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Pecado y Redención en la Humanidad

Este documento resume la doctrina cristiana sobre el estado de pecado en el que se encuentra el hombre desde el pecado original de Adán y Eva. Explica que debido a este primer pecado, el hombre perdió su amistad y comunión con Dios y quedó bajo la esclavitud del pecado. Aunque el pecado original afectó a toda la humanidad, cada persona también peca personalmente. El documento analiza las perspectivas del Antiguo y Nuevo Testamento sobre la universalidad del pecado y cómo se transmite de generación en generación.
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Pecado y Redención en la Humanidad

Este documento resume la doctrina cristiana sobre el estado de pecado en el que se encuentra el hombre desde el pecado original de Adán y Eva. Explica que debido a este primer pecado, el hombre perdió su amistad y comunión con Dios y quedó bajo la esclavitud del pecado. Aunque el pecado original afectó a toda la humanidad, cada persona también peca personalmente. El documento analiza las perspectivas del Antiguo y Nuevo Testamento sobre la universalidad del pecado y cómo se transmite de generación en generación.
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TEMA 14

EL HOMBRE CAIDO

El hombre caído: "El hombre se encuentra dividido en sí mismo. Por esto


toda la vida humana, sea individual que colectiva, presenta las características
de una lucha dramática entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas" (GS
13). A la luz de la salvación que nos viene ofrecida en Cristo la Escritura y al
enseñanza de la Iglesia nos hacen ver el sentido profundo de esta experiencia:
el hombre ha buscado conseguir desde el inicio de la historia su fin fuera de
Dios, y por eso, cada hombre que viene al mundo se encuentra bajo la
esclavitud del pecado (aunque en un sentido análogo respecto al pecado
personal) y tiene necesidad de la redención de Cristo.

EL HOMBRE CAIDO.

No se trata primariamente de averiguar lo que pasó y cómo al comienzo de los


tiempos, sino de entender lo que para nosotros significa, en nuestra relación con Dios
y con los demás, esta situación o condición de pecadores que compartimos con los
hombres de todos los tiempos y lugares.

1. Algunos aspectos de la noción bíblica de <<pecado>> en el AT.

El pecado, en primer lugar supone una previa relación de amistad entre Dios y
el hombre; no puede reducirse al incumplimiento de las leyes impuestas por un
Creador que simplemente sea tal. Hay mucho más; sólo desde la amistad que Dios
ofrece al hombre, desde la "elevación" del hombre tiene sentido, bíblica y
teológicamente, hablar del pecado. Por ello se ha de tomar como punto de referencia
la situación original de oferta de la gracia por parte de Dios, la teología del "paraíso".

Es claro que ante todo debemos tener presente lo que se nos dice respecto de
este problema en Gen 2-3. Haciendo mención que la Escritura ni se mete ni nos dice
nada relacionado a los problemas en torno al monogenismo y pologenismo. Aquí se
trata de saber que se trató, como en todo pecado, de una desobediencia a Dios, de
querer absolutizar la autonomía moral del hombre y querer ponerse en el lugar de
Dios.

Las consecuencias de este pecado nos son conocidas. La paz con Dios se ha
roto y con ello el hombre queda en una situación de desgracia de la que por sí mismo
no puede salir. Las consecuencias del pecado no son exteriores al mismo; están
intrínsecamente relacionadas con él. De ahí que el primer pecado no sea un hecho
aislado y sin consecuencias, sino que crea una situación objetiva que por parte del
hombre es irreparable.

A partir del primer pecado, se puede decir que inicia una historia que en cierto
punto está marcada por el pecado. Con la pérdida por parte del hombre del estado de
amistad con Dios y felicidad, comienza la historia del pecado y de muerte. A tal grado
que el pecado va dominando en la historia, hasta llegar a ser generalizado en el
mundo (Gn 6,5). Sin embargo queda siempre <un pequeño resto>, a partir del cual
puede volver a empezar la historia de gracia de los hombres después de la
2
destrucción que ellos mismos han provocado con el pecado (Gn 6,8ss; 9,18).

El pecado de Adán y de Eva es considerado el origen de una situación objetiva


de la que todos participamos. A partir de ellos comienza un encadenamiento de
hechos pecaminosos y con la consecuencia del estado de alejamiento de Dios en el
que el primer pecador se colocó a sí mismo y coloca a todos los "hijos de Adán". En
este sentido se puede hablar de la culpa o pecado que procede del "origen".

Ante esta situación de pecado en la que el hombre se encuentra, se presenta


la actitud fiel de Dios que no abandona al hombre, sino que sigue cuidando de él.

Con todo esto, a partir de Abraham inicia una historia de bendición,


contrapuesta a la del pecado y maldad humana.

Así pues, se puede ver que es bastante general la convicción de que el pecado
es universal, afecta a todos, y esta universalidad es fruto de la desobediencia del
hombre. Todo hombre se encuentra en una situación de "pecado", es decir de
alejamiento de Dios. Y sólo la misericordia puede salvarle de esta situación.

Hay dos perspectivas que están presentes para entender y comprender el


estado de pecado del hombre.

a).- En unos casos se piensa que este estado arranca del primer hombre.
Entendiéndose así como el alejamiento de Dios que sigue a la acción pecaminosa, a
la ruptura de la paz y de la amistad con el creador.

b).- En otros casos da la impresión de que son los pecados de sucesivas


generaciones los que influyen negativamente en cada momento histórico.
Apareciendo en primer plano la ratificación por cada generación del pecado de los
antecesores.

Como se ve, las dos perspectivas no se excluyen mutuamente. Tanto en un


caso como en el otro el origen del pecado no se ve en un acto de un solo individuo,
sino de una colectividad, bien la mujer y el hombre, bien todo el pueblo elegido.

La alusión a la descendencia física no es más que un medio para poner de


relieve el influjo que unos hombres ejercen sobre otros, pero en ningún modo se
afirma que éste sea el único vehículo de esta influencia. No se puede hablar de
solidaridad en el mal sin acudir también a la solidaridad en la bendición 1. Aquí se
puede acudir al ejemplo de Abraham, en quien se bendicen todas las naciones de la
tierra, sin que ello implique, por elementales razones, que todas tengan que
descender de él.

No se nos habla simplemente de un automatismo en la trasmisión del pecado y


de la culpa, sino que más bien se nos abre el misterio de la solidaridad y comunión de
todos los hombres en el bien y en el mal, y de la imposibilidad de que cada uno
1
     De gran utilidad puede leer: Rahner, K. Il Corso
fondamentale sulla fede, Paoline, Milano, 1990, pp. 148-160.
3
considere su vida y su relación con Dios prescindiendo de los que le rodean y de la
humanidad entera.

2. La universalidad del pecado y su origen según el Nuevo Testamento.

En cuanto a las alusiones al primer pecado de Gn 3, la más clara y explícita es


la cita de Rom. 5,12-21. En el resto del Nuevo Testamento no pasan de meras
"sugerencias"; así por ejemplo se tiene la cita de Mc. 10,6-8; Mt 19,4, Jesús acude a
Gn 2,24 para fundamentar en los primitivos planes de Dios la indisolubilidad del
matrimonio; entre este momento inicial y la renovada exigencia de Jesús hay un
momento de pecado del hombre y de oscuridad: la "dureza del corazón", pero no se
ve ninguna alusión clara a Gn 3.

Algo más clara es la referencia a este texto en Jn 8,44: el diablo es desde el


principio homicida y padre de la mentira. Su influjo en los hombres no se agotó en el
primer pecado, sino que sigue estando presente como al comienzo, ahora para
apartar a los judíos de Cristo, lo fundamental del paralelismo entre la situación del
principio y la del momento presente es el influjo de Satanás. Pero no se habla de
cómo ha entrado el pecado en el mundo ni de la relación entre el pecado del origen y
el de la generación actual.

El Antiguo Testamento afirma: todos son pecadores. Era la verificación de un


hecho de experiencia. El Nuevo Testamento afirma: todos son redimidos, y es
precisamente esa redención ofrecida a todos la que delata la pecaminosidad de todos.
Es decir, la realidad, la hondura y la extensión del pecado universal sólo podrá
captarse inequívocamente a la luz de la salvación universal. Es la cruz de Cristo, y no
la caída de Adán, lo que nos da la medida cabal de las dimensiones de la culpa. Es el
misterio de la salvación lo que nos esclarece el misterio del pecado, y no al revés.

a) Los sinópticos.

Los exegetas convienen generalmente en que <el evangelio> no habla del


<pecado original>. En los evangelios no encontramos algo así como una <teología del
pecado>. Pero prolongando la doctrina del AT, menciona repetidamente la
promiscuidad universal como un hecho incontrovertible.

En resonancia con el AT, los sinópticos reconocen la dimensión social de la


malicia humana. La solidaridad en el pecado encuentra una contundente expresión en
Mt 23,29-36.

Sobre este trasfondo general se destacan dos textos como particularmente


significativos:

i. La parábola de la cizaña y el trigo (Mt 13,24-30.36-46). Aquí vuelve a


proponer el problema del origen del mal. La respuesta dada en forma análoga,
declara a Dios inocente, y manifiesta que el maligno es quien sembró la cizaña; desde
entonces, el bien y el mal crecen en el mundo y se entrecruzan de tal suerte que sólo
al final de la historia se los podrá separar.
4

ii. La opinión sobre el divorcio. Este texto contiene ya una mención explícita de
Gn 1-3. Jesús es requerido para que manifieste su opinión sobre el divorcio, y a partir
de esta ocasión se pueden señalar tres hitos de la historia de la salvación:

* el primero se remonta al principio, es decir, en el estado original que


respondía al designio creador de Dios, hombre y mujer se unen indisolublemente.

* en un segundo momento se produjo un deterioro de la situación inicial, que


endureció los corazones y obligó al legislador tolerar un estado de cosas que no se
ajustaba al proyecto original; se trata, pues, de una situación anómala que está
demandando el restablecimiento del orden primordial.

* el tercer momento, se hace efectivo con la persona y la enseñanza de Jesús,


que devuelve vigencia a la unidad de dos en una carne como unidad establecida por
Dios, que el hombre no puede romper.

b) San Juan.

En el corpus joánico cobra un destacado relieve la categoría <pecado del


mundo>. El mundo (entendido como la realidad histórica resultante de las opciones
humanas), no <conoció> ni <recibió> al Verbo por quien había sido hecho(1,10-11);
desentendiéndose de su origen, se ha convertido en un ámbito de pecado, que Jesús
tomará a su cargo (1,29).
Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas
(3,19). Aquí se presenta el tema de la promiscuidad universal y se presentan las
<obras del mundo> como <perversas> cuyo <príncipe> es el demonio. A éste se le
llamará <homicida desde el principio> y <padre de la mentira>. El concepto de muerte
aquí subyacente no se limita al aspecto biológico; al igual que ocurría en el AT, es
enriquecido, junto con la vida, con un contenido teológico: <si alguno guarda mi
palabra no verá la muerte jamás (8,51); <los que la oigan vivirán> (5,25). La muerte
que el diablo homicida ha introducido <desde el principio> es, pues, más que un
evento físico; es la situación de perdición.

c) San Pablo.

En San Pablo, con la carta a los Romanos 5, 12-21, se llega de una forma
explícita al tema de la relación del pecado del hombre con el pecado de Adán2.

+ Por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la


muerte. La conexión entre pecado y muerte es antigua en la mentalidad bíblica; se
trata aquí de la muerte en el sentido <fuerte> de la palabra, la separación de Dios,
que se manifiesta o puede manifestarse en la muerte física del hombre. El pecado de

2
Este pasaje es importante en sí mismo, pero lo es también porque en la tradición de la Iglesia
occidental, especialmente desde san Agustín, ha sido considerado como el apoyo bíblico incontrovertido a la
doctrina del pecado original. Importante también aquí sería una rápida mirada a: C.T.I. Teología, Cristología,
Antropología. Documento 1981, cete, Madrid, n. D,2. pp. 14-16. Servirá para fundamentar también con este
texto bíblico la relación cristología-antropología.
5
un solo hombre ha causado esta situación.

+ Pablo considera a Adán como una persona individual; pero es a la vez el


<hombre primordial>, cuya actuación tiene una relevancia y consecuencias para
todos; de lo contrario no tendría sentido el paralelo con Cristo del v.14.

+ El v. 12 no dice exactamente por qué o cómo ha entrado el <pecado> en el


mundo. Indirectamente, y los versos siguientes lo confirman, se da a entender que ha
entrado por el pecado o transgresión de este hombre.

+ Este <pecado> que entra en el mundo no es simplemente un acto


pecaminoso, sino el pecado personificado, la fuerza de pecado que arrastra a los
hombres a pecar.

Posteriormente se habla de los efectos de este pecado:

+ Ante todo la muerte, que alcanzó a todos, ya que todos pecaron. Esta fuerza
del pecado se manifiesta por lo tanto en la muerte, expresión del alejamiento de Dios,
de la que todos los hombres son victimas3.

+ Con esta interpretación resulta que esta muerte que reina sobre todos los
hombres no está puesta únicamente en relación con la transgresión del primer
hombre, sino también con la fuerza de pecado que ésta desencadena y que se
manifiesta en el pecado de cada hombre. Así las decisiones personales pecaminosas
son manifestación de la fuerza del pecado desencadenada por aquél, y con la que
cada uno de nosotros se identifica cada vez que peca personalmente.

+ La muerte reina por consiguiente sobre los hombres porque éstos pecan
personalmente, pero este pecado personal es la manifestación del poder del pecado
que desde el principio, <por un solo hombre> entró en el mundo y aún hoy sigue
presente.

El paralelo Adán-Cristo:

+ Adán, como primer hombre es figura del que había de venir, del que lleva a la
humanidad a su destino definitivo. En efecto, la gracia de Dios es más fuerte que el
pecado; así la gracia, por obra de Jesús, abundará sobre los hombres <mucho más>
que la muerte que sobre todos reina por el delito de Adán.

+ La gracia de Jesús, a partir de los muchos delitos que sin duda manifiestan la
fuerza del pecado que ha entrado en el mundo, termina en la justificación.

+ La justicia de Dios está ahora a disposición de quienes quieren recibirla, sin


duda por la fe en Jesús. La gracia que Jesús ofrece está a disposición de todos
porque todos pueden acercarse a ella, pero no hay un <automatismo> de la salvación,
como tampoco la extensión del pecado que a todos se realiza sin la ratificación
3
Cfr. Sobre la muerte que a todos se extiende desde Adán, 1 Cor 15,31 ss.; en contraposición con la
resurrección de Cristo.
6
personal de cada uno. Tanto en el caso del pecado como en el de la gracia el hombre
se inserta en un dinamismo anterior a él, que tiene su origen respectivamente en
Adán o en Cristo.

+ v. 19 <Por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos


pecadores>4. Se trata de un estado objetivo, previo a la decisión de cada uno, pero
que invariablemente los hombres ratificamos con nuestra decisión personal. Por el
contrario, por la obediencia de uno solo, de Jesús, todos serán constituidos justos;
naturalmente aquellos que <aceptan> la justicia5.

+ Por lo tanto, si bien es verdad que los hombres vienen a un mundo marcado
por el pecado y sus consecuencias, vienen también a un mundo en el que está
presente la gracia de Cristo que, según dice Pablo con absoluta claridad (aunque por
desgracia ello no se haya tenido en cuenta), es más poderosa que el pecado6.

3. El <pecado original> en la historia.

a).- No parece que hayan tenido mucho interés los Padres apostólicos y
apologetas en relacionar la actual situación del hombre con el pecado de Adán y Eva;
no se encuentran en ellos más que unas pocas alusiones al pecado original.

b).- Melitón de Sardes7.

Es importante la descripción que hace de la <herencia> que Adán ha dejado a


sus hijos, la situación de esclavitud espiritual: No pureza sino impureza, no
incorrupción sino corrupción, no honor sino deshonor, no libertad sino servidumbre, no
realeza sino tiranía, no vida sino muerte, no salvación sino perdición.

La muerte es consecuencia de este pecado que a todos se extiende. Adán nos


ha dejado por consiguiente una herencia, la fuerza del pecado, que nos tiraniza; como
consecuencia de ella todos cometemos pecados personales8.
4
Hay opiniones variadas sobre el alcance de esta afirmación. La mayoría se inclina a considerarla en
continuidad con el v. 12 y en el sentido de éste: todos los hombres, sometidos al poder del pecado y de la
muerte por la desobediencia de Adán, han sido por ello mismo pecadores.

5
La intención fundamental de Pablo en este pasaje es la de explicar la obra de la salvación llevada a
cabo en Cristo; y más en concreto hacer ver cómo la obediencia y la justificación de uno puede ser fuente de
vida para todos. Para ilustrar este hecho se acude al ejemplo de Adán, ampliamente conocido por sus
contemporáneos judíos.

6
No se puede hablar por lo tanto del pecado como si la redención de Cristo no existiese; también ésta es
determinante de la existencia del hombre en todos los momentos de su vida.

7
Ha despertado gran interés lo que sobre este punto del pecado original dice la homilía sobre la Pascua
de Melitón de Sardes, escrita en el año 180.

8
Es innegable la cercanía de Melitón al pensamiento bíblico, aunque hay que notar que no cita como apoyo
de su tesis Rom 5,12ss.
7

c) Ireneo de Lyon.

Para Ireneo la doctrina del pecado tiene sentido en función de la redención, y si


ésta se ha dado para la humanidad en su conjunto lo mismo se debe de afirmar
acerca del pecado. Nuestro es el pecado de Adán, como nuestra es la obediencia de
Jesús9.

Es de capital importancia para Ireneo que el Dios a quien Jesús obedece, y con
él nosotros, sea el mismo contra el que el primer hombre ha pecado10.

Existe en el mundo una pecaminosidad universal, de la que nadie se ve libre;


pero ésta no pertenece a la constitución del hombre en cuanto tal, sino que proviene
del hecho histórico. Existe una unidad de todos con Adán, base de la solidaridad en el
pecado, pero a la vez condición de posibilidad de que Cristo nos redima y nos salve,
pues en él obedece la misma masa, el mismo <plasma> que pecó. una vez más
vemos que no podemos independizar la doctrina del pecado original de la redención
de todos por Cristo.

d) Tertuliano.

En Tertuliano aparece el problema del pecado original ya ligado al bautismo de


los niños. Se afirma que toda alma es impura mientras está adherida a Adán y no se
adhiere a Cristo. El no bautismo lleva además la imagen del hombre terreno.

e) San Cipriano.

El habla expresamente del <pecado ajeno> que se perdona a los niños, ya que
por haber nacido carnalmente ha contraído el contagio de la antigua muerte.

f) San Agustín.

Los diferentes elementos que antes de San Agustín se encontraban dispersos


en la tradición han sido reunidos por él en un todo sistemático: unidad del género
humano, que tiene a Adán por cabeza, y unidad por consiguiente en el pecado de
Adán que es el de todos. De ahí procede el alejamiento de Dios y la situación de
pecado de toda la humanidad mientras no se incorpore a Cristo. Esta situación que
hemos recibido de Adán tiene en la concupiscencia su expresión visible.

Es un mérito indudable de san Agustín el haber puesto de relieve la vinculación


entre universalidad del pecado y redención de Cristo. Ya que todos los hombres están
necesitados de esta última, se impone la afirmación de la universalidad del pecado,

9
El paralelo paulino se mantiene en todo su vigor.

10
En esta correspondencia pecado-redención se pone de relieve, frente a los marcionitas, la unicidad de
Dios y consiguientemente la unidad de la historia. Jesús pudo reconciliarnos a todos porque tomó nuestra carne,
la que había pecado en Adán.
8
que afecta incluso a los niños. Considerada su obra con el trasfondo de la
controversia pelagiana se ve cómo Agustín ha sabido defender la necesidad de la
gracia, que es lo mismo que la significación y la necesidad de Cristo para la salvación
del hombre11.

g) San Anselmo.

Para él el pecado es una ofensa contra el honor de Dios. Adán, al pecar, se


hizo reo de este delito. Esto como es evidente, le afecta en primer lugar a él
personalmente; pero además, en cuanto es cabeza de la humanidad y dado que de él
teníamos que nacer todos, este pecado es de todos. Todos pecamos cuando pecó él
porque de él debíamos de recibir el ser. De él recibimos la naturaleza tal como él la ha
tenido, es decir, con la carencia de la justicia original debida 12. El hombre viene al
mundo en un estado distinto al que hubiera debido venir, un estado peor, con
imposibilidad total de volver por sus fuerzas a la situación que debiera hallarse; para
ello es necesaria la redención de Cristo.

h). Lutero.

Preocupación fundamental en Lutero es expresar en términos <existenciales>


la doctrina del pecado original, reducida por la escolástica a la noción abstracta de
<privación de la justicia original>.

El pecado original es el pecado por antonomasia, es un pecado de la


naturaleza, que conlleva la pérdida de todas las fuerzas y facultades del hombre. Este
<pecado> es originariamente una culpa personal de Adán; pero se convierte en
pecado propio de cada uno porque el pecado original se identifica con la
concupiscencia: esta es la inclinación al mal y la imposibilidad total de hacer el bien, y
en concreto de amar a Dios; por ello es el pecado radical del hombre. Este pecado
original tiene como consecuencia la corrupción total de la naturaleza13.

Lutero no quiere contemplar al hombre en sí mismo, sino su referencia a Dios.


El hombre, corrompido por el pecado, no se ve libre de la concupiscencia ni por el
bautismo ni por la fe; de ahí que sea <a la vez justo y pecador>. Los pecados no se le
tienen en cuenta en virtud de los méritos de Cristo y la misericordia de Dios, pero él,
aunque se haya convertido, sigue siendo pecador14.
11
No tienen el mismo valor algunas de sus concepciones más concretas sobre la concupiscencia, la
transmisión del pecado original, la condenación de los niños muertos sin bautismo, etc. La teología posterior
va a modificar algunos de estos puntos agustinianos; con todo no se puede dudar de que el influjo de san
Agustín ha sido en este punto, como en otros, determinante en toda la evolución del pensamiento occidental.

12
Con ello se aparta de la teoría que ve en la concupiscencia la esencia del pecado original.

13
Lutero no puede entender la doctrina escolástica en virtud de la cual la naturaleza, si bien seriamente
afectada, no ha quedado corrompida por el pecado; la naturaleza está corrompida porque busca en sí misma su
apoyo y su fundamento y no en Dios.

14
Aquí, tanto en Lutero como en Calvino, acentúan más la corrupción de la naturaleza que el pecado de
Adán que da origen a la misma. Pero, aun con estas diferencias, la afirmación del pecado original es un punto
9

i). El Concilio de Trento15.

+ El proemio:

Expone brevemente las razones del decreto: los nuevos problemas que se han
planteado a propósito de este tema del pecado original, pero también los antiguos que
se han vuelto a agitar; es claro que se alude primordialmente a Lutero y sus
seguidores, pero posiblemente también a algunos católicos, en concreto Erasmo, al
que se acusa de haber vuelto al antiguo error pelagiano de la trasmisión del pecado
por imitación. En concreto se acusaba a Erasmo de afirmar que en Rom 5, 12 no se
hablaba de pecado original.

N.B.: Los cinco primeros cánones tratan directamente del tema del pecado
original, el sexto hace una salvedad respecto a la Virgen María, a la que no quiere
aplicarse nada de lo que en el decreto se dice sobre todos los demás hombres.

+ Primer canon.

Se refiere directamente sólo a Adán, primer hombre (se subraya lo de "primer


hombre". Trento presupone en todos estos cánones que Adán es una persona
individual y que de él descendemos todos; se mueve en las categorías monogenistas
del momento, que nadie discutía. Por esta razón se considera generalmente que
estas cuestiones no entran en la materia que el concilio quiso directamente
responder). No hay duda de que quiere también afirmar los efectos que en Adán ha
producido el pecado: privación de la justicia original, hallarse bajo la ira de Dios,
deterioro del cuerpo y el alma (aunque no corrupción intrínseca de la naturaleza)
respecto al estado anterior16.

Los Padres de Trento quieren salvaguardar la relativa integridad de la


«naturaleza» humana después del pecado; naturaleza que no es ahora la condición
original, sino un concepto abstracto que correspondería al hombre por su condición de
criatura racional.

Si bien este primer canon se refiere a Adán, no hay duda de que se quiere
afirmar que los efectos que en el primer padre ha producido el pecado se extienden
también a todos los hombres.

+ Segundo canon.

Los efectos del pecado de Adán se trasmiten a su descendencia; estos efectos

que los reformadores tienen en común con la doctrina católica.

15
Se ocupó del tema del pecado original en su sesión V; el decreto correspondiente está fechado el 17 de
junio de 1546 y consta de un proemio y seis canones (cfr. DS 1510-1516).

16
Es difícil dar la misma importancia a todos estos efectos negativos; mientras unos se refieren a la
relación de amistad del hombre con Dios y a su ruptura, otros afectan sólo a aspectos de la psicología humana.
10
son, en concreto, la pérdida de la santidad y justicia originales, y la transmisión no sólo
de la muerte y demás penas corporales sino del pecado <que es la muerte del
alma>17.

El canon supone que Adán es una persona individual y que todos los hombres
descendemos él.

+ Tercer canon.

El tercer canon tiene en su primera parte una afirmación central: la absoluta


necesidad de Cristo para la salvación, y en concreto para la remisión del pecado
original; hacia ella apuntan los textos bíblicos que se citan en apoyo de las
afirmaciones conciliares. Ni las fuerzas de la naturaleza humana ni ningún otro
remedio bastan para ello. Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres que
nos reconcilia con Dios en su sangre. Sobre este pecado se hacen tres afirmaciones:
* Es uno en su origen18.
* Se transmite por propagación, no por imitación19.
* En todos está como propio20.

En la segunda parte se afirma que el mérito de Cristo se aplica a los hombres,


adultos y pequeños por el sacramento del bautismo.

El canon termina con una fundamentación bíblica de las afirmaciones


precedentes: Hechos 4,12; Juan 1,29; Gál 3,27.

+ Cuarto canon.

Trata principalmente del fundamento y de la justificación de la praxis eclesial


del bautismo de los niños. Se condena a quien niega que los niños hayan de ser
bautizados, aunque sean hijos de padres bautizados (un tema tocado en el concilio de
Cartago y que preocupó también a San Agustín). También se condena a quien dice
que los niños son bautizados para la remisión de los pecados, «pero que no han
contraído nada del pecado original de Adán que sea necesario expiar para conseguir
la vida eterna, de donde se deduce que la fórmula del bautismo para la remisión de

17
La base bíblica de todas estas afirmaciones es para el Concilio Rom 5,12

18
No se afirma sólo que es uno el pecado que todos tenemos como propio y que recibimos por generación,
sino que fue uno el pecado que dio origen a esta situación (el pecado de Adán). El pecado pues, de que aquí se
habla es el <pecado original originado>, es decir, la consecuencia en el hombre del pecado de origen.

19
Es decir, que existe en todos los hombres por el hecho de nacer, y por tanto no se incurre en él por el
<mal ejemplo>. No se trata de afirmar que es la generación como tal la que transmite el pecado; simplemente
ocurre así porque éste es el modo como el hombre llega al mundo.

20
Parece que con ello se contradice la teoría de Pigges, según la cual todos somos pecadores y morimos
por la culpa de Adán, pero ésta nos es imputada de modo extrínseco, sin que nuestro ser quede afectado. Se
trataría sólo de sufrir las consecuencias de una culpa ajena que nada tiene que ver con nosotros. De ahí el
implícito reconocimiento del carácter analógico de la noción de pecado cuando se aplica al <pecado original>.
No se indica el <cómo> de la presencia en cada uno de este pecado como propio.
11
los pecados en ellos no es verdadera sino falsa». El fundamento escriturístico es
Rom 5, 12. Como ulterior fundamento de la necesidad de la regeneración para todos
se cita Jn 3,5: «el que no renazca del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el
reino de Dios». El canon afirma entonces que los niños han contraído por descender
de Adán algo del pecado original que ha de ser expiado; por lo tanto también para
ellos el bautismo es <para remisión de los pecados>.

+ Quinto canon.

Es el que más directamente se opone a las doctrinas de los reformadores, de


Lutero en concreto. Afirma en primer lugar que la gracia que se confiere en el
bautismo perdona el «reato» del pecado original; esto quiere decir ante todo que
elimina cuanto es propia y verdaderamente pecado, y que éste es arrancado no sólo
no imputado o eliminado sólo en lo exterior, quedando intacta la raíz. Como
consecuencia de ello se señala que Dios nada odia en los renacidos, de modo que a
éstos, hechos hijos de Dios, nada les impide la entrada en el cielo.

La segunda parte del canon afirma la permanencia de la concupiscencia en los


bautizados; se trata ante todo de una constatación elemental.

4. Reflexión sistemática: "El pecado original ruptura de la amistad original con


Dios y privación consiguiente de gracia para los hombres"21.

a) Introducción:

Afortunadamente la teología en estos últimos años ha hecho un gran esfuerzo


de presentación y reformulación de las doctrinas tradicionales acerca del <pecado
original>.

Uno de los puntos que ha dificultado la comprensión del problema del <pecado
original>, o, formulado más en general, de la solidaridad de los hombres en el mal y
en el pecado, ha sido considerarlo casi exclusivamente en conexión con el bautismo
de los niños. Se ha visto en ellos el ejemplo puro del hombre que tiene el pecado
original, precisamente porque aquí no cabe ninguna culpa personal y voluntaria. Con
ello se separan el pecado original y el resto de los pecados; el primero se considera
como la imputación, dificil de explicar, del pecado de Adán a todos los hombres, los
segundos son el resultado de la opción libre de cada hombre, sin que se vea siempre
su conexión con la fuerza de pecado que actúa en el mundo.

No hay que olvidar además que muchas de las representaciones tradicionales


del pecado original son debidas a contingencias históricas más que a exigencias
intrínsecas a la verdad que se quiere expresar.

b). La unidad de todos los hombres en Cristo.

La teología actual insiste en la doctrina neotestamentaria de la creación en

21
Ladaria, L.F. Teología del pecado original y de la gracia. BAC, Madrid, 1993, pp. 106 ss.
12
Cristo22. Esto afecta naturalmente de modo especial al hombre. La solidaridad en
Cristo cabeza es por tanto lógicamente anterior a otro vínculo interhumano. Es difícil
pensar, si todo ha sido creado en Cristo y hacia Cristo, en algún aspecto del amor de
Dios, de su gracia, que no esté mediado por él, aun antes de su encarnación.

La gracia que desde el primer instante recibe el hombre es gracia de Cristo. Así
que el pecado no es sólo la transgresión de una ley del Creador, sino que es, además,
la respuesta negativa al amor de Dios que nos entrega a su Hijo y nos llama a la
filiación en él y con él. Ya en el primer momento Dios ha hecho algo más que crear al
hombre: lo ha colocado en el paraíso y le ha dado toda suerte de bienes; está claro
por tanto que el pecado es un rechazo del amor de Dios.

La significación universal de Jesús no se reduce a su función de redentor del


pecado. Todos los hombres estamos llamados a reproducir su imagen y a formar
parte de la Iglesia que es su cuerpo. Sabemos además, que en virtud de su vocación
a ser imagen de Cristo el hombre es un ser <sobrecreatural>; por ello no es suficiente
decir que tiene necesidad de Cristo para ir a Dios y salvarse, sino que sin Jesús el
hombre que conocemos no sería tal: pensar al hombre prescindiendo de Cristo
<cabeza> es siempre insuficiente23.

En la figura de Jesús no pueden separarse los dos aspectos de redentor y


cabeza; los dos se presentan y se nos dan indisolublemente unidos. Pero pueden en
cierta manera distinguirse, aunque se haya de tener siempre en cuenta su íntima
vinculación recíproca: Cristo puede ser redentor de todos, y a la vez no se puede
pensar en su función de recapitulación si no la vemos realizada en la victoria sobre el
pecado del hombre.

c). La división interna, fruto del pecado.

El pecado se apoya en la finitud y la contingencia del hombre, éstas son las


condiciones de posibilidad de que pueda cometerse, pero no puede identificarse con
ellas; significa una opción libre de oposición a Dios en nosotros o en quienes nos han
precedido.
22
Uno de los problemas que plantea la teología del pecado original de hasta hace relativamente poco
tiempo es que esta doctrina se supone <anterior> a la cristología y soteriología. En efecto, al aceptarse
comúnmente la opinión de santo Tomás sobre los motivos de la encarnación, resulta lógico que el pecado se
convierta en el centro o mejor la razón de ser de toda la economía de salvación. El resultado de tales
planteamientos es que se tiene una noción clara del pecado y del pecado original con independencia de Jesús y
del amor de Dios que en él se manifiesta. La significación universal empieza en su obra redentora, pero la
gracia que el primer hombre había rechazado nada tenía que ver con él. Jesús no es entonces la medida del
hombre; era un mero reparador del pecado de Adán, aunque su redención nos llevara a bienes más altos que los
del principio. El fundamento último de la solidaridad entre los hombres está en Adán como primer padre. Cristo
es relevante para todos sólo si todos están afectados por el pecado de origen. En esta lógica la solidaridad en
Adán es anterior a la que se da en Jesucristo.

23
Cuando se habla acerca de lo <sobrenatural>, es decir, cuando se toca el tema de lo <sobrenatural> en
la teología dogmática, se ve que la gratitud del don de Dios no se refiere en primer lugar a la indignidad del
hombre como pecador, sino, más radicalmente, a su condición de criatura. Esta no puede llegar a Dios sin una
<nueva> iniciativa divina. Esta iniciativa se da en Jesús, y por ello se define al hombre como aquel ser
llamado a la filiación divina en Cristo.
13

El hecho de que las fuentes bíblicas califiquen como <pecado> la razón de


división interna y del mal que se experimenta en cada ser humano quiere decir que no
se atribuye a Dios la existencia de la misma. Existe además en la Sagrada Escritura el
convencimiento de que Dios quiere el bien del hombre y no el mal24.

d). El ser humano y la <mediación>.

En la dispersión en que los hombres se hallan en cuanto se encuentran


alejados de Cristo hay una suerte de solidaridad negativa, en la que se da un
elemento previo a la opción personal de cada uno. Esto es lo que constituye el punto
neurálgico y más difícil de la doctrina del pecado original.

Para tratar de descubrir el <nexus mysteriorum>, se ha tomado como punto de


partida la unidad y la solidaridad de los hombres en Cristo como el destino querido por
Dios para todos. Esta respuesta positiva de unos y de otros es mediación de gracia
para los hombres; esta mediación de gracia es conocida ya en el AT (Comenzando
por Gn 12,3), y llega en Jesús a su culmen. Pero esta mediación de Jesús, única
desde todos los puntos de vista, no elimina sino que suscita mediaciones humanas de
distinto género subordinadas a la suya de la que en cierto modo son participación.
(Cfr.LG 62)25.

Se puede afirmar pues, que al ser imagen de Jesús, los hombres participan de
diverso grado y de modos distintos de su condición de mediador, son cooperadores
para el bien de los demás. Al ser humano pertenece por lo tanto el ser mediador de
gracia para los demás. El pecado no es sólo entonces un alejamiento personal de
Dios, sino también una ruptura de la mediación de gracia para los demás. Ambos
aspectos están indisolublemente unidos.

La solidaridad entre los hombres y la libertad en la opción concreta de cada


uno no son incompatibles entre sí. Existe entre todos los hombres y sus libertades
respectivas una interrelación; para bien y para mal nada de lo que los hombres
hacemos es indiferente para los demás.

e) El <pecado original> privación de la mediación de la gracia.

Aquí como punto central se trata de precisar cuál es el influjo del <pecado
original> en los hombres. Y como punto de partida está el tratar de entender el
pecado original <originado> (es decir, el estado de pecado en que se encuentra todo
24
Los primeros capítulos del Génesis son, en el sentido original de la palabra, una <teodicea> o
justificación de Dios, es decir, el reconocimiento de que él no es el causante directo de la situación
insatisfactoria en que los hombres nos encontramos. En otros términos: si ante la experiencia del pecado y del
poder del mal el hombre tiene dos alternativas, a saber, o culpar a Dios o culparse a sí mismo, la respuesta de
los autores sagrados es clara : la culpa es del hombre.

25
LG 62: "Ninguna creatura se puede comparar con el Verbo encarnado y redentor; pero así como el
sacerdocio de cristo es participado en varias maneras... y así como la bondad de Dios se difunde realmente de
formas distintas en las creaturas, así también la única mediación del redentor no excluye, sino que suscita en
las criaturas una diversa cooperación que participa de la única fuente".
14
hombre venido al mundo y que es previo a su decisión personal). A partir de esta
privación de la gracia querida por Dios como consecuencia de la ruptura de la
mediación de amor que de hecho se ha producido en la historia.

Todos los hombres nos hallamos en esta situación, fruto de las decisiones
libres de los demás, en la cual la comunicación de Cristo y de su Espíritu no se realiza
en la forma originariamente querida por Dios. Así, el <pecado> es la situación
contraria a la gracia de Dios y a la paz de su presencia. Este estado de enemistad con
Dios incapacita al hombre para su realización personal en el amor con Dios y a los
hombres; es fuente de nuevos pecados en los que la <fuerza del pecado> se
manifiesta.

Como se puede ver, tal condición no es extrínseca al hombre; le afecta


profundamente porque el misterio de la mediación del bien y del mal es el misterio de
su propio ser de hombre. Por tanto se puede afirmar que todo hombre que viene al
mundo y en él vive se encuentra con una privación de mediación de gracia que le
hace <pecador> en solidaridad con todos los demás hombres; lo incapacita
radicalmente para el bien y lo aboca a la ratificación personal de esta situación
heredada o recibida en los pecados personales.

Desde esta concepción se relativiza, como también la Escritura lo hace, el


problema de la trasmisión del pecado original por la generación física. Este es el modo
por medio del cual los hombres venimos al mundo, pero no se debe afirmar que la
generación es formalmente la causa de la trasmisión del pecado.

f) El origen del pecado y su universalidad.

En la concepción tradicional es claro que ha sido un solo pecado, el de Adán


primer padre, el que después se ha trasmitido a todos los demás hombres.

Se presenta así la siguiente pregunta fundamental: ¿la herencia de pecado y


de privación de gracia con que viene el hombre al mundo está determinada por un
solo pecado inicial o más bien la han producido el cúmulo de pecados cometidos por
los hombres? Aquí simplemente se trata de ver si el pecado o pecados realizados al
comienzo de la historia es o son determinantes de la situación general de pecado
para todos los hombres.

De la respuesta a esta pregunta puede depender el que se considere el


pecado como universal o no, o mejor, a la humanidad sometida universalmente al
pecado o no. En efecto, si se admite que la situación de pecado se ha hecho ya
<irreversible> por el pecado del primer hombre o primeros hombres, es claro que la
consecuencia es la universalidad de la condición pecadora de la humanidad. Por el
contrario si no damos a la transgresión inicial ningún valor particular es posible que
haya pasado tiempo hasta que haya <cuajado> la humanidad pecadora en cuanto tal;
no habría entonces un pecado original universal desde el principio.

Así pues, al ver la necesidad que todos los hombres tenemos de Cristo no
empieza por la necesidad de redención sino que, más radicalmente, Cristo es el
15
fundamento de la condición <sobrenatural> del hombre; se concluye que no hay otra
vocación del ser humano más que la filiación de Dios en Cristo. Desde esta
perspectiva, no se puede pensar en Jesús como redentor de unos y de otros no; no
hay base ninguna en el Nuevo Testamento. Más bien la presentación que en él se
hace de Jesús reconciliador de todos los hombres y de la humanidad entera está en
correspondencia con los datos de la universalidad de la fuerza del pecado y del
pecado mismo y de la unidad de todos los hombres en Adán, negación verdadera de
la solidaridad en Cristo.

Con esta visión se afirma claramente que la carencia de mediación de gracia


querida por Dios, que ha puesto a la humanidad en una pendiente de pecado de la
que no puede salir por sus fuerzas, ha empezado a existir desde el principio. Y la
razón decisiva para ello es la función reconciliadora de Cristo que ciertamente afecta a
toda la humanidad y no sólo a una parte de la misma.

g) La mediación para el bien.

Así como la mediación negativa del pecado es universal y a todos afecta,


también la mediación de la gracia de Cristo redentor llega a todos. Al tratar de las
condiciones objetivas de esta mediación para el bien, se ve que la mediación de
gracia es más fuerte que la del pecado26.

h) El pecado original en los niños.

El pecado original, si afecta a todos, afecta también a los niños. Además se


debe de tener en cuenta que la cuestión del pecado original en los niños, aun siendo
claramente <derivada>, ha contribuido no poco a precisar la doctrina del pecado
original en general. En efecto, en el caso del niño, que no es capaz de opción
personal, se ve con toda claridad el carácter <previo> a la decisión libre de la privación
de gracia y de presencia de Dios en que el hombre se encuentra.

El niño en cuanto miembro de la humanidad pecadora es pecador y necesitado


de redención. Por ello el bautismo de los párvulos es también <para la remisión de los
pecados>, para que con la inserción en Cristo se <apropien> los beneficios de la
redención y vivan en la Iglesia los beneficios de los hijos de Dios.

La inserción en Cristo remite y perdona este <pecado>; el bautismo de los


niños es por tanto en un sentido verdadero y no falso la remisión de los pecados, para
que por la regeneración se supere esta condición pecadora que han adquirido por el
hecho de venir al mundo.

26
Pablo afirma con claridad que <donde abundó el pecado sobreabundó la gracia> (Rom 5,20) y hemos visto
además que el paralelo Adán-Cristo en rigor no es tal, sino un triunfo del segundo sobre el primero, un <mucho
más>. Comenta más adelante el P. Ladaria: "Con frecuencia se habla del <pecado original> como más fuerte que el
don del Espíritu de Jesús, puesto que el primero está en todos por el hecho mismo de nacer y la gracia se da
solamente a los que por el bautismo se incorporan a Cristo. Sinceramente pienso que tal postura no es
fácilmente mantenible a la luz de los textos paulinos que hemos analizado; no se trata de un pecado que se
trasmite <automáticamente> y de una gracia a la que sólo unos pocos tienen acceso. El pecado no es más fuerte
que Cristo".
16
Con relación a los niños que mueren sin el bautismo: Se debe de pensar que si
al niño le afecta, y en forma real, la privación de la mediación de la gracia querida por
Dios, le afecta también la de la gracia redentora de Cristo y reconciliado también por
él27.

i) los efectos del pecado original después del bautismo.

En el bautismo el hombre es plenamente renovado y desaparece todo lo que


en él sea propiamente pecado; esto es lo que afirma el concilio de Trento.

Que después del bautismo los cristianos pecamos es un dato de nuestra


experiencia; con él contamos todos, cuenta la Iglesia en su doctrina y en su liturgia.

El concilio de Trento, además menciona que en el bautizado permanece la


concupiscencia que proviene del pecado e inclina a él. Luego los pecados cometidos
después del bautismo tienen por lo menos esta relación indirecta con el pecado
original. Así pues, la concupiscencia tiene que ver con la inclinación al mal, con la falta
de plena libertad para el bien que tiene el hombre caído; todo ello no desaparece sin
más en el bautismo.

Ahora bien, el mismo concilio nos dice que en el bautizado vive el nuevo
principio de la gracia de Cristo el pecado queda eliminado por completo; la misma
concupiscencia nada daña a quien le resiste.

Ante esto ya expuesto, falta considerar el problema de la <disposición> que


Trento no tocó. Es decir, la aceptación de la gracia del bautismo puede ser no total.
Así se puede concluir que en la medida en que no se de la plena disposición queda en
el bautizado un resto de <pecado>. La inserción en Cristo no es tal como para
eliminar la raíz. Aquí simplemente lo que se quiere decir es que la respuesta de fe del
hombre difícil será tal que esta inserción y eliminación del mal se logre perfectamente.

La plena justificación y superación del pecado es un bien escatológico que


nunca alcanzaremos plenamente en esta vida. Dios nos perdona a cada uno de
nosotros y a la humanidad entera y nos justifica en cierto sentido constantemente.

5. La visión del Karl Rahner28.

El artículo trata de hacer una presentación general de la doctrina cristiana


sobre el pecado original. Como punto de partida afirma que debe reconocerse al
hombre en dos dimensiones: como sujeto libre y al mismo tiempo como el ser de la
mundanidad, es decir, "cumple siempre e inevitablemente su acción libre, personal, no
atribuible a otros, en una situación a El preexistente...ya determinada desde el punto

27
Más adelante agrega también al P. Ladaria: " Creo que podemos pensar, con esperanza en la misericordia
de Dios, en una posibilidad de salvación de los niños muertos sin bautismo, aún por caminos sólo a Dios
conocidos. La tragedia del pecado -sin minimizarla- ha de ser colocada en la perspectiva correcta, ya que la
última palabra de Dios sobre el mundo no es la condenación de los pecadores sino la gracia y la redención".

28
Rahner, K. Il Corso fondamentale sulla fede. Paoline, Milano, 1990, pp. 148-160.
17
de vista histórico e interhumano.

Al tener el hombre su experiencia trascendental se da cuenta que como sujeto


libre puede ser un sujeto pecador y que sus actos malos o buenos son objetivados en
la realidad, él como individuo singular no ha introducido en el mundo y en la historia
todos los datos de un mundo pre-determinado frente al cual debe actuar su libertad y
en medio del cual está inmerso. Reconoce que no sólo él es el único pecador en toda
la historia de la humanidad, y que no sólo él ha introducido en el mundo todas las
situaciones y realidades abominables.

Es así como el hombre se experimenta -y así lo entiende el cristianismo-


condeterminado por la culpa de otros, se halla en medio de una situación universal a
la cual no puede sustraerse, permanente y originaria, sin que se caiga con esta
afirmación en el pesimismo de nuestra vida que nos impida la búsqueda y la creación
de un mundo mejor.

Se trata de un sujeto libre en una situación "universal permanente e


insuperable -por parte de la culpa- de las situaciones de la libertad de todo
hombre...de toda sociedad" y que puede ser pensada sólo si "en cuanto no eliminable,
es también una situación originaria, es decir, fundada por siempre en el origen de la
historia".

Qué no dice la noción "pecado original"? Que en el pecado original no nos


viene imputado el pecado de Adán y que la culpa personal derivante de la originaria
acción de la libertad no puede ser transmitida. La noción apunta a expresar el hecho
de un "no" existencial dicho a Dios o contra Dios desde la trascendencia personal.

Para entender correctamente y en el modo justo el sentido de lo que se llama


"pecado original" es necesario partir de una interpretación existencial-religiosa de la
situación de nosotros mismos. El punto de partida es -como se ha presentado en
líneas anteriores- el hecho de que la situación de nuestra libertad está
ineliminablemente condicionada por la culpa de otros. Una condeterminación que no
sería pensable si no existiese desde el principio de la historia de la libertad humana,
por esto se dice: original.

El término pecado es usado en forma análoga para indicar: una decisión


personal de un sujeto y una situación de perdición.
En el análisis es necesario considerar los efectos producidos por la culpa de uno o de
unos hombres determinados sobre la situación de la libertad de los otros hombres, tal
efecto existe necesariamente, a raíz de la unidad de la humanidad, del carácter
histórico del hombre y de la mediación objetiva de la libertad através del mundo.

El pecado original es entendido como un no dicho a Dios, a la "auto-oferta


absoluta santificante hecha por parte de Dios al hombre, un no dicho a Dios a la
absoluta comunicación de su vida divina; como una falta en el hombre, en la situación
de su libertad y no de la libertad en cuanto tal, de esa autocomunicación santificante
de Dios.
18
Al observar la realidad de la humanidad se evidencia la existencia del pecado
original el cual tiene como consecuencias algunas realidades que son a la vez,
características de la propia existencia humana como la ignorancia, la enfermedad, el
sufrimiento, pues las experimentamos -como dice Rahner- en calidad de pecadores
en un mundo condicionado por la culpa.

BIBLIOGRAFIA:

FLICK, M; ALSZEGHY, Z. Il peccato originale. Brescia 1972.

GOZZELINO, G. Vocazione e destino dell'uomo in Cristo. Torino, 1985, pp.


421-522.

LADARIA, L.F. Teología del pecado original y de la gracia. BAC, Madrid, 1993.

RAHNER, K. Il Corso fondamentale sulla fede. Paoline, Roma, 1990.

RUIZ DE LA PEÑA, J. L. El don de Dios. Santander, 1991

SCHOONENBERG, P. L'uomo nel peccato, MySal 4, p. 589-719.

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