente provocaban bajas ventas a los grandes comerciantes del centro de la ciudad,
cuyos propietarios formaban parte del grupo multicitado, por lo que en la asamblea
ordinaria de la Junta de Mejoramiento, llevada a cabo el 28 de febrero de 1961, se acordó
solicitar al presidente municipal, Eduardo Cué Merlo, cooperación para embellecer el
Barrio del Artista, la Plazuela del Facto y el Teatro Principal y así garantizar el alejamiento
de la competencia de los grandes establecimientos. La plazuela mencionada serviría para
ubicar a una parte de los vendedores de dulces típicos y artesanías que fueron desalojados.
Al resto no les dieron alternativa, dejándolo sin empleo.
En general las obras materiales de la Junta de Mejoramiento propiciaron las condiciones
para la modernización, tarea correspondiente al ayuntamiento. De acuerdo a sus informes

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anuales, el organismo destinó recursos al mejoramiento de escuelas privadas (las cuales


cuentan con ingresos propios porque cobran por instruir), hospitales, orfanatos, sociedades
contra el alcoholismo, campañas moralizadoras y, escasamente prestó ayuda a instituciones
públicas. También se hicieron aportaciones para la restauración de templos y monumentos
arquitectónicos, con la intención de mejorar la imagen de la entidad e impulsar el turismo
en Puebla. Es decir, en este renglón, utilizaron los recursos según sus preferencias sociales
y discrecionalmente.
En cuanto a las contradicciones sociales en Puebla, apoyó a sus representados; como
ejemplo, pagó campañas publicitarias en contra de los movimientos estudiantiles, entre las
que destacan las efectuadas en los años de 1961, 1964, 1968, 1972, 1973 y 1989, 1990.
Siempre mantuvo opiniones contrarias respecto a cualquier proceso democratizador de la
entidad y fue parte activa en las luchas contra la democracia, ejemplos sobran, pero citamos
los casos de los asesinatos de universitarios en 1972 y 1973.
Cuando fungía como gobernador Gonzalo Bautista O'Farrill (1972-1973), el movimiento
universitario de Puebla se había convertido en el centro fundamental de la oposición al
régimen en el estado. Después del intento de socavarlo a través de actos porriles, en 1972
fue reprimido directamente por el gobierno. Durante esta etapa violenta se asesinó
impunemente al director de la preparatoria Benito Juárez, arquitecto Joel Arriaga Navarro
el 20 de julio de 1972; al director de Extensión Universitaria, Enrique Cabrera Barroso el
20 de diciembre de ese año; al profesor de la Preparatoria Popular Emiliano Zapata,
Alfonso Calderón Moreno; al estudiante de la misma escuela Norberto Suárez Lara y otras
cuatro personas más el primero de mayo de 1973.
Joel Arriaga se había distinguido por su honestidad y por su capacidad organizativa y de
dirección en el movimiento estudiantil de 1968; ese año fue detenido en Puebla y
encarcelado en el Distrito Federal. En 1972, a unos días de haber sido liberado, fue
acribillado por varios francotiradores apostados en las azoteas de los edificios en el camino
acostumbrado a su domicilio. Lo acompañaba su esposa Judith García, quien a pesar de que
el automóvil quedó seriamente dañado por los impactos de bala, salió completamente ilesa.
Unos días después de cometido el crimen, Enrique Cabrera Barroso entregó a la viuda una
carta dirigida al entonces rector de la UAP, químico Sergio Flores Suárez, en la que
mencionaba los nombres de quienes presionaban al gobernador Gonzalo Bautista para que

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116

atacara a esta casa de estudios. Consideraba pertinente hacer un manifiesto público con la
lista mencionada para frenar el hostigamiento y los homicidios en contra de los
universitarios y con el fin de que la sociedad supiera quiénes estaban detrás del gobernador,
presionándolo para eliminar la Reforma Universitaria.
Judith García narra que Cabrera temía más asesinatos de universitarios, por lo que planteó
la necesidad de publicar la lista de los responsables y frenar así la embestida del grupo en el
poder, pero el rector Sergio Flores consideró poco prudente su publicación, debido al
peligro que representaba una acusación de esa envergadura. La viuda de Arriaga ha
conservado el escrito que fue publicado el 11 y el 18 de octubre de 1995 en un diario de
circulación local, el cual incluye una fotocopia de la misiva y los nombres de los
responsables de la violencia de esos años en Puebla:
Abelardo Sánchez Gutiérrez, Bernat Solsona, Eligio Sánchez Larios, Rodolfo
Budib, José Luis Castillo, los hermanos Pellico, Klaus Feldman Petersen, ingeniero
Antonio Ramírez Castellanos, la Sra. Sobero, Manuel Díaz Cid, Mario Bracamontes
Zardaneta, Eduardo García Suárez, Morales Piloni, los hermanos Rodríguez
Concha, el licenciado Antonio Arrubarrena, Guillermo Casados, el arquitecto
Mastretta y "otros individuos perfectamente identificados forman el foco
reaccionario de dónde parten las órdenes al gobierno Represivo de Bautista
O´Farril, la promoción y el apoyo a todo tipo de Delincuentes y homicidas"i

Casi todos los mencionados en la carta de Cabrera representaron a la Junta de


Mejoramiento en los cargos más importantes y formaron parte de ella durante toda su
existencia. La Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material fue un organismo dirigido
por los empresarios poblanos que duró treinta y seis años, se le concedió el poder y los
recursos necesarios para fungir como autoridad. Sin tomar en cuenta a la población, sus
dirigentes también se alteraban en los altos rangos del municipio, como los hermanos
Roberto y Rafael Cañedo Benítez, Roberto fue vocal de la junta en 1976 y Rafael alcalde
de la ciudad en 1994, cuando se derogó el decreto que amparaba a dicho organismo,
Eduardo Cué Merlo, fue presidente municipal y presidente de la junta; Herberto Rodríguez
Concha, presidente de la junta y síndico del ayuntamiento, y otros más. La Junta no sólo
recibía el 25 por ciento de los impuestos municipales, sino que tenía el apoyo del gobierno

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municipal para cobrar "cuotas voluntarias" a la población con el fin efectuar sus obras. Por
ejemplo, en junio de 1960 se cobró la cooperación "voluntaria" (con la amenaza de
embargar sus bienes raíces, de no ser pagada) a los propietarios de los predios de la
Avenida Juárez, por concepto de alumbramiento público; de esta obra salieron beneficiados
entre otros, políticos y empresarios ligados al grupo en cuestióni.
Jenkins dejó a su grupo consolidado en el poder por medio de la Junta de Mejoramiento,
empero, las fuerzas sociales encabezadas principalmente por estudiantes, detuvieron con su
lucha su avance por esa vía hasta que el movimiento de Reforma Universitaria fue
derrotado directamente por el gobierno federal y sus seguidores en el estado y en la
universidad en 1990, cuando el neoliberalismo arribó a la cúspide de la nación y ya no era
necesario cubrir las apariencias sobre origen e intereses elitistas de los gobernantes.
Nuestro estado recibió como legado de William Oscar Jenkins, por un lado, la experiencia
de que los empresarios pueden aportar parte de sus ganancias para obras que beneficien a la
población, y por otro lado, un grupo de presión de características represivas y
antidemocráticas que ha influido primordialmente en la política económica y social. Ahora
sigue influyendo en las decisiones gubernamentales, tanto del partido oficial como del
Partido Acción Nacional.

Anexo 1i
Puebla, México, Abril 19, 1939
Mr. Jack M. Stanford
Deputy Collector Internal Revenue, Tucson, Arizona

Estimado Señor:

Confirmo mi entrevista con usted del día 5 de abril último, y conforme a su petición envío a
usted mi historial de trabajo y negocios en México para que la oficina de Hacienda y
Crédito Público juzgue si he dejado de cumplir con los requisitos de la Ley Fiscal. Esto lo
manifiesto con gran interés, ya que como le dije personalmente, no deseo evadir el
cumplimiento de esa u otra ley de Estados Unidos de Norteamérica. Aunque no he sido
residente de Estados Unidos por casi 40 años, aún mantengo mi ciudadanía norteamericana,

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118

que valoro enormemente y por lo que estoy dispuesto a hacer todo lo necesario por
conservarla.
Llegué a México en 1901, y he radicado aquí permanentemente desde entonces. Durante
esos años no regresé a Estados Unidos por periodos prolongados, pero recientemente he
tratado de ir dos o cuatro veces al año, permaneciendo allá de tres a seis días cada vez.
Vine a México sin capital. Trabajé asalariado por cuatro años en el norte del país y después
vine a la ciudad de Puebla en 1905, con un capital de trece mil pesos, que representaba mis
ahorros durante esos cuatro años de trabajo.
En Puebla establecí una pequeña fábrica de tejidos para la fabricación de calcetería
económica de algodón. Como traje una máquina automática para tejido, y en aquel
entonces en el país sólo existían las máquinas de tejido manuales, pronto pude incrementar
mi negocio de la manera más extraordinaria. Aumenté la capacidad de la fábrica, agregué
una fábrica de hilados para así hacer mis propios hilados, establecí otras fábricas en la
ciudad de México y Querétaro, y para el año de 1910 prácticamente controlaba el mercado
de calcetería económica en todo el país.
La gran Revolución Mexicana empezó en 1910, pero no afectó seriamente la vida ni los
negocios en mi sección del país hasta 1913, y pude continuar trabajando con grandes
ganancias. En 1913, el país se llenó gradualmente de dinero sin garantía, emitido por las
diferentes facciones revolucionarias que llegaron al poder, y el dinero metálico salió de
circulación.
Es un hecho notable, sin embargo es cierto, que aunque el dinero en papel fue emitido en
cantidades ilimitadas, no tenía valor real, pero circulaba por el país y era aceptado primero
por su valor real, y después gradualmente a un valor depreciado, hasta que finalmente en
1916 fue definitivamente descartado. Creo que este mismo fenómeno se dio con algunas
monedas europeas después de la guerra mundial, y aún ahora en México el dinero actual se
ha depreciado de valor, de .50 centavos de dólar a .20 centavos de dólar.
Aun así se pueden comprar bienes raíces con el dinero actual devaluado, al mismo precio
que podían comprarse hace unos años con dinero que valía .50 centavos de dólar por un
peso.
Cuando este dinero en papel empezó a circular me encontraba en una condición financiera
muy satisfactoria, pues tenía mis fábricas operando al máximo y como un millón de dólares

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por dinero mexicano en papel cuando la paridad estaba a cinco pesos por dólar (en lugar de
dos pesos por un dólar). Inmediatamente invertí el dinero mexicano en bienes raíces. En
algunos casos pagué precios más altos, pero nunca en proporción a la diferencia del tipo de
cambio. También al final fue más difícil obtener bienes raíces en la ciudad y tuve que
cambiar a propiedad rural, pero compré lo más cerca posible a la ciudad de Puebla. Si
hubiera querido, podía haber adquirido diez veces más de propiedad rural.
En 1916, cuando el dinero en papel salió definitivamente, la plata y el oro circularon
nuevamente y la paridad retrocedió aproximadamente dos pesos por un dólar; la moneda
mexicana se estabilizó.
Me encontré con una gran cantidad de propiedad y a precios más o menos normales.
Inmediatamente empecé a vender estas propiedades, vendiéndolas baratas por supuesto, y
aun al precio más bajo logré grandes utilidades en los negocios. Al final de 1917 aún tenía
mucha propiedad rural, pero había vendido mucha propiedad urbana. Con el objeto de que
usted entienda mi situación en aquella época más claramente, estoy adjuntando como
Anexo Nº 1 (Anexo 2 en este texto), el estado financiero de ese tiempo.
De paso, diré que muchas otras personas hicieron estas misma inversiones, especialmente
con propiedades en la ciudad de México, e hicieron grandes fortunas de este modo.
Posiblemente nadie en el país invirtió tan fuertemente como yo lo hice, pero hubo varios
que obtuvieron enormes ganancias.
Someto este estado de diciembre 31 de 1917 no como un balance general exacto, pero sí
muy aproximado. He tenido que averiguar estas cifras de archivos antiguos y,
afortunadamente, tengo copias de los balances generales de ese periodo, los cuales me
permitieron formular un estado bastante aproximado. He de mencionar que no he guardado
mis libros de ese periodo, ya que la ley de México requiere que los libros y contabilidades
solamente se guarden por diez años después de que la persona suspenda sus negocios, y
como la existencia de tales libros puede ocasionar constantes visitas de inspectores del
gobierno, la mayoría de la gente guarda estos libros únicamente por el periodo legal. Sin
embargo, a pesar de no tener los libros con las cifras exactas, puedo manifestar sin ninguna
duda que las cifras que aparecen en el estado del Anexo Nº 1, son muy aproximadas.
Por este estado podrá ver que por ese tiempo poseía una fortuna mayor de 10 millones de
pesos, completamente libres. Con tan gran fortuna en nuestro poder, mi esposa y yo

119
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decidimos definitivamente dejar México e irnos a California a vivir. Era cuestión de


liquidar nuestras inversiones para tener dinero en efectivo y como esto no se podía hacer en
poco tiempo, y entonces no teníamos ninguna prisa en particular, seguimos este asunto con
la firme intención de dejar México.
El problema mayor era liquidar las propiedades rurales y las fábricas, pues las propiedades
urbanas y los préstamos no eran problema para nosotros en lo absoluto. Pensamos que estas
inversiones eran buenas en cualquier momento.
En 1918 me fue posible vender las fábricas obteniendo por ellas el valor exacto reflejado en
los libros de capital y reservas.
Las propiedades rurales sin embargo, fueron otro asunto y la situación de inversiones
rurales llegaron a ser aún más complicadas en 1919, cuando por incumplimiento a mi
préstamo a Díaz Rubín fue caso necesario disponer de la propiedad azucarera de Atencingo,
la cual garantizaba mi préstamo. Consideré que era más factible vender esta propiedad
azucarera que cualquiera de los otros ranchos que tenía, así que finalmente cambié los
ranchos de Santa Clara, Santa Ana Portales, Xoxotla y San Matías Atzala por la propiedad
de Atencingo (la propiedad de Atencingo era de mucho mayor valor que mi hipoteca de 1
200,000 de pesos), y al poco tiempo vendí el rancho de Santa Ana de Arriba y San Juan
Tetla, y un pequeño rancho (Toledo) en la ciudad de Puebla.
Poco después vendí a colonos las dos propiedades de Santa Ana de Arriba y la de San Juan
Tetla, a gran parte de esas propiedades, así como el rancho de Toledo, y por lo tanto sólo
me quedé con la propiedad de Atencingo. Esto fue en 1920. Gran parte de la propiedad de
San Juan Tetla fue confiscada por el gobierno para ejidos, así como muchos miles de acres
de la propiedad de Atencingo, pero me quedé con las tierras de caña de ahí, y eso era lo que
más necesitaba.
Durante este periodo de 1917-1925 no fue mi intención en lo absoluto tratar
particularmente de hacer más dinero. El motivo principal era vender inversiones para tener
dinero en efectivo. Traté por todos los medios de vender Atencingo, pero no fue posible, a
pesar de que invertí grandes cantidades para desarrollarlo y ponerlo en mucho mejores
condiciones para producir azúcar. En 1925, me di cuenta de que mi capital en efectivo
disponible no sería suficiente si continuaba invirtiendo en mejorar esta propiedad, puesto
que al final de 1925 había invertido en Atencingo cerca de 7´000,000 de pesos y mi plan

120
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para liquidar mis pertenencias mexicanas y regresar a California había fracasado.


Ya habíamos comprado una casa en Los Angeles y habíamos gastado una fuerte cantidad
en construir la casa, preparándonos para irnos definitivamente, pero habiendo invertido tan
grandes cantidades en la propiedad de Atencingo, y siendo necesaria mi presencia en ella
no me pude ir. Con el objeto de que pueda usted comparar mi situación de 1925 con la de
1917, adjunto copia del estado de diciembre 31 de 1925, y este estado financiero es
correcto. Notará usted que incluí como activos en este estado la cantidad de 810,000 pesos
valor de las tierra confiscadas por el gobierno, pero nada de esto fue cobrado y fue una gran
pérdida total. También mi rancho ganadero de San Luis Potosí fue confiscado por el
gobierno, lo que resultó también una pérdida total.
Durante este periodo, como ya dije, no hice ningún esfuerzo en particular para hacer más
dinero, sino únicamente vender propiedades, y cada año sufría la pérdida de bienes. El
único negocio activo era la propiedad de azúcar, y ésta está en vías de desarrollo, por lo que
naturalmente no ganaba dinero. Mis bienes durante este periodo constantemente disminuían
y en muchos casos no pude cobrar préstamos, y sufrí fuertes pérdidas en otras cosas. Por
ejemplo, aparentemente había hecho un buen préstamo de 500,000 pesos con Signoret &
Reynaund, una antigua firma francesa establecida en Puebla, pero les fue mal y salieron del
negocio. Me vi obligado a aceptar, como liquidación total de mi préstamo, un edificio en
Puebla que hasta la fecha estimo con un valor de 250,000 pesos, pero que no se pudo
vender en esa cantidad.
La viuda de Conde, otra firma prominente de Puebla, obtuvo de mí un préstamo de 335,000
pesos, pero se declaró en bancarrota y perdí hasta el último centavo en esto. Y otras muchas
pérdidas que en conjunto causaron que mis activos disminuyeran de más de 10 millones de
pesos en 1917 a un poco más de 9 millones en 1925.
El 1 de enero de 1926, hice de mi propiedad azucarera una sociedad por acciones,
entregándole mi inversión total de 7 millones de pesos y recibiendo el capital social total de
la compañía. Hice esto porque necesitaba capital adicional para trabajar la propiedad y pude
usar las acciones como colateral para obtener préstamos. Adquirí fuertes deudas durante el
periodo de 1926-1932 cuando esta propiedad estaba todavía en proceso de desarrollo
(aunque ahora ya estaba produciendo bastante bien) y en una ocasión tenía obligaciones por
más de 3 millones de pesos, o más bien dicho la compañía de Atencingo tuvo dichas

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obligaciones. No me fue posible financiarlo con la propiedad a mi nombre, pero las


acciones hicieron posible obtener los préstamos requeridos.
En 1932, el negocio azucarero comenzó a levantarse en México, y como la producción de
azúcar en Atencingo también aumentó en grandes proporciones por el constante
mejoramiento, esta propiedad ha resultado muy bien desde ese tiempo y sus activos han
aumentado enormemente. Ahora está completamente fuera de deudas y tiene una
producción muy satisfactoria, y aunque no tiene reservas en efectivo su situación es
satisfactoria. Durante el final de cada año todavía requiere préstamos de ciertas cantidades,
generalmente de aproximadamente 1´000,000.00 de pesos, pero su crédito es bueno y no es
problema conseguirlos. Durante todos estos años he intentado, pero nunca ha sido posible
venderla a ningún precio, y yo me he visto obligado a conservarla y trabajarla.
Esta compañía nunca ha declarado un dividendo desde su organización, porque aunque ha
tenido utilidades las ha necesitado todas para el negocio, y nunca ha podido pagar nada.
Como el principal, o podría yo decir único accionista, nunca he recibido un centavo como
retribución a mi inversión. Para que se dé una idea del valor de estas acciones ahora, en
comparación con mi inversión original de 7´000,000 de pesos (3,500,000 dólares
americanos) diré que sólo el año pasado di una opción por el total del capital social de la
compañía de 2´000,000.00 de dólares, y después de sesenta días de tratar de financiarla, las
personas que tomaron la acción se dieron por vencidas. Estuve dispuesto a vender las
acciones a mitad de su costo original, y no me fue posible. Me gustaría venderlo ahora por
esa misma cantidad o aun menos si se pudiera.
En 1938 esta compañía perdió todas sus tierras de caña por confiscación del gobierno
mexicano. Es demasiado esperar por el gobierno mexicano pague estos terrenos;
constituyen aproximadamente el 50% de los activos de la compañía. Aunque el año pasado
el ingenio y el ferrocarril particular no fueron confiscados, existe un grave peligro de que
suceda esto. En caso de ser así, la compañía quebraría; no perdería su capital entero, porque
durante los últimos cinco años se han hecho algunas inversiones adicionales,
principalmente en una serie de almacenes ubicados en Puebla y en la ciudad de México, así
como algunas acciones bancarias que fueron adquiridas con la reserva legal de la compañía.
Sin embargo, aún en el caso más favorable, es probable que se sume una pérdida adicional
a la que la compañía ya sufrió. Parecería improbable que la compañía produzca dividendos

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futuros, y lo mejor que se puede esperar es que se liquide y se recupere una parte del
capital.
Considero que lo anterior le dará una idea general de las operaciones de esta compañía
desde su creación en 1926. Cuando se formó, yo estaba autorizado a cobrar un salario de 2
mil pesos mensuales, que no recibía hasta el 15 de agosto de 1934. Desde este momento no
he percibido salario alguno.
Con respecto a su pregunta, le explicaré por qué no recibí un salario. Formé la compañía de
Atencingo con un activo de 7 millones de pesos, y recibí acciones con valor nominal de 10
millones de pesos. Aunque las acciones no tenían un valor real de diez millones de pesos, la
tesorería de la federación decidió que yo había hecho una ganancia de tres millones de
pesos, y consecuentemente intentó cobrarme impuestos sobre esta cantidad. Puesto que yo
me negué a pagar, la tesorería quiso cobrar de mi salario en la compañía y de otros activos,
por lo cual se canceló mi salario.
He estado peleando el caso desde esta fecha, y hace seis días, el 13 de abril, me llegó la
decisión de que la operación no había causado impuestos. Esta decisión final me agrada
mucho, porque ahora podré cobrar un salario por mi trabajo, y a partir de este mes de abril
percibiré la cantidad de cinco mil pesos mensuales.
Usted me hace una pregunta respecto a las actividades de la Compañía Inversiones de
Puebla, SA; me da mucho gusto contarle la historia. La compañía fue creada con el
propósito de realizar inversiones, y contaba con un capital de un millón de pesos, del cual
yo tenía acciones por un valor de 800 mil pesos. A cambio de acciones, entregué a la
compañía mis propiedades de las calles de Wilshire e Irving en Los Angeles, así como una
huerta en Kings Country, California; completé el valor de las acciones con dinero
mexicano.
Esta compañía tiene inversiones en México y en los Estados Unidos. Le contaré la historia
de sus inversiones en los Estados Unidos. Todavía se mantiene la huerta en Kings Country,
California, pero no ha sido una inversión rentable. Casi todos los años ha sufrido pérdidas
más que utilidades, sobre todo en 1938, cuando el viñedo (único cultivo) no produjo ni
siquiera lo suficiente para cubrir el costo de su cosecha.
La compañía cambió el inmueble de Wilshire e Irving, Los Angeles por un condominio
ubicado al 5217 Hollywood Blvd., llamado "The Guardian". Se pagó una diferencia de 125

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mil pesos entre las dos propiedades, pero el condominio tampoco ha sido rentable, de
hecho, ha resultado insatisfactorio. Ha demostrado una pérdida constante, y la renta que la
compañía obtuvo no alcanzaba para pagar los gastos ni la amortización.
En el mes de noviembre pasado, el condominio se cambio por el inmueble de 2007
Wilshire Blv, conocido como el "Westlake Professional Bldg." Se pagó la diferencia de 245
mil pesos entre las dos propiedades. Esta última inversión parece ser mucho mejor; se
espera que su renta pague con facilidad los gastos, los intereses y los costos de depreciación
y que deje una utilidad. El inmueble está registrado en los libros de la compañía con un
valor de 550 mil pesos por el edificio y el terreno, y unos 75 mil por su equipo. Las
obligaciones sobre el edificio son un préstamo por 250 mil "Stree Bonds" por la cantidad de
13,877.69 pesos. El valor del terreno se calcula en 100 mil pesos y el del edificio en 450
mil. La compañía también adquirió un inmueble en las calles de 12th y Santee, Los
Angeles, cuyo terreno y edificio están registrados con un valor de 50 mil y 350 mil pesos
respectivamente; tiene un préstamo por 200 mil. Este edificio se alquila al gobierno de los
Estados Unidos, y en 1938 su renta produjo buena utilidad.
Cada año, la compañía presenta su declaración de impuestos en la Oficina de Los Angeles,
California. Hasta el momento, debido a sus obligaciones considerables, no ha podido
obtener ganancia alguna, pero considero que muy pronto sus inversiones estadunidenses
rendirán utilidad.
En este mes de abril, la compañía adquirió una nueva propiedad a 9513 Doheny Road, Los
Angeles. Pagó la cantidad de 100 mil pesos, que fue realmente una ganga, y se espera que
resulte ser una buena inversión. Sin embargo no producirá renta, y probablemente a
mediano plazo representará un gasto.
La compañía nunca ha declarado un dividendo, puesto que debe grandes cantidades, y toda
su renta se destina al pago de su deuda. Aunque en este momento sus accionistas no
perciben renta a su inversión, si la compañía fuera a liquidarse les dejaría una ganancia.
Aparte de las obligaciones que tiene que cubrir sobre sus propiedades en los Estados
Unidos, la compañía tiene fuertes compromisos en moneda mexicana, debido a los
préstamos contratados para realizar sus inversiones. Considero que lo anterior le dará una
idea sobre las actividades de esta compañía.
Habiéndole explicado a grandes rasgos la naturaleza de las compañías en las que he

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invertido mi fortuna, quisiera aclararle la situación de mis finanzas personales.


Creo que mis dos declaraciones de 1917 y 1925 aclaran perfectamente bien mis actividades
durante este periodo. Como le he explicado, no hice esfuerzo en especial para ganar dinero,
sino al contrario, traté de liquidar mis activos y sufrí, naturalmente, una pérdida. No hice
esfuerzo para evitar las pérdidas, porque, en ese entonces, me agradaba liquidar mis
inversiones aunque perdiera. Me involucré en el ingenio de manera desafortunada, pero de
no haber cambiado mis otras granjas por él, las hubiera perdido todas, y en todos los casos
las personas que las adquirieron sufrieron una pérdida total.
Le anexo una declaración del 31 de diciembre de 1938 que le explica precisamente todo lo
que tengo hoy día; además, registra activos netos por la cantidad de 7,815,000 de pesos, y
una pérdida de 1,760,000 de pesos desde 1925, en un periodo de trece años.
En la misma hoja de la declaración, incluyo una confrontación de los balances de 1925 y
1938 que demuestra claramente esta pérdida. Ud. verá que yo no percibí ingreso alguno
durante este periodo. De hecho, recibí un salario de 2 mil pesos mensuales durante un lapso
de 103.5 meses, y un total de 207 mil pesos, pero debido a que mis gastos de los trece años
llegan a casi la misma cifra, no los incluyo en la confrontación, puesto que no la afectarían.
Durante una buena parte de estos trece años, mis gastos fueron mínimos, porque mi familia
vivía conmigo aquí en México y la compañía cubría nuestras necesidades. Sin embargo,
desde que se enfermó mi esposa mis gastos han sido fuertes, pues al principio le mandaba
quinientos dólares mensuales, monto que incrementé conforme los gastos fueron siendo
mayores. En 1937, mandaba mil cien dólares mensuales, y en 1938, mil trescientos. He
hecho el cálculo más preciso posible, y considero que durante el periodo en cuestión envié
una cantidad aproximadamente igual al salario que percibí.
A continuación le explicaré las pérdidas que sufrí durante este periodo. Ya no considero
como activo el valor de la propiedad confiscada por el gobierno de México, puesto que
nunca ha pagado la tierra, y dudo que lo haga. Por lo tanto, me parece inútil considerar el
valor de esta propiedad como activo.
Recibí otra pérdida cuando me deshice de mi hogar en Wilshire e Irving, porque era una
propiedad que no producía renta y era imposible venderla en lo que me había costado.
Había invertido aproximadamente 300 mil dólares en esta propiedad. Una hipoteca de 75
mil dólares dejó una inversión neta de 225 mil dólares. La entregué a la Compañía

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Inversiones de Puebla por el precio de 125 mil dólares, y consecuentemente perdí 100 mil
dólares, o 200 mil pesos. Obviamente, la compañía tuvo que pagar la hipoteca.
A raíz de crisis de 1929, sufrí una pérdida tremenda con mis inmuebles en la ciudad de Los
Angeles al comprar el Merchants Exchange Building en la calle de Los Angeles. Durante
muchos años tuve un terreno en el estado de Washington que había comprado para una
inversión, pero debido a que el desarrollo del proyecto se había demorado tanto, cambié el
terreno por un condominio llamado The Frostonian, ubicado en Vermont Ave. en Los
Angeles. Posteriormente, cambié el condominio por las acciones de Merchants Exchange
Building, pero tuve que invertir casi 300 mil dólares en los dos intercambios. Formé una
compañía en California que tomara el título del inmueble. Me vi obligado a contraer
obligaciones sobre el edificio por 575 mil dólares, y después de la crisis de 1929, el edificio
sencillamente no cubría sus deudas. Los acreedores tomaron el edificio y, finalmente,
cambié mis acciones por unos 60 mil pesos y así perdí una cantidad muy grande. Esto
explica las diferentes pérdidas que aparecen en la confrontación de declaraciones.
Es cierto que durante los años 1926-1934 recibí un salario del ingenio de azúcar. También
es cierto que durante estos años perdí unas cantidades muy fuertes, y como resultado neto
mi capital ha disminuido considerablemente. Estoy hablando estrictamente de mis finanzas
personales, y no hago ninguna referencia a las operaciones de las dos compañías que están
bajo mi control. No obstante, puesto que estas compañías no declararon dividendo alguno,
no puedo considerar sus utilidades como ganancia personal.
Siendo corporaciones mexicanas, estas empresas siempre han cumplido con el pago de
impuestos sobre utilidades al gobierno mexicano. Cada año, la Compañía Inversiones de
Puebla ha reportado sus operaciones en los estados Unidos al gobierno de aquel país.
Mientras yo cobraba un salario, pagaba una cuota mensual de impuestos al gobierno
mexicano, tal como marca la ley. Siendo ciudadano americano, y sabiendo que perdía
dinero constantemente, no veía la necesidad de someter una declaración de impuestos al
gobierno de estados Unidos. Aunque hubiera hecho tales declaraciones, seguramente no
habría pagado impuestos, puesto que mis pérdidas rebasaban por mucho mis ganancias. Sin
embargo, aprecio que aunque no se haya producido alguna renta, es posible que haya sido
necesario hacer una declaración.
Si se analiza la lista de activos que aparece en la declaración de 1938, aún se presentan

126
127

pérdidas enormes. Por ejemplo, registro las acciones de Atencingo al precio de su costo
original. Como ya le expliqué, me encantaría venderlas, aunque fuera por la mitad de su
costo en dólares. Considero que las acciones de la Compañía Inversiones de Puebla valen
más de lo que costaron, y no las vendería al costo, no mucho menos. Creo que serán una
buena inversión. Seguramente tendré alguna pérdida en las cuentas de los colonos de Santa
Ana de Arriba y de San Juan Tetla. No serán grandes, pero aún así son pérdidas. Estas
cuentas no producen intereses, porque estaba muy contento de haber vendido las
propiedades a los colonos sin intereses, porque de esta manera las rescaté de la confiscación
que las habría transformado en ejidos. Ninguna otra medida hubiera podido rescatarlas. Por
lo tanto, durante los últimos trece años, he cobrado más de $300,000.00, y sigo cobrando.
La propiedad de Puebla que recibí de Signoret & Reynaud me dará una pérdida. Produce
poco y no veo posibilidad de venderla por el valor en que está registrada. Por lo tanto, si
estas inversiones fueran a realizarse hoy se producirían fuertes pérdidas adicionales.
Ninguna de ellas me rinde un ingreso, aunque como he afirmado repetidas veces, las dos
compañías son rentables, o lo han sido.
Esta es la situación de mis finanzas personales. Siento haber hecho una exposición tan
larga, pero Ud. me pidió que le proporcionara la historia entera del caso, y yo no quería
omitir detalles por el temor de que Ud. fuera a creer que lo hacía a propósito. No tengo
nada que esconder en el asunto. Estoy ansioso de hacer todo lo que sea necesario para
poder cumplir con la ley. Siempre he pensado que no tengo que pagar ningún impuesto allá,
pero si estoy equivocado, quisiera saberlo para remediar el error. Si Ud. requiere más
información, estoy en la mejor disposición de proporcionarle toda la que pueda. No tengo
todos los datos anteriores a 1925, pero le puedo enviar información referente al periodo
posterior.
Agradezco la cortesía que me mostró durante nuestra entrevista, y quedo de Ud. Muy
atentamente.
W.O. Jenkins (firma)i

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