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Devoción a Nuestra Madre del Socorro

Este documento celebra a la Virgen María en sus advocaciones de Madre del Socorro y Virgen del Carmen. Resalta que María siempre protege a sus hijos que acuden a ella en busca de amparo, y que al invocarla nos llena de consuelo y esperanza para enfrentar los desafíos de la vida.

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Devoción a Nuestra Madre del Socorro

Este documento celebra a la Virgen María en sus advocaciones de Madre del Socorro y Virgen del Carmen. Resalta que María siempre protege a sus hijos que acuden a ella en busca de amparo, y que al invocarla nos llena de consuelo y esperanza para enfrentar los desafíos de la vida.

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Feliz fiesta de nuestra Madre del Socorro. Es fuerte, hermosamente fuerte, saber que siempre es así.

hermosamente fuerte, saber que siempre es así. Que no estamos solos.


Que ella nos sostiene, nos recibe, nos anima, nos corrige, cada vez que la invocamos
María es esa ventana limpia y pura que trasluce y nos permite contemplar el sublime ahora, y será así el día de nuestra muerte. Cuánto gozo y descanso será entonces,
paisaje que es Cristo. “De Maria nunquam satis”, decía San Bernardo de Claraval. De cuando ya no haya tinieblas, ni muerte, ni odio, ni pañuelos verdes.
María nunca es suficiente lo que positivamente se pueda decir de ella. Nunquam
satis significa que todo lo bueno que uno puedo pensar, recordar, sospechar, intuir, ¡Madre del Socorro! ¡Que no nos cansemos! ¡Madre nuestra! ¡Una petición! ¡Que no
imaginar, todo eso es aplicable a ella sin ningún riesgo de haberse excedido, de nos cansemos!
poderse pasar de la raya.
Aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la
Icono: Los arcángeles Gabriel y Miguel presentan a Jesús niño los instrumentos de flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie,
sus sufrimientos futuros. Al contemplar esta dramática visión, el Niño, en su aunque nos falten el dinero y los auxilios humanos, aunque vinieran al suelo nuestras
condición de hombre mortal, se asusta y se estremece y en un brusco movimiento obras y tuviéramos que empezar de nuevo… ¡Madre querida!... ¡Que no nos
busca socorro en los brazos de su Madre, a cuya mano se aferra con fuerza. El susto y cansemos!
movimiento brusco del Niño están expresados por la contorsión de piernas, el
repliegue del manto y la sandalia desprendida. Esta imagen recuerda el cuidado de la Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el
Virgen por Jesús, desde su concepción hasta su muerte, y que hoy sigue protegiendo prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el
a sus hijos que acuden a ella. Corazón de Jesús que está en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada
uno nos ha señalado Dios.
Aquí estamos tus hijos, querida Madre. Hemos venido a venerarte, a expresarte
nuestro cariño y seguir pidiéndote que nos protejas, que nos socorras. ¡Nada de volver la cara atrás!, ¡Nada de cruzarse de brazos!, ¡Nada de estériles
lamentos! Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que
«Mujer, aquí tienes a tu hijo», dijo Jesús. Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro
madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. corazón, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies, que puedan servir
para dar gloria a Él y a Ti y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos… ¡Madre
Desde la Cruz, Jesús ha dejado a María como Madre nuestra. Y nos ha dejado a mía, por última vez! ¡Morir antes que cansarnos!
nosotros, sus discípulos, como hijos sujos. La queremos recibir también en nuestra
casa, en nuestra comunidad, en nuestra familia, en nuestra vida. ¿Qué podemos Se dice que en el siglo XV un comerciante del Mar Mediterráneo tenía la pintura del
temer si estamos con Cristo y con María? Perpetuo Socorro. Para proteger el cuadro de ser destruido, decidió llevarlo a Italia y
en la travesía se desató una terrible tormenta. El comerciante tomó el cuadro en
En este sentido son tan profundas las palabras que le dirige María en Guadalupe a alto, pidió socorro y el mar se calmó.
san Juan Diego, en Méjico:
Invoquemos a nuestra Madre, Santa María, Perpetuo Socorro. Pongamos también
“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y nosotros bajo su protección la navegación de nuestra vida, de nuestra vida no exenta
aflige.  No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. de dificultades, y Ella nos llevará al puerto de la Vida verdadera. Se puede, llenos de
¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu consuelo y esperanza, acometer el riesgo de la partida al ancho mar de los tiempos
salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?…  ” venideros, porque Jesús está en la orilla y porque su Madre nos acompaña en el
viaje.
Con todo esto en el corazón venimos hoy a esta Misa, a este altar, a nuestra Madre.
Puerta del cielo siempre abierta, bajo tu amparo nos acogemos. Tú que nunca te
olvidas de tus hijos, llévanos a Jesús. Aquí estamos. Queremos entregarte el corazón.
Tú estás aquí y si estás Tú, está también Jesucristo.
Llena de gracia, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a
Jesús.
En esta novena que celebramos en tu honor, Madre del Carmen:
Alégrate, Tú llevas al que lo lleva todo. Por Ti el Creador se hace Niño pequeño.
Alégrate, preludio de los milagros de Cristo, compendio de todas sus enseñanzas.
Alégrate, escala por la que Dios baja del Cielo, Tú diste a luz la Luz inefable.
Alégrate, puente que une la tierra y el Cielo, tú haces florecer de nuevo el paraíso.
Alégrate, Madre de la Luz sin ocaso, abogada nuestra ante Dios.
Alégrate, alegría de todas las generaciones, Tú contienes al que nada puede
contener.
¡Alégrate, Virgen del Carmen!

Invoquemos a nuestra Madre, Santa María, Virgen del Carmen. Tradicionalmente a


esta advocación han acudido siempre los hombres del mar, pidiendo a la Madre de
Dios amparo y protección para sus largas y, en muchas ocasiones, difíciles travesías.
Pongamos también nosotros bajo su protección la navegación de nuestra vida, de
nuestra vida no exenta de dificultades, y Ella nos llevará al puerto de la Vida
verdadera. Es posible, llenos de consuelo y esperanza, acometer el riesgo de la
partida al ancho mar de los tiempos venideros, porque Jesús está en la orilla y
porque su Madre nos acompaña en el viaje.

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