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Lo Absoluto

Hegel argumenta que el conocimiento positivo de lo incondicionado es posible a pesar de los límites del entendimiento, ya que la razón busca una unidad incondicionada que ya está presente de forma inconsciente. Define lo absoluto como la identidad entre la idea y el ser, donde la filosofía debe construir esta identidad a través de un sistema holístico de conceptos antinómicos. La especulación, según Hegel, permite captar la unidad de las oposiciones y se basa en una intuición trascendental que unifica lo subjetivo y lo objetivo, reflejando la autoactividad de la razón y la naturaleza.

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Lo Absoluto

Hegel argumenta que el conocimiento positivo de lo incondicionado es posible a pesar de los límites del entendimiento, ya que la razón busca una unidad incondicionada que ya está presente de forma inconsciente. Define lo absoluto como la identidad entre la idea y el ser, donde la filosofía debe construir esta identidad a través de un sistema holístico de conceptos antinómicos. La especulación, según Hegel, permite captar la unidad de las oposiciones y se basa en una intuición trascendental que unifica lo subjetivo y lo objetivo, reflejando la autoactividad de la razón y la naturaleza.

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1. Lo Absoluto, la Idea y el método especulativo.

Sin embargo, estas filosofías del entendimiento [las de Kant y Fichte] «la actividad
secreta de la razón» consiste en que ellas no pueden abandonar la formulación de un
absoluto unilateral, sino que exigen la «complementación» de esta unilateralidad. […]
El entendimiento o la reflexión, ambos expresiones del pensamiento discursivo que
procede mediante distinciones y la exclusión de contradicciones, son «llevados» por la
razón a establecer conceptos antinómicos de lo incondicionado: identidad de poner y
contraponer, libertad y necesidad, suprasensible y sensible, etc. Pero de esta manera
el entendimiento tropieza con su propia ley, el principio de contradicción. Dado que él
exige este tropiezo para el conocimiento de lo incondicionado mismo, se supera a sí
mismo. Dado que él declara al mismo tiempo lo exigido como incognoscible, insiste en
«permanecer entendimiento y no llegar a ser razón» (Hegel, G. W. F., Diferencia entre
los sistemas de filosofía de Fichte y Schelling, Madrid, Tecnos, 1990, p. 28).
¿Por qué Hegel puede representar el punto de vista de que un conocimiento
positivo de lo incondicionado es posible pese a los límites del entendimiento? Porque
él, por un lado, parte de que la dirección de la actividad de la razón apunta a la unidad
incondicionada, de que, por tanto, nuestra facultad de conoce apunta en esta
dirección, incluso está «destinada» a ello. El hecho de que busquemos de diferentes
maneras la unidad más allá de las oposiciones de nuestro conocimiento intelectivo
normal, es indicio de que esta unidad nos está dada ya de manera inconsciente e
inexplicada. Hegel se instala aquí en la tradición de la idea originaria de un ens
perfectissimum, de un ser infinito y perfecto y de su manera de conocer. […] En
palabras de Hegel: lo absoluto «es el objetivo que se busca, el cual está ya presente,
pues; ¿cómo si no puede ser buscado? La razón lo produce solo en cuanto que libera a
la conciencia de las limitaciones» (p. 23).
Por otro lado, Hegel define lo absoluto como la «identidad de la idea y el ser» (p.
49). Pero la Idea1 no es un ser separado de la razón humana. La razón misma «no es
otra cosa que la identidad de ambos» (p. 49), de la idea y del ser, del pensamiento que
se determina por completo a sí mismo y de la realidad. La filosofía, empero, tiene que
«producir» o «construir» esta identidad para la conciencia, presentando la razón como
1
«Idea» designa aquí claramente la identidad de ser y pensar, pensar y ser, en la medida en que es
expuesta como un sistema holístico de categorías y reglas. El concepto platónico de la idea como la
verdadera realidad de las cosas.
un sistema completo de conceptos antinómicos (cf. pp. 37 ss., p. 47). Con Idea, en
singular, pues, Hegel designa precisamente esta totalidad (symploké) de los conceptos
que se desarrollan y constituye toda realidad y su unificación necesaria en juicios y
silogismos. Con ello queda ya prefigurado el programa de la Lógica hegeliana, la cual,
en efecto, es un «todo orgánico de conceptos», cuya «ley suprema no es el
entendimiento» (es decir, el principio de contradicción), «sino la razón». Esto significa
que los conceptos fundamentales de todas las esferas de la realidad —ser y nada,
esencia y apariencia, causa y efecto, también principios como el principio de la
identidad y de la contradicción, etc.— solo se pueden aprehender en un sistema en el
que cada concepto sea explicado por su concepto contrapuesto y por la conexión
«holística» con otros pares de conceptos. El hecho de que cada concepto implique en
determinada forma su concepto contrapuesto (cada principio su oposición) es una
expresión del absoluto, de la unidad omniabarcante e incondicionada. Es decir, el
Absoluto corresponde así a la idea que los renacentistas (Cusanus, Bruno) tenían de
Dios, a saber: la convergencia de las oposiciones (coincidentia oppositorum); esta
misma idea la recuperaron Jacobi y Schelling sobre esta idea teísta de la unidad-del-
todo.
A la forma de conocimiento que refiere las oposiciones de la reflexión o del
entendimiento al absoluto, es decir, que hace visible en cada una de ellas su
«identidad» y su función en el todo, la llama Hegel «especulación». Hegel, por una
parte, la vincula estrechamente a la reflexión y el entendimiento, en la medida en que
él se haya remitido al examen minucioso de las conexiones conceptuales y de sus
relaciones de implicación. Por otra parte, la especulación tiene que poseer, sin
embargo, la capacidad de concebir la unidad de las oposiciones y tener ante los ojos el
sistema del que las comprende a manera de modelo.
A esta capacidad, Hegel la llama «intuición trascendental», pues ella unifica lo que
en la «intuición empírica» se halla separado: lo subjetivo y lo objetivo; es decir, en
Hegel es una facultad sintética, mientras que en Fichte alude a la autointuición
inmediata de la espontaneidad y en Schelling a la «indiferencia» absoluta antes de
toda distinción en subjetivo (producir) y objetivo (producto). Así, «para captar
puramente la intuición trascendental tiene que hacer abstracción incluso de este
elemento subjetivo, para que ella no sea ante sí, en cuanto fundamento de la filosofía,
ni subjetiva ni objetiva, ni autoconciencia contrapuesta a la materia, ni materia
contrapuesta a la autoconciencia, sino identidad absoluta, no subjetiva ni objetiva,
intuición trascendental pura» (p. 138-139). Esta intuición trascendental no es entonces
meramente la pura autoactivdad de la razón humana, sino también la autoactividad
operante de la naturaleza, la natura naturans de Spinoza. Ambos, Yo y Naturaleza, son
«las manifestaciones supremas de la razón absoluta que se intuye a sí misma» (p. 46).
De esta autointuición el Hegel maduro se apartará poco a poco, modificando la idea
en un sistema holísitico (o red) de conceptos (= Lógica).

[El concepto de fuerza designa para Hegel algo «interno que produce algo externo,
es un ponerse a sí mismo, =yo» (p. 124)]
La libertad no tiene que ver con el «arbitrio y la contingencia», sino con
autoproducción e identidad consigo en las diferentes formas del ser y del obrar: la
naturaleza «tiene libertad» pues su «desarrollo inconsciente es una reflexión de la
fuerza viviente, que se escinde sin cesar, pero se pone a sí misma en cada figura
limitada siendo idéntica y, en esa medida, ninguna figura de la naturaleza es limitada,
sino libre» (p. 44).

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