Jenkins: Poder y Filantropía
Jenkins: Poder y Filantropía
Introducción
William Oscar Jenkins es conocido como el estadunidense rico que heredó su fortuna a una
institución de beneficencia, la cual ha aportado recursos económicos para la salud, la
educación, el deporte, la religión y el rescate de obras arquitectónicas de Puebla y otros
estados de la república mexicana. Su nombre aparece en innumerables discursos que
destacan su altruismo, en placas inaugurales y conmemorativas, y designa al Centro de
Convenciones de la ciudad de Puebla, construido por el gobierno del estado.
Surge de la descripción anterior la curiosidad sobre quién fue realmente este extranjero
¿cómo un hombre, que dedicó toda su vida a hacerse rico, dejó su fortuna a nuestro estado
y a nuestro país para la beneficencia pública?, ¿quién dirige la institución creada por él? Y
otras preguntas más que se originan de la resolución de las primeras, las cuales en su
conjunto orientan mi investigación. Adelanto las búsquedas descritas porque llenan el
sentido de mis afirmaciones, considerando que, según escribió Hans-Georg Gadamer:
"cada enunciado no posee simplemente un sentido unívoco en su estructura lingüística y
lógica, sino que aparece motivado". Cada pregunta que subyace en cada enunciado
confiere su sentido. La función hermenéutica de la pregunta hace a su vez que el enunciado
sea respuesta1.
Ante la inquietud que despierta la personalidad de William Oscar Jenkins inicié la
investigación sobre el origen y desarrollo de su fortuna. En el proceso de la investigación
corroboré que él desde el comienzo del siglo XX, jugó un importante papel en el desarrollo
capitalista de nuestra región y del conjunto el país. Empero, la información que obtuve
rebasaba mis planteamientos: aparte de la vida del personaje cuyo conocimiento se hace
cada vez más interesante por sus vínculos con el dominio económico y político en México,
y la buena imagen que oficialmente se ha dado a conocer sobre su persona2, encontramos
1
Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método II, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1994, p. 175.
2
Después de la publicación de la Primera Edición de este texto han aparecido por lo menos dos libros de
académicos con la postura de ponderación del papel jugado por Jenkins en el desarrollo económico del país y
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de la región, postura respetable y aparentemente verdadera, pero incompleta, y por lo tanto, engañosa en
cuanto a la importancia del personaje en el conjunto de la sociedad mexicana.
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de sus sucesores. A pesar de haber entablado una conversación con su hija Jane, no logré
obtener de ella la relación de sus recuerdos, los cuales quizá reafirmarían y/o cambiarían
opiniones que tenemos sobre la persona de Jenkins, su conducta familiar, su preparación
académica y sus costumbres. Por otro lado, fuentes documentales que contienen importante
información de identidad personal, como acta de nacimiento, certificados escolares,
actividades de sus padres, etcétera, así como su comportamiento públicos como ciudadano
norteamericano, se encuentran principalmente en archivos de Estados Unidos, los cuales
por el alcance de mi investigación, no visité.
No obstante, creo que la averiguación que realicé sobre sus actividades económicas,
políticas y sociales en Puebla ofrece mayor claridad no solamente sobre el origen de su
fortuna, sino sobre quién fue William Oscar Jenkins y qué papel jugó en la historia regional
y en la nación.
Para definir esto último ha sido necesario abordar esas historias y ofrecer una interpretación
de ellas. Del mismo modo, ha sido preciso conocer el entorno en el cual se formó su
carácter, adquirió sus primeros conocimientos, sus objetivos vitales y el lugar donde vivió
la mayor parte de su vida. Por eso hago una breve reseña histórica de su estado natal
Tennessee, así como de Puebla, señalando las diferencias entre ambos sitios y ubicando su
existencia en los diversos contextos históricos. Así, examiné documentos comprobatorios
de lo que ocurría en esos momentos, comparando la propia versión de Jenkins sobre el
origen y crecimiento de su fortuna, y recabé testimonios de personas (ahora ya expiradas en
su mayoría) que de alguna manera estuvieron involucradas en la vida del personaje y de
quienes obtuve una valiosa información sobre su forma de ser.
El libro contiene dos partes de cuatro capítulos cada una. En el primer capítulo trato de
explicar quién es William Oscar Jenkins, hablo de su mundo en Tennessee, donde recibió
las decisivas formas de su carácter. En el segundo capítulo describo el ámbito al que llegó y
en el que desarrolló actividades económicas y políticas de gran influencia, es decir, nuestro
país y, sobre todo, Puebla, donde comenzó a acaudalar su riqueza.
Hasta aquí, hablo, en primer término, de la historia del lugar donde se formó un joven
norteamericano de espíritu y cultura protestantes, y luego de la historia del lugar al que
llega, porque me parece imposible conocer un país sin revisar, aunque sea brevemente, su
historia.
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Enrique Cordero y Torres, Beatriz Trueblood, Manuel Espinosa Yglesias3, Rafael Ruiz
Harrel y otros más cuyos nombres aparecen en la bibliografía, pero cuyas opiniones -al
igual que las de los autores mencionados arriba- no siempre comparto, no olvido a las
personas que aceptaron ser entrevistadas sobre el caso, quienes reconozco por la valiosa
colaboración que me brindaron con amabilidad y confianza.
Cuando comencé este trabajo me dejé guiar por el prejuicio de que todo prejuicio es malo,
me serví de las fuentes de primera mano y otras; sin embargo, la lectura de Hans-Georg
Gadamer me hizo comprender que es imposible suprimir todo pre-juicio. Decía H-G
Gadamer que "Los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad
histórica de su ser"4. Tanto en la investigación historiográfica como en la vida histórica
real, pues los pre-juicios forman parte del suelo histórico mismo, lo que según el propio
autor, no nos impide, sino que más bien nos obliga, a quienes nos dedicamos a la
investigación historiográfica, a asumir nuestros propios pre-juicios, a ponerlos en la
balanza, a desecharlos por otros mejores, o si es posible, a mejorarlos, a afinarlos en una
hipótesis explicativa que se confronte de una manera más adecuada (que otros pre-juicios) a
los hechos que deben verificarla. Es así que decidí tomar en cuenta mis propios pre-juicios
sobre Jenkins y su fortuna, probarlos y afinarlos confrontándolos con las fuentes y con la
literatura examinada y desechándolos en caso necesario. Compruebo que el resultado
logrado ha modificado mi conocimiento sobre la vida de este personaje.
La información obtenida en las fuentes me proveyó de elementos para reafirmar mis pre-
juicios sobre los aspectos negativos de Jenkins, pero también me hizo ver que esta persona
realmente donaba recursos de su peculio privado para obras de carácter público; es decir,
también actuaba en beneficio de la población. Así, por ejemplo, en el caso del AGAMP, su
nombre aparece innumerables veces relacionado con las actividades de la Junta de Mejoras,
con la exención de impuestos por sus propiedades y actividades económicas por parte del
gobierno municipal y con solicitudes, de dicha institución, de donación de recursos
dirigidas al norteamericano para la realización de obras. Los documentos de este archivo
aclaran la gran influencia de Jenkins en la esfera política.
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En algunos archivos como el ARPPC y AGMP, así como algunos textos escriben el apellido Iglesias con "I"
refiriéndose a Manuel Espinosa, sin embargo, él utilizaba la "Y", yo sigo esta segunda forma.
4
Gadamer H-G. Verdad y Método , Gráficas Ortega, España, 1988, pp. 337 y 344.
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Por otra parte, la hemerografía y la bibliografía que mencionan a nuestro personaje remiten
a la investigación de primera mano de los momentos en los cuales se comprobó su actuar
delictivo en función de atesorar su fortuna, como son el litigio sobre el autosecuestro y el
encarcelamiento por transportar clandestinamente alcohol; sin embargo, los documentos en
los archivos correspondientes fueron desaparecidos por él con la complicidad de los
responsables de su conservación (como lo mencionan algunos de sus biógrafos). Lo
anterior demuestra una intención consciente de ocultar esos hechos5, pero, surgen
inmediatamente las preguntas: ¿cuál fue esa intención, con qué sentido la llevó a cabo?
Por lo tanto, si nos basamos en la postura de la Ilustración de no aceptar ningún pre-juicio,
no podríamos hablar del sentido de la vida de Jenkins, de las motivaciones y los métodos
que aplicó para hacer de la riqueza su objetivo vital y, en segundo término, de los motivos
que lo llevaron a crear la institución de beneficencia que lleva el nombre de su esposa,
porque todo lo que hizo estuvo motivado por los pre-juicios, es decir, por las opiniones
recibidas en el medio cultural en el que se formó, por aquella forma de ser de los
protestantes estudiada por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo,
que hacen de la profesión, del prestigio moral y de la austeridad los principales objetivos de
su vida.
Los resultados basados exclusivamente en los datos verificables obtenidos en las fuentes,
no satisfacían la expectativa que me llevó a estudiar a dicha persona y a comprender su
actuación especial en el seno de nuestra sociedad. Ante la carencia de mayor información
me apoyé en la hermenéutica, el análisis lingüístico y la semiótica, elementos que
proporcionaron la posibilidad de un examen más provechoso de los documentos relativos a
la vida del personaje. Empero, la hermenéutica, y particularmente el estudio del
pensamiento de Gadamer, influyó no sólo a interpretar más a fondo su vida y su relación
con la historia, sino también a concientizar lo que yo misma hacía en este trabajo de
investigación, al ayudarme a comprender la inevitabilidad de los pre-juicios en la existencia
5
La mentira no es solamente la afirmación de algo falso, trata de un lenguaje encubridor que sabe lo que dice.
Por eso la tarea de la exposición lingüística en el contexto literario es el descubrimiento de la mentira o, más
exactamente, la comprensión del carácter falaz de la mentira en cuanto que ésta responde a la verdadera
intención del hablante. Gadamer, Hans-Georg. Verdad y Método II, Op. Cit, pp. 176-177.
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histórica humana6. Pude ver así, de un lado, que mi objeto de estudio era un objeto de
estudio histórico en el sentido de que el propio Jenkins vivió su vida determinado por
ciertas opiniones y pre-juicios y que, por otro lado, yo misma, como estudiosa de esta vida
y sus efectos, estaba sujeta en el movimiento de esta historia y sujeta en mi acercamiento al
tema por pre-juicios que determinaban mi comprensión de manera poco reflexiva.
Conocí el nombre de Jenkins todavía en mi infancia, mencionado algunas veces por mi
padre, a quien escuché decir que las tierras a las que Jenkins llegaba eran regadas de sangre.
Posteriormente, como estudiante universitaria y partícipe del movimiento democrático de la
Universidad Autónoma de Puebla, me enteré de que al iniciarse la lucha por la reforma de
la institución, el estadunidense decidió suspender el apoyo económico ofrecido para la
construcción de Ciudad Universitaria, debido a que grupos estudiantiles se manifestaron en
apoyo a la revolución cubana. Los escritores Miguel Contreras, Miguel Espinosa, David
Ronfeldt, así como Juan Andreu Almazán, Vicente Lombardo Toledano y otros más de la
misma tradición, quienes han basado sus planteamientos en sus experiencias y en estudios
científicos y tienen autoridad en lo que dicen7, dejan ver al personaje como un ser dañino
para nuestra sociedad.
Por otro lado, el estudio de El capital y de La llamada acumulación originaria, de Karl
Marx, enseñó que las grandes fortunas tienen su origen en la explotación y la violencia, en
la llamada acumulación originaria de capital, por lo que no podía creer en un Jenkins self-
made man (hombre hecho a sí mismo, quien, partiendo de cero y gracias a sus propios
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Gadamer destaca que Dilthey cree en la posibilidad de que la comprensión se libere del conocimiento por
conceptos. La comprensión histórica presume de su falta de prejuicios. Pero ¿esa falta de prejuicios no está
siempre condicionada por algo? ¿no tiene siempre esa pretensión el polémico sentido de estar libre de éste o
aquel prejuicio? ¿no encubre la pretensión de una falta de prejuicios (como nos enseña la experiencia de la
vida humana) la tenaz persistencia de unos prejuicios que nos determinan oscuramente? Lo sabemos bien por
el estilo de trabajo de los historiadores. Ellos intentan ser críticos, es decir, acoger las fuentes y los
testimonios sobre una cuestión histórica con la imparcialidad de un juez para llegar al fondo del asunto. Pero,
en esa crítica supuestamente imparcial subyace siempre la influencia latente de unos prejuicios. Al término de
toda crítica de las fuentes y los testimonios hay siempre un criterio último de credibilidad que sólo depende de
lo que se considera posible y se está dispuesto a creer. La historia sólo nos interesa cuando nos remite a
nuestro juicio previo sobre las cosas, los hombres y las épocas. Toda comprensión de algo significativo
presupone que aportamos un conjunto de tales prejuicios. Heidegger llamó a esta situación el círculo
hermenéutico: comprendemos solo lo que ya sabemos; percibimos solo lo que podemos. Esto parece
inadmisible si se mide con el criterio del conocimiento de las ciencias naturales, pero solo así es posible la
comprensión histórica. Ibid., pp. 39-40.
7
La autoridad es un acto de reconocimiento, se reconoce que el otro está por encima de uno en juicio y
perspectiva, y que en consecuencia su juicio es preferente o tiene primacía respecto al propio. Tiene que ver
con el conocimiento. Obedecer a la autoridad significa entender que el otro puede percibir algo mejor que uno
mismo. Gadamer, Verdad y Método, Tomos I y II, Op. Cit., pp. 347 y 46 respectivamente.
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Primera parte
Capítulo I
Su mundo
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América, aunque en 1607 un grupo colonizador inglés formó una pequeña aldea en
Jamestown, Virginia, misma que sobrevivió y en 1614, sus miembros empezaron a enviar
tabaco a Inglaterrai, la historiografía tradicional la ubica con la llegada de los padres
peregrinos (puritanos británicos) en 1620, quienes consideraban la Biblia como la única
fuente legítima de doctrina y se distinguían por su exagerada escrupulosidad en el proceder.
Los estadunidenses son un pueblo conquistador de origen inglés y de religión
mayoritariamente anglicana. En sus inicios dominaba la iglesia puritana, cuyos jefes
representaban el máximo poder. Algunos autores sostienen que esa sociedad estricta que
subordinaba el individuo a la comunidad, se encargaba de la seguridad y restringía
oficialmente las ambiciones económicas predicando trabajo y austeridadi.
Con el tiempo proliferaron otros credos protestantes, dispersos y diseminados por la vasta
región que llegaron a poblar hasta que en la tercera década del siglo XVIII se dio el
movimiento religioso llamado Gran Despertar. Una amplia gama de creyentes reformistas
tomó parte y llevó a cabo exitosas tareas de proselitismo y unificación en torno a la propia
religión. Aunque la pluralidad de creencias era y es muy grande, su base cristiana luterana
logró unificarlas.
La historiografía de los Estados Unidos comenzó con un documento legal, su constitución.
Con su paradójica idea de igualdad, escrita en los años en que los habitantes de la colonia
eran propietarios de esclavos, y comprensible solo en un contexto colonial de rebelión
contra Inglaterra, los pobladores de la colonia "solo se tuvieron en cuenta a sí mismos,"
como grupo auto-marginado que se había liberado del yugo inglési.
Los nacidos en los Estados Unidos tuvieron su primera experiencia histórica compartida en
el Gran Despertar, cuyo mensaje fue individualista y autoritario, atrajo gente inclinada a
desafiar a la autoridad eclesiástica en una primera instancia, actitud que a la larga se
extendió a motivos políticos. El tener un juicio religioso independiente sentó la base que
reclamaría un criterio político libre. En cambio, en colonias como Nueva España la unión
de la Iglesia y el Estado inculcó en la sociedad el cuidado de la primera y la preservación de
su acervo doctrinal, se conservó un mundo religioso monolítico, en el cual la educación de
la élite hispanoamericana -que en su mayor parte estuvo en manos de los jesuitas- ofreció,
según Octavio Paz, "no un método para investigar lo desconocido, sino un sistema para
defender lo conocido y lo establecido". En estas colonias se impuso el catolicismo
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Capítulo II
Nuestro personaje llegó de un país con acelerado ritmo de desarrollo capitalista a un lugar
atrasado, con fuertes reminiscencias feudales, que había atravesado un siglo de guerras y
cuya economía se hacía cada vez más dependiente de las naciones desarrolladas. Vino
cuando se iniciaba el siglo XX, al mismo tiempo que se consolidaba la política
expansionista de los Estados Unidos dejándole grandes frutos. En cambio, nuestro país se
encontraba en una pésima situacióni. Al llegar a México gobernaba una dictadura que
privilegiaba a las clases pudientes e impedía, a fuerza de una represión brutal, cualquier
tipo de mejora para los trabajadores del campo y de la ciudad.
Al comenzar la centuria en nuestro país se gesta una revolución. El cambio era inevitable a
los ojos de algunos observadores, entre los que se encontraba William Oscar Jenkins,
formado en un ambiente imperialista, con tradiciones, costumbres, creencias, y la
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preparación que le permitieron seguir los pasos adecuados para lograr sus objetivos. Para
él, en México se daban las condiciones necesarias para enriquecerse y, posteriormente,
hacerse poderoso.
De 1835 a 1848 el vecino del norte no cejó en su afán de hostigamiento bélico a nuestro
territorio hasta que terminó por despojarnos de más de la mitad del mismo. De una primera
parte, la correspondiente a Texas, los estadunidenses se apoderaron mientras México se
confrontaba con Francia; el resto lo obtuvieron por una invasión armada en un momento en
que nuestra nación todavía no se consolidaba como tal y en el que las luchas anteriores la
habían debilitado seriamente. Sin embargo, a pesar de la derrota que nos impusieron, los
estadunidenses se encontraron con una fuerte resistencia y no lograron (en ese momento),
anexarse al país completo, como ha sido su permanente deseo.
El pueblo mexicano se unió en la defensa de su territorio y esa experiencia fortaleció el
espíritu nacionalista que en años posteriores marcaría sus luchas. En la segunda mitad del
siglo XIX sufrimos la dictadura de Antonio López de Santa Anna y comenzó la guerra de
Reforma encabezada por el gobierno liberal de Benito Juárez (1858-72), quien después de
vencer a los conservadores y repeler la invasión francesa, en 1867 sentó las bases para un
creciente y moderno desarrollo económico que se reafirmó durante la dictadura de Porfirio
Díaz, de 1877 a 1911.
Cuando por fin se logró la Independencia, el país se encontraba en una posición de
desventaja con cualquier otro territorio ya organizado. Para constituirnos en nación era
urgente resolver ese estado de cosas. Así se inició la lucha por la formación de México, que
en un principio abarcaba la tercera parte de la extensión actual de los Estados Unidos y una
porción de Centro América.
El capitalismo ya estaba cimentado en Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España y sus
gobernantes vieron en nuestro país una fuente de riqueza. España trataba de colonizarnos
nuevamente; Estados Unidos consiguió anexarse la mitad de nuestro territorio y nos declaró
la guerra con el fin de apoderarse de California y los estados fronterizos; Francia deseaba
obtener ventajosos privilegios e Inglaterra consideraba a México como un excelente
comprador de sus productos.
Nuestros vecinos reconocieron nuestra independencia hasta 1823; ese mismo año se originó
la famosa doctrina Monroe, que se oponía a cualquier intervención europea en el continente
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También en 1823 Fernando VII de España intentó la reconquista, multiplicando sin cesar
las agresiones contra nuestra aún joven nación. Además, el primero de junio Centroamérica
votó su separación de México, y en septiembre de 1824, Chiapas hizo lo mismo.
Unos meses antes, en febrero de 1824, Agustín de Iturbide (emperador que llegó al poder el
24 de febrero 1821 tras la firma del Plan de Iguala), convocó a un Congreso Constituyente.
Aunque en septiembre del mismo año fue fusilado, su muerte no impidió que éste se llevase
a cabo en octubre y se firmara la Constitución en la que se adoptó el sistema
presidencialista, fijando en cuatro años el periodo de ejercicio de las funciones del
presidente. Con esta carta magna se inauguró la República Federal, con 19 estados y cuatro
territorios; Guadalupe Victoria fue nombrado presidente de la república.
Cuando esto sucedió, el único grupo político organizado que existía era el de los masones
escoceses, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVII y que en el nuevo gobierno
independentista influyó para seguir bajo el poder de la corona española i. En 1825
Guadalupe Victoria quiso hacer contrapeso a la fuerza de la logia escocesa, para lo cual se
apoyó en el ministro norteamericano Joel R. Poinsett y en Lorenzo de Zavala, Miguel
Ramos Arizpe y Vicente Guerrero; en breve se fundó la logia de York, que enarbolaba el
anti-hispanismo.
Desde el inicio de la República Mexicana el primer embajador norteamericano en México,
Joel Robert Poinsett (lo fue de 1825 a 1836), en 1825, 1826 y 1827 intentó inútilmente
rectificar a favor de los Estados Unidos la línea fronteriza, es decir, intentó anexar a su país
varios de los estados fronterizos norteños. Al no lograr sus objetivos, su gobierno tuvo que
buscar vías más confrontadas para conseguirlos.
El surgimiento de la nueva nación, después de la prolongada guerra de independencia, hizo
que en la práctica gubernamental los gobiernos federal y de los estados pasaran por
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penurias económicas. Aunque la mayoría de los políticos eran católicos, algunos veían la
solución de sus problemas en los bienes de la Iglesia, aduciendo que la riqueza eclesiástica
no era explotada adecuadamente; otros, al contrario, sostenían que dichos bienes eran
intocables. Estas posiciones originaron a lo que más tarde sería la lucha entre los liberales
que levantaron la bandera de la "libertad y el progreso", y los conservadores que levantaron
la del "orden público y religión".
Hacia fines de 1827, después de una frustrada conspiración contra el gobierno
constitucional, se decretó la primera expulsión de españoles. Ante esta medida el general
Nicolás Bravo, vicepresidente y jefe de la logia escocesa, se pronunció contra el gobierno,
pero fue derrotado por Vicente Guerrero bajo las órdenes de Guadalupe Victoria y
condenado al exilio, lo que significó el debilitamiento de su grupo.
El primero de septiembre de 1828 se efectuó en el Congreso la elección para la presidencia
de la república. El presidente electo fue Manuel Gómez Pedraza, candidato de los yorkinos
elitistas y de los escoceses sin candidato. Sin embargo, apenas dos meses más tarde los
partidarios de Vicente Guerrero lo obligaron a renunciar. El 9 de enero de 1829 ese mismo
órgano de gobierno resolvió que el triunfo de Gómez Pedraza no expresaba la voluntad
popular y anuló la votación que lo había llevado a la presidencia declarando al mismo
tiempo como vencedores a Vicente Guerrero, presidente y a Anastacio Bustamante,
vicepresidente. Ese mismo día se extendió el segundo decreto de expulsión de españoles.
Mientras tanto España, en aras de la reconquista, preparó una invasión. El 6 de julio de
1829 partieron desde Cuba hacia México tres mil españoles al mando de Isidro Barradas.
Después de serios percances, la expedición desembarcó finalmente en Tampico el día 24
del mes mencionado, pero los españoles fueron víctimas de fuertes epidemias y capitularon
el 11 de septiembre del mismo año. Según el historiador Lucas Alamán, los españoles
fracasaron porque el intento de invasión fue el producto de una conspiración demente.
El primer tratado de paz y amistad entre México y España fue firmado hasta el 29 de
septiembre de 1833, después de la muerte de Fernando VII ocurrida ese año. El primer
embajador español, el marqués Calderón de la Barca, llegó a nuestro país en 1839.
La anexión de gran parte de nuestro territorio por parte de los Estados Unidos tuvo su
origen cuando el gobierno español concedió a su súbdito Moisés Austin, establecerse en
Texas con trescientas familias, después de la obligada venta de Las Floridas a los
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Guadalupe Victoria, de Francia Baudin y el inglés Douglas para formular un tratado de paz
y una convención que fueron firmados tres días después.
Durante el lapso que se extiende entre el 22 de agosto de 1846 al 20 de abril de 1853,
conocido como la Segunda República Federal, el país vivió la dictadura santannista y fue
aquejado por una serie de males. Después de la guerra con los Estados Unidos, en 1848
sobrevino una grave crisis económica que afectó lo hacendario y la deuda externa. La
política de pacificación del territorio, el desarrollo del aparato burocrático y los despilfarros
de Santa Anna, habían dejado al gobierno prácticamente sin recursos para resolver los
problemas más apremiantes.
Por si fuera poco, los estados comenzaron a declararse "libres y soberanos" y amenazaban
con la separación. Al mismo tiempo que se daba este peligro de desmembramiento del país,
se multiplicaron las insurrecciones indígenas en Yucatán, Chiapas, la Sierra Gorda,
Tehuantepec y la Huasteca. Durante esta época, la profundización de la crisis política dio
margen a la creación del partido conservador que desde su nacimiento entraría en serias
contradicciones con los gobernantes de corte "moderado". Estos últimos trataban
inútilmente de establecer un equilibrio de fuerzas entre los "liberales" y los
"conservadores", pero con su actitud solo se consiguió facilitar el surgimiento del
militarismo y la dictadura.
Fueron estos años de hambre y miseria para la población, ni siquiera faltaron las epidemias
como la del cólera morbo, terrible enfermedad que produjo gran mortandad. De 1848 a
1853 el presidente de la república era elegido por el Congreso entre sus miembros, hubo
grandes diferencias entre los poderes ejecutivo y legislativo hasta que el presidente de la
Suprema Corte de Justicia Juan Bautista Ceballos (ante la renuncia del presidente de la
república Mariano Arista, ejerció las funciones presidenciales desde enero al 7 de febrero
de 1853) disolvió el Congreso con ayuda del ejército y admitió el Plan del Hospicio, que
exigía el retorno de Santa Anna. Su sucesor, Manuel María Lombardini, entregó el poder a
Santa Anna ese mismo año. Se iniciaba así la dictadura santannista, la cual habría de durar
alrededor de tres años y provocó el descontento de la mayoría de los mexicanos.
Contra la dictadura, combatientes nacionalistas e intelectuales, encabezados por Juan
Álvarez e Ignacio Comonfort, prepararon el plan de la Revolución de Ayutla. Nuevamente
el país se vio inmerso en una guerra civil hasta la destitución de Santa Anna en octubre de
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1855.
Juan Álvarez asumió entonces la presidencia e Ignacio Comonfort lo sucedió, hasta que en
1858 se sufriría un gobierno dual y confrontado en la guerra de Reforma. Liberales y
conservadores se ostentaban como gobernantes, a los primeros los encabezaba Benito
Juárez, quien permaneció en el mando de ese año hasta su fallecimiento en 1872; y a los
segundos los dirigió un conjunto de presidentes y un emperador extranjero, hasta el triunfo
liberal de 1867.
Durante la época de Juárez se procedió a transformar profundamente del país, se adoptaron
medidas financieras y de política económica que permitirían aprovechar los ingresos del
gobierno en la iniciación de obras públicas y el control adecuado del comercio externo e
interno; se protegió a la iniciativa privada nacional y extranjera para que emprendieran
negocios prósperos en beneficio de los capitalistas; se planearon e iniciaron las nuevas
comunicaciones, especialmente ferrocarriles, con compañías internacionales inglesas,
francesas y norteamericanas; se proyectó la colonización de las zonas despobladas y la
ocupación de los baldíos; se organizó la administración pública de acuerdo con las técnicas
de la propia Reforma; se integró el sistema de la educación pública con miras a lograr
profesionales con nueva mentalidad respecto a los problemas nacionales; se trató de
unificar la educación elemental y se buscó la amistad de las naciones externas sobre la base
de un México moderno.
Sin embargo, en el ejercicio del poder se encontraron numerosos obstáculos que impedían
el buen desarrollo del país, entre los que destacaron las formas de economía cerrada y de
autosuficiencia como las haciendas y los cacicazgosi, los que desde la revolución
desquiciaron la minería y el comercio; también se anota la inexistencia de mercados
internos y externos que absorbiesen una posible nueva producción, la falta de capitales
privados que se arriesgasen en nuevas empresas y la ausencia de reservas de divisas para la
adquisición de recursos necesarios.
En esta dinámica de modernización, se estipuló la desamortización de bienes de
corporaciones eclesiásticas y civiles, la llamada Ley Lerdo del 25 de junio de 1856: Ésta
perjudicó la posesión territorial de pueblos que desde antes de la Conquista y durante toda
la época colonial fueron protegidos por la legislación de Indias; es decir, los nativos habían
conservado la forma colectiva de la propiedad territorial a consecuencia de haber hecho
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prevalecer su antigua organización dentro del clan llamada calpilli, con lo que pudieron
repeler el despojo por parte de españoles y criollos.
Con la Ley Lerdo se autorizó la denuncia de las posesiones de las comunidades indígenas y
su adjudicación a particulares, del mismo modo que podían serlo las propiedades de los
conventos, iglesias u otras corporaciones. La mayoría de las expropiaciones se entregaron a
particulares, los cuales formaron nuevas haciendas o ampliaron las ya existentes; es decir,
se implementó la economía cerrada y de autosuficiencia, que obstaculizaba las labores del
Estado. Se entienden que tal legislación fue el resultado de compromisos del gobierno, la
cuota de poder de los aliados en la guerra de Reforma, cuyo costo todavía aqueja al pueblo
mexicano.
Ahora bien, desde los inicios de la época colonial se generó la situación de los peones
acasillados, quienes eran obligados a permanecer dentro de las haciendas sin poder emigrar,
en virtud del derecho de retención por las deudas adquiridas mediante anticipos
prolongados en razón del crédito en las "tiendas de raya" de las haciendas; estos adeudos
eran heredados a sus hijos. El procedimiento descrito se desarrolló principalmente en el
siglo XVIII, por la preferencia de esta forma de explotación de mano de obra rural por parte
de los hacendados. Gracias a la Ley Lerdo, muchos de los antiguos pequeños propietarios
pasaron a formar parte del peonaje acasillado.
Debido a la nueva situación de los trabajadores del campo, éstos se vieron necesitados de
sustento y obligados a trabajar como peones en las haciendas o como obreros en las minas,
ingenios, tiendas e industrias, tal y como sucedió en el estado de Puebla, particularmente en
la región de Atencingo, donde posteriormente Jenkins inició su fortuna.
Otro aspecto de la política de la época durante la presidencia de Juárez fue recurrir a las
inversiones extranjeras, principalmente de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Su interés
estaba en el desarrollo de la industria y las redes de comunicación, minas y ferrocarriles.
Sebastián Lerdo de Tejada, sucesor de Juárez en la presidencia, siguió la misma política,
aunque él prefirió los capitales europeos.
Desde esa época, y en respuesta a la política económica basada en la inversión extranjera,
apareció una tendencia nacionalista contra la extranjerización que asumió la representación
de sus propios intereses. Los nacionalistas, y otras actitudes de carácter cultural de la
población, inauguran una corriente espiritual adversa al afrancesamiento característico de
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las clases acomodadas. Los intelectuales más cercanos al pueblo, como Guillermo Prieto y
Vicente Riva Palacio, se preocuparon por estudiar la situación nacional socioeconómica y
cultural, así como por expresar el valor de sus creaciones.
En 1877, Porfirio Díaz, después de otra confrontación bélica, llegaría a la presidencia por
primera vez, iniciándose lo que se ha dado llamar el porfiriato, que con un solo intervalo de
cuatro años dominó al país por más de tres décadas. Desde su segundo arribo a la
presidencial, en 1884, se formó el partido de los políticos "científicos", el cual delinearía el
desarrollo liberal del país. La dictadura representó, para las clases burguesas y medias, la fe
en las ventajas de la paz, el orden y la marcha hacia el progreso, entendido como
crecimiento económico. Asimismo, el acceso de las capas altas de la sociedad a los bienes
de la civilización moderna, a los valores de la cultura occidental, en parangón constante con
la situación de los países desarrollados. El dictador se había distinguido en la guerra de
Reforma y contra el invasor extranjero, tenía el carisma de caudillo progresista y supo
mantenerse como jefe político con alianzas con sus antiguos opositores. En el tiempo que
gobernó se inició la verdadera era capitalista en México, a través de una profunda
penetración de recursos extranjeros y de la superexplotación de mano de obra mexicana.
El capitalismo nacional también salió beneficiado de manera secundaria como
consecuencia del progreso industrial por medio del capital extranjero. El desenvolvimiento
económico trajo consigo transformaciones materiales y sociales: aparecieron zonas
industriales dentro y fuera de las ciudades; una gran extensión de las comunicaciones como
los ferrocarriles, puentes, acueductos y carreteras; una nueva actividad urbanística, oficinas
administrativas, fábricas, electrificación, drenaje y agua potable, colonias residenciales,
escuelas, institutos de investigación y enseñanza. La población indígena fue excluida de los
beneficios de la modernización y relegada a los terrenos de concentración de la miseria.
A partir de 1888, la educación se rigió por la ley propuesta por el intelectual Justo Sierra el
7 de abril de 1881; la instrucción pública, que se había orientado a la uniformidad en la
época de Juárez, pasó a ser federal, laica (entendida ésta, a la manera de Justo Sierra, como
neutral), gratuita y obligatoria. Con este concepto educativo, para 1891 salió la primera
generación de profesores normalistas, quienes se extendieron por todo el país. En Puebla,
en 1890, las leyes sobre la enseñanza se igualaron a las del Distrito Federal, Guillermo
Prieto hizo el reglamento para la formación de la Normal y él fue su primer director. Con
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gobierno y 49 veces fue ocupada la presidencia con 33 personas, 15 de ellas repitieron una
o varias ocasiones en el cargo y los dos dictadores, Antonio López de Santa Anna y Porfirio
Díaz, ocuparon el mando siete y cinco veces, respectivamente.
En 1900 el dictador fue reelegido por quinta vez y se iniciaba una política todavía más
excluyente con la cual grandes terratenientes y prósperos industriales también serían
negativamente afectados. Además, en México se había manifestado una tendencia de rápido
desarrollo de la clase media; la cual comenzaba a buscar mayores poderes político y
económico, no encontrados durante la dictadura.
Ese mismo año se organizó el Club Liberal Ponciano Arriaga, dirigido por los hermanos
Ricardo y Jesús Flores Magón, quienes fundaron el periódico de oposición Regeneración.
William Oscar Jenkins llegó al norte de nuestro país en 1901, año de la celebración del
Primer Congreso Liberal en San Luis Potosí, que sentó las bases de una lucha permanente
contra el porfirismoi.
Como podemos apreciar, si los Estados Unidos consiguieron su independencia en 1783,
obtuvieron cohesión nacional gracias a los movimientos religiosos y al iniciarse el siglo
XIX se había consolidado su sentimiento nacionalista; en cambio, en México, que inició su
emancipación en 1810, solo la logró hasta 1821, todavía con serios conflictos con países
europeos y con el ya poderoso vecino del norte, sin que se hubiera desarrollado todavía un
sentimiento de identidad nacional.
Al finalizar la guerra contra los Estados Unidos, México logró su consolidación; los
principales actores iniciaron una lucha política por dirigir al país, al mismo tiempo que éste
contendía en otros conflictos internacionales. Fue hasta el triunfo de la guerra de Reforma,
en 1867 que empezó el desarrollo económico, pero con fuertes trabas y ya dependiente de
los países desarrollados. El porfiriato incrementó la "modernización", de principios
positivistas y con las características propias del capitalismo "salvaje", en el cual la pobreza
extrema de gran parte de la población no representa obstáculos para la creciente
acumulación de una pequeña minoría.
Al iniciarse el siglo XX, Estados Unidos había penetrado en el camino del monopolismo y
los grandes trusts dominaban su economía. La desventaja económica de México con los
norteamericanos era abismal, fue entonces cuando el norteamericano William Oscar
Jenkins, influido por el ambiente triunfalista de su país, cruzó la frontera y se trasladó al
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estado de Nuevo León. Hace cien años llegó a Monterrey (la revista Time lo ubica el
Aguascalientes) sin capital.
completamente en la chilla tomó un trabajo como mecánico ferrocarrilero ganando
50 centavos por día. En 1906, un grupo misionero estadunidense le confió capital
suficiente para lanzar un negocio de la camisería ambulantei.
En el norte de México el primer lustro del siglo pasado, viendo y viviendo el auge del
monopolismo de su país e influenciado por la moral protestante de su estado natal, W.O.
Jenkins no pudo dejar de percatarse de la potencial riqueza de nuestro territorio, de la
inestabilidad del régimen de Porfirio Díaz, de la necesidad de industrialización y de las
grandes posibilidades de enriquecerse. Minuciosamente analizó la situación y esbozó sus
futuras actividades para lograr su objetivo de hacer fortuna.
Capítulo III
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Sin embargo, al llegar a Puebla, la situación del centro y sur le era desconocida, en esta
región Porfirio Díaz aplicó tenazmente la política de expropiación de las tierras comunales
y el sometimiento de los pueblos indígenas. Cuando a principios de siglo el despojo
comenzó a afectar a los estados de Morelos y Guerrero, el descontento que produjo sentó
las bases de la mayor rebelión campesina en el México independientei.
La expropiación de las tierras comunales de los indígenas campesinos en el centro y el sur
de México fue uno de los motivos del movimiento revolucionario; esta región incluye la
zona azucarera de Puebla en la que años más tarde William O. Jenkins fundaría su emporio
agroindustrial.
Los hacendados, quienes en su mayoría eran de origen español, fueron los beneficiarios de
dichas medidas. Los latifundios eran trabajados principalmente por los peones acasillados
que recibían una miseria para su subsistencia y estaban atados al patrón por las eternas
deudas en las tiendas de raya. En cambio, en las tierras de las comunidades indígenas,
donde la propiedad era colectiva, a pesar de la política porfirista los antiguos propietarios
conservaron su forma de organización, algunas características tradicionales y un grado de
autonomía interna desconocido por los trabajadores de las grandes haciendas.
En esos años, el descontento contra el porfirismo se generó por diversas causas en todo el
territorio nacional y como consecuencia se formaron organizaciones contrarias al régimen
de Díaz. El más radical de los movimientos nacionales de oposición era el promovido por el
Partido Liberal, fundado en 1901 por los hermanos Flores Magón, de fuerte tendencia
anarcosindicalistai. Como era de esperarse, sus dirigentes fueron perseguidos, obligados a
ocultarse y huir a los Estados Unidos, donde establecieron una Junta Organizadora del
Partido Liberal Mexicano en septiembre de 1905, en la ciudad de Saint Louis. En la nueva
organización ellos continuaron su lucha, principalmente a través de su periódico
Regeneración, editado a partir del 7 de agosto de 1900. A pesar de que el régimen
prohibiera su circulación, este medio informativo llegó a tener más de 25 mil lectores y se
mantuvo durante 18 años; su objetivo principal era hacer la revolución.
Al tiempo de iniciarse la publicación de Regeneración se presentó como "periódico jurídico
independiente", cuyo lema versaba "contra la mala administración de la justicia". El 31 de
diciembre del mismo año la publicación propuso un cambio de personas y de métodos en el
aparato estatal; en otros términos, el restablecimiento de la democracia a través de una
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la conclusión de que era posible y necesario pasar a la contienda armada. El Partido Liberal
dirigió las huelgas de Cananea y Río Blanco, de 1906 y 1907 y otras luchas de Orizaba y
Puebla de esos años. Entre 1906 y 1908 intentó realizar insurrecciones armadas (la última
de ellas en Orizaba, Veracruz), que fueron frustradas por el descubrimiento de sus planes
por parte de la dictadura. También realizaron innumerables acciones en la frontera norte y
las zonas fabriles del paísi.
Durante esos años conatos de liberación empezaron a surgir por todas partes y el régimen,
al sentir el peligro de la crítica y la libertad, recurrió a la represión de los disidentes, de las
opiniones e ideas peligrosas, de la prensa inconforme y de las asociaciones de resistencia.
Mientras se gestaba la rebelión, la Constitución de 1857, que tanto esfuerzo y sangre había
costado al pueblo mexicano, se reformaba con el fin de invalidar las garantías personales y
sociales, hasta casi ser completamente anuladas. Ante este modo de gobernar creció la
oposición al régimen de Díaz después de 1900, cuyas manifestaciones más dramáticas
fueron las huelgas y masacres de Río Blanco y de Cananea. Empero, la feroz represión
gubernamental desatada contra los huelguistas intensificó enormemente el descontento
popular.
Como ya dijimos, William Oscar Jenkins se formó en un mundo en el cual el desarrollo
capitalista había avanzado hasta su etapa monopólica, con un régimen expansionista hacia
el resto del globo terráqueo, con costumbres y tradiciones derivadas del conjunto de las
religiones protestantes que juzgan el valor humano con relación a la posesión de bienes
materiales. Llegó a nuestro país impregnado de las principales características de los
ciudadanos estadunidenses de la época, se percató de la evidente inestabilidad de nuestro
sistema político, económico y social, así como del atraso agroindustrial. En fin, observó la
posibilidad de aprovechar dichas circunstancias para hacer su fortuna.
Cuando se trasladó a la ciudad de Puebla, dijo haber traído trece mil pesos, producto de sus
ahorros durante los años que trabajó en el norte de México, lugar donde llegó sin capital
alguno. Así justifica el origen de su fortuna, a partir de un argumento tradicional en
concordancia con el análisis de los teóricos del capitalismo: el ahorro. De lo anterior se
entiende que el trabajo constante y la abstinencia en sus gastos personales le dieron el
privilegio de iniciar una buena posición económica en nuestra sociedad.
Ahora bien, veremos cómo este concepto no corresponde a la realidad. De acuerdo con el
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deseosos de explotar la suma del valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena
de trabajo; y los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo, y por tanto, de su
trabajo. El proceso que engendra el capitalismo es el mismo de la disociación entre el
obrero y la propiedad de las condiciones de su trabajo. Marx nos dice que para que se lleve
a cabo
Sabido es que en la historia real ha desempeñando un gran papel la
conquista, el esclavizamiento, el robo y el asesinato, la violencia, en una
palabra, y que los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse
remontándolos como una anécdota del pasado, en la cual había, de una parte,
una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un
tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún
más...
Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos
acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja De este pecado
original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo
mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza
de los pocos, riqueza que no cesa de crecer aunque ya haga muchísimo
tiempo que sus propietarios han dejado de trabajari.
Este proceso de acumulación originaria convierte en capital los medios sociales de vida y
de producción al mismo tiempo que vuelve obreros asalariados a los productores directos.
Es el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de produccióni.
Jenkins llegó a México como trabajador asalariado sin poseer medios de producción, arribó
a un país cuyo cambio estructural se gestaba en el seno de su sociedad y en el que el
despojo progresivo a las comunidades agrarias por parte de los hacendados se había
iniciado hacía nueve lustros, sin que dicha forma de explotación (semejante a la feudal)
incrementara sustancialmente el desarrollo económico. No obstante, al poco tiempo de su
llegada despegó como capitalista. Respecto a este cambio de clase social, Miguel Espinosa
contador del Ingenio de Atencingo escribió en su novela sobre la historia de Atencingo
(Zafra de odio, azúcar amargo), que cuando el norteamericano llegó a Puebla no contaba
con dinero alguno, pero en complicidad con el velador de la fábrica donde trabajaba -
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propiedad de León Razt-, robó una carreta cargada de algodón y máquinas, con lo que
montó una factoría clandestina de calcetines en la calle de Calavera (ahora 9 Poniente y 7
Sur) cerca del mercado de El Parral. Asimismo al poco tiempo, como consecuencia con su
tradición protestante, regresó a su país a casarse con Mary Street, quien según el mismo
autor, aportó dinero al matrimonioi. Afirma, también, que Jenkins ya casado regresó a la
ciudad, en compañía de su esposa Mary Street, Elisabeth (la hija de Mary) y su cuñado
Donald. Al principio, él mismo y dos trabajadores más, repartían los calcetines hechos en
su pequeña fábricai.
El artículo de la revista Time mencionado describe que en 1906, un grupo misionero
estadunidense le confió el suficiente capital a nuestro personaje para poner en operación un
negocio ambulante de mercería, ropa para caballero y otras mercancías. Si Jenkins se
dedicó al ramo de los servicios como se menciona, recibía una parte del dinero obtenido por
la venta de la mercancía, y por lo tanto sus ahorros no eran producto de su salario. El que se
haya dedicado a este tipo de actividades se ve confirmado en diferentes textos escritos
sobre su persona, así como en las entrevistas a los hermanos Aurelio y Quitín Corralesi.
El caso es que Jenkins se inició como capitalista con una pequeña fortuna que no pudo ser
el producto de su trabajo como asalariado. No obstante, con esa cantidad de dinero muy
bien podía comprar una fábrica, como al parecer sucedió; es decir, despegó como
empresario con un capital inicial, una “previou accumulation” de acuerdo con Adam
Smithi.
En fin, si damos por cierto que Jenkins trajo consigo los trece mil pesos, no era un hombre
rico, pero tenía la suficiente solvencia económica que le permitía moverse en el ambiente
de los altos sectores de la comunidad poblana, a la cual inmediatamente empezó a analizar.
Pronto pasó a ser bien visto por aquella parte de la sociedad enraizada en profundas
diferencias de clase y de raza, con aspiraciones aristocráticas y apego peninsular.
Durante los años 1907 y 1908, ya en la dinámica de actividades del estadunidense, se dio la
crisis cíclica en los Estados Unidos con un efecto devastador para México; por las
repercusiones de ésta, a él se le presentó la posibilidad de hacer ventajosas transacciones
con la deteriorada burguesía poblana.
El empleado ferrocarrilero, el dependiente textil y el comerciante de maquinaria agrícola,
mercería, ropa y otros bienes, asumió su nueva condición de empresario con la ventaja de
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los cuales tenían contacto telefónico con sus respectivas cabeceras y capitales de distrito.
Las relaciones con la capital de la república se hacían mediante el telégrafo, el correo
ordinario y el ferrocarril (Interoceánico y Mexicano)i.
En lo que se refiere a las haciendas de Atencingo y otras aledañas, eran en su mayoría
propiedad de ricos españoles o descendientes de éstos, como los Pagaza, Díaz Rubín, De la
Hidalga, De Velazco, Conde, Mier y otros. En esta región la Ley Lerdo, aplicada en gran
medida durante el porfiriato, condujo al despojo de las antiguas tierras comunales de los
pueblos indígenas, en aras de una concentración de propiedades rurales en un reducido
núcleo de hacendadosi, quienes junto con algunos empresarios de la región gozaban de
exención de impuestos.
Recién afloraba el capitalismo en México cuando estos pueblos indígenas conocieron sus
sinsabores; desposeídos de sus tierras, y por lo tanto, de su sustento, se vieron en la
imperiosa necesidad de vender su fuerza de trabajo a precio de esclavitud. Sus tradiciones
de autonomía interna habían sobrevivido al régimen colonial, a la guerra de Independencia
y a la guerra de Reforma. En el periodo que siguió a la independencia, gracias al
debilitamiento del gobierno central, ellos mejoraron en cierta medida su situación política y
económica, pero la dictadura porfirista los arrojó a la miseria.
Las regiones más afectadas fueron las del centro y sur del país, porque en ellas el aumento
de la producción para el mercado y los nuevos ferrocarriles habían disparado el valor de la
tierra. La mayoría de las comunidades campesinas que se incorporaron a la revolución se
encontraban en esas regionesi.
Miguel Espinosa narra cómo durante esos años Jenkins conoció la región y el Ingenio de
Atencingo, propiedad de Pedro Díaz Rubín, en los recorridos que hacía como vendedor de
maquinaria agrícola norteamericana; visualizó su enorme riqueza, la mano de obra barata y
"sumisa" y desde aquel entonces se interesó en poseerla.
Es muy probable que a partir de la llegada de nuestro personaje a Puebla, éste comparó las
características de la propiedad de la tierra en el estado con las que conocía en la zona norte,
las ventajas subsidiarias que ofrecía el gobierno a los hacendados sureños, así como la
debilidad económica de éstos últimos a causa de la recesión iniciada en 1907; tomando en
cuenta estos hechos luchó perseverantemente hasta que después de unos años logró hacer
suya una vasta extensión de tierras de la región de Atencingo, además de otros lugares.
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Recién introducido en sociedad, con una buena posición económica y debido a su gran
interés por enriquecerse, buscó la manera de relacionarse con los personajes importantes de
la economía de la región. El ajedrez (así como el tenis en otros momentos) le ofreció una
buena posibilidad de conseguirlo y muy pronto ya se le veía jugar, entre otros, con el
propietario de la hacienda e ingenio de Atencingo, con quien entabló una amistosa,
duradera e interesada relacióni.
Entre 1905 y 1910 William Oscar encaminó sus actividades a establecer relaciones
amistosas con ricos industriales y latifundistas y a obtener la representación de su país en
nuestro estado. Eso le permitió conocer las condiciones económicas en el corazón
empresarial, incrementar su dinero e invertirlo en propiedades textiles y (como él mismo
relata en la carta anexa) en hacer préstamos con intereses a quienes la fortuna desfavorecía
por el eminente conflicto social. En 1910 consiguió la representación viceconsular
norteamericana en Puebla, cargo inmediatamente inferior al de cónsul que ostentaba el
señor William Chabers.
El modelo de desarrollo económico elegido para el Estado por la dictadura porfirista
marginaba a los trabajadores y a un amplio sector de las clases altas, que para frenar la
injusticia y las desigualdades impulsaban el cambio de gobierno, por lo que eran reprimidos
(cárcel, asesinatos, expulsiones del país). La dictadura se aislaba de la mayoría de la
sociedad mexicana y en el conjunto de ésta se gestaba la revolución, se vivía una encubierta
inestabilidad en la que las huelgas de trabajadores y las organizaciones independientes
sufrían violentas represalias. La mayoría de la población se ocupaba en buscar mejores
condiciones para la realización de sus ocupaciones y con ello mejorar sus niveles de vida.
En tanto, sin comprometerse con alguna de las facciones en lucha en este país que se
desangraba, no dejaba pasar la más mínima oportunidad que esta situación caótica
presentaba para hacer buenos negocios. En 1910 se inició en México la primera revolución
del siglo XX, cuando esto sucedió nuestro personaje controlaba el mercado nacional de uno
de los productos de la industria textil.
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Capítulo IV.
Un americano impasible
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en sus dominios. Muchos de ellos ejercían importante influencia económica dentro del
estado y algunos desempeñaban altos cargos políticos. Acumulaban grandes fortunas al
tiempo que en los campesinos (despojados de sus tierras) y en los pequeños propietarios
crecían fuertes deseos de cambiar la situación.
Porfirio Díaz, ya lo dijimos, en el esfuerzo de modernizar la economía, cerró filas con los
hacendados locales, quienes sometieron políticamente a los pueblos; el despojo se dio
principalmente en el centro y sur del país, porque allí el aumento de la producción para el
mercado y los nuevos ferrocarriles habían disparado el valor de la tierra. También fue allí
donde la mayoría de las comunidades campesinas se incorporaron a la revolucióni.
No obstante, la crisis económica de 1907 hizo bajar las utilidades de los terratenientes y el
porfiriato dejó de garantizarles su continuidad en la élite de la sociedad, así como el alto
nivel de vida al que estaban acostumbrados, debido a las deudas y a la disminución de su
solvencia económica. En la zona una gran parte de los terratenientes no resistió los efectos
modernizadores. Tanto los hacendados, como campesinos e indígenas de la región,
precisaban innovar la dirección de la sociedad.
El modelo de desarrollo económico elegido por el régimen porfirista solo garantizaba el
bienestar económico a un puñado de privilegiados y marginaba a los trabajadores y a un
amplio porcentaje de las clases altas. En dichos sectores, con el fin de frenar la injusticia y
las desigualdades, se impulsaba el cambio en el gobierno.
El dictador también tuvo que enfrentar la presión de Estados Unidos; hizo frente a su
hostilidad porque supuestamente encarnaba el nacionalismo y porque el grupo dominante
de los "científicos" impulsaba una política económica favorable a Europa, sobre todo
después de 1900. En 1910, aunque el porfirismo daba la preferencia a los inversionistas de
Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania, los estadunidenses poseían cerca de 40 por
ciento de las inversiones extranjeras.
Una de las características de la primera década de nuestro siglo era que numerosos
extranjeros radicaban en territorio mexicano, entre ellos se cuentan siete mil quinientos
estadunidenses, en su mayoría ferrocarrileros y petroleros. En ese año Jenkins obtuvo la
representación del viceconsulado de su país en nuestro estado y sus negocios se
encontraban en auge; él sabía de los intereses de sus compatriotas en México y acariciaba la
idea de ser parte de los grandes inversionistas.
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La dictadura porfirista había estabilizado al país después de casi un siglo de guerras; ésta
siguió el camino de la modernización con base en la revolución industrial que acentuó la
polarización entre las diferentes clases y grupos sociales. La enorme desigualdad entre las
clases trabajadoras y los propietarios del campo, la industria y el comercio fue el punto de
partida del movimiento revolucionario que en 1908 se preparaba para propiciar el cambio
en el poder político de México. Ese año, Díaz concedió una entrevista al periodista
norteamericano James Creelman, en la que afirma que el pueblo mexicano estaba apto para
la democracia y daba luz verde para la conformación de partidos políticos que contendieran
en las elecciones.
Es evidente que Díaz tenía una apreciación acertada sobre la necesidad de abrir la
intervención política de otros sectores de la población, pero no estaba dispuesto a ceder el
mando. Además, los intereses de los grupos en el poder actuaron en función de evitar una
posible apertura, puesto que una participación más amplia en las decisiones estatales
disminuiría sus privilegios.
Dos años después se viviría una nueva reelección del dictador. No obstante, la falaz
declaración periodística dio margen a la organización de diferentes partidos políticos para
contender en las elecciones presidenciales. Entre los participantes del norte encontramos
una clase media insatisfecha que resentía estar excluida del poder y tener escasa
intervención en el auge económico mexicano.
Fueron los años en los que en Nuevo León surgió el movimiento reyista, aglutinado en el
Partido Democrático, encabezado por el cacique Bernardo Reyes, general porfirista y
gobernador del estado que deseaba ocupar el lugar del dictador. Enfrentado a "los
científicos" en la lucha por la sucesión presidencial, él era un profundo conocedor de la
situación socio-política y económica de México. Hacia fines de 1909 se había fortalecido
en varias ciudades y se autopropuso ante Díaz para la vicepresidencia en la fórmula
electoral de 1910.
Bernardo Reyes estaba de acuerdo con las formas de gobernar del porfirismo, de las cuales
era partícipe, aunque tenía diferencias con el grupo de "los científicos". Él era parte de la
oligarquía y no tenía intención de cambiar el sistema, solo deseaba la presidencia de la
república. Llegó a contar con una importante fuerza, que de haber llegado al poder, hubiera
oxigenado al régimen y prolongado el tiempo de su caída.
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Díaz por su parte, con su proceder maquiavélico sabía con anterioridad que Reyes y José
Ives Limantaur (líder de "los científicos") ambicionaban sucederlo cuando todavía se sentía
capaz de permanecer en el cargo y procedió a enfrentarlos entre sí, para quedar él mismo
como el hombre fuerte y el único capaz de gobernar. Con esas medidas consiguió que las
elecciones de 1910 fueran a su medida; él necesitaba en la vicepresidencia a una persona
incondicional y totalmente de acuerdo con sus intereses, por lo que propuso a Ramón
Corral. Bernardo Reyes, en cambio, de llegar a ocupar ese puesto, hubiera dirigido sus
esfuerzos a lograr su propio cometido, utilizaría su posición para satisfacer sus
conveniencias y haría de lado las aspiraciones del dictador. Sin embargo, su exclusión en la
fórmula electoral como vicepresidente ocasionó una profunda división entre los partidarios
del régimen dictatorial.
En 1909 la fuerza del reyismo era contundente, pero el general conocía la furia popular que
despertaría una confrontación con Díaz, misma que pondría en riesgo el sistema con el que
concordaba. Por ello, ante la invitación del dictador a realizar estudios militares en Francia
y a olvidarse de la elección, no tuvo otra alternativa que salir del país.
Al frustrarse el deseo de los reyistas de llevar a su líder al poder, gran parte de ellos decidió
apoyar el movimiento maderista que se formaba al mismo tiempo, organizado bajo las
siglas del Partido Antirreleccionista y cuyo programa proponía cambios más profundos.
Francisco I. Madero se destacaba como el dirigente aglutinador de diferentes sectores de la
sociedad en contra de la dictadura; él provenía de una de las familias más ricas del norte del
paísi. Su familia se oponía activamente al dominio de Estados Unidos, país que intentaba
monopolizar la productividad agrícola e industrial de México.
Los estadunidenses, entre otras cosas, habían introducido la industrialización del caucho en
la región y aspiraban a tener el monopolio de la mismai. Los Madero, por su parte,
producían un sustituto de ese producto, el guayule, sin participación de los vecinos del
norte.
Alrededor de esta familia se fue formando una importante fuerza opositora a la dominación
de estadunidenses. Francisco I. Madero, al regresar de sus estudios de administración en los
Estados Unidos, se unió a su padre en contra de los monopolios norteamericanos, al tiempo
que aplicaba métodos novedosos para el desarrollo de sus propiedades: utilizaba
maquinaria moderna y pagaba los mejores salarios en el campo; implantó servicios médicos
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documento y porque Díaz como persona gozaba de una amplia reputación entre las clases
privilegiadasi.
Ese texto fue la primera publicación permitida por el Estado en que se ataca abiertamente al
sistema político, tuvo una amplia difusión y su objetivo principal fue el llamamiento a la
formación de un nuevo partido antirreeleccionista. De suyo despertó gran interés entre la
población, que sumado al tesón y a los poderes de persuasión de su autor, y sobre todo al
gran descontento contra la dictadura, facilitaron la creación del Centro Antirreeleccionista
de México, en mayo de 1909.
Francisco I. Madero, unido a otros dirigentes revolucionarios, difundieron sus postulados
políticos al resto del país. En Puebla, por ejemplo, el 19 de julio del mismo año se fundó el
Club Luz y Progreso, cuyo presidente fue Aquiles Serdán, quien se dio a la tarea de hacer
crecer rápidamente el movimiento revolucionario. Con los esfuerzos de Serdán y los demás
maderistas poblanos se logró fundar noventa clubes en el estadoi.
Otra importante fuerza opositora a la dictadura era el magonismo, del cual hemos escrito
arriba. Tanto en lo político como en las formas de lucha que se llevaron a cabo, el
anarquismo magonista fue el verdadero iniciador de la revolución mexicana; su
participación fue determinante en la contienda.
Magonismo y maderismo eran diferentes a los maderistas en lo político y en lo ideológico.
Las páginas de Regeneración de 1907 muestran que el antirreeleccionismo dejaba de lado
las principales reivindicaciones sociales y se orientaba hacia un simple cambio en el
gobierno. El Partido Liberal analizaba en su órgano informativo los intereses y la política
de un grupo de la burguesía y de terratenientes más o menos modernos que había entrado
en conflicto con el sector hegemónico de "los científicos" y aspiraba a tomar el aparato del
Estado, o por lo menos, compartirlo. Consideraba que Madero no se proponía ninguna
alteración profunda de la estructura social, por lo que posiblemente llegaría a conciliar
intereses y lograría reformas hechas desde arriba, sin la participación popular.
En 1910, unos días antes del levantamiento maderista, la dirección magonista envió una
circular donde establecía las demandas del Partido Liberal: libertad política, libertad
económica por medio de la entrega al pueblo de las tierras que detentan grandes
terratenientes, el alza de los salarios y la disminución de las horas de trabajo; en
discrepancia con el Partido Antirreeleccionista que solo quería la libertad política, sin tocar
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desde donde hizo un llamado de rebelión a los mexicanos. Él, junto con Juan Sánchez
Azcona, Federico González, Roque Estrada, Enrique Bordes y Ernesto Fernández Arteaga
redactaron el Plan de San Luis Potosí, fechado el día mencionado.i
Este plan refleja las aspiraciones de la burguesía opositora a Díaz, de la cual formaba parte
Madero, quien al decir de Womack, no era revolucionario, pero sí subversivo; y llenó de
ánimos y esperanzas a los pobres de México con sus propuestas de ampliación del poder
político, introducción de la democracia parlamentaria y limitación de los derechos de los
extranjeros. El documento adolece de interés sobre las cuestiones sociales, aunque a
diferencia del libro anterior de Madero, el artículo tercero plantea la restitución de las
tierras comunales a sus antiguos propietariosi.
La afiliación del movimiento campesino morelense y del sur de Puebla a la causa maderista
fue, sobre todo, por la esperanza de recuperar sus tierras.
En el plan se declara depuesto a Díaz y Madero se autonombra presidente provisional de
México, se enarbola el principio de no-reelección presidencial y del sufragio libre y secreto.
Destaca el llamamiento a la rebelión.
Ahora bien, las fuerzas maderistas planearon el levantamiento armado para el 20 de
noviembre de 1910, y en la tercera de las siete zonas en las que dividió al país, en la que se
encuentra Puebla, Madero nombró jefe de la revolución a Aquiles Serdán dirigente de gran
capacidad, de formación anarquista influenciado por los postulados magonistas.
Su actividad política se enfocaba primordialmente al convencimiento de los obreros,
artesanos y estudiantes progresistasi, es decir, estaba ligado a la clase obrera y a sectores de
intelectuales y trabajadores. Asimismo, por su convicción revolucionaria entraba en
constante contradicción con sectores de la clase media de la región que también
participaban en la insurgencia porque querían acceder al poder.
El 13 de noviembre, en el cumplimiento de su cargo, Serdán reunió a un gran número de
conspiradores, militantes de los diversos clubes, con el fin de ultimar los detalles del día 20.
Los revolucionarios se proponían estratégicamente tomar la ciudad y tenían todo preparado;
sin embargo, el gobierno encontró correspondencia que contenía los planes de la
conspiración en Puebla y capturó a dos líderes con documentos sobre las rebeliones de
Puebla, Veracruz y Tlaxcala.
El gobernador Mucio P. Martínez ordenó atacar la casa de la familia Serdán para frustrar el
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levantamiento dos días antes de la fecha acordada para la insurrección. La familia Serdán y
un puñado de revolucionarios repelieron el ataque, pero fueron derrotados por la policía,
con el consecuente asesinato de Máximo y Aquiles Serdán; otros combatientes también
resultaron muertos y Carmen Serdán, Filomena del Valle y Carmen Alatriste (hermana,
esposa y madre de Aquiles) fueron encarceladas hasta el 4 de mayo de 1911i.
La revolución había estallado el 18 de noviembre de 1910 en Puebla y Chihuahua y no
obstante la fuerte represión sufrida por los revolucionarios poblanos, lejos de amedrentar a
la población, exacerbó los ánimos en el conjunto del territorio mexicano. El levantamiento
en el ámbito nacional estalló poco después, se expandió por todo el país y ya no fue posible
aplastarlo.
Al ser asesinados los hermanos Serdán y demás dirigentes de su corriente el 18 de
noviembre de 1910, los líderes de la clase media cercanos a Madero, tomaron el mando del
movimiento. De esta manera el carácter radical de la lucha revolucionaria en el estado de
Puebla, con excepción del zapatismo, se transformó en mera pelea por el poder con fines
reformistas.
El estallido del movimiento armado impulsó a los hacendados afectados desde la crisis
económica de 1907 a defender sus patrimonios ante el conflicto. Entre otras cosas, en el sur
de Puebla, insurgentes locales y fuerzas zapatistas incendiaron los trapiches, saquearon las
haciendas e hicieron huir a una parte de los terratenientes; el resto, se definió ante la
disyuntiva de apoyar a los rebeldes con medios materiales o ser expropiados por los
mismos y perderlo todo.
La violencia desatada por la insurrección armada indujo a muchos terratenientes a huir al
extranjero o a otras ciudades del país, como la de México. Con el fin de evadir la realidad
de la época, dejaron caer la economía y la productividad de sus haciendas más allá de lo
obligado por la contienda. A los pocos años, cuando regresaron a sus propiedades, no
tuvieron capacidad económica para salvarlas y éstas cambiaron de propietarios.
En cuanto a la revolución iniciada en noviembre de 1910, se sucedieron una serie de
batallas de las que resultaron triunfadores los grupos revolucionarios unidos. En 1911 se
firmó el Tratado de Ciudad Juárez entre el gobierno de Díaz y los maderistas. En éste se
reconocen las renuncias de Porfirio Díaz y Ramón Corral a la presidencia y
vicepresidencia, respectivamente; se otorga el cargo de presidente interino al porfirista
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tipo social. A ellos los combatió con las armas bajo el mando de antiguos militares de la
dictadura. Con el fin de derrotar a Zapata envió al general Victoriano Huerta, quien en
menos de un año encabezaría el golpe de Estado y gobernaría México.
Madero llegó a la presidencia debilitado internamente porque la actitud de buena parte de
los rebeldes al porfirismo rebasaba sus posiciones, como lo demuestra el Plan Político
Social, proclamado poco antes de su mandato, en los estados de Guerrero, Michoacán,
Tlaxcala, Campeche, Puebla y el Distrito Federal, y las acciones armadas de los
floresmagonistas Benito Ibarra, José Inés Salazar, Praxedis Guerrero y Francisco Manrique
en el norte de la república. Ambos grupos actuaban en el mismo sentido que Zapata en el
sur, es decir, en cumplimiento de las demandas populares.
El 2 de noviembre de 1911 fue promulgado el Plan de Ayala por Emiliano Zapata, los
generales, coroneles y capitanes del Ejército Insurgente; en el desconocen a Madero como
Jefe de la Revolución, proponen una reforma agraria y se constituyen en Junta
Revolucionaria.
En el documento se acusa a Madero por tratar de
eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de San
Luis Potosí... nulificando, persiguiendo, encarcelando o matando a los elementos
revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de Presidente de la
República.
Lo culpan, además, de condenar a una guerra de exterminio a los pueblos que le piden,
solicitan o exigen el cumplimiento de las promesas de la revolución.
Ante la continuación de la deplorable situación en el cambio, la nulidad de cambios en la
cuestión agraria, continuó el movimiento campesino, sobre todo las fuerzas zapatistas en
Morelos y el sur de Puebla, y por parte de Villa y Orozco en el norte del país. La mejoría
material de los trabajadores del campo (70% de la población que en enero de 1911 se
calculaba en 15 160 369 habitantes), obreros y demás asalariados hubiera afectado a los
hacendados y demás ricos, con los que Madero negoció su ascenso al poder, objeto
fundamental de su lucha.
Como el presidente Madero no cumplió lo pactado, la Junta Revolucionaria de Morelos
hizo el primer reparto de tierras en la república en abril de 1912, las cuales fueron
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Suárez y nombró presidente interino a Pedro Lascuráin, hasta ese momento secretario de
Relaciones Exteriores; éste a su vez nombró a Victoriano Huerta secretario de Gobernación
y media hora después renunció a la presidencia, ocupada por Huerta hasta su derrota en
julio de 1914, en la cual tomó parte activa el gobierno de Estados Unidos.
Contrariamente a lo narrado por la historia oficial. Desde el principio de su mandato fue
hostil a la subordinación norteamericana por sus simpatías con Alemania. Por este motivo y
porque Madero no había cumplido lo planteado en el Plan de San Luis, una parte de los
jefes revolucionarios como Pascual Orozco, le dieron su apoyo. En su régimen, La Casa
del Obrero se transformó en La Casa del Obrero Mundial, que pronto, por la represión, se
vio obligada a dejar de funcionar.
Apenas iniciado el golpe, Carranza encabezó el Plan de Guadalupe, firmado el 26 de marzo
de 1913 en Guadalupe, Cohahuila, en el que se desconoció al gobierno de Huerta, los
poderes legislativo y judicial y los gobiernos de los estados que no se unieran a la rebelión.
Allí se formó el Ejército Constitucionalista al mando del mismo y fue inmediatamente
apoyado por Álvaro Obregón, Benjamín Hill y Plutarco Elías Calles; Francisco Villa y José
María Maytorena (dirigente sinaloense) se lanzaron contra Huerta en forma independiente,
aunque posteriormente se adhirieron al constitucionalismoi.
Victoriano Huerta fue el encargado de reprimir al zapatismo durante el gobierno de
Madero. Cuando usurpó el poder, bajo la premisa de la confrontación maderista contra el
movimiento campesino, trató de conseguir el apoyo de Zapata, quien le rechazó
contundentemente en su respuesta del 11 de abril de 1913, en la que le recriminó su traición
a la revolucióni. Los zapatistas repelieron la agresión huertista; Zapata desconoció a Huerta
y se dio a la tarea de combatirlo por las armas.
Como consecuencia del conflicto social de 1913 se originó la fuerte crisis del sistema
bancario mexicano que obligó al gobierno huertista a rechazar el ajuste al patrón oro. El
tipo de cambio del peso mexicano en el mercado mundial descendió bruscamente, por lo
que la dictadura tuvo que enfrentar una crisis económica. William Oscar Jenkins tenía
reservas en dólares y en el cambio obtuvo excelentes ganancias. Además, a falta de bancos
aumentó su clientela de dinero a rédito ( ver Anexo 1)
La derrota del huertismo se hizo evidente cuando las fuerzas de Álvaro Obregón entraron a
la Ciudad de México a mediados de agosto de 1914. Tras él llegó Venustiano Carranza,
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los caracteres y motivos personales. En poco tiempo intuía cuáles eran los intereses, las
posibilidades, enterezas y debilidades de sus conocidos, a quienes escogía para cada una de
las acciones que requería: protegidos, socios, cómplices, influencias políticas y enemigos,
todo con el primordial objetivo de hacer dinero.
Una parte de la región en la que Jenkins implantó su imperio azucarero corresponde al
municipio de Chietla, otra a Atencingo, donde acumuló once haciendas. También adquirió
bienes inmuebles en otros lugares de la república y del estado de Puebla, como en
Huaquechula, donde compró la hacienda de Santa Lucía, un poco antes de que el general
constitucionalista Rafael Rojas García llegara a la gubernatura en 1920.
La propietaria de la hacienda era la suegra de Rojas, Diega Huerta, quien debido a un
adeudo con el fisco temía que su yerno, el ya poderoso general carrancista, transfiriera sus
bienes a su nombre y tuvo que vender dicho predio al estadunidense, aunque aparece como
comprador su cuñado Donald Street.i
Por esos años William Oscar Jenkins, con su creciente fortuna y su incansable afán de
enriquecimiento, entabló relaciones con los hacendados de la región, algunos de ellos
ligados al zapatismo en forma de colaboradores, como Emilio Bonilla Huerta i, otros
agrupados entre las fuerzas carrancistas, como el general Rafael Rojas García, esposo de
Helena Bonilla Huerta; y por último, terratenientes que después de la derrota de Victoriano
Huerta no tomaron parte en el conflicto y temerosos de las acciones revolucionarias se
dieron a la fuga. Estos últimos, pasado el tiempo regresaron a salvar sus propiedades, a
punto de quebrar a causa de su abandono.
Entre los hacendados había quienes estudiaban o habían estudiado en el Colegio del Estado
(actualmente Universidad Autónoma de Puebla); algunos de ellos asumieron las posturas
revolucionarias, puesto que habían adquirido una cultura universal inspirada en un
humanismo que consideraba al hombre y el cultivo de todo lo humano por encima de
cualquier otro valor y, enseñaba la independencia de la razón frente a la autoridad. Otros
hacendados se acomodaron entre el grupo ganador, pero la mayoría, tuvo la necesidad de
pedir préstamos o de vender sus bienes. Los carrancistas, al triunfo del constitucionalismo,
se incorporaron al gobierno o estuvieron muy cerca de éste.
Jenkins, el estadunidense emprendedor, a diferencia de otros hombres de negocios de la
época tenía experiencia como prestamista y contaba con la capacidad económica necesaria
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para continuar con sus actividades financieras en la difícil situación económica del país
legada por la lucha armada. Esto se puede comprobar en el caso de los hacendados del sur
de Puebla. A unos les prestó dinero en efectivo bajo hipotecas, pero al no cumplir éstos los
contratos, las haciendas pasaron a sus manos. A otros simplemente les compró sus
propiedades.
La precaria situación de los hacendados, quienes se encontraban constantemente asediados
por los zapatistas y por las deudas, les obligó a vender sus propiedades rurales a precios sin
actualizar de acuerdo al tipo de cambio. Esta situación permitió al estadunidense
multiplicar su fortuna en bienes mexicanos. Muchas de las compras las hizo en papel
moneda de la época, como él mismo explica en su carta al fisco de su país. El dinero en
papel tuvo primero una circulación de acuerdo con su valor real y después se depreció hasta
descartarse definitivamente en 1916. Es necesario aclarar que ese año en Puebla, y
seguramente en el resto del país, el peso simple se estimaba, según los contratos de compra-
venta, al 10 % del peso oro nacionali.
El vicecónsul contaba con la información que le permitía caracterizar a la corriente
triunfadora del movimiento porque sabía lo que acontecía en México y orientó sus dotes
para hacer amistades en los núcleos potenciales de poder. Conocía el proceso de
industrialización de su país y tuvo la visión de la futura riqueza que representaban esas
tierras al hacerlas industrialmente productivas.
En 1913, cuando Victoriano Huerta anunció el descenso brusco del tipo de cambio del peso
mexicano en el mercado mundial, el agente consular se encontraba en una condición
financiera muy satisfactoria: sus fábricas operaban al máximo y tenía alrededor de un
millón de dólares, cuando un dólar se cambiaba por cinco pesos mexicanos (anteriormente
el cambio era de dos pesos por dólar). Inmediatamente invirtió ese dinero en bienes raíces,
cuyo precio en ningún caso llegó a la proporción con el tipo de cambio, al respecto declaró
“En algunos casos pagué precios más altos, pero nunca en proporción a la diferencia del
tipo de cambio [...] trabajando con grandes ganancias.” (Ver Anexo 1)
En 1914 el presidente Carranza requería el reconocimiento en el ámbito internacional y el
agente consular ideó aprovechar esa necesidad del gobierno a su favor. Entabló litigio
contra éste, al denunciar una confiscación de quince cargas de algodón de su propiedad. El
eminente industrial textil hizo una declaración en contra del general Villa como responsable
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el señor West, enviado especial del señor Presidente Wilson, vino a México
con la misión de tratar con los Jefes de las facciones revolucionarias, para que se
escoja persona que, con el carácter de Presidente Permanente en el período
preconstitucional, ocupe dicha presidencia, proponiendo en terna a los señores
Generales Don Felipe Ángeles, Roque González Garza y Samuel Cuéllar... Además
hay que tener presente, y esto juzgando según mi humilde criterio, que no debemos
admitir en manera algunas proposiciones hechas por el señor presidente de los
Estados Unidosi.
Aunque en la terna propuesta dominan los villistas, existen evidencias de que la política de
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Wilson favorecía al interinato carrancista, sobre todo después de que su enviado especial
visitara a las facciones en pugna y el letrado poblano Luis Cabrera fuera a Washington para
expresar que la política constitucionalista no había tenido ni tendría un carácter
confiscatorio, menos tratándose de las compañías extranjeras.
En cambio, los proyectos de gobierno zapatista afectarían negativamente los intereses
estadunidenses. Aspectos sobresalientes de la Ley Agraria emanada del Consejo Ejecutivo
de la Convención de Aguascalientes, como la restitución de sus tierras a las comunidades e
individuos que conservaran sus títulos de propiedad anteriores a 1856, el derecho de las
comunidades a poseer y administrar sus tierras y la creación paralela de la pequeña
propiedad rural con suficiencia para la manutención de una familia, eran disposiciones
contrarias a las conveniencias de los caciques, los grandes terratenientes y los monopolios
de la producción agrícola, tanto de nacionales como de extranjeros.
El movimiento campesino encabezado por Zapata y Villa no respondía a las aspiraciones de
los monopolios estadunidenses, razón suficiente para brindar el apoyo a los enemigos del
mismo Carranza quien garantizaba la modernización capitalista en el campo y en la ciudad
y entre sus simpatizantes se encontraban caciques y terratenientes seguidores de Madero;
además, los miembros de su grupo no estaban dispuestos a perder su posición privilegiada
en aras de mejorar sustancialmente el nivel de vida de los campesinos. El fondo de la pugna
definía el carácter del futuro Estado mexicano, al triunfar el carrancismo llegaron al poder
miembros de las clases sociales medias y altas, cuyo principal interés era enriquecerse
individualmente. Fue a partir del triunfo constitucionalista que muchas de las grandes
fortunas iniciaron su despegue.
Las fuerzas revolucionarias avanzaban triunfantes por todo el territorio mexicano hasta que
Victoriano Huerta presentó su renuncia a la presidencia y salió del país. Su lugar fue
ocupado por Francisco S. Carbajal, secretario de Relaciones Exteriores, quien el 13 de
agosto de 1914 también abandonó el cargo y posteriormente el territorio mexicano. Ese día
se disolvieron los poderes Legislativo y Judicial y el 20 de agosto entró a México
Venustiano Carranza como jefe del Ejército Constitucionalista y asumió el poder ejecutivo.
El año de 1914 se caracterizó por la unidad de las fuerzas revolucionarias en contra de la
dictadura de Victoriano Huerta, el divisionismo de las mismas ante la jefatura del país y el
apoyo del gobierno estadunidense a los carrancistas, quienes finalmente obtuvieron el
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triunfo de la contienda armada. Cabe recordar que esta fuerza fue la heredera del
maderismo en cuanto a los intereses de poder de las clases altas cuyo acceso estaba negado
durante el régimen de Díazi.
Villa y Zapata no se sometieron a Carranza, la Convención de Aguascalientes, realizada el
10 de octubre al 13 de noviembre, destituyó a este último como Jefe del Ejecutivo y
nombró a Eulalio Gutiérrez presidente provisional, quien tomó posesión el 6 de noviembre.
Por su parte, Carranza desconoció los acuerdos de la Convención y manifestó seguir al
frente del Ejecutivo. La lucha por el poder entre las distintas facciones revolucionarias se
agudizaba cada vez más, hasta que el 19 de octubre de 1915 Estados Unidos reconoció al
gobierno de Carranza y con ello inclinó el fiel de la balanza en contra del movimiento
campesino.
Pancho Villa había sido derrotado por Álvaro Obregón en las batallas de Celaya de abril de
ese año, entre otras causas porque Estados Unidos enviaba armas y parque defectuosos a
los villistas. Desde entonces se dedicó a comandar guerrillas, pero ya no pudo recuperar su
dominio. Zapata siguió en pie de lucha y representó una oposición organizada en el sur del
país, principalmente en Morelos y Puebla; su fuerza era realmente peligrosa para los
carrancistas hasta que lograron asesinarlo el 10 de abril de 1919.
El zapatismo desde su origen ha combatido a los terratenientes. Sus demandas principales
como la recuperación de las tierras comunales y la autonomía de su administración, fueron
el motor de la revolución y no han sido saldadas hasta la fecha. El poder cambió de
personas, pero de hecho, su carácter de clase, su política y sus métodos para llevarla a cabo
solo se han modernizado.
El gobierno carrancista se distinguió por reprimir al movimiento campesino en 1915 por
medio del Ejército Constitucionalista y de los Batallones Rojos, cuando los dirigentes de la
Casa del Obrero Mundial fueron infiltrados por elementos reformistas que empujaron al
movimiento obrero hacia esa actitud. Un año más tarde, Carranza sofocó brutalmente a los
electricistas, a los tranviarios y, sobre todo, a la Federación de Sindicatos Obreros del
Distrito Federal, en su huelga iniciada el 31 de junio de ese año. Un mes después, el
primero de agosto, don Venustiano decretó pena de muerte a los huelguistas y a los demás
trabajadores que los apoyaran. Aunque no se llegaron a concretar las ejecuciones, unos
meses antes de dar inicio el Congreso Constituyente el flamante presidente de la república
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además de los campesinos, los obreros influenciados por el magonismo que no militaban en
los Batallones Rojos, estudiantes, intelectuales y algunos hacendados.
Jenkins era una persona de mucha energía y capacidad de trabajo, persistente y observador;
cuando se presentaba alguna oportunidad que le redituara ganancias, la utilizaba sin
titubeos, y si no, él trataba de sacar provecho de cada situación, tal y como apareciera.
El gobierno de Carranzai, ante la necesidad de ser reconocido por los Estados Unidos, cedía
ante algunas exigencias de dicho país; los estadunidenses como Jenkins, residentes en
México, eran los privilegiados de esta relación.
Antes de la Asamblea Constituyente de 1916-1917, Carranza ya se había consolidado en la
presidencia; sin embargo, la contienda armada continuaba. En el año de 1919 los sectores
sociales altos y medios denegados del poder durante el porfiriato, asumieron el mando y se
afianzaron como la clase política dominante, como consecuencia del debilitamiento del
movimiento campesino revolucionario, del control de la naciente clase obrera, del desgaste
del pueblo mexicano después de la prolongada guerra civil y del intervencionismo del
gobierno de los Estados Unidos, aunque en breve el mandatario y la élite política
norteamericanos se disgustarían por la postura pacifista de Carranza en la contienda
internacional y la posible aplicación de los postulados constitucionales relacionados con la
tenencia de la tierra, los derechos laborales y el recurso de amparo.
De 1913 a 1919 la situación cambiante sobre los avances de las facciones en pugna, el
conocimiento de la situación nacional y los intereses de los Estados Unidos, configuraron
condiciones propicias para hacer los excelentes negocios lucrativos en los que se involucró
el agente consular norteamericano en Puebla, William Oscar Jenkins, el que durante el auge
de la lucha revolucionaria visitaba la zona sur de nuestro estado, poblada por numerosos
revolucionarios zapatistas, conocía la posición de bancarrota de los hacendados poblanos,
de quienes obtuvo la mayor parte de sus haciendas. Nuestro personaje acumulaba
propiedades rurales y urbanas e iniciaba la modernización industrial en las mismas en un
momento crítico para México. Mientras los mexicanos se jugaban la vida para definir su
futuro, el vicecónsul obtenía ventaja de todas las partes y se enriquecía a costa de ellos.
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SEGUNDA PARTE
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Capítulo V.
En este capítulo se comenta lo relacionado con los hechos ocurridos a partir de la desaparición del cónsul
norteamericano William Oscar Jenkins el 19 de octubre de 1919, así como la postura del gobierno carrancista
de considerar el suceso como autosecuestro, actitud que en un primer momento influyó para agravar las
divergencias entre México y los Estados Unidos, pero finalmente, cuando Carranza tuvo evidencias de su
previa consideración y el presidente estadunidense (después de una corta enfermedad) se reincorporó al
mando político de su país, disminuyó la importancia del suceso y con ello se eliminó un pretexto para una
nueva invasión a nuestro territorio.
Al aminorar las tensiones entre los dos países, Jenkins adquirió un gran desprestigio en el ámbito nacional
debido a la publicidad de su participación en el plagio; sin embargo, a partir de entonces tuvo oportunidad de
iniciar relaciones duraderas con algunos políticos de la época, los cuales en breve se encumbrarían en la
administración del país y le servirían en su afán de llegar a ser el hombre más poderoso.
La polémica respecto a si fue secuestro o autosecuestro se ha prolongado hasta la actualidad, por lo que se
reseñó las posturas de algunos de sus biógrafos. Aunque advierto que en lo personal comparto la que muestra
su participación en el plagio y planteo que, a partir de éste, William Oscar Jenkins incursionó en la esfera
política mexicana.
En 1919, el grupo gobernante surgido de la médula del maderismo, iniciaba una profunda fisura que
terminaría con la exclusión de importantes dirigentes revolucionarios y la concentración del dominio en una
nueva agrupación que dirigió al país por más de catorce años consecutivos.
Ese año también marcó un momento de profundo debilitamiento del movimiento
revolucionario representante de las grandes masas de campesinos. Emiliano Zapata y Felipe
Ángeles, dos de sus destacados jefes, fueron asesinados por órdenes de Carranza el 10 de
abril y el 26 de noviembre respectivamente. La clase obrera iniciaba un proceso de
reorganización independiente, en el que los comunistas y los anarquistas se disputaban la
estrategia partidista a seguir para la emancipación del proletariado, mientras los reformistas
se aglutinaban en la Confederación Regional Obrera mexicana (CROM), primera central
obrera de México reconocida por el Estado, de carácter reformista, bajo la dirección de Luis
N. Morones, quien fue secretario de Estado durante los gobiernos de Obregón y Calles. El
reformismo ejerció un férreo control de la clase obrera desde el origen del gobierno
carrancista hasta 1928i, año en el que sufrió un desmoronamiento que dio origen a una
temporal desorganización del movimiento obreroi.
Durante la coyuntura electoral de finales de 1919, Carranza propuso para la presidencia a su candidato
Ignacio Bonillas y otras fuerzas de su antigua corriente presentaron a Álvaro Obregón.
El proceso relativamente pacífico de la campaña electoral fue interrumpido a principios de 1920 cuando
Carranza, consciente de la incapacidad de su candidato para obtener el triunfo, decidió aplicar medidas
represivas, sobre todo al gobierno del estado de Sonora, encabezado por Adolfo de la Huerta.
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En esta dinámica Carranza acusó a destacados obregonistas de realizar actividades subversivas contra su
gobierno y los encarceló. En abril ordenó a Obregón regresar de su campaña para rendir testimonios sobre el
brote rebelde, con el fin de encarcelarlo y anular su candidatura. En respuesta a las medidas represivas, el día
11 de ese mismo mes se produjo la ruptura entre el gobierno carrancista y la mayoría de las fuerzas
constitucionalistas; el gobernador de Sonora desconoció la autoridad de Carranza, adhiriéndose a esta
posición los gobiernos de Zacatecas y Michoacán. Obregón huyó de la capital el 13 de abril y con el apoyo
zapatista llegó a Chilpancingo de los Bravos, en el estado de Guerrero, donde el 20 de abril anunció su
decisión de unirse a la rebelión obregonista.
La participación en la lucha unificó temporalmente a todas las fuerzas disidentes del carrancismo, incluyendo
al movimiento obrero y campesino, a la mayoría del ejército y de los funcionarios estatales. El 23 de abril
Plutarco Elías Calles publicó el Plan de Agua Prieta, en el cual se desconocía a Carranza y se nombraba
presidente provisional al gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, especificando que en cuanto se tomara
la ciudad de México, éste debería realizar la elección del nuevo presidente de la república i.
El 17 de mayo de 1920 Carranza huyó hacia Veracruz, pero fue asesinado el día 21 de
mayo en la sierra norte de Puebla. El 24 de ese mismo mes, el Congreso de la Unión eligió
presidente provisional a Adolfo de la Huerta, quien asumió el cargo el primero de junio.
Obregón reinició su campaña por esas fechas, ganó las elecciones el 5 de septiembre y el
primero de diciembre de ese año tomó posesión de la presidencia.
Estos son algunos de los elementos que condicionaban al país a seguir por la vía de las
reformas sin resolver de fondo los grandes problemas causantes de la lucha armada,
principalmente los relacionados con la tenencia de la tierra y los derechos laborales
inscritos en los artículos constitucionales 27 y 123 respectivamente, que no se habían
llevado a la práctica y que la clase en el poder no tenía intenciones de hacerlo.
Durante ese tiempo decisivo para el rumbo que seguiría la política nacional, en el contexto
conformado con los elementos mencionados, el lunes 20 de octubre de 1919, los periódicos
de Puebla informaron a ocho columnas la desaparición del cónsul estadunidense. En
general, la prensa nacional habló del plagio y del rescate de trescientos mil pesos.
De acuerdo al diario El Monitor, la acción fue ejecutada por cuatro individuos elegantemente vestidos,
quienes entraron a los terrenos de la fábrica La Corona (que Hugo Leich ubica en la calle 11 poniente, entre la
13 y la 15 sur, llamada en esa época calle del Pensador Mexicano)i, el domingo 19 de octubre por la tarde,
después de inaugurarse un nuevo salón de la empresa. A dicho acto asistieron el arzobispo de Puebla y una
importante cantidad de invitados de las clases altas de nuestra sociedad.
Los testigos del delito (familiares y sirvientes de Jenkins) declararon que los bandidos, ya dentro del
inmueble, sorprendieron al velador, lo amarraron y le introdujeron algodón en la boca. Jenkins se encontraba
en sus habitaciones, escuchó ruidos extraños y ante la tardanza de su empleado, a quien le había ordenado dar
una vuelta por las instalaciones, salió al segundo patio de su casa, donde fue atrapado por sus plagiarios,
maniatado y obligado a abrir la caja fuerte, de donde extrajeron cerca de ocho mil pesos y algunas prendas de
vestir.
Varias horas después llegó al lugar del delito el secretario de la Inspección General de Policía, Antonio
Muñoz, quien fue informado por la señora Jenkins “que los apaches se llevaron la suma de sesenta mil pesos
en monedas de oro, y algunos documentos” i. Según El Monitor “Los asaltantes, que vestían correctamente,
notificaron a la esposa del plagiado, que debía entregar la suma de 300,000 pesos oro por el rescate de su
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esposo” y amenazaron con asesinar a la víctima “si las autoridades emprendieran una persecución en contra
de ellos”. Asimismo, “uno de los asaltantes preguntó insistentemente a la señora por el domicilio de Mr.
Hardaker", cónsul de Inglaterra” La redacción del diario expuso la sospecha de que los plagiarios eran
rebeldes, oficiales del general Juan Ubera, y que además del plagio efectuado planeaban secuestrar a otras
personalidades, como la mencionada.
También se sospechaba que se lo habían llevado rumbo a los terrenos de El Batán, El Gallinero, Castillotla y
San Baltazar; es decir, al sur de la ciudad. El diario referido también menciona que seguramente habría algún
conflicto de carácter internacional en vista del cargo del plagiado i. A partir de ese momento, se sugirió la
posibilidad de que los enemigos del carrancismo realizaran el rapto con el fin de extremar la mala relación
prevaleciente con los Estados Unidos, al hacer aparecer a México en la situación de gobierno insostenible por
la falta absoluta de garantíasi.
A la redacción de El Monitor le parecía natural que fuera el Estado mexicano quien respondiera a los
requerimientos de los secuestradores, debido a que “el gobierno de México tiene contraído el compromiso
con los Estados Unidos, de satisfacer todos los daños y perjuicios que sufran los extranjeros, cuando sean
víctimas de malhechores”i.
Al día siguiente, este diario menciona que otro periódico publicó una acusación de autosecuestro contra el
cónsul norteamericano:
El formidable cargo lanzado sobre una persona tan honorable como el Cónsul Jenkins, de haberse
ocultado preconcebidamente, para aparecer ante el público como víctima de un secuestro y ocasionar
así un conflicto más entre los Estados Unidos y México.
El Monitor informa que la publicación referida tiene nexos con el gobernador de Puebla, Alfonso Cabrera, y
con su hermano Luis Cabrera, secretario de Hacienda y Crédito Público, persona de la más amplia confianza
del presidente, subraya la honorabilidad del cónsul y da a conocer la protesta hecha a Carranza por el
encargado de la embajada estadunidense, el señor George Summerlingi.
Al respecto Miguel Contreras, miembro del grupo de la Legión de Honor Mexicana, auspiciada por la
Secretaría de la Defensa Nacional, miembro también de la Unificación Nacional de Veteranos de la
Revolución, militares e intelectuales carrancistas, escribió en su libro que Alfonso Capetillo y Miguel Gil (ex
militar revolucionario poblano, partidario de De la Huerta, expulsado por ese motivo del país, periodista y
literato), periodistas del diario poblano La Tribuna pusieron al descubierto el autoplagio con un reportaje
obtenido en la guarnición zapatista de Malacatepec. Posteriormente, Contreras entrevistó a Alfonso Capetillo
sobre la veracidad del documento y ésta fue ratificada y confirmada por el general de división Francisco Coss,
jefe de Operaciones Militares en el estado de Pueblai.
Miguel Gil se encontraba en Puebla cuando el suceso; fungía como jefe de información del diario La Tribuna
e intuyó la importancia del mismo en el Teatro Variedades, donde se encontraba platicando con el
comandante de la policía, porque un gendarme se acercó al funcionario y este último se despidió para atender
el caso. El periodista siguió al comandante hasta el domicilio de Jenkins, donde se hablaba del plagio; después
de unos días, sintió la necesidad de buscar al cónsul entre los rebeldes zapatistas.
El gerente de La Tribuna, León de Garay, también planteó la urgencia de acudir al campo rebelde y Gil se
propuso para hacer la visita, pidió un automóvil, una bandera blanca, cincuenta pesos, un pasaporte militar y
que lo acompañara un fotógrafo.
Pese al riesgo que corrían sus vidas, el 23 de octubre los reporteros fueron hacia Malacatepec, pueblo situado
al sur de la capital del estado, entre Chipilo y Atlixco (actualmente se llega por medio de una desviación en la
carretera federal). En el camino fueron detenidos por hombres armados, de los cuales uno de ellos acompañó
a los periodistas. Nuevamente en marcha entablaron conversación, le invitaron a tomar tequila, y al calor de
las copas les confesó ser coronel zapatista y la manera como Jenkins había salido por su propia voluntad de
Puebla para trasladarse al campo rebelde.
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Al llegar a Malacatepec fueron recibidos por el capitán de la guarnición, con quien pronto entraron en
confianza. Ante la pregunta por el norteamericano, el rebelde les manifestó que el cónsul y el general Ubera
acababan de marcharse, el primero de ellos a la hacienda de Santa Lucía, de su propiedad.
Al regresar, en las instalaciones del diario, se procedió a turnar la noticia al presidente y a preparar su
publicación para el día siguiente. La información obtenida por Carranza le permitió dar a conocer al gobierno
estadunidense su certeza de la participación complaciente del cónsul en los hechos y la amenaza de invasión a
nuestro territorio, por ese pretexto, perdió su fuerza.
El fotógrafo tomó impresiones de la guarnición y de los rebeldes zapatistas que fueron publicadas en La
Tribuna junto con el reportaje de Gil el día 24 de octubre. Por su parte, El Monitor informó que a los cuatro
días del suceso, el 23 de octubre, una persona advirtió a las autoridades la presencia del señor Jenkins en
Malacatepec junto con los generales Juan Ubera y Gil Reyes. Desde el 23 de octubre de 1919 se supo con
certeza que el coronel zapatista Federico Córdova, persona cercana a los generales Caraveo y Ubera i, estaba
implicado en el secuestroi.
El norteamericano, en su cautiverio, escribió cartas a su esposa y a otras personas de nuestro país y de los
Estados Unidos, como al pastor metodista Wolf y la señora Betz, encargada del colegio metodista i. La
correspondencia fue recogida y enviada a la Ciudad de México, en ella le hizo saber a su cónyuge que se
encontraba bien de salud, dándole indicaciones de que dejara en claro que el secuestro lo habían realizado
rebeldes anticarrancistas y no delincuentes, que era producto de un problema político: la incapacidad del
régimen de ofrecer garantías a los ciudadanos norteamericanos radicados en México i.
El 25 de octubre el gobierno estadunidense a través del secretario de Estado Robert Lansing, emplazó al
gobierno de México a que rescatara a Jenkins en un plazo perentorio i. Ese día, fue rescatado. Su apoderado, el
licenciado Eduardo Mestre, arribó al lugar del canje que le habían informado por teléfono había recibido el
dinero del señor Federico J. Miller, socio de Jenkins en la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa y otros
negocios y, entregó el adelanto a los secuestradores.
William Jenkins fue llevado por varios zapatistas a la planta eléctrica La Carmelita de la fábrica El
Mayorazgo, al sur de la ciudad y cerca de Malacatepec. Los rebeldes informaron al administrador que allí se
encontraba el cónsul norteamericano y de inmediato los señores Rivero Quijano informaron a Federico J.
Miller, quien mandó a un empleado por el presunto secuestrado.
De la fábrica El Mayorazgo, el señor Miller lo acompañó hasta la ciudad. El cónsul fue recibido en el Hospital
Latinoamericano por su hija Maggie, su hermana Ana, los señores Hanna y Woodward, de la embajada
estadunidense, el cónsul Hardaker y el licenciado Mestre. El nosocomio, también de su propiedad, fue cerrado
para tranquilidad de Jenkins, quien se mostró agradecido por las relativas consideraciones de los
secuestradores hacia su personai. Ese mismo día, el senador del estado de Fontana de los Estados Unidos,
Myers propuso en el Congreso de su país, una invasión a nuestro territorio para rescatar a su connacional.
Por otra parte, el 27 de octubre su apoderado, el licenciado Mestre, fue detenido junto con tres trabajadores
del estadunidense, acusados de falsedad en sus declaraciones. El día del rescate Mestre declaró que por la
mañana él salió solo de Cholula rumbo a Chipilo, que ignoraba cómo se obtuvo el monto del mismo, aunque
tenía la seguridad de que fueron 300 mil pesos, que tampoco sabía cómo se llevaron el dinero al campo
rebelde y a quién fue entregado. En cambio el señor W. Woodward declaró que Jenkins fue liberado porque
prometió que pagaría la cantidad fijada en un plazo determinado, pues lo que llevaban sus enviados sería
máximo 30 mil pesos, los cuales fueron entregados a Mestre cuando éste prosiguió su viaje a Chipilo (desde
Cholula), acompañado de unos “indios”, del chofer que conducía el automóvil y de un cochero que conducía
una volanta. Asimismo, declaró que ignoraba a quién se entregaría el dinero.
Mestre fue liberado, previa fianza pagada por el señor Enrique Villar (no se informa de los trabajadores). Al
apoderado de Jenkins se le dictó auto de formal prisión y fue detenido nuevamente el día 30 del mismo mes,
por los delitos de falsedad en las declaraciones y complicidad en el plagio. Sin embargo, fue liberado casi
inmediatamente porque Woodward se retractó de lo dicho el 26 de octubre, respecto a la cantidad del rescate,
a la partida de Mestre para entregar el dinero a los plagiarios, a la compañía de más personas en la operación
y a las otras contradicciones. Las autoridades mexicanas no pusieron en duda su segunda versión, quizá por su
categoría de funcionario de la embajada estadunidense.
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A su debido tiempo, la señora Mary Street Jenkins mostró a la prensa un enorme legajo de telegramas y cartas
recibidas de todas partes de la república y de los Estados Unidos, pidiendo informes y felicitando el feliz
regreso del cónsul. Entre ellas destaca la del secretario de Estado estadunidense Robert F. Lansing, a nombre
de Wilsoni.
Jenkins regresó a Puebla el día 26, fue resguardado por el personal del hospital y solo rindió declaración hasta
el 31 de octubre, días después de su rescate. No hizo ninguna denuncia legal en contra de sus raptores, fue
sujeto a un proceso que solo tuvo efecto durante el gobierno carrancista, estuvo preso unos días y se le retiró
el exequátur por acuerdo del presidente Carranza el 30 de enero de 1920.
Ese año, a mediados de mayo de 1920, después del asesinato de Carranza, Obregón era el hombre con mayor
fuerza política para llegar a la presidencia; no obstante, quiso llegar a través del voto, por eso influyó para que
el Congreso de la Unión nombrara presidente sustituto a Adolfo de la Huerta. El primero de junio se llevó a
cabo la toma de protesta del nuevo mandatario. Ese día, nos narra Ruíz Harrel, Marcelo Caraveo y Federico
Córdova entraron triunfantes a la ciudad de México tras la famosa figura de Álvaro Obregóni.
El gobernador de Puebla y la mayoría de sus funcionarios huyeron de esta ciudad recién asesinado Carranza.
Como gobernador interino ocupó el puesto el general Rafael Rojas García, quien de inmediato giró
instrucciones para resolver el caso Jenkins y éste a su vez aprovechó la oportunidad para "limpiar su nombre y
aclarar todos los detalles del secuestro", según le informó por esos días a Matthew Hanna, encargado de la
embajada desde principios de abril. Finalmente, ante el Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Jenkins
resultó ser inocente. Es decir: fue secuestradoi.
Ahora bien, ha quedado claro que para 1919 el agente consular William Oscar Jenkins era ya un exitoso
fabricante textil, dueño de haciendas, ranchos, fábricas e inmuebles en el estado de Puebla, la Ciudad de
México, Querétaro, San Luis Potosí y en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos. Además, su negocio
como prestamista iba en ascenso, entre otras cosas porque los inversionistas de la época preferían endeudarse
con particulares como él, ya que por el conflicto, los bancos dejaron de funcionar. El territorio mexicano le
representaba una mina de oro que recién había empezado a explotar.
Por si fuera poco, su actividad económica abarcaba más allá de sus propiedades agrícolas, industriales, bienes
raíces y de dinero, también explotaba en su provecho las ambiciones de poder de diversos jefes políticos. En
este rubro, las desavenencias con Carranza iniciadas en 1914 no eran del dominio público, pero sí de los más
encumbrados políticos de México y los Estados Unidos. Algunos de estos últimos no toleraban la postura
neutral del gobierno carrancista ante el conflicto internacional después de su declaración de guerra a
Alemania en 1917, y miraban nuestro territorio con su tradicional óptica expansionista. Por ello, en el seno
del Congreso estadunidense se manifestaban dos posturas respecto al gobierno mexicano. Si una de ellas era
moderada respecto a la política del gobierno mexicano, la otra era totalmente adversa e influía negativamente
en las relaciones con nuestro país.
El estudioso estadunidense Charles C. Cumberland relata la polémica entre las dos versiones al momento del
presunto secuestro. La relación de las dos naciones carecía de cordialidad, por lo que la noticia difundida en
su país por The New York Times, produjo insinuaciones políticas beligerantes nacionales e internacionales en
función de una intervención armada, e hicieron una "causa célebre" del incidente que nos llevó al borde de
una guerrai.
Es curioso que Jenkins aparentemente fuera objeto de un secuestro, fuera aprehendido indebidamente para
obtener dinero por su rescate o para otros fines. Este hecho se refiere a la pérdida de libertad en un momento
de la vida, lo que para cualquier persona sería significativo, pero para el afectado no ameritaba mención en su
carta de 1939 al fisco su paísi.
Vale recordar que para esa fecha había mostrado su gran apego al dinero, actitud loable en su formación
protestante, como lo destaca Max Weber al hablar sobre la moral de ese sector religioso que considera el
tiempo como dinero y acumular, sin llegar al goce inmoderado y su mira no utilitaria, un deber profesional.
Para nuestro personaje, el hacer fortuna ocupaba el primer lugar en sus valores personales, por lo tanto, la
distracción de sus tareas, derivada del sospechoso secuestro, le habría acarreado pérdidas materiales, muy
oportunas para justificar su escasez de recursos ante la declaración de bienes i.
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Después de que Jenkins recobró su libertad, en julio de 1920, "demandó al gobierno mexicano por un total de
$390 851.90: 300 mil pagados a Córdova; $4 265.25 extraídos de la caja de La Corona la noche del secuestro,
aparte de $45 261.65 de su caja particular, $1 220.00 de gastos médicos; $6 900.00 de gastos jurídicos y, por
supuesto, $33 205.00 de intereses a razón del 6 por ciento anual." En su carta a Stanford no menciona el
"secuestro", no por olvido, sino intencionalmente.
En el caso de que la carta hubiera sido traducida completamente, entonces William Jenkins, a 34 años de
residir en México y a 20 años de la privación de su libertad, tenía el interés de ocultar ese episodio de su vida
por varias razones: primera, pudo ser el motivo de una guerra entre los dos países involucrados y en 1939 él
tenía muy buenas relaciones con políticos prominentes del sistema mexicano, por lo que no le interesaba abrir
viejas heridas del orgullo nacional; segunda, si él fue el actor intelectual del secuestro, el decirlo removería la
duda de sus declaraciones, sería una especie de recordatorio de su imagen delictiva y para ese entonces ya
figuraba como el hombre más rico del país, además, tenía el deseo de aparecer con una estampa de benefactor
y borrar cualquier elemento de su pasado bochornoso para continuar con sus negocios en todos los niveles i;
tercera, si él recibió dinero por su rescate en complicidad con el plagio, su mención daría una pauta de su
rápido enriquecimiento y de la misma forma saldría afectada su reputación.
Las tres opciones que a mi parecer pudieron motivar el intencionado olvido, tienen en común el presentar una
imagen respetable de su persona. El influyente hombre de negocios, amigo de la burguesía, de militares en
proceso de enriquecimiento y de políticos en el poder, no podía darse el lujo de recordar a la sociedad una
actitud que puso en peligro la paz de los mexicanos para acrecentar su ya cuantiosa fortuna.
En el caso de la omisión del suceso hecha por su socio y editor del libro sobre la Fundación, Manuel Espinosa
Yglesias, también refleja el objetivo de mantener la imagen respetable del personaje y de su fortuna.
La omisión del autosecuestro en la carta autobiográfica de Jenkins evidencia al autor como persona que
realizaba actividades no confesables, al menos en lo que se refiere a sus negocios en nuestro país. Si el suceso
fue suprimido en la publicación de dicho documento por el editor, cabe recordar que es la misma persona que
heredó su cargo en la Fundación Mary Street Jenkins, y por lo tanto, la administración de su fortuna.
El autosecuestro fue una noticia de orden internacional recogida por la prensa y por la historiografía, tiene que
ver con las relaciones entre México y los Estados Unidos, así como con la solidaridad de países de América
Latina con nuestra nación. Hay fuentes originales que lo prueban, en los archivos nacionales de Estados
Unidos, en el Archivo de Relaciones Exteriores de México, en el Archivo de la Defensa Nacional y en el
Archivo General de la Nación. Muchas de esas evidencias han sido recogidas por sus biógrafos. Quienes han
estudiado su caso han colocado el hecho en el meollo de la vida del millonario, han difundido las
declaraciones provocadas por el suceso y los expedientes sobre el mismo, entre los que se encuentran su
propia versión, el comunicado a su embajada por parte de su secuestrador, el coronel Federico Córdova y, las
cartas de Jenkins a su esposa y a sus amigos en su país natal.
Nuestro personaje declaró que en la noche del 19 de octubre de 1919, Córdova se introdujo en su fábrica,
saqueó la caja fuerte y lo capturó, diciéndole: "que el propósito del secuestro era para originar un conflicto
entre los Estados Unidos y México", que su rescate sería de trescientos mil pesos, pagadero solamente por el
gobierno mexicano y no por él o por cualquier otro partido privado. Luego trató de inculpar indirectamente al
Estado mexicano para que su país tomara represalias contra el gobierno de Carranza en un momento crítico de
las relaciones entre ambas naciones. El coronel Córdova, por su parte comunicó a la embajada norteamericana
que el secuestro no era un acto de bandolerismo, sino una prueba de que Carranza no podía ofrecer protección
a ciudadanos extranjeros y mucho menos a los propios mexicanos i.
Durante el tiempo que el estadunidense permaneció secuestrado, Jenkins instruyó a su esposa en el sentido de
telegrafiar: al secretario de Estado Robert Lansingi, al respecto nos dice Matute que entre este funcionario y
Wilson hubo diferencias en cuanto a la concertación del Tratado de Paz de Versalles y, sobre todo, en cuanto
a la organización de la Liga de las Naciones, posturas que los llevaron a romper, Lansing no quiso acatar la
línea de Wilson y cambió de partido, se alió al clan Fall-Dohey, no por sus principios, sino por sus intereses;
al senador y presidente del Senado Albert Fall, quien instó al congreso a invadir militarmente a México a
través del Comité de Relaciones Exteriores; a varios congresistas y a un extenso número de amigos y
parientes, para urgir una acción oficial por parte de Estados Unidos con el fin de forzar a México a gestionar
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su libertad inmediata. A su vez, trabajó para presionar al gobierno mexicano: Quiero hacer responsable al
gobierno, y, esto puede ser hecho, solamente si los rebeldes son la causa, así que, no falles en aclararlo" i.
Lo anterior muestra la actitud del agente consular acorde con la postura beligerante de una
parte del Congreso estadunidense en contra de nuestro país. El senador Myers, de Montana
presentó el 25 de octubre un proyecto de resolución al Departamento de Estado:
es el sentir de este organismo que el Presidente de los Estados Unidos y la
Secretaría de Guerra, inmediatamente deberían usar todas las fuerzas armadas, así
como el poder de los Estados Unidos para rescatar enseguida, y tener vivo al
susodicho Jenkins, o a sus secuestradores muertosi.
Al concluir la primera Guerra Mundial, Estados Unidos ejerció una fuerte presión contra
México. A lo largo del año 1919 realizó diversos actos, como la expedición de una lancha
perteneciente al buque Cheyenne, que podría haber repetido la situación provocada en
1914, pero que no fructificó; asimismo, la expedición punitiva en busca del rebelde Jesús
Rentería, quien había secuestrado a unos pilotos norteamericanos que se internaron en
territorio chihuahuense. Sin embargo, esos acosos no fueron suficientes para desencadenar
un conflicto diplomático entre ambos países. Las acciones más sólidas fueron el caso
Jenkins y la constitución del llamado Comité Falli.
El senador Albert B. Fall, quien tenía intereses en México y era cercano al petrolero
Edward L. Doheny, de la Huasteca Petroleum Company, organizó un comité dentro del
Senado de los Estados Unidos, encargado de investigar las acciones antiestadunidenses
emprendidas por la revolución mexicana, para reclamarlas y sancionar a México. Para ello
se alió con todos los enemigos del gobierno de Carranza, tanto exiliados en los Estados
Unidos como presentes en territorio mexicano, en lucha contra el gobierno. El resultado fue
un enorme documento conocido como el Informe Fall, que reúne cientos de testimonios de
carrancistas contra su país, destinado a buscar el apoyo del gobierno para derrocar a
Carranza e instaurar un gobierno dócil a los deseos y presiones de los petroleros y mineros
estadunidenses, empeñados en eliminar los daños que les causaba el artículo 27 de la nueva
Constitución Política mexicana. Fall era republicano y con la acción de su pro comité
propiciaba un excelente apoyo a su partido para desacreditar al presidente demócrata
Woodrow Wilson.
Al respecto escribe Álvaro Matute:
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Enlazado con lo anterior fue el incidente provocado por el cónsul honorario de los
Estados Unidos en Puebla, William O. Jenkins, quien planeó su propio secuestro a
manos del rebelde Federico Córdoba para obligar al gobierno de Carranza a pagar
un rescate que, al parecer, sería usado para cubrir el déficit de una deuda que tenía
Jenkins con la Iglesia metodista, la cual le había confiado bienes en custodia, que él
había invertido en negocios de interés personal. Carranza no cayó en la trampa y se
le procesó, dándole la ciudad de Puebla como prisión. El hecho fue aprovechado por
Fall para presionar personalmente al presidente Wilson, que, después de haber
recibido la noticia de la libertad de Jenkins, casi echó fuera de la casa Blanca a Fall.
Wilson terminó impidiendo que los republicanos y los petroleros se salieran con la
suya en cuanto a la intervención en los asuntos mexicanosi.
Aunque a diez días de haberse efectuado el plagio, Jenkins declaró al New York Times que
"quería perjudicar a Carranza y a Cabrera"i, los senadores republicanos Fall y Lodge se
encontraban en la disposición de hacerle la guerra a México obedeciendo intereses de
petroleros y mineros norteamericanos con inversiones en nuestro territorio. Sin embargo,
no todos los miembros del gobierno estadunidense tenían esas intenciones; por ejemplo, el
propio presidente Wilson tenía una postura diferente, misma que hizo valer decidiendo la
política a seguir en el caso Jenkins, por una vía dialogada, como se reflejó en el documento
oficial dado a conocer a su embajada. En México, el 24 de octubre del mismo año, por
medio George Summerlin, encargado de negocios en nuestro país, quien comunicó a
nuestras autoridades que el gobierno de Estados Unidos esperaba que México tomara las
medidas pertinentes para obtener la libertad sano y salvo del agente consular
Usted (George Summerling) insistirá en que el gobierno mexicano le informe
definitivamente qué medidas se habían tomado para lograr la liberación de Jenkinsi.
A los pocos días del secuestro el coronel Córdova aceptó el pago del rescate por parte de
fuentes privadas y no por el gobierno, como lo había manifestado en un inicio. ¿Se
quebrantó su ideal político en tan poco tiempo? ¿El objetivo del secuestro ya se había
logrado, o intervinieron factores imprevisibles que pusieron en riesgo el plan inicial? El
militar zapatista argumentó hacia su postura la posibilidad de una invasión armada por
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aumento de sueldo al administrador Manuel Pérez y éste le contestó que tomara lo que
quisiera, que tenía manos libres con el dinero, pero que un incremento al salario como tal
no se le podía otorgar. Corrales tomó lo dicho por Pérez como una invitación a delinquir y
su respuesta fue renunciar al empleo. Durante el resto de su vida trabajó en varias empresas
y su nivel de vida fue el correspondiente al de cualquier asalariadoi.
No obstante, hecho este relato, las versiones de Miguel Gil y Miguel Espinosa clarifican la
acción como un autosecuestro, descubierto por la osadía del periodista y por la intervención
del gobierno carrancista para argumentar ante los representantes del gobierno
norteamericano. Ruiz Harrell considera que Jenkins sí fue secuestrado y que el gobierno de
Carranza inventó lo del autosecuestro para calmar la beligerancia del vecino del norte, al
mismo tiempo que reprimía al estadunidense con el que tenía diferencias.
Después del reportaje del diario La Tribuna, mencionado por Contreras y Ruiz Harrell,
Jenkins apareció en público y el tenso pretexto de parte de los Estados Unidos perdió su
fuerza sustancial.
Cumberland escribe que el rescate de Jenkins fue pagado por la Compañía de Luz y Fuerza,
de la cual era socio. Como hemos visto, el empresario demandó al gobierno mexicano por
su reembolso, pero este último negó responsabilidad de su parte para pagarlo,
argumentando ante la embajada estadunidense, por medio del ministerio de Asuntos
Exteriores, que "ningún país, incluyendo a los Estados Unidos, estaría de acuerdo en (pagar
rescates) ya sea por principio o por norma". El secretario de Estado Robert Lansing estuvo
de acuerdo y Jenkins prefirió posponer la discusión sobre el tema, para retomarlo cuando
las condiciones políticas estuvieran a su favori. El dinero fue pagado a Jenkins durante el
gobierno de Maximino Ávila Camachoi.
Cumberland ilustra, con este caso de Jenkins, el sentimiento antiestadunidense durante el
periodo de Carranza. Describe al personaje en cuestión no solamente irascible y más
interesado en el dinero que en principios. J. S. Creighton, agente del Tesoro en San Antonio
Texas, en un comunicado al secretario del Tesoro del 26 de noviembre de 1919, comunicó:
"De hecho es muy común observar que el Señor Jenkins siempre está interesado en casi
cualquier tipo de negocios que pareciera lucrativo en la región"i.
El autosecuestro pudo ser el elemento iniciador de una guerra entre ambos países, los
congresistas interesados en ello hicieron su labor en las sesiones del Congreso, en la prensa
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El subsecretario del Ministerio de Asuntos del Exterior, Hilario Medina, declaró que el
primer arresto de Jenkins había sido de carácter preventivo, pues durante él se había hecho
una investigación; en cambio, el segundo fue formal, resultado de evidencias acumuladas
durante la investigación. El arresto como tal no presuponía culpa, pues ésta tendría que ser
establecida en un juicio; mientras, Jenkins podría quedar en libertad bajo fianza si así lo
deseara.
El gobernador del estado insistió a Jenkins que aceptará la libertad bajo fianza, pero él se
empeñó en no aceptar las presiones oficiales y rechazó su liberación a no ser que le fuera
concedida su total exoneración. Sin embargo, su "actitud general de enconada superioridad
y arrogancia, no valieron de mucho para hacer que los funcionarios retiraran los cargos"i.
Ante la respuesta del subsecretario Medina, el secretario de Estado Robert Lansing increpó
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al embajador mexicano Ignacio Bonillas en una entrevista personal que terminó con la
siguiente declaración:
la paciencia de este país (Estados Unidos) estaba casi exhausta y que el caso
había alcanzado el punto de rompimiento, que la ola de indignación entre la
gente americana podría arrollar, y posteriormente impedir discusiones
diplomáticas y obligar un rompimiento, casi inevitablemente podía significar la
guerra [...] (la cual) sería llevada hasta el fin con todo el poder de esta nacióni.
Lansing también expidió una nota en la cual acusó a México de tener mala fe con Jenkins, de perversión de la
justicia en ocultar la realidad de que Puebla puede ser tomada por los rebeldes y de indiferencia intencional.
Finalmente demandó la inmediata libertad del cónsul i. En esa dinámica, Carranza aclaró públicamente al
ministro chileno que se ofreció como intermediario entre México y los Estados Unidos, que el gobierno
mexicano no se inmiscuiría en el asunto de Jenkins, un elemento más en la disposición de los Estados Unidos
contra México.
Otros países americanos y España tuvieron una posición a favor del gobierno mexicano.
Entre el 15 y 19 de noviembre, fechas de sus arrestos preventivo y formal, Jenkins trató de
hacer lo imposible para aparecer inocente; se quejaba con su gobierno y se presentaba
diariamente en los tribunales con veinte testigos a su favor, pero a pesar de las presiones de
los estadunidenses, no fue liberado hasta que finalmente un americano llamado J. Walter
Hansen pagó la fianza por correo y el agente consular salió en libertad el 5 de diciembre de
1919.
Julio Michell a su vez acusó a la embajada estadunidense de mala fe por tratar de engañar
al gobierno mexicano cuando proporcionó una copia falsa de una carta que Jenkins había
escrito a dicho organismo y que todavía estaba en manos de Córdovai.
Para los oficiales estadunidenses la imputación de mala fe salió del Ministerio de Asuntos
Exteriores y trataron de exigir a este organismo que publicara una justificación a la
representación oficial de su país. Sin embargo, la declaración de Mitchell se apegaba a la
verdad porque la embajada tenía en custodia una carta que Jenkins había escrito y al hacer
una copia para el gobierno de México suprimió la sentencia siguiente:
Los periódicos de Puebla dicen que eran bandidos los que me habían secuestrado;
hubiera sido mejor decir que fueron rebeldes para que la responsabilidad del
gobierno mexicano pudiera ser mayori.
Al tiempo que esto sucedía, el presidente Wilson salía de una enfermedad que lo había
postrado en la cama y al tomar directamente el mando, cargó el peso de la balanza política a
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México, la publicidad anticarrancista derivada por el presunto secuestro daba ventajas a los
enemigos del presidente, algunos de los cuales eran conocidos y amigos de Jenkins, con
quienes tiempo después hizo grandes negocios, y sobre todo, tuvo acceso para intervenir en
el diseño de la política de nuestro país.
Sin lugar a dudas ese hecho fue el preámbulo de su estrategia para conquistar mayor
riqueza y poder. Para 1920, la inflación y el alza del costo de la vida habían reducido el
valor del peso simple en relación con 1916; los dueños de dólares, oro y bienes raíces
vieron multiplicar el valor de sus propiedadesi. Jenkins fue de los afortunados, en poco
tiempo, como lo constatan la hemerografía y sus biógrafos, sería el hombre más rico de
México y uno de los más ricos del mundo, además de ser el empresario con mayor
injerencia en las decisiones políticas del Estado mexicano.
Los asesinatos de Zapata y Ángeles dejaban a las fuerzas revolucionarias en manos de
aquellos rebeldes surgidos de las clases altas y medias, a quienes en el poder no les interesó
mejorar sustancialmente la situación de los trabajadores del campo y la ciudad. "Así se
escribe la Historia, como la Revolución Mexicana, que no fue más que revolución política
de quítate tú para ponerme yo, y el que tenía el poder ya no lo quería soltar"i.
Las relaciones de Jenkins con jefes militares anticarrancistas y con algunos miembros del
Congreso estadunidense, le permitieron pactar sobre su secuestro y al ser derrotado
Carranza mejoró su posición de poder; es decir, a través de sus cómplices, en el
cumplimiento del pacto, accedió a la toma de decisiones políticas, orientadas a la creación
de su emporio económico, sin formar parte del grupo visible en el poder.
Jenkins estaba muy bien informado de las tensiones entre el gobierno mexicano y los
Estados Unidos, de la lucha a muerte que libraban los caudillos revolucionarios y de las
perspectivas económicas que se vislumbraban con el cambio de régimen. Sin embargo, su
actitud proestadunidense no fue por amor a su patria. Su supuesto patriotismo nunca
existió; su colaboración para debilitar al gobierno mexicano ante el de su país la realizó con
el fin de enriquecerse personalmente, además de ser parte de una intriga contra México para
iniciar una intervención armada.
La participación en el secuestro, enfrentando al gobierno carrancista, la hizo en el ámbito
de una estrategia de relaciones comprometidas con los enemigos del presidente, quienes
posteriormente le rendirían los frutos de su colaboración y le abrirían el acceso a su
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posición de líder tras el telón de la política económica de México. Como consecuencia del
autosecuestro él inició el desarrollo de una vasta y complicada red de relaciones y
actividades en los campos político y económico que le redituarían con la supremacía
financiera a nivel nacional.
Ahora bien, en su texto Cumberland destaca la fragilidad de la paz en función de un suceso
sin la importancia suficiente para llegar a una disensión entre naciones, pero considera que
Jenkins sí fue secuestrado. En el mismo sentido se manifiesta la novela de Rafael Ruiz i,
cuya trama se desarrolla a partir de los planteamientos de Cumberland sobre la posible
conflagración y la lucha interna entre los revolucionarios llegados al poder. Asimismo, esta
novela considera que Jenkins sí fue secuestrado por la facción revolucionaria contraria a
Carranza, encabezada por el general Manuel Peláez, levantado en armas en Tamaulipas, y
ejecutada directamente por el coronel Federico Córdova. Este autor dice que la versión del
autosecuestro surgió de la presidencia de la república, en venganza de la supuesta
participación de Jenkins a favor de los zapatistas.
A mi parecer la intención de Cumberland es la de demostrar su hipótesis de que el gobierno
carrancista tenía una fuerte dosis de "anti-americanismo", que el plagio fue realizado por
los enemigos de Carranza y que Jenkins, aunque tenía relaciones y correspondencia con el
Senado y el secretario de Estado de su país, no intentó influir en las tensiones entre ambas
naciones.
En el caso de Ruiz Harrel, éste inculpa al gobierno carrancista de una injusticia cometida
con el famoso empresario norteamericano. Ambas interpretaciones son factibles, surgen de
información de fuentes de primera mano, se apoyan en serias investigaciones
historiográficas realizadas en los archivos de la Secretaría de Relaciones Exteriores en
México y los archivos nacionales en la capital de Estados Unidos, además de consultas
hemerográficas y en una serie de libros ya clásicos sobre la historia de México y de Estados
Unidos en ese periodo.
Por otra parte Miguel Gil, Miguel Contreras, Juan Andrew Almazán y Miguel Espinosa
consideran el autosecuestro con base en su conocimiento personal de William Jenkins, de la
historia de México vivida por ellos mismos y por la política de Estados Unidos acorde con
los intereses del agregado consular. Ronfeldt se apoya en la versión del autosecuestro por la
seriedad de las fuentes que consultó en su investigación, tanto en los archivos
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estadunidenses como en los mexicanos; por las entrevistas con personas que de una u otra
manera fueron partícipes del momento histórico relatado, y por su compromiso de ser
imparcial ante las conclusiones del estudio realizado sobre el ingenio de Atencingo. Yo
coincido en la versión en cuanto a su participación en el plagio, no para obtener el dinero
del rescate, sino para ganar una buena posición entre las fuerzas contendientes por el poder.
David Ronfeldt, Miguel Contreras, Miguel Espinosa y Juan Andreu Almazán coinciden en
dos hechos de gran importancia para la comprensión de tan singular multiplicación de sus
bienes: el supuesto secuestro de su persona, y la consecuente compra del terreno azucarero
más grande del país, la hacienda y el ingenio de Atencingo.
Por su parte Ruiz Harrel dice que Jenkins no poseía dinero en efectivo, sino inversiones; era
un hombre rico, pero sus raptores no le exigieron a él el pago de su rescate porque querían
demostrar la ineptitud del gobierno carrancista. Asimismo, considera que el norteamericano
todavía no figuraba entre los más acaudalados mexicanos.
En lo personal considero que Jenkins contaba con una considerable fortuna. Según el
mismo en 1913 trabajó con grandes ganancias, especuló con el cambio de valor de nuestra
moneda hasta 1916, compró bienes raíces a precios anteriores con dinero devaluado; es
decir, con sus dólares obtuvo una mayor cantidad de moneda mexicana con la que compró
inmuebles a precios de 1910. Él afirma que nunca pagó por arriba en proporción a la
diferencia del tipo de cambio. En 1916, cuando el peso se estabilizó, vendió parte de sus
propiedades y volvió a obtener rendimientos favorables; en 1917 poseía, de acuerdo con sus
declaraciones, más de 10 millones de pesos completamente libres. Su participación en el
autosecuestro no fue por la urgencia de obtener dinero, sino para obtener poder.
En relación con la opinión de los autores mencionados, respecto a la gran ampliación de su
fortuna a partir del autosecuestro, cabe mencionar que su carta a Jack M. Stamford del 19
de abril de 1939, fue dirigida al recaudador de impuestos estadunidense con el fin de
justificar la falta de pago de los mismos en su país de origen. Pero repito: no menciona la
pérdida de su libertad en 1919 y confiesa no tener documentos que prueben lo escrito, ya
que intencionalmente se deshizo de los libros contables. Todos estos elementos hacen
pensar que la misiva contiene declaraciones falsas y que la obtención de su fortuna la hizo
en gran parte por su intervención en el plagio; sin embargo, la cantidad de 350 mil pesos,
obtenida por el rescate de su persona, es insignificante en correspondencia con las
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operaciones monetarias hechas por Jenkins a partir de 1920, como es el caso del préstamo
hipotecario a Pedro Díaz Rubín y la casi inmediata creación de la Compañía Civil e
Industrial de Atencingo, patrocinadora de múltiples negocios en el país y en los Estados
Unidos, ocupándose él mismo de su dirección.
Desde mi punto de vista la fortuna se logró por sus movimientos económicos y políticos
durante la revolución: la obtención de intereses e inmuebles por sus préstamos hipotecarios,
hechos gracias a las ventajas de ostentar el cargo de agente consular; especulaciones con los
cambios de moneda, y las utilidades de sus industrias y comercios productivos.
A partir del autosecuestro él despegó en la gran acumulación de riqueza, pero sobre todo, se
inició como poseedor de un progresivo poder.
Capítulo VI
El ingenio de Atencingo está ubicado en el municipio de Chietla, contó con el trapiche más
grande de la regióni, fue construido durante la Colonia y fue el primero del actual estado
de Puebla.
Jenkins dirigió sus actividades hacia la producción de azúcar dentro de la que sería el
complejo agro-industrial más grande del país, la hacienda e ingenio de Atencingo y las
haciendas aledañas; al mismo tiempo, mantenía amistosas relaciones con personas ligadas
al gobierno y pertenecientes a los grupos económicamente encumbrados, es decir, con los
representantes de los poderes de nuestra entidad, e incluso, nacionales. A partir de 1920
inició la conformación del grupo de mayor supremacía del país.
Así, tenemos que recién liberado del supuesto secuestro, realizó las operaciones
empresariales más audaces de la época, al mismo tiempo que trataba de borrar el
desprestigio a su persona y conseguir la autoridad que le permitiera un mayor despliegue de
sus actividades financieras.
A pesar de contar con inmensos recursos económicos, era portador de una ambición
desmedida, por lo que continuaba en su tarea de acumular riqueza, para lograrlo tuvo que
cambiar su antigua confrontación con las autoridades del estado y del país por convenientes
relaciones amistosas en los campos político y económico, con el fin de obtener supremacía
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lograr sus objetivos. Claro está, todo ello en detrimento de los desprotegidos.
Al mismo tiempo que se alió acertadamente a ciertos grupos de campesinos en contra de
algunos terratenientes, combatió a los trabajadores del campo que le hicieron frente y se
asoció con algunos exhacendados. En estas actividades sobresale la crueldad con la que
enfrentó a los rebeldes en sus propiedades, así como la oportuna inclusión, a través de
sociedades empresariales, de antiguos propietarios en algunos de sus negocios, como los
Díaz Rubín, los Conde y Conde, el francés Reynaud y otros. Sus actitudes demuestran su
amplia visión capitalista.
El emprendedor norteamericano tenía los conocimientos para realizar inversiones
monopólicas de grandes alcances, no obstante para lograr su meta requería poseer enormes
extensiones de tierra, precisamente cuando ésta era peleada por los campesinos ante el
nuevo régimen.
Al término de la revolución se presentó el momento en el cual los nuevos funcionarios
públicos maniobraban para quedarse con las viejas haciendas, los indígenas luchaban para
recuperar las propiedades comunales y Jenkins, que también conocía la situación entre los
diversos intereses encontrados, jugaba con ambas partes hasta que finalmente consiguió su
objetivo.
Fue en 1919, cuando el líder económico William O. Jenkins comenzó a irradiar su poder a
las decisiones políticas en las formas estudiadas por los teóricos del Estado; es decir, tuvo
la capacidad de realizar sus fines, con base en el dominio sobre otros y consiguió tener los
factores reales condicionantes de la efectividad del derecho a su favor, como resultado de
su actividad en el lapso histórico que le correspondió vivir en nuestra sociedadi.
Visto desde la perspectiva weberiana, el poder real y concreto dado en las diferentes escalas
de la sociedad es, por lo general, de naturaleza mixta y se halla articulado por formas de
dominación, autoridad y dirección en proporciones variables. En Jenkins se dieron esas tres
modalidades: dominó, llegó a tener autoridad y supo dirigiri.
Desde otra perspectiva, la teoría marxista del poder desarrollada por Gramsci se refiere a la
supremacía de un grupo social sobre otros que se manifiesta de dos maneras: como
dominación o coacción, cuyo caso límite es la dictadura; y como dirección intelectual y
moral por vía del consenso. En este sentido, un grupo social dominante de los grupos
adversarios, tiende a liquidar o a someter aun con la fuerza armada, y es dirigente de los
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caudillos: el general Rafael Rojas García se había iniciado como revolucionario desde 1910
con las fuerzas de Francisco I Madero, en 1913 secundó al constitucionalismo, peleó en
Atozatempan contra los huertistas, ascendió a coronel y se unió al Plan de Agua Prieta, por
lo que llegó a general de brigada, fue diputado al Congreso de la Unión del primero de
mayo de 1917 al 8 de mayo de 1920, ocupó la gobernatura interina del 8 de mayo al 16 de
junio de ese año (cuando Alfonso Cabrera abandonó el cargo, recién asesinado Carranza) y
un mes después, del 16 de julio al primero de septiembre de 1920 terminó su periodo como
diputado federal. Durante su gestión gubernamental se abrió nuevamente el caso del
supuesto secuestro y Jenkins fue eximido de toda culpabilidad.
Rojas García encontró la muerte el 5 de septiembre de 1926 en un pleito por la posesión de
las haciendas de la familia de su esposa, Helena Bonilla Huerta.
Días antes Rafael Rojas habló con Julián Corrales (esposo de Trinidad), le dijo
que era tiempo de acabar con sus cuñados (los hermanos Bonilla Huerta) de las
haciendas Tajonar, Santa Lucía y Santo Domingo Atozatempan, repartidas
entre los siete: El Tajonar correspondía a Mauro y a Trinidad; Santo Domingo
era de Helena, Emilio, Aurelio y Cruz. Julián habló con Diega Huerta y ella
decidió vender Santa Lucía, debido a la incapacidad económica de absorber las
deudas y a la falta de dinero en efectivo. El trato se hizo a través de Julián,
quien advirtió a su suegra de las intenciones de Rafael Rojas [...] Julián quedó
como administrador. Cuando W. O. Jenkins compró Atencingo (1921) llamó a
Julián para que trabajara con él. Julián Corrales trabajó como cajero o
purgadori.
Emilio, Aurelio y Mauro Bonilla Huerta habían apoyado a Madero, fueron cercanos a
Aquiles Serdán, colaboradores de la Junta Revolucionaria de Puebla, cuya presidenta
honoraria fue Carmen Serdán, Rafael Rojas García fungió como organizador de la misma i,
sin embargo, los hermanos Bonilla posteriormente colaboraron con los zapatistas en la
dotación de víveres y su cuñado Rafael Rojas siguió bajo las órdenes de Carranza.
Políticamente Rojas y Bonilla estaban en bandos opuestos, motivo por el cual el problema
se tornó tan violento. El pleito Rojas-Bonilla le dejó al estadunidense una nueva haciendai.
Jenkins, al mismo tiempo que tejía la red de poder y entablaba acciones para lograr sus
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objetivos, iniciaba una política para limpiar su imagen del escándalo del autosecuestro y el
desprestigio de su integridad moral. Él tenía como uno de sus objetivos aparecer ante la
sociedad como un individuo recto y de buena voluntad; por tal motivo, empezó a cubrir sus
actividades ilegales, e hizo aparecer a ciertas personas de su confianza como propietarias de
sus bienes, es decir, utilizó prestanombres, como su cuñado Donald Street, sus socios
Gabriel Alarcón, Manuel Espinosa Yglesias, Manuel Cabañas Pavía y Federico J. Miller.
La situación sociopolítica de Pueblai le favorecía en la consecución de sus objetivos
financieros. La problemática de la propiedad de la tierra en el estado había orillado a
Obregón a emitir un decreto en diciembre de 1921 que facultaba a las comisiones locales
agrarias y al gobierno estatal para llevar a cabo dotaciones provisionales de terrenos. Este
decreto benefició a los caudillos, quienes expropiaban a los hacendados y repartían los
predios entre sus allegados, algunas de las haciendas eran invadidas violentamente, lo que
les valía el encono de diversos sectores de la sociedad.
Los caudillos se distinguieron también por demostrar su incapacidad de gobernar para el
conjunto de la población, y como era de esperarse, esa situación derivó en el inicio de una
profunda división entre los personajes del poder político en Puebla.
Además de la problemática planteada, entre la sucesión de gobernadores caudillos se dio
una excepción, Froilán C. Manjarrez, nombrado por el Congreso de la Unión el 2 de marzo
de 1922, cuya posición en la contienda nacional contribuiría a la profundización de la crisis
en los ámbitos del poder de la entidad.
Fue el tiempo en que De la Huerta organizó una auténtica sublevación militar con el 60 por
ciento del ejército a su favor en los estados de Puebla, Veracruz, Jalisco, Campeche,
Tabasco y Yucatáni. El gobierno de Manjarrez tomó las armas a favor del delahuertismo,
pero el 7 de diciembre fue derrotado por el general Juan Andreu Almazán, jefe de
Operaciones Militares en el estado; el 9 de diciembre del mismo año fue sustituido en el
cargo por el gobernador provisional Vicente Lombardo Toledano, quien gobernó hasta el
21 de marzo de 1924.
Finalmente, el 22 de diciembre de 1923, el delahuertismo sucumbió en la ciudad y en el
estado, con el saldo de una fuerte crisis política que se prolongó hasta los primeros meses
de 1925, cuando ocupó la gobernatura Claudio Nabor Tirado. La fisura entre los
gobernantes surgidos de la revolución siguió ensanchándose durante varias décadasi.
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A quince años de hecha la revolución, los indios, legítimos dueños de esas tierras, sufrían
un nuevo tipo de despojo. Los zapatistas, pertenecientes a las comunidades y pueblos
indígenas de Morelos y el sur de Puebla lucharon en una primera instancia por recuperar las
tierras expropiadas, pero las autoridades, hasta 1927, en su mayoría agraristas, no
satisficieron sus demandas. Al ver que no volverían a ser los propietarios de sus antiguos
terrenos, porque las haciendas en quiebra eran compradas por nuevos ricos, o eran
adquiridas por los políticos en el poder, doña Lola dirigió a su grupo para solicitar ejidos y
al mismo tiempo alentó a quienes trabajaban en el gran ingenio para organizarse en
sindicatosi.
Ella tuvo la osadía de enfrentarse al monopolio y fue reprimida con cárcel, el asesinato de
su hijo Rafael y finalmente el suyo. El conflicto de las expropiaciones de tierra había
orillado a esos campesinos a combatir en la revolución, sin embargo, dos décadas después
éstos seguían esperanzados con recuperarla, eran terrenos de siembra de caña que pasaron a
ser poseídos por Jenkins.
Un factor de suma importancia en la formación del emporio azucarero fue el equipo de
trabajo de Jenkins, el cual inicialmente se conformó con el gerente del ingenio, Diego L.
Kennedy, el encargado de las oficinas, Julián Corralesi y José Sánchez, exadministrador de
la propiedad de Díaz Rubín, quien siguió en su cargoi.
Sánchez y Kennedy entraron en contradicciones en cuanto a la forma de administrar la
propiedad, inhibiéndose con su actitud el pronto desarrollo de la misma; por esa razón,
alrededor de 1927, cuando Jenkins ya vivía en el edificio de la calle 2 Oriente i, decidió
contratar como administrador al español Manuel Pérez Pehna, recomendado por sus amigos
Manuel Álvarez, Pedro Díaz Rubín y Carlos Coutolenc. Pérez Pehna era de origen español
y gozaba de prestigio profesional entre sus paisanos, además tenía una gran ambición por el
dinero y carecía de principios; a poco tiempo de fungir en su empleo supo de los negocios
secretos de su patrón, se implicó en ellos con gran eficiencia convirtiéndose en su socio, en
el brazo armado del emporio. Desde ese momento participó de las ganancias y se
comprometió a vigilar la continuidad del negocio por medio de la violencia.
Jenkins tuvo la habilidad de formar un equipo caracterizado por su astucia, adicción al
dinero y por su falta de principios. Su gran ambición por hacer fortuna y sus formas de
hacerla lo llevaron a ocupar el número uno entre los hombres más ricos del país, así como
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de tener un fuerte desprestigio ante la población, en contra de lo que aspiraba hacer sentir
respecto a su persona; es decir, su anhelo de ser reconocido y recordado como personaje
emprendedor, recto y benefactor aún no lo lograba.
Ahora bien, con el fin de cambiar su imagen, a partir de sus experiencias en el auto-
secuestro y la expulsión de nuestro país en 1934, delegó el trabajo sucio a sus más cercanos
colaboradores, quienes veían en él un ejemplo a seguir; era rico y no tenía vicios, lo
respetaban como su padre espiritual. Al respecto, José Manuel Pérez Vega, dirigente de la
organización popular Pueblo Unido de Puebla, hijo de Francisco Pérez La Madrid y nieto
de Manuel Pérez Penha, recuerda que la escuela de Atencingo, de la que su abuelo formó
parte, se distinguía por su conducta hacia la producción de dinero y su respeto a don
Guillermo (William), en cuya presencia cuidaban su lenguaje y maneras de comportarse
(entre otras cosas, no tomaban alcohol). De esa agrupación salieron Gabriel Alarcón,
Rómulo O´Farril, Manuel Pérez Artasánchez, Manuel Espinosa Yglesias y otros más que
consideraban al norteamericano como su dirigente anímicoi.
En lo que se refiere a la construcción del ingenio de Atencingo, donde se originó el
poderoso grupo, se utilizaron cuadrillas de trabajadores procedentes de Morelos, Oaxaca y
Guerrero para efectuar la mano de obra. La refinería de azúcar fue montada por
estadunidenses que desmantelaron una grúa en Rijo y la erigieron en el patio de Atencingo
para hacer más fluida la descarga de caña y alimentar mejor la mesa (burro) del trapiche.
Agregaron dos juegos de mazas y una picadora o desmenuzadora; ya existía una
machacadora Krajewski. Con los cambios produjeron azúcar blanca granulada en vez de
marqueta o pilón, pero no se mejoró el rendimiento en la fábrica por el insuficiente
abastecimiento de materia prima. Atencingo estaba previsto para multiplicar su producción
en cuanto a cantidad y calidadi.
Por tal motivo, Jenkins persuadió a los propietarios de predios de riego para que sembraran
caña y la vendieran a su empresa; asimismo, se planteó comprar las tierras de Jaltepec, de
siembras cañeras en la faja que comprendía: Tezoquipa, Ximila, San Manuel, Matarrubia,
Paso del Coyote y Palma Morada, extensión tan grande como la de Atencingoi.
No fue suficiente dicho terreno, por lo que se propuso la consecución de otros más; él y sus
empleados sabían cómo su proveedor Francisco de Velasco se había adueñado de las tierras
que habían sido propiedad de los campesinos organizados con doña Lola y que estaban
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todavía en pie de guerra para recuperarlas, así que aprovechó los problemas legales y
económicos del español y en poco tiempo apareció como el nuevo amo.
Al unísono, Atencingo se nutrió de extranjeros en aras de su modernización: Pierre
Weltens, belga, se encargó de la casa de locomotoras; Barrow fue nombrado mecánico jefe;
Cecil Basset, canadiense, químico laboratorista; Sandrock, de Lousiana y Hill, inglés en la
refinería; para tacheros y azucareros, Aucoin, Derjean, Parenton, también de Lousiana.
Nuestro personaje vio cumplido su objetivo de productividad en Atencingo alrededor de
diez años después de su compra, lo cual quiere decir que además de contar con los recursos
para adueñarse de las tierras productivas, pudo y supo invertir en la infraestructura del
ingenio y mano de obra, sin recibir utilidades, por lo menos durante esa década, lo cual
demuestra que su fortuna no se originó precisamente en la explotación azucarera de
Atencingo.
Ya en plena producción azucarera en su propiedad, los reportes del ingenio diarios,
semanarios y quincenales (corridas de molienda, del laboratorio y otros), desde 1923 hasta
1946, cuando pasó a ser propiedad de Manuel Espinosa Yglesias, Lorenzo Cué y Moisés
Cosío (socios comerciales del millonario), son una serie ininterrumpida de documentos de
carácter semioficial con datos falsos, acogidos por las oficinas gubernamentales como
verídicos debido a la corrupción de los funcionarios encargados del asunto, como los jefes
de zona de la Unión Nacional de Productores de Azúcar, SA (UNPASA), quienes
asentaban en las partes volúmenes de caña mucho mayores que los que realmente existían,
para poder adquirir anticipos de refacción y avío más amplios y jinetear esos dineros.
Miguel Espinosa explica detalladamente lo anterior y de qué manera se producía en secreto
el alcohol en Atencingo: acumulaban diariamente la materia prima, hasta cincuenta
toneladas de mieles finales. La empresa declaraba paros ficticios sábados y domingos; en
cuarenta y ocho horas se fabricaban alrededor de veinte mil litros de líquido que
almacenaban en tanques subterráneos ocultos, e incluso, en los revelados oficialmente, con
diferencias en el nivel -o desnivel- de los pisos, o columnas descritas con mayor volumen
que el verdadero y otros detalles más que alteran la capacidad denunciada. El grupo
Atencingo sobornaba jefes de Hacienda y de la Sociedad de Productores de Alcohol, así
como a sus inspectoresi.
William Jenkins, en complicidad con Luis González, almacenista de azúcar y alcohol,
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pasajero revés; después de su aprehensión, en noviembre de ese mismo año, fue expulsado
del país por el presidente Abelardo L. Rodríguez, quien le aplicó el artículo 33
constitucional, por contrabandista y extranjero pernicioso y por transportar
clandestinamente alcohol en la ciudad de Pueblai.
Unos meses antes, Jenkins había participado en la propagación de una amenaza de paro
empresarial en el estado, en contra del fallo de legalidad de la huelga del sindicato de la
Fábrica de Cementos Portland Landa, durante la cual se presentó pistola en mano, se
introdujo a las instalaciones y sacó documentación. Cabe mencionar que su nombre no
aparece entre los accionistas de dicha empresa, pero sí el de los hombres que le servían para
tal efecto como Manuel Cabañas y Federico J. Milleri.
Nuestro personaje se ligó fuertemente al poder político recién iniciada la segunda década de
nuestro siglo, entabló relaciones con los políticos del grupo avilacamachista y con su
dirigente y futuro gobernador del estado de Puebla, Maximino Ávila Camacho, quien antes
de ocupar el mando, actuaba como jefe de la 19ª zona militar y cuyo mandato marcó una
época en torno a su persona y manera de gobernar de triste memoria para la población.
El general Maximino Ávila Camacho nació el 23 de agosto de 1891 en Teziutlán, Puebla,
fue hijo de Manuel Ávila y Eufrosina Camacho, arrieros que trabajaban en la propiedad de
la familia Lombardo Toledano, laboró en la profesión de sus padres y posteriormente fue
vaquero de las haciendas Cerro Viejo, Santa Domitila, La Vizcaya y Santa Lucía. Estudió
en el Liceo Teziuteco y en 1913 ingresó en la Escuela Militar de Aspirantes, de la que
desertó un año después para incorporarse a la revolución constitucionalista con el general
Antonio Medina. Obtuvo los siguientes ascensos: teniente coronel en 1922, coronel en
1923, general brigadier en 1926, y general de brigada el 10 de septiembre de 1929. Fue jefe
de operaciones en los estados de Aguascalientes, Querétaro, Puebla y Oaxaca, entre otros;
fue nombrado jefe de la 19ª zona militar en 1935 y ascendió a general de división en 1940.
Fungió como gobernador del estado de 1937 a 1941 y murió el 27 de febrero de 1945i.
Maximino Ávila Camacho desde 1928 ya actuaba en grupo con Gonzalo Bautista Castillo y
Rómulo O'Farril, aliados a la CROM en el Congreso local. Se opusieron, junto con el
entonces gobernador Donato Bravo Izquierdo, a la candidatura de Leonides Andreu
Almazán, quien a pesar de los avilacamachistas ocupó el cargo de febrero de 1929 a enero
de 1933 y dio un giro radical al gobierno poblano.
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Leonides Andreu Almazán era médico y no había participado al mando de las fuerzas
militares. A diferencia de los caudillos tradicionales, tenía una conducta honesta y
nacionalista. Fue partidario de impulsar el desarrollo interno a partir de la instalación de un
gobierno fuerte y socialmente responsable, comprometido con la voluntad del pueblo y
dispuesto a dictar las reformas emanadas de la Constitucióni. Por lo anterior, su forma de
gobernar trataba de combinar una política renovada y progresista; difería, en suma, con el
proyecto del gobierno central. Consecuente con su modo de pensar, su discurso era
igualitario y su programa era verdaderamente social; buscaba crear una nueva relación entre
gobernantes y gobernados, entre Estado y sociedad, trataba de controlar desde arriba los
movimientos sociales y cumplir los preceptos revolucionarios en cuanto al reparto agrario,
la resolución del problema obrero y el fomento de las fuentes productivas. Se enfrentó al
gobierno federal, a los caciques y caudillos, a un sector de la clase media, a una parte de los
empresarios y a los políticos profesionales. Sin embargo, contó con la simpatía de las clases
populares.
Las fuerzas en su contra fueron superiores y le propiciaron una derrota, aunque su
actuación e influencia permanecieron durante la década de los treinta, como lo muestra la
candidatura a gobernador de Gilberto Bosques en 1932i, y a la presidencia de la república
de Juan Andreu Almazán, su hermano, en 1940.
Gilberto Bosques tenía su propio prestigio, estaba ligado al almazanismo y tenía simpatía
en la mayoría de la población. Él ganó las elecciones en el momento que se
institucionalizaba el fraude electoral que tanto daño ha hecho a nuestro país; su derrota fue
el inicio de la imposición de gobernantes estatales desde arriba, a través del uso del poder y
de la impunidad a quienes lo ostentan.
El triunfo avilacamachista fue obtenido por medio de la violencia y el fraude, con la
anuencia y apoyo del entonces presidente de la república, Emilio Portes Gil. Esa fue la
forma como José Mijares Palencia ocupó el cargo de primer mandatario en el estado, de
febrero de 1933 a enero de 1937. Portes Gil era parte del callismo con sus sangrientos
métodos de dominio. En cambio, la fuerza de Almazán y Bosques estaba en los obreros de
la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC), la Alianza Revolucionaria
de Obreros y Campesinos del Estado (AROCE) y el diario La Opinión.
Gilberto Bosques (1892-1995), pertenecía al ala izquierda del Congreso de la Unión, junto
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con los diputados federales poblanos Leobardo Coca, dirigente obrero de la FROC, y
Eduardo Guerra; fue coautor del proyecto de ley de educación rechazado por los puntos
radicales de reforma, y fungió como primer presidente de la Cámara por parte de su
corriente, a cuyo cargo corrió el desafuero de los 17 callistas en 1935, durante el gobierno
de Cárdenas.
En el ámbito nacional el mando de Plutarco Elías Calles continuó durante las presidencias
de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez; a este periodo se le
conoce como "El Maximato". Cuando Lázaro Cárdenas asumió el cargo el primero de
diciembre de 1934, Calles lo presionaba con el fin de continuar su dominio, hasta que seis
meses después el expresidente fue exiliado al extranjero.
En la esfera local, la izquierda del Congreso del Estado la constituían Luis Cruz Manjarrez,
Filomeno Escamilla y Pelegrín Castro, quienes estaban aliados a la misma corriente en el
Congreso de la Unión. Estos tres diputados apoyaron el proyecto de Cárdenas, sin
imaginarse que al poco tiempo en el estado de Puebla, éste preferiría al grupo
avilicamachista, que lo había combatido y en la práctica llevaba a cabo una política
conservadora y opuesta al cardenismo.
La derrota de Bosques representa el inicio de una era de dominio dictatorial del gobierno
del estado por parte del grupo avilacamachista, donde la presencia de Jenkins siempre
estuvo en la primera línea, en la presentación de directrices sobre la política económica,
campesina, obrera y social, y sobre todo en el ejercicio del poder a favor del empresariado y
sus huestes.
Cabe decir que la decisión política de Cárdenas de exiliar a Calles y ejercer el mando
conferido por la ciudadanía, contó con el apoyo del ejército, obtenido en gran parte por la
colaboración de Manuel Ávila Camacho, quien había sido ratificado como subsecretario de
Guerra y Marinai. Además, en el combate contra Calles, Maximino Ávila Camacho, actuó
afín a Cárdenas, por lo que en 1935 fue nombrado jefe de la 19ª zona militar. Desde su
nuevo cargo fortaleció su red de relaciones clientelares; siempre ejerció una fuerte
influencia sobre su hermano menor Manuel; se hizo compadre de Cárdenas y de otros
políticos relevantes; emparentó políticamente con famosos empresarios poblanos, estimuló
la creación de "guardias blancas", y atrajo hacia sus posiciones oportunistas a miembros del
ala derecha del Congreso del Estado, con quienes formó el núcleo de su poderosa
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agrupación. Por supuesto, inició una estrecha amistad y se hizo compadre de William
Jenkins, con quien diseñó y dirigió al grupo de poder que dominaría la región hasta los
primeros años de los setenta.
Maximino Ávila Camacho pudo conjuntar a todos aquellos elementos de la política poblana
prestos a la corrupción; por ejemplo, el caso de Gonzalo Bautista Castillo, quien apoyó a
Mijares Palencia, en junio de 1933 era diputado de la fracción mayoritaria de la legislatura
local, prodigó felicitaciones a Plutarco Elías Calles por sus declaraciones en contra de la
presidencia cardenista, pero meses después, tras la expulsión de Calles, él y su grupo se
constituyeron en el Bloque Cardenista, sin dejar su postura conservadora. Gracias a la
intervención de Maximino Ávila Camacho esta agrupación fue la reconocida por el
presidente y sus miembros pasaron a fortalecer al avilacamachismo.
El grupo de poder encabezado por Jenkins y Ávila Camacho fue el principal soporte de la
élite de la iniciativa privada de la cual formaban parte. Al respecto, el licenciado Alejandro
C. Manjarrez, sobrino del gobernador, nos dice que el gobierno poblano concesionaba
cuotas de poder al sector privado a partir de 1940i. Empero, se observa que la cúpula
empresarial ha ejercido el mando directamente, los empresarios poblanos han sido
gobernantes del estado, de los municipios y han fungido en los principales cargos públicos;
su organización se inició durante el gobierno de Alfonso Cabrera Lobato (1917-1920),
vivió sus mejores días durante el gobierno de Gonzalo Bautista Castillo (1941-1944) y
todavía es parte fundamental de las decisiones gubernamentales.
El grupo avilacamachista empezó a ganar posiciones a partir de los años veinte, se
fortaleció durante el cardenismo y siguió en la cúspide hasta los primeros años de los
setenta. Su política ha favorecido a una parte de la burguesía en México a costa del
empobrecimiento de la mayoría de la población.
Ejemplos de lo anterior los tenemos en 1921 durante la gestión de Claudio N. Tirado, al
estallar la primera huelga electricista de la Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, se
paralizaron las actividades de Puebla y Tlaxcala, y como respuesta a las demandas de los
huelguistas, el presidente Álvaro Obregón decretó una solución favorable al capital. Esa fue
la tercera ocasión en que el dueño de la empresa, Federico J. Miller, disolvió el Sindicato
de Electricistasi.
En cambio, unos años más tarde el gobierno de Leonides Andreu Almazán entabló un
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juicio contra esta Compañía de Luz y Fuerza de Necaxa, desconoció el contrato entre la
empresa de capital inglés y al exgobernador interino Bravo Izquierdo, en consecuencia
demandó el pago de siete millones de pesos por el adeudo de los impuestos al Estado. La
Suprema Corte de Justicia falló a favor del demandante, aunque sólo obligó a los
empresarios a pagar dos millones y medio de pesos que sirvieron para la construcción de
dos escuelas en 1931i.
Sobre este asunto, Donato Bravo Izquierdo en sus Memorias trata de justificarse, e incluso
niega tal actuación; según él, al darse cuenta de la pequeña cantidad de impuestos pagada
por la empresa, procedió a demandarla, pero la Suprema Corte de Justicia sentenció a favor
de la misma. Sin embargo, no presenta pruebas sobre la veracidad de sus declaracionesi.
El grupo de Maximino Ávila Camacho respondía a la dirección de Jenkins como su cabeza
económica, y hacía negocios al tiempo de ejercer el poder, como ejemplo, el empresario
Gonzalo Bautista Castillo fue senador mientras Maximino Ávila Camacho gobernaba y,
cuando este último salió del cargo, sucedió a Bautista en la legislatura, de 1941 a 1945.
Asimismo, Maximino Ávila Camacho seleccionó a los dos siguientes gobernadores:
Gonzalo Bautista Castillo y Carlos I. Betencourt (1945-1951), a este último poco antes de
su muerte en 1945. Cuando esta acaeció, su grupo estaba fortalecido en el ámbito nacional,
la presidencia de la república se encontraba en manos de su hermano Manuel (1940-1946),
y su otro hermano, Rafael, continuó en el gobierno del estado (1951-1957) Este dominio
prevaleció hasta 1973, una década después del fallecimiento de Jenkins.
Capítulo VII
El ingenio y el cine
William Oscar Jenkins llegó a tener gran influjo en los políticos y militares partícipes de las
decisiones económicas del Estado, en un momento en que este último se apoyaba en la
fuerza de las organizaciones populares y de trabajadores para ejecutar su política respecto a
la Reforma Agraria y, en general, para satisfacer las demandas de los asalariados, como lo
había determinado la legislación constitutiva.
En la década de los veinte Jenkins se dedicó a obtener la supremacía entre los industriales
poblanos y en influir a aquellos políticos emanados del proceso revolucionario que
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denotaban fuertes ambiciones económicas y de poder. Sin embargo, las características del
nuevo régimen incluían en las decisiones a los dirigentes de las organizaciones de los
trabajadores, sobre todo a partir de 1934, cuando Lázaro Cárdenas arribó a la presidencia de
la república, por lo que el empresario norteamericano requirió de su influencia entre esas
personas.
Por esta razón, Jenkins y su grupo se orientaron a conquistar a los líderes sindicales. Tenía
él la buena experiencia de haber entablado amistosas negociaciones con empresarios y
políticos que redituaban en su beneficio personal, al mismo tiempo que enfrentaba con sus
amigos en el poder a quienes no aceptaban sus condiciones. Esta estrategia de inclusión o
enfrentamiento la empleó recién iniciado el emporio azucarero y posteriormente la aplicó
con una parte de los líderes campesinos y obreros.
El norteamericano se entendió maravillosamente con los dirigentes de la CROM y la
Central de Trabajadores de México (CTM). Sus relaciones derivaron en conjurar huelgas y
reprimir laboral y físicamente a los trabajadores, a cambio del enriquecimiento ilícito de sus
dirigentes, quienes han recibido dádivas y sobornos por su fidelidad al Estado, y por ende a
los empresarios, su actuación ha sumido al movimiento obrero mexicano en el oficialismo.
La alianza de Jenkins con las élites dominantes le permitió constituir al grupo financiero
más poderoso de esos años a costa de la explotación, el despojo, e incluso la vida de
innumerables mexicanos.
En 1937 el primer secretario general de la CTM, Vicente Lombardo Toledano, influyó en la
política agraria cardenista sobre la implantación de cooperativas campesinas. En el caso de
Atencingo, las tierras se entregaron a los obreros y peones que venían de otros lugares del
país y trabajaban para la empresa. Ante esta decisión, los lugareños, anteriormente
despojados de las mismas, tomaron algunas haciendas, pero fueron repelidos con armas de
fuego por administradores y obreros del ingenio, pistoleros de Manuel Pérez, la policía
estatal, soldados federales, bomberos y peones residentes, como en el caso de la hacienda
Lagunillas en 1939, donde 400 insurgentes fueron detenidos y trasladados a Puebla. Dicha
toma de tierras fracasó, murieron algunos hombres de ambos bandos y la cooperativa se
conformó con elementos oficialistas.
A pesar de la creación de la cooperativa el emporio azucarero continuó en las manos de
Jenkins, como lo demostró Rubén Jaramillo en su carta al presidente Lázaro Cárdenas,
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Ese funcionario era Aarón Merino Fernández, quien posteriormente (1964-1969) fungió
como gobernador del estado.
En esa misiva Jaramillo denuncia la farsa de la supuesta cooperativa, el desconocimiento de
ésta por parte de los asalariados (supuestos cooperativistas), las pésimas condiciones de
trabajo y vida de los mismos y, la paupérrima situación de los lugareños. Cárdenas y sus
funcionarios no pudieron, o no quisieron, hacer nada para remediar la situación de los
campesinos, desenmascarar a Jenkins y corregir la actitud de las autoridades respecto al
incumplimiento de la reforma agraria.
Posteriormente Porfirio Jaramillo, hermano de Rubén y dirigente de un conjunto de
campesinos opositor a la agrupación de Jenkins-Ávila Camacho en Atencingo, envió una
carta abierta al entonces presidente de la república Adolfo Ruiz Cortines, en la que
denunció las pésimas condiciones de vida de los campesinos, las irregularidades de la
aplicación de la reforma agraria en la región y la complicidad de funcionarios del estado,
incluido el gobernador, Rafael Ávila Camacho. En febrero de 1954 Porfirio Jaramillo y su
compañero Fausto Calixto viajaron a la Ciudad de México para consultar a funcionarios del
Departamento Agrario, con el fin de resolver la problemática planteada. Fueron asesinados,
"por desconocidos", en el hotel donde se hospedaron.
Rubén Jaramillo fue ajusticiado por el ejército en 1962, durante el gobierno de Adolfo
López Mateos. A continuación transcribo parte de una carta de reciente publicación sobre
este caso:
El pasado 21 de mayo se cumplieron 36 años de la muerte del líder campesino
morelense Rubén Jaramillo, asesinado junto con su esposa -embarazada- y sus
cuatro hijos. Este crimen político lo perpetraron elementos del Ejército Mexicano
sin que mediara orden de aprehensión o sentencia condenatoria que dispusiera la
pena de muertei.
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Antes que nada, deseo expresar a usted que la amistad y lealtad que le profeso, la
antepongo a todo, y al exponerle seguidamente mi actuación en los problemas
estudiantiles lo hago para que no exista duda de mi buena fe y entrega a su
gobierno, y muy especialmente que respaldo abiertamente su actuación valiente
sensata y patriótica... Estoy lo mismo que mis hijos, con usted... pero le pedimos su
orientación... (al referirse al Lic. Luis Echeverría) el pasado domingo le avisé de un
movimiento promovido por redactores de El Día y Excélsior por el cual pretendían
publicar en los diarios de la capital un desplegado firmado por los redactores de
todos los periódicos. El mismo era de reproches al gobierno, por lo que procedí a
advertir al Güero O'Farrill y convencí a mis reporteros de lo desorientadora y
antipatriótica que resultaría esa publicación y que no la apoyaran. El Lic. Echeverría
me dijo que gracias a la información que en detalle le di se paró a tiempo este
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Capítulo VIII
Fundación y consolidación
Hemos visto como Jenkins era conocido por su destreza para conseguir dinero a costa de
cualquier cosa, razón por la que gozaba de desprestigio ante la población. Empero, su
educación, en un medio de hegemonía puritana, una moral que surgió del rompimiento con
la jerarquía católica, en la cual el prestigio personal es de primordial importancia, le impuso
la necesidad de cambiar su efigie. Por eso, en la década de los cincuenta, al mismo tiempo
de imponer su voluntad a través del terror, cuando rebasaba las siete décadas de edad, y
posiblemente se imaginaba próximo a la muerte, se dedicó con objeto de aparecer un
hombre honorable, para lo que intentó con ahínco el lavado de su figura.
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La herencia del hombre más rico de México era codiciada por quienes se encontraban cerca
de su persona. Al crearse la fundación, su también amigo Manuel Espinosa Yglesias se
inició como segundo patrono de la misma, tenía así participación, la cual le posibilitaba
dirigir hacia sus propios intereses los movimientos contables de la institución benefactora.
La Fundación Mary Street Jenkins se creó en octubre de 1954, los integrantes del patronato
fundador fueron: W. O. Jenkins (fundador y presidente), Manuel Espinosa Yglesias
(patrono), Manuel Cabañas Pavía (secretario), Felipe García Eguiño (patrono), William
Anstead Jenkins (patrono), y Sergio B. Guzmán (patrono suplente). Su primer asiento
contable fue el traspaso de la Compañía Constructora y Operadora de Inmuebles, la mitad
de la cual pertenecía a Espinosa Yglesias, quien cambió su parte, como ya vimos, por las
acciones de Jenkins del Banco de Comercioi.
Nuestro personaje, penetrado por la mentalidad del mundo de los negocios, pensaba que
para obtener una imagen renovada de su persona requería de una inversión inicial que le
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con el objeto de hacer el bien en esta ciudad y estado por tiempo indefinido […]
(comenzaría con) el traspaso de todas las acciones de la Compañía Constructora y
Operadora de Inmuebles S.A. con capital de 90 millones de pesos, cuyo activo está
representado por treinta y cinco edificios en las ciudades grandes de la República y
con una renta garantizada de ocho millones de pesos anuales con contrato largo de
arrendamientoi.
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tanto que sean negocios que representan utilidades y sólo una parte de la población tenga
acceso a ellas, como es el caso de la Universidad de las Américas, uno de los centros de
educación superior más costosos del país, cuyos edificios han sido pagados por la
Fundación y realizados por las compañías constructoras de Espinosa Yglesiasi. Ese es el
caso también de los deportivos Clubes Alpha, iniciados con el Club Alpha 1 en 1952, en
1962 se inauguró el número 2 y en 1971, posterior al fallecimiento de Jenkins, dio inicio el
número 3
En julio del 2004 cierra sus puertas el Club Alpha 1 para ser donado como centro de
desarrollo deportivo a la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla [...]
un mes después, se inician operaciones en el Deportivo Cholula i,
La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), propiedad privada del
grupo Jenkins, se creó como alternativa a la Universidad Autónoma de Puebla, institución
pública, gratuita y de enseñanza crítica que albergaba a los jóvenes de todas las clases
sociales con deseos de hacer estudios superiores.
Las universidades y los mencionados centros deportivos han dejado jugosas utilidades con
las cuotas de los estudiantes y de los "socios", ahora usuarios, ya que funcionan como
negocio y no como instituciones benefactoras. Además, los mismos pertenecen a la familia
Jenkins bajo la dirección del Sr. Jenkins, nieto del personaje en cuestión, lo que muestra el
verdadero destino de la herencia de su fortuna.
Asimismo, la mayoría de las empresas iniciadas por la Fundación son útiles a quienes
detentan su dirección, se encargan de divulgar su ideología y de preparar mano de obra
calificada para incorporarla en sus negocios particulares. Por ejemplo, las inversiones que
hizo han apoyado a la iniciativa privada, como es el caso de la Universidad de las Américas
y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla; así como las becas en el
extranjero, preferentemente otorgadas para los Estados Unidos, donde se forman
profesionistas con una visión muy american way of life, modelo de vida del grupo Jenkins.
En el inicio de los años sesenta, como un ejemplo, el grupo financiero tenía proyectado
colaborar con la Universidad Autónoma de Puebla en la construcción de su Ciudad
Universitaria; sin embargo, al comenzar el movimiento estudiantil en apoyo a la revolución
cubana en 1961, retiró su prometida aportación y se iniciaron los preparativos para formar
en Cholula la Universidad de las Américasi. Posteriormente, de 1964 a 1973, la fundación
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atacara a esta casa de estudios. Consideraba pertinente hacer un manifiesto público con la
lista mencionada para frenar el hostigamiento y los homicidios en contra de los
universitarios y con el fin de que la sociedad supiera quiénes estaban detrás del gobernador,
presionándolo para eliminar la Reforma Universitaria.
Judith García narra que Cabrera temía más asesinatos de universitarios, por lo que planteó
la necesidad de publicar la lista de los responsables y frenar así la embestida del grupo en el
poder, pero el rector Sergio Flores consideró poco prudente su publicación, debido al
peligro que representaba una acusación de esa envergadura. La viuda de Arriaga ha
conservado el escrito que fue publicado el 11 y el 18 de octubre de 1995 en un diario de
circulación local, el cual incluye una fotocopia de la misiva y los nombres de los
responsables de la violencia de esos años en Puebla:
Abelardo Sánchez Gutiérrez, Bernat Solsona, Eligio Sánchez Larios, Rodolfo
Budib, José Luis Castillo, los hermanos Pellico, Klaus Feldman Petersen, ingeniero
Antonio Ramírez Castellanos, la Sra. Sobero, Manuel Díaz Cid, Mario Bracamontes
Zardaneta, Eduardo García Suárez, Morales Piloni, los hermanos Rodríguez
Concha, el licenciado Antonio Arrubarrena, Guillermo Casados, el arquitecto
Mastretta y "otros individuos perfectamente identificados forman el foco
reaccionario de dónde parten las órdenes al gobierno Represivo de Bautista
O´Farril, la promoción y el apoyo a todo tipo de Delincuentes y homicidas"i
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municipal para cobrar "cuotas voluntarias" a la población con el fin efectuar sus obras. Por
ejemplo, en junio de 1960 se cobró la cooperación "voluntaria" (con la amenaza de
embargar sus bienes raíces, de no ser pagada) a los propietarios de los predios de la
Avenida Juárez, por concepto de alumbramiento público; de esta obra salieron beneficiados
entre otros, políticos y empresarios ligados al grupo en cuestióni.
Jenkins dejó a su grupo consolidado en el poder por medio de la Junta de Mejoramiento,
empero, las fuerzas sociales encabezadas principalmente por estudiantes, detuvieron con su
lucha su avance por esa vía hasta que el movimiento de Reforma Universitaria fue
derrotado directamente por el gobierno federal y sus seguidores en el estado y en la
universidad en 1990, cuando el neoliberalismo arribó a la cúspide de la nación y ya no era
necesario cubrir las apariencias sobre origen e intereses elitistas de los gobernantes.
Nuestro estado recibió como legado de William Oscar Jenkins, por un lado, la experiencia
de que los empresarios pueden aportar parte de sus ganancias para obras que beneficien a la
población, y por otro lado, un grupo de presión de características represivas y
antidemocráticas que ha influido primordialmente en la política económica y social. Ahora
sigue influyendo en las decisiones gubernamentales, tanto del partido oficial como del
Partido Acción Nacional.
Anexo 1i
Puebla, México, Abril 19, 1939
Mr. Jack M. Stanford
Deputy Collector Internal Revenue, Tucson, Arizona
Estimado Señor:
Confirmo mi entrevista con usted del día 5 de abril último, y conforme a su petición envío a
usted mi historial de trabajo y negocios en México para que la oficina de Hacienda y
Crédito Público juzgue si he dejado de cumplir con los requisitos de la Ley Fiscal. Esto lo
manifiesto con gran interés, ya que como le dije personalmente, no deseo evadir el
cumplimiento de esa u otra ley de Estados Unidos de Norteamérica. Aunque no he sido
residente de Estados Unidos por casi 40 años, aún mantengo mi ciudadanía norteamericana,
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que valoro enormemente y por lo que estoy dispuesto a hacer todo lo necesario por
conservarla.
Llegué a México en 1901, y he radicado aquí permanentemente desde entonces. Durante
esos años no regresé a Estados Unidos por periodos prolongados, pero recientemente he
tratado de ir dos o cuatro veces al año, permaneciendo allá de tres a seis días cada vez.
Vine a México sin capital. Trabajé asalariado por cuatro años en el norte del país y después
vine a la ciudad de Puebla en 1905, con un capital de trece mil pesos, que representaba mis
ahorros durante esos cuatro años de trabajo.
En Puebla establecí una pequeña fábrica de tejidos para la fabricación de calcetería
económica de algodón. Como traje una máquina automática para tejido, y en aquel
entonces en el país sólo existían las máquinas de tejido manuales, pronto pude incrementar
mi negocio de la manera más extraordinaria. Aumenté la capacidad de la fábrica, agregué
una fábrica de hilados para así hacer mis propios hilados, establecí otras fábricas en la
ciudad de México y Querétaro, y para el año de 1910 prácticamente controlaba el mercado
de calcetería económica en todo el país.
La gran Revolución Mexicana empezó en 1910, pero no afectó seriamente la vida ni los
negocios en mi sección del país hasta 1913, y pude continuar trabajando con grandes
ganancias. En 1913, el país se llenó gradualmente de dinero sin garantía, emitido por las
diferentes facciones revolucionarias que llegaron al poder, y el dinero metálico salió de
circulación.
Es un hecho notable, sin embargo es cierto, que aunque el dinero en papel fue emitido en
cantidades ilimitadas, no tenía valor real, pero circulaba por el país y era aceptado primero
por su valor real, y después gradualmente a un valor depreciado, hasta que finalmente en
1916 fue definitivamente descartado. Creo que este mismo fenómeno se dio con algunas
monedas europeas después de la guerra mundial, y aún ahora en México el dinero actual se
ha depreciado de valor, de .50 centavos de dólar a .20 centavos de dólar.
Aun así se pueden comprar bienes raíces con el dinero actual devaluado, al mismo precio
que podían comprarse hace unos años con dinero que valía .50 centavos de dólar por un
peso.
Cuando este dinero en papel empezó a circular me encontraba en una condición financiera
muy satisfactoria, pues tenía mis fábricas operando al máximo y como un millón de dólares
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por dinero mexicano en papel cuando la paridad estaba a cinco pesos por dólar (en lugar de
dos pesos por un dólar). Inmediatamente invertí el dinero mexicano en bienes raíces. En
algunos casos pagué precios más altos, pero nunca en proporción a la diferencia del tipo de
cambio. También al final fue más difícil obtener bienes raíces en la ciudad y tuve que
cambiar a propiedad rural, pero compré lo más cerca posible a la ciudad de Puebla. Si
hubiera querido, podía haber adquirido diez veces más de propiedad rural.
En 1916, cuando el dinero en papel salió definitivamente, la plata y el oro circularon
nuevamente y la paridad retrocedió aproximadamente dos pesos por un dólar; la moneda
mexicana se estabilizó.
Me encontré con una gran cantidad de propiedad y a precios más o menos normales.
Inmediatamente empecé a vender estas propiedades, vendiéndolas baratas por supuesto, y
aun al precio más bajo logré grandes utilidades en los negocios. Al final de 1917 aún tenía
mucha propiedad rural, pero había vendido mucha propiedad urbana. Con el objeto de que
usted entienda mi situación en aquella época más claramente, estoy adjuntando como
Anexo Nº 1 (Anexo 2 en este texto), el estado financiero de ese tiempo.
De paso, diré que muchas otras personas hicieron estas misma inversiones, especialmente
con propiedades en la ciudad de México, e hicieron grandes fortunas de este modo.
Posiblemente nadie en el país invirtió tan fuertemente como yo lo hice, pero hubo varios
que obtuvieron enormes ganancias.
Someto este estado de diciembre 31 de 1917 no como un balance general exacto, pero sí
muy aproximado. He tenido que averiguar estas cifras de archivos antiguos y,
afortunadamente, tengo copias de los balances generales de ese periodo, los cuales me
permitieron formular un estado bastante aproximado. He de mencionar que no he guardado
mis libros de ese periodo, ya que la ley de México requiere que los libros y contabilidades
solamente se guarden por diez años después de que la persona suspenda sus negocios, y
como la existencia de tales libros puede ocasionar constantes visitas de inspectores del
gobierno, la mayoría de la gente guarda estos libros únicamente por el periodo legal. Sin
embargo, a pesar de no tener los libros con las cifras exactas, puedo manifestar sin ninguna
duda que las cifras que aparecen en el estado del Anexo Nº 1, son muy aproximadas.
Por este estado podrá ver que por ese tiempo poseía una fortuna mayor de 10 millones de
pesos, completamente libres. Con tan gran fortuna en nuestro poder, mi esposa y yo
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futuros, y lo mejor que se puede esperar es que se liquide y se recupere una parte del
capital.
Considero que lo anterior le dará una idea general de las operaciones de esta compañía
desde su creación en 1926. Cuando se formó, yo estaba autorizado a cobrar un salario de 2
mil pesos mensuales, que no recibía hasta el 15 de agosto de 1934. Desde este momento no
he percibido salario alguno.
Con respecto a su pregunta, le explicaré por qué no recibí un salario. Formé la compañía de
Atencingo con un activo de 7 millones de pesos, y recibí acciones con valor nominal de 10
millones de pesos. Aunque las acciones no tenían un valor real de diez millones de pesos, la
tesorería de la federación decidió que yo había hecho una ganancia de tres millones de
pesos, y consecuentemente intentó cobrarme impuestos sobre esta cantidad. Puesto que yo
me negué a pagar, la tesorería quiso cobrar de mi salario en la compañía y de otros activos,
por lo cual se canceló mi salario.
He estado peleando el caso desde esta fecha, y hace seis días, el 13 de abril, me llegó la
decisión de que la operación no había causado impuestos. Esta decisión final me agrada
mucho, porque ahora podré cobrar un salario por mi trabajo, y a partir de este mes de abril
percibiré la cantidad de cinco mil pesos mensuales.
Usted me hace una pregunta respecto a las actividades de la Compañía Inversiones de
Puebla, SA; me da mucho gusto contarle la historia. La compañía fue creada con el
propósito de realizar inversiones, y contaba con un capital de un millón de pesos, del cual
yo tenía acciones por un valor de 800 mil pesos. A cambio de acciones, entregué a la
compañía mis propiedades de las calles de Wilshire e Irving en Los Angeles, así como una
huerta en Kings Country, California; completé el valor de las acciones con dinero
mexicano.
Esta compañía tiene inversiones en México y en los Estados Unidos. Le contaré la historia
de sus inversiones en los Estados Unidos. Todavía se mantiene la huerta en Kings Country,
California, pero no ha sido una inversión rentable. Casi todos los años ha sufrido pérdidas
más que utilidades, sobre todo en 1938, cuando el viñedo (único cultivo) no produjo ni
siquiera lo suficiente para cubrir el costo de su cosecha.
La compañía cambió el inmueble de Wilshire e Irving, Los Angeles por un condominio
ubicado al 5217 Hollywood Blvd., llamado "The Guardian". Se pagó una diferencia de 125
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mil pesos entre las dos propiedades, pero el condominio tampoco ha sido rentable, de
hecho, ha resultado insatisfactorio. Ha demostrado una pérdida constante, y la renta que la
compañía obtuvo no alcanzaba para pagar los gastos ni la amortización.
En el mes de noviembre pasado, el condominio se cambio por el inmueble de 2007
Wilshire Blv, conocido como el "Westlake Professional Bldg." Se pagó la diferencia de 245
mil pesos entre las dos propiedades. Esta última inversión parece ser mucho mejor; se
espera que su renta pague con facilidad los gastos, los intereses y los costos de depreciación
y que deje una utilidad. El inmueble está registrado en los libros de la compañía con un
valor de 550 mil pesos por el edificio y el terreno, y unos 75 mil por su equipo. Las
obligaciones sobre el edificio son un préstamo por 250 mil "Stree Bonds" por la cantidad de
13,877.69 pesos. El valor del terreno se calcula en 100 mil pesos y el del edificio en 450
mil. La compañía también adquirió un inmueble en las calles de 12th y Santee, Los
Angeles, cuyo terreno y edificio están registrados con un valor de 50 mil y 350 mil pesos
respectivamente; tiene un préstamo por 200 mil. Este edificio se alquila al gobierno de los
Estados Unidos, y en 1938 su renta produjo buena utilidad.
Cada año, la compañía presenta su declaración de impuestos en la Oficina de Los Angeles,
California. Hasta el momento, debido a sus obligaciones considerables, no ha podido
obtener ganancia alguna, pero considero que muy pronto sus inversiones estadunidenses
rendirán utilidad.
En este mes de abril, la compañía adquirió una nueva propiedad a 9513 Doheny Road, Los
Angeles. Pagó la cantidad de 100 mil pesos, que fue realmente una ganga, y se espera que
resulte ser una buena inversión. Sin embargo no producirá renta, y probablemente a
mediano plazo representará un gasto.
La compañía nunca ha declarado un dividendo, puesto que debe grandes cantidades, y toda
su renta se destina al pago de su deuda. Aunque en este momento sus accionistas no
perciben renta a su inversión, si la compañía fuera a liquidarse les dejaría una ganancia.
Aparte de las obligaciones que tiene que cubrir sobre sus propiedades en los Estados
Unidos, la compañía tiene fuertes compromisos en moneda mexicana, debido a los
préstamos contratados para realizar sus inversiones. Considero que lo anterior le dará una
idea sobre las actividades de esta compañía.
Habiéndole explicado a grandes rasgos la naturaleza de las compañías en las que he
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Inversiones de Puebla por el precio de 125 mil dólares, y consecuentemente perdí 100 mil
dólares, o 200 mil pesos. Obviamente, la compañía tuvo que pagar la hipoteca.
A raíz de crisis de 1929, sufrí una pérdida tremenda con mis inmuebles en la ciudad de Los
Angeles al comprar el Merchants Exchange Building en la calle de Los Angeles. Durante
muchos años tuve un terreno en el estado de Washington que había comprado para una
inversión, pero debido a que el desarrollo del proyecto se había demorado tanto, cambié el
terreno por un condominio llamado The Frostonian, ubicado en Vermont Ave. en Los
Angeles. Posteriormente, cambié el condominio por las acciones de Merchants Exchange
Building, pero tuve que invertir casi 300 mil dólares en los dos intercambios. Formé una
compañía en California que tomara el título del inmueble. Me vi obligado a contraer
obligaciones sobre el edificio por 575 mil dólares, y después de la crisis de 1929, el edificio
sencillamente no cubría sus deudas. Los acreedores tomaron el edificio y, finalmente,
cambié mis acciones por unos 60 mil pesos y así perdí una cantidad muy grande. Esto
explica las diferentes pérdidas que aparecen en la confrontación de declaraciones.
Es cierto que durante los años 1926-1934 recibí un salario del ingenio de azúcar. También
es cierto que durante estos años perdí unas cantidades muy fuertes, y como resultado neto
mi capital ha disminuido considerablemente. Estoy hablando estrictamente de mis finanzas
personales, y no hago ninguna referencia a las operaciones de las dos compañías que están
bajo mi control. No obstante, puesto que estas compañías no declararon dividendo alguno,
no puedo considerar sus utilidades como ganancia personal.
Siendo corporaciones mexicanas, estas empresas siempre han cumplido con el pago de
impuestos sobre utilidades al gobierno mexicano. Cada año, la Compañía Inversiones de
Puebla ha reportado sus operaciones en los estados Unidos al gobierno de aquel país.
Mientras yo cobraba un salario, pagaba una cuota mensual de impuestos al gobierno
mexicano, tal como marca la ley. Siendo ciudadano americano, y sabiendo que perdía
dinero constantemente, no veía la necesidad de someter una declaración de impuestos al
gobierno de estados Unidos. Aunque hubiera hecho tales declaraciones, seguramente no
habría pagado impuestos, puesto que mis pérdidas rebasaban por mucho mis ganancias. Sin
embargo, aprecio que aunque no se haya producido alguna renta, es posible que haya sido
necesario hacer una declaración.
Si se analiza la lista de activos que aparece en la declaración de 1938, aún se presentan
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pérdidas enormes. Por ejemplo, registro las acciones de Atencingo al precio de su costo
original. Como ya le expliqué, me encantaría venderlas, aunque fuera por la mitad de su
costo en dólares. Considero que las acciones de la Compañía Inversiones de Puebla valen
más de lo que costaron, y no las vendería al costo, no mucho menos. Creo que serán una
buena inversión. Seguramente tendré alguna pérdida en las cuentas de los colonos de Santa
Ana de Arriba y de San Juan Tetla. No serán grandes, pero aún así son pérdidas. Estas
cuentas no producen intereses, porque estaba muy contento de haber vendido las
propiedades a los colonos sin intereses, porque de esta manera las rescaté de la confiscación
que las habría transformado en ejidos. Ninguna otra medida hubiera podido rescatarlas. Por
lo tanto, durante los últimos trece años, he cobrado más de $300,000.00, y sigo cobrando.
La propiedad de Puebla que recibí de Signoret & Reynaud me dará una pérdida. Produce
poco y no veo posibilidad de venderla por el valor en que está registrada. Por lo tanto, si
estas inversiones fueran a realizarse hoy se producirían fuertes pérdidas adicionales.
Ninguna de ellas me rinde un ingreso, aunque como he afirmado repetidas veces, las dos
compañías son rentables, o lo han sido.
Esta es la situación de mis finanzas personales. Siento haber hecho una exposición tan
larga, pero Ud. me pidió que le proporcionara la historia entera del caso, y yo no quería
omitir detalles por el temor de que Ud. fuera a creer que lo hacía a propósito. No tengo
nada que esconder en el asunto. Estoy ansioso de hacer todo lo que sea necesario para
poder cumplir con la ley. Siempre he pensado que no tengo que pagar ningún impuesto allá,
pero si estoy equivocado, quisiera saberlo para remediar el error. Si Ud. requiere más
información, estoy en la mejor disposición de proporcionarle toda la que pueda. No tengo
todos los datos anteriores a 1925, pero le puedo enviar información referente al periodo
posterior.
Agradezco la cortesía que me mostró durante nuestra entrevista, y quedo de Ud. Muy
atentamente.
W.O. Jenkins (firma)i
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