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Acción de tutela y derechos herenciales

El documento presenta un resumen de una decisión de tutela emitida por un magistrado de Colombia. En la decisión, el magistrado analiza una acción de tutela presentada por una ciudadana que busca proteger sus derechos fundamentales al debido proceso, igualdad, acceso a la justicia y propiedad privada. El magistrado determina que la decisión del Tribunal Superior vulneró los derechos de la ciudadana al no reconocer su legitimación para cuestionar un contrato relacionado con una deuda. Por lo tanto, el magistrado falla a favor de la acción de

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Acción de tutela y derechos herenciales

El documento presenta un resumen de una decisión de tutela emitida por un magistrado de Colombia. En la decisión, el magistrado analiza una acción de tutela presentada por una ciudadana que busca proteger sus derechos fundamentales al debido proceso, igualdad, acceso a la justicia y propiedad privada. El magistrado determina que la decisión del Tribunal Superior vulneró los derechos de la ciudadana al no reconocer su legitimación para cuestionar un contrato relacionado con una deuda. Por lo tanto, el magistrado falla a favor de la acción de

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ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

Magistrado ponente

STC11358-2018
Radicación n. 11001-02-03-000-2018-02414-00
(Aprobado en sesión de cinco de septiembre de dos mil dieciocho)

Bogotá, D. C., cinco (05) de septiembre de dos mil


dieciocho (2018).

Se decide la acción de tutela promovida por Olga Lucía


Torres Barrero, contra la Sala Civil-Familia del Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca y el
Juzgado Primero Civil del Circuito de Zipaquirá; trámite al
cual se ordenó vincular a las partes e intervinientes en el
proceso de simulación donde se origina la queja.

I. ANTECEDENTES

A. La pretensión

La ciudadana solicitó el amparo de sus derechos


fundamentales al debido proceso, igualdad, acceso a la
administración de justicia y propiedad privada, que
considera vulnerados por las autoridades judiciales
accionadas, al emitir sentencias de primera y segunda
instancia que declararon su falta de legitimación para
cuestionar el contrato de compraventa de derechos
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

herenciales celebrado mediante Escritura Pública No. 1439


de 20 de junio de 2013, en la Notaría 2ª de Zipaquirá y la
consecuente adjudicación realizada por Escritura No. 2971
de 18 de octubre de 2013 de la Notaría 19 de Bogotá.

En consecuencia, pretende, que «…las mencionadas


determinaciones sean depuestas o anuladas, poniendo término a la
arbitrariedad ínsita en ellas y disponer se profieran las que en derecho
correspondan previa observancia del debido proceso, teniendo en
cuenta las consideraciones que el fallo de tutela consigne.»

B. Los hechos

1. Carlos Hernán García Romero giró a favor de Luz


Stella Ortiz el cheque No. 71282986 del Banco Popular, por
valor de setenta millones de pesos ($70.000.000).

2. La beneficiaria endosó en propiedad el título valor


a favor de la tutelante, quien lo presentó para el cobro el 13
de diciembre de 2013, pero no fue pagado por carencia de
fondos.

3. El 19 de febrero de 2014, la acreedora presentó


demanda ejecutiva contra el girador y la endosante a fin de
lograr el recaudo de la obligación insoluta.

4. El extremo pasivo fue notificado a través de


emplazamiento y para su representación se designó curador
ad litem que contestó la demanda señalando que se atenía
a lo acreditado.
5. El 21 de abril de 2014, la tutelante promovió
2
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

demanda de simulación respecto del contrato de


compraventa de derechos herenciales, celebrado el 20 de
junio de 2013, entre el ejecutado Carlos Hernán García
Romero y su hermano Nestor Libardo García Romero, así
como de la consecuente Escritura Pública de adjudicación
en la sucesión del padre de los demandados, con
fundamento en que se trataba de una estrategia para
insolventarse.

Con sustento en lo anterior pretendió que se dejaran


sin efecto dichos actos jurídicos o, subsidiariamente, que se
declarara la simulación relativa del primer negocio, por
encubrir una donación que ante la falta de insinuación, es
ineficaz.

6. El 14 de octubre de 2015, el Juzgado Promiscuo


Municipal de Villapinzón dispuso seguir adelante la
ejecución de conformidad con lo dispuesto en el respectivo
mandamiento de pago.

7. El conocimiento del juicio ordinario, correspondió


al Juzgado 1º Civil del Circuito de Zipaquirá, que admitió la
demanda y dispuso las notificaciones de ley.

8. El demandado Néstor Libardo García Romero, se


opuso a la prosperidad de la acción, basado en que la venta
de los derechos herenciales que le hiciera su hermano,
obedeció a que aquel le había incumplido un contrato de
compraventa de un apartamento en la ciudad de Bogotá, de
manera que para compensar la situación, pactaron el

3
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

negocio cuestionado. En ese sentido, propuso las


excepciones que denominó “buena fe”, “negocio con el
cumplimiento de los requisitos legales”, “improcedencia de
la acción pauliana” e “improcedencia de la acción de
simulación”.

El deudor excepcionó la “inexistencia del fraude


alegado por la demandante” y “buena fe” de los
contratantes.

9. Mediante sentencia de 1º de septiembre de 2017,


el fallador, denegó las pretensiones de la demanda, por
encontrar que a la parte actora no le asistía legitimidad
para controvertir dichos negocios jurídicos.

10. En desacuerdo, la reclamante interpuso recurso


de apelación.

11. En providencia de 20 de junio de 2018, la Sala


Civil Familia del Tribunal Superior de Cundinamarca,
confirmó integralmente la decisión impugnada, por coincidir
con el criterio de su inferior funcional.

12. La promotora de la queja acude a este


mecanismo excepcional para solicitar la protección de sus
prerrogativas fundamentales invocadas, en su sentir
vulneradas por las autoridades judiciales cuestionadas, al
desconocer que en su condición de acreedora de Carlos
Hernán García Romero, le asiste el interés jurídico de
cuestionar la venta que éste hizo de sus derechos
herenciales.

4
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

En consecuencia, pretende la protección de su garantía


procesal, en los términos ya expuestos.

C. El trámite de la instancia

1. El 23 de agosto de 2018 se admitió la acción de


tutela y se ordenó el traslado a los interesados para que
ejercieran su derecho a la defensa.

2. El Juzgado 1º Civil del Circuito de Zipaquirá, limitó


su intervención a la remisión del expediente objeto de la
queja, para su inspección. [Folios 20-22, c.1]

Para el momento en que fue sometido a consideración


de la Sala el proyecto de decisión, los demás convocados no
habían ofrecido respuesta.

II. CONSIDERACIONES

1. La jurisprudencia de manera invariable ha señalado


que por regla general, la acción de tutela no procede contra
providencias judiciales y, por tanto, sólo en forma
excepcional resulta viable la prosperidad del amparo para
atacar tales decisiones cuando con ellas se causa
vulneración a los derechos fundamentales de los asociados.

Los criterios que se han establecido para identificar las


causales de procedibilidad en estos eventos se basan en el
reproche que merece toda actividad judicial arbitraria,
caprichosa, infundada o rebelada contra las preceptivas
legales que rigen el respectivo juicio, con detrimento de los
5
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

derechos fundamentales de las personas que han sometido


la ventilación de sus conflictos a la jurisdicción.
Una de las causas que justifican la procedencia de la
tutela contra decisiones judiciales se estructura cuando en
desarrollo de la actividad judicial el funcionario inaplica las
normas que están destinadas a gobernar el asunto
sometido a su estudio, evento en el cual termina profiriendo
una decisión que vulnera derechos fundamentales de
quienes intervienen en el litigio.

2. En el caso sub judice, si bien la tutela se dirige


contra las sentencias emitidas en primera y segunda
instancia, la Corte únicamente se ocupará del estudio de la
última, que es la que resuelve definitivamente el asunto.

Ahora bien, del examen de aquella providencia, esto es,


la emitida el 20 de junio de 2018 por el Tribunal Superior
de Cundinamarca, se advierte su incursión en un defecto
sustancial, que transgrede las prerrogativas superiores
invocadas y hace necesaria la intervención del juez
constitucional.

En efecto, la sede plural accionada al desatar el


recurso de apelación que interpuso la quejosa contra la
decisión de primer grado, determinó que debía confirmarla
porque estaba desvirtuada su legitimación para ejercer la
acción, porque en el proceso se pudo establecer que ella no
es la real titular de la acreencia que se pretende poner a
salvo con el restablecimiento del derecho de dominio de los
bienes que le correspondían al deudor, como heredero de su

6
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padre.

En ese sentido, argumentó el Tribunal, que:

«…siendo la misma demandante quien reconoce que en ella no


hay perjuicio, dado que éste, en estricto sentido, lo viene padeciendo su
esposo, Adolfo Gil, quien, como bien se aprecia de los autos, nunca
figuró siquiera cómo participe de ese corta cadena de intervinientes en
el transcurrir del título exhibido como fundamento de la demanda, no
luce consecuente con la sistemática de la acción ejercida, que las cosas
se salden no más que con arreglo al documento, pues eso no es lo que
se plantea de esta acción.

La situación de esa acreedora, sin muchos atisbos, para la época


de la negociación en controversia no era la más clara relativamente a la
titularidad sobre el crédito; y esto por cuanto de las pruebas se tiene
que el cheque en que la obligación se documentó finalmente, girado a
favor de la esposa de Carlos Hernán, Luz Stella Ortiz Nieves, y luego
endosado en propiedad a Olga Lucía, no tenía como propósito pagar o
garantizar ninguna deuda que tuviera el girador para con su esposa o
respecto de la demandante, sino para respaldar una deuda que éste
tenía desde hacía ya un buen tiempo con el esposo de la demandante,
Adolfo Gil, quien en efecto, le instruyó para que así lo hiciera,
obviamente que si las condiciones del crédito se revelan en esos
términos, decir que la titularidad del crédito estaba en la tenedora del
título valor, quien después de intentar su pago debió acudir a la acción
ejecutiva correspondiente, no parece tan prístino, pues que sí bien es
posible que como tenedora del instrumento negocial ejerciera esas
acciones cambiarias, no puede negarse que su trasfondo está en ese
vínculo obligacional entre el girador y ese tercero, el cónyuge de la
demandante dentro del proceso.

A tal punto las cosas son de ese tenor, que la propia Olga Lucía,
al responder el interrogatorio de parte que le fue formulado en el
proceso, reconoció que las cosas ciertamente fueron de ese modo, es

7
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

decir, que no obstante estos temas cambiarios que se encuentran de


por medio, el “propietario de los 70 millones de pesos representados en
el cheque girado por Carlos García” es su consorte (folio 342 del
cuaderno principal), coincidiendo en ello con el relato que sobre el
particular hizo García en el proceso, señalando que desde hacía quince
años venía valiéndose de préstamos que le hacía Gil y que el cheque se
giró dos años atrás por instrucciones de éste (folios 306 y siguientes
del cuaderno 1).

Lo mismo aflora del testimonio de Efraín Forero Gil, de 63 años,


vecino de la región, quién narró que “el señor Adolfo Gil le presto una
plata al señor García, Carlos García y pues no se la quiso pagar”, que
él le prestó dinero en “varias ocasiones”, desde hace como unos “cinco
o seis años”, lo cual le consta porque fue a “un almacén que tenía el
señor García a comprarle insumos y veía que le prestaba ciertos
dineros, de igual manera este señor García le pagaba correctamente
pero de un momento a otro supe que este señor le estaba debiendo un
dinero y no se lo había querido pagar”, que lo que le quedó adeudando
a Gil fue la suma de “setenta o setenta millones” y por eso éste en
varias oportunidades le señaló que “le estaba debiendo esa cantidad
de dinero y que posiblemente le iba a tocar darle la letra a un abogado
porque ese señor había estafado a un poco de gente” y que por eso fue
que le entregó a su esposa “un cheque de él para que lo cobrara que
era el cheque que le dio el señor García (…) después me enteré que el
cheque no tenía fondos (folios 419 – 422, ibídem)

Y del dicho de Jefer Hernando Torres Barrero, de 40 años,


hermano de la demandante, quien relató que sabe que Adolfo le prestó
dinero a Carlos García porque amén de que aquel le comentaba acerca
de sus negocios “una vez lo acompañe a cobrarle (…) y en parte de
intereses le dio líquidos, fungicidas para la papa y en parte de pago”
que vendía en un almacén de insumos agrícolas que tenía; eso fue 2 o
3 años atrás (folios 423-424 del cuaderno 1) y de Luz Stella Ortiz
Nieves, de 43 años, esposa del demandado Carlos Hernán, quién narró
que éste no tuvo negocios con la demandante, que “es la esposa de

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Adolfo Gil”, con quien sí “había una deuda de setenta millones, porque
se necesitaban dineros para la liquidez del negocio, eran préstamos de
dinero que Adolfo le hacía a Carlos”, suma que estaba respaldada con
“un cheque girado a nombre mío porque así lo pidió el señor Adolfo”
(425-430 del cuaderno citado)»

Basado en aquellas consideraciones, concluyó:

«Los anteriores hallazgos impiden dar despacho favorable a las


súplicas de la demanda; y esto, porque si ningún perjuicio ha padecido
la demandante por efecto de la negociación cuestionada en la
demanda, desde luego que si el titular del crédito y, por ende, quien
viene a sufrir desmedro por el comportamiento contractual de su autor
es su esposo y no ella, mal podría predicarse en Olga Lucía un daño
como el que (…) la acción pauliana reclama como requisito de éxito.

O, expresado de otra manera, sin perjuicio no está habilitada


para deducir la acción pauliana en contra del demandado, por
supuesto que sí las pruebas apuntan inequívocamente en esa
dirección, muy poco hay por hacer para alterar ese resultado, aun
buscando una respuesta en esas prerrogativas probatorias y ejecutivas
que cobijan a los títulos valores.

(…)

Expresado de otro modo y, obviamente, cambiando lo que hay


que cambiar, el “título per se no es suficiente para los fines propios de
la acción estudiada y que siempre tiene a su cargo la persona que
reclama su buen suceso el deber de establecer de qué manera o de qué
forma padeció el deterioro patrimonial alegado y, de manera
correlativa, cómo esa situación condujo al crecimiento de los haberes
de la contraparte. Se trata del agotamiento necesario de una actividad
probatoria encaminada en tal sentido y no de una mera sustentación
en el hecho de no haberse pagado el titulo valor que se corrobora con
su exhibición al plenario”, lo que de contera deja al descubierto que la

9
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“precariedad probatoria de la mera aducción del título no solucionado y


prescrito o caducado es absoluta para demostrar el aumento
patrimonial de una parte y el menoscabo en éste de la otra, siendo
indiferente que el título haya circulado o no. La situación no cambia
para ninguno de los tenedores legítimos posteriores o para el inicial. En
ambos eventos la carga de la prueba sigue siendo inmodificable y le
corresponde, sin atenuantes, a quien alega en su beneficio la citada
acción. No hay ninguna alteración dependiendo de que el mismo haya
sido objeto de transferencias o negociaciones en las que haya variado
su beneficiario, mucho más cuando en tales eventualidades no hay
certeza en cabeza de quién se consolidó o se produjo la situación que
debe probarse” (Cas. Civ. Sent. de 26 de junio de 2007, exp. 2002-
00046-01)

Apreciación que, se reitera, mutatis mutandi, impone considerar


que si en el caso sub-judice se estableció por boca de la misma parte,
que no ha sufrido perjuicio alguno, porque éste en realidad lo padeció
su cónyuge al no poder cobrar el crédito que el demandado había
adquirido previamente con éste, a esa verdad debe ceñirse el
juzgador.»

3. La «legitimación en la causa» como presupuesto


indispensable para la procedencia de la pretensión, es
decir, como condición de la acción judicial, ha sido
considerada una cuestión propia del derecho sustancial,
pues alude a la materia debatida en el litigio.

La prosperidad de la pretensión depende, entre otros


requisitos -ha dicho la Sala- de que «se haga valer por la
persona en cuyo favor establece la ley sustancial el derecho que
se reclama en la demanda, y frente a la persona respecto de la
cual ese derecho puede ser reclamado…» (CSJ SC, 14 Ago. 1995,
Rad. 4628, reiterado en CSJ SC, 26 Jul. 2013, Rad. 2004-

10
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

00263-01 y en SC16669-2016, rad. 11001-31-03-027-2005-


00668-01).

Según Hernando Devis Echandía, la legitimación en la


causa, está constituida por «las condiciones o cualidades
subjetivas, que otorgan la facultad jurídica de pretender
determinadas declaraciones judiciales con fines concretos,
mediante una sentencia de fondo o mérito, o para controvertirla»,
las cuales se refieren a la relación sustancial debatida.

Con base en lo anterior, la legitimatio ad causam en el


demandante se define como «la titularidad del interés materia
del litigio y que debe ser objeto de sentencia (procesos
contenciosos) o del interés por declarar o satisfacer mediante el
requisito de la sentencia (procesos voluntarios)», y respecto del
demandado es «la titularidad del interés en litigio, por ser la
persona llamada a contradecir la pretensión del demandante o
frente a la cual permite la ley que se declare la relación jurídica
material objeto de la demanda (procesos contencioso ejecutivos,
de condena, declarativos o de declaración constitutiva)».1

Esta Sala ha sostenido que el mencionado requisito


para la sentencia de fondo estimatoria de la pretensión, se
identifica con la titularidad del derecho sustancial, de ahí
que haya sostenido que «si el demandante no es titular del derecho
que reclama o el demandado no es persona obligada, el fallo ha de ser
adverso a la pretensión de aquél, como acontece cuando reivindica
quien no es el dueño o cuando éste demanda a quien no es poseedor»

(CSJ SC, 14 Ago. 1995, Rad. 4628; CSJ SC, 26 Jul. 2013,
Rad. 2004-00263-01).

1
Ibídem, 560.
11
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

A ese criterio, se adiciona otro reconocido por el


ordenamiento jurídico, en virtud del cual se aceptan como
legitimados en un proceso sujetos que no son titulares del
derecho o de la relación jurídica sustancial objeto del
proceso2, situación que se conoce como legitimación
extraordinaria, en la que está comprendida la sustitución
procesal que, según el procesalista nacional citado, supone
«la titularidad parcial del interés en litigio, en razón de que su interés
personal en la relación jurídica que debe ser objeto de la sentencia de
la cual es sujeto otra persona (el sustituido, deudor de la acción
pauliana, por ejemplo), se encuentra vinculado al litigio».3

Esa figura da lugar a la acción oblicua, en la que el


acreedor ejerce su derecho auxiliar de perseguir la
satisfacción de su crédito, que el Código Civil autoriza en
los artículos 862, 1295, 1441, 1445 y 1451 y 2026, y a ella
aluden los preceptos 375 (num. 2) y 493 del Código General
del Proceso, así como la Ley 791 de 2002 (arts. 1 y 2).

Los terceros a quienes la ley reconoce una legitimación


extraordinaria –dice Rocco- «están autorizados para pretender
en nombre propio la declaración de certeza o la realización
coactiva de dichas relaciones jurídicas, conjunta o paralelamente,
o con exclusión y en sustitución, de los verdaderos sujetos de las
relaciones jurídicas sustanciales», de modo que «puede ocurrir
que en ciertas y particulares relaciones jurídicas, cuando otro
sujeto tenga un interés igual, o preeminente, en la realización de
la relación sustancial, incluso frente al verdadero titular de ella,
la ley procesal da el derecho de acción a dicho sujeto,

2
Según Rocco, la coincidencia entre el sujeto del derecho de acción y el sujeto del
derecho sustancial es un fenómeno de normal ocurrencia, pero no absolutamente
necesario (Tratado de derecho procesal civil, T. I, p. 365).
3
Ibídem, 560.
12
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

precisamente en consideración a aquel interés» (el subrayado no


es del texto).4

En la acción de prevalencia se ha reconocido


legitimación por activa a «todo aquel que tenga un interés
jurídico, protegido por la ley, en que prevalezca el acto oculto
sobre lo declarado por las partes en el acto ostensible»,
precisando que el interés en el litigio -en el sentido que se
dejó expresado- «puede existir lo mismo en las partes que en los
terceros extraños al acto, de donde se sigue que tanto aquéllas
como éstos están capacitados para ejercitar la acción…» (CSJ SC,
27 Jul. 2000, Rad. 6238).

4. Tratándose de los acreedores, su legitimación ad


causam en las acciones de simulación y pauliana, es
extraordinaria y deriva de su interés en el litigio vinculado a
la relación jurídica ajena que es objeto de la demanda, cuya
extinción o reforma persigue, en tanto el interés jurídico
para obrar «se lo otorga el perjuicio cierto y actual irrogado por el
‘acuerdo simulado’, ya sea porque le imposibilite u obstaculice la
satisfacción total o parcial de la ‘obligación’, o por la disminución
o el desmejoramiento de los ‘activos patrimoniales’ del deudor
(CSJ SC, 2 Ago. 2013, Rad. 2003-00168-01).

El tercero acreedor del supuesto enajenante puede,


por consiguiente, denunciar la simulación que produce
afectación sobre su derecho de crédito, impugnando el acto
de enajenación con el que su deudor ha fingido la
disminución de su patrimonio, cuando en realidad no ha

4
Ibídem, 367 y 368.
13
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

enajenado nada y los bienes objeto de ese contrato siguen


siendo prenda de la acreencia.

La impugnabilidad de ese acto de disposición


patrimonial depende del principio general por cuya virtud el
tercero puede invocar la simulación ajena cuando tal
declaración le beneficie, en cuyo caso su interés se concreta
en hacer prevalecer la realidad sobre la apariencia. «El efecto
de la sentencia en el proceso de simulación –refiere
MESSINEO– es la declaración de certeza de que el bien
enajenado aparentemente forma siempre parte del patrimonio del
enajenante simulado y, por consiguiente, el acreedor de éste
puede perseguirlo mediante la acción ejecutiva» 5, de ahí que el
fin último perseguido por éste es la reconstrucción del
patrimonio de su deudor.

Tal como lo dispone el artículo 2488 del Código Civil


«toda obligación personal da al acreedor el derecho de perseguir
su ejecución sobre todos los bienes raíces o muebles del deudor,
sean presentes o futuros, exceptuándose solamente los no
embargables designados en el artículo 1677».

Luego, si el acreedor está legalmente facultado para


perseguir todos los bienes que conforman el patrimonio de
su deudor, entonces nada obsta para que pueda invocar la
acción de simulación tendiente a rehacer ese patrimonio
que constituye la prenda general de su crédito, en ejercicio
de su derecho auxiliar de perseguir la satisfacción de la
deuda.

5
MESSINEO, Francesco. Doctrina general del contrato. T. II, p. 45.
14
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

Con miras a lograr ese objetivo, según lo ha precisado


la jurisprudencia de esta Corte desde hace considerable
tiempo, le corresponde demostrar la existencia de la
acreencia contraída a su favor y establecer que «el acto
acusado lo perjudica, por cuanto en virtud de él queda en
incapacidad para hacer efectivo su derecho, por no poseer el
obligado otros bienes» (CSJ SC, 15 Feb. 1940, G.J., T. XLIX, p.
71, reiterado en CSJ SC, 1º Nov. 2013, Rad. 1994-26630-01), o
«porque le imposibilite u obstaculice la satisfacción total o parcial
de la obligación, o por la disminución o el desmejoramiento de los
activos patrimoniales del deudor» (CSJ SC, 2 Ago. 2013, Rad.
2003-00168-01).

5. De conformidad con lo dispuesto en el artículo 626


del Código de Comercio, «[e]l suscriptor de un título quedará
obligado conforme al tenor literal del mismo, a menos que firme con

salvedades compatibles con su esencia.», y, según lo norma el 624

de la misma obra «[t]oda obligación cambiaria deriva su eficacia de


una firma puesta en un título-valor y de su entrega con la intención de
hacerlo negociable conforme a la ley de su circulación.»

De acuerdo a ello, es posible concluir que quien figura


como beneficiario de un título valor, bien sea originario o
endosatario, es quien ostenta la calidad de acreedor de las
personas obligadas a satisfacer el crédito allí representado,
de ahí que sea aquel quien puede promover el juicio
tendiente a obtener el pago coercitivo, en caso de
incumplimiento y, obviamente, a perseguir «…todos los bienes
raíces o muebles del deudor, sean presentes o futuros…» y ello

incluye la posibilidad de velar porque esa prenda general no


se disminuya ni desaparezca subrepticiamente.

15
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

6. En el caso que es objeto de estudio, la accionante,


para acreditar su interés en la causa, aportó al proceso
objeto de reproche, copia del proceso ejecutivo que ella
promovió contra el girador del cheque No. 71282986 por
valor de $70.000.000 y su endosante, donde obra ejemplar
de ese título (fl.2, c. Anexos), de la demanda ejecutiva (fl. 3-
4, ibíd.), del mandamiento de pago librado el 25 de marzo
de 2014 por el Juzgado Promiscuo Municipal de Villapinzón
(fls. 10-11, ibíd.), el que se notificó a los ejecutados el 19 de
agosto de 2015, por intermedio del curador ad litem que se
les designó en el juicio, según constancia visible a folio 22
del cuaderno primero de esa actuación; así como del auto
dictado el 14 de octubre de 2015, en el que se ordenó seguir
adelante la ejecución (fl. 25, ibíd.) y de la liquidación del
crédito aprobada el 12 de abril de 2016 (fl. 34, ibíd.)

Luego, ninguna duda existe acerca de la legitimidad


que ostentaba la peticionaria del amparo, para ejercitar la
acción que entabló contra su deudor el 21 de abril de 2014,
para que se declararan simuladas absoluta o, en subsidio,
relativamente, las escrituras públicas a través de las cuales
se protocolizó la venta de derechos herenciales que Carlos
Hernán García Romero le hiciera a su hermano y aquella en
la que se llevó a cabo la adjudicación de los bienes en la
sucesión de Pedro Rubén García Orjuela (q.e.p.d.).

Entrar a desentrañar las razones por las cuales una


persona aparece como endosataria de un cheque para
efectos de determinar si sufrió o no un perjuicio con la falta
del pago y la insolvencia del deudor, desconoce los referidos

16
Radicación n° 11001-02-03-000-2018-02414-00

principios de literalidad y autonomía, los que son relativos


en acciones diferentes a la cambiaria, únicamente cuando a
quien se le reclama el pago alega hechos que ponen en tela
de juicio la existencia de la acreencia, su valor o su
exigibilidad, cosa que en este asunto, ni siquiera ocurrió,
pues el deudor únicamente excepcionó la “inexistencia del
fraude alegado por la demandante” y “buena fe” de los
contratantes.

Si, como lo concluyó el fallador Ad quem, quien


realmente efectuó el préstamo de dinero que originó la
creación del título valor fue el esposo de la demandante y
no ella, es cuestión que en nada varía las cosas frente al
deudor, pues de acuerdo con el contenido expreso y
explícito del título, la acreedora es Olga Lucía Torres y no
otra persona, sin que los acuerdos privados que hayan
tenido lugar entre ella y su marido, beneficien o
perjudiquen la obligación del demandado.

Las razones que llevaron a Adolfo Gil a disponer que el


cheque fuera endosado a su esposa y no a él, se desconocen
y por ende no hay lugar a afirmar categóricamente que la
reclamante no sufrió ningún perjuicio con el no pago del
título y la insolvencia del obligado, pues bien pudo tratarse
de un regalo entre esposos o la compensación por una
obligación precedente, en fin, son múltiples las hipótesis
que pudieron dar lugar a aquella situación, pero lo único
cierto e importante para el asunto que concitaba la atención
en el proceso ordinario, era que quien funge como
acreedora es la misma persona que lo promovió y siendo

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ello así, ninguna razón válida había para declarar su


ilegitimidad.

Todo cuanto viene de analizarse se estima suficiente


para concluir que la decisión del accionado desatendió los
postulados legales con los cuales debía resolverse el caso
sometido a su consideración, conducta que sin duda
vulnera las garantías fundamentales de la promotora del
resguardo, de ahí que resulta procedente la acción de tutela
como mecanismo adecuado para restablecer el orden
constitucional transgredido y brindar protección a los
derechos que fueron vulnerados, en ausencia de otro medio
de defensa judicial que lo permita.

6. En consecuencia, se dejará sin valor ni efecto la


sentencia emitida el pasado 18 de junio de 2018 por el
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca y
se le ordenará que en el término máximo e improrrogable de
2 días hábiles, contados a partir del recibo de las diligencias
cuestionadas, emita una nueva providencia, donde tenga en
consideración las motivaciones expuestas en precedencia.

III. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
CONCEDE la protección constitucional solicitada. En
consecuencia, dispone:

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PRIMERO: DEJAR sin valor ni efecto la sentencia


emitida el pasado 18 de junio de 2018 por el Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca.

SEGUNDO: ORDENAR a la autoridad accionada que


en el término máximo e improrrogable de 2 días hábiles,
contados a partir del recibo de las diligencias cuestionadas,
emita una nueva providencia, donde tenga en consideración
las motivaciones expuestas en precedencia.

TERCERO: ORDENAR al Juzgado 1º Civil del Circuito


de Zipaquirá, que una vez notificado de esta decisión,
remita de manera inmediata el proceso reivindicatorio
cuestionado a la autoridad accionada.

CUARTO: COMUNÍQUESE telegráficamente lo aquí


resuelto a los interesados; y, en oportunidad, remítase el
expediente a la Corte Constitucional, para su eventual
revisión, en caso de no ser impugnado este fallo.

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO


Presidente de Sala

MARGARITA CABELLO BLANCO

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ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

LUIS ALONSO RICO PUERTA

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

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